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LA VERDAD OS HARÁ LIBERALES (sobre el debate por el artículo de Vanesa Vallejo).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/7/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/07/la-verdad-os-hara-liberales-sobre-el.html

 

No es la primera vez que hay un debate interno sobre este tema entre los liberales (clásicos) pero ante este artículo de Vanesa Vallejo (https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2017/07/01/conservadurismo-y-libertarismo/) y la crítica que recibió  (https://www.misescolombia.co/peligroso-coqueteo-vanesa-vallejo-conservadurismo/), el debate, que vengo escuchando hace ya casi 43 años, ha renacido nuevamente en las redes sociales liberales latinoamericanas.

El liberalismo clásico no es una ideología, no tiene dogmas ni pontífices, o autores sacrosantos e intocables.

Por lo tanto para resolver este tipo de cuestiones viene bien recurrir a la historia de las ideas políticas.

Creo que muchos podríamos estar de acuerdo en que el liberalismo político nace (y sigue) como un intento de limitar el poder de las autoridades políticas contra el abuso del poder. Desde Juan de Mariana hasta Francisco de Vitoria, pasando por Locke, Montesquieu, Tocqueville, los autores del El Federalista, Lord Acton, Mises, Hayek, y me quedo muy corto en una lista que es muy larga, todos coincidían en limitar el poder del estado.

¿Pero limitarlo por qué? Allí comienzan los problemas, porque si decimos “limitarlo en función de los derechos individuales”, parece que seguimos estando todos de acuerdo porque apenas rasgamos un poquito, el fundamento filosófico de los derechos individuales comienza a ser muy diverso.

Vamos a identificar, faliblemente, tres grandes corrientes.

Una, la neokantiana. En esta corriente (Popper, Mises, Hayek) la limitación del conocimiento es la clave de la sociedad libre, y la libertad individual tiene su obvio límite en los derechos de terceros.

Otra, la neoaristotélica. Con sus diferencias, autores como Rand, Rothbard y Hoppe (este último agregando a una ética del diálogo que en sí misma tiene origen en Habermas) plantean el eje central en la propiedad del propio cuerpo, como la propiedad de la persona, y por ende la moral se concentra en el principio de no agresión (no iniciar la fuerza contra terceros). Todos sabemos que Rothbard es anarcocapitalista y que los debates entre esta posición y la anterior suele ser muy duros y con excomuniones mutuas y frecuentes.

La tercera, la iusnaturalista tomista. Desde la segunda escolástica, pasando por Hooker, Locke, Tocqueville, Constant, Burke, Acton, Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, Novak, y los actuales Sirico y Samuel Gregg (se podría perfectamente agregar a Joseph Ratzinger), estos autores fundamentan en Santo Tomás la laicidad del estado y la libertad religiosa, el derecho a la intimidad, los derechos a la libertad de expresión y de enseñanza como derivados de la libertad religiosa y por ende la limitación del poder político, con una fuerte admiración por las instituciones políticas anglosajonas. Es la corriente del Acton Institute.

Tanto en los autores como en los discípulos de la primera y segunda corriente, hay una tendencia a decir que la moral consiste en no atentar contra derechos de terceros pero, coherentes con el escepticismo kantiano en metafísica, y un aristotelismo que no llega al judeo-cristianismo de Santo Tomás, tienden a ser escépticos en la moral individual. Allí no habría normas morales objetivas, sino la sencilla decisión del individuo y nada más, siempre que no moleste derechos de terceros. Muchas veces su conducta individual puede ser heroicamente moral pero no la postulan como algo a nivel social. Pueden tener además cierta coincidencia con John Rawls (a quien rechazan obviamente pero por su intervencionismo económico) en que el estado debe ser moralmente neutro.

Para muchos de ellos, hablar de normas morales objetivas es un peligro para la libertad individual, pues los que así piensan tienen a imponerlas por la fuerza al resto de la sociedad.

Es comprensible, por ende, que frente a una Vanesa que ha afirmado firmemente sus principios morales SIN escepticismo y con fuerte convicción, se enfrentara con una respuesta que la coloca como un fuerte peligro contra el liberalismo que ella dice profesar.

Pero esa respuesta a Vanesa (no quiero hablar ahora por ella, sólo expreso mi opinión) deja de lado al iusnaturalismo tomista y su defensa de la libertad individual.

Los que sobre la base del derecho natural clásico hablamos de un orden moral objetivo, a nivel social e individual, afirmamos, precisamente sobre la base de ese orden moral objetivo, la laicidad del estado, y los derechos a la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, pero NO como los derechos a hacer lo que se quiera mientras no se violen los derechos de terceros, sino como los derechos a la inmunidad de coacción sobre la conciencia. O sea que alguien tiene todo el derecho a pensar que la prostitución viola el orden moral objetivo pero ello no implica negar la libertad individual de quien decida (decimos “decida”, por eso la trata de blancas es otra cosa: un delito) ejercer el oficio más antiguo, sobre la base del respeto a su derecho a la intimidad personal. Y así con todo lo demás.

Por lo demás, muchos, actualmente, nos oponemos al lobby GBTB, pero NO porque NO respetemos la libertad individual de los gays, trans y etc., sino porque ellos están convirtiendo de su visión del mundo algo que quieren imponer coactivamente al resto, so pena de acusar a todo el mundo de delito de discriminación. Por ende la lucha de los liberales y libertarios contra el lobby GBTB NO se basa en que nosotros –y especialmente los que estamos en el iusnaturalismo- queremos negarles su libertad individual, sino porque defendemos la libertad individual de todos: la de ellos a vivir como les parezca, amparados en el derecho a la intimidad, y la de los demás, también a lo mismo, sobre la base de lo mismo. Por lo demás, no habría delitos de discriminación (me refiero a delitos, no al orden moral) si se respetaran los derechos de asociación, propiedad y contratación como siempre los planteó el liberalismo clásico.

Finalmente una pregunta a todos mis amigos liberales que piensan que la afirmación de un orden moral objetivo es un peligro para la libertad. Si la base para su liberalismo es el escepticismo sobre la moral individual, ¿qué va a pasar el día que dejen de ser escépticos en ese ámbito? ¿Se convertirán en autoritarios?

Es muy fácil respetar, por ejemplo, la libertad religiosa cuando consideran que no hay fundamento racional para la religión. Pero, ¿y si lo hubiera?

Si lo hubiera, es más, si lo hay, porque lo hay en Santo Tomás de Aquino, mejor para la libertad, porque en ese caso el respeto a la libertad del otro se basa en que no voy a invadir su conciencia, por más convencido que esté de que la otra posición es un error. Una sociedad libre no se basa en el escepticismo. Se basa en el respeto y la convivencia de todas las cosmovisiones sobre la base de no invadir coactivamente la conciencia de los demás. No se basa en el escepticismo sobre la verdad, sino en la certeza firme de que la verdad se basa sólo en la fuerza de la verdad y no en la fuerza física o verbal (aunque esta última no sea judiciable). Por eso muchos liberales que respetamos la libertad religiosa pedimos de igual modo que ni la Física, ni la Matemática ni nada de nada sea obligatorio, y por eso pedimos distinción entre Iglesia y estado, entre educación y estado, entre ciencia y estado (Feyerabend).

Así, la única cosmovisión del mundo que no podría convivir en una sociedad libre sería aquella que en su núcleo central implicara la acción de atentar contra los derechos de los demás. Ella se enfrentaría contra el legítimo poder de policía emanado del Estado de Derecho y de una Constitución liberal clásica. El liberalismo NO consiste en decir “vengan totalitarios del mundo y hagan con nosotros lo que quieran”.

Como siempre, estas aclaraciones no aclararán nada, porque los liberales se seguirán peleando, creo que por suerte. Pero ojalá se comprendieran un poco más y dejaran de excomulgarse mutuamente.  Lo dice alguien que sabe lo que es verdaderamente una excomunión y a qué ámbito pertenece.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art.2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas.

 

A juzgar como está hoy la situación mundial con el notable avance del estatismo bajo la denominación de nacionalismo es la Revolución Rusa la que más influencia tiene en cuanto a los objetivos a seguir (recordemos entre otras la obra de Jean-François Revel La gran mascarada donde muestra al comunión de ideales entre el nacionalismo y el comunismo). En mayor o menor medida el estatismo, es decir, el aparato estatal metido en las vidas y haciendas de la gente que opera con cualquier etiqueta, necesariamente requiere de la fuerza para imponer su voluntad frente a las inclinaciones naturales de las personas a defender sus derechos al efecto de seguir sus caminos y proyectos. Por otro lado, tal como escribe el ex comunista Bernard-Henry Lévy en Barbarism with a Human Face “Aplíquese marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Nótese el título de esta obra donde se subraya el rostro humano de la barbarie puesto que siempre se presenta para el bien de los gobernados, pero como subraya C. S. Lewis en God in the Dock “de todas las tiranías una ejercida para el bien de las víctimas suele ser la más opresiva. Puede ser mejor vivir bajo ladrones que hacerlo bajo la moral omnipotente de los otros. Los ladrones a veces descansan pero aquellos que nos tormentan para nuestro bien lo hacen sin descanso.” Y agregamos nosotros que además estos últimos llevan a cabo sus desmanes sin necesidad de usar antifaces porque lo hacen con el apoyo de la ley.

 

 

El eje central del comunismo es ponderado y alabado por numerosas personas a través de denominaciones varias como el socialismo, el populismo, el estatismo, el redistribucionismo y el ambientalismo, hasta el momento, esta última, la vertiente más moderna. En este caso es de interés destacar que, entre otras personalidades que he citado en su momento, el premio Nobel en física Ivan Guiaever, el fundador y ex CEO de Weather Channel, John Coleman, y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore, demuestran enfáticamente que el ambientalismo preponderante está rodeado de fraudes en las mediciones al efecto de recibir fondos gubernamentales para desarrollar tesis contrarias a las conclusiones científicas y así avanzar con los denominados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” que desembocan en el contexto de “la tragedia de los comunes”: para salvar la propiedad del planeta se destruye la institución de la propiedad a través del esmerado apoyo de los aparatos estatales (otro ángulo para llegar a idéntica conclusión respecto a la mencionada institución).

 

El régimen zarista, implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

 

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin).

 

Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que la propiedad era una injusticia, esto se nota de modo destacado en el caso de Tolstoy que a pesar de sus extraordinarios escritos sobre lo detestable del poder político se consideraba comunista por las razones expresadas. Los escritos a que me refiero son principalmente las A Confession de Tolstoy, donde consigna que “La esencia del error de todas las doctrinas políticas, desde las más conservadores hasta las más avanzadas , que conducen a la más infortunadas situaciones para la gente, estriba en el hecho de que se consideraba y aun se considera que resulta posible, a través de la violencia, unificar a las personas para que todos se sometan sin resistencia a la misma estructura de vida y de la conducta que resulta de ello.” Y en su magnífico The Kingdom of God is Within You afirma que “Los hombres usualmente renuncian a lo que consideran sagrado y se someten a las demandas de los gobiernos porque no ven otro curso de acción […] La corrupción consiste en arrancar la riqueza de las personas industriosas y trabajadoras por medio de impuestos y distribuírlas para satisfacer la codicia de los funcionarios gubernamentales quienes como contrapartida mantienen la opresión sobre el pueblo.” Tolstoy tenía una idea muy desfigurada del concepto de propiedad privada ya que sus bienes originales antes de convertirse en una celebridad por sus novelas eran fruto de la entrega por parte de la nobleza.

 

Hubieron otros casos como el de Dostoievsky que se conjetura fue influído por dos estudiantes de la Universidad de Moscú becados accidentalmente por Isabel I en 1761 a Glasgow durante seis años para atender la cátedra de Adam Smith (los becarios fueron Seymon E. Desnitsky e Ivan A. Tretyakov). En este sentido es de interés reproducir un pasaje de Crimen y castigo: “Si a mi, por ejemplo, se me dice ´ama a tus semejantes´ y pongo este concepto en práctica ¿qué resultará? -se apresuró a decir Ludjin con demasiado calor- rasgaría mi capa y daría la mitad a mi prójimo y los dos nos quedaríamos medio desnudos […] todo el mundo está fundado en el interés personal. Añade la economía política que cuantas más fortunas privadas surjan en una sociedad, o en otros términos, cuantas más capas enteras hay, más sólida y felizmente está organizada la sociedad. Así pues, al trabajar únicamente para mi, trabajo también para todo el mundo; y resulta en última instancia que mi prójimo recibe más de la mitad de la capa y no solamente gracias a las liberalidades privadas e individuales, sino como consecuencia del progreso general”.

 

El enfoque moderno de la institución de la propiedad privada es radicalmente distinto al feudal y zarista, consiste en que dado que los bienes son escasos en relación a las necesidades, la asignación y reasignación de derechos de propiedad en manos privadas en un proceso competitivo y por completo ajeno a la politización despierta un potente mecanismo de incentivos que se traduce en que los que mejor administran sus patrimonios, es decir, los que mejor satisfacen las necesidades de los demás, son los que conservan o acrecientan sus riquezas y quienes yerran en los deseos del prójimo incurren en quebrantos. De modo tal que los que dan en la tecla respecto a las necesidades del prójimo son los que se benefician al tiempo que inexorablemente benefician a los demás lo cual, como queda dicho, es condición suficiente y necesaria para lograr ese objetivo.

 

Desde luego que esto no ocurre cuando comerciantes se alían con el poder político del momento para obtener mercados cautivos y otras prebendas en detrimento de la gente ya que se ven obligados a pagar precios más altos, recibir calidad inferior o las dos cosas al mismo tiempo.

 

En la medida en que los gobiernos intervienen en los millones de arreglos contractuales libres y voluntarios, a saber en el proceso de mercado, en esa medida, se afecta la propiedad y consecuentemente los precios que son los únicos indicadores para operar y, como resultado, se derrocha capital que es el único factor que eleva salarios e ingresos en términos reales, en otros términos, se ensancha el empobrecimiento.

 

En este contexto, al alterar el sistema de precios éstos van dejando de mostrar los caminos para invertir o desinvertir en los diversos campos y cada vez más los operadores se alejan de la realidad y no saben a ciencia cierta que materiales usar en sus producciones puesto que no pueden conocer cuales resultan más económicos y cuales desperdician capital. Es por eso que técnicamente no hay tal cosa como economía socialista puesto que no puede economizarse allí donde los precios están falseados. En el extremo, donde se abolió la propiedad (el objetivo de Marx y Engels) no hay contabilidad ni evaluación de proyectos. Por esto es que Ludwig von Mises escribe que todo el programa liberal puede resumirse en la propiedad privada (comenzando por el propio cuerpo, por la expresión del pensamiento y por el uso y disposición de los bienes propios siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros).

 

Si bien desde Platón se ha recomendado la colectivización de la propiedad, como hemos apuntado, la Revolución Rusa marcó un punto de inflexión en la historia de la humanidad en cuanto a la ejecución de esa corriente de pensamiento que luego fue seguida por otros regímenes tiránicos y también por los que reniegan de los campos de exterminio y pretenden pasos menos extremos en la socialización pero al renegar parcialmente de la propiedad obtienen resultados parcialmente negativos. En todo caso Trotsky vaticinó que la idea de los comunistas era “volver el mundo del revés” y, por el momento, en gran medida, eso es lo que lograron a través de múltiples vertientes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El valor del pensamiento crítico

Por Enrique Aguilar: Publicado el 3/7/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2039159-el-valor-del-pensamiento-critico

 

En  1993 Giovanni Sartori publicó un pequeño libro titulado La democracia después del comunismo, que concibió como apéndice de su célebre teoría de la democracia. Se refería allí a algunos de los problemas que minan las democracias contemporáneas, entre los cuales mencionaba el “ideologismo”, entendido como un modo de silenciar el pensamiento ajeno mediante epítetos descalificadores que el ideólogo atribuye al que no concuerda con su opinión. “Quien no está conmigo está contra mí, y quien está contra mí es, según los casos, fascista, reaccionario, capitalista, elitista, racista, etc.” De esta forma, “el epíteto sustituye el argumento” y el disidente se convierte en el enemigo condigno de ser tratado como tal.

La afirmación parece hecha para nosotros y nuestros acostumbrados enfrentamientos, que en los últimos lustros se vieron exacerbados por una retórica que probablemente se propagó por contagio. “Sos un kirchnerista resentido”, le espetaron a un amigo mío, fiel votante de Pro, por haber cuestionado en una red social el estado de la ciudad de Buenos Aires (que algunos vemos sucia, indefensa e intransitable) y un incremento del ABL en un porcentaje muy superior a la inflación proyectada. Nuevamente, la violencia verbal, el epíteto que estigmatiza sustituye el argumento.

Otros no llegan a tanto. Pero para conjurar el escepticismo se apresuran a decir: “Es cierto, hay muchas cosas para señalar, pero esperemos a que pasen las elecciones. Lo importante ahora es evitar que vuelvan…”. En buen romance, abstengámonos de “fogonear” a los indecisos para no comprometer el triunfo de Cambiemos. ¿No será contraproducente? ¿No será que al callar contribuimos, indirectamente, a que el Gobierno se cierre sobre sí mismo y confunda, en épocas de electorados “flotantes” y sin preferencias partidarias, un voto de confianza con una forma más genuina de adhesión? ¿No es un signo de madurez política que un ciudadano haga valer su independencia en lugar de prestarse a un proselitismo que lo incomoda?

En verdad, no parece sensato pretender que quienes suscribimos el cambio resignemos nuestro derecho a discrepar olvidándonos por unos meses de la pobreza, la inflación, las promesas incumplidas, los pronósticos errados, la inseguridad, el narcotráfico, la “tragedia educativa”, la insoportable presión fiscal o las sospechas de corrupción cajoneadas por un sector del Poder Judicial que actúa menos como guardián de la Constitución que como garante de la impunidad. Males heredados, sin duda. ¿Quién podría negarlo como no sea desde la hipocresía? ¿Acaso cabe endilgar a Macri el país saqueado que recibió, la existencia de un Estado omnívoro o la inacción de la justicia federal que tanto nos escandaliza? Sin embargo, resulta asimismo indudable que algunos de esos males se han visto agravados en el último año y medio, afectando principalmente a quienes ya no cabe demandar sacrificio alguno mientras el ajuste recae, como siempre, en el sector productivo, los cargos públicos sobreabundan y los legisladores, con un agudo sentido de la oportunidad, incrementan sus dietas.

Al releer aquellas páginas de Sartori, recordé otras de Octavio Paz relativas al valor del pensamiento crítico que lleva al inconformista a reconocer en su soledad más bien una bendición que una condena. Si las divergencias, afirmaba Paz, constituyen un “signo de salud intelectual y moral”, la uniformidad y la ausencia de discusión pública ocasionan “la muerte del espíritu, la petrificación del pensamiento”. También nos exhortaba a recordar que, tanto en el dominio del arte como en el de la política, el resurgimiento de la imaginación “siempre ha sido preparado y precedido por el análisis y la crítica”, que, como un “ácido benefactor”, disuelve las falsas imágenes. La crítica, continuaba Paz, “no es el sueño, pero ella nos enseña a soñar y a distinguir entre los espectros de las pesadillas y las verdaderas visiones […], es el aprendizaje de la imaginación en su segunda vuelta, la imaginación curada de fantasía y decidida a afrontar la realidad del mundo”.

Tal vez algunos confíen en que a una mayoría de argentinos nos unirá el espanto. Es probable. Entretanto, que se alcen voces críticas en el seno mismo de un electorado que apostó, esperanzado, al cambio no es hacerles el juego a la oposición ni a quienes desde su sectarismo ideológico distorsionan el pasado para que luzca mejor en el presente. Tampoco se trata de desdeñar los logros alcanzados, sino de contribuir, modestamente, a extirpar los fanatismos. Vista así la crítica, ese “ácido benefactor”, mientras sea de veras bienintencionada y no programática, quizá sea también, como pensaba Paz, “una forma libre de compromiso”.

 

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Ex Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM. Es autor de libros sobre Ortega y Gasset y Tocqueville, y de artículos sobre actualidad política argentina.

La desigualdad no daña a las sociedades

Por Iván Carrino. Publicado el 2/7/17 en: http://contraeconomia.com/2017/07/01/la-desigualdad-no-dana-a-las-sociedades/?platform=hootsuite

 

Respuesta a Mr. Wilkinson.

Las redes sociales son un mundo realmente fascinante. Lo mismo que antes hacíamos en un grupo pequeño, en familia o solos en el living de nuestra casa, hoy podemos compartirlo con miles. Miramos un programa de TV, comentamos algo en Twitter, y otros pueden sumarse a nuestra idea o bien dar un punto de vista diferente.

A los que vivimos de analizar la coyuntura y las ideas que dan forma a nuestras sociedades, nos sirve tanto para difundir una mirada, como para nutrirnos de otras distintas.

Precisamente eso es lo que me pasó hace unas semanas.

En un lapso de dos o tres días, dos usuarios de la famosa red del pajarito me compartieron el link a una charla TED protagonizada por el “epidemiólogo social” británico Richard Wilinkinson. El intrigante título de la misma era: “Cómo la desigualdad daña a las sociedades”.

En realidad, la presentación de 15 minutos realizada por Wilkinson es un resumen de la obra “The Spirit Level”, que escribió en conjunto con Kate Pickett en el año 2010. Dicho trabajo plantea que la desigualdad de ingresos entre las personas de un país es la responsable por una serie de diferentes “males sociales”.

Los autores miden la desigualdad como la diferencia entre lo que ingresa el 20% más rico y el 20% más pobre de un país. Luego crean un índice de “males sociales” que está compuesto por diversos indicadores, tales como: el nivel de confianza, las enfermedades mentales (incluyendo el alcoholismo y la drogadicción), la mortalidad infantil, la obesidad, el desempeño escolar de los niños, la cantidad de hijos de los adolescentes, la tasa de homicidios y de encarcelamientos y, por último, la movilidad social.

Al cruzar estos datos llegan a una alarmante conclusión: en cada una de estas variables, a los países más desiguales les va peor. Esto sería una muestra indiscutible de que la desigualdad es la responsable y de que es necesario combatirla.

¿Es esto así? Si bien la conclusión y el relevamiento de datos resultan asombrosos, lo cierto es que el argumento padece de una serie de falencias importantes.

A continuación, veremos por qué las conclusiones de Wilkinson son incorrectas.

Falla metodológica

El primer obstáculo insoslayable con el que se cruza el argumento de Wilkinson y Pickett es de índole metodológico. Es que lo que los autores intentan hacer es relacionar dos variables “macroagregadas” como si una determinara a la otra, algo que es incorrecto desde el punto de vista teórico.

En sendos lugares de su charla, Wilikinson sostiene que nos va a mostrar lo que “la desigualdad le hace” a “nuestras sociedades”. ¿Ahora qué es la desigualdad? ¿Cómo es que actúa? ¿Acaso se trata de una persona, con inteligencia y voluntad? No, de ninguna manera.

Decir que la desigualdad “hace” algo es como decir que la patria quiere tal o cual cosa. Sin embargo, eso es incorrecto. La patria, a lo sumo, es una suma de individuos, que a veces pueden ser varios millones, y que en ningún caso deberían tomarse como un todo homogéneo.

Aquí ocurre lo mismo. No podemos aceptar sin más la relación entre dos variables agregadas si no existe un mecanismo que nos explique cómo ellas afectan la conducta particular de los individuos.

Tomando un ejemplo de los propios autores de la obra: ¿cómo es que la desigualdad hace que una persona sea alcohólica? ¿Es que una persona decide tomar en exceso, o cae presa de esta adicción porque su vecino es 3, 4 o 50 veces más rico que él? ¿Cuál es el vínculo necesario entre una cosa y la otra?

La realidad es que no existe tal vínculo, y cualquiera que quiera establecerlo, o está forzando el argumento, o directamente nunca tuvo contacto con una persona alcohólica.

Esta falla metodológica es muy grave y por tanto debería hacernos dudar de la aparente solidez de las conclusiones de Wilkinson.

La movilidad social es clave

Cuando se habla de desigualdad, suele criticarse que “los de arriba” ganan mucho más que “los de abajo”. Sin embargo, este es un análisis estático. Después de todo, los que un día están “abajo”, en otro momento pueden terminar estando “arriba”. Es decir, una vez que consideramos la movilidad social, el fantasma de la desigualdad pierde un poco de sentido.

Si los pobres pueden mañana dejar de serlo, y si producto del crecimiento económico y la mejora de la tecnología, cada vez están mejor: ¿qué problema hay si entre las personas hay más o menos diferencia de ingresos?

Para Wilkinson, sin embargo, el caso es distinto. En uno de los cuadros que muestra en su presentación sostiene que a mayor desigualdad, menor es la movilidad social.

En dicho cuadro, Estados Unidos figura tanto como el extremo de la elevada desigualdad, como el de la baja movilidad social. Así, en el país del norte no solo las diferencias entre ricos y pobres serían las más elevadas, sino que la posibilidad de los pobres de convertirse en ricos serían las más bajas.

Esto choca con otros datos.

De acuerdo con estudios citados por Steven Horwitz, Estados Unidos tiene una elevada movilidad social. Por ejemplo, entre 1975 y 1991, los datos disponibles muestran que el 94,9% de los hogares que se encontraban en el quintil más bajo de ingresos, se movieron hacia arriba en la escalera social, con un 29% yendo a parar al quintil más rico del país.

Años posteriores otros analistas corrigieron estos datos. Si bien no tan asombrosos, entre 1996 y 2005, el 57,6% de los hogares de menores ingresos ascendieron en la escalera, con 9,9% llegando al segundo quintil de ingresos y 5,3% llegando a la cima de la pirámide.

A partir de estos números, suena extraño que se concluya que Estados Unidos tiene la menor movilidad social de todos los países analizados. El tema al menos amerita un poco más de investigación.

La violencia es consecuencia de los igualitaristas

Otra de las cuestiones que argumenta Wilkinson es que la mayor desigualdad se correlaciona con una mayor violencia o inseguridad.

Ahora de nuevo: ¿bajo qué mecanismo? ¿Qué explica que una persona salga de su casa para delinquir?

Una explicación que darían los autores es que a mayor brecha salarial, más frustración personal y más tendencia a hacer cosas ilegales.

Podría ser.

Pero también podría perfectamente encajar otra teoría. Cuanto más se sostiene que la desigualdad es injusta y que los ricos de alguna manera deberían darle a los pobres para reducir la brecha (cosa que Wilkinson hace sin tapujos), más se legitima la idea de que los pobres tienen derecho a asaltar el patrimonio de los ricos.

Una vez que esta idea está legitimada: ¿qué frenos morales tendrán las personas a la hora de convertirse en ladrones,  secuestradores o incluso asesinos?

Wilkinson establece una relación de causalidad desde desigualdad a violencia. Otra distinta es posible: cuanto más se insiste sobre los problemas que genera la desigualdad, menos tapujos a la hora de atacar a “los que más tienen”.

Conclusión

El argumento de Wilkinson puede sonar convincente en una primera lectura. Sin embargo, como hemos visto aquí, sufre de insoslayables problemas metodológicos, presenta datos que merecen mayor debate y, por último, dan por ciertas relaciones de causalidad que podrían ser completamente diferentes.

Los “males sociales” no son producto de la desigualdad, sino de lo que individuos de carne y hueso le hacen a los demás y a ellos mismos. Análisis de este tipo no contribuyen a resolver estos problemas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los valores “individuales” de los presos parecen ser distintos, pero los valores “sociales” no difieren de los del resto (I)

Por Martín Krause. Publicada el 1/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/los-valores-individuales-los-presos-parecen-distintos-los-valores-sociales-no-difieren-los-del-resto-i/

 

Según un informe divulgado por el Ministerio de Justicia en Diciembre del año pasado hay en la Argentina 169 detenidos por cada 100.000 habitantes. Eso quiere decir que no llega al 0,17% de todos los argentinos. Seguramente hay muchos delincuentes que no están detenidos. No sabemos cuántos son pero es muy probable que aún si los sumáramos el porcentaje sobre el total de la población sería muy bajo. Es decir, la abrumadora mayoría de los argentinos somos honestos. Al menos a ese nivel de delitos, porque si consideramos que los supermercados y los shoppings tienen que poner detectores magnéticos en prendas de vestir o en vinos, y cámaras de todo tipo para ver qué hace la gente recorriendo las góndolas, en fin, el porcentaje es ya mayor. No sumaré a ese grupo a los infractores de normas, porque en ese caso entramos casi todos, ya que la cantidad de normas nos hace imposible conocer cuántas estaremos violando en cada momento del día y muchas normas bien se lo merecen. Sostendré que la gran mayoría de los argentinos no cometemos delitos, mayores o menores. Esto daría a pensar que esa gran mayoría tiene valores individuales diferentes de los delincuentes y seguramente es así: no tomarían la propiedad de otros, no dañarían a esas personas violentamente, etc. Pero en cuanto a valores sociales se refiere, la diferencia no es mucha. Si mal no recuerdo, lo más cerca que me haya tocado estar de las fuerzas de seguridad ha sido entrar en una comisaría para pedir un certificado de domicilio, o para denunciar un choque o un robo. Tal vez por eso me atrajo la invitación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para dictar la materia Análisis Económico y Financiero en el Centro Universitario Devoto (CUD), una sede donde se dictan clases a los detenidos en ese Complejo Penitenciario. Al considerar las instituciones básicas y fundamentales para que la economía funcione tratamos el papel que cumplen los derechos de propiedad. Así, en términos generales, les parecía algo natural y lógico que los precios fueran resultados de intercambios y que éstos sean intercambios de derechos de propiedad por medio de contratos, formales o informales. No podía evitar pensar, sin embargo, que estaban allí precisamente por haberlo violado, ya sea la propiedad que cada uno tiene sobre su propia persona o sobre los bienes que ha producido o adquirido. Pero no parecía que ellos vincularan una cosa con la otra. ¿Qué piensan los detenidos sobre la organización social, sobre las desigualdades, sobre el trabajo y los mercados, sobre las políticas públicas? Sus opiniones sobre temas sociales no son diferentes de los que están afuera de esa cárcel. Ellos, que muchas veces toman en sus manos una “redistribución” forzada y violenta, también creen que es una función indelegable del estado tomar de unos para dar a otros. Y como la mayoría de los que están afuera, creen que al otorgar al estado ese poder, lo va a utilizar para redistribuir de ricos a pobres, para resolver los problemas de la pobreza. Pocos, adentro o afuera, piensan que una vez que se otorga al estado ese poder termina redistribuyendo en toda dirección, también de pobres a ricos, o de la clase media a la clase política. ¿A qué se debe este “instinto” redistributivo? Un grupo de científicos, y entre ellos un par de argentinos, expertos en el nuevo y prometedor campo de la psicología evolutiva plantean una respuesta. Los argentinos son Daniel Sznycer, de la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Arizona, y María Florencia López Seal, de la Universidad Nacional de Córdoba. Investigan y escriben con los ‘padres fundadores’ de esta nueva disciplina, Leda Cosmides y John Tooby, creadores del Center for Evolutionary Psychology. Según ellos el apoyo a la redistribución se basa en emociones, en particular la compasión, la envidia y el interés propio, no por alguna convicción general de justicia social. Esas emociones son el resultado de largos procesos evolutivos durante los miles de años que fuimos cazadores-recolectores. No descartan el impacto de las prácticas locales, las ideas y valores compartidos o la historia reciente, pero centran su atención en las primeras.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

Orgullo y beneficio

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 29/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/orgullo-y-beneficio/

 

Desde hace mucho tiempo se ha asociado a Jane Austen con Adam Smith. La novelista inglesa no cita al economista y filósofo escocés (ni a nadie), pero hace medio siglo Kenneth Moler observó que la distinción sobre vanidad y orgullo que traza Mary Bennet en Orgullo y Prejuicio es casi idéntica a la presentada por Smith en La teoría de los sentimientos morales. Y los especialistas han continuado ese camino hasta hoy, con el notable libro Pride and Profit. The Intersection of Jane Austen and Adam Smith, de Cecil E. Bohanon y Michelle Albert Vachris (Rowman and Littlefield, 2015).

El centro del libro es la asociación de cada una de las seis novelas publicadas de Austen con temas de Adam Smith. De Sentido y Sensibilidad destacan el autocontrol de Elinor Dashwood, “un modelo de virtud smithiana”. De Mansfield Park subrayan la prudencia, la benevolencia y la justicia, esa “trinidad de virtudes” que aplaudirían Smith y Austen. En Persuasión analizan la vanidad, y el orgullo obviamente en Orgullo y Prejuicio. Apuntan a la codicia y los compromisos en La Abadía de Northanger, y a la persona doctrinaria (man of system) en Emma.

Analizan también la realidad económica en los años de Smith y Austen, revisando las rentas de la tierra y las vinculaciones; también la imagen del mundo de los negocios en ambos autores; los estratos sociales; y la adopción de lo que Deirdre McCloskey llama “las virtudes burguesas”

Algunos autores de izquierdas han intentado revitalizar la vieja idea del antiliberalismo de Adam Smith, y hace poco el famoso Thomas Piketty utilizó a Jane Austen para ilustrar los rigores de la pobreza y la desigualdad en el capitalismo inglés decimonónico. Ambos intentos tienen poco fundamento, como he intentado demostrar en dos ensayos recientes (véanse “Otro problema de Adam Smith” y “Piketty misreads Austen” aquí: http://www.carlosrodriguezbraun.com/otras-publicaciones/).

El documentado libro de Bohanon y Vachris prueba que las “intersecciones” entre Smith y Austen son abundantes. Es verdad que sus vidas apenas se solaparon quince años, pero defendían ideas comunes, como el reconocimiento del progreso económico y el aprecio por el mercado y las instituciones liberales.

Las lecciones que podemos aprender hoy de la escritora y el economista son para ellos las siguientes: “Desarrollar el auto-control sobre nuestras pasiones para vivir una vida que equilibre el sentido y la sensibilidad. Ser prudentes en nuestras acciones pero nunca mezquinos. Ser benevolentes con nuestros seres queridos, y justos con todos. Estar orgullosos de nuestros logros genuinos, pero nunca vanidosos ni avaros. Respetar a las personas respetables. Y, por fin, atesorar estos temas de la Ilustración en nuestro corazón pensando por nosotros mismos, tolerando a los demás, y procurando siempre mejorar”. Probablemente algunos filósofos, economistas o novelistas estarían en desacuerdo. Adam Smith y Jane Austen, no.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

EL CASO DEL PERONISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Resulta sumamente curioso pero a esta altura del siglo xxi cuesta creer que existan aun personas que seriamente se dicen peronistas. Se ha probado una y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda). ¿Qué más puede pedirse para descalificar a un régimen?

 

A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).

 

También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza, cit. por J. J. Sebreli, Los deseos imaginarios del peronismo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1983, p. 84). En otra ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). Por último, para ilustrar las características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

 

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos y, también  a la vuelta de su exilio, se decidió por abrazarse con Ricardo Balbín (un antiguo opositor que a esa altura se había peronizado).

 

A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo que ha dado en llamarse “la cuestión social”. Esto ha penetrado en prácticamente todos los ámbitos de la vida social. No son pocos los conservadores que argumentan que no es cierto que Perón haya sido pionero en materia social ya que lo fueron ellos, los conservadores, y así se suscita una carrera para ver quienes fueron los adelantados en este tema, sin percatarse que precisamente en la cuestión social estaba el problema, especialmente para los más necesitados.

 

Lo primero es comprender cual es la causa de los ingresos y salarios en términos reales que reside en la tasa de capitalización, es decir, ideas innovadoras, maquinaria,  tecnología, equipos que hacen de apoyo logístico al trabajo al efecto de incrementar su rendimiento. No hay otra cosa. Si observamos el mapa del mundo concluiremos que allí donde las referidas tasas de capitalización son mayores, también resultan mayores los ingresos. Sin duda que para que esas inversiones tengan lugar es menester que los marcos institucionales garanticen el uso y la disposición de las respectivas propiedades. Los salarios no son en modo alguno más altos debido a la generosidad ni a la prebenda sino que, como queda dicho, son el fruto de mayores inversiones per capita.

 

Los pagos adicionales con automóviles, seguros de salud, vacaciones, reducciones de jornadas laborales, oficinas elegantes, bonos y premios varios, músicas funcionales, coberturas por accidentes y todo lo que uno pueda imaginarse de atenciones no son consecuencia del decreto sino de las tasas de capitalización que obligan al empleador a proceder de esa manera. Al contrario, el decreto que se traduce necesariamente en montos superiores a los del mercado (de lo contrario  no tiene sentido el decreto) expulsa a los destinatarios y los condena al desempleo. Generalmente los destinatarios de los decretos de salarios mínimos, vacaciones, jornadas laborales y aguinaldos (esto último es un insulto a la inteligencia ya que inexorablemente significa menores salarios durante el resto año), habitualmente son los que más necesitan trabajar que, paradójicamente, son los que primero son desempleados (cuando no se intenta disimular a través de la inflación que derrite salarios). Si esos mal llamados beneficios se extendieran a los gerentes y otros funcionarios de jerarquía, es decir,  si las remuneraciones por decreto superaran sus retribuciones, ellos serían los que serían expulsados del mercado y condenados al desempleo.

 

No hay magias en economía, los factores de producción son escasos (si hubiera de todos para todos todo el tiempo no habría necesidad de trabajar) y el factor por excelencia es el trabajo intelectual y manual ya que sin su concurso no puede concebirse la producción de ningún bien o la prestación de servicios. No hay por ende sobrante de aquel factor escaso en un mercado abierto, a saber, allí donde los arreglos contractuales son libres. En cambio, como decimos, cuando los aparatos estatales intervienen el resultado es la desocupación.

 

En una sociedad abierta los sindicatos son manifestaciones libres y voluntarias en las que deciden los asociados cuales han de ser sus características, pero lo que es incompatible con la libertad es la sindicación y aportes forzosos como lo son en la mayor parte de las sociedades en las que se impone una legislación fascista del unicato como, por ejemplo, la establecida por el peronismo, es decir, las leyes de asociaciones profesionales y convenios colectivos que Perón copió de la Carta de Lavoro de Mussolini.

 

Por su parte, las huelgas significan que los trabajadores, contemplando los contratos previos, pueden ejercer su derecho a no trabajar, lo cual es muy diferente a imponer por la fuerza que otros no trabajen lo cual se basa en la intimidación y no en elecciones voluntarias.

 

En este sentido las denominadas “conquistas sociales” del peronismo han constituido un obstáculo formidable para el incremento de los salarios en términos reales de los más débiles económicamente debido a los desajustes señalados, lo cual se agrava si simultáneamente se adoptan políticas que de hecho bloquean las inversiones al distorsionar precios con pretendidos controles, establecer alta presión tributaria, introducir manipulaciones monetarias y en el sector externo, tal como lo hicieron los gobernantes peronistas y sus imitadores.

 

Asimismo, el peronismo en su primera etapa aniquiló innumerables ahorros de quienes colocaban sus fondos en pequeños terrenos y departamentos para alquilar que fueron destruídos con las leyes de alquileres y desalojos, al tiempo que se estableció compulsivamente un sistema que anticipadamente estaba quebrado como es actuarialmente el de reparto, lo cual se agravó cuando se utilizaron esos recursos para fines partidarios.

