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Venezuela votó por “más de lo mismo”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2139534-venezuela-voto-por-mas-de-lo-mismo

 

Los venezolanos acaban de concurrir a las urnas en lo que parece haber sido una elección presidencial fraudulenta más. En la que -como suele suceder- se proscribió a algunos de los principales partidos opositores y encarceló a sus principales dirigentes.

Nicolás Maduro (rodeado de caras amenazadoras por parte de quienes vestían altos uniformes militares) fue inmediatamente declarado ganador. Sin perder un minuto de tiempo. Por ello se apresta a continuar gobernando a Venezuela por un nuevo período presidencial de seis años.

Su reelección ha sido -sin embargo- rechazada por prácticamente todos sus vecinos de la región: por Brasil, Colombia, Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Guyana y Santa Lucía.

Para nuestra región, Venezuela es ya una segunda Cuba, cuyos funcionarios, desvergonzadamente enquistados en el gobierno venezolano, han estructurado -con la estrecha cooperación de sus pares venezolanos-, un mecanismo perverso para que Cuba pueda recibir, “colgada” del mismo, buena parte de las divisas generadas por las exportaciones venezolanas de petróleo crudo. Por largo rato, cabe recordar, Cuba vivió “colgada” de la Unión Soviética. Hoy vive ordeñando a Venezuela. La noción de “no intromisión” ha sido pisoteada y desnaturalizada, a la vista de todos.

Las abstenciones de quienes tenían efectivamente derecho a sufragar en las elecciones venezolanas superaron largamente al número de quienes concurrieron a las urnas. Como se esperaba, ciertamente. El número de votantes, en una elección a la que una significativa parte del pueblo venezolano le diera la espalda, fue el más bajo desde la década del ’50. Menos de la mitad (tan sólo un 46%) de quienes estaban en condiciones de votar se acercaron a las urnas para hacerlo. Muchos de ellos por abstención voluntaria, a la manera de rechazo a Nicolás Maduro. Otros, por su estado de desilusión, convencidos de que votar no hubiera cambiado nada.

Venezuela continuará sufriendo. Su economía es hoy la mitad de lo que fuera en el 2013. Y, cada día, unos 5000 venezolanos dejan atrás a su patria y se exilian, en un éxodo que es tan conmovedor, como inocultable. Casi todos huyen hartos de la creciente escasez de alimentos y medicamentos que ha hecho ya imposible vivir en la normalidad. Y de la enloquecedora hiperinflación, que se estima llegará al 13.000% a fines del año en curso. Así como de los salarios mínimos de miseria, que hoy son del orden de los 2,5 dólares mensuales. A todo lo que se suma un nivel de inseguridad personal aterrador, que se ha vuelto realmente desesperante. Colombia y Brasil los están recibiendo en números crecientes, que ya preocupan a sus respectivas autoridades.

El país del caribe, que tiene las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, ha visto caer su producción diaria de crudo de unos 2,4 millones de barriles, apenas cinco años atrás, a un millón cuatrocientos mil barriles, en la actualidad. Y el flujo continúa cayendo por obra conjunta de las sanciones económicas externas y del claro “des-manejo” que inunda la incompetente gestión de las autoridades locales, todo lo cual debe ser sumado a la cada vez más extendida corrupción, que ha infectado también a las exportaciones de petróleo y gas natural. El resultado de lo antedicho es una situación social intolerable, en la que sobrevivir no está garantizado a nadie.

Para hacer las cosas más graves, los Estados Unidos han aumentado las sanciones económicas que habían ya sido impuestas a Venezuela. Ahora serán sancionados todos quienes negocien o intermedien en títulos de la deuda venezolana y en créditos de cualquier tipo de ese país o de su enorme empresa petrolera estatal, PDVSA, cuyos activos están siendo embargados por quienes tienen derecho a hacerlo, incluyendo los contractuales, que han sido repudiados, ignorados o desconocidos por Venezuela.

Hasta la importación de los diluyentes necesarios para exportar el crudo pesado que produce Venezuela está comenzando a estar afectada. En lo que va del año el volumen de ventas de crudo venezolano ha caído ya un 23%.

A todo lo que se agrega la cada vez más difícil atención del servicio y repago una deuda externa del orden de los seis billones de dólares, cuyo cumplimiento se ha transformado en un signo de interrogación.

En ese ambiente caótico, Nicolás Maduro recibió (con fraude y todo) un millón y medio de voto menos que en el 2013, cuando fuera elegido por primera vez presidente de su país. Y eso que ató perversamente la obtención y el mantenimiento de los carnets que permiten acceder a las raciones de comida y a la prestación de varios servicios públicos a la comprobación de haber efectivamente votado a favor del gobierno.

Venezuela se apresta a vivir “más de lo mismo”, esto es a seguir viviendo encerrada entre el miedo y la desesperación. Su tragedia no parece estar cerca de un final que, de pronto, pueda cambiar el deplorable estado actual de las cosas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

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LA XENOFOBIA ENFERMIZA DE TRUMP

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El otrora baluarte del mundo libre está en manos de un xenófobo que contradice todos los valores en su momento estipulados por los Padres Fundadores de esa nación que ha mantenido durante un largo período esos principios de apertura y respeto para con el extranjero. Ahora este megalómano coincide con esperpentos conocidos en otras latitudes como el “vivir con lo nuestro” y otras sandeces de tenor equivalente.

 

La xenofobia no es solo con respecto a la inmigración y sus declaraciones racistas, Trump agrede comercialmente a Europa, a México, Canadá y China con la pretensión de encerrarse dentro de sus fronteras lo cual es similar a que se establezcan aduanas interiores en cada barrio para “defenderse de la invasión” de productos más baratos y mejores de otros pueblos, un lenguaje militar del todo inapropiado como si se tratara de ejércitos de ocupación. Con estas actitudes se hace muy difícil la convivencia civilizada.

 

En el contexto xenófobo que impone Trump, nada se gana con reducir impuestos si a la vez se incrementa sideralmente el gasto público. Poco se gana con desregular algunas áreas si simultáneamente se arremete contra el Poder Judicial y el periodismo. Es típico de mente conservadora siempre comparar la situación con gestiones peores de otros mandatarios, lo cual es lo contrario de la actitud de las izquierdas que siempre reclaman más desde sus puntos de vista autoritarios por eso es que son éstos los que corren el eje del debate y marcan la agenda.

 

La “guerra comercial” iniciada por el actual morador de la Casa Blanca con su peculiar estilo capilar y bravuconadas varias debe poner en alerta a quienes forman parte de los países agredidos por la suba de aranceles a sus productos en el mercado estadounidense. Lo digo en el sentido de tener muy en cuenta que la denominada “reciprocidad” en esa trifulca no es tal. Si el país A impone aranceles a los productos que proceden del país B, este último haría muy mal en agregar también tarifas para los bienes que entran del primer país puesto que de ese modo estará perjudicando doblemente a sus ciudadanos: la primera vez por la contracción en las ventas al país A y la segunda por obligar a sus habitantes a comprar más caro de ese mismo país… vaya reciprocidad.

 

Otra vez se repite la situación ya anticipada por Adam Smith en el siglo xviii en cuanto al peligro de empresarios metidos en la política. Un empresario eficiente es aquel  que revela un talento especial para descubrir cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y saca partida del arbitraje correspondiente, lo cual para nada significa que  conozca un ápice de los fundamentos éticos, jurídicos y económicos de una sociedad abierta.

 

No parece haber otra salida que reiterar lo dicho anteriormente sobre el tema arancelario. Parece increíble que a estas alturas del siglo xxi seguimos debatiendo si hay que imponer trabas o no al comercio entre países. Todavía se siguen empleando los argumentos más retrógrados, primitivos y cavernarios del mercantilismo que comenzaron a esgrimirse en el siglo xvi al efecto de bloquear transacciones de bienes y servicios a través de las fronteras, como si éstas fueran delimitaciones mágicas que modifican todos los principios de sensatez y cordura.

 

La base central para derribar las trabas al comercio exterior es que permite el ingreso de mercancías más baratas, de mejor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Es idéntico al fenómeno de incrementos en la productividad: hace menos onerosa las erogaciones por unidad de producto con lo que se liberan recursos humanos y materiales para poder dedicarlos a otros menesteres, lo cual, a su turno, significa estirar la lista de bienes y servicios disponibles que quiere decir mejorar el nivel de vida de los habitantes del país receptor.

 

Esto mismo es lo que sucedió cada vez que se inventó un procedimiento para mejorar la productividad con lo que, como queda dicho, se liberan recursos humanos y materiales para otros emprendimientos al efecto de satisfacer otras necesidades para lo que el empresario está atento en cuanto a capacitaciones y así lograr sus objetivos de aumentar ganancias. Ese es el progreso. Todo aprovechamiento de los siempre escasos recursos se traduce en aumento de salarios e ingresos en términos reales puesto que ello es consecuencia de las tasas de capitalización.

 

Si se comienza a preguntar cuales cosas se podrían fabricar como si estuviéramos en Jauja y todos estuvieran satisfechos, quiere decir que no hemos entendido nada de nada sobre economía. Reiteramos, en verdad la cuestión arancelaria no es diferente de los efectos que tendrían lugar si se impusieran aduanas interiores en un país o si un productor de cierto bien en el norte descubre un nuevo procedimiento para producirlo y consecuentemente lo puede vender más barato y mejor, pero en el sur lo bloquean debido a que los de la zona lo fabrican más caro y de peor calidad.

 

Este es el mensaje de los funcionarios de las aduanas de todas partes: “no vaya usted a traer algo mejor y de menor precio porque perjudicará gravemente a sus congéneres”. En un sentido contrario, este es el significado de los duty free que tanto fascinan a todo el mundo los cuales dejarían de existir si no se interpusieran los aranceles y tampoco viajarían pasajeros con medio mundo a cuestas en proporción a lo cerrado al comercio que sean sus países de origen puesto allí que podrían adquirir lo que necesitan en lugar de acarrear pesadas maletas y esconder productos en los lugares más increíbles del cuerpo para no ser detectados por los antedichos burócratas (por supuesto que los que imponen semejantes legislaciones ingresan mercaderías con pasaportes diplomáticos y otras prebendas).

 

A juzgar por los voluminosos “tratados de libre comercio” aún no se comprendió que la abolición de aranceles permite ajustar la relación exportación/importación a través del tipo de cambio libre. Al exportar ingresan divisas que se deprecian en relación a la moneda local, lo cual estimula las importaciones que, a su vez, aprecian la divisa extranjera debido a la salida de las mismas, lo cual frena las importaciones y estimula las exportaciones y así sucesivamente. Todo arancel a las importaciones afecta las exportaciones puesto que disminuye las demandas de divisas que es precisamente lo que incentiva las exportaciones y viceversa.

 

Sin duda que si los gobiernos introducen alquimias monetarias, manipulaciones del tipo de cambio, endeudamientos estatales que hacen las veces de entrada de capitales y se impone dispersión arancelaria se crea un embrollo que perjudica a las partes en las transacciones comerciales y, especialmente, a los consumidores. Este es especialmente el caso del endeudamiento: entran divisas del exterior que no son fruto de las exportaciones por lo que se deprecia el tipo de cambio, lo cual, a su turno,  incentiva artificialmente las importaciones que, a su vez, generan desbalances artificiales.

 

El francés decimonónico Frédéric Bastiat tiene infinidad de escritos en los que se burla del llamado “proteccionismo” que en verdad desprotege a los consumidores y le da cobertura a empresarios ineficientes que viven a costa de los demás. En este contexto, en su época sugería se obligue a tapiar todas las ventanas de las casas al efecto de proteger a los fabricantes de candelas de la “competencia desleal del sol”.

 

En aquellos tiempos del siglo xvi Montaigne escribió sobre el comercio de modo tal que luego lo dicho se conoció como “el dogma Montaigne” que consistía en la peregrina idea de que en toda transacción la parte que hace entrega de dinero pierde mientas que quien la recibe gana, situación que modernamente se denomina “suma cero” en el contexto de la teoría de los juegos. Pues bien, la miopía de Montaigne y sus seguidores no les permite ver que en toda transacción ambas partes ganan: el que entrega dinero es porque aprecia más el bien o servicio recibido que la suma que entrega a cambio, de lo contrario no hubiera realizado la operación. De aquella falacia deriva la noción la balanza comercial favorable si se exporta más de lo que se importa y la supuesta ventaja de acumular dinero.

 

En realidad lo ideal para un país sería solamente importar sin exportar nada, es decir arrasar con los bienes y servicios del mundo sin tener que llevar a cabo exportación alguna. Es lo mismo que sucede con cada uno de nosotros: es difícil de imaginar una situación más grata que la de comprar y comprar de todo sin necesidad de vender nada. Lamentablemente nos vemos obligados a vender bienes o servicios para poder adquirir lo que necesitamos, lo mismo ocurre con un conjunto de personas que viven en un país las cuales deben vender al extranjero para poder comprarles o, de lo contrario, deben ingresar capitales al país para poder financiar dichas adquisiciones. Por estas falacias es que Jacques Rueff en The Balance of Payments aconseja que los gobiernos no lleven las estadísticas del comercio exterior ya que constituyen una tentación para intervenir en el mercado que es cuando se suceden los desajustes mencionados.

 

Es paradójico que se hayan destinado años de investigación para reducir costos de transporte y llegados los bienes a la adunada se anulan esos tremendos esfuerzos a través de la imposición de aranceles, tarifas y cuotas. Kenneth Boulding en su clásico Análisis Económico concluye que “Así pues, un defensor razonable de los aranceles debe demostrar su lógica dispuesto a defender el retorno a los tiempos del caballo y la diligencia”.

 

En general los defensores de los aranceles son empresarios prebendarios con el apoyo logístico de intelectuales partidarios de esa contradicción en términos denominada “economía cerrada” (como lo es un círculo cuadrado), pero si se compara con los millones de consumidores perjudicados comprobamos lo que puede hacer una minoría decidida.

 

Vilfredo Pareto escribió que “el privilegio, incluso si debe costar 100 a la masa y no producir más que 50 a los privilegiados, perdiéndose el resto en falsos costes, será en general bien aceptado, puesto que la masa no comprende que está siendo despojada, mientras que los privilegiados se dan perfecta cuenta de las ventajas de las que gozan”.

 

Hay un dèjá vu en todo este pataleo estadounidense. Del mismo modo que ocurre con las personas, un grupo de ellas conocida como una nación tiene todo que ganar al abrirse al comercio, en este sentido resulta del todo irrelevante si las otras personas y países deciden hacer las del troglodita.

 

A este cuadro de situación se agregan las crisis en España y en Italia (ahora con Sánchez y Conte a la cabeza) para no decir nada de las lamentables economías de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia a las que se acoplan las ya destrozadas de Irán y Corea del Norte. Tal vez los signos más alentadores en América latina estén representados por Chile y por las perspectivas electorales en Colombia que afortunadamente van en dirección opuesta a los nubarrones electorales que se avecinan en México (es de esperar que Brasil y Argentina encuentren rumbos adecuados).

 

En resumen, respecto al tema arancelario, tal como señala Milton Friedman “La libertad de comercio, tanto dentro como fuera de las fronteras, es la mejor manera de que los países pobres puedan promover el bienestar de sus ciudadanos […] Hoy, como siempre, hay mucho apoyo para establecer tarifas denominadas eufemísticamente proteccionistas, una buena etiqueta para una mala causa”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

GAYS, TRANS, LESBIANS, FEMINISTAS RADICALES: CUÁL ES EL PROBLEMA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/5/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/05/gays-trans-lesbians-feministas.html

 

Soy –como creo que ya todos saben- un liberal clásico iusnaturalista. Como tal, siempre he defendido la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad religiosa, de enseñanza, la libertad de asociación, la propiedad y el derecho a la intimidad de todos los individuos, sea cual fuere su raza, religión, nacionalidad u orientación sexual.

Por lo tanto, si alguien quiere vivir como gay, transexual, lesbiana, tiene el derecho a la intimidad para ello y por ende todo mi respeto a su libertad individual.

Y si alguien quiere opinar y decir que todo ello es bueno moralmente, tiene su derecho a la libertad de expresión, derecho que yo siempre le defenderé.

Yo puedo opinar, de igual modo, que “en sí mismas” tales conductas son contrarias a mi visión del derecho natural, al mismo tiempo que no juzgo la conciencia de nadie ni impido su libertad individual, de acuerdo a su derecho a la intimidad y el ejercicio del art. 19 de la Constitución (me refiero a la Argentina de 1853).

A su vez, cualquiera de ellos podría debatir conmigo libremente sobre el asunto, con todo respeto de ambas partes, sin que nadie se sienta ofendido, discriminado u odiado.

ESO es una sociedad libre, esto es, eso era el proyecto original del liberalismo clásico.

Pero eso se perdió.

Y ESE es el problema.

Esto es, el problema NO es que alguien quiera ser gay, trans, lo que fuere, vivir conforme a ello u opinar conforme a ello. Tiene todas las libertades individuales para ello, y quien piense diferente, también.

O sea, ese no es el problema político.

EL problema es que quienes así piensan pretenden que los que pensamos diferente no tengamos la libertad de pensar diferente, y por ello han comenzado, y están triunfando, una encarnizada lucha para encarcelarnos, bajo pretendidos delitos de discriminación, odio, racismo, etc.

Para mayores aclaraciones –que serán inútiles para quien no quiera escuchar en paz- hay que decir que si tiempo atrás era al revés –que lo fue- NO me pueden reclamar eso a mí ni a nadie que sea liberal clásico. No están hablando con un fascista, un comunista soviético o un miembro de Ku Kluk Klan. Están hablando con un liberal clásico que siempre ha defendido las libertades de todos desde que comenzó a leer a Mises en 1974.

Volvamos entonces al problema.

Es verdad que en un estado liberal clásico, los organismos públicos deben contratar a las personas sin otra condición que su idoneidad y que lo contrario sería un delito de discriminación (caso A).

Es verdad que una organización privada, si quiere despedir a alguien, por su condición sexual o racial, alegando NO idoneidad, miente y comete delito de discriminación (como el famoso caso imaginario de la película Philadelphia).

Pero las organizaciones privadas tienen derecho a tener sus propios estatutos. Puede ser que esos estatutos estén moralmente mal, pero tienen derecho legal a tenerlos siempre que no atenten contra derechos de terceros. Podrán quedar muy mal pero en el futuro reivindicados, o muy bien y en el fututo ridiculizados, pero así es una sociedad libre. Por ende tienen derecho a no contratar.

A su vez, toda persona tiene el derecho de decir lo que le parece sobre la homosexualidad y etc. siempre que no impida coactivamente a otro ejercer el mismo derecho. No es discriminar porque no está incurriendo en el caso A. Si está odiando o no, ello no es punible judicialmente. Si está incurriendo en algún “delito a través de la prensa” (calumnias) ello debería dictaminare posteriormente en los tribunales.

Pero entonces, ¿cuál es el problema filosófico?

Que feministas radicales, lobby LGTB, indigenistas, etc., no admiten de ningún modo esta libertad individual. Y no la admiten porque han re-convertido su posición en una nueva teoría marxista de la lucha de clases.

El pacto político básico de las libertades individuales se rompe cuando alguien atribuye a un colectivo que no existe (la clase, los blancos, los negros, los homo, los hetero, etc) la estructura explotador-explotado, ante la cual el explotado tiene derecho a la resistencia violenta.

Por ende, las feministas han construido el colectivo del hetero-patriarcado explotador; los gays, lesbianas y trans, el del heterosexual explotador; los indigenistas, el de los blancos-europeos, y así sucesivamente.

Y todo ello a su vez afirmando que esos nuevos colectivos explotadores son la nueva expresión de la clase explotada, bajo el capitalismo liberal, del cual esas libertades individuales, que hemos defendido, no son más que su super-estructura de discurso explotador.

Por supuesto, todo ello es falso porque la teoría de la explotación de Marx es falsa y porque su colectivismo ontológico hegeliano es radicalmente falso. Por eso quienes hayan entendido a Mises, Hayek y Popper jamás pueden caer jamás en la creencia de que dichos colectivos existen. Pero claro, he nombrado a los más malos de los malos, a los cuales me agrego por haber afirmado, además, que ese individualismo metodológico tiene su mejor fundamento en la ontología de Santo Tomás de Aquino.

Mientras tanto, las consecuencias políticas ya son gravísimas. El pacto político originario de la Declaración de Independencia de los EEUU se ha quebrado. Ahora estos grupos han obtenido sus legislaciones, y ante ellas sólo serás físicamente libre mientras no te caiga una denuncia por discriminación, discurso de odio, homofobia, etc. Y si te niegas a usar los pronombres plurales, como Jordan Peterson, terminarás como él, sospechado de ser un criminal ante el Congreso de Canadá, o peor, directamente encarcelado en las nuevas sociedades “igualitarias” que hemos logrado, donde nadie odia a nadie, claro…

Liberales clásicos, atención, hemos perdido la batalla cultural. El Estado de Derecho se ha convertido en una farsa y sólo quedan valientes actos de re-sistencia. En EEUU, Rusia, China y Europa queda algo de libertad económica –muy poca- pero se acabaron los derechos individuales. La diferencia es que en EEUU se puede intentar “volver” aún –con gran heroísmo- a lo fue fueron. Otros lugares no lo fueron nunca.

 

La libertad ya no existe, sólo resiste.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Estados Unidos ya no está solo en el centro del escenario internacional

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 14/11/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2087019-estados-unidos-ya-no-esta-solo-en-el-centro-del-escenario-internacional

 

El presidente norteamericano, Donald Trump, acaba de completar una extensa gira por Asia en busca del apoyo necesario para transformar a la península de Corea en una zona libre de armas nucleares. No obstante, las posibilidades inmediatas de alcanzar ese objetivo parecen remotas. ¿Por qué? Ocurre que la influencia norteamericana en el mundo ya no es lo que fuera. Estados Unidos no está solo en el centro del escenario, sino acompañado por China y Rusia.

Si Donald Trump no encuentra apoyo para su objetivo, la confrontación entre los Estados Unidos y Corea del Norte continuará y seguirá siendo una pulseada entre David y Goliat, en la que un Goliat que luce desconcertado no encuentra la forma de ganarla.

Los grandes objetivos de política exterior norteamericanos, más allá del caso de Corea del Norte, no están siendo acompañados por la comunidad internacional. El mejor ejemplo es quizás el de Siria donde, en tiempos del presidente Barack Obama,Estados Unidos definió que el régimen del Clan Assad debía dejar el poder si utilizaba armas químicas contra su pueblo. Lo hizo reiteradamente y, a pesar de ello continúa fortaleciéndose en función del intenso apoyo militar y diplomático que recibe de Irán y Rusia. A lo que cabe agregar que fue el propio Congreso de los Estados Unidos el que -en los hechos- negara al presidente Obama la posibilidad de actuar militarmente luego del horrible crimen cometido por las autoridades sirias.

Por muchos años Estados Unidos siguió el consejo del presidente Teodoro Roosevelt, esto es el de “hablar suavemente”, pero con un amenazante “palo grande” en la mano. Y lo hicieron funcionar. Hoy el presidente Trump habla con dureza, pero pocos creen en su capacidad real de poder presionar para imponer sus criterios.

A la evidente pérdida general de influencia en el escenario internacional, Estados Unidos agrega otra dura realidad: está empantanado en Irak y Afganistán. También, aunque en alguna menor medida, en la propia Siria. Esos conflictos, dos de los cuales se arrastran desde hace 15 años, han costado miles de vidas y trillones de dólares al pueblo norteamericano.

La presencia de Donald Trump en el mundo de hoy está lejos de ser la que en su momento tuvieran presidentes como Eisenhower, Reagan o los dos Bush. Esta es la nueva realidad, más allá de la retórica.

Mientras tanto, Rusia ha asumido una política desafiante y hasta belicosa, instalada -ella también- en el centro del escenario internacional.

China -por su parte- anuncia que ya está compartiendo el liderazgo internacional con los Estados Unidos y agrega que, en tres décadas más, seguirá haciéndolo, aunque sola.

Corea del Norte probablemente será, pronto, una potencia nuclear más, con todo lo que esto significa para un país con un liderazgo megalómano y poco confiable.

En paralelo, Occidente tampoco es lo que era. Europa está dividida y debilitada, mirando más bien a su propio ombligo, enfrascada en conflictos estériles, como el provocado desde Cataluña. Quizás por esto Turquía ya no ambiciona acercarse íntimamente a la Vieja Europa, como si de pronto el altivo espíritu otomano estuviera de regreso, apuntando a su propia región.

Frente a este panorama, Estados Unidos parece estar cada vez más alejados del complejo contexto que los rodea. Y éste no es ciertamente un cambio menor. Es una señal de que su influencia está debilitándose.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El mercado, el peor “enemigo” de los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 2/10/17 en: https://www.eldiarioexterior.com/default.asp?v=normal

 

Desde su llegada al poder en 2012, el presidente chino, Xi Jinping ha promovido la noción de “soberanía de Internet”, por la que Beijing puede dictar a sus ciudadanos lo que no pueden ver y publicar en la red.

 

“No queremos escuelas funcionales a las necesidades del mercado”, rezaba la pancarta de una estudiante izquierdista durante una manifestación en Buenos Aires. Pobre chica, la han engañado al punto de llevar ese cartel que, realmente, dice “no queremos escuelas funcionales a mí, a mi familia y a mis amigos”.

Los políticos le han hecho creer que el mercado son empresarios que manejan la economía pensando en sus ganancias, porque de este modo pueden justificar la necesidad de que los gobiernos (ellos) intervengan en la economía y hagan grandes negocios, corrupción de por medio. Irónicamente, muchos ricos suelen apoyar esta idea, porque necesitan de los políticos para armar negocios suculentos, como cuando piden controles aduaneros que impiden la competencia del exterior.

Así, estos empresarios hacen enormes ganancias empobreciendo a las personas comunes (el mercado real), lo que retroalimenta la idea de que “el mercado” es solo un abuso de los ricos, cuando es todo lo contrario: es la persona común que se relaciona pacíficamente con otras en pos del beneficio económico de ambos.

El corolario es que no existe, por un lado, la libertad económica y, por el otro, la libertad política o física. No existe distintas libertades, existe solo una indivisible salvo en la mente de los políticos que quieren justificar cuando coartan la libertad en su propio beneficio. Quizás, el caso más sintomático sea el de China, que libera al mercado -a las personas- parcialmente pero no termina de desembarazarse del comunismo y sigue coartando la libertad en buena medida, con lo que deja de crecer todo lo que podría.

Desde su llegada al poder en 2012, el presidente chino, Xi Jinping ha promovido la noción de “soberanía de Internet”, por la que Beijing puede dictar a sus ciudadanos lo que no pueden ver y publicar en la red. Está prohibida Instagram, Snapchat y Twitter porque el gobierno estaba nervioso por el papel que jugaron en la Primavera Árabe y la Revolución Verde de 2009 en Irán. Gmail -y Youtube- es uno de los muchos servicios de Google que está restringido por los reguladores chinos, salvo en Hong Kong que mantiene un mayor grado de libertad lo que redunda en un mayor desarrollo económico.

La censura china llega a la ridiculez de bloquear transferencias de dinero con números que coinciden con fechas sensibles, como la represión contra los manifestantes de la Plaza Tiananmen el 4 de junio de 1989. Lo que viene a demostrar que no existe realmente una línea divisoria entre libertad económica, política, física o de difusión de ideas. Críticas sobre derechos humanos, Tíbet o el Partido Comunista están prohibidas. Por cierto, y quizás esta sea la clave de todo, se prohíbe informar sobre la riqueza de los funcionarios chinos.

Periodistas extranjeros, diplomáticos o activistas locales encuentran en la aplicación Whatsapp uno de los pocos reductos en los que escapar de la férrea censura china. Sin embargo, desde hace pocos días, los usuarios han visto cómo incluso este servicio de mensajería se bloquea y tiene numerosos problemas. Es un momento muy sensible ya que el próximo 18 de octubre, Pekín acogerá el XIX Congreso del Partido Comunista, que se celebra cada cinco años y en el que se da por hecho que Xi Jinping renovará su cargo como presidente, aunque existe incertidumbre sobre quienes lo acompañarán en el Comité Permanente del Politburó, el órgano de mayor rango del partido.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El bitcoin vuela gracias al Estado

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 14/8/17 en: http://www.eldiarioexterior.com/el-bitcoin-vuela-gracias-al-49320.htm

 

En el 2011, cuando se discutía en todo el mundo cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios publicaron mi columna ‘Crisis global, América Latina y bitcoines’, en la que sugería audazmente tener en cuenta el bitcoin. Luego, en el 2013, en otra columna, ‘¿Invertir en bitcoines?’, decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 por ciento, ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero entonces no compré ninguna, y al publicarse la segunda nota, llegaba a 1.200. Hoy supera los US$ 2.400, de modo que todo el universo del bitcóin, unos 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40.000 millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente había expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos ‒la física‒ se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por ejemplo, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye, y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca ‒extraña al desarrollo natural del cosmos‒ que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso, cuando el Estado ‒en cuanto monopolio de la violencia‒ interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas ‒violentas‒ sobre el mercado.

Por esto, las monedas ‘privadas’ tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –impuestos de manera coactiva, de curso forzoso‒ van cayendo. De esta manera, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcóin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna autoridad monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90 por ciento de las transacciones con bitcoines se realizaban en China, pero desde que el Gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la Ocde o los enmarcados en el Fatca (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoines pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de ‘mixing services’. La OCDE estima que para el 2020, el 66 por ciento del trabajo será informal (hoy es del 50 por ciento), lo que implica un submundo potencial para el bitcóin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente, la cotización del bitcóin ha sido inestable porque, si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda, lo cual, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Tiene muchísima agilidad, pero, de momento, pocas transacciones, pues el cálculo no es fácil dada su volatilidad, y su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas; además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas, las cuales pueden ser electrónicas o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Hong Kong, inquieta por su futuro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2o/7/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2045353-hong-kong-inquieta-por-su-futuro

 

El tiempo vuela. Se acaban de cumplir veinte años desde que los británicos devolvieran a China la jurisdicción sobre la ciudad de Hong Kong, asegurándose que las libertades de sus habitantes habrían de ser respetadas al menos por medio siglo, esto es hasta el 2047, por el autoritario gobierno chino a través de la adopción del criterio “un país, dos sistemas”.

Pese a ello, los habitantes de la ciudad oriental quedaron llenos de ansiedad, porque lo cierto es que nadie les garantiza específicamente su futuro en libertad. Esto es la posibilidad de continuar viviendo en el amplio ambiente de libertades individuales en que estuvieron por décadas, mientras fueron colonia británica. La ciudad que es y ha sido un verdadero punto de encuentro entre Oriente y Occidente empezaba entonces a transitar una nueva etapa, imprevisible.

Lo cierto es que, en estas dos décadas transcurridas, las diferencias entre los movimientos democráticos de Hong Kong y las autoridades de Beijing han sido constantes y que muchos de los temas discutidos en conjunto no han sido resueltos. Lo que es descorazonante.

Prueba de ello son: los retrasos en los programas de construcción de viviendas que presionan sobre los astronómicos precios de los alquileres y de la propiedad inmueble (una cochera puede, de pronto, costar más de medio millón de dólares norteamericanos); el desorden y hasta el desconcierto existente en el sistema educativo local; y la demora en la construcción de los trenes de alta velocidad, moneda corriente en China, desde que están por todas partes.

Por esto la marcha hacia el futuro de Hong Kong está, de hecho, relativamente paralizada y existe un ambiente de cierto desánimo en muchos de sus siete millones y medio de habitantes que comienza a hacerse evidente. Porque deben convivir con dos modelos o sistemas que no sólo son diferentes, sino que, en muchos casos, son incompatibles.

Por esa situación, algunos proyectos urbanos importantes están demorados. El más emblemático es el del llamado “distrito cultural”, para algunos una suerte de Lincoln Center local, cuyo financiamiento completo todavía no está del todo asegurado.

Más grave aún es el constante intervenir de las autoridades centrales chinas en los temas “domésticos” de Hong Kong. Sin disposición a escuchar. Con ribetes intranquilizantes, como son las desapariciones repentinas de algún notorio empresario local y hasta de algunos dueños de conocidas librerías.

Todavía los residentes de Hong Kong no han podido concretar su gran sueño, el que supone obtener la posibilidad de elegir por votación directa a sus máximas autoridades. Los británicos jamás lo permitieron. Los chinos hasta ahora, tampoco.

Las protestas callejeras que paralizaran a la inquieta ciudad oriental a fines del año 2014 reclamando específicamente ese derecho pertenecen a la historia. Nada ha cambiado. Ni hay señales de que las cosas en este tema puedan alterarse.

Por el momento, la mayoría de los legisladores locales son designados “a dedo” desde Beijing. La promesa formulada hace ya diez años, en el sentido de que en el 2017 podría admitirse el sufragio directo para elegir a las máximas autoridades locales permanece incumplida. En una suerte de parálisis política que, de extenderse, podría hasta demorar proyectos de los que el crecimiento ordenado de Hong Kong depende.

Pero Hong Kong no es Macao, ciudad que fuera una antigua y refinada colonia portuguesa, donde el juego es el monarca absoluto y en la que la sumisión al gobierno central de China es total. En Hong Kong, la libertad política nunca fue absoluta. Ha estado cercenada, pero existe y es evidente.

Para peor, en los últimos años, la corrupción parece haber permeado a la administración local y las investigaciones judiciales iniciadas por esa triste razón se están multiplicando.

La juventud de Hong Kong -como es de suponer- es mayoritariamente anti-comunista. Perfil que es notorio y que, además, parece estar creciendo y afirmándose. La revolución de las comunicaciones lo alimenta constantemente.

Los empresarios locales enfrentan asimismo una inesperada competencia. Desde que China asumiera la soberanía respecto de la ciudad de Hong Kong, más de un millón de chinos se mudaron desde el interior de su país a Hong Kong. La mayoría son gente de grandes recursos que ahora compiten con la tradicional clase de negocios local. Con mejores contactos en Beijing, sin embargo. O sea, con ventaja. Entre ellos está Jack Ma, el super millonario chino, creador de Alibaba, que tiene una mansión en uno de sus barrios prominentes.

En otro tema, también complejo, las empresas prefieren ahora emplear a personas de fuera de Hong Kong. Ocurre que en Hong Kong predomina el cantonés y que China, en cambio, habla muy mayoritariamente el mandarín. Todo un tema para quienes quieren operar comercialmente en el enorme mercado chino. Con la consiguiente necesidad de re-enfocar los planes de estudio locales ante la evidente nueva realidad, que parte de la necesidad de enseñar simultáneamente tres idiomas diferentes: el inglés, el cantonés y el mandarín. Enfrentando, en el camino, las opciones políticas respecto de preservar una identidad propia o asimilarse rápidamente a la nacional, así como la de limitar o acotar la influencia económica y cultural de Occidente.

Ante ese escenario con interrogantes de peso aún abiertos, algunos han decidido irse a vivir a Taiwán, isla a la que Beijing considera una mera “provincia renegada”. No hay, cabe apuntar, una ola gigantesca de emigrantes, pero tampoco hablamos de apenas un pequeño puñado de casos.

Lo cierto es que China está lejos de ser un país pluralista. Es -más bien- todo lo contrario. Y esto naturalmente se refleja en el trato que desde Beijing se confiere a Hong Kong. A lo que se suma la actitud política del Partido Comunista Chino, que considera a la liberalización de la política como una amenaza para la estabilidad de China.

Cuando Hong Kong dejara de estar bajo la tutela británica, los EE.UU. se unieron a la fácil promesa de sumarse a la defensa de sus libertades. En ese entonces, la ex Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, al tiempo de asistir a las ceremonias de la transferencia de titularidad, dijo: “América se preocupa por Hong Kong y continuará preocupándose por ella aún después que se apaguen los fuegos artificiales, las cámaras se detengan y la fiesta haya terminado”.

Palabras claras, de las que hoy sin embargo se ha comenzado a dudar como resultado de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. Ocurre que Hong Kong no está en la lista corta de prioridades de la actual política exterior norteamericana. Y que para China, instalada en el centro mismo del escenario internacional, es una de sus principales prioridades.

Al visitar recientemente la ciudad de Hong Kong, el presidente chino pronunció un discurso duro, con tono de advertencia, con el que alertó acerca de la futilidad de resistirse al control e influencia de su gobierno. Lo que no logró cancelar la enorme manifestación anual con la que los “pro-demócratas” de Hong Kong se expresan cada año, que tuvo lugar cuando Xi Jinping había ya dejado atrás la ciudad, en la que fuera su primera visita como presidente, durante la cual recorrió la enorme guarnición militar que el ejército de China mantiene en Hong Kong.

Desgraciadamente los temores antes expuestos acaban de ser confirmados por una decisión del Consejo Legislativo de Hong Kong, que destituyó -por sus expresiones y opiniones independientes- a cuatro legisladores locales. De esa manera aquellos que responden directamente al gobierno central chino tienen el control absoluto de la voluntad del organismo. A partir de ahora, el Consejo Legislativo no podrá bloquear ninguna decisión impuesta arbitrariamente desde Beijing, aunque ella contraríe el punto de vista de quienes viven en Hong Kong.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Gracias al Estado, el bitcoin vuela

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/6/17 en: http://s21.gt/2017/06/22/gracias-al-estado-bitcoin-vuela/

 

En 2011, cuando se discutía globalmente cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios me publicaron una columna –“Crisis global, América Latina y bitcoins”- en donde sugería audazmente tener en cuenta al bitcoin. Luego, en 2013, en otra columna –“¿Invertir en bitcoins?”- decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 % ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero no compré ninguna y, al publicarse la segunda, llegaba a 1.200. Hoy, supera los US$ 2400 de modo que todo el universo bitcoin, unas 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40 mil millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente habían expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos -la física- se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por caso, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca -extraña al desarrollo natural del cosmos- que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso es que cuando el Estado -en tanto monopolio de la violencia- interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas -violentas- sobre el mercado.

Por esto, las monedas “privadas” tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –coactivamente impuestos, de “curso forzoso”- van cayendo. Así, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcoin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna “autoridad” monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90% de las transacciones con bitcoins se realizaban en China, pero desde que el gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la OCDE o los enmarcados en el FATCA (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoins pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de “mixing services”. La OECD estima que para 2020, el 66% del trabajo será informal (hoy 50%), lo que implica un submundo potencial para el bitcoin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente la cotización del bitcoin ha sido inestable porque si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda que, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Agilidad tiene muchísima, pero de momento transacciones pocas, el cálculo no es fácil dada su volatilidad, su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas y, además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas “electrónicas” o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Es mejor la risa que el comunismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/mejor-la-risa-comunismo/

 

Con ese título, literal, Laughter is better than communism, el humorista norteamericano Andrew Heaton reúne textos y viñetas. En su crítica al comunismo, subraya temas fundamentales del liberalismo. En primer lugar: “usar el Estado para dañar a la gente está mal”. Se refiere a las leyes capturadas por los intereses particulares para fastidiar a los competidores, y robar legalmente a los ciudadanos. El segundo tema es “una aversión al tribalismo y al pensamiento de grupo”. Busca analizarlos con un grano de sal: “Mis amigos socialistas y yo coincidimos en que la tolerancia social es una virtud. Mis amigos conservadores y yo sabemos algo de economía. He ido a buenas fiestas organizadas por los dos grupos”.

El libro explica la lógica del mercado, asociando comercio con convivencia y paz, y critica tanto el proteccionismo como el maltusianismo en sus diversas variantes, como la boba consigna del agotamiento de los recursos naturales (recuerda la famosa apuesta Simon-Ehrlich). Se burla de los ecologistas con la hora de la tierra: el cambio climático es influido más por China que por el resto del mundo en su conjunto. “Si cada bombilla de luz del planeta se apaga durante una hora, el ahorro equivaldría a unos cuatro minutos de la huella de carbono de China”. No niega que el clima cambie, por supuesto, sino que recomienda más capitalismo y no menos para prevenir y paliar sus efectos nocivos.

Niega que el proteccionismo comercial favorezca el empleo. Hace un ejercicio con el iPad 2, que costaba 400 dólares: si todos sus componentes hubiesen sido fabricados en EE UU habría costado 1.140, con consecuencias negativas para todos; si se hiciera lo mismo con Nike, millones de trabajadores en el mundo no podrían comprar sus zapatillas.

También rechaza la fábula de que la tecnología destruye empleo, a la vez que argumenta que la regulación y el intervencionismo son malos para los más pequeños y débiles, como las pymes. Si usted cree que la Política Agraria Común es una locura, eche un vistazo a lo que hacen las autoridades norteamericanas en el capítulo Tobacco farmers are better than you. Es útil este libro porque muestra la gran cantidad de regulaciones y prohibiciones absurdas que padece el país considerado modelo de “liberalismo”.

Critica los impuestos de sucesiones y patrimonio, los subsidios a la cultura que nadie quiere ver, y la fascinación por los pronósticos lúgubres: “Cuando los expertos se regodean en predicciones deprimentes son presa de una gran falacia, a saber, proyectar problemas que tenemos hoy hacia el futuro sin la capacidad de prever sus soluciones”.

El libro recoge varias citas excelentes. Aquí mis dos favoritas: Thomas Sowell: “La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay suficiente de cualquier cosa para satisfacer plenamente a todos los que la demandan. La primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía”. Oscar Wilde: “Si quiere usted decirle a la gente la verdad, hágala reír. En caso contrario, lo matarán”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los desafíos de Lenín Moreno en la presidencia de Ecuador

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2029360-los-desafios-de-lenin-moreno-en-la-presidencia-de-ecuador

 

Con un largo discurso conciliador, Lenín Moreno asumió la semana pasada la presidencia de Ecuador. Reemplaza a quién fuera uno de los pilares del socialismo bolivariano: Rafael Correa, quien dejará a su país para, según ha anunciado, descansar y pasar tiempo reflexionando en medios académicos, en la Vieja Europa.

En su momento, Rafael Correa, de la mano de Hugo Chávez y Evo Morales, quiso instaurar en América Latina un sistema económico inviable: el del colectivismo, cuyo fracaso estrepitoso en Venezuela pudo bien haber sido el de toda la región.

Afortunadamente, el arbitrario Rafael Correa no tuvo éxito más allá de las fronteras de su propio país. Su ideología quedó a la vista cuando la información secuestrada en la computadora de Raúl Reyes -uno de los líderes de las FARC colombianas- confirmó que Correa (con Cuba y Venezuela) contribuía a mantener y a financiar a las FARC colombianas y al andar violento de otros grupos terroristas latinoamericanos.

Para impulsar el desarrollo de su país, Rafael Correa convocó a China, que hoy es, a la vez, el inversor externo más importante y el mayor acreedor de Ecuador. Durante sus mandatos, cercenó muy fuertemente -y sin disimulo alguno- la libertad de expresión y la de prensa a lo largo de una década, persiguiendo tenazmente a quienes no coincidían con su visión u opiniones, incluyendo a los principales medios opositores. Tiene, sin embargo, en su haber un logro no menor: el de haber disminuido sensiblemente la pobreza.

Lenín Moreno recibió la banda presidencial de manos de un emocionado Rafael Correa, de quien fuera vicepresidente durante seis años. Hoy Moreno es el único Jefe de Estado del mundo que gobierna desde una silla de ruedas. Ocurre que quedó parapléjico en 1988 como consecuencia de un asalto violento en el que recibió un tiro por la espalda. En su juventud, Lenín Moreno militó activamente en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Ecuador.

A la ceremonia de asunción del mando concurrieron, como es habitual, varios presidentes de nuestra región. Entre ellos Mauricio Macri. Pero no su principal “compañero de ruta” regional: Nicolás Maduro, quien luego de anunciar que asistiría no pudo hacerlo, jaqueado por las continuas protestas de su pueblo en las ciudades venezolanas. Ella tuvo lugar en la sede de la Asamblea Nacional. Dos presidentes llegaron tarde a la ceremonia: Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos. Rafael Correa leyó un largo informe de su gestión, aplaudido en distintas oportunidades. La televisión ecuatoriana, sin embargo, evitó mostrar en cámara los carteles que, durante el acto, repudiaban la presencia de la delegación venezolana.

Luego vino el discurso inaugural de Lenín Moreno que duró poco más de una hora. Para quienes estaban acostumbrados a la sobreactuación de Rafael Correa, eso fue apenas un instante. El mensaje fue, esencialmente, una sobria invitación al diálogo. También incluyó el anuncio de una inevitable primera etapa de austeridad, consecuencia directa del irresponsable dispendio de su predecesor, que dejó a Ecuador con un Estado inepto y obeso, endeudado más allá de los límites legales con un agobiante pasivo externo que deberá reestructurarse. Anunció, asimismo, la confirmación de la continuidad de la “dolarización” de la economía ecuatoriana. Y la esperada reiteración de que, en su gestión, pondrá énfasis en lo social.

La economía ecuatoriana atraviesa un momento complejo. Muy debilitada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del servicio de su pasivo externo. Azotada además por las consecuencias del duro terremoto de abril de 2016. El año pasado, Ecuador sólo pudo crecer al ritmo insuficiente del 1,5% de su PBI.

El derrotado candidato opositor, el empresario Guillermo Lasso, en rueda de prensa, reiteró sus acusaciones de fraude electoral y convocó a Lenín Moreno a liberar a los presos políticos; a hacer pública la corrupción que también allí aparece en torno a los contratos de la multinacional brasileña Odebrecht; a despolitizar la actividad propia de la gestión de gobierno; y a reducir la presión tributaria de modo de estimular las inversiones privadas.

El vicepresidente, Jorge Glas, a diferencia de Lenín Moreno, sostuvo que el líder opositor carece de “autoridad moral” para criticar al gobierno, o hacer propuestas. Continuando así el lamentable estilo belicoso de Rafael Correa

Lenín Moreno, sin embargo, tiene sus propios objetivos de gobierno. También un estilo diferente. Seguramente continuará transitando la vía del intervencionismo estatal en la debilitada economía ecuatoriana. Esto es seguir el sendero económico-social abierto por su predecesor. Tan parecería ser así, que en su superpoblado gabinete -de 23 ministros y tres secretarios de Estado- 15 ministros son ex funcionarios de Rafael Correa. Entre ellos, la Canciller, María Fernanda Espinosa Garcés, una activa mujer con experiencia en la política. Así como los ministros de Justicia, Industrias, Defensa, Agricultura, Vivienda y Salud, y la propia Secretaria General de Gobierno.

Rafael Correa culminó su gestión de una década luego de haber sido electo en las urnas tres veces. Con una aprobación del 62%. Polarizó fuertemente a su país. Deja tras de sí una infraestructura pública mejorada, particularmente en materia de caminos y aeropuertos. También una importante ampliación de capacidad en materia de generación hidroeléctrica. Su particular estilo: demagógico y paternalista, pero siempre arrogante, impetuoso, populista y hasta arbitrario, no será extrañado. La corrupción que floreciera en su derredor, tampoco. Correa fracasó en su intento de encerrar a América del Sur en sí misma, alejándola de los organismos regionales tradicionales.

Quizás la enorme agresividad contra los Estados Unidos, a los que Rafael Correa desalojó de la base militar en Mantra, disminuya ahora un tanto. Para Correa, esa actitud era un tema personal. Ocurre que su padre estuvo preso por largo rato en los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas. Por ello el ex presidente debió ser criado por su madre, en Guayaquil. Lo que seguramente lo marcó para toda la vida.

El contexto externo en el que le tocará actuar a Lenín Moreno será variado. Con gobiernos liberales, como el de Mauricio Macri o el que surja del probable retorno de Sebastián Piñera al timón de Chile. Y con el enorme signo de interrogación en el que se ha transformado Brasil, sumergido en un inmenso caos. Pero también con la probable presencia regional del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que podría ser el próximo presidente de México como consecuencia de la torpeza de la campaña electoral de Donald Trump. Así como con el populismo y la corrupción que parecen haberse consolidado en Bolivia. En ese marco, Lenín Moreno estará enrolado en el andarivel propio de la izquierda, presumiblemente con menos agresividad que Rafael Correa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.