La ley como ‘’reformadora’’ social


Por Gabriel Boragina. Publicado en:
http://www.accionhumana.com/2022/07/la-ley-como-reformadora-social.html

Los juristas, no pocos políticos, profesores, y mucha gente común suele pensar que la ley es el instrumento ‘’perfecto’’ para modelar y moldear la conducta de una sociedad o de la sociedad en general.

Muchos son los reformadores sociales, entre los cuales se cuentan los mencionados en primer término, que asumen como propia esa misión y que sueñan con imponer criterios morales, no solamente al prójimo que tienen inmediatamente más cercano -como etimológicamente significa la misma palabra prójimo- sino a todos, sean próximos o lejanos.

Pero hay autores que no piensan lo mismo y entre los cuales nos alineamos:

‘’La gente cumple las leyes sus propios objetivos que pueden ser morales o inmorales. Un criminal puede servirse de métodos e instituciones legales para cumplir su designio criminal’’[1]

Ese criminal puede ser incluso el mismo legislador, como ya nos hemos referido en otras ocasiones. Es más, en el caso de los regímenes totalitarios lo es siempre. En este supuesto, su labor legislativa tiene dos objetivos: por el primero, legitimar sus conductas ilícitas. Por el segundo, criminalizar todas las demás conductas que se opongan a la suya.

‘’La gente buena se sirve también de instituciones para cumplir con sus designios que no necesariamente son iguales a los de los legisladores’’[2]

Aunque el legislador mismo no sea un criminal, incluso en ese caso, sus objetivos raramente serán los mismos que los de las demás personas. Se olvida a menudo que mientras la ley uniforma conductas, los seres humanos somos todos diferentes y actuamos en desiguales direcciones, y ninguna ley puede abarcar todo ese abanico de conductas humanas. Muchos han pretendido hacerlo a través de la ley, pero jamás en la historia de la humanidad lo han logrado, y difícilmente lo consigan mientras los seres humanos sigan siendo desemejantes entre sí.

‘’La moral no se transmite, el legislador no contagia a la ley de sus designios morales, cada uno de nosotros utiliza la ley para sus propios propósitos morales, y de esta manera sirve a lo que entiende como mejor desde su propio punto de vista’’[3]

Parece que el autor abraza la tesis de la moral subjetiva. Según esta, cada persona tiene sus propias normas morales. Otros pueden participar de ellas, o tener sus personales reglas morales disímiles a las de los primeros. Pero como sea, coincidimos en cuanto a que la ley no es el vehículo idóneo ni apropiado para transmitir valores morales a los destinatarios de ella. En cualquier caso, los principios morales se transmiten a otras personas por diversos cauces, entre los cuales el más importante es la educación.

‘’De manera que deberíamos agregar a las limitaciones de la ley como fuente del derecho, además de ser costosa y el reparto asimétrico de ese costo, el hecho de que la ley tiene un carácter meramente instrumental, que no puedo darle contenidos morales a una sociedad a través de la ley. Finalmente los ciudadanos harán lo que quieran hacer, lo que mejor entiendan que les conviene, lo que les guste hacer y no lo que los legisladores pretenden que hagan a través de las normas legales’’[4]

Esto parece indicar que, a través de la ley no es posible regimentar a una sociedad, ni producir reformas sociales. Ambas cosas son correctas. La ley es un resultado, una consecuencia, y no una causa de algo.

Algunas conductas pueden ser consecuencia de ciertas leyes que, observadas en conjunto, serán, »a la postre», aisladas. Por ejemplo, la violación de la ley penal puede -en determinados casos- resultar en que la persona que la quebranta sea procesada y vaya presa. Pero la mayoría de los tipos penales que la ley determina sólo resultarán vulnerados en aquellos casos que marchen en contra de las costumbres sociales imperantes en esa época y lugar donde se los pretende aplicar. En caso contrario, no lo serán.

Esto último resulta relevante y visible en los regímenes totalitarios donde, usualmente, se elaboran códigos penales que listan -además de los considerados delitos comunes- otra serie de hechos que -en la doctrina- suelen denominarse como delitos políticos y que no son precisamente los que ejecutan los gobernantes contra la gente común sino, inversamente, los que los tiranos imaginan como tales y que siempre serán los cometidos por la persona corriente contra los rectores del régimen opresor.

‘’En conclusión hemos tratado de profundizar en este mundo donde el derecho no se crea monopólicamente sino competitivamente’’[5]

En este punto deberemos recordar que hay dos tipos de monopolios que reciben distintas significaciones por parte de los autores. Unos lo llaman naturales y artificiales, otros espontáneos y provocados, otros de mercado o estatales, otros el bueno y el malo. En fin, las denominaciones se multiplican. En el punto, en realidad, el autor lo que está queriendo decir es que hay varias fuentes del derecho y -en el caso- identifica al monopolio con la fuerza del estado/nación. Por competitivo para él debe entenderse, entonces, la existencia de varias fuentes del derecho.

‘’si el derecho se crea monopólicamente en realidad tenemos poco que discutir, como el derecho se crea competitivamente resulta que podemos hacer una aproximación hacia las fuentes del derecho desde una perspectiva distinta y darnos cuenta de que el derecho es costoso y que la ley como fuente del derecho es una fuente predominante y con una presencia significativa, deriva su condición de situaciones objetivas’’[6]

En contexto, todo es costoso y es algo en lo que hemos insistido siempre. El párrafo da la errónea idea de que si el derecho fuera creado monopólicamente no tendría costo alguno, lo cual es falso, aunque no sea lo que el autor piense realmente. Pero la forma de expresarlo trasmite al lector esa errada percepción.

También pretendemos dejar aclarado que, el concepto de ley es -en última instancia- subjetivo y que es aquello que cualquier persona entiende como obligatorio para ella. Excede, pues, la idea corriente de ley positiva, aunque el articulista comentado siempre use la palabra ley en este último sentido.

‘’En realidad la ley, como un mecanismo institucional, tiene una serie de ventajas insoslayables. Una ley puede disminuir los costos de transacción pero también los puede incrementar, la ley como fuente del derecho tiene costos y beneficios, estos costos se reparten asimétricamente y tienen un carácter instrumental’’[7]

La primera oración contradice, indudablemente, las siguientes. En rigor, quiere decir que la ley tiene ventajas y desventajas (siempre) lo cual es una conclusión particular de una premisa general, por la que todo, absolutamente todo en la vida, tiene costos y beneficios, lo que se resume en la célebre fórmula del notable premio Nobel de economía Milton Friedman: There are no such thing as a free lunch. Sobre el carácter instrumental de la ley no tenemos allí nada que objetar y estamos profundamente de acuerdo con el autor.

‘’También la ley tiene beneficios, economías de escala y ventajas comparativas como fuente del derecho, lo que explica la enorme difusión y la gran importancia de la ley en la sociedad contemporánea. De los muchos fenómenos jurígenos, la ley y la costumbre son entonces las fuentes predominantes’’.[8]

La conclusión es casi una obviedad a la luz de lo que hemos venimos analizando. Pero mantenemos nuestra disidencia en cuanto a la separación entre ley (a secas) y costumbre. Lo correcto sería expresarlo así: ley positiva y ley consuetudinaria, o ley formal y ley informal si se quiere, también.

La idea -a nuestro juicio- queda mejor enunciada: ambas son leyes, pero de dos tipos diferentes. En cualquiera de uno y otro caso, la obligatoriedad y el cumplimiento de la ley queda reservado al ámbito subjetivo del individuo en cuestión.


[1] Enrique Ghersi ‘’El costo de la legalidad’’. publicado por institutoaccionliberal • 16/01/2014 • El costo de la legalidad | Instituto Acción Liberal http://institutoaccionliberal.wordpress.com/2014/01/16/el-costo-de-la-…

[2] Enrique Ghersi. ibídem.

[3] Enrique Ghersi. ibídem.

[4] Enrique Ghersi. ibídem.

[5] Enrique Ghersi. ibídem.

[6] Enrique Ghersi. ibídem.

[7] Enrique Ghersi. ibídem.

[8] Enrique Ghersi. ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La banca central necesariamente se equivoca

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/4/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-banca-central-necesariamente-se-equivoca-nid28042022/

La llamada autoridad monetaria es el fetiche de nuestra época; si expande la base monetaria, si la contrae o si la deja inalterada siempre altera los precios relativos. Téngase en cuenta que los precios son los únicos indicadores para saber dónde asignar y dónde no asignar los siempre escasos recursos. Mal guiar factores productivos inexorablemente se traduce en derroche de capital lo cual, a su turno, significa menores salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización constituyen la única causa de mayor riqueza y, por ende, mitiga y revierte la pobreza.

El premio Nobel en economía Friedrich Hayek ha escrito que la humanidad ha demorado doscientos años en percatarse del peligro y la inconveniencia de atar la religión al poder político, es de esperar que no nos demoremos otro tanto en darnos cuenta del daño inmenso de atar la moneda al gobierno. En el origen del proceso evolutivo de la moneda la gente abandonó el cambio directo o trueque porque se dio cuanta del embrollo que significaba encontrar alguien que quisiera lo que uno posee, que al mismo tiempo contara con un bien o servicio que uno desea y, sobre todo, al tipo de cambio aceptable para ambas partes. Desde luego que resultaba muy complicado el obtener un trozo de pan para el experto en tocar la flauta, puesto que es poco probable que el panadero aceptara entregar su bien a cambio de una lección de flauta, y así sucesivamente se presentaban las más variadas complicaciones.

En una versión sobresimplificada y telegráfica, así es como la gente decidió recurrir al cambio indirecto, es decir, llevar a cabo las transacciones vía una mercancía considerada de aceptación general debido a sus usos no monetarios (industriales, para comestibles etc.). Este fenómeno en la jerga moderna se conoce como el teorema de la regresión monetaria. En este cuadro de situación se usó el tabaco en la Virginia colonial, el cacao en Centroamérica, el hierro en África, las sedas en India, el ganado en Grecia y otros bienes, lo cual facilitó el comercio. En esta especie de competencia monetaria tuvieron éxito generalizado el oro y la plata debido a sus destacadas propiedades de homogeneidad, fraccionabilidad y durabilidad.

Luego, para facilitar la calidad y peso del metal, se optó por la acuñación y más adelante, para brindar mayor seguridad y comodidad, se abrieron casas de depósito que entregaban recibos denominados billetes, y los emisores se conocieron como bancos. Pero en medio de este proceso los gobiernos siempre tentados de echar mano a nuevos canales de financiación impusieron primero la acuñación estatal y luego el monopolio de la convertibilidad también a través del Estado. Si prestamos atención a la historia monetaria observaremos que en esa instancia se sucedieron interrupciones en la convertibilidad hasta que en líneas generales finalmente irrumpió la banca central.

Los Acuerdos de Bruselas y Génova del los años 20 acordaron eliminar el metal aurífero como respaldo de la moneda y sustituirlo por el dólar y la libra (este signo monetario a poco andar quedó sin efecto) con una ratio convencional dólar-oro pero con la estipulación implícita de no reclamar el oro a Fort Knox, situación que quedó expuesta cuando Jacques Rueff desde el gobierno francés deliberadamente para poner al descubierto la trampa reclamó el oro, desde luego sin éxito. De todos modos, el nuevo sistema permitió expansiones monetarias por parte de Estados Unidos lo cual a su vez generaba reservas para la banca central extranjera que les permitía emitir dinero local. Esto condujo al boom previo a la crisis del 29 que arrastró al planeta a una debacle sin precedentes y a nuevas medidas por todos conocidas hasta nuestros días donde estamos inmersos en la banca central, con el apoyo logístico de instituciones nefastas como el FMI que financian gobiernos fallidos con recursos detraídos coactivamente a contribuyentes de distintos países.

Supongamos banqueros centrales muy competentes y honestos, como hemos consignado el abrir este texto solo pueden decidir entre tres caminos los cuales desfiguran los precios relativos con las consecuencias apuntadas. Y si se insiste en que la banca central sea independiente del ministerio de economía o similares, el error será cometido independientemente, pues no hay salida posible.

Se ha dicho que la autoridad monetaria se establece para preservar el valor del poder adquisitivo de la unidad monetaria, pues ninguna banca central ha hecho semejante cosa. En verdad se trata de succionar el fruto del trabajo ajeno con lo que los economistas llamamos elegantemente “inflación” pero que en verdad es un robo descarado a los ingresos de todos pero muy especialmente a los más vulnerables.

Milton Friedman –otro premio Nobel en economía– en sus conferencias en Israel publicadas bajo el título de Moneda y desarrollo económico ya había anticipado: “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central.” Y en su último escrito sobre tema monetario –Monetary Mischiff– consignó: “La moneda es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de banqueros centrales.”

Hay tres modelos monetarios: política monetaria activa con tipo de cambio flexible, política monetaria pasiva con tipo de cambio fijo, conocida en nuestro medio como “convertibilidad” aunque estrictamente esta denominación en la literatura económica corresponde a una mercancía intercambiada por un recibo-billete pero no un billete de un color por otro de otro color y, por último, moneda de mercado con tipo de cambio libre que significa ausencia de política monetaria.

La primera vez que expuse lo dicho fue en mi libro Fundamentos de análisis económico hace la friolera 50 años con prólogo de Hayek y prefacio del exsecretario del Tesoro del gobierno de EEUU, William E. Simon. Ahora veo que hay propuestas varias para, en última instancia, dejar de lado el fetiche de la autoridad monetaria; pero es llamativo que a veces algunos periodistas se detengan en los pasos a seguir para lograr cometidos similares, con lo que se enganchan en un debate que deja de lado la meta. Más provechoso en esta y otras materias que apuntan a reformas estructurales de fondo es discutir la validez de las metas, puesto que hay muchas arquitecturas en cuanto a los medios para lograr esos fines, y si se pierden en métodos finalmente se deja de lado el objetivo. Hay propuestas sólidas que señalan la conveniencia de que la gente elija su activo monetario al estilo de lo propuesto en primer término por Hayek, pero que ahora acompañan una frondosa bibliografía. En esta línea argumental con razón se conjetura que, dadas las circunstancia actuales, en una primera instancia la gente elegirá el dólar. Por otra parte debe tenerse en cuenta que fuera de la base monetaria como pasivo de la banca central, el resto es deuda gubernamental,

Algo tragicómico es la manía de aludir a “la soberanía monetaria” sin entender que es equivalente a referirse a la soberanía de la zanahoria. Como ha indiciado, entre otros, Bertrand de Jouvenel, la soberanía primordial es la del individuo con sus derechos inalienables, lo demás es pantalla para distraer al incauto.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Default moral: la tragedia de la drogadicción

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el30/3/22 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/default-moral-la-tragedia-de-la-drogadiccion-nid29032022/

Abro esta nota periodística con dos pensamientos, el primero es del premio Nobel de Economía Milton Friedman en su reiterada sentencia: “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizarlas convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que las usan como para los que no las usan”. El segundo es del sacerdote John Clifton Marquis en Las leyes sobre drogas son inmorales, publicado en US Catholic: “La legislación sobre drogas ha producido el efecto exactamente opuesto a lo que esas leyes intentaron […] Las leyes sobre drogas aparentan ser benéficas, pero el defecto trágico de la moral de cosmética, igual que toda otra forma de cosmética, es que no produce cambios en la sustancia”. El default es moral.

El uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo –salvo la Guerra del Opio en China, debido a la prohibición–no hubo problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la ley seca, por lo que dejaron de percibir astronómicas ganancias debido a los siderales márgenes operativos que provoca la prohibición, que también en el caso de las drogas no solo corrompe policías, jueces, fiscales, políticos e incluso a las agencias supuestamente encargadas de combatir el flagelo, sino que hace posible la producción de drogas sintéticas mucho más devastadoras que las naturales.

Los mencionados márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher, con ingresos exorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en los colegios y lugares bailables, puesto que la gente joven es la más propensa a ensayar el “fruto prohibido”. Como en la relación compra-venta de drogas no hay víctima ni victimario propiamente dichos, irrumpe la figura del soplón, espionaje que conduce a los atropellos más variados sin orden de juez competente, se vulnera el secreto bancario, se instauran escuchas telefónicas, se blanquean contabilidades y se naturaliza la aberración de detener a quien lleva más de diez mil dólares de su propiedad. Como bien se ha puntualizado reiteradamente desde antaño, un vicio es un acto que afecta a la misma persona que lo tiene como hábito, mientras que un crimen es un acto contra el derecho de otro, el confundir ambos hechos constituye una aberración manifiesta.

El consiguiente mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga, con lo que las sobredosis, intoxicaciones y envenenamientos son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas, puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda, porque se estarían denunciando a sí mismos.

Por otra parte, debe precisarse lo que en estadística se conoce como error de inclusión. En el caso que ahora nos ocupa es pertinente señalar que, tal como lo señalan las encuestas y relevamientos más importantes –por ejemplo, las reiteradas manifestaciones del Bureau of Justice Statistics de los Estados Unidos–, “una abrumadora mayoría de consumidores de drogas nunca han cometido un crimen”. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por personas que han consumido drogas no se sigue el nexo drogas-crimen. Para sacar conclusiones en esta materia es menester mirar el universo, no se puede atender solo un segmento y extrapolar. Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no se desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por una persona drogada, en lugar de constituir un agravante.

Por todo esto es que expresidentes como Vicente Fox (México), Jorge Batlle (Uruguay), César Gaviria (Colombia) y Fernando Henrique Cardoso (Brasil) han propuesto la liberación de las drogas y también el exsecretario de Estado de Estados Unidos George Shultz y el exsecretario general de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuellar. Por su parte, Mario Vargas Llosa sostiene que si no se liberan las drogas estas terminarán con la democracia. Por supuesto que la liberación debe tratar a los menores tal como se hace con la licencia de conducir, el alcohol y similares en el contexto de campañas de prevención.

Es cierto que con los defectos del sistema de salud estatal imperante no pocos drogadictos se harían atender allí, con lo que les endosarían las cuentas a otros, pero es de rigor el análisis costo-beneficio en el que se percibe que, como advierten las personalidades que acabamos de mencionar, el costo de perderlo todo es mucho mayor.

A veces se piensa que si se liberan las drogas todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo y similares a seres que no son capaces de controlarse a sí mismos. En verdad, estarán circunscriptos a sus domicilios o a lugares expresamente establecidos para drogodependientes. Por supuesto que esto se desvirtúa si los aparatos estatales se inmiscuyen en la producción y otras sandeces por el estilo. Thomas Sowell escribe que se insiste en la fracasada política porque “las cruzadas de este tipo son juzgadas por lo bien que se sienten los cruzados”.

Cabe destacar que si una madre embarazada se droga, cualquiera puede actuar como subrogante para defender la vida y la integridad física de la criatura frente a tamaña agresión (lo cual es independiente de liberarnos del flagelo de la prohibición).

En una ya lejana oportunidad, conversando con mi amigo Agustín Navarro –médico y economista– en México, me hablaba de la importancia de liberar las drogas en una época en que yo sostenía equivocadamente que había que prohibirlas (en realidad fueron alumnos míos de la UBA los que me convencieron de la inconsistencia en este asunto que se daba de bruces con el resto del andamiaje de análisis económico de la asignatura). En esa ocasión le pregunté a mi amigo por qué no escribía sobre el asunto. La respuesta me dejó helado. Me dijo que lo había proyectado, pero abandonó el propósito debido a las amenazas que recibió su familia. La conversación terminó con su conclusión en cuanto a que la peor noticia para los barones de la droga es que se liberen, puesto que se quedarán sin el suculento botín.

Abandonada la errada posición, hace tiempo se publicó un libro de mi autoría titulado La tragedia de la drogadicción. Una propuesta con prólogo de Carlos Alberto Montaner, donde me explayo sobre lo consignado telegráficamente en esta nota y subrayo que cuando se dice en economía que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre siempre y cuando los demás factores se mantengan constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas, puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos astronómicos a los pushers y los incentivos a sus socios, lo cual modifica la situación

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Antecedente de la academia internacional de liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/2/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/02/19/antecedente-de-la-academia-internacional-de-liberalismo/

Un libro publicado por Walter Lippmann en 1937 dio lugar a que un año después Louis Rougier convocara a un seminario en París al que asistieron, entre otros, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke

Walter Lippmann

Friedrich Hayek sostenía que la Mont Pelerin Society era el equivalente a una academia representada por intelectuales de todas partes del mundo que adherían a la tradición de pensamiento liberal. En esta nota periodística nos referimos al antecedente primero de esa asociación internacional y es el libro publicado en 1937 por Walter Lippmann tituladoAn Inquiry into the Principles of a Good Society quien provenía de las filas del socialismo fabiano al igual que Hayek, el primero, egresado de Harvard y transitado por varios de los medios periodísticos estadounidenses, se fue convenciendo de los errores del socialismo debido a lecturas sobre el liberalismo clásico pero especialmente debido a la influencia de Hayek y el segundo abandonó antes el fabianismo merced al seminario que condujo Ludwig von Mises en Viena.

Tanto a Lippmann como a Hayek le quedaron resabios del socialismo los que se mantuvieron presentes a través de su vida en el primer caso como veremos en el comentario telegráfico del antes mencionado libro, mientras que en el segundo caso se disiparon completamente a medida que producía nuevos escritos hasta finalmente estuvo “expuesto una vez más a una terapia por la que hace cincuenta años Ludwig von Mises me convirtió” tal como lo refiere luego de la lectura de una obra de Walter Block.

Por esto es que con justeza se aluda a los tres Hayek: el primero ilustrado por su sentencia en cuanto a que la administración del dinero es función indelegable del gobierno, el segundo con la publicación de su trabajo recomendando la privatización de la moneda y el último en conexión con lo que acabamos de mencionar.

En todo caso, el libro de Lippmann, traducido al francés en 1938, dio lugar a que Louis Rougier convocara a un seminario en París en ese mismo año al que asistieron lo referidos Hayek y Mises y también Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke. En las seis sesiones de ese seminario se estableció el “Centre international d’études pour la rénovation du libéralisme” que se suspendió en 1940 debido a la guerra. En 1947 aquellos asistentes volvieron a reunirse convocados esta vez por Hayek para constituir la antedicha Mont Pelerin Society que en un primer momento el convocante sugirió se denominara The Acton-Tocqueville Society lo cual en definitiva se sustituyó por el nombre del lugar donde se celebraba la reunión inaugural.

A esa nueva reunión también asistieron académicos de la talla de Milton Friedman, Karl Popper, Vernon Smith, James Buchanan, Henry Simons, Ludwig Erhard, Maurice Allais, Gary Becker y Leonard Read. Es de gran importancia destacar que esta última personalidad fundó un año antes, en 1946, la primera institución dedicada a estudiar y difundir los principios de la sociedad libre, denominada The Foundation for Economic Education (FEE).

Como queda dicho, debido a que el libro de Lippmann -a pesar de sus falencias conceptuales- en lo que podríamos clasificar como la prehistoria de la referida academia internacional que agrupa liberales de los cinco continentes, es que señalamos algunos de los puntos más sobresalientes de esa obra basados su versión castellana, en México, 1940, por la Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana (UTEHA) con el título de Retorno a la libertad.

Hoy nos puede resultar fácil la crítica a libros como el que ahora encaramos debido al formidable esfuerzo intelectual de quienes nos precedieron, en la actualidad aparecen como lugares comunes fáciles de refutar especialmente en el terreno económico, el más abandonado e ignorado de todos los campos hasta la decimonónica irrupción de la Escuela Austríaca con aportes de la Escolástica Tardía y la Escuela Escocesa. Pero como decimos hasta entonces las falacias eran reiteradas y repetidas en los círculos menos sospechados. Tengamos presente la cantidad de intelectuales de peso que se han dejado arrastrar por las influencias de Marx, de Keynes y de los neoclásicos en general.

Thomas E. Woods reproduce una misiva de Hayek a Lippmann donde se lee: “Espero demostrar a mis amigos estatistas que la única manera de preservar la democracia es a través del capitalismo”. Asimismo Woods muestra a los extremos que había llegado Lippmann ya que en 1933 siendo partidario del intervencionismo del New Deal le dirigió una carta a Franklin Delano Roosvelt en la que escribe que “La situación es crítica. Usted puede no tener más alternativa que asumir poderes dictatoriales” y también resalta que Keynes lo convenció a Lippmann que abandone sus “pretensiones de contar con un presupuesto equilibrado”.

Una vez abandonado su pasión por las políticas roosveltianas y su acercamiento al keynesianismo, publica el libro de marras que abre con reflexiones muy razonables que atraparon la atención de muchos profesionales y no profesionales de la época : “Se esgrime el arma de la dirección coercitiva de la vida y del trabajo del hombre. Se predica la doctrina de que el desorden y la miseria sólo pueden vencerse por medio de una organización cada vez más tiránica. Hacen la promesa que con el poder del Estado es posible la felicidad de los pueblos […] profesan unánimemente, en nombre del progreso, y en todas partes, la teoría de que los gobiernos, con los instrumentos de coerción que poseen mediante normas de vida dictadas por los pueblos, deben dirigir el curso de la civilización y forjar los moldes del porvenir […] Para regular los problemas humanos, no se considera seriamente más camino que ése y ni siquiera se concibe la posibilidad que pueda haber otro […] Tan universal el predominio de este dogma que a nadie se le considera seriamente […] si no salta a la palestra con proposiciones para aumentar el poder de los gobiernos” y concluye que “es imprescindible volver sobre nuestros pasos y limitar el poder de gobernantes” y “abandonar la idea que nos compele a creer que el camino del progreso en materia de orden social está en intensificar el poder de la autoridad y ensanchar su radio de acción.”

Muy bien estos enunciados que como hemos consignado suscitaron la aprobación y el aplauso de otros colegas y, a pesar de lo que señalamos a continuación, decidieron organizar seminarios para profundizar y pulir las ideas expuestas como un primer paso para otras metas más ambiciosas que llevaron adelante colegas mejor informados y más preparados.

Lippmann arrastra de sus inclinaciones anteriores varias ideas que se dan de bruces con los fundamentos de la sociedad abierta y que como decimos luego fueron discutidos y depurados. Podemos dividir estos deslices de cierta gravedad en cinco áreas centrales. El libro en la apuntada versión que tenemos entre manos consta de 454 páginas dividido en 16 grandes secciones cada una a su vez subdividida en múltiples capítulos de modo que nuestro resumen crítico naturalmente consta de un muy apretado compendio.

En primer lugar su tratamiento defectuoso del monopolio criticando esta figura, sin percibir que en el mercado libre el primero que produce un bien o presta un servicio que el consumidor adquiere constituye un paso decisivo hacia el progreso y que solo los monopolios legales, sean privados o estatales, generan un perjuicio a la sociedad. El eventual arbitraje jugoso del monopolista llama la atención en el sistema de precios al efecto de atraer a otros participantes y así ampliar la oferta y mejorar las condiciones en las transacciones. Aun en el caso del llamado monopolio natural es necesario mantener las condiciones para la libre entrada de nuevos oferentes sean nacionales o extranjeros y si el productor al momento se mantiene como único es porque las condiciones imperantes revelan que esa es la condición óptima, de allí la consideración del antes mencionado premio Nobel en economía James Buchanan en cuanto que “Mientras el intercambio sea abierto y mientras se excluya la fuerza y el fraude, el acuerdo logrado, por definición, será calificado como eficiente.” (en Liberty, Markets and State, New York University Press).

El segundo capítulo se refiere al tan reiterado “modelo de competencia perfecta” al que adhiere Lippmann y que presupone el conocimiento perfecto de todos los factores relevantes, lo cual como entre otros explica Israel Kirzner, se traduce en la ausencia de competencia puesto que en ese contexto no habrán empresarios ni estimaciones de arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales. El daño que este modelo puede percibirse, por ejemplo, en la persona de Raúl Prebisch que siendo estudiante absorbió ese desconcepto que marcó buena parte de su carrera, lo cual se pone en evidencia especialmente en su autobiografía intelectual.

La tercera área alude a la noción de desigualdad de rentas y patrimonios que Lippmann sugiere nivelar en distintas situaciones y a través de diversas metodologías. Como bien nos ha enseñado Robert Barro, en un mercado libre el delta entre las distintas posiciones resulta del todo irrelevante, el tema consiste en que al liberar al máximo las energías creadoras en procesos abiertos indefectiblemente se empujan hacia arriba salarios e ingresos en términos reales. En definitiva estas diferencias de resultados en una sociedad abierta son la consecuencia de los plebiscitos diarios en el mercado por parte de quienes con sus compras y abstenciones de comprar premian a los que atienden sus necesidades con ganancias y castigan a los que yerran con quebrantos. Los intentos de la guillotina horizontal siempre operan a contramano de esas preferencias lo cual desemboca en derroche de los siempre escasos factores productivos y, por ende, conducen al empobrecimiento.

La cuarta observación está atada a la tercera y es la incomprensión de Lippmann respecto a la causa de salarios e ingresos en términos reales, lo cual es muy común en quienes provienen del socialismo. Esta causa reside en las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Todas las medidas que pretenden incrementar ingresos por el voluntarismo del decreto desembocan en desempleo y empobrecimiento precisamente de quienes se desea mejorar. Esas tasas de capitalización, es decir, maquinaria, equipos, instalaciones y conocimiento relevante se logran vía un mayor ahorro y consecuentemente mayor inversión.

Por último, otro lugar común es la crítica de Lippmann al laizzez-faire al que le dedica mucho espacio y que al contrario de lo que muchas veces se supone no consiste en mirar para otro lado y no hacer nada sino en permitir faenas productivas al abrir paso para que cada uno use y disponga de lo suyo como estime más conveniente sin interferencias de los aparatos estatales que en este contexto deben proteger y garantizar derechos que a diferencia de lo que niega Lippmann en varios pasajes, proceden del orden natural y por tanto son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

Nuevamente insistimos que visto desde la perspectiva de los conocimientos modernos de la economía los consejos que citamos pueden parecer estrafalarios, sin embargo el cambio parcial de opinión de Lippmann desde su fabianismo original ha incentivado y ayudado a convocar a reuniones y a establecer entidades que han marcado en profundidad rumbos.

Cierro este breve comentario bibliográfico remarcando con inmensa satisfacción que pude establecer contacto personal con Leonard Read y su notable equipo cuando fui becado a la mencionada Foundation for Economic Education para trabajar en mi primer doctorado y también pude mantener relación personal con los referidos fundadores de la Mont Pelerin -excepto con Maruice Allais, Henry Simons y con Popper con quien mantuve una fugaz correspondencia- institución de la que formé parte de su Consejo Directivo en dos oportunidades además de haber presentado trabajos en sus reuniones anuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Preconceptos de algunos libertarios que debieran ser revisados

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 8/01/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/01/08/preconceptos-de-algunos-libertarios-que-debieran-ser-revisados/

Las realidades de los EEUU y países que más avanzaron en el respecto de las libertades individuales aconsejarían replantear algunos mensajes

El dólar ha sido por lejos la medida más estable y demandada de valor. Confirmando la precisión de las políticas monetarias de la Reserva Federal (Reuters)

Las siguientes aspiraciones de reconocidos liberales debieran revisarse:

1. Eliminar los bancos centrales porque todas sus decisiones monetarias son irremediablemente erradas.

Según destacadísimos liberales, los bancos centrales siempre erran con cualquier decisión monetaria. Ya sea contraigan, mantengan, o expandan la oferta crediticia. Unos proponen la competencia de monedas, inspirada en Friedrich Hayek; otros volver al patrón oro, y algunos se ilusionan con el bitcoin, creados individualmente, sin el respaldo de controles suficientes.

Las críticas a los bancos centrales prestigiosos no ofrecen alternativas prácticas. El dólar, euro y otras monedas respetadas instrumentan gigantescas creaciones riqueza. Los PBI mundiales en 2021 suman cerca de USD 100 billones, oficiando de medida de valor en los negocios. Más del 80% se materializa empleando monedas prestigiosas. No aparecen medios mejores.

Explica libro “Fin de la Pobreza”: “El impulsor decisivo de los negocios es la estabilidad de las leyes y las unidades de medidas del Sistema Internacional (SI), sucesor del Sistema Métrico Decimal, estandarizando las dimensiones físicas objetivas en las transacciones, como el kilo, metro, litro”. Las monedas reputadas ofician de medidas de valor, complemento decisivo del SI, articulando instituciones controladas eficazmente por la población, que rechaza los castigos de la inflación e incertidumbre.

La información es crucial a la hora de descubrir negocios. Las actividades serían muy restringidas sin las medidas objetivas del SI y monedas reconocidas. La contribución de las monedas reputadas supera largamente las frustraciones de la inflación. Vienen valorando los bienes satisfactoriamente, durante largas décadas, sin insumir los costos de los bitcoins, oro y metales preciosos.

El siguiente gráfico ilustra la inflación anual del dólar y las variaciones del precio del petróleo y oro entre 1980 y 2021, destapa que las ventajas del oro crecen con la inflación, a pesar de su volatilidad. La cotización del petróleo marcaría la variabilidad del costo de minar bitcoins, por su enorme insumo de energía.

Claramente, el dólar ha sido por lejos la medida más estable y demandada de valor. Confirmando la precisión de las políticas monetarias de la Reserva Federal.

Muy distintas son las monedas peor reputadas. Mucho antes de publicar Dolarizar, Editorial Atlántida 2001, prologado por el ex presidente Carlos Menem, vengo proponiendo reemplazar al peso con el dólar, la moneda preferida por los argentinos.

Los signos monetarios impuestos por leyes opresivas deben ser sustituidos por los preferidos.Fuente: FMI WEO y Primary Commodity Prices del FMIFuente: FMI WEO y Primary Commodity Prices del FMI

Los países mantienen USD 12 billones de reservas internacionales en monedas fiduciarias; 60% está en dólares y 20% en euros, aproximadamente. Prueba la confianza merecida.

2. Inquieta el peso del gasto público en la economía

Las características de los bienes aconsejan su gobernanza, explica libro “Fin de la Pobreza”. Conviene empresas privadas si los bienes pueden producirse individualmente, su consumo disminuye la cantidad disponible para otros y beneficia sólo al usuario; ejemplo: alimentos, ropa, combustibles. En cambio, la oferta de bienes públicos: la defensa, justicia, estabilidad monetaria, deben ser colectiva, porque favorecen coordinar las actividades personales y el disfrute individual no impide el de otros.

Distinguir bienes privados o públicos ayuda a señalar quién debe decidir. Cuando los actos afectan a particulares exclusivamente, de modo negociable individualmente, las actividades debieran ser privadas. En tanto, las decisiones que afectan a una multitud de intereses discrepantes, que no convienen negociarse individualmente, deben ser colectivas; para eso está la política y el Estado. Las naciones progresan con información, transparencia, competencia, control de las decisiones públicas, sistemas de elección y representación política.

En EEUU, la Unión Europea y los países avanzados, el Estado no es propietario de empresas productoras de bienes privados. Pues sin competencia, el peso de los errores recortaría los ingresos del conjunto. El Estado atiende bienes públicos.

Los países avanzados afinan la transparencia del gasto estatal, distinguiendo la adquisición de bienes privados de los públicos.

Impulsado por mi querido profesor en la Universidad de Chicago, el premio Nobel Milton Friedman, EEUU transformó al personal de sus fuerzas armadas. Antes recurrían a los conscriptos, ahora son profesionales remunerados. Algunos generales expusieron su resistencia a un ejército de mercenarios, Friedman respondió: ¿prefieren un ejército de esclavos?

Transformar ejércitos de conscriptos en cuerpos profesionales pudo haber aumentado los gastos contabilizados para la defensa, pero ciertamente transparentó quien paga el costo, expande las libertades individuales y efectividad de las fuerzas armadas.

Procesos similares están incrementando la eficacia de los gastos estatales de países avanzados. En contraste, países que restringen libertades se van rezagando con la corrupción (normas desiguales según preferidos), imponiendo gravámenes, subsidios, prohibiciones, diferenciales en producciones privadas.

En el mundo libre también compiten mudándose de lugar de residencia. En los EEUU, los impuestos y prestaciones difieren considerablemente según Estados y condados. Lo mismo ocurre en la UE.

Los países expandieron el gasto público en la pandemia. EEUU incrementó la relación gasto público/PBI, al 42%, el cuadro registra esa relación en los países de la UE. en 2021.

3. Suprimir la deuda pública porque es inmoral

La deuda no es inmoral según el deudor sea público o privado, porque se trata de acuerdo de partes de forma voluntaria.

Afirmar que las deudas obligan a generaciones futuras luce sesgada, porque la construcción de carreteras, viviendas, los inventos, que se financian con créditos de largo plazo se basa en decisiones que modifican el futuro.

Pero no existen obligaciones financieras entre generaciones. Los contratos se suscriben y cancelan en fechas especificadas. Cobrarán y pagarán en fechas futuras personas activas en ese tiempo; futuras generaciones pagarán a futuras generaciones en el mismo instante, transfiriendo fondos entre sí.

Quienes heredan las acreencias cobrarán a quienes heredan las obligaciones y frutos del progreso. La forma jurídica de recibir capitales no hace a la moralidad de transacciones voluntarias.

EEUU es líder mundial en la defensa de las libertades, refugio de capitales, innovaciones, migrantes. Si no tuviéramos a EEUU, el mundo libre sería mucho más pequeño, si existiera.

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Una pésima interpretación de la tradición liberal

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 11/11/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/11/11/una-pesima-interpretacion-de-la-tradicion-liberal/?outputType=amp-type

Se da una insólita guerra en la propia trinchera generada por quienes se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve Javier Milei

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La definición del liberalismo de Alberto Benegas Lynch (h.) en la voz de Milei y otros integrantes de su partido.

El liberalismo desde siempre ha sido una cosmovisión, una postura intelectual que integra muy variadas contribuciones bajo el espíritu popperiano, es decir, aceptando al conocimiento como provisorio e incentivando la máxima apertura al debate y a las refutaciones en un contexto de mentes abiertas motivadas por la búsqueda de la verdad. La gimnasia de la prueba y el error, reconocer al hombre como un ser imperfecto, limitado y que maneja una ínfima cuota de comprensión respecto del mundo que lo rodea, es lo que le ha posibilitado llegar a estas instancias en el peregrinar del conocimiento.

La maximización de procesos evolutivos del hombre, la búsqueda del conocimiento y el desarrollo de todas sus potencialidades individuales, tiene solo cabida en el contexto del “respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”. Esto significa que el respeto no tiene limitaciones. Todo es posible y moralmente válido cuando no se lesionan derechos de terceros. El respeto irrestricto prevalece sobre el no-respeto. Interpretar que el respeto irrestricto valida el autoritarismo, evidencia no haber atendido la única y simple premisa inicial.

Roger J. Williams, detallaba cuán extraordinarios somos individualmente hasta el más mínimo detalle físico y, muy especialmente, en el complejísimo aspecto mental. Tenemos distintas preferencias, gustos, necesidades, inclinaciones, enfermedades, hábitos, debilidades, conocimientos, experiencias, distintas estructuras de procesos decisorios, distintas percepciones y sentimientos. Por ello, para desarrollar nuestras potencialidades al máximo debemos vivir en plena libertad, y eso implica respetarnos mutuamente. Se habla muchas veces de “tolerancia” pero, en realidad, los derechos a la vida, la libertad y la propiedad no se toleran, se respetan.

La tolerancia tiene un dejo de permiso y aceptación que no convence. El liberalismo también implica que, aun cuando nos resulte inaceptable para nuestros valores personales o planes de vida lo que hace otro en el contexto de su fuero íntimo, no se puede recurrir a la fuerza para imponer nuestros propios gustos. Esta tradición la han tomado y alimentado grandes autores como Richard HookerFrancis HutchinsonSamuel Pufendorf, Algernon SidneyJohn Locke y luego Carl MengerLudwig von MisesFredrich HayekMilton FriedmanGary Becker, James BuchananIsrael Kirzner y Murray Rothbard, entre otros.

En el aspecto institucional del ideario liberal, es relevante destacar las contribuciones que representaron los Juicios de Manifestación por parte de los fueros como el de Aragón, anterior al habeas corpus inglés, la estructura jurídica en la Roma anterior al Imperio, la Carta Magna de 1215 y posteriormente la declaración de derechos de la Revolución Francesa, previa a la contrarrevolución jacobina, la Revolución de Estados Unidos contra Jorge III de Inglaterra, la Constitución de Cádiz -donde aparece el término “liberal” como sustantivo-, y las Constituciones como la de Alberdi en Argentina.

Da pena la aparición de algunas personas que arrastrando rebuscados complejos, minan el avance de quienes hoy hacen esfuerzos en la buena dirección. Estos sujetos, movidos por la envidia de ver en contemporáneos de la difusión lo que ellos nunca lograron, buscan sistemáticamente llamar la atención con falacias evidentes, comparaciones insultantes, planteos quebradizos sin la menor honestidad intelectual y hasta la adopción del término despectivo “liberalote” acuñado por un representante de la socialdemocracia. Generalmente se trata de gente que no pueden salir de los datos coyunturales y son incapaces de abordar los temas filosóficos con la sustancia y la consistencia como los hacen los exitosos a los que critica. En nuestro medio, últimamente se da esta insólita guerra en la propia trinchera generada por espíritus pequeños que se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve tan exitosamente Javier Milei.

El ser humano tiene una inclinación natural de afinidad y simpatía por quienes comparten sus gustos, incluso sobre aquellas preferencias más mundanas. Esa misma inclinación, llevada a planos tan caros como los valores morales de respeto a la vida, la libertad y la propiedad, tiene un significado tanto más trascendente que propicia una conexión humana más profunda. Por esta razón, cuesta creer que, muy lejos de considerarlo compañero de ruta y de tomar el ejemplo de los acalorados pero sofisticados y constructivos debates que los grandes maestros del liberalismo solían tener entre sí, se caiga en nocivos e insustanciales ataques solo inspirados en vicios de la personalidad.

Han pasado muchas décadas donde prevaleció la incomprensión de las ideas liberales. Hoy conozco gente que descubre que es liberal gracias a la titánica lucha por los principios de esta noble causa que ha impulsado Milei. La definición del liberalismo que él mismo supo resumir y difunde del pensamiento de Alberto Benegas Lynch (h.): “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”, es una píldora comunicacional maravillosa de alto contenido conceptual que encierra la columna vertebral de espíritu liberal. Parece mentira que haya que gastar caracteres para aclarar que si esa definición la recitan más de dos personas, no es fanatismo religioso; tampoco lo es cuando cantamos el himno, cuando en el colegio recitábamos el Preámbulo de la Constitución o cuando un coro canta una ópera.

Milei es un gran referente del liberalismo y muy lejos está de autoproclamarse salvador, líder o mesías, como muchos pretenden instalar. Al igual que en cualquier movimiento social, político, cultural, religioso o deportivo, pueden darse casos de seguidores que confundan los roles o equivoquen la esencia liberal que está asociada íntimamente con la autodeterminación individual. Pero no hay que dejar que la escasa capacidad de abstracción lleve a generalizar estas conductas particulares. Si luego de unas cortas vacaciones en Francia, somos víctima de un arrebatador, no es del todo lúcido concluir que los franceses son todos unos ladrones. Para el caso de Milei, que basa su prédica en la responsabilidad individual, la planificación de la propia vida y su inspiradora frase que dice que no se involucró en el barro político para “guiar corderos sino para despertar leones”, no deja dudas que no promueve para su persona términos equivalentes a “macrista”, “kirchnerista” o “peronista”, las cuales son muy comunes en la política.

En mis 54 años jamás he vivido semejante revolución intelectual ni un terremoto de estas magnitudes debajo del piso del paradigma estatal. Todos los que durante tantos años han luchado en la batalla cultural, deben alegrarse de este increíble florecer del liberalismo y la colosal lucha que está dando Milei, en el plano académico y en la arena política. Como solemos decir con él frente a los palos en la rueda de diversas magnitudes que le interponen permanentemente: “El sistema se resiste, pero la libertad avanza”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Sobre el pionero de las instituciones liberales

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/24/sobre-el-pionero-de-las-instituciones-liberales/

Leonard Read

Luego de la segunda guerra mundial y en gran medida como consecuencia de los avatares de ese conflicto armado resultado a su vez de haber abandonado los valores de la sociedad libre, la decadencia intelectual fue mayúscula -tal como entre otros describe Stefan Zweig en El mundo de ayer– hasta que irrumpieron dos instituciones que comenzaron lenta pero firmemente a cambiar el rumbo. En primer lugar, la Foundation for Economic Education como entidad pionera en el estudio y difusión de aquellos valores, establecida en 1946 y luego, al año siguiente, la Mont Pelerin Society que el premio Nobel en economía Friedrich Hayek denominaba “la academia internacional”.

Tuve la fortuna de vincularme a esas dos estructuras gigantes del intelecto, en el primer caso fui becado para trabajar en mi doctorado inicial, oportunidad en la que pude asistir a clases de Ludwig von Mises, Israel Kirzner, Murray Rothbard, Hans Sennholz y otros titanes del pensamiento. En el segundo caso, fui patrocinado por el propio Hayek para ingresar como miembro y luego fui dos veces integrante del Consejo Directivo de esa organización en la que participé muchas veces como orador en sus programas académicos en diferentes partes del mundo. Como queda dicho, esas dos instituciones beneméritas iniciaron el largo y difícil camino de la recuperación de la libertad.

En esta oportunidad centro mi atención en FEE -las conocidas siglas de la Foundation for Economic Education- y especialmente en la figura de su fundador, Leonard E. Read. En verdad, al decir de Read (Leonardo como le gustaba ser llamado por los latinos) destacaba la economía en el nombre de esa casa de estudios debido al especial desconocimiento de esa rama de la ciencia, lo cual no desconoce los fundamentos morales de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana).

Read intentó y logró con extraordinario éxito el establecimiento de una institución sustentada en los valores del liberalismo clásico al efecto de recordar los principios sobre los cuales se estableció la notable y tan fecunda experiencia de la Revolución Norteamericana sustentada en los sustanciosos conocimientos de los Padres Fundadores.

La idea original consistió en que la entidad otorgara grados académicos, lo cual se abandonó a poco andar debido a las regimentaciones y controles gubernamentales que se estimó restarían toda independencia a la novel institución. En lugar de eso, se impartieron seminarios y cursos para graduados universitarios: The FEE School of Political Economy.

En la exposición inicial con que se abrían los seminarios, Read la llevaba a cabo munido de una lamparita de fabricación casera: pedía que se apagaran las luces del aula y encendía su adminículo de modo muy tenue y comenzaba su disertación introductoria mostrando cómo ese escaso resplandor quebraba la oscuridad del mismo modo que lo hacen los conocimientos respecto de la ignorancia. Acto seguido, dibujaba en el pizarrón dos círculos de radios diferentes y apuntaba que si las dos superficies de las circunferencias fueran los conocimientos y el resto de la pizarra fuera la ignorancia debía notarse que cuanto más se sabe mayor es la conciencia de la propia ignorancia puesto que el contorno del redondel mayor está más expuesto a la ignorancia. Es decir, cuanto más se conoce mayor es la consciencia de lo que se desconoce. Luego procedía a un análisis muy popperiano del aprendizaje en el contexto de corroboraciones provisorias sujetas a posibles refutaciones.

Con el transcurso del tiempo fuimos consolidando una sólida amistad con Read con quien mantuve una nutrida vinculación epistolar. Cuando murió, Bettina B. Graves -una de las integrantes del staff de FEE- me envió de recuerdo el antes mencionado aparato eléctrico. Lo conservo como el objeto de mayor valor que poseo. Cuando lo examino me admiro que su usuario no se haya electrocutado debido a la notable precariedad del instrumento en cuestión.

Read llevó a cabo una obra ciclópea que llegó a todos los puntos del planeta editando libros, publicando revistas, invitando a los más destacado profesores a su tribuna, facilitando a estudiantes a que asistieran a sus cursos y seminarios en New York y dictando conferencias en muy diversos países. Presidió FEE durante 37 años. Fue un ejemplo de integridad moral, honestidad intelectual e intransigencia con los valores de la libertad en los que creía.

Cuando cumplió setenta años de edad, los amigos le organizaron un acto de gala en el Waldorf Astoria de New York al que asistieron e hicieron uso de la palabra personalidades como Milton Friedman, William Buckley, el antes mencionado Hayek, Henry Hazlitt, Benjamin Roggie, Perry Gresham, Trygve Hoff y quien actuó como maestro de ceremonia, el empresario Lawrence Fertig (que a su vez fue quien financió la cátedra de Ludwig von Mises en la Universidad de New York, junto a otro destacado empresario: Harold W. Luhnow a través del Volker Fund). A las exequias de Read, Ronald Reagan, entonces en ejercicio de la presidencia de Estados Unidos, envió un mensaje que decía “Nuestra nación y su gente se han enriquecido grandemente por su devoción a la causa de la libertad y las futuras generaciones mirarán a Leonard Read para inspirarse.”

Los oradores en aquel acto resumen muy bien la faena del gran Leonard Read y su parto institucional, discursos que fueron publicados en un folleto que lleva el sugestivo título de What´s Past is Prologue. En la intervención de Hazlitt expresó que “Si tuviera que hacer un balance en una palabra sobre FEE basada en mi propia experiencia, diría que la siento como mi hogar. Cuando estoy allí sé que estoy rodeado de amigos con ideales comunes, actitudes y sentimientos compartidos. Hay algo que es contagioso en el espíritu de FEE. Solamente pensemos en organizaciones similares que ha inspirado. Está el grupo de Anthony Fisher, el Institute for Economic Affairs en Londres, en Argentina está el grupo de Alberto Benegas Lynch [mi padre quien fundó en 1957 el Centro de Estudios sobre la Libertad], el grupo de Manuel Ayau en Guatemala, Gustavo Velazco y Agustín Navarro en México y Nicomédes Zuloaga en Venezuela.”

Otro que posteriormente sería premio Nobel en economía, Milton Friedman, dijo en esa ocasión: “Tuve la fortuna de ser el coautor del primera publicación de la Foundation for Economic Education. Era un trabajo corto que George Stigler [luego también premio Nobel en economía] y yo titulamos “Roofs and Ceilings”. Era un ataque al control de alquileres […] Algunos años más tarde, a mi regreso de una reunión de la Mont Pelerin, Leonard y yo quedamos varados en el aeropuerto de Orly en París. Hay algunas virtudes de estas demoras en los vuelos. Esta fue una ocasión de serenidad, allí empecé a profundizar los valores humanos de Leonard y mi respeto por él ha crecido desde entonces”.

Por último, para no tomar excesivo espacio en esta nota periodística, Hayek en su alocución apuntó que “La institución que Leonard Read creó a través de la cual ha adquirido una influencia enorme, lleva un nombre modesto y un tanto prosaico de Foundation for Economic Education […] quiero sugerir que este nombre describe en forma muy disminuida su labor puesto que apunta a metas mucho más amplias […] ya que se trata nada menos que de la defensa de nuestra civilización contra los errores intelectuales prevalentes[…] quiero enfatizar que nuestra tendencia política actual no se refiere solo a la prosperidad económica, no simplemente nuestro confort, o la tasa de crecimiento. Es mucho más que eso. Se trata de todo lo que significa nuestra civilización.”

FEE estaba organizada con el apoyo invalorable de la antes mencionada Bettina B. Graves, con Paul Poirot y William Curtiss en el nivel administrativo-académico más alto seguido de calificados profesionales para organizar eventos varios, la publicación de la revista mensual The Freeman, los antedichos seminarios, la edición de libros y el mantenimiento y uso de la muy nutrida biblioteca, todo en un campus muy bien dispuesto que agregaba confortables habitaciones para huéspedes, la propia vivienda de Read, amplias salas de reuniones y oficinas rodeadas de atractivos jardines que más de una vez hemos disfrutado en nuestras caminatas con él junto a su perro Rusty. Durante los meses de esa estadía en Irvington on Hudson de New York por mi beca, mi María se hizo muy amiga de Aggie la mujer de Read.

Mi querido Leonardo escribió que a pesar de su admiración y agradecimiento a los Padres Fundadores de la Revolución Norteamericana, sostenía que constituyó un error la utilización de la palabra “gobierno” pues insistía que remite a mandar y dirigir lo cual debe hacer cada una de las personas en una comunidad libre, mostraba que “hablar de gobierno para aludir al monopolio de la fuerza es tan desatinado como llamar gerente general al guardián de una empresa” por lo que proponía recurrir a Agencia de Seguridad, Agencia de Protección o equivalentes.

Una de las mayores lecciones aprendidas de Leonard Read es la falsedad de aquello que se suele mantener al decir que “hay que vender bien las ideas” y que “el fracaso principal de liberales es que no saben llevar a cabo esa venta”. Read ha explicado una y otra vez en sus libros que la actividad comercial de la venta no requiere la referencia en regresión respecto al proceso de producción que requiere el producto en cuestión, basta con exponer los resultados que producirá el bien a la venta, se trate de desodorantes, dentífricos o lo que fuera. Sería una pérdida de tiempo inútil que ahuyentaría al consumidor el detenerse en las múltiples y variadas etapas en el proceso de producción. Sin embargo, en el caso de las ideas, a menos que uno se tope con un fanático que incorpora todo lo que se le dice sin razonamiento alguno, a menos que se trate de esta cerrazón mental resulta indispensable explicar -por así decirlo- el proceso de producción de la idea que se trasmite al efecto de fundamentar la respectiva conclusión. Resulta indispensable argumentar sobre la genealogía de la idea con la que se intenta disuadir al contertulio. Desde luego que este proceso torna mucho más difícil el resultado en relación a una simple venta pero, como queda dicho, es inexorable. Los estatistas imitan las ventas con frases cortas y efectistas que pretenden saltearse etapas para conseguir incautos, ingenuos, ignorantes y desprevenidos que aceptan ese correlato con el mundo comercial. En cambio, las ideas basadas en el rigor y la seriedad son contraintuitivas y demandan elaboración, pensamiento y digestión adecuada.

Otra de sus enseñanzas clave en uno de sus libros (publicó veintidós) se refiere athe courage to stand alone, esto es la necesaria fuerza de voluntad para decir y escribir lo que uno estima es lo correcto sin tener en cuenta la opinión mayoritaria ni las presiones que se reciben a contracorriente de lo que uno piensa. Hablar siempre claro y alto sin ambigüedades ni subterfugios para quedar bien con otros. Al fin y al cabo como escribió John Stuart Mill, “las buenas ideas siempre pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez adoptadas las ideas al principio revolucionarias, la gente las toma como obvias sin percatarse de los esfuerzos y contrariedades que deben soportar cuando se exponen por primera vez.

Uno de los ensayos más conocidos del fundador de FEE es “Yo, el lápiz” donde se detiene en mostrar las intrincadas y largas etapas en la fabricación de un lápiz desde las minas de carbón hasta la extracción de caucho para la goma, las maderas y los recubrimientos pasando por transportes, cartas de crédito, administración, finanzas y demás parafernalia. En este célebre texto, el autor pone de relieve la distribución y fraccionamiento del conocimiento en el contexto de la división del trabajo y la cooperación social, todo lo cual se derrumba cuando los megalómanos intentan controlar, regimentar y manejar vidas y haciendas ajenas con lo que se concentra ignorancia provocando los resultados lamentables sabidos por todos los observadores atentos.

Tengo enmarcada una fotografía de Read con una dedicatoria que me conmueve: “For Alberto, a great favorite of mine. Leonardo”. Sirvan estas líneas como modesto homenaje a mi distinguido amigo y maestro donde se presenta muy telegráficamente el coraje, la perseverancia y la generosidad de este personaje cautivante y ejemplar.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Previsible: Biden empeora la marca de Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 15/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/05/15/previsible-biden-empeora-la-marca-de-trump/

La burrada es afirmar categóricamente que Keynes no influyó en la década  del '30 - Infobae
John Maynard Keynes

El presidente norteamericano decidió expandir el gasto público aún más que su predecesor en base a las fallidas recetas keynesianas

Se presentan casos múltiples en los que escritores de ficción aciertan mucho más respecto del futuro que los ampulosos comités gubernamentales constituidos y financiados con los recursos de los contribuyentes al efecto de “pronosticar los sucesos por venir”. Tales han sido los casos, por ejemplo, en materia tecnológica de Julio Verne o H. G. Wells en el pasado o de Isaac Asimov o Carl Sagan más contemporáneamente y, en temas sociales, las novelas revestidas de un impresionante realismo, por orden de aparición: The New Utopia de Jerome K. Jerome, We de Yevzeny Zamayatin, The Lonley Crowd de David Reisman y, posteriormente, las célebres composiciones de Huxley y Orwell.

Pero el caso de Taylor Caldwell hoy sobresale por su actualidad: presenta un peligro enorme si su prognosis fuera correcta (como hasta ahora lamentablemente parece serlo en Estados Unidos) en su novela que lleva el mismo título de una de Morris West: The Devil`s Advocate. El eje central de esta novela -escrita en 1952- plantea la declinación estadounidense que en su ficción (¿ficción?) se vuelve socialista y, entre muchas otras cosas, escribe que “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a una nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. El espíritu de la Constitución y la Declaración de la Independencia: seguramente habría quienes las recordarán. ¿Por qué desviaron sus miradas? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y con tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Esta notable escritora de una treintena de trabajos extraordinarios entre los que se cuenta la notable referencia a Cicerón en La columna de hierro (que hubieran sido más si su segundo marido no hubiera quemado parte de sus manuscritos inéditos) y obtuvo muchas distinciones como la Medalla de Oro de la National League of American Pen Women.

El tantas veces citado premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe en las primeras líneas del primer tomo de Derecho, legislación y libertad que cuando los Padres Fundadores en Estados Unidos promulgaron la Constitución era para limitar el poder y garantizar los derechos individuales pero esto ahora se comprueba “que no ha logrado lo que se proponía lograr. Los gobiernos han expandido poderes que esos hombres le denegaban. El primer intento de asegurar la libertad individual por medio de constituciones ha fracasado”. La revolución liberal más exitosa en lo que va de la historia de la humanidad, luego de un tiempo lamentablemente ha perdido fuerza y se tiende a revertir.

De un tiempo a esta parte los gastos gubernamentales, el déficit y el endeudamiento han crecido exponencialmente lo cual tiende a convertir ese gran país en una maquinaria al servicio de un Leviatán absolutamente a contramano de todo lo estipulado por aquellos extraordinariamente visionarios Padres Fundadores que consignaron la importancia de gobiernos estrictamente limitados a las funciones de protección a las sacralizadas autonomías individuales, lo cual convirtió a una nación de colonos pobres en la más floreciente civilización desde la perspectiva moral y material y un ejemplo para el mundo libre.

Para solamente circunscribirnos a las dos últimas administraciones, observamos con alarma que Trump incrementó aún más el antes referido gasto gubernamental, el déficit y la deuda pública ya en alturas siderales, además de su bochornosa despedida al desconocer las mismas reglas que había aceptado para competir en el proceso electoral, resultados certificados por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (incluyendo ocho designados por él) y su propio Vicepresidente.

Ahora Biden -a pesar de combatir la xenofobia de su predecesor, poner las cosas en su sitio respecto a la autocracia rusa y anunciar el retiro de las tropas de Afganistán tal como mencioné en este mismo medio en otra de mis colaboraciones- se decide por expandir aun más el gasto público en base a las fallidas recetas keynesianas tan bien refutadas una y otra vez, entre otros, por los premios Nobel en economía Milton Friedman, James M. Buchanan, Gary Becker, Vernon L. Smith. George Stigler y el antes aludido Hayek.

Es pertinente recordar nuevamente algunas de las aseveraciones de John Maynard Keynes para situar adecuadamente el problema que se enfrenta. En su prólogo a la edición alemana de Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi escribió que “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por este autor, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra de Keynes, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital.” Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” (como se sabe cerrada al comercio) y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “La solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Hay recetas de Keynes, también tomadas de la obra mencionada, que son realmente pueriles, por ejemplo, lo que denomina “el multiplicador” elucubrado para mostrar las ventajas que tendría el gasto estatal, esquema que funcionaría de la siguiente manera: sostiene que si el ingreso fuera 100, el consumo 80 y el ahorro 20, el efecto multiplicador resulta de dividir 100 por 20, lo cual da 5 y (aquí viene la magia): si el Estado gasta 4 se convertirá en 20 puesto que 5 por 4 arroja aquella cifra (?). Ni Keynes ni el keynesiano más entusiasta jamás han explicado como multiplica el multiplicador. Y todo ello en el contexto de lo que también escribe este autor: “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar” (!).

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. El derrumbe se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años veinte que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los años veinte con el consiguiente crack del veintinueve, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense.

Tal como lo explican Anna Schwartz, Benjamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes.

Como he apuntado en otras ocasiones, no se trata de una carrera para ver quién destruye menos la filosofía y la tradición estadounidense, se trata de contrarrestar lo que viene ocurriendo. No es cuestión de dejarse acuchillar para no ser ametrallado, afortunadamente las reservas morales en Estados Unidos son muchas y potentes que, entre otras manifestaciones, se ponen de relieve a través de tantas instituciones y centros de estudios que pretenden la difusión de valores que hacen al respeto recíproco.

En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos intento mostrar el declive y recojo los aportes originales en los que se basaron los grandes hombres que forjaron el destino inicial de esa nación. En este sentido subrayo que hubieron dos líneas centrales que incorporaron esos personajes de la época. En premier lugar la invitación a Estados Unidos desde Inglaterra de John Witherspoon para presidir el centro académico que luego sería la Universidad de Princeton quien era egresado de las Universidades de Edimburgo y St. Andrews en las que se mantenía la impronta de George Buchanan del siglo XVI quien a su vez era egresado de la Universidad de París y luego profesor de autores como Michel Montaingne e influyó decididamente en los maestros de los principales representantes de la Escuela Escocesa -Smith, Hume y Ferguson- que fueron Francis Hutchenson y Gresham Carmichael. Witherspoon fue profesor del padre de la Constitución norteamericana, James Madison. George Buchanan también influyó en Algernon Sidney y John Locke sobre todo en la concepción iusnaturalista de los parámetros y mojones de Justicia extramuros de la legislación positiva.

La segunda vertiente proviene de Roger Williams, el mayor apóstol de la tajante separación entre la religión y el poder político -la doctrina de la muralla- quien era egresado de la Universidad de Cambridge y ex Secretario de Edward Coke, uno de los mayores exponentes del desarrollo del common law en el siglo xvii seguido por William Blackstone en el siglo siguiente.

Como también detallo en el mencionado libro, la difusión de las ideas de la libertad que se consagrarían en la Carta Magna estadounidense, ocurrieron principalmente vía las ochenta y cinco cartas de los Papeles Federalistas y también el debate con los antifederalistas denominados de este modo solo para mostrar algunas discrepancias ya que eran más federalistas que los federalistas. También la difusión se llevó a cabo a través de las ciento cuarenta y cuatro Cato’s Letters escritas por Thomas Gordon y John Trenchard (en homenaje a Cato “el joven” acérrimo opositor a Julio César).

Por último, es del caso señalar en la larga y fecunda tradición liberal lo escrito y publicado por los pensadores de la primera tanda de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía. La segunda estuvo constituida por algunos de los diputados a las Cortes de Cádiz que luego promulgaron la célebre Constitución de 1812 donde se utilizó por vez primera la expresión “liberal” como sustantivo en su debate con los apodados “serviles” y es del caso subrayar en relación a España que los Fueros del siglo diez y once establecieron los Juicios de Manifestación equivalentes al habeas corpus antes que en Inglaterra. Salvo la posterior Constitución de Cádiz, los Padres Fundadores estadounidenses tomaron muy en cuenta los otros antecedentes provenientes de tierras españolas.

No es posible que estas valiosas tradiciones que han iluminado nuestra civilización se abandonen. Es de desear que las antedichas reservas morales estadounidenses se impongan a los estatismos y a la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión puesto que como ha señalado Ronald Reagan, “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro breve paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Consideraciones sobre el proceso inflacionario: algunos errores comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/27/consideraciones-sobre-el-proceso-inflacionario-algunos-errores-comunes/

Todos los bancos centrales han perjudicado el signo monetario, por eso debemos pensar cómo salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

Friedrich August von Hayek

Friedrich August von Hayek

Todavía hay quienes sostienen que la inflación es un proceso multicausal sin percatarse que procede solamente de un fenómeno monetario exógeno al mercado, es decir, por razones políticas. Manteniendo los demás factores constantes, a más moneda emitida menor su valor.

Lo anterior no significa que la moneda no puede modificar su valor por razones endógenas al mercado. Al efecto de ilustrar el tema, supongamos que nos retrotraemos en la historia monetaria y todavía estamos en los inicios del cambio indirecto luego de haber abandonado el directo (trueque) con el uso de la sal y el hierro (como originalmente era en África), con las sedas (como era en Persia), el cobre (como era en Egipto), el cacao (como era en Centroamérica), el ganado (como era en Grecia), el tabaco (como era en la Virginia colonial) o luego de percatarse de las mayores ventajas del oro y la plata debido a su fraccionabilidad, homogeneidad y durabilidad.

Supongamos esta situación decimos, lo cual en modo alguno quiere decir que la gente mantenga inalterable su valorización de la unidad monetaria cosa que no significa que haya inflación o deflación según valorice en menos o en más. Esto naturalmente se traduce en cambios en la demanda de dinero, lo cual reiteramos son modificaciones en las apreciaciones endógenas de la gente que nada tienen que ver con la inflación. Incluso si hay un terremoto devastador que destruye buena parte de los bienes en una comunidad o disminuciones abruptas en el régimen de lluvias, los precios se elevarán pero solo ponen de manifiesto lo que ocurre debido a causas naturales o endógenas pero no es inflación, que siempre se debe a causas artificiales o exógenas, es decir a manipulaciones políticas, extrañas al mercado. Por su parte, como una nota al pie subrayamos que la deflación consiste en el fenómeno inverso, esto es la contracción exógena en la base monetaria con todos los problemas señalados debido a la manipulación monetaria.

Para comprender bien este fenómeno conviene ahondar en las raíces de la inflación. Se suele decir que es “el aumento general de precios” lo cual es constituye un error mayúsculo por dos motivos. Primero, si los precios aumentaran todos no habría problema con este fenómeno ya que no habrían distorsiones entre ingresos y precios ya que el salario es un precio. No habría problema en que los precios y los salarios se incrementaran al cincuenta por ciento anual, mensual o diario. Eventualmente habría que transportar el dinero en carretillas, habría que modificar las columnas en los libros de contabilidad y los dígitos en las calculadoras pero como decimos no habrían desequilibrios entre precios e ingresos.

En segundo lugar la inflación no está referida al movimiento de precios es la expansión monetaria por causas exógenas su causa y su efecto es la distorsión en lo precios relativos, lo cual causa las tremendas angustias debido a los desequilibrios entre precios y salarios. La expansión monetaria (o la contracción) debido a causas exógenas van tocando distintos sectores en distintos momentos lo que altera los precios relativos y, como es sabido, los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo operar en el mercado por lo que su distorsión indefectiblemente conduce a consumo de capital y como las tasas de capitalización son a su vez la causa del aumento de salarios e ingresos en términos reales, estos inevitablemente se contraen, en otros términos, la inflación conducen a la pobreza.

También es frecuente en la parla convencional afirmar que la inflación se genera por expectativas, por subas en los costos o por el incremento en el precio de algún bien estratégico. Pues ninguna de estas tres conclusiones es acertada. Si hay quienes suben precios debido a expectativas de inflación pero que no es convalidada por expansiones exógenas de dinero, deberán bajar esos precios si quieren evitar una contracción en las ventas. Si suben costos de ciertas mercancías no por ello pueden trasladarse a los precios sin que mermen las ventas. Siempre el comerciante venderá al precio más alto que pueda (igual que los que obtienen salarios pedirán lo más que las circunstancias permitan), lo cual no significa que le sea posible cobrar el precio que desea, es el que le permite el mercado. Por último, si sube el precio de un bien (por más que se considere estratégico) habrá dos posibilidades: si la gente desea consumir la misma cantidad del bien en cuestión tendrán que bajar los precios de otras mercancías, de lo contrario se prefiere consumir lo mismo de los otros bienes disminuirá la venta del producto que elevó su precio.

Es de una enorme trascendencia tener presente que en un mercado abierto de dinero como el que plantearemos más abajo, no se traduce en que la cantidad de moneda sea constante. La cantidad dependerá de la utilidad marginal de la unidad monetaria, igual que con otros bienes y servicios. Y cuando la gente valora más el dinero y consecuentemente su oferta aumenta nada tiene que ver con la inflación puesto que se trata de expansión endógena. No es una alteración del sistema sino que se expresa los gustos y preferencias de la gente.

Ahora vamos al tema de fondo. En vista que todas las llamadas autoridades monetarias y todas las épocas han perjudicado el signo monetario, debemos pensar como salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

El asunto consiste en percatarse que todo banquero central está embretado entre tres posibilidades: a qué tasa emitir, a qué tasa contraer o dejar la base monetaria inalterada. Pues a través de cualquiera de los tres canales elegidos se estará distorsionando lo precios relativos respecto de la situación en la que la gente hubiera podido elegir. Y si suponemos que en la banca central está la bola de cristal y consecuentemente se procede según lo que la gente hubiera preferido no hay razón alguna que justifique la intromisión con ahorros en gastos administrativos, pero por otra parte la única manera de saber qué es lo que la gente hubiera preferido respecto a los activos monetarios es dejarla actuar.

Tal vez el mayor fetichismo del momento sea la supuesta necesidad de manipuladores monetarios, incluyendo la sandez de referirse a la soberanía monetaria que no se diferencia de una supuesta “soberanía de la zanahoria”. Todo está montado para que los aparatos estatales succionen el fruto del trabajo ajeno junto con la presión tributaria y el endeudamiento gubernamental. El espíritu conservador en el peor sentido de la expresión no permite despejar telarañas mentales y salir de la prisión del statu quo.

Si se preguntara qué cantidad de moneda debe haber es igual a preguntarse qué cantidad de papas debe haber. La elección de la moneda no será de un bien cuya existencia sea demasiado abundante pues no resulta cómodo pagar el medio de transporte con mil millones de algo y tampoco será un bien cuya escasez sea muy marcada pues no es expeditivo pagar con varios ceros antes de la coma que ubica los respectivos decimales.

Como queda dicho la historia monetaria finalmente luego de un período de selección prefirió el oro y la plata. No puede anticipar cuál será la moneda del futuro y tampoco es necesario. No sabemos si será una canasta de monedas, si será esta o aquella mercancía o si será digital (a pesar de lo controvertido de esto último debido a su incompatibilidad con el teorema de la regresión monetaria). Lo que sí se puede anticipar es que la eliminación de curso forzoso y la banca central permitirá elecciones que tiendan a proteger ahorros y que el saqueo sistemático no tendrá lugar.

En todo caso tengamos en cuenta que la tendencia a indexar como una medida que supuestamente corrige los males de la inflación no es relevante pues sube los precios de modo uniforme según un índice como si los precios fueran afectados de la misma manera, lo cual hace que se ubiquen a niveles más altos en valores absolutos pero la distorsión naturalmente se mantiene.

Ha sido frecuente la receta de emitir a un ritmo constante según el crecimiento de la economía “para que los operadores sepan a qué atenerse y la expansión se sustente en la tasa que revele el producto bruto interno”. Esta apreciación es equivocada por dos razones. En primer lugar los operadores no sabrán a que atenerse pues, como hemos reiterado, los precios no se mueven al mismo ritmo. En segundo término, si la expansión se sustenta en el indicador del producto esto hará, por ejemplo, que se anule el crecimiento de las exportaciones debido a la disminución de precios debido al mayor crecimiento, se contraigan las importaciones y una serie de cambios que no se sucederán debido a que la expansión los anuló.

En parte esta última receta se aplicó con los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 que ya creados muchos de los bancos centrales se decidió de facto sustituir el patrón oro por una entelequia denominada “patrón oro cambio” que significaba sustituir el metal aurífero por el dólar y la libra (este último signo monetario fue posteriormente eliminado) lo cual permitió que Estados Unidos expandiera su moneda (también con contracciones erráticas) una reserva para otros países que también expandieron sus respectivos signos monetario lo cual desembocó en la crisis del 29 que se prolongó debido a las políticas de F.D. Roosevelt que fueron canceladas a regañadientes por Truman, lo cual permitió corregir desvíos en la economía real como la liberación de precios y las trabas en el mercado laboral que condujeron a desempleo masivo mientras caía la tasa de capitalización. De todos modos, más tarde, en 1971, Nixon dio el golpe final a la disciplina monetaria imponiendo lo que denominó “el acuerdo más importante de la historia” que consistió en eliminar de jure el oro del esquema monetario y establecer tipos de cambio fijos que duraron hasta la estrepitosa corrida de 1973 que hubo abandonar esta última política que severamente encorsetaba el comercio internacional.

Por otro lado, estimamos que no es en esta nota periodística la oportunidad de encarar otro debate que viene arrastrándose desde hace un siglo y promete otro tanto, cuál es el sistema bancario. Lo que sí puede concluirse es que desaparecerá por manifiestamente perjudicial el sistema fraccionario para ser reemplazado por la reserva total o el llamado free banking con lo que la producción secundaria de dinero de origen exógeno quedará sin efecto y los bancos, financieras y equivalentes deberán enfrentar toda la responsabilidad de su gestión en relación a sus clientes sin el bochornoso apoyo de banqueros centrales y las consecuentes regulaciones absurdas.

Para cerrar este texto subrayamos que en la literatura económica tradicional “convertibilidad” quiere decir canje entre una mercancía y un recibo denominado billete bancario pero no se refiere al intercambio de un papel de un color por otro papel de otro color, en todo caso esto último -cuando un signo monetario está anclado en términos de otro- se trata de tipo de cambio fijo con política monetaria pasiva. En un mercado libre en materia monetaria se da lugar a tipo de cambio libre sin tal cosa como política monetaria (a diferencia de lo que viene ocurriendo en la mayor parte de los casos donde impera un tipo de cambio controlado con política monetaria activa).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

ALBERTO BENEGAS LYNCH PADRE Y EL LIBERALISMO ARGENTINO

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/2/21 en: http://www.laprensa.com.ar/498953-Una-literatura-de-la-verdad.note.aspx

Después de la generación del 37 con Alberdi y sus amigos y de la generación del 80 con Roca y sus colegas, primero a partir de Yrigoyen y luego a partir del golpe fascista del 30 y su continuación más acelerada a partir del golpe militar del 43, se instaló el estatismo en nuestro país. 

Este estatismo desde luego no irrumpió súbitamente. Siempre se trata de un proceso que lleva tiempo para que las nuevas concepciones se vayan filtrando en un primer plano.

Tal como enseña Milton Friedman las ideas que surgen en la superficie son en todos los casos el producto de ideas que vienen operando como corrientes subterráneas durante un tiempo anterior. Como también explica Alexis de Tocqueville, el fenómeno de regresión desde las ideas de la libertad a las del estatismo irrumpe como consecuencia de dar por sentada la prosperidad moral y material fruto del clima de libertad, sin percatarse que ese es el momento fatal, por ello es que Thomas Jefferson ha repetido que «»el precio de la libertad es su eterna vigilancia.»»

En nuestro caso las ideas keynesianas, cepalinas, socialistas, marxistas y estatistas en general fueron poco a poco ocupando espacios, especial aunque no exclusivamente en el ámbito universitario, hasta que se produjo la confrontación y resulta que los supuestos defensores de la sociedad libre no tenían argumentos con lo que el avance del intervencionismo estatal fue arrollador y ocupó gran parte del escenario hasta nuestros días.

LOS AUSTRIACOS

En esa atmósfera Alberto Benegas Lynch padre organizó un seminario con tres estudiantes en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires en 1942 en base a la recién aparecida edición castellana de Gottfried Haberler titulada Prosperidad y depresión publicada ese mismo año y recomendada por uno de los participantes: William L. Chapman que mucho más adelante fuera Decano de esa Facultad, en cuyo carácter hizo de anfitrión a la invitación de mi padre a las célebres seis conferencias en 1959 de Ludwig von Mises en esa casa de estudios y también luego colega de mi padre en la Academia Nacional de Ciencias Económicas. 

Los otros dos eran Carlos Luzzetti que terminó sus estudios en la Universidad de Oxford y José Santos Gollán (h) que finalmente cambió de carrera a la filosofía y fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras también de la Universidad de Buenos Aires.

Ese grupo según relata Chapman se los conocía con cierta sorna como los Austríacos pues debatían sobre contribuciones de la Escuela Austríaca, especialmente referida a la teoría del ciclo desarrollada por el antes mencionado Mises y por el mas adelante premio Nobel en economía Friedrich Hayek, en cuyo contexto -tal como escribe el doctor Luzzetti en uno de sus artículos- estudiaron algunos de los autores que Haberler cita en su obra, además de los dos anteriormente referidos a Machlup, Robbins, Strigl, Röpke y Wicksell junto a las descripciones de fases del ciclo, la noción del interés, el ahorro, la demanda de préstamos, la estructura de la producción, los consiguientes errores contables y la naturaleza de la crisis.

En todo caso este grupo minúsculo se adentró en esta tradición de pensamiento a través de ese primer texto. Como escribe mi padre en su libro Por una Argentina mejor de Editorial Sudamericana, en 1950 en un viaje a Estados Unidos lo visitó a Leonard E. Read, fundador y presidente de la Foundation for Economic Education quien lo llamó telefónicamente a von Mises a la Universidad de New York para arreglar una entrevista con mi padre la cual, al concretarse, a su vez derivó en una carta de presentación para Hayek en ese momento en la Universidad de Chicago. 

En esas visitas mi padre les anunció su idea de establecer una institución en Buenos Aires para reflotar las ideas liberales, lo cual pudo llevar a cabo con un grupo de amigos y colaboradores siete años más tarde debido a que residió en Estados Unidos con su familia durante tres años.
La novel entidad se estableció con el nombre Centro de Estudios sobre la Libertad y esos profesores fueron los tres primeros en disertar en aquella tribuna. Con el tiempo también disertaron en esa entidad Bruno Leoni, Luis Rougier, Arthur Shenfield, Percy Greaves, Henry Hazlitt, Gotffried Dietze, Luis Baudin, Hans Sennholz, Sylvester Petro, Robert G. Anderson, Donald Dozer y Benjamin Rogge.

DIVULGACION DE IDEAS

El Centro de Estudios sobre la Libertad becó a numerosos profesionales jóvenes de nuestro país para seguir estudios de grado y posgrado en Estados Unidos, publicó periódicamente la revista Ideas sobre la libertad, tradujo una colección de cuarenta y nueve obras al castellano, algunas en colaboración con la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires donde mi padre también se desempeñaba como miembro de Consejo Directivo y, asimismo, con esa entidad se organizaron cursos y seminarios en prácticamente todas las provincias argentinas.

En la publicación del Centro realizada por su Secretario de Redacción, Floreal González, se reproducen jugosas cartas de Hayek y Mises enviadas a mi padre cuando apareció el primer número de la antedicha revista. En el primer caso, en misiva fechada el 25 de octubre de 1958, concluye: «Puede estar seguro que todos mis esfuerzos más sinceros y cordiales acompañan la tarea que usted y sus amigos realizan». 

Y el segundo, el 28 de octubre de 1958, termina su mensaje afirmando que «Debemos oponer a la literatura del engaño una literatura de la verdad. Desde ese punto de vista recibo con entusiasmo su nueva revista y le deseo pleno éxito a usted y a sus colaboradores».

EL ROL DE LA PRENSA

A partir de entonces, desde fines de los 60 y especialmente a partir de los 70 y hasta nuestros días afortunadamente para nuestra tierra otros siguieron esa huella tan necesaria a los efectos de alimentar la rica y evolutiva tradición liberal. 

En todo caso, subrayo que uno de los canales más fértiles para explicar y difundir el ideario liberal fue sin duda La Prensa de Argentina donde mi padre publicó asiduamente merced a la cercana amistad con su Director y notable periodista Alberto Gainza Paz, con su estrecho colaborador el también ejemplo de coraje e integridad moral Alfonso de Laferrere y más adelante con el prolífico Emilio Hardoy. 

De un tiempo a esta parte se observa con deleite que este gran diario retoma su espíritu original para bien de nuestro país y del periodismo independiente (una redundancia pero dadas las circunstancias vale el adjetivo).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h