Alimentos para el alma frente a dos pandemias que azotan

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 7/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/07/alimentos-para-el-alma-frente-a-dos-pandemias-que-azotan/

En el presente no solo nos enfrentamos al COVID-19, sino también al Leviatán desbocado

Medio siglo sin William Faulkner, maestro de la narrativa moderna | El  Informador
William Faulkner

Días pasados mantuve un mano a mano por Zoom con Miguel Wiñazki organizado y coordinado por Federico Tessore quien preside Inversor Global que recurre a una plataforma muy apropiada para este tipo de conversaciones.

Como dije en esa reunión, las disertaciones de Miguel sobre temas filosóficos son un bálsamo para el espíritu no solo por el contenido de los temas que trata sino por la forma de presentarlos siempre en tren de exploración, sin certezas y con muchos interrogantes que va deslizando en sus muy amenos discursos en un tono de voz que invita a la reflexión sesuda. De modo magistral va desmenuzando posibles respuestas. Se puede o no compartir todo lo dicho pero queda una amable invitación a pensar, a una formidable modalidad contestataria y a mirar los problemas desde muy diversos ángulos en el contexto del método socrático de preguntas clave al efecto de intentar la dilucidación de asuntos intrincados que este autor los convierte en fáciles de asimilar.

En sus cursos trata los temas más variados tales como la envidia, la soberbia, la austeridad, la ética, el posmodernismo, las revoluciones francesa, rusa y norteamericana sin olvidar la nuestra de mayo, escritores como Borges, Sabato, Cortázar y Victoria Ocampo. Un privilegio escucharlo y acompañarlo en sus jugosos laberintos que siempre dejan enseñanzas de gran calibre y convites para seguir discutiendo y escarbando, puesto que como reza el lema de la Royal Society de Londres, nullius in verba, es decir, no hay palabras finales.

Es del caso apuntar que Wiñazki invita a retomar el hilo de la conversación. Borges escribió que el intercambio con Leopoldo Lugones era difícil pues “era asertivo, terminaba sus frases con un punto y aparte. Para seguir conversando había que cambiar de tema. En cambio, Macedonio Fernández concluía con puntos suspensivos para que el interlocutor siguiera indagando”. Miguel pertenece a este último estilo y bien alejado del primero y en la misma sintonía con lo que transcribimos más abajo de la pluma certera del premio Nobel en literatura, William Faulkner.

Sus enseñanzas se perfilan en momentos en que nos azotan dos espantosas pandemias: la del implacable COVID-19 y la del Leviatán desbocado, siendo esta última mucho más peligrosa e incisiva que la primera puesto que mientras aquella afecta el cuerpo la segunda destroza el alma ya que invade lo más sagrado de la persona que es su dignidad.

En nuestro medio asistimos a la caída libre de los valores republicanos: se atropella la Justicia, se amenaza la liberad de prensa, se instaura la impunidad, aumenta sideralmente el gasto público financiado con impuestos insoportables, inflación astronómica y deuda colosal. Los controles a las actividades lícitas son asfixiantes, se intensifica la estafa a los jubilados, se acentúa la apología a regímenes criminales del exterior al tiempo que se niega apoyo a pueblos en rebeldía contra la opresión totalitaria. Con el pretexto de la primera pandemia se instaura la segunda que, como queda dicho, es de características mucho más devastadoras que la primera. En esta línea argumental, hace cinco años publiqué en este mismo medio un comentario elogioso a un libro de Miguel: Crítica a la razón populista.

En este libro el autor resume el discurso populista como un “método para encubrir el saqueo del dinero público”, la “beligerancia respecto a los sectores productivos” y “la pasión loca por monopolizar la palabra” en otros términos “el fin de la razón”, todo inseparable del veneno nacionalista con “Juan Manuel de Rosas como uno de sus fundadores” y un “Papa que tiene muy buenas relaciones con los regímenes populistas latinoamericanos”.

Abrí este intercambio al que ahora nos convocaron con una cuestión que me viene preocupando y que constituye el cimiento de la sociedad libre y sin embargo es desconocido o negado por muchos de los que se dicen partidarios de la libertad. Se trata nada más y nada menos que de comprender que los humanos no somos solo kilos de protoplasma sino que tenemos estados de conciencia, mente o psique, un tema que originalmente comencé a estudiar a raíz de la magnífica obra del filósofo de la ciencia Karl Popper en coautoría con el premio Nobel en neurofisiología John Eccles que lleva el muy sugestivo título de El yo y su cerebro. En este libro y en otros muchos de la nutrida bibliografía hoy disponible, se explica que de no ser así no habría tal cosa como ideas autogeneradas, no podríamos revisar nuestros propios juicios, no distinguiríamos las proposiciones verdaderas de las falsas, no podríamos argumentar (ni siquiera en defensa del materialismo filosófico), no tendría sentido la responsabilidad individual, ni la moral ni la mismísima libertad puesto que seríamos como loros.

El premio Nobel en física Max Plank distingue entre causas en las ciencias naturales y motivos en las ciencias sociales, del mismo modo que hacen los filósofos Antony Flew, John Hospers y Juan José Sanguineti. Por su parte, Howard Robinson explica que cualquier profesional competente puede investigar, comprobar y detectar todo lo físico en un ser humano que, por así decirlo, es de acceso público pero los deseos y pensamientos son de exclusivo acceso del titular. Es de lamentar -decía yo en ese intercambio con Miguel- que no pocos desconocen aspectos que cubren territorios como el derecho (que se base en las autonomías individuales), la psicología y conexas (a pesar de la genealogía en cuanto a que significa el estudio de la psique) y la economía (sustentada en la elección libre).

Miguel estuvo de acuerdo con esta preocupación y subrayó que el enfoque que refuta al materialismo filosófico “conjuga la libertad” puesto que “las ideas son la libertad misma”. Agregó en ese contexto que aquellas concepciones que operan a contracorriente de la libertad, es decir, los populismos, no solo tienen bases filosóficas endebles sino que arremeten contra los derechos de las personas. Así en nuestro medio clasifica el populismo normal, el originario del peronismo clásico y el corporativismo fascista, el populismo sanguinario de los setenta y lo que denomina el populismo posnormal que se sustenta en la propaganda y en la reiterada y persistente tentativa de invertir y contradecir los hechos en “un relato farsesco”. Pero este último esquema tiene la contracara de posibles refutaciones vía las redes sociales y sus equivalentes, lo cual para nada quiere decir que todo lo que sucede en estos nuevos medios tecnológicos sean susceptibles de alabanza puesto que aparecen mensajes agresivos rodeados de lenguaje insustancial pero que se mezclan con la trasmisión de ideas de valor.

Este análisis Wiñazki lo vincula a las propuestas de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en cuanto a que estos autores sostienen la necesidad de la confrontación como sistema y a la negación de la forma republicana que consideran una utopía que le da entrada a “los poderes hegemónicos” lo cual alejaría de su ideal en verdad totalitario.

Por mi parte, sugerí algo que he detallado antes en distintos medios que es la imperiosa necesidad de abrir un debate entre quienes adhieren a los valores y principios de la sociedad libre en cuanto al urgente establecimiento de nuevos límites al abuso del poder. En este plano de análisis, esto es necesario porque se está disfrazando como democracia de contrabando convirtiéndola en aquello que es en realidad una cleptocracia, a saber, gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. Como se ha reiterado antes, se está contradiciendo lo dicho por los Giovanni Sartori de nuestra época en cuanto a concluir que la parte medular de la democracia consiste en el respeto de los derechos de la gente y la parte formal es el recuento de votos. Pero resulta que henos aquí que se han invertido los roles y lo secundario ha pasado a ser principal y lo medular se ha borrado de la agenda.

Finalmente mi interlocutor destacó su preocupación por algunas trifulcas entre miembros de la oposición en momentos en que nos encontramos en nuestro país frente al precipicio. Subrayó la relevancia de proponer proyectos que modifiquen sustancialmente la dirección por la que se vienen encaminando los gobiernos argentinos desde hace muchas décadas, de lo contrario nos esperará el horrible cuadro de situación venezolano.

Antes he consignado con satisfacción y ahora reitero los nombres que menciono a continuación con quienes he mantenido un mano a mano en recintos universitarios, centros culturales, programas televisivos o por Zoom (todos se encuentran en Youtube) a los que ahora se agrega la impronta de Miguel Wiñazki, esas personas son: Loris Zanatta, Antonio Escohotado, Santiago Kovadloff, Javier Milei, Gloria Álvarez, Carlos Alberto Montaner, Ricardo Lopez Murphy, Juan José Sebreli, Agustín Laje, Marcos Aguinis, Álvaro Vargas Llosa, Axel Kaiser, Cayetana Álvarez de Toledo, Luis Pazos, Carlos Rodríguez Braun, Álvaro de Lamadrid y Jorge Fernández Díaz.

Todos ellos estoy seguro comparten conmigo la muy sabia recomendación que hemos anunciado al abrir esta nota periodística formulada por el notable Faulkner que constituye una guía de conducta dicha por ese maestro de la narrativa, de los diálogos interiores, de las frases largas y los flash-backs, expresada en 1956 en una entrevista administrada por Jean Stein: “Nunca hay que estar satisfecho con lo que se hace. Nunca es tan bueno como podría serlo. Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que es posible hacer. No hay que preocuparse simplemente por ser mejor que los contemporáneos o que los predecesores. Hay que tratar de ser mejor que uno mismo”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Como un turco en la neblina

Carlos Saúl Menem eligió enfrentar los principales problemas de Argentina con sumo coraje y maestría. Se constituyó en un capitán que, con liderazgo y determinación, intentó virar la proa de nuestra Nación hacia mejores vientos.

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 17/2/21 en: https://www.dataclave.com.ar/opinion/como-un-turco-en-la-neblina_a602c6e0e0a4d5c043cfc5f96

Quienes amamos la política y la historia, sabemos que el presente no suele ser justo con los hombres. Tampoco, muchas veces, lo es el futuro. Tiranos son reivindicados décadas después de sus muertes. Héroes son vituperados en vida para luego ser ponderados por las ansias de revisar qué se dijo de ellos, años después. En ambos casos, también, sucede lo contrario. Lo extraño es ser consiente de esos procesos y vivirlos.

Desde esa conciencia, hoy hago mi pequeño aporte.

Como consultor político, el primer consejo que debe dársele a un candidato con chances ciertas de llegar a la presidencia es que elija no más de dos, cuando mucho tres, ejes principales de gestión y solo se enfoque en ellos. Dejar de lado la tentación de refundar países, de transformar todo, de ser para el pueblo en cuestión “el hombre del antes y el después”, es algo que pocos comprenden al llegar a los sillones de mando, pero que resulta símbolo distintivo de los que, al irse, dejan un sano legado. Del mismo modo, la tentación de transcurrir sin pena ni gloria por la presidencia, surfeando las problemáticas de fondo de la nación que se lidera, con ánimos especulativos, también debiera desaconsejarse, si se considera la sacralidad que ser elegido por un pueblo para gobernarlo, realmente constituye.

Desconozco, sinceramente, si alguien tuvo esas conversaciones con el dos veces ex presidente en esos meses antes de hacerse con el sillón de Rivadavia. Lo que sí puedo afirmar, es que Menem, como tal vez ninguno antes en décadas, y mucho menos desde la vuelta de la democracia y después, eligió enfrentar los principales problemas de este país con sumo coraje y maestría, y en la neblina histórica en la que se encontraba nuestro país entonces, se constituyó en un capitán que, con liderazgo y determinación, intentó virar la proa de nuestra nación hacia mejores vientos.

El riojano fue el primero en retomar la senda que, con conciencia renovada, había comenzado a recorrer Juan Domingo Perón en su tercera presidencia. Si el proyecto conciliador que el abrazo con Balbín simbolizaba quedó trunco por la muerte de Perón, el accionar violento de la guerrilla y los bloqueos especulativos de algunos que hoy son vistos como héroes de la democracia, la restitución de los restos de Juan Manuel de Rosas y el posterior abrazo con el Almirante Isaac Rojas, dieron muestras de la capacidad de Menem de trabajar en post de terminar con uno de nuestros problemas principales como país: la hoy denominada “grieta”.

Del mismo modo, nuestra geoestratégica posición sureña en el globo, nos ha mantenido a lo largo de la historia alejados del mundo. Este hecho, reforzado por prejuicios ideológicos que cobraron fuerza en los primeros años del Siglo XX, explica en gran medida el fracaso económico y político de nuestro país, al mismo tiempo que permite comprender por qué durante tantas décadas vivimos sosteniendo ideas vetustas y fallidas, que fueron despreciadas incluso por las naciones que dieron lugar a su origen. Menem, como pocos antes, vio en los años de la globalización la oportunidad de desterrar esta problemática y, tal vez con la mejor diplomacia que este país supo tener desde los años de su constitución como tal, incorporó a la Argentina en el sendero de los países alineados con la libertad republicana y el desarrollo económico.

Dos objetivos de esta magnitud ya debieran bastar para ponderar la grandeza de sus años como presidente, pero permítame el lector señalar incluso uno más: Menem finalmente permitió a los argentinos repensar los prejuicios morales e ideológicos que han favorecido (y lamentablemente siguen hoy favoreciendo) la multiplicación de la miseria, el desprecio por la riqueza y la desconfianza para con el sector privado (único motor real de la economía).

Hoy, décadas más tarde, y frente al flagelo de una pobreza creciente, un país sin rumbo, una grieta que se agiganta, relaciones diplomáticas ruinosas y una angustiosa realidad que no permite siquiera el ungüento paliativo de la esperanza, muchos han comenzado ese camino de reivindicar la figura de Carlos Saúl Menem; camino que confío se acrecentará a partir de su deceso, por esta tendencia tan nuestra a no saber honrar en vida.

Para cerrar, tal vez se pregunte el lector si solo tengo para señalar aciertos del ex presidente y si se me olvidan sus errores, licencias y hasta miserias. Por el contrario, lejos de todo fanatismo, podría dedicar páginas enteras a todo aquello que pudo o incluso debió hacerse mejor.

Pero dejo esa tarea a los que durante tantos años se entrenaron en destruir con habilidad la imagen del “Turco”; de agigantar sus errores y directamente ocultar sus aciertos, en un denodado intento propagandístico que preparó exitosamente el terreno para el regreso de todo aquello que tanto mal le hizo al país y que Carlos Saúl Menem dedicó dos presidencias a desterrar.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

¿Qué te han hecho, Tucumán?

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 25/8/2015 en: http://opinion.infobae.com/alejandro-gomez/2015/08/25/que-te-han-hecho-tucuman/

 

Urnas quemadas, votos comprados, bolsones de comida, periodistas agredidos e irregularidades en el escrutinio de las mesas electorales. Son estas las señales del deterioro al que fue sometido el sistema republicano en Tucumán. Produce una profunda tristeza ver la situación a la que ha sido sometida esta insigne provincia generadora de algunos de los más grandes hombres de la patria. Solo el poder absoluto de una clase política que no tiene el más mínimo respeto por los principios republicanos y el estado de derecho ha podido sumirla en esta situación.

Lamentablemente, en los comicios celebrados el domingo 23 de agosto se han producido todo tipo de trampas y manejos clientelares con el objetivo de ganar las elecciones que permitan mantenerse en el poder a los candidatos del oficialismo. ¿Acaso la victoria tiene que ser a cualquier precio con tal de conservar sus privilegios y sus fuentes de recursos de dudosa transparencia? ¿Conocen estas personas la gloriosa historia de esta provincia que nos ha proporcionado a todos los argentinos un sinnúmero de próceres? Quizás convenga un breve recordatorio para aquellos que han olvidado el extraordinario aporte que realizó esta provincia al nacimiento y al progreso de la patria en sus momentos fundacionales.

Los casos que menciono a continuación no pretenden ser una lista exhaustiva, sino solamente una referencia a alguna de las personas más destacada que nos brindó dicha provincia, aunque seguramente estaré siendo injusto por aquellos casos en que, por omisión o desconocimiento, no son mencionados a continuación. De todos modos, creo que sí contribuye a tomar una verdadera dimensión del aporte que hizo Tucumán a la patria, ya que lamentablemente en los últimos años ha sido noticia por los casos de pobreza y corrupción más que por ser cuna de tan ilustres personajes como los que señalo a continuación.

Bernardo de Monteagudo, hombre muy activo en los movimientos de independencia de Sudamérica y muy cercano a José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón Bolívar; el general Gregorio Aráoz de Lamadrid, héroe de la independencia y gobernador de Tucumán; el coronel Crisóstomo Álvarez, quien luchara contra la dictadura de Juan Manuel de Rosas; el obispo José Colombres, que por el mismo motivo debió exiliarse del país hasta el triunfo de Caseros en 1852; Marcos Paz, vicepresidente de la nación en el mandato de Bartolomé Mitre. Y quizás los más destacados e influyentes en el momento de la organización nacional, Juan Bautista Alberdi, padre laConstitución y sus coterráneos Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca, ambos presidentes de la nación, este último en dos oportunidades. Se podría decir que estos tres tucumanos han sido de los más importantes hombres que ha dado el país en el siglo XIX.

Vayan estas líneas como un recordatorio de todo lo que nos dio Tucumán y todo lo que puede llegar a dar. No es cierto que deba sumirse en la pobreza y las dádivas de los Gobiernos de turno. Su suerte está atada a la actitud que tomen sus ciudadanos, a que se rebelen contra un statu quo que pretende eternizarse como si la única alternativa que tienen sus habitantes sea subsistir en la pobreza y la “ayuda” que les brinden las autoridades por medio de planes sociales.

¿Qué te han hecho, Tucumán? Busca en tu glorioso pasado el camino hacia un futuro mejor. Lo has hecho antes, lo puedes hacer ahora. Muéstrate como el ejemplo que has sido en el pasado, cuando las circunstancias eran tanto o más difíciles que las del presente.

 

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA.

 

¡Son nuestras!: La bandera política de Las Malvinas

Por Belén Marty: Publicado el 2/4/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/04/02/son-nuestras-la-bandera-politica-de-las-malvinas/

Entrevista al jurista argentino Ricardo Rojas tras el aniversario del conflicto:

A 32 años de la guerra entre Argentina e Inglaterra por la posesión y soberanía de lasIslas Malvinas, entrevistamos a Ricardo Manuel Rojas, para que nos explique la cuestión en material de derecho e historia. El es juez de un Tribunal en lo Criminal de Buenos Aires, doctor en historia Económica y profesor de la maestría en Derecho y Economía de la Universidad de Buenos Aires. Escribió el libro Los derechos fundamentales y el orden jurídico e institucional en Cuba que le hizo ganar el Premio Internacional de Sir Antony Fisher de la Fundación Friedrich A. von Hayek. Se cumple un nuevo aniversario del desembarco argentino en Malvinas. ¿Por qué la Argentina reclama la soberanía de las islas? Según usted, ¿está el gobierno en lo correcto al hacerlo? Los reclamos de soberanía de Argentina sobre las islas son de larga data. No hay que olvidar que esas islas fueron sucesivamente ocupadas por instalaciones de pescadores desde mucho tiempo atrás. De hecho, el nombre de Malvinas provinene de maluinos, como se les decía a los habitantes del puerto de Saint Maló en Francia, de donde todos los años iban expediciones a pescar y cazar focas y se instalaban durante los meses de mejor tiempo allí. Sucesivamente hubo campamentos de varios países de Europa, incluyendo Inglaterra. Fuente: PanAm Post. Cuando Juan Manuel de Rosas fue gobernador de Buenos Aires, se instaló en las islas un gobierno dependiente de él, desde 1820, que luego fue desalojado por la marina británica en 1833, que reclamaba su previa ocupación de las islas. Es desde entonces que existe el conflicto. Por un lado, Argentina sostiene que las islas son argentinas porque están dentro del mar territorial reclamado por el país y porque hubo un gobierno provisorio argentino que fue desalojado por las armas. Por otro lado, Inglaterra reclama su soberanía porque sostiene que antes de ese gobierno provisorio, ya había actos posesorios británicos sobre las islas, que incluían población, y que desde la fecha de la ocupación hasta ahora ha habido una población británica o descendiente de británicos con una continuidad de casi dos siglos, que manifiestan su voluntad de seguir sujetos a la soberanía británica. Me parece que, habiendo pasado tanto tiempo desde la última ocupación británica de la isla, con una población que es claramente hostil a la Argentina y que a esta altura ya no puede decirse que es “implantada” allí, sino que ya son varias generaciones de isleños nativos, no tiene mucho sentido continuar este conflicto, y lo ideal sería encontrar una solución negociada. ¿Cómo le explicarías a un extranjero las causas y consecuencias de la guerra del 1982? La ocupación militar de las islas, que desencadenó la guerra en 1982, no tuvo ningún justificativo racional. Para aquel entonces, los malvinenses tenían un fluido trato comercial con Argentina, recibían fundamentalmente combustible y provisiones. Para Inglaterra, esas islas eran un problema, pues al estar tan lejos de Gran Bretaña tanto el comercio como la administración a distancia se hacía complicado. Posiblemente para aquella época existían mejores chances para encontrar una solución negociada, que permitiera a ambos países resolver el problema sin admitir que estaban resignando la soberanía. Luego de la guerra, el tema se convirtió prácticamente en un emblema de nacionalismo, y las soluciones negociadas se han complicado mucho más. Probablemente la decisión de ocupar las islas se debió más a necesidades políticas de un gobierno militar que estaba en crisis, y encontró en la invasión a Malvinas un motivo para consolidar su poder. Es bueno recordar que el 31 de marzo de 1982 hubo en la Plaza de Mayo una manifestación muy violenta contra el gobierno, que incluso terminó con muertos y heridos y una brutal represión, llevada a cabo fundamentalmente por sindicatos. Y dos días después, el 2 de abril, la plaza se volvió a colmar, pero esta vez para vivar al General Galtieri por su decisión de “recuperar” las Malvinas. También para Thatcher era un desafío. Su gobierno tenía problemas, y la decisión de responder con firmeza enviando lo mejor de la flota británica al sur, no estuvo exento de motivaciones políticas coyunturales. El mundo estaba en plena guerra fría, el presidente Galtieri confió equivocadamente que Estados Unidos respaldaría el reclamo argentino, lo que era un error por varios motivos: se trató de una invasión armada sin justificación, provocada por un gobierno militar de facto, sobre el principal aliado de los Estados Unidos en la OTAN. Las consecuencias de la guerra fueron nefastas: más allá de la gran cantidad de muertos, heridos y gente con secuelas de por vida que dejó el enfrentamiento, empantanó la posibilidad de una solución racional al conflicto por mucho tiempo. ¿Crees que tiene futuro el reclamo argentino en la ONU? ¿Cómo ve el futuro mediato del asunto? En el corto y mediano plazo no creo que Argentina pueda lograr de ningún modo el objetivo de conseguir una declaración de la comunidad internacional en el sentido de atribuir soberanía sobre las islas. Digo esto por varios motivos: Porque para la comunidad internacional, Argentina es un país poco confiable y con una política errática, que coquetea con dictadores, con gobiernos constantemente sospechados de corruptos, con desastrosas administraciones. Por otro lado, los habitantes de las islas están totalmente en contra de aceptar la soberanía argentina, y creo que este es un punto importante. El gobierno argentino invoca el principio del comité de descolonización de la UN, en el sentido de que estos conflictos deben resolverse con prescindencia de la opinión de los habitantes. Creo que este principio es razonable cuando se trata de ocupaciones recientes o de poca duración, pues de otro modo, bastaría con ocupar un territorio por la fuerza, poblarlo con colonos de un país, y que luego esos colonos se nieguen a restituir la región. Pero cuando pasaron 180 años desde la instalación de los colonos, donde crecieron cuatro generaciones de isleños, transmitiendo sus derechos de propiedad por herencia de padres a hijos, y consideran ya ese territorio como propio más que nadie, me parece que su opinión es imprescindible para resolver el conflicto. Por ese motivo, más allá de declamaciones políticas que se puedan escuchar por los grupos más nacionalistas en ambos países, lo cierto es que cualquier solución del conflicto por la vía de reclamos diplomáticos de soberanía, está y estará empantanada por mucho tiempo. ¿Existe algún proyecto superador a este problema binacional? Me parece que podría resolverse el problema de manera inteligente y práctica, pero para ello debería dejarse de lado la discusión sobre la soberanía durante mucho tiempo. Lo cierto es que hoy por hoy, la administración de las islas está a cargo de los propios isleños, más allá de su sujeción, controles y legislación provenientes del gobierno británico. Entonces, quizá se podría suspender la discusión sobre la soberanía de las islas, digamos por cien años, durante los cuales los isleños se auto-administren, teniendo relaciones con los países que ellos decidan, y sin necesidad de someterse a decisiones soberanas ni de Gran Bretaña ni de Argentina. Esto permitiría descomprimir el conflicto, e incluso celebrar acuerdos entre empresas británicas y argentinas para explotar petróleo y pesca en la zona, dándole una regalía importante a los isleños, que de ese modo contarían con un importante desarrollo económico. Luego de transcurridos los cien años, se podría discutir si se quiere seguir de esa manera, independizar a las islas, o retomar las discusiones sobre la soberanía. Para entonces, creo que esto último no sería una opción razonable. ¿Se aplicó este proyecto en alguna otra mediación en el mundo? Han habido conflictos en el mundo, donde se ha discutido la soberanía sobre algún territorio, que terminaron con la declaración de independencia de esa región. Tenemos un caso acá cerquita, que es Uruguay, territorio disputado por Argentina y Brasil, que llevó a una guerra que terminó reconociendo la independencia de la región. Por otra parte han habido cesiones de territorios para el desarrollo de ciudades o regiones. Posiblemente los casos de Hong Kong y Singapore sean los más conocidos, pero hay otros. Por ejemplo, el actual estado de Pennsylvania, en USA, fue originalmente un territorio cedido por el Rey de Inglaterra a William Penn en propiedad, como pago por los servicios que su padre prestó a la Corona. Penn organizó el territorio bajo reglas claras que fomentaron la libertad y el respeto a la propiedad, y allí surgió el germen de lo que luego fueron los Estados Unidos. Este tipo de acuerdo para el desarrollo de regiones, se han conocido como charter cities, y hay numerosos ejemplos en la historia. Más modernamente se está hablando de un concepto que va un poco más allá, el de free cities, como la idea de liberar ciertos territorios de su sujeción a la legislación y soberanía de un país, permitiendo que se organice bajo sus propias reglas, buscando formas de crecer económicamente e incrementar el bienestar de sus habitantes. En Honduras se inició un proceso de ese tipo en 2010, que implicó una reforma constitucional y una ley marco, pero hoy esto está paralizado como consecuencia de discusiones políticas. Nada impediría que las Islas Malvinas se organicen a la manera de una free city, a partir de una suspensión de la discusión de soberanía de los países que se la disputan. ¿Cuál cree que es el mayor déficit del gobierno en materia de Malvinas? Creo que desde 1982 para acá el caso de Malvinas fue utilizado como una bandera política, como un tema que permita exaltar sentimientos nacionalistas, pero ningún gobierno ha intentado buscarle una solución racional al problema. Eso, que es notorio en este gobierno, también lo fue en los de Alfonsín, Menem y de la Rúa. Ricardo Rojas elaboró un proyecto sobre este tema que podría ser el punto de partida para encontrar una solución negociada.

 

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.

 

Ricardo Manuel Rojas  es juez en lo Criminal de Buenos Aires, doctor en historia Económica, (ESEADE), y profesor de la maestría en Derecho y Economía de la Universidad de Buenos Aires.

Sarmiento: mucho más que el padre del aula.

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 15/2/2014 en: 

Hoy sábado 15 de febrero se cumplen 203 años del nacimiento de Domingo Faustino Sarmiento. Es una pena que semejante personalidad sólo sea recordada tibiamente cuando cada 11 de septiembre se celebra el día del maestro. Sarmiento fue mucho más que un entusiasta impulsor de la educación en nuestro país. Su figura trasciende casi todos los ámbitos de la vida pública argentina entre 1830 y 1888, año de su fallecimiento. Entre otras cosas fue escritor, militar, viajero, diplomático, educador, periodista y político (ocupando cargos ejecutivos y legislativos a nivel nacional y provincial); pero, por sobre todas las cosas, fue un apasionado en cada una de las actividades que emprendió.

Cuando en la década de 1830, junto a sus compañeros de la llamada “generación del 37” (Juan Bautista Alberdi, José María Gutiérrez, Esteban Echeverría, Bartolomé Mitre, entre otros), comenzó a participar en los debates políticos, Sarmiento se propuso analizar qué sucedió en Argentina después de la revolución de mayo de 1810, cuáles fueron las dificultades que impidieron el surgimiento de una república bien organizada y, sobre todo, cómo sería la organización nacional después de la caída de Juan Manuel de Rosas.

Desde su exilio chileno, Sarmiento desarrolló una intensa actividad como escritor, la cual tenía por destinatarios a aquellos políticos e intelectuales que deberían dirigir el país luego de la batalla de Caseros de 1852. Precisamente, estos hombres eran herederos de las facciones que habían estado en pugna desde 1820 en adelante, representados en las corrientes unitaria y federal. El desafío que se presentaba era superar esta dicotomía y encausar al país hacia un futuro de progreso y civilización, algo que Sarmiento esbozó en los escritos que fue elaborando desde mediados de la década 1840.

Sus trabajos más destacados de ese período son “Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga” (1845), “Viajes por Europa, África y América, 1845-1847” (1849-51), “Recuerdos de Provincia” (1850) y “Argirópolis o la Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata” (1850). En Facundo, Sarmiento busca develar el “enigma argentino”, explorando las raíces de la dualidad que dio en llamar “civilización y barbarie”. En su análisis la civilización representa el Valor al que había que apuntar, el objetivo que habría que alcanzar con el transcurrir de los años. En contraposición estaba la región pampeana que representaba el pasado colonial asociado a una sociedad feudal atrasada liderada por el caudillismo. Así las cosas, la civilización sarmientina se traduce en el establecimiento de un orden republicano reflejado en ideas liberales, espíritu europeo, imperio de la ley y movilidad social en sentido ascendente. Su propuesta se vio reflejada en el programa de gobierno que Sarmiento sugiere a lo largo del Facundo, el cual se basó en el fomento de la inmigración, la libre navegación de los ríos, la nacionalización de las rentas de aduana, la libertad de prensa, la educación pública, el gobierno representativo, la religión como agente moralizador, la protección a la seguridad individual y la institucionalización de la propiedad privada.

En los “Viajes por Europa, África y América, 1845-1847”, los cuales fueron financiados por el gobierno chileno, Sarmiento dejaría de mirar hacia Europa como había hecho en el Facundo para centrar su mirada en Estados Unidos. Le llamó poderosamente la atención el espectacular crecimiento que se estaba produciendo en aquella nación. Inclusive llegaría a lamentar no haberle dedicado más tiempo de aquel viaje a recorrer y analizar con más detenimiento el desarrollo de la gran nación del norte del continente americano. En su primera visita a aquel país, tomó nota del progreso y el potencial de crecimiento que tenía Estados Unidos gracias al impulso del ferrocarril, la educación y el orden institucional. Las semejanzas geográficas que observó con respecto a Argentina, le hicieron pensar que nos podríamos convertir en una nación de granjeros propietarios como lo era la sociedad norteamericana de aquel tiempo.

Sarmiento enfatizaba especialmente el valor del trabajo en la agricultura como agente civilizador, en contraposición a la ganadería extensiva que se venía practicando en Argentina desde la época colonial. En este sentido, el desarrollo de la agricultura quedaba asociado directamente con el sistema republicano ya que, de acuerdo a su visión, la agricultura promueve la cultura del trabajo a diferencia de la ganadería tradicional que hacía del gaucho un ser indolente. Así las cosas, la idea de una “civilización agrícola”, se basaba en la promoción del acceso masivo a la propiedad de la tierra por medio de la creación colonias agrícolas como la de Chivilcoy.

Sarmiento era consciente de que esto solo no bastaba, ya que también había que promover el desarrollo del ferrocarril, los barcos a vapor, el telégrafo y el correo. Además, todos estos avances deberían ser apuntalados con la aplicación de un sistema educativo que permitiera fomentar el progreso a largo plazo. De acuerdo a su visión, el desarrollo económico no bastaba para que el país se convirtiera en una república de ciudadanos civilizados. En su proyecto de nación, la educación era un pilar fundamental. Esto también lo había visto de primera mano en Estados Unidos, sobre todo en su etapa como embajador argentino en aquel país durante la presidencia de Bartolomé Mitre (1862-1868). En su proyecto educativo la instrucción no sólo debería ser cívica sino también práctica, ya que su idea era promover el surgimiento de ciudadanos y trabajadores. Sarmiento consideraba que la educación serviría para desarrollar en los jóvenes hábitos de orden y disciplina. A su vez, consideraba que la educación cumpliría un rol armonizador en las diferentes regiones de un país que había estado fragmentado desde la época de la independencia.

Para finalizar estas líneas, es importante destacar que Sarmiento era un hombre de acción que trató de poner en práctica muchas de sus propuestas durante su presidencia entre 1868 y 1874. Aún cuando la misma se vio afectada por serios inconvenientes como ser la última etapa de la Guerra del Paraguay y la crisis económica internacional de 1873 y el levantamiento de los caudillos provinciales, ello no fue obstáculo para que durante su mandato se crearan 800 escuelas, ni para que la cantidad de alumnos pasara de 30.000 a 100.000, junto con la fundación de Escuelas Normales formadoras de maestros, complementado con la creación de observatorios, bibliotecas e institutos. También durante su mandato se realizó el primer censo nacional en 1869 y se impulsó la llagada de 280.000 inmigrantes, en un país que apenas superaba el millón y medio de habitantes. Por su parte, las piezas postales pasaron de 4 a casi 8 millones, el ferrocarril extendió su red de 573 a 1.333 kilómetros, mientras que el telégrafo llegó a los 5.000 km de extensión con conexión a toda América y Europa. Como vemos, Sarmiento fue mucho más que el padre del aula del que habla el himno escrito en su honor.

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA