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La Madre Teresa corrige a Fidel Castro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/5/17 en: http://www.actuall.com/criterio/democracia/la-madre-teresa-corrige-fidel-castro/

 

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia.

 

Madre Teresa de Calcuta y Fidel Castro/Actuall.

La Madre Teresa estuvo en La Habana en julio de 1986, y se reunió con Fidel Castro, a quien regaló una imagen de la Virgen del Milagro. Según contó Alfredo Bryce Echenique, testigo del encuentro, el dictador le dijo a la monja de Calcuta: “Es usted un producto finísimo del marxismo leninismo porque le ha dado todo a los pobres”. Y ella le contestó: “A los pobres no. ¡Por amor a Dios!”.

La corrección de la religiosa es muy notable, por lo que dice y también por lo que podemos colegir de su conversación con el sátrapa caribeño. Ante la repugnante alusión a una posible identificación entre ella y el marxismo, la Madre Teresa no hizo ninguna referencia a la flagrante incompatibilidad entre ambos. Se limitó a explicar en una palabra la razón de su vida y de sus actos: Dios.

En efecto, era el amor a Dios lo que la impulsaba a dedicarse a los pobres, y a especializarse en los más pobres de los pobres. Ella, que afirmó, “si no se vive para los demás, la vida carece de sentido”, se consideraba “lápiz de Dios, un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere”. Pero Dios es el principio, y por eso ella decía: “Para mí es un deber luchar por la santidad como para todos los cristianos”.

Por eso sus palabras ante el tirano de La Habana señalaron en realidad en una sola línea la radical incongruencia entre la religión y el marxismo, algo que los marxistas saben perfectamente, y por eso se han especializado en el último siglo en perseguir las religiones y a los religiosos, llegando incluso a asesinar en masa a curas y monjas.

Hablando de incongruencias, una clásica del marxismo es precisamente la que expresó Fidel Castro, presentando al socialismo como el paradigma del cuidado exquisito de los pobres.La verdad es justo la contraria, porque la característica de los países marxistas es su trato brutal hacia los pobres: sus políticas anticapitalistas y antiliberales arrastraron a la muerte por hambre a decenas de millones de modestos trabajadores. Así sucedió en China donde, por cierto, los comunistas le impidieron a la Madre Teresa lograr en vida el sueño de abrir allí una misión. Ella sabía lo que hacía. Ellos también.

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia. Aquí vemos numerosos ejemplos en donde lo que los políticos antiliberales hacen es empobrecer a los ciudadanos mediante onerosos impuestos, con la excusa de que protegen a los pobres, como si pudiéramos realmente comparar a la Madre Teresa con la Agencia Tributaria.

El diálogo de la santa con el dictador continuó así. Le dijo Fidel: “Pero Dios, madre, no existe”. Una vez despedida la Madre Teresa, y ya a solas con Bryce Echenique, le comentó: “¿Sabes qué? Es la primera vez que me visita una santa”.

No hay testigos de lo que comentó dicha santa después. Pero es bonito conjeturar que habrá sonreído para sus adentros pensando en la imagen de la Virgen con que había obsequiado al déspota cubano.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿El camino ‘capitalista’ al socialismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/5/17 en: http://www.elterritorio.com.ar/nota4.aspx?c=0574253964826931

 

Mientras el escándalo en Brasil pega fuerte mostrando la fragilidad de la economía argentina, y lo inflada que está a partir de discursos y acciones del estado, Macri ya ha realizado una cantidad de viajes, todos con promesas de inversiones que no llegaron mostrando que estos periplos tienen poco sentido. Sobre todo hoy, cuando los operadores globales rastrean inversiones en los lares más recónditos, hasta con satélites, en tiempo real, es trivial que un funcionario viaje a explicar nada, basta con crear la oportunidad de negocios -bajos impuestos y mercado natural, desregulado- para que las inversiones se descuelguen solas.
A menos que quieran en aumentar el peso del Estado, profundizando el socialismo vigente en Argentina en términos de peso estatal e intervención en la vida de las personas.
Para lo que sí sirven estos traslados es para que una enorme burocracia viaje a costa de los contribuyentes, a comprar trajes de cien dólares al punto que, dicen las crónicas, el vocero presidencial recomendó vía WhatsApp “Vayan a Tony and Tony… y pregunten… de parte mía para conseguir descuentos.
Casi todo el viaje por Asia estuvo dedicado a obra estatal, aparentemente iniciada en la era K, como los 16 acuerdos por U$S 17 mil millones firmados en China. Lo “bueno” de la obra pública -que bien podría surgir del mercado natural- es que aumenta el PIB ya que conlleva consumo de materiales sin necesidad de ahorro previo sino financiado, en este caso, por el Estado chino.
Aun suponiendo que estos índices son reales, lo cierto es que el PIB no considera todas las transacciones sino sólo el consumo, como señalan Krause, Ravier y Cachanosky. Así, resulta falso el crecimiento basado en el PIB que solo muestra cómo se decide gastar el ingreso luego de haberlo producido, el destino de la producción, no su origen. Por esto, el Bureau of Economic Analysis ahora publica el Gross Output que considera las etapas del proceso y no sólo el consumo. Más acertado es el valor bruto de la producción (VBP) en el que el consumo privado y público representa el 50% contra el 86% de peso que le otorga el PIB.
Para remate la obra pública es ineficiente. Dice Steve Hanke que mediante la VA, el gobierno estadounidense opera el mayor sistema de servicios de salud… el costo de construcción por cama de la VA es 290% más que para hospicios privados… la administración
de construcción de la VA tiene 16 veces más empleados… y los proyectos de la VA requieren 3,5 veces más tiempo de construcción… el costo promedio de los hospitales de la VA es 70% superior para tratamiento agudo… 48% para cirugía, y 140% para tratamiento crónico. Así, creído capitalista por su pasado “empresario”, su discurso prooccidental y pro comercio libre, el gobierno está logrando agrandar el ineficiente y degradante sector estatal a costa de impuestos, inflación y endeudamiento que paga el privado cada vez más raquítico.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El Futuro De Occidente

Por Armando Ribas. Publicado el 2/5/17 en: http://institutoacton.org/2017/05/02/el-futuro-de-occidente-armando-ribas/

 

Existe la teoría de que en la historia las civilizaciones nacen, se desarrollan y mueren en un ciclo de vida semejante al de los seres vivos. Si analizamos la historia universal no cabe la menor duda de que el proceso descripto es su carácter esencial. Desde ese punto de vista parecería que eso que llamamos Occidente y que yo, tal como me pregunté en mi libro ¿Quién es Occidente?, no sé muy bien qué es lo que es, estaría viviendo su Zenit. Más allá del acceso de Japón a la segunda potencia industrial después de la Segunda Guerra Mundial, ahora surge la amenaza de que la antorcha en algún momento del siglo XXI sería pasada al Celeste Imperio donde viven hoy casi un quinto de la población mundial.

En dos recientes artículos publicados en “Foreign Affairs”, Richard Bernstein y Ross Munro, de una parte, y Robert Ross, de la otra, trataron el tema. Los primeros sostienen que en la misma medida que la China se desprende de las cadenas ideológicas del maoísmo y aumenta su riqueza, será cada vez más amenazante y más peligrosa. La posición de Ross es distinta en el sentido de que la China es demasiado débil como para significar una verdadera amenaza para la hegemonía política de Estados Unidos. Creo que ambas evaluaciones se integran en la teoría anterior de la historia universal, y no toman en cuenta, ni la una ni la otra, la diferente realidad que enfrenta la humanidad a partir de la existencia de las armas nucleares y la revolución de las comunicaciones.

La guerra en el sentido escatológico que existió a través de la historia ha desaparecido como elemento determinante de alcanzar la supremacía mundial. Enfrentamiento y colisiones en el siglo XXI no significan, como hasta la primera mitad del siglo XX, guerra. Este solo fenómeno cambia de por sí la historia universal, donde las civilizaciones se sucedieron hasta conformar hoy una sola civilización en eso que se ha dado en llamar globalización. En ese sentido hoy están más vigentes las palabras de Kant en su “Paz Perpetua” que el predicado hegeliano, de que la guerra era la forma en que los estados hacían su irrupción en la historia. Hoy los estados están todos en la historia con más o menos poder de negociación, pero no con más poder de destrucción. No existe en la actualidad la capacidad de destruir sin ser destruido. Es decir, las aspiraciones de poder no van a desaparecer de la faz de la tierra pero los instrumentos para ejercerlos han sido y siguen siendo modificados.

Cualquier país europeo que hasta la mitad del siglo XX hubiera tenido el poder relativo de los Estados Unidos, habría intentado la conquista mundial. La guerra era “the name of the game” (el nombre del juego). Hoy hemos ido aprendiendo no a deponer los intereses nacionales en pro de una hermandad sublime, sino a expresarlo de otra manera. Ya bien decía Hume en sus escritos económicos: “…el incremento de la riqueza y del comercio en cualquier nación, en lugar de perjudicar, promueve la riqueza y el comercio de todos sus vecinos, y un estado puede difícilmente desarrollar su comercio e industria cuando todos los estados que le rodean están hundidos en la ignorancia, la pobreza y la barbarie”.

Es decir que la guerra no desaparecería de la faz de la tierra por la moral, sino por el interés y el egoísmo humano consciente del terror del holocausto y a través  de las comunicaciones. Demás está decir que la misma tecnología que hace a la riqueza de las naciones, las hace más vulnerables. De qué le sirve a los propios Estados Unidos hacer desaparecer de la faz de la tierra, ya fuera la Unión Soviética o a la China, cuando al menos la mitad de su población  se pierde en el empeño. Pero más aún, cada vez existen menos naciones cuya riqueza no dependa de su integración en la economía mundial. Eso quiere decir algo más. Si Japón hoy se hundiese en el Océano Pacífico, una gran parte de la riqueza de otros países y en particular de Estados Unidos desaparecería con el imperio del Sol Naciente.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que esta realidad no ha sido construida sólo a partir de hechos, sino que detrás de ella han estado las ideas que dieron paso a lo que Popper denominara sociedad abierta. Ha sido el reconocimiento de los intereses privados el que ha construido la riqueza que se sustenta en la propiedad y el comercio. Ese mal llamado “materialismo” ha sido la fuente de los mayores logros que han permitido satisfacer las necesidades de la gente común. No sé en virtud de qué espiritualidad la guerra pudo haberse considerado como un acto desinteresado y digno frente a la concupiscencia adscripta al comercio. No hay que ir a las castas hindúes para encontrar en toda la historia de la humanidad, la religión y la guerra como los paradigmas excelsos de la virtud, en tanto que el comercio, las finanzas y el trabajo eran descalificados por indignos. Fue sólo cuando se revirtieron estos principios, a partir del pensamiento liberal, que ha sido posible alcanzar el estadio de civilización que hoy disfruta una gran parte de la humanidad. Esto no quiere decir que en función de la globalización han de desaparecer ni las identidades nacionales ni las culturas. Pero sí que éstas habrán de adaptarse a los principios que podríamos llamar de la civilización, si es que los pueblos pueden aspirar a elevarse por sobre la pobreza. Y ése no es el modo de la generosidad, sino del interés, no del reparto, sino de la creación. Ninguna cultura que intente desconocer los principios de la civilización universal puede esperar alcanzar los estadios de libertad y bienestar que gozan hoy los países industrializados. Esos principios no son otros que el reconocimiento del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, a la vida, a la libertad y a la propiedad. Y estos derechos individuales parten del reconocimiento de la naturaleza falible del ser humano tanto en el orden moral como en el del conocimiento. De ahí la necesidad de la limitación del poder político.

Mi preocupación, entonces no surge del que otros países orientales o africanos alcancen la riqueza que hoy parece patrimonio del Occidente industrializado y Japón. El problema de Occidente está dentro del mismo Occidente. Curiosamente el propio Bernstein, en su explicación de la nueva posición China, de hecho reconoce el problema. Así dice: “La ironía en las relaciones chino-americanas es que cuando China estaba bajo la féerula del maoísmo ideológico y proponía tal ferocidad ideológica que los americanos creían que eran peligrosos y amenazadores, era realmente un tigre de papel, débil virtualmente sin influencia global. Ahora que China se ha liberado de la trampa del maoísmo y se ha embarcado en un curso pragmático de desarrollo económico, y de comercio global, parece menos amenazadora, pero de hecho está adquiriendo la posibilidad de apoyar ambiciones globales y sus intereses con verdadero poder”.

Es evidente que el poder surge en las propias palabras de Bernstein del capitalismo que no es una faceta económica de la existencia, sino una concepción ética que se implementa políticamente y produce la riqueza. El estar bajo el umbral ideológico de Mao es precisamente la actitud opuesta que diluye las motivaciones para la creación de riqueza en función de un deber ser absoluto y fútil que significa la opresión y la inseguridad. El problema en Occidente es precisamente que sus intelectuales descreen de ese mal llamado sistema capitalista y en la medida que el estado se apodera de la economía se cae, casi sin darse cuenta, en la trampa ideológica del maoísmo. Ahí reside el peligro de que se cumpla el ciclo histórico y Occidente dé lugar a otra civilización no distinta sino precisamente porque aprendió lo que Occidente olvidara.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

No, pero sí, a los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/4/17 en: https://www.elcato.org/no-pero-si-los-politicos?utm_content=buffer67d5e&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

 

Alejandro Tagliavini estima que la moderación de Trump parece ser un Donald Trump convertido en político tradicional, a pesar de que su elección reflejó un rechazo a ese tipo de política.

Casi un año estuvo España sin gobierno —con uno de transición, de poderes limitados—, porque el Parlamento no acordaba uno nuevo. Entretanto, la economía mejoró. Entonces, el chiste entre los españoles —a los que visito a menudo— era que, debido a que no tenían gobierno, el país avanzaba. Crece el hartazgo en todo el globo de los políticos, si hasta Donald Trump se presentó como reacción ante la política tradicional. Por caso, antes de las elecciones del 23 de abril en Francia, la abstención ya amenazaba trepar al récord del 32% cuando la participación ha superado el 80% desde 1974.

Según El Mundo de Madrid, Jerôme Fourquet, del Instituto de Opinión Pública, asegura que la abstención se da “especialmente en jóvenes”. Por caso, Vincent, de 25 años, aseguró que no votará y que no le asusta “la amenaza” de que gane Marine Le Pen en la segunda vuelta, sino que es un truco de los tradicionales para atraer al votante: “te dicen, nosotros o el horror”. El mismo truco que utilizó Mauricio Macri haciendo creer que Argentina iba camino de “ser Venezuela”, si él no le ganaba al oficialismo, cuando este oficialismo estaba alejado de las Fuerzas armadas que son la base del poder que armó el coronel Chávez.

Explicaciones hay muchas, como que el sistema parlamentario está obsoleto y tantas otras. Pero no explican que el rechazo a los políticos sea tan universal, de hecho, EE.UU. no tiene sistema parlamentario sino presidencialista. El problema es más hondo y es que la “autoridad” estatal se basa en el monopolio de la violenciafuerzas armadas y poder de policía— cuando ésta siempre destruye, en tanto que las sociedades se manejan cada vez más en base a liderazgos por influencia, que influyen básicamente por sus conductas ejemplares.

Ya decían los filósofos griegos que la violencia contraría —pretende forzar el desvío— el desarrollo natural del cosmos. Y como contra la naturaleza no se puede, la violencia jamás, pero absolutamente nunca, construye, solo destruye. Así, los políticos no cumplen sus promesas y empeoran las cosas. Por caso, ya en 2007, la FAO informaba que en el mundo se producen 10% más de alimentos que los necesarios para toda la humanidad y, sin embargo, 850 millones de personas pasaban hambre.

Dos son las causas básicas de esta aberración, primero, la fuerte carga impositiva de los gobiernos, que aumentan los precios de los alimentos y crean pobreza porque todos los impuestos son necesariamente derivados hacia abajo vía suba de precios o baja de salarios. Y luego, la maraña de trabas regulatorias estatales que encarecen la logística y a veces hasta hacen imposible el traslado y comercialización.

Pero el hombre evoluciona por maduración, así los “revolucionarios” anti políticos terminan casi adaptándose al sistema, con el beneplácito de “las mayorías”. Dice Pablo Pardo que volvemos al pasado. Las búsquedas en Google de “Tercera Guerra Mundial” están en su mayor nivel, cuando Trump decía que era Hillary Clinton la que iba a provocar una conflagración mundial.

Trump ahora dice que la OTAN “ya no está obsoleta”, ha bombardeado en Siria y elevado la tensión en Corea del Norte. Probablemente renueve a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, pese a que había dicho que ésta debería “avergonzarse” de su trabajo. Ha dejado para 2018 la bajada de impuestos y no declarará a China “manipulador de la divisa”. Es el nuevo Trump, un Trump “moderado”, convertido en político tradicional.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La economía argentina no crecerá

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/3/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/03/23/la-economia-argentina-no-crecera/

 

Lo primero que hay que decir es que es falso de toda falsedad que la economía haya tenido que caer para poder luego levantarse. Nada en el cosmos, absolutamente nada, se contrae para luego crecer. China empezó a expandirse fuertemente apenas iniciadas las reformas pro mercado y su PIB llegó a aumentar hasta 13.5% anual (y no existe razón teórica para que un país no pueda crecer más). Un ejemplo más cercano, Chile que hoy supera a la Argentina nada menos que en el índice de Desarrollo Humano ocupando el puesto 38 contra el 45 de Argentina, se expandió inmediatamente de lanzadas las reformas llegando a crecer al 7.8% anual.

Si Argentina cayó en 2016 no se debe a ningún “ajuste necesario” sino a la continuidad de pésimas políticas con no se redirigieron hacia reformas pro mercado, más allá del discurso. La prueba de ello es que el único sector al que se le aplicó una reforma real, aunque débil, el campo, aumentó su producción y su inversión hasta 50% de manera inmediata.

No es serio decir que el país ha salido de la recesión porque habría aumentado el PIB del tercer trimestre 0.1% y el del cuarto 0.5%, en relación al anterior. En primer lugar, el PIB que cuenta -el que marca el nivel de las personas- es el per cápita. Si descontamos un crecimiento demográfico de 0.3% trimestral estimado, el crecimiento del tercer trimestre fue negativo y el del cuarto solo aumentó el 0.2%.

Suponiendo que estas cifras tengan valor -ya que Ludwig von Mises y muchos otros dejaron muy claro que la econometría no es una ciencia-, un crecimiento de 0.2% es tremendamente decepcionante si consideramos que se produjeron hechos excepcionales, como los aguinaldos, blanqueo histórico, y fuerte aumento de la deuda estatal.

Si algo deja claro que el gobierno se maneja con discursos que no se condicen con la realidad, es la “lluvia de inversiones” que vendrían apenas iniciado su mandato. Luego de su viaje a Davos -donde Macri prometió US$ 20.000 millones de inversión-, organizar el mini Davos, viajar a España y demás, gastando fortunas, resulta que en el 2016 las inversiones cayeron 5.5% respecto de 2015, y 7.7% comparados los últimos trimestres de 2016 y de 2015 demostrando que la recesión se profundiza. La Inversión Extranjera Directa durante los primeros nueve meses de 2016 alcanza a solo US$ 4.780 millones, 50% menos que lo registrado en igual período del raquítico 2015.

Para colmo de males la política keynesiana de Sturzenegger, no solo ha provocado un aumento de la inflación durante 2016 llegando al 40.9%, sino que mantiene tasas altísimas -24.75%- que hace imposibles las inversiones productivas, al punto que el 80% de los dólares que llegan al país son solo inversiones “bicicleta” que juntan grandes ganancias para luego llevárselas. EL BCRA tiene que comprender que no es cierto que se pueda emitir todo lo que se “necesita para el desarrollo”, total después el BCRA se encarga de “neutralizar” los billetes “excedentes”.

Uno de los problemas más serios de la Argentina, y por el cual no va a crecer ni en 2017 ni en el futuro, es la tremenda maraña de regulaciones que prohíben en gran parte el desarrollo económico. Según el índice Doing Business 2016, Argentina ocupa el puesto 116. Y el otro problema gravísimo es la brutal presión impositiva que conduce a ser uno de los países más evasores de la historia mundial. Según Tax Justice Network, la evasión equivale al 4.4% del PIB, mientras que en EE.UU. es del 1.13%, en China 0.75%, Japón 0.93%, India 2.34%, Alemania 0.42%, Perú 2.34% y Colombia 0.75% del PBI.

Pero el vice ministro de economía dice alegremente que “Hay una situación fiscal deficitaria, con lo cual la reforma -impositiva- no puede perder recursos” o sea que no bajaran los impuestos lo que significa que, si el PIB disminuye, aumenta la presión fiscal relativa y se profundiza la recesión.

Así las cosas, el país sigue decreciendo y en el bimestre enero-febrero de 2017 el monto ingresado por no residentes con destino productivo ronda los US$ 400 millones, debajo del promedio de los últimos nueve años para ese mismo período. El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en febrero un retroceso del 9,5% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que la comparación intermensual con enero arrojó una retracción del 4,5% también con estacionalidad.

La facturación por las ventas en los supermercados creció 21.2% interanual en enero, mientras que en los grandes centros de compra avanzó 22.8%, ambas por debajo de los índices de inflación del 40.9% con lo que la caída real ronda la friolera del 20%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Hay que preocuparse por el déficit comercial?

Por Iván Carrino. Publicado el 26/2/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1987744-hay-que-preocuparse-por-el-deficit-comercial

 

-Donald Trump está preocupado por el déficit comercialcon México. ¿Tiene razón?

-El déficit de Estados Unidos con México en 2016 fue de casi US$ 60.000 millones y para el presidente norteamericano esto demuestra que el acuerdo de libre comercio entre los dos países “benefició a un solo lado”. Sin embargo, Trump se equivoca y, en este tema, su pensamiento atrasa 241 años. Es que en 1776, Adam Smith publicó La riqueza de las Naciones, donde rechazó los argumentos de los mercantilistas, que buscaban tener una balanza comercial positiva. Para Smith, este argumento era “sofista”, porque suponía que “aumentar la cantidad de metales preciosos requería más la atención del gobierno que preservar o aumentar la cantidad de cualquier otra mercancía útil que la libertad de comercio, sin tal atención, nunca no suministra en la cantidad adecuada”. Según el pensador escocés, el dólar es un bien más de la economía y es la oferta y la demanda del mercado la que determina su cantidad.

-¿No hay que preocuparse por el saldo de la balanza comercial?

-No realmente. Cuando un país tiene déficit comercial y “pierde dólares”, eso muestra que los ciudadanos en ese país tienen más dólares de los que demandan y que, por ello, deciden canjearlos por bienes y servicios en el mercado internacional. Concentrarse en el dinero que queda en México o en Estados Unidos es mirar un solo lado de la transacción. Del otro lado hay bienes y servicios y el comercio genera beneficios para ambas partes. En nuestros hogares, todos los años tenemos un déficit comercial con el supermercado. Le damos más dinero del que él nos da a nosotros. Sin embargo, a cambio de nuestro dinero recibimos los bienes que deseamos para vivir.

-¿Cómo está la Argentina con este tema?

-La Argentina tuvo un superávit comercial en 2016, pero con datos mixtos. Por el lado negativo, nuestras importaciones cayeron cerca de 7% anual, reflejando la recesión. Por el lado positivo, nuestras exportaciones avanzaron por primera vez en 5 años gracias al fin del cepo y las retenciones. Lo que verdaderamente importa para analizar una economía, en realidad, es el valor total del comercio. Es decir, la suma de las importaciones y exportaciones. En ese rubro, EE.UU. es el campeón mundial, ya que exporta e importa bienes y servicios por un valor total de US$ 5 billones. Le siguen China, Alemania, Inglaterra, Japón, Francia, Holanda, Hong Kong e Italia. O sea -salvo China- nada menos que las economías más desarrolladas y prósperas del mundo. Es una muestra más de que el comercio genera riqueza y que nosotros tenemos mucho camino por recorrer en este sentido.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Análisis de la guerrilla (2)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/analisis-de-la-guerrilla-2.HTML

 

Como hubiéramos dicho antes[1] la historia de la guerrilla demostró como la misma degeneró, de ser una fuerza defensiva irregular hasta transformarse en una fuerza ofensiva (manteniendo -no obstante- su carácter de irregular).

“Los guerrilleros abundaron en las acciones de independencia americana: así Martín Güemes en Argentina, José A. Páez en Venezuela, Manuel Rodríguez en Chile. Los hubo luego en Francia ocupada (“partisans”), en los países árabes, en Rusia, en China, en Vietnam. T. E. Lawrence, Mao y el “Che” Guevara las practicaron y también adoctrinaron sobre las mismas, siguiendo las huellas de Karl von Clausewitzí (On War, 3 ed., 1940), el primer teórico militar que dedicó atención a la estrategia guerrillera.”[2]

Este párrafo hace una mezcolanza que es importante aclarar. Las guerrillas de Mao y el “Che” Guevara no tuvieron que ver con la independencia americana, ya que lo que Mao y Guevara pretendían eran dar golpes de estado mediante acciones guerrilleras, que fue lo que también hizo Fidel Castro en Cuba con lamentable éxito. Mao dio el golpe en China, pero Guevara fracasó en sus intentos de golpes en países extranjeros. En este punto, es trascendental explicar que cualquier guerrilla se deslegitima cuando inicia el uso de la fuerza, lo que claramente no ha tenido que ver con países ocupados o invadidos. La historia de la guerrilla (hasta aquí reseñada) revela que hubo una degeneración de la misma, pasando de ser una fuerza defensiva (excusable) a ser otra ofensiva (inexcusable). Así, por ejemplo, la guerrilla argentina en el siglo XX tuvo dicho sesgo ideológico marxista-maoísta-guevarista y condición claramente ofensiva, no defensiva. Ha sido el caso, particularmente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), Montoneros (peronistas) y otras organizaciones similares a estas.

“En la actualidad, las guerrillas tienen un fuerte sustento ideológico, y tratan de arraigar en el pueblo, al que ofrecen alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios que tienden a popularizarlas. Su organización es severamente militar, sobre la base de células pequeñas que actúan como compartimientos estancos, sin conexión inmediata entre sí, para evitar delaciones o infidencias.”[3]

Es de destacar que el autor escribe su artículo en pleno auge de la guerrilla argentina, lo que puede ser un factor de importancia a la hora de observar la notable ambigüedad de su artículo. Aunque no aclara a cuáles guerrillas -en concreto- se está refiriendo en la cita, por lo que también resulta forzoso aclarar que -siempre en el caso argentino- no se dio el intento de la guerrilla de “arraigar en el pueblo” ofreciendo “alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios”. Por el contrario, la guerrilla argentina arremetió contra civiles y militares sin discriminación. En cambio, su organización fue –en efecto- severamente militar.

“Las armas de la guerrilla son, en principio, obtenidas de sus propios adversarios, a quienes procuran despojar. Asimismo, una guerrilla organizada siempre cuenta con posibilidades de fabricación “casera” de armamentos, explosivos y ropas, que a veces se montan en gran escala en campamentos o “santuarios”. Tales “santuarios”, que sirven para descanso, aprovisionamiento y organización, han sido, como en el caso de las fuerzas de Tito en Yugoeslavia, verdaderas catacumbas. La guerrilla, originariamente rural, se ha trasladado actualmente a las ciudades; y con frecuencia utiliza métodos sorpresivos, muy difíciles de prever, así como el sabotaje y el terror indiscriminado; y asaltos o secuestros para obtener dinero, que siempre necesita en cantidad.”[4]

En el caso de la guerrilla argentina de los años 70, se dieron todas estas combinaciones. Pero, además, es menester señalar que las organizaciones guerrilleras contaron con profusa provisión de armamento altamente sofisticado y de última generación proveniente de países extranjeros que promovían sistemáticamente la guerrilla a nivel internacional. Las fuentes de provisión de material bélico pesado procedían de la entonces existente URSS (en esa época poderosa potencia militar), Libia, al mando de Muammar El Kadafi, y -en nuestro propio continente- de Cuba con Fidel Castro a la cabeza, entre otros países de ideología afín, que adiestraban y alentaban el fenómeno guerrillero en el exterior. Montoneros, ERP, FAL, y otras facciones menores por el estilo, practicaron profusamente y con entusiasmo la metodología de secuestro, tortura y pedidos de sumas millonarias en concepto de rescate de sus víctimas.

“Existe además una permanente tendencia de los equipos guerrilleros a “regularizarse”, y algunos jefes árabes han recibido cierto “status” aún por parte de las Naciones Unidas. Las fuerzas antiguerrilleras, en cambio, pretenden siempre tratarlos como simples bandidos, que no deben recibir, pues no practican tampoco, ninguno de los beneficios de las leyes de guerra. Esa lucha es muy difícil, en parte porque cierto conservadorismo de la oficialidad regular, apegada a procedimientos tradicionales, dificulta la adopción de tácticas eficientes e imaginativas. Asimismo, porque la lucha antiguerrillera suele causar molestias a la población inocente, irritándola contra los elencos regulares (Peter Paret • John Shy, Guerrilla y contraguerrilla, Ed. J. Alvarez, B». As., 1964, que incluye La guerra de guerrillas de Ernesto Guevara).”[5]

Recordemos que el autor en examen escribe su artículo en épocas de auge guerrillero. Resulta de interés remarcar que aquel atribuye la dificultad de combatir la guerrilla al hecho de que la oficialidad regular se resiste a adoptar la misma sistemática que practicaban los guerrilleros. Se deja en claro, una vez más, que el combate contra la guerrilla se da en un estado de guerra.

“Las guerrillas han logrado éxitos importantes; sin embargo, adolecen de ciertas limitaciones. En primer lugar la constante necesidad de mantener la ofensiva, arriesgando a veces una derrota que las suprima o desprestigie; además, su carácter “secundario”, ya que normalmente sirven como elemento de apoyo, pero por sí solas son poco aptas para tomar el poder.”[6]

La guerrilla argentina estuvo a un punto de tomar el poder, pero no depusieron las armas voluntariamente. De alguna forma, la cita señala la inutilidad final de la guerrilla. Los guerrilleros expertos estaban bien conscientes de aquellas limitaciones, no obstante lo cual arremetieron cada vez con más saña. El rechazo de la población civil víctima de sus ataques y el apoyo explícito (o implícito) civil a las fuerzas armadas que contrarrestaron a los guerrilleros, fueron factores determinantes que evitaron la toma del poder por parte de estos últimos.

[1] Análisis de la guerrilla

[2] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz “Guerrilla” en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G

[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[5] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[6] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

LA ISLA-CÁRCEL CUBANA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo xix en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge iii y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

 

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

 

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el  Che”, en Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

 

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que encarceló y torturó sistemáticamente a opositores e impuso una sola voz en la prensa y el partido único, lo cual fue continuado por su hermano hasta el momento de escribir estas líneas. A pesar de la propaganda del régimen, en ningún caso resulta posible que en un sistema tiránico pueda hablarse seriamente de educación puesto que el adoctrinamiento es la condición necesaria, además de que los estudiantes están obligados a usar lápiz en sus cuadernos puesto que la próxima camada debe recurrir al mismo papel dada la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber  leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción.  Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró- dada su política de adoctrinamiento- que es lo que significa para su régimen la educación: “una revolución educacional bien profunda”(sic).

 

En una línea similar, debe explicitarse sobre la salud en ese país, tema tan bien detallado entre muchos otros por la neurocirujana cubana Hilda Molina que muestra las pocilgas de los hospitales y que solo se mantiene algún centro de salud para la vidriera al efecto de atender ciertos amigos del régimen.

 

Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar como deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta con 900 millones de dólares en su haber.

 

Como acabo de destacar en un pasaje en una de mis últimas columnas semanales, Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

 

Lo más fértil es prestar la debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

 

Es una vergüenza que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

 

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales.

 

A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo. Nada más atractivo y necesario que la desigualdad al efecto de incrementar la productividad y nada más desesperante y tedioso que el igualitarismo que hasta convierte la conversación en algo equivalente a comunicarse con el espejo.

 

Por otro lado, cuando se habla de riqueza se supone que es un proceso estático donde hay un bulto que hay que redistribuir en el contexto de la suma cero, sin entender que la creación de riqueza es un proceso dinámico.

 

La incomprensión de estos razonamientos está presente en el autoritarismo, o si se comprenden se rechazan de plano para que los autócratas puedan mantenerse en el poder…”el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En un principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas. Ahora, muerto el mayor artífice de la debacle cubana durante más de medio siglo, es de desear que los cubanos puedan zafar a la brevedad del régimen opresivo de las botas y reencauzarse hacia la libertad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

“NO ES CIERTO QUE EL LIBRE COMERCIO Y LA IMPORTACIÓN ATENTEN CONTRA EL EMPLEO”

Por Iván Carrino. Publicado el 26/11/16 en: http://www.planbnoticias.com.ar/pb/index.php/2016/11/26/ivan-carrino-no-es-cierto-que-el-libre-comercio-y-la-importacion-atenten-contra-el-empleo/

 

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Para el economista del massismo la apertura económica es necesaria en Argentina. Se mostró partidario de bajar el gasto público y predijo que la economía argentina crecerá en el 2017.

En conferencia de prensa, el economista del massismo, Iván Carrino evaluó la situación económica en general y trazó sus perspectivas para el 2017.

Invitado por el bloque Pueblo Nuevo, integrado por el concejal Torres de Santa Rosa y Mariano Sánchez de General Pico y acompañado por el secretario general de los Judiciales, Ceferino Riela, Carrino dialogó con Plan B y evaluó que la economía se recuperará en el 2017.

“Creo que habrá un rebote en el actividad. Hay que pensar que en el 2014 se vivió un proceso similar con caída de la industria y el consumo, del salario real y en el 2015, hubo una recuperación. Algo similar pasará en el 2017, con la salvedad en que tendrán efecto algunas medidas que ha tomado el gobierno nacional” precisó.

“Entre ellas, el fin de las retenciones. Es decir que habrá una menor carga tributaria. Además, la modificación en ganancias y la eliminación del cepo, más la eliminación de trabas para importar y exportar”, afirmó.

“Además, hay un Banco Central que está bajando la inflación. Son medidas tendientes al crecimiento económico, que permiten al sector privado respirar”, agregó.

“Con esto, tenés unas buenas perspectivas para la siembra en maíz y trigo. Está creciendo la venta de fertilizantes y el sector agrícola está respondiendo, porque las exportaciones están creciendo”, opinó y agregó que las exportaciones, medidas en dólares, frenaron su caída.

“Hoy Argentina tiene superávit comercial y eso permitirá que Argentina crezca por encima de un rebote. Mis expectativas para el 2017 son que habrá menos inflación y más crecimiento, con un tipo de cambio que estará bastante tranquilo, como este año”, dijo.

—¿Algunas de esas medidas no atentan contra el empleo nacional, como la importación?

—Ese es un largo e interesante debate. No es cierto que a priori el libre comercio y la importación atenten contra el empleo. Uno ve países que son muy abiertos al comercio internacional con cero aranceles y tienen un 4 o 5% de desempleo.

Para Carrino, el proceso de apertura que se inició en Argentina, implica un proceso de adaptación. “Va a haber empresas que tal vez no sean competitivas. El punto es ver si tu economía es capaz de reemplazar al sector que cierra con nuevos emprendimientos y procesos productivos”, dijo.

“Creo que Argentina tiene capacidad de hacer eso y también hay que ayudarla un poco bajando trabas y regulaciones. Hay que permitir que surja un nuevo sector o más producción que absorba al tipo que tenga que readaptarse”, dijo.

“Según un dato de la CAME, que no está de acuerdo con la importación, los consumidores en Argentina podríamos pagar hasta un 50 o 70% menos en productos textiles o electrónica. Es decir, que los consumidores, en lo que gastábamos 100 podríamos gastar 30. ¿Qué hacemos con esos 70 que nos ahorramos gracias a la importación? Lo podemos poner el en banco, emprender un negocio o consumir” explicó.

“Es decir que esas tres cosas son buenas para la economía y se desarrollen otros sectores. Si lo ponemos en el banco, baja la tasa de interés, favorecemos a quienes quieren producir y tomar crédito. Si consumimos, consumimos nuevas cosas y habrá que fabricarlas y si emprendemos, invertimos en nosotros, en una empresa y producimos más. Creo que la apertura es necesaria y no hay que tenerle miedo. Puede haber fricciones en el corto plazo y que hay que solucionar con menos trabas”, agregó.

—Triaca dijo que con estas políticas hay 127.000 desempleados, ¿qué se hace mientras se produce la adaptación al proceso que mencionás?

—Ese es el dato formal de empleo perdido. Mucha de esa caída está explicada en el sector de la construcción, que estaba en una burbuja tremenda por las elecciones y porque el gobierno anterior decidió gastar una fortuna en obra pública, para contratar gente y generar un ilusión de prosperidad.

Carrino dijo que eso se pagó con inflación y una emisión monetaria del Banco Central del 40%. “Pero hoy vimos que eso explotó y los precios se dispararon, en parte explicado por eso. En el mientras tanto, hay alguna medida amortiguadora, como los seguros de desempleos, pero lo importante no es quedarse en el corto plazo y pensar en una economía a largo plazo, que emplee gente, que produzca, que vengan los inversores y eso se cambia con bajos impuestos, desregulación económica y esa es la mejor respuesta que se le puede dar a la gente que se quedó sin trabajo”, agregó.

“La mejor respuesta para la pobreza es trabajo de calidad, inversiones y crecimiento económico. Países como India, China y Chile, lo hicieron con crecimiento económico y no hay otra respuesta”, afirmó el economista del massismo.

—Esto ocurrió en los 90…

—En los 90, el gobierno gastó por encima de sus posibilidades, se endeudó. Había un comercio más libre, pero con el fenómeno de la deuda, apareció el atraso cambiario. Entonces, Argentina era muy poco competitiva, producto de ese endeudamiento. Y entonces, muchas empresas del país no pudieron competir, ni generar sectores competitivos.

Para Carrino, lo que falló en los 90 es que no se pudo absorber a la gente que buscaba empleo. “A eso hay que añadirle que aumentó la gente que buscaba empleo, y eso se explica porque había mejores perspectivas. La gente estaba más confiada y pasó de la desmotivación a buscar empleo, eso lo cuenta Juan Carlos de Pablo, en un libro que se llama 200 años de Historia Argentina y es un dato a tener en cuenta. Es decir, más gente salió a buscar empleo y lo que estuvo mal es que no se pudo absorber esa búsqueda de empleo”, opinó.

—¿Cómo está la situación de la Deuda hoy?

—Hoy hay un gigantesco problema de déficit heredado y eso se paga o con inflación o con deuda. Hasta la gente se cansó de la inflación y votó otro gobierno. Y el gobierno piensa ajustar el gasto público, pero vamos a ir a una estrategia gradual. Y para que sea gradual, hay que bajar el gasto público con deuda. Este año, tomó deuda por 40.000 millones entre pesos y dólares. Muchos de esos, fueron para pagar a los fondos buitres, unos 15.000 y tenés unos 25.0000 de nueva deuda. El año que viene se seguirá colocando deuda y es una preocupación.

Carrino agregó: “yo preferiría que se redujera el déficit de una manera más rápida y que el gobierno realmente redujera el gasto pública y esa es la solución al déficit y a la deuda. Si vos me decís que su idea es hacerlo en cuatro años, no me parece mal. Pero si porque se endeudan empiezan a patear el verdadero problema que es el gasto en la Argentina, eso sería una lástima.

—¿Por ser el año que viene electoral, no quieren tomar medidas como esa?

—Es muy probable, porque las elecciones condicionan a los políticos. Esperamos que no sea el caso, pero es muy probable. Si ves las propuestas de gastos del gobierno, no son de una reducción, por lo menos en el Presupuesto del 2017 va a aumentar el gasto en términos reales y eso es una mala idea. No me parece una solución a nuestros problemas reales y uno de los puntos flojos de este programa económico.

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Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.