Cuba, una bofetada a la civilización y todavía mandan “médicos”

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 25/4/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/04/25/cuba-una-bofetada-a-la-civilizacion-y-todavia-mandan-medicos/

 

Una brigada de 52 médicos y paramédicos cubanos viajó el sábado a Italia para asistir a los servicios sanitarios de ese país, el más afectado por la pandemia del COVID-19. Por su parte, Rusia anunció el envío de virólogos militares 

Una brigada de 52 médicos y paramédicos cubanos viajó el sábado a Italia para asistir a los servicios sanitarios de ese país, el más afectado por la pandemia del COVID-19. Por su parte, Rusia anunció el envío de virólogos militares "con experiencia" en la desinfección de edificios y de infraestructuras.

Es verdaderamente inaudito que el régimen sanguinario de la isla-cárcel cubana se haya perpetuado por más de sesenta años. Un partido único, una prensa amordazada, una justicia amañada y sin el menor respeto a las libertades individuales en el contexto de encarcelamientos, matanzas y deportaciones a manos de la oligarquía castrista. Un vergüenza y todavía hay desfachatados que dicen que por lo menos hay buena educación y servicios adecuados de salud. Respecto a lo primero, es suficiente señalar la contradicción en los términos de hablar de educación donde prima el adoctrinamiento y la censura, además de tener que escribir en lápiz para que la próxima camada pueda borrar y usar el mismo papel debido a la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber leer y escribir; radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción. Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003, aclaró qué es lo que significa para su régimen la educación en cuanto a la colonización de las mentes a través del comunismo: “Una revolución educacional bien profunda” (sic). En cuanto a la salud, es suficiente consultar los múltiples escritos de la neorocirujana cubana Hilda Molina para percatarse de las pocilgas que son los hospitales y solo mantenido un reducto para los miembros de la banda gobernante y extranjeros amigos a los efectos de adornar la vidriera.

Antes he escrito sobre este bochorno, pero se hace necesario reiterar la ofensa para la civilización de la existencia de este ejemplo de barbarie que lamentablemente no es el único caso, lo cual no calma el bochorno. Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Como también he consignado antes, esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo XIX en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge III y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro, quien prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959, en declaraciones a la prensa local e internacional, manifestó Fidel Castro: “Se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el Che” (en todas las familias se cuecen habas, pero en este caso se trata de un criminal que ejecutó múltiples masacres), Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per cápita de Latinoamérica, era sobresaliente en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que torturó sistemáticamente a opositores, lo cual fue continuado por su hermano y el títere a cargo hasta el momento de escribir estas líneas. Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar cómo deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta.

Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consigna los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

Lo más fértil es prestar debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

Es un insulto a la inteligencia que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual además constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales. A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo.

En el principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero a esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas.

Solo durante el año pasado se han detenido a casi dos mil personas, la mayoría perteneciente a las Damas de Blanco. Como el sistema comunista no es capaz de producir nada eficientemente (¡ni azúcar!), Cuba primero se financiaba con el producto del saqueo en gran escala a los súbditos y los recursos naturales de la URSS y luego con parte de lo obtenido por el petróleo venezolano y las privaciones de ese pueblo. Ahora que el precio del oro negro se ha desplomando y el chavismo está agonizando, los sátrapas cubanos se encuentran en mayores dificultades pero confían en la imbecilidad de vecinos del continente que acepten su penetración al efecto de ser retribuidos con apoyos varios de otros energúmenos en el poder especial, aunque no exclusivamente por el payaso del Orinoco que habla con los pajaritos.

Todas las personas con algún sentido de dignidad se entristecen frente a esta infamia porque no olvidan los alaridos de dolor de los presos atestados en mazmorras y las miserias espantosas por las que atraviesan los cubanos cotidianamente, en cuyo contexto aparecen turistas que disfrutan playas y otros privilegios como contrapartida de sus financiaciones a los carceleros.

Conozco de cerca aquellas bazofias norteamericanas (más bien antinorteamericanas) que dan la espalda a la extraordinaria tradición de libertad de su propio pueblo y se creen con cierta gracia al alabar al ex barbudo de la isla cubana diciendo que admiran la igualdad que impera y el amor que prima en el pueblo, mientras se alimentan, se visten y se atienden en Estados Unidos.

También están los llamados empresarios sedientos de hacer negocios con el aparato estatal sin importarles el sufrimiento y el padecimiento ajeno que se multiplica cada vez que los mandones reciben financiamiento. Y, por último, los tilingos de siempre que apoyan movimientos socialistas mientras tienen a buen resguardo sus cuentas bancarias en lugares civilizados.

Sin duda que siguen los idiotas útiles que hacen de carne de cañón, que festejan ruidosamente todos los zarpazos del Leviatán aunque, en definitiva, son perjudicados por el sistema que apoyan y algunos autodenominados cristianos que traicionan abiertamente los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos sin entender en lo más mínimo los pilares de la sociedad abierta, de la responsabilidad individual, el respeto recíproco ni la caridad que, como queda dicho, para que sea tal, siempre es realizada con recursos propios y de modo voluntario.

Invito a los lectores a que meditemos juntos con detenimiento sobre lo que escriben Carlos Alberto Montaner, Armando Valladares y el testimonio de Huber Matos, entre otros. Lo de nuestros hermanos de Cuba no es un tema simplemente de solidaridad hacia sus padecimientos y para con las vidas de tantos exiliados que lo han perdido todo en su tierra natal, sino que es en interés propio puesto que todos estamos interesados en la vigencia de libertad.

Como hemos puntualizado, es inconcebible pero cierto que la isla-cárcel cubana se ha mantenido por más de sesenta años bajo las garras y fauces criminales de los sátrapas castristas. Este clima bochornoso y nauseabundo parte el corazón de cualquier persona normal, pero todavía hay cretinos que alaban el régimen totalitario, organizaciones internacionales que aceptan que las integren representaciones de los antedichos asesinos seriales en el contexto de los balseros que cruzan el mar en busca de libertad, asumiendo los tremendos riesgos de los fusileros de la isla, los tiburones o el naufragio.

Como es sabido, desde que los aborígenes descubrieron la expedición de Colón se asentaron en la isla los españoles imponiendo su esquema colonial hasta la trifulca del siglo XVIII con los británicos que en su carácter de victoriosos se les entregó a cambio de Cuba la península de La Florida, etapa en la que España reforzó el envío de tropas y redobló su cerrado mercantilismo hasta el episodio del Maine por el que la metrópoli perdió la susodicha base de operaciones y luego de la breve ocupación estadounidense Cuba se independizó, en términos muy generales con la idea básicamente liberal (aunque con desvíos mayores o menores según la época) que había esbozado con anterioridad el por entonces muerto José Martí, un admirador de Estados Unidos y residente durante largos períodos en ese país donde escribió: “Estoy, por fin, en un país donde todos aparecen como amos de sí mismos. Uno puede respirar libremente, aquí la libertad es el fundamento, el escudo y la esencia de la vida”. Por su parte, Hugh Thomas en sesuda obra titulada Cuba. La lucha por la libertad señala que después de la independencia “gracias a la ayuda norteamericana […] La Habana era aún una ciudad española, pero a punto de adoptar el estilo norteamericano”.

¿Y qué me cuentan, estimados lectores, de la gentuza que jamás contribuyó a la libertad de nadie (siempre fue free-rider del trabajo de otros) y dice que adquirir activos en Cuba puede ser “una excelente oportunidad de un jugoso arbitraje” para cuando caiga la tiranía comunista? Frente a situaciones críticas siempre se pone al descubierto quién es quién, como ha sentenciado Warren Buffett: “Cuando la marea baja se descubre quienes nadaban desnudos”.

Hoy en medio de la pandemia resultan más escalofriantes que nunca los datos y las informaciones que llegan de Cuba donde la miseria, el hambre, la escasez de medicamentos elementales, la ausencia de higiene básica y las muertes hacen que cualquier persona normal quede espantada frente a este tétrico cuadro de situación. Y todavía tienen la desfachatez de enviar cubanos -supuestos médicos- a la Argentina y a Uruguay (en este último caso el gobierno tuvo la prudencia y la dignidad de rechazarlos).

Los liberales herederos de las Cortes de Cádiz que integraban la llamada Generación del 98 en España -puesta en primer plano a raíz de la antedicha guerra por Cuba- se oponían tenazmente a todo autoritarismo, movimiento que puede decirse representaba bien Miguel de Unamuno, quien resumió su pensamiento al escribir: “El socialismo, última transformación de los sistemas absolutistas, subordina la sociedad al Estado, sacrifica la libertad a la igualdad”. Por contraste, consigna que “el liberalismo es la fórmula suprema del alma del hombre”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Mi primo, el Che

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 1/11/16 en: http://diariodecaracas.com/blog/alberto-benegas-lynch/mi-primo-el-che

 

Publicado originalmente hacen 9 años.

Ahora que se han aquietado algo las aguas de un nuevo aniversario de la muerte del Che Guevara, escribo sobre este personaje macabro con algún ingrediente que, en parte, introduce otra perspectiva.
En mi familia se ha hablado bastante del Che ya que mi padre era primo hermano del suyo. El abuelo del sujeto de marras era una persona excelente, Roberto Guevara, casado con Anita Lynch, hermana de mi abuela paterna. En tren de genealogía, consigno que soy mas Lynch que Benegas ya que tanto mi padre como mi madre descienden de dos de los hijos de Patricio Lynch, de quien desciende también el Che.
De entrada este revolucionario nato reveló cierta inclinación por el incumplimiento de la palabra empeñada puesto que le prometió a su primera novia que saldría a comprar cigarrillos y nunca mas volvió. Mostraba también ciertas rarezas al esforzarse en dar diez pasos a la salida de todos los ascensores y caer con la pierna izquierda, cosa que si no lograba volvía al adminículo y repetía la operación hasta que daba en la tecla (ya lo de la pierna izquierda parecía anunciar algo de su futuro dogmático).
Mi padre solía repetir el conocido aforismo de aquello que “los parientes no se eligen, se eligen los amigos”. Si bien es cierto que en todas las familias hay bueno, regular y malo en proporción al tamaño de las mismas, siempre noté cierta dosis de vergüenza por el hecho de que se había filtrado en la nuestra un personaje de características tan siniestras.

En una oportunidad, una de mis tías me contó que de muy chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales y, de mas grande, insistía en que la muerte (de otros) no era tan mala después de todo y que, en este contexto, se adelantó a la definición de Woody Allen: “morir es lo mismo que dormirse pero sin levantarse para hacer pis”.
Esto último que puede parecer gracioso y ocurrente cuando proviene de ámbitos cinematográficos, resultó un una tragedia mayúscula para los cientos de asesinados por el Che quien finalmente transformó aquella definición en que “el verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar”. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler y Castro de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido “hombre nuevo” han torturado, vejado, mutilado y asesinado a millones de seres humanos.
Y pensar que Cuba, a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relacion a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles.
Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.
Como no podía ser de otro modo el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en un lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otras cosas escribió en 1970 que “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” y, cuando estaba en el poder vociferó en 1947: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” y, en 1955, sentenció que “Al enemigo, ni justicia”.
Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo parecería que aun quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para impresionar a cretinos.
Esperemos que los que siguen usando lo símbolos del Che como una gracia perciban que se trata de la humorada mas lúgubre, mórbida y patética de cuantas se le pueden ocurrir a un ser humano. Es lo mismo que ostentar la imagen de la tenebrosa cruz svástica como señal de paz.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

 

OTRA VEZ SOBRE LA INDIA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A esta altura me parece oportuno reiterar parte de lo que he escrito hace muchos años sobre una cultura milenaria que puede contribuir a mostrar caminos poco explorados en la interpretación de algunas visiones que contienen aspectos sobre los cuales es de interés tomar debida nota. Esto es así especialmente como consecuencia de no comprender lo dicho por Krishnamurti en cuanto a que “la educación debe basarse en cómo pensar y no en qué pensar”, lo cual no quiere decir que la enseñanza se limite a la lógica sino que, en ese contexto, se contraponen valores para que cada uno saque sus propias conclusiones, excluyendo siempre el adoctrinamiento.

 

Hay que ser sumamente cuidadoso con los estereotipos puesto que existe la manía de agrupar a todos los que viven dentro de ciertas fronteras geográficas y tratarlos como si no hubieran diferencias. En el caso que nos ocupa el equívoco se agrava aun más debido a que en la India conviven catorce lenguas principales y doscientas secundarias, tres religiones básicas -el budismo, los musulmanes y el hinduismo el cual, a su vez, se subdivide en monoteístas, politeístas y panteístas- al tiempo que son muy distintas las características físicas entre grupos de sus mil cien millones de habitantes.

 

En el  subcontinente que denominamos India desde tiempo inmemorial muchos son los que cultivan el espíritu, otorgan prelación a la paz interior, la búsqueda de significado y el contacto con lo trascendente, pero desafortunadamente, en buena medida, han sido indiferentes a los sistemas sociales que permiten el respeto recíproco y, en última instancia, no pocos de los que dan cabida a la vida interior desatienden el contexto en el que viven con los resultados del consiguiente empobrecimiento material. El correlato entre la vida espiritual y el progreso material es lo que caracterizó a Occidente, la escisión de ambos aspectos obstaculiza el libre desenvolvimiento de las personas. Lo importante es comprender y tener siempre presente que todo depende de  valores y principios.

 

De todas maneras, la primera característica referida respecto a la preocupación y ocupación por el alimento del alma ha llamado y llama poderosamente la atención a diversos observadores  y también los que llaman a la necesidad del renunciamiento a todo lo material como una cáscara para despotricar contra el modo de vida occidental sobre el que  no se comprenden sus fundamentos filosóficos y así patrocinan diversos modos de colectivismo y socialismo.

 

En la India, tienen lugar sistemas pesadamente autoritarios y burocráticos  y se basaron en su estrecha conexión con la Unión Soviética desde su independencia como colonia inglesa (hasta el colapso del Muro de la Vergüenza) y a la influencia de la Sociedad Fabiana, especialmente de Harold Laski y de los polacos Oskar Lange y Michael Kalecki con el apoyo logístico de sumas millonarias provistas por Estados Unidos y por organismos internacionales financiados principalmente por los contribuyentes de ese país, sistema que ha contribuido a que esa tierra se poblara de mendigos, miseria extrema, analfabetismo inaudito y espantosas pestes.

 

Desde siempre, el sistema de castas imposibilitaba el tan necesario asenso y descenso en la pirámide social. Precisamente, esto es lo que le llamó la atención a Alexis de Tocqueville quien dejó un centenar de páginas con anotaciones críticas para su proyectado tercer libro que, debido a su muerte prematura de tuberculosis, desafortunadamente nunca pudo ejecutar respecto de aquel milenario país.

 

En la última década se han producido algunas tímidas aperturas que dan espacios en medio de la asfixiante estructura impuesta por el siempre sediento Leviatán instalado en Nueva Dehli que maneja a su antojo los veintiocho estados con la apariencia de un sistema parlamentario bicameral en el que influyeron los ingleses en su larga estadía forzada, lo cual es alimentado por la economía subterránea que, especialmente en el área de los servicios, permite abrigar esperanzas para el futuro y ha permitido algunos marcados logros en el presente. La antedicha apertura se debe principalmente a los trabajos de siete economistas de reconocida trayectoria: Bellikoth Shenoy y su hija Sudha Shenoy, Peter Bauer, Milton Friedman, Mahesh Bhatt, Deepak Lal y Sauvik Chakraverti. Este último autor, en su prefacio a la edición india de la obra de Samuel Smiles (Self-Help) escribe en 2001: “Este libro fue escrito en 1840 por un hombre que sostenía que la mayor de las filantropías reside en educar a las personas de como hacer ellos mismos esfuerzos para mejorar su condición […], nos damos cuenta que el libre comercio y no los controles estatales son el camino a la prosperidad, especialmente para los pobres”.

 

Confirma lo dicho más arriba que hay filósofos de fuste que no se han molestado en estudiar aspectos relativos a la convivencia en sociedad, con lo que terminan condenando precisamente los sistemas que establecen el indispensable respeto recíproco y abren las puertas para el progreso material para aquellos que lo quieran disfrutar. De este modo, también la propia riqueza espiritual queda amputada puesto que el desconocimiento de temas vitales se traduce en miseria para los congéneres ya que, de hecho, permiten que los planificadores de vidas ajenas detenten el poder omnímodo. Ese es el caso de notables pensadores como Radhakrishnan, Tagore y Krishnamurti quienes junto a otros escriben en dirección a la sociedad abierta pero, muy paradójicamente, en la antesala misma de esa apertura, como una especie de coitus interruptus, muchos rechazan el sistema social que se deriva de sus razonamientos, con lo que, como una consecuencia no querida, condenan a sus semejantes a situaciones lamentables por más de que muchos lo tomen resignadamente.

 

El primero de los autores mencionados apunta con elocuencia en “The Spirit of Man”, que aparece publicado junto a otros trece autores variopintos en la suculenta obra Contemporary Indian Philosophy (The Macmillan Company, 1936), : “El  caos presente en el mundo se encuentra directamente vinculado al desorden en nuestras mentes […] La ciencia moderna tiene gran fe en los hechos verificables y los resultados tangibles. Todo aquello que no puede medirse y calcularse es irreal. Los susurros que vienen de lo más profundo del alma se descartan como fantasías anticientíficas”.

 

El segundo -Tagore- que tantos valiosos ensayos ha producido, escribe una novela que constituye un canto a las catástrofes del nacionalismo (El alma y el mundo). En esa obra, después de enfatizar la abstracción que significa toda nacionalidad, uno de los personajes señala que “Estoy dispuesto a servir a mi país; pero reservo mi veneración por el derecho que es más sagrado que mi país. Adorar al país de uno como un dios es entregarlo a su desventura […] No pueden amar a los hombres como a hombres, sino que tienen necesidad de lanzar gritos y endiosar a su patria”.

 

Por su parte Krishnamurti, en La libertad primera y última con prefacio del gran Aldous Huxley (en el que consigna que “la nueva religión es el culto al Estado”), sostiene que “El problema que se nos plantea a la mayoría de nosotros es saber si el individuo es un mero instrumento de la sociedad o si es el fin de la sociedad. ¿Vosotros y yo, como individuos, hemos de ser utilizados, dirigidos, educados, controlados, plasmados conforme a cierto molde, por la sociedad, por el gobierno, o es que la sociedad, el Estado, existen para el individuo? ¿Es el individuo el fin de la sociedad, o es tan solo un títere al que hay que enseñar,  explotar y enviar al matadero como instrumento de guerra?”.

 

Hacemos votos para que futuros filósofos de la India retomen las valiosas contribuciones de notables predecesores como los mencionados en esta nota periodística, pero que sean capaces de llegar a sus consecuencias lógicas y concluyan en la indispensable aplicación de los postulados éticos de la sociedad abierta y así unan sus esfuerzos intelectuales con lo mejor de la tradición del pensamiento liberal y que nunca pierdan las insustituibles riendas espirituales de la conducta humana.

 

Al hacer referencia a la India no pueda soslayarse a Mahatma Gandhi para lo cual nada mejor que recurrir al revelador y muy documentado ensayo de Arthur Koesler publicado en el Sunday Times (octubre 5 de 1969) con motivo de la conmemoración del centenario del nacimiento de Gandhi. Koestler apunta que Gandhi hizo retroceder a la India debido a su nacionalismo xenófobo que ilustraba con la insistencia en quemar géneros extranjeros (“considero que es pecado usar tela extranjera” escribió) y combatir la industrialización (apuntó que “la rueca es aliento de vida”). Koestler concluye que Gandhi “denunció apasionadamente la cultura de Occidente” quien con una arrogancia superlativa dejó consignado que “India, como lo han demostrado tantos escritores, no tiene nada que aprender de nadie” y tenía la costumbre de insistir que “los principales males de Occidente son los ferrocarriles” pero Koestler consigna que “tuvo que pasar una parte considerable de su vida en coches de ferrocarril […] siempre insistió en viajar en tercera pero tenía un vagón especial para él” ya que como decían con sarcasmo sus allegados “hace falta mucho dinero para mantener a Bapu [padre] en la pobreza”. Asimismo, Arthur Koestler remarca que Gandhi la emprendía contra la educación por lo que no envió a sus propios hijos a estudiar, lo cual no impidió que designara como su sucesor político al totalitario Jawaharlal Nehru que era graduado de Cambridge.

 

A pesar de todas estas contradicciones es menester destacar la enorme contribución de Mahatma Gandhi en cuanto a la resistencia civil pacífica la que ha sido imitada por tantos defensores de derechos pisoteados por los aparatos estatales.

 

Finalmente, es de interés resaltar que hay varios economistas modernos en la India (“Nueva India”) que suscriben las críticas que Nash le formula a la tesis central de Adam Smith en cuanto a la coordinación en libertad. Tal vez resulte sobresimplificado el denominado “teorema Nash” si resumimos un aspecto medular en dos puntos (para no entrar a la teoría de los juegos o “el dilema del prisionero”). Surge de las elaboraciones de John Nash que, por ejemplo, si se comparte un terreno en el que pastan las ovejas de diversas personas, cada una intentará sacar la mejor partida para sus animales lo cual redundará en perjuicio para los demás. Así vistas las cosas el interés personal de cada uno conspiraría contra la situación de su prójimo. Este análisis amputa por completo el postulado crucial del liberalismo en cuanto a los marcos institucionales que asignen derechos de propiedad , de lo contrario, naturalmente, se produce “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie.

 

La otra dimensión de este esquema, se puede ilustrar con lo que sucede en la vida matrimonial. Supongamos que el marido desea ir al football y la mujer prefiere ir al cine. Si cada uno sigue sus inclinaciones optimizarán sus resultados, a menos que ambos otorguen prelación a compartir un programa. En este último caso cualquiera sea la decisión – sea de ir los dos al baseball o al cine – estarán optimizando los resultados puesto que la preferencia incluye el no hacer programas separados . Tampoco aquí hay un fracaso del interés personal expuesto por el fundador de la economía, no se trata de un “desequilibrio” sino de armonizar intereses.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Repite, que algo queda

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/8/13 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/files/2013/08/pagina_0208201395023.html

En esta nueva serie agosteña me ocuparé de una veintena de clichés contrarios a las empresas y al marco institucional que les es propicio.

El poder de la repetición es muy conocido (ironiza sobre ello Carroll con el personaje del campanero en La caza del snark), como también lo es el poder de la repetición de lo malo. En efecto, todos conocen la famosa frase “calumnia, que algo queda”, de remoto origen latino, y que ha llegado hasta nosotros tras haber sido una y mil veces repicada. Pero ¿por qué esa sentencia es la célebre y no la contraria? ¿Por qué no decimos “elogia, que algo queda”?

No se trata, obviamente, de que sólo se corea lo malo. Después de todo, desde hace milenios venimos repitiendo los Diez Mandamientos. Se trata de que la verdad y la falsedad son asimétricas, porque la verdad puede ser asumida por las personas y mantenida sin necesidad de que nos la recuerden de manera incesante: no se necesita machacar continuamente con que matar está mal para que creamos que matar está mal. Se nos insiste, particularmente cuando somos niños o jóvenes, en el respeto a una serie de normas morales, acumuladas evolutivamente tras una extensa historia, para que esas normas queden grabadas en nuestra conciencia. Cuando somos personas maduras, se supone que las habremos internalizado y podremos, a nuestra vez, instruir con ellas a las nuevas generaciones.

MENTIRA Y FALSEDAD

Con la mentira y la falsedad pasa algo diferente: es menester que seamos bombardeados con ellas sin pausa, pero no solamente cuando somos pequeños (aunque entonces también: véase el denuedo con el que tantas autoridades controlan la educación) sino en todas las etapas de nuestra vida. Nadie es más consciente de ello que los mayores enemigos de la libertad, que se saben insostenibles sin propaganda. No es casual que la frase más famosa sobre este asunto sea: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Y no es nada casual que esta frase, atribuida a Goebbels, sea en realidad de Lenin, a quien, tampoco por casualidad, el jerarca nazi admiraba.

El énfasis en los lugares comunes no es exclusivo de los regímenes más totalitarios y criminales. Todos los Estados, desde los más carnívoros hasta los más vegetarianos, revelan mediante sus actos a lo largo y ancho del planeta la enorme relevancia que asignan a los clichés, y a la idea de que el público debe ser ininterrumpidamente adoctrinado para que desconfíe de toda institución relacionada con la libertad y la responsabilidad individual. De ahí el recelo que despiertan las empresas, o la propiedad privada, o el comercio. Y de ahí también el que despierta la iniciativa individual, la enseñanza privada, la moral personal, la religión, las tradiciones.

Pero de ahí también la necesidad de resistir ante los embates del pensamiento único. Ahora, durante el mes de agosto, sin ir más lejos.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.