A PROPÓSITO DE WOODY ALLEN (Una reflexión sobre su autobiografía: A propósito de nada, Alianza Editorial, 2020).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/10/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/10/a-proposito-de-woody-allen-una.html

Woody Allen acaba de escribir su autobiografía. Creo que es un buen momento. Acaba de cumplir 85, ha hecho unas 50 películas, está afectivamente estable, y su carrera como director parece haber llegado a un impasse por motivos que son de público conocimiento.

El libro, al menos la versión española (lamenté no poder leer su Inglés, o sea, lamento no haber podido leerlo a él) dice ya mucho en su formato. Tapas negras, el título y nada más, sin introducción, sin capítulos, sin índice, en epílogo, sin fotos. Sin nada excepto él.

Por supuesto no vamos a relatar su autobiografía al lector. Allí está el libro. Simplemente vamos a destacar algunos aspectos.

Me llamó la atención que, desde el comienzo, Woody tiene una alta conciencia de la no necesidad de su existencia, conforme a ese existencialismo agnóstico que siempre lo acompañó. Destaca que estuvo a punto de no nacer tres veces, sin que el universo se perdiera nada por ello. La primera vez porque su padre fue uno de los pocos sobrevivientes de un naufragio. La segunda, porque la boda de sus padres estuvo a punto de suspenderse dado que a su padre se le ocurrió robar el diamante de una prima. El tercero fue cuando una niñera lo envolvió en pañales y lo amenazó con asfixiarlo y tirarlo a la basura. Saque el lector las consecuencias psicológicas de esto último.

Otro tema interesante es la opinión que Woody tiene de sí mismo: un analfabeto misántropo al que sólo le gusta el béisbol, el jazz que toca mal, que no leyó nada importante en su vida y un mal aficionado a la magia. Lo único que hace bien es escribir chistes. ¿Intelectual? No, la gente está loca. Nada más lejos. Comenzó a leer algunas cosas para poder salir con chicas; puede intercalar algunas frases sueltas de filosofía, literatura o psicología de modo tal que parezca que él las entiende, y leyó algo de filosofía contemporánea sólo para acompañar los estudios de su primera esposa, Harlene, que obtuvo un Mayor en Filosofía. Filmar películas es una estupidez. Hay que tomar una cámara y tener cuidado de destapar la lente, contratar a buenos actores, dejarles improvisar y hacer lo suyo, y listo. Ah, claro, él escribe el guión, que es lo más importante. Pero nunca ha hecho, según él, una gran película. Genios son Bergman y otros. El no. Jamás ensaya, excepto una vez y le fue mal, nunca ve sus películas, a las 17 se va a ver beisbol o tocar (mal) jazz. Lo único que disfruta es hacer el guión y rodar la película. El éxito no está en sus planes. Lo que diga la gente tampoco. La Rosa Púrpura de El Cairo, Zelig, Broadway Danny Rose, Misterioso asesinato en Manhattan y Sombras y nieblas, son tal vez algunas de las que menos le disgustan. Pero ninguna es una gran película. El Séptimo Sello, esa es una película. Las de él fueron intentos de acercamiento.

La escuela era por supuesto una absoluta estupidez, el Instituto Hebreo también (él quería comer cerdo y las chicas de la sinagoga eran más interesantes que los aburridos rabinos)  y la universidad también.  El sólo escribía chistes. A partir de allí, una cosa fue llevando a la otra, con mucha gente buena en el camino. De los chistes en los diarios a guionista de comediantes, de guionista a comediante monologuista a guionista de una película que él no dirigió y, por supuesto, le arruinaron el guión. Nunca más. Desde entonces jamás filmó nada donde no tuviera total libertad de decidir sobre el guión, aunque nadie fuera a ver el resultado, como le ocurrió varias veces. Sus demás películas siempre tuvieron un público muy limitado, aunque algunas tuvieran gran repercusión, para su total asombro. Cuando terminó de ver Manhattan rogó a los productores que destruyeran el film.

Es impresionante el agradecimiento y la caridad de la que habla de todos: actores, productores, comediantes, escritores y hasta políticos que conoció a lo largo de toda su vida (una vida que, seguramente por el tercer episodio, transcurre en la seguridad de las ciudades y sus restaurantes, bares y clubs). Woody Allen es una persona sensible y empática a pesar de su timidez, que lamenta profundamente los pocos amigos que perdió.

De sus mujeres habla con total amor, respeto y admiración. A sus dos primeras esposas, (Herlene Rosen y Louise Lasser) de las que siguió siempre siendo amigo, las salva totalmente de cualquier responsabilidad en el fracaso de los respectivos matrimonios. Tuvo luego tres relaciones más aunque sin casarse: Diane Keaton, Stacey Nelkin y Mia Farrow. Y finalmente, su tercera esposa, Soon-Yi, con quien afirma tener su verdadero matrimonio, desde 1997, con dos hijas adoptadas.

A Diane Keaton, su amiga eterna, la idolatra, como mujer y como actriz. De Stacey habla con una conmovedora ternura. Pero dedica mucho tiempo a explicar sus problemas con Mia Farrow y la falsedad de sus acusaciones, y se disculpa al final por ello. Es que aunque diga que no le importe, le importa, y creo que sospecha que a algunos también nos importa escuchar su versión.

Nunca vivió con Mia Farrow ni tampoco fue padre adoptivo de la mayor parte de hijos adoptivos de Mia (a quien admira como actriz apenas un poquito por debajo de Diane Keaton). Excepto de Dylan, y además de Moses, que no se sabrá nunca si es hijo de él o de Frank Sinatra.

O sea que nunca fue padre adoptivo de Soon-Yi.

Sobre las desavenencias entre él y Mía, sobre las rarezas de Mía como madre, sabrá el lector en quién confiar. Yo confío en Woody, lo considero una persona honesta, afable, generosa e incapaz de mentir, pero veremos al final por qué la mayor parte de la gente puede admirarlo pero no confiar en él.

Lo que es independiente de la palabra de Woody son los dos informes sobre el supuesto abuso de Dylan Farrow. Creo que Woody merece que el lector los lea. El primero es de la Clínica de Abuso Sexual infantil del Hospital Yale-New Haven: “…Según nuestro dictamen, Dylan no fue sexualmente abusada por el Sr. Allen. Más aún, creemos que las declaraciones videograbadas de Dylan y las que efectuó ante nosotros durante nuestra evaluación no hacen referencia no hacen referencia a sucesos reales que hayan ocurrido el 4 de Agosto de 1992 (…) Para llegar a esa opinión, hemos considerado tres hipótesis como explicación de las declaraciones de Dylan. Primero, que esas declaraciones eran ciertas y que el Sr. Allen había abusado sexualmente de ella; segundo, que las declaraciones de Dylan no eran ciertas sino que habían sido inventadas por una niña emocionalmente vulnerable atrapada en una familia perturbada y que estaba reaccionando a las presiones que tenían lugar en el seno de esa familia; y, tercero, que Dylan fue aleccionada o influida por su madre, la señora Farrow. Si bien podemos concluir que Dylan no sufrió abusos sexuales, no podemos asegurar que el segundo o el tercer supuesto sean ciertos separadamente. Creemos que lo más probable es que una combinación de esos dos supuestos sea lo que mejor explique las acusaciones de abuso sexual efectuadas por Dylan”.

El segundo corresponde al Centro de Bienestar Infantil del Estado de Nueva York:  “No se ha hallado ninguna evidencia creíble de que la niña haya sufrido abusos o malos tratos. Por lo tanto esta denuncia se considera infundada” (7 de Octubre de 1992).

Es debido a estos informes que la acusación nunca llegó a juicio. Sin embargo en el juicio por la tenencia de los niños, a Woody se le prohibió ver a Dylan para siempre, y el dolor que eso significó para él fue terrible.

Mi opinión es que Woody es un genio que, como todos los genios, se ignora. Sabe más de filosofía y de psicoanálisis mucho más de los que tienen 8.000 doctorados en ambas cosas, pero él no se da cuenta. Tampoco se da cuenta de la creatividad que tiene. Para él escribir y filmar una película como las de él es una trivialidad. Y bueno, sí, a Mozart también le era fácil componer y a Unamuno escribir. Al resto de los mortales sólo nos queda admirar y gozar de la belleza regalada por Dios hacia nosotros por medio de estos casi no mortales tocados por la vara del infinito. Justo a Woody, precisamente, que, según sus propias palabras, nunca soportó ser finito.

Por supuesto, a Woody se le acercaba gente muy capaz sin mayores envidias. Pero mi hipótesis es que el público que lo sigue tiene con él una relación amor-odio, y mucho más la gente que no sabe nada de él, escucha algún medio amarillista o ha visto apenas 10 minutos de alguna de sus películas.

Mi falible hipótesis es que así como Toulouse-Lautrec retrataba los cabarets de París, Woody retrata neuróticos. O sea, a todos nosotros, como somos (no como deberíamos ser) con todos nuestros conflictos y debilidades. Por un lado nos divierte, pero por el otro, no nos gusta. Sobre todo, dado que el inconsciente es poderoso, no le perdonamos a Woody que describa, aunque con mucha misericordia, los dramas y a veces ridiculeces de nuestra vida sexo-afectiva. Tampoco esta época contradictoria, de supuesta libertad sexual, le perdona a Woody que haya puesto tanto acento y humor en el tema de nuestras desventuras sexuales. La gente ignora, por lo demás, los profundos valores morales defendidos por Woody en sus películas, sobre todos los temas y también los sexuales, en particular la fidelidad. Lo que ocurre es que los considera muy difíciles en el mundo real. Cualquiera puede opinar lo contrario, por supuesto, especialmente si NO ha visto en profundidad sus casi 50 películas.

Por eso, cuando surgió la acusación de Mía Farrow, muchos dijeron, en su inconsciente, en su discurso latente: “y, claro….. Tenía que ser”.

El último episodio, del de Dylan hablando de su abuso, fue particularmente terrible para Woody. Un Woody que, a pesar de ser un líberal (con tilde en la i) que vota a los demócratas, se dio cuenta del extremo al que había llegado el movimiento me too[1] y el pánico que producía en muchos actores y etc. que le confesaban que creían en él pero no podían hacerlo público. Por supuesto, Woody se encarga de agradecer, uno por uno, a todos los que resistieron ese embate final. Alec Balwin, Blake Lively, Scarlett Johansson, Joy Behar, Waly Shawn, sus dos ex esposas, y por supuesto Diane y Stacey. También Bod Weide, cuyo heroísmo merece una mención a parte por Woody Allen. A la lista se agregan Ray Liotta, Catherine Deneuve, Charlotte Rampling, Jude Law, Isabel Huppert, Pedro Almodovar y Alan Alda.

Pero todo esto lo ha reconcentrado más en sí mismo y ha acentuado esa visión escéptica que siempre tuvo de este mundo cruel. Dice que nada de esto le importa -lo dudo- y vive concentrado en su matrimonio, sus hijas, y sigue escribiendo en su máquina de escribir Olympia que tiene hace desde sus 16 años. No sabemos cómo será el resto de la vida de Woody, pero estamos ahora ante un genio recluido en el refugio de su matrimonio y de su arte. Sus películas son eternas y con eso ha alcanzado su no finitud. Por ahora tenemos a un Woody “triste y melancólico”, que vive con un regalo de Dios, Soon-Yi, y que, según sus propias palabras, más que en los corazones y la mente del público, prefiere seguir viviendo en su casa[2].


[1] Woody afirma, oh herejía, que no necesariamente todo lo que diga una mujer es verdad, y para ello cita el episodio de los chicos de Scotssboro.

[2] Así termina el libro, con otro de sus chistes. Le regalo al lector algunos de los que aparecen en este libro, aunque el humor de Woody es eminentemente contextual y muchos de ellos sólo tienen sentido en el contexto de las anécdotas relatadas:   “…No habrán experimentado lo que es la vida hasta que hayan tenido que esperar en una sala de urgencias con un roedor a las dos de la mañana junto a un hombre que tiene un loro que estornuda” (p. 68; me estoy permitiendo sacar el Español madrileño del traditore/traductor). “…En aquellos tiempos los aviones tenían hélices, lo podían hacer vuelos directos de esa distancia y, lo peor de todo, se desplazaban en el aire” (p. 99). “…¿El universo se está deshaciendo a la velocidad de la luz y a ti te preocupa que un tipo de Sheboygan ponga objeciones al ritmo de tu filme?” (p. 210). Sobre los actores: “Lo cierto es que su no hacen nada desquiciado, como abalanzarse hacia mí con una navaja, tiendo a contratarlos”(p. 214). Sobre su juego de química de la infancia: “…Aún así, logré crear una tintura naranja y teñí de ese color el abrigo marrón de castor de mi madre. Por alguna razón, eso la molestó y trató de matarme con un tenedor para ensaladas…” (p. 311). Sobre la invitación que Bergman le hizo para ir a su isla: “Lo veneraba como artista, ¿pero quién desea subirse a un avión minúsculo para viajar a una isla propiedad de los rusos donde no hay más que ovejas y donde te dan yogur para comer? No soy tan fanático” (p. 340). Sobre cuando practica el clarinete en su casa con Soon-Yi: “Más tarde, ella se pone unas orejas insonorizadas como las que usan los operarios de los aeropuertos supersónicos y yo practico el clarinete” (p. 362). “Es cierto que Soon-Yi tiene una personalidad fuerte y avasalladora y toma todas las decisiones que tienen repercusión en nuestras vida, como dónde vivimos, cuántos niños tendremos, a qué amigos vemos y cómo gastamos nuestro dinero, pero yo sigo siendo el que manda en lo referente a los viajes espaciales” (p. 377). “Desayunamos, almorzamos y cenamos juntos casi todos los días. Cualquiera está tentado a pensar que a estas alturas ya hace tiempo que nos habríamos quedado sin nada que decirnos, pero como el clima cambia constantemente, nunca nos falta un tema de conversación” (p. 379). “Si muriera ahora mismo no podría quejarme…. Como tampoco se quejaría mucha otra gente” (p. 380). “Jamás acepto ningún galardón cuya concesión depende de que yo esté presente en el acto” (p. 392). Sobre Carla Bruni: “Ella miró a su marido en busca de alguna señal sobre qué pensaba de que ella se involucrara con un sucio plebeyo, y como él dijo que no veía nada malo en ella, Bruni aceptó” (p. 399). Sobre Roberto Benigni: “El no hablaba Inglés y yo no hablaba Italiano, de modo que no pude arruinar su intervención con mis instrucciones” (p. 402). “A mí me parece que la única esperanza de la humanidad reside en la magia. Siempre he detestado la realidad, pero es el único lugar donde se consiguen alitas de pollo” (p. 407). “…No puedo negar que encaja con mis fantasías poéticas ser un artista cuya obra no puede verse en su propio país y se ve obligado, debido a circunstancias injustas, a buscar su público en el extranjero. Pienso en el gran Henry Miller. En D.H. Lawrence. En James Joyce. Me veo de pie entre ellos, con actitud desafiante. Es más o menos en ese momento cuando mi mujer me despierta y dice: estás roncando” (p. 431). 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Más vale rey constitucional que absolutista

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 29/9/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/09/29/mas-vale-rey-constitucional-que-absolutista/

 Escribo esta columna desde una república, la Argentina, que va camino de ser Venezuela sino Cuba. Hoy, de entre los argentinos el 50% es pobre, el 95% tiene un salario mensual inferior a € 400, y algo tan normal como comprar -moneda extranjera- euros es “delito”. En contraposición, Isabel II es monarca de la potencia con la democracia más antigua, y envidiable.

               Suele atribuirse el término “poder blando” a Joseph Nye, de Harvard, lanzado en su libro “Bound to Lead: The Changing Nature of American Power” (1990), y en “Soft Power: The Means to Success in World Politics” (2004). No es verdad que el poder, la autoridad, para ser real debe estar basado en la fuerza. ¿Por qué todavía existen las monarquías, huérfanas de ‘poder real’? La explicación reside en el poder ‘blando’ base de la influencia de organizaciones desprovistas del poder militar que da lugar al ‘poder duro’.

               La iglesia católica y el Vaticano casi sin armas, sobrevive a todos los imperios incluidos los nucleares y ha tenido más autoridad real que cualquier fuerza armada, por caso, tuvo mucho peso en la caída de la URSS.

               Las sociedades no existen debido a un Estado con “poder” policiaco capaz ordenarlas, sino porque naturalmente el hombre tiene vocación social y es, básicamente, moral: si todos robaran, no habría guardias para detenerlos. Según Aldous Huxley, “las sociedades se mantienen, no principalmente por el miedo… al poder coactivo… sino por una difundida fe en la decencia de los demás”.

               Las monarquías tienen un costo que debería discutirse para que fuera financiada con justicia respecto de los ciudadanos, pero los políticos son enormemente más caros y, lo peor caso, es que su autoridad pivotea en el monopolio de la violencia estatal con la que imponen sus “leyes”. Que tienen que imponerse coactivamente porque no se dan naturalmente, es decir, violan el orden de la naturaleza.

              En España, todavía resuenan las tropelías durante el último gobierno republicano que instauró un régimen de terror con las checas y el asesinato de 6.800 religiosos entre muchas atrocidades y que terminó con una sangrienta guerra civil. 

              Pero hoy el gobierno ibérico tiene un presidente de dudosa vocación monárquica y un vicepresidente segundo que pertenece a un partido antimonárquico, abierto aliado del chavismo venezolano, y están intentando jibarizar los actos del monarca, su visibilidad, para hacerlo desaparecer de la escena pública -como la reciente prohibición a presidir la entrega de los despachos a los egresados de la Escuela Judicial de Barcelona- para algún día simplemente descartarlo.

              Quieren descartar el poder blando, para poder instalar uno duro y puro al estilo de las monarquías políticas -absolutistas, basadas en la imposición policíaca- como la de los Kirchner en Argentina o la de los Castro en Cuba.

                Ahora, cómo ha logrado llegar tan lejos el gobierno español. “La violencia nace del miedo”, aseguraba, entre muchos, el historiador Antony Beevor. Entonces, los políticos abusan del coronavirus para crear pánico con el fin de acrecentar, precisamente, su poder duro ya que las cifras no justifican tanto temor. Según el último informe del CDC de EE.UU., en caso de ser infectado por este virus, las posibilidades de sobrevivir son del 99,997% para quienes tienen hasta 19 años, del 99,98% hasta 49 años, 99,5% hasta 69 años y del 94,6% para quienes superan las siete décadas.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

El verdadero costo de la política se estima en 6% del PBI

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/15/el-verdadero-costo-de-la-politica-se-estima-en-6-del-pbi/

El Presupuesto general parece reducido, pero es elevado cuando se lo relaciona por cada miembro de las cámaras legislativas y se agrega la masa salarial del total de empleados públicos

Sesión virtual y presencial en el Senado en tiempos de cuarentena (Charly Diaz Azcue / Comunicación Senado)
Sesión virtual y presencial en el Senado en tiempos de cuarentena (Charly Diaz Azcue / Comunicación Senado)

Cada vez que le preguntan al Presidente por qué no se baja el gasto de la política responde: “eso es una medida demagógica” y que no altera el Presupuesto. Incluso legisladores de Cambiemos como Fernando Iglesias o Daniel Lipovetzky, ahora diputado provincial, responden descalificando esa propuesta por considerarla poco relevante en términos de gasto público.

Es más, si alguien muestra, de acuerdo al proyecto de Presupuesto 2020, que el Senado tiene asignada una partida de $12.374 millones, lo que implica un costo operativo por cada legislador de la Cámara alta de $14,3 millones por mes. Mientras que la Cámara de Diputados tiene asignado $11.943 millones, con un costo operativo por miembro del cuerpo de $3,9 millones por mes.

Y, además, la Cámara de Senadores tiene a cargo 5.762 empleados, con lo cual cada integrante tiene, en promedio, 80 empleados y la Cámara de Diputados tiene asignados 5.220 empleados con un promedio de 20 por cada miembro (datos que surgen de la página 16 del presupuesto del Poder Legislativo), al margen de los 1.420 empleados de la Biblioteca del Congreso o de los 498 empleados de la imprenta, etc.

Como se decía, si alguien muestra estos datos, la respuesta es que ese importe es un porcentaje mínimo del PBI o del Presupuesto Nacional y que, además, constituiría un ataque a la democracia. Algo así como decir: “o nos dejan vivir como reyes a nosotros y malgastar la plata de los contribuyentes o son golpistas”. Una forma muy burda de justificar el robo legalizado, como lo llama Bastiat en su libro La Ley.

¿Pero es poco representativo el costo de la política como argumentan algunos políticos para defender el negocio de su actividad? En realidad, se financia con empleos no solo en el Congreso Nacional, sino en empresas públicas, en las administraciones provinciales y municipales.

La incidencia en las legislaturas provinciales

En un trabajo de la Fundación Libertad de Rosario que preside Gerardo Bongiovanni puede verse que en 2019 todas las legislaturas provinciales tuvieron un costo de $41.000 millones, con un cargo promedio de $2,8 millones por mes por cada uno de los 1.199 representantes de los 24 distritos que hay en el país.

Si se toma el Presupuesto 2020 de CABA, la Legislatura tiene asignado $6.176 millones para 60 legisladores, lo que determina un costo operativo de $8,6 millones mensuales por cada uno.

Pero el costo de la política es mucho más que esto. En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios.En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios (Adrián Escandar)En total hay 3,7 millones de empleados públicos en el país repartidos en: 739.150 en Administración Nacional; 2.380.000 a nivel de las provincias y 606.000 en el conjunto de los municipios (Adrián Escandar)

Cabe resaltar que en 2005 había 2,6 millones de empleados públicos. Es decir, en 15 años se elevó más de 42%, a un ritmo de 2,8% por año, más que duplicando el crecimiento vegetativo de la población en ese período.

La masa salarial de todos los empleados públicos sumandos de nación, provincias y municipios es del 12% del PBI, con lo cual ya se ve que no es se trata de un gasto menor. Y si se resta la masa salarial de las Fuerzas Armadas, Docentes, Fuerzas de Seguridad y Salud, el gasto salarial del aparato administrativo estatal llega a 6% del PBI.

De ahí que si esa parte de la burocracia estatal hubiese tenido la consideración de bajarse un 20% sus sueldos, teniendo en cuenta que el Estado, con su cuarentena feroz, dejó sin ingresos a muchas personas humildes y provocó la quiebra de miles de pequeños comercios y empresas, con el consecuente efecto de pérdida de puestos de trabajo en blanco no menor a 300.000 puestos, se hubiese mostrado algo de solidaridad con aquellos que los mantienen y se podrían haber ahorrado $270.000 millones, casi el monto de lo que se pretende recaudar con el disparate del impuesto a las grandes fortunas.

Pero el gasto de la política no está solamente en el presupuesto de los poderes legislativos a nivel nacional, provincial y municipal, más el despilfarro que se advierte en los poderes ejecutivos y judiciales, también está en lo que los políticos llaman planes sociales pero que en realidad son una fuente de corrupción y clientelismo.infobae-image

Clientelismo político también es haber llevado de 81.539 beneficiarios por invalidez laboral a 1.032.926, como puede verse en el gráfico. Casi un millón más sin haber tenido una guerra, un terremoto o un tsunami. Este programa tiene un costo de $156.487 millones para 2020, según el Presupuesto.

A esto hay que sumarle los 234.432 beneficiarios del programa Hacemos Futuro que nadie sabe de qué futuro se está proponiendo, 266.949 del Plan Proyectos Comunitarios, Jóvenes con Más y Mejor Trabajo con 74.604, Becas Progresar 578.121 beneficiarios; y hay otros programas más.

Los políticos saben muy bien de qué se habla cuando se trata del gasto de la política. No es solamente el descomunal costo que genera cada diputado o senador nacional, provincial o municipal. Es todo un aparato de empleo público y “planes sociales” que han generado una gran masa de clientelismo político para tener el voto cautivo.

Claro que, en semejante masa de gasto político, los diputados y senadores tratan de justificarse diciendo que el costo que operativo de ellos, que es un verdadero disparate, no mueve el amperímetro. Esconden sus grandes beneficios detrás del inmenso gasto que no se limita al sueldo que cobra un senador, un ministro o el mismo presidente. Es la suma de todo el gasto político.

La cultura de la dádiva

Pero el mayor costo de la política que se transformó en un verdadero negocio, es el brutal cambio de valores que generó en la sociedad, por el cual se reemplazó la cultura de trabajo por la cultura de la dádiva, y donde el que es emprendedor, se esfuerza y trabaja, es castigado sin piedad con una carga impositiva asfixiante para sostener este negocio de la política, que en nombre de la solidaridad social, típico discurso para justificar un nuevo nicho de negocio de la política, no para de inventar planes sociales.

¿Por qué esta desesperación, tristeza y amargura de millones de personas que diariamente hacen el esfuerzo de levantarse para con lluvia, frío, calor, piquetes y mil complicaciones más ir a trabajar? Porque el fruto de todo su esfuerzo, que encima hoy está frenado por la eterna cuarentena, le confisca la mitad de su trabajo con impuestos para sostener el negocio de la política.

La gente decente trabaja cada vez más y vive cada vez peor porque el negocio de la política le confisca buena parte del fruto de su esfuerzo diario. ¿Esto significa que tiene que terminar la política? No, significa que tiene que terminar el negocio de la política que está destruyendo la Argentina.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Los sindicatos y el poder estamental: de Platón a Perón

Tanto en La República platónica como en la Comunidad Organizada, los estamentos se mantienen equilibrados por la figura de un líder fuerte con profunda consciencia de qué es lo bueno y que no.

Los sindicatos y el poder estamental: de Platón a Perón

Todo camino introductorio a la filosofía suele converger en sus primeros peldaños en la figura de Aristocles, más popularmente conocido como Platón, que, según la conocida historia, vivió en Atenas, entre los años 427 y 347 antes de Cristo y fue discípulo y principal escriba de esa otra gran figura filosófica que fue Sócrates, el aguijón ateniense.

Hasta ahí, los hechos suelen ser medianamente conocidos, incluso por los que no necesariamente dedican su vida al pensamiento filosófico. Lo que no siempre se dice y se describe en su justa medida, es el contexto en el cual este pensador desarrolla su obra y, justamente, qué sentido tiene ésta para el marco social de su época y, lo que es incluso más importante, para la nuestra.

El gran desvelo del joven Platón, es la formulación de un orden social justo, que aleje la tan temida stasis (del gr. στάσις o guerra civil), que permita el desarrollo armónico de la sociedad y lo que era un clásico del pensamiento antiguo: la vida buena. Esta búsqueda no se daba en un contexto plácido para Platón, sino todo lo contrario. Como suele suceder con las grandes ideas que marcan nuestro destino luego, Platón escribe su tan famosa obra, en el marco de varios fenómenos políticos y sociales que terminarían confluyendo en la caída de Atenas y su pérdida de influencia definitiva en el escenario regional de su época. La rebelión de los treinta tiranos contra la incipiente democracia, que llevó a la muerte de más del 5% de la población ateniense, encabezada en parte por su tío materno Critias, la condena y posterior muerte de su mentor Sócrates, decidida por la voluntad popular, la guerra contra Esparta, el deterioro de las tradiciones y el auge de un sistema fundado en la voluntad de riquezas (de las que tanto desconfiaba), entre otros factores, marcaron definitivamente el pensamiento del joven Aristocles y lo llevaron a proponer ese orden social perfecto que se describe en La República.

En ésta, su obra más reconocida, Platón formula un orden social basado en la conservación de tres estamentos inamovibles: el de Los Filósofos, iluminados conocedores de lo bueno que tienen como principal carga pública la guía de los otros estamentos hacia esa vida buena, los Guardianes, especie de garantes de la seguridad comunitaria que deberán dedicar su vida a la protección interna y externa de la ciudad o polis y el estamento productivo, sobre el que Platón pone poca atención y esperanza, y solo invita a la moderación (voluntaria o impuesta) de sus pasiones.

Independientemente de los cientos de miles de consideraciones que han sido realizadas sobre una obra de tal relevancia, a los efectos de este artículo, baste decir que este intento de orden perfecto, basado en la armonía de cada estamento social, donde la paz y el progreso se consiguen en tanto y en cuanto cada cual haga aquello que ha venido a hacer, no se ha perdido con el tiempo, sino todo lo contrario. Aun cuando el mismo Platón abandona la posibilidad de que un orden así pueda ser sostenido, y ya en obras como El Político y Las Leyes, y con la madurez que traen los años, abandona paulatinamente el idealismo y lleva su producción filosófica por el sano camino de la moderación y el pragmatismo (camino que luego continuará su discípulo Aristóteles), ciertos resabios de este orden perfecto y planificado, continúan existiendo al día de hoy.

El Sindicato Policías provincia de Buenos Aires (Sipoba) se creó en 1989, pero no posee personería gremial. Su integrantes aseguran que la ex ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, la firmó, pero que luego fue

El Sindicato Policías provincia de Buenos Aires (Sipoba) se creó en 1989, pero no posee personería gremial. Su integrantes aseguran que la ex ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, la firmó, pero que luego fue “adulterada”. Ahora, reclaman ante la Comisión Internamericana de DDHH.Sipoba

La Comunidad Organizada es, tal vez, el libro de cabecera de todo buen peronista que quiera abrevar en las ideas principales que dieron forma al movimiento nacional fundado por Juan Domingo Perón. La lectura atenta de lo que el tres veces presidente argentino propone como un orden justo, tiene fuertes reminiscencias con ese sistema platónico que describíamos sucintamente hace unos instantes. Si bien el propio Perón era profundamente afecto a citar a Aristóteles, lo confesase o no, el realismo aristotélico quedaba inmerso en el campo de la pragmática del método, pero el idealismo platónico no dejaba de estar presente en el horizonte de sus fines.

Los estamentos del idealismo peronistas eran diferentes en composición, pero no en naturaleza. La iglesia, como garante moral, el ejército y las fuerzas de seguridad, como atalayas del orden, los sindicatos, como representantes de los sectores trabajadores, los empresarios, como poseedores del capital y, por encima de todos y velando porque todo en su justa medida y armoniosamente se ordene hacia la vida buena, el poder político, encabezado éste en la figura del Presidente de la Nación, encarnada en el propio Perón.

No es el fin de este artículo hacer una crítica profunda a este orden, ni desde un punto de vista normativo, ético o siquiera fáctico, sino tan solo señalar una particularidad que ha sido olvidada. Tanto en La República platónica como en la Comunidad Organizada, los estamentos se mantienen equilibrados por la figura de un líder fuerte con profunda consciencia de qué es lo bueno y que no. Sin ese líder, el sistema es impensado e incluso inviable.

La República Argentina convive en tal sentido entre dos órdenes con identidad profundamente diferente: aquél formal y contenido en la Constitución Nacional, que reconoce solo tres poderes y procedimientos legales para la conformación de éstos y uno material y fáctico, en donde Sindicatos, el clero, movimientos sociales y diversos otros grupos de presión, sostienen un poder para-democrático, con profunda influencia en las políticas públicas que nos rigen. Esto es algo que todo argentino conoce, pero de lo que rara vez se habla, como esos secretos de familia que es mejor no ventilar, para que nadie se incomode.

Baste decir para concluir este artículo que la convivencia de ambos sistemas ha demostrado su fracaso, no solo en el deterioro paulatino de las instituciones republicanas, sino en el magro desarrollo económico y social de nuestro país. Una constitución de origen liberal y un ordenamiento de poder que en la práctica obedece a un sistema estamental o corporativo, no conviven en ningún otro lugar del globo y, tal vez, eso explique por qué Argentina sigue siendo ese cisne negro que a contramarcha de todo el mundo civilizado, retrocede en lugar de avanzar.

Y a lo anterior, proponemos una reflexión extra: ¿cuán vigente sigue incluso, en su original naturaleza, ese orden corporativo ya sin su mentor presente y con una presidencia cada día más debilitada desde el poder fáctico? ¿Cuán sostenible es ese idealismo platónico peronista, cuando la columna vertebral del movimiento y sus derivados coyunturales, los así llamados movimientos sociales, no responden a un poder fuerte que debe guiarlos al bien común sino que se ordenan por una lógica de apropiación de poder y recursos absolutamente particular?

Preguntas que, como esos secretos de familia, nos vendrán a golpear la puerta, inevitablemente, en la noche en la que parece estar entrando nuestro querido país.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Una cuestión vital acerca del aborto

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 14/9/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/una-cuestion-vital-acerca-del-aborto-nid2447524


Lo que en gran medida ocurre hoy en el denominado mundo libre presenta facetas preocupantes en diversos planos pero en esta nota periodística aludimos a un aspecto que estimamos vital, no en sentido figurado sino literal. Nos referimos a un ser humano en acto con la carga genética completa desde el momento de la fecundación del óvulo, distinta del padre y de la madre por lo que su exterminación resulta un despropósito mayúsculo e injustificable para cualquiera que considera que lo primero es respetar la vida.

A veces se ha mantenido que esto no debe plantearse de este modo puesto que “la madre es dueña de su cuerpo”, lo cual es absolutamente cierto, pero no es dueña del cuerpo de otro, y como las personas no aparecen en los árboles y se conciben y desarrollan en el seno materno, mientras no exista la posibilidad de transferencias a úteros artificiales u otro procedimiento es inexorable respetarlo. Es cierto que está en potencia de muchas cosas igual que todo ser humano independientemente de su edad, por lo que constituye una arbitrariedad superlativa inventar un momento de la gestación para proceder a la liquidación de esa vida humana como si se produjera una mágica mutación en la especie, lo cual, dicho sea de paso, es una lógica tan arbitraria que puede conducir a la justificación del infanticidio.

En este sentido y antes de seguir adelante con este tema -sin perjuicio de otras muchas declaraciones científicas procedentes de distintas partes del mundo- es pertinente reproducir la muy oportuna declaración oficial en el medio argentino por parte de la Academia Nacional de Medicina de la que transcribo lo siguiente resuelto por su Plenario el 30 de septiembre de 2010 donde concluye: “Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción. Desde el punto de vista jurídico es un sujeto de derecho como lo reconoce la Constitución Nacional, los tratados internacionales anexos y los distintos códigos nacionales y provinciales de nuestro país. Que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano. Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento.”

Por supuesto -agregamos nosotros- que el argumento central es de carácter científico y no legal puesto que puede que la ley diga lo contrario a lo estipulado a la fecha de la antedicha declaración, lo cual no modifica un ápice el sustento científico-moral de lo expresado.

Como queda dicho, un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano.

Como queda dicho, solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho, Jérôme Lejeune, el célebre profesor de genética de La Sorbona, escribe: “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos, que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie. En nuestro caso, la secuencia embrión-mórula-blastocisto-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona”, y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar las matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión -nada frecuente en la medicina moderna- de que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar, el hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”. Como ha dicho Ronald Reagan: “Tienen suerte los abortistas de que no se les haya aplicado las recetas que ellos patrocinan”.

La lucha contra este bochorno en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el aborto no hay posibilidad de revertir la situación.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Soberanía y solidaridad fiscal

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/09/soberania-y-solidaridad-fiscal.html

Podría entenderse que las definiciones de impuestos habituales que se leen en los manuales de finanzas se hayan armado para justificar los cargos de los profesores en sus universidades y rellenar así sus planes de estudio, o bien nutrir las páginas de sus libros de texto y manuales, pero con ello no se hace ningún homenaje ni a la verdad ni mucho menos a la honestidad intelectual, que es lo que por lo menos a nosotros si nos interesa.

Por caso, no es cierto que hubiera “necesidades colectivas”, lo que es un mito colectivista. Las necesidades siempre son humanas y son individuales, y -por otra parte- es imposible para otro saber cuáles son las necesidades de uno. Psicológicamente, puede proyectar sus propias necesidades personales, y creer subjetivamente que los demás participan de las mismas necesidades que él. Pero esto siempre será algo que solo anida en su imaginación y que no tiene corroboración ni forma de ella alguna en la práctica. Es imposible para mi saber cuáles son las necesidades del lector, pasadas, presentes y futuras. Lo cual implica que todos esos sujetos que inventan definiciones, como las de los impuestos de los profesores de finanzas del mainstream, presumen conocer cuáles serían las necesidades de los demás o -lo que es lo mismo- que el gobierno ya las conoce, o puede conocerlas. Pero el gobierno no es más que el nombre que se le da a otras personas que carecen de omnisciencia y premonición igual que los gobernados. Y se proponen algo que saben (o deberían saberlo) que es imposible. Son tiranos en potencia (pequeños o grandes) y de poseer alguna cuota de poder la ejercerían para lograr dar cauce a sus instintos despóticos.

Resumiendo, este punto entonces, la mejor definición del impuesto es la que reconoce el elemento coactivo que faculta a unas personas llamadas burócratas para despojar impunemente (“legalmente” dirían ellos) a otras personas de sus pertenencias en la cuantía que el burócrata exija, ley mediante.

“El francés P. Leroy-Beaulieu dice: “Impuesto es la contribución exigida de cada ciudadano por su parte en los gastos del gobierno”. “El impuesto —agrega—, es el precio de los servicios rendidos por el Estado y representa además, la parte que como aplicación del principio de solidaridad nacional debe soportar cada ciudadano en las cargas de toda especie y de todo origen que pesan sobre el Estado”.”[1]

Se desconoce en la cita que el único sistema solidario es el del mercado, no existe otro al momento. La expresión “solidaridad nacional” es una contradictio in adjecto, porque nadie puede ser solidario con el fruto del trabajo ajeno. En consecuencia, si “A” le quita a “B” para darle a “C” so pretexto de solidaridad en realidad lo que hay ahí es un robo donde “A” y “C” son los victimarios o sujetos activos y “B” es la víctima en la medida que “C” acepte el fruto del botín, ya que sabe que lo que está recibiendo no es algo que haya producido el antes.

Si los servicios estatales no han sido demandados previamente no puede aplicarse lo dicho por el autor, porque estaría admitiendo que la ley de oferta y demanda no estaría funcionando en el caso. Si la ley de oferta y demanda no opera, o lo hace parcialmente entonces no hay precio, de donde la definición anterior cae por su propio peso. Hay precio si hay previamente oferta y demanda, pero se está diciendo que el servicio estatal se impone, ergo no se demanda, siendo así, el obligado al pago es -en realidad- un esclavo del fisco, porque tiene que pagar por algo que no ha requerido. No se fundamenta, además, el porqué de ese “deber”, salvo el capricho del gobernante.

“Cauwés, por su parte, define: “Impuesto es el precio que la soberanía exige al ciudadano en virtud del principio de la solidaridad nacional para la remuneración de los servicios de interés general y el pago de las cargas resultantes de las deudas del Estado.”[2]

Otro “lindo” invento. Una vez más, se recurre a hipóstasis con los términos “soberanía”, “solidaridad nacional”, “interés general”, fórmulas vacuas para exculpar y darle visos de legalidad al latrocinio estatal.

Curioso que se diga “que la soberanía exige al ciudadano” cuando desde el derecho político se acostumbraba a decir (y se tiene aceptado) que la soberanía reside en el ciudadano. Este autor parece afirmar que hay una soberanía superior y por encima del ciudadano, que la autorizaría a exigirle a este el impuesto. No se puede sin contradecirse oponerse la soberanía al ciudadano, porque si hay un ciudadano que no tiene soberanía no podrá afirmarse -al mismo tiempo- que el “pueblo” es “soberano”. Pero lo que quiere decir la cita es que esa “soberanía” no la ejerce el ciudadano sino el gobierno en quien la mayoría hace recaer la soberanía, y en función de este artilugio se pretende justificar la existencia del tributo.

Por lo demás, el gobierno no presta ningún servicio, sino que son los ciudadanos quienes lo hacen a otros, siendo que el gobierno todo lo que hace es usar el dinero de una parte de los ciudadanos para prestar servicios a la otra parte. El que -en última instancia- está prestando el servicio es el dueño del dinero, y el gobierno no lo es, siendo “un cuento chino” eso del “capital nacional” inventado por Wagner.

“H. Denis define: “Impuesto es la contribución obligatoria del individuo a las cargas que la conservación y el desenvolvimiento del conjunto del cuerpo social impusieron a las generaciones pasadas y en pago de los servicios públicos que exigen de la generación presente””[3]

“contribución obligatoria” es otra contradicción en términos. Si es obligatoria no es contribución es exacción. Recordemos la definición del término:

exacción. Del lat. exactio, -ōnis.

1. f. Acción y efecto de exigir impuestos, prestaciones, multas, deudas, etc.

2. f. Cobro injusto y violento.

(Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

En el caso del impuesto las acepciones 1 y 2 son complementarias, o sea, no se excluyen mutuamente. La misma definición transcripta nos da cuenta de cuan errado es usar el termino “contribuyente” y hablar de “contribución”. Esta es una manera por la cual los desfalcadores intentan suavizar y disimular (hasta donde es posible) su carácter de ladrones.


[1] Mateo Goldstein. Voz “IMPUESTOS” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, TOMO 15 letra I Grupo 05.

[2] Goldstein, M. ibidem.

[3] Goldstein, M. ibidem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

RECOMENDACIONES DE LECTURA PARA CATÓLICOS PERPLEJOS, UNO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/8/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/recomendaciones-de-lectura-para.html

En estos tiempos de caos absoluto dentro del elemento humano de la Iglesia, recomiendo a los católicos de buena voluntad los siguientes documentos de Juan Pablo II:

 
 
 
1.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_14091998_fides-et-ratio.html
Sobre la razón y la Fe.
 
2.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html
 
Sobre bioética.
 
3.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html
Sobre los actos morales objetivamente buenos o malos.
 
4.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html
 
Sobre el matrimonio.
 
5.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia.html
 
Sobre el sacramento de la Penitencia.
 
6.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html
 
Sobre los laicos.
 
7.       http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/hlthwork/documents/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris_sp.html
 
Sobre el sentido cristiano del sufrimiento y el dolor.
 
8.       http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/1988/documents/hf_jp-ii_apl_19880815_mulieris-dignitatem.html
 
 
Sobre la dignidad de la mujer.
 
Recomiendo enfáticamente la lectura y el estudio de todos estos documentos, como una forma de oración, como una forma de cumplir el deber de formarse y madurar en la Fe, y como una forma de alcanzar luz en estos momentos de oscuridad. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Menos política y más familia, más vida

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/8/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/08/25/menos-politica-y-mas-familia-mas-vida/

La Convención del partido Republicano recibió a Donald Trump en un auditorio de Charlotte, Carolina del Norte, para intentar durante cuatro días convencer a los votantes de que el 45º presidente de EE.UU. merece un segundo mandato. Sin competencia, fue abrumadoramente nominado para enfrentar al Partido Demócrata que lleva a Joe Biden.

                  En un show efectista, Trump viajó por sorpresa para aceptar la nominación y habló durante una hora a pesar de que, en un momento, dijo “para terminar” y aun proseguir 20 minutos más. Ha moldeado el Partido a su antojo tanto que el Comité Republicano anunció que, por primera vez en su historia, no adoptará un nuevo programa electoral, sino que “continuará apoyando la agenda de América Primero”. “Ya no es el Partido Republicano. Es un culto a Trump”, lamentaba el analista Bill Kristol.

                  Poco antes, su jefa de campaña, Kellyanne Conway, que lleva con el presidente desde 2016, anunció que dejará la Casa Blanca terminando una situación sorprendente: una de las consejeras más cercanas al presidente es, a su vez, esposa de una de las voces más críticas del mandatario, el abogado George Conway, miembro de The Lincoln Project, un grupo de republicanos que pugnaba contra su reelección.

              Nadie sabe cómo no se han divorciado. “Discrepamos en muchas cosas, pero estamos unidos en lo que más importa: los niños”, afirma Kellyanne. “Por ahora, por mis queridos hijos, será menos drama y más mamá”, añade. El marido también anunció que deja el grupo opositor para dedicar tiempo a su familia.

             Kellyanne es una estrella, inventora de la expresión “hechos alternativos” para justificar errores, como cuando exageraron la cantidad de personas que asistieron a la jura del cargo presidencial o el inexistente atentado terrorista de Bowling Green. Entretanto, su esposo atacaba al mandatario al punto que “Tú. Estás. Loco” escribió así con puntos separados. A lo que Trump respondió en Twitter, llamándole “perdedor total” y “marido infernal”.

          Las clases en remoto de sus cuatro hijos por culpa de las cuarentenas han empeorado las cosas. La hija, Laura, de 15 años, es una celebrity. En junio, la niña empezó a usar TikTok con el nombre ShortFakeBlonde (FalsaRubiaBajita) para dar criticar a Trump, luego a su madre y, finalmente, a su padre. Entre otros posteos, aparece haciendo twerking (“menear la cola”) en la cocina de su casa con música de hip-hop y letras describiendo el aparato genital femenino. Finalmente, anunció que iría a los juzgados a pedir que sus padres dejen de tener tutela sobre ella. 

“Más familia y menos drama”. No es casual que la actividad política destruya familias, por el contrario, suele suceder. Hay muchos tipos de empresas, pero para el caso, veamos los extremos. Las del tipo militar, piramidales, jerárquicas, como el Estado que se basa en el monopolio de la violencia -tu ganas, yo pierdo- con el que, al imponerse sus leyes, instala el conflicto. Y, en el otro extremo dentro del sector privado, el networking donde las personas interactúan y cooperan voluntariamente para beneficio de todos: tu ganas, yo gano.

        En las primeras el conflicto y, por ende, el egocentrismo es el modus operandi, en las segundas el sistema retribuye por ayudar a otros, creando una gran fuerza entre los distintos participantes, es un sistema basado en relaciones interpersonales, en virtudes humanas, y crea una gran sinergia entre profesión y familia.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La peor derrota de la democracia

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 12/8/20 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/la-peor-derrota-de-la-democracia_a5f334e56c3754c5b6be7ecea

La naturaleza de nuestro enfrentamiento se ha dado dentro de la institucionalidad democrática. Pero sorprende, en el último tiempo, la liviandad de gran parte de la dirigencia política de fomentar un lenguaje de odio y de división de clases.

Muchos recuerdan aun el emblemático discurso del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, con el que se inauguraba el actual (y más prolongado) período democrático de la historia de nuestro país. Con la icónica frase de “con la democracia se come, se cura y se educa”, el primer mandatario llevaba a la población una esperanza concreta (la de la buena gestión de la cosa pública), que por detrás incluía otras pretensiones no menores o, incluso, más relevantes.

Luego de un sangriento período de enfrentamiento, la Democracia no solo encarnaba sobre sí la expectativa de volver a poner al país en la senda del desarrollo económico y social, sino al mismo tiempo, el hacerlo sin que la sangre del pueblo argentino volviese a regar nuestro suelo, y que por ende, el conflicto social fuese reconducido por la senda del debate político, el diálogo partidario, y las elecciones libres que, en última instancia, son el colofón de todo ese océano casi infinito de opiniones, encausadas en el ordenamiento institucional.

La stasis (en griego στάσις), es en gran medida la materia principal de estudio de la Teoría Política. Entendida ésta como el enfrentamiento de un pueblo contra sí mismo, ha sido uno de los tópicos que más ha inquietado a los grandes pensadores de lo público. Desde Platón a Aristóteles, de San Agustín a Santo Tomás, desde Maquiavelo a Hobbes, y desde este último a la modernidad y la posmodernidad, la cuestión sobre cómo construir una sociedad que logre resolver sus diferencias intrínsecas sin llegar al enfrentamiento agonal que deriva en la sangre derramada de los conciudadanos, ha sido la materia principal del debate de política arquitectónica que más ha prevalecido a lo largo de los siglos.

Esta preocupación no ha sido baladí. Vastos son los argumentos orientados a señalar que, a diferencia incluso de lo que ocurre cuando pueblos ajenos se enfrentan entre sí, el combate entre los miembros de una misma nación tiene consecuencias incluso más perniciosas y duraderas. Como si la sangre vertida entre iguales, fuese muchísimo más difícil de borrarse del pavimento histórico y de la memoria compartida.

Paradójicamente, Argentina es un país con pocas razones para el enfrentamiento social violento. Si un observador neutral y atento mirase nuestra conformación histórica, confirmaría que al interior de nuestras fronteras prácticamente no existen los componentes típicos que llevaron a otros pueblos a levantarse en armas contra sí mismos.

En Argentina no han existido diferencias raciales o étnicas, como si sucede en otras latitudes del globo. Tampoco hemos estado signados por enfrentamientos religiosos profundos (por el contrario, a lo largo del tiempo hemos sido señalados como ejemplo mundial de convivencia religiosa). Tampoco hemos tenido que vivir divisiones estamentales, tribales o de castas, como sí ocurre incluso en países del presente inmediato. Por el contrario, la naturaleza de nuestros enfrentamientos ha sido, las más de las veces, de índole ideológica y/o política, las cuales perfectamente pueden ser resueltas por la competición de ideas, dentro de la institucionalidad democrática. Sin embargo, todos sabemos, rara vez ha sido así. Justamente por ello, y volviendo al comienzo de esta nota, la consolidación de la Democracia incipiente, a partir de 1983, fue un fin en sí mismo.

Dicho todo lo cual, nos sorprende con qué liviandad en los últimos tiempos, gran parte de la dirigencia de todo el arco político argentino, e incluso el periodismo, ha comenzado a utilizar un lenguaje que fomenta el odio y la división de clases. Habiendo sido Argentina vanguardia mundial en la movilidad social, hoy día gran parte del cuerpo dirigencial parece convencido que la mejor manera de gobernar y comunicar, es generando un enfrentamiento artificial entre componentes de la sociedad que debieran ser incentivados a cooperar entre sí para la generación colectiva de un proyecto político y social inclusivo.

De institucionalizarse esta práctica irresponsable, la Democracia, a nuestro entender, habrá fallado en su objetivo principal y primario: la armonización de intereses. Y habremos cristalizado un orden social basado en una desigualdad permanente, porque se vuelve impensado el cómo un país que llegó a ostentar tristemente más de un 60% de los niños por debajo de la línea de la pobreza, podrá generar suficiente riqueza y valor para sanear esta situación, mientras impere una lógica de enfrentamiento entre quienes naturalmente debieran ser invitados a la cooperación.

Es nuestro deseo que estas líneas inviten al cuerpo político a comprender más antes que después, que la construcción política basada en el fomento de la discordia y el enfrentamiento, puede resultar provechosa en lo inmediato, pero absolutamente destructiva de un proyecto de país sustentable, en el mediano y largo plazo.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad