Archivos en la Categoría: Sociología

EL DILEMA DEL SABER: ENTRE LA VERDAD Y LA DUDA

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

A estudiantes hay que trasmitirles un  equilibrio imprescindible en la extraordinaria aventura del conocimiento. Reza el adagio latino: ubi dubiun ibi libertas, es decir, donde hay duda hay libertad. Si todas fueran certezas no habría necesidad de elegir, de decidir entre opciones, de preferencias entre medios diferentes y para el logro de fines alternativos. El camino ya estaría garantizado, no se presentarían encrucijadas. De antemano la acción estaría resuelta. En rigor no habría acción propiamente dicha ya que ésta implica deliberación al efecto de evaluar opciones. En este caso no habría nada sobre lo cual deliberar solo seguir la certeza.

 

Esto último es la antítesis de lo humano, del libre albedrío, de la libertad en lugar de seguir caminos predeterminados. Casi podría concluirse que con tener un libreto adecuado solo habría que detectar la certeza del caso pero no requeriría meditación, evaluación y mucho menos corrección. Todo sería lineal, sería el fin de la vida humana.

 

Este es el sentido de lo que consigna Emmanuel Carrére: “lo contrario de la verdad no son las mentiras sino las certezas”, no es para nada que la verdad carezca de importancia pues es el quid del asunto, es el objetivo último pero precisamente las certezas conspiran contra la posibilidad de incorporar verdades puesto que bloquean el método para lograr esa meta noble, verdad como correspondencia (adecuación) entre el juicio y el objeto juzgado. Quienes están encerrados en certezas no están abiertos a encontrar verdades puesto que consideran que ya la tienen por lo que estiman superflua cualquier indagación y debate.

 

La duda es la gran auxiliar al efecto de estar bien predispuesto para la aventura del pensamiento. Y subrayemos con el mayor de los énfasis que la duda no significa en lo más mínimo relativismo o escepticismo. Independientemente del absurdo al descubrir que el relativismo implica que esa misma postura es relativa, las cosas son no importa que se opine de ellas, de allí la importancia de los departamentos de investigación en ámbitos universitarios. Si todo fuera relativo no habría nada que investigar, no habrían nexos causales, hechos y procesos fuera de lo que circunstancialmente se opina. La vida esté compuesta de juicios (proposiciones verdaderas o falsas), por ello resulta tan contradictoria aquello de que “no hay que juzgar” sin percibir que este es un juicio.

 

Tampoco es el caso de poner en tela de juicio nuestro único y fundamental instrumento para conocer, cual es la razón. El escéptico para ser consistente no podría afirmar como verdad su escepticismo (Aristóteles sostenía que el escéptico desciende a la condición de vegetal). La fertilidad de la duda consiste en estar sentado en la punta de la silla abierto a posibles refutaciones para progresar. El conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones. Hay en este sentido en las ciencias corroboraciones momentáneas nunca verificaciones como sugiere el positivismo.

 

La duda se asimila a la condición de seres imperfectos inmersos en un proceso evolutivo. Los mortales nunca llegan a una instancia final, se trata de un trayecto sembrado de prueba y error. De esta situación de apertura y atención no se desprende que en las diversas etapas del conocimiento se adopte una posición débil frente a eso que se conoce al momento. Las defensas de esa situación deben argumentarse con toda la fuerza necesaria lo cual no quita que se esté atento a contra-argumentos que en cualquier instancia pueden irrumpir.

 

Una persona segura de si misma considera que está en condiciones de defender lo que estima verdadero, situación, repetimos que no es óbice para la apertura mental. La vida intelectual es un permanente peregrinaje entre albas y crepúsculos, es una búsqueda de tierra fértil en el mar de ignorancia que nos envuelve. Entonces, del hecho de sabernos imperfectos y limitados ubicados en un estado evolutivo en todos los órdenes de la vida, no quita un ápice de la firme convicción que se tiene de lo obtenido hasta el presente.

 

En realidad los que se ocultan en los fortines de las certezas y se abstienen de presentarse en las batallas intelectuales cotidianas son personas esencialmente inseguras que requieren de esa muralla artificial para proteger su vacío existencial, he aquí el dogmatismo.

 

De allí las ideologías, una palabrota que es la antítesis del conocimiento, no en el sentido inocente del diccionario de conjunto de ideas ni en el sentido marxista de falsa conciencia de clase, sino en el sentido más generalizado y difundido de algo cerrado, terminado, impenetrable e inexpugnable. Es así que la ideología equivale a una mente clausurada, imposible de acceder a otra cosa que no sea su mundo liliputenense.

 

Por eso es que los sistemas educativos deben prioritariamente enseñar a pensar, a cuestionar y a debatir pero nunca a repetir, nunca a dejar de ser voz para convertirse en eco. Esta es la quintaesencia de la enseñanza. No es para nada condenable la defensa enfática de lo que al momento se sostiene en base a los sólidos razonamientos del caso, lo reprobable es la cerrazón y el  operar como si siempre lo concluido inexorablemente será igual por tiempo indefinido. Todo puede ser distinto solo hace falta una refutación fundamentada, en eso consiste el progreso del conocimiento.

 

Como hemos dicho al comienzo, este delicado equilibrio debe ser trasmitido a los estudiantes y a todos los que se interesen por el saber, cualquiera sea el terreno que se transite. Es muy atractivo observar la defensa de valores y principios que al momento se muestran como necesarios, pero al mismo tiempo el estar atentos a otras campanas refuerza lo conocido o permite explorar lo desconocido al efecto de incorporar la antedicha tierra fértil.

 

Por ejemplo, Karl Popper ha rebatido el argumento de que en realidad no estamos viviendo sino que todo se trata de un sueño y así sucesivamente con una serie de asuntos que damos por sentado sin analizarlos debidamente. Puede aparecer a primera vista como un ejercicio inútil pero se revela como una gimnasia relevante al efecto de contestar sobre lo que tomamos como evidente que a poco andar resulta que no lo era tanto.

 

Popper escribe en Knowledge and the Body-Mind Problem que la teoría que mantiene que solo yo existo y que todo es producto de mis sueños la discute al concluir que lo que veo en mi supuesto sueño como las obras de los Shakeaspeare y Miguel Ángel me está demostrando que no estoy solo ya que esas genialidades superan ampliamente lo que puedo hacer.

 

En la línea argumental de la necesidad de la indagación podemos agregar otro ejemplo para ilustrar lo dicho que he desarrollado en detalle en otras oportunidades. Como bien han apuntado, entre otros, autores como el premio Nobel en neurofisiología John Eccles en La psique humana  y el premio Nobel en física Max Planck en ¿Hacia donde va la ciencia? el ser humano no está constituido solamente por kilos de protoplasma sino que tiene estados de conciencia, psique o mente que trascienden los nexos causales de la carne, hay más que lo puramente material en el hombre que nos permite tener ideas autogeneradas, argumentar, detectar proposiciones verdaderas y falsas, tener responsabilidad individual, moral y libertad. Es decir, no somos loros y no estamos determinados sino que contamos con libre albedrío que nos distingue de todas las especies conocidas.

 

De esta argumentación se sigue que esa característica -habitualmente denominada espiritual- no se descompone como la materia y, por ende, perdura y nos permite vislumbrar vida después de la vida terrenal. Este es un buen ejemplo para comprobar los que se cierran a esta posibilidad porque su inseguridad necesita de la certeza de que nada existe más allá de la vida humana. Por supuesto que todo, y la extensión de la vida también, está sujeta a posibles refutaciones pero no puede aceptarse la coartada de la negación sin argumento lo cual proviene de una concepción antireligiosa en su aspecto racional (y no de dogmas) que va más lejos. Y esta lejanía centra su negación de una Primera Causa como si pudiéramos existir si las causas que nos engendraron puedan ir en regresión ad infinitum.

 

Podría contradecirse lo anterior afirmando que tanto la posición que niega todo lo que pueda ocurrir después de la vida terrenal como la que afirma su extensión, en ambos casos se persigue la certeza y existe la cerrazón. Pero no es así, la postura negacionista cierra la posibilidad de duda, sin embargo, la que concluye en la extensión de la vida del espíritu no cierra la duda, por el contrario la mantiene puesto que no puede mostrar como concretamente es la vida más allá de la muerte y esto desespera a los partidarios de las certezas absolutas por lo que la cerrazón trasmite seguridad a los inseguros que si no están anclados firmemente en un mismo lugar no pueden vivir. No pueden entender que el conocimiento es un andar de fronteras móviles.

 

Seguramente a esta altura hubiera sido más productivo poner otro tipo de ejemplos en esta nota periodística de los innumerables que hay a mano pero precisamente he mostrado este por lo controvertido del tema en nuestro tiempo. Como ha señalado Antony Flew (el filósofo ex ateo militante de mayor relevancia) en consonancia con Albert Einstein, la existencia de una Primera Causa es inexorable, aunque ambos rechazan las religiones oficiales. Einstein escribió que “Mi idea de Dios se forma de la profunda convicción respecto a la presencia del poder de una razón superior”. También lo escrito por el antes citado Planck “Donde quiera que miremos, tan lejos como miremos, no encontraremos en ningún sitio la menor contradicción entre religión y ciencia natural”. En esta línea argumental,  Flew explica la verisimilitud del Big Bang, un fenómeno contingente que  no excluye sino que necesita del fenómeno necesario.

 

Me he valido de este ejemplo y no otros muchos disponibles pues considero que la religiosidad en el sentido expuesto alude a la necesaria humildad y ausencia de arrogancia del ser humano en lugar de mirarse el ombligo como si fuera un ser autocreado y autocreada toda la naturaleza que lo rodea. Hubiera sido para mi mucho más fácil elegir otros ejemplos pero elegí meter el dedo en la llaga de un asunto muy poco comprendido.

 

La petulancia y soberbia de que no hay orden superior a nuestra propia existencia también conduce a “la arrogancia fatal” expuesta por Friedrich Hayek en otro contexto. Paradójicamente la inseguridad demanda seguridad y certezas que excluyen otras posibilidades que no han sido ni remotamente expuestas por los Kai Neilsen, Paul Edwards y Roland Hophurn tan bien refutados por James J. Sadowsky y otros pensadores. El racionalismo constructivista también explicado por Hayek aparece como una valla formidable a la modestia y a la “razón razonable” tal como titulé uno de mis libros hace tiempo.

 

Comprendo  que en este tema haya quienes desconfían de la religión (religatio con lo que nos excede e invita a la autoperfección) debido a los desmanes y atropellos llevados a cabo por miembros de religiones oficiales,  pero esto no debiera provocar alejamientos de nuestra propio interés vital.

 

Por último, no quiero complicar lo dicho en esta nota pero es menester que agreguemos que el exhibir una pretendida teoría, hipótesis o propuesta en cualquier sentido que no pueda ser refutada no necesariamente significa que aquella sea válida. Y cuando decimos que no puede ser refutada no nos estamos limitando a lo físico, ni siquiera a contrafácticos indirectos sino a que no puede ser contradicha con contra-argumentos puesto que la teoría en cuestión no fue formulada con argumentos suficientes, se trata de una simple afirmación. Mucho de lo que existe no se ve como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas y otros relacionados con los fenómenos sociales complejos se sustentan en argumentos bien razonados. Un eventual disparate gigantesco puede que no sea posible su refutación precisamente porque es una construcción que flota sin basamento alguno.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN ESPACIOS ESTATALES SON TOTALMENTE COMPATIBLES CON EL PLURALISMO RELIGIOSO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/los-simbolos-religiosos-en-espacios.html

 

El Vaticano II, cuando define la libertad religiosa, afirma:

 “…Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil” (1965). (http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651207_dignitatis-humanae_sp.html).

Más abajo, afirma:

 “…Si, consideradas las circunstancias peculiares de los pueblos, se da a una comunidad religiosa un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad, es necesario que a la vez se reconozca y respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todos los ciudadanos y comunidades religiosas”.

 Esto implica que no es contrario a la libertad religiosa que se otorgue “…un especial reconocimiento civil en la ordenación jurídica de la sociedad”, dadas las tradiciones y circunstancias históricas, que pueden ser tan diversas. Eso implica distinguir entre laicismo y laicidad. La sana laicidad es el reconocimiento de la libertad religiosa y sus implicaciones políticas: estado e Iglesia autónomos en sus propios ámbitos, y la NO identificación entre ciudadanía y pertenencia a una determinada religión. Ello implica, a su vez, el reconocimiento de que el horizonte cultural de donde ha surgido la noción de dignidad humana y los derechos individuales es precisamente el judeocristianismo. Eso lo afirmó muy bien Benedicto XVI:

“…¿Dónde se encuentra la fundamentación ética de las deliberaciones políticas? La tradición católica mantiene que las normas objetivas para una acción justa de gobierno son accesibles a la razón, prescindiendo del contenido de la revelación. En este sentido, el papel de la religión en el debate político no es tanto proporcionar dichas normas, como si no pudieran conocerlas los no creyentes. Menos aún proponer soluciones políticas concretas, algo que está totalmente fuera de la competencia de la religión. Su papel consiste más bien en ayudar a purificar e iluminar la aplicación de la razón al descubrimiento de principios morales objetivos. Este papel “corrector” de la religión respecto a la razón no siempre ha sido bienvenido, en parte debido a expresiones deformadas de la religión, tales como el sectarismo y el fundamentalismo, que pueden ser percibidas como generadoras de serios problemas sociales. Y a su vez, dichas distorsiones de la religión surgen cuando se presta una atención insuficiente al papel purificador y vertebrador de la razón respecto a la religión. Se trata de un proceso en doble sentido. Sin la ayuda correctora de la religión, la razón puede ser también presa de distorsiones, como cuando es manipulada por las ideologías o se aplica de forma parcial en detrimento de la consideración plena de la dignidad de la persona humana. Después de todo, dicho abuso de la razón fue lo que provocó la trata de esclavos en primer lugar y otros muchos males sociales, en particular la difusión de las ideologías totalitarias del siglo XX. Por eso deseo indicar que el mundo de la razón y el mundo de la fe —el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas— necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.” (2010, https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2010/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20100917_societa-civile.html)   (Obsérvese la noción de “abuso de la razón”: muy similar a lo que afirmaba Hayek).

 Y, en el discurso al Parlamento Alemán (2011), afirmó:

“…¿Cómo se reconoce lo que es justo? En la historia, los ordenamientos jurídicos han estado casi siempre motivados de modo religioso: sobre la base de una referencia a la voluntad divina, se decide aquello que es justo entre los hombres. Contrariamente a otras grandes religiones, el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. En cambio, se ha remitido a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho, se ha referido a la armonía entre razón objetiva y subjetiva, una armonía que, sin embargo, presupone que ambas esferas estén fundadas en la Razón creadora de Dios. Así, los teólogos cristianos se sumaron a un movimiento filosófico y jurídico que se había formado desde el siglo II a. C. En la primera mitad del siglo segundo precristiano, se produjo un encuentro entre el derecho natural social, desarrollado por los filósofos estoicos y notorios maestros del derecho romano.[3] De este contacto, nació la cultura jurídica occidental, que ha sido y sigue siendo de una importancia determinante para la cultura jurídica de la humanidad. A partir de esta vinculación precristiana entre derecho y filosofía inicia el camino que lleva, a través de la Edad Media cristiana, al desarrollo jurídico de la Ilustración, hasta la Declaración de los derechos humanos y hasta nuestra Ley Fundamental Alemana, con la que nuestro pueblo reconoció en 1949 “los inviolables e inalienables derechos del hombre como fundamento de toda comunidad humana, de la paz y de la justicia en el mundo”. (http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2011/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20110922_reichstag-berlin.html)

 O sea, el cristianismo no es un movimiento del cual derive directamente el régimen jurídico, sino que alimenta el horizonte de ideas a partir de las cuales nace un ordenamiento jurídico respetuoso de los derechos del hombre y la sana laicidad.

Por ende, en un estado que sea sanamente laico, donde sus circunstancias históricas, como Argentina o EEUU, han sido precisamente las de una cultura judeocristiana a partir de la cual ha nacido la idea de igual y derechos entre los seres humanos,los símbolos religiosos cristianos en sus propios espacios son un reconocimiento a esa tradición, a ese origen, que no pueden molestar ni ofender a nadie.

Es una mala interpretación de J. Rawls afirmar que el estado debe ser moralmente neutroEl estado nunca es moralmente neutro. Todos sus espacios son bienes públicos. Es esos bienes públicos siempre hay decisiones morales que tomar. En la Corte Suprema de Justicia, ¿cómo pintamos sus paredes? ¿Con color blanco y además con una gran imagen de Hitler, o sólo con color blanco? Es una decisión moral. ¿Con un cuadro de San Martín o con la imagen de una actriz porno? Es una decisión moral. ¿Con una cruz cristiana o con la hoz y el martillo comunista? Es una decisión moral. Inútil es que los contribuyentes se quejen de que están pagando una u otra cosa. Una vez que hay un estado federal, toda decisión que se tome al respecto va a estar pagada por los contribuyentes. Por ende, que haya una cruz, que simboliza precisamente el origen del respeto a la libertad religiosa, no debería ofender ni molestar a nadie. Y si alguien dice que no quiere pagar la cruz, lo entiendo, peroentonces que sea coherente y que no quiera pagar nada: ni la pintura, ni los bancos, ni los escritorios, etc., porque todo ello es una decisión moral.

Si en las calles (bienes públicos) de la India hubiera una imagen de buda, ¿por qué yo, católico, debería ofenderme? Y si me voy a vivir a la India, debo saber que mis impuestos están pagando todo ello. ¿Y qué? Si no me gusta debería hacerme anarco-capitalista (cosa posible) e irme a vivir a Marte (cosa que si es posible ya no sé) en mi nave espacial, donde aún no habría bienes públicos.

Si estuviera viviendo en Japón, ¿por qué me debería ofender porque una prefectura mantuviera como patrimonio cultural a un templo sintoísta? Les cuento que luego de la Segunda Guerra ya no es así, pero si volviera a ser así, ¿cuál sería el problema? Muchos de los que hoy se están rasgando las vestiduras por las cruces en nuestras sedes judiciales estarían incoherentemente felices en un tour sacando fotos de una tradición que además no entienden en absoluto ni les importa.

Se olvida también que los EEUU fueron un ejemplo de una religiosidad pública no estatal. No estatal por la primera enmienda; pública, porque ello no fue obstáculo a que los bienes públicos municipales mantuvieran tradiciones religiosas cristianas que nunca fueron contradictorios con la libertad religiosa hasta que ideológicamente se comenzó a considerar lo contrario.

El laicismo es el problema. No la laicidad. El laicismo es la ideología que odia la inexorable influencia religiosa cristiana en el surgimiento jurídico y político de Occidente. El símbolo no podría ser más “símbolo”: lo que odian es la cruz. Son capaces de pagar impuestos para un poema de Borges en el obelisco o, peor, por el monumento al asesino Guevara. Pero no vaya a ser que exista una simple cruz de madera: ah no, eso no. Y los que piensen de buena voluntad que el Cristianismo y-o el Catolicismo es igual a intolerancia, lean, alguna vez, al magisterio de Juan XXIII (con sus antecedentes en León XIII, Benedicto XV y Pío XII); al Vaticano II, al magisterio de Juan Pablo II, y sobre todo a Benedicto XVI.

 

La cruz es el símbolo del gran acontecimiento de la Historia, de donde surge el reconocimiento de la dignidad humana y sus derechos fundamentales. El Imperio Romano es el que coherentemente no podía admitir la cruzY a los nuevos imperios romanos, ocultos ahora en la fachada de libertad, estamos volviendo. Ya casi no tenemos derecho a proclamar libremente nuestras ideas si estas se oponen al Lobby LGBT; ya casi no podemos hablar si no es como dicen las feministas radicales; ya no podemos educar libremente a nuestros hijos, sino que estos tienen que aprender lo que el estado dice y sobre todo en temas sexuales; ya casi no se puede ser médico si no haces abortos o no prescribes preservativos, y, por supuesto, no se puede ejercer el libre comercio, no se puede disponer de los propios bienes, somos esclavos vigilados por la AFIP o soviets diversos como la Coneau o el ministerio de educación, y el que se revela es un inadaptado que debe ser tratado con retalina primero y rivotril después. Eso sí, tranquilos: ya no habrá cruces en los tribunales. Eso sí que es libertad. Qué bien.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Capitalismo, iniciativa “privada” y propiedad

Por Gabriel Boragina Publicado el 9/9/18 en:  http://www.accionhumana.com/2018/09/capitalismo-iniciativa-privada-y.html

 

Parece mentira que siga habiendo gente que continúe diciendo que vivimos en un mundo capitalista. Lo máximo que podemos afirmar, en tal sentido, es que vivimos en un mundo que sigue disfrutando -en una muy buena medida- de los logros de una época de pleno capitalismo que, evidentemente, hoy en día ya no existe en la mayor parte del planeta, donde los estados y sus gobiernos no han parado de avanzar, aunque más disimuladamente que cuando se lo hacía a mediados del siglo pasado.
Una visión en perspectiva claramente lo indica. Pero, desde luego, también es importante que se tengan conceptos claros respecto de lo que es y no es capitalismo, ya que no para todos es lo mismo. De allí que, sea siempre significativo aclarar que nuestra idea de capitalismo es algo bastante diferente a lo que la mayoría de la gente entiende por tal término.
En una mirada retrospectiva histórica, puede afirmarse -sin temor a error- que el capitalismo jamás operó a un cien por ciento de su potencialidad. Entendemos por capitalismo un conjunto de factores, de los cuales podemos enumerar solamente algunos, por ejemplo: libertad individual, iniciativa privada, y muchos otros más. Pero, de momento, me detengo en cuanto a este requisito fundamental del capitalismo que es la iniciativa privada.
Dado que es esencial al capitalismo este “tipo” de iniciativa, va de suyo que expresiones tales como “capitalismo de estado” no pueden tener cabida dentro de las posibles caracterizaciones del capitalismo, porque si es “de estado” resulta obvio que no puede haber aquí ninguna iniciativa privada, ya que de querer hablarse de “iniciativa” (al ser “de estado”) la única “iniciativa” seria estatal. Pero henos aquí que, en ningún “estado” puede tener lugar clase alguna de iniciativa, porque toda iniciativa puede recaer nada más que en individuos, que son los únicos entes vivos poseedores de voluntad, y sin voluntad es imposible que aparezca ningún ejemplo de iniciativa. Este es uno de los tantos usos deformados de nuestro lenguaje, cuando se utilizan términos de imposible plasmación práctica, como el de “iniciativa estatal” (por evidentemente imposible) o, asimismo, el de “iniciativa privada” que es una redundancia, porque no puede existir ninguna otra clase deiniciativa que no sea -justamente- privada. De donde, se hace necesario distinguir entre iniciativa privada y estatal, habida cuenta el grado de confusión semántica y conceptual en el que vivimos.
Pero es que, no basta la iniciativa “privada” para que tengamos capitalismo, toda vez que los burócratas también actúan dentro de la esfera estatal bajo su propia iniciativa (aunque estén constreñidos por ciertas leyes) sino qué debemos agregar otro factor más, y que es que tal iniciativa privada ha de recaer sobre el destino que se la da al fruto del propio trabajo y no del trabajo ajeno, es decir, necesito (para saber que estoy dentro de un sistema capitalista) no sólo de mi iniciativa privada, sino de poder usar y disponer de lo que es mío, porque si aplico toda o parte de mi iniciativa privada a tomar, usar y disponer de lo ajeno ya no estoy dentro de un sistema capitalista, sino de otra clase, que puede ser intervencionista, o socialista/comunista. Precisamente, el estatismo se maneja de esta última manera, donde un ejército de burócratas aplica su iniciativa privada o propia al uso y disposición de bienes y fortunas ajenas.
Cuando el capitalismo operó apenas a un 30% de su capacidad, lo que es lo mismo a afirmar que la iniciativa particular (mal distinguida como privada cuando no puede haber otra forma de iniciativa que no sea la de los individuos) tuvo una libertad de acción de alrededor de ese porcentaje para usar y disponer de lo suyo, la pobreza disminuyó allí donde lo hizo. Los registros históricos confirman esto, especialmente entre los años 1780 y la primera o segunda década del siglo XX. Puede verse en la bibliografía de Mises, Hayek, Rothbard, Hazlitt, y otros autores de la Escuela Austríaca de Economía.
Estos notables efectos en un período histórico relativamente breve pueden calificarse como de verdadero milagro económico para la humanidad.
De allí que, podemos inferir que, si se le permitiera hacerlo a escalas mayores, la pobreza disminuiría de manera inversa a esa escala. La brecha se acortó. También la historia confirma que ese “estado benefactor” jamás existió. Los estados fueron y siguen siendo hoy en día intervencionistas, como antes y durante la guerra fueron totalitarios en Alemania, Italia y España entre otros. En rigor, el “estado liberal” es una contradicción en términos.
No hay rico más peligroso para el pobre que el funcionario o burócrata enquistado en el gobierno. Este rico estatal es peligroso, el otro privado no. Es al rico gobernante al que no le importa el pobre. Al otro rico (el privado) si le importa, ya que lo necesita, sea como empleado sea como cliente, sea en ambos roles.
A veces se critica a los defensores del capitalismo diciendo que queremos regresar a la “época de los terratenientes”. Pero, tales críticos deben tranquilizarse, porque no vamos a “regresar” a los tiempos de los terratenientes, puesto que estamos viviendo esos tiempos. Ya hemos regresado. Al menos, en Sudamérica ese tiempo es el tiempo de hoy. Los grandes terratenientes de la modernidad son los Estados, mediante sus legislaciones, que otorgan dádivas y privilegios de toda índole a ese ente ficticio estatal que es administrado -de tanto en tanto- por personas diferentes que pertenecen a diversos partidos políticos pero que, en base a esas legislaciones estatistas, tienen un tremendo poder sobre vidas y haciendas ajenas. Hoy en día, los estados no sólo son terratenientes, sino que también dueños de nuestros patrimonios. No sólo tienen grandes posesiones en tierras, sino también en divisas, oro y dinero. El simple hecho de pensar que solamente los gobiernos tienen la facultad legal de despojarnos del fruto de nuestro trabajo (el instrumento se denomina impuesto, forma legal de llamar a lo que es robo en cualquier otro caso) nos da la pauta que la verdadera riqueza reside en los gobiernos, pero no por derecho propio, sino por derecho impuesto, es decir por saqueo.
Sólo que en lugar de hablar de “terratenientes” tendríamos que hacerlo de “dineros tenientes”. Para salir del dominio de estos poderosos es que tenemos que volver al capitalismo.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

DEL GUARDAPOLVO BLANCO A LA LEY DE EDUCACIÓN SEXUAL OBLIGATORIA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/del-guardapolvo-blanco-la-ley-de.html

 

El problema NO es la educación sexual, sino que el estado imponga coactivamente una única educación sexual, so pena de criminalizar su no cumplimiento.

Pero en general a los argentinos les cuesta hacer esa distinción.

Porque la Argentina, junto con Francia, Italia, México y Uruguay, es uno de los cinco países que a fines del siglo XIX fueron un modelo de la intervención estatal en la educación con la intención de formar al ciudadano.

El modelo es la famosa educación formal estatal positivista, derivada del Iluminismo, cuando los estados, con la intención de “educar al ciudadano” asumieron la función de educar en las ciencias y en las letras, no en lo religioso, para que el ciudadano pudiera ser ese ser humano maduro con que el Kant soñaba, y el verdadero protagonista de las repúblicas secularizadas. Las escuelas sarmientinas fueron eso. Muy comprensibles, como todas ellas, en la época.

La educación privada existente tenía que “adscribirse al sistema oficial”, de algún modo.

El sistema no funcionó, claro. Un hombre educado no votará nunca a un tirano, decía Sarmiento. Pero en 1945, la única provincia argentina donde Perón NO ganó, fue Corrientes, donde el índice de analfabetismo era MAYOR.

Algo, evidentemente, no funcionaba en ese ingenuo racionalismo pedagógico.

Pero ingenuo al fin. Finalmente, era un socratismo moral pasado por el Iluminismo del s. XVIII. La escuela pública enseñará a los niños ciencia, matemáticas, letras, y con eso serán buenos ciudadanos. No lo fueron. Pero el contenido era ingenuo. Des-ideologizado. Leer y escribir, algo de Literatura, algo de ciencias, algo de Historia argentina, no mucho más.

Una primera advertencia fue el fascismo de Perón. El famoso dictadorzuelo usó el sistema educativo estatal para imponer la santa doctrina peronista y Miguel Cané fue sustituido por la gran escritora Eva Perón y su obra clásica de Literatura, La razón de mi vida. Algunos, entonces, se dieron cuenta. ¡Uy! ¿El santo sistema sarmientino utilizado para eso? ¡Qué horror!

Luego, claro, todos creyeron por un tiempo que “the end” y los “buenos” libros de lectura volvieron a las aulas.

Pero nadie, en este país estatista, advirtió el problema: la educación pública deja las herramientas legales a libre disposición para que sean usadas coactivamente para lo que fuere.

Ayer fue Miguel Cané, luego Eva Perón, ahora la ideología del género y cómo masturbarte bien. No importa que mañana el libro de lectura sea Mises me mima. El asunto es el mismo: diversos funcionarios, con formas de pensar diferentes, unas más ingenuas, otras más ideológicas, otras más horrorosas, utilizarán siempre las herramientas legales del sistema para imponer coactivamente sus ideas.

En la Argentina, por ende, nunca hubo libertad de enseñanza. La que hubo, si se puede llamar así, fue un empate, un compromiso, logrado por muchos católicos, para que pueda haber colegios “no estatales”, adscriptos al sistema, y en ese sentido estatales, claro, donde se tenía que seguir todo el plan estatal “más” religión. Y de 1955 al 60 lograron que hubiera universidades privadas que, por supuesto, son vigiladas, hoy más que nunca, totalmente por el soviet estatal. Y para colmo protestaban porque no tenían subsidio….

Pero libertad de enseñanza, esto es, que los institutos privados tengan derecho, como corresponde, a sus propios planes y programas de estudio, ah no, eso es “de los liberales”, malos, sucios y feos. La gente buena no dice esas cosas.

Fue inútil, por ende, que nosotros, la gente mala, advirtiera siempre contra la bomba de tiempo, ineficiente en acto, corrupta moralmente en potencia, que es la educación estatal. AHORA algunos se dan cuenta. AHORA algunos (muy pocos), aquellos que pueden comprender que el delicado tema sexual debe ser tratado por los padres con sus hijos, AHORA, reaccionan. Pero, gente, ya es tarde. Si en Argentina se hubiera respetado siempre la libertad de enseñanza, el Lobby LGBT, totalitario de pura cepa, hubiera tenido más dificultades.  Macri y su gente, en esto (y en muchas otras cosas), siguen estando gravemente equivocados, pero la ley, gente, es del 2006, cuando todo estaban muy entretenidos en las demagogias estatistas variadas de Néstor Kirchner.

Tarde, gente, tarde. Igual que con el gasto público. Los liberales –que en la década del 50 eran sólo dos o tres, exactamente- siempre lo dijimos. Pero es inútil. Somos los malos.

Los buenos, los que quieren que el estado cumpla con el “derecho a la educación”, han triunfado. Antes fue el derecho a ser educado en ciencias. Luego, en La razón de mi vida. Ahora, en la ideología de género. Mañana, mejor no digo más, para no dar malas ideas.

Y no sólo es la Argentina. Es todo el mundo.

Mientras tanto, lo único que queda es desobedecer la ley, y aprender a escuchar a los feos, sucios y malos. 

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

PETER PAN Y EL HOMBRE ENJAULADO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Desafortunadamente vivimos la época de la adoración a los aparatos estatales que todo lo abarcan, desde las relaciones comerciales, al deporte, casamientos y divorcios, el arte, los transportes, la comunicación, los sindicatos, los procesos educativos, la recreación y tantos otros ámbitos, mientras descuidan la seguridad y la justicia.

 

A esta altura del siglo xxi es hora de madurar y comprender que los espacios crecientes del adiposo Leviatán se traducen en disminuciones en las libertades de las personas. Peter Pan es un personaje de ficción que nunca creció, fabricado por el escritor escosés James Matthew Barrie en una obra estrenada en Londres en 1904. Esta inmadurez perpetua es lo que mantiene al hombre enjaulado,  es decir, privado de sus libertades.

 

En lugar del principio básico de la presunción de inocencia, se parte del principio de la presunción de sabiduría del gobernante y la ignorancia de la gente. Por el hecho de asumir funciones en el aparato estatal se estima que la persona se ha transformado en sabionda quien subestima a sus congéneres que no ocupan cargos oficiales. Una mutación en verdad asombrosa. Pero aun suponiendo que fuera así, esto en modo alguno justifica que la gente deba ser regenteada por los políticos en cuanto al manejo de sus vidas y sus haciendas. Constituye una falta de respeto, en todo caso si verdaderamente fueran sabiondos que compitan por vender sus servicios en el mercado.

 

En realidad aquel  procedimiento significa la concentración de ignorancia si es que hemos comprendido que el conocimiento,  por su misma naturaleza, está fragmentado y disperso en millones y millones de personas que con sus respectivas informaciones y talentos los transmiten a través de sus múltiples intercambios, lo cual es anulado cuando el planificador impone sus visiones desde el vértice del poder.

 

Lo más importante para entender la mente de los megalómanos es leer y releer un pensamiento clave de C. S. Lewis: “De todas las tiranías una ejercida para el bien de las víctimas suele ser la más opresiva. Puede ser mejor vivir bajo ladrones que hacerlo bajo la moral omnipotente de los otros. Los ladrones a veces descansan pero aquellos que nos tormentan para nuestro bien lo hacen sin descanso.” (God in the Dock).

 

Es realmente  notable los humos de los burócratas que se la creen en el sentido de su superioridad, pero como dice Erich Fromm “son débiles mentales puesto que necesitan del dominado para rellenar su esquelética personalidad” (en Man for Himself). No hay más que verlos como disfrutan de la foto y el micrófono, no por su solvencia moral sino por el apoyo de las botas que siempre están tras el poder político. El desbarranque es grande hoy en día, hasta las izquierdas le han dado la espalda a sus orígenes: el los inicios de la Revolución Francesa -antes de la contrarrevolución jacobina-  los que se sentaron a la izquierda del Rey era para significar que se oponían a los privilegios basados siempre en el uso de la fuerza, ahora resulta que las izquierdas pretenden aplastar con las botas los derechos de la gente a través de cúpulas hediondas.

 

En el entramado político hoy nos retrotraemos a las peores épocas de las monarquías absolutas en las que se consideraba que los derechos eran una gracia concedida por el autócrata del momento y no como la facultad de los seres humanos por el hecho de haber nacido y que constituyen su naturaleza y sus características como especies únicas de las conocidas que poseen libre albedrío y consecuentemente dignidad.

 

Del célebre pensamiento de los Padres Fundadores de Estados Unidos en cuanto a que “el mejor  gobierno es el que menos gobierna” hemos pasado a creer que “el mejor gobierno es el que más legisla” (y cuando un miembro del Parlamento no presenta la suficiente cantidad de leyes se considera que no cumple adecuadamente con su función). En este sentido, sería de interés que los integrantes del Poder Legislativo fueran como en sus inicios  honorarios como en la República de Venecia muchos cargos públicos porque trabajaban ad honorem mientras se dedicaban a su faenas particulares, pero actualmente se pegó lo de honorables mientras cobran dietas y convierten el Congreso en un gran negocio (y, a veces, un aguantadero para cubrir delitos de toda laya). Si se objetara la idea en base a posibles conflictos de intereses, habría que subrayar que no hay tal si se legisla para la generalidad centrado especialmente en el presupuesto y no como hoy se hace en todas direcciones.

 

Ya hemos consignado antes en línea con el pensamiento de Bruno Leoni (en La libertad y la ley) la propuesta de abrir de par en par la posibilidad de árbitros privados en el ámbito del Poder Judicial sin ninguna restricción ni regulación (incluso no necesitan ser abogados los participantes en las diversas instancias). También hemos subrayado el pasaje poco explorado de Montesquieu (en El espíritu de las leyes) aplicable al Ejecutivo en cuanto a que “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” en consonancia con lo que luego destacó Karl Popper (en La sociedad abierta y sus enemigos) en su crítica a la noción del “filósofo rey” expuesta por Platón para poner en un primer plano las instituciones y en un segundo y muy relegado a las personas, al efecto de que “el gobierno haga el menor daño posible”. A lo que cabe agregar la idea debatida en la Asamblea Constituyente estadounidense en cuanto a la relevancia de contar con un Triunvirato en el Ejecutivo “para mitigar la idea presidencialista que se asemeja a los malsanos desvíos de una monarquía sin control”.

 

Si no usamos las neuronas para imaginar nuevos límites al poder político corremos el riesgo de que el planeta Tierra termine en un inmenso Gulag y paradójicamente en nombre de la democracia, una democracia desde luego falseada y convertida hoy en pura cleptocracia, es decir los gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida.

 

Es curiosa y alarmante la actitud pasiva de muchos que endosan la responsabilidad en otros para resolver problemas que a todos competen. Proceden como si estuvieran ubicados en una inmensa platea mirando el escenario donde aparecen personajes supuestamente encargados de solucionar entuertos. Con este procedimiento en gran medida está garantizado el fracaso puesto que de este modo todo el teatro se derrumbará. Para tener éxito cada uno, repito cada uno, debe contribuir con su granito de arena a enderezar las cosas puesto que cada cual está interesado en que se lo respete con total independencia de a que se dedique sea a la música, la literatura, la jardinería, la danza, la albañilería, pintura, la filosofía, el derecho, la economía, la historia, la ingeniería o lo que fuere. De allí es que los Padres Fundadores en Estados Unidos han insistido que “el costo de la libertad es la eterna vigilancia”.

 

Es sumamente peligrosa la actitud de aquellos que sostienen que solo les interesa su familia, su trabajo y la recreación personal. Esto no es original pero para lograrlo es menester que dediquen parte de su tiempo, de sus recursos o ambas cosas a contribuir a que se los respete, lo contrario es un suicidio.

 

Hacer las de Peter Pan conduce indefectiblemente a la jaula. Hoy en día con todas las amenazas a valores y principios de respeto recíproco debido al engrosamiento exponencial de los aparatos estatales, debemos subrayar que si todos los partidarios de la sociedad libre contribuyeran diariamente a rescatarse de la avalancha estatista, si eso fuera así decimos, no estaríamos ni remotamente en la situación en la que nos encontramos.

 

Otra vez sugiero los ateneos de lectura como un modo muy efectivo de contribuir a que se comprendan los fundamentos de la libertad. Reuniones en casas de familias de cinco o seis personas en las que uno expone por vez y los otros, habiendo leído el material propuesto, discuten, critican y elaboran sus propuestas. En base a un buen libro, este mecanismo genera notables efectos multiplicadores en la familia, el trabajo y en reuniones sociales. Sin duda que los medios más fértiles son la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo, pero como queda dicho el ateneo de lectura ayuda enormemente a despejar dudas propias y ajenas y eventualmente al año siguiente cada uno de los miembros del ateneo original abren cinco o seis ateneos distintos y así sucesivamente.

 

Esta sugerencia va en línea con un consejo clave del marxista Antonio Gramsci: “tomen la cultura y la educación y el resto se da por añadidura”. Es así para todas las tradiciones de pensamiento. El decir que la educación es una faena a largo plazo demora la solución. Como he consignado en otras oportunidades es del caso citar a Mao Tse Tung en el sentido de que “las batallas más largas siempre comienzan con un primer paso”.

 

Dedicarse a los negocios personales no solo es legítimo sino que es necesario pero, entre otras cosas, precisamente, para preservar el negocio es indispensable asegurar un ámbito de respeto. La libertad de cada uno no es algo automático que viene del aire, procede de esfuerzos cotidianos para alimentarla. De allí es que autores como Benedetto Croce han consignado que la historia “es la hazaña de la libertad”.

 

Incluso hay quienes piensan que no debe criticarse que las cosas se enderezarán solas, que no debe juzgarse sin percibir que esto mismo constituye un juicio y que si los humanos no proceden en consecuencia nadie lo hará por ellos. La tiranía del statu quo, la pereza mental y el espíritu conservador en el peor sentido del término están presentes. Es imperioso el despertar a la realidad y contar con el coraje moral suficiente como para enfrentar los desafíos que las circunstancias nos presentan.

 

Por ahora en lo que va de la pulseada de la civilización los derechos proclamados y reconocidos por los Locke van perdiendo frente a los Russeau. Este último autor no solo es el artífice de la degradación de la democracia a manos de “la voluntad general” ilimitada (en el Contrato social) en contraposición a los Giovanni Sartori, sino que ha escrito que “En una palabra, quiero que la propiedad del Estado sea lo más extendida y poderosa y que la de los ciudadanos sean lo más reducida y débil que sea posible” (en Proyecto de Constitución para Córcega).

 

Anthony de Jasay ha escrito con toda razón que “Amamos la retórica de la libertad y nos abocamos en ese palabrerío más allá de la sobriedad y el buen gusto, pero está abierto a una seria duda si realmente aceptamos el contenido sustantivo de la libertad” (en “The Bitter Medicine of Freedom”). Como es archiconocido, ya Madame Roland antes de ser guillotinada se inclinó frente a la estatua de la libertad de la entonces Plaza de la Revolución (hoy Plaza de la Concordia) y sentenció: “Oh ! libertad cuantos crímenes se cometen en tu nombre”.

 

Solo en una mente liliputense cabe la idea que el hombre ha llegado a una instancia final de perfección. La perfección no está al alcance de los mortales. Estamos en estado de ebullición permanente en un contexto evolutivo. Mientras, siguen los estudios tendientes a refutar los argumentos del dilema del prisionero, de los bienes públicos, de los free riders, de la asimetría de la información, de los errores de comprensión respecto a la tragedia de los comunes y el interés personal smithiano en el denominado equilibro de Nash y los equívocos presentes en el teorema Kaldor-Hicks respecto a los balances sociales tan bien refutados por Robert Nozick. Mientras esto se desarrolla, debemos poner coto a los abusos del poder puesto que como reza el dictum de Acton “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

REFLEXIÓN PARA CATÓLICOS TRISTES Y PERPLEJOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/9/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/09/reflexion-para-catolicos-tristes-y.html

 

No, no es sobre la carta de Viganó. Lo que voy a decir ahora lo dije el 19 de Agosto para mis hermanos dominicos.

Hace muchas décadas que la Iglesia es un caos en cuanto a sus aspecto humano. Un aspecto humano que sin embargo parece salpicar a lo más fundamental.

Sin embargo no es la primera vez que sucede. Hubo crisis doctrinales donde no se sabía a quién escuchar; hubo papas corruptos, muchos; hubo papas que dudaron y titubearon en temas de Fe; hubo tres papas; hubo uno que hizo des-enterrar al anterior y someterlo a juicio. ¿Internas? Siempre. ¿Clericalismos? Siempre. ¿Nido de víboras? Siempre. ¿Obispos y sacerdotes degenerados e inmorales? Hubo siempre. En una de esas crisis, Dios nos mandó a Santo Domingo y a San Francisco. No fue poco.

Si creen que voy a hacer un diagnóstico y proponer una solución, no. No quiero ser un ruido más en medio de todos los ruidos. Hubo hace poco un santo varón que no hizo ruido pero los suyos tampoco lo recibieron. El desaliento actual es que hagas lo que hagas, digas lo que digas, silencies lo que silencies y no hagas lo que no hagas, todo parece que es para mal.

Tal vez siempre estuvieron en la Iglesia los saduceos, los zelotes, los fariseos y los pobres de Yahvé.

Hoy también están los que están en la Iglesia sin creer en nada, los que quieren la revolución temporal, y los que carecen de misericordia.

Yo les propongo que seamos los pobres de Yahvé, con una docta ignorancia. Realmente no entendemos lo que está pasando. Ya está, la crisis ha superado todas nuestras categorías de entendimiento. Reconocer que ya no sabemos. Creíamos una cosa, ahora es otra, tratamos de ajustarla, no podemos, todos se dividen, que el Magisterio esto, que el Magisterio aquello, que esto es esencial, que aquello es contingente, y mientras tanto, ya no sabemos quién es honesto y quién no, o si alguien es un profeta o un loco, ya no sabemos nada.

Sólo podemos esperar, no en el Mesías, que ya vino, pero sí confiar en el Espíritu Santo, que siempre está y siempre saca a la Iglesia adelante en tiempos que superan a nuestras cortas existencias.

No nos queda sino ser como María al pie de la Cruz.

Y mientras tanto, mantengámonos unidos. No nos condenemos. Todavía tenemos el Credo. Recémoslo despacito. Quedan aún los sacramentos, que son ex opere operato: recibámolos frecuentemente. No importa el sacerdote. No importa el obispo. Ya no sabemos qué dicen, ni qué quieren decir, lo único que tenemos es el Credo, ir a Misa, confesarnos, esperar, seguir creyendo, seguir esperando. Si a alguno le gusta la antigua Misa, que vaya; si le gusta la nueva, que vaya, ya no sabemos nada, simplemente cuidemos que la consagración sea válida, que nuestra confesión sea sincera. No podemos hacer nada más. Si hay dudas, sigamos a nuestra conciencia y que Dios se apiade de nosotros. Y esperemos. Y cuando recemos el Credo, recordemos: la Iglesia es una, santa, católica y apostólica no por nosotros, sino porque su cabeza es Cristo.

Reitero: no sabemos nada más.

Nunca mejor dicho, Dios sabrá.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JOSÉ INGENIEROS ACERCA DEL HOMBRE MEDIOCRE

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Vuelvo sobre el tema de la mediocridad desde otros ángulos. Es como escribe Enrique Santos Dicépolo en Cambalache en donde resulta que al mediocre le da lo mismo “el burro que el gran profesor”. Un antídoto para la mediocridad es la buena lectura que puede resumirse en el subtítulo de uno de los libros de Fernando Savater: “Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”.

Y aquí irrumpe en escena José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg. Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En 1908 trabajó en la cátedra de Neurología a cargo de José María Ramos Mejía en la Facultad de Medicina de la UBA y también se hizo cargo de la cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad donde diez años más tarde fue designado Vicedecano.

 

En 1909 fue electo presidente de la Sociedad Médica Argentina.  Colaboró en periódicos de inclinación anarquista y fue fundador y escritor asiduo en diversas revistas y medios periodísticos como La Vanguardia establecida por Juan B. Justo y Nicolás Repetto de donde tomó partes de un así denominado socialismo que luego derivó en el socialismo democrático al estilo de Américo Gholdi, posición intelectual de quienes se oponían a la banca central y sustentaban el libre comercio entre las naciones y el patrón oro, aunque en materia laboral suscribían varios aspectos de raigambre marxista, a pesar de contener en muchos de sus miembros características eminentemente respetuosas para con las autonomías individuales en un contexto de libertad.

 

En todo caso en esta nota periodística quiero centrar la atención en una obra de Ingenieros que ha concitado la atención de no pocas mentes inquietas. Se trata de El hombre mediocre que fueron originalmente sus clases en la antes mencionada cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras durante el ciclo lectivo de 1910, luego publicadas en forma de libro.

 

Cabe destacar la notable maestría con que el autor administra su prosa imbuida no solo  de una muy pulida gramática sino de un formidable ingenio y capacidad descriptiva.

 

Comienzo por algo que Ingenieros toca al pasar pero que constituye un hallazgo de grandes proporciones del que derivan consecuencias de  importancia para la comprensión del individualismo metodológico. Hay veces que uno da por sentado como verdad un error manifiesto y recién uno se percata de la equivocación cuando se desnuda el tema.

 

Bien, el asunto estriba en que José Ingenieros sostiene que es un error garrafal aludir al “sentido común” ya que se trata en verdad del “buen sentido” siempre personalísimo ya que no es comunitario el tan cacareado sentido común puesto que se trata de un antropomorfismo, es decir, se trata de un colectivo como si fuera una persona, lo cual conduce a confusiones varias. Es de la misma estirpe que cuando se parlotea que “el pueblo demanda”, “la nación piensa”  o “las instituciones dicen” y yerros equivalentes. No hay tal cosa, son metáforas peligrosas porque conducen a la liquidación de la persona en aras del grupo. Es en rigor la expropiación del hombre que es engullido por lo colectivo. En el mejor de los casos pueden ser abreviaciones que de tanto repetirlas se toman literalmente. Es cierto que puede haber una acepción más benévola del sentido común en cuanto a que apunta a lo que es común a muchas individualidades, pero de todos modos vale la advertencia para no caer en zonceras antropomórficas tipo “Estados Unidos reprobó la conducta de África” y tropelías similares.

 

Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insubsanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter. No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”.

 

A título personal, analizaremos brevemente las dos últimas referencias en sendas por la que ya hemos transitado con anterioridad pero que se hace necesario reiterar en vista de lo apuntado por Ingenieros. En primer lugar, la importancia del humor. Debemos tener muy presente que nos encontramos ubicados en un universo en el que existen millones de galaxias con altísimas probabilidades de vida inteligente en otros mundos y concientes de nuestra inmensa ignorancia de casi todo. Estas son poderosas razones para no tomarnos demasiado en serio.

El sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.

Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofas a los gobernantes autoritarios en funciones. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos.

La seriedad cuando se está frente a temas serios es una cosa y la solemnidad pomposa es otra. Es curiosa la psicología junto a la fisiología: nadie explicó la razón de llorar cuando nos duele el alma y reír cuando estamos alegres ¿por qué no al revés? Del mismo modo Aristóteles se pregunta por qué no nos reímos cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos. En realidad la risa es propiamente humana, lo de la hiena es un simulacro, igual que el amor (por eso aquello de “hacer el amor” para asimilarlo a las relaciones sexuales es limitar lo sublime del amor que va más allá de lo puramente físico y es característico de lo humano).

Debido a que nos equivocamos con frecuencia, es sano reírse de uno mismo. En reuniones sociales es de interés probar el sentido del humor contando errores garrafales que uno comete y se observará dos tipos de personas: los que siguen la gracia y agregan casos propios y los que les parece un desatino la patinada que uno cuenta. Hay que estar prevenido y alerta respecto a este último grupo de supuestos infalibles, un signo de mediocridad.

En segundo lugar, la envidia. La  manía de la guillotina horizontal básicamente procede de la envidia además de conceptos errados. De allí surge el inaudito dicho por el que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario”, como si nadie pudiera comer langosta antes que todo el planeta tuviera pan sin comprender que el lujo es el estímulo para que los eficientes expandan su producción haciendo que lo superfluo hoy resulte en un bien de consumo masivo mañana. Las tasas de capitalización que resultan de ganancias incrementadas es lo que hace posible salarios e ingresos mayores en términos reales. Que nadie pueda contar con una computadora antes que todos dispongan de papel y lápiz es tan descabellado como suponer que nadie pueda tocar la guitarra antes que todos tengan zapatos.

 

La envidia es en realidad un complejo de inferioridad y de gran inseguridad. La persona envidiosa sabe que carece de las cualidades que posee el envidiado y cuando más cerca se encuentra mayor es la dosis de envidia. No es frecuente que en nuestros días se envidie la capacidad oratoria de Cicerón, sin embargo es un lugar común que se envidie al vecino o al pariente.

 

Como bien ha consignado el célebre H. L. Menken en el contexto de los envidiosos: “la injusticia es relativamente más aceptada, lo difícil de absorber es la justicia”, es decir los talentos y dones del envidiado.

 

Por supuesto que debe distinguirse el espíritu de emulación a lo bueno y noble de lo que es la envidia. Aristóteles hacía esta importante distinción. Lo primero empuja la vara y apunta a la excelencia, mientras que lo segundo hunde en el pantano.

 

He contado antes la historia pero es pertinente reiterarla. Cuando el destacado empresario Goar Mestre se exilió de Cuba luego que todos sus bienes fueron confiscados por la tiranía castrista, en casa de mi padre una vez nos mostró un diario editado en Miami por cubanos en el exilio. En ese periódico se leía que un fulano declaraba que “la revolución arruinó mi vida y la de mi familia, pero por lo menos le sacaron todo al millonario Mestre”. Este es el espíritu maligno de la envidia, aunque el titular la pase mal se satisface con la destrucción de personas exitosas.

 

En lo que posiblemente sea el tratado sobre la envidia más suculento escrito por Helmult Shoeck, este autor concluye sobre lo que es en verdad un espíritu de demolición: “La mayoría de las conquistas científicas por la cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en una palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos”.

 

Aparecen muchas formas de disfrazar la envidia. Tal vez la más común sea la necesidad de liberarse de responsabilidad y endosar la culpa de la situación desfavorable del envidioso sobre las espaldas del envidiado, sugiriendo aquí y allá que lo desventajoso del envidioso se debe a un mal comportamiento del envidiado o de circunstancias que lo colocan en ventaja de modo inaceptable al sentido de ecuanimidad. Sin duda que en este mismo contexto una errada aplicación de lo que en la teoría de los juegos se denomina la suma cero juega un rol importantísimo en la psicología de la envidia.

 

Así se sostiene en el terreno crematístico que lo que uno no posee es porque el otro lo tiene, como si la riqueza fuera una torta que hay que repartir sin percatarse que en procesos abiertos de lo que se trata es de multiplicar las tortas. Y en el campo de los talentos y las apariencias físicas siempre el envidioso encuentra excusas y subterfugios para victimizarse porque no puede competir con éxito. La competencia lo inhibe, se oculta en diversos disfraces para eludirla y pretende actuar en base a privilegios alegando “competencia limpia”.

 

Por último y volviendo directamente a Ingenieros, contrasta con énfasis el mediocre con el idealista el cual considera que muestra “un gesto del espíritu hacia alguna perfección” y en línea con la manía de emprenderla contra la teoría, afirma que “los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y son el instrumento natural de todo progreso humano”, es “la anticipación de la imaginación a la experiencia”, es “el contraste entre el servilismo y la dignidad”, son los que “clavan las pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible”, son “los que no se dejan domesticar” y hablan claro y fuerte sin rebusques y poses alambicadas.

En resumen, nos dice el autor aludiendo a la mediocridad de quienes profesan especial fobia por el trabajo teórico de lo cual depende toda práctica que no proceda a los tumbos: “Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del hombre práctico está limitado a las contingencias del presente”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Martín Krause, economista argentino: “Controlar el poder y limitarlo es clave para esclarecer los casos de corrupción en nuestros países”

Entrevista publicada el 11/8/18 en: https://www.ellibero.cl/actualidad/martin-krause-economista-argentino-controlar-el-poder-y-limitarlo-es-clave-para-esclarecer-los-casos-de-corrupcion-en-nuestros-paises/

 

El académico destaca la actuación de la justicia en Brasil y de la prensa argentina en los procesos Lava Jato y los “cuadernos de la corrupción”. Invitado a Chile por la Fundación para el Progreso, el defensor del liberalismo comenta, además, cómo la opción bolivariana debiera ir en retirada en la región.

Frases como “cuestionar incluso el monopolio del Estado y la existencia del mismo”, son las que sitúan a Martín Krause como uno de los referentes del liberalismo en la región. Esta semana estuvo en Chile para participar en el seminario “Liderazgos para el progreso en el siglo XXI”, organizado por la Fundación para el Progreso y que se llevó a cabo en Santa Cruz, VI Region.

En conversación con “El Líbero”, el economista argentino aborda los casos de corrupción destapados hace unos días en su país. Y profundiza, además, aspectos del liberalismo que considera que deberían tenerse en cuenta, como la no dependencia del Estado. “Hay muchos problemas que los soluciona la sociedad misma. Meter al Estado es como meter al elefante en el bazar, se generan más problemas de los que quieres solucionar”, plantea

-En Argentina, se destapó el caso “cuadernos de las coimas” que afecta a la ex Presidenta Cristina Fernández, y a parte de su entorno. Además, su vicepresidente se encuentra preso por otra acusación. En Brasil, Lula Da Silva tras las rejas por Lava Jato ¿Eso lo ve como algo positivo en el sentido que las instituciones funcionan? ¿O negativo al parecer que es destino de los países de la región?

-Claramente es algo bueno. Lo que están mostrando todos estos casos, no solo el de Argentina, es que hay algunos elementos que han funcionado, que podríamos llamar “la calidad institucional”. Es básicamente control al poder, lo cual está en las esencia de las ideas liberales. Controlar el poder y limitarlo. Eso es clave para esclarecer los casos de corrupción en nuestros países.

-¿A qué se refiere con la “calidad institucional”?

-La calidad institucional se ve a través de distintos mecanismos, muchos de los cuales conocemos hace tiempo como la división de poderes, la independencia de la justicia, de la prensa, etc. Y, de alguna forma, todo lo que está ocurriendo tiene que ver con alguno de estos elementos. Por ejemplo, en el caso de Brasil, el Lava Jato es el resultado de reformas en el sistema judicial brasileño que le dieron un poco más de independencia al Poder Judicial y como resultado tuviste a un juez que dijo “voy a seguir investigando esto” y hoy tienes a un ex Presidente preso. Y en Argentina, no hubo un “juez Moro” pero sí periodistas que hicieron un trabajo espectacular y notable. Años atrás con Lanata, luego otras  investigaciones y ahora esta, la de los cuadernos que es fruto de una larga tarea de un periodista que juntó material, fue a la justicia, le dio tiempo a ellos para que confirmaran los datos. Y  cuando la justicia va a lanzarse a meterlos presos, ahí pública en su medio.

Lo que están mostrando todos estos casos, no solo el de Argentina, es que hay algunos elementos que han funcionado, que podríamos llamar “la calidad institucional”. Es básicamente control al poder, lo cual está en las esencia de las ideas liberales”.

Lo que están mostrando todos estos casos, no solo el de Argentina, es que hay algunos elementos que han funcionado, que podríamos llamar “la calidad institucional”. Es básicamente control al poder, lo cual está en las esencia de las ideas liberales”.

-¿Esos serían los factores para frenar estos casos?

-Hay otro elemento que se ve en estos escándalos latinoamericanos, que es la “competencia entre jurisdicciones” que es una consecuencia de este mundo globalizado. Muchos negocios internacionales pueden elegir cuál es la sede donde hacen sus contratos. Entonces, en el comercio y las finanzas personales la justicia está en competencia tambiénLos inversores se van donde hay mejores servicios de justicia, y entra en competencia algo que se veía monopólica como la justicia de cada país. Y ahora empiezan a surgir casos que tienen alto impacto, pero que en realidad surgieron por las investigaciones en otros países. Por ejemplo, cae el Presidente de Perú o el vicepresidente de Ecuador, no por algo que haya hecho la justicia de esos países, sino por lo que ocurrió en Brasil. O caen en Argentina unos tipos porque se destapó el FIFA Gate en Estados Unidos y en Suiza. Y muchos caen en países donde tú no hubieras esperado que se hiciera esa investigación.  Ahora en Argentina vamos a ver qué nos trae el Lava Jato porque en estos días se han completado los acuerdos entre la justicia brasileña y argentina para compartir información.

-¿Por qué aún Cristina Fernández tiene apoyo en el electorado?

-En el caso de Argentina hay un 25% que apoya a Cristina Kirchner. A esa gente no es algo que le importe estos casos de corrupción. Normalmente son los militantes kirchneristas duros o son gente pobre que vive de recibir algún tipo de programa público. Ver los cuadernos o ver las valijas con dinero no les produce nada, no cambian de opinión. El resto de la población ve esto con repulsión y está esperando que de una vez por todas se haga algo. La típica opinión que encuentras en Argentina es “a ver si alguna vez van presos”. Hay varios ya presos del gobierno anterior, ministros, vicepresidente. Los tiros llegan cada vez más arriba y si esto sigue así, van a llegar. Va a ser histórico cuando se vaya Cristina presa.

Este mundo globalizado ahora da oportunidad a países como los nuestros, que de pronto no tienen buena justicia, a lograr algo con la justicia de otros países”.

“No se deben imponer políticas a todos por igual porque somos distintos”.

-Usted hablaba de la fortaleza de las instituciones. En Chile cada cierto tiempo se habla de la modernización del Estado. ¿Cómo cree que se puede avanzar en eso? ¿O primero hay que repensar el rol del Estado?

-Hay que discutir la función del Estado como tal. Después que definas si hace falta que haga algo, bueno ahí es mejor hacerlo de manera más eficiente. Esa es la visión que al principio tuvo el gobierno de Macri. “Venimos a hacer este Estado más eficiente y más moderno”. Perdón, pero lo que pasa es que acá hay muchas cosas que el Estado no debería estar haciendo. ¿Para qué vas a hacer más eficiente algo que no habría que hacer? Yo, personalmente, estoy dispuesto a llegar hasta el final.

-¿Qué significa hasta el final?

-A cuestionar incluso el monopolio mismo y la existencia del Estado. No creo que sea algo que vaya a ver en mi vida, pero no me asusta la idea.

¿Por qué debe haber una política nacional de Salud? Puede ser distintas por regiones, por ciudades, y veamos cuál funciona”.

-Cuándo usted señala que el Estado no debería existir, ¿qué ocurre por ejemplo, cuando cumple una función de ayudar a quienes no tienen ciertos beneficios?

-La primera actitud que le aconsejaría a la gente tener, es la de no hacer el salto inmediato de que, porque hay un problema, el Estado debe solucionarlo. No es así, hay muchos problemas que los soluciona la sociedad misma, nosotros mismos. Meter al Estado es como meter al elefante en el bazar, se generan más problemas de los que quieres solucionar. Las políticas públicas yo las usaría al final, otras pueden ser soluciones cooperativas, voluntarias, comunitarias. Primero, ver cómo se puede solucionar un problema y recién al final discutir algún tipo de política si no hay ninguna solución satisfactoria

Y profundiza:
“Si bien no me gusta imponer soluciones tal vez deberíamos avanzar en un camino de la descentralización. De que haya muchos experimentos posibles y que veamos cuál funciona. Por ejemplo, ¿por qué debe haber una política nacional de Salud? Puede ser distintas por regiones, por ciudades, y veamos cuál funciona. O en Educación, uno querrá escuelas públicas, otro todos privados. En otras si quieren que enseñen Marx solamente. Está bien, júntense ahí y exprópiense entre ustedes, y los demás querrán otra cosa. Y así se verá cuál se acomoda más. Pero que no se impongan políticas a todos por igual porque somos distintos.
“La opción bolivariana, como alternativa, está terminada. Falta cerrar el cajón”.

-Si por un lado es positivo lo que está pasando con el esclarecimiento de casos de corrupción, por otro lado hay gobiernos en Latinoamérica donde no se respetan los derechos, las libertades, como lo que está pasando en Venezuela, Nicaragua… ¿En qué etapa cree que se encuentra la región?

-Hay olas en América Latina en las que coinciden ciertos rumbos. Coincidieron en los 80 políticas de altas inflaciones, coincidieron después en los 90 las políticas de privatización y luego de esas olas, se abrieron dos caminos en América Latina. Uno fue el camino del Pacífico, con Chile, Perú, Colombia (y también Uruguay aunque no sea en el Pacífico) y, por otro lado, los bolivarianos. Y es interesante esta oportunidad de contrastar resultados. Parecería ser, claramente que el lado bolivariano está en retroceso. Está en retroceso en Argentina, en Ecuador, vamos a ver qué pasa en Nicaragua, debería retroceder si no hay frenos dictatoriales. Debería claramente en Venezuela.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Una obra formidable sobre moral

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 24/8/18 en https://www.infobae.com/opinion/2018/08/24/una-obra-formidable-sobre-moral/

 

Se trata de un trabajo realizado por un agnóstico, lo cual facilita una visión más generalizada, pero no quita que religiones avalen los valores y los principios morales. En este caso es equivalente a la física, la economía o el derecho, no se trata de sostener que para que sus preceptos sean válidos se debe ser religioso, claro que, como queda dicho, no es óbice que tradiciones religiosas suscriban el orden natural que se atribuye a la Primera Causa (que algunos denominan Dios, otros Alá y otros Yahvéh), ya que si los nexos causales fueran para atrás ad infinitum, entre muchas otras cosas, no estaría escribiendo estas líneas, puesto que las causas que me generaron en una cadena causal nunca hubieran comenzado (lo cual, claro está, nada tiene que ver con distintos dogmas). Pero, como decimos, en el caso que nos ocupa es de una mayor fertilidad analizar los fundamentos de la moral de una manera separada de la religión, lo cual abarca un terreno muy amplio.

El libro en cuestión fue escrito por Henry Hazlitt. En esta nota periodística me referiré solo a algunos pocos puntos que trata el autor para lo que me baso en la primera edición inglesa realizada por la editora Van Nostrand Co. de Princeton, en 1964, luego de lo cual se han publicado cinco ediciones adicionales, obra titulada The Foundations of Morality. Describiré los temas seleccionados sin la multitud de citas y las sustanciales referencias bibliográficas que contiene el volumen de marras, al efecto de simplificar la lectura. Como sucede con todos los escritos, pueden encontrarse reflexiones con las que el lector puede no coincidir, pero en este caso los argumentos esgrimidos invitan a pensar y a mirar temas desde diversos ángulos.

Abre la obra con un estudio sobre lo que otros autores han tratado en reiteradas ocasiones respecto a la relación entre lo que es y lo que debe ser. Así, el eje central de la moral alude a conductas que permiten la cooperación social pacífica, es decir, la que apunta al respeto recíproco y, por otra parte, en el fuero interno, hacen bien a la persona que practica la moral. Son dos planos distintos, uno se refiere a las relaciones interindividuales y otro, al campo intraindividual. El autor se detiene en los 33 capítulos al análisis del primer plano, es decir, a las relaciones sociales que pueden resumirse en la definición que Jellinek hace del derecho que ilustra magníficamente el punto: “un mínimo de ética”, precisamente porque abarca una parte de la moral, aquella que se refiere a las relaciones interindividuales, sin inmiscuirse en las antes mencionadas relaciones intraindividuales.

En este sentido, Hazlitt señala que, dado que todos los seres humanos en definitiva buscan su felicidad, la acción humana, que inexorablemente se traduce en un tránsito desde posiciones menos apreciadas a posiciones más valoradas, debe estar rodeada de normas que permitan este tránsito, esto es, de reglas morales. Es otra la discusión si lo que estima el sujeto actuante en definitiva le reportará felicidad o no, solo en esta instancia se marca como objetivo esa búsqueda. Y subraya que la moral alude a lo normativo, a diferencia de otros campos de estudio que se refieren a lo descriptivoLa moral es prescriptiva, no se circunscribe a lo descriptivo. No es un estudio que se limita a lo que es, sino que se refiere principalmente a lo que debe ser.

Hemos subrayado en otras ocasiones y es pertinente destacarlo en el contexto de la moral que el positivismo sostiene que solo puede considerarse como verdad lo que es empíricamente verificable, lo cual constituye un error que dejaría afuera del análisis riguroso a la moral. Morris Cohen en su tratado de lógica señala que, por lo pronto, aquella conclusión queda contradicha, puesto que ella misma no es verificable y Karl Popper ha mostrado que en la ciencia nada es verificable, es solo sujeta a corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones.

Se reitera en varios pasajes del libro que el tema moral, igual que el derecho, la física y otras disciplinas, no son el resultado de la invención del hombre, de su diseño ni de ingeniería alguna, sino que son el resultado de un proceso de descubrimiento en un largo e intrincado camino de prueba y error en un contexto evolutivo.

Hazlitt se detiene en explicar que, a diferencia de lo que se suele sostener, todos actuamos en nuestro interés personal, cualquiera sean los fines que persigamos, incluso si son ruines o nobles. En realidad esta afirmación constituye una tautología, puesto que si la acción no estuviera en interés de quien actúa, ¿en interés de quién será? En este sentido, estaba en interés de la Madre Teresa el bienestar de los leprosos que con tanto esmero cuidaba. La buena o la mala persona no se diferencian por actuar en su interne personal, sino por la calidad de los medios que emplea y los fines que persigue.

En este contexto, el autor considera que el interés personal no debe asimilarse al egoísmo, puesto que esta expresión, si bien también se refiere al interés personal, excluye del interés el bienestar de terceros para centrar la atención en la propia satisfacción. En otros términos, el egoísta qua egoísta excluye de sus satisfacciones personales el bienestar de otros, es decir, queda fuera de su radio (de su interés) la situación favorable de su prójimo. Recordemos en esta línea argumental, y dejando ahora de lado asuntos terminológicos, que Adam Smith abre su Teoría de los sentimientos morales con la afirmación de que en los hombres aparecen “principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la fortuna de otros, lo cual le reporta felicidad aunque no derive en nada para él excepto el placer de constatarla”.

Respecto al debate si los fines justifican los medios, invita a dos respuestas según el significado que se le atribuya a lo dicho. Una primera respuesta es por la afirmativa, puesto que si los fines no los justifican, no hay otra justificación, ya que los medios responden al fin. El sentido de recurrir a ciertos medios es para lograr determinados propósitos, esto es, los fines justifican, explican el motivo de los medios.

Pero lo que en realidad se quiere inquirir es si son moralmente susceptibles de escindirse los medios y los fines del juicio moral, es decir, si pueden utilizarse medios inmorales para el logro de fines morales. Esto es un imposible, puesto que los medios se subsumen en el fin, no puede asesinarse para evitar el hacinamiento de un pueblo, pero sí puede moralmente matarse en defensa propia. Los medios preexisten en el fin. Los medios empleados establecen la naturaleza del fin. Medios inmorales no conducen a fines morales, puesto que la secuencia o los pasos de la acción son inseparables, constituyen un todo. No tiene sentido tomar medios y fines por separado, puesto que son parte de un mismo acto. Los medios tiñen a los fines y viceversa. Hay aquí también una cuestión de grados, no en una escala moral, sino en el análisis del acto en sí mismo: una mentira piadosa la convierte en un medio moral, por ende, no es condenable.

En relación con los juicios de valor del científico en la descripción de los nexos causales, no debe introducir de contrabando sus juicios personales de valor (wertfieri), puesto que estaría torciendo lo observado, lo cual no significa que deba necesariamente abstenerse de juzgar lo que ocurre independientemente de su descripción de los sucesos. Las proposiciones éticas no son verdaderas o falsas como lo son las proposiciones existenciales, como queda dicho, las reglas de la ética no son descriptivas sino prescriptivas, o sea, “son válidas o inválidas, consistentes o inconsistentes, lógicas o ilógicas, racionales o irracionales, inteligentes o faltas de inteligencia, justificadas o injustificadas, expeditivas o no expeditivas, acertadas o desacertadas. Los juicios éticos o proposiciones, si bien tienen que tomar los hechos en consideración, no son en sí mismos factuales sino valorativos”.

Finalmente, en esta presentación telegráfica de la obra donde naturalmente nos hemos salteado muchas discusiones de gran interés, es pertinente mencionar a vuelapluma dos de los capítulos finales que se titulan respectivamente “La ética del capitalismo” y “La ética del socialismo”. Son muy a propósito del objeto del trabajo, puesto que, en el primer caso, elabora sobre la imposibilidad de hacer alusión a la moral allí donde no hay libertad, puesto que un acto solamente puede juzgarse como moral o inmoral si el sujeto es libre de actuar o abstenerse de hacerlo. Solo pueda aludirse al acto moral o inmoral si la persona puede elegir libremente entre cursos de acción. A punta de pistola no hay la moralidad del acto correspondiente. “La libertad no es éticamente indiferente pero una condición necesaria de la moralidad”. La división del trabajo y la consiguiente cooperación social requieren de libertad, en el caso del proceso de mercado competitivo al efecto de que los precios coordinen información y conocimiento disperso y fraccionado entre millones de arreglos contractuales, todo lo cual implica el respeto a los derechos de propiedad.

Por su parte, los socialismos implican coerción, esto es, el uso de la fuerza para torcer los deseos y las preferencias de la gente en direcciones necesariamente distintas de las que hubiera elegido en libertad. En el contexto socialista no puede haber justicia, puesto que no hay el “dar a cada uno lo suyo”, ya que lo suyo significa la propiedad que se ha abolido en el extremo y se la afecta en otras vertiente, lo cual conduce al tan difundido tema de la imposibilidad técnico-económica del socialismo que, al eliminar o distorsionar los precios, no permite la evaluación de proyectos y la contabilidad.

Como hemos puntualizado más arriba, puede haber discrepancias con el autor aquí y allá, pero el libro es un formidable incentivo para escudriñar, indagar y cuestionar, al tiempo que incorpora valiosos conocimientos y perspectivas sumamente fértiles.

Henry Hazlitt (1894-1993) es autor de numerosos libros, ensayos y artículos, buena parte de estos últimos han sido recopilados por la Foundation for Economic Education de New York en un volumen titulado The Wisdom of Henry Hazlitt. En una de esas columnas escribe sobre la importancia del lenguaje que es primordialmente para pensar y luego para trasmitir el pensamiento, en ese sentido, atribuye una gran relevancia al enriquecimiento del vocabulario y cómo el escribir regularmente estimula la concentración y clarifica el pensamiento.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Corrupción, ética y Constitución

Por Gabriel Boragina Publicado el 19/8/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/08/corrupcion-etica-y-constitucion.html

 

Es habitual analizar el tema de la corrupción -tan vigente siempre- desde el punto de vista exclusivamente económico. Será interesante, tal vez, prestar un poco de atención al ángulo jurídico del asunto, sin restar importancia, de ninguna manera, al económico, ya que ambos están intrínsecamente implicados. Nuestra Ley Fundamental toca directamente el tópico, y subsume -como se verá del siguiente examen- lo económico en lo ético:

“El último párrafo del art. 36 de la Constitución establece que el Congreso deberá sancionar una ley que regule la ética pública para el ejercicio de las funciones gubernamentales. Una ley semejante, siempre que sus disposiciones sean claras y precisas, constituirá una garantía sumamente eficaz para la consolidación de un sistema democrático constitucional. El incumplimiento de las normas éticas por los gobernantes ha sido y es uno de los factores más nocivos para la subsistencia del régimen constitucional, y uno de los argumentos que con mayor frecuencia han utilizado sus adversarios para pretender demostrar su inconsistencia en función del bien común de la sociedad.”[1]

La ética definida constitucionalmente comprende, por tanto, los comportamientos de los funcionarios públicos en su totalidad, sean estos en sus actos económicos como no económicos. Existe un enfrentamiento directo entre violación a la ética pública y la constitucionalidad. La cercana interrelación entre ética pública y economía viene dada por el hecho de que todo funcionario público maneja lo que se ha dado en llamar el erario público, lo que implica que, en el fondo, el funcionario público es (o debería ser) un mero administrador de recursos ajenos que, en el mejor de los casos, le han sido confiados por mandato legal a los únicos fines administrativos.

Sin embargo, también dispone de ellos muchas veces como si fueran propios. Tanto administrativa como dispositivamente estas amplias facultades que tiene el burócrata son una excelente oportunidad para verse tentado a aprovecharse de las mismas.

Nosotros preferimos la expresión de ética política a la de ética pública, porque opinamos que muchas conductas individuales de particulares también afectan a la ética pública, aun cuando esas personas estén fuera de órbita política.

“De todas maneras, cabe recordar que existen disposiciones legales que regulan, de manera parcial, la ética pública republicana. Por otra parte, antes de la reforma, en modo alguno la Constitución impedía la sanción de una norma de la especie que ahora enuncia el art. 36. La ética puede ser objeto de múltiples definiciones, atendiendo a la corriente filosófica en que se enrola el analista. Sin embargo, teniendo en cuenta que una Constitución no es una obra científica ni doctrinaria, sino una norma jurídica fundamental impregnada de realismo y sencillez, que es instrumento de gobierno y símbolo de unidad nacional, sus palabras deben ser explicadas a la luz del lenguaje y pensamiento del ciudadano común.”[2]

A pesar que la llamada ética pública tiene en mira los posibles desfalcos económicos que los burócratas tienen oportunidad de llevar a cabo en ocasión de los cargos políticos que ostentan (y de los cuales no son pocos los que no se privan de cometerlos), desde el ángulo constitucional no se limitan a ellos, como ya se ha aclarado. Pero, bien visto, lo ético tiene indisoluble vínculo con lo jurídico, y este con lo económico.

Desde el momento que una norma (como es la Constitución) se refiere a la ética como lo hace en su art. 36, ello implica incluir a esta en el campo de Derecho. Y no puede negarse que el Derecho tiene por objeto regular conductas que no dejarán de tener consecuencias económicas, dado que la aplicación de toda norma ha de dar por sentado que se cuenta o que se contará con los recursos necesarios para ello. De tal suerte que, queda claro (al menos para nosotros) el estrecho nexo entre ética-economía-derecho. Los actos de corrupción dañan por igual a este trípode.

“Desde esta óptica, la ética no es tanto, una ciencia filosófica que estudia las normas a que debe someterse la conducta humana y las consecuencias que se derivan de su aplicación, sino un arte que tipifica comportamientos individuales y sociales encaminados al logro del bien.”[3]

Siguiendo las directrices del individualismo metodológico nos resulta bastante difícil poder reconocer la existencia de comportamientos “sociales”, excepto que se quisiera describir a una suma de conductas individuales, donde logramos visualizar mejor el concepto. Hecha esta salvedad, no podemos estar sino de acuerdo con lo expuesto en la cita. Lo característico, entonces, de la ética es -según este autor- la de ser un arte que tipifica comportamientos (para nosotros solamente individuales, dado que la responsabilidad tiene sentido únicamente respecto de la conducta de los individuos) encaminados al logro del bien.

“No se trata de la ética individual, positivista o religiosa, sino de la idea dominante en una sociedad sobre cuál debe ser el comportamiento de los gobernantes para alcanzar el bien común. En tal sentido, el concepto vulgar de la ética pública impone conductas al gobernante, tanto en su vida pública como en la privada cuando, esta última, adquiere relevancia social.”[4]

El autor analizado nos da a entender que habría distintas “éticas” como ya había esbozado en su párrafo anterior. Por un lado, distingue una ética individual (positivista o religiosa) y la separa de otra ética que califica como “idea dominante en una sociedad sobre cuál debe ser el comportamiento de los gobernantes para alcanzar el bien común”. Da la impresión que se apunta a lo que habitualmente se denomina por algunos como ética “social” pero más bien parece que desea aludir a una especie de “ética política” porque la hace dirigir exclusivamente a los gobernantes en su comportamiento. Existiría entonces -sintetizando, y en el concepto de nuestro autor- una ética individual por un lado y otra ética que podríamos llamar “política” por el restante. Pero no es cualquier “ética política”, sino que es una ética a cumplir en cabeza de los gobernantes y no de los gobernados. Para estos últimos parece quedar reservado el campo de la ética individual.

[1] Badeni, Gregorio. Tratado de Derecho Constitucional. Tomo II- 2ª Edición Actualizada. Ampliada – 2a M. – Buenos Aires- La Ley, ISBN 987-03-0947-X (Tomo Ii)-ISBN 987-03-0945-3 (Obra Completa) “Las Garantías Institucionales” N° 457. Ética Pública Pág., 1347-1348

[2] Badeni, Gregorio, ibidem.

[3] Badeni, Gregorio, ibidem.

[4] Badeni, Gregorio, ibidem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.