Pensamiento lateral

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/1/21 en “El País” de Uruguay:

Uno de los problemas más graves de la mente consiste en acostumbrarse a pensar como si lo que viene ocurriendo debe ser siempre de ese modo. El cuestionamiento de lo que existe y la capacidad de preguntarse como sería de otra manera desafortunadamente no es habitual en ámbitos educativos. Los interrogantes de cómo, donde y equivalentes son relevantes pero la pregunta que más despeja telarañas mentales es el ¿por qué no?

Esto viene al caso pues a veces se está empantanado en enormes gastos estatales sin salir del atolladero por la incapacidad de imaginar procesos en los que los privados encararían mejor aquellas faenas y con incentivos naturales más potentes. En estos momentos estoy escribiendo un nuevo libro que precisamente se titula Vacas sagradas en la mira que publicará durante el corriente año la corresponsal en Buenos Aires de Unión Editorial de Madrid donde intento explorar pensamientos laterales.

¿Qué es eso de pensamiento lateral? Pues radica en un mecanismo intelectual elaborado principalmente por Edward de Bono, egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge. Desde 1967 de Bono viene explicando en sus libros que la clave de ese pensamiento reside en mirar la información disponible desde costados distintos a los habituales. Sugiere complementar la lógica vertical por el pensamiento lateral. Sostiene que nada se gana con escarbar más profundo en el mismo pozo si  la solución al problema se encuentra en la exploración de otro pozo en un lugar diferente. Aconseja siempre estar atento a la visión de la innovación y así romper con los patrones rutinarios y abrir la mente a nuevas posibilidades por más que en un primer momento puedan parecer disparatadas.

Recuerda que pensar profundo en la misma dirección nunca puede cambiar la dirección del pensamiento. Recomienda ejercitarse en formas alternativas de plantear el problema bajo estudio. Insiste en la gimnasia del pensamiento provocativo y estimular las miradas de modo distinto a las habituales. Concluye que sin creatividad no existe el progreso, todo avance en cualquier área surge como consecuencia de una visión distinta y original.

Incluso extiende su análisis a la necesaria felicidad mostrando que se apunta en esa senda cuando cada cual honra a su propia personalidad cultivando el pensamiento creativo y así alimentando su propio yo, a diferencia de la entrega suicida a los que representan al peligroso y devastador mesianismo y la adhesión a la opinión mayoritaria. Es como se lamentaba Carlo Acutis: “todos nacen originales pero muchos mueren fotocopias”.

Una de las premisas fundamentales en el proceso educativo consiste en enseñar a pensar lo cual requiere trasmitir la necesidad del espíritu crítico, en no dar nada por sentado e indagar todo, masticarlo, digerirlo y luego arribar a las propias conclusiones a sabiendas que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones.

El enemigo de esta línea argumental es la memorización y el repetir como loro lo que dice un supuesto profesor. En clase resulta vital el intercambio con alumnos en el contexto de reiteradas invitaciones a mirar el asunto abordado desde diversos ángulos y perspectivas. El primer día de mis clases repito un latiguillo que me da mucho resultado en el transcurso del semestre: si lo que digo no resulta claro, interrúmpanme, si no están de acuerdo, discutan, pero si les parece que soy claro y están en principio de acuerdo hagan de abogado del diablo pues esto ayuda mucho a clarificar temas que cuando se presentan pueden aparecer razonables pero cuando comienza el debate resulta que se pone de manifiesto que había que pulir distintos aspectos del asunto.

Por otra parte, es de especial relevancia destacar que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad de modo que resulta esencial estimular las potencialidades de cada cual y nunca pretender el pensamiento único ni buscar promedios intelectuales para lo cual se necesitan climas de libertad, es decir, de respeto recíproco. Todas las concepciones autoritarias naturalmente conspiran contra el conocimiento, además de hacerlo contra la decencia.

En este contexto es de interés destacar la fertilidad de los intercambios interdisciplinarios en los que las diferentes miradas aportan soluciones inesperadas a problemas que muchas veces los especialistas no pueden resolver precisamente por estar englobados en sus especialidades. Este es el motivo por el que se suelen contratar diversas profesiones para indagar en un mismo problema. En un edifico en torre los arquitectos debatían entre si que hacer con cuellos de botella que se producían en las paradas de los ascensores puesto que no había posibilidad alguna de construir nuevos tramos, hasta que quien limpiaba pisos dio en la tecla. Fue colocar grandes espejos que permitieron descomprimir ya que la gente se demoraba en observarse y arreglarse.

No es argumento serio el mantener que hay que seguir con determinado organigrama estatal porque siempre se hizo así o porque otros lo hacen de esa manera. Salvando las distancias, equivale a la sandez de la respuesta cuando se insistía en abolir el bochorno de la esclavitud: que esto se venía sucediendo por miles y miles de años.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En relación a Maradona

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/11/20: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/relacion-maradona.html

Se presenta un problema de difícil resolución. Se observan escritores, poetas, profesionales y en todos los órdenes de la vida donde hay una especie de separación o corte entre su producción y su vida privada o, si se quiere, la vida pública que resulta distinta y a veces opera en dirección contraria a los talentos por los cuales es más conocido. ¿Una cosa tiñe a la otra o deben analizarse por separado? ¿Pueden cortarse en tajos o deben estudiarse en conjunto y como un todo?

Por ejemplo, ¿debe tenerse en cuenta cuando uno entra al quirófano que el excelente cirujano a cargo es un pésimo jugador de golf? Parecería que son dos planos que no se entrecruzan al momento de la operación. Resulta irrelevante como se desenvuelve en el campo de golf a los efectos del manejo del bisturí. ¿Y si se descubre que trata mal a sus hijos? Puede lamentarse pero no interfiere con sus dotes profesionales. ¿Y si es un entusiasta de sistemas totalitarios? También puede criticárselo por esa inclinación lamentable a esclavizar a su prójimo pero en general se seguirá con la idea de aceptar sus talentos médicos. ¿Y si trascendió que la mató a su mujer a cuchillazos? Bueno ahí la cosa cambia pues producirá cuanto menos algún escozor y habrá cierta reserva en seguir adelante con el proyecto de ponerse en manos de un criminal por más que se luzca con sus habilidades de facultativo avezado.

Esta secuencia de ejemplos que van de lo menor a lo mayor apuntan a que en definitiva la apreciación de si un plano tiñe o no a otro se torna un tanto subjetivo y, por momentos, pastoso. Hay personas que sostienen que la destreza formidable de Pablo Neruda como poeta no perjudica ni cambia por el hecho de haberle cantado loas a un asesino serial como Stalin. Los hay quienes estiman que la vida privada de Woody Allen no modifica su condición histriónica. El premio Nobel en literatura Eugen O´Neill era alcohólico, José Saramago -con idéntico galardón en el mismo rubro- ha escrito novelas notables como Ensayo sobre la lucidez Las intermitencias de la muerte que por momentos parecen contradecir su marxismo.  Correlatos similares reñidos con las conductas decentes van para los Picasso, Dalí y tantos otros lo cual no parece afectar a quienes aprecian sus obras. Pero, otra vez, esto depende de cada uno. Hay quienes después de determinado recorrido les resulta imposible disfrutar de una obra pues surge la tintura de marras que se extiende como una mancha imparable de un ámbito a otro. En sentido contrario, no puede decirse que el criminal de Hitler queda teñido por lo cariñoso que era con sus perritos.

Por supuesto que no sería razonable ni lógico que se pretendiera la perfección como ser humano para aprovechar los talentos de tal o cual personaje puesto que la perfección no es un atributo de los mortales. Todos tenemos defectos. Es entonces un asunto de equilibrio, juicio prudencial, debidamente masticado y decantado, pero la subjetividad en definitiva marca el rumbo. No parece que pueda concluirse como hacen algunos que son dos andariveles completamente distintos e independientes y que en ningún caso se los puede mezclar. En casos extremos la mezcla es inevitable, es un asunto de graduación personal.

En relación a Diego Armando Maradona con todo el inmenso respeto a la familia y amigos, señalo que debe separarse su extraordinaria capacidad y agilidad muscular y notable destreza con la pelota de futbol, por una parte, de su persona, por otra. No es digno de emularse el uso de sustancias prohibidas en el ejercicio del deporte de marras, ni es para alabar la confesión pública del propio Maradona en tono de gracia que el episodio de la “la mano de Dios” fue gol con su diestra. Tampoco es aconsejable su apoyo entusiasta a dictadores castristas y chavistas que como ellos vivía como gran capitalista y como ellos se hizo atender en un buen sanatorio privado. Su vida íntima es otro asunto en el que no caben juicios ajenos a su propia persona. Y no es para caer en la sandez de sostener que no hay que juzgar puesto que ese es un juicio. Se trata de preservar autonomías individuales que solo el sujeto actuante conoce bien.

A veces ocurre que el éxito no es buen consejero cuando se administra sin medir consecuencias sobrepasando los límites en la conducta que impone el recato y la razonabilidad de los propios actos del exitoso. Es una pena que los excesos de Maradona hayan provocado su muerte prematura. Sus primeros pasos fueron de notable mérito que salieron de una familia muy pobre, pero los desvíos reiterados se pagan caro.

En el caso de Maradona en no pocas oportunidades se aplicó la falacia de generalización, esto es por la razón de que una persona demuestra talento en un área se lo consulta sobre todo, lo cual si el candidato acepta elaborar sobre lo que desconoce por completo incurre en papelones de distinta monta. Como ha dicho Einstein “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos” y, agregamos nosotros, en lo que creemos saber debemos andar con pies de plomo.

Siento que el funeral de Maradona se haya convertido en un bochorno lamentable, un espectáculo dantesco de la peor calaña que debe haber hecho sufrir a sus familiares y allegados. Que descanse en paz.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

En torno al teletrabajo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 21/11/20 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/torno-teletrabajo.html

Se ha dicho que debido al teletrabajo que tanto se ha desarrollado en medio de la pandemia que a todos nos envuelve, cambiarán las características del voto. Esto pensamos es por varios factores posibles debido a que con el tiempo las urbes tenderán a desconcentrarse en alguna medida. En consecuencia, se descomprime la influencia de las masificaciones que presionan para disolver lo individual en aras del grupo. Aparecen allí los “líderes” que acentúan el problema concentrando poder, en lugar de cada uno liderar sus propias vidas.

En este contexto, por contraste, en las afueras de las grandes ciudades se facilita el pensamiento independiente al tiempo que hay mayor contención de las familias muchas veces ausentes en las urbes cuando la inmigración de las afueras a la urbe se debe llevar a cabo en soledad. También es del caso apuntar que la agricultura y equivalentes  asientan con mayor fuerza a los titulares que en las grandes ciudades donde habitualmente se rota de empleo y, por otra parte, el hecho de habitar una casa no es igual a vivir en un apartamento pues en el primer caso sobresale la particularidad, situación que en el segundo caso desaparece para subsumirse en el promedio.

Todo lo dicho tiende a hacer que el espíritu tradicionalista y conservador-liberal se fortalezca en pueblos y zonas rurales del interior y, por los antedichos motivos, tiende a multiplicarse el espíritu más bien estatista y centralizador en las urbes.

Desde luego que todo esto son influencias y no un “determinismo espacial” como bautiza este fenómeno Helena Béjar en El corazón de la república obra en la que cita a Jefferson que en carta a James Madison en 1787 advierte sobre el peligro de “apilarnos unos sobre los otros en grandes ciudades, como en Europa,  [así] nos corromperemos tanto como ellos.”

Y lo dicho no va solo para quienes poseen campos o chacras sino para quienes están directamente vinculados a empresas cuyos activos están grandemente constituidos por extensiones de tierras como las vitivinícolas o azucareras. Estas concepciones tradicionalistas se trasmiten a las descendencias por más que vivan en las urbes.

Como han puntualizado autores de la talla de Gustave Le Bon en La psicología de las multitudes “Es se observar que entre los caracteres especiales de las muchedumbres hay muchos, tales como la impulsividad, la irritabilidad, la incapacidad para razonar, la ausencia de sentimientos y de espíritu crítico”, “el sentimiento de responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente”, “el contagio interviene igualmente”, “el individuo, sumergido por algún tiempo en el seno de la muchedumbre […] se encuentra bien pronto en un estado particular que se aproxima mucho al estado de fascinación en que se halla hipnotizado en manos del hipnotizador” porque “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez.”

Alexis de Tocqueville también mostraba gran desconfianza por las masificaciones en La democracia en América donde subraya que “la mayoría posee un imperio tan absoluto e irresistible, que es necesario en cierto modo renunciar a sus derechos de ciudadano, y por decirlo así a su cualidad de hombre” puesto que “en los tiempos de igualdad, los hombres no tienen ninguna fe los unos en los otros a causa de su semejanza, pero esta misma semejanza les hace confiar de un modo casi ilimitado en el juicio del público, porque no puede concebir que, teniendo todos luces iguales, no se encuentre la verdad al lado del mayor número.”

Sin duda que el factor decisivo en todo esto reside en la educación, es decir en la trasmisión de valores consistentes con el respeto recíproco, lo cual sucederá en la medida de la independencia de las instituciones educativas y la abolición de reparticiones estatales que pretendan dictaminar acerca de estructuras curriculares en lugar de abrir cauce a la competencia entre entidades al efecto de lograr la mayor excelencia académica con auditorias cruzadas en un proceso cuya naturaleza estriba en la prueba y el error en un contexto evolutivo. De todos modos, lo señalado sobre el ámbito en el que se desenvuelve cada cual influye -no determina- las conductas que en nuestro caso pueden a su vez influir sobre el mapa electoral.

Claro que el teletrabajo no solo posiblemente influirá en los resultados del proceso electoral sino en multiplicidad de otras áreas, por ejemplo en la inmobiliaria puesto que ya no tendría sentido construir oficinas ampulosas cuando los empleados trabajan en sus domicilios. Cierro con una referencia personal que hace a la ahora más extendida utilización del Zoom. Como tengo cierta alergia a las aduanas, migraciones, aviones, hoteles y demás parafernalia (los viajes serán solo por placer), este nuevo sistema me permite dictar clase por aulas virtuales y pronunciar conferencias desde mi biblioteca sin desplazamientos enojosos. Por otra parte, el sistema permite reunir una cantidad sustancialmente mayor de participantes ubicados en muy diversos países. Esto del teletrabajo y el Zoom puede colocarse en el lado del activo de esta desgracia de la pandemia que a todos nos afecta.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La “latinoamericanización” de las elecciones en los Estados Unidos

Por Constanza Mazzina. Publicado el 7/11/20 en: https://www.cronista.com/columnistas/La-latinoamericanizacion-de-las-elecciones-en-los-Estados-Unidos–20201107-0009.html

¿Qué ha pasado que, de repente, el proceso electoral norteamericano tiene tanta prensa? ¿Por qué tanto interés, tanto fanatismo, tantas horas dedicadas a este tema? ¿Comprendimos la importancia y las consecuencias de las elecciones que ocurren allá para nuestros países? O, ¿será que esta vez aquellas elecciones se asemejan mucho a las que ocurren en estas latitudes? Algunas similitudes nos llevan a comprender que, quizás, en este año electoral, un proceso electoral que ocurría como un trámite mas de la vida cotidiana y no la alteraba, se ha convertido en una verdadera batalla. Por lo pronto, podemos señalar ciertos patrones: La creciente polarización. La violencia política. Las denuncias de fraude. El “establishment” político. Todas estas características, tan típicas de nuestras democracias, y que, con distintos matices, han estado presentes en las democracias latinoamericanas de la tercera ola, parecieran haberse exportado a las elecciones de los Estados Unidos. Comencemos por la polarización: en Estados Unidos se está dando lo que el VDEM Project denomina “polarización tóxica”: las sociedades se dividen en “desconfiados mutuos”, en “nosotros contra ellos”. La política antagónica. Esta polarización tóxica va más allá de las disputas propias de la democracia sobre políticas (policies), y divide a la sociedad. Por ejemplo, las encuestas de opinión tanto en los EE.UU. como en Turquía muestran que los ciudadanos son cada vez más reacios a aceptar a alguien que apoya a otro partido político como cónyuge, amigo de su hijo o, incluso, como vecino.

Cuando los desacuerdos políticos sobre la política se traducen en el rechazo a los oponentes como un compañero aceptable (tolerancia mutua), la democracia se debilita. La propagación de la polarización tóxica, esa grieta que atraviesa a muchos países de nuestra región, es una estrategia peligrosa. Una vez que las élites políticas ya no creen que los oponentes políticos son legítimos y merecen el mismo respeto, se vuelve menos probable que se adhieran a las reglas democráticas en la lucha por el poder. Como decía Serrafero (2013) “la lógica de la polarización y el conflicto reemplaza a la lógica de la negociación y la resolución pacífica de controversias entre los distintos sectores e intereses”. Esto puede poner en marcha un círculo vicioso de desconanfiaza mutua y una violación de las normas que es difícil de detener. De la mano de ello, dos características que son causa y consecuencia: la violencia política y el fraude. Una reciente nota de la BBC comenzaba diciendo “La Casa Blanca y el Congreso rodeados de rejas, calles cerradas, vidrieras tapiadas, negocios con planes de cerrar antes del anochecer, la Guardia Nacional desplegada, policía y agentes federales en alerta…”. El USA Today y la Universidad de Suffolk mostraron una encuesta según la cual tres de cada cuatro votantes estaban preocupados por una potencial violencia postelectoral y solo uno de cada cuatro estaba “muy seguro” de que la transferencia de poder sería pacífica si Biden derrotara a Trump.

Luces oscuras se ciernen sobre el proceso por las denuncias de manipulación de los votos. Este punto es importante porque el fraude es un cuestionamiento a todo el proceso y su transparencia. Piedra basal de la democracia es un proceso electoral libre y transparente. Si ponen en entredicho esto, el ataque no es solo a Trump o a Biden, sino a todo el sistema. El resultado estará teñido de dudas y el presidente que sea electo en este proceso nacerá con una legitimidad cuestionada. La consecuencia que se ha aprendido es que el proceso electoral no es solo el acto de votar sino de fiscalizar el resultado. Finalmente, el establishment. Muchos presidentes de la tercera ola acrecentaron su popularidad con un discurso rupturista de la “vieja clase política”, pero terminaron convirtiéndose en parte de aquello que denostaban. Así, nos acostumbramos a hablar de las “familias políticas”, fenómeno que en la Argentina lo encontramos a nivel nacional, provincial y municipal. Resulta que la política norteamericana no es ajena a este fenómeno, desde los Kennedy a los Clinton, o los Bush. En los últimos años, los hijos de Donald Trump se han involucrado fuertemente en política, pero, incluso, Biden, antes de ser el vice de Obama en sus dos mandatos, había sido senador por seis períodos. Reelecciones indefinidas de por medio. El mesianismo de Trump no ha hecho sino acercarlo al modo típico en que ejercen el poder los presidentes latinoamericanos.  Hasta ahora, las instituciones norteamericanas han servido de limite a los intentos de concentración del poder alrededor del ejecutivo. Esta contención institucional es vital para la salud de la democracia.

Constanza Mazzina es doctora en Ciencias Políticas (UCA), master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Fue investigadora de ESEADE, Fundación F. A. von Hayek y UADE. Fue docente de la Universidad del Salvador en grado y postgrado y en el postgrado en desarme y no proliferación de NPSGlobal. Es profesora de ciencia política en la Fundación UADE.

El costo o beneficio político de las reformas económicas

Por Martín Krause. Publicado el 18/4/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/10/26/el-costo-o-beneficio-politico-de-las-reformas-economicas/

Los cambios “liberalizadores” aceleran el crecimiento económico, lo cual es una buena noticia y confirma los argumentos de quienes las proponen, pero su efecto se hace evidente a los cuatro años en promedio

El economista Alberto Francesco Alesina (Stefano Carofei / AGF)

El economista Alberto Francesco Alesina (Stefano Carofei / AGF)

En marzo de este año falleció Alberto Alesina, profesor de Economía de Harvard, tal vez uno de los más destacados de un grupo de economistas italianos que alcanzaron posiciones académicas destacadas en Estados Unidos en los últimos años. Entre otras áreas, escribió sobre los “ciclos políticos” que afectan a la economía, un tema que interesaría en cualquier país y preocupa en el nuestro.

Pocos meses antes de su muerte, a los 63 años, publicó un artículo particularmente interesante para nuestro futuro sobre el impacto de las reformas estructurales en los resultados electorales (Alberto F. Alesina, Davide Furceri, Jonathan Ostry, Chris Papageorgiou y Dennis Quinn: Structural reforms and elections: evidence from a World-Wide new data set; NBER, WP 26720; enero 2020).

Obtuvieron datos de reformas estructurales en 90 países entre 1973 y 2014, 66 de los cuales son democracias. Las reformas incluyen cambios en la estructura económica local como también liberalización comercial y financiera respecto al resto del mundo. Muestran que desde fines de los años 1980 hubo una clara tendencia hacia la apertura y liberalización de las economías, particularmente en los años 80s en los países desarrollados y en China, por ejemplo, y en los 90s en países “en desarrollo” como India o algunos latinoamericanos. Esas liberalizaciones fueron más agresivas en Europa (desregulación financiera, cielos abiertos, etc.).

Pero aquí viene lo que más nos interesa, el impacto político de las reformas. Las reformas “liberalizadoras” aceleran el crecimiento económico, lo cual es una buena noticia y confirma los argumentos de quienes las proponen, pero su efecto se hace evidente a los cuatro años en promedio. No es una buena noticia, teniendo en cuenta los incentivos a corto plazo de la política.

El político tiene una perspectiva que llega hasta la próxima elección, a lo sumo a la siguiente en la que espera ser reelecto y un remedio para dentro de cuatro años no lo motiva. Es probable que tenga que asumir el costo de corto plazo para que otro luego se lleve los laureles. Entonces no hace las reformas, y también termina fracasando, por supuesto, pero prefiere una política populista que, tal vez, le permita obtener un buen resultado en la próxima elección… y después veremos qué pasa.

El estudio mencionado muestra que las reformas implementadas cuando la economía crece generan crecimiento adicional comparadas con las reformas que se hacen en períodos recesivos. Parece, y no extraña, que los votantes no captan que es necesario un cierto tiempo para que se obtengan resultados de las reformas. Si el gobernante lleva adelante una reforma liberalizadora en el año previo a la elección, va a ser castigado por los votantes, porque no ven que los resultados se toman su tiempo. El voto del partido gobernante cae si las reformas se llevan a cabo en el año electoral, pero podrían disiparse si se hacen justo después de la elección. Para nosotros, esto nos dice que nos olvidemos de reformas estructurales de acá hasta las elecciones de 2021, pero nos da una mínima esperanza de que ocurran después de esas elecciones.

Pero algo va en contra, incluso de esa alternativa. Para Alesina, cuando las economías están cayendo las liberalizaciones son castigadas en las urnas; en cambio, cuando se hacen con la economía en expansión, son recompensadas. Los votantes no llegan a comprender o diferenciar los efectos del ciclo económico y la reforma misma y castigan a un gobierno por las reformas realizadas en períodos de recesión. Esto no es una buena noticia para nosotros porque nos coloca en una encrucijada: los votantes castigan reformas en períodos de recesión, pero si no hacemos las reformas no podemos salir de la recesión. Atrapados sin salida.

No obstante, para no perder todas las esperanzas, Alesina encuentra que la mayoría de las reformas ocurren durante recesiones, lo que es contraproducente desde el punto de vista electoral, pero muestra que las reformas son muchas veces impuestas por los hechos, a pesar de las encuestas.

Bueno, esto nos deja una oportunidad ya que aquí los hechos dicen mucho más que las palabras, el precio del dólar blue habla más que los discursos de funcionarios u opositores. Hacer las reformas puede generar rechazo electoral, y tendremos elecciones en 2021, pero no hacerlas puede generar un costo mayor todavía. Así es, los argentinos a veces votamos más con los dólares que con las boletas electorales.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

A PROPÓSITO DE WOODY ALLEN (Una reflexión sobre su autobiografía: A propósito de nada, Alianza Editorial, 2020).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/10/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/10/a-proposito-de-woody-allen-una.html

Woody Allen acaba de escribir su autobiografía. Creo que es un buen momento. Acaba de cumplir 85, ha hecho unas 50 películas, está afectivamente estable, y su carrera como director parece haber llegado a un impasse por motivos que son de público conocimiento.

El libro, al menos la versión española (lamenté no poder leer su Inglés, o sea, lamento no haber podido leerlo a él) dice ya mucho en su formato. Tapas negras, el título y nada más, sin introducción, sin capítulos, sin índice, en epílogo, sin fotos. Sin nada excepto él.

Por supuesto no vamos a relatar su autobiografía al lector. Allí está el libro. Simplemente vamos a destacar algunos aspectos.

Me llamó la atención que, desde el comienzo, Woody tiene una alta conciencia de la no necesidad de su existencia, conforme a ese existencialismo agnóstico que siempre lo acompañó. Destaca que estuvo a punto de no nacer tres veces, sin que el universo se perdiera nada por ello. La primera vez porque su padre fue uno de los pocos sobrevivientes de un naufragio. La segunda, porque la boda de sus padres estuvo a punto de suspenderse dado que a su padre se le ocurrió robar el diamante de una prima. El tercero fue cuando una niñera lo envolvió en pañales y lo amenazó con asfixiarlo y tirarlo a la basura. Saque el lector las consecuencias psicológicas de esto último.

Otro tema interesante es la opinión que Woody tiene de sí mismo: un analfabeto misántropo al que sólo le gusta el béisbol, el jazz que toca mal, que no leyó nada importante en su vida y un mal aficionado a la magia. Lo único que hace bien es escribir chistes. ¿Intelectual? No, la gente está loca. Nada más lejos. Comenzó a leer algunas cosas para poder salir con chicas; puede intercalar algunas frases sueltas de filosofía, literatura o psicología de modo tal que parezca que él las entiende, y leyó algo de filosofía contemporánea sólo para acompañar los estudios de su primera esposa, Harlene, que obtuvo un Mayor en Filosofía. Filmar películas es una estupidez. Hay que tomar una cámara y tener cuidado de destapar la lente, contratar a buenos actores, dejarles improvisar y hacer lo suyo, y listo. Ah, claro, él escribe el guión, que es lo más importante. Pero nunca ha hecho, según él, una gran película. Genios son Bergman y otros. El no. Jamás ensaya, excepto una vez y le fue mal, nunca ve sus películas, a las 17 se va a ver beisbol o tocar (mal) jazz. Lo único que disfruta es hacer el guión y rodar la película. El éxito no está en sus planes. Lo que diga la gente tampoco. La Rosa Púrpura de El Cairo, Zelig, Broadway Danny Rose, Misterioso asesinato en Manhattan y Sombras y nieblas, son tal vez algunas de las que menos le disgustan. Pero ninguna es una gran película. El Séptimo Sello, esa es una película. Las de él fueron intentos de acercamiento.

La escuela era por supuesto una absoluta estupidez, el Instituto Hebreo también (él quería comer cerdo y las chicas de la sinagoga eran más interesantes que los aburridos rabinos)  y la universidad también.  El sólo escribía chistes. A partir de allí, una cosa fue llevando a la otra, con mucha gente buena en el camino. De los chistes en los diarios a guionista de comediantes, de guionista a comediante monologuista a guionista de una película que él no dirigió y, por supuesto, le arruinaron el guión. Nunca más. Desde entonces jamás filmó nada donde no tuviera total libertad de decidir sobre el guión, aunque nadie fuera a ver el resultado, como le ocurrió varias veces. Sus demás películas siempre tuvieron un público muy limitado, aunque algunas tuvieran gran repercusión, para su total asombro. Cuando terminó de ver Manhattan rogó a los productores que destruyeran el film.

Es impresionante el agradecimiento y la caridad de la que habla de todos: actores, productores, comediantes, escritores y hasta políticos que conoció a lo largo de toda su vida (una vida que, seguramente por el tercer episodio, transcurre en la seguridad de las ciudades y sus restaurantes, bares y clubs). Woody Allen es una persona sensible y empática a pesar de su timidez, que lamenta profundamente los pocos amigos que perdió.

De sus mujeres habla con total amor, respeto y admiración. A sus dos primeras esposas, (Herlene Rosen y Louise Lasser) de las que siguió siempre siendo amigo, las salva totalmente de cualquier responsabilidad en el fracaso de los respectivos matrimonios. Tuvo luego tres relaciones más aunque sin casarse: Diane Keaton, Stacey Nelkin y Mia Farrow. Y finalmente, su tercera esposa, Soon-Yi, con quien afirma tener su verdadero matrimonio, desde 1997, con dos hijas adoptadas.

A Diane Keaton, su amiga eterna, la idolatra, como mujer y como actriz. De Stacey habla con una conmovedora ternura. Pero dedica mucho tiempo a explicar sus problemas con Mia Farrow y la falsedad de sus acusaciones, y se disculpa al final por ello. Es que aunque diga que no le importe, le importa, y creo que sospecha que a algunos también nos importa escuchar su versión.

Nunca vivió con Mia Farrow ni tampoco fue padre adoptivo de la mayor parte de hijos adoptivos de Mia (a quien admira como actriz apenas un poquito por debajo de Diane Keaton). Excepto de Dylan, y además de Moses, que no se sabrá nunca si es hijo de él o de Frank Sinatra.

O sea que nunca fue padre adoptivo de Soon-Yi.

Sobre las desavenencias entre él y Mía, sobre las rarezas de Mía como madre, sabrá el lector en quién confiar. Yo confío en Woody, lo considero una persona honesta, afable, generosa e incapaz de mentir, pero veremos al final por qué la mayor parte de la gente puede admirarlo pero no confiar en él.

Lo que es independiente de la palabra de Woody son los dos informes sobre el supuesto abuso de Dylan Farrow. Creo que Woody merece que el lector los lea. El primero es de la Clínica de Abuso Sexual infantil del Hospital Yale-New Haven: “…Según nuestro dictamen, Dylan no fue sexualmente abusada por el Sr. Allen. Más aún, creemos que las declaraciones videograbadas de Dylan y las que efectuó ante nosotros durante nuestra evaluación no hacen referencia no hacen referencia a sucesos reales que hayan ocurrido el 4 de Agosto de 1992 (…) Para llegar a esa opinión, hemos considerado tres hipótesis como explicación de las declaraciones de Dylan. Primero, que esas declaraciones eran ciertas y que el Sr. Allen había abusado sexualmente de ella; segundo, que las declaraciones de Dylan no eran ciertas sino que habían sido inventadas por una niña emocionalmente vulnerable atrapada en una familia perturbada y que estaba reaccionando a las presiones que tenían lugar en el seno de esa familia; y, tercero, que Dylan fue aleccionada o influida por su madre, la señora Farrow. Si bien podemos concluir que Dylan no sufrió abusos sexuales, no podemos asegurar que el segundo o el tercer supuesto sean ciertos separadamente. Creemos que lo más probable es que una combinación de esos dos supuestos sea lo que mejor explique las acusaciones de abuso sexual efectuadas por Dylan”.

El segundo corresponde al Centro de Bienestar Infantil del Estado de Nueva York:  “No se ha hallado ninguna evidencia creíble de que la niña haya sufrido abusos o malos tratos. Por lo tanto esta denuncia se considera infundada” (7 de Octubre de 1992).

Es debido a estos informes que la acusación nunca llegó a juicio. Sin embargo en el juicio por la tenencia de los niños, a Woody se le prohibió ver a Dylan para siempre, y el dolor que eso significó para él fue terrible.

Mi opinión es que Woody es un genio que, como todos los genios, se ignora. Sabe más de filosofía y de psicoanálisis mucho más de los que tienen 8.000 doctorados en ambas cosas, pero él no se da cuenta. Tampoco se da cuenta de la creatividad que tiene. Para él escribir y filmar una película como las de él es una trivialidad. Y bueno, sí, a Mozart también le era fácil componer y a Unamuno escribir. Al resto de los mortales sólo nos queda admirar y gozar de la belleza regalada por Dios hacia nosotros por medio de estos casi no mortales tocados por la vara del infinito. Justo a Woody, precisamente, que, según sus propias palabras, nunca soportó ser finito.

Por supuesto, a Woody se le acercaba gente muy capaz sin mayores envidias. Pero mi hipótesis es que el público que lo sigue tiene con él una relación amor-odio, y mucho más la gente que no sabe nada de él, escucha algún medio amarillista o ha visto apenas 10 minutos de alguna de sus películas.

Mi falible hipótesis es que así como Toulouse-Lautrec retrataba los cabarets de París, Woody retrata neuróticos. O sea, a todos nosotros, como somos (no como deberíamos ser) con todos nuestros conflictos y debilidades. Por un lado nos divierte, pero por el otro, no nos gusta. Sobre todo, dado que el inconsciente es poderoso, no le perdonamos a Woody que describa, aunque con mucha misericordia, los dramas y a veces ridiculeces de nuestra vida sexo-afectiva. Tampoco esta época contradictoria, de supuesta libertad sexual, le perdona a Woody que haya puesto tanto acento y humor en el tema de nuestras desventuras sexuales. La gente ignora, por lo demás, los profundos valores morales defendidos por Woody en sus películas, sobre todos los temas y también los sexuales, en particular la fidelidad. Lo que ocurre es que los considera muy difíciles en el mundo real. Cualquiera puede opinar lo contrario, por supuesto, especialmente si NO ha visto en profundidad sus casi 50 películas.

Por eso, cuando surgió la acusación de Mía Farrow, muchos dijeron, en su inconsciente, en su discurso latente: “y, claro….. Tenía que ser”.

El último episodio, del de Dylan hablando de su abuso, fue particularmente terrible para Woody. Un Woody que, a pesar de ser un líberal (con tilde en la i) que vota a los demócratas, se dio cuenta del extremo al que había llegado el movimiento me too[1] y el pánico que producía en muchos actores y etc. que le confesaban que creían en él pero no podían hacerlo público. Por supuesto, Woody se encarga de agradecer, uno por uno, a todos los que resistieron ese embate final. Alec Balwin, Blake Lively, Scarlett Johansson, Joy Behar, Waly Shawn, sus dos ex esposas, y por supuesto Diane y Stacey. También Bod Weide, cuyo heroísmo merece una mención a parte por Woody Allen. A la lista se agregan Ray Liotta, Catherine Deneuve, Charlotte Rampling, Jude Law, Isabel Huppert, Pedro Almodovar y Alan Alda.

Pero todo esto lo ha reconcentrado más en sí mismo y ha acentuado esa visión escéptica que siempre tuvo de este mundo cruel. Dice que nada de esto le importa -lo dudo- y vive concentrado en su matrimonio, sus hijas, y sigue escribiendo en su máquina de escribir Olympia que tiene hace desde sus 16 años. No sabemos cómo será el resto de la vida de Woody, pero estamos ahora ante un genio recluido en el refugio de su matrimonio y de su arte. Sus películas son eternas y con eso ha alcanzado su no finitud. Por ahora tenemos a un Woody “triste y melancólico”, que vive con un regalo de Dios, Soon-Yi, y que, según sus propias palabras, más que en los corazones y la mente del público, prefiere seguir viviendo en su casa[2].


[1] Woody afirma, oh herejía, que no necesariamente todo lo que diga una mujer es verdad, y para ello cita el episodio de los chicos de Scotssboro.

[2] Así termina el libro, con otro de sus chistes. Le regalo al lector algunos de los que aparecen en este libro, aunque el humor de Woody es eminentemente contextual y muchos de ellos sólo tienen sentido en el contexto de las anécdotas relatadas:   “…No habrán experimentado lo que es la vida hasta que hayan tenido que esperar en una sala de urgencias con un roedor a las dos de la mañana junto a un hombre que tiene un loro que estornuda” (p. 68; me estoy permitiendo sacar el Español madrileño del traditore/traductor). “…En aquellos tiempos los aviones tenían hélices, lo podían hacer vuelos directos de esa distancia y, lo peor de todo, se desplazaban en el aire” (p. 99). “…¿El universo se está deshaciendo a la velocidad de la luz y a ti te preocupa que un tipo de Sheboygan ponga objeciones al ritmo de tu filme?” (p. 210). Sobre los actores: “Lo cierto es que su no hacen nada desquiciado, como abalanzarse hacia mí con una navaja, tiendo a contratarlos”(p. 214). Sobre su juego de química de la infancia: “…Aún así, logré crear una tintura naranja y teñí de ese color el abrigo marrón de castor de mi madre. Por alguna razón, eso la molestó y trató de matarme con un tenedor para ensaladas…” (p. 311). Sobre la invitación que Bergman le hizo para ir a su isla: “Lo veneraba como artista, ¿pero quién desea subirse a un avión minúsculo para viajar a una isla propiedad de los rusos donde no hay más que ovejas y donde te dan yogur para comer? No soy tan fanático” (p. 340). Sobre cuando practica el clarinete en su casa con Soon-Yi: “Más tarde, ella se pone unas orejas insonorizadas como las que usan los operarios de los aeropuertos supersónicos y yo practico el clarinete” (p. 362). “Es cierto que Soon-Yi tiene una personalidad fuerte y avasalladora y toma todas las decisiones que tienen repercusión en nuestras vida, como dónde vivimos, cuántos niños tendremos, a qué amigos vemos y cómo gastamos nuestro dinero, pero yo sigo siendo el que manda en lo referente a los viajes espaciales” (p. 377). “Desayunamos, almorzamos y cenamos juntos casi todos los días. Cualquiera está tentado a pensar que a estas alturas ya hace tiempo que nos habríamos quedado sin nada que decirnos, pero como el clima cambia constantemente, nunca nos falta un tema de conversación” (p. 379). “Si muriera ahora mismo no podría quejarme…. Como tampoco se quejaría mucha otra gente” (p. 380). “Jamás acepto ningún galardón cuya concesión depende de que yo esté presente en el acto” (p. 392). Sobre Carla Bruni: “Ella miró a su marido en busca de alguna señal sobre qué pensaba de que ella se involucrara con un sucio plebeyo, y como él dijo que no veía nada malo en ella, Bruni aceptó” (p. 399). Sobre Roberto Benigni: “El no hablaba Inglés y yo no hablaba Italiano, de modo que no pude arruinar su intervención con mis instrucciones” (p. 402). “A mí me parece que la única esperanza de la humanidad reside en la magia. Siempre he detestado la realidad, pero es el único lugar donde se consiguen alitas de pollo” (p. 407). “…No puedo negar que encaja con mis fantasías poéticas ser un artista cuya obra no puede verse en su propio país y se ve obligado, debido a circunstancias injustas, a buscar su público en el extranjero. Pienso en el gran Henry Miller. En D.H. Lawrence. En James Joyce. Me veo de pie entre ellos, con actitud desafiante. Es más o menos en ese momento cuando mi mujer me despierta y dice: estás roncando” (p. 431). 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Más vale rey constitucional que absolutista

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 29/9/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/09/29/mas-vale-rey-constitucional-que-absolutista/

 Escribo esta columna desde una república, la Argentina, que va camino de ser Venezuela sino Cuba. Hoy, de entre los argentinos el 50% es pobre, el 95% tiene un salario mensual inferior a € 400, y algo tan normal como comprar -moneda extranjera- euros es “delito”. En contraposición, Isabel II es monarca de la potencia con la democracia más antigua, y envidiable.

               Suele atribuirse el término “poder blando” a Joseph Nye, de Harvard, lanzado en su libro “Bound to Lead: The Changing Nature of American Power” (1990), y en “Soft Power: The Means to Success in World Politics” (2004). No es verdad que el poder, la autoridad, para ser real debe estar basado en la fuerza. ¿Por qué todavía existen las monarquías, huérfanas de ‘poder real’? La explicación reside en el poder ‘blando’ base de la influencia de organizaciones desprovistas del poder militar que da lugar al ‘poder duro’.

               La iglesia católica y el Vaticano casi sin armas, sobrevive a todos los imperios incluidos los nucleares y ha tenido más autoridad real que cualquier fuerza armada, por caso, tuvo mucho peso en la caída de la URSS.

               Las sociedades no existen debido a un Estado con “poder” policiaco capaz ordenarlas, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es, básicamente, moral: si todos robaran, no habría guardias para detenerlos. Según Aldous Huxley, “las sociedades se mantienen, no principalmente por el miedo… al poder coactivo… sino por una difundida fe en la decencia de los demás”.

               Las monarquías tienen un costo que debería discutirse para que fuera financiada con justicia respecto de los ciudadanos, pero los políticos son enormemente más caros y, lo peor caso, es que su autoridad pivotea en el monopolio de la violencia estatal con la que imponen sus “leyes”. Que tienen que imponerse coactivamente porque no se dan naturalmente, es decir, violan el orden de la naturaleza.

              En España, todavía resuenan las tropelías durante el último gobierno republicano que instauró un régimen de terror con las checas y el asesinato de 6.800 religiosos entre muchas atrocidades y que terminó con una sangrienta guerra civil. 

              Pero hoy el gobierno ibérico tiene un presidente de dudosa vocación monárquica y un vicepresidente segundo que pertenece a un partido antimonárquico, abierto aliado del chavismo venezolano, y están intentando jibarizar los actos del monarca, su visibilidad, para hacerlo desaparecer de la escena pública -como la reciente prohibición a presidir la entrega de los despachos a los egresados de la Escuela Judicial de Barcelona- para algún día simplemente descartarlo.

              Quieren descartar el poder blando, para poder instalar uno duro y puro al estilo de las monarquías políticas -absolutistas, basadas en la imposición policíaca- como la de los Kirchner en Argentina o la de los Castro en Cuba.

                Ahora, cómo ha logrado llegar tan lejos el gobierno español. “La violencia nace del miedo”, aseguraba, entre muchos, el historiador Antony Beevor. Entonces, los políticos abusan del coronavirus para crear pánico con el fin de acrecentar, precisamente, su poder duro ya que las cifras no justifican tanto temor. Según el último informe del CDC de EE.UU., en caso de ser infectado por este virus, las posibilidades de sobrevivir son del 99,997% para quienes tienen hasta 19 años, del 99,98% hasta 49 años, 99,5% hasta 69 años y del 94,6% para quienes superan las siete décadas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El verdadero costo de la política se estima en 6% del PBI

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/15/el-verdadero-costo-de-la-politica-se-estima-en-6-del-pbi/

El Presupuesto general parece reducido, pero es elevado cuando se lo relaciona por cada miembro de las cámaras legislativas y se agrega la masa salarial del total de empleados públicos

Sesión virtual y presencial en el Senado en tiempos de cuarentena (Charly Diaz Azcue / Comunicación Senado)
Sesión virtual y presencial en el Senado en tiempos de cuarentena (Charly Diaz Azcue / Comunicación Senado)

Cada vez que le preguntan al Presidente por qué no se baja el gasto de la política responde: “eso es una medida demagógica” y que no altera el Presupuesto. Incluso legisladores de Cambiemos como Fernando Iglesias o Daniel Lipovetzky, ahora diputado provincial, responden descalificando esa propuesta por considerarla poco relevante en términos de gasto público.

Es más, si alguien muestra, de acuerdo al proyecto de Presupuesto 2020, que el Senado tiene asignada una partida de $12.374 millones, lo que implica un costo operativo por cada legislador de la Cámara alta de $14,3 millones por mes. Mientras que la Cámara de Diputados tiene asignado $11.943 millones, con un costo operativo por miembro del cuerpo de $3,9 millones por mes.

Y, además, la Cámara de Senadores tiene a cargo 5.762 empleados, con lo cual cada integrante tiene, en promedio, 80 empleados y la Cámara de Diputados tiene asignados 5.220 empleados con un promedio de 20 por cada miembro (datos que surgen de la página 16 del presupuesto del Poder Legislativo), al margen de los 1.420 empleados de la Biblioteca del Congreso o de los 498 empleados de la imprenta, etc.

Como se decía, si alguien muestra estos datos, la respuesta es que ese importe es un porcentaje mínimo del PBI o del Presupuesto Nacional y que, además, constituiría un ataque a la democracia. Algo así como decir: “o nos dejan vivir como reyes a nosotros y malgastar la plata de los contribuyentes o son golpistas”. Una forma muy burda de justificar el robo legalizado, como lo llama Bastiat en su libro La Ley.

¿Pero es poco representativo el costo de la política como argumentan algunos políticos para defender el negocio de su actividad? En realidad, se financia con empleos no solo en el Congreso Nacional, sino en empresas públicas, en las administraciones provinciales y municipales.

La incidencia en las legislaturas provinciales

En un trabajo de la Fundación Libertad de Rosario que preside Gerardo Bongiovanni puede verse que en 2019 todas las legislaturas provinciales tuvieron un costo de $41.000 millones, con un cargo promedio de $2,8 millones por mes por cada uno de los 1.199 representantes de los 24 distritos que hay en el país.

Si se toma el Presupuesto 2020 de CABA, la Legislatura tiene asignado $6.176 millones para 60 legisladores, lo que determina un costo operativo de $8,6 millones mensuales por cada uno.

Pero el costo de la política es mucho más que esto. En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios.En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios (Adrián Escandar)En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios (Adrián Escandar)

Cabe resaltar que en 2005 había 2,6 millones de empleados públicos. Es decir, en 15 años se elevó más de 42%, a un ritmo de 2,8% por año, más que duplicando el crecimiento vegetativo de la población en ese período.

La masa salarial de todos los empleados públicos sumandos de nación, provincias y municipios es del 12% del PBI, con lo cual ya se ve que no es se trata de un gasto menor. Y si se resta la masa salarial de las Fuerzas Armadas, Docentes, Fuerzas de Seguridad y Salud, el gasto salarial del aparato administrativo estatal llega a 6% del PBI.

De ahí que si esa parte de la burocracia estatal hubiese tenido la consideración de bajarse un 20% sus sueldos, teniendo en cuenta que el Estado, con su cuarentena feroz, dejó sin ingresos a muchas personas humildes y provocó la quiebra de miles de pequeños comercios y empresas, con el consecuente efecto de pérdida de puestos de trabajo en blanco no menor a 300.000 puestos, se hubiese mostrado algo de solidaridad con aquellos que los mantienen y se podrían haber ahorrado $270.000 millones, casi el monto de lo que se pretende recaudar con el disparate del impuesto a las grandes fortunas.

Pero el gasto de la política no está solamente en el presupuesto de los poderes legislativos a nivel nacional, provincial y municipal, más el despilfarro que se advierte en los poderes ejecutivos y judiciales, también está en lo que los políticos llaman planes sociales pero que en realidad son una fuente de corrupción y clientelismo.infobae-image

Clientelismo político también es haber llevado de 81.539 beneficiarios por invalidez laboral a 1.032.926, como puede verse en el gráfico. Casi un millón más sin haber tenido una guerra, un terremoto o un tsunami. Este programa tiene un costo de $156.487 millones para 2020, según el Presupuesto.

A esto hay que sumarle los 234.432 beneficiarios del programa Hacemos Futuro que nadie sabe de qué futuro se está proponiendo, 266.949 del Plan Proyectos Comunitarios, Jóvenes con Más y Mejor Trabajo con 74.604, Becas Progresar 578.121 beneficiarios; y hay otros programas más.

Los políticos saben muy bien de qué se habla cuando se trata del gasto de la política. No es solamente el descomunal costo que genera cada diputado o senador nacional, provincial o municipal. Es todo un aparato de empleo público y “planes sociales” que han generado una gran masa de clientelismo político para tener el voto cautivo.

Claro que, en semejante masa de gasto político, los diputados y senadores tratan de justificarse diciendo que el costo que operativo de ellos, que es un verdadero disparate, no mueve el amperímetro. Esconden sus grandes beneficios detrás del inmenso gasto que no se limita al sueldo que cobra un senador, un ministro o el mismo presidente. Es la suma de todo el gasto político.

La cultura de la dádiva

Pero el mayor costo de la política que se transformó en un verdadero negocio, es el brutal cambio de valores que generó en la sociedad, por el cual se reemplazó la cultura de trabajo por la cultura de la dádiva, y donde el que es emprendedor, se esfuerza y trabaja, es castigado sin piedad con una carga impositiva asfixiante para sostener este negocio de la política, que en nombre de la solidaridad social, típico discurso para justificar un nuevo nicho de negocio de la política, no para de inventar planes sociales.

¿Por qué esta desesperación, tristeza y amargura de millones de personas que diariamente hacen el esfuerzo de levantarse para con lluvia, frío, calor, piquetes y mil complicaciones más ir a trabajar? Porque el fruto de todo su esfuerzo, que encima hoy está frenado por la eterna cuarentena, le confisca la mitad de su trabajo con impuestos para sostener el negocio de la política.

La gente decente trabaja cada vez más y vive cada vez peor porque el negocio de la política le confisca buena parte del fruto de su esfuerzo diario. ¿Esto significa que tiene que terminar la política? No, significa que tiene que terminar el negocio de la política que está destruyendo la Argentina.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Los sindicatos y el poder estamental: de Platón a Perón

Tanto en La República platónica como en la Comunidad Organizada, los estamentos se mantienen equilibrados por la figura de un líder fuerte con profunda consciencia de qué es lo bueno y que no.

Los sindicatos y el poder estamental: de Platón a Perón

Todo camino introductorio a la filosofía suele converger en sus primeros peldaños en la figura de Aristocles, más popularmente conocido como Platón, que, según la conocida historia, vivió en Atenas, entre los años 427 y 347 antes de Cristo y fue discípulo y principal escriba de esa otra gran figura filosófica que fue Sócrates, el aguijón ateniense.

Hasta ahí, los hechos suelen ser medianamente conocidos, incluso por los que no necesariamente dedican su vida al pensamiento filosófico. Lo que no siempre se dice y se describe en su justa medida, es el contexto en el cual este pensador desarrolla su obra y, justamente, qué sentido tiene ésta para el marco social de su época y, lo que es incluso más importante, para la nuestra.

El gran desvelo del joven Platón, es la formulación de un orden social justo, que aleje la tan temida stasis (del gr. στάσις o guerra civil), que permita el desarrollo armónico de la sociedad y lo que era un clásico del pensamiento antiguo: la vida buena. Esta búsqueda no se daba en un contexto plácido para Platón, sino todo lo contrario. Como suele suceder con las grandes ideas que marcan nuestro destino luego, Platón escribe su tan famosa obra, en el marco de varios fenómenos políticos y sociales que terminarían confluyendo en la caída de Atenas y su pérdida de influencia definitiva en el escenario regional de su época. La rebelión de los treinta tiranos contra la incipiente democracia, que llevó a la muerte de más del 5% de la población ateniense, encabezada en parte por su tío materno Critias, la condena y posterior muerte de su mentor Sócrates, decidida por la voluntad popular, la guerra contra Esparta, el deterioro de las tradiciones y el auge de un sistema fundado en la voluntad de riquezas (de las que tanto desconfiaba), entre otros factores, marcaron definitivamente el pensamiento del joven Aristocles y lo llevaron a proponer ese orden social perfecto que se describe en La República.

En ésta, su obra más reconocida, Platón formula un orden social basado en la conservación de tres estamentos inamovibles: el de Los Filósofos, iluminados conocedores de lo bueno que tienen como principal carga pública la guía de los otros estamentos hacia esa vida buena, los Guardianes, especie de garantes de la seguridad comunitaria que deberán dedicar su vida a la protección interna y externa de la ciudad o polis y el estamento productivo, sobre el que Platón pone poca atención y esperanza, y solo invita a la moderación (voluntaria o impuesta) de sus pasiones.

Independientemente de los cientos de miles de consideraciones que han sido realizadas sobre una obra de tal relevancia, a los efectos de este artículo, baste decir que este intento de orden perfecto, basado en la armonía de cada estamento social, donde la paz y el progreso se consiguen en tanto y en cuanto cada cual haga aquello que ha venido a hacer, no se ha perdido con el tiempo, sino todo lo contrario. Aun cuando el mismo Platón abandona la posibilidad de que un orden así pueda ser sostenido, y ya en obras como El Político y Las Leyes, y con la madurez que traen los años, abandona paulatinamente el idealismo y lleva su producción filosófica por el sano camino de la moderación y el pragmatismo (camino que luego continuará su discípulo Aristóteles), ciertos resabios de este orden perfecto y planificado, continúan existiendo al día de hoy.

El Sindicato Policías provincia de Buenos Aires (Sipoba) se creó en 1989, pero no posee personería gremial. Su integrantes aseguran que la ex ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, la firmó, pero que luego fue

El Sindicato Policías provincia de Buenos Aires (Sipoba) se creó en 1989, pero no posee personería gremial. Su integrantes aseguran que la ex ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, la firmó, pero que luego fue “adulterada”. Ahora, reclaman ante la Comisión Internamericana de DDHH.Sipoba

La Comunidad Organizada es, tal vez, el libro de cabecera de todo buen peronista que quiera abrevar en las ideas principales que dieron forma al movimiento nacional fundado por Juan Domingo Perón. La lectura atenta de lo que el tres veces presidente argentino propone como un orden justo, tiene fuertes reminiscencias con ese sistema platónico que describíamos sucintamente hace unos instantes. Si bien el propio Perón era profundamente afecto a citar a Aristóteles, lo confesase o no, el realismo aristotélico quedaba inmerso en el campo de la pragmática del método, pero el idealismo platónico no dejaba de estar presente en el horizonte de sus fines.

Los estamentos del idealismo peronistas eran diferentes en composición, pero no en naturaleza. La iglesia, como garante moral, el ejército y las fuerzas de seguridad, como atalayas del orden, los sindicatos, como representantes de los sectores trabajadores, los empresarios, como poseedores del capital y, por encima de todos y velando porque todo en su justa medida y armoniosamente se ordene hacia la vida buena, el poder político, encabezado éste en la figura del Presidente de la Nación, encarnada en el propio Perón.

No es el fin de este artículo hacer una crítica profunda a este orden, ni desde un punto de vista normativo, ético o siquiera fáctico, sino tan solo señalar una particularidad que ha sido olvidada. Tanto en La República platónica como en la Comunidad Organizada, los estamentos se mantienen equilibrados por la figura de un líder fuerte con profunda consciencia de qué es lo bueno y que no. Sin ese líder, el sistema es impensado e incluso inviable.

La República Argentina convive en tal sentido entre dos órdenes con identidad profundamente diferente: aquél formal y contenido en la Constitución Nacional, que reconoce solo tres poderes y procedimientos legales para la conformación de éstos y uno material y fáctico, en donde Sindicatos, el clero, movimientos sociales y diversos otros grupos de presión, sostienen un poder para-democrático, con profunda influencia en las políticas públicas que nos rigen. Esto es algo que todo argentino conoce, pero de lo que rara vez se habla, como esos secretos de familia que es mejor no ventilar, para que nadie se incomode.

Baste decir para concluir este artículo que la convivencia de ambos sistemas ha demostrado su fracaso, no solo en el deterioro paulatino de las instituciones republicanas, sino en el magro desarrollo económico y social de nuestro país. Una constitución de origen liberal y un ordenamiento de poder que en la práctica obedece a un sistema estamental o corporativo, no conviven en ningún otro lugar del globo y, tal vez, eso explique por qué Argentina sigue siendo ese cisne negro que a contramarcha de todo el mundo civilizado, retrocede en lugar de avanzar.

Y a lo anterior, proponemos una reflexión extra: ¿cuán vigente sigue incluso, en su original naturaleza, ese orden corporativo ya sin su mentor presente y con una presidencia cada día más debilitada desde el poder fáctico? ¿Cuán sostenible es ese idealismo platónico peronista, cuando la columna vertebral del movimiento y sus derivados coyunturales, los así llamados movimientos sociales, no responden a un poder fuerte que debe guiarlos al bien común sino que se ordenan por una lógica de apropiación de poder y recursos absolutamente particular?

Preguntas que, como esos secretos de familia, nos vendrán a golpear la puerta, inevitablemente, en la noche en la que parece estar entrando nuestro querido país.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad