Monthly Archives: junio 2013

Turquía en ebullición

Por Emilio Cárdenas Publicado el 26/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1595342-turquia-en-ebullicion

Los episodios de protesta popular protagonizados en la Plaza Taksim, de Estambul, continúan. No se han acallado. Para nada. La gente -pese a la represión y a las movilizaciones de respuesta organizadas por el partido gobernante- sigue desafiando al gobierno islámico de Recep Tayyin Erdogan. A veces en dicha plaza y otras veces en escenarios aledaños alternativos.

Es cierto, la Plaza Taksim cambia sucesivamente de manos. Ocurre que pese a los desalojos forzados, la oposición resiste y se organiza eficazmente a través de Twitter. Con su movilidad persevera y sorprende, una y otra vez, a las autoridades. Lo cierto es que, de pronto, la Plaza Taksim parece haberse transformado en una suerte de segundo espacio parlamentario turco. De hecho, por cierto.

Para Thomas L. Fierdman, el mensaje que las protestas callejeras turcas envían a un cada vez más autoritario Erdogan es bien simple: “Deja de deformar nuestra democracia y deja, además, de comportarte como un pomposo y moderno Sultán”.

 Mensaje que denuncia cansancio social y es expresión inequívoca del alto nivel de hartazgo existente después de 11 años de gobierno de un cada vez más intransigente e invasivo Erdogan, cuya administración parece sofocar a quienes se resisten a su visión islámica.

Turquía, como otras sociedades, está obviamente dividida. La mitad islámica que apoya a Erdogan tolera sumisamente su autoritarismo. La otra mitad, secular no lo acepta y parece haberse plantado al grito de “basta ya”. Está harta de la intolerancia de la administración respecto del disenso y de la pérdida -paulatina, pero cada vez más evidente- de sus espacios inmediatos de libertad personal. Por esto, el 54,4% de los turcos ahora manifiesta abiertamente que el gobierno interfiere de modo inaceptable en sus vidas.

También les repugna el abuso abierto de las instituciones del Estado para -con ellas- intimidar y castigar a todos quienes piensan distinto o amenazan el deseo de quienes están en el poder de permanecer para siempre en él. Resienten muy especialmente la manipulación de las autoridades tributarias, transformadas en vehículos de presión, particularmente contra los medios de comunicación independientes y contra la oposición. A lo que cabe agregar la lamentable colonización -paulatina, pero constante- de la justicia turca mediante la designación de magistrados sumisos al Poder Ejecutivo.

Aparentemente, con la multiplicación de los instrumentos de comunicación social ya no hay posibilidades para mantener el estilo de un gobierno dogmático, el del monólogo permanente y arrogante. Hoy la conversación social es, inevitablemente, plural. Tarde o temprano.

Para quienes protestan a Erdogan el poder parece habérsele ido a la cabeza. Lo que se advierte y se rechaza. Ocurre que hasta su activa política exterior parece haberse deteriorado fuertemente. Las anunciadas “reconciliaciones” con Grecia, Chipre, Bulgaria, Siria, Irán e Iraq no se han concretado. Y el acercamiento con Armenia ha quedado flotando en una nube de indefinición. Por otra parte, el intento de aproximación con Israel -abiertamente empujado por los Estados Unidos- aparece poco convincente y meramente formal. Chipre sigue dividida. Y Siria es un país que, de vecino, ha pasado a ser enemigo. De la mano de Irán, claramente su patrón regional. Del anunciado postulado “cero problemas con los vecinos”, se ha pasado a una realidad muy diferente. La que puede resumirse en “un problema con cada vecino”. Lo que es muy distinto.

Frente a la crisis turca resulta evidente que en nuestros días para un gobernante es necesario no sólo tener poder, sino saber mantenerlo. Lo que supone no sólo ganar sino cuidar la confianza de la gente. Una labor que debe realizarse día tras día. Esto requiere inevitablemente disposición a dialogar. Y comprender el valor de escuchar. También saber liderar con flexibilidad. Dejar de lado los caprichos y así respetar. También poder ver más allá del entorno inmediato. No comprender lo antedicho es un desafío a la estabilidad. Más aún, casi una receta para el fracaso.

Esto parecería suceder en muchas partes. En Egipto, el caótico Mohamed Morsi enfrentará el 30 de junio próximo protestas similares, convocadas por el Frente de Salvación Nacional liderado por Mohamed El-Baradei, Amru Moussa y Hamdeen Sabahi, bajo el eslogan de “Tamarud”, que quiere decir “rebelión”.

En Brasil, una Dilma Rousseff mucho más contemporizadora no puede -sin embargo, al menos por ahora- recuperar la credibilidad necesaria para poder poner fin a las protestas multitudinarias de su pueblo.

 Quizás también por esto la masiva votación popular a favor de Hassan Rohani al tiempo de ungirlo recientemente como nuevo presidente de Irán.

Turquía es hoy una síntesis de distintos fenómenos de protesta que se evidencian en Medio Oriente y más allá. Los que parecerían sugerir que el autoritarismo -incluyendo aquel que se procura instalar a través de coherentes, pero disimulados, pasos sucesivos- termina con frecuencia generando una pérdida generalizada de confianza en buena parte de la población.

Pese a los cuatro muertos acumulados y los 7500 lastimados o heridos y a los cientos de detenciones de profesionales, periodistas y activistas, Erdogan parece haber desechado toda posibilidad de diálogo, esto es de compromiso. Quizás por aquello de que el valor espera y el miedo es el que va a buscar, la estrategia elegida por Erdogan podría desembocar en episodios trágicos como el de Tiananmen. Sería lamentable.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Banca mítica

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 27/6/13 en http://www.larazon.es/detalle_opinion/noticias/2787866/opinion+columnistas/banca-mitica#.Uck5MPnOudk

La banca no goza de un gran prestigio social, y menos en tiempos de crisis. La banca privada, claro está. La enorme intervención pública en el dinero y las finanzas no es subrayada, y, al contrario, la cara visible de esa intervención, los bancos centrales, tienen buena prensa. Quizá esto se deba a la persistencia de tres mitos sobre la banca central, que el economista Gerald P. O’Driscoll analizó en el «The Wall Street Journal» (http://goo.gl/B3OG2). Primero: «los bancos centrales son intrínsecamente necesarios para las economías de mercado». Ni la historia ni la teoría avalan esto. Es un típico asunto político donde el Estado resuelve el problema que él mismo ha creado: los bancos centrales, así, son necesarios cuando los estados que los establecen, imponen una moneda fiduciaria de curso forzoso, y la emiten en exceso. Segundo mito: «los bancos centrales son necesarios como prestamistas de última instancia», algo que no pensaba ni el propio Walter Bagehot. Tercer mito: los bancos centrales son «independientes». No lo han sido nunca, y menos ahora. Dice O’Driscoll: «es difícil describir a la Reserva Federal bajo la presidencia de Bernanke como operando de modo independiente».

En 2011 compró nada menos que el 77% de la deuda pública americana.

Por no hablar de la clave de la institución: la estabilidad de la moneda. Ningún banco central la ha conseguido. La «Fed», que acaba de cumplir un siglo, ha multiplicado los precios desde 1913… ¡por 23!

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Una década para no olvidar

Por Julián Obiglio. Publicado el 30/5/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130530.php

Hay una imagen del 25 de mayo de 2003 que quedó grabada en mi memoria: Néstor Kirchner asumía la Presidencia de la Nación y mientras festejaba genuinamente su momento triunfal, hacia malabares con el Bastón presidencial, jugaba a revolearlo, a que se le caía.

La falta de interés mostrada por ese símbolo, que representa el poder y la responsabilidad que el presidente recibe en representación de todo el pueblo (no solamente del que lo votó), fue una señal de los tiempos que vendrían.

Los antecedentes institucionales del recién llegado a la Capital Federal no eran buenos. Los Kirchner nacieron a la vida política en Santa Cruz, donde forjaron una fortuna considerable. Primero al calor de la dictadura militar (o al menos consintiéndola) y luego, en democracia, escalando en la jerarquía de poder del Estado provincial. Encabezaron una gestión plagada de denuncias de corrupción, en la que no se respetaron principios esenciales de la vida institucional. Los ataques a la independencia judicial y a la libertad de prensa vieron allí sus primeros pasos.

La crisis de 2001 hizo que la sociedad pidiera renovación, y que la política aceptara cualquier opción, sin siquiera preguntarse si ello podría implicar un salto de 30 años hacia atrás. Así el Bastón llegó al desconocido gobernador patagónico, y cuatro años después, aquel pasaba a manos de su esposa.

Durante los primeros cuatro años del matrimonio patagónico, se obligó a la sociedad a abrir una puerta al pasado que la mayoría pensaba definitivamente cerrada, y las divisiones que todos pensaban que habían quedado atrás, volvieron a florecer. Los nuevos (viejos) paradigmas, el relato, los abusos y tantas otras cuestiones, demostraron que los vicios habían viajado desde el lejano Sur, profundizándose en su ascenso nacional.

Las sospechas de corrupción en la obra pública, el dinero que florecía en el baño de una Ministra, los grupos violentos que se adueñaban de las calles, y las relaciones carnales con regímenes poco apegados a los principios democráticos fueron sólo algunas de las alarmas que sonaron en la sociedad.

Ante la ausencia de líderes opositores con propuestas, valores y relato alternativo, Cristina Fernández ganó las elecciones del 2007 y las que le siguieron en 2011.

Trabas y controles a los sectores más productivos de la economía, ataques constantes al periodismo, cooptación de medios y periodistas, conformación de un fenomenal aparato de propaganda, diseño de una justicia a medida, corrupción generalizada en la dirigencia oficialista, restricciones a la libertad y soledad internacional son la herencia que el segundo mandato de la señora de Kirchner dejará a nuestra golpeada sociedad.

Transcurrió una década desde aquel jugueteo con el Bastón presidencial y en ese tiempo tuvimos muchas posibilidades de ver a los Kirchner en su propio espejo: el que reflejaba la imagen lejana de sus comienzos en Santa Cruz y la otra más cercana, la del autoritarismo, la codicia y la impunidad.

Estoy convencido de que hoy la sociedad está pidiendo un cambio de rumbo, de estilo, de talante, de valores y de visión. El trabajo de quienes tenemos la voluntad y la responsabilidad política de representar a esa sociedad está en lograr convertir dicho reclamo en una verdadera alternativa política, para dejar definitivamente atrás una década que dividió a los argentinos y puso en riesgo las bases democráticas que con tanto esfuerzo recuperamos en 1983.

Tenemos frente a todos nosotros la posibilidad de empezar de nuevo. De pasar la página y no volver a mirar atrás nunca más. La democracia nos brinda una nueva oportunidad. El cambio empieza este año con las elecciones legislativas y se consolida en el 2015. Es hora de que finalmente decidamos crecer y demos inicio a un tiempo de progreso, de igualdad de oportunidades y de honestidad. Sin dudas la década que viene es mucho más importante que la década que pasó.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

Hay un modelo, y ése es el problema:

Por Martín Krause. Publicado el 26/6/13 en http://www.lanacion.com.ar/1595459-hay-un-modelo-y-ese-es-el-problema

Algunos critican al Gobierno diciendo que no tiene un “modelo” y que los problemas se originan en la impericia de los funcionarios. Discrepo: el “modelo productivo de matriz diversificada e inclusión social” existe y tiene en la Argentina una larga tradición intelectual que, incluso, abarca parcialmente a la oposición. Éste es el problema. ¿En qué consiste? Todo modelo es una construcción imaginaria basada en teorías que nos permiten, mejor o peor, interpretar la realidad. En el caso del modelo, estas teorías son las siguientes:

Mano visible contra mano invisible. Cuentan que el recién nombrado embajador soviético en Londres entró en una panadería y, asombrado por la variedad de panes y confites, pidió conocer al responsable de la distribución de esos productos en el Reino Unido. Se quedaron mirándolo sin poder contestar: no había nadie responsable, era la “mano invisible”. Adam Smith presentó con esa metáfora la contribución más importante que hayan realizado las ciencias sociales: la existencia de “órdenes espontáneos” que coordinan las acciones de las personas sin que nadie lo dirija en particular. Incluso hizo referencia precisa a los panaderos: sostuvo que “no es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de sus miras al interés propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas”.

El “modelo” cree que esos órdenes espontáneos pueden ser disciplinados con leyes, regulaciones o simples llamadas telefónicas. Así, por ejemplo, se ordena la realización de operaciones inmobiliarias en pesos cuando el uso generalizado de dólares es resultado de un orden espontáneo de quienes, hace décadas, buscaron proteger su capital contra la caída, generada por el mismo Estado, del poder adquisitivo del peso o de otras monedas que supimos tener.

El modelo cree en la mano visible y descree de las acciones libres de productores y consumidores. Por eso, ante la parálisis del mercado inmobiliario inventa un blanqueo y bonos en lugar de reconocer los dólares.

El precio del dólar es una orden . Un precio no es el resultado del acuerdo entre un comprador y un vendedor. El modelo cree que los vendedores ponen el precio que quieren. Por cierto, todos quisiéramos vender (productos o nuestro trabajo) al precio más alto posible; si no lo hacemos, es por la competencia.

Igualmente, el Gobierno cree que fija sus propios precios como le place, y siempre con buenas consecuencias. Ha fijado los precios de la energía por diez años y la consecuencia son millonarias importaciones de combustibles. Y qué decir del dólar. No es un precio, sino un “instrumento” de la política económica a ser fijado como estime Marcó del Pont (para el oficial) o Moreno (para el paralelo). Uno genera la caída de las reservas, el otro paraliza las inversiones. La oposición discrepa, pero del precio. Quisiera otro, más que un mercado donde el vendedor vea a qué precio consigue un comprador, y el comprador a qué precio consigue un vendedor.

La demanda empuja a la oferta . Pensemos qué le diríamos a alguien que nos sugiere, para consolidar nuestra situación económica y aumentar nuestros ingresos, ir al shopping y exprimir la tarjeta hasta el límite. Al menos, nos parecería raro. La visión tradicional, recibida en las familias de generación en generación, es que mejor tratamos de producir algo, de generar algún ingreso, de trabajar, y luego vamos a poder consumir, tanto más cuanto más hayamos producido.

Esta teoría tiene una larga tradición en la economía. Se la conoce como ley de Say (1767-1832), expresada así: “Toda oferta crea su propia demanda”. Así expuesta parece ridícula, porque producir algo no quiere decir que su venta esté asegurada. Esta teoría fue ridiculizada por Keynes por otra razón, ya que si en el agregado la oferta y la demanda de bienes son iguales no se podría explicar aquellas situaciones en los que hay más de una o de la otra. Aunque luego se convirtió en un dogma: siempre hay que impulsar la demanda, con gasto público y emisión monetaria, la oferta ya la seguirá.

Por cierto, toda producción tiene como fin el consumo, pero su constante subsidio genera inflación, y cuando la gente decide que ya consumió suficiente o está muy endeudada y quiere ahorrar, llega la crisis. La ley de Say lleva a remover las barreras a la producción, sabiendo que esos mayores ingresos son la demanda que tan desesperadamente estamos buscando. Incluso desde el lado de la demanda, el mismo Keynes sugería que una forma de alentarla era reduciendo impuestos, no subiendo el gasto, algo que el keynesianismo luego olvidó.

Inflación y puja redistributiva . La inflación es resultado de la puja de distintos sectores para obtener una mayor porción del ingreso. Se responde a esto con “políticas de ingresos”, es decir, control de precios y “moderación” de salarios. Según el modelo, la emisión de moneda no es causa de la inflación, sino su consecuencia: la autoridad monetaria expande la cantidad acompañando esta puja. Los empresarios, más que los sindicatos, son los responsables. Curiosamente, otros aspectos del modelo cierran las importaciones permitiendo que ese poder sea más fácil de ejercer.

Con menos regulaciones y barreras, la competencia entre los empresarios sería mayor, y buscarían bajar los precios y no subirlos. Con menos regulaciones laborales tampoco tendrían poder los sindicatos para esta puja. Todos estaríamos restringiendo nuestras conductas por la competencia.

Esta visión debería sostener que esa puja se convirtió en “híper-puja distributiva” a fines de los 80 y luego por alguna razón desapareció durante los 90. La explicación monetaria señala que la fuerte emisión y caída de la demanda de dinero nos llevaron a la hiperinflación y, al cortar ese chorro, la demanda se compuso y la inflación cayó.

El drama actual es que la visión “distributiva” lleva a la política monetaria como el Titanic directo al iceberg, y a la vieja puja, ésa sí, entre dólar y tasas de interés.

Enfermedad holandesa . Explica los tipos de cambio diferenciales y las retenciones a las exportaciones. Su nombre surge de la experiencia en Holanda con el descubrimiento repentino de gas natural en el Mar del Norte, que generó un fuerte ingreso de dólares, revaluando la moneda local y perjudicando otras producciones, que no podían competir a ese tipo de cambio. En el caso argentino, la soja cumple esa función, por eso se castiga a sus eficientes productores con retenciones y se protege a la industria con un tipo de cambio real más alto (difícil de sostener en el tiempo).

Holanda nunca aplicó retenciones o tipos de cambio múltiples; al poco tiempo aumentaba la productividad de los otros sectores y recuperaba su competitividad. Hoy gran parte de los países latinoamericanos están sujetos al mismo fenómeno, pero ninguno responde con esas medidas, salvo Venezuela. Si la moneda se revalúa hay actividades que sufren, pero también tienen la oportunidad de importar tecnología y mejorar su productividad para superar el trance. En vez de castigar a los eficientes (sojeros), ¿por qué no ayudar a los otros a que lo sean? El Estado debería resignar recursos y reducirles impuestos y cargas regulatorias. Así podrían competir. Pero el Estado se niega, nunca se reduce, a menos que colapse.

Muchos se preguntan por qué el Gobierno insiste en estas políticas cuando los datos de la economía develan su fracaso. La respuesta es que el Gobierno interpreta la realidad a través de estas teorías. De ellas se derivan luego los congelamientos de precios, la prohibición de comprar dólares para ahorrar o viajar, el blanqueo, el aumento del gasto público y la emisión monetaria.

Algunas de estas teorías son compartidas por dirigentes de la oposición, quienes en algunos aspectos incluso buscan ser “más papistas que el Papa”. En consecuencia, un cambio de gobierno en 2015 no garantiza que se vayan a evitar la crisis del “modelo”, a menos que ésta ocurra antes o su amenaza sea tan obvia que decidan dejar estas medidas de lado.

Lo que se requiere es un cambio de este modelo por uno que reconozca la importancia de las instituciones que encauzan los órdenes espontáneos hacia el progreso general, limitan la discrecionalidad y el abuso de la “mano visible” de los funcionarios, promueven la competencia y no los privilegios de los grupos de interés, avanzan en la descentralización, permiten contar con una moneda estable que facilita el comercio, la inversión y la disciplina fiscal. Se trata de cambiar las teorías, no sólo a las personas que las implementan.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Qué puede ocurrir con la economía si gana la oposición

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 25/6/13 en http://economiaparatodos.net/que-puede-ocurrir-con-la-economia-si-gana-la-oposicion/

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales

Presentadas las alianzas y candidatos para las PASO, comienza el típico discurso de que hay que mejorar el modelo. Hacer lo que no se hizo y discursos por el estilo. La realidad es que los políticos hablarán como políticos y los economistas hablaremos como economistas. ¿Cuál es la diferencia? Que los economistas no ponemos en riesgo votos.

En rigor, el modelo no es para mejorarlo, sino que hay que cambiarlo. El famoso modelo le ha hecho perder a la Argentina una década, desaprovechando una de las coyunturas internacionales más favorables que se presentaron en décadas, condiciones internacionales que comienzan a cambiar. Basta ver como sube el dólar en Brasil para advertir que el flujo de capitales está cambiando de rumbo.

Por otro lado, uno no puede mejorar una política de consumo artificial cuando se acabaron los recursos para sostenerla. Ahí no hay nada para mejorar. Hay que cambiar el modelo y pasar primero a producir más y mejores bienes para luego incrementar el consumo. Es la única forma de salir del ajuste que, sin decirlo, está llevando a cabo el gobierno.

Tampoco uno puede hablar de mejorar una política que se consumió el stock de capital en infraestructura (caminos, energía, stock ganadero, rutas, etc.). Habrá que invertir mucho para recuperar, por ejemplo, el sector energético, por citar un solo caso, y ese caso requiere de un cambio, no de mejorarlo.

Ni que hablar de decir que hay que mejorar la política monetaria. Un país no puede tener moneda con una expansión monetaria del 35% anual y un Banco Central con patrimonio neto negativo.

¿Puede mejorarse el cepo o hay que eliminarlo? ¿Puede mejorarse la situación fiscal o hay que cambiarla para reducir la asfixiante presión tributaria y la emisión que hace el Central para financiar el déficit? Ni que hablar del nivel y calidad del gasto público. ¿Alguien puede afirmar con seriedad que las intervenciones de Moreno son mejorables? ¿Qué es mejorable de la prohibición de girar utilidades y dividendos?

Insisto, no es que hay que mejorar el modelo. Hay que cambiarlo porque está sepultando la economía argentina y arrastrando a la gente a un creciente grado de pobreza por la sencilla razón que no es que ya no se invierte. Directamente las empresas se van de país. Empiezan a faltar y faltarán puestos de trabajo.

Claro que hablar de medidas económicas en forma aislada del contexto institucional, es hablar en el aire. Ninguna economía puede crecer sin seguridad jurídica. Sin un contexto de seguridad jurídica que atraiga las inversiones es impensable atraer capitales que son los que generan puestos de trabajo, aumentan la productividad de la economía y permiten incrementar el salario real. No hay otro camino para mejorar el consumo en forma genuina y sostenida que el mencionado arriba. El resto es puro populismo que se agota en la inflación y la destrucción del stock de capital, que es, justamente, lo que estamos viendo ahora. El modelo se agotó no por qué cumplió un ciclo, sino que se agotó por qué se acabaron los recursos para seguir con la fiesta de consumo artificial. Y esa fiesta no es mejorable. El modelo siempre fue inconsistente, pero tuvo la suerte de tener recursos para financiar las inconsistencias. Eso se acabó y no es mejorable.

Ahora bien, ¿qué es el que uno puede esperar de la oposición en materia de política económica si gana las elecciones en octubre? Muy poco por la sencilla razón que los legisladores no hacen la política económica. Lo máximo que pueden lograr es frenar algunas de las disparatadas leyes que el Ejecutivo suele mandar al Congreso. Dicho en otras palabras, el oficialismo intentará llegar como pueda hasta octubre sin que se le desborde la economía,pero luego tendrá que hacerse cargo de todos los problemas que viene emparchando, parches que, por cierto, ya no duran como antes. Seguramente el oficialismo, si pierde las elecciones, dirá que ni el Congreso ni la Justicia lo dejan gobernar, pero la realidad es que ya no le queda pólvora en la santabárbara para seguir con la fiesta de consumo artificial. El solo hecho de haber cerrado las importaciones es un indicador de ajuste. Si antes la economía tenía una capacidad de producción de 100 unidades y la gente consumía 120 unidades, era porque las 20 unidades de diferencia se importaban. Ahora le dicen a la gente que se tienen que conformar con 100 unidades. Eso es ajuste. Que tampoco son 100 unidades porque faltan insumos y la producción sigue bajando. Cuando uno quita el velo monetario y habla de cantidad de unidades consumidas, advierte que el gobierno está aplicando un fuerte ajuste y que será cada vez más intenso.

Pero, insisto, eso no podrá cambiarlo la oposición en el corto plazo por más buenas ideas o voluntad que tenga. Para cambiar el rumbo hace falta ejercer la administración del país y, por ahora, eso no se vislumbra.

Lo máximo que uno puede esperar y pedirle a la oposición es que, desde el Congreso, frene esta locura de carrera autoritaria. Insisto, la oposición y la Justicia pueden detener esta carrera hacia el autoritarismo, pero no van a poder mejorar la situación económica. En el mejor de los casos podrán amortiguar algunos daños. Frenar algunos destrozos mayores. Pero nadie puede engañarse creyendo que si el oficialismo no logra los 2/3 en el Congreso para buscar la re re, eso significará cambiar la política económica. En todo caso, redoblarán la apuesta y dejarán tierra arrasada al que venga luego, si es que la economía aguanta 2 años más con viento de frente externo, y agotados los recursos para continuar con el populismo.

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales. Si se logra ese objetivo, entonces, con otro gobierno, cuando llegue el momento, habrá que ver como se reconstruye la economía de argentina. Desde el punto de vista económico, es fundamental salvar el país del autoritarismo. Conseguir ese objetivo es como poner los pilares básicos para poder empezar a reconstruir la economía. Primero asegurar los límites al poder absoluto. Eso es calidad institucional. Luego, en su momento, las disciplinas monetaria y fiscal y la seguridad jurídica reconstruirán la economía.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

EDWARD SNOWDEN EN LA ENCRUCIJADA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y dos veces candidato a la presidencia Ron Paul acaba de señalar en Fox Business el 11 de junio del corriente año que “Vivimos malos tiempos en el que los ciudadanos americanos [norteamericanos] no tienen derechos y pueden ser muertos. El caballero [Edward Snowden] está tratando de decir la verdad de lo que sucede” y más adelante subrayó que “No concibo ni por un minuto que sea un traidor [Edward Snowden]. Todos están preocupados sobre como lo condenarán por traidor y como lo matarán. Pero ¿qué decimos sobre los que destruyen nuestra Constitución? ¿que pensamos sobre las personas que asesinan a ciudadanos americanos [norteamericanos] sin juicio y asumen que esa es la ley de la nación? Es allí donde radica nuestro problema”.

 Y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B el mismo día afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”, lo cual es apoyado también por muchos destacados miembros del Partido Demócrata quienes acaban de generar un feroz abucheo a la líder de la minoría en el Congreso Nancy Pelosi en National Netroots Political Conference en San José (California) el 23 de junio cuando pretendió apoyar las trapisondas de Obama en materia de seguridad.

 He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange que es del caso reiterar.  En este nuevo episodio de espionaje sin orden de juez competente y sin un sustento claro puesto de manifiesto tal como indica la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense, hay varios aspectos delicados a considerar. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de  gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones.

 Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trata de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos lo cual es permitido por legislaciones inconstitucionales como la aberrante “Patriot Act” en la que nuevamente se desconoce la célebre sentencia de Benjamin Franklin en cuanto a que “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad” puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Supongamos incluso que Snowden sabía de antemano -cuando se comprometió a guardar secreto- que se vulnerarían los derechos de ciudadanos inocentes y luego se arrepintió de haber incurrido en ese traspié, en este supuesto caso tampoco es condenable del hecho si quien juzga comprende que no puede alegarse derecho contra el derecho y, asimismo, adhiere a los valores y principios reiterados por los Padres Fundadores (tema sobre el cual me explayo en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos).

 Aunque no es la misma situación, es de interés recordar el caso de lo que se ha dado en denominar en la jerga periodística como “los Papeles del Pentágono” cuyos documentos del Departamento de Defensa de Estados Unidos fueron fotocopiados por Daniel Ellsberg con la ayuda de Anthony Russo y entregados primero a The New York Times y luego a The Washington Post que los publicaron en 1971, medios que alegando la Primera Enmienda de la libertad de prensa naturalmente no sufrieron ninguna sanción y los dos fotocopiadores clandestinos mencionados fueron sobreseídos por el Juez Federal William M. Bryne en 1973. Dichos documentos probaron gruesas y reiteradas  mentiras, patrañas y falsificaciones pavorosas de la administración de Lyndon Johnson sobre la guerra de Vietnam.

 En todo caso, considero de utilidad la difusión de los documentos expuestos para que resulte más claro aún lo escrito por  Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamado “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

 Ahora bien, no conozco la filosofía de Snowden solo sé que como es de dominio público dice defender los derechos de los norteamericanos que están siendo impune y sistemáticamente violados, pero no estimo relevantes las ideas de esta persona, lo crucial es que expuso públicamente un programa para que el Leviatán atropelle derechos de las personas. Incluso aun suponiendo que fuera comunista, la denuncia es cierta y sumamente peligrosa para el futuro de Estados Unidos y el mundo libre.

 La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es que ha solicitado asilo en diversos países occidentales desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que ha sido denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de marras, lo cual, como queda dicho, no ocurrió.

 Como es del conocimiento público el gobierno ruso facilita su eventual traslado desde ese país a Ecuador (situación no definida al cierre de esta columna). Estuvo considerando la posibilidad de viajar a Cuba como escala intermedia, gran paradoja puesto que se trata del Gulag que espía a todos sus habitantes a quienes se encarcela si se descubre que hay desacuerdos con los sátrapas de la isla-cárcel. El posible desembarco en Quito será otra paradoja ya que en ese país el gobierno persigue de modo implacable la poca libertad de prensa que aún queda (se acaba de promulgar la ley mordaza llamada “ley orgánica de comunicación”), además de conculcar otros derechos de la gente tal como ha explicado con tanta lucidez Gabriela Calderón. Funcionarios norteamericanos de alto rango le han trasmitido a Rafael Correa que si concreta el asilo, entre otras cosas, verá bloqueado al mercado estadounidense el ingreso de productos ecuatorianos como fruta, pescado y flores, todo lo cual agravaría la situación después que el enviado de Estados Unidos (Heather Hodges) fuera expulsado de Ecuador en abril de 2011, después de que Wikileaks puso en evidencia denuncias de ese enviado sobre corrupción de autoridades radicadas en Quito. También el patán venezolano que habla con los pajaritos espetó podría ofrecer asilo.

 Por las informaciones que nos llegan, conjeturamos que el ex funcionario norteamericano que ahora filtró alguna información reservada y se propone expandir su oferta al público ha debido recurrir a asesores legales de dudosa reputación pues otros profesionales tienden a excusarse frente a posibles consecuencias de enemistarse con burócratas estadounidenses. Independientemente de su postura intelectual y sus conductas personales, situación parecida sucede con el referido Assange que se encuentra asilado en Londres en la embajada de Ecuador.

 Si Snowden es comunista, filocomunista o un estatista consumado estará cómodo en su nuevo destino, si no es el caso vislumbrará un futuro incierto e incómodo, pero ¿cual sería la salida si alguno de nosotros tuviera el coraje de denunciar públicamente lo dicho? ¿someternos a la cacería monstruosa de los servicios de inteligencia estadounidenses y sus fuerzas parapoliciales con un final trágico o acceder a un refugio transitorio cuyo jefe lo hace como venganza a todo lo bueno que significa Estados Unidos?

 Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también acaba de sostener que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

 En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Andrew Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin  el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Ivan Eland en The Empire has no Clothes. US Foregin Policy Exposed).

 Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush están furiosos con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista (en “La Nación” de Buenos Aires me detuve en la crítica a métodos incompatibles con una sociedad abierta: “Para que sirven los servicios de inteligencia”, agosto 4 de 2006, donde distingo información de alarmante entrometimiento).

El 19 del corriente mes de junio Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 AM al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Con esta situación nos retrotraemos a las cavernas, en el segundo tomo de Historia de la vida privada compilada por Philippe Ariés y Georges Duby se lee que “los Medicis llegan a vigilar la correspondencia privada” también alegando seguridad del Estado. Muchas veces no se otorga el suficiente peso a este espionaje hasta que se pone en evidencia que personeros del aparato estatal concretamente estuvieron escuchando algunas de nuestras personales e íntimas conversaciones telefónicas o interfiriendo en nuestros correos electrónicos privados, en ese momento dejamos de mirar el tema como algo abstracto y lejano y nos invade el temor por las garras del Gran Hermano.

He aquí entonces la encrucijada que presento en esta nota para un prófugo que posee más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama acaba de cancelarle el pasaporte, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s  Advocate se convierta en realidad: “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a un nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. Sus profesores tienen que haberles enseñado, y sus pastores, sus rabinos y sus sacerdotes. La bandera, en un momento, debe haber significado algo para ellos. La Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de la Independencia: seguramente habría entre ellos quienes recordarán. ¿Por qué entonces permitieron que la Constitución se pusiera fuera de la ley? ¿Por qué desviaron sus miradas cuando sus artículos, uno por uno, fueron devorados por las ratas? ¿No hubo una sola hora en la que se sublevaron como hombres en sus corazones y levantaran la voz en protesta? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad ` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

El Heredero

Por Gabriela Pousa. Publicado el 25/6/13 en http://www.perspectivaspoliticas.info/el-heredero/

Jugó Sergio Massa. Casi se podría decir que es un éxito de todos y todas, ¿o quién ha solventado cada paso del intendente devenido candidato? Años en el ANSES le permitieron al ex UCeDe aceitar los contactos necesarios con el establishment para situarse adonde finalmente se ha situado, años repartiendo estratégicamente pauta publicitaria para que muchos medios no se hicieran eco de inconvenientes en sus pagos y rescatasen las bondades.

Hoy, Massa disfruta las consecuencias de haber cooperado a vaciar los fondos jubilatorios de un sinfín de ciudadanos, muchos de los cuales, si no quedara claro esta maniobra, irán incluso a votarlo. Indiscutidamente hábil – Cristina también lo fue hasta caer en la voracidad de una supervivencia inútil -, rápido de reflejos e inexcrupuloso hasta el punto de presentarse como opositor siendo parte de lo actual. Lo nuevo de lo viejo que es como decir lo menos viejo pero no lo novedoso.

Massa es fruto del oportunismo y de una característica poco frecuente en nuestra dirigencia: el coraje. Y es también portador de otro dote inexorable en esos lares: el caradurísmo. Recuérdese que es el mismo Sergio Massa que se presentara en las legislativas de 2009 sin llegar a asumir nunca su banca…

En contrapartida, yace agónica la figura de Daniel Scioli, endeble, frágil, amorfa. Pensar que hasta hace poco se probaba el sillón de la Presidencia respaldado en las ventajas que le otorgaban las encuestas… Paradojas de la dinámica política. Una dialéctica entreverada, donde los tiempos no se miden con la común cronología.

Detrás de ambos, se teje una indescifrable trama de negociados a conveniencia. Sin ser triunfadora en los pronósticos, Cristina Kirchner sale de todos modos y en cierta manera ilesa. De la impunidad que persigue afanosamente, con Massa está más cerca.
Es muy probable que el heredero de Néstor no le vote una reforma constitucional pero difícilmente le suelte la mano a la hora de juzgar su gestión presidencial. Hay razones que unen aunque también es verdad que las lealtades en este ámbito son similares al hallazgo de una aguja en un pajar.

Lo cierto es que las cartas se han jugado aunque aún hay naipes que no aparecen en el tapete. ¿Quién guarda más ases en la manga? La jefe de Estado ha demostrado hasta el hartazgo (literalmente) sus dotes en ese arte. Massa es todavía un enigma a medio develarse. Más oscuridad arroja quizás el actuar de Mauricio Macri que ha dejado liberada la provincia de Buenos Aires al tiempo que debió bajar a Carlos Melconian y a Guillermo Montenegro por capricho de Felipe Solá.

Sobre este último sería interesante hablar. Una figura gastada en la porfía de saberse nada: ni menemista, ni kirchnerista o tal vez todo eso junto sintetizado en una palabra: desvergüenza. Y hay demasiada.

Por momento, algunas listas parecen verdaderas asociaciones ilícitas. Es la dirigencia argentina en su faz más impía. No hay ideas, apenas ambiciones desmedidas y borracheras de poder que no se justifican ni a sí mismas. Podría resumirse el parecer en un titulo de cinematografía: “Los sospechosos de siempre“.

Harto conocidos, parásitos del Estado, incapaces de conseguir un puesto de trabajo en el sector privado. Verdaderas garrapatas prendidos a lo público, aplaudidores de folletín, en definitiva una escenografía muy barata quizás, porque aún no hemos podido demostrar cuán cara nos sale la Argentina del “qué me importa” y del “déjalo para mañana”

Cuánto tiempo puede estar el cuadro montado es un dato que no aporta demasiado. Antes o después, se corre el maquillaje. Y allí está detrás del intendente de zona norte, Darío Giustozzi, su par de Almirante Brown que llegó a ese cargo de la mano del Florencio Randazzo. A propósito del ministro del Interior, está claro que al no figurar, asumió implícitamente su responsabilidad frente al choque de trenes en Castelar. ¡Hasta qué punto hablan los silencios y las ausencias en la política nacional!

Asimismo, se alista con Massa, Sandro Guzmán, alcalde de Escobar, confeso admirador de Cristina y de su modelo de inclusión nacional y popular. Posiblemente se trate incluso de una candidatura testimonial que, sin eufemismos, no significa sino un fraude electoral, otra burla para la sociedad, y van…

Para corroborar lo rancio de la lista, aparece Héctor Daer, el típico sindicalista de la “década maldita”, uno de los denominados Gordos de la CGT, que fuera secretario general de la central obrera en los 90 y mantuviera aceitadas relaciones con la Alianza después.

¿Qué decir de Ignacio De Mendiguren? Probablemente deba volver en breve a refugiarse en su casa de San Isidro como le sucediera en el 2002, cuando participó activamente de la pesificación asimétrica en contra del pueblo, y muy a su favor. En aquellos días le estaba vedado salir a la puerta siquiera porque la gente estaba allí afuera, y no precisamente para agradecerle su gestión. Un exponente más de la impertérrita genuflexión empresaria que ha hecho y hace tanto daño a una Argentina desvencijada.

Posiblemente más que de listas, se trate de una enumeración caótica de radiografías argentinas. Todos y cada uno son emergentes de esta sociedad, no llegan desde atrás de las fronteras. En ese sentido, la crítica se hace casi impertinente sin una introspección moral. Porque si no son reflejo, están usurpando un lugar que por alguna razón hemos dejado librado al azar.

El Frente Renovador parece ser el botox de un kirchnerismo trasnochado intentando disimular las ojeras de los vicios y los años. Si Sergio Massa no resultara electo, no podría asombrar a nadie que irrumpa luego en la escena nacional como un Martín Sabbatella más. ¿O acaso este no compitió también con Kirchner en las elecciones legislativas de 2009? ¿Y cómo terminó? Como un soldado del Frente para la Victoria más.

Si Massa no es Sabbatella es apenas porque tuvo en sus manos los fondos estatizados de las AFJP, los favores de varios banqueros, empresarios, y a Amado Boudou de aliado. Otras diferencias no hay.

Cómo sea, hay una certeza: novedades no hay.

Quién quiera entender que entienda…

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

¿Oposición u oposición-K?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 24/6/13 en http://economiaparatodos.net/oposicion-u-oposicion-k/

¿Qué le espera la país si ante la situación actual la dirigencia política no puede enamorar al ciudadano con un país distinto?

Ahora que las listas de candidatos para las elecciones PASO están definidas, y los dramas de “quien acuerda con quien” han quedado en el pasado, quedará a la vista la falta de ideas de proyecto de país en la mayoría de la oposición. ¿Qué le espera la país si ante la situación actual la dirigencia política no puede enamorar al ciudadano con un país distinto? Lavarle la cara al “modelo” es algo muy distinto a cambiar de “modelo.” La diferencia entre un genuino dirigente político y un oportunista político, es que le primero está convencido de un proyecto por el bien de su país y no viola los derechos de la minoría en su camino, mientras que el segundo se deja llevar por la opinión pública y va pidiendo permiso al momento de violar la propiedad de terceros, como si las disculpas hiciesen desaparecer los problemas ocasionados.

Los casos de corrupción que azotan al Kirchnerismo ciertamente han devaluado la posición de superioridad moral con el que este movimiento tanto gusta de presentarse. Ciertamente la magnitud de las sospechas de corrupción, abuso de poder, autoritarismo inocultable y una extensa variedad de vicios institucionales son un factor muy importante y de gran relevancia.

Pero el mismo peso de estos problemas puede jugar en contra al distraer la atención sobre la inconsistencia del modelo K. Sin disminuir la importancia ni los efectos de los actos de corrupción, la delicada situación económica del país se debe a inconsistencias del modelo puro y no a su forma de gestión. El modelo no deja de ser inconsistente si lo único que se cambia son figuras como Kirchner, Kunkel, Moreno, Kicillof y tantos otros por profesionales educados que no sientan la necesidad de faltar el respeto a terceros y violentar las instituciones a cada oportunidad que se les presenta. ¿Qué fue el acto por el día de la bandera sino otra cosa que una falta de respeto a los símbolos patrios? ¿Qué interés por el país y sus habitantes puede tener un gobierno que ni siquiera se comporta como tal en el día de la bandera?

El respeto a las instituciones, transparencia y comportarse como funcionarios públicos no deberían ser objetos de discusión. Confundida está la oposición si identifican los problemas actuales del país con el estilo K, y no con el modelo K. El opositor que cree que con un mero cambio de estilo va a poder sortear la hipoteca que la década K esta dejando se engaña a sí mismo. Si el problema fuese una cuestión de morales, bastaría con reemplazar al equipo económico sin atacar los problemas de fondo como el déficit fiscal, las asfixiantes regulaciones al mercado y la pesada carga tributaria.

Que tiene la oposición que decir, por ejemplo, a los siguientes interrogantes y problemas:

  1. ¿Cómo reducir en el corto/mediano plazo el déficit fiscal (de manera creíble) sin aumentar la ya pesada carga tributaria?
  2. ¿Que piensan del default de la deuda soberana y que piensan hacer al respecto? ¿Se sienten orgullosos de representar a país que no honra sus deudas hace ya diez años y, encima, “falsifica” las mediciones de inflación con el fin de pagar menos deuda? ¿No es eso acaso un default en los hechos?
  3. ¿Qué piensa la oposición de las expropiaciones que se han hecho en contra de la voluntad del pueblo, como las de las AFJP? ¿Acaso los votantes no optaron por quedarse en el sistema de AFJP cuando tenían la opción? ¿Qué autoridad moral tiene el político de turno para elegir de qué y de qué no es libre el votante Argentino? ¿Están dispuestos a devolver esta libertad a los ciudadanos, o la oposición se compone de gente que habla pero no hace?
  4. ¿Y las expropiaciones inconstitucionales, serán debidamente compensadas y se verá que los responsables respondan ante el Poder Judicial, o importa más lo que dicte el corazón y no la razón ni los principios?
  5. ¿Qué piensa hacer la oposición con empresas y emprendimientos públicos que son una aspiradora de recursos como Aerolíneas Argentinas y Fútbol Para Todos? ¿Realmente creen que la administración pública tiene mejores resultados que la competencia entre privados que deben cuidar a sus clientes y recursos en lugar de recibir fondos obtenidos compulsivamente a través de impuestos?
  6. ¿Qué opina la oposición de la pesificación forzada? ¿Están dispuestos a obligar a que el Banco Central se gane la confianza del argentino compitiendo con otras monedas, o harán de los ciudadanos rehenes del una moneda administrada por autoridades que dicen no creer en la relación entre oferta de dinero e inflación?
  7. ¿Está dispuesta la oposición a llevar al país a un nivel de competitividad internacional abriendo sus fronteras al comercio, o prefiere sentarse en el voto fácil del discurso de “sustitución de importaciones” que tan mal le ha hecho la país?
  8. ¿Qué piensan hacer con el sistema de coparticipación que tantos problemas trae a la estabilidad fiscal?
  9. ¿Están dispuestos a reformar el sistema político para evitar los abusos a los que el presidencialismo ha sometido al país una y otra vez? ¿Hay interés en que la Argentina sea un país republicano y federal en los hechos, y no sólo en los papeles, o en el fondo prefieren mantener el actual sistema que parece un reinado de tiempo limitado, haciendo de la presidencia un botín de guerra cuyas batallas se ven en las calles cada vez que se aproximan los períodos de elecciones?
  10. ¿Qué piensa hacer la oposición con los responsables políticos del actual destrozo institucional, económico y social? ¿O acaso en Argentina uno puede asumir la presidencia, destruir las instituciones, llevar la corrupción a niveles alarmantes, generar niveles de tensión social pocas veces vistos, y luego retirarse en el exterior como si nada hubiese pasado?

Seguramente el lector podrá extender largamente esta serie de preguntas. El punto a ilustrar es que no es momento de evitar debates profundos perdiéndose en el maquillaje del modelo. La situación crítica a la que el Kirchnerismo ha empujado, y sigue empujando, al país no tiene la ventaja de crisis anteriores. En esta ocasión el Kirchnerismo se ha consumido el capital existente que había al inicio de su gobierno (no por nada chocan los trenes y los barcos de la Armada se hunden solos). Y como si eso no fuese poco, el mercado de crédito internacional está cerrado al país. ¿Con qué recursos se piensa administrar el contexto que va a dejar el Kirchnerimos? La única manera de obtener recursos es a través de un fuerte de shock que genere confianza en el país, tanto en el exterior como en los propios Argentinos. ¿Cuántos Argentinos y extranjeros le creen a la oposición?

Uno de los errores de los 90 fue llevar adelante reformas por necesidad, no por convicción. La política económica de los 90 fue inconsistente por los mismos motivos que lo fue la de los 80 y la actual; un descontrolado déficit fiscal. Si la oposición no discute seriamente reformas consistentes de largo plazo se corre el alto riesgo de nuevamente caer en reformas por necesidad sin una brújula que guíe los mismos. Reformas por necesidad pueden llevar a creer que lo que el modelo K necesita es una mano de chapa y pintura. El problema no es el chofer, es el auto.

Es la reacción ante cuestiones como las enumeradas anteriormente las que separan a la Oposición-K de la Oposición. Las semanas venideras van a mostrar cuántos y quienes son opositores-K y cuántos realmente están pensando en un país diferente, un país que sea orgullo internacional, y no una curiosidad asociada a los peores regímenes que aún subsisten en el siglo XXI.

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y profesor universitario.

Argentina: La mentalidad autoritaria

Por Gabriel Boragina. Publicado el 23/6/13 en http://www.hacer.org/latam/?p=28667

Normalmente –en la terminología política- se suele designar autoritarismo a una forma de gobierno, cuya característica distintiva es la manera en que se ejerce el poder que detenta. Pero, a veces, es interesante detenerse a indagar cuáles son las causas profundas que subyacen en los modos autoritarios de ejercer el poder, raíces que arraigan y hasta trascienden lo meramente político, que es el lado habitual desde el cual se suele abordar el tema por la mayor parte de los autores. En materia de autoritarismo, lo político es una mera derivación de lo filosófico, como nos da a entender K. R. Popper con las siguientes palabras:

“El hombre puede conocer; por lo tanto, puede ser libre. Tal es la fórmula que explica el vínculo entre el optimismo epistemológico y las ideas del liberalismo.

Al vínculo mencionado se contrapone el vínculo opuesto. El escepticismo hacia el poder de la razón humana, hacia el poder del hombre para discernir la verdad, está casi invariablemente ligado con la desconfianza hacia el hombre. Así, el pesimismo epistemológico se vincula, históricamente, con una doctrina que proclama la depravación humana y tiende a exigir el establecimiento de tradiciones poderosas y a la consolidación de una autoridad fuerte que salve al hombre de su locura y su perversidad. (Puede encontrarse un notable esbozo de esta teoría del autoritarismo y una descripción de la carga que sobrellevan quienes poseen autoridad en la historia del Gran Inquisidor de Los Hermanos Karamazov, de Dostoievsky.)” [1]

Es por esta razón que el autoritarismo ha de negar forzosamente la libertad, pero con la advertencia que esa negación no es consistente, por cuanto lo que el autoritario niega es todas las libertades ajenas, menos la suya propia. Pero no se detiene ahí, porque la negación de la libertad de los demás implica necesariamente en quien lo hace el paso siguiente de imponer su autoridad por sobre todos esos demás, de quienes se niega que sean o puedan ser libres. Quien dice que el hombre no es libre se contradice a sí mismo, (por cuanto para ser coherente debería negar su propia libertad) en la medida que pretenda dirigir a otros. Si, por el contrario, afirma de todos (inclusive de sí mismo) la inexistencia de libertad, se trata simplemente de una mentalidad esclavista (el reconocerse no-libre involucra necesariamente admitirse esclavo).

Sigue K. R. Popper así:

“Pero la teoría de que la verdad es manifiesta no sólo engendra fanáticos —hombres poseídos por la convicción de que todos aquellos que no ven la verdad manifiesta deben de estar poseídos por el demonio—, sino que también conduce, aunque quizás menos directamente que una epistemología pesimista, al autoritarismo. Esto se debe, simplemente, a que la verdad no es manifiesta, por lo general. La verdad presuntamente manifiesta, por lo tanto, necesita de manera constante, no sólo interpretación y afirmación, sino también re-interpretación y re-afirmación. Se requiere una autoridad que proclame y establezca, casi día a día, cuál va a ser la verdad manifiesta, y puede llegar a hacerlo arbitraria y cínicamente. Así muchos epistemólogos desengañados abandonarán su propio optimismo anterior y construirán una resplandeciente teoría autoritaria sobre la base de una epistemología pesimista. Creo que el más grande de los epistemólogos, Platón, ejemplifica esta trágica evolución.”[2]

Precisamente esto se observa en el campo de la política por doquier. Los políticos que aspiran al poder, proclaman en discursos y entrevistas, ser más o menos poseedores y detentadores de esa “verdad manifiesta”. Mientras hablan de “consensuar”, en los hechos y una vez posesos ya del poder, sólo se los observa imponer a troche y moche. Su límite estará dado exclusivamente por aquellos a quienes tales políticos (ya en función de gobierno), intentan someter a cualquier costa. Ejemplo vivo de esta última actitud la encontramos en los populismos latinoamericanos de los Kirchner en la Argentina, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y el comunismo chavista venezolano, movimientos todos estos que guardan -en lo esencial- una indisimulable similar vocación autoritaria.

A pesar de que estos autócratas –como muchos otros antes que ellos en la historia, tales como sus inspiradores, Hitler, Mussolini y Stalin- invocarán la “autoridad” que les confiere “el pueblo”, no obstante ello, sus actos demuestran día a día que esa “autoridad” que presuntamente declaman haberles sido “delegada”, en rigor se la están auto-atribuyendo ellos mismos. Y aunque esa “delegación” fuere cierta en un primer momento, sus largas permanencias -a cualquier precio- en la cima del poder, indican a las claras, tanto su falta de legitimidad como su ausencia de autoridad, porque ningún ciudadano confiere autoridad para ser atropellado en sus derechos ni para que se restinga su libertad, salvo, claro está, que nos encontremos frente al caso de un pueblo exclusivamente compuesto por serviles esclavos.

Por otra parte, resulta muy ilustrativo recordar la etimología del término, aspecto sobre el cual nos instruye el Dr. Alberto Benegas Lynch (h) de esta manera al referirse a los “derechistas”:

“Por último, tienen una idea autoritaria de lo que significa la autoridad, palabra esta última que según el diccionario etimológico deriva de autor, de creador, con la consiguiente connotación de peso moral, es decir, en este contexto, la autoridad no puede escindirse de la conducta no importa la investidura ni la profesión de quien la detente. En este sentido, el autoritarismo es una degeneración de autoridad. El uso de la fuerza de carácter ofensivo siempre mina la supuesta autoridad de quien la ejerce. En este sentido, como queda dicho, es deber del ciudadano libre el renegar de “autoridades” que se conducen como sátrapas, sea cual sea la posición que ocupen en la sociedad”[3]

Según este enfoque –que compartimos- el autoritarismo sería simplemente el término que sirve para definir el uso de la fuerza de carácter ofensivo, y quien recurre al empleo de esta fuerza ofensiva carece -desde ese mismo momento- de cualquier clase de autoridad.

Notas:

[1] Karl R. Popper. Conjeturas y refutaciones El desarrollo del conocimiento científico. Edición revisada y ampliada – ediciones PAIDOS Barcelona-Buenos Aires-México. pág. 26

[2] K. R. Popper, ob. Cit, pág. 30

[3] Alberto Benegas Lynch (h) “La caja, las normas y la autoridad”. Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 29 de diciembre 2011

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. 

República, el paradigma contaminado

Por José Benegas. Publicado el 17/6/13 en http://josebenegas.com/2013/06/17/republica-el-paradigma-contaminado/

 La Corte Suprema de Justicia así como está es hoy la piedra fundamental en la que descansa lo que queda del sistema republicano. Amenazada sin vergüenza por el gobierno que la invita a ser “prudente”, léase, a  no contradecirlo tanto en su plan de pervertir y someter al Poder Judicial. Pero aunque decida pronunciarse por la clara letra constitucional en el caso de la elección de miembros del Consejo de la Magistratura, vendrá un asalto tan anunciado como aquél golpe de marzo de 1976. Esto es el desbaratamiento de la Corte Suprema “imprudente” disponiendo un aumento de sus miembros y nombrando jueces militantes, lo que convertirá a lo que queda de Constitución en letra muerta.

Esto en el país en el que todos se cuidan de no decir cosas feas y de respetar lo irrespetable, porque años de corrupción de la dineraria pero sobre todo de la otra, han dejado una versión de “prudencia” muy imprudente que se confunde con complacencia y complicidad. Ese es el llamado al Poder Judicial: sean tibios. Y no es que a nuestros jueces les falte vocación.

En su última etapa de avance el kirchnerismo se ha ido haciendo cada vez más obvio, pero en su obviedad no siempre encuentra respuestas de fondo. Es como un virus atacando a un cuerpo listo para recibirlo.  Puede que parezca que de tan burdo lo de la “democratización de la justicia” los jueces están despiertos o a punto de despertarse de la siesta del relato, pero aún queda el desafío que el virus les va a presentar. Esto es, entender a la constitución como portadora de un sistema de valores o apenas como el manual de instrucciones de un aparato cuyo funcionamiento no se entiende que los encontrará sin respuestas en la próxima etapa.

Para lo último se han formado generaciones de abogados y magistrados en el positivismo jurídico cuando se lo interpreta, es decir como el permiso para no justificar, como la liberación del problema ético (y la ética encima interpretada como un “ser mansito”).

El positivismo jurídico reduce el problema de lo que es legal, a la lectura de las decisiones políticas emanadas del Congreso, o inclusive de la Constitución como mero código. Esto significa que todo lo que salga del Congreso es obligatorio, legal y (acá viene la trampa), justificado por si mismo. En realidad su mentor Hans Kelsen no pretendía justificar nada, sino crear una (fallida en mi opinión) teoría pura del derecho. Sin moral, sin filosofía, sin justificaciones.

Así han sido durante décadas los fallos y también las peticiones de los abogados resignados a vivir en un sistema autómata; lectores de artículos de códigos a los cuales obedecer, filosofando sobre la fatuidad más aplastante que se pueda imaginar, preguntándose de mil maneras “qué es” la cosa intrascendente que un legislador demagogo ha plasmado en la letra de un bodrio llamado con generosidad “ley”, publicado en el boletín oficial.

Ese esquema positivista alcanza para juzgar como inconstitucional la pretendida elección de miembros del Consejo de la Magistratura. Leen la Constitución, leen la ley y la contradicción es evidente. El positivismo jurídico les dirá que la norma superior ha sido contradicha por la inferior.

¿Qué es lo que no podrán contestar por esa vía? Pues el aumento de miembros de la Corte o la creación de cámaras de Casación para pasarse el sistema por donde les parezca. Porque resulta que la norma superior no se opone a tal cosa en su letra.

Para entender el problema con ese próximo asalto a la Constitución se debe apelar al sistema de valores implícito en la Constitución, lo que se llama su espíritu. Que no es que está fuera del ámbito jurídico, sino que es su parte más importante. Una república no es una máquina de producir decisiones políticas en cualquier sentido.

En paralelo a este proceso legal se desarrollo una suerte de versión desalmada de república, formalista, apenas cívica y tonta. Una república sin libertad. Acá viene el escándalo, una república sin liberalismo. Que es lo mismo que una lamparita de Edison sin electricidad. No se dividen poderes porque sea divertido o más lindo que un solo poder. Sólo se lo divide para debilitarlo, para someterlo a una competencia interna y a controles contra la arbitrariedad, a favor de los derechos individuales que son un componente esencial del sistema. No se puede ser republicano y creyente en el beneficio universal del estado. Eso es una ridiculez que es la gran oportunidad que vinieron a explotar nuestros tiranos del momento.

Si el estado es tan maravilloso para qué tenemos jueces independientes, tendrá razón Pichetto, aquél que eligió la mayoría para proveerle felicidad no tiene que ser molestado. Ni por los jueces ni por la prensa por cierto.

No es casual que nos haya ido tan mal y nos haya salido después de tantos resfríos el virus del Ebola. Los que se identifican con el sistema republicano y con el sistema de valores que sostiene son en nuestro sistema una minoría tan ínfima que no juegan ningún papel, más que el de predicar en el desierto.

Han hecho los K y los no K de una licuadora una máquina de lustrar zapatos. O lo que es lo mismo, de una república, un “estado de bienestar” o un sistema de reparto de riquezas, o de juzgamiento de intenciones, de control del comercio, de la industria, de la palabra. Y ni siquiera advierten los segundos la relación entre las cadenas a las que adhieren y la falta de libertad que ha hecho que el kirchnerismo avanzara en su totalitarismo casi sin sangre y sin protesta, imponiendo un miedo que no se compadece con amenazas reales del poder pero si con la dependencia económica agobiante.

Mi advertencia ahora no viene como reivindicación general de esos valores, es solo una alarma porque los repúblicos estatistas y positivistas no tienen las herramientas para juzgar lo que se viene, así como los tibios no las han tenido nunca para entender que lo peor del kirchnerismo fue el principio y no este final obvio.

La única forma de declarar inconstitucionales el aumento oportunista de los miembros de la Corte (así como la verdadera inconstitucionalidad de la ley de medios), es poner sobre la mesa los valores que en el fondo han condenado por sus privilegios. Estos derivan todos de la palabra “libertad”.

No se puede aumentar ahora el número de miembros de la Corte para nombrar militantes porque ese propósito siguiendo la línea histórica de los acontecimientos, las actitudes y el marco general, está sólo hecho para terminar con la independencia del Poder Judicial que protege nuestra libertad y para eso no hay ley formal que pueda estar por encima de los fundamentos y motivos últimos de la Constitución. No importa que haya pasado por todos los pasos reglamentarios que la letra de la propia Constitución.

La Constitución es un sistema que no empieza sino que termina en su letra y en todas las prohibiciones que le siguen en consecuencia. Empieza si en la rebelión de los sometidos, los privados, esos a los que se denomina con una palabra ya estigmatizada.

Es esto lo que los constituyentes pusieron sobre los hombros de los ministros de la Corte. Pero también de los ciudadanos. Y hay unos ciudadanos dedicados a la política que han asumido mayores responsabilidades que el resto.

Estar a la altura no se nada más que un problema de ánimo. A veces depende más de entender. Nada nos puede indignar si no hay dignidad. Y no hay dignidad sin los juicios de valor, que en nuestra cultura autómata han sido convertidos en desviaciones.

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.