Crisis de deuda: otra oportunidad perdida

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 13/6/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/06/13/crisis-de-deuda-otra-oportunidad-perdida/

 

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

Se suele decir que el primer mandamiento de la economía es reconocer que los recursos son escasos, y que el primer mandamiento de la política es ignorar el primer mandamiento de la economía. Mientras que en economía se parte de reconocer que no es posible hacer todo lo que queremos, el arte de la política consiste en prometer lo imposible. Argentina es caso paradigmático de esta falta de realismo económico. Ya sabemos en qué termina prometer lo imposible: inflación, crisis cambiarias, pobreza estructura, expropiaciones, y también en crisis de deuda. Todo lo que Argentina ha experimentado en los últimos 70 años.

Lamentablemente, pero sin que sea sorpresa, el Gobierno insiste en repetir los mismos errores que llevaron al país a la actual crisis de deuda. Nos presentaron al ministro Martín Guzmán como un experto en deuda que iba a enseñarle al mundo como negociar un canje. Sin embargo, tras una escasa aceptación a su oferta de canje el Gobierno ha caído nuevamente en default. Historia repetida: en sólo los últimos 20 años la Argentina ha defaulteado su deuda en tres ocasiones. Un triste récord que debería generar vergüenza en lugar de motivar la característica épica nacionalista en los políticos de turno. Sin embargo, en temas económicos Argentina es el mundo del revés.

Un default se da cuando un país tiene más deuda de la que puede pagar. Un país tiene una deuda que no puede pagar cuando tiene un déficit que no puede financiar. Y un déficit que no se puede financiar es fruto de un estado más grande del que se puede sostener. El problema de la deuda no se soluciona con un canje exitoso, sino reformando el Estado de modo tal que el mismo sea sostenible.

La solución al problema de la deuda no requiere de complejos planes económicos. El problema no es la dificultad de encontrar una elusiva fórmula económica que solucione los desequilibrios macro del país. El problema de la deuda se soluciona con voluntad política. Hay que reconocer que el tamaño del Estado es insostenible y llevar adelante reformas estructurales de fondo. La situación es similar a la del médico que prescribe dieta y ejercicio a un paciente que no tiene la voluntad de hacer los deberes. Tarde o temprano, a la economía como al paciente, la realidad les pasa factura. La responsabilidad es del paciente, no del médico.

Sin embargo, vemos que el Gobierno ignora el problema del sobredimensionamiento del Estado. En los hechos actúa como si los recursos no fuesen escasos. Pide a los acreedores la buena fe de aceptar la quita que sea necesaria, pero sin tocar el gasto público. Por el otro lado, la oposición no parece tener interés en mover una agenda de reformas estructurales que lleven a una solución de fondo. Ni la combinación de un nuevo default con la actual pandemia parece ser suficiente para despertar a la dirigencia política.

Argentina es como un Titanic que choca repetidamente con un iceberg. Luego de cada choque cambia de capitán, pero no de curso. Eventualmente vuelve a chocar con un iceberg. Cambian los gobiernos, partidos, e ideologías, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo. Lamentablemente, la actual crisis económica se perfila a ser otra de las tantas oportunidades perdidas. El Gobierno debe entender que evitar el default no es suficiente. Guste o no, es necesario revisar el tamaño del Estado.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

 

El mito de la deuda para financiar la fuga de capitales

Por Iván Carrino. Publicado el 20/6/20 en:  https://www.ivancarrino.com/el-mito-de-la-deuda-para-financiar-la-fuga-de-capitales/

 

Escribí dos notas al rspecto, también, que pueden encontrar aquí abajo:

1) Aclarando los tantos: la deuda no es para la fuga, es para el gasto público: http://www.losmercadosweb.com/aclarando-los-tantos-la-deuda-no-es-para-la-fuga-es-para-el-gasto-publico/

2) Basta de pavadas: Cristina, la fuga y el FMI: http://www.losmercadosweb.com/basta-de-pavadas-cristina-la-fuga-y-el-fmi/

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Hay inflaciones (globales) e hiperinflaciones (en Argentina)

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 4/6/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/06/04/hay-inflaciones-globales-e-hiperinflaciones-en-argentina/

 

La represión de los mercados -cuarentenas y demás- han provocado una muy fuerte recesión y, fiel a su filosofía según la cual solo los Estados pueden salvar a las sociedades -y no el mercado- proyectan enormes emisiones monetarias que tendrán distinto impacto según sean absorbidas por la demanda o no.

Mientras Trump propone unos estímulos de US$ 1 B más sobre los 3,5 B que aprobó el mes pasado el senado, el BCE acaba de anunciar un aumento de compras de € 600.000 M, hasta un total de 1,350 B hasta junio de 2021, lo que ayudó a la subida del euro hasta 1,13 US$. Con esta liquidez, claro, las acciones suben y la inflación que vendrá no será tan cruel dada la alta demanda global de dólares.

El Nasdaq 100 cerca de sus máximos históricos de 9.718,72 puntos, si bien luego bajó algo, acumulando una subida del 11% en lo que va de año. El Dow Jones ronda los 26.170 puntos y aun pierde 8%, mientras el S&P 500 sube y ronda los 3.100 unidades perdiendo 3,4%.

Por cierto, el 27 de abril escirbí (Mmm… ¿en qué andará Warren Buffett?) que era llamativo el silencio de Buffett, pero finalmente habló… y se equivocó, vendió sus acciones en las aerolíneas que suben fuerte dado que su recuperación está siendo más rápida de lo esperado. Un 74% aumentaron la demanda de vuelos de American Airlines (NASDAQ: AAL) cuya acción trepó 85% esta semana, en tanto que la de United Airlines (NASDAQ:UAL) subió casi 105%.

La tendencia es alcista y no será fácil darla vuelta, dicen los analistas y muestran el siguiente gráfico sobre lo que sucedió hacia el futuro cuando el Nasdaq ha subido durante 50 días como ahora:

Aun cuando los indicadores muestran una fuerte sobrecompra, como se ve el Price/Earning ratio está muy arriba contando las últimas dos décadas:

Por su parte, el MSCI de mercados emergentes está cerca del máximo de tres meses mientras que el MSCI World Index se recupera y lleva perdido solo un 7% en lo que va de 2020.

En fin, como bien señala el destacado economista español Daniel Lacalle los inversores pueden estar cayendo en un exceso de optimismo ya que gran parte de la recuperación del PBI viene por un aumento brutal del gasto público y del endeudamiento, que va a alcanzar máximos históricos de forma global, en 2020 y 2021. Y esto no es gratis.

Entretanto, en otro mundo está Argentina cuyo gobierno cree que su moneda es tan “virtuosa” como el dólar y que, por tanto, puede emitir lo que quiera sin que se desmadre la inflación.

En abril los ingresos crecieron en torno al 14% interanual mientras que los gastos por encima del 97%. Así, el déficit acumulado en el primer cuatrimestre equivale a 1,3% del PBI.

Y todo indica que la dinámica empeora: la asistencia del BCRA al Tesoro (en M) fue de $60.000 en Noviembre 2019, $290.000 en Diciembre, $107.000 en Enero 2020, $205.000 en Marzo, $310.000 en Abril y la friolera de $430.000 en Mayo.

La recaudación fue de $499.543 M en Mayo, cayendo 22% en términos reales. Así, durante los primeros cinco meses los recursos tributarios acumularon un monto de $ 2,3 B, o sea un derrape de 15% en términos reales, y sigue para abajo. Vamos a un déficit fiscal primario de entre 5 y 6 puntos del PBI, financiado 100% con emisión monetaria, dicen los analistas y, en mi opinión, son optimistas ya que la caída debido a la represión del mercado -la cuarentena- ha desplomado la actividad y no se ve recuperación al final del túnel ya que se prolonga y, para cuando acabe esta represión, la actividad será bajísima por empobrecimiento general.

El Estado ya se financia mitad con recaudación ($499.543) y mitad con emisión ($430.00). Al cierre de mayo, la base monetaria promedio presenta un crecimiento interanual del 16% mientras que el M2 creció casi el 32%, en términos reales, récord. Y va por mucho más.

Desde el comienzo del mes de mayo, las Reservas Internacionales cayeron US$ 1.119 M, de los cuales casi el 70% fue por ventas en el mercado de cambios. A raíz de esto, las Reservas Netas bajaron a menos de US$ 6.000 M.

 

Para detener esto, el gobierno tomó medidas represivas que van a provocar más inflación y un aumento del IPC. La última es la restricción al acceso de las empresas al MULC para el pago de importaciones y deudas previas. Las que cuenten con activos líquidos originados en la formación de activos externos deberán disponer primeramente de esos recursos para pagos al exterior.

Así, muchas empresas tendrán que comprar dólares en el CCL para importar, encareciendo los costos. Sobre un total de 22.500 empresas registradas para importar, unas 17.500 no podrán cumplir con las nuevas condiciones. Y quedarán al margen del mercado de cambios oficial.

 

A este ritmo de emisión acelerándose al infinito y con una demanda de moneda decreciente, dada la caída del PBI y otros factores, será difícil escaparle a la inflación.

Según las Normas Internacionales de Información Financiera, NIC 29 o IAS 29, “Información financiera en economías hiperinflacionarias”, se llama hiperinflación o alta inflación cuando supera el 100 % acumulado durante 3 años, con lo cual Argentina ya estaría en hiperinflación o alta inflación.

Yendo a una definición más usada, en 1955, Philip Cagan escribió “La dinámica monetaria de la hiperinflación”, considerado el primer estudio serio al respecto y la definió como una inflación mensual de al menos 50%, o sea, más de 1300% anual.

En 1989 en Argentina, la hiperinflación -que llevó el porcentaje de pobres al récord histórico de 47,3 % cuando hoy vamos camino de superar el 50%- provocó que el IPC aumentara 3079% anual con el dólar subiendo -mejor dicho, la moneda nacional bajando- el 2038%.

Los analistas estiman que hay un margen para girar $ 1,6 B al Tesoro en 2020, y creo que superarán ese límite. Esto, más el margen proyectado de adelantos transitorios, da un total de margen de financiamiento de $ 2 B, cerca de 7,3 % del PIB. De cumplirse, sería un récord histórico y representaría casi el 90% de la base monetaria en solo medio año, si consideramos la caída en la demanda -supongamos 30%- estaríamos en una inflación anual de por lo menos 240% lo que podría disparar la huida del peso hacia la hiper.

En fin, para darnos una idea del empobrecimiento general dada la inflación, hoy un metro cuadrado de una vivienda usada en la CABA se necesitan 5,82 salarios promedio, la más baja de la historia, una caída de 38,5% en el poder adquisitivo respecto al mismo mes del 2019, según la UADE, y eso que cae fuerte el precio en dólares dada la histórica sobreoferta, y va para peor. Y, por cierto, sigue barato el SP Merval que está en unos US$ 390 cuando la media histórica ronda los 500. Así las cosas, además del blue, están de moda los CEDEARS que permiten comprar acciones de Wall Street.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Los peligros que se ciernen sobre el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/30/los-peligros-que-se-ciernen-sobre-el-caso-argentino/

 

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

No soy muy afecto a escribir sobre la coyuntura pues pienso que resulta indispensable debatir temas de fondo al efecto de despegarse de lo cotidiano para no estar como perros que en círculos pretenden morderse el rabo y abrir horizontes para entre otras cosas modificar favorablemente la coyuntura del futuro. Son más bien escasos mis textos sobre coyunturas. Aunque mi inclinación sea la de evitar los detalles del momento y centrar la atención en remover obstáculos de fondo, en esta oportunidad me refiero a sucesos actuales debido a la gravedad de lo que ocurre pero siempre con un ojo en el mensaje de fondo con la intención de correr el eje del debate hacia posiciones más sólidas puesto que, como queda dicho, el desbalance entre lo meramente coyuntural y lo de fondo nos viene hundiendo en el fango a los argentinos desde hace demasiado tiempo.

Los peligros que vislumbro no son de la ya de por sí desgraciada pandemia sino de medidas que se vienen adoptando en dirección a lo que he catalogado antes como el virus del estatismo, más peligroso y de mayor alcance aun que el propio coronavirus.

Estimo que quienes deben opinar sobre la pandemia son los inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio y no caer en el cotorreo de quienes no tienen idea de medicina y mucho menos de epidemiología. En este sentido, cito a título de ejemplo a los especialistas Pablo Bonvehí de CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos con gran prudencia, ponderación y conocimiento de causa han dicho que debe aplicarse el federalismo también en esta materia, es decir, descentralizar las políticas sanitarias puesto que las situaciones son distintas en áreas rurales respecto de las urbanas y dentro de estas contemplar circunstancias muy diversas siempre con la idea de proteger de contagios. Todo no puede ponerse en la misma bolsa.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, la función primordial del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección de derechos y el contagio aun el involuntario constituye una lesión al derecho de terceros del mismo modo que lo es cuando se emite monóxido de carbono o se arroja ácido al jardín del vecino. El caso de las vacunas es otro puesto que cada uno en su propiedad exigirá la respectiva certificación si lo considera necesario. Como es del dominio público, en estos momentos no hay vacuna para protegerse del Covid-19 ni fármaco que cure esta enfermedad.

En la otra punta del espectro el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert luego de fustigar a los detractores del liberalismo y decir que proceden de una lectura más atenta de Robespierre que de Tocqueville, sugiere a esta altura dejar de lado la cuarentena para el caso francés. Por su lado el también doctor en medicina Anthony Fauci -asesor en temas de salud para el gobierno estadounidense- también sugiere la descentralización pero concluye que sin más eliminar el aislamiento provocará un incremento alarmante de muertes, a contracorriente de lo que imprudentemente viene proponiendo el actual morador de la Casa Blanca (que además aumentó sideralmente el gasto y la deuda y en noviembre competirá con otro candidato aun más estatista).

Sin duda que el asunto que tratamos debe ser aplicado con la debida precaución y equilibrio tomando en consideración la relación costo-beneficio. Si todos fenecemos no tiene sentido ocuparse de las cotizaciones de Wall Street y, por otro lado, la paralización de las actividades comerciales y equivalentes puede conducir a muertes por hambre. El equilibrio es sumamente delicado para evitar acumulación de cadáveres, pero como decimos, la palabra autorizada corresponde a los especialistas de peso con el cuidado para que los políticos no usen la pandemia de escudo para aventuras estatistas con tufillo orwelliano, y una vez finiquitado el aspecto crítico del mal eliminar de cuajo todas las restricciones pues siempre debe tenerse presente el dictum de Ronald Reagan: “Nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”.

Pero hay otos asuntos sumamente graves que nos conciernen a todos independientemente de nuestras profesiones y ocupaciones. Resumimos en nueve capítulos las acechanzas que percibimos. En primer lugar, se trata de los absurdos y a todas luces contraproducentes controles de precios. Como es sabido, los fracasos en esta materia vienen repitiéndose desde hace 4000 años. El precio es el único indicador en el mercado para operar; coordina las actividades económicas, pero cuando se imponen precios políticos se incrementa la demanda con lo cual aparecen faltantes que se agudizan debido a la contracción de los productores marginales. Cuanto más difícil la situación, mayor razón para permitir el funcionamiento de los arreglos libres y voluntarios entre las partes.

En segundo lugar, el problema se agudiza notablemente si se encaran embates contra comerciantes que son precisamente quienes pueden resolver los problemas a través de sus respectivas producciones en el contexto de un default que se viene arrastrando y que con razón preocupa a locales que ven peligrar sus canales de financiación debido a las conductas inaceptables de gobiernos que dejan de atender los compromisos contraídos bajo fachadas tragicómicas como “reperfilamiento”, “default selectivo, parcial o suave” y otros disparates similares dignos de una tira cómica.

Tercero, no parece concebible que en momentos de crisis como la que estamos padeciendo los gobernantes deciden aumentar la ya insoportable carga tributaria lo cual naturalmente acelera la retirada de capitales tan necesarios para hacer de apoyo logístico para mejorar la situación.

Cuarto, la manipulación estatal de la moneda es siempre un obstáculo serio al progreso, pero intensificarla en medio de la pandemia generará mayores succiones del fruto del trabajo ajeno, muy especialmente por parte de los más necesitados y no cabe guiarse por engañosos índices estadísticos del costo de la vida cuando los precios se toman en base a anteriores cotizaciones ya que al paralizar la producción merma la actividad.

Quinto, en medio de la pandemia se está engrosando exponencialmente el gasto público ya sumamente adiposo antes de la actual gestión debido al rotundo fracaso de las administraciones anteriores. Y como hemos consignado tantas veces con anterioridad, no se trata de podar el gasto puesto que igual que con la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco es del caso insistir en que el gasto debe ser eficiente ya que si una función resulta incompatible con el sistema republicano debe eliminarse. Convertir en eficiente algo que es innecesario es mucho peor que mantener la ineficiencia.

Sexto, alarman los proyectos de modificación del Poder Judicial junto con la pretensión de dejar sin efecto la querella por parte de la oficina correspondiente de los casos de corrupción y la propuesta de concentrar en la jefatura de gabinete el manejo presupuestario constituye una afrenta a la función primordial del Poder Legislativo.

Séptimo, la insistencia en la manía del igualitarismo hace que la consiguiente guillotina horizontal apunte a eliminar las diferencias de resultados entre las personas diferentes en sus talentos y capacidades que en una sociedad libre son consecuencia de servir a sus semejantes. De este modo el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos, en contaste con los pseudoempresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios y así explotar a su prójimo. Resulta aterrador escuchar algunos dirigentes empresarios formular declaraciones que no hacen más que acentuar el estatismo galopante que enfrentamos.

Octavo, como consecuencia de todo lo anterior se vulnera la institución de la propiedad privada que se agrava debido a las manifestaciones de funcionarios que apuntan a que el aparato estatal participe con acciones en las empresas privadas, lo cual agrava a la ya de por sí situación calamitosa de las mal llamadas empresas estatales, que son más bien entidades políticas ya que no solo no asumen riesgos con recursos propios sino que arrojan abultadas pérdidas.

Y noveno, en lugar de permitir que las entidades privadas de educación ajusten sus actividades no presenciales en un proceso abierto y competitivo de auditorias cruzadas, resulta que las autoridades imponen sus criterios políticos en cuanto a calificaciones, compaginación de trimestres y similares en el contexto de la distribución de cuadernillos obligatorios con un grosero adoctrinamiento para la enseñanza primaria.

Los argentinos estamos navegando en el estatismo desde hace ocho décadas, pero ahora la niebla se ha hecho más espesa y hay un riesgo de desembocar en una tragedia como la venezolana, puesto que a las mismas causas tienen lugar los mismos resultados. Espero equivocarme, pero si no se cambia la dirección los resultados negativos se profundizarán y vamos al despeñadero en medio de revueltas de diversa procedencia y espesor. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, especialmente ahora gracias a instituciones liberales que vienen trabajando en pos de una sociedad abierta en consonancia con los valores alberdianos que hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta.

Por último, vuelvo sobre el tema del partido liberal sin dejar de subrayar enfáticamente y antes que nada las nobles faenas realizadas en esa dirección y destacar las características de abnegación que en general tienen quienes se han dedicado a esas tareas. Reitero, sin embargo, que dado el atraso en la batalla cultural y la consecuente incomprensión de las ideas básicas de ese ideario, no es el momento de insistir en un partido de esas características. Machaco con el ejemplo de quien habla sueco frente a una audiencia de hispanoparlantes, para proceder en consecuencia es requisito fundamental que los receptores entiendan sueco, de lo contrario los mensajes quedarán sin destinatarios. Es indispensable arremangarse y trabajar en el terreno de las ideas con mayor ímpetu y dedicación.

En otros lares como en Estados Unidos la experiencia ha podido llevarse a cabo, por ejemplo, con el extraordinario Ron Paul debido a que, a pesar de los problemas que ahora atraviesan, el plafón de ideas era otro como consecuencia de profundos trabajos en la batalla cultural, lo cual no ocurre por el momento en nuestro país en grado suficiente.

No debe confundirse el plano académico con el político. En este último caso se trata de conciliar y de acordar según sea la comprensión de la opinión pública. Desde la tribuna el político no puede decir lo que le venga en gana, debe considerar lo que por lo menos una parte significativa de la gente pueda masticar y digerir de lo contrario tendrá sus días contados como político. Hace tiempo que venimos insistiendo en la imperiosa necesidad de trabajar en proyectos de fondo que contribuyan a mover las agendas. No es posible saltar etapas. Lo primero viene primero, de lo contrario ponemos las carretas delante de los caballos.

Afortunadamente se ha constituido una oposición numerosa en ambas cámaras del Congreso y está en proceso una renovación de dirigentes al efecto de evitar la concentración en personeros de primera fila del fallido gobierno anterior. Aquellos, en este corto período desde que asumió el actual gobierno han batallado para poner freno a abusos extremos. Quienes los han votado en su inmensa mayoría no fue para respaldar la gestión fracasada sino desesperadamente para salvaguardar principios elementales del republicanismo como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Sin duda que desde la perspectiva del liberalismo lo actuado en diversos planos es de un gran mérito y solvencia pero por ahora resulta muy incompleto y hay muchísimo más que hacer y es imprescindible percatarse de lo que ocurre y administrar con prudencia y cuidado lo que existe y no lo que nos gustaría a los liberales que tenga lugar. El fraccionamiento de la oposición solo servirá para fortalecer el populismo extremo. Es aconsejable que los liberales intenten alimentar esta nueva oposición basados en proyectos y críticas constructivas, con la necesaria conciencia de las severas limitaciones del caso que impone la realidad de nuestra historia y, como decimos, mirar con detenimiento el plano de la batalla cultural donde no debe haber contemplación de ninguna naturaleza.

Lamentablemente se invierten los roles: algunos las juegan de valentones en el plano político y retroceden y se aplastan cuando se esgrimen ideas de fondo como la eliminación de la banca central que siempre succiona el poder adquisitivo, el ministerio de educación que impone pautas curriculares en lugar de abrir la competencia en auditorias cruzadas en busca de la excelencia, las embajadas que estaban bien para la época de las carretas y no de las teleconferencias, la agencia oficial de noticias típica del fascismo, el instituto de estadísticas dependiente del aparato estatal y tantas otras propuestas que hemos expuesto en detalle en diversas ocasiones.

Si cada uno asume su responsabilidad en contribuir diariamente a que se comprendan los pilares del respeto recíproco, se acortará la distancia con otra posible circunstancia futura para poder concretar la consolidación de un partido liberal, pero ahora no es el momento. En ese sentido, recuerdo lo relatado por Ortega: en una oportunidad, un sacerdote celebraba misa y a cada cosa que decía el monaguillo repetía “Ave María Purísima”, pasado un tiempo razonable en que se reiteraba el coro del ayudante circunstancial el cura perdió la paciencia y le dijo: “Mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Analogías Peronistas

Por Carlos Newland: 

 

La política económica aplicada durante el primer gobierno de Perón ha sido caracterizada como la quintaesencia del populismo. ¿En que consistiría el populismo? En medidas económicas que buscan satisfacer las necesidades de las clientelas políticas, mediante una rápida distribución de fondos.  Esta acción no tomaría en cuenta el efecto de las medidas en el mediano o largo plazo, generando eventualmente una crisis económica donde los gobiernos debían modificar su comportamiento haciendo que las variables retornaran a niveles aceptables. El primer peronismo (y también el de 1973) siguen bien este proceso que fue descrito en los trabajos de Rugider Dornbush y Sebastian Edwards. El general Perón pensaba que la emisión monetaria creciente sólo tendría efectos menores sobre la inflación y que podía impulsar la actividad económica, un razonamiento inspirado en sus colaboradores cercanos, el empresario Miguel Miranda y el funcionario y Profesor Ramón Cereijo. El primero se desempeñaría como  Presidente del Banco Central y el segundo como  Ministro de Hacienda.  La emisión monetaria ocurrida después de 1946 sirvió para cubrir el déficit que generaban las acciones públicas que consistieron en un aumento desmesurado del crédito, la estatización de parte de los mercados de capitales, la cobertura del déficit generado por las empresas estatales y el aumento general del gasto público. Contrariamente a los esperado por Perón la inflación comenzó a crecer hasta volverse insoportable según los patrones de la época. Los aumentos de precios intentaron ser combatidos mediante controles y por un anclaje del tipo de cambio que hizo sobrevaluar dramáticamente la moneda local. Finalmente el General tuvo que cambiar su política hacia una orientación más ortodoxa, a  través del control del gasto, la devaluación, la reducción del déficit y una contención de la oferta monetaria. El resultado fue el esperado y en los dos últimos años del gobierno de Perón las variables volvieron a niveles más aceptables.

El modelo peronista has quedado instalado en el ADN mental de los argentinos. Pese a la gravedad del déficit fiscal y de la inflación los candidatos presidenciales de los últimos tiempos no han enfatizado el daño que causan estos desequilibrios  y han preferido interpretar con más optimismo la situación general,  lo que les habilitó a continuar con prácticas no restrictivas del gasto. La reacción de Alberto Fernández frente a la pandemia ha seguido el modelo tradicional peronista: un aumento desmesurado de las erogaciones  a través de subsidios de todo tipo financiados por una gigantesca emisión monetaria. En su diagnóstico no está presente la conciencia de que la inflación que se está generando borrará el efecto benéfico de todos los fondos distribuidos. Se ha priorizado de nuevo el corto sobre el largo plazo. Para Perón la conciencia de que la política populista debía enmendarse implicó enviar a Cereijo de nuevo a sus actividades universitarias. Como la historia es implacable tarde o temprano el ministro actual tendrá el mismo destino. Perón tuvo que poner a cargo al más ortodoxo  Alfredo Gómez Morales para reordenar el caos económico. ¿Quién será el Gómez Morales de Fernández?

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Crisis de deuda: volviendo a la realidad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 21/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/21/crisis-de-deuda-volviendo-a-la-realidad/

 

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

El ministro de Economía Martín Guzmán (REUTERS/Agustin Marcarian)

Una vez más Argentina se enfrenta a un potencial default de la deuda soberana. Joseph E. Stiglitz, Edmund S. Phelps y Carmen M. Reinhart hicieron un pedido público de “buena fe” a los acreedores internacionales. Su pedido fue acompañado por un grupo de reconocidos economistas a nivel internacional. El acto de buena fe consiste, por supuesto, en aceptar la oferta de Martín Guzmán. A diferencia de quienes piden “buena fe”, los tenedores de bonos no han perdido contacto con la realidad y son conscientes del tipo de deudor que tienen enfrente.

Es importante recordar que la crisis de deuda no se debe a la pandemia del Covid-19. El actual gobierno presentó al ministro Guzmán como un experto en deuda soberana con el objetivo principal de reestructurar la deuda Argentina. Modestia aparte, nos decían que Guzmán iba a dar una lección al mundo sobre cómo llevar adelante una reestructuración de deuda soberana. Es cierto que la actual pandemia ha complicado el escenario, lo que no es cierto es que la crisis de deuda se debe al coronavirus. Es importante ser realista con la situación de la economía del país para llegar a un buen acuerdo con los acreedores y dar una solución definitiva a los crónicos problemas de deuda que enfrenta el país.

Ser realista con la deuda argentina comienza por reconocer el origen de los bonos. La deuda argentina no algo que haya caído del cielo o fruto de la mala suerte. El origen de la deuda se encuentra en un Estado insostenible. Un Estado insostenible se traduce en abultados déficits. Los abultados déficits se traducen en inflación, problemas de deuda, y crisis cambiarias dependiendo cómo se decida financiar al Tesoro. Resumen de la macroeconomía del país desde el primer gobierno de Perón a la fecha. Es curioso que quienes piden “buena fe” a los acreedores no presten atención a los problemas del deudor.

Ser realista con la deuda argentina también es no olvidar las actitudes que históricamente Argentina ha tenido con sus acreedores. Según datos de This Time is Different (2011) de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, desde la Segunda Guerra Mundial a la fecha argentina ha pasado 36 años (cerca del 40% del tiempo) en default o restructurando deuda. En resumen, Argentina es un incumplidor serial de contratos. Debemos también tener memoria de los 12 años de kirchnerismo en el gobierno. Esta misma administración, a la que ahora debemos prestarle un acto de “buena fe”, ha falsificado datos de inflación y de pobreza, ha expropiado empresas sin Ley del Congreso, ha maltratado a los acreedores y al mismo Juez Griesa, y ha apropiado también de los fondos privados en las AFJPs. Más convincente sería ver los pedidos de “buena fe” transformarse en hechos concretos. ¿Cuántos de quienes firmaron la carta están dispuestos a vender sus fondos de retiro y pensión e invertirlos en deuda argentina?

Siendo realistas no sorprende el rechazo de la oferta de Guzmán, ni el poco impacto que la carta de “buena fe” ha tenido en los acreedores. Argentina, un país con un Estado infinanciable, pide a los acreedores que tengan fe que un próximo gobierno va a honrar la deuda a la par que el gasto público se trata como intocable. No sólo se les pide a los acreedores un acto de fe: también se espera que se hagan cargo del 100 del costo de la reestructuración de la deuda. Los acreedores, vale recordar, no son sólo millonarias empresas. Los acreedores son también jubilados en el resto del mundo cuyo futuro financiero depende de sus ahorros. Estos jubilados no tienen ni el tiempo que les queda en sus vidas ni la riqueza para recuperar el costo de un default argentino.

Por último, ser realistas respecto al problema de la deuda argentina es también responsabilidad de la oposición, a la que no se escucha proponer ni debatir reformas económicas e institucionales de fondo que corrijan de una buena vez el déficit estructural del gobierno. En lugar de pedir buena fe a los acreedores, más útil sería pedir reformas estructurales a Argentina que, a fin de cuentas, es quien está en falta. Que la actual crisis no sea otra oportunidad perdida.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

 

 

 

 

Se disparó fuerte la inflación en abril y asoma la híper

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 17/5/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/05/17/se-disparo-fuerte-la-inflacion-en-abril-y-asoma-la-hiper/

 

Días atrás, la OCDE advertía que el crecimiento anual del IPC en los países desarrollados se desaceleró significativamente, cayó al 1,7% en marzo desde el 2,3% en febrero, “reflejo de la evaporación de la demanda” a medida que la represión de los gobiernos detuvo casi por completo la actividad.

El 11 de febrero escribí una nota (¿Por qué el dólar es la divisa con mejores expectativas a nivel global?) dónde decía que la moneda de mejor desempeño era el billete verde -el Dollar Index Spot (DXY:CUR) superaba los 98.84- ya que entonces “Los activos estadounidenses se benefician por los buenos datos”. Era inimaginable la draconiana represión a la actividad como método de los Estados para “combatir el coronavirus”.

Hoy, irónicamente, el dólar sigue siendo la estrella a pesar de que los datos son pésimos. Además de que el euro no resulta atractivo, entre otras cosas, porque el Banco Central Europeo ve con buenos ojos las tasas de interés negativas, la incertidumbre global provoca que los inversores busquen activos refugio. Así las cosas, hoy el DXY:CUR supera los 99.50.

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Dan Kopf, por nombrar uno entre muchos analistas, dice que la suba del dólar es lo que evidencia el IPC de EE.UU. que disminuyó un -0,8% en abril, la mayor caída desde diciembre de 2008, acumulando en 2020 una baja del -0,2%. Ahora, Kopf aclara que el IPC intenta medir el cambio en el costo de una canasta típica, pero la cuarentena forzada está cambiando drásticamente los hábitos, por caso, no se compran autos ni gasolina ni van a restaurantes, “Eso significa que el IPC, no refleja la realidad de la inflación”, concluye coincidiendo con todos los analistas.

Entretanto el Indec anuncia con bombos y platillos que “la inflación” -la suba del IPC en rigor- de abril fue del 1,5%, la más baja en 30 meses, una fuerte caída comparada con la de marzo del 3,3%. De esta manera, la “inflación” interanual baja al 45,6%.

Pero esto se debe a los cambios en el consumo, a la recesión -los mayoristas pasan precios 40 y 50% superiores que los minoristas no trasladan o porque están cerrados o por la caída en las ventas-, a que los precios “regulados” bajaron -0,7% y a que las mediciones no se realizan en el campo dada la cuarentena, de haberlo hecho el resultado habría sido diferente: personalmente, algo más de un mes atrás compré huevos en un almacén de barrio y pagué $ 100 la docena, ayer pagué $ 160, ¡60% más en poco más de 30 días!

Y el gobierno y muchos analistas toman esto como un resultado alentador. Pero resulta que la inflación es el exceso de emisión, en tiempo real, sobre la demanda y eso desvaloriza el peso y, por ello, si bien es imposible calcularla con precisión, sin dudas su reflejo más realista es la cotización de una moneda marco en un mercado no distorsionado por intervenciones estatales: el blue.

Claro que en política -cortoplacista, ganar la popularidad hoy a costa del futuro- importa más el IPC, el problema es que la inflación más temprano que tarde se trasladará con fuerza a los precios o, mejor dicho, la depreciación del peso -la inflación- necesariamente se verá reflejada en el poder adquisitivo de los consumidores. Hoy quién viaje por el mundo encontrará que el sueldo promedio en argentina es de apenas ($ 75.000) US$ 600 al valor blue -el umbral de pobreza familiar en España es de US$ 630-, y menos si cambia, por ejemplo, en Montevideo donde el dólar cotiza a unos 165 pesos argentinos.

El blue, desde el 26 de febrero de 2015 ($ 13,26) hasta fines de 2019 ($ 77,90) aumentó 587% mientras la base monetaria creció 427% -y el IPC subió 452%- la diferencia puede atribuirse a una caída en la demanda monetaria. En lo que va del año, el blue sube (hasta $ 124) 70% y la base monetaria 39%, diferencia otra vez atribuible a la caída en la demanda monetaria. En abril, sube (hasta $ 117,80 desde 83,75) 41% y en lo que va de mayo (hasta $ 124) 15%

El BCRA ya emitió para auxiliar al Tesoro -acumulado en lo que va de 2020- $ 731.620 M, es decir, 132% más de lo girado el año pasado, equivalente al 2.4% del PBI versus el 2.5% de todo el 2019.

Captura de pantalla (2)Fuente: BCRA

Es decir que la emisión se acelera, entre otras cosas porque la recaudación cae estrepitosamente, -33% i.a. en términos reales, según el IARAF.

Captura de pantalla (8)

Y, consecuentemente, se acelera a una velocidad temeraria la brecha cambiaria entre el dólar oficial y los alternativos llegando el viernes al 103%  -aunque luego de momento bajó a 78%- nivel similar al que alcanzó en la hiperinflación del junio 1989, cuando los precios se dispararon 3.079% en un año. También, antes del Rodrigazo -el plan económico implementado en el 1975 que llevó a una fuerte devaluación y a una hiperinflación- la brecha se mantuvo entre 100 y 120% y luego de desatada la crisis tuvo picos de 370%.

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En algún momento el precio del blue se trasladará al IPC, aunque el gobierno porfía en que detendrá el aumento de los precios absorbiendo pesos en el futuro. Eso es no comprender que la inflación se da en tiempo real, de modo que absorber moneda más tarde no solo que no sirve, sino que contrae la demanda.

Ya la capacidad del BCRA de sostener el tipo de cambio oficial se complica y veremos qué pasa con las negociaciones por la deuda. Para Delphos Investment, la relación de circulante más depósitos totales (M2) sobre reservas brutas hoy arroja un precio del dólar oficial del orden de los $130.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Si la Argentina fuera una empresa ya le hubieran decretado la quiebra

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/19/si-la-argentina-fuera-una-empresa-ya-le-hubieran-decretado-la-quiebra/

 

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa (Reuters)

 

Si bien el Gobierno llamó a una convocatoria de acreedores para decirles que no puede pagarles los vencimientos del capital ni de los intereses, por un tiempo, los datos muestran que la oferta inicial de pago con quitas no será aceptada, con lo cual si no se llega a un acuerdo el juez estaría decretando la quiebra en poco tiempo más.

Algún abogado dirá que un país nunca quiebra porque no hay un juez que pueda ejecutar los activos del Estado, salvo en el caso argentino la Fragata Libertad o alguna otra cosa.

Pero lo que se plantea es que el Estado argentino con los activos corrientes que tiene no puede afrontar el pago de los pasivos del corriente año. El país no tiene caja, ni créditos a cobrar y tampoco activos líquidos de fácil liquidación para enfrentar los pagos de los intereses y del capital.

Frente a esta situación, el Gobierno llamó a una suerte de concurso de acreedores para presentarles una oferta de pago en el futuro. Si los acreedores no aceptan la propuesta, entonces, se dispondría el default, equivalente a la quiebra en el caso de una empresa.

En rigor, no va a haber ningún juez de algún estrado que decrete la quiebra de Argentina, pero será la gente la que la determine de hecho, a través de la decisión de dejar de invertir en el país, fugando sus capitales a otro país en donde no se confisque recurrentemente la riqueza que se genera, y se agrave la situación de pobreza de la mayor parte de la población.

Lo que los populistas llaman fuga de capitales, no es otra cosa que la búsqueda de invertir el fruto del trabajo honesto de la gente en países que les respeten su derecho de propiedad, en respuesta a la prohibición de compra de divisas. No le roban a nadie. Eso es lo que pretenden vender los populistas que se ponen mal porque esos activos quedan fuera del país.

Es curioso cómo los populistas gritan a vos en cuello: fuga de capitales. ¿Qué es eso? Que la gente desprecia la moneda que produce el BCRA y, con el fruto de su trabajo, neto de sus gastos, prefiere comprar dólares en vez de pesos. Así de fácil. Alguien produce un bien y con los pesos que le entrega el comprador, deduce los costos y si le queda algo compra la divisa.

El bien que produce, como su trabajo, es de su propiedad y por lo tanto los dólares que decide comprar son de su propiedad. Pero los populistas insisten con que son del Estado y no del dueño, del productor que vendió a cambio de los dólares.

¿Por qué semejante disparate? Porque en realidad no quieren que suba el tipo de cambio y quede en evidencia la mala calidad de la moneda que emite el Banco Central. Si la gente no quiere los pesos, entonces demanda dólares y encima muchos decide llevarlo al exterior para escapar del robo legalizado que implementan los políticos populistas. Es obvio que en ese caso el tipo de cambio va a subir reflejando la debilidad del peso.

Cuando un gobierno dice que los dólares son del Estado porque los necesita, lo que hace es confiscar parte del fruto del trabajo del sector privado. Un ejemplo sencillo: un productor de soja cobra, por cada dólar exportado $48,83, sin embargo el fruto de su trabajo indica que cada dólar que generó de riqueza cotiza en el mercado a $130. El Estado le confisca el 63 por ciento. Y, se pierde de vista que no es el país el que necesita los dólares para comprar los insumos para producir, sino las empresas porque ningún país que quiera desarrollarse se autoabastece plenamente de la producción nacional.

El problema es que como el BCRA produce una mercadería moneda de mala calidad que nadie quiere, todos la venden a cambio de una moneda en la que confían, que es el dólar. Y lo que quiere el Estado es que el dólar para importar sea artificialmente barato para esconder el mayor costo de producción derivado de la depreciación del peso.

Larga historia de incumplimientos

Ahora bien, ¿por qué Argentina va a la quiebra? En primer lugar porque difícilmente los acreedores le acepten plenamente la propuesta de recorte de intereses y de capital. Pero lo que es más grave, no genera la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública.

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

El Estado no genera hoy la riqueza necesaria como para que los ingresos fiscales futuros permitan generar el superávit primario requerido para poder honrar el nuevo perfil de vencimientos de la deuda pública

Esto de no poder pagar la deuda y entrar en default no es nuevo. De acuerdo a los cálculos que hizo Nicolás Cachanosky, Argentina estuvo en default el 40% del tiempo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, el Estado gasta más de lo que recauda. La diferencia la cubre con endeudamiento. Pero no toma deuda para reestructurar el país, sino que lo hace en general para consumir vía populismo e incentivar a la gente a no producir. Es como si el jefe del hogar consume con la tarjeta de crédito, no trabaja y cuando del banco lo llaman para cobrar lo que debe, acusa al banco de buitre.

Aunque también es bueno reconocer que los que administran fondos de inversión compran con la plata de sus inversores bonos de países que claramente no pueden pagar la deuda que están contrayendo. Esos administradores cobran su bonus a fin de año y luego se van a hacer otro trabajo.

De ahí que también en parte del sector privado se observa un alto grado de irresponsabilidad, lo que no quiere decir que los gobiernos argentinos, uno detrás de otro, gaste más de los que le ingresa, se endeude y luego se haga el enojado diciendo que no paga. Si en los fondos de inversión hay irresponsables invirtiendo los ahorros de los inversores, eso no quiere decir que los gobernantes argentinos no aprovechan esa irresponsabilidad para ser ellos también irresponsables y asumir compromisos que luego no podrán honrar.

Por momentos esto de la deuda de Argentina deja en evidencia que es un juego de tahúres. En el medio está la gente que los vota para que se endeuden, en esta competencia populista en que se convirtió la democracia, por esa cultura de la dádiva que impera en el país.

Lo concreto es que el Estado no solo no genera los ingresos suficientes para poder pagar la deuda ni los intereses, tampoco tiene activos para cancelar esos pasivos y, lo que es peor, no tiene un plan económico consistente que haga pensar que en el futuro podrá pagar el capital y los intereses de la deuda pública.

Si la economía argentina no crece, no hay posibilidad alguna de poder pagar los intereses de la deuda. Para crecer, no solo hace falta tener un plan económico consistente, también se requiere de ser consistentes con la calidad institucional a lo largo del tiempo.

Para captar inversiones hace falta ser serios en lo institucional y la realidad es que la dirigencia política argentina no es, en líneas generales, seria, ni preparada. Los políticos argentinos son habilidosos para ganar elecciones, pero son incompetentes para hacer crecer el país. Su ambición por permanecer en el poder los lleva a hacer populismo. Y si no es por ambición de poder, es por incapacidad que hacen populismo.

La Argentina es como una empresa que no tiene un problema financiero de carácter transitorio, sino administradores, la dirigencia política, que la condujo a la quiebra. El Estado no solo tiene más pasivos que activos, sino que, además, tiene un flujo horrible de ingresos versus egresos, fruto del populismo.

El populismo destruyó las finanzas del país, pero sobre todo las instituciones básicas para atraer inversiones y crecer, y por tanto disparó la pobreza hasta niveles insospechados. De ahí que, mientras siga imperando esta filosofía populista, todo debate sobre cómo negociar el pago de la deuda pasa a ser absolutamente irrelevante.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

El impuesto y la distribución de la riqueza

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2020/05/el-impuesto-y-la-distribucion-de-la.html

 

Las sociedades antiguas estaban divididas en su mayoría en castas o clases sociales, y se impedía férreamente pasar de una casta a la otra y todo ello por disposición de las leyes dictadas por los gobernantes y no por los “ricos” en abstracto. Todo eso aseguraba a los líderes políticos el poder económico, impidiendo a las castas inferiores subir de peldaño. El nacimiento dentro de una determinada casta o clase determinaba toda la vida económicamente, y así, era posible de antemano saber quién viviría como rico y quien como pobre. Situaciones todas estas que recién terminan con el advenimiento del capitalismo en el siglo XVIII, primero en Inglaterra y luego en Europa y Estados Unidos.

“Contrariamente, existieron épocas en que los favorecidos de la fortuna y del favor del gobernante, estaban eximidos de costear los gastos de la administración pública, como un privilegio graciosamente otorgado por los autócratas y así, mientras la clase alta por privilegio, y la baja, por carencia de bienes, no contribuían a las cargas fiscales,, hete ahí que un sector generalmente pequeño de clase media, era el único que trabajaba empeñosamente para que el socio gratuito que poseía, el Estado, se quedara con la mayor parte del fruto de sus esfuerzos.”[1]

Eran favorecidos de la fortuna, porque -primero- habían sido favorecidos del favoritismo del gobernante. En la cita se invierten “los términos de la ecuación”. Pero ese privilegio que otorgaba el gobernante no era gratuito como parece presumir el autor. Toda prerrogativa siempre era concedida a cambio de otra cosa, y no por simples simpatías que podía haberlas, pero eran excepcionales.

Con todo, es cierto que existieron esas épocas, tal como sucede en la actual, sólo que la nobleza ha sido reemplazada por empresarios prebendarios y allegados al partido político al mando, que consiguen beneficios del poder de turno, aun así, son pocos. Pero nadie de salva de tributar, porque el gobierno tiene hoy más herramientas que ayer para conseguir que nadie escape al impuesto. Simplemente, el impuesto reviste actualmente formas tan variadas y diferentes a las que tenía en la antigüedad que la mayoría de las veces pasan inadvertidas. Pensemos, por ejemplo, en la inflación, el tributito -quizás- más letal de todos, al presente ampliamente utilizado por la mayoría de los gobiernos mundiales. Impuesto que no es nuevo, ya lo practicaban los gobiernos de la antigüedad, circunstancia que parece que el autor ignora.

Es cierto que en este momento hay una elite que no tributa (al menos directamente que no indirectamente) pero ella pertenece casi con exclusividad al elenco gobernante que -comparativamente- es muy reducida al resto de la población. Lo que ha cambiado es el tamaño de la mal llamada “clase media” que actualmente es mayor a la de las dos “clases” restantes (“alta” y “baja”).

En el presente, el gobierno (“estado” para el autor) es socio gratuito de todas las “clases sociales”, si es que puede hablarse de tal cosa como de “clase social”, dado que en el capitalismo no existen “clases sociales” sino individuos.

“Este problema de hacer incidir la carga fiscal sobre el mayor número de habitantes, de modo que aquellos que más poseen afronten las mayores responsabilidades, pero sin excluir a los que poseen poco, constituye una de las ciencias más sutiles de las finanzas modernas y puede decirse que en ello radica la felicidad de los regímenes políticos y de sus habitantes.”[2]

Un párrafo pletórico de ignorancia es el de arriba. Toda carga fiscal alcanza indefectiblemente a todos los que viven en el lugar donde la ley impositiva ha sido dictada, por lo tantas veces dicho: el impuesto descapitaliza, ataca el ahorro, desalienta la producción, reduce los salarios reales y -consiguientemente- aumenta la cuota de pobreza. Cuanto más se les quita a los que más poseen más pobres se vuelven los que nada poseen. Los que tienen poco podrán no pagar directamente, pero lo harán indirectamente vía un menor consumo, por un doble factor: el impuesto al aumentar los costos de producción, reducirá la oferta de bienes, además de mermar el poder adquisitivo de los salarios más bajos. El jurista ignorante de la economía no puede advertirlo. Sencillamente no lo ha estudiado. Y por ello, se limita a repetir el dogma socialista. Las finanzas “modernas” difieren poco de las antiguas en cuanto a sus métodos, y en cuanto a sus fines lar arcas estatales son infinitamente más ricas que las antiguas.

“Pero digamos que la distribución del impuesto no se limita a esto: a subvenir más o menos científica y cuerdamente las necesidades del Estado, sino que cumple una altísima función de equilibrio al tomar intervención, de una manera indirecta por cierto, en la distribución de la riqueza de los habitantes. Esta es quizá la misión trascendental que el legislador asume, restringiendo las excesivas utilidades de algunos en beneficio de todos, limitando a cierto máximo las posibilidades de beneficiarse integralmente con el producto de las especulaciones que cada persona asume según su capacidad, el monto de su fortuna, la cuantía de los negocios y hasta el factor del azar.”[3]

Sigue el ignorante en economía haciendo, con absoluto desparpajo, exhibición de su ignorancia supina en temas económicos. No cuestiona el impuesto sino su distribución, cuando el problema no es esta sino la existencia misma del tributo. Habla -otra vez- de “necesidades” del “estado” cuando ya demostramos antes que esto es un mito, o dos mitos en realidad; el primer mito es el “estado” como ente vivo y orgánico con “inteligencia” y “voluntad” propias (a lo que ahora le agrega “cordura”), y el segundo es que, algo que no existe en el mundo físico pueda tener “necesidades”. Es decir, este autor construye frases en torno a una mitología.

Ignora, por tanto, que la distribución de la riqueza no es función del “estado” sino del mercado, y que es este y no el gobierno el que cumple dicha actividad equilibradamente, conforme a sus propias leyes económicas, que difieren de las leyes que dicta el burócrata.

[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

[3] Goldstein, M. ibidem. Op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

De cómo los argentinos pobres financian a Boeing

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/5/20 en: https://www.ambito.com/opiniones/de-como-los-argentinos-pobres-financian-boeing-n5100212

El dólar tiene una gran demanda global y eso absorbe inflación. Y entre los demandantes están los argentinos cada vez más incentivados por el Gobierno. Boeing, en el medio.
De cómo los argentinos pobres financian a Boeing

Twitter @BoeingAirplanes
Dos meses atrás Boeing Co. (NYSE:BA) fue a Washington a pedir un rescate de u$s60.000 M para sí y sus proveedores. Había gastado mucho en recompras de acciones mientras se recuperaba del desastre del 737 Max y cuando recién empiezan los efectos de la represión del mercado aerocomercial por parte de los gobiernos.

Pero la decisión de la Fed de utilizar su balance casi ilimitado -en dos meses, creció hasta un récord equivalente al 30% de la economía del país- aumentó tanto la liquidez del mercado, aun cuando aún no ha gastado un dólar en su programa de deuda corporativa que, finalmente, Boeing, luego de publicar sus ganancias trimestrales el 29 de abril, recaudó u$s25.000 M de inversores privados y retiró su solicitud de rescate. Muchas compañías han hecho lo mismo, dijo el presidente de la Fed.

BA el jueves pasado esperaba recaudar hasta u$s15.000 M vendiendo bonos cuyos vencimientos se extienden hasta 40 años, incluyendo disposiciones que aumentarán la tasa pagada si las calificaciones crediticias se reducen a basura. BA tiene una calificación BBB- de S&P Global Ratings, el grado de inversión más bajo. La demanda superó los u$s70.000 M, y Boeing estableció el corte en u$s25.000 M, la mayor venta de bonos corporativos del año en EE.UU. y la sexta más grande registrada.

En rigor, Boeing nunca estuvo en peligro inminente, tenía u$s15.500 M en efectivo a fines de marzo, pero es grande la preocupación por el daño a largo plazo. Con todo, la compañía aún tendrá que reducir 16.000 empleos para adaptarse a un mercado achicado.

Ahora, cómo es que EE.UU. se da el lujo de regalar dinero a dos manos y la inflación no se desmadra. Para entenderlo, hay que llamar inflación a la inflación -valga la redundancia- y no al aumento del IPC que, aunque está muy relacionado, es independiente. La inflación es el exceso de emisión en tiempo real respecto de la demanda, entonces, la moneda se desvaloriza.

Pero el dólar tiene una gran demanda global y eso absorbe inflación. Y entre los demandantes están los argentinos cada vez más incentivados por el Gobierno. Los políticos no entienden un principio filosófico básico: que la violencia destruye, es decir, toda represión policial al mercado logrará el efecto contrario.

Los pesos en circulación se expanden al 70% anual. Si el IPC no se dispara se debe a que la recesión no da para aumentar precios. Pero esto no mide la inflación, un mucho mejor medidor es el blue -porque muestra la desvalorización del peso- que se replicará en los precios ya que siempre se termina en una devaluación oficial, con esta o la próxima administración. Entretanto el Gobierno restringe cada vez más la compra de dólares logrando que más gente se vuelque al blue, es decir, que disminuya la demanda de pesos acelerando la inflación.

Por caso, las escrituras cayeron 49,1% i.a. en marzo, el vigésimo segundo mes de retroceso en la CABA. Y va para peor. Pero antes, cerrar operaciones ya era difícil dadas las restricciones a la compraventa de dólares. Así se desincentivan inversiones tradicionales como es el ladrillo para volcarlas al blue.

Con el objetivo de reconstruir el mercado de deuda en pesos y quitarle presión al dólar, entre varias medidas, la CNV limitó las disponibilidades en dólares de los FCI en pesos al 25% de su patrimonio. Luego dispuso que los fondos en moneda local tienen que invertir el 75% de su cartera en títulos en pesos. Así unos u$s1000 M de inversores que pretendían dolarizarse, se desviarían al blue.

Por cierto, los bonos en pesos resultaron una de las mejores inversiones de marzo porque el Gobierno no dejó de pagarlos. De hecho, arrancaron con paridades de 30% y los que vencieron este año llegaron al 100%. En tanto que los que se canjearon al año que viene ya subieron al 70% y 80%. Este viernes vence el plazo dado a los acreedores en dólares y si hubiera algún acuerdo, se reduciría el miedo a quedarse en pesos, al evitarse el default, bajando la presión sobre el dólar.

Para incentivar, aún más, la migración al blue, ahora solo los bancos y casas de cambio podrán realizar operaciones de compra venta de dólares, así, por caso, se les quita la licencia a las agencias online y, que siga el baile, este fin de semana se estableció el “cepo ultrahard”.

Sea como sea, los compradores de dólares absorben la inflación que de otra manera ocurriría en EE.UU. por culpa de lo que la Fed regala o induce hacia las empresas. Pero más pagan los pobres porque, como no compran blue, pagan la inflación real del peso, que tarde o temprano se trasladará a los precios locales, y pagan la inflación del blue.

Por cierto, la UCA ya estima la pobreza en el 45% con lo que el umbral del 50% se sobrepasará pronto. En términos reales, los salarios cayeron un 15% durante la era Macri hasta hoy y ahora se suma una reducción del 25% por las suspensiones que comprenderían a más de un millón de trabajadores.

Un 50% de los trabajadores registrados privados –unos 3 M- gana neto menos de $45.000. Así, los suspendidos perforarán la línea de pobreza valuada a marzo -cuando la canasta básica subió 3%- en $41.994 para familia tipo, sin alquiler. También ingresarían en la pobreza, el Jefe de Hogar con un hijo ya que, según la edad del hijo, la canasta se ubica entre los $35.000 y 39.000, sin alquiler. Y quedan por sumar, los no registrados cuya reducción salarial es mayor y los cuentapropistas que, por la cuarentena, se quedaron sin nada.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini