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Stop fascismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/12/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/stop-fascismo/

 

Los mismos que procuran disfrazar los crímenes comunistas alegando que no fueron producto del comunismo sino del estalinismo se convierten en admiradores de Stalin a la hora de combatir el fascismo. Es un truco, porque el fascismo debe ser combatido, pero la izquierda emplea la lucha contra el fascismo para eludir sus responsabilidades y engañar.

Un engaño es no definir el fascismo con una mínima precisión, y calificar con esta etiqueta a todo lo que no sea de izquierdas. La trampa adopta su forma más ridícula cuando la izquierda identifica el fascismo con el liberalismo, cuando el fascismo es lo contrario del liberalismo. Uno de los argumentos fascistas, en efecto, junto con el corporativismo y el colectivismo, es la economía intervenida por el Estado, que de hecho se aplicó en todas las variantes políticas del fascismo. Esto explica algo que la izquierda jamás considera: sus puntos en común con el fascismo, puesto que ambos confluyen en su rechazo al liberalismo. De ahí que los progresistas de Izquierda Unida y Podemos, cuando votan en contra del libre comercio en el Parlamento Europeo, voten codo con codo con los fascistas de Marine Le Pen, y por las mismas razones antiliberales.

Otro engaño es la utilización de los crímenes fascistas para ocultar los comunistas. Esto se ha hecho con enorme éxito en el campo cultural, académico y periodístico. Basta con comparar la gran cantidad de películas que muestran la barbarie nazi con las pocas que muestran la barbarie comunista. A escala española lo hemos visto con la campaña permanente de la izquierda para intoxicar con la fantasía de que la Guerra Civil española fue una guerra de buenos muy buenos contra malos muy malos, en la que estos últimos ganaron. Nunca cejan en ese empeño mentiroso, y lo llevan adelante en todos los frentes, desde los medios de comunicación hasta en el cambio de nombres de las calles.

La unión de las mentiras en ambas escalas, nacional e internacional, se observa en una interesante reivindicación de Izquierda Unida: “la equiparación del régimen franquista con los de extrema derecha que se desarrollaron en Europa y que fueron derrotados tras la II Guerra Mundial”. Están todos los elementos de la intoxicación: el franquismo es malo al ser de extrema derecha, igual que los malos derrotados en 1945. Lógicamente, si los malos fueron los derrotados, entonces los buenos serán los vencedores. Recordemos que en la famosa foto de los vencedores están Churchill, Roosevelt y…Stalin. Para entonces los bondadosos comunistas rusos habían asesinado a unos veinte millones de trabajadores.

Así que cuando la izquierda se presente como valerosa defensora de la libertad con la consigna “Stop fascismo”, se le podría invitar a que recuerde la famosa frase de Horacio que Marx citó en El Capital: “de te fabula narratur”, contigo va el cuento.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

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Economía socialista, un siglo de fracasos

Por Martín Krause. Publicado el 10/10/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/10/10/economia-socialista-un-siglo-de-fracasos/

 

Se cumplen aniversarios de dos fenómenos que, en buena medida, cambiaron al mundo moderno: 150 años de la publicación de El Capital, de Marx, y 100 años de la revolución soviética. No hay nada que festejar. Todos los intentos de aplicar principios marxistas a la organización económica han terminado en fracasos y los pocos que quedan (Corea del Norte y en alguna medida Cuba) no son fuente de inspiración alguna ni muestran resultados que la motiven.

Pero lo más interesante de este tema es que la discusión teórica había saldado ya el debate mucho antes de que estas ideas comenzaran a aplicarse. Dada la característica periodística de este artículo y las limitaciones en su extensión estaré revisando alguno de los temas en forma muy concisa y también superficial para que podamos todos entenderlo.

En primer lugar, es necesario señalar que la piedra fundamental de la economía marxista se había derrumbada décadas antes del intento soviético. Me refiero a la teoría del valor, según la cual éste es generado por la cantidad de trabajo necesario para la producción de un determinado bien. Marx se preguntaba: ¿qué es lo que tienen todos los bienes en común y lo que se iguala cuando se produce un intercambio? Para todos es necesario el trabajo y en un intercambio se igualan cantidades de trabajo socialmente necesario.

Entonces, si lo que genera valor es el trabajo, ¿de dónde sale la ganancia del capitalista? Pues, del trabajo, no queda otra. Se trata de la plusvalía que el capitalista extrae del trabajador. Lo explota. ¿Qué es lo que hay que hacer entonces? Expropiar a los expropiadores, la revolución socialista que terminaría con la clase parasitaria capitalista.

GRAVE ERROR

El problema es que esta teoría, piedra fundamental de todo el edificio, es errónea. Pocos años después había sido ya demolida en los trabajos del austríaco Eugen von Böhm-Bawerk. El valor no es algo objetivo que pueda medirse y no es algo que se iguale en un intercambio. Es precisamente al revés: el valor es algo subjetivo, que depende de las valoraciones y preferencias de cada uno y los intercambios se realizan porque se valoran los bienes en forma diferente, no igual.

No tendría sentido realizar intercambios para recibir algo semejante a lo que se entrega. Por ejemplo: si cambio una moto usada por una tabla de surf, lo hago porque valoro más la tabla que la moto; y mi amigo al revés, valora más la moto que la tabla. El intercambio se realiza porque tenemos valoraciones “diferentes” sobre los mismos bienes.

Otra cosa, si el valor proviene de la cantidad de trabajo y la plusvalía se extrae de él (no del trabajo acumulado en máquinas, por ejemplo), ¿cómo es que hemos visto a los capitalistas por más de trescientos años permanentemente reemplazar trabajo por máquinas a punto que hoy estamos preocupados porque los robots nos dejen sin trabajo? Si los capitalistas buscan más plusvalía, ¿no deberían priorizar tareas donde haya más trabajo?

Un último punto (aunque hay muchos más para señalar), en una economía en equilibrio todas las actividades tendrían el mismo rendimiento, la misma ganancia. Si las ganancias provienen de la plusvalía que se extrae del trabajo, quiere decir que en equilibrio todas las actividades tendrían la misma proporción de trabajo, pero con tal sólo observar cualquier actividad nos damos cuenta que lo que predomina es la diversidad en ese aspecto.

PLANIFICACION

En fin, se podría hablar mucho más sobre la teoría del valor. Vayamos ahora a su aplicación práctica, la planificación económica. Tan sólo tres años después de la revolución soviética, el meollo de la cuestión había sido planteado en forma contundente. El economista austríaco Ludwig von Mises publicaba un artículo titulado “El cálculo económico en la sociedad socialista”, y dos años después, en 1920, todo un libro “Socialismo: análisis económico y sociológico”.

Allí planteaba no ya que la planificación fuera ineficiente, sino que era imposible. El argumento, muy simplificado es el siguiente: en la economía de mercado los factores de producción son asignados por emprendedores a la producción de distintos bienes y servicios guiados por los precios esperados de los bienes a producir y los factores necesarios.

Esos precios son en verdad intercambios de derechos de propiedad, pero como en la economía socialista no habrá propiedad privada de los factores de producción, entonces no habrá tal cosa como precios que guíen esas decisiones. Esos factores serán asignados a distintos procesos según la opinión de planificador pero sin ningún criterio económico. Resultado: un enorme despilfarro.
Ejemplo: hay que construir un puente. Técnicamente se puede hacer de madera, cemento, acero, acero inoxidable o platino. ¿Por qué razón nos parecería extraño hacerlo de platino? Porque tenemos una cierta noción del precio de mercado del platino que nos indica que es mejor dedicarlo a otra cosa. Pero sin mercados no habría forma de saberlo.

De hecho, para hacer sus planes quinquenales, los planificadores soviéticos miraban los precios de Occidente. Es decir, sin mercados afuera no hubieran podido planificar.

El último y muy breve punto tiene que ver con la “justicia” de igualar ingresos. ¿Si vamos a ganar igual, porqué he de esforzarme para trabajar más? O, ¿no es injusto que me paguen lo mismo si trabajo el doble que mi compañero?

En palabras de Churchill, “la virtud del comunismo es el reparto igualitario de su miseria y el vicio del capitalismo es el desigual reparto de sus bondades”.

Un siglo después y millones de muertos mediante, el capitalismo ha demostrado que sus resultados serán desiguales, pues nosotros somos por sí desiguales en capacidades o esfuerzos, y ha enterrado al socialismo bajo una prosperidad que de una u otra forma ha llegado a todos. Al inicio de la revolución industrial el ingreso promedio mundial era de 150 dólares actuales por año y por persona; hoy es de 7.000 dólares. No hay más que discutir.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Donald Trump y la libertad de prensa

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

En un sistema republicano nada hay más importante al efecto de preservar las libertades individuales que la libertad de prensa. Después de un gran debate en medios estadounidenses por parte de quienes sostenían en el siglo xviii que no debería insertarse en la Carta Magna lo que el gobierno no puede hacer puesto que se afirmaba  que en un sistema libre como el proclamado en la Constitución va de suyo que el abuso queda excluido. Sin embargo, la posición contraria prevaleció y así se aprobaron las primeras diez enmiendas constitucionales,  de las cuales la primera —la prioritaria— resguarda la libertad de prensa de toda intromisión gubernamental. En esta misma línea, Thomas Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir esto último”.

Ahora resulta que acaba de asumir un presidente del otrora baluarte del mundo libre que se pronuncia en contra de la prensa libre. Entre otras trifulcas con los medios —la última antes de asumir cuando en su conferencia de prensa hizo callar a un periodista de CNN— ha dicho en Forth Worth en Texas que cambiará las leyes “para cuando los medios escriban noticias negativas los podamos demandar y así hacer mucho dinero” y con una inusitada agresión ad hominem  en West Palm Beach en Florida afirmó que después de que cambiemos las leyes referidas a la prensa “cuando el New York Times o el Washington Post escriban los podamos demandar” y “los medios se encuentran entre  los grupos de personas más deshonestas que he conocido. Son terribles”, lo cual repitió en su visita a la CIA después de asumir la presidencia, oportunidad en la que agregó “estoy en guerra con los medios” y  otras manifestaciones de desprecio a la libertad de pensamiento.

Este peligro inminente se agrega a la xenofobia del nuevo presidente, de su prepotente, arrogante y anunciada intervención en el comercio internacional y de su preocupante esquema para la economía local con los gastos colosales que proyecta, su amistad con Rusia, su enemistad con China y el nombramiento del Secretario de Defensa (el jefe del  Pentágono), el general James Mattis, que ha declarado públicamente en un panel ante sus pares en la Asociación de Comunicaciones y Electrónica de las Fuerzas Armadas (San Diego, California) que “En realidad me gusta pelear, ustedes saben. Es estimulante. Es divertido matar a algunas personas. Me gusta la camorra”. Con seguridad estas medidas no se dirigen a su reiterado lema de Make America Great Again, más bien a acentuar la decadencia que se viene apartando aceleradamente de los valores proclamados por los Padres Fundadores (en el contexto de modales impropios por más que se empeñe en mostrar otos aspectos formales de buena calidad como la reposición del busto de Churchill en la Oficina Oval en su primer día de gestión).

No tenemos la bola de cristal, no sabemos que ocurrirá, aparecen declaraciones contradictorias del novel mandatario las cuales se reiteraron en su discurso inaugural, pero, como queda dicho, hay síntomas muy alarmantes y otros que apuntan a tranquilizar a los más sensatos, medidas ponderables como la elección del vicepresidente, la secretaria de educación, el de vivienda y urbanismo y algunos temas importantes de salud, tributarios y de regulaciones pero nada compensa su tratamiento desaforado para con la prensa.

En cualquier caso, como es sabido, la libertad de expresión resulta esencial para aprender puesto que como el conocimiento está inmerso en la provisionalidad y siempre abierto a posibles refutaciones, la manera de reducir nuestra ignorancia consiste en contar con debates abiertos de par en par.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de la extralimitación del poder. En innumerables casos, el periodismo ha hecho mucho más que la propia Justicia para investigar y denunciar casos de corrupción gubernamental.

Como he escrito en otra oportunidad en La Nación de Buenos Aires, resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades  ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros. Esta plena libertad incluye el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios.

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente repasar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo aunque no se refiera específicamente a Estados Unidos. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

De la libertad de expresión se sigue la de asociación y de petición que deben minimizar las tensiones que eventualmente generen batifondos extremos y altos decibeles que afectan los derechos del vecino, lo cual en un sistema abierto se resuelve a través de fallos en competencia como mecanismo de descubrimiento del derecho y no como ingeniería legislativa y diseño arrogante.

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisioras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero en varios países irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel o, al decir del decimonónico Richard Cobden, establecen exorbitantes “impuestos al conocimiento”. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) megalómanos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede, vale el adjetivo).

Esto ocurre debido a la presunción del conocimiento de gobernantes que sin vestigio alguno de modestia y a diferencia de lo sugerido por Einstein, se autoproclaman sabedores de todo cuanto ocurre en el planeta, y se explayan en vehementes consejos a obligados y obsecuentes escuchas en imparables verborragias, tal como ocurre con los artilugios que planea Donald Trump para amordazar a la prensa independiente que esperemos se rectifiquen de inmediato.

Dados los temas controvertidos aquí brevemente expuestos —y que no pretenden agotar los vinculados a la libertad de prensa ni los planes de Trump— considero que viene muy al caso reproducir una cita de la obra clásica de John Bury titulada Historia de la libertad de pensamiento: “El mundo mental del hombre corriente se compone de creencias aceptadas sin crítica y a las cuales se aferra firmemente […] Una nueva idea contradictoria respecto a las creencias que sustenta, significa la necesidad de ajustar su mente […] Las opiniones nuevas son consideradas tan peligrosas como molestas, y cualquiera que hace preguntas inconvenientes sobre el por qué y el para qué de principios aceptados, es considerado un elemento pernicioso”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

La Política como una Time Warp

Por Gabriela Pousa: Publicado el 3/6/16 en: http://economiaparatodos.net/la-politica-como-una-time-wrap/

 

La Política como una Time Wrap

No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas

Argentina es un país inclusivo, nadie puede dudar de ello, lo cierto es que la inclusión nos excluye de poder situar la atención en lo verdaderamente importante que sucede. En este mismo instante, cada canal de televisión muestra una parte de lo que pasa sin que la suma de todas ellas represente un todo homogéneo y razonable.

¿Qué es lo más grave, lo de Lázaro o lo de la AFA? En esta trama inexorablemente, se pierde la noción y se confunde lo urgente con lo importante, y lo que conviene con lo que no. 

Desde los allanamientos a los terrenos de Lázaro Báez, pasando por la renuncia de Marcelo Tinelli a la AFA, los secuestros que no volvieron porque nunca se fueron, el colapso del Hospital Garraham, un barrio que clama por el regreso del odontólogo Barreda sin explicación, hasta la desvergüenza del ex juez Oyarbide esperando convertirse en “el Lorenzetti de Bailando por un sueño” son todos temas de portadas hoy.

Mientras, el argentino común y silvestre por llamar de algún modo al vecino que trabaja y vive simplemente, sueñan con un país digno para sus nietos o hijos.
Para ese fin, no fue suficiente el cambio de gobierno. Fue un gran paso, un comienzo pero el camino es larguísimo.

De allí ese estado de insatisfacción en algunos, de temor en otros y de hastío en el resto. ¿Al final todos son iguales y cualquiera da lo mismo? No, definitivamente no.

Anoche Elisa Carrió volvió a decirlo con claridad supina guste o no: lo blanco es blanco y lo negro es negro. Hay avances y hay estancamiento. No pasamos de Cristina Kirchner a Churchill ni a Vaclav Havel. Los tiempos no son los que cada uno pretende pero sí, deben estar en armonía con las expectativas de la gente.

Además el tiempo sigue siendo el único recurso no renovable que tenemos, volver a perderlo sería suicida. Y haber perdido doce años en la vida de cualquiera no es mera anécdota .  A algunos se les fue la adolescencia en ese lapso, a otros la juventud, a muchos la salud. Solo queda la esperanza que como decía Albert Camus “tiene una rara vitalidad”. A ella hay que aferrarse sin dejar de exigir que el cambio sea real y palpable.

Hoy la Argentina es un conglomerado de escenarios para todo gusto. Casi una fiesta electrónica de esas donde se montan diferentes shows, y cada uno opta qué escuchar o presenciar sin darse cuenta quizás que tanto ruido, lo que provoca es una sordera general.

Por eso se busca denodadamente “huidas”, huidas que terminan a veces arruinando la vida. En política sucede lo mismo que en las previas adolescentes o en esas fiestas donde, al final, solo festejan quienes recaudan más.

En medio de todo esto, ¿cuál es el show principal? Esa es la pregunta cuya respuesta debemos buscar.

Hay un hecho de singular trascendencia: los anuncios del Presidente para los jubilados porque en rigor no atañen a un sector social sino a todo ser humano. Hay otro dato que molesta: Argentina no se jugó como debiera condenando los sucesos en Venezuela. 

Entre medio, el blanqueo de capitales que es probable sea necesario pero, simultáneamente, es eje de debate. Hay una delgada línea que separa lo ético de lo polémico. Encarar una reparación histórica de la tercera edad es un fin loable, el medio es cuestionable. Ni de un lado ni del otro, en el medio se puede estar pero no todo el tiempo, solo un poco.

Son muchos los temas para una sociedad que demanda normalidad, ausente durante más de una década. Como si todo esto fuese poco, intentan hacer creer que el Papa Francisco sigue siendo el jefe de la oposición, ya no del kirchnerismo. Estrategia conocida que nunca sirvió, cambiemos de mecanismo si queremos resultados distintos.

Polémica fútil e inoportuna que solo genera en algunos católicos, un desconcierto que no suma.  “Al César lo que es del César”, al Sumo Pontífice habría que dejarle la religión, la política no. A quién recibe y a quién no, no debiera modificar lo que los argentinos quieren cambiar según el voto emitido en el último comicio.


La apuesta al segundo semestre es un desafío grande. A un mes de ese comienzo no parecen estar aún las herramientas justas para reducir la inflación y evitar que crezca la pobreza. 
Como en todo, hay una grieta en cuanto a la espera. Los que eligen creer que van a poder. Los que sostienen que no saben qué hacer.

Pero claro, también están los argentinos que aplaudieron el kirchnerismo porque la corrupción no cuenta si el modelo permite la fiesta. Son esos mismos argentinos que aumentan a diario los precios por especulación y capricho. Esa manía que acarreamos de otras gestiones donde la desidia fue protagonista implementando el “sálvese quien pueda” de los Narcisos. 

Hay demasiados escenarios montados. La diversidad a veces no es buena consejera aún cuando permite que cada uno elija prestar atención a lo que prefiera. Lo cierto es que en la variedad está el gusto, y tamaño desfasaje de temas nos incluye a todos. Si acaso no nos interesa la relación con la Iglesia, nos ha de afectar la moratoria impositiva, o quizás la necesidad de ver que alguna vez se hace justicia.


No es prolija la actual Argentina, son demasiados los flancos débiles que requieren especialistas. No hay precisiones: ni una política liberal a ultranza ni un progresismo demagógico que contente con eufemismos y espejitos de colores. 
Hay tal vez un pie de cada lado del abismo.

El gobierno tendrá que decidir para qué lado ir, y el pueblo comprender que tironeando de un lado y de otro lo más factible es caer.  La ansiedad es negativa, la resignación sin embargo es letal. El mal menor esta vez parece ser la única opción. La próxima deberá ser más prolijo y mejor.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

No es Macri o Scioli

Por Gabriela Pousa: Publicado el 23/7/15 en: http://www.perspectivaspoliticas.info/no-es-macri-o-scioli/

 

Extraña semana pos electoral en la ciudad Capital. Análisis para todos los gustos, encuestas que vuelven a mostrar intereses sectoriales por sobre la verdad, y un peculiar afán por negar lo innegable: el resultado final. La sorpresa apuntó a la escasa diferencia de votos entre uno y otro, sin embargo, esa diferencia solo cobró trascendencia a la hora de socavar una vez más la figura de Mauricio Macri como candidato presidencial.

Es siempre la misma historia: la crítica y la queja sin propuestas. Nuevamente cabe aclarar que no hay ni un Churchill, ni de un De Gaulle ni un Valcav Havel en ninguna boleta.

Ahora bien, más allá de todas estas especulaciones y subjetividades hay hechos inexorables que marcan el triunfo del PRO: un partido nuevo que va a una elección sin aliados, y con una figura como Horacio Rodriguez Larreta cuyo carisma no es el habitual en los políticos que aspiran a conquistar cargos ejecutivos. Pese a todo eso, ganó.

El PRO se enfrentó a una coalición de partidos, algunos de los cuales tienen tradición centenaria como la Unión Cívica Radical y el Socialismo. A ellos se sumó la Coalición Cívica – Ari, y sin chicana que valga, el FPV cuyo objetivo de hacer trastabillar a Macri lo llevó en masa a votar por su ex ministro de Economía. Además este, en los días previos a la segunda vuelta electoral, se ocupó con creces de proclamar su mayor concordancia con la política oficial: “La agenda del kirchnerismo es una agenda que a mí me gusta más”, sostuvo sin sonrojarse siquiera.

En síntesis, pese a esa sumatoria de votos, Rodriguez Larreta ganó. En ese contexto, puede decirse sin temor al equívoco que ECO, cuyos equipos además nunca fueron presentados en sociedad, no conforma aún ninguna fuerza nueva sino que surgió fruto de un “voto en contra de” cuya supervivencia dura lo que dura la elección. 

De ECO hoy queda Martín Lousteau. Ni siquiera su candidato a vice jefe de Gobierno votará en la presidencial por la misma figura que dice aquel ha de votar. A su vez, el 20% de votos que Mariano Recalde liberó, volverán a votar al kirchnerismo. Ingenuo era y es suponer que votantes del oficialismo se volcasen por el partido que lidera Mauricio Macri. Del mismo modo, raro sería que el votante del PRO cambié su voto para beneficiar al candidato opositor. 

El camaleónico actuar de la dirigencia no se corresponde muchas veces con la conducta de la sociedad cuya definición no suele estar ligada tanto a lo ideológico sino más bien a la utilidad y el pragmatismo del propio confort.

Hoy todo acto electivo presenta la misma dualidad: cambio o continuidad. No debería importar demasiado quien representa a uno u otro si durante más de doce años no importó cómo destruían las bases institucionales y cercenaban las libertades individuales.

¿Qué pasa que de pronto hay tanto “purismo” en la calle? Que resulte trascendente la opinión de un candidato sobre Aerolíneas Argentinas o YPF cuando lo que está en juego es la República, los derechos individuales y la libertad, no parece una actitud muy racional. Lo que importa o debería importar es optar por aquel capaz de desplazar al kirchnerismo, y luego sí exigir que las cosas se hagan como es debido. Pero eso no es lo que sucede generalmente con los argentinos.

Muy por el contrario, acá se vota un domingo y al lunes siguiente la democracia quedó delegada a los nuevos habitantes de la Casa Rosada. Los ciudadanos vuelven a lo suyo y solo reclamarán si llegar a fin de mes cuesta mucho. De manera que no se comprende la indignación de varios hacia algunas propuestas esbozadas por la principal competencia al candidato oficial.

Si esta fuese una sociedad que custodia de cerca y hace valer la representatividad del sistema, entonces podría tener sentido un debate de la índole privatizar o no privatizar. Pero un pueblo que prefiere salir de vacaciones que ir a votar no está en condiciones de socavar las posibilidades de un aspirante a sacar al kirchnerismo del poder porque dice que dejará que una Aerolínea sea estatal. Seamos serios y coherentes con nuestro decir y también con nuestro actuar.

Mientras los argentinos tengan como prioridad el bolsillo y la propia comodidad, las exigencias en cuanto a modos o métodos no parecen gozar de mucha racionalidad. Asimismo, hasta tanto no se comprenda que lo que está en juego va mucho más allá de la bandera flameando en un avión o de la administración de una petrolera, difícilmente pueda erradicarse la ignominia que sepulta el destino de la Argentina.

No se trata de que Macri sea o no un estadista, ni siquiera pasa por los dones del candidato para ejercer la Presidencia. Seguramente Daniel Scioli, tenga muchísima más experiencia en gestionar y más aparato para salir a calmar las ansiedades populares. Pero el tema pasa por otro lado, pasa por liberarnos del mal que vienen haciendo desde hace más de una década. 

Una vez lograda esa liberación, no será entonces mera responsabilidad de Macri demostrar cómo gobierna porque la opción será como siempre ha debido ser, nuestra. Deberemos ser nosotros quienes indiquemos el rumbo por donde queremos que tome el conductor a quien contratemos en la elección. 

A los Kirchner se les dio el micro con el tanque lleno y sin ningún mapa ni indicación. Quejarse ahora el camino que eligieron para transitar no cambia demasiado las cosas, menos que menos si no entendemos que somos los pasajeros los que debemos tener en claro a donde vamos.

El problema somos nosotros si durante el recorrido no fuimos capaces de levantarnos para indicarles que era otro el camino que preferíamos. Si no sabemos lo que queremos, nuevamente tendremos un jefe de Estado que tome el volante y nos lleve al lugar que él desee, y por la ruta con mayor peaje.        

No es pues Scioli o Macri la disyuntiva si bien se mira. La verdadera elección pasa por definir si estamos dispuestos a hacernos cargo de nuestro país o si vamos a dejarlo nuevamente librado a los antojos, caprichos y veleidades de un delegado cuando en rigor lo que vamos a elegir es un representante. Somos sus representados. Sin entender esa diferencia seguiremos a la deriva sin posibilidad de llegar a la orilla.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.