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La tragedia y las farsas: los ciclos económicos Kirchner/Macri, Perón/Perón/Videla y Yrigoyen/Uriburu/Justo comparados

Por Carlos Newland:

 

En su muy conocida enumeración de Carlos Marx implica que algunos eventos históricos se repiten dos veces. La primera vez se generaba lo que denominó una “tragedia”: una situación dramática ocurrida  en un contexto determinado. La segunda y posterior, que caratuló como “farsa” era parecida en algunas de sus características a la primera pero con aspectos caricaturescos, por su reiteración[1]. Algo similar ha expresado recientemente Loris Zanatta: “La historia no es magistra vitae: la mayoría de las veces nos revela lo que haremos de nuevo, una vez, cien o mil veces más. Es aterrador, pero es así”[2]. El título de una de las obras más importantes sobre la evolución económica argentina también hace referencia a un cierto comportamiento cíclico, con períodos que transitan de la ilusión al desencanto[3].  Ciertamente la historia económica parece cumplir esta regularidad: se reiteran situaciones de populismo que incluyen gasto público exacerbado, inflación, aumento de deuda y revaluación de la moneda, seguidas por crisis en el sector externo, en la actividad productiva y de empeoramiento de los salarios reales. Dentro de cada ciclo también se produce una repetición: el nuevo gobierno que busca solucionar el desequilibrio generado por  su predecesor repite luego de un tiempo las mismas conductas y políticas. La apreciación en 1933 de Luis Roque Gondra sobre la política económica del General Uriburu  parece poder aplicarse a muchos otros periodos: “Como otros cómicos, seguíase representando la misma comedia demagógica momentáneamente interrumpida por (el cambio de gobierno)”[4]. Aquí analizamos tres transiciones políticas que, aunque separadas entre ellas por casi medio siglo, muestran la persistencia de las mismas situaciones a lo largo del tiempo. La primera abarca al segundo  gobierno  del radical Hipólito Yrigoyen (1928-1930), que fue derribado por un golpe militar-civil liderado por el General José Uriburu (1930-1932) y luego seguido por la presidencia fraudulenta, pero de cierta práctica democrático-institucional  del General Agustín P. Justo (1932-1938)[5]. El segundo caso descripto es la transición del gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel Perón (1973-1976), con el gobierno militar golpista de Jorge Rafael Videla (1976-1981). El tercer caso es el de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), que fue sucedida por el actual gobierno (esta vez democrático) de Mauricio Macri. Las semejanzas de las tres situaciones históricas en el terreno de la economía son notables.

El origen: Bonanza previa y populismo

El gobierno del radical Marcelo T. De Alvear (1922-1928) se desarrolló en años prósperos sustentados en un elevado nivel de exportaciones, las que llegaron a su máximo histórico en 1928. El aumento del gasto público en esos años fue acompañado por un incremento en los ingresos fiscales generados por esta bonanza.  Cuando Hipólito Yrigoyen inició su segunda presidencia a fines 1928, se detonó un ciclo claramente populista que implicó un aumento notable en las  erogaciones estatales.  Raul Prebish, un testigo privilegiado y actor de la época, escribiendo en enero de 1931 indicaba enfáticamente  “los gastos públicos …crecieron en estos últimos años en forma extraordinaria”[6].  En una época de estabilidad monetaria (seguida por deflación) el gasto público nominal pasaría de 696 millones de pesos en 1928 a 844 en 1929 , y a 907 en 1930[7]. La cantidad de empleados estatales, por su parte,  aumentó un 8% entre 1927 y 1929 [8]. Al mismo tiempo existió un crecimiento elevadísimo de las erogaciones en pensiones de funcionarios estatales (otorgados sin contraprestación): el monto asignado al rubro tendría un incremento de 67% entre 1928 y 1929[9]. Durante 1929 todavía existía una situación de prosperidad que conllevaba una razonable recaudación impositiva, pero en 1930 comenzó a impactar el inicio de la Gran Depresión, con su efecto depresivo sobre los ingresos estatales, en particular los aduaneros. Para el país había sido perjudicial la caída entre 1928 y 1930 de un 21% de los precios de los productos exportados.  La recaudación fiscal se redujo de 748 millones de pesos en 1929 a 663 en 1930[10]. La consecuencia del aumento de gasto, con una concomitante caída de ingresos, fue un incremento del déficit que de ser 180 millones de pesos en 1928 pasó a 240 millones en 1929 y a 429 millones en 1930.[11] El golpe militar-civil contra Yrigoyen fue en parte auto justificado por el desorden fiscal: Uriburu en su manifiesto de setiembre de 1930 indicaba que su intención era modificar la situación de politiquería, despilfarro económico y corrupción administrativa reinante en el gobierno depuesto[12].

Los gobiernos de tinte populista de Juan e Isabel Perón (1973-1976) se iniciaron en un contexto internacional muy favorable, ya que en 1973 los precios de exportación para Argentina llegaban a un alto nivel, lo que se tradujo en un significativo superávit comercial. En ese marco se experimentó un crecimiento del PBI de 4,5% en 1973 y de 6,7% en 1974[13]. Para 1974 el país comenzó a verse afectado por el aumento en los precios de petróleo, las restricciones europeas aplicadas a las importaciones de carne argentina y un empeoramiento general en los términos de intercambio.  Al mismo tiempo crecía notablemente el gasto  público, que pasó del 22% del PBI en 1972, a rondar el 30% en 1975.[14] El resultado fue un desequilibro fiscal creciente, y el déficit estatal  llegó a representar un brutal 16% del PBI en 1975, en medio de una inflación que superó el 50% mensual (a principios de 1976).También en este caso el gobierno resultante del golpe militar se justificó en el desorden fiscal y económico imperante. El general Jorge Rafael Videla (1976-1981) anunciaría en su primer discurso: “Nunca fue tan grande el desorden en el funcionamiento del Estado, conducido con ineficiencia en una marco de generalizada corrupción administrativa y de complaciente demagogia”[15].

No muy distinto fue el caso de Cristina Kirchner. Su presidencia (2007-2015) se desarrolló dentro de un marco internacional favorable en cuanto a los  precios de exportación. Los valores de la soja a los que se le aplicaban y aplican retenciones, fueron mejorando desde el año 2005 hasta llegar a su máximo en septiembre de 2012. Por otra parte, el importante socio comercial de Argentina, Brasil, fue no sólo beneficiado por los aumentos de precio de los granos que exportaba, sino también de sus minerales, como el hierro, un insumo industrial muy demandado por China. En este contexto el gasto público consolidado se incrementó notablemente pasando de 32,6% del PBI en 2007 al 47,1% en 2015[16]. Este salto se generó debido a un incremento gigantesco de la cantidad de jubilados y pensionados (alrededor de 3 millones adicionales) y empleados públicos (mas de un millón adicionales), y por  subsidios a la energía y de tipo social. La situación fiscal comenzó a desequilibrarse dramáticamente en 2012, cuando el valor de la soja inició su descenso afectando las retenciones que abonaba. Para mayo de 2015 su precio llegó a su mínimo, lo que representaba una caída de 50% respecto al máximo alcanzado. Los menores ingresos fiscales, con el constante aumento del gasto, conllevaron a que el déficit fuera creciendo desde un valor casi nulo en 2007 al 6% del PBI en 2015. A diferencia de los Generales Uriburu y Videla, Mauricio Macri no enfatizaría en su campaña ni en sus discursos iniciales el pesado desequilibrio fiscal heredado[17]. Para su equipo económico la situación aparentemente no era demasiado grave y sería subsanable mediante un programa gradualista y el crecimiento económico propulsado por inversiones externas.

El mantenimiento del gasto público

Pese a autoproclamarse adalides de  la austeridad  fiscal los gobiernos de Uriburu y Justo mantuvieron el gasto público elevado en términos nominales y más aún en términos reales (por la deflación). Mientras que el presupuesto de 1929 marcaba un gasto de 704 millones de pesos, para 1933 este había subido a 775 millones de pesos. El pago de los servicios de la deuda estatal implicaron una fuerte carga sobre el presupuesto público, absorbiendo el 15.1 % del gasto en 1929 y el 29.2% en 1932[18].  Aunque algunos rubros presupuestarios bajaron, como los fondos destinados a la administración general, otros se incrementaron, como las erogaciones  en defensa, que pasaron de 113 millones de pesos en 1929 a 121 millones en 1934.

 

Durante el gobierno de Videla se produjo inicialmente una reducción del déficit fiscal, que pasó del 16%  del PBI en 1975 al 14% en 1976 y al 8% en 1977.  Esta última cifra, de todas maneras muy elevada, no pudo seguir reduciéndose en el futuro, quedando en ese nivel o en uno superior entre 1978 y 1980. Aunque el gobierno de facto redujo algunos rubros del presupuesto, otros fueron aumentados, como los gastos militares, trasferencias financieras y el pago de servicios de la deuda. Es verdad que la cantidad de empleados públicos tuvo alguna caída, pero esta baja fue compensada por mayores niveles salariales aplicados al sector. Por otra parte el esquema  conocido como “cuenta  de regulación monetaria” implicó una trasferencia creciente del fondos públicos al sector financiero. Todo ello hizo que durante el gobierno militar el gasto público terminara aumentando significativamente en términos reales, al tiempo que también se incrementaba la presión impositiva.[19]

 

El gobierno de Macri no  propuso en su campaña política no aplicó una reducción drástica de las erogaciones publicas. Por ello no sorprende que el gasto se mantuviera en su nivel y en 2017 el déficit siguiera representado un 6-7% del PBI, una magnitud similar que en 2015. La baja de  subsidios energéticos aplicada por el gobierno sería compensada por un aumento del peso de los intereses de la creciente deuda pública. La proyección del déficit para 2018 se mantiene en la misma magnitud.

 

La financiación del gasto

 

Para cubrir el déficit el gobierno de Yrigoyen (y luego el de Uriburu) comenzó a aumentar desesperadamente sus requerimientos de fondos en el mercado financiero local. La deuda estatal de corto plazo fue creciendo de 472 millones de pesos en 1928 a 556 en 1929, a 684 en 1930 y a 797 millones en 1931. Yrigoyen también recurrió al crédito externo para cubrir sus erogaciones a principios de 1930 por 175 millones de pesos (con bancos británicos y norteamericanos), pero esta fuente de recursos se esfumaría rápidamente al retraerse la oferta internacional de capitales con la Depresión. Entre los prestamistas de corto plazo al gobierno  destacaba en primer lugar el  Banco Nación, quien de transferir al gobierno 96 millones de pesos en 1928, pasó a 180 millones en 1929, a 258 millones en 1930 y a 273 millones en 1931[20].  Al mismo tiempo el Estado se endeudaría con la banca privada (por 202 millones de pesos en 1930), con compañías aseguradoras, con los funcionarios públicos (a los que les comenzó a retrasar el pago de haberes) y con sus proveedores.   Según Raul Prebish, si el Banco Nación (y muchos Bancos Privados) hubiesen sido independientes del sistema político jamás hubieran permitido que sus préstamos al Gobierno llegaran a una dimensión que finalmente puso en riesgo al sistema financiero[21]. Por otra parte, también se recurrió a la emisión monetaria. La primera gran emisión se produjo en  1931 cuando se requirió a la Caja de Conversión generar 360 millones de pesos que fueron entregados al Banco Nación.  La otra se produciría en 1932, por 170 millones de pesos entregados por la Caja de Conversión al Gobierno para abonar salarios y a proveedores impagos. Para 1932 casi un tercio de la moneda en curso tuvo su origen en estas dos emisiones[22]. Finalmente, estos gobiernos aumentaron la carga impositiva. Así fueron incrementando o creando  nuevos tributos, como las tarifas aduaneras, los impuestos a las transacciones y a los combustibles (en 1931), a los ingresos (1932), y el denominado fondo de cambios (1933), entre otros. El resultado fue que los ingresos impositivos no sólo no cayeron, sino que aumentaron en términos nominales y reales entre 1929 y 1933.

Los gobiernos de Juan e Isabel Perón recurrieron claramente a la emisión monetaria para la financiación del déficit fiscal. El circulante se duplicó en 1973 y siguió aumentando en los años siguientes. Para 1975 la inflación rondaba el 190%[23]. Durante el gobierno del General Videla, el elevado gasto público fue cubierto mediante emisión monetaria, mayor presión impositiva (con la generalización del IVA, por ejemplo) y un creciente endeudamiento internacional[24].  La deuda externa estatal se duplicó entre 1976 y 1980. Hacia el final de su gobierno el pago de sus servicios absorbía cada vez más recursos fiscales.

En el caso del gobierno de Cristina Kirchner el creciente déficit fiscal fue cubierto en buena medida con mayor presión impositiva y  emisión monetaria. La recaudación fiscal nacional pasó de representar el 21% del PBI en 2007 a 35% en 2016. Ya a fines 2007 su gobierno benefició por un aumento de las retenciones de los granos exportados que, según el producto, podían ir de un 25% a un 40%.  Por otra parte, en 2008 se recurrió a la estatización de los fondos de pensión, que brindaron al Estado recursos adicionales para cubrir los nuevos desembolsos. Asimismo, al no actualizarse las bases imponibles, la inflación generó mayores ingresos del Impuesto a las Ganancias. Finalmente las crecientes necesidades fiscales se cubrieron también con el financiamiento inflacionario. El incremento del circulante se tradujo en un creciente aumento de precios, que supero el 25 % en los últimos años kirchneristas.

 

Al llegar al gobierno Macri redujo algunos impuestos, como parte de los tributos aplicados a las exportaciones. Al mismo tiempo la legalización  de capitales externos no declarados conllevó un fuerte ingreso fiscal en 2017, lo que dejó la presión impositiva total relativamente estable.  Por otra parte su gobierno continuó recurriendo a la emisión monetaria para financiarse, a través de un mecanismo indirecto. El Tesoro emite bonos externos, cuyos ingresos de divisas son adquiridos (emisión mediante) por el Banco Central.  A su vez este emite bonos (LEBAC) para neutralizar (parte) del impacto del aumento monetario.  La deuda externa era de 167 mil millones de dólares en diciembre de 2015 acercándose posiblemente a fines de 2018 a 300 mil millones de dólares. Por otra parte el incremento de la moneda  circulante rondaría  hacia 2018 el 30% anual.

 

Tipo de cambio sobrevaluado

 

En 1929 el gobierno radical abandonó  el Patrón Oro dejando flotar libremente la moneda, lo que generó una importante devaluación. Pero en 1931 esta situación se contrarrestó parcialmente con el establecimiento un tipo de cambio fijo que implicó en la práctica una revaluación del peso, sobrevaloración que puede intuirse estuvo en el orden del 15% .   Una de las razones de esta medida fue la de permitir al gobierno adquirir divisas a un menor costo para así honrar más fácilmente los pagos de la deuda externa. Este tipo de cambio perjudicaba al sector exportador y a  su vez afectaba a la industria al abaratar la el precio de las manufacturas importadas. Que el tipo de cambio estaba desequilibrado se hizo manifiesto en los continuos excesos de la demanda de divisas (que fueron racionadas) por sobre su oferta.

 

Al fracasar el intento de bajar la inflación por no reducir la emisión monetaria, a partir de 1979 el gobierno del General Videla aplicó una política de fijación  del tipo de cambio que generó una gradual apreciación de la moneda, al superar la inflación la escala programada para los valores de las divisas. El objetivo era contener las expectativas inflacionarias,  pero la consecuencia fue dificultar la situación del sector exportador y alentar al turismo externo y a las importaciones perjudicando a la industria. A fines de 1978 y principios de 1980 la revaluación de la moneda argentina se agudizó: mientras que los mayoristas se triplicaron, el tipo de cambio aumentó únicamente  129%[25]. Un esquema parecido se aplicó a las tarifas de las empresas estatales: en este caso la consecuencia fue que crecieran sus perdidas, que parcialmente fueron financiadas con endeudamiento externo[26]. Otra vez, las divisas ingresantes tendían a elevar el valor de la moneda local. En 1980, después de años de ser positiva, la balanza comercial se volvió negativa.

 

En el caso del gobierno de Macri, y luego de una fuerte devaluación inicial de un 40%  (entre fines de 2015 y principios de 2016), lo que movió el tipo de cambio a un nivel más equilibrado, la moneda argentina comenzó un lento proceso de revaluación por el ingreso de divisas causado por el endeudamiento externo. Para fines  de  2017 un informe del FMI consideraba que la moneda argentina podría estar sobrevaluada en hasta un 25% respecto a su nivel de equilibrio de mediano plazo[27].  El resultado fue que la exportaciones tendieron a volverse  menos competitivas  y se alentaron los gastos en el exterior, en particular el turismo.  Para 2017 se verificó un déficit comercial cercano al 5% del PBI, magnitud que se estima se matendrá durante 2018.

Elevada tasa de interés

La negativa del Ministro de Hacienda del General Justo, Alberto Hueyo de renegociar la deuda pública, junto con el elevado gasto estatal causó a que el que el gobierno mantuviera constantes sus demandas de fondos internos y con ello se elevara dramáticamente la tasa de interés.  La brecha entre la rentabilidad empresaria y los costos financieros fue en aumento hasta hacerse máxima en 1933. La más importante organización empresaria de la época, la Confederación Argentina del Comercio, de la Industria y de la Producción, lo expresaba enfáticamente: “Todos los empresarios de Ia producción, comercio e industria tratan de  conseguir, por los menos, una rentabilidad igual al de los títulos oficiales, dado los riesgos que existen y que no encuentran en la inversión en títulos. Si no consiguen ese retorno, se desaniman como es natural, tratan de liquidar sus empresas, si es que lo pueden, para colocar su capital en títulos públicos, y este procedimiento al generalizarse determina un agravamiento de la situación general, especialmente de la desocupación obrera. La rentabilidad que hoy se obtiene de la producción es sumamente baja, muy inferior a la tasa oficial”.[28]

 

La reforma financiera encarada durante el gobierno de Videla implicó una liberalización del sector financiero y una de las consecuencias fue la aparición de fondos prestables a elevadas tasas. Dada la sobrevaluación creciente de la moneda por la política cambiaria aplicada ello generó durante 1979 y 1980 alta rentabilidad para fondos externos ingresantes de corto plazo, un factor que a su vez tendería a revaluar más la moneda.

 

La política monetaria restrictiva del Banco Central durante el gobierno de Macri y la continua demanda pública de fondos internos causó elevadas tasas de interés. En dólares, durante 2016 la tasa fue de 8% anual, una de las más altas del mundo[29]. Dado el atraso cambiario el esquema fue muy atractivo para el ingreso de fondos especulativos de corto plazo.  El elevado costo financiero implicó que para todos los sectores fuera cada vez más difícil y caro obtener crédito, afectando la cadena de pagos[30]. A fines de 2017 un informe del FMI alertaba sobre el efecto de crowding out de inversión privada que era consecuencia del creciente endeudamiento público.

 

La razón de las repeticiones cíclicas

 

En todos los casos analizados destaca la permanencia del elevado gasto público, junto con su consecuencia, el déficit fiscal y la inflación. Algunos gobiernos incrementan las erogaciones públicas dramáticamente y otros gobiernos, que los reemplazan, buscan solucionar el desequilibrio generado. Pero lo intentan de una manera que eventualmente no reduce (o inclusive aumenta) las erogaciones en la medida requerida. Dado que el gasto debe financiarse de alguna manera siempre se recurre a un incremento de la presión impositiva, la deuda o a la emisión monetaria, o a todos a la vez.  La requerida baja de las erogaciones es algo detestado e impopular y los gobernantes buscan instintivamente cualquier alternativa a su disminución drástica:  relata el Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz que en 1978 presentó a la Junta Militar dos alternativas para dominar la inflación: la primera era bajar la emisión, lo que claramente implicaba  un recorte del gasto. La segunda era “pisar” el tipo de cambio, lo que traccionaría a la baja  las expectativas de aumentos de precios. La segunda medida claramente no solucionaba estructuralmente el tema y sólo podía tener efectos de corto plazo. La opción de la Junta Militar en favor de la segunda opción fue “contundente”[31]. Por otra parte Ricardo López Murphy cuando como Ministro de Economía en 2001 aconsejó al Presidente Fernando de la Rua un recorte del gasto, una propuesta que sería (considerando lo que ocurrió posteriormente) bastante modesta. Pero el presidente decidió reemplazarlo por Domingo Cavallo quien parecía ofrecer una salida más indolora a la crisis. Los gobernantes, piensa López Murphy, tienen una propensión  en casos de crisis a escuchar diagnósticos y propuestas optimistas, que por otra parte estiman les permiten no perder su popularidad.[32]

 

Dado que estas situaciones se repiten debe quizás buscarse en causas culturales/psicológicas más profundas el sustrato de este comportamiento reiterativo.  El filósofo José Ortega y Gasset, cuando visitó a el país en las primeras décadas del siglo 20 (en 1916 y en 1929) destacó que los argentinos tenían incorporada en su cultura la idea de un Estado grande, excesivo. Por otra parte no vivían conectados con su contexto y realidad, sino más bien proyectados en un futuro idealizado e ilusorio[33].  A su vez, el economista Emilio Coni, comentando en 1930 sobre lo afirmado por Ortega y Gasset aclaraba que el argentino era ya entonces un gran  creyente en el “Estado-Providencia”, una entidad que el ciudadano creía le solucionaría sus problemas laborales ofreciéndole empleo sin pedirle mucho a cambio[34]. Esta valoración del Estado, unido a un cierto irrealismo, parece ofrecer las condiciones ideales para prácticas populistas de incremento de las erogaciones sin una evaluación de su impacto en el largo plazo.  Otras interpretaciones más recientes marcan que los argentinos podrían sufrir de  lo que Sigmund Freud describía como una compulsión a la repetición: las situaciones penosas se reiterarían siempre olvidando su origen, bajo la creencia  de que eran situaciones nuevas. Psicólogos han marcado que el argentino está signado por un “pensamiento mágico” que inevitablemente lo lleva a la decepción, frustración, ira y la búsqueda de responsables externos.[35] Todo lo antedicho tiene mucha relevancia a la hora de explicar el porqué en los contextos de gasto o déficit fiscal crítico se implementan planes económicos  optimistas pero condenados al fracaso por los desequilibrios que causan: típicos han sido los esquemas que terminan generando una dañina revaluación de la moneda. Por otra parte todo intento de reforma, de “achicar el gasto” sólo perdura en las primeros momentos de los gobiernos: pronto las demandas políticas aplastan las intenciones de recorte o frugalidad.   Si esta cultura, mezcla de estatismo, junto con una dosis de irrealidad sobre el futuro y descuido del financiamiento público a largo plazo es una característica persistente de la cultura argentina, todo intento de mejora en las condiciones que permitan un crecimiento sostenido parecen difíciles de lograr. El bajo puesto logrado por el país recientemente en el ranking mundial  de ideología pro capitalista o pro mercado parece confirmar la existencia de una  “dotación de mentalidad” adversa a generar instituciones y políticas conducentes un desarrollo duradero[36].

 

[1] EN El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

[2] https://www.lanacion.com.ar/2130452-creencias-revolucionarias

[3] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires.

[4] Gondra, Luis Roque (1933), Elementos de Economía Política, Buenos Aires, Librería La Facultad, p. 292 .

[5] En este caso sólo abarcamos el periodo hasta 1934, que hemos estudiado con máyor detenimiento.

[6] Revista Económica (Enero 1931) 4:1, p. 1.

[7] Lascano, Marcelo, Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, 1972, p. 93.

[8] Persello, Ana Virginia (2000) “Administración y política en los gobiernos radicales, 1916-1930”, Sociohistórica, nº 8,  p.137.

[9] Potash, Robert (1982), El Ejercito y la politica en la Argentina 1928-1945, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p. 55.

[10] Lascano, Marcelo (1972), Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, p. 93.

[11] Ortiz Batalla, Javier (2001)  “Finanzas Públicas, Moneda y Bancos (1914-1945)” en Academia Nacional de la Historia, Nueva Historia de la Nacion Argentina, Buenos Aires, vol VIII, pp. 525-549.  p. 536

[12] https://es.scribd.com/document/212888063/Manifiesto-de-Uriburu-Del-6-de-Septiembre-de-1930

[13] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires, pp. 392, 398, 401

[14] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 250.

[15] http://www.ruinasdigitales.com/revistas/dictadura/Dictadura%20-%20Discursos%20de%20Videla%20-%201976.pdf

[16] https://www.minhacienda.gob.ar/secretarias/politica-economica/programacion-macroeconomica/gasto-publico-consolidado/

[17] El gigantesco desequilibrio fiscal heredado no es mencionado en el primer discurso de Macri en el congreso, el 10 de diciembre de 2015: https://www.lanacion.com.ar/1852996-transcripcion-completa-del-discurso-de-mauricio-macri. Tampoco lo había hecho en el acto de cierre de su campaña el 22 de octubre de 2015: http://pro.com.ar/blog/2015/10/22/discurso-de-mauricio-macri-en-el-acto-de-cierre-de-campana/

[18] Díaz Fuentes, Daniel (1993), Las políticas fiscales latinoamericana frente a la Gran Depresión, Madrid, p. 52

[19] De Pablo, Juan Carlos De Pablo (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La ley, I. pp. 1058-1059.

[20] Poder Ejecutivo Nacional (1938), Obra de Gobierno 1932-1938, s.p.,

[21] Prebish, Raul (1991) Obras  1919-1948,  Vol.  II,  Buenos  Aires,  p.  45.

[22] Sin embargo, la cantidad total de moneda en circulación no se incrementó notablemente ya que parte había quedado esterilizada al retirarse oro de la Caja de Conversion para el pago de la deuda externa.

[23] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 251.

[24] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, pp. 256-257.

[25] De Pablo, Juan Carlos (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La Ley, I. p. 979.

[26] Bonelli, Marcelo (2004), Un país en Deuda, Buenos Aires, Planeta, p. 35.

[27] https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2017/12/29/Argentina-2017-Article-IV-Consultation-Press-Release-Staff-Report-and-Statement-by-the-45530, p. 44.

[28] C.A.C.I.P., Tres sugestiones para aliviar la crisis, Buenos Aires, 1933, p.8

[29] https://www.infobae.com/economia/2018/04/02/argentina-es-el-pais-con-las-tasas-de-interes-mas-altas-del-mundo/

[30] https://www.lanacion.com.ar/2129921-advierten-por-el-impacto-en-la-actividad-economica

[31] Martínez de Hoz, José A. (1991), 15 años después, Buenos Aires, Emece, p. 197.

[32] Manifestado por Ricardo Lopez Murphy al autor de este trabajo en una charla personal.

[33] Sobre la visión de Ortega y Gasset sobre los argentinos ver Campomar, Marta (2009), Ortega y Gasset en la curva histórica de la Institución Cultural Española, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, pp. 547-593.

[34] Coni, Emilio (1930) El hombre a la ofensiva, Buenos Aires, p. 6.

[35] Sobre esta temática trata el artículo de Giselle Rumeau en el Cronista Comercial (11/5/2018): https://www.cronista.com/3dias/Argentina-y-el-eterno-retorno-una-mirada-psicologica-sobre-las-crisis-ciclicas-20180511-0002.html

[36] Ver el índice en: Newland, Carlos (2018) “Is Support for Capitalism Declining in the World? A Free-Market Mentality Index (FMMI) 1990-2012, Independent Review, 22, 4: 569-583. Argentina aparece en el lugar 51, de los 58 países computados, en su aprobación de la economía de mercado. (p. 581)

 

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

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La industria ya está grande, que compita sola

Por Iván Carrino. Publicado el 11/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2032231-la-industria-ya-esta-grande-que-compita-sola

 

Por ser el padre del liberalismo, muchos creen que Adam Smith defendía a capa y espada a los empresarios. Sin embargo, el lúcido pensador escocés advertía, ya en 1776, que “las personas de un mismo ramo comercial rara vez llegan a reunirse sin que la conversación termine en una conspiración contra el público, o en alguna maquinación para elevar los precios”.

Los empresarios no son ni buenos ni malos, pero como cualquier otro ser humano, están interesados en maximizar su bienestar individual. Si eso implica vulnerar los intereses de terceros, que así sea. De aquí la importancia que Smith, así como toda la tradición liberal posterior a él, le asignó a la competencia inherente a la economía de mercado.

En nuestro país, sin embargo, la advertencia de Smith sigue vigente. La opinión pública muestra una excesiva preocupación por el desempeño de la “industria nacional”. Esto es aprovechado por los industriales, para avanzar en una agenda intervencionista que genera beneficios para ellos, pero a costa de todos los demás.

Las alarmas encendidas por el desempeño de la manufactura son algo contradictorias. En 2014, cuando el sector se contrajo 4,9% (Indec), nadie ponía en duda el carácter industrialista del gobierno de Cristina Kirchner. En 2016, cuando la caída fue de 4,8%, el clamor contra la “desindustrialización” fue ensordecedor.

Hay que tener en cuenta es que la mirada sesgada proindustria no tiene mucho sentido hoy. En su momento se habló de países “industrializados” como sinónimo de “desarrollados”, pero hoy los países donde mejor se vive tienen un sector manufacturero inferior al 25% del PBI. Los servicios explican cerca del 70%. En EE.UU. la industria representaba el 29,4% del PBI en 1947 y hoy representa solo el 13,8%. En ese período, la riqueza de los estadounidenses se multiplicó por cuatro.

Lo relevante para que mejore la calidad de vida de la gente, no es el avance de un sector particular, sino de toda la producción. Y para ello no se necesitan “políticas activas” o proteccionismo, sino libertad económica. Es totalmente insignificante si lo que se produce son bienes materiales o servicios. Si la economía crece, la prosperidad aumenta y se reduce la pobreza.

La agenda de los industrialistas implica restringir el comercio, otorgar subsidios y privilegios especiales. Eso lo paga el consumidor, con precios más altos, y toda la economía, con una tasa menor de crecimiento. Si el Gobierno quiere cambiar en serio, tiene que abandonar por completo la idea de defender una industria nacional. La industria ya está grande. Que compita sola, como hacemos todos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Trump y Macri, un solo corazón

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1040708-469/trump-y-macri-un-solo-coraz%C3%B3n

 

El miedo es un arma letal que suele destruir al que lo padece, por eso la valentía es una virtud, porque suele llevarnos por los mejores caminos de la vida.

Chuky Trump, que defiende a la tortura, dice que terminará el faraónico e inútil muro -que inició Bill Clinton- que podría costar unos 15 mil millones de dólares a lo que hay que sumarle la manutención y los eventuales agentes y controles en semejante distancia. Por cierto, es bueno recordar que hoy son más los mexicanos que se marchan de EE UU que los que ingresan.

Al otro “muro”, el veto migratorio contra refugiados e inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, dice que lo hizo para combatir al terrorismo, pero al mismo tiempo cierra filas con Arabia Saudita donde están las ciudades prohibidas de La Meca y Medina, donde poseer una Biblia puede penarse con la muerte, entre otras cosas, demostrando que es la principal fuente del fanatismo islámico.

En la otra punta del continente, está Argentina, tierra de inmigrantes al punto que el presidente Macri es hijo de un italiano que llegó a buscarse la vida y construyó, sorprendentemente, un imperio a partir de la obra pública. Todavía hoy es uno de los países más abiertos del mundo, y el que más extranjeros tiene en Sudamérica.

Así, con seis homicidios por cada 100,000 habitantes está lejos aún de los 84 de Honduras*, 53 de Venezuela o 31 de Colombia, pero va camino de aumentar, dentro de un continente donde 135,000 personas fueron asesinadas en 2015, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero también Argentina está cambiando, atemorizada por políticos populistas que así consolidan su poder. Del mismo modo en que la izquierda encontraba en el extranjero la culpa de todo -en las “multinacionales go home”- la derecha exagerada de Macri frente a una sociedad atemorizada por la inseguridad, ha encontrado un culpable: los extranjeros.

Y ha iniciado controles más fuertes en las fronteras para evitar que entren “personas con antecedentes penales” y expulsiones más rápidas para los “delincuentes”. Argentina tiene un 4.5% de inmigrantes y en sus cárceles los extranjeros son el 6% del total. Pero el gobierno salió a “informar” que “en los delitos vinculados a la narcocriminalidad, un 33%… son extranjeros”. Y en una inocultable actitud xenofóbica, “vienen ciudadanos peruanos y paraguayos y se terminan matando por… la droga”, aseguró la ministra de Seguridad.

El nivel delictivo es muy alto precisamente por culpa del Estado. Es el principal creador de delincuentes, más allá de que el principio es incoherente (no puede detenerse la violencia con más violencia, represiva) a partir de prohibir algunas drogas dañinas, da lugar a los narcos y todos los delitos relacionados. De modo que aumentar los controles y el personal policial, lejos de evitar el delito, lo ahondará.

Y no porque la policía sea corrupta al punto de que muchos crímenes sean cometidos por sus agentes, sino porque esto aumenta el gasto estatal, por tanto, los impuestos empobreciendo a la sociedad creciendo la marginalidad. Otra populista, Cristina Kirchner, también anunció la expulsión de extranjeros y aumentó considerablemente la presencia de fuerzas de seguridad, y el delito creció.

En fin, Trump y Macri, desde los extremos geográficos van por el camino del miedo inaugurando una era de oscurantismo, y de más delitos salvajes como los del narco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Cristina F. de Kirchner sobre la inflación y el desempleo. Contesta Ravier sobre la curva de Philips

Por Martín Krause. Publicada el 5/9/16 en: http://bazar.ufm.edu/cristina-f-de-kirchner-sobre-la-inflacion-y-el-desempleo-contesta-ravier-sobre-la-curva-de-philips/

 

Comentaba Marcelo Longobardi en la radio una de estas mañanas, una frase atribuida a Cristina Kirchner diciendo que es mejor la inflación que el no-consumo. Su crítica fue correcta.

Pero un programa de radio no es para tratar mucho de teoría económica. Lo cierto es que la frase de CFK expresa algo que conocemos como ‘curva de Fisher”, la que, en términos muy simples, planteara un dilema supuestamente inevitable para la economía: o más actividad económica con inflación o menos inflación con más desempleo.

Este supuesto ‘dilema’ cayó ante la evidencia de lo que luego se llamó ‘estanflación’, que fue, precisamente, lo que tuvo Argentina durante los últimos años de CFK: inflación y desempleo, ambos a la vez, y ambos creciendo. Para analizar el tema, recomiendo este trabajo de Adrián Ravier, aunque tiene varios sobre el tema:https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2012/03/pm_ravier.pdf

Unos párrafos:

“Así como en los años sesenta la evidencia empírica demostró la carencia de sustento teórico de la Curva de Phillips keynesiana dando lugar a la contrarrevolución monetarista, desde los años setenta y hasta la actualidad la misma evidencia empírica vuelve, pero esta vez para contraponerse a la Curva de Phillips vertical monetarista —y también a aquella sustentada en las expectativas racionales—.

En el mismo artículo donde Friedman (1976) ofrece la síntesis del debate, plantea que «en los últimos años una inflación más alta a menudo ha sido acompañada por mayor y no menor desempleo, especialmente si se toman períodos de varios años de duración. Una curva de Phillips estadística simple para tales períodos parece de pendiente positiva, no vertical.»

Denominaremos a este dilema, «la observación de Friedman», entendida como aquella en la que Friedman observa una realidad empírica diferente a la ya señalada Curva de Phillips vertical. Observa Friedman que la inflación genera mayor desempleo, sin embargo su modelo basado en expectativas adaptativas o racionales, sumado al supuesto de neutralidad del dinero en el largo plazo, sólo le permite formular una Curva de Phillips vertical. Observa Friedman, sin embargo, una curva de Phillips de pendiente positiva en la que el efecto real de largo plazo no sería neutral.”

Y cita a Hayek:

«En conclusión puedo decir que la inflación tiene, por supuesto, otros efectos deficientes, mucho más penosos de lo que la mayoría de la gente comprende cuando no ha pasado por ella, pero el más serio y, a la vez, el menos comprensible, es que a la larga inevitablemente produce la desocupación extendida.»

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La Política como una Time Warp

Por Gabriela Pousa: Publicado el 3/6/16 en: http://economiaparatodos.net/la-politica-como-una-time-wrap/

 

La Política como una Time Wrap

No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas

Argentina es un país inclusivo, nadie puede dudar de ello, lo cierto es que la inclusión nos excluye de poder situar la atención en lo verdaderamente importante que sucede. En este mismo instante, cada canal de televisión muestra una parte de lo que pasa sin que la suma de todas ellas represente un todo homogéneo y razonable.

¿Qué es lo más grave, lo de Lázaro o lo de la AFA? En esta trama inexorablemente, se pierde la noción y se confunde lo urgente con lo importante, y lo que conviene con lo que no. 

Desde los allanamientos a los terrenos de Lázaro Báez, pasando por la renuncia de Marcelo Tinelli a la AFA, los secuestros que no volvieron porque nunca se fueron, el colapso del Hospital Garraham, un barrio que clama por el regreso del odontólogo Barreda sin explicación, hasta la desvergüenza del ex juez Oyarbide esperando convertirse en “el Lorenzetti de Bailando por un sueño” son todos temas de portadas hoy.

Mientras, el argentino común y silvestre por llamar de algún modo al vecino que trabaja y vive simplemente, sueñan con un país digno para sus nietos o hijos.
Para ese fin, no fue suficiente el cambio de gobierno. Fue un gran paso, un comienzo pero el camino es larguísimo.

De allí ese estado de insatisfacción en algunos, de temor en otros y de hastío en el resto. ¿Al final todos son iguales y cualquiera da lo mismo? No, definitivamente no.

Anoche Elisa Carrió volvió a decirlo con claridad supina guste o no: lo blanco es blanco y lo negro es negro. Hay avances y hay estancamiento. No pasamos de Cristina Kirchner a Churchill ni a Vaclav Havel. Los tiempos no son los que cada uno pretende pero sí, deben estar en armonía con las expectativas de la gente.

Además el tiempo sigue siendo el único recurso no renovable que tenemos, volver a perderlo sería suicida. Y haber perdido doce años en la vida de cualquiera no es mera anécdota .  A algunos se les fue la adolescencia en ese lapso, a otros la juventud, a muchos la salud. Solo queda la esperanza que como decía Albert Camus “tiene una rara vitalidad”. A ella hay que aferrarse sin dejar de exigir que el cambio sea real y palpable.

Hoy la Argentina es un conglomerado de escenarios para todo gusto. Casi una fiesta electrónica de esas donde se montan diferentes shows, y cada uno opta qué escuchar o presenciar sin darse cuenta quizás que tanto ruido, lo que provoca es una sordera general.

Por eso se busca denodadamente “huidas”, huidas que terminan a veces arruinando la vida. En política sucede lo mismo que en las previas adolescentes o en esas fiestas donde, al final, solo festejan quienes recaudan más.

En medio de todo esto, ¿cuál es el show principal? Esa es la pregunta cuya respuesta debemos buscar.

Hay un hecho de singular trascendencia: los anuncios del Presidente para los jubilados porque en rigor no atañen a un sector social sino a todo ser humano. Hay otro dato que molesta: Argentina no se jugó como debiera condenando los sucesos en Venezuela. 

Entre medio, el blanqueo de capitales que es probable sea necesario pero, simultáneamente, es eje de debate. Hay una delgada línea que separa lo ético de lo polémico. Encarar una reparación histórica de la tercera edad es un fin loable, el medio es cuestionable. Ni de un lado ni del otro, en el medio se puede estar pero no todo el tiempo, solo un poco.

Son muchos los temas para una sociedad que demanda normalidad, ausente durante más de una década. Como si todo esto fuese poco, intentan hacer creer que el Papa Francisco sigue siendo el jefe de la oposición, ya no del kirchnerismo. Estrategia conocida que nunca sirvió, cambiemos de mecanismo si queremos resultados distintos.

Polémica fútil e inoportuna que solo genera en algunos católicos, un desconcierto que no suma.  “Al César lo que es del César”, al Sumo Pontífice habría que dejarle la religión, la política no. A quién recibe y a quién no, no debiera modificar lo que los argentinos quieren cambiar según el voto emitido en el último comicio.


La apuesta al segundo semestre es un desafío grande. A un mes de ese comienzo no parecen estar aún las herramientas justas para reducir la inflación y evitar que crezca la pobreza. 
Como en todo, hay una grieta en cuanto a la espera. Los que eligen creer que van a poder. Los que sostienen que no saben qué hacer.

Pero claro, también están los argentinos que aplaudieron el kirchnerismo porque la corrupción no cuenta si el modelo permite la fiesta. Son esos mismos argentinos que aumentan a diario los precios por especulación y capricho. Esa manía que acarreamos de otras gestiones donde la desidia fue protagonista implementando el “sálvese quien pueda” de los Narcisos. 

Hay demasiados escenarios montados. La diversidad a veces no es buena consejera aún cuando permite que cada uno elija prestar atención a lo que prefiera. Lo cierto es que en la variedad está el gusto, y tamaño desfasaje de temas nos incluye a todos. Si acaso no nos interesa la relación con la Iglesia, nos ha de afectar la moratoria impositiva, o quizás la necesidad de ver que alguna vez se hace justicia.


No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas. No hay precisiones: ni una política liberal a ultranza ni un progresismo demagógico que contente con eufemismos y espejitos de colores. 
Hay tal vez un pie de cada lado del abismo.

El gobierno tendrá que decidir para qué lado ir, y el pueblo comprender que tironeando de un lado y de otro lo más factible es caer.  La ansiedad es negativa, la resignación sin embargo es letal. El mal menor esta vez parece ser la única opción. La próxima deberá ser más prolijo y mejor.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

¡Encarcelen al sistema!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/16 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/encarcelen-al-sistema/16586568

 

Por muchos políticos que encarcelen, no se detendrá la corrupción ni se devolverá lo robado.

Entiendo la ira de las personas con los políticos corruptos, pero la historia demuestra que, por muchos que se encarcelen, no se detendrá la corrupción ni se devolverá lo robado. Si hasta me parece contraproducente. Pareciera que estas campañas sirven para distraer a la opinión pública y para esconder el problema de fondo de la corrupción: el sistema estatista, que es al que debiera ‘encarcelarse’.

La situación de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se agravó y ahora la Fiscalía de ese país pide investigar al expresidente Lula da Silva, a tres ministros y a otros 27 políticos por los escándalos en Petrobras. Rousseff puede ser separada de su cargo si el Senado brasileño abre un juicio político, mientras el procurador general asegura que “en el ámbito” del gobernante Partido de los Trabajadores hay elementos que prueban la existencia de una “organización criminal”.

Entretanto, la justicia argentina empezó a investigar a la expresidenta Cristina Kirchner. Desde que Macri asumió la presidencia, y mientras tiene problemas serios, el Poder Judicial argentino ha acelerado las causas por corrupción durante el gobierno anterior y, de hecho, ya hay encarcelados. Por cierto, es llamativo que los mismos jueces que no sospechaban de los anteriores gobernantes cuando estaban en el poder, hoy encuentren que son culpables.

Y estos son solo dos ejemplos de los muchos que hay. La corrupción está generalizada porque es intrínseca al Estado moderno, que es el monopolio de la violencia con el cual gobierna: impone sus leyes con la fuerza policial. Y ya decían los griegos que la violencia es aquello que corrompe a la naturaleza. A diferencia del mercado -las personas-, donde las transacciones se realizan tras un natural acuerdo mutuo, el Estado impone coactivamente leyes, dejando el poder de decisión en burócratas susceptibles de ser sobornados.

Si comparamos el índice de corrupción de Transparency International con el de Libertad Económica de la Heritage Foundation, más allá de los errores lógicos en estas mediciones vemos que los más corruptos son los menos libres, aquellos donde el Estado tiene más peso y sus burócratas mayor poder de decisión.

Entre los menos corruptos aparecen Dinamarca, Finlandia, Suecia, Nueva Zelanda, Holanda, Noruega, Suiza, Singapur, Canadá, Alemania, luego EE. UU. (16), y más abajo Uruguay (21), Chile (23), Colombia (83), y ya entre los más corruptos: Yemen (154), Haití y Venezuela (158) y finalmente Corea del Norte y Somalia (167).

Y los más libres serían Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Australia, Canadá, Chile, Irlanda, Estonia, Reino Unido, EE. UU., Dinamarca y luego estarían Colombia (puesto 33), Uruguay (41), Perú (49), Costa Rica (50), México (62), Panamá (66), Guatemala (82), Nicaragua (109), Honduras (113), Brasil (122), Ecuador (159), Bolivia (160), Argentina (169), Venezuela (176), Cuba (177) y Corea del Norte (178).

En fin, para terminar, un caso real que muestra que la corrupción es intrínseca al estatismo. Para presentarse a las licitaciones de obra pública, los gobiernos exigen una serie de condiciones. Un ministro, al fin de cuentas, decide quiénes pueden o no presentarse, y los elegidos se cartelizan y reparten las obras que se realizarán con grandes sobreprecios. El ministro no es sobornado, pero cuando se retira del gobierno, el ganador de la obra pública lo nombra director de otra empresa de su grupo, con una remuneración elevadísima. Todo legal.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La recaudación de Cristóbal: que la corrupción no nos tape el socialismo.

Por José Benegas. Pubicado el 31/3/16 en: http://josebenegas.com/2016/03/31/la-recaudacion-de-cristobal-que-la-corrupcion-no-nos-tape-el-socialismo/

 

La noticia deslumbrante es que Cristóbal López y Cristina Kirchner usaron fondos de la recaudación fiscal para comprarse varias empresas, entre ellas una petrolera y medios de comunicación para mentirle a la población. El total de la maniobra fue de 8000 millones de pesos. Pero deberíamos pensar esto no con los ojos de los intereses del estado, sino el de los argentinos, a los que se supone, con mucho optimismo, que el estado sirve. Entonces el problema se ve peor.

El precio tiene dos partes. Ambas tratan de obtener la máxima ventaja del trato. Cuando una empresa no sube un precio, no es como creen los funcionarios anteriores y estos porque tienen “responsabilidad social”, es porque le conviene. El negocio no consiste en subir los precios sino en obtener los mayores beneficios, lo que en parte depende del precio, pero en gran medida del volumen que se logra vender. Las empresas invierten capital para multiplicar su producción y así poder bajar el precio, atrayendo clientes y ganando más dinero. Esta realidad se olvida porque encima en la Argentina el resentimiento social es casi la materia obligatoria más importante del aparato educativo, estatal y privado, también el familiar. Así que se analiza la economía estableciendo malos y buenos, en lugar de intereses. Intereses ya suena políticamente incorrecto, pero saquemos esa emocionalidad resentida y sigamos razonando.

Aquí aparece la distinción acerca de la naturaleza de esos fondos desde el punto de vista exclusivo de la regulación. Lo que se dice es que el impuesto en realidad es directamente plata del fisco y que el agente de retención se lo apodera. No sería una mera deuda, sino un robo. Pero lo cierto es que sin impuesto ese dinero sería parte del precio, por lo tanto desde el punto de vista económico debe considerarse como un costo de las partes de la compraventa de combustible.

En este caso si hay malos, pero olvidemos eso un momento porque es indispensable para entender cuál es el verdadero perjuicio que sufre el público, que no es precisamente la pérdida de recaudación fiscal, sino la recaudación fiscal en si.

Si el impuesto a los combustibles no existiera, Cristóbal Lopez o cualquiera de los otros agentes de retención, hubieran podido vender la misma cantidad de combustible al mismo precio que resulta después de aplicar el gravamen y entonces los 8000 millones estarían donde finalmente estuvieron dando oportunidad al mismo monto de actividad económica nueva; le hubiera alcanzado para comprar varias empresas de medios y una empresa petrolera, demandando una cantidad importante de empleos y servicios de proveedores. Probablemente no hubiera comprado medios para mentir para Cristina Kirchner, que no sería su socia, porque no la necesitaría para nada a ella. Es decir, en lugar de corrupción, habría actividad económica.

También podría haber bajado el precio del combustible e incluso ganar más dinero expandiendo su red de estaciones de servicio, con lo cual la economía mejoraría por ese lado y también por el ahorro al consumidor, que hubiera tenido dinero para dedicarlo a otras cosas, fomentando la aparición de otras empresas.

Si nos limitamos a pensar esto como una pérdida de recaudación fiscal, nos perdemos el principal problema, que es el poder corruptor de la intervención estatal y el daño económico que tenemos a la vista con todo lo que se ha hecho con esta forma de “evasión”. Además hay una recaudación fiscal que ocurre a partir de las ganancias de todos los que se participan de todas esas actividades que habría que poner en la cuenta.

No se de dónde sacan y como suponen todos tan fácil que ese dinero está mejor en las arcas del fisco que en actividad económica. Por supuesto que los medios para mentir no son actividad económica real, se parecen más a agencias estatales, pero esa es la parte del negociado que debe atribuirse a las agentes políticos del negociado. Es decir, la corrupción que pertenece a quienes no tienen en principio interés en el resultado económico de la operación.

Mucho más importante que recuperar la recaudación fiscal, es recuperar el derecho de propiedad de los consumidores y empresas y eliminar el impuesto a los combustibles. Que vayan todos presos, pero que la corrupción no nos tape al socialismo.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

DOS PAÍSES……….. DOS PAÍSES………… ¿PODRÁN SER UNO?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/12/15 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2015/12/dos-paises-dos-paises-podran-ser-uno.html

 

Si miramos con atención una foto del equipo de kirchneristas que rodearon a Cristina Kirchner, por un lado, y por el otro una foto de mi padre, podríamos preguntarnos cómo es posible que integraran el mismo país. Sus valores más profundos, sus horizontes intelectuales e ideológicos, su conducta personal, son tan abismalmente diferentes que podríamos decir, tal vez con un poco de desaliento, que son dos países, dos maneras irreconciliables de entender el mundo. Como una unidad, no tiene futuro. Los anarcocapitalistas dirían: mejor, pero yo les diré, como siempre: la secesión es dura y violenta. No es como ustedes la imaginan.

Pero la cuestión viene de mucho antes. Dos tendencias integraron siempre las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una monárquica española y otra iluminista afrancesada. Ninguna de las dos era el ogro que una dice de la otra, y ninguna de las dos era el liberalismo clásico anglosajón que yo defiendo. Pero eran dos países. Finalmente, el único liberal clásico de aquellos tiempos, Alberdi, inspiró una Constitución tal vez liberal clásica que intentó ser un magro empate ante los dos países. Fray Mamerto Esquiú oró para que los monárquicos católicos la aceptaran y…… Bueno, mm, ok. Y allí comenzó la Argentina, ese siempre fallido intento de Nación.

Pero claro, no podía durar. Si, sólo ese tímido ordenamiento institucional produjo la Suiza de América Latina, pero había problemas en el paraíso. El golpe del 30 los pasó de la potencia –que, recuerden, no es una mera nada- al acto. Los halcones eran sencillamente nazis y los moderados, franquistas. Tal vez la corte hizo bien en ratificarlos a los 6 meses porque si no, creo, la tomaban por asalto y la convertían en un museo.

Así estuvimos hasta que un perfecto antiliberal y gran manipulador de masas siguió todos los manuales mussolinianos y, mientras Europa se encarrilaba por primera vez al liberalismo, habiendo aprendido el fracaso de las experiencias fascistas, ese supuesto país llamado Argentina comenzó su largo camino de fascismo marxista, que NO es una contradicción. Era uno de los dos países. Muchos le dieron apoyo intelectual, viendo en él la encarnación de la crítica a las “democracias burguesas”. Podría haber durado tanto o más que Franco, de no haber sido por su única reprobación de Maquiavelo 101: enfrentarse con la Iglesia Católica en los 54-55, iglesia que, en términos humanos, le había dado su apoyo pero, claro, hasta los límites que él mismo traspasó.

Los 60 y los 70, claro, fueron distintos. El marxismo NO fascista, sino sencillamente estalinista, avanzó intelectualmente como reguero de pólvora y, claro, produjo una perplejidad entre los nacionalistas peronistas. Unos se moderaron y se hicieron –tal vez como mal menor- casi conservadores que preferían la Constitución del 53 a la unión con Cuba. Otros, los tal vez más coherentes, se hicieron castristas y comenzaron el proyecto de revolución armada que concluye en Montoneros, más los comunistas no peronistas, el ERP. El otro país. El país que quiso, por la fuerza, ser Cuba.

El otro país, que había vuelto a la Constitución de 1953 por mano de la Revolución Libertadora, no entiende bien lo que pasa, no sabe cómo reaccionar. Los militares de las tres fuerzas aparecen como los “NO-CUBA” y dan golpe tras golpe, sin liderazgo ni visión suficiente como para integrarse a esa Constitución que pisotean cada dos por tres dando casi razón a una dialéctica hegeliana de la historia. Pero esas dos fuerzas en pugna tienen un enfrentamiento militar final y dramático: la guerrilla marxista montonera de los 70 en adelante contra los militares del 76. Ya sabemos cómo terminó todo.

La Argentina que queda, ese maltrecho proyecto de Nación, resurge en el 83 con una sola característica distintiva, que señalé una vez en el Cema, en una conferencia, ante reacciones escépticas: NO cuenta ya con el factor militar y, por ende, tendrá que aprender, o no, el camino de la REPÚBLICA.

Pero, claro, el estatismo era incompatible con ello. Estatismo económico y político, porque Alfonsín, Menem –excepto De la Rúa- violaron las instituciones republicanas cada vez que lo necesitaron y el estatismo de los tres fue sencillamente delirante. En todo este período, sin embargo, cabe destacar que los peronistas, al menos de palabra, querían vivir en la Constitución republicana y no reivindicaban Cuba como modelo.

Pero no. Los peronistas castristas, estalinistas, allí quedaron. Definitivamente, el otro país. Tenían Cuba para irse a vivir pero no, querían Cuba con tango y Callo y Santa Fe. Pero esta vez fueron más inteligentes. Aplicaron la doctrina Hitler: al poder por la democracia, y luego la pateamos. Los Kirchner y los que inmediatamente los rodearon no fueron sólo un fenómeno de corrupción, como creen algunos. Fue un fuerte proyecto ideológico pro-Cuba, pro-Venezuela, que un 54 % de argentinos apoya, de los cuales un 35 %, tal vez, lo hizo por indolencia, ignorancia, idolatría del estado, o lo que fuere, ya no importa. El asunto es que no terminamos siendo un estado satélite de Venezuela, con el ejército venezolano en la casa rosada, no sé aún por qué milagro difícil de explicar.

 

Macri no es Mises ni Hayek, obviamente. Pero es alguien que, nada más, ni nada menos, logró formar un partido que les ganó a los castristas, con la ayuda de Elisa Carrió. Nos salvamos además de un fraude que ya estaba a punto de ser ejecutado. En fin, creo que durante mucho tiempo gran parte de los argentinos no tendrán conciencia de la que se salvaron. Por supuesto hay muchos que están muy tristes, la verdad no sé por qué, se puede emigrar perfectamente a Cuba y Venezuela, pero, tengan cuidado, dentro de 20 años dependerán tal vez de Putín, Trump y los Chinos.

Lo que ahora sucede es que, tal vez por primera vez en nuestra historia, tenemos la posibilidad de ser un solo país, identificado sencillamente con una sola cosa: la República. O sea el liberalismo político, pero, shhhh, no lo digamos, a ver si por esa mala palabra todo se arruina. ¿Y el peronismo? Pues bien, allí está la clave: el peronismo NO kirchnerista es la clave, como ya dije, en el proyecto de una Argentina que logre alguna vez ser un solo país. En su capacidad de ejercer una oposición republicana, y no la “resistencia pro-Venezuela” radica la esperanza de Nación (como si yo fuera un defensor de la idea de Nación, pero estoy escribiendo en la cancha de juego que me toca jugar).

 

En la curva gaussiana de la política, siempre quedarán, en sus extremos, como antisistema, todos los que odiarán for ever (lo digan o no) a la Constitución del 53 barra 94 y etc. Pero en el medio, tenemos una nación. Los kirchneristas han quedado definitivamente afuera, pero, cuidado, pueden volver, y la Argentina como proyecto de país se hundirá definitivamente en el agujero negro de la historia.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿Cuál es el verdadero precio del dólar en Argentina?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 17/11/15 en: http://esblog.panampost.com/editor/2015/11/16/cual-es-el-verdadero-precio-del-dolar-en-argentina/

 

El mayor temor de los argentinos, en este momento, es la inminencia de una posible devaluación que obligará al Gobierno a sincerar el costo de las divisas.

 

Según parece, se trata del mayor interrogante que mantiene en vilo a los argentinos y que contribuiría a mitigar la incertidumbre de cara al balotaje presidencial del próximo domingo 22 de noviembre. El descenso del stock de reservas por parte del Banco Central hace prever una fuerte devaluación y sitúa al Gobierno de frente a una nueva encrucijada: reconocer de derecho lo que en los hechos ya está ocurriendo, un inevitable sinceramiento del tipo de cambio.

Los tipos de cambio fluctúan continuamente, pues las circunstancias que los originan también están en perpetua mutación. Cada instante puede generar distintas consideraciones, pero no son esos simples cambios los que debieran llamar la atención, sino los que lo hagan en mayor medida.

La experiencia cotidiana muestra la continua fluctuación de los precios, y podría esperarse que las personas tuvieran en cuenta este hecho. Sin embargo, ideas populares sobre la producción, el consumo y las operaciones comerciales se hallan más o menos envilecidas por una errante y contradictoria noción de rigidez de precios.

En la actualidad, es fácil comprender por qué quienes se ven perjudicados en sus intereses, por un cambio de precios, presenten objeciones y proclamen que los anteriores eran más justos y animados en sus propios reclamos, aseguren la conveniencia de una rigidez natural.

Un claro ejemplo es el control de precios, llamado con el eufemismo “precios cuidados”, que ha dejado a muchas empresas con graves problemas de liquidez e incluso de solvencia. Como dijo Mises, refutar este error es algo que no sólo interesa a la economía, sino especialmente a la política económica. Las desastrosas medidas de política económica que hoy prevalecen se deben en gran parte a la lamentable confusión que se explica.

Por un lado, una primera aproximación consiste en abordar la cuestión desde el margen inferior, el tipo de cambio oficial. Luego de otras medidas restrictivas de relativa laxitud, se puso fin al mercado libre de cambios. En noviembre de 2011, el denominado cepo cambiario fue instaurado por la presidente Cristina Kirchner bajo el argumento de que había que evitar una devaluación que empobreciera a los argentinos.

Literalmente, se estableció un precio máximo en el mercado de divisas que opera bajo el resguardo del poder y prohíbe cualquier transacción que no concuerde con el precio oficial.  Si el Gobierno hubiese establecido un precio máximo concordante o superior al tipo de equilibrio del mercado,  los efectos económicos se hubiesen limitado a los gastos administrativos correspondientes.

Ahora, tan pronto como la autoridad del Estado pretende dar a la divisa nacional un valor superior al que el mercado le reconoce, se producen las consecuencias previstas por ley de Gresham. Ocurre necesariamente lo que suele denominarse escasez de divisas, porque al precio oficial, arbitrariamente fijado, la demanda de dólares excede a su oferta.

En consecuencia, el tipo de cambio oficial vigente al día viernes 13 de noviembre de 9,59 pesos por dólar, 2% por debajo del tipo de cambio real de 2001, no es un punto de equilibrio, ni siquiera en el corto plazo. En el otro extremo, las reservas internacionales del Banco Central descendieron desde 52.654 millones de dólares en 2011, cifra récord de la administración kirchnerista, a la suma de 26.326 millones al presente, una reducción de 50%.

Ahora, si las reservas actuales se comparan con la base monetaria o dinero de alto poder, de 543.201 millones de pesos al 30 de octubre (según informe semanal del BCRA), se obtiene un índice de cobertura que establece un tipo de cambio de 20,63 pesos por dólar. Sin ánimo de ser exhaustivo ni de hurgar sobre la legitimidad de los activos que se registran en el balance de la autoridad monetaria, se debe señalar que se encuentran considerados US$11.800 millones en swaps (yuanes, de China), importaciones impagas con atrasos de deuda comercial, estimados en US$8.000 millones, y pagos no autorizados de dividendos al exterior durante los últimos cuatro años; lo que agrega problemas al Banco Central y su índice de cobertura.

Entre ambos márgenes, aparece el dólar blue, paralelo, negro, marginal o ilegal, el cual no es más que la respuesta a los controles oficiales, y cuyas denominaciones, no exentas de calificativos peyorativos, simplemente dan cuenta de la necesidad de operar en términos de mercado libre más un plus –asociado a la prima de riesgo−, por realizar transacciones informales. A la fecha, cotiza a 15,27 pesos por cada dólar.

Los hechos dan cuenta de que una parte importante de los US$1.200 millones para ahorro, vendidos a los particulares, desde octubre (a 9,59 pesos más 20%, 11,508 pesos por unidad de dólar), inmediatamente se vuelven a convertir a pesos, al colocarse a la punta compradora del mercado informal, a 14,9 pesos por unidad, jugarreta que otorga un rendimiento de 29,47% disponibles en el mismo acto en que se transan.+

Una maniobra muy onerosa para el Gobierno si se trata de perseguir el objetivo de contener la paridad marginal por debajo del índice de cobertura antes mencionado. Al mismo tiempo, no se puede prescindir de eventuales efectos penales de sobre la venta de 12 millones de contratos de futuros, a 1000 dólares cada uno, presumiblemente con el mismo fin.

Por otra parte, el dólar contado con liquidación, que cotiza a 14,46 pesos por dólar, es una operación para poder conseguir dólares en el exterior de manera legal, si se cuenta con pesos en argentina, y viceversa. Se compran acciones o títulos públicos en el mercado argentino que tengan cotización en el exterior. Luego, el título  comprado, nominado en pesos, se vende en el exterior y el comprador deposita dólares en una cuenta fuera del país.

Al mismo tiempo, también sirve para que entren dólares. Cuando hay más personas que quieren salir de las que quieren entrar, el precio del dólar contado con liquidación, naturalmente sube, pero si las entradas exceden a las salidas el precio de la divisa baja. En este caso, por tratarse de operaciones entre particulares, no se influye sobre las reservas del Banco Central, pero se observan, a pesar de los costos de intermediación, márgenes más ajustados.

Finalmente, lo que queda por develar al Gobierno, tras rebajar a través de la inflación el poder adquisitivo de los pesos con relación con el dólar, y los bienes y servicios en general, es la decisión de abstenerse y de no interferir en los cambios exteriores, con el fin de terminar con la escasez de dólares. Así, todo aquel que quisiera comprar divisas hallaría las que deseara bajo una única condición: el precio que determine el mercado.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), Profesor Titular e Investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Cómo puede recuperar Argentina el rumbo económico perdido

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 13/11/15 en: http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/11/13/como-puede-recuperar-argentina-el-rumbo-economico-perdido/#.VkYmhkRq6Xc.twitter

 

El Gobierno no puede echar mano del dinero de terceros, y debe recuperar los superávit fiscales para lograr un incremento de las reservas.

El Banco Central se ha convertido en una caja chica de intereses políticos. (Radio Premium)

El Banco Central se ha convertido en una caja chica de intereses políticos. (Radio Premium)

Las reservas del Banco Central argentino se están agotando. Ese uno de los comentarios más escuchados a partir de los diversos análisis y comentarios sobre la composición de la cartera del Banco Central. Esto genera preocupaciones sobre qué herencia va a recibir el próximo Gobierno, que asumirá el 10 de diciembre.

La preocupación es muy genuina, si recordamos que la conducción saliente (en una república), solo ha debido ser el administrador de esas reservas y no podía ni disponer de ellas a su antojo, ni dilapidarlas, cosa que evidentemente ha ocurrido.

El nivel de reservas, como sostiene el consultor económico y financiero Miguel Ángel Boggiano, refleja un estado de virtual quiebra de la entidad, ya que se han utilizado, incluso, fondos de terceros. Y el remanente carece de liquidez.

A efectos de poder atribuir responsabilidades quiénes han llevado a la entidad a tal estado de quiebra resulta de gran interés determinar estos montos a la brevedad y con precisión.

Pero una vez clarificado este asunto, que es solamente materia de pericia contable, solo un tema de auditoría, lo que importa y abruma a la mayoría de los ciudadanos es cómo se gobierna frente a esa situación, y qué angustias y privaciones le corresponderán a la ciudadanía ante esta debacle.

Es necesaria una cuota de sentido común.

Un banco central puede enfrentar tres situaciones: perder reservas, mantenerlas, o aumentarlas. La primera hipótesis es la que ha experimentado Argentina durante el último año bajo la presidencia de Cristina Kirchner. Pero dejemos de lado, por un rato, a la primera, porque, como cualquier honesto padre de familia puede darse cuenta, es insostenible en el largo plazo.

El máximo poema argentino, Martín Fierro de José Hernández, describe lo absurdo de plantearse el objetivo de perder reservas en forma crónica, porque “no hay plazo que no se cumpla ni tiento que no se corte”.

Tal política solo puede encontrarse en una administración que abandona el poder vapuleada por el esperable resultado de su propia falta de idoneidad y de honestidad. Entonces solo nos queda por asumir que un futuro Gobierno —con cuatro, y hasta ocho años por delante— decidirá tomar al toro por las astas.

El próximo presidente no podrá disponer de las reservas para pagar deuda o intereses, hasta que no logre recomponerlas con fondos de propiedad del Estado, algo que solo se puede lograr con superávit fiscal.

Entonces, ¿cómo se gobierna con un banco central que mantiene sus reservas o las incrementa? La respuesta es sencilla: el Gobierno no necesita utilizar las reservas del Banco Central para su normal funcionamiento. Las reservas de divisas del Banco Central no son la tesorería del Poder Ejecutivo.

El Gobierno paga gastos corrientes con los pesos que recibe por el cobro de impuestos domésticos. Las reservas de divisas del Banco Central solo se necesitarían disponer para amortizar deuda externa, o para el pago de los intereses de deuda.

A un banco central que mantiene sus reservas o las incrementa, le dará lo mismo tener $5, $100, $10.000 o $50.000 millones. Porque no los utilizará.

El próximo Gobierno no podrá pagar deuda externa ni servicios de esta deuda hasta que no genere un superávit fiscal genuino que le permita adquirirle a los exportadores parte de las divisas que estos generan con su comercio.

Esta demanda ampliada, a su vez, elevará el precio de la divisa e impulsará mejores precios para nuestras exportaciones, mayor rentabilidad, más demanda de factores de producción no importables, suba de salarios reales y crecimiento genuino, por mayor inversión de utilidades en negocios ahora rentables.

Cualquier otro planteamiento de contabilidad creativa o de manipulación del tipo de cambio es incompatible con la protección al libre comercio, a la propiedad privada y al Estado de derecho, que exige que no haya tributo sin ley. Está implícito en las garantías constitucionales.

Lo que abruma a la opinión pública es que una década o más de ausencia de estado de Derecho ha generado una importante confusión en la ciudadanía.

En las reservas del Banco Central actualmente se contabilizan activos propios del Gobierno nacional, y activos de propiedad de terceros. Como ejemplo pueden mencionarse los encajes de los depósitos en dólares de los bancos comerciales, préstamos internacionales, como lo que llaman “swap chino”, o activos propios del Estado nacional, como pueden ser las divisas compradas con superávit fiscal.

Creer que las reservas del Banco Central deberían usarse para pagar importaciones de empresas comerciales, o para pagar dividendos al exterior de empresas extranjeras, es muy propio de la confusión generada por vivir en una tiranía.

El Gobierno no puede echar mano del dinero de terceros, depositado compulsivamente en el Banco Central. Asimismo, debe cesar en esta conducta ilegal de obligar a los particulares a liquidar sus exportaciones en el plazo y al precio que al Gobierno se le ocurra, ingresándola al Banco Central y pretendiendo luego disponerlas como propias.

Las empresas comerciales, en un estado de Derecho, respetuoso de nuestra constitución vigente, pagan sus importaciones con divisas que adquieren a los exportadores de bienes y servicios o que reciben por sus propias exportaciones. Las empresas extranjeras giran utilidades que obtienen de sus mismas exportaciones o que le adquieren a las empresas que exportan.

Incluso en el supuesto de que a un país no le interese mantener la solidez de su moneda, la no aceptación de su moneda, por parte de los demás países lo vuelve a la realidad y lo obliga a respetar esta máxima.

En un país que respete la independencia de poderes, la legalidad y el estado de derecho, no caben ninguno de estos actos.

Tampoco cabe que se subsidie a empresas ineficientes, que necesitan componentes importados para armar mercaderías caras y de baja calidad, asignándoles parte de esas divisas, de propiedad de los exportadores, a precios subsidiados.

El Gobierno deberá dejar de conculcar los derechos individuales de los ciudadanos, deberá cesar en expropiar a algunos y subsidiar a otros ilegalmente y tendrá que permitir la libre negociación de divisas por parte de sus legítimos dueños, de modo tal que cualquiera que quiera importar bienes o servicios le compre a aquellos que exportan.

Esta enorme masa de exportaciones, sin impuestos confiscatorios ni discriminatorios, aportará muchas más divisas que las que el mercado podría comprar a precios rentables. Lo cual generará la solución al problema de estrangulamiento externo que padecemos.

Por todo esto, queda muy claro que es lo que deberá hacer el próximo Gobierno, del signo que sea, si pretende no reincidir en la tiranía, tal y como la ha ejercido el ejecutivo saliente.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.