Intervencionismo, envidia, ganancias y pérdidas

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/02/intervencionismo-envidia-ganancias-y.html

 

Hay razones psicológicas muy profundas que subyacen al intervencionismo estatal. Estos fines inconfesables son los que se esconden detrás de toda una retórica que tiene por falso “fundamento” la perorata de la “justicia social” la “exclusión” e incluso muchas veces apelan a sentimientos religiosos como cuando ciertos sectores embanderan un supuesto “amor al prójimo” para justificar el latrocinio estatal. En realidad, los motivos ocultos y reales son muy otros. Veamos:

“Los intervencionistas no se aproximan al estudio de los asuntos económicos con desinterés científico. La mayoría se mueven por un envidioso resentimiento contra aquellos cuyas rentas son superiores a las suyas. Esta inclinación les hace imposible ver las cosas como realmente son. Para ellos, lo principal no es mejorar las condiciones de las masas, sino dañar a empresarios y capitalistas incluso si esta política hace víctima a la inmensa mayoría del pueblo.”[1]

Tampoco tienen conciencia que, a la larga, tales medidas también los terminarán perjudicando a ellos mismos. Portan, por lo tanto, una visión cortoplacista y muy miope que, de todas maneras, en el corto plazo podrá rendirles algún fruto, aunque mas no sea el placer psicológico que les producirá el ver menoscabados a aquellos cuyas fortunas (grandes, medianas o pequeñas) envidian. A pesar del tiempo transcurrido desde que dichas palabras fueran escritas, no deja de ser preocupante que L. v. Mises estuviera describiendo el mundo de nuestros días, demostrando la pobrísima evolución moral de la humanidad en su conjunto. En tal sentido, no hay egoísmo malsano en el capitalismo, pero si los intervencionistas demuestran el peor de los egoísmos imaginables al concebir y aconsejar sus políticas. Las políticas que patrocinan interferencias en el mercado hallan su último fundamento no mas que en razones de mezquindad de sus proponentes.

“A los ojos de los intervencionistas, la mera existencia de beneficios es algo objetable. Hablan de beneficio sin ocuparse de su corolario, la pérdida. No comprenden que beneficio y pérdida son los instrumentos por los que los consumidores mantienen con fortaleza las riendas de todas las actividades empresariales.”[2]

Así, el mismo autor que ahora nos encontramos comentando, ha definido al mercado (en rigor, a su funcionamiento) como la democracia perfecta. En él, gobierna la mayoría, conformada por las masas de consumidores quienes son los que dictan las directivas a los empresarios para que produzcan y comercialicen todo lo que aquellos consumidores desean, tanto en cantidad como en calidad. Otros han hablado de lo mismo nominándolo como el sistema donde prevalece la soberanía del consumidor que es lo que caracteriza al orden capitalista de producción, y que es, precisamente, lo que irrita a los intervencionistas y por lo cual no lo toleran. Subyace en el pensamiento intervencionista la teoría de la suma cero, basada, a su turno, en el tristemente célebre Dogma Montaigne.

“Son los beneficios y las pérdidas los que hacen a los consumidores supremos en la dirección de los negocios. Es absurdo contrastar producción para el beneficio y producción para el uso. En el mercado no intervenido, un hombre solo puede conseguir ganancias proporcionando a los consumidores de la forma mejor y más barata los bienes que estos quieren usar.”[3]

Y por contraste, cuando el mercado deja de ser libre (en todo o en parte) este fenómeno no sucede, porque quien decide quién gana y quién pierde es la autoridad política y burocrática, lo que caracteriza al intervencionismo y lo que marca la época en la que estamos insertos. Hoy en día, el mercado esta tan pero tan distorsionando por el cúmulo de intrusiones gubernamentales que padece siempre inmolado constante por recurrentes medidas políticas, que resulta no sólo extremadamente difícil sino hasta imposible determinar a qué factor especifico se deben las pérdidas y las ganancias de los agentes económicos. Lo que sí es claro que, a medida que el tamaño del estado-nación crece el mercado disminuye y la redistribución (fruto de esa injerencia) hace que los perdedores y los ganadores respectivamente no merezcan serlo.

“Ganancias y pérdidas quitan los factores materiales de producción de las manos de los ineficientes y los ponen en manos de los más eficientes. Su función social es hacer a un hombre más influyente en la dirección de los negocios cuanto más éxito tenga en fabricar productos que reclama la gente.”[4]

Se comprende la importancia fundamental de que el mercado sea libre de manipulaciones estatales que obstaculicen el juego armónico de la oferta y de la demanda, sin normas que alteren precios relativos, sin controles de ninguna índole, sin más restricciones que las que el mismo mercado impone conforme a sus propias leyes. Las ganancias -vigentes tales condiciones- son las señales que le indican -tanto a productores como a consumidores- donde se encuentran los empresarios más acreditados y eficaces. En tanto que las pérdidas revelan a los mismos participantes del proceso quiénes son los menos aptos para el manejo de los negocios en aquellas áreas donde no han obtenido éxitos. Si el gobierno y la burocracia interfieren con este sano mecanismo -a la larga- toda la economía se desploma.

“El consumidor sufre cuando las leyes del país impiden que los empresarios más eficientes expandan la esfera de sus actividades. Lo que hizo que algunas empresas se convirtieran en “grandes empresas” fue precisamente su éxito en atender mejor la demanda de las masas.”[5]

Como decimos anteriormente, el grado de intervencionismo ha crecido tanto que hoy en día resulta ya difícil poder distinguir con claridad cuando una gran empresa lo es debido a la acción del gobierno y cuando a la del mercado. Muchas voluminosas empresas del pasado han sucumbido merced a las interferencias de las leyes que desfiguran el funcionamiento del mercado. Otras, en cambio, se adaptaron a las medidas intervencionistas y renunciaron paulatinamente a lograr sus beneficios por las vías de un mercado libre que, patuletamente, iba siendo sepultado bajo una maraña de normas, decretos, regulaciones, disposiciones, leyes, ordenanzas de todo tipo, sin dejar de lado fallos judiciales atentatorios contra la libertad de mercado. El caos que vive el universo económico de nuestra época halla su origen en todo lo dicho.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 10

[2] L. v. Mises ibidem, pág. 10-11.

[3] L. v. Mises ibidem, pág. 11

[4] L. v. Mises ibidem, pág. 11

[5] L. v. Mises ibidem, pág. 11

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Déficit y superávit fiscales

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2020/02/deficit-y-superavit-fiscales.html

 

 “déficit. Una cantidad, normalmente expresada en términos monetarios, que expresa que una suma es inferior a otra. Se habla de déficit cuando los pagos superan a los ingresos y el balance, en consecuencia, es negativo. El déficit fiscal indica la misma idea, aplicada en este caso a la diferencia entre ingresos y egresos públicos. Las políticas fiscales keynesianas insistieron en que los déficits fiscales eran necesarios para aumentar la demanda agregada en tiempos de recesión, ya que los gastos del Estado se añadían a la demanda de los particulares produciendo un efecto reactivador sobre la economía. Las concepciones monetaristas actuales destacan, en cambio, que los déficits fiscales son el principal motor de la inflación.” (116 C. Sabino, ob. Cit. Voz respectiva.)

Como ya dijéramos antes en este libro, los gobiernos no pueden (en rigor pueden, pero no deben) tener déficit ni superávit fiscales, sino que deben saldar siempre gastos con ingresos, de tal suerte que las cuentas nacionales queden siempre balanceadas. De existir superávit fiscal, en modo alguno se trata de un índice de crecimiento, sino de decrecimiento, ello por cuanto el superávit fiscal indica que se ha recaudado más que lo permitido por el presupuesto nacional, lo que implica que se ha expoliado a la población por la diferencia entre el monto del presupuesto y el superávit fiscal. No es pues un índice de crecimiento, excepto para el gobierno. Habrá que decir entonces que los gobiernos con superávit fiscal crecen a costa de sus gobernados, que son expoliados por la diferencia entre el monto máximo del presupuesto y el del superávit en cuestión.

[…]

…el déficit aparece cuando los débitos superan a los créditos y los pagos no alcanzan a enjugarlos, lo que creemos que es la forma correcta de expresarlo. En este sentido los pagos nunca pueden ser superiores, sino que necesariamente han de ser inferiores. El error del autor puede provenir, posiblemente, de haber equivocado la inclusión del término “pagos”, donde lo lógico y coherente sería haber colocado la palabra “deudas”, ya que el concepto típico de déficit en materia económica es precisamente ese: donde las deudas superan a los ingresos, y donde –a su vez- la suma inferior son los pagos en relación a las deudas y no a los ingresos. Ya sea que se quiso significar que se paga con un ingreso anterior (sea de impuestos recaudados o de empréstitos) debió haberse clarificado para evitar posibles confusiones. Es más preciso decir que habrá déficit cuando los ingresos no alcancen a cumplir con los egresos presentes o futuros, o como dijimos antes, cuando los débitos superan a los créditos. Tal es la noción correcta de déficit. Toda esta confusión, en realidad, no proviene del autor de la definición, sino de la teoría keynesiana a la que alude en la oración posterior, y de la cual, por lo visto, el Dr. C. Sabino toma el concepto. Lo que postulaban los keynesianos era que el gobierno debía endeudarse, pero a ellos no les gustaba usar esta palabra, entonces recurrían al vocablo déficit, para expresar una cosa distinta a la que estaban proponiendo. De este último modo, adquiere sentido la primera parte de la definición, en la que el autor supone la previa tenencia de ingresos para pagar, cuando, en los hechos, lo que se quiere transmitir es la idea de gasto, pero nuevamente, el gasto sólo puede superar al ingreso mediante un ingreso anterior.

El déficit es un concepto fiscal, por el cual se significa que los ingresos han sido (o serán) inferiores a los egresos previstos en el presupuesto nacional, provincial, municipal, etc. Este es el sentido habitual con el cual se emplea la palabra en la lexicografía impositiva. Mediante el mismo, se indica no otra cosa que, se ha recaudado o se recaudará menos que lo señalado en el respectivo presupuesto, con lo cual se verifica que el presupuesto ha sido mal calculado y peor aprobado por la legislatura respectiva, porque no refleja adecuadamente las valoraciones estimadas por el electorado sobre el particular.

El superávit expresa la idea exactamente opuesta, por la cual los ingresos exceden a los egresos (siempre en relación a lo previsto en el respectivo presupuesto). En el mejor de los casos (y suponiendo buena fe en los legisladores, cuestión ya de por si dificultosa) habrá de decirse que también se trata de otro supuesto de presupuesto mal calculado y peor aprobado por las autoridades. Recaudar más de lo previsto, implica -lisa y llanamente- que se ha expoliado a los contribuyentes por la diferencia entre la cifra aprobada del presupuesto y el monto en más obtenido mediante la recaudación. Con todo, se trata de la situación a la que tienden los gobiernos (al menos en la Argentina), y que suelen explotar demagógicamente, sobre todo cuando quieren engañar a sus súbditos, creándoles la ilusión de que la gestión de la burocracia de turno estableció “prosperidad beneficiosa” para el país, al “rebosar” sus arcas más allá de lo previsto presupuestariamente. Lamentablemente, esta prédica populista suele captar y cautivar a más de un iluso, quien no advierte que se trata del reverso de aquella otra que también esgrimen los gobiernos cuando tienen déficit fiscal.

En este último caso, arguyen, demagógicamente asimismo que, como los fondos no alcanzan a cumplir con las metas de “justicia social” fijadas por el gobierno, ergo, se deberá recurrir a otros medios de financiamiento para enjugar el déficit, tales como empréstitos (internos o externos), elevar alícuotas de impuestos, crear nuevos, fijar tarifas, acrecentar o crear nuevos aranceles al comercio exterior y –aunque nunca se dice- generar inflación. Con estas medidas –y otras similares- afirman los burócratas y sus acólitos, que se formará superávit fiscal, y al aplicarlas, efectivamente los ingresos del gobierno se elevan sideralmente, lo cual -como ya hemos expresado-, en modo alguno implica “mejora” o “crecimiento económico” del pueblo o de la nación, ya que, en estos últimos casos, el único crecimiento económico que se verifica es el de los patrimonios de los burócratas que usan tales disposiciones.

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Fragmento de mi tratado de economía La ciencia económica (tomo 3). Ediciones Libertad. págs. 317 a 321 (disponible on line)

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Políticos ricos, pueblos pobres

Por Gabriel Boragina. Publicado en: http://www.accionhumana.com/2019/11/politicos-ricos-pueblos-pobres.html

 

La aparente paradoja por la cual líderes políticos que sostienen y defienden un discurso “de izquierda” (socialista, valga la aclaración en estas épocas de alta confusión semántica) ganan adhesiones y elecciones al mismo tiempo que se hacen ricos cuando alcanzan alguna cuota de poder, e inmensamente ricos cuando asumen todo el poder posible sin perder seguidores y adictos sino -por el contrario- incrementarlos tiene explicación -en mi opinión- en lo siguiente:
La ideología marxista se ha extendido por todo el planeta y domina la mente humana, claro que en diferentes grados que van del 1% al 100%. En el extremo del 100% encontramos al marxismo-leninismo, aunque afortunadamente no son muchas las personas que aglutinen explícitamente a esta corriente hoy en dia. Y en escala decreciente al marxismo gramsciano.
Por debajo de ese 100% hallamos a todos los individuos que dicen “no ser” ni comunistas, ni socialistas, ni de izquierdas, etc. pero que, sin embargo, están de acuerdo con opiniones tales como la que “los ricos deben pagar más impuestos y en mayor alícuota que los pobres”, que “el gobierno debe redistribuir la riqueza”, “igualar rentas y patrimonios”, etc. Lo que en los hechos implica aceptar (aunque ellos lo nieguen) que los ricos explotan a los pobres, al menos en alguna medida mayor o menor, pero dar, por cierto -de una forma o de otra- la teoría de la explotación marxista. Niegan para sí mismos el rótulo de marxistas, no obstante, el menor dialogo con cualquiera de ellos y las respuestas a nuestras preguntas denotan que piensan como verdaderos marxistas, mal que les pese.
Poca gente tiene buena opinión sobre el capitalismo, a la vez que está convencida que es el sistema que “domina al mundo”, idea que impregna no solo a los pobres sino a sujetos de posición acomodada.
En esta mitología popular el gobierno es el instrumento de “la justicia social” que “debe” combatir al capitalismo “imperante” y destruirlo o -al menos- disminuir su poder, para (acto seguido) redistribuir la riqueza “mal habida” de los “capitalistas” y repartirla entre los pobres. Por eso, el súbdito populista no ve con malos ojos el enriquecimiento de sus cabecillas populistas sino al contrario, lo que ellos “ven” es que cuanto más ricos son los políticos populistas más pobres son los representantes del “capitalismo” mundial o local. Esto explica que personajes nefastos y siniestros como Hitler, Mussolini, Stalin, Perón, Fidel Castro, Chávez, como hoy Maduro, Evo Morales, los Kirchner y muchos otros hayan sido o sean enormemente ricos, porque la mayoría de las masas lo ve como el botín arrebatado a los “capitalistas” que será -hoy o mañana- repartido entre los más desfavorecidos.
Encuentro aquí la razón por la cual lo que yo califico como enriquecimiento por corrupción de los jefes populistas un seguidor populista no lo ve de ese modo y lo defiende de palabra y luego en las urnas con su voto al que -para mí- es un corrupto socialista (en realidad, la corrupción es inherente al socialismo).
Si de algo se culpa a los gobiernos (en esta mentalidad tan popularmente extendida) es de no ser eficaces en cuanto a la expropiación de los capitalistas, y la pobreza se atribuye a esto, y no a su verdadero motivo: la inexistencia de tal “capitalismo” que sólo habita en la mente enfermiza de populistas y socialistas. Los dirigentes populistas inculcan a las masas que el hambre y la miseria no son culpa de los gobiernos “de izquierda” sino de los “de derecha” que “no quieren” combatir al capitalismo. Ellos entienden por “capitalismo” a los grupos empresarios, banqueros y -en algunos casos- grandes comerciantes y punto.
Esto demuestra también porque habitantes de zonas muy pobres o carenciadas votan a gobernadores ricos que los mantienen en esa condición mientras estos lucran de sus impuestos y hechos de corrupción, al tiempo que siguen siendo elegidos masivamente comicios tras comicios. Aun para la persona más ignorante parece “evidente” que no es el gobierno el que lo conserva en ese estado y en la pobreza sino el “maldito capitalismo”. Y que cuando la pobreza aumenta es por dos “razones” posibles: o el gobierno donde ello ocurre es ineficaz para combatir al capitalismo, o bien se ha convertido en cómplice de los capitalistas. No existe para dicho tipo de masa ninguna otra explicación, o no están preparados para aceptar razonamientos más profundos y consistentes. Menos aún para aceptar la verdadera causa de la pobreza: la ausencia de capitalismo.
De esta manera se puede entender -aunque no excusar- el hecho innegable de más pobres votando o apoyando implícita o explícitamente a políticos ricos, o justificándolos cuando asumen poderes de facto. Todas las tiranías se disculpan a sí mismas discurseando que se tuvieron que convertir en tiranías para enfrentar “el creciente poder” del “imperialismo capitalista”, “grupos económicos”, etc. es decir, aceptando el planteo fundamental de Marx y de Engels (la dictadura del proletariado) tan errado por estos como por sus “modernos” continuadores.
Es por eso que los políticos más “moderados” evitan hablar del capitalismo en términos elogiosos, y se cuidan mucho de prometer en sus campañas electorales que si llegaran al gobierno promoverán el capitalismo o medidas afines a este, porque saben que tales declaraciones les restarían votos si las incluyeran en sus plataformas electorales, y porque tampoco la mayoría de ellos cree en ese sistema, excepto cuando suponen utilizarlo para incrementar sus propios patrimonios. Pero desconocen que no se hacen ricos por poner en práctica los principios del capitalismo sino los contrarios al mismo. Dado que lucrar a costa de los contribuyentes no es capitalismo, es simple y llano latrocinio y rapiña.
Cuando un partido quiere desalojar a otro de la competencia electoral no hay arenga más estratégica, demagógica y más efectiva para semejante propósito que acusar a los partidos contrarios de querer defender o representar a “los ricos” y a “los capitalistas”, esto genera entusiasmo y apegos entre las multitudes y votantes. Es decir, esta perorata sumada a que en la mente de los sufragantes está implícito el Dogma Montaigne por el cual “la riqueza de los ricos es consecuencia de la pobreza de los pobres” brindan al demagogo la fórmula perfecta para aumentar su caudal de votos en cualquier elección. Por ejemplo, en el caso argentino el peronismo opositor predicó desde el comienzo mismo del mandato del presidente Macri que este “gobernaba para los ricos” (lo que desde luego era falso) y así, finalmente, logró vencerlo en las elecciones respectivas. 

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Los políticos no se animan a enfrentar al Frankenstein populista que crearon

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 24/9/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/10/01/los-politicos-no-se-animan-a-enfrentar-al-frankestein-populista-que-crearon/?fbclid=IwAR33o_KNV2_BYlTNtpdczloodBZk-c88y-DNdFjhww0nBz_Ycx3g5ukER38

 

Las dos fuerzas políticas con mayores posibilidades de ganar no presentan un plan económico que le haga ver a la gente un futuro

Las dos fuerzas políticas con mayores posibilidades de ganar las elecciones presidenciales, encabezadas por Mauricio Macri y Alberto Fernández, no presentan un plan económico que le haga ver a la gente un futuro

La gente de Cambiemos insiste con que esta es una elección de carácter político porque se ponen en juego derechos individuales tan importantes como la libertad de expresión o subordinar la justicia al poder político para tener un control absoluto tipo dictadura disfrazada de democracia. En definitiva, no es otra cosa que establecer una autocracia vía el voto, como ya ha ocurrido tantas veces en la historia de la humanidad.

Recientemente fue publicado Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, donde los autores abundan en ejemplos de democracias que terminan en autocracias como es el caso del chavismo por citar el más reciente.

No cabe dudas de que el kirchnerismo siempre ha tenido fuertes inclinaciones autocráticas, personalmente tuve que soportar siete inspecciones de la AFIP en ese tiempo, un logro que pocos pueden mostrar, aunque reconozco que otros la deben haber pasado mucho peor que yo. Así que no tengo dudas de la importancia de los derechos individuales que se ponen en juego en esta elección.

Sin embargo, apelar a ese argumento para ganar la elección no me parece que sea la mejor opción. Aunque suene espantoso decirlo, mucha gente puede resultar indiferente a la violación de la libertad de expresión si mientras tanto puede comprar un nuevo celular, un televisor o algún otro electrodoméstico. En definitiva, no olvidemos que el voto hacia los populismos autoritarios se basa en el resentimiento de unos sectores de la sociedad hacia aquellos que fueron exitosos. Los populismos autoritarios apelan al argumento de decir: Ud. es pobre y la pasa mal porque aquel otro es rico.

La riqueza de unos es causa de la pobreza de otros, reza el credo populista. El paso siguiente es expoliar impositivamente al que progresó trabajando para repartirlo entre los que menos tienen, todo en nombre de la justicia social. Tanto el candidato a presidente como la candidata a vicepresidente de la oposición acaban de afirmar que los que más tienen deberán aportar más, como si trabajar y progresar fuera un pecado que merece ser castigado.

El resultado de estas políticas es el desestímulo para producir porque la gente siente que el fruto de su trabajo se lo quita el estado para dárselo al que no produjo. Al desestimular la producción baja la inversión, los puestos de trabajo y crece la pobreza. En definitiva, si llegamos a esta debacle tan grande es porque gobierno tras gobierno se encargaron de expoliar a los sectores productivos.

Ahora bien, si se acepta esta visión, lo importante de las próximas elecciones es que se ponen en juego los derechos individuales, pero se gana por la economía: el recontra repetido slogan de campaña de Clinton: “es la economía, estúpido”. El revés electoral que recibió Cambiemos en las PASO tiene que ver con la bronca de mucha gente por la situación económica. Si a eso se le agrega la espantosa estrategia de no comunicar la herencia recibida y el más horrible tratamiento de la herencia recibida, no debe sorprender el resultado de agosto pasado.

Fuentes de financiamiento

Ahora bien, de cara al futuro, las dos fuerzas políticas con mayores posibilidades de ganar no presentan un plan económico que le haga ver a la gente un futuro, porque si bien es cierto que hay un voto castigo a Cambiemos, también es cierto que el voto castigo fue a la fórmula FF que ya demostró en el pasado el desastre que puede hacer con la economía, algo que acaba de confirmar el asesor económico de Alberto Fernández, Matías Kulfas, quien sostuvo que la emisión monetaria es una opción disponible para financiar el déficit fiscal. Eso y pavimentar el camino a la hiper es lo mismo, considerando que nadie quiere tener un peso. ¿O acaso piensa Kulfas que alguien demanda pesos en el sentido de atesoramiento? Peso que tiren al mercado, peso que se va a la inflación.

El asesor económico de Alberto Fernández, Matías Kulfas, sostuvo que la emisión monetaria es una opción disponible para financiar el déficit fiscal

El asesor económico de Alberto Fernández, Matías Kulfas, sostuvo que la emisión monetaria es una opción disponible para financiar el déficit fiscal

No menos llamativa fue la siguiente afirmación de Kulfas: “Queremos ir a superávit fiscal. Esto ya lo ha planteado Alberto. El tema es cómo llegar. Por la lógica del ajuste no se llega, no funciona. Los ajustes de gastos generan una caída en la actividad económica que termina afectando la recaudación. Por lo tanto, el resultado final, el déficit se reduce en proyección. Primero hay que recuperar el crecimiento económico”. Ese humo de gradualismo ya se lo vendieron a Macri y terminamos en el desastre actual.

Es imposible crecer con un sector público consolidado que aplasta al sector privado con un gasto del 47% del PBI. Y menos se puede crecer sin moneda y con intenciones confiscatorias de los ingresos diciendo que los que más tienen más tienen que pagar al tiempo que se mantiene una legislación laboral que espanta a cualquier empresa de contratar personal.

Es tal el problema económico que hemos acumulado a lo largo de décadas de populismo que las principales fuerzas políticas se niegan a enfrentar la realidad y por eso formulan propuestas sin sustento como: hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente para reactivar el consumo interno, de esto se sale con crecimiento (como si se creciera por decreto), todos los días un poquito mejor y cosas por el estilo. Nadie formula una propuesta completa de reforma del estado, del sistema tributario, de la legislación laboral, monetaria y financiera. Todos creen que pueden toquetear las variables haciendo sintonía fina cuando por delante tenemos un gigantesco problema económico.

Argentina está en un serio problema económico y ninguna de las fuerzas políticas ofrece una solución. Y aquí llegamos a un punto crítico. Considerando que la democracia se ha convertido en una competencia populista y teniendo en cuenta que todos los meses pasan por la ventanilla del estado 19 millones de personas a buscar un cheque, mientras que solo 6,5 millones trabajamos en blanco en el sector privado, es muy grande la tentación por captar el voto de los 19 millones a expensas del bolsillo de los 6,5 millones.

En otras palabras, seguir con el discurso populista. Unos porque lo ven como un negocio político, otros porque dicen que no se puede cambiar porque te incendian el país, lo cierto es que la cultura de la dádiva ha crecido tanto en nuestro país que se ha transformado en un monstruo que nadie quiere enfrentar. Infinidad de planes sociales, millones de empleados públicos que son desocupados encubiertos y 3,5 millones de jubilados que nunca aportaron y reciben una jubilación son un peso muerto que impide crecer.

Si uno propone comenzar a arreglar este problema, la respuesta inmediata es: ¿y qué hacemos con toda esta gente, la dejamos morir de hambre? Pero nadie piensa en los 6,5 millones de personas que todas las mañanas, con frío, calor, lluvia, piquetes y demás problemas se levantan para trabajar cada día y son sometidos a un sistema de cuasi esclavitud fiscal para sostener a la gran masa de votantes que está en los 19 millones que todos los meses pasan por la ventanilla del Estado a llevarse un cheque.

Los políticos argentinos han creado un monstruo populista al que nadie se le anima. Pero ese monstruo no para de crecer y, de seguir así, terminará de destruir a la Argentina. Por eso ninguno se anima a hablar. Nadie quiere enfrentar al Frankenstein populista que está haciendo trizas la Argentina.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

“Robaron, pero hicieron”

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  https://netnews.com.ar/nota/2384-Robaron-pero-hicieron

 

“Robaron, pero hicieron” es el slogan con el cual políticos y quienes los votan justifican sus latrocinios una vez alcanzado el poder. En el fondo, está el dogma marxista detrás de este slogan. Por el cual, se da por sentado que la única manera de hacer cosas es mediante el robo, con lo que el robo queda “admitido” socialmente, aunque este penado jurídicamente (menos cuando el que roba es el propio gobierno a través de los impuestos y otros “pretextos” legales).

Si el robo está aceptado para todos como “único remedio” para solucionar problemas económicos de la gente, la sociedad civil se convertirá -más temprano que tarde- en otra de ladrones que se robarán continuamente unos a otros. No cuenta -quien pronuncia esa frase- que, en dicho marco, lo que es objeto de robo será dejado de producir por el antes dueño (hoy robado) porque para robar algo de alguien otro debió haberlo producido primero, y es esta la parte que no refieren. Porque, si lo razonara, advertiría lo absurdo del slogan.

Y es marxista porque, justamente fue Marx el que decía que la producción capitalista no era más que un dato, o sea algo “dado”, presupuesto. Y que obedecía a ciegas “fuerzas materiales” de producción. Para Marx, la producción y la riqueza eran algo presupuesto, y -conforme a su determinismo- siempre sería así. Ergo, quien aprueba el robo es porque da por sentado que la propiedad privada no existe o no debería existir, entonces contribuye a su abolición de la manera que puede, que es precisamente robándola.

Quien pronuncia el eslogan cree que el gobernante al que se refiere robó a otros para darle cosas a él, a su familia, o a otros “en necesidad”. Nunca se cuenta entre los robados. Sin embargo, está en un error, porque cuando el gobernante se decide a robar no discrimina a sus víctimas (salvo en el discurso cuando declama “a los cuatro vientos” -y a quien quiera escucharlo y a quien no también- que el despojará a los ricos para darles a los pobres y -de esa manera- consumar la “justicia social”).

No obstante, esto nunca es así, lo sepa el tirano o no. Podrá quizás -si habla sinceramente- ser esa su intención, pero en los hechos, si se decide a robarle a los ricos lo estará haciendo también a los pobres, porque la riqueza de los ricos es la misma que comparten con los pobres obligados los primeros por el mercado a proveerles de trabajo, bienes y servicios, para beneficio de los pobres y para que mediante el ejemplo de los ricos, aquellos pobres vayan dejando de serlo, siempre y cuando decidan aprovechar ese modelo y el gobierno no se entrometa en el asunto para echarlo todo a perder como habitualmente sucede en casi todas partes. En el mercado libre los ricos están forzados a compartir su riqueza con los menos ricos (o pobres) porque de lo contrario la irán perdiendo en favor de estos últimos.

Supongamos que un empresario -rico y avaro- decidiera repentinamente no pagarle más salarios a toda su actual planta de obreros para no perder ni un céntimo de su enorme fortuna. ¿quién en ese caso trabajaría para él? Nadie. Y esos obreros que se rehusaran a trabajar sin paga serian contratados por otros empresarios menos avaros y menos estúpidos que el primero. Quien habría perdido, en este caso, sería el empresario avaro y no sus obreros. Estos y sus nuevos empleadores saldrían ganando.

Pero no hace falta llegar a estos extremos, porque la gente -consciente o inconscientemente- defiende la propiedad privada de sus bienes, y se resistirá a ser robada, por muchos que sean los “argumentos” con los cuales los ladrones quieran excusar el robo. De la misma manera que quien no recibe su pago se negará a trabajar sin cobrar, porque su propiedad es su trabajo, precisamente.

Quienes defienden el slogan, generalmente, son personas incapaces de producir nada, o que habiendo intentado producir y comerciar fracasaron al primer ensayo, y en lugar de superarse y probar de nuevo en el mismo o en otro renglón, permitieron que la envidia invada sus corazones y desean con todas sus fuerzas castigar al “otro” (aunque no lo conozcan y ni siquiera exista) de quien “suponen” ha sido el autor de sus fracasos en lugar de culpar a sus propias inhabilidades o incapacidades elaborativas. Es el síndrome de la génesis del socialismo, que se nutre de la semilla de la envidia al exitoso.

Ahora bien, para reconocer que el éxito de uno o de muchos es fruto de las personales habilidades laborales y/o productivas es necesario que el marco en donde el éxito aparece sea el de un mercado abierto, competitivo e inadulterado. Si estas condiciones no se dan, cualquier riqueza será digna de sospecha. Pero raramente ese entorno de libertad económica se presenta en los países actuales.

El slogan (bien visto) luce más socialdemócrata que marxista puro. Hay en el mismo un cierto tinte de reconocimiento de que robar está mal generalmente, pero está particularmente permitido cuando con el botín se hacen “obras” para los pobres. Parece decir que robar está mal, pero -a veces- está bien dependiendo para qué o para quién se robe. Si se roba para repartir a los pobres estaría “bien”, y estaría “mal” si se roba para quedárselo uno mismo. El fin (la solidaridad) excusaría el medio (el robo). Esto último está más aceptado social y jurídicamente que lo que podemos imaginar a simple examen. En realidad, todo nuestro sistema fiscal está basado en dicha premisa. Si robamos “un poco”, pero es para repartir, estamos “exceptuados de condena” parece decir el lema. En última instancia, y correctamente explorado, este es el sustrato “filosófico” del mal llamado “estado benefactor” o de “bienestar”, tan extendido hoy en día en el orbe.

Nuevamente, no se tiene en cuenta el meta-mensaje que se le da al resto de la sociedad con esta falaz pseudo-argumentación. Ya que, muchos serán los que se enrolen en “la causa de los pobres” simplemente para disimular sus ataques a la propiedad ajena y con fines de personal beneficio mediante el robo, quizás no por particulares manos, pero si apoyando leyes como las fiscales y la gran mayoría de las nuestras, que son expoliadoras de la propiedad privada.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

“Robaron, pero hicieron”

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  

 

“Robaron, pero hicieron” es el slogan con el cual políticos y quienes los votan justifican sus latrocinios una vez alcanzado el poder.
En el fondo, está el dogma marxista detrás de este slogan. Por el cual, se da por sentado que la única manera de hacer cosas es mediante el robo, con lo que el robo queda “admitido” socialmente, aunque este penado jurídicamente (menos cuando el que roba es el propio gobierno a través de los impuestos y otros “pretextos” legales).
Si el robo está aceptado para todos como “único remedio” para solucionar problemas económicos de la gente, la sociedad civil se convertirá -más temprano que tarde- en otra de ladrones que se robarán continuamente unos a otros. No cuenta -quien pronuncia esa frase- que, en dicho marco, lo que es objeto de robo será dejado de producir por el antes dueño (hoy robado) porque para robar algo de alguien otro debió haberlo producido primero, y es esta la parte que no refieren. Porque, si lo razonara, advertiría lo absurdo del slogan.
Y es marxista porque, justamente fue Marx el que decía que la producción capitalista no era más que un dato, o sea algo “dado”, presupuesto. Y que obedecía a ciegas “fuerzas materiales” de producción. Para Marx, la producción y la riqueza eran algo presupuesto, y -conforme a su determinismo- siempre seria así. Ergo, quien aprueba el robo es porque da por sentado que la propiedad privada no existe o no debería existir, entonces contribuye a su abolición de la manera que puede, que es precisamente robándola.
Quien pronuncia el eslogan cree que el gobernante al que se refiere robó a otros para darle cosas a él, a su familia, o a otros “en necesidad”. Nunca se cuenta entre los robados. Sin embargo, está en un error, porque cuando el gobernante se decide a robar no discrimina a sus víctimas (salvo en el discurso cuando declama “a los cuatro vientos” -y a quien quiera escucharlo y a quien no también- que el despojará a los ricos para darles a los pobres y -de esa manera- consumar la “justicia social”).
No obstante, esto nunca es así, lo sepa el tirano o no. Podrá quizás -si habla sinceramente- ser esa su intención, pero en los hechos, si se decide a robarle a los ricos lo estará haciendo también a los pobres, porque la riqueza de los ricos es la misma que comparten con los pobres obligados los primeros por el mercado a proveerles de trabajo, bienes y servicios, para beneficio de los pobres y para que mediante el ejemplo de los ricos, aquellos pobres vayan dejando de serlo, siempre y cuando decidan aprovechar ese modelo y el gobierno no se entrometa en el asunto para echarlo todo a perder como habitualmente sucede en casi todas partes. En el mercado libre los ricos están forzados a compartir su riqueza con los menos ricos (o pobres) porque de lo contrario la irán perdiendo en favor de estos últimos.
Supongamos que un empresario -rico y avaro- decidiera repentinamente no pagarle más salarios a toda su actual planta de obreros para no perder ni un céntimo de su enorme fortuna. ¿quién en ese caso trabajaría para él? Nadie. Y esos obreros que se rehusaran a trabajar sin paga serian contratados por otros empresarios menos avaros y menos estúpidos que el primero. Quien habría perdido, en este caso, sería el empresario avaro y no sus obreros. Estos y sus nuevos empleadores saldrían ganando.
Pero no hace falta llegar a estos extremos, porque la gente -consciente o inconscientemente- defiende la propiedad privada de sus bienes, y se resistirá a ser robada, por muchos que sean los “argumentos” con los cuales los ladrones quieran excusar el robo. De la misma manera que quien no recibe su pago se negará a trabajar sin cobrar, porque su propiedad es su trabajo, precisamente.
Quienes defienden el slogan, generalmente, son personas incapaces de producir nada, o que habiendo intentado producir y comerciar fracasaron al primer ensayo, y en lugar de superarse y probar de nuevo en el mismo o en otro renglón, permitieron que la envidia invada sus corazones y desean con todas sus fuerzas castigar al “otro” (aunque no lo conozcan y ni siquiera exista) de quien “suponen” ha sido el autor de sus fracasos en lugar de culpar a sus propias inhabilidades o incapacidades elaborativas. Es el síndrome de la génesis del socialismo, que se nutre de la semilla de la envidia al exitoso.
Ahora bien, para reconocer que el éxito de uno o de muchos es fruto de las personales habilidades laborales y/o productivas es necesario que el marco en donde el éxito aparece sea el de un mercado abierto, competitivo e inadulterado. Si estas condiciones no se dan, cualquier riqueza será digna de sospecha. Pero raramente ese entorno de libertad económica se presenta en los países actuales.
El slogan (bien visto) luce más socialdemócrata que marxista puro. Hay en el mismo un cierto tinte de reconocimiento de que robar está mal generalmente, pero está particularmente permitido cuando con el botín se hacen “obras” para los pobres. Parece decir que robar está mal, pero -a veces- está bien dependiendo para qué o para quién se robe. Si se roba para repartir a los pobres estaría “bien”, y estaría “mal” si se roba para quedárselo uno mismo. El fin (la solidaridad) excusaría el medio (el robo). Esto último está más aceptado social y jurídicamente que lo que podemos imaginar a simple examen. En realidad, todo nuestro sistema fiscal está basado en dicha premisa. Si robamos “un poco”, pero es para repartir, estamos “exceptuados de condena” parece decir el lema. En última instancia, y correctamente explorado, este es el sustrato “filosófico” del mal llamado “estado benefactor” o de “bienestar”, tan extendido hoy en día en el orbe.
Nuevamente, no se tiene en cuenta el meta-mensaje que se le da al resto de la sociedad con esta falaz pseudo-argumentación. Ya que, muchos serán los que se enrolen en “la causa de los pobres” simplemente para disimular sus ataques a la propiedad ajena y con fines de personal beneficio mediante el robo, quizás no por particulares manos, pero si apoyando leyes como las fiscales y la gran mayoría de las nuestras, que son expoliadoras de la propiedad privada.
Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

Liberales y libertarios, dos visiones conexas

Entrevista a BERTIE BENEGAS LYNCH, publicada el 20/2/19 en http://enfoquespositivos.com.ar/liberales-y-libertarios-dos-visiones-conexas/

 

BERTIE BENEGAS LYNCH y su equilibrada postura, en esta entrevista

Entre el característico bombardeo de información y de fake news propios de esta época preelectoral, y con un calor agobiante en Buenos Aires, los argentinos transitan la ciudad algo perplejos porque ven a su Presidente con una costosa comitiva visitando especiales países del mundo, intentando vender productos locales, casi por unidad. Aunque dentro de esas noticias apareció una buena hoy, como lo será, de confirmarse la versión, que en el ámbito de Defensa se desarmó (¿Se neutralizó?) una maniobra agresiva por la cual un grupo de operadores políticos intentaba quedarse con una “caja” de los Militares, hecho del que todos probablemente estemos mejor informados en la tarde de hoy.

Mientras tanto, también hay que reconocer algo saludable, como lo es el hecho de que si bien crecen por estos días y amenazan con instalarse más fuerte todavía los debates de la “baja” política, también hay otros algo más elevados que apuntan a conmover e incentivar a los ciudadanos pensantes, proponiendo reflexiones que ayuden a sacudir esa cansadora batería de pensamientos y acciones que se repite desde hace tantos años en la Argentina.

En la presente Edición del Portal el lector descubrirá los buenos entrevistados de siempre, entre los cuales estará hoy el protagonista de la presente nota, BERTIE BENEGAS LYNCH, un joven estudioso de la Economía que viene de una familia de tradición liberal. Reconoce a su padre y a su abuelo como grandes influencias en sus valores personales, en su profundo amor por la libertad y en la importancia de cultivar la independencia de criterio y la razón. Consta de ello en la dedicatoria que Bertie les hace a ambos en la edición de su tesis de la maestría en Economía y Administración de Empresas.

A la educación que le dio su padre -el conocido economista ALBERTO BENEGAS LYNCH (h)-, BERTIE la conecta con la frase de KRISHNAMURTI que dice que “la verdadera educación consiste en enseñar a pensar, y no qué pensar”.

Sostiene también este entrevistado, que independientemente de las actividades personales que cada uno lleve, es importante poner el granito de arena en la buena dirección para poder vivir en una sociedad donde prime el respeto mutuo.

Y agrega: “Cuando aparecen los Maduros, los Kirchner o los Castros, se debe a que un número suficiente de gente ha dado por sentado la libertad y ha dejado espacios vulnerables que los socialismos no tardan en cubrir. En este contexto, BERTIE nos recuerda dos citas, una de THOMAS JEFFERSON: “el precio de la libertad es su eterna vigilancia” y otra del DANTE con “los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en tiempos de crisis moral, se mantienen neutrales”.

Nuestro entrevistado ha escrito columnas de opinión en ÁMBITO FINANCIERO, INFOBAE y en THE INDEPENDENT INSTITUTE.

He aquí la nota:

¿Qué es ser un liberal, o un libertario (término éste último que se escucha ahora con más fuerza entre nosotros)?

“El liberalismo es una filosofía que tiene fundamentos esencialmente morales ya que, su principio rector, consiste en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de cada individuo. También, como liberal, he adoptado y asumido la autocrítica que consiste en declararme totalmente incompetente y con desconocimiento total sobre lo que es bueno para mi prójimo. Esto último, sirve para ponernos un poco en caja, reconocer la imperfección del ser humano y evidenciar el sideral contraste que existe entre sistemas donde prevalecen las autonomías individuales y aquellos sistemas donde se imponen directrices desde una planificación central.

El liberal reconoce los derechos inviolables a la vida, la libertad y la propiedad privada. Asume también el hecho de que toda persona tiene distintos gustos y planes, distintas potencialidades y, en contextos siempre inciertos, cursos de acción cambiantes. Por eso, la mejor forma de que cada individuo maximice sus capacidades, será en un contexto de libertad y donde cada uno asuma los riesgos y los resultados de sus acciones.

En contraposición a esto, la planificación central se basa en un sistema donde un grupo de supuestos iluminados, a través de la fuerza, toman decisiones por todos los individuos. Friedrich von Hayek, Premio Nobel de Economía, acuñó la expresión “arrogancia fatal” para referirse justamente al presuntuoso espíritu del socialismo de manejar vidas y peculios ajenos”.

Habrá diferencias con los libertarios, ¿Cuáles son?:

“Los libertarios creen en el autogobierno, corriente también llamada anarco-capitalista. A diferencia de los anarquistas (que creen en la abolición de la propiedad privada y el caos), creen en la auto-organización, la organización privada mediante el interés personal y la cooperación social sin la existencia del estado.

Los libertarios en modo alguno justifican la violencia sobre la vida, la libertad y la propiedad de alguien. El liberal, por otro lado, admite la existencia del gobierno para funciones específicas como la justicia y la seguridad. Pero es cierto que, en rigor, la diferencia entre el estado mínimo y un modelo de estado más grande, es solo de grado y no de naturaleza. Concluyo por ello, que el libertarianism o libertarianismo, es una evolución más consistente del liberalismo”.

¿Qué opina un liberal acerca de una medida que impone un gobierno en pos del bien común?

“Primero debemos preguntarnos qué quiere decir el bien común y qué implica. El bien común debería ser entendido como la suma de los bienes individuales, es decir, que cada individuo pueda consolidar su plan de vida y el de su familia con su propio esfuerzo. Sin embargo, el bien común es un subterfugio para aplicar el redistribucionismo. Lo mismo ocurre con el término “justicia social”. Por qué a la justicia (dar a cada uno lo suyo) se le agrega el término “social”? Aquí también Hayek observaba con razón que, todo sustantivo seguido de la palabra “social”, se convertía en su antónimo. La llamada justicia social implica quitarle a unos lo que les pertenece para dárselo a otros lo que no les pertenece”.

Pero muchos sostienen que el redistribucionismo es solidario y tiene la finalidad de proteger los derechos de los menos afortunados y así brindarles igualdad de oportunidades …

“Vayamos por partes. Como primera medida, mantengamos como postulado el concepto de que todos tenemos derecho a la vida, la libertad y nuestra propiedad y nadie tiene derecho a la vida, a la libertad o a la propiedad de otros. El redistribucionismo justamente contradice ese postulado porque se basa en el saqueo, se basa en la acción violenta de quitar lo que le pertenece a alguien, de expropiarle el fruto de su trabajo. No hay ninguna diferencia con poner un camión de culata en la casa del vecino y robarle la heladera y las camisas. Eso no es solidario, eso es un robo.

El redistribucionismo es la herramienta del clientelismo apoyada en el conocido adagio, devenido en ficción popular, de Eva Perón que dice que, donde existe una necesidad, nace un derecho. La aplicación de esta filosofía tuvo éxito debido al fomento y la explotación política de la envidia y el resentimiento.

Se debe entender que el bien común, la justicia social y el redistribucionismo, no solo afecta derechos sino que también, afecta la seguridad jurídica, elemento indispensable para atraer inversiones. De más está decir que, quien resulta expoliado, no tendrá los mismos incentivos ni ánimo de superación que tenía cuando podía capitalizar el resultado de sus esfuerzos. Como consecuencia de todo lo apuntado, las tasas de capitalización y los salarios tenderán a la baja afectando, en mayor medida, al trabajador marginal.

No pensemos siempre que el atraco redistribucionista va del multimillonario al pobre. El multimillonario no verá tan afectado su nivel de vida. Hay que pensar más bien en los recursos que la justicia social le quitará al trabajador que, probablemente con dos trabajos, quiere hacerse su pequeña casa.

Y, respecto de la igualdad de oportunidades, es importante apuntar que la única igualdad, debe ser la igualdad ante la ley. Fuera de eso, la pretensión de igualar, además de ser impracticable, conlleva una lesión de derechos de alguien siempre”.

¿Hay acaso leyes que estén por encima de las libertades individuales?

“En el ´deber ser`, claro que no. En la práctica, miles. La gran mayoría. Es importante acá distinguir entre la ley y el derecho. Es la ley la que debe ajustarse al derecho. Los derechos son anteriores a la existencia de un Poder Legislativo, una ley que no se ajusta al derecho, es una ley ilegitima. Sin necesidad de ir a casos de regímenes totalitarios, basta echarle una mirada a la mayor parte de la legislación del llamado mundo libre para notar que están plagados de leyes expropiatorias, de leyes que van contra el derecho a la vida (como es el aberrante caso del asesinato en el seno materno) y contra innumerables libertades civiles. Como decía Alberdi para el caso argentino, nos libramos de los españoles solo para ser esclavos de nuestros propios gobiernos.

Para dar solo un ejemplo de libertades civiles afectadas, tomemos el caso del salario. ¿Qué es eso del salario bruto y el salario neto? Los que están en relación de dependencia, están acostumbrados a ello pero, si nos ponemos a pensar, es algo inadmisible! Además de ser expropiatorio, el gobierno paternalista, nos trata como idiotas. Y no estoy haciendo críticas hacia algún gobierno en particular, me refiero al gobierno como entidad.

En el recibo de sueldo, entre muchos descuentos inentendibles, queda expuesto que el gobierno retiene a todos los empleados parte del fruto de su trabajo destinado a jubilaciones o retiros. ¿Acaso no pueden los empleados disponer de lo ganado en su trabajo? ¿No son capaces de ser previsores? ¿No pueden contratar servicios de inversiones para administrar sus reservas de retiro? ¿No es respetable el hecho de que alguien quiera sacrificar parte de su jubilación en la educación de un hijo o atender un problema de salud familiar? Similares descuentos forzosos a empleados ocurren para fondear los vergonzosos mercados cautivos de las obras sociales sindicales.

Como si no fuera suficiente la expropiación, además se reciben pésimos servicios o constantes manoteos del estado a las cajas jubilatorias”.

¿Qué opinión tiene de la corriente feminista que vivimos?

“Como decíamos, la igualdad ante la ley es el principio suficiente para que nos respetemos. Nadie tiene más o menos derechos. El feminismo original luchó por esa igualdad ante la ley que la mujer no tenía. Pero ahora se pretenden privilegios. No existe el derecho de la mujer, ni el derecho del hombre o el derecho de un adolecente a las 3 de la tarde. Se puede abstraer el concepto y referirse simplemente a los derechos de todos los seres humanos. Si se escuchara hablar, por ejemplo, de los derechos de los jardineros, hay dos posibilidades: o se está haciendo referencia innecesaria al oficio de un ser humano o los jardineros están haciendo lobby para tener pseudo-derechos a costa de otras personas”.

¿Cómo le resulta el hecho de obligar a sumar más mujeres a las plantillas de empleados?

“Es importante preservar el derecho a la propiedad privada. Resulta absolutamente impropio que el gobierno dicte, legisle o se inmiscuya en acuerdos privados, libres y voluntarios. Las empresas deberían poder tener los criterios de contratación de empleados, criterios de selección de clientes y de proveedores que les venga en gana. No veo correcto forzar cupos. No solo es un ataque a la propiedad privada sino que las políticas de discriminación positiva, resulta también ofensivas para el grupo al que se quiere beneficiar. La contratación para cumplir un cupo es absurdo y vejatorio. Hay tantas mujeres capaces como hombres capaces. El talento no sabe de sexo.

Una empresa debería poder seleccionar solo mujeres o solo hombres si así lo quisiera. Salvo que se trate de un trabajo muy específico reservado a hombres o reservado a mujeres, el hecho de seleccionar por sexo, resulta ridículo. Las empresas buscan talentos, buscan impacto positivo en su estado de resultados, no penes o vaginas.

Si una empresa viene históricamente contratando solo hombres, por el hecho de ser hombres, está en su derecho y debería poder hacerlo pero, seguramente, se ha perdido de mucho talento femenino que aprovechó la competencia”.

Seguramente algunos lectores le dirían que está discriminando en muchas de las observaciones que ha hecho …

“Pero todos discriminamos. Saquemos esa idea negativa de la discriminación. Todos elegimos, preferimos, optamos entre diversas alternativas. Cada decisión implica discriminar. Discriminar es acción. El ser humano actúa y, al hacerlo discrimina. Yo ahora estoy charlando con usted cuando pudiera haber estado haciendo otra cosa pero, dada mi propia escala de prioridades, discriminé o deseché otras actividades para mantener esta charla”.

Bueno, eso creo que se comparte. La cosa se pone más picante cuando se discriminan personas, y tal vez sea así por una deficiente información

“Buen punto. Pero fíjese que, cuando decidimos casarnos con una mujer, discriminamos al resto. Discriminamos personas. Si hacemos una reunión en nuestras casas, invitamos a personas con las que nos divertimos y sentimos cómodos. Cuando contratamos un empleado o una empleada, valoramos sus competencias, presencia, preparación, estudios, etcétera. Si buscamos un jugador de basketball para que cubra la posición de Center, consideraremos la altura. Esto no quiere decir que los jugadores de menor estatura y que no contratamos, tengan menos derechos. La única discriminación inaceptable es cuando no existe la igualdad ante la ley.

Vale aclarar que, aunque seamos todos iguales ante la ley no quiere decir que un club privado no pueda rechazar mi aplicación como miembro por ser hombre, católico o por lo que sea.”

 

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE.