LA ISLA-CÁRCEL CUBANA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Lo primero es decir que el contragolpe contra Batista estaba plenamente justificado puesto que ese déspota había provocado un golpe a las instituciones libres de Cuba. Esto va para todos aquellos que sostienen que todo contragolpe es injustificado aunque se lleve a cabo frente a dictaduras, electas o ajenas a los procesos electorales. Si esto fuera cierto habría que condenar, por ejemplo, todas las revoluciones independentistas del sigo xix en América del Sur contra los atropellos de la corona española y, en el siglo anterior, la estadounidense contra los abusos de Jorge iii y tantos otros casos de tiranías insoportables, incluso la lucha aliada contra Hitler.

 

Por supuesto lo que no se justifica es haber trocado al déspota por una tiranía horrorosa en base a promesas falsas y patrañas de diverso calibre. Recordemos que en la revista cubana Bohemia, el 26 de julio de 1957 se publicó “el Manifiesto de la Sierra” que consistía en las declaraciones de Fidel Castro que prometió restaurar la Constitución de 1940, convocar a elecciones libres, democráticas y multipartidarias en seis meses y total libertad de prensa. También el 13 de enero de 1959 en declaraciones a la prensa local e internacional manifestó Fidel Castro: “se que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas”.

 

Como he escrito antes en mi artículo titulado “Mi primo, el  Che”, en Cuba, a pesar de las barrabasadas inauditas de Batista, debido a la inercia de otras épocas, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo de las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relación a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en el que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

 

Fidel Castro no solo es responsable por la ruina económico-social de Cuba sino que encarceló y torturó sistemáticamente a opositores e impuso una sola voz en la prensa y el partido único, lo cual fue continuado por su hermano hasta el momento de escribir estas líneas. A pesar de la propaganda del régimen, en ningún caso resulta posible que en un sistema tiránico pueda hablarse seriamente de educación puesto que el adoctrinamiento es la condición necesaria, además de que los estudiantes están obligados a usar lápiz en sus cuadernos puesto que la próxima camada debe recurrir al mismo papel dada la escasez de ese material. El alfabetismo no consiste solo en saber  leer y escribir, radica antes que nada en la libertad de pensamiento y de acción.  Fidel Castro, en su discurso en las escalinatas de la Facultad de Derecho (¡nada menos!) de la Universidad de Buenos Aires el 26 de mayo de 2003 aclaró- dada su política de adoctrinamiento- que es lo que significa para su régimen la educación: “una revolución educacional bien profunda”(sic).

 

En una línea similar, debe explicitarse sobre la salud en ese país, tema tan bien detallado entre muchos otros por la neurocirujana cubana Hilda Molina que muestra las pocilgas de los hospitales y que solo se mantiene algún centro de salud para la vidriera al efecto de atender ciertos amigos del régimen.

 

Es que la soberbia de los megalómanos es infinita. Piensan que pueden fabricar “el hombre nuevo” que sin duda si existiera sería un monstruo. Son unos hipócritas que habitualmente viven en el lujo consecuencia de la expropiación al fruto del trabajo ajeno y se arrogan la facultad de dictaminar como deben vivir los súbditos. La revista Forbes publica que Fidel Castro figura entre los hombres más ricos del planeta con 900 millones de dólares en su haber.

 

Como acabo de destacar en un pasaje en una de mis últimas columnas semanales, Bernard-Henri Lévy en su obra Barbarism with a Human Face concluye, con conocimiento de causa puesto que fue marxista en su juventud, que “Aplícase marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Por su parte, en El libro negro de comunismo. Crímenes, terror y represión de Séphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Pané, Andrzej Packowski, Karol Bartosek y Jean-Louis Margolin consignan los asesinatos de cien millones de personas desde 1917 a 1997 por los regímenes comunistas de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Europa Oriental, África y Cuba, es decir, en promedio, por lo que le quepa a cada uno, a razón de más de un millón de masacrados por año durante 80 años.

 

Lo más fértil es prestar la debida atención a la tradición de pensamiento liberal cuyo aspecto medular consiste nada más y nada menos que en el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros y no jugar a la omnipotencia que indefectiblemente termina en un desastre superlativo.

 

Es una vergüenza que en aquellos contextos autoritarios se declame que el arrancarle recursos a unos para entregárselos a otros es una muestra de “solidaridad”, lo cual constituye un agravio a esa noción y a la misma idea de caridad donde nunca está presente el uso de la fuerza.

 

Todo comienza con la trasnochada idea de la “redistribución de ingresos” realizada por los aparatos estatales en contraposición con la distribución que libre y voluntariamente llevan a cabo cotidianamente la gente a través de sus compras y abstenciones de comprar. Este redireccionamiento de los siempre escasos recursos se traduce en despilfarro, lo cual termina en una reducción de salarios e ingresos en términos reales.

 

A su vez, esta manipulación proviene de la idea de que lo conveniente para la sociedad es el igualitarismo sin percatarse que la guillotina horizontal destruye incentivos básicos al tiempo que desarticula la cooperación social y la división del trabajo. Nada más atractivo y necesario que la desigualdad al efecto de incrementar la productividad y nada más desesperante y tedioso que el igualitarismo que hasta convierte la conversación en algo equivalente a comunicarse con el espejo.

 

Por otro lado, cuando se habla de riqueza se supone que es un proceso estático donde hay un bulto que hay que redistribuir en el contexto de la suma cero, sin entender que la creación de riqueza es un proceso dinámico.

 

La incomprensión de estos razonamientos está presente en el autoritarismo, o si se comprenden se rechazan de plano para que los autócratas puedan mantenerse en el poder…”el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. En un principio de la revolución cubana hubo quienes se ilusionaron, pero esta altura del partido solo la apoyan quienes tienen espíritu terrorista, acompañados por snobs de la peor calaña que se ensañan con el sufrimiento ajeno. Es el rostro más oscuro y tenebroso de las bazofias humanas. Ahora, muerto el mayor artífice de la debacle cubana durante más de medio siglo, es de desear que los cubanos puedan zafar a la brevedad del régimen opresivo de las botas y reencauzarse hacia la libertad.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

LOS POBRES Y LA MEDICINA SOCIALIZADA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Es de gran importancia percatarse que cada vez que se dice que el aparato estatal debe hacerse cargo de dolencias varias de la población más necesitada esto debe reemplazarse por la precisión que dichos recursos son los del vecino puesto que ningún gobernante financia de su peculio nada (más bien, en gran medida, se los lleva).

 

Como bien escribe John Chamberlin en el ensayo titulado “La enfermedad de la medicina socializada”,  quienes sostienen que no debe sustraerse compulsivamente el fruto del trabajo ajeno son “monstruos morales” sin percatarse -prosigue el autor- de los altos costos y servicios que se producen cuando los incentivos no están alineados con la eficiencia, cuando el bien es “de todos” con lo que se genera “la tragedia de los comunes” y que no hay tal cosa como un servicio “gratuito” (además, como queda dicho, de los cuantiosos recursos robados que es lo que le hace decir a Milton Friedman en su trabajo sobre seguridad social de 1972 junto a Wilbur J. Cohen que “Los programas estatales de asistencia a los pobres son un fracaso, a los que se agrega el fraude y la corrupción”).

 

En este clima, son muchísimos los médicos, las enfermeras, los enfermeros,  personal administrativo y de limpieza que se desviven por proporcionar buenos servicios, pero finalmente prevalecen los fuertes incentivos perversos que ocurren en sistemas politizados y ajenos a la excelencia que terminan en que en los emprendimientos estatales que pueden llevarse a cabo por privados la atención es de mala calidad en el contexto de faltantes de insumos elementales y descoordinaciones esenciales, del mismo modo que ocurre en cualquier empresa estatal propiamente dicha.

 

La alimentación tiene prelación al cuidado de la salud puesto que sin alimentación no hay vida ni sentido a la atención médica pero nadie en su sano juicio propondrá que el aparato estatal se ocupe de la agricultura y la ganadería puesto que es segura la hambruna. Lo mismo ocurre cuando el Leviatán se ocupa de la salud, situación que en general brinda espectáculos bochornosos. Sin llegar al espanto de la Unión Soviética y equivalentes, los países nórdicos tuvieron que ir abandonando experimentos estatales en el campo de la salud porque los pacientes se mudaban a otros países para atender sus dolencias, tal como lo atestiguan numerosos  trabajos (por ejemplo, Sweden´s Paradise Lost: The Decline of Swedish Welfare State de Eric Brodin).

 

En una misma línea argumental, debe tenerse muy presente que las cargas tributarias de los contribuyentes de jure en definitiva recaen sobre los más necesitados puesto que la correspondiente merma en la inversión se traduce en menores salarios e ingresos en términos reales. En otras palabras, el espejismo que “pagan los ricos” no deja ver que el costo mayor recae sobre los relativamente más pobres vía la referida reducción en sus salarios.

 

Y no se diga la torpeza de que el camino  fiscal para financiar la salud es una manifestación de solidaridad porque ello implica denigrar la idea de caridad ya que implica entregar recursos propios, de modo voluntario y, si fuera posible, de manera anónima.

 

Si se presta la debida atención, antes de la irrupción del mal llamado “Estado Benefactor” (el uso de la fuerza no es beneficencia sino un atraco) resaltaban extraordinarias obras filantrópicas por parte de sociedades de inmigrantes, montepíos, cofradías, asociaciones religiosas de ayuda, socorros mutuos y notables aportes individuales. Incluso en el caso argentino constituye un ejemplo de solidaridad y eficiencia el apoyo a desvalidos, huérfanos y viudas la organización de los indios mapuches. Por su parte, también en el caso argentino, la cobertura para problemas de salud, los inmigrantes invertían sus ahorros en terrenitos y departamentos de los que fueron despojados por las leyes peronistas de alquileres y desalojos.

 

Es como ha escrito Adam Ferguson en 1767 en A Histoy of Civil Society (en concordancia con lo expresado por Adam Smith en las primeras líneas de The Theory of Moral Sentiments): “Por su parte, el término benevolencia no es empleado para caracterizar a las personas que no tienen deseos propios; apunta a aquellas cuyos deseos las mueven el procurar el bienestar de otros”.

 

Hay un estrecho correlato entre las obras de caridad y la libertad. En una sociedad abierta si se pregunta donde se ocupan sin contraprestación monetaria de personas con pocos recursos y con una enfermedad extraña, es seguro que se encontrará, sin embargo, eso no ocurre en sistemas totalitarios donde los aparatos estatales teóricamente se ocupan pero, en verdad, a los que, por ejemplo, tienen problemas oculares cuando les toca el turno están ciegos  y así sucesivamente (no hay más que constatar las pocilgas horrendas que se dicen hospitales en Cuba, donde como explica la neurocirujana cubana Hilda Molina la atención se limita a turistas amigos del régimen en el contexto de una politización y degradación mayúscula).

 

Por ello es que se explica en detalle en la colección de ensayos de médicos que reúne Helmut Shoeck en Financing Medical Care los países escandinavos tuvieron que abandonar la politización de la medicina (en momentos de escribir estas líneas nada menos que en lo que era el baluarte del mundo libre -Estados Unidos- se publican ríos de tinta explicando los graves desaciertos del sistema autoritario y empobrecedor de salud promovido por el actual gobierno, incluyendo el flagrante desconocimiento de las implicaciones actuariales en el campo de los seguros al imponer la obligación de aceptar pacientes que no han aportado al sistema).

 

Este es el sentido del extenso ensayo del médico Charles G. Jones que publica sobre “La medicina gratuita obligatoria” insertado en una serie de estudios exhaustivos compuestos por veintitrés profesionales, la mayoría médicos, reunidos por la Foundation for Economic Education de New York en un volumen bajo el título general de Politicized Medicine.

 

Las mutuales de medicina o prepagas se encuentran en serias dificultades allí donde el aparato estatal se entromete en la relación paciente-médico junto a los enormes desajustes que se generan al pretender controlar precios lo cual también desarticula toda la secuencia de inversiones en equipos y pagos a los facultativos e investigadores.

 

Cuando era Rector de ESEADE organizamos un seminario sobre la socialización de la medicina patrocinado por Academia Nacional de Ciencias Médicas representada por el doctor José Rivarola y por Medicus representado por el doctor Enrique Braun dirigido principalmente a médicos, en cuyas sesiones se detallaron los costos enormes del sistema y las deficiencias del servicio junto a los consiguientes análisis económicos que subrayaron el tema de los antedichos incentivos perversos de las administraciones, por más buena voluntad de la gran mayoría de los médicos y las enfermeras, muchos de los cuales entregan atenciones profesionales sin cargo haciendo honor a la tradición de la generosidad hipocrática.

 

También en ese seminario se mostraron las tremendas dificultades que presentan las llamadas “obras sociales” sindicales que bloquean toda posibilidad de competir por parte de extraños al sistema cerrado impuesto por esas “obras” que naturalmente se prestan a todo tipo de maniobras y de corrupciones, además de que los aportes compulsivos para financiarlas son a través de retenciones obligatorias a todos quienes trabajan en relación de dependencia y con servicios monopólicos forzosos que naturalmente desembocan en que resulten pésimos. Me constan los esfuerzos reiterados de mutuales de medicina por expandir sus servicios a personas de ingresos reducidos que fueron una y otra vez rechazados por gobiernos para ganarse el favor de dirigentes gremiales que en la Argentina operan bajo la ley fascista de asociaciones profesionales y convenios colectivos que desde que se implantó en 1946 no ha sido abrogada.

 

El asunto central consiste en comprender que la incorporación de las personas en grupos que denominamos sociedad es para sacar provecho de la magnífica posibilidad de la cooperación social, la división del trabajo y las maravillas de las relaciones interindividuales sean éstas amorosas, comerciales, filantrópicas o cualquier vinculación que los participantes estimen pertinentes siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Pero no es para estar esclavizado por el Leviatán ni los que permita este aparato nefasto por parte de atropellos de otros. La sociedad se hace insoportable cuando se convierte en un gran círculo donde cada uno tiene metidas las manos en los bolsillos de los vecinos.

 

Todos descendemos de las cavernas y la miseria, la forma de progresar no es atacar la propiedad de otros sino en abrir los cauces para maximizar las tasas de capitalización al efecto de optimizar los ingresos de la gente, muy  especialmente de los más indefensos y necesitados, lo cual requiere de marcos institucionales civilizados.

 

La cuestión entonces no es prenderse de un micrófono y usar hipócritamente la tercera persona del plural sino la primera del singular, “put your money where your mouth is”, si nos preocupan los más necesitados ayudémoslos sea materialmente o estudiando y difundiendo sistemas que ayudarán decisivamente a los relativamente más pobres por aquello de que “es más efectivo enseñar a pescar que regalar un pescado”.

 

Ahora bien, es un lugar común (y cierto) que en política se hace lo que se puede lo cual equivale a decir que el político solo puede articular un discurso que la opinión pública puede digerir, de allí la importancia suprema de la educación. De cualquier manera es posible  vender todos los entes estatales de salud (eventualmente a los que al momento los gestionan puesto que los incentivos cambian al instante respecto a la atención y al cuidado de recursos y se dejan de lado las pujas políticas) y liquidar reparticiones oficiales tales como “bienestar social” y sandeces equivalentes Transitoriamente, mientras esto ocurre, puede recurrirse a los vouchers de salud, esto es para que a todos los que tienen al momento problemas de salud y verificado que no pueden afrontar los gastos necesarios. Esto pone en evidencia el non sequitur, es decir, del hecho que transitoriamente se acepte que la salud debe financiarse por terceros (aun con todos los efectos nocivos para otros pobres que se ven obligados a financiar debido a la reducción en sus salarios tal como consignamos más arriba), aun contemplando este problema, de ello no se desprende que deban existir entidades estatales de salud de lo cual no se sigue tampoco que médicos y enfermeras se abstengan de entregar voluntariamente de modo parcial horas de trabajo sin cargo como es la tradición en países libres, en un contexto en el que la sociedad abierta minimiza los casos en los que no pueden sufragarse mutuales para atender la salud.

 

Los hospitales y los servicios sin  cargo no son para nada exclusividad de los aparatos estatales, originalmente eran  todos privados y administrados por comunidades parroquiales, por asociaciones filantrópicas y fundaciones empresarias. Luego, la aparición del “ogro filantrópico” monopolizó la faena al tiempo que muchos privados sostienen que no quedan recursos después de presiones tributarias galopantes e incluso, luego de tanta propaganda, hay quienes se convencen que la tarea es patrimonio del gobierno.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

A RAÍZ DE MIGUEL WIÑAZKI

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Mucho se ha escrito sobre lo que ha dado en denominarse “populismo”, algunos trabajos de fondo y otros de difusión (como la tan eficaz Gloria Álvarez) pero en todos los casos parecería que se prefiere eludir el término “socialismo”, en ciertas situaciones porque sus autores provienen de esa tradición de pensamiento y en otras por simple moda o conveniencia dialéctica.

 

Lo cierto es que en mayor o menor medida, la definición medular la ofreció Marx (no Groucho del cual no pocos parecen derivar sus elucubraciones, sino Karl): la abolición de la propiedad privada tal como reza el Manifiesto comunista en su eje central. También puede adherirse a la conjetura de la honestidad intelectual de Marx puesto que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la revolucionaria teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1870 que echó por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de El capital en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra tal como nos informa Engels en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. Contaba con apenas 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y siendo un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación y solo publicó dos trabajos adicionales en otro contexto: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de Paris.

 

En realidad lo que terminó de demoler la tesis marxista -y en general las estatistas- fue la contribución de Ludwig von Mises en 1920 sobre la imposibilidad de cálculo económico, evaluación de proyectos y contabilidad en ausencia de propiedad privada y, por ende, de precios. En otros términos, en esta línea argumental, no hay tal cosa como “economía socialista” ya que, por ejemplo, no se sabe si conviene construir los caminos con oro o con asfalto si no hay precios de mercado.

 

De todos modos, como dice el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su Barbarism with Human Face “Aplíquese marxismo en cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final”. Este es el sentido por el que Stephane Courtois et al escriben en El libro negro del comunismo que ese sistema asesinó a más de cien millones de personas hasta el momento. Y no es cuestión de buenas intenciones puesto que éstas son irrelevantes,  lo importante son los resultados: por más que se adopte un “socialismo moderado” siempre se trata de atropellar derechos y estrangular libertades. Incluso en la isla-cárcel cubana el tilingaje se refiere a la “educación” sin percibir la diferencia con el adoctrinamiento y el lavado de cerebro, a la par de la llamada “salud pública” que, como bien explica la neurocirujana cubana Hilda Molina, consiste en pocilgas inauditas e inhumnas con una vidriera para ciertos enfermos VIP que hacen propaganda al sistema.

 

El problema básico de todo estatismo radica en los energúmenos de diverso color político que pretenden dirigir vidas y haciendas ajenas concentrando ignorancia, en lugar de comprender que el conocimiento está fraccionado y disperso entre millones de personas y que su coordinación es ajena a los caprichos de los engendros de la planificación de las pertenencias de otros. Los estatistas de toda laya no se percatan del nexo causal entre las tasas de capitalización y los ingresos y salarios en términos reales que no  son  un asunto voluntarista sino de marcos institucionales que garantizan la libertad de cada cual (esto explica, por ejemplo, la diferencia en el nivel de vida entre Uganda y Canadá).

 

Uno de los libros que más ha calado hondo a favor del populismo es el de Ernesto Laclau titulado La razón populista (sobre el cual escribí en abril del año pasado en mi columna en “Infobae”  junto con un comentario sobre otra de sus obras: Nuevos resultados sobre la revolución de nuestro tiempo). Pero ahora aparece no un simple review crítico sobre el primero de los libros mencionados de Laclau, sino un ensayo formidable por la calidad de su contenido por cierto exhaustivo y por la destreza en el manejo de la pluma. Se trata del anti-Laclau por excelencia (y anti-Chantal Mouffe, su mujer) titulado Crítica de la razón populista cuyo autor es Miguel Wiñazki.

 

El libro de marras muestra la máscara del populismo “para encubrir el traspaso del dinero grande” hacia los que se encumbran en el poder político y se presentan siempre como parte de un “melodrama” en medio de batallas y “victorias celestiales”. Explica Wiñazki que “La razón populista es la cosmovisión filosófica que concibe dos entidades sociopolíticas irreductiblemente antagónicas. El pueblo y al antipueblo. El populismo propone una batalla cultural para promover e instituir la hegemonía del pueblo sobre el antipueblo”.

 

Por nuestra parte, traemos a colación el hecho de que esta es la receta fundamental de Antonio Gramsci en el sentido de tomar la cultura y la educación puesto que, con mucha razón, para bien o para mal, “el resto se da por añadidura”. Si no se estudian los valores y principios de una sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana), es imposible que tenga lugar el respeto recíproco, lo cual subrayamos es la esencia del liberalismo (no la estupidez del “neoliberalismo” ya que ningún intelectual de fuste se reconoce bajo esa etiqueta que solo ha servido para continuar con la corrupción y el ensanchamiento del Leviatán).

 

Miguel Wiñazki concuerda que la democracia entendida como los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto a que las mayorías no pueden avasallar los derechos de las minorías se ha transformado en pura cleptocracia, a saber, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida lo cual ejemplifica con los bufones del Orinoco, el gobernante ecuatoriano, el boliviano y los Kirchner y concluye en esta materia que “Después de décadas de populismo, lo más concreto y tangible son los pobres”. Es decir, se usa a los pobres en la articulación de discursos demagógicos pero el resultado, como señala el autor, es indefectiblemente el incremento de la pobreza en un ámbito de permanente “clientelismo social” que se sustenta en una miserable explotación de los más necesitados.

 

Otro punto neurálgico que subraya Wiñazki del populismo es la xenofobia nacionalista siempre haciendo uso (y abuso) de “terminología épica” (lo cual me recuerda un ensayo de mi autoría de hace años titulado “Nacionalismo: cultura de la incultura” publicado en una revista académica chilena –Estudios Públicos– y que se encuentra en Internet). También el autor que venimos comentando se detiene con fuerza argumental en los permanentes ataques a la libertad de expresión, un  aspecto trascendente que nos retrotrae a lo consignado por Jefferson en cuanto a que “frente a la alternativa de no contar con gobierno y disponer de libertad de prensa, por una parte, y por otra tener gobierno sin esa libertad, prefiero decididamente lo primero”. Los populismos no resisten la crítica que es precisamente la misión del periodismo independiente (valga el pleonasmo).

 

Otras cuatro características que destaca este autor de la crítica populista es el estado “de beligerancia permanente”, “la oscuridad de las cuentas públicas”, “la adhesión, de rodillas a la Biblia oficialista” y la tendencia “a borronear la división de poderes”. Agregamos que aquel servilismo humillante y denigrante es a veces peor que la actitud prepotente y arrogante de los gobernantes populistas: cuando se hace un paneo televisivo y se ven los rostros de los aplaudidores oficiales da pavor y mucha vergüenza, un público integrado también por mal llamados empresarios que se amamantan del privilegio estatal y detestan la competencia y los mercados abiertos ya que el populismo “es fascismo sin geometría marcial”. Los gobiernos populistas, escribe también Wiñazki “requieren de un eco y nada más que eso”,

 

Hay todavía otro acierto del responsable de Crítica a la razón populista y es el desafortunado uso de la expresión “militante” (y esto va para cualquier posición política), una palabreja que proviene de la organización militar rígida y vertical, lo cual está en las antípodas de cualquier manifestación en el campo civil y que más bien se condice con “el circo público”. Nada hay más parecido a un autómata que reniega de la condición propiamente humana que un militante con las consiguientes consecuencias éticas y estéticas…es “el colapso de la razón” dice certeramente Wiñazki.

 

Las referencias bibliográficas que aparecen en este libro son en su mayoría sumamente jugosas. Rescato la que alude a Gustave LeBon con su notable explicación del fenómeno nocivo de las masas  donde “lo que se acumula no es la sensatez sino la imbecilidad” al decir de ese pensador, a Etienne de la Boetié y su análisis de gran calado sobre las cadenas que la gente se coloca al apoyar con su obediencia borrega a gobernantes descarriados, al gran George Steiner y, claro está, al correr de la pluma, irrumpe el “ogro filantrópico” de Octavio Paz.

 

Wiñazki demuestra con afilada argumentación seguramente lo más dañino de los populismos en cuya prédica “Los espíritus libres son herejes” en medio de “conspiraciones permanentes” y una “pasión loca por monopolizar el uso de la palabra”.

 

Por último, el autor subraya que “El Papa [actual] tiene muy buenas relaciones con los regímenes populistas latinoamericanos” y destaca la influencia de sacerdotes tercermundistas no solo en la construcción de populismos sino, como es de público conocimiento, en la fabricación de movimientos violentos y lo cita a Loris Zanatta quien afirma que “los Morales, los Castro, los peronistas y los sandinistas […] Son éstas las raíces del populismo en América latina y Bergoglio siempre adhirió a ellas”. Por lo que me toca, advertí de esto, entre otros, en mi artículo en “La Nación” titulado “La malvinización del Papa Francisco” (por aquella manifestación de bipolaridad propia de muchos argentinos de euforia y depresión resumida en el período de auge en “el que no salta es un inglés”, antes del derrumbe anímico que naturalmente siguió a esa disparatada aventura militar que puso fin a un gobierno que combatió al terrorismo con procedimientos repulsivos y absolutamente inaceptables).

 

Como en todo trabajo hay facetas que no compartimos (en este caso colaterales); incluso en los escritos de uno mismo revisados luego de un tiempo comprobamos que podíamos haber mejorado la marca, puesto que como ha apuntado Borges -citando a Alfonso Reyes- dado que no hay texto perfecto “si no publicamos, nos pasamos la vida corrigiendo borradores”. Pero para mi nota periodística semanal basta con lo dicho.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Sistema de salud cubano: Una mentira forrada en propaganda

Por Belén Marty: Publicado el 30/9/15 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2015/09/30/sistema-de-salud-cubano-una-mentira-forrada-en-propaganda/#.Vgw67QUmk98

 

La visita a un hospital en una zona no turística de La Habana desmorona el mito comunista de la “calidad universal” del sistema de salud cubano

 

cuba

Los hospitales de La Habana se caen a pedazos. Literalmente. Se cae también con ello el discurso propagandístico de la elite castrista sobre las bondades del sistema de salud cubano, apenas piso los primeros escalones de la guardia de un hospital en el barrio (no turístico) de San Miguel en La Habana.

Entro vestida como cubana y con la recomendación de no hablar; mi acento argentino me iba a delatar apenas dijera “hola”. Un disidente y miembro del Partido Unión Patriótica de Cuba (Unpacu) me acompaña. El será mi guía y mi mentor en este viaje al corazón de la medicina comunista.

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Cuando entramos, a las 22 horas de un sábado cualquiera, tres de los cuatro pisos del hospital —uno de los 270 que hay en el país— no estaban funcionando por el horario. Solo estaba habilitada la zona de urgencias.

“Hace cuatro horas que estamos esperando la ambulancia”, grita un cubano a quien, vestido de verde, pareciera ser un médico. Lo escucho mientras me siento en la única hilera con cuatro asientos de plástico en la sala de espera. Mi amigo permanece inmóvil y me hace una seña para que permanezca en silencio y para que escuche los comentarios de los pacientes y sus familiares.

Pasan 20 minutos y todo seguía igual. El hombre que había gritado, permanecía al lado de su madre, tendida en una camilla improvisada, ya cada vez menos paciente. Parecían dos personajes de la obra Esperando a Godot.

El ambiente bien podría simular un campamento sanitario por la falta de equipamiento médico básico.

Me levanto para seguir recorriendo el establecimiento sanitario. Dos enfermeras me miran pero no dicen nada, mientras entramos a la parte que alberga a los pacientes más críticos. Allí comienza el área con aire acondicionado.

Mi acompañante —que vive de manejar un taxi para cubanos, con un recorrido fijo por las calles de La Habana— me indica que todos los médicos presentes estaban todavía en la escuela. Los miro y ninguno de ellos superaba  los 25 años. De todas maneras, no teníamos forma de corroborarlo.

Los familiares, como camilleros. (PanAm Post)

El único baño disponible en el hospital tenía un solo inodoro, la puerta no cerraba —había que hacer sus necesidades a la vista de todos—, no había papel higiénico y estaba totalmente sucio y antihigiénico.

Los cubos de basura de la sala tenían a simple vista residuos biológicos. Las camas estaban sin sábanas, y con un suero colgante como única tecnología. Los carteles de los consultorios estaban escritos a mano. Fuera de ellos, unas cuatro personas en cada uno. La espera mínima, de unas tres horas.

No vi camilleros. Llega otro hijo con su madre, empujándole la camilla, y se queda esperando al lado de los pacientes que a su vez, esperaban la ambulancia.

Las bondades del sistema

El sistema de salud cubano depende del Ministerio de Salud Pública, quien se encarga de centralizar la política pública sanitaria en el país. El sistema, gratuito para los cubanos, ha sido siempre utilizado por el régimen castrista como propaganda del régimen.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, precisa Granma, el medio del Partido Comunista, en uno de sus artículos.

 

https://soundcloud.com/panampost/que-se-terminen-las-mentiras-en-cuba

 

Cuba está, además, calificada año tras año por organismos como la Unicef como un país desarrollado por sus bajos índices de mortalidad infantil.

El gasto total en salud como porcentaje del PIB en Cuba es del 8,8%. En la región, Argentina invierte 7,3 por ciento, y Estados Unidos, 17,1%, mientras Canadá destina un 10 por ciento, según datos del Banco Mundial para el período 2010-2014. En estos países, sin embargo, a diferencia de Cuba, la estimación incluye tanto inversión pública como privada.

“La garantía de atención médica gratuita a toda la población cubana se convirtió desde los primeros momentos del triunfo de la Revolución en uno de los paradigmas sociales fundamentales. Esto se corresponde con la esencia humanista y de justicia social que caracteriza a nuestro proceso revolucionario”, explican desde Granma.

Las bandejas con restos de comida. (PanAm Post)

El cineasta Michel Moore en 2007 publicó un documental en el que ciudadanos estadounidenses visitaban Cuba para una atención gratuita en salud. En el film aclara que a los protagonistas se les presta atención de la misma calidad que a cualquier ciudadano cubano de a pie.

“La única cosa que los cubanos sí tienen es un servicio universal gratuito de salud. Son conocidos en el mundo entero por tener no solo uno de los mejores sistemas de salud universales, sino también por ser un país generoso en proveer médicos y equipos a países del Tercer Mundo”, explica Moore en su película Sicko.

Yilian Jiménez Expósito, directora general de la Comercializadora Servicios Médicos Cubanos, destacó en una entrevista con Granma que “el secreto es el resultado de un médico formado en un sistema socialista, don­de nunca se ve al paciente como una mercancía o un cliente; donde cada ciudadano tiene el derecho a la cobertura de salud desde que nace hasta que muere, sin distinciones”.

Por su parte, Hilda Molina, neurocirujana devenida en opositora al régimen, sostuvo que el sistema de salud es totalmente controlado por el Estado. Es decir, se eliminaron las modalidades de medicina privada y cualquier otra organización independiente.

Cubanos entrando con todo tipo productos al hospital. (PanAm Post)

“Estas arbitrarias medidas, además de sus múltiples implicaciones negativas, tuvieron nefastas consecuencias desde el punto de vista ético: se sustituyó la sagrada relación médico-paciente, por una impersonal relación Estado-paciente. Cuando los enfermos están obligados a atenderse con los médicos y en los centros que decide el Gobierno, sin otras opciones, viven consciente o inconscientemente inmersos en una angustiosa sensación de inseguridad”, advirtió la médica cubana.

Indicó asimismo que el sistema de salud es absolutamente politizado: “jamás el régimen comunista ha garantizado a los que habitamos esta isla, ni igualdad ni equidad en lo que a servicios médicos se refiere. La élite gobernante, sus familiares, amigos y protegidos, han recibido siempre una atención diferenciada, superior a la de la población”.

Me retiro de aquel hospital luego de un par de horas de observación. Ya en la calle alcanzo a preguntarle a mi amigo cubano qué era lo que un grupo de personas estaban llevando en sus manos al ingresar al edificio.

Me dice: “Bueno, chica, que quieres, se traen todo porque allí no les dan nada. Almohadas, sábanas, medicamentos. Qué más: todo”.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

¿Por qué leer RIIM 57, la Revista académica de ESEADE?

Porque incluye artículos donde:

 

–         Se explica que la teoría austriaca del ciclo es la que mejor explica la crisis internacional  2008-2009. La burbuja especulativa inmobiliaria, incentivada por una política monetaria expansiva llevó a la economía a un desequilibrio, terminando en su colapso. Las políticas intervencionistas fueron las culpables de la crisis.

 

–         Se analiza el pensamiento de Ernesto Laclau, el pensador político  preferido por el gobierno argentino. En particular, su teoría de la razón populista parece ser conflictiva con derechos individuales y la limitación de la posible acción despótica de los gobiernos.

 

–         Se debate la idea de justicia presentada por el premio Nobel de Economía Amartya Sen. Para Sen la justicia  es uno de los principios necesarios para la organización de la sociedad, pero su propuesta puede ser parcial, al olvidar las ventajas de los beneficios de la cooperación social y de la coordinación que son tan o más importantes para lograr un orden social beneficioso.

 

–         Se presentan las ideas del pensador católico Jacques Maritain, cuya discusión parece muy relevante para la Iglesia actual: su tratamiento de la relación entre Estado e Iglesia; los peligros de los pensamientos utópicos, la convivencia entre los que piensan distinto, el valor y los límites de la democracia.

 

–         Hilda Molina relata su vida como científica y medica en Cuba y su enfrentamiento con el régimen de Fidel Castro, que culminaría con su traslado y residencia en la Argentina.

 

En Número 57 de la Revista de Instituciones y Mercados, se publicaron los siguientes artículos: Justicia e imparcialidad en Amartya Sen: una crítica, Douglas J. Den Uyl y Douglas B. Rasmussen; The Liberal Order, Civil Society and Skepticism about Public Reason: Remarks on Sen and Smith, Jonathan Jacobs; The Capabilities Approaches and Aristotelian Practical Reason, Ricardo Crespo; La historiografía liberal francesa entre la Restauración y el Segundo Imperio, Darío Roldán; Jacques Maritain: su pensamiento político y su relevancia actual, Gabriel Zanotti; Monetary Arrangements, the Resource Curse and the “Dutch Disease”, Leónidas Zelmanovitz; La explicación austríaca de la crisis financiera internacional (2008-2009), Marina Tortul; El populismo según Laclau: ¿hegemonía vs. derechos?, Alejandra Salinas; Discurso de aceptación del Doctorado Honoris Causa, Hilda Molina y Morejón.

 

Pagina web de RIIM:

http://www.eseade.edu.ar/riim/revista-riim/presentacion.html