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MIS LEMAS PEDAGÓGICOS. 1: NO HAY QUE SABER PARA OPINAR, HAY QUE OPINAR PARA SABER.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/3/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/03/mis-lemas-pedagogicos-1-no-hay-que.html

 

 

¿Cómo? ¿Dice usted que cualquiera puede decir el disparate que se le ocurra, de manera presuntuosa, y de ese modo aprenderá algo?

No. Estoy presuponiendo ciertas condiciones morales e intelectuales, de curiosidad, conciencia crítica, humildad. Que no son tan infrecuentes como se piensa. Muchas personas son así, pero trabadas por el imperativo “no preguntarás” debe callar sus sanas inquietudes, dudas y cuestionamientos.

Mi método consiste en reconocerles el derecho a interpelar. El derecho a que la verdad no les sea impuesta por la fuerza lingüística o el supuesto lugar de saber absoluto de la tarima del profesor. Que entonces se sientan libres de iniciar una conversación genuina con el profesor, que en realidad es alguien que está ofreciendo su posición sobre un tema, pero no diciendo, implícitamente, “dirás esto o serás fusilado”.

Entonces la libre opinión del alumno se convierte en el inicio del diálogo. Puede equivocarse, pero la labor del profesor es encontrar en ese error una oportunidad para reconducirlo a un nuevo cuestionamiento que lo vaya acercando socráticamente a la verdad. Y también encontrar en ese error la parte de verdad, situarlo en la historia de la filosofía, y además tratar de encontrar el horizonte desde el cual el alumno está diciendo lo que para él es tan importante.

Y lo más importante es que el profesor puede llevarse una buena sorpresa al escuchar un cuestionamiento que verdaderamente ponga en conflicto a su núcleo central.

Por supuesto que esto nos pone en riesgo de ser blanco de personalidades psicopáticas que van a aprovechar esa apertura para hacer un bulying intelectual y moral al profesor. Pero es una posibilidad casi nula en chicos jóvenes que responden inmediatamente a una mirada de afecto, que es fundamentalmente lo que están buscando. Con un psiquismo relativamente normal, la calma produce la calma, y el entusiasmo genera entusiasmo. Y el respeto sacrosanto a la libertad del alumno, de ser él mismo, es la única oportunidad para que alumno mejore desde sí mismo y no desde algo que no es él.

Por supuesto, todo esto es incompatible con el sistema educativo formal positivista que nos domina. Hay que hacerlo entrar de contrabando.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

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Así son los héroes, como en Tailandia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 18/7/18 en: http://elpais.bo/asi-son-los-heroes-como-en-tailandia/

 

El diario La Nación de Buenos Aires publicó una nota, titulada “Rescate en Tailandia: los héroes que hicieron posible la epopeya”, que me llamó la atención.

Entre estos héroes están los buzos británicos voluntarios que encontraron a los 12 niños del equipo de fútbol y su entrenador, el 2 de julio luego de diez días de desaparecidos. Rick Stanton y John Volanthen, que trabajan como bombero e ingeniero informático respectivamente, no son novatos. Entre otras epopeyas, ayudaron en 2010 a encontrar a Eric Establie, un espeolólogo atrapado al sur de Francia que, lamentablemente, murió. “Las misiones son impactantes, pero la más desafiante fue la de Francia”, dijo Stanton al ser condecorado por Isabel II.

El segundo héroe, “el mártir”, fue Samarn Gunan, que murió durante las operaciones en una de las tantas idas y venidas al quedarse sin aire. Gunan tenía 37 años y se desempeñaba como oficial de seguridad en el aeropuerto de Bangkok. El tercer héroe, según la nota, fue el entrenador Ekapol Chanthawong que guio a los chicos a la cueva. Y promovió la meditación para regular el estado anímico y la respiración cuando los niveles de oxígeno habían comenzado a descender.

Desde el encierro esribió: “Prometo que cuidaré a los niños lo mejor posible. Quiero agradecerles por todo el apoyo y pedir disculpas a los padres”. Y los familiares le respondieron que “No se culpe. Gracias por cuidar de nuestros hijos. Usted está ahí con ellos. Salga sano y salvo”.

Otros héroes fueron los campesinos que perdieron cosecha y animales por las inundaciones debido a las lluvias y por el agua bombeada -130 millones de litros- desde la cueva, pero estuvieron felices por la buena causa. Y, finalmente, “el héroe que no fue”. Elon Musk mandó construir en tiempo récord un minisubmarino que el gobierno tailandés declinó amablemente. “Acabo de regresar de la Cueva 3. El minisubmarino está preparado si fuera necesario”, twitteó Musk fundador de Tesla y Space X.

En fin, entre los dieciocho buzos que lograron el rescate, trece eran extranjeros entre los que estaba uno español, Fernando Raigal, que reside en Tailandia trabajando para compañías petrolíferas. Y alrededor de todos, cientos de voluntarios que donaron comida y dinero para los familiares de los menores.

Lo que me llamó la atención fue, primero, la contraposición con los “héroes” que estudiamos en la escuela, según la historia oficial: militares y guerrilleros cuyas hazañas consistieron en ganar batallas, hacer guerras y degollar con sus sables en busca de la “libertad de sus pueblos”. En cambio, los héroes de Tailandia trabajaron para salvar vidas.

Luego, me dejó pensando que, en esta lista de héroes, la totalidad son personas ajenas a la burocracia, al oficialismo, personas privadas que, como todas las acciones en la sociedad natural, interactúan cooperando pacífica y voluntariamente y no “buscando la justicia” con armas, represión y violencia.

Por cierto, en la entrada de la cueva de Tham Luang de 10 kilómetros de largo, un cartel prohíbe entrar en temporada de lluvias. Y ahora –“nunca es tarde”- el gobierno dice que tomará medidas para mejorar la seguridad. Irónicamente, el oficialismo ha aprovechado para promocionar su gobierno. Las fotos del primer ministro con los padres de los chicos no escasearon. Tampoco los elogios a la marina y otras apelaciones al nacionalismo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

”YO NO SOY MARXISTA PERO….” Y EL LOBBY LGTB NOS PASA POR ENCIMA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 15/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/yo-no-soy-marxista-pero-y-el-lobby-lgtb.html

 

Como hemos afirmado muchas veces, en los movimientos feministas radicales, en los LGTB, en el indigenismo, no está la defensa de derechos que en el liberalismo clásico ya tienen: a ser ellos mismos, a tener todos los derechos individuales que tiene cualquier persona y a hacer su propia vida según el derecho a la intimidad personal. No, ellos se sienten parte de “nuevos colectivos explotados” (las mujeres, los indígenas, los gay, los trans, las lesbians, etc.) por, a su  vez, “nuevos colectivos explotadores” como el patriarcado, los blancos, el patriarcado heterosexual, etc. O sea, es una re-edición perfecta de la teoría marxista de la explotación donde el explotador de siempre, el capitalismo, es ahora el capitalismo blanco patriarcal heterosexual, donde sus nuevos explotados son los grupos ya descriptos.

Por esto es totalmente coherente que estos grupos, tanto en Europa como en los EEUU, rompan el pacto político originario, esto es: individuos, personas, todos gozando de los mismos derechos individuales (libertad religiosa, de expresión, de enseñanza, de propiedad, de asociación) bajo una constitución limitante del poder político, donde cada uno, cada comunidad libremente organizada, pueda expresar libremente su concepción del mundo, hacer lo que quiera y decir lo que quiera sin que ello sea un delito para cualquier otra asociación libre. Pero no. Como ellos son los “explotados” inventan nuevos delitos (discurso de odio, discriminación, violar el derecho a ser tratado como lo que ellos dicen que son, violar el derecho a ser tratados según pronombres neutros, etc.) para finalmente llegar al poder (una excelente combinación de Gramsci, Hitler y Marx) para finalmente imponer absolutamente, como en toda revolución, su concepción del mundo por la fuerza y tirar al mar, si es necesario, a los pérfidos explotadores del capitalismo hetero-blanco-patriarcal (y si agregamos hetero-blanco-patriarcal-cristiano, ahí tienen la suma de todos los males).

Por eso el diálogo con ellos es imposible, porque el que no coincide es necesariamente un explotador, un agresor. Algunos, los más moderados, nos podrán tener lástima, nos mirarán como el pobre explotador que no sabe nada ni entiende nada, y nos concederán tal vez cinco minutos de paz. Pero no nos crucemos en una de sus marchas porque si pudieran nos quemarían vivos además del conjunto de golpes e insultos que nos van a propinar.

La noción filosófica que está detrás de esto es la de colectivismo metodológico, esto es, una metodología de análisis de lo social donde el que actúa no es la persona sino colectivos explotados u explotadores donde lo individual se subsume en esa dialéctica y por ende o estamos necesariamente de un lado o del otro y necesariamente pensamos como opresores o como oprimidos.

Para refutar esto se necesita ir al individualismo metodológico. Lo trágico es que la mayoría de los católicos, que no quieren saber nada con estas nuevas ideologías de género y etc., tampoco saben nada, en general, del individualismo metodológico, porque ha sido desarrollado por los “malos” liberales Mises, Hayek y Popper, que por ende son casi innombrables en sus universidades, con lo cual se pierden la única vacuna intelectual contra la teoría marxista de la explotación. Es más: repiten hasta el cansancio que no son marxistas pero que “en eso” Marx tenía razón… Y con esa débil armadura intelectual pretenden luego refutar las ideologías del género y etc.

Yo me he matado explicando que el individualismo metodológico es totalmente compatible con Santo Tomás de Aquino pero evidentemente soy sólo una gota no marxista en un océano marxista, océano compuesto por los que dicen “yo no soy marxista PERO…”.

 

PERO es así como estas nuevas ideologías nos están pasando por encima.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

TIBOR MACHAN, UN FILÓSOFO DE LA LIBERTAD

Por Alberto Benegas Lynch (h). 

 

Lo conocí a Tibor (1939-2016) en un seminario patrocinado por Liberty Fund en San Pablo, luego impartimos juntos clase en la Universidad de Aix-en-Provence propuestos por el hoy tan celebrado Jacques Garello y finalmente lo invité a pronunciar conferencias en Buenos Aires cuando me desempeñaba como rector de ESEADE.

 

Muy buen orador, fogoso polemista y gran conversador, provisto de un excelente sentido del humor. Sus libros y ensayos son innumerables pero en  esta nota periodística me referiré a lo que estimo son las mejores contribuciones de las múltiples que poseo en mi biblioteca, que no son ni remotamente todas sus producciones.

 

En primero lugar su libro titulado Generosity. Virtue in Civil Society que abre de este modo: “La generosidad es una virtud moral que no puede florecer en un Estado Benefactor ni en ninguna otra situación  de economía planificada porque ser generoso implica que voluntariamente se ayuda a otros de diferentes maneras. Solo puede florecer en una sociedad libre” y a continuación apunta que “Los actos generosos requieren el derecho de propiedad” puesto que debe entregarse lo suyo y no a la fuerza lo de los demás. Escribe Machan que “muchos son los que alardean de generosidad, compasión, bondad y caridad pero resisten el establecimiento del derecho de propiedad” y más bien pretenden solidaridad con el fruto del trabajo ajeno arrancado compulsivamente. Gran hipocresía por cierto, un latrocinio disfrazado de filantropía.

 

En otra parte de esta obra, el autor sostiene que hay una diferencia abismal entre generosidad y altruismo que según el diccionario es hacer el bien a otros a costa del propio bien, lo cual es un contrasentido puesto que cuando se hace el bien al prójimo es precisamente y exclusivamente porque está en interés del sujeto actuante en verdad una tautología puesto que si no está en interés de quien procede de ese modo ¿en interés de quien será? En este sentido, estaba en interés de la Madre Teresa de Calcuta el cuidado de los leprosos y así sucesivamente.

 

En este contexto Tibor aclara que a su juicio el interés personal tiene dos significados, uno amplio que abarca todas las acciones sean estas correctas o malvadas y otra acepción que se circunscribe a las primeras, es decir, a las que le hacen bien a quien las lleva a cabo. Consigna que “el autobeneficio proviene de ser una persona moralmente  buena”, esto es, como queda dicho, los actos buenos hacen bien a quines las llevan a cabo en el sentido que actualizan sus potencialidades en busca del bien.

 

También el autor se refiere en este libro con algún detenimiento al precepto bíblico de “amar al prójimo como a ti mismo” donde concluye por otra vía lo que a continuación presento a título personal. El adverbio conjuntivo “como” puede traducirse en que sea mayor, menor o igual. Si fuera igual la persona sería indiferente lo cual paralizaría la acción (hasta que haya preferencia), si fuera mayor el beneficio del otro no tendría razón de ser el acto puesto quedaría amputado el motivo, la razón o la necesaria prioridad ya que solo opera si la satisfacción propia es más fuerte o mayor que la del prójimo puesto que constituye el punto de referencia: toda acción es en beneficio personal.

 

Decir que es mayor psicológicamente la ganancia que obtiene el otro al  amarlo carece de sentido ya que, como queda dicho, el punto de referencia o el mojón extramuros de la acción es el amor propio. Quien ama es porque le satisface ese amor (el que se odia a si mismo es incapaz de amar). Tal vez Santo Tomás aclare este punto al afirmar en la Suma Teológica que “amarás a tu prójimo como a ti mismo: por lo que se ve que el amor del hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene a otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a si mismo que al prójimo” (Sec. Sec., q. xxvi, art. iv). Entonces el amor a otro es inexorablemente menor en intensidad y preferencia al que se profesa a uno mismo que, por los motivos señalados, es prioritario y el motor de la acción.

 

Finalmente, por su parte, dice Machan que “aquellos que demandan generosidad, caridad, compasión o bondad en base a la coerción de los aparatos estatales – Estado Benefactor y socialismos varios- destrozan los fundamentos de las virtudes morales”.

 

Otro de sus libros lleva por título Human Rights and Human Liberties un título un tanto redundante por partida doble: primero porque los derechos y las libertades no pueden ser otra cosa que humanos y segundo porque hablar de derechos y libertades constituyen la cara y la contracara del mismo asunto. De todos modos, gran parte del contenido resulta sumamente esclarecedor (nunca hay acuerdo total con ningún escritor, incluso lo que uno mismo escribe visto a la distancia seguramente demandará modificaciones sea por la redacción, por el  contenido o por las dos cosas).

 

En todo caso es pertinente detenerse en uno de los epígrafes de lo obra que cita uno de los fallos de la Corte Suprema de Justicia estadounidense. La cita es consigna de modo incompleto en el libro al efecto de destacar lo más importante pero nosotros la transcribimos completa. Dice así: “El propósito de una Declaración de Derechos fue el de sustraer ciertos temas de las vicisitudes de las controversias y colocarlos más allá de las mayorías y de funcionarios y establecer principios legales aprobados por las Cortes. Los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, a la libertad en las transacciones y de asociación y otros derechos fundamentales no deben someterse al voto; ellos no dependen de los resultados de ninguna elección” (West Virgina Board of Education v. Barnette, 1943, 319 US, 624, 638).

 

Este fallo se dice redactado por el juez Robert Jackson es de una trascendencia difícil de traducir en palabras ya que del concepto allí vertido pone de manifiesto el aspecto medular de una República. Pone de relieve lo que grandes constitucionalistas de nuestro tiempo han considerado es el eje central de la democracia.

 

Una de las razones más relevantes del declive de regímenes democráticos de la actualidad descansa en la incomprensión de la filosofía inherente en el antedicho dictamen de la Corte Suprema de Estados Unidos. Hoy en día la democracia ha degenerado en cleptocracia, a saber, el gobierno de los ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. Desde la Carta Magna en adelante, las constituciones han sido concebidas para establecer límites claros y precisos al poder político, en cambio en la actualidad las constituciones reformadas y la legislación que la acompaña son muestras de abuso de poder. Como se ha explicitado tantas veces, es imperioso introducir nuevas barreras al poder si no se quiere que el planeta termine en un inmenso Gulag en nombre de una supuesta democracia.

 

La obra de Tibor Machan es básicamente un análisis pormenorizado de los equívocos de Thomas Hobbes en cuanto a su aplicación desviada de la noción de derecho natural que desemboca en el establecimiento de una monarquía absoluta en un contexto de extremo positivismo legal en el que no hay puntos de referencia fuera de la legislación escrita, esto es, que no habría la noción de Justicia fuera de la norma positiva.

 

Asimismo, elabora una cuidadosa y contundente crítica a las teorías esbozadas por John Rawls en cuanto a su redistribución de ingresos basada en talentos naturales de modo desigual sin ver, entre otras cosas, que los talentos adquiridos son consecuencia de los naturales y que la susodicha redistribución altera la asignación de los siempre escasos recursos y, por tanto, empobrece de modo muy especial a los más necesitados. También el autor en gran medida se apoya en algunos aspectos del andamiaje conceptual de Robert Nozick en cuanto al establecimiento de un gobierno con poderes limitados a la protección de derechos, entendidos estos no como pseudoderechos que significan un asalto al bolsillo del prójimo.

 

Por su parte en otro de sus libros, Individual and their Rights se detiene a considerar al valor del individualismo como el respeto a las autonomías individuales en franca oposición al tratamiento de expresiones colectivistas que tratan a lo grupal como un antropomorfismo con lo que se deglute a los derechos de las personas, lo cual completa con un estudio riguroso de la historia de uno y otro concepto a través del tiempo. En una parte final, Machan analiza el fundamento de la institución de la propiedad privada desde la  perspectiva de muy diversos autores antiguos y contemporáneos.

 

Tibor ha editado y compilado muchos trabajos de gran valor. El ejemplo más sobresaliente es el muy citado The Libertarian Alternative. Como es sabido, la palabra “liberal” ha sido expropiada en Estados Unidos por los estatistas por lo que se ha inventado la expresión “libertarianismo” a disgusto por muchos que siguen definiéndose como liberales clásicos como Milton Friedman, Friedrich Hayek, Ludwig von Mises y muchos otros. En esta cuestión que puede aparecer como mero asunto semántico hay dos problemas de fondo que deben ser aclarados. En primer lugar, destacar que tras la batalla por las ideas hay una batalla del lenguaje. No se trata de simplemente mudar de palabra cuando esta es renegada por la mayoría o utilizada mal para seguir como si tal pues la nueva palabra será también expropiada o estigmatizada en el corto plazo. Por otra parte, quienes recurren a una nueva palabra para referirse a la libertad debido a que descubren otras facetas no parecen comprender que el liberalismo está siempre en ebullición y atento a nuevas contribuciones puesto que descansa en la ida de que el conocimiento tiene la característica de la provisonalidad abierto a refutaciones.

 

Por último menciono la extraordinaria obra titulada The Pseudo Science of B. F. Skinner donde Machan pone de relieve su mayor destreza al criticar el corazón de cuarenta trabajos de Skinner, muy especialmente el que lleva el sugestivo título de Beyond Freedom and Dignity. El objetivo de Machan consiste en la demolición de la tesis del materialismo filosófico (o determinismo físico para recurrir a terminología popperiana).

 

Así demuestra que los estados de conciencia, la psique o la mente con distintos de la materia, específicamente del cerebro y que sin esa cualidad no habría tal cosa como el libre alberdrío y, por ende, la propia libertad sería una mera ficción. Tampoco tendría sentido la responsabilidad individual ni la moral, ni las ideas autogeneradas,  ni las proposiciones verdaderas y las falsas. Los humanos seríamos como loros, más complejos pero loros al fin de cuentas. Skinner afirma que “la libertad del hombre quien es considerado responsable del comportamiento de su organismo biológico es solo una noción precientífica que sustituye a los tipos de causas que son descubiertas en el curso del análisis científico”. Lo mismo había dicho Sigmund Freud con anterioridad.

 

Desafortunadamente en nuestra época el materialismo o fatalismo descripto hacen estragos en la cultura, especialmente en el terreno de la psiquiatría, el derecho penal y en el campo económico el denominado neuroeconomics. Viene al caso subrayar que en la compilación antes referida uno de los autores centra su atención  en el asunto ahora considerado. Se trata de Nathaniel  Branden quien en un ensayo bajo el nombre de “Free Will, Moral Responsability and the Law” donde apunta que “El determinismo declara que aquello que el hombre hace, lo tenía que hacer, aquello en lo que cree, tenía que creerlo […] Pero si esto fuera cierto, ningún conocimiento conceptual resultaría posible para el hombre. Ninguna teoría podría reclamar mayor validez que otra, incluyendo la teoría del determinismo”.

 

En resumen, Tibor Machan ha contribuido a fortalecer las bases de una sociedad abierta con sus escritos y sus clases que recuerdan con tanto agradecimiento sus numerosos discípulos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

Las trampas en el mundo académico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 10/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Las-trampas-en-el-mundo-academico-20180709-0076.html

 

Probablemente nada haya de mayor significación que los ámbitos universitarios. Lo que allí se enseñe puede extrapolarse a lo que sucederá en el futuro en el país de que se trate.

Los cenáculos intelectuales son como una piedra arrojada en un estanque: los círculos concéntricos van mostrando el efecto multiplicador en la respectiva influencia. El político analiza los temas que la opinión pública puede digerir al efecto de preparar su discurso pero esa opinión pública a su vez está conformada por el clima de ideas que prevalece, de allí la trascendencia de la educación y, como decimos, en este contexto muy especialmente la universitaria.

 

Resulta muy pertinente señalar que dicha enseñanza se desfigura cuando la academia se convierte en un centro de adoctrinamiento y politización. En este sentido es de interés consultar las memorias de Thomas Sowell, senior research fellow en Hoover Institution de la Universidad de Stanford, en el sitial Milton y Rose Friedman.

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Profesor Thomas Sowell, Universidad de Stanford.

Confiesa con cierta tristeza que dejó la enseñanza en el aula luego de cátedras en varias universidades porque se cansó de tres situaciones que se repitieron en diversas casas de estudio. Primero, las presiones para mejorar calificaciones a estudiantes de grado y posgrado, maniobras muchas veces apoyadas por las autoridades.

 

Segundo, la manía de hacer que los estudiantes incorporen a sus monografías y tesis lenguaje sibilino digno del posmodernismo y recargar las presentaciones con fórmulas matemáticas innecesarias. Esto último también es destacado por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y James M. Buchanan y economistas de la talla de Wilhelm Röpke y Ludwig von Mises.

 

Tercero, debido a eventuales acosos sexuales Sowell, por ejemplo, debía atender alumnas en su despacho con la puerta abierta y otros recaudos que dificultaban el trato y la seriedad en la relación estudiantil. Mario Vargas Llosa nos contaba que suele dictar sus clases en la Universidad de Princeton fijando la vista en el techo para no mirar a una estudiante y evitar el riesgo de ser demandado.

 

Tal vez el caso más sonado de las trampas que se deslizan en el mundo académico es el libro escrito por Alan Sokal y Jean Bricmont titulado Imposturas intelectuales donde explican que para mofarse de tropelías varias presentaron un largo ensayo en una revista académica con referato de una conocida universidad, donde fue publicado. Acto seguido los mismos autores escribieron otro ensayo refutando su trabajo anterior y revelando los gruesos errores del presentado antes como burla, el cual fue rechazado por lo que escribieron el libro de marras.

 

Sowell relata que antes de recibir el ofrecimiento en Stanford había recibido uno más jugoso desde el punto de vista cremátistico en la Universidad de Virginia el cual no aceptó para evitar el dictado de clases debido a las experiencias sufridas. Hay que estar atento a estos desbarranques para salvaguardar ámbitos que son cruciales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Menger y los bienes económicos

Por Gabriel Boragina Publicado el 8/7/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/07/menger-y-los-bienes-economicos.html

 

“Así pues, la economía humana y la propiedad tienen un mismo y común origen económico, ya que ambos se fundamentan, en definitiva, en el hecho de que la cantidad disponible de algunos bienes es inferior a la necesidad humana. Por consiguiente, la propiedad, al igual que la economía humana, no es una invención caprichosa, sino más bien la única solución práctica posible del problema con que nos enfrenta la naturaleza misma de las cosas, es decir, la antes mencionada defectuosa relación entre necesidad y masa de bienes disponibles en el ámbito de los bienes económicos.”[1]

En otras palabras, nos dice Menger que la economía y la propiedad nacen en forma simultánea de un único fenómeno causal: el de la escasez de bienes. Notemos que dice “algunos bienes”, dado que los bienes libres también satisfacen necesidades, pero estos últimos no interesan al estudio de la economía; solo los bienes escasos esto es los bienes económicos son relevantes a nuestra ciencia. En abierto desafío a las teorías socialistas que expresan lo contrario, el genial Menger nos explica que la economía y la propiedad que aparecen al unísono no son fruto de capricho humano. Por el contrario, economía y propiedad aparecen como la única y exclusiva solución viable para paliar la realidad de la escasez de bienes en relación a la necesidad que existe de ellos. Va de suyo que, si las necesidades fueran inferiores a la cantidad existente de bienes desatinadas a satisfacerlas, ni la economía ni la propiedad hubieran sido necesarias, ergo, ni siquiera hubieran aparecido.

“Por esto mismo, es también imposible eliminar la institución de la propiedad sin eliminar al mismo tiempo las causas que llevan forzosamente a ella, es decir, sin multiplicar al mismo tiempo las cantidades disponibles de todos los bienes económicos hasta tal punto que pueda quedar realmente cubierta la necesidad de todos los miembros de la sociedad o sin disminuir hasta tal extremo les necesidades de los hombres que los bienes de que de hecho disponen basten para cubrir aquellas necesidades.

Si no se consigue un equilibrio de este tipo entre necesidad y masa disponible, un nuevo orden social podrá conseguir, sin duda, que sean otras personas —en vez de las actuales— las que pueden utilizar las cantidades disponibles de bienes económicos para la satisfacción de sus necesidades, pero nada ni nadie podrá impedir que siga habiendo personas cuyas necesidades de bienes económicos no son cubiertas, o lo son incompletamente, y frente a cuyas siempre posibles acciones violentas tendrán que ser defendidos los nuevos propietarios. La propiedad, en el sentido mencionado, es, pues, inseparable de la economía en su forma social y todos los planes de reforma social sólo pueden tender, si quieren ser razonables, a una distribución adecuada de los bienes económicos, no a la supresión de la institución de la propiedad.”[2]

Reafirmando que la propiedad surge de la escasez de bienes suficientes para satisfacer las necesidades humanas, Menger contesta a quienes postulan la abolición de la propiedad explicándoles que la única manera de lograrlo es multiplicando la totalidad de los bienes existentes en tal extensión que permita cubrir perfectamente todas las necesidades humanas. Alude –recordemos- a bienes económicos como sinónimo de bienes escasos. La otra manera por la cual podría llegarse a la supresión de la propiedad sería operando en forma inversa, es decir reduciendo todas las necesidades de todas las personas hasta un punto tal que solamente queden las necesidades que puedan ser cubiertas con la cantidad total de los bienes existentes hasta ese momento. Exclusivamente en estos dos casos, o sea, logrando estos objetivos, la propiedad podría llegar a desaparecer. Va de suyo la imposibilidad fáctica de ambas hipótesis, pese a que no han faltado experimentos en la historia económica en los que se haya intentado tanto un extremo como el otro, y en donde los fracasos en dicho sentido no han dejado de ser recurrentes.

Seguidamente, apunta Menger que de no poderse obtener ninguno de los dos objetivos antes esbozados, lo único que le queda a quien aspira a suprimir la propiedad es a despojar a los actuales propietarios de sus bienes económicos para entregárselos a lo no propietarios, con lo cual quienes pasarán a satisfacer todas sus necesidades serán los nuevos propietarios, en tanto los anteriores expoliados propietarios pasarán a padecer de las mismas necesidades que antes sufrían los ahora nuevos “propietarios”. Como sabemos, esto es lo que en la práctica ha hecho siempre el socialismo: un simple pasaje de términos, en lo que Alberto Benegas Lynch (h) ha resumido en la acertadísima fórmula: “quitar a unos de lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece”, es decir, la fórmula en la que se sintetiza la llamada “justicia social”. Finalmente, en este párrafo, Menger llama la atención sobre la posible violencia que producirá tal tipo de despojo, lo que nuevamente hemos visto verificado en la práctica, en todos los regímenes socialistas habidos y existentes a hoy.

“En las dos secciones precedentes hemos considerado la naturaleza y el origen de la economía humana y hemos defendido la opinión de que la diferencia entre los bienes económicos y no económicos se fundamenta, en definitiva y en el más exacto sentido de la palabra, en la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes.”[3]

Menger remarca una y otra vez la característica de escasez que distingue a los bienes económicos de los no económicos, si bien lo hace –al decir de F. A. v. Hayek- sin emplear (entendemos que en el original en alemán) la palabra escasez (en la traducción española si, aparece a menudo esta palabra, seguramente por obra del traductor, como ya hemos apuntado más arriba). En la cita precedente se refiere a la escasez cuando alude a “la diferente relación existente entre la necesidad y la cantidad disponible de dichos bienes.”[4]. Los “bienes no económicos” –como recordaremos- también se designan como “bienes libres” en la jerga económica.

[1] Carl Menger. Principios de economía política. Introducción de F. A. v. Hayek. Ediciones Orbis. Hyspamerica. pág. 69

[2] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 69

[3] Menger Carl. Principios…ob. cit. pág. 71

[4] Menger Carl. Principios…ob. cit. Pág. 71

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

EL PROBLEMA DE LOS “COLEGIOS CATÓLICOS”: DOS DIAGNÓSTICOS DE MI PADRE, TOTALMENTE CUMPLIDOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/el-problema-de-los-colegios-catolicos.html

 

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo, sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Qué se espera después de la cumbre entre Corea del Norte y EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2150410-que-se-espera-despues-de-la-cumbre-entre-corea-del-norte-y-eeuu

 

La República Popular Democrática de Corea, a la que usualmente denominamos Corea del Norte, se autodefine todavía como “estado socialista autosuficiente”. El resto del mundo la consideraba una nación pequeña, de apenas 24 millones de habitantes, con una extraña vocación de aislamiento, efectivamente separada de la comunidad internacional, quizás con la excepción importante de China, su socio comercial más activo, país con el que además comparte una larga frontera.

Está gobernada por un patológico régimen dinástico y autoritario a la vez, que hace del “culto a la personalidad” su evangelio y de sus líderes la columna vertebral de su pesada liturgia política.

Por décadas, los Estados Unidos y Corea del Norte mantuvieron un peligroso estado de desencuentro, en función del cual intercambiaron reiteradamente asperezas verbales y amenazas recíprocas. Por ello, en materia de paz y seguridad internacional, Corea del Norte ha estado en las últimas décadas siempre incluida entre las cuestiones abiertas de mayor peligrosidad.

Pero de pronto la agresividad del régimen que preside el joven Kim Jong-un se ha transformado -inesperadamente- en cortesía. El país ermitaño comenzó a buscar afanosamente una reunión entre su líder y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y lo logró. Presumiblemente, porque se trata de un país de conducta preocupante, que ha demostrado poseer no sólo misiles intercontinentales, sino también armas atómicas. Por esa razón precisa los EE.UU. han mantenido hasta ahora contingentes militares importantes en el territorio de Corea del Sur, a la manera de presencia disuasiva.

Finalmente, no sin vacilaciones, la reunión de los dos jefes de Estado tuvo lugar en Singapur. Fue la primera vez que los líderes de ambos países se sentaban a conversar, cara a cara.

Si bien la “Cumbre” no ha generado demasiadas consecuencias inmediatas, lo cierto es que las puertas que estaban cerradas se han abierto, lo que es trascendente. Sin diálogo, el espacio para la diplomacia se minimiza. Sin embargo, lo importante en materia de resultados tiene todavía que ocurrir. La “Cumbre” fue solo un indispensable primer paso. Ahora ambos países deberán confirmar, con actos, la progresiva distensión de la relación.

No es nada fácil confiar en Corea del Norte. Tres presidentes norteamericanos negociaron acuerdos con Corea del Norte en virtud de los cuales el país asiático convino en detener su programa atómico. Esos tres acuerdos no se cumplieron, lo que naturalmente provoca aprensión respecto del futuro efectivo del convenio recién suscripto.

En pocas palabras, el acuerdo de Singapur es sólo la obertura de un proceso que recién comienza. Es el primer movimiento de una sinfonía cuyas melodías todavía deben crearse, paso a paso. En conjunto. Esto requerirá compromiso, buena fe, coherencia y disciplina. Pero también buena comunicación, la que no podía edificarse sin el primer paso que acaba de darse.

Siempre se dice que las “Cumbres” combinan simbolismo con sustancia. El simbolismo ya ha sido proyectado. La sustancia -en cambio- aún está por verse. Para los Estados Unidos ella se tiene que ver con la “desnuclearización” efectiva de la península coreana. Para Corea del Norte, en cambio, lo sustantivo es el retiro de los contingentes militares norteamericanos de su vecindario inmediato.

Donald Trump viajó presuroso a través del mundo para concretar la reunión que presuntamente marcará el comienzo de la distensión de las relaciones entre los dos países involucrados. A estar a sus declaraciones, formuladas a la salida de la reciente reunión, la química personal entre ambos mandatarios resultó positiva. Pese a las notorias diferencias que existen entre las particulares personalidades de ambos interlocutores.

Cabe esperar que de ahora en más cesen las inquietantes amenazas, burlas e insultos que caracterizaron la difícil relación entre ambas naciones en los últimos años. Además, que la relación bilateral se consolide y que, paso a paso, se transforme en formas específicas de cooperación.

De alguna manera, lo sucedido tiene un cierto paralelo con el viaje de Richard Nixon a China, en 1972, que fuera el comienzo de un proceso de fortalecimiento de la confianza que luego derivó en la normalización de las relaciones diplomáticas.

Pero alcanzar el objetivo de la desnuclearización de la península coreana es ciertamente bastante más complejo que establecer y mantener relaciones diplomáticas con disposición a cooperar. Porque supone la buena fe en el proceder de las partes, incluyendo en la imprescindible verificación del cumplimiento de los compromisos que, respectivamente, sean asumidos.

En síntesis, se ha abierto una nueva etapa en una relación bilateral que generara angustia y desconfianza y que ahora está comenzando a proyectar la esperanza de poder conformar una relación normal que contribuya a que sus dos actores dejen atrás los desencuentros acumulados. No es poco. Pero está muy lejos de ser imposible.

Los EE.UU. están manejando la relación con Corea del Norte con gran diligencia. Cancelando una reunión previamente acordada con la India, el Secretario de Estado Mike Pompeo decidió viajar, sin pérdida de tiempo, a Pyongyang para continuar las conversaciones. La decisión, en sí misma, es una muestra de compromiso con la necesidad de resolver la desnuclearización de la península coreana. Además, los EEUU decidieron suspender los ejercicios militares en la región, previstos para el mes que viene.

Con Corea del Norte pasar del dicho al hecho es indispensable. Para ambas partes. Como bien dice mi amiga Madeleine Albright en su último libro (“Fascismo”), “Corea del Norte es un Estado Islámico secular; su existencia genera evidencia adicional acerca de las tragedias que pueden resultar cuando el poder se concentra en manos de muy pocos por demasiado tiempo”. Es efectivamente así.

De lo contrario -como alerta Albright- las provocaciones o la impaciencia de alguno, sumadas a la posibilidad de accidentes o errores de interpretación pueden derivar en violencia, poniendo en gravísimo peligro especialmente a los propios coreanos que viven a ambos lados del paralelo 38º que los separa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/18 en: https://www.libremercado.com/2018-06-03/carlos-rodriguez-braun-el-mito-de-la-incompetencia-del-estado-85269/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Harrod y Hayek sobre la personalidad de J.M. Keynes

Por Iván Carrino. Publicado el 3/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/harrod-y-hayek-sobre-la-personalidad-de-j-m-keynes/

 

En 1951, cinco años después de la muerte de Keynes, el economista inglés Roy Forbes Harrod (famoso por el modelo Harrod-Domar), publicaba “La Vida de John Maynard Keynes”, una biografía de 15 capítulos y más de 600 páginas.

Poco tiempo después, en 1952, Friedrich A. Hayek (premio Nobel de economía en 1974) realizó una reseña del libro, que fue publicada en The Journal of Modern History, en junio de 1952.

En ese texto, que puede encontrarse hoy en Contra Keynes and Cambridge (editado por Bruce Caldwell), el otrora archirrival de Keynes, pero quien según sus propias palabras siempre tuvo una “muy cordial” relación con él, destaca dos interesantes facetas de la personalidad del inglés.

En una parte, afirma:

[Keynes] le debía su éxito fundamentalmente a una extraña combinación de brillantez y rapidez mental con una maestría en el manejo del idioma inglés en donde pocos podían hacerle frente -lo que no se menciona en La Vida pero que para mí siempre resultó su activo más importante- además de una voz de cautivadora persuasión. Como erudito, era incisivo en lugar de profundo, y estuvo guiado por una fuerte intuición que lo hacía probar su punto una y otra vez por diferentes caminos.

Más adelante, agrega:

Harrod es muy franco acerca de las deficiencias de temperamento de Keynes, “no solo sus pequeños defectos” -impetuosidad, cambios de puntos de vista, hablar más allá de su libro- sino también su fuerte propensión a las apuestas, su crueldad y grosería ocasional en la discusión (“todo parecía justo para él en la guerra de las controversias”), su tendencia a “cultivar la apariencia de la omnisciencia” y de “siempre estar listo para lanzar una cifra para ilustrar un punto”.

Muchos años después, en 1983, Hayek publicó una nota en The Economist, a 100 años del nacimiento de Keynes, donde volvió a ofrecer detalles sobre la personalidad de su contrincante en el pensamiento económico.

Allí, en “The Keynes Centenary: The Austrian Critique“, sostuvo:

Pero, por paradójico que esto pueda sonar, [Keynes] no era ni un economista muy entrenado ni tampoco principalmente preocupado por el desarrollo de la economía como ciencia. En última instancia él ni siquiera pensaba en la economía como una ciencia, tendiendo a considerar su capacidad superior para proveer una justificación teórica como una herramienta legítima para persuadir al público para que demandara las políticas que su intuición le decían que eran las indicadas en el momento.

En síntesis, de acuerdo con Hayek, Keynes era brillante y rápido, pero también podía llegar a ser hasta grosero en las discusiones, en su afán por mostrar su aparente conocimiento completo sobre todos los  temas. Finalmente, a pesar de la buena relación que mantuvieron, Hayek parece pensar que Keynes solo usaba la economía como herramienta para avanzar en su agenda política particular, pero sin mayor profundidad analítica.

Datos e impresiones curiosas de un  personaje tan famoso como vigente en las discusiones económicas de nuestro país.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE