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Se abre una esperanza en la situación argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/se-abre-una-esperanza-en-la-situacion-argentina/

 

Como es de público conocimiento, este Gobierno viene a los tumbos en los temas medulares desde hace casi tres años. Puedo sintetizar que estos asuntos se refieren al gasto público elefantiásico, las regulaciones asfixiantes, impuestos insoportables, déficit total creciente, deuda estatal galopante y desbarajuste monetario y cambiario.

Este último tema puede estar en vías de solución. Por el hecho de repetir que la inflación monetaria hace estragos y que la pagan con especial contundencia los más débiles no cambia la validez de la afirmación que debe ser reiterada.

Como tantas veces he escrito, el problema radica en la misma existencia de la banca central, puesto que, aun con los funcionarios más probos y honestos, solo pueden decidir entre tres caminos: a qué tasa expandir la base monetaria, a qué tasa contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos alteran los precios relativos: serán distintos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención de la llamada autoridad monetaria. Si se supone que los funcionarios colocaran la base monetaria en los mismos niveles que la gente hubiera preferido, no tiene sentido la intervención para hacer lo mismo con ahorros de gastos administrativos y, además, el único modo de saber qué quiere la gente es dejarla actuar.

Y debe destacarse que el sistema de precios constituye la única forma de establecer señales para los operadores económicos al efecto de conocer dónde es más eficiente asignar los siempre escasos recursos. Desfigurar las señales deteriora la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Para resumir, la inflación genera pobreza.

La primara vez que escribí un ensayo extenso sobre la materia fue para el congreso anual de la Mont Pelerin Society, en Sydney, en agosto de 1986, titulado “¿Autoridad monetaria, regla monetaria o moneda de mercado?”, ensayo que también presenté el mismo año en la reunión anual, en Mendoza, de la Asociación Argentina de Economía Política, que se publicó en sus anales. Por otra parte, mi discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicos también versó sobre el mismo asunto: “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

De eso se trata ahora, según una noticia esperanzadora publicada por Infobae que alude a un contacto entre el actual gobierno y Steve Hanke, destacado profesor en Johns Hopkins University a quien conocí en los noventa, primero en México y luego en Buenos Aires. En aquellas oportunidades tuvimos muchas coincidencias y también mantuvimos algunas discusiones sobre la mal llamada convertibilidad, debido a la implementación sin reducir el gasto público, en un contexto de creciente deuda estatal interna y externa (mal llamada porque en la literatura económica alude al intercambio entre moneda-mercancía y el correspondiente recibo representado por el billete bancario y no un billete de un color por otro de color diferente, más bien política monetaria pasiva con tipo fijo). De todos modos, fuera de cuestiones semánticas, continuamos con nuestra correspondencia con Hanke referida a otras cuestiones de gran interés económico-financiero.

Puede decirse que no es el momento ideal para dolarizar, puesto que el futuro del dólar presenta ciertos nubarrones, pero es una manera de zafar del embrollo en que estamos y, además, si se eliminara el curso forzoso, queda abierta la posibilidad de encarar otros caminos, sea con una canasta de monedas u otra variantes más sólidas, eliminando simultáneamente el sistema nefasto de reserva fraccional en los bancos.

Hay otras experiencias de dolarizar en nuestra región como Panamá y Ecuador, ambos países con problemas de distinta índole, pero por lo menos se sacaron de encima el cáncer inflacionario. El contrafáctico es importante: aquellos problemas se hubieran agudizado de no haber mediado la dolarización.

Es de esperar que por lo menos en este caso se muestre algo de imaginación y coraje para enfrentar un flagelo que amenaza con arrastrar todo si no estamos atentos. El profesor Hanke cuenta con sobradas antecedentes exitosos en asesoramiento de gobiernos. No dejemos pasar esta nueva oportunidad que, en su caso, será un primer paso para salir del atolladero.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El economista en la academia, la política y la consultoría

Por Adrián Ravier.  Publicado el 31/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/El-economista-en-la-academia-la-politica-y-la-consultoria-20180131-0073.html

 

El economista en la academia, la política y la consultoría

 

Se escucha con cierta frecuencia una broma hacia los economistas que afirma que si preguntamos a diez de ellos su opinión sobre un determinado problema, posiblemente tengamos once soluciones. ¿Por qué diferimos los economistas en nuestras recomendaciones de política económica? ¿Por qué en ocasiones tenemos más de una recomendación? ¿Carece esta ciencia joven de consensos científicos básicos?

Lo cierto es que la economía como ciencia ha desarrollado leyes sólidas que nos permiten enumerar cuantiosos consensos, pero cuando nos movemos hacia la recomendación de la política económica o ante un problema de políticas públicas los disensos son mayores.

“Por qué difieren los economistas en sus opiniones de política pública” es en definitiva un aspecto sociológico de la profesión que se ha debatido en numerosas oportunidades, pero el punto que quiero señalar aquí es que ganaríamos mucho los economistas, y con ello pienso que recuperaríamos parte del prestigio perdido de la profesión, si definiéramos con claridad los planos en los que trabajamos cuando hacemos nuestro análisis y nuestras recomendaciones. ¿A qué planos me refiero? Al plano del académico y al plano de la política.

Una anécdota que acostumbraba relatar Manuel Ayau, fundador y Rector de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, puede ayudar a mostrar el punto. Ocurrió en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en St. Andrews. Estaba exponiendo Milton Friedman sobre su estudio de la moneda y Enoch Powell, entonces miembro de la Cámara de los Comunes en Londres, le preguntó si en su exposición había tenido en cuenta los factores políticos, a lo que Friedman se apresuró a contestar por la afirmativa. Powell dijo: “Entonces su paper no me sirve, pensaba que recibiría reflexiones de un académico, déjenos a nosotros la negociación política”.

Hace unos meses el mismo Federico Sturzenegger, Presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), exclamaba ante la Asociación Argentina de Economía Política que se reunió en Bariloche que la profesión debía contribuir a los debates de políticas públicas. Muchos se defendieron explicando que no son escuchados, y cuando se los escucha se exclama que trabajan en una torre de marfil.

Me parece que la profesión del economista se encuentra desprestigiada o devaluada ante la opinión pública precisamente porque los especialistas desconocen su rol ante la sociedad. No es lo mismo el rol científico del economista que el rol del político. Me apresuro a señalar, incluso, que cuando un economista se viste de político –sea como funcionario o como representante de un partido político- deja de ser economista.

Trabajar en diversos planos sin explicitarlo ante la opinión pública nos expone a debates innecesarios que sólo comprometen los consensos que la profesión ha alcanzado.

El economista como académico o científico

Su lugar natural es la universidad y los congresos científicos. Investiga, estudia, alcanza un doctorado y dedica tiempo a la docencia. El científico trabaja con modelos que en muchos casos se abstraen de la realidad política y social que le acompaña. La teoría que desarrollan es en general abstracta, universal, aplicable a todo tiempo y lugar. Sus trabajos científicos, que a la vez intentan publicar en revistas especializadas, no se preocupan por aquello que la opinión pública puede digerir.

Y está bien que así sea, porque eso los distraería de lo más relevante que es contribuir al cuerpo teórico de la disciplina. Cuando el académico deja un momento la frontera del conocimiento y analiza la actualidad y sus problemas, tiene en general un enfoque diferente, porque su rol -inmerso en óptimos y utopías- lo conducen, en definitiva, a imaginar nuevos mundos posibles, correr el eje del debate.

El economista como político

El político no puede distanciarse de la opinión pública. Su éxito depende de la apreciación que la opinión pública ejerce sobre la política económica que define el gobierno. Bien hará el político en escuchar a los científicos y a los técnicos, pero no pueden darse el lujo de abstraerse de las cuestiones culturales, políticas y sociales que acompañan a su gobierno. Si así lo hiciera, fracasaría como político.

Si el economista que se viste de político está más enfocado en lo que la opinión pública puede digerir que en las conclusiones que obtiene de sus observaciones, mal rol jugará este como economista. Su objetividad estará limitada a un fin último superior que son las elecciones.

El economista como consultor

Mientras el académico educa a sus alumnos en el aula, el consultor hace lo propio con sus clientes y ante la prensa. Su alcance es lógicamente mayor y allí cabe su responsabilidad.

Su formación como economista, casi siempre complementado con estudios de posgrado, les permite aplicar la teoría económica, y si bien no contribuyen a expandir la frontera del conocimiento, son los que mejor entienden la coyuntura, además de intentar predecir escenarios futuros.

El consultor tampoco puede prescindir de la política, porque los escenarios futuros dependen de las decisiones que se toman en ese plano, pero en la medida que se mantiene independiente del gobierno y los partidos políticos, puede evaluar las políticas económicas con objetividad.

La profesión del economista en Argentina

En la Argentina, la opinión pública conoce nuestra profesión a través de los economistas que ocupan cargos en el poder político y los consultores que comparten columnas de opinión y son entrevistados por la prensa. Naturalmente, en esos espacios la economía está cargada de política, lo que en definitiva impide mostrar los consensos básicos que la profesión ha alcanzado en el plano científico.

No quiero negar con esto que existan amplios debates también en el mundo académico, pero ¿qué ciencia no los tiene?

Como cierre, creo necesaria una reflexión acerca de Cambiemos. Nada ansía más el Presidente que ser recordado como un estadista. Si eso desea, será mejor que escuche a aquellos economistas que pueden abstraerse de lo urgente y por un momento piense en aquello que es importante y estructural.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

The Forgotten Hayek: An Antidote For The New Populism?

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 8/5/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/05/08/the-forgotten-hayek-an-antidote-for-the-new-populism/#6efaca40695e

 

A few months ago I described in this column many of the academic and think tank efforts which were inspired by F. A. Hayek (1899-1992). I also mentioned that Hayek played a major role in the freedom movement thanks to his effort to create the Mont Pelerin Society (MPS) in 1947. The society is meeting these days in Seoul, South Korea, which coincides with the date of Hayek’s birthday (May 8) so it is a good occasion to recall some of his forgotten or neglected views.

Several of the think tanks that have been more influenced by Hayek’s views are in Central and Eastern Europe where part of the intellectual and policy debate is reminiscent to what was taking place in the 1940s. On one side we have the globalization champions who see themselves as the champions of reason. On the other we have political forces which try to defend their local national customs, including their religious traditions. In several cases, especially in Hungary and Poland, the reactions of the traditionalists have led to the rise of new kinds of populism. What led to the reaction of the electorate in these and other countries?

At the first MPS meeting, 70 years ago, Hayek warned about an “intolerant and fierce rationalism which in particular is responsible for the gulf which particularly on the [European] Continent has for several generations driven most religious people from the liberal movement and into truly reactionary camps in which they felt little at home. I am convinced that unless this breach between true liberal and religious convictions can be heeled there is no hope for a revival of liberal forces.”

Might Hayek’s views that true liberals and religious people need to seek understanding and work together be a way to block the surge and consolidation in power of “truly reactionary camps?”

Hayek was a great admirer of Alexis De Tocqueville (1805-1859). So much so that the name he wanted for what became the MPS was the Acton-Tocqueville society. When that name was blocked by one sector of his liberal friends, they ended up choosing the name of the mount where the Hotel Du Parc, the conference hotel, was located. Hayek’s view about the need to find common ground between lovers of freedom and religion are reminiscent of Tocqueville who wrote: “What most and always amazes me about my country [France], more especially these last few years, is to see … on the one side men who value morality, religion and order, and upon the other those who love liberty and the equality of men before the law.” He continued writing, “It seems to me, therefore, that one of the finest enterprises of our time would be to demonstrate that these things are not incompatible; that, on the contrary, they are bound together in such a fashion that each of them is weakened by separation from the rest. Such is my basic idea.”

During his career, F.A. Hayek, kept returning to this topic. His understanding that there are truths that we acquire about human liberty from sources other than reason made him respectful of religious traditions. His acceptance speech at the Nobel Prize ceremony was entitled “The Pretense of Knowledge.” It was aimed at cautioning central planners, policy experts and fellow economists, to warn them about the dangers of large scale social engineering. All libertarians, or continental liberals, tend to agree on this point, but many tend to forget the “other” Hayek, who spoke about the knowledge that is acquired through tradition, religion, and other “non-rational” means.

Then as today the promoters of human freedom were divided in matters of faith and liberty. That division has been costly. F.A. Hayek, wrote about the dangers of separating them, “It is, I think, important that we fully realize that the popular liberal creed, more on the Continent and in America than in England, contained many elements which on the one hand led many of its adherents directly into the folds of socialism or nationalism and on the other hand antagonized many who shared the basic values of individual freedom but who were repelled by the aggressive rationalism which would recognize no values except those whose utility  (for an ultimate purpose which was never disclosed) could be demonstrated by individual reason and which presumed that science was competent to tell us not only what is but also what ought to be.”

We can also find the same presumption today in some on the “progressive camp.” This camp includes people from different political leanings, left, center-right, and libertarians. They are the only ones who can define “what ought to be,” the moral rules of a politically correct world. If those with strong religious views bring their views to the political and civic scene, the “progressives” rend their garments and run to Brussels.

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

Alejandro Chafuen

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

During the 1940s, Hayek saw that the problem was rooted in a “false rationalism, which gained influence in the French Revolution and which during the past hundred years has exercised its influence mainly through the twin movements of positivism and Hegelianism.” He saw these rationalist forces as “an expression of an intellectual hubris which is the opposite of that intellectual humility which is the essence of true liberalism and which treats with respect those spontaneous social forces through which the individual creates things greater than he knows. (Hayek, Proceedings of the 1947 Mont Pelerin Society Conference)

Later in 1960, in, Why I am not a Conservative, one of his most famous essays he wrote: “Unlike the rationalism of the French Revolution, true liberalism has no quarrel with religion” he deplored “the militant and essentially illiberal antireligionism [sic] which animated so much of nineteenth-century Continental liberalism. … What distinguishes the liberal from the conservative here is that, however profound his own spiritual beliefs, he will never regard himself as entitled to impose them on others and that for him the spiritual and the temporal are different spheres which ought not to be confused.”

In 1966, in a paper he presented at the Mont Pelerin Society meeting in Tokyo he again wrote about a kind of liberalism which was compatible “with religious beliefs and has often been held and even been developed by men holding strong religious beliefs” criticizing “the ‘Continental’ type of liberalism which “has always been antagonistic to all religion and politically in constant conflict with organized religions.”

Later, in 1983, during the Reagan years, he lectured at the Hoover Institution at Stanford University. The main contention of his essay was “to demonstrate that rationalism may be wrong and that traditional morals may in some respects provide a surer guide to human action than rational knowledge.” He concluded “it is not exaggeration to say that the central aim of socialism is to discredit those traditional morals which keep us alive.”

Although there have been other moments of growth, the greatest leap in civilization took place during the late eighteenth and nineteenth century. During that period, the intellectual elites of many countries began to promote institutions based on a view of the human person that was consistent with individualism and also recognized the religious, social and spiritual aspects of the human being.

I believe that human beings should try to find most answers to their more serious questions through science and reason. But there are other sources of knowledge. Understanding this and respecting those who use these other sources as guide for their civil and political life might take out some steam from the worst populist movements: “those truly reactionary camps” that were a great concern for F.A. Hayek.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

F.A.Hayek, Free-Market Think Tanks, And Intellectual Entrepreneurs

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 16/3/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/03/16/f-a-hayek-free-market-think-tanks-and-intellectual-entrepreneurs/#5d916ae552dc

 

I still recall the first time I heard F.A. Hayek (1899-1992) deliver a major lecture: it was in 1981 at the main hall in the classic building of the old Argentine Stock Exchange. During his presentation, he defended unemployment insurance, especially for those in risky occupations. I was so “radical” at the time after having studied all the books of Ludwig von Mises, Hayek’s mentor and colleague. Hayek’s statement shocked me. I handed in a card with my question and to my surprise, the moderator read it out loud. I’d written, “Ludwig von Mises wrote that in a free and unhampered market occupations with higher risks for unemployment already get a premium in salary, wouldn’t that invalidate the reason you stated?” I was even more surprised when Hayek answered, “as usual, my master was right.” Throughout my life, I’ve had the privilege of meeting many important intellectuals. Intellectual humility is seldom one of their traits. Hayek was different. I decided to learn from his example and began focusing on reading every one of Hayek’s work available to me.

Back in 2014, I wrote about the many think tanks and educational organizations named after Ludwig von Mises. At the time, I listed 25 Mises Institutes around the world. Most of them are still active, though many rely on the talents of one leader and will need to plan transitions for when their founder is no longer present. To my knowledge, the last Mises Institute to pop up was Mises Cuba. Early in February, two of their members were detained and later sent to the Melena II jail, a maximum security prison for political dissidents.

F.A. Hayek overlooking the Pacific Ocean from a cliff during his visit to Lima, Peru, in 1979 invited by Hernando de Soto (Institute for Liberty and Democracy)

F.A. Hayek overlooking the Pacific Ocean from a cliff during his visit to Lima, Peru, in 1979 invited by Hernando de Soto (Institute for Liberty and Democracy)

 

F.A. Hayek is another economist of tremendous relevance in the world of think tanks. Although he never used the term, he was also an intellectual entrepreneur. He inspired others to work professionally to produce and disseminate policy solutions consistent with sound economics and the philosophy of freedom. In addition to his academic publications, which earned him a Nobel Prize in Economics in 1974, his other major claim to fame was the founding of the Mont Pelerin Society in 1947.

Mises’s work inspired the creation of many groups that now carry his name. Hayek, on the other hand, inspired more programs, awards, and scholarships than think tanks. The Hayek Foundation in Slovakia, and the Hayek Institutes in Austria, Italy, and Romania are exceptions. There was also an ambitious effort to build and consolidate a Hayek Foundation in Argentina, but it was dependent on an endowment set up by an aging donor and the heirs changed their minds, so the think tank floundered.

The seeds for the F. A. Hayek Foundation were planted in 1991 but the foundation was formally launched in 1992, during the second year of Slovakia’s economic and political transformation. Jan Oravec, one of the founders and key leaders, explains that at the beginning of the transition from communism, the debate was, “the market versus the mixed economy and radical, fast versus the gradual approach.” The intellectual climate was “crucial in understanding why we opted for Hayek’s name.”

The founders of the think tank supported radical reforms towards the market economy. Oravec adds, “our opponents supported a naive concept of ‘cherry picking’ from both systems and implementing them cautiously and gradually. At that time, Hayek was, in our country, a symbol of pro-market thinking, someone who., better than any of us, formulated and explained the superiority of markets over central planning.” Cultural reasons also helped: “Hayek was of Austrian origin, with experience from our region, very close to us. In addition, he died in March 1992. That resonated much still in May, when we established The F. A. Hayek Foundation.” Oravec is now president of the Entrepreneurs’ Association of Slovakia, which is teaming up with the Hayek Foundation in the Athena project to help reform primary and secondary education. Friends of freedom wish them the same success as they had when helping pass a flat tax in Slovakia.

Hayek Institutes around the world:

There is no room to describe here all the programs of Hayek Institutes in detail. What follows is just a summary.

Well known in classical liberal circles, the Hayek Institute in Austria is behind the Free-Market Road Show, which brings speakers to numerous countries. One year before his death, Hayek recommended the founding the  institute which took place in 1993. The institute also gives a yearly Hayek Lifetime Achievement Award.   Its homonym in Romania, founded in 2011 in Iasi, has an active publication and translation agenda, not only of Hayek’s books but also works by Murray Rothbard, Carl Menger, and other Austrian or Austrian-inspired authors. Their annual meeting is usually in May, and they will be soon hosting the “Free-Market Road Show” with their Austrian peers.

Hayek inspired a businessman of his time, Antony Fisher, to become an intellectual entrepreneur. Fisher founded the Institute of Economic Affairs in the UK, what is now the Manhattan Institute in New York, and several others. Fisher loved the Austrian economics of Mises and Hayek, but for him, arguments should be about right or wrong, not about Mises vs. Hayek vs. Friedman. He did not like partisan disputes and was not involved in opening any Hayek or Mises Institutes.

The Manhattan Institute, which was founded by Antony Fisher in 1978, has a Hayek Book Prize that honors the publication that best reflects Hayek’s vision of economic and individual liberty. The Fraser Institute, where Fisher played an important role during its early years, has a program, Essential Hayek, which explains Hayek’s teachings to the educated layperson in simple terms and with short videos.

Country Effort Organization Type
Austria Hayek Institut Hayek Institut Think Tank
Brasil Instituto Hayek Brasil Instituto Hayek Brasil Facebook Page
Canada Essential Hayek Fraser Institute Think Tank Program
Chile Cátedra Friedrich A. Hayek Universidad Adolfo Ibáñez Academic Program
Italy Fondazione Hayek Italia Fondazione Hayek Italia Think Tank
Romania Hayek Institute Institul Friedrich Hayek Romania Think Tank
Slovakia F.A. Hayek Foundation Nadácia F.A. Hayeka Think Tank
United Kingdom LSE Student Union Hayek Society London School of Economics Student outreach
United Kingdom Hayek Annual Memorial Lecture Institute of Economic Affairs Think Tank Program
USA Hayek Fund for Scholars Institute for Humane Studies Academic Program
USA Hayek Center Greg Ransom blog Personal blog
USA Hayek Lecture and Book Prize Manhattan Institute Think Tank Program
USA Hayek PPE Mercatus Academic Program
USA Collected Works of F.A. Hayek University of Chicago Publications
USA On Line Library of Liberty Liberty Fund Publications
       

During a visit to Lima, Peru, in 1979, Hayek encouraged Hernando de Soto to get in touch with Fisher. De Soto founded the Instituto Libertad y Democracia which changed development economics for good. Today, universities and university-based centers are also helping preserve and disseminate Hayek’s legacy. In Guatemala, the New Media center at the Universidad Francisco Marroquín (UFM) is the host of an educational video in English and Spanish describing Hayek’s major contributions. The video, entitled “Hayek’s Freedom Philosopher,” has been used in many classes; before a change in the video platform, it had been viewed over 30K times. The media center also hosts an outstanding collection of Hayek interviews, most conducted by eminent figures such as the late Nobel Laureate James Buchanan as well as the late Robert Bork. In Chile, the Universidad Adolfo Ibáñez, where he was an Honorary Professor, recently created a Hayek Chair. Axel Kaiser, executive director of Fundación Progreso, and prolific author, is the director of the Cátedra Friedrich A. Hayek.

In the United States, two centers affiliated with George Mason University have their own programs named after Hayek: Mercatus and the Institute for Humane Studies (IHS). The former has the “F. A. Hayek Program for Advanced Study in Philosophy, Politics, and Economics” (which wins the award as the prize with the longest name), usually known as Hayek PPE. I asked Peter Boettke, current President of the Mont Pelerin Society and director of the program, about its goals. He said, “we have long described our research emphasis with the PPE label (philosophy, politics, and economics). Hayek’s work stood in this tradition, as can be seen in his books, studies in PPE, and then [his book] New Studies.  Since my student days, I found inspiration in these works, so I thought this was the way we should train young economic scholars to be able to contribute to scholarship along these lines. So the [Hayek’s name] was used to signal methodological and analytical commitments as well as social philosophical questions.”

IHS has a Hayek Fund, which provides small grants to help with conference fees and other career-related expenses for PhD students or junior faculty members who have previously participated in its programs. There are also material tributes to Hayek: two Hayek Auditoriums, one at the Cato Institute and one at UFM. Hayek also lent his name to and was part of several think tanks, usually with an academic focus, from the Walter Eucken Institute in Germany, to the honorary presidency of the Academic board of the Centro de Estudios Públicos in Chile.

Hayek taught at major universities in Chicago, Freiburg, and London. The University of Chicago, which owns many of Hayek’s copyrights, has a publishing project titled “The Collected Works of F.A. Hayek.” The current general editor is Bruce Caldwell, who has produced outstanding versions of Hayek’s books. The London School of Economics, where Hayek taught between 1931 and 1950, has a student group named after him. I could not find a single program named after Hayek at the University of Freiburg.

In 1981, F.A. Hayek visited Argentina for the release of a Spanish edition of his book "New Studies", here with the author Alejandro Chafuen, at ESEADE business school. Hayek was the president of ESEADE's academic council until his death in 1992.

Alejandro Chafuen

In 1981, F.A. Hayek visited Argentina for the release of a Spanish edition of his book “New Studies”, here with the author Alejandro Chafuen, at ESEADE business school. Hayek was the president of ESEADE’s academic council until his death in 1992.

What might explain the difference in the diverse appeal of Hayek and Mises in having their names used as free-market think tank brands? Could it be the more open-ended conclusions and unanswered questions in Hayekian teachings compared with the apparent certainty of Misesian economics? Could it be that certainty has more appeal as a driving force for a think tank? Hayek seems much more moderate and cautious in reaching conclusions. He accepts the creation of a safety net, as long as some conditions are met, like open entry and no monopoly in the provision of the services. Hayek respects tradition and evolution. Mises also accepted transitory middle-of-the-road solutions, among others, retaliatory tariffs and gradual rather than radical liberalization (in his plan for Mexico). These were usually offered when he acted as a consultant more than a theoretician. Nevertheless, in his main treatise, Human Action, Mises defended military conscription, as at the time he was writing, Western civilization was being challenged by the National Socialist and Communist menace.

I regard Peter Boettke as the major driving force in Austrian economics today. At Grove City College, he studied under Hans Sennholz, a leading disciple of Von Mises, but Boettke is also very comfortable with Hayekian approaches to economics and the philosophy of freedom. I asked Boettke about the different inspiration that one gets from Mises and Hayek.

Boettke thinks that indirectly, Hayek inspired more think tanks that focus on policy work while those who like more ideological work tended to follow Mises. He writes, “I think Mises is a more galvanizing ideological figure, whereas Hayek inspires scholars and academics,” and adds “I think Mises can also inspire academics, witness [Israel] Kirzner but also all his students from Vienna including Hayek. But this requires more work. We don’t immediately see the Mises of Theory of Money and Credit, or Epistemological Problems, or even Socialism, Liberalism, Interventionism, Bureaucracy, and Omnipotent Government. We don’t read how he gave rise to Lionel Robbins, Fritz Machlup, Gottfried Haberler, or Oskar Morgenstern, but instead we read him as an icon who opposed any deviation from laissez-faire. So he becomes a galvanizing figure.” I concur with his views.

At the end, given Hayek’s role in inspiring Fisher, and the latter’s role in creating an organization that helps individuals start and manage institutes , one can conclude that both Mises and Hayek have been a great inspiration for think tanks and academic centers. The intellectual entrepreneurs who work for a free society have a rich intellectual fountain in F. A. Hayek.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

El liberal uruguayo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 14/1/17 en  en El País de Montevideo. Edición impresa.

 

Cada tanto tiempo aparecen en muy diversos lugares personas que dejan una huella profunda en las mentes de sus congéneres. Es como dice en la Biblia -Isaías (1:9)- cuando alude a “un reducto minúsculo” que será la esperanza para mantener valores y principios que las mayorías circunstanciales suelen rechazar. El coraje moral de pocas personas permite mantener viva la llama.

En el caso que ahora nos ocupa, el de una extraordinaria personalidad: Ramón Díaz, se destaca nítidamente en la historia uruguaya reciente quien acaba de morir, ha dedicado parte importante de su vida a mostrar las ventajas de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Un gran liberal que trascendió en mucho las fronteras de su país.

Fue presidente de la internacional asociación liberal Mont Pelerin Society fundada en la segunda posguerra por el premio Nobel en economía Fredrich Hayek, secundado por eminentes economistas y cientistas sociales como Milton Friedman, Ludwig von Mises, Leonard Read, Wilhelm Röpke y Frank Knight.

Personalmente lo conocí en una de las reuniones de esa asociación de la que fui miembro del Consejo Directivo. Me invitó varias veces a dictar clases en la Universidad Católica de Uruguay donde mantenía una cátedra regular de economía, período en el cual escribió su obra cumbre sobre la historia económica uruguaya que ha servido como uno de los textos más valiosos del recorrido económico del país hermano. Me honró al sugerir mi nombre para integrar la Academia Nacional de Economía del Uruguay que presidió y de la que soy miembro correspondiente.

Cuando murió mi padre se publicó un libro en su homenaje al que Ramón fue invitado a contribuir. Su emotivo trabajo se tituló “Un pionero de la libertad” en referencia al homenajeado donde lo abre afirmando que Adam Smith inició el debate sistematizado sobre la trascendencia del mercado libre a contracorriente del denominado “mercantilismo” que hoy podemos denominar populismo o simplemente estatismo que contienen todas las falacias que seguimos desafortunadamente discutiendo hoy.

Nuestro mundo sigue empecinado en gastos públicos astronómicos en el contexto de reclamos por “Estados presentes” como si no se percatara de que el Estado es el vecino que financia todo ya que ningún gobernante pone de su peculio (más bien se suele llevar recursos a sus arcas personales que pertenecen al erario público). A esto se agrega un colosal endeudamiento estatal que compromete futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para seleccionar al gobierno que contrajo la deuda. Como si esto fuera poco, la presión tributaria se torna insoportable en vista de la manía gubernamental de entrometerse en los más mínimos recovecos de la vida privada en lugar de concentrarse en la Justicia y la seguridad que son las áreas que generalmente no atiende. Y solo para mencionar algunos desvíos, los aparatos estatales imponen restricciones al comercio exterior como si fuera una gracia obligar a los locales a comprar más caro y de peor calidad bajo presión de pseudoempresarios que pretenden mercados cautivos a expensas de su prójimo. En otros términos, después de más de trescientos años desde Adam Smith y con argumentos muy reforzados desde entonces, resulta que retornamos al mercantilismo del siglo XVII que hoy opera bajo el rótulo del nacionalismo, el socialismo o el Estado Benefactor (esto último una contradicción en los términos puesto que la fuerza no puede hacer beneficencia).

Vivimos la era de los megalómanos que con una arrogancia superlativa imponen lo que debe hacer cada cual con su vida y el fruto de su trabajo. Miran con desconfianza la coordinación del mercado abierto y se entrometen con lo que generan escasez y desperdicio de capital lo cual se traduce en una inexorable reducción de salarios puesto que estos dependen de las tasas de capitalización. Se encaprichan por la llamada “redistribución de ingresos” situación que necesariamente significa que se contradicen las indicaciones que los consumidores llevan a cabo en el supermercado y afines. Como se ha dicho “la primera regla de la economía es que los bienes no son sobreabundantes y la primera regla de la política es desconocer la primera regla de la economía”.

Cuando fui rector de la institución de posgrado Eseade (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) el primer profesor invitado fue Ramón Díaz, quien pronunció su conferencia inaugural sobre los daños que produjo la Cepal en América Latina al insistir en políticas estatistas especialmente en cuanto al sector externo, pero no solo respecto a la manipulación cambiaria y arancelaria sino también en cuanto a la multiplicación de empresas estatales que están siempre fuera del mercado.

Recuerdo la emoción que todos sentimos con esa presentación inicial en una casa de estudios que recién comenzaba sus maestrías. A raíz de una de las preguntas de uno de los alumnos que se interesó por conocer la diferencia entra el liberalismo político y el económico, Ramón explicó con claridad meridiana el tema. Señaló que el liberalismo es inescindible y que el así llamado “liberalismo político” alude al continente, es decir, a la libertad de expresión del pensamiento, al Estado de Derecho, a la división e independencia de los poderes y equivalentes, mientras que el “liberalismo económico” se dirige a la libertad de los mercados, a saber, que cada uno pueda usar y disponer de lo propio sin que se lesionen derechos de terceros. A continuación Ramón preguntó a la audiencia para que sirve el continente (la libertad política) si no es para proteger el contenido (las acciones diarias de la gente para disponer de su propiedad).

Despedimos al amigo que, fuera de sus dotes profesionales, fue una excelente persona. Ha sido un privilegio conocerlo y aprender de su notable versación.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

ANTHONY DE JASAY: UNA MENTE ORIGINAL

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se trata de uno de los intelectuales más sobresalientes en el campo de las ciencias sociales, específicamente de la economía y la ciencia política. De Jasay nació en Hungría en 1925, en Budapest completó su carrera de grado en ciencias agrarias y trabajó de periodista hasta que tuvo que fugarse de la opresión soviética en 1948. Se radicó en Austria durante dos años, luego de lo cual viajó a Australia país en el que estudió economía en la Universidad de Western Australia donde permaneció hasta que fue invitado como Research Fellow en el Nuffield College de la Universidad de Oxford, casa de estudios en la que permaneció de 1955 a 1962, período en el que publicó diversos trabajos en el Economic Journal y en el Journal of Political Economy.

 

En 1962 se radicó en Paris donde operó como banquero y financista hasta que en 1979 se mudó a Normandía, allí escribió sus obras más relevantes que fueron The State (Basil Blackwell, 1985), Social Contract, Free Ride: A Study of the Public Good Problem (Clarendon Press, 1989),  Market Socialism: A Scrutiny (Institute for Economic Affairs, 1990), Choice, Contract and Consent: A Restatement of Liberalism (Institute for Economic Affairs, 1991), las colecciones de ensayos bajo los títulos de Against Politics (Routledge, 1997) y Justice and its Sunrroundings (Liberty Fund, 2002). Esta última institución de Indianapolis, recientemente agregó dos nuevas colecciones bajo los títulos Economic Sense and Non Sense y Social Justice and the Indian Rope Trick.

 

La dedicatoria de uno de mis libros (sobre Jean Gustave Courcelle-Seneuil) publicado hace cinco años por la Universidad del Desarrollo en Chile rezaba así: “En homenaje al insigne maestro Anthony de Jasay, el más original, prolífico y sofisticado de los autores contemporáneos en el área de las ciencias sociales”.  Siendo rector de ESEADE lo invité a dictar clase, traduje varios de sus ensayos en la revista académica Libertas, organicé un seminario patrocinado por Liberty Fund en Buenos Aires en el entonces Plaza Hotel, dedicado a estudiar uno de sus libros en el que estuvieron presentes, entre otros, el propio autor, el premio Nobel  en economía James M. Buchanan, Hartmut Kliemt, Bruce Benson, Guido Pincione. Lo encontré en diversos foros, lo invité en mi carácter de miembro del Programa Académico de la Mont Pelerin Society como orador a la reunión en Río de Janeiro y tuvo la generosidad de comentar por la vía epistolar un ensayo de mi autoria que preparé para un seminario en el que participé en Seúl en 1995, trabajo titulado “Towards a Theory of Autogovernment” (publicado en Values and the Social Order, Aldershot, UK, Avebury Series in Philosophy, 1997, Gerard Radnitzky, ed., libro para el que también escribió de Jasay aunque no pudo estar presente en esa oportunidad). Seminario en el que tuvieron una destacada participación presencial Gordon Tullock, Antony Flew, Angelo Petroni, el antes mencionado Bruce Benson y Hans-Hermann Hope.

 

Para una magnífica síntesis del pensamiento de este tratadista al que hoy rendimos homenaje, puede consultarse la entrevista que le realizó Harmut Kliemt en “The Intellectual Portrait Series” A Conversation with Anthony de Jasay también de Liberty Fund. Por su parte, James M. Buchanan escribe sobre la antedicha Against Politics que “Aquí se encuentra la filosofía política como debería ser: temas serios discutidos con elocuencia, agudeza, coraje y un genuino conocimiento” y Richard A. Epstein anota sobre el mismo libro que “Su posición corresponde a una minoría sobresaliente de pensadores serios […] Los liberales clásicos partidarios del gobierno limitado siempre están empujados desde la izquierda, pero es importante reconocer que uno de los desafíos más potentes provienen del otro lado del espectro político”.

 

En estos temas como en otros, debe estudiarse con la mente abierta y sin prejuicios. Puede concordarse o no con el autor pero primero es menester escuchar con atención y sin telarañas mentales sus sofisticada y sesuda argumentación basada principalmente en la teoría de los juegos. Hay tres pasajes de Anthony de Jasay -Tony para los que tuvimos el privilegio de conocerlo- que ilustran y resumen muy bien el eje central de su tesis. En su ensayo titulado “La amarga medicina de la libertad” dice de Jasay que “Amamos la retórica y la palabrería de la libertad a la que damos rienda suelta más allá de la sobriedad y el buen gusto, pero está abierto a serias dudas si realmente aceptamos el contenido sustantivo de la libertad”. En el titulado “Hayek: algunas piezas ausentes” concluye que “La teoría más reciente sugiere que incluso el cumplimiento de contratos puede proveerse voluntariamente por parte de aquellos que pretenden beneficiarse con el respeto a esos arreglos, y no hay evidencia que un poder estatal organizado para su cumplimiento sea más eficiente y menos gravosos en términos de costos totales de transacción respecto a la provisión descentralizada y privada”, trabajos en los que trata de modo magistral las diversas facetas del dilema del prisionero, los bienes públicos, las asimetrías de la información y la externalidades en el contexto de lo que se ha denominado “la elección racional”.

 

Por último, la tercera cita la tomamos de una entrevista que en 2011 Aschwin Wolf concretó en The Independent Review (16, No. 2, otoño) en el que de Jasay consigna que “se elaboran bellísimas constituciones basadas en valores liberales como la libertad, la propiedad y el estado de derecho, la  independencia del poder judicial y así sucesivamente, explicando la superioridad moral y las ventajas prácticas del orden liberal que una constitución de este tipo produciría, lo cual muestra una confianza y una ingenuidad patéticas en que la constitución soñada producirá el resultado soñado”.

 

Desde luego que no es cuestión de rechazar sin más los detenidos estudios de Anthony de Jasay, lo cual demostraría cerrazón mental, escasa profesionalidad y muy poco entrenamiento académico, sino que su producción demanda análisis con detenimiento, digerirlos y, en su caso, discutirlos. Como queda dicho, puede coincidirse o disentir con el autor, pero lo que no puede desconocer el académico actualizado y vinculado a las ciencias sociales es la producción intelectual de este autor. En el mundo académico propiamente dicho, se coincida o no con trabajos de estatura intelectual, la averiguación está siempre abierta para examinar y debatir nuevas líneas de investigación.

 

Las ponderaciones sobre su obra son de muy diversas procedencias intelectuales: Roderik T. Long afirma que su trabajo “es inusualmente rico, provocativo y cubre un vasto territorio”, el antes referido Aschwin Wolf sostiene que “es el más grande pensador social de nuestro tiempo” y Frank van Dun concluye que “es uno de los más poderosos pensadores en temas políticos y sociales de todas las épocas”.

 

No en todos los casos los escritos de este autor son de fácil comprensión. A mí por lo menos, buena parte de sus textos me resultan dificultosos y me exigen varias lecturas para entender el significado de lo escrito. La versación de Anthony de Jasay es notable, sus miradas son siempre originales y su grado de elaboración para las explicaciones, argumentaciones de gran calado y concatenación de razonamientos resultan en verdad llamativas.

 

En el trabajo aludido de este autor sobre esa contradicción en términos conocida como “socialismo de mercado”, entre otras muchas cosas, explica lo autodestructivo que resulta la manía de sostener que aún aplicando la guillotina horizontal puede funcionar la competitividad. De Jasay refuta la peregrina idea de que es posible largar en la carrera por la vida desde posiciones patrimoniales niveladas por los gobiernos y, al mismo tiempo, cada cual estará incentivado a participar en el evento esforzándose por ganarlo, sin percibir que si se es consistente con las antedichas nivelaciones habrá que proceder de igual manera a la largada de la siguiente carrera con lo que se bloquea la posibilidad de que los ganadores trasmitan su patrimonio a la próxima generación, lo cual destruye los necesarios incentivos para el certamen (por si fuera de algún interés, consigno al margen que mi tesis de doctorado en economía aprobada en la Universidad Católica Argentina se tituló Influencia del socialismo de mercado en el mundo contemporáneo: una revisión crítica de sus ejes centrales).

 

De Jasay me recomendó muy diversas lecturas en distintas ocasiones. Todas fueron muy provechosas para mí. La última sugerencia fue la obra de Leslie Green The Authority of the State publicada por Oxford University Press de la que destaco muy especialmente el texto bajo el siguiente subtítulo: “The Prisoner´s Dilemma Dilemmas”, una cadena argumentativa densa pero sumamente fértil y elocuente.

 

En lo personal, ni bien se publicó el libro de mayor difusión de Thomas Piketty sobre el igualitarismo, escribí una crítica y después de ello he leído varios ensayos de gran valor sobre el tema, algunos centrados en puntos conceptuales y otros apuntan a su manejo (o desmanejo) estadístico, pero recientemente he leído el formidable de Anthony de Jasay que me parece el mejor de todos de lejos: “The Python that Eats Itself by the Tail: A Self-Contradictory Theory of Capitalism”.

 

Hace poco, Carlos Rodríguez Braun me propuso desde España que editemos juntos en castellano ensayos de este coloso del pensamiento. Aun no hemos conseguido financiación para lograr este objetivo. De Jasay estaba informado de este proyecto que recibió con entusiasmo, lo cual puso de manifiesto en varios correos que nos ha enviado a los dos con diversas reflexiones sumamente atinadas.

 

Lo dicho hasta aquí basta para una nota periodística sobre este escudriñador de la economía y la filosofía política que se ha apartado de la visión convencional para invitar a la exploración de un paradigma y un andamiaje conceptual diferente. Es inmensa la gratitud de  todos los que tuvimos el placer de tratarlo. Como queda consignado, hasta hace muy poco hemos mantenido numerosos contactos por la vía electrónica, a pesar de su edad y las dificultades que venía arrastrando en su capacidad ocular y otros problemas de salud más recientes (en uno  de mis últimos contactos epistolares le comenté un  libro reciente –The Problem of Political Authority de Michael Huemer- a lo que me contestó que ya no podía leer y que sus mails se los leían y se los escribían (conjeturo que su encantadora mujer a quien conocí en Cannes hace años). De cualquier modo, siempre fue muy solícito y generoso para atender consultas y comentarios varios. Sus enseñanzas perduran y algún día serán reconocidas más allá del mundo académico.  Recuerdo que hacen ya muchos años, la primera vez que escuché hablar del autor que vengo comentando fue por una recomendación de Emilio Pacheco, en vuelo Buenos Aires-Bariloche para un seminario en esta última ciudad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

70 Years Later, Peron’s Politics Still Reign In Argentina

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 22/10/15 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/10/22/argentinean-2015-presidential-election-uncertain-change-or-peronist-continuity/

 

Argentina is a nation that, for its potential, should be able to shine as its name: the “Silver Nation.” Yet as the elections this Sunday will prove, the country is stuck in the slime of a corrupt political culture: Peronism.

According to the most recent polls, approximately 60% of the votes of the first round of the presidential election will go to the two candidates aligned with the Justicialista Party, founded by General Juan Domingo Peron (1895-1974). Around 30% of the votes will go to Cambiemos, a coalition that would, in the United States, be considered centrist with a tilt to the left in social values and to the right in economics. Its leader, Mauricio Macri, who has been governing the city of Buenos Aires, recently paid tribute to Peron’s memory while attending the unveiling of a statue in his honor.

The story goes that a foreign journalist interviewed President Peron during the peak of his first “democratic dictatorship” (1946-1955). He asked Peron to describe the Argentine political scene. In his affable and convincing tone, the president answered: “Close to forty percent are conservatives, then we have the radicals, near thirty percent, they are a centrist party founded in 1890, we also have the socialists, also moderate, around ten percent, we also have some Christian Democrats and some Liberals …” the journalist interrupted, “Excuse me Mr. President, aren’t you forgetting the Peronists?” “Peronists? They are All Peronists!” the president quipped wittingly.

A few different versions of this story exist, but they all describe the same sad reality, which continues to reign true today, 70 years later. Some of the distinguishing aspects of the Peronist culture—a third way economic system, a cult of the leader, a rhetoric of “social justice,” and a penchant for seeking foreign enemies to blame for local ills—continue to color the Argentine political scene.

Peronism has been able to dominate Argentine politics because it is based more on interests and feelings than on a strict ideology. Depending on circumstances, the ideology can accommodate the extreme right or the extreme left. Some of its figures have also flirted with free-market views. Take the two leading candidates and two additional political figures of the “departing” Cristina Kirchner administration. Daniel Scioli, former vice president, and current governor of the Buenos Aires province, who is currently ahead in the polls, used to be the de facto ambassador of the administration (1989-1999) of Carlos Saul Menem to most gatherings with U.S. free-market conservatives. Menem was the Peronist who led numerous privatizations, from the post office to the oil company—many of them crony. At the time, his government was hailed and praised in capitalist neo-liberal circles. Scioli attended the U.S. Republican conventions and many other meetings with pro free-market policy leaders. Despite being Kirchner’s favorite candidate, though, he is not the most trusted ally.

Sergio Massa is running third in the polls with almost 20% of the vote. During his youth, he was a member of UCEDE, a pro free-market party founded by Alvaro Alsogaray, a prominent Argentine figure of the Mont Pelerin Society, the elite libertarian and classical liberal group. He later joined the Peronists and occupied relevant positions in the governments of Nestor and Cristina Kirchner. The current Argentine Vice President, Amado Boudou, was also a member of UCEDE, and got his master’s degree at CEMA, a graduate school aligned with the Chicago School of Economics. Another prominent figure in the Kirchner administration, Jorge Capitanich, now Governor of the Chaco Province, graduated from ESEADE, a business school founded by another Mont Pelerin Society member with Austrian School leanings. Capitanich even had a short tenure as an ESEADE trustee.

For lovers of free-enterprise, Argentina is a very frustrating case. Milton Friedman, who was very open to travelling abroad to give advice, never once went there. I once acted as an intermediary for Fundación Libertad, trying to attract him for a visit by offering a very substantial fee. He had gone to Chile, Mexico, and Peru almost for free. Yet he decided against it. He told me, “Argentina has a large amount of talented economists; I know many who graduated with honors from the University of Chicago. You also have the Austrians, and several Mont Pelerin Society members. If Argentineans do not do the right thing it is because they do not want to do the right thing.” Argentina is also one of the countries in the world with the highest number of free-market think tanks per capita.

By kneeling in Peronist altars, Mauricio Macri increased the pain of those who still cherish an Argentine Republic that rose to glory by embracing free-society principles and practices. Macri leads the Cambiemos (Let’s Change) coalition, which includes some traditional and less populist parties. They tend to be more respectful of institutions, and of checks and balances. If they manage to come up within ten percent of the winner of Sunday’s election, Cambiemos has a chance to win in a second round. If that is the case, then we can expect a change in country’s direction.

Few things are more important for the Argentine economy than eliminating exchange controls, and the multiple exchange rates which have fueled immense corruption and created damaging bottlenecks. By providing undervalued foreign currency to allies, the Kirchner administration had an easy tool to buy votes and enrich cronies. Agustin Etchebarne, of the think tank Libertad y Progreso, believes that under a Macri administration there would likely be a reduction or elimination of numerous subsidies to energy, transport, and other government-controlled services, “this will have two effects: higher prices will affect salaries, leading to a contraction of consumption. On the other hand, more realistic prices will benefit energy-producing provinces and generate a more transparent and credible economic climate. It will make it easier for Argentina to regain some credibility to settle with remaining creditors and reach an agreement with the Paris Club.”

With the commodities boom over and with its trading partners growing very slowly or in stagnation, Argentina will need access to credit. Salvador Di Stefano, an economics consultant formerly with the Fundacion Libertad think tank, speculates that if Scioli wins, one of his allies, economist Mario Blejer, former president of the Argentine Central Bank, would likely be appointed UK ambassador. Blejer will try to lead Argentina’s effort to borrow in London, seeking to bypass the jurisdiction of U.S. courts, which ruled that Argentina must first settle with its creditors. Di Stefano also expects a “blanqueo” (literally “whitewash”), which would forgive taxes on repatriated undeclared money, and is expected to attract $15 to $30 billion. This official avenue for money laundering can give a temporary push and compensate for other adjustments.

Going to issues beyond economics, few expect major changes. As Iranian groups have been accused of committing terrorist acts in Argentina, some, like Joseph Humire of theCenter for a Secure Free Society, have been tracking their influence. Humire does not expect much: “Iran is entrenched in Argentina’s intelligence and judicial system. They have been there for 30 years. The new Argentine government would have to clean house but that might cause more problems than what is politically expedient. Your everyday Argentine doesn’t seem to worry much about Iran, even though they’ve attacked Argentina three times. It’s a problem.”

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

OTRO LIBRO DE PIKETTY

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Afortunadamente esta vez son solo 190 páginas en la edición argentina del Siglo Veintiuno Editores y no el mamotreto de su obra más conocida que comentamos en su oportunidad junto a muchos otros reviews críticos y favorables. Esta vez se titula La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza. Repite aquí mucho de lo ya dicho pero conjeturo que el editor lo ha estimulado al autor para publicar dado el momento de su éxito en librerías (lo debe haber conminado en el sentido de now or never).

 

El lenguaje que Piketty utiliza en este nuevo trabajo es más directo y provocativo (y si se quiere panfletario) respecto a su obra anterior por lo que nosotros también recurrimos a expresiones más contundentes y menos sofisticadas de las que empleamos en nuestro estudio del libro anterior.

 

Abre su nuevo escrito con una oda a la justicia social como eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”. Piketty recurre al término en  este último sentido con lo cual da por tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social” seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo,  como, por ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los derechos sociales etc.

 

A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas “conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo, Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y eventualmente morirse por inanición  por no encontrar trabajo en ninguna parte.

 

Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que las compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”. Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de los sicarios nazis.

 

Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX, aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de incrementar salarios e ingresos en términos reales.

 

Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica aristotélica ni que le ocurre en la mente al hijo de un proletario y una burguesa ni que sucede en la mente de una proletaria que se gana la lotería. Por eso es mucho más preciso aludir a gente con diversos ingresos pero no a “clase” que, por otra parte, es estúpido referirse a la “clase alta”, repugnante hacerlo con la “clase baja” y anodino hacerlo con la “clase media”. Los nazis después de una serie de galimatías clasificatorios, al comprobar que había que tatuar y rapar a las víctimas como única manera en lo físico de distinguirlas de sus victimarios, optaron por adoptar la visión marxista y llegaron a la peregrina conclusión que la diferencia entre el ario y el semita es “de carácter mental”.

 

Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad social se torna indispensable.

 

Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.

 

Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países no solo es injusta sino también ineficaz?”.

 

En realidad agradecemos este lenguaje más directo y contundente puesto que pone de relieve con mayor claridad hacia donde apunta el autor a que nos venimos refiriendo. La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones. El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se administran. El que acierta en los deseos y necesidades de su prójimo obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos incrementarán o dilapidarán lo recibido.

 

También en la última cita, Piketty pone de relieve que considera ineficaz al mercado, es decir, las decisiones cotidianas de la gente en los supermercados y afines, para dar lugar a las decisiones prepotentes de los megalómanos en el poder, tal vez con la esperanza de que ese mismo autor y sus colegas sean designados para administrar vidas y haciendas ajenas, tal como lo vaticinó hace mucho tiempo Robert Nozick en su trabajo sobre los intelectuales y el capitalismo.

 

En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes mejores. Asimismo, sostienen que si se liquidaran organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, aquellos gobiernos se verían forzados a modificar sus políticas con lo que repatriarían a su gente y los capitales fugados, al tiempo que recibirían préstamos sobre bases sólidas (a pesar de que Piketty subraya que eso solo tendría lugar “si el mercado de crédito fuera plenamente eficaz –es decir si llegase a invertirse capital cada vez que existe una inversión rentable”).

 

Dicho sea al pasar, acabo de exponer sobre la manía del igualitarismo en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en Lima que titulé “In Defense of Income and Wealth Inequality”. Otra vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter Lewis y más recientemente el magnífico aporte de Anthony de Jasay (en Liberty Fund) y el de Mathew Rognlie (en Brooklyn Institute) que han detectado nuevos errores gruesos en las estadísticas de Piketty.

 

Como una nota al pie, señalo que Claude Robinson -el pionero con George Gallup en materia de encuestas modernas y estadísticas a partir de su tesis doctoral en la Universidad de Columbia- en su libro Understanding Profits revela que en una muestra de cien empresas líderes estadounidenses que representan quince reglones industriales de un ejercicio contable tomado al azar, en su momento reflejaron el siguiente cuadro: de la totalidad del valor de las ventas, 43% se destina a insumos para producir, 2.7% a las amortizaciones de equipos, 0.3% a intereses y otras cargas financieras, 7.1% en impuestos, 40.5% a salarios y otros beneficios a los empleados, 4.0% para dividendos a accionistas y honorarios a directores y 2.4% para reinversión.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

ECONOMÍA EN UNA LECCIÓN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Este es el best-seller de uno de los tantos libros escritos por Henry Hazlitt, un autor sumamente prolífico y notablemente didáctico. Sus obras más conocidas, además de  La economía en una lección que se ha traducido a varios idiomas con abultadas y reiteradas ediciones (la última en castellano por Unión Editorial de Madrid) se destacan  Fundamentos de la moralidad traducida al castellano por el argentino Centro de Estudios sobre la Libertad junto con la Fundación de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y Los errores de la “nueva” economía traducida por la española Ediciones Aguilar, donde este autor estudia y critica línea por línea el trabajo más conocido de Keynes.

 

Hazlitt fue el predecesor de Milton Friedman en sus colaboraciones semanales durante años en Newsweek, también publicaba regularmente en el Wall Street Journal y fue miembro del Consejo Editorial de The New York Times, asimismo fue cofundador de la Mont Pelerin Society y enseñó en centros educativos estadounidenses, latinoamericanos y europeos. En oportunidad de sus 70 años fue agasajado por reconocidos profesores y periodistas en el New York University Club, ocasión en la que enfatizó el peligro del “crecimiento canceroso en el poder del estado”. Visitó Buenos Aires invitado por mi padre en 1960 donde pronunció conferencias en diversos foros las cuales tuvieron amplia repercusión en medios locales.

 

En esta oportunidad nos concentraremos en la primera de las obras mencionadas e insertas en el título de esta nota periodística.  Es un libro escrito para todo público (por eso fue best-seller en varias lenguas) pero con recetas mucho más fértiles que buena parte de los mamotretos incoherentes fabricados por supuestos economistas. Abre el libro aseverando que “la economía se halla asediada por mayor número de sofismas que cualquier otra disciplina cultivada por el hombre”. En el libro de marras Hazlitt pasa revista a las falacias más comunes generalmente desarrolladas por economistas profesionales que han mamado conceptos absurdos y contradictorios que mucho daño hacen a la gente, especialmente a los más necesitados.

 

Comienza por subrayar la importancia de mirar no solo lo que se ve a primera vista sino todos los efectos que en definitiva tienen lugar, evitando así escindirlos del análisis. Por ejemplo, la redistribución de ingresos: si se circunscribe el análisis a los beneficios que recibe el redistribuido no se verán los efectos negativos que se generan debido a los cambios en la asignación de los siempre escasos factores de producción que al desviarse de lo eficiente produce contracción en los salarios de todos. Se ven las instalaciones fastuosas de esta o aquella empresa estatal pero no se ven las abstenciones en la adquisición de otros bienes y servicios deseados por la comunidad al establecerse y como no se puede hacer todo al mismo tiempo, la alteración en las prioridades perjudica a los consumidores y reduce sus niveles de vida.

 

Estudia con detenimiento la falacia de que las obras públicas estimulan el empleo sin ver que hay un desvío fatal desde el sector privado al público con lo que se impone compulsivamente trabajo en el área del aparato estatal en detrimento de lo requerido en el mercado. Explica los graves inconvenientes de los créditos gubernamentales con dineros de la gente, los cuales se otorgan en condiciones que nunca hubiera concedido la banca privada, situación que resulta antieconómica, es decir, se equivale a consumo de capital.

 

Alude a la inflación como un impuesto del que se hacen cargo principalmente los relativamente más pobres debido al impacto que reciben sobre sus magros ingresos y muestra la exclusiva responsabilidad de los aparatos estatales en esta maniobra fraudulenta a pesar de que los gobiernos intentan distraer la atención del foco del mal sobre las espaldas de los comerciantes que se ven obligados a elevar precios en términos nominales debido a la degradación del signo monetario.

 

Se refiere a la trascendencia del ahorro como ingreso no consumido destinado siempre a la inversión, lo cual permite incrementar la productividad y así consumir más y mejor. Esto lo contrasta con la falacia de anteponer el consumo como si fuera la panacea sin percatarse del principio elemental que no resulta posible consumir lo que no se produce y la producción depende de las tasas de inversión.

 

Dedica mucho espacio a la consideración del significado del sistema de precios como elemento coordinador indispensable para conocer que es lo que necesita la gente lo cual pone en evidencia con sus compras y abstenciones de comprar. Si luego de realizadas las consiguientes operaciones el gobierno establece precios,  todas las previas indicaciones naturalmente se distorsionan con lo que el uso de recursos se aparta de los cometidos que habían sido indicados por los consumidores con lo que se genera desperdicio de recursos con el consiguiente deterioro en la situación de la gente. Se refiere a los reiterados fracasos de tales políticas y se sorprende que se sigan adoptando.

 

Pone al descubierto el sofisma referido a la supuesta importancia de exportar al tiempo que se restringen las importaciones sin percibir que lo primero es el costo en que debe incurrirse para lograr lo segundo, del mismo modo que nuestras ventas constituyen nuestros costos para poder adquirir lo que necesitamos. Si previamente no vendemos bienes o servicios no podremos comprar lo que requerimos. En un proceso libre el balance de pagos siempre se encuentra equilibrado puesto que si las exportaciones son menores a las importaciones la diferencia se financia con ingreso de capital. Para que esto pueda funcionar es menester que opere un tipo de cambio libre y no sujeto a las manipulaciones burocráticas que necesariamente distorsionan el comercio exterior.

 

En un capítulo titulado “El odio a la máquina”, nuestro autor señala las falacias implícitas en el argumento que sostiene que la tecnología produce desempleo en lugar de sostener que libra recursos humanos y materiales al efecto de poder encarar otras necesidades, lo cual no podía hacerse antes de la introducción de la nueva tecnología precisamente porque estaban esterilizados en las faenas que ahora ayuda a producir la máquina. Y debe tenerse presente que no hay tal cosa como transiciones especiales en este contexto puesto que todo el proceso económico las transiciones son permanentes: cada uno de los comerciantes y sus empleados están permanentemente considerando cambios para mejorar y cada uno de esos cambios se traducen en transiciones.  Para ilustrar la idea Hazlitt se refiere al caso del invento de las máquinas para el hilado de algodón, tarea que antes se realizaba manualmente, sin embargo los hiladores manuales se ubicaron en otros trabajos y si hoy se liquidaran aquellas maquinarias no habría más empleo sino una caída en los salarios reales (del mismo modo que no es más productivo pescar a los cascotazos en lugar de hacerlo con una red de pescar).

 

En otra de las jugosas secciones del libro elabora sobre el rol de los beneficios y concluye que es fundamental como incentivo para la producción al efecto de que el comerciante los reciba si se adapta a los reclamos de sus congéneres y que incurra en quebrantos si se equivoca en sus decisiones. La cuantía de los mencionados beneficios depende de lo que los consumidores estimen conveniente, por ello es que resultan  tan destructivos los impuestos a las ganancias en lugar de mantener la carga fiscal lo más neutra posible a las decisiones del mercado, es decir,  de la gente.

 

Con una pluma directa y simple, el autor de este pequeño gran libro dirige su mirada al significado del progreso. Se trata de minimizar costos inútiles no de pretender un sistema perfecto, nada está al alcance de la perfección en el mundo terreno, como queda dicho, se trata de no poner palos en las ruedas y eso es precisamente lo que hacen los megalómanos, es decir, los que desde el poder consideran que poseen condiciones muy superiores al resto de los mortales, en otros términos los arrogantes y soberbios que con su entremetimiento en arreglos contractuales privados echan a perder todo la delicada e importante coordinación y con su tremenda ofuscación y ceguera generan miseria con sus siempre discursos altisonantes y guarangos en el sentido orteguiano de la expresión. Entonces Hazlitt observa el progreso como un proceso provocado por ámbitos abiertos en los que la creatividad desempeña un rol crucial y las mejoras en ingresos en términos reales con externalidades positivas que se deben a las tasas de capitalización que generan otros no como una consecuencia buscada sino al buscar la mejora personal de quienes hacen posible esas crecientes tasas. Cada uno persiguiendo su interés personal, en paz y en libertad hacen posible la mejora del prójimo puesto que para progresar deben satisfacer los intereses de terceros.

 

Cierro esta nota con  una noticia que pone al descubierto el peligro de insistir por la senda estatista: el caso griego del que me ocupé en mi última columna semanal pero que ahora menciono desde otro ángulo. El nuevo ministro de finanzas –Yanis Varoufakis, declarado marxista- afirma que su país “está quebrado y es insolvente”, lenguaje que asusta a sus colegas de Bruselas y al FMI pero que es absolutamente correcto; el problema es que las medidas que se anuncian empeorarán en mucho la situación por más que se haya logrado extender el programa de ayuda. La situación actual está bien reflejada en el diseño lúgubre de un supuesto billete del euro fabricado por Stefanos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

The Top Free-Market Institutes: 2014 Rankings:

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 22/1/15 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/01/22/the-top-free-market-institutes-2014-rankings/

 

The 2014 think tank rankings are out. Thousands of policy experts voted for their favorite groups. Over 6,600 groups were listed and less than 300 qualified among the top. Free-market think tanks again got a share of the vote.

Cato was ranked higher among U.S. free-market think tanks, just before the completion of the rankings. But, when adding all areas and topics ranked by the 2014 Global Go To Think Tank Index GGTTI, Heritage came on top with 21 mentions, followed by Cato 20, and the American Enterprise Institute (AEI) with 16. Outside the United States, the Fraser Institute (Canada) is again the leader with 18 mentions, followed by Libertad y Desarrollo, in Chile, with 13.

For some analysts free-market think tanks have been a key instrument of the “Masters of the Universe” (those who want to impose their views). Other see think tanks occupying such a unique place in society that their influence can’t be neglected. The 2014 GGTTI provides a picture of think tanks around the globe and tries to stay above ideological disputes. It includes abundant material to continue the discussion about the forces that try to influence and determine public policy.

The index, compiled by Dr. James McGann at the University of Pennsylvania, is a collaborative effort. Three thousand plus scholars, journalists, policymakers, directors and donors, from around the world helped select and vote for their favorite—and most effective— organizations. In addition, over 1,950 area and regional specialists provided valuable insights and assistance. This year there were 49 categories.

Brookings again won the main award. Some of its work, like their Latin American research which is handled mostly by CERES in Uruguay, can qualify as pro free-market. Yet Brookings prefers to be seen as neutral. This article will be similar to my 2014, and 2013 versions and will only list think tanks that have missions that focus on the promotion and understanding of the benefits of free enterprise and the market process.
Last year the independence of Brookings was called into question as it was revealed that it was receiving considerable sums from foreign government sources. The criticism did not lower their rank. A large number of foreign think tanks also get support from the U.S. government. So, the attacks did not achieve much traction. The U.S. government is not alone, several European countries provide money to foundations which, in turn, conduct programs that benefit foreign think tanks. Free-market think tanks are also beneficiaries of these funds.

I mentioned last year that other organizations have tried to develop competing indices, such as the Center for Global Development. But those efforts also had their weaknesses, and have not been continued.

Although the rankings get most of the media attention, some of the best aspects of this publication appear in the introductory chapters. This time it focuses on an analysis of global trends and new challenges for think tank. It should be mandatory reading for all those interested in the work of think tanks, which means everyone interested in public policy. The table below lists the main points.

After the Fraser Institute and Libertad y Desarrollo, the foreign think tanks with more mentions are: CIDAC, Mexico (13), IMANI, Ghana (10), and the Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE), in Venezuela (9).

Cato (16th), Heritage (17th), Fraser (19th) and AEI (24th), ranked very close in the overall index. If we factor their rankings per budget, Fraser would win hands down. With $10 million in income, Fraser is roughly 1/3 the size of Cato and 1/8 of Heritage.

Free-market think tanks, conservative, libertarian, and classical liberal all scored very well in social policy research and advocacy. Fraser, Cato, Acton, AEI, and Heritage scored closed to the top. Outside North America, Israel Center for Social and Economic Progress and Civitas in the U.K., were the top scorers among free-market groups.
An increasing number of free-market think tanks are conducting advocacy campaigns. At least 12 out of 75 scored well, this time with Heritage ahead of its peers. With most organizations competing to have the best conference, the rankings list the Mont Pelerin Society meetings on top, followed by the Acton Institute (with its Acton University) and then the Atlas Network (which hosts a well-attended Liberty Forum). Atlas also scored on top as the best managed free-market think tank.

As in previous years, there are very few free-market thinks appearing in the rankings in areas of extreme importance. On environment, only two (out of 70), PERC and CEI. On energy one (out of 20), AEI, and on education, only three (out of 50), and a similar weak performance on think tanks with some focus in science and policy. .

There is a growing number of university-based think tanks and centers, but I was able to find only two who are overtly pro free-market, the Hoover Institution, at Stanford University, and the Mercatus Center, at George Mason University. This despite that according to Dr. McGann, over half of the think tanks in the world are affiliated with a university. In future rankings, I expect that we will see additional free-market centers, such as the Free-Market Institute at Texas Tech University, or the Navarra Center for International Development, appearing in this field of the Go To Ranking.
When I began working for Antony Fisher in 1985, the Institute of Economic Affairs, IEA (U.K.), which he founded, was the leading think tank (in 2014 IEA had 4 mentions, up from 1 in 2012) and ILD (Perú) was the rising star (2 mentions, same as 2012). Fisher listed 27 free-market think tanks in his Atlas network. They had a combined budget of $7 million. As the GGTTI shows, much has changed. Free-market think tanks approach the 500 mark, and I estimate the combined budget at close to $1 billion. To influence their respective civil societies they will have to continue enhancing their operations and adapt to the market. Indices such as the GGTTI will have to be perfected and those of us in the industry should not only learn from it but also provide advice, constructive criticism, and collaboration.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.