SE ACENTÚA EL PELIGRO NACIONALISTA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

El caso de Austria vuelve a poner sobre el tapete el tremendo avance nacionalista, es decir, la xenofobia, la cultura alambrada, la obtusa y retrógrada desconfianza en el comercio internacional libre, el ataque a los inmigrantes y, en definitiva, la vuelta a los instintos más oscuros del hombre primitivo.

 

En este caso pongo de relieve el peligro del candidato presidencial austríaco Norbert G. Hofer que acaba de perder en la segunda vuelta por escasísimo margen (49.7 % frente a 50.3% de los sufragios del ganador en la contienda electoral). La primera vuelta en abril del corriente año la ganó Hofer por el mayor caudal de votos de un presidente desde 1945, momento en que fue efusivamente felicitado por los otros candidatos nacionalistas de Europa: Matteo Salvini de la Liga del Norte de Italia, Marine Le Pen del Frente Nacional francés, Frauke Pety de Alternativa para Alemania y Greet Wilders del Partido Holandés para la Libertad.

 

En este panorama siniestro de los cuasi-nazis europeos no hay que dejar de lado al candidato Donald Trump con el discurso por todos conocido del otro lado del Atlántico, para no mencionar a megalómanos como el venezolano del chavismo y sus imitadores (entre muchos otros autores, J.F. Revel nos muestra en detalle en La gran mascarada el íntimo parentesco y la comunión de ideales entre el nacionalismo y el comunismo).

 

Es en verdad muy triste que nada menos que en Austria sucedan estas cosas, la tierra del cosmpolitismo antes del advenimiento del asesino serial: Hitler.  Stefan Zweig nos cuenta es su magnífica autobiografía –El mundo de ayer- de los célebres cafés vieneses visitados permanentemente por contertulios de todas partes del mundo, donde se exhibían los periódicos más destacados de todos los puntos del planeta. Nos detalla las enormes ventajas del cosmopolitismo que permitieron a los austríacos gozar de progresos culturales notables en la literatura, la música, la economía, el derecho y el psicoanálisis. Nos muestra el clima en los colegios y en la universidad de Viena por el empeño por estudiar todo lo que se pudiera sin ni siquiera percatarse cual era el lugar de origen de tal o cual contribución que tomaban como patrimonio de la humanidad. Nos relata el valor de establecer marcos institucionales civilizados y de respeto recíproco en el contexto de la propiedad privada y la santidad de los contratos, así como también la importancia de contar con una moneda estable y segura.

 

El nacionalismo toma las fronteras como diques infranqueables en lugar de percibir que solo tienen sentido para evitar los enormes peligros de concentración de poder que significaría un gobierno universal. El fraccionamiento en estados y éstos en provincias que a su vez se subdividen en municipios fueron originalmente establecidos para minimizar el abuso de poder político y no para crear tensiones y actitudes confrontativas cuando no abiertamente bélicas entre si. En una sociedad abierta, el uso de la fuerza solo está permitida como recurso defensivo pero nunca ofensivo contra los propios ciudadanos o contra los que han nacido en otros lugares. Como es sabido, las fronteras nada tienen de natural, son fruto de trifulcas bélicas y de la geología.

 

La cultura y el progreso están ubicados en un proceso evolutivo de entregas y recibos recíprocos. En este sentido, los libros, las músicas, las arquitecturas y los estilos, el descubrimiento del derecho, los procesos económicos, la gastronomía, la medicina, la religión, los métodos agrícolas y tantas otra manifestaciones culturales no tienen patria, son fruto de los referidos procesos de donativos y de recepciones que no se extinguen en el tiempo. Solo debe bloquearse la lesión a derechos de terceros.

 

Mario Vargas Llosa nos dice en “Elefante y la cultura” que “considerar lo propio como un valor absoluto e incuestionable y lo extranjero un desvalor, es algo que amenaza, socava, empobrece o degenera la personalidad espiritual de un país. Aunque semejante tesis difícilmente resiste el más somero análisis y es fácil mostrar lo prejuiciado e ingenuo de sus argumentos, y la irrealidad de sus pretensión -la autarquía cultural-, la historia nos muestra que se arraiga con facilidad”.

 

Los nacionalistas apuntan principal aunque no exclusivamente a dos planos de análisis: a interferir con el movimiento de bienes y servicios con otros territorios y a intervenir en los movimientos migratorios, en cualquier caso recurriendo a léxicos horrendos como “el ser nacional” y otras sandeces equivalentes y con lenguaje siempre patriotero e incendiario. Veamos entonces aquellos dos aspectos cruciales por lo menos sumariamente en sus aspectos fundamentales.

 

En lo referente al primer punto, resulta clave comprender algo elemental y es que es mejor comprar barato y de alta calidad que comprar caro y de mala calidad. Esto que parece tan simple es negado por aranceles aduaneros, tarifas y manipulaciones del tipo de cambio en prácticamente todas partes.

 

Todo arancel inexorablemente significa mayor inversión por unidad de producto, a saber, obliga a destinar una suma mayor de dinero por cada producto ingresado al país en cuestión. Y, a su vez, dicha mayor inversión por unidad de producto naturalmente  hace que hayan menos productos, lo cual se traduce en un nivel de vida más bajo. Ergo, todo arancel siempre y bajo toda circunstancia empobrece.

 

Ahora bien, especialmente desde el decimonónico Friedrich List se ha difundido la peregrina teoría de “la industria incipiente” que reza más o menos así: estamos de acuerdo con el librecambio pero es necesario darle tiempo a las industrias recién instaladas (industrias incipientes) para que puedan ponerse a tono con la tecnología desarrollada por empresas extranjeras con mayor experiencia y tiempo en el mercado, de lo contrario, se sigue diciendo, sería injusto para la “industria nacional”.

 

Este pretendido argumento es falaz por donde se lo mire. Es correcto que la gran mayoría de las empresas no muestran ganancias en los primeros períodos, pero si la evaluación de proyectos está bien realizada, se supone que el retorno sobre la inversión más que compensará los quebrantos iniciales.

 

En el caso de la “industria incipiente” son los propios empresarios los que deben cubrir los primeros períodos de pérdidas y no pretender endosarle la carga sobre las espaldas de los consumidores. Si los empresarios del caso no tuvieran los suficientes fondos para encarar la situación de su negocio, pues venden la idea en el mercado local o internacional para obtener los recursos faltantes.

 

Si nadie en el mercado local o internacional se interesa por comprar el proyecto, es solo por uno de dos motivos. O se trata de un “cuento chino”, que es lo que muchos veces sucede cuando se eterniza la condición de industria incipiente, o si bien es un proyecto rentable se estima que hay otros que son prioritarios y como los recursos son limitados no puede encararse todo al mismo tiempo por lo que el proyecto debe esperar.

 

Respecto a las fuentes de trabajo debe enfatizarse que la mayor productividad libera recursos humanos y materiales para encarar otras faenas que al momento no se podían hacer debido a que los recursos en cuestión estaban esterilizados en las tareas anteriores. Como he dicho muchas veces, este fue el destino del hombre de la barra de hielo antes del refrigerador o del fogonero antes de la aparición del los motores Diesel. Si se forzara a retrotraerse a las condiciones anteriores eliminando la consiguiente productividad, los salarios en términos reales se reducirán.

 

Hay otras muchas falacias tejidas en torno al comercio exterior (que en su esencia no se diferencian del comercio interior) pero que en una nota periodística no cabe su análisis.

 

En cuanto al segundo punto de los movimientos migratorios, es pertinente subrayar que en una sociedad libre la expresión “inmigración ilegal” es del todo impertinente. Todos deberían tener la posibilidad de ubicarse donde lo estimen conveniente sin pedir permiso de ninguna naturaleza.

 

Solo los delincuentes deben ser bloqueados, pero eso no diferencia los nativos de los extranjeros. Todos los que no nos hemos mantenido en el continente africano somos inmigrantes dado que el origen del hombre es ese continente.

 

Por supuesto que, igual que en el librecambio de bienes, puede circunstancialmente disminuirse algún salario debido a la competencia, pero el mejor aprovechamiento del capital y la mayor productividad elevan las tasas de capitalización conjuntas lo que empuja todos los salarios e ingresos al alza. Lo que resulta indispensable para evitar la tragedia del desempleo es dejar de lado la peregrina idea de que los salarios pueden decidirse por decreto en lugar de comprender que se establecen según sea la inversión per capita fruto del ahorro interno y externo.

 

Se ha dicho que los inmigrantes significan un costo adicional al fisco (es decir, al contribuyente) debido a que recurren a servicios del llamado “estado benefactor”. En realidad este es un problema del “estado benefactor” y no un problema que presenta la inmigración. De todos modos, para que esto no sirva de pantalla al efecto de eliminar o limitar la inmigración, debe subrayarse que a los inmigrantes les debería estar vedado el uso de ese tipo de servicios pero, naturalmente, tampoco deberían estar obligados a aportar para mantenerlos con lo que serían personas libres tal como a muchos ciudadanos les gustaría ser y no verse compelidos a financiar servicios caros, deficitarios y de mala calidad.

 

En sus estudios Julian Simon alude a las motivaciones de los inmigrantes para dejar sus tierras y a los consiguientes comportamientos en sus nuevos destinos. En ese sentido, ha presentado trabajos sumamente medulosos sobre la inmigración, por ejemplo, su libro The Economic Consequences of Immigration y su ensayo “Are there Grounds for Limiting Immigration?” donde señala: a) los inmigrantes están más dispuestos a trabajar en tareas que los nativos no aceptan b) son más flexibles en el traslado a distintos lugares c) tienen menos hijos debido a la inseguridad y a las situaciones apremiantes por las que han debido pasar en sus países de origen d) muestran mayor propensión al ahorro d) revelan buen desempeño no solo en sus trabajos sino en sus estudios e) debido a sus edades muestran estados de salud sumamente satisfactorios y f) ponen de manifiesto su capacidad para encarar nuevos emprendimientos.

 

Estos dos capítulos revelan los dardos venenosos de los nacionalismos, es de esperar que con los suficientes esfuerzos educativos puedan prevalecer los valores y principios de una sociedad abierta para bien de todos, muy especialmente para los más necesitados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El Modelo es Victoria Xipolitakis

Por Gabriela Pousa: Publicado el 15/7/15 en: http://economiaparatodos.net/el-modelo-es-victoria-xipolitakis/

 

Argentina es un país sin casualidades. El lugar donde desde hace una semana se habla de Vicky Xipolitakis es el país de Cristina. Es coherente que lo sea. Los Kirchner han consagrado la vulgaridad. Lograron que los artistas ya nada tengan que ver con el arte. Los iconos populares están a la altura de la dirigencia, no desentonan. Ambos buscan el protagonismo a cualquier precio, ambos son capaces de negar a la madre y hacen de la mentira una patología.

El kirchnerismo ha institucionalizado un relato muy distante de la realidad que experimentan los ciudadanos. Lo mediático y lo cultural no escapan a ello, son fiel reflejo de los modelos que vemos a diario. Una jefe de Estado capaz de derribar una estatua porque no le gusta verla cuando abre la ventana, no difiere sustancialmente de una vedette capaz de entrar a la cabina de mando aéreo-comercial.

Ambas rompen los cánones de la civilidad. El respeto les es anticuado, el Cambalache de Discépolo se ha hecho carne en lo cotidiano. Todo vale y nada es sancionado. 

De ese modo, la política irradia inverosímiles y los medios se nutren del espanto. Del otro lado está la gente consumiendo un espectáculo burdo y grotesco sin significado pero con intencionalidad. La polémica acerca de qué apareció primero, si el huevo o la gallina, se traslada al tejido social, y no hay respuesta que sacie a la hora de preguntar si la oferta que brindan es lo que el pueblo quiere ver y comprar, o se lo consume porque no hay opción a algo más.

Las alternativas son en extremo débiles y fugaces pero cuando están, muestran que todavía hay gente que las elige como si en esa elección recobraran algo de la dignidad mancillada por la vulgaridad. Esa es la dialéctica de la vida cultural que impuso el kirchnerismo en Argentina. Como sostuviera en uno de sus ensayos Alain Finlielkraut, la “cultura zombie” ha venido a reemplazar el acto intelectual.

Véase que incluso el militante es entendido como un autómata que responde a estímulos de un jefe. No crea, no razona, gracias si empatiza. Hay una necesidad de masificarlo todo de modo que nada sobresalga, nada que escape a lo llano distraiga. De esa forma se unifican las conductas y se manipula con más facilidad a una sociedad.

Desde lo aparentemente cultural impulsan a la rebelión como lo muestran claramente las letras que vociferan las murgas oficiales: una rebelión falsa pues refiere a la impuesta desde Balcarce 50. No deja espacio a interrogantes, acepta solo respuestas. 

El modo de “conquistar” es desacralizando aquello que nos confirma como seres únicos, irrepetibles y desiguales. La cultura fue siempre diferencial. El afán nacionalista apunta muchas veces a ese fin cerrando las opciones a una cultura cosmopolita e imponiendo un “arte” prefabricado, local, vulgar y chato. Se creó una industria del espectáculo donde solo se demanda lo que la autoridad ofrece, y en esa oferta encontramos saciedad. Aspirar a más es una actitud que discrimina.  

La barbarie se ha apoderado tanto de la política como de lo mediático. A la sombra de esa realidad, crece la intolerancia al mismo tiempo que el infantilismo. La mandataria obra como infante imponiendo su voluntad más allá de cualquier norma o pauta social. Y esa es la conducta que pretenden sea imitada. Un pueblo infantil, sin capacidad de raciocinio, sin discernimiento, distraído solo con lo que le dan, es la aspiración kirchnerista de máxima.

La “década ganada” no es la época del burgués sino la del ciudadano-niño. El primero sacrificaba el placer de vivir a la acumulación de riquezas y situaba, según la fórmula de Stefan Zweig, “la apariencia moral por encima del ser humano demostrando una impaciencia equivalente ante las exigencias del orden moral y del pensamiento”. El segundo quiere, ante todo, divertirse, relajarse, escapar a los rigores por vía del ocio, y ésta es la razón por la cual el gobierno se apodera de la industria cultura, la genera o degenera, en verdad.

Se vacían las cabezas para llenar los ojos, y todo es circo, show que iguala y logra transformar al espectador en un “fan”. Una categoría sin otra reglas que las del enceguecido, cerrado a todo lo demás, capaz de morir y matar por una iconografía azarosa y furtiva, por héroes de barro sobre un falso pedestal. “Néstor no se murió , Néstor vive en el pueblo….”, basta un ejemplo.  Así, la cultura del videoclip domina a la conversación y lo razonable: nada se soluciona ya con discursos, con razón, sino con vértigo, música, masas y efecto de shock. 

Los recitales han reemplazado a las palabras a la hora de emprender ciertas causas. Un alimento no perecedero a cambio de rock es la manera de ayudar. Adiós a la cultura del sacrificio y del trabajo. Todo es de una liviandad que asusta, todo es rápido, coyuntural. La cultura, en cambio, siempre es perenne, lo culturoso es lo fugaz, no perdura más allá de un presente que quiere prolongarse incansablemente. 

Por todo esto, en Argentina nada es casual. Ha habido y hay una domesticación de la voluntad individual para sustituirla por una voluntad colectiva. Los modelos y referentes que se nos da tienen esas características: el desparpajo, lo irrespetuoso, lo amoral. La pretensión de igualdad a su vez, se impuso venciendo las diferencias inherentes a los seres humanos. Un pueblo así domesticado aceptará con mayor facilidad a un Aníbal Fernández gobernando que un pueblo ilustrado.

La ignorancia y la vulgaridad son ya políticas de Estado. Las desventuras de Xipolitakis, en este contexto, no son sino el resultado de un proceso que ha pugnado por idiotizar al ciudadano. La vedette es el modelo de ciudadano pretendido por la jefe de Estado: sumido en la frivolidad que no exige, no involucra. Es justamente eso lo que se quiere: un pueblo no involucrado, que acepte desde la mansedumbre, que no diga demasiado. En síntesis, que esté distraído para que el gobierno mientras tanto pueda hacer y deshacer sin sentirse custodiado.

Asimismo, se impone la creencia de que lo serio es aburrido y lo solemne queda descartado. ¿Por qué sino una Presidente puede bailar el Himno Nacional sin siquiera sonrojarse? Todo sirve al show, aún lo que alguna vez fue sagrado. Las fechas patrias se convirtieron en fines de semana largos, los actos en los colegios se reemplazaron por feriados. El despojo es total: somos un árbol sin raíces y consecuentemente, sin posibilidad de ramificar. 

Entretenidos, olvidamos las responsabilidades, dejamos que todo lo resuelvan los demás. Lástima que “los demás” son precisamente, los que gobiernan, es decir los kirchneristas: los propulsores de la bajeza y la falta de ética.

El gobierno ya no determina apenas un modelo económico, más o menos ortodoxo para administrarnos, sino que irrumpe estableciendo el modo de vida que debemos llevar, los gustos que debemos saciar... Imponen de alguna manera, a Xipolitakis y su escandaloso actuar como parámetro, y dejan apenas tres opciones al ciudadano: la de ser un zombie, la de ser un frívolo o un fanático.

 

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

¿Que es la Creatividad?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 28/11/13 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2013/11/28/que-es-la-creatividad/

Escribe Stefan Zweig en Los creadores que “de todos los misterios del mundo, ninguno es más profundo que el de la creación”. Sin embargo, conviene precisar que, estrictamente, el ex nihilo no es atributo de los humanos ya que siempre existe la influencia de otros en lo que uno produce. Giovanni Papini sostenía metafóricamente que si a uno le abren el cerebro se encontrarán miles y miles de carteles con los nombres de quienes influyeron en la persona para elaborar tal o cual cosa. No solo se trata de la influencia del prójimo sino de situaciones y circunstancias varias. El ex nihilo propiamente dicho es solo atributo de Dios.

De todos modos, el significado de la creatividad humana alude a la producción de ideas de muy diversa naturaleza que se concretan en la escritura, en la música, en la pintura, la escultura y en cualquier proceso del quehacer diario fruto de una idea que permite proceder de otra manera al efecto de la resolución de problemas de distinta índole.

Conviene precisar que en un plano diferente lo humano es ex nihilo, no en el sentido de que lo producido surge de la nada sino porque, a diferencia del reino animal, vegetal y mineral, no está determinado por otras causas anteriores sino que irrumpe debido a nuestro libre albedrío. Tal como explica el premio Nobel en física Max Planck en su ¿Hacia donde va la ciencia? : “Se trata de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en las manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza como causa de movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta […] ¿Qué conclusión podemos deducir respecto del libre albedrío? En medio de un  mundo donde el principio de causalidad prevalece universalmente ¿qué espacio queda para la autonomía de la volición humana?  Esta es una cuestión muy importante, especialmente en la actualidad, debido a la difundida e injustificada tendencia a extender los dogmas del determinismo científico [determinismo físico en la terminología de Karl Popper] a la conducta humana, y así descargar la responsabilidad de los hombros del individuo” (por mi parte, escribí un largo ensayo sobre este tema titulado “Positivismo metodológico y determinismo físico”).

Entonces, a esta altura, es de interés intentar una explicación del proceso creativo. El proceso comienza (y termina) con trabajo y constancia en la concentración por resolver un problema, aun lo que aparece como un descubrimiento “accidental” es debido a una preocupación y ocupación previa (de lo contrario la solución aparece desapercibida a los ojos de alguien que no le ha prestado atención a lo investigado). Estas concentraciones y cavilaciones se archivan en el subconsciente y, tarde o temprano, frente a cualquier atisbo de resolución conecta el conciente con el subconsciente y aparece “el momento eureka” que en no pocas ocasiones es atribuido a musas o a fantasmas que, a veces, traducen la sensación que la inspiración vino de otro lado y no de un proceso interior.

Sin duda que las etapas y características de la creatividad en el sentido indicado resultan diferentes en cada caso y, a veces, da la impresión que el asunto es fácil como, por ejemplo, en los casos de Mozart que parecía escribir en el pentagrama automáticamente sin considerar los estudios, la práctica y los esfuerzos previos, del mismo modo que ocurría con Balzac que inventó una especie de taquigrafía debido a la rapidez en que se le ocurrían ideas que no daba tiempo a la escritura corriente. Por supuesto que en unos casos hay más facilidad que en otros debido al tipo de talento, lo cual no disminuye el de Beethoven que tardaba mucho para finiquitar una composición musical o el caso de Goethe que tardó setenta y cuatro años en escribir sin pausa el Fausto (Durero requería mucho croquis y mucho cálculo sobre el lienzo antes de pintar, mientras que Van Gogh pintaba hasta tres cuadros por día).

En realidad, la creatividad está íntimamente conectada a escucharse uno mismo, a la actualización de las potencialidades de cada cual. El torcer el rumbo para amoldarse a lo que otros dicen y piensan es fatal y así el sujeto en cuestión deja de ser él mismo para convertirse en los demás, es la mayor de las traiciones como apuntaba Ortega. Por eso es que prestar atención a las vocaciones resulta tan crucial. En este sentido, Octavio Paz en “La espuma de las horas” ha escrito que “Al descubrir nuestra vocación, nos descubrimos a nosotros mismos”. Este ejercicio de escucharse a uno mismo, a su vez, está conectado con el coraje moral, en la capacidad de estar solo frente a la opinión dominante tal como nos enseña Leonard Read en The Courage to Stand Alone y a eso a lo que precisamente se refiere Rollo May en The Courage to Create.

Paul Johnson en la introducción a Creators, titulada “The Anatomy of Creative Courage”, enfatiza los obstáculos y las dificultades con las que se topa el proceso creativo que solo se resuelve con la perseverancia en el trabajo y la consiguiente disciplina.

Tengamos en cuenta que la creatividad no está reservada “a los del más alto coeficiente intelectual (IQ)”, ya que como han puesto de manifiesto autores como Howard Gardner (Inteligencias múltiples) e Isaac Asimov (Thinking About Thinking), no hay posibilidad alguna de establecer un ranking universal de inteligencias (inter legum) puesto que todos somos inteligentes solo que para asuntos distintos.

En resumen, el producto de la creatividad se traduce en una inmensa satisfacción difícil de trasmitir en palabras que alimenta el intelecto de todos cuando está dirigida a lo ético, estético y, en general, a contribuciones que permiten mejorar la condición de vida de los semejantes. Es una bendición que debe ser cultivada y aprovechada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.