Antecedente de la academia internacional de liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/2/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/02/19/antecedente-de-la-academia-internacional-de-liberalismo/

Un libro publicado por Walter Lippmann en 1937 dio lugar a que un año después Louis Rougier convocara a un seminario en París al que asistieron, entre otros, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke

Walter Lippmann

Friedrich Hayek sostenía que la Mont Pelerin Society era el equivalente a una academia representada por intelectuales de todas partes del mundo que adherían a la tradición de pensamiento liberal. En esta nota periodística nos referimos al antecedente primero de esa asociación internacional y es el libro publicado en 1937 por Walter Lippmann tituladoAn Inquiry into the Principles of a Good Society quien provenía de las filas del socialismo fabiano al igual que Hayek, el primero, egresado de Harvard y transitado por varios de los medios periodísticos estadounidenses, se fue convenciendo de los errores del socialismo debido a lecturas sobre el liberalismo clásico pero especialmente debido a la influencia de Hayek y el segundo abandonó antes el fabianismo merced al seminario que condujo Ludwig von Mises en Viena.

Tanto a Lippmann como a Hayek le quedaron resabios del socialismo los que se mantuvieron presentes a través de su vida en el primer caso como veremos en el comentario telegráfico del antes mencionado libro, mientras que en el segundo caso se disiparon completamente a medida que producía nuevos escritos hasta finalmente estuvo “expuesto una vez más a una terapia por la que hace cincuenta años Ludwig von Mises me convirtió” tal como lo refiere luego de la lectura de una obra de Walter Block.

Por esto es que con justeza se aluda a los tres Hayek: el primero ilustrado por su sentencia en cuanto a que la administración del dinero es función indelegable del gobierno, el segundo con la publicación de su trabajo recomendando la privatización de la moneda y el último en conexión con lo que acabamos de mencionar.

En todo caso, el libro de Lippmann, traducido al francés en 1938, dio lugar a que Louis Rougier convocara a un seminario en París en ese mismo año al que asistieron lo referidos Hayek y Mises y también Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke. En las seis sesiones de ese seminario se estableció el “Centre international d’études pour la rénovation du libéralisme” que se suspendió en 1940 debido a la guerra. En 1947 aquellos asistentes volvieron a reunirse convocados esta vez por Hayek para constituir la antedicha Mont Pelerin Society que en un primer momento el convocante sugirió se denominara The Acton-Tocqueville Society lo cual en definitiva se sustituyó por el nombre del lugar donde se celebraba la reunión inaugural.

A esa nueva reunión también asistieron académicos de la talla de Milton Friedman, Karl Popper, Vernon Smith, James Buchanan, Henry Simons, Ludwig Erhard, Maurice Allais, Gary Becker y Leonard Read. Es de gran importancia destacar que esta última personalidad fundó un año antes, en 1946, la primera institución dedicada a estudiar y difundir los principios de la sociedad libre, denominada The Foundation for Economic Education (FEE).

Como queda dicho, debido a que el libro de Lippmann -a pesar de sus falencias conceptuales- en lo que podríamos clasificar como la prehistoria de la referida academia internacional que agrupa liberales de los cinco continentes, es que señalamos algunos de los puntos más sobresalientes de esa obra basados su versión castellana, en México, 1940, por la Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana (UTEHA) con el título de Retorno a la libertad.

Hoy nos puede resultar fácil la crítica a libros como el que ahora encaramos debido al formidable esfuerzo intelectual de quienes nos precedieron, en la actualidad aparecen como lugares comunes fáciles de refutar especialmente en el terreno económico, el más abandonado e ignorado de todos los campos hasta la decimonónica irrupción de la Escuela Austríaca con aportes de la Escolástica Tardía y la Escuela Escocesa. Pero como decimos hasta entonces las falacias eran reiteradas y repetidas en los círculos menos sospechados. Tengamos presente la cantidad de intelectuales de peso que se han dejado arrastrar por las influencias de Marx, de Keynes y de los neoclásicos en general.

Thomas E. Woods reproduce una misiva de Hayek a Lippmann donde se lee: “Espero demostrar a mis amigos estatistas que la única manera de preservar la democracia es a través del capitalismo”. Asimismo Woods muestra a los extremos que había llegado Lippmann ya que en 1933 siendo partidario del intervencionismo del New Deal le dirigió una carta a Franklin Delano Roosvelt en la que escribe que “La situación es crítica. Usted puede no tener más alternativa que asumir poderes dictatoriales” y también resalta que Keynes lo convenció a Lippmann que abandone sus “pretensiones de contar con un presupuesto equilibrado”.

Una vez abandonado su pasión por las políticas roosveltianas y su acercamiento al keynesianismo, publica el libro de marras que abre con reflexiones muy razonables que atraparon la atención de muchos profesionales y no profesionales de la época : “Se esgrime el arma de la dirección coercitiva de la vida y del trabajo del hombre. Se predica la doctrina de que el desorden y la miseria sólo pueden vencerse por medio de una organización cada vez más tiránica. Hacen la promesa que con el poder del Estado es posible la felicidad de los pueblos […] profesan unánimemente, en nombre del progreso, y en todas partes, la teoría de que los gobiernos, con los instrumentos de coerción que poseen mediante normas de vida dictadas por los pueblos, deben dirigir el curso de la civilización y forjar los moldes del porvenir […] Para regular los problemas humanos, no se considera seriamente más camino que ése y ni siquiera se concibe la posibilidad que pueda haber otro […] Tan universal el predominio de este dogma que a nadie se le considera seriamente […] si no salta a la palestra con proposiciones para aumentar el poder de los gobiernos” y concluye que “es imprescindible volver sobre nuestros pasos y limitar el poder de gobernantes” y “abandonar la idea que nos compele a creer que el camino del progreso en materia de orden social está en intensificar el poder de la autoridad y ensanchar su radio de acción.”

Muy bien estos enunciados que como hemos consignado suscitaron la aprobación y el aplauso de otros colegas y, a pesar de lo que señalamos a continuación, decidieron organizar seminarios para profundizar y pulir las ideas expuestas como un primer paso para otras metas más ambiciosas que llevaron adelante colegas mejor informados y más preparados.

Lippmann arrastra de sus inclinaciones anteriores varias ideas que se dan de bruces con los fundamentos de la sociedad abierta y que como decimos luego fueron discutidos y depurados. Podemos dividir estos deslices de cierta gravedad en cinco áreas centrales. El libro en la apuntada versión que tenemos entre manos consta de 454 páginas dividido en 16 grandes secciones cada una a su vez subdividida en múltiples capítulos de modo que nuestro resumen crítico naturalmente consta de un muy apretado compendio.

En primer lugar su tratamiento defectuoso del monopolio criticando esta figura, sin percibir que en el mercado libre el primero que produce un bien o presta un servicio que el consumidor adquiere constituye un paso decisivo hacia el progreso y que solo los monopolios legales, sean privados o estatales, generan un perjuicio a la sociedad. El eventual arbitraje jugoso del monopolista llama la atención en el sistema de precios al efecto de atraer a otros participantes y así ampliar la oferta y mejorar las condiciones en las transacciones. Aun en el caso del llamado monopolio natural es necesario mantener las condiciones para la libre entrada de nuevos oferentes sean nacionales o extranjeros y si el productor al momento se mantiene como único es porque las condiciones imperantes revelan que esa es la condición óptima, de allí la consideración del antes mencionado premio Nobel en economía James Buchanan en cuanto que “Mientras el intercambio sea abierto y mientras se excluya la fuerza y el fraude, el acuerdo logrado, por definición, será calificado como eficiente.” (en Liberty, Markets and State, New York University Press).

El segundo capítulo se refiere al tan reiterado “modelo de competencia perfecta” al que adhiere Lippmann y que presupone el conocimiento perfecto de todos los factores relevantes, lo cual como entre otros explica Israel Kirzner, se traduce en la ausencia de competencia puesto que en ese contexto no habrán empresarios ni estimaciones de arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales. El daño que este modelo puede percibirse, por ejemplo, en la persona de Raúl Prebisch que siendo estudiante absorbió ese desconcepto que marcó buena parte de su carrera, lo cual se pone en evidencia especialmente en su autobiografía intelectual.

La tercera área alude a la noción de desigualdad de rentas y patrimonios que Lippmann sugiere nivelar en distintas situaciones y a través de diversas metodologías. Como bien nos ha enseñado Robert Barro, en un mercado libre el delta entre las distintas posiciones resulta del todo irrelevante, el tema consiste en que al liberar al máximo las energías creadoras en procesos abiertos indefectiblemente se empujan hacia arriba salarios e ingresos en términos reales. En definitiva estas diferencias de resultados en una sociedad abierta son la consecuencia de los plebiscitos diarios en el mercado por parte de quienes con sus compras y abstenciones de comprar premian a los que atienden sus necesidades con ganancias y castigan a los que yerran con quebrantos. Los intentos de la guillotina horizontal siempre operan a contramano de esas preferencias lo cual desemboca en derroche de los siempre escasos factores productivos y, por ende, conducen al empobrecimiento.

La cuarta observación está atada a la tercera y es la incomprensión de Lippmann respecto a la causa de salarios e ingresos en términos reales, lo cual es muy común en quienes provienen del socialismo. Esta causa reside en las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Todas las medidas que pretenden incrementar ingresos por el voluntarismo del decreto desembocan en desempleo y empobrecimiento precisamente de quienes se desea mejorar. Esas tasas de capitalización, es decir, maquinaria, equipos, instalaciones y conocimiento relevante se logran vía un mayor ahorro y consecuentemente mayor inversión.

Por último, otro lugar común es la crítica de Lippmann al laizzez-faire al que le dedica mucho espacio y que al contrario de lo que muchas veces se supone no consiste en mirar para otro lado y no hacer nada sino en permitir faenas productivas al abrir paso para que cada uno use y disponga de lo suyo como estime más conveniente sin interferencias de los aparatos estatales que en este contexto deben proteger y garantizar derechos que a diferencia de lo que niega Lippmann en varios pasajes, proceden del orden natural y por tanto son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

Nuevamente insistimos que visto desde la perspectiva de los conocimientos modernos de la economía los consejos que citamos pueden parecer estrafalarios, sin embargo el cambio parcial de opinión de Lippmann desde su fabianismo original ha incentivado y ayudado a convocar a reuniones y a establecer entidades que han marcado en profundidad rumbos.

Cierro este breve comentario bibliográfico remarcando con inmensa satisfacción que pude establecer contacto personal con Leonard Read y su notable equipo cuando fui becado a la mencionada Foundation for Economic Education para trabajar en mi primer doctorado y también pude mantener relación personal con los referidos fundadores de la Mont Pelerin -excepto con Maruice Allais, Henry Simons y con Popper con quien mantuve una fugaz correspondencia- institución de la que formé parte de su Consejo Directivo en dos oportunidades además de haber presentado trabajos en sus reuniones anuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

UN ENSAYO DE MILTON FRIEDMAN

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Uno de los trabajos interesantes e inspiradores de Friedman, esta vez en coautoría con su mujer Rose, se titula “La corriente en los asunto de los hombres” traducido y publicado en Libertas con la autorización de los autores y de Hoover Institution en la edición de la mencionada revista académica de octubre de 1989 (un mes antes del derrumbe del Muro de la Vergüenza en Berlin, aunque originalmente publicado en 1988 en la colección titulada Thinking About America por Hoover Institution Press). Como es un tema de permanente actualidad, es oportuno comentar los aspectos más salientes de este ensayo.

 

Los Friedman subrayan la importancia decisiva de las ideas en los procesos humanos y reiteran la verdad que encierra el título y el contenido del muy citado libro de Richard Weaver, Ideas Have Consequences. De ahí es que resultan tan necesarios los esfuerzos educativos respecto a la trasmisión de valores y principios compatibles con la sociedad abierta si quiere preservarse la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 

En este ensayo se destacan las corrientes de pensamiento que, al igual que las corrientes marinas, tardan en manifestarse pero una vez que lo hacen dejan su marca y allí se dice que este proceso clave no ha sido suficientemente tratado por historiadores y economistas. Escriben que “la hipótesis es la siguiente: un cambio importante en la política social y económica está precedida por un cambio en el clima de opinión intelectual” y señalan que una vez trabajada la idea en el terreno académico se traslada a otras instancias hasta que llega a los medios de comunicación y, por ende, al público en general. Pero para mantener esta tendencia debe alimentarse permanentemente la idea, de lo contrario será sustituida por lo que Albert V. Dicey denominó las contracorrientes que en general se deben a la desaparición de los protagonistas originales cuando los espacios respectivos quedan vacantes.

 

Friedman describe muy ajustadamente el punto al poner de manifiesto que para conjeturar lo que ocurrirá en un próximo tiempo no hay que mirar lo que sucede en la superficie sino bucear en la corriente que se está gestando en las profundidades, a saber, en el mundo académico. Apunta que “hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión”, lo cual nos recuerda el buen consejo de Arthur Koestler  citado por William Buckley, Jr en su God and Man at Yale. The Supertitions of Academic Freedom: “Uno debería escribir con vigor sobre aquello que uno estima verdadero o, de lo contrario, quedarse callado”. Los tibios no sirven, parafaseando a Mario Vargas Llosa “son figuras de superficie sin mayor trastienda”.

 

Los autores ilustran su tesis con tres correntadas que marcan las políticas de tiempos recientes y contemporáneos. Una primera que denomina del laissez-faire o de Adam Smith, una segunda que reconoce como de Estado Benefactor o  de los fabianos y una tercera que bautiza como de resurgimiento de los mercados libres o la corriente de Hayek.

 

Se consigna en este ensayo que “La primera corriente que analizaremos comienza en Escocia en el sigo xviii con la reacción contra el mercantilismo [una oleada anterior] expresada en los escritos de David Hume, en The Theory of Moral Sentiments de Smith (1759) y, sobre todo, en The Wealth of Nations, también de Adam Smith (1776). The Wealth of Nations se considera en forma unánime y con justicia como la piedra fundamental de la economía científica moderna. Su fueraza normativa y su influencia sobre el mundo intelectual revisten gran importancia para nuestro objetivo actual. Su rápida influencia sobre la comunidad intelectual reflejó, sin duda alguna, las semillas plantadas por Hume y otros -las contracorrientes intelectuales de la corriente mercantilista- así como también las primeras etapas de la Revolución Industrial. Del otro lado del Atlántico, el año 1776 también fue testigo de la proclamación de la Declaración de la Independencia, en varios aspectos el gemelo político de la economía de Smith. La obra de Smith fue rápida y generalmente aceptada por los Padres Fundadores”.

 

Y más adelante se lee que “No es fácil medir el papel que desempeña el gobierno en la economía. Una medida útil, aunque reconocida como imperfecta, es la relación del gasto público con el ingreso nacional. En el punto culminante del laissez-faire, el gasto gubernamental en tiempos de paz fue inferior al 10 por ciento del ingreso nacional, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña”.

 

Respecto a la segunda correntada, se apunta que “Este notable progreso no impidió que la corriente intelectual se apartara del individualismo y se volcara hacia el colectivismo […] El punto culminante, cuando el colectivismo comenzó a dominar la opinión intelectual, tuvo lugar algunas décadas más tarde. La fundación del la Sociedad Fabiana, dedicada al establecimiento gradual del socialismo por George Bernard Shaw, Sydney Webb y otros en 1883 es quizá la mejor fecha divisoria para Gran Bretaña. Una fecha comparable en el caso de los Estados Unidos es 1885, cuando la Asociación Norteamericana de Economía fue fundada por un grupo de economistas jóvenes que habían vuelto de estudiar en Alemania imbuidos de ideas socialistas que esperaban difundir a través de la asociación”.

 

Por último, la tercera corriente que describe la visión friedmaniana se identifica del siguiente modo: “Así como había ocurrido con la corriente anterior, el mundo de las ideas comenzó a cambiar su rumbo al mismo tiempo que en el mundo de la práctica, la corriente alcanzaba su punto máximo. Durante el predomino de las ideas socialistas habían existido contracorrientes puestas en práctica en Gran Bretaña por Lionel Robbins, Friedrich Hayek y algunos de sus colegas en la London School of Economics, en Austria por Ludwig von Mises y sus discípulos y en los Estados Unidos por Albert Jay Nock, H.L. Mencken y otros autors populares; Henry Simons, Frank Knight y Jacob Viner en la Universidad de Chicago y Gottfried Haberler y Joseph Schumpeter en Harvard, para mencionar solo algunos. El libro The Road to Serfdom de Hayek, un best-seller sorpresa en Gran Bretaña y en los Estados Unidos en 1944, fue probablemente la primera incursión real en el punto de vista intelectual dominante” y también Friedman se refiere a su Capitalism and Freedom y mucho más tarde Free to Chose. Además dice que en los inicios debe enfatizarse el rol decisivo que tuvo el establecimiento por Leonard Read de la Foundation for Economic Education (FEE) en 1946 con su muy difundida revista The Freeman.  

 

Este es un muy apretado resumen de un largo ensayo por Milton y Rose Friedman, es aconsejable leerlo completo al efecto de informarse de extensos pasajes en los que los autores de refieren a acontecimientos históricos de importancia que no caben en una nota periodística.

 

De cualquier manera, este estudio muestra una vez más la trascendencia de la educación como la vía para modificar la articulación de discursos políticos siempre atentos para sobrevivir por lo que están atentos de las medidas que reclama la opinión pública a su vez influida decisivamente por faenas educativas previas. Esto va para despejar la sandez de que “la teoría es irrelevante, lo importante es la práctica” sin percatarse, por un lado, que sin una adecuada teoría se anda a los tumbos y, por otro, que todo lo que hacemos y consideramos práctico es porque adoptamos una buena teoría forjada por otros en otros momentos. La jardinería, la agricultura, las computadoras, la alimentación, los medicamentos, todo es fruto de buenas teorías por eso el dictum de “nada es más práctico que una buena teoría”.

 

En la sección de las conclusiones, los Friedman advierten que “Para aquellos que creen en una sociedad libre y en un papel del gobierno apenas limitado, ésta [la mencionada tercera corriente] es una perspectiva optimista, sin bien no hay razón para la complacencia. Nada es inevitable en el curso de la historia […] La corriente impulsora en los asuntos de los hombres que se encuentra en la primera etapa aún puede ser abortada, abrumada por una corriente renovada de colectivismo”. En la misma línea argumental, es pertinente citar un pensamiento de Albert Schweitzer de su The Philosophy of Civilization: “Cada época vive en la conciencia de lo que han provisto los pensadores bajo cuya influencia se opera”.

 

En todo caso tenemos que estar atentos a la visión kafkiana de la sociedad que como muy bien explica Milan Kundera en la quinta parte de El arte de la novela, “En la historia moderna hay tendencias que producen lo kafkiano en la gran dimensión social: la concentración progresiva del poder que tiende a divinizarse, la burocratización de la actividad social que transforma todas las instituciones en laberintos sin fin, la consiguiente despersonalización del hombre”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.