Archivos en la Categoría: Políticas Públicas

¿PORQUÉ OBEDECER A LA AUTORIDAD?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

De entrada me parece que resulta conveniente precisar que hay básicamente dos tipos de autoridad. En primer lugar, la  en un sentido amplio es decir la que es reconocida por la rectitud de conducta o por los conocimientos o por ambas cosas a la vez. Este tipo de autoridad no necesita de aparatos compulsivos de la fuerza para acatarse, se adopta por la virtud implícita en el  ejemplo. En este sentido no hay obligación propiamente dicha de seguir los lineamientos estipulados, si se siguen es  por el reconocimiento de la razón de lo que se pone de manifiesto.

 

Pero hay otro tipo de autoridad que se sustenta para su cumplimiento en la fuerza, sea esta de un gobierno respaldado siempre en las botas policiales, una autoridad escolar respaldada en reprimendas varias o equivalentes. En estas líneas vamos a centrar nuestra atención en el primer tipo, esto es, la de los aparatos estatales.

 

Como enseñan algunos de los pensadores en la larga tradición del iusnaturalismo: Grotius, Pufendorf, R. Hooker, Francisco de Vitoria, Sidney, Locke,  Leo Strauss, Francis Lieber, Eric Mack, H. B. Veatch, Lon Fuller, Roscoe Pound, John Finnis -a contracorriente de los Kelsen, Hart y Raz contemporáneos- las disposiciones legales deben basarse en puntos de referencia extramuros de la norma positiva para ser justas. Y esos mojones a su turno derivan de lo que hace posible el desenvolvimiento de los seres humanos que del mismo modo que las piedras y las rosas tienen propiedades inherentes a su naturaleza.

 

De allí el derecho natural, que aunque en ciertos ámbitos se ha utilizado de modo caprichoso y degradado, sigue manteniendo su sentido original. Por esto es que juristas de la talla de Bruno Leoni insisten en que la conformación del derecho positivo está inmerso en un proceso de descubrimiento y no uno de ingeniería social o de diseño.

 

La autoridad del tipo ahora estudiado se basa en la ley, a saber, las disposiciones que son afines a la naturaleza del hombre para poder desarrollarse en la vida. Incluso David Hume escribe que “No es impropio recurrir a la expresión ley natural si por natural entendemos lo que es común a la especie” (en A Treatise on Human Nature) . Esto es lo que confiere autoridad a los gobiernos en una sociedad abierta, a diferencia de megalómanos que pretenden controlar vidas y haciendas ajenas.

 

Ahora bien, ¿que hacer cuando los aparatos estatales se salen de cauce y en lugar de proteger derechos los conculcan? Es una cuestión prudencial, cuando los atropellos son tolerables es mejor absorberlos y tratar de revertir la situación por medio de la persuasión. Pero cuando la situación se hace insoportable, tal como reza la Declaración de la Independencia estadounidense (en la que se han inspirado las naciones libres), es deber de los ciudadanos el deponer al gobierno e instaurar otro. Este es el derecho a la resistencia a gobiernos opresivos. Es un contragolpe de Estado cuando el gobierno ha dado un golpe contra las instituciones libres…son los casos hoy, por ejemplo, de Venezuela, Nicaragua, Cuba y Corea del Norte. No hay que confundir al ciudadano con el súbdito ni un país con un Gulag.

 

Como queda dicho, de más está decir que la referida rebelión contra la opresión inaguantable debe hacerse con criterio prudencial para no caer en la misma situación (o peor) solo que con otros gobernantes como en la práctica han sido la mayor parte de las revoluciones, a diferencia de la norteamericana por la que se aplicó una política diametralmente opuesta a la autoritaria de Jorge III (de un tiempo a esta parte, Estados Unidos abandonó los principios de los Padres Fundadores para lo que recomiendo, entre la mucha literatura disponible, Dismantling America de Thomas Sowell). Hasta el momento en los otros ejemplos, en el mejor de los casos se produjo un alivio más o menos transitorio para luego, en mayor o menor medida, recaer en que los aparatos estatales atropellaran los derechos vitales a la libertad y a la propiedad.

Como he subrayado antes, incluso en otros casos, la situación después de la revolución fue muchísimo peor, como es el ejemplo de la revuelta de Castro contra las tropelías inaceptables de Batista. En otros casos, el alivio fue grande como es el ejemplo de Hitler. Salvando las distancias, la revolución popular contra Ferdinand Marcos también permitió un paréntesis en el totalitarismo.

Lo mismo va para el caso argentino de la tiranía rosista y, con independencia de los graves desbarranques posteriores, similar fenómeno ocurrió con la sublevación como consecuencia del sistema opresivo de Perón contra la libertad de prensa y las libertades básicas de las personas y también lo ocurrido con otros dictadores latinoamericanos de la misma época. Y mucho antes que eso los movimientos revolucionarios independentistas (por ejemplo, constituye una sandez oponerse a la Revolución de Mayo en lo que luego fue suelo argentino contra un déspota que había reemplazado a otro sátrapa en España). También los casos de Stroessner en Paraguay, de Somoza en Nicaragua, de Trujillo en la República Dominicana y similares. Las revueltas que desembocaron en el derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlín despertaron enormes esperanzas en los espíritus libres. Claro que hay cuestiones de grado que hacen diferencias por lo que no puede meterse todo en la misma bolsa.

El antes mencionado Sidney había escrito como burla a la monarquía absoluta que alegaba que su poder derivaba de Dios y otras sandeces que irónicamente “Dios ha causado que algunos nacieran con coronas en sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas”.

Especialmente en América latina ha sido costumbre el dirigirse a la autoridad gubernamental como su exceletísimo, su eminencia reverendísima y otros servilismos impropios de un sistema republicano y del recato, del pudor y la decencia más elemental. Incluso se hace alarde del título de “honorable” sin percatarse que el vocablo en gran medida proviene de la condición de ad honorem cosa que por el contrario es rechazada para en cambio percibir suculentas dietas (para no decir nada de los dineros mal habidos).

Benjamin Constant ha popularizado los conceptos de “libertad de los antiguos” y “libertad de los modernos” (noción rechazada por Fustel de Coulanges), entendiéndose lo primero como la mera participación de algunos gobernados en el gobierno, mientras que lo segundo alude a la preservación de las autonomías individuales. Del mismo modo, la tolerancia era concebida antes como una gracia del monarca o del sacerdote y, en cambio, modernamente es entendida no con tufillo inquisitorial de perdonar a los que se estimaba estaban equivocados sino que se ha transformado en la consideración por los derechos de todos.

No debe confundirse autoridad con autoritarismo, lo primero en el contexto de lo que estamos tratando alude al uso de la fuerza con carácter defensivo, nunca ofensivo en cuyo caso invariablemente irrumpe el autoritarismo.

Es por esto que en la actualidad resulta de gran  provecho recordar el célebre dictum del historiador decimonónico Acton en cuanto a que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente” al efecto de alertar frente a desvíos de la órbita política del momento.

Frente a todos los problemas siempre hay quienes proponen que intervengan los aparatos estatales, lo cual significa que se arrancará el fruto del trabajo ajeno para recurrir a la violencia. Muy paradójicamente esta maniobra se lleva a cabo en nombre del derecho cuando en verdad se trata de pseudoderechos ya que se echa mano al bolsillo del prójimo para imponer obligaciones injustas a terceros. Injustas porque violan la definición clásica de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” puesto que “lo suyo” implica el respeto a la propiedad de cada cual, lo cual se ha violado al proceder en consecuencia.

Muy paradójicamente hoy en el denominado mundo libre la política más generalizada consiste en el fascismo, es decir, permitir el registro de la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Es un modo más efectivo y encapuchado de debilitar la institución de la propiedad privada que los marxistas -más sinceros ellos- proponen abrogar de un plumazo. Pensemos en ejemplos cotidianos: los taxis en muchas de las grandes ciudades son manejados por los alcaldes en cuanto a la regulación de la tarifa, el color en que están pintados y el horario de trabajo. También los sistemas educativos, en general manipulados por ministerios de educación que establecen pautas curriculares y otras disposiciones para la mal llamada educación privada (en verdad privada de independencia). Todo esto sin contar las asfixiantes regulaciones en el comercio, la industria, el agro y la banca.

Según Etienne de la Boétie “Son pues, los propios pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir romperían las cadenas” (en Discurso sobre la servidumbre voluntaria), que era la preocupación y ocupación de Henry David Thoreau respecto a la necesaria desobediencia civil para mantener en brete al Leviatán y para bloquear a los mandatarios con sed de transformarse en mandantes.

En lugar de estar permanentemente apuntando a lo menos malo en actitud timorata y rastrera, tengamos el coraje de subir la vara para encaminarnos al respeto recíproco. En el extremo miremos lo que se sugiere desde la vereda de enfrente al espíritu liberal, una postura que explica porqué las izquierdas marcan las agendas y habitualmente corren el eje del debate, lo cual está muy bien ilustrado en el título de una conferencia de Herbert Marcuse dirigida a estudiantes, en 1969, en Canadá: “Exijamos lo imposible”.

De todos modos y por último decimos que la secuencia siendo firme debe ser ordenada en una secuencia racional, por lo que la noción de autoridad centrada en el monopolio de la fuerza puede sin duda mutar en el futuro si es que quedaran resueltos los problemas esgrimidos básicamente en las teorías de los bienes públicos, la asimetría de la información, el dilema del prisionero, los free riders y la refutación del denominado equilibrio de Nash y el teorema de Kaldor-Hicks en el contexto de las inconsistencias de balances sociales explicados por Robert Nozick y la interpretación correcta de “la tragedia de los comunes” y el óptimo de Pareto. Estos temas no se han debatido aun con el suficiente detenimiento, aunque hay trabajos muy meritorios al respecto que no han  salido a la luz debido a que no se han resuelto temas mucho más básicos y, naturalmente, no puede construirse el techo de un edificio antes de que se encuentren listos los cimientos (lo que se traduce en otra metáfora más: no se puede colocar la carreta delante de los bueyes frente a la mediocridad de la mayor parte de los debates actuales que repiten las mismas falacias de antaño).

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

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‘Repartir el crecimiento’

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/7/18 en: https://sotograndedigital.com/repartir-el-crecimiento-por-carlos-rodriguez-braun/

 

Los políticos insisten en que ahora que la economía española crece, es el momento de subir los salarios, para “repartir el crecimiento”. Así ha sido interpretado el acuerdo firmado recientemente por los sindicatos y la patronal, que contempla una subida de salarios del 2 %, más otro 1 % variable, e incluye también el aumento de los salarios más bajos hasta los 1.000 euros mensuales por catorce pagas.

Nadie en su sano juicio puede lamentar que mejoren las retribuciones de los trabajadores, pero creer que esa mejoría se debe a acuerdos corporativistas o a medidas políticas y legislativas es una fantasía. El crecimiento de los salarios se basa en la productividad del trabajo: si ésta no aumenta, los intentos de elevar los sueldos mediante negociaciones y leyes rara vez darán un buen resultado colectivo.

Carlos Rodríguez Braun.
Carlos Rodríguez Braun.

En consecuencia, conviene facilitar la acción de los trabajadores y los empresarios, bajando los impuestos y removiendo los obstáculos que la legislación impone a sus actividades y negocios. Desgraciadamente, no son esos los vientos que soplan, sino más bien los contrarios, puesto que el acuerdo firmado apunta a revertir la flexibilización laboral lograda en los últimos años.

Políticos, sindicalistas y dirigentes empresariales pretenderán colgarse medallas por el llamado “diálogo social”, pero no está nada claro que una mayor rigidez vaya a beneficiar al empleo. Es posible, en cambio, que las subidas salariales no tengan un coste alto en términos de contratación, primero, porque los salarios se han contenido en la crisis, y, segundo, porque el horizonte inflacionario es mayor que antes.

Lo de “repartir el crecimiento” es una antigua falacia que nos remonta al gran economista inglés John Stuart Mill, que la planteó por primera vez en sus Principios de 1848. En realidad, la economía no crea primero riqueza y después la distribuye, sino que la distribuye cuando la crea. Por eso las personas más productivas ganan más que las menos productivas, y los empresarios que satisfacen mejor las necesidades de sus clientes ganan más que los que no lo hacen.

Actuar como si la riqueza se creara y estuviera allí, lista para que los políticos y los grupos de presión la repartan, acarrea el grave peligro de conspirar contra su crecimiento y, por tanto, contra el bienestar de todos.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Cuando las Teorías Conspirativas le Ganan a la Racionalidad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/7/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/07/04/cuando-las-teorias-conspirativas-le-ganan-a-la-racionalidad/

 

Los últimos meses han traído a superficie la delicada situación económica del país. Dos corridas cambiarias que terminaron con el desplazamiento de las autoridades del Banco Central, pérdida de reservas que llevaron a un apurado llamado al Fondo Monetario Internacional, aumento de tasas de interés, mayores tasas de inflacion, marchas y contramarchas en política económica, cambio de ministros, etc. Por más que desde Cambiemos hablen de meros sobresaltos, lo cierto es que el cuadro es claramente de crisis. También es cierto que esta situación se venía avisando desde hace tiempo.

Es normal que en un contexto de estas características surjan varias interpretaciones. También es normal que algunas de esas interpretaciones se dejen atraer por explicaciones que apelan más a las emociones que a la racionalidad. Populares e inmortales mitos se transmiten sin mayores fundamentos que el apelar a lo que emocionalmente se cree debe ser correcto. Las explicaciones emocionales son más sencillas que las racionales. Son también un caldo de cultivo de mitos y falsedades. La reciente columna de Jorge Fernández Díaz es un buen ejemplo de este tipo de sesgos.

La columna parte de una tesis errada que se ha vuelto doctrina indiscutible en el gobierno así como en gran parte de la sociedad Argentina. Esta tesis sostiene que al asumir el gobierno había sólo tres alternativas:

  1. Seguir adelante y terminar como Venezuela
  2. Hacer una sangrienta política monetarista de shock y volar por los aires
  3. Ejecutar un programa gradual y rogar que las condiciones climáticas de mercado le permitieran llegar a la otra orilla

En otras palabras, es el gradualismo o no es nada. El error se encuentra en el punto 2. La doctrina consiste en creer que shock implica, necesariamente, un ajuste social. Nada menos que “sangriento” en las palabras de Fernández Díaz. El problema es que este punto es facticamente incorrecto. Existen casos históricos de shock sin costos sociales. Quizás el ejemplo más emblemático sea el de los países de la ex Unión Soviética. Estos países satélite han aplicado reformas de distinta profundad y velocidad. Partiendo de una situación similar, el resultado es claro. Aquellos países que aplicaron políticas de shock tuvieron un mejor desempeño económico sin mayores costos sociales. Parece que a nadie se la ha ocurrido estudiar tamaño caso para aprender qué y cómo implementar en Argentina.

Lo cierto es que una política de shock puede estar bien diseñada e implementada, o hacerse a las apuradas y terminar siendo mal implementada. Es un error creer que shock es siempre lo segundo, mientras que gradualismo es siempre lo primero. También es un error creer que shock es sinónimo de corte brutal de gasto público de la noche a la mañana. A veces parece ser que los críticos del shock no se han detenido a leer en qué consisten de hecho las propuestas de shock, mucho menos en estudiar casos históricos como los mencionados en el párrafo anterior. De la columna de Fernandez Díaz se desprende que el problema no son los errores del gradualismo, sino esos molestos economistas neoliberales ortodoxos (como él los llama), y sus voceros, que alertan sobre los problemas a venir y terminan siendo funcionales al peronismo. El problema no es la politica económica del gobierno, el problema son los economistas. El problema no es el paciente sedentario con una mala dieta. El problema es el médico que alerta los peligros. Sin embargo, es el médico a quien hay que desenmascarar de sus ocultas intenciones. Fernández Díaz hace una curiosa correlación entre shock y dictaduras o golpes militares. No debe haber tenido en mente a Martínez de Hoz y su defensa del gradualismo durante la última dictadura militar.

El problema también es el mercado, que en lugar de ser un orden espontáneo de incontables interaccciones entre individuos, parece ser una persona o un ente con objetivos determinados. Por ejemplo, no es que una política inconsistente eventualmente produce costos, sino que es el mercado quien pone en aprietos al gobierno. No es mi mala dieta la que me produce problemas, es el colesterol que complota en mi contra. Vale recordar también, que Argentina es una de las economías más reguladas (y aisladas) del mundo.

Las criticas al gradualismo se han enfocado en dos puntos. En primer lugar, al no haber un plan económico, la política de gradualismo sólo posterga y agranda los problemas a resolver. En segundo lugar, el gradualismo es demasiado lento, lamentablmente no hay tiempo. Es cierto que el kirchnerismo dejó una bomba de tiempo. El problema es que el gradualismo de Cambiemos es más lento que la cuenta regresiva. No hace falta, por lo tanto, como sugiere Fernández Díaz “rogar que las condiciones climáticas de mercado” nos permitiesen llegar a orilla sanos y salvos. Existe la cuarta opcion dejada de lado: Implementar un plan consistente (el mal llamado shock sangriento) que permita cambiar rumbo de una buena vez. El defensor del gradualismo parece tener la falsa ilusión de sostener que dado que el shock no es viable, entonces el gradualismo ha de ser viable.

Sin embargo, de alguna manera Fernández Días ofrece la lectura inversa. Los críticos del gradualismo son en verdad personas a desenmascarar que sólo buscan agrandar la crisis. Es, lamentablemente, una estrategia demasiado común. En lugar de lidiar con la crítica del oponente, se lo cuestiona moralmente al sostener que en verdad tiene objetivos moralmente cuestionables. Esta estrategia se protege, convenientemente, con un envoltorio de teoría conspirativa. De esta manera, cualquier cosa que el oponente sostenga no hace más sumarse a la evidencia de la conspiración.

No parece ser una tesis a considerar que los críticos del gradualismo interpretan la situacion de otra manera. ¿Será posible, quizás, que los críticos del gradualismo vean que estos planes suelen fallar y entonces se termina aplicando un shock a las apuradas, mal diseñado, y mal implementado? ¿No será posible que la mala prensa que el shock tiene en Argentina se deba a los crónicos fracasos del gradualismo?

Argentina está transcurriendo una seria situación económica. La sociedad, y el gobierno en particular, debería escuchar más, y dejar de lado el voluntarismo y dar más cabida a un análisis más racional y menos emocional.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

EL PROBLEMA DE LOS “COLEGIOS CATÓLICOS”: DOS DIAGNÓSTICOS DE MI PADRE, TOTALMENTE CUMPLIDOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 8/7/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/07/el-problema-de-los-colegios-catolicos.html

 

Luis J. Zanotti (www.luiszanotti.com.ar) nunca estuvo en contra de la educación formal en tanto tal. Porque la educación formal no es sino sistematizar, mediante métodos más específicos, lo que la educación no formal no puede hacer. Y la educación no formal es esencialmente la transmisión cultural, la absorción de un horizonte cultural, que se produce naturalmente, cono el aprendizaje del lenguaje y los juegos de lenguaje concomitantes a ese mundo cultural.

Que la educación formal haya derivado ahora en la educación formal positivista es un resultado de la Ilustración y la “escuela” como método de formación del ciudadano de los estados-nación. Ello fue comprensible en la época (s. XVIII-XIX) pero luego esa educación positivista quedó tan atrasada como el positivismo en sí mismo.

Sin embargo, allí sigue, con sus métodos repetitivos, memorísticos y destructores de la creatividad, cual diosa inapelable cuasi-imposible de eliminar (http://institutoacton.org/2016/11/02/por-que-son-casi-imposibles-las-reformas-educativas/).

Al lado de todo ello, mi padre diagnosticó que la “ciudad educativa” (esto es, la educación no formal en todas sus dimensiones) iba a ir supliendo cada vez más el rol educativo, sobre todo con las nuevas tecnologías de la información. Lo dijo antes de la aparición de internet.

O sea, el chico, el adolescente y el adulto se educan (educación como transmisión cultural) fuera de la escuela. NO es que la escuela formal los educa “y como complemento” viene lo no formal. La escuela formal positivista es un esencial fracaso de aprendizaje, mientras que el verdadero aprendizaje se produce fuera de la escuela.

Al mismo tiempo, por los años 60 y 70, mi padre fue el único que introdujo en Argentina las obras del pedagogo italiano Giovanni Gozzer, quien estaba afirmando lo mismo en una Italia que también escuchaba a Gozzer como si fuera extraterrestre (o sea, no lo escuchaba). Pero para colmo de la osadía en soledad, Gozzer publica un libro, Los católicos y la escuela, donde afirmaba algo obvio a los ojos de mi padre: los católicos en general, al haber adoptado a la escuela formal positivista como modelo de transmisión educativa, fracasaron totalmente en la transmisión de la fe, porque arrastraron los defectos del positivismo pedagógico a los intentos de enseñanza de la Fe.

Silencio total. Nadie, absolutamente nadie, ningún católico respondió, ni se interesó por la cuestión. Gozzer y Zanotti se quedaron hablando solos, sobre todo en una época donde la mayor parte de los católicos sí escuchaban a Marx y a sus epígonos.

AHORA, frente a las pañuelitos verdes en los “colegios católicos”, muchos se preguntan qué pasa, qué pasó.

Pues bien, esa era la explicación. La “escuela católica” era un proyecto llamado al fracaso. Los chicos no aprenden nada allí, y menos aún catolicismo. ¿Y qué aprenden? Lo que ven por las series, algo de cine, lo que ven por youtube, etc. ¿Dónde están los católicos allí? NO están. Y los chicos NO ven EWTN.

Y si algo les queda depositado en su memoria de modo inconexo,  son trozos de textos marxistas y LGBT con los cuales los adoctrinaron desde pequeños, que son obligatorios también para los colegios católicos. ¿Ah, y la libertad de la educación privada para tener sus propios planes de estudio? ¡No por Dios!!!! Esa fue una de las principales propuestas de Luis J. Zanotti, en 1981¿Respuesta en la Argentina, por parte de los católicos? No, Zanotti es muy liberal…. (Hablo de mi padre, que al menos usaba corbata, no como el hijo).

Y si todo esto era verdad, ¿ahora qué hacemos?

Muy poco se puede hacer ya. En todo caso, las familias verdaderamente católicas que queden, muy pocas, tendrán que asumir ellas, directamente, la educación religiosa de sus hijos, con su ejemplo cotidiano, pero incluso con la transmisión del Catecismo. En mi caso yo no tuve catequistas, fue mi padre quien me enseñó el Catecismo. Y además no escuchaba NADA de lo que me decían en la primaria.

 

Espero que el resultado no los desanime.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

“El mito de la incompetencia del Estado”

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/6/18 en: https://www.libremercado.com/2018-06-03/carlos-rodriguez-braun-el-mito-de-la-incompetencia-del-estado-85269/

 

Leí hace tiempo en El País un interesante artículo de Diego Beas con ese título. Era una versión entusiasta de la tesis de Mariana Mazzucato según la cual el Estado es el verdadero empresario. Para llegar a una conclusión tan asombrosa hay que combinar muchos errores con pocas evidencias.

Don Diego se inventa que el liberalismo se reduce exclusivamente a la tesis de la eficiencia del mercado, y sigue con la fantasía de que “buena parte de la ideología conservadora moderna, de este y del otro lado del Atlántico”, se ha basado en la idea de reducir el Estado, porque es incompetente. Si lo primero es un dislate, lo segundo es realmente increíble, considerando el más que probado intervencionismo de los conservadores en todo el mundo, empezando por España, incluyendo en lugar destacado al recientemente defenestrado Mariano Rajoy.

El señor Beas resume así su argumento, que sigue el de Mazzucato, a la que cita con admiración:

La entelequia ideológica de la incompetencia del Estado se cae en pedazos, sin embargo, cuando miramos con detenimiento la evolución del espacio de la tecnología, la innovación y el papel del Estado durante el último medio siglo (…) Detrás de la mayor parte de los éxitos tecnológicos más importantes ha estado, invariablemente, la mano de la inversión estatal.

Es una inversión estupenda, subraya don Diego, que no ve entelequias ideológicas en nada de lo que afirma:

Un tipo de inversión más estable, menos centrada en la cuenta de resultados de corto plazo, la especulación bursátil, aspectos comerciales y, más importante aún, enfocada en la innovación en el ámbito público. En utilizarla para resolver los grandes problemas sociales –y no solamente financiar las tecnologías comercialmente más rentables.

A partir de ahí, el papel de las empresas privadas, en busca del malvado lucro, es de puro aprovechamiento:

Compañías como Apple, Google y la mayor parte del sector farmacéutico y aeroespacial, entre varios otros, podrían considerarse free riders de los sistemas de investigación del Estado.

Es cierto que el Estado ha emprendido inversiones, pero de ahí a que ese gasto demuestre de por sí las tesis antiliberales hay un trecho, igual que lo hay entre la comprobación de dichas inversiones y la tesis de que nunca se habrían acometido sin el Estado.

En un artículo crítico publicado en el Cato JournalAlberto Mingardi demuestra que no hay base empírica sólida para la idea de que las empresas son meros free riders del Estado. Es revelador que los ejemplos que ponen los intervencionistas se basen en Estados Unidos y no en Europa. Sugieren que todas las innovaciones son fruto del intervencionismo público pero, paradójicamente, elogian la política industrial en EEUU, donde a menudo no existió abiertamente, mientras que ignoran en general a Europa, donde sí se llevó a cabo abiertamente.

Mingardi señala que las tesis se concentran exclusivamente en el último siglo, cuando el gasto público pasó del 10 al 40% del PIB en todas las democracias occidentales: habría sido raro que la inversión pública no se hubiese involucrado en ninguna innovación –aunque las que suelen señalarse son más externalidades positivas que consecuencias previstas y deseadas de políticas industriales.

La clave del asunto es que quienes utilizan el gasto en investigación básicacomo prueba de que el Estado es un eficaz y abnegado empresario pasan por algo que dicha investigación básica fue prácticamente nacionalizada tras la Segunda Guerra Mundial. Esto sucedió sobre todo en el gasto en defensa canalizado a través de las universidades, que fue lo que tuvo lugar en Estados Unidos, gran gastador en defensa, de donde salieron inventos como la internet.

En realidad, don Diego y los demás que atribuyen “entelequias ideológicas” a sus adversarios, suponen que, si algo sale bien, ha de ser porque el Estado está detrás, un Estado que crece porque es estrictamente necesario, y porque el cobarde y codicioso capital privado se retira debido a su rácana visión cortoplacista. Esto, naturalmente, no es ninguna entelequia ideológica sino un análisis serio y riguroso. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Ciencia, progreso, interés

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/ciencia-progreso-interes/

 

Advertí de los riesgos para la libertad que derivan de politizar el medio ambiente, y un tuitero me espetó: “ciencia afirma q vamos al carajo. Debemos avanzar. Uds quieren el petróleo”. Es una triple joya del pensamiento único antiliberal.

Ciencia y catástrofe. Los mayores ataques a la libertad han adoptado esa forma, como cuando los progresistas norteamericanos proclamaron la necesidad urgente de la eugenesia. Querían reparar la raza mediante la ciencia, como los nazis. Lo mismo hicieron los comunistas que, desde Marx, reivindican el monopolio de la ciencia, y la certeza de que un futuro sombrío nos aguarda por culpa del capitalismo. En un tercio del planeta conquistaron el poder y aplicaron sus recetas anticapitalistas, cobrándose la vida de decenas de millones de trabajadores.

Uno diría que después de todo esto, sería mejor un poquito de cautela antes de lanzar alarmas supuestamente científicas. Pero no: el segundo mensaje es imperioso y militar: “debemos avanzar”, una retórica característica de los totalitarios. Invoca a la comunidad, y su peso se impone a los individuos, forzados a conducirse como ordena la colectividad, a través de sus líderes. Lo que nos ordenan, además, os obviamente bueno, porque se trata de “avanzar”, no “retroceder”. No por casualidad se autodenominan “progresistas”, y quienes no comparten sus ideas son, lógicamente, “reaccionarios”.

Por si todo esto no fuera suficiente para tomar estos mensajes con un grano de sal, llega la tercera y definitiva parte del mensaje: “Uds. Quieren el petróleo”. Primero, aunque estaba tratando conmigo solamente, mi interlocutor me colectivizó: “ustedes”, lo que transmite una señal de amenaza grupal, siempre más grave. Pero, además, para colmo, los que tenemos ideas que no comulgan con el pensamiento mayoritario no estamos simplemente equivocados. La cosa es mucho peor.

En efecto, no es el error nuestra única característica sino los intereses espurios, perversos e inconfesables. No nos interesa el bienestar de la humanidad, ni el aire puro. Somos codiciosos, materialistas, vamos a lo nuestro solamente, y no como los estatistas de todos los partidos, que aman abnegados a la humanidad toda.

Como se comprende fácilmente, no tenía ningún sentido que mi interlocutor prestara la más mínima atención a mis argumentos. ¿Para qué? Según él, mis ideas no tienen aval científico, niegan la obvia catástrofe inminente, no representan el progreso y, para más inri, son fruto del egoísmo individual y el exclusivo interés particular.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

EN BUSCA DEL PLENO EMPLEO (pdf)

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/6/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/06/27/en-busca-del-pleno-empleo-pdf/

 

He solicitado a Juan Pablo Marcos de Unión Editorial la posibilidad de compartir el pdf de mi libro En busca del pleno empleo, y generosamente aceptó.

El libro fue publicado en 2010, y lo he utilizado en varios cursos de economía, teoría monetaria y bancaria y macroeconomía, como complemento de algún manual.

Acceda al pdf: En busca del pleno empleo

Espero sirva a nuestros lectores.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Sobre el aborto y los derechos individuales

Por Alberto Benegas Lynch (h)  Publicado el 26/6/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Sobre-el-aborto-y-los-derechos-individuales-20180626-0002.html

 

Como han explicado todos los científicos de valía encabezados hoy cronológicamente por el médico Luis F. Leujone de la Sorbona, la vida humana comienza con la fusión de los gametos masculino y femenino –la fecundación del óvulo- que aportan 23 cromosomas cada uno, lo cual da lugar a una persona en acto con 46 cromosomas, una estructura distinta del padre y la madre.

Sobre el aborto y los derechos individuales

Un embrión humano que contiene la totalidad de la información genética (ADN o ácido desoxirribonucleico). Una persona que tiene la carga genética completa en si misma, en potencia de cambios del mismo modo que les ocurre a todos en el transcurso de sus vidas.

 

La secuencia embrión-mórula-blastoncito-feto-niño-adolecente-adulto- anciano es un proceso lineal sin solución de continuidad de la vida humana. Solo recurriendo a la magia más rudimentaria puede desconocerse este hecho incontrastable. Como ha consignado el neurobiólogo Ángel S. Ruiz, antes o después de la anidación no se trata de una persona distinta.

 

La mujer sin duda es dueña de su cuerpo pero no del de otro ser y como la vida humana no aparece en los árboles, la forma de cuidar al nuevo ser es en el transcurso del embarazo de la madre.

 

Carece de sentido declamar sobre “la calidad de vida” o “la salud pública” si simultáneamente se extermina a una persona en el seno materno.

 

No cabe tampoco alegar procedimientos antihigiénicos para justificar la legalización  de dicho exterminio, del mismo modo que no se legalizaría un crimen para llevarlo a cabo de modo profiláctico.

 

La lucha contra el llamado aborto constituye un tema mucho más grave que la lucha contra la aberración de la esclavitud puesto que en este caso siempre hay la posibilidad de un Espartaco exitoso, mientras que el caso considerado resulta irreversible.

 

La pretensión de justificar la mencionada aniquilación debido a malformaciones sería similar a liquidar sordos o paralíticos.

Sostener que la criatura en cuestión es inviable por si misma es equivalente a lo que ocurre con ancianos.

 

La violación es el acto más monstruoso que pueda concebirse pero no permite la violación de otra vida que en su caso puede entregarse en adopción pero no matarla.

 

El primer derecho es el de la vida, no tiene sentido manifestarse a favor de “los derechos humanos” (una redundancia) y, al mismo tiempo, arremeter  contra la vida humana, lo cual no puede despenalizarse puesto que es lo mismo que concluir que ese acto debe quedar impune. Cual será la pena dependerá de la situación concreta y el contexto que evaluará el juez, desde un tirón de orejas a la cárcel.

 

Todos los debates son bienvenidos y necesarios al efecto de engrosar conocimientos, pero a esta altura discutir sobre si debe o no respetarse la vida suena incivilizado. Aunque lo dicho en esta nota nada tiene que ver con la religión, este debate me recuerda a lo acaecido en la Convención Constituyente santafecina en 1921 que derivó en una votación sobre la existencia o no de Dios.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Argentina: Lo que realmente emerge es una crisis importante

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 23/6/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-lo-que-realmente-emerge-49760.htm

 

La economía va mal, es la realidad -están las cifras incontestables- esa realidad de la que los argentinos siempre queremos escapar. Y preocupa el mal diagnóstico de muchos porque garantiza que nunca encontraremos la solución.

La opinión pública no tiene claro que el país cae porque el gobierno encaró, desde sus comienzos, una política “gradualista” hacia un mayor peso del Estado -impuestos, endeudamiento y tasas, inflación- sobre el sector privado, el que produce.

Y acudir al FMI lo ratifica, dado que el mercado natural no admite bancos estatales con lo cual, si el FMI fuera realmente “pro sector privado”, debería empezar por privatizarse. Para remate, buena parte de aquellos que la gente conoce como “liberales” y que supuestamente proponen una economía de mercado, han apoyado medidas contrarias al sector privado, como las elevadas tasas con el fin de “controlar” la inflación y el famoso slogan “hay que bajar el gasto”.

Bajar el gasto en estas circunstancias -sin un recorte proporcional en los impuestos, inflación y tasas- significa bajar ingresos de empleados públicos, jubilados y demás, bajar consumo, menos dinero volcado al mercado. De hecho, podemos olvidarnos del gasto siempre que seamos intransigentes en evitar que el Estado se financie con impuestos, inflación o endeudamiento/tasas altas porque estos métodos succionan fondos del sector productivo.

El gobierno debería desregular para que crezca la economía y pueda financiarse con un aumento de la recaudación sin que crezca la presión fiscal y debería vender las infinitas propiedades estatales -solo por mencionar algo, todo el subsuelo del país- para solventarse.

El dólar en el primer semestre ya escala 50%, básicamente debido a la inflación, y “obligó” al gobierno a convalidar tasas irracionales, del 47% para las Lebac a 27 días y aun así el BCRA solo pudo renovar el 60% -lejos del 80% de antes- del volumen del total que vencían. Era previsible ya que el mercado está saturadísimo de bonos y solo el lunes pasado Hacienda “secó” la plaza colocando dos por un total de $110.000 M.

Así, mientras el riesgo país sube los bonos argentinos están de remate y algunos lo consideran una oportunidad. Por caso, el emitido el 11 de enero con vencimiento en 2048, se negociaba a US$ 78,1, brindando un retorno total negativo este año de 18,8%, según Bloomberg.

Y sobre este endeudamiento, ahora el Directorio del FMI aprobó el desembolso de los US$ 50.000 M, cuyo primer envío de US$ 15.000 M podría llegar esta misma semana. Entre otras perlitas, el Directorio destacó que “el plan incluye medidas… manteniendo el gasto social y… abriendo margen para incrementar el gasto”. O sea, está anticipando que aumentará el peso del Estado.

Al Gobierno no le importa reconocer, al negociar este préstamo, que la economía crecerá 0,4% en 2018 o, cuando mucho, 1,4%. Descontado el crecimiento poblacional -1,5%- el PIB per cápita caerá y hay que agregar que, con la devaluación, el PIB medido en dólares sufrirá una corrección importante.

Y ahora llegó la recategorización a “emergente” que será más un impulso sicológico que real. Hace un año el MSCI decidió extender el período de consulta y entre junio 2017 y marzo 2018, el índice MSCI Argentina tuvo un rally alcista subiendo 28% en dólares. Pero, la mala realidad de la economía, solo disimulada con un “crecimiento” en 2017 a puro préstamo, se impuso y los papeles cayeron significativamente lo que probablemente, después de unos días de euforia, vuelva a ocurrir.

De acuerdo con Morgan Stanley, históricamente, las acciones de mercados de frontera en los 12 primeros meses del período de consulta -que para Argentina acaban de terminar-, los FM (Frontier Markets) obtienen en promedio un retorno relativo de +15% sobre los EM (Emerging Markets), rendimiento que sube a 38% en los 12 siguientes meses que van desde este anuncio a la implementación lo que para Argentina ocurrirá en 2019. Y en los seis meses siguientes, la performance de los mercados nuevos emergentes “cae” 18% con respecto a sus pares. Argentina hasta ahora demostró un desempeño peor.

En principio, las acciones más beneficiadas serán las que formen parte del MSCI Argentina Index. Hasta hoy, son 10: Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, YPF, Pampa Energía, Telecom Argentina, Grupo Supervielle, BBVA Banco Francés, Transportadora de Gas del Sur además de Globant y Adecoagro que no están listadas en la bolsa porteña. Morgan Stanley estima que el MSCI Argentina Index, con nueva categorización, pasaría a tener 12 integrantes ya que se sumarían Central Puerto, Loma Negra y Edenor y saldría Adecoagro.

Sea como sea, aun suponiendo que no se imponga la realidad de la mala perfomance de la economía, en principio, entrarían inversiones para comprar estos papeles por un máximo de US$ 10.000 M en el caso extremadamente optimista, muy poco para una economía a la que el FMI le presta cinco veces más y muchos creen que es poco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Caridad de los no caritativos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/3/18 en: https://www.elcato.org/caridad-de-los-no-caritativos

 

Carlos Rodríguez Braun señala la confusión que hay entre la caridad, que debe ser voluntaria, y el pago de impuestos.

Las transferencias en los modernos Estados democráticos no se destinan principalmente a los marginados: si así fuera, el gasto público sería apenas una fracción de lo que es en realidad. Si alcanza unos porcentajes tan elevados del PIB es porque obedece a otra lógica que no es la atención de los más pobres. Su financiación está muy alejada del modelo Robin Hood, descargando el coste de su fiscalidad y asignando las prestaciones de su gasto entre la mayoría de la población, con rentas no muy alejadas de la mediana. ¿Por qué no se subraya más el que la redistribución es un complejo entramado de idas y vueltas entre las llamadas clases medias, que aspira a maximizar rentabilidades políticas o lobistas, pero no sociales?

Este tema ha sido objeto de interés académico, y ha tenido alguna filtración en la política y los medios, por ejemplo, cuando se habla de “la cultura del subsidio”. Se ocupó de los incentivos contradictorios de las ayudas James Buchanan en su ensayo sobre “El dilema del Samaritano”. Pero quien fue co-fundador con él de la Escuela de la Elección PúblicaGordon Tullock, abordó directamente la cuestión de lo que llamó la caridad de los no caritativos.

Su hipótesis pasa por la disonancia cognitiva: las personas pensamos que está bien ayudar a los pobres, pero no queremos hacerlo tanto como decimos que sería bueno hacerlo. Preferimos, entonces, que lo haga el Estado, y de ahí que tanta gente condene la supuestamente malvada “caridad” y apueste valientemente por los “derechos” y el gasto público, en lo que es una confusión, puesto que sólo la caridad es virtuosa, al ser libre.

El proceso psicológico de racionalización que destaca Tullock funciona así: creemos que nuestra conducta es ética cuando en realidad no lo es, porque no hacemos mucho sacrificio real con lo que es nuestro, sino que aplaudimos que el Estado nos quite el dinero a todos. Así, podemos tener lo mejor de los dos mundos: parecer solidarios y no serlo.

¿Qué hacer? Tullock, economista y jurista, no está seguro de que se deba hacer nada: es una situación que satisface a los individuos, con lo cual, ¿por qué un gobierno democrático no habría de seguir esas preferencias?

Eso sí, para quienes se plantean hacer algo, hay tres alternativas. La primera es la que acabamos de apuntar: no hacer nada, seguir como siempre, y ser austeros con lo que es nuestro y generosos con el dinero de los demás. La otras dos alternativas son: procurar que la gente actúe personalmente como dice que sería bueno actuar, o que hablen como de hecho actúan. Él prefiere esta última, y sospecha que si lo hiciéramos “los pobres recibirían de hecho más dinero del que reciben ahora”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE