Para el análisis: cultura y contracultura

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/14/para-el-analisis-cultura-y-contracultura/

Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al progreso moral y material de sus habitantes

El filósofo británico Isaiah Berlin

Este es un tema sumamente delicado e importante. El asunto parte de comprender los errores garrafales del relativismo que de entrada se topa con una flagrante contradicción: para seguir con su propia secuencia también es relativo el relativismo. Hay diversos tipos de relativismo, el primero y el que domina a los demás es el epistemológico. Isaiah Berlin en El sentido de la realidad se alarma frente a “una inversión de la idea de la verdad como correspondencia” entre el juicio y el objeto juzgado “pues las cosas no tienen en este sentido naturaleza alguna, sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana” lo cual constituye “un fenómeno siniestro”.

Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido que es el sujeto que percibe, pero cuando se hace referencia a la objetividad de la verdad significa que las cosas, atributos, hechos y procesos tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias que son ontológicamente autónomos. Esto desde luego que no contradice el pluralismo, cada uno sigue su camino y se sustenta en sus interpretaciones que pueden ser verdaderas o falsas, lógicas o ilógicas pero en nada se contraponen a la objetividad del mundo tal como explica Nicholas Rescher en Objectivity: The Obligations of Impersonal Reason y también Karl Popper en cuanto a que “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad” lo contrario “no solo pienso que se trata de un enunciado falso, sino también de un enunciado perverso” (en su obra Conocimiento objetivo).

Una cosa es el prefiero, me gusta, valoro y otra son las propiedades y atributos de lo que se aprecia o rechaza, como queda dicho lo primero es subjetivo lo segundo es objetivo. La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. La teoría subjetiva del valor es del todo compatible con el objetivismo del mundo, son dos planos distintos. La búsqueda de la verdad no significa que sea tarea sencilla, se trata de un permanente peregrinaje en medio del mar de ignorancia en la que nos debatimos al efecto de captar trozos de tierra fértil en que apoyarnos en un contexto de corroboraciones provisorias siempre sujetas a refutaciones. Los debates abiertos son indispensables para el progreso del conocimiento.

Del relativismo epistemológico nace el cultural, el hermenéutico y el moral. Eliseo Vivas en Relativism and the Study of Man explica “la falaz inferencia que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada uno entre los valores que describe el etnólogo. Aquí cuando hablo de relativismo me refiero al relativismo cultural”. Claro que no es lo mismo una sociedad de antropófagos que una sociedad libre donde el respeto recíproco es el valor medular. Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al antedicho respeto recíproco al efecto del progreso moral y material de sus habitantes.

Claro que hay manifestaciones varias de la cultura como la vestimenta, arquitectura, gastronomía, tonadas y construcciones en el lenguaje, pinturas, músicas etc pero el aspecto central que apuntamos está formado por valores de respeto recíproco.

Viene aquí un asunto crucial que apunta con gran claridad Jacques Barzun en The Culture We Deserve y que aparenta ser solo semántico pero que encierra un tema que hace a la calidad de vida y es el término cultura que proviene de cultivarse que a su vez remite originalmente a la agricultura. Igual que en este terreno no es lo mismo cultivar con veneno que con fertilizantes, en el plano de las relaciones humanas cultivarse es mejorarse como persona y con los vínculos sociales. Esto no quiere decir que no deban respetarse las manifestaciones de contracultura siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Este es el sentido de la definición de liberalismo en cuanto al respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Todo merece consideración excepto cuando se invaden derechos, una situación que debe ser frenada en una sociedad libre. Por supuesto que merecen consideración proyectos de vida que pueden resultar repulsivos pero reiteramos si no hay lesión de derechos todos debe ser respetado, lo cual no quiere decir abstenerse de críticas según lo que cada cual estime pertinente en un clima de libertad de expresión.

Pero del hecho del referido respeto o consideración no se sigue que deje de existir la noción del bien y del mal, de la excelencia y la perversión. Más aún la educación proviene de ex ducare es decir sacar afuera, actualizar las potencialidades en busca del bien, en otros términos transmitir valores y conocimientos que se oponen frontalmente al relativismo. La educación no consiste en un torneo en el que se transmite cualquier cosa en cualquier dirección. Del mismo modo, la importancia de incentivar el espíritu contestatario en el aula y la mente abierta debe distinguirse nítidamente de un basural abierto que recibe y engulle todo a la par, todo lo cual se encamina vía la competencia de propuestas.

Se ha preguntado inocentemente quién decide qué es bueno y qué es malo pero la pregunta relevante no es quién sino qué decide y es la naturaleza de las cosas: un veneno envenena y un remedio cura. Del mismo modo que las cosas tiene propiedades y atributos, el ser humano también tiene una naturaleza que debe ser respetada y por ello es que la misma noción de justicia y derecho responden a mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva lo cual habitualmente se denomina derecho natural que es anterior y superior al establecimiento de un eventual monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.

Antes de volver sobre la noción de cultura y contracultura, debe señalarse que otras derivaciones del mencionado relativismo cultural son como hemos anunciado el hermenéutico y el ético. La hermenéutica relativista considera que los textos y la comunicación en general deben interpretarse del modo que el intérprete o receptor lo considere oportuno sin atenerse a lo que queda consignado en el escrito o en lo transmitido oralmente. John M. Ellis en Against Deconstruction escribe que “si bien el lenguaje surge de una convención de ello no se desprende que las palabras sean arbitrarias, de lo contrario no habría lenguaje ni comunicación alguna. Un símbolo que no se reconoce como algo específico, no significa nada.” Por su parte Umberto Eco destaca que “la iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico. Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y sólo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán ser probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas” (en Los límites de la interpretación).

Por último, tal como marca Herny Hazlitt en Los fundamentos de la moralidad, la ética alude al plano normativo en el que “es sumamente difícil encontrar un nihilista ético consistente [puesto] que en realidad espera que otros lo respeten”. Puede analizarse desde dos planos la moral, el primero se circunscribe a las relaciones interpersonales de respeto recíproco, en cambio el segundo alude a cuestiones intrapersonales que solo hacen a la persona en sí misma sin que nadie externo pueda legítimamente entrometerse. El relativista moral en la práctica concluye que no hay tal cosa como moral o, lo que es equivalente, que cada uno tiene su moral y no existe aquello del bien y el mal.

Finalmente y para cerrar esta nota periodística sobre un tema tan trascendente, volvemos sobre los conceptos de cultura y contracultura para enfatizar el punto. En este sentido es ilustrativo el libro de Jorge Bosch titulado precisamente Cultura y contracultura. En esta obra el autor se queja de “pseudointelectuales que cuestionan de manera superficial, ruidosa y enconada algunos de los aspectos más valiosos de la cultura de todos los tiempos […] Todo ese conglomerado heterogéneo y amorfo pero notablemente exitoso, es lo que he llamado la contracultura [y pretendo] demostrar que la cultura se relaciona estrechamente con la calidad de la vida y que es en tal sentido uno de los ingredientes fundamentales de la libertad y la democracia […] Una sólida tradición de siglos que asocia la cultura al cultivo del saber, de la inteligencia, de la sensibilidad estética y las obras de cultura, a las obras de la ciencia, del arte y de la filosofía” y al contrario mantiene que la vulgaridad, la corrupción, la delincuencia y la falsedad son imposturas que revelan desconocimiento, “terrrorismo ideológico”, fruto de “trampas semánticas” y “nostalgia de primitivismo” que a la postre tarde o temprano sucumben y se subsumen en “países-cárceles” donde la libertad queda aplastada por las botas del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Antecedente de la academia internacional de liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/2/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/02/19/antecedente-de-la-academia-internacional-de-liberalismo/

Un libro publicado por Walter Lippmann en 1937 dio lugar a que un año después Louis Rougier convocara a un seminario en París al que asistieron, entre otros, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke

Walter Lippmann

Friedrich Hayek sostenía que la Mont Pelerin Society era el equivalente a una academia representada por intelectuales de todas partes del mundo que adherían a la tradición de pensamiento liberal. En esta nota periodística nos referimos al antecedente primero de esa asociación internacional y es el libro publicado en 1937 por Walter Lippmann tituladoAn Inquiry into the Principles of a Good Society quien provenía de las filas del socialismo fabiano al igual que Hayek, el primero, egresado de Harvard y transitado por varios de los medios periodísticos estadounidenses, se fue convenciendo de los errores del socialismo debido a lecturas sobre el liberalismo clásico pero especialmente debido a la influencia de Hayek y el segundo abandonó antes el fabianismo merced al seminario que condujo Ludwig von Mises en Viena.

Tanto a Lippmann como a Hayek le quedaron resabios del socialismo los que se mantuvieron presentes a través de su vida en el primer caso como veremos en el comentario telegráfico del antes mencionado libro, mientras que en el segundo caso se disiparon completamente a medida que producía nuevos escritos hasta finalmente estuvo “expuesto una vez más a una terapia por la que hace cincuenta años Ludwig von Mises me convirtió” tal como lo refiere luego de la lectura de una obra de Walter Block.

Por esto es que con justeza se aluda a los tres Hayek: el primero ilustrado por su sentencia en cuanto a que la administración del dinero es función indelegable del gobierno, el segundo con la publicación de su trabajo recomendando la privatización de la moneda y el último en conexión con lo que acabamos de mencionar.

En todo caso, el libro de Lippmann, traducido al francés en 1938, dio lugar a que Louis Rougier convocara a un seminario en París en ese mismo año al que asistieron lo referidos Hayek y Mises y también Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke. En las seis sesiones de ese seminario se estableció el “Centre international d’études pour la rénovation du libéralisme” que se suspendió en 1940 debido a la guerra. En 1947 aquellos asistentes volvieron a reunirse convocados esta vez por Hayek para constituir la antedicha Mont Pelerin Society que en un primer momento el convocante sugirió se denominara The Acton-Tocqueville Society lo cual en definitiva se sustituyó por el nombre del lugar donde se celebraba la reunión inaugural.

A esa nueva reunión también asistieron académicos de la talla de Milton Friedman, Karl Popper, Vernon Smith, James Buchanan, Henry Simons, Ludwig Erhard, Maurice Allais, Gary Becker y Leonard Read. Es de gran importancia destacar que esta última personalidad fundó un año antes, en 1946, la primera institución dedicada a estudiar y difundir los principios de la sociedad libre, denominada The Foundation for Economic Education (FEE).

Como queda dicho, debido a que el libro de Lippmann -a pesar de sus falencias conceptuales- en lo que podríamos clasificar como la prehistoria de la referida academia internacional que agrupa liberales de los cinco continentes, es que señalamos algunos de los puntos más sobresalientes de esa obra basados su versión castellana, en México, 1940, por la Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana (UTEHA) con el título de Retorno a la libertad.

Hoy nos puede resultar fácil la crítica a libros como el que ahora encaramos debido al formidable esfuerzo intelectual de quienes nos precedieron, en la actualidad aparecen como lugares comunes fáciles de refutar especialmente en el terreno económico, el más abandonado e ignorado de todos los campos hasta la decimonónica irrupción de la Escuela Austríaca con aportes de la Escolástica Tardía y la Escuela Escocesa. Pero como decimos hasta entonces las falacias eran reiteradas y repetidas en los círculos menos sospechados. Tengamos presente la cantidad de intelectuales de peso que se han dejado arrastrar por las influencias de Marx, de Keynes y de los neoclásicos en general.

Thomas E. Woods reproduce una misiva de Hayek a Lippmann donde se lee: “Espero demostrar a mis amigos estatistas que la única manera de preservar la democracia es a través del capitalismo”. Asimismo Woods muestra a los extremos que había llegado Lippmann ya que en 1933 siendo partidario del intervencionismo del New Deal le dirigió una carta a Franklin Delano Roosvelt en la que escribe que “La situación es crítica. Usted puede no tener más alternativa que asumir poderes dictatoriales” y también resalta que Keynes lo convenció a Lippmann que abandone sus “pretensiones de contar con un presupuesto equilibrado”.

Una vez abandonado su pasión por las políticas roosveltianas y su acercamiento al keynesianismo, publica el libro de marras que abre con reflexiones muy razonables que atraparon la atención de muchos profesionales y no profesionales de la época : “Se esgrime el arma de la dirección coercitiva de la vida y del trabajo del hombre. Se predica la doctrina de que el desorden y la miseria sólo pueden vencerse por medio de una organización cada vez más tiránica. Hacen la promesa que con el poder del Estado es posible la felicidad de los pueblos […] profesan unánimemente, en nombre del progreso, y en todas partes, la teoría de que los gobiernos, con los instrumentos de coerción que poseen mediante normas de vida dictadas por los pueblos, deben dirigir el curso de la civilización y forjar los moldes del porvenir […] Para regular los problemas humanos, no se considera seriamente más camino que ése y ni siquiera se concibe la posibilidad que pueda haber otro […] Tan universal el predominio de este dogma que a nadie se le considera seriamente […] si no salta a la palestra con proposiciones para aumentar el poder de los gobiernos” y concluye que “es imprescindible volver sobre nuestros pasos y limitar el poder de gobernantes” y “abandonar la idea que nos compele a creer que el camino del progreso en materia de orden social está en intensificar el poder de la autoridad y ensanchar su radio de acción.”

Muy bien estos enunciados que como hemos consignado suscitaron la aprobación y el aplauso de otros colegas y, a pesar de lo que señalamos a continuación, decidieron organizar seminarios para profundizar y pulir las ideas expuestas como un primer paso para otras metas más ambiciosas que llevaron adelante colegas mejor informados y más preparados.

Lippmann arrastra de sus inclinaciones anteriores varias ideas que se dan de bruces con los fundamentos de la sociedad abierta y que como decimos luego fueron discutidos y depurados. Podemos dividir estos deslices de cierta gravedad en cinco áreas centrales. El libro en la apuntada versión que tenemos entre manos consta de 454 páginas dividido en 16 grandes secciones cada una a su vez subdividida en múltiples capítulos de modo que nuestro resumen crítico naturalmente consta de un muy apretado compendio.

En primer lugar su tratamiento defectuoso del monopolio criticando esta figura, sin percibir que en el mercado libre el primero que produce un bien o presta un servicio que el consumidor adquiere constituye un paso decisivo hacia el progreso y que solo los monopolios legales, sean privados o estatales, generan un perjuicio a la sociedad. El eventual arbitraje jugoso del monopolista llama la atención en el sistema de precios al efecto de atraer a otros participantes y así ampliar la oferta y mejorar las condiciones en las transacciones. Aun en el caso del llamado monopolio natural es necesario mantener las condiciones para la libre entrada de nuevos oferentes sean nacionales o extranjeros y si el productor al momento se mantiene como único es porque las condiciones imperantes revelan que esa es la condición óptima, de allí la consideración del antes mencionado premio Nobel en economía James Buchanan en cuanto que “Mientras el intercambio sea abierto y mientras se excluya la fuerza y el fraude, el acuerdo logrado, por definición, será calificado como eficiente.” (en Liberty, Markets and State, New York University Press).

El segundo capítulo se refiere al tan reiterado “modelo de competencia perfecta” al que adhiere Lippmann y que presupone el conocimiento perfecto de todos los factores relevantes, lo cual como entre otros explica Israel Kirzner, se traduce en la ausencia de competencia puesto que en ese contexto no habrán empresarios ni estimaciones de arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales. El daño que este modelo puede percibirse, por ejemplo, en la persona de Raúl Prebisch que siendo estudiante absorbió ese desconcepto que marcó buena parte de su carrera, lo cual se pone en evidencia especialmente en su autobiografía intelectual.

La tercera área alude a la noción de desigualdad de rentas y patrimonios que Lippmann sugiere nivelar en distintas situaciones y a través de diversas metodologías. Como bien nos ha enseñado Robert Barro, en un mercado libre el delta entre las distintas posiciones resulta del todo irrelevante, el tema consiste en que al liberar al máximo las energías creadoras en procesos abiertos indefectiblemente se empujan hacia arriba salarios e ingresos en términos reales. En definitiva estas diferencias de resultados en una sociedad abierta son la consecuencia de los plebiscitos diarios en el mercado por parte de quienes con sus compras y abstenciones de comprar premian a los que atienden sus necesidades con ganancias y castigan a los que yerran con quebrantos. Los intentos de la guillotina horizontal siempre operan a contramano de esas preferencias lo cual desemboca en derroche de los siempre escasos factores productivos y, por ende, conducen al empobrecimiento.

La cuarta observación está atada a la tercera y es la incomprensión de Lippmann respecto a la causa de salarios e ingresos en términos reales, lo cual es muy común en quienes provienen del socialismo. Esta causa reside en las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Todas las medidas que pretenden incrementar ingresos por el voluntarismo del decreto desembocan en desempleo y empobrecimiento precisamente de quienes se desea mejorar. Esas tasas de capitalización, es decir, maquinaria, equipos, instalaciones y conocimiento relevante se logran vía un mayor ahorro y consecuentemente mayor inversión.

Por último, otro lugar común es la crítica de Lippmann al laizzez-faire al que le dedica mucho espacio y que al contrario de lo que muchas veces se supone no consiste en mirar para otro lado y no hacer nada sino en permitir faenas productivas al abrir paso para que cada uno use y disponga de lo suyo como estime más conveniente sin interferencias de los aparatos estatales que en este contexto deben proteger y garantizar derechos que a diferencia de lo que niega Lippmann en varios pasajes, proceden del orden natural y por tanto son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

Nuevamente insistimos que visto desde la perspectiva de los conocimientos modernos de la economía los consejos que citamos pueden parecer estrafalarios, sin embargo el cambio parcial de opinión de Lippmann desde su fabianismo original ha incentivado y ayudado a convocar a reuniones y a establecer entidades que han marcado en profundidad rumbos.

Cierro este breve comentario bibliográfico remarcando con inmensa satisfacción que pude establecer contacto personal con Leonard Read y su notable equipo cuando fui becado a la mencionada Foundation for Economic Education para trabajar en mi primer doctorado y también pude mantener relación personal con los referidos fundadores de la Mont Pelerin -excepto con Maruice Allais, Henry Simons y con Popper con quien mantuve una fugaz correspondencia- institución de la que formé parte de su Consejo Directivo en dos oportunidades además de haber presentado trabajos en sus reuniones anuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Sana envidia y mentira piadosa

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 12/2/22 en: https://www.larazon.es/opinion/20220213/zqgjkeg5mvbipkmmb4q57zsg2e.html

Cuando los políticos mienten, prácticamente siempre en su propio interés, eso nunca es una mentira piadosa, sino la vieja mentira podrida de toda la vida de Dios

Lo que llamamos sana envidia no es realmente envidia, igual que la mentira calificada de piadosa no es realmente mentira. La consciencia de ambos vicios ilumina el contraste moral entre la libertad y la política, en particular la progresista.

La envidia es el más ruin de los pecados, porque es el único del que las personas somos incapaces de concebir una circunstancia en la que estemos orgullosos de haberlo cometido. Precisamente por eso hablamos de sana envidia para expresar un sentimiento distinto, que no es el vil pesar envidioso ante el bien ajeno sino la admiración hacia el mismo o el impulso a emular al prójimo.

Una marca fundamental de la inmoralidad del intervencionismo, o el socialismo de todos los partidos, es que legitima la envidia, porque permite recubrirla de nociones plausibles como la «justicia social» o los «derechos sociales», que se traducen necesariamente en la violación de los derechos de las personas. O, expresado de otra manera, si no existiera la envidia, si todos respetáramos los bienes ajenos, si nadie quisiera arrebatarle nada al prójimo, el socialismo no podría existir («Social State and Anti-Social Envy», aquí: https://bit.ly/373vP3Z).

En cuanto a la mentira piadosa, nuestro diccionario la define como «mentira que se dice para evitar a otro un disgusto o una pena». Aquí la clave estriba en el objeto de la mentira: el otro, no el que profiere el embuste sino el que es engañado. La mentira que asociamos a la política en general, y al socialismo en particular, no tiene que ver con el otro sino con el propio político. Cuando Karl Popper decía que había dejado de ser comunista cuando descubrió que los comunistas eran muy mentirosos no se refería a que mentían piadosamente en beneficio de los demás, sino pérfidamente en beneficio propio.

En su debate con Kant a propósito del derecho a la mentira, señaló Constant: «Es un deber decir la verdad, pero solamente en relación con quien tiene el derecho a la verdad. Ningún hombre, por tanto, tiene derecho a la verdad que perjudica a otros».

Por tanto, cuando los políticos mienten, como mienten prácticamente siempre, y prácticamente siempre en su propio interés, no en el interés general, eso nunca es una mentira piadosa, sino la vieja mentira podrida de toda la vida de Dios.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La gran estafa del impuesto a la herencia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/1/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-gran-estafa-del-impuesto-a-la-herencia-nid08012022/

¿Quién será el que invierta en un negocio si el resultado no se puede trasmitir total o parcialmente a descendientes? Así se tenderá a vivir al día, sin ahorros

Como es sabido, el Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels en 1848 constituye el documento central de la religión totalitaria de nuestra época. Allí se detallan diez puntos para sabotear y exterminar al sistema capitalista. En su punto tercero se aconseja eliminar la herencia en el contexto de lo que reza ese manifiesto en cuanto a que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada.”

Se ha sostenido que el establecimiento del impuesto a la herencia tiende a igualar a todos en la largada de la carrera por la vida, atenuando las ventajas de nacimiento; y, en el extremo marxista, se nivelaría en un sentido absoluto en aquella metáfora deportista. Se sigue diciendo que esto es justo porque permite que cada uno desarrolle sus potencialidades sin el apoyo del esfuerzo de sus ancestros.

Anthony de Jasay –el célebre profesor de Oxford y probablemente el autor más prolífico y creativo en la tradición de pensamiento liberal– muestra que resulta autodestructivo el ejemplo de la carrera por la vida. Esto es así debido a que el que llega primero en esa contienda verá destruido su esfuerzo, ya que nivelarán a sus descendientes nuevamente en la próxima carrera, puesto que ellos no recibirán nada del esfuerzo de su progenitor debido precisamente a la guillotina horizontal que implica el impuesto a la herencia, sea expropiatorio en su totalidad o de modo parcial, en cuyo caso el resultado abarcará la totalidad o el efecto negativo será sobre una parte.

Es del todo irrelevante para el bienestar de la gente quién es concretamente el que generó una fortuna: si el padre, el abuelo o el mismo titular del momento; el asunto estriba en los resultados y la respectiva gestión administrativa. Si el heredero administra mal, es decir, si en un mercado abierto no da en la tecla con las preferencias de sus semejantes, incurrirá en quebrantos, lo cual significa que transferirá sus recursos a otras manos más competentes. El impuesto a la herencia bloquea, deteriora y desdibuja el antedicho proceso, lo cual se traduce en despilfarro que consume capital y, por ende, contrae salarios e ingresos en términos reales. En este contexto, ¿quién será el que invierta en un negocio si el resultado no se puede trasmitir total o parcialmente a descendientes? Así se tenderá a vivir al día sin ahorros. En otras palabras, el impuesto a la herencia perjudica a toda la economía, pero muy especialmente a los más vulnerables, puesto que las menores tasas de capitalización siempre afectan con más fuerza a los más pobres.

Los estatistas siempre están al acecho para incluir medidas del tipo mencionado, lo cual desafortunadamente en nuestros tiempos incluye a la cabeza de la Iglesia Católica con sus alientos al redistribucionismo del fruto del trabajo ajeno y a los embates de los aparatos estatales. De allí que cuando le preguntaron al actual papa si es comunista, respondió: “Son los comunistas los que piensan como los cristianos” (Roma, La Reppublica, noviembre 11, 2016); y también sus reiteradas declaraciones y documentos varios que la emprenden contra el capitalismo y los mercados libres, al tiempo que alaba a tercermundistas y equivalentes, todo lo cual intensifica la pobreza en grado sumo.

La influencia central en Marx provino de Hegel, quien en su Filosofía del derecho (asunto que alude también en La filosofía de la historia) resume su posición cuando escribe: “El Estado es la realidad de la idea ética; es el espíritu ético […] El Estado es la voluntad divina como espíritu presente.” Esta obra ha sido posteriormente prologada por Marx, donde subraya: “La religión es el sollozo de la criatura oprimida […] Es el opio del pueblo. La eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo es la condición para su felicidad real”. Este andamiaje conceptual ha sido tomado en cuenta por sus seguidores al efecto de demoler desde adentro religiones oficiales, faena realizada principal, pero no exclusivamente por Antonio Gramsci para incorporar adherentes al marxismo.

Un destacado precursor del marxismo fue Robespierre, que en la contrarrevolución francesa expresó en su conocida diatriba del 2 de diciembre de 1793: “Todo lo indispensable para la preservación es propiedad común”.

Es triste que desde el púlpito se aliente lo dicho, puesto que otra influencia decisiva en el pensamiento de Marx fue el determinismo físico en Demócrito, sobre el que trabajó su tesis doctoral. Tal como han explicado, entre muchos, autores como el filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en neurofisiología John Eccles, esa postura niega la existencia de la psique fuera de los nexos causales inherentes a la materia, lo cual imposibilita el libre albedrío, la revisión de nuestros juicios, proposiciones verdaderas y falsas, ideas autogeneradas, la responsabilidad individual, la moral y la propia libertad. Esta postura marxista se pone de relieve especialmente en la obra en coautoría con Engels titulada La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica (no es una errata, es así el título), en el que aluden a estudios realizados por Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert, donde mezcla ese tema con ofensas contra el judaísmo –que desarrolla en La cuestión judía–, a pesar de descender de una familia rabínica, aunque su padre cambió de religión al efecto de contar con mayor número de clientes en su bufete de abogado en el contexto del régimen prusiano.

Un buen número de intelectuales se dejaron seducir por el marxismo que recién abandonaron una vez que comprobaron de primera mano los desastres irreversibles que produce. Hoy se suele renegar de la etiqueta marxista, pero se adopta buena parte de sus recetas, lo cual está presente en aulas universitarias, en círculos sindicales, en no pocos medios periodísticos, en ámbitos empresarios, en organismos internacionales financiados por gobiernos y en un número nada despreciable de los libros publicados. Incluso los hay quienes se proclaman abiertamente antimarxistas pero degluten sus principios.

Ha habido y hay fervientes revisionistas que objetan distintos aspectos del marxismo, pero vuelven una y otra vez a sus ejes centrales, como es el caso del impuesto a la herencia. Aparecen marxistas edulcorados que rechazan enfáticamente la violencia, sin percatarse de que está en la naturaleza de todo régimen totalitario el uso sistemático de la fuerza al efecto de torcer voluntades que pretenden operar en direcciones distintas a las impuestas por los mandones de turno.

Hasta se conjetura que el propio Marx se percató de su error, en cuanto a que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1871, que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por eso es que después de publicado el primer tomo de El capital en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra, tal como nos informa Engels en la introducción al segundo volumen veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el inicio de aquella obra, se abstuvo de publicar, salvo dos textos secundarios: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de París.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Nuestros problemas comienzan con el dogma Montaigne

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/10/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/nuestros-problemas-comienzan-con-el-dogma-montaigne-nid25102021/

Michel de Montaigne
Michel de Montaigne Por Alfredo Sábat

Michel Montaigne fue un hombre del Renacimiento, es decir, de la ruptura con el espíritu medieval de aplastamiento a las libertades individuales para subrayar la renovación y fortalecimiento de los valores de la antigüedad clásica en cuanto a la importancia de la persona frente al poder, en otras palabras, al renacer del humanismo. Estudió derecho en Toulouse y sus posteriores actividades de juez, consejero, alcalde y parlamentario lo involucraron en trifulcas religiosas y cortesanas que alternaba con sus lecturas y escritos de sus célebres Ensayos que pudo recién finiquitar y publicar en 1588, luego de su retiro.

Fue amigo de Etienne de la Boétie quien escribió en su muy difundido libro titulado Discurso de la servidumbre voluntaria: “Son pues los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar ya que con sólo dejar de servir romperían sus cadenas.” Sin embargo, buena parte de lo que estampó con su notable pluma Montaigne se concentró principalmente en provechosos consejos en el contexto de la vida interior del hombre y desafortunadamente cuando se sale de ese territorio como en el tan citado capítulo 22 de la antedicha obra concluye que en las relaciones sociales “no se saca provecho alguno sin perjuicio para otro.” Esto en la moderna teoría de los juegos se denomina suma cero y fue por lo que Ludwig von Mises en su tratado de economía de 1949 bautizó como “el dogma Montaigne”.

Con razón Michel Montaigne confiesa en ese texto: “Mis conceptos y mi juicio avanzan a tientas, bamboleantes, tropezando y vacilando” una situación que a todos nos envuelve puesto que como ha explicado Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones. Nunca se llega a un punto final, estamos inmersos en un proceso evolutivo de prueba y error.

En otros términos, en el caso que nos ocupa el autor ha dado pie para lo que probablemente sea la equivocación mayor de nuestra época: considerar que la pobreza de unos es debida a la riqueza de otros. A que en toda transacción lo que uno gana es porque otro lo pierde. Está muy instalada la peregrina idea de que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra, pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez la razón central de esta visión esté alimentada por el resentimiento y la envidia, a saber, el mirar al exitoso en el mercado libre con desconfianza y enojo. De allí la contradicción de alabar la pobreza por un lado y por otro condenarla (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos).

Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en el mercado abierto y competitivo la situación es de suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental, directa o indirecta a través de aceptar la intimidación sindical o al otorgar mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco, para no decir nada de los reiterados saqueos de ciertos políticos en funciones.

Es muy frecuente el sostener que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural eran las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, que al destapar la olla de la energía creadora hacen que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo de existencia que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente prefiere, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena al resto a la miseria.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros, es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.” Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza del poder gubernamental. James Madison –el padre de la Constitución que los argentinos en su momento tomamos como modelo– escribió en 1792: “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”

Cuando los aparatos estatales se inmiscuyen en la propiedad interviniendo en los precios inexorablemente se desdibujan las únicas señales con que cuentan los operadores económicos para asignar los siempre escasos factores productivos y, por tanto, el consiguiente derroche contrae los salarios e ingresos en términos reales.

En otras palabras, el dogma Montaigne ha nublado la visión para adoptar medidas liberalizadoras no solo en el contexto interno del país en cuestión sino también referidas a las falacias tejidas en torno al comercio exterior con lo que se bloquea el mercado cambiario y consecuentemente se distorsionan las importaciones y las exportaciones.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Sobre ofensas, opiniones adversas y el proceso de mercado

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/28/sobre-ofensas-opiniones-adversas-y-el-proceso-de-mercado/

Daniel Klein

Conviene de entrada decir que todo progreso en el conocimiento hace que muchos de los que sostenían opiniones distintas hasta ese momento imperantes se sientan incómodos, molestos, a veces humillados, ridiculizados y ofendidos. Pero precisamente el derecho a expresar libremente las ideas -la libertad de prensa- resulta trascendental no solo para que la gente se entere de lo que viene sucediendo sino especialmente para el aprendizaje en un contexto siempre evolutivo de permanentes corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones.

Todas las ciencias y todo el conocimiento está sujeto a estos avatares, de lo contrario para no molestar, incomodar, ofender o humillar habría que estancarse y renunciar al progreso. Esto también se aplica a otros territorios que últimamente se han debatido que se refieren, por ejemplo, a preferencias o inclinaciones sexuales varias, lo cual, demás está decir debe ser aceptado si no hay lesiones a los derechos de terceros pero también en este caso o similares no quiere decir para nada que otros adhieran o se que se abstengan de analizar. Pongamos un ejemplo muy extremo: supongamos que una persona se autopercibe gallina, nadie puede recurrir a la fuerza para que esa persona cambie de opinión (incluso si se ejercita en cacarear) pero esto no significa que otros no puedan decir abiertamente que esa autopercepción constituye un error de apreciación.

Claro que como he escrito antes hay también una cuestión de modales y de buen gusto. Digamos que estamos en un almuerzo con otras personas y el vecino de asiento tiene mal aliento, en lugar de denunciarlo públicamente es mejor respirar para otro lado. Consigno estos razonamientos porque aparecen talibanes aquí y allá que pretenden que todos se callen frente a actitudes que se estiman problemáticas. En realidad estos personajes absurdos apuntan a que todos suscriban sus posiciones lo cual es el mayor ejemplo de intolerancia y estupidez de dogmáticos que solo pueden rendir ilimitado culto a la personalidad de algún personaje muerto porque no piensan por sí mismos. También es una cuestión de buena educación el consejo de no insultar gratuitamente religiones o creencias que uno no comparte, a menos que se trate de estudios filosóficos-teológicos y asimismo muchos otros ejemplos que revelan la conveniencia de recurrir a buenos modales como una manera de alimentar la cooperación social.

Pensemos en la cantidad enorme de personas que se sintieron ofendidas cuando Galileo desarrolló su tesis condenada severamente por la Iglesia Católica a pesar de que como escribe Ortega y Gasset “lo obligaron a arrodillarse y abdicar de la física”. Pensemos en la medicina y los adelantos que dejaron atrás teorías equivocadas que fueron reemplazadas por otras, pensemos en la física: antes he ilustrado el tema con dos premios Nobel en esa rama que fueron padre e hijo, Joseph Thomson en 1906, entre otras razones obtuvo el galardón por mostrar que el mundo subatómico está caracterizado por partículas, sin embargo su hijo -George Thompson- recibió el premio en 1937 por señalar que en verdad son ondas.

Por supuesto que como ha destacado una y otra vez Karl Popper, el conocimiento es un peregrinaje en busca de verdades y para el logro de encontrar trozos de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos hay que estar atentos a nuevos paradigmas. Por ello es que el lema de la Royal Society de Londres nos advierte nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Y es por eso que Emanuel Carrére ha estampado la conclusión que “lo contrario a la verdad no es la mentira sino la certeza”. Esto no suscribe la sandez del relativismo epistemológico sino que muestra que las certezas nublan la mente ya que no está abierta a la incorporación de nuevas ideas.

Otra cosa es si hay apología del delito y figuras tales como las injurias, calumnias y equivalentes a través de lo que se dice o hace, en esta situación intervendrá la justicia para poner las cosas en orden y proteger derechos en caso de haberse lesionado. Pero la opinión que terceros tengan de uno no es algo que pueda controlarse, en última instancia depende de la reputación de cada cual que cuanto más abierto sea el proceso mayores garantías habrá para que surja la verdad.

La reputación no es algo que se obtiene por decreto, inexorablemente depende de la opinión libre e independiente de los demás. En este sentido, autores como Daniel B. Klein, Gordon Tullock, Douglass North, Harry Chase Bearly, Avner Grief, Jeremy Shearmur y tantos otros que han trabajado el territorio de la reputación, enfatizan en la natural (y benéfica) descentralización del conocimiento por lo que el proceso del mercado abierto provee de los instrumentos e incentivos para lograr las metas respecto a la calidad en estas y en otras ramas. Y cuando se alude al mercado, demás está decir que no se refiere a un lugar ni a una cosa sino a las millones de opiniones y arreglos contractuales preferidos por la gente al efecto de coordinar resultados.

En conexión con este tema de la reputación, uno de los tantísimos ejemplos del funcionamiento de lo dicho es el sitio en Internet denominado Mercado Libre donde múltiples operaciones se llevan a cabo diariamente de todo lo concebible sin ninguna intervención política de ningún tipo. Los arreglos entre las partes funcionan espléndidamente, al tiempo que se califican y certifican las transacciones según el grado de cumplimiento de lo convenido en un clima de amabilidad y respeto recíproco que hace a la reputación según las opiniones vertidas. Estas calificaciones y certificaciones van formando la reputación de cada uno que es el mayor capital de los participantes puesto que así condicionan su vida comercial.

En este mismo contexto, Harold Berman y Bruce Benson muestran el proceso evolutivo, abierto y espontáneo del mismo derecho comercial (lex mercatoria) a través de la historia, sin que haya sido diseñado por el poder político tal como fue el sentido original de la ley. Por su parte, Carl Menger ha demostrado lo mismo respecto al origen del dinero y los lingüistas más destacados subrayan el carácter libre de toda decisión política respecto al lenguaje. Como la perfección no está al alcance de los mortales, la ética también es un concepto evolutivo que no involucra a los políticos (o en todo caso lo hacen para corromper) y, desde luego la ciencia misma es independiente de las decisiones políticas (afortunadamente para la ciencia).

Todos estos ejemplos de peso están atados a la noción libre de la reputación extramuros del ámbito político, en este sentido las corroboraciones en cada campo dependen del mercado de las ideas que, en el contexto de la mencionada evolución, va estableciendo la reputación de cada teoría expuesta de modo equivalente a lo que sucede con la calidad y cumplimiento en el ámbito comercial.

El mercado libre de restricciones gubernamentales estimula a la concordia, enseña a cumplir con la palabra empeñada, mueve a la cooperación social y decanta las opiniones válidas sobre personas y cosas. En cada transacción libre las dos partes se agradecen recíprocamente puesto que ambas obtienen ganancias, lo cual es precisamente el motivo del intercambio. Ambas partes saben que uno depende del otro para lograr sus objetivos personales. Las dos partes saben que si no cumplen con lo estipulado se corta la relación comercial. El mercado necesariamente implica cooperación social, es decir, cada participante, para mejorar su situación, debe atender los requerimientos de la contraparte.

La trampa, el engaño y el fraude se traducen en ostracismo comercial y social puesto que la reputación descalifica a quien procede de esa manera. Significan la muerte cívica. Solo la politización intenta tapar malversaciones. En la sociedad abierta, el cuidado del nombre o, para el caso, la marca, resultan cruciales para mantener relaciones interpersonales.

Las opiniones derivan de los sucesos en el ámbito del mercado a contracorriente de lo que ocurre en el plano político donde siempre hay discursos desaforados, gritos, enojos, donde se muestran los dientes en el contexto de enemigos que siempre hay que combatir. En el proceso del mercado, en cambio, se destaca la amabilidad en intercambios libres y voluntarios donde cada cual para mejorar su posición debe servir los intereses de los demás. Por ello es que la reputación de políticos -es decir la opinión de otros sobre su desempeño- no suele ser buena.

Los derechos de propiedad permiten delimitar lo que es de cada uno y consiguientemente permiten establecer con claridad las transacciones. Por el contrario, la definición difusa y ambigua de esos derechos y, más aún, la “tragedia de los comunes” inexorablemente provocan conflictos y se opaca la contabilidad con lo que se dificulta la posibilidad de conocer resultados. En libertad cada uno da lo mejor de sí en interés personal, en la sociedad cerrada cada uno saca lo peor de sí para sacar partida de la reglamentación estatista por la que el uso de los siempre escasos recursos resultan siempre subóptimos.

John Stossel en su programa televisivo en Fox subraya las enormes ventajas del contralor privado frente al estatal. Al mismo tiempo destaca cómo las regulaciones gubernamentales, que bajo el pretexto de una mejor calidad, cierran el mercado para que privilegiados operen, a pesar de que si hubiera libertad contractual otros serían los proveedores de bienes y servicios.

Un ejemplo paradigmático de lo que estamos abordando es el oscurecimiento de la reputación de casas de estudio debido a la politización de sellos oficiales y absurdos “ministerios de educación”, en lugar de obtener la acreditación por parte de academias e instituciones internacionales especializadas y en competencia, a su vez, cuyas reputaciones dependen de la calidad de sus veredictos y sus procederes. En cualquier caso, constituye siempre un reaseguro el separar drásticamente la cultura de los aparatos políticos (cultura oficial es una contradicción en los términos, lo mismo que periodismo o arte oficial). Esto con independencia de las respectivas inclinaciones de los políticos del momento, puesto que la educación formal requiere puertas y ventanas abiertas al efecto de que el proceso de prueba y error tenga lugar en el contexto de la máxima competitividad y apertura mental.

En varios de sus ensayos Walter Block objeta parte de las visiones convencionales relativas a la opinión que terceros puedan tener sobre la reputación de ciertas personas consideradas por el titular como injustificadas, puesto que reafirma que la reputación no es algo que posea en propiedad el titular sino que, como queda expresado, deriva de la opinión de otros. Como ha subrayado el antes mencionado y tan ponderado profesor Daniel Klein, los incentivos fuertes que genera la sociedad libre en competencia constituyen el mejor modo de producir opiniones valederas sobre los muy diversos aspectos que se suscitan en las relaciones interindividuales y, asimismo, la manera más eficiente de poner al descubierto y descartar las opiniones falsas.

Por último en este tema crucial, es pertinente resaltar que la discriminación es inaceptable cuando se pretende vulnerar la igualdad ante la ley desde el aparato estatal pues todos tienen los mismos derechos, pero es natural y necesaria la discriminación en los ámbitos privados ya que todos al actuar preferimos algo y dejamos de lado lo otro, esto es, seleccionamos, preferimos o discriminamos entre los amigos que elegimos, nuestras lecturas, comidas, ropa, deportes y en todo lo que hacemos discriminamos lo cual desde luego incluye a quienes recibimos y a quienes no en nuestras propiedades, al contrario de lo alegado por energúmenos que protestan porque tal o cual restaurante o similar no los dejan que entren a su local. Es otra vez el espíritu talibán que intenta que todos actúen según sus parámetros, en ese clima ya no habría ofensas ni opiniones adversas puesto que dominará el detestable pensamiento único en un contexto en el que desaparecerá el mercado libre y la igualdad ante la ley como reflejos de una sociedad civilizada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Alimentos para el alma frente a dos pandemias que azotan

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/07/alimentos-para-el-alma-frente-a-dos-pandemias-que-azotan/

En el presente no solo nos enfrentamos al COVID-19, sino también al Leviatán desbocado

Medio siglo sin William Faulkner, maestro de la narrativa moderna | El  Informador
William Faulkner

Días pasados mantuve un mano a mano por Zoom con Miguel Wiñazki organizado y coordinado por Federico Tessore quien preside Inversor Global que recurre a una plataforma muy apropiada para este tipo de conversaciones.

Como dije en esa reunión, las disertaciones de Miguel sobre temas filosóficos son un bálsamo para el espíritu no solo por el contenido de los temas que trata sino por la forma de presentarlos siempre en tren de exploración, sin certezas y con muchos interrogantes que va deslizando en sus muy amenos discursos en un tono de voz que invita a la reflexión sesuda. De modo magistral va desmenuzando posibles respuestas. Se puede o no compartir todo lo dicho pero queda una amable invitación a pensar, a una formidable modalidad contestataria y a mirar los problemas desde muy diversos ángulos en el contexto del método socrático de preguntas clave al efecto de intentar la dilucidación de asuntos intrincados que este autor los convierte en fáciles de asimilar.

En sus cursos trata los temas más variados tales como la envidia, la soberbia, la austeridad, la ética, el posmodernismo, las revoluciones francesa, rusa y norteamericana sin olvidar la nuestra de mayo, escritores como Borges, Sabato, Cortázar y Victoria Ocampo. Un privilegio escucharlo y acompañarlo en sus jugosos laberintos que siempre dejan enseñanzas de gran calibre y convites para seguir discutiendo y escarbando, puesto que como reza el lema de la Royal Society de Londres, nullius in verba, es decir, no hay palabras finales.

Es del caso apuntar que Wiñazki invita a retomar el hilo de la conversación. Borges escribió que el intercambio con Leopoldo Lugones era difícil pues “era asertivo, terminaba sus frases con un punto y aparte. Para seguir conversando había que cambiar de tema. En cambio, Macedonio Fernández concluía con puntos suspensivos para que el interlocutor siguiera indagando”. Miguel pertenece a este último estilo y bien alejado del primero y en la misma sintonía con lo que transcribimos más abajo de la pluma certera del premio Nobel en literatura, William Faulkner.

Sus enseñanzas se perfilan en momentos en que nos azotan dos espantosas pandemias: la del implacable COVID-19 y la del Leviatán desbocado, siendo esta última mucho más peligrosa e incisiva que la primera puesto que mientras aquella afecta el cuerpo la segunda destroza el alma ya que invade lo más sagrado de la persona que es su dignidad.

En nuestro medio asistimos a la caída libre de los valores republicanos: se atropella la Justicia, se amenaza la liberad de prensa, se instaura la impunidad, aumenta sideralmente el gasto público financiado con impuestos insoportables, inflación astronómica y deuda colosal. Los controles a las actividades lícitas son asfixiantes, se intensifica la estafa a los jubilados, se acentúa la apología a regímenes criminales del exterior al tiempo que se niega apoyo a pueblos en rebeldía contra la opresión totalitaria. Con el pretexto de la primera pandemia se instaura la segunda que, como queda dicho, es de características mucho más devastadoras que la primera. En esta línea argumental, hace cinco años publiqué en este mismo medio un comentario elogioso a un libro de Miguel: Crítica a la razón populista.

En este libro el autor resume el discurso populista como un “método para encubrir el saqueo del dinero público”, la “beligerancia respecto a los sectores productivos” y “la pasión loca por monopolizar la palabra” en otros términos “el fin de la razón”, todo inseparable del veneno nacionalista con “Juan Manuel de Rosas como uno de sus fundadores” y un “Papa que tiene muy buenas relaciones con los regímenes populistas latinoamericanos”.

Abrí este intercambio al que ahora nos convocaron con una cuestión que me viene preocupando y que constituye el cimiento de la sociedad libre y sin embargo es desconocido o negado por muchos de los que se dicen partidarios de la libertad. Se trata nada más y nada menos que de comprender que los humanos no somos solo kilos de protoplasma sino que tenemos estados de conciencia, mente o psique, un tema que originalmente comencé a estudiar a raíz de la magnífica obra del filósofo de la ciencia Karl Popper en coautoría con el premio Nobel en neurofisiología John Eccles que lleva el muy sugestivo título de El yo y su cerebro. En este libro y en otros muchos de la nutrida bibliografía hoy disponible, se explica que de no ser así no habría tal cosa como ideas autogeneradas, no podríamos revisar nuestros propios juicios, no distinguiríamos las proposiciones verdaderas de las falsas, no podríamos argumentar (ni siquiera en defensa del materialismo filosófico), no tendría sentido la responsabilidad individual, ni la moral ni la mismísima libertad puesto que seríamos como loros.

El premio Nobel en física Max Plank distingue entre causas en las ciencias naturales y motivos en las ciencias sociales, del mismo modo que hacen los filósofos Antony Flew, John Hospers y Juan José Sanguineti. Por su parte, Howard Robinson explica que cualquier profesional competente puede investigar, comprobar y detectar todo lo físico en un ser humano que, por así decirlo, es de acceso público pero los deseos y pensamientos son de exclusivo acceso del titular. Es de lamentar -decía yo en ese intercambio con Miguel- que no pocos desconocen aspectos que cubren territorios como el derecho (que se base en las autonomías individuales), la psicología y conexas (a pesar de la genealogía en cuanto a que significa el estudio de la psique) y la economía (sustentada en la elección libre).

Miguel estuvo de acuerdo con esta preocupación y subrayó que el enfoque que refuta al materialismo filosófico “conjuga la libertad” puesto que “las ideas son la libertad misma”. Agregó en ese contexto que aquellas concepciones que operan a contracorriente de la libertad, es decir, los populismos, no solo tienen bases filosóficas endebles sino que arremeten contra los derechos de las personas. Así en nuestro medio clasifica el populismo normal, el originario del peronismo clásico y el corporativismo fascista, el populismo sanguinario de los setenta y lo que denomina el populismo posnormal que se sustenta en la propaganda y en la reiterada y persistente tentativa de invertir y contradecir los hechos en “un relato farsesco”. Pero este último esquema tiene la contracara de posibles refutaciones vía las redes sociales y sus equivalentes, lo cual para nada quiere decir que todo lo que sucede en estos nuevos medios tecnológicos sean susceptibles de alabanza puesto que aparecen mensajes agresivos rodeados de lenguaje insustancial pero que se mezclan con la trasmisión de ideas de valor.

Este análisis Wiñazki lo vincula a las propuestas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en cuanto a que estos autores sostienen la necesidad de la confrontación como sistema y a la negación de la forma republicana que consideran una utopía que le da entrada a “los poderes hegemónicos” lo cual alejaría de su ideal en verdad totalitario.

Por mi parte, sugerí algo que he detallado antes en distintos medios que es la imperiosa necesidad de abrir un debate entre quienes adhieren a los valores y principios de la sociedad libre en cuanto al urgente establecimiento de nuevos límites al abuso del poder. En este plano de análisis, esto es necesario porque se está disfrazando como democracia de contrabando convirtiéndola en aquello que es en realidad una cleptocracia, a saber, gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. Como se ha reiterado antes, se está contradiciendo lo dicho por los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto a concluir que la parte medular de la democracia consiste en el respeto de los derechos de la gente y la parte formal es el recuento de votos. Pero resulta que henos aquí que se han invertido los roles y lo secundario ha pasado a ser principal y lo medular se ha borrado de la agenda.

Finalmente mi interlocutor destacó su preocupación por algunas trifulcas entre miembros de la oposición en momentos en que nos encontramos en nuestro país frente al precipicio. Subrayó la relevancia de proponer proyectos que modifiquen sustancialmente la dirección por la que se vienen encaminando los gobiernos argentinos desde hace muchas décadas, de lo contrario nos esperará el horrible cuadro de situación venezolano.

Antes he consignado con satisfacción y ahora reitero los nombres que menciono a continuación con quienes he mantenido un mano a mano en recintos universitarios, centros culturales, programas televisivos o por Zoom (todos se encuentran en Youtube) a los que ahora se agrega la impronta de Miguel Wiñazki, esas personas son: Loris Zanatta, Antonio Escohotado, Santiago Kovadloff, Javier Milei, Gloria Álvarez, Carlos Alberto Montaner, Ricardo Lopez Murphy, Juan José Sebreli, Agustín Laje, Marcos Aguinis, Álvaro Vargas Llosa, Axel Kaiser, Cayetana Álvarez de Toledo, Luis Pazos, Carlos Rodríguez Braun, Álvaro de Lamadrid y Jorge Fernández Díaz.

Todos ellos estoy seguro comparten conmigo la muy sabia recomendación que hemos anunciado al abrir esta nota periodística formulada por el notable Faulkner que constituye una guía de conducta dicha por ese maestro de la narrativa, de los diálogos interiores, de las frases largas y los flash-backs, expresada en 1956 en una entrevista administrada por Jean Stein: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejor que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Debate urgente: el sentido de la democracia y el poder

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 31/7/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/07/31/debate-urgente-el-sentido-de-la-democracia-y-el-poder/

Desde la Carta Magna de 1215 en adelante el constitucionalismo en el contexto republicano significa vallas al abuso del poder y no cheques en blanco para que el monopolio de la fuerza haga lo que le plazca

Debate urgente: el sentido de la democracia y el poder - Centro de Informes
Montesquieu

A raíz del triunfo electoral del comunismo en Perú –si, dije comunismo-, donde el candidato triunfante anuncia que las primeras medidas serán el cierre de un canal televisivo independiente y la detención de dos periodistas opositores basado en quien inspira al flamante presidente: Vladimir Cerrón, el izquierdista radical entrenado en Cuba y así es como que, por ejemplo, uno de sus lugartenientes en la lista de Castillo, Guillermo Bermejo procesado por terrorista, ahora juró como diputado al grito de “viva la patria socialista”. Todo esto en medio de una campaña para apaciguar al tontanje con dichos que apuntan a calmar para ganar tiempo. Y anteriormente tantos otros episodios truculentos en la historia donde el espíritu totalitario se impuso por mayorías o primeras minorías, tal como ocurrió con los nazis en Alemania, por lo que es del caso tomar distancia y meditar sobre el asunto.

Según todas las consideraciones de los maestros del constitucionalismo, el aspecto medular de la democracia consiste en el respeto por los inviolables derechos de las personas que son anteriores y superiores a los gobiernos los cuales se establecen al efecto de proteger y garantizar esos derechos. Por su parte, el aspecto secundario, formal y mecánico de la democracia se refiere al procedimiento electoral. Sin embargo, hoy observamos que se han revertido las prioridades y lo secundario no sólo ha mutado en lo principal sino que ha eliminado este último aspecto.

Como es sabido, la alternativa a la democracia es la dictadura pero en nuestro mundo moderno resulta que lo uno se ha convertido en lo otro, no vía un golpe militar sino vía el proceso electoral. ¿Tiene sentido que la mayoría o la primera minoría extermine al resto? ¿Es aceptable que nos embarquemos en aquella caricaturización en el que dos lobos y un cordero deciden por mayoría que almorzarán? Entonces lo que en verdad ocurre en nuestro mundo es el abandono de la democracia para que irrumpa en su lugar la cleptocracia, es decir, el gobierno de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida. Es imperioso entonces proponer límites al poder político desbocado antes de convertir al globo terráqueo en un inmenso Gulag en nombre de una democracia pervertida.

En esta nota periodística sugerimos algunos de esos límites que si no se comparten deben trabajarse las neuronas y proponer otros caminos tendientes al mismo fin, pero no quedarse de brazos cruzados esperando la próxima elección pues de ese modo el despeñadero es seguro.

Antes de pasar a esas posibles medidas para retornar la democracia y abandonar la ruleta rusa, es pertinente recordar algunos pensamientos de prominentes intelectuales sobre la materia puesto que desde la Carta Magna de 1215 en adelante el constitucionalismo en el contexto democrático-republicano significa vallas al abuso del poder y no cheques en blanco para que el monopolio de la fuerza haga lo que le plazca con las vidas y haciendas ajenas en base a nociones corruptas del derecho como la facultad de disponer del fruto del trabajo ajeno.

Para evitar el suicido colectivo es necesario prestar debida atención a unos pocos pensadores de fuste de todos los tiempos, antes de proceder a las propuestas para frenar la avalancha totalitaria con el grotesco disfraz de la democracia. De más está decir, nunca cercenar el debate de ideas que resulta indispensable para el conocimiento. Se trata de abrir cauce a todas las ideas para lo cual es menester preservar en el sistema político la discusión en cualquier dirección posible.

En esta línea argumental, Cicerón mantiene que “El imperio de la multitud no es menos tiránico que el de un hombre solo y esa tiranía es tanto más cruel cuanto que no hay monstruo más terrible que esa fiera que toma la forma y el nombre del pueblo”. Benjamin Constant afirma que “Los ciudadanos poseen derechos individuales independientes de toda autoridad social o política y toda autoridad que viole estos derechos se hace ilegítima”. Herbert Spencer apunta que “La gran superstición política del pasado era el derecho divino de los reyes. La gran superstición política del presente es el derecho divino de los parlamentos”. Bertrand de Jouvenel al subrayar que la soberanía se concreta en los derechos imprescriptibles de cada cual, declara que, en cambio, “la soberanía del pueblo no es, pues, más que una ficción y es una ficción que a la larga no puede ser más que destructora de las libertades individuales”.

Giovanni Sartori nos explica que “cuando la democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación convierte a un sector del demos en no-demos. A la inversa, la democracia concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría, se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de mayoría y minoría.” En este contexto, Friedrich Hayek advierte que “Debo sin reservas admitir que si por democracia se entiende dar vía libre a la ilimitada voluntad de la mayoría, no estoy dispuesto a llamarme demócrata”. Y por último solo para circunscribir nuestra atención en algunas de las enseñanzas más destacadas en vista del espacio disponible en una columna periodística, Juan González Calderón ha señalado que “los demócratas de los números ni de números entiendes puesto que parten de dos ecuaciones falsas: 50%+1%=100% y 50%-1%=0%”.

En muchas oportunidades, frente a la amenaza de lo dicho se han sugerido calificaciones del voto al sostener que al aludir a una manifestación cultural quienes no tienen una mínima educación no pueden ejercer el derecho al voto que se interpretaba estaba reservado para aquellos que podían discernir acerca de lo que estaban haciendo. Esta propuesta no da en el blanco puesto que el tema no radica en la educación formal recibida ya que, de hecho, hay quienes poseen grados universitarios máximos y son corruptos y por ende ignorantes de valores del respeto recíproco mientras que otros no han asistido al colegio primario y sin embargo proceden de acuerdo a normas civilizadas de conducta. Lo mismo puede decirse respecto de las reiteradas sugerencias en cuanto a la limitación del derecho al voto a aquellos que poseen determinado patrimonio con el argumento que los que no los poseen no tendrán interés en preservarlo, sin percatarse que hay millonarios que son ladrones debido a las explotaciones miserables del prójimo en base a privilegios otorgados por el poder de turno, mientras personas de condición muy modesta proceden de modo decente, lo cual revela que el tema no es patrimonial sino de reserva moral.

Ahora bien, se han lanzado al ruedo diversas propuestas de diversa naturaleza que apuntan a poner límites al poder. Por ejemplo, el antes mencionado Hayek esboza medidas para el Poder Legislativo como la no reelección y las funciones de ambas cámaras en un sistema federal a lo cual se han agregado sugerencias en cuanto a imitar lo que viene sucediendo en algunos estados en Estados Unidos respecto a que los legisladores operen tiempo parcial. Esto último tendría un efecto bifronte, por una parte evitaría el peligro de la sobrelegislación y, por otra, obliga a los legisladores a trabajar en el sector privado con lo que tendería a evitarse el riesgo de convertir la política en un negocio.

En cuando al Poder Judicial, Bruno Leoni ha insistido en la necesidad de abrir las posibilidades de árbitros privados sin ninguna regulación ni limitación de ninguna naturaleza, incluso que no se requiera la condición de abogado lo cual abriría la posibilidad de concebir el derecho en un contexto evolutivo alejado de concepciones de ingeniería social o diseño en un proceso competitivo de fallos judiciales.

También se ha propuesto explorar un pasaje poco conocido de la obra más difundida de Montesquieu y aplicarla al Poder Ejecutivo en el sentido de incorporar la idea que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” tal como ocurría en las repúblicas de Florencia y Venecia en línea argumental con lo consignado por Karl Popper en su crítica a la idea de Platón del “filósofo rey” en lugar de centrar la atención en instituciones fuertes “para que el gobierno haga el menor daño posible” poniendo de manifiesto que lo relevante no son los hombres sino los marcos institucionales. Con el sorteo, en vista que cualquiera eventualmente podría acceder al Ejecutivo los incentivos de la gente tenderían a operar en la dirección de proteger sus vidas, propiedades y libertades a través del fortalecimiento de las respectivas instituciones, y eso es precisamente lo que se requiere.

Por último, también se agrega a lo dicho la posibilidad de adoptar lo que tenía lugar en Dinamarca antes de 1933, a saber que los que son mantenidos financieramente por el gobierno, es decir, coactivamente por los vecinos, no puedan votar ya que el voto se traduce en la administración de los bienes públicos y no tiene sentido administrar el erario común por parte de aquellos que no pueden mantenerse a sí mismos, un derecho que es incorporado cuando esas personas procuran los fondos con el fruto de su trabajo para mantenerse.

Recientemente, hacia fines de la década del 70 y principios de los 80 hubo un gran debate en Estados Unidos entre diversos flancos académicos y políticos sobre lo que se conoció como “starve the beast” (hambrear a la bestia). Esto significó cortar recursos impositivos al gobierno (la bestia) al efecto que hambrearlo en la esperanza de que se reduzca el gasto público. Sin embargo, el aparato estatal siguió creciendo financiado con deuda gubernamental externa. Este debate que trascendió las fronteras estadounidenses, pone de relieve la necesidad de reformas institucionales del tipo de las señaladas para mantener en brete al Leviatán.

Si la democracia se convierte en su antónimo quedarán sin sustento los cimientos de la sociedad libre con lo que se barrerá con la noción del derecho de propiedad que comienza con la propia vida, la posibilidad de expresar pensamientos libremente y el uso y disposición de lo que pertenece a cada cual. La liquidación de la propiedad privada no sólo aniquila la dignidad de las personas sino que hace inviable la economía junto con el bienestar material ya que desaparecen los precios y la consiguiente contabilidad y evaluación de proyectos. Estamos jugando con fuego y naturalmente si seguimos por esta pendiente resultaremos quemados y a merced de los tiranos del momento.

En algunas constituciones como la estadounidense de 1787 y la argentina de 1853 se prefirió recurrir a la expresión república y no democracia en línea con principios inaugurados más acabadamente por Montesquieu para enfatizar aún más principios como la división horizontal de poderes, la transparencia de los actos de gobierno, la alternancia en el poder, la responsabilidad de rendir cuentas de los gobernantes ante los gobernados y la igualdad ante la ley. Este último principio es inescindible de la idea de Justicia puesto que no se trata de la igualdad ante la ley para ir todos a un campo de extermino sino de “dar a cada uno lo suyo” según la definición clásica de Ulpiano sobre la Justicia, y lo suyo remite al antedicho concepto de propiedad. Por eso es que Tucídides nos dice que Pericles al honrar a los muertos en las Guerras del Peloponeso enfatizó que “nuestro régimen político es la democracia y se llama así por los derechos que reconoce a todos los ciudadanos. Todos somos iguales ante la ley”. Por eso es que la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa, antes de la contrarrevolución de los jacobinos, consignó al encabezar esa declaración la igualdad de derechos ante la ley.

A contramano de esto -la visión suicida para las libertades individuales- remite principalmente a Rousseau, Fitche y Hegel. El primero subrayaba en El contrato social que había que dar rienda suelta a la voluntad general “para que el pueblo no se equivoque nunca”, el segundo en su Mensaje al pueblo alemán aseguró que “El Estado es el poder superior más allá de cualquier reclamo” y el tercero enfatizaba en La filosofía de la historia que “El Estado es la Idea Divina como existe en la tierra”.

Leo Tolstoy escribió en 1902 que “Cuando entre cien personas una manda sobre noventa y nueve, es injusto, es el despotismo; cuando diez mandan sobre noventa, también es injusto, es la oligarquía; pero cuando cincuenta y uno mandan sobre cuarenta y nueve resulta que es justo, ¡es la libertad! ¿Puede haber algo más cómico y manifiestamente absurdo en ese razonamiento? Sin embargo, este es el razonamiento que sirve de base a los reformadores de la estructura política.” Es que la teoría enseña desde tiempo inmemorial que el gobierno democrático no manda sobre el resto, sino que garantiza sus derechos y preserva sus autonomías individuales.

Por último, en los esfuerzos por domar al gobierno desorbitado se sugirió limitar el gasto estatal en un porcentaje del producto bruto como si el crecimiento de este último guarismo justificara expansiones en el abuso del poder y con otras medidas similares sin abordar el tema de fondo al efecto de promover incentivos institucionales fuertes para revertir la tendencia. En resumen, la discusión sobre mantener en brete al monopolio de la fuerza vía la genuina democracia es una tarea indispensable porque como sentenció Acton “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los derechos son siempre humanos

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 26/7/2en: https://www.laprensa.com.ar/504606-Los-derechos-son-siempre-humanos.note.aspx

De un tiempo a esta parte se recurre a una grotesca redundancia en la parla que se ha tornado convencional y es la referencia a los «derechos humanos» sin percatarse que los derechos no son minerales, vegetales ni animales son necesariamente humanos.

Esto es así debido a las siguientes razones fundamentales. En primer lugar, el sujeto de derecho para ser consecuente tiene que contar con libre albedrío, es decir, capacidad de decidir y optar entre distintos medios para la consecución de específicos fines, lo cual incluye la capacidad de defender sus derechos. La condición humana implica la capacidad de distinguir proposiciones verdaderas de proposiciones falsas. Implica inexorablemente la facultad de argumentar, de revisar las propias conclusiones, dar rienda suelta a la posibilidad de ideas autogeneradas, por tanto a la responsabilidad individual por actos y dichos, a la moralidad de su conducta, en otros términos a la libertad que de todas las especies conocidas el ser humano es la única criatura que posee el antedicho libre albedrío que constituye el cimiento y la distinción sobresaliente de su naturaleza, de allí es que se denominan derechos naturales. Del mismo modo que todo tiene sus propiedades y características, el ser humano se diferencia por lo dicho.

A partir de la fecundación de óvulo hay un ser humano en acto, en potencia de contar con otras características a medida que se desarrolla, del mismo modo que todos estamos en potencia de muy distintos aspectos en el transcurso de nuestras vidas. En este sentido la Academia Nacional de Medicina de nuestro medio ha declarado en su plenario del 30 de septiembre de 2010: «Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción […] Que destruir un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano. Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento».

Un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Por lo consignado el llamado aborto es homicidio en el seno materno. La imposibilidad momentánea del feto de ejercer sus derechos naturales no modifica su condición humana, del mismo modo que ocurre con el adulto en coma o discapacitado lo cual no cambia su naturaleza humana puesto que se trata de accidentes o de meras circunstancias transitorias.

ESPIRITU DAÑINO Y CRUEL

Ahora bien, del hecho que el ser humano es la única especie conocida sujeta a derecho y capaz de defenderlo no quita el cuidado de otras especies y que sea reprobada su destrucción o maltrato (a menos que se trate de bacterias que si no son destruidas terminarían con los humanos o la liquidación de cucarachas por una cuestión elemental de higiene). También se matan animales como alimento y se liquidan plantas y se talan árboles para diversos propósitos de subsistencia. De todos modos, el sufrimiento innecesario a animales muestra un espíritu dañino y cruel que debe ser contrarrestado por espíritus nobles.

Pero los animales no son sujetos de derecho: si un elefante destruye mi jardín no lo puedo llevar a tribunales para que responda por sus actos, el animal pertenece en acto a esa especie y solo está en potencia de desarrollar sus condiciones naturales. Como es sabido, en los animales no hay acción que implica propósito deliberado, sino reacción, es decir, solamente dependen de estímulos físicos (por ello es que Karl Popper ha bautizado la negación del libre albedrío como mero «determinismo físico» incapaz de acción propiamente dicha).

Personalmente con mi mujer nos hemos ocupado con nuestros hijos especialmente de incentivarlos a cuidar y apreciar los animales puesto que estimamos que forma parte esencial de la educación, de modo similar a valorar el significado de árboles y otras manifestaciones de la naturaleza.
Pero el derecho tiene un significado preciso que no puede bastardearse ni usarse livianamente. Hoy en día lamentablemente se recurre al derecho para asimilarlo al pseudoderecho puesto que se ha trocado su significado por el atropello al derecho del vecino. De este modo se pretenden otorgar derechos que implican la usurpación del bolsillo ajeno. Se ha llegado a la sandez de sostener que frente a toda necesidad nace un derecho confundiendo conceptos clave.

NOTABLE DECADENCIA

En esta línea argumental, se declama el «derecho a una vivienda digna», a «un ingreso adecuado», a «cantidades necesarias de vitaminas e hidratos de carbono» y así sucesivamente sin tener en cuenta que estas aspiraciones de deseos de concretarse se traducen inexorablemente en la lesión del derecho del vecino ya que los aparatos estatales nada tienen que previamente no lo hayan succionado de otros. En otras oportunidades he puesto el ejemplo de lo propuesto seriamente hace unos años por la Asamblea Constituyente de Ecuador -una moción que afortunadamente no prosperó- para que se incluyera en la Carta Magna «el derecho de la mujer al orgasmo».

En otros términos, referirse a los derechos es suficiente para evitar el pleonasmo y debe tenerse muy en cuenta que desde que se usa la expresión «derechos humanos» se ha producido una notable decadencia en la interpretación del derecho. Paradójicamente, en general cuanto más se declama sobre «derechos humanos» menos se entiende el significado del derecho a secas por lo que observamos que los aparatos estatales cada vez más atropellan los derechos de los gobernados en lugar de garantizarlos y protegerlos.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El Che Guevara, mi primo

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en:  https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/che-guevara-mi-primo.html

Mi padre solía recordar aquello de “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”, en el contexto de mi primo el Che puesto que su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna. Antes he escrito sobre este accidente familiar pero ahora vuelvo a la carga en vista de la valiente revuelta de los cubanos hartos de estar hartos por el avasallamiento cruel de sus libertades elementales en el contexto de la miseria más espantosa con falta de los alimentos y medicamentos más elementales.

A esta altura hay que ser muy cretino para estar del lado de los carceleros castristas. La denominada “tragedia de los comunes” donde lo que es de todos no es de nadie (salvo lo que amasan los megalómanos) se ha puesto en evidencia del modo más crudo y horrendo. Este es el resultado por haberse tragado la píldora venenosa del marxismo que destroza todo vestigio de dignidad y consideración por las libertades individuales. Las masacres del comunismo tanto del alma como del cuerpo de todos los que se les ponen delante resultan evidentes para las personas de buena fe.

Dos de mis distinguidos y queridos amigos cubanos en el exilio, la neurocirujana Hilda Molina y el escritor Carlos Alberto Montaner me informan en sendos correos acerca del llamado “Plan Cacique”, grupos de choque integrados fuerzas policiales y militares disfrazados de civiles para arremeter con inusitada violencia contra seres indefensos y corajudos que pretenden vivir no en la paz del cementerio sino en la paz de la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 La banda de Fidel, el Che y sus secuaces resultó en una tragedia mayúscula para los perseguidos, torturados y asesinados. El Che explicó que el “verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler, Chávez y Kim Jong-Un  de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han vejado y mutilado a millones de seres humanos.


Y debemos tener en cuenta que Cuba -a pesar de las monumentales barrabasadas de Batista- era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Como no podía ser de otro modo, el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otros esperpentos, escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente.”

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aun quedan algunas mentes obtusas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para atender a burócratas y algún simpatizante extranjero del régimen.

La sociedad abierta (para recurrir a terminología de Karl Popper) demanda respeto irrestricto de  la propiedad privada, una institución fundamental que permite la mejor utilización  de los escasos recursos en cuya situación cada cual para mejorar su patrimonio está obligado a servir a sus semejantes. En este ámbito el que acierta obtiene ganancias y el que se equivoca incurre en quebrantos en contraposición de los que la juegan de empresarios pero están aliados al poder político para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de su prójimo.

A contramano de lo dicho, el marxismo propugna la abolición de la propiedad y los seguidores y copiones de esta empobrecedora política intervienen los mercados libres con lo que perjudican muy especialmente a  los más débiles. Afortunadamente aparecen algunas buenas noticias en nuestra región, por ejemplo, la muy bienhechora decisión del actual gobierno uruguayo de separarse de una incumplida apertura localista para abrirse al comercio con el mundo incorporando otros espacios.

El Che y sus pestilentes continuadores se arrogan la facultad de manejar a su capricho la vida y el fruto del trabajo ajeno en una demostración de una mezcla diabólica de ignorancia, malicia y soberbia sin parangón.

Cierro con una confesión. Mi cumpleaños es el 11 de julio, día que recibí el mejor regalo del mundo: el comienzo de las revueltas de cubanos valerosos contra la tiranía.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h