Category Archives: Derechos Individuales

Proteccionismo “Hood Robin”: sacarle a la gente para darle a los ricos

Por Aldo Abram: Publicado el 19/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricoshttp://www.lanacion.com.ar/1995093-proteccionismo-hood-robin-sacarle-a-la-gente-para-darle-a-los-ricos

 

 

Son cada vez mayores las presiones de los sectores que fabrican productos que compiten con importaciones para que el Gobierno los proteja. Las demandas tienen que ver con un incremento de la llegada de productos del exterior, que no se verifica en los datos totales, pero sí en algunos sectores en particular. Hay que tener en cuenta que estamos comparando un período, 2016, donde se eliminaron algunas restricciones para comprar en el exterior, con un 2015 signado por una fenomenal cerrazón, por lo que es lógico que quienes son más ineficientes vean subir su competencia externa.

Obviamente, todos estos sectores han focalizado sus críticas en la estrategia de gradual apertura de la Secretaría de Comercio Interior y Exterior. Pero, ¿a quién está defendiendo esta secretaría con su política? Cuando se protege a un sector que compite con importados se le permite cobrar más de lo que vale ese bien. Por lo tanto, se genera un subsidio que va directamente desde el bolsillo del consumidor al del empresario ineficiente que se enriquece. Es notable que algunos “progres” defiendan el proteccionismo, convirtiéndose en “Hood Robin”. Lo lógico es que, si quieren ganar plata, los empresarios estén al servicio de la gente, proveyéndolos de mejores bienes y servicios más baratos.

Entonces, ¿por qué en otros países también hay sectores protegidos? Porque en todos lados hay empresarios ineficientes dispuestos a garantizarse seguir ganando plata, invirtiendo millones de dólares para convencer a la gente y a los funcionarios de que hay que protegerlos. Lamentablemente, al frente están millones de personas que se ven perjudicadas, pero que no tienen la posibilidad de juntarse a reclamar. Pues bien, esta es una oportunidad para apoyar la apertura que alienta la Secretaría de Comercio Interior y Exterior en defensa del bolsillo de todos y exigirle que la profundice.

Además, no es cierto que el proteger a un sector salva empleos; sólo los destruye en otros sectores. Si se protege un bien, la demanda de importaciones bajará y, con ella, la de las divisas que eran necesarias para comprarlas. Por lo tanto, el tipo de cambio disminuirá, por lo que se complicará la situación de los productores que compiten con importados y no tuvieron la suerte de conseguir esa prebenda. También la de los sectores que podrían exportar, lo hagan o no, ya que serán menos rentables, porque valdrán menos sus productos. Por lo tanto, ambos reducirán su producción y el empleo. En una palabra, los trabajadores de los sectores ineficientes protegidos no tienen oportunidades de empleo en los más eficientes, que pueden pagar mejor, porque estos generan menos puestos culpa del proteccionismo.

Imaginemos que tenemos una empresa que sabe producir algo que la gente aprecia mucho y está dispuesta a pagar bien. De golpe, el gerente general nos dice que quiere usar parte de la fábrica para hacer otra cosa de la que no sólo produciremos menos por no saber hacerla, sino que podremos cobrar un precio menor porque a la gente no le interesa tanto. ¿Se lo permitiríamos? No, porque los accionistas ganaríamos menos y deberíamos abonarles menores sueldos a nuestros trabajadores. Sin embargo, eso es lo que dejamos que hagan los gobiernos desde hace décadas y, después nos extraña nuestro perseverante subdesarrollo y bajo poder adquisitivo salarial.

Existe el mito de que un país tiene que producir todo para que le vaya bien. No es cierto. ¿Quién de nosotros hace en su casa los zapatos, la ropa o los artículos electrónicos que usa? Nadie. Trabajamos de aquello que sabemos hacer y que alguien está dispuesto a pagar bien. Luego, con el dinero que ganamos compramos lo que necesitamos a los que saben hacerlo mejor y más barato. De esa forma, nos garantizamos el mayor bienestar económico para nuestra familia. Sin embargo, cuando proponemos algo para el país, queremos hacer lo contrario. Un absurdo, ya que eso baja la cantidad de bienes y servicios que tendremos disponibles los argentinos, lo que significa menos bienestar y más pobreza.

El principal argumento para justificar la ineficiencia de los distintos sectores es el famoso “costo argentino”, pero el problema es que éste afecta a todos los productores de bienes y servicios. Gracias a la protección y debido al sobreprecio que les permite cobrar, algunos logran transferirles parte o toda esta carga a otros que no lograron obtener esa misma prebenda y, entonces, deberán acarrear la propia y la ajena. Esto es sumamente injusto. Por lo tanto, si el problema es el “costo argentino”, juntémonos para reclamarle a los políticos que se reduzca la presión tributaria, se disminuya y eficientice el gasto público, y se reforme la arcaica legislación laboral. De esta forma, lograremos potenciar las posibilidades de desarrollo de la Argentina y las oportunidades de progreso de todos sus habitantes.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

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Los “liberalotes” y el gobierno de Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/los-liberalotes-y-el-gobierno-de-macri/

 

Fernando Iglesias cree que lo que funciona en todo el mundo, no tiene sentido en Argentina.

Ayer por la mañana, cuando me senté en el escritorio, un querido colega me pasó el link a la última nota escrita por el diputado electo, Fernando Iglesias.

Iglesias es periodista y escritor, y se ha destacado últimamente por su feroz cruzada intelectual contra el peronismo. Su anteúltimo libro, “Es el Peronismo, Estúpido” fue un éxito de ventas y hace poco publicó una nueva obra: “El año que vivimos en peligro”.

Gracias a la recomendación de mi viejo, leí hace algunos años “Por qué no soy kirchnerista”, del mismo autor. En dicho trabajo explica los motivos por los cuales un “progresista” como él no defendía a un gobierno que también decía ser “progresista”.

La obra es muy buena, con una excelente recopilación e interpretación de datos económicos, entre otras cosas.

En su más reciente columna, publicada en La Nación, Iglesias critica a los economistas liberales (“los liberalotes”), a quienes considera una secta que, básicamente, no tiene ningún contacto con la realidad y desprecia el estado.

La nota de La Nación es muy potente y, fiel al estilo del autor, contiene párrafos que harán reír a más de uno.

Por ejemplo, sostiene que el “médico liberalote”, a un paciente con insuficiencia cardíaca, “le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.”

Bravo, hay que mantener el humor.

¿Ahora no se está pegando un tiro en el pie cuando se mofa de las advertencias y recomendaciones del liberalismo?

El liberalote de Macri

Para Iglesias, los liberales ofrecen recetas que dan “maravillosos resultados en muchos países”, pero en Argentina no pueden llevarse a cabo.

Esta fórmula es muy escuchada. Claro que Argentina es un país particular, ¿pero tanto como para que lo que funciona en el mundo, solo acá esté condenado al fracaso inevitable?

De ninguna manera. De hecho, el mismo presidente tomó medidas decididamente liberales con excelentes resultados.

¿O qué otra cosa fue sacar el cepo cambiario de un día para el otro?

Eliminar un control de precios como era el cepo al dólar es una medida claramente liberal y fue pedida por muchos economistas que, desde el llano, criticamos a todos los que decían que “eso no se podía hacer”.

Los resultados acompañaron la decisión. Se revirtió la caída de reservas y repuntó la exportación de materias primas. En 2016, las exportaciones totales crecieron luego de 5 años de descenso.

Otra medida de shock que tuvo enorme impacto positivo fue el fin de las retenciones. Sin cepo y con menos impuestos, el sector agrícola es hoy uno de los que más crecen de la economía argentina.

Y recuerdo que bajar impuestos (y, mejor aún, eliminarlos) también es una medida liberal. ¿O será liberalota?

Por último, recientemente se conoció que las estaciones de servicio dejaron de cerrar en el país tras una larga decadencia producto del control de precios K.  Los precios ahora no se controlan por decreto oficial y nuevas estaciones están abriendo.

Otro claro beneficio del liberalotismo económico, que funciona en todo el mundo pero supuestamente fracasa en Argentina.

Hora de reconsiderar.

Reformas tímidas

Desde aproximadamente el año 2001 que los liberales en Argentina piden reformas “estructurales” para incrementar la competitividad.

Si no me creen, pueden leer las columnas de Carlos Rodríguez, del CEMA, las notas de Roberto Cachanosky, o mismo revisar la propuesta económica de Ricardo López Murphy, quien tuvo un fugaz paso por el Ministerio de Economía cuando desgobernaba Fernando De la Rúa.

En ese entonces nadie escuchó a los liberalotes, sino que decidimos seguir el consejo de los keynesianotes, que nos decían que devaluando la moneda, defaulteando la deuda y dándole bomba al gasto público y la emisión monetaria todo iba a salir bien.

Así quedamos: 16 años después tenemos la economía en ruinas y, paradójicamente, estamos discutiendo de nuevo las “reformas estructurales” que deberían emprenderse para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Es el gobierno, de hecho, quien propone reformar la matriz impositiva, el mercado laboral y la burocracia estatal. Además, y por si quedan dudas, el propio presidente pide textualmente “bajar el gasto público”.

¿Qué banderas son éstas?

¿Cree Iglesias (o alguien más) que estos temas se estarían siquiera debatiendo de no haber sido por la denuncia permanente, el análisis crítico y el trabajo de divulgación de los ahora denostados “liberalotes”?

Advertencias fundadas

Si las reformas anunciadas por el gobierno le parecen tímidas o tienen gusto a poco para los llamados “liberalotes”, esto no debería ser motivo para desautorizarlos o tratarlos como una secta.

Después de todo, como hemos demostrado, las medidas que tomó Macri en línea con los pedidos de los liberales dieron buenos resultados. Y no en Dinamarca, sino acá, en la Argentina imposible, llena de peronismo y pobreza.

Por si esto fuera  poco, hoy ya no debatimos si la inflación es (o no) un fenómeno monetario o si el gasto público es alto, sino cómo se bajan estas dos claras barreras al crecimiento económico.

Lejos de ser ridiculizadas, las advertencias de los liberales deberían ser tenidas en cuenta.

Y lejos de ser tildadas de imposibles, lo mismo debería suceder con las propuestas concretas de política pública.

Después de todo, seguramente también coincidirá Fernando Iglesias en querer un país más libre y próspero para todos los argentinos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Mariquita Sánchez, la precursora

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Sin la pretensión de hacer comparaciones de dotes intelectuales con  Madame de Staël y Victoria Ocampo, Mariquita Sánchez (se llamaba María Josefa Petrona de Todos los Santos, primero casada con Martín Thompson y luego con Jean-Baptiste Mendeville) ocupa un lugar preponderante en su relación con el ideario liberal.

Primero por sus tertulias en  su quinta de San Isidro a las que asistieron personalidades como Manuel Belgrano, Vicente López y Planes, Juan José Castelli, Juan Larrea,  Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes y Feliciano Chiclana, salones en donde se forjaron y consolidaron las ideas independentistas en lo que luego fue la República Argentina.

 

En esa quinta se cantó por vez primera la Marcha Patriótica (hoy Himno Nacional). Y mucho más adelante se discutieron los principios y valores liberales en su casa de la calle San José (actualmente Florida, en el centro de Buenos Aires) con Juan Bautista Alberdi, Esteban Echevarría, Juan María Gutiérrez, Félix Frías y Florencio Varela quienes también  participaron con Mariquita en su exilio de la tiranía rosista en Montevideo.

 

Sus escritos son pocos e incompletos (Diario Recuerdos del Buenos Aires virreinal junto a la resumida bibliografía de Pastor Obligado, la muy difundida obra de María Sáenz Quesada, la de Graciela Batticure y la compilación de Clara Vicaseca) pero la fecundidad de su organización y la calidez de su hospitalidad para las aludidas tertulias y debates fueron de una enorme fertilidad, realizadas en momentos que estaba muy mal visto que una mujer se involucrara en faenas intelectuales de esa envergadura y acompañada de tamañas personalidades.

 

Quería despegarse a toda costa de lo que había escrito como un clima en el que tres factores dominaban la situación en la que vivió tempranamente, “Tres cadenas sujetaron este gran continente de la Metrópoli: el terror, la ignorancia y la religión católica […donde] había una comisión del Santo Oficio para revisar todos los libros que venían, a pesar de que venían de España donde había las mismas persecuciones”.  Juan Bautista Alberdi escribió que Mariquita fue “la personalidad más importante de la sociedad de Buenos Aires, sin la cual es imposible explicar el desarrollo de su cultura y buen gusto”.

 

Después de Caseros vuelve a Buenos Aires desde su exilio en Montevideo y se ocupa principalmente de la Sociedad de Beneficencia que presidió durante un tiempo y especialmente dedicó su tiempo en esta institución a las niñas a los efectos de trasmitirles el sentido de independencia y dignidad en épocas en las que prevalecían criterios de machistas acomplejados y miedosos de la competencia, incompatibles con el sentido de una sociedad abierta.

 

Este estilo de comportamiento y las convicciones sobre los principios liberales, fue luego seguido y muy desarrollado por mujeres de la talla de Madame de Staël y Victoria Ocampo sobre las que he escrito antes y que ahora reitero solo en parte las observaciones entonces formuladas.

 

En esa misma línea entonces, Anne Louise Germanie Necker (Madame de Staël) fue tal vez de todos los tiempos la mujer que más contribuyó a establecer cenáculos y reuniones de gran jerarquía para el debate de ideas en la Europa decimonónica. Sus obras completas ocupan diecisiete tomos incluyendo su abultada correspondencia.

 

Mostró una muy especial reverencia por las libertades de las personas: “No hay valor mayor que el respeto por la libertad individual, lo cual constituye el principio moral supremo”. Consideraba que la tolerancia religiosa formaba parte de la columna vertebral de la sociedad civilizada: “La intolerancia religiosa es lo más peligroso que pueda concebirse para la convivencia pacifica”.

 

En prácticamente todas sus biografías que fueron muchas se destaca un dicho que recorría los distintos medios de la época: “Hay tres grandes poderes en Europa: Inglaterra, Rusia y Madame de Staël”.

 

Sus arraigados principios liberales, su carácter firme pero afable, sus cuidados modales, su sentido del humor y su don de gente la hacían especialmente propicia para el manejo de los encuentros intelectuales, todos ordenados con temas generalmente prefijados y tratados en profundidad en los que se hacía uso de la palabra por riguroso turno. Algunas de las figuras más prominentes que asistieron a sus encuentros fueron Gothe, Schiller, Chateaubriand, Edward Gibbon, Voltaire, Diderot, D´Alambert, Byron, Wilhem von Schelenger, Talleyrand y el más cercano y célebre de todos: Benjamin Constant.

 

Como buena liberal, Germanie Necker sostenía que las fronteras cumplían el solo propósito de delimitar países a los efectos de evitar la monumental concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. Con razón mantenía que el fraccionamiento y la dispersión vía el federalismo dentro de las fronteras proporcionaba un reaseguro adicional a las extralimitaciones de los aparatos políticos y, a su vez, era una notable expositora de la libertad de comercio.  Asimismo, se hubiera disgustado mucho con la existencia de la figura del “inmigrante ilegal” propia de regimenes absurdos. Desde luego que nuestra autora no tuvo que vérselas con aquella contradicción en términos denominada “estado benefactor” cuyos “servicios gratuitos” naturalmente están siempre colapsados y demandan más recursos de los contribuyentes. Pero esto no debería servir de pretexto para bloquear los movimientos migratorios libres (salvo antecedentes delictivos). Si bien es cierto que el problema reside en el “estado benefactor” y no en los inmigrantes, se debería impedir que estos recurran a los referidos “servicios gratuitos” para no agravar la situación fiscal y simultáneamente debería eximírselos de aportes que impliquen el descuento del fruto de sus trabajos para mantener esas prestaciones (con lo que serían ciudadanos libres como muchos desearían ser). Por último, en aquellos tiempos tampoco se esgrimía la peregrina idea de que en un mundo donde los recursos son escasos y las necesidades ilimitadas, los inmigrantes restan posibilidades laborales a sus congéneres en lugar de ver que liberan ofertas de trabajo para otras tareas hasta ese momento imposibles de encarar (igual que ocurre cuando se introduce un método de producción más eficiente).

 

Luego de muchas y muy variadas experiencias europeas, Madame de Staël concluyó que las acciones bélicas siempre resultaban en graves prejuicios para todas las partes involucradas y que, lo mismo que sostuvieron enfáticamente los Padres Fundadores en Estados Unidos, tarde o temprano se traducirían en el desmesurado agrandamiento en el tamaño del Leviatán cuyas deudas y desórdenes de diversa naturaleza finalmente comprometerían severamente las libertades individuales por las que ella abogó toda su vida. Se inclinaba al principio civilizado de actuar como “ciudadanos del mundo” cuyos únicos enemigos declarados eran los que rechazaban la libertad, en cuanto al resto, le resultaba irrelevante la nacionalidad, el color de la piel o la religión siempre que el interlocutor se basara en los valores universales del respeto recíproco.

 

Por otro lado, no hay escritor hispanoparlante ni lector serio de ese mundo que no tenga conciencia del inmenso agradecimiento que se le debe a la editorial y a la revista Sur, que es lo mismo que decir Victoria Ocampo puesto que ella las sufragaba para beneficio de las letras y la cultura universales. Nació a fines del siglo diecinueve, épocas que en Buenos Aires se pretendía cargar a las criaturas con los nombres de buena parte de su árbol genealógico y del santoral: se llamaba Ramona Victoria Epifanía Rufina.

 

Victoria Ocampo reunió en sus salones a intelectuales como Otega y Gasset, Octavio Paz, Paul Valéry, Albert Camus, Victor Massuh, Eduardo Mallea, Aldous Huxley, Alfonso Reyes, Borges, Bioy Casares, Alicia Jurado, Igor Stravinsky, Carl Jung y Julián Marías.

 

Siempre estuvo del lado de quienes aclaman la libertad como un valor supremo. Sufrió persecución y cárcel durante la dictadura peronista por sus manifestaciones claramente liberales (“En la cárcel -escribe- uno tenía al fin la sensación de que tocaba fondo”). Los nacionalistas de la época intentaron por todos los medios de sabotear sus tareas, incluso, en 1933, la Curia Metropolitana la declaró persona non grata porque “Tagore y Krishnamurti, dos enemigos de la Iglesia, son amigos suyos”.

 

En momentos de escribir estas líneas en buena parte del mundo hay una crisis mayúscula de valores, parecería que en gran medida se ha perdido el sentido de dignidad y la autoestima y se ha abdicado en favor de los mandones de turno, pero en homenaje a personalidades como Victoria Ocampo en su lucha por la libertad y la cultura no debemos cejar en la trifulca de marras, porque como ha escrito Benedetto Croce “la libertad es la forjadora eterna de la historia” ya que “es el ideal moral de la humanidad” y por eso “el dar por muerta la libertad vale tanto como dar por muerta la vida”.

 

Doña Victoria abogó por los derechos de la mujer en igualdad con los de los hombres en línea con la gran Mary Wollstonecraft, la pionera en el genuino feminismo y no como algunas versiones degradadas modernas. Se rebelaba contra las imposiciones de machos incompetentes que no resisten las opiniones sesudas de mujeres porque se sienten disminuidos y, por ello, prefieren relegarlas a tareas puramente domésticas.

 

En su momento, Ocampo había escrito que “toda buena traducción es una manera de creación, jamás un trabajo mecánico ejecutado a golpes de diccionario […] Tanto una bella prosa como un bello poema no tienen más traducción que la de las equivalencias; equivalencias que a veces se alejan del texto para serle fiel”, del mismo modo que ella fue siempre fiel a si misma.

 

Mariquita Sánchez fue la precursora en estas faenas de reunir a personalidades al efecto de debatir las ideas de la libertad y así contribuir a despejar las falacias del autoritarismo. Es en este sentido es un ejemplo a seguir, especialmente para los apáticos e indolentes que consideran que el respeto recíproco es algo automático que no necesita ser defendido y cuidado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

¿Por qué hay tantos pobres en la Argentina?

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 17/11/17 en http://www.libertadyprogresonline.org/2017/11/17/por-que-hay-tantos-pobres-en-la-argentina/#.Wg7ZUjBKCjc

 

Podemos explicar la pobreza desde varios ángulos. El territorio de la Argentina había sido muy pobre, de los más pobres de América. No obstante, logró un dinamismo económico y social extraordinario tras la reorganización política y sanción de la Constitución de 1853/60, que liberó de obstáculos y dio seguridad para trabajar, producir y comerciar. Tanto creció el país que en 1913 el ingreso promedio de los argentinos multiplicaba varias veces el promedio mundial. Ese logro atrajo a millones de inmigrantes, principalmente de Europa, pues tenían mayores oportunidades y ganaban más acá.

Sin embargo, ese mismo éxito generó una sensación de triunfalismo, de destino pródigo irrefrenable. La idea de “nada nos puede detener. Tenemos riquezas para repartir y ganar votos” dio lugar a favoritismos sectoriales y despilfarros, que fueron acotando el desarrollo. En 1970, el ingreso por habitante todavía era el doble del promedio mundial. Pero en 2016, los 12.500 dólares conseguidos fueron apenas 20% superior al promedio mundial y muy lejos de los 60.000 dólares anuales promedio de las naciones más prósperas, que agrupan al 10% de la población mundial.

En nuestra visión, las “protecciones” otorgadas a sectores y ocupaciones fueron entorpeciendo el impulso de la competencia para avanzar la especialización en los trabajos más productivos, los que generan mayores ingresos para la Argentina. Trabando la competencia para perfeccionarse y aprender habilidades valiosas, la repartija de “protecciones” detuvo el progreso de la Argentina, con un impacto doble. El ingreso por habitante creció menos que en el resto del planeta y los pobres, los excluidos de las “protecciones” perdieron aún mucho más.

Porque cada vez que un legislador, juez, burócrata, dirigente, concede un privilegio, ese mayor ingreso lo consigue quitándole mucho más a los no “protegidos”, obligados a cargar con la cuenta. Cada “conquista” de unos, otros la pagan mas caro. Pues cuando se redistribuyen ingresos, lo que gana el “protegido” es bastante menor que lo que pierden los desposeídos. Pues normalmente el proceso económico va asignando los ingresos a quienes mejor lo pueden producir. En cambio, la redistribución revierte ese proceso. Y cada repartija genera pérdidas superiores a las ganancias concedidas. El repartidor de patrimonios siempre produce mayor pobreza.

Tras muchas décadas de redistribuir patrimonios, de “proteger” a unos argentinos, a costa de mayores pérdidas de otros argentinos, nos hemos descapitalizado y empobrecido. Pero obviamente, los menos tenidos en cuenta, los desprotegidos mayores, están en el pozo de la pobreza. Tenemos 29% de pobres porque nos empobrecimos como sociedad y los pobres perdieron más todavía. Concediendo “protecciones” particulares, desprotegieron al conjunto.

Por ciertas conquistas del trabajo, hay desocupados, empleados precarios sin resguardo. También muchas industrias están protegidas por impuestos a las importaciones y normas que cercenan la competencia.

La regla del progreso de la humanidad ha sido la proclamada por la Revolución Francesa: La misma medida para todas las personas, en todas partes, y para todos los tiempos. La misma que el ideal de la Justicia: la balanza que mide con los ojos vendados. Esto es, sin mirar a quien.

La Argentina está lejos de ese ideal. Tenemos medidas distintas para grupos diferentes. Casi una sociedad feudal, con un sinnúmero de “conquistas” que cargan los plebeyos modernos. Bien lejos del ideal de la justicia y motor del progreso. La pobreza mide el desamparo y los criterios desiguales según la persona. Un país que reparte privilegios, ingresos diferenciales para esfuerzos similares, no quiere progresar pues desprecia la experiencia de las naciones prósperas que logran el trato exquisito para su gente, pues se sienten tratados justamente.

Si no convence la experiencia de las naciones prósperas, aprendamos del futbol. Compitiendo sin privilegios los más pobres consiguen grandes recompensas.

 

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

La izquierda recalentada

Por Armando Ribas. Publicado el 9/11/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/11/09/la-izquierda-recalentada/

 

Los principios incluidos en la Constitución liberal clásica no son aquellos que operan solamente en esta o aquella era. Ellos son principios para las eras.

                                                  Ricchard A. Epstein

Voy a insistir en un tema que considero de la mayor relevancia y que es la persistente descalificación del liberalismo como el capitalismo que genera la desigualdad económica y ahora el recalentamiento global. Persiste pues la ignorancia al respecto de esa ignorancia colectiva y descalificación ética que surge desde la izquierda. Recordemos a Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Y a mi juicio el cristal prevaleciente es rojo, a través del cual se miente contra el liberalismo a favor del pueblo o de la Nación. Nacionalismo y socialismo son hermanos de la historia.

Esa vertiente del ámbito político, a mi juicio ha sido superada con el advenimiento del recalentamiento global. Por supuesto cada vez más percibo la aparente insistencia de que es el hombre liberal el causante de ese desastre de la naturaleza. Perdón pero voy a recordar otro pensador Griego  Protágoras que dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto que son, y de las que no son, en cuanto a que no son”. Es decir de los aciertos y los errores; y comparto ese pensamiento que se ha comprobado a través de la historia.

No me cabe la menor duda de que a través de la historia en la acción de los hombres han prevalecido las que no son. La guerra fue el orden nacional y ético de las sociedades. Como reconoció Hegel: “La guerra es el momento ético de la sociedad”. En la Guerra de los Treinta Años entre 1618 y 1648 murió la mitad de la población de Europa. Previamente entre 1337 y 1453 prevaleció la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra.

Y llegó el siglo XX y Europa nos llevó a las dos guerras mundiales, que afortundamente ganaron los Estados Unidos. Al respecto Jean François Revel en su obra la Obsesión Antiamericana escribió: “Son los europeos que yo sepa, quienes hicieron del siglo XX el más negro de la Historia, en las eferas política y moral, se entiende. Ellos fueron los que provocaron los dos cataclismos de una amplitud sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales; ellos fueron los que inventaron y realizaron los dos regímenes criminales jamás infligidos a la especie humana”. No obstante insistimos en la falacia de la civilizacion Occidental y Cristiana.

Pero llegó John Locke y su pensamiento determinó la Glorious Revolution de 1688 en Inglaterra, a partir de la cual se desarrolló el sistema ético, político y jurídico que cambió la historia del mundo y permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Revolución que no es reconocida pues nos han enseñado lo contrario y que fue la Revolución Francesa la determinante de la libertad, cuando fue el inicio del totalitarismo, como la racionalización del despotismo. Al respecto dice Peter Drucker: “Tan difundida y tan falaz como la creencia de que el Iluminimo engendró la libertad en el siglo XIX, es la creencia de que la Revolución Americana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa, y que fue su precursora”.

Ese sistema político se basó en el reconocimiento de la naturaleza humana, y por ello dice Locke: Los monarcas también son hombres por ello se necesita limitar las prerrogativas del rey. Como bien reconoce William Bernstein en su The Birth of Plenty, el mundo hasta hace doscientos años vivia como vivía Jesucristo. Pero creo que tampoco podemos ignorar los daños generados por la naturaleza desde tiempo inmemorial. Y así reconoce Bernstein que hasta la era moderna prevalecía, el hambre, las enfermedades y la guerra.

Siguiendo con el recalentamiento recordemos el terremoto de Lisboa en 1775, cuando murieron más de 60.000 personas. Allí comenzó una discusión que está pendiente entre Voltaire y Rousseau. Rousseau le escribió una carta a Voltaire al respecto en la que dijo: “El terremoto de Lisboa fue justamente un castigo al hombre por abandonar la vida natural y vivir en ciudades”: A la misma Voltaire contestó: ¿Qué culpa tenían los niños que estaban en la iglesias?

Ya Rousseau que me parece está presente había dicho: Nuestras almas han sido corrompidas en proporción a que nuestras ciencias y artes han avanzado hacia la perfección”.Y por supuesto había asimismo desvirtuado el derecho de propiedad: “No importa en la forma que que esa adquerencia fue hecha, cada derecho individual sobre su propia tierra está, sigue subordinada al derecho de la comunidad sobre toda la tierra”.

En virtud de estos pensamientos tengo la impresión de que Rousseau está presente en todo el análisis valorativo que percibo del recalentamiento global. Todo parece indicar que ha sido el hombre en el sistema liberal capitalista el causante de los deshechos de la naturaleza. En otras palabras es la descalificación del sistema que permitió la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia. Yo no soy científico, pero me pregunto ¿Cual es la relación científica del recalentamiento con los terremotos que existieron por siempre y con los ciclones, las inundaciones y las sequías prevalecientes?

Entonces la izquierda monopolizadora de la ética de la igualdad en el ámbito político, el recalentamiento global parece haberla recalentado para justificar la destrucción del sistema que cambió al mundo. Por ello como antes dije respecto a Locke el reconocimiento de la naturaleza humana determinaba la limitación del poder político. Asimismo reconoció el derecho de propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.  Ese derecho que Locke reconocía como el principio fundamental de la libertad, implica el reconocimiento de que los intereses privados no son per se contrarios al interés general.

Cuando los intereses privados son contrarios al interés general, la consecuencia es el interés privado de los que forman los gobiernos. Por ello voy a insistir que el sistema es ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia y no su determinante. Por tanto prevaleció la mano invisible de Adam Smith que la definió: “Persiguiendo su propio interés el frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que   cuando el realmente pretende promoverlo”.

Esos principios fueron llevados a sus últimas consecuencias en Estados unidos por los Founding Fathers, y no por ser anglosajones ni protestantes. Por ello Madison reconoció que si los hombres fueran angeles no sería necesario el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no sería necesario ningún control al gobierno. Pero el gobierno es una administración de hombres sobre hombres, y la gran dificultad yace primero en capacitar al gobierno para controlar a los gobernados y en segundo lugar a controlarse a si mismo.

A los efectos de controlar al gobierno se creó el concepto del judicial review, que fue reconocido por el Juez Marshall en el caso Marbury vs. Madison en el cual tomó la siguiente decisión: “Todos los gobiernos que han formado una Constitución, la consideran la ley fundamental y toda ley contraria a la Constitución es nula. Es enfáticamente la competencia y el deber del poder judicial decir que es la ley”.

Pasando entonce al momento político que vivimos, repito la izquierda se ha apoderado de la ética en nombre de la falacia de la igualdad. Pienso que surgiendo de Rousseau, Marx está presente vía Eduard Bernstein que en su obra Las Precondiciones del Socialismo en disputa con Lenin escribió que al socialimo se puede llegar democráticamente y no por revolución. Y esa es la realidad que se vive en Europa vía la Social Democracia, que si bien no nacionalizando la propiedad privada, sino aumentando el nivel del gasto público fácticamente viola los derechos de la propiedad, y es determinante de la caída en la tasa de crecimiento económico. Recordando a Aristóteles que ya nos había advertido, cuidado que los pobres siempre iban a ser más que los ricos.

Así el liberalismo que es la fuente filosófica del sistema del Rule of Law y no el sistema capitalista parece descalificado políticamente y la consecuencia es la crisis que se vive en el llamado mundo Occidental. Cuando el gasto público alcanza o supera el 50% del PBI, de facto se está violando el derecho de propiedad, y al respecto reconoció Milton Friedman: “El peso total de los impuestos es lo que los gobiernos gastan, no esos recibos denominados impuestos. Y cualquier déficit es soportado por el público en la forma de impuestos escondidos. Se paga con los intereses de la deuda y con inflación, Sin reducir el gasto, la rebaja en los impuestos solo disimula mas que reduce la carga.

Esperemos que aprendamos y que decidamos discutir con la izquierda los principios éticos y políticos que determinaron la libertad y la riqueza por primera vez en la historia. Librémonos de la demagogia implícita en el socialismo y reconozcamos que la democracia mayoritaria perse no es determinante ni de la libertad ni de la creación de riqueza. Así no olvidemos que Hitler, Mussolini y Perón llegaron al poder con votos. Lo trascendente es la limitación del poder político y el respeto por los derechos individuales. Cuidado con el recalentamiento no solo en el ámbito tecnológico sino profundamente en el político.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El origen de las mayores trifulcas

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

En realidad las disputas humanas comenzaron con la aparición del hombre sobre la faz de la Tierra, seguramente con Adán y Eva que se echaron recíprocamente la culpa o con Caín y Abel, pero en lo que se refiere a las relaciones entre distintos pueblos, el nacionalismo juega un rol preponderante. Con razón ha dicho Mario Vargas Llosa que “el nacionalismo nos ha llenado de guerras” y Albert Camus ha escrito que “amo demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

 

El nacionalista es un ser acomplejado que debido a su vacío existencial se asimila al esperpento del “ser nacional” y otras sandeces por las que siempre considera que lo de su país es un valor y lo del extranjero un desvalor. En realidad, la única razón por la cual el globo terráqueo está dividido en países es para evitar los abusos de un gobierno universal. La subdivisión a su vez en provincias y municipios es para fraccionar aun más el poder. Indudablemente el mundo está complicado pero hay que mirar el contrafáctico e imaginarnos como sería si cualquiera de nuestros políticos tuviera poder sobre todo el planeta. No hay que tomarse las fronteras en serio como si fuera atractivo construir cercas impenetrables para evitar la competencia de bienes de una mayor calidad y un precio más bajo, incluyendo en primer término libros, obras de arte y músicas de diverso tenor y origen.

 

Por ejemplo, uno de los blancos preferidos de la gestapo en las aduanas son las obras de arte sin percatarse, entre otras cosas, que con ese criterio tribal no existirían museos cosmopolitas con lo que se privaría a aquellos que no pueden viajar del disfrute correspondiente.

 

Una cosa es el afecto por el lugar donde nacimos y donde nacieron nuestros ancestros y otra bien distinta es batallar contra lo extranjero. Hay cristianos  que en misa cantan lo de “toma mi mano hermano” pero pierden la paciencia y se exaltan hasta la obnubilación cuando se trata de abrir fronteras y alimentar la cultura al contrastar con otros orígenes, para no decir nada cuando hay un conflicto de cómo trazar un mapa.

 

Incluso en el comercio internacional pacífico y voluntario se recurre a terminología militar al decir que tal o cual producto “nos invade” como se si se tratara de un ejército de ocupación en lugar de simplemente una mercancía más barata y mejor que la gente prefiere pero hay que bloquear.

 

Las trifulcas entre los humanos son muy variadas y responden a distintas causas pero, según Bertrand de Jouvenel las trifulcas gordas y generalizadas comenzaron con la contrarrevolución francesa. Allí se comenzó a extrapolar la divinización de la monarquía a la divinización de la idea de nación. Allí se dio origen a la idea de servicio militar como parte del “ejército en armas de la nación”. Allí se comenzaron a destruir los derechos de las personas bajo el paraguas de “la soberanía nacional” en lugar de comprender que la soberanía reside en el individuo y que el aparato estatal es su empleado solamente para que proteja sus derechos.

 

Entre muchos otros autores de peso,  de Jouvenel marca la diferencia radical con  la revolución norteamericana en la cual se puso de relieve la antedicha jerarquía de los derechos individuales y que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. En realidad esa era la idea de unos pocos al redactar la Declaración de los Derechos del Hombre en el inicio de la revolución francesa. Mercier de la Riviere, Pierre du Pont de Nemours y, sobre todo, Emmanuel-Joseph Siéyes, resaltaron los derechos de propiedad y la noción de la igualdad ante la ley.

 

Más aun, la redacción original de Siéyes rezaba así: “Aunque los hombres no sean todos iguales en los medios que poseen, es decir, por sus riquezas, por su inteligencia, por su vigor etc. no hay nada que los fuerce a no ser tampoco iguales en derechos. Ante la ley, un hombre vale tanto como otro; la ley protege a todos sin distinción”. Como es sabido el artículo finalmente quedó redactado de la siguiente manera telegráfica en la primera parte de su primer artículo: “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” (y el artículo 17 se refiere a la propiedad como “derecho inviolable y sagrado”). Todo eso quedó arrasado en la práctica de la contrarrevolución y se endiosó a la nación, en algunos casos con poderes aun mayores que los de la monarquía.

 

También antes he escrito en una revista académica chilena (Estudios Públicos) sobre algunos criterios trasnochados del nacionalismo que en parte reproduzco aquí. Los partidarios del nacionalismo hacen aparecer a la nación como algo natural cuando en verdad constituyen inventos impuestos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras, las que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña o de movimientos geológicos. Sin embargo, los nacionalistas afirman que las naciones tienen un lenguaje, una etnia, una historia y una religión común, lo cual, siempre según este criterio, haría que la formación de naciones sea producto de un &”devenir natural&”.

 

Canadá o Suiza, por ejemplo, son naciones en las que sus habitantes no comparten un idioma común. En América Latina se comparte el mismo idioma y sin embargo constituyen varias naciones. El lenguaje es fruto de un proceso de evolución espontánea. Los idiomas más difundidos no fueron diseñados ni inventados por nadie (casos como el esperanto han resultado un fiasco para la buena comunicación). El lenguaje resulta esencial para pensar y para trasmitir pensamientos y los diversos idiomas y dialectos provienen de troncos comunes que son también fruto de las más variadas combinaciones. Los diccionarios son libros de historia que se modifican por neologismos y usos que responden a los requerimientos de millones de personas que, al interrelacionarse, van forjando formas de comunicación que consideran útiles.

 

La raza es por cierto una idea bastante resbaladiza. Igual que el idioma procede de troncos comunes y las combinaciones y mezclas son muchas. Dobzhansky, el padre de la genética moderna, sostiene con Darwin que cada clasificador tiene su propia clasificación de raza. Sostiene que las razas son estereotipos, son abstracciones difíciles de concretar. Se ha confundido también la idea de raza con el lenguaje. Este es el caso de los que señalan la raza aria como el paradigma de la pureza, sin percibir que fue Max Müller quien originalmente sugirió la expresión “ario” para designar a lo que era primitivamente el sánscrito en la India utilizado por un pueblo cuyos habitantes se conocían con el nombre de aryos. Müller señala que “En mí opinión un etnólogo que hable de raza aria, sangre aria, ojos arios se hace tan culpable de un pecado tan grande como el que cometería un lingüista que hablara de un diccionario dolicocéfalo o de una gramática braquicéfala”. Este término “ario” para designar esa lengua fue el que sustituyó a las llamadas indo-europeas que más adelante se denominaron indo-germánicas resultado del entronque del sánscrito con el griego, el latín, el celta, el alemán, el inglés y las lenguas eslavas.

 

Otras veces se pretende basar el análisis racial en la sangre. Así se habla de la “comunidad de sangre”. Pero, como es sabido, la sangre está formada por glóbulos que se encuentran en un líquido llamado “plasma”. Estos glóbulos son blancos (leucocitos) y rojos (hematíes) y el plasma es un suero que se compone de agua salada y sustancias albuminosas disueltas. La combinación de una sustancia que contiene los glóbulos rojos (aglutinógeno) con otra que contiene el suero (aglutinina) da como resultado cuatro grupos sanguíneos. Estos cuatro grupos sanguíneos se encuentran distribuidos entre las más diversas personas.

 

Se ha sostenido que la raza puede definirse por el color de la piel. Pero como esto es básicamente el resultado de un proceso evolutivo en gran medida ligado a factores climáticos, descendientes de un blanco que estén ubicados durante un período suficientemente prolongado en un lugar propicio tendrán una dosis distinta de melanina en la epidermis y, por ende, se convertirán en negros. Blanco, negro y amarillo son el resultado de la pigmentación de la piel.

 

También se ha confundido raza con religión, especialmente en el caso de los judíos. Como se ha dicho, es tan difícil la definición de la raza semita que en los campos de concentración nazis se tatuaba y rapaba a las víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por eso es que Hitler finalmente repetía que “la raza es una cuestión mental”. He aquí la clave del asunto: el polilogismo racista, calcado del polilogismo clasista de Marx.

 

El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principio: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que aparezca una tendencia a la historia común.

 

Ya antes hemos puesto de manifiesto la barrabasada de la llamada “protección a la industria incipiente”. En primer lugar, no es protección sino desprotección de los consumidores puesto que los aranceles significan mayor erogación por unidad de producto por lo que los productos se reducen, con lo que también lo hace el nivel de vida.

 

En todo caso se trata de proteger a pseudoempresarios que viven a expensas de la gente en alianza con el poder político al efecto de contar con un mercado cautivo. Si el proyecto en cuestión arroja pérdidas durante los primeros períodos y se conjetura que las ganancias futuras más que compensará aquellos quebrantos, si esto es así (si las pérdidas se mantuvieran no vale la pena seguir conversando sobre el asunto), entonces es el empresario quien debe financiar las diferencias iniciales y no pretender endosar el costo sobre los consumidores a través del arancel. Si el  empresario no contara con los recursos suficientes deberá conseguirlos en el mercado local o internacional y si nadie aceptara la propuesta quiere decir que el proyecto está mal evaluado, o estando bien evaluado hay otro proyectos que se estima tienen prioridad y como todo no puede hacerse al mismo tiempo el emprendimiento deberá dejarse de lado.

 

Hoy en día desafortunadamente ha resurgido el nacionalismo, en Europa a través del caudal electoral esa línea de pensamiento ha exhibido resultados llamativos: nada menos que en Alemania acaba de ganar 88 escaños en el Parlamento el Partido Alternativa para Alemania, en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra la versión derechista del Brexit, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor y, en Estados Unidos, ahora aparece Donald Trump con su “proteccionismo”. Todas aquellas propuestas trogloditas apuntan a implantar una especie de cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración de la anticultura. Para no decir nada de los peronismos en Argentina y los también populistas de Venezuela, Nicaragua, Bolivia y los sistemas ya abiertamente criminales de Cuba y Corea del Norte.

 

Este es el origen de las mayores trifulcas, el nacionalismo, porque como escribió Frédéric Bastiat “si las mercancías no cruzan las fronteras, las cruzarán los ejércitos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Justicia y política

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/11/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/justicia-y-politica/

 

Los acontecimientos del día de ayer no resultaron imprevistos desde el punto de vista judicial, aunque abren sin duda incógnitas en el plano político.

La juez Carmen Lamela fue consciente de la necesidad de justificar una medida “tan gravemente restrictiva de un derecho fundamental como lo es la privación de libertad”.

Encuentra que los hechos “revisten los caracteres de delitos de cierta gravedad”, al tratarse de rebelión, sedición y malversación, y que cada una las personas que comparecían resultaba “criminalmente responsable” de los mismos. El Gobierno catalán de entonces pretendía declarar la independencia tras el referéndum, e incurrió en una serie de actos, “desobedeciendo sucesiva, sistemática y frontalmente” las decisiones del Tribunal Constitucional.

Además del empleo profuso de fondos públicos para el logro de objetivos ilegales, la juez subraya los hechos de violencia contra la policía y la justicia en Barcelona, descartando el argumento de la defensa, según la cual “sus representados no están de acuerdo con la violencia”.

Como es evidente, la actuación judicial es provisional,  “sin que constituya un prejuzgar sobre el fondo del asunto lo cual está reservado para el momento procesal posterior oportuno”. Ahora bien, está claro que los itinerarios recientes de las antiguas autoridades autonómicas no han pasado desapercibidas por la señora Lamela Díaz: “Tampoco puede olvidarse el poder adquisitivo de los querellados que les permite abandonar fácilmente el territorio español y subsistir en el extranjero. En este punto, basta recordar el hecho de que algunos querellados ya se han desplazado a otros países eludiendo las responsabilidades penales en las que pueden haber incurrido”. Y no extraña que el fiscal pidiera ayer la detención de Puigdemont y los exconsellers que están en Bruselas.

La dimensión política del asunto es bastante más confusa, considerando que el Gobierno no sólo ha convocado elecciones en Cataluña el mes próximo, no sólo permite que continúe el funcionamiento de los medios públicos catalanes, que han sido cualquier cosa menos neutrales, sino que ha declarado explícitamente que daría la bienvenida al señor Puigdemont para que se presentase a los comicios.

La duda evidente que se plantea es qué sucederá en esas elecciones, y no solo porque varias de las antiguas autoridades pueden estar o continuar en la cárcel, y el ex president puede estar allí también, o en busca y captura. La duda política es qué pasaría si en esas elecciones se presentan los mismos de antes, con el mismo programa de antes y con los mismos propósitos de cometer los mismos delitos que han llevado al señor Junqueras y sus compañeros a prisión. Y si, además de presentarse, ganan.

Mientras muchos debatían ayer si la decisión de la jueza convenía o no políticamente al Gobierno, otros señalaban la discrepancia entre altos dirigentes del PP sobre si el artículo 155 se levanta o no después de las elecciones.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

En tiempos de discusión de reformas, Juan Bautista Alberdi sobre ley fiscal, impuestos y la prosperidad futura

Por Martín Krause. Publicado el 5/11/17 en: http://bazar.ufm.edu/tiempos-discusion-reformas-juan-bautista-alberdi-ley-fiscal-impuestos-la-prosperidad-futura/

 

En su libro “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853”, Juan Bautista Alberdi analiza el texto entonces recién aprobado y su contenido económico, al que considera un plan para la prosperidad futura. En la Tercera Parte, Capítulo IV, se refiere a los impuestos. Algunos párrafos:

“Es verdad que la tendencia natural de la renta pública. es a ser grande y copiosa; pero en la doctrina económica de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, que es parte accesoria del sistema económico del país, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas.”

“La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos.

El estadista debe tener presente que esos derechos, manantiales originarios de toda riqueza, pueden ser atacados, por la ley orgánica de un recurso fiscal, y derogada de ese modo la Constitución que los consagra precisamente en el interés de la riqueza y del bienestar común. En efecto, los recursos contrarios a las garantías económicas que la Constitución establece en favor de todos los habitantes, son justamente contrarios al aumento del Tesoro nacional; es decir, que son opuestos a la Constitución por dos respectos, como hostiles al país en su riqueza, y como hostiles al gobierno en su Tesoro parásito del tesoro de los individuos.”

Adelanta, en relación a la recaudación aduanera (que entonces era la más importante), lo que ahora llamaríamos “Curva de Laffer”:
“Síguese de aquí que el medio más lógico y seguro de aumentar el producto de la contribución de aduana es rebajar el valor de la contribución, disminuir el impuesto en cuanto sea posible. En ningún punto la teoría económica ha recibido una confirmación más victoriosa de la experiencia de todos los países, que en la regla que prefiere muchos pocos a pocos muchos.”

Y luego:

“Si el impuesto bajo es tan fecundo en resultados con referencia a las aduanas, su total supresión por un término perentorio podría servir. de un estimulante tan enérgico, que en cortos años colocase a la Confederación a la par de Montevideo y de Buenos Aires, en el valor de su comercio directo con la Europa. La aduana es como el cabello en ciertas circunstancias: es preciso cortarla enteramente para que venga más abundante. – Los grandes hoteles suelen ofrecer gratis un banquete de inauguración al público, que más tarde indemniza a las mil maravillas el adelanto recibido bajo el color de una largueza. En el banquete de la riqueza de las naciones jóvenes, los millones por impuestos no percibidos, que aparecen arrojados a la calle, son adelantos para la adquisición de rentas futuras.”

“A falta de recursos extraordinarios para llenar el déficit, el primero de los medios puede suplirse con una rebaja de derechos tan franca y audaz, que casi se acerque de la total extinción de las aduanas.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Paradoja del Estado que no ha estado

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 31/10/17 en: http://www.expansion.com/opinion/2017/10/31/59f7920d22601d7a248b45aa.html

 

Se nos dice que, en Cataluña, hasta la semana pasada, el Estado no ha estado. En eso están de acuerdo todos menos los nacionalistas, que protestan por lo contrario.

¿Cómo se puede decir seriamente que el Estado no ha existido en Cataluña? ¿Es que acaso los catalanes han dejado de pagar impuestos? ¿Es que la creciente intrusión de la política y la legislación estatales en la vida y los bienes de los ciudadanos de España, que hemos padecido en las últimas décadas, milagrosamente no ha afectado a siete millones y medio de afortunados?

Es obvio que esto no ha sido así. Y resulta asombroso que se haya podido lamentar “la inexistencia del Estado en Cataluña” o “la precariedad del Estado mismo”. Un destacado analista llegó a este rarísimo diagnóstico: “el Estado carece de medios para imponer el respeto a su ordenamiento jurídico en Cataluña”. ¿Cómo va carecer de medios quien recauda todos los años un tercio del PIB?

La queja de los nacionalistas es análogamente paradójica, porque su capacidad de actuar como el Estado que de hecho son en Cataluña ha sido gigantesca, y la han aplicado sin rubor desde hace mucho tiempo. ¿Cómo pueden clamar por su impotencia frente al Estado cuando el Estado mismo les ha cedido no solo una apreciable cantidad de dinero sino el control de los principales instrumentos de intoxicación y sometimiento que tiene el poder en todo el mundo? ¿Alguien se cree que los nacionalistas habrían podido acumular el respaldo político del que gozan si no hubiesen podido disponer durante tantos años de la educación y la televisión pública, y de cuantiosas sumas de dinero para subvencionar a sus propagandistas, acólitos y catecúmenos?

Por lo tanto, ni el Estado ni los independentistas han carecido de medios, al contrario: ambos los tenían, aunque fueron los independentistas quienes los utilizaron para promover su proyecto hasta el momento de la proclamación de la independencia. Allí, y solo en esa intersección, ambos han chocado gravemente, pero no antes.

Esto nos sigue rodeando de paradojas e interrogantes. Ningún nacionalista deja de aspirar a crear una nación, y todos pretenden que su nación se convierta en un Estado. Nadie puede pretender que no lo hagan, igual que nadie puede mirar a un renacuajo y asegurar que jamás se convertirá en un sapo. Dirá usted: la diferencia estriba en que en España el Estado alimentó alegremente al renacuajo, como si confiara en que jamás iba a dejar de serlo. Es verdad, y la pregunta es: ¿por qué hizo algo tan absurdo?

Mi conjetura es que el Estado español de la transición democrática difícilmente habría podido crecer sin su conversión de centralista en autónomo. Las autonomías legitimaron y promovieron la espectacular expansión del gasto público que, de suponer sólo el 20% del PIB a la muerte del dictador, llegó al 50% apenas dos décadas más tarde. El Estado de bienestar y su vasto proceso redistribuidor fue su principal impulsor, sin duda, pero las autonomías ocupan un digno (es un decir) segundo lugar.

Era imposible para el propio Estado ejecutar esta descentralización y vetar a las fuerzas centrífugas que albergaba en su seno. Digamos, no podía permitir que tuviera el control de la educación la autonomía de Madrid y no la del País Vasco; y tampoco podía permitir que tuviera una televisión autonómica Andalucía, pero no Cataluña. Dada la existencia de nacionalismos en ambas comunidades, como también en otras, no cabía suponer que esas fuerzas no iban a utilizar dichos recursos para promover agendas independentistas con mayor o menor intensidad, según la oportunidad y las circunstancias.

Combinando esto con la legislación electoral que primó políticamente a los nacionalistas catalanes, entregándoles la llave de gobiernos del PSOE y el PP, se entienden las múltiples concesiones que obtuvieron, y que naturalmente utilizaron para aprovisionarse y seguir creciendo. Y a partir de ahora ¿qué? Como es natural, nadie lo sabe, pero no creo que necesariamente sea cierto eso de que “puede pasar cualquier cosa”. Por raro que parezca, entreveo que lo que puede pasar seguirá respetando la lógica política, incluyendo los episodios que me resultan más admirables, que son aquellos en donde los políticos están de acuerdo en incrementar la coacción, lo hacen, y lo plasman en acontecimientos que, para colmo, son ampliamente celebrados, como los Pactos de la Moncloa, que llevaron la presión fiscal al máximo de la historia de España. No descartemos ningún acuerdo, ni siquiera hoy, donde todo parece llevarnos a la catástrofe, y no olvidemos nunca que la política se especializa en salvarnos de catástrofes a donde ella misma nos ha conducido.

Como tantas otras paradojas, la paradoja del Estado que no ha estado se resuelve prestando atención, y observando que, al revés de lo que todo el mundo dice, el Estado sí ha estado. Más aún, los problemas que tenemos se derivan precisamente de eso.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Hardin y la tragedia de los comunes que es la tragedia de la ausencia de derechos de propiedad, individual o grupal

Por Martín Krause. Publicado el 25/10/17 en: http://bazar.ufm.edu/hardin-la-tragedia-los-comunes-la-tragedia-la-ausencia-derechos-propiedad-individual-grupal/

 

Con los alumnos de Law & Economics estuvimos viendo el papel que cumple el derecho de propiedad y ahora vemos los problemas que genera su ausencia. Para ello, leemos lo que ya es un clásico “La tragedia de los comunes”, de Garrett Hardin.

Curiosamente, el artículo plantea el problema a través de un tema en el cual creo que erra: el crecimiento poblacional. Sin embargo, presenta allí el famoso ejemplo de los pastores que llevan sus ovejas a pastar a un valle común que es perfecto.

Sobre el primer tema Hardin parece recitar a Malthus:

“La población, como lo dijo Malthus, tiende de manera natural a crecer “geométricamente”, o como decimos hoy, exponencialmente. En un mundo finito esto significa que la repartición per cápita de los bienes del mundo debe disminuir. ¿Es acaso el nuestro un mundo finito?”

“Se puede defender con justeza la idea de que el mundo es infinito; o de que no sabemos si lo sea. Pero en términos de los problemas prácticos que hemos de enfrentar en las próximas generaciones con la tecnología previsible, es claro que aumentaremos grandemente la miseria humana si en el futuro inmediato, no asumimos que el mundo disponible para la población humana terrestre es finito. El “espacio” no es una salida.”

“Un mundo finito puede sostener solamente a una población finita; por lo tanto, el crecimiento poblacional debe eventualmente igualar a cero.”

Presenta a este problema como una “tragedia de la propiedad común”, en el sentido que todos somos “dueños” del planeta pero eso hace que ninguno se preocupe por el carácter finito de los recursos cuando decide traer a un nuevo ser humano al mundo, contribuyendo con su finitud. En todo caso, el análisis debería llevarnos a poner la mira en la falta de derechos de propiedad sobre muchos recursos naturales, no en el exceso de población que podamos generar al tomar decisiones sobre la composición de nuestras familias.

Pero en el medio de todo eso, el otro caso es muy bueno

El ejemplo de los pastores que llevan sus rebaños a un valle, aumentado su número sin pensar que el valle se depreda es lo mejor del texto, y aplicable a muchos contextos donde no hay derechos de propiedad definidos. También lo es su mención de que el problema se resuelve asignando derechos de propiedad privada a los pastores. Elinor Ostrom luego sugeriría que también funcionaría una propiedad grupal de todos los pastores sobre el valle.

En fin, aquí se abre la puerta al análisis de incontables recursos que enfrentan esta “tragedia”, desde las ballenas hasta la atmósfera, y la posibilidad de desarrollar derechos de propiedad en cada uno de ellos. Pero la finitud de los recursos no es un buen caso, y tendrá el mismo destino que el pesimismo de Malthus. Es más, esa misma iniciativa emprendedora e innovación que extiende la finitud de los recursos también es la que busca desarrollar derechos de propiedad en aquellos recursos que aún no los tienen, y así proteger los recursos que son escasos y multiplicarlos.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.