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La caída Argentina no tiene piso

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/7/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/07/16/la-caida-argentina-no-tiene-piso/

 

Contra todos los pronósticos la economía sigue en descenso y no se vislumbra una rectificación del rumbo hacia el crecimiento. Dicho rápidamente, el que produce es el mercado y, entonces, la economía florecerá en la medida en que el Estado deje de extraer -y malgastar- sus recursos. Pero Macri, siguiendo la política que aplico en la CABA, ha aumentado el peso estatal.

Cuando el gobierno asegura que bajó la presión fiscal, no se condice con el aumento de la recaudación, superior a la suma de la inflación y el “crecimiento” del PIB: en mayo fue récord histórico con una variación interanual de 43,4% mientras que la variación de junio fue del 31,9%. Y, aunque esto fuera solo efecto de controles de la Afip más eficientes, significa menos recursos para el mercado.

Pero, además, el Estado absorbe fondos por otras dos vías que crecen. Primero, la inflacionaria (40% en 2016, 25% en 2017 y camino de superar 30% en 2018) ya que significa emisión exagerada con el fin de solventar gastos a costa del mercado que ve la moneda en sus manos desvalorizada. Y, segundo, el endeudamiento estatal y las altas tasas de interés.

Mientras el neo keynesianismo, hoy de moda, dice que las tasas altas bajarían la inflación, el IPC aumenta el mismo ritmo descontrolado del costo del dinero al punto que las consultoras estiman que la inflación de junio será la más alta del año llegando hasta el 4,1%, y la núcleo hasta el 4,2%.

A ver, cuando se deja de emitir en exceso -se evita la inflación- el mercado deja de ser expoliado a través de la desvalorización de la moneda. En cambio, cuando se retiran pesos vía endeudamiento estatal o altas tasas o subida de encajes -un punto de encaje saca de circulación unos $ 20.000 M- se están retirando del mercado recursos que deberían ir a la producción.

Y no se vislumbra -menos aun con los contraproducentes “consejos” del FMI- que estos tres modos de expoliar al mercado disminuyan. Así, un “crecimiento” solo podría darse al estilo del de 2017 (2,9%), que no fue tal sino inflado con créditos que superaron el 7% del PIB, pero hoy el problema es que difícilmente pueda el darse nivel de endeudamiento necesario.

Entre paréntesis, el recorte en el presupuesto de 2019 de $ 300.000 M (si lo cumplen) para bajar el déficit, además de ser inútil si no baja la presión fiscal total -impuestos, inflación, endeudamiento/tasa altas- es poco y, del modo en que lo plantean, contraproducente. Y. siguiendo con el paréntesis, las intervenciones del BCRA para “controlar” al dólar también son contraproducentes porque, una vez que se le acaben las fuerzas, la divisa retomará su valor.

Debido al crecimiento del stock de letras del Tesoro en dólares, el riesgo de que el gobierno no pague su deuda, implícito en los credit default swaps (CDS) a 5 años, llegó al 6,76%, contra el 3,73% en diciembre 2017. Todavía es bajo, pero se duplicó en 7 meses. La semana pasada, Hacienda pagó una tasa récord de 5,5% anual en dólares y captó solo US$ 514 M con Letes sobre los 1.200 M que vencían.

Obviamente, el Tesoro va a tomar todos los desembolsos del FMI, hasta diciembre de 2019, US$ 13.400 M en 2018 y 11.700 M en 2019. El financiamiento con el resto de los organismos (BM, el BID y CAF) el año próximo sumaría US$ 1300 M, además de los 3000 M de 2018. Según la consultora ACM, aun suponiendo que refinancian todas las Letes en 2019, el Gobierno necesitará otros US$ 37.500 M (7% del PBI) solo para sostenerse.

Y esta semana se presenta complicada. Empieza hoy lunes con la reapertura del Bono del Tesoro (BOTE) 2020 -que se puede usar para integrar los encajes- que paga una tasa del 26% nominal anual (27,7% efectiva) del que ya colocaron $ 55.700 M a mitad de junio.

El martes vencen $536.000 M en Lebac y se espera una renovación menor a los dos tercios ya que los bancos utilizarán parte del dinero que cobren el día siguiente para comprar el BOTE 2020 (se liquida el miércoles 18) e integrar con estos papeles remunerados la suba en los encajes y buscarán recomponer, además, su tenencia de liquidez, hoy muy baja al punto que las tasas de corto plazo llegaron a moverse entre el 60 y 70%.

Finalmente, miércoles suben los encajes de 26 a 28% -que con las subas desde junio significará el retiro de $160.000 M, el 15% de la base monetaria, pero que en la práctica oscila entre $ 180.000 y 200.000 M dada la sub integración de encajes antes permitida- y se liquidan los títulos del Tesoro y BCRA mencionados lo que permitirá a los bancos arbitrar entre ambos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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Gabriela Calderón de Burgos sobre la dolarización en Ecuador

Por Iván Carrino. Publicado el 11/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/gabriela-calderon-de-burgos-sobre-la-dolarizacion-en-ecuador/

 

Esta mañana, en #PesadaHerencia, el segmento radial que hago todos los miércoles por FM Radio Cultura, hablé con Gabriela Calderón, quien desde Ecuador nos contó de qué se trata la dolarización.

https://radiocut.fm/audiocut/embed/vert/gabriela-calderon-de-burgos-con-ivancarrino-en-pesadaherencia#

Mi conclusión sobre el tema, que no llega a escucharse en el recorte, es que la dolarización es extremadamente efectiva para terminar con el flagelo de la inflación, pero no es la solución a todos los problemas.

Finalmente, el crecimiento de largo plazo de una economía depende de cuestiones estructurales, como el gasto público, los impuestos, la regulación de los mercados y el capital humano y físico de la sociedad. Y no todas estas variables dependen de que haya, o no, estabilidad monetaria.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Mercados Peronistas

Por Iván Carrino. Publicado el 4/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/mercados-peronistas/

 

Si en lugar de hacernos cargo de los problemas, apelamos a teorías disparatadas, va a ser difícil salir de la crisis.

En momentos de crisis, prolifera el nerviosismo y la ansiedad. Además, también surgen todo tipo de teorías sobre las causas que la generaron y las consecuencias posibles.

Entre esas explicaciones y en el caso particular de Argentina, están las que ven el origen del problema como un fenómeno puramente local, las que ven al origen como uno puramente internacional, las que observan la cuestión como una combinación de ambas… Y así sucesivamente.

Ahora bien, también tenemos las teorías conspirativas. Estas teorías creen que los problemas que enfrentamos hoy en la economía responden a una oscura confluencia de intereses.

En esa línea está el reconocido periodista Jorge Fernández Díaz, quien recientemente publicó una editorial donde acusa de la crisis a la alianza entre los mercados financieros y, créase o no, el peronismo.

En su última columna de Radio Mitre, el editorialista sostuvo que:

El peronismo que dejó el incendio se regocija por el sufrimiento del bombero y se propone para apagar él mismo las llamas que encendió. No le importa la Patria, le importa el poder. El queso. Como siempre.

Y tiene un aliado invariable: el mercado, que le impone sus condiciones al Gobierno, lo lima, lo desgasta, y lo debilita para que luego el peronismo venga y se lo coma crudo de un bocado.

Peronismo y mercado, que tan opuestos aparecen por momentos, han trabajado juntos, han sido funcionales durante estas décadas de decadencia: ambos son culpables de la pobreza y la postración argentina.

Peronismo y mercado, compañeros. Hay empresarios y banqueros con una falta de patriotismo que hiela la sangre.”

Estos párrafos son tan poéticos como alejados de la realidad.

Es que si miramos la historia de “los mercados” en la Argentina reciente, vemos que los hechos no tienen nada que ver con lo que se está planteando.

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En el gráfico de aquí arriba puede verse al principal indicador de la bolsa de Buenos Aires expresado en moneda dura. Es decir, en dólares.

Como se observa, la bolsa ha tenido una estrepitosa caída de más de 40% desde su máximo alcanzado en enero.

Al ver esto, el observador inexperto claramente podría ver allí a un “mercado llamando al peronismo”.

El mercado desconfía de Macri, se podrá decir… entonces baja, baja y baja, generando pánico y nerviosismo y debilitando al gobierno, para que éste finalmente dé un paso al costado y deje “la mesa quede servida” para el próximo líder populista…

Ahora bien, ¿no se ve la película completa?

¿Qué querían “los mercados”, cuando, unos segundos nomás antes, treparon 119% en dólares desde que Macri asumió el gobierno? ¿Estaban llamando al peronismo, o en realidad estaban aplaudiendo de pie y apostando por la continuidad de Cambiemos?

Más atrás en el tiempo, enero de 2011 había marcado un máximo histórico del índice Merval en dólares. Sin embargo, menos de dos años después (tras las elecciones que confirmaron la continuidad de CFK como presidente y el cepo cambiario) éste índice se había desplomado un 60%

¿Qué gritaba el mercado en ese entonces? ¿”Viva el peronismo”?

Como se ve, la teoría de la alianza entre los mercados y el peronismo no resiste el menor análisis.

Carnicerías Neoliberales

En el dislate antimercado que es la nota a la que nos estamos refiriendo, el autor propone que frente a la pesada herencia dejada por el gobierno anterior, había solo tres salidas posibles:

—- O seguir rumbo a Venezuela,

—- O hacer un programa gradualista y rogar al cielo financiero (curiosamente, el mismo que Fernández Díaz desprecia) que acompañara el cambio,

—- O poner en práctica una “carnicería de gran dolor, después de la cual supuestamente saldríamos adelante. Los pocos que quedaran vivos, por supuesto”.

Esta última receta es la de los “neoliberales ortodoxos”.

Ahora bien, ¿de qué carnicería hablamos? En Chile, que es lo más cercano al “neoliberalismo ortodoxo” que tenemos en la región, el Riesgo País cayó 3 puntos el mes pasado, mientras que en Argentina trepó 73. Además, se espera que el vecino país crezca 3,8% este año, mientras que Argentina coquetea con la recesión.

A la luz de los datos, tener cuentas públicas ordenadas y un gasto público de casi la mitad no genera ninguna carnicería, sino todo lo contrario.

Obviamente que las transiciones desde un modelo a otro son lo más complicado de hacer, pero el modelo gradualista de Cambiemos no hizo agua porque “los mercados se le pusieran en contra”, sino porque cuando no solo los mercados, sino también la ciudadanía dos veces en las urnas, los apoyó de manera contundente, no cumplieron las expectativas de cambio que tanto habían generado.

Un mundo diferente

Yo no niego ni minimizo el cambio en las condiciones internacionales ni el impacto en la sequía sobre el desarrollo normal de nuestra economía. Pero ser uno de los más golpeados de la tormenta internacional habla más de nosotros que de ella.

Además, no podemos seguir siempre echándole la culpa a la suerte, al contexto externo, o al siempre latente fantasma del peronismo.

Por una vez habrá que hacerse cargo y, en lugar de protestar, escuchar el mensaje y corregir. A pesar de todo, el gobierno todavía está a tiempo.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

La burrada es afirmar categóricamente que Keynes no influyó en la década del ’30

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/la-burrada-es-afirmar-categoricamente-que-keynes-no-influyo-en-la-decada-del-30/

 

John Maynard Keynes

Cuando cursé la carrera de economía en la UCA, en la década del 70, uno de mis grandes profesores fue Francisco Valsecchi que era titular de Microeconomía. Su asociado era el gran Luis Palma Cané (espero que Luis no se ofenda por botonearlo con la edad).

Valsecchi tenía una frase que me quedó grabada. Decía: “hay tres clases de profesores, los jóvenes, que enseñan más de lo que saben, los no tan jóvenes, que enseñan lo que saben y los viejos, que enseñan lo que hay que enseñar”.

Tomo esta frase del profesor Valsecchi porque pretender dar cátedra sobre el pensamiento de Keynes es hablar más de lo que uno sabe. Y digo esto porque no solo la Teoría General es confusa, sino que, lo más importante, ni siquiera sabemos si la Teoría General era el verdadero pensamiento de Keynes. El economista inglés, que guste o no revolucionó el pensamiento económico en el siglo XX y hoy sigue influyendo, era muy cambiante en sus opiniones.

Al respecto voy a citar a su mayor opositor en el debate económico y gran amigo de Keynes, nada más y nada menos que Hayek. Ambos, a pesar de pensar diferente, se tenían aprecio mutuo y solían participar en largas charlas sobre teoría económica y de ese gran conocimiento personal es que Hayek sostiene que Keynes no era un hombre con demasiada formación teórica, pero que ya estaba influyendo el pensamiento económico incluso antes de la crisis del 30.

En Nuevos Ensayos, dice Hayek refiriéndose a las políticas inflacionarias de Keynes: “Y pocas son mis dudas de que debamos a la gran influencia de este keynesianismo demasiado simplificado la mayor parte de la inflación de posguerra. Tampoco creo que el mismo Keynes la hubiese aprobado. En realidad, estoy casi seguro de que si hubiese vivido en esa época, habría sido uno de los combatientes más firmes contra la inflación. Una de las últimas veces que lo vi, pocas semanas antes de su muerte, me dijo sencillamente más o menos algo parecido”. Y agrega enseguida Hayek: “Yo le había preguntado si no se sentía alarmado ante el uso que algunos de sus discípulos estaban dando a sus teorías. Su respuesta fue que esas teorías habían sido muy necesarias en la década del ’30, pero que si en algún momento se hubieran hecho perjudiciales, podía estar yo seguro de que él inmediatamente produciría un cambio en la opinión pública“.

Es decir, por lo que cuenta Hayek, que compartió muchas horas de intercambio de ideas con Keynes, ni siquiera podemos decir que La Teoría General fue la última palabra del británico.

Otro párrafo de Hayek que muestra los continuos cambios de opinión de Keynes también lo extraigo de Nuevos Ensayos y hace referencia a fines de la década del 20. Dice Hayek: “Yo me había comprometido a revisar para Económica su Tratado Sobre la Moneda que había aparecido por entonces, y trabajé mucho con dos extensos artículos sobre el mismo libro. Al primero él le respondió con un contrataque a mi obra Precios y Producción. Sentí que en buena parte había demolido su esquema teórico, a pesar de que abrigaba honda admiración por tanto discernimiento profundo pero poco sistemático contenido en el Volumen II de su obra. Grande fue mi desilusión cuando todos mis esfuerzos parecieron vanos, porque tras la aparición de la segunda parte de mi artículo me dijo que en el ínterin había cambiado de opinión y ya no creía en lo que había expresado en su trabajo“.

Lo primero que deseo concluir es que es demasiado vanidoso andar predicando tan categóricamente el pensamiento de Keynes, porque ni los que lo trataron estrechamente y fueron sus adversarios académicos, se animan a decir que sus escritos eran la última palabra del pensamiento de Keynes.

El segundo punto a resaltar es que durante la crisis del 30 ya no regía el patrón oro, como generalmente se cree, si no que regía el patrón de cambio oro. El patrón cambio oro hacía más flexible la oferta monetaria de los países, ya que autorizaba a los bancos centrales a mantener reservas en oro y en monedas convertibles a oro, y también los autorizaba a intervenir en el mercado para “moderar” las grandes fluctuaciones del precio del oro.

En efecto, en la conferencia de Génova de 1922 se reunieron varios expertos en temas monetarios y pusieron fin al patrón oro y dieron lugar al nacimiento del patrón de cambio oro. En esa época los economistas europeos que estaban a favor de políticas de estabilización eran Arthur C. Pigou, Ralph G. Hawtrey, Knut Wicksell, Gustav Cassel y John M. Keynes.

Incluso Keynes escribe en 1923 un Tratado Sobre Reforma Monetaria en 1923 y luego, en 1930 el mencionado Tratado sobre el dinero. Es decir, Keynes ya participaba de los debates económicos y monetarios antes de publicar la Teoría General, participó de las condiciones económicas que los aliados le impusieron a Alemania al terminar la Gran Guerra y se retiró por estar en desacuerdo con las exigencias que le imponían al país vencido.

Entiendo que estos datos muestran que es al menos imprudente afirmar categóricamente que Keynes no influyó en las políticas del New Deal en forma tangencial. Puesto en otras palabras, ningún economista serio podría afirmar categóricamente que no influyó o que influyó en el New Deal, aunque hay indicios históricos que muestran que sus teorías eran conocidas antes de publicar la Teoría General en 1936, e incluso la FED ya aplicaba políticas monetarias expansivas en EE.UU. que fueron las que crearon la burbuja bursátil que derivó en el famoso martes negro de octubre de 1929. Afirmar que porque publicó la Teoría General en 1936 su pensamiento no pudo influir en el New Deal que fue anterior es, como vulgarmente se dice, una verdadera burrada, porque el pensamiento y la influencia de Keynes ya existían antes de la crisis de 1929 aunque es cierto que tienen mayor fuerza luego de la Segunda Guerra.

Pero un punto que vale la pena resaltar es que el New Deal no fue solamente un aumento del gasto público financiando con emisión monetaria. Esa es una caricatura del New Deal, de la misma forma que es una caricatura afirmar que gracias a las políticas keynesianas se salió de la gran depresión.

El New Deal fue una mezcla de gasto público con regulaciones, prohibiciones y controles de todo tipo. Roosevelt ganó las elecciones en 1932 y a los dos días de asumir la presidencia declara un feriado bancario y el 5 de abril de 1932 Rooselvet declara ilegal “temporariamente” poseer monedas de oro en los Estados Unidos (ver La Crisis del 30 de Juan Carlos Cachanosky, en Libertas de mayo 1989). En mayo de 1939 se aprueba la Agricultural Adjustment Act por la cual los agricultores americanos cobraban un subsidio por reducir la producción. El objetivo era aumentar el precio de los granos.

En junio Roosevelt firmó la ley de Recuperación de la Industria Nacional (National Industrial Recovery Act) que da nacimiento al New Deal. Esta ley consistía en una gran cantidad de regulaciones y códigos para la industria. Se acortaban las horas de trabajo, se ponían salarios mínimos y se fijaban precios y condiciones de venta. Una especie de Moreno y Kicillof de 1930.

En enero de 1934 se sancionó la Gold Reserve Act. Esta ley le expropiaba el oro a los Bancos de la Reserva Federal y pasaba a ser propiedad del Tesoro de los Estados Unidos. Una especie de pesificación asimétrica.

Pero a principios de 1935 llegaron a la Corte Suprema de Justicia cuatro casos solicitando la inconstitucionalidad de la inconvertibilidad del dólar a oro y de las deudas que tanto el gobierno como los particulares tenían que pagar en oro, que Rooselvet había prohibido. La CSJ de EE.UU. decidió que el Estado tenía que pagar sus deudas en oro poniéndole un límite a Rooselvet.

En mayo de 1935, la Corte Suprema declara inconstitucional a la National Recovery Administration (NRA). Este organismo fue creado para controlar que las industrias cumplieran con los códigos y regulaciones de la National Industrial Recovery Act. La burocracia del NRA prácticamente legislaba, ya que podía cambiar las reglas, pero la la Corte consideró que el Congreso había delegado funciones que le correspondían a él, y por lo tanto declararon inconstitucional la NRA. O sea, el Congreso no podía delegar en el Ejecutivo la función de legislar.

En 1936 la CSJ declara inconstitucional la Agricultural Adjustment Act. Los sucesivos frenos que la CSJ le puso a las regulaciones del New Deal llevaron al presidente Rooselvet a enfrentar a la CSJ enviando un proyecto de ley al Congreso para modificar la cantidad de miembros de la Corte, algo que nosotros conocemos muy bien, pero con la diferencia que en EE.UU. causó indignación y Rooselvet no pudo avanzar sobre el poder Judicial. Al caerse parte de las regulaciones del New Deal, la economía americana tuvo más alivio y mostró cierto grado de recuperación.

Esta nota solo trata de mostrar que es de una tremenda superficialidad afirmar que el New Deal de la crisis del 30 estuvo basada en las teorías keynesianas, pero también es de una gran superficialidad afirmar categóricamente que Keynes no tuvo ninguna influencia en el New Deal, en particular en el aumento del gasto público y su financiamiento con emisión monetaria. No hay pruebas categóricas en uno u otro sentido que Keynes haya influido o no haya influido en el New Deal, aunque hay indicios que pudo influir marginalmente por sus trabajos de la década del 20 y su participación como funcionario público. Recordemos que Keynes fue funcionario del gobierno inglés antes de la crisis del 30 y que ya en la década del 20 publicaba ensayos y era editor del  Economics Journal. En 1916 fue  consejero del Ministerio de Hacienda británico y en 1919 fue parte de la delegación de Gran Bretaña en la Conferencia de Paz de París a la cual renunció por no estar de acuerdo con las exigencias que los aliados le imponían a Alemania por reparaciones de guerra. En ese momento Keynes tenía 36 años.

En síntesis, personalmente no comparto la teoría keynesiana, pero no puedo dejar de reconocer que Keynes tuvo una gran influencia en el pensamiento económico del siglo XX. Que si bien su amigo y oponente académico, Hayek, lo considera poco profundo en sus análisis económicos, no deja de reconocer que hizo grandes esfuerzos por su país, aun en el momentos en que estaba muy enfermo y que lo que hoy se conoce como la Teoría General perfectamente pudo no haber sido la última palabra de Keynes. No lo sabemos.

Específicamente, en lo que hace a su influencia en la crisis en el New Deal, no podemos ser categóricos, pero respuestas destempladas sobre este tema demuestran que muchos ni saben en qué consistió el New Deal, que como vimos, fue mucho más que aumentar el gasto público y financiarlo con emisión monetaria.

Recordando a mi profesor Valsecchi, hay algunos economistas que suelen enseñar más de lo que saben. Y si lo saben, con explicar estas líneas se contribuye a despejar mitos sobre Keynes y el New Deal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Se abre una esperanza en la situación argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/se-abre-una-esperanza-en-la-situacion-argentina/

 

Como es de público conocimiento, este Gobierno viene a los tumbos en los temas medulares desde hace casi tres años. Puedo sintetizar que estos asuntos se refieren al gasto público elefantiásico, las regulaciones asfixiantes, impuestos insoportables, déficit total creciente, deuda estatal galopante y desbarajuste monetario y cambiario.

Este último tema puede estar en vías de solución. Por el hecho de repetir que la inflación monetaria hace estragos y que la pagan con especial contundencia los más débiles no cambia la validez de la afirmación que debe ser reiterada.

Como tantas veces he escrito, el problema radica en la misma existencia de la banca central, puesto que, aun con los funcionarios más probos y honestos, solo pueden decidir entre tres caminos: a qué tasa expandir la base monetaria, a qué tasa contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos alteran los precios relativos: serán distintos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención de la llamada autoridad monetaria. Si se supone que los funcionarios colocaran la base monetaria en los mismos niveles que la gente hubiera preferido, no tiene sentido la intervención para hacer lo mismo con ahorros de gastos administrativos y, además, el único modo de saber qué quiere la gente es dejarla actuar.

Y debe destacarse que el sistema de precios constituye la única forma de establecer señales para los operadores económicos al efecto de conocer dónde es más eficiente asignar los siempre escasos recursos. Desfigurar las señales deteriora la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Para resumir, la inflación genera pobreza.

La primara vez que escribí un ensayo extenso sobre la materia fue para el congreso anual de la Mont Pelerin Society, en Sydney, en agosto de 1986, titulado “¿Autoridad monetaria, regla monetaria o moneda de mercado?”, ensayo que también presenté el mismo año en la reunión anual, en Mendoza, de la Asociación Argentina de Economía Política, que se publicó en sus anales. Por otra parte, mi discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicos también versó sobre el mismo asunto: “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

De eso se trata ahora, según una noticia esperanzadora publicada por Infobae que alude a un contacto entre el actual gobierno y Steve Hanke, destacado profesor en Johns Hopkins University a quien conocí en los noventa, primero en México y luego en Buenos Aires. En aquellas oportunidades tuvimos muchas coincidencias y también mantuvimos algunas discusiones sobre la mal llamada convertibilidad, debido a la implementación sin reducir el gasto público, en un contexto de creciente deuda estatal interna y externa (mal llamada porque en la literatura económica alude al intercambio entre moneda-mercancía y el correspondiente recibo representado por el billete bancario y no un billete de un color por otro de color diferente, más bien política monetaria pasiva con tipo fijo). De todos modos, fuera de cuestiones semánticas, continuamos con nuestra correspondencia con Hanke referida a otras cuestiones de gran interés económico-financiero.

Puede decirse que no es el momento ideal para dolarizar, puesto que el futuro del dólar presenta ciertos nubarrones, pero es una manera de zafar del embrollo en que estamos y, además, si se eliminara el curso forzoso, queda abierta la posibilidad de encarar otros caminos, sea con una canasta de monedas u otra variantes más sólidas, eliminando simultáneamente el sistema nefasto de reserva fraccional en los bancos.

Hay otras experiencias de dolarizar en nuestra región como Panamá y Ecuador, ambos países con problemas de distinta índole, pero por lo menos se sacaron de encima el cáncer inflacionario. El contrafáctico es importante: aquellos problemas se hubieran agudizado de no haber mediado la dolarización.

Es de esperar que por lo menos en este caso se muestre algo de imaginación y coraje para enfrentar un flagelo que amenaza con arrastrar todo si no estamos atentos. El profesor Hanke cuenta con sobradas antecedentes exitosos en asesoramiento de gobiernos. No dejemos pasar esta nueva oportunidad que, en su caso, será un primer paso para salir del atolladero.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

¿Cómo influye en Argentina el apoyo del FMI y haber sido reclasificada como economía emergente?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 28/6/18 en: https://www.elcato.org/como-influye-en-argentina-el-apoyo-del-fmi-y-haber-sido-reclasificada-como-economia-emergente

 

Adrián Ravier considera que si bien la historia de Argentina con el FMI ha sido negativa, esta vez podría ser diferente debido a que el programa económico después del cambio de las metas parece ser consistente.

La crisis cambiaria de mayo pasado es un nuevo punto de inflexión en la política económica de Cambiemos. La fragilidad del modelo económico quedó clara por una brisa que llegó desde EE.UU. y se convirtió en un huracán al sur del continente. Pérdida de reservas, un dólar más alto y aceleración de la inflación son consecuencias lógicas de un modelo endeble.

Recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) parecía una medida desesperada, pero tras el acuerdo, el mercado parece comprender que el ingrediente fiscal aporta consistencia al modelo económico, al menos hasta las elecciones de 2019.

Sintéticamente, el FMI promete un blindaje cuatro veces mayor que aquel de 2001 que los argentinos recordamos con dolor. A los 50.000 millones de dólares que aporta el Fondo, se suman otros 5.560 millones de dólares que aportarán otros organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La tasa de interés, apenas un 1,96%, resulta atractiva, pero puede subir en distintas circunstancias.

Las condiciones del crédito comprometen al Gobierno a una corrección más acelerada de los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario.

Comenzando por el lado fiscal, la nueva meta para el déficit fiscal de nación primario 2018 es la que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne había lanzado en medio de la crisis cambiaria para calmar al mercado: baja del 3,2% al 2,7% del Producto Bruto Interno (PBI). En 2019 se proyecta acortar este déficit a 1,3% (frente al 2,2% anterior) y el equilibrio fiscal se conseguiría en 2020, es decir, un año antes de lo que se había planteado originalmente. En 2021 obtendríamos un superávit primario del 0,5 %, que ya contribuiría a pagar intereses de deuda.

La buena noticia ha llegado en una circular del Ministerio de Hacienda. No sólo se compromete el Gobierno a reducir el déficit primario según comentamos, sino que también se reducirá el déficit financiero. El resultado primario y financiero proyectado sería de 5,1 % en 2018, 3,7 % en 2019, 2,3 % en 2020 y 1,7 % en 2021.

Independencia del Banco Central

Esto no es todo. El compromiso del Gobierno incluye también un esfuerzo por devolver independencia al Banco Central, lo que requerirá la presentación de un proyecto al Congreso para modificar la Carta Orgánica. Entre varios puntos, la Argentina se compromete a eliminar la asistencia financiera del BCRA al Tesoro, incluyendo la cancelación de su deuda con la autoridad monetaria. Concretamente, el Tesoro cancelará las Letras intransferibles por 25.000 millones de dólares.

Un punto no menos significativo es que a partir de ahora el Banco Central no estará obligado a comprar los dólares que el Tesoro adquiere a través de la deuda externa, lo que permitirá contener la expansión de los agregados monetarios que es la clave para paliar exitosamente la inflación.

En este escenario, el equipo económico coloca nuevas metas de inflación: Del 27 al 32 % que podría medir en este 2018 bajaría a 17 % para 2019, 13 % para 2020, 9 % para 2021 y 5 % para 2022. El plan claramente depende del cumplimiento del escenario fiscal previo.

Con este anuncio de blindaje y un escenario de ingreso de divisas a las reservas del BCRA, la autoridad monetaria se animó a anunciar la quita del techo al tipo de cambio, para dejarlo flotar según la oferta o la demanda del mercado.

Análisis 

1.- La historia del FMI en Argentina no ha sido positiva. Los acuerdos han sido siempre atractivos en sus planteos, pero las promesas incumplidas han sido la norma. Basta que el gobierno firme el acuerdo y reciba los desembolsos para que se interrumpan los recortes fiscales. Las condiciones se renegocian una y otra vez hasta que el organismo se retira y en la Argentina queda una crisis económica, política y social. Primer mensaje: Argentina no resuelve sus desequilibrios por el acuerdo con el FMI, sino con el cumplimiento de las metas anunciadas.

2.- Tenemos entonces la segunda pregunta: ¿es viable el cumplimiento de las nuevas metas? Comenzando por el lado fiscal, 2018 ya presenta un primer inconveniente dada la menor actividad económica que se vislumbra para el segundo semestre. Menor actividad implica menor recaudación fiscal. ¿Podrá Dujovne bajar el gasto público para cumplir esta meta en un contexto de baja de actividad y recaudación tributaria? Algunos analistas ya observan recesión para el segundo semestre de 2018.

3.- Recordemos, además, que si el BCRA a partir del acuerdo deja de comprar los dólares que adquiere el Tesoro, entonces deberá venderlos en el mercado local. Al hacerlo contrae la oferta monetaria, lo que reduce aún más la actividad, en un contexto de contracción monetaria requerido para cumplir las metas inflacionarias.

4.- Asumamos que “esta vez es diferente” y el Ministerio de Hacienda finalmente concreta los esfuerzos comprometidos. En ese caso hay que llamar la atención a los plazos del acuerdo porque se extienden hacia el siguiente Gobierno. ¿Será reelecto el gobierno de Cambiemos para poder de esta manera concretar el plan propuesto? ¿Podrá el jefe de gabinete Marcos Peña controlar su apetito de gasto pre-elecciones?

5.- Una buena noticia que recibió el Gobierno recientemente fue la recalificación de economía emergente, lo que puede contribuir a captar inversión extranjera directa. En ese escenario, la mayor actividad sería un necesario contrapeso a las fuerzas recesivas que comentamos anteriormente. Implicaría, además, mayor actividad y empleo que mejora las perspectivas electorales de Cambiemos.

6.- Cumplidas las metas fiscales y con mayor independencia del BCRA, el escenario de baja de inflación es creíble. Sin embargo, la meta de recorte de diez puntos puede resultar exagerada para un año electoral. Si somos optimistas y 2018 culmina con un nivel de inflación de 27 % se requiere una baja de diez puntos para llegar al 17% propuesto para 2019. La buena noticia es que las metas inflacionarias dejarían de ser una herramienta para fijar un techo a las paritarias y en su lugar buscarían generar credibilidad. Aquí el Banco Central tiene que lograr un cambio significativo en las expectativas que dependerán de los elementos señalados.

7.- Con más reservas e ingreso de divisas vía deuda e inversiones, el tipo de cambio no sólo podría mantenerse (aun sin techo del BCRA), sino que incluso podría bajar. Es demasiado pronto para cuantificar estos efectos, pero si el ingreso de divisas es significativo a través de la deuda, esto contribuirá a devolver a Argentina al atraso cambiario ya conocido. El primer desembolso del FMI será de 15.000 millones de dólares, pero si se completan los montos restantes, la apreciación del tipo de cambio contribuirá fehacientemente a mantener un significativo déficit en cuenta corriente.

8.- Para cerrar, hay un elemento adicional que está fuera del alcance del Gobierno. El mundo está cambiando el ciclo alcista con tasas bajas, hacia una iliquidez que puede comprometer a las economías emergentes con un ciclo bajista. Argentina hoy es emergente, pero llegó tarde. Perdimos inversiones en los últimos años por ser país de frontera, y ahora que alcanzamos la recalificación de economía emergente, el flujo de inversiones se verá atraído por las alzas en las tasas de interés de Estados Unidos. La única buena noticia, es que aun el reducido monto de inversiones que quede en la región podría impulsar “algo” la actividad en Argentina, luego de más de una década de aislamiento.

Reflexión final

Si bien la historia de Argentina con el FMI ha sido negativa, esta vez puede ser diferente. El programa económico, tras el cambio de metas, parece por primera vez consistente, pero no está exento de problemas. Argentina parece tener una última oportunidad para ordenarse con este Gobierno, pero el contexto global y el contexto político con elecciones presidenciales en 2019 pueden comprometer las políticas necesarias para cumplir las nuevas metas. Insistimos que Argentina no resuelve sus problemas con el apoyo del FMI y la reclasificación. Resuelve sus problemas cumpliendo las metas pautadas las que requieren de un profundo seguimiento.

Los economistas no tenemos la bola mágica. No sabemos lo que el Gobierno hará en los próximos meses. Sí me aventuro a señalar que si se cumplen las metas anunciadas, Argentina tiene posibilidades de volver a ser un país normal. Argentina perdió casi tres años con inacción fiscal, pero parece haber encontrado el camino en la última fase de este gobierno.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

EN BUSCA DEL PLENO EMPLEO (pdf)

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/6/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/06/27/en-busca-del-pleno-empleo-pdf/

 

He solicitado a Juan Pablo Marcos de Unión Editorial la posibilidad de compartir el pdf de mi libro En busca del pleno empleo, y generosamente aceptó.

El libro fue publicado en 2010, y lo he utilizado en varios cursos de economía, teoría monetaria y bancaria y macroeconomía, como complemento de algún manual.

Acceda al pdf: En busca del pleno empleo

Espero sirva a nuestros lectores.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

ENTREVISTA A ADRIÁN RAVIER Tras el miércoles negro: ¿qué le espera a los argentinos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 28/6/18 en http://www.visionliberal.com.ar/nota/5309-opina-ravier-tras-el-miercoles-negro-que-nos-espera-a-los-argentinos/

 

Adrián Ravier analiza el miércoles negro: “Salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto”

Ayer, miércoles, mientras se esperaban con ansias los partidos que dejaron de forma sorpresiva a Alemania fuera de la Copa y a Brasil y México en Octavos, por cuarto día consecutivo subió el dólar y provocó una caída de las acciones de la Bolsa porteña en casi un 9%. De esta forma, aumentó el riesgo país y se acerca a los 600 puntos, el nivel más alto desde el 2015.

El “miércoles negro” es consecuencia del fuerte clima de desconfianza en el gobierno y la situación económica.

No basta solamente con ayuda del FMI ni con que nos posicionen como “país emergente”. Es hora de que se tomen las medidas correspondientes para revertir esta cuestión y levantar los indicadores económicos para generar mayor incentivo.

Para profundizar sobre este derrumbe económico, sus causas, consecuencias y cómo seguirá la economía en lo que queda hasta las próximas elecciones, Visión Liberal habló con el doctor en Economía, Adrián Ravier, quien también se desempeña como economista de la Fundación Libertad y Progreso La Pampa.

-¿Por qué dicen que fue un “miércoles negro” y qué significa eso?

Se trata de un “miércoles negro” porque el Merval, la Bolsa en Argentina, cayó un 9%, lo cual representa una caída muy fuerte. Obedece a varios factores: en primer lugar, un factor internacional, en el cual el inversor internacional decidió un sell off, vender acciones de economías emergentes y tratar de invertir en países más seguros o activos financieros más seguros de países más desarrollados.

Hay un factor muy general, la Bolsa de Brasil cayó un 3,55% y en Argentina casi el 9%. Entonces la pregunta es: ¿Por qué Argentina cae más que el resto de las emergentes? Tiene que ver con el rumor de que se iba a poner un impuesto a las acciones en la Bolsa en Argentina, y por otro lado, la debilidad.

Los datos de abril de actividad económica han sido negativos, el Índice de Precios del Consumidor se estima que irán en aumento y la proyección para la inflación anual está en torno del 28 al 30%.

Todo lo que estamos viviendo en Argentina con fundamentos débiles, de alguna manera impacta, y si impacta en las economías emergentes, en Argentina impacta un poco más.

En este sentido hay que tomar nota y señalar que urgen las reformas estructurales para corregir desequilibrios que son realmente muy largos. El miércoles negro tiene que ver con un miércoles donde el riesgo país llegó al máximo, a un nivel mayor de todos los meses anteriores y este dato nos devuelve a un país riesgoso, es decir, un país vulnerable.

-¿Es una respuesta del mercado ante la desconfianza en el gobierno?

– Sí. El mercado desconfía de alguna manera del gradualismo del gobierno, de las metas que se han impuesto.

La llegada del Fondo ayuda, ser una economía emergente ayuda, y si las nuevas metas se cumplen, se harían reformas que a Argentina le hacen falta. Pero hay preguntas que quedan abiertas, por ejemplo, la meta de inflación de este año. Cerraríamos con una inflación arriba del 27% y la meta para el año que viene es 17%. Es muy difícil pensar que, en Argentina, en un año electoral, se puede bajar el nivel de inflación un 10% o más. Hay cierta desconfianza sobre la viabilidad de eso.

Si miramos lo que viene planteando el FMI, lo que firmó Argentina para cumplimentar, es fantástico. Finalmente, el Banco Central sería independiente, dejaría de monetizar el déficit fiscal del Gobierno, dejaría de comprar los dólares que el Tesoro tiene por deuda, y eso le daría, de alguna manera, cierta consistencia al modelo económico para ir corrigiendo los desequilibrios y demás.

Ahora, se han perdido dos años y medio con poca reforma estructural, y el mercado desconfía de que, en el año y medio que queda, se haga todo lo que no se hizo antes. También, el hecho de que la economía esté creciendo, el hecho de que el segundo semestre va a tener una desaceleración económica, con aumento de inflación, con la devaluación y todo el impacto que va a tener en la actividad económica, genera un miedo en el mercado. Las noticias del próximo semestre no van a ser buenas, entonces, salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto.

-Los inversores están esperando más compromiso de Macri, ¿qué podría hacer el gobierno como para cambiar el clima?

Lo que tiene que hacer es correcciones en los desequilibrios. El planteo es correcto, no hay mucho más para hacer que lo que ya se hizo. Parece que haber quitado a Sturzenegger del Banco Central es una buena señal, porque las metas inflacionarias no se habían cumplido. El mercado de alguna manera desconfía de que Caputo sea la persona adecuada para manejar el BCRA cuando su especialidad está más bien en lo financiero, no tanto en el manejo de la política monetaria, pero creo que el mercado recibió como una buena noticia este desplazamiento.

Las metas inflacionarias están bien, las metas fiscales más agresivas para alcanzar un déficit fiscal cero en 2020 me parecen correctas, la ayuda del FMI puede darle la consistencia que necesitamos, el salto en el dólar puede corregir el desequilibrio o el atraso cambiario. Lo que se debía hacer se hizo, o al menos se planteó, ahora falta ejecutar políticas de austeridad y de contracción monetaria que ayuden a bajar la inflación de manera fuerte. Y ese es el interrogante que de alguna manera quedó planteado. Quizás también estamos justamente ahora en medio de la tormenta, y una vez que pasen las semanas o meses con el dólar quieto, va a transmitir nuevamente confianza en el mercado y la bolsa se recuperará. Pero es difícil pensar este contexto en un segundo semestre donde las noticias de actividad económica, empleo, pobreza, no van a ser buenas.

-¿En qué condiciones se encuentran el gobierno y la sociedad como para afrontar un nuevo ajuste?

La confianza en el gobierno ha bajado, la confianza en la economía ha bajado, la desaceleración económica es un hecho para el próximo semestre. Quizás en el último trimestre se vea una recuperación… Ahora veo un gobierno que, al menos en materia tarifaria, ya cumplió la corrección que podía cumplir, quizás las tarifas aumentan, pero ya no vamos a ver una intoxicación de tarifas o triplicación de tarifas. Vamos a ver correcciones menores, y por eso el cambio de ministro. Quizás le estamos dando un empujón a la economía para que, a partir del último trimestre de este año y el primer trimestre del otro año, la economía se recupere y, a la hora de votar, el electorado esté más dispuesto a confiarle al gobierno un nuevo mandato.

Preocupa de alguna manera, y esto es algo que ha pasado siempre, que los gobiernos traten de mostrar una recuperación económica a partir de un nuevo atraso del tipo de cambio. Si ahora congelamos el tipo de cambio en $27, $28, $29 y acumulamos una inflación arriba del 20% en el año, parte de ese atraso cambiario se va a perder y eso se va a reflejar en una mejora en el ingreso real, una mejora en el consumo, una mejora en la confianza del consumidor y del electorado a la hora de votar. Pero se genera un nuevo desequilibrio para el próximo gobierno que tiene que volver a corregir al otro año, entonces estamos en esa dinámica de que un año la economía crece, porque se recupera del año anterior, y en el otro año se hacen los ajustes o se tiene una fuerte devaluación; al otro año volvemos a crecer a partir de la recuperación del año anterior, y en realidad no salimos de esta dinámica que a Argentina le está haciendo mucho daño y que se refleja en todos los indicadores sociales.

Tenemos un 30% de pobreza y entre jóvenes, la pobreza ya supera el 50%, lo cual no es nada bueno… Tenemos que hacer un cambio, lo que pasa es que no están logrando generarlo y difícilmente lo logren en un año electoral. Insisto, el planteo de las metas fiscales y monetarias parece ser lo que Argentina necesita, falta ahora dar señales claras de que se van a alcanzar.

-¿Hay posibilidades concretas de que repunte la situación para Cambiemos?

Ahí creo que está la buena noticia para Cambiemos. Después de unos meses de fuerte devaluación, viene una recuperación. Algo parecido a lo que pasó luego del cepo. En 2016 tuvimos recesión y en 2017 tuvimos una recuperación que logró que el electorado vuelva a votar por Cambiemos. Acá me parece que hay algo parecido, hay una corrección en el tipo de cambio, muy fuerte, a mitad de año, que empezó por un factor externo internacional pero después fue mucho más allá y demostró la debilidad interna de Argentina.

Lo que viene por delante es una recuperación de la actividad económica, una mejora de los índices fiscales, las metas monetarias, una baja en la inflación, en la pobreza, que además se puede acelerar si el gobierno quiere tomar políticas de gasto de obra pública.

Ahí están las inconsistencias o dudas, como vas a cumplir con esas metas si es un año electoral y necesitas obra pública para ganar electorado. Son preguntas abiertas, pero creo que, en la macro, el gobierno podría tener un contexto favorable producto de la recuperación por todos los ajustes que hemos tenido en 2018.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La Gran Depresión vs la Teoría General

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 28/6/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/06/28/la-gran-depresion-vs-la-teoria-general/

 

La Gran Depresión de la década de 1930 es uno de los temas más complejos y controversiales en economía. No sólo este evento da origen al análisis macroeconómico, sino que también ve nacer al keynesianismo. Para el keynesianismo, fueron las políticas inspiradas en esta doctrina lo que finalmente permitieron a Estados Unidos poner fin a tan severa crisis. Fue esto así?

Una critica común a la lectura keynesiana es que las fechas no coinciden. La Teoría General de Keynes se publica en 1936. Sin embargo, la recuperación se inicia en 1933. No es posible por lo tanto, que la Teoría General sea el motivo de la recuperación de la Gran Depresión.

Ciertamente se pueden hacer muchas criticas a la doctrina keynesiana (Mises, Hayek, Friedman, Hazzlit, Hutt, sólo por nombrar algunos). La critica de que las fechas no coinciden, sin embargo, no es una de ellas. Esta crítica es superficial al punto de construir un ¨hombre de paja¨. Hay motivos por los cuales el hecho de que La Teoria General se publique en 1936 no implica, a priori, que la doctrina keynesiana sea incorrecta.

  1. No son los libros los que originan ideas, son las ideas las que originan libros. Esto quiere decir que las ideas preceden a la fecha de publicación de los libros. Es bien sabido que Keynes se movía no sólo en ambientes académicos, también lo hacía en ambientes políticos. Es posible que sus ideas hayan llegado al ambiente político antes de escribir su libro.
  2. Quizás el argumento anterior suene muy especulativo. Menos especulativo es el hecho de que Lionel Robbins lo trae a Hayek en 1931 a la London School of Economics especialmente para hacer un contrapeso a las ideas keynesianas. Es claro que las ideas de Keynes ya eran conocidas y lo suficientemente influyentes para traer al joven pero ya reconocido Hayek a Inglaterra.
  3. También es sabido que la Teoria General no sólo es poco clara e inconsistente, sino que tampoco es novedosa. Lo que Keynes hace en el libro es explicar las políticas que ya se estaban aplicando en diversos países. Es una argumento similar al de la Riqueza de las Naciones de Adam Smith como explicación de la Revolución Industrial. Que las ideas que hoy llamamos keynesianas preceden a la Teoría General no es ni novedoso ni controversial. Lo que hoy se entiende por modelo keynesiano es lo que sucesores de Keynes formalizaron según lo que ellos creyeron que Keynes quizo decir. Es cierto que es difícil afirmar con certeza que es lo que Keynes quiso de hecho decir en su libro dadas las numerosas ambigüedades y contradicciones, pero no es menos cierto que su inspiración proviene de política que ya se estaban aplicando.

Una de las principales reglas en la comunidad científica, incluida la economía, es criticar la mejor versión de una visión alternativa a la propia. No es apropiado, ni respetuoso hacia el interlocutor, criticar una versión simplificada pero no representativa de la otra posición ni prestar atención a las posiciones más serias. Otra de las prácticas propias de la profesión es tratar al interlocutor (sea o no economista) con respeto personal e intelectual. La calificación ad hominenes de quien no sabe o no puede desplegar un argumento de manera clara y sólida. El circo termina remplazando al argumento. Sólo se satisface a un grupo de fans, dado que se ha renunciado a un intercambio intelectual con ideas contrapuestas.

La posición keynesiana más sutil no sostiene que fue la Teoría General lo que dio fin a la Gran Depresión, sino las ideas Keynesianas, que aún sin nombre, ya se aplicaban antes de la publicación del libro de Keynes. El anti-keynesiano que se mofa de quien menciona la Teoría General no hace más que evadir el punto de fondo y mostrar sus propios límites. El punto es el rol de las ideas representadas en el libro, no la fecha de publicación del mismo, especialmente con tan poco años de diferencia.

Hay otro punto por el cual la crítica al keynesianismo fundada en la fecha de publicación del libro no es tan obvia. El punto es que la fecha de inicio y fin de la Gran Depresión puede variar de análisis a análisis. Es cierto que en torno a 1933 se percibe una recuperación. También es cierto que existe un consenso en torno a que el fin de la Gran Depresión coincide con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, lo cual sucede luego de la publicación de la Teoría General.

Vale recordar que el inicio de la Segunda Guerra Mundial no es el único evento relevante que se correlaciona con el fin de la Gran Depresión. Otro evento importante es la declaración de inconstitucionalidad de la Corte Suprema de los Estados Unidos del New Deal. Este es uno de los puntos, creo, más interesantes y menos enfatizados de uno de los papers más recordados de Juan C. Cachanosky.

El siguiente gráfico (Wikipedia) muestra la evolución del PBI en Estados Unidos con varias fechas que menciono en este post.


UPDATE

Ivan Carrino me recuerda de las cartas que John M. Keynes enviaba a Roosevelt.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

¿VUELTA A LA MORENIZACIÓN DE LA ECONOMÍA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

En un programa televisivo el nuevo ministro de producción del gobierno argentino acaba de declarar que desde la llamada Defensa de la Competencia habrá empresas que “serán penalizadas” ya que “vamos a garantizar que no hayan maniobras de conducta abusiva” y en ese sentido “necesitamos que la gente colabore y tenemos que tener todas las denuncias” para lo cual se facilita un 0800 para detectar subas “injustificadas” de precios.

Lo último que quiero hacer es un asunto ad hominem referido al nuevo ministro de producción argentino. Aunque no lo conozco personalmente, descuento que se trata de una muy buena persona con la mejor de las intenciones. Mi objetivo no es personalizar sino debatir ideas.  El asunto consiste en no desviar la atención de las causas de nuestros problemas y enfrentar de una buena vez el gasto público sideral, el déficit inaceptable y la deuda creciente. Solo así será posible combatir el flagelo de la inflación.

Es de esperar que no retornemos a los fenomenales trastornos del gobierno anterior a través de  una morenización abierta  o  encubierta, puesto que no resulta relevante si la pistola que amenaza se encuentre arriba o debajo de la mesa.

¿Será posible? ¿Otra vez a las andadas? ¿Todavía no aprendimos sobre las consecuencias nefastas de amenazar a los comerciantes por los precios de mercado desde hacen miles de años? Las amenazas y las denuncias a comerciantes han sido siempre un sistema solapado de control de precios.

Repasemos entonces los efectos de dichos controles. Un precio máximo es por definición uno que se establece por debajo del precio de mercado, sea por decreto o con la amenaza de multar a quienes incrementen precios por encima de lo que el burócrata del momento estima conveniente.

Los efectos son los siguientes siempre: primero, en la situación de ese instante hay más gente que puede adquirir el bien o el servicio  en cuestión respecto a lo que hubiera sido si el precio se hubiera incrementado, lo cual significa que la demanda se expande. Segundo, en ese instante no por el hecho mismo de expandirse la demanda aparece por arte de magia una oferta mayor con lo cual hace su aparición el faltante. Irrumpen las consabidas filas de personas para comprar pero henos aquí que no hay los suficiente para atender la demanda en cuestión, y tengamos en cuenta que demanda implica la necesidad más el poder de compra. Pues bien, están presentes ambas condiciones pero el producto no está.

Tercero, los márgenes operativos se alteran en el sentido que se mantienen artificialmente chatos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal, con lo que aparecen también artificialmente atractivas las ganancias de otros sectores. Cuarto, esta distorsión hace que los siempre escasos recursos se dilapiden, es decir, se canalizan artificialmente hacia otros reglones menos urgentes, con lo que,  a su vez, disminuyen las tasas de capitalización que invariablemente se traducen en menores salarios  en términos reales ya que la inversión per capita es la única causa que explica la elevación de ingresos.

Quinto, el  fenómeno de controles, amenazas y multas incentiva a los funcionarios a que centren  su atención en el comportamiento en los precios de otros sectores los cuales habitualmente tienden a sufrir los mismos embates. Sexto, a medida que las intromisiones coactivas se van extendiendo, se va extendiendo también la distorsión en la contabilidad, en la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general, situación que acelera el consumo de capital a medida que se imponen simples números dictados por la autoridad pero que nada significan desde la perspectiva económica. Y séptimo el achatamiento artificial en los márgenes operativos no solo genera faltantes como hemos mencionado sino que se agudiza debido a contracciones adicionales en la oferta del bien o servicio sujetos a control o bajo amenazas de clausuras o multas lo cual hace que la oferta resulte aun menor.

La inflación monetaria es la causante de la suba de precios ya que las bajas en la productividad resultan inocuas comparadas con la expansión del dinero por motivos políticos. Como hemos puntualizado tantas veces, las causas no son debido a las expectativas inflacionarias, ni por el aumento en el costo de productos clave, ni tampoco velocidades en la circulación dineraria.

Las expectativa podrán ser muchas pero si no son convalidadas por la emisión monetaria, aquellas se dan de bruces con la realidad y, por tanto, o vuelven los precios al nivel anterior a la suba o se deja de vender. Los costos, por ejemplo, del petróleo que están estrechamente vinculados con otros bienes no generan ningún efecto inflacionario: si siguiera consumiendo el idéntico volumen de ese bien tendrán que contraerse las compras de otros bienes y servicios puesto que, como decimos, no aumentó la masa monetaria y si se deseara consumir la misma cantidad de los otros bienes y servicios deberá demandarse menos petróleo. Por último, debe tenerse presente que la velocidad de circulación del dinero no opera en al vacío: si ésta aumenta también lo hace al mismo ritmo la velocidad de circulación de los bienes y servicios contra los cuales se intercambian por dinero. En verdad, la velocidad dineraria como un lado del binomio se suele mirar con independencia debido a la ilusión óptica que produce la inflación lo cual conduce a que la gente  tienda a desprenderse de dinero.

Desde tiempo  inmemorial ha habido la tendencia a endosar el problema inflacionario creado por los gobiernos sobre la espalda de los comerciantes. Todo empresario en toda circunstancia cobrará el precio más alto que pueda, es decir, el más elevado que permita la situación imperante, pero nunca podrá cobrar el precio que quiera, de lo contrario el vendedor de zanahorias cobrará cien millones de pesos por unidad, pero naturalmente la demanda seré cero en ese caso.

No es pertinente  consultar a los propios empresarios sobre este delicado asunto puesto que sus habilidades y talentos estriban en descubrir oportunidades en las que estiman que los  costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por tanto, sacan partida del arbitraje correspondiente. Si aciertan obtienen ganancias y si yerran incurren en quebrantos. Sus especialidades no son el estudio de la filosofía política, ni los procesos de mercado, ni los fundamentos de los marcos institucionales.

Estamos claro refiriéndonos a empresarios genuinos, esto es, aquellos que para mejorar su situación patrimonial inexorablemente deben  satisfacer necesidades de su prójimo. No nos estamos refiriendo a los empresarios perbendarios que viven a expensas de la gente debido a los privilegios que obtienen merced a sus hediondas alianzas con el poder político de turno.

Debe también puntualizarse que los monopolios otorgados por los gobiernos sean estos privados o estatales constituyen siempre un problema grave puesto que venden a precios más elevados, calidad inferior o ambas cosas respecto a lo que hubiera ocurrido de no haber existido el privilegio de marras. Sin embargo, el monopolio que surge espontáneamente en le mercado como consecuencia de la preferencia del consumidor es siempre beneficioso. Más aun, esta última situación significa necesariamente un mejoramiento y un progreso ya que el monopolista de este tipo es quien fue pionero en alguna rama, lo cual ocurrió desde que se implantó el arco y la flecha que desplazó al garrote hasta los equipos electrónicos modernos o el descubrimiento de productos farmacéuticos innovadores.

Lo mismo va para los oligopolios o trusts que a los efectos prácticos y en este contexto deben analizarse como si fueran monopolios. Y es indispensable que los monopolios de esta naturaleza (si son considerados útiles ya que el monopolio de los tornillos cuadrados no parece que tenga futuro) resulten en precios elevados puesto que es la manera de atraer a otros operadores en el ramo. Tal es el caso,  por ejemplo, del primer cirujano que realiza un trasplante: sus honorarios deben ser muy jugosos a los efectos de atraer a otros profesionales al área en cuestión (si se controlaran sus honorarios se repetirían los siete efectos de los precios máximos que hemos visto más arriba con detenimiento).

Los ejemplos de situaciones extremas siempre están a la orden del día. Frente a una epidemia se sostiene que “por única vez” los aparatos estatales controlen precios de los medicamentos con lo que, reiteramos, habrán faltantes y se ahuyentará la inversión en ese reglón con lo que se estará matando más gente. Lo mismo se ha mantenido cuando ocurren terremotos devastadores que no solo termina con vidas sino que deja a muchas personas en la intemperie con lo que aparece la tentación de controlar los precios de venta y alquiler de vivienda sin percatarse que resulta indispensable la suba abrupta de precios,  precisamente para acelerar la reconstrucción, lo contrario condena a que la gente viva a la intemperie mientras los siempre escasos factores de producción se dirigen  a otros campos en verdad menos urgentes.

En resumen, el mecanismo de precios trasmite información fraccionada y dispersa que coordina la producción y cuando los aparatos estatales lo desarticulan indefectiblemente se producen desajustes sumamente perjudiciales, especialmente para los más necesitados quienes siempre son los que con más fuerza pagan los platos rotos. Hay sobrada experiencia en la materia como para volver a las andadas. El abuso significa una lesión al derecho pero nunca se traduce en el uso y disposición de lo propio que no lesiona derechos de terceros y menos aun si es como consecuencia de la inflación monetaria generada por gobiernos que no dan en la tecla. Es de desear que las medidas que consignamos al comienzo de esta nota queden sin efecto.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.