Un poco de humor

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/7/2en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/poco-humor.html

No es fácil escribir sobre el tema de esta nota dadas las trifulcas que se suceden en nuestro atribulado mundo agudizadas por la pandemia, pero resulta saludable e higiénico abrir un paréntesis para intentar una perspectiva diferente.

El sentido del humor es esencialísimo para la vida, no solo por lo dicho sino por respeto a uno mismo que demanda la debida humildad y también por razones de salud ya que reduce el nivel de hormonas vinculadas al stress, mejora la digestión, aumenta el volumen respiratorio, mejora la circulación de la sangre y potencia los factores inmunológicos. Pero el motivo central es que mejora la calidad de vida con alegría y contrarresta los problemas que a todos nos circundan.

Se dice que hay dos puntos clave para evitar el stress: primero no preocuparse por nimiedades y segundo, tener en la mira que, bien visto, todo es una nimiedad. Esto está bien como chiste pero el sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Es un irresponsable que resulta incómodo para encarar temas que por su naturaleza requieren análisis prudentes y atentos. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.

Es de interés el experimento de contar en reuniones sociales las estupideces en las que uno incurre, no solo para liberar tensiones sino para observar la reacción de los demás que en general son de dos tipos. Unos se manifiestan sorprendidos en el sentido de que como puede ser que se comentan determinados errores garrafales. Son los amargos de la reunión, los que miran desde arriba los acontecimientos como si ellos fueran incapaces de una equivocación. Es bueno tenerlos en cuenta para no mantener una conversación seria con ellos. Los hay también que se ríen a sus anchas del tropiezo y relatan acontecimientos similares que les han sucedido a ellos. Con estos puede conjeturarse una conversación fértil.

En cuanto a la humildad de la que, como queda dicho, el humor es una manifestación (y muy especialmente bienhechora si incluye la capacidad de reírse de uno mismo), lo cual no debe ser confundido con la falsa humildad que oculta una gran soberbia. “La humildad, siempre que no sea ostentosa” ha sentenciado bien Borges.

Cultivar el sentido del humor no significa que se sea alegremente optimista, más aun el pesimista del presente es en verdad un optimista del futuro porque ve posibilidades de mejorar en un contexto en el que atribuye potencialidades de excelencia para lograr metas. El optimista del presente, en cambio, es un pesimista del futuro porque estima que no es posible mejorar y, por ende, se conforma con lo que sucede. Se puede ser realista y al mismo tiempo tener muy buen sentido del humor.

Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofarse de gobernantes autoritarios. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos, por ejemplo, en nuestra época probablemente lo más filoso haya sido la producción cinematográfica El gran dictador de Charles Chaplin para ridiculizar a la bestia de Hitler. Y más recientemente, los chistes en torno a los discursos de Nicolás Maduro con respecto al supuesto consejo bíblico de “la multiplicación de los penes” o aludir a “los millones y millonas” y equivalentes en boca de otros megalómanos. El ridículo es lo que más afecta a las empedernidas burocracias porque consideran que están más allá “del llano” y del error. Los gobernantes suelen adoptar actitudes de estar haciendo cosas sublimes pero lo que no tienen en cuenta es que “entre lo supuestamente sublime y lo ridículo hay solo un paso”.

Muchos han sido los estudios detallados sobre aspectos filosóficos del humor -comenzando por Henri Bergson- pero pocas cosas son más cómicas -tragicómicas- que observar funcionarios gubernamentales con rostros adustos y gestos graves portando gráficos (a veces mentirosos), pontificando acerca de cómo debe el aparato estatal administrar la vida y los bolsillos ajenos, con resultados calamitosos pero adjudicando las culpas a “la especulación”, a “golpes de mercado” y otras gansadas que, según ellos, oscurecen el panorama a pesar de la supuesta sapiencia de las mentalidades estatistas.

Respecto al final de nuestros días, Woody Allen en un arranque de humor negro escribió: “Me gustaría morir como mi padre que se quedó dormido al volante y no como los otros que iban gritando en el automóvil” o también “morirse es igual que dormir pero sin levantarse para hacer pis”.

Cierro este apunte sobre el humor con cuatro chistes (y no tan chistes) de mi profesión como doctor en economía:

“¿Qué tienen que hacer esos hombres con trajes grises en este desfile militar? Son economistas, no sabe el daño de que son capaces”.

“Un economista es quien se hace rico explicando porqué otros son pobres”.

“La economía es el único ejemplo en el que pueden obtenerse premios Nobel por decir cosas opuestas entre si en el mismo acto” (como fue el caso de Hayek y Myrdal).

“¿Porqué Dios creó a los economistas? Porque de esa manera los pronosticadores de meteorología no quedan tan mal parados”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA FALSA DICOTOMÍA ENTRE NATURALEZA Y CONTRUCCIÓN.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/6/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/06/la-falsa-dicotomia-entre-naturaleza-y.html

Se dice habitualmente que, en los seres humanos, hay cosas que corresponden a su naturaleza, mientras otras serían solamente una especie de constructo social, accidental, no esencial. Obvio entonces que las filosofías postmodernas que niegan la existencia o conocimiento de la naturaleza del ser humano afirman que todo es un constructo, y obvio entonces que los que afirman la ley natural lo niegan.

Pero es una falsa dicotomía, fruto de haber olvidado a Husserl y la intersubjetividad, el mundo de la vida, suponiendo que la opción es entre el tomismo de los ultramontanos o la interpretación postmoderna de Heidegger.

En Husserl, el ser humano vive en la inter-subjetividad. Esto es, lo “esencial” al ser humano es el ser-con-los-otros. El ser humano tiene esencialmente “mundo”. Esto es, mundo de la vida. Todos los aspectos que llamamos “culturales” (religiosos, políticos, científicos, artísticos, etc etc) son fruto de roles y fines entre los seres humanos. Juez, sacerdote, profesor, reos, acusados, feligreses, alumnos, son todos roles que nuestra acción intencional atribuye (los unos a los otros) y eso constituye el mundo en el que somos. Ortega lo llamó el yo y sus circunstancias, Morente lo llamo ontología de la vida.

Ello nada tiene contra la verdad y la realidad. Cuando estoy dando una clase, pregunto: ¿es verdad que estamos en clase? ¿Es real que estamos en clase? Si. Las personas son reales y sus roles respectivos -profesor, alumno- también. Pero basta que llegue determinada hora para que ya no estemos en clase. La clase no eran las paredes del aula, porque después de tal hora las paredes siguen estando. Lo que “ya no es”, es “la clase”. ¿Era falsa entonces la clase? No. Lo que es falso es suponer que en el ser humano, lo real es lo físico. Hay un famoso documental que se llama “el mundo sin los humanos”. Interesante, porque sin los humanos ya no es mundo. Son restos físicos, cuyo sentido sólo se develará ante una civilización extraterrestre que logre entender, tras casi imposibles intentos, todo el mundo de intenciones y fines que daban sentido a lo que Gadamer llamó horizonte, esto es, el mundo de la vida en tanto cargado de la historicidad de las tradiciones.

Todo ello, o sea el mundo de la vida, los horizontes, es la cultura.

La cultura es por ende esencial al ser humano, tan esencial como el agua a un pez. En ella somos, vivimos y existimos. Lo humano se despliega en lo cultural. Hay culturas diferentes porque la naturaleza humana es creadora de sentidos. Hay diversidad de culturas porque la naturaleza humana tiene la riqueza de su inteligencia creadora. Por eso los animales no tienen cultura, ni Historia: sólo un medio ambiente-fragmento del cual no pueden salir. No tienen mundo.

¿Es natural, por ende, darse la mano? Sí. ¿Es natural saludar como los japoneses? Sí. Y así sucesivamente. Y ahora cuidado: ¿es “natural” asesinar a un inocente? Sí, cuidado, en el sentido de que sólo el ser humano puede ir contra su naturaleza. O sea, al ser humano le es esencial (natural) que su acción sea moralmente buena o mala, en la medida que vaya contra su naturaleza. Por ende puede haber tradiciones culturales moralmente malas. Y por ende, puede haberlas buenas también. La distinción NO es entre naturaleza y cultura, sino entre mundos de la vida (cultura) que tengan elementos inmorales y otros que no. Esa es la gran distinción. No entre lo cultural y lo natural, porque en el ser humano, todo lo cultural le es natural, porque la cultura no es sino la intersubjetividad, los mundos de la vida infinitamente desplegados en su diversidad histórica merced a la inteligencia creadora del ser humano, dentro de la terrible posibilidad del mal moral porque de esa inteligencia emerge el libre albedrío[1].

Por ende, ¿es mi cristianismo, por ejemplo, un “mundo de la vida”, un “horizonte”? Sí. Y tu agnosticismo, si fuera el caso, también. Mi ir a Misa el Domingo también y tu NO ir también. Ver al espantoso programa de Tinelli también o ver una deliciosa obra de kabuki también. Y así sucesivamente. La cuestión NO es si lo mío es natural y lo tuyo “construido”, sino si lo mío es conforme a la moral (también lo tuyo). Y la cuestión NO es si lo mío es “natural” y por ende “fáctico” y por ende “verdadero” y lo tuyo es “construido” y por ende “artificial” y por ende “falso”. No. Todas son falsas dicotomías fruto del enfrentamiento entre el positivismo y el postmodernismo, ambas filosofías MUY engañosas. Todo es un horizonte. Mi cristianismo, mi ir a un asado, tu islamismo, tu inclinarte hacia la Meca, mi cuidar al bebé, tu abortarlo. El asunto es poder justificar la verdad, la moralidad de un horizonte. Claro que la Declaración de la Independencia de los EEUU es “cultura”. Pero está basada en un horizonte judeo-cristiano que es “verdadero”…

Ah no, eso no, me vas a decir. Si algo es verdadero es que está basado en “los hechos”. Estás perdido. Cuando venga un postmoderno bien entrenado y te disuelva los supuestos hechos en la nada, al hacerte advertir el horizonte desde el cual hablás de los “hechos”, se te fue la verdad a la miércoles. Excepto que estés entrenado en una hermenéutica realista, con base en Santo Tomás, Husserl y Gadamer, donde adviertas que todos los horizontes son “humanos”, y que ello es la base para defender la verdad de un horizonte o el error de un horizonte.

Por ende está bien que quieras basar la verdad y la moral en la naturaleza humana pero si la desprendes de su “mundo”, o sea de la cultura, la desprendes de sí misma.

Y sí. No es fácil, porque el “mundo” en el que has nacido es positivista, es una cultura que paradójicamente cree que hay cultura por un lado y naturaleza fáctica por el otro. No. La ética no se basa en la biologíaSe basa en lo que el ser humano es. Y sobre la base de lo que es, es que todos los horizontes pueden encontrarse en un horizonte en común. Hay algo de esperanza, por ende, a pesar de que “el malestar en la cultura” nos explique el atroz presente y nos prepare para un futuro donde sea muy difícil el renacer de la libertad.


[1] El libre albedrío no es el poder elegir entre el bien y el mal, sino el poder optar entre diversos bienes, lo cual incluya la dramática posibilidad del mal. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Más sobre la probabilidad de lo improbable

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 5/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/05/mas-sobre-la-probabilidad-de-lo-improbable/

Todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos”. En cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas

Hace tiempo apareció el libro titulado El cisne negro cuyo autor, Nassim Nicholas Taleb, nació en Líbano y se doctoró en la Universidad de París-Dauphine. Es del caso volver sobre el asunto debido a la manía de simplemente extrapolar el pasado y encajarlo al futuro.

De tanto en tanto aparecen libros cuyos autores revelan gran creatividad, que significan verdaderos desafíos para el pensamiento. Son obras que se apartan de los moldes convencionales, se deslizan por avenidas poco exploradas y, por ende, nada tienen que ver con estereotipos y lugares comunes tanto en el fondo como en la forma en que son presentadas las respuestas a los más variados enigmas intelectuales.

El eje central de la obra de marras gira en torno al problema de la inducción tratado por autores como David Hume y Karl Popper, es decir, la mala costumbre de extrapolar los casos conocidos del pasado al futuro como si la vida fuera algo inexorablemente lineal. Lo que se estima como poco probable -ilustrado en este libro con la figura del cisne negro- improbabilidad que al fin y al cabo ocurre con frecuencia.

Ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina la que dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra cómo en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra cómo en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la tendencia a encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos que los titulares les hubieran dado otro destino.

Uno de los apartados del libro se titula “Seguimos ignorando a Hayek” para aludir a las contribuciones de aquel premio Nobel en economía y destacar que el conocimiento está disperso y que la coordinación social no surge del decreto del aparato estatal sino de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que conforman la organización social espontánea y que las ciencias de la acción humana no pueden recurrir a la misma metodología de las ciencias naturales donde no hay propósito deliberado sino que hay reacción mecánica a determinados estímulos.

La obra constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (e incluso de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende manejar vidas y haciendas ajenas en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que la posan de sabios y que alardean de conocimientos preclaros del futuro cuando en verdad no pueden pronosticar a ciencia cierta qué harán ellos mismos al día siguiente puesto que al modificarse las circunstancias naturalmente cambian sus propias conjeturas.

Pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que como escribe Taleb “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable -fruto de contrafácticos y escenarios alternativos- no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos “cementerios” ocultos tras ostentosos “y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss” que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite el desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar las predicciones basadas en la linealidad construidas sobre la base de lo habitual a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de la suerte, incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda el autor, “lo empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “Yo no le deseo mal a nadie pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente coma igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal.

En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se llevan a cabo a través de la prueba y el error y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, el prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad…al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la imposibilidad de pronosticar que hayamos aparecido en este mundo con las características únicas e irrepetibles respecto a todos los nacidos en la historia de la humanidad.

Es comprensible el esfuerzo de tomar en cuenta el pasado al efecto de no repetir errores. Nos manejamos con lo que conocemos pero de ahí hay un salto lógico imperdonable si solo extrapolamos y no damos lugar a la creatividad, a la imaginación y a lo nuevo y distinto. Por eso es que hemos insistido tanto en la necesidad de abandonar las telarañas mentales de los conservadores en el peor sentido de la expresión que rechazan de plano todo lo novedoso que se sale de los paradigmas archiconocidos.

Así es que en otros planos en nuestro mundo se rechaza la idea de abolir la banca central, el absurdo de reparticiones gubernamentales de cultura y educación como si fuera natural imponer estructuras curriculares, se mantiene a rajatabla la idea de contar con fastuosas embajadas en plena era de las teleconferencias, se insiste en el concepto autoritario de las agencias oficiales de noticias, se machaca con la noción de estadísticas realizadas por los aparatos estatales en lugar de abrir a la competencia con auditorías cruzadas al efecto de contar con la mejor calidad posible, se piensa que es saludable contar con Ministerios de Economía sin percatarse que como su nombre lo indica es para regentear la economía que es precisamente lo que conduce a la hecatombe, se reitera la supuesta necesidad de aplicar coactivamente un expropiatorio sistema jubilatorio que no hace más que asaltar a las personas de mayor edad, se establecen mal llamadas empresas estatales que inexorablemente implican la mal asignación de lo siempre escasos recursos, hay empecinamiento en administrar desde el poder político el fruto del trabajo ajeno con injustas regulaciones del mercado laboral, se persiste en el error de evitar la asignación de derechos de propiedad al espectro electromagnético y así obviar el peligro de la figura de la concesión en manos estatales y así sucesivamente. Acabo de publicar mi libro titulado Vacas sagradas en la mira donde me explayo en estos y otros asuntos equivalentes.

Milton y Rose Friedman publicaron un jugoso ensayo que tradujimos al castellano cuando era Rector de ESEADE para la revista académica Libertas titulado “Las corrientes en los asuntos de los hombres” donde los autores sostienen que para conjeturar algunos de los sucesos del futuro no basta con mirar en la superficie del agua de lo que viene ocurriendo sino que debe zambullirse en las profundidades de los acontecimientos para detectar corrientes subterráneas en el devenir intelectual en donde, como decimos, la característica central estriba en la apertura mental para, precisamente, abrir cauce a la antes referida creatividad e ingenio que permite sospechar cisnes negros para no estar embretados en la rutina que es el enemigo más potente de la invención y el descubrimiento. En esta línea argumental es que Albert Einstein -al que en el colegio le dijeron que tenía un muy bajo coeficiente intelectual- ha dicho que “la mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre”, Jorge Luis Borges no fue al colegio hasta los nueve años pues su padre sospechaba de la intromisión estatal en la materia y el antes aludido Luis Pasteur no era médico y era rechazado por profesionales de la Academia de Ciencias de París.

Como escribe Luis Alberto Machado en La revolución de la inteligencia “el trabajo de creación siempre será un trabajo en soledad. Y todo innovador tiene que resignarse a la idea de caminar buena parte de su jornada en soledad con la sola compañía de sus pensamientos. El innovador en cualquier campo tiene que saber que con frecuencia será objeto de incomprensión y de burla”. Es como ha consignado John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción.”

Stefan Zweig escribe en la primera línea de Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación.” Y para que este proceso tenga lugar es indispensable el clima de libertad de expresión al efecto de aprender de otros y poder transmitir las conjeturas propias en un contexto de corroboraciones provisorias sujetas a la refutación como bien subraya una y otra vez Popper.

Es por lo dicho que Taleb concluye en su obra que “dejemos que los gobiernos predigan (ello hace que los funcionarios se sientan mejor consigo mismos y justifica su existencia) pero no nos creamos nada de lo que dicen […] De hecho, si el libre mercado ha tenido éxito es precisamente porque permite el proceso de ensayo y error que yo llamo ajustes estocásticos por parte de los operadores individuales en competencia”. Es el único modo de percibir y desarrollar lo que es hasta el momento desconocido y rechazado por mediocres.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

PREGUNTAS SOBRE LA LOCURA DEL COVID 19, RELOADED

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/5/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/05/preguntas-sobre-la-locura-del-covid-19.html

En Abril del año pasado hice una serie de preguntas, en un diálogo imaginario, a un médico pro-cuarentena obligatoria. (http://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-v-y-final.html). Creo que ha llegado el momento de actualizarlas. Colocaré entre comillas a las preguntas de entonces y les agregaré luego, en negrita, mi comentario actualizado.


“1.       ¿Cómo se le pasó por la cabeza? ¿Usted cree que, aunque su tratamiento sea efectivo, usted tiene derecho a violar las libertades individuales básicas y aceptar ser el experto al servicio de un poder ilimitado? ¿No se le pasa por la cabeza que usted está cumpliendo el mismo rol que un inquisidor medieval?” Por las primeras dos entradas (http://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando.html y http://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-que-esta-pasando-ii.html) , no, no se le pasa por la cabeza, obviamente”

En En esto he insistido varias veces (por ejemplo, http://gzanotti.blogspot.com/2021/02/una-vez-mas-no-se-debe.html), pero es lo más incomprensible para la cultura autoritaria actual mundial. La analogía más gráfica es la comparación con el gobierno del 76, que tampoco gustó nada a muchos. En ese entonces se nos dijo: hay que violar libertades individuales porque el terrorismo amenaza la seguridad. Muchos (muchos de los que hoy despotrican contra el gobierno militar del 76) lo aceptaron, igual que hoy muchos aceptan la violación de las libertades individuales por el famoso tema del contagio. Y entonces, lo mismo. En ese entonces se nos preguntaba, ¿y entonces cómo frenar al terrorismo? Ah, no sé, no soy estratega, sólo le digo: eso es inmoral. Ahora, lo mismo. Se nos pregunta: ¿cómo frenar al virus? Ah no sé, no soy médico, sólo le digo: cuarentenar a los sanos, violar todas sus libertades, llamar a la delación pública, etc, ES INMORAL. Pero la moral de las circunstancias, donde no hay principios morales absolutos, conduce, como vemos, al totalitarismo. Esto lo aceptaban muchos católicos que en el 93 se llenaron la boca hablando de la Veritatis splendor de JPII. Ahora, reina la incoherencia. Peor aún en liberales que justifican este atropello.

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“ 2.       ¿Pensó usted en la cuestión económica? ¿No, porque primero está la vida? Disculpe doctor, pero creo que usted de economía mucho no entiende.  Porque la economía está al servicio de que, precisamente, la gente no se muera de hambre, frío, inanición, falta de higiene, etc. Me parece que usted ignora lo intrincado y complejo que es el proceso de división del trabajo y de conocimiento que está detrás del desarrollo económico que impide, precisamente, que la gente se muera. Usted desconoce lo delicado de la cadena de producción y distribución de todos los bienes y servicios, que usted cree que puede cortar de golpe. Usted parece creer que su tratamiento es un valor superior a la desocupación, quiebre de grandes y pequeñas empresas, etc. Usted parece creer que “no estar infectado” es un valor superior a morirse de hambre y, permítame decirle, usted no puede decidir eso por la fuerza”.

Hoy, a más de un año y meses de la locura general, esto es ilustrado por la experiencia. La pobreza y la miseria originada en vastos sectores, que literalmente los mata, parece no preocupar, y menos aún a aquellos que creen que un Estado dando subsidios es la solución. El virus mata, a veces, y la pobreza también, muchas veces. ¿Bajo qué endiosamiento muchos envían coactivamente a la segunda alternativa?

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“  3.       A usted parece no importarle las consecuencias psiquiátricas que tiene la medida que toma, parece que minimiza la baja de defensas por la angustia y depresión, parece negar –como usted dice que yo niego el número de muertos- la importancia de los suicidios que ya están ocurriendo. No, es que es “menos” importante. ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? En una sociedad de la “diversidad”, del “respeto al pluralismo”, de la “libertad de elegir” lo  importante lo decide usted y el presidente que asesora?”

Igual que el punto anterior: los suicidios, las depresiones -con la baja de defensas que ello implica- son muertes también. Presentes y futuras, porque la depresión predispone a la muerte. ¿Y quiénes son los médicos, los gobiernos, para decir que es peor morir de Covid que de depresión y-o baja de defensas?

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“…4.       Pasemos ahora al tema del contagio. Me va a decir que nadie tiene derecho a contagiar a otro. Pero eso tiene que ver, doctor, con el tema de los bienes públicos, que usted no ha estudiado nunca. Claro que las calles son bienes públicos (estatales o privados) donde compartimos el aire y otras cosas. Claro, el aire por ahora no puede ser privado como el pañuelo que llevamos en el bolsillo. Pero creo que usted sabe hace mucho tiempo que las sociedades toleran el inevitable contagio de ciertas enfermedades como gripe, neumonía, bronquitis, angina, etc., excepto que cubramos a todos los seres humanos de un traje espacial obligatorio.  Usted me va a decir: esto es más grave. Espere. En principio no se lo niego. Volvamos al contagio. ¿AHORA todos lo han descubierto? ¿Ahora todos se dan cuenta de la cantidad de cosas de las que se pueden enfermar, de las que se enferman, de las que enferman a otros o pueden enfermar a todos? ¿Ahora todos se dan cuenta de en cuántos cumpleaños, navidades y fiestas hemos disparado al infinito miles de gotitas de Flugge llenas de virus y bacterias? ¿Ahora se dan cuenta de con cuántos abuelitos han cometido con ello el asesinato perfecto? ¿Ahora se dan cuenta, todos (usted también, porque hasta Febrero de este año no lo veía tan preocupado) de la importancia de lavarse las manos, usar alcohol, barbijo y no abrazar al otro si estamos algo enfermos, sacarse los zapatos, etc., cosa que los japoneses hacen hace mucho? ¿Ahora se dan cuenta todos de lo que se pueden contagiar con solo VIVIR? Sí, ahora, porque antes, en general, funcionaba el sistema inmunológico (NO en los inmunodeprimidos, que son millones) pero aún así año tras año hay MILLONES de muertes por gripes y neumonías y la vida humana no se suspendía. Me va a decir: esto es más grave. De vuelta lo mismo: aunque usted tenga razón, hay otros criterios diagnósticos y tratamientos. Segundas opiniones, que deben ser escuchadas y consideradas”.

Este tema ya lo hemos actualizado: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/seamos-coherentes-con-el-peligro-de.html Hasta antes de la locura decretada por la OMS, había un consenso en compartir espacios públicos con personas que tuvieran diversos virus corina y neumococos que NO se habían convertido en enfermedad. Lo mismo con el bacilo de Koch. Si no, NO se puede vivir una vida humana. O frenamos este nuevo terror pánico o nos conducimos a formas de super-vivencia que NO son humanas.

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“…5.       Me parece que usted no está explicando bien, doctor, la diferencia entre infectado, enfermo y muerto. Infectados con virus y bacterias patógenas, hay miles de millones, que NO se enferman porque el sistema inmunológico funciona (por eso fue tan terrible la situación en los 80 con los infectados de SIDA). Usted sabe, y por ende es cuestión de que todos tomen conciencia, de que en este mismo momento millones y millones de personas tienen dentro virus de gripes, bacterias de anginas, neumonitis y neumonías, y NO se enferman porque su sistema inmunológico mantiene a raya a tan antipáticos intrusos. Usted sabe que hay millones de personas que tuvieron varicela de niños y NO desarrollan el Herpes Zóster porque el sistema inmunológico mantiene latente al virus. Usted sabe que millones de personas respiran el Bacilo de Koch todos los días y no les pasa nada por el mismo motivo.

Por lo tanto infectado es una cosa, enfermo es otra, y mortalidad es otra, porque de los muchos que se enferman de gripe y neumonía no todos mueren, aunque sabe que anualmente son millones los que se mueren por eso, sobre todo porque tienen otras enfermedades, son mayores o son inmunodeprimidos, fumadores o diabéticos o etc.

Ahora bien. Como dice el estatista (yo de economía no entiendo nada…) yo de números no sé nada pero la buena noticia es que si el virus es tan contagioso como usted dice, millones y millones y miles de millones lo podemos tener en este momento. Yo, usted, y el lector. Y no pasa nada, porque el sistema inmunológico nos protege. Ahora le pido que relacione el número de infectados con el número de enfermos y verá que la probabilidad de enfermedad es baja, y compare el número de muertos con el número potencialmente infinito de infectados y verá que la mortandad es baja. Por lo demás, “estar enfermo o no” no es dicotómico. Puede ser muy leve, y también puede agravarse, sí. Usted me va a decir: pero esto es peor. De vuelta, lo dice porque el nro. de muertos es “muy alto”. ¿Muy alto en relación a qué? ¿Al número de infectados? No, como ve, es muy bajo….”

En este tema la obsesión sigue, pero ahora hay más denuncias de que el famoso PCR NO NECESARIAMENTE da certeza en cuando al resultado. Por eso el informe dice “detectable” y “NO detectable”. Por ende no se sabe quién tiene el famoso Covid 19 (que además, es dudoso que haya sido secuenciado) y quién no.

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“…6.       Lo que sí le admito es que el virus es nuevo y por ende el sistema inmunológico se tiene que acostumbrar. Eso sí ha provocado más muertes. Pero entonces, ¿por qué no deja que el sistema inmunológico de los pacientes produzca los anticuerpos contra el virus? Me va a decir: cuidado con los mayores y los inmunodeprimidos. Sí, ¿pero ese cuidado lo tenemos que tener TODOS los años no? Es bueno que lo hayamos descubierto. Nos cuidaremos más de estornudar como bestias delante del abuelo”.

Lo que ahora habría que agregar es: ¿y si las cuarentenas para los sanos no hacen más que deprimir su sistema inmunológico? ¿Y si ellas han producido que, una vez “suelto el rebaño” los contagios aumenten? Por lo demás, ¿cómo explican casos como los de Texas y Florida, donde está todo abierto y los casos y muertes han bajado totalmente?

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“…7.       Cuando usted dice “número de pacientes muertos”, ¿no hay que distinguir, como siempre, tipos de pacientes? Los que son fumadores, diabéticos, oncológicos, inmunodeprimidos, y un largo etc. que usted conoce. Pero eso sucede todos los años y nadie se entera…. ¿Por qué enterarse este año y otros no? No, no me diga que destacar el nro. de muertos por otras enfermedades es minimizar el coronavirus. Al revés, es darnos cuenta de la importancia de todas las enfermedades, es advertir que tenemos que ser más cuidadosos, y no por ello recurrir a un régimen soviético. Por lo demás, hay un tipo de pacientes, proclives a enfermarse, que a usted parece no importarle: los desocupados, angustiados, deprimidos, hambrientos, los NO vivirán más en una casa digna. Y parece que no le importa porque usted y su presidente los han aumentado”

Es verdad que parecen haber aumentado los casos de tente SANA que tiene problemas respiratorios con peligro de muerte por el Covid 19. Pero eso se debe a que el Covid 19 parece ser un virus corona que produce una respuesta inflamatoria del sistema inmune para la cual los tratamientos alternativos han sido prohibidos. Lo cual implica que nos están matando. ¿Cuántos han pasado directamente del problema respiratorio a la intubación y a la muerte, SIN tratamientos preventivos y activos anti-inflamatorios? ¿A cuántos esta locura ha matado? ¿Cuántos médicos son directamente responsables de ello, por acción y omisión?

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“…8.       Por lo demás, los primeros muertos por coronavirus, y los actuales, ¿estuvieron bien diagnosticados y tratados? Muchos colegas suyos piensan que no, pero ustedes los médicos, como casi siempre, siempre piensan que el OTRO médico está equivocado. Muchos colegas suyos, sigo, afirman que en Italia los médicos no estaban preparados para la terapia intensiva de este tipo de enfermedades. Creo que usted tendría que al menos considerarlo, ¿no? Otros están diciendo que en Lombardía existía el mayor número de pacientes oncológicos por el amianto. Pero usted ni lo considera. Dice “muertos por coronavirus” y listo”

Exactamente el punto anterior, y ahora lo estamos viviendo en Argentina. Para colmo muchos dicen “cuando se te muera alguien, ya vas a ver”. Lo que estoy viendo son muertes por casos mal tratados…

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“…9.       Otros colegas suyos dicen, de acuerdo a lo anterior, que hay que distinguir entre muerto CON coronavirus y POR coronavirus. ¿No le importa la distinción? ¿No? ¿Por qué?”

Esto, claro, ya no parece importar a nadie, pero la mentira en los casos inflados por no hacer esa distinción es alevosa. Los números falsos aumentan, aumenta el pánico, la baja de defensas, el encierro, el autoritarismo…………..

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“…10.   Y el diagnóstico, ¿es correcto? Algunos colegas suyos sostienen que la complicación no es la neumonía, sino una inflamación alveolar que no se trata con respiradores sino con antibióticos y antiinflamatorios. ¿No le importa? Porque si fuera así, entonces ustedes nos están matando….”

Exactamente el punto 7.

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“…11.   Otra cosa importante. Usted estuvo de acuerdo con la suspensión lisa y llana de toda la atención médica excepto guardias. De vuelta, porque “al lado de esto NO eran importantes”. O por el contagio. Señor, deje esa opción a los pacientes, a los sanatorios y a otros colegas. ¿Hizo usted el número de personas que se van a morir o enfermar porque hace ya meses que hay enfermedades NO diagnosticadas a tiempo y tratamientos NO comenzados o interrumpidos? ¿No pensó en ello? ¿Qué NO es importante? ¿Usted? ¿Y usted quién se cree que es? ¿Dios? Por lo demás, el contagio. Señor mío, si me tengo que hacer una biopsia que decide si el quiste es maligno o benigno, le acepto que me cubra con un látex gigante, pero que la biopsia se haga igual. Si nadie me la quiere hacer es otro problema, pero usted respete la libertad de opciones.”

Esto es cada día peor. Los muertos por enfermedades no tratadas van aumentando y a nadie importa. Una vergüenza moral. Pero no, claro, los únicos muertos que importan son los de Covid 19………..

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“…12.   Otra pregunta (perdone doctor, pero soy paciente y tengo derecho a hacer preguntas aunque sé que habitualmente le molesta). ¿Qué va a suceder con los que se van a enfermar de dolencias habituales como anginas, otras gripes, catarros, etc.? ¿Van a estar aterrados de ser enviados a la isla de los leprosos? ¿Van a reprimir sus estornudos incluso en su casa, porque ahora TODO es coronavirus? ¿No los van a atender? ¿Ya se enteró del número de muertos por NO haber sido atendidos? Ah, “eso no es importante…”.

Esto ha producido una situación in-vivible, de una paranoia social e hipocondríaca nunca vista. Si estornudas, aíslate en un sótano. No sólo si el PCR da positivo. Por cualquier cosa también. Y, de vuelta, AHORA hemos descubierto elementales normas de higiene tales como no estornudar a lo loco en un lugar público?

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“…13.   ¿Y la crisis hospitalaria? Nadie la niega, pero usted no considera que hay sistemas de salud pública que en todo el mundo YA están en crisis hace mucho por la ineficiencia de la estatización del sistema de salud. Ah, cerdo capitalista, me dirá… Pero con eso no me responde. ¿No hay una corrida hospitalaria por el pánico que usted, entre otros, ha producido? La corrida hospitalaria, ¿quién la produce? ¿El pánico o el virus?”

Lo que más hay que agregar ahora es algo de lo cual la mayoría de los médicos nada saben: la planificación central no permite generar nuevo conocimiento, y eso en todo, salud inclusive. Han tratado esta supuesta pandemia al mejor estilo socialista soviético. La OMS bajo directivas, y eso es lo único prescrito, desde gobiernos para abajo. Todo tratamiento alternativo y opinión alternativa, aunque sean Premios Nobeles de medicina, han quedado silenciadas y prohibidas. Una ignorancia total y completa del orden espontáneo en todas las áreas (http://gzanotti.blogspot.com/2021/01/el-orden-espontaneo-y-el-covid-19.html). Pero a esto agreguemos el desastre de las vacunas: la ya casi obligatoriedad de introducirse un compuesto que NO es un antígeno, que NO ha sido probado en animales, que tiene sólo meses de testeo en humanos y cuya industria está protegida penalmente de toda demanda. Y todo el mundo feliz, jugando a la ruleta rusa………………..

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14.   En fin, doctor, me puedo haber equivocado, me puedo haber olvidado de muchas cosas. Pero usted también. No, yo no, me va a decir. Claro, usted no se equivoca. Mire doctor, su fatal arrogancia no me preocuparía tanto si no fuera que usted cree que su supuesto saber lo habilita a ser el nuevo dueño de la nueva granja de esclavos en la que usted, la OMS y casi todos los gobiernos del mundo han producido.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Es urgente fijar límites al abuso del poder

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 17/5/2en: http://www.laprensa.com.ar/502180-Es-urgente-fijar-limites-al-abuso-del-poder.note.aspx

No constituye una originalidad el consignar que los aparatos estatales en diversas partes del mundo libre se extralimitan en su poder y avasallan los derechos de las personas. Eso queda patente con el incremento permanente en los gastos gubernamentales, los impuestos insoportables, las manipulaciones monetarias aberrantes, las deudas públicas astronómicas y las regulaciones asfixiantes para las actividades legítimas de sus ciudadanos.

Como varias veces he consignado, entre muchos otros, el constitucionalista argentino Juan González Calderón destaca la degradación de la democracia que viene ocurriendo a contramano de lo estipulado una y otra vez por los Giovanni Sartori de nuestra época. Así, González Calderón sostiene que “”los demócratas de los números ni de números entienden puesto que parten de dos ecuaciones falsas: 50% + 1% = 100% y 50% – 1% = 0%””.

Lamentablemente se ha trastocado la idea democrática estableciendo su aspecto formal, secundario y accesorio de los votos de mayorías o primeras minorías confundiéndolo con lo principal cual es el respeto a los derechos de todos, en especial del de las minorías. Lo contrario conduce a la absurda conclusión que, entre otros, el régimen venezolano actual o el anterior nazi serían representaciones de un régimen democrático.

Ahora bien, antes de que el globo terráqueo se convierta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia inexistente que ha mutado en cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de propiedades, de libertades y de sueños de vida, antes que ello ocurra decimos, debemos usar las neuronas e imaginar nuevos límites a la desmesura del poder. Es más bien suicida el esperar siempre a próximas elecciones en lugar de arremangarse y pensar en nuevas salvaguardas para la sociedad libre.

CUATRO PROPUESTAS

En este sentido propongo meditar en las siguientes cuatro propuestas que si no se consideran efectivas hay que proponer otras pero, como queda dicho, no estarse con lo brazos cruzados esperando un final horrendo imposible de revertir.

En primer lugar, parte de las propuestas del premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a la no reelección de legisladores a lo cual es de interés agregar lo que viene ocurriendo en algunos estados norteamericanos en cuanto a que los cargos electivos son de tiempo parcial al efecto de, por una parte, minimizar los riesgos de la sobrelegislación y, por otra, la imperiosa necesidad que los miembros del Congreso sepan lo que es trabajar en el sector privado y no hagan de la política un negocio.

En segundo término, lo propuesto por Bruno Leoni para el área judicial en cuanto a abrir de par en par la posibilidad de árbitros privados para poner de manifiesto que el derecho es un proceso de descubrimiento en el contexto de fallos en competencia y no un fenómeno producto de la ingeniería social o el diseño.

Tercero, implantar lo más terrible para los populismos puesto que se quedarían sin audiencias cautivas: establecer, igual que sucedía en Dinamarca antes de 1933, que los que reciben ayudas monetarias del gobierno -es decir del fruto del trabajo de los vecinos- no puedan ejercer el derecho al voto hasta que se independicen.

Cuarto, lo aparentemente más chocante de todo: adoptar para el Ejecutivo el consejo de Montesquieu en su obra más conocida: El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia, lo cual naturalmente conduce a que cualquiera mayor de edad que acepte entrar en el sorteo pueda gobernar. Esto conduce a redoblar incentivos de autoprotección que a su vez se canaliza vía el fortalecimiento de marcos institucionales de protección a la vida, libertad y propiedad. 

Esto es precisamente a lo que apuntaba Karl Popper cuando refutaba la idea del filósofo rey de Platón al mantener que lo relevante son las instituciones y no los hombres para que “el gobierno haga el menor daño posible” (al fin y al cabo nadie sabe quien es el primer ministro suizo, mientras que en otros lares se está pendiente de caudillajes más o menos cavernarios). Este fue el sistema aplicado en las repúblicas de Venecia y Florencia antaño.
En resumen, esta nota periodística es una invitación urgente para abrir debates sobre estos asuntos cruciales y despegarse de las telarañas mentales del conservador que no puede salir del statu quo y considerar otros caminos para fortalecer el respeto recíproco como la base sustancial para vivir en libertad.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Chicago boys vs Columbia boys: la ingeniería social vs la “mano invisible”

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/04/21 en: https://www.perfil.com/noticias/economia/dos-formas-de-ver-la-economia-la-ingenieria-social-vs-la-mano-invisible.phtml

En ocasión de un encuentro por el Mercosur, esta semana se produjo un cruce de ideas entre el ministro de Economía Martín Guzmán y su par brasileño, Paulo Guedes. Aquí, un economista analiza ambas formas de ver la economía.

Mercosur 20210429Cruces con Brasil por los aranceles, en la reunión del Mercosur. | CEDOC PERFIL

Existen dos maneras diferentes de ver la economía. Por un lado, la economía es un proceso espontáneo, con vida propia que se autorregula. A esta visión se la suele asociar a la famosa “mano invisible” de Adam Smith. Para este punto de vista la mano invisible no es perfecta, pero sí es mejor que una economía fuertemente regulada.

Por el otro lado, la economía es vista como un problema de ingeniería social. Con raíces en Marx (explotación) y Keynes (irracionalidad), el estado debe controlar, regular, e incluso salvar a la economía de sus propias crisis.

Los Ministros de Economía Martín Guzmán (Argentina) y Paulo Guedes (Brasil) fueron protagonistas de este contrapunto. Ante la afirmación de Guzmán, de que “la mano invisible de Adam Smith es invisible porque no existe”, su par brasileño le recordó que la mitad de los Nobel de Economía fueron para economistas de la tradición de la Escuela de Chicago.

Más allá de las sorprendentes palabras de Guzmán, su expresión es un acto fallido que muestra que en el gobierno prevalece una visión de la economía como un problema de ingeniería social en lugar de una visión de la economía como un proceso espontáneo y natural.

En primer lugar, la respuesta de Guedes se queda corta. La visión de la economía como un proceso de mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago ampliamente.

Tres ejemplos no asociados a la Escuela de Chicago dentro del listado de Nobel al que hace referencia el ministro brasileño son Elinor OstromVernon L. Smith, y Friedrich A. Hayek. Este último no sólo podría considerarse un Adam Smith del Siglo XX, sino que es uno de los Nobel más citado por otros galardonados con el Nobel.

Además, así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, también trasciende a la economía. En filosofía, por ejemplo, autores de la talla de Robert Nozick y Karl Popper han tratado el tema. Mal que le pese a Guzmán, la mano invisible es parte del ADN del desarrollo de la teoría económica desde Adam Smith hasta la fecha.

La visión ingenieril de la economía por parte del gobierno está por todos lados. Está tan presente que la tomamos como natural y no tomamos nota de ella. Podemos pensar, por ejemplo, en la obsesión regulatoria del estado. O en la intención de controlar la inflación con gigantescas planillas Excel. Pero para no perdernos en anécdotas, podemos mirar los mismos indicadores que se usan en investigaciones científicas a nivel mundial.

Según el Índice de Libertad Económica del Fraser Institute (Canadá), con el kirchnerismo argentina descendió en el ranking de libertad económica al punto tal de ubicarse entre las 10 economías menos libres del mundo. El problema es que la economía no es una compleja pieza de relojería. La economía es más bien un ecosistema.

El economista de la mano invisible es más biólogo que ingeniero. Estudia un complejo ecosistema que él mismo es incapaz de reproducir, realizando intervenciones menores para garantizar su supervivencia, pero sin buscar regular su naturaleza. El ingeniero, en cambio, no aceptaría ningún cambio espontáneo del ecosistema que no esté apropiadamente regulado por alguna oficina gubernamental. Las trabas al progreso y desarrollo son obvias.

Así como la mano invisible trasciende a la Escuela de Chicago, la visión ingenieril de la economía trasciende al kirchnerismo. Recordemos que el lema de Cambiemos era el de estado presente, no el de un estado limitado. Importantes figuras de este movimiento han sostenido que Cambiemos era socialista o un movimiento de izquierda (recuerdo a Ivan Petrella, Federico Pinedo, Marcos Peña, y Durán Barba).

Con actitudes que hacen acordar a adolescentes, desde el gobierno se mofaban de los economistas de la mano invisible usando motes como el de “liberalote”. Podemos recordar también la persecución de Rodriguez Larreta en CABA a Uber y ciudadanos de bien intentando hacer algún ingreso extra (quizás para pagar los aumentos de impuesto de Larreta) mientras hacía la vista gorda a los violentos actos del sindicato de taxis. Todo este drama justificado en la falta de una regulación apropiada. La visión ingenieril es poco creativa. En lugar de adatar la regulación a los nuevos desarrollos del mercado prohíbe aquello que no es adaptable a una regulación anacrónica.

No hace falta especular, podemos ver los datos. A nivel mundial, al menos desde el 2000 a la fecha, la libertad económica viene en ascensoArgentina, una vez más, a contramano del mundo. El ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) de las economías más libres del mundo es casi diez veces superior al de las economías menos libres del mundo.

La mano invisible es la mejor arma para eliminar la pobreza. Los datos también nos muestran que la distribución del ingreso es similar en economías libres y reprimidas. La diferencia es que la pobreza es mayor en las economías reprimidas. Un último dato, en las economías libres hay mayor igualdad de género que en las economías reprimidas.

Si uno mira la economía argentina, especialmente de Perón a la fecha, no vemos una alternancia entre la mano invisible y la ingeniería económica. Lo que vemos es una alternancia de ingenieros. Todos estos experimentos terminan de manera similar. Crisis económica con un retroceso relativo en la economía mundial.

Quizás para Guzmán y el kirchnerismo los beneficios de una economía libre sean invisibles. No hace falta que también lo sean para la oposición.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Es profesor de UCEMA. Publica en @n_cachanosky

¿Despertará a tiempo la “clase media”?

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 23/4/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/despertara-a-tiempo-la-clase-media-nid23042021/

El próximo año se estará cumpliendo un siglo desde que Walter Lippmann, el prolífico y polémico periodista y pensador estadounidense, publicase Public Opinion, el que resulta para muchos el primer análisis moderno del fenómeno de la opinión pública con perspectiva científica.

En aquél ya clásico e icónico libro, Lippmann estableció ciertos conceptos que resultan fundamentales hasta hoy, al momento de dar cuenta de los fenómenos que conforman esa inasible entelequia que es “la opinión del pueblo”. Entre ellos, el periodista norteamericano destacó a las “imágenes mentales”, como una especie de atajo que el público no especializado utiliza para comprender fenómenos, por lo general de índole pública, que le resultan prácticamente desconocidos desde un abordaje directo y que, por carencias de tiempo y conocimiento específico, se le vuelven inabordables de otro modo. En las propias palabras de Lippmann:Ads by

“[…] lo que hace cada hombre no se basa en el conocimiento directo y seguro, sino en las imágenes hechas por él mismo o que le han sido dadas […] si alguien desentierra un polvo amarillo que parece oro, se comportará durante un tiempo como si hubiese encontrado oro. La manera cómo imaginan el mundo determina en todo momento lo que harán los hombres. […]”

Este concepto de imágenes mentales, sumado al de pseudoambiente, definido este último como ese espacio fáctico pero irreal en el que vivimos los seres humanos a partir de aquellas imágenes que hemos ido adquiriendo, resulta fundamental para poder analizar por qué muchas veces la acción coordinada o descoordinada del gran público, resulta tan distante de lo real y efectivo. La Argentina, de hecho, es un gran ejemplo de esto último.

En nuestro pseudoambiente existen varios mitos y tabús intocables. Los argentinos vivimos inmersos en un esoterismo que erige como tótems muchas de las ideas más ridículas y refutadas en el mundo. En el campo económico, sin ir más lejos, seguimos ponderando un aquelarre de zonceras que solo han provocado el crecimiento exponencial de la más supina de las pobrezas; aquella que no refleja solo la carencia de lo material, sino incluso de lo intelectual y lo cultural.

Así las cosas, el país parece inmerso en un soporífero sueño mortecino que nos consume. Mientras debatimos desde enfoques perimidos lo que en otras latitudes se ha resuelto hace décadas, los argentinos “tenemos todo el pasado por delante”, como supo sentenciar alguna vez Borges en referencia a uno de los movimientos políticos que más años gobernó nuestro país.

Sin embargo, en los últimos meses, ciertas señales parecen dar cuenta de un cambio al menos incipiente, en la conformación de dichas imágenes que mencionaba al principio. Hace pocos días atrás, el periodista y politólogo Jonatan Viale se animó a enfrentar uno de esos tótems quiméricos que pertenecen al sentido común nacional: el de la clase media. En su columna del 5 de abril con la que abrió su programa, Viale ilustró como esta clase se encuentra en términos reales prácticamente destruida. Con datos, ilustraciones y gráficos, posicionó a la Argentina, por su pobreza, entre países como Nigeria, Afganistán, Liberia, Bolivia y Uganda. Incluso si quisiéramos sumar datos preocupantes por fuera de lo explicitado por Viale, podríamos decir que, de seguir por esta senda, el PBI argentino estaría convergiendo con el de Botswana en breve y siendo superado por éste, en no mucho más.

Lippmann dejó en claro que esa simplificación de la realidad con la que los ciudadanos de a pie observan el mundo, muchas veces (las más de las veces), viene dada por los medios de comunicación. En tal sentido, el aporte de Viale viene a sumarse también a la inmensa cantidad de notas periodísticas que, en los últimos meses, y por primera vez en décadas, transparentan el presente que viven los argentinos que deciden emigrar versus aquellos que seguimos residiendo en el país. Decenas de entrevistas cada semana dan cuenta así de profesionales y no profesionales que nacieron bajo la bandera celeste y blanca y que, residiendo en diversas latitudes del mundo, pronto adquieren niveles de vida que son para la gran mayoría de la población argentina, prácticamente inalcanzables.

El fenómeno en sí, a decir verdad, no es nuevo. Las redes sociales han permitido el contacto inmediato con otras geografías y ya no parece posible que nuestra australidad extrema esconda la realidad de un mundo que ha crecido en capital y condiciones de vida, mientras nosotros seguimos en franca decadencia; realidad que ya no es necesario salir a buscar en esa Europa que alguna vez fue nuestro espejo, sino incluso en vecinos regionales. No olvidemos que, al momento, y aun cuando sus desafíos por delante son enormes, países como Chile y Uruguay cuentan con tasas de pobreza significativamente inferiores a la nuestra y con una tendencia de las últimas décadas a la baja, mientras aquí sucede exactamente lo contrario.

El ataque directo y veraz, por tanto, que está sufriendo el que llamo “mito de la clase media”, podría provocar en breve una enorme crisis de legitimación para el sistema político. Y afirmo esto porque si hay algo que justamente nos une, más allá de las grietas perennes, es la creencia de que todos somos en última instancia clase media. Tanto aquellos pocos que vacacionan una o dos veces al año en Punta del Este o Miami, como aquellos que lo hacen cada cinco años en algún lugar recóndito de la Costa Atlántica, al momento de ser interpelados sobre su condición socioeconómica, contestarán sin dudar: “de clase media”. No importa que las estadísticas, los censos, las comparaciones científicas y las mentadas argumentaciones traten de hacer ver a unos y otros que, bis a bis, su pertenencia social es otra. Ser de clase media en Argentina es para la gran mayoría una obviedad; una imagen mental en los términos de Lippmann, casi infranqueable.

Las etapas del duelo, suelen coincidir los expertos, son cinco: negación, ira, depresión, negociación y aceptación. Es difícil saber cómo se dará esta dinámica en una sociedad que quizá comience a percibir que vivió hasta hoy una peligrosa mentira que la arrastra hacia un desaguisado futuro, probablemente enmarcado en violencia social creciente, altas tasas de criminalidad y una sangría continua de cerebros que habrán de ir a buscar allí fuera, dónde las imágenes mentales son más cercanas a lo real, esa prosperidad que nuestra latitud les niega.

Sin embargo, quizá todavía estemos a tiempo de adquirir verdadera conciencia, lograr la aceptación necesaria para tomar medidas certeras, y cambiar el triste derrotero en el que todo un establishment dirigencial, sin distinción de banderías, nos ha subsumido.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

PROHIBIDO PREGUNTAR

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/4/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/04/prohibido-preguntar.html

Parece que la mortalidad por Covid 19 está aumentando.

¿Y si, por ende, las cuarentenas impuestas desde 2020 no funcionan?

¿No será que no hemos querido enfrentar de otro modo el sol que es imposible tapar con un dedo?

¿No será que las políticas propuestas por la Barrington Declaration eran más adecuadas? (https://gbdeclaration.org/la-declaracion-de-great-barrington-sp/)

¿No será que había otros tratamientos que fueron prohibidos?

¿No será que las indicaciones de la OMS estaban y están equivocadas?

¿No será que, como todo virus corona, luego del primer impacto, el sistema inmunológico se va adaptando ante todas las cepas siempre mutan y se mezclan?

¿No será entonces que desesperadamente no se ha dejado actuar al sistema inmunológico?

¿No será que hay que acostumbrarse a con-vivir con una enfermedad inevitable?

¿No es así con la tuberculosis y el dengue, por ejemplo?

¿No será que la planificación estatal impide una mayor creatividad de tratamientos médicos y de respuesta del sistema sanitario?

¿No será que no damos ninguna importancia a las personas que se están muriendo de otra cosa y se seguirán muriendo por enfermedades desatendidas por una histeria focalizada?

¿No será que ESAS muertes no aparecen en unos medios de comunicación y en una sociedad cuya única realidad se ha reducido a una sola cosa?

¿No será que nadie se plantea que la vida tiene que seguir, porque para evitar la muerte no es ético morir?

¿No será que vivir no es sólo no enfermarse?

¿No será que nadie quiere hacerse estas dos últimas preguntas?

¿No será que casi todos son absolutamente ignorantes del valor moral e irrenunciable de la libertad?

¿No será que casi todos llevan en sí mismos la muerte en vida de una vida banal producida por el temor atávico a la muerte?

¿Y no será que hacerse estas preguntas está mal visto?

Una vida in-humana es inmoral aunque vida sea.

Repito: una vida in-humana es inmoral aunque vida sea.

Que Dios nos libre de nosotros mismos. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Día del beso, que se perdió con el sentido común

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 13/04/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/04/13/dia-del-beso-que-se-perdio-con-el-sentido-comun/

Día Internacional del Beso: ¿Cuántos tipos de besos existen? | VIDA | PERU21

       “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!”, Gustavo Adolfo Bécquer.

La cultura occidental hace agua por todos lados y es que el racionalismo la inundó desprestigiando a la metafísica, ciencia que cultivaron los griegos como Aristóteles, y a la teología que, como método científico, es independiente de religiones particulares.

                    Sintetizando, la metafísica dice que existe un orden en el cosmos para el desarrollo de la vida que la pequeñez del hombre no puede alterar, y la teología asegura que Dios ha creado al universo para el bien, “a su imagen y semejanza”, y esta omnipotencia no puede ser, ni remotamente, desafiada por el cerebro humano. Así, los “religiosos” que no sigan a la teología deben revisar sus creencias porque resultan esotéricas, fetichistas.

                    Por ello es que el racionalismo -pseudo religión y pseudo ciencia, decía el destacado epistemólogo Paul Feyerabend- que pretende controlar al cosmos con la “razón” humana, necesita desprestigiar a la metafísica y a la teología. Y ha montado a los Estados modernos que se creen capaces de cuidar y hasta diseñar la vida humana (la “nueva normalidad”).

                    De estas ciencias surge que no pueden existir amenazas naturales contra el desarrollo y crecimiento de la vida, o sea, es irreal la posibilidad de la existencia de una “pandemia” que ponga en jaque a la humanidad y quienes esto creen, además, desoyen al sentido común (sensus communis), como lo describe Tomás de Aquino, que unifica los datos del episodio perceptivo, y le da al sujeto la certeza del hecho que está viendo, oyendo, etcétera.

                   Por el contrario, la fantasía o imaginación según Tomás es un instrumento cognitivo que cree reales hechos solo pensados por la mente humana. Como señala Feyerabend, suele ser mucho más acertado el sentido común de las personas cuyos propios intereses están en juego, que las decisiones -las fantasías- de lejanos “expertos” racionalistas subidos en una torre de marfil ridículos al punto de decir que trabajar y socializar no es saludable.

                   Son estos “expertos” quienes inventaron esta falsa pandemia que los números desmienten, ya que los muertos totales en el mundo a casi año y medio de comenzada son apenas el 0,04% de la población global. Y ahora, pretenden asustar con la cantidad de contagios, claro que se aseguran de no revelar que lo normal es que, en una temporada de gripe, se contagie alrededor del 70% de la población, es decir, más de 5000 millones de personas en todo el mundo y la mayoría ni se entera.

                  Como cada día aumentan los testeos, se detectan más casos y los gobiernos utilizan el “aumento de casos” para asustar, y la gente en pánico agrava su situación y concurre a hospitales ante síntomas mínimos. Y, además de las gravísimas consecuencias de los confinamientos, nos quieren dejar sin el beso cuyo día internacional se festejó el 13 de abril y que es una manifestación universal de afecto y alegría que ya aparecía en el Antiguo Testamento.                

Algunos científicos creen que besar es un comportamiento instintivo con raíces en la biología. Junto con la oxitocina y la dopamina que provocan afecto y euforia, besar libera serotonina, otra sustancia que incrementa el bienestar y la felicidad, y moviliza 146 músculos e intercambia 80 millones de bacterias nuevas lo que no debe asustar, es natural.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Pensamiento científico y censura

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 14/4/21 en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/mauricio-alejandro-vazquez-pensamiento-cientifico-y-censura.phtml

Censura 20210415Dimitris Vetsikas / Pixabay

Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente.

¡Sapere Aude! (¡Atrévete a saber!) exclamaba Immanuel Kant en pleno Siglo XVIII contagiado del intrépido espíritu del iluminismo que se había ya arraigado con fuerza en Francia e Inglaterra y aún no todavía en su dogmática Prusia.

Probablemente sea muy difícil destacar en su justa medida, en pleno Siglo XXI, lo revolucionario que fue para la humanidad que pensadores de la talla de Kant hayan consolidado y propagado ese clima reinante en su tiempo, con el ideal científico de la razón como mascarón de proa, que dio paso luego al advenimiento del desarrollo humano más vertiginoso del que se tenga registro.

Aun así, a pesar del desafío que implica dimensionar hoy día, donde la ciencia y la técnica imperan, la proeza que significó en aquel tiempo la actitud emprendida por tantas mujeres y hombres, existen ciertas aristas espinosas que en el último tiempo parecen invitarnos a revalorizar aquellos aciertos y reflexionar de modo equivalente, sobre en qué pilares debiéramos seguir asentando nuestro presente si aspiramos a incrementar dicha prosperidad en el futuro.

Al respecto, en los últimos meses se produjo un generoso y vehemente debate en torno a la aplicación de medidas preventivas en algunas redes sociales, orientadas a impedir que ciertos mensajes con contenido polémico se propagasen y que, por tanto, se pusiese en riesgo el orden público en general y en algunos casos, la salud de la ciudadanía en particular. Lo que en un comienzo implicó meramente la inclusión de señales de advertencia, evolucionó finalmente en acciones concretas por parte de las plataformas virtuales, como por caso la cancelación de la cuenta de Donald Trump en la red del pequeño pajarito azul. Acompañando aquella medida, varias empresas se asociaron para impedir tecnológicamente que sus competidoras (por caso la red Parler) brindase al hoy expresidente norteamericano de una especie de derecho a réplica virtual.

Esta breve reflexión no apunta, sin embargo, a sumarse a dicha polémica, no porque la misma no resulte sumamente rica en aspectos filosóficos y políticos aún en debate, sino porque la intención es poder abordar la cuestión desde una perspectiva aún no tan explorada. Y con tal me refiero a la del empoderamiento personal.

Así como lo saben los psicólogos, también lo experimentan los padres conforme sus hijos se enfrentan al mundo: sobreproteger permite acercarse asintóticamente a una exactitud del cuidado, pero al mismo tiempo, como otras cosas propias de la vida, tiene el efecto no deseado de desempoderar. Cuanto más se aísla a un niño de las posibilidades de correr riesgos, éste a su vez adquiere cada día menos herramientas para lidiar con ellos. El mundo de los adultos, sin embargo, tampoco es muy diferente. También sobre éstos el mecanismo funciona del mismo modo: cuánto más se busca protegerlos, más dependientes de esa protección se vuelven.

Al mismo tiempo, gran parte del debate antedicho tuvo que ver con la palabra “censura”, vocablo que solía aplicarse de forma rigurosa a la acción de los gobiernos y que hoy también se debate si su sentido no debiera extenderse a hechos ejercidos por privados, como los que comentaba anteriormente. En tal sentido, este tipo de uso del poder tecnológico debiera revisarse a la luz de su impacto general y no solo desde sus efectos sobre un particular, por caso Donald Trump o cualquier otro. Una sociedad en la cual se generaliza que lo disruptivo, polémico o peligroso no puede debatirse, tarde o temprano puede facilitar un régimen en el que tampoco se pueda pensar libremente. Justamente lo contrario a la histórica proclama kantiana con la que daba pie a esta reflexión.

Por tanto, si la sobreprotección favorece el desempoderamiento al mismo tiempo que la censura habilita el ejercicio de la arbitrariedad y facilita el dogmatismo, ¿qué podríamos hacer para que la sociedad quede a resguardo del enorme impacto que tienen las redes sociales con su diversidad de mensajes y consignas hoy día?

En gran medida, el movimiento iluminista asentó sus bases sobre los cimientos construidos por el humanismo de los Siglos XIV y XV. En su esencia, esta corriente de pensamiento volvió sus ojos sobre el hombre, abandonando el pesimismo sobre su esencia y revalorizando su capacidad intelectual, artística y científica. Justamente es en este sentido que mi sugerencia pasa por retomar la senda que nos trajo a este presente lleno de oportunidades y que por tanto volvamos a confiar en la capacidad de discernimiento de todos aquellos que conforman la ciudadanía global en la que nos hallamos insertos hoy y, para tal, qué mejor que fortalecer nuestros planes de estudio con más herramientas provenientes del campo científico.

Por tanto, considero que no existe mayor vacuna contra la influencia negativa que pueden tener los intentos de desinformación malintencionada y los llamados al odio, al racismo o a la discriminación, entre otros posibles males provenientes del fenómeno virtual, que una inversión creciente en nuestras curriculas de materias como pensamiento científico, metodología de la investigación, epistemología o afines. Siendo como son estos campos de la enseñanza, anticuerpos efectivos que dotan a nuestros niños y jóvenes de la capacidad para juzgar por sí mismos la información que llega, y empoderándolos así en cada caso que su intelecto es desafiado.

Kant nos invitó a atrevernos a saber. El mundo de hoy nos interpela al punto de sugerirnos la perentoria osadía de combinar todo eso que hemos aprendido, con mejores reglas de convivencia que nos conduzcan hacia mayor libertad, responsabilidad y cooperación en la que es hoy una gran aldea global, sin pasar por tentadores atajos que por momentos tienen el viso de los autoritarismos de antaño.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad