Mi primo, el Che

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 1/11/16 en: http://diariodecaracas.com/blog/alberto-benegas-lynch/mi-primo-el-che

 

Publicado originalmente hacen 9 años.

Ahora que se han aquietado algo las aguas de un nuevo aniversario de la muerte del Che Guevara, escribo sobre este personaje macabro con algún ingrediente que, en parte, introduce otra perspectiva.
En mi familia se ha hablado bastante del Che ya que mi padre era primo hermano del suyo. El abuelo del sujeto de marras era una persona excelente, Roberto Guevara, casado con Anita Lynch, hermana de mi abuela paterna. En tren de genealogía, consigno que soy mas Lynch que Benegas ya que tanto mi padre como mi madre descienden de dos de los hijos de Patricio Lynch, de quien desciende también el Che.
De entrada este revolucionario nato reveló cierta inclinación por el incumplimiento de la palabra empeñada puesto que le prometió a su primera novia que saldría a comprar cigarrillos y nunca mas volvió. Mostraba también ciertas rarezas al esforzarse en dar diez pasos a la salida de todos los ascensores y caer con la pierna izquierda, cosa que si no lograba volvía al adminículo y repetía la operación hasta que daba en la tecla (ya lo de la pierna izquierda parecía anunciar algo de su futuro dogmático).
Mi padre solía repetir el conocido aforismo de aquello que “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”. Si bien es cierto que en todas las familias hay bueno, regular y malo en proporción al tamaño de las mismas, siempre noté cierta dosis de vergüenza por el hecho de que se había filtrado en la nuestra un personaje de características tan siniestras.

En una oportunidad, una de mis tías me contó que de muy chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales y, de mas grande, insistía en que la muerte (de otros) no era tan mala después de todo y que, en este contexto, se adelantó a la definición de Woody Allen: “morir es lo mismo que dormirse pero sin levantarse para hacer pis”.
Esto último que puede parecer gracioso y ocurrente cuando proviene de ámbitos cinematográficos, resultó un una tragedia mayúscula para los cientos de asesinados por el Che quien finalmente transformó aquella definición en que “el verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler y Castro de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han torturado, vejado, mutilado y asesinado a millones de seres humanos.
Y pensar que Cuba, a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relacion a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.
Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.
Como no podía ser de otro modo el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otras cosas escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” y, cuando estaba en el poder vociferó en 1947: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” y, en 1955, sentenció que “Al enemigo, ni justicia”.
Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo parecería que aun quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para impresionar a cretinos.
Esperemos que los que siguen usando lo símbolos del Che como una gracia perciban que se trata de la humorada mas lúgubre, mórbida y patética de cuantas se le pueden ocurrir a un ser humano. Es lo mismo que ostentar la imagen de la tenebrosa cruz svástica como señal de paz.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

OTRA VEZ SOBRE LA INDIA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A esta altura me parece oportuno reiterar parte de lo que he escrito hace muchos años sobre una cultura milenaria que puede contribuir a mostrar caminos poco explorados en la interpretación de algunas visiones que contienen aspectos sobre los cuales es de interés tomar debida nota. Esto es así especialmente como consecuencia de no comprender lo dicho por Krishnamurti en cuanto a que “la educación debe basarse en cómo pensar y no en qué pensar”, lo cual no quiere decir que la enseñanza se limite a la lógica sino que, en ese contexto, se contraponen valores para que cada uno saque sus propias conclusiones, excluyendo siempre el adoctrinamiento.

 

Hay que ser sumamente cuidadoso con los estereotipos puesto que existe la manía de agrupar a todos los que viven dentro de ciertas fronteras geográficas y tratarlos como si no hubieran diferencias. En el caso que nos ocupa el equívoco se agrava aun más debido a que en la India conviven catorce lenguas principales y doscientas secundarias, tres religiones básicas -el budismo, los musulmanes y el hinduismo el cual, a su vez, se subdivide en monoteístas, politeístas y panteístas- al tiempo que son muy distintas las características físicas entre grupos de sus mil cien millones de habitantes.

 

En el  subcontinente que denominamos India desde tiempo inmemorial muchos son los que cultivan el espíritu, otorgan prelación a la paz interior, la búsqueda de significado y el contacto con lo trascendente, pero desafortunadamente, en buena medida, han sido indiferentes a los sistemas sociales que permiten el respeto recíproco y, en última instancia, no pocos de los que dan cabida a la vida interior desatienden el contexto en el que viven con los resultados del consiguiente empobrecimiento material. El correlato entre la vida espiritual y el progreso material es lo que caracterizó a Occidente, la escisión de ambos aspectos obstaculiza el libre desenvolvimiento de las personas. Lo importante es comprender y tener siempre presente que todo depende de  valores y principios.

 

De todas maneras, la primera característica referida respecto a la preocupación y ocupación por el alimento del alma ha llamado y llama poderosamente la atención a diversos observadores  y también los que llaman a la necesidad del renunciamiento a todo lo material como una cáscara para despotricar contra el modo de vida occidental sobre el que  no se comprenden sus fundamentos filosóficos y así patrocinan diversos modos de colectivismo y socialismo.

 

En la India, tienen lugar sistemas pesadamente autoritarios y burocráticos  y se basaron en su estrecha conexión con la Unión Soviética desde su independencia como colonia inglesa (hasta el colapso del Muro de la Vergüenza) y a la influencia de la Sociedad Fabiana, especialmente de Harold Laski y de los polacos Oskar Lange y Michael Kalecki con el apoyo logístico de sumas millonarias provistas por Estados Unidos y por organismos internacionales financiados principalmente por los contribuyentes de ese país, sistema que ha contribuido a que esa tierra se poblara de mendigos, miseria extrema, analfabetismo inaudito y espantosas pestes.

 

Desde siempre, el sistema de castas imposibilitaba el tan necesario asenso y descenso en la pirámide social. Precisamente, esto es lo que le llamó la atención a Alexis de Tocqueville quien dejó un centenar de páginas con anotaciones críticas para su proyectado tercer libro que, debido a su muerte prematura de tuberculosis, desafortunadamente nunca pudo ejecutar respecto de aquel milenario país.

 

En la última década se han producido algunas tímidas aperturas que dan espacios en medio de la asfixiante estructura impuesta por el siempre sediento Leviatán instalado en Nueva Dehli que maneja a su antojo los veintiocho estados con la apariencia de un sistema parlamentario bicameral en el que influyeron los ingleses en su larga estadía forzada, lo cual es alimentado por la economía subterránea que, especialmente en el área de los servicios, permite abrigar esperanzas para el futuro y ha permitido algunos marcados logros en el presente. La antedicha apertura se debe principalmente a los trabajos de siete economistas de reconocida trayectoria: Bellikoth Shenoy y su hija Sudha Shenoy, Peter Bauer, Milton Friedman, Mahesh Bhatt, Deepak Lal y Sauvik Chakraverti. Este último autor, en su prefacio a la edición india de la obra de Samuel Smiles (Self-Help) escribe en 2001: “Este libro fue escrito en 1840 por un hombre que sostenía que la mayor de las filantropías reside en educar a las personas de como hacer ellos mismos esfuerzos para mejorar su condición […], nos damos cuenta que el libre comercio y no los controles estatales son el camino a la prosperidad, especialmente para los pobres”.

 

Confirma lo dicho más arriba que hay filósofos de fuste que no se han molestado en estudiar aspectos relativos a la convivencia en sociedad, con lo que terminan condenando precisamente los sistemas que establecen el indispensable respeto recíproco y abren las puertas para el progreso material para aquellos que lo quieran disfrutar. De este modo, también la propia riqueza espiritual queda amputada puesto que el desconocimiento de temas vitales se traduce en miseria para los congéneres ya que, de hecho, permiten que los planificadores de vidas ajenas detenten el poder omnímodo. Ese es el caso de notables pensadores como Radhakrishnan, Tagore y Krishnamurti quienes junto a otros escriben en dirección a la sociedad abierta pero, muy paradójicamente, en la antesala misma de esa apertura, como una especie de coitus interruptus, muchos rechazan el sistema social que se deriva de sus razonamientos, con lo que, como una consecuencia no querida, condenan a sus semejantes a situaciones lamentables por más de que muchos lo tomen resignadamente.

 

El primero de los autores mencionados apunta con elocuencia en “The Spirit of Man”, que aparece publicado junto a otros trece autores variopintos en la suculenta obra Contemporary Indian Philosophy (The Macmillan Company, 1936), : “El  caos presente en el mundo se encuentra directamente vinculado al desorden en nuestras mentes […] La ciencia moderna tiene gran fe en los hechos verificables y los resultados tangibles. Todo aquello que no puede medirse y calcularse es irreal. Los susurros que vienen de lo más profundo del alma se descartan como fantasías anticientíficas”.

 

El segundo -Tagore- que tantos valiosos ensayos ha producido, escribe una novela que constituye un canto a las catástrofes del nacionalismo (El alma y el mundo). En esa obra, después de enfatizar la abstracción que significa toda nacionalidad, uno de los personajes señala que “Estoy dispuesto a servir a mi país; pero reservo mi veneración por el derecho que es más sagrado que mi país. Adorar al país de uno como un dios es entregarlo a su desventura […] No pueden amar a los hombres como a hombres, sino que tienen necesidad de lanzar gritos y endiosar a su patria”.

 

Por su parte Krishnamurti, en La libertad primera y última con prefacio del gran Aldous Huxley (en el que consigna que “la nueva religión es el culto al Estado”), sostiene que “El problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros es saber si el individuo es un mero instrumento de la sociedad o si es el fin de la sociedad. ¿Vosotros y yo, como individuos, hemos de ser utilizados, dirigidos, educados, controlados, plasmados conforme a cierto molde, por la sociedad, por el gobierno, o es que la sociedad, el Estado, existen para el individuo? ¿Es el individuo el fin de la sociedad, o es tan solo un títere al que hay que enseñar,  explotar y enviar al matadero como instrumento de guerra?”.

 

Hacemos votos para que futuros filósofos de la India retomen las valiosas contribuciones de notables predecesores como los mencionados en esta nota periodística, pero que sean capaces de llegar a sus consecuencias lógicas y concluyan en la indispensable aplicación de los postulados éticos de la sociedad abierta y así unan sus esfuerzos intelectuales con lo mejor de la tradición del pensamiento liberal y que nunca pierdan las insustituibles riendas espirituales de la conducta humana.

 

Al hacer referencia a la India no pueda soslayarse a Mahatma Gandhi para lo cual nada mejor que recurrir al revelador y muy documentado ensayo de Arthur Koesler publicado en el Sunday Times (octubre 5 de 1969) con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Gandhi. Koestler apunta que Gandhi hizo retroceder a la India debido a su nacionalismo xenófobo que ilustraba con la insistencia en quemar géneros extranjeros (“considero que es pecado usar tela extranjera” escribió) y combatir la industrialización (apuntó que “la rueca es aliento de vida”). Koestler concluye que Gandhi “denunció apasionadamente la cultura de Occidente” quien con una arrogancia superlativa dejó consignado que “India, como lo han demostrado tantos escritores, no tiene nada que aprender de nadie” y tenía la costumbre de insistir que “los principales males de Occidente son los ferrocarriles” pero Koestler consigna que “tuvo que pasar una parte considerable de su vida en coches de ferrocarril […] siempre insistió en viajar en tercera pero tenía un vagón especial para él” ya que como decían con sarcasmo sus allegados “hace falta mucho dinero para mantener a Bapu [padre] en la pobreza”. Asimismo, Arthur Koestler remarca que Gandhi la emprendía contra la educación por lo que no envió a sus propios hijos a estudiar, lo cual no impidió que designara como su sucesor político al totalitario Jawaharlal Nehru que era graduado de Cambridge.

 

A pesar de todas estas contradicciones es menester destacar la enorme contribución de Mahatma Gandhi en cuanto a la resistencia civil pacífica la que ha sido imitada por tantos defensores de derechos pisoteados por los aparatos estatales.

 

Finalmente, es de interés resaltar que hay varios economistas modernos en la India (“Nueva India”) que suscriben las críticas que Nash le formula a la tesis central de Adam Smith en cuanto a la coordinación en libertad. Tal vez resulte sobresimplificado el denominado “teorema Nash” si resumimos un aspecto medular en dos puntos (para no entrar a la teoría de los juegos o “el dilema del prisionero”). Surge de las elaboraciones de John Nash que, por ejemplo, si se comparte un terreno en el que pastan las ovejas de diversas personas, cada una intentará sacar la mejor partida para sus animales lo cual redundará en perjuicio para los demás. Así vistas las cosas el interés personal de cada uno conspiraría contra la situación de su prójimo. Este análisis amputa por completo el postulado crucial del liberalismo en cuanto a los marcos institucionales que asignen derechos de propiedad , de lo contrario, naturalmente, se produce “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie.

 

La otra dimensión de este esquema, se puede ilustrar con lo que sucede en la vida matrimonial. Supongamos que el marido desea ir al football y la mujer prefiere ir al cine. Si cada uno sigue sus inclinaciones optimizarán sus resultados, a menos que ambos otorguen prelación a compartir un programa. En este último caso cualquiera sea la decisión – sea de ir los dos al baseball o al cine – estarán optimizando los resultados puesto que la preferencia incluye el no hacer programas separados . Tampoco aquí hay un fracaso del interés personal expuesto por el fundador de la economía, no se trata de un “desequilibrio” sino de armonizar intereses.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Repite, que algo queda

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/8/13 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/files/2013/08/pagina_0208201395023.html

En esta nueva serie agosteña me ocuparé de una veintena de clichés contrarios a las empresas y al marco institucional que les es propicio.

El poder de la repetición es muy conocido (ironiza sobre ello Carroll con el personaje del campanero en La caza del snark), como también lo es el poder de la repetición de lo malo. En efecto, todos conocen la famosa frase “calumnia, que algo queda”, de remoto origen latino, y que ha llegado hasta nosotros tras haber sido una y mil veces repicada. Pero ¿por qué esa sentencia es la célebre y no la contraria? ¿Por qué no decimos “elogia, que algo queda”?

No se trata, obviamente, de que sólo se corea lo malo. Después de todo, desde hace milenios venimos repitiendo los Diez Mandamientos. Se trata de que la verdad y la falsedad son asimétricas, porque la verdad puede ser asumida por las personas y mantenida sin necesidad de que nos la recuerden de manera incesante: no se necesita machacar continuamente con que matar está mal para que creamos que matar está mal. Se nos insiste, particularmente cuando somos niños o jóvenes, en el respeto a una serie de normas morales, acumuladas evolutivamente tras una extensa historia, para que esas normas queden grabadas en nuestra conciencia. Cuando somos personas maduras, se supone que las habremos internalizado y podremos, a nuestra vez, instruir con ellas a las nuevas generaciones.

MENTIRA Y FALSEDAD

Con la mentira y la falsedad pasa algo diferente: es menester que seamos bombardeados con ellas sin pausa, pero no solamente cuando somos pequeños (aunque entonces también: véase el denuedo con el que tantas autoridades controlan la educación) sino en todas las etapas de nuestra vida. Nadie es más consciente de ello que los mayores enemigos de la libertad, que se saben insostenibles sin propaganda. No es casual que la frase más famosa sobre este asunto sea: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y no es nada casual que esta frase, atribuida a Goebbels, sea en realidad de Lenin, a quien, tampoco por casualidad, el jerarca nazi admiraba.

El énfasis en los lugares comunes no es exclusivo de los regímenes más totalitarios y criminales. Todos los Estados, desde los más carnívoros hasta los más vegetarianos, revelan mediante sus actos a lo largo y ancho del planeta la enorme relevancia que asignan a los clichés, y a la idea de que el público debe ser ininterrumpidamente adoctrinado para que desconfíe de toda institución relacionada con la libertad y la responsabilidad individual. De ahí el recelo que despiertan las empresas, o la propiedad privada, o el comercio. Y de ahí también el que despierta la iniciativa individual, la enseñanza privada, la moral personal, la religión, las tradiciones.

Pero de ahí también la necesidad de resistir ante los embates del pensamiento único. Ahora, durante el mes de agosto, sin ir más lejos.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.