La gran estafa del impuesto a la herencia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/1/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-gran-estafa-del-impuesto-a-la-herencia-nid08012022/

¿Quién será el que invierta en un negocio si el resultado no se puede trasmitir total o parcialmente a descendientes? Así se tenderá a vivir al día, sin ahorros

Como es sabido, el Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels en 1848 constituye el documento central de la religión totalitaria de nuestra época. Allí se detallan diez puntos para sabotear y exterminar al sistema capitalista. En su punto tercero se aconseja eliminar la herencia en el contexto de lo que reza ese manifiesto en cuanto a que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada.”

Se ha sostenido que el establecimiento del impuesto a la herencia tiende a igualar a todos en la largada de la carrera por la vida, atenuando las ventajas de nacimiento; y, en el extremo marxista, se nivelaría en un sentido absoluto en aquella metáfora deportista. Se sigue diciendo que esto es justo porque permite que cada uno desarrolle sus potencialidades sin el apoyo del esfuerzo de sus ancestros.

Anthony de Jasay –el célebre profesor de Oxford y probablemente el autor más prolífico y creativo en la tradición de pensamiento liberal– muestra que resulta autodestructivo el ejemplo de la carrera por la vida. Esto es así debido a que el que llega primero en esa contienda verá destruido su esfuerzo, ya que nivelarán a sus descendientes nuevamente en la próxima carrera, puesto que ellos no recibirán nada del esfuerzo de su progenitor debido precisamente a la guillotina horizontal que implica el impuesto a la herencia, sea expropiatorio en su totalidad o de modo parcial, en cuyo caso el resultado abarcará la totalidad o el efecto negativo será sobre una parte.

Es del todo irrelevante para el bienestar de la gente quién es concretamente el que generó una fortuna: si el padre, el abuelo o el mismo titular del momento; el asunto estriba en los resultados y la respectiva gestión administrativa. Si el heredero administra mal, es decir, si en un mercado abierto no da en la tecla con las preferencias de sus semejantes, incurrirá en quebrantos, lo cual significa que transferirá sus recursos a otras manos más competentes. El impuesto a la herencia bloquea, deteriora y desdibuja el antedicho proceso, lo cual se traduce en despilfarro que consume capital y, por ende, contrae salarios e ingresos en términos reales. En este contexto, ¿quién será el que invierta en un negocio si el resultado no se puede trasmitir total o parcialmente a descendientes? Así se tenderá a vivir al día sin ahorros. En otras palabras, el impuesto a la herencia perjudica a toda la economía, pero muy especialmente a los más vulnerables, puesto que las menores tasas de capitalización siempre afectan con más fuerza a los más pobres.

Los estatistas siempre están al acecho para incluir medidas del tipo mencionado, lo cual desafortunadamente en nuestros tiempos incluye a la cabeza de la Iglesia Católica con sus alientos al redistribucionismo del fruto del trabajo ajeno y a los embates de los aparatos estatales. De allí que cuando le preguntaron al actual papa si es comunista, respondió: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos” (Roma, La Reppublica, noviembre 11, 2016); y también sus reiteradas declaraciones y documentos varios que la emprenden contra el capitalismo y los mercados libres, al tiempo que alaba a tercermundistas y equivalentes, todo lo cual intensifica la pobreza en grado sumo.

La influencia central en Marx provino de Hegel, quien en su Filosofía del derecho (asunto que alude también en La filosofía de la historia) resume su posición cuando escribe: “El Estado es la realidad de la idea ética; es el espíritu ético […] El Estado es la voluntad divina como espíritu presente.” Esta obra ha sido posteriormente prologada por Marx, donde subraya: “La religión es el sollozo de la criatura oprimida […] Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo es la condición para su felicidad real”. Este andamiaje conceptual ha sido tomado en cuenta por sus seguidores al efecto de demoler desde adentro religiones oficiales, faena realizada principal, pero no exclusivamente por Antonio Gramsci para incorporar adherentes al marxismo.

Un destacado precursor del marxismo fue Robespierre, que en la contrarrevolución francesa expresó en su conocida diatriba del 2 de diciembre de 1793: “Todo lo indispensable para la preservación es propiedad común”.

Es triste que desde el púlpito se aliente lo dicho, puesto que otra influencia decisiva en el pensamiento de Marx fue el determinismo físico en Demócrito, sobre el que trabajó su tesis doctoral. Tal como han explicado, entre muchos, autores como el filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en neurofisiología John Eccles, esa postura niega la existencia de la psique fuera de los nexos causales inherentes a la materia, lo cual imposibilita el libre albedrío, la revisión de nuestros juicios, proposiciones verdaderas y falsas, ideas autogeneradas, la responsabilidad individual, la moral y la propia libertad. Esta postura marxista se pone de relieve especialmente en la obra en coautoría con Engels titulada La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica (no es una errata, es así el título), en el que aluden a estudios realizados por Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert, donde mezcla ese tema con ofensas contra el judaísmo –que desarrolla en La cuestión judía–, a pesar de descender de una familia rabínica, aunque su padre cambió de religión al efecto de contar con mayor número de clientes en su bufete de abogado en el contexto del régimen prusiano.

Un buen número de intelectuales se dejaron seducir por el marxismo que recién abandonaron una vez que comprobaron de primera mano los desastres irreversibles que produce. Hoy se suele renegar de la etiqueta marxista, pero se adopta buena parte de sus recetas, lo cual está presente en aulas universitarias, en círculos sindicales, en no pocos medios periodísticos, en ámbitos empresarios, en organismos internacionales financiados por gobiernos y en un número nada despreciable de los libros publicados. Incluso los hay quienes se proclaman abiertamente antimarxistas pero degluten sus principios.

Ha habido y hay fervientes revisionistas que objetan distintos aspectos del marxismo, pero vuelven una y otra vez a sus ejes centrales, como es el caso del impuesto a la herencia. Aparecen marxistas edulcorados que rechazan enfáticamente la violencia, sin percatarse de que está en la naturaleza de todo régimen totalitario el uso sistemático de la fuerza al efecto de torcer voluntades que pretenden operar en direcciones distintas a las impuestas por los mandones de turno.

Hasta se conjetura que el propio Marx se percató de su error, en cuanto a que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1871, que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por eso es que después de publicado el primer tomo de El capital en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra, tal como nos informa Engels en la introducción al segundo volumen veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el inicio de aquella obra, se abstuvo de publicar, salvo dos textos secundarios: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de París.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Las vidas desperdiciadas en la isla-cárcel cubana

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/11/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/las-vidas-desperdiciadas-en-la-isla-carcel-cubana-nid23112021/

Camiones militares patrullan a lo largo del malecón en La Habana, Cuba, el lunes 15 de noviembre de 2021. El gobierno prohibió una marcha de oposición en la jornada. (Foto AP/ Ramón Espinosa)
Camiones militares patrullan a lo largo del malecón en La Habana, Cuba, el lunes 15 de noviembre de 2021. El gobierno prohibió una marcha de oposición en la jornada. (Foto AP/ Ramón Espinosa)

Imaginemos las personas nacidas en 1959, cuando comenzó la infame aventura castrista, ahora con 62 años y siempre acosadas por la prepotencia, la miseria y el espanto de una tiranía que desgasta y consume vidas que en la práctica se tornan vegetativas. Para no decir nada de los padecimientos de los paridos antes y después del episodio de la Sierra Maestra. Seres humanos que sufren los embates del marxismo inmisericorde, rodeado por la abulia del poder.

A través del derecho a la resistencia a la opresión, operó un justificado y aplaudido contragolpe a las barrabasadas de Fulgencio Batista, quien había proporcionado reiterados golpes a todo vestigio republicano, pero el remedio resultó infinitamente peor que la enfermedad. A pesar de las tropelías de Batista, como arrastre de períodos anteriores, Cuba era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación con la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che Guevara –mi primo, pues su abuela materna, Ana Lynch, era hermana de mi abuela paterna– se desempeñara como ministro de Industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes de que el Che fuera presidente de la banca central. Un asesino serial que masacró a opositores y escribió: “El verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”.

Ríos de tinta se han dedicado a denunciar las atrocidades en la isla-cárcel cubana, pero es del caso destacar muy especialmente los muy valiosos textos de Carlos Alberto Montaner, Huber Matos, Hilda Molina y Armando Valladares, que con gran claridad y precisión han documentado una y otra vez lo que viene ocurriendo en ese lugar que se ha convertido en la imagen de un largo episodio tenebroso.

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aún quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera destinada a los capitostes del régimen y amigos para impresionar a tilingos.

En Cuba se trocó un déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra”, donde aparecen las declaraciones de Fidel Castro, que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

Fidel Castro, luego su hermano y ahora el amanuense del sistema criminal no solo son responsables por la ruina económico-social de Cuba, sino que torturaron y torturan sistemáticamente a opositores. Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo”, que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno, y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publicó que Fidel Castro figuraba entre los hombres más ricos del planeta.

Bernard-Henri Lévy, en su obra Barbarism with a Human Face, concluye, con conocimiento de causa, puesto que fue marxista en su juventud: “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Es que la genealogía del totalitarismo repite sus esquemas macabros. En El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión, compilado por Séphane Courtois, se consignan los asesinatos de cien millones de personas des 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Eudocio Ravines, un comunista peruano Premio Mao y Premio Lenin, con misiones varias encargadas desde el Kremlin –especialmente infiltrar la Iglesia Católica española y chilena–, en su primera etapa de desencanto con ese sistema pensaba que el problema radicaba en tal o cual administrador y recién más adelante se percató de que el problema consiste en el comunismo y no en sus circunstanciales jefes. A partir de entonces escribía semanalmente en diarios latinoamericanos y publicó numerosos libros, entre los cuales cabe destacar La gran estafa, que cuenta diez ediciones. El título revela a las claras el contenido de ese sistema que Ravines denomina “la fosa común”, que es “la consecuencia inexorable de sistemas y métodos, de dogmas inhumanos, de condiciones económicas, políticas y sociales que los dirigentes no pueden modificar ni suavizar, ya que ello implicaría su caída”. El libro está dedicado a “todos los que sufrieron el drama de la gran estafa”. En esa obra, el autor relata el suicidio de uno de sus colegas debido a que no resistió tanta hipocresía de los jerarcas de su partido luego de haber entregado su vida a esa causa. Ravines consigna que lloró amargamente frente a ese cadáver no solo por su querido amigo, sino: “Lloré por mí, por mi vida, por mi juventud estéril y quemada en vano, entregada para que se alzaran sobre mi sacrificio un infame grupo de piratas”.

No fueron pocos los que se dejaron seducir por los socialismos de diversa denominación sin advertir el resumen de Marx y Engels en el Manifiesto comunista en cuanto a que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. En torno a esta institución fundamental gira todo el problema, de allí es que resulta tan esencial estarse prevenido con los embates del llamado distribucionismo vía la guillotina horizontal, los controles de precios, la inflación monetaria, las cargas tributarias, las deudas públicas y las regulaciones asfixiantes a las actividades lícitas. Todo esto va minando la asignación de derechos de propiedad en desmedro de todos, pero muy especialmente de los más vulnerables.

Ahora observamos con gran esperanza las marchas y la lucha valiente de cubanos en medio de represiones violentas de la banda de tiranos instalados en el gobierno y a pesar de la repugnante cobardía de quienes les dan la espalda en estos cruciales momentos. Es pertinente repasar las conmovedoras estrofas de “Patria y vida” para constatar el espíritu noble de estos héroes.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Otra vez un impuesto sobre la capacidad ociosa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 1/11/21 en: https://eleconomista.com.ar/debates/otra-vez-impuesto-sobre-capacidad-ociosa-n47415

Constituye un arrebato peligroso el impuesto sobre la llamada capacidad ociosa: las consecuencias deteriorarán aún más el mercado inmobiliario en nuestro medio, ya deprimido

Otra vez un impuesto sobre la capacidad ociosa

Es inaudita la manía por lo monótono que existe en nuestro país. Ahora resulta que en lugar de alivianar la pesada carga tributaria se propone el establecimiento de un nuevo gravamen sobre inmuebles considerados ociosos. En realidad está mal analizada la denominada ociosidad de activos que pertenecen a alguien puesto que dadas las circunstancias el titular le está dando el destino que estima más provechoso, lo mismo que cuando no usamos simultáneamente toda nuestra ropa o todos los metros cuadrados de nuestra vivienda y así sucesivamente.

Por otra parte, si nos tomamos en trabajo de prestar algo de atención al planeta Tierra observaremos que hay enormes extensiones de recursos marítimos, forestales y mineros que no se explotan. Esto es así porque los recursos son limitados y solo hay dos formas de decidir su destino: coactivamente a través de los aparatos estatales o libremente en el contexto del proceso de mercado. Lo primero inexorablemente va a contramano de lo que prefiere la gente y, por ende, hay derroche de capital que a su turno remite a menores salarios e ingresos en términos reales. El segundo procedimiento aprovecha los factores de producción en concordancia con los precios lo que a su vez permite ingresos y salarios mayores puesto que la única razón de su aumento son las tasas de capitalización.

La antedicha manía ahora concretada en el nuevo impuesto atenta contra la propiedad privada y por tanto desdibuja las únicas señales con que cuenta el mercado para operar y en el extremo obstaculiza toda posibilidad de evaluación de proyectos, de contabilidad y de cálculo económicos en general. Esto último es la ambición marxista: la abolición de esa institución según se declaran Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista”: “Pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Pero como queda dicho, no es necesario abolir la propiedad para que comiencen a surgir los problemas que dejamos apuntados. Es una cuestión de grado.

Los fundamentos del derecho de propiedad se han ido solidificando a través del tiempo con innumerables contribuciones, básicamente con los trabajos notables de John Locke, Robert Nozick e Israel Kirzner (en ese orden). Paso ahora a resumir muy telegráficamente esta triada sobre esa institución clave. En ausencia de propiedad privada, por ejemplo, nadie sembrará para que otros cosechen, lo cual en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”.

En “The Second Treatise on Government”, Locke fundamenta el origen de la propiedad del siguiente modo: “Cada hombre tiene la propiedad de su propia persona, a esto nadie tiene derecho más que él mismo. El trabajo de su cuerpo y el trabajo de sus manos podemos decir que son propiamente suyos. Entonces, cualquier cosa que remueva el estado de naturaleza significa que ha mezclado su trabajo y lo ha juntado con algo que es suyo, y, por tanto, lo hace de su propiedad. Lo ha removido del estado común y le ha agregado trabajo lo cual excluye eso del derecho común de otros hombres”. 

Es decir, el derecho en la concepción lockeana parte de cada cual sobre sí mismo y se extiende a lo que obtiene lícitamente, el derecho a la vida supone el de mantenerlo sin lesionar derechos de terceros. Pero aparece una complicación cuando Locke agrega lo que se conoce como el lockean proviso y es que “este trabajo es incuestionablemente la propiedad del trabajador, ningún hombre sino él tiene el derecho sobre aquello que ha sido de este modo anexado, por lo menos allí donde hay suficiente que queda  para otros” (la cursiva es nuestra).

Y aquí es donde viene la crítica de Nozick que debe prestarse cuidadosa atención, formulada en su “Anarchy, State and Utopia” donde sostiene que este lockean proviso constituye un absurdo puesto que aquella limitación hace imposible el derecho de propiedad ya que al invertir la secuencia en regresión partiendo de la persona que “no dispone de lo suficiente” no se debería permitir que la persona anterior en la cadena pueda apropiarse de lo que le falta, por tanto, esa otra persona no podría ejercer su derecho. A su vez, la situación de esa otra persona “fue afectada” por una tercera al apropiarse de cierta propiedad por lo que ésta tercera persona tampoco tendría derecho a la propiedad y así sucesivamente hasta llegar al ocupante original. En base a esta secuencia argumental el propietario original es el causante de todo lo demás, lo cual conduce a que no podría existir el derecho de propiedad mientras hayan indigentes. Esta argumentación de Nozick limitó las formidables contribuciones de Locke.

Este análisis fue retomado por Israel Kirzner, en “Discovery, Capitalism an Distributive Justice” quien con una mirada distinta introduce un nuevo elemento que es el descubrimiento de un valor por parte del propietario original expresado por medio de signos por el que le resulte claro a terceros quien descubrió ese valor del cual se apropia sin que haya tenido propietarios anteriores. Se elimina así el problema del lockean proviso y las objeciones de Nozick, mostrando como el proceso de mercado optimiza la productividad, especialmente para los más necesitados. Los usos y costumbres harán que varíen los aludidos signos exteriores, los cuales deben ser renovados periódicamente al efecto de que resulte claro a quien pertenece esa propiedad.

Es del caso señalar que en la obra mencionada de Nozick también descarta la noción lockeana  de “mezclar el trabajo” puesto que sostiene que no resulta claro, por ejemplo, hasta donde se extiende la propiedad de un astronauta que decide limpiar una parcela en Marte: no es claro si es dueño de la parcela o de todo ese planeta. También escribe que no resulta claro que con la construcción de un cerco se es solo dueño de la tierra bajo el cerco hasta el centro de la Tierra (o hasta el otro lado) o si es dueño solo de la tierra cercada. Asimismo, se pregunta cual es la razón de que el mezclar trabajo lo hace propietario en lugar de perder ese esfuerzo, lo cual ilustra cuando se arroja una lata de jugo de tomate al mar y se pregunta si se adueña del océano al mezclarse con sus moléculas o si solo se trata de perder una lata de jugo de tomate. Por último, se cuestiona la razón de sostener que al agregar trabajo necesariamente incrementa el valor del bien, lo cual no sucede, por ejemplo, con un cuadro al que se le tira un frasco de pintura encima, lo cual más bien arruinará el cuadro en cuestión. Estas reflexiones de Nozick han contribuido a mostrar falencias de Locke y a ponderar las elaboraciones de Israel Kirzner en esta materia.

En  resumen, constituye un arrebato peligroso el impuesto sobre la llamada capacidad ociosa, no solo por el atentado a la propiedad privada sino por las consecuencias que deteriorarán aun más el mercado inmobiliario en nuestro medio ya deprimido y con graves desajustes debido a absurdas legislaciones de alquileres, todo lo cual perjudica el bienestar de la población.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h