La banca central necesariamente se equivoca

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/4/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-banca-central-necesariamente-se-equivoca-nid28042022/

La llamada autoridad monetaria es el fetiche de nuestra época; si expande la base monetaria, si la contrae o si la deja inalterada siempre altera los precios relativos. Téngase en cuenta que los precios son los únicos indicadores para saber dónde asignar y dónde no asignar los siempre escasos recursos. Mal guiar factores productivos inexorablemente se traduce en derroche de capital lo cual, a su turno, significa menores salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización constituyen la única causa de mayor riqueza y, por ende, mitiga y revierte la pobreza.

El premio Nobel en economía Friedrich Hayek ha escrito que la humanidad ha demorado doscientos años en percatarse del peligro y la inconveniencia de atar la religión al poder político, es de esperar que no nos demoremos otro tanto en darnos cuenta del daño inmenso de atar la moneda al gobierno. En el origen del proceso evolutivo de la moneda la gente abandonó el cambio directo o trueque porque se dio cuanta del embrollo que significaba encontrar alguien que quisiera lo que uno posee, que al mismo tiempo contara con un bien o servicio que uno desea y, sobre todo, al tipo de cambio aceptable para ambas partes. Desde luego que resultaba muy complicado el obtener un trozo de pan para el experto en tocar la flauta, puesto que es poco probable que el panadero aceptara entregar su bien a cambio de una lección de flauta, y así sucesivamente se presentaban las más variadas complicaciones.

En una versión sobresimplificada y telegráfica, así es como la gente decidió recurrir al cambio indirecto, es decir, llevar a cabo las transacciones vía una mercancía considerada de aceptación general debido a sus usos no monetarios (industriales, para comestibles etc.). Este fenómeno en la jerga moderna se conoce como el teorema de la regresión monetaria. En este cuadro de situación se usó el tabaco en la Virginia colonial, el cacao en Centroamérica, el hierro en África, las sedas en India, el ganado en Grecia y otros bienes, lo cual facilitó el comercio. En esta especie de competencia monetaria tuvieron éxito generalizado el oro y la plata debido a sus destacadas propiedades de homogeneidad, fraccionabilidad y durabilidad.

Luego, para facilitar la calidad y peso del metal, se optó por la acuñación y más adelante, para brindar mayor seguridad y comodidad, se abrieron casas de depósito que entregaban recibos denominados billetes, y los emisores se conocieron como bancos. Pero en medio de este proceso los gobiernos siempre tentados de echar mano a nuevos canales de financiación impusieron primero la acuñación estatal y luego el monopolio de la convertibilidad también a través del Estado. Si prestamos atención a la historia monetaria observaremos que en esa instancia se sucedieron interrupciones en la convertibilidad hasta que en líneas generales finalmente irrumpió la banca central.

Los Acuerdos de Bruselas y Génova del los años 20 acordaron eliminar el metal aurífero como respaldo de la moneda y sustituirlo por el dólar y la libra (este signo monetario a poco andar quedó sin efecto) con una ratio convencional dólar-oro pero con la estipulación implícita de no reclamar el oro a Fort Knox, situación que quedó expuesta cuando Jacques Rueff desde el gobierno francés deliberadamente para poner al descubierto la trampa reclamó el oro, desde luego sin éxito. De todos modos, el nuevo sistema permitió expansiones monetarias por parte de Estados Unidos lo cual a su vez generaba reservas para la banca central extranjera que les permitía emitir dinero local. Esto condujo al boom previo a la crisis del 29 que arrastró al planeta a una debacle sin precedentes y a nuevas medidas por todos conocidas hasta nuestros días donde estamos inmersos en la banca central, con el apoyo logístico de instituciones nefastas como el FMI que financian gobiernos fallidos con recursos detraídos coactivamente a contribuyentes de distintos países.

Supongamos banqueros centrales muy competentes y honestos, como hemos consignado el abrir este texto solo pueden decidir entre tres caminos los cuales desfiguran los precios relativos con las consecuencias apuntadas. Y si se insiste en que la banca central sea independiente del ministerio de economía o similares, el error será cometido independientemente, pues no hay salida posible.

Se ha dicho que la autoridad monetaria se establece para preservar el valor del poder adquisitivo de la unidad monetaria, pues ninguna banca central ha hecho semejante cosa. En verdad se trata de succionar el fruto del trabajo ajeno con lo que los economistas llamamos elegantemente “inflación” pero que en verdad es un robo descarado a los ingresos de todos pero muy especialmente a los más vulnerables.

Milton Friedman –otro premio Nobel en economía– en sus conferencias en Israel publicadas bajo el título de Moneda y desarrollo económico ya había anticipado: “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central.” Y en su último escrito sobre tema monetario –Monetary Mischiff– consignó: “La moneda es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de banqueros centrales.”

Hay tres modelos monetarios: política monetaria activa con tipo de cambio flexible, política monetaria pasiva con tipo de cambio fijo, conocida en nuestro medio como “convertibilidad” aunque estrictamente esta denominación en la literatura económica corresponde a una mercancía intercambiada por un recibo-billete pero no un billete de un color por otro de otro color y, por último, moneda de mercado con tipo de cambio libre que significa ausencia de política monetaria.

La primera vez que expuse lo dicho fue en mi libro Fundamentos de análisis económico hace la friolera 50 años con prólogo de Hayek y prefacio del exsecretario del Tesoro del gobierno de EEUU, William E. Simon. Ahora veo que hay propuestas varias para, en última instancia, dejar de lado el fetiche de la autoridad monetaria; pero es llamativo que a veces algunos periodistas se detengan en los pasos a seguir para lograr cometidos similares, con lo que se enganchan en un debate que deja de lado la meta. Más provechoso en esta y otras materias que apuntan a reformas estructurales de fondo es discutir la validez de las metas, puesto que hay muchas arquitecturas en cuanto a los medios para lograr esos fines, y si se pierden en métodos finalmente se deja de lado el objetivo. Hay propuestas sólidas que señalan la conveniencia de que la gente elija su activo monetario al estilo de lo propuesto en primer término por Hayek, pero que ahora acompañan una frondosa bibliografía. En esta línea argumental con razón se conjetura que, dadas las circunstancia actuales, en una primera instancia la gente elegirá el dólar. Por otra parte debe tenerse en cuenta que fuera de la base monetaria como pasivo de la banca central, el resto es deuda gubernamental,

Algo tragicómico es la manía de aludir a “la soberanía monetaria” sin entender que es equivalente a referirse a la soberanía de la zanahoria. Como ha indiciado, entre otros, Bertrand de Jouvenel, la soberanía primordial es la del individuo con sus derechos inalienables, lo demás es pantalla para distraer al incauto.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Qué son las cuevas financieras?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/7/20 en: https://eleconomista.com.ar/2020-07-que-son-las-cuevas-financieras/

dollar dólar

El lenguaje es para poder pensar y para trasmitir mensajes a nuestros congéneres. Si bien es cierto que los diccionarios son libros de historia pues mutan cuando la parla cambia, en esta instancia el llamar perro al gato y viceversa confunde el pensamiento y la comunicación.

Para entrar en materia de lo que quiero puntualizar en esta columna periodística, lo cito al gran economista decimonónico Frederic Bastiat de su obra titulada “La ley”, donde sostiene que cuando los aparatos estatales abandonan su función de proteger derechos y, en cambio, los conculcan incurren en robo legal pues escribe que la norma gubernamental “ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación”.

Pues bien, todo se trastoca cuando el poder político abusa de sus facultades. En este sentido declaramos que la cueva en el sentido peyorativo que se le otorga a la expresión está representada por la banca central que succiona el fruto del trabajo ajeno. El premio Nobel en Economía F. A. Hayek ha escrito sobre los desmanes de la denominada autoridad monetaria y el curso forzoso y concluye que del mismo modo en que se tardó en percibirse los errores y horrores de unir la religión con el poder político abriga esperanzas que no se demore otro tanto en percatarmos que la unión de la moneda con el aparato estatal tiene como único fin estafar a la gente a través de lo que los economistas denominamos inflación monetaria. Continúa diciendo que se alega que es para mantener el poder adquisitivo de la moneda pero ningún banco central ha hecho semejante cosa en la historia de esa institución. Sugiere que la gente pueda elegir el activo dinerario de su preferencia en un proceso abierto y competitivo.

Los banqueros centrales solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir, contraer o dejar igual la masa monetaria. Cualquiera de estos tres caminos inexorablemente conduce a la distorsión de los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Y si alguien dijera que la banca central posee la bola de cristal y haría lo mismo que la gente hubiera elegido en cuanto al volumen de la masa monetaria, no tendría tampoco sentido la manipulación  si van a hacer lo mismo que hubiera hecho la gente sin los gastos administrativos correspondientes, pero más importante que esto es explicar que para saber lo que la gente demanda hay que dejarla actuar. En otros términos, los banqueros centrales en toda circunstancia se equivocan y la antedicha desfiguración de los precios relativos significa alterar las únicas señales con que cuenta el mercado para operar, lo cual a su turno se traduce en consumo de capital que implica la consecuente reducción en salarios e ingresos en términos reales. Más directo: manipulación política del dinero es igual a pobreza.

Entonces, en la práctica la cueva radica en la banca central y en aquellos bancos que se escudan en reglamentaciones estatales y cierran las persianas de sus instituciones para que depositantes no puedan retirar sus pertenencias. Los lugares donde se concretan arreglos libres y voluntarios entre partes para proteger ahorros legítimos no son en este contexto cuevas.

Por supuesto que como queda dicho está todo patas arriba y lo conveniente es que todos puedan operar libremente con lo suyo y el monopolio de la fuerza circunscribir su función a la protección de derechos y no en la manía de imponer tipos de cambio, tasas de interés y equivalentes. Es similar a que en regímenes estatistas se emplee el mote de mercado negro a las transacciones libres y voluntarias y se denomina al mercado blanco allí donde no hay transparencia ni libertad.

Es hora de poner las cosas en orden y mantener en brete al Leviatán que está teóricamente integrado por los empleados de la gente con la misión de protegerla, pero de un tiempo a esta parte se han invertido los roles y los mandatarios se han convertido en mandantes y la gente en simples súbditos. Cuando esto se revierta desaparecerán lo que ahora muchos denominan cuevas financieras en el contexto de mercados libres rodeados de marcos institucionales civilizados y, en ese caso, solo serán cuevas las madrigueras y los aguantaderos de criminales que naturalmente hay que combatir.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h