REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

EEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candiados republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablischment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Barack Obama y su visita a Cuba

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/2/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1874541-barack-obama-y-su-visita-a-cuba

 

En el marco del deshielo y normalización de las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos el presidente Barack Obama acaba de anunciar que hará una esperada visita a Cuba el 21 y 22 de marzo próximos en un viaje que luego incluirá una visita a Buenos Aires. Su esposa Michelle lo acompañará en su periplo.

Será el primer presidente norteamericano que, en ejercicio de su mandato, llega a la isla desde que, en 1928, Calvin Coolidge lo hiciera para asistir a la Sexta Conferencia Panamericana. Harry Truman, en su momento, estuvo en Guantánamo, pero sin entrevistarse con funcionarios del gobierno cubano y Jimmy Carter -que fuera presidente del país del norte entre 1976 y 1980- visitó a Cuba en el 2002 y en el 2011, aunque sólo como ex presidente.

En los últimos meses la relación bilateral entre Cuba y los Estados Unidos ha mejorado. Quizás menos de lo que muchos esperaban. Pero la marcha hacia una relación normal después de medio siglo de desencuentros no es fácil.

No obstante, algunos de los obstáculos regulatorios norteamericanos han sido superados mediante una actitud de flexibilidad tanto respecto del comercio como del turismo, que se ha incrementado un 54%. Otros subsisten inevitablemente, desde que no dependen del accionar, ni de la voluntad, del Poder Ejecutivo, sino que requieren acción del Congreso de los EE.UU. como sucede concretamente con el levantamiento del embargo comercial que los republicanos -que controlan el Poder Legislativo- no acompañan. Esto y la necesidad de que Cuba posibilite la plena vigencia de los derechos humanos y libertades civiles y políticas, conforman las dos principales cuestiones pendientes en la agenda de trabajo.

Pero hay un cambio enorme. Las puertas ahora están abiertas. Y se usan. El aislamiento y hasta el antagonismo automático van quedando atrás, con cadencia lenta. Se acaban, por ejemplo, de aprobar vuelos comerciales regulares entre los EEUU y Cuba. Pronto habrá 20 vuelos regulares desde los EEUU a La Habana y otros 10 a otras ciudades cubanas. Y las remesas de ayuda familiar desde los EEUU a Cuba se han incrementado. Cuba, aunque demasiado lentamente, ha empezado a caminar -a su vez- en dirección a más accesos inalámbricos y a la banda ancha. A lo que se agrega que una fábrica norteamericana de tractores pequeños, Cleber, producirá mil unidades por año en la isla con destino a los agricultores independientes que todavía hoy deben operar con tractores de propiedad del estado (de nadie entonces) y de cooperativas, lo que está lejos de ser lo ideal.

Barack Obama aclara que su visita apunta esencialmente a contribuir a “mejorar la vida de los cubanos”. Esto es a sacarlos de la postergación relativa, en materia de nivel de vida, en la que el comunismo los ha sumergido.

Lo hace advirtiendo prudentemente a todos que su país “no pretende imponer un cambio”, con lo que la valiente e independiente “bloguera” cubana Yoani Sánchez coincide, acotando desde su 14ymedio.com, que “el mandatario norteamericano no podrá cambiar a Cuba” y que “es mejor que ni lo intente, porque este entuerto nacional es nuestra responsabilidad”. A lo que agrega, sin embargo, que la visita de Obama generará “alegría y alivio” entre los cubanos, pese a ser “más simbólica que política”.

No es lo mismo un apretón de manos en el extranjero visto por televisión que una visita personal a la isla. Particularmente si Obama va a tener la oportunidad, como ha anunciado, “de reunirse con los miembros de la sociedad civil, empresarios y cubanos de todos los ámbitos de la sociedad”, lo que específicamente incluye, según uno de sus principales asesores, Ben Rhodes, a los disidentes que quedaron de lado en la reciente visita del Papa Francisco a Cuba.

Yoani, sin embargo, nos alerta en el sentido de que Obama “debe aprovechar la oportunidad para enviar un mensaje fuerte y claro frente a los micrófonos”. Tendrá la oportunidad de hacerlo, desde que está previsto que Obama pueda dirigirse directamente al pueblo de Cuba en oportunidad de su visita. Allí seguramente señalará que no está intentando convalidar el status quo, sino ayudar a que ocurra “un cambio en las vidas, libertades y posibilidades económicas” de los cubanos. Y defenderá, previsiblemente, la plena vigencia de los derechos humanos y libertades civiles y políticas, de todos por igual.

Como cabía esperar en un año intensamente electoral, los líderes de la oposición norteamericana se pronunciaron rápidamente en contra de la visita presidencial a Cuba. Entre ellos, Jeb Bush, Marco Rubio y Ted Cruz, quienes señalaron, contundentemente, que -a su modo de ver las cosas- en Cuba la represión no ha terminado.

Lo cierto es que, como señalara Josefina Vidal, a la manera de portavoz de la Cancillería cubana, Obama tendrá la oportunidad de “apreciar la realidad cubana”. De primera mano. Cimentando de ese modo un proceso de acercamiento entre las dos naciones que no debe detenerse. Haciéndolo, de alguna manera, irreversible. Aún ante un eventual cambio de partido de gobierno en los Estados Unidos. Mirando hacia adelante, entonces, razón por la cual hasta ahora no se ha previsto una entrevista con Fidel Castro, el símbolo máximo de un pasado que ha frustrado a varias generaciones de cubanos, condenándolos al atraso.

En la agenda bilateral entre los EE.UU. y Cuba hay muchas cuestiones pendientes. No sólo el levantamiento del embargo. También aparecen Guantánamo y los reclamos cruzados de reparaciones, conformados por una parte por los reclamos norteamericanos por las confiscaciones sufridas, que en 1960 se estimaron en unos 2 billones de dólares y, por la otra, por un pedido cubano de compensación por los daños pretendidamente derivados del embargo, estimado en el 2014 ante las Naciones Unidas como del orden de algo más de un billón de dólares. Y no cabe olvidar los temas de la agenda que tienen que ver con la libertad y los derechos humanos, así como los referidos al flujo que alimenta la emigración de cubanos a los EEUU, que no se ha detenido. Mucho que hacer, entonces. Cuando el Partido Comunista de Cuba se apresta a seleccionar a quien lo conducirá desde el 2018, cuyo apellido seguramente no será Castro.

Sin entrar de lleno en lo referido a la visita de Obama a la Argentina inmediatamente después de su paso por Cuba, llama la atención la simpática y temprana referencia a ella de Ben Rhodes, asesor presidencial en materia de seguridad del presidente Barack Obama, quien generosamente señaló que nuestro país es un “indicio de que el futuro se muestra brillante para los EE.UU. en el hemisferio”. Es así. Quizás porque que los lamentables arreos y los absurdos encierros en sí misma que, impulsada por bolivarianos, sufriera nuestra región ya no son posibles. La Argentina ha dicho claramente que quiere volver a ser ella misma. Y, como tal, trabajar intensamente con la región a la que ciertamente pertenece. Era hora.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La ley sirve para que exista la trampa

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/2/16 en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/926220-469/la-ley-sirve-para-que-exista-la-trampa

 

Si así sale el presidente de la primera potencia mundial, más vale abandonar todo interés en la política mundial”, escribía Pablo Pardo en el diario El Mundo, de España. Sea como sea, lo cierto es que, si el mundo está como está, el primer responsable es el gobierno de EE UU por eso es esperable que las elecciones allí despierten gran interés global.

Los resultados de los “caucus” de Iowa, con los que comenzaron las primarias que se prolongarán hasta junio, han sorprendido a todos, aunque con una importancia puramente psicológica, allí ganó Obama, ya que el candidato más votado obtuvo unos 60,000 votos cuando para ganar la Presidencia en noviembre hacen falta alrededor de 65 millones.

En el Partido Republicano, el gran derrotado fue Donald Trump, el segundo en votos aunque se espera que gane en New Hampshire el 9 de febrero y retome la iniciativa, mientras que el ganador en papeletas fue Ted Cruz gracias a que es evangelista en una zona donde la mayoría de los votantes lo son, siendo Marco Rubio, el tercero, el verdadero vencedor psicológico.

Mientras que Rand Paul hizo un buen papel, por haber acabado entre los “cinco grandes”, dado que es un “rebelde” que en el pasado ha fundado diversas ONG para oponerse al aumento de los impuestos que son, precisamente, el dulce de los políticos. Por el contrario, entre los demócratas, el ganador psicológico es Bernie Sanders, con el discurso más populista entre los precandidatos, que quedó segundo tras Hillary Clinton, pero por poca diferencia.

Ahora, en 2012, el gasto total en las elecciones presidenciales y legislativas alcanzó los $7,300 millones, según la Comisión Federal Electoral. En 2016, la agencia Bloomberg estima que el costo total llegará a los $10,000 millones. Aunque si Michael Bloomberg, con un patrimonio estimado de $38,000 millones, ocho veces más que Donald Trump, el fundador y dueño de Bloomberg, se presenta en marzo como candidato independiente puede hacer que las cifras finales sean más grandes.

Es mucho dinero. ¿Quién y por qué desembolsa tanto? ¿Es creíble que solo sea por idealismo? Sean ciudadanos comunes, que esperan que el candidato favorezca su economía familiar, o grandes fortunas o corporaciones, es obvio que hay muchos intereses en juego ya que el gobierno, utilizando el monopolio de la violencia, puede imponer, por sobre el mercado, por sobre las personas, leyes que favorezcan a unos en detrimento de otros.

Frente a esta realidad, se intentaron transparentar las elecciones limitando con leyes la cantidad de dinero en donaciones y exigiendo transparencia. Entonces, aparecieron las “SuperPAC”, organizaciones que en teoría no tienen relación con las campañas, pero que en la práctica apoyan a un candidato. Gracias a una sentencia de la Corte Suprema pueden gastar lo que quieran, sin ningún límite o restricción, y sin tener, tampoco, que informar acerca de sus donantes, entre los que hay gobiernos extranjeros.

Por ejemplo, entre las “SuperPAC” que apoyan a Ted Cruz, solo Keep the Promise ha obtenido unos $110 millones de donaciones. Los hermanos Charles y David Koch, que tienen una fortuna combinada de $90,000 millones, se habrían comprometido a donar $1,000 millones a republicanos. Corolario: basta que los gobiernos coaccionen leyes para que entre los insatisfechos, por la coacción, surja la trampa

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

U.S.-Cuba Embassy Deal: New Relationship, Persistent Problems

Por Alejandro Chafuen: Publicado el 21/7/2015 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2015/07/21/u-s-cuba-embassy-deal-new-relationship-persistent-problems/

 

July 20 brought the reversal of a decades-long U.S. policy stance toward Cuba. More than 50 years after the United States and Cuba first cut diplomatic ties back in 1961 (on the heels of Fidel Castro’s revolution), the Cuban flag sways outside the embassy on 16th St. NW in Washington DC.

The flag now also hangs in the State Department, side by side all the other countries with which the United States maintains friendly diplomatic ties. This change ushers in a new era of U.S.-Cuba relations, albeit with much less pomp and circumstance than the ceremony outside the embassy.

 

In his first-ever visit to the U.S., Cuban Foreign Minister Bruno Rodriguez led the ceremony in front of around 300 guests, including journalists and diplomatic team members to raise the island’s flag. In his remarks, Rodriguez praised the normalization of relations between the U.S. and Cuba, but was unwilling to stray from contentious topics: Rodriguez called for an end to the trade embargo and the dismantling of the U.S.’s Guantanamo naval base.
The Obama administration’s new policy still faces an uncertain future. Battles remain. The trade embargo can only be lifted by Congress, and Congress will have the final say on whether the President is able to post a U.S. Ambassador to Cuba.
Cuba will be a hot-button topic in 2016

Indeed, not everyone agrees with President Obama’s assertion that this policy reversal constitutes a “historic step forward.” Rodriguez’s remarks at the embassy underscore some of the tensions at play in normalizing Cuba-U.S. relations. Since its early stages, the deal has caused splintering on both sides of the aisle—and Cuba is likely to become a hot-button topic in the upcoming 2016 election.

Marco Rubio and Ted Cruz, both potential contenders in next year’s presidential race (and both of whom hold personal ties to Cuba), have openly stated that they do not support the actions of the Obama administration. Rubio has said that, if elected, he plans to roll back on Obama’s policy and cut ties with Cuba until democracy is fully restored in the island. Opponents, which also include former Florida Governor Jeb Bush, have expressed fears that President Obama’s actions signal tolerance toward an intolerant regime.

Senator Rand Paul broke stance with other Republican figureheads, however, by declaring that he believes opening Cuba could be a positive step towards a much-needed regime change in the island. Paul is on the same page as presidential hopeful Hillary Clinton, who was a proponent of the normalization of U.S.-Cuba relations while Secretary of State. Public opinion polls also reflect support for the shift, especially in areas like Miami, which boast a high density of Cuban-Americans. According to Pew Research Center, 63% of Americans approve of the deal—yet only 32% believe that renewed ties to the U.S. will make Cuba a more democratic country.

After living so many decades with little or no hope, most of those on the island also favor the deal. But Rubio and Cruz are not running for office in Cuba—they do not mind being unpopular there. Their principled stance, based on the respect of political and economic freedoms, and for all the liberties we take for granted, means little for those who have been brainwashed by half a century of constant government indoctrination.
Diplomatic relations do not guarantee progress

The Obama administration and the “Rand Paul” libertarians are not alone in their support for increased openness. Successful leaders of the U.S.-Cuban business community, as those gathered in the Cuba Study Group, favor the current policies. Their optimism is mostly genuine but few are ready to jump in with large investments.

Diplomatic relations do not guarantee progress. Nor do inexistent embargoes. Take the case of Venezuela, a country whose leaders trumpet that they would like to be like Cuba. A first hand witness, Luis Henrique Ball, believes there is nothing in the current agreement that would prevent Cuba from continuing to impose the same policies that have condemned its citizens and Venezuelans to poverty or exile.

Even some Cuban exiles—who complain the current agreement has ignored the rights of the victims of communism—believe there is a chance that the material conditions will improve. One of them, Alberto Mestre, forecasts that the transition might be like Vietnam (which he recently visited): “Our tour guide told us the communists still rule, and that is bad, but I am living better.” Cuban-born Otto J. Reich, former U.S. Ambassador to Venezuela, forecasts that the Cubans will follow the model of Putin’s Russia. The military will likely maintain power after the Castros’ deaths and will try to capture businesses inside and outside the country, thus consolidating power.

Likely alliances between crony military and crony capitalist interests

And though it may seem there would be less need for “spy games,” the opening of the embassies will likely expand spying on both sides. It will get cheaper, and soft collection of intelligence will be less risky. Those at the State Department Latin American desk tend to be more fearful of instability than of challenges against freedom. They will be monitoring trends and leadership. Cuba is only 90 miles away from the U.S. and if confronted with major instability and even more poverty, hundreds of thousands if not millions, might try to flee to Florida.

My forecast is that we will see alliances between crony military and crony capitalist interests. The former will have access to all the information gathered by the Cuban intelligence agencies, the latter, will help open the doors of business ready to make deals is someone guarantees their profits. If the rewards are high, dealing with tyrants becomes attractive.

Those of us who love freedom will have to make an extra effort to continue to document and expose the human rights abuses committed by Cuban communists over all these decades as well as their support for terrorist and subversive activities. We will have to resist the temptation to create a strategic blindness and silence in order not to hamper the possibility of progress. Progress that for some might mean more privileged business deals, but for us should mean increased freedoms.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

LA CONTRACARA DEL SUEÑO AMERICANO

Por Alberto Benegas Lynch (h).

No basta con los desastres que ha provocado Bush II ni los estropicios de Obama respecto a los derechos individuales, ahora irrumpe en la escena política Donald Trump el exitoso agente inmobiliario que por esa razón cree que puede llevarse al mundo por delante con sus propuestas fascistas de gran repercusión en el público estadounidense.

En su discurso de cincuenta minutos de junio último desde el Trump Tower en Manhattan el personaje de marras lanzó parte de su campaña presidencial que por el momento, según las encuestas (frecuentemente sujetas a gruesos errores), lidera las preferencias en círculos republicanos.

Sus aseveraciones resultan por cierto inquietantes para cualquier persona mínimamente inclinada a los postulados de la  sociedad abierta. Desafortunadamente está en línea con los resurgimientos de los nefastos nacionalismos europeos de estos tiempos.

La emprendió contra la inmigración especialmente contra los mexicanos a quienes tildó de traficantes de drogas, violadores y criminales al tiempo que aseguró que construirá un muro muy alto que hará financiar a los propios mexicanos.

No recuerda que él mismo desciende de inmigrantes y que la tradición estadounidense se basó en la generosidad de recibir extranjeros con los brazos abiertos tal como se lee al pie de la Estatua de la Libertad en las conmovedoras palabras de Emma Lazarus y no tiene presente que tal como lo demuestran sobradas estadísticas y sesudas consideraciones sobre el tema que en general los inmigrantes tienen un gran deseo de trabajar y muestran gran empeño en sus destinos laborales (muchas veces hacen faenas que los nativos rechazan), son disciplinados y tienen gran flexibilidad para ubicarse en muy distintas regiones y sus hijos (pocos habitualmente) revelan altos rendimientos en los centros de educación.

Es que fascistas como Trump no tienen en cuenta que las fronteras solo tienen sentido para fraccionar el poder y carece por completo de sentido clasificar la competencia de las personas según donde hayan nacido y que todos debieran tener el derecho de trabajar donde sean contratados libremente sin restricción alguna. En verdad, el término moderno de “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia. Solo deben ser bloqueados los delincuentes pero no dirigidos a inmigrantes (si fuera el caso) ya que los hay también entre los locales de cualquier país.

Por otro lado, el impedir que ingresen inmigrantes debido a que pueden recurrir al lamentable “Estado Benefactor” (una contradicción en términos ya que la violencia no puede hacer benevolencia) y, por ende, acentuar los problemas fiscales del país receptor, constituye un argumento pueril ya que esto se resuelve prohibiéndoles el uso de esos “servicios” al tiempo que no se les requeriría aporte alguno para solventarlos, es decir, serían personas libres.

El clima de xenofobia que producen posiciones como las de Donald Trump se sustenta en una pésima concepción del significado de la cultura puesto que mantiene que los de afuera “contaminan” la local. La cultura precisamente se forma de un constante proceso de entregas y recibos en cuanto a la lectura, la música, las vestimentas, la arquitectura y demás manifestaciones de la producción humana.

Además, la cultura es un concepto multidimensional: en una misma persona hay muy diversas manifestaciones y en la misma persona es cambiante (no es la misma estructura cultural la que tenemos hoy respecto a la que fue ayer).

También las declaraciones de este candidato presidencial adolecen de los basamentos del significado del mercado laboral a pesar de la soberbia y arrogancia que ponen de manifiesto sus declaraciones: cree que al ser empresario conoce bien el andamiaje económico (le sucede lo mismo que con banqueros que no tienen idea que es el dinero o con profesionales del marketing que no saben  que es el mercado). No comprende que en un mercado abierto nunca existe desocupación involuntaria, la cual se produce debido a la intervención de los aparatos estatales en la estructura salarial y que las innovaciones tecnológicas y el librecambio liberan recursos humanos y materiales para que se asignen en nuevos proyectos.

En este sentido, Trump afirma que hay que librar batallas comerciales contra los chinos y los japoneses (en este último caso se queja de modo muy agresivo al observar que no hay automóviles de fabricación estadounidense en Tokio y sandeces por el estilo que contradicen las más elementales razones económicas).

Con la petulancia que lo caracteriza a este mandamás de la construcción sugiere que lo dejen a él construir carreteras y puentes y cuando aborda el tema de la llamada seguridad social también desvaría puesto que en lugar de modificar el sistema de reparto actuarialmente quebrado, dice que él pondrá la suficiente cantidad de dinero que eliminará los problemas que aquejan estas políticas y lo mismo hará con las políticas de salud.

Por último, destacó en sus declaraciones su intención de activar aun más el rol de los militares en acciones bélicas en el resto del mundo.

Es que se reitera la falacia de la indebida extrapolación: porque sea un buen operador de la construcción no significa que sepa de otras áreas, del mismo modo que cuando surge un buen deportista del football y se le pide que opine de otros campos en los que no tiene el menor conocimiento. Einstein consignaba que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”.

Hasta aquí los comentarios de Trump que preocupan tanto a personas responsables como el tres veces candidato a la presidencia estadounidense Ron Paul que lo considera un hombre “sumamente peligroso” y también es alentador que otros candidatos en la carrera presidencial como Marco Rubio y Ted Cruz manifiesten su alarma, asimismo afortunadamente hay muchos colegas empresarios que enfáticamente expresan su disconformidad con las bravuconadas de este comerciante millonario y el actual gobernador de Texas lo definió como “una mezcla tóxica de demagogia, mezquindad y absurdo” (incluso de Blasio, el alcalde de New York, acaba de anunciar que la ciudad no hará más negocios con su empresa de emprendimientos inmobiliarios).

Vale la pena ahora detenerse unos instantes en el significado del american way of life al efecto de protegerse -por contraste- de sujetos como el mencionado en esta nota periodística. Reproducción de pensamientos clave de figuras destacadas de Estados Unidos aclararán el punto sin necesidad de comentarios adicionales pero que son para leer con especial atención.

James Wilson, uno de los firmantes de la Declaración de la Independencia, redactor del primer borrador de la Constitución y profesor de derecho en la Universidad de Pennsylvania escribió que “En mi modesta opinión, el gobierno se debe establecer para asegurar y extender el ejercicio de los derechos naturales de los miembros y todo gobierno que no tiene eso en la mira como objeto principal, no es un gobierno legítimo” (“Of The Natural Rights of Individuales”, The Works of James Wilson, J.D. Andrews, ed., 1790/1896).

Thomas Jefferson por su parte aseveró que se necesita “un gobierno frugal que restrinja a los hombres que se lesionen unos a otros y que, por lo demás, los deje libres para regular sus propios objetivos” (The Life and Selected Writings of Thomas Jefferson, A. Koch & W. Penden, eds., 1774-1826/1944).

El general George Washington afirmó que “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de todo conexión política con otros países” (A Letter to Patrick Henry and Other Writings, R. J. Rowding, ed., 1795/1954) . En el mismo sentido, John Quincy Adams explicó que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia para todos. Es el campeón de las suyas. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya, aun tratándose de la causa de la independencia extranjera, se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas, en todas las guerras de intrigas e intereses, de la codicia individual, de la envidia y de la ambición que asume y usurpa los ideales de libertad. Podrá se la directriz del mundo pero no será más la directriz de su propio espíritu” (“An Address Delivered On the Fourth of July”, 1821).

James Madison ha consignado que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo […] Éste es el fin del gobierno, sólo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo” (“Property”, James Madison: Writings, J. Rakove ed., 1792/1999).

Y respecto al proceso electoral se pronunció en primer lugar Jefferson al advertir que “Un despotismo electo no fue el gobierno por el que luchamos” (Notes on Virginia, 1782), lo cual ha sido reiterado en diversas oportunidades y tiempos, por ejemplo, Samuel Chase, juez de la Corte Suprema de Justicia, en uno de sus fallos puntualizó que “Hay ciertos principios vitales en nuestros gobierno republicanos libres que determinan y prevalecen sobre un evidente y flagrante abuso del poder legislativo, como lo es autorizar una injusticia manifiesta mediante el derecho positivo, o quitar seguridad a la libertad personal, o a los bienes privados, para cuya protección se estableció el gobierno. Un acto de la legislatura (ya que no puedo llamarla ley), contrario a los grandes principios […] no puede considerarse ejercicio legítimo de autoridad legislativa” (1798, Calder v. Bull) y contemporáneamente también en un fallo de la Corte Suprema de Justicia se lee que “Nuestros derechos a la vida, a la libertad de culto y de reunión y otros derechos fundamentales no pueden subordinarse al voto, no dependen del resultado de ninguna elección”(1943, 319 US, 624).

Evidentemente un cuadro de situación muy diferente a lo que viene ocurriendo en Estados Unidos donde las regulaciones atropellan derechos de las personas, donde se decretan “bailouts” a empresarios irresponsables a costa de trabajadores que no cuentan con poder de lobby, donde la deuda gubernamental excede el cien por cien del producto, donde el gasto público es sideral y, sobre todo, donde el ejecutivo se ha convertido en una especie de gerente intruso que usurpa poderes en lugar de circunscribirse a la faena de guardián de derechos, a saber las funciones específicas establecidas por una sociedad abierta que respeta antes que nada las autonomías individuales tal como estipularon los Padres Fundadores de esa gran nación que hoy se está latinoamericanizando a pasos agigantados.

Leonard E. Read -el fundador en 1946 y primer presidente de la Foundation for Economic Education de New York- apuntó que “Hay sin embargo razones para lamentar que nosotros en América [del Norte] hayamos adoptado la palabra  ´gobierno´. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene el ´gobernar´, el ´mandar´en un sentido amplio. El gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra institución de defensa común debiera ´gobernar´ del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (Government: An Ideal Concept, 1954).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

The Cuba Deal: Coexisting And Profiting With Tyrants:

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 18/12/14 en: http://www.forbes.com/sites/alejandrochafuen/2014/12/18/the-cuba-deal-coexisting-and-profiting-with-tyrants/

 

We all celebrate when an innocent person is released from prison. The freedom of Alan Gross is welcome news. But the release of three convicted Cuban spies and operatives (who were directly responsible for the killing of other innocents), the continued lack of consultation by the administration with other branches of government and Congress, and the disregard for the unrelenting oppression of political freedoms are a high cost to pay.

The leading Cuban-Americans in the legislature, Sen. Marco Rubio (R-FL), Sen. Robert Menéndez (D-NJ), and Congresswoman Ileana Ros-Lehtinen (R-FL) released statements with scathing criticisms. Sen. Rubio stated that the deal was “disgraceful for a president who claims to treasure human rights and human freedom. This president is the single worst negotiator we have had in the White House in my lifetime.” The statement by Ros-Lehtinen complements Rubio’s criticism: “This misguided action by President Obama will embolden the Castro regime to continue its illicit activities, trample on fundamental freedoms, and disregard democratic principles.”

I spoke with several human rights and democracy advocates and all were strongly critical. Tony Guedes, leader of the Cuban Liberal Union, Unión Liberal Cubana, who lives in exile in Spain, is convinced that the policies just announced will help the Cuban communist regime and will delay the transition to a real democracy. Guedes believes that the announcements are connected with President Obama’s decision to attend the upcoming Summit of the Americas in Panama.

Sen. Robert Menéndez, the Democrat who is Chairman of the Senate Foreign Relations Committee had strong words about this as well. He said, “I’m extraordinarily disappointed that we intend to violate our own principles, laid down in the Inter-American Democratic Charter in 2001, on the Summit being a forum for the hemisphere’s democratically-elected leaders.” According to Menéndez, the new actions on Cuba “disavows the Charter and sends a global message about the low priority we place on democracy and respect for human and civil rights.”
Unlike the above bipartisan critics, the leader of the U.S. Chamber of Commerce endorsed the new Cuban policy. Its CEO Tom Donohue stated that the “U.S. business community welcomes today’s announcement, and has long supported many of the economic provisions the president touched on in his remarks” and continued “the Chamber and its members stand ready to assist as the Cuban people work to unleash the power of free enterprise to improve their lives.”

Free enterprise indeed improves lives. Free trade also works wonders to bring people and countries together. But trade managed by communist oligarchs can hardly be defined as free trade. An economy where all the key decisions are made by men in uniform can’t be described as free enterprise. Echoing the Chamber, a powerful German think-tank, the Bertelsman Foundation, published a piece which concludes with a typical modern-day capitalist statement “who knows, maybe the US will be able to export a few more Che Guevara tee-shirts along the way.”

Fernando Menéndez, a Cuban expert of the Center for a Secure Free Society, noted that when making the announcement, President Raúl Castro—who had been wearing civilian clothes—donned his military uniform to send a signal of who still remains in power. Crony capitalism of the left, if that is an appropriate name for the Chinese model, might create huge opportunities for profits but, as we see in the current disputes in Hong Kong, it can also weaken the struggle for political freedoms and respect for human rights.

The decline in the price of oil was threatening Cuba with a reduction of the subsidy it receives from its sugar daddy: Venezuela. This deal was arranged because the Obama administration is struggling to create some positive legacies. It aims to get credit for reversing a policy, a stringent embargo, which on its own failed to bring down communism. The Pope and the Canadian government, mentioned as playing important roles, seek different benefits. Pope Francis sees opportunities for the Catholic bishops in Cuba who receive periodic permissions from the tyrants to expand their preaching and educational efforts.

Mainstream media also hails the role of Canada, whose government hosted and facilitated some of the negotiations. Canadians have less restrictions to travel and conduct business in Cuba. The U.S. sanctions and embargo certainly cause them headaches. The Canadian government has a pro-Western stance but it is not immune from the power of economic interests and these might trump concerns for political and human rights.
The economic crisis in Cuba resulting from the woes of Russia and Venezuela would have been a wonderful opportunity to demand true changes. Cuba is still listed as a State sponsor of terrorism. It could be delisted if it stopped meddling in other countries. Its major ally Venezuela would likely have to release its own political prisoners. Not yet. Unfortunately the potential of selling more Che Guevara T-shirts carried the day.

 

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.

Taking a Look at America’s 101 Most Influential Latinos

Por Alejandro A. Chafuén. Publicado el 30/10/14 en: http://m.cnsnews.com/commentary/alex-chafuen/taking-look-americas-101-most-influential-latinos#.VFKU3MdVh6g.twitter

 

Latino Leaders magazine hosted an event in Washington D.C. this week, launching their ranking of the 101 most influential Latinos in the United States. Since the year 2000, the magazine has had as its mission to promote and publish “stories of Latino success…stories often missed by the mainstream media.”

Among the 101 Latinos and Latinas highlighted, we find familiar faces from show business, such as Eva Longoria, Jennifer López, Enrique Iglesias, Gloria Estéfan and Shakira. Unlike other efforts with Latinos, however, this one does not discriminate against conservatives. It would be hard to hide the accomplishments of Texas’ Senator Ted Cruz, Florida Senator Marco Rubio or New Mexico Governor Susana Martínez. The publication also highlights the up and coming George P. Bush. As expected, politicians and partisans aligned with the Democratic Party, such as Congressman Luís Gutiérrez and Voto Latino CEO María Teresa Kumar, also figure prominently on the list.

Accomplished business leaders such as Sol Trujillo and Linda Alvarado (co-owner of the Colorado Rockies baseball team) attended the event. César Conde (Executive Vice President of NBCUniversal) and Mario Longhi, now CEO at U.S. Steel, but with a long and highly successful career at Gerdau Group in Brazil, also made the list.

The presentations during the event, held at The Willard Hotel, focused mostly on the strength and size of the Hispanic community in the U.S. Trujillo pointed to numbers which put Latinos in the U.S. as one of the nation’s fastest-growing economic and demographic groups. The U.S. Hispanic population is growing faster than the population of any of the BRIC (Brazil, Russian India and China) countries.

As a business leader, Trujillo recommended that for external communication, the strategy of Latinos should focus on branding and focusing on the positive. Granted. But what was missing at this event, for internal communication, is any acknowledgement of what Latinos can do to become better integrated. Most of the focus was on the barriers that still prevent people with funny accents like me, to rise to even higher positions. I grant that there are still barriers, I previously wrote a related piece “Latinos want Salsa and we give them Ketchup” recommending better efforts to reach Latinos. But I do not think it was positive that during the Latino Leaders event not a single word was devoted to some of the current weaknesses of the very diverse Latino community.

Although I was never a Mexican, given my role as president of the Hispanic American Center for Economic Research during the presidency of Vicente Fox, I had the privilege of being appointed a member of the Instituto de Mexicanos en el Exterior (Institute of Mexicans Abroad). I wish someone could prove me wrong, but during my tenure I received almost daily emails with calls for action. I do not recall a single email encouraging Mexican immigrants to learn from the Founding Fathers of the United States the great traditions that made possible the American dream. They focused instead on making demands of the state, rather than responsibility from below.

The future success of the Latino community in the United States will depend significantly on the extent to which Latinos cultivate the virtues and practices of many who made the Latino Leaders’ list. But it will also depend on the extent to which this growing segment of the country’s population fully understands and promotes the principles of a free society which undergird the nation which has been such a powerful magnet – and become such a welcome home – to so many of us.

 

Alejandro A. Chafuén es Dr. En Economía por el International College de California. Licenciado en Economía, (UCA), es miembro del comité de consejeros para The Center for Vision & Values, fideicomisario del Grove City College, y presidente de la Atlas Economic Research Foundation. Se ha desempeñado como fideicomisario del Fraser Institute desde 1991. Fue profesor de ESEADE.