La historia del liberalismo en diez capítulos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/3/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/03/28/la-historia-del-liberalismo-en-diez-capitulos/

 

A raíz de la Constitución de Cádiz de 1812 es que se usó por primera vez como sustantivo la expresión “liberal” y a los que se opusieron les endilgaron el epíteto de “serviles”, una carta constitucional que sirvió de antecedente para algunas que incorporaron igual tradición de pensamiento, entre otras, la argentina de 1853. Hasta ese momento el término liberal era utilizado en general como adjetivo, esto es, para referirse a un acto generoso y desprendido. Adam Smith empleó el vocablo en 1776 pero, como se ha observado, no en carácter de bautismo oficial como el referido sino como algo accidental de la pluma y al pasar aludiendo muy al margen a un “sistema liberal”.

Aquel documento, a contracorriente de todo lo ocurrido en la España de entonces, proponía severas limitaciones al poder y protegía derechos clave como la propiedad privada. En lo único que se apartaba radicalmente del espíritu liberal era en materia religiosa puesto que en su doceavo artículo se pronunciaba por la religión católica como “única verdadera” y con la prohibición de “el ejercicio de cualquier otra”, con lo cual proseguía con el autoritarismo español en esta materia desde que fueron expulsados y perseguidos los musulmanes de ese territorio que tanto bien habían realizado durante ocho siglos en materia de tolerancia religiosa, filosofía, arquitectura, medicina, música, agricultura, economía y derecho.

De cualquier manera la mencionada sustantivación del adjetivo abrió las puertas a una perspectiva diferente en línea con la iniciada por la anterior revolución estadounidense que dicho sea de paso afirmaba lo que se denominó “la doctrina de la muralla”, es decir, la separación tajante entre la las Iglesias y el poder político. Aquella perspectiva liberal española estuvo alimentada por pensadores que constituyeron la segunda versión de la Escuela de Salamanca (más adelante nos referiremos a la primera, conocida como la Escolástica Tardía). Jovellanos -si bien murió poco antes de promulgada la Constitución del 12- tuvo una influencia decisiva: fundó en Madrid la Sociedad Económica y tradujo textos del antes mencionado Adam Smith, Ferguson, Paine y Locke.

Decimos que esta reseña se fabrica como decálogo porque estimamos que la historia del liberalismo puede dividirse en diez capítulos aunque no todos signifiquen tiempos distintos ya que hay procesos intelectuales que ocurren en paralelo.

Pero antes de esta reseña telegráfica a vuelo de pájaro, es de interés subrayar una triada que conforma aspectos muy relevantes a nuestro propósito. En primer lugar, un sabio consejo de Henry Hazlitt en su primer libro publicado cuando el autor tenía 21 años, en 1916, reeditado en 1969 con un epílogo y algunos retoques de forma, titulado Thinking as a Science en el que subraya los métodos y la importancia de ejercitarse en pensar con rigor y espíritu crítico en lo que se estudia al efecto de arribar a conclusiones con criterio independiente.

En segundo término, es del caso recordar que el liberalismo está siempre en ebullición, no admite la posibilidad de llegar a metas definitivas sino de comprender que el conocimiento está compuesto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones para, en un contexto evolutivo, captar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que estamos envueltos.

Por último, es necesario subrayar que los liberales no somos una manada por lo que detestamos el pensamiento único y, por ende, en su seno hay variantes y debates muy fértiles puesto que no hay tal cosa como popes que dictaminan que debe y que no debe exponerse o con quien relacionarse.

Hecha esta introducción veamos los diez capítulos principales de la tradición de pensamiento liberal, de más está decir sin la pretensión absurda de mencionar a todos quienes han contribuido a esta rica corriente intelectual lo cual demandaría una enciclopedia y no una nota periodística.

Primero Sócrates, quien remarcó la idea de la libertad y las consecuentes autonomías individuales. Hijo de un escultor y una partera por eso decía que su inclinación siempre fue la de “parir ideas” y de “esculpir en el alma de las personas en lugar de hacerlo en el mármol”. Su muerte constituyó una muestra cabal de la degradación de la idea de la democracia: las votaciones para su exterminación fueron de 281 contra 275: por una mayoría de 6 votos se condenó a muerte a un filósofo de setenta años por defender valores universales de justicia.

En sus diálogos insistía en la importancia de sabernos ignorantes y de someter los problemas a la duda y a la confrontación de teorías rivales, en que un buen maestro induce y estimula las potencialidades de cada uno en busca de la excelencia (areté), crear curiosidades, fomentar el debate abierto y mostrar el camino para el cultivo del pensamiento a través de preguntas (la mayéutica) que abren las puertas al descubrimiento de órdenes preexistentes. En este contexto, el relativismo epistemológico es severamente condenado como un grave obstáculo al conocimiento de la verdad. También que el alma (psyké) como la facultad de adquirir conocimiento y la virtud como salud del intelecto (“la virtud es el conocimiento” era su fórmula preferida) y la desconfianza al poder y la prelación del espíritu libre.

Segundo, el derecho romano y el common law inglés como un proceso de descubrimiento y no de ingeniería social o diseño en el contexto de puntos de referencia o mojones extramuros de la norma positiva.

Tercero, la antes mencionada Escolástica Tardía del siglo XVI que se desarrolló principalmente en la Universidad de Salamanca, precursores agraciados de los valores y principios de la libertad económica y jurídica. Sus expositores más eminentes fueron Juan de Mariana, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria, Tomás de Marcado, Luis Saravia de la Calle y Diego Covarrubias.

Cuarto, Algernon Sidney y John Locke en lo que respecta al origen de los derechos, especialmente el de propiedad, el derecho a la resistencia a la opresión y la consecuente limitación al poder político, temas complementados en el siglo siguiente con una mayor precisión sobre la división de poderes expuesta por Montesquieu al tiempo que vuelve sobre aquello de “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

Quinto, la Escuela Escocesa integrada por Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson y sus predecesores Carmichael y Hutcheson que contribuyeron en la edificación sustancial de los cimientos del orden espontáneo de la sociedad libre, en sucesivos alumbramientos de un proceso que no cabe en la mente de ningún planificador puesto que el conocimiento está fraccionado y disperso, por lo que al intentar dirigir vidas y haciendas ajenas se concentra ignorancia.

Sexto, los textos de Acton y Tocqueville y más contemporáneamente Wilhelm Röpke que también la emprendieron contra los abusos del poder con énfasis en las manías del igualitarismo y la trascendencia de los valores morales. En esta etapa deben agregarse los nombres de los decimonónicos Burke, Spencer, Bentham, Mill padre e hijo, Constant, Jevons y Say en el nivel académico y Bastiat como un distiguido personaje en la difusión de las ideas liberales.

Séptimo, la Escuela Austríaca iniciada por la teoría subjetiva desarrollada por Carl Menger y continuada por Eugen Böhm-Bawerk aplicada a la teoría del capital y el interés. Retomó esta tradición Ludwig von Mises quien le dio un giro copernicano a la economía abarcando todos los aspectos de la acción humana en contraste con los enfoques neoclásicos y marxistas, al tiempo que demostró la imposibilidad de evaluación de proyectos y cálculo en una sociedad socialista. Un destacado discípulo de Mises fue Friedrich Hayek cuya obra, de modo sobresimplificado y al solo efecto de ilustrar, puede dividirse en tres segmentos. El primero referido a su opinión en cuanto a que la administración del dinero es una función indelegable del gobierno, en el segundo propone la privatización del dinero y en el tercero confiesa haber tenido otro shock como cuando estudió bajo la dirección Mises (que lo apartó de sus simpatías por la Sociedad Fabiana) al leer y comentar uno de los libros de Walter Block. En esta misma escuela sobresalen los trabajos de Israel Kirzner en los que señala los errores del llamado modelo de competencia perfecta que opera a contramano de la explicación del mercado como proceso y no uno de equilibrio, también los de Machlup en cuanto a la metodología de las ciencias sociales, de Haberler que resumió la teoría del ciclo, Dietze, Jouvenel y Leoni en el campo jurídico e incluso en el ámbito de las ciencias médicas y afines Roger J. Williams y Thomas Szasz.

Octavo, las escuelas de Law & Economics y de Chicago lideradas respectivamente por Aaron Director (quien convenció a los editores que publicaran Camino de servidumbre de Hayek) y Simons, Knight, Milton Friedman, Stigler y Becker, junto al Public Choice de Buchanan y Tullock. En paralelo, el importantísimo rol de los incentivos desarrollados por Robbins, Plant, Hutt, Demsetz, North y Coase.

Noveno, dentro de sus muchos aportes cabe resaltar el de autores como Karl Popper, John Eccles y Max Planck sobre los estados de conciencia, mente o psique en el ser humano distinto a su cerebro y a los otros kilos de protoplasma. Solo en base a esta concepción es posible la argumentación, las proposiciones verdaderas y falsas, las ideas autogeneradas, la responsabilidad individual y el sentido moral, a diferencia de lo que Popper definió como determinismo físico.

Y décimo, el cuestionamiento al monopolio de la fuerza desarrollado por Murray Rothbard, otro de los discípulos de Mises aunque este autor no coincidió con estos cuestionamientos del mismo modo que objetaron en una generación más joven Nozick y Richard Epstein. Entre otros, también participan de esta crítica al referido monopolio Benson, David Friedman, Hoppe y el antes mencionado Block, pero de un modo particularmente original y prolífico lo hizo Anthony de Jasay en gran medida en base a la teoría de los juegos. Respecto a este último autor es del caso tener presente que James M. Buchanan comentó su libro titulado Against Politics del siguiente modo: “Aquí nos encontramos con la filosofía política como debiera ser, temas serios discutidos con verba, ingenio, coraje y genuino entendimiento. La visión convencional será superada a menos que sus defensores puedan elevarse al desafío que presenta de Jasay”. En esta línea argumental, los temas fundamentales considerados por esta nueva perspectiva son los bienes públicos, las externalidades, los free-riders, el dilema del prisionero, la asimetría de la información, el teorema Kaldor/Hicks y el “equilibro Nash”. Un debate en proceso.

Aunque pertenece a una tradición opuesta a la que venimos comentando, es de interés considerar una fórmula que pretendía una revalorización dicha por Arthur C. Pigou por más que él mismo no haya entendido su propio mensaje en cuanto a que los economistas necesitan incluir “preferentemente más calor que luz” (more heat rather than light) en su disciplina en el sentido de que sin ceder un ápice en el rigor también trasmitir perspectivas estéticas y éticas inherentes a la libertad que dan cobijo a los receptores y completan el panorama. Es para tomar nota ya que en no pocas oportunidades las presentaciones liberales carecen de calor humano tal como marcó el antes citado Röpke quien en su libro traducido al castellano con el sugestivo título de Más allá de la oferta y la demanda nos dice: “Cuando uno trata de leer un journal de economía, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica”. Con razón el fecundo Thomas Sowell alude a la manía de presentar trabajos con ecuaciones innecesarias y lenguaje sibilino que decimos a veces se extiende a través de consejos a doctorandos que consideran que así impresionarán al tribunal, lo cual contradice lo escrito por el antes mencionado Popper: “La búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales, la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.

Esta es entonces en una píldora los ejes centralísimos de la larga y fructífera tradición de pensamiento liberal con sus exponentes más sobresalientes en la rama genealógica directa, pero debe enfatizarse que las etiquetas y las clasificaciones algunas veces encerrados en “escuelas” no siempre son de especial agrado de intelectuales de peso pues cada uno de ellos -así como también muchos otros no mencionados en el presente resumen- merecen no solo artículos aparte sino ensayos y libros debido a la riqueza de sus elucubraciones, lo cual he procurado consignar en escritos anteriores de mi autoría sobre buena parte de los autores mencionados. Antes la he citado a Mafalda, ahora lo vuelvo a hacer pero con otra de sus inquietudes que cubren las preocupaciones y ocupaciones de los autores a que hemos aludido en esta nota: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿QUE ES SER LIBERAL?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en:  https://www.elobservador.com.uy/

 

Hace mucho tiempo fabriqué una definición de liberalismo que me place comprobar que colegas de peso la emplean a menudo: es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Y cuando aludo al respeto no quiero decir que se adhiera al proyecto de vida del vecino, más aun a uno puede eventualmente resultarle repulsivo pero si no lesiona derechos de terceros no es posible -en el contexto de una sociedad abierta- recurrir a la fuerza para torcer el rumbo. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y dice, el uso de la fuerza solo cabe cuando es de carácter defensivo, nunca agresivo.

A veces se recurre a la expresión tolerancia pero aquí se presentan dos problemas. En primer lugar, los derechos se respetan no se toleran y en segundo lugar aquél término aparece como que el que tolera posee la verdad y perdona al que procede de una manera distinta a la que considera apropiada el tolerante.

Y no es que con esto se esté patrocinando el relativismo moral, muy por el contrario la verdad consiste en la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Las cosas son independientemente de lo que se opine que son. El relativismo epistemológico eliminaría todo sentido de los departamentos de investigación en las universidades y en otros ámbitos puesto que no habría nada que investigar ya que todas las opiniones -aun contradictorias- serían valederas, además el relativismo hace que la misma afirmación de esa concepción sea necesariamente relativa.

El liberalismo centra su atención en las relaciones interpersonales que protegen la vida, la libertad y la propiedad, el resto es materia de acuerdos entre partes. Por otro lado, no se inmiscuye en lo intrapersonal. Cada cual adhiere a sus principios, algunos de los cuales son valores y otros desvalores pero, como queda dicho, no incumbe a los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno el intervenir en esos ámbitos. Puede intentarse la persuasión si se estima que la conducta del prójimo no se ajusta a cánones adecuados para los propósitos del ser humano en cuanto a actualizar sus potencialidades en busca del bien, pero no puede traspasar esos umbrales sin provocar daño. En este sentido es que los maestros de la ciencia jurídica han repetido que “el derecho es un mínimo de ética”.

Este es también el sentido de sostener que no es susceptible de cortar en tajos al liberalismo: abarca aspectos éticos, institucionales, económicos, históricos y filosóficos que están íntimamente entrelazados. Y no es que en las filas liberales haya unanimidades, no se trata de una manada, cada uno tiene matices y diferencias que debate con sus colegas ya que no es una organización vertical. Por eso es que en general rechaza la expresión líder que más bien le recuerda al Duce o al Führer o dirigente que asimila al rebaño, prefiere el término referente para indicar quien abre caminos de conducta civilizada y ejemplificadora.

En la esfera crematística el liberalismo considera que dar rienda suelta a las energías creadoras hace posible la mejora en el nivel de vida de la gente en cuyo contexto los aparatos estatales se circunscriben a proteger los derechos de todos. Entiende por derecho la facultad de usar y disponer de lo propio y no el echar mano al fruto del trabajo ajeno en un ámbito de competencia lo cual excluye a pseudoempresarios que en alianza con el poder de turno explotan a sus congéneres a través de mercados cautivos y otras prebendas. En esta línea argumental el liberal subraya que en mercados libres el genuino empresario está obligado a atender las necesidades de su prójimo: si acierta obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos.

Una de las mayores preocupaciones y ocupaciones del liberalismo consiste en mostrar las falacias graves de un pretendido igualitarismo puesto que aplicar la guillotina horizontal no solo reasigna los siempre escasos recursos a territorios distintos de los establecidos por la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines sino que, como consecuencia, reduce los salarios principalmente de los más necesitados ya que los ingresos solo provienen de las tasas de capitalización que es lo contrario al despilfarro.

El peso del Leviatán es lo que genera presiones impositivas insoportables, deudas gubernamentales inauditas que se ven obligados a pagar los contribuyentes y manipulaciones monetarias que esquilman lo obtenido lícitamente. La corriente de pensamiento liberal apunta a la limitación del poder  pues considera inviolables las autonomías individuales, en un proceso evolutivo que pone al descubierto que esa tradición no consiste en un puerto sino en una navegación en la que a cada instante surgen nuevas contribuciones y perspectivas que disminuyen la ignorancia en la que estamos embarcados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Liberales y libertarios, dos visiones conexas

Entrevista a BERTIE BENEGAS LYNCH, publicada el 20/2/19 en http://enfoquespositivos.com.ar/liberales-y-libertarios-dos-visiones-conexas/

 

BERTIE BENEGAS LYNCH y su equilibrada postura, en esta entrevista

Entre el característico bombardeo de información y de fake news propios de esta época preelectoral, y con un calor agobiante en Buenos Aires, los argentinos transitan la ciudad algo perplejos porque ven a su Presidente con una costosa comitiva visitando especiales países del mundo, intentando vender productos locales, casi por unidad. Aunque dentro de esas noticias apareció una buena hoy, como lo será, de confirmarse la versión, que en el ámbito de Defensa se desarmó (¿Se neutralizó?) una maniobra agresiva por la cual un grupo de operadores políticos intentaba quedarse con una “caja” de los Militares, hecho del que todos probablemente estemos mejor informados en la tarde de hoy.

Mientras tanto, también hay que reconocer algo saludable, como lo es el hecho de que si bien crecen por estos días y amenazan con instalarse más fuerte todavía los debates de la “baja” política, también hay otros algo más elevados que apuntan a conmover e incentivar a los ciudadanos pensantes, proponiendo reflexiones que ayuden a sacudir esa cansadora batería de pensamientos y acciones que se repite desde hace tantos años en la Argentina.

En la presente Edición del Portal el lector descubrirá los buenos entrevistados de siempre, entre los cuales estará hoy el protagonista de la presente nota, BERTIE BENEGAS LYNCH, un joven estudioso de la Economía que viene de una familia de tradición liberal. Reconoce a su padre y a su abuelo como grandes influencias en sus valores personales, en su profundo amor por la libertad y en la importancia de cultivar la independencia de criterio y la razón. Consta de ello en la dedicatoria que Bertie les hace a ambos en la edición de su tesis de la maestría en Economía y Administración de Empresas.

A la educación que le dio su padre -el conocido economista ALBERTO BENEGAS LYNCH (h)-, BERTIE la conecta con la frase de KRISHNAMURTI que dice que “la verdadera educación consiste en enseñar a pensar, y no qué pensar”.

Sostiene también este entrevistado, que independientemente de las actividades personales que cada uno lleve, es importante poner el granito de arena en la buena dirección para poder vivir en una sociedad donde prime el respeto mutuo.

Y agrega: “Cuando aparecen los Maduros, los Kirchner o los Castros, se debe a que un número suficiente de gente ha dado por sentado la libertad y ha dejado espacios vulnerables que los socialismos no tardan en cubrir. En este contexto, BERTIE nos recuerda dos citas, una de THOMAS JEFFERSON: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia” y otra del DANTE con “los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en tiempos de crisis moral, se mantienen neutrales”.

Nuestro entrevistado ha escrito columnas de opinión en ÁMBITO FINANCIERO, INFOBAE y en THE INDEPENDENT INSTITUTE.

He aquí la nota:

¿Qué es ser un liberal, o un libertario (término éste último que se escucha ahora con más fuerza entre nosotros)?

“El liberalismo es una filosofía que tiene fundamentos esencialmente morales ya que, su principio rector, consiste en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de cada individuo. También, como liberal, he adoptado y asumido la autocrítica que consiste en declararme totalmente incompetente y con desconocimiento total sobre lo que es bueno para mi prójimo. Esto último, sirve para ponernos un poco en caja, reconocer la imperfección del ser humano y evidenciar el sideral contraste que existe entre sistemas donde prevalecen las autonomías individuales y aquellos sistemas donde se imponen directrices desde una planificación central.

El liberal reconoce los derechos inviolables a la vida, la libertad y la propiedad privada. Asume también el hecho de que toda persona tiene distintos gustos y planes, distintas potencialidades y, en contextos siempre inciertos, cursos de acción cambiantes. Por eso, la mejor forma de que cada individuo maximice sus capacidades, será en un contexto de libertad y donde cada uno asuma los riesgos y los resultados de sus acciones.

En contraposición a esto, la planificación central se basa en un sistema donde un grupo de supuestos iluminados, a través de la fuerza, toman decisiones por todos los individuos. Friedrich von Hayek, Premio Nobel de Economía, acuñó la expresión “arrogancia fatal” para referirse justamente al presuntuoso espíritu del socialismo de manejar vidas y peculios ajenos”.

Habrá diferencias con los libertarios, ¿Cuáles son?:

“Los libertarios creen en el autogobierno, corriente también llamada anarco-capitalista. A diferencia de los anarquistas (que creen en la abolición de la propiedad privada y el caos), creen en la auto-organización, la organización privada mediante el interés personal y la cooperación social sin la existencia del estado.

Los libertarios en modo alguno justifican la violencia sobre la vida, la libertad y la propiedad de alguien. El liberal, por otro lado, admite la existencia del gobierno para funciones específicas como la justicia y la seguridad. Pero es cierto que, en rigor, la diferencia entre el estado mínimo y un modelo de estado más grande, es solo de grado y no de naturaleza. Concluyo por ello, que el libertarianism o libertarianismo, es una evolución más consistente del liberalismo”.

¿Qué opina un liberal acerca de una medida que impone un gobierno en pos del bien común?

“Primero debemos preguntarnos qué quiere decir el bien común y qué implica. El bien común debería ser entendido como la suma de los bienes individuales, es decir, que cada individuo pueda consolidar su plan de vida y el de su familia con su propio esfuerzo. Sin embargo, el bien común es un subterfugio para aplicar el redistribucionismo. Lo mismo ocurre con el término “justicia social”. Por qué a la justicia (dar a cada uno lo suyo) se le agrega el término “social”? Aquí también Hayek observaba con razón que, todo sustantivo seguido de la palabra “social”, se convertía en su antónimo. La llamada justicia social implica quitarle a unos lo que les pertenece para dárselo a otros lo que no les pertenece”.

Pero muchos sostienen que el redistribucionismo es solidario y tiene la finalidad de proteger los derechos de los menos afortunados y así brindarles igualdad de oportunidades …

“Vayamos por partes. Como primera medida, mantengamos como postulado el concepto de que todos tenemos derecho a la vida, la libertad y nuestra propiedad y nadie tiene derecho a la vida, a la libertad o a la propiedad de otros. El redistribucionismo justamente contradice ese postulado porque se basa en el saqueo, se basa en la acción violenta de quitar lo que le pertenece a alguien, de expropiarle el fruto de su trabajo. No hay ninguna diferencia con poner un camión de culata en la casa del vecino y robarle la heladera y las camisas. Eso no es solidario, eso es un robo.

El redistribucionismo es la herramienta del clientelismo apoyada en el conocido adagio, devenido en ficción popular, de Eva Perón que dice que, donde existe una necesidad, nace un derecho. La aplicación de esta filosofía tuvo éxito debido al fomento y la explotación política de la envidia y el resentimiento.

Se debe entender que el bien común, la justicia social y el redistribucionismo, no solo afecta derechos sino que también, afecta la seguridad jurídica, elemento indispensable para atraer inversiones. De más está decir que, quien resulta expoliado, no tendrá los mismos incentivos ni ánimo de superación que tenía cuando podía capitalizar el resultado de sus esfuerzos. Como consecuencia de todo lo apuntado, las tasas de capitalización y los salarios tenderán a la baja afectando, en mayor medida, al trabajador marginal.

No pensemos siempre que el atraco redistribucionista va del multimillonario al pobre. El multimillonario no verá tan afectado su nivel de vida. Hay que pensar más bien en los recursos que la justicia social le quitará al trabajador que, probablemente con dos trabajos, quiere hacerse su pequeña casa.

Y, respecto de la igualdad de oportunidades, es importante apuntar que la única igualdad, debe ser la igualdad ante la ley. Fuera de eso, la pretensión de igualar, además de ser impracticable, conlleva una lesión de derechos de alguien siempre”.

¿Hay acaso leyes que estén por encima de las libertades individuales?

“En el ´deber ser`, claro que no. En la práctica, miles. La gran mayoría. Es importante acá distinguir entre la ley y el derecho. Es la ley la que debe ajustarse al derecho. Los derechos son anteriores a la existencia de un Poder Legislativo, una ley que no se ajusta al derecho, es una ley ilegitima. Sin necesidad de ir a casos de regímenes totalitarios, basta echarle una mirada a la mayor parte de la legislación del llamado mundo libre para notar que están plagados de leyes expropiatorias, de leyes que van contra el derecho a la vida (como es el aberrante caso del asesinato en el seno materno) y contra innumerables libertades civiles. Como decía Alberdi para el caso argentino, nos libramos de los españoles solo para ser esclavos de nuestros propios gobiernos.

Para dar solo un ejemplo de libertades civiles afectadas, tomemos el caso del salario. ¿Qué es eso del salario bruto y el salario neto? Los que están en relación de dependencia, están acostumbrados a ello pero, si nos ponemos a pensar, es algo inadmisible! Además de ser expropiatorio, el gobierno paternalista, nos trata como idiotas. Y no estoy haciendo críticas hacia algún gobierno en particular, me refiero al gobierno como entidad.

En el recibo de sueldo, entre muchos descuentos inentendibles, queda expuesto que el gobierno retiene a todos los empleados parte del fruto de su trabajo destinado a jubilaciones o retiros. ¿Acaso no pueden los empleados disponer de lo ganado en su trabajo? ¿No son capaces de ser previsores? ¿No pueden contratar servicios de inversiones para administrar sus reservas de retiro? ¿No es respetable el hecho de que alguien quiera sacrificar parte de su jubilación en la educación de un hijo o atender un problema de salud familiar? Similares descuentos forzosos a empleados ocurren para fondear los vergonzosos mercados cautivos de las obras sociales sindicales.

Como si no fuera suficiente la expropiación, además se reciben pésimos servicios o constantes manoteos del estado a las cajas jubilatorias”.

¿Qué opinión tiene de la corriente feminista que vivimos?

“Como decíamos, la igualdad ante la ley es el principio suficiente para que nos respetemos. Nadie tiene más o menos derechos. El feminismo original luchó por esa igualdad ante la ley que la mujer no tenía. Pero ahora se pretenden privilegios. No existe el derecho de la mujer, ni el derecho del hombre o el derecho de un adolecente a las 3 de la tarde. Se puede abstraer el concepto y referirse simplemente a los derechos de todos los seres humanos. Si se escuchara hablar, por ejemplo, de los derechos de los jardineros, hay dos posibilidades: o se está haciendo referencia innecesaria al oficio de un ser humano o los jardineros están haciendo lobby para tener pseudo-derechos a costa de otras personas”.

¿Cómo le resulta el hecho de obligar a sumar más mujeres a las plantillas de empleados?

“Es importante preservar el derecho a la propiedad privada. Resulta absolutamente impropio que el gobierno dicte, legisle o se inmiscuya en acuerdos privados, libres y voluntarios. Las empresas deberían poder tener los criterios de contratación de empleados, criterios de selección de clientes y de proveedores que les venga en gana. No veo correcto forzar cupos. No solo es un ataque a la propiedad privada sino que las políticas de discriminación positiva, resulta también ofensivas para el grupo al que se quiere beneficiar. La contratación para cumplir un cupo es absurdo y vejatorio. Hay tantas mujeres capaces como hombres capaces. El talento no sabe de sexo.

Una empresa debería poder seleccionar solo mujeres o solo hombres si así lo quisiera. Salvo que se trate de un trabajo muy específico reservado a hombres o reservado a mujeres, el hecho de seleccionar por sexo, resulta ridículo. Las empresas buscan talentos, buscan impacto positivo en su estado de resultados, no penes o vaginas.

Si una empresa viene históricamente contratando solo hombres, por el hecho de ser hombres, está en su derecho y debería poder hacerlo pero, seguramente, se ha perdido de mucho talento femenino que aprovechó la competencia”.

Seguramente algunos lectores le dirían que está discriminando en muchas de las observaciones que ha hecho …

“Pero todos discriminamos. Saquemos esa idea negativa de la discriminación. Todos elegimos, preferimos, optamos entre diversas alternativas. Cada decisión implica discriminar. Discriminar es acción. El ser humano actúa y, al hacerlo discrimina. Yo ahora estoy charlando con usted cuando pudiera haber estado haciendo otra cosa pero, dada mi propia escala de prioridades, discriminé o deseché otras actividades para mantener esta charla”.

Bueno, eso creo que se comparte. La cosa se pone más picante cuando se discriminan personas, y tal vez sea así por una deficiente información

“Buen punto. Pero fíjese que, cuando decidimos casarnos con una mujer, discriminamos al resto. Discriminamos personas. Si hacemos una reunión en nuestras casas, invitamos a personas con las que nos divertimos y sentimos cómodos. Cuando contratamos un empleado o una empleada, valoramos sus competencias, presencia, preparación, estudios, etcétera. Si buscamos un jugador de basketball para que cubra la posición de Center, consideraremos la altura. Esto no quiere decir que los jugadores de menor estatura y que no contratamos, tengan menos derechos. La única discriminación inaceptable es cuando no existe la igualdad ante la ley.

Vale aclarar que, aunque seamos todos iguales ante la ley no quiere decir que un club privado no pueda rechazar mi aplicación como miembro por ser hombre, católico o por lo que sea.”

 

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE.

ESPERANZA EN VENEZUELA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos como ha sido el caso en grado superlativo que comentamos. Es la contracara más repugnante de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.

 

Para evitar las repeticiones de estos abusos de poder tan grotescos como indecentes, se hace necesario, perentorio diría, contemplar nuevas vallas al ejercicio del poder al efecto de preservar el genuino espíritu democrático tan manoseado pero tan poco comprendido. He escrito antes sobre diferentes propuestas fértiles en esta dirección por lo que en esta oportunidad no me detendré en el asunto pero dejo sentado el tema. Fenómenos que ocurren en otros países que aun no siendo tan extremos como el venezolano muestran claros síntomas de burlas de diverso tenor al espíritu democrático.

 

Los pasos por el Orinoco de estos Atilas modernos dejan rastros profundos y cicatrices dolorosas por lo que eventuales nuevos administradores del poder deben proceder con celeridad a restaurar las heridas en línea con la preservación de las autonomías individuales sin rodeos de ninguna naturaleza. No se trata, claro está de sustituir tiranos de malos modales por uno con mejores modales, se trata de establecer una sociedad libre donde los derechos individuales característicos del liberalismo sean prioridad al efecto de abrir de par en par las puertas al progreso moral y material para todos pero muy especialmente para los más necesitados.

 

El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el apoyo  de la isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos concebibles. El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus victimarios”.  Es de destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el Vaticano.

 

Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del Grupo de Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la necesidad de acabar con el engendro venezolano.

 

La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las emigraciones masivas,  la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro desde todos los ángulos posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23 de enero pasado, como acabamos de consignar el reconocimiento internacional al nuevo gobierno a pesar del agresivo apoyo del gobierno ruso, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.

 

Es de esperar que el payaso maligno de Maduro, buen heredero del comandante que inició la deblacle, ya no podrá hablar de “la multiplicación de los penes”, ni dirigirse a “los millones y millonas” ni hablar con los pajaritos y demás imbecilidades. Cabe recordar que Simón Bolívar escribió en el denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

 

Lamentablemente siempre hubieron otros gobiernos cómplices del terrorismo que han dado apoyo directa o indirectamente a los estridentes patrocinadores del inaudito y reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.

 

Es del caso tener presente lo expresado por el coronel Chávez en la entonces Asamblea Legislativa -recordado con algarabía y beneplácito por Maduro- en cuanto a que “no debe considerarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso es un invento grotesco de Estados Unidos” y que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacios en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto  bolivariano que aquí es respetado”, a lo que naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano del  momento al afirmar que “la calificación de terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las mencionadas bandas criminales”.

 

Sin duda que la historia venezolana descubre corrupciones y desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior a la irrupción de los tiranos de marras, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República. Esperemos que muy pronto dejemos de presenciar el triste espectáculo de ver las vergonzosas imágenes de los aplaudidores tan o más repugnantes que el aplaudido, una masa amorfa de carne impregnada de servilismo.

 

A esta altura no podemos saber a ciencia cierta como terminará el episodio que venimos comentando, solo cabe precisar que si se decidiera el levantamiento de las Fuerzas Armadas esto sería un contragolpe puesto que el golpe ya lo propinaron los dictadores al alzarse contra los principios republicanos, con una urgencia aun mayor, por ejemplo, que los contragolpes independentistas que se revelaron en América del Sur y América del Norte contra la usurpación de derechos que impusieron en las colonias respectivamente por parte de la metrópoli española y la corona inglesa.

 

Me solidarizo con sus privaciones y sacrificios de la población venezolana, pero renuevo el pedido de estar alerta para no caer en medias tintas tan peligrosas como malsanas. El respeto a la propiedad privada constituye el eje central de las medidas urgentes a tomar puesto que como ha escrito Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 “todo nuestro programa puede resumirse en esto: abolición de la propiedad privada”. Y debe tenerse muy en cuenta que en la medida en que se afecte ese derecho sin necesidad de abolirlo, en esa medida se producen desajustes graves que consumen capital y por ende reducen salarios e ingresos en términos reales.

 

No se puede jugar con fuego, en su momento la higiene conceptual debe ser completa con el criterio más exigente para lo cual, entre otras cosas, debe liberarse el sistema educativo de toda tutela gubernamental al efecto de permitir la competencia en un proceso que es por su naturaleza de prueba y error exento de toda politización puesto que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a posibles refutaciones.

 

Otra medida aconsejable es la eliminación de la banca central y el curso forzoso para permitir que la gente elija los activos financieros con los que desea operar ya que la denominada “autoridad monetaria” solo puede decidir entre uno de tres caminos: expandir, contraer o dejar igual la base monetaria con lo que siempre y en todos los casos altera los precios relativos que son los únicos indicadores para los agentes en la economía. Esto, entre muchos otros, ha sido reiteradamente aconsejado por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y Milton Friedman.

 

Un tercer campo es la inexorable apertura comercial con el exterior para hacer posible las compras baratas y de la mejor calidad posible y así liberar recursos humanos y materiales para producir otros bienes y prestar otros servicios. Las culturas alambradas hacen mucho daño y permiten la acción depredadora de empresarios prebendarios que en su siempre hedionda alianza con el poder político de turno, explotan miserablemente a sus congéneres.

 

En cuarto lugar, la inmediata privatización de todas las empresas estatales al mejor postor sin base ni condición alguna ya que los incentivos son muy distintos en estos sitios donde hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces es de modo sustancialmente diferente ya que la característica de una empresa propiamente dicha es el asumir riesgos con recursos propios y no coactivamente con el fruto del trabajo ajeno.

 

Por último, pero no por ello menos importante es la eliminación de ministerios y reparticiones burocráticas dejando sin efecto funciones pero nunca podando gastos porque, igual que con la jardinería, la poda hace que crezca con mayor vigor. Y de más está decir que desaparezcan cargos como el que propicia “la felicidad absoluta” y otras tropelías incalificables.

 

Hay muchas personas e instituciones que han hecho faenas admirables por la libertad de Venezuela en los últimos largos tiempos pero quiero poner en primer plano a dos de los embanderados con esta noble causa. Se trata del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) que en otro orden de cosas tuve el gusto de visitar en varias oportunidades y que también publicó uno de mis libros y El Diario de Caracas donde vengo colaborando con columnas semanales desde hace años.

 

Salvo los sátrapas del régimen no hago nombres propios en esta nota periodística pero quiero hacer un par de excepciones respecto a dos personajes singulares que tenían un conocimiento profundo de lo que había que hacer en su país Venezuela y que se desvivieron por esa nación, sacrificaron su salud y sus negocios para bien de todos los venezolanos. Estoy naturalmente hablando del empresario Ricardo Zuloaga y del periodista Carlos Ball, hoy muertos ambos pero que permanecen en la memoria de nosotros sus amigos y de todos sus compatriotas de bien. En honor a estas personas y a tantos que como ellos ofrendaron sus vidas, es de esperar que nuestros hermanos venezolanos puedan encaminarse a la brevedad por la senda del progreso moral y material.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

Los peligros de la figura de la extinción de dominio

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/1/ 19 en https://www.cronista.com/columnistas/Los-peligros-de-la-figura-de-extincion-de-dominio-20190121-0069.html

Hay una muy justificada preocupación por el alto grado de corrupción, especialmente en el contexto  del gobierno anterior al actual, aunque los desmanes inauditos de los aparatos estatales vienen de largo. Con razón la gente de bien quiere que se recuperen los activos robados a la brevedad a los efectos de aliviar las arcas fiscales y poder así disminuir la carga tributaria descomunal que viene soportando la población.

Pero el asunto no es proceder en cualquier dirección. Es indispensable actuar con el cuidado necesario para ser congruentes con el debido proceso y el consiguiente resguardo a las autonomías individuales. Sobre todo es menester como una elemental gimnasia higiénica ponerse en los zapatos de la persona a quien se le confiscan sus bienes antes de una sentencia firme, lo cual, tengamos muy en cuenta, constituye un arma potente para los tiranuelos en potencia.

Hoy la figura del decomiso está presente en el Código Penal argentino como una privación transitoria de activos, aunque originalmente estuvo pensada para la incautación de mercaderías al momento consideradas ilícitas por lo que se especificaba la prohibición de venderlas y con al mandato expreso de destruirlas. En cualquier caso,  la llamada extinción de dominio pretende que la propiedad puede extinguirse lo cual es un absurdo, puede eso si transferirse a otro u otros, voluntaria o coercitivamente. En el caso que nos ocupa quiere decir que por fuera del Poder Judicial resulta posible al aparato estatal intervenir en un proceso judicial y si el confiscado resultara inocente deberá iniciar una causa con lo que eventualmente será resarcido ex post facto.

Como queda dicho, en verdad la figura de la extinción de dominio es un subterfugio para ocultar la confiscación, enfáticamente excluida de las facultades del poder político por la Constitución Nacional.

Lo dicho no significa que no puedan adoptarse medidas precautorias, especialmente cuando hay riesgo de que se interfiera el proceso judicial para tergiversar sus resultados o cuando hay posibilidades de fuga del sospechoso, pero en última instancia debe prevalecer el principio de inocencia hasta que la sentencia definitiva demuestre lo contrario.

Desde luego que hay justificadas quejas respecto a las insólitas demoras en las tramitaciones judiciales y hay también elementos políticos que desafortunadamente interfieren, pero esto se resuelve con la debida aceleración a través de límites para pronunciarse tal como en algunos casos ocurre actualmente pero en ningún caso resulta aceptable que los otros poderes del aparato estatal se adelanten a lo que prescribe el Poder Judicial.

Los marcos institucionales civilizados son custodios indispensables para los derechos y, por tanto, para que puedan llevarse a cabo las transacciones libres y voluntarias entre las partes. No resulta posible el apresuramiento por más bien inspirado que sea ya que la contracara amenaza a todos, incluso a los mismos patrocinadores de la medida en cuestión.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

EL LIBERALISMO Y LA CULTURA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Mi primer libro, Fundamentos de análisis económico, fue una recomposición de mi primera tesis doctoral que afortunadamente lleva prólogo del premio Nobel en economía Friedrich Hayek y prefacio del ex Secretario del Tesoro del gobierno de Estados Unidos, William E. Simon, lo cual contribuyó a que se publicaran doce ediciones que incluye la muy difundida de la Universidad de Buenos Aires (EUDEBA). Allí centré mi atención en aspectos técnicos del proceso de mercado. Pero en mi segundo libro abrí más el especto –Liberalismo para liberales editado por EMECÉ hace más de cuarenta años y que según encuestas del diario “La Nación” de Buenos Aires encabezó la lista de best seller de la época- donde fabriqué una definición del liberalismo como “el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros” la que con satisfacción he visto que ha sido muy citada a través del tiempo.

 

Precisamente la presente nota periodística apunta a mostrar que no resulta posible cortar en tajos la visión liberal. Abarca todo lo que esté vinculado con las relaciones interpersonales al solo efecto de que no se lesionen derechos de terceros. Es antes que nada una concepción moral en el contexto de dichas vinculaciones por lo que no se inmiscuye en como deben ser los arreglos contractuales entre privados y,  mucho menos, sobre las conductas de las personas que, como queda dicho, no lesionan derechos de otros.

 

En esta línea argumental, debe subrayarse enfáticamente que una cosa es la persona del liberal que suscribe ciertas conductas y valores y otra el liberalismo que alude a un ámbito distinto. El liberalismo está anclado en la idea de tolerancia para que la vida en sociedad resulte posible dado que todos somos muy distintos en muy diversos aspectos y si se pretendieran imponer determinados comportamientos más allá del respeto recíproco la vida se tornaría insoportable y,  además, el conocimiento tiene la característica de la provisonalidad abierto a refutaciones en un contexto evolutivo.

 

El espíritu liberal debe estar atento a que no se pretendan imponer conductas y así afectar autonomías individuales. En este sentido, su principal faena consiste en que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los aparatos estatales originalmente concebidos para proteger derechos no se conviertan en sus enemigos, por lo que el liberal se esfuerza en el establecimiento de nuevos y más efectivos límites al poder político.

 

Pero también el liberal debe estar atento a corrientes de pensamiento que apuntan al avasallamiento de los derechos individuales. En las épocas que corren, luego del estrepitoso fracaso del comunismo debido, además, de las matanzas, persecuciones y penurias a seres humanos inocentes e indefensos, se puso en evidencia que la abolición de la propiedad tal como proponen los marxistas deriva en la imposibilidad de la evaluación de proyectos y de la propia contabilidad ya que sin precios que resultan de intercambios de propiedades no hay guía posible para la asignación de recursos y, por ende, no hay economía posible.

 

Decimos entonces que se debe estar atento a corrientes de pensamiento fuera del comunismo como es el feminismo adulterado que se aparta del original que con toda razón defendía los derechos inalienables de la mujer para caer en sandeces como las cuotas y otros atropellos en destinos laborales, académicos y políticos lo cual degrada a la mujer en lugar de basarse en la eficiencia, lo cual, a su turno, también degrada la productividad laboral, la excelencia académica y competencia política.

 

También el nuevo feminismo adhiere al llamado aborto, más bien homicidio en el seno materno puesto que desde el momento de la fecundación del óvulo hay una célula que contiene la carga genética completa, en potencia de muchas cosas como le ocurre a cualquier ser humano independientemente de su edad. El respeto a otro cuerpo resulta inexorable.

 

Otra corriente del momento es el ambientalismo que inventó las figuras del “subjetivismo plural” y los “derechos difusos” al efecto de llegar a la tragedia de los comunes con las consecuencias correspondientes. Mucha es la bibliografía que explica los errores comunes del calentamiento global, la lluvia ácida, la preservación de especies animales, el aprovechamiento del agua, la delimitación de derechos en cuanto a la polución, los transgénicos y los productos orgánicos y la sustentabilidad del ecosistema.

 

En este cuadro de situación es menester apartar con el rigor necesario a quienes la juegan de empresarios pero que en verdad son ladrones que basan sus operaciones en la alianza con el poder político para contar con privilegios y de ese modo explotar a sus congéneres.

 

Además, naturalmente el liberal tiene sus inclinaciones y preferencias por lo cual a título personal opina sobre arte, literatura y tantos otros aspectos históricos y filosóficos con la intención de correr el eje del debate en relaciones libres y voluntarias puesto que el único justificativo liberal para hacer uso de la fuerza es la iniciación de la violencia.

 

De más está decir que el liberal debe compenetrarse del significado de marcos institucionales en cuyo corazón se encuentran los fundamentos del derecho todo lo cual forma parte del continente para que el contenido sea debidamente respetado, es decir, el uso y la disposición de lo propio. Esta comprensión incluye desde luego el significado de la discriminación que debe bloquearse desde el aparato estatal en el sentido de la igualdad ante la ley y debe darse rienda suelta en el ámbito privado puesto que toda acción en cualquier dirección que sea discrimina en el sentido que elige, prefiere y opta entre distintas posibilidades. Desde luego que igualdad ante la ley se traduce en una estrecha relación con la Justicia como el “dar a cada uno lo suyo” lo cual revela a su vez la vinculación con la propiedad, de lo contrario la “igualdad ante la ley” puede interpretarse como que todos los súbitos por igual deben ser expoliados o enviados a una cámara de gas.

 

Sin duda, esta igualdad se da de bruces con el igualitarismo que significa el uso de la fuerza para que los gobiernos asignen el fruto del trabajo ajeno en direcciones distintas y opuestas a lo que la gente decidió con sus compras y abstenciones de comprar y todas sus decisiones legítimas con sus pertenencias.

 

En esta dirección no repetiré aquí lo que escribí en largos ensayos sobre el posmodernismo y en nacionalismo que son vertientes concurrentes para la demolición de la sociedad abierta. Lo primero apunta a la destrucción de la lógica y la implantación del relativismo epistemológico, ético  y hermenéutico y lo segundo se encamina a las culturas alambradas, a la negación de la permanente interconexión entre los humanos a través de donaciones y recibos y a suponer que las fronteras son algo natural en lugar de aceptar que solo se trata de fraccionar el poder y de evitar su concentración en un gobierno universal.

 

Hay otro frente en el que se combate al liberalismo y es a vía la distorsión del idioma para dificultar la comunicación y de este modo se considera “políticamente incorrecto” el recurrir a determinadas expresiones. Esta confusión  deliberada alcanza al propio liberalismo desde que en algunos lugares como en Estados Unidos con el tiempo ha significado su opuesto por lo que algunos han inventado la expresión “libertarianismo” en lugar de mantenerse en el término original y, por otro lado, se ha usado ese término nuevo para incorporar nuevas contribuciones en lugar de comprender que dentro  de la  tradición liberal está presente la evolución de ideas ya que en ningún caso se llega a un punto final tal como reza el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba. Para no decir nada de la sandez del denominado “neoliberalismo”, etiqueta con la que ningún intelectual serio se identifica.

 

El asunto de los términos no es tema baladí, porque como decimos se usan para pensar y para comunicarnos. La expresión “derecha” también tiene sus bemoles, la cual comenzó a atarse a la idea conservadora que proviene de la revolución inglesa de 1688 donde los conservadores pretendían conservar sus privilegios otorgados por la corona en oposición al espíritu de la revolución encabezada por Guillermo de Orange y María Estuardo pero basados en los principios sobre los que luego se explayó Sidney y Locke. Más adelante, en la asamblea de la revolución francesa se consolidó el concepto debido a que los que se ubicaron a la derecha del rey eran los que pretendían conservar el antiguo régimen, de allí es que los conservadores deriven básicamente sus posiciones de aquellos orígenes.

 

Los conservadores muestran una gran reverencia por la autoridad política, el liberal en cambio siempre desconfía del poder. El conservador pretende estadistas en el gobierno a lo Platón con su filósofo-rey, mientras que el liberal centra su atención en las instituciones a lo Popper. El conservador desconfía de procesos abiertos de evolución cultural, mientras que el liberal acepta la coordinación de infinidad de arreglos contractuales que producen resultados que ninguna mente puede anticipar y que el orden del mercado no es consecuencia del diseño ni del invento de mentes planificadoras. El conservador tiende a ser nacionalista “proteccionista”, mientras que el liberal es cosmopolita y librecambista. El conservador tiende a suscribir la alianza de la iglesia y el estado, mientras que el liberal la considera nociva y peligrosa. El conservador tiende a imponer sus valores personales, mientras que el liberal mantiene que el respeto recíproco incluye la adhesión por parte de otros valores bien distintos siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. De ahí entonces que el liberal no acepta que lo identifiquen con la derecha y menos aun cuando se la asocia con el fascismo como es lo habitual en la ciencia política.

 

El liberalismo no es una ideología, no en el sentido inocente del diccionario en cuanto a “conjunto de ideas” ni siquiera en el sentido marxista de “falsa conciencia de clase” sino en su acepción generalizada de algo cerrado, terminado e inexpugnable, lo cual contradice la esencia liberal del evolucionismo, la apertura mental y los debates abiertos al efecto de reducir nuestra ignorancia. En este terreno resulta crucial la educación en valores y principios compatibles con la sociedad abierta. Esta es la batalla cultural cotidiana que deben dar los liberales sin la que las libertades dejan de existir.

 

Y como destaqué antes, no se trata de “vender bien las ideas” puesto que no se trata de un proceso comercial. Cuando se vende un dentífrico o un desodorante no es pertinente explicar el proceso de producción de esos bienes, es suficiente con que resulte claro el efecto que produce. Sin embargo, con las ideas se trata de un asunto de naturaleza completamente distinta. A menos que se estemos frente a fanáticos que compran todo al instante sin explicación, es indispensable detenerse en el proceso y en los fundamentos de las ideas que se trasmiten. El fenómeno comercial y el intelectual operan en planos distintos.

 

En resumen, el liberal contempla las ciencias sociales como un campo muy amplio que abarca toda acción humana en cuanto a sus implicancias lógicas que se traducen en los respectivos teoremas lo cual obliga a explorar campos jurídicos, epistemológicos, históricos, filosóficos y económicos. Este último campo tal vez sea el menos trabajado, razón por la que no son pocos los que aconsejan medidas contraproducentes y especialmente contrarias a los más necesitados. Mucha razón le asistía a Antonio Gramsci cuando desde el lado totalitario aconsejaba: “tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El socialismo es un imposible técnico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 15/6/17 en: El Cronista Comercial.

https://www.cronista.com/columnistas/El-socialismo-es-un-imposible-tecnico-20170615-0016.html

 

Después de haber constatado todos los esfuerzos desplegados en el régimen soviético y en el del nacionalsocialismo y sus equivalentes para contar con una red de férreas lealtades que cubría prácticamente todos los planos y actividades imaginables. Un sistema de delaciones y castigos inmutables, una implacable organización militarizada de ordenes irrefutables, traiciones y purgas, obediencias serviles y, en la otra punta, campos de concentración y matanzas de una perversidad espantosa, en un contexto de una miseria imposible de describir, después de todo eso preguntamos ¿cuál es el sentido de esos sistemas que como ha demostrado, entre otros, Jean-François Revel son en definitiva iguales?

En la actualidad no hay un sistema nazi, pero perdura el nacionalismo vía el fascismo que es en realidad el sistema que más éxito tiene en el llamado mundo libre. Su eje central se basa en que los gobiernos permiten que se registre la propiedad a nombre de particulares, pero en los hechos, dispone el aparato estatal. El comunismo es, si se quiere, más sincero: usa y dispone directamente sin disfraces aunque estrechamente emparentado con el socialismo, un término que pretende suavizar los excesos del comunismo y sin sus aspectos asesinos.

Es cierto que hoy en día, salvo en algunos países aun dominados por criminales, el comunismo no tiene la forma de antaño, pero el ideal sigue en pie aunque no necesariamente en su forma bien expresada por Marx y Engels: abolición de la propiedad. Las medidas sugeridas dañan la institución de la propiedad y, en general, a las autonomías individuales. Habitualmente sus propulsores no imaginan la eliminación de las libertades.

Tampoco imaginan los socialistas contemporáneos que están proponiendo un sistema económico que es técnicamente imposible en el sentido más riguroso de la expresión imposible. Y esto es así porque, como se ha explicado, cada intervención, al bloquear el uso de la propiedad inexorablemente malguía los precios y, por ende, al desfigurar las únicas señales que tiene el mercado para operar (léase, los precios), por un lado, se despilfarra capital y, por tanto, se reducen salarios e ingresos en términos reales y, por otro, cuanto mayor el entrometimiento estatal en los precios, menor será la información disponible, hasta que en el extremo no se sabe con que materiales es mejor fabricar los bienes puesto que no hay puntos de referencia. Es decir, no hay tal cosa como economía socialista.

Ahora bien, ¿por qué insistir en un sistema quebrado a veces bajo la etiqueta del estatismo? Por dos motivos, el primero es acumular poder y riqueza por parte de las cúpulas gobernantes. Y por otro, la devoción de todos aquellos que piensan seriamente en que es más puro el tener todos los bienes en común sin percatarse de los desastres que provocan en cuanto a la liquidación de incentivos y la consecuente pobreza mayúscula que generan.

Por último, no tiene sentido sostener que se es liberal en política pero no en economía. Los marcos institucionales o las libertades civiles o políticas son el continente y es incoherente decir que se suscribe el continente pero no el contenido.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

 

¿DEMOCRACIA O DICTADURA?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

No hay posición intermedia en esta instancia del proceso de evolución cultural: o vota la gente o impone su voluntad sobre los demás un megalómano. Pero se debe estar muy en guardia para que la democracia no  degenere  en cleptocracia en la que una oligarquía liquide los derechos de la minoría. Es decir, que la democracia se convierta en una farsa grotesca como por ejemplo es el caso venezolano hoy.

 

Porque en última instancia el peligro horrendo de las dictaduras es el ataque a las libertades de las personas, pero no es cuestión que las lesiones a los derechos, en lugar de provocarla una persona y sus secuaces la produzca un grupo de personas. Y tengamos en cuenta que Cicerón advertía que “El imperio de la multitud no es menos tiránica que la de un hombre solo, y esa tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre de pueblo”.

 

Uno de los canales de la degradación de la democracia se manifiesta a través de la cópula hedionda entre el poder político y los empresarios prebendarios. Puede ilustrare este caso con los “salvatajes” realizados en Estados Unidos, recursos entregados graciosamente a empresarios ineptos, irresponsables o las dos cosas al mismo tiempo con  el fruto del trabajo de la gente  que no tiene poder de lobby.

 

Al efecto de no permitir semejante atraco y para bloquear toda manifestación de atropello a los derechos de quienes no pertenecen a la casta que pertenece a los usurpadores, es menester pensar en variantes que logren el objetivo de minimizar estos problemas graves. No puede pretenderse otros resultados manteniendo las mismas recetas que conducen a un sistema inicuo que amenaza con  terminar con la democracia y usarla como máscara que pretende esconder una dictadura.

 

En este sentido, reitero lo consignado en otra oportunidad y es que al efecto de tener en claro lo antedicho, es pertinente tener grabado a fuego el pensamiento de uno de los preclaros exponentes de la revolución más exitosa de lo que va de la historia de la humanidad. Me refiero a Thomas Jefferson quien consignó en Notes on Virginia (1782) que “Un despotismo electo no es el gobierno por el que luchamos” pero eso es en lo que se ha transformado, no solo en buena parte de la región latinoamericana, sino en países europeos y en la propia tierra de Jefferson.

 

La primera vez que la Corte Suprema de Justicia estadounidense se refirió expresamente a la “tiranía de la mayoría” fue en 1900 en el caso Taylor v. Breknam (178 US, 548, 609) y mucho antes que eso el Juez John Marshall redactó en un célebre fallo de esa Corte (Marbury v. Madison) en 1802 donde se lee que “toda ley incompatible con la Constitución es nula”. Seguramente el fallo más contundente de la Corte Suprema de Estados Unidos es el promulgado en 1943 -prestemos especial atención debido a lo macizo del mensaje- en West Vriginia State Board of Education v. Barnette (319 US 624) que reza de este modo: “El propósito de la Declaración de Derechos fue sustraer ciertos temas de las vicisitudes de controversias políticas, ubicarlos más allá de las mayorías y de burócratas y consignarlos como principios para ser aplicados por las Cortes. Nuestros derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de profesar el culto y la de reunión y otros derechos fundamentales no están sujetos al voto y no dependen de ninguna elección”.

 

Autores contemporáneos como Giovanni Sartori en sus dos volúmenes de la Teoría de la democracia se ha desgañitado explicando que el eje central de la democracia es el respeto por las minorías y Juan A. González Calderón en Curso de derecho constitucional apunta que los demócratas de los números ni de números entienden ya que se basan en dos ecuaciones falsas: 50% más 1% = 100% y 50% menos 1% = 0%. Por su parte, Friedrich Hayek confiesa en Derecho, Legislación y Libertad que “Debo sin reservas admitir que si por democracia se entiende dar vía libre a la ilimitada voluntad de la mayoría, en modo alguno estoy dispuesto a llamarme demócrata”, porque como había proclamado Benjamin Constant en uno de sus ensayos reunidos en Curso de política constitucional: “La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”.

 

Ahora bien, sabemos que la cuestión de fondo es educativa en el sentido de realizar esfuerzos para influir sobre mentes en cuanto a comprender las ventajas de la sociedad abierta, pero entretanto es indispensable pensar en nuevos procedimientos para maniatar al Leviatán antes que sucumban todos los vestigios de libertad y respeto reciproco. En este sentido vuelvo a insistir una vez más en que en un cuadro de federalismo se consideren las reflexiones de Bruno Leoni para el Poder Judicial en La libertad y la ley, se tomen seriamente las propuestas para el Poder Legislativo que efectuó Hayek en el tercer tomo de su obra mencionada y, para el Poder Ejecutivo, se adopten los consejos de Montesquieu en Del espíritu de las leyes  en cuanto a que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia”. Esto último -dado que cualquiera puede gobernar- moverá los incentivos de la gente hacia la necesidad de proteger sus vidas y haciendas, es decir, hacia el establecimiento de límites al poder que es precisamente lo que se requiere para sobrevivir a los atropellos de los aparatos estatales. Como ha indicado Popper, la pregunta de Platón sobre quien debe gobernar está mal formulada, el asunto no es de personas sino de instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible” tal como escribe aquel filósofo de la ciencia en La sociedad abierta y sus enemigos.

 

Frente a los graves problemas mencionados es indispensable usar las neuronas para contener los abusos del poder. Al fin y al cabo en el recorrido humano nunca se llegará a un punto final. Estamos siempre en ebullición en el contexto de un proceso evolutivo. Si las soluciones propuestas no son consideradas adecuadas hay que proponer otras pero quedarse de brazos cruzados esperando que ocurra un milagro no es para nada conveniente ya que no pueden esperarse resultados distintos aplicando las mismas recetas.

 

Tal como nos han enseñado autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglas North, debemos centrarnos en los incentivos que producen las diversas normas, y en el caso que nos ocupa está visto que alianzas y coaliciones circunstanciales tienden al atropello de las autonomías individuales y a degradar las metas originales de la democracia, convirtiéndola en una macabra caricatura. Es hora de reflotar la democracia mientras estemos a tiempo. Y, se entiende, no se trata de la ruleta rusa de mayorías ilimitadas, es como ha escrito James M. Buchanan “Resulta de una importancia crucial que recapturemos la sabiduría del siglo dieciocho respecto a la necesidad de contralores y balances y descartemos de una vez por todas la noción de un romanticismo idiota de que mientras los procesos son considerados democráticos todo vale” (en “Constitutional Imperatives for the 1990`s. The Legal Order for a Free and Productive Economy”).

 

En la misma línea argumental, es pertinente en esta columna resumir nuevamente las posibles ventajas de introducir la idea  del Triunvirato en el Poder Ejecutivo. Hay muy pocas personas que no se quejan (algunos están indignados) con los sucesos del momento en diferentes países tradicionalmente considerados del mundo libre. Las demoliciones de las monarquías absolutas ha sido sin duda una conquista colosal pero, como queda dicho, la caricatura de democracia como método de alternancia en el poder sobre la base del respeto a las minorías está haciendo agua por los cuatro costados, es imperioso el pensar sobre posibles diques adicionales al efecto de limitar el poder político por aquello de que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

 

Tres personas votando por mayoría logran aplacar los ímpetus de caudillos y permiten tamizar las decisiones ya que el republicanismo exige que la función de esta rama del gobierno es ejecutar lo resuelto por el Poder Legislativo básicamente respecto a la administración de los fondos públicos, y el Judicial en lo referente al descubrimiento del derecho en un proceso fallos en competencia.

 

Se podrá decir que las decisiones serán más lentas y meditadas en un gobierno tripartito, lo cual se confunde con la ponderación y la mesura que requiere un sistema republicano. De todos modos, para el caso de un conflicto bélico, sería de interés que las tres personas se roten en la responsabilidad de comandantes en jefe.

 

Uno de los antecedentes más fértiles del Triunvirato se encuentra en los debates oficiales y no oficiales conectados a la Asamblea Constituyente de los Estados Unidos. Según la recopilación de los respectivos debates por James Madison que constan en la publicación de sus minuciosos manuscritos, el viernes primero de junio de 1787 Benjamin Franklin sugirió debatir el tema del ejecutivo unipersonal o tripartito. A esto último se opuso el constituyente James Wilson quien fue rebatido por Elbridge Gerry (luego vicepresidente del propio Madison) al explicar las ventajas del triunvirato para “otorgar más peso e inspirar confianza”. Edmund Randolph (gobernador de Virginia, procurador general del estado designado  por Washington y el segundo secretario de estado de la nación) “se opuso vehementemente al ejecutivo unipersonal. Lo consideró el embrión de la monarquía. No tenemos, dijo, motivo para ser gobernados por el gobierno británico como nuestro prototipo […] El genio del pueblo de América [Norteamérica] requiere una forma diferente de gobierno. Estimo que no hay razón para que los requisitos del departamento ejecutivo -vigor, despacho y responsabilidad- no puedan llevarse a cabo con tres hombres del mismo modo que con uno. El ejecutivo debe ser independiente. Por tanto, para sostener su independencia debe consistir en más de una persona”. Luego de la continuación del debate Madison propuso posponer la discusión en cuanto a que el ejecutivo debiera estar formando por un triunvirato (“a three men council”) o debiera ser unipersonal hasta tanto no se hayan definido con precisión las funciones del ejecutivo.

 

Este debate suspendido continuó informalmente fuera del recinto según los antes mencionado constituyentes Wilson y Gerry pero con argumentaciones de tenor equivalente a los manifestados en la Asamblea con el agregado por parte de los partidarios de la tesis de Randolph-Gerry de la conveniencia del triunvirato “al efecto de moderar los peligros de los caudillos”. El historiador Forrest Mc Donald escribe (en E Pluribus Unum. The Formation of the American Republic, 1776-1790) que “Algunos de los delegados más republicanos […] desconfiaban tanto del poder ejecutivo que insistieron en que solamente podía ser establecido con seguridad en una cabeza plural, preferentemente con tres hombres”.

 

El asunto entonces no es limitarse a la queja por lo que ocurre en nombre de la democracia sino en usar la materia gris y proponer soluciones al descalabro del momento antes de llegar a un Gulag con la falsa etiqueta de la democracia. Hay que vencer lo que podríamos denominar “el síndrome del anquilosamiento mental” y revertir con decisión -con éstas u otras propuestas- lo que viene sucediendo  a paso redoblado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

REFEXIONES SOBRE LOS JÓVENES

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es por cierto extraña la cuarta dimensión, el tiempo del reloj no es igual al tiempo interior. Lo que se considera son hazañas en realidad no son más que  mojones insignificantes en un universo que excede la capacidad de asombro. En mi caso, no parece cierto estar escribiendo sobre la juventud desde otra posición cuando da la impresión que no hace mucho fui elegido como uno de los Diez Jóvenes Sobresalientes en la selección de la Cámara Junior de Buenos Aires o que fui el más joven de todas las incorporaciones  a la Academia Nacional de Ciencias hasta ese momento, que en la primera promoción a mi cargo los alumnos eran mayores que yo en la universidad y era habitual que me dijeran que era el joven del grupo al encaramarme a una tribuna. Mi primer artículo se publicó cuando tenía dieciocho años en “Programa” del Movimiento Universitario de Centro de la Universidad de Buenos Aires…ahora hacen casi seis décadas de eso (no recomiendo su lectura por la pobreza de la pluma, aunque para los curiosos consigno que encabeza una colección en mí Contra la corriente de Editorial El Ateneo).

 

Sensaciones que seguramente no son originales para nadie en cuanto al paso del tiempo, pero así son. Y no es que quisiera regresar al pasado, esto es lo último que haría si estuviera en mi facultad simplemente porque en todo he tenido mucha suerte que no podría repetir y si la repitiera no me gustaría pasar por etapas de incertidumbre respecto a los desenlaces que ahora se como fueron (en gran medida “a mi manera” como diría Frank Sinatra) y, por último, mi vida ha sido y es muy intensa por lo que es suficiente  vivirla una vez. Por otra parte no puede jugarse con el contrafáctico.

 

Tampoco es cuestión de adelantar el final, queda mucho por hacer y cumplido un proyecto es indispensable reemplazarlo por otro para sacarle el jugo a la vida en la que nunca se llegará a un término en el que uno pueda decir que cumplió con todas las metas porque eso es imposible dada nuestra infinita ignorancia.

 

Entonces, manos a la obra con los jóvenes de hoy. Me refiero a las personas entre dieciséis y veintiséis años de edad. Tomo convencionalmente diez años de vida. En esta franja puede decirse que hay tres tipos de juventudes: los jóvenes viejos, los jóvenes bebes y los jóvenes en sentido estricto.

 

El primer tipo -los jóvenes viejos- está compuesto por los que no solo no tienen el necesario fuego interior como empuje para sus vidas sino que tienen muy pocas brasas con un fuego extinguido a puro rigor de apatía. Son los conformistas, los que nunca se alinean con lo nuevo, con los desafíos, con el cambio en la buena dirección (ni en la mala) son los que se sienten a disgusto con los que critican para mejorar, son especímenes del status quo, sin vida interior ni exterior y miran la vida con lentes de dinosaurios, son amargos que carecen de ese capital tan indispensable para vivir que es el sentido del humor.

 

Por su parte, los jóvenes en sentido estricto son los de la fuerza de sus ideales, son los que no se dejan estar, son los que tienen ansia de mejora  y superación en cualquier campo en el que se desempeñen. Son los que saben que quieren pero capaces de rectificarse cuando son refutados. Son curiosos y  no se quedan con la primera respuesta a los problemas. Son la luz en las aulas, se destacan por sus interrogatorios inteligentes y en los trabajos son los que llevan la voz cantante. Son la esperanza del futuro.

 

Ahora vienen los jóvenes bebes, los que han crecido anatómicamente pero se han quedado en la niñez y la inmadurez mental. Hablan entrecortado como Tarzán en su peor época y escriben con llamativas abreviaturas y con monosílabas inconexas. Son los que quieren pasar desapercibidos en el aula y en el trabajo, solo lo indispensable para pasar a gatas un examen y cobrar su sueldo en su excursión laboral. Son los atrapados por los teléfonos celulares, por los selfies, por Internet, los auriculares y Facebook que rehúyen lo muy bueno de estos adelantos tecnológicos para escaparse de la verdadera comunicación con otros, para atenuar  y anestesiar su vida interior y para renunciar a su intimidad, para no mirar su interior y eludir el espejo. Perdieron el sentido de la concentración por lo que no pueden sostener una conversación ni de largo ni de corto aliento. Murmuran y en el intento de explicarse se limitan a mover los brazos “en ademán natatorio” como dice Ortega en otro contexto.

 

Por razones de especio vamos a concentrarnos solamente en Facebook en relación a los jóvenes bebes.  Desde que en 2004 irrumpió en escena esta herramienta a raíz del descubrimiento de un estudiante (completado por otras contribuciones posteriores), se convirtió en un sistema con múltiples aplicaciones y que ha crecido de modo exponencial: actualmente hay más de ochocientos millones de participantes.

 

Los jóvenes bebes muestran muchas facetas pero aquí nos limitamos a su obsesión por entregar la propia privacidad al público, lo cual sucede aunque los destinatarios sean pretendidamente limitados (los predadores suelen darle otros destinos a lo teóricamente publicado para un grupo). De todos modos, lo que llama la atención es la tendencia a la pérdida de ámbitos privados y la necesidad de publicitar lo que se hace en territorios íntimos, no necesariamente sexuales sino, como decimos, lo que se dice y hace dirigidas a determinadas personas o también actitudes supuestamente solitarias pero que deben registrarse en Facebook para que el grupo esté informado de lo que sucede con el titular.

 

Parecería que no hay prácticamente espacio para la preservación de las autonomías individuales, las relaciones con contertulios específicos quedan anuladas si se sale al balcón a contar lo que se ha dicho o hecho. Con los Facebooks y compañía no parece que se desee preservar la privacidad, al contrario hay una aparente necesidad de colectivizar lo que se hace. No hay el goce de preservar lo íntimo en el sentido antes referido. Parecería que estamos frente a un problema psicológico de envergadura: la obsesión por exhibirse y que hay un vacío existencial si otros no se anotician de todo lo que hace el vecino. Es como una puesta en escena, como una teatralización de la vida donde los actores no tienen sentido si no cuentan con público.

 

Una cosa es lo que está destinado a los demás, por ejemplo, una conferencia, la publicación de artículos, una obra de arte y similares y otra bien diferente es el seguimiento de lo que se hace privadamente durante prácticamente todo el día (y, frecuentemente, de la noche). Una vida así vivida no es individual sino colectiva puesto que la persona se disuelve en el grupo.

 

Ya dijimos que hay muchas ventajas en la utilización de este instrumento por el que se trasmiten también buenos pensamientos, humor y similares, pero nos parece que lo dicho anteriormente, aun sin quererlo, tiene alguna similitud con lo que en otro plano ejecuta el Gran Hermano orwelliano, o más bien, lo que propone Huxley en su antiutopía más horrenda aun.

 

Es perfectamente comprensible que quienes utilizan Facebook sostengan que publican lo que les viene en gana y lo que desean preservar no lo exhiben, pero lo que llama la atención es precisamente el volumen de lo que publican como si eso les diera vida, como si lo privado estuviera fuera de la existencia.

 

Según el diccionario etimológico “privado” proviene del latín privatus que significa en primer término “apartado, personal, particular, no público”. El ser humano consolida su personalidad en la medida en que desarrolla sus potencialidades y la abandona en la medida en que se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza. La dignidad de la persona deriva de su libre albedrío, es decir, de su autonomía para regir su destino.

 

La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado o privativo de uno. Milan Kundera en La insoportable levedad del ser anota que “La persona que pierde su intimidad lo pierde todo”.  La primera vez que el tema se trató en profundidad, fue en 1890 en un ensayo publicado por Samuel D. Warren y Luis Brandeis en la Harvard Law Review titulado “El derecho a la intimidad”. En nuestro días, Santos Cifuentes publicó El derecho a la vida privada donde explica que “La intimidad es uno de los bienes principales de los que caracterizan a la persona” y que el “desenvolvimiento de la personalidad psicofísica solo es posible si el ser humano puede conservar un conjunto de aspectos, circunstancias y situaciones que se preservan y se destinan por propia iniciativa a no ser comunicados al mundo exterior” puesto que “va de suyo que perdida esa autodeterminación de mantener reservados tales asuntos, se degrada un aspecto central de la dignidad y se coloca al ser humano en un estado de dependencia y de indefensión”.

 

Los instrumentos modernos de gran sofisticación permiten invadir la privacidad sea a través de rayos infrarrojos, captación de ondas sonoras a larga distancia, cámaras ocultas para filmar, fotografías de alta precisión, espionaje de correos electrónicos y demás parafernalia pueden anular la vida propiamente humana, es decir, la que se sustrae al escrutinio público.

 

Sin duda que en una sociedad abierta se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.

 

Pero es sorprendente que hoy haya entregadores voluntarios de su privacidad. Los jóvenes bebes arrojan al viento partes sustanciales de sus identidades sin contemplar que de la intimidad nace la diferenciación y unicidad que, como escribe Julián Marías en Persona, es “mucho más que lo que aparece en el espejo”, lo cual parecería que de tanto publicar privacidades desde muy diversos ángulos queda expuesta la persona en Facebook (además de que en ámbitos donde prevalece la inseguridad ese instrumento puede tener ribetes de peligrosidad).

 

Demás está decir que este tema no debe ser bajo ningún concepto materia de legislación, la cual infringiría una tremenda estocada a la libertad de expresión que constituye la quintaesencia de la sociedad abierta.

 

Para cerrar esta nota, es de interés reproducir un dictum anónimo, especialmente en relación a la juventud: “Cuide sus pensamientos, se convierten en palabras. Cuide sus palabras, se convierten en acciones. Cuide sus acciones, se convierten en hábitos. Cuide sus hábitos, se convierten en su carácter. Cuide su carácter, se convierte en su destino.”

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LIBERTAD Y PROGRESO: LOS EMPRESARIOS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

No es necesario detenerse a considerar en detalle los problemas que se presentan en nuestro mundo. Uno de los aspectos álgidos del cual depende todo lo demás es la manifiesta incomprensión de los fundamentos éticos, económicos y jurídicos de la sociedad abierta.

 

Paradójicamente se critica a un capitalismo inexistente puesto que los aparatos estatales se han convertido en maquinarias infernales que cobran tributos insoportables, deudas públicas internas y externas astronómicas y regulaciones asfixiantes, todo financiado naturalmente con un nivel abultadísimo de gastos para alimentar a un insaciable Leviatán.

 

Aquí no es del caso analizar esta o aquella gestión gubernamental, el asunto son los resultados de décadas de populismo más o menos intenso y de uno u otro signo y etiqueta circunstancial. El hecho es que el mundo se debate hoy en esta situación.

 

Sin duda que el problema es la educación, es decir, la deficiencia en explicar las bases de la sociedad civilizada y, por ende, la decadencia de los valores y principios que la sustentan.

 

Afortunadamente hay casas de estudio, fundaciones e instituciones varias en diversos países que se dedican a contrarrestar esta malaria con presentaciones de rigor, argumentando las ventajas de una sociedad libre. Pero no es suficiente si a estas faenas muy meritorias se las compara con la catarata de falacias difundidas que dan apoyo a través de múltiples vías al engrosamiento de los referidos aparatos estatales que destrozan vidas y haciendas ajenas al tiempo que eliminan de cuajo los incentivos para proteger autonomías individuales.

 

De más está decir que aquellas entidades solo pueden recurrir a empresas privadas para obtener fondos que permitan financiar sus programas. No pueden buscarse recursos donde no existen y el empresariado es el grupo que necesita libertad para cumplir su rol específico de asignar recursos en el mercado.

 

Como es sabido, el empresario conjetura que los costos están subvaluados en términos de los precios finales al efecto de sacar partida del consiguiente arbitraje. Si acierta obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos. El cuadro de resultados le marca si está bien o mal orientado en la satisfacción de las necesidades del consumidor.

 

En la medida en que los aparatos estatales intervienen en la economía, los precios se desdibujan y dejan de reflejar las estructuras valorativas y se asimilan a simples números dictados por los funcionarios de turno, con lo que la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general también dejan de expresar la situación real. En el extremo si se eliminan los precios, es decir, la propiedad, no se sabe si conviene construir carreteras con oro o con asfalto puesto que las consideraciones técnicas nada significan si no están referidos a precios. Sin llegar a este extremo de abolir la propiedad, como decimos, en la medida en que se intervenga en el proceso de mercado se distorsionan los precios que son las únicas señales para conocer si se está o no consumiendo capital.

 

Esto es así, pero henos aquí que ha habido y hay mal llamados empresarios que no solo no proceden de acuerdo a su antedicha misión específica sino que no ayudan a las instituciones que pretenden que las cosas vuelvan a su cauce e incluso critican el mercado libre. Se enriquecen fruto de las alianzas con el poder político del que reciben dádivas, privilegios y mercados cautivos que perjudican grandemente a la comunidad en la que trabajan.

 

Esto último es materia de otro debate, por el momento destacamos que aun procediendo como proceden algunos deberían buscar un reaseguro para su empresa, para sus hijos y nietos puesto que la lucha por el privilegio, esto es, el despojo cruzado recurriendo a la fuerza que impone el gobierno, tarde o temprano conduce al despeñadero.

 

Es cierto que no son pocos los “empresarios” que actúan del modo señalado porque estiman que de esta manera salvarán sus empresas y responderán bien ante los accionistas sin percatarse que si no modifican su actitud siempre el círculo se cierra y el gobierno termina de facto  manejando el flujo de fondos de la empresa con lo cual el así llamado empresario en la práctica pierde la empresa en el contexto de un sistema fascista donde se permite registrar la propiedad a nombre de particulares, pero, en los hechos, pertenece al gobierno.

 

Incluso el premio Nobel en economía George Stigler afirma que en Estados Unidos “han sido ellos [los empresarios prebendarios] quienes han convencido a la administración federal  y a la administración de los estados que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transporte, las comunicaciones, las industrias extractivas etc.” (en Placeres y dolores del capitalismo moderno). Por lo que Charles G. Koch, uno de los empresarios más prominentes de ese país, se pregunta: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios de Estados Unidos se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a manos de reglamentaciones gubernamentales? […] La contestación, desde luego, es simple. No, estos empresarios y ejecutivos no comparten el deseo de suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas […] En realidad están vendiendo su futuro” (en “A Letter from the Council for a Competitive Economy”).

 

Afortunadamente todos los empresarios no se comportan de aquella manera, muchos son respetuosos del mercado y ven las enormes ventajas de la libertad y encuentran un desafío en lograr objetivos dentro de las reglas del mercado libre y competitivo.

 

Esta larga introducción es para centrar la atención en un caso argentino que ilustra bien lo dicho, con total independencia ahora de quien sea el gobierno que circunstancialmente administra el Ejecutivo. El punto que hacemos se extiende a todos los empresarios locales en general en conexión con una entidad argentina de excelencia.

 

Se trata de la Fundación Libertad y Progreso de Buenos Aires, establecida como consecuencia a su vez de la fusión de tres destacadas fundaciones. Libertad y Progreso está dirigida por tres profesionales que dejaron sus respectivas empresas, negocios y estudios para abocarse a la tareas nobles de defender y difundir los antes mencionados valores de una sociedad libre, con la intención de retomar los consejos y principios de Juan Bautista Alberdi, el máximo inspirador de la Constitución liberal de 1853 que permitió a la Argentina disfrutar de los más altos niveles de prosperidad moral y material hasta que irrumpió el populismo bajo muy diversos signos políticos.

 

Libertad y Progreso ha desarrollado múltiples y muy jugosos programas en muy diversos frentes y tiene en carpeta otros tantos que ejecutaría si contara con los recursos suficientes. Los directivos de esta Fundación están sumamente agradecidos a todos los empresarios y personas de existencia física que brindan su apoyo financiero merced a lo cual se han podido llevar a la práctica tantos programas.

 

Pero, como queda dicho, los aportes no resultan suficientes si se tiene en cuenta la tarea ciclópea que debe llevarse a cabo para comenzar a revertir una tradición populista de hace más de siete décadas.

 

Es evidente que resulta una enorme bendición que esta institución se haya creado y una suerte mayúscula contar con la calidad moral y profesional de sus directores que han tenido el coraje, la honestidad intelectual y la decisión de dejar faenas lucrativas para encarar esto que han considerado su deber moral. En verdad un ejemplo para todos.

 

En estas circunstancias en realidad no resulta una exageración afirmar que los empresario debieran hacer cola para aportar a tan benéfica entidad, no para hacerle un favor a nadie sino en su propio beneficio y el de sus respectivas familias al efecto de contar con un país que vuelva a ser un faro en el camino y un punto de referencia para las naciones civilizadas.

 

Por supuesto que como en todo grupo humano puede disentirse aquí y allá con las opiniones de miembros de esa fundación, pero lo relevante es que en el balance neto los esfuerzos están dirigidos a que en nuestro país prime el respeto recíproco.

 

Hoy nos escribimos por correo electrónico con el director general, Agustín Etchebarne, y al pasar me contaba los denodados esfuerzos para el fund raising que deben realizarse casi cotidianamente. Su correo me recordó mi paso como rector de ESEADE durante los veintitrés años en los que estuve al frente de esa casa de estudios y del célebre fund raising que en verdad consumió más tiempo del que hubiera querido, pese a lo cual aprovecho para agradecer infinitamente a la comunidad empresaria por las muchas becas y aportes realizado en aquellas épocas.

 

Pero si nos quejamos con razón por esto o aquello que sucede en nuestro medio debemos tener en claro que no se trata de una casualidad, es el resultado de haber abandonado en gran medida y salvo honrosas excepciones la mencionada faena educativa. Y no se diga que esto produce resultados en el largo plazo, lo cual se viene machacando hace largas décadas, cuanto antes se empiece en este difícil pero muy gratificante trabajo, mejor. Ya estaríamos en el largo plazo si se hubieran redoblado esfuerzos con anterioridad. No hay que esperar milagros y poner manos a la obra cuanto antes. El equipo de Libertad y Progreso lo agradecerá y, sobre todo, las personas de bien de nuestro país.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.