Cuba, una bofetada a la civilización y todavía mandan “médicos”

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 25/4/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/04/25/cuba-una-bofetada-a-la-civilizacion-y-todavia-mandan-medicos/

 

Una brigada de 52 médicos y paramédicos cubanos viajó el sábado a Italia para asistir a los servicios sanitarios de ese país, el más afectado por la pandemia del COVID-19. Por su parte, Rusia anunció el envío de virólogos militares 

Una brigada de 52 médicos y paramédicos cubanos viajó el sábado a Italia para asistir a los servicios sanitarios de ese país, el más afectado por la pandemia del COVID-19. Por su parte, Rusia anunció el envío de virólogos militares "con experiencia" en la desinfección de edificios y de infraestructuras.

Es verdaderamente inaudito que el régimen sanguinario de la isla-cárcel cubana se haya perpetuado por más de sesenta años. Un partido único, una prensa amordazada, una justicia amañada y sin el menor respeto a las libertades individuales en el contexto de encarcelamientos, matanzas y deportaciones a manos de la oligarquía castrista. Un vergüenza y todavía hay desfachatados que dicen que por lo menos hay buena educación y servicios adecuados de salud. Respecto a lo primero, es suficiente señalar la contradicción en los términos de hablar de educación donde prima el adoctrinamiento y la censura, además de tener que escribir en lápiz para que la próxima camada pueda borrar y usar el mismo papel debido a la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber leer y escribir; radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción. Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003, aclaró qué es lo que significa para su régimen la educación en cuanto a la colonización de las mentes a través del comunismo: “Una revolución educacional bien profunda” (sic). En cuanto a la salud, es suficiente consultar los múltiples escritos de la neorocirujana cubana Hilda Molina para percatarse de las pocilgas que son los hospitales y solo mantenido un reducto para los miembros de la banda gobernante y extranjeros amigos a los efectos de adornar la vidriera.

Antes he escrito sobre este bochorno, pero se hace necesario reiterar la ofensa para la civilización de la existencia de este ejemplo de barbarie que lamentablemente no es el único caso, lo cual no calma el bochorno. Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Como también he consignado antes, esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo XIX en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge III y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro, quien prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959, en declaraciones a la prensa local e internacional, manifestó Fidel Castro: “Se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el Che” (en todas las familias se cuecen habas, pero en este caso se trata de un criminal que ejecutó múltiples masacres), Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica, era sobresaliente en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que torturó sistemáticamente a opositores, lo cual fue continuado por su hermano y el títere a cargo hasta el momento de escribir estas líneas. Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta.

Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consigna los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Lo más fértil es prestar debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

Es un insulto a la inteligencia que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual además constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales. A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo.

En el principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero a esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas.

Solo durante el año pasado se han detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco. Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos y los recursos naturales de la URSS y luego con parte de lo obtenido por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el precio del oro negro se ha desplomando y el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se encuentran en mayores dificultades pero confían en la imbecilidad de vecinos del continente que acepten su penetración al efecto de ser retribuidos con apoyos varios de otros energúmenos en el poder especial, aunque no exclusivamente por el payaso del Orinoco que habla con los pajaritos.

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, en cuyo contexto aparecen turistas que disfrutan playas y otros privilegios como contrapartida de sus financiaciones a los carceleros.

Conozco de cerca aquellas bazofias norteamericanas (más bien antinorteamericanas) que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al ex barbudo de la isla cubana diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los tilingos de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

Sin duda que siguen los idiotas útiles que hacen de carne de cañón, que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos autodenominados cristianos que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta, de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la caridad que, como queda dicho, para que sea tal, siempre es realizada con recursos propios y de modo voluntario.

Invito a los lectores a que meditemos juntos con detenimiento sobre lo que escriben Carlos Alberto Montaner, Armando Valladares y el testimonio de Huber Matos, entre otros. Lo de nuestros hermanos de Cuba no es un tema simplemente de solidaridad hacia sus padecimientos y para con las vidas de tantos exiliados que lo han perdido todo en su tierra natal, sino que es en interés propio puesto que todos estamos interesados en la vigencia de libertad.

Como hemos puntualizado, es inconcebible pero cierto que la isla-cárcel cubana se ha mantenido por más de sesenta años bajo las garras y fauces criminales de los sátrapas castristas. Este clima bochornoso y nauseabundo parte el corazón de cualquier persona normal, pero todavía hay cretinos que alaban el régimen totalitario, organizaciones internacionales que aceptan que las integren representaciones de los antedichos asesinos seriales en el contexto de los balseros que cruzan el mar en busca de libertad, asumiendo los tremendos riesgos de los fusileros de la isla, los tiburones o el naufragio.

Como es sabido, desde que los aborígenes descubrieron la expedición de Colón se asentaron en la isla los españoles imponiendo su esquema colonial hasta la trifulca del siglo XVIII con los británicos que en su carácter de victoriosos se les entregó a cambio de Cuba la península de La Florida, etapa en la que España reforzó el envío de tropas y redobló su cerrado mercantilismo hasta el episodio del Maine por el que la metrópoli perdió la susodicha base de operaciones y luego de la breve ocupación estadounidense Cuba se independizó, en términos muy generales con la idea básicamente liberal (aunque con desvíos mayores o menores según la época) que había esbozado con anterioridad el por entonces muerto José Martí, un admirador de Estados Unidos y residente durante largos períodos en ese país donde escribió: “Estoy, por fin, en un país donde todos aparecen como amos de sí mismos. Uno puede respirar libremente, aquí la libertad es el fundamento, el escudo y la esencia de la vida”. Por su parte, Hugh Thomas en sesuda obra titulada Cuba. La lucha por la libertad señala que después de la independencia “gracias a la ayuda norteamericana […] La Habana era aún una ciudad española, pero a punto de adoptar el estilo norteamericano”.

¿Y qué me cuentan, estimados lectores, de la gentuza que jamás contribuyó a la libertad de nadie (siempre fue free-rider del trabajo de otros) y dice que adquirir activos en Cuba puede ser “una excelente oportunidad de un jugoso arbitraje” para cuando caiga la tiranía comunista? Frente a situaciones críticas siempre se pone al descubierto quién es quién, como ha sentenciado Warren Buffett: “Cuando la marea baja se descubre quienes nadaban desnudos”.

Hoy en medio de la pandemia resultan más escalofriantes que nunca los datos y las informaciones que llegan de Cuba donde la miseria, el hambre, la escasez de medicamentos elementales, la ausencia de higiene básica y las muertes hacen que cualquier persona normal quede espantada frente a este tétrico cuadro de situación. Y todavía tienen la desfachatez de enviar cubanos -supuestos médicos- a la Argentina y a Uruguay (en este último caso el gobierno tuvo la prudencia y la dignidad de rechazarlos).

Los liberales herederos de las Cortes de Cádiz que integraban la llamada Generación del 98 en España -puesta en primer plano a raíz de la antedicha guerra por Cuba- se oponían tenazmente a todo autoritarismo, movimiento que puede decirse representaba bien Miguel de Unamuno, quien resumió su pensamiento al escribir: “El socialismo, última transformación de los sistemas absolutistas, subordina la sociedad al Estado, sacrifica la libertad a la igualdad”. Por contraste, consigna que “el liberalismo es la fórmula suprema del alma del hombre”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Acerca de las drogas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 31/3/19 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/acerca-drogas.html

 

Ahora que Antonio Escohotado ha visitado Montevideo gracias a los auspicios del Centro de Estudios para el Desarrollo, es el momento de volver sobre el tema de los estupefacientes en vista de lo escrito y dicho por el mencionado autor, además de sus otras obras como la notable trilogía sobre los enemigos del comercio.

Antes que nada hay que mencionar lo que en estadística se conoce como error de inclusión. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por drogados, no se sigue el nexo drogas-crimen. No todos los que se drogan son criminales y una minoría del universo de crímenes se comete por drogados. No se puede atender solo un segmento y extrapolar.

Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no se desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por un drogado en lugar de constituir un agravante.

Dicho esto, tal como lo señalé en mí libro La tragedia de la drogadicción. Una propuesta con prólogo de Carlos Alberto Montaner, el uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo -salvo la Guerra del Opio en China debido a la prohibición- no hubieron problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la Ley Seca.

De todos modos, como ha escrito el premio Nobel Milton Friedman “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que la usan como para los que no la usan”.

Hoy personas inocentes son tratadas como delincuentes si, por ejemplo, llevan consigo más de diez mil dólares, en gran medida los bancos se han convertido en informantes de los aparatos estatales con lo que el secreto bancario ha desaparecido, las escuchas telefónicas y acciones policiales contrarias al debido proceso están a la orden del día.

En no pocas oportunidades se piensa que si  se liberan las drogas, todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo, en los transportes, en los comercios, en las carreteras a seres que no son capaces de controlarse a si mismos.

La penalización por la producción y/o consumo de drogas eleva la prima por el riesgo de operar en esos mercados y, por ende, los antedichos márgenes operativos se elevan enormemente. Debido a esto se hace posible la producción de drogas sintéticas con efectos mucho más devastadores de las naturales. El mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga con lo que las sobredosis y las intoxicaciones son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda.

Las legislaciones anti-drogas obligan a los consumidores a involucrarse con la mafia. Los antes mencionado márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher , con ingresos exorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en colegios y lugares bailables.

Esta así  denominada guerra está sufragada coactivamente por los impuestos y mezclan negocios lícitos con el “lavado” de dinero proveniente de las drogas, con lo que oscurecen las contabilidades y se contaminan comercios de distinta índole. Todo esto sin contar a los gobernantes que reciben cuantiosos recursos para “combatir” la droga, mientras se descubren sus propios negocios suculentos en el ramo  y las corrupciones de jueces y policías alimentan cotidianamente los noticieros de todas partes del mundo.

Ex presidentes que han padecido sobradas experiencias durante sus mandatos con las drogas, proponen la liberación como son los casos de Vicente Fox,  Oscar Gaviria o Henrique Cardoso. Incluso el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar y el ex Secretario de Estado del gobierno estadounidense George Shultz se han pronunciado en la misma dirección.

Por último, para cerrar esta nota periodística, cuando se dice que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre si los demás factores se mantienen constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos colosales a los pushers y sus socios lo cual modifica la situación.  Por supuesto que las limitaciones a menores deben ser similares a como se procede con el registro automotor, la pornografía, la venta de alcohol y equivalentes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

OTRA VEZ LAS DROGAS ALUCINÓGENAS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Antes que nada hay que mencionar lo que en estadística se conoce como error de inclusión. En el caso que ahora nos ocupa es pertinente señalar que tal como lo señalan las encuestas y relevamientos más importantes, por ejemplo, las reiteradas manifestaciones del Bureau of Justice Statistics de Estados Unidos que “una abrumadora mayoría de consumidores de drogas nunca han cometido un crímen”. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por drogados, no se sigue el nexo drogas-crimen. Para sacar conclusiones en esta materia es menester mirar el universo, no se puede atender solo un segmento y extrapolar. Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no si desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por un drogado en lugar de constituir un agravante.

 

Dicho esto, tal como lo señalé en mí libro La tragedia de la drogadicción. Una propuesta (Buenos Aires, Ediciones Lumiere, 2006, con prólogo de Carlos Alberto Montaner), el uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo -salvo la Guerra del Opio en China debido a la prohibición- no hubieron problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la Ley Seca por lo que dejaron de percibir astronómicas ganancias debido a los siderales márgenes operativos que provoca la prohibición.

 

Por otra parte, como se ha dicho resulta bastante estúpido eso de “la guerra contra las drogas” porque es similar a declarar la guerra al dulce de leche: las guerras son contra personas nunca contra cosas. De todos modos, como ha escrito el premio Nobel Milton Friedman “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que la usan como para los que no la usan”.

 

Hoy personas inocentes son tratadas como delincuentes si, por ejemplo, llevan consigo más de diez mil dólares, en gran medida los bancos se han convertido en informantes de los aparatos estatales con lo que el secreto bancario ha desaparecido, las escuchas telefónicas y acciones policiales contrarias al debido proceso están a la orden del día.

 

Como bien ha puntualizado Lysander Spooner, un vicio es un acto que afecta a la misma persona que lo entretiene, mientras que un crimen es un acto contra el derecho de otra, el confundir ambos hechos constituye una aberración manifiesta. Hay en este asunto una dosis grande de arrogancia al pretender administrar las vidas ajenas. De más está decir que si todo el mundo decide constiparse ilimitadamente, el resultado será la muerte por constipación, pero cada uno es responsable de sus acciones, incluso la responsabilidad por haber bloqueado la misma responsabilidad.

 

En no pocas oportunidades se piensa que si  se liberan las drogas, todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo, en los transportes, en los comercios, en las carreteras a seres que no son capaces de controlarse a si mismos. En verdad, estarán circunscriptos a sus domicilios o a bares o lugares expresamente establecidos para drogodependientes. Por supuesto que esto ocurrirá si los aparatos estatales no se meten “regalando” jeringas o imponiendo lugares públicos para drogarse y otras sandeces por el estilo.

 

La penalización por la producción y/o consumo de drogas eleva la prima por el riesgo de operar en esos mercados y, por ende, los antedichos márgenes operativos se elevan enormemente. Debido a esto se hace posible la producción de drogas sintéticas con efectos mucho más devastadores de las naturales. El mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga con lo que las sobredosis y las intoxicaciones son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda puesto que los candidatos se estarían denunciando a si mismos.

 

Las legislaciones anti-drogas obligan a los consumidores a involucrarse con la mafia. Los antes mencionado márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher , con ingresos exhorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en los colegios y lugares bailables puesto que la gente joven es la más propensa a ensayar y mantener nuevas fórmulas al estar más inclinados al “fruto prohibido” debido a un siempre presente espíritu de rebeldía.

 

Como en la relación compra-venta de drogas no hay víctima ni victimario propiamente dichos, irrumpe la figura del soplón, espionaje que conduce a los atropellos más variados como revisación de personas en sus ropas y pertenencias, olfateo de canes y otras intromisiones sin orden de juez competente ya que se suele decretar la inmunidad para quienes proceden de esta manera.

 

Esta así  denominada guerra está sufragada coactivamente por todos los contribuyentes, lo cual asciende a millones y millones de dólares. Permanentemente se involucran negocios lícitos con el “lavado” de dinero proveniente de las drogas, con lo que oscurecen las contabilidades y se contaminan comercios de distinta índole. Las permanentes matanzas de inocentes, las violaciones a las libertades individuales, al tiempo que las cárceles están atestadas de drogadictos en lugar de los verdaderos criminales. Todo esto sin contar a los gobernantes que reciben cuantiosos recursos para “combatir” la droga, mientras se descubren sus propios negocios suculentos en el ramo. Las corrupciones de jueces, policías  y políticos alimentan cotidianamente los noticieros de todas partes del mundo.

 

Todavía no queda del todo claro el sentido  del proyecto pero se ha dicho en medios argentinos que se involucrará a la Fuerzas Armadas en la susodicha lucha contra los estupefacientes, lo cual sería grave pues no solo desnaturalizaría su misión específica sino que la expondría a que también sean corrompidas. Por su parte, la candidata a ocupar la cartera de interior en el nuevo gobierno mexicano ha deslizado la posibilidad de liberar las drogas, lo cual sería altamente beneficioso para Occidente antes que la guerra de marras termine con la sociedad libre  y constituiría un digno ejemplo a seguir, a pesar de otras de las políticas negativas anunciadas por el próximo mandatario recién electo. Ex presidentes que han padecido sobradas experiencias durante sus mandatos con las drogas, proponen la liberación como son los casos del mexicano Vicente Fox, del colombiano Oscar Gaviria o el brasileño Enrique Cardoso. Es de esperar que si esto se concretara no se hiciera como el caso uruguayo con la marihuana donde el aparato estatal está metido en todo el proceso y más bien se acercara al caso portugués. Incluso para aludir a miembros de la burocracia internacional, el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, se ha pronunciado categóricamente a favor de liberar todas las drogas en una carta abierta, ya en 1998, junto con otras 500 personalidades entre las que se encontraba el ex Secretario de Estado del gobierno estadounidense George Shultz.

 

Como dice Mario Vargas Llosa, es de desear que se comprenda la necesidad de liberar las drogas antes que las drogas terminen con la democracia a través de la financiación de campañas y otros canales. Tal como escribe Thomas Sowell en relación al tema que nos ocupa vinculado a la pregunta reiterativa en cuanto a la razón por la cual no se abandona una lucha que ha demostrado resultados catastróficos: “Las políticas deben ser juzgadas por sus resultados, pero las cruzadas de este tipo son juzgadas por lo bien que se sienten los cruzados”.

 

Hace mucho tiempo en una oportunidad en una conversación con mi amigo Agustín Navarro en México, médico  y economista, me hablaba de la importancia de liberar las drogas en una época en que yo sostenía equivocadamente que había que prohibirlas (en realidad fueron alumnos míos los que me convencieron de mi inconsistencia en este asunto que se daba de bruces con el resto del andamiaje de análisis económico de la asignatura). En esa oportunidad le pregunté a mi amigo por qué no escribía sobre el asunto. La respuesta me dejó helado. Me dijo que lo había proyectado pero abandonó el propósito debido a las amenazas que recibió su familia. La conversación terminó con su conclusión en cuanto a que la peor noticia para los barones de la droga es que se liberen puesto que se quedan sin el suculento botín.

 

Bien ha consignado el sacerdote católico John Clifton Marquis en un escrito de su autoría titulado -préstese especial atención al título- “Las leyes sobre drogas son inmorales”, publicado en US Catholic en mayo de 1990: “Cincuenta años de legislación sobre drogas ha producido el efecto exactamente opuesto a lo que esas leyes intentaron […] Los líderes morales no tienen más alternativa que elegir entre una moral auténtica, la cual produce el bien y una moral de cosmética que meramente aparece como buena. Las leyes sobre drogas aparentan ser benéficas pero el defecto trágico de la moral de cosmética, igual que toda otra forma de cosmética, es que no produce cambios en la sustancia”.

 

Es difícil para quienes pretenden sustituir las conciencias individuales por los dictados desde el poder, pero es menester batir esas tendencias que van contra todo sentido ético de responsabilidad tal como señala el Padre Marquis. Por último, para cerrar esta nota periodística subrayo que es de interés señalar para el caso estudiado que cuando se dice en economía que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre siempre y cuando los demás factores se mantengan constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos colosales a los pushers y sus socios lo cual modifica la situación. Eso es precisamente lo que ocurrió con los negociantes del alcohol ilegal, y por eso, en su memoria 1936/37, el Departamento del Tesoro estadounidense reveló la caída en el consumo de bebidas alcohólicas luego de eliminado el estruendoso papelón de la Ley Seca. También es lo que destaca James M. Buchanan, otro premio Nobel, respecto a la reducción en el consumo de drogas en la experiencia parcial holandesa.

 

De todos modos, aunque esto no fuera así no resulta relevante desde la perspectiva moral que no comprenden los que son “moralistas a los palos” (es decir, los de la antimoral). Es como escribió William F. Buckley: “en lugar de provocar guerras contra las drogas con espantosas muertes, gravísimas lesiones de derechos de inocentes, aumentos de drogadicciones y corrupciones por doquier tal como revela la copiosa bibliografía en la materia, los que desean intoxicarse que puedan acceder en el mercado libre a la compra al precio del veneno para las ratas”. Por supuesto que las limitaciones a menores deben ser similares a como se procede con el registro automotor, la pornografía, la venta de alcohol y equivalentes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

CUMBRE DE LAS AMÉRICAS: UN FIASCO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Luego de las palabras del secretario general de las Naciones Unidas que instó a que se aplicara la “justicia social” en el continente, abrió oficialmente las deliberaciones el presidente de Panamá como representante del país anfitrión. Cayó en el lugar común de condenar las desigualdades de resultados sin distinguir entre regímenes fascistoides donde empresarios prebendarios se enriquecen a costa de sus semejantes de los sistemas de mercado donde los empresarios que se enriquecen se debe a que aciertan satisfacer las necesidades de su prójimo.

 

Asimismo rindió homenaje a Monseñor Oscar Romero de El Salvador, abanderado de la teología de la liberación quien insistía en sus recetas marxistas en un contexto de gobiernos corruptos y estatistas. Celebró el acuerdo Estados Unidos-Cuba por el que se le da cabida a la isla-cárcel en foros supuestamente democráticos para que los estadounidenses sean usados para financiar el aparato comunista en reemplazo primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela. Afirmó que en el continente no hay represión haciendo oídos sordos al antedicho caso cubano y al venezolano. Alabó los muy discutidos arreglos del gobierno colombiano con el terrorismo de ese país y festejó lo que estimó ha sido el fin de conflictos territoriales en el continente como si no leyera los periódicos. Nada dijo de las amenazas a la libertad de prensa en medios ecuatorianos y argentinos ni sobre las alarmantes corrupciones en Brasil, Nicaragua, Bolivia y Argentina. Desde luego que tampoco hubiera quedado bien que criticara las reiteradas actitudes dilatorias y de apoyo a medidas autoritarias por parte de la OEA y de su secretario general, en su momento amigo y admirador de Salvador Allende (en ese foro, ufanándose de una peculiar noción de la diplomacia, el embajador venezolano declaró que “las balas pasan más rápido por las cabezas huecas de lo opositores”).

 

Afortunadamente hubo una especie de contra-cumbre en la que veinticinco expresidentes y jefes de gobierno se manifestaron por la libertad a través de la “Declaración de Panamá” (oportunidad en que Andrés Pastrana criticó severamente a su compatriota Juan Manual Santos por no pronunciarse), en especial referida a los gravísimos, brutales y repetidos atropellos a los derechos de los venezolanos por parte del chavismo totalitario.

 

Sin sonrojarse, el presidente de Ecuador afirmó que “Cabría preguntarse si una sociedad puede llamarse realmente libre cuando los medios están en manos de sociedades con fines de lucro”. Claro que este personaje no puede comprender lo que significa la liberad de prensa luego de haber impuesto varias leyes mordaza en su país y de estar en permanente conflicto con cualquier manifestación de prensa independiente. Es el tipo de sujeto que no acepta la idea del lucro en los medios periodísticos porque rechaza la relación entre la audiencia voluntaria y los éxitos editoriales. Le produce rechazo el mercado abierto y competitivo, prefiere que sea el aparato estatal con los dineros compulsivamente detraídos de la gente quien maneje las noticias a su capricho. Es la típica mentalidad autoritaria que no tiene la menor idea de lo que es una sociedad abierta. Con la esperanza de juntar más adeptos a la mordaza, cerró con la afirmación de que “la prensa latinoamericana es mala, muy mala”. Menos mal que el gobernante estadounidense le respondió que “democracia quiere decir que todo el  mundo puede hablar”.

 

Sin embargo, en su alocución el mandatario norteamericano expresó que “Estados Unidos no es prisionera del pasado” y que “Es histórico que Castro y yo estemos sentados aquí”, claro que si en el sentido apuntado por Carlos Alberto Montaner al señalar que en este arreglo  “Para mí no hay dudas que se trata de un triunfo político total de la dictadura cubana”. Dictadura que ha detenido a más de dos mil personas desde que se anunció el acuerdo. También el senador estadounidense Marco Rubio, uno de los candidatos a la presidencia por el Partido Republicano, ha escrito en el Wall Street Journal un artículo con el sugestivo título “Una victoria para la opresión” donde dice que “El anuncio hecho por el presidente Obama de dar legitimidad diplomática y acceso a dólares estadounidenses al régimen de Castro no solamente es malo para el oprimido pueblo cubano, o para los millones que viven en exilio y perdieron todo en las manos de la dictadura. La nueva política cubana de Obama es una victoria para los gobiernos opresivos de todo el mundo y tendrá también consecuencias negativas para el pueblo de Estados Unidos”.

 

Como he escrito antes, todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente desde hace más de medio siglo, las espantosas condiciones de las pocilgas que son los hospitales (solo se mantiene algún centro de salud en la vidriera para la gilada) y los sistemáticos lavados de cerebro que se dicen escuelas o universidades donde debe escribirse con lápiz en los cuadernos para que la próxima camada pueda borrar y escribir nuevamente debido a la escasez de papel. Y no se trata del embargo que, como todo el mundo sabe, ha sido una fenomenal pantalla para que la dictadura local la use como pretexto frente a los fracasos colosales del régimen, mientras triangula todo lo que puede comprar.

 

Por supuesto que habló también el dictador cubano quien comenzó con la chanza (muy festejada por la audiencia) en la que manifestó que dado que no lo invitaron a las otras seis cumbres podía estirar los ocho minutos asignados para su exposición a cuarenta y ocho (habló cuarenta y dos minutos). A continuación manifestó que aprecia la medida “que decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar” (¡cosa que el Ejecutivo en EEUU propuso hacer tres días después del cónclave notificando al Legislativo!), en apoyo al gobierno venezolano dijo que “el país bolivariano está pasando por las misma cosas que nosotros” y en defensa del gobierno ecuatoriano criticó a empresas trasnacionales que explotan su suelo con lo que “dejan secuelas ecológicas”, fustigó “la desigual distribución de la riqueza”, abogó por una “reparación por los daños del colonialismo” y sostuvo que “el pueblo de Cuba seguirá con las ideas” de la revolución, condenó “la especulación financiera”, invitó “a la tolerancia”, aseguró que la “participación de los cubanos en la vida política” es una realidad y celebró “nuestra libertad conquistada con nuestras propias manos”, todo lo cual no necesita comentarios por el grado de cinismo e hipocresía del discurso de marras.

 

A su turno, el gobernante venezolano que habló cuarenta minutos, perorata en la que reiteró todo lo que viene machacando y advirtió que “hay una campaña mundial” en su contra, que el gobierno norteamericano “amenazó a mi patria” por lo que “no le tengo confianza”, que existe un grueso error en algunos que “consideran que con la partida de Chávez la revolución se acaba” y se extendió sobre las bondades del socialismo del siglo XXI, claro sin mencionar las penurias de los venezolanos, las detenciones y encarcelamiento de opositores, la eliminación de la libertad de expresión y el copamiento de la justicia y todos los organismos de contralor.

 

Dejando de lado las confusiones en que incurrió el presidente boliviano en la parte improvisada de su presentación, subrayó que “deben debatirse las causas de la pobreza” y en esta dirección defendió “el pensamiento anticapitalista” para concluir que Estados Unidos opera “a través del imperativo neoliberal”. Así nuevamente introdujo la etiqueta del neoliberalismo con la que ningún intelectual serio de nuestra época se identifica, en verdad un invento grotesco. Pero si lo que ha querido condenar es el supuesto liberalismo clásico estadounidense, conviene indicarle al gobernante en cuestión que los lamentables problemas de Estados Unidos provienen de su latinoamericanización en el peor sentido del vocablo y el abandono de la tradición liberal por lo que le da la espalda a los extraordinarios valores de sus Padres Fundadores.

 

También habló la gobernante argentina quien comenzó confesando que “no resulta fácil hablar después del amigo y comandante Raúl Castro” e hizo una encendida arenga en la que dibujó un entusiasta panegírico del gobierno cubano (que ni los Castro se la creen) y del venezolano. En este sentido, subrayó que Cuba “luchó más de sesenta años con una dignidad sin precedentes”, que “Cuba es un país conducido por líderes que no traicionan su lucha” y que “el mejor triunfo de la revolución cubana es este que estamos viendo aquí” (por la cumbre, con lo que evidentemente le asiste toda la razón). Agregó que hay “golpes suaves donde se utilizan medios masivos de comunicación con denuncias falsas y asociaciones caprichosas para hacer conspiraciones” que “apuntan a la desestabilización de gobiernos de la región, y son los gobiernos que más han hecho por la equidad”. Menos mal que se extralimitó en solo dos minutos del tiempo estipulado.

 

En realidad este cuadro de situación es por lo menos inquietante, en esto mutaron los principios inherentes a la mejor tradición estadounidense, en esto se convirtieron todos los esfuerzos latinoamericanos que costaron tantas vidas para ser independientes de los atropellos españoles y ser libres de toda opresión. En esto se transforman los impuestos y las cargas que deben soportar los pueblos de nuestra región. Por cierto hay un largo camino que recorrer para retomar el espíritu republicano y así sacarse de encima a politicastros sedientos por manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

 

Finalmente consigno que estos mandatarios que en la mayor parte de los casos actúan como mandantes, no dejan de inventar nombres para las reuniones que convocan que son muy buenas muestras de sus arrogancias y petulancias superlativas, como esto de “cumbre” puesto que no hay denominación que los coloque a mayores alturas, mientras que en general sus gobernados están por los zócalos cuando no en el subsuelo. Estos nombres que incrustan en sus fastuosas instalaciones que siempre rodean a sus peculiares cavilaciones y discursos altisonantes no parece que reflejen la idea de que son simples servidores de la gente para proteger las libertades individuales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

CUBA-ESTADOS UNIDOS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En mi artículo publicado el 14 de octubre de 2007, titulado “Mi primo, el Che” distribuido por LiberPress, me refería sucintamente  a la situación de Cuba antes del advenimiento del castrismo, así consignaba que a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

 

Ahora el gobierno estadounidense se prepara para reanudar las relaciones diplomáticas con la isla-cárcel que solo este año ha detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco, un acto simbólico aquél que trasmite la falsa idea de que en ese país ahora las cosas han cambiado y que merecen el reconocimiento del otrora baluarte del mundo libre.

 

Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (ahora, ¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos y los recursos naturales de la URSS y luego con parte de lo obtenido por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el precio del oro negro se ha desplomando y el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se dirigen a Estados Unidos al efecto de poder financiar a los carceleros para lo cual sirve el reconocimiento diplomático.

 

Por su parte, el embargo no es el problema,  más bien ha servido como pretexto para endosar todos los males de la isla cuando hipócritamente todas las operaciones se hacían y se hacen a través de triangulaciones. El problema es el antedicho reconocimiento ante el mundo y la consiguiente pretensión de usar a Estados Unidos para que el régimen totalitario no decaiga en el alimento para sustentarlo, del mismo modo que lo hacían antes con los criminales soviéticos y los payasos peligrosos del Orinoco.

 

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, las espantosas condiciones de las pocilgas que son los hospitales (solo se mantiene algún centro de salud en la vidriera para la gilada) y los sistemáticos lavados de cerebro que se dicen escuelas o universidades donde debe escribirse con lápiz en los cuadernos para que la próxima camada pueda borrar y escribir nuevamente debido a la escasez de papel.

 

Conozco de cerca aquellos imbéciles norteamericanos que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al barbudo de la isla cubana diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

 

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los snobs de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

 

Por supuesto que esta noticia del “reencuentro” entre Cuba y Estados Unidos es celebrado por las izquierdas que se percatan de las maniobras del castrismo para seguir en las mismas. Por eso hay gobernantes que se han adelantado a decir que este acercamiento significa redoblar las posibilidades de que el espíritu de la Cuba del Che mantenga las banderas en alto. Ninguno de los cuales por cierto es consistente con sus declamadas profesiones de fe ya que son en general millonarios con fondos obtenidos por medio del robo descarado a las poblaciones que gobiernan, tal como sucede con los Castro cuyos patrimonios siempre presiden las auditorias internacionales.

 

Si duda que siguen los idiotas útiles que hacen de carne de cañón pero que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos cristianos peculiares que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la caridad que, para que sea tal, siempre es realizada con recursos propios y de modo voluntario (dicho sea al pasar, como ha señalado muy documentadamente J. F. Revel, Estados Unidos, desde el siglo dieciocho hasta el presente ha sido el país donde el promedio ponderado de caridad por persona es la más alta del orbe).

 

Después están los tilingos superlativos que proclaman a los cuatro vientos que la reanudación de las relaciones diplomáticas son “un hecho histórico” por la mera circunstancia de que hace más de medio siglo que las botas comunistas vienen aplastando a los cubanos indefensos y ahora se revierten esas relaciones cortadas desde 1961, aunque no cesa el referido estrangulamiento y consecuente oprobio.

 

Invito a los lectores que meditemos juntos con detenimiento lo que escribe Carlos Alberto Montaner, como es sabido, un pensador de fuste al que leen más de dos millones de personas sus columnas semanales. Dice Montaner en su último artículo referido al asunto que venimos tratando en una nota titulada “La normalización”: “Para mi no hay duda de que se trata de un triunfo político total de la dictadura cubana”.

 

Por su parte, el senador estadounidense Marco Rubio ha escrito en el Wall Street Journal un artículo con el sugestivo título de “Una victoria para la opresión” que “El anuncio hecho por el presidente Obama el miércoles de dar legitimidad diplomática y acceso a dólares estadounidenses al régimen de Castro no solamente es malo para el oprimido pueblo cubano, o para los millones que viven en exilio y perdieron todo en las manos de la dictadura. La nueva política cubana de Obama es una victoria para los gobiernos opresivos de todo el mundo y tendrá consecuencias negativas reales para el pueblo estadounidense. Desde que Estados Unidos rompió sus relaciones diplomáticas en 1961, la familia Castro ha controlado el país y la economía con una mano de hierro que castiga a los cubanos que expresan su oposición y exigen un futuro mejor. Bajo los Castro, Cuba también ha sido una figura central en el terrorismo, el narcotráfico y todo tipo de miseria y caos en nuestro hemisferio”.

 

Asimismo, la célebre neurocirujana Hilda Molina radicada en Buenos Aires repite en cuanta entrevista le es solicitada y en cuanta conferencia se la invita que considera su deber desmentir la propaganda sobre Cuba y denunciar los crímenes atroces de la dictadura insoportable que se percibe en los más mínimos resquicios de la vida del sufrido pueblo cubano. Es ésta una persona de apariencia frágil pero que articula un discurso de gran fuerza y vigor espiritual, siempre pronunciado con respeto y en un tono educado (sabemos que los gritones ocultan bajo sus vociferaciones la sinrazón y la incapacidad de argumentar).  Me congratulo que esta luchadora incansable, que a veces se siente tan desamparada, hace un tiempo haya incorporado mi nombre entre los miembros del Consejo Consultivo de su institución Crecer en Libertad.

 

Lo de nuestros hermanos de Cuba no es un tema simplemente de solidaridad hacia sus padecimientos y para con las vidas de tantos exiliados que lo han perdido todo en su tierra natal, sino que es en interés propio puesto que todos estamos interesados en la vigencia de libertad. Por eso nuestro homenaje a las personas mencionadas a la que agregamos el recuerdo de Huber Matos que alguna vez nos visitó en Buenos Aires y al formidable defensor de la sociedad abierta, Armando Valladares.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.