Turquía en ebullición

Por Emilio Cárdenas Publicado el 26/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1595342-turquia-en-ebullicion

Los episodios de protesta popular protagonizados en la Plaza Taksim, de Estambul, continúan. No se han acallado. Para nada. La gente -pese a la represión y a las movilizaciones de respuesta organizadas por el partido gobernante- sigue desafiando al gobierno islámico de Recep Tayyin Erdogan. A veces en dicha plaza y otras veces en escenarios aledaños alternativos.

Es cierto, la Plaza Taksim cambia sucesivamente de manos. Ocurre que pese a los desalojos forzados, la oposición resiste y se organiza eficazmente a través de Twitter. Con su movilidad persevera y sorprende, una y otra vez, a las autoridades. Lo cierto es que, de pronto, la Plaza Taksim parece haberse transformado en una suerte de segundo espacio parlamentario turco. De hecho, por cierto.

Para Thomas L. Fierdman, el mensaje que las protestas callejeras turcas envían a un cada vez más autoritario Erdogan es bien simple: “Deja de deformar nuestra democracia y deja, además, de comportarte como un pomposo y moderno Sultán”.

 Mensaje que denuncia cansancio social y es expresión inequívoca del alto nivel de hartazgo existente después de 11 años de gobierno de un cada vez más intransigente e invasivo Erdogan, cuya administración parece sofocar a quienes se resisten a su visión islámica.

Turquía, como otras sociedades, está obviamente dividida. La mitad islámica que apoya a Erdogan tolera sumisamente su autoritarismo. La otra mitad, secular no lo acepta y parece haberse plantado al grito de “basta ya”. Está harta de la intolerancia de la administración respecto del disenso y de la pérdida -paulatina, pero cada vez más evidente- de sus espacios inmediatos de libertad personal. Por esto, el 54,4% de los turcos ahora manifiesta abiertamente que el gobierno interfiere de modo inaceptable en sus vidas.

También les repugna el abuso abierto de las instituciones del Estado para -con ellas- intimidar y castigar a todos quienes piensan distinto o amenazan el deseo de quienes están en el poder de permanecer para siempre en él. Resienten muy especialmente la manipulación de las autoridades tributarias, transformadas en vehículos de presión, particularmente contra los medios de comunicación independientes y contra la oposición. A lo que cabe agregar la lamentable colonización -paulatina, pero constante- de la justicia turca mediante la designación de magistrados sumisos al Poder Ejecutivo.

Aparentemente, con la multiplicación de los instrumentos de comunicación social ya no hay posibilidades para mantener el estilo de un gobierno dogmático, el del monólogo permanente y arrogante. Hoy la conversación social es, inevitablemente, plural. Tarde o temprano.

Para quienes protestan a Erdogan el poder parece habérsele ido a la cabeza. Lo que se advierte y se rechaza. Ocurre que hasta su activa política exterior parece haberse deteriorado fuertemente. Las anunciadas “reconciliaciones” con Grecia, Chipre, Bulgaria, Siria, Irán e Iraq no se han concretado. Y el acercamiento con Armenia ha quedado flotando en una nube de indefinición. Por otra parte, el intento de aproximación con Israel -abiertamente empujado por los Estados Unidos- aparece poco convincente y meramente formal. Chipre sigue dividida. Y Siria es un país que, de vecino, ha pasado a ser enemigo. De la mano de Irán, claramente su patrón regional. Del anunciado postulado “cero problemas con los vecinos”, se ha pasado a una realidad muy diferente. La que puede resumirse en “un problema con cada vecino”. Lo que es muy distinto.

Frente a la crisis turca resulta evidente que en nuestros días para un gobernante es necesario no sólo tener poder, sino saber mantenerlo. Lo que supone no sólo ganar sino cuidar la confianza de la gente. Una labor que debe realizarse día tras día. Esto requiere inevitablemente disposición a dialogar. Y comprender el valor de escuchar. También saber liderar con flexibilidad. Dejar de lado los caprichos y así respetar. También poder ver más allá del entorno inmediato. No comprender lo antedicho es un desafío a la estabilidad. Más aún, casi una receta para el fracaso.

Esto parecería suceder en muchas partes. En Egipto, el caótico Mohamed Morsi enfrentará el 30 de junio próximo protestas similares, convocadas por el Frente de Salvación Nacional liderado por Mohamed El-Baradei, Amru Moussa y Hamdeen Sabahi, bajo el eslogan de “Tamarud”, que quiere decir “rebelión”.

En Brasil, una Dilma Rousseff mucho más contemporizadora no puede -sin embargo, al menos por ahora- recuperar la credibilidad necesaria para poder poner fin a las protestas multitudinarias de su pueblo.

 Quizás también por esto la masiva votación popular a favor de Hassan Rohani al tiempo de ungirlo recientemente como nuevo presidente de Irán.

Turquía es hoy una síntesis de distintos fenómenos de protesta que se evidencian en Medio Oriente y más allá. Los que parecerían sugerir que el autoritarismo -incluyendo aquel que se procura instalar a través de coherentes, pero disimulados, pasos sucesivos- termina con frecuencia generando una pérdida generalizada de confianza en buena parte de la población.

Pese a los cuatro muertos acumulados y los 7500 lastimados o heridos y a los cientos de detenciones de profesionales, periodistas y activistas, Erdogan parece haber desechado toda posibilidad de diálogo, esto es de compromiso. Quizás por aquello de que el valor espera y el miedo es el que va a buscar, la estrategia elegida por Erdogan podría desembocar en episodios trágicos como el de Tiananmen. Sería lamentable.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Banca mítica

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 27/6/13 en http://www.larazon.es/detalle_opinion/noticias/2787866/opinion+columnistas/banca-mitica#.Uck5MPnOudk

La banca no goza de un gran prestigio social, y menos en tiempos de crisis. La banca privada, claro está. La enorme intervención pública en el dinero y las finanzas no es subrayada, y, al contrario, la cara visible de esa intervención, los bancos centrales, tienen buena prensa. Quizá esto se deba a la persistencia de tres mitos sobre la banca central, que el economista Gerald P. O’Driscoll analizó en el «The Wall Street Journal» (http://goo.gl/B3OG2). Primero: «los bancos centrales son intrínsecamente necesarios para las economías de mercado». Ni la historia ni la teoría avalan esto. Es un típico asunto político donde el Estado resuelve el problema que él mismo ha creado: los bancos centrales, así, son necesarios cuando los estados que los establecen, imponen una moneda fiduciaria de curso forzoso, y la emiten en exceso. Segundo mito: «los bancos centrales son necesarios como prestamistas de última instancia», algo que no pensaba ni el propio Walter Bagehot. Tercer mito: los bancos centrales son «independientes». No lo han sido nunca, y menos ahora. Dice O’Driscoll: «es difícil describir a la Reserva Federal bajo la presidencia de Bernanke como operando de modo independiente».

En 2011 compró nada menos que el 77% de la deuda pública americana.

Por no hablar de la clave de la institución: la estabilidad de la moneda. Ningún banco central la ha conseguido. La «Fed», que acaba de cumplir un siglo, ha multiplicado los precios desde 1913… ¡por 23!

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Una década para no olvidar

Por Julián Obiglio. Publicado el 30/5/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130530.php

Hay una imagen del 25 de mayo de 2003 que quedó grabada en mi memoria: Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación y mientras festejaba genuinamente su momento triunfal, hacia malabares con el Bastón presidencial, jugaba a revolearlo, a que se le caía.

La falta de interés mostrada por ese símbolo, que representa el poder y la responsabilidad que el presidente recibe en representación de todo el pueblo (no solamente del que lo votó), fue una señal de los tiempos que vendrían.

Los antecedentes institucionales del recién llegado a la Capital Federal no eran buenos. Los Kirchner nacieron a la vida política en Santa Cruz, donde forjaron una fortuna considerable. Primero al calor de la dictadura militar (o al menos consintiéndola) y luego, en democracia, escalando en la jerarquía de poder del Estado provincial. Encabezaron una gestión plagada de denuncias de corrupción, en la que no se respetaron principios esenciales de la vida institucional. Los ataques a la independencia judicial y a la libertad de prensa vieron allí sus primeros pasos.

La crisis de 2001 hizo que la sociedad pidiera renovación, y que la política aceptara cualquier opción, sin siquiera preguntarse si ello podría implicar un salto de 30 años hacia atrás. Así el Bastón llegó al desconocido gobernador patagónico, y cuatro años después, aquel pasaba a manos de su esposa.

Durante los primeros cuatro años del matrimonio patagónico, se obligó a la sociedad a abrir una puerta al pasado que la mayoría pensaba definitivamente cerrada, y las divisiones que todos pensaban que habían quedado atrás, volvieron a florecer. Los nuevos (viejos) paradigmas, el relato, los abusos y tantas otras cuestiones, demostraron que los vicios habían viajado desde el lejano Sur, profundizándose en su ascenso nacional.

Las sospechas de corrupción en la obra pública, el dinero que florecía en el baño de una Ministra, los grupos violentos que se adueñaban de las calles, y las relaciones carnales con regímenes poco apegados a los principios democráticos fueron sólo algunas de las alarmas que sonaron en la sociedad.

Ante la ausencia de líderes opositores con propuestas, valores y relato alternativo, Cristina Fernández ganó las elecciones del 2007 y las que le siguieron en 2011.

Trabas y controles a los sectores más productivos de la economía, ataques constantes al periodismo, cooptación de medios y periodistas, conformación de un fenomenal aparato de propaganda, diseño de una justicia a medida, corrupción generalizada en la dirigencia oficialista, restricciones a la libertad y soledad internacional son la herencia que el segundo mandato de la señora de Kirchner dejará a nuestra golpeada sociedad.

Transcurrió una década desde aquel jugueteo con el Bastón presidencial y en ese tiempo tuvimos muchas posibilidades de ver a los Kirchner en su propio espejo: el que reflejaba la imagen lejana de sus comienzos en Santa Cruz y la otra más cercana, la del autoritarismo, la codicia y la impunidad.

Estoy convencido de que hoy la sociedad está pidiendo un cambio de rumbo, de estilo, de talante, de valores y de visión. El trabajo de quienes tenemos la voluntad y la responsabilidad política de representar a esa sociedad está en lograr convertir dicho reclamo en una verdadera alternativa política, para dejar definitivamente atrás una década que dividió a los argentinos y puso en riesgo las bases democráticas que con tanto esfuerzo recuperamos en 1983.

Tenemos frente a todos nosotros la posibilidad de empezar de nuevo. De pasar la página y no volver a mirar atrás nunca más. La democracia nos brinda una nueva oportunidad. El cambio empieza este año con las elecciones legislativas y se consolida en el 2015. Es hora de que finalmente decidamos crecer y demos inicio a un tiempo de progreso, de igualdad de oportunidades y de honestidad. Sin dudas la década que viene es mucho más importante que la década que pasó.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

Hay un modelo, y ése es el problema:

Por Martín Krause. Publicado el 26/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1595459-hay-un-modelo-y-ese-es-el-problema

Algunos critican al Gobierno diciendo que no tiene un “modelo” y que los problemas se originan en la impericia de los funcionarios. Discrepo: el “modelo productivo de matriz diversificada e inclusión social” existe y tiene en la Argentina una larga tradición intelectual que, incluso, abarca parcialmente a la oposición. Éste es el problema. ¿En qué consiste? Todo modelo es una construcción imaginaria basada en teorías que nos permiten, mejor o peor, interpretar la realidad. En el caso del modelo, estas teorías son las siguientes:

Mano visible contra mano invisible. Cuentan que el recién nombrado embajador soviético en Londres entró en una panadería y, asombrado por la variedad de panes y confites, pidió conocer al responsable de la distribución de esos productos en el Reino Unido. Se quedaron mirándolo sin poder contestar: no había nadie responsable, era la “mano invisible”. Adam Smith presentó con esa metáfora la contribución más importante que hayan realizado las ciencias sociales: la existencia de “órdenes espontáneos” que coordinan las acciones de las personas sin que nadie lo dirija en particular. Incluso hizo referencia precisa a los panaderos: sostuvo que “no es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas”.

El “modelo” cree que esos órdenes espontáneos pueden ser disciplinados con leyes, regulaciones o simples llamadas telefónicas. Así, por ejemplo, se ordena la realización de operaciones inmobiliarias en pesos cuando el uso generalizado de dólares es resultado de un orden espontáneo de quienes, hace décadas, buscaron proteger su capital contra la caída, generada por el mismo Estado, del poder adquisitivo del peso o de otras monedas que supimos tener.

El modelo cree en la mano visible y descree de las acciones libres de productores y consumidores. Por eso, ante la parálisis del mercado inmobiliario inventa un blanqueo y bonos en lugar de reconocer los dólares.

El precio del dólar es una orden . Un precio no es el resultado del acuerdo entre un comprador y un vendedor. El modelo cree que los vendedores ponen el precio que quieren. Por cierto, todos quisiéramos vender (productos o nuestro trabajo) al precio más alto posible; si no lo hacemos, es por la competencia.

Igualmente, el Gobierno cree que fija sus propios precios como le place, y siempre con buenas consecuencias. Ha fijado los precios de la energía por diez años y la consecuencia son millonarias importaciones de combustibles. Y qué decir del dólar. No es un precio, sino un “instrumento” de la política económica a ser fijado como estime Marcó del Pont (para el oficial) o Moreno (para el paralelo). Uno genera la caída de las reservas, el otro paraliza las inversiones. La oposición discrepa, pero del precio. Quisiera otro, más que un mercado donde el vendedor vea a qué precio consigue un comprador, y el comprador a qué precio consigue un vendedor.

La demanda empuja a la oferta . Pensemos qué le diríamos a alguien que nos sugiere, para consolidar nuestra situación económica y aumentar nuestros ingresos, ir al shopping y exprimir la tarjeta hasta el límite. Al menos, nos parecería raro. La visión tradicional, recibida en las familias de generación en generación, es que mejor tratamos de producir algo, de generar algún ingreso, de trabajar, y luego vamos a poder consumir, tanto más cuanto más hayamos producido.

Esta teoría tiene una larga tradición en la economía. Se la conoce como ley de Say (1767-1832), expresada así: “Toda oferta crea su propia demanda”. Así expuesta parece ridícula, porque producir algo no quiere decir que su venta esté asegurada. Esta teoría fue ridiculizada por Keynes por otra razón, ya que si en el agregado la oferta y la demanda de bienes son iguales no se podría explicar aquellas situaciones en los que hay más de una o de la otra. Aunque luego se convirtió en un dogma: siempre hay que impulsar la demanda, con gasto público y emisión monetaria, la oferta ya la seguirá.

Por cierto, toda producción tiene como fin el consumo, pero su constante subsidio genera inflación, y cuando la gente decide que ya consumió suficiente o está muy endeudada y quiere ahorrar, llega la crisis. La ley de Say lleva a remover las barreras a la producción, sabiendo que esos mayores ingresos son la demanda que tan desesperadamente estamos buscando. Incluso desde el lado de la demanda, el mismo Keynes sugería que una forma de alentarla era reduciendo impuestos, no subiendo el gasto, algo que el keynesianismo luego olvidó.

Inflación y puja redistributiva . La inflación es resultado de la puja de distintos sectores para obtener una mayor porción del ingreso. Se responde a esto con “políticas de ingresos”, es decir, control de precios y “moderación” de salarios. Según el modelo, la emisión de moneda no es causa de la inflación, sino su consecuencia: la autoridad monetaria expande la cantidad acompañando esta puja. Los empresarios, más que los sindicatos, son los responsables. Curiosamente, otros aspectos del modelo cierran las importaciones permitiendo que ese poder sea más fácil de ejercer.

Con menos regulaciones y barreras, la competencia entre los empresarios sería mayor, y buscarían bajar los precios y no subirlos. Con menos regulaciones laborales tampoco tendrían poder los sindicatos para esta puja. Todos estaríamos restringiendo nuestras conductas por la competencia.

Esta visión debería sostener que esa puja se convirtió en “híper-puja distributiva” a fines de los 80 y luego por alguna razón desapareció durante los 90. La explicación monetaria señala que la fuerte emisión y caída de la demanda de dinero nos llevaron a la hiperinflación y, al cortar ese chorro, la demanda se compuso y la inflación cayó.

El drama actual es que la visión “distributiva” lleva a la política monetaria como el Titanic directo al iceberg, y a la vieja puja, ésa sí, entre dólar y tasas de interés.

Enfermedad holandesa . Explica los tipos de cambio diferenciales y las retenciones a las exportaciones. Su nombre surge de la experiencia en Holanda con el descubrimiento repentino de gas natural en el Mar del Norte, que generó un fuerte ingreso de dólares, revaluando la moneda local y perjudicando otras producciones, que no podían competir a ese tipo de cambio. En el caso argentino, la soja cumple esa función, por eso se castiga a sus eficientes productores con retenciones y se protege a la industria con un tipo de cambio real más alto (difícil de sostener en el tiempo).

Holanda nunca aplicó retenciones o tipos de cambio múltiples; al poco tiempo aumentaba la productividad de los otros sectores y recuperaba su competitividad. Hoy gran parte de los países latinoamericanos están sujetos al mismo fenómeno, pero ninguno responde con esas medidas, salvo Venezuela. Si la moneda se revalúa hay actividades que sufren, pero también tienen la oportunidad de importar tecnología y mejorar su productividad para superar el trance. En vez de castigar a los eficientes (sojeros), ¿por qué no ayudar a los otros a que lo sean? El Estado debería resignar recursos y reducirles impuestos y cargas regulatorias. Así podrían competir. Pero el Estado se niega, nunca se reduce, a menos que colapse.

Muchos se preguntan por qué el Gobierno insiste en estas políticas cuando los datos de la economía develan su fracaso. La respuesta es que el Gobierno interpreta la realidad a través de estas teorías. De ellas se derivan luego los congelamientos de precios, la prohibición de comprar dólares para ahorrar o viajar, el blanqueo, el aumento del gasto público y la emisión monetaria.

Algunas de estas teorías son compartidas por dirigentes de la oposición, quienes en algunos aspectos incluso buscan ser “más papistas que el Papa”. En consecuencia, un cambio de gobierno en 2015 no garantiza que se vayan a evitar la crisis del “modelo”, a menos que ésta ocurra antes o su amenaza sea tan obvia que decidan dejar estas medidas de lado.

Lo que se requiere es un cambio de este modelo por uno que reconozca la importancia de las instituciones que encauzan los órdenes espontáneos hacia el progreso general, limitan la discrecionalidad y el abuso de la “mano visible” de los funcionarios, promueven la competencia y no los privilegios de los grupos de interés, avanzan en la descentralización, permiten contar con una moneda estable que facilita el comercio, la inversión y la disciplina fiscal. Se trata de cambiar las teorías, no sólo a las personas que las implementan.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Qué puede ocurrir con la economía si gana la oposición

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 25/6/13 en http://economiaparatodos.net/que-puede-ocurrir-con-la-economia-si-gana-la-oposicion/

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales

Presentadas las alianzas y candidatos para las PASO, comienza el típico discurso de que hay que mejorar el modelo. Hacer lo que no se hizo y discursos por el estilo. La realidad es que los políticos hablarán como políticos y los economistas hablaremos como economistas. ¿Cuál es la diferencia? Que los economistas no ponemos en riesgo votos.

En rigor, el modelo no es para mejorarlo, sino que hay que cambiarlo. El famoso modelo le ha hecho perder a la Argentina una década, desaprovechando una de las coyunturas internacionales más favorables que se presentaron en décadas, condiciones internacionales que comienzan a cambiar. Basta ver como sube el dólar en Brasil para advertir que el flujo de capitales está cambiando de rumbo.

Por otro lado, uno no puede mejorar una política de consumo artificial cuando se acabaron los recursos para sostenerla. Ahí no hay nada para mejorar. Hay que cambiar el modelo y pasar primero a producir más y mejores bienes para luego incrementar el consumo. Es la única forma de salir del ajuste que, sin decirlo, está llevando a cabo el gobierno.

Tampoco uno puede hablar de mejorar una política que se consumió el stock de capital en infraestructura (caminos, energía, stock ganadero, rutas, etc.). Habrá que invertir mucho para recuperar, por ejemplo, el sector energético, por citar un solo caso, y ese caso requiere de un cambio, no de mejorarlo.

Ni que hablar de decir que hay que mejorar la política monetaria. Un país no puede tener moneda con una expansión monetaria del 35% anual y un Banco Central con patrimonio neto negativo.

¿Puede mejorarse el cepo o hay que eliminarlo? ¿Puede mejorarse la situación fiscal o hay que cambiarla para reducir la asfixiante presión tributaria y la emisión que hace el Central para financiar el déficit? Ni que hablar del nivel y calidad del gasto público. ¿Alguien puede afirmar con seriedad que las intervenciones de Moreno son mejorables? ¿Qué es mejorable de la prohibición de girar utilidades y dividendos?

Insisto, no es que hay que mejorar el modelo. Hay que cambiarlo porque está sepultando la economía argentina y arrastrando a la gente a un creciente grado de pobreza por la sencilla razón que no es que ya no se invierte. Directamente las empresas se van de país. Empiezan a faltar y faltarán puestos de trabajo.

Claro que hablar de medidas económicas en forma aislada del contexto institucional, es hablar en el aire. Ninguna economía puede crecer sin seguridad jurídica. Sin un contexto de seguridad jurídica que atraiga las inversiones es impensable atraer capitales que son los que generan puestos de trabajo, aumentan la productividad de la economía y permiten incrementar el salario real. No hay otro camino para mejorar el consumo en forma genuina y sostenida que el mencionado arriba. El resto es puro populismo que se agota en la inflación y la destrucción del stock de capital, que es, justamente, lo que estamos viendo ahora. El modelo se agotó no por qué cumplió un ciclo, sino que se agotó por qué se acabaron los recursos para seguir con la fiesta de consumo artificial. Y esa fiesta no es mejorable. El modelo siempre fue inconsistente, pero tuvo la suerte de tener recursos para financiar las inconsistencias. Eso se acabó y no es mejorable.

Ahora bien, ¿qué es el que uno puede esperar de la oposición en materia de política económica si gana las elecciones en octubre? Muy poco por la sencilla razón que los legisladores no hacen la política económica. Lo máximo que pueden lograr es frenar algunas de las disparatadas leyes que el Ejecutivo suele mandar al Congreso. Dicho en otras palabras, el oficialismo intentará llegar como pueda hasta octubre sin que se le desborde la economía,pero luego tendrá que hacerse cargo de todos los problemas que viene emparchando, parches que, por cierto, ya no duran como antes. Seguramente el oficialismo, si pierde las elecciones, dirá que ni el Congreso ni la Justicia lo dejan gobernar, pero la realidad es que ya no le queda pólvora en la santabárbara para seguir con la fiesta de consumo artificial. El solo hecho de haber cerrado las importaciones es un indicador de ajuste. Si antes la economía tenía una capacidad de producción de 100 unidades y la gente consumía 120 unidades, era porque las 20 unidades de diferencia se importaban. Ahora le dicen a la gente que se tienen que conformar con 100 unidades. Eso es ajuste. Que tampoco son 100 unidades porque faltan insumos y la producción sigue bajando. Cuando uno quita el velo monetario y habla de cantidad de unidades consumidas, advierte que el gobierno está aplicando un fuerte ajuste y que será cada vez más intenso.

Pero, insisto, eso no podrá cambiarlo la oposición en el corto plazo por más buenas ideas o voluntad que tenga. Para cambiar el rumbo hace falta ejercer la administración del país y, por ahora, eso no se vislumbra.

Lo máximo que uno puede esperar y pedirle a la oposición es que, desde el Congreso, frene esta locura de carrera autoritaria. Insisto, la oposición y la Justicia pueden detener esta carrera hacia el autoritarismo, pero no van a poder mejorar la situación económica. En el mejor de los casos podrán amortiguar algunos daños. Frenar algunos destrozos mayores. Pero nadie puede engañarse creyendo que si el oficialismo no logra los 2/3 en el Congreso para buscar la re re, eso significará cambiar la política económica. En todo caso, redoblarán la apuesta y dejarán tierra arrasada al que venga luego, si es que la economía aguanta 2 años más con viento de frente externo, y agotados los recursos para continuar con el populismo.

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales. Si se logra ese objetivo, entonces, con otro gobierno, cuando llegue el momento, habrá que ver como se reconstruye la economía de argentina. Desde el punto de vista económico, es fundamental salvar el país del autoritarismo. Conseguir ese objetivo es como poner los pilares básicos para poder empezar a reconstruir la economía. Primero asegurar los límites al poder absoluto. Eso es calidad institucional. Luego, en su momento, las disciplinas monetaria y fiscal y la seguridad jurídica reconstruirán la economía.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

EDWARD SNOWDEN EN LA ENCRUCIJADA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y dos veces candidato a la presidencia Ron Paul acaba de señalar en Fox Business el 11 de junio del corriente año que “Vivimos malos tiempos en el que los ciudadanos americanos [norteamericanos] no tienen derechos y pueden ser muertos. El caballero [Edward Snowden] está tratando de decir la verdad de lo que sucede” y más adelante subrayó que “No concibo ni por un minuto que sea un traidor [Edward Snowden]. Todos están preocupados sobre como lo condenarán por traidor y como lo matarán. Pero ¿qué decimos sobre los que destruyen nuestra Constitución? ¿que pensamos sobre las personas que asesinan a ciudadanos americanos [norteamericanos] sin juicio y asumen que esa es la ley de la nación? Es allí donde radica nuestro problema”.

 Y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B el mismo día afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”, lo cual es apoyado también por muchos destacados miembros del Partido Demócrata quienes acaban de generar un feroz abucheo a la líder de la minoría en el Congreso Nancy Pelosi en National Netroots Political Conference en San José (California) el 23 de junio cuando pretendió apoyar las trapisondas de Obama en materia de seguridad.

 He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange que es del caso reiterar.  En este nuevo episodio de espionaje sin orden de juez competente y sin un sustento claro puesto de manifiesto tal como indica la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense, hay varios aspectos delicados a considerar. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de  gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones.

 Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trata de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos lo cual es permitido por legislaciones inconstitucionales como la aberrante “Patriot Act” en la que nuevamente se desconoce la célebre sentencia de Benjamin Franklin en cuanto a que “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad” puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Supongamos incluso que Snowden sabía de antemano -cuando se comprometió a guardar secreto- que se vulnerarían los derechos de ciudadanos inocentes y luego se arrepintió de haber incurrido en ese traspié, en este supuesto caso tampoco es condenable del hecho si quien juzga comprende que no puede alegarse derecho contra el derecho y, asimismo, adhiere a los valores y principios reiterados por los Padres Fundadores (tema sobre el cual me explayo en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos).

 Aunque no es la misma situación, es de interés recordar el caso de lo que se ha dado en denominar en la jerga periodística como “los Papeles del Pentágono” cuyos documentos del Departamento de Defensa de Estados Unidos fueron fotocopiados por Daniel Ellsberg con la ayuda de Anthony Russo y entregados primero a The New York Times y luego a The Washington Post que los publicaron en 1971, medios que alegando la Primera Enmienda de la libertad de prensa naturalmente no sufrieron ninguna sanción y los dos fotocopiadores clandestinos mencionados fueron sobreseídos por el Juez Federal William M. Bryne en 1973. Dichos documentos probaron gruesas y reiteradas  mentiras, patrañas y falsificaciones pavorosas de la administración de Lyndon Johnson sobre la guerra de Vietnam.

 En todo caso, considero de utilidad la difusión de los documentos expuestos para que resulte más claro aún lo escrito por  Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamado “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

 Ahora bien, no conozco la filosofía de Snowden solo sé que como es de dominio público dice defender los derechos de los norteamericanos que están siendo impune y sistemáticamente violados, pero no estimo relevantes las ideas de esta persona, lo crucial es que expuso públicamente un programa para que el Leviatán atropelle derechos de las personas. Incluso aun suponiendo que fuera comunista, la denuncia es cierta y sumamente peligrosa para el futuro de Estados Unidos y el mundo libre.

 La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es que ha solicitado asilo en diversos países occidentales desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que ha sido denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de marras, lo cual, como queda dicho, no ocurrió.

 Como es del conocimiento público el gobierno ruso facilita su eventual traslado desde ese país a Ecuador (situación no definida al cierre de esta columna). Estuvo considerando la posibilidad de viajar a Cuba como escala intermedia, gran paradoja puesto que se trata del Gulag que espía a todos sus habitantes a quienes se encarcela si se descubre que hay desacuerdos con los sátrapas de la isla-cárcel. El posible desembarco en Quito será otra paradoja ya que en ese país el gobierno persigue de modo implacable la poca libertad de prensa que aún queda (se acaba de promulgar la ley mordaza llamada “ley orgánica de comunicación”), además de conculcar otros derechos de la gente tal como ha explicado con tanta lucidez Gabriela Calderón. Funcionarios norteamericanos de alto rango le han trasmitido a Rafael Correa que si concreta el asilo, entre otras cosas, verá bloqueado al mercado estadounidense el ingreso de productos ecuatorianos como fruta, pescado y flores, todo lo cual agravaría la situación después que el enviado de Estados Unidos (Heather Hodges) fuera expulsado de Ecuador en abril de 2011, después de que Wikileaks puso en evidencia denuncias de ese enviado sobre corrupción de autoridades radicadas en Quito. También el patán venezolano que habla con los pajaritos espetó podría ofrecer asilo.

 Por las informaciones que nos llegan, conjeturamos que el ex funcionario norteamericano que ahora filtró alguna información reservada y se propone expandir su oferta al público ha debido recurrir a asesores legales de dudosa reputación pues otros profesionales tienden a excusarse frente a posibles consecuencias de enemistarse con burócratas estadounidenses. Independientemente de su postura intelectual y sus conductas personales, situación parecida sucede con el referido Assange que se encuentra asilado en Londres en la embajada de Ecuador.

 Si Snowden es comunista, filocomunista o un estatista consumado estará cómodo en su nuevo destino, si no es el caso vislumbrará un futuro incierto e incómodo, pero ¿cual sería la salida si alguno de nosotros tuviera el coraje de denunciar públicamente lo dicho? ¿someternos a la cacería monstruosa de los servicios de inteligencia estadounidenses y sus fuerzas parapoliciales con un final trágico o acceder a un refugio transitorio cuyo jefe lo hace como venganza a todo lo bueno que significa Estados Unidos?

 Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también acaba de sostener que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

 En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Andrew Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin  el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Ivan Eland en The Empire has no Clothes. US Foregin Policy Exposed).

 Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush están furiosos con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista (en “La Nación” de Buenos Aires me detuve en la crítica a métodos incompatibles con una sociedad abierta: “Para que sirven los servicios de inteligencia”, agosto 4 de 2006, donde distingo información de alarmante entrometimiento).

El 19 del corriente mes de junio Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 AM al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Con esta situación nos retrotraemos a las cavernas, en el segundo tomo de Historia de la vida privada compilada por Philippe Ariés y Georges Duby se lee que “los Medicis llegan a vigilar la correspondencia privada” también alegando seguridad del Estado. Muchas veces no se otorga el suficiente peso a este espionaje hasta que se pone en evidencia que personeros del aparato estatal concretamente estuvieron escuchando algunas de nuestras personales e íntimas conversaciones telefónicas o interfiriendo en nuestros correos electrónicos privados, en ese momento dejamos de mirar el tema como algo abstracto y lejano y nos invade el temor por las garras del Gran Hermano.

He aquí entonces la encrucijada que presento en esta nota para un prófugo que posee más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama acaba de cancelarle el pasaporte, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s  Advocate se convierta en realidad: “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a un nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. Sus profesores tienen que haberles enseñado, y sus pastores, sus rabinos y sus sacerdotes. La bandera, en un momento, debe haber significado algo para ellos. La Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de la Independencia: seguramente habría entre ellos quienes recordarán. ¿Por qué entonces permitieron que la Constitución se pusiera fuera de la ley? ¿Por qué desviaron sus miradas cuando sus artículos, uno por uno, fueron devorados por las ratas? ¿No hubo una sola hora en la que se sublevaron como hombres en sus corazones y levantaran la voz en protesta? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad ` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

El Heredero

Por Gabriela Pousa. Publicado el 25/6/13 en http://www.perspectivaspoliticas.info/el-heredero/

Jugó Sergio Massa. Casi se podría decir que es un éxito de todos y todas, ¿o quién ha solventado cada paso del intendente devenido candidato? Años en el ANSES le permitieron al ex UCeDe aceitar los contactos necesarios con el establishment para situarse adonde finalmente se ha situado, años repartiendo estratégicamente pauta publicitaria para que muchos medios no se hicieran eco de inconvenientes en sus pagos y rescatasen las bondades.

Hoy, Massa disfruta las consecuencias de haber cooperado a vaciar los fondos jubilatorios de un sinfín de ciudadanos, muchos de los cuales, si no quedara claro esta maniobra, irán incluso a votarlo. Indiscutidamente hábil – Cristina también lo fue hasta caer en la voracidad de una supervivencia inútil -, rápido de reflejos e inexcrupuloso hasta el punto de presentarse como opositor siendo parte de lo actual. Lo nuevo de lo viejo que es como decir lo menos viejo pero no lo novedoso.

Massa es fruto del oportunismo y de una característica poco frecuente en nuestra dirigencia: el coraje. Y es también portador de otro dote inexorable en esos lares: el caradurísmo. Recuérdese que es el mismo Sergio Massa que se presentara en las legislativas de 2009 sin llegar a asumir nunca su banca…

En contrapartida, yace agónica la figura de Daniel Scioli, endeble, frágil, amorfa. Pensar que hasta hace poco se probaba el sillón de la Presidencia respaldado en las ventajas que le otorgaban las encuestas… Paradojas de la dinámica política. Una dialéctica entreverada, donde los tiempos no se miden con la común cronología.

Detrás de ambos, se teje una indescifrable trama de negociados a conveniencia. Sin ser triunfadora en los pronósticos, Cristina Kirchner sale de todos modos y en cierta manera ilesa. De la impunidad que persigue afanosamente, con Massa está más cerca.
Es muy probable que el heredero de Néstor no le vote una reforma constitucional pero difícilmente le suelte la mano a la hora de juzgar su gestión presidencial. Hay razones que unen aunque también es verdad que las lealtades en este ámbito son similares al hallazgo de una aguja en un pajar.

Lo cierto es que las cartas se han jugado aunque aún hay naipes que no aparecen en el tapete. ¿Quién guarda más ases en la manga? La jefe de Estado ha demostrado hasta el hartazgo (literalmente) sus dotes en ese arte. Massa es todavía un enigma a medio develarse. Más oscuridad arroja quizás el actuar de Mauricio Macri que ha dejado liberada la provincia de Buenos Aires al tiempo que debió bajar a Carlos Melconian y a Guillermo Montenegro por capricho de Felipe Solá.

Sobre este último sería interesante hablar. Una figura gastada en la porfía de saberse nada: ni menemista, ni kirchnerista o tal vez todo eso junto sintetizado en una palabra: desvergüenza. Y hay demasiada.

Por momento, algunas listas parecen verdaderas asociaciones ilícitas. Es la dirigencia argentina en su faz más impía. No hay ideas, apenas ambiciones desmedidas y borracheras de poder que no se justifican ni a sí mismas. Podría resumirse el parecer en un titulo de cinematografía: “Los sospechosos de siempre“.

Harto conocidos, parásitos del Estado, incapaces de conseguir un puesto de trabajo en el sector privado. Verdaderas garrapatas prendidos a lo público, aplaudidores de folletín, en definitiva una escenografía muy barata quizás, porque aún no hemos podido demostrar cuán cara nos sale la Argentina del “qué me importa” y del “déjalo para mañana”

Cuánto tiempo puede estar el cuadro montado es un dato que no aporta demasiado. Antes o después, se corre el maquillaje. Y allí está detrás del intendente de zona norte, Darío Giustozzi, su par de Almirante Brown que llegó a ese cargo de la mano del Florencio Randazzo. A propósito del ministro del Interior, está claro que al no figurar, asumió implícitamente su responsabilidad frente al choque de trenes en Castelar. ¡Hasta qué punto hablan los silencios y las ausencias en la política nacional!

Asimismo, se alista con Massa, Sandro Guzmán, alcalde de Escobar, confeso admirador de Cristina y de su modelo de inclusión nacional y popular. Posiblemente se trate incluso de una candidatura testimonial que, sin eufemismos, no significa sino un fraude electoral, otra burla para la sociedad, y van…

Para corroborar lo rancio de la lista, aparece Héctor Daer, el típico sindicalista de la “década maldita”, uno de los denominados Gordos de la CGT, que fuera secretario general de la central obrera en los 90 y mantuviera aceitadas relaciones con la Alianza después.

¿Qué decir de Ignacio De Mendiguren? Probablemente deba volver en breve a refugiarse en su casa de San Isidro como le sucediera en el 2002, cuando participó activamente de la pesificación asimétrica en contra del pueblo, y muy a su favor. En aquellos días le estaba vedado salir a la puerta siquiera porque la gente estaba allí afuera, y no precisamente para agradecerle su gestión. Un exponente más de la impertérrita genuflexión empresaria que ha hecho y hace tanto daño a una Argentina desvencijada.

Posiblemente más que de listas, se trate de una enumeración caótica de radiografías argentinas. Todos y cada uno son emergentes de esta sociedad, no llegan desde atrás de las fronteras. En ese sentido, la crítica se hace casi impertinente sin una introspección moral. Porque si no son reflejo, están usurpando un lugar que por alguna razón hemos dejado librado al azar.

El Frente Renovador parece ser el botox de un kirchnerismo trasnochado intentando disimular las ojeras de los vicios y los años. Si Sergio Massa no resultara electo, no podría asombrar a nadie que irrumpa luego en la escena nacional como un Martín Sabbatella más. ¿O acaso este no compitió también con Kirchner en las elecciones legislativas de 2009? ¿Y cómo terminó? Como un soldado del Frente para la Victoria más.

Si Massa no es Sabbatella es apenas porque tuvo en sus manos los fondos estatizados de las AFJP, los favores de varios banqueros, empresarios, y a Amado Boudou de aliado. Otras diferencias no hay.

Cómo sea, hay una certeza: novedades no hay.

Quién quiera entender que entienda…

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.