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Otra vez sobre la importancia de dolarizar

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 17/9/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Otra-vez-sobre-la-importancia-de-dolarizar-20180916-0010.html

 

Otra vez sobre la importancia de dolarizar

 

En estos días volví a publicar sobre la dolarización como un medio para salir del maléfico proceso inflacionario que carcome salarios a pasos agigantados. Estoy con esta cantinela desde que me incorporé hace tiempo a la Academia Nacional de Ciencias Económicas en la que titulé mi presentación “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

 

Es un pretexto para abandonar la nefasta institución de la banca central creada por los conservadores del 30 y para que la gente pueda elegir libremente la moneda con la que prefiere llevar a cabo sus transacciones. El premio Nobel en economía Friedrich Hayek ha escrito que “hemos tardado doscientos años en darnos cuenta del bochorno de unir a la religión con el poder político, es de desear que no demoremos otro tanto en darnos cuenta que la unión del dinero con el poder político es solo para succionar el fruto del trabajo ajeno”.

 

Desde luego que dolarizar no implica una medida de naturaleza distinta sino una cuestión de grado ya que se ata la moneda local a otra autoridad monetaria, pero si se elimina el curso forzoso al peso o si se comienza por instaurar el curso legal también al dólar para que cada uno puede revelar sus preferencias en los contratos, ese primer paso abre las posibilidades para futuros caminos de libertad.

 

Es de gran interés recordar que, por ejemplo, en la declaración de la Unión Cívica Radical encabezada por Leandro Alem se lee que “El banco oficial constituye siempre un peligro permanente, porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidarias”. Y en el discurso de Alem en la legislatura con motivo del debate sobre la federalización de Buenos Aires, aconsejó: “gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad”. Por su parte, Juan Bautista Alberdi, el padre de nuestra Constitución fundadora, escribió “Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno el poder omnímodo  vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución”.

 

Como he consignado antes, no repitamos tropelías nacionalistas en cuanto a que la moneda es símbolo de soberanía puesto que sería lo mismo que alegar la soberanía de la zanahoria o la papa. Tal como reza el cuento del lobo feroz, el manejo del dinero por el gobierno es solo para comernos mejor. Es como ha escrito Milton Friedman, otro premio Nobel en economía, en su última contribución sobre temas monetarios: “el dinero es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

 

Por su puesto que si seguimos con gastos públicos elefantiásicos, impuestos insoportables y deudas colosales, no habremos resulto nuestros problemas acuciantes, pero si se dolariza en el sentido apuntado o a través de otras combinaciones que llegan al mismo puerto, por lo menos habremos eliminado la desgracia superlativa de la inflación.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Murray Rothbard y la ley natural. Desde Artistóteles y Platón fueron todos estatistas, hasta que Locke basó la ley natural en la libertad

Por Martín Krause. Publicado en: http://bazar.ufm.edu/murray-rothbard-la-ley-natural-desde-artistoteles-platon-fueron-todos-estatistas-locke-baso-la-ley-natural-la-libertad/

 

Con los alumnos de la materia Ética de la Libertad completamos las lecturas con lecturas de Mises, Liberalismo; Bastiat, La Ley, y Murray Rothbard en el texto que tiene el mismo nombre de la materia. De éste, vemos su análisis sobre la ley natural y Locke:

“Como ya hemos indicado, el gran fallo de la teoría de la ley natural —desde Platón y Aristóteles, pasando por los tomistas, hasta Leo Strauss y sus actuales seguidores— es haberse inclinado en el fondo más del lado estatalista que del individualista. Esta teoría «clásica» de la ley natural sitúa el lugar del bien y de las acciones virtuosas en el Estado, con estricta subordinación de los individuos a las instancias estatales. Y así, a partir del correcto dictum de Aristóteles de que el hombre es un «animal social» y de que su naturaleza se desenvuelve mejor en un clima de cooperación social, los clásicos se deslizaron ilegítimamente hacia la identificación virtual de la «sociedad» con el «Estado» y consideraban, por consiguiente, al Estado como el lugar principal de las acciones virtuosas.1, 2 Por el lado contrario, los niveladores o igualitaristas, y de modo especial John Locke, en el siglo XVII inglés, transformaron la ley natural clásica en una teoría basada en el individualismo metodológico y, por ende, político. Del énfasis lockiano en el individuo como unidad de acción, como ente que piensa, siente, elige y actúa, se derivó su concepción de la ley natural como poder dotado de capacidad para implantar, en el ámbito político, los derechos naturales de cada individuo. Esta tradición individualista lockiana ejerció una profunda influencia en los posteriores revolucionarios norteamericanos y en la tradición predominante en el pensamiento político liberal de la nueva nación revolucionaria. En el marco de esta tradición liberal de los derechos individuales se quieren desarrollar las ideas de este libro.

El célebre Second Treatise on Government de Locke ha sido, sin duda, una de las primeras elaboraciones sistemáticas de la teoría libertaria e individualista de los derechos naturales. La semejanza entre los puntos de vista de Locke y la teoría que se expondrá más adelante se hace evidente en el siguiente pasaje:

… cada uno de los hombres es propietario de su propia persona. Nadie sino él tiene derecho sobre ella. Podemos decir que el trabajo de su cuerpo y las obras de sus manos son estrictamente suyos. Cuando aparta una cosa del estado que la naturaleza le ha proporcionado y depositado en ella y mezcla con ella su trabajo, le añade algo que es suyo, convirtiéndola así en su propiedad. Ahora existe a su lado, separada del estado común de la naturaleza puesta en ella. Con su trabajo le ha añadido algo que la excluye del derecho común de las demás personas. Dado que este trabajo es propiedad indiscutible del trabajador, nadie puede tener derecho sobre aquello que ha añadido… Lo que él alimenta con las bellotas que selecciona cuidadosamente bajo los robles, o las manzanas que recoge de los árboles del bosque, sin duda se convierten en propiedad suya. Nadie puede negar que este sustento es suyo. Pregunto, pues, ¿cuándo comenzaron estas cosas a ser suyas?… Es patente que si no las hizo suyas la primera recolección, ninguna otra cosa puede hacerlo. Este trabajo establece una diferencia entre él y el resto de la gente. El trabajo añade algo que sobrepasa lo que ha hecho la naturaleza, madre común de todo; y así, aquellas cosas pasan a ser su derecho privado. ¿Podrá alguien decir que no tiene derecho a esas bellotas o a esas manzanas de que se ha apropiado, porque no ha obtenido el consentimiento de todo el género humano para hacerlo? Si un tal consentimiento fuera verdaderamente necesario… el hombre se moriría de hambre, a pesar de toda la abundancia que Dios le ha concedido. Vemos en los campos comunes, que se conservan así por convenio, que cada uno toma una parte de lo que es común y al separarlo del estado que la naturaleza puso en ella comienza la propiedad; y, sin eso, no puede usarse lo que es común.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Libertad, derechos y obligaciones

Por Gabriel Boragina Publicado el 16/9/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/09/libertad-derechos-y-obligaciones.html

 

¿Qué es la libertad? ¿Qué se puede decir de la libertad?
Comúnmente se confunde la libertad con la idea de que cada uno haga lo que le venga en gana, (sea bueno o sea malo, este bien o este mal) con su persona y con la de los demás.
La libertad es un concepto social. Tiene sentido en un marco social. Carece de significado en el mundo físico, donde la concepción de libertad es siempre relativa y limitada, ya que existen determinadas condiciones físicas que los seres humanos no pueden violar. Por ejemplo, no somos libres de vivir sin oxígeno, o de volar como los pájaros. De manera tal que, las supuestas refutaciones a la idea de libertad en base a ejemplos tomados del universo físico no son pertinentes, ya que es por todos sabidos que hay explícitas situaciones naturales y físicas que limitan o restringen el campo de la libertad humana y no humana también (los peces no son libres de vivir fuera del agua, y los humanos tampoco sumergidos en ella sin equipos de buceo adecuados, que nunca son utilizables por tiempo indeterminado). Las piedras, los árboles y los animales no son libres, y sólo en un alcance metafórico o poético puede decirse que lo sean.
Entonces, la libertad, su pensamiento, estudio y análisis tienen valor cuando se los circunscribe al ámbito humano y social, que es el único campo donde resultan útiles. La libertad no es una noción natural, sino eminentemente social.
La expresión libertad acompañada del adjetivo individual también supone (aunque a primera vista suene lo contrario) la inserción del individuo dentro de la sociedad, que es el campo en cual podrá ejercer esa libertad. Involucra que cada individuo es libre por sí mismo. Y en esta acepción es prácticamente una redundancia. En cambio, la locución libertad social carece de coherencia. La sociedad no es ni puede ser libre, sólo sus individuos pueden serlo. Pero es aceptable usar esta fórmula cuando se describen procesos políticos o económicos, siempre teniendo en cuenta que, desde el ángulo filosófico y liberal, la sociedad no puede ser libre o dejar de serlo, porque la sociedad no es más que una abstracción compuesta de individuos concretos. Es, por lo dicho, que creemos que el vocablo libertad sólo puede ser aplicado a estos últimos.
No obstante, aun dentro de este radio social, podemos advertir que la libertad tampoco es ilimitada, excepto que se le quiera reconocer libertad a un solo individuo, pero en este caso ya no es apropiado usar la palabra “libertad”. Donde un solo individuo tiene libertad frente a todos los demás no hay allí libertad alguna, sino tiranía. La libertad -en ese contexto- deja de ser un concepto social pasando a ser una utopía o un ideal. Si sólo uno es libre, expresa que todos los demás son esclavos, y entonces ese único individuo “libre” no es en realidad “libre”, sino que es un tirano y, por ende, también es esclavo, sólo que lo es de su condición tiránica. Si su libertad es el precio de la negación de la libertad ajena no hay allí libertad alguna, sino dependencia y opresión de y en su propia condición que conjetura “libre”. No es libre, desde el momento que esa “libertad” única que pretende detentar en su favor lo es al costo de controlar y someter diariamente a sus semejantes para que no puedan ser libres.
Por ello, la libertad tiene como característica esencial que la de uno de los miembros de la sociedad no puede involucrar la negación de la libertad de los demás miembros. En este único enfoque cabria hablar de la libertad como un bien público y así entenderla. La libertad, o es de todos o no es de nadie. Allí, donde uno somete a los demás, o donde los demás someten a uno no hay libertad. Esas no son las mal llamadas “sociedades libres”.
La libertad incluye contar con la posibilidad de optar por más de una alternativa. Y luego de efectuada la opción, tener la potencialidad de ejercerla, con el límite de que este ejercicio no viole análogos derechos ajenos.
Se ha criticado la dicción libertad absoluta, especialmente ella objetada por parte de juristas, periodistas, economistas, etc. Pero dicha critica presume, a menudo, un mal entendido, ya que dentro de la órbita de específicos individuos la libertad de cada uno de ellos es absoluta, entendiéndose por esta fórmula que, no puede ser invadida por terceros, y que todos absolutamente gozamos de los beneficios de la libertad. La confusión, a mi juicio, viene de la identificación que se hace comúnmente entre libertad y derecho, nociones que no son sinónimas si bien están estrechamente emparentadas. En tanto que, la libertad es absoluta en la interpretación de que todos han de gozar de ella y a nadie se le debe negar, lo que no son absolutos son los derechos. En esta última trascendencia la libertad siempre es ilimitada, los derechos no lo son porque están limitados por su contrapartida: las obligaciones. Por eso, no es estrictamente lo mismo decir “la libertad de uno termina donde comienza la del otro”, sino que lo correcto sería expresar “el derecho de uno termina donde empieza el del otro”.
Adentrándonos más en el tema descubrirnos que, en realidad, la libertad comprende un plexo de derechos y obligaciones. Y no solamente de derechos como se la entiende en forma habitual. La demanda constante de “nuevos derechos” sin el paralelo reconocimiento de similares derechos para con los demás es otra manera de negar la libertad. Y en la línea que estamos siguiendo, esto importa atentar contra el bien público.
Una obligación no es ninguna otra cosa que la relación que tiene una persona respecto del derecho de otra. Esta puede ser de dos tipos: activa o pasiva. Activa es cuando se trata de una obligación de hacer o de dar, y pasiva cuando prevé una abstención respecto del derecho ajeno. Por ejemplo, es una obligación pasiva respetar la propiedad del otro absteniéndome de turbarla. Siendo, del lado opuesto, la misma obligación que tiene un tercero de respetar mi propiedad. Del otro lado, el ejemplo de una obligación activa es cuando tengo el deber de pagar una deuda contraída con un acreedor. A su vez, la contrapartida de cada una de estas obligaciones es un derecho análogo desde el punto de vista de mi acreedor (en el último ejemplo) o del propietario de la cosa cuya propiedad debe ser respetada.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Nicolás Maduro, “con el mazo dando”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/9/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2171553-nicolas-maduro-con-mazo-dando

 

América Latina desgraciadamente tiene en su hoy multicolor interior dos obvias y feroces dictaduras: las instaladas en Cuba y Venezuela .
Ambas generaron, como era de esperar, la emigración masiva de centenares de miles de ciudadanos que no estaban dispuestos a vivir sin libertad, es decir a deshumanizarse mansamente.
Por esto, ocurrió en su momento la inolvidable tragedia de los llamados “balseros”, y también por esto la deplorable huida actual de cientos de miles de desesperados venezolanos, que está perturbando la paz regional y pone a prueba la solidaridad en nuestra región.
La responsabilidad por generar olas masivas de desesperados emigrantes está ciertamente en cabeza de los gobernantes de turno y ella debiera -en mi entender- ser criminalizada internacionalmente. Sin demoras. La terrible tragedia humana que testimonian así parecería exigirlo.

Mientras tanto, Nicolás Maduro , un personaje desafiante, pero cada vez más tristemente grotesco, sigue empeñado en destruir a su país con las mismas políticas estatistas que ya lo enterraron inevitablemente en la pobreza, pese a la inmensa riqueza que debieran haber podido generar sus dilapidados recursos en materia de
hidrocarburos.
A cada rato, el mandatario venezolano pone en marcha un plan “nuevo” para tratar de corregir las que, en rigor, son sus propias e inocultables torpezas. Y debe usar la violencia y la mano dura para amedrentar e intimidar a sus conciudadanos. Y obligarlos a aceptar sus caprichos e irracionalidad. Las fuerzas armadas venezolanas, que a cambio
de ingresos suculentos sostienen a Nicolás Maduro, son en los hechos cómplices y partícipes necesarios de semejante desgracia.
Con las clásicas acusaciones perversas de “especulación y acaparamiento”, así como de desestabilización económica, Nicolás Maduro acaba de hacer encarcelar a un centenar de comerciantes, como alguna vez lo hiciera en la argentina Juan Domingo Perón, cuando -en sus primeras experiencias de gobierno- siguiera un derrotero “dirigista y
populista”, en línea con la actual visión económica de Nicolás Maduro. Que exige, queda visto, encarcelar a los demás y recurrir al uso del “mazo”, esto es a las amenazas y, peor, a los castigos.
Sus presuntos delitos fueron, esencialmente, los de no acatar sumisamente los absurdos niveles de precios impuestos por la administración de Nicolás Maduro, que los obligaban a vender pérdida.
Por esto, en Venezuela, como era de suponer, los productos básicos en materia de alimentación, higiene y limpieza desaparecieron rápidamente de los anaqueles de los comercios. Para muchos evidentemente es mejor la alternativa de simplemente salir disparados del mercado. Esto es, de no vender, en lugar de arriesgar ir preso,
presumiblemente. O actuar en la oscuridad del llamado “mercado negro” con todas sus implicancias y riesgos. Esta es una situación límite, pero conocida, que muy pronto genera desabastecimiento.

Entre la patología de las recientes medidas económicas de un Nicolás Maduro que comienza a lucir algo desesperado, estuvo un aumento del 3400% de los niveles salariales promedio. Es por cierto imposible, al menos para la gente común, poder vivir en un mínimo de paz y previsibilidad con semejante convulsión del lado de los ingresos.
Especialmente cuando el malherido sistema productivo venezolano trabaja con apenas el 30% de su capacidad.
De allí que la desesperación se haya apoderado ya de tantos venezolanos, alimentando una triste ola de resignados migrantes que pareciera no tener fin: aquella que sale – escapada- desde Venezuela y se abate sobre el resto de nuestra ya horrorizada, pero relativamamente impotente, región.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN ESPACIOS ESTATALES SON TOTALMENTE COMPATIBLES CON EL PLURALISMO RELIGIOSO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-simbolos-religiosos-en-espacios.html

 

El Vaticano II, cuando define la libertad religiosa, afirma:

 “…Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil” (1965). (http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html).

Más abajo, afirma:

 “…Si, consideradas las circunstancias peculiares de los pueblos, se da a una comunidad religiosa un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, es necesario que a la vez se reconozca y respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas”.

 Esto implica que no es contrario a la libertad religiosa que se otorgue “…un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad”, dadas las tradiciones y circunstancias históricas, que pueden ser tan diversas. Eso implica distinguir entre laicismo y laicidad. La sana laicidad es el reconocimiento de la libertad religiosa y sus implicaciones políticas: estado e Iglesia autónomos en sus propios ámbitos, y la NO identificación entre ciudadanía y pertenencia a una determinada religión. Ello implica, a su vez, el reconocimiento de que el horizonte cultural de donde ha surgido la noción de dignidad humana y los derechos individuales es precisamente el judeocristianismo. Eso lo afirmó muy bien Benedicto XVI:

“…¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.” (2010, https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html)   (Obsérvese la noción de “abuso de la razón”: muy similar a lo que afirmaba Hayek).

 Y, en el discurso al Parlamento Alemán (2011), afirmó:

“…¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”. (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html)

 O sea, el cristianismo no es un movimiento del cual derive directamente el régimen jurídico, sino que alimenta el horizonte de ideas a partir de las cuales nace un ordenamiento jurídico respetuoso de los derechos del hombre y la sana laicidad.

Por ende, en un estado que sea sanamente laico, donde sus circunstancias históricas, como Argentina o EEUU, han sido precisamente las de una cultura judeocristiana a partir de la cual ha nacido la idea de igual y derechos entre los seres humanos,los símbolos religiosos cristianos en sus propios espacios son un reconocimiento a esa tradición, a ese origen, que no pueden molestar ni ofender a nadie.

Es una mala interpretación de J. Rawls afirmar que el estado debe ser moralmente neutroEl estado nunca es moralmente neutro. Todos sus espacios son bienes públicos. Es esos bienes públicos siempre hay decisiones morales que tomar. En la Corte Suprema de Justicia, ¿cómo pintamos sus paredes? ¿Con color blanco y además con una gran imagen de Hitler, o sólo con color blanco? Es una decisión moral. ¿Con un cuadro de San Martín o con la imagen de una actriz porno? Es una decisión moral. ¿Con una cruz cristiana o con la hoz y el martillo comunista? Es una decisión moral. Inútil es que los contribuyentes se quejen de que están pagando una u otra cosa. Una vez que hay un estado federal, toda decisión que se tome al respecto va a estar pagada por los contribuyentes. Por ende, que haya una cruz, que simboliza precisamente el origen del respeto a la libertad religiosa, no debería ofender ni molestar a nadie. Y si alguien dice que no quiere pagar la cruz, lo entiendo, peroentonces que sea coherente y que no quiera pagar nada: ni la pintura, ni los bancos, ni los escritorios, etc., porque todo ello es una decisión moral.

Si en las calles (bienes públicos) de la India hubiera una imagen de buda, ¿por qué yo, católico, debería ofenderme? Y si me voy a vivir a la India, debo saber que mis impuestos están pagando todo ello. ¿Y qué? Si no me gusta debería hacerme anarco-capitalista (cosa posible) e irme a vivir a Marte (cosa que si es posible ya no sé) en mi nave espacial, donde aún no habría bienes públicos.

Si estuviera viviendo en Japón, ¿por qué me debería ofender porque una prefectura mantuviera como patrimonio cultural a un templo sintoísta? Les cuento que luego de la Segunda Guerra ya no es así, pero si volviera a ser así, ¿cuál sería el problema? Muchos de los que hoy se están rasgando las vestiduras por las cruces en nuestras sedes judiciales estarían incoherentemente felices en un tour sacando fotos de una tradición que además no entienden en absoluto ni les importa.

Se olvida también que los EEUU fueron un ejemplo de una religiosidad pública no estatal. No estatal por la primera enmienda; pública, porque ello no fue obstáculo a que los bienes públicos municipales mantuvieran tradiciones religiosas cristianas que nunca fueron contradictorios con la libertad religiosa hasta que ideológicamente se comenzó a considerar lo contrario.

El laicismo es el problema. No la laicidad. El laicismo es la ideología que odia la inexorable influencia religiosa cristiana en el surgimiento jurídico y político de Occidente. El símbolo no podría ser más “símbolo”: lo que odian es la cruz. Son capaces de pagar impuestos para un poema de Borges en el obelisco o, peor, por el monumento al asesino Guevara. Pero no vaya a ser que exista una simple cruz de madera: ah no, eso no. Y los que piensen de buena voluntad que el Cristianismo y-o el Catolicismo es igual a intolerancia, lean, alguna vez, al magisterio de Juan XXIII (con sus antecedentes en León XIII, Benedicto XV y Pío XII); al Vaticano II, al magisterio de Juan Pablo II, y sobre todo a Benedicto XVI.

 

La cruz es el símbolo del gran acontecimiento de la Historia, de donde surge el reconocimiento de la dignidad humana y sus derechos fundamentales. El Imperio Romano es el que coherentemente no podía admitir la cruzY a los nuevos imperios romanos, ocultos ahora en la fachada de libertad, estamos volviendo. Ya casi no tenemos derecho a proclamar libremente nuestras ideas si estas se oponen al Lobby LGBT; ya casi no podemos hablar si no es como dicen las feministas radicales; ya no podemos educar libremente a nuestros hijos, sino que estos tienen que aprender lo que el estado dice y sobre todo en temas sexuales; ya casi no se puede ser médico si no haces abortos o no prescribes preservativos, y, por supuesto, no se puede ejercer el libre comercio, no se puede disponer de los propios bienes, somos esclavos vigilados por la AFIP o soviets diversos como la Coneau o el ministerio de educación, y el que se revela es un inadaptado que debe ser tratado con retalina primero y rivotril después. Eso sí, tranquilos: ya no habrá cruces en los tribunales. Eso sí que es libertad. Qué bien.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Spain: Throwing Out The Baby With The Bathwater

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 20/6/18 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2018/06/20/spain-throwing-out-the-baby-with-the-bathwater/#18830f707631

 

A couple of weeks ago, Pedro Sanchez, the leader of the Spanish Socialist Workers Party, PSOE, who in the last 2016 election garnered the least amount of votes in his party’s history, became the seventh president of the post-Franco era. He reached the presidency by forming a coalition with other leftists, separatist and other minority parties who decided to bring down the government of Mariano Rajoy. Rajoy’s Popular Party, PP, was further weakened by cases of corruption and what many of its voters regarded as poor leadership. Several relevant PP members would have preferred Rajoy to resign and call for new elections rather than leaving the government in a rush. And when I mean a rush, it is a rush. I was in Madrid during the week of the change and, in a matter of two-to-three days, the president and his team were out of a job. Thousands began vacating their offices and sending resumes the day after the vote.

Mariano Rajoy congratulates Pedro Sánchez, the new president of SpainBY MINISTRY OF THE PRESIDENT. GOVERNMENT OF SPAIN, ATTRIBUTION, HTTPS://COMMONS.WIKIMEDIA.ORG/W/INDEX.PHP?CURID=69626925

Realignment on the Right

Losing the government and support from big sectors of civil society is obliging current and former leaders of the Popular Party to think new strategies. Congressman Pablo Casado Blanco, is among those competing for the leadership of the party. He is in his mid-thirties, has been aligned with the more free-market and conservative views of former President José María Aznar, but has major competitors and obstacles to overcome.

