Tag Archives: China

El bitcoin vuela gracias al Estado

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 14/8/17 en: http://www.eldiarioexterior.com/el-bitcoin-vuela-gracias-al-49320.htm

 

En el 2011, cuando se discutía en todo el mundo cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios publicaron mi columna ‘Crisis global, América Latina y bitcoines’, en la que sugería audazmente tener en cuenta el bitcoin. Luego, en el 2013, en otra columna, ‘¿Invertir en bitcoines?’, decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 por ciento, ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero entonces no compré ninguna, y al publicarse la segunda nota, llegaba a 1.200. Hoy supera los US$ 2.400, de modo que todo el universo del bitcóin, unos 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40.000 millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente había expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos ‒la física‒ se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por ejemplo, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye, y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca ‒extraña al desarrollo natural del cosmos‒ que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso, cuando el Estado ‒en cuanto monopolio de la violencia‒ interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas ‒violentas‒ sobre el mercado.

Por esto, las monedas ‘privadas’ tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –impuestos de manera coactiva, de curso forzoso‒ van cayendo. De esta manera, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcóin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna autoridad monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90 por ciento de las transacciones con bitcoines se realizaban en China, pero desde que el Gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la Ocde o los enmarcados en el Fatca (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoines pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de ‘mixing services’. La OCDE estima que para el 2020, el 66 por ciento del trabajo será informal (hoy es del 50 por ciento), lo que implica un submundo potencial para el bitcóin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente, la cotización del bitcóin ha sido inestable porque, si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda, lo cual, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Tiene muchísima agilidad, pero, de momento, pocas transacciones, pues el cálculo no es fácil dada su volatilidad, y su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas; además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas, las cuales pueden ser electrónicas o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Anuncios

Hong Kong, inquieta por su futuro

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2o/7/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2045353-hong-kong-inquieta-por-su-futuro

 

El tiempo vuela. Se acaban de cumplir veinte años desde que los británicos devolvieran a China la jurisdicción sobre la ciudad de Hong Kong, asegurándose que las libertades de sus habitantes habrían de ser respetadas al menos por medio siglo, esto es hasta el 2047, por el autoritario gobierno chino a través de la adopción del criterio “un país, dos sistemas”.

Pese a ello, los habitantes de la ciudad oriental quedaron llenos de ansiedad, porque lo cierto es que nadie les garantiza específicamente su futuro en libertad. Esto es la posibilidad de continuar viviendo en el amplio ambiente de libertades individuales en que estuvieron por décadas, mientras fueron colonia británica. La ciudad que es y ha sido un verdadero punto de encuentro entre Oriente y Occidente empezaba entonces a transitar una nueva etapa, imprevisible.

Lo cierto es que, en estas dos décadas transcurridas, las diferencias entre los movimientos democráticos de Hong Kong y las autoridades de Beijing han sido constantes y que muchos de los temas discutidos en conjunto no han sido resueltos. Lo que es descorazonante.

Prueba de ello son: los retrasos en los programas de construcción de viviendas que presionan sobre los astronómicos precios de los alquileres y de la propiedad inmueble (una cochera puede, de pronto, costar más de medio millón de dólares norteamericanos); el desorden y hasta el desconcierto existente en el sistema educativo local; y la demora en la construcción de los trenes de alta velocidad, moneda corriente en China, desde que están por todas partes.

Por esto la marcha hacia el futuro de Hong Kong está, de hecho, relativamente paralizada y existe un ambiente de cierto desánimo en muchos de sus siete millones y medio de habitantes que comienza a hacerse evidente. Porque deben convivir con dos modelos o sistemas que no sólo son diferentes, sino que, en muchos casos, son incompatibles.

Por esa situación, algunos proyectos urbanos importantes están demorados. El más emblemático es el del llamado “distrito cultural”, para algunos una suerte de Lincoln Center local, cuyo financiamiento completo todavía no está del todo asegurado.

Más grave aún es el constante intervenir de las autoridades centrales chinas en los temas “domésticos” de Hong Kong. Sin disposición a escuchar. Con ribetes intranquilizantes, como son las desapariciones repentinas de algún notorio empresario local y hasta de algunos dueños de conocidas librerías.

Todavía los residentes de Hong Kong no han podido concretar su gran sueño, el que supone obtener la posibilidad de elegir por votación directa a sus máximas autoridades. Los británicos jamás lo permitieron. Los chinos hasta ahora, tampoco.

Las protestas callejeras que paralizaran a la inquieta ciudad oriental a fines del año 2014 reclamando específicamente ese derecho pertenecen a la historia. Nada ha cambiado. Ni hay señales de que las cosas en este tema puedan alterarse.

Por el momento, la mayoría de los legisladores locales son designados “a dedo” desde Beijing. La promesa formulada hace ya diez años, en el sentido de que en el 2017 podría admitirse el sufragio directo para elegir a las máximas autoridades locales permanece incumplida. En una suerte de parálisis política que, de extenderse, podría hasta demorar proyectos de los que el crecimiento ordenado de Hong Kong depende.

Pero Hong Kong no es Macao, ciudad que fuera una antigua y refinada colonia portuguesa, donde el juego es el monarca absoluto y en la que la sumisión al gobierno central de China es total. En Hong Kong, la libertad política nunca fue absoluta. Ha estado cercenada, pero existe y es evidente.

Para peor, en los últimos años, la corrupción parece haber permeado a la administración local y las investigaciones judiciales iniciadas por esa triste razón se están multiplicando.

La juventud de Hong Kong -como es de suponer- es mayoritariamente anti-comunista. Perfil que es notorio y que, además, parece estar creciendo y afirmándose. La revolución de las comunicaciones lo alimenta constantemente.

Los empresarios locales enfrentan asimismo una inesperada competencia. Desde que China asumiera la soberanía respecto de la ciudad de Hong Kong, más de un millón de chinos se mudaron desde el interior de su país a Hong Kong. La mayoría son gente de grandes recursos que ahora compiten con la tradicional clase de negocios local. Con mejores contactos en Beijing, sin embargo. O sea, con ventaja. Entre ellos está Jack Ma, el super millonario chino, creador de Alibaba, que tiene una mansión en uno de sus barrios prominentes.

En otro tema, también complejo, las empresas prefieren ahora emplear a personas de fuera de Hong Kong. Ocurre que en Hong Kong predomina el cantonés y que China, en cambio, habla muy mayoritariamente el mandarín. Todo un tema para quienes quieren operar comercialmente en el enorme mercado chino. Con la consiguiente necesidad de re-enfocar los planes de estudio locales ante la evidente nueva realidad, que parte de la necesidad de enseñar simultáneamente tres idiomas diferentes: el inglés, el cantonés y el mandarín. Enfrentando, en el camino, las opciones políticas respecto de preservar una identidad propia o asimilarse rápidamente a la nacional, así como la de limitar o acotar la influencia económica y cultural de Occidente.

Ante ese escenario con interrogantes de peso aún abiertos, algunos han decidido irse a vivir a Taiwán, isla a la que Beijing considera una mera “provincia renegada”. No hay, cabe apuntar, una ola gigantesca de emigrantes, pero tampoco hablamos de apenas un pequeño puñado de casos.

Lo cierto es que China está lejos de ser un país pluralista. Es -más bien- todo lo contrario. Y esto naturalmente se refleja en el trato que desde Beijing se confiere a Hong Kong. A lo que se suma la actitud política del Partido Comunista Chino, que considera a la liberalización de la política como una amenaza para la estabilidad de China.

Cuando Hong Kong dejara de estar bajo la tutela británica, los EE.UU. se unieron a la fácil promesa de sumarse a la defensa de sus libertades. En ese entonces, la ex Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, al tiempo de asistir a las ceremonias de la transferencia de titularidad, dijo: “América se preocupa por Hong Kong y continuará preocupándose por ella aún después que se apaguen los fuegos artificiales, las cámaras se detengan y la fiesta haya terminado”.

Palabras claras, de las que hoy sin embargo se ha comenzado a dudar como resultado de la llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. Ocurre que Hong Kong no está en la lista corta de prioridades de la actual política exterior norteamericana. Y que para China, instalada en el centro mismo del escenario internacional, es una de sus principales prioridades.

Al visitar recientemente la ciudad de Hong Kong, el presidente chino pronunció un discurso duro, con tono de advertencia, con el que alertó acerca de la futilidad de resistirse al control e influencia de su gobierno. Lo que no logró cancelar la enorme manifestación anual con la que los “pro-demócratas” de Hong Kong se expresan cada año, que tuvo lugar cuando Xi Jinping había ya dejado atrás la ciudad, en la que fuera su primera visita como presidente, durante la cual recorrió la enorme guarnición militar que el ejército de China mantiene en Hong Kong.

Desgraciadamente los temores antes expuestos acaban de ser confirmados por una decisión del Consejo Legislativo de Hong Kong, que destituyó -por sus expresiones y opiniones independientes- a cuatro legisladores locales. De esa manera aquellos que responden directamente al gobierno central chino tienen el control absoluto de la voluntad del organismo. A partir de ahora, el Consejo Legislativo no podrá bloquear ninguna decisión impuesta arbitrariamente desde Beijing, aunque ella contraríe el punto de vista de quienes viven en Hong Kong.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Gracias al Estado, el bitcoin vuela

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/6/17 en: http://s21.gt/2017/06/22/gracias-al-estado-bitcoin-vuela/

 

En 2011, cuando se discutía globalmente cambiar el patrón dólar por una canasta de monedas, varios medios me publicaron una columna –“Crisis global, América Latina y bitcoins”- en donde sugería audazmente tener en cuenta al bitcoin. Luego, en 2013, en otra columna –“¿Invertir en bitcoins?”- decía que me había perdido una inversión cuyo rendimiento había sido de 4.000 % ya que, cuando escribí la primera, la moneda digital cotizaba a US$ 30 por unidad, pero no compré ninguna y, al publicarse la segunda, llegaba a 1.200. Hoy, supera los US$ 2400 de modo que todo el universo bitcoin, unas 17 millones de unidades, suponen más de US$ 40 mil millones.

¿Adiviné? No, no adivine, era lógico que sucedería, lo dice la ciencia. El racionalismo despreció a la metafísica que brillantemente habían expuesto ya los griegos, en particular Aristóteles. Esta ciencia es el estudio de por qué el cosmos -la física- se mueve del modo en que lo hace, es decir, de los principios que generan los movimientos físicos. Así, observando estos principios podemos adelantar el desarrollo de la física: por caso, si vemos una acción cualquiera, podremos esperar una reacción inversa semejante, es el principio de equilibrio del cosmos.

Uno de estos principios dice que la violencia siempre destruye y la define, precisamente, como aquella fuerza extrínseca -extraña al desarrollo natural del cosmos- que pretende desviar, degenerar, el desarrollo normal. Por eso es que cuando el Estado -en tanto monopolio de la violencia- interfiere en la sociedad, destruye, provoca caos. Así, es fácil saber si un país crecerá o no, según aumenten o disminuyan las acciones coactivas -violentas- sobre el mercado.

Por esto, las monedas “privadas” tienen futuro mientras que los monopolios estatales como el dólar, euro, etc. –coactivamente impuestos, de “curso forzoso”- van cayendo. Así, al contrario de lo que dicen sus detractores, el bitcoin es exitoso, vuela, porque no depende de ningún gobierno, de ninguna “autoridad” monetaria, y permite escapar de la coacción estatal: que el mercado se desarrolle naturalmente. Precisamente, hasta hace poco, el 90% de las transacciones con bitcoins se realizaban en China, pero desde que el gobierno aumentó las regulaciones, empezaron a irse a Japón y Corea del Sur.

Como señala Miguel Boggiano, las criptomonedas escapan a los acuerdos de intercambio de información fiscal, como el de la OCDE o los enmarcados en el FATCA (acuerdos IGA) que tiene EE.UU. Las transacciones con bitcoins pueden estructurarse de modo que su rastreo sea imposible, a través de “mixing services”. La OECD estima que para 2020, el 66% del trabajo será informal (hoy 50%), lo que implica un submundo potencial para el bitcoin estimado en US$ 13 billones, detrás de EE.UU. cuyo PIB suma US$ 19 billones.

Pero no todo es rosa. Históricamente la cotización del bitcoin ha sido inestable porque si bien sirve de escape a los gobiernos, aún no está lo suficientemente establecida como moneda que, como señala el profesor Lawrence White, es “otro servicio bancario” que permite, básicamente, el cálculo basado en una unidad conocida y la agilidad en las transacciones. Agilidad tiene muchísima, pero de momento transacciones pocas, el cálculo no es fácil dada su volatilidad, su origen y su emisión limitada a 21 millones no despejan todas las dudas y, además, en el futuro afrontará la competencia de otras monedas privadas “electrónicas” o no.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Es mejor la risa que el comunismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/6/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/mejor-la-risa-comunismo/

 

Con ese título, literal, Laughter is better than communism, el humorista norteamericano Andrew Heaton reúne textos y viñetas. En su crítica al comunismo, subraya temas fundamentales del liberalismo. En primer lugar: “usar el Estado para dañar a la gente está mal”. Se refiere a las leyes capturadas por los intereses particulares para fastidiar a los competidores, y robar legalmente a los ciudadanos. El segundo tema es “una aversión al tribalismo y al pensamiento de grupo”. Busca analizarlos con un grano de sal: “Mis amigos socialistas y yo coincidimos en que la tolerancia social es una virtud. Mis amigos conservadores y yo sabemos algo de economía. He ido a buenas fiestas organizadas por los dos grupos”.

El libro explica la lógica del mercado, asociando comercio con convivencia y paz, y critica tanto el proteccionismo como el maltusianismo en sus diversas variantes, como la boba consigna del agotamiento de los recursos naturales (recuerda la famosa apuesta Simon-Ehrlich). Se burla de los ecologistas con la hora de la tierra: el cambio climático es influido más por China que por el resto del mundo en su conjunto. “Si cada bombilla de luz del planeta se apaga durante una hora, el ahorro equivaldría a unos cuatro minutos de la huella de carbono de China”. No niega que el clima cambie, por supuesto, sino que recomienda más capitalismo y no menos para prevenir y paliar sus efectos nocivos.

Niega que el proteccionismo comercial favorezca el empleo. Hace un ejercicio con el iPad 2, que costaba 400 dólares: si todos sus componentes hubiesen sido fabricados en EE UU habría costado 1.140, con consecuencias negativas para todos; si se hiciera lo mismo con Nike, millones de trabajadores en el mundo no podrían comprar sus zapatillas.

También rechaza la fábula de que la tecnología destruye empleo, a la vez que argumenta que la regulación y el intervencionismo son malos para los más pequeños y débiles, como las pymes. Si usted cree que la Política Agraria Común es una locura, eche un vistazo a lo que hacen las autoridades norteamericanas en el capítulo Tobacco farmers are better than you. Es útil este libro porque muestra la gran cantidad de regulaciones y prohibiciones absurdas que padece el país considerado modelo de “liberalismo”.

Critica los impuestos de sucesiones y patrimonio, los subsidios a la cultura que nadie quiere ver, y la fascinación por los pronósticos lúgubres: “Cuando los expertos se regodean en predicciones deprimentes son presa de una gran falacia, a saber, proyectar problemas que tenemos hoy hacia el futuro sin la capacidad de prever sus soluciones”.

El libro recoge varias citas excelentes. Aquí mis dos favoritas: Thomas Sowell: “La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay suficiente de cualquier cosa para satisfacer plenamente a todos los que la demandan. La primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía”. Oscar Wilde: “Si quiere usted decirle a la gente la verdad, hágala reír. En caso contrario, lo matarán”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los desafíos de Lenín Moreno en la presidencia de Ecuador

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 1/6/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2029360-los-desafios-de-lenin-moreno-en-la-presidencia-de-ecuador

 

Con un largo discurso conciliador, Lenín Moreno asumió la semana pasada la presidencia de Ecuador. Reemplaza a quién fuera uno de los pilares del socialismo bolivariano: Rafael Correa, quien dejará a su país para, según ha anunciado, descansar y pasar tiempo reflexionando en medios académicos, en la Vieja Europa.

En su momento, Rafael Correa, de la mano de Hugo Chávez y Evo Morales, quiso instaurar en América Latina un sistema económico inviable: el del colectivismo, cuyo fracaso estrepitoso en Venezuela pudo bien haber sido el de toda la región.

Afortunadamente, el arbitrario Rafael Correa no tuvo éxito más allá de las fronteras de su propio país. Su ideología quedó a la vista cuando la información secuestrada en la computadora de Raúl Reyes -uno de los líderes de las FARC colombianas- confirmó que Correa (con Cuba y Venezuela) contribuía a mantener y a financiar a las FARC colombianas y al andar violento de otros grupos terroristas latinoamericanos.

Para impulsar el desarrollo de su país, Rafael Correa convocó a China, que hoy es, a la vez, el inversor externo más importante y el mayor acreedor de Ecuador. Durante sus mandatos, cercenó muy fuertemente -y sin disimulo alguno- la libertad de expresión y la de prensa a lo largo de una década, persiguiendo tenazmente a quienes no coincidían con su visión u opiniones, incluyendo a los principales medios opositores. Tiene, sin embargo, en su haber un logro no menor: el de haber disminuido sensiblemente la pobreza.

Lenín Moreno recibió la banda presidencial de manos de un emocionado Rafael Correa, de quien fuera vicepresidente durante seis años. Hoy Moreno es el único Jefe de Estado del mundo que gobierna desde una silla de ruedas. Ocurre que quedó parapléjico en 1988 como consecuencia de un asalto violento en el que recibió un tiro por la espalda. En su juventud, Lenín Moreno militó activamente en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Ecuador.

A la ceremonia de asunción del mando concurrieron, como es habitual, varios presidentes de nuestra región. Entre ellos Mauricio Macri. Pero no su principal “compañero de ruta” regional: Nicolás Maduro, quien luego de anunciar que asistiría no pudo hacerlo, jaqueado por las continuas protestas de su pueblo en las ciudades venezolanas. Ella tuvo lugar en la sede de la Asamblea Nacional. Dos presidentes llegaron tarde a la ceremonia: Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos. Rafael Correa leyó un largo informe de su gestión, aplaudido en distintas oportunidades. La televisión ecuatoriana, sin embargo, evitó mostrar en cámara los carteles que, durante el acto, repudiaban la presencia de la delegación venezolana.

Luego vino el discurso inaugural de Lenín Moreno que duró poco más de una hora. Para quienes estaban acostumbrados a la sobreactuación de Rafael Correa, eso fue apenas un instante. El mensaje fue, esencialmente, una sobria invitación al diálogo. También incluyó el anuncio de una inevitable primera etapa de austeridad, consecuencia directa del irresponsable dispendio de su predecesor, que dejó a Ecuador con un Estado inepto y obeso, endeudado más allá de los límites legales con un agobiante pasivo externo que deberá reestructurarse. Anunció, asimismo, la confirmación de la continuidad de la “dolarización” de la economía ecuatoriana. Y la esperada reiteración de que, en su gestión, pondrá énfasis en lo social.

La economía ecuatoriana atraviesa un momento complejo. Muy debilitada por la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del servicio de su pasivo externo. Azotada además por las consecuencias del duro terremoto de abril de 2016. El año pasado, Ecuador sólo pudo crecer al ritmo insuficiente del 1,5% de su PBI.

El derrotado candidato opositor, el empresario Guillermo Lasso, en rueda de prensa, reiteró sus acusaciones de fraude electoral y convocó a Lenín Moreno a liberar a los presos políticos; a hacer pública la corrupción que también allí aparece en torno a los contratos de la multinacional brasileña Odebrecht; a despolitizar la actividad propia de la gestión de gobierno; y a reducir la presión tributaria de modo de estimular las inversiones privadas.

El vicepresidente, Jorge Glas, a diferencia de Lenín Moreno, sostuvo que el líder opositor carece de “autoridad moral” para criticar al gobierno, o hacer propuestas. Continuando así el lamentable estilo belicoso de Rafael Correa

Lenín Moreno, sin embargo, tiene sus propios objetivos de gobierno. También un estilo diferente. Seguramente continuará transitando la vía del intervencionismo estatal en la debilitada economía ecuatoriana. Esto es seguir el sendero económico-social abierto por su predecesor. Tan parecería ser así, que en su superpoblado gabinete -de 23 ministros y tres secretarios de Estado- 15 ministros son ex funcionarios de Rafael Correa. Entre ellos, la Canciller, María Fernanda Espinosa Garcés, una activa mujer con experiencia en la política. Así como los ministros de Justicia, Industrias, Defensa, Agricultura, Vivienda y Salud, y la propia Secretaria General de Gobierno.

Rafael Correa culminó su gestión de una década luego de haber sido electo en las urnas tres veces. Con una aprobación del 62%. Polarizó fuertemente a su país. Deja tras de sí una infraestructura pública mejorada, particularmente en materia de caminos y aeropuertos. También una importante ampliación de capacidad en materia de generación hidroeléctrica. Su particular estilo: demagógico y paternalista, pero siempre arrogante, impetuoso, populista y hasta arbitrario, no será extrañado. La corrupción que floreciera en su derredor, tampoco. Correa fracasó en su intento de encerrar a América del Sur en sí misma, alejándola de los organismos regionales tradicionales.

Quizás la enorme agresividad contra los Estados Unidos, a los que Rafael Correa desalojó de la base militar en Mantra, disminuya ahora un tanto. Para Correa, esa actitud era un tema personal. Ocurre que su padre estuvo preso por largo rato en los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas. Por ello el ex presidente debió ser criado por su madre, en Guayaquil. Lo que seguramente lo marcó para toda la vida.

El contexto externo en el que le tocará actuar a Lenín Moreno será variado. Con gobiernos liberales, como el de Mauricio Macri o el que surja del probable retorno de Sebastián Piñera al timón de Chile. Y con el enorme signo de interrogación en el que se ha transformado Brasil, sumergido en un inmenso caos. Pero también con la probable presencia regional del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que podría ser el próximo presidente de México como consecuencia de la torpeza de la campaña electoral de Donald Trump. Así como con el populismo y la corrupción que parecen haberse consolidado en Bolivia. En ese marco, Lenín Moreno estará enrolado en el andarivel propio de la izquierda, presumiblemente con menos agresividad que Rafael Correa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La Madre Teresa corrige a Fidel Castro

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 19/5/17 en: http://www.actuall.com/criterio/democracia/la-madre-teresa-corrige-fidel-castro/

 

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia.

 

Madre Teresa de Calcuta y Fidel Castro/Actuall.

La Madre Teresa estuvo en La Habana en julio de 1986, y se reunió con Fidel Castro, a quien regaló una imagen de la Virgen del Milagro. Según contó Alfredo Bryce Echenique, testigo del encuentro, el dictador le dijo a la monja de Calcuta: “Es usted un producto finísimo del marxismo leninismo porque le ha dado todo a los pobres”. Y ella le contestó: “A los pobres no. ¡Por amor a Dios!”.

La corrección de la religiosa es muy notable, por lo que dice y también por lo que podemos colegir de su conversación con el sátrapa caribeño. Ante la repugnante alusión a una posible identificación entre ella y el marxismo, la Madre Teresa no hizo ninguna referencia a la flagrante incompatibilidad entre ambos. Se limitó a explicar en una palabra la razón de su vida y de sus actos: Dios.

En efecto, era el amor a Dios lo que la impulsaba a dedicarse a los pobres, y a especializarse en los más pobres de los pobres. Ella, que afirmó, “si no se vive para los demás, la vida carece de sentido”, se consideraba “lápiz de Dios, un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere”. Pero Dios es el principio, y por eso ella decía: “Para mí es un deber luchar por la santidad como para todos los cristianos”.

Por eso sus palabras ante el tirano de La Habana señalaron en realidad en una sola línea la radical incongruencia entre la religión y el marxismo, algo que los marxistas saben perfectamente, y por eso se han especializado en el último siglo en perseguir las religiones y a los religiosos, llegando incluso a asesinar en masa a curas y monjas.

Hablando de incongruencias, una clásica del marxismo es precisamente la que expresó Fidel Castro, presentando al socialismo como el paradigma del cuidado exquisito de los pobres.La verdad es justo la contraria, porque la característica de los países marxistas es su trato brutal hacia los pobres: sus políticas anticapitalistas y antiliberales arrastraron a la muerte por hambre a decenas de millones de modestos trabajadores. Así sucedió en China donde, por cierto, los comunistas le impidieron a la Madre Teresa lograr en vida el sueño de abrir allí una misión. Ella sabía lo que hacía. Ellos también.

La reivindicación de los izquierdistas de ser como la Madre Teresa en la atención a los más desfavorecidos es una mentira en todos los caso; no sólo en el del socialismo más carnívoro, sino también en el caso del más vegetariano, el caso de la socialdemocracia. Aquí vemos numerosos ejemplos en donde lo que los políticos antiliberales hacen es empobrecer a los ciudadanos mediante onerosos impuestos, con la excusa de que protegen a los pobres, como si pudiéramos realmente comparar a la Madre Teresa con la Agencia Tributaria.

El diálogo de la santa con el dictador continuó así. Le dijo Fidel: “Pero Dios, madre, no existe”. Una vez despedida la Madre Teresa, y ya a solas con Bryce Echenique, le comentó: “¿Sabes qué? Es la primera vez que me visita una santa”.

No hay testigos de lo que comentó dicha santa después. Pero es bonito conjeturar que habrá sonreído para sus adentros pensando en la imagen de la Virgen con que había obsequiado al déspota cubano.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

¿El camino ‘capitalista’ al socialismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 22/5/17 en: http://www.elterritorio.com.ar/nota4.aspx?c=0574253964826931

 

Mientras el escándalo en Brasil pega fuerte mostrando la fragilidad de la economía argentina, y lo inflada que está a partir de discursos y acciones del estado, Macri ya ha realizado una cantidad de viajes, todos con promesas de inversiones que no llegaron mostrando que estos periplos tienen poco sentido. Sobre todo hoy, cuando los operadores globales rastrean inversiones en los lares más recónditos, hasta con satélites, en tiempo real, es trivial que un funcionario viaje a explicar nada, basta con crear la oportunidad de negocios -bajos impuestos y mercado natural, desregulado- para que las inversiones se descuelguen solas.
A menos que quieran en aumentar el peso del Estado, profundizando el socialismo vigente en Argentina en términos de peso estatal e intervención en la vida de las personas.
Para lo que sí sirven estos traslados es para que una enorme burocracia viaje a costa de los contribuyentes, a comprar trajes de cien dólares al punto que, dicen las crónicas, el vocero presidencial recomendó vía WhatsApp “Vayan a Tony and Tony… y pregunten… de parte mía para conseguir descuentos.
Casi todo el viaje por Asia estuvo dedicado a obra estatal, aparentemente iniciada en la era K, como los 16 acuerdos por U$S 17 mil millones firmados en China. Lo “bueno” de la obra pública -que bien podría surgir del mercado natural- es que aumenta el PIB ya que conlleva consumo de materiales sin necesidad de ahorro previo sino financiado, en este caso, por el Estado chino.
Aun suponiendo que estos índices son reales, lo cierto es que el PIB no considera todas las transacciones sino sólo el consumo, como señalan Krause, Ravier y Cachanosky. Así, resulta falso el crecimiento basado en el PIB que solo muestra cómo se decide gastar el ingreso luego de haberlo producido, el destino de la producción, no su origen. Por esto, el Bureau of Economic Analysis ahora publica el Gross Output que considera las etapas del proceso y no sólo el consumo. Más acertado es el valor bruto de la producción (VBP) en el que el consumo privado y público representa el 50% contra el 86% de peso que le otorga el PIB.
Para remate la obra pública es ineficiente. Dice Steve Hanke que mediante la VA, el gobierno estadounidense opera el mayor sistema de servicios de salud… el costo de construcción por cama de la VA es 290% más que para hospicios privados… la administración
de construcción de la VA tiene 16 veces más empleados… y los proyectos de la VA requieren 3,5 veces más tiempo de construcción… el costo promedio de los hospitales de la VA es 70% superior para tratamiento agudo… 48% para cirugía, y 140% para tratamiento crónico. Así, creído capitalista por su pasado “empresario”, su discurso prooccidental y pro comercio libre, el gobierno está logrando agrandar el ineficiente y degradante sector estatal a costa de impuestos, inflación y endeudamiento que paga el privado cada vez más raquítico.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El Futuro De Occidente

Por Armando Ribas. Publicado el 2/5/17 en: http://institutoacton.org/2017/05/02/el-futuro-de-occidente-armando-ribas/

 

Existe la teoría de que en la historia las civilizaciones nacen, se desarrollan y mueren en un ciclo de vida semejante al de los seres vivos. Si analizamos la historia universal no cabe la menor duda de que el proceso descripto es su carácter esencial. Desde ese punto de vista parecería que eso que llamamos Occidente y que yo, tal como me pregunté en mi libro ¿Quién es Occidente?, no sé muy bien qué es lo que es, estaría viviendo su Zenit. Más allá del acceso de Japón a la segunda potencia industrial después de la Segunda Guerra Mundial, ahora surge la amenaza de que la antorcha en algún momento del siglo XXI sería pasada al Celeste Imperio donde viven hoy casi un quinto de la población mundial.

En dos recientes artículos publicados en “Foreign Affairs”, Richard Bernstein y Ross Munro, de una parte, y Robert Ross, de la otra, trataron el tema. Los primeros sostienen que en la misma medida que la China se desprende de las cadenas ideológicas del maoísmo y aumenta su riqueza, será cada vez más amenazante y más peligrosa. La posición de Ross es distinta en el sentido de que la China es demasiado débil como para significar una verdadera amenaza para la hegemonía política de Estados Unidos. Creo que ambas evaluaciones se integran en la teoría anterior de la historia universal, y no toman en cuenta, ni la una ni la otra, la diferente realidad que enfrenta la humanidad a partir de la existencia de las armas nucleares y la revolución de las comunicaciones.

La guerra en el sentido escatológico que existió a través de la historia ha desaparecido como elemento determinante de alcanzar la supremacía mundial. Enfrentamiento y colisiones en el siglo XXI no significan, como hasta la primera mitad del siglo XX, guerra. Este solo fenómeno cambia de por sí la historia universal, donde las civilizaciones se sucedieron hasta conformar hoy una sola civilización en eso que se ha dado en llamar globalización. En ese sentido hoy están más vigentes las palabras de Kant en su “Paz Perpetua” que el predicado hegeliano, de que la guerra era la forma en que los estados hacían su irrupción en la historia. Hoy los estados están todos en la historia con más o menos poder de negociación, pero no con más poder de destrucción. No existe en la actualidad la capacidad de destruir sin ser destruido. Es decir, las aspiraciones de poder no van a desaparecer de la faz de la tierra pero los instrumentos para ejercerlos han sido y siguen siendo modificados.

Cualquier país europeo que hasta la mitad del siglo XX hubiera tenido el poder relativo de los Estados Unidos, habría intentado la conquista mundial. La guerra era “the name of the game” (el nombre del juego). Hoy hemos ido aprendiendo no a deponer los intereses nacionales en pro de una hermandad sublime, sino a expresarlo de otra manera. Ya bien decía Hume en sus escritos económicos: “…el incremento de la riqueza y del comercio en cualquier nación, en lugar de perjudicar, promueve la riqueza y el comercio de todos sus vecinos, y un estado puede difícilmente desarrollar su comercio e industria cuando todos los estados que le rodean están hundidos en la ignorancia, la pobreza y la barbarie”.

Es decir que la guerra no desaparecería de la faz de la tierra por la moral, sino por el interés y el egoísmo humano consciente del terror del holocausto y a través  de las comunicaciones. Demás está decir que la misma tecnología que hace a la riqueza de las naciones, las hace más vulnerables. De qué le sirve a los propios Estados Unidos hacer desaparecer de la faz de la tierra, ya fuera la Unión Soviética o a la China, cuando al menos la mitad de su población  se pierde en el empeño. Pero más aún, cada vez existen menos naciones cuya riqueza no dependa de su integración en la economía mundial. Eso quiere decir algo más. Si Japón hoy se hundiese en el Océano Pacífico, una gran parte de la riqueza de otros países y en particular de Estados Unidos desaparecería con el imperio del Sol Naciente.

Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que esta realidad no ha sido construida sólo a partir de hechos, sino que detrás de ella han estado las ideas que dieron paso a lo que Popper denominara sociedad abierta. Ha sido el reconocimiento de los intereses privados el que ha construido la riqueza que se sustenta en la propiedad y el comercio. Ese mal llamado “materialismo” ha sido la fuente de los mayores logros que han permitido satisfacer las necesidades de la gente común. No sé en virtud de qué espiritualidad la guerra pudo haberse considerado como un acto desinteresado y digno frente a la concupiscencia adscripta al comercio. No hay que ir a las castas hindúes para encontrar en toda la historia de la humanidad, la religión y la guerra como los paradigmas excelsos de la virtud, en tanto que el comercio, las finanzas y el trabajo eran descalificados por indignos. Fue sólo cuando se revirtieron estos principios, a partir del pensamiento liberal, que ha sido posible alcanzar el estadio de civilización que hoy disfruta una gran parte de la humanidad. Esto no quiere decir que en función de la globalización han de desaparecer ni las identidades nacionales ni las culturas. Pero sí que éstas habrán de adaptarse a los principios que podríamos llamar de la civilización, si es que los pueblos pueden aspirar a elevarse por sobre la pobreza. Y ése no es el modo de la generosidad, sino del interés, no del reparto, sino de la creación. Ninguna cultura que intente desconocer los principios de la civilización universal puede esperar alcanzar los estadios de libertad y bienestar que gozan hoy los países industrializados. Esos principios no son otros que el reconocimiento del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad, a la vida, a la libertad y a la propiedad. Y estos derechos individuales parten del reconocimiento de la naturaleza falible del ser humano tanto en el orden moral como en el del conocimiento. De ahí la necesidad de la limitación del poder político.

Mi preocupación, entonces no surge del que otros países orientales o africanos alcancen la riqueza que hoy parece patrimonio del Occidente industrializado y Japón. El problema de Occidente está dentro del mismo Occidente. Curiosamente el propio Bernstein, en su explicación de la nueva posición China, de hecho reconoce el problema. Así dice: “La ironía en las relaciones chino-americanas es que cuando China estaba bajo la féerula del maoísmo ideológico y proponía tal ferocidad ideológica que los americanos creían que eran peligrosos y amenazadores, era realmente un tigre de papel, débil virtualmente sin influencia global. Ahora que China se ha liberado de la trampa del maoísmo y se ha embarcado en un curso pragmático de desarrollo económico, y de comercio global, parece menos amenazadora, pero de hecho está adquiriendo la posibilidad de apoyar ambiciones globales y sus intereses con verdadero poder”.

Es evidente que el poder surge en las propias palabras de Bernstein del capitalismo que no es una faceta económica de la existencia, sino una concepción ética que se implementa políticamente y produce la riqueza. El estar bajo el umbral ideológico de Mao es precisamente la actitud opuesta que diluye las motivaciones para la creación de riqueza en función de un deber ser absoluto y fútil que significa la opresión y la inseguridad. El problema en Occidente es precisamente que sus intelectuales descreen de ese mal llamado sistema capitalista y en la medida que el estado se apodera de la economía se cae, casi sin darse cuenta, en la trampa ideológica del maoísmo. Ahí reside el peligro de que se cumpla el ciclo histórico y Occidente dé lugar a otra civilización no distinta sino precisamente porque aprendió lo que Occidente olvidara.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El “otro” Trump

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 20/4/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2013718-el-otro-trump

 

Como el dios Jano de la mitología romana, el dios de los comienzos, el de “las dos caras”, Donald Trump acaba de evidenciar aquello tan conocido que sugiere que el mundo, cuando se lo mira desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, suele ser distinto. Mucho más complejo, por cierto.

Lo que obliga a los presidentes norteamericanos a mantener una política de constante re-examen de sus posiciones y políticas, de cara al escenario grande del mundo. Y a cambiar, a veces radicalmente, sus visiones para adaptarse a la realidad.

En los últimos días esto parece haberle sucedido a Donald Trump, obligándolo a cambiar algunas de las principales posiciones asumidas en la campaña electoral que lo llevara al poder. Incluyendo en materia de política exterior.

Es posible que en ese giro -copernicano- hayan influido muy significativamente el actual Secretario de Estado de los EE.UU., Rex Tillerson, un hombre que ha demostrado rápidamente tener una dimensión notable, caracterizada no sólo por una presencia digna, sino acompañada por una mezcla muy poco común de firmeza, claridad, energía y coraje. Y Jared Kushner, el yerno del presidente, así como Gary D. Cohn, el principal asesor económico del presidente Donald Trump, cada vez más influyentes.

Los cambios de rumbo del presidente norteamericano no son menores. Fueron rápidos y no han sido disimulados. Veamos los tres principales. Los más obvios.

Primero, para Donald Trump la “OTAN” ya no es “obsoleta”. Lo que ha vuelto a llenar de tranquilidad a las principales naciones de Europa que también la integran, alejando la sensación de abandono -y hasta de desprotección- que pudieron haber tenido.

La alianza militar más importante de la historia ha vuelto así a estar en su lugar. De donde nunca debió ser excluida, por derecho propio. El anuncio fue formulado por el presidente norteamericano en la propia ciudad de Washington, en compañía de Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN.

Ocurre que la OTAN tiene entre sus principales responsabilidades, las que conforman su amplio mandato militar, la de luchar contra el terrorismo, como pretende Donald Trump. Lo cierto es que la OTAN invocó tan sólo una vez en su historia su cláusula esencial, aquella que gatilla la defensa común. Y ello fue cuando la tragedia de 9/11. Y que, además, más de mil soldados europeos y canadienses perdieron la vida en Afganistán, combatiendo al Talibán, codo a codo, con los soldados norteamericanos. La toma de posición del presidente norteamericano ha sugestivamente precedido a su visita a la sede de la OTAN, en Bruselas, que ocurrirá el mes que viene.

Segundo, también la retórica que predicaba la necesidad de actuar en cercanía con Rusia ha cambiado. Mucho. Al compás de un Vladimir Putin cada vez más audaz -y hasta desafiante- en su presencia externa, hoy el clima entre las dos naciones es lo contrario a la cercanía; es uno de abierta desconfianza.

La nueva perspectiva norteamericana sobre Rusia luce más realista. Ocurre que Rusia evidentemente no juega en el escenario internacional con las mismas cartas que los EE.UU. Ni respeta las mismas reglas. Ni tiene los mismos objetivos. Como lo acaba de evidenciar, sin mucho margen para las dudas, su apoyo ilimitado al régimen criminal sirio que lidera Bashar al-Assad. Para Rusia, su permanencia en el poder de su país es algo “no negociable”. Para los EE.UU., en cambio, ello es inaceptable. Porque Bashar al-Assad no vacila en usar armas químicas contra su propio pueblo; esto es, en cometer aberrantes delitos de lesa humanidad contra civiles inocentes. Como también lo hiciera en su momento su propio padre, un dictador sanguinario como él.

El cambio de posición de Donald Trump volvió a definir una “línea roja”: esto es que hoy no se puede condonar el uso de armas químicas. Y esta vez, los Estados Unidos fueron más allá de las palabras y reformularon su mensaje mientras disparaban decenas de misiles, a modo de advertencia específica.

Tercero, respecto de China. Luego de la temprana reunión de Donald Trump con el presidente del coloso asiático en La Florida, el sendero común trazado pareciera ser el de la cooperación. Y la química personal entre los dos mandatarios parece haber resultado buena, lo que no es pequeña cosa ante las notorias diferencias de estilo y personalidad.

Esto presumiblemente ayudará a tratar de contener, juntos, al régimen dinástico de los Kim en Corea del Norte sin tener que recurrir para ello al uso de la fuerza, camino bien peligroso en el que las posibilidades de éxito son pocas y la eventualidad de provocar una intervención directa china bastante alta. Respecto de Corea del Norte la preocupación es que de la “paciencia estratégica” de Barack Obama, se pase a la “impaciencia táctica” de Donald Trump.

Además se convino con China que, en un plan a elaborar en los próximos cien días, se buscará la forma de re-equilibrar razonablemente el comercio bilateral. Aparentemente esto se hará a través de mayores exportaciones agrícolas norteamericanas y de un mayor acceso al enorme sector de los servicios financieros chinos para las entidades financieras del país del norte.

En esto último ayudó otro notorio cambio de perspectiva del presidente norteamericano. En este caso respecto de Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de los EE.UU. que, de haber sido objeto de críticas -directas y duras- durante la campaña electoral por parte de Donald Trump, pasó a ser ponderada abiertamente en una entrevista concedida hace muy pocos días por el presidente norteamericano al “Wall Street Journal” Ya Trump no dice que quiere prescindir de ella lo antes posible, sino que afirma respetarla y se esfuerza en señalar que comparte sus políticas, razón por la cual algunos suponen que, cuando venza su actual mandato, o sea a fines del año que viene, no sería ahora raro que el mismo fuera renovado.

Los cambios de posición que hemos descripto no sólo parecen positivos en sí mismos, sino que muestran algo aún más trascendente: que Donald Trump no sólo sabe lo importante que es para quienes gobiernan advertir la necesidad de modificar algunos rumbos, sino también lo que pesa saber hacerlo sin demoras. Después de todo, gobernar supone la capacidad de rectificar rumbos cada vez que ello aparece necesario.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

No, pero sí, a los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/4/17 en: https://www.elcato.org/no-pero-si-los-politicos?utm_content=buffer67d5e&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

 

Alejandro Tagliavini estima que la moderación de Trump parece ser un Donald Trump convertido en político tradicional, a pesar de que su elección reflejó un rechazo a ese tipo de política.

Casi un año estuvo España sin gobierno —con uno de transición, de poderes limitados—, porque el Parlamento no acordaba uno nuevo. Entretanto, la economía mejoró. Entonces, el chiste entre los españoles —a los que visito a menudo— era que, debido a que no tenían gobierno, el país avanzaba. Crece el hartazgo en todo el globo de los políticos, si hasta Donald Trump se presentó como reacción ante la política tradicional. Por caso, antes de las elecciones del 23 de abril en Francia, la abstención ya amenazaba trepar al récord del 32% cuando la participación ha superado el 80% desde 1974.

Según El Mundo de Madrid, Jerôme Fourquet, del Instituto de Opinión Pública, asegura que la abstención se da “especialmente en jóvenes”. Por caso, Vincent, de 25 años, aseguró que no votará y que no le asusta “la amenaza” de que gane Marine Le Pen en la segunda vuelta, sino que es un truco de los tradicionales para atraer al votante: “te dicen, nosotros o el horror”. El mismo truco que utilizó Mauricio Macri haciendo creer que Argentina iba camino de “ser Venezuela”, si él no le ganaba al oficialismo, cuando este oficialismo estaba alejado de las Fuerzas armadas que son la base del poder que armó el coronel Chávez.

Explicaciones hay muchas, como que el sistema parlamentario está obsoleto y tantas otras. Pero no explican que el rechazo a los políticos sea tan universal, de hecho, EE.UU. no tiene sistema parlamentario sino presidencialista. El problema es más hondo y es que la “autoridad” estatal se basa en el monopolio de la violenciafuerzas armadas y poder de policía— cuando ésta siempre destruye, en tanto que las sociedades se manejan cada vez más en base a liderazgos por influencia, que influyen básicamente por sus conductas ejemplares.

Ya decían los filósofos griegos que la violencia contraría —pretende forzar el desvío— el desarrollo natural del cosmos. Y como contra la naturaleza no se puede, la violencia jamás, pero absolutamente nunca, construye, solo destruye. Así, los políticos no cumplen sus promesas y empeoran las cosas. Por caso, ya en 2007, la FAO informaba que en el mundo se producen 10% más de alimentos que los necesarios para toda la humanidad y, sin embargo, 850 millones de personas pasaban hambre.

Dos son las causas básicas de esta aberración, primero, la fuerte carga impositiva de los gobiernos, que aumentan los precios de los alimentos y crean pobreza porque todos los impuestos son necesariamente derivados hacia abajo vía suba de precios o baja de salarios. Y luego, la maraña de trabas regulatorias estatales que encarecen la logística y a veces hasta hacen imposible el traslado y comercialización.

Pero el hombre evoluciona por maduración, así los “revolucionarios” anti políticos terminan casi adaptándose al sistema, con el beneplácito de “las mayorías”. Dice Pablo Pardo que volvemos al pasado. Las búsquedas en Google de “Tercera Guerra Mundial” están en su mayor nivel, cuando Trump decía que era Hillary Clinton la que iba a provocar una conflagración mundial.

Trump ahora dice que la OTAN “ya no está obsoleta”, ha bombardeado en Siria y elevado la tensión en Corea del Norte. Probablemente renueve a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, pese a que había dicho que ésta debería “avergonzarse” de su trabajo. Ha dejado para 2018 la bajada de impuestos y no declarará a China “manipulador de la divisa”. Es el nuevo Trump, un Trump “moderado”, convertido en político tradicional.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.