 

Francamente, si se pudieran lograr mejoras en el nivel de vida por medio del decreto que da lugar a las antedichas “conquistas sociales”, deberíamos ser más generosos y hacer de una vez millonarios a todos, pero lamentablemente las cosas no son así. Finalmente también debe destacarse que esas pretendidas conquistas dan lugar a todo tipo de chicanas y corruptelas en el fuero laboral que encarecen aun más el proceso productivo. El apoyo y el soporte mejor y más eficaz para el trabajador (que aunque resulte en un pleonasmo, son todos los que trabajan y no los de una “clase”) es contar con un Estado de Derecho robusto en cuyo contexto opera una Justicia expeditiva para proteger los derechos de todos y no que se acepte que solo van presos los ladrones de gallinas mientras quedan impunes políticos corruptos. Esta tendencia se extiende, entre otras muchas cosas, cuando se da cabida a pseudoempresarios que operan al amparo del poder político que le otorga mercados cautivos para poder explotar a la gente.

 

¿Qué se puede hacer entonces con el peronismo? Absolutamente nada más que intentar persuadirlos del error y de los serios problemas que generan sus ideas para todos pero muy especialmente para los más pobres que aumentan su pobreza cada vez que aquellas propuestas se ejecutan. Como he consignado con anterioridad, todas las ideas deben competir en el debate y en las urnas por más estrafalarias que resulten.

 

Todos provenimos de las cavernas y de la miseria, es decir del cien por cien bajo la línea de pobreza. La forma de progresar consiste en el respeto irrestricto a los logros del vecino y no recurriendo a la fuerza para arrancar el fruto del trabajo ajeno. Cuando votamos en el supermercado y afines estamos asignando recursos y consecuentemente establecemos diferencias en los patrimonios según como satisfagan nuestras demandas, la redistribución coactiva de los aparatos estatales contradice aquellas indicaciones y por ende desperdicia capital, lo cual indefectiblemente reduce niveles de vida.

 

Por último y como una nota al pie, transcribo una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la misiva mecanografiada la reproduce S. Santander en  Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón es usada también por Santander como epígrafe de su libro.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Algo nuevo: “Behavioral Public Choice”, ¿cómo llamarlo, tal vez el análisis económico de la conducta política?

Por Martín Krause. Publicada el 22/6/17 en: http://bazar.ufm.edu/algo-nuevo-behavioral-public-choice-llamarlo-tal-vez-analisis-economico-la-conducta-politica/

 

Con los alumnos de la materia Public Choice, vemos el trabajo de Schnellenbach, Jan; Schubert, Christian sobre un campo nuevo en esta área, “behavioral public choice” o, ¿cómo traducirlo? ¿análisis económico de la conducta política?. El paper se titula “Behavioral public choice: A survey” Freiburger Diskussionspapiere zur Ordnungsökonomik, No. 14/03; Freiburger Diskussionspapiere zur Ordnungsökonomik, No. 14/03 (2014). Disponible en: http://hdl.handle.net/10419/92975 Walter Eucken Institut; ORDO Constitutio in Libertate. Algunos párrafos:

“En el origen de la teoría de Public Choice se encuentra un llamado para alinear los supuestos motivacionales que subyacen en el estudio de la política con los de la economía. Se asume típicamente que la gente maximiza su utilidad subjetiva tanto en el mercado (como productores o consumidores) como en la política (como votantes, políticos, burócratas o lobbystas). Como enfatiza Brenna (2008), sin embargo, esa simetría motivacional no se traslada necesariamente a simetría conductual, dados los débiles incentivos para invertir en una toma de decisiones racional en el campo de las decisiones colectivas. Esto ocurre particularmente con los votantes, cuya conducta perfectamente racional puede llevar a resultados colectivos catastróficos, porque los mecanismos individuales de aprendizaje en la política son mucho más débiles y más indirectos que los del mercado.

Por ello, se espera que los sesgos cognitivos jueguen un papel tan importante en la política como en el mercado. La teoría de Public Choice es, por lo tanto, uno de los campos que muy probablemente se beneficiará de aplicar conceptos de la economía conductual (behavioral economics). Sorprendentemente, estos enfoques son relativamente nuevos en Public Choice. Tal vez se explique porque los académicos de PC se enfocaron originalmente en exportar el enfoque de la elección racional a áreas de no-mercado, y no consideraron modificar sus propios métodos analíticos (Wallerstein, 2004).

Al aplicar enfoques conductistas al Public Choice, afirmando que los individuos son más proclives a sesgos y otros problemas cognitivos cuando entran la arena política no ha de ser el fin de la historia. Más bien, un análisis sistemático de los desvíos del supuesto básico de conducta racional es requerido. Por ello, muchos autores han alentado a los académicos a que se aventuren más allá  de los supuestos básicos de racionalidad y maximización de utilidad (p. ej., Simon 1995; Ostrom 1998; Kliemt 2005).”…

“Hay un cierto número de ancestros del Behavioral Public Choice (BPC). No sorprende que Adam Smith se haya adentrado en este territorio cuando especulaba, primero, que una razón clave para la existencia del gobierno es la protección de la propiedad privada de transgresiones que se alejen de la conducta “razonable” (que, para Smith, implicaba actuar moralmente). Segundo, argumentaba que los individuos racionales van a subinvertir en la calidad de las decisiones políticas: como observara George Stigler, Smith era un pesimista al respecto, en el sentido de que ‘daba un papel más importante a la emoción, el prejuicio y la ignorancia en la vida política de lo que diera alguna vez en los asuntos económicos ordinarios’ (Stigler 1982). Luego de Smith, la creencia que los individuos pierden algo de su capacidad de razonamiento cuando entran en la esfera política puede encontrarse en Mill (1948), quien defendiendo al laissez-faire advertía sobre la conducta de ‘manada’ en la política, la incompetencia debida a la falta de especialización, malos incentivos debido al pequeño interés personal en juego en las decisiones gubernamentales y el peligro que los individuos perdieran su capacidad de contribuir voluntariamente a los bienes públicos si se acostumbraban a delegar más y más competencias en el estado.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

El ‘yihadismo’

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/6/17 en: http://lahora.com.ec/index.php/noticias/show/1102068818#.WU0FieiGPIV

 

Un video de la multinacional kuwaití de telefonía móvil Zain Telecom hace furor en Ramadán. Es el mejor documento -antiyihadista- rechazando el terrorismo y promoviendo la tolerancia. Es sintomático el que haya sido realizado por una empresa privada musulmana. Deja claro que la violencia no es una cuestión de religiones como la mahometana, ni de culturas como la árabe, sino sociológica. Y no es casual que surja del ámbito privado.

A ver. El Estado moderno es el monopolio de la violencia con el que impone leyes y ‘ordena’ a la sociedad, de otro modo no podría subsistir porque no recaudaría impuestos. El Estado siempre justificará la violencia porque gracias a ella subsiste, de hecho, es quien crea las guerras, no los pueblos que las sufren.

Por el contrario, más allá de excepciones, el principio de la actividad privada -el mercado- es la cooperación pacífica: nadie impone impuestos por cosas que poco o nada interesan a los que pagan, sino que las personas acuerdan voluntariamente transferir bienes y servicios a cambio de dinero. En consecuencia, el mercado necesita de un ámbito de paz para desarrollarse.

En las imágenes se ve a un hombre fabricando un cinturón explosivo y una voz infantil le dice que le contará a Dios que los terroristas han llenado los cementerios de niños. El potencial suicida sube a un autobús y se encuentra con víctimas de atentados terroristas que le plantan cara. Entre los pasajeros aparece Omran, alcanzado por el terrorismo de El Asad, cuya imagen cubierto de polvo tras un atentado lo convirtió en símbolo de los niños víctimas de la guerra.

Poco a poco, entre imágenes de atentados en Bagdad, Kuwait, o Ammán, fieles que salen de una mezquita se unen al grupo que va creciendo a medida que avanza por la calle. El “Alá-u-akbar” (Dios es el más grande) con el que desafían al terrorista toma un ritmo pop cuando el cantante Hussain al Jassmi se pone a la cabeza. “Alaba a Dios con amor, no con terror”, corea la multitud. “Haz frente a tu enemigo con paz, no con guerra”, prosiguen hasta que el terrorista cae al suelo avergonzado.

¿Es muy idealista? La ciencia dice que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

FALACIAS DE LA EDUCACIÓN ESTATAL

Por Alberto Benegas Lynch (h). 

Traducción del inglés de  la conferencia pronunciada en la European Center of Austrian Economics Foundation de la Universidad de Lietchenstein, Vaduz, mayo 29 de 2015.

 

El primer punto que debe subrayarse es que la expresión “educación pública” es del todo inapropiada puesto que oculta la naturaleza de lo que se quiere trasmitir. Esto es así porque, en primer lugar, la educación privada es también para el público y, por otro, se recurre a esa terminología para enmascarar su verdadero significado bastante patético por cierto, del mismo modo que resultan horripilantes las expresiones “literatura estatal”, “periodismo estatal”, “arte estatal” y equivalentes, que constituyen contradicciones en los términos. En el caso que nos ocupa, sin embargo, se trata de educación estatal.

 

A través del empleo de la fuerza no puede encararse el proceso educativo, en último análisis resulta imposible enseñar los fundamentos de la libertad y la consiguiente independencia de pensamiento en base a la compulsión.

 

En la mayor parte de los países hoy, la denominada educación privada no es en rigor privada puesto que las secretarías y ministerios de educación están encargados de aprobar las respectivas estructuras curriculares. El sector privado, con algunas limitaciones, se ocupa de cosas tales como las características de los edificios y los uniformes, pero la esencia de lo que se ofrece en las casas de estudio es manejada por reparticiones burocráticas.

 

Estos procedimientos ilustran la columna vertebral de la hipocresía  fascista: se permite que la propiedad privada quede registrada a nombre de privados pero el gobierno usa y dispone de ella, en contraste con el comunismo que de una manera directa decide la abolición de la propiedad. Los dos sistemas operan en la misma dirección, uno de modo indirecto mientras que el otro lo hace de modo directo. Pero es importante subrayar que los dos sistemas distorsionan la contabilidad o la bloquean del todo ya que los precios relativos son falsificados o eliminados de cuajo, lo cual se traduce en la malasignación de los siempre escasos recursos, situación que deriva en una mayor pobreza.

 

En un país civilizado, los ministerios y las secretarías de educación deberían dejarse sin efecto y las acreditaciones, en los casos en los que se requieren, serían realizadas, tal como sucedía originalmente, a través de academias e instituciones privadas que, en el proceso, además, sirven de auditorías cruzadas y en competencia de responsabilidades por la calidad de los programas desarrollados en colegios y universidades.

 

La politización debería estar completamente ausente en un tema tan delicado e importante como la educación. Dado que todos somos diferentes en la mayor parte de los aspectos clave, especialmente desde la perspectiva psicológica, los respectivos programas ofrecidos deben ser diferentes al efecto de calzar con las diferentes potencialidades de las múltiples demandas. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que esas diferenciaciones lo son de un modo multidimensional en la misma persona por lo que se requiere un proceso dinámico y cambiante.

 

Cada uno de nosotros modificamos nuestra estructura cultural. Según sean nuestras inquietudes y actividades, no somos los mismos hoy respecto a lo que fuimos ayer ni seremos iguales mañana. Imponer verticalmente desde el poder programas educativos en el contexto de una especie de guillotina horizontal, es no entender que significa la educación, aunque aquello se lleve a cabo de modo descentralizado ya que siempre es el poder político el que tiene la última palabra cuando existen ministerios de educación o de cultura.

 

Debe comprenderse que todos pagamos impuestos, especialmente los más pobres que pueden no haber visto nunca un formulario fiscal. Esto es así porque aquellos que son contribuyentes de jure reducen sus inversiones, lo cual, a su turno, reduce salarios e ingresos en términos reales, una secuencia que tiene lugar debido a que las tasas de capitalización constituyen la única explicación por la que se eleva el nivel de vida.

 

Más aun, si tomamos en cuenta el concepto de utilidad marginal resulta claro que una unidad monetaria es en general -a pesar de que no son posibles las comparaciones intersubjetivas de utilidad ni tampoco pueden referirse a números cardinales- no es lo mismo para una persona pobre que lo es para una persona rica. En el primer caso, manteniendo los demás factores constantes, el efecto negativo del tributo será mayor, lo cual hace que el impacto impositivo recaiga en definitiva con mayor peso en los más pobres como consecuencia de la antedicha contracción en las inversiones.

 

Imaginemos una familia muy pobre que no está en condiciones de afrontar los costos de oportunidad que significa enviar a sus hijos a estudiar. En este caso, a través de los impuestos que,  como queda dicho, se afrontan vía la contracción de los salarios de los relativamente más pobres, están de hecho financiando los estudios de alumnos más pudientes.

 

Y si otra familia, con gran esfuerzo, puede enviar a sus hijos a estudiar, si realiza un análisis fiscal correcto los enviarán a instituciones estatales puesto que, de enviarlos a colegios y universidades privadas, estarían pagando un costo doble: uno a través de los impuestos para mantener la educación estatal y otro al financiar la matrícula y las cuotas en el ámbito privado.

 

Desde otra perspectiva, los costos por estudiante en las entidades estatales de educación son en general más elevados que en instituciones privadas, por la misma razón de incentivos que hacen que las mal llamadas “empresas estatales” sean ineficientes. La mera constitución de esas “empresas” necesariamente implica derroche de capital puesto que los recursos son asignados en una dirección distinta de la que hubiera elegido la gente (y si fuera en el mismo sentido, no hay razón para la intervención gubernamental). La forma en que se consume café y se encienden las luces no sigue las mismas pautas en “empresas estatales” que en las privadas. Los incentivos y “la tragedia de los comunes” hace que se opere de modo ineficiente.

 

Se ha sugerido el sistema de vouchers en repetidas ocasiones. Es cierto que este sistema exhibe un non sequitr : esto significa que de la premisa de que otras personas debieran ser forzadas a financiar la educación de terceros no se sigue que deban existir instituciones estatales de educación, ya que el voucher (subsidios a la demanda) permite que el candidato en cuestión elija la entidad privada que prefiera de todas las existentes.

 

En cualquier caso, los vouchers también significan que principalmente son los pobres los que se ven obligados a financiar los estudios de los más pudientes y también, a pesar de que las mediciones de IQ son irrelevantes (como se ha demostrado, todos somos inteligentes pero para temas y campos muy diferentes), aquellos que no califican para las ofertas disponibles deben pagar los estudios de los mejor calificados, lo cual constituye también una injusticia flagrante.

 

Esto para nada significa que deben eliminarse los vouchers privados, muy por el contrario, éstos contribuyen a que se establezcan incentivos fértiles del mismo modo que lo hacen las becas que son financiadas voluntariamente en vista de las externalidades positivas que la buena educación reporta. El problema se suscita cuando se trata de vouchers estatales.

 

Se ha dicho repetidamente que la educación es un bien público, pero esta afirmación no resiste un análisis técnico ya que no calza en los principios de la no-rivalidad y no-exclusión propios de los bienes públicos.

 

También se ha dicho una y otra vez que la educación estatal debe incorporarse porque le da sustento a la idea de la “igualdad de oportunidades”. Esta figura, prima facie parece atractiva pero es del todo incompatible y mutuamente excluyente con la igualdad ante la ley. El liberalismo y la sociedad abierta promueven que la gente disponga de mayores oportunidades pero no iguales. Si un jugador mediocre de tennis debe tener igual oportunidad al jugar con un profesional, debe imponerse una limitación a este último, por ejemplo, que juegue con una sola pierna y esta imposición se traduce en que su derecho ha sido conculcado.

 

Una misma línea argumental es aplicable al “derecho a la educación”. No hay tal cosa. Un derecho implica que como contrapartida hay una obligación. Si alguien obtiene como salario 100 en el mercado laboral, hay una obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si la misma persona alega que tiene “derecho” a obtener 200 que no obtiene con su trabajo lo cual es sin embargo garantizado por el aparato estatal, esto significa que otras personas serán compelidas a financiar la diferencia, lo cual lesionará sus derechos. Esta es la razón por la que el “derecho a la educación” -el reclamo sobre el bolsillo ajeno- es un pseudoderecho.

 

Soy plenamente conciente que la educación estatal es la vaca sagrada del momento, pero esto precisamente constituye un motivo adicional para desentrañar este peligroso mito.

 

Se ha afirmado que debería ayudarse a aquellos que cuentan con las condiciones intelectuales para aplicar a las ofertas educativas disponibles pero que no disponen de los ingresos suficientes. Esta es una aseveración indudablemente muy bien inspirada, pero para ello debería recurrirse a la primera persona del singular y no pretender el endoso a otros recurriendo a la tercera persona del plural. “Put your money where your mouth is” es una receta anglosajona que debiera tomarse muy en cuenta. En la misma dirección, debe considerarse que la solidaridad y la caridad nunca pueden ser provistas por el estado ya que, por definición, se trata de actos voluntarios y realizados con recursos propios.

 

En varios países el home schooling es utilizado como una defensa contra la invasión de la educación estatal. Hace un tiempo, The Economist estudió esta forma de educar desde los domicilios de los interesados de manera extensa, donde consignó las opiniones de los oficiales de admisión de varias de las universidades del Ivy League en Estados Unidos respecto a los candidatos a ingresar en esas casas de estudios provenientes del home schooling. Las opiniones eran coincidentes en señalar no solo las excelentes condiciones académicas de los candidatos sino que subrayaron el cuidado y la precisión en la forma de expresarse y la calidad de sus vestimentas.

 

Algunas personas han objetado el home schooling en base a la creencia de que este sistema no permite la socialización de unos alumnos con otros, lo cual no es cierto porque, precisamente, la preocupación y ocupación es mucha por programar reuniones sociales entre los jóvenes a través de deportes, bailes, certámenes de ajedrez, asociaciones varias, actividades en parroquias y equivalentes. Es notable el apoyo logístico que presentan los programas de estudio en Internet, lo cual no requiere que los padres conozcan los contenidos de las diversas asignaturas, solo se requiere que hagan el seguimiento de los estudios de su prole directamente o lo hagan a través de personas contratadas a tal efecto.

 

Cuando tiene lugar la educación estatal, en mayor o menor medida, tarde o temprano, aparece la indoctrinación debido a la necesaria intromisión del gobierno. Si los burócratas están a cargo de la educación de alguna manera inexorablemente influyen sobre los programas, los textos y las pautas a su cargo. Del mismo modo en que resulta vital la separación tajante entre la religión y el poder político, la educación demanda que no se politice si el objetivo fuera el establecimiento de una sociedad abierta.

 

En algunos países, en épocas en donde comenzó la irrupción de la educación estatal  se ha ocultado  el hecho de que con anterioridad existían escuelas privadas que en gran medida desaparecieron y fueron barridas del mercado debido a la alegada “gratuidad” de las primeras. El encandilamiento que produjo este fenómeno no permitió tomar nota del proceso que tenía lugar en el sector privado, en base a la filantropía, los centros educativos parroquiales y a las entidades típicas de la educación financiadas en este último caso con las matrículas y cuotas estudiantiles.

 

Se mantiene que los niños debieran contar con un minimum de enseñanza tal como el aprendizaje de la lectura y la escritura, pero si los padres de familia consideran que eso es importante, es eso a lo que se le otorgará prioridad tal como ha ocurrido a través de la historia por medio de pagos directos o por medio de becas. No hay necesidad de introducir la compulsión para lo que la gente considera importante en la currícula educativa.

 

Es muy cierto que la educación es fundamental pero más importante aun es el estar bien alimentado y ninguna persona de sentido común, a esta altura, propondrá que la producción de alimentos esté en manos del estado como era el sistema impuesto por Stalin y sus imitadores pasados y presentes porque la hambruna es segura. Cuando la política se hace cargo de la educación, aparece otro tipo de hambruna que es la espiritual y cultural.

 

En un plano más amplio, tal vez el clima que prepara con mayor fuerza para la antedicha hambruna intelectual es la corrupción de la democracia, originalmente propuesta como el respeto de las mayorías a los derechos de las minorías. Lamentablemente, de contrabando, el sistema a degenerado para instalar en cambio un sistema infame que se identifica con la cleptocracia, es decir, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.

 

Si prestamos atención a los escritos de historiadores, comprobaremos que, comenzando con Atenas,  no había interferencia estatal en materia educativa. Cualquiera podía instalar un colegio y competir para atraer alumnos a muy diferentes precios y condiciones, lo cual produjo como resultado la mejor educación del mundo de entonces. En contraste con este procedimiento, en Esparta se impuso un sistema militar y totalitario lo cual redundó en una sociedad que fue la menos ilustrada de aquél entonces, solo entrenada en la fuerza bruta que perseguía y agredía a los vecinos y disidentes interiores lo cual hizo tabla rasa con lo que se conoce como vidas privadas.

 

Roma contaba básicamente con un sistema educativo libre de regulaciones durante la República, lo cual se fue modificando durante el Imperio hasta requerir licencias para las escuelas y se persiguió y condenó a maestros cuyas enseñanzas eran desaprobadas por el gobierno.

 

En el mundo árabe, la educación estaba basada en el sistema libre de Atenas. Esta fue el motivo central que explica el progreso notable en arquitectura, medicina, economía, derecho, geometría, álgebra, filosofía, agricultura, literatura y música durante siglos, en lugar de los gobiernos fanáticos de nuestro tiempo que se inclinan a la estatización de la educación como un medio potente de indoctrinar a la gente para lograr propósitos políticos y  religiosos, tal como fue impuesto antes en algunos países cristianos a través del método criminal de la Inquisición y otros procederes autoritarios.

 

En España, durante los ocho siglos de gobierno musulmán, los historiadores han consignado el enorme progreso en los más variados campos que acabamos de mencionar, incluyendo la tolerancia para con judíos y cristianos.

 

Debido a que el control gubernamental poco a poco se fue propagado en materia educativa, desde el siglo xvii se instaló el primer sistema de educación estatal en Alemania, en Suiza y en Francia. Ya en el siglo xviii la mayor parte de Europa estuvo bajo la influencia de este sistema (excepto Bélgica que impuso el sistema en 1920).

 

En Estados Unidos -excepto en New England- la educación era libre, lo cual cambió dramáticamente en el siglo veinte donde se revirtió la política en cuanto al establecimiento  compulsivo para atender colegios y la Secretaría de Educación se estableció en los años setenta. Originalmente, en las colonias, tuvo gran preponderancia e influencia la educación parroquial que respondía a diversas denominaciones religiosas. Más adelante, en algunas colonias en las que comenzó la educación estatal, ésta era financiada a través de la lotería del estado para no recurrir a la compulsión.

 

El argumento de que los colegios del estado y la correspondiente supervisión deben estar en manos gubernamentales para “fabricar un buen ciudadano” constituye un pobre argumento y una excusa burda para el antes referido adoctrinamiento. Esta es la razón por la que es errado suponer que cuanto más gaste el gobierno en educación la situación mejorará. Antes al contrario, a través de la politización la situación educativa se torna más difícil si es que se pretende contar con personas con criterios independientes en el marco de una sociedad de hombres libres.

 

La difusión de las ideas estatistas, colectivistas y autoritarias de Herder, Fichte, Hegel, Schelling, Schmoller, Sombart y List en colegios y universidades alemanas (las cuales fueron anticipadas parcialmente por Bismark en el terreno político) es uno de los principales motivos que explican la irrupción de Hitler. Y una vez que los nazis asumieron el poder, el sistema fue apoyado por intelectuales como Keynes, quien en el prefacio a la edición alemana de 1936 de su Teoría general escribió que “la teoría de la producción como un todo, que es a lo que apunta el presente libro, es mucho más fácilmente aplicable a las condiciones de un estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de los resultados producidos bajo las condiciones de la libre competencia y del laissez-faire”.

 

Quisiera cerrar esta presentación telegráfica con una cita de Ludwig von Mises de su obra The Free and Porosperous Commonwealth donde destaca que “hay en realidad solo una solución: el estado, el gobierno y las leyes no deben en modo alguno interferir con la educación. Los fondos públicos no deben utilizarse para esos propósitos. La educación y la instrucción de la juventud debe dejarse enteramente a los padres y a las asociaciones e instituciones privadas”.

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Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.