Los derechos son siempre humanos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 26/7/2en: https://www.laprensa.com.ar/504606-Los-derechos-son-siempre-humanos.note.aspx

De un tiempo a esta parte se recurre a una grotesca redundancia en la parla que se ha tornado convencional y es la referencia a los “derechos humanos” sin percatarse que los derechos no son minerales, vegetales ni animales son necesariamente humanos.

Esto es así debido a las siguientes razones fundamentales. En primer lugar, el sujeto de derecho para ser consecuente tiene que contar con libre albedrío, es decir, capacidad de decidir y optar entre distintos medios para la consecución de específicos fines, lo cual incluye la capacidad de defender sus derechos. La condición humana implica la capacidad de distinguir proposiciones verdaderas de proposiciones falsas. Implica inexorablemente la facultad de argumentar, de revisar las propias conclusiones, dar rienda suelta a la posibilidad de ideas autogeneradas, por tanto a la responsabilidad individual por actos y dichos, a la moralidad de su conducta, en otros términos a la libertad que de todas las especies conocidas el ser humano es la única criatura que posee el antedicho libre albedrío que constituye el cimiento y la distinción sobresaliente de su naturaleza, de allí es que se denominan derechos naturales. Del mismo modo que todo tiene sus propiedades y características, el ser humano se diferencia por lo dicho.

A partir de la fecundación de óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de contar con otras características a medida que se desarrolla, del mismo modo que todos estamos en potencia de muy distintos aspectos en el transcurso de nuestras vidas. En este sentido la Academia Nacional de Medicina de nuestro medio ha declarado en su plenario del 30 de septiembre de 2010: “Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción […] Que destruir un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano. Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento”.

Un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Por lo consignado el llamado aborto es homicidio en el seno materno. La imposibilidad momentánea del feto de ejercer sus derechos naturales no modifica su condición humana, del mismo modo que ocurre con el adulto en coma o discapacitado lo cual no cambia su naturaleza humana puesto que se trata de accidentes o de meras circunstancias transitorias.

ESPIRITU DAÑINO Y CRUEL

Ahora bien, del hecho que el ser humano es la única especie conocida sujeta a derecho y capaz de defenderlo no quita el cuidado de otras especies y que sea reprobada su destrucción o maltrato (a menos que se trate de bacterias que si no son destruidas terminarían con los humanos o la liquidación de cucarachas por una cuestión elemental de higiene). También se matan animales como alimento y se liquidan plantas y se talan árboles para diversos propósitos de subsistencia. De todos modos, el sufrimiento innecesario a animales muestra un espíritu dañino y cruel que debe ser contrarrestado por espíritus nobles.

Pero los animales no son sujetos de derecho: si un elefante destruye mi jardín no lo puedo llevar a tribunales para que responda por sus actos, el animal pertenece en acto a esa especie y solo está en potencia de desarrollar sus condiciones naturales. Como es sabido, en los animales no hay acción que implica propósito deliberado, sino reacción, es decir, solamente dependen de estímulos físicos (por ello es que Karl Popper ha bautizado la negación del libre albedrío como mero “determinismo físico” incapaz de acción propiamente dicha).

Personalmente con mi mujer nos hemos ocupado con nuestros hijos especialmente de incentivarlos a cuidar y apreciar los animales puesto que estimamos que forma parte esencial de la educación, de modo similar a valorar el significado de árboles y otras manifestaciones de la naturaleza.
Pero el derecho tiene un significado preciso que no puede bastardearse ni usarse livianamente. Hoy en día lamentablemente se recurre al derecho para asimilarlo al pseudoderecho puesto que se ha trocado su significado por el atropello al derecho del vecino. De este modo se pretenden otorgar derechos que implican la usurpación del bolsillo ajeno. Se ha llegado a la sandez de sostener que frente a toda necesidad nace un derecho confundiendo conceptos clave.

NOTABLE DECADENCIA

En esta línea argumental, se declama el “derecho a una vivienda digna”, a “un ingreso adecuado”, a “cantidades necesarias de vitaminas e hidratos de carbono” y así sucesivamente sin tener en cuenta que estas aspiraciones de deseos de concretarse se traducen inexorablemente en la lesión del derecho del vecino ya que los aparatos estatales nada tienen que previamente no lo hayan succionado de otros. En otras oportunidades he puesto el ejemplo de lo propuesto seriamente hace unos años por la Asamblea Constituyente de Ecuador -una moción que afortunadamente no prosperó- para que se incluyera en la Carta Magna “el derecho de la mujer al orgasmo”.

En otros términos, referirse a los derechos es suficiente para evitar el pleonasmo y debe tenerse muy en cuenta que desde que se usa la expresión “derechos humanos” se ha producido una notable decadencia en la interpretación del derecho. Paradójicamente, en general cuanto más se declama sobre “derechos humanos” menos se entiende el significado del derecho a secas por lo que observamos que los aparatos estatales cada vez más atropellan los derechos de los gobernados en lugar de garantizarlos y protegerlos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Saldrá la Argentina de terapia intensiva?

Por Aldo Abram: Publicado el 27/7/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/saldra-la-argentina-de-terapia-intensiva-nid27072021/

Si para algunos el Gobierno no tenía plan económico, en la reunión con el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, el ministro Guzmán dejó claro que sí lo hay. Está basado en un Estado que es el motor del crecimiento y, por ello, no hay posibilidades de reducir el gasto público ni los impuestos que, al contrario, están aumentando para las empresas. Además, aclaró que es el Gobierno el que tiene el rol de promover el crecimiento, con más presencia del sector público en la economía. Por suerte, también consideró que la sostenibilidad fiscal es una condición necesaria para la estabilidad; pero ya quedó claro que será a costa del sacrificio del sector privado productivo. Por lo tanto, en el mediano plazo, seguramente veremos que la crisis se vuelve a profundizar.

Para entenderlo, vamos a dar un ejemplo que tiene que ver con la pandemia. Antes de que ésta llegara al país, la Argentina era una paciente que ya estaba en terapia intensiva, debido a diversas enfermedades que amenazaban con llevarla a la muerte. Lamentablemente, el Covid funcionó como un virus intrahospitalario, cuya peligrosidad todos conocen. Agravó la situación del paciente; aunque, luego, logró empezar a recuperarse. En eso estamos, pero el problema es que todavía nadie se ocupó de curar las afecciones por las que el paciente ya estaba en terapia intensiva.

Como toda crisis, la que llevó al hospital a la economía argentina era una de credibilidad en un futuro de crecimiento sostenible. Por eso, perdió el crédito y los argentinos y extranjeros empezaron a sacar sus ahorros e inversiones del país. Pues la desconfianza sigue estando allí. Los títulos en dólares, que fueron entregados a los bonistas a los que en 2020 se les reestructuró la deuda con una quita, cotizan a precios que indican que, quienes los compran y venden piensan que volverán a ser reestructurados en el mediano plazo. O sea, consideran que el país es incapaz de generar el crecimiento y la credibilidad que garantice que se podrán pagar o refinanciar los pasivos del Tesoro argentino.

Cabe aclarar que, de la misma forma que la confianza en el futuro de la Argentina no cambió trascendentalmente con la reestructuración de la deuda privada, tampoco lo hará cuando se acuerde la que se está negociando con el Club de París y el FMI. Es poco probable que el trato que se cierre con el Fondo tenga algo más que algunas metas fiscales; ya que cualquier intento de imponer las necesarias reformas estructurales derivaría en un fracaso y la cesación de pagos de una buena porción de la cartera de créditos del organismo.

Cabe aclarar que acá no se trata de cómo se llama el doctor, si el paciente no recibe el tratamiento adecuado se morirá. Incluso, si el médico tiene el diagnóstico acertado y no le da correctamente la medicación necesaria, el paciente empeorará, como ya le pasó al “médico” anterior. Lo malo es que, del análisis de la actual gestión y de los dichos del ministro de Economía y del de Producción, quien atiende hoy a la Argentina tiene el diagnóstico errado; lo que sólo llevará a una profundización de la crisis.

Los continuos atropellos a la seguridad jurídica, al derecho de propiedad y la libertad de empresa son el mejor incentivo a que los ahorros y las inversiones se vayan, no a que lleguen para generar producción y trabajo productivo. Tampoco ayuda el “Estado omnipresente”, que en realidad lo es para brindarle “caja” y poder al gobierno de turno; pero no a la hora de cumplir eficazmente con las funciones indelegables que tiene para los argentinos. Encima, hay que pagar sus excesivas erogaciones con altísimos impuestos. El Banco Mundial tiene un índice de 191 países, en el que Argentina está 21 entre los que más exprimen con gravámenes a sus empresas. O sea, 170 naciones les ofrecen a argentinos y extranjeros tratarlos mejor en materia tributaria; ¿por qué invertirían acá? En otro índice, analizan que le pasaría a una pyme, con buenas ganancias respecto a sus ingresos, si pagara todos los impuestos y tasas de cada país. Pues en sólo dos daría pérdida y uno de ellos es la Argentina. Sin embargo, el gobierno y el ministro Guzmán aclararon que no bajarían los impuestos, sino que los subirán, cosa que ya están haciendo.

Eso no es lo peor, sino que ni así les alcanza para pagar todo el exuberante gasto público; por lo que toman crédito de un mercado que es el mismo disponible para todo el país. Por ende, dejan al sector privado sin este necesario fondeo para invertir y producir más. Es notable que se piense que no es recesivo ajustar (achicar) a los que trabajan y producen los recursos para pagar sus gastos y sueldos y, a través de los impuestos, los del Estado; pero sí lo es ajustar a este último que es el que eroga de más.

También es absurdo que, con más de 67.000 regulaciones, los funcionarios pretendan decirle cómo hacer las cosas mejor a quienes trabajan y manejan empresas, como si fueran dioses que todo lo saben. Es obvio que no es así, y que lo único que logran es que esas regulaciones no se cumplan o, si alguien lo hace, sea a costa de hacer su trabajo más ineficientemente; lo que implica menos bienestar para todos.

El contexto actual, entonces, termina agobiando al sector productivo, en especial a emprendedores y pymes, y llevándonos a la historia de decadencia y de crisis argentina. Lamentablemente, cada médico que llega piensa que puede aplicar el mismo fracasado tratamiento que ya llevó a la muerte al paciente; porque “él lo hará bien, no como los otros” y obviamente el resultado es un nuevo fracaso. Algunos facultativos quisieron evitarle padecimientos al enfermo y que el tiempo vaya curando sus males; lo cual sería un milagro que raramente se da; por lo que su situación termina empeorando. Quizás, los “doctores” argentinos podrían empezar a probar medicarlo de acuerdo a lo que indica la experiencia de los países que han prosperado y brindan mayores oportunidades de progreso a sus habitantes. Hay que curarle el exceso de Estado ineficiente y de regulaciones que lo agobia, para liberar las fuerzas de la creatividad, el trabajo y la inversión del sector privado productivo, única fuente real de bienestar de los países.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.

Mantener las reglas de juego, sí… salvo que sean las reglas incorrectas

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/7/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/mantener-las-reglas-de-juego-salvo-que-sean-las-reglas-incorrectas/

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.

Argentina inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de algunas reformas fundamentales:

1. Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2. Reforma integral del Estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El Estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3. Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4. Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiariocon un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5. Una reforma cambiaria debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia.

Sólo una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, podremos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

¿Socialismo o capitalismo “de estado”?

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

“En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.”[1]

A juzgar por las palabras del maestro, la locución capitalismo “de estado” fue creada “para el salvataje del socialismo”, quizás con la intención de desfigurar la verdadera esencia de este último buscando un símil al único sistema que ha sido capaz de crear el bienestar y la prosperidad de las naciones desde su aparición hacia fines del siglo XVIII hasta la actualidad, sin que el opuesto (socialismo) pudiera jamás conseguir ni siquiera el uno por ciento de sus logros. Pero como aquel dicho popular que dice que “Aunque la mona se vista de seda mona queda” al socialismo se lo podrá bautizar con muchos nombres diferentes pero no es el nombre lo que caracteriza al régimen sino las medidas que propone que lo diferencian como tal.

Tal vez, quienes hayan creado la palabra quisieran buscar unir lo bueno del capitalismo con lo “bueno” del socialismo, asimilando esta última voz como un sinónimo del estado/gobierno, o como algo diferente al socialismo, de modo semejante a los que defienden esa tercera vía, sistema mixto, alternativo o –como lo ha bautizado L. v. Mises- simplemente intervencionismo.

Pero el mismo autor mencionado ha ya demostrado -de manera harto suficiente y sin que pudiera ser refutado por nadie- la imposibilidad de ese procedimiento mixto, híbrido, que imaginan quienes sostienen la posibilidad de una combinación entre el capitalismo y el socialismo. No existe tal.

El problema consiste en que hay autores que -adversos al socialismo- han adoptado, sin embargo, la locución capitalismo “de estado” para describirlo, y otros –incluso- le han asignado características propias. De alguna manera, esta práctica terminológica desdibuja -a nuestro juicio- la idea central del capitalismo y, fundamentalmente, su esencia. Veamos a uno de ellos:

“Para valorar el lugar de la burocracia dirigente, se consideran las «constantes sistémicas» versus las variables del elemento humano en el contexto del capitalismo privado y estatal («El Estado como clase»).”[2]

Nosotros -siguiendo a L. v. Mises- consideramos enrevesada la distinción entre “capitalismo privado y estatal”. El punto es que, uno de los elementos indispensables del capitalismo es la propiedad privada, y dado que ella -por definición- es imposible dentro del ámbito del estado-gobierno esta ausencia excluye automáticamente la posibilidad de hablar de “capitalismo” dentro del marco estatal. Hay, por supuesto, otros elementos más que integran el concepto de capitalismo, pero el de propiedad privada es esencial. La inexistencia de la misma descarta de plano cualquier intento para aceptar la dicción.

“Como la tesis de que la separación de propiedad y control realmente significa pérdida de control por el propietario es insostenible, debe aceptarse que la burocracia tiene una ocupación precaria y su poder discrecional es limitado.”[3]

Párrafo difícil que no está claro en qué dirección esta apuntando. Pero tratemos de desentrañarlo. Si el autor está hablando del control de la propiedad, está claro que el mismo corresponde al propietario y forma parte inseparable del concepto de propiedad. Si la propiedad fuera controlada por quien no es propietario de la propiedad que controla, también es diáfano que se trata del caso del ladrón, que cuando roba algo (que por concepto no es suyo) pasa automáticamente a controlarlo. Pero también sería el supuesto del cuidador, guarda, vigilante, etc. En cualquiera de estos ejemplos el propietario sigue siéndolo, porque, en definitiva, el control último de lo poseído en propiedad sigue siendo suyo. La mención de la burocracia parece indicar a esta como la que ejerce ese control. ¿Es esto que describe el autor lo que designa como “capitalismo estatal”?

“La disposición amistosa o antipá­tica de los burócratas que hacen funcionar el Estado, su «origen socioeconómico» y el nivel sociocultural de sus padres son variables, mientras que las configuraciones de poder y dependencia que caracterizan al capitalismo privado y estatal, respectivamente, son constantes; en frases tales como «socialismo con rostro humano» el peso de la constante del socialismo en relación con lo variable del rostro humano, es mejor apreciado como ilusiones y miedos personales.”[4]

Creemos que aquí se mezclan dos planos completamente diferentes y que no admiten la fusión que se intenta. Ya que no podemos aceptar ninguna configuración “de poder y dependencia” como “característica” del capitalismo (a secas) o privado en la terminología del autor citado. Siguiendo nuevamente a L. v. Mises, el capitalismo es un orden de cooperación social, intrínsecamente colaborativo. Ello elimina de plano cualquier relación o configuración de poder y dependencia que son lo contrario justamente a las relaciones cooperativas que si son características del capitalismo (sin la necesidad de catalogarlo como “privado” ya que el aditivo seria no más que un pleonasmo). Dichas “configuraciones de poder y dependencia” si son, en cambio, típicas e inherentes a la burocracia estatal, lo que podría decirse es una cuestión bien observable.

“El capitalismo de Estado ofrece mayores (y en términos de bienes intangibles como el estatus social, el ser escuchado en las al­turas y el tener una audiencia cautiva en la parte inferior de la sociedad, incomparablemente mayores) recompensas a los intelectuales complacientes, no corrosivos que las que ofrece el capitalismo privado. Tales recompensas pueden o no compensarlos por el riesgo latente, en un mundo sin «fortalezas privadas», de no tener dónde refugiarse en el caso de que se encontraran a sí mismos minando al sistema después de todo.”[5]

Está claro que, en la cita, el “capitalismo de estado” se usa como sinónimo del socialismo, siendo preferible para nosotros emplear este último término en lugar del primero por las razones ya expuestas. Aquí se pasa al tema de los intelectuales quienes, en una proporción para nada despreciable, prefieren inclinarse hacia el socialismo antes que al capitalismo, tópico este que también hemos examinado en otros lugares. Esas recompensas que el estado-gobierno les reportan, les brindan seguridad en la medida en que sigan defendiendo el régimen, lo que compromete su propia posición como intelectuales, y los transforma en propagandistas a sueldo del orden estatista que los cobija.


[1] Ludwig von Mises. “SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS” Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 21

[2] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 299

[3] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[4] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[5] de Jasay A. Ibídem. p. 299

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Sobre el pionero de las instituciones liberales

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/24/sobre-el-pionero-de-las-instituciones-liberales/

Leonard Read

Luego de la segunda guerra mundial y en gran medida como consecuencia de los avatares de ese conflicto armado resultado a su vez de haber abandonado los valores de la sociedad libre, la decadencia intelectual fue mayúscula -tal como entre otros describe Stefan Zweig en El mundo de ayer– hasta que irrumpieron dos instituciones que comenzaron lenta pero firmemente a cambiar el rumbo. En primer lugar, la Foundation for Economic Education como entidad pionera en el estudio y difusión de aquellos valores, establecida en 1946 y luego, al año siguiente, la Mont Pelerin Society que el premio Nobel en economía Friedrich Hayek denominaba “la academia internacional”.

Tuve la fortuna de vincularme a esas dos estructuras gigantes del intelecto, en el primer caso fui becado para trabajar en mi doctorado inicial, oportunidad en la que pude asistir a clases de Ludwig von Mises, Israel Kirzner, Murray Rothbard, Hans Sennholz y otros titanes del pensamiento. En el segundo caso, fui patrocinado por el propio Hayek para ingresar como miembro y luego fui dos veces integrante del Consejo Directivo de esa organización en la que participé muchas veces como orador en sus programas académicos en diferentes partes del mundo. Como queda dicho, esas dos instituciones beneméritas iniciaron el largo y difícil camino de la recuperación de la libertad.

En esta oportunidad centro mi atención en FEE -las conocidas siglas de la Foundation for Economic Education- y especialmente en la figura de su fundador, Leonard E. Read. En verdad, al decir de Read (Leonardo como le gustaba ser llamado por los latinos) destacaba la economía en el nombre de esa casa de estudios debido al especial desconocimiento de esa rama de la ciencia, lo cual no desconoce los fundamentos morales de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

Read intentó y logró con extraordinario éxito el establecimiento de una institución sustentada en los valores del liberalismo clásico al efecto de recordar los principios sobre los cuales se estableció la notable y tan fecunda experiencia de la Revolución Norteamericana sustentada en los sustanciosos conocimientos de los Padres Fundadores.

La idea original consistió en que la entidad otorgara grados académicos, lo cual se abandonó a poco andar debido a las regimentaciones y controles gubernamentales que se estimó restarían toda independencia a la novel institución. En lugar de eso, se impartieron seminarios y cursos para graduados universitarios: The FEE School of Political Economy.

En la exposición inicial con que se abrían los seminarios, Read la llevaba a cabo munido de una lamparita de fabricación casera: pedía que se apagaran las luces del aula y encendía su adminículo de modo muy tenue y comenzaba su disertación introductoria mostrando cómo ese escaso resplandor quebraba la oscuridad del mismo modo que lo hacen los conocimientos respecto de la ignorancia. Acto seguido, dibujaba en el pizarrón dos círculos de radios diferentes y apuntaba que si las dos superficies de las circunferencias fueran los conocimientos y el resto de la pizarra fuera la ignorancia debía notarse que cuanto más se sabe mayor es la conciencia de la propia ignorancia puesto que el contorno del redondel mayor está más expuesto a la ignorancia. Es decir, cuanto más se conoce mayor es la consciencia de lo que se desconoce. Luego procedía a un análisis muy popperiano del aprendizaje en el contexto de corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.

Con el transcurso del tiempo fuimos consolidando una sólida amistad con Read con quien mantuve una nutrida vinculación epistolar. Cuando murió, Bettina B. Graves -una de las integrantes del staff de FEE- me envió de recuerdo el antes mencionado aparato eléctrico. Lo conservo como el objeto de mayor valor que poseo. Cuando lo examino me admiro que su usuario no se haya electrocutado debido a la notable precariedad del instrumento en cuestión.

Read llevó a cabo una obra ciclópea que llegó a todos los puntos del planeta editando libros, publicando revistas, invitando a los más destacado profesores a su tribuna, facilitando a estudiantes a que asistieran a sus cursos y seminarios en New York y dictando conferencias en muy diversos países. Presidió FEE durante 37 años. Fue un ejemplo de integridad moral, honestidad intelectual e intransigencia con los valores de la libertad en los que creía.

Cuando cumplió setenta años de edad, los amigos le organizaron un acto de gala en el Waldorf Astoria de New York al que asistieron e hicieron uso de la palabra personalidades como Milton Friedman, William Buckley, el antes mencionado Hayek, Henry Hazlitt, Benjamin Roggie, Perry Gresham, Trygve Hoff y quien actuó como maestro de ceremonia, el empresario Lawrence Fertig (que a su vez fue quien financió la cátedra de Ludwig von Mises en la Universidad de New York, junto a otro destacado empresario: Harold W. Luhnow a través del Volker Fund). A las exequias de Read, Ronald Reagan, entonces en ejercicio de la presidencia de Estados Unidos, envió un mensaje que decía “Nuestra nación y su gente se han enriquecido grandemente por su devoción a la causa de la libertad y las futuras generaciones mirarán a Leonard Read para inspirarse.”

Los oradores en aquel acto resumen muy bien la faena del gran Leonard Read y su parto institucional, discursos que fueron publicados en un folleto que lleva el sugestivo título de What´s Past is Prologue. En la intervención de Hazlitt expresó que “Si tuviera que hacer un balance en una palabra sobre FEE basada en mi propia experiencia, diría que la siento como mi hogar. Cuando estoy allí sé que estoy rodeado de amigos con ideales comunes, actitudes y sentimientos compartidos. Hay algo que es contagioso en el espíritu de FEE. Solamente pensemos en organizaciones similares que ha inspirado. Está el grupo de Anthony Fisher, el Institute for Economic Affairs en Londres, en Argentina está el grupo de Alberto Benegas Lynch [mi padre quien fundó en 1957 el Centro de Estudios sobre la Libertad], el grupo de Manuel Ayau en Guatemala, Gustavo Velazco y Agustín Navarro en México y Nicomédes Zuloaga en Venezuela.”

Otro que posteriormente sería premio Nobel en economía, Milton Friedman, dijo en esa ocasión: “Tuve la fortuna de ser el coautor del primera publicación de la Foundation for Economic Education. Era un trabajo corto que George Stigler [luego también premio Nobel en economía] y yo titulamos “Roofs and Ceilings”. Era un ataque al control de alquileres […] Algunos años más tarde, a mi regreso de una reunión de la Mont Pelerin, Leonard y yo quedamos varados en el aeropuerto de Orly en París. Hay algunas virtudes de estas demoras en los vuelos. Esta fue una ocasión de serenidad, allí empecé a profundizar los valores humanos de Leonard y mi respeto por él ha crecido desde entonces”.

Por último, para no tomar excesivo espacio en esta nota periodística, Hayek en su alocución apuntó que “La institución que Leonard Read creó a través de la cual ha adquirido una influencia enorme, lleva un nombre modesto y un tanto prosaico de Foundation for Economic Education […] quiero sugerir que este nombre describe en forma muy disminuida su labor puesto que apunta a metas mucho más amplias […] ya que se trata nada menos que de la defensa de nuestra civilización contra los errores intelectuales prevalentes[…] quiero enfatizar que nuestra tendencia política actual no se refiere solo a la prosperidad económica, no simplemente nuestro confort, o la tasa de crecimiento. Es mucho más que eso. Se trata de todo lo que significa nuestra civilización.”

FEE estaba organizada con el apoyo invalorable de la antes mencionada Bettina B. Graves, con Paul Poirot y William Curtiss en el nivel administrativo-académico más alto seguido de calificados profesionales para organizar eventos varios, la publicación de la revista mensual The Freeman, los antedichos seminarios, la edición de libros y el mantenimiento y uso de la muy nutrida biblioteca, todo en un campus muy bien dispuesto que agregaba confortables habitaciones para huéspedes, la propia vivienda de Read, amplias salas de reuniones y oficinas rodeadas de atractivos jardines que más de una vez hemos disfrutado en nuestras caminatas con él junto a su perro Rusty. Durante los meses de esa estadía en Irvington on Hudson de New York por mi beca, mi María se hizo muy amiga de Aggie la mujer de Read.

Mi querido Leonardo escribió que a pesar de su admiración y agradecimiento a los Padres Fundadores de la Revolución Norteamericana, sostenía que constituyó un error la utilización de la palabra “gobierno” pues insistía que remite a mandar y dirigir lo cual debe hacer cada una de las personas en una comunidad libre, mostraba que “hablar de gobierno para aludir al monopolio de la fuerza es tan desatinado como llamar gerente general al guardián de una empresa” por lo que proponía recurrir a Agencia de Seguridad, Agencia de Protección o equivalentes.

Una de las mayores lecciones aprendidas de Leonard Read es la falsedad de aquello que se suele mantener al decir que “hay que vender bien las ideas” y que “el fracaso principal de liberales es que no saben llevar a cabo esa venta”. Read ha explicado una y otra vez en sus libros que la actividad comercial de la venta no requiere la referencia en regresión respecto al proceso de producción que requiere el producto en cuestión, basta con exponer los resultados que producirá el bien a la venta, se trate de desodorantes, dentífricos o lo que fuera. Sería una pérdida de tiempo inútil que ahuyentaría al consumidor el detenerse en las múltiples y variadas etapas en el proceso de producción. Sin embargo, en el caso de las ideas, a menos que uno se tope con un fanático que incorpora todo lo que se le dice sin razonamiento alguno, a menos que se trate de esta cerrazón mental resulta indispensable explicar -por así decirlo- el proceso de producción de la idea que se trasmite al efecto de fundamentar la respectiva conclusión. Resulta indispensable argumentar sobre la genealogía de la idea con la que se intenta disuadir al contertulio. Desde luego que este proceso torna mucho más difícil el resultado en relación a una simple venta pero, como queda dicho, es inexorable. Los estatistas imitan las ventas con frases cortas y efectistas que pretenden saltearse etapas para conseguir incautos, ingenuos, ignorantes y desprevenidos que aceptan ese correlato con el mundo comercial. En cambio, las ideas basadas en el rigor y la seriedad son contraintuitivas y demandan elaboración, pensamiento y digestión adecuada.

Otra de sus enseñanzas clave en uno de sus libros (publicó veintidós) se refiere athe courage to stand alone, esto es la necesaria fuerza de voluntad para decir y escribir lo que uno estima es lo correcto sin tener en cuenta la opinión mayoritaria ni las presiones que se reciben a contracorriente de lo que uno piensa. Hablar siempre claro y alto sin ambigüedades ni subterfugios para quedar bien con otros. Al fin y al cabo como escribió John Stuart Mill, “las buenas ideas siempre pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez adoptadas las ideas al principio revolucionarias, la gente las toma como obvias sin percatarse de los esfuerzos y contrariedades que deben soportar cuando se exponen por primera vez.

Uno de los ensayos más conocidos del fundador de FEE es “Yo, el lápiz” donde se detiene en mostrar las intrincadas y largas etapas en la fabricación de un lápiz desde las minas de carbón hasta la extracción de caucho para la goma, las maderas y los recubrimientos pasando por transportes, cartas de crédito, administración, finanzas y demás parafernalia. En este célebre texto, el autor pone de relieve la distribución y fraccionamiento del conocimiento en el contexto de la división del trabajo y la cooperación social, todo lo cual se derrumba cuando los megalómanos intentan controlar, regimentar y manejar vidas y haciendas ajenas con lo que se concentra ignorancia provocando los resultados lamentables sabidos por todos los observadores atentos.

Tengo enmarcada una fotografía de Read con una dedicatoria que me conmueve: “For Alberto, a great favorite of mine. Leonardo”. Sirvan estas líneas como modesto homenaje a mi distinguido amigo y maestro donde se presenta muy telegráficamente el coraje, la perseverancia y la generosidad de este personaje cautivante y ejemplar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El Che Guevara, mi primo

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en:  https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/che-guevara-mi-primo.html

Mi padre solía recordar aquello de “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”, en el contexto de mi primo el Che puesto que su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna. Antes he escrito sobre este accidente familiar pero ahora vuelvo a la carga en vista de la valiente revuelta de los cubanos hartos de estar hartos por el avasallamiento cruel de sus libertades elementales en el contexto de la miseria más espantosa con falta de los alimentos y medicamentos más elementales.

A esta altura hay que ser muy cretino para estar del lado de los carceleros castristas. La denominada “tragedia de los comunes” donde lo que es de todos no es de nadie (salvo lo que amasan los megalómanos) se ha puesto en evidencia del modo más crudo y horrendo. Este es el resultado por haberse tragado la píldora venenosa del marxismo que destroza todo vestigio de dignidad y consideración por las libertades individuales. Las masacres del comunismo tanto del alma como del cuerpo de todos los que se les ponen delante resultan evidentes para las personas de buena fe.

Dos de mis distinguidos y queridos amigos cubanos en el exilio, la neurocirujana Hilda Molina y el escritor Carlos Alberto Montaner me informan en sendos correos acerca del llamado “Plan Cacique”, grupos de choque integrados fuerzas policiales y militares disfrazados de civiles para arremeter con inusitada violencia contra seres indefensos y corajudos que pretenden vivir no en la paz del cementerio sino en la paz de la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 La banda de Fidel, el Che y sus secuaces resultó en una tragedia mayúscula para los perseguidos, torturados y asesinados. El Che explicó que el “verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler, Chávez y Kim Jong-Un  de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han vejado y mutilado a millones de seres humanos.


Y debemos tener en cuenta que Cuba -a pesar de las monumentales barrabasadas de Batista- era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Como no podía ser de otro modo, el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otros esperpentos, escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente.”

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aun quedan algunas mentes obtusas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para atender a burócratas y algún simpatizante extranjero del régimen.

La sociedad abierta (para recurrir a terminología de Karl Popper) demanda respeto irrestricto de  la propiedad privada, una institución fundamental que permite la mejor utilización  de los escasos recursos en cuya situación cada cual para mejorar su patrimonio está obligado a servir a sus semejantes. En este ámbito el que acierta obtiene ganancias y el que se equivoca incurre en quebrantos en contraposición de los que la juegan de empresarios pero están aliados al poder político para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de su prójimo.

A contramano de lo dicho, el marxismo propugna la abolición de la propiedad y los seguidores y copiones de esta empobrecedora política intervienen los mercados libres con lo que perjudican muy especialmente a  los más débiles. Afortunadamente aparecen algunas buenas noticias en nuestra región, por ejemplo, la muy bienhechora decisión del actual gobierno uruguayo de separarse de una incumplida apertura localista para abrirse al comercio con el mundo incorporando otros espacios.

El Che y sus pestilentes continuadores se arrogan la facultad de manejar a su capricho la vida y el fruto del trabajo ajeno en una demostración de una mezcla diabólica de ignorancia, malicia y soberbia sin parangón.

Cierro con una confesión. Mi cumpleaños es el 11 de julio, día que recibí el mejor regalo del mundo: el comienzo de las revueltas de cubanos valerosos contra la tiranía.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Por qué en la Argentina ocurren crisis cambiarias en forma sistemática

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/20/por-que-en-la-argentina-ocurren-crisis-cambiarias-en-forma-sistematica/?utm_medium=Echobox&utm_source=Twitter#Echobox=1626792869

La semana abrió con aumento de la cotización del dólar libre, el riesgo país sobrepasó los 1.600 puntos básicos y el BCRA tiene que hacer malabares para pagar importaciones y la deuda externa

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo (Reuters)

¿Por qué razón la economía argentina cae continuamente en crisis cambiarias con tensiones inflacionarias? ¿Es esperable un nuevo desborde de los tipos de cambios alternativos al regulado por el Banco Central, y también del ritmo de suba de los precios al consumidor?

El primer dato a considerar en materia inflacionaria es que el gobierno de Alberto Fernández está llevando adelante una política económica que no solo espanta las inversiones, sino que, además, ya el ritmo de aumento de los precios es similar al que dejó Cambiemos.

El último mes completo de gestión de Mauricio Macri como presidente arrojó una inflación interanual del 51% yen junio último fue del 50,2%, con el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos virtualmente “pisados”.

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Pero la razón para que continuamente haya saltos cambiarios es doble: 1) faltan dólares y 2) sobran pesos.

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo.

Gobiernos populistas como el actual suelen argumentar que se necesitan los dólares de las exportaciones. En rigor, el que vende al exterior un producto es alguien del sector privado que produce a su riesgo. Entrega carne, soja o tornillos a cambio de divisas. Pero cuando recibe esos dólares aparece el Estado y dice: “esos dólares son míos, tome estos pesos devaluados a cambio”, y, para peor, a una paridad sustancialmente menor a la del mercado libre.

O sea, no solo el Estado le confisca los dólares al que produce y exporta, sino que además se apropia de parte de su esperada ganancia. Esta política, junto a la carga tributaria, regulaciones absurdas que encarecen la producción, una legislación laboral que no beneficia ni al trabajador ni al empresario que lo contrata, más la inseguridad jurídica y vivir con una economía cerrada, hace que la economía tenga muy baja competitividad para competir en el mundo y su volumen de exportaciones sea mínimo.Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)

A modo de ejemplo, las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos.

Irlanda, habiendo hecho las reformas estructurales necesarias, sin la pampa húmeda, ni Vaca Muerta, etc. exporta USD 400.000 millones al año y tiene un territorio más chico que el de la provincia de Formosa.

La gran diferencia se explica por la limitación que se impone al ingreso de divisas por exportaciones, fruto del saqueo estatal a quien produce y exporta a través de las retenciones; por las restricciones a la disponibilidad de dólares para poder importar insumos, máquinas y accesorios, junto al resto de regulaciones de los mercados, porque afectan a la producción y también la productividad del uso de los factores.

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Pero ahí no termina la cosa. Un país no recibe dólares solo por el comercio exterior, también por la inversión extranjera directa (IED). En 2019, año anterior al de la pandemia, Argentina captó solo 4% de los USD 160.721 millones se canalizó a América Latina y el Caribe, según los datos de Cepal. El promedio anual estuvo en el 5,4% en el período 2003-2019; y se estima que en 2020 la IED para la región cayó a la mitad.

Tampoco, la Argentina capta recursos por préstamos internacionales, porque ha defaulteado varias veces la deuda y por tanto nadie tiene interés en prestarle al Gobierno ni comprar acciones o papeles de empresas argentinas, como lo demostró la degradación extrema por parte de MSCI.

Por otra parte, salen dólares, además por el pago de las importaciones; de gastos de turismo y viajes en el exterior; intereses de la deuda; el giro de dividendos y utilidades de las empresas, y por la recurrente fuga de capitales.

Salida de capitales

La fuga de capitales se debe a varios factores, pero pueden resumirse en: la inseguridad jurídica que impera en el país, incluida la carga impositiva y las reiteradas confiscaciones de ahorros.

Paralelamente, la expansión monetaria que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal ha llevado a que la inflación acumulada entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, llegue a la friolera de 398.209 billones por ciento. Un promedio del 52,6% anual.

La Argentina destruyó 5 signos monetarios y la gente no quiere el peso como reserva de valor. Eso significa que se refugia en el dólar u otras monedas.

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De ahí que sobran pesos y faltan dólares, lo que hacen que los gobiernos traten de postergar el desenlace de las presiones cambiarias e inflacionarias con controles de cambio, regulaciones de precios, atrasos tarifarios y toda una artillería de restricciones que terminas estallando en algún momento.

Como el argentino adoptó como moneda el dólar, al menos como forma de ahorro y refugio de valor, cuando se producen esas presiones cambiarias se acelera la huida de los pesos, con un final prenunciado.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Judeofobia y 27 años de impunidad


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/7/2
en: https://www.laprensa.com.ar/504338-Judeofobia-y-27-anos-de-impunidad.note.aspx

Es alarmante que siga empantanado el caso criminal del atentado terrorista a la AMIA a pesar de los denodados esfuerzos de familiares de las víctimas y personas de buena voluntad que se mantienen apegados e interesados en la marcha de expedientes que en verdad no marchan en la dirección que debieran a pesar de cómplices locales y extranjeros en esta monstruosidad.

Es de esperar que la Justicia retome su rol y queden al descubierto los asesinos del caso a la brevedad no solo para alivio de las tremendas angustias de seres queridos de los masacrados sino para bien de nuestro país.

En todo caso, como homenaje al horrendo bandidaje de marras quiero referirme en general una vez más al antisemitismo, lamentablemente muy extendido en nuestro mundo de hoy. También he escrito en otras oportunidades sobre esta decadente expresión de barbarie estimulada por acomplejados y débiles mentales, cuando no de criminales de las mas baja estofa. Ahora vuelvo sobre este asunto repugnante debido a nuevas manifestaciones de criminalidad.

Prejuicio bárbaro

Después de todas las atrocidades que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio bárbaro que se conoce como antisemitismo aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como afroamericanos, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

La torpeza de referirse a la comunidad de sangre pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones más variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo menos un negro entre sus ancestros. 

También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un ario respecto de las de un semita. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

El factor religioso

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en  actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media”. Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Jesús” sin percatarse, por un lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió lavarse las manos por semejante crimen.

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido tributo.

En la propia casa

Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo. Ha sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas. 

A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio III estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio III autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo II que afortunadamente para la civilización marcaron un punto de clara reversión y severa condena de esa conducta y promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.

Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto recíproco abarque a todas las religiones y no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas provocan llamaradas de fanatismo. El caso de los judíos ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar alertas y en el caso con el que abrimos esta nota hacemos votos para que la Justicia ponga luz sobre los responsables intelectuales y materiales del horror ocurrido en la AMIA.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Aún sin pandemia, la política económica K ya estaba destinada al fracaso


Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/7/21 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2021/07/a%C3%BAn-sin-pandemia-la-pol%C3%ADtica-econ%C3%B3mica-k-ya-estaba-destinada-al-fracaso.html

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El COVID-19 golpeó muy fuerte a casi todos los países del mundo, pero a algunos los golpeó más por la incapacidad de sus gobiernos para enfrentar correctamente la pandemia y por el manejo de la economía.

A pesar de tener una de las cuarentenas más largas y estrictas del mundo, el Gobierno no consiguió contener los contagios ni las muertes, al tiempo que creó un gran malhumor social por los prolongados encierros debido a las cuarentenas y serios problemas económicos.

En su momento el presidente Alberto Fernández sostuvo que entre la economía y la vida, prefería la vida, sin embargo, Argentina está entre uno de los países con mayor cantidad de muertos por millón de habitantes y entre uno de los países que más cayó su PBI en 2020.

Mientras el PBI de Argentina cayó el 9,9% en 2020, el promedio de caída de América Latina y el Caribe fue de 6,3 por ciento. En América del Norte el producto disminuyó el 3,7%; en la UE un 6,2%; en la zona del Euro un 6,7%; y entre los miembros de la OCDE, una caída de 4,7 por ciento.

Es decir, comparando con los promedios de las diferentes zonas económicas, el desempeño económico argentino fue uno de los peores sin que se salvaran vidas. Es más, de haberse acordado con Pfizer y otros laboratorios, se podrían haber salvado varios millares de vidas.

En términos estrictamente económicos, la caída en el nivel de actividad se tradujo en una disminución de los ingresos impositivos que se combinó con un fuerte aumento del gasto público en subsidios de todo tipo al sector privado para enfrentar la parálisis económica que impuso el gobierno. Este desbalance fue financiado con una enorme expansión monetaria que ahora genera presiones inflacionarias que el gobierno no puede dominar.

Paralelamente cerraron todo tipo de comercios, desde el quiosco del aeropuerto al del microcentro, pasando por bares, restaurantes, hoteles, actividades profesionales, gimnasios y toda clase de actividades. No solo creció fuertemente la desocupación, sino que también se disparó la pobreza y la indigencia, al tiempo que pequeños comerciantes de clase media entraron en la franja de la pobreza.

Pero no solo fue pésimo el manejo de la pandemia junto con los groseros errores de la campaña de vacunación, la política económica diagramada por el gobierno iba a ser un fracaso aunque no hubiese habido pandemia.

En efecto, los controles de precios, de tipo de cambio y atrasos de tarifas de los servicios públicos son experimentos que ya ensayó el kirchnerismo en el período anterior cuando no había pandemia.

Sus controles absurdos, el cepo cambiario, la negativa a solucionar los problemas de la deuda externa presentando un plan económico consistente y los aumentos impositivos solo logran ahuyentar inversiones. En otras palabras, sobre mojado, llovido. Además de manejar económicamente mal la pandemia generando una masacre económica en lo que hace a puestos de trabajo, se suma una política económica que espanta inversiones y genera más desocupación aún sin pandemia.

En definitiva, si no hubiese habido pandemia, igual el rumbo económico que tomó el gobierno hubiese sido complicado porque su filosofía no está en atraer inversiones sino que logra espantarlas.

A esa errada filosofía económica se le agrega la pandemia y su pésimo manejo, haciendo un combo alarmante que ha hundido a la Argentina hasta niveles insospechados.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El bienestar y el Estado Benefactor

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

http://www.accionhumana.com/2021/07/el-bienestar-y-el-estado-benefactor.html

Un problema que no es nuevo y que parece haberse agravado con el tiempo es de la asistencia pública, o más conocido en la jerga económica como el del asistencialismo. La ayuda a los pobres es un tema de siempre. En el Nuevo Testamento Cristo decía a sus discípulos “A los pobres los tendréis siempre con vosotros y siempre podréis hacerles bien”. Claro que hablaba de la asistencia privada, y no lo que hoy se conoce como la asistencia “pública” que recibe diversos nombres en diferentes países según van cambiando los gobiernos y las épocas.

En Argentina, se los designa actualmente como “planes sociales”. Estos planes no son privados sino gubernamentales, y como diría L. v. Mises siempre se planifica sobre la base de recursos que el gobierno quita a los gobernados mediante diferentes mecanismos expoliatorios, de los cuales el más utilizado es el fiscal a través de los impuestos. Pero no son los únicos instrumentos con los cuales los gobiernos realizan su tarea expoliatorio. Todo se reduce al apotegma de quitarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece, que es el dogma sobre el que se basa el principio de la “justicia social”.

Pero como decimos arriba, el tema no es nuevo, y tampoco se localiza en un solo país sino que, inclusive, en lo que siempre se ha tenido como el “paradigma mundial del capitalismo” (los Estados Unidos de Norteamérica) hace mucho tiempo que son familiares:

“De alguna manera, el hecho de que cada vez haya más pobres que reciben asistencia social, con pagos más generosos, no parece haber hecho de este país un buen lugar para vivir -ni siquiera para los beneficiarios, cuya condición no parece perceptiblemente mejor que cuando eran pobres y no recibían ayuda.”[1]

Si eso se dice del “gran país del norte” ¿qué podría esperarse de los demás países de economías inferiores, y de los denominados subdesarrollados? Si cada vez son más los pobres que cobran más dinero y siguen sin salir de la pobreza, ello implica que esos dineros se les están quitando a otras personas, con lo cual es a ellos a los que se los vuelve cada vez más pobres en la medida que más fondos se les sustraigan.

Esto permite deducir –además- que esas extracciones de dinero no son voluntarias sino coactivas. Parte de esa masa de pobres que se ha incrementado son personas a quienes antes se las ha expoliado para entregar el fruto del botín a otras que (antes de recibirlo) ya eran pobres y después de recibido lo siguen siendo porque, naturalmente, entre otras razones todos tienden a despilfarrar aquello que no les ha costado nada ganar, pensando que después del gasto volverán a recibir una cantidad equivalente o superior a la dilapidada.

“Parece que algo salió mal; una política sensible a los problemas sociales por parte del populismo socialdemócrata engendró todo tipo de consecuencias inesperadas y perversas. El espíritu que antes animaba a la profesión de los asistentes sociales era muy diferente -y libertario-. Había dos principios básicos: a) que todo pago destinado a la beneficencia y al bienestar social debe ser voluntario, realizado por instituciones privadas, en lugar de constituir una acción coercitiva del gobierno; y b) que el objeto de dar debería ser ayudar al beneficiario a hacerse independiente y productivo tan pronto como fuera posible. Por supuesto, en última instancia, (b) surge de (a), puesto que ninguna agencia privada es capaz de reunir la cantidad de dinero virtualmente ilimitada que puede extraerse del sufrido contribuyente.”[2]

                 Estos dos principios quedaron eliminados cuando aparece la figura del “estado benefactor” o “de bienestar” que -en pocas palabras- ha venido a reemplazar la caridad privada por la estatal, creando lo que pudiéramos denominar como una nueva y tenebrosa categoría: la del mendigo estatizado profesional, que surge como una casta parasitaria que, junto a la burocracia, se emplean en fagocitar los recursos de los que podríamos llamar la clase productiva de la economía, aquella que -mediante su trabajo- financia los consumos de los nombrados beneficiarios y burócratas, cuando antes solo debían solventar los de estos últimos. Por el contrario, el antes “beneficiario”, en lugar de hacerse independiente, se convirtió en totalmente dependiente del gobierno de turno, ya que se cometió la enorme torpeza de transformar lo que antes era una ayuda en un “derecho” y -como tal- exigible por cualquiera que se considerare a sí mismo en “estado de necesidad”.

“Como los fondos de asistencia privados son estrictamente limitados, no hay lugar para la idea de “derechos” a la beneficencia pública como una exigencia permanente sobre la producción de otros. Como corolario de la restricción de fondos, los trabajadores sociales también se dan cuenta de que no existe la posibilidad de ayudar a los simuladores, a aquellos que se niegan a trabajar o que utilizan la asistencia de manera fraudulenta; de ahí el concepto de pobres “merecedores” en contraposición al de “no merecedores”.[3]

                La restricción de fondos es pieza clave para que dicha clase parasitaria no aparezca, y de haber surgido se halle sin posibilidad alguna de consumir la economía del país donde tan nefasta política se haya puesto en marcha. Por desgracia, hay naciones (sobre todo las latinoamericanas) donde esta funesta “institución” se ha convertido precisamente en eso: en una institución. Se ha incorporado a la legislación como formando parte del gran cúmulo de los “derechos sociales” que operan en el mismo sentido ya explicado antes: quitarles a unos lo que les pertenece para darle s otros lo que no les pertenece.

“Así, la Organización de Caridad Social (Charity Organization Society), una agencia inglesa del laissez- faire del siglo XIX, incluyó entre los pobres no merecedores que no eran elegibles para la beneficencia a aquellos que no la necesitaban, a los impostores y a los hombres “cuya condición se debe a la imprevisión o al derroche, y no hay esperanzas de que se los pueda hacer independientes de la asistencia […] caritativa en el futuro”.[4]

La caridad estatal -en cambo- es abrazada por los políticos porque les brinda excelentes resultados electorales al hacer al electorado dependiente de los “planes sociales” que le logran ingresos equivalentes a los que podría obtener en cualquier empleo productivo o entradas mayores aún. Esto ocasiona un incentivo al ocio y dependencia de la caridad estatal, y reporta excelentes beneficios electorales a los políticos que, en sus campañas, compiten entre sí ofreciendo la mayor cantidad de desatinos posibles y promesas irrealizables con el objeto de captar a un electorado cautivo.


[1] Murray N. Rothbard. For a New Liberty: The Libertarian Manifesto. Macmillan, New York, (ISBN 13: 9780020746904). Pag. 171-173

[2] Rothbard M.N. Ibídem,

[3] Rothbard M.N. Ibídem,

[4] Rothbard M.N. Ibídem,

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina