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La tragedia y las farsas: los ciclos económicos Kirchner/Macri, Perón/Perón/Videla y Yrigoyen/Uriburu/Justo comparados

Por Carlos Newland:

 

En su muy conocida enumeración de Carlos Marx implica que algunos eventos históricos se repiten dos veces. La primera vez se generaba lo que denominó una “tragedia”: una situación dramática ocurrida  en un contexto determinado. La segunda y posterior, que caratuló como “farsa” era parecida en algunas de sus características a la primera pero con aspectos caricaturescos, por su reiteración[1]. Algo similar ha expresado recientemente Loris Zanatta: “La historia no es magistra vitae: la mayoría de las veces nos revela lo que haremos de nuevo, una vez, cien o mil veces más. Es aterrador, pero es así”[2]. El título de una de las obras más importantes sobre la evolución económica argentina también hace referencia a un cierto comportamiento cíclico, con períodos que transitan de la ilusión al desencanto[3].  Ciertamente la historia económica parece cumplir esta regularidad: se reiteran situaciones de populismo que incluyen gasto público exacerbado, inflación, aumento de deuda y revaluación de la moneda, seguidas por crisis en el sector externo, en la actividad productiva y de empeoramiento de los salarios reales. Dentro de cada ciclo también se produce una repetición: el nuevo gobierno que busca solucionar el desequilibrio generado por  su predecesor repite luego de un tiempo las mismas conductas y políticas. La apreciación en 1933 de Luis Roque Gondra sobre la política económica del General Uriburu  parece poder aplicarse a muchos otros periodos: “Como otros cómicos, seguíase representando la misma comedia demagógica momentáneamente interrumpida por (el cambio de gobierno)”[4]. Aquí analizamos tres transiciones políticas que, aunque separadas entre ellas por casi medio siglo, muestran la persistencia de las mismas situaciones a lo largo del tiempo. La primera abarca al segundo  gobierno  del radical Hipólito Yrigoyen (1928-1930), que fue derribado por un golpe militar-civil liderado por el General José Uriburu (1930-1932) y luego seguido por la presidencia fraudulenta, pero de cierta práctica democrático-institucional  del General Agustín P. Justo (1932-1938)[5]. El segundo caso descripto es la transición del gobierno de Juan Domingo Perón e Isabel Perón (1973-1976), con el gobierno militar golpista de Jorge Rafael Videla (1976-1981). El tercer caso es el de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), que fue sucedida por el actual gobierno (esta vez democrático) de Mauricio Macri. Las semejanzas de las tres situaciones históricas en el terreno de la economía son notables.

El origen: Bonanza previa y populismo

El gobierno del radical Marcelo T. De Alvear (1922-1928) se desarrolló en años prósperos sustentados en un elevado nivel de exportaciones, las que llegaron a su máximo histórico en 1928. El aumento del gasto público en esos años fue acompañado por un incremento en los ingresos fiscales generados por esta bonanza.  Cuando Hipólito Yrigoyen inició su segunda presidencia a fines 1928, se detonó un ciclo claramente populista que implicó un aumento notable en las  erogaciones estatales.  Raul Prebish, un testigo privilegiado y actor de la época, escribiendo en enero de 1931 indicaba enfáticamente  “los gastos públicos …crecieron en estos últimos años en forma extraordinaria”[6].  En una época de estabilidad monetaria (seguida por deflación) el gasto público nominal pasaría de 696 millones de pesos en 1928 a 844 en 1929 , y a 907 en 1930[7]. La cantidad de empleados estatales, por su parte,  aumentó un 8% entre 1927 y 1929 [8]. Al mismo tiempo existió un crecimiento elevadísimo de las erogaciones en pensiones de funcionarios estatales (otorgados sin contraprestación): el monto asignado al rubro tendría un incremento de 67% entre 1928 y 1929[9]. Durante 1929 todavía existía una situación de prosperidad que conllevaba una razonable recaudación impositiva, pero en 1930 comenzó a impactar el inicio de la Gran Depresión, con su efecto depresivo sobre los ingresos estatales, en particular los aduaneros. Para el país había sido perjudicial la caída entre 1928 y 1930 de un 21% de los precios de los productos exportados.  La recaudación fiscal se redujo de 748 millones de pesos en 1929 a 663 en 1930[10]. La consecuencia del aumento de gasto, con una concomitante caída de ingresos, fue un incremento del déficit que de ser 180 millones de pesos en 1928 pasó a 240 millones en 1929 y a 429 millones en 1930.[11] El golpe militar-civil contra Yrigoyen fue en parte auto justificado por el desorden fiscal: Uriburu en su manifiesto de setiembre de 1930 indicaba que su intención era modificar la situación de politiquería, despilfarro económico y corrupción administrativa reinante en el gobierno depuesto[12].

Los gobiernos de tinte populista de Juan e Isabel Perón (1973-1976) se iniciaron en un contexto internacional muy favorable, ya que en 1973 los precios de exportación para Argentina llegaban a un alto nivel, lo que se tradujo en un significativo superávit comercial. En ese marco se experimentó un crecimiento del PBI de 4,5% en 1973 y de 6,7% en 1974[13]. Para 1974 el país comenzó a verse afectado por el aumento en los precios de petróleo, las restricciones europeas aplicadas a las importaciones de carne argentina y un empeoramiento general en los términos de intercambio.  Al mismo tiempo crecía notablemente el gasto  público, que pasó del 22% del PBI en 1972, a rondar el 30% en 1975.[14] El resultado fue un desequilibro fiscal creciente, y el déficit estatal  llegó a representar un brutal 16% del PBI en 1975, en medio de una inflación que superó el 50% mensual (a principios de 1976).También en este caso el gobierno resultante del golpe militar se justificó en el desorden fiscal y económico imperante. El general Jorge Rafael Videla (1976-1981) anunciaría en su primer discurso: “Nunca fue tan grande el desorden en el funcionamiento del Estado, conducido con ineficiencia en una marco de generalizada corrupción administrativa y de complaciente demagogia”[15].

No muy distinto fue el caso de Cristina Kirchner. Su presidencia (2007-2015) se desarrolló dentro de un marco internacional favorable en cuanto a los  precios de exportación. Los valores de la soja a los que se le aplicaban y aplican retenciones, fueron mejorando desde el año 2005 hasta llegar a su máximo en septiembre de 2012. Por otra parte, el importante socio comercial de Argentina, Brasil, fue no sólo beneficiado por los aumentos de precio de los granos que exportaba, sino también de sus minerales, como el hierro, un insumo industrial muy demandado por China. En este contexto el gasto público consolidado se incrementó notablemente pasando de 32,6% del PBI en 2007 al 47,1% en 2015[16]. Este salto se generó debido a un incremento gigantesco de la cantidad de jubilados y pensionados (alrededor de 3 millones adicionales) y empleados públicos (mas de un millón adicionales), y por  subsidios a la energía y de tipo social. La situación fiscal comenzó a desequilibrarse dramáticamente en 2012, cuando el valor de la soja inició su descenso afectando las retenciones que abonaba. Para mayo de 2015 su precio llegó a su mínimo, lo que representaba una caída de 50% respecto al máximo alcanzado. Los menores ingresos fiscales, con el constante aumento del gasto, conllevaron a que el déficit fuera creciendo desde un valor casi nulo en 2007 al 6% del PBI en 2015. A diferencia de los Generales Uriburu y Videla, Mauricio Macri no enfatizaría en su campaña ni en sus discursos iniciales el pesado desequilibrio fiscal heredado[17]. Para su equipo económico la situación aparentemente no era demasiado grave y sería subsanable mediante un programa gradualista y el crecimiento económico propulsado por inversiones externas.

El mantenimiento del gasto público

Pese a autoproclamarse adalides de  la austeridad  fiscal los gobiernos de Uriburu y Justo mantuvieron el gasto público elevado en términos nominales y más aún en términos reales (por la deflación). Mientras que el presupuesto de 1929 marcaba un gasto de 704 millones de pesos, para 1933 este había subido a 775 millones de pesos. El pago de los servicios de la deuda estatal implicaron una fuerte carga sobre el presupuesto público, absorbiendo el 15.1 % del gasto en 1929 y el 29.2% en 1932[18].  Aunque algunos rubros presupuestarios bajaron, como los fondos destinados a la administración general, otros se incrementaron, como las erogaciones  en defensa, que pasaron de 113 millones de pesos en 1929 a 121 millones en 1934.

 

Durante el gobierno de Videla se produjo inicialmente una reducción del déficit fiscal, que pasó del 16%  del PBI en 1975 al 14% en 1976 y al 8% en 1977.  Esta última cifra, de todas maneras muy elevada, no pudo seguir reduciéndose en el futuro, quedando en ese nivel o en uno superior entre 1978 y 1980. Aunque el gobierno de facto redujo algunos rubros del presupuesto, otros fueron aumentados, como los gastos militares, trasferencias financieras y el pago de servicios de la deuda. Es verdad que la cantidad de empleados públicos tuvo alguna caída, pero esta baja fue compensada por mayores niveles salariales aplicados al sector. Por otra parte el esquema  conocido como “cuenta  de regulación monetaria” implicó una trasferencia creciente del fondos públicos al sector financiero. Todo ello hizo que durante el gobierno militar el gasto público terminara aumentando significativamente en términos reales, al tiempo que también se incrementaba la presión impositiva.[19]

 

El gobierno de Macri no  propuso en su campaña política no aplicó una reducción drástica de las erogaciones publicas. Por ello no sorprende que el gasto se mantuviera en su nivel y en 2017 el déficit siguiera representado un 6-7% del PBI, una magnitud similar que en 2015. La baja de  subsidios energéticos aplicada por el gobierno sería compensada por un aumento del peso de los intereses de la creciente deuda pública. La proyección del déficit para 2018 se mantiene en la misma magnitud.

 

La financiación del gasto

 

Para cubrir el déficit el gobierno de Yrigoyen (y luego el de Uriburu) comenzó a aumentar desesperadamente sus requerimientos de fondos en el mercado financiero local. La deuda estatal de corto plazo fue creciendo de 472 millones de pesos en 1928 a 556 en 1929, a 684 en 1930 y a 797 millones en 1931. Yrigoyen también recurrió al crédito externo para cubrir sus erogaciones a principios de 1930 por 175 millones de pesos (con bancos británicos y norteamericanos), pero esta fuente de recursos se esfumaría rápidamente al retraerse la oferta internacional de capitales con la Depresión. Entre los prestamistas de corto plazo al gobierno  destacaba en primer lugar el  Banco Nación, quien de transferir al gobierno 96 millones de pesos en 1928, pasó a 180 millones en 1929, a 258 millones en 1930 y a 273 millones en 1931[20].  Al mismo tiempo el Estado se endeudaría con la banca privada (por 202 millones de pesos en 1930), con compañías aseguradoras, con los funcionarios públicos (a los que les comenzó a retrasar el pago de haberes) y con sus proveedores.   Según Raul Prebish, si el Banco Nación (y muchos Bancos Privados) hubiesen sido independientes del sistema político jamás hubieran permitido que sus préstamos al Gobierno llegaran a una dimensión que finalmente puso en riesgo al sistema financiero[21]. Por otra parte, también se recurrió a la emisión monetaria. La primera gran emisión se produjo en  1931 cuando se requirió a la Caja de Conversión generar 360 millones de pesos que fueron entregados al Banco Nación.  La otra se produciría en 1932, por 170 millones de pesos entregados por la Caja de Conversión al Gobierno para abonar salarios y a proveedores impagos. Para 1932 casi un tercio de la moneda en curso tuvo su origen en estas dos emisiones[22]. Finalmente, estos gobiernos aumentaron la carga impositiva. Así fueron incrementando o creando  nuevos tributos, como las tarifas aduaneras, los impuestos a las transacciones y a los combustibles (en 1931), a los ingresos (1932), y el denominado fondo de cambios (1933), entre otros. El resultado fue que los ingresos impositivos no sólo no cayeron, sino que aumentaron en términos nominales y reales entre 1929 y 1933.

Los gobiernos de Juan e Isabel Perón recurrieron claramente a la emisión monetaria para la financiación del déficit fiscal. El circulante se duplicó en 1973 y siguió aumentando en los años siguientes. Para 1975 la inflación rondaba el 190%[23]. Durante el gobierno del General Videla, el elevado gasto público fue cubierto mediante emisión monetaria, mayor presión impositiva (con la generalización del IVA, por ejemplo) y un creciente endeudamiento internacional[24].  La deuda externa estatal se duplicó entre 1976 y 1980. Hacia el final de su gobierno el pago de sus servicios absorbía cada vez más recursos fiscales.

En el caso del gobierno de Cristina Kirchner el creciente déficit fiscal fue cubierto en buena medida con mayor presión impositiva y  emisión monetaria. La recaudación fiscal nacional pasó de representar el 21% del PBI en 2007 a 35% en 2016. Ya a fines 2007 su gobierno benefició por un aumento de las retenciones de los granos exportados que, según el producto, podían ir de un 25% a un 40%.  Por otra parte, en 2008 se recurrió a la estatización de los fondos de pensión, que brindaron al Estado recursos adicionales para cubrir los nuevos desembolsos. Asimismo, al no actualizarse las bases imponibles, la inflación generó mayores ingresos del Impuesto a las Ganancias. Finalmente las crecientes necesidades fiscales se cubrieron también con el financiamiento inflacionario. El incremento del circulante se tradujo en un creciente aumento de precios, que supero el 25 % en los últimos años kirchneristas.

 

Al llegar al gobierno Macri redujo algunos impuestos, como parte de los tributos aplicados a las exportaciones. Al mismo tiempo la legalización  de capitales externos no declarados conllevó un fuerte ingreso fiscal en 2017, lo que dejó la presión impositiva total relativamente estable.  Por otra parte su gobierno continuó recurriendo a la emisión monetaria para financiarse, a través de un mecanismo indirecto. El Tesoro emite bonos externos, cuyos ingresos de divisas son adquiridos (emisión mediante) por el Banco Central.  A su vez este emite bonos (LEBAC) para neutralizar (parte) del impacto del aumento monetario.  La deuda externa era de 167 mil millones de dólares en diciembre de 2015 acercándose posiblemente a fines de 2018 a 300 mil millones de dólares. Por otra parte el incremento de la moneda  circulante rondaría  hacia 2018 el 30% anual.

 

Tipo de cambio sobrevaluado

 

En 1929 el gobierno radical abandonó  el Patrón Oro dejando flotar libremente la moneda, lo que generó una importante devaluación. Pero en 1931 esta situación se contrarrestó parcialmente con el establecimiento un tipo de cambio fijo que implicó en la práctica una revaluación del peso, sobrevaloración que puede intuirse estuvo en el orden del 15% .   Una de las razones de esta medida fue la de permitir al gobierno adquirir divisas a un menor costo para así honrar más fácilmente los pagos de la deuda externa. Este tipo de cambio perjudicaba al sector exportador y a  su vez afectaba a la industria al abaratar la el precio de las manufacturas importadas. Que el tipo de cambio estaba desequilibrado se hizo manifiesto en los continuos excesos de la demanda de divisas (que fueron racionadas) por sobre su oferta.

 

Al fracasar el intento de bajar la inflación por no reducir la emisión monetaria, a partir de 1979 el gobierno del General Videla aplicó una política de fijación  del tipo de cambio que generó una gradual apreciación de la moneda, al superar la inflación la escala programada para los valores de las divisas. El objetivo era contener las expectativas inflacionarias,  pero la consecuencia fue dificultar la situación del sector exportador y alentar al turismo externo y a las importaciones perjudicando a la industria. A fines de 1978 y principios de 1980 la revaluación de la moneda argentina se agudizó: mientras que los mayoristas se triplicaron, el tipo de cambio aumentó únicamente  129%[25]. Un esquema parecido se aplicó a las tarifas de las empresas estatales: en este caso la consecuencia fue que crecieran sus perdidas, que parcialmente fueron financiadas con endeudamiento externo[26]. Otra vez, las divisas ingresantes tendían a elevar el valor de la moneda local. En 1980, después de años de ser positiva, la balanza comercial se volvió negativa.

 

En el caso del gobierno de Macri, y luego de una fuerte devaluación inicial de un 40%  (entre fines de 2015 y principios de 2016), lo que movió el tipo de cambio a un nivel más equilibrado, la moneda argentina comenzó un lento proceso de revaluación por el ingreso de divisas causado por el endeudamiento externo. Para fines  de  2017 un informe del FMI consideraba que la moneda argentina podría estar sobrevaluada en hasta un 25% respecto a su nivel de equilibrio de mediano plazo[27].  El resultado fue que la exportaciones tendieron a volverse  menos competitivas  y se alentaron los gastos en el exterior, en particular el turismo.  Para 2017 se verificó un déficit comercial cercano al 5% del PBI, magnitud que se estima se matendrá durante 2018.

Elevada tasa de interés

La negativa del Ministro de Hacienda del General Justo, Alberto Hueyo de renegociar la deuda pública, junto con el elevado gasto estatal causó a que el que el gobierno mantuviera constantes sus demandas de fondos internos y con ello se elevara dramáticamente la tasa de interés.  La brecha entre la rentabilidad empresaria y los costos financieros fue en aumento hasta hacerse máxima en 1933. La más importante organización empresaria de la época, la Confederación Argentina del Comercio, de la Industria y de la Producción, lo expresaba enfáticamente: “Todos los empresarios de Ia producción, comercio e industria tratan de  conseguir, por los menos, una rentabilidad igual al de los títulos oficiales, dado los riesgos que existen y que no encuentran en la inversión en títulos. Si no consiguen ese retorno, se desaniman como es natural, tratan de liquidar sus empresas, si es que lo pueden, para colocar su capital en títulos públicos, y este procedimiento al generalizarse determina un agravamiento de la situación general, especialmente de la desocupación obrera. La rentabilidad que hoy se obtiene de la producción es sumamente baja, muy inferior a la tasa oficial”.[28]

 

La reforma financiera encarada durante el gobierno de Videla implicó una liberalización del sector financiero y una de las consecuencias fue la aparición de fondos prestables a elevadas tasas. Dada la sobrevaluación creciente de la moneda por la política cambiaria aplicada ello generó durante 1979 y 1980 alta rentabilidad para fondos externos ingresantes de corto plazo, un factor que a su vez tendería a revaluar más la moneda.

 

La política monetaria restrictiva del Banco Central durante el gobierno de Macri y la continua demanda pública de fondos internos causó elevadas tasas de interés. En dólares, durante 2016 la tasa fue de 8% anual, una de las más altas del mundo[29]. Dado el atraso cambiario el esquema fue muy atractivo para el ingreso de fondos especulativos de corto plazo.  El elevado costo financiero implicó que para todos los sectores fuera cada vez más difícil y caro obtener crédito, afectando la cadena de pagos[30]. A fines de 2017 un informe del FMI alertaba sobre el efecto de crowding out de inversión privada que era consecuencia del creciente endeudamiento público.

 

La razón de las repeticiones cíclicas

 

En todos los casos analizados destaca la permanencia del elevado gasto público, junto con su consecuencia, el déficit fiscal y la inflación. Algunos gobiernos incrementan las erogaciones públicas dramáticamente y otros gobiernos, que los reemplazan, buscan solucionar el desequilibrio generado. Pero lo intentan de una manera que eventualmente no reduce (o inclusive aumenta) las erogaciones en la medida requerida. Dado que el gasto debe financiarse de alguna manera siempre se recurre a un incremento de la presión impositiva, la deuda o a la emisión monetaria, o a todos a la vez.  La requerida baja de las erogaciones es algo detestado e impopular y los gobernantes buscan instintivamente cualquier alternativa a su disminución drástica:  relata el Ministro de Economía Alfredo Martínez de Hoz que en 1978 presentó a la Junta Militar dos alternativas para dominar la inflación: la primera era bajar la emisión, lo que claramente implicaba  un recorte del gasto. La segunda era “pisar” el tipo de cambio, lo que traccionaría a la baja  las expectativas de aumentos de precios. La segunda medida claramente no solucionaba estructuralmente el tema y sólo podía tener efectos de corto plazo. La opción de la Junta Militar en favor de la segunda opción fue “contundente”[31]. Por otra parte Ricardo López Murphy cuando como Ministro de Economía en 2001 aconsejó al Presidente Fernando de la Rua un recorte del gasto, una propuesta que sería (considerando lo que ocurrió posteriormente) bastante modesta. Pero el presidente decidió reemplazarlo por Domingo Cavallo quien parecía ofrecer una salida más indolora a la crisis. Los gobernantes, piensa López Murphy, tienen una propensión  en casos de crisis a escuchar diagnósticos y propuestas optimistas, que por otra parte estiman les permiten no perder su popularidad.[32]

 

Dado que estas situaciones se repiten debe quizás buscarse en causas culturales/psicológicas más profundas el sustrato de este comportamiento reiterativo.  El filósofo José Ortega y Gasset, cuando visitó a el país en las primeras décadas del siglo 20 (en 1916 y en 1929) destacó que los argentinos tenían incorporada en su cultura la idea de un Estado grande, excesivo. Por otra parte no vivían conectados con su contexto y realidad, sino más bien proyectados en un futuro idealizado e ilusorio[33].  A su vez, el economista Emilio Coni, comentando en 1930 sobre lo afirmado por Ortega y Gasset aclaraba que el argentino era ya entonces un gran  creyente en el “Estado-Providencia”, una entidad que el ciudadano creía le solucionaría sus problemas laborales ofreciéndole empleo sin pedirle mucho a cambio[34]. Esta valoración del Estado, unido a un cierto irrealismo, parece ofrecer las condiciones ideales para prácticas populistas de incremento de las erogaciones sin una evaluación de su impacto en el largo plazo.  Otras interpretaciones más recientes marcan que los argentinos podrían sufrir de  lo que Sigmund Freud describía como una compulsión a la repetición: las situaciones penosas se reiterarían siempre olvidando su origen, bajo la creencia  de que eran situaciones nuevas. Psicólogos han marcado que el argentino está signado por un “pensamiento mágico” que inevitablemente lo lleva a la decepción, frustración, ira y la búsqueda de responsables externos.[35] Todo lo antedicho tiene mucha relevancia a la hora de explicar el porqué en los contextos de gasto o déficit fiscal crítico se implementan planes económicos  optimistas pero condenados al fracaso por los desequilibrios que causan: típicos han sido los esquemas que terminan generando una dañina revaluación de la moneda. Por otra parte todo intento de reforma, de “achicar el gasto” sólo perdura en las primeros momentos de los gobiernos: pronto las demandas políticas aplastan las intenciones de recorte o frugalidad.   Si esta cultura, mezcla de estatismo, junto con una dosis de irrealidad sobre el futuro y descuido del financiamiento público a largo plazo es una característica persistente de la cultura argentina, todo intento de mejora en las condiciones que permitan un crecimiento sostenido parecen difíciles de lograr. El bajo puesto logrado por el país recientemente en el ranking mundial  de ideología pro capitalista o pro mercado parece confirmar la existencia de una  “dotación de mentalidad” adversa a generar instituciones y políticas conducentes un desarrollo duradero[36].

 

[1] EN El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

[2] https://www.lanacion.com.ar/2130452-creencias-revolucionarias

[3] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires.

[4] Gondra, Luis Roque (1933), Elementos de Economía Política, Buenos Aires, Librería La Facultad, p. 292 .

[5] En este caso sólo abarcamos el periodo hasta 1934, que hemos estudiado con máyor detenimiento.

[6] Revista Económica (Enero 1931) 4:1, p. 1.

[7] Lascano, Marcelo, Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, 1972, p. 93.

[8] Persello, Ana Virginia (2000) “Administración y política en los gobiernos radicales, 1916-1930”, Sociohistórica, nº 8,  p.137.

[9] Potash, Robert (1982), El Ejercito y la politica en la Argentina 1928-1945, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, p. 55.

[10] Lascano, Marcelo (1972), Presupuestos y Dinero, Buenos Aires, p. 93.

[11] Ortiz Batalla, Javier (2001)  “Finanzas Públicas, Moneda y Bancos (1914-1945)” en Academia Nacional de la Historia, Nueva Historia de la Nacion Argentina, Buenos Aires, vol VIII, pp. 525-549.  p. 536

[12] https://es.scribd.com/document/212888063/Manifiesto-de-Uriburu-Del-6-de-Septiembre-de-1930

[13] Llach, Lucas y Gerchunoff, Pablo (2018) El ciclo de la ilusión y el desencanto, Buenos Aires, pp. 392, 398, 401

[14] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 250.

[15] http://www.ruinasdigitales.com/revistas/dictadura/Dictadura%20-%20Discursos%20de%20Videla%20-%201976.pdf

[16] https://www.minhacienda.gob.ar/secretarias/politica-economica/programacion-macroeconomica/gasto-publico-consolidado/

[17] El gigantesco desequilibrio fiscal heredado no es mencionado en el primer discurso de Macri en el congreso, el 10 de diciembre de 2015: https://www.lanacion.com.ar/1852996-transcripcion-completa-del-discurso-de-mauricio-macri. Tampoco lo había hecho en el acto de cierre de su campaña el 22 de octubre de 2015: http://pro.com.ar/blog/2015/10/22/discurso-de-mauricio-macri-en-el-acto-de-cierre-de-campana/

[18] Díaz Fuentes, Daniel (1993), Las políticas fiscales latinoamericana frente a la Gran Depresión, Madrid, p. 52

[19] De Pablo, Juan Carlos De Pablo (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La ley, I. pp. 1058-1059.

[20] Poder Ejecutivo Nacional (1938), Obra de Gobierno 1932-1938, s.p.,

[21] Prebish, Raul (1991) Obras  1919-1948,  Vol.  II,  Buenos  Aires,  p.  45.

[22] Sin embargo, la cantidad total de moneda en circulación no se incrementó notablemente ya que parte había quedado esterilizada al retirarse oro de la Caja de Conversion para el pago de la deuda externa.

[23] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, p. 251.

[24] Cavallo, Domingo Felipe y Cavallo, Sonia (2018) Historia Económica de la Argentina, Buenos Aires, Editorial el Ateneo, pp. 256-257.

[25] De Pablo, Juan Carlos (2005), La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX, Buenos Aires, La Ley, I. p. 979.

[26] Bonelli, Marcelo (2004), Un país en Deuda, Buenos Aires, Planeta, p. 35.

[27] https://www.imf.org/en/Publications/CR/Issues/2017/12/29/Argentina-2017-Article-IV-Consultation-Press-Release-Staff-Report-and-Statement-by-the-45530, p. 44.

[28] C.A.C.I.P., Tres sugestiones para aliviar la crisis, Buenos Aires, 1933, p.8

[29] https://www.infobae.com/economia/2018/04/02/argentina-es-el-pais-con-las-tasas-de-interes-mas-altas-del-mundo/

[30] https://www.lanacion.com.ar/2129921-advierten-por-el-impacto-en-la-actividad-economica

[31] Martínez de Hoz, José A. (1991), 15 años después, Buenos Aires, Emece, p. 197.

[32] Manifestado por Ricardo Lopez Murphy al autor de este trabajo en una charla personal.

[33] Sobre la visión de Ortega y Gasset sobre los argentinos ver Campomar, Marta (2009), Ortega y Gasset en la curva histórica de la Institución Cultural Española, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, pp. 547-593.

[34] Coni, Emilio (1930) El hombre a la ofensiva, Buenos Aires, p. 6.

[35] Sobre esta temática trata el artículo de Giselle Rumeau en el Cronista Comercial (11/5/2018): https://www.cronista.com/3dias/Argentina-y-el-eterno-retorno-una-mirada-psicologica-sobre-las-crisis-ciclicas-20180511-0002.html

[36] Ver el índice en: Newland, Carlos (2018) “Is Support for Capitalism Declining in the World? A Free-Market Mentality Index (FMMI) 1990-2012, Independent Review, 22, 4: 569-583. Argentina aparece en el lugar 51, de los 58 países computados, en su aprobación de la economía de mercado. (p. 581)

 

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

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Cómo hicieron muchos países para bajar los índices de pobreza

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/4/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/04/24/como-hicieron-muchos-paises-para-bajar-los-indices-de-pobreza/

 

Esa es la vara que eligió el presidente Mauricio Macri para que se evalúe su gestión a fin del mandato.

 

No parece una mala unidad de medida para evaluar su gestión económica. Obviamente que el tema ocupación o creación de puestos de trabajo va a ser clave para poder terminar en serio con la pobreza en la Argentina.

Lograr inversiones que contraten mano de obra para que millones de personas dejen de hacer como que trabajan en el sector público, cuando en realidad muchos de ellos son desocupados encubiertos en el Estado, y legiones de piqueteros que viven del trabajo ajeno, es todo un desafío.

Cómo lograr salir de la pobreza es una receta conocida. Disciplina fiscal, bajos impuestos y gasto público, flexibilidad laboral y respeto por los derechos de propiedad. A partir de estos lineamientos se crean las condiciones para que la gente desarrolle su capacidad de innovación.

No van a ser los burócratas los que nos van a guiar con su “sabiduría” qué tenemos que producir, en qué cantidades y a qué precios. Eso ya lo probamos y tenemos una larga experiencia de decadencia económica.

Al respecto no hay mucho para inventar. Basta con ver el Índice de Libertad Económica que todos los años elabora The Heritage Foundation y el Wall Street Journal para advertir que a mayor libertad económica, mejor nivel de vida de la población.

Recordemos que el Índice de Libertad Económica incluye ítems como respeto por los derechos de propiedad, disciplina fiscal, flexibilidad laboral, carga impositiva, apertura comercial, eficacia judicial y otros rubros más. Es decir, es una combinación de calidad institucional y políticas económicas.

Por ejemplo, tomando los 10 primeros países de mayor libertad económica y los 10 con menor libertad económica e incluyendo el índice de flexibilidad laboral se observan los siguientes resultados.

Como puede verse en el cuadro previo, los diez primeros con mayor liberad económica tienen, al mismo tiempo, una elevada flexibilidad laboral,  tomando 100 como mejor puntaje. Y como puede verse, las tasas de desocupación están, en la mayoría de los países, en niveles muy bajos.

Singapur tiene un índice de flexibilidad laboral de 92,6 y una tasa de desocupación de solo 2,1% de la oferta laboral.

Por supuesto que la tasa de desocupación no la define solamente la flexibilidad laboral, pero ayuda porque no es una barrera que frene la contratación de mano de obra como es en el caso argentino.

La última columna muestra el ingreso per capita de cada país en dólares corrientes. El que tiene un ingreso por habitante más bajo es Estonia con USD 17.737 pero eso tiene una explicación: estuvo sometida por la ex Unión Soviética y luego de independizarse inició un proceso de liberación de la economía. Revertir 70 años de comunismo no era tarea sencilla.

Como dato ilustrativo, comparemos el ingreso per capita en dólares constantes de 2011 entre la Argentina y Estonia para ver lo que puede la libertad económica.

Luego de la caída del muro de Berlín, nosotros teníamos un ingreso per capita, de acuerdo a los datos de Angus Maddison, que superaba en un 42% al de Estonia; en 2016 esa brecha se revirtió al 32% a favor del país europeo, luego de que nos empezara a superar en 2001, y sacó amplias ventajas a partir de 2011, segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner.

Punto de giro singular

Hong Kong, que lidera el índice de libertad económica, es otro caso interesante para compararnos. Recuerdo que en la década del 70 aquí se solía descalificar las reformas económicas del país asiático, argumentando que ellos vivían en condiciones infrahumanas y comiendo un plato de arroz.

En 1960, nosotros, los genios del vivir con lo nuestro y el intervencionismo, teníamos un ingreso per capita que superaba en un 126% al de Hong Kong. En 2016, siempre en base a los datos de Angus Maddison, el país asiático sacó una ventaja del 156%; semejante giro es lo que pudo lograr la libertad económica versus el intervencionismo, el estatismo, la economía cerrada y las regulaciones junto con el populismo económico.

Otro ejemplo del efecto del ajuste fiscal

Comparémonos ahora con Irlanda. En 1960 nuestro ingreso per capita era 12,7% más alto que el de Irlanda. Los irlandeses, llegado un punto, tuvieron que decidir si iban a incorporarse a la Unión Europea o se mantendrían alejados del mundo. Optaron por incorporarse e hicieron un fenomenal ajuste del gasto público en términos nominales.

Sí, algo que aquí sería tildado de ajuste salvaje por parte de los populistas y progres. El resultado es que en 2016 Irlanda tuvo un ingreso per capita un 200% más alto que el nuestro y no para de atraer inversiones ya que le cobra a las corporaciones un impuesto a las ganancias de solo el 12,5 por ciento.

Con cualquiera de los 10 países que nos comparemos con mayor libertad económica, respeto por los derechos de propiedad e integración económica al mundo, somos una lágrima. Países que, con soberbia, mirábamos por arriba del hombro como Singapur, hoy nos superan.

En 1960 teníamos un ingreso per cápita 123% mayor a de ellos y en 2016 nos superaban en 248%. Insisto que todos los gráficos están basados en la última actualización del proyecto Angus Maddison. La fuente es esa.

Si tomamos los 10 países con menos libertad económica, es decir los que están en el final de la tabla, observamos que en tasa de desocupación hay escasa información y lo mismo ocurre con algunos casos del ingreso per cápita que, para los países que disponen de información, están a años luz de los 10 primeros países de la tabla.

La lógica y la evidencia empírica demuestran que a mayor grado de libertad económica, integración económica al mundo, disciplina fiscal, bajos impuestos y gasto público, respeto por los derechos de propiedad, justicia eficiente y flexibilidad laboral, mayor crecimiento e ingreso per capita de la población. En definitiva, mayor bienestar y menos pobreza. El objetivo que busca Macri.

La receta es clara, la duda es si gradualismo o shock

En definitiva, Mauricio Macri no tiene que inventar nada para lograr su objetivo de bajar la pobreza. Ya está todo escrito. La receta es conocida. Solo le queda estudiar si esos países fueron muy graduales al momento de llevar a cabo las reformas estructurales o aplicaron políticas de shock.

Es importante resaltar que en el ideario popular hay países que se creen que aplican políticas socialistas. Si uno revisa el Índice de Libertad Económica se encuentra que Suecia está en el puesto 15, Noruega en el 23 y Finlandia en el 26. Es decir, los países nórdicos, identificados como países socialistas, tienen economías libres. Hace rato que dejaron el socialismo.

Otro dato interesante es que varios de los países que estaban detrás de la cortina de hierro se liberaron del comunismo y aplicaron políticas de shock de libre mercado como los casos de Estonia, Lituania, la República Checa o Letonia que están entre los primeros 30 países con mayor libertad económica y muy fuertes incrementos de sus ingresos per cápita. Luego de estar 73 años bajo la bota comunista, estos países llevaron a cabo importantes reformas económicas pro mercado.

Por eso, aquellos que dicen que nosotros no podemos crecer porque tuvimos 70 años de peronismo, tienen que mirar al resto del mundo y ver como países cuyas poblaciones tuvieron el cerebro lavado por el comunismo o estuvieron bajo políticas populistas como Irlanda, lograron revertir su decadencia.

No busquemos más excusas. No soy peronista y nunca voté al peronismo, pero tampoco compremos el argumento que porque tuvimos peronismo no nos podemos recuperar más.

Me parece que el problema nuestro es que los gobiernos no peronistas terminaron aplicando el populismo del peronismo y por eso el abanico de oferta electoral actual tiende a ser bastante populista en su conjunto, con lo cual la conclusión es que nuestro grave problema económico tiene que ver más con los valores que imperan en la sociedad. La cultura de la dádiva, del proteccionismo, en definitiva del estado sobredimensionado que ahoga la capacidad de innovación de las personas.

El partido político que cambie su oferta electoral y en vez de populismo, proteccionismo y redistribución del ingreso ofrezca las reglas de los países exitosos y logre convencer a una mayoría de los beneficios de terminar con el populismo es el partido político que logrará lograr otro milagro económico como el que consiguió, en su momento, la generación del 80.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Protesta de las amazonas.lib

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/4/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/files/2018/04/190318.pdf?x77400

 

Pauper Oikos se vio rodeado por unas sonrientes mujeres embutidas en pintorescas cajas que lo
piropearon con gracia y sin rubor.
—¡Tío bueno! ¡Me gustan los calvos brutos y netos! —gritó una ejecutiva de cuentas.
—Mira cómo luce mi productividad marginal —invitó otra, economista lanzada ella.
—Papito, desgrávame otra vez —siguió una tercera, fiscalista.
No cabía duda: eran las progresistas de amazonas.lib, la rompedora organización feminista de remoto origen carioca, también conocida como O Terror do Populismo. Al frente estaba Mariquita
Black, economista canadiense y célebre autora de la obra clásica del feminismo individualista: Aphrodite Te Hodite Unmasked.
Como portaban una pancarta con las letras: LGTBIEVA, el reportero de Actualidad Económica inquirió sobre su significado:—Hombre tenías que ser —se burlaron las amazonas—. Habla de: “Las Grandes Tonterías Buscan Inocular El Veneno Antiliberal”.
—O sea que sois capitalistas —concluyó Oikos, siempre lento en sus deducciones.
Mariquita Black procedió a leer su manifiesto:
—Defendamos nuestros derechos. Nos precede una larga genealogía de mujeres
activistas, las que lucharon contra el fascismo y el comunismo. Basta de prohibiciones,
cuotas y subsidios a los lobbies feroces pseudofeministas. Señalamos la
violencia fiscal como expresión paradigmática de la explotación. Denunciamos la
LGTBIEVA fobia política, social, institucional y laboral que sufrimos muchas de nosotras, como otra forma de violencia. Somos mujeres y somos diversas. Llamamos a la rebeldía y a la lucha contra el socialismo de todos los partidos que nos quiere dóciles, sumisas y calladas, como bajo los paraísos de la izquierda. Protestamos contra la grave represión y los recortes de derechos que estamos sufriendo por el intervencionismo de derechas y de izquierdas.
Y queremos empleo y pensiones. —¡Os pillé! —exclamó Pauper Oikos, creyéndose más listo que las listas—. O sea que queréis igualdad y estado de bienestar.
Las amazonas lo miraron con patente desdén.
—No, mira —dijo Black—. Nosotras queremos igualdad ante la ley, y a partir de ahí que cada cual se busque la vida. No queremos privilegios, ni cuotas, ni observatorios, ni sindicatos, ni ministerios.
Queremos libertad. Sabemos bien que engrosamos las listas del paro por culpa del intervencionismo, y no nos tragamos el cuento de que el poder recortará nuestra libertad por nuestro bien. Es verdad que exigimos también las pensiones que nos hemos ganado. No más pensiones de miseria, que nos obligan a sufrir pobreza en la vejez. Pedimos por ello la privatización
total de las pensiones. Y dejar de pagar la ONU y la burocracia basura.
Gritamos bien fuerte contra el anticapitalismo salvaje que se impone como pensamiento único a nivel mundial y que destroza nuestro planeta y nuestras vidas.
—¿Y qué hay de la pobreza y la desigualdad en el mundo? —preguntó el reportero, malévolo.
—¡Exigimos que la defensa de la vida se sitúe en el centro de la economía y de la política! —gritaron las amazonas al unísono—. Muera el proteccionismo machista. Viva el libre comercio y la
soberanía alimentaria de las mujeres de los países pobres. Y viva la publicidad con mujeres: nuestros cuerpos son nuestros: basta de paternalismo y viva la libertad.
Pauper Oikos, por fin, entendió de qué se trataba, y acompañó a las amazonas y a su amiga canadiense, cantando la famosa canción de Toronto de Groucho Marx: “Say, it’s better to run to Toronto, than to live in a place you don’t want to”.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

El “neoliberalismo” de Macri

Por Gabriel Boragina Publicado el 24/3/18 en: http://www.accionhumana.com/2018/03/el-neoliberalismo-de-macri.html

 

Respecto de la cuestión de si el gobierno del presidente Macri es neoliberal o no, caben hacer las siguientes reflexiones que tienen que ver con puntos que hemos desarrollado en muchas otras oportunidades.

En lo personal, trazo diferencias sustanciales entre los términos liberalismo y el más popular neoliberalismo. Dado que -en lo particular- adhiero al liberalismo y no el neoliberalismo volveré a precisar (lo más sintéticamente que me sea posible) que entiendo por esta filosofía a la que yo suscribo.

Lo que sigue son las respuestas que le di a un ocasional interlocutor español que sostenía que en Sudamérica y -especialmente- en la Argentina había un gobierno liberal o neoliberal. Voy a tratar de desarrollarlas en el mismo orden en que se dio el diálogo que mantuve con él.

Mis respuestas a sus “planteos” fueron las siguientes:

  1. El último vestigio de liberalismo que tuvimos por estos lares, tuvo su punto culminante en las décadas del 20 y del 30 del siglo pasado (variando en la región según cada país, claro). El “auge” del liberalismo en el curso de la historia mundial (ya no sólo sudamericana) fue relativamente breve en una perspectiva histórica que puede decirse comprendida entre fines del siglo XVIII hasta las dos o tres primeras décadas del siglo XX. Desde estas últimas fechas hasta la actualidad las ideas liberales fueron paulatinamente siendo desplazadas por la ideología socialista asumiendo distintos grados y proporciones según las épocas. En Sudamérica, característicamente, hallaron buena acogida las ideologías fascistas y sus variantes populistas que gozaron de gran predicamento desde mediados del siglo pasado hasta nuestros días. En el caso argentino, ello con el peronismo, e incluso con gobierno de diferentes denominaciones, inclusivamente militares. Desde esta última época hasta la actualidad puede decirse que los otros gobiernos argentinos han girado dentro de un círculo conformado por el populismo y la socialdemocracia (en el mejor de los casos). Pero, siempre en las fechas indicadas, ninguno ha rozado siquiera la esencia del ideario liberal, ni han puesto en ejecución sus más efectivas recetas.
  2. El proceso descripto tuvo su punto de partida a partir de la década del 30 del mismo siglo, donde se empezaron a introducir en Latinoamérica -importadas de Europa- las doctrinas fascistas y nazistas, y sus correlatos económicos: el nacionalismo y el proteccionismo. Las ideologías mencionadas, implantadas en la región con mucha fuerza hacia mediados del siglo pasado se mantuvieron hasta nuestros días oscilando entre un estatismo virulento hacia otro más atenuado. El gobierno del presidente Macri -en mi opinión- es un estatismo de bajo grado en comparación a los gobiernos precedentes argentinos. Nuevamente, nada de ello tiene siquiera punto de contacto con el liberalismo que se le achaca.
  3. En lo económico, estrictamente, se aplicó -durante los periodos antes enumerados- el keynesianismo. Keynes publicaba su “Teoría General…” en 1936, pero sus opiniones empiezan a colarse en Latinoamérica hacia fines de los años 50, y tienen su apogeo en los 70 del mismo siglo, en gran parte gracias a la CEPAL. Esas teorías se siguen aplicando más tenuemente en la actualidad. Como se observa…nada de “liberalismo” en todo un largo periodo…hasta hoy. Esta tendencia no lo fue solo en la Argentina, sino en la mayor parte de la región.
  4. En los años 80 y durante casi 20 años, en Chile se pusieron en marcha algunas tesis “monetaristas” con buen éxito. Sin embargo, como no se quiso abandonar de todo el keynesianismo, la mejoría no fue óptima. Pero fue un buen intento. Como se ha venido observando en las últimas décadas, México, Perú y Colombia mejoran sus economías en la medida que se apartan del intervencionismo keynesiano.
  5. En cuanto a llamar a todo lo anterior “neoliberalismo” puede aceptarse siempre y cuando -y en la medida que- se tenga en claro que “neoliberalismo” NO ES liberalismo. En otra oportunidad hemos llegado a la conclusión que el “neoliberalismo” no es otra cosa que lo que nosotros llamamos intervencionismo (quizás de bajo grado, pero intervencionismo al fin). Al “neoliberalismo” se le oponen el liberalismo, por un lado, y el colectivismo por el otro. Desde este punto de vista, el gobierno de Macri si seria “neoliberal”, es decir intervencionista de grado reducido o intermedio. Claramente No liberal. En esta línea, el keynesianismo también sería una vertiente “neoliberal”.
  6. Mas precisamente, el accionar del presidente Macri se orienta hacia una política desarrollista. El “desarrollismo” no es más que un derivado del keynesianismo. En estas latitudes se lo intentó a fines de la década del 50 y principios de la década del 60 del mismo siglo XX. Sus pilares son la obra “pública”, tanto industrial, vial, como habitacional, financiada con inversiones privadas o estatales. Quizás esto sea “neoliberal”, pero no es liberal de modo alguno, toda vez que el liberalismo no promueve (ni deja de hacerlo) actividad específica ninguna, sino que deja en libertad a todo el mundo para que encare la acción lícita que prefiera sin interferencias del gobierno.

El interlocutor español al que refuté con estas respuestas confesó -al fin de cuentas- no ser experto en economía (por cierto, le agradecí su honestidad intelectual al hacerlo), al tiempo que le respondí que, me gustaría saber en qué “fuentes” o autores serios se basaba para lo que venía afirmando. Y me remitió a la Wikipedia (lo que le agradecí de todos modos) no sin aclararle que tal remisión no es suficiente (ni muy académico que digamos), ya que se trata tan sólo de una simple enciclopedia, que, para peor, se escribe en forma anónima y en la que cualquiera puede entrar, escribir, modificar, borrar, editar los artículos, etc. (lo que es tanto peor).

Por último, le agregué que, sería bueno que nos indicara que economistas había leído, sus nombres y apellidos, o -al menos- sus apellidos, como se titulan sus libros, ediciones, etc. …tanto como para tener alguna base o referencia válida. Lo que sería útil también para estar al corriente en qué y cómo fundamentaba sus dichos, tales como que “el keynesianismo no fue totalmente aplicado” (afirmación sorprendente, por cierto), cuando hasta los mismos economistas keynesianos aseveran lo contrario a lo que tan tajantemente decía. Pero, lamentablemente, nunca conseguí que me contestara.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Capitalismo, pobreza, riqueza, estatismo y controles

Por Gabriel Boragina Publicado  el 15/12/17 en: http://www.accionhumana.com/2017/12/capitalismo-pobreza-riqueza-estatismo-y.html

 

Suele decirse que los países del primer mundo son capitalistas. Y que esos países serían los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia y algunos otros más.
Las economías -no obstante- de esos países no son “capitalistas” ni de “libre mercado”, sino que son “intervencionistas” en el mejor de los casos. Uno de los índices que lo muestra es el de PERN (Participación del Estado en la Renta Nacional). Este indicador trata de determinar a cuánto asciende la intervención del “estado” en el PBI de cada país. Es bueno para describir el grado de injerencia estatal en la economía. Si se analiza esta relación cuidadosamente, puede advertirse que la PERN es del orden del 45/50 % promedio en la mayoría de los países. En EEUU y otras naciones un poco más bajo, pero no tanto. Como se ve, nada de “capitalismo” ni “libre mercado” sino mucho de estatismo.
Intervencionismo, estatismo, dirigismo, populismo, etc. son términos contrarios al capitalismo. La mera existencia de impuestos (que como su nombre lo indica se cobran coactivamente) denota que el capitalismo no existe, sino en muy escasa medida en el mundo. Se podría expresar que, a mayor tasa de imposición fiscal menor tasa de capitalismo, habida cuenta que sin libertad no hay capitalismo y en el caso fiscal el único que goza de libertad es el fisco que es libre de cobrarlos o no, pero no goza de igual derecho el contribuyente que no es libre de pagarlos o no. La libertad que se otorga el burócrata a sí mismo para cobrar tributos es lo más contrario al capitalismo. Y la locución tan usada de “capitalismo de estado” no es más que un oxímoron. No hay capitalismo sin libertad, y donde la única libertad que existe es la del gobierno contra los gobernados allí no hay nada de capitalismo.
También se afirma que la pobreza de los pobres es causa de la riqueza de los ricos (y viceversa), tal como sostenía Montaigne en el siglo XV, quien así construyó su famoso dogma.
Los gobernantes -sin embargo- son los hombres más ricos del mundo siempre, porque son los únicos que pueden crear el dinero que necesitan “de la nada”. Ese es el objetivo -precisamente- de la “Casas de la Moneda” y de los bancos centrales, ambos (de más está decirlo) estatales. Perpetuamente son peligrosos porque, además de no tener moral, tienen todo el poder, lo que los hace más temibles aún.
Y en cuanto a los ricos que no forman parte de los gobiernos, o en apariencia no componen su estructura formal, cabe pensar que obtuvieron su patrimonio al amparo de leyes intervencionistas que atacando al libre mercado privilegian a unos empresarios a costa de otros empresarios. Muchas leyes actúan en ese sentido, creando monopolios, mercados cautivos y otras rigideces en la economía, que encumbra artificialmente a unos pseudoempresarios y destronan a los verdaderos emprendedores que buscan competir sin privilegios y ventajas. Difícilmente en países con legislaciones intervencionistas (la mayoría de hoy) podremos tener certeza de hasta qué punto las fortunas empresariales son consecuencia del libre juego de la oferta y la demanda y de la competencia de mercado. Donde no hay mercado, o donde el mercado está severamente ingerido, persistentemente cabrá la sospecha de capitales mal habidos.
Donde el mercado sea más libre que en otras partes, las ganancias de los empresarios serán consecuencia de su sometimiento a las leyes de la competencia libre (o más o menos libre), y allí nada cabrá reprocharles, porque sus lucros serán fruto de las libres decisiones de sus clientes y compradores eventuales, que los habrán preferido en lugar de sus competidores.
Podría darse el caso de un gobernante honesto que se abstenga de enriquecerse a costa de su pueblo. Pero dada que toda la legislación a nivel mundial esta armada de manera tal que sean los gobiernos los que controlen la emisión de dinero, cobren los impuestos, dirijan la producción, y dicten leyes que fijen precios (entre otras muchas restricciones) la tentación de echar mano a esos recursos perennemente será muy grande para el sujeto que eventualmente gobierne, ya que dispondrá continuamente de un poder enorme, que será muy difícil de controlarse o autocontrolarse. Basta que una ley habilite expoliar a un ciudadano (aunque se le dé visos de legalidad) para que la puerta del abuso estatal quede constantemente abierta, y sea discrecional para el poder de turno atravesarla o no.
Quizás, un presidente o líder honesto no se enriquezca porque dentro de sus normas morales está la de no robar. Pero ¿podría decirse lo mismo del resto de sus funcionarios? y, a niveles más bajos que el suyo ¿de los miles o más de burócratas que conforman la administración pública? ¿puede esperarse que un presidente o jefe de estado decente tenga el control y la vigilancia permanente de lo que hagan o no hagan -dentro o fuera de sus despachos- todos los funcionarios que jerárquicamente dependan de él? La respuesta es que es humanamente imposible esperar eso de una sola persona.
No hablo, por supuesto de los casos donde los jefes de estado son notoriamente partícipes o autores de ilícitos que son tan explícitos que están a la vista de todo el mundo. Tal por ejemplo el caso del matrimonio Kirchner en Argentina.
Por eso, no es cierto que el liberalismo aspira a una sociedad sin controles. Hay que diferenciar las cosas. La sociedad necesita -desde luego- controles, y esos vienen dados por las leyes, que en el marco de un orden constitucional republicano han de respetar los derechos individuales de todos por igual, lo que se llama igualdad ante la ley. Este control de tipo legislativo es el que se da la propia sociedad civilizada para garantizar -precisamente- su carácter de tal y, especialmente, el de civilizada. Sin este tipo de controles ninguna libertad de mercado resulta viable ni posible.
La economía de mercado tiene sus propios controles. Y sólo puede existir bajo el imperio de la ley. Sin ley no hay mercado y sin mercado no hay ley. Son dos caras de la misma moneda. Claro que no cualquier ley, sino leyes que respeten los derechos individuales y la propiedad privada de las personas.
Nuestras actuales economías no son de mercado, porque el que abusa del mercado es el gobernante y no al revés. Y el mercado no tiene secretos ni e entelequias, es simplemente la gente como el lector y yo.

 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Los desafíos de Angela Merkel en su cuarto mandato

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/10/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2069387-los-desafios-de-angela-merkel-en-su-cuarto-mandato

 

Angela Merkel, como anticipamos, se impuso claramente, por cuarta vez, en las elecciones nacionales de su país. Aunque con menos margen, desde que ha perdido un millón de votos con los que hasta no hace mucho contara, que han partido hacia otras alternativas. Algunos hacia el centro, otros hacia el populismo, lo que es inquietante. ¿Cuáles son los principales desafíos inmediatos? Especialmente, aquellos con algún impacto más allá de la propia Alemania.

Primero, la reforma de la Unión Europea y la de la llamada “eurozona”. Allí tiene ya empujando al nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, ansioso por avanzar velozmente con sus imaginativas propuestas que apuntan a la profundización de la integración continental, a la que hoy muchos europeos se resisten. Ellas son altamente complejas: suponen un presupuesto europeo unificado, un parlamento común, una suerte de Mini Fondo Monetario europeo y un ministro de Finanzas único para Europa. Nada fáciles de digerir. Más aún en Alemania. Pero eso es lo que Macron está ya poniendo sobre la mesa.

Merkel ha tratado de reducir cuantitativamente esas propuestas y atarlas a un presupuesto común menor en su envergadura. Pero las propuestas, igual no lucen demasiado factibles. La presencia de los populistas en el Parlamento alemán hará más difícil avanzar en dirección a perfeccionar la integración en la Unión Europea. A lo que cabe agregar que los socios de centro en una posible nueva coalición de gobierno, que alguna vez fueran claramente partidarios de ese objetivo, tienen hoy, en cambio, un alto grado de “euroescepticismo”, lo que es un cambio que no ayudará al tándem Merkel-Macron a lograr el objetivo antes mencionado.

Segundo, la necesidad de adoptar un rol más protagónico en el escenario mundial, por la defección de Donald Trump en la tarea de defender los valores centrales de Occidente y ante el fuerte aumento de la influencia y presencia de China y Rusia en todos los rincones del mapa. Esto requerirá previsiblemente que Alemania cumpla, de una vez, sus promesas y aumente su músculo militar con la asignación al mismo del 2% de su PBI que fuera comprometida en la OTAN. Hasta ahora, Alemania vivía en esto, pícaramente, “de prestado”, dedicando a este tema apenas un 1,2% de su PBI.

Tercero, la urgencia en “re-balancear” su poderosa economía, bajando sin más demoras su enorme superávit comercial y dedicando los recursos del caso, con la intensidad requerida, para renovar una infraestructura pública germana con muchos rincones hoy claramente obsoletos. Alemania necesita recuperar sus niveles de inversión. Y además, crecer en el complejo mundo de la tecnología, en el que se está quedando atrás.

Cuarto, encarrilar la crisis de los refugiados, el tema que realmente polarizó a su país y que requiere un esfuerzo monumental de integración entre la cultura alemana y las de los recién llegados, atendiendo -con la prudencia del caso- el problema de no “islamizar” de pronto a Alemania, que a muchos parece preocupar. Particularmente a quienes han virado precisamente por ello hacia los inquietantes extremismos de la derecha alemana que hoy representa nada menos que el 12,6% de su electorado. Más de un alemán sobre cada diez, entonces. No es poco.

Angela Merkel obtuvo entonces -como pretendía- un nuevo mandato. Pero salió debilitada, con el nivel de apoyo popular a la Democracia Cristiana más bajo desde 1949. Deberá, además, gobernar en coalición con la derecha (que ha crecido un 5,2%) y con los “Verdes”, agrupaciones de muy distintos pelajes y objetivos. Porque esta vez el socialismo, también muy debilitado en la reciente elección, quiere ser oposición y recuperar así su identidad ideológica. El universo político alemán ha quedado muy fragmentado. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, tendrá en su Parlamento a legisladores nacionalistas, lo que augura un diálogo doméstico bien distinto al mantenido hasta ahora, que incluirá los temas étnicos y raciales.

Ha quedado en evidencia, además, que el Este de Alemania, que se reunificara a comienzos de la década de los 90, pero que sigue siendo el rincón del país con mayor nivel de pobreza, es más proclive que el Oeste a las tentaciones nacionalistas y populistas.

La nueva gestión doméstica de Angela Merkel que ya se inicia luce compleja. Presuntamente será la última de una líder exitosa que hoy parecería ser el pilar central de la estabilidad del mundo. Quizás por eso mismo el riesgo de su éxito o fracaso se extiende claramente más allá de Alemania.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Ecuador: elecciones con olor a fraude

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 23/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1997690-ecuador-elecciones-con-olor-a-fraude

 

El populismo y sus destructivas aberraciones, que hasta no hace mucho prevalecieran políticamente en nuestra región, parecerían estar en retroceso. Prueba de ello es que, a través del veredicto de las urnas, sus exponentes ya no gobiernan en nuestro país. Ni tampoco en el Perú.

Ahora es Ecuador quien tiene ante sí una oportunidad de alejarse del populismo. Allí la gestión del autoritario Rafael Correa ha dejado al país endeudado, políticamente desorientado, socialmente dividido y sumergido en un enorme -y extendido- pantano de corrupción.

En la primera vuelta de las recientes elecciones presidenciales, la del 19 de febrero pasado, el candidato de Rafael Correa, Lenín Moreno, estuvo (al menos, aparentemente) a menos del uno por ciento de obtener los votos requeridos para evitar la segunda vuelta. Pero no lo logró. Luego de una extraña, inesperada y hasta sospechosa suspensión del cómputo de los votos, las autoridades electorales ecuatorianas anunciaron que la segunda vuelta era inevitable. Esto ocurrirá el próximo 2 de abril.

Tan pronto como se hizo ese anuncio, algunas encuestas de opinión comenzaron a señalar insistentemente que Lenín Moreno llevaba, de inicio, una ventaja muy apreciable sobre su rival, el dirigente de centro Guillermo Lasso. Acumulaba, decían, una intención de voto del 59%, contra una de apenas 41%, que prefería a Lasso.

Los medios cubanos y venezolanos difundieron enseguida esa circunstancia, afanosamente. Como queriendo generar una temprana sensación de una carrera con un resultado previsible, sino consumado: el triunfo del oficialismo socialista, el que representa Lenín Moreno.

Desde entonces, las encuestas de intención de voto arrojan resultados llamativamente contradictorios. Más aún, diametralmente diferentes. Las últimas encuestas, las realizadas entre el 11 y el 14 de marzo pasados, sugieren que el oficialismo podría ser efectivamente derrotado, aunque ajustadamente. Por el 50,8% de los votos, contra un 49,2%. Un aparente “empate técnico”, entonces, pero con todavía un importante 18% de indecisos.

Para alimentar las sospechas de manipulaciones, el ahora ex Comandante del Ejército ecuatoriano, el general Luis Miguel Castro Ayala, declaró públicamente que las fuerzas armadas de su país no habían tenido “completa custodia de las urnas”, como mandaban las normas. Porque la vigilancia del transporte de las actas electorales por parte de una empresa privada, contra lo normado, había en los hechos quedado en manos de la policía. Y de un solo efectivo por vehículo. La “cadena de custodia” obviamente se había vulnerado. Al conocerse ese inquietante anuncio, el presidente Rafael Correa, lejos de felicitar al militar por el celo demostrado en el cumplimiento de su misión, lo dejó cesante de inmediato. Sin más. Junto con otros cuatro altos jefes militares, que también quedaron en la calle.

A lo que se agrega ahora que desde la oposición se sugiere que una de las máquinas impresoras de uno de los más importantes diarios cooptados por el actual gobierno habría imprevistamente producido algunas boletas electorales. Por esto, un escenario ya enturbiado se ha oscurecido aún más.

Al despedirse de sus compañeros de armas con una previsible y evidente sensación de malestar, el ex general Castro Ayala los exhortó a seguir “brindando seguridad al proceso electoral”, para que “se respete la sagrada voluntad del pueblo ecuatoriano”. Más claro, el agua.

Cabe recordar que Castro Ayala es nada menos que quien, en septiembre de 2010, condujo exitosamente el operativo militar que liberara al propio Rafael Correa refugiado en el Hospital Militar luego de ser agredido por una torpe insurrección en el Cuartel Policial de Quito. Hablamos, cabe señalar, de un militar que goza de una merecida aureola de absoluta profesionalidad, que jamás mostró favoritismo político alguno.

Fuentes ecuatorianas aseguran que su reemplazo, el general Edison Narváez Rosero, es en cambio un hombre muy cercano al ministro de defensa de Rafael Correa, uno de los “duros” y más radicales personajes de su gobierno.

Lo que acabamos de describir alimenta obviamente sospechas de un fraude que podría, de pronto, infectar a la que pronto será una reñida segunda vuelta en las elecciones presidenciales ecuatorianas. Ellas flotan sobre el ambiente, ahora tenso. Por esto varios ex presidentes de nuestra región acaban de manifestar públicamente su preocupación.

El socialista Lenín Moreno, que perdiera su movilidad en un asalto sufrido en 1998, es un ex empresario del sector del turismo. Ha sido ya, en dos ocasiones, vicepresidente de su país.

Guillermo Lasso es, por su parte, un diplomado en administración de empresas. Fue presidente del Banco de Guayaquil en una gestión exitosa que trasformara a la entidad en la segunda mayor del país. Su obsesión es reducir la pobreza a través de la creación de nuevos empleos. A lo que suma una firme voluntad que procura que la deformada democracia ecuatoriana funcione en más como corresponde y garantice los derechos civiles y políticos de un pueblo que hoy sabe que los tiene cercenados. Hace algunos días, Lasso invitó a Lilian Tintori (la esposa del encarcelado líder opositor venezolano, Leopoldo López) a acompañarlo en su campaña. Las autoridades ecuatorianas no permitieron que ingresara a Ecuador y la enviaron de regreso a Venezuela. Porque su presencia, está claro, pudo haber perjudicado al “caballo del comisario” en la carrera electoral. Todo un símbolo del autoritarismo que caracterizan al Ecuador de hoy.

Mientras esto sucede, la economía ecuatoriana cerró un año 2016 realmente decepcionante. El PBI se contrajo un 1,5%. La deuda externa creció por encima del 40% del PBI. Las exportaciones perdieron un 10,2% de su valor. El desempleo trepó al 6,62%. Y este año, lamentablemente, se anticipa una nueva contracción, del orden del 2,9%. Para muchos habrá una dura renegociación de la deuda externa. Quizás por esto el país está repatriando sus reservas en oro.

Para Ecuador, un momento complicado, entonces. Lleno de ansiedad, donde quienquiera que sea quien se imponga en la segunda rueda de los comicios presidenciales que se avecinan deberá gobernar en condiciones que están lejos de ser las ideales. El legado de Rafael Correa no es para ponerse de pie y aplaudir.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La confrontación Trump-China

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/1/17 en http://www.cronista.com/opinion/La-confrontacion-Trump-China-20170118-0026.html

 

La confrontación Trump-China

Después de más de trescientos años desde Adam Smith se siguen suscribiendo los anacrónicos postulados del mercantilismo de los siglos XVI y XVII. No se trata de un caso especial sino de una visión generalizada solo que hoy en lugar de mercantilismo se denomina nacionalismo, populismo o proteccionismo.
Todavía no hemos comprendido que comprar barato y de mejor calidad es preferible a comprar caro y de peor factura. Todo arancel implica mayor erogación por unidad de producto, lo cual, a su turno se traduce en una menor posibilidad de adquirir productos, es decir, en la reducción en el nivel de vida de los consumidores locales puesto que la lista de los bienes disponibles se contrae.
Pero lo increíble del asunto es que se sigue machacando con frases como que si se compra todo del exterior se destruirá la producción dentro de las fronteras sin percatarse que, igual que cada uno de nosotros, si no vendemos no podemos comprar. La importación depende de la exportación y viceversa, para lo cual es indispensable contar con un tipo de cambio libre.
Igual que sucede con nosotros, el objetivo es comprar puesto que las ventas constituyen los costos de las compras. Nosotros no trabajamos por el amor al esfuerzo, es el medio para adquirir lo que necesitamos. Igual ocurre con un país. La ubicación de los distintos capitales dependerá de las condiciones relativas y cambiantes. Si Trump ubica una de sus torres en Punta del Este es porque conjetura que su renta global se maximiza de esa manera. Lo mismo va para el resto de las inversiones estadounidenses.
Tampoco debe uno concentrarse en China, el próximo presidente de Estados Unidos exhibe rabietas varias cuando sus conciudadanos producen automóviles en México y así sucesivamente.
En esta nota lo que queremos puntualizar es que el caso de la trifulca Trump– China no es un caso especial. Las falacias tras el razonamiento del magnate nacionalista resultan más estruendosas que otros nacionalismos que ahora surgen con fuerza electoral en Europa o los nacionalismos latinoamericanos, porque se trata de un presidente electo de Estados Unidos pero, como decimos, las premisas están en los políticos, en profesionales de muy variada especie e incluso en muchas facultades de economía, lo cual puede confirmarse con solo encender la televisión.
Como ha dicho Milton Friedman, si los extranjeros les regalaran bienes y servicios a los estadounidenses no hay que enojarse sino festejar el hecho que libera factores de producción para asignarlos en nuevas áreas ya que no vivimos en Jauja sino que las necesidades son siempre mayores que los bienes y servicios disponibles. El progreso significa mejorar la productividad que se traduce precisamente en liberar recursos humanos y materiales para atender nuevos requerimientos de la gente.
Y nada de competencia desleal, industria incipiente, dumping y otras pantallas que ya se han refutado en trabajos muy elementales. El economista decimonónico Bastiat se burlaba en su época del verso de los pseudoempresarios explotadores que siempre pretenden endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores a través de aranceles, al sostener que debían tapiarse obligatoriamente todas las ventanas para evitar la competencia desleal del sol para con los productores de velas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Peronismo y mayorías

Por Gabriel Boragina: Publicado el 7/1/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/01/peronismo-y-mayorias.HTML

 

Un típico mito político argentino tiene como asumido que el peronismo seria la fuerza política “mayoritaria” del país. Trataré de explicar porque no se trata más que de una ficción.

En cada comicio electoral, estadísticamente un tercio de los argentinos vota siempre al peronismo, otro tercio no lo vota nunca, y el tercio restante lo vota la misma cantidad de veces en que no lo hace.

Esto significa que literalmente el peronismo -en votos- representa sólo un tercio del total de la población en condiciones de votar.

Cuando me refiero al peronismo, lo hago en su más amplio espectro y las distintas variantes en las que se ha presentado en el mercado electoral argentino, que incluye lo que prefiero llamar el peronismo de Perón (a veces denominado “peronismo histórico”, “fundacional” o de “la primera hora”, y que yo abrevio como PP); el peronismo de Menem (que designo como “peronismo M” o brevemente PM) y el peronismo de los Kirchner (que diferencio como “peronismo K”, y abrevio como PK). Con todas sus variantes y en todas sus diferentes facetas: PP + PM + PK = P. Por eso, cuando aludo simplemente al peronismo (P) el lector deberá estar alerta en cuanto a que apunto a los tres (PP-PM-PK) salvo que haga los debidos contrastes para cada uno de ellos por alguna cuestión en particular.

Todos los gobiernos peronistas han tenido un común denominador: la corrupción, variando el grado de ella.

Supongamos la siguiente escala de corrupción, y la ubicación de los diferentes “peronismos” dentro de ella

MUY ALTA PK
ALTA PP
SEMI-ALTA PM
MEDIA
SEMI-MEDIA
BAJA
MUY BAJA

El peronismo -también en cualquiera de sus tres expresiones- ha sido (y sigue siendo) un populismo. Asimismo, como en el caso de la corrupción (y como todo) el populismo admite grados, lo que nos permite intentar un cuadro similar al anterior, pero esta vez de populismo:

MUY ALTO PK
ALTO PP
SEMI-ALTO PM
MEDIO
SEMI-MEDIO
BAJO
MUY BAJO

Otra característica del peronismo es su estatismo. En su graduación, aquí notamos algunas variantes, las que reflejamos en la siguiente escala:

MUY ALTO PP
ALTO PK
SEMI-ALTO
MEDIO PM
SEMI-MEDIO
BAJO
MUY BAJO

Podríamos seguir analizando otras características de este “movimiento” (como gustan llamarlo sus seguidores), pero haría sumamente extenso lo que pretende ser un breve análisis.

No vamos ahora a explayarnos sobre que queremos significar con las palabras corrupción, populismo, estatismo, etc. porque hemos dedicado muchísimos trabajos a estos temas que sería muy espacioso reproducir aquí.

Estas características, simplemente delineadas, no han sido -por supuesto- exclusivas del peronismo, sino que las ha compartido con otros gobiernos que alternaron en el poder, tanto civiles como militares y, supuestamente, anti-peronistas. Pero, sin duda, el peronismo ha llevado al paroxismo (en las graduaciones sugeridas) los rasgos más negativos de la política argentina en su conjunto.

Ahora bien, a pesar de todo lo anterior, el peronismo ha gobernado el país por dilatados periodos. Desde su aparición en 1945 y hasta el presente posee, evidentemente, el historial de gobiernos más largos en el tiempo. Si, como sostengo, nunca ha sido mayoría ¿cómo pudo haberlo logrado?

Primero veamos como distribuyen sus votos los peronistas (P) los no peronistas (NP) y los antiperonistas (AP):

P VOTA SIEMPRE P
NP VOTA P o NP o AP
AP NUNCA VOTA P
AP VOTA AP o NP

Como observamos, la mayor flexibilidad electoral -a la hora de depositar sus sufragios- son los NP. Por ende, son los que definen toda elección a favor o en contra de los candidatos P, NP o AP.

Lo que ha determinado las elecciones en las que históricamente el peronismo se alzó con el triunfo fue ese tercio no peronista (NP) ni antiperonista (AP) que mencioné antes. Los que -alternativamente- en cada elección, votan al peronismo o a alguna otra fuerza o partido no peronista o antiperonista. ¿Cómo es ello posible?

Para responder esta pregunta, la mira debe enfocarse en un estudio más profundo, que contemple la sociología política del argentino medio. En esta línea, puede decirse que el plafón ideológico de este, es la socialdemocracia, lo sepa o no. A muy grandes rasgos, la socialdemocracia postula el intervencionismo estatal, y oscila entre un menor o mayor grado del mismo, conforme a las circunstancias.

El peronismo es un populismo, y -como tal- no abraza ninguna ideología precisa, sino que las utiliza y las cambia (o intercambia) en función de que le permitan arribar y conservar el poder político y económico a todo trance. Se ha dicho que la única “ideología” del populismo es este último objetivo.

Esta “plasticidad ideológica” (por llamarla de alguna manera) le permite mutar sin rubor, desde el intervencionismo más extremo hasta el más moderado, pero sin dejar de lado jamás el intervencionismo.

Como el liberalismo es anti-intervencionista, el populismo nunca podría ser (ni lo fue) liberal. Dígase, obviamente, lo mismo del peronismo.

Este -como populismo- ha sabido adaptarse a esas estrategias de conversión, y las ha modelado conforme la idiosincrasia del argentino medio quien, a sus espaldas, carga con una larga historia de caudillismo y personalismo que forman parte esencialísima de todo populismo y -por consiguiente- igualmente del peronismo.

Esa absoluta falta de compromiso ideológico, siempre le facilitó ofrecer un discurso acorde a aquello que sus oyentes circunstanciales deseaban oír, lo que le ha posibilitado alzarse con la victoria en muchas contiendas electorales, zanjadas por ese tercio de ciudadanos no-peronistas (NP) quien -en sentido inverso- le ha infringido, asimismo, sendas derrotas cuando esa fracción ciudadana creyó que había llegado el momento de menos estatismo en el gobierno.

Sin embargo, un menor estatismo nunca es primera prioridad para un electorado que comparte -en más o menos- el sistema estatista, como es el argentino. Las derrotas del P, desde la primera en 1983 hasta la fecha, no representaron (ni quisieron serlo) derrotas del estatismo, sino que trataron de ser derrotas a la corrupción.

Sucede que al argentino promedio le cuesta muchísimo reconocer que el intervencionismo estatal lleva necesariamente a la corrupción, y que esta es no otra cosa que un simple efecto de aquel.

Este esbozo, naturalmente, no agota el examen del peronismo. Y será sumamente extraño que un peronista este de acuerdo con el mismo (algo que, dicho sea de paso, no lo espero). Pretendo aquí -simplemente- dar mi visión personal sintética de este peculiar fenómeno político argentino.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El verso de la brecha del ingreso

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/12/16 en: http://economiaparatodos.net/el-verso-de-la-brecha-del-ingreso/

 

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media

De acuerdo a los datos publicados por el INDEC la pobreza alcanza al 32,2% de los habitantes, dato que nuevamente se ha vuelto a publicar luego que el kirchnerismo escondiera la pobreza detrás del famoso argumento de Kicillof que era para no estigmatizar a los pobres. Aclaremos que el dato del INDEC está en línea con los datos que publica la UCA sobre pobreza, de manera que, si bien el ajuste parcial de algunos precios relativos que había dejado el kirchnerismo pudo haber aumentado un par de punto la pobreza heredada del kirchnerismo, es claro que 12 años de una economía cerrada, con sustitución de importaciones, estatizaciones, regulaciones de precio, control de cambios, aumento del gasto público, presión impositiva descomunal y planes sociales solo consiguieron aumentar la tasa de pobreza. El kirchnerismo es el ejemplo más categórico de lo letal que es el intervencionismo estatal, el estatismo y el estado benefactor para la calidad de vida de la población.

En este sentido, sería bueno que el macrismo reflexione y entienda que no es cuestión de administrar “bien” un sistema con incentivos perverso como el que dejó tantos pobres con el kirchnerismo. Tampoco tiene que concentrarse el gobierno en la distribución del ingreso. Hablar de la distribución del ingreso no tiene sentido, pero sí tiene sentido bajar la pobreza.

Respecto a la distribución del ingreso voy a dar un ejemplo de lo tramposo que puede ser el tema. Supongamos que en el momento 1 el sector que menos gana tiene un ingreso de 10.000 y el que más gana de 50.0000, la diferencia entre el que más gana y el que menos gana es de 5 veces.

Supongamos que vamos a una economía de mercado y el que, sin inflación, el que menos gana tiene un ingreso de 55.000 y el que más gana de 550.000. La diferencia entre ambos es de 10 veces. O sea, la distribución del ingreso empeoró respecto al momento 1 pero resulta que ahora el que menos gana multiplicó por 5,5 veces su ingreso respecto al que menos gana del momento 1 y encima gana más que el que más ganaba en el momento 1. ¿Cuál es, entonces, el problema que la distribución del ingreso haya “empeorado”? El problema no es la distribución del ingreso, que es en lo que se concentran los políticos populistas, sino el nivel de pobreza.

El problema es que los políticos, para conseguir más votos y retener el poder, apuestan siempre al corto plazo, esto es, suelen señalar como a los que más ganan como los responsables de la pobreza de los que menos ganan. Por eso hay que expoliarlos con impuestos. Hay que matar con impuestos a las empresas y a los que más ganan para redistribuir ese dinero entre los más pobres en nombre de la solidaridad social, la justicia social y todo lo que tenga como adjetivo social. Siempre queda bien para lucir sensible como político para conseguir más votos.

Ahora, ¿cuál es el resultado de este tipo de trampa política que se ocupa de perseguir a los que más ganan? Muy sencillo, al castigarse con mayor intensidad a los que invierten y son emprendedores se quitan los incentivos para invertir, generar más puestos de trabajo y mejorar la productividad, factores que permitirán aumentar el ingreso real de los que menos tienen. El progresismo y el populismo lo que logran es igualar hacia abajo. Que todos sean pobres en vez de que los más pobres sean cada vez más ricos y mejoren su calidad de vida.

Durante décadas Argentina ha tenido políticas de castigar impositivamente la inversión y perseguir a los innovadores obteniendo como resultado este 32% de pobreza. Porque, además, para poder incrementar la carga tributaria, el estado tiene que disponer cada vez de más poder arbitrario para expropiar impositivamente a la gente, creando inseguridad jurídica y espantando las inversiones.

Mucho bien le harían los políticos a los pobres si en vez de mirar a los ricos se miraran a sí mismos y se dieran cuenta que no es persiguiendo al innovador y al que invierte como se elimina la pobreza. Que el problema no es la distribución del ingreso, sino que el haber perseguido a las inversiones es lo que genera la pobreza.

No es casualidad que los países con menor seguridad jurídica, impuestos altos, gasto público elevado, regulaciones y estatismo, terminen generando condiciones de vida para el grueso de la población similares a la edad media, con gente sin agua potable, corriente eléctrica, ni cloacas, mala alimentación y sin un sistema de salud eficiente.

Vean la Venezuela chavista con su modelo socialista del siglo XXI. Ha sumergido al grueso de la población en la pobreza más aberrante. Los emprendedores y de mayor ingreso emigraron hace rato y la única gran diferencia en la distribución del ingreso es entre los jerarcas chavistas, que tienen todas las comodidades a punta de fusil (copiando el modelo de Fidel Castro) mientras el resto de la población revuelve la basura para encontrar comida y los saqueos están a la orden del día.

Con la historia de la distribución del ingreso, lo que se ha conseguido no es sacar a los pobres de la pobreza, sino bajar a la condición de pobres a la clase media, dejar a los pobres en la pobreza, hacer que los emprendedores emigren y ampliar la brecha entre los más ricos y los más pobres, pero con la característica que los más ricos pasaron a ser los dirigentes políticos que decían que iban a reducir la brecha entre ricos y pobres. En síntesis, el negocio de los políticos ha sido el hablar de la brecha entre ricos y pobres. La dirigencia política ha sido la gran ganadora del verso de la brecha entre ricos y pobres.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE