El obelisco negro de la inflación argentina

Por Carlos Newland y Juan Carlos Rosiello, Profesores de Eseade.

La inflación no sólo es una degradación en el valor del dinero que poseemos sino que también conlleva efectos destructivos sobre la economía en su conjunto, al alterar los cálculos económicos, perjudicar los contratos pactados y reducir el mercado crediticio. Podríamos recomendar muchos trabajos académicos sobre el tema. Pero es una obra literaria la que quizás más descarnadamente muestra sus efectos. Se trata de “El Obelisco Negro” (1956),  una novela ambientada en la década de 1920 en una Alemania inmersa en un proceso hiperinflacionario. Su autor es Erich María Remarque, también creador de “Sin Novedad en el Frente”, pieza literaria que fuera llevada al cine por Lewis Milestone en 1930. De Remarque es menos conocido “El Obelisco Negro”, un relato tragicómico, que trata en buena medida de las restricciones que sufría una pequeña empresa dedicada a la venta de placas y monumentos funerarios ante el violento cambio cotidiano en los precios. Aunque la Argentina no está en el momento en una situación hiperinflacionaria sino de alta inflación, los males descritos son similares.

La novela de Remarque se ambienta en el pueblo ficticio de Wenderbruck  en 1923, pero podríamos ubicarla en cualquier ciudad bonaerense en 2021. Los protagonistas principales son dos socios propietarios de la empresa y un empleado, Ludwig, que ejerce el papel de espectador y relator del drama. Lo primero que destaca Remarque es que la inflación produce un espejismo en las empresas, que parecen aumentar exitosamente sus ventas en moneda nominal, pero en realidad es a costa de crecientes pérdidas. En el primer párrafo del libro se lee: “… nuestros negocios marchan bien. El primer trimestre ha sido sumamente animado; hemos realizado ventas brillantes, y con ello, nos estamos arruinando…”. ¿Cuál era el principal problema? Que el reponer la mercadería tenía costos astronómicos, mayores a los logrados por las ventas. Por este factor la tarea de los empresarios se complicaba enormemente, ya que no bastaba hacer un cálculo simple de rentabilidad, sino que ahora debían estimar la evolución futura de los precios para concretar negocios razonables.

Como en Argentina en el pasado y en el presente en la novela la inflación creciente hacía que el gobierno tuviera que emitir billetes de cada vez mayor valor nominal. Uno de los socios de la empresa exclama: “Los nuevos billetes de cien mil se imprimieron hace dos semanas, pronto serán necesarios los de un millón. ¿Cuándo llegaremos a los de un billón?” En nuestro país no hace tanto el gobierno se resistía a la emisión de billetes de 1000 pesos para no reconocer la dificultad creciente de hacer transacciones con billetes de 100 pesos. Obviamente que si el proceso sigue o se acelera se necesitarán en un futuro no lejano billetes de 5000 y 1000 pesos.

En Alemania en 1923, como en la Argentina, la moneda de referencia dejó de ser la local (el marco) pasando a ser el dólar norteamericano, cuyo valor todos parecían tomar como referencia para establecer los precios. Esto llevaba a un frenético seguimiento de su cotización a lo largo de cada jornada para así poder determinar el importe real de los otros bienes o remuneraciones. El único descanso para los actores económicos ocurría durante el domingo, cuando la divisa no se transaba. En la novela una prostituta informa a un cliente que sus servicios costarán 60.000 marcos, por la cotización esperada del dólar. Ante la reacción negativa de su cliente exclama “¡Cálmate! La cotización del dólar es como la muerte, no puedes escapar de ella.”

Uno de los efectos negativos de la inflación que destaca Remarque es la desaparición del crédito. Ningún proveedor quería vender a plazo porque se erosionaba el valor pactado: el resultado era que todas las transacciones terminaban siendo al contado. Esto dificultaba mucho el accionar de las empresas que no poseían capital del trabajo suficiente para desarrollar su potencial, con la consecuente reducción de la producción. Es verdad que los empresarios alemanes habían encontrado una forma de financiarse haciendo pagar el costo inflacionario al Estado. Al comprar un insumo, mármol en el caso de la empresa alemana, el adquirente entregaba una letra que estipulaba un pago futuro.  Esta letra era trasferida a la banca estatal con un descuento mucho menor a la inflación esperada. Obviamente ello generaba un déficit público creciente ya que cuando el Estado cobraba la letra su valor era insignificante. En la Argentina, los subsidios a los servicios públicos (transporte, energía, etc), al consumo  y al crédito, producen el mismo efecto sobre las cuentas públicas.

La inflación, en la novela,  causaba otros efectos. Uno de ellos eran las tensiones generadas por los continuos pedidos de aumento de salarios, ya que los empleados veían como su poder adquisitivo se derrumbaba rápidamente. Por otra parte, las víctimas principales de la inflación eran todos aquellos que no podían ajustar rápidamente sus ingresos, los jubilados, los trabajadores y en general los más pobres. Toda negociación salarial por parte de los funcionarios  o a favor de pensionados llegaba tarde en sus incrementos, cuando los montos pactados ya habían sido superados por los nuevos aumentos de precios. La novela describe muchos casos de suicidios de ancianos, pequeños rentistas o pensionados. Uno de ellos, un funcionario retirado, exhibía junto a su cuerpo la libreta de inversiones bancarias, con fondos depositados que había creído se abonarían  en su valor oro original. En cambio el banco público los pagaba en marcos, una suma insignificante. Remarque lapidario: “El Estado, ese prevaricador impune, que estafa billones y encarcela al que defrauda 5 marcos.” En Argentina ello ha ocurrido en reiteradas oportunidades. Podríamos mencionar a modo de ejemplo, los bonos del Empréstito 9 de Julio (1962) creados por el ministro Alsogaray durante el gobierno del presidente Frondizi para pagar sueldos a jubilados y estatales y que después de un año ya habían perdido el 30% de su valor;  el Plan Bonex (1989), una conversión forzosa de los depósitos bancarios por bonos a 10 años, implementado por el ministro Ermán González durante el gobierno del presidente Menem en un contexto de hiperinflación (más del 3000% anual) y default de la deuda externa y el más reciente “corralito” (2001) del ministro Cavallo durante la crisis política e institucional que derivó en la renuncia anticipada del presidente De la Rúa y la posterior pesificación asimétrica (se pagaron $1,40 por dólar cuando la cotización rondaba los $4 por dólar) de los depósitos en dólares de los ahorristas ya durante la mandato provisional del presidente.Duhalde.

Seguramente el relato de Remarque sonará extraño y lejano para un lector sueco, japonés o canadiense. No así para un argentino. Para nosotros no es más que una descripción de una realidad pasada y presente. Si algún escritor elaborara una odisea realista de una familia argentina que cubriera los últimos 75 años, la inflación indudablemente debería estar en el trasfondo de todos los acontecimientos relatados. En la novela el obelisco negro era un monumento que la marmolera no había podido vender por su fealdad, pero que permanecía muy visible en el jardín de exhibición del establecimiento. Así es la inflación para los argentinos, indeseable y desagradable, pero siempre visible. Nuestro obelisco negro.

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

 Juan Carlos Rosiello es Doctor en Economía (ESEADE). Profesor de posgrado en las Maestrías de Derecho Empresario, Economía y Ciencias Políticas.

El ministro Guzmán se acordó tarde de dar señales de disciplina monetaria

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/11/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/11/03/el-ministro-guzman-se-acordo-tarde-de-dar-senales-de-disciplina-monetaria/

Economía renunció a recibir en noviembre y diciembre Adelantos Transitorios del Banco Central, pero podrá contar con unos $800.000 millones de saldo de giro de utilidades de la entidad del año anterior

El ministro de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA (EFE)

El ministro de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA (EFE)

Al inicio de la semana, antes que el mercado financiero comenzara a operar, el Ministerio de Economía emitió un comunicado anunciando que en el último bimestre del año el Tesoro no hará uso de los Adelantos Transitorios del BCRA. De acuerdo con la Carta Orgánica del Banco Central, que es una ley, sólo puede asistir al Tesoro considerando los siguientes límites: 12% de la Base Monetaria, 10% de los recursos en efectivo que el Gobierno nacional haya recibido en los últimos 12 meses (un límite muy difuso) y, en casos excepcionales, hasta el 10% adicional del monto citado en el párrafo anterior. Es decir, hasta el 10% de los recursos en efectivo.

Al momento de redactar esta nota, el stock de adelantos transitorios era de $1,4 billones. Según los parámetros enumerados en el párrafo anterior por nivel de base monetaria podía girarle $268.800 millones y por la duplicación del 10% de los ingresos tributarios otros $1,1 billones, de manera que el BCRA ya está en el límite de lo que le permite la Carta Orgánica de la Entidad, sólo modificable por una ley del Congreso.

La otra opción que tiene el BCRA es emitir por el giro de utilidades que se “inventaron” al cambiar a fines de 2019 la forma de valuar las Letras Intransferibles que le entregó el Tesoro al BCRA a cambio de quitarle reservas en divisas. Eso se hizo intensamente en el anterior período K, y se repitió en el último balance semanal de la entidad del año anterior, que mostró una utilidad de $2 billones.

En lo que va del año el BCRA le giro “utilidades” al Tesoro por $1,2 billones, lo que significa que todavía le quedan $800.000 millones para emitir y transferir a la Administración Central. En otras palabras, el déficit fiscal podría seguir financiándose con emisión monetaria pero no vía los Adelantos Transitorios.

Al 30 de octubre la base monetaria era de $2,3 billones, el doble del nivel que tenía a comienzos del año. En rigor, parte de esa emisión se transformó en Leliq y Pases, por un total de $2,4 billones, con lo cual parte del déficit fiscal se financió con emisión y parte con deuda del BCRA que no puede pagar porque no genera utilidades genuinas para honrar la devolución el principal y los intereses.

https://e.infogram.com/d8ae5f7d-58d0-4a3e-9a99-d558cc4220ff?src=embed

Así, el Central generó un crecimiento de $1,4 billones de la deuda emitida para financiar el déficit fiscal, y con eso armó una “bomba de tiempo” muy sensible en términos de perspectivas de inflación, que se agrava con la emisión monetaria remanente; o bien la repetición de un plan Bonex, como a fines de 1989, si la gente fuese a retirar los depósitos en pesos de los bancos.

Crowding out

El ministro Martín Guzmán dice que va a comenzar a financiar el déficit fiscal del último bimestre del año con colocación de deuda en el mercado interno. Eso significa desplazar al sector privado del mercado crediticio. Al 27 de octubre el BCRA tenía colocadas Leliq y Pases por el equivalente al 47% del total de depósitos en pesos del sector privado. Es decir, el Estado ya absorbe casi la mitad del ahorro de los particulares en el sistema financiero y deja escaso margen para que haya préstamos a tasas accesibles al resto del mercado.

La intención de Economía es tratar de reducir las expectativas inflacionarias, pero no queda claro su mensaje, porque sólo se refirió a uno de los principales componentes de la emisión originada en el sector público, los adelantos, pero nada dijo de las transferencias de utilidades del BCRA.El problema que todavía le queda pendiente por resolver a Economía y al Banco Central, y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios, es la caída estacional en la demanda por moneda (Reuters)El problema que todavía le queda pendiente por resolver a Economía y al Banco Central, y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios, es la caída estacional en la demanda por moneda (Reuters)

Y aunque en el último bimestre no se emita moneda para financiar al Tesoro, el problema que todavía le queda pendiente por resolver y que puede generar una disparada del tipo de cambio y de los precios es la caída estacional en la demanda por moneda. Aunque el Central no emita un solo peso más para financiar el déficit fiscal, la expansión previa es tan grande que se ha convertido en una bola de pesos imparable.

Desempeño de la recaudación de impuestos

El ministro afirma en el comunicado en la apertura de la semana que “la paulatina y aún incipiente recuperación de la actividad económica ha repercutido positivamente en la recaudación impositiva”. Es cierto que los ingresos fiscales de octubre superaron la inflación anual, pero también es cierto que impuestos claves como el IVA-DGI y sobre los Créditos y Débitos Bancarios, que reflejan el nivel de actividad económica, crecieron nominalmente 26,4% y 25,8%, respectivamente, ubicándose entre 12 y 13 puntos porcentuales por debajo de la inflación anual.

Por tanto, conviene insistir en que el ministro se acordó tarde de comenzar a poner orden monetario, porque ahora tiene el reloj de las Leliq que sigue corriendo y se suma la caída en la demanda de moneda nacional.

¿Fue culpa de la pandemia – cuarentena este desborde monetario? Considerando que antes de que se produjera la crisis sanitaria el BCRA ya había dibujado utilidades por $2 billones para poder emitir y transferirle al Tesoro con la idea de ponerle dinero en el bolsillo de la gente para reanimar el consumo, pareciera que ya estaba en la mente del Gobierno. Lo que cambió fue el motivo por el cual se generó este festival de expansión de pesos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky