Category Archives: Sociología

LA REPÚBLICA SIGUE ESPERANDO

Por Sergio Sinay: Publicado el 18/8/17 en: http://sergiosinay.blogspot.com.ar/2017/08/la-republica-sigueesperando-por-sergio.html

 

Si no la sostienen sus tres poderes, actuando de manera complementaria y autónoma, y si la ciudadanía no se empapa de su significado, la República no se conjuga y las transformaciones necesarias no se producen

Sin justicia no hay república, dice una consigna. Y es verdad. La República se sostiene en tres pilares complementarios y autónomos. Los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo. En la Argentina esto hay que aprenderlo desde cero porque no funciona así. Y por mucho que políticos, candidatos y otros se llenen la boca con la palabra República, no la honran con sus conductas. Esto es independiente de quien gobierne. Por supuesto, resulta más grave cuando gobiernan populistas y corruptos. Al populismo los principios de la República le resultan obstáculos e intenta sacárselos de encima, y de la democracia solo acepta la votación, siempre y cuando lo favorezca. Si a eso se le suma corrupción a destajo, la República muere.

También los ciudadanos tenemos el deber de entender que democracia es mucho más que votar. Es vivir en diversidad, aprender a establecer consensos, integrar en la vida de cada día los proyectos personales con los colectivos y el interés personal con el bien común, respetar a las minorías (porque todas son minorías, mayoría es solo el 100%). En esto la sociedad argentina (que sigue agrietada e intolerante desde las dos orillas de la grieta) tiene todavía mucho para aprender, asumir y practicar.

Lo mismo que su gobierno. No es una actitud republicana presentar un aumento a los jubilados como si fuera una muestra de generosidad. Fue un vergonzoso acto de populismo (con una sobreactuación del jefe de gabinete) haberlo hecho así. Eso no es cambiar. Eso es seguir. Y si los ciudadanos estamos atentos, veremos que hay más muestras de lo mismo.

UNA GRIETA ABIERTA

Vivimos en una sociedad convaleciente tras una larga década de grave enfermedad. Pero todavía esta sociedad no recibió el alta. Ahora se le inicia juicio político a un camarista que le venía haciendo mucho mal a la Justicia y a la República. Un juicio necesario y tardío (porque hasta ahora lo habían protegido el gobierno corrupto y autoritario al que favorecía con sus fallos y la propia corporación judicial). Pero el procedimiento por el cual se inició el juicio es, nuevamente, un ejercicio típico de sigamos y no de cambiemos. Falta mucho para cambiar. Tendrán que venir otros rostros, otras conductas, otros antecedentes. Y la sociedad misma, para ser impulsora y guardiana de esa transformación, deberá cambiar muchos de sus hábitos y paradigmas. Algunos comentarios revanchistas (como circularon por las redes tras los resultados de las PASO) no ayudan a eso. Se parecieron mucho a lo que hacían quienes exhibían triunfalmente su intolerancia durante la década perdida.

UN CAMINO LARGO

 

Quedan dos meses para las legislativas y será bueno estar atentos, informarse, pensar, saber qué y para qué se vota. Sabemos que en la Argentina no hay justicia (que lo digan los corruptos que andan sueltos, los asesinos de todo tipo que circulan libres, los ladrones rápidamente liberados, los abogados que transan con funcionarios judiciales a favor de defendidos indefendibles, los jueces que no pagan ganancias mientras ese impuesto abruma a los ciudadanos de a píe). Esperemos que las elecciones legislativas no resulten un paso a que el Congreso vuelva a ser una escribanía del Ejecutivo. Y que en los tres poderes se entienda alguna vez que se está allí en función de servicio y no para servirse de la sociedad. Para todo eso falta. Tantas décadas de degradación no cambian en una generación ni por arte de magia. No se cambia porque sí y de la noche a la mañana.

 

 

Sergio Sinay es periodista y escritor, columnista de los diarios La Nación y Perfil. Se ha enfocado en temas relacionados con los vínculos humanos y con la ética y la moral. Entre sus libros se cuentan “La falta de respeto”, “¿Para qué trabajamos?”, “El apagón moral”, “La sociedad de los hijos huérfanos”, “En busca de la libertad” y “La masculinidad tóxica”. Es docente de cursos de extensión en ESEADE.

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Apología de la Grieta

Por Gabriela Pousa: Publicado el 2/9/17 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/apologia-de-la-grieta/

 

Llámese “grieta”, llámense diferencias. Gusten o no estas existen desde el momento en que viendo el desborde en una movilización, se nos estruja el alma por ese regreso de la barbarie versus la civilización.

Que se llame grieta o división da igual. Es una de las escasas excepciones a la regla porque el vocabulario trasciende las definiciones maniqueas. Que hay dos Argentinas no es noticia, en este mismo espacio escribí sobre ello hace tiempo. Fui más allá y sostuve que quizás hay  una tercera solapada entremedio. Fue en el año 2012 en ocasión de un paro de subterráneos que dejó a miles de trabajadores varados.

Nunca fue este un país sencillo para el análisis, los argentinos son intrincados, saben lo que no quieren pero a la hora de luchar por ello, muchas veces miden el termómetro de lo políticamente correcto. Hay razones: doce años de miedo, miedo a proclamar que no se compartía el pensamiento del ex gobierno. Doce años que han dejado una generación diezmada hasta el tuétano.

El hartazgo, el deseo de cambio se plasmó finalmente en las urnas, afanosas de volver a la república. Pero hoy parece que nada alcanza, que nada es suficiente para explicar que el tiempo del miedo y del relato se ha acabado. Al periodismo en particular, le cuesta demasiado retomar el rol que jamás debió haber abandonado. La impuesta corrección política sigue desvirtuando el escenario.

Muchos piensan “blanco” pero dicen “negro” porque es lo socialmente aceptado. Una falacia porque la sociedad ya no acepta ciegamente nada. Habrá que esperar un lustro quizás hasta disipar la insensatez de no atreverse a decir lo que se piensa, lo que se cree. El cambio es un proceso, no se da de la noche a la mañana como no se acostó un señor feudal en la Edad Media y amaneció luego en la Moderna.

La desesperación de la derrota cala hondo en quienes se creían inmortalizados en el poder. La justicia acecha, ese es otro error. La justicia debería obrar, no amenazar. Una pena. Lo cierto es que el temor ya no es exclusivo de la gente. Los ex dirigentes empezaron a temblar, a experimentar lo que antaño sentía buena parte de la sociedad.

Acá vuelve a verse con claridad que la división, la grieta o la diferencia está. Nosotros temimos en paz, ellos temen en guerra. ¿Cómo pretender hacer desaparecer la brecha? No nos une el amor ni el espanto siquiera.

Atrapada en su laberinto, Cristina Fernández de Kirchner rocía con nafta la resina y la leña. Pretende volver al obsoleto slogan de “yo o el caos” pero ya está claro que el caos es el “yo” de ella. No hay distinción.

En este contexto, Santiago Maldonado es apenas una excusa, un utilitario y eso duele más que todo el juego burdo y los antagonismo que pueden leerse en redes o verse por la tele.

Si alguien necesita y quiere a Maldonado vivo es el Presidente de los argentinos, no hay duda de ello. No hay beneficio de otro modo. A este gobierno le importa el ser humano. Del otro lado, lo buscan prefiriéndolo muerto para justificar el desborde y esta moda arcaica pero peligrosa del “anarquismo posmoderno”; una sandez sin base ideológica, una bohemia trágica, una ignorancia sin máscara. Las caras tapadas no tapan nada. Paradojas de un pueblo que aprendió a ver del derecho y del revés.

Hace rato que quieren tirarle un muerto al oficialismo, proyectan el escenario de Kosteki y Santillán en un país que ya no es el mismo. El delicado equilibrio a mantener es mísero: y entonces se vuelve a la trampa de discutir si hay que hacer un shock o apelar al gradualismo.

Siempre llega un tiempo en qué hay que elegir entre la contemplación y la acción: eso se llama hacerse hombre”, decía Albert Camus. Le cabe también a las naciones. Ya no se puede contemplar este circo de violencia inaudita esperando se sosiegue por cansancio o desgaste de sus adláteres. Mañana puede ser tarde. Tampoco puede entrarse en su juego. Es complejo el desafío para Cambiemos. Apoyarlo es decisivo.

El pasado no puede ser mero recuerdo que vuelve ahora a ser recordado, el pasado debe ser más que nunca hoy: la lección. Y quienes estamos de este lado de la grieta hemos de demostrar que aprendimos. Ha habido cientos de argentinos cuyos paraderos desconocemos y no hubo reclamos por ellos. Si Maldonado no hubiera desaparecido en la previa de una elección, permítaseme dudar si las voces pidiendo por él sonarían igual o el silencio hubiese vencido. 

La unión de todos es otro slogan inútil aunque suene lindo. Jamás agua y aceite se han unido. Imposible pretender que gente de bien y de principios vea a un vándalo que rompe la ciudad y agrede a la autoridad como un igual.

Hay que dejar de lado el romanticismo y decir las cosas como son aunque no suenen bonito. Hay una grieta, y es justamente esa grieta la que nos garantiza hoy que todavía es posible vivir mejor. La Argentina no es una, no tiene por qué serlo al menos en lo inmediato donde ni el lenguaje es similar, ni las intenciones son las mismas. En definitiva, lo que importa es que cada una respete los limites de la otra. A esos límites hay que custodiar día a día.

Quienes quieren la violencia pueden pues empezar a vivir su Argentina entre rejas. Los otros ya lo hemos hecho demasiado tiempo, atrincherados por miedo. Luego elegimos y ganamos. De este lado de la grieta debemos hacer valer los derechos que votamos.

La grieta no nos menoscaba como país cuando hay diferencias que engrandecen la raíz. Separemos las aguas en lugar de mezclarlas. Así lo hizo Moisés y el pueblo judío avanzó hacia su paraíso. Valgan las parábolas, valgan las metáforas.

 

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Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

TODOS SOMOS PERVERSOS POLIMORFOS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/9/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/09/todos-somos-perversos-polimorfos.html

 

En el 2008 y 2009 hice uno de los cursos más importantes de mi formación teórica: el PROGRAMA DE FORMACIÓN TEÓRICO CLÍNICO EN PSICOANÁLISIS, en CESAMENDE (http://www.cesamende.com/). Había que entregar cuatro trabajos escritos; el 3ro (entregado el 11-7-09)  fue sobre la sexualidad infantil como parte esencial del núcleo central de la teoría psicoanalítica en Freud, con la Lic. Silvia Justo. Nunca lo publiqué, y me parece prudente hacerlo ahora si esto puede aclarar a los demás mis incipientes relaciones que hice en ese momento con mi formación filosófica de base.

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  1. Introducción.

La tesis de este pequeño trabajo está expuesta en el título y, como se desprende del mismo, no pretendemos ningún planteo original, sino poder resumir un punto clave del psicoanálisis. Lo hacemos como un ejercicio de aprendizaje, falible y abierto a las correcciones correspondientes. Nuestros únicos agregados a la teoría ya existente será nuestro propio modo de expresarla y entenderla, más algunas reflexiones finales sobre consecuencias pedagógicas para el adulto y para el infante. Por lo demás, este tema siempre nos pareció importante. Mucho antes de tomar contacto directo con la obra de Freud y con los seminarios del programa en curso, siempre nos había parecido que la sexualidad infantil no era un capítulo más en el psicoanálisis, sino un aspecto esencial de la teoría sin la cual toda ella sería incomprensible. Explica, además, las múltiples resistencias tanto teóricas como prácticas que tiene el psicoanálisis, así como los comprensibles actos de negación que el neurótico adulto (o sea, todos nosotros J) pueda tener sobre el origen de sus conflictos. La peculiar amnesia infantil sobre los episodios que dieron origen a los síntomas explica obviamente la resistencia que el adulto puede ejercer en el tratamiento, y el momento negativo de la transferencia. El adulto se ha “pegoteado” al goce, al beneficio secundario se su neurosis y a su síntoma, y a pesar de que se da cuenta de que algo no anda bien en su vida anímica, el momento de “hacer consciente lo inconsciente”, lo lleva a una delicada visualización de los procesos inconscientes que estaban guardados en el inconsciente reprimido desde su más “tierna” infancia. Nunca es emotivamente agradable tomar conciencia de la debilidad del “pobre yo”[1] y las enormes cantidades de energía que tuvo y tiene que emplear para sostener un delicadísimo equilibrio, siempre quebradizo, ante las exigencias de la libido, el super-yo y el ppio. de realidad. En interesante que la palabra “super-man”, de la cultura folk, no quiso referirse (y esto es muy interesante: inconscientemente) al super-yo freudiano sino precisamente al yo, que de “súper” no tiene nada: una forma interesante de negación y de no aceptación de los propios límites de nuestra delicada psiquis. Análogamente a la toma de conciencia de la propia ignorancia del método mayéutico en Sócrates, la toma de conciencia progresiva de nuestros límites, de la debilidad del yo en el delicado proceso de la formación del sujeto adulto, es una forma de re-eduación del adulto y, paradójicamente, de fortalecer humanamente su yo conciente. Para ello es importantísimo tomar conciencia de que “todo comenzó” cuando el primer impulso de vida comenzó a latir.

  1. Un esquema básico de la etiología de las neurosis.

La etiología de las neurosis, como síntomas que son a su vez “transacciones” entre un impulso libidinal y la censura que la represión le impuso, es una noción clave en toda la obra de Freud. Pero si hay un lugar donde nos ha parecido particularmente claro, a los fines de este trabajo, es en la lección XXIII de sus Lecciones Introductorias al Psicoanálisis[2], de 1915. El síntoma queda explicado allí como un “rodeo” aceptable para el yo, que el impulso libidinal tiene que dar ante la censura de la represión, posibilitando a la libido una satisfacción “disfrazada”, apenas reconocible, del fin original. Ello es el síntoma (que luego revestirá diversas formas: neurosis de angustia, histerias, fobias, obsesiones, etc.).  En un modelo ultra-simple, podríamos representarlo así:

Pero lo interesante –más allá de nuestro resumen- es cómo sigue el mismo Freud el párrafo. Escuchémoslo a él: “…Mas, ¿dónde encuentra la libido las fijaciones de que precisa para abrirse paso a través de las represiones? Indudablemente, en las actividades y los sucesos de la sexualidad infantil, en las tendencias parciales abandonadas y en los primitivos objetos infantiles. A todo esto es a lo que retorna la libido en su marcha regresiva. La época infantil nos muestra aquí una doble importancia. Durante ella manifiesta el niño por vez primera aquellos instintos y tendencias que aporta al mundo a título de disposiciones innatas, y experimenta, además, determinadas influencias exteriores que despiertan la actividad de otros de sus instintos, dualidad que creo perfectamente justificado establecer, dado que la manifestación de las disposiciones innatas es algo por completo evidente y que la hipótesis –fruto de la experiencia psicoanalítica –de que sucesos puramente accidentales, sobrevenidos durante la infancia, son susceptibles de motivar fijaciones de la libido, no tropieza tampoco con dificultad teórica ninguna”[3]. La sexualidad infantil, entonces juega un papel clave. Las disposiciones innatas de la libido, por un lado; los sucesos accidentales, tan importantes en los análisis freudianos de casos infantiles[4], y, agreguemos nosotros, toda la carga cultural que el “pobre yo” tiene que aprender a manejar en poco tiempo (como queda de manifiesto en El malestar de la cultura[5]) explican que la normalidad en este delicado proceso sea tan anormal –permítesenos el eufemismo-; que las neurosis de la vida adulta sean tan frecuentes, y que -ese es el punto que buscábamos- tengan sus primeras manifestaciones ya en la infancia donde toda la carga libininal del sujeto en formación trata de encontrar un “lugar manejable” dentro de las exigencias de toda la vida cultural, por un lado, sus propias disposiciones innatas, por el otro, y los sucesos accidentales que puedan haber complicado aún más el proceso.

  1. La noción de “represión” y de figura paterna.

En todo esto, las “censuras de la represión” juegan un papel importantísimo, pero, lamentablemente, muy malinterpretado. Aclararlo es importante para nuestro propio aprendizaje de la teoría, pero también “ad extra” de los ambientes psicoanalíticos, donde habitualmente el no versado en el tema cree que la “represión” es un acto conciente de “control”, al estilo estoico, que el “yo” hace de sus “impulsos”, habitualmente calificados (qué interesante cómo habla el lenguaje) de “bajos”.

En Lo inconsciente[6], de 1915, la represión es tratada por Freud en su no sencilla tópica de división del psiquismo en inconsciente, pre-consciente y conciente. Pero en dos oportunidades anteriores había utilizado dos analogías que, creo, son muy valiosas.

En la 2da. conferencia a la Universidad Clark, en 1909[7], la analogía es la siguiente: “….Quizá pueda presentaros más vivamente el proceso de la represión y su necesaria relación con la resistencia por medio de un sencillo símil, que tomaré de las circunstancias en las que en este mismo momento nos hallamos. Suponed que en esta sala y entre el público que me escucha, cuyo ejemplar silencio y atención nunca elogiaré bastante, se encontrara un individuo que se condujese perturbadoramente y que con sus risas, exclamaciones y movimientos distrajese mi atención del desempeño de mi cometido hasta el punto de verme obligado a manifestar que me era imposible continuar así mi conferencia. Al oírme, pónense en pie varios espectadores, y después de una breve lucha arrojan del salón al perturbador, el cual queda, de este modo, expulsado o «reprimido», pudiendo yo reanudar mi discurso. Mas para que la perturbación no se repita en caso de que el expulsado intente volver a penetrar aquí, varios de los señores que han ejecutado mis deseos quedan montando una guardia junto a la puerta y se constituyen así en una «resistencia» subsiguiente a la represión llevada a cabo. Si denomináis lo «consciente» a esta sala y lo «inconsciente» a lo que tras de sus puertas queda, tendréis una imagen bastante precisa del proceso de la represión”[8]. El símil es muy ilustrativo –demuestra ese especial manejo que tenía Freud para las analogías, que tanto se aprecian en la claridad del discurso filosófico- pero puede quedar la impresión del que el “pobre yo”, representado por el yo que da la conferencia, es “demasiado conciente” del proceso que lleva a la expulsión del molesto asistente a las afueras del salón. Se insinuaba así una instancia “entre” lo conciente y lo inconsciente que aparece luego en, precisamente, su escrito La represión[9], de 1915. Si la idea que representa al impulso inconsciente se acerca a la conciencia, apenas lo es, deja de serlo, en una instancia “pre” conciente, análoga a una ante-sala de nuestro despacho o el umbral de la casa –analogías a las que ayudan las disposiciones de las casas antiguas-. Freud lo dice así: “…Pero antes, quisiéramos decir algo en general, sobre ambos destinos, labor que se nos hace posible en cuanto conseguimos orientarnos un poco. El destino general de la idea que representa al instinto no puede ser sino el de desaparecer de la consciencia, si era consciente, o verse negado el acceso a ella, si estaba en vías de llegarlo a ser. La diferencia entre ambos casos carece de toda importancia. Es, en efecto, lo mismo, que expulsemos de nuestro despacho o de nuestra antesala a un visitante indeseado, o que no le dejemos traspasar el umbral de nuestra casa. El destino del factor cuantitativo de la representación del instinto puede ser triplemente vario. El instinto puede quedar totalmente reprimido y no dejar vestigio alguno observable; puede aparecer bajo la forma de un afecto cualquiera, y puede ser transformado en angustia. Estas dos últimas posibilidades nos fuerzan a considerar la transmutación de las energías psíquicas de los instintos en afectos, y especialmente en angustia, como un nuevo destino de los instintos”[10]. Lo importante es que estas analogías muestran claramente que la represión no es un proceso conciente, pero tampoco es parte del inconsciente reprimido: parece ser la función central del pre-conciente, como si el yo fuera nuestro despacho, el inconsciente, un sótano o un altillo desconocido u olvidado, y el pre-conciente una especie de antesala, donde hemos dejado olvidados los ruidos, olores o elementos del altillo o el sótano, pero transformados, por supuesto, profundamente transformados y presentes en el aparado psíquico, como síntomas, como una “historia viviente” del conflicto que los arrojó a la antesala, ante su insistencia de entrar en nuestro despacho. Es interesante, en ese sentido, otra analogía importantísima que hace Freud en El malestar de la cultura[11], cuando compara a todo nuestro psiquismo con una ciudad que edifica una nueva ciudad sobre aparentes ruinas, pero que no son ruinas sino que aparecen concomitantemente existentes y “vivientes” junto con las construcciones posteriores[12]. Esto explica la amnesia infantil sobre nuestros primeros años, por un lado, y nuestros profundos mecanismos de negación, por el otro.

Pero, por otro lado, nos muestra también que, contrariamente a versiones que “ad extra” se manejan del psicoanálisis, la represión no es algo “malo” que debería ser eliminado de la evolución psíquica del sujeto en formación. No es ni malo ni bueno porque no corresponde a un análisis moral, pero, sobre todo, porque la canalización de los impulsos inconscientes forma parte de la constitución del yo del sujeto. En esa canalización la represión juega un rol fundamental, y en la vida infantil, es el rol paterno el que dice el fundamental “no” ante el incesto, que, por supuesto, implicará diversas evoluciones, más o menos neuróticas, de complejo de Edipo[13]. Una relación edípica madre/hijo, cuando el hijo tiene 3 meses, con padres que le dieron un nombre y lo van constituyendo como sujeto, forma parte de la evolución “normal” del yo, aunque, volvemos a decir, la prospectiva del complejo de Edipo y el complejo de castración[14] pueden implicar neurosis en grados diversos. Pero si el hijo tiene 20 años, no hubo padre que dijera no al incesto y el “sujeto” sigue durmiendo en la cama de la madre, tendremos muy probablemente un psicótico, como vimos en los seminarios. Este rol paterno, por otro lado, tampoco es analizado por Freud en una perspectiva del deber ser, sino como parte de la descripción de las etapas de la vida infantil, donde se va a agregar, posteriormente, la figura del super-yo, que absorbe no solamente el “no” al incesto sino los mandatos culturales y familiares y que también puede formar parte del inconsciente[15]. Pero no era ese el objetivo de este comentario, sino analizar la compleja interacción “conceptual” entre represión y pre-conciente por un lado, y la evolución psíquica del sujeto desde su sexualidad infantil, por el otro, mediante las diversas fases de su libido articuladas con el “famoso” complejo de Edipo.

Si quisiéramos simbolizar lo expresado en un esquema, propongo este, sujeto obviamente a corrección:

  1. El perverso polimorfo.

Cabe destacar que uno de los elementos más interesantes del psicoanálisis en Freud (y que más “resistencias” ha producido) no es sólo la clara afirmación de la libido en la vida del infante, clave, como hemos dicho, para la explicación de las neurosis, sino también su clara afirmación de que el niño tiene una disposición perversa polimorfa. Esto sigue asombrando aún hoy (lamentablemente no lo decimos por bibliografía secundaria sino por sencillas experiencias en conversaciones cotidianas), sobre todo por la afirmación de la “inocencia” del niño, tan extendida, por un lado obvia en cuanto a la inimputabilidad moral del niño, pero, por el otro lado, una obvia negación, vía construcción cultural, de la sexualidad infantil. Pero, ¿por qué habría de causar tanto asombro? La libido “nace” indiferenciada en el cuerpo viviente, hasta que, precisamente después de un largo y delicado camino, donde va incorporando toda la carga cultural, atravesando el complejo de Edipo y etc., que el sujeto logra (a veces) dirigir su pulsión sexual hacia el sujeto adulto de sexo contrario que no sea miembro del “clan” familiar, reservando para estos últimos (y también amigos) lo que Freud llama corriente sensual o de ternura de la vida sexual[16]. Justamente las “desviaciones respecto del objeto” son las “aberraciones” que trata Freud en el cap. 1 de Tres ensayos para una teoría sexual[17]. Claro, tal vez los términos “aberraciones” o “perversiones” suenen luego demasiado fuertes para la carga condenatoria con la cual el marco cultural, comprensiblemente, las recubre, pero nuestro punto aquí es que la negación, ya teorética, ya práctica, del carácter polimorfo de la sexualidad infantil, conduce, no sólo, obviamente, a la incomprensión de la teoría psicoanalítica, sino hacia algo más: una incomprensión y “negación” de lo complejo de la naturaleza humana, de lo difícil que es el camino desde la libido indiferenciada hacia el sujeto que logra orientar su libido hacia el sexo opuesto fuera de su “clan”[18] familiar, un camino difícil en el cual puede haber muchos tropiezos que explican las diversas neurosis, las fijaciones, las perversiones en la vida adulta y hasta las psicosis[19].

Tal vez la clave de la incomprensión de esta cuestión pasa por no ver la importancia que Freud da a la explicación de la libido en comparación con teorías biológicas evolutivas. La distinción entre el impulso de vida e impulso de muerte tiene en Freud una base biológica. El organismo unicelular está destinado, por decirlo de algún modo, biológicamente a su desaparición como individuo (muerte) pero “en el medio” vive para reproducirse, transmitiendo un “plasma germinativo” (en términos de Freud) que como tal parece ser lo cercano a lo inmortal en medio del mortal individuo, para el cual el plasma germinativo es un mero medio de transmisión[20]. Tan es así que Freud nos recuerda que, en determinadas fases de la evolución biológica, sobre todo en insectos, el individuo (especialmente el macho, por obvios motivos) muere después de haber “cumplido” su rol de transmisor de la carga genética. Que ello ocurra sólo en determinadas especies es una ilustración, no una negación, de la importancia y función básica de la libido como impulso de vida en todas las especies: es vida para la reproducción. Y esa carga libidinal está en el individuo humano con toda su fuerza, y precisamente por ello el proceso de “culturalización” es tan complejo y con tantos “accidentes”. Me permito agregar, como una pequeña colaboración desde mi ámbito, que las diversas posiciones filosóficas pueden ayudar en más o en menos a comprender esta cuestión. Las posiciones “dualistas” (que separan alma y cuerpo como dos sustancias totalmente diferentes) encontrarán por supuesto muy difícil de conciliar todo esto con una visión del hombre donde su cuerpo es algo ajeno a su esencia que es su espíritu. Esta posición ya casi no se encuentra en la filosofía contemporánea pero tiene una tradición importante en la historia de la filosofía (Platón, Descartes, Leibniz, y que está presente aún en Kant con su distinción entre razón pura y razón práctica). Ninguno de esos filósofos discute con Freud, desde luego, pero sus herencias culturales aún habitan en quienes quieran afirmar, culturalmente, posiciones espiritualistas de la vida humana donde todo lo biológico es denigrado o contrapuesto con lo “más humano”. Como dijimos, no son posiciones filosóficamente importantes actualmente, sino supervivencias culturales que asumen diversas formas hoy en día. Al contrario, desde un punto de vista filosófico, los cientificismos del s. XIX han devenido hoy en el impacto de las neurociencias, donde una concepción “monista” del ser humano como “sólo cuerpo” niega, contrariamente a la anterior, alguna dimensión humana que no sea reducible y explicable a sinapsis y neurotransmisores. Curiosamente, Freud, médico de origen, excelente neurólogo y partidario muy elogioso de Darwin, no se hubiera sentido incómodo en esta postura, pero lo paradójico es que estas posturas neurobiológicas actuales han alimentado las más de las veces enfoques organicistas del psiquismo humano donde todo es y debe ser tratable según medicación conforme a neurotransmisores y consideran a Freud como una mera teoría “metafísica”, de alto vuelo literario, como mucho, pero sin valor científico. (Sería muy interesante hacer un paneo de la fecunda filosofía de la ciencia presente en los textos de Freud, que explicaría muchos malentendidos al respecto). Curiosamente, las dos tradiciones filosóficas que integraron “alma y cuerpo en una sola sustancia” (el vocabulario no es freudiano, me estoy refiriendo a dichas tradiciones filosóficas) son Aristóteles y Santo Tomás de Aquino. Allí se puede hablar de una dimensión “espiritual”, si se quiere, de lo humano (explicando con mucho cuidado ese término) en la cual necesariamente todos nuestros elementos biológicos forman parte necesaria de nuestra naturaleza y, por ende, no se podría negar de ningún modo (si queremos ser coherentes) una libido que haga pie en la teoría de la evolución, pero sin caer, a su vez, en un cientificismo que reduzca todo conflicto a la falta de tal o cual neurotransmisor. Creemos que, en ese sentido, podría plantearse perfectamente un diálogo desde la filosofía con Freud desde dicha tradición filosófica, pero sería culturalmente (en cuanto a los paradigmas vigentes) muy, muy difícil. La cantidad enorme de malentendidos que habría que solucionar sería inabarcable, creo que está más allá de nuestra época pero que se puede hacer, seguro.

Perdón por el ex – cursus. Sólo quise afirmar que desde la filosofía, una concepción integral del ser humano debe abarcar lo biológico; que las explicaciones biológicas de Freud sobre la libido son en ese sentido importantes, y que ellas explican esa libido indiferenciada a la cual le cuesta tanto, luego, “encontrar su objeto” en los procesos de inculturación. Saber que todos hemos sido pequeños perversos polimorfos de niños ayuda mucho en la comprensión de nosotros mismos y de los demás, a parte de la comprensión de la teoría psicoanalítica. Pero además, ayuda a comprender la importancia y delicadeza de los procesos educativos informales (nos referimos especialmente al ámbito familiar) mediante los cuales se produce esa in-culturación. Nuestra sexualidad indiferenciada con nuestra madre, hermanita o hermanito (y agreguemos: la típica ambivalencia, los impulsos de agresión, etc.,) en los primeros meses (no me atrevo, por mi inexperiencia clínica, a dar más cifras) de vida puede ser graciosa, manejable, etc., pero a los 20 años es (por decir lo menos….) “otra cosa”. Esto nos lleva al punto siguiente.

  1. Consecuencias educativas.

A pesar de que sabemos que hay clásicas posturas sobre esta cuestión (M. Klein, A. Freud, etc.[21]), nos permitiremos ahora elaborar hipótesis personales sobre esta cuestión. Aclaremos que nonos estamos refiriendo a la educación formal (la “escolaridad” en todos sus niveles) sino a la educación informal y, sobre todo, la que se pueda lograr en el ámbito familiar.

Creemos que, por un lado, la teoría psicoanalítica lleva a una comprensión de la importancia del rol paterno en cuanto a los “no” que el sujeto tiene que ir incorporando, de manera difícil, obviamente, en su proceso de in-culturación, para que logre la dirección de su libido a su objeto sexual correspondiente. Que en ese proceso pueden producirse todo tipo de conflictos y de posteriores neurosis, es obvio. Lo que ahora debemos destacar es lo siguiente. Que los procesos educativos informales implican el “límite paterno” al incesto y a la conducción de una libido indiferenciada y polimórfica hacia su objeto sexual específico, ya lo sabemos, pero muestran cuán tergiversada es esa visión popular del psicoanálisis como una exhortación a una liberación dionisíaca, de todos nuestros impulsos, en la vida infantil. Pero, ¿cómo hacerlo de manera tal que el “no” no sea tan intenso en la psiquis del niño, de tal modo que puedan impedirse mayores neurosis que, de otro modo, se producirán casi indefectiblemente?

Voy a dar una hipótesis de respuesta que no viene de una experiencia teórica y clínica que obviamente no puedo tener, pero sí de mi formación filosófica.

Una cosa es la razón instrumental, de dominio, denunciada por filósofos como Adorno y Hokheimer[22], donde, para decirlo resumidamente, la razón humana, que pretendió “liberar” tuvo la paradoja de terminar por establecer relaciones de dominio de unos sobre los otros (como una araña que tuviera racionalidad y conciencia de que siempre termina envolviendo a los demás en su propia red). Como reacción, muchos filósofos no post-modernos, no han querido renunciar a la razón pero sí dar el paso hacia una razón dialógica, donde la razón no impone sus razones por la fuerza lingüística sino que trata de comprender al otro y entablar una comunicación en situación de igualdad[23].

Desde un punto de vista psicoanalítico, esto tendría la dificultad de que, al intentar su traducción al ámbito de las relaciones familiares, el padre debería abandonar su obvia situación de dominio para ocupar un rol de amigo o hermano, con todas las obvias dificultades que ello implicaría para la evolución psíquica del sujeto que necesita el “no”. Ello puede pasar y, de hecho, ha pasado culturalmente: desde el modelo “padre = a campo de concentración” hasta el modelo “padre = ser amigo de mi hijo”, sin que al parecer sea posible un modelo superador esa dialéctica cuya tesis y antítesis se alimentan mutuamente.

Y ahora viene el núcleo central de mi hipótesis: el rol paterno puede ser ejercido asumiendo roles maternos donde lo que los filósofos llaman diálogo se traduzca en la praxis como abrazo, empatía, no para “ceder” en el no sino para contener al niño en su a veces muy difícil asimilación de los “no”. Y, como se trata de roles, no se trata de que esto se refiera sólo al padre en cuanto varón: padre y madre pueden intuitivamente ejercer sus “no” de modo maternal, o pueden ser explícitamente educados en ello. Creemos que este maridaje entre psicoanálisis y lo que se llama razón dialógica puede dar una orientación en cuanto a una difícil praxis cotidiana sin entrar en casuística o en un imposible sustitución de la creatividad del adulto (o del analista) en el día a día y caso por caso. La teoría, en este como en todos los casos, no dicta el caso concreto, pero sí lo ilumina con principios generales para que su concreción no sea la total oscuridad o un tanteo a ciegas de ensayo y error.

  1. Consecuencias generales:
  1. a)la sexualidad infantil en Freud es parte esencial del núcleo central de su teoría;
  2. b)debe ser tenida en cuenta necesariamente para la etiología de las neurosis;
  3. c)debe aclararse para ello cómo es el mecanismo de la represión, la relación con el pre-consciente y la función paterna;
  4. d)no debe olvidarse la importancia de la disposición perversa polimorfa del niño tanto para la praxis del psicoanálisis, la claridad del psicoanálisis como teoría y la comprensión de la compleja naturaleza humana;
  5. e)una consecuencia educativa de todo lo anterior es asumir la razón dialógica como una forma maternal de la función paterna del “no”.

Por último, quisiera decir que, como filósofo, no dejo de asombrarme ante la comprensión de la naturaleza humana que todo esto conlleva. Desde la filosofía, tanto en la teoría como en la praxis, muchas veces se parte de modelo ideal de ser humano que luego se trata de “aplicar” al “pobre yo” que resultó mucho más complejo (no en cuanto yo sino en cuanto aparato psíquico) que los modelos teóricos que suponíamos. Paradójicamente, ello no conduce a ningún mejoramiento, sino al incremento de la culpa patológica y mayores desplazamientos de neurosis. Al contrario, comprender nuestros límites y la complejidad de nuestro psiquismo es el paradójico camino para poder mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás. Sócrates no ha pasado de moda. Sólo aquel que sea conciente de sus límites, podrá salir de la caverna.

 

Bibliografía adicional: textos de Freud, no citados en el texto, explícitamente referidos a temas infantiles:

Freud, S.: Obras completas (op.cit).

Tomo II:

– La ilustración sexual del niño

– Teorías sexuales infantiles

– Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci

– Dos mentiras infantiles

Tomo III:

– Un recuerdo infantil en Goethe en Poesía y verdad

– Pegan a un niño

– La organización sexual infantil. Adición a la teoría sexual.

 

 

[1]  Expresión utilizada explícitamente por Freud en Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis[1932], en Freud, S.: Obras completas, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 2008, Tomo III, p. 3144.

[2] Op.cit., tomo II, p. 2124.

[3] Op.cit.., p. 2347. Las itálicas son nuestras. Todas las citas textuales utilizadas fueron sacadas a su vez de Freud Total 2.0, Ediciones Nueva Hélade, 2002.

[4] Nos referimos a los clásicos Análisis de la fobia de un niño de cinco años (caso Juanito), op.cit., Tomo II, e Histora de una neurosis infantil (Caso del “Hombre de los lobos”), tomo II.

[5] Op.cit., tomo III.

[6] Op.cit., tomo II.

[7] Psicoanálisis (cinco conferencias pronunciadas en la Clark University, Estados Unidos), op.cit., tomo II.

[8] op.cit., p. 1543.

[9] Op.cit, tomo II.

[10] op.cit., p. 2057.

[11] Op.cit., pp. 3020-3021.

[12] Idem.

[13] Ver Tres ensayos para una teoría sexual [1905], en op.cit., p. 1170.

[14] Op.cit., p. 1208.

[15] Ver El yo y el ello [1923]. Op.cit., tomo III.

[16] Ver Tres ensayos para una teoría sexual, op.cit., tomo II, p. p. 1211.

[17] Op.cit.

[18] Ver Tótem y tabú [1912], op.cit., tomo II.

[19] Ver Neurosis y psicosis [1923], op.cit., tomo III.

[20] Ver Más allá del principio del placer, [1919], op.cit., tomo III, punto V.

[21] Ver Aberasturi, A.: Teoría y técnica del psicoanálisis de niños, Paidós, 1992.

[22] Ver su clásico libro Dialéctica de la Ilustración (1944, 1947) Trotta, Madrid, 1994 1ra edición.

[23] Con enormes diferencias, podríamos sin embargo poner juntos en esta idea a filósofos como Buber y Levinas, por el lado de la filosofía del diálogo; Gadamer, por el lado de la hermenéutica, Habermas, como actual representante de la “teoría crítica” post-Adorno, y, por el lado de la filosofía de la ciencia, a K. Popper y a P. Feyerabend.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El peronismo y el fascismo

Por Gabriel Boragina Publicado  el 2/9/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/09/el-peronismo-y-el-fascismo.html

 

El peronismo es la fuerza política que, desde su fundación en 1945 hasta la fecha, gobernó más veces la República Argentina. Fue la única que tuvo el mérito de captar y usufructuar en su favor una característica que se encuentra presente en la mayor parte de los argentinos. Esto es, una inclinación y tendencia hacia la ideología fascista. El fascismo, surgido en Italia unas décadas antes de la aparición de Juan Domingo Perón en la escena política, prendió rápidamente en tierra argentina, precisamente de la mano de este último, quien fuera un confeso cultor y admirador del Duce Benito Mussolini, de quien se propuso ser su emulador vernáculo, objetivo que, de cierto modo, logró.

Pero, el surgimiento de Perón como importador del fascismo italiano a la Argentina no fue -en modo alguno- un hecho aislado. Militares y políticos, hacia la década del 30 del siglo XX ya simpatizaban con el ideario fascista. Y comenzaron a estructurar y emitir leyes que le daban forma y contenido en muchas áreas y disciplinas, tanto políticas como económicas.

En 1930 comenzaron los golpes de estado en Argentina con el del general Uriburu a la cabeza, un fascista precoz que no llegó (por causas ajenas a su voluntad) a desplegar todo su potencial fascista. De ello se encargó el coronel Perón, quien llega al poder de la mano de otro golpe (1943) dado por otro grupo de militares -encabezado por el general Edelmiro J. Farrel-, integrantes del autodenominado G.O.U. (siglas del Grupo de Oficiales Unidos) con la caída del entonces presidente constitucional Ramón S. Castillo por parte de este grupo militar.

Se continúa y afianza una modalidad de asalto al poder que se consolidará en los decenios posteriores, pero, y esto es para mí lo más importante: se constituye y apuntala -al punto de arraigarse hasta el presente- una forma de pensar y de actuar.

Se legitima un modo de ser que enraizará en la población, y que podemos denominar el “ser fascista”. Es en este punto histórico, donde creo que se pierde la democracia o el “ser demócrata” para dar lugar al fascismo o el “ser fascista”. Y esta triste transformación perdura hasta nuestros días, incluyendo el momento en que escribo estas líneas.

Y si bien, en las formas y en su Constitución escrita, la Argentina sigue siendo una “democracia”, en su otra constitución, la que yo llamo su constitución interna (en el más literal sentido de la palabra), es decir, su estructura constitucional, el argentino promedio es un fascista no asumido como tal, negador de su condición fascista.

Esto explica -a su turno- también a mi modo de ver, los repetidos éxitos electorales del peronismo, ya sea en su versión fundadora (primero, segundo y tercer gobierno de J. D. Perón) como en sus posteriores derivaciones (Menem y los Kirchner). Estas adaptaciones variaron entre si, pero el vínculo común y constante entre ellas, fue el fascismo que, tanto Perón como Menem y los Kirchner practicaron en distintos grados (el fundador se destacó como un extraordinario fascista, y el matrimonio Kirchner estuvo muy cerca de igualar a su líder. Entre ellos, Menem se mostró como un aprendiz de fascista y -hasta un cierto punto- logró pasar desapercibido como tal.

Para entender algo más de lo que hablamos, será de mucho interés recordar la excelente definición de fascismo que nos brinda el diccionario de economía:

fascismo. Movimiento político de gran importancia entre las dos grandes Guerras Mundiales que surgió en Italia, en 1922, bajo el liderazgo de Benito Mussolini. El fascismo se caracterizó por su oposición a la democracia liberal y al comunismo, por su nacionalismo, su culto a la violencia y su actitud proclive al colonialismo y al racismo. Surgido inicialmente como un movimiento de masas sin una definición ideológica muy precisa, aunque siempre opuesto a la agitación sindical y socialista, el fascismo, en Italia y en otras naciones, fue adquiriendo luego perfiles más claros y más amenazantes.

Para el fascismo la soberanía del Estado-nación era absoluta y se erigía, por tanto, como una crítica a la libertad individual, siempre mencionada despectivamente como “individualismo”, ya se manifestase ésta en el campo del pensamiento, las costumbres o la actividad económica. Su lema “Creer, obedecer, combatir” expresaba no sólo esta subordinación del individuo al líder, concebido como encarnación de la voluntad nacional, sino también el espíritu militarista y el apego a la disciplina que tanto contribuyeran al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Los gobiernos fascistas fueron, sin excepción, dictaduras unipersonales absolutas que, en algunos casos, llegaron a convertirse en sistemas abiertamente totalitarios, como ocurrió en la Alemania de Hitler. Aparte de las experiencias italiana y alemana deben mencionarse también los regímenes fascistas o filofascistas que se establecieron en Rumania, España, Argentina, Brasil y otras naciones durante los años treinta, en algunos casos con características sin embargo más próximas al populismo.

El énfasis en lo colectivo en detrimento del individuo hizo que los experimentos fascistas desembocasen normalmente en una u otra forma de corporativismo. Las naciones se organizaron así a través de corporaciones, no personas, que podían ser cámaras de industriales o comerciantes, sindicatos, gremios o cualquier otra institución semejante. Estas corporaciones, representadas en órganos políticos o de dirección económica, eran los auténticos actores sociales, aunque cada una de ellas, en realidad, estaba dirigida férreamente por personeros del partido gobernante que se subordinaban al líder supremo. Ellas decidían la política general a seguir, trazaban planes económicos e intervenían en muchos asuntos cotidianos, convirtiéndose en órganos del Estado de casi ilimitado poder.

La economía se organizaba así mediante consejos generales que dictaban normas de cumplimiento obligatorio para todas las cámaras afiliadas. Estas fijaban precios y cantidades a producir, determinaban los salarios y las normas de trabajo, intervenían sobre las decisiones de inversión, regulaban las ganancias y controlaban toda la actividad productiva, a veces, hasta los mínimos detalles. La propiedad privada de las empresas se mantenía, al menos formalmente, pero quedaba por completo vacía de contenido: no existía ya riesgo empresarial ni posibilidad alguna de competencia, por lo que los dueños de empresas se convertían en una especie de asalariados privilegiados, a veces devengando incluso sueldos, cuyas ganancias se asemejaban más a bonos o compensaciones especiales que a la retribución por el riesgo asociado a la inversión. La política económica general, por otra parte, además de basarse en un extendido intervencionismo estatal, se encaminaba a lograr la autarquía, el desarrollo económico nacional aislado del resto del mundo.

Los fascismos más militaristas, como los de Hitler, Mussolini y la Europa Oriental no sobrevivieron mucho tiempo y fueron devorados por la propia conflagración mundial que tanto contribuyeron a desencadenar. Otras experiencias, como la de Franco en España, fueron evolucionando gradualmente hacia sistemas menos totalitarios, abandonando casi por completo el corporativismo y asemejándose así a otras naciones de economía intervenida y democracia restringida. En América Latina, dentro de este modelo, los experimentos fascistas se convirtieron rápidamente en populismos. [1]

[1] Carlos SABINO; Diccionario de Economía y Finanzas. Contiene léxico inglés-español y traducción de los términos al inglés. Consultores: Emeterio Gómez; Fernando Salas Falcón; Ramón V. Melinkoff. CEDICE. Editorial Panapo. Caracas. Venezuela.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Mapuches, un chiste electoral

Por José Benegas. Pubicado el 28/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/28/mapuches-un-chiste-electoral/

 

“A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los ‘capitalistas’, los ‘latifundios’ y la presencia de empresas petroleras”

 

En la alocada conversación entre Jorge Lanata y un supuesto cacique mapuche (Facundo Jones Huala) se perdieron varios detalles, porque en la Argentina las noticias son espectáculo y el espectáculo requiere un avance de la línea dramática, sin distracciones.

En este caso, el cuento de que enfrentamos una lucha armada de reconquista por parte de los mapuches, perdidos en la historia, pero no en la historieta. Los detalles son los siguientes:

1) El personaje llamado Jones Wallace (nombre arquetípico de las tribus escocesas, cuyo escudo ilustra esta nota) aclaró que no está reclamando territorio alguno, sino que quiere tierras para cultivo, pero solamente las de los “ricos”.

2) Su programa marxista no tiene nada que ver con pueblos primitivos autóctonos.

3) Su programa nacionalista –la expulsión del señor Benetton−, tampoco tiene que ver con la historia de esos pueblos autóctonos.

4) El grupo político mayor que dice representar a pueblos primitivos, recibe dinero del Banco Mundial. A esto último sumémosle la reforma constitucional del 94 y la legislación consecuente, así podremos comprender que es todo un invento “occidental”, jugando con la historia para seguir configurando un estado asistencialista y victimizante, a costa de los derechos de todos.

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

La entrevista de Jones Huala con Jorge Lanata

A este cacique tan básico le preocupan nada más que las tierras que pertenecen a los “capitalistas”, los “latifundios” y la presencia de empresas petroleras. La mejor pregunta de Lanata quedó como perdida, fue cuando el personaje hablaba de obtener energía de los cocos. Sí, de los cocos en la Patagonia. Ahí Lanata le preguntó con qué capital producirían, dado que esa es una restricción común para mapuches, escoceses parientes del entrevistado, japoneses y jíbaros por igual. El capital se forma cuando se respeta la propiedad, siendo la principal
preocupación de este grupo, abolirla.

Quién haya inventado sacar este tema en este momento ha obtenido un éxito rotundo, porque dadas las ideas políticas que prevalecen y el lugar que la victimización marxista y nacionalista tiene en todos los debates, nadie parece tener los elementos para ponerse frente a gente que ataca a “los ricos”, invoca haber sido oprimida, se llama a sí misma “comunidad” y se disfraza convenientemente cuando es necesario. Les mencionan al señor Benetton, que es “extranjero” y “exitoso” y eso equivale al mal en estado puro para todos los que consumen medios de comunicación, a pesar de que el mencionado señor ingresó sus millones para que le dieran esos campos y no se los robó a nadie. En esa sopa surge una “identidad” que genera derechos. Algo que, si les interesara, encontrarían resuelto por la tradición constitucional del país, sobre todo en la Asamblea del año XIII al abolir los fueros personales y la Constitución de 1853, que consagra derechos individuales, no solo para los nacidos en el país, sino para cualquier persona del mundo que quiera habitar el suelo argentino, inclusive mapuches por supuesto.

En ese contexto, cualquiera puede formar una “comunidad”, adquiriendo tierras de modo pacífico, para instalar incluso un parque de diversiones identificándose con lo que tengan ganas.

Tampoco interesa, como muchos argumentos, si los mapuches eran “chilenos”, lo que parece ser un anacronismo parecido al que estos grupos quieren usar en su favor. Los chilenos también gozan de derechos de propiedad, si la adquieren de la misma manera que todos los demás.

El cuento es que esta gente tiene derechos “ancestrales”. Aquí es donde el marxismo ingresa falsificándolo todo con fines de agitación. Los ancestros no transmiten derechos históricamente, sino a través de procesos sucesorios. Todos recibimos de nuestros antepasados los bienes que tenían al momento de su fallecimiento. De manera que los miembros de cualquier club como éste también pueden acudir a los tribunales, demostrando la correcta concatenación de títulos, igual que cualquier hijo de vecino, para ingresar determinados derechos a su patrimonio.

Estos movimientos políticos en cambio quieren llevar su argumentación a una posición irrefutable, por eso discuten que el razonamiento que acabo de hacer es “occidental” (tanto como el marxismo, por supuesto), cuando ellos pretenden un reconocimiento que también es occidental ¿Cuál es la alternativa a un reconocimiento “occidental” de derechos pacíficamente adquiridos a través de una sucesión de títulos? Pues la guerra, algo que han perdido. No ellos, unos antepasados que nadie comprueba que sean reales. Aquellos verdaderos protagonistas de la historia no están acá para reclamar nada.

No hay siquiera un esfuerzo para demostrar cuál era el modo “mapuche” de adquirir tierras, por eso recurren al subterfugio de “indigenizar” al marxismo, mediante la abolición de la propiedad privada. Si las tierras no les pertenecen en forma privada, querría decir que les pertenecerían de forma pública, lo que los llevaría a reemplazar al Estado, es decir ejercer una “soberanía”. Lo que estarían reclamando no es “tierra” sino soberanía, derecho a gobernar. Para eso tendrían que someter a la población actual y constituirse en un linaje, como bien le indicó Lanata.

La soberanía no es derecho de propiedad, es un completo facto político que se dirime mediante ejércitos, pero aun venciendo, nada les daría derecho a violar los derechos sí adquiridos pacíficamente por sus actuales titulares, aunque les suene a ellos muy occidental.

En primer lugar, estos grupos deberían explicitar cuál es el modo pacífico de transmitir bienes según su “nación”. Si el único medio es la violencia, ya han perdido y si lo vuelven a intentar se les debe responder. El estado argentino tampoco tiene derecho a expropiar tierras a su dueño para dárselas a los supuestos “pueblos originarios”, en tanto el derecho de propiedad antecede al Estado, que se limita a reconocerlo, y el mecanismo de expropiación está limitado a causas de “utilidad pública”. La conveniencia de un grupo racial no entra en ese concepto.

¿Qué derecho tiene alguien por tener antepasados mapuches? Ninguno. Pueden adquirir y perder tierras individualmente o como grupo, de la misma forma que todos, pagando por ellas. Como entidad política los mapuches no existen más. La genética no da derechos, la transmisión de títulos sí, pero hasta eso tiene un límite que es el de la prescripción adquisitiva o usucapión.

Si a mi bisabuelo le hubieran usurpado unas tierras veinte años atrás y yo no hubiera hecho ningún reclamo, perdería todo derecho ¿Qué es lo que hace que unas personas que dicen descender de habitantes del territorio que fueron despojados siglos atrás, cuyo parentesco ni siquiera demuestran a través de los respectivas actas de nacimiento y demás, invocando nada más que un color de piel, tengan mejor derecho que yo por hechos acontecidos veinte años atrás, con todos los documentos a mi favor? Pues la capacidad manipulatoria de la política y los incentivos que da el estado izquierdista que tiene como clientes a todas las víctimas, reales o ficticias, que le sirvan para expandirse.

Distinto es el caso de grupos que han mantenido de un modo continuo una identificación con aquella historia y que aún habitan determinadas zonas. Parece un buen gesto que el estado les reconozca su situación y básicamente que no los moleste, dado que no están en conflicto con derechos ajenos, pero estos mapuches marxistas que reclaman propiedades, no tienen derecho alguno como tales y menos con ese marco conceptual. El marxismo no provee derechos de propiedad, sino que los conculca.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

Un libro de economía que termina con un capítulo sobre ética y mercado, y considera el tema de los derechos humanos

Por Martín Krause. Publicada el 27/8/17 en: http://bazar.ufm.edu/libro-economia-termina-capitulo-etica-mercado-considera-tema-los-derechos-humanos/

 

El libro de Manuel “Muso” Ayau, Proceso Económico, a diferencia de muchos libros de economía, termina con un capítulo sobre Ética y Mercado. Allí, también considera el tema de los derechos humanos:

“Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1919), y con más ahínco después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la convivencia pacífica de todas las naciones se convirtió en el ideal de los hombres de buena voluntad. En 1945, ese ideal se concretó en la Organización de las Naciones Unidas. Muy pronto la entidad emprendió la tarea de definir y promover los derechos humanos.

Joseph Goebels, el jefe de propaganda de Hitler, solía decir que una mentira, repetida muchas veces, se convierte en verdad. Algo así pasó con los derechos humanos. Tanto se ha dicho y tanto se ha escrito sobre el tema, que la expresión “derechos humanos” terminó por incrustarse en el vocabulario del hombre común, y uno de los grandes disparates del mundo contemporáneo adquirió apariencia de legitimidad.

Tendría sentido hablar de derechos “huma-nos” si hubiera otra clase de derechos, por ejemplo, si los felinos o los paquidermos disfrutaran de los propios. Pero ninguna criatura fuera del hombre tiene derechos. Los derechos de los sindicatos, de las empresas o de las universidades son, en realidad, derechos de los individuos que integran esas asociaciones, y sólo en sentido figurado puede hablarse de los “derechos” de los animales.

En teoría, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948) sigue la tradición de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789). En la práctica, aunque algunos de sus párrafos sean similares, el documento de las Naciones Unidas refleja un espíritu colectivista, mientras que el documento de la Revolución Francesa refleja un espíritu individualista.

“Les droits de l’homme” de los franceses son los derechos del individuo, no los derechos humanos. Claro está, dentro de la cultura colectivista de la Organización de las Naciones Unidas, un pronunciamiento sobre los derechos del individuo habría estado fuera de lugar.

En el documento de las Naciones Unidas, la enumeración de los derechos “humanos” rebasa lo que John Locke llamó los derechos inalienables del individuo. Se incluyen, por ejemplo, el derecho a la seguridad social, el derecho al trabajo y el derecho a disfrutar del arte.

La Declaración de los Derechos del Niño (Organización de las Naciones Unidas, 1959) va aún más lejos: El niño tiene derecho a un nombre, a ser amado y a jugar. También tiene derecho a crecer dentro de un ambiente de “…comprensión y tolerancia, de amistad entre los pueblos, de paz y de fraternidad universal, y con el sentimiento de que le corresponde consagrar su energía y su talento al servido de sus semejantes” (sic).

Estos documentos líricos, suscritos por representantes de ios gobiernos de todas las naciones, no son inocuos. La enumeración de supuestos “derechos” cuyo cumplimiento ningún individuo puede exigir, y que ningún tribunal puede hacer valer, trastoca las prioridades de la sociedad. Ávidos de complacer a la comunidad internacional para no ser excluidos de los programas de ayuda extranjera, los gobiernos de los países pobres modifican sus leyes para dar cabida a una causa ajena al poder que fue delegado en ellos. La tarea genuina de los gobiernos, que consiste en preservar los derechos individuales, pasa a segundo plano.

Los derechos individuales son derechos inalienables cuando provienen de Dios o de la naturaleza misma del hombre (como la vida y la libertad) y derechos políticos cuando provienen de la Constitución (como el derecho de postularse para ocupar cargos públicos).

Los individuos delegan en el gobierno la función de preservar sus derechos. El gobierno viola los derechos individuales por acción cuando encarcela a un inocente, y por omisión cuando no cumple con su fundón de garante de esos derechos.

En el caso de los llamados “derechos humanos”, la responsabilidad se diluye. El garante es a veces el gobierno, a veces la sociedad. Y como la sociedad es un ente abstracto que, en sentido estricto, no comete delitos, ni tiene responsabilidad jurídica, ni puede ser encarcelada, resulta que las violaciones de los “derechos humanos” imputables a “la sociedad” quedan en pronunciamientos emotivos.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

FILOSOFÍA PARA MI: INTRODUCCIÓN

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/8/17 en:  http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/08/filosofia-para-mi-introduccion.html

 

Introducción de “Filosofía para mí” (Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2006).

Este es mi cuarto libro de filosofía en tanto filosofía. Los tres anteriores, aunque muy diferentes entre sí, tienen una característica en común: están escritos para todos. Están escritos con la intención de presentar a la filosofía como un camino abierto a todos, despertando al filósofo que habita en cada ser humano.

Al primero lo llamé “filosofía para no filósofos”, y su intención didáctica era obvia. Allí intenté que la filosofía fuera “fácil”. Hoy no lo intento más: la filosofía no es fácil ni difícil, es un hábito, y, como todo hábito, difícil al principio, fácil después.

El segundo fue “para los amantes del cine”. Era casi lo mismo que el primero pero usaba a las películas como fuentes de ejemplos. Hoy considero que el cine es una privilegiada forma de relato de mundos de vida, y, por ende, un privilegiado lugar donde ejercer la actitud teorética esencial a la filosofía. Dios me de fuerzas para escribir una segunda parte.

El tercero fue “para filósofos”: allí me dirigía a todo ser humano, porque todo ser humano es filósofo (aunque tiene que des-cubrirlo) y a los “filósofos”, diciéndoles algunas cositas, y tratando de hacer una hermenéutica global de la historia de la filosofía occidental.

Y este cuarto libro, ¿qué es? No es una introducción, en la filosofía uno no se introduce, uno se sumerge. Es para “no filósofos” en tanto noes un ensayo para ser publicado en una revista especializada, pero es para filósofos porque también les hablo a ellos. Me parece que este libro es un retrato de mis inquietudes filosóficas, hoy, más profundas: la unión entre filosofía y vida, la filosofía de las ciencias naturales y sociales, la hermenéutica, el lenguaje, el sentido de la existencia humana, y todo ello en diálogo con los temas clásicos de siempre: la libertad, el alma, Dios. El estilo del libro revela una vuelta hacia cierta forma analítica de exposición, mezclada abruptamente con analogías y simbolismos más hermenéuticos. O sea, el libro refleja mi estado filosófico actual: parece haber sido escrito para decirme a mí mismo dónde estoy hoy, filosóficamente hablando (dejando de lado mi vida de astronauta existencial, donde estoy todo el día en la luna). Por eso es “para mí”. Pero, como siempre, es un yo que se dirige a un tú, con la esperanza, permanente esperanza, de despertar en el otro su conciencia teorética, con la esperanza de dialogar con el otro en un intercambio de bien y verdad. Una esperanza permanente en mi existencia. De allí el subtítulo.

Por eso, como intento, a pesar de todo, ser altruista, quiero advertir a mi lector de ciertas cosas. En el segundo capítulo pongo en duda a la diosa ciencia y me niego, por ende, a dar culto al emperador. Por favor, no es con intención de daño.

En el tercer capítulo digo algo, sistemáticamente, que hasta ahora no he dicho, aunque estaba pre-anunciado en otros escritos “más técnicos”. Si, lo relaciono con mi visión del mundo social, pero la intención no es política, sino epistemológica.

En los capítulos cuarto y quinto manifiesto mi “in-sistencia”, o, mejor dicho, “re-sistencia” en que la filosofía tiene aún algo que decir sobre el libre albedrío y la relación alma-cuerpo. El estilo se vuelve más analítico y pongo en diálogo a Santo Tomás, a Popper, a Putnam. Que todos ellos me perdonen, y el lector también.

Los capítulos que siguen son una expresión de uno de mis entusiasmos actuales más importantes: conocer es entender, entender es interpretar, interpretar es habitar un mundo, un mundo de vida “hablado” (lenguaje). Sí, allí estarán Husserl, Gadamer, Heidegger, Wittgenstein, en armonía con lo anterior. Perdón la audacia. Pero ese soy yo. Es un libro egoísta a pesar de todo .

Pero, como si esto fuera poco, los dos capítulos finales son desconcertantes. Que Dios me los perdone, y que los lectores me perdonen (no extiendo este pedido de misericordia a mis colegas porque ellos, habitualmente, no perdonan). Cuando terminen de leer el capítulo sobre Dios me dirán, ¿y? Nunca mejor dicho, Dios sabrá. No me queda, ahora,  más que citar a mi querido Woody Allen: “…le pregunté al rabino el sentido de la existencia………… El rabino me dijo el sentido de la existencia….. Pero me lo dijo en hebreo………. Yo no sé hebreo” (Zelig). Por eso digo: sigo estando de acuerdo con Santo Tomás en su pregunta (utrum Deus sit) y en su respuesta, pregunta que era posterior a otra (utrum Deum esse sit demostrabile), que no era ninguna conversación con ningún agnóstico. Pero, ¿de qué estoy hablando? ¡Pues no sé! ¿Cómo voy a saberlo, si estoy hablando de Dios?

Perdón. Si, perdón en serio. Aquí hay que pensar. Y a fondo. Está comprometida la raíz de nuestra existenca, el sentido de la vida. No queda más que la fortaleza del humor, no queda más que cierto (aliquo modo) silencio.

Pero este silencio es para tí, estimado lector. Por eso, espero haber escrito… Algo altruista, a pesar de mí.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Descentralización, gasto y “eficiencia”

Por Gabriel Boragina Publicado  el 20/8/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/08/descentralizacion-gasto-y-eficiencia.html

 

La descentralización es un concepto principalmente jurídico, pero también se le han dado connotaciones de índole económica. Veamos su idea jurídica:

Descentralización Hay descentralización cuando las funciones del Estado son cumplidas por organismos con competencia limitada regionalmente. Supone, pues, la división del Estado, o descentralización, que puede ser política, vinculada con la estructura constitucional del Estado, o administrativa. relacionada con la organización técnica de los servicios públicos. La descentralización política origina Estados federales o confederaciones, compuestos de provincias, departamentos o Estados autónomos, cuyos gobiernos tienen, en su esfera, posibilidades de decisión. La descentralización administrativa supone la existencia de organismos descentralizados de ejecución, pero que-responden a una dirección centralizada; este tipo de descentralización administrativa o burocrática es perfectamente compatible con una organización estatal unitaria”[1]

Está implícito en estas doctrinas la descentralización económica, ya que para cumplir dichas funciones del “estado” son necesarios recursos. Pero la descentralización política no implica irreparablemente la económica, porque si bien la facultad de decidir puede estar descentralizada, la ejecución de lo decidido ha de requerir obligatoriamente fondos, que pueden ser provistos ya sea por el ente descentralizado o bien por el estado-nación. Como ya hubiéramos señalado, lo concluyente -en última instancia- para conocer si estamos frente a un organismo descentralizado o no, es precisamente este punto: el económico. De aquí que, debe completarse la noción jurídica con otra económica y, de tal suerte, pasar a hablar de centralización o descentralización económica que, como queda dicho, puede acompañar o no a la política y administrativa.

Por su lado, hay autores que entienden que la descentralización apunta a la racionalización del gasto público. Veamos:

“El objetivo de la racionalización del gasto público a través de la descentralización de la actividad gubernamental requiere de algunos de los siguientes lineamientos clásicos: flexibilidad, gradualismo, transparencia del proceso de toma de decisiones, control social y enlace con las políticas macroeconómicas, especialmente las de corto plazo, enfocadas en la estabilización de precios y el ajuste fiscal. “[2]

No queda del todo claro a qué se refiere el autor cuando habla de “racionalización” del gasto público, porque si acudimos al diccionario constatamos las siguientes definiciones:

racionalización.1. f. Acción y efecto de racionalizar.[3]

Y, a su turno:

racionalizar

  1. tr. Reducir a normas o conceptos racionales.
  2. tr. Organizar la producción o el trabajo de manera que aumente los rendimientos o reduzca los costos con el mínimo esfuerzo.
  3. tr. Mat. Operar para eliminar los radicales del denominador de una fracción.[4]

A primera vista, parecería que la acepción más aproximada sería la segunda. Sin embargo, se puede pensar -sin mayor dificultad- la posibilidad de organizar la producción o el trabajo (aunque en rigor, económicamente, ambos términos son, de alguna manera, equivalentes). Pero no es tan fácil concebir de qué forma se podría organizar el gasto público de manera que aumente los rendimientos o reduzca los costos con el mínimo esfuerzo. En primer lugar, el gasto público -por su misma definición- no puede aumentar ningún rendimiento. Indefectiblemente el gasto los disminuye. En cuanto a reducir los costos, suena como contradictorio aplicarlo al propio gasto púbico, ya que el gasto púbico es en si mismo un costo (más adecuadamente una sumatoria de costos). Quizás, el autor citado aluda a los componentes de ese gasto público, es decir a las diferentes partidas que lo constituyen y, siendo este el caso, se podría estar de acuerdo con la expresión.

En nuestra opinión (ya manifestada en múltiples ocasiones) la única conducta racional respecto del gasto público es que este sea el menor posible, habida cuenta que si hay una regla económica que siempre se cumple es que, cuando el gasto estatal aumenta, indefectiblemente el gasto privado se limita en calidad, pero no en cantidad a causa de la transferencia de ingresos que se opera desde el sector privado hacia el estatal. Si esto no fuera así, no habría ninguna posibilidad de que el estado-nación aumente sus gastos.

“Vale la pena señalar la complejidad de los aspectos relacionados con factores que, de una manera más o menos directa, enlazan la descentralización con la participación. Los objetivos relacionados con la política y la participación ciudadana tienden a moverse en el sentido de legitimar a los gobiernos o las políticas económicas y de incrementar el control social, con el fin de que el gasto público sea más eficiente y/o mejore la calidad del gasto social básico. Sin embargo, tal como en el caso de la descentralización como un todo, no existe un modelo ideal para hacer funcionar los mecanismos de participación.”[5]

Aquí tenemos otra cita altamente discutible. No cabe duda de que la descentralización de funciones y de gastos favorecería una mayor participación ciudadana o -al menos- una mayor información sobre de lo qué se gasta y cómo se lo hace. Como ya expresamos antes, cuando se habla de objetivos hay que concretar de cuáles de ellos se hace, si los de los gobiernos o de los ciudadanos, porque es muy arriesgado partir de la base de que ambos objetivos serán siempre coincidentes. A menudo, comprobamos que los fines de unos y de otros no siempre son concurrentes, ni en el tiempo ni en el espacio.

Mucho más oscuro todavía es el clisé del gasto público “eficiente” o de mejor “calidad del gasto social básico”. La eficiencia y la calidad son evaluaciones puramente subjetivas, y adquieren sentido cuando quien las valora puede comparar su costo con el producto o servicio que recibe. Característica que se cumple exclusivamente en el caso del gasto privado, pero de ninguna manera en el del gasto estatal o público.

[1] Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Jurídicas Políticas y Sociales. -Editorial HELIASTA-1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553 pág. 317.

[2] José Roberto Rodríguez Afonso – Thereza Lobo. “Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores. Estado y economía en América Latina. Por un gobierno efectivo en la época actual. CINDE CIDAC, pág. 279-280.

[3] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[4] Real Academia Española © Todos los derechos reservados

[5] JOSÉ ROBERTO RODRIGUES AFONSO – THEREZA LOBO. “Descentralización fiscal y participación en las experiencias democráticas tardías”, Capítulo V. en Rolf Lüders-Luis Rubio-Editores…Ob. cit., pág. 280.

 

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Ya estaban aquí

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 18/8/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/ya-estaban-aqui/

 

Ayer jueves por la mañana participé en la tertulia de “Más de Uno” en Onda Cero. Y Toni Bolaño nos comentaba desde nuestra emisora en Barcelona, es decir, desde la propia Rambla, sobre la gran cantidad de turistas que paseaban por ahí desde temprano. Era lógico. Las Ramblas son, junto con la Sagrada Familia, el punto de máxima concentración de visitantes de la Ciudad Condal. Y a mediados de agosto, todavía más.

Mientras charlábamos sobre los problemas de España, y en particular de Cataluña, ya estaban aquí, ya estaban en Barcelona, los asesinos. Ya estaban aquí, mezclados con los catalanes, los barceloneses, los demás españoles, los turistas nacionales y extranjeros, estaban los asesinos. Su objetivo, el de siempre: causar el mayor número de muertos y heridos, el mayor terror, el mayor desconcierto.

España conoce bien, por desgracia, el azote terrorista, y en particular lo conoce Barcelona, donde la ETA perpetró la abominable matanza de Hipercor, hace treinta años. No conocíamos el más reciente “modus operandi” de los criminales, porque matar arrollando viandantes con un vehículo es relativamente reciente en Europa. No en Israel, donde los terroristas palestinos han recurrido a este método para asesinar inocentes desde tiempo atrás. Pero en Europa empezaron hace apenas un año, en Niza. Continuaron después en Estocolmo, Berlín, París y Londres.

Y ahora, Barcelona. España sabe que, si nadie está en verdad completamente a salvo del zarpazo terrorista, nuestro país tampoco. De hecho, el Gobierno elevó la alerta antiterrorista a cuatro sobre cinco a mediados de 2015. Dentro de España, Cataluña podía ser el objetivo. Dentro de Cataluña, Barcelona. Y si pensaban matar en Barcelona con el método del atropello masivo, las Ramblas podían ser un objetivo, aún más en estas fechas veraniegas.

Ayer lo consiguieron. Es importante mantener la mente en calma cuando la ira nos hierve la sangre, o nos la congela el espanto, aunque es difícil no oscilar entre la una y el otro ante crímenes brutales como los de ayer en Las Ramblas de Barcelona.

La batalla contra los terroristas no es exclusiva de los policías, los soldados y los guardias civiles o, en este caso, los Mossos d’Esquadra. Los ciudadanos también tenemos un papel que cumplir, o más bien varios, desde la solidaridad inmediata con las víctimas y sus familiares hasta la colaboración con las fuerzas de seguridad. Otra cosa importante que podemos hacer es rechazar la segunda pata del totalitarismo criminal, que siempre camina sobre la violencia, por un lado, y sobre la mentira, por otro. Así como rechazamos la primera, no hagamos caso de la segunda; por ejemplo, desmontemos la sistemática mentira que pregonan los asesinos, al culpabilizarnos de sus crímenes. Los asesinos son los culpables, nosotros no. Ni los españoles, ni los turistas. Ni nosotros, ni nuestro país, ni nuestra religión, ni nuestra historia, ni nuestros valores.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

“Hezbollah” después de la guerra civil siria

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/8/17 en:  http://www.lanacion.com.ar/2053983-hezbollah-despues-de-la-guerra-civil-siria

 

El movimiento libanés “Hezbollah”, enemigo acérrimo de Israel y de su existencia misma, nació como un grupo paramilitar, en la década de los 80. Pero con el tiempo evolucionó en dirección a transformarse en una organización religiosa y, a la vez, política, que en su accionar responde dócilmente a los impulsos precisos que le llegan desde Teherán.

La influencia iraní sobre “Hezbollah” es hoy absolutamente decisiva. El flujo de armas y dinero que llega desde Irán es incesante. Por lo demás, su exitosa intervención militar en la guerra civil siria, con decenas de miles de milicianos empeñados en una fuerte defensa del régimen secular (aunque “alawuita”) del clan Assad, le ha conferido una experiencia e importancia renovada. Sin ella, el gobierno de Assad probablemente no hubiera sobrevivido.

Hoy “Hezbollah” es entonces, a la vez, una fuerza guerrillera típica y un ejército regular, bien entrenado por la Guardia Revolucionaria iraní. Ambas cosas. Y una pieza esencial de la expansión regional iraní.

Hasta China reconoce su nueva dimensión, a punto tal que en una reciente visita a la zona un enviado especial de Beijing no vaciló en conversar con el presunto “canciller” de “Hezbollah”

El movimiento sigue proveyendo toda suerte de eficientes coberturas sociales, educativas y de salud a sus adherentes y ha construido un verdadero imperio económico en su derredor. En sus acciones con frecuencia impide el pillaje y los robos que generalmente acompañan a la presencia de las milicias sirias de los Assad. Y protege no solamente a las minorías “shiitas”, sino también a los cristianos.

Con su experiencia en la reconstrucción de la devastada Beirut, “Hezbollah” aparece hoy como uno de los candidatos que presumiblemente habrán de participar -en su momento- en la próxima reparación de la infraestructura siria. Hablamos de un esfuerzo en el capítulo de la construcción que se ha estimado en un orden de casi 200 billones de dólares. Inmenso, entonces.

En marzo pasado, “Hezbollah” anunció la creación de una brigada especial a la que está entrenando con el objetivo público de recuperar las Alturas del Golán que, desde hace medio siglo están militarizadas y en manos de Israel. Que está alerta y, cada vez que puede, impide desde el aire que “Hezbollah” reciba más armas y municiones para su ya importante arsenal, que generalmente vienen desde Irán. Incluyendo ahora los temibles misiles rusos “Yakhont”.

Por todo esto, la creciente presencia regional de “Hezbollah” es profundamente intranquilizadora. Ocurre que no estamos hablando de una fuerza de paz, sino de una máquina de guerra, lo que es bien distinto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.