MIENTRAS DURÓ EL LIBERALISMO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 6/1/22 en: http://gzanotti.blogspot.com/2022/01/acabo-de-ver-la-pelicula-mientrasdure.html

Acabo de ver la película Mientras dure la guerra, del director Alejandro Amenábar, sobre las idas y venidas del gran Miguel de Unamuno sobre lo acontecido en Salamanca en 1936.

Quedé muy impresionado del diálogo que sostienen Franco y Unamuno cuando este último le pide al futuro dictador por su amigo Atilano Coro.

Calma, por favor, defensores de Franco, de Unamuno, de los marcianos y de los venusinos. Ya sé que el diálogo es imaginario. Nunca se sabrá qué se dijeron, como tampoco quedó grabado ni escrito el famoso discurso donde Unamuno denuncia las atrocidades de un bando y del otro. Pero tomen el diálogo como imaginario. Como tal, los guionistas han logrado perfectamente la descripción de dos paradigmas políticos inconmensurables. Por ende voy a cambiar los nombres aunque todos se darán cuenta quién es quién.

Juan: “Si, de ese señor ya me han hablado. Es protestante y masón. Un mal español”.

Pedro: “Bueno, pero él… ¡El no ha cometido ningún delito!

Ya está. Por ahora, ya está. Dos líneas que lo dicen todo.

“Un mal español”. La unidad política es La Nación identificada con el Estado, error moderno del cual la mayor parten de nacionalistas modernos no pudieron salir. Por lo tanto, lo que define al perteneciente a la Nación no es un pacto político donde se respeten sus libertades individuales, sino su pertenencia a lo que la ideología del régimen. ¿Qué es ser un “buen argentino”? ¿O un buen ruso? ¿O un buen norteamericano?

Hoy todos lo han olvidado, pero en el liberalismo clásico, lo que define al un buen ciudadano es su adhesión al pacto constitucional originario, que incluye el respeto a sus libertades individuales. Por eso Mises distingue entre Nación y Estado. Hoy todos lo han olvidado, pero lo que definió al pacto de EEUU es la Independence Declaration que decía que todos los seres humanos habían sido “dados” de ciertos derechos por Dios………. Por ende para ser un buen ciudadano lo único que era necesario era respetar el Rule of Law, o sea, respetar las libertades de los demás. Por ende para ser un buen ciudadano no había que ser católico, protestante, masón, ni blanco, como lo recordó Martin Luther King en su soñado discurso. Claro, ahora todo eso se acabó. Martin Luther King también. Ahora es ONLY black lifes matter.

Franco piensa coherentemente dentro de su paradigma. La Nación Española Católica es para él la unidad política. Católica como los ultramontanos, para quienes, como “el liberalismo es pecado”, no había debido proceso, ni separación entre ley humana y ley natural, ni derechos personales; no, todo eso es pecado. Un mal español.

Unamuno, que no había dejado de ser liberal, le responde desde la Galaxia Andrómeda: “No ha cometido ningún delito”. “Delito”, o sea, no ha atentado contra la vida, propiedad o libertad de nadie. Unamuno no podía entender cómo alguien podía ser ejecutado por ser masón y protestante. Es que Don Miguiel era un pecador, claro, un liberal. Y Franco, obviamente, no puede entender la respuesta de Unamuno.

Franco responde con el silencio. Unamuno aboga a favor de más casos. Y protesta contra las ejecuciones sin juicio. Entonces Franco dicen que eso lo hacen también los republicanos. Y la respuesta de Unamuno es más incomprensible: “¡Pero nosotros somos cristianos!”

Pobre Unamuno. Metió el dedo en la llaga, con total ingenuidad. ¿Qué impedía a los católicos ultramontanos perseguir a los no católicos, como ahora los científicos contra los no vacunados?

Porque los no católicos CONTAGIAN el error (uno de los peores era la masonería). Por el bien común, por el bien de los demás, hay que perseguirlos.

Pero atenti, la respuesta de Franco no es así de elaborada, tiene la misma ingenuidad que la de Unamuno. Se la acerca a Unamuno para hacerle una confidencia:

“Precisamente. Nosotros cuidamos al enemigo”.

Unamuno lo mira perplejo.

“Antes de morir, se les está dando a los reos la oportunidad de confesarse… Con lo que pueden ir al cielo”.

Unamuno no sabe qué responder. Qué pecador. Tendría que haber dicho gracias.

Ojalá Unamuno se hubiera sentido acompañado por otros pecadores que prepararon el camino al documento de Libertad Religiosa del Concilio Vaticano II. O sea, todo Israel y su consumación, el Cristianismo. La distinción entre el ser humano y Dios.  La distinción entre el poder del príncipe y el poder de la Iglesia. No imponer el bautismo por la fuerza. Pero no. Todo eso es pecado….

Perseguir, apresar, matar al que no es católico: todo eso es virtud. Claro. Es que los pecadores no lo entendemos.

Es que el no católico contagia, como los no vacunados. Es lo mismo. A ver Gabriel si lo entendés, te vacunás, te convertís, abandonás el pecado del liberalismo y te hacés católico “como Franco manda”. Dale.

Porque así sos un escándalo para los no creyentes.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

El fin de la ley y la moralidad e inmoralidad del Estado

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2021/10/el-fin-de-la-ley-y-la-moralidad-e.html?spref=fb&utm_campaign=Bolet%C3%ADn%20Informativo%20de%20Gabriel%20Boragina%F0%9F%90%8D&utm_medium=email&utm_source=Revue%20newsletter

Fueron muchos los autores que han insistido en el importante papel que cumplen las leyes en el diseño de la sociedad. Por mi parte he destacado que las leyes son el resultado más que la causa de ese diseño, en última instancia.

Si se quiere conocer la cultura predominante en una sociedad determinada, una guía o factor preponderante es su estructura legal, aspecto del cual hasta los juristas -salvo excepciones- no son plenamente conscientes.

Las legislaciones en general se han vuelto más y más intervencionistas con el curso de los tiempos. Podemos decir que el camino al socialismo esta pavimentado por el número de leyes que tenga una sociedad específica. La ley ya -en si misma- implica una intervención en una relación ajena al legislador, porque afecta a terceros, aunque el legislador pueda –eventualmente- quedar incluido en ese efecto que la ley -que el mismo promulga- tendrá a futuro. A veces ese efecto es inmediato y directo, como sucede con las leyes destinadas aumentar las dietas de los propios legisladores.

Un alto número de leyes es mal indicio contra las libertades, porque toda ley implica la regulación o control de lo que sea objeto de esa ley. Si a ello se le agrega el contenido de la ley, cuanto más interfiere en las libertades individuales estará indicando una mentalidad más estatista de sus legisladores, y si recordamos algo que perdemos de vista muy a menudo y es que los legisladores son elegidos por el pueblo tenemos la respuesta a la pregunta de cuán estatistas o liberales son las personas de ese país, zona, región, estado o ciudad.

El grado de detallismo de la ley implica acotar el margen de maniobra de las personas individuales y ampliar el de los órganos legislativos y la esfera de poder gubernamental.

Si hay alguien quien explica claramente este problema es el premio Nobel de Economía F. A. v. Hayek cuando nos dice:

«Cuando al hacer una ley se han previsto sus efectos particulares, aquélla deja de ser un simple instrumento para uso de las gentes y se transforma en un instrumento del legislador sobre el pueblo y para sus propios fines. El Estado deja de ser una pieza del mecanismo utilitario proyectado para ayudar a los individuos al pleno desarrollo de su personalidad individual y se convierte en una institución «moral»: donde «moral» no se usa en contraposición a inmoral, sino para caracterizar a una institución que impone a sus miembros sus propias opiniones sobre todas las cuestiones morales, sean morales o grandemente inmorales estas opiniones. En este sentido, el nazi u otro Estado colectivista cualquiera es «moral», mientras que el Estado liberal no lo es.»[1]

Esos efectos particulares son los que el legislador quiere y no los que quiere la gente, pero hay aquí algo muy importante que hay que advertir: en la medida que la gente acepte y cumpla con esa ley estará hacienda suyos esos instrumentos y fines que el legislador -en primera instancia- impone.

El grado de aceptación de las leyes por parte de sus destinatarios implica la conversión de los fines del legislador en los fines de aquellos que acepten la ley como receptores. Desde este punto de vista, una ley puede ser una herramienta de opresión para la sociedad admitida por esa sociedad de manera pasiva al obedecer esa ley. Esto, naturalmente, se multiplica por la cantidad de leyes que sean promulgadas en ese ámbito social.

Aunque, sin duda, no cuestionamos la indiscutible autoridad intelectual del fenomenal economista austriaco discípulo de Ludwig von Mises, la cual no estamos en condiciones, ni de rebatir, ni de controvertir, a la luz de nuestros tiempos, tenemos dudas respecto del «estado» como «pieza del mecanismo utilitario proyectado para ayudar a los individuos al pleno desarrollo de su personalidad individual»

Creemos, más bien, que lo que pueda hacer el estado-nación en favor de ese desarrollo individual es bastante poco, y que cuando más se empeña en promover ese desarrollo individual más son contrarios los resultados que obtiene en ello.

Un caso a cuento, es la proliferación de planes sociales, subsidios, subvenciones de todo tipo que abundan en casi todas las legislaciones a nivel mundial, pero con mayor relieve en los países subdesarrollados como son los de Latinoamérica y -en particular- en Argentina.

Son crecientes con cada cambio de gobierno, sea del signo ideológico que fuere. Raros son los candidatos que prometen su reducción, y más extraños son los que directamente digan claramente que conviene su eliminación total. Hasta los aspirantes a cargos públicos que se dicen a sí mismos «libertarios» vacilan, son ambiguos o contradictorios en el tema, y exigidos por la prensa definirse por el tema optan por negar su eliminación o siquiera reducción en el caso de que sean triunfantes en las elecciones.

En el fondo, no dudan en que -en su rol de legisladores- deberán apoyar las leyes de «ayuda social” o asistenciales aunque (en el plano teórico y del discurso) hayan enfatizado que tales subvenciones son antiliberales y regresivas. Pero, por unos votos pueden pasar sin dificultad de lo políticamente incorrecto a lo correcto. Es triste escucharlos.

De esa manera, van aceptando –consciente o inconscientemente, aunque más de lo primero que de lo segundo- el rol del estado/gobierno como institución «moral» a la que se refiere el eminente pensador austriaco. Es más, se suman a esa idea y, una vez en el mando, van cimentando esa «moralidad» forzada que tratan de imponer a los demás.

Hay entonces un efecto de retroalimentación entre la sociedad y sus directores, donde cobran especial relieve los políticos que necesitan de los votos de esa sociedad para poder llegar al poder y desde allí asignar los diseños que prefieran, que no podrán ser muy diferentes -no obstante- a los ya aceptados por la cultura del lugar donde se aspire a ejercer esa autoridad.

En esos estados-naciones, vivir al margen de ese tipo de leyes «morales» es un signo de salud cívica y de independencia individual en contra de la corriente que el legislador quiere aplicar a los demás.


[1] Friedrich A. von Hayek, Camino de servidumbre. Alianza Editorial. España. pág. 109-110

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Nuestros problemas comienzan con el dogma Montaigne

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 25/10/21 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/nuestros-problemas-comienzan-con-el-dogma-montaigne-nid25102021/

Michel de Montaigne
Michel de Montaigne Por Alfredo Sábat

Michel Montaigne fue un hombre del Renacimiento, es decir, de la ruptura con el espíritu medieval de aplastamiento a las libertades individuales para subrayar la renovación y fortalecimiento de los valores de la antigüedad clásica en cuanto a la importancia de la persona frente al poder, en otras palabras, al renacer del humanismo. Estudió derecho en Toulouse y sus posteriores actividades de juez, consejero, alcalde y parlamentario lo involucraron en trifulcas religiosas y cortesanas que alternaba con sus lecturas y escritos de sus célebres Ensayos que pudo recién finiquitar y publicar en 1588, luego de su retiro.

Fue amigo de Etienne de la Boétie quien escribió en su muy difundido libro titulado Discurso de la servidumbre voluntaria: “Son pues los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar ya que con sólo dejar de servir romperían sus cadenas.” Sin embargo, buena parte de lo que estampó con su notable pluma Montaigne se concentró principalmente en provechosos consejos en el contexto de la vida interior del hombre y desafortunadamente cuando se sale de ese territorio como en el tan citado capítulo 22 de la antedicha obra concluye que en las relaciones sociales “no se saca provecho alguno sin perjuicio para otro.” Esto en la moderna teoría de los juegos se denomina suma cero y fue por lo que Ludwig von Mises en su tratado de economía de 1949 bautizó como “el dogma Montaigne”.

Con razón Michel Montaigne confiesa en ese texto: “Mis conceptos y mi juicio avanzan a tientas, bamboleantes, tropezando y vacilando” una situación que a todos nos envuelve puesto que como ha explicado Karl Popper el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones. Nunca se llega a un punto final, estamos inmersos en un proceso evolutivo de prueba y error.

En otros términos, en el caso que nos ocupa el autor ha dado pie para lo que probablemente sea la equivocación mayor de nuestra época: considerar que la pobreza de unos es debida a la riqueza de otros. A que en toda transacción lo que uno gana es porque otro lo pierde. Está muy instalada la peregrina idea de que lo que a uno le falta es porque a otro le sobra, pero en el mercado libre toda transacción libre y voluntaria inexorablemente significa que ambas partes ganan, por ello es que en los diferentes comercios las dos partes se agradecen luego de la transacción.

Tal vez la razón central de esta visión esté alimentada por el resentimiento y la envidia, a saber, el mirar al exitoso en el mercado libre con desconfianza y enojo. De allí la contradicción de alabar la pobreza por un lado y por otro condenarla (aunque en última instancia todos somos pobres o ricos según con quién nos comparemos).

Para seguir con la terminología de la teoría de los juegos, en el mercado abierto y competitivo la situación es de suma positiva. En cambio, cuando tiene lugar la violencia, sea gubernamental, directa o indirecta a través de aceptar la intimidación sindical o al otorgar mercados cautivos a empresarios prebendarios, hay suma cero, es decir, lo que gana uno lo pierde otro del mismo modo que ocurre cuando se asalta un banco, para no decir nada de los reiterados saqueos de ciertos políticos en funciones.

Es muy frecuente el sostener que si unos tienen “demasiado” no queda para otros. Esto es un completo error. La riqueza no es algo estático. Los recursos naturales de hace siglos eran iguales o mayores aun que los actuales y, sin embargo, en la actualidad la gente en general vive mejor respecto de la época de Montaigne en la que la condición natural eran las hambrunas, las pestes y la miseria (incluso los reyes morían por una infección de muelas). Esta mejora se debe a marcos institucionales que respetan derechos de propiedad, que al destapar la olla de la energía creadora hacen que se multiplique y extienda la riqueza y que el obrero de un país civilizado pueda vivir mejor con posibilidades tales como calefacción, automóvil, agua potable y medios de comunicación y, por cierto, más tiempo de existencia que un príncipe de la antigüedad.

En física se ha visto desde la formulación precaria de Lucrecio pasando por Newton, Lavoisier y Einstein que nada se pierde y todo se transforma. La cuantía de la masa de materia, incluyendo la energía es la misma en el universo pero lo relevante para el aumento de la riqueza no es el incremento de lo material sino su valor. Puede ser que artefactos tales como un teléfono antiguo contengan más materia que un celular moderno pero el servicio de este último y su precio son sustancialmente distintos.

La creación de riqueza es creación de valor en el contexto de un proceso dinámico. En la medida en que el empresario ofrece en el mercado bienes y servicios que la gente prefiere, incrementará su patrimonio y en la medida en que no acierte lo disminuirá. Dejando de lado la lotería, solo hay dos maneras de enriquecerse: sirviendo a los demás o robando a los demás. El primer método es el de la sociedad abierta y los mercados libres, el segundo es el de los regímenes socialistas e intervencionistas en los que el favor oficial establece los patrimonios de los allegados y amigos y condena al resto a la miseria.

Los menos eficientes deben su prosperidad a las tasas de capitalización que generan los más productivos, eventualmente como una consecuencia no buscada pero inexorable pues esa es la razón y la causa de la suba de salarios. Solo por eso es que los ingresos de Alemania son más elevados que los de Uganda, no es porque los alemanes sean más generosos y los ugandeses más avaros, es por la diferente inversión per capita.

No es reclamando que se lesione el derecho de quienes crearon riqueza lícitamente la forma de prosperar, sino contribuyendo a crear el propio patrimonio sirviendo a otros. Hoy resulta en verdad triste el espectáculo que ofrecen debates de candidatos a cargos electivos que reinciden en errores gruesos de tiempo inmemorial que han empobrecido a los pueblos.

Entre nosotros Juan Bautista Alberdi insistía en preguntarse y responderse: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.” Y los postulados de los Padres Fundadores en Estados Unidos consideraban fundamental el derecho de propiedad, de responsabilidad individual y de desconfianza del poder gubernamental. James Madison –el padre de la Constitución que los argentinos en su momento tomamos como modelo– escribió en 1792: “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, solo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo”

Cuando los aparatos estatales se inmiscuyen en la propiedad interviniendo en los precios inexorablemente se desdibujan las únicas señales con que cuentan los operadores económicos para asignar los siempre escasos factores productivos y, por tanto, el consiguiente derroche contrae los salarios e ingresos en términos reales.

En otras palabras, el dogma Montaigne ha nublado la visión para adoptar medidas liberalizadoras no solo en el contexto interno del país en cuestión sino también referidas a las falacias tejidas en torno al comercio exterior con lo que se bloquea el mercado cambiario y consecuentemente se distorsionan las importaciones y las exportaciones.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Democracia, libertad e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/3/21 en: https://www.larazon.es/opinion/20210331/tdrtviqwczbsxfekefr4p3s3aq.html

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo

La izquierda presume de monopolizar la democracia, pero no hay democracia sin limitación del poder, sin libertades individuales, sin propiedad privada y, como escribió José Castillejo en Democracias destronadas, sin «la adhesión colectiva a ciertos principios morales y legales que se considera están por encima de todos los posibles cambios o divergencias».

El antiliberalismo desdeña tales principios superiores, porque concibe la democracia como una carta blanca para que el poder, en nombre de la libertad, la quebrante en aras, por ejemplo, de la imposición de la igualdad. Castillejo percibe la trampa de la lucha política contra la desigualdad: si el poder logra que las retribuciones se ajusten a las necesidades, el Estado deberá vigilar e inspeccionar a todos para evitar escaqueos, en desmedro de los derechos de los ciudadanos. «Cuando la democracia se hace consciente de su poder tiende a invadir y controlar nuevos campos de la vida social y los movimientos socialistas toman las riendas porque su cebo seduce a los ‘desposeídos’».

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo: «Un autócrata puede elegir entre respetar o no los derechos de los ciudadanos, pero una democracia solo lo es si los respeta. Sin embargo, en caso de conflicto entre un ciudadano y el Estado, si la decisión está en manos de este último, la comunidad es juez en su propio caso, y los derechos del individuo son prácticamente erradicados». De ahí la necesidad de la independencia de la justicia: «No solo debe ser independiente de la voluntad popular, sino también estar por encima de ella en la aplicación, para casos concretos, de las normas generales (leyes) establecidas por esta misma voluntad popular». No es casual que lo primero que hacen las revoluciones comunistas es usurpar la justicia. Tampoco lo es que los políticos se afanen en controlar a los jueces y sus órganos.

El socialismo de todos los partidos socava los límites del poder, y recurre para ello a la falsa noción de una igualdad que estriba en que el poder la establezca. Subraya José Castillejo que la igualdad socialista en realidad representa un falaz anhelo de replicar a los capitalistas. Como aquella señora que dijo: «Cuando todos seamos iguales yo tendré una criada».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

BIENVENIDOS A UNA LAAAAAAAAAAAAAAAARGA NOCHE DE (FELIZ) ESCLAVITUD.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/11/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/11/bienvenidos-una-laaaaaaaaaaaaaaaarga.html

Corría el año 2000, o 2001, cuando el Rector de una Universidad privada, privada, como todas, de verdadera libertad, envía a todos los profesores una muy buena noticia: el Estado le había dado su aprobación definitiva. Yo respondí que dudaba mucho de que fuera una buena noticia que nosotros, los esclavos, necesitáramos la aprobación del dueño de la granja para existir. Sí, efectivamente, lo redacté, lo firmé y lo envié. No sé por qué, no me respondió.

El episodio muestra lo inadaptados, lo lunáticos, lo marcianos que somos los liberales clásicos, que siempre, siempre (¡qué insoportables no!!!) hablamos, defendemos y difundimos un deber ser, un ideal regulativo de la historia humana: las libertades individuales. Sí, ese “undiscovery country” en busca del cual salieron huyendo de Europa los Padres Fundadores de Estados Unidos, de quienes derivaron la Declaración de Independencia y el Bill of Rights, todo lo cual está a punto de ser letra absolutamente muerta.

Libertad religiosa, libertad de expresión, libertad de enseñanza, libertad de asociación, libertad de comercio, libertad de tránsito, garantías procesales, derecho a la intimidad: todo ello está muriendo hace mucho tiempo en Occidente (lo cual es lo mismo que decir: muere Occidente[1]) bajo el peso del Welfare State, los Estados Providencia, los declamaros derechos sociales, el intervencionismo, el sindicalismo destruccionista[2], la globalización del estatismo[3] a través de las Naciones Unidas y sus organismos de control universal de la educación, la salud, etc., y el nuevo marxismo que bajo el nuevo invento de las nuevas minorías explotadas por el heteropatriarcado, niega los derechos individuales, afirma derechos de colectivos explotados y crea nuevos pseudo-delitos (discriminación, odio, etc.) bajo los cuales encarcelan y persiguen a todo aquel que verdaderamente ejerza sus libertades individuales de religious Liberty y free speech[4].

Y me he quedado corto.

Cuánto se han reído de la supuesta “falsación” de la hipótesis hayekiana del camino de servidumbre (1945), supuestamente porque bajo los “socialismos democráticos” europeos finalmente se había alcanzado la libertad con un estado providente. Durante décadas llamé “soviets” a los Estados de la Unión Europea, bajo la sonrisa de casi todos y también la mía, para no incomodar a este mundo cruel. Cuán verdadera resultó la predicción de Hayek bajo la actual Unión Soviética Universal.

Durante años y años, el estado proveedor de salud y educación eliminó gradualmente las libertades más básicas sin que casi nadie -excepto los molestos liberales clásicos- se diera cuenta. Las licencias para ejercer oficios, los reglamentos para comerciar libremente, las visas, los pasaportes, los permisos para abrir actividades educativas, los planes estatales de educación, los planes estatales de salud, las regulaciones para comerciar, para importar, para exportar, las estatizaciones y expropiaciones, los impuestos a la renta, etc., habían producido un mundo donde todo lo que no estaba expresamente reglamentado, estaba prohibido. El principio básico del Derecho Penal –todo lo que no está prohibido (o sea, delinquir contra la vida, libertad y propiedad) está permitido– desapareció[5]. Y nadie se había dado cuenta. En todo el mundo había una ilusión de libertad, porque luego de cumplir toooooooooooooooooooooooodas las reglamentaciones del dueño de la granja, que tanto nos cuida, entonces podíamos “ejercer nuestros derechos”. Qué horrible ilusión. Qué triste despertar.

Qué triste despertar. Qué triste despertar, sí, porque hasta este año, al menos una cosa nos separaba de Corea del Norte, China, Cuba y otros paraísos. Aparentemente, todos suponíamos que “entrar, permanecer y salir” del territorio, de este o de otro territorio, era algo estable y previsible. Sí, había que cumplir con injustas visas y pasaportes, y sin darnos cuenta éramos vigilados por la Patriot Act (nadie se acuerda, no?), pero en fin, en principio, si teníamos fuerzas, becas, contratos, tiempo o dinero, podíamos al menos probar, arriesgarnos, ir y venir, huir.

Pero este año hemos descubierto que la predicción de Hayek era en serio. Que la servidumbre es verdaderamente tal. Un virus lo justificó[6]. Y con la complicidad de casi todos, autoridades religiosas incluidas[7], un gobierno mundial que creíamos que no existía -ilusos….- metió preso a todo el mundo. Claro, con apariencia de bondad. Stay at home, con supermercados, farmacias, internet -regulado- y Netflix (para unos pocos, obviamente, pero eso qué importa, no?). Pero stay at home y no moleste. Curiosamente, el virus tiene muy baja letalidad. Curiosamente, los gobiernos más estatistas del mundo son los que más aplicaron esas medidas[8]. Curiosamente, le arruinaron los planes a Trump. Pero quien observa curiosidades es un imbécil.

Por ende, fíjense qué bonito. ¿Free speech? No, fact checkers. ¿Libertad religiosa? No, no vaya a ser que te contagies. ¿Libertad de elegir tu tratamiento médico? JUAAAAAAAAAAAAA ¡!! Eso sí, no te quejes: eres libre. Eres libre de sentirte una nena de 6 años siendo un varón de 40 y (este “y” es esencial) que el estado te provea tu identidad de género. ¡Sos libre! Libre…………… Como el sol cuando amanece yo soy libre………

Por ende, gente, ¿qué diferencia tiene el Occidente actual de la última etapa de la Unión Soviética? No sólo ninguna, seguramente tenías más libertad en Moscú con el Gorbachev del 86. Pero ahora, ¿qué diferencia hay con la China Comunista? Un empresario de Pekín se debe sentir muy libre. El estado lo controla para todo, le da permisos para todo, pero él se siente bien, excepto tenga malas costumbres como ser católico del Cardenal Zen o rarezas por el estilo. Adaptate, che. Tené conciencia social……..

Querido lector, yo te hago bromas para que no llores mucho, pero en serio, se acabó. El último espacio de libertad que quedaba, se acabó, y se acabó coherentemente. Ya estabas en una granja universal de esclavos. Despertaste en Marzo de este año, y ni tampoco, porque quizás eres de la pléyade de personas buenas y serias que está de acuerdo con todo esto. Y sí, por eso es una feliz esclavitud. No feliz aristotélicamente, donde la felicidad y la virtud van juntas, pero sí una felicidad ligeramente epicúrea, donde se siente bien el placercito de ser cuidado por expertos. Lo estás sintiendo desde que naciste. Ahora llegaste al clímax del beneficio secundario de esa enfermedad llamada alienación.

Claro, cada tanto aparecen tipos molestos como yo, pero no te preocupes, ya los fack checkers te protegerán de mi “negación de los facts”[9], ya cada vez Facebook y Google estarán atentos a que escritos como este no se sigan filtrando.

Y tú, liberal clásico, caballero de triste figura, prepárate para una laaaaaaaaaaaaaaaaaarga noche de esclavitud. Nosotros no tenemos anestesia. Nosotros no vivimos en la ilusión. Nosotros vemos al dueño de la granja. Baja tus expectativas, hermano esclavo. Pero mantén la frente alta. Resiste mientras puedas, y si no, recuerda que la historia humana es la cruel Historia de Caín[10].


[1] http://gzanotti.blogspot.com/2020/06/muere-occidente.html

[2] https://www.libertadyprogreso.org/2018/10/05/los-sindicatos-del-derecho-de-huelga-a-la-fuerza-de-los-bestias/

[3] Ver Ravier, A.: https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2012/03/pm_ravier_globalizacion.pdf

[4] https://www.amazon.com/-/es/Gabriel-J-Zanotti-ebook/dp/B07WW9MRP7

[5] https://institutoacton.org/2016/06/08/la-obsesion-reglamentarista-gabriel-zanotti/

[6] https://www.amazon.es/contra-cuarentena-obligatoria-conspiraciones-razonamiento-ebook/dp/B08JJTZWPM  

[7] http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/ordena-estado-que-tu-siervo-escucha.html

[8] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-dictatura-de-los-paradigmas.html

[9] http://gzanotti.blogspot.com/2020/08/la-peligrosa-ignorancia-de-los-fact.html

[10] https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

La pregunta por el “botón rojo”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/11/20 en:  https://eluniversitario.unnoba.edu.ar/2020/11/05/la-pregunta-por-el-boton-rojo/

Una metáfora que recorre el país, el mundo quizás, y una pregunta: ¿es posible adecuar la economía a los tiempos de la pandemia?

Por Marcelo Maggio

Hay una idea que late, cual amenaza vedada, en el año económico argentino: el botón rojo. Pero, ¿qué significa esa metáfora? ¿Se puede simplemente “parar” la economía? Al parecer el capitalismo y el botón rojo se llevarían mal, muy mal.

El filósofo Martin Heidegger decía que la esencia de la técnica moderna reside en no reposar jamás, esto es, estar siempre dispuesta a transformar la naturaleza. No hay noche ni día, como en los ciclos de la naturaleza, sólo hay producción. Por eso mismo, quizás, el malestar con el botón rojo no sea únicamente político, o económico, sino que estaría en una profundidad mayor. Y, por eso, también, cuando las sociedades tienen que redireccionar su producción para enfrentar una guerra no aparecen tantos malestares ni resistencias. Si se trata de detener la maquinaria para reposar, cubrir con velos, esperar o cuidar, ¿qué sucede, qué se opina, quién está de acuerdo? ¿Puede deternerse la economía, hay una entidad que pueda detentar el famoso ‘botón rojo’? ¿O es sólo una metáfora fallida de sanitaristas bajo los efluvios de la cloroquina?

Carlos Alberto Salguero es doctor en Economía y docente de la UNNOBA, entre otras universidades. Enseña Microeconomía y Macroeconomía desde 2016 en carreras de grado, y dirige un curso de posgrado sobre “Comercio y finanzas internacionales”. Este profesor universitario no comparte “el mito del botón rojo” que todo lo paralizaría porque “tiene una subyacencia necesaria: el planificador central”.

“Pareciera que no puede haber decisiones económicas en las que no guarde un rol preponderante el Estado, y eso no necesariamente debe ser así”, plantea. Salguero también se remonta a la teoría económica para abordar el tema: “Existen dos tradiciones mutuamente opuestas en relación a quién asigna mejor los recursos, ¿el Estado o el mercado? Es un debate que en el ámbito académico está abierto. Mi opinión particular, fundada en la ortodoxia microeconómica que establece que los controles provocan una perdida irrecuperable de eficiencia, es que resulta más saludable que se respeten las libertades individuales, que cada persona tenga la posibilidad de brindar todo su potencial sin ningún tipo de restricciones. No creo que sea necesario que un tercero, ajeno a los derechos de propiedad que cada uno detenta, tenga que venir a decir qué hacer o qué no hacer. Hay evidencia en el mundo que los países más ricos son los que tienden a tener Estados menos intervencionistas”.

Globalización, cantaban “Los Piojos” en el 2000, un año antes de que todo vuele por los aires en el país. “Ahí va Scottie Pippen/en medio de la puna/no te hagai problema darlin/slippin en la cuna”. Pero hoy ya se habla poco de la globalización, post Muro de Berlín y en el medio de una revolución de las telecomunicaciones, aunque… ¡apareció la pandemia global, y ya no resulta tan simpática la globalización! La aceleración mundial también trae la enfermedad.

Resulta evidente, y lo resultó desde el siglo XX para quienes querían desarrollar su utopía en un solo país, que la interdependencia de las economías es inevitable. Asumir la interdependencia quiere decir que no podemos hacer todo de modo local. Pero, y acá otro nudo, ¿qué está pasando con la economía global pandémica? ¿Cómo impacta en producción, comercio, finanzas? ¿Y los “bloques regionales” tan celebrados hacia fines del siglo XX y cada vez más golpeados y sin futuro aparente van a servir para salir del “shock” pandémico?

“Resulta claro que la globalización se ha dado en unas áreas más que en otras —reflexiona Salguero—. Hoy, por ejemplo, hay un acceso a la información disponible a lo largo del mundo gracias a las telecomunicaciones. Cualquier persona puede tener una videollamada en tiempo real con alguien que está del otro lado del planeta, cosa que antes no pasaba. Sin embargo, la apertura de los países está siendo relativizada. Hay grupos como la Unión Europea, por ejemplo, que no dejan de ser un bloque defensivo. En tal caso esta globalización tiene más de declamación que de correlato real en economía, y no guarda relación con la migración de las personas”, destaca Salguero al hacer un paralelo entre telecomunicaciones y migraciones.

Según informa el Banco Mundial, este año el repliegue global viene arrojando datos como los siguientes: 9,3% de baja en la demanda mundial de petróleo (para lo que va de 2020); caídas del 20% en servicios (con pico en el 30%); derrumbe del precio de commodities (energía, metales y agricultura), con excepción del oro. Muchos han visto en este escenario una necesidad de repliegue a lo local. ¿Se podría dar una reconfiguración de la teoría de las ventajas comparativas? Esto es, a partir de la necesidad de acceder a bienes que antes eran fáciles de conseguir y ahora se dificultan, ¿es viable en el presente volver a dar impulso a algo parecido a lo que otrora fue la sustitución de importaciones, por ejemplo?

Para responder, Salguero retoma el planteo inicial: “En la pregunta hay un pensamiento establecido, cosa que es razonable, porque la verdad siempre es personal. En la ventaja comparativa, desde la perspectiva del mercado internacional, hay restricciones que suponen que el comercio internacional, y el mundo, son como una torta predeterminada en la que la puja de las partes trata de sacar el tajo más grande. Y esto no debe verse así, sino que el comercio genera ventajas inexploradas y no debe enfocarse desde esa perspectiva de juego en el que lo que ‘uno gana el otro lo pierde’. Debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor. No tenemos que sesgar a la persona con quien intercambiamos extramuros de Argentina como si fuera un rival al que hay que vencer, sino ver el beneficio mutuo. Sería un error muy grave proscribir el intercambio o restringir las posibilidades de las personas a un área determinada”.

El comercio internacional, “debería verse como un juego donde ‘todos ganan’, porque todos van a sacar el mayor provecho haciendo aquello que, en términos relativos, saben hacer mejor”.

—Ese podría ser un escenario también, pero hay críticas. ¿Podemos repasarlas? Por ejemplo desde el movimiento “no global”, nacido en Seattle en 1999 en respuesta a una reunión de la Organización Mundial del Comercio, se cuestionaba el problema de las asimetrías entre países, la falta de reglas parejas, y sobre todo el impacto sobre el trabajo y los derechos laborales, incluso llegando al trabajo esclavo en países donde la informalidad no puede ser controlada, por caso Argentina también. Desde 1999 para acá, ¿hubo cambios en el comercio o se asume que la no regulación es el único, o el mejor camino posible?

—Las asimetrías necesariamente se dan porque las personas contratan otras personas que no son iguales. Nadie se contrataría a sí mismo. Cuando se establecen equipos de trabajo se consideran las distintas habilidades que cada uno de los integrantes tiene para tener un incremento del trabajo conjunto. Las empresas son un conjunto de activos con riesgo y pasivo, cuentan con la presunción de que van a ganar en caso de conseguir el favor de los consumidores, y eso es eventual, porque lo único que tienen asegurado y en concreto son los costos que enfrentan, entre ellos, las tasas de salario de las personas que contratan. El rol del asalariado no es el mismo que el del dueño de la empresa, por cuanto el asalariado vende su fuerza laboral. El titular de la empresa puede tener ganancias sirviendo correctamente al mercado o, eventualmente, podría quedar desprotegido y perder sus activos si su presunción hipotética del mercado no se cumple. Las decisiones siempre se toman en un marco de incertidumbre, y se corroboran empíricamente (ex post) si fueron acertadas. En cuanto a la cuestión moral de las condiciones de trabajo esclavo, que también hemos visto en Argentina, es algo que tiene que ver con las condiciones de pobreza extrema a las que determinadas personas en el mundo están expuestas. Cuanto más ricos son los países, la distribución del ingreso tiende a ser menos desigual. Estas cosas pasan cuando hay una necesidad extrema de personas que, bajo determinados regímenes, no pueden subvertir esa condición de pobreza tan lamentable y que es repudiable desde todo punto de vista.

—Pero una cosa es pensar que es repudiable y otra sería pensar que es necesaria la regulación, por ejemplo si asumimos que el capital “tiende” a ir a los lugares a donde menos costo de producción va a tener, ya sea local, regional o internacionalmente. ¿No es el Estado el único que puede decir “¡hasta aquí!”? Incluso podría ser peor, porque además de la informalidad o la esclavitud también hay dumping  (vender un producto por debajo de su precio normal, para eliminar a las empresas competidoras y apoderarse del mercado), cierre de fábricas locales y desocupación.

—No debe confundirse el comercio con la lesión de derechos. Precisamente, donde opera una ilegalidad es donde la Justicia debe actuar de oficio. Desde la Asamblea del año 1813, afortunadamente, la esclavitud ha sido abolida en nuestro país. En el comercio, sin embargo, desde que el mundo es mundo, el negocio es comprar barato y vender caro. Países como China, que hasta hace 70 años eran economías de subsistencia agrícola, gracias a los flujos de capital se han transformado, y hoy ese país es quizás la economía más preponderante del mundo, con las inequidades y condiciones de pobreza que persisten, inclusive con restricciones como la tasa de natalidad. Lo cierto es que la condición de vida de los habitantes del gigante asiático ha mejoradoMe parece que la solución va más allá de las restricciones: el ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos. Cada año en el mundo, aunque este año va a ser particular, hay una menor cantidad de pobres. Y la tendencia global es a la disminución de la pobreza.

“El ser humano viene de la pobreza extrema, pero sólo en los últimos años y gracias al acontecimiento económico más importante de la humanidad, la Revolución Industrial, ha empezado a superar esos acontecimientos”.

—En el curso de posgrado que usted dicta aparecen dos palabras: comercio y finanzas. Sin embargo muchas veces, y le hablo solo desde la “agenda de noticias”, las finanzas aparecen como una zona oscura, de dudoso proceder, asociada a la especulación o a lo “volátil”. Las bolsas que se desploman “mágicamente” son noticia, el dólar que “se dispara”, sin actores, los tenedores de bonos “sin rostro” o los capitales golondrina que generan incertidumbre. ¿Cuál es el rol de las finanzas en la economía global? ¿Es simplemente el “lado oscuro” del capitalismo como rezan las noticias cotidianas?

—Creo que eso sucede porque principalmente hay un desconocimiento cabal del mundo financiero y porque el comercio resulta más tangible. La gente está acostumbrada a hacer intercambios de bienes pero no tanto de transacciones financieras. Los particulares, los bancos y las empresas pueden poseer activos de su país o activos de otros países. De hecho, los particulares poseen casi exclusivamente activos de su propio país y, dicho sea de paso, en Argentina tenemos un mercado de valores que es despreciable en términos absolutos comparado con otras economías del mundo. Las finanzas lo que hacen es canalizar y transferir los flujos de ahorro. El problema de nuestro país es, precisamente, la falta de ahorro. Las personas, generalmente, estamos restringidas a llevar a cabo nuestra cartera en inversiones de opciones locales, en especial en bancos comerciales y no así en el mercado de valores, aunque con la revolución de las telecomunicaciones esto está comenzando a cambiar. No obstante, sigue siendo un terreno más afín a los agentes globales diversificar sus inversiones entre los mercados transnacionales. Los inversores internacionales generan una relación entre los mercados de activos del interior y del extranjero, y sus actuaciones tienen efectos fundamentales en la determinación de la renta, los tipos de cambio y de la capacidad de la política monetaria de un país para afectar a los tipos de interés. Para financiar la compra de activos durables, las empresas y particulares acuden a los bancos. Pero en el mundo, esos mismos actores se financian a través de la bolsa de valores y de los instrumentos financieros que surgen de allí. Quizás el desconocimiento de los instrumentos financieros es lo que genera, en algunos sectores de Argentina, los prejuicios sobre cómo operan los mercados.

Objetivismo económico: “Se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

Trabajo y pandemia

La pandemia también nos devuelve a las preguntas fundamentales. “Cuál es la razón por la cual algunas personas dedicamos nuestra vida a esta disciplina que se ha dado en llamar Economía?”, se pregunta Salguero. “El problema esencial de la Economía tiene que ver con la escasez, si con solo pensarlo pudiéramos acceder a los bienes necesarios para mantener la vida, no habría razón para intentar resolver estas cuestiones. La pandemia lo que ha hecho es golpear en el núcleo central del paradigma de la escasez. Ha hecho que lo escaso se vuelva más escaso. Debemos redoblar los esfuerzos para intentar resolver los problemas que resultan, ni más ni menos, del trade off o solución de compromiso entre las ‘necesidades infinitas y los recursos que son limitados y escasos’, y esto incluye aún a las personas más ricas del mundo, sea por el motivo que fuere”.

Y acto siguiente nos recuerda: “Originariamente, la ciencia se denominaba Economía Política y desde la revolución marginalista, es decir desde 1870, se ha perdido el cincuenta por ciento del nombre. Es decir, desde Alfred Marshall hasta acá hablamos de Economía a secas”. Este cambio no ha resultado menor ni baladí: “El objetivismo, producto del uso de la matemática en la teoría de la utilidad marginal —añade Salguero— ha hecho que se vea al ser humano como un autómata apto para formalismos matemáticos, pero se ha perdido la posibilidad de ver a la persona como un ser de carne y hueso que está sujeto a diversas contingencias, entre ellas, levantarse un día con el pié izquierdo, estar enfermo, o todo lo que nos pasa a las personas en el devenir de la vida cotidiana”.

La tradición teórica a la que Salguero refiere responde a una fundamentación liberal clásica, y lo que se conoce como la revolución marginalista en 1870 tuvo tres corrientes: William Jevons en Inglaterra, León Walras, en Escuela de Lausana y Carl Menger, en la Escuela de Viena. “La intervención de Marshall dio lugar al conocido ‘enfoque neoclásico’, aunque el prefijo ‘neo’ es un término abierto, y refiere a cualquier significado que quiera dársele”.

Análisis de la realidad: “Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos”.

—En la pérdida de la palabra “política” en el nombre de la disciplina, ¿se ha perdido eficacia también? ¿Sería posible pensar una recuperación de ese nombre original y de esa práctica?

—En el presente, no. La mayoría de las escuelas de pensamiento adhieren al objetivismo. Es más, hay grupos con gran influencia que consideran que la Economía no es una ciencia social sino una ciencia dura, y cada vez más se desvelan tratando de matematizarla, incrementando su relación con los algoritmos matemáticos, más que tratar de llevarla a ese escenario inicial que la ha planteado como una ciencia social. La econometría, por ejemplo, una disciplina de la medición económica de los datos, busca argumentar o corroborar a través de la evidencia empírica. Como decía un economista y sociólogo norteamericano, Mancur Olson, los datos nos permiten mostrar todo aquello que queramos, solo bastará ver hasta dónde seamos capaces de torturarlos.

—En este borramiento de lo social hay quienes aprovechan para reflotar las hipótesis de un mundo sin empleo, a caballo del automatismo, o de una sociedad en crisis, es decir por diversos motivos se podría llegar a esa conclusión.

—No podemos pensar en una economía que sea prescindente del trabajo. Todo lo que las personas hemos logrado como mejora en nuestra calidad de vida lo hemos conseguido con trabajo, que es el ingrediente insustituible para incrementar la mejora de las condiciones de vida. No hay nada que pueda hacerse sin trabajo. Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano. Lo que hace la tecnología, sí, es incrementar la productividad. Tomemos como ejemplo un productor rural: en determinado país necesitará una cantidad de horas, en otro le será suficiente con menos tiempo para producir mucho más, dada la manera en que se potencia su trabajo gracias al uso de la tecnología. Y eso hace que ese país sea más rico. La riqueza no está en el dinero, sino en la tasa de capitalización de esa economía que soporta el trabajo humano. Hay economistas que dicen que el dinero es la savia que lleva los nutrientes. El dinero es simplemente un medio para realizar intercambios. Lo que en realidad nos va a dar un mejor nivel de vida es el acceso a mayor cantidad de bienes y servicios, parte de esos bienes se usan para consumir y parte se ahorran.

“Es falso el argumento que dice que un robot puede reemplazar el trabajo humano. La tecnología puede potenciar el trabajo humano, pero no reemplazarlo, porque nada puede existir sin trabajo humano”.

—¿Puede suceder que se potencie la productividad pero al mismo tiempo se altere la naturaleza del trabajo humano por el impacto de la maquinaria? Algo así es lo que está en la tesis sobre la composición orgánica del capital.

—Ese es el argumento sobre el que subyace la plusvalía de Marx. Este autor, no solo partía de una concepción defectuosa de la economía, sino que sostenía que ésta, siempre referida a lo material, determinaba las características espirituales del hombre. Pero el empresario debe pagar el salario de mercado para cada tipo de trabajo, independientemente de su estado patrimonial y de sus deseos personales. La cuantía del capital determinará, en última instancia, los ingresos y salarios reales. El aumento del capital genera, entre otras cosas, que las tareas marginales desaparezcan del mercado aprovechándose el trabajo en tareas consideradas más necesarias. La evidencia, en ese sentido, ha sido contundente.

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y en la UNNOBA, donde dicta Macroeconomía, Microeconomía y Comercio y Finanzas Internacionales. Y egresado de la Escuela Naval Militar.

LIBRO CONTRA LA CUARENTENA OBLIGATORIA: SIN NEGACIONES, SIN CONSPIRACIONES, CON RAZONAMIENTO CRÍTICO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 20/6/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/09/libro-contra-la-cuarentena-obligatoria.html

Se trata de una recopilación de todas las entradas de mi blog (gzanotti.blogspot.com) contra la cuarentena obligatoria, desde Marzo de este año hasta fines de Agosto. Cada entrada tiene su fecha correspondiente.

Sólo reitero algo que se encuentra en el subtítulo: no se trata de negar la importancia médica de un virus ni tampoco de recurrir a teorías conspirativas, aunque defendemos, obviamente, el derecho que todo ciudadano tiene a hacerse ciertas preguntas.

Se trata de advertir el peligro mortal, que tiene para la Civilización Occidental, de haber suspendido lista y llanamente lo poco que quedaba de las libertades individuales. O sea, nuestra posición es deontologista: las libertades son inalienables. Recúrrase a las medidas pertinentes que fueren de salud pública -mientras haya bienes públicos- pero NUNCA a una nueva Unión Soviética universal. El fin no justifica los medios.

Por supuesto, esto implica también negar el pánico que ha producido la OMS. Pero la afirmación de las libertades individuales NO tiene su fundamento en que la tasa de letalidad del virus sea baja: porque si no lo fuera, entonces el totalitarismo mundial estaría éticamente permitido, y ese es nuestro punto: nunca lo está.

Sin embargo, si el lector ve mezclada nuestra posición política con preguntas médicas sobre la supuesta gravedad de la enfermedad, es para que todos puedan razonar más tranquilamente tomando una verdadera dimensión de la naturaleza del problema.

Los argumentos están expuestos. Juzgue el lector. Y ojalá esa libertad que le respeto fuera respetada por todos.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

Liberalismo, derecha, izquierda y Hayek

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-derecha-izquierda-y-hayek/

 

Si uno se guía por lo que dicen “en la tele”, el liberalismo es la derecha,  y los más liberales, la ultraderecha. Esto obviamente es problemático, ya que de ultraderecha también se cataloga a corrientes como el fascismo y el nazismo, y nada más alejado de las ideas de la libertad que eso.

Otras etiquetas que suelen utilizarse para dividir el espectro de las ideas es socialista y conservador. Para un socialista, un liberal es sin duda un conservador. Sin embargo, la mayoría de los liberales no aceptaría este mote. O, por lo menos, exigiría más precisiones. Si lo que se quiere “conservar” es un mercado libre, el liberal será conservador. Pero si se quiere “conservar” un statu quo que frene el progreso o restrinja la libertad, el liberal será un radical por el cambio.

Friedrich A. Hayek escribió en 1959 sobre esta cuestión y, como liberal que decía ser, sostuvo que su pensamiento estaba alejando tanto del socialismo como del conservadurismo.

El premio Nobel de economía sostenía que si bien “en el terreno político” los defensores de la libertad “no tienen más alternativa” que apoyar a los partidos conservadores, convenía “tra­zar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicional­mente defienden los conservadores.”

En este sentido, se preocupó por aclarar:

… los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo.

Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubica­dos más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. 

La diferencia entre eagrarios

l liberal y el conservador es, para Hayek, la actitud de uno y otro frente al cambio. Como su nombre lo indica, el conservador es reacio a los cambios sociales, mientras que el liberal solo lo es en la medida que dicho cambio afecta las libertades individuales.

Por ejemplo, si se quiere imponer un control de precios en un mercado, liberales y conservadores estarán en contra del socialista partidario de la intervención. Ahora si el cambio es sobre la apertura de un determinado mercado a la competencia internacional, ¿qué ocurrirá?

Los conservadores aquí muestran una tendencia a ser nacionalistas que desprecian lo extranjero, por lo que aparece una tentación proteccionista, algo que podemos ver bien en la figura de Donald Trump. Según Hayek:

Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios.

(…)

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusa­do parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. (…) Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colecti­vista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales.

Generalizando la cuestión:

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservado­res. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en prin­cipio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas (…)

Jamás, cuando [los conservadores] avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desco­nocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde pue­de llevarles el proceso.

Estas palabras de Hayek son perfectamente compatibles con su idea del conocimiento disperso en la sociedad. El cambio no puede controlarse “desde arriba” porque los nuevos descubrimientos que dan lugar al progreso se encuentran dispersos en las millones de mentes y acciones individuales que conforman el planeta. La clave es ir hacia un sistema donde esas mentes y acciones puedan desarrollarse sin restricciones. En palabras de Hayek: “lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.”

Esto aplica fácilmente a la economía y hace que los liberales siempre le demos la bienvenida al avance tecnológico o a la llegada de importaciones desde el exterior. Pero también puede extenderse a otras áreas, como a la no discriminación por raza, religión, nacionalidad u orientación sexual. Los liberales también le damos la bienvenida a la diversidad en esta materia, a diferencia de al menos algunos conservadores.

Conservadores, autoritarismo y educación pública

El texto de Hayek nos hace reflexionar también sobre dos cuestiones. En primer lugar, sugiere que los conservadores tienen afición por el autoritarismo, ya que confían en que alguien “desde arriba” monitoree permanentemente los cambios, sin dejarlos librados al azar:

Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las muta­ciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

 Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontrola­das explica otras dos características del conservador: su afición al autorita­rismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. (…) Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades.

En la actualidad no se observan casos de autoritarismos o dictaduras de derecha o conservadoras, como sí los hubo en el pasado. Sin embargo, las críticas de Trump a los desequilibrios comerciales (resultado de acciones individuales no controladas por ningún gobierno) serían un ejemplo de lo que Hayek describe.

En otro orden de cosas, Hayek sugiere que los conservadores están siempre listos para criticar la coacción estatal si ella implica perseguir objetivos que no le son afines, pero que miran para otro lado si dicha intervención es compatible con sus juicios morales:

El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. (…) Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna,desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Esto tal vez sea patente en el caso argentino y en la polémica por la Educación Sexual Integral.

Parecería que a ciertos conservadores lo que molesta no es que se imparta un plan único de educación desde el gobierno,  sino cuál se imparte. Si es la ESI, se oponen, si es la NO educación sexual, entonces está todo bien. Pero en ambos casos se está eligiendo desde la poltrona oficial qué contenido se enseña a los alumnos.

El problema para los liberales es el uso del poder, más allá del contenido específico de ese poder. He ahí otra diferencia sustancial.

Contrapunto en Twitter

En Twitter Francisco Peláez hizo un divertido comentario acerca de este tema. Según él, el liberal que dice no ser de derecha ni de izquierda (Hayek, de alguna manera, en este artículo), es en realidad de izquierda.

El comentario me pareció divertido, pero le pasé el link al artículo de Hayek para que vea que es posible que haya un liberalismo equidistante de ambas corrientes. Rápidamente, el usuario “Juan Doe”, Juan Pablo Carreira, me contestó que el artículo no aplicaba a la situación porque Hayek:

… se refiere al conservador europeo. Conservador europeo en la década del ’50 era Franco y los vestigios fascistas. No el “conservative” de derecha yankee.

Ahora en realidad no es relevante para la discusión ese matiz.

En definitiva, Hayek se refiere a cualquier conservador que por oponerse al cambio vaya en contra de la libertad. No es un artículo específico para criticar a conservadores europeos, sino una reflexión general sobre lo que él entiende por conservadurismo. Así, por ejemplo, cuando habla del nacionalismo patriotero, da lo mismo si ese nacionalismo patriotero es defendido por un yankee, un europeo o un sudamericano. Cabe el mote de conservador nacionalista de cualquier manera.

De hecho, Hayek mismo lo aclara en el artículo:

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendien­do tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

Finalmente, hay puntos de contacto entre conservadores y liberales, cierto. Pero también hay enormes diferencias. Por eso a veces es necesario aclarar. Un liberal que dice no ser de derecha seguramente esté pensando en algo de esto.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

RESPUESTA A JOSÉ BENEGAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/11/18 en: https://gzanotti.blogspot.com/2018/11/respuesta-jose-benegas.html?fbclid=IwAR13IlIRzzX1_HzUEA2CHcAWBnbllwb1wxhVpkCVXsj2x2l09DhRccQaqOw

 

Bueno José el tema está que arde y en este momento me enfrento con los católicos enojados precisamente porque me fui a las libertades individuales y los liberales muy enojados porque manifiesto mi oposición moral a lo que muchos liberales consideran moralmente indiferente. Así que gracias por someterme al pensamiento crítico, en primer lugar, y gracias por permitirme hacer importantes aclaraciones, en segundo lugar. Te voy respondiendo debajo de tus comentarios.

El fin de semana vi la exposición que hizo Gabriel Zanotti sobre su libro referido a a llamada “Ideología de género contra las libertades individuales”. Hacia la desaparición de la libertad de expresión y de enseñanza en occidente”, porque quería encontrar más acerca de este caótico movimiento que sostiene que las ideas sobre el género comprometen a la sociedad libre y que considerar un asunto amoral, es decir, que no tiene implicancia moral particular, la sexualidad o el género, es destruir a la civilización y a la familia.

Comienza haciendo una aclaración importante, aunque creo que se contradice con el título. Señala que la cuestión del género tiene un desarrollo bastante largo, la discusión sobre la sexualidad humana en los campos específicos de la ciencia que la estudian también y que todo eso está en todo caso fuera del debate político, lo cual, agrego yo, no puede comprometer a occidente o destruir a la sociedad. Me parece importante decirlo porque todas las otras exposiciones o escritos que vi sobre este asunto indican que pensar sobre el sexo de una manera diferente a los cánones de la iglesia católica es marxista y un intento de “sovietizar a la sociedad”.

Exactamente: yo no pienso eso.

 En la inflamación de ese discurso no hay lugar a sutileza alguna, o te subís al carro de los luchadores contra un fantasma difuso o sos la reencarnación de un Pol Pot sexólogo.

También aclara que no se puede ingresar en el debate público “en tanto católico”,

No, cuidado, no dije eso exactamente: dije que en una reunión de consorcio, que yo sea católico no es motivo para mi argumentación a favor de que los caños sean de bronce o de plomo, aceptando parte de la verdad de la argumentación de John Rawls sobre la “razón pública”. Pero nada de eso implica negar la influencia del Judeocristianismo para una sociedad libre. He explicado esto en mi librohttps://www.amazon.es/Judeocristianismo-Civilizaci%C3%B3n-Occidental-Libertad-judeocristiano-ebook/dp/B079P7V1JC/ref=redir_mobile_desktop?_encoding=UTF8&__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85Z%C3%95%C3%91&dpID=51GJcML485L&dpPl=1&keywords=judeocristianismo%20zanotti&pi=AC_SX236_SY340_QL65&qid=1518158250&ref=plSrch&ref_=mp_s_a_1_1&sr=8-1 , que  te recomiendo leer, a ti y a los demás, para evitar innecesarias repeticiones.

porque cuando se discute sobre el uso de la fuerza, que eso es la política, esas convicciones no pueden ser utilizadas como argumento contra otros que no comparten esa creencia.

El problema para mí es que la conversación no siguió por esa línea y que el libro no tendría que ser contra una “ideología”. Es correcto lo que indica en cuanto a que nadie puede ni debe obligarlo a pensar de una manera ni a aceptar determinadas explicaciones que se opongan a su religión o a su explicación de la naturaleza o la realidad. Eso es algo que no pueden hacer los que explican el género, ni los vegetarianos, ni los de boca. Que muchos violen esa regla no hace a los vegetarianos, los que hablan de género ni a los de boca marxistas, ni a ser de boca, vegetariano o defensor de la libertad de género antiliberal.

Creo que allí se produjo una confusión, y hago un mea culpa si no fue suficientemente claro. Distinguí entre las teorías del género y las ideologías de género. Las primeras son eso: teorías, hipótesis, doctrinas, convicciones. Las segundas son ideologías porque, como Popper define utopía, han sufrido la tentación de violencia. En ese sentido si yo creo que comer vegetales está bien, es una teoría; si quiero hacerlo coactivo y además organizo manifestaciones agresivas delante de las carnicerías y hago pipí en la entrada, es ideología……………..

No respetar otras opiniones o querer acallarlas no es algo que está incito en pensar que dos hombres o dos mujeres pueden casarse o que alguien que nace varón puede adoptar todas las formas entendidas como femeninas. De manera que por lo menos habría que separar ambas cosas. Digamos que estas opciones no clásicas también son formas distintas de pensar que tendrían que ser respetadas hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta practicar ese entendimiento. Si a creer esto último le llamo “ideología enemiga de occidente que atenta contra las libertades individuales”, entonces estoy sosteniendo que contra ella se puede usar la fuerza, porque esa es precisamente la tesis del liberalismo clásico, al que adhiere Zanotti. Y si no me animo a afirmarlo en esos términos, ya el hecho de considerar enemigo de la libertad a un tipo de pensamiento particular sobre algo que ni siquiera es en sí mismo político (el marxismo si es un pensamiento sobre la política), es una invitación a la violencia física o verbal e implica que el liberalismo necesita detestar a determinado tipo de personas o elecciones o ser acompañado de alguna forma de policía moral, científica o civil. Si eso es parte del discurso político, ese pensamiento supuestamente liberal se transforma en una amenaza cierta para los sostenedores o practicantes de esas opciones así señaladas como enemigas.

Bien, con la aclaración que te hice debería estar todo aclarado. Disculpame si últimamente estoy minimalista en mis definiciones. Por eso no pido un mea culpa. Por lo demás, para mayores aclaraciones están los artículos que fueron publicados bajo el mismo título. Te los mando si querés.

Para asociar tal cosa con marxismo hay que recurrir a una teoría conspirativa, que sería como decir que los vegetarianos en realidad no quieren comer vegetales sino la expropiación de los medios de producción, así que si no comes asado, sos marxista. Así lo he visto relacionar, aunque no en este caso en el que no hubo explicación al respecto.

Mm, de vuelta, creo que sí la hubo, y esta vez creo que fui claro. Ser marxista cultural equivale a pensar todo en clave de clases sociales como Marx las describía y extender esa dialéctica a “nuevas” clases explotadas: las mujeres, los indígenas, los homo, etc. Lo expliqué ese día y en muchos artículos este año, como por ejemplohttp://institutoacton.org/2018/08/14/individualismo-metodologico-para-catolicos-y-marcianos-gabriel-zanotti/

El liberalismo no tiene enemigos internos fuera de los que, como diría Zanotti también, intentan conculcar otras libertades. Pero por supuesto que no vale decir que, como decían los nazis con los judíos, ellos son los que están conspirando para destruir a mi sociedad o mi religión. Y si hay gente entre el “ellos” que Zanotti usa muchas veces en su exposición (es medio inevitable hacerlo) que querría entrar con un ejército a matarlo, según afirmó, eso no es el universo del “ellos” que piensan sobre sexo, sexualidad y derecho civil, de un modo distinto a él. Yo mismo por ejemplo.

“Ellos” son los marxistas culturales para los cuales soy un explotador heteropatriarcal y por ende para  ellos lo coherente es aplicar contra mí la violencia revolucionaria. Es claro que no es tu caso.

Podría decir Zanotti que soy parte de la “ideología de género”.

Dije: es claro que no es tu caso.

Atribuirme esas intenciones u orquestaciones de conspiraciones, o inclusive marxismo, además de ser un insulto es la antesala de sus propias hordas “defendiéndose” de mí. No es cuestión de ponerse en víctima para poner un tipo de pensamiento sobre una parte de la población en términos de liberalismo clásico.

Bueno, no puedo aclararlo más.

El libro por lo tanto no debería llamarse “Ideología de género”, de acuerdo al principio de la charla, sino el estado regulando el pensamiento, no sé, pero si a ideología de género se le llama a aceptar las modernas explicaciones sobre la sexualidad, estar a favor del aborto, estar a favor de la educación sexual en los colegios, nada de eso es en sí mismo anti liberal, aún cuando fuera eventualmente equivocado por otras razones en las que la libertad no está en juego.

Bueno, creo que ya lo he aclarado. Y lo dije varias veces: si querés pensar todo eso, pensalo. Es parte de una sociedad libre. Pero si querés imponerlo por la fuerza, es otra. Y por eso gasté gran parte de la charla en explicar lo que para “ellos” son los “nuevos delitos”…..

 En cada una de las cuestiones hay asuntos discutibles, meterlas todas en una conspiración destructora de occidente merecería un gran desarrollo, pero lo que no tiene sentido alguno es atribuirles un efecto liberticida por una intención simplemente atribuida a los que las defienden

De vuelta: yo no hice eso.

¿Que personas adopten una forma de vivir diferente limita las libertades de los demás? Ya hablar de occidente como una cosa, una cultura, una forma de familia, una cualquier cosa, no tiene nada que ver con el pensamiento liberal. No hay formas de vivir contrarias a occidente en una sociedad libre. No hay cultura obligatoria en una sociedad libre, por lo tanto estar contra un supuesto occidente cristiano es parte de las opciones que ofrece este occidente de ahora, que no tiene nada que ver con otros anteriores, justamente por el liberalismo clásico. Es legítima la disidencia cultural, cada generación es culturalmente disidente de la anterior y, lo que es más importante, “la cultura” es una entelequia aún más abusada que la “sociedad” en términos de individualismo metodológico.

Para el tema de una cultura judeocristiana, te recomiendo el libro citado.

Hablando de eso, Zanotti sostiene que considerar los derechos de las mujeres o los gays es colectivista.

Ya aclaré por qué. Los que tienen derechos son los seres humanos, sean mujeres, varones, terrestres o vulcanos.

 Es cierto que en una sociedad de individuos completamente libres, no hay distinción que hacer al respecto y eso implicaría crear fueros (también hablar de derechos de las familias o de las religiones, debo adelantarme a aclarar). Pero digamos que si los negros son esclavos y hablo de los derechos de los negros, eso tiene un valor muy diferente

Si, pero en ese caso hay que aclarar muy bien el contexto. Porque el movimiento de los derechos civiles comenzó muy bien y luego terminó en la affirmative action para los afro, y sabés que eso es muy discutible desde un punto de vista liberal clásico.

 y que no es lo mismo crear el cupo femenino a terminar con la diferencia que existía cuando se sancionaba penalmente el adulterio

Siempre sostuve la necesidad de des-penalizar el adulterio, sobre todo en la Argentina de 1985, cuando casi todos los demás católicos me querían matar (como siempre).

entre el cometido por el hombre y la mujer o establecer la patria potestad compartida, algo que hasta hace muy pocos años pertenecía solo a los varones y parecía tan normal. Lo mismo puede decirse del matrimonio homosexual.

Siempre estuve de acuerdo con que NO haya matrimonio estatal y listo, tema por el cual TODOS me quieren matar. Vos parecés no referirte a este tema cuando hablás del matrimonio homosexual.

 Si a estas cosas le llamamos derechos de tales grupos, eso de colectivista no tiene nada, es el natural avance del liberalismo clásico, de la libertad individual sobre rémoras del pasado que lo detenían. Ahí es cuando viene el argumento de lo “normal”, no en esta charla de Zanotti, que muestra el fundamento anti individual de la oposición a estas cosas. Y claro que se puede opinar contra, pero no desde el liberalismo y menos porque estar a favor sea antiliberal.

Ok.

Pero esta es la época en que todos quieren ser conservadores pero llamarse liberales igual, o ser dogmáticos religiosos pero hablar en nombre de la naturaleza y la ciencia,

NO es mi caso. Tengo explícitamente escrito que mi defensa de la familia tradicional cristiana NO se basa en una naturaleza despojada del contexto teológico y menos aún en una falible ciencia……………………….

http://institutoacton.org/2018/07/04/sexualidad-hacia-una-ley-natural-mas-catolica-y-una-mayor-vivencia-de-la-libertad-religiosa-gabriel-zanotti/

 o llevar a la política una moralina que no practican pero no ser considerados fascistas sino “liberales realistas” Para esa impostura los demás debemos ser puestos en el lugar de “progres”. Esa deshonesitidad yo no me la voy aguantar calladito, que entre el ejército que quiera.

Si me atribuís esa deshonestidad a mí, bueno, creo que es injusto.

Si los que son marxistas dentro de un movimiento político que toma el feminismo como agitación hablan de explotación de la mujer, en términos muy dudosamente marxistas según acabo de explicar, eso no explica ni a todo el feminismo ni a todo lo “genero”, ni lo descalifica, de la misma manera que Malcom X no hace al movimiento de derechos civiles marxista, sobre lo que vuelvo después.

Ok.

 De lo que se habla en general es de segregación, en muchos casos sin razón, en otros con razón, en la mayoría con métodos que no respetan la libertad de expresión ajena, en gran media pretendiendo cambiar costumbres arraigadas desde el iluminismo de los reguladores. En algunos casos con implicancias políticas, en otros sin implicancias políticas. Pero los que son errores están muy mal respondidos desde una moral dogmática alternativa que se defiende de ser puesta en competencia, en entredicho o relativizada. Gran parte de la nueva derecha, no digo Zanotti, quieren responder al feminismo diciendo que la mujer “naturalmente” tiene que estar en la cocina y cuidando a los niños.

Bueno pero entonces dilo a ellos. Decís, ok, “no digo Zanotti”, pero lo ponés en una respuesta hacia mí, ello puede implicar una confusión en el lector………

Discrepo con Zanotti, por la misma razón del párrafo anterior, con que su libertad de no usar el lenguaje inclusivo, que no he visto que nadie quiera hacerlo obligatorio

¿No has visto a nadie? Oh! Parece que vivimos en planetas distintos….. Hablá con Jordan Peterson, que está a punto de ir preso por NO hacerlo……

 y con el que tampoco estoy de acuerdo (ni con la obligación, ni con el lenguaje inclusivo, no por marxista, sino por estúpido), sea religiosa. Ahí cae en el mismo error que estaba criticando de considerar que los grupos tienen derechos especiales. Los cristianos no tienen derechos especiales. Hay derecho a ser cristiano y a practicar la religión, pero ese derecho es como individuos, no como parte de una comunidad, que es precisamente lo que explicaba Zanotti.

Ok, claro………. Pero entonces no sé por qué decís “discrepo con Zanotti”….

Si hubiera persecución contra ellos, cabría hablar de derechos de los cristianos,

Aún así tampoco. Los derechos son de los seres humanos, sean cristianos o no. O sea, NADIE, sea cristiano o vulcano, debe ser perseguido en una sociedad libre por ejercer sus libertades individuales…….

 pero en este caso fundamenta su libertad de pensamiento y expresión, no de actuación porque no he visto por lo menos prohibiciones al matrimonio heterosexual u obligaciones de cambiarse de sexo o de usar el lenguaje inclusivo. El mismo error cometían los que se oponían a que la ley de aborto implicara la obligación de los médicos de practicarlo. Se oponían en base a su “libertad religiosa”. No hay por qué ser cristiano para oponerse a practicar cualquier cosa, eso es un derecho individual del que no cabe dar explicación ni es necesario hacer profesión de fé.

PERO si el que te obliga a realizar un aborto por ser médico NO te acepta que puedas tener una convicción NO fundada en la religión para NO hacerlo, ENTONCES TAMBIÉN puedes argumentar desde tu derecho a la libertad religiosa, porque si el debate es “usted no lo quiere hacer porque es católico”, mi respuesta es “y qué”.

 Un medico tiene derecho a no practicar un aborto porque es un individuo libre, no porque es un crisitano, no necesita serlo para negarse. Ahí sí hay un intento de crear un fuero personal. El tema lo he tratado antes.

No, si aludís a tu libertad religiosa no estás aludiendo a ningún fuero en especial sino a la 1ra enmienda de los EEUU, que no creo que sean lo mismo…

Desde que empezó el movimiento “anti marxismo cultural” señalo que pertenece a una forma más de postmodernismo y hasta de multiculturalismo. Es una derecha que confirma los supuestos que la izquierda viene esgrimiendo desde hace décadas sobre que “lo liberal” es una opción más, así que habría un supraliberalismo en el que se es más liberal aceptando el liberalismo y la obligación de chador como cosas equivalentes. La nueva derecha cree que eso es tan cierto, que se puso a defender “su occidente”, su cultura, su “chador”, de otra cultura. Aceptó el partido. Y no se entiende cómo hacen referencia a la herencia marxista en cuando a que la lucha de clases fue reemplazada por otras explotaciones. En primer lugar porque la explotación de la lucha de clases tiene una explicación económica muy específica, que no es trasladadle a otras “luchas”.

Sí es trasladable, José. La plus-valía puede reproducirse como hipótesis ad hoc. El marxismo tiene la virtud teorética de “migrar”.

 Pero el problema principal no es ese. La izquierda de verdad usa cualquier tipo de grupo que se sienta maltratado para agitar. Lo viene haciendo desde tiempo inmemorial, aunque me parece difícil llamarle a eso marxismo.

Bueno, ok, tenés un interesante tema de debate allí,. Yo creo que sí por el colectivismo metodológico implicado. Por lo demás la primera migración del marxismo fue en los 60 con la teoría de la dependencia y el deterioro de los términos de intercambio. Y lo hicieron muy bien.

 Laclau lo transforma en teoría a través de la hegemonía formada por la utilización de cualquier descontento para acelerar la carrera hacia el poder y para concentrarlo en función de una venganza. Así que la agitación no tiene nada de novedoso. La nueva derecha hace lo mismo con los cristianos víctimas de que otra gente quiere vivir de otra manera y de la maléfica “ideología de género” y no por eso son marxistas.

No, José, las víctimas son los que están siendo encarcelados por supuestos pseudodelitos como discriminación, hate speech, etc. La mayoría de ellos “happen to be” cristianos (no Jordan Peterson precisamente), pero el “happen tu be” no implica que sean encarcelados por ser cristianos, sino que son procesados por ejercer sus libertades individuales. Si vos mañana te sentís mujer y yo digo públicamente que seguís siendo varón, he ejercido mi derecho a la libertad de expresión, sea cristiano o no…….

 Son deshonestos todos, agitadores todos y peligrosos todos, pero no por una doctrina sino por una metodología de agitación consistente en demonizar al otro.

Pero si vamos al fondo del asunto la cosa es peor. Mientras Marx dice que el empresario explota al obrero, el capitalismo dice que no y que el empresario es el que hace posible el ingreso del obrero. El capitalismo no está a favor del empresario contra el obrero, está a favor de ambos y dice que el conflicto es un invento.

Ok….

El capitalismo no dice que el obrero es malo y es marxista. No dice tampoco que porque el obrero pida un aumento de salarios es marxista o que si se quejara por algo como que no lo dejaran casarse sería marxista. Todo depende de en qué términos se queje pero eso no es algo que esté en él en tanto obrero, sino en las ideas como individuo que sostenga. En cambio para la nueva derecha las mujeres tienen que cocinar, los gays se tienen que encerrar en un cuarto y todo aquél que no esté de acuerdo es marxista.

YO no digo eso….

 Y oponerse a semejantes estupideces es atentar contra la libertad de expresión de ellos.

YO no digo eso….

No importa que se invoque la libertad y no la igualdad o la explotación, ya aceptar o considerar o no declararse enemigo de la idea de género, es practicar una ideología contraria a occidente. Esa es una falsificación absoluta de los términos de la discusión.

NO han sido MIS términos de la discusión.

Por eso no es tan sencillo como que “hablar de los derechos de las mujeres” es quebrantar el individualismo metodológico, si de lo que estamos hablando es de libertades de las mujeres.

No será sencillo pero hacerlo NO es falso. En todo caso hay que hacerlo con cuidado. Si dices que no he tenido cuidado, bueno, lo tendré más, pero no se puede siempre aclarar todo ad infinitum.

Y tampoco es cierto que si la izquierda habla de la igualdad de las mujeres, no se pueda hablar de la igualdad ante la ley de las mujeres y de la libertad de las mujeres, del mismo modo que hablar de la libertad de los negros no es marxista, ni hablar de la igualdad ante la ley de los negros es marxista, es liberalismo clásico elemental.

Ok. ¿Y por qué te pensás que la he defendido a María Blanco?

 Después podrán discutir si tal o cual cosa es una restricción a la libertad o no, pero asimilar eso a colectivismo no tiene rastros de razonabilidad.

Zanotti pone como ejemplo a Marthin Luther King. El es, según Zanotti, un liberal clásico, que quiere que sus hijos sean tratados igual que los demás. Malcom X en cambio es un individuo violento y marxista. Estamos de acuerdo en esta diferenciación. Es más, siempre uso como ejemplo el componente de izquierda que hay en el movimiento de derechos civiles y que eso no hace injustos sus reclamos ni hace a los negros marxistas. Pero curiosamente en toda la ensalada que se pone bajo el mote “ideología de género”, que va desde el aborto, a la educación sexual, a las teorías de género y al matrimonio homosexual, no admite la existencia de Martin Luther King alguno. No hace esa distinción,

Pero yo la hice. ¿Por qué tanta diferencia con MI conferencia entonces?

todo es “ideología de género contra occidente”. Todo es Malcom X. Pero aún así, si en el movimiento de derechos civiles Martin Luther King no hubiera existido y todo hubiera sido Malcom X, eso tampoco transformaría en injustos todos los reclamos ni el movimiento en sí mismo podría ser considerado marxista y, mucho menos, hubiera eximido a los liberales clásicos de apoyar las reformas.

Ok.

 Si un marxista reclama poder salir a la calle, salir a la calle no se transforma en marxista.

Ok….

No sé por qué no hay para la nueva derecha ningún Martin Luther King o una forma liberal de defender las cosas que ellos consideran la “contaminación de occidente”. O lo sé, porque en gran medida es una impostura. Están empeñados en destruir al liberalismo tildando de “progre” a todo lo que no sea un neofalangismo.

No creerás que sea mi caso no? ¿Yo neofalangista? Ja ja, dilo a los falangistas en serio……

Lo que faltó fundamentalmente en la charla es la definición de la “ideología de género”,

Creo que ya lo aclaré. Ideología, sí, por la violencia y el marxismo como colectivismo metodológico y extensión de la teoría de la explotación a nuevos colectivos explotados.

si bien podemos inferir el mismo salpicado de temas que vemos en todos lados y que perfectamente podrían agruparse como pensamiento que cuestiona las verdades católicas. De hecho hay que ver quienes se vieron convocados por la charla, de acuerdo a las preguntas que eran sobre temas de la religión, no de la constitución, muchas de ellas claramente opuestas a las referencias a la libertad de Zanotti.

El título decía “contra las libertades individuales”. Si muchos de los que vinieron no sabían ni lo que era eso, bueno, por eso me enfoqué en explicarlas…….

Mientras no exista la definición, no desde una conspiración que no define nada, sino conceptualmente, todo se reduce a una caza de brujas.

Bueno, dale, la next time voy a estar tres siglos con la definición, pero igual vas a ver que no te va a gustar.

Catolicismos hay varios también y ya que está metido en la política deberíamos analizar el carácter de esta ideología católica en boga. Se supone que hay unas familias mandatorias, derivadas de Adan y Eva como explica Zanotti, que como eran heterosexuales obligan a todos a ser heterosexuales y hacer familias así. Pero los curas y las monjas no cumplen con ese precepto y no son considerados marxistas culturales. Para eso hay un pertinente “ad hoc”. A mi me hubiera encantado estar en la charla pero no para preguntarle algo a Zanotti, con quien preferiría tener una charla en privado porque nos conocemos y diferimos o acordamos desde tiempos muy juveniles. Me hubiera encantado preguntarles cuántos de ellos eran separados o divorciados, porque me parece que esta ideología católica, como una de las posibilidades del catolicismo, tiene altas dosis de hipocresía y sobre todo de anacronismo.

Aquí realmente no te entiendo bien. Pero si por “ideología católica” entendés “catolicismo a los palos”, creo que me he opuesto a ello desde muuuuuy chiquito y precisamente muchos “palos” me han dado por ello…………

Y anacronismo más política se pone muy peligroso. Y me encantaría preguntarles qué hacen ellos si tienen hijos gays, si procederían como Bolsonaro, un divorciado tres veces, pero que propone que se mueran en un accidente.

Eso es una bestiliadad….. Lejos de mí, por Dios……..

 Me gustaría muchísimo que me contaran los culturales de esta ideología católica, que piensan de la otra ideología católica, la que habla del amor al prójimo. No es que dice que hay que ser bien educado con un transexual por ejemplo, habla de otra cosa, de amarlo, sin juzgarlo. Ni habla de tolerancia, sino de amor. Esa otra ideología católica dice por ejemplo que los católicos no están en condiciones de juzgar a nadie.

Acá de vuelta me perdí. Claro que forma parte del catolicismo el no juzgar la conciencia de nadie. Eso NO es precisamente “ideología”…..

 No como dice Zanotti que dice hablar de los homosexuales pero de ningún homosexual en particular, porque si habla de los homosexuales habla de todos los homosexuales en particular; regla básica de la lógica.

No, mi querido amigo, no……. “Todo S es P” NO es un juicio particular de existencia…………. Para pasar de todo S es p aalgún s es p hay que colocar una premisa intermedia que afirme “existe algún X tal que X es p”….. ver al respecto Łukasiewicz, Jan (1977). La silogística de Aristóteles desde el punto de vista de la lógica formal moderna. Tecnos…..

 El transexual que saluda por educación es uno en particular. Dice esa otra ideología que no son nadie para tirar una piedra, que pueden saber qué cosa es pecado pero nadie más que Dios sabe quién es pecador. Esa ideología católica

El catolicismo no es una ideología José. Pero bueno, sé que no lo vas a aceptar………….

 me gusta mucho más, la comparto en gran medida aunque no creo que sea un mandato del mas allá, es simplemente entendimiento sobre la naturaleza humana y sobre nuestras condiciones de existencia. Quiero decir con esto último que hay formas inofensivas y liberales de catolicismo, pero no es esta que busca el mal en los otros.

Este artículo es público por si a Zanotti le interesa comentarlo o responder algo.

Ja ja bueno, creo que ya respondí………………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JAPÓN: LA RESTAURACIÓN MEIJI, EL CONSTRUCTIVISMO OCCIDENTAL, EL SHINTOÍSMO NO NACIONALISTA Y EL CRISTIANISMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/japon-la-restauracion-meiji-el.html

 

La historia de Japón es muy poco conocida excepto para sus estudiosos, pero el cine se ha encargado de mostrarnos un momento crucial, difícil de interpretar, a través del film El último Samurai –que repite fielmente el mismo esquema de Danza con Lobos; Avatar sigue el mismo argumento-. Todos seguramente se han conmovido cuando las ametralladoras occidentales arrasan con “los últimos samurai” que con honor y valentía atacan con su destreza, sus espadas y sus caballos a un ejército menos honorable pero, como siempre sucede en la historia humana, dotado con una capacidad técnica imposible de superar.

¿Pero qué había detrás de ello, más allá del soldado occidental que se convierte en samurai? Lo que vemos, lejanamente y entre sombras, es lo que fue la Restauración Meiji, un decidido empeño por parte de cierta aristocracia japonesa para sacar a su nación del auto-encerramiento cultural que duró de 1603 a 1868. O sea, un intento de hacer un Japón “moderno”, con instituciones occidentales, y que aparentemente tuvo éxito: Japón se convirtió en la potencia industrial, técnica y política más poderosa de Oriente desde fines del s. XIX hasta fines de la Primera Guerra, en la cual se sentó, en Versalles, como cuarta potencia después de los delegados de Francia, Inglaterra y EEUU.

Por ende los supuestos malos de la peli eran en realidad los buenos. Si, tal vez el imaginario Omura era un corrupto malo malo malo pero en realidad formaba parte de un gobierno que quería sacar a Japón de su feudalismo y llevarlo hacia una modernización occidental donde los samurai ya no tendrían cabida como servidores de los señores feudales del Japón.

¿Pero qué intenta copiar, de Occidente, la Restauración Meiji?

Aquí entra la clave de la cuestión: no el liberalismo clásico, sino el racionalismo constructivista explicado una y otra vez por F. Hayek.

Esto es, no las libertades individuales con un gobierno limitado a custodiarlas, sino la construcción de un estado centralizado e imperial, dispuesto a barrer con el Antiguo Régimen anterior. O sea, los estados napoleónicos posteriores a la Revolución Francesa.

Por lo tanto, bajo aparentes instituciones liberales tales como las cámaras de representantes, las supuestas divisiones de poderes, las vestimentas occidentales y, por supuesto, la ciencia occidental, estaba la visión constructivista, bajo la cual el imperialismo y el dominio de otras naciones era también su directiva. Pero eso, vuelvo a decir, directamente importado de esa visión occidental de planificación central que quebró la evolución del liberalismo clásico y llevó a Occidente a los nacionalismos e imperialismos europeos que terminaron en la Primera Guerra. La dinastía Meiji no hizo nada más ni nada menos que llevar eso a Japón.

El Japón feudal tenía por supuesto sus bellezas culturales. Entre ellas el Bushido, relativamente similar[1] (pero creo que superior) a la tradición caballeresca medieval occidental. Algunos de sus valores eran muy similares al Cristianismo, pero esa unión no se pudo concretar no sólo porque la Dinastía Edo vio en el cristianismo una pérdida de la identidad nacional japonesa, sino porque, si ya en el Cristianismo occidental la noción de persona y sus implicaciones morales tardaron mucho en florecer, mucho más en Japón.

La religión nacional japonesa, el Shintoísmo, es una conmovedora mitología animista-politeísta, con preciosas consecuencias artísticas y ceremoniales. Es en principio una mitología nacionalista, porque Japón como nación se origina con la pareja de dioses fundacionales, Izanami e Izanagi, cuyo amor y descendencia da origen a las islas y a los habitantes de Japón, sin distinción entre lo viviente y lo no viviente, o entre lo divino y lo no divino[2]. Una de las características más interesantes del Shinto es que lo individual no aparece, sino en red, en conjunto, casi como neuronas que individualmente no tendrían sentido sino sólo en sus millones de conexiones sinápticas. Por eso, para dar sólo un ejemplo, no hay plato principal en la comida japonesa, sino varios relativamente diminutos que en conjunto constituyen el alimento.

En esa tradición de casi 2000 años era muy difícil introducir la noción de libertades individuales, pero fue coherente que la modernización coincidiera entonces con el constructivismo occidental, esencialmente colectivista.

Por eso la dinastía Meiji es primero una restauración, porque tiene que basar la nueva nación japonesa moderna en el seguimiento del linaje de un emperador-dios, que, aunque no cumpliera funciones de gobierno, siempre había simbolizado en Japón la continuidad de su origen divino. Pero además esa restauración convierte al Shinto, más que en una religión, en un conjunto de ceremonias de estado[3]. No había libertad para no seguir ese ceremonial –análogo al culto a los símbolos nacionales que los occidentales, acríticamente, siguen practicando- pero sí había libertad para otras “religiones”. Pero no para el Shinto, que se convirtió más bien en un conjunto de ceremoniales parecidos a la pietas romana del Imperio. Esa pietas formó parte del contenido obligatoria de la educación pública japonesa hasta 1945.

Por ende, para comprender la acción internacional del Imperio Japonés después de la Primera Guerra, hay que entender que ellos no podían ver las alianzas o no alianzas con las potencias occidentales con el ojo crítico de un libertario, sino sencillamente con la mirada de una nación colectiva donde lo individual no contaba sino el éxito o no de un proyecto nacional en los cuales otros proyectos nacionales –sea Inglaterra, Alemania, o quienes fueren- no eran más que aliados o enemigos en el logro de la grandeza del Japón Divino e Imperial.

Por eso tiene razón W. G. Beasley cuando explica el triunfo de políticas nacionalistas, después de 1918, frente a partidos más de izquierda –o sea no nacionalistas- en Japón: “…el fracaso en lograr apoyo popular fue lo que condenó a ambas clases de partido a la guerra. Las razones de ésta no han de buscarse en ningún factor singular y ni siquiera enteramente en las deficiencias de los políticos. Estribaban más bien en aquellas ideas e instituciones que habían desviado al pueblo japonés de la persecución de las libertades individuales para dirigirlo hacia el alcance de metas colectivas: las presiones formativas del sistema educativo; una religión estatal centrada en el emperador; la conscripción con el adoctrinamiento que la acompañaba; y la persistencia de actitudes autoritarias y tradicionales en sectores importantes de la conducta burocrática y familiar”[4].

Desde aquí se entiende también que el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, haya tenido una concepción universalista y no-nacionalista del Shinto japonés: porque basó sus convicciones en la secta Omoto[5], que, con elementos budistas, mantenía las tradiciones shinto pero separadas del culto al Emperador, por lo cual fue severamente perseguida. Ueshiba se salvó por su prestigio personal pero todo esto explica también que se auto-exiliara en el “muy” interior de Japón durante la Segunda Guerra y que su Aikido haya surgido luego como una cuasi-religión sintoísta exo-térica, universalista, que predicaba a todas las naciones la paz y el amor universal. No de casualidad fue el primer arte marcial que los Aliados permitieron luego de la Segunda Guerra.

Dicho todo esto, la pregunta es de qué modo o cómo subsiste hoy en Japón toda esta historicidad. La historicidad no es la Historia estudiada, es más bien el horizonte cultural pasado que vive en el presente.

¿Es plausible que una bomba atómica, por técnicamente poderosa y horrorosa que fuera, y la posterior anexión de Japón, prácticamente, como un protectorado de los EEUU, logren borrar la tradición shinto nacionalista y la nostalgia de la Gran Nación Divina Imperial?

En la historia humana,1945 a 2017 es un casi nada para responder.

Por eso creo que la clave es la gran intuición que Morihei Ueshiba tuvo de un shinto universalista y pacífico. Ello tiene un potencial diálogo con el Cristianismo y su noción de persona, donde el samurai seguirá siendo servidor de su señor, pero el Señor será Cristo[6] y por ende el shinto ya no será un colectivo, “el borg”, sino un orden comunitario donde cada persona tendrá ante todo el mandato de su conciencia.

El futuro de Japón no está en una vuelta a su nacionalismo pero tampoco, desde luego, en su desaparición bajo las peores y más decadentes formas de indiferentismo religioso occidental. Está en una síntesis entre su historicidad sintoísta, el shinto universalista de Ueshiba y la noción de persona del Cristianismo.

En todo esto hay que seguir trabajando.

 

 

[1] Ver Nitobe, Inazo: Bushido: The Soul of Japan (1904); Layout and Cover Disign, 2010.

[2] No hay Sagradas Escrituras relativamente oficiales en el Shinto, pero uno de los textos fundacionales de la mitología japonesa es el Kojiki, crónica de antiguos hechos de Japón; (datada aproximadamente en el 712 D.C.); Trotta, Madrid, 2008; Introducción y traducción de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla.

[3] Ver al respecto State Shinto: A Religion Interrupted, by Eryk, 2016, enhttps://www.tofugu.com/japan/state-shinto/

[4] Beasly, W.G.: Historia moderna del Japón, Sur, Buenos Aires, 1968, p. 246.

[5] Entre los biógrafos de Morihei Ueshiba, el que más se ocupó de esta crucial cuestión fue Stevens, J.: ver sus libros Invincible Warrior, Shambala, 1999, y Paz abundante, Kayrós, Barcelona, 1998.

[6] Es muy interesante al respecto la historia de Ukon Takayama, llamado el Samurai de Cristo (ver http://www.proyectoemaus.com/takayama-ukon-el-samurai-de-cristo/ ). Fue beatificado el 7 de Febrero de este año:http://es.catholic.net/op/articulos/61280/hoy-es-beatificado-justo-takayama-ukon-el-samurai-de-dios

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.