LA OBRA DE RICHARD PIPES EN NUESTROS DÍAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay autores cuyos escritos conservan actualidad por más que transcurra el tiempo. Son aquellos que van al hueso de las cosas y no se entretienen con lo meramente coyuntural por lo que sus consideraciones abarcan períodos muy extensos puesto que ayudan a reflexionar a las mentes curiosas de cualquier época. Este es, por ejemplo, el caso de Richard Pipes (1923-2018) el eximio profesor de historia en la Universidad de Harvard, nacido en Polonia y radicado desde muy joven en Estados Unidos.

Tuve el privilegio de conocerlo en el congreso anual de la Mont Pelerin Society en Chatanooga (Tennesse) en septiembre de 2003, oportunidad en que ambos presentamos trabajos que expusimos ante el plenario por lo que pude intercambiar ideas durante un almuerzo muy bien organizado en el que participamos los panelistas. Un hombre de una versación formidable y como todo intelectual de peso siempre muy solícito para responder interrogatorios de muy variado tenor.

Sus obras son múltiples pero en esta nota periodística me limito a los tres libros que tengo de su autoría en mi biblioteca, traducidos al castellano. Se trata de Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002), Historia del comunismo (Barcelona, Mondadori, 2001/2002) y La Revolución Rusa (Madrid, Debate, 1990/2016).

El primer libro está consubstanciado con lo mejor de la tradición de pensamiento liberal en el sentido que sin el uso y disposición de lo propio, comenzando por la vida, la exteriorización del propio pensamiento y la plena disposición de los bienes adquiridos legítimamente, sin estos atributos decimos, no hay libertad posible. La libertad es ausencia de coacción por parte de otros hombres ya que el uso de la fuerza agresiva no permite lo anterior.

En este contexto es del caso recordar que Ludwig von  Mises ha demostrado en los años veinte que el socialismo es un imposible técnico ya que la abolición de la propiedad que propugna no permite la existencia de precios y, por ende, no resulta posible la evaluación de proyectos y la contabilidad con lo que no se conoce el grado de despilfarro de capital, en otros términos, no hay tal cosa como economía socialista. Y es importante recalcar que sin necesidad de abolir la propiedad, en la medida en que se daña esta institución crucial se producen efectos adversos en cuanto a desajustes y distorsión de los precios relativos que inexorablemente malguian los siempre escasos factores de producción con lo que los salarios e ingresos en términos reales disminuyen.

En aquella obra sobre la propiedad,  Pipes pasa revista a los instintos de los animales en cuanto a la territorialidad y los correspondientes trabajos de etología, principalmente de Konrad Lorenz y de Nikolas Tinbergen, a la natural noción de propiedad entre los niños y entre los pueblos primitivos a pesar de no contar con registros de propiedad.

Se detiene a considerar el caso del fascismo y el nacionalsocialismo como sistemas en los que se permite “o más bien se tolera” el registro de la propiedad pero en verdad se trata de “una propiedad condicional, bajo la cual el Estado, el propietario en última instancia, se reserva el derecho a intervenir e incluso a confiscar los bienes que a su juicio se usan inadecuadamente”.

Subraya que en el llamado “estado de bienestar” donde “la agresión sobre los derechos de propiedad no siempre es evidente porque se lleva a cabo en nombre del ´bien común´, un concepto elástico, definido por aquellos cuyos intereses sirve”. En la era de las carreras desenfrenadas por los proyectos de ley, pondera al “gran estadista inglés de mediados del siglo xviii, William Pitt el viejo, conde de Chatham, quien fue primer ministro durante ocho años, no elevó un solo proyecto de ley al Parlamento […] como apuntó Frederick  Hayek, todo aumento del alcance del poder estatal, en si y de por si, amenaza la libertad”. Y muestra como las expropiaciones fundadas en ley  “a menudo se asemejan a la confiscación” .

También puntualiza que “el verbo discriminar ha siso politizado hasta tal punto que casi ha perdido su sentido original” y se ha convertido en un ataque a la propiedad de cada cual al restringir la capacidad de elegir, optar y preferir confundiéndose con la discriminación por parte de los aparatos estatales al proceder en sentido contrario a la igualdad ante la ley.

Termina su obra, luego de analizar muy diversos casos históricos, con el tema educativo lamentándose de que “cada vez más las instituciones de la enseñanza superior se encuentran bajo la vigilancia de la burocracia federal”.

En el segundo libro sobre el historial del comunismo, Pipes estudia los casos cubano, chino, chileno de Allende, soviético, de Camboya, Etiopía, Corea del Norte con una documentación muy rigurosa donde pone de manifiesto los resultados calamitosos del sistema.

Explica que “el comunismo no es una buena idea que salió mal, sino una mala idea […] el marxismo, fundamento teórico del comunismo, lleva en si la semilla de su propia destrucción, tal como Marx y Engels le habían atribuido erróneamente al capitalismo”. Finalmente subraya el tema  tan importante de los incentivos perversos inherentes al comunismo por lo que “desarrolla los instintos más rapaces”.

Hago a esta altura una digresión para aludir a Eudocio Ravines (1897-1997), quien fuera Premio Mao y Premio Lenin, cuenta en su autobiografía que su primer paso hacia la conversión fue considerar que el problema radicaba en el mal manejo y el espíritu sanguinario de Stalin. Tardó mucho en percatarse que la raíz del problema estaba en el sistema y no en los administradores.

Pipes cita en esta segunda obra El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Stephane Courtois y sus colegas, un volumen donde se contabilizan más de cien millones de masacrados por el comunismo de 1917 a 1989 además de las asfixias por las feroces represiones y las espantosas hambrunas provocadas por el régimen. Escribe Piper que “los movimientos y regimenes revolucionarios tienden, en cierta medida, a hacerse cada vez más radicales y más implacables. Esto sucede porque, después de sucesivos fracasos, sus dirigentes, en lugar de reexaminar sus premisas fundamentales -dado que son éstas las que proporcionan las bases lógicas de su existencia- prefieren ponerlas en práctica aun con mayor rigor”. Este es el resultado indefectible de la fantasía criminal de producir “el hombre nuevo” y “la felicidad eterna” en base a los aparatos estatales desbocados, cuando en verdad desde la primera restricción a la libertad por más inocente que pueda parecer al comienzo se están sentando las bases para la destrucción moral y material bajo las directivas implacables de los mandones de turno.

El tercer y último libro que comentamos aquí muy brevemente es el que se refiere a la revolución rusa (1045 páginas en la edición referida). Como he apuntado antes en base al monumental obra de Pipes, el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto  del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art.2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder.

Como queda dicho, la obra de Richard Pipes no se agota en los tres libros que hemos mencionado, pero da una idea de la dimensión de las faenas emprendidas por este notable historiador que permiten extraer valiosos enseñanzas para los momentos que actualmente vivimos que con la etiqueta del nacionalismo se vuelven a repetir los errores del pasado.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en  una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Derechos de propiedad y el legado que deja Harold Demsetz

Por Adrián Ravier.  Publicado el 14/1/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Derechos-de-propiedad-y-el-legado-que-deja-Harold-Demsetz-20190113-0023.html

 

Recibí la triste noticia del fallecimiento de Harold Demsetz, un economista nacido en Chicago, quien obtuvo su licenciatura en la Universidad de Illinois y un MBA y un doctorado en Economía en la Universidad Northwstern. Fue
profesor de las universidades de Michigan, de Chicago y en la UCLA, donde dirigió el Departamento de Economía entre 1978 y 1980.

Derechos de propiedad y el legado que deja Harold Demsetz

Sus contribuciones están centradas en el campo de la microeconomía, específicamente en el marco de la teoría de la firma, los derechos de propiedad, los problemas de monopolio y la competencia. Ha sido miembro de la Mont Pelerin Society, fundada por Friedrich Hayek en 1947, y recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, donde tengo la fortuna de ser profesor visitante desde 2007.
Para una nota de prensa como esta, profundizar en las ideas de Harold Demsetz puede parecer demasiado ambicioso. En su lugar, tan sólo tomaré el espacio para sintetizar uno de sus trabajos clásicos, pues pienso que
ofrece un mensaje significativo que muchos economistas aún no han incorporado a su forma de pensar el mundo.

El trabajo se titula “Hacia una teoría de los derechos de propiedad” y trata de la ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica.
Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.

Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas centrales del análisis económico.
Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés. Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requieren un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos.
De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas
pueden beneficiarse o perjudicarse mediante la interacción.
Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o pegándole un tiro.

La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del Estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras
personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou -todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía- por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.
De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.
La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas.
La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles fue motivo de extensos conflictos.
Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza
exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.
Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.
Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la transmisión por herencia.
La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hacen económicos, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.
El autor también trabaja sobre las distintas formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.
Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.
En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos. En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el
autor no profundiza.
En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros.
El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo la propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, ya que se requiere unanimidad.

Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra. ¡Cuán importante resulta Demsetz para la necesaria transformación de la microeconomía moderna!

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Se abre una esperanza en la situación argentina

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 2/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/02/se-abre-una-esperanza-en-la-situacion-argentina/

 

Como es de público conocimiento, este Gobierno viene a los tumbos en los temas medulares desde hace casi tres años. Puedo sintetizar que estos asuntos se refieren al gasto público elefantiásico, las regulaciones asfixiantes, impuestos insoportables, déficit total creciente, deuda estatal galopante y desbarajuste monetario y cambiario.

Este último tema puede estar en vías de solución. Por el hecho de repetir que la inflación monetaria hace estragos y que la pagan con especial contundencia los más débiles no cambia la validez de la afirmación que debe ser reiterada.

Como tantas veces he escrito, el problema radica en la misma existencia de la banca central, puesto que, aun con los funcionarios más probos y honestos, solo pueden decidir entre tres caminos: a qué tasa expandir la base monetaria, a qué tasa contraerla o dejarla inalterada. Cualquiera de los tres caminos alteran los precios relativos: serán distintos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención de la llamada autoridad monetaria. Si se supone que los funcionarios colocaran la base monetaria en los mismos niveles que la gente hubiera preferido, no tiene sentido la intervención para hacer lo mismo con ahorros de gastos administrativos y, además, el único modo de saber qué quiere la gente es dejarla actuar.

Y debe destacarse que el sistema de precios constituye la única forma de establecer señales para los operadores económicos al efecto de conocer dónde es más eficiente asignar los siempre escasos recursos. Desfigurar las señales deteriora la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general. Para resumir, la inflación genera pobreza.

La primara vez que escribí un ensayo extenso sobre la materia fue para el congreso anual de la Mont Pelerin Society, en Sydney, en agosto de 1986, titulado “¿Autoridad monetaria, regla monetaria o moneda de mercado?”, ensayo que también presenté el mismo año en la reunión anual, en Mendoza, de la Asociación Argentina de Economía Política, que se publicó en sus anales. Por otra parte, mi discurso de incorporación a la Academia Nacional de Ciencias Económicos también versó sobre el mismo asunto: “Dolarización, banca central y curso forzoso”.

De eso se trata ahora, según una noticia esperanzadora publicada por Infobae que alude a un contacto entre el actual gobierno y Steve Hanke, destacado profesor en Johns Hopkins University a quien conocí en los noventa, primero en México y luego en Buenos Aires. En aquellas oportunidades tuvimos muchas coincidencias y también mantuvimos algunas discusiones sobre la mal llamada convertibilidad, debido a la implementación sin reducir el gasto público, en un contexto de creciente deuda estatal interna y externa (mal llamada porque en la literatura económica alude al intercambio entre moneda-mercancía y el correspondiente recibo representado por el billete bancario y no un billete de un color por otro de color diferente, más bien política monetaria pasiva con tipo fijo). De todos modos, fuera de cuestiones semánticas, continuamos con nuestra correspondencia con Hanke referida a otras cuestiones de gran interés económico-financiero.

Puede decirse que no es el momento ideal para dolarizar, puesto que el futuro del dólar presenta ciertos nubarrones, pero es una manera de zafar del embrollo en que estamos y, además, si se eliminara el curso forzoso, queda abierta la posibilidad de encarar otros caminos, sea con una canasta de monedas u otra variantes más sólidas, eliminando simultáneamente el sistema nefasto de reserva fraccional en los bancos.

Hay otras experiencias de dolarizar en nuestra región como Panamá y Ecuador, ambos países con problemas de distinta índole, pero por lo menos se sacaron de encima el cáncer inflacionario. El contrafáctico es importante: aquellos problemas se hubieran agudizado de no haber mediado la dolarización.

Es de esperar que por lo menos en este caso se muestre algo de imaginación y coraje para enfrentar un flagelo que amenaza con arrastrar todo si no estamos atentos. El profesor Hanke cuenta con sobradas antecedentes exitosos en asesoramiento de gobiernos. No dejemos pasar esta nueva oportunidad que, en su caso, será un primer paso para salir del atolladero.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El economista en la academia, la política y la consultoría

Por Adrián Ravier.  Publicado el 31/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/El-economista-en-la-academia-la-politica-y-la-consultoria-20180131-0073.html

 

El economista en la academia, la política y la consultoría

 

Se escucha con cierta frecuencia una broma hacia los economistas que afirma que si preguntamos a diez de ellos su opinión sobre un determinado problema, posiblemente tengamos once soluciones. ¿Por qué diferimos los economistas en nuestras recomendaciones de política económica? ¿Por qué en ocasiones tenemos más de una recomendación? ¿Carece esta ciencia joven de consensos científicos básicos?

Lo cierto es que la economía como ciencia ha desarrollado leyes sólidas que nos permiten enumerar cuantiosos consensos, pero cuando nos movemos hacia la recomendación de la política económica o ante un problema de políticas públicas los disensos son mayores.

“Por qué difieren los economistas en sus opiniones de política pública” es en definitiva un aspecto sociológico de la profesión que se ha debatido en numerosas oportunidades, pero el punto que quiero señalar aquí es que ganaríamos mucho los economistas, y con ello pienso que recuperaríamos parte del prestigio perdido de la profesión, si definiéramos con claridad los planos en los que trabajamos cuando hacemos nuestro análisis y nuestras recomendaciones. ¿A qué planos me refiero? Al plano del académico y al plano de la política.

Una anécdota que acostumbraba relatar Manuel Ayau, fundador y Rector de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, puede ayudar a mostrar el punto. Ocurrió en la reunión anual de la Mont Pelerin Society en St. Andrews. Estaba exponiendo Milton Friedman sobre su estudio de la moneda y Enoch Powell, entonces miembro de la Cámara de los Comunes en Londres, le preguntó si en su exposición había tenido en cuenta los factores políticos, a lo que Friedman se apresuró a contestar por la afirmativa. Powell dijo: “Entonces su paper no me sirve, pensaba que recibiría reflexiones de un académico, déjenos a nosotros la negociación política”.

Hace unos meses el mismo Federico Sturzenegger, Presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), exclamaba ante la Asociación Argentina de Economía Política que se reunió en Bariloche que la profesión debía contribuir a los debates de políticas públicas. Muchos se defendieron explicando que no son escuchados, y cuando se los escucha se exclama que trabajan en una torre de marfil.

Me parece que la profesión del economista se encuentra desprestigiada o devaluada ante la opinión pública precisamente porque los especialistas desconocen su rol ante la sociedad. No es lo mismo el rol científico del economista que el rol del político. Me apresuro a señalar, incluso, que cuando un economista se viste de político –sea como funcionario o como representante de un partido político- deja de ser economista.

Trabajar en diversos planos sin explicitarlo ante la opinión pública nos expone a debates innecesarios que sólo comprometen los consensos que la profesión ha alcanzado.

El economista como académico o científico

Su lugar natural es la universidad y los congresos científicos. Investiga, estudia, alcanza un doctorado y dedica tiempo a la docencia. El científico trabaja con modelos que en muchos casos se abstraen de la realidad política y social que le acompaña. La teoría que desarrollan es en general abstracta, universal, aplicable a todo tiempo y lugar. Sus trabajos científicos, que a la vez intentan publicar en revistas especializadas, no se preocupan por aquello que la opinión pública puede digerir.

Y está bien que así sea, porque eso los distraería de lo más relevante que es contribuir al cuerpo teórico de la disciplina. Cuando el académico deja un momento la frontera del conocimiento y analiza la actualidad y sus problemas, tiene en general un enfoque diferente, porque su rol -inmerso en óptimos y utopías- lo conducen, en definitiva, a imaginar nuevos mundos posibles, correr el eje del debate.

El economista como político

El político no puede distanciarse de la opinión pública. Su éxito depende de la apreciación que la opinión pública ejerce sobre la política económica que define el gobierno. Bien hará el político en escuchar a los científicos y a los técnicos, pero no pueden darse el lujo de abstraerse de las cuestiones culturales, políticas y sociales que acompañan a su gobierno. Si así lo hiciera, fracasaría como político.

Si el economista que se viste de político está más enfocado en lo que la opinión pública puede digerir que en las conclusiones que obtiene de sus observaciones, mal rol jugará este como economista. Su objetividad estará limitada a un fin último superior que son las elecciones.

El economista como consultor

Mientras el académico educa a sus alumnos en el aula, el consultor hace lo propio con sus clientes y ante la prensa. Su alcance es lógicamente mayor y allí cabe su responsabilidad.

Su formación como economista, casi siempre complementado con estudios de posgrado, les permite aplicar la teoría económica, y si bien no contribuyen a expandir la frontera del conocimiento, son los que mejor entienden la coyuntura, además de intentar predecir escenarios futuros.

El consultor tampoco puede prescindir de la política, porque los escenarios futuros dependen de las decisiones que se toman en ese plano, pero en la medida que se mantiene independiente del gobierno y los partidos políticos, puede evaluar las políticas económicas con objetividad.

La profesión del economista en Argentina

En la Argentina, la opinión pública conoce nuestra profesión a través de los economistas que ocupan cargos en el poder político y los consultores que comparten columnas de opinión y son entrevistados por la prensa. Naturalmente, en esos espacios la economía está cargada de política, lo que en definitiva impide mostrar los consensos básicos que la profesión ha alcanzado en el plano científico.

No quiero negar con esto que existan amplios debates también en el mundo académico, pero ¿qué ciencia no los tiene?

Como cierre, creo necesaria una reflexión acerca de Cambiemos. Nada ansía más el Presidente que ser recordado como un estadista. Si eso desea, será mejor que escuche a aquellos economistas que pueden abstraerse de lo urgente y por un momento piense en aquello que es importante y estructural.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

The Forgotten Hayek: An Antidote For The New Populism?

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 8/5/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/05/08/the-forgotten-hayek-an-antidote-for-the-new-populism/#6efaca40695e

 

A few months ago I described in this column many of the academic and think tank efforts which were inspired by F. A. Hayek (1899-1992). I also mentioned that Hayek played a major role in the freedom movement thanks to his effort to create the Mont Pelerin Society (MPS) in 1947. The society is meeting these days in Seoul, South Korea, which coincides with the date of Hayek’s birthday (May 8) so it is a good occasion to recall some of his forgotten or neglected views.

Several of the think tanks that have been more influenced by Hayek’s views are in Central and Eastern Europe where part of the intellectual and policy debate is reminiscent to what was taking place in the 1940s. On one side we have the globalization champions who see themselves as the champions of reason. On the other we have political forces which try to defend their local national customs, including their religious traditions. In several cases, especially in Hungary and Poland, the reactions of the traditionalists have led to the rise of new kinds of populism. What led to the reaction of the electorate in these and other countries?

At the first MPS meeting, 70 years ago, Hayek warned about an “intolerant and fierce rationalism which in particular is responsible for the gulf which particularly on the [European] Continent has for several generations driven most religious people from the liberal movement and into truly reactionary camps in which they felt little at home. I am convinced that unless this breach between true liberal and religious convictions can be heeled there is no hope for a revival of liberal forces.”

Might Hayek’s views that true liberals and religious people need to seek understanding and work together be a way to block the surge and consolidation in power of “truly reactionary camps?”

Hayek was a great admirer of Alexis De Tocqueville (1805-1859). So much so that the name he wanted for what became the MPS was the Acton-Tocqueville society. When that name was blocked by one sector of his liberal friends, they ended up choosing the name of the mount where the Hotel Du Parc, the conference hotel, was located. Hayek’s view about the need to find common ground between lovers of freedom and religion are reminiscent of Tocqueville who wrote: “What most and always amazes me about my country [France], more especially these last few years, is to see … on the one side men who value morality, religion and order, and upon the other those who love liberty and the equality of men before the law.” He continued writing, “It seems to me, therefore, that one of the finest enterprises of our time would be to demonstrate that these things are not incompatible; that, on the contrary, they are bound together in such a fashion that each of them is weakened by separation from the rest. Such is my basic idea.”

During his career, F.A. Hayek, kept returning to this topic. His understanding that there are truths that we acquire about human liberty from sources other than reason made him respectful of religious traditions. His acceptance speech at the Nobel Prize ceremony was entitled “The Pretense of Knowledge.” It was aimed at cautioning central planners, policy experts and fellow economists, to warn them about the dangers of large scale social engineering. All libertarians, or continental liberals, tend to agree on this point, but many tend to forget the “other” Hayek, who spoke about the knowledge that is acquired through tradition, religion, and other “non-rational” means.

Then as today the promoters of human freedom were divided in matters of faith and liberty. That division has been costly. F.A. Hayek, wrote about the dangers of separating them, “It is, I think, important that we fully realize that the popular liberal creed, more on the Continent and in America than in England, contained many elements which on the one hand led many of its adherents directly into the folds of socialism or nationalism and on the other hand antagonized many who shared the basic values of individual freedom but who were repelled by the aggressive rationalism which would recognize no values except those whose utility  (for an ultimate purpose which was never disclosed) could be demonstrated by individual reason and which presumed that science was competent to tell us not only what is but also what ought to be.”

We can also find the same presumption today in some on the “progressive camp.” This camp includes people from different political leanings, left, center-right, and libertarians. They are the only ones who can define “what ought to be,” the moral rules of a politically correct world. If those with strong religious views bring their views to the political and civic scene, the “progressives” rend their garments and run to Brussels.

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

Alejandro Chafuen

F. A. Hayek founded the Mont Pelerin Society 70 years ago. Picture of Seoul 2017 meeting, May 7-10, 2017

During the 1940s, Hayek saw that the problem was rooted in a “false rationalism, which gained influence in the French Revolution and which during the past hundred years has exercised its influence mainly through the twin movements of positivism and Hegelianism.” He saw these rationalist forces as “an expression of an intellectual hubris which is the opposite of that intellectual humility which is the essence of true liberalism and which treats with respect those spontaneous social forces through which the individual creates things greater than he knows. (Hayek, Proceedings of the 1947 Mont Pelerin Society Conference)

Later in 1960, in, Why I am not a Conservative, one of his most famous essays he wrote: “Unlike the rationalism of the French Revolution, true liberalism has no quarrel with religion” he deplored “the militant and essentially illiberal antireligionism [sic] which animated so much of nineteenth-century Continental liberalism. … What distinguishes the liberal from the conservative here is that, however profound his own spiritual beliefs, he will never regard himself as entitled to impose them on others and that for him the spiritual and the temporal are different spheres which ought not to be confused.”

In 1966, in a paper he presented at the Mont Pelerin Society meeting in Tokyo he again wrote about a kind of liberalism which was compatible “with religious beliefs and has often been held and even been developed by men holding strong religious beliefs” criticizing “the ‘Continental’ type of liberalism which “has always been antagonistic to all religion and politically in constant conflict with organized religions.”

Later, in 1983, during the Reagan years, he lectured at the Hoover Institution at Stanford University. The main contention of his essay was “to demonstrate that rationalism may be wrong and that traditional morals may in some respects provide a surer guide to human action than rational knowledge.” He concluded “it is not exaggeration to say that the central aim of socialism is to discredit those traditional morals which keep us alive.”

Although there have been other moments of growth, the greatest leap in civilization took place during the late eighteenth and nineteenth century. During that period, the intellectual elites of many countries began to promote institutions based on a view of the human person that was consistent with individualism and also recognized the religious, social and spiritual aspects of the human being.

I believe that human beings should try to find most answers to their more serious questions through science and reason. But there are other sources of knowledge. Understanding this and respecting those who use these other sources as guide for their civil and political life might take out some steam from the worst populist movements: “those truly reactionary camps” that were a great concern for F.A. Hayek.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

F.A.Hayek, Free-Market Think Tanks, And Intellectual Entrepreneurs

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 16/3/17 en: https://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2017/03/16/f-a-hayek-free-market-think-tanks-and-intellectual-entrepreneurs/#5d916ae552dc

 

I still recall the first time I heard F.A. Hayek (1899-1992) deliver a major lecture: it was in 1981 at the main hall in the classic building of the old Argentine Stock Exchange. During his presentation, he defended unemployment insurance, especially for those in risky occupations. I was so “radical” at the time after having studied all the books of Ludwig von Mises, Hayek’s mentor and colleague. Hayek’s statement shocked me. I handed in a card with my question and to my surprise, the moderator read it out loud. I’d written, “Ludwig von Mises wrote that in a free and unhampered market occupations with higher risks for unemployment already get a premium in salary, wouldn’t that invalidate the reason you stated?” I was even more surprised when Hayek answered, “as usual, my master was right.” Throughout my life, I’ve had the privilege of meeting many important intellectuals. Intellectual humility is seldom one of their traits. Hayek was different. I decided to learn from his example and began focusing on reading every one of Hayek’s work available to me.

Back in 2014, I wrote about the many think tanks and educational organizations named after Ludwig von Mises. At the time, I listed 25 Mises Institutes around the world. Most of them are still active, though many rely on the talents of one leader and will need to plan transitions for when their founder is no longer present. To my knowledge, the last Mises Institute to pop up was Mises Cuba. Early in February, two of their members were detained and later sent to the Melena II jail, a maximum security prison for political dissidents.

F.A. Hayek overlooking the Pacific Ocean from a cliff during his visit to Lima, Peru, in 1979 invited by Hernando de Soto (Institute for Liberty and Democracy)

F.A. Hayek overlooking the Pacific Ocean from a cliff during his visit to Lima, Peru, in 1979 invited by Hernando de Soto (Institute for Liberty and Democracy)

 

F.A. Hayek is another economist of tremendous relevance in the world of think tanks. Although he never used the term, he was also an intellectual entrepreneur. He inspired others to work professionally to produce and disseminate policy solutions consistent with sound economics and the philosophy of freedom. In addition to his academic publications, which earned him a Nobel Prize in Economics in 1974, his other major claim to fame was the founding of the Mont Pelerin Society in 1947.

Mises’s work inspired the creation of many groups that now carry his name. Hayek, on the other hand, inspired more programs, awards, and scholarships than think tanks. The Hayek Foundation in Slovakia, and the Hayek Institutes in Austria, Italy, and Romania are exceptions. There was also an ambitious effort to build and consolidate a Hayek Foundation in Argentina, but it was dependent on an endowment set up by an aging donor and the heirs changed their minds, so the think tank floundered.

The seeds for the F. A. Hayek Foundation were planted in 1991 but the foundation was formally launched in 1992, during the second year of Slovakia’s economic and political transformation. Jan Oravec, one of the founders and key leaders, explains that at the beginning of the transition from communism, the debate was, “the market versus the mixed economy and radical, fast versus the gradual approach.” The intellectual climate was “crucial in understanding why we opted for Hayek’s name.”

The founders of the think tank supported radical reforms towards the market economy. Oravec adds, “our opponents supported a naive concept of ‘cherry picking’ from both systems and implementing them cautiously and gradually. At that time, Hayek was, in our country, a symbol of pro-market thinking, someone who., better than any of us, formulated and explained the superiority of markets over central planning.” Cultural reasons also helped: “Hayek was of Austrian origin, with experience from our region, very close to us. In addition, he died in March 1992. That resonated much still in May, when we established The F. A. Hayek Foundation.” Oravec is now president of the Entrepreneurs’ Association of Slovakia, which is teaming up with the Hayek Foundation in the Athena project to help reform primary and secondary education. Friends of freedom wish them the same success as they had when helping pass a flat tax in Slovakia.

Hayek Institutes around the world:

There is no room to describe here all the programs of Hayek Institutes in detail. What follows is just a summary.

Well known in classical liberal circles, the Hayek Institute in Austria is behind the Free-Market Road Show, which brings speakers to numerous countries. One year before his death, Hayek recommended the founding the  institute which took place in 1993. The institute also gives a yearly Hayek Lifetime Achievement Award.   Its homonym in Romania, founded in 2011 in Iasi, has an active publication and translation agenda, not only of Hayek’s books but also works by Murray Rothbard, Carl Menger, and other Austrian or Austrian-inspired authors. Their annual meeting is usually in May, and they will be soon hosting the “Free-Market Road Show” with their Austrian peers.

Hayek inspired a businessman of his time, Antony Fisher, to become an intellectual entrepreneur. Fisher founded the Institute of Economic Affairs in the UK, what is now the Manhattan Institute in New York, and several others. Fisher loved the Austrian economics of Mises and Hayek, but for him, arguments should be about right or wrong, not about Mises vs. Hayek vs. Friedman. He did not like partisan disputes and was not involved in opening any Hayek or Mises Institutes.

The Manhattan Institute, which was founded by Antony Fisher in 1978, has a Hayek Book Prize that honors the publication that best reflects Hayek’s vision of economic and individual liberty. The Fraser Institute, where Fisher played an important role during its early years, has a program, Essential Hayek, which explains Hayek’s teachings to the educated layperson in simple terms and with short videos.

Country Effort Organization Type
Austria Hayek Institut Hayek Institut Think Tank
Brasil Instituto Hayek Brasil Instituto Hayek Brasil Facebook Page
Canada Essential Hayek Fraser Institute Think Tank Program
Chile Cátedra Friedrich A. Hayek Universidad Adolfo Ibáñez Academic Program
Italy Fondazione Hayek Italia Fondazione Hayek Italia Think Tank
Romania Hayek Institute Institul Friedrich Hayek Romania Think Tank
Slovakia F.A. Hayek Foundation Nadácia F.A. Hayeka Think Tank
United Kingdom LSE Student Union Hayek Society London School of Economics Student outreach
United Kingdom Hayek Annual Memorial Lecture Institute of Economic Affairs Think Tank Program
USA Hayek Fund for Scholars Institute for Humane Studies Academic Program
USA Hayek Center Greg Ransom blog Personal blog
USA Hayek Lecture and Book Prize Manhattan Institute Think Tank Program
USA Hayek PPE Mercatus Academic Program
USA Collected Works of F.A. Hayek University of Chicago Publications
USA On Line Library of Liberty Liberty Fund Publications
       

During a visit to Lima, Peru, in 1979, Hayek encouraged Hernando de Soto to get in touch with Fisher. De Soto founded the Instituto Libertad y Democracia which changed development economics for good. Today, universities and university-based centers are also helping preserve and disseminate Hayek’s legacy. In Guatemala, the New Media center at the Universidad Francisco Marroquín (UFM) is the host of an educational video in English and Spanish describing Hayek’s major contributions. The video, entitled “Hayek’s Freedom Philosopher,” has been used in many classes; before a change in the video platform, it had been viewed over 30K times. The media center also hosts an outstanding collection of Hayek interviews, most conducted by eminent figures such as the late Nobel Laureate James Buchanan as well as the late Robert Bork. In Chile, the Universidad Adolfo Ibáñez, where he was an Honorary Professor, recently created a Hayek Chair. Axel Kaiser, executive director of Fundación Progreso, and prolific author, is the director of the Cátedra Friedrich A. Hayek.

In the United States, two centers affiliated with George Mason University have their own programs named after Hayek: Mercatus and the Institute for Humane Studies (IHS). The former has the “F. A. Hayek Program for Advanced Study in Philosophy, Politics, and Economics” (which wins the award as the prize with the longest name), usually known as Hayek PPE. I asked Peter Boettke, current President of the Mont Pelerin Society and director of the program, about its goals. He said, “we have long described our research emphasis with the PPE label (philosophy, politics, and economics). Hayek’s work stood in this tradition, as can be seen in his books, studies in PPE, and then [his book] New Studies.  Since my student days, I found inspiration in these works, so I thought this was the way we should train young economic scholars to be able to contribute to scholarship along these lines. So the [Hayek’s name] was used to signal methodological and analytical commitments as well as social philosophical questions.”

IHS has a Hayek Fund, which provides small grants to help with conference fees and other career-related expenses for PhD students or junior faculty members who have previously participated in its programs. There are also material tributes to Hayek: two Hayek Auditoriums, one at the Cato Institute and one at UFM. Hayek also lent his name to and was part of several think tanks, usually with an academic focus, from the Walter Eucken Institute in Germany, to the honorary presidency of the Academic board of the Centro de Estudios Públicos in Chile.

Hayek taught at major universities in Chicago, Freiburg, and London. The University of Chicago, which owns many of Hayek’s copyrights, has a publishing project titled “The Collected Works of F.A. Hayek.” The current general editor is Bruce Caldwell, who has produced outstanding versions of Hayek’s books. The London School of Economics, where Hayek taught between 1931 and 1950, has a student group named after him. I could not find a single program named after Hayek at the University of Freiburg.

In 1981, F.A. Hayek visited Argentina for the release of a Spanish edition of his book "New Studies", here with the author Alejandro Chafuen, at ESEADE business school. Hayek was the president of ESEADE's academic council until his death in 1992.

Alejandro Chafuen

In 1981, F.A. Hayek visited Argentina for the release of a Spanish edition of his book “New Studies”, here with the author Alejandro Chafuen, at ESEADE business school. Hayek was the president of ESEADE’s academic council until his death in 1992.

What might explain the difference in the diverse appeal of Hayek and Mises in having their names used as free-market think tank brands? Could it be the more open-ended conclusions and unanswered questions in Hayekian teachings compared with the apparent certainty of Misesian economics? Could it be that certainty has more appeal as a driving force for a think tank? Hayek seems much more moderate and cautious in reaching conclusions. He accepts the creation of a safety net, as long as some conditions are met, like open entry and no monopoly in the provision of the services. Hayek respects tradition and evolution. Mises also accepted transitory middle-of-the-road solutions, among others, retaliatory tariffs and gradual rather than radical liberalization (in his plan for Mexico). These were usually offered when he acted as a consultant more than a theoretician. Nevertheless, in his main treatise, Human Action, Mises defended military conscription, as at the time he was writing, Western civilization was being challenged by the National Socialist and Communist menace.

I regard Peter Boettke as the major driving force in Austrian economics today. At Grove City College, he studied under Hans Sennholz, a leading disciple of Von Mises, but Boettke is also very comfortable with Hayekian approaches to economics and the philosophy of freedom. I asked Boettke about the different inspiration that one gets from Mises and Hayek.

Boettke thinks that indirectly, Hayek inspired more think tanks that focus on policy work while those who like more ideological work tended to follow Mises. He writes, “I think Mises is a more galvanizing ideological figure, whereas Hayek inspires scholars and academics,” and adds “I think Mises can also inspire academics, witness [Israel] Kirzner but also all his students from Vienna including Hayek. But this requires more work. We don’t immediately see the Mises of Theory of Money and Credit, or Epistemological Problems, or even Socialism, Liberalism, Interventionism, Bureaucracy, and Omnipotent Government. We don’t read how he gave rise to Lionel Robbins, Fritz Machlup, Gottfried Haberler, or Oskar Morgenstern, but instead we read him as an icon who opposed any deviation from laissez-faire. So he becomes a galvanizing figure.” I concur with his views.

At the end, given Hayek’s role in inspiring Fisher, and the latter’s role in creating an organization that helps individuals start and manage institutes , one can conclude that both Mises and Hayek have been a great inspiration for think tanks and academic centers. The intellectual entrepreneurs who work for a free society have a rich intellectual fountain in F. A. Hayek.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

El liberal uruguayo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 14/1/17 en  en El País de Montevideo. Edición impresa.

 

Cada tanto tiempo aparecen en muy diversos lugares personas que dejan una huella profunda en las mentes de sus congéneres. Es como dice en la Biblia -Isaías (1:9)- cuando alude a “un reducto minúsculo” que será la esperanza para mantener valores y principios que las mayorías circunstanciales suelen rechazar. El coraje moral de pocas personas permite mantener viva la llama.

En el caso que ahora nos ocupa, el de una extraordinaria personalidad: Ramón Díaz, se destaca nítidamente en la historia uruguaya reciente quien acaba de morir, ha dedicado parte importante de su vida a mostrar las ventajas de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Un gran liberal que trascendió en mucho las fronteras de su país.

Fue presidente de la internacional asociación liberal Mont Pelerin Society fundada en la segunda posguerra por el premio Nobel en economía Fredrich Hayek, secundado por eminentes economistas y cientistas sociales como Milton Friedman, Ludwig von Mises, Leonard Read, Wilhelm Röpke y Frank Knight.

Personalmente lo conocí en una de las reuniones de esa asociación de la que fui miembro del Consejo Directivo. Me invitó varias veces a dictar clases en la Universidad Católica de Uruguay donde mantenía una cátedra regular de economía, período en el cual escribió su obra cumbre sobre la historia económica uruguaya que ha servido como uno de los textos más valiosos del recorrido económico del país hermano. Me honró al sugerir mi nombre para integrar la Academia Nacional de Economía del Uruguay que presidió y de la que soy miembro correspondiente.

Cuando murió mi padre se publicó un libro en su homenaje al que Ramón fue invitado a contribuir. Su emotivo trabajo se tituló “Un pionero de la libertad” en referencia al homenajeado donde lo abre afirmando que Adam Smith inició el debate sistematizado sobre la trascendencia del mercado libre a contracorriente del denominado “mercantilismo” que hoy podemos denominar populismo o simplemente estatismo que contienen todas las falacias que seguimos desafortunadamente discutiendo hoy.

Nuestro mundo sigue empecinado en gastos públicos astronómicos en el contexto de reclamos por “Estados presentes” como si no se percatara de que el Estado es el vecino que financia todo ya que ningún gobernante pone de su peculio (más bien se suele llevar recursos a sus arcas personales que pertenecen al erario público). A esto se agrega un colosal endeudamiento estatal que compromete futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para seleccionar al gobierno que contrajo la deuda. Como si esto fuera poco, la presión tributaria se torna insoportable en vista de la manía gubernamental de entrometerse en los más mínimos recovecos de la vida privada en lugar de concentrarse en la Justicia y la seguridad que son las áreas que generalmente no atiende. Y solo para mencionar algunos desvíos, los aparatos estatales imponen restricciones al comercio exterior como si fuera una gracia obligar a los locales a comprar más caro y de peor calidad bajo presión de pseudoempresarios que pretenden mercados cautivos a expensas de su prójimo. En otros términos, después de más de trescientos años desde Adam Smith y con argumentos muy reforzados desde entonces, resulta que retornamos al mercantilismo del siglo XVII que hoy opera bajo el rótulo del nacionalismo, el socialismo o el Estado Benefactor (esto último una contradicción en los términos puesto que la fuerza no puede hacer beneficencia).

Vivimos la era de los megalómanos que con una arrogancia superlativa imponen lo que debe hacer cada cual con su vida y el fruto de su trabajo. Miran con desconfianza la coordinación del mercado abierto y se entrometen con lo que generan escasez y desperdicio de capital lo cual se traduce en una inexorable reducción de salarios puesto que estos dependen de las tasas de capitalización. Se encaprichan por la llamada “redistribución de ingresos” situación que necesariamente significa que se contradicen las indicaciones que los consumidores llevan a cabo en el supermercado y afines. Como se ha dicho “la primera regla de la economía es que los bienes no son sobreabundantes y la primera regla de la política es desconocer la primera regla de la economía”.

Cuando fui rector de la institución de posgrado Eseade (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) el primer profesor invitado fue Ramón Díaz, quien pronunció su conferencia inaugural sobre los daños que produjo la Cepal en América Latina al insistir en políticas estatistas especialmente en cuanto al sector externo, pero no solo respecto a la manipulación cambiaria y arancelaria sino también en cuanto a la multiplicación de empresas estatales que están siempre fuera del mercado.

Recuerdo la emoción que todos sentimos con esa presentación inicial en una casa de estudios que recién comenzaba sus maestrías. A raíz de una de las preguntas de uno de los alumnos que se interesó por conocer la diferencia entra el liberalismo político y el económico, Ramón explicó con claridad meridiana el tema. Señaló que el liberalismo es inescindible y que el así llamado “liberalismo político” alude al continente, es decir, a la libertad de expresión del pensamiento, al Estado de Derecho, a la división e independencia de los poderes y equivalentes, mientras que el “liberalismo económico” se dirige a la libertad de los mercados, a saber, que cada uno pueda usar y disponer de lo propio sin que se lesionen derechos de terceros. A continuación Ramón preguntó a la audiencia para que sirve el continente (la libertad política) si no es para proteger el contenido (las acciones diarias de la gente para disponer de su propiedad).

Despedimos al amigo que, fuera de sus dotes profesionales, fue una excelente persona. Ha sido un privilegio conocerlo y aprender de su notable versación.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.