¿El que apuesta al blue pierde?

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 27/7/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/07/27/el-que-apuesta-al-blue-pierde/

Como venimos anticipando, por ejemplo, en la nota “La economía argentina en situación muy complicada”, la inflación global está tomando un vuelo muy importante (y, por cierto, hay un gran negocio dentro de esto, ya que implica billones de dólares emitidos y regalados a los amigos del poder, que explica buena parte de la “pandemia”). Ahora, insólitamente, se ha producido un hecho novedoso, el SP 500 (SPX) ha seguido subiendo -básicamente debido a la inflación- mientras que el dólar se revaloriza (DXY inverso) con respecto a una canasta de divisas, lo que viene a demostrar que las otras monedas están aún más inflacionadas que el dólar:

Refinitiv

        Dentro de estas monedas más inflacionadas está, obviamente, el peso argentino:

             Con respecto al blue, el peso cae un 11,15% en lo que va del 2021, mientras que contra el dólar oficial baja un 13%, al tiempo que la variación acumulada del IPC es del 25,3%.

             Con respecto al resto de los dólares, el movimiento ha sido el siguiente:

                 Mientras que el IPC (“inflación”) se ha movió de manera completamente desagregada del dólar oficial demostrando que nada tiene que ver una cosa con otra a pesar de lo que cree el gobierno:

             Por cierto, la mejor medida de la inflación -desvalorización por exceso de emisión- no es el IPC, como dijimos varias veces, sino el dólar blue porque es el que con más libertad refleja la depreciación del peso. Como vimos la inflación real -suba del blue- en 2021 hasta junio fue menor que en 2020 sencillamente porque se emitió menos, pero ahora resulta que el blue sube un 8% en lo que va del mes, sencillamente porque se disparó la maquinita.

             Como dijimos la inflación es el exceso de oferta por sobre la demanda que viene cayendo, en líneas generales, porque el gobierno está llevando adelante una política económica que no solo espanta las inversiones, sino que, además, promueve la fuga dados los altísimos impuestos, las fuertes regulaciones que impiden el desarrollo económico y la inflación -que no es otra cosa que descapitalización desde que quita valor a la moneda- y que luego se traslada a los precios.

             Como señala Roberto Cachanosky, ya el ritmo de aumento de los precios es similar al que dejó Cambiemos. El último mes completo de gestión de Macri arrojó una suba del IPC –“inflación”- interanual del 51% y en junio último fue del 50,2%, con el tipo de cambio oficial y las tarifas de los servicios públicos virtualmente “pisados”.

            Por cierto, la expansión monetaria que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal ha llevado a que la inflación acumulada entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, llegue a la friolera de 398.209 billones por ciento. Un promedio del 52,6% anual, según Cachanosky.

             Precisamente, por los precios pisados, es que el aumento del IPC viene retrasado. Como puede verse en el siguiente gráfico, la inflación real (la suba del blue) el año pasado fue muy fuerte y recién ahora se está trasladando -lo que era inevitable que ocurriera tarde o temprano- a los precios y por ello la suba del IPC este año hasta ahora (25,3%) ha sido mayor que la inflación real (11,15%):

                Por el lado de la oferta, precisamente si durante el año el dólar se mantuvo relativamente calmo fue porque el gobierno había logrado cortar la emisión. Pero, según Ramiro Marra, desde abril, el dólar subió un 30% y la expansión del dinero en circulación fue de casi $300.000 M. A eso hay que sumarle los adelantos transitorios del BCRA al tesoro por $410.000 M que pasaron a liderar la emisión. Y julio, es el tercer mes al hilo de expansión monetaria y apunta a ser el récord. Ya el 25 de junio se dio un salto con un Adelanto transitorio de $90.000 M y luego, en la primera quincena de julio, se sumaron otros $130.000 M.

               Desde Invecq señalan que, con los datos de las finanzas públicas del primer trimestre del año, las cuentas fiscales mostraban una importante corrección no solo con relación a 2020 sino también al 2019, el último año de la gestión de Cambiemos. Pero ahora han comenzado desde junio un nuevo ciclo de desajuste con relación al 2019.

                  Particularmente el último mes del semestre los ingresos totales cayeron 4% real, el gasto total creció 3%, el gasto primario subió 13% y aumentaron tanto el déficit primario como el déficit total. Es decir que junio representa un quiebre de tendencia que, con seguridad, se profundizará en los meses venideros. Así, como muestran los siguientes gráficos, los déficit prometen agravarse y, seguramente, los cubrirán con emisión, o sea, inflación, ergo, suba del blue:

                 Ya que, en cuanto a los ingresos con un nivel de actividad que sigue por debajo de los de 2019 y pasado el momento de fuerte recaudación vía retenciones y desaparecidos los ingresos del impuesto a la riqueza, es muy probable que la caída de junio se profundice en los próximos meses.  

                 Y los gastos se disparan dado que gran parte del ajuste de los últimos meses se debió a la licuación de las jubilaciones y pensiones y los salarios públicos. Pero dado el diseño de la fórmula de movilidad jubilatoria, es probable que junio sea el piso de este gasto y que ahora comience a incrementarse a un ritmo más acelerado que el de la inflación, a lo que debemos sumarle bonos como el que se pagará en agosto. En tanto que los subsidios en junio muestran un crecimiento de casi 100% real con relación a 2019 y prometen seguir expandiéndose.

                 Y todavía hay que sumar, los “gastos electorales” como las transferencias a las provincias y los planes sociales. Y, por último, comenzará a rebotar la partida que mayor ahorro le había generado al gobierno, es decir, los intereses de la deuda que se ahorraron con el canje empezarán a crecer durante el segundo semestre como consecuencia de las colocaciones a corto plazo que se hicieron en el mercado local durante el primer semestre.

                Por cierto, el mercado es muy frio, no se maneja con expectativas -no del modo que popularmente se cree- sino con realidades. Así, suele creerse que en tiempos electorales la gente busca refugio en el dólar, pero no es así, la realidad es que en tiempos electorales suele acelerarse la maquinita, la emisión, y entonces, se dispara la devaluación del peso, o sea, la cotización del blue. Así y todo, todavía hay quienes creen que el IPC subirá más que el blue y entonces siguen apostar al CER, sin embargo, según vimos el blue podría mejorar esa opción.

                Volviendo al tema de la inflación como empobrecimiento del mercado, recordemos que, según el Indec, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) de junio tuvieron incrementos con fuertes aceleraciones. La primera, que marca la línea de la indigencia, trepó 3,6%, y la segunda 3,2%. Un salario mínimo no alcanzó para mantener la alimentación básica de una familia tipo. Y así, la pobreza no dejó de crecer en la primera mitad del 2021 y se acercó al 42,8%.

                  Y, por cierto, mostrando muy crudamente la descapitalización del mercado, en CABA a mayo pasado, la cuota a pagar por un crédito hipotecario por la financiación del 80 % de un departamento usado de dos ambientes, era más alta que el ingreso total de un trabajador registrado, según Reporte Inmobiliario.

                   Por ejemplo, acceder a un crédito de $10,35 M para la compra de una unidad de 42 m2 exige el pago de una cuota inicial de $87.364. Así, el pago mensual de la hipoteca supera en $1.415, la remuneración bruta promedio registrada, y además es necesario tener como mínimo con otros $2,6 M para solventar el 20 % que el banco no financia y cerca de otro millón adicional para cubrir honorarios y escrituras:

                    Donde (1) es el precio inmobiliario Índice RE/MAX-UCEMA – Mayo, 2021, (2) es el tipo de cambio vendedor blue – 31/05/2021 y (3) la remuneración bruta (previa a las deducciones por cargas sociales) declarada por la empresa para cada mes.

                   Es decir, los gobiernos de las últimas décadas han sido cualquier cosa menos popular, y la propiedad privada va quedando solo para los ricos y, por cierto, como siempre, para los amigos del poder.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Saldrá la Argentina de terapia intensiva?

Por Aldo Abram: Publicado el 27/7/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/saldra-la-argentina-de-terapia-intensiva-nid27072021/

Si para algunos el Gobierno no tenía plan económico, en la reunión con el Consejo Interamericano de Comercio y Producción, el ministro Guzmán dejó claro que sí lo hay. Está basado en un Estado que es el motor del crecimiento y, por ello, no hay posibilidades de reducir el gasto público ni los impuestos que, al contrario, están aumentando para las empresas. Además, aclaró que es el Gobierno el que tiene el rol de promover el crecimiento, con más presencia del sector público en la economía. Por suerte, también consideró que la sostenibilidad fiscal es una condición necesaria para la estabilidad; pero ya quedó claro que será a costa del sacrificio del sector privado productivo. Por lo tanto, en el mediano plazo, seguramente veremos que la crisis se vuelve a profundizar.

Para entenderlo, vamos a dar un ejemplo que tiene que ver con la pandemia. Antes de que ésta llegara al país, la Argentina era una paciente que ya estaba en terapia intensiva, debido a diversas enfermedades que amenazaban con llevarla a la muerte. Lamentablemente, el Covid funcionó como un virus intrahospitalario, cuya peligrosidad todos conocen. Agravó la situación del paciente; aunque, luego, logró empezar a recuperarse. En eso estamos, pero el problema es que todavía nadie se ocupó de curar las afecciones por las que el paciente ya estaba en terapia intensiva.

Como toda crisis, la que llevó al hospital a la economía argentina era una de credibilidad en un futuro de crecimiento sostenible. Por eso, perdió el crédito y los argentinos y extranjeros empezaron a sacar sus ahorros e inversiones del país. Pues la desconfianza sigue estando allí. Los títulos en dólares, que fueron entregados a los bonistas a los que en 2020 se les reestructuró la deuda con una quita, cotizan a precios que indican que, quienes los compran y venden piensan que volverán a ser reestructurados en el mediano plazo. O sea, consideran que el país es incapaz de generar el crecimiento y la credibilidad que garantice que se podrán pagar o refinanciar los pasivos del Tesoro argentino.

Cabe aclarar que, de la misma forma que la confianza en el futuro de la Argentina no cambió trascendentalmente con la reestructuración de la deuda privada, tampoco lo hará cuando se acuerde la que se está negociando con el Club de París y el FMI. Es poco probable que el trato que se cierre con el Fondo tenga algo más que algunas metas fiscales; ya que cualquier intento de imponer las necesarias reformas estructurales derivaría en un fracaso y la cesación de pagos de una buena porción de la cartera de créditos del organismo.

Cabe aclarar que acá no se trata de cómo se llama el doctor, si el paciente no recibe el tratamiento adecuado se morirá. Incluso, si el médico tiene el diagnóstico acertado y no le da correctamente la medicación necesaria, el paciente empeorará, como ya le pasó al “médico” anterior. Lo malo es que, del análisis de la actual gestión y de los dichos del ministro de Economía y del de Producción, quien atiende hoy a la Argentina tiene el diagnóstico errado; lo que sólo llevará a una profundización de la crisis.

Los continuos atropellos a la seguridad jurídica, al derecho de propiedad y la libertad de empresa son el mejor incentivo a que los ahorros y las inversiones se vayan, no a que lleguen para generar producción y trabajo productivo. Tampoco ayuda el “Estado omnipresente”, que en realidad lo es para brindarle “caja” y poder al gobierno de turno; pero no a la hora de cumplir eficazmente con las funciones indelegables que tiene para los argentinos. Encima, hay que pagar sus excesivas erogaciones con altísimos impuestos. El Banco Mundial tiene un índice de 191 países, en el que Argentina está 21 entre los que más exprimen con gravámenes a sus empresas. O sea, 170 naciones les ofrecen a argentinos y extranjeros tratarlos mejor en materia tributaria; ¿por qué invertirían acá? En otro índice, analizan que le pasaría a una pyme, con buenas ganancias respecto a sus ingresos, si pagara todos los impuestos y tasas de cada país. Pues en sólo dos daría pérdida y uno de ellos es la Argentina. Sin embargo, el gobierno y el ministro Guzmán aclararon que no bajarían los impuestos, sino que los subirán, cosa que ya están haciendo.

Eso no es lo peor, sino que ni así les alcanza para pagar todo el exuberante gasto público; por lo que toman crédito de un mercado que es el mismo disponible para todo el país. Por ende, dejan al sector privado sin este necesario fondeo para invertir y producir más. Es notable que se piense que no es recesivo ajustar (achicar) a los que trabajan y producen los recursos para pagar sus gastos y sueldos y, a través de los impuestos, los del Estado; pero sí lo es ajustar a este último que es el que eroga de más.

También es absurdo que, con más de 67.000 regulaciones, los funcionarios pretendan decirle cómo hacer las cosas mejor a quienes trabajan y manejan empresas, como si fueran dioses que todo lo saben. Es obvio que no es así, y que lo único que logran es que esas regulaciones no se cumplan o, si alguien lo hace, sea a costa de hacer su trabajo más ineficientemente; lo que implica menos bienestar para todos.

El contexto actual, entonces, termina agobiando al sector productivo, en especial a emprendedores y pymes, y llevándonos a la historia de decadencia y de crisis argentina. Lamentablemente, cada médico que llega piensa que puede aplicar el mismo fracasado tratamiento que ya llevó a la muerte al paciente; porque “él lo hará bien, no como los otros” y obviamente el resultado es un nuevo fracaso. Algunos facultativos quisieron evitarle padecimientos al enfermo y que el tiempo vaya curando sus males; lo cual sería un milagro que raramente se da; por lo que su situación termina empeorando. Quizás, los “doctores” argentinos podrían empezar a probar medicarlo de acuerdo a lo que indica la experiencia de los países que han prosperado y brindan mayores oportunidades de progreso a sus habitantes. Hay que curarle el exceso de Estado ineficiente y de regulaciones que lo agobia, para liberar las fuerzas de la creatividad, el trabajo y la inversión del sector privado productivo, única fuente real de bienestar de los países.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es director de la Fundación Libertad y Progreso. Sigue a @AbramAldo.

Mantener las reglas de juego, sí… salvo que sean las reglas incorrectas

Por Adrián Ravier. Publicado el 26/7/21 en: https://www.cronista.com/columnistas/mantener-las-reglas-de-juego-salvo-que-sean-las-reglas-incorrectas/

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.

Argentina inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de algunas reformas fundamentales:

1. Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2. Reforma integral del Estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El Estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3. Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4. Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiariocon un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5. Una reforma cambiaria debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia.

Sólo una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, podremos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Sigue a @AdrianRavier

Por qué en la Argentina ocurren crisis cambiarias en forma sistemática

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/20/por-que-en-la-argentina-ocurren-crisis-cambiarias-en-forma-sistematica/?utm_medium=Echobox&utm_source=Twitter#Echobox=1626792869

La semana abrió con aumento de la cotización del dólar libre, el riesgo país sobrepasó los 1.600 puntos básicos y el BCRA tiene que hacer malabares para pagar importaciones y la deuda externa

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo (Reuters)

¿Por qué razón la economía argentina cae continuamente en crisis cambiarias con tensiones inflacionarias? ¿Es esperable un nuevo desborde de los tipos de cambios alternativos al regulado por el Banco Central, y también del ritmo de suba de los precios al consumidor?

El primer dato a considerar en materia inflacionaria es que el gobierno de Alberto Fernández está llevando adelante una política económica que no solo espanta las inversiones, sino que, además, ya el ritmo de aumento de los precios es similar al que dejó Cambiemos.

El último mes completo de gestión de Mauricio Macri como presidente arrojó una inflación interanual del 51% yen junio último fue del 50,2%, con el tipo de cambio y las tarifas de los servicios públicos virtualmente “pisados”.

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Pero la razón para que continuamente haya saltos cambiarios es doble: 1) faltan dólares y 2) sobran pesos.

La falta de dólares se debe a varios factores. En primer lugar, el Estado se apropia de las divisas de los que exportan y, lo hace a un tipo de cambio artificialmente bajo.

Gobiernos populistas como el actual suelen argumentar que se necesitan los dólares de las exportaciones. En rigor, el que vende al exterior un producto es alguien del sector privado que produce a su riesgo. Entrega carne, soja o tornillos a cambio de divisas. Pero cuando recibe esos dólares aparece el Estado y dice: “esos dólares son míos, tome estos pesos devaluados a cambio”, y, para peor, a una paridad sustancialmente menor a la del mercado libre.

O sea, no solo el Estado le confisca los dólares al que produce y exporta, sino que además se apropia de parte de su esperada ganancia. Esta política, junto a la carga tributaria, regulaciones absurdas que encarecen la producción, una legislación laboral que no beneficia ni al trabajador ni al empresario que lo contrata, más la inseguridad jurídica y vivir con una economía cerrada, hace que la economía tenga muy baja competitividad para competir en el mundo y su volumen de exportaciones sea mínimo.Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)Las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos (Reuters)

A modo de ejemplo, las exportaciones desde Argentina al mundo suman entre 60.000 y 70.000 millones de dólares al año, cuando llueve y los precios internacionales de las materias primas son buenos.

Irlanda, habiendo hecho las reformas estructurales necesarias, sin la pampa húmeda, ni Vaca Muerta, etc. exporta USD 400.000 millones al año y tiene un territorio más chico que el de la provincia de Formosa.

La gran diferencia se explica por la limitación que se impone al ingreso de divisas por exportaciones, fruto del saqueo estatal a quien produce y exporta a través de las retenciones; por las restricciones a la disponibilidad de dólares para poder importar insumos, máquinas y accesorios, junto al resto de regulaciones de los mercados, porque afectan a la producción y también la productividad del uso de los factores.

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Pero ahí no termina la cosa. Un país no recibe dólares solo por el comercio exterior, también por la inversión extranjera directa (IED). En 2019, año anterior al de la pandemia, Argentina captó solo 4% de los USD 160.721 millones se canalizó a América Latina y el Caribe, según los datos de Cepal. El promedio anual estuvo en el 5,4% en el período 2003-2019; y se estima que en 2020 la IED para la región cayó a la mitad.

Tampoco, la Argentina capta recursos por préstamos internacionales, porque ha defaulteado varias veces la deuda y por tanto nadie tiene interés en prestarle al Gobierno ni comprar acciones o papeles de empresas argentinas, como lo demostró la degradación extrema por parte de MSCI.

Por otra parte, salen dólares, además por el pago de las importaciones; de gastos de turismo y viajes en el exterior; intereses de la deuda; el giro de dividendos y utilidades de las empresas, y por la recurrente fuga de capitales.

Salida de capitales

La fuga de capitales se debe a varios factores, pero pueden resumirse en: la inseguridad jurídica que impera en el país, incluida la carga impositiva y las reiteradas confiscaciones de ahorros.

Paralelamente, la expansión monetaria que hace el BCRA para financiar el déficit fiscal ha llevado a que la inflación acumulada entre 1935, cuando se creó el BCRA y 2020, llegue a la friolera de 398.209 billones por ciento. Un promedio del 52,6% anual.

La Argentina destruyó 5 signos monetarios y la gente no quiere el peso como reserva de valor. Eso significa que se refugia en el dólar u otras monedas.

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De ahí que sobran pesos y faltan dólares, lo que hacen que los gobiernos traten de postergar el desenlace de las presiones cambiarias e inflacionarias con controles de cambio, regulaciones de precios, atrasos tarifarios y toda una artillería de restricciones que terminas estallando en algún momento.

Como el argentino adoptó como moneda el dólar, al menos como forma de ahorro y refugio de valor, cuando se producen esas presiones cambiarias se acelera la huida de los pesos, con un final prenunciado.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cachanosky reveló 7 medidas económicas clave para “sacar adelante” a la Argentina

Publicado el 15/7//21 en: https://www.cronista.com/economia-politica/cachanosky-y-su-receta-magica-para-la-economia-argentina-7-medidas-clave-para-sacar-adelante-al-pais/

El economista reveló las siete medidas económicas que la Argentina debería aplicar. Desde reforma laboral, monetaria e impositiva hasta el fin de los subsidios y planes sociales.

El economista Roberto Cachanosky dialogó con LN+ sobre lo que él considera “el problema de la Argentina” y planteó siete puntos clave que, según su análisis, son las “medidas básicas que hay que tomar para sacar al país adelante”.

Según Cachanosky, la Argentina tiene un problema político, pero “previamente hay un problema de valores que ya imperan en la sociedad”, dónde -conforme a su visión- nadie tiene la intención de construir riqueza: “Yo creo que en la Argentina la democracia se convirtió en una competencia populista a ver quién le saca más a uno para darle a otro”.

En este marco, con una inflación mensual que ronda el 3,5% en el medio de una emergencia sanitaria que se ha cobrado la vida de casi 100.000 argentinos, Cachanosky plantea sus 7 reformas para “sacar adelante” el país:

REFORMA MONETARIA

“Argentina no tiene moneda, hay que hacer una reforma monetaria”, indicó el economista sin explayarse mucho más sobre la cuestión. Esta medida, en busca de calmar el proceso inflacionario, implicaría una nueva moneda y un freno a la emisión.

DESREGULACIÓN DE LA ECONOMÍA

Según Cachanosky, hay que “hacer una fuerte desregulación de la economía porque los burócratas traban todo el proceso económico para justificar su existencia y encarecen los costos de transacción”, indicó el economista.

Una desregularización de la economía en la Argentina obligaría a reducir las normas de la actividad, dando mayor espacio al libre mercado para determinar el equilibrio entre la oferta y la demanda.

REFORMA LABORAL

El tercer punto indicado con Cachanosky se refiere a “una reforma laboral que haga que las empresas quieran contratan gente”. Según él, es necesario “terminar con la industria del juicio absurdo” porque estas cosas “a una empresa grande le molesta, pero a una PYME la liquida“.

“¿Qué queremos? ¿Crear puestos de trabajo o que los dirigentes sindicales mantengan un grupito ahí adentro?”, finalizó

REFORMAR EL ESTADO

En este punto, Cachanosky propone una reforma doble al Estado: tanto en el tamaño como en la calidad del gasto público. “Son dos tipos de reformas que tenés que hacer ahí porque tenés un gasto público alto e ineficiente“, indicó.

REFORMA IMPOSITIVA

“Argentina es el segundo país más caro en el mundo en materia impositiva”, indica Cachanosky, refiriéndose a un informe del Banco Mundial que indica que la Argentina es el país con mayor carga impositiva en todo el mundo si no se considera a las jurisdicciones de un millón de habitantes, como las Islas Comoras, las cuales se encuentran por encima de nuestro país.

La Argentina tiene la mayor carga impositiva del mundo sobre la economía formal

Ante la pregunta del conductor sobre si “quienes están en blanco, pagan y cumplimentan todas y cada una de las reglamentaciones y resoluciones y tienen una presión fiscal como ningún a en el mundo”, ¿qué pasa?, el economista fue terminante: “¡Quiebran, quiebran!”.

Eso, indica luego, explica muchos factores de la ilegalidad: “Mucha gente quiere ingresar al sistema formal pero el sistema lo rechaza, impositivamente lo rechaza, porque es tan complejo que cuando el tipo hace las cuentas lo rechaza el sistema impositivo“.

¿Cuál es la reforma que hay que hacer? El economista indica que él comenzaría por el comercio exterior: “¿Cómo pensamos que podemos poner en funcionamiento la economía? ¿Vos pensás que con el consumo interno? Yo creo que no”, respondió.

“Cuando vas a necesitar inversión para tener volumen de producción, ¿vas para el mercado interno o para exportar? Yo creo que para exportar, la salida de Argentina, a mi juicio, es emigrar a exportar muchísimo“, indicó luego.

A lo que concluyó que, aunque el sector agropecuario “puede ser un gran motor inicial”, después existen una variedad de otros sectores que pueden impulsar la economía: “La industria del conocimiento en Argentina puede ser fenomenal”, agregó.

“INCORPORAR LA ARGENTINA AL MUNDO”

El economista no dio mayores detalles sobre como realizaría esta incorporación del país en un contexto internacional, aunque cree que la forma de hacerlo es incentivando las exportaciones.

“TRANSFORMAR LOS PLANES SOCIALES EN TRABAJO GENUINO”

“No podemos seguir con la cultura de la dádiva dónde repartís planes sociales”, explotó el analista de mercados, y propuso una solución: “A mi juicio lo que hay que hacer es tomar un crédito blando del Banco Mundial para dar cursos de capacitación en oficios”.

Así, recordó las escuelas de artes y oficios de su juventud y abogó por una vuelta de estas herramientas a través de un subsidio que acompañe la formación: “Yo lo que propongo es que, si vos recibís un subsidio, vas a cobrar a cambio de que vos vayas y hagas un curso“.

Según el plan de Cachanosky, el crédito blando serviría para pagar a los profesores y los materiales necesarios, mientras que los cursos se realizarían en colegios estatales o incluso parroquias.

“Una vez que el tipo terminó y se matricula le decís: ‘Bueno el contribuyente te va a seguir pagando el subsistido y yo te voy a ir reduciendo cierto porcentaje por mes’, entonces tenés que salir a buscar laburo como todos hacemos todos los días”, expuso.

Acá quieren construir la Argentina con planes sociales y con empleo público, osea con cultura de la dádiva, todos de arriba tomando mate y ninguno laburando”, finalizó con fuerza.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La economía argentina en situación muy complicada

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 28/06/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/06/28/la-economia-argentina-en-situacion-muy-complicada/

El repunte de la inflación a nivel global sin dudas afectará a la Argentina, aunque mucho más graves son sus problemas internos. Sucede que, los astronómicos programas fiscales proporcionados por las economías más potentes están inflando los precios globales de manera importante. La suba del IPC (consecuencia de la inflación) en EE.UU. durante mayo alcanzó el 5% interanual, mucho para un país desarrollado y, sin dudas, esto recién comienza. Aunque, por otro lado, la ralentización en el crecimiento económico provocará cierta baja en los precios (el IPC) a pesar del aumento de la inflación (devaluación intrínseca de la moneda por exceso de emisión).

             Como se ve en el cuadro, las tasas reales son negativas. Aun así, la Fed dice estar sorprendida por “la rápida recuperación de la actividad económica” y avisó que mantendría sus tasas de interés de referencia cercanas a cero hasta que vuelva a normalizarse el nivel de empleo que hoy se acerca a 5,8%, 2 puntos porcentuales por encima del registro previo al inicio de las represiones con excusa de “la pandemia”. Aunque todos los analistas esperan que se adelante para 2023 la suba de tasas, para “frenar la inflación”. Lo cierto es que, lo que a ellos les preocupa es la suba del IPC que a nivel global viene impulsada por factores como estos dos de gran peso: el aumento sin precedentes del balance de la Fed (Fed BS) de USD 200.000 M solo en el último mes, y el endeudamiento marginal chino camino del récord:

               Como puede verse en el siguiente gráfico, la emisión de los principales bancos centrales se acelera:

                      Y para que no queden dudas de que la emisión -en exceso por sobre la demanda- es inflacionaria, en este gráfico puede verse como el S&P 500 y los precios de las casas siguen de cerca al Balance de la Fed:

                  Así las cosas, el aumento en los precios de las materias primas ha pegado un salto importante, como se ve, por ejemplo, en las bobinas laminadas en caliente, en el rodio y paladio, en el PVC y en el BDI (de fletes):  

                  En cuanto a la Argentina, como señala Roberto Cachanosky, en el siguiente cuadro, en lo que va del año congelaron la Base Monetaria. Gracias a que licuaron el gasto público y a costa de aumentar la deuda del BCRA a marcha forzada:

                 Esto ha provocado, como vengo diciendo en notas anteriores, que la inflación -la devaluación intrínseca del peso por exceso de emisión- se haya detenido, lo que se reflejó en el espejo más puro, el dólar blue, que ahora parece despertarse precisamente porque estarían empezando a emitir, y es muy probable que de ahora en más larguen al mercado pesos de cara a las elecciones y, entonces, se recaliente el proceso inflacionario. Así, la medición más creíble de la inflación es la calculada por Steve Hanke en base, precisamente, al dólar blue:

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               Si bien mayo fue un nuevo mes en el cual el “nivel general de inflación” -la suba del IPC, en rigor- se contrajo respecto del anterior, 3,3% continúa siendo un guarismo elevado: 

                 Aunque Cachanosky lo ve distinto: anualizada, la curva va para arriba y ya está en el 48,8% anual mayo 21 vs. mayo 20:

                En cualquier caso, aunque controlaron la inflación -insisto, el exceso de emisión- durante los primeros meses el IPC siguió subiendo inercialmente, hasta ahora que pareciera bajar en términos intermensuales.

                Esto se debe a la estrategia del gobierno para precisamente atrasar la suba del IPC, a pesar de la inflación, con subsidios para mantener atrasadas las tarifas, precios congelados, desaceleración del aumento del tipo de cambio oficial e interviniendo en los mercados paralelos. Y, por cierto, como vimos la emisión se frenó en buena parte con endeudamiento, quitando fondos al sector privado, al sector productivo y ante una menor producción, irónicamente, aumentan los precios, el IPC. Un índice claro de la descapitalización del mercado argentino es el valor de los departamentos que, según Reporte Inmobiliario, en el último año bajaron en promedio un 27,17% en dólares, y si se toman los últimos 24 meses la caída de los valores ya llega al 39,53% en promedio.

                Por su parte, coherentemente, los alquileres aportan una Tasa Interna de Retorno Anual (TIR) del:

                 El gobierno todavía tiene recursos para seguir adelante con esta política cambiaria represiva, a lo que ayuda la inflación del dólar que vimos. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos luego de las elecciones cuando el gobierno no se sienta en la necesidad de controlar “la inflación” erróneamente atribuida a la suba del dólar, cuando es al revés y si hay acuerdo con él para estatal -y por ende estatista- FMI lo que puede bajar la presión sobre el dólar oficial.

                 Como señala Cachanosky, no debería sorprender la calificación de MSCI en la que prácticamente dice que Argentina no existe para el mercado financiero. Con las reservas netas de USD 3.000 M tiene que respaldar la base monetaria y el stock de Leliq y pases netos por $6,2 B. O sea, que el BCRA tiene un dólar por cada $2.067 de base monetaria y deuda remunerada.

                 Y aunque el gobierno todavía tiene recursos para mantener el tipo de cambio oficial hasta las elecciones al menos, se cuida de gastar reservas al punto que le viene muy bien cortar los vuelos internacionales con la excusa de una “pandemia” promocionada por organismos oficiales, como las históricamente corruptas CDC de EE.UU. o la NHS británica, que no resiste el análisis de científicos independientes, con el resultado lógico del pánico y la violencia: la destrucción de la sociedad y de la producción. Solo esperemos que estas restricciones a la movilidad de los argentinos no sea un cerramiento al estilo de la paupérrima Cuba.

                  Hablando de caída de la producción, según el INDEC, durante el primer trimestre del año la actividad económica general subió 2,5% interanual. Sin embargo, el último trimestre “normal” había sido el cuarto del 2019 y comparándolo con el primer de trimestre 2021 se observa que la economía aún se encuentra debajo. Por caso, la tasa de ocupación descendió desde 42,2% a 41,6% lo que implica que se perdieron unos 65.000 empleos.

                 Aún con un supuesto agravamiento del cuadro sanitario, de momento el gobierno no parece dispuesto a implementar medidas más represivas -sobre un mercado que ya venía muy reprimido durante la era Macri- que vuelvan a dañar a la economía en una magnitud semejante a la del 2020 lo que es un reconocimiento tácito -aunque por razones obvias nunca lo reconocerá- de que con la violencia -la represión- y el pánico solo se consigue destruir.

             Ahora, entre las fuertes represiones al mercado que perece que sí continuarán está la carga impositiva. Por ejemplo, según FADA, la presión fiscal sobre el sector agrícola es del 61,8% y no solo que este valor en sí mismo es exageradísimo, sino que no tiene en cuenta el “efecto cascada”, es decir, cuando el campo compra cualquier insumo paga un precio que es tal, no solo por el costo de producción de ese insumo, sino porque tiene incluidos una cantidad de impuestos que paga el productor de ese insumo en cuestión.

             Y la situación de “la gallina de oro” argentina puede agravarse porque, como había señalado en mi nota anterior (“Los mercados de valores en situación inédita”), los precios de las materias primas vienen de atravesar un ciclo alcista que derivó en que productos como el petróleo o la soja se sitúen en valores récord, pero hay indicios de que podrían estar saturados dado que el crecimiento de las economías, con tanta inyección de dinero inflacionario, podría ralentizarse.

               De hecho, el siguiente cuadro de Zorraquín Meneses en base a cotizaciones MATBA/Rofex, muestra una caída importante:

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Restricciones a las exportaciones: sólo los necios tropiezan siempre con la misma piedra.


Por Aldo Abram: Publicado en
: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n_191_7a6a16ca6a40c6/s/12441860

Hay gobiernos que creen que el Estado, o sea sus funcionarios, pueden decidir mejor que la gente cómo tiene que trabajar o manejar sus negocios; por lo tanto, intentan regular todo en la economía. La Argentina es un claro ejemplo de este tipo de gestiones, ya que la mayoría basaron sus políticas en esta idea; por ende, no debería extrañarnos que se hayan podido relevar más de 67.000 regulaciones, que siguen aumentando día a día. Lo más notable, es que esos mismos gobiernos cuando asumen siempre ponen como uno de sus principales objetivos tener un país exportador e, incluso, con ventas externas diversificadas. Sin embargo, cuando dejan el poder, el resultado siempre es el contrario al que anunciaron; lo que no debería extrañar, ya que repiten siempre los mismos errores.
Un reciente ejemplo de este fracaso es la enorme y permanente caída de las ventas externas durante la presidencia de Cristina Fernández, US$26.000 millones, -32%, entre 2011 hasta 2015. Hay una creencia generalizada entre los que opinan que es el Estado el que debe decidir todo en la economía e, incluso, también en la vida de los habitantes del país: “Si esas políticas fracasaron antes, es porque los otros las implementaron mal”. Pero ellos lo harán bien y obtendrán un resultado distinto. El problema es que, si adelante hay
una pared y atrás hay una puerta, el que intente salir de la habitación hacia adelante, solo se romperá cabeza. Lamentablemente, en general, nuestros funcionarios han sido y son cabezas dura; pero, lo peor, es que su terquedad termina “doliéndole” a la gente, en especial a los más pobres. Esa es la historia de las retenciones impositivas o las restricciones a las exportaciones; que siempre han significado un desincentivo a producir el bien afectado; por lo tanto, terminan impactando negativamente en las ventas al exterior. Lo mismo pasa con los “cepos” que no son otra cosa que una retención cambiaria; ya que el que produce recibe un dólar oficial, artificialmente fijado, que no reconoce todo lo que perdió de poder adquisitivo el peso. Para saber qué porcentaje de
quita a sus ingresos implica, habría que calcularlo viendo cuántos dólares menos podría comprar en el mercado paralelo con lo que le pagaron al valor “cepo” por US$100 exportados. En la actualidad, podría adquirir alrededor de US$60, o sea que cualquiera que produce un bien y servicio que se exporte perdió alrededor de 40%, que se los quedó el Banco Central (BCRA) si se vendió afuera, o el consumidor local si se colocó en el mercado doméstico. Esto es así porque el producto se puede vender afuera o adentro y siempre el valor interno tendrá un techo en lo que se podría recibir del exterior; porque, si no, se venderá localmente. Ahora, como dijimos, están las retenciones impositivas que también disminuyen el valor de lo que se produce. Por ejemplo, si sumamos ambas retenciones, quien produce soja terminará recibiendo alrededor de un 40% de lo que verdaderamente debió ser su ingreso. El resto, por lo exportado, se lo repartieron entre el BCRA y el gobierno y, por lo vendido localmente, se lo
embolsaron los que lo compraron para consumirlo en Argentina. Un punto importante es que ambas retenciones son gravámenes que se aplican sobre el ingreso y no sobre la ganancia de alguien. Luego, con lo que recibe, el productor debe pagar todos sus costos, los mismos impuestos que su vecino que hace otra cosa e intentar sacar lo suficiente para vivir. Por lo tanto, esto es una verdadera, exuberante e injusta confiscación a los productores. Las restricciones a exportar, como las impuestas sobre la carne, tienen el mismo efecto doméstico que una retención impositiva; ya que, al limitarse las exportaciones, lo que no se pudo vender afuera se colocará internamente haciendo bajar el precio local. En este caso, la pérdida de ingresos que harán los productores se la

quedarán los exportadores, por lo vendido afuera, y el resto se lo quedarán los
consumidores argentinos. Ambos, al poder comprar artificialmente barato, estarían recibiendo un subsidio que sale directo del bolsillo del que produjo el bien o servicio en cuestión y va al del que lo compró localmente. En este caso y en todos los subsidios analizados antes, ni siquiera se puede decir que el que lo recibe está peor que el que lo paga; lo que lo hace aún más injusto. Las retenciones impositivas fueron una nefasta realidad argentinas la mayor parte del tiempo en las últimas décadas. Incluso, las cambiarias también lo fueron. En los últimos 80 años, hubo 25 controles de cambios o “cepos”, incluidos el actual. Todos los que se intentaron mantener en el tiempo, 23, terminaron mal o, incluso, en crisis. El impuesto por Cristina Fernández no terminó en desastre porque asumió un nuevo gobierno que se planteó salir rápidamente y pudo
hacerlo con un costo moderado. Lamentablemente, no existe salida “gratis” de un control de cambio. Sin embargo, en 2019 se volvió a imponer un “cepo” y la actual gestión considera que lo mejor es mantener en el tiempo la administración de los dólares de la Argentina”. Interesante concepto, ¿alguien vio alguna vez a la Argentina generando divisas? Yo, nunca. Sí sé de gente que trabaja duramente para producir y exportar esos bienes; por los que recibe
dólares que son de ellos. Así que deberían hablar apropiadamente. Ellos tienen que administrar los dólares que producen otros para poder quedarse con parte de su valor y, de esa forma, mantener un sector público excesivo. El BCRA produce papeles pintados, sin valor en sí, y con eso financia los excesos de gasto del gobierno. ¿Magia? No, como los argentinos no demandamos esos pesos, baja su valor, al igual que con cualquier cosa que se produzca más de lo que la gente quiere. El problema es que esto implica que la moneda local que tenemos ahorrada o cobramos de sueldo pierde poder adquisitivo, que es el que
se transfiere al Estado para que pueda gastar de más; por eso algunos lo llaman “impuesto inflacionario”. Para evitar que esa pérdida de valor del peso se traslade al tipo de cambio, es que se imponen los “cepos”. Al permitirle al BCRA que decida a quién puede comprarle y quién no las divisas que obliga a todos a venderle, puede fijar el precio del dólar oficial artificialmente bajo, evitando mostrar todo lo que se depreció la moneda local. De esta forma, puede seguir financiando al gobierno y vendiéndole divisas baratas para pagar sus
deudas. Claro, este esquema es adictivo para los políticos y, por eso, no lo quieren abandonar. Sin embargo, quitarle poder adquisitivo a la gente para financiar al Estado implica empobrecerla. Por otro lado, al desincentivar la producción y la inversión en los sectores más eficientes de la economía, la creación de empleos productivos y los salarios son cada vez menores; por lo que también lleva a que todos los habitantes del país sean cada vez más pobres. Entonces, cuando ven que cada vez tienen más dificultades para comprar cosas, les ponen más retenciones o restricciones a las exportaciones. En el corto plazo, este parche logrará aliviar la situación; pero agrava la desinversión y la pérdida de producción, empobreciendo más a los argentinos y aumentando su dificultad para comprar lo que necesitan, no porque sea caro, sino porque son cada vez más pobres. Está probado a lo largo de la historia de Argentina y del mundo, que estas políticas económicas llevan a una caída de la inversión, producción, las exportaciones y del bienestar de la gente. Siempre han fracasado. Lo trágico es que, en nuestro país, nuestros funcionarios siguen tropezando con la misma piedra, con el consecuente doloroso porrazo para todos los argentinos; mientras que otros países aprendieron a esquivarla para poder brindarles
más oportunidades de progreso a su gente.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

En el último cuatrienio el peso perdió el 80% de su capacidad de compra

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 6/06/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/06/en-el-ultimo-cuatrienio-el-peso-perdio-el-80-de-su-capacidad-de-compra/

Mientras en el mundo la inflación promedio fue en 2020 inferior al 1% anual, en América Latina se afirma la tendencia declinante, salvo en Venezuela y la Argentina donde se mantiene alta y creciente

Sostenía Adam Smith en su obra cumbre “La Riqueza de las Naciones”: “el pan, carne, cerveza, que consumes provienen de negociar tu coincidencia con la del propio interés de los proveedores, no de su bondad”.

Los intercambios voluntarios generan colaboraciones mutuas, aprendizajes y competencias. Tanto más amplia cuanto mayor libertad para elegir lo mejor para sí mismo, independientemente de discursos y opiniones ajenas. En contraste, las actividades dirigidas a la propia satisfacción, sin intermediarios, no generan valor; sólo atienden lo propio, particular. Los actos forzados siempre empobrecen.

Los ingresos miden los productos y trabajos entregados para satisfacer necesidades particulares. Los intercambios multiplican valores, pues cada parte, vendedor – comprador, obtiene algo que valora más que lo entregado a cambio. La ganancia es el valor añadido. La única y verdadera creación de riqueza proviene de las transacciones voluntarias.

El empleado recibe del empleador un monto de dinero por su entrega de trabajo; el primero aprecia más el dinero recibido que el trabajo suministrado; el empleador prefiere el trabajo obtenido al dinero pagado a cambio. Las transacciones repiten igual estructura. Uno entrega un bien, derecho activo; la otra entrega dinero a cambio.

Mientras, el Estado obra con imposiciones forzadas que, por convención, se valúan por los salarios y costos pagados, suponiendo erróneamente un beneficio similar.

Las normas aseguran los tratos. La Revolución Francesa impuso el Sistema Métrico decimal para superar disputas comerciales habituales. Hasta entonces, el patrón – superior jerárquico- definía lo entregado en cada trato particular. Habitualmente el menos encumbrado sufría maltratos.

Bancos centrales

Las naciones avanzan desarrollando instituciones, estándares precisos.

Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios, certeza de las emisiones y acreditaciones.Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios (Reuters)Los emisores de dinero son Bancos Centrales u oficinas independientes sujetos a controles de calidad. Mientras las medidas físicas se controlan con patrones objetivos, el valor del dinero se mide con precios (Reuters)

El conflicto aparece cuando el Estado imprime dinero para pagar sus gastos y no preserva su valor. Ante dos tensiones BCRA pierde su independencia, priorizando el programa de gastos por sobre la estabilidad de la moneda. Imprimir dinero para financiar al Tesoro deteriora su valor. Sobrará dinero y subirán los precios intentando quitar los excedentes. Emitiendo mas dinero del demandado, los precios subirán.

Mientras los gobiernos procuran que los productores compitan ofreciendo mejores bienes, el Estado evita la competencia de otros emisores. En donde infinidad de valores se fija en dólares, adoptar el dólar como moneda o unidad de transacción facilitaría intercambios.

Los precios inciertos reducen la información, tornando riesgosas las transacciones. Esto es menor comercio, menor multiplicación de valores, menores ingresos, menores libertades de trabas innecesarias. Liberar obstáculos artificiales aumenta los ingresos, esto es, las libertades de actuar. Libertades e ingresos corren juntos.

Sin precios estables, se pierde información, referencias, horizontes para intercambiar y los ingresos se comprimen. Los privados pierden. La causa de la inflación es la emisión de pesos superior a lo deseado. En lo inmediato, los precios pueden aumentar por mayores costos, sean sueldos, impuestos, tipo de cambio.

La inflación viene declinando en el mundo y promediaba menos del 1% anual en 2020. En América Latina, es cada vez menor, salvo en Venezuela y Argentina. En el cuatrienio último el peso redujo su valor en 80% del que mantenía en diciembre 2016. Los precios dejaron de iluminar las decisiones.

Convertibilidad fue la regla monetaria que se optó en los 90 para ajustar la cantidad de dinero a la demanda de la población, de forma automática. El Banco Central, con respaldo legislativo estableció una relación uno a uno entre el peso y el dólar. Cuando la gente deseaba más pesos, entregaban dólares, y el BCRA devolvía pesos. Cuando sobraban pesos, los privados los entregaban a cambio de dólares. No existiendo otra causa de emisión, la regla garantizaba la cotización del peso y certidumbre a los precios. Durante los diez años los precios estuvieron estables.

Inflación de regulaciones

La polución normativa traba, confunde, conlleva redistribuciones patrimoniales, empobrecimientos conjuntos. Los legisladores intentan ejercitar su poder modificando reglas. Los cambios de reglas forzadas, impuestas, confunden los intercambios voluntarios, y se refleja en la dinámica de los precios.

De igual modo, el riesgo argentino mide la enorme variabilidad en las obligaciones del Estado y las inversiones. Las inflaciones se retroalimentan. Para desviar culpas por alzas de precios, gobernantes dictan normas y cargan los aumentos de precios a comerciantes, empresarios, asalariados. Olvidan quien emite dinero.BLASCO FINDEBLASCO FINDE

Enseñando mejor razón, los deportes competitivos definen reglas mínimas y necesarias, estables, no cambian. Los espectadores vigilan prestamente, porque las alteraciones confundirían al juego.

Justicia es eficiencia. Las distintas miradas enriquecen y liberan negocios, con reglas iguales, estables, para todos los humanos, actos y tiempos. La aspiración de la Revolución Francesa. Justo no es lo que le parezca a un individuo singular, si no el mínimo común denominador. Regla de eficiencia, competencia. El metro patrón independiente de opiniones particulares. Si las reglas no fueran parejas, ¿cómo saber lo justo, eficaz?

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/4/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-04-meditaciones-sobre-la-deuda-publica-externa/

Meditaciones sobre la deuda pública externa

Como hemos señalado en distintas oportunidades, si queremos progresar resulta imperioso abandonar la mente cerrada del conservador siempre encajada en el statu quo, incapaz de aceptar el cambio puesto que sus telarañas conceptuales asfixian su pensamiento. Como ha subrayado Albert Einstein, “es imposible obtener efectos distintos repitiendo las mismas causas”.

Cuando Thomas Jefferson, siendo embajador en París, recibió la flamante Constitución estadounidense escribió que si hubiera podido incluir una cláusula adicional en ese documento sería la de prohibir la deuda pública externa puesto que es incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que no eligieron al gobierno que contrajo la deuda. Cuando lo invité por segunda vez al premio Nobel en economía James M. Buchanan a pronunciar conferencias en Buenos Aires expresó lo mismo en el contexto del “Public Choice” que inició con Gordon Tullock.

Y no cabe el correlato con la actividad privada en cuanto a la evaluación de las respectivas inversiones puesto que en el ámbito estatal no es pertinente aludir a inversiones que, como es sabido, se refiere a apreciaciones subjetivas en cuanto a la relación del  valor presente respecto al futuro. Es tan  desatinado como cuando en el medio argentino se impuso la incoherencia del “ahorro forzoso”. En el Presupuesto lo que cabe son los rubros de gastos corrientes o gastos en activos fijos, pero no “inversiones”.

Ahora surgen acalorados debates sobre un supuesto endeudamiento de diversas gestiones gubernamentales de nuestro país, que habitualmente encierran tres errores garrafales.

En primer lugar para hablar con propiedad de endeudamientos es necesario aludir a valores absolutos y no hacerlo como un porcentaje del PIB. En segundo término, esto último se refiere a la capacidad de repago, pero no ilustra sobre el nivel de la deuda. Por último, para que la ratio sobre el PBN tenga significación es indispensable que la moneda se consigne en términos reales porque, de lo contario, con una divisa devaluada se inflan guarismos artificialmente.

Este problema no se circunscribe al caso argentino que, si bien constituye un ejemplo extremo, la mayor parte de las naciones del llamado mundo libre incurre en un grado de endeudamiento público superlativo. Es decir, además de presiones tributarias galopantes y manipulaciones monetarias de diverso espesor, los gobiernos también echan mano  a la deuda para financiar grados crecientes del Leviatán.

Sin perjuicio de reformas monetarias y bancarias de fondo y de reformas tributarias sustanciosas, sobre las cuales nos hemos expedido detalladamente en otras ocasiones, es urgente  contemplar la prohibición de contraer deuda pública externa (la interna estatal tiene otros significados) al  efecto de no permitir que “se patee la pelota para afuera” comprometiendo recursos más allá de los ingresos presentes.

Muchas veces se ha advertido  acerca de la monumental crisis de la deuda que se avecina en el planeta, la cual es empujada en grado sumo por instituciones gubernamentales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) que financia gobiernos fallidos con dólares sustraídos compulsivamente de los contribuyentes de diversos países. Es por eso que, entre otros, destacados autores como Anna Schwartz (coautora con Milton Friedman  de la célebre historia monetaria de Estados Unidos) y Peter Bauer (London School of Economics) han sugerido el  cierre inmediato de esa entidad internacional.

Pero tal vez el libro más ilustrativo en la materia sea el que lleva el sugestivo título en el que se resume la tesis: “Cuando la  ayuda es el problema”por Dambisa Moyo, africana y doctora en Economía por la Universidad de Oxford. En la misma línea argumental, es de gran interés el detenido estudio de la obra de Melvyn Krauss, titulada “Development without Aid”.

En resumen y para no tratar varios temas simultáneamente, es menester centrar la atención en los estragos de la deuda que, como queda dicho, no solo compromete patrimonios de personas que no pueden expresarse sino que abre las compuertas para que gobernantes desbocados puedan vivir a cuenta del futuro.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La cuarentena como política antiinflacionaria

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 20/4/2021 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/04/20/la-cuarentena-como-politica-antiinflacionaria/

La recesión que provocó el ASPO en gran parte de 2020 posibilitó contener el ritmo de suba de los precios al consumidor. Pero el exceso de emisión de dinero no demoró en manifestarse

La tasa de inflación de marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro (EFE)

La tasa de inflación de marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro (EFE)

El aumento del 4,8% del Índice de Precios al Consumidor del Indec en marzo refleja el impacto de la fenomenal expansión monetaria de 2020, emisión que fue la principal fuente de financiamiento del Tesoro. Entonces, la cuarentena que impuso el ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio) actuó como mecanismo de freno a la inflación y, a medida que fue haciéndose más flexible, por el contrario, se aceleró.

Pero antes de ir a ese punto, conviene resaltar un dato que no es menor. Si bien el IPC a nivel nacional aumentó el 4,8% en marzo, el IPC del Gran Buenos Aires tuvo un incremento del 5,2%. Fue el que más subió por regiones (Pampeana, Cuyo, Noreste, Noroeste y la Patagonia).

El tema no es menor porque de acuerdo a los últimos datos de desocupación del Indec: los partidos del Gran Buenos Aires tienen la tasa de desempleo más alta del país con el 14,1%. Además, en la mayor parte de los dominios del kirchnerismo tienen una de las tasas de pobreza más altas del país con el 51% de personas por debajo de la línea de pobreza.

Lo primero a tener en cuenta es que la aceleración de la inflación está pegando más intensamente en el electorado del kirchnerismo que, como viene la situación económica y social, tiene posibilidades de hacer una muy mala elección en octubre. Obviamente, Argentina es imprevisible electoralmente.

Yendo al tema de la inflación y la cuarentena, en primer lugar se puede ver el índice de Our in World Data que mide la severidad de la cuarentena.

La cuarentena más estricta estuvo entre fines de marzo y julio en que se mantuvo en un índice máximo de 100 y aproximadamente 90 como piso hasta principios de agosto. A partir de ese mes comenzó a descender hasta ubicarse en un nivel de 70. Es decir, nunca terminó, pero se atenuó.

Mientras que en el siguiente gráfico se puede observar qué pasó con la tasa de inflación a medida que se fue flexibilizando el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

Justamente en la parte más estricta de la cuarentena la tasa de inflación se mantuvo en el orden del 1,5% mensual. A partir de agosto, cuando comienzan a suavizarse las medidas de aislamiento social, el ritmo de suba de los precios al consumidor se duplicó, pasó de 1,5% a 3% mensual promedio, aproximadamente, y luego se dispara a un escalón del 4%, y en marzo corrió a una velocidad de 4,8%, que se mantuvo en la primera mitad de abril.

En otras palabras, la cuarentena actuó como un control de precios indirecto dado que la gente no podía gastar los pesos que emitía el BCRA. Entre enero de 2020 y 2021 la base monetaria aumentó 35%,en promedio de cada mes.

Causas y efectos

¿Por qué a pesar del fuerte endeudamiento del BCRA colocando Leliq y Pases y a pesar de expandir menos la base monetaria, se fue acelerando la tasa de inflación? Según funcionarios del Gobierno la culpa es de los productores ganaderos y de las empresas alimenticias que no trabajan al 100% de su capacidad de producción.

La realidad es que las empresas no trabajan al 100% de su capacidad instalada porque puede haber insumos faltantes, mantenimiento de máquinas, reparaciones o los camiones de Moyano cortando las operaciones de alguna planta productora.

La inflación empezó a acelerarse a medida que se fue suavizando la cuarentena porque la gente pudo huir del dinero que emitió el BCRA y no lo podía usar porque no podía consumir durante la cuarentena estricta. Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios.Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios (Reuters)Lo que se está dando es una combinación de expansión monetaria, junto con una caída en la demanda de moneda y una disminución en la oferta de bienes y servicios (Reuters)

Si bien es cierto que el nivel de actividad rebotó, recién está en los niveles de febrero de 2020, mes anterior al inicio de la cuarentena, cuando arrastraba más de 18 meses en recesión. En definitiva, hay más billetes circulando, pero la gente no los quiere retener, se los saca rápidamente de encima, y la oferta de bienes y servicios crece a un ritmo menor que la expansión de dinero.

Considerando que la moneda es una mercadería más, se puede ver el problema desde otro ángulo. El BCRA produce cada vez mayor cantidad de una mercadería llamada pesos que la gente no quiere.

Es como si hubiese un precio relativo entre cantidad de trigo y de carne. Hay que entregar determinada cantidad de trigo por un kilo de carne. Si disminuye la demanda de trigo y aumenta su producción y, al mismo tiempo, baja la oferta de carne pero crece su demanda, es obvio que habrá que entregar cada vez más cantidad del primero trigo por igual cantidad del segundo.Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, la tasa de inflación mensual promedio de los próximos 9 meses tendría que ubicarse en 1,66% mensual (Reuters)Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, la tasa de inflación mensual promedio de los próximos 9 meses tendría que ubicarse en 1,66% mensual (Reuters)

Es la tormenta perfecta en materia inflacionaria: más emisión, menor demanda de moneda y baja la oferta de bienes y servicios.

Para que el ministro Martín Guzmán pueda cumplir con la meta del 29% de inflación en 2021, el aumento promedio mensual del índice general de precios al consumidor del Indec en los 9 meses que falta tendría que ubicarse en el 1,48%. Meta difícil de lograr con la caída en la demanda de moneda y con un BCRA que volvió a expandir base monetaria en marzo luego de dos meses de descanso a la maquinita.

Y atención con precios mayoristas que en febrero fue del 6,1%, alcanzó un ritmo anualizado de 103% anual. Es decir, ya alcanzó un rango de 3 dígitos anuales, pisando las tarifas de los servicios públicos y el tipo de cambio oficial.

El Gobierno podrá seguir inventando argumentos exóticos y buscar culpables por todos lados para explicar inflación que se acelera, pero la dura realidad es que la teoría monetaria de la inflación está pasando, implacablemente, su factura.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky