Archivos en la Categoría: Políticas Públicas

Groseros errores en el guión que le escribieron a Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/5/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/05/22/groseros-errores-en-el-guion-que-le-escribieron-a-cambiemos-2/

 

Sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina

Mauricio Macri (Fabián Ramella)
Mauricio Macri (Fabián Ramella)

Solo con ver algunos datos de Angus Maddison, podemos observar cómo Argentina pasó de ser un país desarrollado a un país subdesarrollado. Países que mirábamos por encima del hombro como si fuésemos unos fenómenos, nos pasaron como poste caído en los últimos 70 años e inclusive en menos de 70 años.

PBI per cápita

PBI per cápita

Comparando la evolución del ingreso per capita de Argentina con algunos países seleccionados, podemos ver lo dramático de nuestra caída o estancamiento, mientras el resto seguía creciendo.

Por ejemplo, en 1921 teníamos un ingreso per capita 24% superior al de España, y en 2016 España tuvo ingreso per capita 68,8% superior al nuestro Irlanda, cuya población emigraba por el escaso futuro que ofrecía su país, tenía un ingreso per capita que era el 57% de nuestro ingreso per capita. En 2016 Irlanda tuvo un ingreso per capita 198% más alto que el nuestro. Corea del Sur, país del cual aquí solían mofarse por los productos de baja calidad, tenía un ingreso per capita equivalente al 15,6% de nuestro PBI per capita y en 2016 pasó a tener un ingreso per capita 95% más alto que el nuestro.

La gente que habré escuchado decir: no se puede gastar en porquerías como los paragüitas de Taiwán. En la década del 70, teníamos un ingreso per capita 177% más alto que el de ellos. En 2016 Taiwán, con sus paragüitas, logró tener un ingreso per capita 126% mayor que el nuestro.
Como puede verse en la última línea de cuadro, todos los países seleccionados tuvieron un crecimiento del ingreso per capita superior al de Argentina.

Explicar nuestra larga decadencia da para un libro o un tratado, no obstante es bastante claro que la dirigencia política argentina ha generado un conflicto social permanente bajo el argumento de que la pobreza de unos se debe a la riqueza de otros. En otras palabras, el que es pobre, lo es porque otro es rico. La solución pasa, entonces, por redistribuir con “justicia social” la riqueza igualando hacia abajo.

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

Vidal, la política con mejor imagen en el país, cometió tres groseros errores de comunicación (Gustavo Gavotti)

La dirigencia política argentina se ha caracterizado por nunca hacerse cargo de sus actos y siempre señalar como culpable a otros. Lo hizo el kircherismo y se suponía que Cambiemos venía a cambiar ese discurso que en nada contribuye al crecimiento.

Los tres errores de Vidal

Lamentablemente, el marketing político de Cambiemos parece seguir ajustándose a los tradicionales discursos populistas y sin lógica económica alguna, al punto que María Eugenia Vidal, la política con mejor imagen en el país, acaba de cometer tres groseros errores de comunicaciónpor abusar del marketing político en vez de usar la lógica económica.

La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, que tiene una gran imagen positiva en la población, cometió el primer y grosero error al manifestar que Macri no podía describir en diciembre de 2015 la crítica situación que se había heredado del kirchnerismo, porque hacía falta endeudarse para financiar el gradualismo y si se contaba la verdad a los acreedores nadie le iba a prestar a Argentina para hacer el gradualismo.

Lo que nos está diciendo María Eugenia Vidal es que o Macri le mintió a los acreedores o que es un estafador porque les mintió a los acreedores. ¡¿Quién le escribe semejante guión a la gente de Cambiemos?!

Encima, es absolutamente insostenible ese argumento porque los acreedores, al igual que los economistas, sabíamos muy bien la pesada herencia económica que se recibía del kirchnerismo. Incluso, si fuera cierto el argumento utilizado por la gobernadora de Buenos Aires, entonces el presidente no habría cumplido con su obligación de dar el verdadero estado de la nación. No se le puede mentir al pueblo sobre los negocios de la nación para que el gobierno pueda beneficiarse aplicando una política económica determinada, que finalmente fue errada y agregó más problemas a los ya existentes.

El segundo error de Vidal consistió en afirmar que había encargado un estudio para ver quiénes estaban aumentando los precios injustificadamente, afirmando que esos aumentos desmedidos no le hacen bien al país. ¿Por qué cometió un error la gobernadora? Porque en la provincia de Buenos Aires el impuesto inmobiliario (por lo menos a mí que vivo en dicha provincia) me aumentó el 48,2% en los últimos 12 meses contra una inflación del 26% y desde que llegó al gobierno me incrementó el impuesto inmobiliario el 151,6% contra una inflación, en el mismo periodo, del 92%. Todo parece indicar que aquí no tuvo problemas con olvidarse del gradualismo y sacudir un incremento impositivo de esa magnitud.

Algunos podrán argumentar que se hizo un ajuste de los valores de las propiedades de acuerdo al precio de mercado. Sin embargo cualquier persona que haya hecho una operación inmobiliaria de una casa, sabe que los valores de tasación nada tienen que ver con los precios que finalmente se pactan en el mercado. Son sustancialmente menores. De manera que no se sabe qué criterio aplicó para hacer un ajuste que nada tiene que ver con el gradualismo.

La realidad es que el presupuesto de la provincia de Buenos Aires pasó de $246.207 millones en 2015, último gobierno K, a un presupuestado para este año de $629.963 millones, un incremento del 156% contra una inflación en el período del 110% si asumimos un 20% de inflación para este año. Es más, el presupuesto 2018 tiene un aumento del 20% sobre el presupuesto de 2017 contra una inflación original del 10% y luego del 15%, de manera que a la hora de gastar plata del contribuyente la política no entiende de gradualismo y mucho menos cuando llega el momento de incrementar los impuestos.

Tiene habilidad para ganar elecciones

Reconozco que la gobernadora y Cambiemos tienen gran habilidad para ganar elecciones, igual que la tuvieron otros partidos políticos hasta que la gente dijo basta (menemismo, los K, e incluso Alfonsín con el tercer movimiento histórico), pero a la hora de conocer el ABC de la economía uno se explica la decadencia que muestra el gráfico.

En economía no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios los que determinan los costos en los que pueden incurrir las empresas. Es lo que se conoce como teoría de la imputación, y no conocerla es su tercer error. El proceso es inverso. Primero la empresa ve qué precio está dispuesto a pagar el mercado por su producto y qué cantidad puede vender a ese precio y en base a los ingresos que estime podrá determinar en qué costos puede incurrir (mano de obra, insumos, costos fijos, etc.). En lo que hace a la tasa de rentabilidad, no empecemos de nuevo con el verso de si ganan mucho o poco porque la rentabilidad está atada al riesgo de hundir una inversión en Argentina. Además, siempre está el BCRA ofreciendo un 40% de tasa como para que alguien haga cuentas y decida si le conviene invertir en LEBAC o hundir una inversión y lidiar con la AFIP, ARBA, los sindicatos, cobrar las cuentas y demás riesgos empresariales.

En resumen, sería bueno que Cambiemos empiece a cambiar el discurso de confrontación que hundió a la Argentina. Ese discurso de los políticos de nunca hacerse cargo de los errores que cometen y siempre buscar algún culpable: el FMI, los formadores de precios, la especulación y mil discursos más, propios del populismo.

Siempre insisto en que el problema económico argentino es un problema de los valores que imperan en la sociedad. Esos valores son los de confrontar a la sociedad diciendo que la desgracia de unos es consecuencia de la ambición de otros. En nuestro caso, solo puede darse esa explicación mostrando la ambición de los políticos por ganar elecciones y mantenerse en el poder a costa del nivel de vida de la población.

Hay que salir del discurso de confrontación para comenzar a cambiar los valores que hoy imperan en la sociedad. En otras palabras, a Cambiemos, por lo menos, le está faltando un guionista que le escriba un discurso creíble y consistente. Diferente al populismo de los últimos 70 años.

Si Cambiemos es la generación que vino a cambiar la Argentina, no lo va a lograr con el mismo discurso populista que nos hizo pasar del desarrollo al subdesarrollo. Un viejo discurso para pretender ser la nueva generación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Anuncios

Nicolás Dujovne, frente a la tragedia de los comunes

Por Adrián Ravier.  Publicado el 22/5/18 en: http://www.notiar.com.ar/index.php/economia/85627-nicolas-dujovne-frente-a-la-tragedia-de-los-comunes-por-adrian-ravier

 

 

Garret Hardin escribió un artículo en 1968 titulado “La tragedia de los comunes” en el que describe una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda.

 

Se da un caso de trampa social en el que se enfatiza un conflicto social sobre el uso de los recursos comunes al implicar una contradicción entre los intereses o beneficios de los individuos y los bienes comunes o públicos. En palabras de Barry Schwartz: ¿Cómo escapar del dilema en el que muchos individuos actuando racionalmente en su propio interés, pueden en última instancia destruir un recurso compartido y limitado, incluso cuando es evidente que esto no beneficia a nadie a largo plazo?

La política económica argentina está presa hoy de esta misma tragedia tal como lo relató Hardin hace exactamente 50 años. ¿Quiénes son estos individuos y qué objetivos contrapuestos persiguen?

Objetivos comunes y contrapuestos

El objetivo común de todos los ministros del área económica es que la economía deje atrás décadas de estancamiento y emerja una sociedad pujante, insertada en el mundo. Para ello, es necesario sortear varios desequilibrios heredados alcanzando una serie de objetivos secundarios como el equilibrio fiscal (Nicolás Dujovne), la estabilidad monetaria (Federico Sturzenegger), un nivel de impuestos moderado o bajo (Leandro Cuccioli), una infraestructura energética y de transporte adecuada (Juan José Aranguren y Guillermo Dietrich) que permita alcanzar el potencial de producción (Francisco Cabrera) y de la agroindustria (Luis Miguel Etchevehere), con un tipo de cambio competitivo que permita el turismo (José Gustavo Santos) y garantice el pleno empleo (Jorge Triaca). Claro está que el Gobierno eligió un camino gradual para cubrir estos objetivos donde es vital el financiamiento externo (Luis Caputo), pero los desencuentros han sido la norma.

Algunos ejemplos recientes muestran las contradicciones entre ministros: Dujovne acepta la propuesta de la oposición y Cuccioli reglamenta el impuesto a la renta financiera propuesto por la oposición, pero esto complica a Caputo y el financiamiento del déficit fiscal; mientras se devalúa el dólar, Santos celebra que el turismo local se vuelve más atractivo, pero Sturzenegger se preocupa porque se acelera la inflación; mientras el propio Sturzenegger sube tasas de interés para evitar la crisis cambiaria, la actividad económica se resiente, y con ello Cabrera encuentra nuevos obstáculos para animar la producción, a la vez que Dujovne pierden puntos de recaudación; mientras Dietrich impulsa la obra pública en infraestructura para acelerar el crecimiento, el déficit fiscal financiero se incrementa, a lo que de nuevo Caputo debe encontrar financiamiento.

Gustavo Lopetegui y Mario Quintana coordinaban en los papeles a los Ministros, pero no parecían tener el poder suficiente.

Nicolás Dujovne acaba de ser elegido como el “Super-Ministro” de Economía que muchos pedíamos y es que los esfuerzos individuales no parecían confluir a buen puerto. Dujovne podrá vetar de aquí en más aquellas políticas que los distintos ministros propongan y vayan en contradicción con sus objetivos. Esto, a priori, nos deja tres buenas señales para el mercado: 1) su formación como economista lo muestra mejor preparado que Lopetegui y Quintana para cubrir esta función; 2) el Gobierno parece reconocer con esta “nueva función coordinadora” las incompatibilidades comentadas; 3) que sea Dujovne y no otro, prioriza de alguna forma que el foco esté puesto en Hacienda, es decir, en el desequilibrio fiscal.

Después de todo, si se reduce el desequilibrio fiscal, la autoridad monetaria reducirá la emisión de pesos tanto para monetizar el déficit fiscal como para comprar los dólares que adquiere el Tesoro al tomar deuda, además de que pueden empezar a evaluarse reducciones de impuestos. Sin emisión monetaria se baja la inflación y sin deuda externa se resuelve el atraso cambiario que promueve un enorme déficit de cuenta corriente. Sin inflación, ni atraso cambiario, y con menos impuestos se promueve la inversión, lo que fomenta el crecimiento, y con ello un mayor bienestar. La baja del gasto público puede postergar la inversión en obra pública e infraestructura, lo que puede resentir en el cortísimo plazo la actividad económica, pero el desafío es atraer inversión privada para estos sectores.

Nos demoramos dos años, pero finalmente el gobierno parece haber encontrado el origen del problema. Eso al menos puede deducirse del discurso del Presidente Macri, y de esta nueva función que adquiere el Súper-Ministro.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La trampa económica de la política

Por Eduardo Filgueira Lima: Publicado el 18/5/18 en: http://cepoliticosysociales-cepys.blogspot.com.ar/2018/05/la-trampa-economica-de-la-politica.html

 

¿Porqué los políticos tienen tendencia a gastar más de la cuenta?

Largos años de desaciertos políticos y económicos (los unos siguen a los otros) nos han sumido en condiciones de progresiva decadencia. Un 30% de pobres azota todos los días nuestras puertas.

Desde mediados de los años ´30 del siglo pasado el gasto público argentino ha tenido un peso creciente dado su constante incremento, en la política y la economía argentinas. Pero es en las últimas décadas cuando su peso relativo en términos de PBI se ha acelerado sustantivamente al compás de políticas populistas.

El incremento del gasto público puede acompañar tendencialmente al aumento de la población; o también ha sido utilizado como proceso de equilibrio compensador en situaciones de recesión de la actividad económica, aunque esto tuviera consecuencias deletéreas a mediano/largo plazo.

Pero en nuestro caso el gasto público ha sido el instrumento que la política ha utilizado para satisfacer crecientes demandas propias[1] y también de la población, en una asociación perversa en la que los unos resguardaron su supervivencia o perpetuación y los otros delegaron su voluntad, recibiendo a cambio los beneficios del Estado en forma de dádivas, protección o empleo público.

La Argentina se acostumbró así a vivir crecientemente dependiente del Estado. Eso mismo generó grupos cada vez más numerosos de privilegiados que pudieron vivir de sus prebendas y un pensamiento “estatista” que se instaló y perdura inconmovible, como si el estado pudiera hacerse cargo de todo, y dar satisfacción a todos, en todo tipo de demandas y sobre todos pudiera recaer el peso de sostener los beneficios que solo algunos usufrutuan.

Hemos reproducido a la perfección la “tragedia de los comunes”[2]. Porque los incentivos están puestos en maximizar intereses individuales explotando hasta extenuar recursos que son comunes, e inevitablemente limitados. El Estado ha quedado subyugado por diversos grupos de interés del que obtienen beneficios particulares. Este es el conflicto más pertinaz que condiciona las democracias[3]. El estado ha quedado así agotado para incluso cumplir con lo que elementalmente debiera.

Los argentinos pedimos cada vez más que el Estado nos dé,.. que el estado nos garantice,.. que el Estado nos proteja,.. que el Estado controle,.. que el Estado regule,.. que normatice, que cada vez tenga mayor intervención en cada una de las actividades de nuestras vidas. Pero sabemos también quejarnos cuando asumimos lo que ese estado elefantiásico que hemos creado nos  cuesta, sin comprender la contradicción implícita que significa pedir cada vez más y quejarnos después por tener que pagarlo.

Y todo ello con la complicidad de los dirigentes políticos para quienes agigantar el estado resultó un pingüe negocio porque les otorgó el rédito de “administradores sensibles del Welfare State”, resultando lo que más aprecian: adhesión y votos. Los incentivos están puestos en defective democracies[4] en las que se sostiene que la única rendición de cuentas son las elecciones, que ingentes recursos públicos sean puestos precisamente para obtener resultados electorales.

La trampa política populista es precisamente encontrarnos en la imposibilidad creciente de superar nuestras dificultades porque los unos demandan del Estado lo que los otros asumen como necesidad propia de otorgar. Mientras, otra parte de la población que no se encuentra en el grupo de privilegiados, debe soportar la mayor carga que le imponen ambos.

El problema es ideológico y cultural y por lo mismo es más difícil de superar. Demandas no son siempre necesidades y todos –cada vez más y crecientemente a medida que se reducen las oportunidades– se prendieron con avidez a obtener su cuota parte del Estado, que hoy está agotado y que no encuentra medios para financiarse, pero más grave aún constituye un enorme peso para el crecimiento y eliminar los graves problemas que nos agobian.

Hoy el gasto público supera el 42% en términos de PBI. Como muestra el gráfico siguiente y su incremento fue brutal desde 1993 (23%) a nuestros días.

[5]

El gasto público casi se duplicó en menos de treinta años. De lo que nunca se habla es el costo agregado –calculado hoy en deterioro social, político y económico– que esa conducta depredadora ocasiona.

De esta lógica perversa difícilmente pueda escapar el accionar político que requiere para permanecer de los votos de las mayorías. Y difícilmente puedan escapar los ciudadanos, que con este circuito obtienen prerrogativas inmediatas, sin percibir que a largo plazo disminuyen inevitablemente sus perspectivas futuras.

Porque el crecimiento del sector público se hace indefectiblemente a expensas del sector productivo y aún de toda la población, cualquiera sea su mecanismo de financiamiento: vía impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento (con las consecuencias nefastas que cada uno de estos medios de financiamiento ocasiona).

La lógica seguida por Cambiemos una vez en el gobierno, de manera poco disimulada consistió en recurrir a la obra pública para hacer lo que con seguridad hacía falta (dado el ingente deterioro que en infraestructura nos había dejado el gobierno anterior), pero también para inyectar recursos en un mercado deprimido y sometido a necesarias correcciones que creyó poder hacer con “gradualismo”.

Es comprensible ya que los políticos no son afectos a dar malas noticias y un keynesianismo ad-hoc pudo haber sido en este sentido un buen recurso político, aunque no se valoró lo suficiente que fuera un mal recurso en el largo plazo. La disyuntiva podría ser dilucidar si el “gradualismo” no es también en este esquema un disimulado hijo light del populismo.

Pero a su vez se debe decir que este gobierno ha logrado importantes avances en lo institucional. El índice de Calidad Institucional ha mejorado 10 puntos en dos años.

Muy probablemente, y a riesgo de entrar en peligrosas interpretaciones psico-sociológicas, el gobierno se vio en la necesidad de desmarcarse de las posiciones en las que la oposición política lo había colocado, “un gobierno de ricos para ricos, … De insensibles que llevarían a cabo un ajuste, … Qué eliminarían los planes sociales, …” Como se dice en la jerga corriente “los corrieron por izquierda, …” y tuvieron que parecer o ser más de izquierda que lo que muchos hubieran deseado. El gobierno termina así mostrándose temeroso de hacer las reformas necesarias.

Porque inyectar más recursos tuvo consecuencias en un tema que nos es muy sensible: la inflación, que resultó muy poco (o nada) elástica a la baja. A lo que contribuyó la emisión monetaria –instrumento estrella en el gobierno anterior– pero que en el actual creció 32% en 2016, lo que le puso desde inicio un piso elevado.

En 2017 creció el 27%[6]. En 2017 el BCRA le giró al Tesoro Nacional un total de $421.708 millones. Aunque del otro lado de la cuenta, el BCRA logró retirar del mercado por la vía de la esterilización $225.364 millones. Con lo que quiero decir que el gobierno, aunque recurrió al endeudamiento[7] para financiarse, no dejó de utilizar la emisión para ese fin.

En Argentina la emisión monetaria sube exponencialmente a partir de 2006 [8]. Y hoy la masa monetaria se ubica en el 28,9% del PBI[9]La presión que este proceso monetario ejerce sobre el valor de la moneda, impide una efectiva baja de la inflación. Y a menor productividad es el factor “escasez” el que entra en juego para la determinación de los precios.

La vía impositiva también está en su tope La presión tributaria consolidada pasó desde un 19% para el promedio de los años 90 al 32% del PIB en 2017. Por otra parte, dada la fuerte informalidad, la presión tributaria sobre el sector formal resulta de un nivel insoportable del 50% o superior a esa cifra, lo que ahoga la actividad productiva que es precisamente de lo que se alimenta el fisco.

Es muy probable que el gobierno haya subestimado algunos problemas que eran graves cuando asumió o es muy probable que haya desbordado de optimismo prematuro suponiendo que algunos problemas estructurales podían ser resueltos por vía de un decreto que impusiera entusiasmo.

Muchos problemas de la Argentina derivan de esa perversa asociación descrita sostenida durante muchos años y cuya más popular acepción es un elemental “populismo” político que tiene graves e inevitables consecuencias económicas[10].

El gobierno actual pensó resolver un problema tan complejo también con “gradualismo” para no verse tapado por las olas que supuso despertaría un necesario ajuste. “Acá nadie quiere perder nada. Tocás algo y te incendian el país”[11]

Pero finalmente entre la obra pública y los compromisos electorales asumidos pagados con empleo público (que se incrementó desaprensivamente), el gobierno no reaccionó frente a un gasto público desbordado y mantuvo políticas tan tramposas como las que se suponía venía a erradicar. El déficit del sector público, que llega hoy a 7% del PBI, es el resultado de haber ido mucho más lejos de lo lejos que ya se había llegado con un gasto público exorbitante.

En nuestro país de manera prevalente la gente quiere dar satisfacción a sus demandas de manera inmediata. Y quiere que esa satisfacción provenga del estado, porque no tiene otras posibilidades (estas son reales necesidades), o porque le resulta más rentable diluir sus responsabilidades en el conjunto (esto es oportunismo). ¿Como puede definirse claramente la línea que separa estos comportamientos?

Parece no entenderse que así se reducen las perspectivas futuras, que a más Estado mayores limitaciones a la actividad productiva. Que el estado debe cumplir funciones muy puntuales y específicas que no puede cumplir con eficiencia y mucho menos con las agregadas que le hemos impuesto.

Porque ello requiere financiamiento y la vía impositiva ha llegado a un tope insostenible. El peso del gasto impositivo no debe ser una carga que como una mochila nos impida avanzar. El costo de esa carga imposibilita el crecimiento porque limita el desarrollo de las actividades productivas que son esenciales (a la par que otros factores),  para equilibrar otra debilidad importante hoy como es la balanza de pagos, que se nos muestra hoy deficitaria[12].

Y la emisión monetaria (que fue el sustento del gobierno anterior y apenas un poco disminuyó en el actual) se traduce inevitablemente en inflación por lo que la única vía alternativa que quedaba, para sostener el fenomenal gasto que el anterior populismo ocasionó, fue el endeudamiento, …que no es gratis!

Hoy el presidente Macri ha mencionado que “no podemos gastar más de lo que tenemos”! Y se me ocurre decir que más aún, tenemos que gastar mucho menos que lo que estamos gastando: el déficit fiscal es un tramo en exceso del proceso del gasto, … pero finalmente detrás está el gasto público ya de por sí excesivo.

Con seguridad reducir el déficit fiscal[13] es un tema trascendente. Pero disminuir el gasto público requerirá de un esfuerzo mayor. No será fácil decidir aquellos rubros en los que puede reducirse el gasto sin conflictos sociales, pero es imprescindible. Obviamente es más sencillo escribir sobre la reducción del gasto público que hacerlo. Ni gobernadores, ni intendentes, … quieren ajustar su gasto, y siendo un país federal la mayor parte de las transferencias nacionales son automáticas.

El 30% de la PEA empleada trabaja para el gobierno (en sus tres estamentos) En Formosa, Catamarca, La Rioja, Jujuy, Santiago del Estero, Chaco y Corrientes hay más del 50% de la población empleada dependiente del estado[14]. La Fundación Libertad y Progreso ya ha expuesto sobre el peso que el empleo público tiene hoy y como se ha incrementado entre 2003 y 2017[15]

Si estas cuestiones no se corrigen las perspectivas de crecimiento, desarrollo y disminución de la pobreza se encuentran muy lejanos como objetivos y el costo será el subdesarrollo social y económico, porque la economía nos pasará sus facturas.

En días recientes hemos sufrido varios días de tensión minimizada por el gobierno y exacerbada por los opositores y muchos otros. Pero en su raíz el problema subsiste inconmovible. El incremento de tasa de interés en los EE.UU. y la populista imposición a la renta financiera[16] que se implementó en Abril de este año (por iniciativa de la oposición pero acompañada por el oficialismo), a lo que se sumó un dólar retrasado, alimentó los temores de una corrida de los tenedores de deuda hacia este último e incentivó la demanda. Finalmente los tenedores de deuda argentina renovaron en un 100% la misma. Pero el dólar alcanzó un nuevo piso,.. que probablemente no sea su techo. Tal como es previsible la vulnerabilidad argentina persiste.

Mientras pensemos que “la mejor política económica es la que permite ganar elecciones” y para ello la política recurra a cualquier medio, el problema será esencialmente político! Por lo que no debemos alarmarnos entonces que en cada oportunidad que tenga nos dé un sacudón la víctima: la economía!

 

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima

(MD, Mg.HS&SS, Mg.E&PS, PhD.PS)                       Buenos Aires, Mayo 18 de 2018

[1] Referencia a un mercado político que tiene incentivos alineados con su propio interés corporativo.

[2] Hardin, G. The Tragedy of Commons en Science, v. 162 (1968), pp. 1243-1248

[3] Buchanan, J. & Tullock, G “El cálculo del consenso” (1980)

[4] Merkel, W “Defective democracies” Centro de Estudios Avanzados de Ciencias Sociales. Paper N°132, 1999

[5] En: http://focoeconomico.org/2017/12/23/gasto-publico-en-argentina-1993-2017/

[6] Nadin Argañaraz y Bruno Panighel En Informe IARAF del 21 de Febrero de 2018 http://www.iaraf.org/index.php/informes-economicos/area-fiscal/213-informe-economico-5

[7] La deuda externa actual alcanza los u$s 250.000 mill. Casi un 42% del PBI

[8] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.CN?contextual=default&end=2014&locations=AR&start=2014&view=bar

[9] Banco Mundial en: https://datos.bancomundial.org/indicador/FM.LBL.BMNY.GD.ZS?view=chart

[10] Las acepciones político-culturales del término tienen otras raíces y se afincan en las denominadas democracias delegativas, según G. O´Donnell, en un primer estadio.

[11] Senador M. A. Pichetto La Nación (18/5/2018)

[12] En 2017 la cuenta corriente registró un déficit de US$ 8.738 millones, explicado por los saldos negativos de la balanza de bienes y servicios. https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/bal_03_18.pdf

[13] De los últimos 60 años, Argentina tuvo déficit fiscal (entre 3 y 7% del PBI) en 57 años. (J. L. Espert, 2018)

[14] Sipa. Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social En: http://www.trabajo.gob.ar/estadisticas/

[15] Fundación Libertad y Progreso https://radiocut.fm/audiocut/hablamos-con-agustin-etchebarne-economista-y-director-de-libertad-y-progreso-fmi-dolar-economia/ y en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/05/02/gasto-publico-inflacion/

[16] Decreto 279/18 que reglamentó la imposición a la renta financiera (5% para letras en $ y 15% para u$s)

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.

Cinco acciones para evitar otra crisis cambiaria

Por Adrián Ravier.  Publicado el 20/5/18 en:  https://www.lagaceta.com.ar/nota/771062/actualidad/cinco-acciones-para-evitar-otra-crisis-cambiaria.html

 

El problema central de la Argentina es fiscal. El gasto público es exacerbado. El Ministerio de Hacienda debe crear un programa fiscal que apunte a bajar el déficit financiero y no solo el primario

POSTURA. Sturzenegger reconoció el pedido del mercado de endurecer la política monetaria. Reuters.-

Hubo autocrítica. El presidente de la Nación Mauricio Macri y el titular del Banco Central de la República Argentina Federico Sturzenegger reconocieron errores en sus presentaciones tras la crisis cambiaria de los últimos días. Macri dijo que las metas inflacionarias eran demasiado ambiciosas, mientras que Sturzenegger reconoció el pedido del mercado de endurecer la política monetaria.

Lo cierto es que han pasado dos años y medio con escaso avance en materia inflacionaria y es poco lo que se espera que logren en 2019, un año electoral.

Al recorrer la historia reciente, uno observa un 2016 de correcciones con recesión; un 2017 de recuperación; y se esperaba hacia el primer trimestre de este 2018 un primer año de crecimiento real. Los analistas permanecimos críticos sobre la lenta baja en la inflación o la inacción fiscal, pero había cierto consenso en que la inflación podía bajar desde el 24,8 % que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) midió para el 2017, además de pronósticos de crecimiento de entre 2% y 3% de la actividad económica.

Tras la crisis cambiaria, las estimaciones de inflación superarían el 25%, mientras que la contracción económica, producto de las altas tasas de interés, generarían un crecimiento por debajo del 1,5%. La menor actividad económica reducirá la recaudación, lo que abre dudas también sobre las nuevas metas fiscales que el Ministro de Hacienda se propuso en medio de las turbulencias.

A continuación detallo las cinco políticas clave que entiendo la Argentina debe tomar para evitar otras crisis cambiarias ante cualquier “soplido” que llegue desde el exterior.

1 – El Ministerio de Hacienda debe crear un programa o regla fiscal que apunte a bajar el déficit financiero y no solo el déficit primario. Mientras el déficit primario baje a un ritmo menor que los intereses de deuda, el déficit financiero aumenta, como ha ocurrido en todo este tiempo.

2 – El problema central de la Argentina es fiscal. El gasto público es exacerbado. El oficialismo debe retroceder en la creación de los cinco Ministerios creados en estos dos años y medio de gestión. Aun mejor sería devolver a la Argentina a la estructura de diez Ministerios que existía cuando asumió Cristina Fernández de Kirchner en 2007. Recordemos que debajo de estos organismos se crean secretarías y subsecretarías que forman una estructura del estado gigantesca que es costoso financiar y provoca el resto de los desequilibrios.

3 – Sobre la base del punto 2, se puede alcanzar el equilibrio fiscal primario en el próximo presupuesto. Se requiere trabajar en estos meses en un Presupuesto Base Cero como el que han implementado muchas empresas y gobiernos en situaciones de desequilibrios como el que hoy tiene Argentina. Hay un cambio de ciclo en la economía global hacia menor liquidez que harán costoso el financiamiento de cualquier desequilibrio fiscal.

4 – En la medida que el gobierno recupere el equilibrio fiscal, podrá avanzarse en una reducción de la presión tributaria. Hay más de 100 impuestos en la Argentina, cuando sólo una decena explican la mayor parte de la recaudación. Argentina no puede pretender captar inversión local o extranjera, con este nivel de impuestos. Una reducción del IVA o Ganancias son necesarias, pero ingresos brutos o el impuesto al cheque deben eliminarse de forma inmediata.

5 – El Banco Central de la República Argentina debe recuperar su independencia y dejar de financiar al Tesoro. Debe iniciarse una transición para que la deuda en Lebacs se convierta en deuda del gobierno, lo que fortalecerá a la autoridad monetaria en su lucha contra la inflación.

No desconozco que debe trabajarse en una reforma integral del Estado. Pero si la Argentina se encamina hacia el equilibrio fiscal, el equilibrio monetario y cambiario llega solo, y ello da espacio para continuar con una reforma hacia el interior de la estructura del Estado para que obstaculice menos a la función empresarial y el proceso de mercado.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

A pocos años de la Revolución Soviética, Mises plantea el insalvable problema del cálculo económico en el socialismo

Por Martín Krause. Publicado el 20/5/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/05/20/a-pocos-anos-de-la-revolucion-sovietica-mises-plantea-el-insalvable-problema-del-calculo-economico-en-el-socialismo/

 

Recordemos que en ese Sistema no habría “precios” en el sentido económico ya que estos surgen de intercambios libres de derechos de propiedad, eliminados en el socialismo. Habría unos ciertos números definidos por los planificadores. Mises escribía esto a los pocos años de la Revolución Rusa (1922). Así comenta los problemas que enfrentarían:

Mises1

“Tratemos de imaginar la posición de una comunidad socialista. Habrá cientos de miles de establecimientos que trabajan continuamente. Una minoría de éstos producirá bienes listos para el consumo. La mayoría producirá bienes de capital y productos semimanufacturados. Todos estos establecimientos estarán estrechamente relacionados entre sí. Cada bien pasará por una serie de establecimientos antes de estar listo para el consumo. Sin embargo, la administración económica no tendrá realmente una dirección en medio de la presión de tantos procesos diferentes. No tendrá manera de asegurarse si tal o cual parte del trabajo es realmente necesaria, o si no se estará gastando demasiado material para completar su fabricación. ¿Cómo podría descubrir cuál de los dos procesos es más satisfactorio?

Cuando más, podría comparar la cantidad de productos entregados, pero sólo en contados casos podría comparar los gastos incurridos en su producción. Sabría exactamente, o creería saberlo, qué es lo que está tratando de producir. Por lo tanto, tendría que obtener los resultados deseados con el gasto mínimo. Pero para lograrlo tendría que sacar cálculos, y esos cálculos tendrían que ser cálculos del valor. No podrían ser tan sólo “técnicos”, ni podrían ser cálculos sobre el valor-uso de los bienes y servicios. Esto es tan obvio que no necesita pruebas adicionales.

Bajo un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción, la escala de valores es el resultado de las acciones de cada miembro independiente de la sociedad. Todos hacen un doble papel en ella, primero como consumidores y segundo como productores. Como consumidor, el individuo establece el valor de bienes listos para el consumo. Como productor, orienta los bienes de producción hacia aquellos usos que rendirán más. Es así como los bienes de un orden más elevado también se gradúan en forma apropiada a las condiciones existentes de producción y de la demanda dentro de la sociedad.

El juego de estos dos procesos garantiza que el principio económico sea observado tanto en el consumo como en la producción. Y en esta forma surge el sistema exactamente graduado que permite a todos enmarcar su demanda dentro de las líneas económicas.

Bajo el socialismo, todo esto no ocurre. La administración económica puede establecer exactamente qué bienes son más urgentemente necesarios, pero eso es sólo parte del problema. La otra mitad, la evaluación de los medios de producción, no se soluciona. Puede averiguar exactamente el valor de la totalidad de tales instrumentos. Obviamente, ése es igual al valor de las satisfacciones que pueden darse. Si se calcula la pérdida en que se incurriría al retirarlos, también se podría averiguar el valor de instrumentos únicos de producción. Pero no puede asimilarlos a un denominador común de precios, como podría ser bajo un sistema de libertad económica y de precios en dinero.

No es necesario que el socialismo prescinda totalmente del dinero. Es posible concebir arreglos que permitan el empleo del dinero para el intercambio de bienes de consumo. Pero desde el momento en que los diversos factores de producción (incluyendo el trabajo) no pudieran expresarse en dinero, el dinero no jugaría ningún papel en los cálculos económicos

Supongamos, por ejemplo, que la comunidad de países socialistas estuviera planeando un nuevo ferrocarril. ¿Sería ese nuevo ferrocarril realmente conveniente? Si lo fuera, ¿cuánto terreno debería servir? Bajo el sistema de propiedad privada podríamos decidir esas interrogantes por medio de cálculos en dinero. La nueva red de ferrocarril abarataría el transporte de determinados artículos, y en base a ello podríamos calcular si la diferencia en los cargos de transporte justificaría los gastos de construcción y funcionamiento del ferrocarril. Un cálculo así sólo podría hacerse en dinero. No podríamos hacerlo comparando gastos y ahorros en especies. Es absolutamente imposible reducir a unidades corrientes las cantidades de trabajo especializado y no especializado, el hierro, carbón, materiales de construcción, maquinaria y todas las demás cosas que exige el mantenimiento de un ferrocarril, por lo cual es imposible también reducirlos a unidades de cálculo económico. Sólo podremos trazar planes económicos cuando todo aquello que acabamos de enumerar pueda ser asimilado a dinero. Es cierto que los cálculos de dinero no son completos. Es cierto que presentan grandes deficiencias, pero no contamos con nada mejor para reemplazarlos, y, bajo condiciones monetarias seguras, satisfacen todos los objetivos prácticos. Si los dejamos de lado, el cálculo económico se hace absolutamente imposible.

No queremos decir con esto que la comunidad socialista se encontraría totalmente desorientada. Tomaría decisiones a favor o en contra de la empresa propuesta y dictaría una orden. Pero, en el mejor de los casos, esa decisión se basaría tan sólo en vagas evaluaciones. No podría basarse en cálculos exactos de valor.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Trump y el gasto social

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/trump-y-el-gasto-social/

 

Leí hace un tiempo en El País este titular: “Trump dispara el gasto militar y apuesta por el muro a costa de los programas sociales”. Convengamos que aquí hay destreza retórica para subrayar la perversión del personaje. Es evidentemente un matón, un hombre agresivo y belicista; además, es un xenófobo, porque pretende construir un muro, nada menos, con objeto de impedir la inmigración ilegal; y, por fin, quiere reducir el gasto “social”, es decir, el gasto que el Estado realiza con dinero que extrae a la fuerza de la sociedad. Vamos, que es lo peor de lo peor.

La propaganda y los prejuicios contra Trump son mayores que bajo ningún otro presidente americano de los últimos tiempos, salvo Reagan, también caracterizado en su día como el gran enemigo de la paz mundial, cuando resultó que fue el gran enemigo del mayor enemigo de la paz y la libertad en el mundo: el comunismo.

Un prejuicio notable, que recoge El País, es el de considerarlo un desalmado enemigo de los inmigrantes. Estuve recientemente en Melilla, y tuve la oportunidad de recorrer su conocida valla. Pensé entonces que todos los que en España se ponen estupendos contra Trump y su muro podrían darse una vuelta por Melilla, y repetir desde la valla sus discursos tan progresistas. Resulta, en efecto, sumamente hipócrita despellejar a Trump y acto seguido asegurar que España es diferente, y que aquí sí debemos regular la inmigración. En fin.

En cuanto al gasto, la manipulación también es destacable. Empecemos por el gasto militar. En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín —no es casual la hostilidad de la izquierda hacia Thatcher, Reagan y Juan Pablo II—, ese capítulo representaba el 26,5 % del gasto total. Después bajó considerablemente. Es cierto que Trump propone subirlo, pero incluso con esa subida alcanzará el 15,6 % el año próximo, es decir, habrá caído prácticamente once puntos porcentuales en tres décadas.

Y ¿qué decir del famoso y benévolo gasto social, tan escuálido en Estados Unidos, y que el pérfido Trump quiere desmantelar? Pues que dos de cada tres dólares del gasto federal son gasto social. Lo que el presidente americano quiere hacer, como subrayó el Wall Street Journal, no es reducir el gasto social sino bajar impuestos y eliminar parte de las trabas burocráticas que padecen los empresarios y los trabajadores norteamericanos —no son tantas como aquí, pero desde luego son muchas y contrastan con la imagen de país liberal que habitualmente se propaga.

El gasto social en Estados Unidos —Medicare, Medicaid y la Seguridad Social— representaba en 1989 el 47,7 % del gasto total, y el año próximo, con los supuestos recortes salvaje de Donald Trump, llegará al…69,2 %.

En otras palabras, es todo un camelo: Trump subirá el déficit, con lo que planteará una vez más, igual que Reagan y otros, un problema si la economía no crece lo suficiente. Pero ese déficit, y el gasto público, no se explican por la defensa, ni por el muro, sino por el gasto social.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Gradualismo: una discusión absurda

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/5/18 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2018/05/gradualismo-una-discusi%C3%B3n-absurda.html

 

Todo en la vida es gradual. Como no está al alcance de los mortales la perfección, el proceso vital consiste en uno de prueba y error en el contexto del evolucionismo ya que el conocimiento es siempre provisorio sujeto a refutaciones. Nada hay entonces fuera del gradualismo. En esta Tierra no alcanzamos un punto final. Estamos siempre en tránsito.

En materia política el asunto consiste en establecer el ritmo de lo gradual en base a la comprensión de que la lentitud demora los beneficios para todos pero muy especialmente  para los más necesitados puesto que la demora en cortar gastos públicos inútiles agrava la pobreza. Por el contrario, la rapidez en eliminar erogaciones improductivas libera recursos que indefectiblemente se colocan en manos privadas que inexorablemente consumen o invierten,  en  cualquier caso reasignan valiosos recursos humanos para llevar a cabo tareas que apuntan a socorrer necesidades insatisfechas.

El empresario, siempre atento a la  posibilidad de nuevos arbitrajes al efecto de incrementar sus ganancias, es el primer interesado en capacitar recursos humanos que permitan lograr esos objetivos. Las necesidades son ilimitadas y los factores de producción escasos, de allí la imperiosa necesidad de economizar. Si estuviéramos en Jauja, si hubiera de todo para todos todo el tiempo, no habría que esforzarse en producir.

Claro que todo  en la vida tiene un costo. El que va al cine tiene que dejar de lado su segunda prioridad, es lo que los economistas denominamos costo de oportunidad. Nada puede hacerse sin incurrir en costos. En el caso que nos  ocupa, quienes dejan de percibir en el primer momento ingresos, por ejemplo, empleados públicos innecesarios,  esto es más que compensado por el efecto global sobre la economía al evitar el derroche, lo cual incluso beneficiará a los funcionarios despedidos como consecuencia de una economía más robusta.

Pero lo más importante es el efecto sobre los trabajadores marginales quienes son los principales beneficiarios del aumento en las tasas  de capitalización merced a los consecuentes ahorros, situación que se traduce en la única causa de aumentos en salarios e ingresos en términos reales.

Como he consignado en otras oportunidades, me parece del todo inadecuado proponer políticas de shock como remedio a una situación económica difícil puesto que precisamente de lo que se trata es de evitar shocks en los que está inmerso el ciudadano cuando se arrastran largos momentos de crisis recurrentes.

Tampoco estimo pertinente aludir a la necesidad de ajustes puesto, que por la mismas razones, las personas viven ajustadas en medio de tormentas periódicas, lo que en verdad se requiere es la eliminación de ajustes.

Es que los gobernantes suelen replicar la mentalidad que prevalece en la opinión pública y si ésta se encuentra en un marasmo de confusiones en cuanto al rol de los aparatos estatales, no resulta posible una parición en niveles gubernamentales que resulten  de una factura diferente. Si prevalece la confusión es raro que los gobernantes sean los iluminados.

La educación en valores y principios compatibles con una sociedad abierta constituye la faena central si se quieren obtener consecuencias perdurables, es decir, progresos morales y materiales sustentables.

La demora en adoptar medidas de fondo conspira contra la posibilidad de revertir situaciones complicadas. En realidad, las dificultades en la comprensión  de lo dicho se debe a que muchos piensan  que el asistencialismo por parte de los aparatos estatales, esto es, el uso de dineros coactivamente  detraídos del fruto del trabajo ajeno, pueden en verdad ayudar cuando significan colocar en los destinatarios y a sus compatriotas piedras en sus cuellos y tirarlos al río de la desesperanza y la negación de la autoestima, amén de los daños muchas veces irreparables que provocan a sus semejantes.

No hay magias en economía, dos más dos son cuatro. El voluntarismo y la demagogia siempre conducen a fracasos estrepitosos. Circunstancialmente se podrán ganar elecciones, pero a la larga surgen los estropicios con todos los vahos hediondos que provocan los despilfarros y las cuentas públicas desordenadas, las manipulaciones monetarias y los endeudamientos  crónicos.

Como escribe Michael Polanyi, ningún mapa puede leerse a si mismo, para saber el rumbo se torna necesario consultar el mapa, de lo contrario, la improvisación asegura el extravío. Igual ocurre con las bibliotecas, si no se consultan resultan superfluas.

Entonces paremos el debate inútil del gradualismo y no dejemos que gobernantes se escuden en esa fachada sin significado alguno y apuntemos a concretar medidas que saquen a la gente de problemas graves. Cuando los gobernantes se postulan  para el cargo es porque piensan  que pueden resolver problemas y no pasarse el tiempo buscando excusas, explicaciones infantiles y fabricar embates contra enemigos inexistentes.

Tal vez el daño más severo que se infringe en estos contexto parte de los aplaudidores de siempre que buscan justificativos inauditos para apañar errores garrafales de funcionarios públicos ineptos. Son, sin  embargo, estos personajes inefables los primeros en traicionar la causa y ubicarse rápidamente en la vereda de los próximos gobernantes.

Los hay también aquellos que hacen de cortesanos del poder de turno pero cuando se hunden sus favoritos circunstanciales declaman que el país en cuestión es invivible y que, por tanto, anuncian que se mudarán de país. Son los infantables garroneros que pretendieron vivir a expensas de quienes se esforzaron en difundir los valores de la libertad en su país de origen y ahora quieren repetir la operación instalados en nuevos horizontes. Si todos  actuaran como estos tilingos, solo queda el mar con los tiburones al acecho.

Todos hemos escuchado a quines se pronuncian diciendo que quieren vivir en paz con sus familias, su trabajo, preservar sus domicilios y pertenencias varias, deportes, viajes y recreaciones como si todo eso viviera de la  estratósfera y de modo automático. No se percatan que el respeto que se merecen no viene por casualidad y que la libertad es una causa que hay que defender cotidianamente. Con  mucha razón ha sentenciado Jefferson que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. Las manifestaciones anteriores revelan una irresponsabilidad a prueba de balas.

Muy acertado Ortega y Gasset cuando escribió en su obra más conocida que “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa usted por sostener la civilización… se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira usted a su derredor todo se ha volatilizado”.

No es extraño que se pregunte que puede hacerse para contribuir a que se nos respete, a lo cual todos estamos interesados independientemente de a que nos dediquemos, sea a la jardinería, la pintura, la danza, la economía, el derecho, la arquitectura, la medicina, el ama de casa, el deporte o  lo que fuera. Desde luego que nada más fértil que la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero no es ni remotamente lo único posible. Las reuniones con formatos de ateneos en casas de familia en grupos chicos para debatir periódicamente un libro provechoso constituye unas de las vías más productivas fuera de lo expuesto en primer término, ya que se traduce en efectos multiplicadores en los trabajos, las reuniones sociales, en los  propios núcleos familiares y similares.

Una forma más sistemática y abarcativa es el establecimiento de fundaciones e instituciones al efecto de publicar y dictar seminarios que congregan a públicos más amplios y toda otra forma de estudiar y hacer conocer los principios de una sociedad libre en sus aspectos filosóficos, jurídicos, históricos y económicos. Y para el que de una manera u otra no participa en esas actividades, donar de su propio peculio para que otros puedan dedicarse a esas faenas nobles. En otros términos, no hay pretexto posible para zafar del deber irrenunciable de la defensa propia y de los seres queridos.

En todo caso, las  trifulcas en torno al gradualismo no conducen a ninguna  parte puesto que, como queda dicho, todo  en  la vida es gradual, el asunto es arremangarse y proceder en consecuencia para resolver problemas lo antes  posible y nunca confundir  los pasos en la ejecución de una medida con la inacción, el apoltronamiento y las telarañas mentales. Y mucho menos con el gradualismo al revés como sucede en no pocos casos en  los que se agravan los problemas que generalmente residen en gastos públicos elefantiásicos, cargas impositivas insoportables, déficit fiscales astronómicos, inflaciones imparables, regulaciones asfixiantes y deudas estatales internas y externas exorbitantes.

Como ha explicado en detalle el sacerdote James Sadowsky, la caridad consiste en la ayuda material y en el apostolado y de las dos es mucho más efectiva y duradera la segunda por aquello de que “es mejor enseñar a pescar que regalar un pescado” puesto que como consigna Michael Novak “es preciso subrayar que la sociedad no operará bien si todos sus miembros siempre actuaran basados en intenciones benevolentes”, es decir, si todo el sistema se basara en la caridad respecto a bienes materiales. Por otra parte como destaca Tibor Machan “solo se puede ser generoso si previamente existe el derecho de propiedad” ya que la solidaridad tiene sentido con recursos propios, por ello es que el mal llamado “Estado benefactor” es una contradicción en términos, entregar recursos de terceros por la fuerza no es beneficencia sino que constituye un atraco, “robo legal” como lo definía el decimonónico Frédéric Bastiat.

En resumen, el gradualismo está fuera de la cuestión, lo trascendente es limitar  el poder político a sus funciones primordiales de asegurar los derechos de cada cual a través de justicia y seguridad, misiones que habitualmente no cumplen los gobiernos por ocuparse de tareas que no le competen en un sistema republicano con la pretensión de administrar por la fuerza vidas y haciendas ajenas. Una cosa es el gradualismo, como decimos inherente a la condición humana, y otra son tortugas incompetentes que “hacen la plancha” en los temas que realmente importan.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LOS ERRORES DE LA ARGUMENTACIÓN PRO-ABORTO DE CARLA YUMALTE HOY EN “LA NACIÓN”.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2018/05/los-errores-de-la-argumentacion-pro.html

 

Hoy Carla Yumatle publica esto en La Nación: “…Los argumentos que consideran al embrión persona basados en su potencial y totalidad orgánica están subordinados normativa y fácticamente al uso del cuerpo de la mujer. La potencialidad sobre la cual se sostienen depende enteramente de la utilización del cuerpo de otra persona que ya existe. No hay consumación factible de la persona potencial sin la simbiosis física con una persona existente. El devenir de esa potencialidad no es autónomo ni autosuficiente, y por lo tanto la idea de un organismo completo es equívoca e inexacta”.

Su argumentación es incorrecta. Primero, los argumentos a favor de que el embrión humano es ya un ser humano no se basan en que es en potencia un ser humano, sino que es un ser humano en acto: por eso hablamos de embrión humano, como una etapa del desarrollo del ser humano. Para desarrollarse como humano tiene que ser ya humano, de lo contrario se desarrollaría como otra cosa.

Dado que el embrión es un ser humano en desarrollo, y dado que cuando el ser humano nace también es un ser humano en desarrollo, es incorrecto aplicar para esos casos la categoría biológica de simbiosis, que se da para organismos no humanos en los casos de mutualismo, comensalismo y parasitismo. Sobre todo, la última: el embrión no es un parásito, pues su esencia consiste en desarrollarse para salir del cuerpo de la mujer, sin desarrollarle necesariamente problemas de salud.

Por último, cuando el ser humano nace, no es autónomo ni autosuficiente. Incluso, dada la sociabilidad intrínseca, aunque compleja, del ser humano, podríamos preguntarnos cuándo un ser humano es autónomo y autosuficiente, sobre todo porque en los dramáticos casos donde los niños se han desarrollado fuera de la sociedad humana, el daño físico y psicológico es (hasta ahora) irreversible.

Por lo tanto, creo que la noción de “completo” que maneja la autora es errónea. En el sentido del “desarrollo”, un niño que nace es muchas cosas menos “completo”. Es más, ¿cuándo un ser humano es “completo”? ¿Cuándo actualiza totalmente sus potencialidades como humano?

 

Una vez más, en los argumentos pro-abortistas se ven errores filosóficos muy habituales que mal-entienden elementales nociones ontológicas como esencia, accidente, acto, potencia, etc…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Argentina creíble

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/argentina-creible/

 

Con el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, la Argentina ha crecido, se ha abierto al mundo, y ha ganado respetabilidad y credibilidad, entre otras cosas por la comparación con el deplorable kirchnerismo. Hoy esa valiosa credibilidad se ve amenazada.

Macri no afrontó todo el desastre que heredó, sino solo parte. Dejó de mentir en la inflación y ajustó las tarifas de los servicios públicos más a su coste real, superando así otra mentira de la demagogia kirchnerista. Pero no se atrevió a reducir apreciablemente el gasto público, que sus antecesores habían expandido, creando una tupida red clientelar de simpatizantes y también de militantes radicalizados, dispuestos a sabotajes de toda suerte.

A la decisión crucial de no bajar el gasto público la acompañaron otras medidas de gran peligro potencial, como la subida de impuestos y de la deuda pública, la expansión monetaria, y la represión del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria. No ha sido la primera vez que tal estrategia es adoptada con tal de no bajar el gasto, y siempre ha abocado tarde o temprano a estallidos y crisis de inflación, deuda o balanza de pagos.

El macrismo insistió —como suelen hacer los gobiernos temerosos de plantear las reformas necesarias— en que no podía hacer más, y defendió el “gradualismo”, definiéndolo como lo mejor para el país, cuando en realidad es lo mejor para un Gobierno que no puede, no quiere o no sabe coger el toro por los cuernos. Los economistas liberales argentinos señalaron los problemas de insostenibilidad de la estrategia de Macri, sólo para recibir la habitual respuesta que combina arrogancia, indiferencia o desdén. Pero la razón ha terminado del lado liberal, y la crisis ha llegado.

La oposición peronista despotrica ahora contra el gobierno de Macri, acusándolo de “venderse al FMI”, lo que no deja de ser doblemente paradójico. Primero, porque, como recordó el economista argentino Roberto Cachanosky, los gobiernos peronistas han sido los que más acuerdos han firmado con el supuestamente perverso FMI, institución que, según dice esta semana el Economist, “tiene tanto miedo a Argentina como la Argentina al FMI”. Pero, en segundo lugar, el recurso al FMI es, como siempre, un truco para no bajar el gasto público, que es lo que los gobiernos se ven forzados a hacer si nadie les presta a tasas que no sean estratosféricas: para eso fue inventado el FMI, para facilitarles las cosas a los Estados. Para guardar las apariencias, pide ajustes que siempre se traducen en más impuestos —y algunos lo siguen llamando “liberal” cuando no lo ha sido nunca.

La clave, por supuesto, es si esto será suficiente dada la precaria situación de la Argentina, con una elevada inflación y con un alto porcentaje de su deuda denominada en divisas. La credibilidad del país está en juego. Otra vez.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

La gran falacia del “ajuste necesario”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/14/la-gran-falacia-del-ajuste-necesario/

 

Los conservadores argentinos, debido a su proverbial desconocimiento de cómo funciona el mercado natural, insisten en falacias y recomendaciones que convienen al “establishment” pero que perjudicarían severamente al país. Claramente buscan conservar los privilegios: los oligopolios, como el financiero, y prebendas como crédito barato apalancado desde el Estado, etc.

La primera falacia es la de la “herencia recibida”. Sin dudas, Macri recibió un país en pésima situación en todos los órdenes, no solo en economía. Pero esto no justifica la caída en el PIB del 2.3% que ocurrió en 2016, según datos oficiales. El nivel que dejó el gobierno anterior es un piso desde el que Argentina debió levantarse inmediatamente de haber seguido -aunque sea un gradual y lento- camino hacia una economía de mercado.

Lo bueno -la tendencia hacia una economía de mercado natural- solo puede tener resultados buenos, es simple lógica, y la lógica es una ciencia. Por caso, aunque al sector agropecuario se le redujeron -reales- solo en 25% los impuestos a la exportación –“retenciones”-, y a pesar de que parte de este alivio se esfumó debido a la inflación y otros aumentos, aun así, el sector creció notoriamente, en tiempo real, a tal punto que produjo una catarata refleja que significó que la venta de maquinaria agrícola creciera 27% en 2016, respecto de 2015.

Queda claro, que si el resto de la economía cayó fue sencillamente porque no solo que no se aplicaron medidas -ni “gradualistas” ni de ninguna especie- promercado, sino todo lo contrario: aumentó la presión fiscal total y el peso -en general- del Estado sobre el sector privado.

La segunda gran falacia de los conservadores -a los que ahora se suma el FMI- es que es necesario un “ajuste” -que sería “doloroso”- para llegar a una economía sana. Esto es falso de toda falsedad, es incoherente, ofende a la lógica – ¿lo malo trae bueno? – y es extremadamente peligroso porque provocaría el rechazo frontal de la sociedad que terminaría apoyando políticas más estatistas, de izquierda o de derecha.

El torpe “caballito de batalla” de los conservadores es que todos los males de la economía parten del déficit fiscal. Y, entonces, aseguran que la primera y fundamental medida del gobierno debe ser recortar el gasto. Proponiendo, básicamente, el despido de empleados y la baja en los montos de las pensiones. El despido en estas circunstancias provocaría un aumento del desempleo y una caída del salario real, y la baja de las jubilaciones una gran injusticia, sin que se produjera un mejoramiento inmediato de la economía nacional.

La realidad es muy distinta. El problema no es el déficit fiscal en sí mismo sino el modo como se financia, ya que, si se financia con exagerada emisión monetaria o con endeudamiento o con suba de impuestos, la economía cae como ha venido sucediendo.

La solución del mercado natural a la situación actual es la siguiente. El déficit del Estado argentino ronda los US$ 23.000 millones anuales. Lo primero que debe hacerse es empezar a desregular toda la economía de modo que se expanda aumentando la recaudación sin subir la presión fiscal y, por ende, disminuyendo el déficit. El resto puede solventarse fácilmente con privatizaciones y venta de propiedades estatales por varios años.

Para que las privatizaciones sean políticamente viables hay que adoptar tres criterios: primero, vender propiedades de bajo impacto en la opinión pública (el gobierno ya vendió algunas por un monto que ronda los US$ 300 millones y nadie se alteró). Segundo, realizar una campaña de difusión que explique con honestidad cuál es la situación. Y tercero, privatizar de manera “popular” al estilo de Margaret Thatcher.

Por ejemplo, supongamos que la petrolera estatal -YPF- vale unos US$ 10.000 millones. Se pueden emitir 10 millones de acciones por valor de US$ 1000 cada una y pagar a empleados públicos y proveedores del Estado -que voluntariamente acepten- con esas acciones.

Una vez compensado el déficit de modo genuino, al bajar la inflación y el endeudamiento estatal, el PIB crecerá, ahora sí, genuinamente (no como en 2017). Durante ese tiempo debe desregularse aún más toda actividad económica liberando la creatividad del mercado. Y, fundamentalmente, como se hizo en los EE.UU., se debe desregular completamente la actividad sindical de modo de quitarle la fuerza política y convertir a los sindicatos en meras mutuales de ayuda al obrero.

Ahora sí, pueden eliminarse las leyes laborales y esto sumado al crecimiento genuino de la economía provocará un aumento en la demanda privada de mano de obra absorbiendo naturalmente -sin despidos- a los empelados públicos. Y entonces podrá reducirse sustancialmente la carga fiscal, potenciando aún más el crecimiento de la economía lo que debería aprovecharse para desregular -y privatizar- completamente el sistema de pensiones.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.