La mancha de sangre más grande de América

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/4/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/04/16/la-mancha-de-sangre-mas-grande-de-america/

En medio de la pandemia los datos que llegan sobre Cuba son más escalofriantes que nunca. La miseria, el hambre, la escasez de medicamentos, la ausencia de higiene básica y las muertes generan espanto

Fidel Castro

En vista de la actitud criminal de muchos cómplices de la isla-cárcel cubana, lo primero es abrir con un pensamiento clave de mi primo el Che Guevara (su abuela materna -Ana Lynch- era hermana de mi abuela paterna) expresado públicamente en 1967 en su mensaje a la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así, un pueblo sin odio no puede triunfar”.

Antes que eso su jefe Fidel Castro había manifestado en 1962 en su Segunda Declaración de La Habana que “Los intereses de la humanidad reclamaban el cese de la anarquía en la producción, el derroche, las crisis económicas y las guerras de rapiña propias del sistema capitalista. Las crecientes necesidades del género humano y la posibilidad de satisfacerlas, exigían el desarrollo planificado de la economía”. Luego precisó en las escalinatas de la Universidad de La Habana, en 1968 en su discurso titulado Ofensiva Revolucionaria que “El capitalismo hay que arrancarlo de raíz […] Hay que decir con toda claridad, hay que decir que no tendrán porvenir en este país ni el comercio, el trabajo por cuenta propia ni las industria privada”.

Es de gran importancia prestar debida atención a lo escrito en el libro de Jorge Masetti, quien creció en Cuba (hijo de Ricardo, fundador de Prensa Latina y amigo del Che Guevara) y agente de los servicios de espionaje cubanos en varios países latinoamericanos al efecto de preparar el terreno para la revolución comunista. El libro se titula El furor y el delirio. Itinerario de un hijo de la revolución cubana donde se lee: “Me percaté que […] la revolución había sido una estafa […] caigo en la cuenta de que la revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades […] Nos escudábamos en la meta de la búsqueda de hacer el bien a la humanidad, meta que era una falacia”. También en sus intentos en otros países concluye: “Hoy puedo afirmar que por suerte no obtuvimos la victoria porque de haber sido así, teniendo en cuenta nuestra formación y grado de dependencia con Cuba, hubiéramos ahogado el continente en una barbarie generalizada”.

Como se ha apuntado en repetidas ocasiones, la propiedad privada constituye un derecho clave a los efectos de aprovechar del mejor modo los escasos recursos. En un mercado libre quienes atienden del mejor modo a sus semejantes obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos, lo cual se da de bruces con empresarios prebendarios que aliados al poder de turno obtienen privilegios con lo que explotan miserablemente a sus semejantes. Como también se ha señalado es por esto que Marx y Engels en el Manifiesto Comunista han subrayado que toda su propuesta puede ser condensada en la abolición de la propiedad.

Por su parte Ludwig von Mises ha demostrado en 1920 como sin propiedad privada no hay precios (que precisamente surgen como consecuencia de transacciones de derechos de propiedad), si se elimina este derecho no hay posibilidad alguna de contabilidad, de evaluación de proyectos ni de cálculo económico en general puesto que no se sabe que es y que no es rentable. Y sin llegar a este extremo, en la medida en que los aparatos estatales intervienen en los precios, en esa medida, se distorsionan esos indicadores con el consiguiente despilfarro de recursos, lo cual, a su vez, reduce salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización constituyen el único factor que permite elevar el nivel de vida.

Entonces, independientemente de las matanzas, las torturas y las persecuciones que inexorablemente imponen los regímenes totalitarios, debe destacarse el grave problema técnico que necesariamente conduce a la miseria y a la pobreza extrema, en este último caso no solo en los sistemas totalitarios sino en los estatistas de todo color y por los mismos motivos de desatino económico que perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados y vulnerables.

Como se ha subrayado una y otra vez, Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica; eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, licores de prestigio internacional. Tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

El contragolpe a Batista estaba plenamente justificado frente a los golpes que asentaba al sistema republicano pero resulta que el remedio fue mucho peor que la enfermedad con la instalación del comunismo. Por supuesto que no se justifica el haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

De todos modos si se condenara todo contragolpe habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del siglo XIX en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge III y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

Por otro lado, es increíble que todavía pululan desfachatados que dicen que por lo menos hay buena educación y servicios adecuados de salud. Antes hemos aludido a este tema pero en vista de nuevos rebrotes se hace necesario reiterarlo. Respecto a lo primero es suficiente señalar la contradicción en los términos de hablar de educación donde prima el adoctrinamiento y la censura, además de tener que escribir en lápiz para que la próxima camada pueda borrar y usar el mismo papel debido a la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste sólo en saber leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción. Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró lo que significa para su régimen la educación en cuanto a la colonización de las mentes a través del comunismo: “Una revolución educacional bien profunda”(sic). En cuanto a la salud, es suficiente consultar los múltiples escritos de la neurocirujana cubana Hilda Molina para percatarse de las pocilgas que son los hospitales y solo mantenido un reducto para los miembros de la banda gobernante y extranjeros amigos a los efectos de adornar la vidriera.

Los totalitarios consideran que manejando a su antojo vidas y haciendas ajenas pueden fabricar un “hombre nuevo”. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publicó que Fidel Castro figuraba entre los hombres más ricos del planeta.

Específicamente las obras de mayor calado respecto al caso cubano son las de Carlos Alberto Montener, Armado Valladares, Huber Matos, Guillermo Infante Cabrera, Loris Zanatta, Hilda Molina y Guillermo Martínez Márquez. Y en general respecto al totalitarismo se destacaEl libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Es un insulto a la inteligencia que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual además constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

Solo durante el año pasado se han detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco y durante el año que corre ha habido muchas más detenciones en las recientes manifestaciones de valientes insurrecciones a partir del 11 de julio pasado en un contexto siempre de amordazamiento a la prensa con un partido único. Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos de la URSS y luego por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se encuentran en mayores dificultades pero confían en la imbecilidad de algunos vecinos del continente.

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, en cuyo contexto aparecen turistas que disfrutan playas y otros privilegios como contrapartida de sus financiaciones a los carceleros.

Conozco de cerca aquellos estropicios norteamericanos (más bien antinorteamericanas) que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al ex barbudo de la isla cubana, a su hermano o al actual carcelero, diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras los que declaman se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los tilingos de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

Sin duda que siguen los tontos útiles que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos autodenominados cristianos que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta, de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la moral.

Como hemos puntualizado, es inconcebible pero cierto que la isla-cárcel cubana se ha mantenido por más de sesenta años bajo las garras y fauces criminales de los sátrapas castristas. Este clima bochornoso y nauseabundo parte el corazón de cualquier persona normal, pero todavía hay cretinos que alaban el régimen totalitario, organizaciones internacionales que aceptan que las integren representaciones de los antedichos asesinos seriales en el contexto de los balseros que cruzan el mar en busca de libertad, asumiendo los tremendos riesgos de los fusileros de la isla, los tiburones o el naufragio.

Es del caso repasar lo escrito por José Martí en una de sus estadías en Estados Unidos: “Estoy en un país donde todos aparecen como amos de sí mismos. Uno puede respirar libremente, aquí la libertad es el fundamento, el escudo y la esencia de la vida”.

Hoy en medio de la pandemia resultan más escalofriantes que nunca los datos y las informaciones que llegan de Cuba donde la miseria, el hambre, la escasez de medicamentos elementales, la ausencia de higiene básica y las muertes hacen que cualquier persona normal quede espantada frente a este tétrico cuadro de situación. Es de desear que nuestros hermanos cubanos pronto puedan liberarse de esa espantosa isla-cárcel y formar parte de una sociedad libre. Desgraciadamente hay varias manchas de sangre en América como Venezuela, Nicaragua y también Haití que con 20 gobiernos en 35 años sigue la línea totalitaria y algunos imitadores latinoamericanos que pretenden lo propio…pero nada como Cuba.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Las vidas desperdiciadas en la isla-cárcel cubana

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 23/11/2en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/las-vidas-desperdiciadas-en-la-isla-carcel-cubana-nid23112021/

Camiones militares patrullan a lo largo del malecón en La Habana, Cuba, el lunes 15 de noviembre de 2021. El gobierno prohibió una marcha de oposición en la jornada. (Foto AP/ Ramón Espinosa)
Camiones militares patrullan a lo largo del malecón en La Habana, Cuba, el lunes 15 de noviembre de 2021. El gobierno prohibió una marcha de oposición en la jornada. (Foto AP/ Ramón Espinosa)

Imaginemos las personas nacidas en 1959, cuando comenzó la infame aventura castrista, ahora con 62 años y siempre acosadas por la prepotencia, la miseria y el espanto de una tiranía que desgasta y consume vidas que en la práctica se tornan vegetativas. Para no decir nada de los padecimientos de los paridos antes y después del episodio de la Sierra Maestra. Seres humanos que sufren los embates del marxismo inmisericorde, rodeado por la abulia del poder.

A través del derecho a la resistencia a la opresión, operó un justificado y aplaudido contragolpe a las barrabasadas de Fulgencio Batista, quien había proporcionado reiterados golpes a todo vestigio republicano, pero el remedio resultó infinitamente peor que la enfermedad. A pesar de las tropelías de Batista, como arrastre de períodos anteriores, Cuba era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación con la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.

Todo antes de que el Che Guevara –mi primo, pues su abuela materna, Ana Lynch, era hermana de mi abuela paterna– se desempeñara como ministro de Industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar antes de que el Che fuera presidente de la banca central. Un asesino serial que masacró a opositores y escribió: “El verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”.

Ríos de tinta se han dedicado a denunciar las atrocidades en la isla-cárcel cubana, pero es del caso destacar muy especialmente los muy valiosos textos de Carlos Alberto Montaner, Huber Matos, Hilda Molina y Armando Valladares, que con gran claridad y precisión han documentado una y otra vez lo que viene ocurriendo en ese lugar que se ha convertido en la imagen de un largo episodio tenebroso.

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo, parecería que aún quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera destinada a los capitostes del régimen y amigos para impresionar a tilingos.

En Cuba se trocó un déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra”, donde aparecen las declaraciones de Fidel Castro, que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

Fidel Castro, luego su hermano y ahora el amanuense del sistema criminal no solo son responsables por la ruina económico-social de Cuba, sino que torturaron y torturan sistemáticamente a opositores. Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo”, que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno, y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publicó que Fidel Castro figuraba entre los hombres más ricos del planeta.

Bernard-Henri Lévy, en su obra Barbarism with a Human Face, concluye, con conocimiento de causa, puesto que fue marxista en su juventud: “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Es que la genealogía del totalitarismo repite sus esquemas macabros. En El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión, compilado por Séphane Courtois, se consignan los asesinatos de cien millones de personas des 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Eudocio Ravines, un comunista peruano Premio Mao y Premio Lenin, con misiones varias encargadas desde el Kremlin –especialmente infiltrar la Iglesia Católica española y chilena–, en su primera etapa de desencanto con ese sistema pensaba que el problema radicaba en tal o cual administrador y recién más adelante se percató de que el problema consiste en el comunismo y no en sus circunstanciales jefes. A partir de entonces escribía semanalmente en diarios latinoamericanos y publicó numerosos libros, entre los cuales cabe destacar La gran estafa, que cuenta diez ediciones. El título revela a las claras el contenido de ese sistema que Ravines denomina “la fosa común”, que es “la consecuencia inexorable de sistemas y métodos, de dogmas inhumanos, de condiciones económicas, políticas y sociales que los dirigentes no pueden modificar ni suavizar, ya que ello implicaría su caída”. El libro está dedicado a “todos los que sufrieron el drama de la gran estafa”. En esa obra, el autor relata el suicidio de uno de sus colegas debido a que no resistió tanta hipocresía de los jerarcas de su partido luego de haber entregado su vida a esa causa. Ravines consigna que lloró amargamente frente a ese cadáver no solo por su querido amigo, sino: “Lloré por mí, por mi vida, por mi juventud estéril y quemada en vano, entregada para que se alzaran sobre mi sacrificio un infame grupo de piratas”.

No fueron pocos los que se dejaron seducir por los socialismos de diversa denominación sin advertir el resumen de Marx y Engels en el Manifiesto comunista en cuanto a que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. En torno a esta institución fundamental gira todo el problema, de allí es que resulta tan esencial estarse prevenido con los embates del llamado distribucionismo vía la guillotina horizontal, los controles de precios, la inflación monetaria, las cargas tributarias, las deudas públicas y las regulaciones asfixiantes a las actividades lícitas. Todo esto va minando la asignación de derechos de propiedad en desmedro de todos, pero muy especialmente de los más vulnerables.

Ahora observamos con gran esperanza las marchas y la lucha valiente de cubanos en medio de represiones violentas de la banda de tiranos instalados en el gobierno y a pesar de la repugnante cobardía de quienes les dan la espalda en estos cruciales momentos. Es pertinente repasar las conmovedoras estrofas de “Patria y vida” para constatar el espíritu noble de estos héroes.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA ISLA-CÁRCEL CUBANA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo xix en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge iii y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

 

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

 

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el  Che”, en Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

 

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que encarceló y torturó sistemáticamente a opositores e impuso una sola voz en la prensa y el partido único, lo cual fue continuado por su hermano hasta el momento de escribir estas líneas. A pesar de la propaganda del régimen, en ningún caso resulta posible que en un sistema tiránico pueda hablarse seriamente de educación puesto que el adoctrinamiento es la condición necesaria, además de que los estudiantes están obligados a usar lápiz en sus cuadernos puesto que la próxima camada debe recurrir al mismo papel dada la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber  leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción.  Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró- dada su política de adoctrinamiento- que es lo que significa para su régimen la educación: “una revolución educacional bien profunda”(sic).

 

En una línea similar, debe explicitarse sobre la salud en ese país, tema tan bien detallado entre muchos otros por la neurocirujana cubana Hilda Molina que muestra las pocilgas de los hospitales y que solo se mantiene algún centro de salud para la vidriera al efecto de atender ciertos amigos del régimen.

 

Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar como deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta con 900 millones de dólares en su haber.

 

Como acabo de destacar en un pasaje en una de mis últimas columnas semanales, Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

 

Lo más fértil es prestar la debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

 

Es una vergüenza que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

 

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales.

 

A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo. Nada más atractivo y necesario que la desigualdad al efecto de incrementar la productividad y nada más desesperante y tedioso que el igualitarismo que hasta convierte la conversación en algo equivalente a comunicarse con el espejo.

 

Por otro lado, cuando se habla de riqueza se supone que es un proceso estático donde hay un bulto que hay que redistribuir en el contexto de la suma cero, sin entender que la creación de riqueza es un proceso dinámico.

 

La incomprensión de estos razonamientos está presente en el autoritarismo, o si se comprenden se rechazan de plano para que los autócratas puedan mantenerse en el poder…”el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En un principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas. Ahora, muerto el mayor artífice de la debacle cubana durante más de medio siglo, es de desear que los cubanos puedan zafar a la brevedad del régimen opresivo de las botas y reencauzarse hacia la libertad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

AL FINAL, EL CADALSO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”.

 

Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, a razón de unos quince millones de masacrados por año.

 

Es que las intromisiones de los aparatos estatales en las vidas y las haciendas de la gente poco a poco conducen a escaladas ya que un control conduce a otro hasta que el cercenamiento de las libertades requiere un estado policial. Algunos de los propulsores de las medidas iniciales pueden tener intenciones que nunca llegarían tan lejos pero sus propuestas, a la postre, conducen a finales trágicos.

 

La raíz del problema radica en la educación, nada puede hacerse como no sea el ganar la argumentación a favor de la sociedad abierta, de lo contrario los delitos como el robo instalados en la civilización son eliminados de un plumazo por los sátrapas al efecto de asumirlos como “políticas de estado”. Y cuando ponemos énfasis en la educación estamos hablando de valores y principios compatibles con la sociedad abierta que no necesariamente muestran un correlato con el monto presupuestario que se destina a ese rubro.

 

Por más que se sepa que al final está el cadalso, en última instancia, la única manera de combatir el mal es realizando el esfuerzo cotidiano para dar la batalla en el terreno de las ideas. Parecería que muchos pretenden resolver los problemas solo haciendo de espectadores sin tomarse la molestia de indagar en la causa de los problemas, ni tomarse molestia alguna en difundir las posibles soluciones.

 

En este sentido, tomemos algún espacio para subrayar algunos conceptos que hacen a los marcos institucionales de los cuales depende lo demás. En el origen de los tiempos del common law y del derecho romano durante gran parte de la República y principios del Imperio, a pesar de las consabidas trifulcas con los gobiernos de turno, la idea de la Ley (con mayúscula) resultaba de un proceso de descubrimiento de normas extramuros de las resoluciones positivas, básicamente a través de fallos judiciales en competencia que, en un mecanismo de prueba y error, iban sentando precedentes solo justificadamente modificados para mejorar el resultado. Esa era la Ley y la consecuencia era el establecimiento del consiguiente orden.

 

Luego, poco a poco, muchas veces de contrabando y otras abiertamente, se fue sustituyendo la Ley por legislación fabricada por poderes legislativos cuya misión original era la de limitarse a la administración de los recursos y los gastos de la corona, el cónsul o el emperador. Misión original que se fue transformando en el dictado de leyes para todos los propósitos imaginables de la vida cotidiana con un sentido de diseño y de ingeniería social que lo transformó en omnipotencia legislativa y, naturalmente, la inflación de las leyes deterioró su valor.

 

Este cuadro de situación tuvo lugar más rápidamente en los países latinos que en los anglosajones. En los primeros, duró bien poco el espíritu liberal de los tiempos iniciales de la independencia como colonia formal, mientras que se prolongó en los segundos. Así es que en los países latinos, los ciudadanos se acostumbraron desde muy antiguo a defenderse permanentemente de los ataques de sus gobiernos, al tiempo que vivían en la pobreza. Había aquí (y hay) un doble discurso: por un lado se alaban a los gobernantes y por otro se trata de evadir la mayor parte de las normas promulgadas por ellos, por su naturaleza injustas y arbitrarias. En los segundos, en cambio, los ciudadanos se acostumbraron a cumplir la Ley porque, en gran medida, velaba por sus derechos. El discurso en este caso estaba unificado.

 

Paradójicamente, hoy observamos que con el avance del Leviatán en todos lados, el mundo latino, a pesar de todos los problemas y enredos, tiene más defensas debido a su entrenamiento a la desobediencia, mientras que en el mundo anglosajón, la educación al respeto y veneración por la larga tradición de Law and Order encuentra a esos ciudadanos indefensos, y con su indiscutido acatamiento a ese principio pueden ir al despeñadero aunque la Ley y el Orden se haya convertido en legislación y desorden.

 

Tal vez uno de los juristas de mayor calado sea Bruno Leoni que en su obra Freedom and the Law (también en castellano con el título de La libertad y la ley) precisa conceptos de gran valor en línea con nuestras anteriores preocupaciones legislativas. Estimamos muy oportuno transcribir a continuación un pasaje que dan una idea de la dirección del trabajo: “La legislación aparece hoy como un expediente rápido para remediar todo mal y todo inconveniente […] Hay algo que anda muy mal en todo el sistema” Su preocupación principal se dirige al fortalecimiento de la institución de la propiedad como el eje central de la Justicia, esto es, el “dar a cada uno lo suyo”.

 

Las telarañas mentales no dejan lugar al pensamiento, siempre lo nuevo y distinto es rechazado por el oscurantismo cavernario. No podemos quejarnos por lo que nos ocurre y, al mismo tiempo, pretender revertir la situación insistiendo con los mismos métodos que generaron el problema. Como reza el aforismo: “la mente, como el paracaídas, solo funciona si está abierta”.

 

Al efecto de ilustrar malos entendidos con un ejemplo argentino, hay distraídos que con razón les repele el fascismo pero, sin embargo, en los hechos, le dan todo el apoyo a esa visión totalitaria que se resume en el golpe fascista del treinta que implantó el impuesto directo y progresivo, destrozó el federalismo fiscal, impuso el control de cambios, las juntas reguladoras y la banca central (junto a un proyecto de Constitución corporativa). Los así llamados antifascistas no se percatan que aquellas medidas que invaden los derechos individuales se han mantenido en el tiempo y han constituido una parte muy substancial de la decadencia de ese país: son en verdad antifascistas de pacotilla que no han comprendido la política destructiva de Mussolini.

 

Apenas como una muestra que ilustra de lo mucho que queda por hacer al efecto de contar con una sociedad abierta, mencionemos al pasar solo seis puntos. Primero, la disolución de la banca central para evitar la sinrazón de contar con una institución que dice operar para estabilizar el poder adquisitivo de la unidad monetaria, lo cual nunca ha llevado a cabo en ninguna parte. Cualquiera sea la llamada política monetaria provoca indefectiblemente un deterioro en los precios relativos, sea con la expansión,  contracción o al dejar inalterada la base monetaria.

 

Segundo, como un primer paso hacia un proceso educativo libre las instituciones privadas deben ser privadas y no privadas de toda independencia al ser reglamentadas por los tristemente  célebres ministerios de educación que simulan saber que tipo de educación prefiere la gente y acreditados por instituciones y academias fuera del ámbito de la politización.

 

Tercero, eliminar todos los aranceles para liberar recursos humanos y materiales al reducir el gasto por unidad de producto, lo cual, naturalmente, permite mayor cantidad de bienes  y servicios al eliminar las falacias tejidas desde las propuestas de la “industria incipiente” por el decimonónico Friedrich List que hace de apoyo logístico para que los empresarios prebendarios se enriquezcan a costa del fruto del trabajo ajeno.

 

Cuarto, contar con un sindicalismo libre que no trate a los trabajadores como rebaño a merced de descuentos y retenciones compulsivas, en otros términos resguardarse en la personería jurídica y no en la denominada “personería gremial” calcada de la Carta de Lavoro de Mussolini que empobrece a las personas que más necesitan trabajar para usufructo de dirigentes inescrupulosos.

 

Quinto, el establecimiento de un régimen tributario que se circunscriba a los impuestos indirectos y proporcionales, eliminando los directos y progresivos que atentan contra las tasas de capitalización que constituyen la única causa de ingresos y salarios en términos reales. Para lo cual es indispensable eliminar todas las funciones incompatibles con el republicanismo.

 

Sexto, la venta al mejor postor sin base ni condición de ninguna naturaleza de las mal llamadas “empresas estatales” (la actividad empresaria en un mercado libre no es un simulacro, opera con todos los rigores necesarios y arriesgando sus propios recursos). La constitución misma de esas entidades políticas necesariamente significan derroche de recursos puesto que de haber podido desenvolverse libremente la gente hubiera destinado el fruto de sus trabajos en otras direcciones (si lo hacen en la misma dirección no tiene sentido la intervención de marras). El alegar la necesidad de instalaras para llenar vacíos que el sector privado no  encararía por antieconómicos pasa por alto el hecho de que ese razonamiento conduce a consumo de capital lo cual extiende zonas inviables.

 

En este sentido, al efecto de tomarse el tiempo necesario en el debate de otras propuestas que contra-argumentan las posiciones convencionales en cuanto al dilema del prisionero, las externalidades, los “free-riders” y, en el contexto de la asimetría de la información, la selección adversa y el riesgo moral, es de interés considerar como medidas transitorias las propuestas por parte de diversos autores respecto a las que me he extendido en otra oportunidad sobre los límites al poder, tanto para el Judicial como para el Legislativo y el Ejecutivo

 

Es imprescindible estar atento a lo que Edward de Bono bautizó como “pensamiento lateral” para distinguirlo del convencional de “seguir profundizando en el mismo hoyo en lugar de mirar en otras direcciones y cavar en otros lados”. Ejemplifica de Bono con la fotografía. Dice que el fotógrafo clásico preparaba el escenario, acomodaba la pose del modelo y definía la luz, situación que le permitía conocer de antemano el resultado. En cambio, prosigue de Bono, el fotógrafo profesional moderno (y el amateur) saca una secuencia de fotografías sin previo preparado, lo cual le reporta sorpresas en la iluminación, en las poses de los modelos y en los escenarios, situación que brinda múltiples posibilidades en direcciones hasta el momento impensadas y desconocidas. Eso es el pensamiento lateral: explorar nuevas dimensiones que producen otros resultados, una gimnasia característica de las mentes abiertas siempre atentas para evaluar y juzgar desapasionadamente contribuciones distintas en dirección a la sociedad abierta que permiten vislumbrar otras perspectivas. Y así zafar del cadalso que no necesariamente debe ser en sentido literal pero si la imposición de esclavos modernos que se ven obligados a trabajar buena parte del año para los aparatos estatales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El camino al socialismo

Por Gabriel Boragina. Publicado el 28/2/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/02/el-camino-al-socialismo.html

 

A pesar de que estamos convencidos y pensamos que la historia nos demuestra en forma clara y completa, que el socialismo fue realizado en muchísimas partes del planeta, quedan aún, algunos obcecados que se empecinan en seguirlo negando. Niegan que las experiencias de la URSS, China, Corea, Vietnam, Europa Oriental, Cuba, etc. hayan sido socialistas, acusándolos de «desviacionismo».

No lo creemos, es más, estamos convencidos que no fueron «desviaciones», sino construcciones serias y efectivas del socialismo real, pero aun posicionándonos en la postura más favorable para estos negadores, creo que ninguno de ellos se animará a objetar que, tales experiencias, al menos, si fueron –desde su propio punto de vista- intentos de llegar al socialismo, excepto que crean que el socialismo puede imponerse de golpe; -considero que los críticos más sensatos no comparten esta idea- tendrán que admitir –entonces- que el socialismo sólo podría aplicarse por etapas, secuencias o grados; y que si lo efectuado en los países descriptos no fue (según estos críticos siempre) socialismo, al menos admitirán, que fueron medios, vías, conductos o caminos para llegar al estado socialista. Si mis críticos y yo estamos de acuerdo en este punto, me parece que también tendríamos que estar de acuerdo en que esta metodología para tratar de imponer un ideal, no ha sido en absoluto satisfactoria, y en mi particular opinión, mucho menos que satisfactoria, sino directamente nefasta. El populismo socialdemócrata asume como cierta esta conclusión sin abandonar su defensa del socialismo. Lo mismo hace el populismo socialista (por ejemplo. el castrochavismo venezolano).

Fundamentalmente, entre los colectivistas hay dos posturas respecto a la forma de llegar al socialismo: una vía abrupta y otra gradual, la característica común que comparten estos dos caminos es, que ambos se transitan por medio de la violencia. Hay una tercera vía muy minoritaria entre los marxistas y que está representada por la sociedad Fabiana y los gramscianos (así llamados por inspirarse en las ideas del ideólogo italiano Antonio Gramsci). Hoy en día, los marxistas no renuncian a ninguna de estas vías, al menos -por el momento- han resignado las formas extremo-violentas de llegar al poder.

De los dos medios agresivos que señalamos al principio, la diferencia entre ellos radica en el grado y fuerza de la violencia. En la tesis original (la de sus acuñadores K. Marx y F. Engels), la única metodología propuesta (o mejor dicho profetizada) era la primera: la violencia en una sola primer y última etapa, es decir, la revolución total. El grupo «moderado» –sin dejar de patrocinar la violencia- proponía ataques graduales, algo menos despiadados, pero regulares y prolongados en el tiempo. Y el tercer grupo minoritario, dejaba casi por completo de lado la violencia, la penetración del socialismo según ellos (fabianos y gramscianos) llegaría por la vía de la educación y la instrucción. Es de hacer notar aquí, que K. Marx y F. Engels, no descartan en absoluto esta vía, ya que la educación estatista es uno de los 10 puntos del Manifiesto Comunista propuestos por K. Marx y F. Engels como método de llegar al socialismo. El populismo socialdemócrata (como el de los Kirchner de Argentina) es mucho menos afecto a la violencia que el populismo socialista (como el castrochavismo venezolano).

Ahora bien, volviendo a la cuestión de sí el socialismo se ha aplicado -o no- en el mundo, veremos que en efecto; si dejamos la teoría de lado, aunque sea por un momento, como tantas veces nos han pedido, y nos limitamos, simplemente, a contemplar los hechos, más claramente, la situación actual en la que quedaron los países y regiones citadas luego de la fracasada intentona de imponer el «socialismo real»; uno no puede menos que sentirse defraudado con tales experiencias “a medias” o como ellos dicen, “intentos fallidos“ y si digo “no menos que defraudado”, es para no decir -directamente- horrorizado.         Baste señalar algunos nombres de personas y lugares tales como Stalin, Trotsky, Kerensky, Pol Pot, Mao Tse Tung, El Gulag, los campos de concentración en la Siberia, la KGB, las razias, el hambre, la miseria y la pauperización creciente de los pueblos del Asia y de la Europa oriental, en fin, pero tornando a los resultados, estos «críticos» que afirman que el socialismo “jamás se realizó”, serían demasiado necios si dijeran que estos ejemplos dados no fueron –al menos- intentos, medios, vías, conductos o caminos en busca de dicha construcción, y mucho más necios serian si, asimismo, negaran el rotundo y absoluto fracaso de tales intentos, vías o caminos.

La conclusión a la que se arriba no puede ser otra que; afirmar que la tentativa de realizar el socialismo es cruel y sanguinaria y ha dejado en el camino, un tendal pavoroso de víctimas.
Otros socialistas, -el tercer grupo ya aludido antes- algo menos obcecados y algo más sensatos (aunque tan equivocados como el primer grupo analizado) creen acertar cuando dicen que el error fue tratar de imponer el socialismo por la vía violenta (como exigían Marx, Engels y ejecutaran Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro, Pol Pot, entre otros) a la par que sostienen que; el socialismo sólo encontraría plena y cabal consumación, únicamente por la ruta pacífica. En este grupo, se destacan –entre muchos otros- el italiano Antonio Gramsci y los fabianos británicos, así conocidos por haberse agrupado en la célebre Sociedad Fabiana de Londres, y sus numerosos y entusiastas seguidores. De esta vertiente es de donde ha surgido la moderna -y tan de moda- socialdemocracia.

La socialdemocracia, dice ser de sí misma, una vía híbrida que pretende «conciliar» socialismo con capitalismo, pero teniendo como meta final la implantación del socialismo y utilizando el capitalismo sólo como medio, nunca como fin, esta doctrina política deriva en lo que Ludwig von Mises acertara en denominar intervencionismo. Nosotros decimos que la socialdemocracia es la faceta política del intervencionismo o, a la inversa, el intervencionismo es la cara económica de la socialdemocracia, visto de este modo, hablar de intervencionismo y de socialdemocracia; son casi sinónimos. Sucede que el socialismo democrático -por más democrático que quiera ser- no dejar de ser socialismo. Y socialismo y capitalismo son antagónicos. Ergo, la socialdemocracia no es viable. Por esto mismo es que el populismo socialdemócrata y el populismo socialista no son conducentes.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Globalización y deslocalización de la producción en el informe de la OMC.

Por Martín Krause. Publicado el 5/9/14 en: http://bazar.ufm.edu/globalizacion-y-deslocalizacion-de-la-produccion-en-el-informe-de-la-omc/

 

Estamos leyendo el informe de la OMC sobre el Comercio Mundial de 2008 porque trae un buen resumen de la evolución de las teorías del comercio internacional en los últimos anos. También explica y comenta el fenómeno de la globalización, el que no es otra cosa que una mayor división internacional del trabajo gracias a una mayor movilidad de todos los recursos.

E-Commerce

El informe señala tres causas para esta “globalización”: mejoras tecnológicas en el transporte y las comunicaciones; cambios políticos profundos que han integrado a muchos países el comercio internacional (Rusia, Europa Oriental, China, Vietnam, pero también India y otros países), y desregulaciones en los países que ya eran miembros de la OMC (antes GATT).

En la Sección D trata sobre “El Comercio, la Localización de la Producción y la Organización Industrial de las Empresas”, señalando que se dan dos fenómenos al mismo tiempo: la concentración y la fragmentación. Según este segundo, las empresas fragmentan sus procesos productivos en muy diversos países (hace poco puse un post sobre este tema y el caso del Ipod), pero al mismo tiempo ciertos procesos se aglomeran en determinados países o regiones (como la manufactura en China o la innovación en California).

La fragmentación de los procesos productivos ha sido posible debido a la caída en los costos del comercio internacional. Algunos datos interesantes que trae el informe:

Aranceles: el tipo arancelario medio antes de la primera ronda de negociación del entonces GATT en 1947 era entre el 20 y el 30%. EN 2005 era de 3,9%.

Barreras no arancelarias: es casi imposible medirlas pero un estudio dice que habrían sido tres veces menores en los 90 que en los años 70.

Transporte: este costo es tres veces más importante que el de los aranceles. Todos ellos han caído. El marítimo gracias a los registros de libre matrícula, la mayor escala de los barcos y el uso de contenedores. Los costos del transporte aéreo disminuyeron el 92% entre 1955 y 2004, ayudado recientemente por las políticas de “cielos abiertos” de algunos países. También se redujo el tiempo: el tiempo medio de envío a los Estados Unidos cayó de 40 a 10 días. “Si se considera un costos promedio por día del 0,8% ad valorem, la utilización de medios más rápidos de transporte equivale a reducir los aranceles el 24%”.

Comunicaciones: el costo de las llamadas internacionales ha caído de un índice de 100 en 1955 a 10 en 2005. Las llamadas nacionales, por ejemplo, en Alemania, han caído de un índice de 100 en 1975 a 41 en 2005.

Y destaca los siguientes hechos:

“En primer lugar, tanto la deslocalización de las mercancías como de los servicios ha aumentado fuertemente en los dos últimos decenios.

En segundo término, aunque la subcontratación internacional de productos intermedios es cuantitativamente más importante que la de los servicios, la deslocalización de los servicios ha aumentado con mayor rapidez en los últimos años.

En tercer lugar, la deslocalización se ha incrementado de forma sustancial tanto a través del comercio en condiciones de plena competencia como del comercio interempresarial.

En cuarto lugar, estas tendencias se han generalizado en todos los sectores y tipos de insumos.”

En este mundo que claramente se describe, algunos países latinoamericanos han sabido subirse al tren, otros prefieren cerrarse y dejarlo pasar.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).