Category Archives: Política Monetaria

Sería mejor tener un plan económico con un solo ministro de economía

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/2/18 en: http://economiaparatodos.net/seria-mejor-tener-un-plan-economico-con-un-solo-ministro-de-economia/

 

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio

En el campo de la economía, los últimos días estuvieron marcados por la suba del tipo de cambio. Dicho de otra manera, la suba del dólar o, para ser más precisos, la pérdida del poder adquisitivo del peso. Como primer aproximación, vale la pena preguntarse: ¿por qué tanta alarma por la suba del dólar si no hizo otra cosa que acompañar la suba de los precios internos? El IPC Nacional subió el 24,8% tomando diciembre 2017 versus diciembre 2016 y el tipo de cambio, tomando $ 20 contra enero de 2017 subió el 25,7%.

Hasta diciembre pasado, el tipo de cambio no había aumentado tanto en pesos constantes de diciembre 2017. En el gráfico 1 puede verse la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre 2017

Gráfico 1

Como puede verse, en diciembre había quedado un 6% por encima del tipo de cambio de noviembre 2015. Incluso tomando el pico de la devaluación de febrero de 2017 hoy, con un tipo de cambio de $ 20,20, no alcanzó ni siquiera el nivel del tipo de cambio de ese momento. En otras palabras, el tipo de cambio nunca flotó libremente bajo la nueva administración dado que fue influenciado indirectamente por la tasa de interés que estableció el BCRA generando un arbitraje tasa versus dólar que mantuvo quieto el tipo de cambio mientras la inflación continuaba su curso.

Es imposible imaginar una economía con una moneda sólida en un país en el que el déficit fiscal es una constante a lo largo de las décadas. No es casualidad que en los últimos 43 años hayamos tenido crisis como el rodrigazo en 1975, el fin de la tablita cambiaria de enero de 1981, la licuación de pasivos de 1982, la crisis del plan austral en 1987, la hiperfinflación de 1989, el plan Bonex de diciembre de 1989, la corrida cambiaria de fines de 1990 y principios de 1991 que terminó en la convertibilidad y la crisis de 2001/2002. Son 8 crisis en 43 años, a un promedio de una crisis cada 5 años.

Todas esas crisis tuvieron como origen un problema fiscal que fue financiado con expansión monetaria, deuda interna, deuda cuasifiscal y deuda externa cayendo en los correspondientes defaults.

Por un tiempo se pisa el tipo de cambio, lo cual trae cierta tranquilidad en los precios, pero el arbitraje tasa versus dólar va acumulando presiones en el mercado de cambios, mientras sigue el déficit fiscal, que finalmente desembocan en tensiones en el mercado cambiario.

Gráfico 2

Si uno observa la evolución del tipo de cambio a pesos de diciembre de 2017 puede verificar que luego de usar artilugios para mantener pisado el tipo de cambio con endeudamiento o con la zanahoria de la tasa de interés, luego viene un salto. Sin embargo desde 1991 hemos tenido un tipo de cambio en el nivel más bajo de la serie histórica durante 27 años seguidos, salvo el salto de 2002 con la devaluación de Duhalde.

Antes de continuar deseo aclarar que no utilizo la PPP porque considero que se basa en supuestos falsos. La teoría de la paridad del poder adquisitivo, parte de los supuestos de que no existen costos de transporte ni restricciones al comercio exterior (aranceles o restricciones no arancelarias). Sin embargo, en el mundo real existen esos costos y, a mi juicio, le da poca consistencia a la PPP.

Durante casi 2 años el gobierno de Cambiemos mantuvo relativamente pisado el tipo de cambio con la zanahoria de la tasa de interés, el endeudamiento externo y las LEBACs. Es lógica la inquietud del mercado dado que la tasa está subiendo en el exterior y en el mercado interno hay una orden política de bajar la tasa de interés y dejar correr algo el tipo de cambio. De manera que es previsible algún cambio de cartera de LEBABCs a dólar. Pero a esto hay que agregarle la inconsistencia de pedir que el BCRA baje la tasa de interés y, al mismo tiempo, en este mínimo mercado de capitales, el tesoro salga a colocar deuda en pesos por $ 70.000 millones. Francamente una ensalada difícil de entender.

Teniendo en cuenta las reservas acumuladas que tiene el BCRA, las puertas de acceso al FMI y organismos internacionales y también el acceso al mercado de deuda externa, uno debería imaginar que, por el momento, no debería haber una crisis cambiaria ni nada que se le parezca, aunque en Argentina en particular, siempre hay que ser cauto con los pronósticos categóricos.

En definitiva, el gran interrogante que queda por delante es ver si el gobierno podrá hacer sintonía fina de ir bajando la tasa de interés, dejar que suba el tipo de cambio en forma controlada, teniendo como contrapartida un stock de $ 1 billón en LEBACs.

Personalmente, me sentiría más tranquilo si esa jugada se hiciera con un plan económico consistente, con un ministro que concentre ese plan, que tenga gran capacidad de comunicación, didáctico, de llegada a la gente y un equipo prestigioso que lo acompañe. Si el presidente Macri dejara de atomizar las decisiones económicas y optara por un ministro de gran prestigio y excelente comunicador, no solo se estaría asegurando el crecimiento de largo plazo, sino también una transición más cómoda y menos dolorosa para la población.

Por ahora, no debería producirse una crisis cambiaria, pero ojo que estas jugadas de te doy tasa, dame dólares, pueden terminar en el momento menos sospechado y por las casusas menos imaginadas. Tomar las precauciones del caso reformulando el manejo de la economía luce indispensable para recuperar buena parte de la confianza perdida en las últimas semanas.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

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La Curva de Phillips y la tasa de interés

Por Adrián Ravier.  Publicado el 16/2/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/761474/opinion/curva-phillips-tasa-interes.html

 

La autoridad monetaria se debate desde hace meses si subir o bajar la tasa de interés. El debate está en el premio que le vamos a dar a los agentes por mantener sus activos pesificados. Subir la tasa, contribuye a pesificar la economía; Bajar la tasa, contribuye a dolarizarla. La demanda de dinero en pesos resultante es una de las claves para contener la inflación.

Otro modo de ver la cuestión es si privilegiar la lucha contra la inflación o la actividad económica, lo que nos conduce, en definitiva, a la lógica de la Curva de Phillips. Phillips planteó un trabajo empírico en 1958 donde mostraba la relación inversa que existe entre inflación y desempleo. En términos prácticos, si Argentina decide acelerar su lucha contra la inflación, por ejemplo subiendo las tasas, tendrá que aceptar en el corto plazo un nivel de actividad menor, con impacto negativo sobre el empleo. Si decide postergar esta lucha para otro momento bajando las tasas, entonces puede recalentar la economía, pero el costo será una mayor inflación.

Desde mi punto de vista la autoridad monetaria debería privilegiar el objetivo de tener una moneda sana, lo que sólo se puede conseguir limitando la asistencia que el BCRA le ofrece al Tesoro. Esto, a su vez, tiene dos soluciones, o se eleva la tasa de interés lo suficiente, o bien, se controla los agregados monetarios (una propuesta que viene ganando adherentes).

Probados hechos hay en la historia económica que sólo una moneda sana fomenta el ahorro, la inversión, la formación de capital, la generación de empleo, el aumento de productividad, los mejores salarios reales y el aumento en el bienestar. Sólo de ese modo se soluciona el problema de la inflación, y se fomenta actividad económica y empleo.

El gobierno, sin embargo, decide priorizar recurrentemente el nivel de actividad y empleo, poniendo el carro delante del caballo. Lo más grave es que el margen de acción se acorta porque las elecciones se acercan, y entonces ya no hay opción para bajar a tiempo la inflación y que en 2019 la actividad económica y el empleo despeguen fortalecidos. Son los costos del gradualismo, y nadie puede decir que los economistas no lo hemos advertido.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Entrevista: Consejo Economico Asesor del Presidente

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/2/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/02/17/entrevista-consejo-economico-asesor-del-presidente/

 

Dialogo en el programa de radio de Roberto Cachanosky sobre la idea de crear un Consejo Económico Asesor (CEA) del Presidente. Esta es una idea que Roberto menciono hace unos días en el programa de Joaquín Morales Sola, de casualidad en lineas similares a un post mio en noviembre.

Cual es la idea? Es similar al Council of Economic Advisors que hay en Estados Unidos (y otros países.) El CEA estaría dirigido y formado por economistas de carrera profesional, no de carrera política. Por ejemplo analistas de coyuntura, profesores universitarios, investigadores, etc. Es decir, seria un cuerpo a-partidario (no político). El CEA puede desarrollar, por ejemplo, un reporte económico anual y estudiar distintas propuestas de política económica para evaluar su impacto. Cuales serian algunos de los beneficios del CEA?

Dentro del gobierno

  • Los puestos pueden tener rotar con cargos cortos (por ejemplo profesores de economía con licencia en su puesto universitario), por lo que el analista tiene incentivo a hacer un buen análisis económico, no a complacer al Presidente de turno.
  • Al estar formado por economistas con carrera técnica en lugar de política, los análisis estarían libres de presiones o sesgos partidarios.
  • Provee una plataforma para discutir política económica que se la hace mas difícil de ignorar al gobierno. El gobierno no podría hacerse el distraído, por ejemplo, con un reporte de la CEA que cuestione el tan lento gradualismo fiscal.
  • Contribuye a despolitizar la economía.
  • Limita o pone un control a las utopías (e ignorancia) en materia económica que se observa en los representantes en el Congreso.

A la sociedad en general

  • Contribuye a explicar a los medios y a la sociedad el plan económico del gobierno (si es que tiene uno).
  • Contribuye a restituir el prestigio a la ciencia económica, cuyo desprestigio se debe en gran parte a su politizacion.
  • Puede ofrecer análisis objetivos sobre proyectos de ley (por ejemplo, minimizar las confusiones en torno a al reforma jubilatoria de hace unos meses).
  • Contribuye a eliminar mitos que al política ha puesto en al opinión publica (por ejemplo, (1) que el shock implica despedir un millón de empleados públicos de un día para el otro, (2) que todo ajuste fiscal implica caída de actividad económica, (3) que las reformas rápidas necesariamente producen mayores costos sociales que las graduales, etc.)
  • Contribuye a encauzar y facilitar las opiniones y debates de economistas profesionales sobre la economía del país.

Se podrían mencionar varios otros beneficios, por supuesto. Pero fundamentalmente, al gobierno (en lugar de escucharse a si mismo en temas de economía) se le haría muy difícil ignorar las luces amarillas y rojas que los economistas cuyo carrera no depende de favores políticos tienen que decir.

Mas allá de los detalles, una institución como el CEA es muy simple de crear y puede traer grandes beneficios a la tan tumultuosa economía argentina.

Por cierto, un dato que se paso mencionar en la radio es el caso de Escocia. Recientemente crearon su propio CEA, entre sus miembros hay dos premios Nobel de Economía. Economistas capacitados en argentina no faltan, si el gobierno quiere escucharlos y darles mas presencia, esta es una manera sencilla de hacerlo institucionalmente.

Acceda a aquí al dialogo con Roberto Cachanosky.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Does Bitcoin Have the Right Monetary Rule?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/2/18 en: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3124359#.WoYCYtBKfG8.facebook

 

Abstract

Abstract
The growing literature on Bitcoin can be divided in two groups. One performs an economic analysis of Bitcoin focusing on its monetary characteristics. The other one looks takes a financial look at the price of Bitcoin. Interestingly, both of these groups have not given much more than passing comments to the problem whether or not Bitcoin has the right monetary rule. This paper argues that Bitcoin in particular, and cryptocurrencies in general, do not have a good monetary rule, and that this shortcoming seriously limits its prospect of becoming a well-stablished currency.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

What balance will we make in 2019 of the Macri administration?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 9/2/18 en: http://en.libertadyprogresonline.org/2018/02/09/what-balance-will-we-make-in-2019-of-the-macri-administration/

 

Doing futurology and projecting the economy of these two years 2018-2019, we ask ourselves -in balance mode- how it would end Mauricio Macri his first government in the National Executive and how much he could have made in correcting the inherited imbalances. In what areas would be considered successful, in which we will speak of inaction and in which we would have major problems.

Progress

Beginning with the good news, we should remember that one of the first measures was the removal of the fixed exchange rate, which made it possible to eliminate the black market (blue dollar) from the usual jargon of Argentinians, enabling the access to purchase foreign currency, both for tourism and for imports. This also allowed the elimination of the bottleneck where industrial production was stuck.

This contributed ending an economic stagnation that lasted all the previous government (2011-2015), in which the economy grew one year to fall the next, according to the political cycle. Between 2017 and 2019 it is expected moderate and stable growth of between 2 and 4 percent with improvements in consumption and investment levels. Here, a fundamental role will play labor reform to reduce the obstacles and excessive costs that companies face today to generate jobs and investment projects.

While they may not meet the goals, they may offer data that shows a low of the inflation from 41% registered in 2016 to a rate close to 15% in 2019. Critics will say that inflation in 2015 was lower than the 41% indicated, but this does not take into account the expansive monetary policy of 2015 that generates a lag effect on the next year. Here we must highlight, in addition, the controversy of the future dollar left by the management of Alejandro Vanoli and on which he is still giving explanations before the Courts of Comodoro Py.

The drop in inflation will allow reducing poverty that reached 31% in 2015, was 28% in 2017 and would be around 25-26% by the end of 2019, a structural level that can only be reduced with savings and investment and continuous growth.

An important aspect, which political cost was not lower, will have been ending the tariff delay, removing subsidies to public services. The energy policy managed by Juan Jose Aranguren will be qualified as successful, in addition, by correcting investment deficit in energy infrastructure.

Finally, Argentina will have come out of isolation thanks to the efforts of the ruling that separates it from Iran and Venezuela and build ties with China and the West, seeking investments, of course, but also strengthening political ties. It will not be considered a minor issue that Argentina has abandoned a long default on its public debt, which allowed it to return to financial markets and, among other things, it has accumulated international reserves to support its weakened local currency.

Inaction

Where we hardly see significant progress will be on the fiscal front. Although it removes and lowers export with-holdings and a raise of the non-taxable minimum for the income Tax were a significant first step, in terms of taxes the reform that Congress passed does not raise reduce the tax pressure until after 2020.

In terms of public expenditure, although it removes it from subsidies it is already and will have been significant, there are and there will be other increases that show that spending grew at a rate similar to inflation. The decrease in economic subsidies was compensated with an increase in social subsidies.

The public over-employment had minimal corrections that were compensated with other hirings. Holding it up during these four years will transform a current problem into a structural problem.

Mauricio Macri’s commitment throughout his government was to take care of public employment and try to reduce the fiscal deficit via improvements in tax collection. While the government may show some compliance with its fiscal targets (the primary deficit will probably be below 3%), it is also important to note that it will have maintained the financial deficit at a level similar to that inherited. The decreases of the primary deficit will have been compensated by increases in the interest on debt that had gradualism as a cost.

Negative aspects

The greatest cost of gradualism is the accumulation of public debt. Argentina will present at the end of 2019 a level of worrying debt and a financial deficit that will need a liquid global macroeconomic context that will hardly be sustained until 2020.

The heterodoxy in politics of disinflation who manages Federico Sturzenegger will leave an arsenal of Lebac that will extend the problem of inflation for longer than necessary. Lowering inflation to a single digit will remain a difficult problem in the next government if orthodox reform is to be avoided.

Finally, the more than 30,000 million dollars that Argentina will have received each year in the form of public debt will feed a foreign exchange delay that will represent one more obstacle for the development of its productive activity. The current account deficit will be an obvious consequence.

Those who expected to see a correction of the inherited macroeconomic imbalances in these four years will see important, but partial progress. But those who expected to observe a structural reform of the economy will have to keep waiting.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

No hay que tirar por la borda las Metas de Inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/no-hay-que-tirar-por-la-borda-las-metas-de-inflacion/

 

No somos tan excepcionales como para que aquí fracase lo que funciona en todo el mundo.

Una empresa enfrenta un problema en la administración de personal. El gerente nota que sus empleados no están todo lo motivados que él quisiera…

No sabe bien qué hacer, así que llama a un consultor experto en la materia.

El consultor escucha su caso, toma nota, y se toma unos días para analizarlo.

Durante la siguiente reunión, le ofrece una solución: un sistema de compensaciones distinto al que tiene vigente la empresa hoy, que ha demostrado tener éxito en las 10 últimas empresas donde el consultor lo implementó.

“Ok”, dice el gerente, haremos el cambio.

Dos meses después, al no ver resultados, llama indignado al consultor y le dice de todo. Que su sistema es deplorable, que no hay ningún resultado y que todo va a ir peor que antes.

¿Qué pasó? ¿Es que el sistema no funciona? ¿Es que no se le dio el suficiente tiempo? ¿O será, tal vez, que no se logró implementar en la forma debida?

Metas de inflación

El  caso de la empresa es similar a lo que ocurre en Argentina con la inflación. Nuestro país, producto de políticas fiscales totalmente irresponsables y desquiciadas, ha padecido décadas de inflación alta.

A lo largo de la historia, el exceso de gasto público se financió casi exclusivamente con emisión monetaria, derivando en altos niveles de inflación, lo que resultó en un paupérrimo crecimiento económico. La consecuencia es que pasamos de ser uno de los países más ricos y promisorios del planeta, a ser un ejemplo de decadencia mundial.

Durante la década del ’90, el déficit no se financió con emisión monetaria. Por tanto, no hubo inflación. Sin embargo, el exceso de gasto terminó en la crisis de 2001, que al fulminar la Ley de Convertibilidad, le abrió nuevamente las puertas al monstruo de la degradación de la moneda.

Lo que pasó en la década de los 2000 fue todavía más estrambótico. En un mundo donde la inflación casi se extinguía, acá rebrotaba, junto con los controles de precios y los cepos cambiarios. Un caso de estudio por lo excéntrico, sin duda.

Finalizado el período populista, llegamos a la situación análoga a la de la empresa.

El nuevo presidente del Banco Central (como el gerente de recursos humanos), miró con atención el problema de la inflación (el problema de la motivación del personal), y decidió aplicar como fórmula de solución algo que funciona en una innumerable cantidad de países en el mundo. Esto es: las metas de inflación.

2018.02.08_infla

Como se observa en la imagen de más arriba, las metas de inflación, también en Sudamérica, se utilizan de manera extendida. Son el régimen monetario de Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay… Y ahora de Argentina.

En casi todos estos países, el instrumento para llevar adelante la política monetaria es una tasa de interés de referencia. Si la inflación está por encima del objetivo, se espera que el Banco Central contraiga su política monetaria, subiendo la tasa de interés. Si ocurre lo contrario, se espera que la relaje, bajando la tasa.

La única excepción a esta regla es Uruguay,  que si bien mantiene un régimen de “Metas”, utiliza como instrumento el control directo de los agregados monetarios. Así, si la inflación está por arriba (abajo) de la meta, entonces buscará que la cantidad de dinero crezca menos (más).

¿Fracaso o impaciencia?

Como veníamos diciendo, en línea con lo que hace una buena cantidad de países del mundo, Argentina adoptó un sistema de Metas de Inflación. El esquema, en rigor, comenzó en Septiembre de 2016, cuando el Banco Central lo lanzó de manera oficial.

Ahora bien: ¿cuáles fueron los resultados? Para muchos, poco menos que desastrosos.

La tasa de inflación cerró en 2017 en 24,8%, cuando el techo de la meta era de 17% y el centro de la misma era 14,5. Es decir, 10 puntos por encima. Además, por cómo vienen moviéndose las expectativas, la nueva meta del 15% para 2018 tampoco se podría cumplir.

Con este diagnóstico, algunos profesionales comenzaron a pedir que se tire por la borda el sistema de Metas y que se pruebe con otra cosa. Las alternativas van desde controlar los agregados monetarios, lanzar un “dólar argentino”, o profundizar los controles de precios para “desconcentrar la economía”.

Dada la experiencia de la última década, queda claro que controlar precios no tiene ningún sentido.

Las otras propuestas son más interesantes… Pero: ¿son necesarias?

Ecuador tiene una economía dolarizada y no tiene inflación. Alemania controló sus agregados monetarios antes de ingresar al Euro y la mantuvo siempre baja. Ese es un punto a favor del “dólar argentino” o el control de los agregados. Pero también es cierto que el resto de las economías que usan el sistema de metas tampoco tiene inflación: ¿por qué Argentina va a ser la excepción a la regla?

Algunos también dicen que este método, si bien muestra inflaciones bajas en el globo, no sirve para “desinflar”. Es decir, no sería útil para reducir la tasa de aumentos de precios desde nuestro 25-30% promedio, al 5% buscado de largo plazo. Sin embargo, los casos de Israel y Chile, relevados en este estudio, parecerían contradecir ese punto.

Metas de inflación y liberalismo

Una cuestión adicional que puede surgir es qué sistema es más compatible con la libertad económica. Entre los liberales hay mucho debate acerca de qué sistema monetario es mejor. En esa conversación han surgido varias propuestas, como congelar la cantidad de dinero, fijar su tasa de expansión, eliminar el Banco Central, eliminar el curso forzoso, etc.

En este marco: ¿dónde encajan las metas de inflación?

Para responder podemos mirar el Índice de Libertad Económica de la fundación Heritage y detenernos en el subíndice “Libertad Monetaria”. Para la fundación, la libertad monetaria de un país se mide por una índice combinada de “estabilidad de precios” (un promedio ponderado de los últimos 3 años) y de “controles de precios”.

Así, una economía con 0 inflación y 0 controles de precios, sería una economía totalmente libre en temas monetarios.

Aclarado este punto, vemos que en el Top 3 del ránking de libertad monetaria mundial se encuentran Hungría, Nueva Zelanda y Lituania. Curiosamente, si bien Lituania hoy es parte del Euro y en el pasado mantuvo un tipo de cambio fijo con la moneda europea, Hungría y, especialmente, Nueva Zelanda, son casos emblemáticos de la utilización de Metas de Inflación.

Conclusión

Si bien se entiende la frustración y la ansiedad por obtener resultados, no parece que sea necesario tirar por la borda el sistema de metas de inflación. Si algo funciona en todo el mundo no puede no funcionar en Argentina. Está bien  que somos “especiales”, pero créanme que no tanto.

A lo sumo, si los resultados no son los esperados, habrá que tener algo más de paciencia. Piénsese que las metas tienen más de 10 años de historia en la región, pero acá solo llevan uno y medio.

Finalmente, sin duda que habrá que estar listos para ajustar la política monetaria todo lo que sea necesario para cumplir con la desinflación, pero eso puede hacerse dentro del esquema que, insistimos, es eficiente y, lo mejor de todo, totalmente compatible con la libertad económica.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Mercados: tiempo de toboganes

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/2/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/mercados-tiempo-de-toboganes/

 

Ironizó ayer la columna Lex del Financial Times sobre el laconismo de Trump en Twitter: habiendo lanzado más de 60 mensajes celebrando lo bien que iba la Bolsa desde que llegó a la Casa Blanca, en las últimas horas no había tuiteado nada al respecto. Era lógico: Wall Street se pegó un batacazo histórico el lunes, que se compensó algo ayer, aunque el eco siguió rebotando fuera de Estados Unidos, donde reinaron los números rojos. El Ibex, con un -2,5 %, sufrió la mayor caída en cuatro meses, y cerró al nivel más bajo de once meses.

Así como Trumpo no dijo nada, los agentes del mercado aseguraron que no pasa nada, que es una “corrección temporal”. Siempre sucede lo mismo: ningún político habla cuando la Bolsa se hunde, y ningún bróker grita nunca: “¡pánico! ¡todos a vender todo!”. Al contrario, siempre dicen que o bien se quede usted inmóvil, o bien, si la cosa se hunde más, incluso que aproveche y compre.

Lo cierto es que ni los políticos, ni los agentes de bolsa, y mucho menos los economistas, conocen el futuro. Lo que sí sospechamos algunos es que hemos vivido una falsa bonanza, producto de que los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal, hicieron lo que políticos, banqueros, gestores de fondos, y demás protagonistas del mundo financiero, les rogaban que hicieran: inundarlo todo con liquidez. Y lo hicieron, con la misma excusa que esgrimieron antes de 2007: los precios no subían. Era y siguió siendo una falacia, que estriba en medir los precios por el IPC, como si los activos no tuvieran precios, o como si sus precios no importaran.

Esta maniobra, repetida en mayor o menor medida por el Banco Central Europeo y otras autoridades monetarias, dio como resultado una nueva “represión financiera” que combinó una recuperación de la economía, una subida de las bolsas y unos tipos de interés, unos salarios y un IPC contenidos. Al mismo tiempo, se trataba de una situación engañosamente apacible, que ocultaba tensiones que tarde o temprano iban a aflorar. Como símbolo de la responsabilidad de los bancos centrales en todo esto, la sacudida se produjo el mismo día en que Jay Powell asumía como presidente de la Reserva Federal, tras la gestión de la supuestamente diestra Janet Yellen. En fin, tambien a Alan Greenspan lo llamó “maestro” nada menos que Bob Woodward.

Un tranquilizante convencional es que la economía real va bien, incluso muy bien. Por tanto, si nos sucede algo es porque suben los salarios, que ya era hora, o por culpa de vaya usted a saber qué recoveco “técnico”, porque los famosos “fundamentales” van estupendamente. Es posible que sea así, pero no lo sabemos. Sólo lo sabremos cuando suban los tipos, baje la marea, y veamos quién lleva traje de baño y quién no. Es decir, qué activos están sostenidos por inversiones reales sólidas y cuáles sólo brillan con tipos inusualmente bajos o “reprimidos”.

Mientras tanto, parece que ha empezado el tiempo de los toboganes. La situación podría resolverse, y pasar del tobogán a la subida más o menos estable, si la reforma fiscal de Trump rinde sus esperados frutos reactivadores, y si es imitada en otras latitudes. De eso debería tuitear el presidente americano, y no de la Bolsa. Por fin, si no se resuelve, entonces no se queje usted de los toboganes, porque la alternativa será peor.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Aunque “juegue solo”, el Banco Central sí puede bajar la inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/aunque-juegue-solo-el-banco-central-si-puede-bajar-la-inflacion/

 

La experiencia de Paul Volcker echa luz sobre el presente argentino.

“Con la tasa de interés no se baja la inflación”.

“Con este desorden fiscal, la inflación solo puede mantenerse alta”

Frases como las anteriores son cada vez más escuchadas en el debate económico actual.

Es que con una meta que en 2017 era de 17% como máximo, pero una inflación rozando el 25%, las críticas al sistema de inflation targeting toman recobrado estímulo.

Ahora bien, ¿tienen validez?

Teoría y Práctica

A priori, la observación parece tener sentido.

Un gobierno con un elevado déficit fiscal que no quiera ni subir impuestos ni bajar el gasto público, siempre encontrará tentador que el Banco Central monetice dicho déficit. Si los agentes del mercado descuentan que esto en algún momento –pero efectivamente- sucederá, entonces no mejorarán las expectativas de inflación, dificultándose el proceso de su baja.

La realidad, sin embargo, muestra otra cosa.

En 1979, cuando Estados Unidos enfrentaba la peor inflación de su historia en tiempos de paz, Paul Volcker tomó el mando de la Reserva Federal. En su momento, las cuentas del gobierno dejaban mucho que desear, pero empeoraron incluso más una vez que Reagan llegó al poder.

Jimmy Carter, presidente demócrata, no había sido precisamente un símbolo de la austeridad fiscal, pero Ronald Reagan incrementó el desequilibrio, al bajar los impuestos para reactivar la economía. El déficit pasó de 2,5% del PBI (1981) a 5,9% (1983).

Volcker, que en su época de estudiante ya rechazaba la idea de que “un poco de inflación era buena”, no tardó en poner manos a la obra. En su segunda reunión como presidente de la Fed decidió la primera suba de la tasa de política monetaria. Era septiembre de 1979.

Un mes después, la Fed decidió pasar a un sistema más apoyado sobre el control directo de los agregados monetarios, pero sin dejar de mirar lo que pasaba con la tasa de interés. Se tomaban como dos caras de la misma moneda.

Tras el cambio, la inflación se resistía a bajar, y no fueron pocos los que mencionaron al déficit fiscal como el origen de todos los problemas. Milton Friedman, Premio Nobel de Economía y padre del monetarismo moderno, fue uno de ellos.

Tuvo que llegar el año 1980, cuando en medio de la campaña presidencial, y a pocas semanas del triunfo de Reagan, Volcker decidió que la tasa de descuento (que los bancos del sistema de la Reserva Federal le cobran a los bancos comerciales) subiera 1 punto porcentual.

Fue una movida inesperada. Nadie creía que el Banco Central fuera a actuar así en medio de un período electoral. Pero la señal enviada fue clara. A la autoridad monetaria le preocupaba solo una cosa: derrotar la inflación.

2018.02.01

El ciclo alcista de tasas (que llevó a la de descuento desde el 10% al 14% anual), duró hasta octubre de 1981.

Los resultados fueron los buscados. Un año más tarde, la inflación se ubicó en 5% anual. Doce meses después, el registro fue de 2,8%.

A pesar de la desprolijidad fiscal, la política monetaria había logrado vencer a la inflación.

Sí, se puede

¿Cómo fue esto posible?

La respuesta es que cuando hay déficit fiscal creciente, una posibilidad es endeudarse a más no poder y, si el mercado “se cansa”, volver a financiar el desequilibrio emitiendo papelitos. Esto, obviamente, no reduce la inflación, o al menos no de forma permanente.

Otra posibilidad es que el Banco Central se ponga tan firme en su objetivo, que cierre definitivamente la posibilidad de volver a monetizar un déficit.

Visto en perspectiva, ésa fue la vía que siguió Paul Volcker.

Así, el vínculo entre el déficit y la inflación, que es directo cuando se espera que la autoridad monetaria rescate al tesoro, terminó rompiéndose para siempre. A partir de ese entonces, la inflación alta jamás regresó a Estados Unidos, pero sí el crecimiento económico, la creación de empleo y el aumento de la riqueza.

Es una experiencia histórica para mirar con atención, especialmente desde Argentina, donde la política monetaria busca bajar la inflación con un déficit fiscal en niveles históricamente elevados.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Sobre la moneda y los sistemas bancarios

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 7/2/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/02/07/sobre-la-moneda-y-los-sistemas-bancarios/

 

El tema monetario es de gran importancia puesto que está indisolublemente atado a los patrimonios de la gente. Trastornos en  ese campo repercuten de inmediato en el nivel de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados puesto que la característica central de esos barquinazos se traducen en consumo de capital, lo cual, a su turno, significan disminuciones en salarios e ingresos en términos reales.

Desde tiempo inmemorial los aparatos estatales se han querido apoderar del instrumento monetario al efecto de hacerse de recursos. Ningún gobierno en la historia de la humanidad ha preservado el poder adquisitivo del dinero, siempre lo ha derretido. El premio Nobel en economía Friedrich Hayek fue un pionero contemporáneo en señalar la imperiosa necesidad de apartar a los gobiernos de la administración de la moneda, a lo cual han seguido numerosos autores, tema que en la actualidad ha producido una muy prolífica bibliografía. Hayek escribe que su esperanza estriba en que no ocurra con el dinero lo que sucedió con la inconveniente unión entre el poder y la religión que tardó siglos en percibirse los daños que provocaba esa unión. Del mismo modo, sigue diciendo Hayek que el dinero debe separarse cuanto antes de todo vestigio de contacto político y que la independencia de la banca central no hace más que trasladar los problemas a otro sector apoyado por el poder.

Otro premio Nobel también en economía, Milton Friedman, en su último trabajo sobre temas monetarios sostiene que “el dinero es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de banqueros centrales”. Es cierto que Friedman antes sugería la implantación de una “regla monetaria” que analizamos  más abajo.

Este cambio  no solo ocurrió con Friedman, el propio Hayek en una obra anterior sostenía que es “la administración de la moneda constituye función indelegable del gobierno”. Esto es solo una muestra de la evolución del pensamiento para quienes están atentos a nuevos conocimientos.

Antes de entrar de lleno en el tema, tengamos en cuenta que el dinero no calza en la definición de bien público puesto que no incorpora los principios de no-excusión y no-rivalidad. Por otra parte, se ha sostenido la conveniencia de la moneda estatal partiendo de la arbitraria premisa que se trata de un monopolio técnico aunque en este caso resulta de la imposición de un monopolio artificial (es de interés en este contexto atender un ensayo de otro premio Nobel en economía, Gary Becker, titulado “There is Nothing Natural about Natural Monopoly”), de lo contrario, liberado el mercado de regulaciones se brinda la posibilidad de elegir en competencia con todos los controles cruzados que de ello se deriva. También llama poderosamente la atención que se alegue que la politización de la moneda pueda suplir la asimetría de la información cuando, precisamente,  cuanto menos críptico y cerrado sea el mercado menor es la exposición y la transparencia. Por último, se ha pretendido desacreditar la competencia abierta de monedas recurriendo a una interpretación equivocada de la Ley de Gresham al afirmar que la moneda mala desplaza a la buena sin tener en cuenta que eso ocurre cuando el gobierno impone tipos de cambio forzosos.

La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible a la que nos hemos referido más arriba, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a que tasa contraer, a que tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda, que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo,  el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores  en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.

Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace cincuenta años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución, en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años treinta.

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se  perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cual es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cual es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cual es la cantidad de lechuga que habrá en el mercado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Cuando un daltónico mira un semáforo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/1/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/01/25/cuando-un-daltonico-mira-un-semaforo/

 

Mientras que la principal fuente de “crecimiento”, la deuda estatal, va camino de perjudicarse, ya que la Fed cambia de titular -la actual celebrará el 30 y 31 de enero su última reunión- y asume Jerome Powell confirmando el continuismo, o sea, la senda alcista de las tasas de interés, el gobierno ve “luces verdes”. La Fed elevó las tasas tres veces en 2017, hasta el rango de entre el 1,25% y el 1,5%, y aprobaría otras tres subas en 2018.

Nada menos que 15 luces, verdes ve el oficialismo, tres amarillas y dos rojas en su “Monitor de la Economía Real”, la última edición de un semáforo que prepara mensualmente el Ministerio de Producción, con indicadores de la actividad económica, oficiales y de consultoras privadas. Faltando los datos de diciembre, que se antojan peores, el más rojo es la caída de la industria textil, 8,6% entre enero y noviembre de 2017, y luego la química 1,5%. Los amarillos: la baja de 1% del consumo, el 24,8% de inflación anual y la caída de 0,9% de la producción de alimentos.

Ahora, entre lo verde estaría el mercado de créditos hipotecarios -desde 2016 ya alcanzaron los $ 56.300 M-, claro que apalancados desde el Estado. Así las cosas, no extraña que, en 2017, el “crecimiento” de la economía fue impulsado especialmente por la “inversión”, de la mano del agro y la construcción pública y privada, insisto, apalancada desde la deuda estatal.

Según el gobierno, la industria se expandió 1,9% en los primeros 11 meses de 2017: “Los primeros, durante el primer semestre del 2017 fueron metalmecánica, metales básicos, automotriz y minerales no metálicos, vinculados al crecimiento de la construcción, el agro y el consumo durable. Luego, caucho y plástico (que abastecen a los sectores automotriz y construcción principalmente)”.

Ahora, la producción automotriz cerró 2017 con 472.158 unidades salidas de las fábricas, según quién más sabe de esto, Adefa, 0,1% menos que en 2016. El cuarto año consecutivo de retroceso desde 2013 y casi la mitad del récord de 828.700 vehículos que se fabricaron en 2011.

Para el 2018, “las perspectivas son mejores… por el cambio en la meta inflacionaria, la recuperación de Brasil y la reforma tributaria”. Se recuperarían los salarios, impactando en el consumo, los precios de los productos primarios y la obra pública y el incentivo de la inversión a través de proyectos PPP, ambos apalancados por el Estado y su endeudamiento

Y la reforma tributaria que, según el Gobierno, mejoró la tasa de rentabilidad de las empresas demostrando que no entiende al mercado, cree que éste es manejado por las empresas cuando está conformado por las personas, los 45 M de argentinos. O sea, que unas empresas mejoren no hace al mercado, que crecerá cuando todo el conjunto de la sociedad crezca, para lo que hay que desregular a la economía y bajar la presión fiscal general, y no solo a las empresas ni manteniendo el nivel general con aumentos en otros lados.

Por caso, el gobierno tiene que desregular el sector energético permitiendo que cualquiera pueda producir, distribuir y vender en cualquier momento y lugar, y que el mercado fije tarifas competitivas. La revisión tarifaria en el sector eléctrico -que desde diciembre con el aumento de febrero acumulará casi 70%-, tenía como objetivo disminuir la cantidad de cortes y bajar los subsidios. Sin embargo, durante diciembre, el número de interrupciones en el servicio subió 28%, en relación al mismo mes de 2016, en el AMBA, aunque la duración de los cortes fue 13% inferior.

Según el Instituto Argentino de Energía, a noviembre del 2017, la balanza comercial reflejaba un déficit de US$ 7.656 M. De este total, el 41% se debe al déficit energético. Con este potencial de desarrollo y el Estado que les garantiza estas tarifas y privilegios monopólicos, de las acciones del Merval en lo que va del 2018, las mayores subas se dan en el sector energético que aumentó, en promedio 15%, destacando Central Puerto S.A. y Distribuidora de Gas Cuyana S.A. que subieron en solo 15 días 41 y 36% respectivamente.

En fin, el optimismo decae. Por caso, la última edición del Índice de Confianza, elaborado trimestralmente por Vistage Argentina desde 2006 entre líderes de empresas, bajó de 133 puntos en el tercer trimestre de 2017-récord- a 129 en el último. El 71% dijo que mejorará el escenario económico, 15 puntos menos que el 86% de la medición anterior. El 85% cree que su facturación crecerá en 2018, 80% espera ver crecer sus ventas, pero los que esperan que su rentabilidad aumente pasaron del 53% al 48%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.