G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La tragedia y las farsas: los ciclos económicos Kirchner/Macri, Perón/Perón/Videla y Yrigoyen/Uriburu/Justo comparados

Por Carlos Newland:

 

En su muy conocida enumeración de Carlos Marx implica que algunos eventos históricos se repiten dos veces. La primera vez se generaba lo que denominó una “tragedia”: una situación dramática ocurrida  en un contexto determinado. La segunda y posterior, que caratuló como “farsa” era parecida en algunas de sus características a la primera pero con aspectos caricaturescos, por su reiteración[1]. Algo similar ha expresado recientemente Loris Zanatta: “La historia no es magistra vitae: la mayoría de las veces nos revela lo que haremos de nuevo, una vez, cien o mil veces más. Es aterrador, pero es así”[2]. El título de una de las obras más importantes sobre la evolución económica argentina también hace referencia a un cierto comportamiento cíclico, con períodos que transitan de la ilusión al desencanto[3].  Ciertamente la historia económica parece cumplir esta regularidad: se reiteran situaciones de populismo que incluyen gasto público exacerbado, inflación, aumento de deuda y revaluación de la moneda, seguidas por crisis en el sector externo, en la actividad productiva y de empeoramiento de los salarios reales. Dentro de cada ciclo también se produce una repetición: el nuevo gobierno que busca solucionar el desequilibrio generado por  su predecesor repite luego de un tiempo las mismas conductas y políticas. La apreciación en 1933 de Luis Roque Gondra sobre la política económica del General Uriburu  parece poder aplicarse a muchos otros periodos: “Como otros cómicos, seguíase representando la misma comedia demagógica momentáneamente interrumpida por (el cambio de gobierno)”[4]. Aquí analizamos tres transiciones políticas que, aunque separadas entre ellas por casi medio siglo, muestran la persistencia de las mismas situaciones a lo largo del tiempo. La primera abarca al segundo  gobierno  del radical Hipólito Yrigoyen (1928-1930), que fue derribado por un golpe militar-civil liderado por el General José Uriburu (1930-1932) y luego seguido por la presidencia fraudulenta, pero de cierta práctica democrático-institucional  del General Agustín P. Justo (1932-1938)[5]. El segundo caso descripto es la transición del gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel Perón (1973-1976), con el gobierno militar golpista de Jorge Rafael Videla (1976-1981). El tercer caso es el de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), que fue sucedida por el actual gobierno (esta vez democrático) de Mauricio Macri. Las semejanzas de las tres situaciones históricas en el terreno de la economía son notables.

El origen: Bonanza previa y populismo

El gobierno del radical Marcelo T. De Alvear (1922-1928) se desarrolló en años prósperos sustentados en un elevado nivel de exportaciones, las que llegaron a su máximo histórico en 1928. El aumento del gasto público en esos años fue acompañado por un incremento en los ingresos fiscales generados por esta bonanza.  Cuando Hipólito Yrigoyen inició su segunda presidencia a fines 1928, se detonó un ciclo claramente populista que implicó un aumento notable en las  erogaciones estatales.  Raul Prebish, un testigo privilegiado y actor de la época, escribiendo en enero de 1931 indicaba enfáticamente  “los gastos públicos …crecieron en estos últimos años en forma extraordinaria”[6].  En una época de estabilidad monetaria (seguida por deflación) el gasto público nominal pasaría de 696 millones de pesos en 1928 a 844 en 1929 , y a 907 en 1930[7]. La cantidad de empleados estatales, por su parte,  aumentó un 8% entre 1927 y 1929 [8]. Al mismo tiempo existió un crecimiento elevadísimo de las erogaciones en pensiones de funcionarios estatales (otorgados sin contraprestación): el monto asignado al rubro tendría un incremento de 67% entre 1928 y 1929[9]. Durante 1929 todavía existía una situación de prosperidad que conllevaba una razonable recaudación impositiva, pero en 1930 comenzó a impactar el inicio de la Gran Depresión, con su efecto depresivo sobre los ingresos estatales, en particular los aduaneros. Para el país había sido perjudicial la caída entre 1928 y 1930 de un 21% de los precios de los productos exportados.  La recaudación fiscal se redujo de 748 millones de pesos en 1929 a 663 en 1930[10]. La consecuencia del aumento de gasto, con una concomitante caída de ingresos, fue un incremento del déficit que de ser 180 millones de pesos en 1928 pasó a 240 millones en 1929 y a 429 millones en 1930.[11] El golpe militar-civil contra Yrigoyen fue en parte auto justificado por el desorden fiscal: Uriburu en su manifiesto de setiembre de 1930 indicaba que su intención era modificar la situación de politiquería, despilfarro económico y corrupción administrativa reinante en el gobierno depuesto[12].

Los gobiernos de tinte populista de Juan e Isabel Perón (1973-1976) se iniciaron en un contexto internacional muy favorable, ya que en 1973 los precios de exportación para Argentina llegaban a un alto nivel, lo que se tradujo en un significativo superávit comercial. En ese marco se experimentó un crecimiento del PBI de 4,5% en 1973 y de 6,7% en 1974[13]. Para 1974 el país comenzó a verse afectado por el aumento en los precios de petróleo, las restricciones europeas aplicadas a las importaciones de carne argentina y un empeoramiento general en los términos de intercambio.  Al mismo tiempo crecía notablemente el gasto  público, que pasó del 22% del PBI en 1972, a rondar el 30% en 1975.[14] El resultado fue un desequilibro fiscal creciente, y el déficit estatal  llegó a representar un brutal 16% del PBI en 1975, en medio de una inflación que superó el 50% mensual (a principios de 1976).También en este caso el gobierno resultante del golpe militar se justificó en el desorden fiscal y económico imperante. El general Jorge Rafael Videla (1976-1981) anunciaría en su primer discurso: “Nunca fue tan grande el desorden en el funcionamiento del Estado, conducido con ineficiencia en una marco de generalizada corrupción administrativa y de complaciente demagogia”[15].

No muy distinto fue el caso de Cristina Kirchner. Su presidencia (2007-2015) se desarrolló dentro de un marco internacional favorable en cuanto a los  precios de exportación. Los valores de la soja a los que se le aplicaban y aplican retenciones, fueron mejorando desde el año 2005 hasta llegar a su máximo en septiembre de 2012. Por otra parte, el importante socio comercial de Argentina, Brasil, fue no sólo beneficiado por los aumentos de precio de los granos que exportaba, sino también de sus minerales, como el hierro, un insumo industrial muy demandado por China. En este contexto el gasto público consolidado se incrementó notablemente pasando de 32,6% del PBI en 2007 al 47,1% en 2015[16]. Este salto se generó debido a un incremento gigantesco de la cantidad de jubilados y pensionados (alrededor de 3 millones adicionales) y empleados públicos (mas de un millón adicionales), y por  subsidios a la energía y de tipo social. La situación fiscal comenzó a desequilibrarse dramáticamente en 2012, cuando el valor de la soja inició su descenso afectando las retenciones que abonaba. Para mayo de 2015 su precio llegó a su mínimo, lo que representaba una caída de 50% respecto al máximo alcanzado. Los menores ingresos fiscales, con el constante aumento del gasto, conllevaron a que el déficit fuera creciendo desde un valor casi nulo en 2007 al 6% del PBI en 2015. A diferencia de los Generales Uriburu y Videla, Mauricio Macri no enfatizaría en su campaña ni en sus discursos iniciales el pesado desequilibrio fiscal heredado[17]. Para su equipo económico la situación aparentemente no era demasiado grave y sería subsanable mediante un programa gradualista y el crecimiento económico propulsado por inversiones externas.

El mantenimiento del gasto público

Pese a autoproclamarse adalides de  la austeridad  fiscal los gobiernos de Uriburu y Justo mantuvieron el gasto público elevado en términos nominales y más aún en términos reales (por la deflación). Mientras que el presupuesto de 1929 marcaba un gasto de 704 millones de pesos, para 1933 este había subido a 775 millones de pesos. El pago de los servicios de la deuda estatal implicaron una fuerte carga sobre el presupuesto público, absorbiendo el 15.1 % del gasto en 1929 y el 29.2% en 1932[18].  Aunque algunos rubros presupuestarios bajaron, como los fondos destinados a la administración general, otros se incrementaron, como las erogaciones  en defensa, que pasaron de 113 millones de pesos en 1929 a 121 millones en 1934.

 

Durante el gobierno de Videla se produjo inicialmente una reducción del déficit fiscal, que pasó del 16%  del PBI en 1975 al 14% en 1976 y al 8% en 1977.  Esta última cifra, de todas maneras muy elevada, no pudo seguir reduciéndose en el futuro, quedando en ese nivel o en uno superior entre 1978 y 1980. Aunque el gobierno de facto redujo algunos rubros del presupuesto, otros fueron aumentados, como los gastos militares, trasferencias financieras y el pago de servicios de la deuda. Es verdad que la cantidad de empleados públicos tuvo alguna caída, pero esta baja fue compensada por mayores niveles salariales aplicados al sector. Por otra parte el esquema  conocido como “cuenta  de regulación monetaria” implicó una trasferencia creciente del fondos públicos al sector financiero. Todo ello hizo que durante el gobierno militar el gasto público terminara aumentando significativamente en términos reales, al tiempo que también se incrementaba la presión impositiva.[19]

 

El gobierno de Macri no  propuso en su campaña política no aplicó una reducción drástica de las erogaciones publicas. Por ello no sorprende que el gasto se mantuviera en su nivel y en 2017 el déficit siguiera representado un 6-7% del PBI, una magnitud similar que en 2015. La baja de  subsidios energéticos aplicada por el gobierno sería compensada por un aumento del peso de los intereses de la creciente deuda pública. La proyección del déficit para 2018 se mantiene en la misma magnitud.

 

La financiación del gasto

 

Para cubrir el déficit el gobierno de Yrigoyen (y luego el de Uriburu) comenzó a aumentar desesperadamente sus requerimientos de fondos en el mercado financiero local. La deuda estatal de corto plazo fue creciendo de 472 millones de pesos en 1928 a 556 en 1929, a 684 en 1930 y a 797 millones en 1931. Yrigoyen también recurrió al crédito externo para cubrir sus erogaciones a principios de 1930 por 175 millones de pesos (con bancos británicos y norteamericanos), pero esta fuente de recursos se esfumaría rápidamente al retraerse la oferta internacional de capitales con la Depresión. Entre los prestamistas de corto plazo al gobierno  destacaba en primer lugar el  Banco Nación, quien de transferir al gobierno 96 millones de pesos en 1928, pasó a 180 millones en 1929, a 258 millones en 1930 y a 273 millones en 1931[20].  Al mismo tiempo el Estado se endeudaría con la banca privada (por 202 millones de pesos en 1930), con compañías aseguradoras, con los funcionarios públicos (a los que les comenzó a retrasar el pago de haberes) y con sus proveedores.   Según Raul Prebish, si el Banco Nación (y muchos Bancos Privados) hubiesen sido independientes del sistema político jamás hubieran permitido que sus préstamos al Gobierno llegaran a una dimensión que finalmente puso en riesgo al sistema financiero[21]. Por otra parte, también se recurrió a la emisión monetaria. La primera gran emisión se produjo en  1931 cuando se requirió a la Caja de Conversión generar 360 millones de pesos que fueron entregados al Banco Nación.  La otra se produciría en 1932, por 170 millones de pesos entregados por la Caja de Conversión al Gobierno para abonar salarios y a proveedores impagos. Para 1932 casi un tercio de la moneda en curso tuvo su origen en estas dos emisiones[22]. Finalmente, estos gobiernos aumentaron la carga impositiva. Así fueron incrementando o creando  nuevos tributos, como las tarifas aduaneras, los impuestos a las transacciones y a los combustibles (en 1931), a los ingresos (1932), y el denominado fondo de cambios (1933), entre otros. El resultado fue que los ingresos impositivos no sólo no cayeron, sino que aumentaron en términos nominales y reales entre 1929 y 1933.

Los gobiernos de Juan e Isabel Perón recurrieron claramente a la emisión monetaria para la financiación del déficit fiscal. El circulante se duplicó en 1973 y siguió aumentando en los años siguientes. Para 1975 la inflación rondaba el 190%[23]. Durante el gobierno del General Videla, el elevado gasto público fue cubierto mediante emisión monetaria, mayor presión impositiva (con la generalización del IVA, por ejemplo) y un creciente endeudamiento internacional[24].  La deuda externa estatal se duplicó entre 1976 y 1980. Hacia el final de su gobierno el pago de sus servicios absorbía cada vez más recursos fiscales.

En el caso del gobierno de Cristina Kirchner el creciente déficit fiscal fue cubierto en buena medida con mayor presión impositiva y  emisión monetaria. La recaudación fiscal nacional pasó de representar el 21% del PBI en 2007 a 35% en 2016. Ya a fines 2007 su gobierno benefició por un aumento de las retenciones de los granos exportados que, según el producto, podían ir de un 25% a un 40%.  Por otra parte, en 2008 se recurrió a la estatización de los fondos de pensión, que brindaron al Estado recursos adicionales para cubrir los nuevos desembolsos. Asimismo, al no actualizarse las bases imponibles, la inflación generó mayores ingresos del Impuesto a las Ganancias. Finalmente las crecientes necesidades fiscales se cubrieron también con el financiamiento inflacionario. El incremento del circulante se tradujo en un creciente aumento de precios, que supero el 25 % en los últimos años kirchneristas.

 

Al llegar al gobierno Macri redujo algunos impuestos, como parte de los tributos aplicados a las exportaciones. Al mismo tiempo la legalización  de capitales externos no declarados conllevó un fuerte ingreso fiscal en 2017, lo que dejó la presión impositiva total relativamente estable.  Por otra parte su gobierno continuó recurriendo a la emisión monetaria para financiarse, a través de un mecanismo indirecto. El Tesoro emite bonos externos, cuyos ingresos de divisas son adquiridos (emisión mediante) por el Banco Central.  A su vez este emite bonos (LEBAC) para neutralizar (parte) del impacto del aumento monetario.  La deuda externa era de 167 mil millones de dólares en diciembre de 2015 acercándose posiblemente a fines de 2018 a 300 mil millones de dólares. Por otra parte el incremento de la moneda  circulante rondaría  hacia 2018 el 30% anual.

 

Tipo de cambio sobrevaluado

 

En 1929 el gobierno radical abandonó  el Patrón Oro dejando flotar libremente la moneda, lo que generó una importante devaluación. Pero en 1931 esta situación se contrarrestó parcialmente con el establecimiento un tipo de cambio fijo que implicó en la práctica una revaluación del peso, sobrevaloración que puede intuirse estuvo en el orden del 15% .   Una de las razones de esta medida fue la de permitir al gobierno adquirir divisas a un menor costo para así honrar más fácilmente los pagos de la deuda externa. Este tipo de cambio perjudicaba al sector exportador y a  su vez afectaba a la industria al abaratar la el precio de las manufacturas importadas. Que el tipo de cambio estaba desequilibrado se hizo manifiesto en los continuos excesos de la demanda de divisas (que fueron racionadas) por sobre su oferta.

 

Al fracasar el intento de bajar la inflación por no reducir la emisión monetaria, a partir de 1979 el gobierno del General Videla aplicó una política de fijación  del tipo de cambio que generó una gradual apreciación de la moneda, al superar la inflación la escala programada para los valores de las divisas. El objetivo era contener las expectativas inflacionarias,  pero la consecuencia fue dificultar la situación del sector exportador y alentar al turismo externo y a las importaciones perjudicando a la industria. A fines de 1978 y principios de 1980 la revaluación de la moneda argentina se agudizó: mientras que los mayoristas se triplicaron, el tipo de cambio aumentó únicamente  129%[25]. Un esquema parecido se aplicó a las tarifas de las empresas estatales: en este caso la consecuencia fue que crecieran sus perdidas, que parcialmente fueron financiadas con endeudamiento externo[26]. Otra vez, las divisas ingresantes tendían a elevar el valor de la moneda local. En 1980, después de años de ser positiva, la balanza comercial se volvió negativa.

 

En el caso del gobierno de Macri, y luego de una fuerte devaluación inicial de un 40%  (entre fines de 2015 y principios de 2016), lo que movió el tipo de cambio a un nivel más equilibrado, la moneda argentina comenzó un lento proceso de revaluación por el ingreso de divisas causado por el endeudamiento externo. Para fines  de  2017 un informe del FMI consideraba que la moneda argentina podría estar sobrevaluada en hasta un 25% respecto a su nivel de equilibrio de mediano plazo[27].  El resultado fue que la exportaciones tendieron a volverse  menos competitivas  y se alentaron los gastos en el exterior, en particular el turismo.  Para 2017 se verificó un déficit comercial cercano al 5% del PBI, magnitud que se estima se matendrá durante 2018.

Elevada tasa de interés

La negativa del Ministro de Hacienda del General Justo, Alberto Hueyo de renegociar la deuda pública, junto con el elevado gasto estatal causó a que el que el gobierno mantuviera constantes sus demandas de fondos internos y con ello se elevara dramáticamente la tasa de interés.  La brecha entre la rentabilidad empresaria y los costos financieros fue en aumento hasta hacerse máxima en 1933. La más importante organización empresaria de la época, la Confederación Argentina del Comercio, de la Industria y de la Producción, lo expresaba enfáticamente: “Todos los empresarios de Ia producción, comercio e industria tratan de  conseguir, por los menos, una rentabilidad igual al de los títulos oficiales, dado los riesgos que existen y que no encuentran en la inversión en títulos. Si no consiguen ese retorno, se desaniman como es natural, tratan de liquidar sus empresas, si es que lo pueden, para colocar su capital en títulos públicos, y este procedimiento al generalizarse determina un agravamiento de la situación general, especialmente de la desocupación obrera. La rentabilidad que hoy se obtiene de la producción es sumamente baja, muy inferior a la tasa oficial”.[28]

 

La reforma financiera encarada durante el gobierno de Videla implicó una liberalización del sector financiero y una de las consecuencias fue la aparición de fondos prestables a elevadas tasas. Dada la sobrevaluación creciente de la moneda por la política cambiaria aplicada ello generó durante 1979 y 1980 alta rentabilidad para fondos externos ingresantes de corto plazo, un factor que a su vez tendería a revaluar más la moneda.

 

La política monetaria restrictiva del Banco Central durante el gobierno de Macri y la continua demanda pública de fondos internos causó elevadas tasas de interés. En dólares, durante 2016 la tasa fue de 8% anual, una de las más altas del mundo[29]. Dado el atraso cambiario el esquema fue muy atractivo para el ingreso de fondos especulativos de corto plazo.  El elevado costo financiero implicó que para todos los sectores fuera cada vez más difícil y caro obtener crédito, afectando la cadena de pagos[30]. A fines de 2017 un informe del FMI alertaba sobre el efecto de crowding out de inversión privada que era consecuencia del creciente endeudamiento público.

 

La razón de las repeticiones cíclicas

 

En todos los casos analizados destaca la permanencia del elevado gasto público, junto con su consecuencia, el déficit fiscal y la inflación. Algunos gobiernos incrementan las erogaciones públicas dramáticamente y otros gobiernos, que los reemplazan, buscan solucionar el desequilibrio generado. Pero lo intentan de una manera que eventualmente no reduce (o inclusive aumenta) las erogaciones en la medida requerida. Dado que el gasto debe financiarse de alguna manera siempre se recurre a un incremento de la presión impositiva, la deuda o a la emisión monetaria, o a todos a la vez.  La requerida baja de las erogaciones es algo detestado e impopular y los gobernantes buscan instintivamente cualquier alternativa a su disminución drástica:  relata el Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz que en 1978 presentó a la Junta Militar dos alternativas para dominar la inflación: la primera era bajar la emisión, lo que claramente implicaba  un recorte del gasto. La segunda era “pisar” el tipo de cambio, lo que traccionaría a la baja  las expectativas de aumentos de precios. La segunda medida claramente no solucionaba estructuralmente el tema y sólo podía tener efectos de corto plazo. La opción de la Junta Militar en favor de la segunda opción fue “contundente”[31]. Por otra parte Ricardo López Murphy cuando como Ministro de Economía en 2001 aconsejó al Presidente Fernando de la Rua un recorte del gasto, una propuesta que sería (considerando lo que ocurrió posteriormente) bastante modesta. Pero el presidente decidió reemplazarlo por Domingo Cavallo quien parecía ofrecer una salida más indolora a la crisis. Los gobernantes, piensa López Murphy, tienen una propensión  en casos de crisis a escuchar diagnósticos y propuestas optimistas, que por otra parte estiman les permiten no perder su popularidad.[32]

 

Dado que estas situaciones se repiten debe quizás buscarse en causas culturales/psicológicas más profundas el sustrato de este comportamiento reiterativo.  El filósofo José Ortega y Gasset, cuando visitó a el país en las primeras décadas del siglo 20 (en 1916 y en 1929) destacó que los argentinos tenían incorporada en su cultura la idea de un Estado grande, excesivo. Por otra parte no vivían conectados con su contexto y realidad, sino más bien proyectados en un futuro idealizado e ilusorio[33].  A su vez, el economista Emilio Coni, comentando en 1930 sobre lo afirmado por Ortega y Gasset aclaraba que el argentino era ya entonces un gran  creyente en el “Estado-Providencia”, una entidad que el ciudadano creía le solucionaría sus problemas laborales ofreciéndole empleo sin pedirle mucho a cambio[34]. Esta valoración del Estado, unido a un cierto irrealismo, parece ofrecer las condiciones ideales para prácticas populistas de incremento de las erogaciones sin una evaluación de su impacto en el largo plazo.  Otras interpretaciones más recientes marcan que los argentinos podrían sufrir de  lo que Sigmund Freud describía como una compulsión a la repetición: las situaciones penosas se reiterarían siempre olvidando su origen, bajo la creencia  de que eran situaciones nuevas. Psicólogos han marcado que el argentino está signado por un “pensamiento mágico” que inevitablemente lo lleva a la decepción, frustración, ira y la búsqueda de responsables externos.[35] Todo lo antedicho tiene mucha relevancia a la hora de explicar el porqué en los contextos de gasto o déficit fiscal crítico se implementan planes económicos  optimistas pero condenados al fracaso por los desequilibrios que causan: típicos han sido los esquemas que terminan generando una dañina revaluación de la moneda. Por otra parte todo intento de reforma, de “achicar el gasto” sólo perdura en las primeros momentos de los gobiernos: pronto las demandas políticas aplastan las intenciones de recorte o frugalidad.   Si esta cultura, mezcla de estatismo, junto con una dosis de irrealidad sobre el futuro y descuido del financiamiento público a largo plazo es una característica persistente de la cultura argentina, todo intento de mejora en las condiciones que permitan un crecimiento sostenido parecen difíciles de lograr. El bajo puesto logrado por el país recientemente en el ranking mundial  de ideología pro capitalista o pro mercado parece confirmar la existencia de una  “dotación de mentalidad” adversa a generar instituciones y políticas conducentes un desarrollo duradero[36].

 

[1] EN El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

[2] https://www.lanacion.com.ar/2130452-creencias-revolucionarias

[3] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires.

[4] Gondra, Luis Roque (1933), Elementos de Economía Política, Buenos Aires, Librería La Facultad, p. 292 .

[5] En este caso sólo abarcamos el periodo hasta 1934, que hemos estudiado con máyor detenimiento.

[6] Revista Económica (Enero 1931) 4:1, p. 1.

[7] Lascano, Marcelo, Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, 1972, p. 93.

[8] Persello, Ana Virginia (2000) “Administración y política en los gobiernos radicales, 1916-1930”, Sociohistórica, nº 8,  p.137.

[9] Potash, Robert (1982), El Ejercito y la politica en la Argentina 1928-1945, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p. 55.

[10] Lascano, Marcelo (1972), Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, p. 93.

[11] Ortiz Batalla, Javier (2001)  “Finanzas Públicas, Moneda y Bancos (1914-1945)” en Academia Nacional de la Historia, Nueva Historia de la Nacion Argentina, Buenos Aires, vol VIII, pp. 525-549.  p. 536

[12] https://es.scribd.com/document/212888063/Manifiesto-de-Uriburu-Del-6-de-Septiembre-de-1930

[13] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires, pp. 392, 398, 401

[14] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 250.

[15] http://www.ruinasdigitales.com/revistas/dictadura/Dictadura%20-%20Discursos%20de%20Videla%20-%201976.pdf

[16] https://www.minhacienda.gob.ar/secretarias/politica-economica/programacion-macroeconomica/gasto-publico-consolidado/

[17] El gigantesco desequilibrio fiscal heredado no es mencionado en el primer discurso de Macri en el congreso, el 10 de diciembre de 2015: https://www.lanacion.com.ar/1852996-transcripcion-completa-del-discurso-de-mauricio-macri. Tampoco lo había hecho en el acto de cierre de su campaña el 22 de octubre de 2015: http://pro.com.ar/blog/2015/10/22/discurso-de-mauricio-macri-en-el-acto-de-cierre-de-campana/

[18] Díaz Fuentes, Daniel (1993), Las políticas fiscales latinoamericana frente a la Gran Depresión, Madrid, p. 52

[19] De Pablo, Juan Carlos De Pablo (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La ley, I. pp. 1058-1059.

[20] Poder Ejecutivo Nacional (1938), Obra de Gobierno 1932-1938, s.p.,

[21] Prebish, Raul (1991) Obras  1919-1948,  Vol.  II,  Buenos  Aires,  p.  45.

[22] Sin embargo, la cantidad total de moneda en circulación no se incrementó notablemente ya que parte había quedado esterilizada al retirarse oro de la Caja de Conversion para el pago de la deuda externa.

[23] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 251.

[24] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, pp. 256-257.

[25] De Pablo, Juan Carlos (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La Ley, I. p. 979.

[26] Bonelli, Marcelo (2004), Un país en Deuda, Buenos Aires, Planeta, p. 35.

[27] https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2017/12/29/Argentina-2017-Article-IV-Consultation-Press-Release-Staff-Report-and-Statement-by-the-45530, p. 44.

[28] C.A.C.I.P., Tres sugestiones para aliviar la crisis, Buenos Aires, 1933, p.8

[29] https://www.infobae.com/economia/2018/04/02/argentina-es-el-pais-con-las-tasas-de-interes-mas-altas-del-mundo/

[30] https://www.lanacion.com.ar/2129921-advierten-por-el-impacto-en-la-actividad-economica

[31] Martínez de Hoz, José A. (1991), 15 años después, Buenos Aires, Emece, p. 197.

[32] Manifestado por Ricardo Lopez Murphy al autor de este trabajo en una charla personal.

[33] Sobre la visión de Ortega y Gasset sobre los argentinos ver Campomar, Marta (2009), Ortega y Gasset en la curva histórica de la Institución Cultural Española, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, pp. 547-593.

[34] Coni, Emilio (1930) El hombre a la ofensiva, Buenos Aires, p. 6.

[35] Sobre esta temática trata el artículo de Giselle Rumeau en el Cronista Comercial (11/5/2018): https://www.cronista.com/3dias/Argentina-y-el-eterno-retorno-una-mirada-psicologica-sobre-las-crisis-ciclicas-20180511-0002.html

[36] Ver el índice en: Newland, Carlos (2018) “Is Support for Capitalism Declining in the World? A Free-Market Mentality Index (FMMI) 1990-2012, Independent Review, 22, 4: 569-583. Argentina aparece en el lugar 51, de los 58 países computados, en su aprobación de la economía de mercado. (p. 581)

 

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

La industria ya está grande, que compita sola

Por Iván Carrino. Publicado el 11/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2032231-la-industria-ya-esta-grande-que-compita-sola

 

Por ser el padre del liberalismo, muchos creen que Adam Smith defendía a capa y espada a los empresarios. Sin embargo, el lúcido pensador escocés advertía, ya en 1776, que “las personas de un mismo ramo comercial rara vez llegan a reunirse sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en alguna maquinación para elevar los precios”.

Los empresarios no son ni buenos ni malos, pero como cualquier otro ser humano, están interesados en maximizar su bienestar individual. Si eso implica vulnerar los intereses de terceros, que así sea. De aquí la importancia que Smith, así como toda la tradición liberal posterior a él, le asignó a la competencia inherente a la economía de mercado.

En nuestro país, sin embargo, la advertencia de Smith sigue vigente. La opinión pública muestra una excesiva preocupación por el desempeño de la “industria nacional”. Esto es aprovechado por los industriales, para avanzar en una agenda intervencionista que genera beneficios para ellos, pero a costa de todos los demás.

Las alarmas encendidas por el desempeño de la manufactura son algo contradictorias. En 2014, cuando el sector se contrajo 4,9% (Indec), nadie ponía en duda el carácter industrialista del gobierno de Cristina Kirchner. En 2016, cuando la caída fue de 4,8%, el clamor contra la “desindustrialización” fue ensordecedor.

Hay que tener en cuenta es que la mirada sesgada proindustria no tiene mucho sentido hoy. En su momento se habló de países “industrializados” como sinónimo de “desarrollados”, pero hoy los países donde mejor se vive tienen un sector manufacturero inferior al 25% del PBI. Los servicios explican cerca del 70%. En EE.UU. la industria representaba el 29,4% del PBI en 1947 y hoy representa solo el 13,8%. En ese período, la riqueza de los estadounidenses se multiplicó por cuatro.

Lo relevante para que mejore la calidad de vida de la gente, no es el avance de un sector particular, sino de toda la producción. Y para ello no se necesitan “políticas activas” o proteccionismo, sino libertad económica. Es totalmente insignificante si lo que se produce son bienes materiales o servicios. Si la economía crece, la prosperidad aumenta y se reduce la pobreza.

La agenda de los industrialistas implica restringir el comercio, otorgar subsidios y privilegios especiales. Eso lo paga el consumidor, con precios más altos, y toda la economía, con una tasa menor de crecimiento. Si el Gobierno quiere cambiar en serio, tiene que abandonar por completo la idea de defender una industria nacional. La industria ya está grande. Que compita sola, como hacemos todos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Trump y Macri, un solo corazón

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1040708-469/trump-y-macri-un-solo-coraz%C3%B3n

 

El miedo es un arma letal que suele destruir al que lo padece, por eso la valentía es una virtud, porque suele llevarnos por los mejores caminos de la vida.

Chuky Trump, que defiende a la tortura, dice que terminará el faraónico e inútil muro -que inició Bill Clinton- que podría costar unos 15 mil millones de dólares a lo que hay que sumarle la manutención y los eventuales agentes y controles en semejante distancia. Por cierto, es bueno recordar que hoy son más los mexicanos que se marchan de EE UU que los que ingresan.

Al otro “muro”, el veto migratorio contra refugiados e inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, dice que lo hizo para combatir al terrorismo, pero al mismo tiempo cierra filas con Arabia Saudita donde están las ciudades prohibidas de La Meca y Medina, donde poseer una Biblia puede penarse con la muerte, entre otras cosas, demostrando que es la principal fuente del fanatismo islámico.

En la otra punta del continente, está Argentina, tierra de inmigrantes al punto que el presidente Macri es hijo de un italiano que llegó a buscarse la vida y construyó, sorprendentemente, un imperio a partir de la obra pública. Todavía hoy es uno de los países más abiertos del mundo, y el que más extranjeros tiene en Sudamérica.

Así, con seis homicidios por cada 100,000 habitantes está lejos aún de los 84 de Honduras*, 53 de Venezuela o 31 de Colombia, pero va camino de aumentar, dentro de un continente donde 135,000 personas fueron asesinadas en 2015, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero también Argentina está cambiando, atemorizada por políticos populistas que así consolidan su poder. Del mismo modo en que la izquierda encontraba en el extranjero la culpa de todo -en las “multinacionales go home”- la derecha exagerada de Macri frente a una sociedad atemorizada por la inseguridad, ha encontrado un culpable: los extranjeros.

Y ha iniciado controles más fuertes en las fronteras para evitar que entren “personas con antecedentes penales” y expulsiones más rápidas para los “delincuentes”. Argentina tiene un 4.5% de inmigrantes y en sus cárceles los extranjeros son el 6% del total. Pero el gobierno salió a “informar” que “en los delitos vinculados a la narcocriminalidad, un 33%… son extranjeros”. Y en una inocultable actitud xenofóbica, “vienen ciudadanos peruanos y paraguayos y se terminan matando por… la droga”, aseguró la ministra de Seguridad.

El nivel delictivo es muy alto precisamente por culpa del Estado. Es el principal creador de delincuentes, más allá de que el principio es incoherente (no puede detenerse la violencia con más violencia, represiva) a partir de prohibir algunas drogas dañinas, da lugar a los narcos y todos los delitos relacionados. De modo que aumentar los controles y el personal policial, lejos de evitar el delito, lo ahondará.

Y no porque la policía sea corrupta al punto de que muchos crímenes sean cometidos por sus agentes, sino porque esto aumenta el gasto estatal, por tanto, los impuestos empobreciendo a la sociedad creciendo la marginalidad. Otra populista, Cristina Kirchner, también anunció la expulsión de extranjeros y aumentó considerablemente la presencia de fuerzas de seguridad, y el delito creció.

En fin, Trump y Macri, desde los extremos geográficos van por el camino del miedo inaugurando una era de oscurantismo, y de más delitos salvajes como los del narco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Cristina F. de Kirchner sobre la inflación y el desempleo. Contesta Ravier sobre la curva de Philips

Por Martín Krause. Publicada el 5/9/16 en: http://bazar.ufm.edu/cristina-f-de-kirchner-sobre-la-inflacion-y-el-desempleo-contesta-ravier-sobre-la-curva-de-philips/

 

Comentaba Marcelo Longobardi en la radio una de estas mañanas, una frase atribuida a Cristina Kirchner diciendo que es mejor la inflación que el no-consumo. Su crítica fue correcta.

Pero un programa de radio no es para tratar mucho de teoría económica. Lo cierto es que la frase de CFK expresa algo que conocemos como ‘curva de Fisher”, la que, en términos muy simples, planteara un dilema supuestamente inevitable para la economía: o más actividad económica con inflación o menos inflación con más desempleo.

Este supuesto ‘dilema’ cayó ante la evidencia de lo que luego se llamó ‘estanflación’, que fue, precisamente, lo que tuvo Argentina durante los últimos años de CFK: inflación y desempleo, ambos a la vez, y ambos creciendo. Para analizar el tema, recomiendo este trabajo de Adrián Ravier, aunque tiene varios sobre el tema:https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2012/03/pm_ravier.pdf

Unos párrafos:

“Así como en los años sesenta la evidencia empírica demostró la carencia de sustento teórico de la Curva de Phillips keynesiana dando lugar a la contrarrevolución monetarista, desde los años setenta y hasta la actualidad la misma evidencia empírica vuelve, pero esta vez para contraponerse a la Curva de Phillips vertical monetarista —y también a aquella sustentada en las expectativas racionales—.

En el mismo artículo donde Friedman (1976) ofrece la síntesis del debate, plantea que «en los últimos años una inflación más alta a menudo ha sido acompañada por mayor y no menor desempleo, especialmente si se toman períodos de varios años de duración. Una curva de Phillips estadística simple para tales períodos parece de pendiente positiva, no vertical.»

Denominaremos a este dilema, «la observación de Friedman», entendida como aquella en la que Friedman observa una realidad empírica diferente a la ya señalada Curva de Phillips vertical. Observa Friedman que la inflación genera mayor desempleo, sin embargo su modelo basado en expectativas adaptativas o racionales, sumado al supuesto de neutralidad del dinero en el largo plazo, sólo le permite formular una Curva de Phillips vertical. Observa Friedman, sin embargo, una curva de Phillips de pendiente positiva en la que el efecto real de largo plazo no sería neutral.”

Y cita a Hayek:

«En conclusión puedo decir que la inflación tiene, por supuesto, otros efectos deficientes, mucho más penosos de lo que la mayoría de la gente comprende cuando no ha pasado por ella, pero el más serio y, a la vez, el menos comprensible, es que a la larga inevitablemente produce la desocupación extendida.»

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La Política como una Time Warp

Por Gabriela Pousa: Publicado el 3/6/16 en: http://economiaparatodos.net/la-politica-como-una-time-wrap/

 

La Política como una Time Wrap

No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas

Argentina es un país inclusivo, nadie puede dudar de ello, lo cierto es que la inclusión nos excluye de poder situar la atención en lo verdaderamente importante que sucede. En este mismo instante, cada canal de televisión muestra una parte de lo que pasa sin que la suma de todas ellas represente un todo homogéneo y razonable.

¿Qué es lo más grave, lo de Lázaro o lo de la AFA? En esta trama inexorablemente, se pierde la noción y se confunde lo urgente con lo importante, y lo que conviene con lo que no. 

Desde los allanamientos a los terrenos de Lázaro Báez, pasando por la renuncia de Marcelo Tinelli a la AFA, los secuestros que no volvieron porque nunca se fueron, el colapso del Hospital Garraham, un barrio que clama por el regreso del odontólogo Barreda sin explicación, hasta la desvergüenza del ex juez Oyarbide esperando convertirse en “el Lorenzetti de Bailando por un sueño” son todos temas de portadas hoy.

Mientras, el argentino común y silvestre por llamar de algún modo al vecino que trabaja y vive simplemente, sueñan con un país digno para sus nietos o hijos.
Para ese fin, no fue suficiente el cambio de gobierno. Fue un gran paso, un comienzo pero el camino es larguísimo.

De allí ese estado de insatisfacción en algunos, de temor en otros y de hastío en el resto. ¿Al final todos son iguales y cualquiera da lo mismo? No, definitivamente no.

Anoche Elisa Carrió volvió a decirlo con claridad supina guste o no: lo blanco es blanco y lo negro es negro. Hay avances y hay estancamiento. No pasamos de Cristina Kirchner a Churchill ni a Vaclav Havel. Los tiempos no son los que cada uno pretende pero sí, deben estar en armonía con las expectativas de la gente.

Además el tiempo sigue siendo el único recurso no renovable que tenemos, volver a perderlo sería suicida. Y haber perdido doce años en la vida de cualquiera no es mera anécdota .  A algunos se les fue la adolescencia en ese lapso, a otros la juventud, a muchos la salud. Solo queda la esperanza que como decía Albert Camus “tiene una rara vitalidad”. A ella hay que aferrarse sin dejar de exigir que el cambio sea real y palpable.

Hoy la Argentina es un conglomerado de escenarios para todo gusto. Casi una fiesta electrónica de esas donde se montan diferentes shows, y cada uno opta qué escuchar o presenciar sin darse cuenta quizás que tanto ruido, lo que provoca es una sordera general.

Por eso se busca denodadamente “huidas”, huidas que terminan a veces arruinando la vida. En política sucede lo mismo que en las previas adolescentes o en esas fiestas donde, al final, solo festejan quienes recaudan más.

En medio de todo esto, ¿cuál es el show principal? Esa es la pregunta cuya respuesta debemos buscar.

Hay un hecho de singular trascendencia: los anuncios del Presidente para los jubilados porque en rigor no atañen a un sector social sino a todo ser humano. Hay otro dato que molesta: Argentina no se jugó como debiera condenando los sucesos en Venezuela. 

Entre medio, el blanqueo de capitales que es probable sea necesario pero, simultáneamente, es eje de debate. Hay una delgada línea que separa lo ético de lo polémico. Encarar una reparación histórica de la tercera edad es un fin loable, el medio es cuestionable. Ni de un lado ni del otro, en el medio se puede estar pero no todo el tiempo, solo un poco.

Son muchos los temas para una sociedad que demanda normalidad, ausente durante más de una década. Como si todo esto fuese poco, intentan hacer creer que el Papa Francisco sigue siendo el jefe de la oposición, ya no del kirchnerismo. Estrategia conocida que nunca sirvió, cambiemos de mecanismo si queremos resultados distintos.

Polémica fútil e inoportuna que solo genera en algunos católicos, un desconcierto que no suma.  “Al César lo que es del César”, al Sumo Pontífice habría que dejarle la religión, la política no. A quién recibe y a quién no, no debiera modificar lo que los argentinos quieren cambiar según el voto emitido en el último comicio.


La apuesta al segundo semestre es un desafío grande. A un mes de ese comienzo no parecen estar aún las herramientas justas para reducir la inflación y evitar que crezca la pobreza. 
Como en todo, hay una grieta en cuanto a la espera. Los que eligen creer que van a poder. Los que sostienen que no saben qué hacer.

Pero claro, también están los argentinos que aplaudieron el kirchnerismo porque la corrupción no cuenta si el modelo permite la fiesta. Son esos mismos argentinos que aumentan a diario los precios por especulación y capricho. Esa manía que acarreamos de otras gestiones donde la desidia fue protagonista implementando el “sálvese quien pueda” de los Narcisos. 

Hay demasiados escenarios montados. La diversidad a veces no es buena consejera aún cuando permite que cada uno elija prestar atención a lo que prefiera. Lo cierto es que en la variedad está el gusto, y tamaño desfasaje de temas nos incluye a todos. Si acaso no nos interesa la relación con la Iglesia, nos ha de afectar la moratoria impositiva, o quizás la necesidad de ver que alguna vez se hace justicia.


No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas. No hay precisiones: ni una política liberal a ultranza ni un progresismo demagógico que contente con eufemismos y espejitos de colores. 
Hay tal vez un pie de cada lado del abismo.

El gobierno tendrá que decidir para qué lado ir, y el pueblo comprender que tironeando de un lado y de otro lo más factible es caer.  La ansiedad es negativa, la resignación sin embargo es letal. El mal menor esta vez parece ser la única opción. La próxima deberá ser más prolijo y mejor.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

¡Encarcelen al sistema!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/16 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/encarcelen-al-sistema/16586568

 

Por muchos políticos que encarcelen, no se detendrá la corrupción ni se devolverá lo robado.

Entiendo la ira de las personas con los políticos corruptos, pero la historia demuestra que, por muchos que se encarcelen, no se detendrá la corrupción ni se devolverá lo robado. Si hasta me parece contraproducente. Pareciera que estas campañas sirven para distraer a la opinión pública y para esconder el problema de fondo de la corrupción: el sistema estatista, que es al que debiera ‘encarcelarse’.

La situación de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se agravó y ahora la Fiscalía de ese país pide investigar al expresidente Lula da Silva, a tres ministros y a otros 27 políticos por los escándalos en Petrobras. Rousseff puede ser separada de su cargo si el Senado brasileño abre un juicio político, mientras el procurador general asegura que “en el ámbito” del gobernante Partido de los Trabajadores hay elementos que prueban la existencia de una “organización criminal”.

Entretanto, la justicia argentina empezó a investigar a la expresidenta Cristina Kirchner. Desde que Macri asumió la presidencia, y mientras tiene problemas serios, el Poder Judicial argentino ha acelerado las causas por corrupción durante el gobierno anterior y, de hecho, ya hay encarcelados. Por cierto, es llamativo que los mismos jueces que no sospechaban de los anteriores gobernantes cuando estaban en el poder, hoy encuentren que son culpables.

Y estos son solo dos ejemplos de los muchos que hay. La corrupción está generalizada porque es intrínseca al Estado moderno, que es el monopolio de la violencia con el cual gobierna: impone sus leyes con la fuerza policial. Y ya decían los griegos que la violencia es aquello que corrompe a la naturaleza. A diferencia del mercado -las personas-, donde las transacciones se realizan tras un natural acuerdo mutuo, el Estado impone coactivamente leyes, dejando el poder de decisión en burócratas susceptibles de ser sobornados.

Si comparamos el índice de corrupción de Transparency International con el de Libertad Económica de la Heritage Foundation, más allá de los errores lógicos en estas mediciones vemos que los más corruptos son los menos libres, aquellos donde el Estado tiene más peso y sus burócratas mayor poder de decisión.

Entre los menos corruptos aparecen Dinamarca, Finlandia, Suecia, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Suiza, Singapur, Canadá, Alemania, luego EE. UU. (16), y más abajo Uruguay (21), Chile (23), Colombia (83), y ya entre los más corruptos: Yemen (154), Haití y Venezuela (158) y finalmente Corea del Norte y Somalia (167).

Y los más libres serían Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Australia, Canadá, Chile, Irlanda, Estonia, Reino Unido, EE. UU., Dinamarca y luego estarían Colombia (puesto 33), Uruguay (41), Perú (49), Costa Rica (50), México (62), Panamá (66), Guatemala (82), Nicaragua (109), Honduras (113), Brasil (122), Ecuador (159), Bolivia (160), Argentina (169), Venezuela (176), Cuba (177) y Corea del Norte (178).

En fin, para terminar, un caso real que muestra que la corrupción es intrínseca al estatismo. Para presentarse a las licitaciones de obra pública, los gobiernos exigen una serie de condiciones. Un ministro, al fin de cuentas, decide quiénes pueden o no presentarse, y los elegidos se cartelizan y reparten las obras que se realizarán con grandes sobreprecios. El ministro no es sobornado, pero cuando se retira del gobierno, el ganador de la obra pública lo nombra director de otra empresa de su grupo, con una remuneración elevadísima. Todo legal.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.