No es la economía, estúpido

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 23/1/20 en: https://alejandrotagliavini.com/2020/01/23/no-es-la-economia-estupido/?fbclid=IwAR05r1jiOdu1JhKeGyCcKlNodXzo7s-ifp3wQul3jn-RMlrKxzk9xXvXGNw

 

Cárcel es lo menos que una sorprendentemente enorme masa enardecida pide para los rugbiers de Villa Gesell por el irreparable homicidio de un joven. Por cierto, llama la atención que, por caso, en Rosario es asesinada una persona al día y nadie se preocupa.

Independientemente del código penal -y de los políticos peronistas, conservadores, etc. que lo redactaron- el nivel de violencia que existe en la sociedad argentina es altísimo, ya sea por parte de los delincuentes o de quienes exigen “justicia” sin siquiera esperar la opinión de peritos y jueces estatales, poniendo en evidencia una enardecida sed de venganza violenta.

Es “la economía, estúpido” fue una frase fuerte de la campaña electoral de Bill Clinton que lo llevó a la presidencia de EE.UU., demostrando que en política la agresividad y la mala educación da buenos resultados. Pero en el caso argentino, si bien la pésima performance económica fue lo que hizo que el oficialismo perdiera las últimas elecciones, el país tiene un problema moral de fondo muy grave.

El sol sale cada día a hora predeterminada, la lluvia riega los árboles que crecen y oxigenan, y demás. Es obvio que la naturaleza tiene un orden que se desarrolla espontáneamente -intrínsecamente- así “vemos que en las cosas naturales… se realiza lo mejor” y se dirigen al bien como fin, dice Tomás de Aquino.

Según Jacques Maritain el orden natural significa la existencia de leyes fenomenológicas que son las generatrices y que se repiten invariablemente. La ley científica, no hace otra cosa que extraer, de manera más o menos directa, la propiedad o la exigencia de un cierto indivisible ontológico, que no es otro que aquel que los filósofos llaman naturaleza o esencia.

Cabe remarcar que los fenómenos naturales son espontáneos, precisamente, porque son intrínsecos, surgen del interior, de la esencia. Por el contrario, los objetos artificiales, al no poseer principios intrínsecos, necesitan ser movidos por otra fuerza, extrínseca.

Y la moral, más allá del uso coloquial y deformado de la palabra, es la ciencia que estudia el comportamiento que le cabe al hombre de modo de adaptarse al orden natural y desarrollarse. O sea, la moral es el estudio del ordenamiento natural del ser humano.

Copiando a Aristóteles, el Aquinate escribió que: “La violencia se opone directamente a lo voluntario como también a lo natural, por cuanto es común a lo voluntario y a lo natural el que uno y otro vengan de un principio intrínseco, y lo violento emana de principio extrínseco”. Así, Etienne Gilson asegura que para Tomás de Aquino “lo natural y lo violento se excluyen recíprocamente”.

La violencia, en definitiva, destruye porque coarta el desarrollo espontáneo -y armónico- de la naturaleza y, por tanto, es inmoral. Es una reacción primaria disparada básicamente por el miedo, la inseguridad, aunque se disfrace de “machismo”. Pero, al contrario de los animales, el hombre tiene la capacidad de discernir, advertir que la violencia destruye y, en consecuencia, controlar esta reacción primaria y proceder con sabiduría.

Ahora, la teoría del mercado más difundida fue desarrollada a partir de la escuela escocesa liderada por Adam Smith, quién “En varios sentidos… desvió la economía de su recto camino, el representado por la tradición continental iniciada en los escolásticos medievales… “, asegura Murray Rothbard.

Esta tradición continental fue desarrollada por destacados tomistas, en su mayoría jesuitas y algunos dominicos, profesores de Moral y Teología en la Universidad de Salamanca. El premio Nobel Frederick Hayek asegura que ‘los principios básicos de la teoría del mercado…fueron establecidos por los escolásticos españoles del siglo XVI” como Bernardino de Siena, y Antonino de Florencia que escribe en 1449 la tomista Summa Moralis Theologiae, el primer tratado de la nueva ciencia de la Teología Moral.

En cualquier caso, la “economía” no era una ciencia -en todo caso una profesión- sino un derivado de la moral: el estudio del comportamiento del hombre en el mercado (la faz económica de la gente, el pueblo). Así, como la violencia es inmoral y destructiva, desde que desvía al hombre del desarrollo natural y espontáneo del cosmos, es contraria al desarrollo económico. Es decir, toda intervención del Estado –“policial”- sobre el mercado -el pueblo- forzando regulaciones, impuestos y leyes, destruye la economía.

O sea, que el problema argentino va más allá de la economía, es moral: sucede que existe un alto nivel generalizado de violencia en todos los órdenes y sectores del país, también en economía.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Luces y sombras antes de la Cumbre de las Américas de Lima

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/3/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2121416-luces-y-sombras-antes-de-la-cumbre-de-las-americas-de-lima

 

El 13 y 14 de abril próximos se realizará la VIII Cumbre de las Américas,en la ciudad de Lima, en Perú. Será la continuadora de la primera de esas reuniones, convocada por el presidente Bill Clinton, en Miami, en 1994.

En esta oportunidad, dos de los mandatarios de la región están anticipadamente concentrando la atención. El primero es el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Originalmente invitado por los dueños de casa, Maduro fue luego desinvitado, lo que es por lo menos extraño, aunque hayan existido buenas razones para el cambio de actitud peruano. Hoy, es obvio, Nicolás Maduro es un dictador autoritario y Venezuela ha dejado de funcionar como una democracia. Es, como Cuba, un país totalitario.

Maduro contestó que no iba a dejar de asistir a la reunión, evidenciando el estilo patotero de los bolivarianos y trayendo a la memoria un episodio similar que tuviera lugar en la Argentina y fuera protagonizado por la también poco educada Delcy Rodríguez. Si tenemos en cuenta que Nicolás Maduro decidió no concurrir al cambio de mando reciente en Chile, en virtud del cual Sebastián Piñera volviera a la presidencia del país transandino, parece posible que Maduro, pese a sus ladridos, decida finalmente no aparecer en Lima. Sería probablemente lo más sensato, porque una cosa es estar aislado y otra, muy distinta, es hacer un papelón, provocando un incidente.

No es imposible que la reunión “Cumbre” de Lima fracase, como ha sucedido en algunas de las últimas reuniones de ese tipo donde no se alcanzaron los consensos esperados. Tampoco sería sorprendente que Trump llegara a un país perturbado políticamente como consecuencia de la renuncia de su ahora expresidente Pedro Pablo Kuczynski. A un país todavía nervioso, entonces.

A Trump parecería no resultarle fácil el diálogo con los latinoamericanos. Un llamado telefónico reciente entre el presidente Trump y su vecino, el presidente de México,Enrique Peña Nieto, terminó siendo un desastre.

Uno de los países más importantes de la región, Brasil, es uno de los más afectados por las medidas arancelarias de carácter proteccionista recientemente dispuestas por el presidente Trump, y no es imposible que la región toda pida al presidente norteamericano evitar las consecuencias de una “guerra comercial” derivada de las medidas arancelarias recientemente dispuestas por Trump.

En otro andarivel, Donald Trump deberá presumiblemente estrechar la mano de Raúl Castro, el presidente de Cuba, que también podría concurrir a Lima. Ese momento también podría ser complejo, atento a que Donald Trump no mantuvo la política de distensión hacia Cuba puesta en marcha por su predecesor, Barack Obama.

Por todo lo antedicho hay quienes sostienen que para Donald Trump la mejor actitud sería probablemente la de permanecer en un marco de discreción y así evitar eventuales rispideces. Es difícil imaginar a un Donald Trump asumiendo ese papel. Parece demasiado arrogante para elegir y asumir esa conducta. Sin embargo, sería mejor para Trump escuchar, que pontificar. Convocar, que desunir. Acercar, en lugar de alejar o dividir. Ojalá lo entiendan él y su nuevo Secretario de Estado, Mike Pompeo, que hará su debut multilateral en la región en la “Cumbre” de Lima.

La prudencia aconseja a Donald Trump evitar la retórica agresiva y dejar que, en las cuestiones más delicadas, como es la que tiene que ver con Venezuela, sean los países del llamado “Grupo de Lima” los que lleven la voz cantante. Después de todo, son ellos quienes tienen la actitud más clara de condena respecto del régimen autoritario que gobierna Venezuela.

Esto es posible, sin perjuicio de mantener su actitud dura respecto de aquellos regímenes que -por autoritarios- Donald Trump repudia.

No sería entonces sorpresivo que nuestro presidente, Mauricio Macri, vuelva a puntualizar, con razón, que la Venezuela de nuestros días ha dejado de ser una democracia y está muy lejos de poder ser tenida como un país que respeta los derechos humanos y las libertades civiles y políticas de sus ciudadanos. Para Trump sería probablemente un error volver a sugerir que su gobierno no descarta una “intervención militar” en Venezuela. La región no lo acompañaría y la alternativa luce, por lo demás, como una grave equivocación.

La “Cumbre” de Lima -a estar a su convocatoria- analizará el impacto de la corrupción en la gobernabilidad de los países de nuestra región. El efecto nocivo de las cleptocracias, entonces. Sobre esto los Estados Unidos tienen mucho que ofrecer, particularmente en materia de información e investigaciones. Y también alguna experiencia ganada en América Latina, como es el caso de los esfuerzos que realiza con Guatemala para desterrar la impunidad.

Como no es imposible que Donald Trump sufra provocaciones, es importante que, ante ese riesgo, lo tenga en cuenta y elija mantenerse siempre en el plano de la serenidad. Recordando aquello de que escuchar con humildad no es perder el tiempo. Particularmente cuando se trata de temas que quizás no se comprenden en toda su extensión y profundidad.

Queda visto que la “Cumbre” de Lima puede resultar compleja. Si Donald Trump decide instalarse en el centro del escenario, desatando desde allí su conocida retórica podría generar tormentas. Sería mejor que -en cambio- intentara generar confianza, poniéndose a disposición de aquellos gobiernos de la región hoy empeñados en una lucha frontal contra la corrupción que, por décadas, ha sido desgraciadamente endémica en América latina.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Trump y Macri, un solo corazón

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/1040708-469/trump-y-macri-un-solo-coraz%C3%B3n

 

El miedo es un arma letal que suele destruir al que lo padece, por eso la valentía es una virtud, porque suele llevarnos por los mejores caminos de la vida.

Chuky Trump, que defiende a la tortura, dice que terminará el faraónico e inútil muro -que inició Bill Clinton- que podría costar unos 15 mil millones de dólares a lo que hay que sumarle la manutención y los eventuales agentes y controles en semejante distancia. Por cierto, es bueno recordar que hoy son más los mexicanos que se marchan de EE UU que los que ingresan.

Al otro “muro”, el veto migratorio contra refugiados e inmigrantes de siete países de mayoría musulmana, dice que lo hizo para combatir al terrorismo, pero al mismo tiempo cierra filas con Arabia Saudita donde están las ciudades prohibidas de La Meca y Medina, donde poseer una Biblia puede penarse con la muerte, entre otras cosas, demostrando que es la principal fuente del fanatismo islámico.

En la otra punta del continente, está Argentina, tierra de inmigrantes al punto que el presidente Macri es hijo de un italiano que llegó a buscarse la vida y construyó, sorprendentemente, un imperio a partir de la obra pública. Todavía hoy es uno de los países más abiertos del mundo, y el que más extranjeros tiene en Sudamérica.

Así, con seis homicidios por cada 100,000 habitantes está lejos aún de los 84 de Honduras*, 53 de Venezuela o 31 de Colombia, pero va camino de aumentar, dentro de un continente donde 135,000 personas fueron asesinadas en 2015, según el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero también Argentina está cambiando, atemorizada por políticos populistas que así consolidan su poder. Del mismo modo en que la izquierda encontraba en el extranjero la culpa de todo -en las “multinacionales go home”- la derecha exagerada de Macri frente a una sociedad atemorizada por la inseguridad, ha encontrado un culpable: los extranjeros.

Y ha iniciado controles más fuertes en las fronteras para evitar que entren “personas con antecedentes penales” y expulsiones más rápidas para los “delincuentes”. Argentina tiene un 4.5% de inmigrantes y en sus cárceles los extranjeros son el 6% del total. Pero el gobierno salió a “informar” que “en los delitos vinculados a la narcocriminalidad, un 33%… son extranjeros”. Y en una inocultable actitud xenofóbica, “vienen ciudadanos peruanos y paraguayos y se terminan matando por… la droga”, aseguró la ministra de Seguridad.

El nivel delictivo es muy alto precisamente por culpa del Estado. Es el principal creador de delincuentes, más allá de que el principio es incoherente (no puede detenerse la violencia con más violencia, represiva) a partir de prohibir algunas drogas dañinas, da lugar a los narcos y todos los delitos relacionados. De modo que aumentar los controles y el personal policial, lejos de evitar el delito, lo ahondará.

Y no porque la policía sea corrupta al punto de que muchos crímenes sean cometidos por sus agentes, sino porque esto aumenta el gasto estatal, por tanto, los impuestos empobreciendo a la sociedad creciendo la marginalidad. Otra populista, Cristina Kirchner, también anunció la expulsión de extranjeros y aumentó considerablemente la presencia de fuerzas de seguridad, y el delito creció.

En fin, Trump y Macri, desde los extremos geográficos van por el camino del miedo inaugurando una era de oscurantismo, y de más delitos salvajes como los del narco.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El voto “latino” y el triunfo de Donald Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 17/11/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1957003-el-voto-latino-y-el-triunfo-de-donald-trump

 

El triunfo electoral de Donald Trump, generador del terremoto político consiguiente, sorprendió realmente al mundo. Casi todos los encuestadores, es cierto, se equivocaron en sus predicciones. Entre los distintos supuestos equivocados que se barajaron antes de la elección, aparecía una suerte de “seguro” con el que los demócratas de alguna manera parecían contar. El que estaba presuntamente conformado por el apoyo de los votos de la minoría “latina” norteamericana, que -según algunos- hasta podía ser decisivo electoralmente. No fue así. Para nada.

Lo real es que hubo algún mayor apoyo “latino” a Donald Trump que lo anticipado. Pese a que, como se suponía, los votos “latinos” se inclinaron muy mayoritariamente hacia la Sra. Clinton, con un 65% a su favor y un 29% en contra (cuando las encuestas sugerían que Trump sólo cosecharía un escuálido 18% del voto “latino”).

Lo cierto es que el Partido Republicano recibió esta vez más votos “latinos” que en las elecciones presidenciales de 1996, cuando triunfó Bill Clinton; pero menos que en el 2012, cuando la victoria de Barack Obama se construyó con el 71% de los votos “latinos”.

Y fue decisivo en los triunfos alcanzados por los demócratas en Colorado, New México y Nevada, incluyendo el resonante éxito de la fulgurante Catherine Cortez Masto, que será ahora senadora nacional por Nevada. Y en achicar los márgenes del triunfo republicano en Arizona y Texas.

El voto “latino”, en conjunto, creció. Pero no creció porcentualmente en términos de número de personas “latinas” que efectivamente fueron a votar. Mantuvo su caudal. Votó tan sólo un 48% de todos los “latinos” que estaban en condiciones de hacerlo. Comparado con el 64% entre los votantes blancos y el 67% de los votantes de color, parece que los “latinos” no pudieron ser organizados eficazmente por los demócratas en su ilusión de contar con una gravitante ola “latina” en su favor.

En las elecciones de 2004 ese voto representó un 8% del total; en las del 2012, fue del 10%; y ahora alcanzó el 11%. Y la tendencia apunta hacia un lento, pero continuo, crecimiento.

A Trump lo votaron fundamentalmente los hombres, los blancos, los ciudadanos sin educación universitaria, los hombres y mujeres del sector rural, y los mayores de 45 años. Ellos conformaron la mayoría silenciosa que decidió la elección.

La disparidad de raza sigue pesando electoralmente. Los blancos -que conforman el 70% del caudal electoral total- se inclinaron en un 58% por el candidato republicano. Los hombres prefirieron a Trump con un contundente 53%. Las mujeres, al contrario, se pronunciaron -también muy nítidamente- en favor de Hillary Clinton, que creyeron las representaba mejor.

Para algunos, los “latinos” fueron los grandes perdedores de la elección. Puede bien haber sido así. No sólo por haber sido ellos los destinatarios de los comentarios insultantes de Donald Trump, sino porque enfrente tuvieron a una mayoría blanca cuyos votos, endosando a Trump, al final decidieron la elección.

En síntesis, si el voto “latino” pudo haber sido un inesperado maremoto a favor de Hillary Clinton, en los hechos no lo fue. Y en el estado de la Florida, donde el voto “latino” pudo haber cambiado el resultado de las urnas, las cosas finalmente tampoco alteraron sustancialmente las tendencias del pasado. Del dicho al hecho, queda visto, hay ciertamente mucho trecho. De los pronósticos electorales a la realidad, también.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El “muro de Berlín” de Guantánamo: minas, alambradas y tiburones:

Por Belén Marty: Publicado el 10/7/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/07/10/el-muro-de-berlin-de-guantanamo-minas-alambradas-y-tiburones/

 

Nilda Pedraza es la madre de Iskander, uno de los incontables cubanos que intentaron llegar a nado y pedir asilo en la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo. Cuenta que a su hijo, de 26 años, le dispararon en el mar desde una de las torres de vigilancia, a 50 metros, con fusiles AKM antes de llegar a la costa; y que luego lo enterraron sin nombre, en un cementerio de Guantánamo.

Además de los balseros, otros cubanos buscan asilo del régimen comunista en la base naval de Guantánamo. (Wikipedia)

Es una historia desconocida, cruel, terminante y mortífera. Cuba, en pleno 2015, tiene su propio muro de Berlín. Se trata del perímetro de la Bahía de Guantánamo, en el sur de la isla, que divide el territorio soberano de Cuba con la base naval estadounidense: está circunvalado por antitanques, agentes de las Fuerzas Armadas cubanas, torres de vigilancia, alambradas electrificadas, miles de minas antipersonales y sensores de movimiento.

Esta versión tropical del muro caído en Berlín hace poco más de 25 años tiene asimismo un mismo patrón: se cercó con el objetivo de impedir a los cubanos partir hacia la base naval. Si bien esto resulta un riesgo mortal para ambos sentidos (entrar o salir de la base de Guantánamo), la inmensa mayoría de los que han perecido han sido cubanos disidentes.

Sin embargo, la versión oficial afirma que el campo minado más grande del mundo fue puesto como medio de defensa ante una invasión estadounidense.

Sin datos certeros de ningún tipo, se cree que más de 10 mil cubanos han muerto ahogados, como consecuencia de las mareas o de los tiburones, intentando llegar a nado a la Bahía de Guantánamo desde la década del 60.

La organización Cuba Archives informó que aquellos valientes que se lanzaron por tierra debieron hacerlo esquivando más de 50 mil minas antipersonales y antitanques que fueron colocadas en primer lugar por el Gobierno de Estados Unidos en plena Guerra Fría, y luego quitadas, sin mucha publicidad, en 1996.

La administración de Bill Clinton reportó que el personal estadounidense que trabajaba en la base naval había sido testigo de la cantidad de cubanos asesinados a manos de agentes de la policía comunista.

Los guardias cubanos tienen orden de disparar a cualquier compatriota que intente fugarse rumbo a las tierras administradas por la Armada de los Estados Unidos. Hasta el día de hoy, los cubanos no son libres de salir del país cuando así les plazca. El artículo 215 del Código Penal cubano establece que para salir o entrar al territorio cubano los ciudadanos deben tener un pasaporte al día y un permiso de entrada o salida al país otorgado por el Ministro del Interior.

“Mientras que la prisión para los terroristas en la base naval recibe una condena generalizada, los campos de la muerte de Cuba permanecen completamente ignorados. Es hora de ponerle fin a la doble moral y a esta tragedia humana”, insiste la organización Cuba Archives.

El poblado de Caimanera, lindante con el territorio disputado, es uno de los terrenos en los cuales el Gobierno cubano sembró más minas. Estas no discriminan: han causado graves heridas y muertes de niños, adultos y animales.

“Plantaban estas minas en el perímetro; convirtieron el lugar en escuela y nunca revisaron que había estos artefactos activos”, indicó Anderlay Guerra a Martí Noticias.

Además, otros periodistas locales insistieron en que los pobladores desconocen la localización de muchas de estas minas y hasta militares jóvenes se han convertido en víctimas de tales artefactos. Hoy el régimen de los hermanos Castro es el único en América Latina que aún no ha firmado el acuerdo mundial en Convención de Ottawa para su eliminación. Dice que lo hará una vez que Estados Unidos se retire del país.

“Lo que le preocupa al Gobierno es tener el perímetro minado para que las personas en Cuba no vayan en busca de su libertad”, precisó José Manuel García, periodista.

Ivan Picón, balsero que está impedido de regresar a Cuba, aseguró que él tiene un amigo que cruzó a Guantánamo por el lado de las minas y otro que cruzó a nado.

“El cruzó por las minas y no sabía, porque en Cuba no todos sabían hace unos años que había minas allí. Muchos perdieron extremidades, brazos, piernas… Hubo muchísimos mutilados”, insistió, en conversación telefónica con PanAm Post.

Para él, no hay dudas de que las minas fueron colocadas por el régimen de los hermanos Castro para impedir que los cubanos crucen al otro lado. “Yo no creo que las hayan quitado. Están ahí, puestas todavía. En Angola también colocaron las minas antipersonales”, sentenció.

Dijo también que las explosiones, por momentos, se escuchaban desde distintas partes de la isla.

Picón se preguntó qué otra opción tiene un cubano para salir de lo que él denomina una “isla prisión”. En este sentido, advirtió que mas de 10 mil cubanos se ahogaron tratando de llegar al territorio de Estados Unidos dentro de la isla.

A pesar de que en 11 días se reabrirá la embajada de Estados Unidos en Cuba, las autoridades de ambos países no han hecho declaraciones aún sobre este tema, que parece pasar inadvertido en el marco de las relaciones bilaterales.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

Vision And Values: Kasparov On U.S. Leadership For A Free-World:

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 9/11/14 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2014/11/09/vision-and-values-kasparov-on-u-s-leadership-for-a-free-world/

 

Today we celebrate the 25th anniversary of the “Fall of the Berlin Wall.” Thanks to the recommendations of the late Arnold Beichman of the Hoover Institution and President George W. Bush’s acquiescence, in the U.S. it is also officially “World Freedom Day.” Friends of freedom have been celebrating around the globe as well. One freedom champion, however, is spending more time cautioning than celebrating. It is Garry Kasparov—the renowned chess player—but this time, in his capacity as Atlas Templeton Freedom Fellow.

In a speech delivered earlier this year, Kasparov called for a new era of American leadership. He believes that the enemy we confront today might not be as bad and dangerous as communism, but it can still have devastating effects on the U.S. and world economy.

As a typical “classical liberal” Kasparov claims that “freedom is worth defending everywhere.” The American vision implied that “individual liberty was for all, not just those lucky enough to be born into it.”

Forgetting this puts America and the world on a dangerous path. “If it matters at home, it matters everywhere,” said Kasparov. There are several “democratic dictatorships” today, but as an “enemy from without,” he focuses, understandably, on Vladimir Putin’s Russia. But he is equally concerned on the enemy from within, a lack of leadership coupled by a shift towards “Un-American Values.”

“What is lacking today” he said are “leaders willing to stand up to dictators who only respect strength. Ronald Reagan had two things that more recent free world leaders lack: principles and the credibility only principles can provide.”
Kasparov sees most of today’s leaders as “a one or two-move” chess players who have the inability to strategize further. He criticized Bill Clinton, who “decided to celebrate instead of analyze” and Francis Fukuyama’s analysis that liberal democracy had won for good. “Look around the world today. Is history over? In Iraq, in Syria, in Russia, in Ukraine?”

From without “the opponent is less and less old fashion communism.” It is the dictatorship of parties, clans, and in Russia, according to Kasparov, “the dictatorship” of one man. Kasparov warns that Putin’s current rhetoric is an aggressive foreign policy that may grow “like a cancer,” which “will be much harder to stop the further along it gets. And it will not be stopped unless the West, especially America, the leader of the free world, wakes up. You cannot retreat forever and expect your country, your economy, not to suffer.”

Kasparov, in a Reaganesque manner, sees that traditional values such as “excellence, sacrifice, faith, and unity” are also “values of individual liberty, of the free market, of the American dream of providing a better future for your children. They have slowly been replaced by a dream of security without risk, of dependence on the government, of partisan battles over a shrinking pie instead of growth that allowed for win-win negotiations.”

Just as the old communists of the past, “the bad guys” of today, “hate American values and fight against them because a Pax Americana is the end of them.” Kasparov concludes that “retreating will not end the threat. America, as the symbol of global freedom, will always be their target.”

Americans are weary of wars, and rightly so. To avoid new totalitarian empires and walls that constrain freedom, Kasparov promotes an economy refreshed by American values and a foreign policy that avoids the rashness of Bush and the aimlessness of Obama. He wants “leadership guided by principles, knowledge, and common sense.”

It is impossible to know if the totalitarians of today will be as successful as 20th century socialists and national-socialists who for decades enslaved and killed millions. It might very well depend on enough people heeding Kasparov’s call: “A strong America is good for the world and a strong America needs a strong economy. That means a return to risk, to real investment in big and difficult things, and a return to the values of innovation. Aiming high, believing in yourself and the power of your desires to change the world are essential parts of citizenship in a democracy, especially the greatest one of all.”

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Vencer al terrorismo.

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 27/7/14 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2014/07/vencer-al-terrorismo.html

 

Durante un reciente encuentro, en Cartagena, que se llamó “La Tercera Vía: El camino a la prosperidad económica y social”, los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; Felipe González, de España; Bill Clinton, de Estados Unidos, y el ex primer ministro británico Tony Blair firmaron una declaración de apoyo al proceso de paz entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC. Pero durante la misma reunión, aclararon que el objetivo de su “Tercera Vía” es “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Hay algo de incoherencia en esto.

No es casual que en Medio Oriente y Latinoamérica, entre los pobres, el terrorismo tenga más auge. Recibí uno de esos correos electrónicos en cadena: “analicemos las siguientes reglas: prohibido tomar bebidas alcohólicas y los bares, prohibida la televisión e Internet, prohibidos los deportes, estadios, fiestas, prohibido tocar bocina, prohibido comer carne de cerdo, prohibida la música y la radio. Comer solamente con la mano derecha”. Y como si esto fuera poco “arena por todos lados, harapos en vez de ropa, gritos de agonía de un enfermo que no tiene un médico, no te puedes afeitar, ni duchar, las mujeres tienen que usar vestidos que parecen bolsas y velos todo el tiempo y a tu esposa te la elige otro”.

De pronto, te dicen que cuando mueres vas al paraíso y tienes todo lo que soñaste. ¿No te suicidarías? Si no te suicidas puedes emigrar… Aunque, la Unión Europa y EEUU te pillarán y te repatriarán y a cambio, darán a los gobiernos que te oprimen ayudas “para que tengas mejores condiciones de vida” pero que, en realidad, financiarán a los que te seguirán oprimiendo. Si Occidente no puede recibir inmigrantes, es porque su propia falta de libertad –leyes laborales y seguridad social, etc.– provoca desocupación y marginalidad.

Lo cierto es que la persona, usando su natural libertad, al realizar su vocación promoverá la vida. Pero si coactivamente –violentamente– lo oprimen, le imponen “tanto Estado como sea necesario”, es decir, leyes laborales como el salario mínimo que de hecho deja desocupados a los que ganarían menos, o cobran impuestos que terminan empobreciendo a los pobres ya que los empresarios, para pagarlos, bajan salarios o suben precios, entonces por aquello de que toda acción produce una reacción es probable que reaccionen violentamente. De modo que, mientras persistan estas opresiones que producen marginación e inducen la reacción violenta, será difícil erradicar el terrorismo.

Lo que ocurre en Medio Oriente, donde se matan entre todos y los aliados de hoy financian a los terroristas y son los enemigos de mañana, demuestra que las guerras son una farsa, donde mueren “los tontos”, y son los políticos y los traficantes de armas los que ganan. Es notable como personas que saben, por caso, que la inflación no se cura reprimiendo precios, creen que el terrorismo puede solucionarse reprimiendo guerrilleros, cuando el principio ontológico es el mismo. Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz, cualquier otra cosa lo potenciará, sobre todo las armas que son siempre opresoras y liberticidas. Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también otra muy atroz, que solo en México lleva más muertos que la de Vietnam y que financia a los terroristas, la guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.