DOWNTON ABBEY Y LOS CAMBIOS SOCIALES

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/9/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/09/downton-abby-y-los-cambios-sociales.html

La impecable serie británica Downton Abbey (https://es.wikipedia.org/wiki/Downton_Abbey) nos genera una reflexión muy importante para los tiempos actuales.

La serie (perfectamente actuada, guionada y dirigida) narra la vida de una familia aristocrática británica entre 1912 y 1925, enfocándose en los graduales cambios en las costumbres sociales que Gran Bretaña y el mundo enfrentan en esa época.

En todos los personajes, rígidos usos y costumbres tienen que adaptarse a ciertas flexibilidades y moderaciones que algún conservador podría considerar una involución. Pero veremos que no es así.

Robert, el pater familis, está adherido sin darse mucha cuenta a su posición social y a la rígida moral victoriana, pero tiene un buen corazón que le permite perdonar y comprender. Da la imagen del custodio de tradiciones que juzga, pero va apareciendo gradualmente un salomon que dicta muchas veces la palabra final de una justicia adaptada a la misericordia y la comprensión.

Cora, su esposa norteamericana, lo ayuda en esos cambios. Su personaje actúa muchas veces a través de miradas y gestos totalmente elocuentes. Viene de EEUU, sabe lo que es la igualdad bañando como un suave aceite a los engranajes delicados de la aristocracia de la que ahora forma parte.

Violet, la madre de Robert, sin duda uno de los personajes mejores logrados y actuados, encarna a la perfección la defensa de las tradiciones inglesas. Pero de esas tradiciones puede surgir, precisamente, una sabiduría práctica, a veces tragicómica, que le permite resolver para bien los osados cambios que llegan, inevitablemente, a través de la vida de sus nietas y las nuevas circunstancias de la Inglaterra posterior a la Primera Guerra. En la sexta temporada tiene unas líneas escritas, al parecer, por Hayek: la aristocracia es la defensa de la libertad individual ante el avance del Estado. Cora le responde: ya no estamos en 1215. No. Lamentablemente no.

Mary, la hija mayor, tiene un super yo aristocrático casi tan enorme como la Abadía de Westminster. Pero la pérdida de su virginidad prematrimonial, pecado social terrible para una mujer de su posición, la muerte de su primer esposo, su enamoramiento posterior de un noble sin recursos y las peleas con su hermana Edith la van ablandando hasta convertirla en heredera de la comprensión de su padre.

Edith es la que más sufre ante la condena social de su tiempo. Tiene una hija extramatrimonial a la que ama entrañablemente pero se ve obligada a ocultarla. Pero, lentamente, todos se van enterando, y todos, a su modo, tienen que aprender a amar y aceptar, incluso la rígida madre de su segundo gran amor. Edith, además, sale adelante como editora de una revista femenina en Londres. Es una mujer emprendedora. Sin abandonar a su familia, sale en conquista de su lugar en el mundo.

Sybil, la menor, es la más revolucionaria. Convierte a su cuasi-castillo familar en un hospital de campaña durante la primera guerra, donde ella misma hace de enfermera, y no tienen problemas en enamorarse y casarse con el chofer de la familia, de cuyas ideas laboristas se enorgullece. Muere trágicamente al dar a luz quedando envuelta en un halo de santidad revolucionaria.

Tom es el chofer “socialista”, anti-monárquico, que se casa con Sybil. Impresionante cómo Tom, y a la vez Robert, Violet y también Mary, tienen que cambiar su mirada. Ambos grupos aprenden que puede haber decencia de ambos lados. Tom sabe comprender y a la vez guardar distancia, y sabe dar el giro a la izquierda sin provocar accidentes.

Y así sucesivamente. Esta entrada no pretende describir todos los personajes. Sólo estoy dando algunos ejemplos.

La relación con la “servidumbre” es también conmovedora. Los Crawley saben que su trabajo no los convierte en esclavos y los tratan con amor y dignidad. Entre la llamada servidumbre se ven los tironeos de los tiempos. Carson es la defensa de la tradición. Daisy es la revolucionaria. Molesley es elevado a maestro de la escuela de Downton, porque se había educado a sí mismo (cosa que hoy, en tiempos supuestamente más audaces, NO se podría hacer); Beryl, la cocinera, instala su propia posada; Anna y Bates encarnan un amor entrañable e inquebrantable. Barrow es homosexual y todos, hasta él mismo, aprenden a amarlo, a convivir con él, a aceptarlo. Afín a pequeñas intrigas maquiavélicas al principio, tal vez como resultado del rechazo social, su corazón también se ablanda y crece en la comprensión hacia los demás.

Tal vez alguien pudiera pensar que estas tensiones entre lo viejo y lo nuevo deberían ser mal vistas por algún defensor de valores morales objetivos. De ningún modo. Dentro de la moral está la comprensión, la misericordia, la tolerancia, la convivencia con la imperfección, el abstenerse de juzgar a los demás, el saber que nadie puede tirar la primera piedra. Que ello se confunda con relativismo es comprensible pero no es así. Mary no tenía que ser considerada “material averiado” por haber perdido su virginidad, y menos aún Edith por haber tenido un hijo fuera del matrimonio, que debía ser aceptado y amado, como finalmente ocurrió. Tom enseña con su prudencia que él era un igual en dignidad y nobleza, aunque no fuera “noble”, y su matrimonio con Sybil así lo demuestra. La comprensión de Robert y Violet ante los problemas de su familia y de su tiempo no es debilidad: es fortaleza y justicia.

Alguno me va a decir por qué no veo con tan buenos ojos a los cambios que actualmente propone el lobby LGBT. Muy simple: porque yo no acepto la coacción. Sí, hace perfectamente bien toda la familia Crawley en NO denunciar a Barrow a la policía, pero a Barrow no se le ocurre que un mundo al revés pudiera ser justo, o sea, un mundo donde los denunciados a la policía (bajo acusaciones de odio y discriminación) somos todos los que pensamos diferente.

La diversidad de posiciones morales y sociales, sobre la base del respeto mutuo, era la bandera del liberalismo clásico. Esa era la verdadera diversidad, la que iba avanzando sobre una moral victoriana que era cruel en su juicio y ejecución. La diversidad proclamada por el lobby LGBT y ETC es una farsa, sólo esconde el intento totalitario de cancelar, precisamente, a todo lo diverso a lo LGBT. En un mundo liberal clásico no hay persecuciones mutuas. Sólo hay personas y relaciones entre personas que ejercen su liberad individual. Dentro de la cual está la libertad del error de ser intolerante y cruel con el que piensa diferente: quien cometa ese error se quedará solo, mascullando sus prejuicios, pero sólo lo que atenta contra la vida, propiedad y libertad está prohibido.

Downton Abbey, desde mi intentio lectoris, es liberal clásica. Quienes la interpreten diferente (no sé sus guionistas) no advierten la diferencia entre le evolución y la violencia, entre la convivencia y el relativismo. Sí, la diversidad llegó para quedarse, pero la diversidad no es violencia, la diversidad es libertad. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Una novela, ¿distópica? sobre un mundo donde todos recibimos un Ingreso Universal

Por Martín Krause. Publicada el 8/8/22 en: https://bazar.ufm.edu/una-novela-distopica-mundo-donde-todos-recibimos-ingreso-universal/

Rachel Swirsky tiene una Maestría en Bellas Artes en ficción del Taller de escritores de Iowa y se graduó de Clarion West en 2005. Su ficción corta ha sido nominada a los premios Hugo, Locus, World Fantasy y Sturgeon. Ha ganado dos veces el Premio Nebula: por su novela de 2010, «La dama que arrancó flores rojas bajo la ventana de la reina» y su cuento de 2014, «Si fueras un dinosaurio, mi amor». Ahora se despacha con esta “distopía” sobre un mundo en el cual todos recibimos un Ingreso Universal. El libro se titula January Fifteenth, precisamente el día en que se recibe el pago anual: https://www.amazon.com/January-Fifteenth-Rachel-Swirsky-ebook/dp/B09C4FP7JX?crid=1J7ENKX6F7M4O&keywords=january+fifteenth+rachel+swirsky&qid=1655911173&s=books&sprefix=january+fi,stripbooks,93&sr=1-1&linkCode=sl1&tag=lfdigital-20&linkId=911d72475a730ed88da043953a10efdf&language=en_US&ref_=as_li_ss_tl

Así se lo presenta:

“Uno de los mejores escritores especulativos de la última década.”—John Scalzi

Quince de enero: el día en que todos los estadounidenses reciben su pago anual de Ingreso Básico Universal.

Para Hannah, una madre de mediana edad, hoy es el aniversario del día en que se llevó a sus dos hijos y huyó de su ex esposa abusiva.

Para Janelle, una joven periodista quebrada, hoy es otro día alucinante al entrevistar a los transeúntes sobre la misma política a la que alguna vez se opuso.

Para Olivia, una adinerada estudiante de primer año de la universidad, hoy es el «Día del desperdicio», cuando los niños ricos de todo el país compiten para ver quién puede despilfarrar más obscenamente el dinero del gobierno.

Para Sarah, una adolescente embarazada, hoy es el día en que viajará junto a sus hermanas-esposas para recoger los pagos que sostienen a su comunidad, y tal vez emprender un nuevo viaje por completo.

En esta novela de ciencia ficción del futuro cercano de la autora ganadora del premio Nebula, Rachel Swirsky, el 15 de enero es otro día del statu quo y otra oportunidad de lograr un cambio duradero.”

Uno de los comentarios sobre el libro:

“Normalmente, pasaría gran parte de esta revisión profundizando en las ramificaciones sociales, económicas, culturales y políticas de la Renta Básica Universal, porque uno de los peligros (lo llamo ventajas, pero soy un bicho raro) de ser un estudiante de Geografía está tomando Geografía económica, donde terminas hablando sobre los altibajos de los programas UBI en todo el mundo: dónde se han implementado, cómo se han implementado y los pros y los contras de los programas UBI de cada país. Pero… sin ofender a nadie que lea esta reseña en el futuro, pero he tenido suficiente de cualquier cosa política a partir de esta fecha después de los últimos días, así que me quedaré con la manera brillante en la que Rachel Swirsky decide explorar un Estados Unidos teórico en el futuro donde se ha implementado un programa UBI y cómo afecta la vida de cuatro mujeres diferentes de cuatro ámbitos de la vida.

Tengo que imaginar que una de las partes más difíciles para Swirsky fue elegir a las cuatro mujeres y sus antecedentes para brindarnos a los lectores un conjunto diverso de personajes para ver algunas perspectivas posibles de cómo una RBU podría afectar a las personas en los EE. UU. Está Hannah, una madre soltera que se esconde de su ex esposa acosadora y abusiva que siempre logra encontrarla en el Día de la Ganancia Inesperada; está Janelle, que solía enfurecerse contra las mismas maquinarias políticas que idearon la legislación UBI a pesar de que era evidente que estaba sesgada para (una vez más) dar a las minorías y a los pueblos marginados una flecha, pero desde entonces ha perdido toda su pasión por luchar; está Olivia, que es una universitaria adinerada que pasa el rato con otros universitarios adinerados en lo que otras personas llaman el «Día de la ganancia inesperada», pero ellos lo llaman «Día de la basura» y simplemente pasan el día gastando todo su RBU en las cosas más absurdas que pueden pensar. de; y está Sarah, una niña novia de FLDS que tiene 15 años y está muy embarazada y puede estar considerando dejar a su esposo y hermanas esposas después de que le mintieron y se llevaron a su hermano tarde una noche. En el transcurso de un día inesperado, todas estas mujeres ven cambiar sus vidas: no por el dinero que trae la RBU, sino por cómo la RBU afecta sus vidas o las vidas de las personas que las rodean.

Este libro es el tipo de pura ficción especulativa que amo, donde la antropología, la filosofía, los experimentos mentales y la prosa conmovedora se unen para crear una prosa entretenida y agradable que permanecerá en tu cerebro y te mantendrá pensando durante mucho tiempo.”

Una interesante revisión del texto:

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

IMPRESIONANTE: LAS MENTIRAS CONFESADAS POR LA AUTORA DE LA CUARENTENA Y VACUNAS OBLIGATORIAS EN EEUU

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/8/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/08/impresionante-las-mentiras-confesadas.html

Sencillamente de terror. Deborah Birx confienza abiertamente cómo mintió para espacir el terror y por ende para obtener el poder absoluto sobre las libertades individuales de los ciudadanos de los EEUU, obsesivamente convencida de que el Covid 19 habilitaba a convertir a una nación y mundo entero en un hospital. Impresiona ver cómo confiesa haber actuado sin estudios que la avalaran y cómo sus directivas fueron enviadas a todos los Estados de los EEUU pasando por arriba de los tres poderes de los EEUU. Pero impresiona ver, también, la obediencia ciega de semejante locura, por parte de médicos, autoridades y ciudadanos, movitos miseriblemente por un miedo pavoroso y una cobardía inconfesable. E impresiona ver, hasta hoy, el silencio vergonzoso de todos los que en su momento acusaron, a los que se atrevían a pensar, de delirantes, conspiranoicos, negacionistas, difusores de información falsa, etc. Millones de personas que deberían estar todas hoy pidiendo perdón. 

Transcribimos este artículo de Jeffrery Tucker, publicado originalmente en https://brownstone.org/articles/dr-birx-praises-herself-while-revealing-ignorance-treachery-and-deceit/  y reproducido por Exramuros aquí: https://extramurosrevista.com/la-dra-birx-se-alaba-a-si-misma-mientras-revela-su-ignorancia-su-traicion-y-su-engano/ 

Deborah Birx, la jefa de respuesta a Covid de la Casa Blanca declara: “Exageramos con las vacunas. Sabíamos que no protegerían contra la infección“. Y agrega: “Seamos claros: el 50% de los muertos por Omicron eran ancianos… estaban vacunados«

«…………Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, ha publicado un libro y ha sido interrogada en el Congreso norteamericano.

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra, dedicada a mantener el país bloqueado durante el mayor tiempo posible. Según su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Mientras tanto cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción- de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. 

A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle»

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La dimisión en diciembre de 2020 de la doctora Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca bajo el mandato de Trump, reveló una hipocresía previsible. Como tantos otros funcionarios del gobierno en todo el mundo, fue sorprendida violando su propia orden de permanencia. Por lo tanto, finalmente dejó su puesto después de nueve meses de causar cantidades insondables de daño a la vida, la libertad, la propiedad y la idea misma de esperanza para el futuro. 

Aunque Anthony Fauci haya sido el testaferro de los medios de comunicación, fue Birx la principal influencia en la Casa Blanca detrás de los encierros a nivel nacional, que no detuvieron ni controlaron el patógeno, pero que han causado un inmenso sufrimiento y que siguen agitando y destrozando el mundo. Así que fue significativo que ella no quisiera ni pudiera cumplir con sus propios dictados, incluso cuando sus conciudadanos estaban siendo perseguidos por las mismas infracciones contra la “salud pública.” 

En los días previos al Día de Acción de Gracias de 2020, ella había advertido a los estadounidenses que “asumieran que estaban infectados” y que restringieran las reuniones a “su hogar inmediato“. Luego hizo las maletas y se dirigió a Fenwick Island, en Delaware, donde se reunió con cuatro generaciones para una cena tradicional de Acción de Gracias, como si fuera libre de tomar decisiones normales y vivir una vida normal mientras todos los demás tenían que refugiarse en su lugar. 

The Associated Press fue la primera en publicar el informe el 20 de diciembre de 2020. 

Birx reconoció en un comunicado que fue a su propiedad de Delaware. Se negó a ser entrevistada.

Insistió en que el propósito de la visita de aproximadamente 50 horas era ocuparse de la preparación para el invierno de la propiedad antes de una posible venta, algo que, según ella, no había tenido tiempo de hacer debido a su apretada agenda. 

No fui a Delaware con el propósito de celebrar el Día de Acción de Gracias“, dijo Birx en su declaración, añadiendo que su familia compartió una comida durante su estancia en Delaware. 

Birx dijo que todas las personas que estuvieron en su viaje a Delaware pertenecen a su “hogar inmediato”, aunque reconoció que viven en dos casas diferentes. Inicialmente calificó la casa de Potomac como un “hogar de 3 generaciones (antes de 4 generaciones)”. Funcionarios de la Casa Blanca dijeron más tarde que sigue siendo un hogar de cuatro generaciones, una distinción que incluiría a Birx como parte del hogar.

Así que todo era un juego de manos: se quedaba en casa; ¡es que tiene varias casas! Así es como la élite del poder cumple, se supone. 

La BBC citó entonces su defensa, que se hace eco del dolor experimentado por cientos de millones de personas:

Mi hija no ha salido de la casa en 10 meses, mis padres han estado aislados durante 10 meses. Se han deprimido profundamente, como estoy seguro de que lo han hecho muchos ancianos, ya que no han podido ver a sus hijos, a sus nietas. Mis padres no han podido ver a su hijo superviviente durante más de un año. Son cosas muy difíciles“.


Efectivamente. Sin embargo, ella fue la voz principal durante la mayor parte de 2020 para exigir exactamente eso. Nadie debería culparla por querer reunirse con la familia; que haya trabajado tanto durante tanto tiempo para impedir que otros lo hicieran es lo que está en cuestión. 

Pecado de omisión

La prensa se amontonó y ella anunció que dejaría su cargo y que no buscaría un puesto en la Casa Blanca de Biden. Trump tuiteó que la echaría de menos. Fue el descrédito final -o debería haberlo sido- de una persona que muchos en la Casa Blanca y muchos en todo el país habían llegado a ver como un ser fanático y falso, una persona cuya influencia destrozó las libertades y la salud de todo un país. 

Fue un final apropiado para una carrera catastrófica. Así que era lógico que la gente consiguiera su nuevo libro para saber cómo fue atravesar esa clase de tormenta mediática, las verdaderas razones de su visita a su casa de Delaware, cómo fue saber con certeza que debía violar sus propias reglas para pasar bien con su familia, y la difícil decisión que tomó de tirar la toalla sabiendo que había comprometido la integridad de todo su programa. 

Uno recorre todo su libro sólo para encontrar este hecho increíble: nunca menciona esto. El incidente desaparece por completo de su libro. 

En cambio, en el momento de la narración en el que se esperaría que contara el asunto, dice casi de pasada que “Cuando el ex vicepresidente Biden fue declarado ganador de las elecciones de 2020, me fijé un objetivo: entregar la responsabilidad de la respuesta a la pandemia, con todos sus elementos, en el mejor lugar posible“.

En ese punto, el libro salta inmediatamente al nuevo año. Ya está hecho. Es como Orwell, la historia, a pesar de que se informó durante días en la prensa mundial y se convirtió en un momento decisivo en su carrera, es simplemente borrada del libro de historia de su propia autoría. 

De alguna manera, tiene sentido que no lo mencione. Leer su libro es una experiencia muy dolorosa (todo el mérito es de la reseña de Michael Senger) simplemente porque parece estar tejiendo fábulas página tras página, completamente carentes de conciencia de sí mismas, salpicadas de comentarios reveladores que hacen lo contrario de lo que ella pretende. Su lectura es una verdadera experiencia surrealista, asombrosa sobre todo porque es capaz de mantener su pose de delirio durante 525 páginas. 

Arquitecta en jefe del encierro

Recordemos que fue ella la encargada -por Anthony Fauci- de hacer lo realmente crucial de convencer a Donald Trump para que diera luz verde a los encierros que comenzaron el 12 de marzo de 2020 y que continuaron hasta su despliegue final en firme el 16 de marzo. Fueron los “15 días para aplanar la curva” que se convirtieron en dos años en muchas partes del país. 

Su libro admite que fue una mentira de dos niveles desde el principio. 

Tuvimos que hacerlas aceptables para la administración evitando la apariencia obvia de un cierre total como el de Italia“, escribe. “Al mismo tiempo, necesitábamos que las medidas fueran efectivas para frenar la propagación, lo que significaba igualar lo más posible lo que había hecho Italia. Estábamos jugando una partida de ajedrez en la que el éxito de cada movimiento dependía del anterior.

Además: 

A esta altura no iba a utilizar las palabras bloqueo o cierre. Si hubiera pronunciado cualquiera de ellas a principios de marzo, después de estar en la Casa Blanca sólo una semana, los miembros políticos y no médicos del grupo de trabajo me habrían tachado de demasiado alarmista, demasiado catastrofista, demasiado dependiente de los sentimientos y no de los hechos. Habrían hecho campaña para encerrarme y callarme“.

En otras palabras, quería llegar a un nivel de Partido Comunista Chino, como Italia, pero no quería decirlo. Lo más importante es que sabía con certeza que dos semanas no era el plan real. “Dejé el resto sin decir: que esto era sólo un punto de partida“.

Apenas convencimos a la administración de Trump de que pusiera en marcha nuestra versión de un cierre de dos semanas, ya estaba tratando de averiguar cómo extenderlo“, admite. 

Quince días para frenar el contagio fue un comienzo, pero sabía que sería solo eso. Todavía no tenía los números delante de mí para argumentar la conveniencia de prolongarlo más tiempo, pero tenía dos semanas para conseguirlos”. Por muy difícil que fuera conseguir que se aprobara el cierre de quince días, conseguir otro sería más difícil en muchos órdenes de magnitud. Mientras tanto, esperé el contragolpe, que alguien del equipo económico me llamara al despacho del director o se enfrentara a mí en una reunión del grupo de trabajo. Nada de esto ocurrió“.

Fue una solución en busca de pruebas que no tenía. Le dijo a Trump que las pruebas estaban ahí de todos modos. De hecho, lo engañó haciéndole creer que encerrar a toda una población iba a hacer que un virus al que todo el mundo estaría inevitablemente expuesto desapareciera como amenaza. 

Mientras tanto, la economía se arruinó a nivel nacional y luego en todo el mundo, ya que la mayoría de los gobiernos del mundo siguieron lo que hizo Estados Unidos. 

¿De dónde sacó la idea de los cierres? Según su propio informe, su única experiencia real con las enfermedades infecciosas provenía de su trabajo sobre el SIDA, una enfermedad muy diferente de un virus respiratorio que todo el mundo acabaría contrayendo pero que sólo sería mortal o incluso grave para una pequeña cohorte, un hecho que se conocía desde finales de enero. Aun así, su experiencia contaba más que la ciencia. 

En cualquier crisis sanitaria, es crucial trabajar a nivel de comportamiento personal“, dice con la presunción de que evitarlo a toda costa era el único objetivo. “Con el VIH/SIDA, esto significaba convencer a las personas asintomáticas de que se hicieran la prueba, buscaran tratamiento si eran seropositivos y tomaran medidas preventivas, incluido el uso de preservativos; o emplearan otra profilaxis previa a la exposición si eran negativos“.

Inmediatamente salta a la analogía con Covid. “Sabía que los organismos gubernamentales tendrían que hacer lo mismo para tener un efecto similar en la propagación de este nuevo coronavirus. El paralelismo más obvio con el ejemplo del VIH/SIDA era el mensaje de usar máscaras“. 

Máscaras = preservativos. Sorprendente. Este comentario de “paralelo obvio” resume toda la profundidad de su pensamiento. El comportamiento es lo único que importa. Mantente alejado. Tápate la boca. No te reúnas. No viajen. Cierren las escuelas. Cierren todo. Pase lo que pase, no lo recibas. Nada más importa. Mantén tu sistema inmunológico lo menos expuesto posible. 

Me gustaría poder decir que su pensamiento es más complejo que eso, pero no lo es. Esta fue la base de los cierres. ¿Por cuánto tiempo? En su mente, parece que sería para siempre. En ninguna parte del libro revela una estrategia de salida. Ni siquiera las vacunas califican. 

Enfoque miope

Desde el principio, reveló sus puntos de vista epidemiológicos. El 16 de marzo de 2020, en su conferencia de prensa con Trump, resumió su posición: “Realmente queremos que la gente se aísle en este momento“. ¿La gente? ¿Toda la gente? ¿Todas las personas? Ni un solo reportero planteó una pregunta sobre esta declaración obviamente ridícula y escandalosa que esencialmente destruiría la vida en la tierra. 

Pero ella hablaba en serio, muy engañada no sólo sobre el funcionamiento de la sociedad, sino también sobre las enfermedades infecciosas de este tipo. Sólo una cosa le importaba como métrica: reducir las infecciones por cualquier medio posible, como si ella sola pudiera improvisar un nuevo tipo de sociedad en la que la exposición a patógenos aéreos fuera ilegal. 

He aquí un ejemplo. Hubo una controversia sobre el número de personas que debían reunirse en un espacio, como en casa, la iglesia, la tienda, el estadio o el centro comunitario. La autora aborda la forma en que se elaboraron las normas: 

El verdadero problema de esta distinción entre cincuenta y diez, para mí, era que revelaba que el CDC simplemente no creía hasta el punto que yo creía que el SARS-CoV-2 se estaba propagando por el aire de forma silenciosa y sin ser detectado por individuos asintomáticos. Los números realmente importaban. Como han confirmado los años transcurridos desde entonces, en épocas de propagación activa de la comunidad viral, hasta cincuenta personas reunidas en un lugar cerrado (desenmascaradas en ese momento, por supuesto) era un número demasiado elevado. Aumentaba exponencialmente las posibilidades de que alguien entre ese número se infectara. Me había decidido por diez, sabiendo que incluso ese número era demasiado, pero pensé que diez sería al menos aceptable para la mayoría de los estadounidenses, lo suficientemente alto como para permitir la mayoría de las reuniones de la familia inmediata, pero no lo suficiente para grandes cenas y, críticamente, grandes bodas, fiestas de cumpleaños y otros eventos sociales masivos.

Ella pone un punto de vista fino: “Si hubiera presionado para que hubiera cero personas (que era en realidad lo que quería y lo que se requería), esto se habría interpretado como un “cierre”, la percepción que todos nos esforzamos por evitar“.

¿Qué significa que se reúnan cero personas? ¿Un culto al suicidio?

En cualquier caso, así de simple, de su propio pensamiento y directo a la aplicación, las fiestas de cumpleaños, los deportes, las bodas y los funerales pasaron a estar prohibidos. 

Aquí nos damos cuenta de la absoluta locura de su visión. Es nada menos que una maravilla que de alguna manera se las arregló para ganar la cantidad de influencia que tuvo. 

Obsérvese la mención anterior a su dogma de que la propagación asintomática era toda la clave para entender la pandemia. En otras palabras, por su cuenta y sin ningún apoyo científico, supuso que el Covid era extremadamente mortal y tenía un largo periodo de latencia. A su modo de ver, esta es la razón por la que no importaba el equilibrio habitual entre gravedad y prevalencia. 

En cierto modo, estaba segura de que las estimaciones más largas de latencia eran correctas: 14 días. Esta es la razón de la obsesión de “esperar dos semanas”. Se aferró a este dogma durante todo el tiempo, casi como si la película de ficción “Contagio” hubiera sido su única guía de comprensión. 

Más adelante en el libro, escribe que los síntomas no significan casi nada porque la gente siempre puede llevar el virus en la nariz sin estar enferma. Después de todo, esto es lo que han demostrado las pruebas de PCR. En lugar de ver esto como un fracaso de la PCR, ella vio esto como una confirmación de que todo el mundo es portador sin importar qué y por lo tanto todo el mundo tiene que bloquearse porque de lo contrario nos enfrentaremos a una plaga negra.

De alguna manera, a pesar de su asombrosa falta de curiosidad científica y experiencia en esta área, ganó toda la influencia sobre la respuesta inicial de la administración Trump. 

Por un breve tiempo, fue todopoderosa. 

Pero Trump no era ni es un tonto. Debió de pasar algunas noches en vela preguntándose cómo y por qué había aprobado la destrucción de lo que consideraba su mayor logro. El virus llevaba mucho tiempo aquí (probablemente desde octubre de 2019), presentaba un peligro específico para una cohorte reducida, pero por lo demás se comportaba como una gripe de manual. Tal vez, debió preguntarse, sus instintos iniciales de enero y febrero de 2020 eran correctos todo el tiempo. 

Aun así, aprobó a regañadientes una prórroga de 30 días de los cierres, totalmente a instancias de Birx y algunos otros tontos alrededor. Tras ceder por segunda vez -¡aún así, a nadie se le ocurrió enviar un correo electrónico o llamar por teléfono para pedir una segunda opinión! – este pareció ser el punto de inflexión. Birx informa que para el 1 de abril de 2020, Trump había perdido la confianza en ella. Pudo intuir que le habían engañado. Dejó de hablarle. 

Todavía tardaría un mes más en replantearse por completo todo lo que había aprobado a instancias de ella. 

No importaba. La mayor parte de su libro es un festival de jactancia sobre cómo siguió subvirtiendo el impulso de la Casa Blanca para abrir la economía, es decir, permitir que la gente ejerza sus derechos y libertades. Una vez que Trump se puso en contra de ella, y eventualmente encontró a otras personas que le dieran buenos consejos como el tremendamente valiente Scott Atlas -cinco meses después llegó en un intento de salvar al país del desastre-, Birx se dedicó a reunirse en torno a su círculo íntimo (Anthony Fauci, Robert Redfield, Matthew Pottinger y algunos otros) además de reunir un reino de protección fuera de ella que incluía al periodista de la CNN Sanjay Gupta y, muy probablemente, al equipo de virus del New York Times (que le da a su libro una reseña elogiosa).

Recordemos que durante el resto del año, la Casa Blanca instaba a la normalidad mientras muchos estados seguían cerrando. Fue una confusión increíble. El CDC estaba por todas partes. Tuve la clara impresión de que había dos regímenes distintos a cargo: El de Trump,  y la administración del Estado que no podía controlar. Trump decía una cosa en la campaña, pero las regulaciones y el pánico a las enfermedades seguían saliendo de sus propias agencias. 

Birx admite que ella fue una parte importante de la razón, debido a su furtiva alternancia de informes semanales. 

Después de que me devolvieran los documentos fuertemente editados, reinsertaba lo que habían objetado, pero lo colocaba en esos lugares diferentes. También reordené y reestructuré las viñetas para que lo más destacado -los puntos a los que más se oponía la administración- dejara de estar al principio de las viñetas. Compartí estas estrategias con los tres miembros del equipo de datos que también escribían estos informes. Nuestra rutina de redacción de informes los sábados y domingos pronto se convirtió en: escribir, presentar, revisar, ocultar, volver a presentar

Afortunadamente, este juego de manos estratégico funcionó. El hecho de que nunca parecieran darse cuenta de este subterfugio me llevó a la conclusión de que, o bien leían los informes terminados con demasiada rapidez, o bien se olvidaban de hacer la búsqueda de palabras que habría revelado el lenguaje al que se oponían. Al pasar estos cambios por encima de los guardianes y seguir informando a los gobernadores de la necesidad de las tres grandes medidas de mitigación (máscaras, pruebas centinela y límites a las reuniones sociales en interiores), me sentí segura de que estaba dando permiso a los estados para intensificar la mitigación de la salud pública con la llegada del otoño y el invierno.

Como otro ejemplo, una vez que Scott Atlas acudió al rescate en agosto para introducir algo de sentido común en este loco mundo, trabajó con otros para reducir el apego fanático de los CDC a las pruebas universales y constantes. Atlas sabía que “rastrear, localizar y aislar” era tanto una fantasía como una invasión masiva de las libertades de las personas que no produciría ningún resultado positivo para la salud pública. Elaboró una nueva recomendación que consistía en que sólo se hicieran pruebas a los enfermos, tal y como cabría esperar en la vida normal. 

Tras una semana de frenesí mediático, la normativa dio un vuelco en la dirección contraria. 

Birx revela que fue obra suya:

Este no fue el único subterfugio en el que tuve que participar. Inmediatamente después de que se publicaran las directrices revisadas de los CDC sobre las pruebas, a finales de agosto, me puse en contacto con Bob Redfield …. Menos de una semana después, Bob [Redfield] y yo habíamos terminado de reescribir la guía y la habíamos publicado subrepticiamente. Habíamos vuelto a hacer hincapié en las pruebas para detectar las zonas en las que se producía una propagación silenciosa. Era un movimiento arriesgado, y esperábamos que todos en la Casa Blanca estuvieran demasiado ocupados en la campaña para darse cuenta de lo que Bob y yo habíamos hecho. No estábamos siendo transparentes con los poderes de la Casa Blanca…

Uno podría preguntarse cómo diablos se salió con la suya. Ella lo explica:

“La táctica de orientación fue sólo la punta del iceberg de mis transgresiones en mi esfuerzo por subvertir las peligrosas posiciones de Scott Atlas. Desde que el vicepresidente Pence me dijo que hiciera lo que tenía que hacer, entablé conversaciones muy francas con los gobernadores. Dije la verdad que algunos asesores principales de la Casa Blanca no estaban dispuestos a reconocer. Censurar mis informes y poner orientaciones que negaban las soluciones conocidas sólo iba a perpetuar el círculo vicioso de Covid-19. Lo que no pude colar a los guardianes en mis informes, lo dije en persona.

Falta de autorreflexión

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra dedicada a mantener el país en bloqueos durante el mayor tiempo posible. En su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle. 

Está muy claro que Birx no tuvo casi ningún contacto con ningún científico serio que discutiera la respuesta draconiana, ni siquiera John Iaonnidis, que ya explicó el 17 de marzo de 2020 que este enfoque era una locura. Pero a ella no le importaba: estaba convencida de que tenía razón o, al menos, actuaba en nombre de personas e intereses que la mantendrían a salvo de la persecución o el enjuiciamiento. 

Para los interesados, el capítulo 8 ofrece una extraña mirada a su primer desafío científico real: el estudio de seroprevalencia de Jayanta Bhattacharya publicado el 22 de abril de 2020. Demostró que la tasa de letalidad de la infección -porque los contagios y la recuperación eran mucho más frecuentes de lo que decían Birx y Fauci- estaba más en línea con lo que cabría esperar de una gripe grave pero con un impacto demográfico mucho más focalizado. El artículo de Bhattacharya reveló que el patógeno eludía todos los controles y que probablemente se convertiría en endémico como todos los virus respiratorios anteriores. Echó un vistazo y concluyó que el estudio tenía “fallos fundamentales de lógica y metodología” y “dañaba la causa de la salud pública en este momento crucial de la pandemia“. 

Y eso es todo: eso es Birx luchando contra la ciencia. Mientras tanto, el artículo se publicó en el International Journal of Epidemiology y tiene más de 700 citas. Ella vio todas las diferencias de opinión como una oportunidad para pasar al ataque con el fin de intensificar su apreciado compromiso con el paradigma del bloqueo. 

Incluso ahora, cuando los científicos de todo el mundo están indignados, cuando los ciudadanos están furiosos con sus gobiernos, cuando los gobiernos caen, cuando los regímenes se derrumban y la ira alcanza un tono febril, mientras que los estudios se multiplican cada día demostrando que los cierres no suponen ninguna diferencia y que las sociedades abiertas al menos protegen sus sistemas educativos y sus economías, ella se mantiene impasible. Ni siquiera está claro que sea consciente.

Birx descarta todos los casos contrarios, como el de Suecia: Los estadounidenses no podrían tomar ese camino porque somos demasiado insalubres. Dakota del Sur: rural y atrasada (Birx sigue enfadada porque la valiente gobernadora Kristi Noem se negó a reunirse con ella). Florida: curiosamente y sin pruebas descarta ese caso como un campo de exterminio, a pesar de que sus resultados fueron mejores que los de California, mientras que la afluencia de población al estado establece nuevos récords. 

Tampoco se inmuta ante la realidad de que no hay ni un solo país o territorio en ningún lugar del planeta Tierra que se haya beneficiado de su enfoque, ni siquiera su querida China, que todavía persigue un enfoque cero-Covid. En cuanto a Nueva Zelanda y Australia: (probablemente de forma inteligente) no las menciona en absoluto, a pesar de que siguieron exactamente el enfoque de Birx.

La historia de los cierres es una historia de proporciones bíblicas, a la vez malvada y desesperadamente triste y trágica, una historia de poder, fracaso científico, insularidad y locura intelectual, arrogancia escandalosa, impulsos feudales, delirio de las masas, además de traición política y conspiración. Es el horror de la vida real para todos los tiempos, una historia de cómo la tierra de la libertad se convirtió en un paisaje infernal despótico tan rápida e inesperadamente. Birx estuvo en el centro de todo ello, confirmando todos sus peores temores aquí mismo, en un libro que cualquiera puede comprar. Está tan orgullosa de su papel que se atreve a atribuirse todo el mérito, plenamente convencida de que los medios que odian a Trump amarán y protegerán sus perfidias de la exposición y la condena.

No se puede eludir la propia culpabilidad de Trump en este caso. Nunca debería haberla dejado salirse con la suya. Nunca. Fue un caso de falibilidad igualada por el ego (aún no ha admitido el error), pero es un caso de enorme traición que jugó con los defectos del carácter presidencial (como muchos de su clase de ingresos, Trump siempre había sido un germofóbico) que terminó arruinando la esperanza y la prosperidad de miles de millones de personas durante muchos años. 

He intentado durante dos años ponerme en la escena de la Casa Blanca ese día. Es un invernadero con sólo almas de confianza en pequeñas habitaciones, y las personas que están allí en una crisis tienen la sensación de que están dirigiendo el mundo. Trump podría haber recurrido a su experiencia dirigiendo un casino en Atlantic City. Los meteorólogos vienen a decir que un huracán está en camino, así que tiene que cerrarlo. Él no quiere, pero acepta para hacer lo correcto. 

¿Fue este su pensamiento? Tal vez. Tal vez también alguien le dijo que el presidente de China, Xi Jinping, logró aplastar el virus con cierres, así que él también puede hacerlo, tal como dijo la OMS en su informe del 26 de febrero. También es difícil en ese ambiente evitar la prisa de la omnipotencia, temporalmente ajena a la realidad de que su decisión afectaría a la vida desde Maine hasta Florida y California. Fue una decisión catastrófica y sin ley, basada en la pretensión y la insensatez. 

Lo que siguió parece inevitable en retrospectiva. La crisis económica, la inflación, las vidas rotas, la desesperación, los derechos perdidos y las esperanzas perdidas, y ahora el hambre y la desmoralización crecientes y las pérdidas educativas y la destrucción cultural, todo ello llegó tras esos fatídicos días. Cada día en este país, incluso dos años y medio después, los jueces se esfuerzan por recuperar el control y revitalizar la Constitución tras este desastre. 

Los conspiradores suelen admitirlo al final, atribuyéndose el mérito, como los delincuentes que no pueden resistirse a volver a la escena del crimen. Esto es lo que ha hecho la Dra. Birx en su libro. Pero está claro que su transparencia tiene límites. Nunca explica la verdadera razón de su dimisión -a pesar de que es conocida en todo el mundo-, fingiendo que todo el fiasco de Acción de Gracias nunca ocurrió y tratando así de eliminarlo del libro de historia que escribió. 

Hay mucho más que decir y espero que esta sea una reseña de muchas porque el libro está absolutamente repleto de pasajes impactantes. Y sin embargo, su libro de 525 páginas, que ahora se vende con un 50% de descuento, no contiene ni una sola cita de un solo estudio científico, documento, monografía, artículo o libro. No tiene notas a pie de página. No ofrece ninguna autoridad de referencia y no muestra ni siquiera una pizca de la humildad que normalmente formaría parte de cualquier relato científico real. 

Y no ofrece en ninguna parte un reconocimiento honesto de lo que su influencia sobre la Casa Blanca y los Estados ha endilgado a este país y al mundo. Mientras el país se enmascara de nuevo para una nueva variante, y se prepara poco a poco para otra ronda de pánico a las enfermedades, ella puede cobrar los derechos de autor que provengan de las ventas de su libro mientras trabaja en su nuevo puesto, como consultora de una empresa que fabrica purificadores de aire (ActivePure). En este último papel, hace una mayor contribución a la salud pública que cualquier otra cosa que haya hecho mientras llevaba las riendas del poder. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

HABLA MENSAJITO QUE TU SIERVO ESCUCHA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/7/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/07/habla-mensajito-que-tu-siervo-escucha.html

 Ultimamente he notado que el uso que se hace de ciertas redes (especialmente whatsapp y parecidos) produce un grave problema de comunicación.

El problema es que son un incentivo a creer, aún más (digo así porque este problema existió siempre) que los textos, sin el contexto, son suficientes para la comunicación, que es la ingenuidad hermenéutica (interpretativa) fundamental.

El sentido de un mensaje no se puede entender sin saber quién lo dice y para qué y para quién, bajo qué circunstancia, bajo qué juego de lenguaje, desde qué horizonte, etc. Hermenéutica 101 pero que sigue siendo ignorada, sobre todo en estos tiempos de facts chechers y de “fake news” donde el “fake” parece poder descubrirse sólo remitiéndose a los “hechos”.

Esto causa graves problemas políticos y sociales, que afectan fundamentalmente a la libertad de expresión, pero también afecta a la vida familiar, a las relaciones íntimas, a los amigos, etc.

Un mensaje, ya sea por whatsapp, por Facebook Messenger o lo que fuere, requiere mucha más atención al contexto, contexto que sólo es “relativamente” claro en una conversación cara a cara.

Recibo a veces mensajes de gente que no conozco preguntándome por temas como el sentido de la vida, etc., por estos medios. Yo trato de responder amablemente, pero me cuesta responder que no es el medio. ¿Quién lo pregunta? ¿Cuál es su historia? No lo sé. Pero entonces, ¿cómo voy a poder responderle adecuadamente?

Otras veces algunos amigos me dicen por esos medios “mirá lo que me dijo” tal o cual amigo, o familiar, como si el texto o la famosa captura de pantalla fueran suficientes para poder entender. Si me lo mandaran en chino sería igual. “Mirá lo que me dijo XX: «no vengas a casa»”. Claro. No basta que me digas quién era desde el punto de vista de nociones mínimas como si era tu papá o etc. El asunto es, ¿quién es tu padre? ¿Cuál es la relación entre ustedes? ¿Bajo qué circunstancias te lo dijo? ¿Por qué te lo dijo? ¿Cuál es la historia familar? Sin todo ello, ¿cómo voy a poder entender “lo que” te dijo? No importa que me transcribas el texto. Necesito el CON texto. Y para eso necesito una conversación personal.

Las veces que yo invito a amigos y a desconocidos a tomar un café testimonian que trato de ser coherente con esto. O un zoom si no queda otra. Y si no se pueden ninguna de las dos cosas, son los límites de la humana comunicación. Asúmanlo. Los whatsapp y etc no solucionan esos límites: los agravan.

Así es como la gente se mata, casi literalmente, en las redes sociales. Si luego de una amistad de muchos años nos matamos igual, ¿qué esperar de gente que no se conoce? Y, sobre todo, ¿qué esperar de gente que cree que la apelación a supuestos hechos da por terminado un desacuerdo?

Para colmo, las redes nos han acostumbrado a tocar temas graves y delicados con frases cortas y efectistas, como si estas solucionaran el problema. Genial con las frases sabias y lacónicas, y que lo bueno si breve, etc, pero la sabiduría lacónica no abunda y también requiere de mucho contexto. “La Luna se mira en el agua / ¿Quién la enturbia? / ¿La niebla o el sapo?” Ok, sí, ahora decime qué quiere decir, más allá del idioma que, además, es una lengua muy lejana sentida hace casi mil años (mil en serio)….. “No calles lo que sientas, abre tu corazón”, en twitter o como un recuadro bonito en Facebook. ¿Ah si? ¿Y? ¿Crees que ya está? ¿Mañana vas y le dices a tu jefe lo que piensas, y luego te darás cuenta de que lo mediocre si breve dos veces mediocre?

¿Y los audios? Claro que son muy prácticos pero, de vuelta, NO sustituyen una conversación. Audio va, audio viene, de 20 siglos cada uno……… ¿Por qué no hablan por teléfono? (¿Qué pregunta de anciano inadaptado no? 🙂 )

NO soy apocalíptico. Las redes llegaron para quedarse y evolucionar técnicamente. Genial cuando le puedo decir a alguien “no era esa la dirección, es….”, cuando 40 años atrás ello implicaba la búsqueda frenética de un teléfono público. Pero hay que tener conciencia de los límites. La cuestión es tener en cuenta que las redes no solucionan los malentendidos sino que, al contrario, requieren mayores competencias comunicativas, mayores cuidados, mayor empatía, por parte de quienes las usamos. Educarnos en esas mayores capacidades comunicativas sería un buen modo de minimizar el problema. Y si querían un mensajito cortito…….

 Saber leer y escribir no es saber comunicarse. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Derecho de los animales y situaciones límite

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 4/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/06/04/derecho-de-los-animales-y-situaciones-limite/

Los animales no son racionales, no tienen libre albedrío, no actúan, solo reaccionan frente a ciertos estímulos. No obstante, esto no quiere decir que sea adecuado cualquier procedimiento que conduzca al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal

El torero español Emilio de Justo lidia al toro ‘Soñador’ de 456 kilos de la ganadería Guachicono, hoy, durante la tercera corrida de la Feria Taurina, en Cali (Colombia). EFE/ Ernesto Guzmán

Como es sabido, el derecho significa la facultad de disponer de lo propio, comenzando por el propio cuerpo, siguiendo con la expresión de los pensamientos de cada cual, completado con el uso de lo adquirido de modo legítimo. En este contexto, a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona dice que gana mil en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso. Pero si esa misma persona dijera que tiene “el derecho” de obtener dos mil aunque su salario es de mil, si se otorgara semejante “derecho” inexorablemente querría decir que se ha expropiado a otro en el fruto de su trabajo por la diferencia. Se trata entonces de un pseudo derecho pues para otorgarlo se ha lesionado el derecho de terceros.

Vivimos la era de los pseudo derechos: “derecho a una vivienda adecuada”, “derecho a un salario suficiente”, “derecho a una motocicleta”, “derecho a tantos hidratos de carbono o vitaminas”, derechos que no solo se dan de bruces con la noción más elemental del derecho sino que perjudican a todos, muy especialmente a los más vulnerables al vivir en un clima de destrucción de marcos institucionales civilizados. Por eso es tan relevante la igualdad ante la ley donde todos tienen los mismos derechos, lo cual no ocurre allí donde se pretende la igualdad mediante la ley, es decir la guillotina horizontal que apunta a nivelar a todos lo cual aniquila la cooperación social vulnerando acuerdos entre las partes y destruye la noción del contrato que remite a derechos de propiedad.

La asignación de derechos de propiedad resulta esencial para la supervivencia de la sociedad puesto que permite liberar energía creadora para usar del mejor modo posible los siempre escasos recursos. En este plano, todos para mejorar sus situaciones se ven obligados a mejorar la condición social de sus semejantes. El que acierta obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos lo cual va a contramano de los que se alían con el poder político de turno para explotar miserablemente a sus congéneres. Robar una bicicleta es un delito mucho menor a inyectar polución al ambiente pues el monóxido de carbono ataca los pulmones de los vecinos, del mismo modo que constituye un delito volcar ácido sulfúrico en el jardín del prójimo. Por otra parte, la propiedad permite que cada uno se dedique a sus actividades en un proceso que maximiza el bienestar. Antes he usado el ejemplo que esgrime el periodista John Stossel quien ilustra el asunto con un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado. Nos invita a cerrar los ojos e imaginar en regresión los pasos para llegar a ese producto. Los agrimensores calculando espacios en los campos, los alambrados y los postes (solo esto último demanda unos treinta años entre el sembrado, la tala, los transportes, los almacenamientos, las cartas de crédito, los aserraderos, la contratación de personal, los mercados inmobiliarios para adquirir terrenos etc etc), las cosechadoras, los fertilizantes, los plaguicidas, el ganado vacuno, los caballos, las riendas y monturas, los peones, las aguadas y bebederos, la manga, las viviendas, las gestiones bancarias y demás faenas. Cada uno hace lo suyo sin tener la menor idea de las infinitas etapas que llevan al bien final mencionado. Todos se intercambian vía el formidable proceso que marcan los precios como un sistema de información y coordinación hasta que irrumpen los megalómanos de siempre que dicen que “no se puede dejar las cosas a la anarquía del mercado” y por ende fijan precios (en verdad simples números puesto que los precios por definición reflejan estructuras valorativas de las partes, en cambio los números de marras solo exhiben los caprichos de los burócratas que en lugar de permitir la difusión de conocimiento concentran ignorancia). Con este estatismo enfermizo, finalmente no hay carne, ni celofán, nada en las góndolas y tienden a desaparecer los supermercados.

Como es de conocimiento público, desde la Carta Magna de 1215 las constituciones son para limitar el poder político, sin embargo en la actualidad son en gran medida documentos que le otorgan carta blanca a los agentes del aparato estatal para que abusen de los derechos de los gobernados quienes en lugar de sentirse protegidos se sienten perseguidos y aplastados por un Leviatán desbocado.

Hecha esta necesaria introducción veamos el caso de los supuestos “derechos” de los animales, un destino puesto que no son sujetos de derecho: si un elefante destroza nuestro jardín no lo podemos llevar a tribunales para que responda ya que tampoco puede demandarse responsabilidad por el consiguiente respeto a los derechos de terceros. El ser humano es racional lo cual no quiere decir que no se equivoque ni que se abstenga de recurrir a silogismos contrarios a la lógica. Cuando los médicos de antaño colocaban sanguijuelas en el pecho de infartados no era que se trataba de irracionales sino que usaban el conocimiento disponible al momento. La ciencia pone de manifiesto un proceso de prueba y error en el contexto de refutaciones permanentes para progresar. Fuera de los actos reflejos, toda la conducta del ser humano que se sustenta en la elección, preferencia y opción por más que su proceder resulte disparatado a criterio de otros. El animal no racional no tiene libre albedrío, no actúa, solo reacciona frente a ciertos estímulos.

Esto no quiere decir para nada que se considere adecuado el procedimiento que conduce al sufrimiento de ciertos especímenes del reino animal. Decimos ciertos especímenes puesto que si se es considerado con las bacterias la especie humana desaparecería, lo mismo puede decirse eventualmente con la cucarachas o las serpientes venenosas cerca de viviendas. Sin duda que resulta un espectáculo bochornoso el daño deliberado a perros o caballos solo para citar dos casos, incluso hoy día es muy provechoso y educativo observar a los modernos domadores con el cariño y cuidado que hacen su oficio abandonando por completo los métodos salvajes de domadores anteriores que les parecía un acto de coraje el pegarles rebencazos y clavando espuelas a los pobres animales.

El punto aquí señalado consiste en subrayar el significado del derecho al efecto de no confundir conceptos. Es realmente llamativo que los que pretenden incrustar la idea del derecho en el campo animal son en general partidarios del homicidio en el seno materno, mal llamado aborto, con lo que se desconoce que desde el momento de la fecundación del óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de muchas otras características con una carga genética única distinta de la de la madre y el padre. Es en verdad curioso que se pretenda implantar de contrabando “derechos” animales y se aniquile a seres humanos indefensos.

Todo esto sin mencionar la matanza de animales para la alimentación como ganado vacuno, peces y equivalentes, lo cual no justifica el denominado “deporte de la caza” en el que el aniquilamiento es una diversión, del mismo modo que a nuestro juicio la corrida de toros pone de manifiesto una carnicería impropia de humanos.

Finalmente, ahora vamos en una cápsula a las situaciones consideradas límite, denominadas en ingles “life boats situations” íntimamente vinculadas al tratamiento de los derechos de propiedad. Estas situaciones extremas se suelen presentar en el escenario de un naufragio donde hay menos botes salvavidas que posibles ocupantes. En este caso el capitán del barco como representante de los dueños de la embarcación decidirá quienes pueden usar y quienes no pueden usar los botes. Y si suponemos que el capitán muere en el naufragio el uso y disposición de los botes retrotrae al origen de la propiedad tal como lo expuso modernamente primero Robert Nozick y luego Israel Kirzner refinando la tesis de John Locke, es decir, los primeros ocupantes son los dueños de facto. Para un análisis detallado respecto a diversos andamiajes conceptuales y ángulos de estudio referidos a casos extremos, remito a mi ensayo titulado “David Miller and Life Boats Situations: a Note” originalmente publicado en Gulf Islands Review. A Journal of Ideas on Economic, Historical and Political Debate, Primer Cuatrimestre de 2010 que se reproduce en el post-scriptum de mi libro Maldita coyuntura (Buenos Aires, Grupo Unión, 2020).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA INFORMACIÓN COMO ARMA TOTALITARIA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/5/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/05/la-informacion-como-arma-totalitaria.html

Hemos sido culturalmente formados en el supuesto de que la verdad radica en una información objetiva que debe ser depositada en una inteligencia pasiva que copia y repite.

Eso ha tenido profundas consecuencias culturales. Que la ciencia es el lugar de los hechos objetivos; que la verdad es la adecuación con los hechos; que la verdad radica en los datos, que las ciencias son una cosa y las humanidades son otras; que el alumno debe tomar nota, repetir y sacarse 10, son sólo algunos de los presupuestos culturales que casi nunca nos cuestionamos. Excepto, claro, que nos agarre el ataque de escepticismo postmoderno ante la “amenaza” de cualquier postura filosófica que quisiera afirmar la existencia de Dios, del alma, de la libertad y de la dignidad humana.

En la comunicación social, el tema es largo. Los hechos son sagrados, las opiniones son libres; que tienes derecho a tu propia opinión, pero no a tus propios hechos, son frases repetidas ad infinitum que evidencian claramente ese positivismo cultural. Lo peor sucedió hace décadas cuando emergió el llamado “derecho a la información”. Para varios autores (europeos, de saco y corbata, con varios idiomas y doctorados) la vieja “libertad de expresión”, el perimido “free speech” debían ceder su lugar al “derecho a la información” que protegiera a los pobres ciudadanos de la mera interpretación sesgada de lo que las pérfidas empresas periodísticas decidieran que era noticia. Y claro, desde luego, ¿quién es el llamado a garantizar ese derecho a la información? El gobierno, desde luego.

El problema se acrecentó desde el 2015 cuando la desesperación del partido demócrata intentó convencer a todo el mundo que Trump estaba diseminando “fake news”. Mentiras siempre hubo, prensa amarillista siempre hubo, pero desde entonces se convirtió en una obsesión.

Una manera de enfocar el tema es reconocer que hay hechos objetivos, pero que no es el gobierno el que debe dictaminar al respecto. Sí, puede haber gente que mienta, ¿pero son los gobiernos los que deben dictaminar quién miente y quién no? Si la respuesta es sí, ¿cómo nos defendemos de las mentiras del gobierno?

Pero ese no es el punto. Lo esencial es que desde hace décadas, la filosofía de las ciencias y la filosofía de la interpretación, esto es, la hermenéutica, han dado un giro de 180 grados que no parece llegar nunca a periodistas, educadores, científicos, filósofos, gobernados y gobernantes.

Ese giro no es postmoderno, no niega que hay verdades, errores y mentiras. Simplemente nos advierte que todo texto, verdadero o no, es un mensaje, y que todo mensaje está proferido desde un ser humano, con su horizonte, hacia otro ser humano, con su horizonte, con un modo de hablar (juego de lenguaje) específico que ya implica un determinado contenido cultural.

Hoy desayuné con un café.

El lector dirá: ¿y eso qué tiene que ver?

Esa es la clave. “Hoy desayuné con un café”, es verdadero. Pero es irrelevante para lo que estamos tratando. En este con-texto, su relevancia consiste en ser un ejemplo.

¿Quién determina la relevancia de un mensaje verdadero? ¿Quién determina cuándo y de qué modo debe decirse?

En una sociedad libre, cada uno de nosotros. Eso es el free speech.

“Eres obeso”, le digo a un amigo, de repente, que efectivamente lo es.

¿Es “misinformation”?

No, es más, en cierto sentido, la fake news es que NO sea obeso.

Malvinas 1982. ¿Invasión o recuperación? ¿Cuál es la fake news allí?

¿Interrupción del embarazo o asesinato del no nacido? ¿Cuál es la fake news?

Entonces “depende de…”. Sí, pero eso no es relativismo o escepticismo. Sí, depende de nuestras convicciones, cuya verdad hay que saber defender y cuya defensa y debate es posible sólo en una sociedad libre, NO en una sociedad donde un gobierno garantice un supuesto “derecho a la información” cuando precisamente hemos visto que la “información” sin con-texto es imposible. Y la información con con-texto ya no es información: es conocimiento.

A partir del 2020, esto llegó al éxtasis del autoritarismo. La OMS decide qué es falso y verdadero, y los que no están de acuerdo con la OMS son negacionistas y conspiranoicos, y son literalmente perseguidos por la justicia, silenciados, apartados de sus cargos, etc.

La vacuna es segura, la vacuna no es segura; sí lo es, pero no “suficientemente”, etc……… ¿Por qué no dejamos que se debata libremente? ¿Cuál es el pánico ante la libre discusión?

Y ahora, el perverso pero coherente gobierno de Biden ha nombrado a una funcionaria para que “vigile” la “misinformation”, “ese gran peligro para la democracia”; sí, claro, ese gran peligro para el Partido Demócrata. Así, ahora, pensar y decir que hay sólo dos sexos, que los padres deben decidir sobre los contenidos educativos de sus hijos o que la elección del 2021 es dudosa (y etc.) es “misinformation” y más aún, “domestic terrorist”. Claro, si Goebbles lo hace está mal pero si lo hace Nina Jankowicz está bien.

Pero lo terrible no es Biden y su banda de totalitarios. Lo terrible es que este tema de la mis-information, las fake news y etc se ha hecho carne en las más nobles carreras de comunicación y en los más altos niveles científicos y filosóficos, donde mucha gente de buenas intenciones creen que están haciendo un favor al mundo “vigilando” la “misinformation”, o sea, vigilando el pensamiento de los que no piensan como ellos.

Así estamos. Y en esto, como en tantas cosas, muere Occidente. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

EL MAGISTERIO, EL TEMA MORAL Y EL CAOS ACTUAL DE POSICIONES DENTRO DE LA IGLESIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 3/4/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/04/el-magisterio-el-tema-moral-y-el-caos.html

En la entrada del Domingo anterior (https://gzanotti.blogspot.com/2022/03/que-el-papa-fracisco-nos-sirva-de.html), alguien nos podría decir que mi insistencia en el aspecto opinable de los temas sociales deja abierta la misma opinabilidad para los temas morales no sociales. ¿No hubo allí también un abuso del poder del Magisterio? ¿No hubo también allí una inflación de documentos pontificios? Esta semana el Cardenal Marx declaró que el Catecismo no está escrito sobre piedra, en el contexto de los debates de moral sexual que hace décadas dividen cada vez más a la Iglesia Católica.

Pero no. No es lo mismo.

Desde la década de los 50 y los 60 la Iglesia se ha visto presionada por fuertes corrientes doctrinales que, ya desde afuera o desde dentro, consideran necesario ampliar el ámbito de lo permitido en la moral sexual.

Creo que ello obedece a tres causas, entre ellas:

–          Un legítimo cambio en las tendencias pastorales,

–          Una crisis en la teoría de la ley natural,

–          La obvia influencia del post-modernismo y el lobby LGBT dentro de la Iglesia.

Lo primero es lo más atendible. La superación de la dialéctica entre una mentalidad condenatoria por un lado, y una mentalidad relativista por el otro, en la pastoral sexual, siempre ha sido muy difícil. Los más conservadores tienden a condenar más y los más liberales tienden a perdonar más. La pura verdad es que dicha tensión se supera siempre con el ejemplo de Jesucristo, quien perdona al pecador pero condena con claridad al mal moral en sí mismo. Llevar eso a la práctica es difícil pero la doctrina es clara: no se condena la conciencia subjetiva, de la cual sólo Dios es juez, pero se condena la inmoralidad de la acción en sí misma, porque sin ese señalamiento, el perdón deja de tener sentido.

Lo segundo consiste en que una versión racionalista de la ley natural, muy influenciada por un tomismo aristotélico que quiso sacar a Santo Tomás de su contexto teológico, (https://gzanotti.blogspot.com/2018/09/mi-vision-del-tomismo-hoy.html ) tuvo como efecto rebote una falta de claridad en el seno mismo de la Iglesia sobre dicha cuestión y una mayor debilidad ante los ataques del post-modernismo. Santo Tomás es teólogo y su defensa de la ley natural está dentro de un contexto teológico. Intentar ocultarlo para parecer más secular implica el tiro por la culata. Todos los temas de moral sexual se resumen en esta famosa frase de Jesucristo: en el principio no era así. Remite así Jesucristo la moral sexual a la justicia de la situación originaria, donde estábamos protegidos por los dones preternaturales. Y de ese modo la naturaleza humana llega a su plenitud y la ley natural se cumple. (https://institutoacton.org/2018/07/04/sexualidad-hacia-una-ley-natural-mas-catolica-y-una-mayor-vivencia-de-la-libertad-religiosa-gabriel-zanotti/)  Luego del pecado original, la gracia deiforme es reemplazada por la gracia cristiforme de la redención. Pero sin la gracia de la Redención, el cumplimiento de la ley natural es muy difícil. Decirlo no es incompatible con el recordatorio de la ley natural en una sociedad secular. Pero sin eso, sin esa vuelta a principio, nada se entiende. Porque en ese principio la sexualidad estaba elevada al matrimonio monogámico e indisoluble entre un hombre y una mujer. La redención implicó salvarnos precisamente del pecado original que nos aleja de ello. Por ende todo lo que salga de ese matrimonio es contrario a la ley natural, sí, porque es contrario a ese principio. Si los teólogos morales católicos no entienden eso, no entienden nada. Y por eso se alejan de la tradición cristiana de defensa de la pareja originaria.

Y eso produce lo tercero: ante esa falta de firmeza teológica de la ley natural, el post-modernismo avanza lo más campante incluso dentro de los teólogos católicos. Reaccionan contra el tomismo aristotélico de su juventud, estudian una hermenéutica relativista basada en una interpretación relativista del último Heidegger, estudian Marx, Hegel, Derrida, etc., y pierden la fe sin darse cuenta. Sólo la síntesis entre Santo Tomás y la fenomenología de Husserl podría haberlos sacado de la confusión, pero eso estaba muy lejos del horizonte de su formación.

Por ende, los temas sexuales no son temas circunstanciales, como los sociales. Estos últimos “aplican” normas generales a casos concretos. Las normas de la moral sexual, en cambio, son mandamientos negativos no circunstanciales. No fornicarás, no adulterarás: no en tanto nunca. Que se nos perdone porque nuestra conciencia subjetiva fue débil o estuvo mal formada, obvio, pero ello no convierte al acto moralmente malo en bueno desde el punto de vista de la objetividad de lo bueno o malo en sí mismo considerado.

Todo esto lo tuvieron que recordar Juan Pablo II y Ratzinger en la Veritatis splendor, (https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html) que se consideró en su momento el colmo del conservadurismo. Y sin embargo su contenido era elemental. Cualquiera que hubiera estudiado lo mínimo de Santo Tomás la entendía. Objeto, fin y circunstancias del acto moral, acto moral objetivo versus conciencia subjetiva, diferencia entre pecado moral y venial, etc. Elemental Watson, catequesis elemental, pero en 1993 todo ello tuvo que ser recordado a los obispos en primer lugar.

No sé qué tienen en la cabeza el Cardenal Marx y miles que piensan como él; lo que sí sé es qué NO tienen in mente: al Santo Tomás teólogo, a la combinación entre tomismo y fenomenología, al contexto escriturístico de las admoniciones de Jesús contra la dureza de nuestro corazón.

Por ende, la defensa de nuestra libertad de opinión en temas esencialmente prudenciales no implica pasar al caos en materia de moral elemental. Los mandamientos morales negativos (donde también entra no matar, no robar, no mentir) no admiten circunstancia, son siempre así. Cambiará la prudencia pastoral, cambiará el modo de explicarlos, cambiarán las tendencias históricas y las sensibilidades de cada momento, y es deber del pastor estar atento a todo ello, pero el bien es bien y el mal es mal, y ese Pedro que se ha devaluado a sí mismo hablando de política concreta, es el mismo que debería confirmar en la fe a sus hermanos, como lo hacía la Madre Angélica, como lo hace el Padre Santiago Martín, y tantos otros héroes actuales de la Fe que bien lejos están de las estupideces del Vaticano.

Dios es un duro maestro. El sabe por qué permite que todo esto pase. Tal vez, pasa para que pase. Mientras tanto, oídos atentos a los verdaderos santos, que les aseguro que están lejos de los lobos con piel de cordero.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

¿Qué distopía describe mejor al mundo actual: la de Orwell, la de Huxley o la de Bradbury?

Por Martín Krause. Publicada el 28/2/22 en: https://bazar.ufm.edu/distopia-describe-mejor-al-mundo-actual-la-orwell-la-huxley-la-bradbury/

David S. Wills escribe una columna en Quillette donde hace un análisis comparativo entre las distopías más conocidas escritas en el siglo XX: 1984, de George Orwell; A Brave new World, de Aldous Huxley y Farenheit 451, de Ray Bradbury. Se inclina por esta última como descriptiva de lo que está ocurriendo actualmente:

“La principal diferencia entre la distopía de Huxley y la descrita por Orwell es la metodología a través de la cual la humanidad es controlada por gobiernos autoritarios. Huxley argumentó que los humanos serían engañados para aceptar su propia esclavitud a través de antidepresivos y varias distracciones hedonistas, mientras que Orwell sostuvo que el cumplimiento se lograría más fácilmente a través de la censura, el control mental y la violencia. En una carta a Orwell (su profesor de francés de la infancia) al leer 1984, Huxley insistió en que «el ansia de poder puede satisfacerse tan completamente sugiriendo a las personas que amen su servidumbre como azotándolas y pateándolas para que obedezcan». Ciertamente, la novela de Bradbury presenta elementos de ambos; los ciudadanos en su futuro están sujetos a la violencia estatal y también pacificados por el placer y las drogas. Sin embargo, la distinción clave aquí, y la gran contribución de Bradbury a la literatura distópica, es que también elegiríamos nuestra propia esclavitud intelectual.”

“Más bien un distópico cliché, Fahrenheit 451 cuenta la historia de un hombre que se despierta a la realidad de que la sociedad es profundamente opresiva y decide resistir. El protagonista es un bombero llamado Montag, que llega a cuestionar la naturaleza de su profesión. Pero en esta visión del futuro, los bomberos ya no apagan incendios, los inician. Tienen la tarea de quemar libros, que ahora están prohibidos, y con la ayuda de un sabueso mecánico de ocho patas, buscan tenazmente literatura y la destruyen. La tecnología fomenta la alienación, pero un gobierno rara vez impone sistemas de control a la población.

En 1984, la información es cuidadosamente controlada por el estado. En Brave New World, los ciudadanos son bombardeados con tanta información que son incapaces de emitir juicios inteligentes. En Fahrenheit 451, sin embargo, las personas eligen la ignorancia ya que llegan a rechazar la complejidad y la incertidumbre que brinda la literatura; con la proliferación de fuentes de medios más breves y emocionantes, los libros han perdido gradualmente su atractivo.”

https://quillette.com/2022/02/12/a-pleasure-to-burn-closer-to-bradburys-dystopia-than-orwells-or-huxleys/

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Sana envidia y mentira piadosa

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 12/2/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220213/zqgjkeg5mvbipkmmb4q57zsg2e.html

Cuando los políticos mienten, prácticamente siempre en su propio interés, eso nunca es una mentira piadosa, sino la vieja mentira podrida de toda la vida de Dios

Lo que llamamos sana envidia no es realmente envidia, igual que la mentira calificada de piadosa no es realmente mentira. La consciencia de ambos vicios ilumina el contraste moral entre la libertad y la política, en particular la progresista.

La envidia es el más ruin de los pecados, porque es el único del que las personas somos incapaces de concebir una circunstancia en la que estemos orgullosos de haberlo cometido. Precisamente por eso hablamos de sana envidia para expresar un sentimiento distinto, que no es el vil pesar envidioso ante el bien ajeno sino la admiración hacia el mismo o el impulso a emular al prójimo.

Una marca fundamental de la inmoralidad del intervencionismo, o el socialismo de todos los partidos, es que legitima la envidia, porque permite recubrirla de nociones plausibles como la «justicia social» o los «derechos sociales», que se traducen necesariamente en la violación de los derechos de las personas. O, expresado de otra manera, si no existiera la envidia, si todos respetáramos los bienes ajenos, si nadie quisiera arrebatarle nada al prójimo, el socialismo no podría existir («Social State and Anti-Social Envy», aquí: https://bit.ly/373vP3Z).

En cuanto a la mentira piadosa, nuestro diccionario la define como «mentira que se dice para evitar a otro un disgusto o una pena». Aquí la clave estriba en el objeto de la mentira: el otro, no el que profiere el embuste sino el que es engañado. La mentira que asociamos a la política en general, y al socialismo en particular, no tiene que ver con el otro sino con el propio político. Cuando Karl Popper decía que había dejado de ser comunista cuando descubrió que los comunistas eran muy mentirosos no se refería a que mentían piadosamente en beneficio de los demás, sino pérfidamente en beneficio propio.

En su debate con Kant a propósito del derecho a la mentira, señaló Constant: «Es un deber decir la verdad, pero solamente en relación con quien tiene el derecho a la verdad. Ningún hombre, por tanto, tiene derecho a la verdad que perjudica a otros».

Por tanto, cuando los políticos mienten, como mienten prácticamente siempre, y prácticamente siempre en su propio interés, no en el interés general, eso nunca es una mentira piadosa, sino la vieja mentira podrida de toda la vida de Dios.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Individualismo, verdadero y falso

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

Contrariamente a lo que comúnmente se cree, el individualismo no es una característica del ser humano o una manera de ser, o no es solamente eso si se quiere, sino que es una teoría social. Una teoría que habla del hombre como individuo en relación a los demás, ya que de otro modo, si tuviera en cuenta a un sólo individuo en particular no tendría sentido ni siquiera la denominación de individuo ni, por consiguiente, la de individualismo. Dado que lo único que existiría seria el individuo como un todo, y eso la invalidaría como teoría toda vez que la menor evidencia es demostrativa que en el mundo existe más de un individuo.

Frente a la noción popular de individualismo que lo considera como una tesis que promueve el egoísmo irracional, F. A. v. Hayek divide el individualismo en dos partes: uno verdadero y otro falso:

‘’ ¿Cuáles son entonces las características esenciales de verdadero individualismo? Lo primero que debe señalarse es que se trata primordialmente de una teoría de la sociedad. El individualismo verdadero es un intento por conocer las fuerzas que determinan la vida social del hombre y, sólo en segunda instancia, un conjunto de máximas políticas derivadas de esta perspectiva de la sociedad’’[1]

Para llegar a la noción de sociedad se debe partir necesariamente de la de individuo, y el individualismo no es más que esto. Un camino que va desde el individuo hasta la sociedad, que está irreparablemente compuesta por individuos.

En suma, el individualismo es aquella teoría que estudia como los individuos interactúan entre sí.

En un lenguaje diferente, L. v. Mises caracteriza al mercado como un sistema de cooperación social, que sólo puede tener por base y protagonistas a individuos de existencia humana. Es otra forma de decir lo mismo –nos parece- que nos explica F. A. v. Hayek.

Es fundamental comprender que ‘’el todo’’ sin la parte no es ‘’todo’’ sino parte. Y un ‘’todo’’ sin partes es nada. De la misma manera, si la sociedad se concibe como ‘’un todo’’, sus partes constitutivas son los individuos, y por ser constitutivas son los fundamentos necesarios de ese ‘’todo’’ que llamamos sociedad o colectivo. Sin esos fundamentos ningún ente colectivo puede existir por si mismo.

‘’Este hecho por sí sólo debería ser suficiente para refutar el más absurdo de los malentendidos comunes: la creencia de que el individualismo postula (o basa sus argumentos sobre el supuesto de) la existencia de individuos autónomos y aislados, en lugar de entender que el carácter y la naturaleza de los hombres están determinados por su existencia en sociedad’’[2]

Es que esa autonomía y aislamiento que se le atribuye de común al individualismo es algo imposible desde cualquier punto de vista, porque contradice la más evidente realidad.

Es de sentido común poder advertir que nos sería imposible satisfacer todas nuestras necesidades valiéndonos exclusivamente de nosotros mismos. Comenzando que, gran parte de nuestras ideas -desde un comienzo- no son propias sino ajenas, tomadas de otros, tamizadas y aceptadas por nosotros como útiles para nuestros fines.

Lo que llamamos nuestra conducta individual -en realidad- es en gran parte social, adquirida en un proceso de aprendizaje que va desde nuestra infancia y que pasa por la educación formal e informal la cual, esta última, dura toda la vida.

Las ideas propias que podamos forjar en ese transcurso, siempre tendrán por cimiento las ideas de otros, aprendidas por medio de la educación e información recibida durante años. Ergo, es una falacia pensar al individuo como algo aislado y autónomo de sus semejantes.

‘’Si eso fuese efectivo, en realidad no tendría nada con que contribuir a nuestro entendimiento de la sociedad’’[3]

Se refiere a ‘’la existencia de individuos autónomos y aislados’’ que es la idea popular del individualismo, errónea desde todo punto de vista porque es fácticamente imposible y que –benévolamente- F. A. v. Hayek califica como de malentendido.

‘’Pero su argumento básico es bastante diferente: no hay otra forma para llegar a una comprensión de los fenómenos sociales si no es a través de nuestro entendimiento de las acciones individuales dirigidas hacia otras personas y guiadas por un comportamiento esperado’’[4]

Es otra forma de decir que lo que llamamos ‘’sociedad’’ sólo puede ser comprendida a partir de un contexto individual. No hay otra manera de explicarla. No se puede proceder al revés como pretenden los colectivistas.

No es posible percibir al individuo si tomamos como punto de partida ‘’la sociedad’’, porque esta es solamente un producto intelectual que tiene como punto de despegue una realidad vital: el individuo. La base de cualquier colectivo (sea del tipo que imaginemos) sólo es -y puede ser- exclusivamente el individuo. Es justamente el individualismo lo que nos permite entender las acciones de los demás, ya que asimismo expresamos dichas conductas de una manera individual.

‘’Este argumento está dirigido primordialmente contra las teorías propiamente colectivistas de la sociedad, que pretenden ser directamente capaces de considerar a los conjuntos sociales, como la sociedad, y otras en cuantas entidades “sui generis”” que existen en forma independiente de los individuos que las componen’’[5]

Pero, lamentablemente, estas teorías colectivistas son las que predominan en todas partes hoy en día. Y ya vimos que sus bases son tan remotas como las encontraba K. R. Popper en Platón, Hegel y Marx, quienes pueden ser considerados como los tres grandes campeones del colectivismo triunfante en todas las disciplinas del saber de nuestros días, sea que tratemos de la sociología, la política, la economía, el derecho, y fundamentalmente la filosofía.

Para solucionar los problemas sociales no queda más camino que retomar la senda del individualismo el que F. A. v. Hayek llama correctamente el verdadero.


[1] Friedrich A. von Hayek «INDIVIDUALISMO: EL VERDADERO Y EL FALSO». Este ensayo corresponde a una exposición pronunciada en la duodécima Finlay Lecture en la University College de Dublín, en diciembre de 1945. Fue publicado en 1946 en Dublín y Oxford y aparece en el volumen Individualism and Economic Order (The University of Chicago, 1948, reimpreso posteriormente por Gateway Editions Ltd., South Bend, Indiana). Pág. 6

[2] F. A. v. Hayek, ibídem. Pág. 6

[3] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

[4] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

[5][5] F. A. v. Hayek, ibídem, pág. 6

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina