El Che Guevara, mi primo

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 24/7/21 en:  https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/che-guevara-mi-primo.html

Mi padre solía recordar aquello de “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”, en el contexto de mi primo el Che puesto que su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna. Antes he escrito sobre este accidente familiar pero ahora vuelvo a la carga en vista de la valiente revuelta de los cubanos hartos de estar hartos por el avasallamiento cruel de sus libertades elementales en el contexto de la miseria más espantosa con falta de los alimentos y medicamentos más elementales.

A esta altura hay que ser muy cretino para estar del lado de los carceleros castristas. La denominada “tragedia de los comunes” donde lo que es de todos no es de nadie (salvo lo que amasan los megalómanos) se ha puesto en evidencia del modo más crudo y horrendo. Este es el resultado por haberse tragado la píldora venenosa del marxismo que destroza todo vestigio de dignidad y consideración por las libertades individuales. Las masacres del comunismo tanto del alma como del cuerpo de todos los que se les ponen delante resultan evidentes para las personas de buena fe.

Dos de mis distinguidos y queridos amigos cubanos en el exilio, la neurocirujana Hilda Molina y el escritor Carlos Alberto Montaner me informan en sendos correos acerca del llamado “Plan Cacique”, grupos de choque integrados fuerzas policiales y militares disfrazados de civiles para arremeter con inusitada violencia contra seres indefensos y corajudos que pretenden vivir no en la paz del cementerio sino en la paz de la libertad y el consiguiente respeto recíproco.

 La banda de Fidel, el Che y sus secuaces resultó en una tragedia mayúscula para los perseguidos, torturados y asesinados. El Che explicó que el “verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler, Chávez y Kim Jong-Un  de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han vejado y mutilado a millones de seres humanos.


Y debemos tener en cuenta que Cuba -a pesar de las monumentales barrabasadas de Batista- era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Como no podía ser de otro modo, el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otros esperpentos, escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente.”

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aun quedan algunas mentes obtusas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para atender a burócratas y algún simpatizante extranjero del régimen.

La sociedad abierta (para recurrir a terminología de Karl Popper) demanda respeto irrestricto de  la propiedad privada, una institución fundamental que permite la mejor utilización  de los escasos recursos en cuya situación cada cual para mejorar su patrimonio está obligado a servir a sus semejantes. En este ámbito el que acierta obtiene ganancias y el que se equivoca incurre en quebrantos en contraposición de los que la juegan de empresarios pero están aliados al poder político para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de su prójimo.

A contramano de lo dicho, el marxismo propugna la abolición de la propiedad y los seguidores y copiones de esta empobrecedora política intervienen los mercados libres con lo que perjudican muy especialmente a  los más débiles. Afortunadamente aparecen algunas buenas noticias en nuestra región, por ejemplo, la muy bienhechora decisión del actual gobierno uruguayo de separarse de una incumplida apertura localista para abrirse al comercio con el mundo incorporando otros espacios.

El Che y sus pestilentes continuadores se arrogan la facultad de manejar a su capricho la vida y el fruto del trabajo ajeno en una demostración de una mezcla diabólica de ignorancia, malicia y soberbia sin parangón.

Cierro con una confesión. Mi cumpleaños es el 11 de julio, día que recibí el mejor regalo del mundo: el comienzo de las revueltas de cubanos valerosos contra la tiranía.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

QUÉ BIEN QUE LES VINO EL VIRUS…

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/5/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/05/que-bien-que-les-vino-el-virus.html

Negocios cerrados. Cortinas bajas. Shoppings cerrados, prohibidos, fundidos. Calles comerciales hechas un desierto. Muerto el bullicio de los restaurantes y los cafés, hasta altas horas de la noche, llenos de gente soñando y delirando libremente. 

Qué lastima.

No, lástima no, algunos están muy contentos. Son los que odian la libertad y el mercado libre. Uno de ellos, muy conocido, llegó a decir que ahora el planeta se va a “limpiar”. Exacto: malditos cerdos capitalistas, ahora dejarán de consumir y polucionar al planeta. Excelente, asquerosos consumistas, aprendan: en casita, portándose bien, siendo buenos por fin; basta de cines, de teatros, de shoppings, de cafés, de jolgorio, y a preocuparse más por el prójimo y ponerse serios. MUY bien que estén asustados! ¡Aprendan, gente mala! Métanse su turismo por donde ya saben y vivan la vida contemplativa alguna vez en la vida. A la fuerza, por supuesto. 

Impresionante hasta dónde puede llegar el odio a la libertad. Como ya señalé otra vez, (http://gzanotti.blogspot.com/2020/12/me-encantaba-ver-al-mundo-girar.html) esto lo dice alguien que no necesitaba ni de shoppings ni de cines ni de cafés excepto para estar con los amigos. Jamás en mi vida fui a un crucero o a un boliche, y recién este año, a los 61, conocí lo que era La Biela al mediodía. Pero cómo amaba ver a la gente en libertad. No porque la libertad se usara siempre para el bien, sino porque la libertad es siempre mejor que la coacción. Pero no. Cómo disfrutan casi todos de ser un dios controlador, vigilante, asfixiante, por tu bien, claro, por tu bien. Yo te cuido. Usted obedezca o marche preso. Por su bien, claro. 

Finalmente lograron su sueño. Ya habían logrado bastante, con sus impuestos, regulaciones, deuda pública, inflación, etc., ya con eso habían logrado eliminar gran parte de los sueños, proyectos y comercios de gran parte de esa mala gente que se atrevía a vivir en libertad. Pero qué barbaridad, ¿cómo hacer para mantenerlos en casa? ¿Cómo hacer para que, a pesar de todo, dejaran de viajar, de salir, de ir, venir, hacer deporte, recreación, vida social, etc.? ¡Qué gente molesta!!!!! Claro, ser Stalin, Hitler o Maduro quedaba mal. ¡Mm!, ¿cómo hacemos para frenar ese capitalismo remanente?

Ya lo lograron. Qué bien que les vino el virus. Ni que lo hubieran inventado.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

ABAJO SAN FRANCISCO DE ASIS: ERA BLANCO Y CATÓLICO. Sobre la absoluta locura en los EEUU.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 13/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/abajo-san-francisco-de-asis-era-blanco.html

 

Que el mundo se ha vuelto más loco que nunca, no cabe duda. Estatuas dañadas o derribadas por doquier. Películas y libros auto-censurados. Peticiones a Trump para que “re-name” todas las bases militares con nombres confederados. Poco falta para que pidan eliminar la Declaración de Independencia porque fue escrita por Jefferson; poco falta para que pidan reemplazar el Inglés por el idioma Hopi. Poco falta en serio, porque saben perfectamente dónde van.

Pero dejemos a un lado, por ahora, a las masas alienadas, carentes de todo pensamiento crítico, con su pulsión de agresión desatada; dejemos por un lado a los ideólogos cuyas ideas son sólo racionalizaciones de su psicosis, dejemos por ahora el caso de los políticos cínicos e inmorales que aprovechan el río revuelto para acumular más poder. Todo eso forma parte de una lamentable realidad psíquica que no es nueva: fue diagnosticada por Freud, Fromm, Ortega, se renueva en todas las etapas de la Historia y este caso, aunque horrible, es uno más.

Este artículo está dirigido en cambio a la persona de buena voluntad que piense si no es correcto cambiar un nombre o remover (pacíficamente) una estatua como “enseñanza” para un tema grave y delicado.

Para responder esta cuestión debemos distinguir tres aspectos morales e históricos: lo totalmente inmaculado, lo más o menos y el mal cuasi-absoluto.

El ideólogo concibe una sociedad perfecta, inmaculada, ante la cual lo más o menos le resulta lo diabólico e intolerable. Por eso, sin paradojas, detrás de su pasión por la santidad social, está su violencia, porque una sociedad más o menos es una agresión intolerable ante la cual la resistencia armada está justificada. Por eso el ideólogo es siempre revolucionario, ya sea de izquierda o de derecha.

Por eso tampoco tolera la historia. Porque la historia de las civilizaciones no es santa ni diabólica. Es gris. Es una evolución.

EEUU, precisamente, es el caso. No nació en la santidad. Como dijo Maritain, tenía el drama de la esclavitud como una espina clavada en su historia. Pero era una situación gris: la Declaración de Independencia había dado las bases de una igualdad racial que coherentemente reclamará Martin Luther King muchos años después.

Y esa peculiar nación evolucionó. Tuvo una guerra civil por ese tema, tuvo el movimiento de derechos civiles de los 60, tuvo su Martin Luther King, y pudo elegir finalmente como presidente a un afroamericano.

Pero los ideólogos neo-marxistas, ahora en los dirigentes del partido demócrata, en sus irresponsables e indolentes Biden y Pelosi, y en AOC, que sabe perfectamente dónde va, y en ANTIFA, que también sabe perfectamente dónde va…. Esos dirigentes, que en ANTIFA pasan de la idea al crimen, no pueden tolerar la historia. No pueden tolerar la evolución. Quieren que la historia sea una santidad absoluta creada a imagen y semejanza de su idea. Y como la historia nunca es eso, la borran. Exactamente como Stalin, como Mao. Ya estaba pasando. No es ahora que la guionista de Friends (Friends, justamente, como si hubiera sido guionada por Mons. Burke) se siente obligada a pedir perdón (porque cuando suba Biden irá presa): ya pasó casi lo mismo con el lobby LGBT, que son iguales pero hasta ahora no habían salido a incendiar todo EEUU de golpe.

Eso pasa siempre. Podemos remontarnos hasta el Big Bang. ¿Quién es perfecto? Para esta gente, ni siquiera San Francisco de Asís, que era blanco y católico. Borremos todo, comencemos de cero. Esa es la unión de Robespierre con el marxismo leninismo. Revolución cultural, Mao. Pero a falta de Mao buenas son Antifas.

Si no estamos atravesados por el pensamiento ideológico, que es una psicosis racionalizada, entonces el criterio de realidad nos hace ver la historia precisamente como lo que es: un más o menos. Todos los documentos, los héroes, las declaraciones, son siempre más o menos. Santos, casi nadie. Se convierten en santos o demonios si los miramos bajo la perspectiva de la ideología, que no admite la realidad humana, que siempre está en el medio.

Pero lo más importante: ese pasado, ese pasado lleno de personas más o menos, nos constituye. Ese pasado es el hoy. Algunas de esas personas permitieron evolucionar para más, otras para menos, y el diagnóstico implica salir del relativismo cultural. La Declaración de Independencia de los EEUU es moralmente buena. NO es perfecta, dijo “men” y no aclaró, pero es moralmente buena. No hay por qué tirarla a la basura. Y lo mismo con generales confederados que seguramente no lucharon por la esclavitud, sino contra lo que consideraban una indebida intromisión del norte. Pero eso no lo saben las masas ignorantes que saquean y destruyen. Sí lo sabe Joe Biden, sí lo sabe Obama, y por ello, Dios les pedirá más en el inevitable Juicio Final. Yo espero que los perdone, claro. Pero se pegarán un buen susto.

¿Es todo lo mismo? No, claro que no. En Stalin, en Hitler, en Mao, no hay ninguna, sencillamente ninguna, autoridad moral. Por ende si en Alemania no hubo, después del 45, estatuas de Hitler, ok. Pero Jefferson no es lo mismo que Hitler. El que lo diga o es un postmoderno escéptico o un ideólogo fanático. Que no sé si se relacionan.

Mientras tanto, sigan, grandes genios del universo. Comiencen por las estatuas de los confederados, borren la serie Friends, borren toda película que no tenga un afro, eliminen la Constitución, la Declaración de Independencia, sigan para atrás, sigan con el Monumento a Napoleón, borren los libros de Historia, que no se hable más de Marco Aurelio o de Alejandro Magno. Borren todo Occidente. Es lo que quieren. Y lo están logrando, bajo la mirada indiferente, abúlica, pero también cínica e indolente, de casi todos.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Otra mirada sobre las Naciones Unidas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/5/20 en: https://es.panampost.com/editor/2020/05/18/otra-mirada-sobre-las-naciones-unidas/

 

Naciones Unidas

La razón para que el mundo esté fraccionado en naciones es evitar los riesgos de la concentración de poder. (Foto: Naciones Unidas)
Es indispensable revisar los intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones entre naciones

Una de las mayores ambiciones del espíritu totalitario ha sido el establecimiento de un gobierno universal. Entre otros, Napoleón, Hitler y Stalin lo intentaron, afortunadamente, sin éxito. Precisamente, desde la perspectiva liberal la única razón fundamental para que el globo terráqueo esté fraccionado en naciones es el evitar los fenomenales riesgos de la concentración de poder en un gobierno universal, lo cual de más está decir no justifica culturas alambradas que pretenden los trasnochados y siempre perjudiciales nacionalismos.

Como es sabido, el referido fraccionamiento ha sido consecuencia de accidentes geológicos y trifulcas bélicas ya que la raza es un invento inexistente puesto que todos los humanos provenimos de África y compartimos cuatro grupos sanguíneos. Las diferencias exteriores se deben al haberse instalado en distintas geografías lo cual modifica y conforma diferentes colores en la piel y otros rasgos físicos. Es por ello que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios como única manera de diferenciarlos, y por ello finalmente adoptaron el polilogismo marxista al concluir que “el tema es mental de lógicas distintas” sin nunca explicar en que consisten los silogismos de unos y de otros.

Tampoco las subdivisiones tratan de lenguas diferentes puesto que hay diversas naciones que recurren al mismo lenguaje y otras donde en su mismo territorio se hablan distintos idiomas. Tampoco de culturas se trata ya que en una sociedad libre por definición tiene lugar un proceso de constante donación y recibos en un entramado evolutivo donde se adoptan y se rechazan comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y vestimentas según los gustos de cada cual. Por último, no ocurren por las religiones o no religiones allí donde se recurre al principio elemental de la civilización en cuanto a la separación tajante de ese plano con el poder político.

Hay una muy extendida bibliografía sobre las Naciones Unidas pero para tomar el menor espacio posible en esta nota periodística me baso en dos obras principales. La primera de V. Orval Watts, doctor en economía por la Universidad de Harvard y primero asesor económico de lo que en esa época era la cámara empresarial más grande del mundo: la Cámara de Comercio de Los Angeles y luego economista de la Foundation for Economic Education (FEE). Se titula The United Nations: Planned Tyranny. El segundo libro es de G. Edwin Griffin, el periodista radial de mayor audiencia en su época en CBS Network, obra titulada The Fearful Master. A Second Look at the United Nations.

Las Naciones Unidas apuntan a lograr conductas universales en el contexto de los acontecimientos políticos, tal como han señalado sus fundadores. Se estableció en San Francisco, California, en junio de 1945 por 17 personas: Alger Hiss, Harry Dexter White, Virginius Frank Coe, Dean Acheson, Noel Field, Lawrence Duggan, Henry Julian Wadliigh, John Carter Vincent, David Weintramb, Nathan Gregory Silvermaster, Harold Glasser, VICTOR Perlo, Irving Kaplan, Solomon Adler, Abraham George Silverman, William Ullaman y William H. Taylor. En la publicación del Departamento de Estado de Estados Unidos titulada “Post-War Foreign Policy Preparation, 1939-1945” (de 1950) se consigna que todos los mencionados excepto Dean Acheson “fueron agentes secretos de los soviéticos”.

Es pertinente destacar las características de algunas de esas figuras. Alger Hiss -quien fuera Secretario General en la antedicha conferencia en San Francisco- estuvo preso por esas actividades de espionaje tal como se consigna en el informe del FBI de 1953 titulado “Interloking Subersion in Government Departments” que recoge las declaraciones de Edwin Mechmen oficial encargado de cubrir las actividades de espías rusos en el FBI (también corroborado en detalle en el libro de John T. Flynn -historiador, egresado de Georgetown en leyes- titulado El mito de Roosevelt). También Hiss fue asesor de F. D. Roosevelt en Yalta donde en gran medida, debido a su descollante influencia, se le entregó a la URSS las tres cuartas partes de Europa.

En segundo lugar y dado el papel preponderante que desempeño en la referida conferencia, aludimos a Harry Dexter White a quien Edgar Hoover denunció en repetidas ocasiones por lo dicho sin que se hiciera nada al respecto y, más aun, se lo designó junto a John Maynard Keynes (el mayor apóstol de la inflación de todos los tiempos) como fundador del Fondo Montetario Internacional (una institución nefasta que mantiene regímenes de intervensionismo estatal fracasados con dólares coactivamente extraídos de contribuyentes, sobre la que me he pronunciado en otras columnas y textos).

El cargo más relevante en las Naciones Unidas por el que pasan todos los asuntos políticos y militares importantes es el de Asistente al Secretario General y del Consejo de Seguridad. Por esta razón es de interés pasar revista a quienes ocuparon primeramente los referidos cargos, todos soviéticos menos el mencionado en cuarto lugar de nacionalidad yugoeslava: Arkaby Sobelev (1945-1949), Konsantin Zinchener (1949-1953), Ilga Tchernychev (1953-1954), Draysolav Protich (1954-1958), Amatoly F. Dobryoslav (1958-1960), Georgi Perovich Aberdev (1960-1963), Eugeny D. Donitrievich Kiselev y Venidir Parloviechuslov (1963-1966). También resultan muy intranquilizadores los datos de algunos de los propios Secretarios Generales, comenzando con el comunista noruego Trygvie Lie.

Son también muy preocupantes las características extremadamente autoritarias de muchos de los organismos satélites de las Naciones Unidas, como CEPAL, FAO, UNESCO, incluso UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) que comanda Tedros Adhonom Ghegreyesu, líder del marxista Frente Democrático Revolucionario de Etiopía y colocado en ese cargo por el actual gobierno de China.

Todo esto no significa que no hayan colaborado en distintas posiciones personas de bien que han intentado trasmitir cordura a esa organización y que han propuesto acciones constructivas, pero hay acontecimientos internacionales sobresalientes donde participó activamente las Naciones Unidas con resultados deplorables. Por ejemplo, en su momento la bochornosa expulsión de Taiwán para dar cabida a China comunista, los designios inconfesables respecto al ex Congo Belga en defensa del criminal convicto Patricio Lumumba y la permanente persecución a las tropas leales a Moise Tshombe, la complicidad en la masacre de Hungría, la inoperancia culposa en el ataque soviético a Checoslovaquia, la invitación a Yasser Arafat para incorporarse quien sostuvo la necesidad de liquidar el estado de Israel, el rol cómplice en la denominada Crisis del Caribe, la inclinación totalitaria en la revuelta en Laos, las gestiones guiadas por el espíritu totalitario en Irán, en Afganistán, en Siria y antes el decidido apoyo al dictador de Uganda Idi Amin Dada -“el caníbal con refrigerador”, como lo denomina Paul Johnson en A History of the Modern World debido a la forma en que engullía a sus prisioneros– a quien el primero de octubre de 1975 la Asamblea General le brindó una ovación de pie por parte de todos los multitudinarios delegados presentes cuando llegó y otra después de su incendiario discurso lleno de amenazas al mundo libre, y las sumamente pastosas actitudes de la Comisión de Derechos Humanos donde ahora el régimen de la tiranía cubana es candidata a ocupar un sitial de peso.

Muchas veces cuando se sugiere revisar conceptos y procedimientos largamente aceptados sin cuestionamientos la idea parece descabellada para mentes sujetas al statu quo del espíritu conservador pero es menester deshacerse de telarañas que a veces invaden y atenerse a la realidad pesando con tranquilidad argumentos y contra-argumentos al efecto de adoptar las mejores decisiones si es que el norte es finalmente el cuidado de las autonomías individuales para lo cual se requieren naciones independientes y genuinamente libres de ataduras con rasgos autoritarios en el contexto de gobiernos con poderes estrictamente limitados a la protección de derechos y ciudadanos muy celosos de esos derechos inalienables, anteriores y superiores a la constitución de los aparatos estatales.

En este sentido, estimo que es del caso citar un pensamiento para tener muy en cuenta de Aldous Huxley en su obra titulada Medios y fines: “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades civilizadas del mundo moderno están formadas por una pequeña clase de gobernantes corruptos por demasiado poder, y por una extendida clase de gobernados corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable.”

En resumen, es indispensable revisar estos intentos de gobierno universal en lugar de basarse en el derecho internacional civilizado que ha regido las relaciones pacíficas entre naciones y entre personas y empresas ubicadas en diferentes países cuando ha habido conflictos, incluyendo la designación de árbitros. Como hemos dicho al abrir esta nota, una cosa es la delimitación para protegernos de las garras de un Leviatán universal y el consecuente federalismo interior para reforzar la descentralización y otra bien distinta es aceptar de contrabando peligrosos pasos en dirección a un mayor aplastamiento de las libertades individuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

De derecha a izquierda: es violencia, es criminal

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 22/11/19 en:  https://alejandrotagliavini.com/2019/11/21/de-derecha-a-izquierda-es-violencia-es-criminal/

 

Derecha o izquierda, al final da igual. La disyuntiva Ortega o Somoza demuestra que, quienes utilizan la violencia contra aquellos a quienes califican de violentos, tienen una actitud de pura envidia, en el fondo, son lo mismo solo que quieren ser ellos los protagonistas. Como los Castro, que odiaban a Batista porque vivía como ellos querían y, al final lo lograron, no importa que en el medio hayan quedado muertos y un pueblo empobrecido. Como la segunda guerra mundial que se hizo para “terminar con las tiranías” pero que, en rigor, sirvió para consolidar otra peor, la de Stalin, el gran triunfador.

Es que claramente la violencia es irracional, quienes la utilizan -siempre “en defensa propia” nadie, ni de izquierda ni de derecha, admitirá otra cosa- lo hacen por impulsos primitivos, nunca por razones lógicas, como que la ciencia ha demostrado de manera concluyente que los métodos eficientes de defensa son los pacíficos, en tanto que la violencia solo produce reacciones de igual magnitud, aunque sentido contrario.

Anastasio Somoza García, fundador de una dinastía en Nicaragua, llegó a presidente con el golpe de Estado de 1937. Su política se inició con algunos toques de marxismo clásico, como prometer tierras a los campesinos desheredados y procurar consideraciones a la clase obrera, en el contexto del socialismo de la URSS, y al que apoyaron obreros y trabajadores asalariados; ciertos rasgos del liberalismo y, por último, un toque inconfundible del fascismo de Italia representado en el conocido Grupo Reaccionario o Camisas Azules.

Como todo político, una vez en el poder, olvidó su principio e intensificó su connivencia con la clase empresarial, a la que beneficiaba y con la que compartía sus negocios, apoyándose en la fuerza represiva de su Guardia Nacional. Dos líneas se opusieron al somocismo, la actitud de crítica infatigable de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director de La Prensa, y la violenta del guerrillero Frente Sandinista de Liberación (FSLN) que nació en la década de 1960 hasta tomar el poder en Managua, en 1979.

El “comandante” del FSLN, Daniel Ortega, demostrando que solo envidiaba y quería emular a su “enemigo” Somoza, es el actual “record man” de los presidentes latinoamericanos, al sumar 17 años al frente de Nicaragua (de 1985 a 1990 y desde 2007 hasta hoy). El exguerrillero sandinista superaba por tres años a su aliado Morales, al frente de Bolivia durante casi 14, antes de su reciente salida.

Desde abril de 2018 los estudiantes -como en Chile, aunque de signo contrario- se echaron a la calle para protestar contra la reforma del seguro social y, quizás, este no haya sido el mejor método para combatir la tiranía orteguista, pero la represión por parte de las fuerzas policiales y paramilitares del sandinismo ha provocado la muerte de al menos 325 personas.

“¡Un acto humanitario no es delito!”, protestó Silvio José Báez, obispo auxiliar de Managua que fue trasladado a Roma por orden del Papa Francisco para evitar que fuera atacado. Las iglesias de Nicaragua se han convertido en un símbolo de la resistencia contra Ortega. Se han abierto las puertas de los templos y algunos sacerdotes son considerados héroes por apoyar a los jóvenes que comenzaron las protestas contra el régimen orteguista. Irónicamente, el gobierno acusa de “terroristas” a los opositores. “Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras” le decía Alfonso VI a Rodrigo Díaz de Vivar.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Políticos ricos, pueblos pobres

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/11/politicos-ricos-pueblos-pobres.html

 

La aparente paradoja por la cual líderes políticos que sostienen y defienden un discurso “de izquierda” (socialista, valga la aclaración en estas épocas de alta confusión semántica) ganan adhesiones y elecciones al mismo tiempo que se hacen ricos cuando alcanzan alguna cuota de poder, e inmensamente ricos cuando asumen todo el poder posible sin perder seguidores y adictos sino -por el contrario- incrementarlos tiene explicación -en mi opinión- en lo siguiente:
La ideología marxista se ha extendido por todo el planeta y domina la mente humana, claro que en diferentes grados que van del 1% al 100%. En el extremo del 100% encontramos al marxismo-leninismo, aunque afortunadamente no son muchas las personas que aglutinen explícitamente a esta corriente hoy en dia. Y en escala decreciente al marxismo gramsciano.
Por debajo de ese 100% hallamos a todos los individuos que dicen “no ser” ni comunistas, ni socialistas, ni de izquierdas, etc. pero que, sin embargo, están de acuerdo con opiniones tales como la que “los ricos deben pagar más impuestos y en mayor alícuota que los pobres”, que “el gobierno debe redistribuir la riqueza”, “igualar rentas y patrimonios”, etc. Lo que en los hechos implica aceptar (aunque ellos lo nieguen) que los ricos explotan a los pobres, al menos en alguna medida mayor o menor, pero dar, por cierto -de una forma o de otra- la teoría de la explotación marxista. Niegan para sí mismos el rótulo de marxistas, no obstante, el menor dialogo con cualquiera de ellos y las respuestas a nuestras preguntas denotan que piensan como verdaderos marxistas, mal que les pese.
Poca gente tiene buena opinión sobre el capitalismo, a la vez que está convencida que es el sistema que “domina al mundo”, idea que impregna no solo a los pobres sino a sujetos de posición acomodada.
En esta mitología popular el gobierno es el instrumento de “la justicia social” que “debe” combatir al capitalismo “imperante” y destruirlo o -al menos- disminuir su poder, para (acto seguido) redistribuir la riqueza “mal habida” de los “capitalistas” y repartirla entre los pobres. Por eso, el súbdito populista no ve con malos ojos el enriquecimiento de sus cabecillas populistas sino al contrario, lo que ellos “ven” es que cuanto más ricos son los políticos populistas más pobres son los representantes del “capitalismo” mundial o local. Esto explica que personajes nefastos y siniestros como Hitler, Mussolini, Stalin, Perón, Fidel Castro, Chávez, como hoy Maduro, Evo Morales, los Kirchner y muchos otros hayan sido o sean enormemente ricos, porque la mayoría de las masas lo ve como el botín arrebatado a los “capitalistas” que será -hoy o mañana- repartido entre los más desfavorecidos.
Encuentro aquí la razón por la cual lo que yo califico como enriquecimiento por corrupción de los jefes populistas un seguidor populista no lo ve de ese modo y lo defiende de palabra y luego en las urnas con su voto al que -para mí- es un corrupto socialista (en realidad, la corrupción es inherente al socialismo).
Si de algo se culpa a los gobiernos (en esta mentalidad tan popularmente extendida) es de no ser eficaces en cuanto a la expropiación de los capitalistas, y la pobreza se atribuye a esto, y no a su verdadero motivo: la inexistencia de tal “capitalismo” que sólo habita en la mente enfermiza de populistas y socialistas. Los dirigentes populistas inculcan a las masas que el hambre y la miseria no son culpa de los gobiernos “de izquierda” sino de los “de derecha” que “no quieren” combatir al capitalismo. Ellos entienden por “capitalismo” a los grupos empresarios, banqueros y -en algunos casos- grandes comerciantes y punto.
Esto demuestra también porque habitantes de zonas muy pobres o carenciadas votan a gobernadores ricos que los mantienen en esa condición mientras estos lucran de sus impuestos y hechos de corrupción, al tiempo que siguen siendo elegidos masivamente comicios tras comicios. Aun para la persona más ignorante parece “evidente” que no es el gobierno el que lo conserva en ese estado y en la pobreza sino el “maldito capitalismo”. Y que cuando la pobreza aumenta es por dos “razones” posibles: o el gobierno donde ello ocurre es ineficaz para combatir al capitalismo, o bien se ha convertido en cómplice de los capitalistas. No existe para dicho tipo de masa ninguna otra explicación, o no están preparados para aceptar razonamientos más profundos y consistentes. Menos aún para aceptar la verdadera causa de la pobreza: la ausencia de capitalismo.
De esta manera se puede entender -aunque no excusar- el hecho innegable de más pobres votando o apoyando implícita o explícitamente a políticos ricos, o justificándolos cuando asumen poderes de facto. Todas las tiranías se disculpan a sí mismas discurseando que se tuvieron que convertir en tiranías para enfrentar “el creciente poder” del “imperialismo capitalista”, “grupos económicos”, etc. es decir, aceptando el planteo fundamental de Marx y de Engels (la dictadura del proletariado) tan errado por estos como por sus “modernos” continuadores.
Es por eso que los políticos más “moderados” evitan hablar del capitalismo en términos elogiosos, y se cuidan mucho de prometer en sus campañas electorales que si llegaran al gobierno promoverán el capitalismo o medidas afines a este, porque saben que tales declaraciones les restarían votos si las incluyeran en sus plataformas electorales, y porque tampoco la mayoría de ellos cree en ese sistema, excepto cuando suponen utilizarlo para incrementar sus propios patrimonios. Pero desconocen que no se hacen ricos por poner en práctica los principios del capitalismo sino los contrarios al mismo. Dado que lucrar a costa de los contribuyentes no es capitalismo, es simple y llano latrocinio y rapiña.
Cuando un partido quiere desalojar a otro de la competencia electoral no hay arenga más estratégica, demagógica y más efectiva para semejante propósito que acusar a los partidos contrarios de querer defender o representar a “los ricos” y a “los capitalistas”, esto genera entusiasmo y apegos entre las multitudes y votantes. Es decir, esta perorata sumada a que en la mente de los sufragantes está implícito el Dogma Montaigne por el cual “la riqueza de los ricos es consecuencia de la pobreza de los pobres” brindan al demagogo la fórmula perfecta para aumentar su caudal de votos en cualquier elección. Por ejemplo, en el caso argentino el peronismo opositor predicó desde el comienzo mismo del mandato del presidente Macri que este “gobernaba para los ricos” (lo que desde luego era falso) y así, finalmente, logró vencerlo en las elecciones respectivas. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Un libro que nos señala el camino hacia una sociedad más libre

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/11/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/11/02/un-libro-que-nos-senala-el-camino-hacia-una-sociedad-mas-libre/

 

Muchas y copiosas son las historias escritas, pero hay una de características peculiares por su profundidad, por el amplio período que abarca y, al mismo tiempo, por su extensión relativamente reducida. Se trata una de las obras de Louis Rougier publicada en francés en 1969 y traducida al inglés con el título de The Genius of the West en 1971 con prólogo del premio Nobel Friedrich Hayek, quien detalla los libros y ensayos publicados por el autor y sus esfuerzos por reunir a intelectuales del liberalismo para hacer frente al espíritu socialista que comenzó a prevalecer especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Ahora se encuentra disponible una cuidadosa traducción al castellano por Unión Editorial de Madrid titulada El genio de Occidente.

En lo personal, llegué tarde para tener el privilegio de estar nuevamente con él (mucho antes lo había conocido fugazmente cuando mi padre lo recibió en Buenos Aires en el Centro de Estudios sobre la Libertad), pues siendo rector de ESEADE lo invité a pronunciar conferencias pero a vuelta de correo llegó una amable carta manuscrita con una muy prolija caligrafía de su mujer en la que me informaba de la reciente muerte de su marido ocurrida en el mismo mes de mi invitación, en octubre de 1982.

En esta nota periodística intentaré un recorrido por los pasajes más sobresalientes de este libro que consta de 17 capítulos en los que este doctorado en la Sorbonne y profesor en diversas universidades francesas, italianas y estadounidenses resume una muy jugosa visión sobre lo que estima son los tramos más relevantes de la civilización en la que vivimos.

Rougier abre su trabajo con el mito de Prometeo, quien desafió la voluntad de Zeus al robar fuego de los cielos y entregarlo a los mortales. Esto, dice Rougier, pone de manifiesto el espíritu de la rebelión frente a los dioses, “lo cual simboliza los miedos de la gente primitiva en la presencia de las fuerzas naturales que los domina y aterroriza”. El autor subraya que este mito ilustra la necesaria curiosidad y el amor por la aventura del pensamiento. Esto ilustra la insistencia en mejorar las cosas y no considerarlas inamovibles. Apunta que la contribución de los griegos a la civilización occidental es el haberle dado un sentido claro y preciso a la razón, en contraste con oriente que en general se asimilaban a los dictados de los reyes puesto que “la ciencia no se satisface con las evidencias de los sentidos que describen el como de las cosas sino que busca la evidencia intelectual que explica el porqué de las cosas”, le atribuyeron preeminencia al logos como sentido, como razón, como estudio, como investigación de las causas últimas .

De esta postura frente al conocimiento, el autor deriva la idea de la democracia griega que sostiene era “el gobierno de las leyes y no el gobierno de los hombres” en el contexto de la igualdad ante la ley, por lo que en este sistema se reservaba la expresión polis para aludir a la ciudad gobernada por la ley en cuyo ámbito señala la importancia que la civilización griega le atribuía a la moneda con sólido respaldo en plata como era el dracma y sus inclinaciones al comercio libre facilitada por contar con dinero confiable.

En el siguiente capítulo se subraya el orden jurídico de la Roma republicana en cuanto a “la protección contra el poder arbitrario” basado en el concepto de derecho natural en línea con lo expresado por Cicerón en cuanto a que “la verdadera ley consiste en la recta razón en concordancia con la naturaleza que es de aplicación universal, inmutable y eterna”, lo cual fue posteriormente elaborado y ampliado por autores como Hugo Grotius y Algernon Sidney.

El cuarto capítulo se destina a describir y condenar la esclavitud, una de las manchas negras más nefastas de la historia del hombre. Rougier se pregunta porqué los griegos no trasladaron sus contribuciones a una revolución industrial y se responde que esto se debió a la horripilante y entorpecedora institución de la esclavitud por lo que “en muchas ciudades la actividad de los habitantes era considerada incompatible con el ejercicio de las tareas manuales”. Incluso, como es bien sabido, Aristóteles avalaba la esclavitud y concluyó que “el esclavo es una herramienta viviente” (parlantes decían otros).

El autor subraya que esta fue una de las razones centrales de la decadencia romana puesto que “al ser incapaces de sustentarse recurrieron al estado para alimentos, cobijo y diversión de lo cual derivó el panem et circenses […] el número de parásitos que el Imperio debía financiar creció cada vez más, mientras la productividad de la clase media se hizo cada vez más reducida […] y para atender la consecuente crisis el Imperio se volcó a la planificación totalitaria y a las asociaciones compulsivas […] con lo que se transformó en un derroche general y en todos trabajaban para el estado burocrático” lo cual terminó en el derrumbe romano y sus satélites.

Señala que al cristianismo de la época no solo no se le ocurrió proponer la abolición de la esclavitud sino que aconsejaban obedecer a los dueños (Corintios 1, 7:20-22) pero también es muy cierto que con el cristianismo comenzó un revolución de fondo en la buena dirección al rehabilitar el trabajo manual y, sobre todo, al enseñar que todo ser humano tiene la misma dignidad independientemente de su condición, nacionalidad y etnia como en Gálatas 3:28 (incluso mostrar como un Papa proviene de la condición de esclavo como Calixto). Esto a pesar de los abusos de emperadores cristianos como Constantino con todos sus atropellos y persecuciones a los no cristianos.

En medio de las pestes recurrentes, a fines de la Edad Media comenzaron a aparecer comerciantes debido a las libertades que se otorgaban en los recientemente creados burgos (de allí el burgués) ya sea por hazañas militares u otras condiciones apreciadas circunstancialmente por los señores feudales. En esa época se produjo la invención de los caracteres móviles de Guttenberg lo cual permitió una notable difusión del conocimiento junto al desarrollo de transacciones comerciales y las incipientes faenas bancarias.

En esta línea de progreso se fue desarrollando lo que se conoce como el Renacimiento por la expansión de la libertad lo cual permitió retomar el ímpetu antes del oscurantismo. Rougier subraya las notables contribuciones artísticas, culturales, científicas y comerciales de ese tiempo, todo ello a contracorriente de las intolerancias religiosos, la quema de libros y manuscritos. “Los gigantes del Renacimiento fueron Leonardo da Vinci, Francis Bacon, Galileo y Descartes […] todo debido a la preservación del obsequio principal de la naturaleza: la libertad”, nuevamente en un ámbito donde asomaba la amenaza de la Iglesia contra la ciencia, lo cual ejemplifica el autor con el juicio a Galileo alimentado por el Papa Urbano VIII y sentenciado por el Santo Oficio (“lo obligaron a Galileo Galilei a arrodillarse y abdicar de la física” escribe Ortega). Rougier se refiere detenidamente a los aportes científicos y evolutivos de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton y luego a Pascal, Turgot y Condorcet y la consecuente idea de progreso como algo a lo que debía darse rienda suelta en un clima de respeto recíproco.

En el onceavo capítulo, Louis Rougier se detiene a considerar los aportes notables de pensadores como Mercier de la Rivére y Adam Smith que dieron por tierra con las falacias de las doctrinas mercantilistas para mostrar las ventajas y los beneficios del librecambio, especialmente para los más necesitados y la célebre fórmula de laissez-faire de Gourany “que fue el arma para derribar los muros contra el comercio interior y con el exterior que separaban a las personas. Fue una apelación muy justificada a la providencia del orden natural” (dejar hacer a las actividades legítimas en oposición a los dictados caprichosos de los gobernantes).

Muestra cómo aquellos principios rectores en el contexto de marcos institucionales de respeto a la propiedad de cada uno condujo a la extraordinaria Revolución Industrial que permitió elevar salarios e ingresos en términos reales de una población que antes estaba mayormente destinada a las hambrunas y las muertes prematuras. En esos ámbitos, los incentivos para nuevos emprendimientos y nuevos descubrimientos se multiplicaron a pasos agigantados a diferencia del sistema anterior que solo privilegiaba a los nobles y sus cortesanos. Apunta Rougier la vertiginosa revolución no solo en las fábricas sino en la agricultura y en la medicina, en la tecnología en general, lo cual abrió paso a las humanidades y a la exploración más sistemática y difundida de las manifestaciones artísticas.

Los derechos divinos de los reyes y demás maniobras para ocultar el deseo irrefrenable de poder fueron desapareciendo lo cual el autor pone en evidencia en las primeras líneas con que abre el capítulo treceavo: “La revolución científica del Renacimiento, la revolución ética de la Reforma, el descubrimiento de las leyes de mercado y la Revolución Industrial del siglo dieciocho se combinó para generar una revolución política que completó la transformación de las sociedades occidentales […] El placer de los reyes fue sustituido por Constituciones, la organización jerárquica basada en los privilegios fue reemplazada por la igualdad ante la ley, las ocupaciones cerradas a las masas fue sustituida por el libre acceso a todos, la soberanía del príncipe fue reemplazada por la soberanía de la gente y la omnipotencia del estado fue eliminada y garantizados los derechos de todas las personas”.

Las ideas totalitarias de Hobbes y Rosseau fueron en gran medida desalojadas y ocupadas por estrictos límites al poder. La Revolución Inglesa de 1688, el comienzo de la Francesa antes de la contrarrevolución del terror (conviene puntualizar, ya que la idea de igualdad ha sido desfigurada, que en la Declaración de Derechos de 1789 la igualdad aludida es ante la ley y no mediante ella, tal como se aclara de entrada en su artículo primero) y la Revolución Norteamericana fueron tres puntales dirigidos en sus inicios hacia el antes mencionado respeto recíproco, en este último caso con la expresa mención del derecho a la resistencia a la opresión en su Declaración de la Independencia.

En este muy telegráfico pantallazo -más bien diría a vuelo de pájaro, al efecto de interesar al lector- respecto a un libro de gran calado, destaco las advertencias de Rougier que denomina “los riesgos del progreso” que tal como subrayó Tocqueville en su momento que “los adelantos morales y materiales que se dan por sentados provocan un quiebre fatal” puesto que debe tenerse en debida cuenta lo tan reiterado por los Padres Fundadores en Estados Unidos: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

El autor de la obra que venimos comentando la culmina con reflexiones sobre la necesidad de refutar los peligrosos enredos del marxismo y sobre todo los del mal llamado “Estado Benefactor” (lo cual es una contradicción en los términos ya que la beneficencia no puede llevarse a cabo por la fuerza) que penetra con más eficacia sobre las mentes desprevenidas. En el extremo, los Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot, Kim Jong-un y Castro y demás tiranos han estrangulado, triturado y aniquilado las autonomías individuales de millones de seres indefensos.

Las Constituciones modernas en su mayoría seguían los lineamientos iniciados por la Carta Magna de 1215, es decir, el establecimiento de vallas más o menos infranqueables al abuso del poder, hasta que en pleno siglo veinte comenzaron a promulgarse las anticonstituciones, a saber, escritos en los que se le otorgaba un cheque en blanco a los gobiernos para aniquilar los derechos de los gobernados en lugar de protegerlos. Comenzó así la era de los pseudoderechos.

Rougier finaliza este notable trabajo consignando que “la civilización no está circunscripta a ningún lugar geográfico” sino que se debe a valores que surgen de mentes que adhieren a esos principios que requiere que permanentemente se contrarresten los avances socialistas que bajo muy diversos rótulos han penetrado en las entrañas de la sociedad libre donde, entre otros, en la batalla por las ideas, los escritores juegan un rol decisivo. Su conclusión es que “en cualquier lugar en donde se respeten los derechos del hombre, donde exista la completa apertura a la investigación científica y la libertad de pensamiento y de prensa, allí está Occidente” (diría Jorge García Venturini: “es el espíritu de Occidente” y la tradición opuesta la describe Solzhenitsin al sostener que “un gobierno autoritario no quiere escritores, solo quiere amanuenses”).

En todo caso, como en toda clase, conferencia o trabajo escrito Rougier estampa allí sus valores, tal como reza la Biblia: “No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres” (Eclesiástico, 27: 7). Hoy debe aplicarse esto mismo a ciertos representantes de la Iglesia católica cuyas recetas condenan a la indigencia a millones de seres humanos. Si se estudiara con atención esta obra de Rougier, podríamos encaminarnos a una sociedad abierta y dejar de lado tanto padecimiento a manos de aparatos estatales desbocados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

 

Estatolatría

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/10/estatolatria.html

 

La tendencia a pensar y a creer que todo debe esperarse del estado-nación tiene una muy larga data. En realidad, es un resabio de la autocracia de antiguos caudillos y cabecillas que -con el tiempo- se convirtieron en jefes y soberanos de pueblos y más tarde de naciones, hasta conformar lo que actualmente se denomina genéricamente con el vocablo gobierno.

“Es grotesco que se hable mucho más acerca de los logros de la Autoridad del Valle de Tennessee que acerca de todos los logros sin precedentes ni paralelos de las industrias de procesado estadounidenses operadas privadamente. Sin embargo fueron solo estas últimas las que permitieron a las Naciones Unidas ganar la guerra y hoy permiten a Estados Unidos acudir en ayuda de los países del Plan Marshall.”[1]

Los actos de gobierno tienen mucha más prensa que cualquier otra actividad privada comercial. Esto marca la tendencia que se describió con anterioridad. Existe una especie de psicología de masas en tal sentido podría decirse. L. v. Mises destaca en este párrafo la valiosa y fundamental contribución de las empresas privadas norteamericanas que fueron las que -en definitiva- determinaron y financiaron la mayor parte o todo el aporte que el Plan Marshall cooperó a la reconstrucción de la Europa de posguerra. Esto equivale a decir que fue el capital privado el que venció en la guerra, y ningún “capital estatal” si es que pudiera hablarse de cosa semejante en este último término.

“El dogma de que el estado o el gobierno es la encarnación de todo lo que es bueno y benéfico y de que los individuos son subordinados miserables, tratando exclusivamente de infligir daño a los demás y con una necesidad imperiosa de un guardián, es casi indisputado. Es tabú cuestionarlo en lo más mínimo.”[2]

Otra idea que pervive entre nuestros contemporáneos es la expresada en la cita anterior. Es la base del paternalismo, según el cual el “padre estado” debe vigilar, controlar y reprender a sus “súbditos hijos”, los que en caso contrario no harían más que destrozar todo lo que encuentren a su paso, inclusive a sus “hermanos” ciudadanos tan hijos de aquel mítico “padre estado” como de los demás “súbditos hijos”.

Este mito subsiste campante en nuestros días, inclusive en los llamados “estados democráticos” donde lo que se procura mediante el voto es en elegir el mejor “padre-gobernante” de todos, o el político que mejor represente el papel de padre protector del resto de los votantes. Esto es a lo máximo a lo que parecen aspirar las dudosamente llamadas democracias “modernas”.

“Quien proclama la bondad del Estado y la infalibilidad de sus sacerdotes, los burócratas, es considerado como un estudioso imparcial de las ciencias sociales. Todos los que plantean objeciones se califican como tendenciosos y estrechos de mente. Los defensores de la nueva religión de la estatolatría no son menos fanáticos e intolerantes de lo que eran los conquistadores mahometanos de África y España.”[3]

Otras veces nos hemos referido a esa mágica metamorfosis que parece producirse en la mente de millones de votantes por la cual creen que, si dicho sufragio convierte en gobernante al candidato de su predilección este quedará -por ese solo y simple hecho- transformado en un ángel celestial que -ya en función de gobierno- no podrá hacer ninguna otra cosa más que el bien de la manera más perfecta y más absoluta que pueda concebirse. Esta ficción está profundamente arraigada en nuestra sociedad. Lo más curioso del tema es que quienes sostienen esta idea sean considerados como grandes y profundos intelectuales, en tanto aquellos que la critiquen sean ridiculizados como si fueran ignorantes.

Antiguamente, el súbdito vivía su sumisión al rey con resignación fatalista, como algo que -pensaba- debía ser necesariamente así. Rendía pleitesía a su amo más por una cuestión de supervivencia que por la fe en un “dios terrenal”. El culto a la estatolatría era impuesto desde arriba hacia abajo so pena de suplicio o pérdida de favores y hasta de sustento. La libertad se veía como un sueño, como una utopía. La esclavitud como una amarga realidad.

La nueva religión de la estatolatría es algo diferente a aquello. Es un sometimiento que se da de manera inversa al antiguo partiendo de abajo hacia arriba, aceptado casi espontáneamente por la gente rasa, no ya con estoicismo sino con entusiasmo, surgiendo del hecho que resulta natural que exista gente que “deba” obedecer los dictados de otros que desde el poder “deben” dominar y mandar.

“La historia llamará a nuestra época la era de los dictadores y tiranos. En los últimos años, hemos sido testigos de la caída de dos de estos superhombres hinchados. Pero sobrevive el espíritu que aupó a estos granujas al poder autocrático. Permea libros de texto y periódicos, habla a través de las bocas de maestros y políticos, se manifiesta en programas de partidos y en novelas y obras de teatro. Mientras prevalezca este espíritu, no puede haber ninguna esperanza de una paz duradera, de democracia, de conservación de la libertad o de una mejora constante en el bienestar económico de la nación.”[4]

Evidentemente L. v. Mises se refiere a Hitler y a Mussolini. Sobrevivía Stalin, pero bien señala el profesor austriaco que no eran, en el fondo, las personas de los tiranos (por muy espeluznantes que fuera sus métodos) sino las ideas que los inspiraban y que le daban forma lo verdaderamente importante y a la vez peligroso. Como tantas veces señaláramos -junto con otros- son las teorías las que mueven al hombre, y este al mundo que lo circunda. Quizás haya una referencia indirecta a Antonio Gramsci en la cita anterior de L. v. Mises, pero evidentemente va más allá de Gramsci, porque pone de manifiesto la realidad de que no solamente la educación formal está impregnada de socialismo y de nazi-fascismo, sino también los medios de información, es decir, la prensa oral y escrita. Y va más allá, como enseña el maestro, porque los sobrepasa y asimismo alcanza el ámbito del arte, la literatura y la cultura. En una palabra, comprendía y abrazaba absolutamente todas las esferas del actuar humano.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). Pág. 4.

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 4.

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 4-5

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 5

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Meditaciones sobre el control de armas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/02/meditaciones-sobre-el-control-de-armas/

 

Una vez más surge el debate sobre el control de armas a raíz de las tragedias ocurridas principalmente en Estados Unidos en colegios, debido a que allí se impone la zona donde no se permiten armas (gun-free zones), por lo que los asesinos seriales se sienten seguros para cometer sus horrendos crímenes, en lugar de permitir que los adultos encargados de custodiar los colegios estén debidamente entrenados en el uso de armas, además de la policía regular del área. Como se ha dicho, es absurdo custodiar las joyerías y no los colegios como si lo primero fuera más importante que lo segundo. Proponer insistentemente, como en el primer momento lo hizo Donald Trump, a raíz de la masacre en el colegio Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland, en Florida, que se armen y entrenen los maestros en los colegios me parece otra de sus conocidas irresponsabilidades y exabruptos.

Desde luego que un tiroteo en un colegio resulta un espanto, pero muchísimo peor es la masacre sin posibilidad de defensa a la espera del arribo de la policía cuando ya se ha consumado el crimen serial.

Todo comienza con la idea que se tenga de lo que es un gobierno. La visión original en Estados Unidos plasmada en la Constitución defiende la portación y la tenencia de armas, porque considera sumamente peligroso desarmarse frente a los aparatos estatales, de igual manera que sería riesgoso entregar todas las armas a guardianes contratados para defender viviendas. Incluso, como apunta Leonard Read: “Hay razones para lamentar que nosotros en Norteamérica hayamos adoptado la palabra gobierno. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene ‘el gobernar’, ‘el mandar’ en su sentido amplio. El gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra agencia de defensa común nos debiera gobernar, del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (Government: An Ideal Concept).

No es de extrañar que las primeras medidas de los Stalin, Mao, Hitler, Castro y los Kim Jong-un del planeta sea el desarme de la población civil al efecto de someterlos con mayor facilidad. En esta línea argumental es de interés recordar que Suiza tiene una mayor proporción sobre los habitantes de personas armadas que en Estados Unidos, razón por la cual capitostes del ejército alemán han reconocido que no se atrevieron a invadir aquel país en ninguna de las dos guerras. Como es sabido, Suiza además no cuenta con ejército regular, son los ciudadanos que se constituyen en milicia armada y, dicho sea de paso, conviene destacar que ese país cuenta con el índice más bajo de criminalidad del mundo.

Es de suma importancia recordar también que, según ponen de manifiesto los documentos originales, en Estados Unidos, luego de los sucesos revolucionarios, se enfatizó y reiteró el peligro de mantener ejércitos regulares (standing army), lo cual fue luego modificado. Y es del caso traer a colación que, en el discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower destacó: “El mayor peligro para las libertades del pueblo es el complejo militar-industrial”.

A diferencia del norte, donde los colonos escapaban de la intolerancia y los atropellos a sus derechos, en Sudamérica prevalecieron los conquistadores y las “guerras santas” que, salvo personalidades como Fray Bartolomé de las Casas, eran posiciones generalizadas en el contexto de denominaciones al aparato de la fuerza como “excelentísimos”, “reverendísimos” y dislates serviles de esa naturaleza desconocidos en Estados Unidos. Es por eso que en general la mentalidad latina estima que la portación y la tenencia de armas hará que todos estén a los tiros.

Por supuesto que igual que con el registro automotor o el consumo de alcohol, la entrega de armas se hace con los permisos correspondientes. Pero siempre hay que tener presente que cuando se exhibe un póster con la ingenua idea de prohibir el uso de armas con la cara de un monstruo y se consigna al pie una leyenda que dice: “¿Usted le entregaría un arma a este sujeto?”, debe tenerse siempre presente que precisamente ese sujeto es el que tendrá el arma al efecto de victimizar a personas desarmadas e inocentes.

Cesare Beccaria, el pionero en el derecho penal, en su célebre texto On Crimes and Punishments, escribe que prohibir la portación de armas “sería lo mismo que prohibir el uso del fuego porque quema o del agua porque ahoga […] Las leyes que prohíben el uso de armas son de la misma naturaleza: desarman a quienes no están inclinados a cometer crímenes […] Leyes de ese tipo hacen las cosas mas difíciles para los asaltados y más fáciles para los asaltantes, sirven para estimular el homicidio en lugar de prevenirlo, ya que un hombre desarmado puede ser asaltado con más seguridad por el asaltante”.

Es de gran importancia tener presente algunos personajes que a través de la historia fundamentaron extensamente sobre el derecho irrenunciable a la tenencia y la portación de armas de los ciudadanos: Cicerón, Ulpiano, Hugo Grotius, Algernon Sidney, Locke, Montesquieu, Edward Coke, Blakstone, George Washington, George Mason, Adams, Patrik Henry, Thomas Jefferson, Jellinek, Thomas Paine y tantos otros en la actualidad.

Obras como That Every Man be Armed: The Evolution of a Constitutional Right, de S. P. Halbrook y Gun Control, de R. J. Kukla, muestran estadísticas y cuadros donde se pone de manifiesto cómo los asaltos se incrementan en proporción a las prohibiciones en diversos estados y condados, puesto que los blancos resultan más atractivos para los delincuentes allí donde tiene lugar la prohibición.

En El federalista, nº 46, James Madison, el autor principal de la Segunda Enmienda, escribe con orgullo: “Los americanos [norteamericanos] tienen el derecho y la ventaja de estar armados […] a diferencia de los ciudadanos de otros países cuyos gobiernos tienen temor que la gente esté armada”.

Desde luego que, en aquellos lugares donde se permite la tenencia y la portación de armas, quienes amenacen o insinúen la utilización indebida son castigados severamente.

En otro orden de cosas, se han mostrado las abultadas estadísticas sobre la mortandad vinculadas a los automotores, sea por accidentes en la vía pública o en reiterados asaltos, por lo que, salvando las distancias, sería desatinado prohibir los autos, del mismo modo que fue desatinado prohibir el alcohol con los resultados nefastos por todos conocidos.

Por su parte, en The Writings of Thomas Paine, este autor escribe: “Indudablemente sería bueno que nadie usara armas contra su vecino y que todo conflicto se arreglara a través de negociaciones […] pero en nuestro mundo el desarme haría que la gente de bien fuera constantemente sobrepasada por los asaltantes si se les niega la posibilidad de usar los medios para la defensa propia”.

Entonces, en un campo más amplio, la tenencia y la portación de armas cumple con un doble propósito siempre unido a la defensa propia contra asaltantes, ya sean delincuentes comunes o delincuentes legales, contra los cuales en una situación extrema la población debe ejercer el derecho a la resistencia frente a gobiernos que recurren a la fuerza para avasallar derechos en lugar de protegerlos (tal como sucede hoy, por ejemplo, en el caso venezolano, que, dado el golpe de Estado de Nicolás Maduro a las instituciones, se hace imperioso el contragolpe).

El tres veces candidato a la presidencia de Estados Unidos y congresista, Ron Paul, declara, en el The Boston Globe: “Muchos políticos, jueces y burócratas consideran que tienen el poder de desconocer nuestro derecho a poseer armas, a pesar de que la Segunda Enmienda explícitamente garantiza el derecho de la gente. Como los padres fundadores, creo que el derecho a tener armas es consustancial a la sociedad libre”.

El juez Andrew Napolitano, en Constitutional Chaos, sostiene con énfasis: “El cumplimiento de la Segunda Enmienda no solo permite la defensa propia contra asaltantes comunes, sino que evita genocidios que en todas partes y siempre se han llevado a cabo contra poblaciones desarmadas”. Y en otro libro de este mismo juez que lleva el título de una frase de Voltaire, It is Dangerous to be Right when the Government is Wrong, subraya: “Sin el derecho a la defensa propia, los individuos no podrían protegerse de los ladrones vulgares ni de los gobiernos tiránicos, [… esto último] porque como ha dicho Mao el poder político sale del cañón de un arma”.

Por último respecto a citas relevantes, David Boaz, en The Libertarian Mind, consigna: “Los ciudadanos respetuosos de la ley tienen un derecho natural y constitucional a poseer y transportar armas, no solo para caza sino como defensa propia y en último término para defender su libertad frente a gobiernos autoritarios”.

Hay distraídos que mantienen que, a diferencia de Suiza y Estados Unidos, no puede permitirse la tenencia de armas en pueblos latinos, lo cual recuerda lo escrito por Friedrich Hayek respecto a la necesaria libertad para todos que sería inconveniente “antes de aprender a ser libres”, que Hayek ilustra: “Es lo mismo que los tilingos que sostienen que no puede permitirse que alguien ingrese a un natatorio antes que aprenda a nadar”.

En otros términos, como queda dicho, las personas pacíficas rechazan toda manifestación de violencia que estiman perversa, solo admiten el uso de la fuerza en defensa propia. Esas personas aceptan toda conducta que no lesione derechos de terceros, aunque no la compartan, pero frente a ataques y amenazas con armas no les queda otro recurso que defenderse. Es ingenuo, contraproducente y sumamente peligroso sostener que deben prohibirse las armas de fuego en manos privadas porque con ello se facilita la tarea de criminales. Hasta los santos más destacados de la historia justifican la defensa propia frente a hechos de violencia manifiesta.

Es sabido que si se pueden establecer medidas disuasivas, las personas pacíficas y de buena voluntad las emplearán, para eso instalan alarma, botón de pánico, cerradura, llamados preventivos a la policía y demás resguardos. De más está decir que resulta esencial que las normas vigentes defiendan en todas sus instancias a la víctima de los ataques del victimario, sea un criminal común o el desborde intolerable de aparatos estatales desbocados e imposibles de tolerar que arrasan con los derechos. Es por eso que en la Declaración de la Independencia estadounidense se lee: “Cuando cualquier forma de gobierno se torna destructiva de esos fines [la protección de derechos], es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El Chef Guevaraf

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/4/19 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/actualidad-economica/el-chef-guevaraf/

 

Pauper Oikos comprendió que la moda de los cocineros había superado todo límite cuando se encontró con el Che Chef Guevaraf, que le anunció, mientras se disponía a cocinar la libertad al horno:

—El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.

El reportero de Actualidad Económica se limitó a repetir algunas frases famosas de Guevaraf:

—Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. ¿Hacer la revolución sin disparar tiros? ¿Estás loco? El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa al ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así. ¿Quieres que siga?

—Me da igual —replicó desdeñoso el Che de los fogones—. Yo sigo siendo el ideal de los jóvenes anticapitalistas. ¿Qué culpa tengo yo de tener la sangre roja y el corazón a la izquierda?

—Es verdad que mantienes una buena imagen en la ultraizquierda —reconoció Pauper Oikos—.  Sin embargo, es una imagen que se ha ido deteriorando lentamente, aunque demasiado lentamente para un salvaje que proclamó: “He jurado delante de una estampa del viejo y llorado camarada Stalin que no descansaré hasta que vea aniquilados a esos pulpos capitalistas”.

El Chef puso el horno al máximo y apuntó:

—Stalin murió en la cama, como Fidel Castro, Mao, y otros criminales comunistas. A mí me mataron, y por eso puedo renacer convertido en cocinero progresista o antirracista.

—Naturalmente —sentenció el reportero con sarcasmo—. Te presentas como antirracista cuando dijiste, con todas las letras, lo siguiente: “Los negros, los mismos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño”.

—Pobre Pauper, valga la redundancia, no te enteras —sonrió el cordon bleu o más bien rouge—. No es solo mi muerte lo que me hace vivir y perdurar, sino también los ideales antiliberales, que toda la sociedad repite sin cesar, desde el primero de los púlpitos hasta la última de la cátedras, pasando por todos los medios. Los valores respetados son los nuestros: ¿o acaso no has visto la hostilidad a la propiedad privada? Claro que la has visto, secundada desde los comunistas hasta el Papa. Y lo mismo sucede con el medio ambiente, las mujeres o los homosexuales. Y no vale que me recuerdes que los comunistas hemos sido los más contaminadores, los más machistas y los más homófobos. La clave es que somos anticapitalistas: eso nos salva. Por eso, a pesar de nuestros brutales genocidios, yo dije y digo: “El capitalismo es el genocida más respetado del mundo”.

Pauper Oikos intentó una última defensa:

—También dijiste: “Bolivia es el mejor país para hacer guerra de guerrillas en América”.

El Che Chef Guevaraf, por toda respuesta, cerró la puerta del horno.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE