Las consecuencias de la Banca Central:

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/9/22 en: https://www.youtube.com/watch?v=TOyZ_Rw2j4w

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Tres delicias fiscales

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/9/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220911/ua2pvgdpnfgqzf7bcpf3k74f7y.html

La prensa tiene días gloriosos. Concretamente, hace un tiempo, «El País» publicó tres delicias fiscales en la misma edición.

La primera fue un artículo de Violeta Ruiz Almendral, profesora de Derecho Financiero y Tributario de la Universidad Carlos III de Madrid, que participó en el Libro Blanco para la reforma tributaria. Incluye la habitual referencia al juez Holmes y su frase sobre que los impuestos son el precio que pagamos por la civilización, cuando no son un precio, ni los pagamos a cambio de nada, porque son, como su propio nombre indica, obligatorios. Sostiene que hay que evitar «discusiones en el vacío», como…si deben ¡subir o bajar los impuestos. En serio. Y alega que hay acuerdo en los asuntos tributarios fundamentales, más allá de «la prensa o las redes sociales». No es verdad –puede ver: Ignacio Ruiz-Jarabo, «Impuestos o Libertad», Ediciones Gaveta.

La segunda delicia fue este titular: «El FMI advierte del peligro de competir para bajar impuestos». Mil veces ha sido calificado el FMI como institución liberal o al menos «no sospechosa» de antiliberalismo. Stiglitz llegó a incluirlo en un fabuloso «fundamentalismo de mercado». Por supuesto, jamás ha sido así. El FMI, como las demás burocracias internacionales, no ha sido liberal nunca, y nunca ha pedido que bajen los impuestos, sino al revés. Criatura de los Estados, siempre ha actuado en su defensa, y ahora también, avisando del «peligro» de la catástrofe que significaría que la opresión fiscal del pueblo disminuyera.

Hablando de opresión, la tercera delicia fiscal venía tras este titular: «La invisibilidad del figurante». Era el típico artículo que les gusta a los periodistas progres, cuando localizan a un grupo al que puede asignar ese tipo de calificativos: invisibles, marginados, empobrecidos, etc. Lo espectacular del caso es que, siendo verdad que los figurantes son oprimidos, el texto en cuestión explicaba por qué están tan maltratados, y resulta que la explicación desmiente dos mitos caros al progresismo: la idea de que los impuestos los pagan los ricos, y la idea de que la reforma laboral ha sido ventajosa para la clase media y trabajadora. La realidad de los figurantes, en cambio, leída en la prensa progresista, es la siguiente: «El colectivo reivindica la actualización de su salario, que se ve aún más mermado con la subida del IRPF propiciada por la reciente reforma laboral».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

El problema de la inflación es la distorsión de los precios relativos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 13/9/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/09/13/el-problema-de-la-inflacion-es-la-distorsion-de-los-precios-relativos/

La Argentina está enfrentando los efectos del exceso de emisión de pesos en los últimos dos años para financiar la expansión del gasto público. Brecha con los países vecinos

Aun suponiendo una inflación del 6,7%, una vez más el aumento del IPC en Argentina estuvo muy por encima de la tasa que registraron los países vecinos, y afecta el ingreso real de los trabajadores (Reuters)

Aun suponiendo una inflación del 6,7%, una vez más el aumento del IPC en Argentina estuvo muy por encima de la tasa que registraron los países vecinos, y afecta el ingreso real de los trabajadores (Reuters)

A punto de salir el IPC de agosto del Indec, todas las estimaciones muestran que la inflación del mes último mes se acercó al 7 por ciento.

Aun suponiendo una inflación del 6,7%, una vez más el aumento del IPC en Argentina estuvo muy por encima de la tasa que registraron los países vecinos. El más “complicado” parece ser Chile que tuvo una aceleración a 1,2%, en tanto, por el contrario, Brasil registró deflación por segundo mes consecutivo.

El gráfico más abajo muestra cómo se cae el relato del Gobierno cuando sostiene que la inflación es culpa de los que remarcan los precios, de los que ganan “mucho”, de los especuladores y demás argumentos de política de barricada, porque eso significaría afirmar que solo en Argentina están los empresarios malvados que remarcan precios.

Lo concreto es que la expansión monetaria de 2020 hasta julio de 2022 generó una depreciación del peso que, aún sin que en agosto se haya emitido moneda para financiar al Tesoro, igual el deterioro continúa como consecuencia de la caída en la demanda de moneda.

Pero el problema principal de la inflación no es que los precios suben, en realidad es una ilusión óptica porque es el peso el que se deprecia. El problema principal de esta emisión es que se distorsionan los precios relativos, lo que implica que unos sectores salen ganadores y otros salen perdedores.

Es que cuando el gobierno expande moneda para financiar el gasto público, el proceso de aumento de los precios no ocurre en todos los bienes y servicios al mismo tiempo y a la misma velocidad, sino en la medida que los pesos emitidos empiezan a circular en la economía y van llegando a diferentes sectores vinculados inicialmente con el Estado.

Este proceso es más instantáneo en Argentina que en otros países, por la larga tradición inflacionaria y porque la caída en la demanda de moneda ya es casi simultánea. Es más, el rechazo a los nuevos pesos emitidos por el BCRA se produce ni bien entran en circulación. Un país como Argentina que destruyó 5 signos monetarios, que tuvo procesos inflacionarios, megainflacionarios e hiperinflacionarios tiene entrenada a la población para defenderse de la pérdida de poder adquisitivo de sus ingresos.

Si todos los precios aumentaran en el mismo momento y a la misma tasa, el único problema que habría es que las transacciones se harían con valores nominalmente más altos, pero no habría ganadores y perdedores porque todos mantendrían su capacidad de compra y de ahorro.

El rechazo a los nuevos pesos emitidos por el BCRA se produce ni bien entran en circulación (Franco Fafasuli)El rechazo a los nuevos pesos emitidos por el BCRA se produce ni bien entran en circulación (Franco Fafasuli)

Este ya no es el caso de Argentina porque la gente sabe que la suba de precios es producto de la emisión monetaria y, por lo tanto, no aumenta la demanda real de bienes y servicios, y los productores tratan de defender su capital de trabajo. Esta defensa del capital del trabajo es los que los populistas llaman especulación para buscar un culpable y no hacerse cargo del problema que ellos generan.

Si, llegado un punto, el gobierno, ante la espiral inflacionaria, decide bajar el gasto público para dejar de emitir, el que primero recibió la emisión e invirtió para abastecer la mayor demanda artificial descubre que le cae la demanda de sus bienes y se queda con lo que se dice en economía capacidad ociosa, que en realidad no es la consecuencia de una inversión errada basada en la distorsión de precios relativos que generó la emisión monetaria inicial.

Un ejemplo de este proceso se puede observar en EE.UU. ya que el mismo presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, advirtió que bajar la inflación llevará tiempo y provocará “algo de dolor” para las familias y para las empresas, pero también agregó que no frenar la inflación sería más doloroso: “Es probable que la reducción de la inflación requiera un período sostenido de crecimiento por debajo de la tendencia. Además, es muy probable que las condiciones del mercado laboral se debiliten. Mientras que los tipos de interés más altos, el crecimiento más lento y las condiciones del mercado laboral más débiles reducirán la inflación, también supondrán cierto dolor para los hogares y las empresas. Estos son los desafortunados costes de la reducción de la inflación. Pero si no se restablece la estabilidad de los precios, el dolor será mucho mayor”.

Lo que está diciendo Powell es que se acabó el efecto de la droga de la emisión de moneda de los dos años anteriores y que ahora habrá que asumir el costo que produce la inflación, porque de lo contrario el sacrificio posterior será mayor.

En el caso argentino, la droga inflacionaria ya ha hecho tal desastre que hoy quitarse de encima esa adicción de emitir pesos para financiar el gasto público tiene el costo no solo de pésimas inversiones, que ya no las hay, sino que mucha gente vive sin trabajar (Reuters)En el caso argentino, la droga inflacionaria ya ha hecho tal desastre que hoy quitarse de encima esa adicción de emitir pesos para financiar el gasto público tiene el costo no solo de pésimas inversiones, que ya no las hay, sino que mucha gente vive sin trabajar (Reuters)

En el caso argentino, la droga inflacionaria ya ha hecho tal desastre que hoy quitarse de encima esa adicción de emitir pesos para financiar el gasto público tiene el costo no solo de pésimas inversiones, que ya no las hay, sino que mucha gente vive sin trabajar.

¿En qué sentirá la gente el impacto para frenar la inflación?

En tasas de interés más altas; planes sociales insostenibles; caída del salario real; menor actividad; más desocupación; caída del poder de compra de las jubilaciones; y suba de las tarifas de los servicios públicos, entre otros efectos. Más aún cuando todavía no hay como contrapartida un plan económico y condiciones institucionales que permitan vislumbrar una salida de crecimiento.

Una política antinflacionaria que se limita a frenar la emisión, pero que no tiene detrás un plan económico que atraiga inversiones y condiciones institucionales que lo respalden, tendrá un costo elevado y pocos beneficios.

El costo del populismo finalmente llega, y mayor es cuanto más precario es el plan antinflacionario que busque implementar en la emergencia.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El crudo pronóstico de Aldo Abram para la economía: «Se gana tiempo, pero iremos a una crisis mucho peor»

Por Aldo Abram: Publicado el 11/9/22 en: https://www.iprofesional.com/finanzas/368993-crudo-pronostico-de-economista-iremos-a-una-crisis-mucho-peor

Para conocer su opinión sobre las medidas oficiales con el dólar, iProfesional habló con Aldo Abram, economista y director de Fundación Libertad y Progreso

Las medidas que encara el Gobierno para intentar resolver la amplia brecha cambiaria y la escasez de dólares en el Banco Central son vistas por algunos analistas como una forma de «ganar tiempo» en el corto plazo.

Al respecto, Aldo Abram, economista y director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, dialogó con iProfesional, donde destaca que el actual rumbo puede llevar al país a una crisis «mucho peor».

También analiza la perdida de reservas, las consecuencias de la devaluación de la moneda y las proyecciones de inflación.

-¿Cómo definiría el momento económico actual?

-Argentina está en medio de una crisis de credibilidad sobre su viabilidad económica en el tiempo. Esto tiene su origen en un Gobierno que se niega a hacer las reformas estructurales necesarias para recuperar la confianza de largo plazo y, por ende, crecer sostenidamente. Pero más importante aún, aumentar su crédito. Ningún país confiable paga sus deudas ya que las refinancia, y eso es lo que hoy la actual administración nacional no garantiza que suceda a futuro.

Sin embargo, en el corto plazo, pesa cada vez más la imagen de un gobierno cuyas malas políticas ha llevado a una gran caída del bienestar de la gente; lo cual viene diluyendo su poder. El ingreso de Sergio Massa a la gestión, aunque ya estaba en la Alianza que sustenta a esta gestión, fue percibido como una forma de consolidar la capacidad de hacer de esta administración. También fue bien visto que se unificara el mando en materia económica, no se puede tener tres timoneles en medio de una tormenta.

-¿Qué opina de las medidas que tomó hasta ahora la nueva gestión de Economía?

-Todas las medidas tienen su parte positiva en el corto plazo y negativa en el mediano término, por lo que sólo sirven para ganar tiempo. Por ejemplo, la mayor parte del ajuste fiscal recae sobre el sector privado, lo cual permitirá reducir el exceso de gasto primario, pero a costa de menor inversión, empleo y producción futuro.

Para Abram, el adelanto de liquidación de exportaciones y otras medidas, sirven para el corto plazo, pero generan problemas en el largo.

Para Abram, el adelanto de liquidación de exportaciones y otras medidas oficiales sirven para el corto plazo, pero generan problemas en el largo.

Por otro lado, el aumento de la tasa de interés es positiva en el corto plazo, en términos de desalentar la salida de ahorros del país y acotar el crecimiento de la oferta monetaria, bajando las presiones inflacionarias. Sin embargo, con un Banco Central con una deuda remunerada que ronda el 160% de la base monetaria, implica que esos pasivos van a crecer fenomenalmente en el tiempo, con un costo mayor a los $6 millones de millones en el próximo año. Nuevamente, se está «comprando» tiempo, pero carísimo.

-¿Y por el lado del refuerzo de las reservas cómo lo evalúa?

-Se están buscando reforzar las reservas adelantando la liquidación de exportaciones, algo que es «pan para hoy, hambre para mañana», ya que esas divisas no estarán cuando en los próximos meses salgan los embarques que las justifican.

Además, los créditos que se piensan tomar a organismos internacionales, a fondos y a bancos del exterior, no son divisas propias, sino prestadas. Entonces, si todos estos recursos se usan solamente para sostener el cepo en el tiempo, dado que las restricciones sólo llevan a perder reservas, terminaremos con un Banco Central mucho más quebrado que hoy.

Por lo tanto, si no se aprovecha el tiempo ganado para atacar los problemas de fondo que tiene el país, todo esto sólo nos llevará a una crisis mucho peor. O, en el mejor de los casos, si en el futuro se intenta hacer las cosas bien, el costo de salida del cepo será más alto.

-El precio del dólar está estable hace algunas semanas, ¿a qué atribuye esto?

-La incorporación de Massa al Gobierno ha generado la esperanza de que se van resolver los problemas de Argentina. Sin embargo, hay una falla de diagnóstico ya que estos no se resuelven con un ajuste fiscal hecho de cualquier forma y aumentando coyunturalmente la liquidez del Banco Central.

Entonces, si el Ministro de Economía no aprovecha este tiempo que se le ha dado para lanzar un programa de reformas estructurales integral que le permita recuperar credibilidad y salirse rápido del cepo, esa mejora de las expectativas se diluirá. Entonces, pasaremos de la actual «pax cambiaria», que continuará por unas semanas, a otra montaña rusa como la que ya vivimos antes.

Aldo Abram considera que, de no realizar el Gobierno medidas de profundidad, se está en peligro de vivir una crisis

Aldo Abram considera que, de no realizar el Gobierno medidas de profundidad, se está en peligro de vivir una crisis «mucho peor».

-¿Cómo puede incidir la amplia brecha cambiaria que existe entre el oficial y los dólares libres?

-La brecha depende del atraso del tipo de cambio oficial respecto a lo que verdaderamente se está depreciando el valor del peso y a la evolución del poder adquisitivo del dólar en Argentina. Si el Banco Central sigue emitiendo como hasta ahora, el valor de la moneda local seguirá cayendo. Esto se potencia con la baja de la demanda de pesos, porque la gente se cansa de que le quiten parte de su atesoramiento y ahorros con «impuesto inflacionario».

Por otro lado, a mayor incertidumbre más huida de fondos del país y, por ende, más demanda de divisas extranjeras, aumentando su precio. Cuando esta realidad no es seguida por el tipo de cambio oficial, la brecha se incrementa.

Por el contrario, cuando hay períodos de calma como el actual, la demanda de pesos no cae tanto, hecho que disminuye la pérdida de poder adquisitivo y la fuga de capitales se modera. Así es como la brecha se achica ante un dólar oficial que mantiene su ritmo de alza, mientras los precios de los mercados paralelos dejan de subir o, incluso, caen.

Sin embargo, cuando las expectativas de cambio de rumbo se ven frustradas, este accionar de argentinos y extranjeros se revierte y vuelve a agrandarse la brecha. Esto es lo que creemos que terminará pasando en unas cuantas semanas.

-Ahora que pasó la temporada alta de liquidación del campo, ¿qué presión puede tener el precio del dólar y cómo repercutirá el «dólar soja» de $200?

-Es imposible pensar en un boom de exportaciones cuando los que producen esos bienes reciben alrededor de la mitad de lo valen sus productos. Por eso es que, históricamente y en el mundo, los cepos tienden a destruir las ventas externas, excepto en períodos excepcionales de altos precios internacionales, como los de los dos últimos años. Cabe aclarar que esos favorables vientos internacionales se están revirtiendo cada vez con más fuerza.

El «dólar soja» de $200 es una forma de aumentar la liquidación de stocks de ese producto, en un momento en el que las expectativas de los precios internacionales son a la baja. Implica reducir la brecha, o sea bajar el costo de pasarse de «dólar silo» a divisa real. Hoy, está en alrededor de un 35%, mientras que antes era del 100% o más.

La inflación anual ya se ubica cerca del 100% y los pronósticos de Abram son que será más elevada en 2023.

La inflación anual ya se ubica cerca del 100% y los pronósticos de Abram son que será más elevada en 2023.

Por ende, es posible que eso anime a algunos a vender sus stocks de la oleaginosa, pero el Gobierno no quiere generalizar esta medida. Los argentinos casi no comemos soja ni derivados; por lo que el aumento de precios de estos productos no se sentirá. Sin embargo, sí tendría impacto en el poder adquisitivo de la gente si llegara a subir el precio del tipo de cambio de los bienes que consumimos.

Por otro lado, a esos «dólares a $200» habrá que comprarlos emitiendo pesos, con lo cual la depreciación llevará a más inflación y un aumento de los tipos de cambio paralelos. O bien, aumentará la deuda remunerada del Banco Central, que ya tiene una preocupante «bola de nieve»; o se observará una combinación de ambas. De nuevo, se resuelve un problema en el corto plazo y complica otros en el tiempo.

-La inflación es otro de los graves problemas que enfrenta el país, ¿qué perspectivas tiene para septiembre y los próximos meses?

-En septiembre, si se concreta la quita de subsidios, que en algunos casos será en cuotas, veremos un salto de la variación del Índice de Precios al Consumidor. Sin embargo, eso no es lo grave, sino que el Banco Central continúa emitiendo al mismo ritmo que el previo a las elecciones para ponerle «platita en el bolsillo» a la gente. Por lo tanto, es muy difícil que vaya a haber una desaceleración relevante del alza de los precios en el corto plazo.

En resumen, este año, con suerte, no llegará a los tres dígitos. Pero, de seguir así, estaremos en más de 100% de inflación a principios de 2023. Quizás esto asuste al Gobierno y por eso, para moderar la suba antes de las elecciones, intente algo de austeridad monetaria, mucho de «atraso cambiario» y controles de precios. En conclusión, la inflación terminará el año por encima de la de 2022.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo

La actualidad política de Woody Allen


Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/9/2
en: https://www.infobae.com/opinion/2022/09/10/la-actualidad-politica-de-woody-allen/

En la película Bananas, en el contexto de sucesos hilarantes, el célebre director ilustra la canallada del Leviatán

Woody Allen

Woody Allen

A través del tiempo aquí y allá aparecen producciones cinematográficas que son calcos de ocurrencias varias. Esto ha sucedido con la quinta producción de Woody Allen en 1971 que ha sido escrita, dirigida y actuada por él. Bananas es básicamente una sátira política pero que lamentablemente refleja lo que tiene lugar en no pocos lares con gobiernos que han perdido el rumbo en cuanto a la protección de los derechos de las personas para en su lugar aniquilarlos. Son sujetos atados a los aparatos estatales que se consideran con las capacidades de dirigir vidas y haciendas ajenas con total desparpajo produciendo todo tipo de iniquidades y, sobre todo, conduciendo a la miseria más horripilante a todos los habitantes excepto siempre a un grupo de cortesanos mientras se mantengan dúctiles a los deseos de los amos circunstanciales instalados en el poder.

Toda la secuencia ocurre en un país que se conoce como San Marcos. Se inicia con el asesinato de un ex presidente que es asediado por periodistas y cámaras televisivas para tomar las últimas e insólitas declaraciones del malherido por las balas opositoras no para liberar a esa nación sino para sojuzgarla aun con mayor vehemencia.

El film muestra la miseria de la población y los caprichos que una y otra vez imponen los mandones de turno que tiene reminiscencias de la dictadura cubana y los permanentes desafíos a la embajada estadounidense con la consiguiente quema de su bandera como señal estúpida de una falsa independencia.

En el contexto de sucesos hilarantes para el público pero dramáticos para los habitantes del lugar al reflejar las inmensas contradicciones y sandeces del gobierno, se ilustra la canallada del Leviatán local con una escena en la que el dictador se dirige a una multitud que convoca forzosamente desde el consabido balcón y les grita a una perpleja audiencia de hispanoparlantes una de las tantas decisiones absurdas: “A partir de mañana el idioma oficial será el sueco.” Esto refleja a las mil maravillas la imbecilidad de megalómanos incrustados en el monopolio de la fuerza.

Esta producción sigue exhibiéndose con éxito lo cual es de esperar que entre risa y risa también despierte la indignación de personas que conservan su dignidad y renuncian a dejarse manejar como corderos.

"Bananas", película de Woody Allen.«Bananas», película de Woody Allen.

A esta altura del siglo veintiuno es a todas luces inaceptable que existan países que se dejen arrastrar por estos canallas. Es indispensable recapacitar y no permitir estos desquicios por seres que se consideran iluminados pero que a la postre son unos mequetrefes cuya única capacidad es el uso indiscriminado de la violencia. Como escribe Allen en Sin plumas: “Nuestros hombres políticos son incompetentes o son corruptos. Y a veces las dos cosas en el mismo día.” No es que este director de cine adhiera a la tradición de pensamiento liberal pero muchas de sus producciones escritas y en el arte visual constituyen cantos a la necesidad de rebelarse frente a tanto desatino.

Antes de cerrar esta acotada nota periodística reproduzco algunas de las frases más graciosas de Woody Allen con la intención de distraer en algo a los lectores habitualmente ametrallados con noticias cotidianas a cada cual más desagradable, pero antes hago una digresión para aludir a un concepto que se ha dado en denominar “disonancia cognitiva” y que refleja el grave problema de entregarse a las fauces del poder político (que como también se ha dicho debe por lo menos ser rotativo pues “igual que con los pañales, los políticos en funciones deben cambiarse y por las mismas razones”).

Es de interés indagar en los motivos que hacen que personas formadas con determinados valores en los que creen, en la práctica de la vida operan a contramano de aquellos principios. En economía hay un precepto que se denomina “la preferencia revelada”: no importa en qué consistan los discursos y las declamaciones, lo relevante son las acciones que en verdad ponen al descubrimiento los valores que se profesan.

Si una persona dice y repite que lo importante para él es la lectura pero se pasa la vida jugando al tenis, en la práctica, pone de manifiesto que lo prioritario para él es el deporte y no la lectura. Sin duda que también hay que tener en cuenta que pueden sostenerse de buena fe ciertos principios y, en los hechos, se violan debido a que “nadie puede tirar la primera piedra” en el sentido de que todos nos equivocamos. Pero el asunto es la continuidad en el tiempo: si permanentemente se cae en el pantano y no hay esfuerzo alguno para mantener la brújula y subirse a la huella y rectificarse, queda claro el principio que se aplica eclipsa y deglute al declamado. Sin duda que peor que esta situación es olvidarse de los mojones y parámetros de la conducta recta y ni siquiera declamarlos porque, en ese caso, se borra toda esperanza de reencauzar la acción hacia la buena senda.

En esta misma línea de pensamiento, intriga cómo es que muchos estudiantes universitarios que, dados lo tiempos que corren, tienen el raro privilegio de atender clases en las que se exponen las ventajas de la sociedad abierta o quienes han obtenido los beneficios -también poco comunes- de haber recibido esa educación en sus hogares y adhieren a esa forma de convivencia basada en el respeto recíproco, pero, sin embargo, en los avatares de la vida, en la práctica, renuncian a esos valores. Y lo curioso es que no lo hacen porque deliberadamente abandonan ese modo de pensar, al contrario, insisten en suscribir los pilares de la sociedad libre en el contexto de las relaciones sociales pero, nuevamente decimos, en los actos cotidianos ese pensamiento, de tanto amoldarse a las opiniones que prevalecen, se diluye y finalmente es devorado y triturado por los hechos diarios.

La explicación consiste que en numerosos casos, la persona aún manteniendo en las palabras esos principios, percibe que en el mundo que lo rodea las conductas son muy otras y, para sobrevivir, como si se tratara de un instinto inconsciente de supervivencia, aplican los valores opuestos en lugar de hacer frente a los acontecimientos e intentar revertirlos para mejorar la situación.

Internamente se pretende el autoengaño que, para suavizar la tensión subyacente, aparentan mantener los principios en los que racionalmente adhieren pero todos sus dichos y hechos apuntan en la dirección opuesta. Muchas veces de tanto simular terminan creyendo en sociedades autoritarias de diverso grado. Al fin y al cabo, como ha escrito Nathaniel Hawthorne en La letra escarlata “Ningún hombre puede por un período considerable de tiempo usar una cara para él mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse acerca de cuál es la verdadera”.

Independientemente de las concepciones del psicólogo Leon Festinger en otros ámbitos, fue él quien bautizó en 1957 la idea de la referida tensión (aunque aplicada a casos y, en cierto sentido, contextos diferentes a los aquí expuestos) como “disonancia cognitiva”. Un neologismo fértil para explicar el fenómeno a que nos venimos refiriendo. Me llamó la atención sobre este término y el profesional que lo comenzó a utilizar, mi amigo Alberto Mansueti, de la Universidad de San Pablo.

Hay otra situación a la que también aplicamos la antedicha noción de “disonancia cognitiva” y es cuando una persona sostiene que procede convencida de la más alta calidad de un bien pero queda a todas luces patente que su conducta obra por snobismo, show-off, para llamar la atención o simplemente para esconder algún complejo. Es cuando se encandila por precios altos de un bien y está atraída a su compra, no tanto por el contenido de lo que adquiere sino precisamente por el precio especialmente elevado.

Como es sabido, en economía se enseña que cuando el precio aumenta la demanda decrece (según sea su elasticidad). Sin embargo, se sostiene que en el caso comentado no tiene lugar la mencionada ley puesto que cuando el precio se incrementa se incrementa también la cantidad demandada. Esto no es así. Hay un espejismo que se conoce como “la paradoja Giffen” (por Robert Giffen, a quien Alfred Marshall le atribuyó la autoría del concepto). En realidad la ley se mantiene inalterada, lo que ocurre es que aparece un nuevo bien que se superpone al anterior y es el snobismo o sus antes referidos equivalentes que hacen de nuevo producto, para el que al elevarse el precio naturalmente se contrae la demanda.

Nadie declara que procede por snobismo, incluso puede pensarse que no se opera en base a esa tontera pero, en la práctica, la tensión interna hace que tenga lugar el autoconvencimiento de que se compra el bien en cuestión debido a “la calidad superior del mismo”. Dicho sea de paso, esa es, por ejemplo, la razón por la que la botella del vino Petrus se cotice a cinco mil dólares ya que no hay fundamentos enológicos para tal precio en comparación con otros vinos de igual o mejor calidad pero sin el mercadeo y la presentación de aquel (reflexión que para nada se traduce en que el valor deja de ser puramente subjetivo y dependiente de la utilidad marginal). Esto también ocurre con la pintura, la moda y otras manifestaciones públicas de variado tenor y especie pero, de más está decir, esta no es la tendencia prevaleciente en el mercado ya que la gente elige microondas, comida, televisores y demás bienes por su calidad y no por esnobismo (de lo contrario, con suficiente mercadeo y publicidad se podría convencer a la gente que use candelas en lugar de luz eléctrica, carpas en lugar de edificios, monopatines en lugar de automóviles etc).

Otro ejemplo -lamentablemente de gran actualidad por estos días- es el método Ponzi (llamado así por el célebre estafador Carlo Ponzi emigrado a Estados Unidos de Italia en 1903) que se basa en un esquema piramidal en el que se prometen altos rendimientos sustentado en ingresos de nuevos inversionistas engatusados por grandes retornos y no debido a prometidas pero inexistentes colocaciones de fondos tomados de los clientes. Ha habido sonados casos de quienes sospechaban el fraude pero se autoconvencían de supuestos éxitos y habilidades de los tramposos…otra vez, la “disonancia cognitiva” (y no se trata de introducir más regulaciones estatales sino de abrir paso a las auditorías de los “inversionistas” o de los controles societarios si se trata de ejecutivos que operan de ese modo para que los accionistas tengan adecuada información en base a la flexibilidad y los necesarios reflejos libres de la intromisión gubernamental, aparato que debe limitarse a condenar luego del correspondiente proceso a los denunciados, del mismo modo que no se requieren disposiciones especiales para evitar que se vendan pollos en mal estado).

En todo caso, el punto central de estas reflexiones consiste en destacar esos raros y un tanto misteriosos vericuetos internos que apuntan al alivio de tensiones entre posiciones opuestas a través del autoengaño o la “disonancia cognitiva” que conducen a los episodios de Bananas que también fueron ilustrados por otro actor colega: “Los políticos son como los pañales, hay que cambiarlos y por los mismos motivos.”

Vamos finalmente al recreo anunciado al transcribir siete de las humoradas de Woody Allen:

-”La eternidad se hace muy larga, especialmente la última parte”

– “Más que ningún otro tiempo en la historia de la humanidad estamos frente a una encrucijada. Un camino conduce a la desesperación y a la negación de toda esperanza. El otro desemboca en la total extinción. Recemos para tener la suficiente sabiduría al efecto de elegir correctamente”

– “La confianza es lo que se tiene antes de haberse enterado del problema”

– “El sexo es la mejor diversión sin reírse”

– “Uno viviría hasta los cien años si es capaz de renunciar a todo aquello por lo que desearía vivir hasta esa edad”

– “La última vez que penetré en una mujer fue cuando visité la Estatua de la Libertad”

– “Creo firmemente que hay algo allí afuera que trasciende y nos observa, pero lamentablemente es el gobierno”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

DESPUÉS DE LUJÁN: EL NUEVO CREDO DE LA IGLESIA NACIONAL PERONISTA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/9/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/09/despues-de-lujan-el-nuevo-creo-de-la.html

Creo en Perón,

Dios padre todopoderoso 

Creador de toda la miseria

De toda la visible y la invisible.

Creo en un solo Partido, Justicialista, hijo único de Perón 

Nacido de Mussolini antes de todos los siglos

Perón de Perón

Luz del Estado

Perón verdadero de Perón verdadero,

Engendrado, eso seguro

De la misma naturaleza del hambre

Por quien todo fue deshecho, 

Que por nosotros los hombres 

Y para nuestra perdición 

Subió del infierno 

Y por obra del poderoso Estado 

Se encarnó de Evita, la Santa

Y por nuestra causa 

se fue corriendo

En tiempos que casi te mato. 

La pasó bomba y fue exaltado

Y resucitó a la tercera de cuarta

Según sus escritores 

Y subió a la gloria

Donde está sentado a la derecha del hambre

Y de nuevo volvió con sorna

Para arruinar a vivos y muertos, 

Y su reino no tiene fin. 

Creo en el espíritu del líder

Señor y dador de muerte

Que procede del odio y la envidia

Y con el odio y la envidia

Recibe una misma adoración y gloria 

Y que habló por sus profetas.

Creo en la iglesia peronista

Que es una, chanta, caótica y alcohólica

Confieso que hay un solo partido para el perdón del capital

Espero en la resurrección de Néstor,

Y en Cristian eterna 

Amén.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Los «antisistema»


Por Gabriel Boragina. Publicado en:
http://www.accionhumana.com/2022/09/los-antisistema.html

Cada tanto suelen aparecer personajes que dicen que todo está mal y que quieren y pueden cambiar todo de raíz.

Se suelen presentar y denominar como los antisistema. Son una especie de revolucionarios, pero esta palabra no los representa, porque una revolución evoca procesos signados por la violencia, y un individuo »antisistema» lo que propone es algo así como una »revolución sin revolución» (es decir, sin violencia mediante) pero tampoco reivindica una evolución.

En el mejor de los casos, no pasan de ser los utópicos que han existido en todas las épocas. Su notoriedad nace de su excentricidad. Se creen genios, y es mucha la gente que los toma por tales. Pero tal supuesta genialidad no es más que pura extravagancia. Este se podría catalogar como un primer grupo de personajes antisistema. Pero hay diversos tipos de ellos.

En otros casos son personas comunes, pero un poco más inteligentes que los del grupo anterior, con un insaciable ansia de protagonismo enorme, que saben que lo que proponen es humanamente imposible, pero de cualquier manera, su objetivo pasa no por hacer lo que proclaman sino por adquirir esa notoriedad que los conducirá a beneficios personales económicos o de fama, o ambas cosas a la vez. Es decir, salir del anonimato que tanto los agobia y no más que eso. Son peligrosos porque, en realidad, son conscientes de su utopía, y si consiguen seguidores incautos es a través del engaño.

Pero vamos a hacer de cuenta que los tomamos en serio por un momento (aunque no lo merezcan) y analizar si su discurso (de revolución sin revolución ni evolución) es factible.

El primer problema que tienen estos personajes es que creen que la única manera de cambiar un sistema es ‘’desde dentro’’ mismo del sistema que se quiere cambiar o eliminar. A poco de meditar sobre el tema, podemos advertir lo contradictorio del asunto.

Pongamos un ejemplo muy gráfico y concreto pero que servirá para ilustrar el punto. Si quiero demoler un edificio que amenaza ruina, está claro para cualquier persona racional que, para dinamitarlo yo debo hacerlo desde fuera de él y no desde dentro, porque junto con el edificio yo mismo desaparecería con él. El ejemplo ilustra el principio general que los sistemas (edilicios o no) sólo se puede cambiar o destruir desde fuera de ellos y no formando parte de los mismos.

Cuando al Señor Jesús los fariseos lo acusaron de echar demonios en nombre de Beelzebú (el príncipe de los demonios) Nuestro Señor Jesucristo los refutó precisamente con ese mismo argumento (que en rigor es Suyo y no mío).

Jesús les contestó (con lógica impecable) que si El echaba demonios por el nombre de Beelzebú, significaría que el diablo estaría dividido contra sí mismo. »Una casa dividida contra si misma o un reino dividido contra sí mismo no podría permanecer» les respondió. El reino desaparecería junto con el rey. Jesús estaba completamente fuera del sistema demoníaco, por eso podía combatirlo y vencerlo con total comodidad. No podría haberlo hecho si formaba parte del sistema.

Este principio es válido para absolutamente todo y no solamente en materia religiosa o filosófica. También aplica a la política y la economía que son los campos que más hemos estudiado.

Hay más ejemplos que son hasta de sentido común y de experiencia de vida. Veamos algunos pocos por falta de espacio.

La gran mayoría de las personas tenemos tendencia a ver con mayor facilidad los defectos ajenos que los propios. El maestro puede enseñar porque no es el alumno y puede ver con más claridad que es lo que el alumno sabe o no sabe y corregirlo.

Exactamente lo mismo sucede con la sociedad y las instituciones que la representan. Por eso, es más simple reformar las cosas externas que las internas.

Siguiendo con los ejemplos arquitectónicos, para ver una rajadura en la pared es obvio que tenemos que estar fuera de la pared y no dentro de ella. Para vernos a nosotros mismos necesitamos un espejo, que es un objeto externo a nosotros, caso contrario no podríamos. Lo mismo sucede con los sistemas, para poder ver sus defectos y modificarlos o destruirlos tenemos que hacerlo desde fuera de ellos, no desde dentro.

Es a través del cliente (sujeto externo) que el comerciante o empresario se da cuenta de que anda mal en su comercio o empresa, y no a través de sí mismo. Cuando se trata de temas sociales, los cambios siempre se producen por conducto de referencias externas y no internas, porque somos seres sociales.

Todos somos propensos a minimizar nuestros defectos y a justificarlos. Precisamente, en esto se traduce el mayor esfuerzo que implica cambiarse a uno mismo que modificar a otros. Esto no quiere decir que seamos siempre malos y los demás buenos. Corregir a otros es necesario, porque nadie es perfecto. Solamente estoy hablando de perspectivas y sus ángulos. Por ello, también necesitamos de los otros (fuera de nuestro sistema de comportamiento) para corregirnos a nosotros mismos.

Muchas compañías tienen predisposición a creer que sus servicios, productos y empleados son excelentes. Sin embargo, la lógica del mercado, la competencia (que es un elemento externo a la empresa) es la que les indicará fortalezas y debilidades y, en base a ese mecanismo de mercado, deberán hacer los cambios necesarios, o ser barridos por la competencia.

Los políticos llamados ‘’antisistema’’, que ingresan a la política con el burdo y hasta pueril pretexto de ‘’cambiarla’’ o ‘’destruirla’’ desde ‘’adentro’’ se contradicen a sí mismos y se mienten (en el mejor de los casos) y están ex profeso traicionando a sus electores (en el peor).

Conclusión: si se quiere cambiar el sistema se debe hacerlo desde fuera de él. Si se quiere hacerlo desde dentro se terminará formando parte del sistema en lugar de cambiarlo, y mucho menos se logrará ‘’destruirlo’’. Por el contrario, una vez dentro se tenderá a justificarlo y la proclividad al cambio se irá perdiendo por ese conservadurismo que todos tenemos en nuestras propias cosas, costumbres, tradiciones, ideas, modos de vida etc. El sistema te cambiará a ti y no tú a él.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Apuntes en torno al fenómeno de Javier Milei

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 3/9/2en:

De un tiempo a esta parte irrumpe en nuestro país un cambio en las ideas estatistas que se habían apoderado de muchas personas, comienza una lenta pero esperanzadora transformación desde el estatismo al liberalismo, especial aunque no únicamente en los jóvenes que apuntan a los valores alberdianos.

Esta mudanza intelectual viene trabajándose desde hace tiempo desde la academia pero hoy surge en el nivel político, donde aunque por el momento minoritario, resulta creciente. Este último plano se debe a Javier Milei, que procede a contracorriente de la fracasada y empobrecedora noción de otorgarle al aparato estatal funciones que contradicen la tradición constitucional de circunscribirlas a la protección y garantía de los derechos individuales anteriores y superiores a la constitución de un gobierno.

En este contexto Milei viene batallando con gran mérito y perseverancia en la imperiosa necesidad de liberar energías creadoras de la encerrona que imponen megalómanos, vía regulaciones asfixiantes, gastos colosales, tributos astronómicos, inflaciones galopantes, legislaciones laborales contrarias al trabajo, manipulaciones cambiarias y cerrazones al comercio internacional, junto a manotazos a la independencia de los poderes y amenazas reiteradas a la libertad de prensa, todo a la vista de corrupciones alarmantes.

Asimismo se ha pronunciado categóricamente en contra del homicidio en el seno materno conocido como “aborto”, en línea con pronunciamientos científicos como, en nuestro medio, el de la Academia Nacional de Medicina. Ha explicado los errores del llamado “ambientalismo” como excusa para destruir la propiedad privada a través de figuras como los “derechos difusos” y la “subjetividad plural”, en consonancia con pronunciamientos como los del premio Nobel en física Ivan Giaever, el fundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore. Ha propuesto el sistema de vouchers para la educación al efecto de financiar la demanda y no la politización a que inexorablemente conducen los desembolsos para alimentar la oferta, tal como insistía el premio Nobel en Economía Milton Friedman, también aplicables a los sistemas de salud. Y ha detallado sus reformas en tres pasos para salir del enjambre en que estamos.

Se ha dicho equivocadamente que Milei es la antipolítica cuando en verdad una y otra vez se ha pronunciado en contra de la indecencia en la política para reivindicarla en el sentido alberdiano. Esto desde luego no excluye prestar atención a otros paradigmas vinculados al monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, como es el debate referido al dilema del prisionero, la asimetría de la información, los bienes públicos, las externalidades, el teorema Kaldor-Hicks y el equilibrio Nash. Solo las mentes conservadoras enredadas en pesadas telarañas mentales del statu quo son incapaces de mirar más lejos y entender que el conocimiento no es un puerto sino una navegación, por lo que, como reza el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales. Como ha apuntado John Stuart Mill, “todas las buenas ideas pasan por tres estadios, la ridiculización, la discusión y la adopción.”

Milei sufre embates en no pocos frentes: los socialistas, los que no pueden digerir los celos y la envidia, los que están en tránsito desde ideologías autoritarias pero aún no pueden masticar píldoras demasiado grandes, operaciones con falsedades de políticos que ven amenazados sus espacios y, desde luego, el siempre presente tontaje bien intencionado. De todos modos es del caso subrayar cómo el personaje de marras ha forzado el corrimiento en el eje del debate en el discurso de otros políticos que están muy alejados del pensamiento liberal pero que han debido mutar la parla para no perder votos; en este sentido no hace falta más que prestar atención a los siempre indiscretos archivos.

Lo dicho en modo alguno significa que tengamos coincidencias en todo lo que expresa este candidato. Los liberales no somos una manada y detestamos el pensamiento único; entonces, bienvenidos los intercambios de ideas. Como nos ha enseñado Karl Popper, el conocimiento tiene la característica de las corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones lo cual permite el progreso. Esto no adhiere al relativismo que además de convertir en relativa esa postura, se contrapone al necesario correlato entre el juicio y el objeto juzgado, ya que las cosas son independientemente de nuestras opiniones. La faena de reducir nuestro mar de ignorancia la convierte en un permanente peregrinar en busca de tierra fértil en que sostenernos. Milei ha hecho muchas veces este punto en el contexto de sus marcadas simpatías intelectuales por la Escuela Austríaca encabezada por Carl Menger, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Israel Kirzner y Murray Rothbard.

De un largo tiempo a esta parte nuestro país viene devorado por el estatismo, luego de haber sido el aplauso del mundo desde la Constitución liberal de 1853/60 hasta el fascismo del 30 y el peronismo del 43 surgidos de sendos golpes militares, una situación de la que no hemos sido capaces de liberarnos hasta el presente, consumidos por una monotonía alarmante en la sandez permanente que incluye la guillotina horizontal del igualitarismo.

En este cuadro de situación hay quienes critican a Milei por su peinado y por haber recurrido a veces a modos altaneros, pero parece que los críticos no se percatan del peligro que corremos de caer en las garras del chavismo autóctono, por lo que aparentemente han perdido el sentido de la proporción y el equilibrio elemental. Más: en algunos reportajes Javier Milei demuestra una admirable paciencia al ser interrumpido en temas que requieren razonamientos y concatenaciones detenidas. En otros casos aparece la veta del show en ciertos actos públicos. Cada uno tiene su estilo. Pero nuevamente debemos ubicarnos en lo que nos viene ocurriendo desde hace la friolera de casi siglo. Es la primera vez que en la historia argentina aparece un discurso de la naturaleza y profundidad de la que venimos comentando en la escena política.

Como es de público conocimiento participé en tres reuniones por zoom con Milei y Mauricio Macri con la intención de acercar posiciones alejadas en la contienda electoral, las que sucedieron el 23 de diciembre del año pasado, el 28 de enero y el primero de junio del corriente año. Tres encuentros cordiales pero con independencia del resultado en las elecciones y los múltiples esfuerzos por unir principios afines, el testimonio que deja Javier Milei es agradecido por todos los genuinos partidarios de una sociedad libre. Antes del zafarrancho viral en que estamos aun inmersos, tuve una tenida académica con Milei en la Universidad de Belgrano, colmada de jóvenes. Pero antes que la inmensa marea de gente en ese acto, destaco muy especialmente la calidad de preguntas que pusieron de manifiesto, que no eran para lucirse y salir del paso, sino que había mucha biblioteca tras esos sustanciosos interrogantes. Luego, lo del teatro Broadway, presentaciones académicas en las que participamos con colegas por invitación de Milei, con propuestas que apuntan a cerrar los grifos de la inflación.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

DOWNTON ABBEY Y LOS CAMBIOS SOCIALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/9/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/09/downton-abby-y-los-cambios-sociales.html

La impecable serie británica Downton Abbey (https://es.wikipedia.org/wiki/Downton_Abbey) nos genera una reflexión muy importante para los tiempos actuales.

La serie (perfectamente actuada, guionada y dirigida) narra la vida de una familia aristocrática británica entre 1912 y 1925, enfocándose en los graduales cambios en las costumbres sociales que Gran Bretaña y el mundo enfrentan en esa época.

En todos los personajes, rígidos usos y costumbres tienen que adaptarse a ciertas flexibilidades y moderaciones que algún conservador podría considerar una involución. Pero veremos que no es así.

Robert, el pater familis, está adherido sin darse mucha cuenta a su posición social y a la rígida moral victoriana, pero tiene un buen corazón que le permite perdonar y comprender. Da la imagen del custodio de tradiciones que juzga, pero va apareciendo gradualmente un salomon que dicta muchas veces la palabra final de una justicia adaptada a la misericordia y la comprensión.

Cora, su esposa norteamericana, lo ayuda en esos cambios. Su personaje actúa muchas veces a través de miradas y gestos totalmente elocuentes. Viene de EEUU, sabe lo que es la igualdad bañando como un suave aceite a los engranajes delicados de la aristocracia de la que ahora forma parte.

Violet, la madre de Robert, sin duda uno de los personajes mejores logrados y actuados, encarna a la perfección la defensa de las tradiciones inglesas. Pero de esas tradiciones puede surgir, precisamente, una sabiduría práctica, a veces tragicómica, que le permite resolver para bien los osados cambios que llegan, inevitablemente, a través de la vida de sus nietas y las nuevas circunstancias de la Inglaterra posterior a la Primera Guerra. En la sexta temporada tiene unas líneas escritas, al parecer, por Hayek: la aristocracia es la defensa de la libertad individual ante el avance del Estado. Cora le responde: ya no estamos en 1215. No. Lamentablemente no.

Mary, la hija mayor, tiene un super yo aristocrático casi tan enorme como la Abadía de Westminster. Pero la pérdida de su virginidad prematrimonial, pecado social terrible para una mujer de su posición, la muerte de su primer esposo, su enamoramiento posterior de un noble sin recursos y las peleas con su hermana Edith la van ablandando hasta convertirla en heredera de la comprensión de su padre.

Edith es la que más sufre ante la condena social de su tiempo. Tiene una hija extramatrimonial a la que ama entrañablemente pero se ve obligada a ocultarla. Pero, lentamente, todos se van enterando, y todos, a su modo, tienen que aprender a amar y aceptar, incluso la rígida madre de su segundo gran amor. Edith, además, sale adelante como editora de una revista femenina en Londres. Es una mujer emprendedora. Sin abandonar a su familia, sale en conquista de su lugar en el mundo.

Sybil, la menor, es la más revolucionaria. Convierte a su cuasi-castillo familar en un hospital de campaña durante la primera guerra, donde ella misma hace de enfermera, y no tienen problemas en enamorarse y casarse con el chofer de la familia, de cuyas ideas laboristas se enorgullece. Muere trágicamente al dar a luz quedando envuelta en un halo de santidad revolucionaria.

Tom es el chofer “socialista”, anti-monárquico, que se casa con Sybil. Impresionante cómo Tom, y a la vez Robert, Violet y también Mary, tienen que cambiar su mirada. Ambos grupos aprenden que puede haber decencia de ambos lados. Tom sabe comprender y a la vez guardar distancia, y sabe dar el giro a la izquierda sin provocar accidentes.

Y así sucesivamente. Esta entrada no pretende describir todos los personajes. Sólo estoy dando algunos ejemplos.

La relación con la “servidumbre” es también conmovedora. Los Crawley saben que su trabajo no los convierte en esclavos y los tratan con amor y dignidad. Entre la llamada servidumbre se ven los tironeos de los tiempos. Carson es la defensa de la tradición. Daisy es la revolucionaria. Molesley es elevado a maestro de la escuela de Downton, porque se había educado a sí mismo (cosa que hoy, en tiempos supuestamente más audaces, NO se podría hacer); Beryl, la cocinera, instala su propia posada; Anna y Bates encarnan un amor entrañable e inquebrantable. Barrow es homosexual y todos, hasta él mismo, aprenden a amarlo, a convivir con él, a aceptarlo. Afín a pequeñas intrigas maquiavélicas al principio, tal vez como resultado del rechazo social, su corazón también se ablanda y crece en la comprensión hacia los demás.

Tal vez alguien pudiera pensar que estas tensiones entre lo viejo y lo nuevo deberían ser mal vistas por algún defensor de valores morales objetivos. De ningún modo. Dentro de la moral está la comprensión, la misericordia, la tolerancia, la convivencia con la imperfección, el abstenerse de juzgar a los demás, el saber que nadie puede tirar la primera piedra. Que ello se confunda con relativismo es comprensible pero no es así. Mary no tenía que ser considerada “material averiado” por haber perdido su virginidad, y menos aún Edith por haber tenido un hijo fuera del matrimonio, que debía ser aceptado y amado, como finalmente ocurrió. Tom enseña con su prudencia que él era un igual en dignidad y nobleza, aunque no fuera “noble”, y su matrimonio con Sybil así lo demuestra. La comprensión de Robert y Violet ante los problemas de su familia y de su tiempo no es debilidad: es fortaleza y justicia.

Alguno me va a decir por qué no veo con tan buenos ojos a los cambios que actualmente propone el lobby LGBT. Muy simple: porque yo no acepto la coacción. Sí, hace perfectamente bien toda la familia Crawley en NO denunciar a Barrow a la policía, pero a Barrow no se le ocurre que un mundo al revés pudiera ser justo, o sea, un mundo donde los denunciados a la policía (bajo acusaciones de odio y discriminación) somos todos los que pensamos diferente.

La diversidad de posiciones morales y sociales, sobre la base del respeto mutuo, era la bandera del liberalismo clásico. Esa era la verdadera diversidad, la que iba avanzando sobre una moral victoriana que era cruel en su juicio y ejecución. La diversidad proclamada por el lobby LGBT y ETC es una farsa, sólo esconde el intento totalitario de cancelar, precisamente, a todo lo diverso a lo LGBT. En un mundo liberal clásico no hay persecuciones mutuas. Sólo hay personas y relaciones entre personas que ejercen su liberad individual. Dentro de la cual está la libertad del error de ser intolerante y cruel con el que piensa diferente: quien cometa ese error se quedará solo, mascullando sus prejuicios, pero sólo lo que atenta contra la vida, propiedad y libertad está prohibido.

Downton Abbey, desde mi intentio lectoris, es liberal clásica. Quienes la interpreten diferente (no sé sus guionistas) no advierten la diferencia entre le evolución y la violencia, entre la convivencia y el relativismo. Sí, la diversidad llegó para quedarse, pero la diversidad no es violencia, la diversidad es libertad. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

El intento de homicidio contra CFK y las ideas de Hans Hermann Hoppe

Por Iván Carrino. Publicado el 2/9/2en : https://www.ivancarrino.com/el-intento-de-homicidio-contra-cfk-y-las-ideas-de-hans-hermann-hoppe/

Por la noche de ayer, cuando la vicepresidenta de la nación llegaba en un auto oficial a su departamento ubicado en Recoleta, apareció entre la multitud un sujeto que, con un arma Bersa calibre 32 disparó a centímetros de su rostro. El disparo (se dice que Fernando Sabag Montiel gatilló dos veces), no salió de la pistola y, finalmente, nadie fue herido.

El acto, no obstante, aparece como un claro intento de homicidio y así lo ha calificado la justicia.

¿Un loco suelto? Tal vez.

¿Una pantomima armada por el propio kirchnerismo para victimizarse? No lo veo necesario, aunque tampoco se puede descartar.

¿Un sujeto enojado, motivado por un clima político caldeado y con un fuerte sentimiento de “antikirchnerismo”? Si no descartamos la segunda hipótesis, ¿por qué descartar esta?

¿Y qué tal alguien que cree que está liberando a un pueblo oprimido? Una persona que, en sus cabales o no, piensa que matando a la ex presidenta CFK, le hará un favor a su país.

Esta última forma de proceder es la que emplearon los grupos guerrilleros de izquierda en la época de los 70. Para liberar al “pueblo oprimido” por el “capitalismo explotador”, decidieron alzarse en armas contra el “gestor de los negocios de la burguesía”, como Marx calificó al gobierno. Secuestrar y matar fueron poca cosa al lado de tan noble objetivo colectivo.

¿Puede algo así surgir a la derecha? Perfectamente sí y de hecho ha ocurrido con el fascismo, el nazismo y otros tantos movimientos en diversas partes del mundo. Ahora quien recientemente, desde una perspectiva supuestamente “libertaria” y “austriaca”, le otorga algún sustento intelectual a la violencia política es Hans-Hermann Hoppe.

En un artículo del año 2014, titulado “Análisis de clase Marxista y Austriaco”, Hoppe sostiene que, en esencia, Marx tenía razón en su apreciación sobre la historia como una lucha de clases. No obstante, a los ojos de Hoppe, Marx solamente se equivocó al considerar que las clases enfrentadas en esa lucha eran la burguesía capitalista y el proletariado trabajador. De acuerdo con Hoppe, las clases enfrentadas son la del sector productivo versus la del sector improductivo de la sociedad, que vive a costa del primero.

Marx vio la explotación en el sistema de producción capitalista. Hoppe ve la explotación en el sistema político, en la existencia de un estado que “expropia” y se apropia del trabajo ajeno (“los impuestos son un robo”, dicen los memes).

La explotación es la expropiación de los propietarios, productores y ahorradores por parte de los no propietarios, no productores, no ahorradores y no contratistas que llegan tarde; es la expropiación de las personas cuyas reivindicaciones de propiedad se basan en el trabajo y el contrato por parte de personas cuyas reivindicaciones se derivan de la nada y que hacen caso omiso del trabajo y los contratos de los demás. Huelga decir que la explotación así definida es en verdad una parte integrante de la historia de la humanidad. (…) Y en el curso del desarrollo económico, así como los productores y contratistas pueden formar empresas, entidades y corporaciones, así también los explotadores pueden combinarse con empresas de explotación a gran escala, gobiernos y Estados.

La lucha de clases, entonces, está entre la clase política (o podríamos decir “casta”) y la clase trabajadora que ya no distingue entre empresarios y asalariados, sino que ambos forman parte del mismo grupo, víctima del estado explotador.

A la manera marxista, Hoppe seguirá diciendo que la forma de resolver este conflicto es la conciencia de clase, y que finalmente producto de la concentración del poder estatal, se darán las “condiciones objetivas” para pasar a un mundo mejor, donde no existan más los gobiernos y todos vivan en una sociedad anarcocapitalista.

Es necesario aclarar que en ningún momento Hoppe sugiere que haya que proceder en forma violenta, ni llama al magnicidio.

Pero yo me pregunto: ¿hace falta hacerlo? Mi preocupación fundamental con la idea de las “clases enfrentadas” es que siempre puede haber alguien (un individuo o un grupo de individuos) que quiera ser el liberador de los oprimidos. Y –como decíamos antes- al lado del fin tan noble de la liberación, todo acto aberrante como el secuestro o el asesinato quedan minimizados. Esa es la lógica llevó a matanzas y guerras civiles en el pasado.

¿No es hora de que la abandonemos, en lugar de que la justifiquemos con tintes “libertarios” y “austriacos” que, además, correctamente leídos son completamente incompatibles con esta interpretación de la historia?

Ludwig von Mises, a quien Hoppe intenta rendir homenaje con su panfleto, fue una de las figuras más importantes de la escuela austriaca de economía, y lejos estaba de compartir las ideas del alemán. En su Acción Humana (p. 181, 2011), defendió sin ruborizarse al sistema democrático:

La democracia no es, por tanto, una institución revolucionaria. Al contrario, es el mejor sistema para evitar revoluciones y guerras civiles, porque hace posible adaptar pacíficamente el gobierno a los deseos de la mayoría. Si quienes ejercen el poder no satisfacen ya a la mayoría, ésta puede —en la próxima elección— eliminarlos y sustituirlos por otros que defiendan programas diferentes. El principio del gobierno mayoritario o gobierno por el pueblo recomendado por el liberalismo no aspira a que prevalezca la masa, el hombre de la calle. No defiende, como algunos críticos suponen, el gobierno de los más indignos, zafios e incapaces. Los liberales no dudan de que a la nación le conviene sobre todo ser regida por los mejores. Ahora bien, opinan que la capacidad política debe demostrarse convenciendo a los conciudadanos y no echando los tanques a la calle. (…) Si la mayoría de la nación sostiene ideas equivocadas y prefiere candidatos indignos, no hay más solución que hacer lo posible por cambiar su mentalidad, exponiendo principios más razonables y recomendando hombres mejores. Ninguna minoría cosechará éxitos duraderos recurriendo a otros procedimientos.

El que cree que los problemas políticos argentinos se resuelven levantándose en armas contra “la política”, no entendió para qué sirve o bien rechaza de plano la democracia.

Hoppe es honesto en este sentido (ya que escribió un libro donde pondera positivamente la monarquía en detrimento de la democracia), pero que no adjudique ni al liberalismo ni a la escuela austriaca de economía de sus ideas radicales, violentas e incompatibles con la convivencia social civilizada.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Investigador Asociado del Centro FARO, de la Universidad del Desarrollo de ChileEs Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino