Soluciones y perspectivas pensadas

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/9/19 en:  https://www.libremercado.com/2019-09-01/carlos-rodriguez-braun-soluciones-y-perspectivas-pensadas-impuestos-88656/?_ga=2.157431742.587375510.1567393952-1317259902.1561938620

 

Por recomendación del distinguido periodista canario Antonio Salazar pude leer un interesante artículo en Canarias7 sobre doña Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de la ULPGC:

Un referente en el país y fuera de él en economía de la salud, fue incluida en el Top 100 de Mujeres Líderes en España dentro del área de expertas y pensadoras.

Como muchos otros pensadores, la profesora González López-Valcárcel tiene la solución a los problemas de la salud: subir los impuestos. Recomienda más gasto público en sanidad y dependencia, y que paguen más las grandes empresas. Por pagar más, quiere que paguen más los millones de ciudadanos que toman gaseosas, poniéndoles un impuesto.

Palabras grandilocuentes no le faltan

Queremos cambiar el mundo (…) Queremos vivir en una sociedad decente, no en una que deja morir en la calle a personas solo por no tener papeles (…) Siempre hay mejoras en la salud cuando la sociedad es más igualitaria y más justa. Lo que dice que a un país le va bien es el nivel de renta y su distribución, y en España estamos tendiendo a una cada vez más desigual.

Esto resulta dudoso en la medida en que es cuantificable. Digamos, “cambiar el mundo” no significa nada, puesto que uno puede cambiarlo para mal, y de hecho hay una larga tradición política que así lo prueba. Equiparar igualdad y justicia deja muchos supuestos en el aire; y las investigaciones sobre la desigualdad en España no concluyen lo que afirma la doctora González López-Valcárcel.

Veamos la lógica con la que enlaza su retórica emocional. Si España ha de ser “decente”, dice doña Beatriz que hay que aumentar el gasto público en sanidad para atender a todos, con o sin papeles.

Para subrayar su posición, apunta: “Tenemos claro que nuestro papel no es ahorrar, sino hacer las cosas bien para tener salud”. Esta es una frase notable, que conviene tener presente junto con su pretensión de analizar “desde todas las perspectivas y todos los ángulos científicos un objetivo común, la salud”.

Pero la profesora no está analizando el asunto desde todas las perspectivas, porque no dice ni una palabra de las personas que pagan el gasto público. Para ella no importan, porque si su papel “no es ahorrar”, entonces lo que está recomendando es imponer una suerte de ahorro forzoso a los contribuyentes, que se quedarán con menos recursos porque doña Beatriz quiere “hacer las cosas bien”.

Está claro que a ella le parece bien que usted, señora, pague aún más impuestos. Y no analiza los límites de la coacción fiscal, porque para ella no hay límites sino “un objetivo común, la salud”. Ante ese objetivo, parece que sólo cabe que las pensadoras y los pensadores piensen en los efectos plausibles del mayor gasto y los mayores impuestos: ¿o no es bueno atender a los enfermos?, ¿o no es bueno “luchar” contra “epidemias” como la obesidad? En cambio, las pensadoras y los pensadores pueden pasar por alto, porque para ellos son detalles menores, tanto la justificación de los impuestos como el análisis de sus consecuencias para las vidas y haciendas de las ciudadanas y los ciudadanos, las personas físicas y las jurídicas. Esa perspectiva no cuenta.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

 

La Escuela Austríaca de Economía (6° parte)

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  

 

“Proposición 7: La competitividad en el mercado es un proceso de descubrimiento empresarial. Muchos economistas consideran la competencia como un estado de cosas (state of affairs). Sin embargo, el término “competencia” evoca una actividad. Si la competencia fuera un estado de cosas, el empresario no tendría ningún papel que jugar. Pero, puesto que la competencia es una actividad, el empresario tiene un gran rol que ocupar. En efecto, el empresario es el agente de cambio que empuja y arrastra los mercados hacia nuevas direcciones.”[1]

Que haya economistas que consideren a la competencia como un estado de cosasindica que la imaginan como algo estático y externo a la actividad empresarial, y aun a la economía misma. Sin embargo, esta no es la realidad. La competencia es un proceso de descubrimiento como lo enseña Friedrich A. von Hayek y, necesariamente, ese proceso de descubrimiento ha de ser dinámico, no estático. Caso contrario, no podría darse. Y, adicionalmente, en un mundo dinámico es difícil -sino imposible- pensar las cosas como estáticas, ya que ni siquiera en el campo de las ciencias naturales sucede de dicho modo. Por lo demás, no hay que perder de vista que la competencia es un hecho natural que nace de la escasez. En un mundo de sobreabundancia no habría que competir por nada, porque todo estaría a disposición de todos en las cantidades suficientes. Pero, dado que dicho mundo no existe y las necesidades superan siempre los recursos disponibles la sociedad ha de competir por ellos.

“El empresario se mantiene alerta ante las oportunidades de ganancia mutua no reconocidas. Al reconocer oportunidades, el empresario puede obtener un beneficio. El proceso de mutuo aprendizaje a partir del descubrimiento de las ganancias que surgen del intercambio fomenta que el sistema logre una asignación más eficiente de los recursos.”[2]

Entendemos que la palabra “mutua” apunta a la ganancia que las dos partes en la transacción obtienen del intercambio. En realidad, ninguna de las dos partes actúa con el objetivo de darle una ganancia a la otra, sino que -como ya advirtiera Adam Smith en 1776- todos actuamos con la mira puesta en nuestras propias ganancias y no en la de quienes negocian con nosotros. El móvil último de cualquier trato -sea dentro o fuera del mercado- es persistentemente este y no otro, por mucho que los socialistas quieran deformar la realidad e idealizar románticamente las cosas en otro sentido.

“El descubrimiento empresarial asegura que un mercado libre se mueve hacia el uso más eficiente de los recursos. Además, el atractivo por obtener beneficios arrastra a los empresarios a que constantemente busquen las innovaciones que permitan aumentar la capacidad productiva. Para el empresario que reconoce la oportunidad, las imperfecciones de hoy representan las ganancias de mañana [6] “[3]

Es decir, se optimizan los recursos del total de la sociedad. Como expresa F. v. Hayek la competencia es un proceso de descubrimiento. Y el objeto de ese descubrimiento son las diferentes oportunidades que, en el seno del mercado, se les brindan a los empresarios. La condición es -como perenemente se ha señalado- la libertad del mercado, porque de otra manera el mismo estaría condicionado a las oportunidades que agentes extra mercantiles podrían ofrecer y estos perpetuamente son externos al mercado. De hecho, es lo que ocurre en la mayoría de los países del mundo actual, donde las oportunidades que el mercado promete quedan ocultas bajo el manto que el intervencionismo estatal le otorga, encubriendo aquellas y dejando espacio únicamente a las “oportunidades” que pueda otorgar a discreción el poder de turno. O sea, la negación misma del mercado y de la competencia.

“El sistema de precios y la economía de mercado son instrumentos de aprendizaje que guían a los individuos a descubrir ganancias mutuas y a emplear eficientemente los recursos escasos.”[4]

En un mundo donde no existe omnisciencia todo proceso es de aprendizaje y eso, desde luego, no podría excluir al sistema de precios y la economía de mercado. Por eso, los sistemas estatistas que pretenden dirigir la economía suponen en ellos la omnisciencia de la cual el mundo carece. Es lo que -nuevamente- el premio Nobel de economía, Friedrich A. von Hayek, denomina la fatal arrogancia, título de su grandioso último libro: la pretensión de los estatistas de saber todo lo necesario para gobernar la economía, lo que -en última instancia- implica regir la vida ajena al uso y conformidad del jerarca estatista. El proceso de mercado no es colectivamente deliberado, por lo que no es apto para ser planificado por una “mente central” desde el momento que dicho cerebro unificador no existe, y no podría existir excepto en el caso de que se quiera reconocer omnisciencia en los estatistas. Por cierto, estos presumen de ella. Basta escuchar sus discursos para percatarse de que ellos “lo saben todo” respecto de lo que “los demás necesitan”.

*Macroeconomía*. Proposición 8: El dinero no es neutral. El dinero es definido como el medio de intercambio comúnmente aceptado. Si la política gubernamental distorsiona la unidad monetaria, el intercambio también resulta distorsionado. Minimizar estas distorsiones debería ser el objetivo de toda política monetaria sensata.”[5]

Muchos han sido los economistas que ha sostenido (y aun lo hacen) la neutralidad del dinero. Todavía pueden leerse y escucharse declaraciones en dicho sentido. Pero ello, siempre ha sido y sigue siendo una falacia, porque el dinero no es más que una mercancía como cualesquier otra, que se comercia en el mercado (como cualquiera otra mercancía) y que tiene un precio, que oscila de acuerdo a la ley de la oferta y de la demanda. Ni más ni menos que como los demás artículos que se compran en los supermercados y comercios de bienes. Por ese mismo motivo, de idéntica manera que los precios máximos y mínimos distorsionan lo precios de mercado y terminan haciéndolos inoperativos, el control monetario hace que el precio del dinero resulte distorsionando, y esto desconfigure por completo el precio final de los bienes y servicios que se intercambian en el mercado.

[1] Peter J. Boettke. *Hacia una Robusta Antropología de la Economía**La Economía Austriaca en 10 Principios* Instituto Acton Argentina. Trad: Mario Šilar.

[2] Boettke, P. ibidem

[3] Boettke, P. ibidem

[4] Boettke, P. ibidem

[5] Boettke, P. ibidem

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

El Gobierno pagó el costo de castigar a la clase media para beneficiar a los que cobran planes sociales

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 13/8/2019 en:  https://www.infobae.com/opinion/2019/08/13/el-gobierno-pago-el-costo-de-castigar-a-la-clase-media-para-beneficiar-a-los-que-cobran-planes-sociales/

 

La economía nunca se recuperó desde la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 (Adrián Escandar)

La economía nunca se recuperó desde la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 (Adrián Escandar)

 

Si el Gobierno no hubiese de entrada dividido en seis el Ministerio de Economía, generando una gran descordinación de la política económica; y dada la gravedad de la herencia recibida hubiese entendido que necesitaba un plan económico consistente, con un equipo económico con gente de trayectoria y prestigio que generaran confianza, con gente con horas de vuelo para evitar errores groseros que se cometieron de entrada, la historia del último domingo hubiese sido diferente.

¿Era previsible la corrida cambiaria que llevó a la crisis del 2018 a la derrota electoral del domingo? Definitivamente sí. Ya en noviembre de 2016 tuve un debate con otro economista en la ciudad de Rosario que decía que el modelo de las Lebac convergía al equilibrio porque la tasa de interés era menor a la inflación y defendía a muerte la política monetaria de Federico Sturzenegger. Era evidente que no tenía horas de vuelo en términos de haber vivido la economía argentina y tampoco hacía el análisis correcto.

Pensaba en términos de que se licuaba la deuda por la tasa de inflación y no veía, por grosero error de análisis y falta de experiencia, que la apuesta era tasa versus dólar. Fue once meses después cuando, cualquiera que hubiese analizado o vivido alguna de las tantas crisis anteriores, sabía que ese esquema de las Lebac era inviable.

Gracias al endeudamiento externo para financiar el gradualismo, esa política de “te doy tasa, dame dólares” aguantó todo el 2017 y le dio un gran triunfo a Cambiemos en las elecciones de medio término. Cuando el 28 de diciembre de 2017 se anunció la baja de la tasa de interés, anticiparon lo que iba a ser inevitable: el cambio de cartera. Al bajar la tasa de interés, el que apostaba a que la tasa le iba a ganar al dólar dudó y dolarizó su cartera.

Esa corrida junto con la sequía, generaron un gran impacto sobre el mercado de cambios que obligó al gobierno a salir corriendo a buscar el apoyo del FMI. Y no tuvieron mejor idea que subir la tasa y cambiar las Lebac por las Leliq que son otra bomba de tiempo. Pero pusieron la tasa de las Letras del Banco Central en niveles insólitos, acentuando la recesión.

El gradualismo terminó en lo que tenía que terminar: en una gran recesión, crisis cambiaria e inflación. La peor combinación posible para llegar bien parados a las elecciones.

El desgaste del gradualismo

Es más, por definición el gradualismo producía un gran desgaste en la población porque el gradualismo no es otra cosa que anunciar malas noticias todos los días. Hoy te aumento el gas, mañana la luz, pasado el transporte, etc., generando un desgaste fenomenal en la población, en particular en la clase media que, además de pagar el ajuste de las tarifas de los servicios públicos (como correspondía), no le bajaron los impuestos porque el Gobierno siguió manteniendo los planes sociales.

Es decir, castigó a la clase media que le dio el triunfo en 2015 y 2017 para poder beneficiar a los perceptores de planes sociales, quienes muchos además de no votarlos, le cortan la calle.

El tema ahora es, ¿qué hacer para revertir este escenario electoral? Si se acepta que en gran medida el Gobierno perdió por la economía, y también se acepta que fue buena parte de la clase media la que le soltó la mano, la lógica indica que el gobierno debería reconquistar rápidamente el apoyo de ese sector de la población.

¿Cómo? Anunciando una inmediata suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias a partir de septiembre. Esa reducción debe ir acompañada de una disminución en el costo de los planes sociales. La inmensa mayoría de los que reciben esos planes sociales no vota a Cambiemos ni lo va a votar.

Hay que recrear la cultura del trabajo

Si me dicen que le incendian el país les contesto: vean la respuesta del mercado financiero al resultado del domingo y elijan qué tipo de incendio quieren. ¿Acaso esta fiesta de reparto de planes sociales no ha generado un incendio económico que le hizo perder al gobierno las PASO por paliza?

Además de restablecer los valores republicanos que la clase media demanda, el Gobierno tiene que restablecer la cultura del trabajo. Me dirán que la gente que vive de planes sociales se muere de hambre si no se los dan. Todos sabemos que no es así, salvo casos muy particulares.

Que los planes sociales se han convertido en un gran negocio político lo sabemos todos y que los dirigentes piqueteros extorsionan con los cortes para cobrar planes también lo sabemos. Bien, la clase media, esa que puede darle el apoyo que necesita el gobierno, es la que está harta de pagar esos planes y no poder ahorrar, no llegar a fin de mes y no poder soñar con comprarse un departamento.

La sede del Banco Central, en la City porteña. (DyN)

La sede del Banco Central, en la City porteña. (DyN)

Si junto con eso se hace el canje de las Letras Intransferibles que tiene el BCRA por bonos de largo plazo para dominar mejor el mercado de acá a las elecciones, contaría con dólares y bonos para absorber la liquidez en la medida que no renueven los depósitos a plazo fijo, se puede llegar mejor a las elecciones y descomprimir a la clase media que está harta de sostener a una legión de gente que vive de su trabajo. Esa clase media es la que terminó dándole la espalda al gobierno.

De acá a octubre el Gobierno tiene que dar señales concretas de cambiar el rumbo económico, terminando con la cultura de la dádiva para volver a la cultura del trabajo. Si no se anima a hacer esa tarea, que le deje el lugar al peronismo, que la cultura de la dádiva la maneja mejor.

Me parece que Mauricio Macri debería tomar nota de que tiene que cambiar su gabinete. Los que le hacían ganar las elecciones y gobernar pésimo ya ni le sirven para eso. Son los mariscales de la derrota económica y electoral.

Y, duplicaría la apuesta y anunciaría una dolarización de la economía para el segundo mandato porque Argentina no está en condiciones de tener moneda.

Pondría sobre la mesa temas desafiantes como empezar a terminar con los planes sociales, bajar la carga tributaria empezando por la clase media y una gran reforma monetaria que termine con la inflación que desde hace décadas destruye el salario de la gente. No hay espacio para las medias tintas de aquí a octubre.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Sin reformas estructurales, es difícil que la economía crezca

 

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/498924/sin-reformas-estructurales-dificil-economia-crezca

 

Todo el mundo suponía que Macri iba a perder, el tema era por cuántos puntos perdía. Cuál era la diferencia. Si era de 4 puntos o menos, los mercados la iban a recibir bien porque eso abría las chances que podría llegar a ganar en octubre o en el balotaje. Pero, de 5 puntos para arriba, cuanto más lejos de 5 puntos de diferencia, los mercados lo van a tomar peor porque implica una alta probabilidad que gane en octubre la fórmula Fernández Fernández .

Las políticas que propone la fórmula Fernández Fernández no son -y se han demostrado en el pasado-, las que los inversores consideran que nos van a sacar adelante como país. Más allá que por ahí esa expectativa era la que tenían en el 2015 y después en 2017 y hoy se sienten desilusionados. Por lo menos Juntos por el Cambio proponía ir en la dirección que se supone tiene que ver con las reformas estructurales y resolver los problemas de fondo de la Argentina y que el país salga adelante.

En cambio la otra fórmula no propone eso. Están en contra de hacer reformas estructurales profundas. Para ellos no es el problema. La salida no se termina de entender por dónde la ven, es casi mágica y esa misma percepción la tienen los inversores. Los mercados y los inversores llegaron con mucho optimismo a estas elecciones.

Pero para entender por qué es mágico eso de resolver los problemas creciendo, que plantea la fórmula Fernández Fernández, sin hacer las reformas estructurales, eso se puede explicar con un ejemplo. Supongamos que soy el carnicero del barrio y todas las mañanas me despierto temprano. Recibo el camión de la carne, controlo que sea buena, abro a tiempo, cumplo los horarios, atiendo muy bien a los clientes. De esa forma, obviamente voy a tener la confianza de mis clientes y voy a vivir bien.

Sin embargo, si decido un día no levantarme tan temprano, dejo que el ayudante que no tiene ni idea del negocio, reciba el camión de la carne, compre carne más o menos, empiezo a vender carne más o menos, a veces sale buena, otras veces dura, abro a cualquier hora porque quiero quedarme a dormir, cierro a cualquier hora porque me quiero ir a tomar un café con mis amigos. Obviamente lo que va a pasar es que voy a empezar a perder la confianza de mis clientes, van a dejar de venir y voy a vivir peor.

En este contexto, si viene un amigo y me dice que tiene la solución para llenarle de plata el bolsillo a mi familia, le voy a decir que no entendió la situación porque no estoy vendiendo nada, no tengo plata y nadie me va a querer prestar si no vendo nada y no tengo plata. Voy a tener que preguntarme entonces por qué estoy como estoy y resolver esa situación que me llevó al lugar y la posición en la que me encuentro. Eso es, justamente, empezar a levantarme más temprano, elegir de vuelta bien la carne, atender bien a mis clientes y posiblemente así vaya recuperando la confianza de mis clientes y vuelva a vivir mejor. Ahí es donde está el problema de fondo con la Argentina de hoy.

Nosotros estamos hoy como estamos, porque es cierto que este Gobierno heredó un país al borde de la crisis por no hacer las reformas estructurales en su momento después de la crisis del 2002 que en realidad no fue otra cosa que licuar los resultados desastrosos de no haber resuelto los problemas de fondo de la Argentina, con reformas estructurales, antes. Pero el gobierno kirchnerista tampoco las hizo, incluso empeoró muchas de las cosas que había que resolver y este Gobierno recibió ese paquete.

No obstante, también es cierto que este Gobierno no hizo nada y eso es lo que hizo que perdiera la confianza de los inversores y los ahorristas extranjeros y argentinos y cayéramos en una crisis el año pasado. Se fueron ahorros y se siguen yendo el ahorro y la inversión de los argentinos.

Entonces ahora ¿qué es lo que hay que hacer para que la economía vuelva a crecer? Recuperar el ahorro y la inversión de los extranjeros y de los argentinos. Para eso hay que hacer las reformas estructurales,-previsional, impositiva, laboral- sino no se va a recuperar el ahorro y la inversión y lo que se va a tener es una crisis como la de 2002 que lo que va a hacer es terminar licuando con pobreza de todos los argentinos, los resultados desastrosos de no haber hecho la reformas estructurales en la Argentina y vamos a empezar de vuelta como en el 2002. Tendremos un rebote después de eso y luego a rezar porque a alguien se le ocurra resolver esos problemas. Por eso, si no se hacen las reformas estructurales es difícil que la economía crezca y con eso se pueda resolver en el tiempo, los problemas de fondo de no haber hecho esas reformas.

 

Aldo Abram es Lic. y Magíster en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Profesor e investigador de ESEADE. Publica como @AbramAldo.

 

Cara y contracara del uso de la tecnología

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 9/8/19 en https://www.infobae.com/opinion/2019/08/09/cara-y-contracara-del-uso-de-la-tecnologia/

 

Hemos puesto de manifiesto en distintas oportunidades la bendición del progreso tecnológico ya que libera recursos humanos y materiales para encarar la satisfacción de otras necesidades. Como es sabido no hay de todo para todos todo el tiempo, no estamos en Jauja: los recursos son limitados y las necesidades son ilimitadas. La mayor productividad que implica el progreso tecnológico inexorablemente deriva en mejoras en el nivel de vida que son producto de incrementos en las tasas de capitalización, es decir, equipos, maquinarias, instalaciones y conocimientos relevantes que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar salarios e ingresos en términos reales. Este es el único factor que explica el referido incremento.

Por otra parte, los empresarios, al efecto de sacar partida del arbitraje correspondiente en los nuevos rubros capacitan para lograr ese objetivo lo cual les proporciona mayores ganancias. Como hemos ejemplificado tantas veces, el hombre de la barra de hielo al irrumpir la heladera y los fogoneros al aparecer los motores Diesel se reubicaron en el mercado laboral. Si hoy se decidiera romper todos los equipos de capital pensando que habrá más trabajo se produciría una violenta contracción en los salarios de todos. La única diferencia entre los salarios en Canadá y Uganda es la tasa de capitalización, no es el clima, la etnia ni la mayor o menor generosidad del empleador. No hay magias ni voluntarismos.

Desde luego que la situación se dificulta en grado sumo si las legislaciones laborales conspiran contra la ubicación laboral y si los procesos educativos bloquean los reflejos necesarios para adaptarse a las nuevas circunstancias introduciendo rigideces en el sistema.

Más aún, las tecnologías, incluyendo la robotización, permiten una mayor humanización en las relaciones personales, tal como lo demuestra el doctor Eric Topol –formado en las universidades de Virginia y Johns Hopkins, creador del Cleveland Clinic Learn College of Medicine y autor de numerosos libros- quien ha señalado reiteradamente que los avances en las espectaculares tecnologías médicas, que si bien demandan la atención del facultativo para pronunciarse sobre el contexto, les permite mucho más tiempo disponible para una más estrecha relación con sus pacientes y consecuente atención personalizada.

Habiendo dicho esto, decimos que igual que con el martillo que puede utilizarse para introducir un clavo o para romperle la nuca al vecino, la tecnología mal usada también perjudica. Se trata de un problema axiológico que no es para nada responsabilidad del avance tecnológico. Por ejemplo, si los teléfonos celulares en lugar de abrir nuevos canales de comunicación más rápidos y abarcativos se usan como barrera de comunicación cuando el titular está obsesionado con la pantalla y no está en realidad con su interlocutor presente ni con el que está en la línea telefónica puesto que no es posible mantener dos comunicaciones simultáneas sobre temas distintos.

En esta situación se observa la paradoja de que en la era de las comunicaciones, hay menos comunicación.

Como ha apuntado Santiago Bilinkis, no es posible que resulte que en las instituciones bancarias y en lugares donde se producen apagones de electricidad sean los lugares y las situaciones en las que hay verdadera conversación porque no se pueden utilizar celulares. Este autor nos dice que en la mesa de su casa durante las comidas tiene prohibido a sus hijos consultar sus computadores portátiles al efecto de cultivar la vida familiar y que incluso en algunas instituciones educativas se ha limitado el uso de dispositivos tecnológicos para estimular el pensamiento sin aditamentos.
Por su parte, Nicholas Carr nos dice que el ejercicio repetitivo y de forma obsesiva de Internet al picotear información en diagonal resta capacidad de concentración y estimula un pensamiento apresurado convirtiendo esa gimnasia en algo efímero.

Es que por otro lado las pantallas tienden a dar servido el proceso, mientras que la lectura exige que cada uno marque su ritmo de absorción y obliga a pensar y digerir de un modo mucho más profundo y pausado.

Llama poderosamente la atención la metralla permanente de las selfies en todas las posiciones y actitudes posibles con un deleite casi enfermizo para simplemente mirarse los físicos en una especie de narcisismo galopante, dando por completo la espalda a lo que consigna Julián Marías en cuanto a que “la persona es más de lo que se refleja en el espejo”.

Es sorprendente que algunos parece que no existen si no consignan en las redes sociales qué hicieron y qué planean hacer con lo que revelan un gran vacío interior.

También las redes sociales convierten el lenguaje en un dialecto de Tarzán y como el lenguaje sirve principalmente para pensar, su empobrecimiento tiene un estrecho correlato con la calidad y amplitud del pensamiento.
Es que no estamos en esta vida simplemente para rellenar un espacio, deglutir alimentos, hacer nuestras necesidades fisiológicas y copular. Para estar a la altura de la condición humana es menester que cada uno contribuya a convertir el mundo que le toca en algo mejor desde que nació hasta que fenece, de lo contrario se asimila a lo puramente animal. Y para lograr ese propósito es indispensable educarse y alimentar el alma más allá de la play station y similares que divierten en el sentido de que apartan de lo central, lo cual podrá eventualmente estar bien como recreo pero no para convertir la vida en un recreo permanente pues, así, ya no hay recreo sino pura negación de lo humano.

Entonces, el lado oscuro de la tecnología no se encuentra en los aparatos sino en personas degradadas puesto que, como queda dicho, las maravillas de los progresos tecnológicos no son responsables de la decadencia sino, por el contrario, han producido prodigios. No es necesario volver a la época de las cavernas para no dejarse embaucar por el mal uso de las tecnologías.

Otro aspecto crucial del buen uso de la tecnología consiste en la preservación de la intimidad. Como bien ha expresado Milan Kundera, “si uno pierde la privacidad, lo pierde todo”. Antes incluso de apuntar la importancia del derecho de propiedad -que supone el derecho de usar y disponer de lo propio- debe señalarse la prioridad que tiene el derecho sobre nuestra vida y de nuestros pensamientos. El manejo de nuestras personas es atributo central de cada uno puesto que no pertenecemos a nadie más que a nosotros mismos.

De esta secuencia argumental deriva la separación de cada uno del resto como personas distintas que merecen respeto y consideración debido a la dignidad de cada cual. La interferencia en la intimidad o privacidad de la persona sin su consentimiento y sin que se haya expuesto públicamente constituye un atropello a su derecho más preciado.

Cuando lo privado se hace público, naturalmente deja de ser privativo de la persona con lo que lo más íntimo se expone y, por ende, se diluye. Es como si se perdiera el núcleo del individuo para integrar una acervo común, en otros términos, el yo deja de tener los atributos de la personalidad propia para ser compartido por todos o de un grupo no querido, ajeno y extraño.

Es por esto que la Cuarta Enmienda de la Constitución estadounidense (y de todas las de países civilizados) alude al derecho inalienable de las personas a que sus pertenencias, papeles y efectos no sean violados bajo ningún concepto y que solo pueden invadirse con expresa autorización de juez competente en base a la debida prueba de un probable delito.

En otras oportunidades he consignado en mis columnas una defensa de los episodios de Wikileaks en las que sostuve (y sostengo) lo vital de la libertad de prensa en una sociedad abierta y la obligación de gobiernos republicanos a transparentar sus actos ante sus mandantes. De cualquier modo, el eje central de este texto consiste en sostener que la maravilla de nuestra época (Internet) puede convertirse en la tumba de las libertades individuales si no se frena el espionaje realizado principalmente por los aparatos estatales, teóricamente encargados de velar por los derechos de las personas.

Para precisar este peligro del Gran Hermano orwelliano a través del espionaje que a esta altura de los acontecimientos que son del dominio público, es del caso recordar el pensamiento de Benjamin Franklin en 1759: “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.

La creatividad está en relación directa con la profundidad del pensamiento en un contexto de estado de alerta, lo cual se logra con el invalorable apoyo de la tecnología pero alejado de los antedichos peligros y malos usos desperdiciando las oportunidades maravillosas que nos brindan los progresos tecnológicos y, desde luego, no usarlos para en embotamiento ni para convertir al ser humano en un adefesio tal como explica C. S. Lewis en su obra sugestivamente titulada La abolición del hombre.

El proceso creativo es de gran trascendencia, por lo que insistimos en el buen uso de la tecnología al efecto de no interrumpirlo y desviarlo de sus cauces naturales. De entrada digamos que hay que tener muy presente que cada uno de nosotros somos únicos e irrepetibles por una sola vez en la historia de la humanidad. Esto nos da una enorme responsabilidad para estar atentos a que hacemos con nuestras vidas. El llamado interior es nuestra vocación, se trata de actualizar nuestras muy diversas potencialidades, como ha escrito Octavio Paz, “al descubrir nuestra vocación nos descubrimos a nosotros mismos”.

La creatividad supone el poner al descubierto algo que estaba oculto siempre teniendo en cuenta que la originalidad resulta sumamente difícil (“para novedades, los clásicos” reza el conocido adagio), pero por lo menos el poner sobre la mesa algo no recordado, algo no evidente o dificultoso para el momento.

De todos modos, ¿cómo ocurre el proceso creativo? Con la concentración y el interés en el estudio de determinada materia se va archivando información en el subconsciente y en ese contexto de trabajo en cierta instancia el nivel consciente traba relación con el antedicho archivo y se produce el “momento eureka”. Es el resultado de la perseverancia, la constancia y la atención en la materia que interesa. Muchas veces en este proceso, la creatividad o el descubrimiento sorprende puesto que alumbra una idea colateral. Casi como en la ciencia médica en la que muchas de las líneas de investigación en un área dan por resultado un descubrimiento en otra.

Cuanto mayor el valor de la creatividad, mayor es el grado de soledad que requiere el investigador y muchas veces a contracorriente de lo que opinan los demás. Contar con el temple para continuar en el camino es requisito para la creatividad sin dejarse determinar por otros.

Sin duda que la creatividad no es ex nihilo para los mortales puesto que se basa en la incorporación de conocimiento provisto por otros y por sucesos externos a quien crea, se sustenta en información previa, procesada, digerida y reformada con el correspondiente valor agregado para lo que la tecnología moderna proporciona herramientas de gran valor.

El producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de transmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

Por otra parte, para desarrollar la mayor energía creativa posible es indispensable un clima de libertad lo cual significa respeto recíproco y no las imposiciones de reglamentaciones asfixiantes que pretenden el tratamiento de personas como si fueran autómatas del poder político de turno.

Como ha sentenciado Cervantes “cada quien es hijo de sus obras” pero la creatividad se ahoga y queda aplastada por el espíritu autoritario; Mafalda ha dicho bien que “la vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”. Es de esperar que la tecnología se use para bien y no en contra del espíritu creativo que solo florece en libertad.

 

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los 10 aciertos de Cambiemos en materia política y económica

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/5/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Los-10-aciertos-de-Cambiemos-en-materia-politica-y-economica-20190527-0057.html

 

En una nota reciente describí cuáles creo que fueron los 10 principales errores de Cambiemos en materia política y económica. Aquí me propongo señalar cuáles fueron sus 10 principales aciertos. Para hacerlo,
debemos distinguir un antes y un después de la crisis cambiaria de 2018.
Antes de la crisis cambiaria, me parece que fueron aciertos:
1. La quita del cepo cambiario que se desarrolló inmediatamente después de tomarlas riendas del gobierno, mostrando que los motivos que llevaron a su implementación carecían de toda lógica. Con esto el argentino dejó de
hablar de dólar blue, y recuperamos la unicación del tipo de cambio. También se terminó el privilegio de aquellos que podían acceder a un dólar oficial para importaciones, frente al común de la gente que debía adquirir dólares a una cotización 40 % más elevada

2. La quita de subsidios en los servicios públicos, que se concretó gradualmente durante todo el mandato, aun sabiendo del costo político que la medida implicaba. Con esto se resolvieron 12 años de atraso en las tarifas de los servicios públicos, lo que además permitió a las empresas recuperar niveles de inversión en infraestructura que eran indispensables.
3. En materia de relaciones internacionales, Cambiemos logró desvincular a la Argentina del eje socialista del siglo XXI, compuesto por Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia en América Latina, y también porIrán. Fue líder en la
región en oponerse al populismo de Maduro y las nefastas consecuencias sociales que hoy vive el pueblo venezolano. También se acercó a Occidente, puso en duda el bloque proteccionista del Mercosur y se acercó a la
Alianza del Pacífico, integrada por países cuya política económica hoy es modelo en la región.
4. La decisión de recomponer reservas,sabiendo que su saldo neto a diciembre de 2015 era prácticamente nulo. Es cierto que esta medida implicó un fuerte endeudamiento, pero al menos se utilizaron parcialmente para un uso adecuado.
5. El cumplimiento de su promesa de campaña en la quita de retenciones al agro. Con esta medida, Argentina logró una explosión en la producción de granos, además de favorecerla liquidación de una cosecha que permanecía
guardada del año anterior. Las economías regionales pudieron resurgir en 2016, que no fue un año fácil por el costo social de la devaluación generado por la quita del cepo cambiario.
En 2016 Cambiemos logró evitar una crisis mayor y en 2017 logró recuperar e incluso crecer hasta marzo de 2018.
Pero como se dijo en la nota previa, esa recuperación y crecimiento se sostenían en atraso cambiario y endeudamiento. El décit en cuenta corriente y el décit fiscal financiero encendieron luces de alarma que
numerosos analistas señalaron a tiempo, pero el gobierno las ignoró mientras pudo. Las malas noticias
internacionales producto de incrementos en la tasa de interés de Estados Unidos y una mayor iliquidez global relativa complicaron el financiamiento del déficit récord en cuenta corriente, y también del desequilibrio fiscal,
siendo la sequía y la mala cosecha el golpe de gracia. A partir de allí se pueden destacar otras cinco políticas acertadas.
6. Recurrir al FMI a tiempo permitió enfrentarla crisis cambiaria evitando un mal mayor. El plan económico ganó consistencia, una vez que se enfrentó el atraso cambiario con un corte abrupto en la intervención de este mercado.
La cotización del dólar saltó de 17 a 23, 28, 31, 35, 38, 41, para luego retroceder a 38 pesos. Si bien el dejar de
defender el peso tuvo un impacto recesivo e inacionario, la medida fue acertada para recortar el mayor décit de cuenta corriente de nuestra historia. Ya en 2019 la balanza comercial tiene saldo positivo.
7. Con las recomendaciones del FMI Cambiemos abandonó el gradualismo y optó por políticas de shock, las que entendemos debieron aplicarse desde 2016. Pero como dice el viejo lema: ‘más vale tarde que nunca.‘ Se corrigieron las metas fiscales, y Cambiemos optó por proponerse alcanzar el equilibrio fiscal primario ya en 2019. Si bien incrementó retenciones para alcanzar este objetivo, lo que fue señalado como un error, también ajustó gastos y subsidios en un año electoral, lo que debe ser valorado.
8. La crisis cambiaria tuvo muchas consecuencias sociales negativas, entre ellas subir la inflación. Pero un octavo acierto fue la decisión de cambiarla política monetaria hacia los agregados monetarios y establecer ja la cantidad de dinero hasta junio 2019. La política requiere de un tiempo para mostrar resultados, pero hacia fines de mayo de 2019 se observa que la presión inflacionaria empieza a ceder. No se puede desconocerla dificultad que implica luchar contra la inflación en un año electoral.
9. La creación de Leliqs pueden ser planteadas como un error dados ciertos fallos de política económica previa, pero en el momento que se aplicaron cuando se transitaba el desarme de Lebacs, las Leliqs lograron evitar una
hiperinflación. Esto me parece que es un noveno acierto de política económica. Que la tasa de interés sea endógena para que vaya bajando a medida que el mercado y las decrecientes tasas de interés lo vayan permitiendo, es un enfoque adecuado para resolver el problema a mediano plazo.
10. Tras un año de volatilidad cambiaria entre abril de 2018 y marzo de 2019, es quizás el décimo acierto que el gobierno haya convencido al FMI de intervenir en la zona de ‘no intervención‘ para sostener el dólar, ahora que el tipo de cambio es más ‘competitivo‘. No es lo mismo defender el peso en este contexto, que hacerlo con un décit de cuenta corriente récord, que era imposible de sostener con la escasísima generación de divisas que podía tener la Argentina con atraso cambiario.
Sin desmerecer el costo social que han tenido estas medidas, técnicamente se puede señalar que hoy están dadas las condiciones para recuperar el ritmo de actividad y luego volver a crecer, aunque por supuesto, la Argentina post primer gobierno de Cambiemos no está exenta de nuevos desafíos para enfrentar otros problemas estructurales heredados

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.