Mauricio, no necesitás al G20 para integrarnos al mundo

Por Iván Carrino. Publicado el 6/12/18 en: http://www.ivancarrino.com/mauricio-no-necesitas-al-g20-para-integrarnos-al-mundo/

 

Los países no comercian. Sí las personas.

¡Qué bien que salió el G20! Por un rato al menos, pasamos de ser la barbarie tirapiedras, a una ciudad Suiza. Ni la izquierda piquetera consiguió alterar la tranquilidad con la que pasaron las jornadas de la Cumbre Internacional del grupo de los 20 países más económicamente relevantes del mundo.

Hasta le ganamos a París, donde mientras acá “La Bestia” cargaba nafta y Ángela Merkel comía en una parrilla de Palermo, los chalecos amarillos incendiaban todo a su paso.

No debe haber habido nadie que no reconociera la buena organización del evento y el profesionalismo con que todo se llevó a cabo. Obviamente,  hubo algún traspié, como el evento de Michetti con Macron, pero en líneas generales, todo salió bien.

Y mejor de lo esperado, para quienes habitamos este caótico país.

El presidente, por su parte, capitalizó el encuentro y reforzó su discurso de integración al mundo civilizado.

Nos estamos integrando al mundo. Las cosas requieren un tiempo. Hay que tener constancia, herencia y paciencia (…) Nunca tuvimos la relación que tenemos ahora con el mundo. La autoestima volvió a estar presente en estos días.

En los días en que los presidentes del mundo visitaron la ciudad, el gobierno argentino firmó todo tipo de acuerdos. Además, dijo querer avanzar con la Unión Europea y prometió abrir mercados.

Aparentemente, el G20 sería un punto de partida para incrementar nuestro comercio internacional, que hoy es apenas del 23% del PBI, cuando en el mundo la suma de exportaciones e importaciones asciende al 58%.

Lo cierto, sin embargo, es que no se necesitan ni tratados especiales ni cumbres internacionales para hacerlo.

Las personas comercian, no los países

Cuando hablamos de comercio internacional solemos mirar números agregados. La semana pasada, en un estudio de TV, mientras hablaba el Primer Ministro Shinzo Abe, de Japón, el periodista sacaba a relucir la cantidad de exportaciones que hacíamos a ese país.

¿Qué relación tenemos con Japón? “Exportamos USD 1500 millones”, respondió el analista.

Como si todos los argentinos produjéramos USD 1.500 millones de dólares de soja para vendérsela a los varios millones de japoneses que la consumen.

En realidad, la situación es diferente. Es que ni todos comerciamos con todos, ni los países comercian entre sí. En realidad, todas estas construcciones retóricas tienen como base la decisión de un individuo.

Un individuo que, ubicado en Argentina, encontró más conveniente tomarse el trabajo de exportar una tonelada de soja a Japón, en lugar de venderla en el mercado interno. Y otro individuo que, del otro lado del mundo, encontró que era más barato y de mejor calidad comprar esa tonelada fabricada en nuestro suelo, en lugar de en otro lado.

Como se observa, son las personas las que comercian entre sí, en base a sus apreciaciones sobre qué es lo más conveniente hacer con su dinero y su producción.

Y es de esta forma que se ha producido el comercio internacional. Porque algunas personas, ubicadas en un territorio, encontraron que era mejor vender y comprar fuera del territorio, que hacerlo puertas adentro.

La globalización, entonces, es un orden espontáneo, donde las decisiones individuales de millones de personas terminan generando un mundo cada vez más conectado…

A menos, claro, que el gobierno se interponga.

Proteccionismo y apertura unilateral

Los individuos, dejados en libertad para decidir, intercambiarán con quien mejor satisfaga sus necesidades. Si esta contraparte se encuentra en otro país, entonces habrá comercio internacional.

Sin embargo, producto de falacias mercantilistas, o bien para proteger algunos lobbies, los gobiernos suelen cruzarse en el camino. Así, nace el proteccionismo, que básicamente consiste en impedir que los intercambios libres ocurran entre personas ubicadas en diferentes países.

Argentina conoce mucho de esta materia. Si miramos los números, estamos de la mitad de tabla para abajo en el ránking de apertura comercial de la Fundación Heritage, tenemos uno de los aranceles a las importaciones más altos de la región y casi no hemos firmado acuerdos de Libre Comercio.

Es decir, somos un país extremadamente cerrado donde el proteccionismo es la norma.

Entonces: ¿qué hacemos?

Para Macri, hay que acudir al G20. Puede ser… Una opción para “integrarse” es firmar tratados donde ambos países otorgan “concesiones”. Ahora esto puede llevar varios años, como lo demuestra el acuerdo Mercosur-UE, que parece que nunca se firmará.

Pero otra estrategia es la apertura unilateral. ¿En qué consiste? En eliminar unilateralmente restricciones al comercio, reduciendo aranceles y barreras no arancelarias, permitiendo que los argentinos que quieran comerciar con el mundo, lo hagan libremente.

Este camino no es imposible ni peligroso. De hecho, es el que tomó el vecino Chile entre 1974 y el año 2003.

Cuadro Chile

En 1974, las barreras aduaneras en Chile llegaban a ser del 750% sobre el valor de los productos.

Entre 1975 y 1977, se decretó que el máximo arancel posible sería de 35%. Para 1977 y 1979, se unificaron los aranceles, y quedó solo uno de 10% para todas las importaciones. Esto se revirtió entre 1983 y 1984, pero el camino de la apertura unilateral se retomó en 1985.

En 1999 el arancel único volvió al 10% y para 2003 se lo redujo nuevamente al 6%.

Uno podría preguntarse por los resultados de esta estrategia. Y, si bien en el caso chileno debe decirse que la apertura se hizo en conjunto con otras reformas estructurales como el saneo de las cuentas públicas y el fin de la inflación, existe consenso de que abrirse al mundo ha sido muy positivo para el país vecino.

En dicho período, el PBI per cápita chileno se multiplicó por 3. Además, Chile redujo drásticamente la pobreza, desde al año 2000 que crece casi sin interrupciones, y todo esto con bajo desempleo y una muy baja y estable tasa de inflación.

En lugar de realizar tantas cumbres y reuniones burocráticas, podríamos aprender del caso chileno.

Estimado presidente, no necesitamos al G20 para integrarnos al mundo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Reunión G-20 en Buenos Aires: burocracia a pleno y los niños siguen desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article219747495.html

 

Si hay una reunión incoherente es la del G-20. Integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85 por ciento del producto bruto, dos tercios de la población y el 75 por ciento del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino Mauricio Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires —primera vez en Sudamérica— entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Angela Merkel, Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Theresa May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones —que comenzaron en diciembre de 2017— entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda, y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de 3,000 personas.

El Gobierno gastará al menos $120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30 por ciento de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que, “uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso”. O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos —como para solventar estas Cumbres— son una de las principales causas de pobreza desde que —aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos— cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado.

Y el 30 de noviembre será feriado —en la ciudad de Buenos Aires— para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La visita de Macron a Washington y el acuerdo nuclear con Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2131043-la-visita-de-macron-a-washington-y-el-acuerdo-nuclear-con-iran

 

Al tiempo de escribir esta nota el activo y popular presidente de Francia, Emmanuel Macron, está en Washington, de visita oficial. Ella será seguida, en muy pocos días, por la de la notable Canciller de Alemania, Angela Merkel. Los dos líderes más fuertes de Europa en un activo diálogo con los Estados Unidos.

En las agendas de esas reuniones hay una fuerte preocupación común: ¿qué hacer con el acuerdo nuclear alcanzado hace ya tres años -en 2015, en tiempos del expresidente norteamericano Barack Obama- con Irán, sobre su peligroso programa nuclear?

Donald Trump, ese acuerdo nuclear con Irán, que fuera aceptado por el país de los persas contra el levantamiento de las sanciones económicas que habían sido impuestas por Occidente, no le gusta absolutamente nada. Y no lo oculta, nunca.

Esencialmente, porque luego del plazo acordado, esto es en 2025, Irán podría sostener que, a partir de entonces, está en total libertad para conducir su programa nuclear sin restricciones, ni límites de ninguna naturaleza. Lo cual, tratándose del país que hoy personifica quizás el peligro más grande de la agenda de paz y seguridad del mundo, no es un tema menor.

Donald Trump debe ahora pronunciarse expresamente sobre el mismo y la fecha límite está ya cercana: es el próximo 12 de mayo. Su idea central pareciera ser la de no bendecirlo nuevamente y simplemente dejarlo caer, salvo que -de pronto- pueda ser rápidamente complementado por nuevos acuerdos que -negociados por las naciones europeas- limiten también la capacidad misilística iraní.

Los dos visitantes antes nombrados no concuerdan en esto con Donald Trump. Ambos creen que el actual acuerdo nuclear con Irán debe mantenerse y, eventualmente, ser complementado con acuerdos íntimamente relacionados, que limiten severamente su capacidad misilística y su expansión regional.

Irán -en cambio- sostiene que el tema está definitivamente cerrado y que nunca aceptará nuevas exigencias respecto de su desarrollo nuclear. Que el tema está -entonces- ya discutido. Y no sólo eso: que, respecto del objeto del acuerdo nuclear ya alcanzado, todo está acordado. Y no hay nada más qué hablar.

Rusia China parecen compartir la opinión europea, o sea la que procura no dejar caer un acuerdo que estiman, en principio, como un paso inicial positivo. Quizás no el mejor, pero ciertamente el que hasta ahora ha sido posible.

Israel, por su parte, desconfía profundamente del acuerdo alcanzado con Irán y sostiene que en muy poco tiempo perderá importancia. A lo que agrega que, sin adicionar a los actuales acuerdos las necesarias restricciones a la capacidad misilística iraní, ellos no son suficientes y que Irán previsiblemente se aprovechará de sus limitaciones.

Los dos principales asesores de Trump en esta delicada materia: John Bolton y Mike Pompeo, tienen, a su vez, opiniones diferentes. Bolton, con su habitual claridad y proverbial dureza, parece preferir dejar el acuerdo nuclear con Irán sin efecto. Pompeo, algo más flexible, se inclina en cambio por tratar de renegociarlo y mejorarlo en sus alcances.

Así están las cosas. No es imposible que Donald Trump decida finalmente que para la comunidad internacional llegó ya la hora de volver a la mesa de negociaciones, a sentarse con Irán para tratar de corregir -complementándolo- un acuerdo que -por incompleto- no lo deja satisfecho. Pronto sabremos cual, finalmente, es su decisión en este tema.

Que exista un acuerdo con Irán sobre su peligroso programa nuclear parecería ser mejor que no tener ningún convenio en vigor sobre ese preocupante tema. Las limitaciones al armamentismo nuclear de Irán hoy existen ciertamente y esto es preferible a que no se haya definido ningún límite o restricción, de ningún tipo.

Las fronteras operativas oportunamente aceptadas por Irán están siendo respetadas, al menos en líneas generales. Y, según la inteligencia alemana, el programa nuclear iraní se desaceleró notoriamente luego de suscripto que fuera el acuerdo nuclear con la comunidad internacional.

Algunas empresas europeas, luego de suscripto que fuera el acuerdo nuclear, volvieron a comerciar intensamente con Irán y ahora están preocupadas porque sus esfuerzos por reconstruir relaciones puedan, de pronto, ser dejados de lado de un solo plumazo.

Entre el 2015 y el 2016, las exportaciones del Viejo Mundo a Irán crecieron nada menos que un 375%, a lo que se suma que la interconexión bancaria de Irán con el resto de los sistemas financieros del mundo occidental, que estaba interrumpida y muy fracturada, se ha vuelto también a reconstituir, lo que es clave para que la reactivación ocurrida en las relaciones comerciales entre Europa e Irán se pueda mantener en el tiempo.

La visita del presidente francés a Washington -la primera visita de estado de un líder extranjero a Washington durante la presidencia de Trump- fue un éxito que cosechó aplausos desde los dos grandes partidos políticos de los EE.UU. Macron parece suponer que Trump no ratificará el acuerdo nuclear con Irán y lo dejará caer. En su mensaje al Congreso norteamericano Macron definió sus desacuerdos sobre comercio internacional, el medio ambiente e Irán. Con claridad. Particularmente cuando fustigó al nacionalismo y recordó que los EE.UU. edificaron el multilateralismo, desafiando a Trump a ponerse a la cabeza de lo que denominó “la reinvención del orden mundial para el siglo XXI”. Macron se ha ubicado, relacionalmente, cerca de Trump. Pero ha sabido marcar tanto la amistad que une a ambas naciones, como las diferencias de visiones del mundo que las separan. No era nada fácil, pero lo hizo con calidad y gran acierto.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Plaza “Héroes de la patineta”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/6/17 en: https://www.elcato.org/plaza-heroes-de-la-patinera

 

La doble victoria de Emmanuel Macron, frente al xenófobo Frente Nacional (FN), es un rechazo a las extremas derechas, particularmente a su desprecio por las personas. En Gran Bretaña, el eurófobo UKIP casi desaparece cuando la primera ministra Theresa May llamó a elecciones que ganó, quedando debilitada al punto que el ascenso de la izquierda la obligará prestar más atención a las expectativas de la gente.

Entretanto, ¿es el fin del dominio angloparlante?, se pregunta Nick Bryant en una columna de la BBC. Es que, en mi opinión, desde que el “orden anglosajón” ha ido alejándose de su tradicional “economía de mercado” —de las personas— su potencial se ha ido debilitando. “…siempre ha existido la presunción de que el liderazgo global se expresa y ejerce mejor en inglés… La OTAN, el FMI, el Banco Mundial… surgieron de la Carta del Atlántico, firmada por Roosevelt y Churchill en 1941” escribe en la BBC.

 

Pero este “orden anglosajón” se ve cada vez más tambaleante. Entre el Brexit, el tuit de Donald Trump contra el alcalde de Londres, y Angela Merkel asegurando que Europa “ya no puede confiar tanto” en EE.UU. y Reino Unido, a “Estas naciones angloparlantes… el resto del mundo ya no les presta tanta atención… Un nuevo orden mundial parece estar emergiendo, y se está articulando en otros idiomas”, asegura Bryant.

Entretanto, el español Ignacio Echeverría fue asesinado al intentar frenar con su patineta a los terroristas de Borough Market. “Nunca usaba la palabra héroe… ahora la usaré cada vez que me refiera a él”, dijo un amigo. Y es que los héroes de verdad, de los que andan desarmados luchando por la vida, suelen ser desconocidos. Ojalá que, como dicen, lleve su nombre alguna plaza, donde haya brotes verdes y jueguen niños, y si hay patinetas mejor. Plaza “Héroe de la patineta”, qué bonito ¿verdad? Para que, a los niños, entre risa y risa, al enterarse de su historia se les caiga también una lágrima.

Pero de estos héroes “comunes” hay muchos, ahora mismo recuerdo a Vicki Soto que murió protegiendo a sus alumnos de la Sandy Hook Elementary School de una balacera protagonizada por un desequilibrado. Aunque no deberíamos esperar muertes dramáticas para reconocer que es muy dura la vida diaria para muchos y, sin embargo, pelean pacíficamente, heroicamente, todos los días para sacar adelante a sus familias y amigos.

Estas personas están en el pueblo, en el mercado. Dice la Real Academia Española que pueblo (Del lat. popŭlus.), entre otras acepciones, se refiere a un “Conjunto de personas de un lugar, región o país”, pues eso es el mercado: personas comunes trabajando y cooperando voluntariamente. Son los políticos, y otros dirigentes, los que han ensuciado a la palabra mercado, para justificar su imposición sobre el pueblo, y han hecho creer que son empresas gigantes que dominan la economía.

El profesor Peter Klein asegura que las grandes firmas avasallantes surgen en los mercados solo cuando están interferidos por los gobiernos, porque tienen gran capacidad de cabildeo y logran la promulgación de leyes que las benefician. Mientras que, destacados jesuitas y dominicos, profesores de Moral y Teología en Salamanca durante el siglo XVI, desarrollaron la teoría del mercado, según asegura el premio Nobel Frederick Hayek, entre muchos. Y era un estudio del comportamiento moral (natural) del hombre común y sus relaciones pacíficas y voluntarias en pos de la cooperación para el desarrollo social.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Queremos vencer al terrorismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 28/12/16 en: http://www.laprensa.com.ni/2016/12/28/opinion/2156668-queremos-vencer-al-terrorismo

 

Parece tonta la pregunta, pero no lo es. Ciertamente los fabricantes y traficantes de armas se benefician enormemente con los conflictos armados y, entonces, los alientan. Sé que enojo a mis amigos de derecha, pero lo cierto es que, por lugares como el Pentágono se pasean “importantes señores” azuzando a los “halcones” para que aumenten el uso y el gasto en armas… y, generalmente, no son negocios limpios.No llama la atención, pues, que las armas de los mismos fabricantes, aparezcan en bandos opuestos, como la guerra en Siria, donde la confusión es tan grande que nadie sabe si Occidente apoya o ataca a su presidente. El sitio de Alepo lleva dos años y medio y más de 250,000 sirios han sido víctimas de las milicias afines al régimen de Al Asad como los milicianos chiíes iraquíes, los partisanos del Hizbolá libanés, los comandos iraníes y la aviación rusa que luchan contra los yihadistas.

El asesinato del embajador ruso en Turquía no fue obstáculo para que ministros de Rusia, Irán y Turquía —países que apoyan a distintos bandos— se reunieran en Moscú “en busca de una salida diplomática a la guerra siria”, o sea, que se repartirán el botín entre ellos.Pero dejemos estos crudos intereses y veamos si realmente cada uno de nosotros quiere terminar con el terrorismo, que no es un hecho aislado, porque nada está aislado en el mundo, sino que todos los seres humanos nos interrelacionamos de modo que somos responsables, aunque sea de modo muy indirecto y aunque nuestra responsabilidad sea infinitesimal.En primer lugar, el terrorismo no busca el triunfo militar frontal sino, precisamente, infundir temor y, entonces, reinar. De modo que lo primero que debemos hacer es no temerles y no responderles con violencia. Así tiene razón la canciller Angela Merkel, que pidió, tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín, que el miedo no paralice a los alemanes. Recordemos que, en 2011, en Oslo un individuo disfrazado de policía primero puso una bomba y luego fue hasta un campamento juvenil del Partido Laborista y abrió fuego a mansalva matando alrededor de 70 personas. El primer ministro reaccionó diciendo que esperaba que su país fuera aún más abierto y tolerante, demostrando que no tienen miedo, ya que es la violencia la que no es legítima. Desde entonces Noruega, donde los escasos agentes de Policía no portan armas, no ha sufrido ningún incidente.En segundo lugar, tenemos que dejar de crear las condiciones. La marginalidad —alimentada por la guerra contra las drogas iniciada por EE.UU.—, la desocupación instalada por los gobiernos con leyes como el salario mínimo —que impide que trabajen los que ganarían menos— y la pobreza creada a partir de impuestos expoliadores, son excelentes caldos de cultivo para formar terroristas.Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico a la vez que desoír la islamofobia original de Trump —y de sus principales asesores, como el general Flynn— que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.Al terrorismo solo se le vence con libertad y paz, las armas, que son siempre opresoras y liberticidas lo potenciarán. Por tanto es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también la muy atroz guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La ola de inmigrantes sirios hace temblar políticamente a Ángela Merkel

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 13/11/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1845059-la-ola-de-inmigrantes-sirios-hace-temblar-politicamente-a-angela-merkel

 

Es la mujer más influyente del mundo, ha sobresalido entre los líderes europeos; sin embargo, la falta de acuerdos ante la crisis migratoria la volvió vulnerable.

 

Angela Merkel es la mujer más influyente del mundo. De Europa ciertamente lo es, sin la menor duda. En los últimos años ella ha mantenido en sus manos tanto el timón de Alemania, como el de la Unión Europea. Firmemente. Y con éxitos reiterados. Que incluyen atravesar la última crisis financiera global, moderar la situación en Ucrania mediante la imposición de duras sanciones europeas a la Federación Rusa y la defensa de la asediada zona del euro. Lo logró con una inusual mezcla de firmeza, serenidad y ejecutividad. Con un carisma muy particular, edificado sobre su tesón y su atractiva sencillez personal. Por eso, precisamente, ha sobresalido entre los líderes europeos.

En Alemania, ella ha sido responsable de mantener intacta a la coalición de gobierno que ha encabezado personalmente durante los últimos diez años. Hablamos de una alianza estratégica de centro entre la Unión Cristiana Democrática, que Merkel lidera, y la Unión Social de Baviera. Unión que Ángela Merkel ha sido capaz de liderar con eficiencia.

No obstante, esa alianza está, de pronto, amenazada. Como nunca hasta ahora, realmente. En rigor, atraviesa lo que el propio ministro de finanzas de Baviera califica como “la situación más difícil en décadas”.

¿Por qué? Por el diferendo que existe entre los dos aludidos miembros principales de la actual coalición de gobierno sobre cómo enfrentar la ola de inmigrantes sirios e iraquíes que está precipitándose sobre Alemania, país que atrae por su estabilidad y por sus oportunidades económicas. Así como por su generoso sistema de seguridad social.

Ocurre que las visiones de ambos partidos difieren. El líder de la Unión Cristiana Social, Horst Seehofer, es enemigo declarado de la política de “puertas abiertas” a la que califica de irresponsable. Ángela Merkel, en cambio, proclama que la apertura es -y seguirá siendo- el eje central de su política migratoria. El debate, que comenzara en el 2014 respecto de los inmigrantes rumanos y búlgaros, ha subido de tono y se ha transformado en una preocupación seria para todos los alemanes con la reciente llegada masiva de los refugiados sirios.

Tan es así, que si de pronto las soluciones de fondo no se acuerdan, la Unión Cristiana Social podría retirar sus miembros del gabinete de Ángela Merkel, precipitando una crisis política con impacto en toda Europa. Esto puede suceder en cualquier momento, desde que por ahora sólo se ha logrado avanzar en el tema mediante puentes y parches, sin poder acordar soluciones de fondo, con un horizonte que supere el corto plazo. Como parece haber ocurrido con la reciente decisión de la administración alemana de demorar los llamados de los refugiados a sus familiares para reunirse en Alemania.

La imparable ola de los inmigrantes sirios golpea particularmente duro a Baviera, que es la puerta de entrada del flujo sirio que avanza incesantemente desde Austria. Se trata de unas 10.000 personas que ingresan a Alemania por día y que exigen una atención compleja, inmediata y, además, cara. En el año en curso se estima que ingresarán a Alemania nada menos que un millón de personas provenientes de Siria e Irak. Una cifra similar llegaría, además, anualmente a lo largo del 2016 y del 2017.

Para Seehofer, esto impone la necesidad de restringir y ordenar la política de puertas abiertas. Ya mismo. Por dos razones. Primero, por el enorme costo del esfuerzo que recibir a un contingente tan grande de inmigrantes supone. Y, segundo, por el impacto que la ola tiene inevitablemente sobre la identidad y la cultura local. El ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, tiene una visión parecida.

Ocurre que no todos los alemanes están de acuerdo con la generosidad y con la grandeza moral de Merkel, que se expresa en una frase suya particularmente gráfica, que ha suscitado polémicas: “El Islam pertenece a Alemania”. Con todo lo que ella, más allá de su contendido intrínseco, sugiere e implica.

Recordemos que la industrializada Baviera es conservadora y mayoritariamente católica. Particularmente ordenada, además. Tiene los niveles de ingresos más altos de Alemania y sus impuestos conforman la contribución más alta al Tesoro Nacional. De allí su importancia relativa.

Por la crisis inmigratoria, Ángela Merkel luce vulnerable. En función de las convulsiones de todo orden que su decisión de apertura genera. Incluyendo el resurgir de los peligrosos extremismos de izquierda y derecha. Y de la cuota de xenofobia y fanatismo que ello supone.

Merkel luce casi indispensable ante la situación actual. Por dimensión propia. La hija de un pastor luterano tiene una posición admirablemente generosa. Y, por su pragmatismo y eficiencia, es capaz de conducirla eficazmente, construyendo los equilibrios requeridos para que los esfuerzos se compartan.

El camino a seguir es el de la búsqueda de consensos y no el de las confrontaciones airadas. Merkel habla poco, pero resuelve mucho. De allí su importancia. “Mutti” (“Mamá”), como la llaman sus conciudadanos, puede encauzar la solución que el momento exige y convocar a todos a participar en ella, dentro y fuera de Alemania. Su ausencia, en cambio, alimentaría los populismos que desgraciadamente se han asomado al escenario.

Pero lo cierto es que, como en su momento ocurriera con Margaret Thatcher, Ángela Merkel puede parecer invencible. Nadie realmente lo es. Y que una década de intensa gestión cansa siempre a la gente. No obstante, lo cierto es que su ausencia del gobierno alemán provocaría inestabilidad y abriría interrogantes de peso en un continente lleno de dudas.

Además, provocaría fisuras en el proyecto integrador europeo, en momentos en que ha crecido la desilusión con el rumbo común. Por todo esto, las preocupaciones.

Dentro de su propio partido, Merkel es inmensamente popular y goza de un 82% de apoyo. Más allá del mismo, las cosas, sin embargo, no son para ella tan confortables. Esta es, quizás, la crisis más seria en toda una generación europea. Merkel, que insiste en una Europa sin fronteras, está en condiciones de navegarla. Pero cuidado, sólo si su propia tropa la acompaña desde la cooperación y la racionalidad. En lugar de enfrentarla desde las emociones.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

 

Elecciones británicas: la otra gran sorpresa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 12/5/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1792010-elecciones-britanicas-la-otra-gran-sorpresa

 

Lass elecciones parlamentarias británicas de la semana pasada depararon una sorpresa mayúscula: la del triunfo realmente amplio obtenido por el partido conservador liderado por el primer ministro David Cameron. Ninguna de las encuestas de opinión previas lo había previsto. Lo que no es inusual, ni tampoco insólito, desde que algo similar había sucedido en las elecciones británicas de 1992, en las que también su impusieron los conservadores. Así como en las recientes elecciones israelíes, en las que Benjamín Netanyahu, contrariando los pronósticos, se consagrara vencedor.

Los conservadores británicos -luego de esa victoria, particularmente dulce porque confirma la preeminencia de las ideas de centro en Gran Bretaña- podrán gobernar por cinco años más con mayoría propia en la Cámara de los Comunes. Sin demasiados obstáculos operativos, entonces.

El gran partido de la oposición, el laborismo; los liberales/demócratas; y hasta el controvertido “Partido de la Independencia”, que levantara las banderas de la anti-inmigración y el euro-escepticismo, quedaron -todos- postergados. Como es tradicional, como consecuencia de lo sucedido, los líderes opositores -reconociendo sus fracasos- dieron un paso al costado y presentaron sus renuncias a la conducción de sus respectivos partidos políticos.

Las recientes elecciones británicas depararon además una segunda gran sorpresa, agria para los conservadores, en este caso: la que tuvo por escenario a Escocia. Porque allí el “Partido Nacional Escocés” desplazó (en realidad, barrió) al laborismo de lo que fuera un bastión en el que, por décadas, ejerciera un amplio predominio. El nacionalismo escocés se quedó con nada menos que 56 de las 59 bancas totales en juego y corresponden a Escocia en la cámara baja del Parlamento británico.

Esa -también colosal- sorpresa tiene una gran responsable: Nicola Ferguson Sturgeon, la actual cabeza del gobierno escocés, a la que sus adversarios se refieren como “la mujer más peligrosa de Gran Bretaña”.

Hablamos de una mujer importante, a la que ya se compara con la alemana Ángela Merkel. Llevó a su partido de 6 escaños a los 56 que acaba de obtener, lo que conforma un salto cuantitativo descomunal. El nacionalismo escocés será, en más, el tercer bloque en Westminster. Con derechos automáticos propios a poder participar en los debates y a preguntar al primer ministro. Lo que supone haber adquirido una gravitación de alcance nacional, que hasta ahora no tenía, en todos los temas.

Sturgeon nació en 1970. En 1992 se graduó de abogada en la Universidad de Glasgow, ciudad donde es inmensamente popular. Casada, pero sin hijos, su vida está dedicada íntegramente a la política. Incisiva y obstinada, es particularmente hábil al tiempo de debatir, como lo demostró en la reciente elección, donde participó en los debates entre los siete candidatos, descollando entre ellos.

Parlamentaria escocesa desde 1997, Nicola reemplazó a Alex Salmond luego de que éste perdiera el referendo de independencia de septiembre pasado; en los hechos ha transformado a Escocia en una Nación con un partido único

Se puede o no estar de acuerdo con ella, pero tiene ideas claras y sabe expresarlas con propiedad. Su vida refleja la que ha sido una lucha incansable por sus ideas. De origen humilde, es hija de un electricista y de una enfermera y sabe ciertamente lo que es esforzarse desde joven. Accesible, tranquila, con gran sentido común, pero a la vez despiadada a la hora de tener que serlo, se ha ganado el respeto de los escoceses, a los que hasta parece haber cambiado psicológicamente. Tiene como asesor cercano nada menos que al popular actor escocés Sean Connery, quien -nacionalista- se ha ocupado exitosamente de dotarla de una impecable oratoria y de su ahora agradable imagen pública.

Sturgeon está políticamente ubicada a la izquierda del laborismo moderado de Tony Blair. Es progresista y le gusta jugar ese papel ideológico, en el que parece sentirse cómoda. Por eso, predica insistentemente un credo de corte anti-nuclear (que incluye su tenaz oposición al proyecto “Trident”, el de los submarinos nucleares) y rechaza la continuidad de los ajustes económico-sociales.

Con su vertiginoso ascenso, la idea de una Escocia independiente ha vuelto a aflorar. Sin embargo, ese no es un paño que, por ahora, Nicola agite. Para nada. No está llamando a celebrar rápidamente un nuevo referendo. Pero advierte a todos que, si Gran Bretaña de pronto decide salir de la Unión Europea, Escocia no estará obligada a respetar una decisión de esa magnitud sin su consentimiento. Razón por la cual, la opción de la independencia volverá, en ese supuesto, a estar sobre la mesa.

Por esto Cameron, que ha prometido renegociar la vinculación de su país con la Unión Europea, tarea que culminará con la convocatoria a un refrendo sobre la pertenencia británica a la Unión Europea antes de fines del 2017, deberá ser cuidadoso cuando del reflejo escocés de sus políticas y propuestas europeas se trate.

¿Cómo será la convivencia entre Nicola Sturgeon y David Cameron? ¿Dura? ¿Conflictiva? Pronto lo sabremos. Pero el líder conservador tiene conciencia de que ha aparecido una rival de envergadura. Con su propia agenda y sus propios objetivos, distintos ciertamente de los de Cameron. Ocurre que el león escocés ha vuelto a rugir. Recuperado. No es poco.

Cameron tiene, entonces, dos complejos desafíos por delante. El primero tiene que ver con mantener a su país dentro de la Unión Europea. El segundo, en cambio, se refiere a la continuidad de Escocia en el Reino Unido. De los resultados que finalmente obtenga en ambas cuestiones dependerá la identidad que Gran Bretaña asuma de cara al siglo XXI. Para ello, es cierto, Cameron acaba de recibir un espaldarazo tan oportuno como importante. Que, no obstante, sabe que no durará eternamente..

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Lecciones argentinas para la Unión Europea:

Por Adrián Ravier: Publicado el 16/2/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/02/16/lecciones-argentinas-para-la-union-europea/

 

Existen semejanzas entre la salida de Argentina de la Convertibilidad respecto de la posible salida de algunos países de la Unión Europea del Euro, así como también entre el rol que supo jugar Domingo Cavallo y el lugar que ocupa hoy mismo Angela Merkel al frente de la Unión Europea.

Argentina consiguió con la Convertibilidad la estabilidad monetaria que se la había negado durante muchas décadas, pero hacia el final del milenio las dificultades emergieron con fuerza, tanto por causas exógenas al modelo, como la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 y la devaluación brasileña de 1999, como también por causas endógenas, como el continuo desequilibrio fiscal y la acumulación de deudas para financiarlo.

El gobierno de Fernando De La Rúa asumió en 1999 con el objetivo de sostener el “uno a uno”, pero no supo o no quiso avanzar en los necesarios ajustes fiscales que le habrían permitido mantenerlo. Domingo Cavallo, su ministro de Economía en la etapa más compleja de su corta administración, jamás creyó en las bondades de la Convertibilidad que él mismo había ayudado a crear, y en lugar de apuntar a equilibrar las cuentas públicas, apuntó a un gradual abandono del modelo, lo que profundizó la crisis con una fuga de capitales creciente que dejó a la Convertibilidad sin las reservas necesarias para sostenerla. Con un desempleo real (incluyendo sub-empleo) que rondaba el 30 % de la población económicamente activa, y luego de tres años de estancamiento (había comenzado en el tercer trimestre de 1998), Argentina eligió el peor camino, una fuerte devaluación de la moneda que obligó a romper contratos en masa, a pesificar depósitos y a agravar todos los indicadores de la economía real.

Los países miembros de la Unión Europea también supieron beneficiarse de la unión comercial y el Euro para solucionar dificultades macroeconómicas previas, como los sucesivos períodos inflacionarios en distintos países, pero hoy el bloque presenta similares dificultades a las entonces argentinas en el plano de la generación de empleo y también en las carencias para encontrar una fase de crecimiento económico sostenido, lo que ya lleva varios años. Es cierto que el Estado de Bienestar permite paliar la situación quizás por algún tiempo más que el modelo argentino, pero si los problemas en la generación de empleo persisten, las dificultades por  mantenerse dentro de la Unión Europea serán crecientes.

Grecia acaba de elegir a su nuevo Presidente,  quien promueve mantenerse dentro de la Unión Europea a cambio de una fuerte quita de capital en su deuda pública. La Unión Europea rechazó la medida, y los mercados tiemblan por las consecuencias que puede sufrir la región ante una salida de Grecia del bloque comunitario.

Lo cierto es que la Unión Europea también ha evadido los necesarios ajustes fiscales que le permiten a la región mantenerse dentro de la Unión Europea y del Euro. Ni Grecia, ni España, ni el resto de los PIIGS avanzaron lo suficiente en el ajuste fiscal. Al igual que el FMI con la Argentina, Angela Merkel exige ajustes a estos países a cambio de seguir ofreciendo deuda para evitar el peor desenlace. El acceso a la nueva deuda que toman los PIIGS es precisamente la causa que evita alcanzar el equilibrio presupuestario. Los problemas persisten y la economía acumula cada vez más desequilibrios.

Bajo este contexto, los sucesivos desequilibrios necesariamente desenvocarán en la salida de Grecia y los PIIGS de la Unión Europea, quizás hacia una integración comercial más restringida, aunque nadie puede negar el efecto contagio que estos mercados “débiles” pueden ocasionar sobre los mercados más “fuertes”. Después de todo, la deuda impaga que surgiría de la salida de los PIIGS de la Unión Europea, es deuda que debilitaría a las economías más fuertes del bloque, incluyendo a Alemania.

Angela Merkel es a la Unión Europea lo que Domingo Cavallo y el FMI fueron a la Argentina. Si no fortalece su posición de ajuste fiscal y rechaza seguir financiando los desequilibrios fiscales de los países más débiles del bloque, sólo generará un daño mayor sobre la región, pudiendo quizás postegar el peor desenlace, pero alcanzando inevitablemente el fin de la Unión. La medida desesperada de la Unión Europea de avanzar en los Quantitative Easing impulsados por el Banco Central Europeo son un paso más en el mismo sentido. Nunca se promueve corregir los desequilibrios, sino tan solo postergar el desenlace creando otros nuevos.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.