Bono compulsivo, nueva muestra de Propulismo

Por Iván Carrino. Publicado el 15/11/18 en: http://www.ivancarrino.com/bono-compulsivo-nueva-muestra-de-propulismo/

 

De la mano de Dante Sica, el gobierno de Macri recurre a prácticas netamente kirchneristas.

Jueves 8 de noviembre, 3 de la tarde.

José, un empleado de una empresa de cerámicas es llamado por su supervisor para conversar en la oficina.

Luego de ofrecerle un café y charlar un rato sobre el clima, el supervisor le dice a José que, debido al buen desempeño en sus tareas, le asignará un bono de fin de año del 20% de su salario bruto.

Sorprendido con la noticia, José agradece y vuelve a su puesto de trabajo, motivado por la decisión.

Lunes 12 de noviembre, cerca del mediodía.

El gobierno de un país bananero firma un Decreto de Necesidad y Urgencia para que todas las empresas del sector privado paguen a sus empleados un bono de $ 5.000.

Casi igual, ¿no?

No, nada que ver. La medida es absolutamente demagógica, ingenua y, además, extremadamente perjudicial para la economía.

Sin embargo, esto mismo es lo que acaba de hacer Mauricio Macri, de la mano de su Ministro de Trabajo, el peronista Dante Sica.

Ley de felicidad para todos

Allá lejos y hace tiempo, cuando Argentina debatía sobre si debía haber una ley anti-despidos o no (ley que finalmente fue vetada por el presidente) Macri afirmaba:

“Si fuera cuestión de leyes, saquemos una ley que diga que por ley seamos todos felices”

Esta frase, aunque parezca increíble, fue dicha en 2016.

Hoy, dos años más tarde, el gobierno impone un aumento de salario por decreto (ya no por ley) y, encima, implementa un esquema burocrático que, al menos, intenta restringir los despidos seriamente.

A partir de la aprobación del decreto las empresas deberán consultar con el Ministerio de Trabajo y debatir en una mesa con los delegados sindicales a ver si puede llegarse algún acuerdo favorable al empleado.

Tamaña contradicción de la gestión Cambiemos.

Antes de seguir, es importante quede clara una cosa: nadie quiere que se echen empleados ni se paguen bajos salarios, pero los decretos son, por lejos, la peor medida que se puede tomar para conseguir esto.

Además, si fuera tan fácil aumentar los sueldos, ¿por qué quedarse solo con $ 5.000? ¿Por qué no decreta Macri un aumento de $ 10.000, $ 15.000, o $ 150.000? ¿Acaso le falta generosidad?

A costa de quién

La gran pregunta que abre este nuevo “beneficio laboral” sancionado por el gobierno es quién va a pagar la cuenta.

A priori, parece que las empresas, lo que va a todas luces en contra de su rentabilidad, en un contexto donde la misma viene en caída libre.

Si no me creés, dale una mirada a la evolución de los precios mayoristas (+66,1% acumulado en el año) y compárelos con los minoristas (+32,4% acumulado).

Si uno observa la mediana del salario del sector privado registrado, en el mes de agosto el salario más frecuente fue de $ 25.354. O sea que, en un contexto de costos crecientes para las empresas, el gobierno acaba de imponer uno nuevo, del 20% de su gasto en personal.

¿Quién podrá resistirlo?

Probablemente algunas empresas sí, pero otras no. Finalmente, las compañías que no puedan afrontar el costo deberán cerrar sus puertas o bien pasarse a la economía informal.

Y, paradójicamente, luego es el propio gobierno el que se queja de la evasión y la economía en negro.

Sus economistas formados –que los hay y muchos ahí dentro- deberían explicarle al equipo de esta consecuencia inevitable se su propia decisión.

Malos incentivos

Dos últimas consideraciones son necesarias.

La primera es que, a diferencia del caso de José con que abrimos esta nota, donde el bono sirve como un incentivo para mejorar la performance y productividad del empleado, aquí lo único que se busca es compensar la pérdida contra la inflación del salario de los trabajadores.

Ahora bien: ¿qué empresa no querría hacer esto? En mercados medianamente competitivos, siempre queremos pagar como empresas lo menos posible. Pero si pagamos por debajo de cierto nivel, nos quedamos sin empleados.

Es decir, un mercado libre no paga salarios de miseria (como lo demuestran Dinamarca, Estados Unidos o Nueva Zelanda) y tampoco escatimaría un bono en caso de poder premiar a los empleados que sean más productivos.

Pero lo del gobierno revienta cualquier esquema derivado de este premio anual. Viola las pautas básicas de su otorgamiento, pervirtiendo los incentivos naturales que existen en los mercados.

Por último, hay que recordar que estas medidas fueron tomadas durante el gobierno de Néstor Kirchner, un presidente abiertamente anti-mercado. ¿Qué efecto positivo puede tener este tipo de medida en crear un ambiente de negocios amigable para la inversión?

Adivinaste: ninguno.

La economía con Kirchner creció a pesar de estos aumentos, pero finalmente este tipo de intervencionismo fue el que llevó al Modelo K a su propia destrucción.

Las medidas recientemente anunciadas por el gobierno son negativas desde donde se las observe.

A corto plazo, beneficiarán a los empleados pero a costa de las empresas ya fuertemente castigadas por la situación general de la economía. A largo plazo, fomentarán el empleo en negro, el cierre de empresas y el alejamiento de las inversiones.

Un verdadero tiro en el pie.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

La mitad más uno de los asalariados están registrados en el Estado

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 13/11/18 en: https://www.infobae.com/economia/2018/11/13/la-mitad-mas-uno-de-los-asalariados-estan-registrados-en-el-estado/

 

Sigue la lucha política por gastar la plata del contribuyente. El Gobierno tuvo que ceder ante la presión de las provincias para poder aprobar el Presupuesto en el Senado, aceptando un aumento del gasto de $24.000 millones

A las gobernaciones siempre le falta un peso, si no lo obtienen de la Nación suben el Inmobiliario o Ingresos Brutos (Télam)

No extraña esta exigencia provincial porque, como lo he señalado en otras oportunidades, la democracia ha degenerado en una competencia populista. El que ofrece aumentar la cultura de la dádiva y redistribuir la escasa riqueza que se produce en Argentina, puede quedarse con la mayor cantidad de votos.

Por supuesto que esa competencia populista consiste en insistir con mantener el empleo público en las provincias. De los 3.165.400 empleados públicos entre nación, provincias y municipios, el 70% está en los empleos públicos provinciales.

Como puede verse en el gráfico, el empleo público en las provincias entre 2003 y 2017 aumentó, en promedio, un 70%. Es importante resaltar que 2003 no es un piso bajo de comparación ya que los estados provinciales venían sobredimensionados hacía rato, al punto tal que en la década del 90 se hablaba de regionalizar el país para que no hubiese tantos parlamentos, ejecutivos y poderes judiciales.

De manera que el punto de comparación de 2003 es un punto alto y aun así tenemos un incremento del empleo público del 70% promedio.

Puesto en números absolutos, entre 2003 y 2017 el empleo público provincial creció en casi un millón de nuevos puestos en el Estado. Una forma de disimular el desempleo, porque en realidad no son puestos de trabajo. Son solo subsidios de desempleo escondidos como puestos de trabajo.

De los 24 distritos del país sólo 7 crecieron por debajo del promedio general, y en casos como Formosa, el empleo público no creció más, probablemente porque ya no quedaba mucha más gente para agregar al estado provincial.

¿Por qué tomo el 2003 como punto de referencia? Porque como decía antes, hace rato que el Estado está sobredimensionado, tanto a nivel nacional, provincial como municipal, pero el kirchnerismo llevó ese sobredimensionamiento a niveles insospechados.

Mercado laboral: el Estado suma, el privado resta 

¿Qué le podemos señalar a Cambiemos respecto al empleo? Que en su gestión, comparando agosto de 2018 con noviembre 2015 (último mes completo del gobierno kirchnerista) el empleo público aumentó en 52.000 puestos de trabajo, mientras que en el sector privado bajó en 49.300 posiciones.

Claro que el mayor incremento en el empleo público se dio en las provincias y no en la Nación, pero claramente Cambiemos nunca logró la lluvia de inversiones que permitiera reducir la desocupación creando puesto de trabajo en el sector privado para también reducir el empleo público.

En noviembre de 2015 los empleados públicos en relación a los empleados en relación de dependencia del sector privado, representaban el 49,7% y en agosto 2018 esa relación estaba en 50,9%, es decir, si bien en gran medida el exceso de empleo público es herencia recibida y responsabilidad de las provincias, Cambiemos no logró empezar a crear las condiciones necesarias para generar una lluvia de inversiones que fuese licuando el peso del Estado sobre el sector privado.

Más bien el resultado ha sido exactamente al revés de lo planeado por los ideólogos del gradualismo. El Estado no fue disminuyendo su peso sobre el sector privado, sino que lo fue aumentando considerando los incrementos de gasto público aprobados para 2019 y la suba de la ya asfixiante carga tributaria.

Pero volviendo al empleo público provincial, además de crecer en forma fenomenal entre 2003 y 2017, los incrementos de salarios fueron sustancialmente superiores a los de la inflación.

Si tomamos el dato sobre cómo evolucionó el salario promedio de los empleados públicos provinciales, podemos observar que tuvieron un aumento en términos reales que hace que sea atractivo ir a ocuparse en el Estado y rechazar cualquier propuesta de trabajo en el sector privado.

Como puede verse en el gráfico previo el salario promedio de las provincias y CABA creció muy por arriba de la inflación del período 2003-2017. En promedio, las provincias aumentaron el salario promedio de los empleados públicos un 2.584% entre 2003 y 2017 contra una inflación que estuvo en el 1.770%. La única provincia que estuvo por debajo de la tasa de inflación fue La Rioja.

Si se considera que aumentaron tanto la cantidad de empleados públicos provinciales como el salario real en estos 15 años, es obvio que la masa salarial que tiene que afrontar cada provincia ha crecido en forma fenomenal.

Esa mayor masa salarial, que consume lo que genera el sector privado cobrándole impuestos, ahoga al sector productivo y elimina chances de crecer.

Alta dependencia del Estado

Junto al aumento del empleo público provincial, dupliquemos la cantidad de jubilados y pensionados llevándolos de 3,3 millones a 6,8 millones de beneficiarios, multipliquemos por 4,5 los beneficiarios de pensiones no contributivas (pensiones truchas por invalidez, madres con más de 7 hijos, pensiones graciables, etc.), condimentémoslo con 3,9 millones de beneficiarios de AUH, por citar solo algunos ejemplos de gente que vive del trabajo de los pocos que producimos, y no hay bolsillo del contribuyente que aguante semejante despilfarro de recursos en nombre de la solidaridad social.

Dejemos algo en claro, los que menos le preocupa a la mayoría de la dirigencia política es ordenar la economía teniendo un presupuesto pagable por el contribuyente. La mayoría de la dirigencia política está en esta feroz competencia populista por exprimir al contribuyente a niveles de explotación de cuasi esclavitud.

La mayoría de la dirigencia política argentina está haciendo lo imposible por mantener el rumbo de decadencia de la Argentina manteniendo el gasto público en niveles infinanciables, pero quieren conformarnos con que ahora van al déficit primario cero.

Déficit primario cero con política impositiva saqueadora, no lleva a buen puerto. Lleva a otra crisis y más decadencia económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE   

 

De la imposibilidad del cálculo económico a la imposibilidad de la educación formal positivista

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/02/05 en: https://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/22/de-la-imposibilidad-del-calculo-economico-a-la-imposibilidad-de-la-educacion-formal-positivista/?fbclid=IwAR1Qj2k3vDPJgTM4d1y_yVsuEYAyW7OJL59Qz8zTCyIpL0CHIoP8BNf69Zw

 

Muchos recuerdan con énfasis el famoso artículo de Mises, luego devenido en uno de sus más importantes libros (“El Socialismo”, de 1922), donde el gran economista austriaco demostraba la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo. La argumentación de Mises se concentraba en que, al carecer de precios libres, por carecer de propiedad privada, el socialismo no podía realizar el cálculo de costos y precios indispensable para la economización de recursos. La conclusión general de Mises, desafiante, era esta esencial paradoja: el socialismo pretende planificar y, al hacerlo, desordena. La paradoja de la planificación es que no planifica. El mensaje de Mises, dicho 83 años atrás, aún no se ha entendido, pues ese extraño fenómeno llamado capitalismo global no es más que el intervencionismo parcial, que es un socialismo parcial que distorsiona permanentemente los precios de mercado.

Hace más de 83 años, sin embargo, que en otro ámbito, el educativo, pretendemos planificar, con análogos resultados. No me refiero a la educación estatal. Me refiero al sistema de educación planificada con sistema de notas, siendo estas últimas los incentivos básicos del sistema y el eje central del sub-sistema de premios y castigos. Este sistema no es intrínseco a la escolaridad como tal, pero es la costumbre imperante en la educación formal occidental, especialmente después que el positivismo pedagógico tiene su auge a fines del s. XIX. A veces se ha intentado salir de ese sistema; a veces sus riendas son más flojas o no, a veces la humanidad de maestros y profesores le hace de contrapeso pero………. El sistema permanece implacable, ya sea en el sector privado o en el estatal, en todo lugar del mundo donde se pretenda tener un sistema escolar “evolucionado”.

Por supuesto, niños, adolescentes y adultos siguen sin aprender nada pero…. No creo que se vea cuál es el problema. Se levantan voces de conservadorismo pedagógico, llamando al rigor, a la disciplina, a la exigencia, como solución, sin ver, tal vez, que esas voces son análogas a la del planificador socialista que quiere planificar aún más cuando saltan por doquier los desastres de la planificación.

La analogía no es tan difícil. Las notas son análogas a los precios fijados por el planificador socialista o intervencionista. El ser humano, que responde a estímulos e incentivos normales, memoriza lo necesario para obtener el 9 o el 10 necesario, y los que creen en el sistema dicen “aprendió” y colocan el 10, mandan hacer el cuadrito de honor, conceden la beca, y el sistema se retroalimenta. Por supuesto, el aprendizaje implica la memoria, pero no al revés, pero no importa, el sistema está mal estructurado desde la base. De igual modo que el precio fijado por el estado da señales que dispersan aún más el conocimiento limitado (Hayek) las notas dan una ilusión de aprendizaje. Y no hay propiedad porque, si la hubiera, el alumno podría decir “no” a una “propuesta” educativa. Pero no, es un esclavo. Claro que a veces son niños, pero se los educa como esclavos porque se los educa para seguir siendo niños. De vez en cuando algunos alumnos se mueren de stress por la famosa nota o los profesores se angustian por la falta de interés del alumnado, pero no importa, así son las cosas y hay que seguir. De vez en cuando algún alumno quiere salirse del sistema pero el eficaz modo de castigos le pondrá coto o impedirá su creatividad o su genio. De vez en cuando algún profesor querrá salirse del sistema planificado pero algún superior, y no necesariamente el estado, le llamará la atención. El sistema, obviamente, es intrínsecamente corruptor. Todo tipo de engaños y simulaciones sin ideadas para obtener la sacrosanta nota, y profesores y autoridades deben convertirse en policías. Eso los corrompe a ellos pero, fundamentalmente, a todos los seres humanos que desde los 6 hasta los 17 han sido “educados” en cómo burlar un sistema autoritario…. Que ellos perciben como “autoridad”. A esas personas, a las 18, se les dice que deben ser buenos, que no deben ser corruptos, que no deben engañar, que deben hacer una buena opción con su carrera, que deben ser buenos padres….

Hay grupos de personas que no son afectadas por el sistema. Están los que quieren aprender, libremente, y lo hacen y entonces obtienen el 9 o el 10 pero no porque sea eso lo que les interese. Están los genios que estudian lo que quieren y se aburren y sin problema repiten lo que el sistema quiere escuchar. Ninguno de los dos casos refuta al fracaso de la educación formal positivista. Hay también ciertos paradigmas técnicos cuyo manejo requiere memorizar primero y aprender después, o sea, “entrenamiento”. Y están los millones y millones que se han pervertido de por vida, y están los millones y millones de genios creativos a los cuales el sistema aplastó desde el principio. Claro, esa millonaria pérdida no puede ser registrada por el sistema de notas.

Ante esto, ¿qué hacer? Por lo pronto, no desanimarse, porque en ese sistema estamos. Pero aquellos que, y no por el sistema escolar, saben algo de la crítica en Popper, de las condiciones de diálogo en Habermas, del conocimiento disperso en Hayek, del conocimiento tácito en Polanyi, de los horizontes en Gadamer, del pensar no calculante en Heidegger, del diálogo en Buber y Lévinas, del amor a Dios en Sta. Teresa y San Juan de la Cruz, todos ellos deben saber que el sistema escolar nada tiene que ver con todo ello. Si tenemos la “mente abierta”, pensemos en esto, que es un drama que hace siglos está matando nichos desconocidos de creatividad. Y si me he equivocado, aquí estoy, abierto a la crítica. Cosa que el sistema formal de enseñanza no alienta ni permite…

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El análisis económico de la política: James Buchanan y la política como es, no cómo soñamos que podría ser: sin romanticismos

Por Martín Krause. Publicado el 30/10/18 en: http://bazar.ufm.edu/analisis-economico-la-politica-james-buchanan-la-politica-no-sonamos-podria-sin-romanticismos/

 

Con los alumnos de la materia Public Choice comenzamos a considerar el tema con uno de sus fundadores. James Buchanan en un artículo titulado “Política sin Romanticismos”

Así describe el objetivo de la “teoría de la elección pública” o Public Choice:

“En esta conferencia me propongo resumir la aparición y el contenido de la “Teoría de la Elección Pública”, o, alternativamente, la teoría económica de la política, o “la Nueva Economía Política”. Esta tarea de investigación únicamente ha llegado a ser importante en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en Europa y Japón, la teoría sólo ha llegado a constituir el centro de atención de los estudiosos en los años setenta; los desarrollos en América provienen de los años cincuenta y sesenta. Como espero que mis observaciones sugieran, la Teoría de la Elección Pública no carece de antecedentes, especialmente en el pensamiento europeo de los siglos XVIII y XIX. El Eclesiastés nos dice que no hay nada nuevo bajo el sol y en un sentido auténtico tal pretensión es seguramente correcta, especialmente en las llamadas “ciencias sociales”. Sin embargo, en el terreno de las ideas dominantes, la ”elección pública” es nueva, y esta subdisciplina, situada a mitad de camino entre la Economía y la Ciencia Política, ha hecho cambiar la forma de pensar de muchas personas. Si se me permite utilizar aquí la manida expresión de Thomas Kuhn, creo que podemos decir que un viejo paradigma ha sido sustituido por otro nuevo. 0, retrocediendo un poco más en el tiempo y utilizando la metáfora de Nietzsche, ahora nosotros miramos algunos aspectos de nuestro mundo, y especialmente nuestro mundo de la política, a través de una ventana diferente.

El título principal que he dado a esta conferencia, “Política sin romanticismos” fue escogido por su precisión descriptiva. La Teoría de la Elección Pública ha sido el vehículo a través del cual un conjunto de ideas románticas e ilusiones sobre el funcionamiento de los Gobiernos y el comportamiento de las personas que gobiernan ha sido sustituido por otro conjunto de ideas que incorpora un mayor escepticismo sobre lo que los Gobiernos pueden hacer y sobre lo que los gobernantes harán, ideas que sin duda son más acordes con la realidad política que todos nosotros podemos observar a nuestro alrededor. He dicho a menudo que la elección pública ofrece una “teoría de los fallos del sector público” que es totalmente comparable a la “teoría de los fallos del mercado” que surgió de la Economía del bienestar de los años treinta y cuarenta. En aquel primer esfuerzo se demostró que el sistema de mercados privados fallaba en ciertos aspectos al ser contrastado con los criterios ideales de eficiencia en la asignación de los recursos y en la distribución de la renta. En el esfuerzo posterior, en la elección pública, se demuestra que el sector público o la organización política falla en ciertos aspectos cuando se la contrasta con la satisfacción de criterios ideales de eficiencia y equidad. Lo que ha ocurrido es que hoy encontramos pocos estudiosos bien preparados que están dispuestos a intentar contrastar los mercados con modelos ideales. Ahora es posible analizar la decisión sector privado-sector público que toda comunidad ha de tomar en términos más significativos, comparando los aspectos organizativos de varias alternativas realistas.

Parece cosa de elemental sentido común comparar las instituciones tal como cabe esperar que de hecho funcionen en lugar de comparar modelos románticos de cómo se podría esperar que tales instituciones funcionen. Pero este criterio tan simple y obvio desapareció de la conciencia culta del hombre occidental durante más de un siglo. Tampoco puede en absoluto decirse que esta idea sea aceptada hoy de forma general. Tenemos que admitir que la mística socialista de que el Estado, la política, consiguen alcanzar de alguna manera el “bien público” trascendente pervive todavía entre nosotros bajo diversas formas. E incluso entre aquellos que rechazan tal mística hay muchos que buscan incesantemente el ideal que resolverá el dilema de la política.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Argentina: Acuerdo con FMI continúa con ineficiencias

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/10/18 en: http://www.crusoeresearch.com/article/argentina-acuerdo-con-fmi-continua-con-ineficiencias/

 

Si uno observa el capítulo fiscal se encuentra con el siguiente texto: Dentro del Presupuesto 2019, nuestras medidas fiscales incluyen:

1) Un aumento en los impuestos a las exportaciones y una reducción en los reintegros de los impuestos sobre las exportaciones;

2) Un Impuesto a los Bienes Personales que se aplica a los activos de los miembros más ricos de la sociedad argentina tanto dentro de la Argentina como en el extranjero;

3) Reducir los subsidios a la energía y reasignar la responsabilidad de los subsidios al transporte y la tarifa social sobre la electricidad a los gobiernos provinciales que se encuentran mejor posicionados para juzgar la mejor manera de diseñar y financiar dichas ayudas;

4) Una contención del gasto de capital, que será compensado por los proyectos de Participación Público-Privada y mayor gasto de capital de las provincias;

5) La expansión de la cobertura del Impuesto a las Ganancias personales sobre algunas categorías de empleados públicos que se encuentran actualmente exentos, y la reducción del gasto tributario en el impuesto a las ganancias corporativas limitando exenciones para cooperativas y organizaciones mutuales;

6) Una reducción de las transferencias discrecionales a las provincias, y un recorte real del 6% a otros gastos corrientes;

7) Un congelamiento en la nueva contratación de empleados públicos, que dará lugar a una caída en el conjunto de la nómina pública;

8) Una reducción en el gasto en otros bienes y servicios del gobierno nacional de 18% en 2018 y otro 5% en 2019 en términos reales. El control estricto sobre los compromisos evitará acumular atrasos; y;

9) Una reducción en las transferencias asociadas con el déficit operativo de las empresas del Estado que no están relacionadas con las tarifas de servicios públicos en un 68%por ciento en términos reales.

Más impuestos y débil intención de bajar el gasto

Básicamente la propuesta es incrementar impuestos y mostrar algún retoque de baja del gasto público para no quedar en evidencia que no desean bajar el gasto.

El punto 2 luce particularmente lamentable en una colación política que lleva como nombre Cambiemos. Ese punto muestra que más que cambiemos es Continuemos con el tradicional populismo que nos llevó a la decadencia: se le cobrará un impuesto a los activos de los sectores más ricos de la sociedad argentina. Es como decir: Ud. es pobre porque aquél otro es rico. Alimentar la grieta entre ricos y pobres.

Cambiar la larga decadencia argentina comienza por cambiar el discurso de confrontación por el cual se le hace creer a la gente que unos son ricos porque otros son pobres. Con este párrafo el Gobierno muestra que no le interesa terminar con la pobreza, sino terminar con los ricos, aunque claramente no estarán incluidos los funcionarios y dirigencia política argentina.

¿Qué le importa al gobierno cuántos ricos hay? Lo que tiene que importarle es cómo terminar con la pobreza, algo que el mismo presidente Mauricio Macri ha dicho en infinidad de oportunidades y viene haciendo agua sistemáticamente por aferrarse al populismo que le venden sus asesores políticos y económicos.

Baja productividad del gasto

Pero el punto que interesa resaltar, una vez más, es que el gobierno está empecinado en cerrar la brecha fiscal por el lado de los ingresos en vez de bajar el gasto público. Y aquí hay que hacer un punto clave, que no es solo la carga tributaria en que se traduce el elevado gasto público. El punto que me interesa resaltar es la ineficiencia que le genera a la economía un elevado gasto público.

No es solo la carga tributaria que tiene que soportar el contribuyente y el consiguiente desestimulo a la inversión que genera, sino también que es relevante la ineficiente asignación de recursos productivos que produce el elevado gasto público.

¿Por qué? Porque cuanto mayor es el nivel de gasto público, mayor es la arbitrariedad con que el burócrata decide cómo se asignan los recursos productivos en la economía, distorsionando los precios relativos y generando una ineficiente asignación de los recursos productivos.

Ejemplo, si el Estado aumenta el gasto en obra pública, tiene que cobrar más impuestos para poder construir puentes, rutas, etc. Por lo tanto, aumenta la demanda de cemento, pavimento, hierro, etc., y disminuye la demanda de los bienes que el contribuyente no puede comprar por la mayor carga tributaria que tiene que soportar.

Si antes podía comprarse más camisas, alimentos o lo que sea, ahora disminuye la demanda de esos bienes y aumenta la demanda de los insumos ligados a la construcción de obras públicas. Lo primero que uno puede ver es que el famoso multiplicador keynesiano es un verso. En todo caso, si existiera ese multiplicador mágico, habría un desmultiplicador por el lado de lo que deja de gastar el contribuyente. De manera que los recursos se asignan de acuerdo a lo que el funcionario de turno decide y no en base a las necesidades de los consumidores que son los que generan los ingresos.

Persistencia de una posición arbitraria

Alguien, creyéndose un ser superior, decide por el resto de la sociedad, qué hay que producir, a qué precios y en qué cantidades. La opinión del consumidor no cuenta. Solo cuenta la decisión arbitraria del burócrata.

Otro ejemplo. Con el tema de cuidar a los sectores más vulnerables, el burócrata sigue disminuyendo el poder de demandan de los sectores que pagan impuestos y los destina a financiar el consumo de sectores que no desean trabajar en blanco. Por mi trabajo viajo mucho al resto del país y siempre me responden lo mismo ante mi pregunta si consiguen mano de obra: en negro sí. En blanco no porque pierden el subsidio y prefieren vivir del subsidio que no tiene fecha de vencimiento.

Esta decisión del burócrata gastando los recursos de los contribuyentes genera trabajo en negro, desestimula la cultura del trabajo y alimenta la cultura de la dádiva, el nivel de producción se reduce porque produce uno y consumen dos y hay menos riqueza disponible. Es decir, se asigna ineficientemente la mano de obra.

Otro ejemplo, todos los planes sociales que implementa el burócrata estimulan el consumo y desestimulan la inversión porque castigan a quienes producen, por lo tanto, se destinan más recursos a financiar consumo con bajo stock de capital ya que al que invierte el Estado le cobra más impuestos para sostener a los que consumen sin trabajar.

La mejor receta

Los ejemplos podrían seguir, pero el dato relevante del acuerdo con el FMI, es que lo que se busca es tratar de reducir el déficit fiscal por el lado de los ingresos sin prácticamente tocar el nivel de gasto público, con lo cual, se cambia la forma de financiar el déficit fiscal, pero no mejora la productividad de la economía dado que los recursos se asignan caprichosamente de acuerdo a la voluntad del burócrata o el político de turno, en consecuencia no podemos esperar una mejora en la productividad de la economía, que es la base a partir de la cual crecen los ingresos reales y se termina va reduciendo la pobreza.

Mauricio Macri pidió que evalúen su gestión de gobierno por la cantidad de pobres que dejará en su primer mandato. Bien, con este nivel de gasto público, podemos tener la certeza que su evaluación va a ser negativa porque si los burócratas siguen decidiendo cómo asignar los recursos productivos, el ingreso real está condenado a caer y la pobreza a perpetuarse.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El dilema del gobierno

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2018/10/el-dilema-del-gobierno.html

 

Las dificultades económicas que se encuentra atravesando el gobierno de Cambiemos hallan diversas fuentes. La mayor parte proviene -a no dudarlo- del descalabro de todo tipo legado por el anterior gobierno del FpV* y, en segundo lugar, el propio proyecto desarrollista encarado por la actual administración del presidente Macri y su equipo de colaboradores, combinado con el populismo remanente, en un porcentaje importante, legado y en otro adoptado por Cambiemos como componente de su política de gobierno.

Por definición, ambos modelos, tanto el desarrollismo como el populismo son fuertemente demandantes de recursos para llevar a cabo sus cometidos. Uno y otro son vigorosamente intervencionistas en la economía y, como tales, también los dos generan notorias distorsiones en los indicadores económicos. Por lo cual, asimismo, son también inviables en el mediano y largo plazo.

Si se combinan, la mezcla puede ser letal.

Según he podido apreciar, el votante de Macri hizo su elección por estas razones de mayor o menor peso relativo:

  1. El perfil desarrollista del presidente Macri.
  2. Su hartazgo con el modelo populista del gobierno anterior (FpV)*
  3. Los altísimos índices de corrupción también alcanzados por el FpV* en su gestión.

Posiblemente los dos últimos factores o motivaciones hayan pesado más que el primero en la elección del candidato de Cambiemos para conducir los destinos políticos y económicos del país.

Lo cierto es como decíamos que, desde el ángulo exclusivamente económico, desarrollismo y populismo son infactibles en el mediano y largo plazo, porque uno y otro son intervencionistas. Lo que -por supuesto- de ningún modo esto equivale a la afirmación de que son la misma cosa, ni que se puedan confundir entre sí. Si bien conducen al mismo resultado lo hacen por vías diferentes.

Es bastante probable que el presidente Macri (convencido desarrollista -a nuestro juicio-) esté manteniendo y tratando de combinar el mismo con ciertas medidas populistas, más como un recurso político que otra cosa. Y posiblemente también que lo esté haciendo en contra de sus verdaderas convicciones, más que nada influido por algunos de sus ministros, secretarios y allegados más cercanos que lo presionan en tal sentido. También hay que recordar que su Frente (Cambiemos) está conformado por sectores de la UCR y del ARI-CC que, sin ser abiertamente populistas, son -contradictoriamente- asistencialistas.

Pero como bien se ha dicho, el camino al infierno está empedrado por las mejores intenciones. Y esto es lo que -en suma- cuenta.

El dilema en el que se halla Macri -a mi modo de ver y atendiendo las opiniones que recojo de sus más fervientes partidarios- es que su electorado aspira a que continúe por el conducto del modelo desarrollista emprendido (y al cual creemos que Macri adhiere con sinceridad), y que deje de lado la política asistencialista, típica y esencial al más caro populismo, pero, en principio, extraña al desarrollismo entendido en su acepción originaria.

No obstante, parece ser que los más conspicuos asesores del presidente no están convencidos de aconsejar al primer magistrado el abandono del asistencialismo populista (se mantiene y se refuerza el programa de los llamados “planes sociales”, que no son más que simples y llanas subvenciones -más o menos encubiertas o explicitas- a personas que no trabajan por disímiles motivos) por los supuestos “costos electorales” o “políticos” que -de dejarse de lado- se le atribuyen.

Hay un obstáculo no menor que, con frecuencia, se soslaya en los análisis político-económicos, y que es el elemento legislativo. Por un lado, al arribar al poder, Cambiemos se encuentra con un cúmulo de leyes populistas que están vigentes y el gobierno debe cumplir y hacer cumplir, lo que es un condicionamiento importante que -de alguna manera- “ata de pies y manos” al gobierno de Macri.

Por otra parte, al momento de redactar estas líneas, Cambiemos no tiene mayoría propia en ninguna de las dos cámaras legislativas del congreso, y ambas están dominadas por partidos y legisladores de ideologías progresistas y aun de extrema izquierda, lo cual es mucho más preocupante como condicionante para el libre actuar del poder ejecutivo.

Elementos del poder judicial, por último, también participan, en parte y moderadamente, en algunos casos más y en otros menos, especialmente en los fueros laboral y de seguridad social, de esa filosofía asistencialista y progresista. En materia penal reina el abolicionismo en oposición al punitivismo. En fin.

Todos estos ingredientes complican y dificultan el recorrido a seguir y las decisiones a tomar.

Como constituyente agravante, la oposición se enardece por algo positivo, como es la decidida voluntad del gobierno de combatir la corrupción en todos sus frentes, y el aparente acompañamiento que -en tal sentido- se visibiliza haber comenzado a brindar el poder judicial en algunos fueros. Como contrapartida. la Iglesia católica y el sindicalismo también se suman a una oposición recalcitrante.

Todo este análisis, nos indica a nosotros al menos que, el margen de maniobra que tiene el poder ejecutivo es bastante pequeño como para adoptar posiciones y medidas que se aparten demasiado de estos importantes cercos políticos. Y si tenemos en cuenta que, desde el campo más amplio de lo social, la filosofía dominante -en todos los ámbitos- es progresista e intervencionista, no se vislumbra en el corto plazo ninguna variante de rumbo apreciable en la dirección de los asuntos políticos y económicos que no sea de grado. Solo una tajante y profunda transformación cultural podría producirlo, pero ello -naturalmente- no en lo inmediato.

Convendrá remarcar nuevamente -a fin de despejar toda duda- que el desarrollismono tiene puntos de contacto con el liberalismo, excepto en unos pocos de sus fines. Pero en lo que a los medios se refieren las discrepancias entre ambos sistemas son absolutas. Como dijimos, el desarrollismo es esencialmente intervencionista, en tanto el liberalismo es anti-intervencionista.

En suma, los problemas económicos que actualmente enfrenta el gobierno no son sino consecuencia del dominio de ideas que están abiertamente reñidas con la más sencilla lógica económica, que enseña que solo el trayecto emprendido por el liberalismo es la vía racional para superar toda crisis y dirigirse hacia el genuino progreso y prosperidad.

 *siglas del “Frente para la Victoria”, secta política peronista integrada por el nefasto matrimonio Kirchner.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.