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El avance del populismo desafía ahora a algunos de los países de mejor calidad institucional: veremos si lo resisten

Por Martín Krause. Publicada el 5/7/17 en: http://bazar.ufm.edu/avance-del-populismo-desafia-ahora-los-paises-mejor-calidad-institucional-veremos-lo-resisten/#undefined.tijt.gbpl

 

El mundo está convulsionado, pero sus instituciones todavía no lo sufren. Se nota la tensión, están ante un desafío, deben mostrar que pueden cumplir su papel y sostener los elementos básicos que ha permitido el progreso de la sociedad como nunca antes se ha visto. Las ideas populistas avanzan y algún líder, como Donald Trump, incluso llega al gobierno. Otros esperan aprovechar una oportunidad en Europa. Curiosamente, en América Latina se han debilitado.

Es el momento, entonces, en que las instituciones republicanas son llamadas a mostrar que pueden poner freno a esos impulsos. En definitiva, el populismo es la antítesis de la institucionalidad, ya que el líder populista cree que una mayoría circunstancial le ha dado un mandato completo para reordenar la sociedad, sin límites a su voluntad.

Y si bien la amenaza está allí y el peligro es concreto, no hay país entre los de mayor calidad institucional que haya sufrido, hasta el momento, un fuerte deterioro. Entre los veinticinco primeros puestos del ICI, ninguno de ellos ha modificado su posición en más de dos puestos., salvo el excepcional caso de Lituania[1], que mejora siete posiciones. Es decir que, salvo esa, no ha habido caídas mayores a dos posiciones, tampoco avances superiores a eso.

Los cuatro países que han encabezado la calidad institucional en los últimos veinte años lo siguen haciendo, sólo que este año Nueva Zelanda desplaza a Suiza en el primer lugar. El país oceánico puede festejó en 2015 la obtención del Mundial de Rugby, su deporte nacional, y en 2016 (ya que a ese año se refieren el ICI 2017) el primer puesto mundial en calidad institucional. Junto a Suiza, Dinamarca y Finlandia, siguen dominando la tabla y se reparten regularmente el primer premio.

Suecia mejora dos posiciones, para alcanzar el 5° puesto, Canadá los pierde. Más atrás en la lista, Islandia recupera también dos posiciones, luego de su estrepitosa caída con la crisis de 2008; y Chile, ya en nuestra zona, pierde dos posiciones luego de varios años de estabilidad.

En síntesis: el populismo es una amenaza, pero las instituciones republicanas de los países de mejor calidad institucional todavía resisten. Se verá cuánto o, si, como en el caso de América Latina, las aventuras populistas terminan generando una reacción que, aunque lentamente, parece recuperar algo del terreno perdido. El fenómeno no deja de ser curioso, ya que América Latina siempre fue a la zaga de los primeros países y ahora que vuelve de una década populista es de esperar que no vuelva a copiar a quienes ahora la copian.

Las primeras posiciones del ICI 2017 son las siguientes:

Posición País ICI 2017 2016 2015 2014
1 Nueva Zelandia 0,9658 2 3 1
2 Suiza 0,9645 1 1 3
3 Dinamarca 0,9579 4 4 4
4 Finlandia 0,9451 3 2 2
5 Suecia 0,9384 6 6 5
6 Países Bajos 0,9364 8 9 8
7 Noruega 0,9361 7 5 9
8 Canadá 0,9336 5 7 7
9 Reino Unido 0,9257 9 10 10
10 Irlanda 0,9153 12 12 12
11 Australia 0,9152 10 8 6
12 Alemania 0,9141 11 11 13
13 Estados Unidos 0,9101 13 13 11
14 Luxemburgo 0,8918 17 15 15
15 Estonia 0,8880 16 18 18
16 Austria 0,8858 15 17 17
17 Hong Kong RAE, China 0,8818 18 16 16
18 Bélgica 0,8703 21 20 19
19 Islandia 0,8568 14 14 14
20 Taiwán, China 0,8521 20 21 21
21 Japón 0,8453 19 19 20
22 Lituania 0,8338 24 25 26
23 Singapur 0,8234 23 23 23
24 Chile 0,8198 22 22 22
25 República Checa 0,8181 25 29 37

[1] El avance de Lituania es el resultado de una constante mejora en el Índice de Libertad Económica en el Mundo, del Fraser Institute, que en verdad refleja datos de 2014, pero en el que ha avanzado desde la posición 33° en 2010 a la 15°, en este último año analizado por el índice, al tiempo que ha mejorado también en los demás indicadores, aunque no tan espectacularmente.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA. 

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Des-industrializar la Argentina

Por Adrián Ravier. Publicado el 31/1/17 en: https://www.elcato.org/des-industrializar-la-argentina?utm_content=buffer8c1f5&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Adrián Ravier explica que Argentina sufre de un exceso de industrialización producto de décadas de un modelo proteccionista con una alta carga tributaria.

Por Adrián Ravier

Desde 1930 Argentina abandonó el modelo agro-exportador y se propuso industrializar su economía. Dicen algunos historiadores que tal camino no fue elegido por los sucesivos gobiernos, sino que le fue impuesto desde afuera, una vez que Inglaterra dejó de jugar el rol de importador de nuestros insumos. Está hipótesis, sin embargo, es sumamente discutible. El mundo cambió, es cierto, pero Argentina pudo mantenerse abierta al mundo como lo hicieron EE.UU., Canadá, Australia o Nueva Zelanda, economías de características semejantes a la nuestra y que hoy muestran un desarrollo envidiable.

Sustituir importaciones y vivir de lo nuestro ha tenido su costo y sus batallas incluso hasta nuestros días. El péndulo de la política económica ha hecho, por ejemplo, que el gobierno anterior castigue fuertemente al sector agroexportador con retenciones y que el gobierno actual suspenda esas políticas para alentar el desarrollo de las economías regionales. El debate continúa.

Esta nota tiene como objetivo llamar la atención precisamente sobre el exceso de industrialización que tiene la Argentina, una vez que notamos que la estructura económica de nuestro país tiene una proporción de manufacturas en relación con el PIB bastante más elevadas que los países más desarrollados.

A continuación se presenta un cuadro donde hemos tomado una selección de 26 países para sintetizar su estructura económica, esto es, el peso relativo que el sector primario, la industria manufacturera, la construcción y los servicios tienen en relación con el PIB.

A modo de nota metodológica cabe señalar que la producción primaria incluye agricultura, ganadería, pesca, minería y explotación forestal, mientras que los servicios incorporan el comercio mayorista y minorista, transporte, almacenamiento, comunicaciones, intermediación financiera, actividades inmobiliarias y de alquiler, administración pública, defensa, salud, educación y servicio doméstico.

La primera observación que cabe hacer es que la producción de la industria manufacturera representa en nuestro país el 21,3 % del PIB, lo que supera ampliamente a la industria manufacturera de los países ya mencionados más arriba, y que tienen características similares a las nuestras. Es el caso de EE.UU. (13,3 %), Canadá (16,5 %), Australia (11,4 %) y Nueva Zelanda (14,5 %).

La segunda observación que podemos ofrecer es que precisamente Argentina presenta en su estructura económica un peso relativo en los servicios inferior a 25 de los 26 países seleccionados.

La tercera observación que surge del cuadro, es que sólo hay 5 países en la muestra que superan el 10% de producción primaria en relación con el PIB, destacándose Noruega (29,1 %) —por sus yacimientos de petróleo y gas—, y seguido por Argentina (15,6 %), Australia (12,2 %), Canadá (11,7 %) y Nueva Zelanda (10,4 %).

¿Qué otras observaciones podemos hacer sobre esta información básica? La historia económica mundial ha mostrado que a medida que los países se van desarrollando reducen la proporción de producción primaria en relación al PIB, pero no sólo producen manufacturas, sino que amplían fuertemente la producción de servicios.

Nótese, a modo de diagnóstico, que Argentina está “demasiado” industrializada. ¿A qué se debe ese afán por industrializar aun más la Argentina? La industria que supimos conseguir, como tituló a uno de sus libros un viejo profesor que tuve en la UBA, Jorge Schvarzer, jamás ha logrado exportar manufacturas. Ha sido una industria débil, caracterizada por un enorme proteccionismo, que ha creado puestos de trabajo y satisfecho el consumo local, y lo ha hecho —como es evidente— con productos de baja calidad y a un costo bastante superior al que los consumidores podrían haber adquirido en un marco de economía abierta.

Los defensores de esta industria manufacturera siempre reconocieron que su objetivo era el mercado local, pero enfatizan que la ventaja de su continuidad está representada en la creación y sostenimiento de millones de puestos de trabajo. ¡La alternativa sería un enorme desempleo!

Nuestra visión, sin embargo, muestra que sin esta débil industria esas personas ocuparían su tiempo en otros procesos más productivos, más eficientes y seguramente con mejores salarios que de hecho garantizaría la misma apertura económica. ¿Qué evita que esto ocurra hoy? La enorme presión tributaria que se requiere justamente para subsidiar el sostenimiento de esta débil industria. El alto nivel de economía informal es una muestra de estas consecuencias.

He titulado esta nota “des-industrializar la Argentina” con el objetivo de atraer la atención del lector. Pero no puedo afirmar a priori que la nueva estructura económica reducirá la producción de manufacturas. Esto es algo que los empresarios argentinos deben descubrir en el proceso, una vez que las reglas de juego que impone el Estado den lugar a la innovación y a la creatividad, reemplazando la planificación centralizada por una planificación des-centralizada, que sea más atenta a lo que el empresariado desea ofrecer, y los consumidores desean consumir.

La robotización está abriendo un nuevo debate por el grado de sustitución parcial o total que este proceso generará en los empleos formales que hoy conocemos. Este proceso se suma a la globalización y a la tercera revolución industrial que implicó la era digital. Argentina puede ocultarse detrás del proteccionismo para evitar una nueva revolución tecnológica, o puede abrirse a ella e intentar adaptarse. Nunca fue fácil para el hombre —si atendemos a la experiencia histórica— este proceso de adaptación a las nuevas tecnologías y a los nuevos empleos, pero tampoco fue una buena idea darle la espalda al cambio.

Necesitamos un poco de humildad en la dirigencia política para comprender que estos sucesos nos han superado a todos, y que el único orden que podemos alcanzar que sea consistente con una sociedad de hombres libres será descubierto en forma espontánea a través de su propia interacción. Los obstáculos gubernamentales, en forma de controles de precios y salarios, políticas arancelarias y para-arancelarias, regulaciones y subsidios, burocracia y corrupción sólo son palos en la rueda para la creatividad y la innovación. Debemos confiar en la función empresarial si queremos adaptarnos a este mundo volátil y de incertidumbre.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Sí, hay que liberar el mercado de trabajo

Por Iván Carrino. Publicado el 12/1/17 en: http://inversor.global/2017/01/si-hay-que-liberar-el-mercado-de-trabajo/

 

Contrario a lo que suele creerse, una mayor libertad del mercado laboral es positiva tanto para las empresas como para los empleados.

Hay una afirmación que no creo que nadie esté dispuesto a rechazar: los impuestos y las regulaciones son contrarios a la libertad. Nadie, ni a la derecha ni a la izquierda del espectro político y económico, se atreverá a discutir esta verdad evidente.

Esto no quiere decir que toda regulación sea mala… La “regulación” que impide y castiga el delito claramente está en contra de la libertad de los delincuentes… Pero existe para preservar la de las potenciales víctimas. Obvio.

Ahora aplicado a otros ámbitos de la vida, los impuestos y las regulaciones, al inhibir la libertad, se convierten en una verdadera carga para el desarrollo.

Un ejemplo sencillo bastará para entender. Si a una botella de agua mineral que cuesta $ 20 en el mercado se le carga un impuesto del 50%, lo más probable es que los consumidores desistan de comprarla, pasándose al consumo de gaseosas, aguas saborizadas, o bien agua corriente. Por otro lado, si antes de comprar la botella, el gobierno exige que se llenen 5 formularios diferentes y se pidan permisos especiales, es evidente que el incentivo para comprar la botella será menor.

Lo mismo pasa en todos los mercados. Más impuestos al consumo equivalen a menos consumo. Más regulaciones, ídem. En el mercado laboral la situación no es distinta.

Sin embargo, en Argentina, regulaciones e impuestos están a la orden del día. La ley de contrato de trabajo tiene 277 artículos y cerca de 26.000 palabras donde se regulan temas como la indemnización por despido, las vacaciones, el salario mínimo, o el mínimo de días de preaviso cuando se desea finalizar una relación laboral.

Además, la carga tributaria sobre el empleo es sideral. De un salario bruto de $ 10.000, $ 4.000 son tomados por el estado para financiar el gasto previsional, obras sociales y otros conceptos asociados a la seguridad social. Eso explica que de $ 10.000 brutos, solo $ 8.300 lleguen al bolsillo del trabajador pero $ 12.300 salgan de la caja de la empresa.

En el medio está el estado, “cuidándonos”…

El problema es que, como decíamos, todas estas trabas lo único que hacen es desestimular la contratación. De acuerdo a los libros de texto, salarios mínimos demasiado elevados, o fuertes regulaciones laborales terminan generando desempleo, ya que el costo de contratar es demasiado alto. Sin  embargo, en la realidad lo que sucede es que las empresas y los empleados se vuelcan al mercado negro.

En Argentina, de acuerdo al Ministerio de Trabajo, el sector informal abarca nada menos que al 34% de los trabajadores. Y es por eso que en el gobierno están barajando la idea de reducir la carga tributaria sobre el empleo y también flexibilizar el mercado laboral.

Obviamente, esto último nadie lo quiere decir. De acuerdo con el libreto políticamente correcto, la flexibilización es lo peor que puede pasarle a los trabajadores, porque los empresarios los comenzarían a “explotar”.

Esto es totalmente falso. En primer lugar, porque, como decíamos, si las regulaciones son excesivas, aparecerá el mercado negro, donde el estado pierde todo el control sobre lo que allí sucede. En segundo lugar, porque un mercado laboral más libre no solo es bueno para las empresas, sino para todos los que quieran obtener un empleo.

Una institución que mide la libertad de los mercados laborales en el mundo es la Fundación Heritage de los Estados Unidos. Para evaluar los mercados de trabajo, Heritage toma en consideración la existencia y el monto del salario mínimo, la rigidez en las horas de trabajo, la dificultad para despedir empleados, el monto de las indemnizaciones que se imponen a las empresas, el preaviso y las trabas para contratar.

Si los obstáculos son altos, dirán que el mercado es poco libre, mientras que de haber pocas trabas, estaremos en un mercado flexible.

Los cinco países de más de un millón de habitantes que mejor se ubican en este índice son Estados Unidos, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y Nueva Zelanda. Entre ellos, en Estados Unidos y Dinamarca el despido es libre, por lo que las empresas no deben indemnizar al empleado si deciden no continuar empleándolo.

Uno podría pensar que con tanta libertad, muy mal les está yendo a los trabajadores de esos países. Sin embargo, estamos frente a los salarios más elevados del planeta.

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En promedio, un danés tiene un salario anual de USD 63.700; un norteamericano ingresa USD 58.700; un neozelandés USD 43.100, mientras que en Singapur los trabajadores ingresan USD 38.800 y en Hong Kong USD 23.900.

Por si esto fuera poco, las tasas de desempleo también son muy bajas. Y no casualmente, muy inferiores a las existentes en Argentina.

Claro que no todo pasa por la rigidez o flexibilidad del mercado laboral. El país que sigue en este ránking es Namibia, cuyo desempleo supera el 18% y cuyo PBI per cápita es de USD 4.500. Obviamente, a la libertad del mercado laboral hay que acompañarla con una democracia republicana, paz y respeto por los derechos de propiedad, entre otras cosas.

Sin embargo, dado que muchas de esas cosas sí tiene nuestro país, no es un mal momento para pensar en tener un mercado laboral más libre. Una menor presión tributaria sobre el empleo reducirá el costo laboral e incrementará el salario de bolsillo. Además, menos trabas burocráticas harán más atractiva la contratación, y aumentarán el empleo y la formalidad.

Es que, en definitiva, los intereses de los trabajadores y de los empresarios no son contrarios. Cuanto más fácil sea contratar, más empleo habrá. Y en la medida que crezca la competencia entre empresas, más subirán los salarios en términos reales.

Necesitamos más libertad para volver a crecer y convertirnos en un país rico. No hay otro camino.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Aquí está el 2017

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 7/1/17 en: http://www.mil21.es/noticia/561/opinion/aqui-esta-el-2017.HTML

 

La geopolítica global promete cambiar este año. El Papa tuvo cierta sintonía con Barack Obama, Angela Merkel y Xi Jinping. Entretanto, agazapado en el Kremlin, Vladimir Putin esperaba ansioso el triunfo de Donald Trump. Con este telón de fondo, EE.UU. y Cuba reanudaron relaciones, Colombia inició un acuerdo de paz con los guerrilleros e Irán congeló su programa nuclear.

Pero ahora Trump con Putin prometen ir por un camino distinto. En general, los ciudadanos occidentales han cedido espacios de libertad atemorizados -por los propios políticos- ante la avanzada de los fundamentalistas, lo que Obama minimizó y el tándem Trump-Putin parece querer alentar, promoviendo la violencia global. Lo lograrán, quizás, en el corto plazo, pero es inevitable que tarde o temprano la violencia decrezca sencillamente porque es destructiva.

 

Por cierto, Merkel,que va camino de convertirse en la líder de las libertades individuales a nivel global, intentará obtener su cuarto mandato y Jinping tratará de atenuar los ataques nacionalistas provenientes dela Casa Blanca. A Putin ya lo conocemos, intentará aliarse con Trump, con la intención de recortar la influencia de China y minimizar a la Unión Europea.

El Papa, seguirá influyendo en millones de personas porque su prestigio global sigue fuerte, según Forbes es la quinta persona más influyente del globo. “Es tiempo de que las armas callen definitivamente…” dijo durante la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’.

A ver: no se trata de evitar la violencia por razones ideológicas, no es de derecha o izquierda, tampoco una cuestión de valentía o cobardía. Por cierto, los cobardes son los violentos ya que es fácil apretar un gatillo frente a quién nos asusta antes que permanecer calmos y conducirse pacíficamente. Se trata de que la violencia, al ser contraria al orden natural -como ya la definían los filósofos griegos-jamás hará otra cosa que destruir, agravando los problemas.

En Reino Unido, Irlanda, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda, y un puñado de naciones del Pacífico, los oficiales patrullan desarmados.Y los homicidios por armas de fuego no se multiplican, según encuestas citadas por la BBC.Ylos agentes están de acuerdo.Una encuesta de la Federación de Policía de Reino Unido concluyó que el 82% no deseaba estar armado, aunque la mitad reconoció haber estado “en grave peligro” en los últimos tres años.

Noruega es el cuarto país europeo cuyos policías no llevan armas a cuestas. En Nueva Zelanda, hubo un fuerte debate cuando dos agentes fueron asesinados. “La experiencia demuestra que hacer las armas de fuego más accesibles aumenta riesgos difíciles de controlar”, dijo el jefe de policía y así los agentes ordinarios neozelandeses siguen sin estar armados. “La protección que ofrece un arma de fuego… es más ilusoria que real” y en cambio distrae y es peligrosa, continuó el jefe.

En cambio, según el Uniform Crime Report del FBI, en 2013 la policía de EE.UU. cometió 461 “homicidios justificables” y la de Reino Unido ninguno. Pero, además, armar a la policía tiene un alto costo económico solventado con impuestos, creando más pobreza y desocupación, buen caldo de cultivo para el delito. Por cierto, hablando de caldo de cultivo, hay que terminar con la “guerra contra las drogas”, principal creador moderno de delitos. Es que reprimir las drogas -policialmente, violentamente- solo empeora las cosas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

EE.UU. sorprende a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/12/16 en: 

 

En el complejo escenario de Medio Oriente , la guerra civil siria y sus atrocidades parecían haber relegado al conflicto entre Israel y los palestinos a un segundo plano. Ocurrió que, pese a que Israel ha mantenido ya tres guerras contra Siria y protagonizado numerosos incidentes fronterizos con duelos de artillería y combates aéreos, lo cierto es que hasta ahora se había mantenido al margen de ese conflicto.

Hablamos de una guerra civil siria que, en esencia, es una confrontación facciosa entre distintas visiones del Islam, en la que la intervención militar directa de la Federación Rusa e Irán han permitido la supervivencia del autoritario régimen de Bashar al-Assad. Muy pocos creyeron, al comienzo del conflicto, que esto podía ser posible. Pero hoy es una realidad.

De alguna manera Israel logró hacerse casi “invisible” con relación a Siria. Consciente, sin embargo, de que los potenciales triunfadores en la guerra civil podían ser países, como Irán, u organizaciones, como la libanesa “Hezbollah”, hostiles hacia Israel. Es lo que efectivamente ha sucedido, generando una difícil nueva realidad geopolítica alrededor de Israel. Quizás más peligrosa que nunca.

Mientras el conflicto armado en el país vecino se desarrollaba, Israel pudo recomponer su relación bilateral con Turquía y mantuvo intactas sus relaciones con Jordania. Además, se acercó discretamente al gobierno militar que hoy -tras la etapa que llevara brevemente a la Hermandad Musulmana al poder en el país de las pirámides- conduce a Egipto.

En las fronteras inmediatas de Israel, “Hezbollah” -directamente involucrado en la guerra civil siria- creció muy fuertemente en influencia y, desgraciadamente, también en capacidad militar y, en cambio, “Hamas”, más bien disminuida, mantuvo su agresividad, aunque sin intervenir abiertamente en ella.

Pero de pronto la quietud aparente en la que flotaba el conflicto no resuelto entre Israel y los palestinos se alteró dramáticamente. En apariencia, inesperadamente.

En la que fuera -en su origen- una iniciativa de la representación egipcia, un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad generó una enorme sorpresa.

Porque -escrito por los palestinos- ordenaba a Israel detener -inmediata y completamente- la construcción de asentamientos en Cisjordania y en Jerusalén-este. Y los declaraba, expresamente, como ilegales bajo el derecho internacional, definiéndolos como un obstáculo serio para poder avanzar en una solución negociada del conflicto entre ambas partes estructurada bajo la noción de “los dos Estados”. Advertía, de paso, que no se reconocerán cambios a la situación en materia de integridad territorial distintos de la realidad existente al 4 de junio de 1967.

Sin perder un minuto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu , ante lo que sucedía, solicitó a la administración de Barack Obama “vetar” el proyecto, en caso de que el mismo siguiera adelante. Además, se comunicó con el presidente electo norteamericano, Donald Trump , y le encomendó específicamente la misión de pedir a Egipto que postergara la discusión y votación del proyecto en el Consejo de Seguridad. Lo que Trump obtuvo a través de una conversación telefónica con el general Abdelfatah al-Sisi, hoy presidente constitucional de Egipto, con el que Trump tiene una buena relación personal.

No obstante, otros cuatro miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: Malasia, Nueva Zelanda, Senegal y Venezuela, de pronto hicieron suyo el proyecto de resolución y, descongelándolo, lograron impulsarlo y ponerlo a votación, casi sin demoras.

Y allí vino la enorme sorpresa: los EE.UU., que siempre fueron críticos respecto de los asentamientos en cuestión, pudieron ciertamente vetarlo una vez más, como ya lo habían hecho en el pasado con proyectos similares. Pero esta vez fue distinto. No lo hicieron. Prefirieron abstenerse. El resultado de esta actitud fue que la resolución sobre los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este se aprobó rápidamente, por 14 votos contra 0 y una abstención, la de los EE.UU..

Estamos frente a un hecho histórico. Por primera vez el organismo de las Naciones Unidas, responsable principal de las cuestiones de paz y seguridad internacionales, intervino específicamente -con todo su peso- en el conflicto entre Israel y los palestinos. Con definiciones categóricas que de pronto hasta podrían derivar en sanciones contra Israel, si la construcción de asentamientos en Cisjordania y Jerusalén-este no se interrumpe.

De este modo, los EE.UU. modificaron abruptamente la que fuera hasta ahora su tradicional postura. Esto es, la de proteger siempre con su veto a Israel en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas e impulsar, en cambio, la resolución del tema abierto entre Israel y los palestinos exclusivamente a través de negociaciones directas entre las dos partes.

Lo hicieron en lo que implica un fuerte cambio de rumbo, desairando abiertamente a Donald Trump, quien ya había solicitado a Barack Obama el “veto” de la resolución votada, a la que caracterizara de “extremadamente injusta, respecto de Israel”.

Lo cierto es que la norma emanada del Consejo de Seguridad es una realidad, con todos los efectos consiguientes. Benjamin Netanyahu la calificó de “vergonzosa” y advirtió, sin rodeos, que Israel no le reconocerá validez. En su entorno, alguno hasta sugiere que todo lo sucedido en esta cuestión ha sido, en realidad, una maniobra urdida por la administración de Barack Obama.

Ante lo sucedido, parece oportuno recordar que cerca de 600.000 israelíes viven hoy en asentamientos del tipo de los que se mencionan en la resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es, para nada, un tema menor.

La resolución comentada, del 23 de diciembre pasado, lleva el número 2334 y refleja la que ha sido -por años- la posición prevaleciente en la comunidad internacional sobre los asentamientos. Define a los asentamientos como una violación “flagrante” del derecho internacional y sostiene que ellos carecen de validez legal. Llama también a que se eviten los actos de violencia contra los civiles y las provocaciones, incluyendo el terrorismo. Convoca, asimismo, a reanudar, sin demoras, las negociaciones para poder completar un acuerdo de paz final entre las partes, estructurado sobre la idea de “los dos Estados”.

La resolución, sin embargo, tiene sus problemas. Serios. Primero, es en realidad un paso en dirección a internacionalizar el conflicto, algo que no necesariamente es positivo y puede complicarlo en extremo. Segundo, parecería definir, sin excepciones, a todas las construcciones hechas en Jerusalén-este como asentamientos, incluyendo aquellas realizadas en el propio “barrio judío” de la Ciudad Vieja, lo que naturalmente es difícil de aceptar para cualquier gobierno de Israel. Y obviamente no menciona otros temas que son absolutamente fundamentales para poder avanzar en dirección a la paz, como es nada menos que la necesidad de que todos los involucrados reconozcan expresamente al Estado de Israel como tal, lo que hoy no sucede desde que algunos niegan a Israel el derecho mismo a existir.

Es imposible no pensar que el fuerte cambio de rumbo de la administración de Barack Obama, insólitamente realizado a último momento, no tenga algo que ver con la pésima relación personal que existiera -y existe- entre el presidente Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Lo sucedido puede entonces ser -directa o indirectamente- reflejo de esa desafortunada circunstancia.

Las cosas seguramente van a cambiar con el acceso de la nueva administración norteamericana, aquella que pronto encabezará Donald Trump. Pero la resolución 2234 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es una realidad. Para algunos, no ayudará, sino que hará aún más compleja la solución de un tema muy demorado, el del acuerdo final de paz entre israelíes y palestinos, respecto del cual puede ser cierto aquello de que el paso del tiempo no siempre ayuda. Donald Trump anunció que el próximo embajador de los Estados Unidos ante Israel será David M. Friedman, que rechaza públicamente la alternativa defendida por John Kerry, esto es la idea de “los dos Estados”.

Cabe apuntar que la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU no fue adoptada bajo el Capítulo VII de la Carta, sino bajo el Capítulo VI. Por ello no es directamente obligatoria. No obstante tiene mucho peso como recomendación y mensaje. Por esto, para Benjamin Netanyahu luce como una lamentable humillación.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿El principio del fin?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/12/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-principio-del-fin-1052897

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EE.UU. que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla. El presidente electo de EE.UU. hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4.2% este año- insinuó que si EE.UU. se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global. Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae, quizás sea este el principio del retraso de EE.UU. como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al “fracking” y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250,000 trabajadores y hoy solo a 50,000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. La política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿El principio del fin del liderazgo de EEUU?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/11/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/principio-del-fin-del-liderazgo-eeuu_628421

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EEUU que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla.

El presidente electo de EEUU hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EEUU y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Irónicamente, durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4,2% este año- insinuó que si EEUU se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global.

Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae en algún momento, quizás sea este el principio del retraso de EEUU como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al fracking y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Sucede que, independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, en el monopolio de la violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250.000 trabajadores y hoy solo a 50.000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. De modo que la política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo -como si la corrupción tomara en cuenta la ley- no son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Sobre el empleo en negro y la economía sumergida

Por Iván Carrino. Publicado el 19/11/16 en: http://www.ivancarrino.com/la-solucion-al-empleo-en-negro-y-la-economia-sumergida/

 

La economía sumergida*

*Extracto del capítulo 5 de mi libro “Estrangulados: cómo el estado asfixia tu economía”

Mohamed Bouazizi era un joven de 26 años que se dedicaba a la venta minorista de frutas y vegetales en las calles de Sidi Bouzid, en Túnez.

Todos los días, Mohamed pasaba por el mercado a comprar frutas y verduras que luego vendía en un espacio específicamente seleccionado frente a la oficina municipal. A temprana edad, este joven tunecino tenía que alimentar a su familia, compuesta por su madre, su tío y sus hermanos.

Como muchos otros pequeños empresarios de la región, Bouazizi era parte de lo que llamamos la economía informal, ya que no estaba legalmente registrado, ni pagaba impuestos por sus ventas ni aportaba a algún régimen jubilatorio estatal.

En este mundo, el joven comerciante sobrevivía con 73 dólares mensuales, pero además tenía que cargar con el acoso permanente de las autoridades locales, quienes aprovechándose de su situación de “ilegal”, solían confiscarle sus bienes o bien tomarlos sin permiso como si fueran suyos sin entregarle nada a cambio. Obviamente, también le exigían coimas que detestaba pagar.

El 17 de diciembre de 2010, Bouazizi fue acusado de cometer una infracción, motivo por el cual entró en una disputa con los inspectores locales, quienes decidieron confiscarle toda su propiedad: unas bananas, unas manzanas y una balanza electrónica, todo valuado en 225 dólares. Para colmo de males, una policía le propinó un golpe en el rostro. Finalmente, y luego de reclamar por una hora la devolución de su propiedad, la desesperación de Mohamed lo llevó a rociarse con Thinner y prenderse fuego.

Durante los siguientes sesenta días, al menos 63 hombres y mujeres en condiciones similares a las de Bouazizi procedieron de la misma forma en Algeria, Egipto, Marruecos, Arabia Saudita y Siria. Solamente 26 lograron sobrevivir. Mohamed Bouazizi no fue uno de ellos.

Los hechos que siguieron a estas acciones desesperadas se conocieron como La Primavera Árabe, un movimiento masivo a favor de una mayor democracia y libertad en los países ubicados, principalmente, en el norte de África y en la península arábiga.

La historia del origen de la Primavera Árabe es contada por el investigador peruano Hernando de Soto[1], quien considera que lo que sucedió en Túnez es el resultado de un sistema legal que, sobrecargado de regulaciones y trabas, margina y humilla a los pobres que tienen voluntad de emprender. Así, las barreras de entrada a la economía formal terminan generando que la única alternativa para amplios sectores de la población sea la economía sumergida, donde darle la espalda al sistema legal vigente tiene beneficios, pero también costos, como la falta de protección efectiva a los derechos de propiedad, algo de lo que fue víctima el joven comerciante tunecino.

Respecto de la economía sumergida, a menudo se mencionan como problemas que ésta no paga impuestos y que eso reduce la recaudación tributaria. Además, también se argumenta que, dado que algunos comerciantes operan en ese marco de ilegalidad, representan una competencia desleal frente a quienes pagan todos sus impuestos en tiempo y forma y cumplen con todas las reglamentaciones.

Sin embargo, aquí no radica la problemática de la economía en negro.

De hecho, la informalidad es un punto de llegada, y no uno de partida. Hernando de Soto afirma en sus dos libros al respecto que la informalidad es la consecuencia de un sistema legal que se vuelve demasiado oneroso para que los sectores menos favorecidos de la población puedan integrarse.

En “El Otro Sendero”, una investigación sobre “los informales” de Perú, publicado en el año 1986, muestra que para registrar un taller textil se necesitaban 289 días y un gasto total de USD 1.231, lo que representaba, en su momento, 32 veces el sueldo mínimo de ese país[2].

En “El Misterio del Capital”, del año 2001, muestra que los pobres son altamente capaces de generar riqueza, pero que una mala asignación de derechos de propiedad hace que no puedan transformar sus bienes (como viviendas o pequeños negocios), en un capital formal que les permita crecer tomando créditos y mejorando su capacidad de inversión, tal como sucede en el mundo desarrollado[3].

En nuestro país, y según las estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo, un 33,1% del empleo no está legalmente registrado. Por otro lado, la Cámara Argentina de la Mediana Empresa afirma que el comercio en negro generó más de $ 50.000 millones de facturación en 2015, representando el 10,2% de las ventas registradas en el sector formal.

Como respuesta a esta situación, hace un tiempo se presentó una extraña propuesta. Federico Sturzenneger, ahora presidente del Banco Central, propuso que, frente al elevado contexto inflacionario que vivimos, no solo no deberían emitirse billetes de mayor denominación que el de $ 100, sino que incluso estos deberían ser eliminados.

El argumento era el siguiente:

“…el efectivo facilita enormemente las transacciones de la economía informal. Obviamente, muchas operaciones formales se hacen con efectivo, pero las informales sólo pueden hacerse con efectivo. Entonces, ¿cual sería el motivo por el cual querríamos mejorarle la eficiencia a la informalidad? Es claro que los billetes de mayor denominación harían justamente eso.”

Lo primero que uno piensa cuando lee esto es en la historia de Mohamed Bouazizi. Es decir, no estamos hablando de complicarles la vida a delincuentes peligrosos, secuestradores o terroristas cuando hablamos de no “mejorar la eficiencia de la informalidad”, sino de complicarles la vida a quienes no tienen otra mejor alternativa que acudir a la economía informal para conseguir aunque sea una forma digna de vivir.

Como explica Mario Vargas Llosa:

“La informalidad es una réplica de las mayorías contra ese sistema que las ha hecho tradicionalmente víctimas de una suerte de apartheid económico y legal. En ese sistema, las leyes parecían pensadas para cerrarles el acceso a cosas tan elementales como tener un trabajo y disponer de un techo. ¿Iban a renunciar a estas aspiraciones básicas de supervivencia en nombre de una legalidad en muchos sentidos irreal e injusta? Renunciaron, más bien, a la legalidad”

En Argentina se pagan 96 impuestos diferentes, la presión tributaria es asfixiante, y constituir una empresa legalmente toma 25 días, 14 procedimientos burocráticos y cuesta el 9,7% del PBI per cápita. En Nueva Zelandia, la presión tributaria es menor, abrir una empresa toma medio día, un procedimiento burocrático y cuesta el 0,3% del PBI per cápita[4].

Es evidente que si se busca una mayor formalización de la economía, la receta no es dificultarle la vida a los informales, sino facilitárselas, reduciendo las barreras de entrada a la formalidad como lo hace Nueva Zelanda.


[1] Véase al respecto: De Soto, Hernando: “The Real Mohamed Bouazizi”. Foreign Policy, 16 de diciembre de 2011 y De Soto, Hernando: “The Secret to Reviving the Arab Spring’s Promise: Property Rights”. Wall Street Journal, 26 de febrero de 2013.

[2] De Soto, Hernando: “El Otro Sendero”. Editorial El Barranco, Perú, 1986.

[3] De Soto, Hernando: “El Misterio del Capital”. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2002.

[4] Si se ordena el Índice Doing Business de acuerdo a la facilidad para crear una empresa, Nueza Zelanda se ubica en el primer puesto, mientras que Argentina recién figura en el 157.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Ideología económica: una comparación entre naciones hispánicas y anglosajonas.

Por Carlos Newland:

 

La correspondencia entre el paradigma que una sociedad tiene sobre el funcionamiento de la economía en relación a su prosperidad ha generado atención en las últimas décadas. Michael Porter ha sido quizás quien más categóricamente ha formulado la cuestión. Para lograr un crecimiento sostenido señala la necesidad de que exista en la población un arquetipo de productividad que incluya una comprensión de los factores que afectan el desempeño eficiente de la economía: entre ellos el marco competitivo, la apertura a la globalización y el comercio internacional, el impacto favorable del mercado sobre la mayor parte de la sociedad (no suma cero) y lo pernicioso del favoritismo gubernamental. Porter opina que sin este paradigma es posible que se difunda una visión explicativa de la prosperidad que termine siendo favorable a la existencia de beneficios no competitivos, como aquellos generados por las políticas proteccionistas de sustitución de importaciones. El paradigma óptimo no debe estar presente únicamente en las clases dirigentes, sino también en toda la sociedad, incluyendo la clase obrera. Caso contrario ciertas reformas que alienten la productividad serán resistidas o eventualmente anuladas por los representantes políticos (Porter 2000). Phelps (2006) entiende que las instituciones existentes en un país determinado son “proxies” de la cultura prevalente, y por ende un cambio en las instituciones será frágil si las creencias sociales y económicas se mantienen inalteradas. Por supuesto, las instituciones son resultado no sólo de ideología, sino también de grupos de presión que logran su creación o modificación. Sin embargo parece difícil que instituciones que no reflejan la mentalidad de una parte significativa de la población puedan mantenerse en el largo plazo.

Desde una perspectiva histórica McCloskey (2011) también otorga gran relevancia al impacto de la ideología popular sobre la economía. Un cambio en la “retórica” se habría producido en Holanda e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII respectivamente, a favor de la burguesía y lo que representaba: la iniciativa empresarial, el bienestar económico y el comercio. Los nuevos valores aceptados por estas sociedades tuvieron una fuerte consecuencia sobre el crecimiento al encauzar y canalizar energía e ingenio humano hacia la producción, al tiempo que se generaba un marco institucional apropiado al uso eficiente de los recursos. El pensador argentino del siglo XIX Juan Bautista Alberdi, una de las mayores figuras intelectuales hispanoamericanas de su época, indicaba que una de las mayores deficiencias presentes en la cultura local era la falta de comprensión de que la prosperidad era causada por el despliegue de la sociedad civil, cuyo actor económico más importante era el empresario. Pero en la región los hombres de negocios no eran modelos ponderados en monumentos, obras históricas u odas poéticas, cuyos destinatarios eran más bien los políticos y militares, a quienes consideraba posibles destructores de riqueza[1]. Una visión compatible con la del argentino ha sido planteada por el chileno Claudio Veliz en La tradición centralista de América Latina (1984), donde contrapone las prácticas e  instituciones de los países noroccidentales (anglosajones) con aquellos existentes en las naciones iberoamericanas. En estas últimas persistiría una tradición centralista, estatista y burocratizante originada y transferida  por España a sus colonias.  En cambio, en los países anglosajones como Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia se afincaría una realidad más proclive al desarrollo individual, al cambio y la toma de riesgo. Veliz marca que luego de la independencia existió en América Latina un momento más liberal, en un siglo en que se rechazó la herencia colonial hispánica. Sin embargo persistiría un centralismo y dirigismo latente que haría irrupción después de 1929 encarnado en gobiernos militares o populistas, que en lo económico implicaban una presencia más activa del Estado y un elevado proteccionismo. Veliz termina argumentando que la tradición centralista persiste en la región y que las apariciones de gobiernos más liberales tienden a ser transitorias; con el tiempo produciéndose un retorno a políticas más intervencionistas[2]. Similar esquema ha sido presentado por Wiarda (1978) para quien la España imperial se caracterizaba por contener en lo político una estructura jerárquica, autoritaria y corporativista y en lo económico una concepción mercantilista, patrimonialista y estatista. Estos elementos serían trasmitidos, asimilados y adoptados por sus colonias americanas, persistiendo en su cultura luego de la independencia. Wiarda encuentra que la ideología corporativista continua fuertemente arraigada en la región, donde se constituye como la mentalidad dominante, contagiando a gobernantes y políticas públicas. Mientras que el liberalismo individualista es repudiado, el Estado crece en su tamaño tomando un rol autoritario e integral, a la vez que intenta regular la interacción entre  las diversas corporaciones, como los sindicatos, la iglesia, los militares o las asociaciones patronales[3].

Aquí se propone contrastar la ideología económica de algunos países de origen colonial británico respecto a otros hispanoamericanos, específicamente en cuanto a su visión ante el paradigma económico.  Para representar a Hispanoamérica se ha seleccionado a Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay. Los valores obtenidos para la región se contrastan con los de Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia[4]. Finalmente se extiende el análisis, con datos más limitados, a los países que fueron las metrópolis imperiales, España y Gran Bretaña, de modo de observar si allí se encuentran similitudes o diferencias con la mentalidad de los integrantes de sus antiguas colonias. La información que nutre la investigación se ha tomado del World Values Survey, una encuesta  internacional que permite  un acercamiento al conocimiento de la ideología económica existente en numerosos países. La encuesta recoge en su cuestionario múltiples cuestiones pertinentes, incluyendo preguntas que reflejan la existencia o no de una mentalidad pro capitalista, la que puede definirse como una actitud favorable a la libertad económica, a la competencia, a la iniciativa y gestión empresarial privada y al mercado como generador de riqueza (Czegledi, 2014). Al concentrarse en la ideología económica este trabajo se diferencia de muchos otros que, a la manera de Max Weber,  utilizan la misma base de datos con el objetivo  intentar evaluar el impacto de actitudes y hábitos culturales sobre el desempeño económico[5].

Aunque no es el objeto de este artículo medir el efecto que puede esperarse tenga una cierta ideología sobre el desempeño material de un país, puede sugerirse que una mentalidad más liberal, pro mercado o pro capitalista generará algunas de las condiciones apropiadas para el crecimiento económico, como una legislación laboral o industrial que promueva la productividad, una menor cantidad de subsidios y distorsiones de precios que afecten la eficiencia, una mayor integración comercial internacional que promueva la competitividad interna y una menor intervención ineficaz de los gobiernos como productores de bienes y servicios. Por supuesto, establecer una causalidad es sumamente complejo por la cantidad de otras variables que están en juego. Por ello sólo se pueden destacar ciertas correlaciones que parecerían confirmar una correspondencia positiva entre una mentalidad más “capitalista” -que parece caracterizar a los países anglosajones- y su éxito económico[6]. Una comparación del ingreso per cápita muestra que las naciones anglosajonas presentan claramente niveles más elevados. En promedio y para el lapso 2011-2015 el PBI por habitante fue 340% superior al promedio encontrado para los países hispanoamericanos incluidos en este trabajo[7]. Si en lugar del ingreso se consideran los diversos factores que afectan la prosperidad puede consultarse el Ranking de Competitividad Global del World Economic Forum y en especial el rubro “eficiencia de mercado en la producción de bienes”, que incorpora variables que hacen a la facilidad de abrir un negocio, la apertura al comercio internacional  y el marco institucional favorable a la competencia. Otra vez los países anglosajones aparecen en puestos elevados en el ranking (Nueva Zelanda Nº 8., EEUU Nº 16, Australia Nº 27, para  2015-16), mientras que los países latinoamericanos se encuentran en puestos más alejados (Chile Nº 40, Uruguay Nº 59, Perú Nº 60, México Nº  82 y Argentina Nº 138)[8]. Finalmente puede incorporarse al análisis el “Ease of Doing Business Index” preparado por el Banco Mundial que expresa cuan amigable es un país en sus regulaciones relacionadas al desarrollo de los negocios. Otra vez no es sorprendente que los mejores valores (para el periodo 2011-2015) corresponden a los países anglosajones, mientras que para Hispanoamérica las magnitudes son sensiblemente mayores[9].

 

La Muestra

 

El World Values Survey es una encuesta que se realiza periódicamente para un conjunto grande de países del mundo. Su cuestionario abarca un abanico amplio de preguntas sobre una multiplicidad de temas. El año de realización, las preguntas formuladas y la cantidad de encuestados varía en cada país. En el cuadro A se brinda información sobre los sondeos nacionales aquí utilizados, que se han seleccionado luego de descartar los casos en que no se podía desagregar adecuadamente la información o cuando la información era escasa para alguna de las categorías.

 

Cuadro A:  World Values Survey: las encuestas utilizadas y cantidad de entrevistados
           
País Año encuesta Total Empresarios Profesionales Obreros
  Ronda 1995-1998        
Argentina 1995 1079 123 97 206
Chile 1996 1000 74 76 377
México 1996 1510 98 158 436
Perú 1996 1211 34 184 438
Uruguay 1996 1000 68 87 516
Australia 1995 2048 260 392 649
Nueva Zelanda 1998 1201 182 243 271
Estados Unidos 1995 1542 155 311 526
España 1995 1088      
Gran Bretaña 1998 1040      
           
  Ronda 2005-2009        
Argentina 2006 1002 35 58 464
Chile 2006 1000 15 77 606
México 2005 1560 113 145 335
Perú 2006 1073      
Uruguay 2006 1000 35 43 217
Australia 2005 1421 234 254 376
Nueva Zelanda 2004 954 186 213 203
Estados Unidos 2006 1249 111 150 147
España 2007 1200      
Gran Bretaña 2005 1156      

 

 

En este trabajo se utilizan los datos generados por dos Rondas/Encuestas (1995-1998 y 2004-2009) por presentar información relativamente completa en relación con el objetivo propuesto. Dentro de las categorías ocupacionales en que se pueden desagregar los resultados, se han seleccionado a los empresarios[10], los profesionales universitarios y los obreros manuales[11]. Ello permite conocer mejor y contrastar las diferencias de opinión entre estratos laborales. Los porcentajes reportados incluyen únicamente a aquellos que respondieron positivamente (es decir se eliminaron las no respuestas o aquellas que expresaban ignorancia sobre la cuestión). En el caso en que se dieron opciones de intensidad a los entrevistados (normalmente diez grados o niveles), se ha contrastado aquellos que optaron por las cinco categorías superiores, respecto a aquellos que seleccionaron las cinco inferiores. En los reportes presentados en este trabajo, las temáticas se han estilizado y presentado como categorías positivas, de modo de hacer más comparables los resultados. Las preguntas en su formato original se incluyen en el apéndice. Finalmente debe advertirse que los resultados presentados de manera segmentada  deben ser analizados en su coherencia conjunta y sin un énfasis demasiado grande en su segmentación, dada la escasez de respuestas correspondientes a algunas de las categorías presentadas.

 

La mentalidad pro-mercado

 

La ideología económica se ha dividido en tres componentes, resultantes de un ordenamiento de las preguntas realizadas. La primer categoría incluye cuestiones relacionadas al tipo e intensidad de la iniciativa empresarial privada deseada, en contraste a una gestión empresarial gubernamental. La segunda trata sobre las virtudes de la economía de mercado, en particular el efecto positivo de la competencia, que la retribución se relacione con la productividad, y de que los beneficios generados por el intercambio benefician a amplios sectores sociales.  La tercera temática abarca la opinión sobre la conveniencia del comercio internacional y la igualdad de trato para los trabajadores inmigrantes. Es decir las preguntas consideradas abarcan una gama de cuestiones que, presentes en un individuo, pueden presentar a “brocha gorda” una cosmovisión favorable o desfavorable respecto del sistema capitalista.  Desde el punto de vista del autor dos temáticas fundamentales no han podido tratarse por no estar en el menú de preguntas realizadas,  la opinión sobre el sistema financiero y la valoración de la estabilidad monetaria.  A continuación se desarrollan los resultados obtenidos en cada una de estas categorías, contrastando los valores de los países de raíz hispánica respecto a los anglosajones.

 

  1. El papel de la gestión privada y el rol del gobierno

 

La primera afirmación analizada fue sobre si las empresas privadas debían ser gestionadas directamente por sus dueños (valor utilizado) o bien por el gobierno, o por (o con) los empleados. Se tomó como valor positivo a aquellos que consideraban que los propietarios eran los responsables únicos de la gestión de las empresas. En un sistema capitalista el empresario es el principal gestor de sus organizaciones, encargado de obtener los recursos necesarios para la producción y de asumir el riesgo. Un bajo valor implica que la percepción de que la responsabilidad empresarial debe ser compartida con los empleados o bien asumida por el Estado.

 

 

  Cuadro B: GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99)  
  Las empresas deben ser administradas por sus dueños
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 31,8 35 34,5 25,9
Chile 42,3 28,5 20,4 20,4
México 43,1 57,1 45,6 34,2
Perú 31,5 45,4 37,1 29,9
Uruguay 46,8 58,0 39 46,1
Promedio Hisp 39,1 44,8 35,3 31,3
         
Australia 50,5 58,1 43 48,9
Estados Unidos 53,6 62,4 43,6 53,8
Nueva Zelanda 64,1 95,4 57,6 53,0
Promedio Anglo 56,1 71,9 48,1 51,9
         
Anglo/Hisp 1,43 1,61 1,36 1,7

 

 

Un primer paneo de los promedios obtenidos muestra que en todos los países hay una parte relevante de la población que no cree que los empresarios deben ser los principales gestores de sus firmas.  Sin embargo sobre este tema hay un fuerte contraste entre los países hispanoamericanos  respecto de los anglosajones: en todas las categorías analizadas los valores son sustancialmente más bajos para las naciones latinoamericanas.  Cuando se analiza la opinión vertida por los empresarios los resultados son llamativos: aunque siempre presentan valores mayores que el resto de la sociedad, una parte importante de los hombres de negocios sostiene que ellos mismos no deben ser los principales responsables de la gestión de sus empresas. En cuanto a países individuales Nueva Zelanda aparece atribuyendo la mayor importancia a la gestión empresarial, mientras que Perú y Argentina muestran los valores más bajos. Dentro de las categorías ocupacionales son los empresarios de Nueva Zelanda los que presentan los valores más altos, mientras que son los obreros argentinos los que más desconfían de sus empleadores.

 

La segunda afirmación analizada fue sobre si la acción privada empresaria  debía ser incrementada, respecto a un escenario en que lo que aumentara fuera la  acción gubernamental.

 

 

  Cuadro C: ACCION PRIVADA (v126 95-99 y v 117  04-09)  
  La acción empresaria privada debe ser incrementada
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 63,1 (33,6) 71,3 (45,0) 65,3 (51,4) 50,7 (30,6)
Chile 46,6 (36,0) 53,4 (41,4) 60,0 (51,7) 43,3 (32,6)
México 66,6 (48,7) 82,8 (55,1) 67,0 (54,9) 65,7 (46,0)
Perú 52,2 (49,7) 76,5 53,5 48,6
Uruguay 56,1 (58,9) 64,6 (69,6) 45,4 (64,5) 54,3 (62,2)
Promedio Hisp 56,9 (45,4) 69,7 (52,7) 59,4 (55,6) 53,5 (42,8)
         
Australia 81,8 (68,6) 85,6 (72,2) 80,4 (67,8) 80,7 (68,5)
Estados Unidos 73,3 (85,6) 91,5 (87,5) 88,9 (92,0) 70,1 (84,2)
Nueva Zelanda 87,3 (77,3) 76,7 (85,3) 73,0 (78,7) 85,9 (71,0)
Promedio Anglo 80,8 (77,1) 84,6 (81,6) 80,7 (79,5) 78,9 (74,6)
         
Anglo/Hisp 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74)
         
España 56,6      
Gran Bretaña 68,1      
         
GB/ESP 1,2      
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

La valoración positiva de un aumento de la iniciativa privada en desmedro de la pública también muestra un fuerte contraste entre regiones. En Hispanoamérica existe mayor valoración de la iniciativa estatal que en los países anglosajones[12]. Esta opinión  ha aumentado notablemente en algunos países pasado el milenio, en consonancia con la aparición de gobiernos e ideas populistas en la región. El cambio más drástico ocurrió en Argentina, aunque también se manifiesta una alteración en Chile y México. Los obreros de Argentina son de nuevo los que presentan una menor valoración de la acción privada. En contraste, en los países anglosajones, que siempre valoran más la iniciativa empresarial no estatal, el valor se ha mantenido relativamente estable. Entre los países hispanoamericanos México que el que más valora la iniciativa privada, en todas sus categorías laborales. Nueva Zelanda destaca como el país que más aprecia a la acción no estatal.

La competencia y el mercado

 

La temática del funcionamiento del mercado es cubierta por una pregunta de la encuesta que pide opinar sobre si la competencia es un mecanismo que estimula a las personas a ser productivas y creativas, en  contraste con posibles efectos nocivos.

 

  Cuadro D: COMPETENCIA (v128 95-99 v119 04-09)  
 La competencia estimula  a  trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 78,6 (65,7) 82,0(81,6) 79,0 (73,1) 73,8 (67,1)
Chile 63,7 (63,8) 54,3 (84,9) 73,7 (73,5) 64,2 (63,3)
México 78,8 (79,3) 82,0 (82,2) 88,6 (85,7) 75,6 (81,7)
Perú 78,7 (35,6) 100 83,3 75,1
Uruguay 65 (61,2) 70,2 (69,6) 72,1 (64,3) 59,9 (59,1)
Promedio Hisp 72,9 (61,1) 77,7(79,5) 78,35 (74,1) 69,7 (67,8)
         
Australia 87,9 (82,5) 93,1  (87,6) 90,0 (81,6) 87,9 (60,0)
Estados Unidos 85,6 (86,9) 89,0 (88,2) 89,5 (88,9) 77,8 (81,7)
Nueva Zelanda 84,1 (88,6) 84,7 (92,9) 83,9 (88,4) 83,5 (87,7)
Prom. Anglo 83,86(86,0) 88,95 (89,5) 87,8 (86,3) 83  (76,4)
         
Anglo/Hisp 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12)
         
España (58,9)      
Gran Bretaña (73,5)      
         
GB/ESP 1,25      
  Ronda 04-09 en paréntesis      

 

 

En general se observa que la mayor parte de la población considera que la competencia es beneficiosa, sin notarse grandes diferencias entre países o entre ocupaciones. Las naciones anglosajonas aprecian en mayor grado la competencia, pero la brecha con Latinoamérica no es tan grande como en el caso de otras variables. Es notable por su baja magnitud el valor obtenido para Chile, mientras el número más elevado se encuentra en Australia.

 

La segunda pregunta demanda sobre si la gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás.  Como en el caso anterior esta variable no presenta fuertes diferencias entre las dos “culturas”, con un saldo levemente favorable hacia América Latina. Es decir la población hispanoamericana considera que un movimiento hacia una mayor prosperidad puede ser compartido por la sociedad en general, lo que es una consecuencia general del funcionamiento de una economía de mercado competitiva. Los menores valores son presentados por los obreros anglosajones.

 

 

  Cuadro E: GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09)  
  La gente puede enriquecerse sin perjudicar a los demás
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 59 59,4 67,7 58
Chile 61,4 57,4 66,5 60,9
México 77,1 76,1 81,9 75,3
Perú 77,7      
Uruguay 60,6 65,8 74,5 60,5
Promedio Hisp 67,2 64,7 72,7 63,7
         
Australia 59,4 66,6 61,3 52,7
Estados Unidos 60,5 71,7 67,3 57,7
Nueva Zelanda 62 71,5 62,3 49,9
Promedio Anglo 60,6 69,9 63,6 53,4
         
Anglo/Hisp 0,90 1,08 0,88 0,84
         
España 38,8      
Gran Bretaña 57,8 59,3 59,4 57,1
GB/ESP 1,49      

 

Finalmente se ha incorporado a esta sección la pregunta que demandaba si era justo que una persona más productiva y esforzada recibiera como premio una mayor remuneración. Sin existir de nuevo un contraste tan grande como en otras variables, son los países anglosajones los más firmes defensores de esta idea, destacando Nueva Zelanda con los resultados más elevados.  La valoración más baja la presentan los obreros hispanoamericanos. De nuevo en América Latina el paso del milenio parece haber afectado negativamente la idea de pago según productividad. Al mismo tiempo, en los países anglosajones la opinión se ha mantenido estable.

 

 

Cuadro F: PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98 Y v115 05-09)
  Las personas más productivas deben tener una mayor retribución
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 72,4 (51,9) 76 (81,3) 81,9 (60,8) 63,6 (48,78)
Chile 68,4 (66,7) 74,5 (60,4) 85,9 (78,3) 65,54 (66,4)
México 73,5 (70,2) 88,27 (71,16) 83,1 (85,2) 71,4 (72,4)
Perú 81,3 (77,3) 84,8 88,3 80,2
Uruguay 72,1 (68,1) 71,3 (82,35) 82,3 (69,2) 68,25 (70,2)
Promedio Hisp   73,5 (66,8) 79 (73,8) 84,3 (73,3) 69,8 (64,4)
         
Australia 81,8 (82,8) 88,7(88,6) 87,2 (89,7) 74,57 (77)
Estados Unidos 87,1 (88,6) 91,1 (91,8) 89,1 (96) 85,2 (88,65)
Nueva Zelanda 91,4 (90,6) 95,5 (93,7) 94,4 (92,2) 84,3 (90,4)
Promedio Anglo 87,0 (87,3) 91,8 (91,36) 90,2 (92,63) 81,4 (85,35)
         
Anglo/Hisp  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)
         
  Ronda 04-09 en paréntesis    

 

Las respuestas a las preguntas incluidas en esta sección muestran que los países anglosajones valoran en general más las fuerzas y dinámica que genera la economía de mercado. Por otra parte la diferencia con Hispanoamérica no es tan acentuada como en el resto de las temáticas.

 

Comercio Internacional e inmigración

 

En cuanto al comercio internacional una pregunta de la encuesta  solicita una opinión sobre si la importación de bienes demandados por la población debe ser autorizada. En general los valores obtenidos para todos los países son bajos, aunque resalta que en los países latinos se afinca una mayor predisposición proteccionista[13]. En general son los obreros de ambas regiones los más negativos en cuanto al posible beneficio de importar bienes. Aquí sorprende que los empresarios sean algo más librecambistas que los profesionales, dado que se considera en general al sector servicios el más beneficiado por el libre acceso a bienes internacionales.  Nueva Zelanda es el que menos impedimentos quiere poner a la importación, mientras que Argentina con Uruguay se encuentra en el extremo opuesto.

 

  Cuadro G: GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98)  
La importación de bienes demandados por la población debe ser permitida
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 12,8 11,2 16,1 7,8
Chile 23,3 32,8 17,9 24,5
México 17,4 11,5 8,7 19,3
Perú 16,7 24,9 20,2 14,9
Uruguay 8 7,2 18,1 6,9
Promedio Hisp 15,6 17,5 16,2 14,7
         
Australia 23,9 26,4 31,8 17,9
Estados Unidos 26,5 29,9 21,3 21,9
Nueva Zelanda 35,6 41,4 31,5 27,6
Promedio Anglo 28,7 32,6 28,2 22,5
         
         
Anglo/Hisp 1,83 1,86 1,74 1,53

 

La segunda pregunta demanda sobre si en una situación de escasez de trabajo los inmigrantes deben recibir igualdad de trato que los nativos. A diferencia de la opinión sobre la libertad comercial donde la crítica es unánime, aquí hay una fuerte diferencia entre los dos grupos de países. Hispanoamérica tiene una visión mucho más discriminadora respecto a los trabajadores inmigrantes y esta opinión llega a su valor máximo para Chile.  Sorprendentemente en general no son los obreros –los más pasibles de sufrir la competencia laboral externa-, sino los empresarios los más negativos respecto de la fuerza laboral foránea.

 

  Cuadro H: GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09)  
Cuándo el trabajo es escaso, se debe dar igualdad de trato a locales e inmigrantes
  Total Empresarios Profesionales Obreros
Argentina 28,1 46,7 43,8 25,5
Chile 20,2 10,1 27,8 17,5
México 25,2 26 24,3 26,5
Perú 17,8      
Uruguay 27,5 79,3 61,9 81,8
Promedio Hisp 23,8 40,5 39,5 37,8
         
Australia 58,4 64,7 64,4 54,3
Estados Unidos 44,6 52,7 47 33,8
Nueva Zelanda 48,1 52,8 49,8 40
Promedio Anglo 50,4 56,7 53,7 42,7
         
Anglo/Hisp 2,11 1,4 1,36 1,13
         
España 42,3      
Gran Bretaña 47,1      
         
GB/ESP 1,11      

 

 

Análisis comparativo

Los principales resultados analizados  en el World Values Survey parecen confirmar la existencia  en Hispanoamérica de una ideología menos proclive al libre mercado y al capitalismo que aquella instalada en los países de origen colonial británico[14].  Esta diferencia ideológica habría incluso aumentado durante los tres primeros lustros del siglo XXI, al tiempo en buena parte de las naciones iberoamericanas triunfaban gobiernos populistas u orientados hacia la izquierda. Los nuevos presidentes recibieron de sus votantes un mandato menos favorable a la libertad económica y más propicio a la intervención estatal[15].

Cuando se desagregan las temáticas analizadas destaca en primer lugar las diferencias en  la valoración de la figura del empresario y su accionar. América Latina mira con mucho mayor recelo al hombre de negocios y no parece querer ver ampliada su presencia en la economía. Esta apreciación negativa es convalidada en innumerables encuestas de opinión realizadas en América Latina: una  de ellas, efectuada en 2014 en Argentina, menciona que para la opinión pública un 70% de los empresarios son considerados evasores, corruptos y lobbystas (Apertura, 2015). Una indagación chilena muestra que allí también es preponderante una mala imagen pública de los ejecutivos (Plaza, 2015). En México, por su parte, una encuesta de 2006 mostraba que el 58% de los interrogados pensaba que los empresarios le habían “fallado” al país,  pues no habían hecho lo suficiente como para que la nación se desarrollase  (GAUSSC, 2006). ¿Cuál es la razón general de la cual nace  esta animadversión? Lo más plausible es que el acentuado proteccionismo instalado en estos países desde mediados del siglo pasado, generado por las políticas activas de sustitución de importaciones, haya contribuido a construir una percepción del empresario como ineficiente, poco innovador y dependiente de prebendas estatales (y de corrupción) para subsistir. Para Veliz (1984) estas las acciones pro-industrialistas tienen como trasfondo la herencia ideológico colonial, con su gobierno centralizador y activo, donde la burocracia establecía las pautas del comportamiento económico-social[16].

Un contraste aún más fuerte se da en  temas relacionados con la globalización. Las naciones latinas  aparecen más proteccionistas y adversas a la integración laboral internacional que las anglosajonas. Este pensamiento también es coherente con economías cuya estructura industrial se ha desarrollado en un marco proteccionista y de baja productividad, que genera gran temor en los actores económicos sobre los efectos  de la competencia externa. Una encuesta mundial sobre actitudes respecto a la integración económica global muestra que en general en los países emergentes  la opinión pública considera beneficioso al comercio internacional, tanto en cuanto a la generación de empleo, como para producir mejoras salariales. Pero ello no ocurre en los países hispanoamericanos de tamaño medio o grande[17] cuyos valores son claramente más bajos que la media de los casos considerados (Pew Research Center, 2014). Debe destacarse que las opiniones a favor o en contra de la integración comercial no parecen estar relacionados positivamente con la apertura efectiva de cada economía[18]. De hecho y en promedio los países latinoamericanos presentan una mayor globalización que los anglosajones. De la muestra considerada los países más abiertos actualmente  son Chile, México y Nueva Zelanda, mientras que los más cerrados son Argentina y Estados Unidos[19].

Con referencia a la percepción sobre los efectos generales de la economía de mercado y la competencia también los países anglosajones incorporan una visión más optimista, aunque la diferencia es menor con Hispanoamérica respecto de la opinión que se tiene de los empresarios y la globalización.  Una clave para entender esta menor discrepancia la ofrece un estudio que utiliza las mismas fuentes que este artículo y que concluye que entre los factores que contribuyen a la percepción de libertad personal en América Latina (que es elevada en términos comparativos a nivel mundial)  está la libertad económica, medida a través de varios indicadores. Es decir, la población latinoamericana tiene una tendencia a nivel agregado de percibir que el libre mercado ofrece al individuo mayor capacidad de decisión autónoma que otros sistemas más dirigistas (Moreno, 2013).  Similares resultados a favor de la economía de mercado la encuentra el Latinobarómetro (2013) en sus encuestas realizadas  entre 2003 y 2013: más de la mitad de la población de América Latina parece inclinarse a favor del sistema de mercado.

Si se desagrega la ideología por categoría laboral en general se nota que hay bastante homogeneidad al interior de cada país. Aunque los empresarios de una nación suelen ser de ideología más capitalista que los obreros, la brecha es reducida cuando se los compara con los mismos valores de países de la otra región.  Observando las cifras surge que los empresarios de Nueva Zelanda aparecen como aquellos que poseen la mentalidad más liberal y pro-mercado, mientras que los obreros argentinos están en el extremo opuesto. Ello no es sorprendente: los hombres de negocios del país oceánico están acostumbrados a beneficiarse de una economía con fuerte competencia internacional a la que se han integrado con éxito. En cambio los obreros argentinos han sido muy  influidos por una fuerte retórica anti-mercado y un modelo proteccionista promovida por el peronismo dominante, junto con una realidad en que los intentos de apertura económica han coexistido frecuentemente con un tipo de cambio sobrevalorado que ha castigado a las posibilidades de las industrias locales. Pero esto puede no ser toda la historia. El caso de Chile muestra que aun en un país que ha tenido éxito en la reforma de su economía y la integración al comercio internacional la mentalidad de su población presenta una apreciación baja de las virtudes del capitalismo.

Adicionalmente se ha contrastado para algunas de las variables las opiniones presentes en Gran Bretaña y España, dado que fueron tanto por sus imperios, como por su inmigración, influyentes en los dos grupos de países considerados. Aunque las diferencias son menores, en general van en la misma dirección de sus antiguas colonias. Ello parecería confirmar la existencia en cuanto a temas económicos de un posible “sesgo” hispánico, que se contrasta con la cosmovisión anglosajona, más favorable al capitalismo.

El contraste de la ideología económica hispanoamericana y anglosajona en cuanto a la valoración de la economía de mercado parece confirmar con datos empíricos las hipótesis formuladas por pensadores latinoamericanos como Juan Bautista Alberdi o  Claudio  Veliz, sobre que la mentalidad local originada en la cultura hispánica es menos favorable al capitalismo que la existente en naciones anglosajonas. Los efectos concretos de estas diferencias de ideología son difíciles de determinar dada la cantidad de otros factores que influyen en la cuestión. Como mínimo puede establecerse que ciertos  componentes de las políticas populistas o anti capitalistas, junto con las justificaciones ideológicas que los justifican, no parece haber generado condiciones favorables para un despliegue y desarrollo de las capacidades productivas de las naciones latinoamericanas.

 

  Cuadro I: Análisis Comparativo    
  Anglo/Hisp GB/ESP
  Total Empresarios Profesionales Obreros  
GESTION PROPIETARIOS 1,43 1,61 1,36 1,65  
ACCION PRIVADA 1,41 (1,69) 1,21 (1,54) 1,35 (1,42) 1,47 (1,74) 1,2
COMPETENCIA 1,15 (1,4) 1,1 (1,12) 1,12 (1,16) 1,19 (1,12) 1,25
GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD 0,9 1,08 0,88 0,84 1,49
PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN  1,18 (1,30) 1,16 (1,23) 1,07 (1,26) 1,2 (1,32)  
GLOBALIZACIÓN COMERCIAL 1,83 1,86 1,74 1,53  
GLOBALIZACIÓN LABORAL 2,11 1,4 1,36 1,13 1,11
  Ronda  04-09 en paréntesis      

 

Apéndice:

Formato original de las preguntas utilizadas en este trabajo:

GESTION PROPIETARIOS (v87 95-99): Hay mucha controversia sobre la forma en que se deben administrar las empresas y la industria. ¿Cuál de estas frases se acerca más a su propia opinión? Se tomó como pro capitalista la respuesta: Los propietarios deben ser los que administren sus empresas o designen a los ejecutivos. Las otras opciones otorgaban esa función empleados, administración conjunta entre empleados y dueños o al gobierno.

ACCION PRIVADA (v126 95-99, v 117  04-09): ¿Debería incrementarse la propiedad privada de las empresas y de las industrias? Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

COMPETENCIA (v128 95-99, v119 04-09): La competencia es buena. Estimula a la gente a trabajar duro y a desarrollar nuevas ideas. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados superiores de respuesta positiva.

GANANCIAS DE LA PROSPERIDAD (v121 04-09): Las personas sólo pueden hacerse ricas a expensas de las demás. Se tomaron como pro capitalistas los 5 grados inferiores de respuesta.

PRODUCTIVIDAD Y REMUNERACIÓN (v86 95-98, v115 05-09): Imagine dos secretarias, de la misma edad, que hacen prácticamente el mismo trabajo. Una de ellas se entera que la otra gana más al mes que ella, se queja al jefe y éste le dice -lo cierto- que la otra secretaria es más rápida, más eficiente y que se puede confiar más en ella en su trabajo. En la opinión de Ud., ¿Es justo o no es justo que a una secretaria se le pague más que a la otra? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN COMERCIAL (v133  95-98): ¿Deben los bienes elaborados en otros países ser importados y vendidos si hay personas que desean adquirirlos? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

GLOBALIZACIÓN LABORAL (v45 04-09): Cuando el empleo es escaso, ¿Deben los empleadores dar prioridad a las personas locales sobre los inmigrantes? Se tomó como pro capitalista la respuesta positiva.

 

Referencias

 

Alberdi, J. B. (1876), La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud, Paris.

 

Baker,  Andy  y Greene, Kenneth F. (2011) “The Latin American Left’s Mandate: Free-Market Policies and Issue Voting in New Democracies”, World Politics, 63;1, pp. 43-77.

 

Berger, Peter (1990), “Observaciones acerca de la cultura económica”, Estudios Públicos 40, pp. 11-30.

 

Pal Czegledi (2014) “Is an Anti-Capitalistic Mentality Cultural? The Case of Hungarians Inside and Outside Hungary in theWorld Values Survey” enhttp://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2524116.

 

GAUSSC (2006) Opiniones y actitudes antes y después del Tribunal Electoral.http://www.gaussc.mx/publicaciones/ago/2006_GAUSSC_Opiniones_y_actitudes_antes_y_despues_del_Tribunal_Electoral.pdf

 

García Hamilton, José I. (1984), El Autoritarismo y la Improductividad en Hispanoamérica, Buenos Aires.

 

Gillanders, Robert y Whelan,  Karl (2014), “Open For Business? Institutions, Business Environment and Economic Development” Kyklos 67:4, pp. 535-558.

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Gómez, Alejandro y Newland,  Carlos  (2014). “Alberdi, sobre héroes y empresarios”, Cultura Económica, i, pp. 30-37.

 

Hida, Hilton (1998), “Mejor malo conocido…”, The Wall Street Journal  Americas (4/5/1998), en: http://interactive.wsj.com/americas/resources/documents/s-2esp.htm

 

Kuchar. Pavel (2016), “Liberalism in Mexican Economic Thought, Past and Present” Econ Journal Watch 13:1 January: pp. 129–167.

 

Latinobarometro (2013), Informe 2013.

 

Mathers, Rachel L. y Williamson, Claudia R. (2011) “Cultural Context: Explaining the Productivity of Capitalism” Kyklos 64:2, pp. 231-252.

 

McCloskey, Deirdre (2011), Bourgeois Dignity: Why Economics Can’t Explain the Modern World. University of Chicago Press.

 

Moreno, Alejandro (2013), “La libertad de elegir: comparando América Latina con otras regiones del mundo”, en:  Carballo, Marita y Moreno, Alejandro, coordinadores, El cambio de valores en América Latina. Hallazgos de la Encuesta Mundial de Valores, México, pp. 85-125.

 

Pew Research Center (2014)  “Faith and Skepticism aboutTrade, Foreign  Investment”, http://www.pewglobal.org/files/2014/09/Pew-Research-Center-Trade-Report-FINAL-September-16-2014.pdf

 

Phelps, Edmund S. (2006) “Economic Culture and Economic Performance: What Light Is Shed on the Continent’s Problem? en: “Perspectives on the Performance of the Continent’s Economies”Conference of CESifo and Center on Capitalism and Society Venice, 21-22 July 2006.

 

Plaza Pública Cadem (2015), Track semanal de Opinión Pública Nº 100 http://plazapublica.cl/wp-content/uploads/7u63456.pdf

 

Porter, Michael (2000) “Attitudes, Values, Beliefs and the Microeconomics of Prosperity,” in Culture Matters: How Values Shape Human Progress, (L.E. Harrison, S.P. Huntington, eds.), New York: Basic Books, pp. 14-28.

 

“Que se piensa de los empresarios argentinos” (16/1/2015), Revista Aperturahttp://www.apertura.com/economia/Que-se-piensa-de-los-empresarios-argentinos-20150116-0002.html

 

Salvatore, Ricardo (1993) “Market-Oriented Reform and the Language of Popular Protest: Latin America From Charles III to the I.M.F.” Social Science History, 17:4.

 

Seligson, Mitchell A. “El rol del Estado como creador de empleo”, Revista Ciencia Política Vol.28 – Nº3, 2008, pp.209-218.

 

Veliz, Claudio (1984), La tradición centralista de América Latina, Barcelona.

 

Wiarda, Howard J (1978). “Corporatist Theory and Ideology: A Latin American Development Paradigm” Journal of Church and State 20:1, pp. 29-56.

 

Zizumbo-Colunga, Daniel;  Zechmeister,  Elizabeth J. y Seligson, Mitchell A ( n.d. ), Who supports Free Trade (and Why)?Quarterly Americas.http://www.americasquarterly.org/node/2198.

 

 

Agradecimientos: Agradezco los comentarios recibidos de Lionel Barbagallo, Alberto Bisso, Martin Cuesta, Alejandro Gómez, Carlos Hoevel, Pavel Kuchar, Alvaro Perpere, Fernando Rocchi, Alejandra Salinas, Ludovico Videla. Carla Newland colaboró en la confección de los cuadros.

[1]Sobre el tema ver Gómez y Newland (2014).  Para subsanar este déficit de aprecio por las figuras empresariales  Alberdi publicó en 1876 La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright en la América del Sud. El libro, el primer ejercicio regional de historia de la empresa, es utilizado  para presentar al que el autor consideraba ser un empresario ideal

[2] Una visión muy similar a la de Veliz es presentada por García Hamilton (1998). Veliz considera que lo que prevalece en América Latina en una actitud pragmática derivada más de la costumbre que de la teoría o ideología.

[3] La persistencia en las concepciones sobre la economía en Hispanoamérica  han sido también destacadas por Salvatore (1993) y Kuchar (2016).

[4] Los países han sido seleccionados por ser aquellos que brindan información respecto a las cuestiones analizadas en la encuesta en las dos ondas incluidas. Por ello no ha sido posible incluir, por ejemplo, a Canadá en las comparaciones.

[5]Ver, por ejemplo, Phelps 2006.

[6] Mathers y Williamson (2011) discuten y testean para un gran conjunto de países la relación de una mentalidad mas pro capitalista, su interacción con las instituciones y su efecto sobre el crecimiento económico. Gillanders y Whelan (2014) investigan la relación entra un contexto institucional favorable al mercado y el crecimiento económico.

[7]Para ese lapso el ingreso medio per cápita (promedio de los valores para cada país) fue de 53.633 dólares, mientras que para los países latinoamericanos considerados fue de 12.194 dólares. Ver: http://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.CD/countries

[8]http://reports.weforum.org/global-competitiveness-report-2015-2016/competitiveness-rankings/

[9]Un valor bajo es lo buscado:  Nueva Zelanda 2, Estados Unidos 7, Australia 13, México 38, Chile 48, Perú 50, Uruguay 92 y Argentina 121. http://data.worldbank.org/indicator/IC.BUS.EASE.XQ

[10]Se presentan conjuntamente aquellos con menos de 10 empleados junto con los de 10 o más empleados.

[11]Se presentan conjuntamente los resultados para los obreros calificados, semicalificados y no calificados.

[12]El Barómetro de las Américas, una serie de encuestas que abarcan a muchos países del continente americano reporta resultados compatibles con los presentados aquí en cuanto al rol del estado en la economía.  La  población de naciones como Estados Unidos y Canadá (para 2008) presentaba una mayor valoración de la iniciativa privada en cuanto a la generación de empleo respecto a la otorgada por los habitantes de  los países hispanoamericanos a la gestión estatal. Ver Seligman (2008). Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal en 1998 también son compatibles con los números aquí presentados: la población estadounidense opina en mayor medida que un movimiento hacia la privatización sería beneficioso, mientras que la misma opinión encuentra una valoración más baja en los países latinoamericanos (Hida, 1998).Otra evidencia que refuerza estas conclusiones la brinda la encuesta Global Entrepreneurship Monitor (2014, pp. 29-31), que en uno de sus rubros investiga como la sociedad valora a los emprendedores, factor que es medido a través de a) nivel de status y respeto social obtenido por emprendedores exitosos y b) la cobertura de prensa de noticias de nuevas empresas exitosas. En las dos categorías Australia y Estados Unidos (Nueva Zelanda no fue incluida) presentan en general valores mucho más elevados que aquellos para Argentina, Chile, México y Uruguay. El caso de Perú es distinto, ya que en esos rubros presenta valores muy altos.

 

 

[13]Por su parte los resultados de la encuesta “Espejo de las Américas” encargada por el Wall Street Journal  en 1998 encuentra que la opinión a favor del libre comercio en los países latinoamericanos es alta y comparable en su magnitud a la existente en Estados Unidos (Hida, 1998).

[14] Se analizó también si las medias de los totales para cada pregunta eran significativamente distintas (t-test) entre las regiones. En todos los casos, salvo para “ganancias de la prosperidad”, las diferencias eran significativas.

[15] Sobre este cambio ver Baker y Greene (2011). Los autores señalan que el cambio de ideas ha sido moderado.

[16] Ver especialmente el capítulo 12 de su libro que trata la cuestión de la industrialización en América Latina.

[17] Fueron incluidos Perú, Chile, Argentina, Colombia y México. Países de la región más pequeños, como Nicaragua y El Salvador, son sin embargo más optimistas respecto a  los efectos de la globalización. El Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP) encuentra en general en la región mayor apoyo a los tratados de comercio del que  se derivaría de las respuestas aquí analizadas. La razón de la discrepancia parece ser que en los países más grandes (como los aquí tratados) hay una tendencia  ideológica más favorable al proteccionismo que en los países más pequeños. Ver Zizumbo-Colunga, et. at (n.d.)

[18]  Exportaciones más importaciones sobre PBI.

[19] Los ratios por país son los siguientes: Argentina 0,29; Estados Unidos 0,30; Australia 0,42; Perú 0,46; Uruguay 0,49; Nueva Zelanda 0,57; Chile 0,66; México 0,66). Las proporciones son promedios para el período 2011-15, tomadas del Banco Mundial: http://data.worldbank.org/indicator/NE.TRD.GNFS.ZS.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

Las dos caras de Pokémon Go

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 1/8/16 en http://www.lanacion.com.ar/1923534-las-dos-caras-de-pokemon-go

 

 

Al tiempo que provoca adicción, el juego que hoy causa furor en el mundo permite apreciar lo que en economía se llama “el orden espontáneo”, es decir, un sistema que se sostiene por el respeto recíproco de sus integrantes

 

En el Pokémon Go, el juego de realidad virtual móvil que tanto éxito tiene a nivel global, aparecen dos caras complementarias. Un primer aspecto del juego, que ha batido récords comerciales desde su irrupción en el mercado y que no hace distinción de edades, ocupaciones y niveles de ingresos, hace referencia a un asunto psicológico. Una segunda perspectiva, por su parte, alude a lo que en economía y ciencia política se denomina “el orden espontáneo”.

Debido al tiempo que insume y al furor que provoca, el Pokémon Go arrastra a los usuarios a un uso muy prolongado y en ciertos casos, parecería, resulta difícil desviar la atención del juego. Días pasados, el vocero del Departamento de Estado de Estados Unidos, John Kirby, tuvo que interrumpir una conferencia de prensa sobre las acciones de la coalición internacional contra Estado Islámico porque un periodista estaba jugando al Pokémon Go.

Estas desproporciones en la diversión, y la consecuente postergación de lo importante (aquello que tiende al autoperfeccionamiento en las faenas humanas que apuntan a la excelencia y la responsabilidad para hacer que las cosas mejoren), convierten este tipo de juegos en un instrumento de la banalización y frivolización de la vida. Constituyen un escapismo de los deberes para con la civilización y la necesidad de mantener los valores que la sustentan.

El tiempo desmesurado que se dedica a este nuevo juego se acopla a la cultura de la inmediatez y a la velocidad con que se pretenden sobrevolar los problemas. Así, se encoge la posibilidad de reflexión y también la de llegar a conclusiones debidamente sopesadas. La comunicación instantánea y en varias direcciones simultáneas que imponen estos entretenimientos virtuales no permite la auténtica comunicación.

Varias son las causas de este fenómeno, pero entre ellas sobresale el bombardeo que se recibe desde muy diversos ángulos y sectores respecto de la necesidad de renunciar a uno mismo, en lugar de atender, alimentar y cuidar la propia alma. “La falla de la cultura moderna no reside en que la gente está demasiado preocupada en su interés personal, sino en que no está lo suficientemente preocupada por su yo”, escribió Erich Fromm en Man for himself.

Esta cita se complementa con otra de Santo Tomás de Aquino de la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, por lo que se ve que el amor del hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene a otro. Pero el modelo es mejor que lo modelado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a si mismo que al prójimo”.

A todo lo dicho se agrega la tendencia de aplicar la guillotina horizontal en el contexto de la manía por el igualitarismo, que pretende eliminar las potencialidades de cada persona como ser único e irrepetible en la historia de la humanidad.

A este cuadro habría que adicionar la peligrosa escalada de violencia que se registra a nivel mundial, que exacerba las emociones y provoca una pérdida de sensibilidad. Incluso hay episodios de violencia que luego se emplean como entretenimiento, en juegos virtuales que simulan matanzas.

La segunda perspectiva del Pokémon Go que queremos enfatizar, en cambio, muestra un aspecto de mucho interés para ilustrar un fenómeno social muy poco comprendido, aunque, vale aclarar, no elimina para nada la preocupación que despierta el primer aspecto, puesto que toda desmesura constituye siempre un problema, por más que cada uno puede hacer lo que le venga en gana siempre y cuando no lesione derechos de terceros.

Por “orden espontáneo” se entiende que el conocimiento disperso y fraccionado se coordina en economía a través de las señales de los precios, sin que intervengan los aparatos estatales. Más aún, esta intervención estatal, al distorsionar precios, provoca severos desajustes y derroches de capital, al tiempo que obstaculiza la evaluación de proyectos y la contabilidad, lo que reduce salarios e ingresos en términos reales.

La tradición de la Escuela Escocesa del siglo XVIII fue la primera que fundamentó el proceso de orden abierto sobre la base del respeto recíproco, en cuyo contexto cada uno, al seguir su interés personal, beneficia al prójimo, puesto que en las relaciones interpersonales de una sociedad libre para prosperar es necesario servir a otros. Este orden natural en el que no media diseño ni ingeniería social alguna por parte del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es lo que se bautizó “la mano invisible”, en contraposición a “la metida de pata visible del Estado”.

Esta tradición de pensamiento fue retomada por la contemporánea Escuela Austríaca, de modo muy especial por el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek, quien desarrolló el concepto del orden espontáneo en alguna medida sobre la base de estudios de Michael Polanyi. Ahora, vía el juego del Pokémon Go se ilustra este proceso en un contexto evolutivo, en ausencia de planificación central y sin que resulten para nada relevantes la religión, la etnia, la nacionalidad ni la inclinación política de cada uno de los participantes.

El juego comenzó con unos jóvenes japoneses en los años 90, malos estudiantes en el colegio. En su formato final apareció primero en Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, con un éxito resonante. A la aplicación debe añadirse el GPS del celular. Tras registrarse, el jugador se dedica a la caza de pokemones y a la adquisición de pokeballs, para hacer más certeros sus lanzamientos. La caza se realiza en muy diversos lugares, con el acompañamiento de muchas otras personas en el mismo trance. La naturaleza del juego requiere intercambios de pokemones entre los participantes para lograr los objetivos recíprocos, lo que acerca a las partes de la transacción.

Todo este desplazamiento se lleva a cabo sin un director general, puesto que toda la movida se realiza espontáneamente, al tiempo que se celebra y aplaude el ejercicio físico que esta faena demanda.

Lo importante de este juego es que un proceso natural y espontáneo facilita el encuentro de vecinos y desconocidos con los que se traban nuevas relaciones, proyectos y amistades en medio de una distracción con objetivos comunes. Todo a raíz de iniciativas individuales que no surgen de planes de gobierno donde están siempre presentes la coacción y, habitualmente, la corrupción.

Esta segunda parte de nuestro análisis se conecta con la primera, en el sentido de que si se juega con equilibrio y en una medida justa se pueden obtener atractivas ventajas, como conocer nuevas personas y entablar provechosos contactos y aprender recíprocamente de otras experiencias de vida, tal como lo demuestran varios bien documentados case-studies de universidades estadounidenses. Es decir, en un paréntesis voluntario en las tareas diarias se adquieren elementos de juicio para proseguir en el autoperfeccionamiento y en la contribución -aunque más no sea milimétrica- para fortalecer valores y principios que conducen al respeto recíproco característico del liberalismo.

En algunos colegios estadounidenses los directores no permiten que sus alumnos jueguen al Pokémon y sugieren que no lo hagan en sus hogares, porque lo consideran adictivo y muy perturbador para sus estudios. Por su parte, entre otros, dos médicos australianos y un psicoterapeuta de la misma nacionalidad sostienen que la adicción también involucra a mayores, puesto que no son pocos los que abdican de responsabilidades en la vida familiar y laboral.

En definitiva, cualquier juego o actividad puede llevarse a cabo sin moderación, pero el asunto consiste en que el Pokémon Go en particular presenta características que deben tomarse con la debida precaución. Como escribió en la antigüedad Ovidio: “Nada más poderoso que un hábito mal administrado”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.