El problema son los infiernos, no los paraísos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/9/19 en: https://www.ambito.com/el-problema-son-los-infiernos-no-los-paraisos-n5056435?fbclid=IwAR2tVeaOZPw6IfYoH-bkDIQvTRq7Ucj_vGMkWO404oFkRwGOepfnVDptBRI

 

El problema son los infiernos, no los paraísos

La lógica y el sentido común cada vez más escasos en el mundo, y en Argentina, quizás más. Siempre fue el infierno lo temible, pero ahora los políticos nos dicen que los paraísos deben ser combatidos, se diría que nos conducen al averno y, por tanto, necesitan que creamos que es bueno.

La “fuga” de capitales -FAE- fue récord en agosto, particularmente luego del “reperfilamiento”, superando los u$s5400 M esperados del FMI que probablemente no lleguen todavía, y también la salida de depósitos en dólares a lo que hay que sumar más de u$s4.000 M por repatriaciones extranjeras. Ya se fugó el 97,8%, según Hernán Herrera del CEPA, de lo que prestó el FMI que se dedica a financiar gastadores seriales y bicicletas. Y los bancos “bloquearon” préstamos en divisas: desde las PASO al 18 de septiembre, según el BCRA, el stock de préstamos en dólares a los privados se redujo 13,7% y las prefinanciaciones cayeron 15%.

Para colmo, quienes ingenuamente le creyeron a Macri y blanquearon su dinero -u$s116.000 M- perdieron hasta el 70% en dólares, aquellos que pesificaron -el 77% fue a cuentas e inversiones- y les subieron la alícuota de Bienes Personales -que hoy se paga a partir de apenas u$s20.000- del inicial 0,25% al 0,75%, y podría aumentar.

Y Alberto Fernández podría “gravar severamente a los poderosos”. Suena a “cliché” político. Los poderosos, los ricos, siempre tienen más vías para escapar de la voracidad fiscal. Las empresas, por caso, suben precios, bajan salarios y/o dejan de invertir demandando menos mano de obra. Así, la carga recae sobre los pobres -de hecho, es la principal causa de pobreza- y devolverles, por asistencialismo, es irrisorio ya que, después de pasar por la burocracia -sino corrupción- poco les llega.

Si se busca que no se dispare el déficit, probablemente se termine reestructurando la deuda -canje con quita, luce inevitable- estirando los vencimientos de capital más allá de 2025 y reduciendo el peso de intereses en los próximos años, ahorrándose unos u$s20.000 M anuales.

Además, según el CIPPEC, para equilibrar la balanza de pagos hasta 2023 y crecer un 3% anual, es necesario un aumento de las exportaciones de u$s25.000 M, un crecimiento del 9% anual partiendo de u$s84.000 M estimados para 2019. Y para ello es imprescindible lo contrario: bajar la presión fiscal para que los precios sean competitivos y las inversiones rentables.

Casi todos quieren revertir el blanqueo, lo que no es fácil, más allá de viajar a Uruguay. Existen mecanismos sofisticados y legales no accesibles para la clase media, como conseguir una Visa de residente en EE.UU. invirtiendo u$s500.000 -900.000 desde noviembre- o la misma cantidad en euros para Europa, Portugal. Para algunos la Transparencia Fiscal Internacional adoptada por más de 106 países hace prácticamente imposible mover activos sin declarar, pero la realidad los desmiente.

Aunque no puede conocerse con precisión, porque se esconde, según el interesado FMI -como toda burocracia multiestatal que vive de los impuestos- los fondos en paraísos fiscales llegan al 8% del PBI mundial, u$s 7 B y, según Boston Consulting Group, crecieron un 5% anual entre 2012 y 2017, más que el PBI global, a pesar de los “esfuerzos” -algo hipócritas- para combatirlos de los gobiernos que “pierden” u$s 1,1 B anuales en su recaudación. La corrupción debe solucionarse desde la raíz, en su origen. Hecha la aclaración, los paraísos fiscales son lugares adonde las personas escapan de la voracidad fiscal depredadora. Y, por cierto, a mayor presión fiscal más desigualdad, ya que los ricos se escapan más y es mayor la evasión. El 0,1% más rico de Rusia tiene el 12,5% de la riqueza del país de la cual el 60% está offshore, mientras que el 0,1% más rico de EE.UU. tiene el 7,8% de la riqueza total del país, y solo el 6,5% está offshore.

Según Tax Justice Network, “jurisdicciones del Reino Unido y algunos países de la OCDE” lideran el ranking de paraísos fiscalesSin olvidar a EE.UU., quizás el mayor paraíso fiscal de la historia, y Hong Kong dependiente de China. Al mismo tiempo, Luxemburgo, gracias a sus leyes, alberga tanta inversión extranjera directa como EE.UU. A nivel global, las inversiones “fantasma” suman u$s15 B anuales, superando al PBI chino.

Es evidente el porqué del interés de los políticos en que se paguen impuestos. Roberto Cachanosky, en TV con la presencia de la diputada Victoria Donda, dijo que el presupuesto de la cámara de diputados es de €150 M y así cada diputado “cuesta € 49.000” al mes, el doble que en España. Y cada senador “cuesta €171.000” mensuales contra 17.500 de uno español.

Según Reverso esto es “engañoso” porque no todos los gastos van a los parlamentarios. Cachanosky luego aclaró que ese costo no era el sueldo bruto. Para Reverso, el sueldo anual de un diputado argentino es de €53.743 brutos, y el de uno español de 68.642 (sin complementos y movilidad), y los senadores locales perciben un salario anual de €61.419 contra 68.621 (sin complementos y movilidad) de los españoles. Así queda reafirmado el espíritu de lo que dijo Cachanosky, ya que en Argentina -34% de pobreza y PBI p/cápita de €10.500 en 2018- deberían cobrar menos del tercio de lo que cobran en España -6,9% de pobreza y PBI p/c de €25700, 2018- y, aun así, el pueblo español se queja por estos sueldos exagerados.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Argentina creíble

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/5/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/argentina-creible/

 

Con el nuevo Gobierno de Mauricio Macri, la Argentina ha crecido, se ha abierto al mundo, y ha ganado respetabilidad y credibilidad, entre otras cosas por la comparación con el deplorable kirchnerismo. Hoy esa valiosa credibilidad se ve amenazada.

Macri no afrontó todo el desastre que heredó, sino solo parte. Dejó de mentir en la inflación y ajustó las tarifas de los servicios públicos más a su coste real, superando así otra mentira de la demagogia kirchnerista. Pero no se atrevió a reducir apreciablemente el gasto público, que sus antecesores habían expandido, creando una tupida red clientelar de simpatizantes y también de militantes radicalizados, dispuestos a sabotajes de toda suerte.

A la decisión crucial de no bajar el gasto público la acompañaron otras medidas de gran peligro potencial, como la subida de impuestos y de la deuda pública, la expansión monetaria, y la represión del tipo de cambio como herramienta antiinflacionaria. No ha sido la primera vez que tal estrategia es adoptada con tal de no bajar el gasto, y siempre ha abocado tarde o temprano a estallidos y crisis de inflación, deuda o balanza de pagos.

El macrismo insistió —como suelen hacer los gobiernos temerosos de plantear las reformas necesarias— en que no podía hacer más, y defendió el “gradualismo”, definiéndolo como lo mejor para el país, cuando en realidad es lo mejor para un Gobierno que no puede, no quiere o no sabe coger el toro por los cuernos. Los economistas liberales argentinos señalaron los problemas de insostenibilidad de la estrategia de Macri, sólo para recibir la habitual respuesta que combina arrogancia, indiferencia o desdén. Pero la razón ha terminado del lado liberal, y la crisis ha llegado.

La oposición peronista despotrica ahora contra el gobierno de Macri, acusándolo de “venderse al FMI”, lo que no deja de ser doblemente paradójico. Primero, porque, como recordó el economista argentino Roberto Cachanosky, los gobiernos peronistas han sido los que más acuerdos han firmado con el supuestamente perverso FMI, institución que, según dice esta semana el Economist, “tiene tanto miedo a Argentina como la Argentina al FMI”. Pero, en segundo lugar, el recurso al FMI es, como siempre, un truco para no bajar el gasto público, que es lo que los gobiernos se ven forzados a hacer si nadie les presta a tasas que no sean estratosféricas: para eso fue inventado el FMI, para facilitarles las cosas a los Estados. Para guardar las apariencias, pide ajustes que siempre se traducen en más impuestos —y algunos lo siguen llamando “liberal” cuando no lo ha sido nunca.

La clave, por supuesto, es si esto será suficiente dada la precaria situación de la Argentina, con una elevada inflación y con un alto porcentaje de su deuda denominada en divisas. La credibilidad del país está en juego. Otra vez.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Los “liberalotes” y el gobierno de Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/los-liberalotes-y-el-gobierno-de-macri/

 

Fernando Iglesias cree que lo que funciona en todo el mundo, no tiene sentido en Argentina.

Ayer por la mañana, cuando me senté en el escritorio, un querido colega me pasó el link a la última nota escrita por el diputado electo, Fernando Iglesias.

Iglesias es periodista y escritor, y se ha destacado últimamente por su feroz cruzada intelectual contra el peronismo. Su anteúltimo libro, “Es el Peronismo, Estúpido” fue un éxito de ventas y hace poco publicó una nueva obra: “El año que vivimos en peligro”.

Gracias a la recomendación de mi viejo, leí hace algunos años “Por qué no soy kirchnerista”, del mismo autor. En dicho trabajo explica los motivos por los cuales un “progresista” como él no defendía a un gobierno que también decía ser “progresista”.

La obra es muy buena, con una excelente recopilación e interpretación de datos económicos, entre otras cosas.

En su más reciente columna, publicada en La Nación, Iglesias critica a los economistas liberales (“los liberalotes”), a quienes considera una secta que, básicamente, no tiene ningún contacto con la realidad y desprecia el estado.

La nota de La Nación es muy potente y, fiel al estilo del autor, contiene párrafos que harán reír a más de uno.

Por ejemplo, sostiene que el “médico liberalote”, a un paciente con insuficiencia cardíaca, “le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.”

Bravo, hay que mantener el humor.

¿Ahora no se está pegando un tiro en el pie cuando se mofa de las advertencias y recomendaciones del liberalismo?

El liberalote de Macri

Para Iglesias, los liberales ofrecen recetas que dan “maravillosos resultados en muchos países”, pero en Argentina no pueden llevarse a cabo.

Esta fórmula es muy escuchada. Claro que Argentina es un país particular, ¿pero tanto como para que lo que funciona en el mundo, solo acá esté condenado al fracaso inevitable?

De ninguna manera. De hecho, el mismo presidente tomó medidas decididamente liberales con excelentes resultados.

¿O qué otra cosa fue sacar el cepo cambiario de un día para el otro?

Eliminar un control de precios como era el cepo al dólar es una medida claramente liberal y fue pedida por muchos economistas que, desde el llano, criticamos a todos los que decían que “eso no se podía hacer”.

Los resultados acompañaron la decisión. Se revirtió la caída de reservas y repuntó la exportación de materias primas. En 2016, las exportaciones totales crecieron luego de 5 años de descenso.

Otra medida de shock que tuvo enorme impacto positivo fue el fin de las retenciones. Sin cepo y con menos impuestos, el sector agrícola es hoy uno de los que más crecen de la economía argentina.

Y recuerdo que bajar impuestos (y, mejor aún, eliminarlos) también es una medida liberal. ¿O será liberalota?

Por último, recientemente se conoció que las estaciones de servicio dejaron de cerrar en el país tras una larga decadencia producto del control de precios K.  Los precios ahora no se controlan por decreto oficial y nuevas estaciones están abriendo.

Otro claro beneficio del liberalotismo económico, que funciona en todo el mundo pero supuestamente fracasa en Argentina.

Hora de reconsiderar.

Reformas tímidas

Desde aproximadamente el año 2001 que los liberales en Argentina piden reformas “estructurales” para incrementar la competitividad.

Si no me creen, pueden leer las columnas de Carlos Rodríguez, del CEMA, las notas de Roberto Cachanosky, o mismo revisar la propuesta económica de Ricardo López Murphy, quien tuvo un fugaz paso por el Ministerio de Economía cuando desgobernaba Fernando De la Rúa.

En ese entonces nadie escuchó a los liberalotes, sino que decidimos seguir el consejo de los keynesianotes, que nos decían que devaluando la moneda, defaulteando la deuda y dándole bomba al gasto público y la emisión monetaria todo iba a salir bien.

Así quedamos: 16 años después tenemos la economía en ruinas y, paradójicamente, estamos discutiendo de nuevo las “reformas estructurales” que deberían emprenderse para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Es el gobierno, de hecho, quien propone reformar la matriz impositiva, el mercado laboral y la burocracia estatal. Además, y por si quedan dudas, el propio presidente pide textualmente “bajar el gasto público”.

¿Qué banderas son éstas?

¿Cree Iglesias (o alguien más) que estos temas se estarían siquiera debatiendo de no haber sido por la denuncia permanente, el análisis crítico y el trabajo de divulgación de los ahora denostados “liberalotes”?

Advertencias fundadas

Si las reformas anunciadas por el gobierno le parecen tímidas o tienen gusto a poco para los llamados “liberalotes”, esto no debería ser motivo para desautorizarlos o tratarlos como una secta.

Después de todo, como hemos demostrado, las medidas que tomó Macri en línea con los pedidos de los liberales dieron buenos resultados. Y no en Dinamarca, sino acá, en la Argentina imposible, llena de peronismo y pobreza.

Por si esto fuera  poco, hoy ya no debatimos si la inflación es (o no) un fenómeno monetario o si el gasto público es alto, sino cómo se bajan estas dos claras barreras al crecimiento económico.

Lejos de ser ridiculizadas, las advertencias de los liberales deberían ser tenidas en cuenta.

Y lejos de ser tildadas de imposibles, lo mismo debería suceder con las propuestas concretas de política pública.

Después de todo, seguramente también coincidirá Fernando Iglesias en querer un país más libre y próspero para todos los argentinos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

LA RESURRECCIÓN DEL LIBERALISMO EN ARGENTINA

Por Iván Carrino. Publicado el 3/5/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/05/03/la-resurreccion-del-liberalismo-argentina/

 

Después de años de populismo y demonización de las ideas liberales, en Argentina somos testigos de su resurgimiento.

Las canciones de amor suelen tener algo en común. Por lo general, cuentan la historia de una persona que, solo cuando perdió a su ser amado, se da cuenta de lo que realmente lo valoraba. La tristeza, en ese marco, pasa por pensar cuán diferente hubiera sido todo si le hubiese dado a esa persona la importancia que tenía. Con la libertad pasa algo similar.

Recientemente fui invitado a disertar en un evento organizado por la Fundación Club de la Libertad, de Corrientes. En el marco del mismo evento, ofrecieron interesantísimas charlas el politólogo Agustín Laje, el filósofo Gustavo Hasperué, el diputado nacional José Luis Patiño y la también politóloga y activista venezolana, Valeria Denisse Lozano.

Valeria es representante en Buenos Aires de Vente Venezuela, el partido político que dirige María Corina Machado, una de las más férreas opositoras al régimen de Maduro y quien primero alertó del inevitable camino a la dictadura que iba a transitar el chavismo socialista.

Una de las cosas que me llamó la atención de su alocución fue la indicación de que Vente Venezuela era el primer partido de corte liberal de toda la historia venezolana. Es decir, hubo que esperar que el chavismo invadiera todos los ámbitos de la propiedad privada y que llevara al país al colapso para que emergiera una fuerza verdaderamente liberal.

Cuando tuve la oportunidad, le comenté que en Argentina había sucedido algo similar. Y hoy me animo a reafirmar que nadie ha hecho más por las ideas de la libertad en Argentina que los dos períodos de gobierno kirchnerista. Es que, como en las canciones de amor, a veces solo nos damos cuenta de la importancia de la libertad una vez que ésta se pierde.

El kirchnerismo fue un proceso político y económico enmarcado en el auge del “Socialismo del Siglo XXI”. A diferencia de los socialismos del pasado, el del Siglo XXI ya no buscaba derrocar a la “democracia burguesa” y sustituirla por la dictadura del proletariado de manera violenta, sino que intentó socavar las bases de la democracia liberal “desde adentro”.

La economía K

En términos económicos, el kirchnerismo incrementó el gasto público a niveles siderales –nada menos que del 26,6% al 47,1% del PBI-, incurrió en déficits fiscales crónicos y crecientes, generó una de las inflaciones más altas del mundo y, para colmo de males, hiperreguló al sector privado, terminando por asfixiarlo.

Los resultados de la parafernalia intervencionista son estremecedores. Una economía estancada por 5 años, alta inflación y deterioro del poder de compra. Además, una pobreza que cayó desde los elevados niveles de la “post-convertibilidad”, pero que quedó estancada en niveles altos, creciendo año tras año durante el segundo gobierno de CFK. Hoy en día 3 de cada diez argentinos son pobres y la bomba que dejó el kirchnerismo todavía no termina de desactivarse.

Más estado, menos libertad

El avance del estado sobre la economía tuvo su correlato en las libertades individuales, tal como lo predijo Friedrich A. Hayek en su obra magna Camino de Servidumbre, publicada en 1944. El gobierno abusó de la cadena nacional, escrachó opositores públicamente, restringió la libertad de prensa y hostigó a todos los considerados opositores políticos con controles impositivos y otros artilugios legales.

Por si esto fuera poco, llegó a perseguir judicialmente a quienes publicaban índices con estadísticas de precios, algo que no hubiera ocurrido jamás si el ente estadístico oficial hubiese publicado cifras confiables. En resumen, todo mal.

Ahora bien, a toda acción suele corresponder una reacción, y es esto lo que estamos viendo en la actualidad. A fines de 2015, la gente expresó en las urnas la voluntad de cambio. Incluso si hubiera triunfado la opción peronista, se trataba de un populismo más mesurado, algo que se evidencia en las palabras de los referentes económicos del candidato Scioli, quienes celebran hoy las reformas emprendidas por Macri.

El liberalismo a primera plana

Pero eso no es todo. En la actualidad, no pasa un día sin que exponentes de peso y con sesudos argumentos en defensa de la libertad en todas sus formas, participe de un programa de televisión, radio o medio escrito.

Algunos economistas son los que tienen más protagonismo. Entre ellos, cabe destacar el enorme trabajo de José Luis Espert, quien recientemente publicó su primer libro, La Argentina Devorada. Otro economista que está haciendo furor es Javier Milei, que con profundos argumentos y un carácter visceral, defiende sin tapujos la libertad económica.

Por el lado de los no economistas, debemos destacar al mencionado Agustín Laje y también a Gloria Álvarez, la politóloga guatemalteca, furor en redes sociales, que defiende la economía de mercado a capa y espada. Por último, y junto a ella, hay que mencionar el trabajo incansable de la Fundación Libertad y Progreso, quienes están detrás de videos famosos, muchos de los cuales protagoniza Álvarez, y otros que tienen a su director general, Agustín Etchebarne, como cara visible.

Obviamente, esto no hubiera sido posible sin el trabajo de años en defensa de la libertad de una innumerable cantidad de personas y fundaciones, como Alberto Benegas Lynch (h), Roberto Cachanosky, Martín Krause, José Benegas, la Fundación Libertad de Rosario, la Fundación Bases, los periodistas Mariano Grondona y Pablo Rossi, el profesor Juan Carlos Cachanosky y muchos otros nombres que merecen reconocimiento.

Algo está cambiando en la cultura argentina, así como en América Latina. El liberalismo ya no es una mala palabra y, de hecho, está empezando a recuperar su buena reputación.

Esperemos que la tendencia continúe y se refuerce. Después de todo, como decía el filósofo marxista Antonio Gramsci, “tomen la cultura… el resto se dará por añadidura”.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Contra el Nuevo Ludismo

Por Iván Carrino. Publicado el 29/9/16 en: http://www.ivancarrino.com/contra-el-nuevo-ludismo/

 

El martes por la tarde fui invitado a disertar en el evento “La Libertad en la era de la Innovación, la Tecnología y el Conocimiento”, organizado por la Fundación Atlas. Aquí abajo comparto un resumen de mi presentación.

Buenas tardes a todos,

Gracias por estar acá. Estoy honrado de participar de este encuentro organizado por la Fundación Atlas y por poder hablar frente a tan notables expositores e invitados.

Hace alrededor de 15 años, yo estaba del otro lado del escenario, sentado al lado de mi papá, y presenciando charlas de grandes referentes y pensadores de nuestro tiempo, como Juan Carlos de Pablo, Roberto Cachanosky y Ricardo López Murphy. Son esos eventos que uno no se olvida, y espero que el de hoy tenga el mismo efecto en muchos de los jóvenes que veo aquí presentes (tanto en edad, como en espíritu).

Bueno déjenme comenzar contándoles la profunda frustración que traigo a cuestas. Uno se frustra cuando no puede conseguir un objetivo deseado, y el objetivo que yo estoy persiguiendo es dejar a toda la gente sin trabajo.

Sí, así como escucharon. Al fin un liberal lo dice claro, ¿no? Quiero que todos perdamos nuestro empleo y quedemos en la calle. Por eso favorezco el uso de todas las nuevas tecnologías habidas y por haber. ¡Que vengan ya! ¡Más tecnología, más desempleo!

Uber, Facebook, el email, los autos que se conducen solos, Netflix… ¡Por favor! ¡Vengan ya! Cuando antes, mejor.

Pero, como les decía, estoy frustrado. A pesar de mis esfuerzos, no logro generar desempleo.

Cada vez somos más personas en el mundo, cada vez somos más ricos… ¡Y cada vez hay más gente con trabajo!

Finalmente, decidí reflexionar y ver qué estaba pasando. Después de mucho indagar, llegué a la siguiente conclusión: el método que estoy utilizando es verdaderamente malo.

La paranoia anti-tecnología

La paranoia anti-tecnología se remonta a fines del Siglo XVIII y principios del siglo XIX, cuando Ned Ludd, un mitológico sindicalista británico se hizo famoso por incendiar y destruir las nuevas máquinas que los industriales de la época estaban comenzando a emplear en la producción de tejidos. De su apellido se derivó el adjetivo “ludista”, que engloba al movimiento que rechaza a la tecnología por los efectos que ésta supuestamente tiene en las fuentes de trabajo.

Quien le dio forma y categoría teórica al movimiento fue nada menos que Karl Marx. En 1840, el economista alemán afirmó:

“La maquinaria (…) dondequiera que se implante por primera vez, lanza al arroyo a masas enteras de obreros manuales, y, donde se la perfecciona (…) va desalojando a  los obreros en pequeños pelotones.”

El problema de Marx y del ludismo es que se chocan con los datos.

1.tecnologia

Las personas con trabajo en los Estados Unidos pasaron de ser 31,5 millones en 1939 a 144,6 millones de acuerdo al último dato de 2016. Este número aislado puede no resultar del todo significativo, pero sí lo es la tasa de empleo, que mide el total de personas con trabajo sobre el total de la población. Ese guarismo pasó de 57% en los primeros años de la década del ’50, a 60% según los últimos datos disponibles.

Es decir que hoy hay más empleo, tanto en términos absolutos, como relativos a la cantidad de población.

Pero pasan los años, pasan los datos, y muchos siguen considerando que la innovación tecnológica es un problema.

En un reciente libro, titulado “La segunda era de la maquinaria”, Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee sostienen que:

“El progreso tecnológico va a dejar en el camino a algunas personas, y tal vez a muchas personas, a medida que avance”

En nuestras latitudes, quien muestra una preocupación por estos temas es el economista Eduardo Levy Yeyati, quien sugiere que el avance tecnológico “beneficia a los puestos calificados, y mejor remunerados, a expensas del resto”.

Desde perspectivas moderadas, el foco está puesto en la educación, de manera que las personas puedan aprovecharse de las nuevas tecnologías en lugar de ser desplazadas por ellas.

Desde perspectivas menos moderadas, la reacción es la violencia y el prohibicionismo. El caso más reciente es la decisión del gobierno de la Ciudad de prohibir a Uber, y la de grupos mafiosos de taxistas de emboscar a los choferes de Uber, romperles los autos e incluso incendiárselos.

Persistir en el error

El problema con el nuevo ludismo es que está tan equivocado como el viejo.

En su trabajo “¿Por qué todavía hay tantos empleos?”, David Autor se pregunta cómo es posible que, en un mundo en el que la tecnología avanza a pasos acelerados, y donde cuya función principal es la de “ahorrar trabajo”, no se haya eliminado la mayoría del empleo del mundo.

La respuesta es que, si bien la tecnología puede reemplazar al trabajo, muy a menudo lo complementa y termina aumentando, en lugar de reduciendo, la demanda de trabajadores.

Tomemos el ejemplo de los cajeros automáticos en los Estados Unidos. Cuando se lanzaron en la década del 70, se temía que el trabajo de los “cajeros humanos” se viera amenazado. Sin embargo, eso no sucedió.

El número de cajeros automáticos pasó de 100.000 a 400.000 solo entre 1996 y el año 2010. Sin embargo, el número total de cajeros humanos creció de 500.000 a 550.000 entre 1980 y 2010. Es que, si bien el número de cajeros humanos por sucursal bancaria cayó, los menores costos de operar una sucursal permitieron que se multiplicaran las sucursales, lo que incrementó la demanda de personal.

Otro aporte de Autor es reconocer que, incluso cuando la tecnología sí termine por reemplazar y reducir la demanda de determinados empleos específicos, esto no es equivalente a reducir la demanda agregada de trabajadores.

“A medida que los autos de pasajeros reemplazaron el transporte a sangre y la infinidad de profesiones que sostenían este mercado, explotaron la industria de los moteles y de la comida al paso para servir al público motorizado”

Lo mismo podemos ver hoy. Hasta hace 10 años nadie habría pensado en el boom que tendría la industria de aplicaciones de celular. Sin embargo acabamos de ver el impresionante impacto que tuvo el lanzamiento de la aplicación “Pokemon Go”, que generó a Nintendo USD 15.000 millones.

La tecnología no es una tormenta eléctrica o una invasión extraterrestre, sino la acción humana en acción, pidiendo mejores formas de producir, y más económicas. El beneficio que la gente obtiene de esta innovación se ve reflejado en una caída en los gastos de los bienes que la tecnología abarata. Y es esto lo que les permite mejorar su ingreso real y consumir nuevos bienes y servicios. Esa nueva demanda se satisface con nueva producción, por lo que no hay una caída del nivel de empleo, pero sí un notable incremento del nivel de vida.

La tecnología refleja el deseo del hombre de hacer la vida más fácil. Con su avance, se mejora la calidad de vida de la gente, se curan las enfermedades y se supera la pobreza.

Quienes intentan detener el avance tecnológico en nombre de la protección del trabajador, en el mejor de los casos, sólo postergarán el cambio necesario que algunos trabajadores tendrán que hacer tarde o temprano.

Pero esto no será gratis, sino al prohibitivo costo de frenar, nada más y nada menos, que el progreso de la humanidad.

La charla completa puede verse en formato PDF en este link.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La temprana partida del economista argentino es una gran pérdida para la causa de la libertad: Juan Carlos Cachanosky (1953-2015)

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 4/1/16 en: http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2016/01/04/juan-carlos-cachanosky-1953-2015/

 

Lo conocí en 1980, en un ruidoso debate en la Universidad Nacional de Rosario, junto con Alejandro Antonio Chafuen, Alieto Guadagni y Alberto Benegas Lynch (h).

Yo era un estudiante de grado, que apenas ingresaba y Juan Carlos Cachanosky acababa de terminar su maestría y creo que se encaminaba a sus estudios de doctorado. Fue la célebre ocasión en que pronunció aquella recordada frase, que festejamos ruidosamente, pero que luego aprendí que era completamente anti académica: “hay dos clases de economistas, los austriacos y los equivocados”.

Mientras el rector de nuestra facultad agarraba a Guadagni del faldón del saco, que pugnaba por retirarse, absolutamente ofendido, nosotros lo festejábamos a las carcajadas.

A partir de ahí, cada vez que visitaba Rosario nos reuníamos a almorzar o a cenar. Muchas veces en compañía de su hermano Roberto Cachanosky, o de alguno de sus hijos, Iván o Nicolas. Reuniones que terminaban siempre con un Marlboro y una Coca Cola Light.

A instancias suyas, yo que era un chico criado en un medio rural, y que de casualidad, terminé mi carrera de grado, luego del fallecimiento de mi padre, tomé conocimiento de la existencia de estudios de posgrado, carreras académicas, documentos de investigación y un mundo que ignoraba. Por su insistencia me convertí en el primer alumno en la maestría que dirigía.

Fue Juan Carlos quien, luego de terminar de estudiar, me propuso llevarme a la Universidad Francisco Marroquín, a compartir su cátedra. Lo cual dió inicio a mi carrera académica por el mundo. Posteriormente me propuso compartir su cátedra de Macroeconomía en la Universidad Católica Argentina (UCA), la que me cedió completamente luego de un par de semanas de clases, según él, porque lo estaba haciendo mejor que él mismo. Tenía la costumbre de hace esos elogios absolutamente inverosímiles.

Mientras dirigía el Departamento de Economía de UCA me propuso para dirigir la cátedra de Finanzas Públicas, apoyado por su hijo Nicolas. Me invitó a dar cursos, seminarios y maestrías online, algo que compartimos por años. Me recibía en sus oficinas en Buenos Aires, cada vez que iba y me participaba de sus ideas, algunas de las cuales, directamente me pedía que las llevara a cabo por mi cuenta y lo mantuviera informado.

Fue, sin dudas el principal motor y apoyo académico de las sucesivas ediciones del “Congreso Internacional de Economía Austriaca en el Siglo XXI“, a punto tal que le ofrecí reiteradamente cederle mi posición de director académico, ya que sus contactos, gestiones, referencias y trabajo, aportaron siempre mucho más que mi dedicación al innegable éxito del evento. Invariablemente se negaba. Prefería quedar entre bambalinas.

Tuvo una clarísima conversación conmigo en sus anteriores oficinas, una tarde en que le confié que no me consideraba capaz de terminar mi doctorado. En apenas 15 minutos, no solo me hizo cambiar de idea, sino que, encima, me dio todas las claves que necesitaba para concluirlo. Eso era lo bueno de “cambiar ideas” con Juan Carlos… Vos llegabas con la tuya y te ibas con la suya.

Fue miembro de mi tribunal de tesis doctoral y, sin dudas, el más duro y objetivo oponente de todos sus integrantes, la amistad era un obstáculo más, porque se ponía más y más exigente.

Una persona que me apreciaba muchísimo. Que me ayudó siempre y desinteresadamente en todos mis estudios y trabajos académicos. Y con quién compartimos momentos muy divertidos.

Estoy absolutamente seguro que es la persona a quien más le debo por todos mis logros académicos. Y probablemente yo sea la persona a quién más ayudó en toda su carrera, aún considerando que fue siempre tremendamente generoso con todo el que se le acercaba con inquietudes interesantes.

Y hoy nos ha enseñado una nueva lección: debemos ponernos a escribir, ya mismo, todo aquello que estamos dejando para más tarde. Así no nos queda nada en el tintero. Nunca sabremos cuando nos vamos a ir.

JCC y Hayek

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

¿Por qué cayeron las reservas del BCRA?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 17/12/15 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2015/12/17/por-que-cayeron-las-reservas-del-bcra/

 

Reproduzco una breve nota originalmente escrita para un especial de Clarín que finalmente no fue reproducida. Una breve explicación de por qué han caído tanto las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA)


Los primeros años del Kirchnerismo disfrutaron del rebote de la crisis del 2001 y de un favorable contexto internacional. El Tesoro superavitario que Néstor Kirchner hereda pasa deficitario en el 2009. Desde entonces, la economía argentina comienza a mostrar deterioros en diversos frentes.

Por motivos electorales, y coincidiendo con Redrado en el BCRA, en el 2007 se percibe un significativo incremento de la inflación que llega a valores cercanos al 30% a principios del 2008. Néstor Kirchner apeló a la emisión monetaria para favorecer a Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. La política inflacionaria junto a un tipo de cambio regulado eventualmente comenzó a dañar las reservas del BCRA. A principios del 2011 las reservas superaban los 50 mil millones de dólares. A fines de noviembre de este año el BCRA ya había perdido la mitad de sus reservas. ¿A qué se debió tan acelerada caída?

En primer lugar, el deterioro en la infraestructura energética elevó significativamente el monto de importaciones de energía. El pago por importaciones de petróleo y electricidad pasó de 530  millones de dólares en el 2003 a 13,300 miles de millones de dólares en el 2014.

En segundo lugar, el problema del atraso cambiario. En un país con equilibrio en su mercado externo el tipo de cambio evoluciona a un ritmo similar al de la inflación. De este modo los precios domésticos e internacionales se mantienen alineados sin generar desequilibrios comerciales. De fines del 2007 a octubre del 2015 el tipo de cambio oficial se devaluó un 203%. En el mismo período, el nivel de precios se elevó un 482%. Esto llevó a que en el mercado de cambios el dólar sea barato al tener un precio por debajo de su valor de equilibrio. El resultado es un exceso de demanda de dólares drenando las reservas del BCRA.

En tercer lugar, el rol del cepo cambiario. Dado que el BCRA mantiene el tipo de cambio por debajo de su valor de equilibrio, el tipo de cambio ya no es un precio eficiente para alocar la oferta a la demanda de dólares. El gobierno decidió entonces utilizar el cepo cambiario para distribuir dólares según determinen ellos mismos vía AFIP, DJAI, etc. Una consecuencia del cepo cambiario es restringir la entrada de dólares, dado que los mismos quedan atrapados en el país. Al momento de instaurarse el cepo (fines del 2011), las reservas se encontraban en torno a los 45,000 millones de dólares. A principios del 2014 el BCRA había perdido unos 16,400 millones de dólares. Este es un monto superior a los 9,300 millones que el BCRA perdió con la crisis del 2001. El fracaso del cepo es inequívoco.

El deterioro de reservas incluye a las llamadas reservas netas. Hay dos maneras de entender las reservas netas. Por un lado, los dólares que el BCRA puede utilizar para hacer frente a ataques especulativos; el llamado poder de fuego del BCRA. Por otro lado, las reservas que son del BCRA y que no surgen de un préstamo en dólares. Un préstamo de largo plazo por organismos internacionales puede considerarse parte del poder de fuego por más que no sean dólares propios del BCRA. Estas diversas interpretaciones, sumado a la falta de transparencia del BCRA, resulta en distintas estimaciones del monto de reservas netas. Los cálculos más pesimistas arrojan números negativos. Agustín Monteverde y Roberto Cachanosky comenzaron a alertar de este deterioro en el 2008 cuando Redrado aun presidía el BCRA.

Para solucionar el problema de las reservas es necesario deshacer los tres problemas mencionados. Mejorar la infraestructura energética, equilibrar el tipo de cambio, y eliminar el cepo. Hay dos maneras de morigerar una devaluación al eliminarse el cepo cambiario. Que disminuya la demanda o que aumente la oferta de dólares. De allí que el cómo se va a eliminar el cepo es un punto crucial. El desafío del gobierno de Macri es generar un sólido shock de confianza que atraiga dólares y disminuya su demanda. Lo que el nuevo gobierno no debe hacer es confiar que el cambio de expectativas es sustituto de reformas institucionales y económicas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.