One of the most active voices, former Popular Party Congresswoman Cayetana Alvarez de Toledo, is a promising political leader. In late 2015, seeing the writing on the wall, she decided not to run for re-election. Alvarez de Toledo has been an open critic of the past government. Regarding this new administration, she wrote that the only common bond the coalition has is its anti-Spain views. By Spain she understands a country that is united under its constitution and which, among other things, calls for a social-market economic order. She, like other serious analysts, knows that each time Spanish policies moved toward an increased respect for market order, Spain has done better than its European peers. Those who joined in this new governing coalition have major doubts about the market order, Spanish unity and even the Constitution.

In another recent piece, Alvarez de Toledo called for a merger of the two centrist groups, the Popular Party and Ciudadanos. The latter, being relatively new (founded in Barcelona in 2006), is more socially liberal than the Popular Party. In recent years, however, the PP did not offer much to conservatives other than betrayal, so an alliance seems possible.

This leaves the field open for a party such as Vox, which is favorable to economic freedom and traditional values. Founded in December 2013, it has a platform based on respect for property rights, family values, and eliminating racial and gender privileges. Vox champions economic liberalism, but opposes globalization based on an agenda set by Brussels, George Soros, the U.S. Deep State and their respective partners. It still has very little following at the polls. One of its first leaders, Alejo Vidal-Quadras, who had more name recognition than Santiago Abascal, the current head of the party, resigned early on. He was open to broader coalitions than Abascal. The latter is trying to earn more space in the minds and hearts of the electorate but does not want to dilute the conservative, free-market brand. Ricardo Calleja of the Club Tocqueville, tells me “as most Spaniards define themselves as centrists, to be more successful Vox should try to avoid getting to close to positions and styles seen as “Lepenists” or “Bannonists.”

The new Socialist-led government will have to work with a budget passed during Rajoy’s government. Just days before becoming Prime Minister, Sánchez criticized this budget as “attacking the welfare state, not defending women, workers, the unemployed, nor the youth.” So he started by strengthening the welfare state, trying to reverse the modest labor liberalization of the previous government, and increase the number of women in key positions.

Among the few who look upon this new government with optimism is Venezuelan dictator Nicolás Maduro. He stated that he “hoped that the government of the new president will be able to build a new vision about Venezuela and become an advocate for overcoming the bitter moments created by the departing [Rajoy] government.”

Maduro is hopeful because he has seen how easy it was for him to buy the support of José Luís Rodríguez Zapatero, the former Socialist prime minister. Zapatero’s love affair with those who are destroying Venezuela, and the laudatory comments by the leaders of “Podemos” the “yes we can” Chavista party in Spain, presage a Spain less aligned with the fight for freedoms in the Americas. Podemos, led by Pablo Iglesias, has expressed his desire for Spain to lead a European road to Venezuelan twenty-first century socialism.

Unless there is a call for early elections in the event Sánchez loses support from some of PSOE’s partners, the next general vote will take place in 2020. Naturally, Sanchez chose a team that he thinks would help him during the coming months. Some of his first announcements and appointments show that he will also endeavor to weaken the growing influence of Podemos by co-opting its leftist policies, and thereby retain the leadership among the left. His beginning was not without trouble with the Minister of Culture Màxim Huerta, already obliged to resign, and another, the Minister of Agriculture, with a pending judicial case.

What Next for the Economy and Spain

It was not the economy that brought down the government. During these last three years the Spanish economy has been growing at over 3 percent. This rate of growth is above the other Eurozone countries and higher than most large Western economies.

In addition to the higher growth rate, employment was also improving in Spain. In 2013, the level of unemployment reached 27 percent.  Today it is down to 16 percent. Salaries, however, have lagged behind increases in productivity. With those rates of unemployment it is understandable that economic growth did not have an immediate or even mediate effect on salaries in all Spanish regions. Due to special market conditions, such regions suffering the worse employment as Canarias, Extremadura and Andalucía have recovered the best. Employment did not improve solely due to economic growth but also due to modest but important changes in the labor laws which now run the risk of being reversed.

Salaries in Spain are, on average, 40 percent lower than in Germany and 30 percent lower than in France, so global companies have an added incentive to expand in Spain. But will this advantage continue with the new government?

Thanks to the relatively good shape of the economy, the current government has some breathing room before its renewed welfare-state largesse and the demands of special coalition interests, worsen the fiscal situation and weaken its rule. At a meeting I attended that gathered several free-market and conservative leaders, the only consensus they reached was on the fiscal situation: taxes need to be reduced. This meeting was one week before the collapse of the government. Perhaps being in the opposition will encourage them to seek other common causes.

Pablo Iglesias (left) leader of Podemos, and Pedro Sánchez, President of Spain. Now united in the government but competing for leadership of the left.CROPPED BY CARLOS DELGADO – OWN WORK, CC BY-SA 4.0, HTTPS://COMMONS.WIKIMEDIA.ORG/W/INDEX.PHP?CURID=66244128

Several of my libertarian friends, gathered around small but active think tanks, seemed very happy by the downfall of Mariano Rajoy and his brand of Popular Party. Most conservatives, who also favor a free economy, are extremely concerned that both the censorship motion and non-confidence vote that brought about the change in government can end up throwing out the baby (the recovering and growing economy) with the bathwater. But they are preparing for the challenge.

Alfredo Pérez Rubalcaba, the predecessor of Sánchez as head of the Socialist Party, used the name “Frankestein” to refer to similar government coalitions: a body built of multiple parts stuck together in an ugly-looking structure. Dr. Frankestein tried to choose good parts for his creation. Unfortunately, it is not easy to find many healthy parts in this new government beast.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Capitalismo, iniciativa “privada” y propiedad

Por Gabriel Boragina Publicado el 9/9/18 en:  http://www.accionhumana.com/2018/09/capitalismo-iniciativa-privada-y.html

 

Parece mentira que siga habiendo gente que continúe diciendo que vivimos en un mundo capitalista. Lo máximo que podemos afirmar, en tal sentido, es que vivimos en un mundo que sigue disfrutando -en una muy buena medida- de los logros de una época de pleno capitalismo que, evidentemente, hoy en día ya no existe en la mayor parte del planeta, donde los estados y sus gobiernos no han parado de avanzar, aunque más disimuladamente que cuando se lo hacía a mediados del siglo pasado.
Una visión en perspectiva claramente lo indica. Pero, desde luego, también es importante que se tengan conceptos claros respecto de lo que es y no es capitalismo, ya que no para todos es lo mismo. De allí que, sea siempre significativo aclarar que nuestra idea de capitalismo es algo bastante diferente a lo que la mayoría de la gente entiende por tal término.
En una mirada retrospectiva histórica, puede afirmarse -sin temor a error- que el capitalismo jamás operó a un cien por ciento de su potencialidad. Entendemos por capitalismo un conjunto de factores, de los cuales podemos enumerar solamente algunos, por ejemplo: libertad individual, iniciativa privada, y muchos otros más. Pero, de momento, me detengo en cuanto a este requisito fundamental del capitalismo que es la iniciativa privada.
Dado que es esencial al capitalismo este “tipo” de iniciativa, va de suyo que expresiones tales como “capitalismo de estado” no pueden tener cabida dentro de las posibles caracterizaciones del capitalismo, porque si es “de estado” resulta obvio que no puede haber aquí ninguna iniciativa privada, ya que de querer hablarse de “iniciativa” (al ser “de estado”) la única “iniciativa” seria estatal. Pero henos aquí que, en ningún “estado” puede tener lugar clase alguna de iniciativa, porque toda iniciativa puede recaer nada más que en individuos, que son los únicos entes vivos poseedores de voluntad, y sin voluntad es imposible que aparezca ningún ejemplo de iniciativa. Este es uno de los tantos usos deformados de nuestro lenguaje, cuando se utilizan términos de imposible plasmación práctica, como el de “iniciativa estatal” (por evidentemente imposible) o, asimismo, el de “iniciativa privada” que es una redundancia, porque no puede existir ninguna otra clase deiniciativa que no sea -justamente- privada. De donde, se hace necesario distinguir entre iniciativa privada y estatal, habida cuenta el grado de confusión semántica y conceptual en el que vivimos.
Pero es que, no basta la iniciativa “privada” para que tengamos capitalismo, toda vez que los burócratas también actúan dentro de la esfera estatal bajo su propia iniciativa (aunque estén constreñidos por ciertas leyes) sino qué debemos agregar otro factor más, y que es que tal iniciativa privada ha de recaer sobre el destino que se la da al fruto del propio trabajo y no del trabajo ajeno, es decir, necesito (para saber que estoy dentro de un sistema capitalista) no sólo de mi iniciativa privada, sino de poder usar y disponer de lo que es mío, porque si aplico toda o parte de mi iniciativa privada a tomar, usar y disponer de lo ajeno ya no estoy dentro de un sistema capitalista, sino de otra clase, que puede ser intervencionista, o socialista/comunista. Precisamente, el estatismo se maneja de esta última manera, donde un ejército de burócratas aplica su iniciativa privada o propia al uso y disposición de bienes y fortunas ajenas.
Cuando el capitalismo operó apenas a un 30% de su capacidad, lo que es lo mismo a afirmar que la iniciativa particular (mal distinguida como privada cuando no puede haber otra forma de iniciativa que no sea la de los individuos) tuvo una libertad de acción de alrededor de ese porcentaje para usar y disponer de lo suyo, la pobreza disminuyó allí donde lo hizo. Los registros históricos confirman esto, especialmente entre los años 1780 y la primera o segunda década del siglo XX. Puede verse en la bibliografía de Mises, Hayek, Rothbard, Hazlitt, y otros autores de la Escuela Austríaca de Economía.
Estos notables efectos en un período histórico relativamente breve pueden calificarse como de verdadero milagro económico para la humanidad.
De allí que, podemos inferir que, si se le permitiera hacerlo a escalas mayores, la pobreza disminuiría de manera inversa a esa escala. La brecha se acortó. También la historia confirma que ese “estado benefactor” jamás existió. Los estados fueron y siguen siendo hoy en día intervencionistas, como antes y durante la guerra fueron totalitarios en Alemania, Italia y España entre otros. En rigor, el “estado liberal” es una contradicción en términos.
No hay rico más peligroso para el pobre que el funcionario o burócrata enquistado en el gobierno. Este rico estatal es peligroso, el otro privado no. Es al rico gobernante al que no le importa el pobre. Al otro rico (el privado) si le importa, ya que lo necesita, sea como empleado sea como cliente, sea en ambos roles.
A veces se critica a los defensores del capitalismo diciendo que queremos regresar a la “época de los terratenientes”. Pero, tales críticos deben tranquilizarse, porque no vamos a “regresar” a los tiempos de los terratenientes, puesto que estamos viviendo esos tiempos. Ya hemos regresado. Al menos, en Sudamérica ese tiempo es el tiempo de hoy. Los grandes terratenientes de la modernidad son los Estados, mediante sus legislaciones, que otorgan dádivas y privilegios de toda índole a ese ente ficticio estatal que es administrado -de tanto en tanto- por personas diferentes que pertenecen a diversos partidos políticos pero que, en base a esas legislaciones estatistas, tienen un tremendo poder sobre vidas y haciendas ajenas. Hoy en día, los estados no sólo son terratenientes, sino que también dueños de nuestros patrimonios. No sólo tienen grandes posesiones en tierras, sino también en divisas, oro y dinero. El simple hecho de pensar que solamente los gobiernos tienen la facultad legal de despojarnos del fruto de nuestro trabajo (el instrumento se denomina impuesto, forma legal de llamar a lo que es robo en cualquier otro caso) nos da la pauta que la verdadera riqueza reside en los gobiernos, pero no por derecho propio, sino por derecho impuesto, es decir por saqueo.
Sólo que en lugar de hablar de “terratenientes” tendríamos que hacerlo de “dineros tenientes”. Para salir del dominio de estos poderosos es que tenemos que volver al capitalismo.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

DEL GUARDAPOLVO BLANCO A LA LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL OBLIGATORIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/del-guardapolvo-blanco-la-ley-de.html

 

El problema NO es la educación sexual, sino que el estado imponga coactivamente una única educación sexual, so pena de criminalizar su no cumplimiento.

Pero en general a los argentinos les cuesta hacer esa distinción.

