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Milton Friedman desafía: el objetivo de los empresarios es ganar dinero; John Mackey, de Whole Foods, lo discute

Por Martín Krause. Publicado el 9/6/18 en: http://bazar.ufm.edu/milton-friedman-desafia-al-objetivo-los-empresarios-ganar-dinero-john-mackey-whole-foods-lo-discute/

 

Los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I leyeron a Milton Friedman: “La responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”.

El artículo, publicado en la revisa del New York Times es claramente desafiante, típico de Friedman. Con un título agresivo busca llamar la atención de los lectores. Así lo comenta una alumna:

“Friedman hace hincapié en su rechazo a la responsabilidad social de la empresa. Friedman establece que no puede hablarse estrictamente sobre RSE ya que, quienes adquieren responsabilidades son las personas y no una corporación artificial. Quienes deben ser responsables son las personas y no una corporación artificial. Quienes deben ser responsables son los empresarios, dueños, o quienes representan a las compañías, es decir, los ejecutivos corporativos. Ahora bien, ¿en qué consiste esa responsabilidad?”

“El ejecutivo corporativo es también una persona en su propio derecho y, como tal, puede que tenga muchas otras responsabilidades que reconozca o asuma de forma voluntaria: para con su familia, su conciencia, sus sentimientos de caridad, su iglesia, sus clubes, su ciudad, su país. Puede que se sienta obligado por dichas responsabilidades a dedicar parte de sus ingresos a causas que considera respetables, a rechazar trabajar para ciertas corporaciones, e incluso a abandonar su trabajo, por ejemplo, para incorporarse al ejército de su país. Si lo deseamos, podemos referirnos a algunas de estas responsabilidades como “responsabilidades sociales”. Sin embargo, en este sentido el ejecutivo corporativo está actuando como principal y no como agente; está gastando dinero, tiempo o energía, y no el dinero de sus empleadores o el tiempo o la energía que por contrato se comprometido a dedicar a los objetivos de los mismos.”

El tema es tan sensible que muchos no llegan a ver los argumentos de Friedman. No digo estar de acuerdo, sino simplemente entenderlo. Lo mismo debe haber sucedido con muchos de sus lectores.

Pero los alumnos no leen solamente esto, sino también un muy interesante debate organizado por la Reason Foundation donde John Mackey, fundador y presidente de Whole Foods, la exitosa cadena de supermercados naturistas sostiene:

“Estoy muy en desacuerdo. Soy un empresario y un libertario del libre mercado, pero creo que la empresa inteligente debe crear valor para todos sus socios. Desde la perspectiva del inversor, el fin de los negocios es maximizar las ganancias. Pero no es el fin de otros stakeholders –clientes, empleados, proveedores y la comunidad. Cada uno de estos grupos definirá el objetivo de la firma en términos de sus propias necesidades y deseos, y cada perspectiva es válida y legítima.

Mi argumento no debería interpretarse como hostil hacia las ganancias. Creo que conozco algo sobre cómo crear valor para los accionistas. Cuando co-fundé Whole Food Markets hace 27 años comenzamos con $45.000 de capital, tuvimos ventas por $250.000 en nuestro primer año. En los últimos doce meses hemos tenido ventas por más de $4.600 millones, ganancias netas de más de $160 millones y una capitalización de mercado superior a los $8.000 millones

Pero no hemos logrado ese tremendo aumento en el valor de los accionistas haciendo que el valor de las acciones sea nuestro objetivo principal. En mi matrimonio, la felicidad de mi mujer es un fin en sí mismo, no solamente un medio para mi propia felicidad; el amor me lleva a poner la felicidad de mi mujer en primer lugar, pero al hacerlo soy feliz también yo. Igualmente, los negocios más exitosos ponen al cliente en primer lugar, antes que los inversores. En una empresa centrada en las ganancias la felicidad de los clientes es simplemente un medio para un fin: maximizar las ganancias. En una empresa centrada en los clientes, su felicidad es un fin en sí mismo, y será buscado con mayor interés, pasión y empatía de lo que puede hacerlo una empresa centrada en las ganancias.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

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Argentina tiene que cambiar el Chip

Por Iván Carrino. Publicado el 31/5/18 en: http://www.ivancarrino.com/argentina-tiene-que-cambiar-el-chip/

 

Se necesitan cambios de fondo para que el país sea viable a largo plazo.

El mundo amaneció convulsionado este miércoles. Las bolsas cayeron en Estados Unidos, las monedas emergentes se depreciaron y el dólar volvió a fortalecerse.

Los temores ahora se enfocan principalmente en Italia, donde el tesoro debió pagar la tasa de interés más elevada desde 2013 para colocar letras a seis meses.

La tasa de interés del bono a un año, que hace un mes atrás rendía un número negativo de 0,38% (así como se escucha, uno debía pagar por invertir en dicho bono, en lugar de cobrar intereses), pasó a 1,04%.

La del bono a 10 años, subió desde 1,78% a 3,18%.

El tsunami de liquidez otrora impulsado por la Reserva Federal y seguido por los grandes bancos centrales del mundo como el europeo, el de Inglaterra y el de Japón, está retrocediendo… Y a los más desprevenidos los está agarrando con la guardia baja.

Se dice que el problema en Italia y España es que agrupaciones populistas están cerca de llegar al poder, lo que es cierto y genera más incertidumbre de lo normal. Pero la realidad es que lo frágil de la situación responde a sus gigantescas deudas públicas, que las administraciones “serias y conservadoras” de la actualidad no supieron resolver.

¿Suena familiar?

Argentina vulnerable

En este contexto de mayor aversión al riesgo, Argentina se enfrenta nuevamente a su crisis fiscal. La crisis fiscal, en este país, nunca se va. Es como una enfermedad crónica, que a veces muestra sus síntomas, pero otras veces los adormece.

La crisis fiscal crónica nos llevó a estar en default 52% de los años desde la Segunda Guerra Mundial hasta el año 2014.

Además, nos llevó a destruir 5 o 6 signos monetarios (el peso moneda nacional, el peso argentino, el eso ley, el austral, y seguro me olvido de alguno).

Ahora bien, ¿hay inflación porque los políticos son seres despreciables que odian a sus representados? Es una teoría. Sin embargo, una  eminencia tan destacada como Milton Friedman ofrecía otra sustancialmente diferente.

En tiempos en que la inflación era el tema de conversación número uno entre los economistas en Estados Unidos, Friedman aventuró:

Hemos tenido inflación no porque gente mala en la Reserva Federal decidió por sí misma acelerar la máquina de imprimir billetes, sino porque el público ha estado pidiendo inflación y evitando todo intento por frenarla… Nosotros, el pueblo, hemos estado pidiéndole al Congreso que nos dé cada vez más bienes y servicios, pero que no suba los impuestos. Y el Congreso nos hizo caso, imponiendo a la inflación como un impuesto oculto que sirva para financiar la diferencia.

El mismo argumento que Friedman utiliza para la inflación puede emplearse para la deuda pública. El político es un empresario de los votos, y hará todo lo que esté a su alcance para maximizarlos. Así, si los votantes quieren que el gobierno les dé la solución a todos sus problemas, entonces inevitablemente el gasto público será gigantesco.

Así, la deuda pública, la inflación, y las crisis derivadas del derroche estarán a la orden del día.

En este sentido, resultó paradójica la marcha convocada por los actores para repudiar al FMI. De acuerdo con su reclamo, que el FMI preste dinero y audite nuestras cuentas públicas equivale a entrar en el peor de los mundos posibles.

Lo que no ven, sin embargo, es que no hay FMI sin crisis de deuda pública… Y que no hay crisis de deuda pública sin exceso de gasto público, y que no hay exceso de gasto público sin políticos gastomaníacos que, debemos agregar, no existirían si el público no demandara que lo fueran.

Tenemos que cambiar el chip.

Le pedimos al gobierno demasiado, y el resultado es un gasto público impagable.

Cruzar una bondiola

El estado argentino no solo gasta mucho, gasta mal y gasta en exceso, sino que también nos regula demasiado.

Este tema es especialmente importante, dado que el gobierno de Macri postula que el gasto público “caerá” (en realidad, se licuará) una vez que crezca la economía… Ahora bien: ¿con esta carga regulatoria, cómo podremos crecer?

Gustavo Lázzari, economista de la Fundación Libertad y Progreso y, además, empresario frigorífico, explicó recientemente que “transportar una bondiola desde la Capital Federal al Gran Buenos Aires, un trayecto de no más de uno o dos kilómetros puede convertirse en una odisea.”

Tras sumar uno por uno los papeles y permisos que se necesitan, 21 para ser exactos, concluye que pasar una bondiola de un lado a otro de la Avenida General Paz es más engorroso de lo que era atravesar el Muro de Berlín.

El dato de la bondiola puede parecer caricaturesco, pero está respaldado por el prestigioso índice Doing Business del Banco Mundial. En dicho ránking internacional, que mide la facilidad para hacer negocios en 190 países distintos, Argentina ocupa el puesto 117, apenas por encima de Ecuador, y algo por debajo de Honduras y Paraguay.

De acuerdo al Banco Mundial, abrir un negocio legalmente es de las cosas más difíciles que enfrenta un  empresario en el país, así como conseguir un permiso de construcción. Otro rubro donde nos va mal es en la obtención de electricidad, curiosamente un sector hiperregulado con precios máximos (y congelados) decretados por el gobierno desde 2002.

La manía regulatoria no es propia del peronismo. Tan recientemente como ayer, el actual Ministerio de Educaciónresolvió que algunas tareas relacionadas con las tecnologías de la información necesariamente deberán ser llevadas a cabo por profesionales con título habilitante.

Un capítulo más de la fiebre regulacionista nacional.

Cambiar el chip

Con tasas del 40% anual, una muralla de dólares del Banco Central a venderse en 25 $ en el mercado mayorista de cambios, y un acuerdo con el FMI en proceso de cerrarse, las urgencias de corto plazo de la economía del país están claras.

Ahora mirando a largo plazo, los argentinos tenemos que cambiar el chip. No podemos seguir viviendo con crisis fiscal permanente, pero adormecida de a ratos. Y no podemos seguir pensando que el estado todo tiene que regularlo y supervisarlo.

Hay que cambiar la mentalidad, para tener un país más libre, y que eso derive en un crecimiento sostenible de largo plazo.

No hay atajos en este tema, solo así los países se hacen ricos y reducen la pobreza.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Fundación Libertad: 30 Years Working For a Free Economy In Argentina And Beyond

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 2/5/18 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2018/05/02/fundacion-libertad-30-years-working-for-a-free-economy-in-argentina-and-beyond/#7700a78c4cb0

 

The current President of Argentina, Mauricio Macri, and Chile, Sebastián Piñera; the leading pro free-enterprise presidential candidates from Colombia: Iván Duque; Ecuador: Guillermo Lasso; and Uruguay: Luís Lacalle Pou; as well as a multitude of policy leaders from all over the Americas, gathered last week in Buenos Aires to celebrate the 30th anniversary of the Argentinian-based, free-market think tank Fundación Libertad.

Judged by its budget, approximately $2 million US, Fundación Libertad seems small to achieve such clout and attention. However, placed in perspective and in relation to the size of their economies, their budget is similar to some of the largest organizations in the United States. Like the latter groups, Fundación Libertad is a multifaceted organization with several internal centers which have their own mission. It also has a relevant and powerful network of international connections. In addition to the talents of Gerardo Bongiovanni, its founder and leader, as well as almost 40 staff members, the national and international projection of the group is greatly enhanced by the collaboration of and hard work of Nobel laureate Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa began cooperating with Bongiovanni soon after the founding of the think tank. He was the keynote speaker for each of the major anniversaries, beginning with its 10thanniversary in 1998, 12 years before receiving his Nobel Prize in Literature. Vargas Llosa’s commitment to a free economy and a free society became more important after he launched the Fundación Internacional para la Libertad, FIL, in October 2002. Collaboration with Vargas Llosa and FIL helped expand the reach of Fundación Libertad in Spain and the Americas.

Fundación Libertad grew at arm’s length of Argentina’s capital and political power. Located almost 200 miles north of Buenos Aires, in the city of Rosario, Santa Fé province, it grew in reputation by its quality work, events and principles. They have hosted several Nobel Memorial Prize in Economic Sciences winners , a Nobel Peace Prize winner, as well as numerous presidents and former presidents. Soon after the founding of the group, the late Milton Friedman sent Bongiovanni a letter of endorsement and support. Friedman, who visited Chile and Peru, never went to Argentina. I tried to negotiate his visit but he told us that there were several top Chicago trained economists in Argentina who knew what was needed. According to Friedman, if the governments were not conducting the right policies it was because the leading actors of civil society did not want reform. There was not enough agreement among them to pursue the right policies. The visit of a foreigner, no matter how clear his thought and how well-regarded his stature, was not going to change much.

That is why, in part, Fundación Libertad has been working to forge positive working consensus and has always been open to dialogue with most policymakers and government leaders of different views. Dialogue is not possible with all parties, to be sure. Some do not want it. During the Kirchner-Fernández years (2003-2015), Fundación Libertad’s influence was mostly through work at state and provincial levels as well as through the foundation’s international presence. In Santa Fé, the province where Fundación Libertad is headquartered, the governors have been mostly from Peronist or socialist backgrounds, neither particularly good friends of the free economy. They have been, however, civilized enough to accept dialogue with Fundación Libertad experts and leaders.

This 30-year old think tank puts its international and national network to good use by sharing their contacts with figures both inside and outside the government sphere. Their network has been enhanced also because staff members of Fundación Libertad have gone on to work for think tanks in Spain and the United States, and others have launched their own endeavors. A few of their young stars have joined the government, such as Antonella Marty, who works as liaison with policy groups for the Senate Block of the ruling party coalition, and Guillermo Hirschfeld, who is now a commercial counselor at the Argentine Embassy in Spain. Several former staffers are at Spanish think tanks that boast an important presence in Latin America.

North American think tanks have also served as inspiration for Fundación Libertad. The Fraser Institute, with its motto “if it matters measure it,” has been a model for the effort to produce indices such as the one that measures Provincial performance in three areas: public spending, government finances and public sector employment. Additionally, Fundación Libertad is also the oldest local partner of the network of the Friedrich Naumann Foundation from Germany.

Fundación Libertad is the driving force of a network of Argentine think tanks called the “Red Federal de Políticas Públicas,” which is similar to the U.S.-based State Policy Network. This Argentine think tank has also participated in numerous programs of the Heritage Resource Bank meetings, which have led to many collaborative programs both in its homeland and abroad. This project to help mobilize and strengthen the network of provincial Argentine think tanks receives support from the Center for International Private Enterprise, a U.S.-based organization that funds think tank efforts to promote the free economy beyond our borders.

Although the group boasts its relationship with well-regarded libertarian organizations such as Cato and Liberty Fund, it is guided by a big-tent approach. Their openness to diverse views is put in practice both with think-tank peers and government officials. Some groups that promote valuable but narrower ideological agendas often criticize Libertad for inviting policy figures who have failed to promote free-market policies. They recently hosted, for example, Mariano Rajoy, who as leader of the Spanish government has failed to return Spain to the economic freedom that it enjoyed under the government of President José María Aznar. Aznar is another good friend of Fundación Libertad and they have hosted him on numerous occasions. Aznar founded FAES, a think tank which, until January 1, 2016, was affiliated with the Popular Party. It is now independent. Until the creation and growth of FIL (Vargas Llosa’s group) FAES was the foreign think tank that collaborated more with Fundación Libertad’s efforts in Spain and Latin America.

Fundación Libertad today and tomorrow

I divide the work of think tanks into four, sometimes five main areas: research, education, advocacy, direct help (“do” tanks), and networking services. Fundación Libertad has programs in most of these areas. Its advocacy efforts are subtle but powerful. Almost all the ministers of the current Argentine government have participated in meetings, usually breakfast sessions, where the think tank invites a cross-section of the Argentine business community. The ministers and under-secretaries get to hear the concerns of the business community and the latter get to learn from the plans and constraints whether true or alleged of the government officials. I had the privilege of attending some of these meetings and despite the natural disagreements, I was able to witness the atmosphere of constructive dialogue. They sure beat nasty, snappy debates in social media, an area in which Fundación Libertad has not invested and focused much, perhaps in agreement with the American Enterprise Institute’s Arthur Brooks’ observation that “social media is displacing sound debate.”

Fundación Libertad has a building comparable to the main Washington institutions, a diversified and strong donor base, and policy lines. The next decade will likely see a consolidation of its influence, especially if President Macri wins reelection in 2019. Challenges ahead? The main one will be how to transition to an organization less dependent on its founder, Gerardo Bongiovanni. He is well aware of it and has studied other think tank transitions. Independent of its future with a similar or different structure than today, I have little doubt that Fundación Libertad has already made a major contribution to Argentina. The number of dignitaries, government officials, and leading policy players and intellectuals who flew to Argentina for this celebration seems to corroborate my judgement. These three decades of unceasing work has already earned Fundación Libertad a prominent place in the history of think tanks and in the history of liberty.

 

Alejandro A. Chafuen es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), fue miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Es Managing Director del Acton Institute, International. Fue profesor de ESEADE.

Diferencias y similitudes entre la inflación M y la inflación K

Por Iván Carrino. Publicado el 25/4/18 en: http://www.ivancarrino.com/diferencias-y-similitudes-entre-la-inflacion-m-y-la-inflacion-k/

 

En lo cuantitativo, la inflación de hoy es similar a la de CFK, pero cualitativamente la cosa es muy diferente.

La inflación es un fenómeno monetario. Cuando el dinero es excesivamente abundante, su valor cae, y eso se ve reflejado en el aumento de todos los precios de la economía.

En Argentina hace 10 años que tenemos una inflación promedio del 27%, ocupando los primeros puestos del mundo en este ranking de mala gestión monetaria.

Según datos privados, los precios subieron en 2015 alrededor de 27% y promediaron, en los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, una suba de 25,2% anual.

De acuerdo con datos oficiales, la inflación cerró en 24,8% el año pasado y durante el primer trimestre de este año el dato anualizado es 29,6%. Es decir que durante la gestión de Mauricio Macri –para quien la inflación no iba a ser un tema durante su gobierno- los datos referentes al ritmo de aumento de precios no distan demasiado de los del gobierno de CFK.

Tomando esta realidad como referencia, muchos igualan ambas situaciones, y sostienen que tras todos los cambios introducidos, nada relevante ha pasado con el crucial tema de la inflación.

Similitud cuantitativa, diferencia cualitativa

Ahora si bien al mirar los números, la situación parece similar, lo cierto es que en el aspecto cualitativo, el cambio es significativo.

Es que con CFK prevalecía el modelo chavista de administración económica. Es decir, se emitían billetes para financiar el déficit fiscal, y luego se buscaba reprimir las consecuencias controlando todos los precios de la economía.

Durante la gestión anterior prevaleció el cepo cambiario, un clásico control administrativo del tipo de cambio, que busca regular el precio de todos los bienes y servicios relacionados con el dólar. Además, existía una extendida red de “Precios Cuidados”, los precios de las naftas estaban controlados, y las tarifas de servicios públicos (agua, gas, luz, transporte), se mantuvieron prácticamente congeladas.

Por último, también se cobraban retenciones a las exportaciones, buscando divorciar los precios internos de los internacionales.

Este sistema de controles fue lo que el economista alemán Wilhelm Röpke denominó “inflación reprimida”. Para Röpke, la inflación reprimida “consiste fundamentalmente en que un gobierno promueve la inflación, prohibiendo más tarde, sin embargo, su influencia sobre los precios y los tipos de cambio, sustituyendo las funciones ordenadora e impulsora de los precios por el bien conocido sistema de la economía de tiempo de guerra, consistente en el racionamiento a precios controlados”.

Según el alemán, a quien muchos consideran autor intelectual de la reforma monetaria y la casi total liberación de los precios que llevó a Alemania al “milagro alemán” de la posguerra, “la inflación reprimida es aún peor que la abierta, ya que el dinero acaba por perder, no sólo la función de ordenar el proceso económico actuando como medio de cambio y unidad de cuenta, sino también la no menos importante de estimular la óptima producción de bienes y su distribución al mercado”.

En esto también coincidían dos destacados Premios Nobel de economía. Friedrich A. Hayek consideraba que “la inflación abierta es suficientemente mala. Pero la inflación reprimida por los controles es incluso peor: es el verdadero ocaso de la economía de mercado”. Milton Friedman, por su lado, afirmaba que “la inflación libre es perniciosa, pero la inflación suprimida es peor: el intento de supresión impide que obre el sistema de precios”.

Para resumir,  si bien existe hoy una inflación tan alta como la que prevalecía durante el kirchnerismo, el sistema de precios opera con mucha mayor libertad que antes, con los beneficios que esto implica.

El corto plazo y el futuro de la inflación

Los precios libres son absolutamente indispensables para tener una economía de mercado vibrante. Sin embargo, su liberación a corto plazo suele terminar impactando en los índices con los cuales los estadísticos miden la inflación.

Como se observa en el gráfico de más abajo, al tomar el promedio móvil de tres meses de la inflación mensual en la Ciudad de Buenos Aires, se observa que durante los primeros trimestres de 2016, 2017 y 2018, los precios regulados suben mucho más que la inflación general, impulsando a ésta al alza.

(Nótese la diferencia de valores entre la línea punteada, cuya referencia está en el eje izquierdo, y la línea negra sólida, cuya referencia se encuentra en el eje derecho).

Gráfico 1. Inflación CABA, precios regulados e IPC General.

infla k y m

Fuente: ICYA en base a Estadísticas CABA.

A largo plazo, lo único que determina la inflación es el exceso en la cantidad de dinero. Sin embargo, los ajustes de algunos precios puntuales tienen un efecto de corto plazo que no debería ignorarse.

Ahora bien, si la suba transitoria de la inflación que estos ajustes generan, es el costo que tenemos que pagar para que el sistema funcione mejor, bienvenido sea.

Por último, es obvio que necesitamos una política monetaria más agresiva,  porque los registros inflacionarios siguen muy lejos de las metas. Pero reconozcamos también que la “inflación M” es muy diferente de la “inflación K”.

La estrategia antiinflacionaria del kirchnerismo ignoraba las causas de la inflación y solo buscaba torpemente controlar sus consecuencias.

La estrategia de Cambiemos busca –aunque imperfectamente hasta el momento- corregir las causas de la inflación, pero liberando precios, algo que cualquier defensor de una economía sana debería aplaudir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Aunque “juegue solo”, el Banco Central sí puede bajar la inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/aunque-juegue-solo-el-banco-central-si-puede-bajar-la-inflacion/

 

La experiencia de Paul Volcker echa luz sobre el presente argentino.

“Con la tasa de interés no se baja la inflación”.

“Con este desorden fiscal, la inflación solo puede mantenerse alta”

Frases como las anteriores son cada vez más escuchadas en el debate económico actual.

Es que con una meta que en 2017 era de 17% como máximo, pero una inflación rozando el 25%, las críticas al sistema de inflation targeting toman recobrado estímulo.

Ahora bien, ¿tienen validez?

Teoría y Práctica

A priori, la observación parece tener sentido.

Un gobierno con un elevado déficit fiscal que no quiera ni subir impuestos ni bajar el gasto público, siempre encontrará tentador que el Banco Central monetice dicho déficit. Si los agentes del mercado descuentan que esto en algún momento –pero efectivamente- sucederá, entonces no mejorarán las expectativas de inflación, dificultándose el proceso de su baja.

La realidad, sin embargo, muestra otra cosa.

En 1979, cuando Estados Unidos enfrentaba la peor inflación de su historia en tiempos de paz, Paul Volcker tomó el mando de la Reserva Federal. En su momento, las cuentas del gobierno dejaban mucho que desear, pero empeoraron incluso más una vez que Reagan llegó al poder.

Jimmy Carter, presidente demócrata, no había sido precisamente un símbolo de la austeridad fiscal, pero Ronald Reagan incrementó el desequilibrio, al bajar los impuestos para reactivar la economía. El déficit pasó de 2,5% del PBI (1981) a 5,9% (1983).

Volcker, que en su época de estudiante ya rechazaba la idea de que “un poco de inflación era buena”, no tardó en poner manos a la obra. En su segunda reunión como presidente de la Fed decidió la primera suba de la tasa de política monetaria. Era septiembre de 1979.

Un mes después, la Fed decidió pasar a un sistema más apoyado sobre el control directo de los agregados monetarios, pero sin dejar de mirar lo que pasaba con la tasa de interés. Se tomaban como dos caras de la misma moneda.

Tras el cambio, la inflación se resistía a bajar, y no fueron pocos los que mencionaron al déficit fiscal como el origen de todos los problemas. Milton Friedman, Premio Nobel de Economía y padre del monetarismo moderno, fue uno de ellos.

Tuvo que llegar el año 1980, cuando en medio de la campaña presidencial, y a pocas semanas del triunfo de Reagan, Volcker decidió que la tasa de descuento (que los bancos del sistema de la Reserva Federal le cobran a los bancos comerciales) subiera 1 punto porcentual.

Fue una movida inesperada. Nadie creía que el Banco Central fuera a actuar así en medio de un período electoral. Pero la señal enviada fue clara. A la autoridad monetaria le preocupaba solo una cosa: derrotar la inflación.

2018.02.01

El ciclo alcista de tasas (que llevó a la de descuento desde el 10% al 14% anual), duró hasta octubre de 1981.

Los resultados fueron los buscados. Un año más tarde, la inflación se ubicó en 5% anual. Doce meses después, el registro fue de 2,8%.

A pesar de la desprolijidad fiscal, la política monetaria había logrado vencer a la inflación.

Sí, se puede

¿Cómo fue esto posible?

La respuesta es que cuando hay déficit fiscal creciente, una posibilidad es endeudarse a más no poder y, si el mercado “se cansa”, volver a financiar el desequilibrio emitiendo papelitos. Esto, obviamente, no reduce la inflación, o al menos no de forma permanente.

Otra posibilidad es que el Banco Central se ponga tan firme en su objetivo, que cierre definitivamente la posibilidad de volver a monetizar un déficit.

Visto en perspectiva, ésa fue la vía que siguió Paul Volcker.

Así, el vínculo entre el déficit y la inflación, que es directo cuando se espera que la autoridad monetaria rescate al tesoro, terminó rompiéndose para siempre. A partir de ese entonces, la inflación alta jamás regresó a Estados Unidos, pero sí el crecimiento económico, la creación de empleo y el aumento de la riqueza.

Es una experiencia histórica para mirar con atención, especialmente desde Argentina, donde la política monetaria busca bajar la inflación con un déficit fiscal en niveles históricamente elevados.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Sobre la moneda y los sistemas bancarios

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 7/2/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/02/07/sobre-la-moneda-y-los-sistemas-bancarios/

 

El tema monetario es de gran importancia puesto que está indisolublemente atado a los patrimonios de la gente. Trastornos en  ese campo repercuten de inmediato en el nivel de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados puesto que la característica central de esos barquinazos se traducen en consumo de capital, lo cual, a su turno, significan disminuciones en salarios e ingresos en términos reales.

Desde tiempo inmemorial los aparatos estatales se han querido apoderar del instrumento monetario al efecto de hacerse de recursos. Ningún gobierno en la historia de la humanidad ha preservado el poder adquisitivo del dinero, siempre lo ha derretido. El premio Nobel en economía Friedrich Hayek fue un pionero contemporáneo en señalar la imperiosa necesidad de apartar a los gobiernos de la administración de la moneda, a lo cual han seguido numerosos autores, tema que en la actualidad ha producido una muy prolífica bibliografía. Hayek escribe que su esperanza estriba en que no ocurra con el dinero lo que sucedió con la inconveniente unión entre el poder y la religión que tardó siglos en percibirse los daños que provocaba esa unión. Del mismo modo, sigue diciendo Hayek que el dinero debe separarse cuanto antes de todo vestigio de contacto político y que la independencia de la banca central no hace más que trasladar los problemas a otro sector apoyado por el poder.

Otro premio Nobel también en economía, Milton Friedman, en su último trabajo sobre temas monetarios sostiene que “el dinero es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de banqueros centrales”. Es cierto que Friedman antes sugería la implantación de una “regla monetaria” que analizamos  más abajo.

Este cambio  no solo ocurrió con Friedman, el propio Hayek en una obra anterior sostenía que es “la administración de la moneda constituye función indelegable del gobierno”. Esto es solo una muestra de la evolución del pensamiento para quienes están atentos a nuevos conocimientos.

Antes de entrar de lleno en el tema, tengamos en cuenta que el dinero no calza en la definición de bien público puesto que no incorpora los principios de no-excusión y no-rivalidad. Por otra parte, se ha sostenido la conveniencia de la moneda estatal partiendo de la arbitraria premisa que se trata de un monopolio técnico aunque en este caso resulta de la imposición de un monopolio artificial (es de interés en este contexto atender un ensayo de otro premio Nobel en economía, Gary Becker, titulado “There is Nothing Natural about Natural Monopoly”), de lo contrario, liberado el mercado de regulaciones se brinda la posibilidad de elegir en competencia con todos los controles cruzados que de ello se deriva. También llama poderosamente la atención que se alegue que la politización de la moneda pueda suplir la asimetría de la información cuando, precisamente,  cuanto menos críptico y cerrado sea el mercado menor es la exposición y la transparencia. Por último, se ha pretendido desacreditar la competencia abierta de monedas recurriendo a una interpretación equivocada de la Ley de Gresham al afirmar que la moneda mala desplaza a la buena sin tener en cuenta que eso ocurre cuando el gobierno impone tipos de cambio forzosos.

La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible a la que nos hemos referido más arriba, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a que tasa contraer, a que tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda, que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo,  el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores  en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.

Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace cincuenta años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución, en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años treinta.

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se  perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cual es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cual es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cual es la cantidad de lechuga que habrá en el mercado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

El economista en la academia, la política y la consultoría

Por Adrián Ravier.  Publicado el 31/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/El-economista-en-la-academia-la-politica-y-la-consultoria-20180131-0073.html

 

El economista en la academia, la política y la consultoría

 

Se escucha con cierta frecuencia una broma hacia los economistas que afirma que si preguntamos a diez de ellos su opinión sobre un determinado problema, posiblemente tengamos once soluciones. ¿Por qué diferimos los economistas en nuestras recomendaciones de política económica? ¿Por qué en ocasiones tenemos más de una recomendación? ¿Carece esta ciencia joven de consensos científicos básicos?

Lo cierto es que la economía como ciencia ha desarrollado leyes sólidas que nos permiten enumerar cuantiosos consensos, pero cuando nos movemos hacia la recomendación de la política económica o ante un problema de políticas públicas los disensos son mayores.

“Por qué difieren los economistas en sus opiniones de política pública” es en definitiva un aspecto sociológico de la profesión que se ha debatido en numerosas oportunidades, pero el punto que quiero señalar aquí es que ganaríamos mucho los economistas, y con ello pienso que recuperaríamos parte del prestigio perdido de la profesión, si definiéramos con claridad los planos en los que trabajamos cuando hacemos nuestro análisis y nuestras recomendaciones. ¿A qué planos me refiero? Al plano del académico y al plano de la política.

Una anécdota que acostumbraba relatar Manuel Ayau, fundador y Rector de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, puede ayudar a mostrar el punto. Ocurrió en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en St. Andrews. Estaba exponiendo Milton Friedman sobre su estudio de la moneda y Enoch Powell, entonces miembro de la Cámara de los Comunes en Londres, le preguntó si en su exposición había tenido en cuenta los factores políticos, a lo que Friedman se apresuró a contestar por la afirmativa. Powell dijo: “Entonces su paper no me sirve, pensaba que recibiría reflexiones de un académico, déjenos a nosotros la negociación política”.

Hace unos meses el mismo Federico Sturzenegger, Presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), exclamaba ante la Asociación Argentina de Economía Política que se reunió en Bariloche que la profesión debía contribuir a los debates de políticas públicas. Muchos se defendieron explicando que no son escuchados, y cuando se los escucha se exclama que trabajan en una torre de marfil.

Me parece que la profesión del economista se encuentra desprestigiada o devaluada ante la opinión pública precisamente porque los especialistas desconocen su rol ante la sociedad. No es lo mismo el rol científico del economista que el rol del político. Me apresuro a señalar, incluso, que cuando un economista se viste de político –sea como funcionario o como representante de un partido político- deja de ser economista.

Trabajar en diversos planos sin explicitarlo ante la opinión pública nos expone a debates innecesarios que sólo comprometen los consensos que la profesión ha alcanzado.

El economista como académico o científico

Su lugar natural es la universidad y los congresos científicos. Investiga, estudia, alcanza un doctorado y dedica tiempo a la docencia. El científico trabaja con modelos que en muchos casos se abstraen de la realidad política y social que le acompaña. La teoría que desarrollan es en general abstracta, universal, aplicable a todo tiempo y lugar. Sus trabajos científicos, que a la vez intentan publicar en revistas especializadas, no se preocupan por aquello que la opinión pública puede digerir.

Y está bien que así sea, porque eso los distraería de lo más relevante que es contribuir al cuerpo teórico de la disciplina. Cuando el académico deja un momento la frontera del conocimiento y analiza la actualidad y sus problemas, tiene en general un enfoque diferente, porque su rol -inmerso en óptimos y utopías- lo conducen, en definitiva, a imaginar nuevos mundos posibles, correr el eje del debate.

El economista como político

El político no puede distanciarse de la opinión pública. Su éxito depende de la apreciación que la opinión pública ejerce sobre la política económica que define el gobierno. Bien hará el político en escuchar a los científicos y a los técnicos, pero no pueden darse el lujo de abstraerse de las cuestiones culturales, políticas y sociales que acompañan a su gobierno. Si así lo hiciera, fracasaría como político.

Si el economista que se viste de político está más enfocado en lo que la opinión pública puede digerir que en las conclusiones que obtiene de sus observaciones, mal rol jugará este como economista. Su objetividad estará limitada a un fin último superior que son las elecciones.

El economista como consultor

Mientras el académico educa a sus alumnos en el aula, el consultor hace lo propio con sus clientes y ante la prensa. Su alcance es lógicamente mayor y allí cabe su responsabilidad.

Su formación como economista, casi siempre complementado con estudios de posgrado, les permite aplicar la teoría económica, y si bien no contribuyen a expandir la frontera del conocimiento, son los que mejor entienden la coyuntura, además de intentar predecir escenarios futuros.

El consultor tampoco puede prescindir de la política, porque los escenarios futuros dependen de las decisiones que se toman en ese plano, pero en la medida que se mantiene independiente del gobierno y los partidos políticos, puede evaluar las políticas económicas con objetividad.

La profesión del economista en Argentina

En la Argentina, la opinión pública conoce nuestra profesión a través de los economistas que ocupan cargos en el poder político y los consultores que comparten columnas de opinión y son entrevistados por la prensa. Naturalmente, en esos espacios la economía está cargada de política, lo que en definitiva impide mostrar los consensos básicos que la profesión ha alcanzado en el plano científico.

No quiero negar con esto que existan amplios debates también en el mundo académico, pero ¿qué ciencia no los tiene?

Como cierre, creo necesaria una reflexión acerca de Cambiemos. Nada ansía más el Presidente que ser recordado como un estadista. Si eso desea, será mejor que escuche a aquellos economistas que pueden abstraerse de lo urgente y por un momento piense en aquello que es importante y estructural.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Desmitificando al liberalismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/04/desmitificando-al-liberalismo/

 

La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

El liberalismo no es pro empresa, es pro igualdad ante la ley.

El liberalismo no es una doctrina que busque beneficiar a un sector a expensas de otro. Si hay un sector sobre el cual Adam Smith ya alertaba tener cuidado, era justamente el empresarial. Es una doctrina que busca respetar la igualdad ante la ley. No sólo para trabajadores y empresarios, fundamentalmente también para el Estado. No hay lugar para la extorsión para mafias, ni para sindicatos, ni para funcionarios públicos.

Podría decirse que si hay un sector social al cual el liberalismo beneficia, es al trabajador. En los países con economías más libres del mundo el factor trabajo recibe un porcentaje del ingreso total mayor al factor capital. Mientras que en las economías menos libres, esta relación tiende a invertirse.

El liberalismo no es anti Estado, es pro límites al abuso de poder. Hay varias corrientes de liberalismo, por ejemplo, el liberalismo clásico, el anarco-capitalismo, el minarquismo, etcétera. El término “libertario” abarca a todas esas corrientes. Salvo el anarco-capitalismo, el liberalismo no busca eliminar al Estado. Lo que el liberalismo requiere son maneras eficientes de contener los abusos de poder estatal. Es un error conceptual pensar en el libertarismo como un indicador de pureza liberal. Mayor rechazo al Estado no implica necesariamente ser más liberal, es simplemente ser más anti Estado o quizás más anarquista.

Posiblemente los tres economistas liberales con mayor reconocimiento del siglo XX sean Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Milton Friedman (Karl R. Popper y Robert Nozick en el área de la filosofía). Ninguno de los tres era anarco-capitalista, los tres fueron liberales clásicos que consideraban al Estado necesario, en términos de liberalismo clásico, para tener una economía libre y estable.

El liberalismo no es despreocupado de las necesidades sociales, busca justamente ayudar a los más necesitados.

El liberalismo no es una doctrina fría a la que no le importa la suerte de los más necesitados. Por el contrario, considera que una economía libre es el sistema económico con más posibilidades de reducir la pobreza. De hecho, la historia muestra que los grandes procesos de reducción de pobreza se dan a la par de mayores libertades económicas. Quien crea que al liberalismo no le importan los pobres o los necesitados puede darse una vuelta por los textos de autores como Mises, Hayek, Friedman, Adam Smith, etcétera.

Hoy día se habla menos de pobreza y más de desigualdad del ingreso. Esto se debe, justamente, a la fuerte reducción en pobreza que se ha observado en las últimas décadas. La distribución del ingreso es un problema distinto al de pobreza. Y como sugiere Angus Deaton, nobel en Economía por sus estudios en este tema, el problema no es la distribución del ingreso en sí sino qué tan justo es el proceso por el cual se distribuye el ingreso. Al buscar la igualdad ante la ley en lugar de beneficios sectoriales, el liberalismo desea un sistema social más justo.

Se encuentra arraigado en la opinión pública que las economías más libres poseen una peor distribución del ingreso. Este no es el caso. El porcentaje del ingreso nacional que recibe el 10% de la población con mayores ingresos es independiente del grado de libertad económica. La diferencia es que en países como la Argentina del kirchnerismo o la Venezuela bolivariana los ricos son aquellos que se benefician a través del Estado. Mientras que en países con economías libres, los ricos son aquellos que sirven al consumidor. Empresarios como Bill Gates, Jeff Bezos o Steve Jobs se encuentran en países con economías libres, no con economías reprimidas como la de Argentina.

El liberalismo no es partidario, es constitucional. Al liberalismo le preocupan las normas que deben gobernar a una sociedad, es decir, su Constitución. El liberalismo no es un movimiento o un partido político, es una concepción constitucional o fundacional. Consiste en pensar cómo limitar al rey o al Estado, indistintamente de quién sea el gobierno de turno. Pedir que el liberalismo “arme un partido y gane las elecciones” es simplemente confundir cómo se debe administrar al Estado (partidos políticos) con cuál debe ser el papel del Estado (liberalismo como filosofía política).

El liberalismo es fundamentalmente democrático y republicano. Sugerir que el liberalismo es pro dictadura porque algún funcionario supuestamente liberal se ha identificado como tal no hace sombra la constante oposición al autoritarismo del liberalismo. Por ejemplo, a diferencia de los mitos que rondan por sectores de izquierda, ni Friedman ni Hayek apoyaron ni contribuyeron con la dictadura chilena. Por el contrario, en ambos casos dejaron cuestionamientos inequívocos a la dictadura.

La época de oro de Argentina coincide con su época liberal. Argentina tiene la posibilidad de volver a discutir estas ideas y dar inicio a un cambio en serio y de fondo. Para ello es necesario discutir las ideas del liberalismo, en lugar de perderse en mitos y versiones caricaturescas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La economía a contracorriente

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 24/11/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/11/24/la-economia-a-contracorriente/

 

Afortunadamente hay muchos libros de inconformistas, esto es bueno cuando las cosas se tuercen porque es la forma de enderezarlas. Los economistas en general tenemos la manía de tratar nuestra disciplina con un lenguaje que no ayuda a comprender su significado. En el contexto económico se alude a “mecanismos”, a “eficiencias crematísticas”, a “asignaciones” ajenas a lo humano con descripciones que remiten a “automaticidades”, a cuestiones siempre cuantificables, a próximos “ajustes” y equivalentes.

A esto debe agregarse la hipóstasis que se hace del mercado como si operara un ente que habla y dice en lugar de precisar que se trata de un proceso en el que actúan millones de personas para concretar arreglos contractuales explícitos o implícitos en los que el respeto recíproco irrumpe como principio moral, están presentes el valor justicia de dar a cada uno lo suyo y la indispensable confianza, de lo que se desprenden las respectivas reputaciones, todo lo cual constituyen reglas inherentes a cada transacción en la que se intercambian las propiedades de cada cual.

En uno de los libros a que nos referiremos, Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright aluden a la economía de modo muy distinto al habitual, obra titulada Culture and Enterprise, donde muestran que lo decisivo de este campo de conocimiento es la cultura, es la ética que determina los marcos institucionales y los procesos de mercado que estrechan relaciones interpersonales, y que la apreciación valorativa establece muy diferentes parámetros para el progreso en el que, por ejemplo, unos valoran una puesta de sol y otros el poseer un automóvil.

Más aun, toda transacción libre y voluntaria está basada a su vez en estructuras jurídicas que aseguran el derecho de propiedad, comenzando por el cuerpo de cada uno y por el consiguiente fruto de su trabajo. Este enfoque retoma, por una parte, la tradición de Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales de 1759 y, por otra, La acción humana. Tratado de economía de Ludwig von Mises, que en 1949 sentó las bases de la economía moderna al apartarse por completo de la visión marxista que circunscribía esa disciplina a lo material, lo cual también tiñó a la economía neoclásica de encerrar los postulados económicos en lo crematístico. A partir de Von Mises las aplicaciones de la economía a terrenos que le eran habitualmente extraños se fue extendiendo, primero, con el análisis económico del derecho, luego con Law & Economics propiamente dicho, y también estudios como los de Gary Becker sobre la familia y tantas otras aplicaciones de la ciencia económica en provechosos andariveles.

Mises mostró que economizar implica elegir, preferir, optar por determinados medios para el logro de específicos fines en los que está presente la idea de costo como la inexorable renuncia a ciertos valores conjeturando que se lograrán otros de mayor valía a criterio del sujeto actuante y así con el resto de los ingredientes que tradicionalmente se circunscribían a lo material para expandirlos a toda acción humana donde en el mercado los precios se expresan en términos monetarios y en el resto los precios aluden a ratios entre el valor que se abandona y el que se incorpora. Como queda dicho, esto va para toda acción, sea el amor, la lectura, el pensamiento o la adquisición de una computadora. Si lo dicho suena mal, es porque todavía se arrastra la concepción marxista de la economía. Toda acción apunta a una ganancia que puede ser psíquica o monetaria y se dirige a eliminar pérdidas desde muy diversas perspectivas, por ejemplo, el que entrega su fortuna a un necesitado es porque para él el acto significa una ganancia psíquica, ya que todo acto libre y voluntario se realiza en interés de quien lo lleva a cabo, ya sea una acción sublime o ruin.

Lavoie y Chamlee-Wright incluso objetan las mediciones del producto bruto que ejemplifican con el incremento en la colocación de alarmas y cerraduras que se computan en ese guarismo como si fueran una mejora pero significan una decadencia en la cultura y en la calidad de vida por los mayores riesgos de asaltos. Todavía más, el aumento en el producto bruto se suele asimilar a la mejora en el bienestar, pero generalmente las mejores cosas de la vida no son susceptibles de referirse en términos monetarios. Entonces se dice que alude a mejoras materiales, a lo cual debe deducirse la intervención gubernamental en la economía que siempre se traduce en reducciones en el nivel de vida debido a la inexorable alteración en las prioridades de la gente.

Finalmente, no se comprende el sentido de compilar esas estadísticas, ya que de ese modo se extrapola la actividad empresaria a la de un país como si los gobernantes fueran su gerente, sin comprender que una vez garantizados los derechos de los gobernados, cualquier resultado en libertad será óptimo. Si la gente prefiere tocar el arpa antes que producir televisores, eso será lo mejor y así sucesivamente. En este sentido es que James M. Buchanan ha escrito: “Como un medio de establecer indirectamente la eficiencia en el proceso de intercambio, mientras se mantenga abierto y mientras el fraude y la fuerza estén excluidos, todo lo que se acuerde es, por definición, aquello que puede clasificarse como eficiente”.

Por otra parte, ¿para qué presupuestar tasas de crecimiento del producto? ¿Se opondrá el gobierno si el crecimiento fuera mayor? ¿Y si es menor habrá recriminaciones? ¿Con base en qué parámetro puede el aparato de la fuerza proyectar una tasa? ¿Es acaso que el gobierno interviene para lograr la meta? Si así fuera, habría que objetar la intervención que, fuera de su misión específica de proteger derechos, siempre es en una dirección distinta de lo que hubiera decidido la gente en libertad.

En esta misma línea argumental es que Wilhelm Röpke ha consignado, en Más allá de la oferta y la demanda: “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […]. Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad”.

Lavoie y Chamlee-Wright señalan que el economista tradicionalmente ha considerado la cultura, es decir, los valores imperantes, como algo externo a su disciplina en lugar de verlo como algo interno que parte de la estructura axiológica de cada sujeto y que constituye un ingrediente principalísimo de la economía. Además, claro está, que la cultura no es algo estático sino cambiante y en planos multidimencionales en cada persona. Dicen estos autores que nada se gana con el establecimiento de normas que protejan derechos si previamente no existe una cultura liberal suficientemente arraigada, de allí la importancia de la educación. Sin duda que las normas civilizadas ayudan a encauzar conductas consistentes con una sociedad abierta, pero el trabajo en la comprensión de valores básicos es condición necesaria para el respeto recíproco.

El segundo libro a que nos referimos, que también va a contracorriente de lo habitualmente establecido es el de Tyler Cowen, titulado In Praise of Commercial Culture, en el que el autor muestra la conexión estrecha entre la economía y la cultura. En este caso específicamente con el arte, esto es, la pintura, la música y la literatura.

En primer lugar, Cowen subraya la importancia de los procesos de mercado abiertos para mejorar el nivel de vida de la población y de este modo abrir las posibilidades de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, la gente atienda requerimientos artísticos. En segundo término, explica cómo el mercado abre caminos fértiles para las transacciones de obras de arte. Antaño los mecenas eran gobernantes que promovían el arte compulsivamente con el fruto del trabajo ajeno al beneficiar a los de mayores recursos en detrimento de quienes se veían obligados a renunciar al pan para satisfacer los deseos de los poderosos, hasta que el arte se volcó al mercado libre, con lo que las respectivas cotizaciones permitieron incentivar las preferencias del público. Incluso en los muebles fabricados por ebanistas el estilo se bautizaba con el nombre del rey o la dinastía.

Debe hacerse hincapié en el despropósito descomunal de las trabas aduaneras para importar o exportar obras de arte, con lo cual, de cumplirse el bloqueo, no existirían los museos con lo que las personas de menores recursos que no pueden viajar se les estaría vedado disfrutar de obras de arte.

Sin perjuicio de las notables y generosas donaciones para el enriquecimiento del arte en muy diversos planos, como bien ha dicho Milton Friedman en su célebre ensayo titulado “The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits”, en The New York Times Magazine, donde expone los beneficios sociales de las ganancias, lo cual significa que los siempre escasos recursos están bien administrados, con lo que las tasas de capitalización se elevan y, por tanto, lo hacen los salarios y los ingresos en términos reales. Esto va para los acomplejados e ignorantes que estiman que deben devolver algo a la comunidad con entregas gratuitas, sin percatarse del papel social de las ganancias. De más está decir que esto no va para los prebendarios que la juegan de empresarios pero obtienen del poder mercados cautivos para explotar a la gente.

Ernst H. Gombrich, en su Historia del arte, describe en detalle el progreso en las artes cuando se colocaron en los mercados, con lo que las obras pasaron a un público más amplio y no destinado sólo para unos pocos y de este modo se abrieron infinitos caminos para nuevas realizaciones una vez que los aparatos de la fuerza fueron dejados de lado en este rubro tan delicado para la evolución cultural.

En otras palabras, tanto Lavoie y Chamlee-Wright como Cowen puntualizan el aspecto espiritual del proceso económico y enfatizan la creatividad inherente a este y ponen en un segundo plano las consecuencias materiales. Seguramente con este enfoque dejará de establecerse un dique entre los estudiosos de la economía y los artistas, y estos últimos dejarán de ver esa disciplina como algo ajeno a sus aspiraciones culturales para integrarla a sus visiones estéticas. De allí es que Michael Novak, en El espíritu del capitalismo democrático, deriva la palabra ‘capitalismo’ de caput, de mente, de creatividad, del espíritu emprendedor que posibilita el progreso en las ciencias, la empresa comercial y las artes.

Frank H. Knight se refiere a lo que venimos sosteniendo en su obra La ética de la sociedad competitiva, una colección que abre con un primer trabajo titulado “Ética e interpretación económica”, tomado del Quarterly Journal of Economics, donde, entre otras cosas, anota: “Economía y ética mantienen de modo natural relaciones bastante íntimas, dado que ambas tratan del problema del valor”. Como resume Fred Kofman en el tercer tomo de su Metamanagement: “Todo acto de comercio es un acto de servicio mutuo”.

Además de todo lo dicho, recordemos, para finalizar esta nota periodística, que Friedrich A. Hayek ha estampado en su conferencia en el Social Science Research Building de la Universidad de Chicago, “The Dilemma of Specialization”, respecto a la profesión de economista en un sentido restringido: “Nadie puede ser un buen economista si es sólo un economista, y estoy tentado a decir que el economista que sólo es economista será probablemente una molestia cuando no un peligro manifiesto”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.