Juan Pablo II, el Papa de la tríada extraordinaria

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/07/juan-pablo-ii-el-papa-de-la-triada-extraordinaria/

Esta no es una nota para fanáticos quienes por definición no piensan sino que se mueven en manada ciegos ante todo lo que se parezca a una reflexión

El Papa Juan Pablo II

Muchas contribuciones notables ha llevado a cabo el Papa polaco pero hay tres que sobresalen nítidamente. La primera se refiere a Centesimus Annus -una Encíclica que constituye un canto a la importancia de la propiedad privada como protección institucional a la dignidad de las personas- que reza de la siguiente manera sobre el significado del capitalismo: “Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente […] ¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil? La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva”. En este contexto es de gran importancia recordar lo que había escrito por Pio XI en Quadragesimo Anno en el sentido que “Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista.”

Es muy pertinente aquella cita en momentos en que se critica al capitalismo y al proceso de mercado que está indisolublemente atado a marcos institucionales como medio para proteger el derecho de propiedad, la vida y la libertad al efecto de que cada persona pueda seguir su proyecto de vida en un clima de respeto recíproco.

Recuerdo vívidamente que en la reunión de la Mont Pelerin Society en México en el cocktail inicial se me acercó Michael Novak con un vaso de champagne en la mano y me dijo “I suggest we have a toast for Centessimus Annus”, se refería a la Encíclica comentada recién promulgada en la que él y Friedrich Hayek participaron activamente en varios de sus pasajes invitados por el Sumo Pontífice. En el reverso de una fotografía que tengo enmarcada de Juan Pablo II estampé una foto en la que está con Hayek.

Naturalmente esto se da de bruces con el pobrismo en boga donde se hace apología de la pobreza material en lugar del concepto bíblico de la pobreza de espíritu que hace alusión a la necesaria prioridad de la vida entre el autoperfeccionamiento y los bienes terrenales. Choca también frontalmente con las sandeces estatistas que en no pocas oportunidades se esgrimen como recetas que naturalmente condenan a la miseria a todos pero muy especialmente a los más vulnerables. Por otra parte, como he señalado en mi discurso inaugural en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) si se alaba la pobreza material habría que condenar la caridad puesto que mejora la condición del destinatario y si se sostiene que los pobres materiales están salvados la Iglesia debería dedicarse solo a los ricos puesto que los primeros ya gozarían de una situación satisfactoria. Por último en esta materia en mi introducción también destaqué que este galimatías no permite ver que todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos. Fui invitado para pronunciar ese discurso titulado “Liberalismo y pobreza” en Tegucigalpa el 30 de junio de 1998 por Monseñor Cristian Brecht Bañados a instancias de Horst Schönbohm quien era presidente de la Fundación Adenauer de Argentina (una de las financiadoras del evento).

La segunda contribución colosal de Juan Pablo II es el ecumenismo, a saber la amistad entre las tres religiones monoteistas lo cual se opone frontalmente a las canalladas del antisemitismo y la islamofobia. Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regímenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. Estos regímenes recurren a la religión debido a que resulta un canal más propicio para el fanatismo del mismo modo que ocurrió con algunos llamados cristianos con la criminal Inquisición.

Juan Pablo IIJuan Pablo II

El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- se refirió a concepto clave recogido por diversos medios periodísticos argentinos que “cuando los terroristas de la ETA o la IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.

El Corán señala que “Quien mata, excepto por asesinato, será tratado como que mató a la humanidad” (5:31) y enfatiza la importancia de la palabra empeñada y los contratos (2:282) y la trascendencia de la propiedad privada (2:188). También destacados autores como Gustave Le Bon, Ernest Renan, Thomas Sowell, Gary Becker, Guy Sorman, Huston Smith, Víctor Massuh, Henry G. Weaver y tantos otros han subrayado las notables contribuciones de los musulmanes a través de la historia por ejemplo en sus ocho siglos en tierras españolas en cuanto a la tolerancia con otras religiones, el derecho, las matemáticas, la economía, la música, la literatura, la medicina, la arquitectura y la fundación de innumerables universidades. Averroes fue uno de los mayores responsables de trasladar la cultura latina a centros de estudio europeos. Incluso en Occidente se ha tendido a distorsionar la verdadera trascendencia de jihad que significa “guerra interior contra el pecado” y no guerra santa al estilo de los conquistadores cristianos en América (más bien anti-cristianos).

Es realmente admirable el esfuerzo académico que llevan a cabo los miembros del Minaret of Freedom Foundation en Maryland (EEUU) para contrarrestar la visión errada en cuanto a los fundamentos del Islam y muestran cómo en las fuentes se encuentra la adhesión a los mercados libres y los marcos institucionales compatibles con el estado de derecho, la importancia de la tolerancia y el pluralismo y también subrayan lo objetable de aberrantes mutilaciones y en general el maltrato a la mujer en cualquier sentido que sea. Personalmente he mantenido correspondencia con su Presidente el profesor Amad-ad-Dean Ahmad, quien revela en uno de sus libros que las contribuciones de musulmanes han constituido uno de los antecedentes de la Escuela Austríaca (de Menger, Böhm-Bawek, Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard)

El problema es siempre la infame alianza tejida entre el poder y la religión, de allí la sabia expresión jeffersionana de la “doctrina de la muralla” en Estados Unidos al efecto de separar tajantemente estos dos ámbitos, puesto que quien dice estar imbuido de la verdad absoluta constituye un peligro si, como tal, se desenvuelve en las esferas ejecutivas de la política.

En un contexto de guerras religiosas, buena parte de las muertes en lo que va de la historia de la humanidad han ocurrido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Es como escribe Voltaire en “Oración a Dios” en su Tratado de la tolerancia: “que los que encienden cirios en plena luz del mediodía para celebrante, soporten a los que se contentan con la luz del sol; que los que cubren su traje con tela blanca para decir que hay que amarte, no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea igual adorarte en una jerga formada de antigua lengua, que en un jerga recién formada”.

El terrorista debe ser condenado como criminal sin hacer referencia a su color de piel, su condición sexual, su nacionalidad ni su religión. Solo de este modo podremos considerarnos civilizados y nos habremos liberado de la espantosa y truculenta lacra de las guerras religiosas. Resulta en verdad conmovedor comprobar la angustia que reiteradamente han puesto de manifiesto públicamente tantos escritores y dirigentes musulmanes frente al uso de la a todas luces inadecuada expresión “terrorismo islámico”.

Respecto al criminal antisemitismo es del caso recordar que Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro más reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como “afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre” pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos más variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones más variadas y todos provenimos de las situaciones más primitivas y miserables (cuando no del mono).

Thomas Sowell apunta que en los campos de exterminio nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un “ario” respecto de las de un “semita”.

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales.

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media”.

Todos los logros de los judíos en las más diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados. Tal vez las primeras manifestaciones de antisemitismo o, mejor judeofobia, en las filas del cristianismo fueron los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y el Concilio de Elvira prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas. El Papa Eugenio iii estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio iii autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores.

Por último en esta terna tan gratificante, apuntamos en esta reseña telegráfica los extraordinarios y tan conocidos pedidos de perdones de Juan Pablo II en nombre de la Iglesia católica por el tratamiento de esa Iglesia a judíos, a mujeres, por las Cruzadas, por la Inquisición y por la conquista de América. Todo esto en abierta oposición al bien que ha hecho el cristianismo al respeto recíproco tan caro a la civilización.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Antecedente de la academia internacional de liberalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/2/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/02/19/antecedente-de-la-academia-internacional-de-liberalismo/

Un libro publicado por Walter Lippmann en 1937 dio lugar a que un año después Louis Rougier convocara a un seminario en París al que asistieron, entre otros, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke

Walter Lippmann

Friedrich Hayek sostenía que la Mont Pelerin Society era el equivalente a una academia representada por intelectuales de todas partes del mundo que adherían a la tradición de pensamiento liberal. En esta nota periodística nos referimos al antecedente primero de esa asociación internacional y es el libro publicado en 1937 por Walter Lippmann tituladoAn Inquiry into the Principles of a Good Society quien provenía de las filas del socialismo fabiano al igual que Hayek, el primero, egresado de Harvard y transitado por varios de los medios periodísticos estadounidenses, se fue convenciendo de los errores del socialismo debido a lecturas sobre el liberalismo clásico pero especialmente debido a la influencia de Hayek y el segundo abandonó antes el fabianismo merced al seminario que condujo Ludwig von Mises en Viena.

Tanto a Lippmann como a Hayek le quedaron resabios del socialismo los que se mantuvieron presentes a través de su vida en el primer caso como veremos en el comentario telegráfico del antes mencionado libro, mientras que en el segundo caso se disiparon completamente a medida que producía nuevos escritos hasta finalmente estuvo “expuesto una vez más a una terapia por la que hace cincuenta años Ludwig von Mises me convirtió” tal como lo refiere luego de la lectura de una obra de Walter Block.

Por esto es que con justeza se aluda a los tres Hayek: el primero ilustrado por su sentencia en cuanto a que la administración del dinero es función indelegable del gobierno, el segundo con la publicación de su trabajo recomendando la privatización de la moneda y el último en conexión con lo que acabamos de mencionar.

En todo caso, el libro de Lippmann, traducido al francés en 1938, dio lugar a que Louis Rougier convocara a un seminario en París en ese mismo año al que asistieron lo referidos Hayek y Mises y también Raymond Aron, Jacques Rueff, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke. En las seis sesiones de ese seminario se estableció el “Centre international d’études pour la rénovation du libéralisme” que se suspendió en 1940 debido a la guerra. En 1947 aquellos asistentes volvieron a reunirse convocados esta vez por Hayek para constituir la antedicha Mont Pelerin Society que en un primer momento el convocante sugirió se denominara The Acton-Tocqueville Society lo cual en definitiva se sustituyó por el nombre del lugar donde se celebraba la reunión inaugural.

A esa nueva reunión también asistieron académicos de la talla de Milton Friedman, Karl Popper, Vernon Smith, James Buchanan, Henry Simons, Ludwig Erhard, Maurice Allais, Gary Becker y Leonard Read. Es de gran importancia destacar que esta última personalidad fundó un año antes, en 1946, la primera institución dedicada a estudiar y difundir los principios de la sociedad libre, denominada The Foundation for Economic Education (FEE).

Como queda dicho, debido a que el libro de Lippmann -a pesar de sus falencias conceptuales- en lo que podríamos clasificar como la prehistoria de la referida academia internacional que agrupa liberales de los cinco continentes, es que señalamos algunos de los puntos más sobresalientes de esa obra basados su versión castellana, en México, 1940, por la Unión Tipográfica Editorial Hispano-Americana (UTEHA) con el título de Retorno a la libertad.

Hoy nos puede resultar fácil la crítica a libros como el que ahora encaramos debido al formidable esfuerzo intelectual de quienes nos precedieron, en la actualidad aparecen como lugares comunes fáciles de refutar especialmente en el terreno económico, el más abandonado e ignorado de todos los campos hasta la decimonónica irrupción de la Escuela Austríaca con aportes de la Escolástica Tardía y la Escuela Escocesa. Pero como decimos hasta entonces las falacias eran reiteradas y repetidas en los círculos menos sospechados. Tengamos presente la cantidad de intelectuales de peso que se han dejado arrastrar por las influencias de Marx, de Keynes y de los neoclásicos en general.

Thomas E. Woods reproduce una misiva de Hayek a Lippmann donde se lee: “Espero demostrar a mis amigos estatistas que la única manera de preservar la democracia es a través del capitalismo”. Asimismo Woods muestra a los extremos que había llegado Lippmann ya que en 1933 siendo partidario del intervencionismo del New Deal le dirigió una carta a Franklin Delano Roosvelt en la que escribe que “La situación es crítica. Usted puede no tener más alternativa que asumir poderes dictatoriales” y también resalta que Keynes lo convenció a Lippmann que abandone sus “pretensiones de contar con un presupuesto equilibrado”.

Una vez abandonado su pasión por las políticas roosveltianas y su acercamiento al keynesianismo, publica el libro de marras que abre con reflexiones muy razonables que atraparon la atención de muchos profesionales y no profesionales de la época : “Se esgrime el arma de la dirección coercitiva de la vida y del trabajo del hombre. Se predica la doctrina de que el desorden y la miseria sólo pueden vencerse por medio de una organización cada vez más tiránica. Hacen la promesa que con el poder del Estado es posible la felicidad de los pueblos […] profesan unánimemente, en nombre del progreso, y en todas partes, la teoría de que los gobiernos, con los instrumentos de coerción que poseen mediante normas de vida dictadas por los pueblos, deben dirigir el curso de la civilización y forjar los moldes del porvenir […] Para regular los problemas humanos, no se considera seriamente más camino que ése y ni siquiera se concibe la posibilidad que pueda haber otro […] Tan universal el predominio de este dogma que a nadie se le considera seriamente […] si no salta a la palestra con proposiciones para aumentar el poder de los gobiernos” y concluye que “es imprescindible volver sobre nuestros pasos y limitar el poder de gobernantes” y “abandonar la idea que nos compele a creer que el camino del progreso en materia de orden social está en intensificar el poder de la autoridad y ensanchar su radio de acción.”

Muy bien estos enunciados que como hemos consignado suscitaron la aprobación y el aplauso de otros colegas y, a pesar de lo que señalamos a continuación, decidieron organizar seminarios para profundizar y pulir las ideas expuestas como un primer paso para otras metas más ambiciosas que llevaron adelante colegas mejor informados y más preparados.

Lippmann arrastra de sus inclinaciones anteriores varias ideas que se dan de bruces con los fundamentos de la sociedad abierta y que como decimos luego fueron discutidos y depurados. Podemos dividir estos deslices de cierta gravedad en cinco áreas centrales. El libro en la apuntada versión que tenemos entre manos consta de 454 páginas dividido en 16 grandes secciones cada una a su vez subdividida en múltiples capítulos de modo que nuestro resumen crítico naturalmente consta de un muy apretado compendio.

En primer lugar su tratamiento defectuoso del monopolio criticando esta figura, sin percibir que en el mercado libre el primero que produce un bien o presta un servicio que el consumidor adquiere constituye un paso decisivo hacia el progreso y que solo los monopolios legales, sean privados o estatales, generan un perjuicio a la sociedad. El eventual arbitraje jugoso del monopolista llama la atención en el sistema de precios al efecto de atraer a otros participantes y así ampliar la oferta y mejorar las condiciones en las transacciones. Aun en el caso del llamado monopolio natural es necesario mantener las condiciones para la libre entrada de nuevos oferentes sean nacionales o extranjeros y si el productor al momento se mantiene como único es porque las condiciones imperantes revelan que esa es la condición óptima, de allí la consideración del antes mencionado premio Nobel en economía James Buchanan en cuanto que “Mientras el intercambio sea abierto y mientras se excluya la fuerza y el fraude, el acuerdo logrado, por definición, será calificado como eficiente.” (en Liberty, Markets and State, New York University Press).

El segundo capítulo se refiere al tan reiterado “modelo de competencia perfecta” al que adhiere Lippmann y que presupone el conocimiento perfecto de todos los factores relevantes, lo cual como entre otros explica Israel Kirzner, se traduce en la ausencia de competencia puesto que en ese contexto no habrán empresarios ni estimaciones de arbitrajes entre costos subvaluados en términos de los precios finales. El daño que este modelo puede percibirse, por ejemplo, en la persona de Raúl Prebisch que siendo estudiante absorbió ese desconcepto que marcó buena parte de su carrera, lo cual se pone en evidencia especialmente en su autobiografía intelectual.

La tercera área alude a la noción de desigualdad de rentas y patrimonios que Lippmann sugiere nivelar en distintas situaciones y a través de diversas metodologías. Como bien nos ha enseñado Robert Barro, en un mercado libre el delta entre las distintas posiciones resulta del todo irrelevante, el tema consiste en que al liberar al máximo las energías creadoras en procesos abiertos indefectiblemente se empujan hacia arriba salarios e ingresos en términos reales. En definitiva estas diferencias de resultados en una sociedad abierta son la consecuencia de los plebiscitos diarios en el mercado por parte de quienes con sus compras y abstenciones de comprar premian a los que atienden sus necesidades con ganancias y castigan a los que yerran con quebrantos. Los intentos de la guillotina horizontal siempre operan a contramano de esas preferencias lo cual desemboca en derroche de los siempre escasos factores productivos y, por ende, conducen al empobrecimiento.

La cuarta observación está atada a la tercera y es la incomprensión de Lippmann respecto a la causa de salarios e ingresos en términos reales, lo cual es muy común en quienes provienen del socialismo. Esta causa reside en las tasas de capitalización que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Todas las medidas que pretenden incrementar ingresos por el voluntarismo del decreto desembocan en desempleo y empobrecimiento precisamente de quienes se desea mejorar. Esas tasas de capitalización, es decir, maquinaria, equipos, instalaciones y conocimiento relevante se logran vía un mayor ahorro y consecuentemente mayor inversión.

Por último, otro lugar común es la crítica de Lippmann al laizzez-faire al que le dedica mucho espacio y que al contrario de lo que muchas veces se supone no consiste en mirar para otro lado y no hacer nada sino en permitir faenas productivas al abrir paso para que cada uno use y disponga de lo suyo como estime más conveniente sin interferencias de los aparatos estatales que en este contexto deben proteger y garantizar derechos que a diferencia de lo que niega Lippmann en varios pasajes, proceden del orden natural y por tanto son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

Nuevamente insistimos que visto desde la perspectiva de los conocimientos modernos de la economía los consejos que citamos pueden parecer estrafalarios, sin embargo el cambio parcial de opinión de Lippmann desde su fabianismo original ha incentivado y ayudado a convocar a reuniones y a establecer entidades que han marcado en profundidad rumbos.

Cierro este breve comentario bibliográfico remarcando con inmensa satisfacción que pude establecer contacto personal con Leonard Read y su notable equipo cuando fui becado a la mencionada Foundation for Economic Education para trabajar en mi primer doctorado y también pude mantener relación personal con los referidos fundadores de la Mont Pelerin -excepto con Maruice Allais, Henry Simons y con Popper con quien mantuve una fugaz correspondencia- institución de la que formé parte de su Consejo Directivo en dos oportunidades además de haber presentado trabajos en sus reuniones anuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Una pésima interpretación de la tradición liberal

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 11/11/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/11/11/una-pesima-interpretacion-de-la-tradicion-liberal/?outputType=amp-type

Se da una insólita guerra en la propia trinchera generada por quienes se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve Javier Milei

https://d2uans147eyg5w.cloudfront.net/prod/powaEmbed.html?org=infobae&uuid=c98dfc8e-b63d-4807-892d-2b488c4cb86c&api=prod#amp=1

La definición del liberalismo de Alberto Benegas Lynch (h.) en la voz de Milei y otros integrantes de su partido.

El liberalismo desde siempre ha sido una cosmovisión, una postura intelectual que integra muy variadas contribuciones bajo el espíritu popperiano, es decir, aceptando al conocimiento como provisorio e incentivando la máxima apertura al debate y a las refutaciones en un contexto de mentes abiertas motivadas por la búsqueda de la verdad. La gimnasia de la prueba y el error, reconocer al hombre como un ser imperfecto, limitado y que maneja una ínfima cuota de comprensión respecto del mundo que lo rodea, es lo que le ha posibilitado llegar a estas instancias en el peregrinar del conocimiento.

La maximización de procesos evolutivos del hombre, la búsqueda del conocimiento y el desarrollo de todas sus potencialidades individuales, tiene solo cabida en el contexto del “respeto irrestricto al proyecto de vida del prójimo”. Esto significa que el respeto no tiene limitaciones. Todo es posible y moralmente válido cuando no se lesionan derechos de terceros. El respeto irrestricto prevalece sobre el no-respeto. Interpretar que el respeto irrestricto valida el autoritarismo, evidencia no haber atendido la única y simple premisa inicial.

Roger J. Williams, detallaba cuán extraordinarios somos individualmente hasta el más mínimo detalle físico y, muy especialmente, en el complejísimo aspecto mental. Tenemos distintas preferencias, gustos, necesidades, inclinaciones, enfermedades, hábitos, debilidades, conocimientos, experiencias, distintas estructuras de procesos decisorios, distintas percepciones y sentimientos. Por ello, para desarrollar nuestras potencialidades al máximo debemos vivir en plena libertad, y eso implica respetarnos mutuamente. Se habla muchas veces de “tolerancia” pero, en realidad, los derechos a la vida, la libertad y la propiedad no se toleran, se respetan.

La tolerancia tiene un dejo de permiso y aceptación que no convence. El liberalismo también implica que, aun cuando nos resulte inaceptable para nuestros valores personales o planes de vida lo que hace otro en el contexto de su fuero íntimo, no se puede recurrir a la fuerza para imponer nuestros propios gustos. Esta tradición la han tomado y alimentado grandes autores como Richard HookerFrancis HutchinsonSamuel Pufendorf, Algernon SidneyJohn Locke y luego Carl MengerLudwig von MisesFredrich HayekMilton FriedmanGary Becker, James BuchananIsrael Kirzner y Murray Rothbard, entre otros.

En el aspecto institucional del ideario liberal, es relevante destacar las contribuciones que representaron los Juicios de Manifestación por parte de los fueros como el de Aragón, anterior al habeas corpus inglés, la estructura jurídica en la Roma anterior al Imperio, la Carta Magna de 1215 y posteriormente la declaración de derechos de la Revolución Francesa, previa a la contrarrevolución jacobina, la Revolución de Estados Unidos contra Jorge III de Inglaterra, la Constitución de Cádiz -donde aparece el término “liberal” como sustantivo-, y las Constituciones como la de Alberdi en Argentina.

Da pena la aparición de algunas personas que arrastrando rebuscados complejos, minan el avance de quienes hoy hacen esfuerzos en la buena dirección. Estos sujetos, movidos por la envidia de ver en contemporáneos de la difusión lo que ellos nunca lograron, buscan sistemáticamente llamar la atención con falacias evidentes, comparaciones insultantes, planteos quebradizos sin la menor honestidad intelectual y hasta la adopción del término despectivo “liberalote” acuñado por un representante de la socialdemocracia. Generalmente se trata de gente que no pueden salir de los datos coyunturales y son incapaces de abordar los temas filosóficos con la sustancia y la consistencia como los hacen los exitosos a los que critica. En nuestro medio, últimamente se da esta insólita guerra en la propia trinchera generada por espíritus pequeños que se incomodan por el multitudinario apoyo y la creciente comprensión de las ideas liberales que promueve tan exitosamente Javier Milei.

El ser humano tiene una inclinación natural de afinidad y simpatía por quienes comparten sus gustos, incluso sobre aquellas preferencias más mundanas. Esa misma inclinación, llevada a planos tan caros como los valores morales de respeto a la vida, la libertad y la propiedad, tiene un significado tanto más trascendente que propicia una conexión humana más profunda. Por esta razón, cuesta creer que, muy lejos de considerarlo compañero de ruta y de tomar el ejemplo de los acalorados pero sofisticados y constructivos debates que los grandes maestros del liberalismo solían tener entre sí, se caiga en nocivos e insustanciales ataques solo inspirados en vicios de la personalidad.

Han pasado muchas décadas donde prevaleció la incomprensión de las ideas liberales. Hoy conozco gente que descubre que es liberal gracias a la titánica lucha por los principios de esta noble causa que ha impulsado Milei. La definición del liberalismo que él mismo supo resumir y difunde del pensamiento de Alberto Benegas Lynch (h.): “El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo bajo el principio de no agresión y defendiendo el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”, es una píldora comunicacional maravillosa de alto contenido conceptual que encierra la columna vertebral de espíritu liberal. Parece mentira que haya que gastar caracteres para aclarar que si esa definición la recitan más de dos personas, no es fanatismo religioso; tampoco lo es cuando cantamos el himno, cuando en el colegio recitábamos el Preámbulo de la Constitución o cuando un coro canta una ópera.

Milei es un gran referente del liberalismo y muy lejos está de autoproclamarse salvador, líder o mesías, como muchos pretenden instalar. Al igual que en cualquier movimiento social, político, cultural, religioso o deportivo, pueden darse casos de seguidores que confundan los roles o equivoquen la esencia liberal que está asociada íntimamente con la autodeterminación individual. Pero no hay que dejar que la escasa capacidad de abstracción lleve a generalizar estas conductas particulares. Si luego de unas cortas vacaciones en Francia, somos víctima de un arrebatador, no es del todo lúcido concluir que los franceses son todos unos ladrones. Para el caso de Milei, que basa su prédica en la responsabilidad individual, la planificación de la propia vida y su inspiradora frase que dice que no se involucró en el barro político para “guiar corderos sino para despertar leones”, no deja dudas que no promueve para su persona términos equivalentes a “macrista”, “kirchnerista” o “peronista”, las cuales son muy comunes en la política.

En mis 54 años jamás he vivido semejante revolución intelectual ni un terremoto de estas magnitudes debajo del piso del paradigma estatal. Todos los que durante tantos años han luchado en la batalla cultural, deben alegrarse de este increíble florecer del liberalismo y la colosal lucha que está dando Milei, en el plano académico y en la arena política. Como solemos decir con él frente a los palos en la rueda de diversas magnitudes que le interponen permanentemente: “El sistema se resiste, pero la libertad avanza”.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Previsible: Biden empeora la marca de Trump

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 15/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/05/15/previsible-biden-empeora-la-marca-de-trump/

La burrada es afirmar categóricamente que Keynes no influyó en la década  del '30 - Infobae
John Maynard Keynes

El presidente norteamericano decidió expandir el gasto público aún más que su predecesor en base a las fallidas recetas keynesianas

Se presentan casos múltiples en los que escritores de ficción aciertan mucho más respecto del futuro que los ampulosos comités gubernamentales constituidos y financiados con los recursos de los contribuyentes al efecto de “pronosticar los sucesos por venir”. Tales han sido los casos, por ejemplo, en materia tecnológica de Julio Verne o H. G. Wells en el pasado o de Isaac Asimov o Carl Sagan más contemporáneamente y, en temas sociales, las novelas revestidas de un impresionante realismo, por orden de aparición: The New Utopia de Jerome K. Jerome, We de Yevzeny Zamayatin, The Lonley Crowd de David Reisman y, posteriormente, las célebres composiciones de Huxley y Orwell.

Pero el caso de Taylor Caldwell hoy sobresale por su actualidad: presenta un peligro enorme si su prognosis fuera correcta (como hasta ahora lamentablemente parece serlo en Estados Unidos) en su novela que lleva el mismo título de una de Morris West: The Devil`s Advocate. El eje central de esta novela -escrita en 1952- plantea la declinación estadounidense que en su ficción (¿ficción?) se vuelve socialista y, entre muchas otras cosas, escribe que “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a una nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. El espíritu de la Constitución y la Declaración de la Independencia: seguramente habría quienes las recordarán. ¿Por qué desviaron sus miradas? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y con tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Esta notable escritora de una treintena de trabajos extraordinarios entre los que se cuenta la notable referencia a Cicerón en La columna de hierro (que hubieran sido más si su segundo marido no hubiera quemado parte de sus manuscritos inéditos) y obtuvo muchas distinciones como la Medalla de Oro de la National League of American Pen Women.

El tantas veces citado premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe en las primeras líneas del primer tomo de Derecho, legislación y libertad que cuando los Padres Fundadores en Estados Unidos promulgaron la Constitución era para limitar el poder y garantizar los derechos individuales pero esto ahora se comprueba “que no ha logrado lo que se proponía lograr. Los gobiernos han expandido poderes que esos hombres le denegaban. El primer intento de asegurar la libertad individual por medio de constituciones ha fracasado”. La revolución liberal más exitosa en lo que va de la historia de la humanidad, luego de un tiempo lamentablemente ha perdido fuerza y se tiende a revertir.

De un tiempo a esta parte los gastos gubernamentales, el déficit y el endeudamiento han crecido exponencialmente lo cual tiende a convertir ese gran país en una maquinaria al servicio de un Leviatán absolutamente a contramano de todo lo estipulado por aquellos extraordinariamente visionarios Padres Fundadores que consignaron la importancia de gobiernos estrictamente limitados a las funciones de protección a las sacralizadas autonomías individuales, lo cual convirtió a una nación de colonos pobres en la más floreciente civilización desde la perspectiva moral y material y un ejemplo para el mundo libre.

Para solamente circunscribirnos a las dos últimas administraciones, observamos con alarma que Trump incrementó aún más el antes referido gasto gubernamental, el déficit y la deuda pública ya en alturas siderales, además de su bochornosa despedida al desconocer las mismas reglas que había aceptado para competir en el proceso electoral, resultados certificados por los cincuenta estados, sesenta y un jueces federales y locales (incluyendo ocho designados por él) y su propio Vicepresidente.

Ahora Biden -a pesar de combatir la xenofobia de su predecesor, poner las cosas en su sitio respecto a la autocracia rusa y anunciar el retiro de las tropas de Afganistán tal como mencioné en este mismo medio en otra de mis colaboraciones- se decide por expandir aun más el gasto público en base a las fallidas recetas keynesianas tan bien refutadas una y otra vez, entre otros, por los premios Nobel en economía Milton Friedman, James M. Buchanan, Gary Becker, Vernon L. Smith. George Stigler y el antes aludido Hayek.

Es pertinente recordar nuevamente algunas de las aseveraciones de John Maynard Keynes para situar adecuadamente el problema que se enfrenta. En su prólogo a la edición alemana de Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi escribió que “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por este autor, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra de Keynes, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital.” Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” (como se sabe cerrada al comercio) y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “La solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Hay recetas de Keynes, también tomadas de la obra mencionada, que son realmente pueriles, por ejemplo, lo que denomina “el multiplicador” elucubrado para mostrar las ventajas que tendría el gasto estatal, esquema que funcionaría de la siguiente manera: sostiene que si el ingreso fuera 100, el consumo 80 y el ahorro 20, el efecto multiplicador resulta de dividir 100 por 20, lo cual da 5 y (aquí viene la magia): si el Estado gasta 4 se convertirá en 20 puesto que 5 por 4 arroja aquella cifra (?). Ni Keynes ni el keynesiano más entusiasta jamás han explicado como multiplica el multiplicador. Y todo ello en el contexto de lo que también escribe este autor: “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar” (!).

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. El derrumbe se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años veinte que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los años veinte con el consiguiente crack del veintinueve, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense.

Tal como lo explican Anna Schwartz, Benjamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes.

Como he apuntado en otras ocasiones, no se trata de una carrera para ver quién destruye menos la filosofía y la tradición estadounidense, se trata de contrarrestar lo que viene ocurriendo. No es cuestión de dejarse acuchillar para no ser ametrallado, afortunadamente las reservas morales en Estados Unidos son muchas y potentes que, entre otras manifestaciones, se ponen de relieve a través de tantas instituciones y centros de estudios que pretenden la difusión de valores que hacen al respeto recíproco.

En mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos intento mostrar el declive y recojo los aportes originales en los que se basaron los grandes hombres que forjaron el destino inicial de esa nación. En este sentido subrayo que hubieron dos líneas centrales que incorporaron esos personajes de la época. En premier lugar la invitación a Estados Unidos desde Inglaterra de John Witherspoon para presidir el centro académico que luego sería la Universidad de Princeton quien era egresado de las Universidades de Edimburgo y St. Andrews en las que se mantenía la impronta de George Buchanan del siglo XVI quien a su vez era egresado de la Universidad de París y luego profesor de autores como Michel Montaingne e influyó decididamente en los maestros de los principales representantes de la Escuela Escocesa -Smith, Hume y Ferguson- que fueron Francis Hutchenson y Gresham Carmichael. Witherspoon fue profesor del padre de la Constitución norteamericana, James Madison. George Buchanan también influyó en Algernon Sidney y John Locke sobre todo en la concepción iusnaturalista de los parámetros y mojones de Justicia extramuros de la legislación positiva.

La segunda vertiente proviene de Roger Williams, el mayor apóstol de la tajante separación entre la religión y el poder político -la doctrina de la muralla- quien era egresado de la Universidad de Cambridge y ex Secretario de Edward Coke, uno de los mayores exponentes del desarrollo del common law en el siglo xvii seguido por William Blackstone en el siglo siguiente.

Como también detallo en el mencionado libro, la difusión de las ideas de la libertad que se consagrarían en la Carta Magna estadounidense, ocurrieron principalmente vía las ochenta y cinco cartas de los Papeles Federalistas y también el debate con los antifederalistas denominados de este modo solo para mostrar algunas discrepancias ya que eran más federalistas que los federalistas. También la difusión se llevó a cabo a través de las ciento cuarenta y cuatro Cato’s Letters escritas por Thomas Gordon y John Trenchard (en homenaje a Cato “el joven” acérrimo opositor a Julio César).

Por último, es del caso señalar en la larga y fecunda tradición liberal lo escrito y publicado por los pensadores de la primera tanda de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía. La segunda estuvo constituida por algunos de los diputados a las Cortes de Cádiz que luego promulgaron la célebre Constitución de 1812 donde se utilizó por vez primera la expresión “liberal” como sustantivo en su debate con los apodados “serviles” y es del caso subrayar en relación a España que los Fueros del siglo diez y once establecieron los Juicios de Manifestación equivalentes al habeas corpus antes que en Inglaterra. Salvo la posterior Constitución de Cádiz, los Padres Fundadores estadounidenses tomaron muy en cuenta los otros antecedentes provenientes de tierras españolas.

No es posible que estas valiosas tradiciones que han iluminado nuestra civilización se abandonen. Es de desear que las antedichas reservas morales estadounidenses se impongan a los estatismos y a la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión puesto que como ha señalado Ronald Reagan, “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra, o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro breve paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Consideraciones sobre el proceso inflacionario: algunos errores comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/27/consideraciones-sobre-el-proceso-inflacionario-algunos-errores-comunes/

Todos los bancos centrales han perjudicado el signo monetario, por eso debemos pensar cómo salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

Friedrich August von Hayek

Friedrich August von Hayek

Todavía hay quienes sostienen que la inflación es un proceso multicausal sin percatarse que procede solamente de un fenómeno monetario exógeno al mercado, es decir, por razones políticas. Manteniendo los demás factores constantes, a más moneda emitida menor su valor.

Lo anterior no significa que la moneda no puede modificar su valor por razones endógenas al mercado. Al efecto de ilustrar el tema, supongamos que nos retrotraemos en la historia monetaria y todavía estamos en los inicios del cambio indirecto luego de haber abandonado el directo (trueque) con el uso de la sal y el hierro (como originalmente era en África), con las sedas (como era en Persia), el cobre (como era en Egipto), el cacao (como era en Centroamérica), el ganado (como era en Grecia), el tabaco (como era en la Virginia colonial) o luego de percatarse de las mayores ventajas del oro y la plata debido a su fraccionabilidad, homogeneidad y durabilidad.

Supongamos esta situación decimos, lo cual en modo alguno quiere decir que la gente mantenga inalterable su valorización de la unidad monetaria cosa que no significa que haya inflación o deflación según valorice en menos o en más. Esto naturalmente se traduce en cambios en la demanda de dinero, lo cual reiteramos son modificaciones en las apreciaciones endógenas de la gente que nada tienen que ver con la inflación. Incluso si hay un terremoto devastador que destruye buena parte de los bienes en una comunidad o disminuciones abruptas en el régimen de lluvias, los precios se elevarán pero solo ponen de manifiesto lo que ocurre debido a causas naturales o endógenas pero no es inflación, que siempre se debe a causas artificiales o exógenas, es decir a manipulaciones políticas, extrañas al mercado. Por su parte, como una nota al pie subrayamos que la deflación consiste en el fenómeno inverso, esto es la contracción exógena en la base monetaria con todos los problemas señalados debido a la manipulación monetaria.

Para comprender bien este fenómeno conviene ahondar en las raíces de la inflación. Se suele decir que es “el aumento general de precios” lo cual es constituye un error mayúsculo por dos motivos. Primero, si los precios aumentaran todos no habría problema con este fenómeno ya que no habrían distorsiones entre ingresos y precios ya que el salario es un precio. No habría problema en que los precios y los salarios se incrementaran al cincuenta por ciento anual, mensual o diario. Eventualmente habría que transportar el dinero en carretillas, habría que modificar las columnas en los libros de contabilidad y los dígitos en las calculadoras pero como decimos no habrían desequilibrios entre precios e ingresos.

En segundo lugar la inflación no está referida al movimiento de precios es la expansión monetaria por causas exógenas su causa y su efecto es la distorsión en lo precios relativos, lo cual causa las tremendas angustias debido a los desequilibrios entre precios y salarios. La expansión monetaria (o la contracción) debido a causas exógenas van tocando distintos sectores en distintos momentos lo que altera los precios relativos y, como es sabido, los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo operar en el mercado por lo que su distorsión indefectiblemente conduce a consumo de capital y como las tasas de capitalización son a su vez la causa del aumento de salarios e ingresos en términos reales, estos inevitablemente se contraen, en otros términos, la inflación conducen a la pobreza.

También es frecuente en la parla convencional afirmar que la inflación se genera por expectativas, por subas en los costos o por el incremento en el precio de algún bien estratégico. Pues ninguna de estas tres conclusiones es acertada. Si hay quienes suben precios debido a expectativas de inflación pero que no es convalidada por expansiones exógenas de dinero, deberán bajar esos precios si quieren evitar una contracción en las ventas. Si suben costos de ciertas mercancías no por ello pueden trasladarse a los precios sin que mermen las ventas. Siempre el comerciante venderá al precio más alto que pueda (igual que los que obtienen salarios pedirán lo más que las circunstancias permitan), lo cual no significa que le sea posible cobrar el precio que desea, es el que le permite el mercado. Por último, si sube el precio de un bien (por más que se considere estratégico) habrá dos posibilidades: si la gente desea consumir la misma cantidad del bien en cuestión tendrán que bajar los precios de otras mercancías, de lo contrario se prefiere consumir lo mismo de los otros bienes disminuirá la venta del producto que elevó su precio.

Es de una enorme trascendencia tener presente que en un mercado abierto de dinero como el que plantearemos más abajo, no se traduce en que la cantidad de moneda sea constante. La cantidad dependerá de la utilidad marginal de la unidad monetaria, igual que con otros bienes y servicios. Y cuando la gente valora más el dinero y consecuentemente su oferta aumenta nada tiene que ver con la inflación puesto que se trata de expansión endógena. No es una alteración del sistema sino que se expresa los gustos y preferencias de la gente.

Ahora vamos al tema de fondo. En vista que todas las llamadas autoridades monetarias y todas las épocas han perjudicado el signo monetario, debemos pensar como salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

El asunto consiste en percatarse que todo banquero central está embretado entre tres posibilidades: a qué tasa emitir, a qué tasa contraer o dejar la base monetaria inalterada. Pues a través de cualquiera de los tres canales elegidos se estará distorsionando lo precios relativos respecto de la situación en la que la gente hubiera podido elegir. Y si suponemos que en la banca central está la bola de cristal y consecuentemente se procede según lo que la gente hubiera preferido no hay razón alguna que justifique la intromisión con ahorros en gastos administrativos, pero por otra parte la única manera de saber qué es lo que la gente hubiera preferido respecto a los activos monetarios es dejarla actuar.

Tal vez el mayor fetichismo del momento sea la supuesta necesidad de manipuladores monetarios, incluyendo la sandez de referirse a la soberanía monetaria que no se diferencia de una supuesta “soberanía de la zanahoria”. Todo está montado para que los aparatos estatales succionen el fruto del trabajo ajeno junto con la presión tributaria y el endeudamiento gubernamental. El espíritu conservador en el peor sentido de la expresión no permite despejar telarañas mentales y salir de la prisión del statu quo.

Si se preguntara qué cantidad de moneda debe haber es igual a preguntarse qué cantidad de papas debe haber. La elección de la moneda no será de un bien cuya existencia sea demasiado abundante pues no resulta cómodo pagar el medio de transporte con mil millones de algo y tampoco será un bien cuya escasez sea muy marcada pues no es expeditivo pagar con varios ceros antes de la coma que ubica los respectivos decimales.

Como queda dicho la historia monetaria finalmente luego de un período de selección prefirió el oro y la plata. No puede anticipar cuál será la moneda del futuro y tampoco es necesario. No sabemos si será una canasta de monedas, si será esta o aquella mercancía o si será digital (a pesar de lo controvertido de esto último debido a su incompatibilidad con el teorema de la regresión monetaria). Lo que sí se puede anticipar es que la eliminación de curso forzoso y la banca central permitirá elecciones que tiendan a proteger ahorros y que el saqueo sistemático no tendrá lugar.

En todo caso tengamos en cuenta que la tendencia a indexar como una medida que supuestamente corrige los males de la inflación no es relevante pues sube los precios de modo uniforme según un índice como si los precios fueran afectados de la misma manera, lo cual hace que se ubiquen a niveles más altos en valores absolutos pero la distorsión naturalmente se mantiene.

Ha sido frecuente la receta de emitir a un ritmo constante según el crecimiento de la economía “para que los operadores sepan a qué atenerse y la expansión se sustente en la tasa que revele el producto bruto interno”. Esta apreciación es equivocada por dos razones. En primer lugar los operadores no sabrán a que atenerse pues, como hemos reiterado, los precios no se mueven al mismo ritmo. En segundo término, si la expansión se sustenta en el indicador del producto esto hará, por ejemplo, que se anule el crecimiento de las exportaciones debido a la disminución de precios debido al mayor crecimiento, se contraigan las importaciones y una serie de cambios que no se sucederán debido a que la expansión los anuló.

En parte esta última receta se aplicó con los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 que ya creados muchos de los bancos centrales se decidió de facto sustituir el patrón oro por una entelequia denominada “patrón oro cambio” que significaba sustituir el metal aurífero por el dólar y la libra (este último signo monetario fue posteriormente eliminado) lo cual permitió que Estados Unidos expandiera su moneda (también con contracciones erráticas) una reserva para otros países que también expandieron sus respectivos signos monetario lo cual desembocó en la crisis del 29 que se prolongó debido a las políticas de F.D. Roosevelt que fueron canceladas a regañadientes por Truman, lo cual permitió corregir desvíos en la economía real como la liberación de precios y las trabas en el mercado laboral que condujeron a desempleo masivo mientras caía la tasa de capitalización. De todos modos, más tarde, en 1971, Nixon dio el golpe final a la disciplina monetaria imponiendo lo que denominó “el acuerdo más importante de la historia” que consistió en eliminar de jure el oro del esquema monetario y establecer tipos de cambio fijos que duraron hasta la estrepitosa corrida de 1973 que hubo abandonar esta última política que severamente encorsetaba el comercio internacional.

Por otro lado, estimamos que no es en esta nota periodística la oportunidad de encarar otro debate que viene arrastrándose desde hace un siglo y promete otro tanto, cuál es el sistema bancario. Lo que sí puede concluirse es que desaparecerá por manifiestamente perjudicial el sistema fraccionario para ser reemplazado por la reserva total o el llamado free banking con lo que la producción secundaria de dinero de origen exógeno quedará sin efecto y los bancos, financieras y equivalentes deberán enfrentar toda la responsabilidad de su gestión en relación a sus clientes sin el bochornoso apoyo de banqueros centrales y las consecuentes regulaciones absurdas.

Para cerrar este texto subrayamos que en la literatura económica tradicional “convertibilidad” quiere decir canje entre una mercancía y un recibo denominado billete bancario pero no se refiere al intercambio de un papel de un color por otro papel de otro color, en todo caso esto último -cuando un signo monetario está anclado en términos de otro- se trata de tipo de cambio fijo con política monetaria pasiva. En un mercado libre en materia monetaria se da lugar a tipo de cambio libre sin tal cosa como política monetaria (a diferencia de lo que viene ocurriendo en la mayor parte de los casos donde impera un tipo de cambio controlado con política monetaria activa).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Biden y el salario

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 31/01/21 en: «El País» del Uruguay

Finalmente terminó la pesadilla de Trump, no voy a repetir aquí lo que he citado de tantos referentes del Partido Republicano en cuanto a su desconocimiento de valores estadounidenses de respeto por las instituciones fundamentales señalados originalmente por los Padres Fundadores. A título de muestra, solo transcribo lo dicho en una última entrevista recién publicada a su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de la tercera empresa de mayor facturación en el mundo- cuando le preguntan de Foreign Relations  como ha sido trabajar con Trump en relaciones exteriores. La respuesta fulminante fue “Su entendimiento de eventos globales, su entendimiento de historia global, su entendimiento de la historia de Estados Unidos es realmente limitada. Es muy duro mantener conversaciones con alguien que ni siquiera entiende la razón por la que estamos conversado de estos asuntos.” Sus alegatos de fraude electoral una y otra vez fueron rechazados en todas las instancias judiciales puesto que el triunfo de Joe Biden fue debidamente certificado por los cincuenta estados.

Como también hemos puntualizado antes, el eje central de estos episodios protagonizados por Trump se refieren a la inconsistencia mayúscula de jugar a la democracia y pretender adaptarse a las reglas correspondientes y cuando pierde en la confrontación electoral resulta que se desconoce y alienta desmanes de diverso tenor y envergadura. Este es el motivo por el cual muchos de sus anteriores financiadores de campañas le han retirado el apoyo y bancos y plataformas le han cerrado las cuentas.

Es importante volver a subrayar que en su gestión Trump elevó sideralmente el gasto público, el déficit fiscal y el endeudamiento. Es cierto que redujo algunos impuestos pero lo anterior es lo que marca el balance neto, como he consignado en otra oportunidad  la aludida reducción me recuerda a cuando los conquistadores españoles les entregaban espejitos de colores a los indios para poder más fácilmente imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo.

No es para nada una sorpresa que el Partido Demócrata pretende inflar aun más al Leviatán. Muchas veces escribí que para evitar ser ametrallado no es cuestión de dejarse acuchillar al efecto de referirme a las perspectivas del gobierno de Biden respecto a la administración de Donald Trump. Los partidarios de la sociedad libre debemos seguir en la difícil faena de explicar las ventajas del respeto recíproco y de la consiguiente protección a los derechos de las personas tal como fueron establecidos por los antes mencionados Padres Fundadores. En este sentido, para referirme a la lamentable declinación de esos principios que hicieron grande a Norteamérica publiqué mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos cuya edición original es del Fondo de Cultura Económica.

En todo caso, en esta nota periodística quiero centrar la atención en la primera medida anunciada del actual gobierno estadounidense: el establecimiento de un nuevo salario mínimo, una política tantas veces fracasada en muy diversos lares. Si la suba de los ingresos fuera un asunto voluntarista habría que hacer de una vez a todos ricos y no andarse con vueltas, pero lamentablemente las cosas no son de ese modo. Los salarios e ingresos en términos reales son consecuencia exclusiva de las tasas de capitalización, esto es, el volumen de inversión que hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Ese es el motivo central por el que unos países son ricos y otros pobres. No es un tema de buena voluntad ni de recursos naturales (el continente africano cuenta con las mayores riquezas naturales mientras que Japón es un cascote del que solo es habitable el veinte por ciento).

Entre muchos otros, tal como han señalado una y otra vez los premios Nobel en economía Milton Friedman, Friedrich Hayek, Gary Becker, James Buchanan, Ronald Coase, George Stigler y Vernon Smith los salarios mínimos, es decir, ingresos superiores a los que marcan las antedichas tasas de capitalización, inexorablemente conducen al desempleo perjudicando muy especialmente a los que más necesitan trabajar.

En carpeta hay otras medidas estatistas que contempla la recién inaugurada administración pero, como queda dicho, en estas líneas me circunscribo al salario mínimo pues perjudica muy especialmente a los más vulnerables. Es una regla básica de la economía que los precios máximos invariablemente conducen a la escasez artificial, mientras que los precios mínimos -en este caso el salario- provocan sobrantes artificiales. De todos modos, es pertinente reconocer que ha sido bueno que Joe Biden invite al embajador de Guaido al traspaso de mando, que se haya quejado por la inaudita detención de Alexei Navalny y que incorpore a once millones de indocumentados. También conciliador su mensaje inaugural. Pero volviendo al salario mínimo, no hay magias, en un plano más amplio Margaret Thatcher lo resumía de esa manera: “Nunca nos olvidemos de esta verdad fundamental: el Estado no es fuente de recursos, lo que tiene es del trabajo de la gente. Si el Estado gasta más solo lo puede hacer apoderándose de los ahorros de la gente o estableciendo más impuestos.”

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

OTRA VEZ LAS GARRAS DEL NACIONALISMO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En sus memorias Stefan Sweig se entristece y alarma por el surgimiento del espíritu tribal de la cerrazón entre países que advertía conducen a estados de belicismo y confrontación que en el caso de Europa estimaba se trataba en verdad de una “guerra civil” debido a las estrechas relaciones entre las poblaciones.

Ahora resurge el nacionalismo sobre lo que he escrito en distintas oportunidades pero es el caso de repetir las advertencias. Dejando de lado la manifiesta incomprensión del actual presidente de Estados Unidos respecto a la falacia de lo que en economía se conoce como “el dogma Montaigne” (su ex Secretario de Estado, Rex Tillerson, consignó públicamente que Trump “no tiene idea del significado del comercio libre”) y de las barrabasadas extremas de gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y Bolivia en el continente americano, dejando de lado estos casos decimos, hoy en Europa el espectáculo es desolador.

Con suerte electoral diversa pero siempre con crecimientos llamativos, irrumpe el rostro desagradable de la referida tradición de pensamiento que tantos trastornos ha provocado y provoca. Así, ese caudal electoral ha exhibido resultados llamativos: en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido, en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos y Vox, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte, en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor, todas propuestas trogloditas apuntan a implantar una cultura alambrada, es decir, la palmaria demostración deEstado Benefactor

la anticultura.

Es del caso recordar trabajos como los de J. F. Revel que muestran el vínculo estrechísimo entre el nacionalismo y el socialismo, aunque cual bandas de las mafias, en el campo de batalla han sido circunstancialmente aliados y circunstancialmente enemigos. El comunismo apunta a abolir la propiedad, mientras que el nacionalismo la permite nominalmente pero el aparato estatal usa y dispone de ella. Uno es más sincero que el otro que recurre a una estrategia que estima más aceptable para los incautos. Es curioso en verdad (y tragicómico) que muchos de los partidarios de esos gobiernos emplean  la expresión fascista para referirse a sus supuestos contrincantes cuando aplican esa política a diario puesto que mantienen el registro de la propiedad pero el flujo de fondos es manipulado desde la casa de gobierno.

En una sociedad abierta el término “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia ya que todos debieran tener la facultad de ubicarse donde lo estimen conveniente y solo deben ser bloqueados los delincuentes, sean nativos o extranjeros. Como ha explicado Gary Becker, el pretexto para poner barreras a la inmigración debido al uso de lo que provee el mal llamado Estado Benefactor (mal llamado porque la beneficencia es realizada con recursos propios y de modo voluntario), lo cual puede incrementar el déficit fiscal, se resuelve al no dar acceso al uso a los inmigrantes al tiempo que no se les retiene del fruto de sus trabajos para mantener el sistema estatal.

Como ha puntualizado en sus múltiples obras Julian Simon, habitualmente el inmigrante aprecia especialmente el trabajo, es empeñoso en sus tareas, tiene gran flexibilidad para moverse a distintos lugares dentro del país anfitrión, realiza faenas que muchas veces los nativos no aceptan, sus hijos muestran excelentes calificaciones en sus estudios, exhiben gran capacidad de ahorro y algunos comienzan con empresas chicas de gran productividad.

Es llamativo y muy paradójico que muchos se rasgan  las vestiduras con  el drama que estamos viviendo a raíz de las fotografías horrorosas de refugiados, cuando no parece verse que se fugan de lugares donde en gran medida se aplican las recetas políticas que los que se dicen espantados aconsejan y se fugan a lugares donde algo queda de los sistemas libres que no hacen más que criticar. La hipocresía es alarmante por la actitud contradictoria de muchos que se dicen contrariados con la foto del niño muerto en las playas de otros lares en plena lucha por la libertad y, sin embargo,  cuando opinan sobre la inmigración defienden las posturas que provocan aquella muerte por la que dicen estar angustiados.

Tengamos en cuenta que, desde la perspectiva de la sociedad abierta, las fronteras (siempre consecuencia de acciones bélicas o de accidentes geológicos) son únicamente para evitar los riesgos graves de un gobierno universal. El fraccionamiento en naciones que a su vez se subdividen en provincias y municipalidades tienden a descentralizar el poder. A pesar de los problemas de abuso del poder, hay que mirar el contrafáctico si no hubiera el antedicho fraccionamiento. Hannah Arendt dice que «la misma noción de una fuerza soberana sobre toda la Tierra que detente el monopolio de los medios de violencia sin control ni limitación por parte de otros poderes, no sólo constituye una pesadilla de tiranía, sino que significa el fin de la vida política tal como la conocemos».

También debe tenerse siempre presente que la cultura es un proceso que significa permanentes donativos y recibos de lecturas, arquitecturas, músicas, vestimentas, gastronomías, costumbres que las personas aceptan o rechazan en un contexto evolutivo. La cultura no es estática sino cambiante y multidimensional. Si no somos momias, nuestra cultura no es la misma hoy que la de ayer. De allí la estupidez de la “cultura nacional y popular” el “ser nacional” y otras sandeces superlativas que podríamos catalogar como “los anti- Borges”, el ciudadano del mundo por antonomasia.

Buena parte de las propuestas nacionalistas se basan en el desconocimiento de aspectos económicos elementales. Se dice que la inmigración provocará desempleo puesto que la incorporación de nueva fuerza laboral desplazará a los nativos de sus puestos de trabajo, sean estos intelectuales o manuales.

Sin embargo, dado que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos (de lo contrario estaríamos en Jauja), nunca sobran los recursos y el recurso central es el trabajo puesto que no puede generarse ningún bien o servicio sin el concurso del trabajo. Solo hay sobrante de trabajo (desocupación) cuando no se permiten arreglos salariales libres y voluntarios, es decir, cuando se imponen las también mal llamadas “conquistas sociales” concretadas en salarios superiores a las tasas de capitalización que son las únicas causas de ingresos en términos reales. Esa es la diferencia clave entre el Zimbabwe y Canadá, no es el clima, los recursos naturales o aquél galimatías denominado “raza” (las características físicas proceden de las ubicaciones geográficas, de allí es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios). Lo que hace la diferencia son marcos institucionales civilizados que garantizan derechos. Sería muy atractivo que los salarios pudieran decidirse por decreto en cuyo caso podríamos ser todos millonarios pero las cosas no son así.

Al igual que la incorporación de nueva tecnología o la liberación de aranceles aduaneros, la inmigración libera recursos materiales y humanos para producir otras cosas en la lista infinita de necesidades a las que nos referíamos con el interés del mundo empresario de capacitar para nuevos emprendimientos. Es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo antes de las heladeras y con los fogoneros antes de las locomotoras modernas.

Una gran cantidad de trabajadores inmigrantes y no inmigrantes operan en negro por el salario de mercado que, como queda dicho, se debe a la correspondiente inversión disponible  y trabajan  en negro para evitar los impuestos al trabajo como ocurre en otros muchos países donde provocan desempleo que también afecta a la economía general.

Aquellos que se las pasan declamando sobre “derechos humanos”,  una redundancia grotesca puesto que los minerales, los vegetales y los animales no aplican a la noción de derecho, tratan a los inmigrantes como si no fueran humanos, más bien se preguntan “¿qué debemos hacer con los inmigrantes?” como si estuvieran haciendo referencia a su estancia personal y no de un país donde debe primar el respeto recíproco, y en esta línea argumental no debiera haber bajo ningún concepto diferencias entre nativos y extranjeros. Es del caso subrayar que cuando se está haciendo alusión al derecho, se está aludiendo a la Justicia y ésta significa “dar a cada uno lo suyo”, lo cual remite a la propiedad que, a su vez, constituye el eje central del proceso de mercado.

Todos descendemos de inmigrantes, incluso los denominados pueblos originarios ya que el origen humano procede del continente africano.

La fertilidad de los esfuerzos del ser humano por cultivarse, es decir, por reducir su ignorancia, está en proporción directa a la posibilidad de contrastar sus conocimientos con otros. Eso es la cultura. Sólo es posible la incorporación de fragmentos de tierra fértil, en el mar de ignorancia en el que nos debatimos, en la medida en que tenga lugar una discusión abierta. Se requiere mucho oxígeno: muchas puertas y ventanas abiertas de par en par.

Aludir a la antedicha «cultura nacional» como un valor y contrastarla con lo foráneo como un desvalor es tan desatinado como referirse a la matemática asiática o a la física holandesa. La cultura no es de un lugar y mucho menos se puede atribuir a un ente colectivo imaginario. No cabe la hipóstasis. La nación no piensa, no crea, no razona ni produce nada. El antropomorfismo es del todo improcedente. Son específicos individuos los que contribuyen a agregar partículas de conocimiento en un arduo camino sembrado de refutaciones y correcciones que enriquecen los aportes originales. Como bien señala Arthur Koestler, «el progreso de la ciencia está sembrado, como una antigua ruta a través del desierto, con los esqueletos blanqueados de las teorías desechadas que alguna vez parecieron tener vida eterna».

Quienes necesitan de «la identidad nacional» ocultan su vacío interior y son presa de una despersonalización que pretenden disfrazar con la lealtad a una ficción. Desde esta perspectiva, quienes comparten el cosmopolitismo de Diógenes e insisten en ser «ciudadanos del mundo» aparecen como descastados y parias sin identidad. El afecto al «terruño», a los lugares en que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, pero distinto es declamar un irrefrenable amor telúrico que abarcaría toda la tierra de un país y segregando otros lugares y otras personas que, mirados objetivamente, pueden tener mayor afinidad, pero se apartan sólo porque están del otro lado de una siempre artificial frontera política.

El nacionalismo está imbuido de relativismo ético, relativismo jurídico y, en última instancia, de relativismo epistemológico. «La verdad alemana», «la conciencia africana», «la justicia dinamarquesa» (en el sentido de que los parámetros suprapositivos serían inexistentes) y demás dislates presentan una situación como si la verdad sobre nexos causales que la ciencia se esmera en descubrir fuera distinta según la geografía, con lo cual sería también relativa la relatividad del nacionalismo, además de la contradicción de sostener simultáneamente que un juicio se corresponde y no se corresponde con el objeto juzgado. Julien Benda pone de manifiesto el relativismo inherente en la postura del nacionalismo, escribe que «desde el momento que aceptan la verdad están condenados a tomar conciencia de lo universal».

Alain Finkielkraut ilustra el espíritu nacionalista al afirmar que «replican a Descartes: yo pienso, luego soy de algún lugar». Juan José Sebreli muestra cómo incluso el folklore proviene de una intrincada mezcla de infinidad de contribuciones de personas provenientes de lugares remotos y distantes entre sí.

Estas visiones nacionalistas se traducen en una escandalosa pobreza material, ya que los aranceles aduaneros indefectiblemente significan mayor erogación por unidad de producto, lo cual hace que existan menos productos y de menor calidad. Este resultado lamentable contrae salarios e ingresos en términos reales, con el apoyo de pseudoempresarios que se alían con el poder al efecto de contar con mercados cautivos y así poder explotar a la gente.

En la historia de la humanidad hay quienes merecen ser recordados todos los días. Uno de esos casos es el de la maravillosa Sophie Scholl, quien se batió en soledad contra los secuaces y sicarios del sistema nacionalsocialista de Hitler. Fundó junto con su hermano Hans el movimiento estudiantil de resistencia denominado Rosa Blanca, a través del cual debatían las diversas maneras de deshacerse del régimen nazi, y publicaban artículos y panfletos para ser distribuidos con valentía y perseverancia en diversos medios estudiantiles y no estudiantiles.

La detuvieron y se montó una fantochada que hacía de tribunal de justicia, presidido por Ronald Freisler, que condenó a los célebres hermanos a la guillotina, orden que fue ejecutada el mismo día de la parodia de sentencia judicial, el 22 de febrero de 1943 para no dar tiempo a apelaciones. Hay una producción cinematográfica dirigida por Marc Rothemund, que lleva por título el nombre de esta joven quien en una conversación con su carcelero explica el valor de normas extramuros de la legislación escrita.

Es pertinente recordar a figuras como Sophie Scholl en estos momentos en que surgen signos de un nacionalsocialismo contemporáneo que invade hoy no pocos espíritus en Europa y en otras partes de nuestro atribulado mundo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Sobre la moneda y los sistemas bancarios

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 7/2/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/02/07/sobre-la-moneda-y-los-sistemas-bancarios/

 

El tema monetario es de gran importancia puesto que está indisolublemente atado a los patrimonios de la gente. Trastornos en  ese campo repercuten de inmediato en el nivel de vida de todos, muy especialmente de los más necesitados puesto que la característica central de esos barquinazos se traducen en consumo de capital, lo cual, a su turno, significan disminuciones en salarios e ingresos en términos reales.

Desde tiempo inmemorial los aparatos estatales se han querido apoderar del instrumento monetario al efecto de hacerse de recursos. Ningún gobierno en la historia de la humanidad ha preservado el poder adquisitivo del dinero, siempre lo ha derretido. El premio Nobel en economía Friedrich Hayek fue un pionero contemporáneo en señalar la imperiosa necesidad de apartar a los gobiernos de la administración de la moneda, a lo cual han seguido numerosos autores, tema que en la actualidad ha producido una muy prolífica bibliografía. Hayek escribe que su esperanza estriba en que no ocurra con el dinero lo que sucedió con la inconveniente unión entre el poder y la religión que tardó siglos en percibirse los daños que provocaba esa unión. Del mismo modo, sigue diciendo Hayek que el dinero debe separarse cuanto antes de todo vestigio de contacto político y que la independencia de la banca central no hace más que trasladar los problemas a otro sector apoyado por el poder.

Otro premio Nobel también en economía, Milton Friedman, en su último trabajo sobre temas monetarios sostiene que “el dinero es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de banqueros centrales”. Es cierto que Friedman antes sugería la implantación de una “regla monetaria” que analizamos  más abajo.

Este cambio  no solo ocurrió con Friedman, el propio Hayek en una obra anterior sostenía que es “la administración de la moneda constituye función indelegable del gobierno”. Esto es solo una muestra de la evolución del pensamiento para quienes están atentos a nuevos conocimientos.

Antes de entrar de lleno en el tema, tengamos en cuenta que el dinero no calza en la definición de bien público puesto que no incorpora los principios de no-excusión y no-rivalidad. Por otra parte, se ha sostenido la conveniencia de la moneda estatal partiendo de la arbitraria premisa que se trata de un monopolio técnico aunque en este caso resulta de la imposición de un monopolio artificial (es de interés en este contexto atender un ensayo de otro premio Nobel en economía, Gary Becker, titulado “There is Nothing Natural about Natural Monopoly”), de lo contrario, liberado el mercado de regulaciones se brinda la posibilidad de elegir en competencia con todos los controles cruzados que de ello se deriva. También llama poderosamente la atención que se alegue que la politización de la moneda pueda suplir la asimetría de la información cuando, precisamente,  cuanto menos críptico y cerrado sea el mercado menor es la exposición y la transparencia. Por último, se ha pretendido desacreditar la competencia abierta de monedas recurriendo a una interpretación equivocada de la Ley de Gresham al afirmar que la moneda mala desplaza a la buena sin tener en cuenta que eso ocurre cuando el gobierno impone tipos de cambio forzosos.

La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Es realmente llamativo que a esta altura del partido, con toda la bibliografía moderna disponible a la que nos hemos referido más arriba, no se haya decidido cortar amarras con los gobiernos en materia monetaria y no se haya percibido que la única razón por la cual el Leviatán administre la moneda es para succionar poder adquisitivo de la gente al efecto de financiar sus propios desbordes.

Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas pero no hay el problema central señalado.

La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran donde conviene invertir y donde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.

Como hemos dicho en tantas ocasiones, la banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a que tasa contraer, a que tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).

Más aun, una banca central independiente del secretario del tesoro o de hacienda o del Parlamento inexorablemente errará el camino debido a las razones antes apuntadas que no cambian por el hecho de recibir instrucciones o proceder autónomamente, esto no modifica la naturaleza del problema. Sin duda, que si a la existencia de la banca central se agrega el curso forzoso la situación se agrava exponencialmente ya que no deja salida a la gente para sus transacciones diarias y deben absorber quitas permanentes en su poder adquisitivo.

Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones no tienen porqué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo que ocurre con cualquier bien o servicio, lo cual, en nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.

No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena, no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo,  el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.

La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores  en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.

La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.

Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.

A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.

En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace cincuenta años sobre si es mejor el free-banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es infinitamente mejor que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.

Resultan tragicómicos los esfuerzos y las acaloradas discusiones sobre “metas de inflación” y las correspondientes manipulaciones monetarias y cambiarias que impone la banca central, en lugar de comprender que el problema estriba en esa institución, en el medio argentino creada por el golpe fascista de los años treinta.

Como han expresado tantos economistas de gran calado, es de esperar entonces que no transcurra mucho tiempo antes de que se  perciban los inmensos daños de la banca central y el sistema bancario de reserva parcial con todas sus consecuentes políticas. Cual es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cual es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cual es la cantidad de lechuga que habrá en el mercado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

La economía a contracorriente

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 24/11/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/11/24/la-economia-a-contracorriente/

 

Afortunadamente hay muchos libros de inconformistas, esto es bueno cuando las cosas se tuercen porque es la forma de enderezarlas. Los economistas en general tenemos la manía de tratar nuestra disciplina con un lenguaje que no ayuda a comprender su significado. En el contexto económico se alude a «mecanismos», a «eficiencias crematísticas», a «asignaciones» ajenas a lo humano con descripciones que remiten a «automaticidades», a cuestiones siempre cuantificables, a próximos «ajustes» y equivalentes.

A esto debe agregarse la hipóstasis que se hace del mercado como si operara un ente que habla y dice en lugar de precisar que se trata de un proceso en el que actúan millones de personas para concretar arreglos contractuales explícitos o implícitos en los que el respeto recíproco irrumpe como principio moral, están presentes el valor justicia de dar a cada uno lo suyo y la indispensable confianza, de lo que se desprenden las respectivas reputaciones, todo lo cual constituyen reglas inherentes a cada transacción en la que se intercambian las propiedades de cada cual.

En uno de los libros a que nos referiremos, Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright aluden a la economía de modo muy distinto al habitual, obra titulada Culture and Enterprise, donde muestran que lo decisivo de este campo de conocimiento es la cultura, es la ética que determina los marcos institucionales y los procesos de mercado que estrechan relaciones interpersonales, y que la apreciación valorativa establece muy diferentes parámetros para el progreso en el que, por ejemplo, unos valoran una puesta de sol y otros el poseer un automóvil.

Más aun, toda transacción libre y voluntaria está basada a su vez en estructuras jurídicas que aseguran el derecho de propiedad, comenzando por el cuerpo de cada uno y por el consiguiente fruto de su trabajo. Este enfoque retoma, por una parte, la tradición de Adam Smith en su Teoría de los sentimientos morales de 1759 y, por otra, La acción humana. Tratado de economía de Ludwig von Mises, que en 1949 sentó las bases de la economía moderna al apartarse por completo de la visión marxista que circunscribía esa disciplina a lo material, lo cual también tiñó a la economía neoclásica de encerrar los postulados económicos en lo crematístico. A partir de Von Mises las aplicaciones de la economía a terrenos que le eran habitualmente extraños se fue extendiendo, primero, con el análisis económico del derecho, luego con Law & Economics propiamente dicho, y también estudios como los de Gary Becker sobre la familia y tantas otras aplicaciones de la ciencia económica en provechosos andariveles.

Mises mostró que economizar implica elegir, preferir, optar por determinados medios para el logro de específicos fines en los que está presente la idea de costo como la inexorable renuncia a ciertos valores conjeturando que se lograrán otros de mayor valía a criterio del sujeto actuante y así con el resto de los ingredientes que tradicionalmente se circunscribían a lo material para expandirlos a toda acción humana donde en el mercado los precios se expresan en términos monetarios y en el resto los precios aluden a ratios entre el valor que se abandona y el que se incorpora. Como queda dicho, esto va para toda acción, sea el amor, la lectura, el pensamiento o la adquisición de una computadora. Si lo dicho suena mal, es porque todavía se arrastra la concepción marxista de la economía. Toda acción apunta a una ganancia que puede ser psíquica o monetaria y se dirige a eliminar pérdidas desde muy diversas perspectivas, por ejemplo, el que entrega su fortuna a un necesitado es porque para él el acto significa una ganancia psíquica, ya que todo acto libre y voluntario se realiza en interés de quien lo lleva a cabo, ya sea una acción sublime o ruin.

Lavoie y Chamlee-Wright incluso objetan las mediciones del producto bruto que ejemplifican con el incremento en la colocación de alarmas y cerraduras que se computan en ese guarismo como si fueran una mejora pero significan una decadencia en la cultura y en la calidad de vida por los mayores riesgos de asaltos. Todavía más, el aumento en el producto bruto se suele asimilar a la mejora en el bienestar, pero generalmente las mejores cosas de la vida no son susceptibles de referirse en términos monetarios. Entonces se dice que alude a mejoras materiales, a lo cual debe deducirse la intervención gubernamental en la economía que siempre se traduce en reducciones en el nivel de vida debido a la inexorable alteración en las prioridades de la gente.

Finalmente, no se comprende el sentido de compilar esas estadísticas, ya que de ese modo se extrapola la actividad empresaria a la de un país como si los gobernantes fueran su gerente, sin comprender que una vez garantizados los derechos de los gobernados, cualquier resultado en libertad será óptimo. Si la gente prefiere tocar el arpa antes que producir televisores, eso será lo mejor y así sucesivamente. En este sentido es que James M. Buchanan ha escrito: «Como un medio de establecer indirectamente la eficiencia en el proceso de intercambio, mientras se mantenga abierto y mientras el fraude y la fuerza estén excluidos, todo lo que se acuerde es, por definición, aquello que puede clasificarse como eficiente».

Por otra parte, ¿para qué presupuestar tasas de crecimiento del producto? ¿Se opondrá el gobierno si el crecimiento fuera mayor? ¿Y si es menor habrá recriminaciones? ¿Con base en qué parámetro puede el aparato de la fuerza proyectar una tasa? ¿Es acaso que el gobierno interviene para lograr la meta? Si así fuera, habría que objetar la intervención que, fuera de su misión específica de proteger derechos, siempre es en una dirección distinta de lo que hubiera decidido la gente en libertad.

En esta misma línea argumental es que Wilhelm Röpke ha consignado, en Más allá de la oferta y la demanda: «Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […]. Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad».

Lavoie y Chamlee-Wright señalan que el economista tradicionalmente ha considerado la cultura, es decir, los valores imperantes, como algo externo a su disciplina en lugar de verlo como algo interno que parte de la estructura axiológica de cada sujeto y que constituye un ingrediente principalísimo de la economía. Además, claro está, que la cultura no es algo estático sino cambiante y en planos multidimencionales en cada persona. Dicen estos autores que nada se gana con el establecimiento de normas que protejan derechos si previamente no existe una cultura liberal suficientemente arraigada, de allí la importancia de la educación. Sin duda que las normas civilizadas ayudan a encauzar conductas consistentes con una sociedad abierta, pero el trabajo en la comprensión de valores básicos es condición necesaria para el respeto recíproco.

El segundo libro a que nos referimos, que también va a contracorriente de lo habitualmente establecido es el de Tyler Cowen, titulado In Praise of Commercial Culture, en el que el autor muestra la conexión estrecha entre la economía y la cultura. En este caso específicamente con el arte, esto es, la pintura, la música y la literatura.

En primer lugar, Cowen subraya la importancia de los procesos de mercado abiertos para mejorar el nivel de vida de la población y de este modo abrir las posibilidades de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, la gente atienda requerimientos artísticos. En segundo término, explica cómo el mercado abre caminos fértiles para las transacciones de obras de arte. Antaño los mecenas eran gobernantes que promovían el arte compulsivamente con el fruto del trabajo ajeno al beneficiar a los de mayores recursos en detrimento de quienes se veían obligados a renunciar al pan para satisfacer los deseos de los poderosos, hasta que el arte se volcó al mercado libre, con lo que las respectivas cotizaciones permitieron incentivar las preferencias del público. Incluso en los muebles fabricados por ebanistas el estilo se bautizaba con el nombre del rey o la dinastía.

Debe hacerse hincapié en el despropósito descomunal de las trabas aduaneras para importar o exportar obras de arte, con lo cual, de cumplirse el bloqueo, no existirían los museos con lo que las personas de menores recursos que no pueden viajar se les estaría vedado disfrutar de obras de arte.

Sin perjuicio de las notables y generosas donaciones para el enriquecimiento del arte en muy diversos planos, como bien ha dicho Milton Friedman en su célebre ensayo titulado «The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits», en The New York Times Magazine, donde expone los beneficios sociales de las ganancias, lo cual significa que los siempre escasos recursos están bien administrados, con lo que las tasas de capitalización se elevan y, por tanto, lo hacen los salarios y los ingresos en términos reales. Esto va para los acomplejados e ignorantes que estiman que deben devolver algo a la comunidad con entregas gratuitas, sin percatarse del papel social de las ganancias. De más está decir que esto no va para los prebendarios que la juegan de empresarios pero obtienen del poder mercados cautivos para explotar a la gente.

Ernst H. Gombrich, en su Historia del arte, describe en detalle el progreso en las artes cuando se colocaron en los mercados, con lo que las obras pasaron a un público más amplio y no destinado sólo para unos pocos y de este modo se abrieron infinitos caminos para nuevas realizaciones una vez que los aparatos de la fuerza fueron dejados de lado en este rubro tan delicado para la evolución cultural.

En otras palabras, tanto Lavoie y Chamlee-Wright como Cowen puntualizan el aspecto espiritual del proceso económico y enfatizan la creatividad inherente a este y ponen en un segundo plano las consecuencias materiales. Seguramente con este enfoque dejará de establecerse un dique entre los estudiosos de la economía y los artistas, y estos últimos dejarán de ver esa disciplina como algo ajeno a sus aspiraciones culturales para integrarla a sus visiones estéticas. De allí es que Michael Novak, en El espíritu del capitalismo democrático, deriva la palabra ‘capitalismo’ de caput, de mente, de creatividad, del espíritu emprendedor que posibilita el progreso en las ciencias, la empresa comercial y las artes.

Frank H. Knight se refiere a lo que venimos sosteniendo en su obra La ética de la sociedad competitiva, una colección que abre con un primer trabajo titulado «Ética e interpretación económica», tomado del Quarterly Journal of Economics, donde, entre otras cosas, anota: «Economía y ética mantienen de modo natural relaciones bastante íntimas, dado que ambas tratan del problema del valor». Como resume Fred Kofman en el tercer tomo de su Metamanagement: «Todo acto de comercio es un acto de servicio mutuo».

Además de todo lo dicho, recordemos, para finalizar esta nota periodística, que Friedrich A. Hayek ha estampado en su conferencia en el Social Science Research Building de la Universidad de Chicago, «The Dilemma of Specialization», respecto a la profesión de economista en un sentido restringido: «Nadie puede ser un buen economista si es sólo un economista, y estoy tentado a decir que el economista que sólo es economista será probablemente una molestia cuando no un peligro manifiesto».

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

¿GIRO PARCIAL EN EL RUMBO DISCURSIVO DE TRUMP?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

 

He escrito en repetidas ocasiones sobre las medidas contraproducentes y peligrosas del nuevo presidente estadounidense, lo cual mantengo pero ahora señalo un eventual cambio parcial en el giro que se ha notado en su discurso en Arabia Saudita respecto a su marcada islamofobia anterior. En toda su campaña y en sus primeros días de gobierno reveló una xenofobía extrema entre la cual se destacó su aversión a los musulmanes al promover su propuesta de no permitir el ingreso a Estados Unidos de personas pertenecientes a esa religión, a la propuesta de vigilar y limitar las actividades de musulmanes norteamericanos y sostener que el Islam “nos odia” y otras afirmaciones de esa envergadura.

 

Ahora, en su primer viaje presidencial al exterior, si bien mencionó una vez el calificativo aberrante de “islamismo terrorista” que fue inmediatamente criticado por plumas de sus conciudadanos y en medios musulmanes, cambió su visión al ponderar la cultura musulmana y en un plano metareligioso: colocó sus consideraciones en el contexto de una lucha del bien contra el mal en el sentido del  combate contra el terrorismo siempre criminal independiente de la religión a la que eventual y circunstancialmente adhieren y malinterpretan los asesinos que cometen sus crímenes ya sea “en sus tierras santas” o en otros lugares e invitó a sus anfitriones del momento a tomar la iniciativa de “barrerlos sin contemplación alguna”. Salvando las distancias, sorpresivamente sus disquisiciones estuvieron más cerca del ecumenismo de  Juan Pablo II.

 

Cada vez con más furor en buena parte del mundo se está creando un clima desagradable contra los musulmanes como, por ejemplo, revelan las declaraciones de la antisemita y antimusulmana, afortunadamente perdidosa del Partido de Derecha Nacional en Francia.

 

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. Estos regimenes recurren a la religión debido a que resulta un canal más propicio para el fanatismo del mismo modo que ocurrió con algunos llamados cristianos en la España inquisitorial.

 

El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- declaró a “La Nación” de Buenos Aires que naturalmente cuando los terroristas de la ETA o la IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”. En el caso argentino, cabe agregar que los terroristas de los grupos Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo provenían en su mayoría de la tradición del nacionalismo católico pero sería una bellaquería responsabilizar a la filosofía cristiana por las matanzas de los años setenta (aunque si al nacionalismo que, como apunta Jean-François Revel, es siempre primo hermano intelectual del comunismo).

El Corán señala que “Quien mata, excepto por asesinato, será tratado como que mató a la humanidad” (5:31) y enfatiza la importancia de la palabra empeñada y los contratos (2:282) y la trascendencia de la propiedad privada (2:188). También destacados autores como Gustave Le Bon,  Ernest Renan, Thomas Sowell, Gary Becker, Guy Sorman, Huston Smith, Víctor Massuh, Henry G. Weaver y tantos otros han subrayado las notables contribuciones de los musulmanes a través de la historia en cuanto a la tolerancia con otras religiones, el derecho, las matemáticas, la economía, la música, la literatura, la medicina, la arquitectura y la fundación de innumerables universidades. Averroes fue uno del los mayores responsables de trasladar la cultura latina a centros de estudio europeos. Incluso en Occidente se ha tendido a distorsionar la verdadera trascendencia de jihad que significa “guerra interior contra el pecado” y no guerra santa al estilo de los conquistadores cristianos en América (más bien anti-cristianos).

Es realmente admirable el esfuerzo académico que llevan a cabo los miembros del Minaret of Freedom Foundation en Maryland (EEUU) para contrarrestar la visión errada en cuanto a los fundamentos del Islam y muestran como en las fuentes se encuentra la adhesión a los mercados libres y los marcos institucionales compatibles con el estado de derecho, la importancia de la tolerancia y el pluralismo y también subrayan lo objetable del maltrato a la mujer en cualquier sentido que sea (respecto al cristianismo: “No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio”, I Timoteo, 12).

Personalmente me he comunicado por la vía cibernética con el presidente de la referida fundación,  el profesor Amad-ad-Dean Ahmad, quien revela en uno de sus libros que las contribuciones de musulmanes han constituido uno de los antecedentes de la Escuela Austríaca (de Menger, Böhm-Bawek, Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard) y quien es secundado en la mencionada institución por profesionales como Shahid N. Sahah, Aly Ramdan Abuzaa, Sharmin Ahmad y Oma Altalib, cuyo Consejo Directivo también está integrado por especialistas en la tradición musulmana como el catedrático de la Universidad de Michigan Antony T. Sullivan.

 

El problema es siempre la infame alianza tejida entre el poder y la religión, de allí la sabia expresión jeffersionana de la “teoría de la muralla” en Estados Unidos al efecto de separar tajantemente estos dos ámbitos, puesto que quien dice estar imbuido de la verdad absoluta constituye un peligro si, como tal, se desenvuelve en las esferas ejecutivas de la política.

 

En un contexto de guerras religiosas, buena parte de las muertes en lo que va de la historia de la humanidad han ocurrido en nombre de Dios, la misericordia y la bondad. Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.

 

En cuanto a pasajes inconvenientes y contraproducentes en el Corán, los cristianos debemos tener en cuenta los que aparecen en el Nuevo y en el Antiguo Testamento. Solo a título de ejemplo cito en el primer caso “Pero a aquellos enemigos míos, los que no quisieron que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mi” (Lucas, 19:27) y en el segundo, el de la tradición judeo-cristiana “Si oyes decir que en una de las ciudades que Yahvéh tu Dios te da para habitar en ella, algunos hombres, malvados, salidos de tu propio seno, ha seducido a sus conciudadanos diciendo: ´Vamos a dar culto a otros dioses´ que vosotros no conocéis, consultaras, indagarás y preguntaréis minuciosamente. Si es verdad, si se comprueba que en medio de ti se ha cometido tal abominación, deberás pasar a filo de espada a los habitantes de esa ciudad, la consagrarás al anatema con todo lo que haya dentro de ella; amontonarás todos sus despojos en medio de la plaza pública  prenderás fuego a la ciudad con todos sus despojos, todo ello en honor de Yahvéh tu Dios. Quedará para siempre convertida en un montón de ruinas y no volverá a ser edificada” (Deuteronomio, II, 13: 13-17).

 

Sin duda que resultan mucho más tranquilizadores pensamientos como los que consigna Voltaire en “Oración a Dios” en su Tratado de la tolerancia: “que los que encienden cirios en plena luz del mediodía para celebrante, soporten a los que se contentan con la luz del sol; que los que cubren su traje con tela blanca para decir que hay que amarte, no detesten a los que dicen lo mismo bajo una capa de lana negra; que sea igual adorarte en una jerga formada de antigua lengua, que en un jerga recién formada”.

 

Por supuesto que además de manipuladores que disfrazan sus designios perversos con el manto religioso al efecto de provocar resultados de mayor alcance y envergadura, están los fanáticos que verdaderamente creen en un culto que no perciben es diabólico en cuanto a que sostienen que su deber consiste en exterminar a quienes no participan de los ritos y creencias de su secta malévola. Es que el asesino no se justifica ni perdona porque comete sus espantosas fechorías y desaguisados en base a lo que estima son instrucciones sobrenaturales lo cual no se mitiga en lo más mínimo por el hecho de que el sujeto en cuestión forme parte de una banda que comparte semejante postura delictiva, en todo caso este camino constituye un adefesio y una afrenta grotesca al sentido religioso, es decir la religatio con la Primera Causa como fuente de inspiración a la bondad y la concordia. Este desvío monstruoso es lo que hoy pretenden los megalómanos al frente de pueblos sumergidos en la penuria, del mismo modo que antes también ocurría con tiranías sustentadas en coaliciones macabras entre el altar y la espada.

 

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. Debemos ser respetuosos de otras manifestaciones culturales que no son las nuestras y que no afectan derechos de terceros, esta es la única manera de cooperar pacíficamente en una sociedad abierta y es el único modo de ir descubriendo distintas avenidas y horizontes en un proceso evolutivo. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.

 

El terrorista debe ser condenado como criminal sin hacer referencia a su color de piel, su condición  sexual, su nacionalidad ni su religión. Solo de este modo podremos considerarnos civilizados y nos habremos liberado de la espantosa y truculenta lacra de las guerras religiosas. Resulta en verdad conmovedor comprobar la angustia que reiteradamente han puesto de manifiesto públicamente tantos escritores y dirigentes musulmanes frente al uso de la a todas luces inadecuada expresión “terrorismo islámico”. Tal como he consignado en muchas oportunidades, no comulgo para nada con las políticas de George W. Bush pero suscribo su declaración en los días siguientes a la horrenda masacre perpetrada contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 con motivo de la visita a una mezquita en cuanto a que “es del todo inapropiado vincular al islamismo con el terrorismo puesto que un criminal es un criminal independientemente de lo que pueda declarar son sus creencias religiosas”.

 

Dadas las cambiantes opiniones y posiciones contrarias a la sociedad abierta de Donald Trump, hay quienes dudan de la sinceridad de su incipiente cambio de discurso respecto a su anterior islamofobia. Sin embargo, para bien de la civilización, es de desear que sea veraz y que la profundice, además de rectificar el rumbo en otros aspectos muy sensibles y mejorar áreas que aparecen bien encaminadas pero contradictorias en ámbitos de la actual administración.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.