IMPRESIONANTE: LAS MENTIRAS CONFESADAS POR LA AUTORA DE LA CUARENTENA Y VACUNAS OBLIGATORIAS EN EEUU

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/8/22 en: https://gzanotti.blogspot.com/2022/08/impresionante-las-mentiras-confesadas.html

Sencillamente de terror. Deborah Birx confienza abiertamente cómo mintió para espacir el terror y por ende para obtener el poder absoluto sobre las libertades individuales de los ciudadanos de los EEUU, obsesivamente convencida de que el Covid 19 habilitaba a convertir a una nación y mundo entero en un hospital. Impresiona ver cómo confiesa haber actuado sin estudios que la avalaran y cómo sus directivas fueron enviadas a todos los Estados de los EEUU pasando por arriba de los tres poderes de los EEUU. Pero impresiona ver, también, la obediencia ciega de semejante locura, por parte de médicos, autoridades y ciudadanos, movitos miseriblemente por un miedo pavoroso y una cobardía inconfesable. E impresiona ver, hasta hoy, el silencio vergonzoso de todos los que en su momento acusaron, a los que se atrevían a pensar, de delirantes, conspiranoicos, negacionistas, difusores de información falsa, etc. Millones de personas que deberían estar todas hoy pidiendo perdón. 

Transcribimos este artículo de Jeffrery Tucker, publicado originalmente en https://brownstone.org/articles/dr-birx-praises-herself-while-revealing-ignorance-treachery-and-deceit/  y reproducido por Exramuros aquí: https://extramurosrevista.com/la-dra-birx-se-alaba-a-si-misma-mientras-revela-su-ignorancia-su-traicion-y-su-engano/ 

Deborah Birx, la jefa de respuesta a Covid de la Casa Blanca declara: “Exageramos con las vacunas. Sabíamos que no protegerían contra la infección“. Y agrega: “Seamos claros: el 50% de los muertos por Omicron eran ancianos… estaban vacunados«

«…………Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, ha publicado un libro y ha sido interrogada en el Congreso norteamericano.

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra, dedicada a mantener el país bloqueado durante el mayor tiempo posible. Según su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Mientras tanto cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción- de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. 

A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle»

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La dimisión en diciembre de 2020 de la doctora Deborah Birx, coordinadora de la respuesta al coronavirus de la Casa Blanca bajo el mandato de Trump, reveló una hipocresía previsible. Como tantos otros funcionarios del gobierno en todo el mundo, fue sorprendida violando su propia orden de permanencia. Por lo tanto, finalmente dejó su puesto después de nueve meses de causar cantidades insondables de daño a la vida, la libertad, la propiedad y la idea misma de esperanza para el futuro. 

Aunque Anthony Fauci haya sido el testaferro de los medios de comunicación, fue Birx la principal influencia en la Casa Blanca detrás de los encierros a nivel nacional, que no detuvieron ni controlaron el patógeno, pero que han causado un inmenso sufrimiento y que siguen agitando y destrozando el mundo. Así que fue significativo que ella no quisiera ni pudiera cumplir con sus propios dictados, incluso cuando sus conciudadanos estaban siendo perseguidos por las mismas infracciones contra la “salud pública.” 

En los días previos al Día de Acción de Gracias de 2020, ella había advertido a los estadounidenses que “asumieran que estaban infectados” y que restringieran las reuniones a “su hogar inmediato“. Luego hizo las maletas y se dirigió a Fenwick Island, en Delaware, donde se reunió con cuatro generaciones para una cena tradicional de Acción de Gracias, como si fuera libre de tomar decisiones normales y vivir una vida normal mientras todos los demás tenían que refugiarse en su lugar. 

The Associated Press fue la primera en publicar el informe el 20 de diciembre de 2020. 

Birx reconoció en un comunicado que fue a su propiedad de Delaware. Se negó a ser entrevistada.

Insistió en que el propósito de la visita de aproximadamente 50 horas era ocuparse de la preparación para el invierno de la propiedad antes de una posible venta, algo que, según ella, no había tenido tiempo de hacer debido a su apretada agenda. 

No fui a Delaware con el propósito de celebrar el Día de Acción de Gracias“, dijo Birx en su declaración, añadiendo que su familia compartió una comida durante su estancia en Delaware. 

Birx dijo que todas las personas que estuvieron en su viaje a Delaware pertenecen a su “hogar inmediato”, aunque reconoció que viven en dos casas diferentes. Inicialmente calificó la casa de Potomac como un “hogar de 3 generaciones (antes de 4 generaciones)”. Funcionarios de la Casa Blanca dijeron más tarde que sigue siendo un hogar de cuatro generaciones, una distinción que incluiría a Birx como parte del hogar.

Así que todo era un juego de manos: se quedaba en casa; ¡es que tiene varias casas! Así es como la élite del poder cumple, se supone. 

La BBC citó entonces su defensa, que se hace eco del dolor experimentado por cientos de millones de personas:

Mi hija no ha salido de la casa en 10 meses, mis padres han estado aislados durante 10 meses. Se han deprimido profundamente, como estoy seguro de que lo han hecho muchos ancianos, ya que no han podido ver a sus hijos, a sus nietas. Mis padres no han podido ver a su hijo superviviente durante más de un año. Son cosas muy difíciles“.


Efectivamente. Sin embargo, ella fue la voz principal durante la mayor parte de 2020 para exigir exactamente eso. Nadie debería culparla por querer reunirse con la familia; que haya trabajado tanto durante tanto tiempo para impedir que otros lo hicieran es lo que está en cuestión. 

Pecado de omisión

La prensa se amontonó y ella anunció que dejaría su cargo y que no buscaría un puesto en la Casa Blanca de Biden. Trump tuiteó que la echaría de menos. Fue el descrédito final -o debería haberlo sido- de una persona que muchos en la Casa Blanca y muchos en todo el país habían llegado a ver como un ser fanático y falso, una persona cuya influencia destrozó las libertades y la salud de todo un país. 

Fue un final apropiado para una carrera catastrófica. Así que era lógico que la gente consiguiera su nuevo libro para saber cómo fue atravesar esa clase de tormenta mediática, las verdaderas razones de su visita a su casa de Delaware, cómo fue saber con certeza que debía violar sus propias reglas para pasar bien con su familia, y la difícil decisión que tomó de tirar la toalla sabiendo que había comprometido la integridad de todo su programa. 

Uno recorre todo su libro sólo para encontrar este hecho increíble: nunca menciona esto. El incidente desaparece por completo de su libro. 

En cambio, en el momento de la narración en el que se esperaría que contara el asunto, dice casi de pasada que “Cuando el ex vicepresidente Biden fue declarado ganador de las elecciones de 2020, me fijé un objetivo: entregar la responsabilidad de la respuesta a la pandemia, con todos sus elementos, en el mejor lugar posible“.

En ese punto, el libro salta inmediatamente al nuevo año. Ya está hecho. Es como Orwell, la historia, a pesar de que se informó durante días en la prensa mundial y se convirtió en un momento decisivo en su carrera, es simplemente borrada del libro de historia de su propia autoría. 

De alguna manera, tiene sentido que no lo mencione. Leer su libro es una experiencia muy dolorosa (todo el mérito es de la reseña de Michael Senger) simplemente porque parece estar tejiendo fábulas página tras página, completamente carentes de conciencia de sí mismas, salpicadas de comentarios reveladores que hacen lo contrario de lo que ella pretende. Su lectura es una verdadera experiencia surrealista, asombrosa sobre todo porque es capaz de mantener su pose de delirio durante 525 páginas. 

Arquitecta en jefe del encierro

Recordemos que fue ella la encargada -por Anthony Fauci- de hacer lo realmente crucial de convencer a Donald Trump para que diera luz verde a los encierros que comenzaron el 12 de marzo de 2020 y que continuaron hasta su despliegue final en firme el 16 de marzo. Fueron los “15 días para aplanar la curva” que se convirtieron en dos años en muchas partes del país. 

Su libro admite que fue una mentira de dos niveles desde el principio. 

Tuvimos que hacerlas aceptables para la administración evitando la apariencia obvia de un cierre total como el de Italia“, escribe. “Al mismo tiempo, necesitábamos que las medidas fueran efectivas para frenar la propagación, lo que significaba igualar lo más posible lo que había hecho Italia. Estábamos jugando una partida de ajedrez en la que el éxito de cada movimiento dependía del anterior.

Además: 

A esta altura no iba a utilizar las palabras bloqueo o cierre. Si hubiera pronunciado cualquiera de ellas a principios de marzo, después de estar en la Casa Blanca sólo una semana, los miembros políticos y no médicos del grupo de trabajo me habrían tachado de demasiado alarmista, demasiado catastrofista, demasiado dependiente de los sentimientos y no de los hechos. Habrían hecho campaña para encerrarme y callarme“.

En otras palabras, quería llegar a un nivel de Partido Comunista Chino, como Italia, pero no quería decirlo. Lo más importante es que sabía con certeza que dos semanas no era el plan real. “Dejé el resto sin decir: que esto era sólo un punto de partida“.

Apenas convencimos a la administración de Trump de que pusiera en marcha nuestra versión de un cierre de dos semanas, ya estaba tratando de averiguar cómo extenderlo“, admite. 

Quince días para frenar el contagio fue un comienzo, pero sabía que sería solo eso. Todavía no tenía los números delante de mí para argumentar la conveniencia de prolongarlo más tiempo, pero tenía dos semanas para conseguirlos”. Por muy difícil que fuera conseguir que se aprobara el cierre de quince días, conseguir otro sería más difícil en muchos órdenes de magnitud. Mientras tanto, esperé el contragolpe, que alguien del equipo económico me llamara al despacho del director o se enfrentara a mí en una reunión del grupo de trabajo. Nada de esto ocurrió“.

Fue una solución en busca de pruebas que no tenía. Le dijo a Trump que las pruebas estaban ahí de todos modos. De hecho, lo engañó haciéndole creer que encerrar a toda una población iba a hacer que un virus al que todo el mundo estaría inevitablemente expuesto desapareciera como amenaza. 

Mientras tanto, la economía se arruinó a nivel nacional y luego en todo el mundo, ya que la mayoría de los gobiernos del mundo siguieron lo que hizo Estados Unidos. 

¿De dónde sacó la idea de los cierres? Según su propio informe, su única experiencia real con las enfermedades infecciosas provenía de su trabajo sobre el SIDA, una enfermedad muy diferente de un virus respiratorio que todo el mundo acabaría contrayendo pero que sólo sería mortal o incluso grave para una pequeña cohorte, un hecho que se conocía desde finales de enero. Aun así, su experiencia contaba más que la ciencia. 

En cualquier crisis sanitaria, es crucial trabajar a nivel de comportamiento personal“, dice con la presunción de que evitarlo a toda costa era el único objetivo. “Con el VIH/SIDA, esto significaba convencer a las personas asintomáticas de que se hicieran la prueba, buscaran tratamiento si eran seropositivos y tomaran medidas preventivas, incluido el uso de preservativos; o emplearan otra profilaxis previa a la exposición si eran negativos“.

Inmediatamente salta a la analogía con Covid. “Sabía que los organismos gubernamentales tendrían que hacer lo mismo para tener un efecto similar en la propagación de este nuevo coronavirus. El paralelismo más obvio con el ejemplo del VIH/SIDA era el mensaje de usar máscaras“. 

Máscaras = preservativos. Sorprendente. Este comentario de “paralelo obvio” resume toda la profundidad de su pensamiento. El comportamiento es lo único que importa. Mantente alejado. Tápate la boca. No te reúnas. No viajen. Cierren las escuelas. Cierren todo. Pase lo que pase, no lo recibas. Nada más importa. Mantén tu sistema inmunológico lo menos expuesto posible. 

Me gustaría poder decir que su pensamiento es más complejo que eso, pero no lo es. Esta fue la base de los cierres. ¿Por cuánto tiempo? En su mente, parece que sería para siempre. En ninguna parte del libro revela una estrategia de salida. Ni siquiera las vacunas califican. 

Enfoque miope

Desde el principio, reveló sus puntos de vista epidemiológicos. El 16 de marzo de 2020, en su conferencia de prensa con Trump, resumió su posición: “Realmente queremos que la gente se aísle en este momento“. ¿La gente? ¿Toda la gente? ¿Todas las personas? Ni un solo reportero planteó una pregunta sobre esta declaración obviamente ridícula y escandalosa que esencialmente destruiría la vida en la tierra. 

Pero ella hablaba en serio, muy engañada no sólo sobre el funcionamiento de la sociedad, sino también sobre las enfermedades infecciosas de este tipo. Sólo una cosa le importaba como métrica: reducir las infecciones por cualquier medio posible, como si ella sola pudiera improvisar un nuevo tipo de sociedad en la que la exposición a patógenos aéreos fuera ilegal. 

He aquí un ejemplo. Hubo una controversia sobre el número de personas que debían reunirse en un espacio, como en casa, la iglesia, la tienda, el estadio o el centro comunitario. La autora aborda la forma en que se elaboraron las normas: 

El verdadero problema de esta distinción entre cincuenta y diez, para mí, era que revelaba que el CDC simplemente no creía hasta el punto que yo creía que el SARS-CoV-2 se estaba propagando por el aire de forma silenciosa y sin ser detectado por individuos asintomáticos. Los números realmente importaban. Como han confirmado los años transcurridos desde entonces, en épocas de propagación activa de la comunidad viral, hasta cincuenta personas reunidas en un lugar cerrado (desenmascaradas en ese momento, por supuesto) era un número demasiado elevado. Aumentaba exponencialmente las posibilidades de que alguien entre ese número se infectara. Me había decidido por diez, sabiendo que incluso ese número era demasiado, pero pensé que diez sería al menos aceptable para la mayoría de los estadounidenses, lo suficientemente alto como para permitir la mayoría de las reuniones de la familia inmediata, pero no lo suficiente para grandes cenas y, críticamente, grandes bodas, fiestas de cumpleaños y otros eventos sociales masivos.

Ella pone un punto de vista fino: “Si hubiera presionado para que hubiera cero personas (que era en realidad lo que quería y lo que se requería), esto se habría interpretado como un “cierre”, la percepción que todos nos esforzamos por evitar“.

¿Qué significa que se reúnan cero personas? ¿Un culto al suicidio?

En cualquier caso, así de simple, de su propio pensamiento y directo a la aplicación, las fiestas de cumpleaños, los deportes, las bodas y los funerales pasaron a estar prohibidos. 

Aquí nos damos cuenta de la absoluta locura de su visión. Es nada menos que una maravilla que de alguna manera se las arregló para ganar la cantidad de influencia que tuvo. 

Obsérvese la mención anterior a su dogma de que la propagación asintomática era toda la clave para entender la pandemia. En otras palabras, por su cuenta y sin ningún apoyo científico, supuso que el Covid era extremadamente mortal y tenía un largo periodo de latencia. A su modo de ver, esta es la razón por la que no importaba el equilibrio habitual entre gravedad y prevalencia. 

En cierto modo, estaba segura de que las estimaciones más largas de latencia eran correctas: 14 días. Esta es la razón de la obsesión de “esperar dos semanas”. Se aferró a este dogma durante todo el tiempo, casi como si la película de ficción “Contagio” hubiera sido su única guía de comprensión. 

Más adelante en el libro, escribe que los síntomas no significan casi nada porque la gente siempre puede llevar el virus en la nariz sin estar enferma. Después de todo, esto es lo que han demostrado las pruebas de PCR. En lugar de ver esto como un fracaso de la PCR, ella vio esto como una confirmación de que todo el mundo es portador sin importar qué y por lo tanto todo el mundo tiene que bloquearse porque de lo contrario nos enfrentaremos a una plaga negra.

De alguna manera, a pesar de su asombrosa falta de curiosidad científica y experiencia en esta área, ganó toda la influencia sobre la respuesta inicial de la administración Trump. 

Por un breve tiempo, fue todopoderosa. 

Pero Trump no era ni es un tonto. Debió de pasar algunas noches en vela preguntándose cómo y por qué había aprobado la destrucción de lo que consideraba su mayor logro. El virus llevaba mucho tiempo aquí (probablemente desde octubre de 2019), presentaba un peligro específico para una cohorte reducida, pero por lo demás se comportaba como una gripe de manual. Tal vez, debió preguntarse, sus instintos iniciales de enero y febrero de 2020 eran correctos todo el tiempo. 

Aun así, aprobó a regañadientes una prórroga de 30 días de los cierres, totalmente a instancias de Birx y algunos otros tontos alrededor. Tras ceder por segunda vez -¡aún así, a nadie se le ocurrió enviar un correo electrónico o llamar por teléfono para pedir una segunda opinión! – este pareció ser el punto de inflexión. Birx informa que para el 1 de abril de 2020, Trump había perdido la confianza en ella. Pudo intuir que le habían engañado. Dejó de hablarle. 

Todavía tardaría un mes más en replantearse por completo todo lo que había aprobado a instancias de ella. 

No importaba. La mayor parte de su libro es un festival de jactancia sobre cómo siguió subvirtiendo el impulso de la Casa Blanca para abrir la economía, es decir, permitir que la gente ejerza sus derechos y libertades. Una vez que Trump se puso en contra de ella, y eventualmente encontró a otras personas que le dieran buenos consejos como el tremendamente valiente Scott Atlas -cinco meses después llegó en un intento de salvar al país del desastre-, Birx se dedicó a reunirse en torno a su círculo íntimo (Anthony Fauci, Robert Redfield, Matthew Pottinger y algunos otros) además de reunir un reino de protección fuera de ella que incluía al periodista de la CNN Sanjay Gupta y, muy probablemente, al equipo de virus del New York Times (que le da a su libro una reseña elogiosa).

Recordemos que durante el resto del año, la Casa Blanca instaba a la normalidad mientras muchos estados seguían cerrando. Fue una confusión increíble. El CDC estaba por todas partes. Tuve la clara impresión de que había dos regímenes distintos a cargo: El de Trump,  y la administración del Estado que no podía controlar. Trump decía una cosa en la campaña, pero las regulaciones y el pánico a las enfermedades seguían saliendo de sus propias agencias. 

Birx admite que ella fue una parte importante de la razón, debido a su furtiva alternancia de informes semanales. 

Después de que me devolvieran los documentos fuertemente editados, reinsertaba lo que habían objetado, pero lo colocaba en esos lugares diferentes. También reordené y reestructuré las viñetas para que lo más destacado -los puntos a los que más se oponía la administración- dejara de estar al principio de las viñetas. Compartí estas estrategias con los tres miembros del equipo de datos que también escribían estos informes. Nuestra rutina de redacción de informes los sábados y domingos pronto se convirtió en: escribir, presentar, revisar, ocultar, volver a presentar

Afortunadamente, este juego de manos estratégico funcionó. El hecho de que nunca parecieran darse cuenta de este subterfugio me llevó a la conclusión de que, o bien leían los informes terminados con demasiada rapidez, o bien se olvidaban de hacer la búsqueda de palabras que habría revelado el lenguaje al que se oponían. Al pasar estos cambios por encima de los guardianes y seguir informando a los gobernadores de la necesidad de las tres grandes medidas de mitigación (máscaras, pruebas centinela y límites a las reuniones sociales en interiores), me sentí segura de que estaba dando permiso a los estados para intensificar la mitigación de la salud pública con la llegada del otoño y el invierno.

Como otro ejemplo, una vez que Scott Atlas acudió al rescate en agosto para introducir algo de sentido común en este loco mundo, trabajó con otros para reducir el apego fanático de los CDC a las pruebas universales y constantes. Atlas sabía que “rastrear, localizar y aislar” era tanto una fantasía como una invasión masiva de las libertades de las personas que no produciría ningún resultado positivo para la salud pública. Elaboró una nueva recomendación que consistía en que sólo se hicieran pruebas a los enfermos, tal y como cabría esperar en la vida normal. 

Tras una semana de frenesí mediático, la normativa dio un vuelco en la dirección contraria. 

Birx revela que fue obra suya:

Este no fue el único subterfugio en el que tuve que participar. Inmediatamente después de que se publicaran las directrices revisadas de los CDC sobre las pruebas, a finales de agosto, me puse en contacto con Bob Redfield …. Menos de una semana después, Bob [Redfield] y yo habíamos terminado de reescribir la guía y la habíamos publicado subrepticiamente. Habíamos vuelto a hacer hincapié en las pruebas para detectar las zonas en las que se producía una propagación silenciosa. Era un movimiento arriesgado, y esperábamos que todos en la Casa Blanca estuvieran demasiado ocupados en la campaña para darse cuenta de lo que Bob y yo habíamos hecho. No estábamos siendo transparentes con los poderes de la Casa Blanca…

Uno podría preguntarse cómo diablos se salió con la suya. Ella lo explica:

“La táctica de orientación fue sólo la punta del iceberg de mis transgresiones en mi esfuerzo por subvertir las peligrosas posiciones de Scott Atlas. Desde que el vicepresidente Pence me dijo que hiciera lo que tenía que hacer, entablé conversaciones muy francas con los gobernadores. Dije la verdad que algunos asesores principales de la Casa Blanca no estaban dispuestos a reconocer. Censurar mis informes y poner orientaciones que negaban las soluciones conocidas sólo iba a perpetuar el círculo vicioso de Covid-19. Lo que no pude colar a los guardianes en mis informes, lo dije en persona.

Falta de autorreflexión

La mayor parte del libro consiste en explicar cómo dirigió una especie de Casa Blanca en la sombra dedicada a mantener el país en bloqueos durante el mayor tiempo posible. En su relato, ella era el centro de todo, la única persona verdaderamente correcta sobre todas las cosas, encubierta por el vicepresidente y asistida por un puñado de co-conspiradores. 

En gran medida, la narración carece de cualquier discusión sobre la reunión de la ciencia fuera de la burbuja que ella cultivó con tanto cuidado. Cualquiera podría haber observado los estudios que salieron a la luz a partir de febrero y que echaron un jarro de agua fría sobre todo su paradigma -por no mencionar los 15 años, o 50 años, o quizás 100 años de advertencias contra tal reacción de científicos de todo el mundo con mucha más experiencia y conocimiento que ella. A ella no le importó nada, y evidentemente sigue sin importarle. 

Está muy claro que Birx no tuvo casi ningún contacto con ningún científico serio que discutiera la respuesta draconiana, ni siquiera John Iaonnidis, que ya explicó el 17 de marzo de 2020 que este enfoque era una locura. Pero a ella no le importaba: estaba convencida de que tenía razón o, al menos, actuaba en nombre de personas e intereses que la mantendrían a salvo de la persecución o el enjuiciamiento. 

Para los interesados, el capítulo 8 ofrece una extraña mirada a su primer desafío científico real: el estudio de seroprevalencia de Jayanta Bhattacharya publicado el 22 de abril de 2020. Demostró que la tasa de letalidad de la infección -porque los contagios y la recuperación eran mucho más frecuentes de lo que decían Birx y Fauci- estaba más en línea con lo que cabría esperar de una gripe grave pero con un impacto demográfico mucho más focalizado. El artículo de Bhattacharya reveló que el patógeno eludía todos los controles y que probablemente se convertiría en endémico como todos los virus respiratorios anteriores. Echó un vistazo y concluyó que el estudio tenía “fallos fundamentales de lógica y metodología” y “dañaba la causa de la salud pública en este momento crucial de la pandemia“. 

Y eso es todo: eso es Birx luchando contra la ciencia. Mientras tanto, el artículo se publicó en el International Journal of Epidemiology y tiene más de 700 citas. Ella vio todas las diferencias de opinión como una oportunidad para pasar al ataque con el fin de intensificar su apreciado compromiso con el paradigma del bloqueo. 

Incluso ahora, cuando los científicos de todo el mundo están indignados, cuando los ciudadanos están furiosos con sus gobiernos, cuando los gobiernos caen, cuando los regímenes se derrumban y la ira alcanza un tono febril, mientras que los estudios se multiplican cada día demostrando que los cierres no suponen ninguna diferencia y que las sociedades abiertas al menos protegen sus sistemas educativos y sus economías, ella se mantiene impasible. Ni siquiera está claro que sea consciente.

Birx descarta todos los casos contrarios, como el de Suecia: Los estadounidenses no podrían tomar ese camino porque somos demasiado insalubres. Dakota del Sur: rural y atrasada (Birx sigue enfadada porque la valiente gobernadora Kristi Noem se negó a reunirse con ella). Florida: curiosamente y sin pruebas descarta ese caso como un campo de exterminio, a pesar de que sus resultados fueron mejores que los de California, mientras que la afluencia de población al estado establece nuevos récords. 

Tampoco se inmuta ante la realidad de que no hay ni un solo país o territorio en ningún lugar del planeta Tierra que se haya beneficiado de su enfoque, ni siquiera su querida China, que todavía persigue un enfoque cero-Covid. En cuanto a Nueva Zelanda y Australia: (probablemente de forma inteligente) no las menciona en absoluto, a pesar de que siguieron exactamente el enfoque de Birx.

La historia de los cierres es una historia de proporciones bíblicas, a la vez malvada y desesperadamente triste y trágica, una historia de poder, fracaso científico, insularidad y locura intelectual, arrogancia escandalosa, impulsos feudales, delirio de las masas, además de traición política y conspiración. Es el horror de la vida real para todos los tiempos, una historia de cómo la tierra de la libertad se convirtió en un paisaje infernal despótico tan rápida e inesperadamente. Birx estuvo en el centro de todo ello, confirmando todos sus peores temores aquí mismo, en un libro que cualquiera puede comprar. Está tan orgullosa de su papel que se atreve a atribuirse todo el mérito, plenamente convencida de que los medios que odian a Trump amarán y protegerán sus perfidias de la exposición y la condena.

No se puede eludir la propia culpabilidad de Trump en este caso. Nunca debería haberla dejado salirse con la suya. Nunca. Fue un caso de falibilidad igualada por el ego (aún no ha admitido el error), pero es un caso de enorme traición que jugó con los defectos del carácter presidencial (como muchos de su clase de ingresos, Trump siempre había sido un germofóbico) que terminó arruinando la esperanza y la prosperidad de miles de millones de personas durante muchos años. 

He intentado durante dos años ponerme en la escena de la Casa Blanca ese día. Es un invernadero con sólo almas de confianza en pequeñas habitaciones, y las personas que están allí en una crisis tienen la sensación de que están dirigiendo el mundo. Trump podría haber recurrido a su experiencia dirigiendo un casino en Atlantic City. Los meteorólogos vienen a decir que un huracán está en camino, así que tiene que cerrarlo. Él no quiere, pero acepta para hacer lo correcto. 

¿Fue este su pensamiento? Tal vez. Tal vez también alguien le dijo que el presidente de China, Xi Jinping, logró aplastar el virus con cierres, así que él también puede hacerlo, tal como dijo la OMS en su informe del 26 de febrero. También es difícil en ese ambiente evitar la prisa de la omnipotencia, temporalmente ajena a la realidad de que su decisión afectaría a la vida desde Maine hasta Florida y California. Fue una decisión catastrófica y sin ley, basada en la pretensión y la insensatez. 

Lo que siguió parece inevitable en retrospectiva. La crisis económica, la inflación, las vidas rotas, la desesperación, los derechos perdidos y las esperanzas perdidas, y ahora el hambre y la desmoralización crecientes y las pérdidas educativas y la destrucción cultural, todo ello llegó tras esos fatídicos días. Cada día en este país, incluso dos años y medio después, los jueces se esfuerzan por recuperar el control y revitalizar la Constitución tras este desastre. 

Los conspiradores suelen admitirlo al final, atribuyéndose el mérito, como los delincuentes que no pueden resistirse a volver a la escena del crimen. Esto es lo que ha hecho la Dra. Birx en su libro. Pero está claro que su transparencia tiene límites. Nunca explica la verdadera razón de su dimisión -a pesar de que es conocida en todo el mundo-, fingiendo que todo el fiasco de Acción de Gracias nunca ocurrió y tratando así de eliminarlo del libro de historia que escribió. 

Hay mucho más que decir y espero que esta sea una reseña de muchas porque el libro está absolutamente repleto de pasajes impactantes. Y sin embargo, su libro de 525 páginas, que ahora se vende con un 50% de descuento, no contiene ni una sola cita de un solo estudio científico, documento, monografía, artículo o libro. No tiene notas a pie de página. No ofrece ninguna autoridad de referencia y no muestra ni siquiera una pizca de la humildad que normalmente formaría parte de cualquier relato científico real. 

Y no ofrece en ninguna parte un reconocimiento honesto de lo que su influencia sobre la Casa Blanca y los Estados ha endilgado a este país y al mundo. Mientras el país se enmascara de nuevo para una nueva variante, y se prepara poco a poco para otra ronda de pánico a las enfermedades, ella puede cobrar los derechos de autor que provengan de las ventas de su libro mientras trabaja en su nuevo puesto, como consultora de una empresa que fabrica purificadores de aire (ActivePure). En este último papel, hace una mayor contribución a la salud pública que cualquier otra cosa que haya hecho mientras llevaba las riendas del poder. 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Me quedé con las ganas: una nota al pie

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/6/22 en: https://www.infobae.com/opinion/2022/07/23/me-quede-con-las-ganas-una-nota-al-pie/

Las venas abiertas de América Latina fue uno de los libros de mayor éxito editorial en el contexto de recetas sociales. Hubiera sido extraordinario que Eduardo Galeano utilizara su prosa para persuadir a muchos de las ventajas del respeto recíproco y de los crímenes del Leviatán desbocado

Las venas abiertas de América Latina, fue reeditado a 50 años de su publicación

Las venas abiertas de América Latina, fue reeditado a 50 años de su publicación

Son curiosas las cosas que a uno le ocurren. Desde que adquirí Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano tuve una sensación bifronte: por un lado constatar la reiteración de las iniquidades del estatismo que a su paso empobrece y embrutece y, por otro, albergar una admiración por una prosa colosal y una verba extraordinariamente bien articulada, incluso con un tono de voz que atrapa. Aún percatándome de los errores garrafales de este autor prolífico y del daño que ha hecho, no pueden dejar de reconocerse los méritos señalados.

Muchas veces he pensado lo extraordinario que sería si Galeano fuera liberal al efecto de persuadir a muchos de las ventajas del respeto recíproco y de los crímenes del Leviatán desbocado que aniquila el progreso muy especialmente a los más vulnerables. Fuera del Manifiesto Comunista no creo que haya habido otro libro con una difusión y un éxito editorial mayor en el contexto de recetas sociales.

Pues mi sueño se cumplió parcialmente porque en la Bienal Dos del libro y la lectura en Brasilia en abril de 2014 afirmó refiriéndose al libro de marras publicado en 1971 que “no sería capaz de leer el libro de nuevo, porque cuando lo escribí no tenía los suficientes conocimientos sobre economía y política” y reiteró frente a una audiencia sorprendida que “no volvería a leer Las venas abiertas de América Latina porque si lo hiciera me caería desmayado”. Entre otros escritores, Carlos Alberto Montaner se refiere a esa mudanza intelectual en “Galeano: el hombre que acertó cuando se rectificó”.

Debe en este sentido reconocerse la admirable honestidad intelectual de este notable escritor uruguayo, pero mi sueño no se cumplió porque faltó su dedicación y empeño en la causa de la libertad. La vida no le dio tiempo porque murió a los 74 años el 13 de abril de 2015 de cáncer al pulmón, una enfermedad que venía padeciendo desde 2007.

En lo personal no solo me quedé con las ganas de lo dicho sino que en noviembre de 2014 unos jóvenes uruguayos me propusieron un debate con Galeano a lo que el escritor les respondió amablemente por escrito que por razones de salud no podía aceptar ese tipo de compromisos, documento de un par de líneas que conservo (comienza dirigiéndose a los invitantes con “estimados amigos”). Esos jóvenes -aun a sabiendas de las dolencias que venía arrastrando Galeano- conjeturaron que se trataba de un pretexto para no debatir sobre temas que aún no había explorado. Me torturo con la idea de lo gratificante que hubiera sido un intercambio sobre el liberalismo si la vida le hubiera permitido un desquite, situación en la que estimo hubiera sido un espadachín de lujo al adentrarse de la tradición de pensamiento que tanto combatió. Contribuyó a difundir aquel bautismo absurdo de neoliberalismo, una etiqueta con la que ningún intelectual de fuste se identifica. Mario Vargas Llosa ha escrito que “en mi vida que va siendo larga me he encontrado con muchos liberales y con muchos más que no lo son pero nunca me he topado con un neoliberal”.

El título del último capítulo del libro mencionado de Galeano resume su tesis: “La estructura contemporánea del despojo” y abre el libro afirmando que “la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder” y en esa introducción escribe que “cuanta más libertad se otorga a los negocios más cárceles se hace necesario construir para quienes padecen los negocios.”

Para descifrar el libro no hace falta más que recorrer buena parte de las políticas latinoamericanas: impuestos insoportables, deudas gubernamentales astronómicas, déficit sideral, regulaciones asfixiantes, mercados laborales que bloquean el trabajo, comercio exterior objeto de trabas de toda índole, inflaciones galopantes, centralismos autoritarios, división de poderes amenazadas, libertad de prensa cuestionada, todo en nombre de la guillotina horizontal, es decir, la manía del igualitarismo dando la espalda a la igualdad ante la ley.

Galeano comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como jefe de redacción de Marcha, el semanario uruguayo en el que Juan Domingo Perón consignó el 27 de febrero de 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente.” Durante sus estudios en París, Galeno supo que el ex presidente estaba exiliado en Madrid a quien visitó en reiteradas ocasiones y con quien congeniaron en temas cruciales.

Otro de los tantos libros de Galeano es Patas para arriba, la escuela del mundo al revés que inicia con la reproducción de una frase que ilustra muy bien la hipocresía: “Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿A quién pertenece esta cita? A Al Capone en una entrevista publicada en Liberty el 17 de octubre de 1931.

Antes he escrito sobre este libro pero es pertinente repetir algunos aspectos. Flota en ese trabajo y en otros la presencia de la suma cero de la teoría de los juegos, es decir, lo que gana uno lo pierde el otro retrotrayéndonos a la época mercantilista. Nada original por cierto pero bien escrito. No distingue para nada el empresario que para mejorar su situación patrimonial debe servir a sus semejantes: si acierta gana y si yerra incurre en quebrantos. No distingue esta situación con el pseudoempresario que se enriquece debido al privilegio que le otorga su alianza con el poder político de turno, con lo que explota miserablemente a sus congéneres.

La emprende contra un capitalismo prácticamente inexistente, incluso en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos, donde de un largo tiempo a esta parte los gobiernos han traicionado los sabios consejos de los Padres Fundadores para, en su lugar, abrazar la latinoamericanización en el peor sentido de la expresión, lo cual incluye “salvatajes” para negociantes irresponsables, ineptos e indecentes, claro está con los recursos de los que trabajan honestamente y no tienen poder de lobby. Embiste contra el mercado como si no se percatara que se trata de millones de arreglos contractuales entre los que está el mismo Galeano, no solo para su vivienda, su vestido, su alimentación y su recreación sino de modo muy especial para vender sus libros.

Sus recetas son anacrónicas, son las que aplicaron y aplican todos los países atrasados del planeta pero están vestidas con un ropaje nuevo y adornados con una prosa elegante, por más que ataque por las razones equivocadas a las nefastas instituciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial que sin duda habría que disolver por el daño mayúsculo que infringen con recursos coactivamente detraídos del fruto del trabajo ajeno para financiar gobiernos fallidos a manos de burócratas que reciben pagas suculentas y que viajan en primera con pasaportes que les permiten acarrear compras que no revisan las aduanas que ellos mismos contribuyen a fortalecer controles.

Lo que en verdad está al revés es en gran medida debido a la absorción de lo dicho por autores como Galeano y que, en consecuencia, el mundo al revés estaba, entre otras, en la cabeza de este escritor. Pero henos aquí que Galeano no lo ve así; según él, el problema radicaría en los privados que usan y disponen de lo adquirido lícitamente como consecuencia de lo intercambiado con otros. Es por eso que alaba enfáticamente el experimento oprobioso de la isla-cárcel cubana que constituía su modelo.

Luego, como queda dicho, se retracta y consigna que se cayó del mundo y no sabe por qué puerta entrar. Cualquiera debe ser la puerta siempre que no se abandonen valores y principios de la sociedad libre pues así se pierde la brújula, los mojones o puntos de referencia del respeto recíproco que implica las libertades individuales, la palabra empeñada en los contratos y la propiedad privada, en primer lugar del pensamiento y la integridad física de cada cual y, luego, del producto de su trabajo.

Se trata de un plano axiológico que depende en gran medida de la educación formal e informal recibida y de elucubraciones personales pero hay que respetar otras preferencias. Lo mismo va para la chabacanería de lo que en algunos casos se transmite por televisión y así sucesivamente, pero las actitudes y preferencias que no lesionan derechos bajo ningún concepto es aceptable recurrir a la prepotencia de comisarios sino que se requiere consideración para que cada uno siga su camino. La receta es en todo caso el intento de persuasión.

En resumen, hubiera sido una experiencia formidable si Galeano hubiera retomado el mundo después de su caída más o menos vertiginosa y entre raudamente por la puerta de la libertad y denuncie con el vigor que lo caracteriza todo lo que signifique el uso de la violencia para con personas que no se entrometen en los derechos de otros y, simultáneamente, hubiera insistido en la docencia para mostrar los desperdicios humanos al destinar esfuerzos en pro de la zoncera sistemática que se aparta de los fines de excelencia que hace posible la condición humana, posibilidad que la diferencia de las otras especies conocidas.

El conocimiento es provisorio sujeto a refutaciones, para lo cual se requieren debates abiertos sin ningún tipo de censuras. Un sistema liberal en el que marcos institucionales se circunscriban a proteger los derechos de todos, dejando por completo de lado a los megalómanos que pretenden manejar vidas y haciendas ajenas, sin comprender que el conocimiento es disperso y fraccionado y que, por ende, los así llamados planificadores concentran ignorancia con la petulante y morbosa inclinación de imponer lo que debe hacer cada uno. Muy bienvenido hubiera sido Galeano a las filas liberales, lo cual significa el respeto irrestricto para los proyectos de vida de otros. Filas donde no hay popes sino intercambios de ideas con plena conciencia que es una tradición de pensamiento que está y estará en permanente ebullición porque en la vida terrenal no hay un punto final que no sea susceptible de mejorar. Hubiera sido aplaudido por los partidarios de la sociedad abierta (para utilizar lenguaje popperiano) por su pluma colosal y por su honestidad intelectual al exponer sus dudas existenciales por donde entrarle al mundo.

Por último, señalo que el clima de tensión y de violencia que muchas veces acompaña esa especie de angustia permanente a que se refería Galeano, es consecuencia de imposiciones atrabiliarias de un Leviatán adiposo y creciente, tal como lo expone en detalle y muy documentadamente Butler S. Schaffer en su largo ensayo titulado “La violencia como producto del orden artificial” que, en definitiva, genera tensiones que aumentan sin cesar y demuelen el orden en el sentido que tradicionalmente lo ha entendido la civilización, claro está, basado en lo sacro de las autonomías individuales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

MIENTRAS DURÓ EL LIBERALISMO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/1/22 en: http://gzanotti.blogspot.com/2022/01/acabo-de-ver-la-pelicula-mientrasdure.html

Acabo de ver la película Mientras dure la guerra, del director Alejandro Amenábar, sobre las idas y venidas del gran Miguel de Unamuno sobre lo acontecido en Salamanca en 1936.

Quedé muy impresionado del diálogo que sostienen Franco y Unamuno cuando este último le pide al futuro dictador por su amigo Atilano Coro.

Calma, por favor, defensores de Franco, de Unamuno, de los marcianos y de los venusinos. Ya sé que el diálogo es imaginario. Nunca se sabrá qué se dijeron, como tampoco quedó grabado ni escrito el famoso discurso donde Unamuno denuncia las atrocidades de un bando y del otro. Pero tomen el diálogo como imaginario. Como tal, los guionistas han logrado perfectamente la descripción de dos paradigmas políticos inconmensurables. Por ende voy a cambiar los nombres aunque todos se darán cuenta quién es quién.

Juan: “Si, de ese señor ya me han hablado. Es protestante y masón. Un mal español”.

Pedro: “Bueno, pero él… ¡El no ha cometido ningún delito!

Ya está. Por ahora, ya está. Dos líneas que lo dicen todo.

“Un mal español”. La unidad política es La Nación identificada con el Estado, error moderno del cual la mayor parten de nacionalistas modernos no pudieron salir. Por lo tanto, lo que define al perteneciente a la Nación no es un pacto político donde se respeten sus libertades individuales, sino su pertenencia a lo que la ideología del régimen. ¿Qué es ser un “buen argentino”? ¿O un buen ruso? ¿O un buen norteamericano?

Hoy todos lo han olvidado, pero en el liberalismo clásico, lo que define al un buen ciudadano es su adhesión al pacto constitucional originario, que incluye el respeto a sus libertades individuales. Por eso Mises distingue entre Nación y Estado. Hoy todos lo han olvidado, pero lo que definió al pacto de EEUU es la Independence Declaration que decía que todos los seres humanos habían sido “dados” de ciertos derechos por Dios………. Por ende para ser un buen ciudadano lo único que era necesario era respetar el Rule of Law, o sea, respetar las libertades de los demás. Por ende para ser un buen ciudadano no había que ser católico, protestante, masón, ni blanco, como lo recordó Martin Luther King en su soñado discurso. Claro, ahora todo eso se acabó. Martin Luther King también. Ahora es ONLY black lifes matter.

Franco piensa coherentemente dentro de su paradigma. La Nación Española Católica es para él la unidad política. Católica como los ultramontanos, para quienes, como “el liberalismo es pecado”, no había debido proceso, ni separación entre ley humana y ley natural, ni derechos personales; no, todo eso es pecado. Un mal español.

Unamuno, que no había dejado de ser liberal, le responde desde la Galaxia Andrómeda: “No ha cometido ningún delito”. “Delito”, o sea, no ha atentado contra la vida, propiedad o libertad de nadie. Unamuno no podía entender cómo alguien podía ser ejecutado por ser masón y protestante. Es que Don Miguiel era un pecador, claro, un liberal. Y Franco, obviamente, no puede entender la respuesta de Unamuno.

Franco responde con el silencio. Unamuno aboga a favor de más casos. Y protesta contra las ejecuciones sin juicio. Entonces Franco dicen que eso lo hacen también los republicanos. Y la respuesta de Unamuno es más incomprensible: “¡Pero nosotros somos cristianos!”

Pobre Unamuno. Metió el dedo en la llaga, con total ingenuidad. ¿Qué impedía a los católicos ultramontanos perseguir a los no católicos, como ahora los científicos contra los no vacunados?

Porque los no católicos CONTAGIAN el error (uno de los peores era la masonería). Por el bien común, por el bien de los demás, hay que perseguirlos.

Pero atenti, la respuesta de Franco no es así de elaborada, tiene la misma ingenuidad que la de Unamuno. Se la acerca a Unamuno para hacerle una confidencia:

“Precisamente. Nosotros cuidamos al enemigo”.

Unamuno lo mira perplejo.

“Antes de morir, se les está dando a los reos la oportunidad de confesarse… Con lo que pueden ir al cielo”.

Unamuno no sabe qué responder. Qué pecador. Tendría que haber dicho gracias.

Ojalá Unamuno se hubiera sentido acompañado por otros pecadores que prepararon el camino al documento de Libertad Religiosa del Concilio Vaticano II. O sea, todo Israel y su consumación, el Cristianismo. La distinción entre el ser humano y Dios.  La distinción entre el poder del príncipe y el poder de la Iglesia. No imponer el bautismo por la fuerza. Pero no. Todo eso es pecado….

Perseguir, apresar, matar al que no es católico: todo eso es virtud. Claro. Es que los pecadores no lo entendemos.

Es que el no católico contagia, como los no vacunados. Es lo mismo. A ver Gabriel si lo entendés, te vacunás, te convertís, abandonás el pecado del liberalismo y te hacés católico “como Franco manda”. Dale.

Porque así sos un escándalo para los no creyentes.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

El fin de la ley y la moralidad e inmoralidad del Estado

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/10/el-fin-de-la-ley-y-la-moralidad-e.html?spref=fb&utm_campaign=Bolet%C3%ADn%20Informativo%20de%20Gabriel%20Boragina%F0%9F%90%8D&utm_medium=email&utm_source=Revue%20newsletter

Fueron muchos los autores que han insistido en el importante papel que cumplen las leyes en el diseño de la sociedad. Por mi parte he destacado que las leyes son el resultado más que la causa de ese diseño, en última instancia.

Si se quiere conocer la cultura predominante en una sociedad determinada, una guía o factor preponderante es su estructura legal, aspecto del cual hasta los juristas -salvo excepciones- no son plenamente conscientes.

Las legislaciones en general se han vuelto más y más intervencionistas con el curso de los tiempos. Podemos decir que el camino al socialismo esta pavimentado por el número de leyes que tenga una sociedad específica. La ley ya -en si misma- implica una intervención en una relación ajena al legislador, porque afecta a terceros, aunque el legislador pueda –eventualmente- quedar incluido en ese efecto que la ley -que el mismo promulga- tendrá a futuro. A veces ese efecto es inmediato y directo, como sucede con las leyes destinadas aumentar las dietas de los propios legisladores.

Un alto número de leyes es mal indicio contra las libertades, porque toda ley implica la regulación o control de lo que sea objeto de esa ley. Si a ello se le agrega el contenido de la ley, cuanto más interfiere en las libertades individuales estará indicando una mentalidad más estatista de sus legisladores, y si recordamos algo que perdemos de vista muy a menudo y es que los legisladores son elegidos por el pueblo tenemos la respuesta a la pregunta de cuán estatistas o liberales son las personas de ese país, zona, región, estado o ciudad.

El grado de detallismo de la ley implica acotar el margen de maniobra de las personas individuales y ampliar el de los órganos legislativos y la esfera de poder gubernamental.

Si hay alguien quien explica claramente este problema es el premio Nobel de Economía F. A. v. Hayek cuando nos dice:

«Cuando al hacer una ley se han previsto sus efectos particulares, aquélla deja de ser un simple instrumento para uso de las gentes y se transforma en un instrumento del legislador sobre el pueblo y para sus propios fines. El Estado deja de ser una pieza del mecanismo utilitario proyectado para ayudar a los individuos al pleno desarrollo de su personalidad individual y se convierte en una institución «moral»: donde «moral» no se usa en contraposición a inmoral, sino para caracterizar a una institución que impone a sus miembros sus propias opiniones sobre todas las cuestiones morales, sean morales o grandemente inmorales estas opiniones. En este sentido, el nazi u otro Estado colectivista cualquiera es «moral», mientras que el Estado liberal no lo es.»[1]

Esos efectos particulares son los que el legislador quiere y no los que quiere la gente, pero hay aquí algo muy importante que hay que advertir: en la medida que la gente acepte y cumpla con esa ley estará hacienda suyos esos instrumentos y fines que el legislador -en primera instancia- impone.

El grado de aceptación de las leyes por parte de sus destinatarios implica la conversión de los fines del legislador en los fines de aquellos que acepten la ley como receptores. Desde este punto de vista, una ley puede ser una herramienta de opresión para la sociedad admitida por esa sociedad de manera pasiva al obedecer esa ley. Esto, naturalmente, se multiplica por la cantidad de leyes que sean promulgadas en ese ámbito social.

Aunque, sin duda, no cuestionamos la indiscutible autoridad intelectual del fenomenal economista austriaco discípulo de Ludwig von Mises, la cual no estamos en condiciones, ni de rebatir, ni de controvertir, a la luz de nuestros tiempos, tenemos dudas respecto del «estado» como «pieza del mecanismo utilitario proyectado para ayudar a los individuos al pleno desarrollo de su personalidad individual»

Creemos, más bien, que lo que pueda hacer el estado-nación en favor de ese desarrollo individual es bastante poco, y que cuando más se empeña en promover ese desarrollo individual más son contrarios los resultados que obtiene en ello.

Un caso a cuento, es la proliferación de planes sociales, subsidios, subvenciones de todo tipo que abundan en casi todas las legislaciones a nivel mundial, pero con mayor relieve en los países subdesarrollados como son los de Latinoamérica y -en particular- en Argentina.

Son crecientes con cada cambio de gobierno, sea del signo ideológico que fuere. Raros son los candidatos que prometen su reducción, y más extraños son los que directamente digan claramente que conviene su eliminación total. Hasta los aspirantes a cargos públicos que se dicen a sí mismos «libertarios» vacilan, son ambiguos o contradictorios en el tema, y exigidos por la prensa definirse por el tema optan por negar su eliminación o siquiera reducción en el caso de que sean triunfantes en las elecciones.

En el fondo, no dudan en que -en su rol de legisladores- deberán apoyar las leyes de «ayuda social” o asistenciales aunque (en el plano teórico y del discurso) hayan enfatizado que tales subvenciones son antiliberales y regresivas. Pero, por unos votos pueden pasar sin dificultad de lo políticamente incorrecto a lo correcto. Es triste escucharlos.

De esa manera, van aceptando –consciente o inconscientemente, aunque más de lo primero que de lo segundo- el rol del estado/gobierno como institución «moral» a la que se refiere el eminente pensador austriaco. Es más, se suman a esa idea y, una vez en el mando, van cimentando esa «moralidad» forzada que tratan de imponer a los demás.

Hay entonces un efecto de retroalimentación entre la sociedad y sus directores, donde cobran especial relieve los políticos que necesitan de los votos de esa sociedad para poder llegar al poder y desde allí asignar los diseños que prefieran, que no podrán ser muy diferentes -no obstante- a los ya aceptados por la cultura del lugar donde se aspire a ejercer esa autoridad.

En esos estados-naciones, vivir al margen de ese tipo de leyes «morales» es un signo de salud cívica y de independencia individual en contra de la corriente que el legislador quiere aplicar a los demás.


[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 109-110

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Nuestros problemas comienzan con el dogma Montaigne

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/10/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/nuestros-problemas-comienzan-con-el-dogma-montaigne-nid25102021/

Michel de Montaigne
Michel de Montaigne Por Alfredo Sábat

Michel Montaigne fue un hombre del Renacimiento, es decir, de la ruptura con el espíritu medieval de aplastamiento a las libertades individuales para subrayar la renovación y fortalecimiento de los valores de la antigüedad clásica en cuanto a la importancia de la persona frente al poder, en otras palabras, al renacer del humanismo. Estudió derecho en Toulouse y sus posteriores actividades de juez, consejero, alcalde y parlamentario lo involucraron en trifulcas religiosas y cortesanas que alternaba con sus lecturas y escritos de sus célebres Ensayos que pudo recién finiquitar y publicar en 1588, luego de su retiro.

Fue amigo de Etienne de la Boétie quien escribió en su muy difundido libro titulado Discurso de la servidumbre voluntaria: “Son pues los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar ya que con sólo dejar de servir romperían sus cadenas.” Sin embargo, buena parte de lo que estampó con su notable pluma Montaigne se concentró principalmente en provechosos consejos en el contexto de la vida interior del hombre y desafortunadamente cuando se sale de ese territorio como en el tan citado capítulo 22 de la antedicha obra concluye que en las relaciones sociales “no se saca provecho alguno sin perjuicio para otro.” Esto en la moderna teoría de los juegos se denomina suma cero y fue por lo que Ludwig von Mises en su tratado de economía de 1949 bautizó como “el dogma Montaigne”.

Con razón Michel Montaigne confiesa en ese texto: “Mis conceptos y mi juicio avanzan a tientas, bamboleantes, tropezando y vacilando” una situación que a todos nos envuelve puesto que como ha explicado Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones. Nunca se llega a un punto final, estamos inmersos en un proceso evolutivo de prueba y error.

En otros términos, en el caso que nos ocupa el autor ha dado pie para lo que probablemente sea la equivocación mayor de nuestra época: considerar que la pobreza de unos es debida a la riqueza de otros. A que en toda transacción lo que uno gana es porque otro lo pierde. Está muy instalada la peregrina idea de que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra, pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez la razón central de esta visión esté alimentada por el resentimiento y la envidia, a saber, el mirar al exitoso en el mercado libre con desconfianza y enojo. De allí la contradicción de alabar la pobreza por un lado y por otro condenarla (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos).

Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en el mercado abierto y competitivo la situación es de suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental, directa o indirecta a través de aceptar la intimidación sindical o al otorgar mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco, para no decir nada de los reiterados saqueos de ciertos políticos en funciones.

Es muy frecuente el sostener que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural eran las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, que al destapar la olla de la energía creadora hacen que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo de existencia que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente prefiere, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena al resto a la miseria.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros, es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.” Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza del poder gubernamental. James Madison –el padre de la Constitución que los argentinos en su momento tomamos como modelo– escribió en 1792: “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”

Cuando los aparatos estatales se inmiscuyen en la propiedad interviniendo en los precios inexorablemente se desdibujan las únicas señales con que cuentan los operadores económicos para asignar los siempre escasos factores productivos y, por tanto, el consiguiente derroche contrae los salarios e ingresos en términos reales.

En otras palabras, el dogma Montaigne ha nublado la visión para adoptar medidas liberalizadoras no solo en el contexto interno del país en cuestión sino también referidas a las falacias tejidas en torno al comercio exterior con lo que se bloquea el mercado cambiario y consecuentemente se distorsionan las importaciones y las exportaciones.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Democracia, libertad e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/3/21 en: https://www.larazon.es/opinion/20210331/tdrtviqwczbsxfekefr4p3s3aq.html

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo

La izquierda presume de monopolizar la democracia, pero no hay democracia sin limitación del poder, sin libertades individuales, sin propiedad privada y, como escribió José Castillejo en Democracias destronadas, sin «la adhesión colectiva a ciertos principios morales y legales que se considera están por encima de todos los posibles cambios o divergencias».

El antiliberalismo desdeña tales principios superiores, porque concibe la democracia como una carta blanca para que el poder, en nombre de la libertad, la quebrante en aras, por ejemplo, de la imposición de la igualdad. Castillejo percibe la trampa de la lucha política contra la desigualdad: si el poder logra que las retribuciones se ajusten a las necesidades, el Estado deberá vigilar e inspeccionar a todos para evitar escaqueos, en desmedro de los derechos de los ciudadanos. «Cuando la democracia se hace consciente de su poder tiende a invadir y controlar nuevos campos de la vida social y los movimientos socialistas toman las riendas porque su cebo seduce a los ‘desposeídos’».

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo: «Un autócrata puede elegir entre respetar o no los derechos de los ciudadanos, pero una democracia solo lo es si los respeta. Sin embargo, en caso de conflicto entre un ciudadano y el Estado, si la decisión está en manos de este último, la comunidad es juez en su propio caso, y los derechos del individuo son prácticamente erradicados». De ahí la necesidad de la independencia de la justicia: «No solo debe ser independiente de la voluntad popular, sino también estar por encima de ella en la aplicación, para casos concretos, de las normas generales (leyes) establecidas por esta misma voluntad popular». No es casual que lo primero que hacen las revoluciones comunistas es usurpar la justicia. Tampoco lo es que los políticos se afanen en controlar a los jueces y sus órganos.

El socialismo de todos los partidos socava los límites del poder, y recurre para ello a la falsa noción de una igualdad que estriba en que el poder la establezca. Subraya José Castillejo que la igualdad socialista en realidad representa un falaz anhelo de replicar a los capitalistas. Como aquella señora que dijo: «Cuando todos seamos iguales yo tendré una criada».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

BIENVENIDOS A UNA LAAAAAAAAAAAAAAAARGA NOCHE DE (FELIZ) ESCLAVITUD.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/bienvenidos-una-laaaaaaaaaaaaaaaarga.html

Corría el año 2000, o 2001, cuando el Rector de una Universidad privada, privada, como todas, de verdadera libertad, envía a todos los profesores una muy buena noticia: el Estado le había dado su aprobación definitiva. Yo respondí que dudaba mucho de que fuera una buena noticia que nosotros, los esclavos, necesitáramos la aprobación del dueño de la granja para existir. Sí, efectivamente, lo redacté, lo firmé y lo envié. No sé por qué, no me respondió.

El episodio muestra lo inadaptados, lo lunáticos, lo marcianos que somos los liberales clásicos, que siempre, siempre (¡qué insoportables no!!!) hablamos, defendemos y difundimos un deber ser, un ideal regulativo de la historia humana: las libertades individuales. Sí, ese “undiscovery country” en busca del cual salieron huyendo de Europa los Padres Fundadores de Estados Unidos, de quienes derivaron la Declaración de Independencia y el Bill of Rights, todo lo cual está a punto de ser letra absolutamente muerta.

Libertad religiosa, libertad de expresión, libertad de enseñanza, libertad de asociación, libertad de comercio, libertad de tránsito, garantías procesales, derecho a la intimidad: todo ello está muriendo hace mucho tiempo en Occidente (lo cual es lo mismo que decir: muere Occidente[1]) bajo el peso del Welfare State, los Estados Providencia, los declamaros derechos sociales, el intervencionismo, el sindicalismo destruccionista[2], la globalización del estatismo[3] a través de las Naciones Unidas y sus organismos de control universal de la educación, la salud, etc., y el nuevo marxismo que bajo el nuevo invento de las nuevas minorías explotadas por el heteropatriarcado, niega los derechos individuales, afirma derechos de colectivos explotados y crea nuevos pseudo-delitos (discriminación, odio, etc.) bajo los cuales encarcelan y persiguen a todo aquel que verdaderamente ejerza sus libertades individuales de religious Liberty y free speech[4].

Y me he quedado corto.

Cuánto se han reído de la supuesta “falsación” de la hipótesis hayekiana del camino de servidumbre (1945), supuestamente porque bajo los “socialismos democráticos” europeos finalmente se había alcanzado la libertad con un estado providente. Durante décadas llamé “soviets” a los Estados de la Unión Europea, bajo la sonrisa de casi todos y también la mía, para no incomodar a este mundo cruel. Cuán verdadera resultó la predicción de Hayek bajo la actual Unión Soviética Universal.

Durante años y años, el estado proveedor de salud y educación eliminó gradualmente las libertades más básicas sin que casi nadie -excepto los molestos liberales clásicos- se diera cuenta. Las licencias para ejercer oficios, los reglamentos para comerciar libremente, las visas, los pasaportes, los permisos para abrir actividades educativas, los planes estatales de educación, los planes estatales de salud, las regulaciones para comerciar, para importar, para exportar, las estatizaciones y expropiaciones, los impuestos a la renta, etc., habían producido un mundo donde todo lo que no estaba expresamente reglamentado, estaba prohibido. El principio básico del Derecho Penal –todo lo que no está prohibido (o sea, delinquir contra la vida, libertad y propiedad) está permitido– desapareció[5]. Y nadie se había dado cuenta. En todo el mundo había una ilusión de libertad, porque luego de cumplir toooooooooooooooooooooooodas las reglamentaciones del dueño de la granja, que tanto nos cuida, entonces podíamos “ejercer nuestros derechos”. Qué horrible ilusión. Qué triste despertar.

Qué triste despertar. Qué triste despertar, sí, porque hasta este año, al menos una cosa nos separaba de Corea del Norte, China, Cuba y otros paraísos. Aparentemente, todos suponíamos que “entrar, permanecer y salir” del territorio, de este o de otro territorio, era algo estable y previsible. Sí, había que cumplir con injustas visas y pasaportes, y sin darnos cuenta éramos vigilados por la Patriot Act (nadie se acuerda, no?), pero en fin, en principio, si teníamos fuerzas, becas, contratos, tiempo o dinero, podíamos al menos probar, arriesgarnos, ir y venir, huir.

Pero este año hemos descubierto que la predicción de Hayek era en serio. Que la servidumbre es verdaderamente tal. Un virus lo justificó[6]. Y con la complicidad de casi todos, autoridades religiosas incluidas[7], un gobierno mundial que creíamos que no existía -ilusos….- metió preso a todo el mundo. Claro, con apariencia de bondad. Stay at home, con supermercados, farmacias, internet -regulado- y Netflix (para unos pocos, obviamente, pero eso qué importa, no?). Pero stay at home y no moleste. Curiosamente, el virus tiene muy baja letalidad. Curiosamente, los gobiernos más estatistas del mundo son los que más aplicaron esas medidas[8]. Curiosamente, le arruinaron los planes a Trump. Pero quien observa curiosidades es un imbécil.

Por ende, fíjense qué bonito. ¿Free speech? No, fact checkers. ¿Libertad religiosa? No, no vaya a ser que te contagies. ¿Libertad de elegir tu tratamiento médico? JUAAAAAAAAAAAAA ¡!! Eso sí, no te quejes: eres libre. Eres libre de sentirte una nena de 6 años siendo un varón de 40 y (este “y” es esencial) que el estado te provea tu identidad de género. ¡Sos libre! Libre…………… Como el sol cuando amanece yo soy libre………

Por ende, gente, ¿qué diferencia tiene el Occidente actual de la última etapa de la Unión Soviética? No sólo ninguna, seguramente tenías más libertad en Moscú con el Gorbachev del 86. Pero ahora, ¿qué diferencia hay con la China Comunista? Un empresario de Pekín se debe sentir muy libre. El estado lo controla para todo, le da permisos para todo, pero él se siente bien, excepto tenga malas costumbres como ser católico del Cardenal Zen o rarezas por el estilo. Adaptate, che. Tené conciencia social……..

Querido lector, yo te hago bromas para que no llores mucho, pero en serio, se acabó. El último espacio de libertad que quedaba, se acabó, y se acabó coherentemente. Ya estabas en una granja universal de esclavos. Despertaste en Marzo de este año, y ni tampoco, porque quizás eres de la pléyade de personas buenas y serias que está de acuerdo con todo esto. Y sí, por eso es una feliz esclavitud. No feliz aristotélicamente, donde la felicidad y la virtud van juntas, pero sí una felicidad ligeramente epicúrea, donde se siente bien el placercito de ser cuidado por expertos. Lo estás sintiendo desde que naciste. Ahora llegaste al clímax del beneficio secundario de esa enfermedad llamada alienación.

Claro, cada tanto aparecen tipos molestos como yo, pero no te preocupes, ya los fack checkers te protegerán de mi “negación de los facts”[9], ya cada vez Facebook y Google estarán atentos a que escritos como este no se sigan filtrando.

Y tú, liberal clásico, caballero de triste figura, prepárate para una laaaaaaaaaaaaaaaaaarga noche de esclavitud. Nosotros no tenemos anestesia. Nosotros no vivimos en la ilusión. Nosotros vemos al dueño de la granja. Baja tus expectativas, hermano esclavo. Pero mantén la frente alta. Resiste mientras puedas, y si no, recuerda que la historia humana es la cruel Historia de Caín[10].


[1] http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/muere-occidente.html

[2] https://www.libertadyprogreso.org/2018/10/05/los-sindicatos-del-derecho-de-huelga-a-la-fuerza-de-los-bestias/

[3] Ver Ravier, A.: https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2012/03/pm_ravier_globalizacion.pdf

[4] https://www.amazon.com/-/es/Gabriel-J-Zanotti-ebook/dp/B07WW9MRP7

[5] https://institutoacton.org/2016/06/08/la-obsesion-reglamentarista-gabriel-zanotti/

[6] https://www.amazon.es/contra-cuarentena-obligatoria-conspiraciones-razonamiento-ebook/dp/B08JJTZWPM  

[7] http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/ordena-estado-que-tu-siervo-escucha.html

[8] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-dictatura-de-los-paradigmas.html

[9] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-peligrosa-ignorancia-de-los-fact.html

[10] https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

La pregunta por el “botón rojo”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/11/20 en:  https://eluniversitario.unnoba.edu.ar/2020/11/05/la-pregunta-por-el-boton-rojo/

Una metáfora que recorre el país, el mundo quizás, y una pregunta: ¿es posible adecuar la economía a los tiempos de la pandemia?

Por Marcelo Maggio

Hay una idea que late, cual amenaza vedada, en el año económico argentino: el botón rojo. Pero, ¿qué significa esa metáfora? ¿Se puede simplemente “parar” la economía? Al parecer el capitalismo y el botón rojo se llevarían mal, muy mal.

El filósofo Martin Heidegger decía que la esencia de la técnica moderna reside en no reposar jamás, esto es, estar siempre dispuesta a transformar la naturaleza. No hay noche ni día, como en los ciclos de la naturaleza, sólo hay producción. Por eso mismo, quizás, el malestar con el botón rojo no sea únicamente político, o económico, sino que estaría en una profundidad mayor. Y, por eso, también, cuando las sociedades tienen que redireccionar su producción para enfrentar una guerra no aparecen tantos malestares ni resistencias. Si se trata de detener la maquinaria para reposar, cubrir con velos, esperar o cuidar, ¿qué sucede, qué se opina, quién está de acuerdo? ¿Puede deternerse la economía, hay una entidad que pueda detentar el famoso ‘botón rojo’? ¿O es sólo una metáfora fallida de sanitaristas bajo los efluvios de la cloroquina?

Carlos Alberto Salguero es doctor en Economía y docente de la UNNOBA, entre otras universidades. Enseña Microeconomía y Macroeconomía desde 2016 en carreras de grado, y dirige un curso de posgrado sobre “Comercio y finanzas internacionales”. Este profesor universitario no comparte “el mito del botón rojo” que todo lo paralizaría porque “tiene una subyacencia necesaria: el planificador central”.

“Pareciera que no puede haber decisiones económicas en las que no guarde un rol preponderante el Estado, y eso no necesariamente debe ser así”, plantea. Salguero también se remonta a la teoría económica para abordar el tema: “Existen dos tradiciones mutuamente opuestas en relación a quién asigna mejor los recursos, ¿el Estado o el mercado? Es un debate que en el ámbito académico está abierto. Mi opinión particular, fundada en la ortodoxia microeconómica que establece que los controles provocan una perdida irrecuperable de eficiencia, es que resulta más saludable que se respeten las libertades individuales, que cada persona tenga la posibilidad de brindar todo su potencial sin ningún tipo de restricciones. No creo que sea necesario que un tercero, ajeno a los derechos de propiedad que cada uno detenta, tenga que venir a decir qué hacer o qué no hacer. Hay evidencia en el mundo que los países más ricos son los que tienden a tener Estados menos intervencionistas”.

Globalización, cantaban “Los Piojos” en el 2000, un año antes de que todo vuele por los aires en el país. “Ahí va Scottie Pippen/en medio de la puna/no te hagai problema darlin/slippin en la cuna”. Pero hoy ya se habla poco de la globalización, post Muro de Berlín y en el medio de una revolución de las telecomunicaciones, aunque… ¡apareció la pandemia global, y ya no resulta tan simpática la globalización! La aceleración mundial también trae la enfermedad.

Resulta evidente, y lo resultó desde el siglo XX para quienes querían desarrollar su utopía en un solo país, que la interdependencia de las economías es inevitable. Asumir la interdependencia quiere decir que no podemos hacer todo de modo local. Pero, y acá otro nudo, ¿qué está pasando con la economía global pandémica? ¿Cómo impacta en producción, comercio, finanzas? ¿Y los “bloques regionales” tan celebrados hacia fines del siglo XX y cada vez más golpeados y sin futuro aparente van a servir para salir del “shock” pandémico?

“Resulta claro que la globalización se ha dado en unas áreas más que en otras —reflexiona Salguero—. Hoy, por ejemplo, hay un acceso a la información disponible a lo largo del mundo gracias a las telecomunicaciones. Cualquier persona puede tener una videollamada en tiempo real con alguien que está del otro lado del planeta, cosa que antes no pasaba. Sin embargo, la apertura de los países está siendo relativizada. Hay grupos como la Unión Europea, por ejemplo, que no dejan de ser un bloque defensivo. En tal caso esta globalización tiene más de declamación que de correlato real en economía, y no guarda relación con la migración de las personas”, destaca Salguero al hacer un paralelo entre telecomunicaciones y migraciones.

Según informa el Banco Mundial, este año el repliegue global viene arrojando datos como los siguientes: 9,3% de baja en la demanda mundial de petróleo (para lo que va de 2020); caídas del 20% en servicios (con pico en el 30%); derrumbe del precio de commodities (energía, metales y agricultura), con excepción del oro. Muchos han visto en este escenario una necesidad de repliegue a lo local. ¿Se podría dar una reconfiguración de la teoría de las ventajas comparativas? Esto es, a partir de la necesidad de acceder a bienes que antes eran fáciles de conseguir y ahora se dificultan, ¿es viable en el presente volver a dar impulso a algo parecido a lo que otrora fue la sustitución de importaciones, por ejemplo?

Para responder, Salguero retoma el planteo inicial: “En la pregunta hay un pensamiento establecido, cosa que es razonable, porque la verdad siempre es personal. En la ventaja comparativa, desde la perspectiva del mercado internacional, hay restricciones que suponen que el comercio internacional, y el mundo, son como una torta predeterminada en la que la puja de las partes trata de sacar el tajo más grande. Y esto no debe verse así, sino que el comercio genera ventajas inexploradas y no debe enfocarse desde esa perspectiva de juego en el que lo que ‘uno gana el otro lo pierde’. Debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor. No tenemos que sesgar a la persona con quien intercambiamos extramuros de Argentina como si fuera un rival al que hay que vencer, sino ver el beneficio mutuo. Sería un error muy grave proscribir el intercambio o restringir las posibilidades de las personas a un área determinada”.

El comercio internacional, “debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor”.

—Ese podría ser un escenario también, pero hay críticas. ¿Podemos repasarlas? Por ejemplo desde el movimiento “no global”, nacido en Seattle en 1999 en respuesta a una reunión de la Organización Mundial del Comercio, se cuestionaba el problema de las asimetrías entre países, la falta de reglas parejas, y sobre todo el impacto sobre el trabajo y los derechos laborales, incluso llegando al trabajo esclavo en países donde la informalidad no puede ser controlada, por caso Argentina también. Desde 1999 para acá, ¿hubo cambios en el comercio o se asume que la no regulación es el único, o el mejor camino posible?

—Las asimetrías necesariamente se dan porque las personas contratan otras personas que no son iguales. Nadie se contrataría a sí mismo. Cuando se establecen equipos de trabajo se consideran las distintas habilidades que cada uno de los integrantes tiene para tener un incremento del trabajo conjunto. Las empresas son un conjunto de activos con riesgo y pasivo, cuentan con la presunción de que van a ganar en caso de conseguir el favor de los consumidores, y eso es eventual, porque lo único que tienen asegurado y en concreto son los costos que enfrentan, entre ellos, las tasas de salario de las personas que contratan. El rol del asalariado no es el mismo que el del dueño de la empresa, por cuanto el asalariado vende su fuerza laboral. El titular de la empresa puede tener ganancias sirviendo correctamente al mercado o, eventualmente, podría quedar desprotegido y perder sus activos si su presunción hipotética del mercado no se cumple. Las decisiones siempre se toman en un marco de incertidumbre, y se corroboran empíricamente (ex post) si fueron acertadas. En cuanto a la cuestión moral de las condiciones de trabajo esclavo, que también hemos visto en Argentina, es algo que tiene que ver con las condiciones de pobreza extrema a las que determinadas personas en el mundo están expuestas. Cuanto más ricos son los países, la distribución del ingreso tiende a ser menos desigual. Estas cosas pasan cuando hay una necesidad extrema de personas que, bajo determinados regímenes, no pueden subvertir esa condición de pobreza tan lamentable y que es repudiable desde todo punto de vista.

—Pero una cosa es pensar que es repudiable y otra sería pensar que es necesaria la regulación, por ejemplo si asumimos que el capital “tiende” a ir a los lugares a donde menos costo de producción va a tener, ya sea local, regional o internacionalmente. ¿No es el Estado el único que puede decir “¡hasta aquí!”? Incluso podría ser peor, porque además de la informalidad o la esclavitud también hay dumping  (vender un producto por debajo de su precio normal, para eliminar a las empresas competidoras y apoderarse del mercado), cierre de fábricas locales y desocupación.

—No debe confundirse el comercio con la lesión de derechos. Precisamente, donde opera una ilegalidad es donde la Justicia debe actuar de oficio. Desde la Asamblea del año 1813, afortunadamente, la esclavitud ha sido abolida en nuestro país. En el comercio, sin embargo, desde que el mundo es mundo, el negocio es comprar barato y vender caro. Países como China, que hasta hace 70 años eran economías de subsistencia agrícola, gracias a los flujos de capital se han transformado, y hoy ese país es quizás la economía más preponderante del mundo, con las inequidades y condiciones de pobreza que persisten, inclusive con restricciones como la tasa de natalidad. Lo cierto es que la condición de vida de los habitantes del gigante asiático ha mejoradoMe parece que la solución va más allá de las restricciones: el ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos. Cada año en el mundo, aunque este año va a ser particular, hay una menor cantidad de pobres. Y la tendencia global es a la disminución de la pobreza.

“El ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos”.

—En el curso de posgrado que usted dicta aparecen dos palabras: comercio y finanzas. Sin embargo muchas veces, y le hablo solo desde la “agenda de noticias”, las finanzas aparecen como una zona oscura, de dudoso proceder, asociada a la especulación o a lo “volátil”. Las bolsas que se desploman “mágicamente” son noticia, el dólar que “se dispara”, sin actores, los tenedores de bonos “sin rostro” o los capitales golondrina que generan incertidumbre. ¿Cuál es el rol de las finanzas en la economía global? ¿Es simplemente el “lado oscuro” del capitalismo como rezan las noticias cotidianas?

—Creo que eso sucede porque principalmente hay un desconocimiento cabal del mundo financiero y porque el comercio resulta más tangible. La gente está acostumbrada a hacer intercambios de bienes pero no tanto de transacciones financieras. Los particulares, los bancos y las empresas pueden poseer activos de su país o activos de otros países. De hecho, los particulares poseen casi exclusivamente activos de su propio país y, dicho sea de paso, en Argentina tenemos un mercado de valores que es despreciable en términos absolutos comparado con otras economías del mundo. Las finanzas lo que hacen es canalizar y transferir los flujos de ahorro. El problema de nuestro país es, precisamente, la falta de ahorro. Las personas, generalmente, estamos restringidas a llevar a cabo nuestra cartera en inversiones de opciones locales, en especial en bancos comerciales y no así en el mercado de valores, aunque con la revolución de las telecomunicaciones esto está comenzando a cambiar. No obstante, sigue siendo un terreno más afín a los agentes globales diversificar sus inversiones entre los mercados transnacionales. Los inversores internacionales generan una relación entre los mercados de activos del interior y del extranjero, y sus actuaciones tienen efectos fundamentales en la determinación de la renta, los tipos de cambio y de la capacidad de la política monetaria de un país para afectar a los tipos de interés. Para financiar la compra de activos durables, las empresas y particulares acuden a los bancos. Pero en el mundo, esos mismos actores se financian a través de la bolsa de valores y de los instrumentos financieros que surgen de allí. Quizás el desconocimiento de los instrumentos financieros es lo que genera, en algunos sectores de Argentina, los prejuicios sobre cómo operan los mercados.

Objetivismo económico: “Se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

Trabajo y pandemia

La pandemia también nos devuelve a las preguntas fundamentales. “Cuál es la razón por la cual algunas personas dedicamos nuestra vida a esta disciplina que se ha dado en llamar Economía?”, se pregunta Salguero. “El problema esencial de la Economía tiene que ver con la escasez, si con solo pensarlo pudiéramos acceder a los bienes necesarios para mantener la vida, no habría razón para intentar resolver estas cuestiones. La pandemia lo que ha hecho es golpear en el núcleo central del paradigma de la escasez. Ha hecho que lo escaso se vuelva más escaso. Debemos redoblar los esfuerzos para intentar resolver los problemas que resultan, ni más ni menos, del trade off o solución de compromiso entre las ‘necesidades infinitas y los recursos que son limitados y escasos’, y esto incluye aún a las personas más ricas del mundo, sea por el motivo que fuere”.

Y acto siguiente nos recuerda: “Originariamente, la ciencia se denominaba Economía Política y desde la revolución marginalista, es decir desde 1870, se ha perdido el cincuenta por ciento del nombre. Es decir, desde Alfred Marshall hasta acá hablamos de Economía a secas”. Este cambio no ha resultado menor ni baladí: “El objetivismo, producto del uso de la matemática en la teoría de la utilidad marginal —añade Salguero— ha hecho que se vea al ser humano como un autómata apto para formalismos matemáticos, pero se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

La tradición teórica a la que Salguero refiere responde a una fundamentación liberal clásica, y lo que se conoce como la revolución marginalista en 1870 tuvo tres corrientes: William Jevons en Inglaterra, León Walras, en Escuela de Lausana y Carl Menger, en la Escuela de Viena. “La intervención de Marshall dio lugar al conocido ‘enfoque neoclásico’, aunque el prefijo ‘neo’ es un término abierto, y refiere a cualquier significado que quiera dársele”.

Análisis de la realidad: “Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos”.

—En la pérdida de la palabra “política” en el nombre de la disciplina, ¿se ha perdido eficacia también? ¿Sería posible pensar una recuperación de ese nombre original y de esa práctica?

—En el presente, no. La mayoría de las escuelas de pensamiento adhieren al objetivismo. Es más, hay grupos con gran influencia que consideran que la Economía no es una ciencia social sino una ciencia dura, y cada vez más se desvelan tratando de matematizarla, incrementando su relación con los algoritmos matemáticos, más que tratar de llevarla a ese escenario inicial que la ha planteado como una ciencia social. La econometría, por ejemplo, una disciplina de la medición económica de los datos, busca argumentar o corroborar a través de la evidencia empírica. Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos.

—En este borramiento de lo social hay quienes aprovechan para reflotar las hipótesis de un mundo sin empleo, a caballo del automatismo, o de una sociedad en crisis, es decir por diversos motivos se podría llegar a esa conclusión.

—No podemos pensar en una economía que sea prescindente del trabajo. Todo lo que las personas hemos logrado como mejora en nuestra calidad de vida lo hemos conseguido con trabajo, que es el ingrediente insustituible para incrementar la mejora de las condiciones de vida. No hay nada que pueda hacerse sin trabajo. Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano. Lo que hace la tecnología, sí, es incrementar la productividad. Tomemos como ejemplo un productor rural: en determinado país necesitará una cantidad de horas, en otro le será suficiente con menos tiempo para producir mucho más, dada la manera en que se potencia su trabajo gracias al uso de la tecnología. Y eso hace que ese país sea más rico. La riqueza no está en el dinero, sino en la tasa de capitalización de esa economía que soporta el trabajo humano. Hay economistas que dicen que el dinero es la savia que lleva los nutrientes. El dinero es simplemente un medio para realizar intercambios. Lo que en realidad nos va a dar un mejor nivel de vida es el acceso a mayor cantidad de bienes y servicios, parte de esos bienes se usan para consumir y parte se ahorran.

“Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano”.

—¿Puede suceder que se potencie la productividad pero al mismo tiempo se altere la naturaleza del trabajo humano por el impacto de la maquinaria? Algo así es lo que está en la tesis sobre la composición orgánica del capital.

—Ese es el argumento sobre el que subyace la plusvalía de Marx. Este autor, no solo partía de una concepción defectuosa de la economía, sino que sostenía que ésta, siempre referida a lo material, determinaba las características espirituales del hombre. Pero el empresario debe pagar el salario de mercado para cada tipo de trabajo, independientemente de su estado patrimonial y de sus deseos personales. La cuantía del capital determinará, en última instancia, los ingresos y salarios reales. El aumento del capital genera, entre otras cosas, que las tareas marginales desaparezcan del mercado aprovechándose el trabajo en tareas consideradas más necesarias. La evidencia, en ese sentido, ha sido contundente.

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y en la UNNOBA, donde dicta Macroeconomía, Microeconomía y Comercio y Finanzas Internacionales. Y egresado de la Escuela Naval Militar.

LIBRO CONTRA LA CUARENTENA OBLIGATORIA: SIN NEGACIONES, SIN CONSPIRACIONES, CON RAZONAMIENTO CRÍTICO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/libro-contra-la-cuarentena-obligatoria.html

Se trata de una recopilación de todas las entradas de mi blog (gzanotti.blogspot.com) contra la cuarentena obligatoria, desde Marzo de este año hasta fines de Agosto. Cada entrada tiene su fecha correspondiente.

Sólo reitero algo que se encuentra en el subtítulo: no se trata de negar la importancia médica de un virus ni tampoco de recurrir a teorías conspirativas, aunque defendemos, obviamente, el derecho que todo ciudadano tiene a hacerse ciertas preguntas.

Se trata de advertir el peligro mortal, que tiene para la Civilización Occidental, de haber suspendido lista y llanamente lo poco que quedaba de las libertades individuales. O sea, nuestra posición es deontologista: las libertades son inalienables. Recúrrase a las medidas pertinentes que fueren de salud pública -mientras haya bienes públicos- pero NUNCA a una nueva Unión Soviética universal. El fin no justifica los medios.

Por supuesto, esto implica también negar el pánico que ha producido la OMS. Pero la afirmación de las libertades individuales NO tiene su fundamento en que la tasa de letalidad del virus sea baja: porque si no lo fuera, entonces el totalitarismo mundial estaría éticamente permitido, y ese es nuestro punto: nunca lo está.

Sin embargo, si el lector ve mezclada nuestra posición política con preguntas médicas sobre la supuesta gravedad de la enfermedad, es para que todos puedan razonar más tranquilamente tomando una verdadera dimensión de la naturaleza del problema.

Los argumentos están expuestos. Juzgue el lector. Y ojalá esa libertad que le respeto fuera respetada por todos.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Liberalismo, derecha, izquierda y Hayek

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-derecha-izquierda-y-hayek/

 

Si uno se guía por lo que dicen “en la tele”, el liberalismo es la derecha,  y los más liberales, la ultraderecha. Esto obviamente es problemático, ya que de ultraderecha también se cataloga a corrientes como el fascismo y el nazismo, y nada más alejado de las ideas de la libertad que eso.

Otras etiquetas que suelen utilizarse para dividir el espectro de las ideas es socialista y conservador. Para un socialista, un liberal es sin duda un conservador. Sin embargo, la mayoría de los liberales no aceptaría este mote. O, por lo menos, exigiría más precisiones. Si lo que se quiere “conservar” es un mercado libre, el liberal será conservador. Pero si se quiere “conservar” un statu quo que frene el progreso o restrinja la libertad, el liberal será un radical por el cambio.

Friedrich A. Hayek escribió en 1959 sobre esta cuestión y, como liberal que decía ser, sostuvo que su pensamiento estaba alejando tanto del socialismo como del conservadurismo.

El premio Nobel de economía sostenía que si bien “en el terreno político” los defensores de la libertad “no tienen más alternativa” que apoyar a los partidos conservadores, convenía “tra­zar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicional­mente defienden los conservadores.”

En este sentido, se preocupó por aclarar:

… los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo.

Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubica­dos más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. 

La diferencia entre eagrarios

l liberal y el conservador es, para Hayek, la actitud de uno y otro frente al cambio. Como su nombre lo indica, el conservador es reacio a los cambios sociales, mientras que el liberal solo lo es en la medida que dicho cambio afecta las libertades individuales.

Por ejemplo, si se quiere imponer un control de precios en un mercado, liberales y conservadores estarán en contra del socialista partidario de la intervención. Ahora si el cambio es sobre la apertura de un determinado mercado a la competencia internacional, ¿qué ocurrirá?

Los conservadores aquí muestran una tendencia a ser nacionalistas que desprecian lo extranjero, por lo que aparece una tentación proteccionista, algo que podemos ver bien en la figura de Donald Trump. Según Hayek:

Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios.

(…)

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusa­do parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. (…) Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colecti­vista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales.

Generalizando la cuestión:

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservado­res. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en prin­cipio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas (…)

Jamás, cuando [los conservadores] avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desco­nocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde pue­de llevarles el proceso.

Estas palabras de Hayek son perfectamente compatibles con su idea del conocimiento disperso en la sociedad. El cambio no puede controlarse “desde arriba” porque los nuevos descubrimientos que dan lugar al progreso se encuentran dispersos en las millones de mentes y acciones individuales que conforman el planeta. La clave es ir hacia un sistema donde esas mentes y acciones puedan desarrollarse sin restricciones. En palabras de Hayek: “lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.”

Esto aplica fácilmente a la economía y hace que los liberales siempre le demos la bienvenida al avance tecnológico o a la llegada de importaciones desde el exterior. Pero también puede extenderse a otras áreas, como a la no discriminación por raza, religión, nacionalidad u orientación sexual. Los liberales también le damos la bienvenida a la diversidad en esta materia, a diferencia de al menos algunos conservadores.

Conservadores, autoritarismo y educación pública

El texto de Hayek nos hace reflexionar también sobre dos cuestiones. En primer lugar, sugiere que los conservadores tienen afición por el autoritarismo, ya que confían en que alguien “desde arriba” monitoree permanentemente los cambios, sin dejarlos librados al azar:

Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las muta­ciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

 Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontrola­das explica otras dos características del conservador: su afición al autorita­rismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. (…) Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades.

En la actualidad no se observan casos de autoritarismos o dictaduras de derecha o conservadoras, como sí los hubo en el pasado. Sin embargo, las críticas de Trump a los desequilibrios comerciales (resultado de acciones individuales no controladas por ningún gobierno) serían un ejemplo de lo que Hayek describe.

En otro orden de cosas, Hayek sugiere que los conservadores están siempre listos para criticar la coacción estatal si ella implica perseguir objetivos que no le son afines, pero que miran para otro lado si dicha intervención es compatible con sus juicios morales:

El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. (…) Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna,desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Esto tal vez sea patente en el caso argentino y en la polémica por la Educación Sexual Integral.

Parecería que a ciertos conservadores lo que molesta no es que se imparta un plan único de educación desde el gobierno,  sino cuál se imparte. Si es la ESI, se oponen, si es la NO educación sexual, entonces está todo bien. Pero en ambos casos se está eligiendo desde la poltrona oficial qué contenido se enseña a los alumnos.

El problema para los liberales es el uso del poder, más allá del contenido específico de ese poder. He ahí otra diferencia sustancial.

Contrapunto en Twitter

En Twitter Francisco Peláez hizo un divertido comentario acerca de este tema. Según él, el liberal que dice no ser de derecha ni de izquierda (Hayek, de alguna manera, en este artículo), es en realidad de izquierda.

El comentario me pareció divertido, pero le pasé el link al artículo de Hayek para que vea que es posible que haya un liberalismo equidistante de ambas corrientes. Rápidamente, el usuario “Juan Doe”, Juan Pablo Carreira, me contestó que el artículo no aplicaba a la situación porque Hayek:

… se refiere al conservador europeo. Conservador europeo en la década del ’50 era Franco y los vestigios fascistas. No el “conservative” de derecha yankee.

Ahora en realidad no es relevante para la discusión ese matiz.

En definitiva, Hayek se refiere a cualquier conservador que por oponerse al cambio vaya en contra de la libertad. No es un artículo específico para criticar a conservadores europeos, sino una reflexión general sobre lo que él entiende por conservadurismo. Así, por ejemplo, cuando habla del nacionalismo patriotero, da lo mismo si ese nacionalismo patriotero es defendido por un yankee, un europeo o un sudamericano. Cabe el mote de conservador nacionalista de cualquier manera.

De hecho, Hayek mismo lo aclara en el artículo:

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendien­do tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

Finalmente, hay puntos de contacto entre conservadores y liberales, cierto. Pero también hay enormes diferencias. Por eso a veces es necesario aclarar. Un liberal que dice no ser de derecha seguramente esté pensando en algo de esto.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino