¿Deberían Estados Unidos o la ONU intervenir militarmente en Venezuela?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 22/2/19 en: https://www.juandemariana.org/comment/7326#comment-7326

 

Alberto Benegas Lynch (h) escribió un libro que ya cumple su primera década en circulación titulado Estados Unidos contra Estados Unidos. El libro es una obra de arte que permite comparar la arquitectura institucional de un país que recibió bajo los principios de propiedad privada, libertad individual, economía de mercado y gobierno limitado millones de inmigrantes y que alcanzó el desarrollo frente a otro país que una vez desarrollado ignoró el legado de sus padres fundadores.

En la materia que aquí nos compete, sobre guerra, fuerzas armadas y política exterior, o más precisamente sobre la pregunta planteada en el título de esta nota, cabe señalar que Estados Unidos durante muchos años fue una nación que respetó el principio de no intervención.

Al respecto, George Washington decía en 1796, en ejercicio de la presidencia de la nación, que “[e]stablecimientos militares desmesurados constituyen malos auspicios para la libertad bajo cualquier forma de gobierno y deben ser considerados como particularmente hostiles a la libertad republicana”. En el mismo sentido, Madison anticipó que “[e]l ejército con un Ejecutivo sobredimensionado no será por mucho un compañero seguro para la libertad” (citados por Benegas Lynch, 2008, pág. 39).

Durante mucho tiempo el Gobierno de Estados Unidos fue reticente a involucrarse en las guerras a las que fue invitado. Robert Lefevre (1954/1972, pág. 17) escribe que entre 1804 y 1815 los franceses y los ingleses insistieron infructuosamente para que Estados Unidos se involucrara en las guerras napoleónicas; lo mismo ocurrió en 1821, cuando los griegos invitaron al Gobierno estadounidense a que enviara fuerzas en las guerras de independencia; en 1828 Estados Unidos se mantuvo fuera de las guerras turcas; lo mismo sucedió a raíz de las trifulcas austríacas de 1848, la guerra de Crimea en 1866, las escaramuzas de Prusia en 1870, la guerra chino-japonesa de 1894, la guerra de los bóeres en 1899, la invasión de Manchuria por parte de los rusos y el conflicto ruso-japonés de 1903, en todos los casos, a pesar de pedidos expresos para tomar cartas en las contiendas.

El abandono del legado de los padres fundadores comienza a darse con el inicio de la Primera Guerra Mundial. No solo comienza un abandono de la política exterior de no intervención, sino que también se observa un Estado creciente, más intervencionista y un paulatino abandono del patrón oro y del federalismo. El poder ejecutivo comenzó a ejercer poco a poco una creciente autonomía, y a pesar de las provisiones constitucionales en contrario opera con una clara preeminencia sobre el resto de los poderes, avasallando las facultades de los Estados miembros.

Lefevre escribe que desde la Primera Guerra Mundial en adelante “la propaganda ha conducido a aceptar que nuestra misión histórica [la estadounidense] en la vida no consiste en retener nuestra integridad y nuestra independencia y, en su lugar, intervenir en todos los conflictos potenciales, de modo que con nuestros dólares y nuestros hijos podemos alinear al mundo (…) La libertad individual sobre la que este país fue fundado y que constituye la parte medular del corazón de cada americano [estadounidense] está en completa oposición con cualquier concepción de un imperio mundial, conquista mundial o incluso intervención mundial (…) En América [del Norte] el individuo es el fundamento y el Gobierno un mero instrumento para preservar la libertad individual y las guerras son algo abominable. (…) ¿Nuestras relaciones con otras naciones serían mejores o peores si repentinamente decidiéramos ocuparnos de lo que nos concierne?” (Lefevre, 1954/1972, págs. 18-19).

A partir de las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años treinta se nota un quiebre en la política internacional americana respecto de su política exterior. De ser el máximo opositor a la política imperialista, pasó a crear el imperio más grande del siglo XX. A partir de allí ya no hubo retorno.

Alberto Benegas Lynch (h) (2008) es muy gráfico al enumerar las intromisiones militares en el siglo XX en que Estados Unidos se vio envuelto, las que incluye a Nicaragua, Honduras, Guatemala, Colombia, Panamá, República Dominicana, Haití, Irán, Corea, Vietnam, Somalia Bosnia, Serbia-Kosovo, Iraq y Afganistán. Esto generó en todos los casos los efectos exactamente opuestos a los declamados, pero, como queda dicho, durante la administración del segundo Bush, la idea imperial parece haberse exacerbado en grados nunca vistos en ese país, aún tomando en cuenta el establecimiento anterior de bases militares en distintos puntos del planeta, ayuda militar como en los casos de Grecia y Turquía o intromisiones encubiertas a través de la CIA.

En otros términos, Estados Unidos fue copiando el modelo español. Copió su proteccionismo, luego su política imperialista, y ahora hacia comienzos del siglo XXI su Estado de bienestar, el que ya deja al Gobierno norteamericano con un Estado gigantesco, déficits públicos récord y una deuda que supera el 100% del PIB.

Un estudio de William Graham Sumner (1899/1951, págs. 139-173) nos es de suma utilidad al comparar el imperialismo español con el actual norteamericano, aun cuando sorpresivamente su escrito tiene ya varias décadas: “España fue el primero (…) de los imperialismos modernos. Los Estados Unidos, por su origen histórico, y por sus principios constituye el representante mayor de la rebelión y la reacción contra ese tipo de Estado. Intento mostrar que, por la línea de acción que ahora se nos propone, que denominamos de expansión y de imperialismo, estamos tirando por la borda algunos de los elementos más importantes del símbolo de América [del Norte] y estamos adoptando algunos de los elementos más importantes de los símbolos de España. Hemos derrotado a España en el conflicto militar, pero estamos rindiéndonos al conquistado en el terreno de las ideas y políticas. El expansionismo y el imperialismo no son más que la vieja filosofía nacional que ha conducido a España donde ahora se encuentra. Esas filosofías se dirigen a la vanidad nacional y a la codicia nacional. Resultan seductoras, especialmente a primera vista y al juicio más superficial y, por ende, no puede negarse que son muy fuertes en cuanto al efecto popular. Son ilusiones y nos conducirán a la ruina, a menos que tengamos la cabeza fría como para resistirlas”.

Y más adelante agrega (1899/1951, págs. 140-151): “Si creemos en la libertad como un principio americano [estadounidense] ¿por qué no lo adoptamos? ¿Por qué lo vamos a abandonar para aceptar la política española de dominación y regulación?”

Volviendo a la pregunta de esta nota, y debo decir -afortunadamente-, Estados Unidos ha evitado en este tiempo una intervención militar sobre Venezuela. Entiendo el llamado del presidente Trump a la comunidad internacional como una solicitud para reconocer a un nuevo presidente interino que llame a elecciones dado que Maduro no fue elegido legítimamente. Esto no es elegir al nuevo presidente de Venezuela. Esto es muy diferente a las intervenciones militares que ha desarrollado durante gran parte del siglo XX. Esperemos que Estados Unidos se mantenga en línea, esta vez, bajo el principio de no intervención.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Si quieres salvar al mundo, usa la lógica

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 3/1/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/01/03/si-quieres-salvar-al-mundo-usa-la-logica/

 

“Si quieres cambiar el mundo, vuelve a tu casa y ama a tu familia”, decía con razón Teresa de Calcuta y, parafraseándola, agregaría que, si quieres enderezar al globo, no olvides a la lógica. Es que tenemos la holgazana costumbre de que, cuando no entendemos algo, dejamos de lado la coherencia con tal de encontrar alguna “explicación” fácil, aunque esta respuesta siendo ilógica termine provocando el efecto contrario.

Por caso, muchos condenan la violencia pero luego, asustados por los graves daños que provocan algunas sustancias, las prohíben. Ahora ¿cómo reprimen a los vendedores, con flores o con la policía? Para esto sí les vale la violencia, incoherentemente, y el resultado es que, solo en México, la “guerra contra las drogas” lleva más muertos que la de Vietnam. En tanto, Portugal que no prohíbe estas drogas, es el país de Europa con mejor calidad de vida, según InterNations, entre otras cosas, porque bajó el consumo, desapareció el delito relacionado con los narcos y no tienen terrorismo.

A las puertas de Lisboa se erige una gran estatua de Cristo Rey en agradecimiento por la no participación del país en la Segunda Guerra Mundial (SGM). Se quejaba Charlton Heston, asegurando que les habían dicho que la SGM se hacía para combatir a la tiranía, pero la verdad es que trajo otra peor, la soviética. Es que combatir la violencia -de la tiranía Nazi- con violencia, con una guerra, es incoherente y el resultado fue que se potenció a Stalin, que exportó el comunismo por el orbe, hasta hoy que tenemos que sufrir al castrismo.

Sin la SGM, ¿Hitler habría desaparecido al enfrentar a Stalin? O los dos habrían quedado debilitados cayendo como cayó la URSS en paz que es como la lógica indica: la violencia se elimina con su opuesto, la paz, no con más violencia. Por cierto, que quede claro que, ante la duda, es moralmente inadmisible encarar una contienda que supuso la muerte de más de 60 millones de personas “por si acaso”.

Pero veamos incoherencias más “domesticas”. Por caso, Uber podría utilizar helicópteros en México DF dado que, con 5,5 millones de automóviles circulando, la movilidad presenta un nivel de congestión promedio de 66% -de tiempo perdido, en relación con el utilizado con tránsito normal- aunque en horas pico puede alcanzar hasta 101%, según un estudio de TomTom Traffic, realizado en 390 ciudades de 48 países.

Los automovilistas de la capital mexicana pierden hasta una hora demás en sus traslados diarios, lo que suma 227 horas al año, equivalente a nueve días, una cifra superior respecto a ciudades de Tailandia, Indonesia, China y Brasil. Según Eugenio Riveroll, de SinTráfico, el tránsito en México DF conlleva un costo anual de US$ 1.804 millones, dada las horas hombre de trabajo pérdidas y los gastos ambientales.

Ahora, es creencia popular, alentada por los políticos, que esto se debe al “progreso”: habría más autos, dada la mejor tecnología que abarata su costo y el aumento del poder adquisitivo de las personas. ¿Es creíble, es coherente, que algo que complica tanto la vida, sea causado por el “progreso”? No, claramente es un regreso.

Y es culpa del Estado, porque al centralizar el poder que todo regula, las empresas necesitan estar cerca de las oficinas burocráticas provocando una fuerte concentración. Luego, el muy deficiente diseño estatal de las ciudades y su transporte público y las autopistas y calles terminan por provocar este infierno.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Trump, personaje peculiar

Por Alberto Benegas Lynch (h).  Publicado el 12/8/17 en: http://www.elpais.com.uy/opinion/trump-personaje-peculiar-enfoque-benegas.html

 

Hasta determinada etapa y desde el nacimiento de los Estados Unidos era el ejemplo de la libertad y el consiguiente respeto recíproco. Sin embargo de un tiempo a esta parte esa gran nación se ha ido latinoamericanizando en el peor sentido de la expresión. Este fenómeno, por lo menos hasta el presente, ha llegado a su punto más alto con la administración de Donald Trump.

Este presidente ha comenzado su gestión insultando a periodistas. En lugar de señalar sus desacuerdos ha optado por decirles que son deshonestos y echar a algunos de sus conferencias de prensa en la Casa Blanca como si el lugar le perteneciera. Ahora ese gobierno anuncia que citarán a algunos periodistas que han informado sobre temas que el aparato estatal considera son reservados, lo cual vulnera los principios más elementales de la libertad de prensa. Y esto ocurre nada menos que en el país cuya tradición esta indisolublemente atada a su Primera Enmienda. Al efecto de subrayar la trascendencia de este valor, Thomas Jefferson ha escrito que “ante la alternativa de un gobierno sin libertad de prensa y una en la que no hay gobierno pero en el que prima la libertad de prensa, me inclino por lo segundo”.

También Trump ha tenido trifulcas con la Justicia a raíz de sus ideas xenófobas y con al Poder Legislativo como consecuencia de su proyecto sobre salud. Hasta el momento no ha mostrado consideración con la prensa ni con la división de poderes, ambas áreas centrales en un sistema republicano, a lo cual cabe agregar algunas actitudes beligerantes respecto a zonas de conflicto en las que se aleja del camino diplomático co-mo si no hubieran existido los fiascos de Vietnam, Corea, Somalia, Bosnia, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Haití, República Dominicana y la “guerra preventiva” en Irak.

Es de interés recordar en este contexto el pensamiento del general Washington y también el de John Quincy Adams. El primero escribió: “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”.

Y por su parte -préstese especial atención- , Adams consignó que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir […] Desea la libertad y la independencia de todos. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas […] Podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”. También lo dicho por el General Eisenhower en su discurso de despedida de la presidencia en el que advirtió que “el mayor peligro para las libertades individuales del pueblo americano [norteamericano] es el complejo militar-industrial”.

Por otra parte Trump viene machacando desde su campaña electoral una postura mal llamada “proteccionista” (porque desprotege a los consumidores a quienes obliga a comprar más caro y de peor calidad) lo cual lamentablemente va en línea con los nacionalismos hoy en boga en Europa.

Ahora propone bajar impuestos, lo cual es desde luego loable pero para ello debe reducir el gasto público, rubro que propone incrementar para ser financiado con una enésima ampliación del techo legal que tiene vigencia y que hoy ya representa más del cien por cien del producto bruto.

A este cuadro de situación en el mundo de hoy se agrega un Papa peronista que critica severamente un capitalismo inexistente ya que ocurre lo contrario a la limitación al abuso del poder, a través de gastos públicos astronómicos, impuestos insoportables, deudas estatales mayúsculas, manipulaciones monetarias que estafan especialmente a las personas más necesitadas y regulaciones asfixiantes a las actividades creativas.

Es entonces muy preocupante que el otrora baluarte del mundo libre se haya convertido en un populismo más o menos rampante con un presidente que ni siquiera puede poner orden en sus voceros y responsables de la comunicación, que se ve obligado a cambiarlos a cada rato.

Bajo el pretexto de la seguridad, la situación en EE.UU. se ha modificado mucho para mal respecto a las libertades individuales. Hoy se interfieren secretos bancarios, se multiplican escuchas telefónicas, se abandona en repetidos casos el debido proceso en medio de procedimientos inmorales como los “salvatajes” promulgados por Bush II para financiar compulsivamente con el fruto del trabajo de quienes no tienen poder de lobby a empresas irresponsables, ineptas o las dos cosas al mismo tiempo. En este último sentido, tengamos también presente lo escrito por Benjamin Franklin en cuanto a que “el gobierno que renuncia a la libertad en pos de la seguridad, no tendrá ninguna de las dos”.

Para bien de todos, es de desear que las enormes reservas morales que existen en muy diversos ámbitos estadounidenses puedan revertir estos síntomas, en consonancia con los valores y principios consignados en su momento por la visión extraordinaria de los Padres Fundadores.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Estados Unidos ha tomado un rumbo preocupante

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/5/17 en http://www.lanacion.com.ar/2019476-estados-unidos-ha-tomado-un-rumbo-preocupante

 

Contra los valores que lo hicieron grande, el país que preside Trump parece optar por el nacionalismo y el conflicto

 

Para todos los que admiramos la tradición estadounidense como el baluarte de la libertad, resulta triste y preocupante el rumbo que ha tomado de un tiempo a esta parte ese país, a contracorriente de los valores y principios sustentados por los Padres Fundadores.

Donald Trump ha comenzado su gestión insultando a periodistas con los que no coincide y bloqueando la entrada a conferencias de prensa en la Casa Blanca como si fuera el dueño del lugar. En vez de señalar sus desacuerdos opta por decir que son deshonestos; en lugar de velar por la sacrosanta libertad de expresión que es base de una república, se inclina por la agresión.

En dos oportunidades consecutivas, al ser rechazadas por la justicia sendas resoluciones xenófobas respecto a los inmigrantes, enfrentó esos rechazos con exabruptos completamente opuestos a la necesaria actitud responsable del Poder Ejecutivo para con la división de poderes. Actuó del mismo modo intempestivo con representantes del Poder Legislativo al no ser aprobada su propuesta respecto al sistema de salud vigente que, en definitiva, pretendió sustituir por un proyecto con iguales inconvenientes centrales.

Trump inició entonces su administración con reiterados choques contra instituciones básicas, a lo que agregó reducciones de impuestos que contrastaron con anuncios de incrementos siderales en el gasto público, lo cual es lo mejor para provocar una crisis fiscal mayúscula (aún mayor que la ya latente, si se toma en cuenta el significado del nivel colosal de endeudamiento que hoy supera al ciento por ciento del PBI).

Con este inicio muy poco favorable, con alta imagen negativa en la opinión pública y en la mayor parte de la prensa de prestigio, de modo inconsulto y sin la aprobación del Congreso, dio la orden de bombardear Siria en un todavía no aclarado hecho con gas venenoso y letal del que -como destaca, entre otros, el tres veces candidato a la presidencia norteamericana Ron Paul- aún no se sabe a ciencia cierta si fue producido por los rebeldes contra el tirano Basha al-Assad o por él mismo. Y luego “la madre de todas las bombas” sobre Afganistán, lo que ha intensificado el revuelo en esas zonas y entre sus aliados, y ha ayudado a resucitar el espíritu nacionalista que ya caracterizaba al nuevo gobierno de Estados Unidos, en línea con los desmadres electorales en Europa: en Francia, el Frente Electoral; en Alemania, el Partido Alternativa para Alemania; en Dinamarca, el Partido del Pueblo Danés; en Suecia, los Demócratas Suecos; en España, Podemos; en Austria, el Partido de la Libertad; en Italia, la Liga del Norte; en Hungría, el Partido por una Hungría Mejor, y en Inglaterra, el costado nacionalista del Brexit.

En cualquier caso, el punto consiste en discutir el rol de Estados Unidos como policía del mundo. Para esto nada mejor que tomar en primer lugar el pensamiento del general Washington y también el de John Quincy Adams. El primero escribió: “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”.

Y por su parte -préstese especial atención-, Adams consignó que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir […] Desea la libertad y la independencia de todos. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas […] Podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”.

Recordemos los fenomenales fiascos estadounidenses en el siglo XX en Vietnam, Somalia, Bosnia, Corea, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Haití, Panamá, República Dominicana, la reciente patraña de “las armas de destrucción masiva” en Irak y la consecuente “guerra preventiva” . Ives Eland explica en detalle el caso de Filipinas y concluye que “las fuerzas de Estados Unidos incendiaron pueblos, destrozaron cosechas y ganado, torturaron y ejecutaron prisioneros y liquidaron a civiles inocentes”. Recordemos también que el general Eisenhower, en su discurso presidencial de despedida, advirtió que “el peligro mayor para las libertades del pueblo americano [norteamericano] es el complejo militar-industrial”.

Niall Ferguson, uno de los pioneros de la historia contrafáctica, pone en tela de juicio incluso la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra debido a que, si bien eliminaron al asesino serial de Hitler, le entregaron en Yalta a Hitler II (Stalin) una parte sustancial de Europa. Claro que mirar el tema con el diario del día después, alejados del momento y del contexto, puede no ser lo más conveniente.

El presidente Truman hizo su mea culpa quince años después de haber creado la CIA, en 1945, como sustituto de la Oficina de Asuntos Estratégicos (creada durante la Segunda Guerra Mundial) al manifestar que nunca pensó que aquella novel repartición “serviría para preparar asesinatos, conspiraciones contra gobiernos, torturas, operaciones paramilitares clandestinas reñidas con la ética más elemental, y espionajes”.

Hay sin duda muchos canallas al frente de muy diversos gobiernos, pero el extraordinario esplendor de Estados Unidos -incluidos sus desvíos- fue, entre otras cosas, el resultado de tomar con seriedad los valores que hemos ilustrado con citas de peso en su historia. Por otro lado, no parecen prudentes las acciones bélicas desplegadas por Estados Unidos, especialmente por las consecuencias que estas iniciativas puedan acarrear en el llamado mundo libre. Sobre todo cuando la situación ha cambiado en mucho respecto a las libertades individuales. Con pretextos varios , hoy se interfieren secretos bancarios, se multiplican las escuchas telefónicas, se abandona en repetidos casos el debido proceso, todo en medio de regulaciones asfixiantes, gravámenes crecientes, procedimientos inmorales como los denominados “salvatajes” por los que los que trabajan y no tienen poder de lobby debieron sufragar a empresarios ineptos, irresponsables o las dos cosas al mismo tiempo, y la pretensión de endosar compromisos financieros al futuro en una seguidilla sin término para renovar los techos normativos del endeudamiento.

No debe descartarse que los marcos institucionales de ese país y sus reservas morales finalmente se impongan y puedan poner límites a tanto sobresalto, aunque a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones ambos partidos tradicionales revelan una llamativa decadencia. Está en juego el futuro de todos los que desean vivir en un clima de paz, por más que el planeta deba convivir con sátrapas de diverso color y se abandonen valores clave en pos de otros que apuntan al renacimiento de los nacionalismos que tanto daño han hecho.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Análisis de la guerrilla (2)

Por Gabriel Boragina Publicado  el 19/2/17 en: http://www.accionhumana.com/#!/2017/02/analisis-de-la-guerrilla-2.HTML

 

Como hubiéramos dicho antes[1] la historia de la guerrilla demostró como la misma degeneró, de ser una fuerza defensiva irregular hasta transformarse en una fuerza ofensiva (manteniendo -no obstante- su carácter de irregular).

“Los guerrilleros abundaron en las acciones de independencia americana: así Martín Güemes en Argentina, José A. Páez en Venezuela, Manuel Rodríguez en Chile. Los hubo luego en Francia ocupada (“partisans”), en los países árabes, en Rusia, en China, en Vietnam. T. E. Lawrence, Mao y el “Che” Guevara las practicaron y también adoctrinaron sobre las mismas, siguiendo las huellas de Karl von Clausewitzí (On War, 3 ed., 1940), el primer teórico militar que dedicó atención a la estrategia guerrillera.”[2]

Este párrafo hace una mezcolanza que es importante aclarar. Las guerrillas de Mao y el “Che” Guevara no tuvieron que ver con la independencia americana, ya que lo que Mao y Guevara pretendían eran dar golpes de estado mediante acciones guerrilleras, que fue lo que también hizo Fidel Castro en Cuba con lamentable éxito. Mao dio el golpe en China, pero Guevara fracasó en sus intentos de golpes en países extranjeros. En este punto, es trascendental explicar que cualquier guerrilla se deslegitima cuando inicia el uso de la fuerza, lo que claramente no ha tenido que ver con países ocupados o invadidos. La historia de la guerrilla (hasta aquí reseñada) revela que hubo una degeneración de la misma, pasando de ser una fuerza defensiva (excusable) a ser otra ofensiva (inexcusable). Así, por ejemplo, la guerrilla argentina en el siglo XX tuvo dicho sesgo ideológico marxista-maoísta-guevarista y condición claramente ofensiva, no defensiva. Ha sido el caso, particularmente del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), Montoneros (peronistas) y otras organizaciones similares a estas.

“En la actualidad, las guerrillas tienen un fuerte sustento ideológico, y tratan de arraigar en el pueblo, al que ofrecen alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios que tienden a popularizarlas. Su organización es severamente militar, sobre la base de células pequeñas que actúan como compartimientos estancos, sin conexión inmediata entre sí, para evitar delaciones o infidencias.”[3]

Es de destacar que el autor escribe su artículo en pleno auge de la guerrilla argentina, lo que puede ser un factor de importancia a la hora de observar la notable ambigüedad de su artículo. Aunque no aclara a cuáles guerrillas -en concreto- se está refiriendo en la cita, por lo que también resulta forzoso aclarar que -siempre en el caso argentino- no se dio el intento de la guerrilla de “arraigar en el pueblo” ofreciendo “alimentos, dinero, atención médica y distintos servicios”. Por el contrario, la guerrilla argentina arremetió contra civiles y militares sin discriminación. En cambio, su organización fue –en efecto- severamente militar.

“Las armas de la guerrilla son, en principio, obtenidas de sus propios adversarios, a quienes procuran despojar. Asimismo, una guerrilla organizada siempre cuenta con posibilidades de fabricación “casera” de armamentos, explosivos y ropas, que a veces se montan en gran escala en campamentos o “santuarios”. Tales “santuarios”, que sirven para descanso, aprovisionamiento y organización, han sido, como en el caso de las fuerzas de Tito en Yugoeslavia, verdaderas catacumbas. La guerrilla, originariamente rural, se ha trasladado actualmente a las ciudades; y con frecuencia utiliza métodos sorpresivos, muy difíciles de prever, así como el sabotaje y el terror indiscriminado; y asaltos o secuestros para obtener dinero, que siempre necesita en cantidad.”[4]

En el caso de la guerrilla argentina de los años 70, se dieron todas estas combinaciones. Pero, además, es menester señalar que las organizaciones guerrilleras contaron con profusa provisión de armamento altamente sofisticado y de última generación proveniente de países extranjeros que promovían sistemáticamente la guerrilla a nivel internacional. Las fuentes de provisión de material bélico pesado procedían de la entonces existente URSS (en esa época poderosa potencia militar), Libia, al mando de Muammar El Kadafi, y -en nuestro propio continente- de Cuba con Fidel Castro a la cabeza, entre otros países de ideología afín, que adiestraban y alentaban el fenómeno guerrillero en el exterior. Montoneros, ERP, FAL, y otras facciones menores por el estilo, practicaron profusamente y con entusiasmo la metodología de secuestro, tortura y pedidos de sumas millonarias en concepto de rescate de sus víctimas.

“Existe además una permanente tendencia de los equipos guerrilleros a “regularizarse”, y algunos jefes árabes han recibido cierto “status” aún por parte de las Naciones Unidas. Las fuerzas antiguerrilleras, en cambio, pretenden siempre tratarlos como simples bandidos, que no deben recibir, pues no practican tampoco, ninguno de los beneficios de las leyes de guerra. Esa lucha es muy difícil, en parte porque cierto conservadorismo de la oficialidad regular, apegada a procedimientos tradicionales, dificulta la adopción de tácticas eficientes e imaginativas. Asimismo, porque la lucha antiguerrillera suele causar molestias a la población inocente, irritándola contra los elencos regulares (Peter Paret • John Shy, Guerrilla y contraguerrilla, Ed. J. Alvarez, B». As., 1964, que incluye La guerra de guerrillas de Ernesto Guevara).”[5]

Recordemos que el autor en examen escribe su artículo en épocas de auge guerrillero. Resulta de interés remarcar que aquel atribuye la dificultad de combatir la guerrilla al hecho de que la oficialidad regular se resiste a adoptar la misma sistemática que practicaban los guerrilleros. Se deja en claro, una vez más, que el combate contra la guerrilla se da en un estado de guerra.

“Las guerrillas han logrado éxitos importantes; sin embargo, adolecen de ciertas limitaciones. En primer lugar la constante necesidad de mantener la ofensiva, arriesgando a veces una derrota que las suprima o desprestigie; además, su carácter “secundario”, ya que normalmente sirven como elemento de apoyo, pero por sí solas son poco aptas para tomar el poder.”[6]

La guerrilla argentina estuvo a un punto de tomar el poder, pero no depusieron las armas voluntariamente. De alguna forma, la cita señala la inutilidad final de la guerrilla. Los guerrilleros expertos estaban bien conscientes de aquellas limitaciones, no obstante lo cual arremetieron cada vez con más saña. El rechazo de la población civil víctima de sus ataques y el apoyo explícito (o implícito) civil a las fuerzas armadas que contrarrestaron a los guerrilleros, fueron factores determinantes que evitaron la toma del poder por parte de estos últimos.

[1] Análisis de la guerrilla

[2] Dr. Horacio J. Sanguinetti. Voz “Guerrilla” en Enciclopedia Jurídica Omeba. Apéndice 2 Letra G

[3] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[4] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[5] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

[6] Dr. Sanguinetti, H. J. Op. Cit. Ídem.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Incesante persecución a los cristianos en el mundo

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/1/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1977128-incesante-persecucion-a-los-cristianos-en-el-mundo

 

Como todos los años, la “Asociación Puertas Abiertas” acaba de publicar las cifras que tienen que ver con lo sucedido el año pasado en las incesantes persecuciones desatadas contra los cristianos que lamentablemente se suceden a lo largo y ancho del mundo actual. Hablamos de la persecución religiosa más intensa de todas las distintas persecuciones que hoy existen. Del pisoteo, entonces, de una de las libertades esenciales del ser humano: la libertad de conciencia.

En el 2016, las persecuciones más intensas contra los cristianos ocurrieron en: Corea del Norte, Somalía, Afganistán, Pakistán, Sudán, Siria, Irak e Irán, Lamentablemente hay, entre los 50 países del mundo en los que las persecuciones contra los cristianos fueron las más intensas el año pasado, dos países latinoamericanos: esto es México y Colombia, que ocupan los lugares 41° y 50°, respectivamente de ese sórdido listado.

En 21 de aquellos países que conforman el grupo de los 50 países del mundo en los que las persecuciones contra los cristianos son las más intensas ellas apuntan al 100% de los que profesan esa fe. A todos.

En el 2016 el aumento de las persecuciones contra los cristianos fue particularmente notable en el sudeste asiático. Muy especialmente en la India, donde cada día del año pasado se registraron unos 15 ataques violentos contra los cristianos. Pero también en Vietnam, Laos, Bangladesh y Pakistán. Cabe apuntar que en esos rincones del mundo creció simultáneamente una variante agresiva del nacionalismo.

Nigeria, por su parte, fue el país que más mártires cristianos generó el año pasado, fundamentalmente como consecuencia de los atentados perpetrados por los extremistas islámicos que militan en el movimiento denominado: “Boko Haram”, afiliado a Al Qaeda. Los asesinatos de cristianos fueron también muy intensos en Pakistán, Kenya, Siria y en México. A su vez, el número de incendios de templos cristianos fue mayor en Pakistán, seguido en esto por China, Vietnam, Sri Lanka y Nigeria.

La persecución contra los cristianos más intensa de todas es ciertamente la que tiene por escenario a Corea del Norte, cuya capital, recordemos, alguna vez fuera denominada la “Jerusalem de Oriente”. Allí, el sólo hecho de ser cristiano genera el riesgo de ser internado en campos de concentración y “reeducación” en los que se castiga intensamente a los internados hasta que abjuren de su fe. Se cree que, pese a ello, aún hay unos 300.000 cristianos norcoreanos que no han renunciado a serlo.

La difícil situación de los cristianos en otro rincón del mundo, Medio Oriente, merece algunos comentarios particulares.

Hace apenas un siglo, esto es desde justo antes de la Primera Guerra Mundial, los cristianos, considerados como grupo religioso, conformaban aproximadamente el 20% de la población total de Medio Oriente. Hoy ellos -transformados en una minoría minúscula- son apenas un 2% de esa población.

Han sido obviamente licuados. Diezmados, de mil maneras. Objeto, entonces, de una silenciada pero eficaz “limpieza religiosa o confesional”. Hablamos de una cruel cacería, sistemática y constante.

Pocos, sin embargo, hablan de esto. Pero es un hecho real, notorio, e innegable. El éxodo de los cristianos de sus lugares de origen aún se mantiene, aunque realmente sean muy pocos, en Medio Oriente. Las multiformes persecuciones musulmanas organizadas contra los cristianos se han sucedido unas a otras, constantemente. Ellas desgraciadamente han cambiado el mapa religioso de la región.

Hoy en Irak, por ejemplo, la mayoría de los cristianos integra el grupo de los “desplazados internos”. Han tenido que abandonar sus lugares originarios y vivir lejos de ellos, en la precariedad. Por primera vez en dos mil años ya no hay prácticamente más cristianos en la sitiada segunda ciudad de Irak, Mosul.

Lo mismo sucede en la llamada Mesopotamia, que alguna vez alojara a un gran número de comunidades de cristianos asirios y caldeos. Muchos de ellos viven en tristes campamentos de refugiados en distintos rincones del llamado Kurdistán o dispersos por el mundo. Después de haber presenciado, impotentes, como los milicianos del Estado Islámico profanaban sus templos, a cara descubierta. Y como saqueaban impunemente sus casas y propiedades, confiscando sus tenencias. Algo siempre difícil de olvidar, que marca a fuego a la gente. Lo cierto es que los fieles de la que es la primera religión del mundo han visto así como se los expulsaba de las tierras propias, muy cerca de las cuales históricamente naciera su fe cristiana.

Desde el brutal genocidio otomano de los armenios y de los asirios, en 1915, los cristianos han sido también lentamente erradicados de Turquía.

Luego, los griegos fueron expulsados de Asia Menor, en 1922. Los templos y monasterios fundados en su momento por los apóstoles y los discípulos de Jesús han sido, en muchos casos, destruidos o están convertidos en ruinas.

Tras ello vino la guerra civil del Líbano, país que fuera el único de Medio Oriente con una mayoría cristiana: la maronita. Ya no lo es. Sus cristianos han perdido la predominancia que tuvieran. En cambio, el Líbano está sustancialmente en manos de la organización musulmana: “Hezbollah”, digitada -con rienda corta- desde Irán. Ya no hay cristianos ni en el sur del país ni, menos aún, en el valle de Bekaa. Tan sólo musulmanes, en lo que es ya una absoluta homogeneidad prevaleciente. Los viejos propietarios de la tierra han devenido en muchos casos casi intrusos, en lo que es una realidad distinta provocada por aquellos que se empeñan en rescribir la historia a su gusto y paladar.

La antedicha es una secuencia realmente deprimente, razón por la cual el mundo occidental ya casi no habla de esta conmovedora tragedia de los cristianos. Que es real y continúa ocurriendo. Una desgracia que ciertamente duele y es perversa.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿El principio del fin?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 12/12/16 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/el-principio-del-fin-1052897

 

Algunos latinoamericanos vienen inclinándose por el libre comercio y la apertura (México, Chile, Perú y Colombia, etc.) aunque muchas veces, como el caso de Argentina, sean solo bonitos discursos, mientras EE.UU. que siempre lo pregonó parece haber caído en la “trumpa”. El primer error de Trump, fue nombrar para la transición en el Tesoro a un defensor del embargo a Cuba, que no es otra cosa que prohibirles -coartar la libertad- a los americanos, el comercio con la isla. El presidente electo de EE.UU. hizo unos anuncios entre los que llama la atención que no mencionara el muro (que, en rigor, ya existe en casi la mitad de su extensión), ni la derogación del Obamacare, ni la restricción de la entrada de musulmanes o presuntos terroristas. Sí anunció que reemplazaría, por acuerdos bilaterales “justos”, al TPP que incluye a 12 países del Pacífico (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EE.UU. y Vietnam) que suman el 40% del PIB global y cuyo fin era contener a China.

Durante la reciente cumbre de la APEC (21 países que suman el 49% del comercio mundial), en Lima, se reafirmó la apertura de los mercados y su anfitrión, el presidente peruano -que tiene 50% de aprobación gracias a su política de libre comercio y privatizaciones lo que conduciría a un crecimiento del PIB del 4.2% este año- insinuó que si EE.UU. se retira podría ser reemplazado por China que adquiriría mayor peso global. Si sumamos que algunos empiezan a ver a Alemania como el líder global de la libertad -en contraposición a las políticas de Trump- y como todo lo que sube cae, quizás sea este el principio del retraso de EE.UU. como líder global.

Anuncios positivos han sido la eliminación de las restricciones al “fracking” y que, por cada regulación nueva, se eliminarán dos, con lo que se beneficiaría mucho el sector financiero. Independientemente de si las regulaciones tienen buenas intenciones, no es con violencia (regulaciones coactivas basadas en el poder de policía, violencia estatal) como se solucionan las cosas.

Ahora, en cuanto a la expectativa de crear empleo a partir de la eliminación de restricciones a la producción de carbón, vale recordar que a mediados de los 80 este sector empleaba a 250,000 trabajadores y hoy solo a 50,000 y, con la explosión del “fracking” que ha abaratado al gas, su cuota en la provisión energética ha caído del 21% al 16%. La política de Trump es contradictoria, porque no se puede fomentar el gas natural y el carbón al mismo tiempo.

El posible aumento del gasto militar, las restricciones a la entrada de trabajadores, y la prohibición a altos cargos de ejercer de “lobbyistas” en los 5 años posteriores a su salida del Ejecutivo son buenas noticias.

Así las cosas, el casi utópico referéndum de independencia (Calexit) de una California dominada por los demócratas, previsto para el 13 de marzo de 2019, podría tomar color dada la oposición que Trump genera. Esta California, la sexta economía del mundo, que -junto con otros tres Estados- acaba de aprobar el uso recreativo de la marihuana, el paso hacia la legalización del cannabis. Claramente estas drogas son muy dañinas, pero su prohibición -la represión violenta- solo conduce a más violencia, a esta atroz guerra contra las drogas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.