Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Luces y sombras en el nuevo tablero mundial

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/1/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/01/02/luces-y-sombras-en-el-nuevo-tablero-mundial/?fbclid=IwAR0dhRuJOtD_j-x414kqrQoXCQjWalItw09gHdIUkBZPdsGIMT1qdsaZikc

 

(Foto: AFP)

El 23 de diciembre festejó su 85 cumpleaños Akihito, el emperador de Japón que abdicará el 30 de abril, y saludó a una multitud desde palacio al tiempo que se difundía un discurso dado tres días antes. Sometido a una cirugía cardíaca y a un tratamiento para combatir el cáncer, será el primer emperador en abdicar en más de dos siglos. Con apenas un hilo de voz y muy emocionado se lo escuchó al que es, probablemente, el dirigente más respetado en el mundo: su rectitud, bondad y empatía son reconocidas hasta por los adversarios de Japón.

“Me da consuelo que la ‘era Heisei’ [título de su reinado] esté llegando a su fin libre de guerra en Japón” ha dicho el emperador del Sol Naciente que reinó durante una era de paz, armonía y un gran desarrollo tecnológico y, consecuentemente, económico. Evitando mensajes políticos explícitos, Akihito lanzó su indisimulada preocupación por el creciente discurso militarista y nacionalista sostenido, entre otros, por el primer ministro, Shinzo Abe.

Entretanto Vladimir Putin advierte que se subestima el riesgo de una guerra nuclear, y días atrás presidió el ensayo del misil hipersónico Avangard, que recorrió seis mil kilómetros entre los Urales y Kamchatka, que, según el gobierno ruso, puede superar el escudo antimisiles estadounidense. “Somos los primeros en tener este tipo de arma”, aseguró Putin. Estados Unidos no tiene defensas contra las armas hipersónicas que también China desarrolla. Moscú ha estudiado las vulnerabilidades americanas, por eso prefiere la velocidad y los sistemas que no tracen trayectorias predecibles.

En la otra parte del mundo, la detención en Vancouver de Meng Wanzhou, vicepresidenta e hija del fundador de Huawei, el mayor proveedor global de telecomunicaciones, ha desatado una tormenta diplomática. El pasado 11 de diciembre se le concedió libertad condicional mientras se resuelve la solicitud de extradición hecha por la fiscalía estadounidense que la acusa de esquivar las sanciones a Teherán. En represalia, Pekín ha detenido al menos dos canadienses.

En cualquier caso, es fuerte la sospecha de que el gigante chino está en la mira de Washington y de algunos de sus aliados porque la empresa lidera la carrera en el desarrollo de la tecnología 5G. Además de las chinas Huawei y ZTE, las otras empresas dominantes en esta tecnología son las europeas Ericsson y Nokia, y la japonesa NEC.

“Estamos perdiendo (…). Quien domine el mercado del 5G tendrá una tremenda ventaja para la información”, asegura el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Por cierto, China, por “razones de seguridad” y para defender sus compañías estatales, publicó nuevas normas para las empresas, extranjeras y chinas, privadas o estatales, que contienen una “lista negativa” de cuatro tipos de empresas prohibidas y otras 147 categorías que necesitan permisos del Gobierno.

Todo esto me recuerda los casos de Snowden y Assange. A ver. La información —la verdad— es el “arma” más eficiente para conseguir la paz y el desarrollo económico. Por esto, los Estados modernos, que basan su “autoridad” en el monopolio de la violencia, pretenden controlar y limitar la información y la verdad, porque los deja inermes. De nada sirve el mayor ejército contra un solo ciudadano capaz de conocer y adelantar sus movimientos y, entonces, jaquearlo o ponerse a resguardo.

¡Tenno heika banzai! —¡Diez mil años de vida al emperador!—, de la paz, de la verdad, del desarrollo de su pueblo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

G20: políticos (y homicidas) se entretienen

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/11/18 en:  https://www.horapunta.com/g20:-politicos-y-homicidas-se-entretienen

 

Los aeropuertos de Buenos Aires cerrarán para recibir a las aeronaves de los países que participarán en la cumbre del G20, entre el 30 de noviembre y 1 de diciembre.

Además, habrá una zona de exclusión aérea sobre la ciudad, sus alrededores y el Río de la Plata. Y dos portaaviones de EE.UU. custodiarán desde el Atlántico, cerca de Punta del Este, y el Pacífico, a la altura de Valparaíso.

A esto se suma que el día 30 será feriado y se cerraran numerosas calles, con lo que los ciudadanos comunes -los supuestos mandantes de los políticos- verán muy complicada su actividad y, además, deberán pagar -en esta Argentina con 30% de la población pobre y en aumento- esta fiesta que costará, solo al gobierno argentino, más de 200 millones de dólares.

Llegarán 52 aeronaves, de los 19 países del grupo más cinco invitados como observadores. Los líderes de Australia, Chile, Indonesia, Rwanda, Brasil, Senegal, Italia, Holanda y México arribarán en aviones similares a los Airbus A320 o Boeing 737. Los del Reino Unido, Canadá, España, Rusia, Alemania, Arabia Saudita, China, Corea del Sur, EE. UU. Francia, India, Turquía, Jamaica, Japón y Sudáfrica llegarán con aparatos similares a los Airbus A340, Boeing 767 o Ilyushin Il-96.

EE.UU. aterrizará once aeroplanos contando el Air Force One, destinado a Donald Trump (y su hija) que reducirá su estadía a pocas horas para asistir a la toma de posesión del presidente mexicano. El segundo país que más aeronaves traerá será Arabia Saudita: seis de gran porte. La comitiva estadounidense será la más numerosa con 800 personas, luego China con 500 y Rusia con 200. Por cierto, los equipos de avanzada de EE.UU. (1600 personas), China (1000) y Rusia (800) recorren la ciudad desde hace más de dos meses. Y los mandatarios de estos tres países se alojarán en hoteles que cerrarán para atender solo a estas comitivas.

Sin dudas habrá chispazos. Por casos, entre Trump, por su guerra comercial con Xi Jinping, y entre Vladimir Putin y Theresa May que acusa al Kremlin de asesinar por envenenamiento al exespía ruso Serguei Skripal en Londres. Aún no se sabe quién representará al reino saudita, podría ser el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Pero da igual quién sea, porque el asesinato de Jamal Khashoggi fue un crimen de Estado ya que se realizó mediante engaño de las autoridades, en un recinto estatal y los burócratas del gobierno saudí intentaron taparlo.

Pero también la izquierda se entretiene. Entre el 19 y 23 de noviembre, en Buenos Aires, se realizará el “Primer foro mundial del pensamiento crítico” organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), reunión conocida como “contra cumbre” aunque los organizadores lo niegan, con la presencia, entre otros, de Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, José Mujica, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el expresidente colombiano Ernesto Samper y los españoles Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, y el juez Baltasar Garzón.

Por cierto, ya sabemos el final. Otra cumbre inútil como la última en Hamburgo, pero durante la que gastarán, reirán, pasearán y se harán fotos. Y no se darán por enterados de que los pueblos se integran solos cuando ellos no lo impiden con fronteras, aduanas y todo tipo de restricciones coactivas, que podrían eliminar sin viajar… sin juntarse con homicidas ¿o es que pertenecen a la misma “hermandad”?

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El conflicto entre Rusia y Ucrania divide a la Iglesia Ortodoxa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/11/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2187438-el-conflicto-rusia-ucrania-divide-iglesia-ortodoxa

 

Ucrania está convulsionada y dramáticamente dividida. Su gobierno central controla
sólo la mayor parte de su territorio, con excepción de buena parte del mismo que está,
desde hace cuatro años ya, en manos de separatistas cuyas propuestas incluyen la de
volver a integrarse con la Federación Rusa. Hablamos del este del país.
El tema no es sólo político y no tiene que ver únicamente con la soberanía sobre
espacios territoriales concretos. También conforma -como veremos- una difícil
cuestión religiosa que afecta muy seriamente a la Iglesia Ortodoxa. Por su
envergadura confesional, que no es demasiado distinta a la reforma protestante
ocurrida hace ya cinco siglos.
En Ucrania, más de las dos terceras partes de la población pertenece a esa Iglesia.
Pero, en función de acuerdos que llevan más de tres siglos de vigencia, buena parte de
los ortodoxos ucranianos han estado, religiosamente, bajo la autoridad del Patriarca
de Moscú que, naturalmente, ahora está siendo cuestionada.
La Iglesia Ortodoxa, a diferencia de la católica, no tiene un Patriarca supremo. Nada,
ni parecido, al Papa de los católicos. Cada Patriarca es considerado supremo en su
propia jurisdicción. Cada Iglesia Ortodoxa es entonces -por definición- “autocéfala”,
es decir, esencialmente independiente.
Todos los Patriarcas ortodoxos se consideran entonces como líderes que están a la par,
con excepción de un tema crucial: aquel que tiene que ver con la determinación y
extensión de sus respectivas jurisdicciones, respecto del cual el Patriarca de
Constantinopla dirime históricamente los conflictos y diferencias. Hoy es el Patriarca
Bartolomé, basado en la ciudad de Estambul, sede patriarcal desde que
Constantinopla -en su momento- se transformara en la capital del Imperio Bizantino.
El fuerte conflicto político y militar entre Rusia y Ucrania generó tensiones muy
ríspidas dentro de la Iglesia Ortodoxa ucraniana. A punto tal, que ella decidió
separarse del Patriarca de Moscú y transformarse en un Patriarcado autónomo. Para
ello -como era de suponer- solicitó la opinión al mencionado Patriarca Bartolomé
quien -luego de convocar a un sínodo “ad hoc” de tres días- dictaminó, sin mayores
demoras, en contra de Moscú, reconociendo autonomía completa a la Iglesia Ortodoxa
ucraniana basada en la ciudad de Kiev, donde precisamente naciera -en su origen- la
propia Iglesia Ortodoxa.
Las tensiones entre Rusia y Ucrania han generado un cisma entre las iglesias
ortodoxas de ambos países, ahora reconocido como tal por el mencionado Patriarca
Bartolomé.
Para el Patriarca Ortodoxo de Moscú, ello supone una derrota evidente. Los lazos
entre el Patriarca de Moscú, Kyril I, y Vladimir Putin, no sólo son estrechos, sino
sumamente ostensibles. Por esto, todos los líderes ortodoxos en Moscú rechazan la
decisión del Patriarca Bartolomé, al que ahora -de pronto- no consideran como el
primer Patriarca entre iguales.
La Iglesia Ortodoxa está dividida en 14 regiones, algunas de las cuales coinciden con
naciones de Europa Oriental y otras con las viejas regiones del Imperio Bizantino. En
Ucrania existen parroquias que conforman nada menos que un tercio de aquellas que
el Patriarca de Moscú considera que están bajo su jurisdicción directa. El tema,
aunque esencialmente religioso, tiene claramente una complicada arista económica,
desde que tiene que ver con quién es finalmente el propietario de las iglesias, los
conventos, y otros inmuebles de la Iglesia Ortodoxa.
Para Vladimir Putin, al haberse extinguido los elementos sobre los que -en tiempos
del comunismo- se edificaba culturalmente su nación, todo lo que hoy suponga valores
religiosos capaces de unificar socialmente y de conformar el núcleo central de una
nacionalidad tiene una enorme importancia.
La Iglesia Ortodoxa, recordemos, nació en 1054, cuando el Imperio Romano se dividió
entre Oriente y Occidente. La Iglesia Ortodoxa ucraniana, por su parte, ha estado bajo
la jurisdicción del Patriarcado de Moscú desde 1686. Desde hace más de tres siglos,
entonces. Por esto último el tema es urticante.
La tensión religiosa entre Rusia y Ucrania en el seno de la Iglesia Ortodoxa
inevitablemente se ha extendido a varias otras naciones del este europeo. Entre ellas,
a Serbia, cuya iglesia ortodoxa es muy cercana a la de Moscú, ciudad a la que
considera como una tercera Roma. Y a Grecia, donde los ortodoxos tienen gran
vinculación no sólo con sus pares serbios, sino con el propio Patriarca de Moscú.
Hasta en el importante monasterio del Monte Athos las opiniones están divididas. La
reciente anulación por parte del Patriarca de Constantinopla de la dependencia de la
Iglesia Ortodoxa Ucraniana del Patriarca de Moscú ha provocado también remezones
en Bielorrusia y Lituania que, por su parte, han sido históricamente más cercanas al
Patriarca de Kiev.
Todo un complejo entuerto de poder en el ámbito religioso ha estallado, afectando la
convivencia pacífica en el interior de la Iglesia Ortodoxa y abriendo grietas profundas,
que no será nada fácil cerrar. Particularmente cuando, en el plano de lo religioso, las
emociones suelen estar a flor de piel.
Lo que sucede en Ucrania genera ciertamente desconfianza externa respecto de la
Federación Rusa. Más allá de la Iglesia Ortodoxa. Muy especialmente porque otros
episodios recientes han provocado también preocupación en Occidente. Me refiero a
los envenenamientos recientes en Salisbury, de los que habrían sido partícipes espías
rusos, y al descubrimiento, también reciente, de centros de espionaje rusos en
territorio de Holanda.
En idéntico sentido, también generan nerviosismo las constantes provocaciones de
aviones y naves militares rusos, en diversas fronteras y espacios aéreos que parecen
haberse transformado en una suerte de peligrosa constante. Estas actitudes
conforman un clima de tensión nuevo, que recuerda al que en su momento existiera
entre la Federación Rusa y las naciones occidentales, cuando la llamada Guerra Fría.
Las consecuencias de esas provocaciones pueden ser graves. Sin ir más lejos, la ilegal
ocupación rusa de la Península de Crimea generó enfrentamientos armados en el este
de Ucrania con un saldo terrible de 10.000 muertos, del que pocos hablan. De
aquellos que son imposibles de olvidar.
Para hacer las cosas aún más complejas Ucrania aspira abiertamente a poder ser
miembro de la OTAN. A la manera de presunto “seguro” de que no volverá a caer bajo
el poder ruso. Esa aspiración, sin embargo, no se ha concretado. Quizás porque ella
supone trasponer una “línea roja” para Vladimir Putin, quien sostiene que el ingreso
de Ucrania a la OTAN equivaldría, para Rusia, a un “acto de agresión”.
Complementando el tumulto en el plano religioso, la Iglesia Ortodoxa de Macedonia
acaba de reclamar que se reconozca su propia independencia.
Mientras todo esto sucede, el gobierno norteamericano no acepta la legitimidad de la
ocupación rusa de Crimea y Sebastopol y, por ello, mantiene duras sanciones
económicas impuestas por la Casa Blanca contra la Federación Rusa.
Hasta 2014, Ucrania tenía un gobierno pro-ruso. Estaba encabezado por Viktor
Yanukovych. El expresidente ucraniano -asediado por las masivas protestas callejeras huyó
de su país en febrero de 2014 y desde entonces está refugiado en la Federación
Rusa, lo que es toda una señal. “Real politik”, entonces. Hasta en los ambientes
religiosos, lo que conforma una realidad propia del agitado tiempo en que todos
vivimos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Reunión G-20 en Buenos Aires: burocracia a pleno y los niños siguen desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article219747495.html

 

Si hay una reunión incoherente es la del G-20. Integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85 por ciento del producto bruto, dos tercios de la población y el 75 por ciento del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino Mauricio Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires —primera vez en Sudamérica— entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Angela Merkel, Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Theresa May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones —que comenzaron en diciembre de 2017— entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda, y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de 3,000 personas.

El Gobierno gastará al menos $120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30 por ciento de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que, “uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso”. O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos —como para solventar estas Cumbres— son una de las principales causas de pobreza desde que —aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos— cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado.

Y el 30 de noviembre será feriado —en la ciudad de Buenos Aires— para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Brexit o no Brexit, esa no es la cuestión

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 30/3/17 en: https://www.elcato.org/brexit-o-no-brexit-esa-no-es-la-cuestion

 

El Reino Unido activó este 29 de marzo el artículo 50 del Tratado de Lisboa para iniciar las negociaciones del Brexit. El pasado 23 de junio los británicos votaron a favor de abandonar la Unión Europea (UE) —“British exit”— lo que llevó al entonces primer ministro, David Cameron, a renunciar dejando el lugar a Theresa May que asumió el 13 de julio que aseguró que “vamos a hacer que sea un éxito” lo que puede ser verdad, después de todo, el problema es el sistema no la forma.

¿Quién tiene razón? Casi la mitad de los británicos se oponen al Brexit, en tanto que el nacionalismo escocés dejó claro a Theresa May que no está dispuesto a ceder su desafío independentista y que quiere celebrar el nuevo referéndum de independencia antes de que, en la primavera de 2019, Reino Unido quede fuera de la UE. En cualquier caso, muchos creen que, si hay ganadores de la victoria del no británico a la UE, son los partidos de la extrema derecha europea como el Frente Nacional francés liderado por Marine Le Pen.

Supuestamente la líder francesa es “anti sistema”, como Trump. Ambos tienen el mismo mensaje contra las élites políticas y mediáticas, y la misma promesa de endurecer fronteras para “recuperar la soberanía”. Son hábiles para captar el humor de las masas, porque está claro que las sociedades occidentales están hartas del sistema, pero, dejando claro que el mundo —como todo en el cosmos— evoluciona por lenta maduración y nunca por revoluciones, en realidad están apoyando a quién desde “fuera del sistema” sostendrá al sistema.

Aunque “No hay puntos en común, en realidad” entre Trump y Le Pen, dice Jean-Yves Camus, de la Fundación Jean Jaurès, próxima al Partido Socialista francés. Trump, aunque no era político, fue el candidato de uno de los dos grandes partidos del sistema. El Frente Nacional, se dice fuera del sistema porque no tiene puntos de encuentro con los otros partidos, pero Le Pen es una política profesional.

Y ambos sintonizan con la Rusia de Vladímir Putin y el cuestionamiento al “orden internacional liberal”. Es la hora de los estados-nación, de líderes fuertes, dicen, del nacionalismo frente al globalismo… vamos, digámoslo claramente, de la demagogia, de otro modo no se explica que Putin siga teniendo 80% de aprobación aprovechando, por cierto, el aparato de propaganda que conlleva el ser oficialista.

Aunque Alexei Navalny, días atrás, convocó una gran marcha anti corrupción sin autorización en la que resultaron detenidos él junto a más de 800 personas en Moscú, consiguiendo romper el tabú de la necesidad de pedir permiso para protestar. 90 ciudades se movilizaron, desde Kaliningrado a Siberia, siendo zonas donde la vida transcurre despacio, y la gente depende más de ayudas estatales, y está controlada por dirigentes que pueden tomar represalias.

Pero el “respeto” que se tiene hacia Putin no es extensible al gobierno: “Es falso que en los pueblos se conformen, la gente está harta de la policía corrupta y el gobierno ineficaz”, explicaba un miembro de una familia de los Urales. He ahí la clave, el verdadero sistema del cual la gente está harta —y que los políticos sostienen incluidos los “anti sistema”— es el Estado actual que significa el monopolio de la violencia —la violencia— el poder de policía con el que los burócratas imponen sus leyes, sus caprichos y sus intereses y que, como toda violencia, es destructiva y, por tanto, ineficiente.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.