Porque la Argentina, junto con Francia, Italia, México y Uruguay, es uno de los cinco países que a fines del siglo XIX fueron un modelo de la intervención estatal en la educación con la intención de formar al ciudadano.

El modelo es la famosa educación formal estatal positivista, derivada del Iluminismo, cuando los estados, con la intención de “educar al ciudadano” asumieron la función de educar en las ciencias y en las letras, no en lo religioso, para que el ciudadano pudiera ser ese ser humano maduro con que el Kant soñaba, y el verdadero protagonista de las repúblicas secularizadas. Las escuelas sarmientinas fueron eso. Muy comprensibles, como todas ellas, en la época.

La educación privada existente tenía que “adscribirse al sistema oficial”, de algún modo.

El sistema no funcionó, claro. Un hombre educado no votará nunca a un tirano, decía Sarmiento. Pero en 1945, la única provincia argentina donde Perón NO ganó, fue Corrientes, donde el índice de analfabetismo era MAYOR.

Algo, evidentemente, no funcionaba en ese ingenuo racionalismo pedagógico.

Pero ingenuo al fin. Finalmente, era un socratismo moral pasado por el Iluminismo del s. XVIII. La escuela pública enseñará a los niños ciencia, matemáticas, letras, y con eso serán buenos ciudadanos. No lo fueron. Pero el contenido era ingenuo. Des-ideologizado. Leer y escribir, algo de Literatura, algo de ciencias, algo de Historia argentina, no mucho más.

Una primera advertencia fue el fascismo de Perón. El famoso dictadorzuelo usó el sistema educativo estatal para imponer la santa doctrina peronista y Miguel Cané fue sustituido por la gran escritora Eva Perón y su obra clásica de Literatura, La razón de mi vida. Algunos, entonces, se dieron cuenta. ¡Uy! ¿El santo sistema sarmientino utilizado para eso? ¡Qué horror!

Luego, claro, todos creyeron por un tiempo que “the end” y los “buenos” libros de lectura volvieron a las aulas.

Pero nadie, en este país estatista, advirtió el problema: la educación pública deja las herramientas legales a libre disposición para que sean usadas coactivamente para lo que fuere.

Ayer fue Miguel Cané, luego Eva Perón, ahora la ideología del género y cómo masturbarte bien. No importa que mañana el libro de lectura sea Mises me mima. El asunto es el mismo: diversos funcionarios, con formas de pensar diferentes, unas más ingenuas, otras más ideológicas, otras más horrorosas, utilizarán siempre las herramientas legales del sistema para imponer coactivamente sus ideas.

En la Argentina, por ende, nunca hubo libertad de enseñanza. La que hubo, si se puede llamar así, fue un empate, un compromiso, logrado por muchos católicos, para que pueda haber colegios “no estatales”, adscriptos al sistema, y en ese sentido estatales, claro, donde se tenía que seguir todo el plan estatal “más” religión. Y de 1955 al 60 lograron que hubiera universidades privadas que, por supuesto, son vigiladas, hoy más que nunca, totalmente por el soviet estatal. Y para colmo protestaban porque no tenían subsidio….

Pero libertad de enseñanza, esto es, que los institutos privados tengan derecho, como corresponde, a sus propios planes y programas de estudio, ah no, eso es “de los liberales”, malos, sucios y feos. La gente buena no dice esas cosas.

Fue inútil, por ende, que nosotros, la gente mala, advirtiera siempre contra la bomba de tiempo, ineficiente en acto, corrupta moralmente en potencia, que es la educación estatal. AHORA algunos se dan cuenta. AHORA algunos (muy pocos), aquellos que pueden comprender que el delicado tema sexual debe ser tratado por los padres con sus hijos, AHORA, reaccionan. Pero, gente, ya es tarde. Si en Argentina se hubiera respetado siempre la libertad de enseñanza, el Lobby LGBT, totalitario de pura cepa, hubiera tenido más dificultades.  Macri y su gente, en esto (y en muchas otras cosas), siguen estando gravemente equivocados, pero la ley, gente, es del 2006, cuando todo estaban muy entretenidos en las demagogias estatistas variadas de Néstor Kirchner.

Tarde, gente, tarde. Igual que con el gasto público. Los liberales –que en la década del 50 eran sólo dos o tres, exactamente- siempre lo dijimos. Pero es inútil. Somos los malos.

Los buenos, los que quieren que el estado cumpla con el “derecho a la educación”, han triunfado. Antes fue el derecho a ser educado en ciencias. Luego, en La razón de mi vida. Ahora, en la ideología de género. Mañana, mejor no digo más, para no dar malas ideas.

Y no sólo es la Argentina. Es todo el mundo.

Mientras tanto, lo único que queda es desobedecer la ley, y aprender a escuchar a los feos, sucios y malos. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Ponerle fin al gatopardismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 7/9/18 en: https://www.cronista.com/economiapolitica/Ponerle-fin-al-gatopardismo-20180906-0081.html

 

Después de casi tres años de gestión, en estos días debido a repetidas idas y venidas y ciertas filtraciones sobre posibles medidas de fondo y candidatos a oxigenar el gabinete con ímpetu para renovar la confianza perdida, es desafortunado tener que reconocer que nada cambió. No solo eso sino que algunos aspectos empeoraron con los últimos anuncios oficiales.

 

Pensaba que se eliminarían funciones incompatibles con un sistema republicano de donde procede la insoportable exacción impositiva, el exponencial endeudamiento estatal, el creciente déficit total de las cuentas fiscales y las manipulaciones monetarias y cambiarias contraproducentes.

 

Lamentablemente las medidas anunciadas se concretaron en la suba de impuestos a las exportaciones, enroques varios de funcionarios en un organigrama que en definitiva no modifica el resultado neto, a contramano de propuestas de gran interés y fertilidad que con la mejor buena voluntad se han hecho llegar al gobierno desde diversos rincones. Ahora se sugieren podas circunstanciales que como hemos reiterado, igual que en la jardinería crecen con más vigor y también se incluyeron subas del gasto en otros rubros. Lo anunciado es básicamente gatopardismo.

 

Además, los incrementos de impuestos no solo constituyen un inaudito “llovido sobre mojado” en el país que cuenta con uno de las mayores presiones tributarias del planeta, sino que en rigor no puede anunciarse como un hecho consumado ya que se trata de una medida que debería pasar por el Congreso.

 

Sugerí que el Presidente declarara su abstención de participar en la próxima contienda electoral designando una candidata o candidato para el cargo, al efecto de trasmitir la clara decisión que el mandatario no ocupará su tiempo y energías en una campaña electoral.

 

De haber sido así, junto con medidas de fondo que mitigaran los antedichos problemas, las personas de bien hubieran considerado al Presidente como un estadista que está dispuesto a concentrar su atención exclusivamente en resolver la situación que tiene a todos preocupados.

 

Nunca es tarde para rectificar el rumbo. El tiempo apremia. Descuento que el Presidente está imbuido de los mejores propósitos, pero por el momento las medidas no se condicen con su afirmación en el sentido de que “esta vez el cambio es verdadero”.

 

Por último, subrayo la errada distinción presente en los últimos anuncios del ministro del ramo al sostener que “hablamos a la gente y no solo a los mercados”. El mercado es la gente, no es un aparato ajeno a sus acciones e intereses. Todas las transacciones cotidianas que cada persona lleva a cabo conforma el proceso de mercado. Es el resultado indefectible de compras y abstenciones de comprar.

 

A esta confusión también debe agregarse lo que el Presidente manifestó seguramente con la mejor de las intenciones pero que también se presta a equívocos en cuanto a que  “les hablo con el corazón”, lo cual trae a la memoria recuerdos sumamente ingratos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

Disminución relativa del número de atentados terroristas

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2167063-disminucion-relativa-del-numero-atentados-terroristas

 

El flagelo del terrorismo contemporáneo nos ha cambiado la vida. A todos. Hoy es
prácticamente imposible sentirse seguro en cualquier lugar del mundo y éste es el efecto
perseguido por los atentados terroristas que esencialmente procuran infundir el miedo.
Pero también nos ha cambiado la vida cotidiana, obligándonos a tener que atravesar,
constantemente, mecanismos de seguridad con los que las sociedades apuntan a
prevenir los atentados terroristas. Esos mecanismos nos llenan con frecuencia de mal
humor. Pero son absolutamente necesarios y -más aún- parecieran estar dando
resultados aceptables.
La naturaleza y forma de los atentados terroristas va cambiando y es cada vez más
variada, y esto genera naturalmente las dificultades consiguientes en quienes, desde el
Estado, tienen la responsabilidad de protegernos a todos.
La universidad norteamericana de Maryland publica una estadística que detalla el
número de atentados terroristas que se producen, año a año. Ese número, el año
pasado, esto es en el 2017, reflejó, por tercer año consecutivo, una disminución sensible
en la cantidad de atentados terroristas a lo largo y ancho del mundo.
El número de atentados, respecto del año anterior, disminuyó un alentador 20%. Y el
número de víctimas inocentes cayó un 24%.
Con todo, las cifras son aún muy impresionantes. El año pasado hubo 10.900 atentados
terroristas en el mundo. Esto es unos 30 por día, incluyendo sábados, domingos y
feriados. Esos atentados produjeron la muerte de 26.400 personas. Esto es, de 72
personas por día. Los números son de horror, pero en el 2014 los atentados terroristas
generaron nada menos que 123 muertes por día, incluyendo aquellas que afectaron a los
propios victimarios terroristas.
En el caso particular de Europa, el número de atentados terroristas en el 2017 aumentó
levemente, pero el número de víctimas disminuyó el 65%.
Para tener una idea acerca de la efectividad de los mecanismos de control del terrorismo
que están en marcha, en Gran Bretaña solamente, a estar a lo señalado por la Primer
Ministro Theresa May, el gobierno pudo frustrar nada menos que 13 atentados
terroristas que estaban siendo planeados por distintos grupos violentos islámicos.
La mayor parte de los atentados terroristas todavía ocurren en Medio Oriente y en
África. Pero también allí los números del año pasado sugieren que el total de episodios
cayó, en el 2017, un 38% y el número de víctimas, un 44%.
Lo sucedido se atribuye fundamentalmente a la pérdida de poder del ahora golpeado
Estado Islámico, movimiento que hoy alimenta la mayor parte de los esfuerzos
terroristas. Algo parecido sucedió también con el repugnante movimiento terrorista
africano Boko Haram.
Los Estados Unidos, en particular, han podido sustraerse fundamentalmente del
terrorismo. Por esto, desde el 2014 hasta hoy el terrorismo sólo produjo 27 asesinatos
en los Estados Unidos. No obstante, las encuestas sugieren que la cuestión del
terrorismo sigue siendo bien importante en las agendas electorales norteamericanas. Es
ciertamente difícil olvidar el demencial horror que destruyera, en su momento, a las
Torres Gemelas. El rechazo al terrorismo y las prevenciones sobre el mismo son
creencias particularmente fuertes entre los votantes republicanos. Por esto sus líderes
políticos baten constantemente este parche a lo largo de las campañas electorales en las
que participan.
Con todo, la aparente derrota del Estado Islámico no puede leerse necesariamente como
un alivio. O como el final de una larga pesadilla. Ocurre que muchos de sus curtidos
militantes, al terminar los conflictos en los que participaban o al desbandarse,
regresaron a sus países de origen, en donde no es imposible que de pronto se
transformen en peligrosísimas células “dormidas”, con una importante capacidad de
daño.
Lo que nunca debe hacerse en este tema es bajar la guardia. Jamás. Las consecuencias
pueden realmente ser terribles. Para nuestro país, que ha sido víctima de atentados
enormes perpetrados por el terrorismo, la obligación de estar alerta es tan prioritaria
como irrenunciable para todos sus gobiernos.
Pero es la sociedad toda la que tiene que enfrentar constantemente la irracionalidad y el
fanatismo que alimenta a los terroristas que, en su locura, no titubean cuando de
atentar contra civiles inocentes se trata. De alguna manera ello evidencia la pérdida de
humanidad que los mueve a no vacilar en matar y dañar a personas inocentes, lo que
siempre es naturalmente injustificable.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.