Liberalismo, derecha, izquierda y Hayek

Por Iván Carrino. Publicado el 16/5/19 en: https://www.ivancarrino.com/liberalismo-derecha-izquierda-y-hayek/

 

Si uno se guía por lo que dicen “en la tele”, el liberalismo es la derecha,  y los más liberales, la ultraderecha. Esto obviamente es problemático, ya que de ultraderecha también se cataloga a corrientes como el fascismo y el nazismo, y nada más alejado de las ideas de la libertad que eso.

Otras etiquetas que suelen utilizarse para dividir el espectro de las ideas es socialista y conservador. Para un socialista, un liberal es sin duda un conservador. Sin embargo, la mayoría de los liberales no aceptaría este mote. O, por lo menos, exigiría más precisiones. Si lo que se quiere “conservar” es un mercado libre, el liberal será conservador. Pero si se quiere “conservar” un statu quo que frene el progreso o restrinja la libertad, el liberal será un radical por el cambio.

Friedrich A. Hayek escribió en 1959 sobre esta cuestión y, como liberal que decía ser, sostuvo que su pensamiento estaba alejando tanto del socialismo como del conservadurismo.

El premio Nobel de economía sostenía que si bien “en el terreno político” los defensores de la libertad “no tienen más alternativa” que apoyar a los partidos conservadores, convenía “tra­zar una clara separación entre la filosofía que propugno y la que tradicional­mente defienden los conservadores.”

En este sentido, se preocupó por aclarar:

… los radicales y los socialistas americanos comenzaron a atribuirse el apelativo de liberales. Pese a ello, yo continúo calificando de liberal mi postura, que estimo difiere tanto del conservadurismo como del socialismo.

Se suele suponer que, sobre una hipotética línea, los socialistas ocupan la extrema izquierda y los conservadores la opuesta derecha, mientras los liberales quedan ubica­dos más o menos en el centro; pero tal representación encierra una grave equivocación. A este respecto, sería más exacto hablar de un triángulo, uno de cuyos vértices estaría ocupado por los conservadores, mientras socialistas y liberales, respectivamente, ocuparían los otros dos. 

La diferencia entre eagrarios

l liberal y el conservador es, para Hayek, la actitud de uno y otro frente al cambio. Como su nombre lo indica, el conservador es reacio a los cambios sociales, mientras que el liberal solo lo es en la medida que dicho cambio afecta las libertades individuales.

Por ejemplo, si se quiere imponer un control de precios en un mercado, liberales y conservadores estarán en contra del socialista partidario de la intervención. Ahora si el cambio es sobre la apertura de un determinado mercado a la competencia internacional, ¿qué ocurrirá?

Los conservadores aquí muestran una tendencia a ser nacionalistas que desprecian lo extranjero, por lo que aparece una tentación proteccionista, algo que podemos ver bien en la figura de Donald Trump. Según Hayek:

Los conservadores rechazan, por lo general, las medidas socializantes y dirigistas cuando del terreno industrial se trata, postura ésta a la que se suma el liberal. Ello no impide que al propio tiempo suelan ser proteccionistas en los sectores agrarios.

(…)

Esa repugnancia que el conservador siente por todo lo nuevo y desusa­do parece guardar cierta relación con su hostilidad hacia lo internacional y su tendencia al nacionalismo patriotero. (…) Sólo agregaré que esa predisposición nacionalista que nos ocupa es con frecuencia lo que induce al conservador a emprender la vía colecti­vista. Después de calificar como nuestra tal industria o tal riqueza, sólo falta un paso para demandar que dichos recursos sean puestos al servicio de los intereses nacionales.

Generalizando la cuestión:

He aquí la primera gran diferencia que separa a liberales y conservado­res. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en prin­cipio, todo lo que sea libre transformación y evolución, aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas (…)

Jamás, cuando [los conservadores] avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desco­nocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde pue­de llevarles el proceso.

Estas palabras de Hayek son perfectamente compatibles con su idea del conocimiento disperso en la sociedad. El cambio no puede controlarse “desde arriba” porque los nuevos descubrimientos que dan lugar al progreso se encuentran dispersos en las millones de mentes y acciones individuales que conforman el planeta. La clave es ir hacia un sistema donde esas mentes y acciones puedan desarrollarse sin restricciones. En palabras de Hayek: “lo que hoy con mayor urgencia precisa el mundo es suprimir, sin respetar nada ni a nadie, esos innumerables obstáculos con que se impide el libre desarrollo.”

Esto aplica fácilmente a la economía y hace que los liberales siempre le demos la bienvenida al avance tecnológico o a la llegada de importaciones desde el exterior. Pero también puede extenderse a otras áreas, como a la no discriminación por raza, religión, nacionalidad u orientación sexual. Los liberales también le damos la bienvenida a la diversidad en esta materia, a diferencia de al menos algunos conservadores.

Conservadores, autoritarismo y educación pública

El texto de Hayek nos hace reflexionar también sobre dos cuestiones. En primer lugar, sugiere que los conservadores tienen afición por el autoritarismo, ya que confían en que alguien “desde arriba” monitoree permanentemente los cambios, sin dejarlos librados al azar:

Los conservadores sólo se sienten tranquilos si piensan que hay una mente superior que todo lo vigila y supervisa; ha de haber siempre alguna autoridad que vele por que los cambios y las muta­ciones se lleven a cabo “ordenadamente”.

 Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontrola­das explica otras dos características del conservador: su afición al autorita­rismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado. (…) Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades.

En la actualidad no se observan casos de autoritarismos o dictaduras de derecha o conservadoras, como sí los hubo en el pasado. Sin embargo, las críticas de Trump a los desequilibrios comerciales (resultado de acciones individuales no controladas por ningún gobierno) serían un ejemplo de lo que Hayek describe.

En otro orden de cosas, Hayek sugiere que los conservadores están siempre listos para criticar la coacción estatal si ella implica perseguir objetivos que no le son afines, pero que miran para otro lado si dicha intervención es compatible con sus juicios morales:

El conservador, por lo general, no se opone a la coacción ni a la arbitrariedad estatal cuando los gobernantes persiguen aquellos objetivos que él considera acertados. No se debe coartar –piensa– con normas rígidas y prefijadas la acción de quienes están en el poder, si son gentes honradas y rectas. (…) Al conservador, como al socialista, lo que le preocupa es quién gobierna,desentendiéndose del problema relativo a la limitación de las facultades atribuidas al gobernante; y, como el marxista, considera natural imponer a los demás sus valoraciones personales.

Esto tal vez sea patente en el caso argentino y en la polémica por la Educación Sexual Integral.

Parecería que a ciertos conservadores lo que molesta no es que se imparta un plan único de educación desde el gobierno,  sino cuál se imparte. Si es la ESI, se oponen, si es la NO educación sexual, entonces está todo bien. Pero en ambos casos se está eligiendo desde la poltrona oficial qué contenido se enseña a los alumnos.

El problema para los liberales es el uso del poder, más allá del contenido específico de ese poder. He ahí otra diferencia sustancial.

Contrapunto en Twitter

En Twitter Francisco Peláez hizo un divertido comentario acerca de este tema. Según él, el liberal que dice no ser de derecha ni de izquierda (Hayek, de alguna manera, en este artículo), es en realidad de izquierda.

El comentario me pareció divertido, pero le pasé el link al artículo de Hayek para que vea que es posible que haya un liberalismo equidistante de ambas corrientes. Rápidamente, el usuario “Juan Doe”, Juan Pablo Carreira, me contestó que el artículo no aplicaba a la situación porque Hayek:

… se refiere al conservador europeo. Conservador europeo en la década del ’50 era Franco y los vestigios fascistas. No el “conservative” de derecha yankee.

Ahora en realidad no es relevante para la discusión ese matiz.

En definitiva, Hayek se refiere a cualquier conservador que por oponerse al cambio vaya en contra de la libertad. No es un artículo específico para criticar a conservadores europeos, sino una reflexión general sobre lo que él entiende por conservadurismo. Así, por ejemplo, cuando habla del nacionalismo patriotero, da lo mismo si ese nacionalismo patriotero es defendido por un yankee, un europeo o un sudamericano. Cabe el mote de conservador nacionalista de cualquier manera.

De hecho, Hayek mismo lo aclara en el artículo:

No oscurece la diferencia entre liberalismo y conservadurismo el que en los Estados Unidos sea posible abogar por la libertad individual defendien­do tradicionales instituciones formadas hace tiempo. Tales instituciones, para el liberal, no resultan valiosas por ser antiguas o americanas, sino porque convienen y apuntan hacia aquellos objetivos que él desea conseguir.

Finalmente, hay puntos de contacto entre conservadores y liberales, cierto. Pero también hay enormes diferencias. Por eso a veces es necesario aclarar. Un liberal que dice no ser de derecha seguramente esté pensando en algo de esto.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

RESPUESTA A JOSÉ BENEGAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/11/18 en: https://gzanotti.blogspot.com/2018/11/respuesta-jose-benegas.html?fbclid=IwAR13IlIRzzX1_HzUEA2CHcAWBnbllwb1wxhVpkCVXsj2x2l09DhRccQaqOw

 

Bueno José el tema está que arde y en este momento me enfrento con los católicos enojados precisamente porque me fui a las libertades individuales y los liberales muy enojados porque manifiesto mi oposición moral a lo que muchos liberales consideran moralmente indiferente. Así que gracias por someterme al pensamiento crítico, en primer lugar, y gracias por permitirme hacer importantes aclaraciones, en segundo lugar. Te voy respondiendo debajo de tus comentarios.

El fin de semana vi la exposición que hizo Gabriel Zanotti sobre su libro referido a a llamada “Ideología de género contra las libertades individuales”. Hacia la desaparición de la libertad de expresión y de enseñanza en occidente”, porque quería encontrar más acerca de este caótico movimiento que sostiene que las ideas sobre el género comprometen a la sociedad libre y que considerar un asunto amoral, es decir, que no tiene implicancia moral particular, la sexualidad o el género, es destruir a la civilización y a la familia.

Comienza haciendo una aclaración importante, aunque creo que se contradice con el título. Señala que la cuestión del género tiene un desarrollo bastante largo, la discusión sobre la sexualidad humana en los campos específicos de la ciencia que la estudian también y que todo eso está en todo caso fuera del debate político, lo cual, agrego yo, no puede comprometer a occidente o destruir a la sociedad. Me parece importante decirlo porque todas las otras exposiciones o escritos que vi sobre este asunto indican que pensar sobre el sexo de una manera diferente a los cánones de la iglesia católica es marxista y un intento de “sovietizar a la sociedad”.

Exactamente: yo no pienso eso.

 En la inflamación de ese discurso no hay lugar a sutileza alguna, o te subís al carro de los luchadores contra un fantasma difuso o sos la reencarnación de un Pol Pot sexólogo.

También aclara que no se puede ingresar en el debate público “en tanto católico”,

No, cuidado, no dije eso exactamente: dije que en una reunión de consorcio, que yo sea católico no es motivo para mi argumentación a favor de que los caños sean de bronce o de plomo, aceptando parte de la verdad de la argumentación de John Rawls sobre la “razón pública”. Pero nada de eso implica negar la influencia del Judeocristianismo para una sociedad libre. He explicado esto en mi librohttps://www.amazon.es/Judeocristianismo-Civilizaci%C3%B3n-Occidental-Libertad-judeocristiano-ebook/dp/B079P7V1JC/ref=redir_mobile_desktop?_encoding=UTF8&__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85Z%C3%95%C3%91&dpID=51GJcML485L&dpPl=1&keywords=judeocristianismo%20zanotti&pi=AC_SX236_SY340_QL65&qid=1518158250&ref=plSrch&ref_=mp_s_a_1_1&sr=8-1 , que  te recomiendo leer, a ti y a los demás, para evitar innecesarias repeticiones.

porque cuando se discute sobre el uso de la fuerza, que eso es la política, esas convicciones no pueden ser utilizadas como argumento contra otros que no comparten esa creencia.

El problema para mí es que la conversación no siguió por esa línea y que el libro no tendría que ser contra una “ideología”. Es correcto lo que indica en cuanto a que nadie puede ni debe obligarlo a pensar de una manera ni a aceptar determinadas explicaciones que se opongan a su religión o a su explicación de la naturaleza o la realidad. Eso es algo que no pueden hacer los que explican el género, ni los vegetarianos, ni los de boca. Que muchos violen esa regla no hace a los vegetarianos, los que hablan de género ni a los de boca marxistas, ni a ser de boca, vegetariano o defensor de la libertad de género antiliberal.

Creo que allí se produjo una confusión, y hago un mea culpa si no fue suficientemente claro. Distinguí entre las teorías del género y las ideologías de género. Las primeras son eso: teorías, hipótesis, doctrinas, convicciones. Las segundas son ideologías porque, como Popper define utopía, han sufrido la tentación de violencia. En ese sentido si yo creo que comer vegetales está bien, es una teoría; si quiero hacerlo coactivo y además organizo manifestaciones agresivas delante de las carnicerías y hago pipí en la entrada, es ideología……………..

No respetar otras opiniones o querer acallarlas no es algo que está incito en pensar que dos hombres o dos mujeres pueden casarse o que alguien que nace varón puede adoptar todas las formas entendidas como femeninas. De manera que por lo menos habría que separar ambas cosas. Digamos que estas opciones no clásicas también son formas distintas de pensar que tendrían que ser respetadas hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta practicar ese entendimiento. Si a creer esto último le llamo “ideología enemiga de occidente que atenta contra las libertades individuales”, entonces estoy sosteniendo que contra ella se puede usar la fuerza, porque esa es precisamente la tesis del liberalismo clásico, al que adhiere Zanotti. Y si no me animo a afirmarlo en esos términos, ya el hecho de considerar enemigo de la libertad a un tipo de pensamiento particular sobre algo que ni siquiera es en sí mismo político (el marxismo si es un pensamiento sobre la política), es una invitación a la violencia física o verbal e implica que el liberalismo necesita detestar a determinado tipo de personas o elecciones o ser acompañado de alguna forma de policía moral, científica o civil. Si eso es parte del discurso político, ese pensamiento supuestamente liberal se transforma en una amenaza cierta para los sostenedores o practicantes de esas opciones así señaladas como enemigas.

Bien, con la aclaración que te hice debería estar todo aclarado. Disculpame si últimamente estoy minimalista en mis definiciones. Por eso no pido un mea culpa. Por lo demás, para mayores aclaraciones están los artículos que fueron publicados bajo el mismo título. Te los mando si querés.

Para asociar tal cosa con marxismo hay que recurrir a una teoría conspirativa, que sería como decir que los vegetarianos en realidad no quieren comer vegetales sino la expropiación de los medios de producción, así que si no comes asado, sos marxista. Así lo he visto relacionar, aunque no en este caso en el que no hubo explicación al respecto.

Mm, de vuelta, creo que sí la hubo, y esta vez creo que fui claro. Ser marxista cultural equivale a pensar todo en clave de clases sociales como Marx las describía y extender esa dialéctica a “nuevas” clases explotadas: las mujeres, los indígenas, los homo, etc. Lo expliqué ese día y en muchos artículos este año, como por ejemplohttp://institutoacton.org/2018/08/14/individualismo-metodologico-para-catolicos-y-marcianos-gabriel-zanotti/

El liberalismo no tiene enemigos internos fuera de los que, como diría Zanotti también, intentan conculcar otras libertades. Pero por supuesto que no vale decir que, como decían los nazis con los judíos, ellos son los que están conspirando para destruir a mi sociedad o mi religión. Y si hay gente entre el “ellos” que Zanotti usa muchas veces en su exposición (es medio inevitable hacerlo) que querría entrar con un ejército a matarlo, según afirmó, eso no es el universo del “ellos” que piensan sobre sexo, sexualidad y derecho civil, de un modo distinto a él. Yo mismo por ejemplo.

“Ellos” son los marxistas culturales para los cuales soy un explotador heteropatriarcal y por ende para  ellos lo coherente es aplicar contra mí la violencia revolucionaria. Es claro que no es tu caso.

Podría decir Zanotti que soy parte de la “ideología de género”.

Dije: es claro que no es tu caso.

Atribuirme esas intenciones u orquestaciones de conspiraciones, o inclusive marxismo, además de ser un insulto es la antesala de sus propias hordas “defendiéndose” de mí. No es cuestión de ponerse en víctima para poner un tipo de pensamiento sobre una parte de la población en términos de liberalismo clásico.

Bueno, no puedo aclararlo más.

El libro por lo tanto no debería llamarse “Ideología de género”, de acuerdo al principio de la charla, sino el estado regulando el pensamiento, no sé, pero si a ideología de género se le llama a aceptar las modernas explicaciones sobre la sexualidad, estar a favor del aborto, estar a favor de la educación sexual en los colegios, nada de eso es en sí mismo anti liberal, aún cuando fuera eventualmente equivocado por otras razones en las que la libertad no está en juego.

Bueno, creo que ya lo he aclarado. Y lo dije varias veces: si querés pensar todo eso, pensalo. Es parte de una sociedad libre. Pero si querés imponerlo por la fuerza, es otra. Y por eso gasté gran parte de la charla en explicar lo que para “ellos” son los “nuevos delitos”…..

 En cada una de las cuestiones hay asuntos discutibles, meterlas todas en una conspiración destructora de occidente merecería un gran desarrollo, pero lo que no tiene sentido alguno es atribuirles un efecto liberticida por una intención simplemente atribuida a los que las defienden

De vuelta: yo no hice eso.

¿Que personas adopten una forma de vivir diferente limita las libertades de los demás? Ya hablar de occidente como una cosa, una cultura, una forma de familia, una cualquier cosa, no tiene nada que ver con el pensamiento liberal. No hay formas de vivir contrarias a occidente en una sociedad libre. No hay cultura obligatoria en una sociedad libre, por lo tanto estar contra un supuesto occidente cristiano es parte de las opciones que ofrece este occidente de ahora, que no tiene nada que ver con otros anteriores, justamente por el liberalismo clásico. Es legítima la disidencia cultural, cada generación es culturalmente disidente de la anterior y, lo que es más importante, “la cultura” es una entelequia aún más abusada que la “sociedad” en términos de individualismo metodológico.

Para el tema de una cultura judeocristiana, te recomiendo el libro citado.

Hablando de eso, Zanotti sostiene que considerar los derechos de las mujeres o los gays es colectivista.

Ya aclaré por qué. Los que tienen derechos son los seres humanos, sean mujeres, varones, terrestres o vulcanos.

 Es cierto que en una sociedad de individuos completamente libres, no hay distinción que hacer al respecto y eso implicaría crear fueros (también hablar de derechos de las familias o de las religiones, debo adelantarme a aclarar). Pero digamos que si los negros son esclavos y hablo de los derechos de los negros, eso tiene un valor muy diferente

Si, pero en ese caso hay que aclarar muy bien el contexto. Porque el movimiento de los derechos civiles comenzó muy bien y luego terminó en la affirmative action para los afro, y sabés que eso es muy discutible desde un punto de vista liberal clásico.

 y que no es lo mismo crear el cupo femenino a terminar con la diferencia que existía cuando se sancionaba penalmente el adulterio

Siempre sostuve la necesidad de des-penalizar el adulterio, sobre todo en la Argentina de 1985, cuando casi todos los demás católicos me querían matar (como siempre).

entre el cometido por el hombre y la mujer o establecer la patria potestad compartida, algo que hasta hace muy pocos años pertenecía solo a los varones y parecía tan normal. Lo mismo puede decirse del matrimonio homosexual.

Siempre estuve de acuerdo con que NO haya matrimonio estatal y listo, tema por el cual TODOS me quieren matar. Vos parecés no referirte a este tema cuando hablás del matrimonio homosexual.

 Si a estas cosas le llamamos derechos de tales grupos, eso de colectivista no tiene nada, es el natural avance del liberalismo clásico, de la libertad individual sobre rémoras del pasado que lo detenían. Ahí es cuando viene el argumento de lo “normal”, no en esta charla de Zanotti, que muestra el fundamento anti individual de la oposición a estas cosas. Y claro que se puede opinar contra, pero no desde el liberalismo y menos porque estar a favor sea antiliberal.

Ok.

Pero esta es la época en que todos quieren ser conservadores pero llamarse liberales igual, o ser dogmáticos religiosos pero hablar en nombre de la naturaleza y la ciencia,

NO es mi caso. Tengo explícitamente escrito que mi defensa de la familia tradicional cristiana NO se basa en una naturaleza despojada del contexto teológico y menos aún en una falible ciencia……………………….

http://institutoacton.org/2018/07/04/sexualidad-hacia-una-ley-natural-mas-catolica-y-una-mayor-vivencia-de-la-libertad-religiosa-gabriel-zanotti/

 o llevar a la política una moralina que no practican pero no ser considerados fascistas sino “liberales realistas” Para esa impostura los demás debemos ser puestos en el lugar de “progres”. Esa deshonesitidad yo no me la voy aguantar calladito, que entre el ejército que quiera.

Si me atribuís esa deshonestidad a mí, bueno, creo que es injusto.

Si los que son marxistas dentro de un movimiento político que toma el feminismo como agitación hablan de explotación de la mujer, en términos muy dudosamente marxistas según acabo de explicar, eso no explica ni a todo el feminismo ni a todo lo “genero”, ni lo descalifica, de la misma manera que Malcom X no hace al movimiento de derechos civiles marxista, sobre lo que vuelvo después.

Ok.

 De lo que se habla en general es de segregación, en muchos casos sin razón, en otros con razón, en la mayoría con métodos que no respetan la libertad de expresión ajena, en gran media pretendiendo cambiar costumbres arraigadas desde el iluminismo de los reguladores. En algunos casos con implicancias políticas, en otros sin implicancias políticas. Pero los que son errores están muy mal respondidos desde una moral dogmática alternativa que se defiende de ser puesta en competencia, en entredicho o relativizada. Gran parte de la nueva derecha, no digo Zanotti, quieren responder al feminismo diciendo que la mujer “naturalmente” tiene que estar en la cocina y cuidando a los niños.

Bueno pero entonces dilo a ellos. Decís, ok, “no digo Zanotti”, pero lo ponés en una respuesta hacia mí, ello puede implicar una confusión en el lector………

Discrepo con Zanotti, por la misma razón del párrafo anterior, con que su libertad de no usar el lenguaje inclusivo, que no he visto que nadie quiera hacerlo obligatorio

¿No has visto a nadie? Oh! Parece que vivimos en planetas distintos….. Hablá con Jordan Peterson, que está a punto de ir preso por NO hacerlo……

 y con el que tampoco estoy de acuerdo (ni con la obligación, ni con el lenguaje inclusivo, no por marxista, sino por estúpido), sea religiosa. Ahí cae en el mismo error que estaba criticando de considerar que los grupos tienen derechos especiales. Los cristianos no tienen derechos especiales. Hay derecho a ser cristiano y a practicar la religión, pero ese derecho es como individuos, no como parte de una comunidad, que es precisamente lo que explicaba Zanotti.

Ok, claro………. Pero entonces no sé por qué decís “discrepo con Zanotti”….

Si hubiera persecución contra ellos, cabría hablar de derechos de los cristianos,

Aún así tampoco. Los derechos son de los seres humanos, sean cristianos o no. O sea, NADIE, sea cristiano o vulcano, debe ser perseguido en una sociedad libre por ejercer sus libertades individuales…….

 pero en este caso fundamenta su libertad de pensamiento y expresión, no de actuación porque no he visto por lo menos prohibiciones al matrimonio heterosexual u obligaciones de cambiarse de sexo o de usar el lenguaje inclusivo. El mismo error cometían los que se oponían a que la ley de aborto implicara la obligación de los médicos de practicarlo. Se oponían en base a su “libertad religiosa”. No hay por qué ser cristiano para oponerse a practicar cualquier cosa, eso es un derecho individual del que no cabe dar explicación ni es necesario hacer profesión de fé.

PERO si el que te obliga a realizar un aborto por ser médico NO te acepta que puedas tener una convicción NO fundada en la religión para NO hacerlo, ENTONCES TAMBIÉN puedes argumentar desde tu derecho a la libertad religiosa, porque si el debate es “usted no lo quiere hacer porque es católico”, mi respuesta es “y qué”.

 Un medico tiene derecho a no practicar un aborto porque es un individuo libre, no porque es un crisitano, no necesita serlo para negarse. Ahí sí hay un intento de crear un fuero personal. El tema lo he tratado antes.

No, si aludís a tu libertad religiosa no estás aludiendo a ningún fuero en especial sino a la 1ra enmienda de los EEUU, que no creo que sean lo mismo…

Desde que empezó el movimiento “anti marxismo cultural” señalo que pertenece a una forma más de postmodernismo y hasta de multiculturalismo. Es una derecha que confirma los supuestos que la izquierda viene esgrimiendo desde hace décadas sobre que “lo liberal” es una opción más, así que habría un supraliberalismo en el que se es más liberal aceptando el liberalismo y la obligación de chador como cosas equivalentes. La nueva derecha cree que eso es tan cierto, que se puso a defender “su occidente”, su cultura, su “chador”, de otra cultura. Aceptó el partido. Y no se entiende cómo hacen referencia a la herencia marxista en cuando a que la lucha de clases fue reemplazada por otras explotaciones. En primer lugar porque la explotación de la lucha de clases tiene una explicación económica muy específica, que no es trasladadle a otras “luchas”.

Sí es trasladable, José. La plus-valía puede reproducirse como hipótesis ad hoc. El marxismo tiene la virtud teorética de “migrar”.

 Pero el problema principal no es ese. La izquierda de verdad usa cualquier tipo de grupo que se sienta maltratado para agitar. Lo viene haciendo desde tiempo inmemorial, aunque me parece difícil llamarle a eso marxismo.

Bueno, ok, tenés un interesante tema de debate allí,. Yo creo que sí por el colectivismo metodológico implicado. Por lo demás la primera migración del marxismo fue en los 60 con la teoría de la dependencia y el deterioro de los términos de intercambio. Y lo hicieron muy bien.

 Laclau lo transforma en teoría a través de la hegemonía formada por la utilización de cualquier descontento para acelerar la carrera hacia el poder y para concentrarlo en función de una venganza. Así que la agitación no tiene nada de novedoso. La nueva derecha hace lo mismo con los cristianos víctimas de que otra gente quiere vivir de otra manera y de la maléfica “ideología de género” y no por eso son marxistas.

No, José, las víctimas son los que están siendo encarcelados por supuestos pseudodelitos como discriminación, hate speech, etc. La mayoría de ellos “happen to be” cristianos (no Jordan Peterson precisamente), pero el “happen tu be” no implica que sean encarcelados por ser cristianos, sino que son procesados por ejercer sus libertades individuales. Si vos mañana te sentís mujer y yo digo públicamente que seguís siendo varón, he ejercido mi derecho a la libertad de expresión, sea cristiano o no…….

 Son deshonestos todos, agitadores todos y peligrosos todos, pero no por una doctrina sino por una metodología de agitación consistente en demonizar al otro.

Pero si vamos al fondo del asunto la cosa es peor. Mientras Marx dice que el empresario explota al obrero, el capitalismo dice que no y que el empresario es el que hace posible el ingreso del obrero. El capitalismo no está a favor del empresario contra el obrero, está a favor de ambos y dice que el conflicto es un invento.

Ok….

El capitalismo no dice que el obrero es malo y es marxista. No dice tampoco que porque el obrero pida un aumento de salarios es marxista o que si se quejara por algo como que no lo dejaran casarse sería marxista. Todo depende de en qué términos se queje pero eso no es algo que esté en él en tanto obrero, sino en las ideas como individuo que sostenga. En cambio para la nueva derecha las mujeres tienen que cocinar, los gays se tienen que encerrar en un cuarto y todo aquél que no esté de acuerdo es marxista.

YO no digo eso….

 Y oponerse a semejantes estupideces es atentar contra la libertad de expresión de ellos.

YO no digo eso….

No importa que se invoque la libertad y no la igualdad o la explotación, ya aceptar o considerar o no declararse enemigo de la idea de género, es practicar una ideología contraria a occidente. Esa es una falsificación absoluta de los términos de la discusión.

NO han sido MIS términos de la discusión.

Por eso no es tan sencillo como que “hablar de los derechos de las mujeres” es quebrantar el individualismo metodológico, si de lo que estamos hablando es de libertades de las mujeres.

No será sencillo pero hacerlo NO es falso. En todo caso hay que hacerlo con cuidado. Si dices que no he tenido cuidado, bueno, lo tendré más, pero no se puede siempre aclarar todo ad infinitum.

Y tampoco es cierto que si la izquierda habla de la igualdad de las mujeres, no se pueda hablar de la igualdad ante la ley de las mujeres y de la libertad de las mujeres, del mismo modo que hablar de la libertad de los negros no es marxista, ni hablar de la igualdad ante la ley de los negros es marxista, es liberalismo clásico elemental.

Ok. ¿Y por qué te pensás que la he defendido a María Blanco?

 Después podrán discutir si tal o cual cosa es una restricción a la libertad o no, pero asimilar eso a colectivismo no tiene rastros de razonabilidad.

Zanotti pone como ejemplo a Marthin Luther King. El es, según Zanotti, un liberal clásico, que quiere que sus hijos sean tratados igual que los demás. Malcom X en cambio es un individuo violento y marxista. Estamos de acuerdo en esta diferenciación. Es más, siempre uso como ejemplo el componente de izquierda que hay en el movimiento de derechos civiles y que eso no hace injustos sus reclamos ni hace a los negros marxistas. Pero curiosamente en toda la ensalada que se pone bajo el mote “ideología de género”, que va desde el aborto, a la educación sexual, a las teorías de género y al matrimonio homosexual, no admite la existencia de Martin Luther King alguno. No hace esa distinción,

Pero yo la hice. ¿Por qué tanta diferencia con MI conferencia entonces?

todo es “ideología de género contra occidente”. Todo es Malcom X. Pero aún así, si en el movimiento de derechos civiles Martin Luther King no hubiera existido y todo hubiera sido Malcom X, eso tampoco transformaría en injustos todos los reclamos ni el movimiento en sí mismo podría ser considerado marxista y, mucho menos, hubiera eximido a los liberales clásicos de apoyar las reformas.

Ok.

 Si un marxista reclama poder salir a la calle, salir a la calle no se transforma en marxista.

Ok….

No sé por qué no hay para la nueva derecha ningún Martin Luther King o una forma liberal de defender las cosas que ellos consideran la “contaminación de occidente”. O lo sé, porque en gran medida es una impostura. Están empeñados en destruir al liberalismo tildando de “progre” a todo lo que no sea un neofalangismo.

No creerás que sea mi caso no? ¿Yo neofalangista? Ja ja, dilo a los falangistas en serio……

Lo que faltó fundamentalmente en la charla es la definición de la “ideología de género”,

Creo que ya lo aclaré. Ideología, sí, por la violencia y el marxismo como colectivismo metodológico y extensión de la teoría de la explotación a nuevos colectivos explotados.

si bien podemos inferir el mismo salpicado de temas que vemos en todos lados y que perfectamente podrían agruparse como pensamiento que cuestiona las verdades católicas. De hecho hay que ver quienes se vieron convocados por la charla, de acuerdo a las preguntas que eran sobre temas de la religión, no de la constitución, muchas de ellas claramente opuestas a las referencias a la libertad de Zanotti.

El título decía “contra las libertades individuales”. Si muchos de los que vinieron no sabían ni lo que era eso, bueno, por eso me enfoqué en explicarlas…….

Mientras no exista la definición, no desde una conspiración que no define nada, sino conceptualmente, todo se reduce a una caza de brujas.

Bueno, dale, la next time voy a estar tres siglos con la definición, pero igual vas a ver que no te va a gustar.

Catolicismos hay varios también y ya que está metido en la política deberíamos analizar el carácter de esta ideología católica en boga. Se supone que hay unas familias mandatorias, derivadas de Adan y Eva como explica Zanotti, que como eran heterosexuales obligan a todos a ser heterosexuales y hacer familias así. Pero los curas y las monjas no cumplen con ese precepto y no son considerados marxistas culturales. Para eso hay un pertinente “ad hoc”. A mi me hubiera encantado estar en la charla pero no para preguntarle algo a Zanotti, con quien preferiría tener una charla en privado porque nos conocemos y diferimos o acordamos desde tiempos muy juveniles. Me hubiera encantado preguntarles cuántos de ellos eran separados o divorciados, porque me parece que esta ideología católica, como una de las posibilidades del catolicismo, tiene altas dosis de hipocresía y sobre todo de anacronismo.

Aquí realmente no te entiendo bien. Pero si por “ideología católica” entendés “catolicismo a los palos”, creo que me he opuesto a ello desde muuuuuy chiquito y precisamente muchos “palos” me han dado por ello…………

Y anacronismo más política se pone muy peligroso. Y me encantaría preguntarles qué hacen ellos si tienen hijos gays, si procederían como Bolsonaro, un divorciado tres veces, pero que propone que se mueran en un accidente.

Eso es una bestiliadad….. Lejos de mí, por Dios……..

 Me gustaría muchísimo que me contaran los culturales de esta ideología católica, que piensan de la otra ideología católica, la que habla del amor al prójimo. No es que dice que hay que ser bien educado con un transexual por ejemplo, habla de otra cosa, de amarlo, sin juzgarlo. Ni habla de tolerancia, sino de amor. Esa otra ideología católica dice por ejemplo que los católicos no están en condiciones de juzgar a nadie.

Acá de vuelta me perdí. Claro que forma parte del catolicismo el no juzgar la conciencia de nadie. Eso NO es precisamente “ideología”…..

 No como dice Zanotti que dice hablar de los homosexuales pero de ningún homosexual en particular, porque si habla de los homosexuales habla de todos los homosexuales en particular; regla básica de la lógica.

No, mi querido amigo, no……. “Todo S es P” NO es un juicio particular de existencia…………. Para pasar de todo S es p aalgún s es p hay que colocar una premisa intermedia que afirme “existe algún X tal que X es p”….. ver al respecto Łukasiewicz, Jan (1977). La silogística de Aristóteles desde el punto de vista de la lógica formal moderna. Tecnos…..

 El transexual que saluda por educación es uno en particular. Dice esa otra ideología que no son nadie para tirar una piedra, que pueden saber qué cosa es pecado pero nadie más que Dios sabe quién es pecador. Esa ideología católica

El catolicismo no es una ideología José. Pero bueno, sé que no lo vas a aceptar………….

 me gusta mucho más, la comparto en gran medida aunque no creo que sea un mandato del mas allá, es simplemente entendimiento sobre la naturaleza humana y sobre nuestras condiciones de existencia. Quiero decir con esto último que hay formas inofensivas y liberales de catolicismo, pero no es esta que busca el mal en los otros.

Este artículo es público por si a Zanotti le interesa comentarlo o responder algo.

Ja ja bueno, creo que ya respondí………………

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

JAPÓN: LA RESTAURACIÓN MEIJI, EL CONSTRUCTIVISMO OCCIDENTAL, EL SHINTOÍSMO NO NACIONALISTA Y EL CRISTIANISMO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 11/6/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/06/japon-la-restauracion-meiji-el.html

 

La historia de Japón es muy poco conocida excepto para sus estudiosos, pero el cine se ha encargado de mostrarnos un momento crucial, difícil de interpretar, a través del film El último Samurai –que repite fielmente el mismo esquema de Danza con Lobos; Avatar sigue el mismo argumento-. Todos seguramente se han conmovido cuando las ametralladoras occidentales arrasan con “los últimos samurai” que con honor y valentía atacan con su destreza, sus espadas y sus caballos a un ejército menos honorable pero, como siempre sucede en la historia humana, dotado con una capacidad técnica imposible de superar.

¿Pero qué había detrás de ello, más allá del soldado occidental que se convierte en samurai? Lo que vemos, lejanamente y entre sombras, es lo que fue la Restauración Meiji, un decidido empeño por parte de cierta aristocracia japonesa para sacar a su nación del auto-encerramiento cultural que duró de 1603 a 1868. O sea, un intento de hacer un Japón “moderno”, con instituciones occidentales, y que aparentemente tuvo éxito: Japón se convirtió en la potencia industrial, técnica y política más poderosa de Oriente desde fines del s. XIX hasta fines de la Primera Guerra, en la cual se sentó, en Versalles, como cuarta potencia después de los delegados de Francia, Inglaterra y EEUU.

Por ende los supuestos malos de la peli eran en realidad los buenos. Si, tal vez el imaginario Omura era un corrupto malo malo malo pero en realidad formaba parte de un gobierno que quería sacar a Japón de su feudalismo y llevarlo hacia una modernización occidental donde los samurai ya no tendrían cabida como servidores de los señores feudales del Japón.

¿Pero qué intenta copiar, de Occidente, la Restauración Meiji?

Aquí entra la clave de la cuestión: no el liberalismo clásico, sino el racionalismo constructivista explicado una y otra vez por F. Hayek.

Esto es, no las libertades individuales con un gobierno limitado a custodiarlas, sino la construcción de un estado centralizado e imperial, dispuesto a barrer con el Antiguo Régimen anterior. O sea, los estados napoleónicos posteriores a la Revolución Francesa.

Por lo tanto, bajo aparentes instituciones liberales tales como las cámaras de representantes, las supuestas divisiones de poderes, las vestimentas occidentales y, por supuesto, la ciencia occidental, estaba la visión constructivista, bajo la cual el imperialismo y el dominio de otras naciones era también su directiva. Pero eso, vuelvo a decir, directamente importado de esa visión occidental de planificación central que quebró la evolución del liberalismo clásico y llevó a Occidente a los nacionalismos e imperialismos europeos que terminaron en la Primera Guerra. La dinastía Meiji no hizo nada más ni nada menos que llevar eso a Japón.

El Japón feudal tenía por supuesto sus bellezas culturales. Entre ellas el Bushido, relativamente similar[1] (pero creo que superior) a la tradición caballeresca medieval occidental. Algunos de sus valores eran muy similares al Cristianismo, pero esa unión no se pudo concretar no sólo porque la Dinastía Edo vio en el cristianismo una pérdida de la identidad nacional japonesa, sino porque, si ya en el Cristianismo occidental la noción de persona y sus implicaciones morales tardaron mucho en florecer, mucho más en Japón.

La religión nacional japonesa, el Shintoísmo, es una conmovedora mitología animista-politeísta, con preciosas consecuencias artísticas y ceremoniales. Es en principio una mitología nacionalista, porque Japón como nación se origina con la pareja de dioses fundacionales, Izanami e Izanagi, cuyo amor y descendencia da origen a las islas y a los habitantes de Japón, sin distinción entre lo viviente y lo no viviente, o entre lo divino y lo no divino[2]. Una de las características más interesantes del Shinto es que lo individual no aparece, sino en red, en conjunto, casi como neuronas que individualmente no tendrían sentido sino sólo en sus millones de conexiones sinápticas. Por eso, para dar sólo un ejemplo, no hay plato principal en la comida japonesa, sino varios relativamente diminutos que en conjunto constituyen el alimento.

En esa tradición de casi 2000 años era muy difícil introducir la noción de libertades individuales, pero fue coherente que la modernización coincidiera entonces con el constructivismo occidental, esencialmente colectivista.

Por eso la dinastía Meiji es primero una restauración, porque tiene que basar la nueva nación japonesa moderna en el seguimiento del linaje de un emperador-dios, que, aunque no cumpliera funciones de gobierno, siempre había simbolizado en Japón la continuidad de su origen divino. Pero además esa restauración convierte al Shinto, más que en una religión, en un conjunto de ceremonias de estado[3]. No había libertad para no seguir ese ceremonial –análogo al culto a los símbolos nacionales que los occidentales, acríticamente, siguen practicando- pero sí había libertad para otras “religiones”. Pero no para el Shinto, que se convirtió más bien en un conjunto de ceremoniales parecidos a la pietas romana del Imperio. Esa pietas formó parte del contenido obligatoria de la educación pública japonesa hasta 1945.

Por ende, para comprender la acción internacional del Imperio Japonés después de la Primera Guerra, hay que entender que ellos no podían ver las alianzas o no alianzas con las potencias occidentales con el ojo crítico de un libertario, sino sencillamente con la mirada de una nación colectiva donde lo individual no contaba sino el éxito o no de un proyecto nacional en los cuales otros proyectos nacionales –sea Inglaterra, Alemania, o quienes fueren- no eran más que aliados o enemigos en el logro de la grandeza del Japón Divino e Imperial.

Por eso tiene razón W. G. Beasley cuando explica el triunfo de políticas nacionalistas, después de 1918, frente a partidos más de izquierda –o sea no nacionalistas- en Japón: “…el fracaso en lograr apoyo popular fue lo que condenó a ambas clases de partido a la guerra. Las razones de ésta no han de buscarse en ningún factor singular y ni siquiera enteramente en las deficiencias de los políticos. Estribaban más bien en aquellas ideas e instituciones que habían desviado al pueblo japonés de la persecución de las libertades individuales para dirigirlo hacia el alcance de metas colectivas: las presiones formativas del sistema educativo; una religión estatal centrada en el emperador; la conscripción con el adoctrinamiento que la acompañaba; y la persistencia de actitudes autoritarias y tradicionales en sectores importantes de la conducta burocrática y familiar”[4].

Desde aquí se entiende también que el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, haya tenido una concepción universalista y no-nacionalista del Shinto japonés: porque basó sus convicciones en la secta Omoto[5], que, con elementos budistas, mantenía las tradiciones shinto pero separadas del culto al Emperador, por lo cual fue severamente perseguida. Ueshiba se salvó por su prestigio personal pero todo esto explica también que se auto-exiliara en el “muy” interior de Japón durante la Segunda Guerra y que su Aikido haya surgido luego como una cuasi-religión sintoísta exo-térica, universalista, que predicaba a todas las naciones la paz y el amor universal. No de casualidad fue el primer arte marcial que los Aliados permitieron luego de la Segunda Guerra.

Dicho todo esto, la pregunta es de qué modo o cómo subsiste hoy en Japón toda esta historicidad. La historicidad no es la Historia estudiada, es más bien el horizonte cultural pasado que vive en el presente.

¿Es plausible que una bomba atómica, por técnicamente poderosa y horrorosa que fuera, y la posterior anexión de Japón, prácticamente, como un protectorado de los EEUU, logren borrar la tradición shinto nacionalista y la nostalgia de la Gran Nación Divina Imperial?

En la historia humana,1945 a 2017 es un casi nada para responder.

Por eso creo que la clave es la gran intuición que Morihei Ueshiba tuvo de un shinto universalista y pacífico. Ello tiene un potencial diálogo con el Cristianismo y su noción de persona, donde el samurai seguirá siendo servidor de su señor, pero el Señor será Cristo[6] y por ende el shinto ya no será un colectivo, “el borg”, sino un orden comunitario donde cada persona tendrá ante todo el mandato de su conciencia.

El futuro de Japón no está en una vuelta a su nacionalismo pero tampoco, desde luego, en su desaparición bajo las peores y más decadentes formas de indiferentismo religioso occidental. Está en una síntesis entre su historicidad sintoísta, el shinto universalista de Ueshiba y la noción de persona del Cristianismo.

En todo esto hay que seguir trabajando.

 

 

[1] Ver Nitobe, Inazo: Bushido: The Soul of Japan (1904); Layout and Cover Disign, 2010.

[2] No hay Sagradas Escrituras relativamente oficiales en el Shinto, pero uno de los textos fundacionales de la mitología japonesa es el Kojiki, crónica de antiguos hechos de Japón; (datada aproximadamente en el 712 D.C.); Trotta, Madrid, 2008; Introducción y traducción de Carlos Rubio y Rumi Tani Moratalla.

[3] Ver al respecto State Shinto: A Religion Interrupted, by Eryk, 2016, enhttps://www.tofugu.com/japan/state-shinto/

[4] Beasly, W.G.: Historia moderna del Japón, Sur, Buenos Aires, 1968, p. 246.

[5] Entre los biógrafos de Morihei Ueshiba, el que más se ocupó de esta crucial cuestión fue Stevens, J.: ver sus libros Invincible Warrior, Shambala, 1999, y Paz abundante, Kayrós, Barcelona, 1998.

[6] Es muy interesante al respecto la historia de Ukon Takayama, llamado el Samurai de Cristo (ver http://www.proyectoemaus.com/takayama-ukon-el-samurai-de-cristo/ ). Fue beatificado el 7 de Febrero de este año:http://es.catholic.net/op/articulos/61280/hoy-es-beatificado-justo-takayama-ukon-el-samurai-de-dios

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

LA RESURRECCIÓN DEL LIBERALISMO EN ARGENTINA

Por Iván Carrino. Publicado el 3/5/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/05/03/la-resurreccion-del-liberalismo-argentina/

 

Después de años de populismo y demonización de las ideas liberales, en Argentina somos testigos de su resurgimiento.

Las canciones de amor suelen tener algo en común. Por lo general, cuentan la historia de una persona que, solo cuando perdió a su ser amado, se da cuenta de lo que realmente lo valoraba. La tristeza, en ese marco, pasa por pensar cuán diferente hubiera sido todo si le hubiese dado a esa persona la importancia que tenía. Con la libertad pasa algo similar.

Recientemente fui invitado a disertar en un evento organizado por la Fundación Club de la Libertad, de Corrientes. En el marco del mismo evento, ofrecieron interesantísimas charlas el politólogo Agustín Laje, el filósofo Gustavo Hasperué, el diputado nacional José Luis Patiño y la también politóloga y activista venezolana, Valeria Denisse Lozano.

Valeria es representante en Buenos Aires de Vente Venezuela, el partido político que dirige María Corina Machado, una de las más férreas opositoras al régimen de Maduro y quien primero alertó del inevitable camino a la dictadura que iba a transitar el chavismo socialista.

Una de las cosas que me llamó la atención de su alocución fue la indicación de que Vente Venezuela era el primer partido de corte liberal de toda la historia venezolana. Es decir, hubo que esperar que el chavismo invadiera todos los ámbitos de la propiedad privada y que llevara al país al colapso para que emergiera una fuerza verdaderamente liberal.

Cuando tuve la oportunidad, le comenté que en Argentina había sucedido algo similar. Y hoy me animo a reafirmar que nadie ha hecho más por las ideas de la libertad en Argentina que los dos períodos de gobierno kirchnerista. Es que, como en las canciones de amor, a veces solo nos damos cuenta de la importancia de la libertad una vez que ésta se pierde.

El kirchnerismo fue un proceso político y económico enmarcado en el auge del “Socialismo del Siglo XXI”. A diferencia de los socialismos del pasado, el del Siglo XXI ya no buscaba derrocar a la “democracia burguesa” y sustituirla por la dictadura del proletariado de manera violenta, sino que intentó socavar las bases de la democracia liberal “desde adentro”.

La economía K

En términos económicos, el kirchnerismo incrementó el gasto público a niveles siderales –nada menos que del 26,6% al 47,1% del PBI-, incurrió en déficits fiscales crónicos y crecientes, generó una de las inflaciones más altas del mundo y, para colmo de males, hiperreguló al sector privado, terminando por asfixiarlo.

Los resultados de la parafernalia intervencionista son estremecedores. Una economía estancada por 5 años, alta inflación y deterioro del poder de compra. Además, una pobreza que cayó desde los elevados niveles de la “post-convertibilidad”, pero que quedó estancada en niveles altos, creciendo año tras año durante el segundo gobierno de CFK. Hoy en día 3 de cada diez argentinos son pobres y la bomba que dejó el kirchnerismo todavía no termina de desactivarse.

Más estado, menos libertad

El avance del estado sobre la economía tuvo su correlato en las libertades individuales, tal como lo predijo Friedrich A. Hayek en su obra magna Camino de Servidumbre, publicada en 1944. El gobierno abusó de la cadena nacional, escrachó opositores públicamente, restringió la libertad de prensa y hostigó a todos los considerados opositores políticos con controles impositivos y otros artilugios legales.

Por si esto fuera poco, llegó a perseguir judicialmente a quienes publicaban índices con estadísticas de precios, algo que no hubiera ocurrido jamás si el ente estadístico oficial hubiese publicado cifras confiables. En resumen, todo mal.

Ahora bien, a toda acción suele corresponder una reacción, y es esto lo que estamos viendo en la actualidad. A fines de 2015, la gente expresó en las urnas la voluntad de cambio. Incluso si hubiera triunfado la opción peronista, se trataba de un populismo más mesurado, algo que se evidencia en las palabras de los referentes económicos del candidato Scioli, quienes celebran hoy las reformas emprendidas por Macri.

El liberalismo a primera plana

Pero eso no es todo. En la actualidad, no pasa un día sin que exponentes de peso y con sesudos argumentos en defensa de la libertad en todas sus formas, participe de un programa de televisión, radio o medio escrito.

Algunos economistas son los que tienen más protagonismo. Entre ellos, cabe destacar el enorme trabajo de José Luis Espert, quien recientemente publicó su primer libro, La Argentina Devorada. Otro economista que está haciendo furor es Javier Milei, que con profundos argumentos y un carácter visceral, defiende sin tapujos la libertad económica.

Por el lado de los no economistas, debemos destacar al mencionado Agustín Laje y también a Gloria Álvarez, la politóloga guatemalteca, furor en redes sociales, que defiende la economía de mercado a capa y espada. Por último, y junto a ella, hay que mencionar el trabajo incansable de la Fundación Libertad y Progreso, quienes están detrás de videos famosos, muchos de los cuales protagoniza Álvarez, y otros que tienen a su director general, Agustín Etchebarne, como cara visible.

Obviamente, esto no hubiera sido posible sin el trabajo de años en defensa de la libertad de una innumerable cantidad de personas y fundaciones, como Alberto Benegas Lynch (h), Roberto Cachanosky, Martín Krause, José Benegas, la Fundación Libertad de Rosario, la Fundación Bases, los periodistas Mariano Grondona y Pablo Rossi, el profesor Juan Carlos Cachanosky y muchos otros nombres que merecen reconocimiento.

Algo está cambiando en la cultura argentina, así como en América Latina. El liberalismo ya no es una mala palabra y, de hecho, está empezando a recuperar su buena reputación.

Esperemos que la tendencia continúe y se refuerce. Después de todo, como decía el filósofo marxista Antonio Gramsci, “tomen la cultura… el resto se dará por añadidura”.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La revocatoria de mandato en Venezuela

Por Alejandra Salinas: Publicado el 29/4/16 en: https://es.scribd.com/doc/310929584/La-Revocatoria-de-Mandato-en-Venezuela

 

Comparado con el resto de los países de la región, Venezuela presentó un panorama de alternancia política y relativa estabilidad hasta 1998, cuando irrumpió en la escena política Hugo Chávez al triunfar en las elecciones presidenciales de ese año. Sin mayoría legislativa, Chávez intentó reformar el sistema de gobierno. Mediante el referéndum de abril 1999 el electorado aceptó convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, y en diciembre una nueva Constitución fue aprobada por el voto popular. Las principales reformas se relacionaron con cambios en la estructura legislativa y ejecutiva: se extendió el mandato presidencial de cinco a seis años con una reelección, se introdujo un nuevo mecanismo de juicio político, y se limitaron los poderes de emergencia. También se estableció un Poder Legislativo unicameral, reduciendo el total de bancas, y se introdujo el referéndum revocatorio de todos los cargos electivos una vez cumplida la mitad del mandato.

En julio de 2000 Chávez fue reelecto Presidente. Debido a una intensa política demagógica y de confrontación, hacia principios de 2004 el contexto político estaba marcado por fuerte divisiones políticas, un deterioro en la calidad de vida, violaciones a los derechos y un incremento en la violencia. La coalición opositora Coordinadora Democrática solicitó entonces la revocatoria del mandato presidencial, y a tal fin recolectó más de 3.400.000 de firmas. El Consejo Nacional Electoral, controlado por el gobierno, cuestionó al Tribunal Supremo de Justicia que había declarado válidas las firmas y ordenado programar la votación. El Tribunal Supremo defendió la decisión de convocar el referéndum con el argumento de la legitimidad de respetar el proceso democrático.

Finalmente el 15 de agosto de 2004 los votantes dieron a conocer su opinión si debía permitirse al Presidente completar su mandato. Con un 70% de asistencia electoral, el SI triunfó con el 59.3 % de los votos, y el NO obtuvo un 40.6%. Entre las explicaciones del fracaso del No, se mencionó la heterogeneidad de la coalición opositora, la ausencia de un líder carismático, y la falta de una alternativa frente a la exitosa estrategia electoral oficial. También se mencionó el hecho de que las demoras en la recolección y certificación de las firmas dieron tiempo a que la economía se recuperara; que el gasto oficial en la campaña fue decisivo (financiado por los ingresos petroleros en aumento), así como el hecho de que el gobierno registrara dos millones de nuevos votantes.

A partir de entonces la carrera política de Chávez fue sometida a frecuentes votaciones populares. En diciembre de 2006 ganó las elecciones presidenciales con el 62% de los votos; un año más tarde, el 50,7 % del electorado rechazó su propuesta de adoptar la reelección presidencial ilimitada, decisión que fue revertida en el referéndum de febrero de 2009 que le permitió presentarse y ganar las elecciones de 2012. Fallecido poco tiempo después, su Vicepresidente y sucesor Nicolás Maduro en nada modificó el estilo cesarista y autoritario del régimen bolivariano.

Considerando el curso de los eventos y las reiteradas denuncias sobre las irregularidades y violaciones a los derechos humanos cometidas en Venezuela a partir de 1999, la “democracia participativa” instaurada en ese país pisoteó de manera sistemática el ideal republicano de un gobierno limitado que respete las libertades individuales, los procedimientos institucionales y la apertura a un diálogo pluralista. Contra esta lamentable trayectoria se instaura hoy una nueva posibilidad de recurrir al referéndum para revocar el mandato de Maduro, continuador del régimen chavista. Esta semana el Consejo Nacional Electoral entregó el formulario a la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para recoger las firmas necesarias para convocar a la votación. Más de un millón de personas firmaron la petición, que ahora deberá ser validada por la CNE para autorizar una segunda ronda de recolección de firmas. La nueva instancia requiere de un aval mínimo del 20% del padrón electoral para poder convocar al referéndum revocatorio. A su vez, el resultado de éste deberá mostrar que una mayoría de más de 7.587.532 votos aprueba la salida de Maduro, y en caso afirmativo se llamaría a nuevas elecciones presidenciales.

Resulta claro que los obstáculos al nuevo proceso revocatorio serán muchos y complejos. Maduro hará todo lo posible por interrumpir o demorar los procedimientos, y la coalición opositora necesitará del apoyo explícito de la comunidad regional y de los organismos internacionales para llevar adelante su proyecto de forma exitosa. Hay que evitar repetir la experiencia del 2004: afortunadamente el fisco está hoy muy debilitado, el carisma del líder ha desaparecido, y el pueblo venezolano sufre cansancio y hambre. En este contexto, las probabilidades de la revocación son mejores que hace doce años, aunque cualquier resultado es posible bajo un régimen autoritario.

 

Alejandra M. Salinas es Licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y Doctora en Sociología. Fue Directora del Departamento de Economía y Ciencias Sociales de ESEADE y de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas. Es Secretaria de Investigación y Profesora de las Asignaturas: Teoría Social, Sociología I y Taller de Tesis de ESEADE.

A RAÍZ DE CHARLIE HEBDO:

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Toda persona con un mínimo de sentido  común ha quedado horrorizada con el  ataque terrorista a la redacción de la célebre revista en París mencionada en el título de esta nota. Un acto espantoso en el que fueron asesinadas doce personas.

 

Este tema tiene dos aristas clave. La primera consiste en estar alertas frente a la buscada intención de confundir una religión con un acto criminal. Ya bastante ha sufrido la humanidad con guerras religiosas que en nombre de Dios, la bondad y la misericordia han achurado, degollado, amputado, torturado y quemado a cientos de miles de seres humanos. Los fanatismos religiosos a través de inquisiciones y demás atropellos a las libertades individuales se han constituido en bandas contrarias al mínimo respeto al derecho de cada cual para seguir el camino que estime pertinente siempre y cuando no lesionen igual posibilidad a otros.

 

En el caso que nos ocupa, es relevante apuntar que hay mil cuatrocientos millones de musulmanes en el mundo y la inmensa mayoría repudia el terrorismo y la devastadora alianza del poder con la religión y el consiguiente adoctrinamiento y acciones agresivas hacia otros pensamientos y preferencias. Aquellas mayorías siguen la tradición de la tolerancia, demostrada, por ejemplo, en España durante los ocho siglos de gobierno musulmán, circunstancia en la que el progreso ha sido portentoso en filosofía, medicina, derecho, economía, agricultura, música, geometría, álgebra y arquitectura. Afirman que el jihad es la guerra interior contra el pecado y citan el Corán que dice que quien mata a una persona será tratado como que mató a la humanidad y quien salva a una es como si salvara a la humanidad (en 5:31). Esto va para estar en guardia de la siempre estigmatizadora y xenófoba derecha.

 

El sentido del humor es central en la vida, especialmente la capacidad de reírse de uno mismo. Los acomplejados y débiles mentales no resisten el humor que muchas veces es más punzante que una faena de investigación que pone al descubierto debilidades y corrupciones de quienes sienten que deben estar o están en el centro del poder político y sus aliados circunstanciales.  Demás está decir que la impronta liberal no significa que se deba ser imprudente, pero no excluye la imprudencia, la impertinencia, el amarillismo y la zoncera siempre que no esté involucrada la lesión de derechos de otros. Cada uno asume la responsabilidad por lo que hace y así fabrica su reputación.  El modo de expresarse de uno no es el modo de otro, pero todos deben tener el derecho de hacerlo en una sociedad abierta. En lo personal, la burla y el sarcasmo a sentimientos religiosos de otros o de los propios, de agnósticos o de ateos me disgusta grandemente pero parafraseándolo a Voltaire nada debería hacerse para prohibir semejantes manifestaciones, ni ninguna otra.

 

Por otro lado, en general, la ridiculización, la ironía y la satirización tienen muchas veces más fuerza que la articulación de argumentos serios. En esta nota rendimos homenaje a la tarea periodística que solo responde a los dictados de la conciencia de quien habla, escribe o dibuja.

 

La segunda arista se refiere a la indispensable libertad de prensa, para lo cual introduzco algunas partes de un artículo de mi autoría publicado en “La Nación” de Buenos Aires (abril 10, 2012). Esta libertad debe ser respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo porque el ventilar y debatir ideas es indispensable para acrecentar conocimientos y conocer opiniones varias sobre muy distintos temas, sino porque brinda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

 

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria”, “insolencia” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa.

 

Por supuesto que nos estamos refiriendo a la plena libertad sin censura previa, lo cual no es óbice para que se asuman con todo el rigor necesario las correspondientes responsabilidades  ante la Justicia por lo expresado en caso de haber lesionado derechos de terceros, lo cual puede incluir ofensas difamatorias. Esta plena libertad de prensa desde luego incluye al humor y la caricatura, como es el caso hoy de Charlie Hebdo en donde se ha producido la tragedia que comentamos.

 

Esta plena libertad incluye presentaciones irreverentes y, sobre todo, el debate de ideas con quienes implícita o explícitamente proponen modificar el sistema vigente, de lo contrario se provocaría un peligroso efecto boomerang (la noción opuesta llevaría a la siguiente pregunta, por cierto inquietante ¿en que momento se debiera prohibir la difusión de las ideas comunistas de Platón, en el aula, en la plaza pública o cuando se incluye parcial o totalmente en una plataforma partidaria?). Las únicas defensas de la sociedad abierta radican en la educación y las normas que surgen del consiguiente aprendizaje y discusión de valores y principios, aplicados también al caso de Charlie Hebdo con su frecuente inclinación de izquierda militante, lo cual resulta irrelevante para lo que decimos de la libertad de prensa.

 

Hasta aquí lo básico del tema, pero es pertinente explorar otros andariveles que ayudan a disponer de elementos de juicio más acabados y permiten exhibir un cuadro de situación algo más completo. En primer lugar, la existencia de ese adefesio que se conoce como “agencia oficial de noticias”. No resulta infrecuente que periodistas bien intencionados y mejor inspirados se quejen amargamente porque sus medios no reciben el mismo trato que los que adhieren al gobierno de turno o a los que la juegan de periodistas y son directamente megáfonos del poder del momento. Pero en verdad, el problema es aceptar esa repartición estatal en lugar de optar por su disolución, y cuando los gobiernos deban anunciar algo simplemente tercericen la respectiva publicidad. La constitución de una agencia estatal de noticias es una manifestación autoritaria a la que lamentablemente no pocos se han acostumbrado.

 

Es también conveniente para proteger la muy preciada libertad a la que nos venimos refiriendo, que en este campo se de por concluida la figura atrabiliaria de la concesión del espectro electromagnético y asignarlo en propiedad para abrir las posibilidades de subsiguientes ventas, puesto que son susceptibles de identificarse del mismo modo que ocurre con un terreno. De más está decir que la concesión implica que el que la otorga es el dueño y, por tanto, tiene el derecho de no renovarla a su vencimiento y otras complicaciones y amenazas a la libre expresión de las ideas que aparecen cuando se acepta que las estructuras gubernamentales se arroguen la titularidad, por lo que en mayor o menor medida siempre pende la espada de Damocles.

 

Fenómeno parecido sucede con la pornografía y equivalentes en la vía pública que, en esta instancia del proceso de evolución cultural, hacen que no haya otro modo de resolver las disputas como no sea a través de mayorías circunstanciales. Lo que ocurre en dominios privados no es de incumbencia de los gobiernos, lo cual incluye la televisión que con los menores es responsabilidad de los padres y eventualmente de las tecnologías empleadas para bloquear programas. En la era moderna, carece de sentido tal cosa como “el horario de protección al menor” impuesto por la autoridad, ya que para hacerlo efectivo habría que bombardear satélites desde donde se trasmiten imágenes en horarios muy dispares a través del globo. Las familias no pueden ni deben delegar sus funciones en aparatos estatales como si fueran padres putativos, cosa que no excluye que las emisoras privadas de cualquier parte del mundo anuncien las limitaciones y codificadoras que estimen oportunas para seleccionar audiencias.

 

Otra cuestión también controversial se refiere a la financiación de las campañas políticas. En esta materia, se ha dicho y repetido que deben limitarse las entregas de fondos a candidatos y partidos puesto que esos recursos pueden apuntar a que se les “devuelva favores” por parte de los vencedores en la contienda electoral. Esto así está mal planteado, las limitaciones a esas cópulas hediondas entre ladrones de guante blanco mal llamados empresarios y el poder, deben eliminarse vía marcos institucionales civilizados que no faculten a los gobiernos a encarar actividades más allá de la protección a los derechos y el establecimiento de justicia. La referida limitación es una restricción solapada a la libertad de prensa, del mismo modo que lo sería si se restringiera la publicidad de bienes y servicios en diversos medios orales y escritos.

 

Afortunadamente han pasado los tiempos del Index Expurgatoris en el que papas pretendían restringir lecturas de libros, pero irrumpen en la escena comisarios que limitan o prohíben la importación de libros, dan manotazos a la producción y distribución de papel. La formidable invención de la imprenta por Pi Sheng en China y más adelante la contribución extraordinaria de Gutemberg, no han sido del todo aprovechadas, sino que a través de los tiempos se han interpuesto cortapisas de diverso tenor y magnitud pero en estos momentos han florecido (si esa fuera la palabra adecuada) energúmenos que arremeten con fuerza contra el periodismo independiente (un pleonasmo pero en vista de lo que sucede en varios puntos del planeta, vale el adjetivo).

 

La libertad de expresión constituye el eje central de la sociedad abierta, los espíritus totalitarios no comprenden ese valor inmenso al efecto de respirar el purificador oxígeno de la libertad; bien ha escrito Thomas Jefferson que “nuestra libertad depende de la libertad de prensa la cual no pude ser limitada sin perderlo todo”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer rector de ESEADE.

Lo que no se discute del anuncio de Capitanich y Kicillof

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 29/1/14 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2014/01/29/lo-que-no-se-discute-del-anuncio-de-capitanich-y-kicillof/

 

Los últimos días han mostrado una gran intensidad por parte del gobierno. Desde un intento de aumento de impuestos a los bienes personales que duró menos de 24 horas, pasando por la contramarcha en la importación de tomates hasta el anuncio de la flexibilización del cepo para el atesoramiento de dólares a las pocas horas de comunicar que sólo se podían realizar hasta dos compras online en el exterior para cuidar las reservas. Que el cepo vaya a ser flexibilizado aún está por verse. Si hay algo que la experiencia del kirchnerismo muestra es que lo único que se hizo fue dar la libertad de ser rechazado por la AFIP, que no es lo mismo que liberar el cepo. Si bien el problema del tipo de cambio y reservas apremian, y los anuncios y contra-anuncios se han vuelto casi moneda corriente, una expresión particular del anuncio que hizo Capitanich con Kicillof es muestra clara de la falta de republicanismo en la que ha caído el país.

Según Capitanich y Kicillof el viernes pasado, el gobierno ha decidido “autorizar” la compra de dólares para atesoramiento. Este acto fallido denota un serio problema. ¿Desde cuándo en una república es el gobierno de turno quién decide qué es lo que el pueblo (el soberano) puede y no puede comprar? El kirchnerismo está profundamente confundido si cree que las libertades individuales son concesiones del Estado. Hace tiempo que esta concepción medieval fue dejada de lado. Las restricciones a las importaciones y la compra de dólares son sólo dos de las manifestaciones de esta confusión conceptual. Por eso algunos tanto insistimos con la importancia de las instituciones. Hoy esta confusión institucional se traduce en cierre de importaciones y cepo a la compra de dólares, mañana puede ser cualquier otra cosa. Límites a los bienes personales que se puede tener, limite a la tenencia de propiedades, etcétera. Basta darse una vuelta por los países populistas para ver que la falta de republicanismo puede manifestarse de varias maneras distintas. Creer que las libertades son una concesión del Estado, y no un derecho de las personas que impone límites al Estado es, en el fondo, más grave que cualquier cepo.

Pero esta confusión institucional no podría tener lugar sin otros dos factores. Una cultura que lo permita y un poder judicial incapaz o falto de voluntad de poner los límites que le corresponde institucionalmente. Que los dichos de Capitanich hayan pasado inadvertidos y hasta aceptados hablan de la educación cívica en parte importante de la sociedad. Sería interesante ver un estudio que busque el origen de este deterioro institucional-cívico. Sólo a modo de ejemplo, una pregunta para la que no tengo respuesta, ¿qué rol juegan en esta devaluación republicana programas como el de “Sociedad y Estado” en el CBC? ¿Cuántas personas han pasado por este curso desde que se hizo la reforma educativa? ¿Es posible que el contenido de esta materia contribuya a creer que las libertades son concesiones del Estado y no potestades autónomas de las personas? A todo esto, ¿Qué hace el Ministerio de Educación que permite tremenda devaluación conceptual en los votantes? Los ministros de Educación deben recordar que de acuerdo a la Constitución Nacional, Argentina es una república y que su trabajo consiste en velar por la protección de ese marco institucional. Mientras los argentinos sigamos creyendo (quizás por temor a ser genuinamente libres) que nuestras libertades y derechos son potestades del Estado lo único que conseguiremos es cambiar el color de los gobiernos populistas, pero no sus políticas de fondo.

Uno de los roles fundamentales del Poder Judicial es proteger a las minorías de las mayorías. El motivo es claro, vivir en democracia no es lo mismo que vivir en libertad. La mayoría no puede utilizar el método del voto para oprimir a las minorías. Mal que le pese a los sectores oficialistas, el 54% no es argumento válido para “ir por todo” ni imponer su autoritarismo. Los sectores de la oposición que aceptan esta postura porque “son las reglas del juego” confunden democracia con república y no hacen más que contribuir al daño institucional al validar una actitud anti-republicana por parte del gobierno de turno. Es la democracia la que tiene como límite las libertades individuales, y no las libertades individuales las que son limitadas por la democracia. Si bien no soy abogado y los temas judiciales no son mi especialidad, creo igualmente válido compartir algunas impresiones. ¿En qué tipo de república el Poder Judicial no tiene oportunidad en un período de diez años de poner freno a los avances autoritarios de un gobierno? ¿En ningún momento de la década kirchnerista el Poder Judicial tuvo oportunidad de recordar al Poder Legislativo y al Poder Ejecutivo que la ley debe ser acorde a derecho? Sin que se interprete como una generalización, el siguiente ejemplo puede aclarar el problema que veo de fondo. Ningún argentino tiene el derecho de autorizar o no la compra de bienes (por ejemplo dólares) que quieren realizar otros argentinos. Si este no es un derecho de las personas, entonces no puede ser un derecho delegado al Estado. No está en discusión que el Estado tiene los mecanismos y el poder para imponer un cepo, pero tener el poder y tener el derecho no es lo mismo. La justicia no puede iniciar de oficio una causa contra el Estado, necesita que un ciudadano la presente. Si usted inicia, entonces, una causa judicial contra el Estado por el tema del cepo, ¿tiene la certeza de que el juez fallará a su favor por inconstitucionalidad del cepo? Si usted no tiene esa certeza, entonces el Poder Judicial bien puede ser parte del problema.

Como agudamente decía Frederic Bastiat, “cuando el saqueo se vuelve un modo de vida para un grupo de personas en la sociedad, con el paso del tiempo crean para sí mismos un sistema legal que les autoriza el saqueo y un código moral que lo glorifica.”

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.