El recuerdo de la liberación de Auschwitz generó una polémica

 

 

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 6/2/20 en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/el-recuerdo-liberacion-auschwitz-genero-polemica-nid2331093

 

Hace 75 años ya, se abrían finalmente las puertas del infernal campo de concentración y exterminio emplazado en Auschwitz, en Polonia. Más de un millón de personas inocentes, en su enorme mayoría judíos, fueron cruelmente exterminadas allí por los nazis, lo que no puede olvidarse jamás, bajo ningún concepto. Todavía unos 215.000 de los que allí estuvieron internados y sobrevivieron residen en Israel, con sus años y profundos pesares a cuesta.

Frente al terrible aniversario de lo acaecido en las macabras instalaciones de Auschwitz, Polonia y Rusia generaron esta vez en su derredor una dura polémica.

Vladimir Putin, empeñado -casi obsesivamente- en una campaña que pretende destacar el papel clave de su país durante la Segunda Guerra Mundial, estando de visita en Israel señaló, sin rodeos, en un discurso pronunciado en Jerusalén, que es hora de “tapar las bocas sucias de aquellos que procuran torcer la verdad histórica”.

Pero lo cierto es que Vladimir Putin no fue invitado a la ceremonia que se celebró en el propio lugar en que aún están emplazados los edificios que conformaron el trágico campo de concentración y exterminio nazi, en Auschwitz.

Putin procuró esta vez relativizar la trascendencia del pacto “Ribbentrop-Molotov”, de 1939, cuyo protocolo secreto pretendía definir la infame partición de Europa a la que apuntaban entonces sus respectivos firmantes. Y apuntó, en cambio, a responsabilizar directamente a Polonia por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, con el llamado “despiece” de Checoeslovaquia.

Las relaciones entre Rusia y Polonia están realmente tensas. Las distintas interpretaciones de la historia mantienen, según queda visto, todavía abierta una profunda grieta que separa a ambas naciones, la que se suma a las heridas que también están aún sangrando y fueran generadas por los múltiples crímenes cometidos contra los polacos en tiempos de la totalitaria Unión Soviética. Y el debate abierto está lejos de haber quedado cerrado. Pese a los 75 años transcurridos desde que finalmente Auschwitz dejó de ser parte del infierno.

El presidente francés, Emmanuel Macron, coincidió con el nuestro, Aníbal Fernández, en su reciente visita a Israel.

En uno de los discursos pronunciados en esa oportunidad, el mandatario galo aprovechó para señalar, corajudamente, que “el antisemitismo ha regresado”.

Detrás de él, unos 80.000 nombres grabados en una pared recordaban a cada uno de los judíos franceses a los que el nazismo encerrara en ese maldito campo de concentración. Allí fueron cruelmente envenenados, con gas, unos 43.000 de ellos. Y solo unos 2.600 finalmente escaparon, con vida. Hasta ese momento, ningún presidente francés había visitado el memorial que recuerda a las víctimas de su país, emplazado al oeste de Jerusalén.

Macron sabe que, durante el pasado año 2018, en Francia, su propio país, se produjeron nada menos que 541 repudiables episodios de antisemitismo. Una cifra que superó en un preocupante 74% a la del año anterior.

Existe aún una suerte de manto social de odio e intolerancia que aparentemente se niega a desaparecer. Macron, en su oportuna alerta pública, agregó que ese horrendo manto no es un problema puntual de la comunidad judía gala, sino de toda Francia. Y es efectivamente así.

Me hubiera gustado ver también a nuestro presidente hacer algo parecido. Pero eso no fue así. Desgraciadamente. Pese a que era muy fácil abrir los ojos y ver que estaban haciendo, en Israel, sus colegas.

Una pena y una oportunidad perdida. Además de una demostración de la muy escasa profundidad con la que miramos lo sucedido en la historia reciente. A la vista de todos, mostramos en esto una dimensión pequeña, que está bien lejos de ser la ideal.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Los mercenarios rusos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/12/19 en:  https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/los-mercenarios-rusos-nid2318795

 

En la Federación Rusa existen diversas organizaciones privadas, presuntamente paraestatales, que están dispuestas a ofrecer y brindar servicios militares a quien los necesite, en casi cualquier rincón del mundo.

Sus contingentes están integrados por modernos mercenarios, experimentados, bien entrenados y mejor armados, con pertrechos militares de última generación.

La más conocida, pero ciertamente no la única, es la denominada “Grupo Wagner”. Esas organizaciones se organizan y mantienen porque, supuestamente, con ellas “se aumenta la competitividad y el prestigio internacional de la Federación Rusa” y se “amplían los mercados para la venta de bienes y servicios rusos”. Incluyendo las ventas de armas y la posibilidad de explotación, por parte de empresas rusas de yacimientos de hidrocarburos que estén fuera de la Federación.

Con ellas, por lo demás, la Federación Rusa expande constantemente sus múltiples programas de cooperación en el capítulo de la industria bélica. E impide, o morigera -al menos teóricamente- el impacto de la imposición de eventuales sanciones económicas contra la propia Federación, por parte de otras naciones del mundo.

Esas organizaciones no sólo prestan servicios específicos y generalmente bien definidos, de índole militar, sino que proveen, además, asesoramiento en ese mismo capítulo a quienes de pronto lo requieran.

Son entonces esencialmente, como lo son también sus pares occidentales, contratistas de servicios. Sin necesariamente estar obligadas a rendir cuentas a las autoridades políticas de su propio país de origen.

Para Rusia misma, la posibilidad de recurrir a sus servicios le permite poder sostener que el país no es responsable de las actividades concretas y puntuales de sus patológicos contratistas.

Hoy esas organizaciones paramilitares rusas trabajan u operan en más de 30 diferentes Estados, fundamentalmente en África. Y ayudan a Rusia a exportar, significativamente, armas y pertrechos militares de última tecnología. Sin que esto las comprometa a asegurarse de que, en sus operaciones, los mercenarios necesariamente respeten algunos límites, como sucede, por ejemplo, con las normas destinadas a que se asegure, siempre, la vigencia y protección de los derechos humanos.

Es bastante frecuente que los elementos y equipos militares que en cada caso se requieran sean, en paralelo, simplemente alquilados por otras organizaciones u empresas rusas a quien contrata a los mercenarios rusos, para ser usados específicamente por los propios mercenarios rusos o por las fuerzas del gobierno local que trabajan con ellos, según sea el caso.

La Federación Rusa está, por ejemplo, utilizando activamente mercenarios en Crimea, en operaciones de combate y de patrullaje. Sus actividades no pueden, sin embargo, ser directamente atribuidas a la Federación Rusa, que niega sistemáticamente estar detrás o ser responsable de lo que sus mercenarios de pronto hagan, especialmente cuando se manejan con un nivel de atrocidad o brutalidad simplemente inaceptable.

Moscú, por otra parte, niega siempre, absolutamente de plano, tener algo que ver con los mercenarios de nacionalidad rusa que, como hemos apuntado, operan abiertamente en varios de los conflictos más agudos del mundo.

Volviendo al antes mencionado “Grupo Wagner”, se trata de una organización opaca, que aparentemente responde a un oligarca cercano al presidente Vladimir Putin. Esto es, a Yevgeny Prigozhin. El referido “empresario” ruso está personalmente sancionado por los EEUU, acusado de haber intervenido, desde la oscuridad, en procura de manipular las elecciones norteamericanas de 2016. Ese sujeto tan particular emergió al tiempo del conflicto armado en Ucrania, en el este del referido país, específicamente en la llamada región de Donbas, donde con su labor apoyó a los grupos separatistas locales, esto es a aquellos que procuraron seguir estrechamente vinculados a Moscú y a su soberanía nacional.

Hay otras conocidas organizaciones rusas similares, tales como: Shield, Patriot y Vega. La segunda de las antes nombradas estaría vinculada con el propio ministro de defensa de la Federación Rusa, a la manera de curiosa “inversión personal”.

Hoy esas fuerzas actúan, por ejemplo, en el conflicto bélico que azota a la desmembrada Libia. Combaten allí junto a las fuerzas del general libio, Khalifa Haftar, quien aparentemente las ha convocado para ello. Haftar es un aliado estratégico de los Emiratos Árabes Unidos y de Egipto, razón por la cual la presencia y actuación de los mercenarios rusos tiene un impacto geopolítico que va ciertamente más allá del conflicto específico en el que ellos operan.

Todos ellos cooperan contra el actual gobierno libio con sede en Trípoli, que hoy es, cabe recordar, mayoritariamente reconocido por la comunidad internacional.

Los militares rusos reservan para sí mismos otras misiones algo menos visibles y riesgosas, como son aquellas de los francotiradores, o la operación de toda suerte de “drones” militares, o el necesario entrenamiento del contingente militar local.

El personal de las organizaciones mercenarias rusas individualmente gana algunos miles de dólares mensuales y, además, sus familiares cercanos con alguna frecuencia están cubiertos por una suerte de seguro de vida o pensión, del orden de unos US$50.000, que cubre el posible fallecimiento de alguno de los mercenarios.

Curiosamente, en la propia Rusia, ser mercenario es delito. Y por ello las empresas que contratan mercenarios y los proveen a clientes del exterior suelen ser apenas sociedades “de papel”, sin activos, ni antecedentes demasiado significativos.

Para Rusia, la existencia de los mercenarios permite alejar de su propia casa a personajes muy complejos y, con alguna frecuencia, hasta indeseables, por sus tendencias a la violencia. Mantenerlos más o menos alejados de su propio país es, cuanto menos, una política prudente, entonces.

La labor de los paramilitares hoy parece estar concentrada en obtener contratos en África central. Ella tiene ciertamente sus riesgos. No hace sino algunos meses, tres de sus representantes o promotores fueron muertos a balazos en Siria, en el pasado mes de junio. Los mercenarios rusos, cabe recordar, fueron absolutamente decisivos en las operaciones militares que se llevaron a cabo, en 2016 y 2017, para reconquistar la ciudad de Palmira.

Los países europeos están trabajando intensamente con los norteamericanos, tratando de obtener toda la información posible sobre los mercenarios rusos y sus objetivos y capacidades reales, con el propósito central de no sólo identificarlos debidamente y estimar sus capacidades, sino también para poder sancionarlos individualmente.

No es posible olvidar que esos mercenarios combatieron en el noreste de Siria contra los propios militares norteamericanos en la que fuera una verdadera e inesperada batalla campal que aconteciera en febrero de 2018. Hablamos de lo sucedido en esa región, en Deir Ezzor, donde los mercenarios rusos habrían perdido varios centenares de efectivos militares.

Algunos sospechan que la presencia militar rusa en Venezuela está basada en la presencia y el trabajo de algunos grupos de mercenarios del tipo de los descriptos en esta breve nota. Otros, en cambio, sostienen que ellos están dedicados a otros menesteres, concretamente a custodiar las operaciones venezolanas de la enorme petrolera rusa Rosneft.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Luces y sombras en el nuevo tablero mundial

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/1/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/01/02/luces-y-sombras-en-el-nuevo-tablero-mundial/?fbclid=IwAR0dhRuJOtD_j-x414kqrQoXCQjWalItw09gHdIUkBZPdsGIMT1qdsaZikc

 

(Foto: AFP)

El 23 de diciembre festejó su 85 cumpleaños Akihito, el emperador de Japón que abdicará el 30 de abril, y saludó a una multitud desde palacio al tiempo que se difundía un discurso dado tres días antes. Sometido a una cirugía cardíaca y a un tratamiento para combatir el cáncer, será el primer emperador en abdicar en más de dos siglos. Con apenas un hilo de voz y muy emocionado se lo escuchó al que es, probablemente, el dirigente más respetado en el mundo: su rectitud, bondad y empatía son reconocidas hasta por los adversarios de Japón.

“Me da consuelo que la ‘era Heisei’ [título de su reinado] esté llegando a su fin libre de guerra en Japón” ha dicho el emperador del Sol Naciente que reinó durante una era de paz, armonía y un gran desarrollo tecnológico y, consecuentemente, económico. Evitando mensajes políticos explícitos, Akihito lanzó su indisimulada preocupación por el creciente discurso militarista y nacionalista sostenido, entre otros, por el primer ministro, Shinzo Abe.

Entretanto Vladimir Putin advierte que se subestima el riesgo de una guerra nuclear, y días atrás presidió el ensayo del misil hipersónico Avangard, que recorrió seis mil kilómetros entre los Urales y Kamchatka, que, según el gobierno ruso, puede superar el escudo antimisiles estadounidense. “Somos los primeros en tener este tipo de arma”, aseguró Putin. Estados Unidos no tiene defensas contra las armas hipersónicas que también China desarrolla. Moscú ha estudiado las vulnerabilidades americanas, por eso prefiere la velocidad y los sistemas que no tracen trayectorias predecibles.

En la otra parte del mundo, la detención en Vancouver de Meng Wanzhou, vicepresidenta e hija del fundador de Huawei, el mayor proveedor global de telecomunicaciones, ha desatado una tormenta diplomática. El pasado 11 de diciembre se le concedió libertad condicional mientras se resuelve la solicitud de extradición hecha por la fiscalía estadounidense que la acusa de esquivar las sanciones a Teherán. En represalia, Pekín ha detenido al menos dos canadienses.

En cualquier caso, es fuerte la sospecha de que el gigante chino está en la mira de Washington y de algunos de sus aliados porque la empresa lidera la carrera en el desarrollo de la tecnología 5G. Además de las chinas Huawei y ZTE, las otras empresas dominantes en esta tecnología son las europeas Ericsson y Nokia, y la japonesa NEC.

“Estamos perdiendo (…). Quien domine el mercado del 5G tendrá una tremenda ventaja para la información”, asegura el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Por cierto, China, por “razones de seguridad” y para defender sus compañías estatales, publicó nuevas normas para las empresas, extranjeras y chinas, privadas o estatales, que contienen una “lista negativa” de cuatro tipos de empresas prohibidas y otras 147 categorías que necesitan permisos del Gobierno.

Todo esto me recuerda los casos de Snowden y Assange. A ver. La información —la verdad— es el “arma” más eficiente para conseguir la paz y el desarrollo económico. Por esto, los Estados modernos, que basan su “autoridad” en el monopolio de la violencia, pretenden controlar y limitar la información y la verdad, porque los deja inermes. De nada sirve el mayor ejército contra un solo ciudadano capaz de conocer y adelantar sus movimientos y, entonces, jaquearlo o ponerse a resguardo.

¡Tenno heika banzai! —¡Diez mil años de vida al emperador!—, de la paz, de la verdad, del desarrollo de su pueblo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El conflicto entre Rusia y Ucrania divide a la Iglesia Ortodoxa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/11/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2187438-el-conflicto-rusia-ucrania-divide-iglesia-ortodoxa

 

Ucrania está convulsionada y dramáticamente dividida. Su gobierno central controla
sólo la mayor parte de su territorio, con excepción de buena parte del mismo que está,
desde hace cuatro años ya, en manos de separatistas cuyas propuestas incluyen la de
volver a integrarse con la Federación Rusa. Hablamos del este del país.
El tema no es sólo político y no tiene que ver únicamente con la soberanía sobre
espacios territoriales concretos. También conforma -como veremos- una difícil
cuestión religiosa que afecta muy seriamente a la Iglesia Ortodoxa. Por su
envergadura confesional, que no es demasiado distinta a la reforma protestante
ocurrida hace ya cinco siglos.
En Ucrania, más de las dos terceras partes de la población pertenece a esa Iglesia.
Pero, en función de acuerdos que llevan más de tres siglos de vigencia, buena parte de
los ortodoxos ucranianos han estado, religiosamente, bajo la autoridad del Patriarca
de Moscú que, naturalmente, ahora está siendo cuestionada.
La Iglesia Ortodoxa, a diferencia de la católica, no tiene un Patriarca supremo. Nada,
ni parecido, al Papa de los católicos. Cada Patriarca es considerado supremo en su
propia jurisdicción. Cada Iglesia Ortodoxa es entonces -por definición- “autocéfala”,
es decir, esencialmente independiente.
Todos los Patriarcas ortodoxos se consideran entonces como líderes que están a la par,
con excepción de un tema crucial: aquel que tiene que ver con la determinación y
extensión de sus respectivas jurisdicciones, respecto del cual el Patriarca de
Constantinopla dirime históricamente los conflictos y diferencias. Hoy es el Patriarca
Bartolomé, basado en la ciudad de Estambul, sede patriarcal desde que
Constantinopla -en su momento- se transformara en la capital del Imperio Bizantino.
El fuerte conflicto político y militar entre Rusia y Ucrania generó tensiones muy
ríspidas dentro de la Iglesia Ortodoxa ucraniana. A punto tal, que ella decidió
separarse del Patriarca de Moscú y transformarse en un Patriarcado autónomo. Para
ello -como era de suponer- solicitó la opinión al mencionado Patriarca Bartolomé
quien -luego de convocar a un sínodo “ad hoc” de tres días- dictaminó, sin mayores
demoras, en contra de Moscú, reconociendo autonomía completa a la Iglesia Ortodoxa
ucraniana basada en la ciudad de Kiev, donde precisamente naciera -en su origen- la
propia Iglesia Ortodoxa.
Las tensiones entre Rusia y Ucrania han generado un cisma entre las iglesias
ortodoxas de ambos países, ahora reconocido como tal por el mencionado Patriarca
Bartolomé.
Para el Patriarca Ortodoxo de Moscú, ello supone una derrota evidente. Los lazos
entre el Patriarca de Moscú, Kyril I, y Vladimir Putin, no sólo son estrechos, sino
sumamente ostensibles. Por esto, todos los líderes ortodoxos en Moscú rechazan la
decisión del Patriarca Bartolomé, al que ahora -de pronto- no consideran como el
primer Patriarca entre iguales.
La Iglesia Ortodoxa está dividida en 14 regiones, algunas de las cuales coinciden con
naciones de Europa Oriental y otras con las viejas regiones del Imperio Bizantino. En
Ucrania existen parroquias que conforman nada menos que un tercio de aquellas que
el Patriarca de Moscú considera que están bajo su jurisdicción directa. El tema,
aunque esencialmente religioso, tiene claramente una complicada arista económica,
desde que tiene que ver con quién es finalmente el propietario de las iglesias, los
conventos, y otros inmuebles de la Iglesia Ortodoxa.
Para Vladimir Putin, al haberse extinguido los elementos sobre los que -en tiempos
del comunismo- se edificaba culturalmente su nación, todo lo que hoy suponga valores
religiosos capaces de unificar socialmente y de conformar el núcleo central de una
nacionalidad tiene una enorme importancia.
La Iglesia Ortodoxa, recordemos, nació en 1054, cuando el Imperio Romano se dividió
entre Oriente y Occidente. La Iglesia Ortodoxa ucraniana, por su parte, ha estado bajo
la jurisdicción del Patriarcado de Moscú desde 1686. Desde hace más de tres siglos,
entonces. Por esto último el tema es urticante.
La tensión religiosa entre Rusia y Ucrania en el seno de la Iglesia Ortodoxa
inevitablemente se ha extendido a varias otras naciones del este europeo. Entre ellas,
a Serbia, cuya iglesia ortodoxa es muy cercana a la de Moscú, ciudad a la que
considera como una tercera Roma. Y a Grecia, donde los ortodoxos tienen gran
vinculación no sólo con sus pares serbios, sino con el propio Patriarca de Moscú.
Hasta en el importante monasterio del Monte Athos las opiniones están divididas. La
reciente anulación por parte del Patriarca de Constantinopla de la dependencia de la
Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarca de Moscú ha provocado también remezones
en Bielorrusia y Lituania que, por su parte, han sido históricamente más cercanas al
Patriarca de Kiev.
Todo un complejo entuerto de poder en el ámbito religioso ha estallado, afectando la
convivencia pacífica en el interior de la Iglesia Ortodoxa y abriendo grietas profundas,
que no será nada fácil cerrar. Particularmente cuando, en el plano de lo religioso, las
emociones suelen estar a flor de piel.
Lo que sucede en Ucrania genera ciertamente desconfianza externa respecto de la
Federación Rusa. Más allá de la Iglesia Ortodoxa. Muy especialmente porque otros
episodios recientes han provocado también preocupación en Occidente. Me refiero a
los envenenamientos recientes en Salisbury, de los que habrían sido partícipes espías
rusos, y al descubrimiento, también reciente, de centros de espionaje rusos en
territorio de Holanda.
En idéntico sentido, también generan nerviosismo las constantes provocaciones de
aviones y naves militares rusos, en diversas fronteras y espacios aéreos que parecen
haberse transformado en una suerte de peligrosa constante. Estas actitudes
conforman un clima de tensión nuevo, que recuerda al que en su momento existiera
entre la Federación Rusa y las naciones occidentales, cuando la llamada Guerra Fría.
Las consecuencias de esas provocaciones pueden ser graves. Sin ir más lejos, la ilegal
ocupación rusa de la Península de Crimea generó enfrentamientos armados en el este
de Ucrania con un saldo terrible de 10.000 muertos, del que pocos hablan. De
aquellos que son imposibles de olvidar.
Para hacer las cosas aún más complejas Ucrania aspira abiertamente a poder ser
miembro de la OTAN. A la manera de presunto “seguro” de que no volverá a caer bajo
el poder ruso. Esa aspiración, sin embargo, no se ha concretado. Quizás porque ella
supone trasponer una “línea roja” para Vladimir Putin, quien sostiene que el ingreso
de Ucrania a la OTAN equivaldría, para Rusia, a un “acto de agresión”.
Complementando el tumulto en el plano religioso, la Iglesia Ortodoxa de Macedonia
acaba de reclamar que se reconozca su propia independencia.
Mientras todo esto sucede, el gobierno norteamericano no acepta la legitimidad de la
ocupación rusa de Crimea y Sebastopol y, por ello, mantiene duras sanciones
económicas impuestas por la Casa Blanca contra la Federación Rusa.
Hasta 2014, Ucrania tenía un gobierno pro-ruso. Estaba encabezado por Viktor
Yanukovych. El expresidente ucraniano -asediado por las masivas protestas callejeras huyó
de su país en febrero de 2014 y desde entonces está refugiado en la Federación
Rusa, lo que es toda una señal. “Real politik”, entonces. Hasta en los ambientes
religiosos, lo que conforma una realidad propia del agitado tiempo en que todos
vivimos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Reunión G-20 en Buenos Aires: burocracia a pleno y los niños siguen desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article219747495.html

 

Si hay una reunión incoherente es la del G-20. Integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85 por ciento del producto bruto, dos tercios de la población y el 75 por ciento del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino Mauricio Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires —primera vez en Sudamérica— entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Angela Merkel, Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Theresa May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones —que comenzaron en diciembre de 2017— entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda, y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de 3,000 personas.

El Gobierno gastará al menos $120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30 por ciento de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que, “uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso”. O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos —como para solventar estas Cumbres— son una de las principales causas de pobreza desde que —aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos— cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado.

Y el 30 de noviembre será feriado —en la ciudad de Buenos Aires— para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.