Por qué los países de mayor peso estatal tienen más pobres

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/1/19 en: https://www.ambito.com/por-que-los-paises-mayor-peso-estatal-tienen-mas-pobres-n5012454

 

La riqueza de los multimillonarios globales aumentó en u$s 900.000 M durante 2018, mientras que, los ingresos de la mitad más pobre cayó 11 %, según Oxfam, que promueve aumentar los impuestos a los ricos y derivarlos para “achicar desigualdades”. Pero así enriquecerían a los políticos y aumentaría la pobreza.

Los impuestos -y todo peso fiscal-, aunque sean dirigidos a los ricos, éstos los derivan subiendo precios, bajando salarios o cortando inversiones. Así, lo que cobra el Gobierno llega, sobre todo, desde los pobres, y los políticos se enriquecen al quedarse con parte en sueldos siendo lo que vuelve a los de menos recursos inferior a lo que se les quitó. Por esto, los países de mayor peso estatal tienen más pobres. Por cierto, la presión fiscal se ejecuta con el monopolio de la violencia -el poder de Policía- y, como toda violencia, destruye.

El endeudamiento estatal, por su lado, encarece el crédito, y aumenta la inflación -exceso de oferta de moneda en tiempo real- ya que absorbe demanda. Por eso, por las altas tasas del BCRA la inflación en 2018 -47,6%- superó al crecimiento del 35% de la base monetaria: cayó la demanda casi 13%. Y la inflación es otra vía estatal para quitar dinero -emitir para gastos quitando valor a la moneda- perjudicando más a los más pobres; los ricos suben precios

Mientras que la inflación en 2018 fue del 47,6%, los precios para consumos de los indigentes aumentaron 53,5% y 52,9% para los pobres. Así resulta lógico que en noviembre las ventas en supermercados cayeran 12,5% en volumen, 14,7% en autoservicios y en shoppings 16,3%. La peor caída del año, pero el oficialismo, en Davos, pronosticó que con más exportaciones y consumo el PBI crecerá 4% en el cuarto trimestre y 0% en todo 2019: imposible, ya que crece la presión fiscal en relación con el PBI privado.

Por cierto, Davos es el foro del “establishment” que, a pesar del falaz discurso “pro-mercado”, trata de mantener el satu quo y no avanzar hacia la libertad económica. Un clásico allí es cómo recaudar más beneficiando a la marea de políticos y burócratas presentes y a los “empresarios” -favorecidos por leyes estatales- que escoltan al capitalismo de amigos. Shawn Donnan escribió en Bloomberg que “en Davos las elites se apresuran a las barricadas… (con) una prioridad…: defender el orden global”.

“Orden” que mantiene cerrado al Gobierno en EE.UU. Unos 800.000 los empleados afectados, 40% de la Administración federal, el mayor empleador nacional superando en 500.000 a Wal-Mart, la empresa privada que más empleados tiene. Según Paul Light, de la Universidad de Nueva York, la cantidad de trabajadores afectados de empresas privadas contratistas llega a 1,2 M.

Para Bloomberg, el cierre cuesta u$s 200 M diarios a estas empresas y el 0,25% del PBI en el primer trimestre, dejando al crecimiento debajo del 2%, y aumentando la posibilidad de recesión. La curva de tasas en EE.UU. estaría reflejando una desaceleración lo mismo que el VIX, el índice de aversión al riesgo que mide la volatilidad de los futuros que se hacen sobre el SP 500, hoy rondando 20 pero podría llegar a 35.

“Orden” que hoy se pelea rencorosamente en Venezuela aunque, aun así, es creíble la caída del petróleo a mediano plazo, porque cada vez se usa menos, dadas las alternativas y la tecnología que ahorra consumo y porque, gracias al shale oil, EE.UU. es el mayor productor global con 11,8 M de barriles diarios superando hoy a Arabia Saudita que podría producir 12 M a su máxima potencia, pero en 2019 EE.UU. alcanzaría los 12,9 M superando al potencial saudí.

Además, está la guerra comercial que, en rigor, no es el problema de fondo, sino que China creció solo 6,6% en 2018. Pero no es culpa de Trump, desde 2015 el crecimiento del PBI bajó del 7% por primera vez desde 1990. Y las predicciones son que siga cayendo en la primera mitad de 2019 y luego suba para terminar el año entre 6% y 6,3%. Como señalaMichael Schuman, según el BIS, la deuda total china en relación con el PBI llegó al 253% en 2018, desde el 140% de la década anterior. No hay economía emergente desde los 90 que haya provocado semejante expansión sin entrar en crisis financiera.

Para sumar incertidumbre los británicos no consiguen aclarar el “brexit”. Entonces, la economía global se desaceleraría en 2019 zafando España, entre otros. Y así, los mercados globales parecen apáticos. Europa pinta un poco mejor aún con los augurios a la baja del BCE que decidió mantener la tasa de interés en 0%.

A pesar de que IBM, U. Technologies, P&G y otras compañías superaron las previsiones en sus buenos resultados, la flojedad de Wall Street evidenciaría un agotamiento comprador con una ecuación rentabilidad/riesgo, poco atractiva que encuentra un suelo fiable en los mínimos de Navidad, 11% debajo de los niveles actuales, y una resistencia hasta la que sólo hay 3% de subida. Y la Bolsa porteña… sube ciclotímicamente -sin fundamento en el largo- debido a que su pequeño volumen varía fuerte con la entrada de cualquier “mosca” del exterior.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El negacionismo económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por la ideología: De Pierre Cahuc y André Zylberberg

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 16/3/18 en: http://www.elcultural.com/revista/letras/El-negacionismo-economico-Un-manifiesto-contra-los-economistas-secuestrados-por-la-ideologia/40795

 

Pierre Cahuc y André Zylberberg

Este libro expulsa a los economistas antiliberales más radicales, como los podemitas galos “aterrados”, al mundo de la superstición. La economía, alegan los autores, es una ciencia, y oponerse a sus conclusiones es como sostener que el tabaco garantiza la buena salud de los pulmones.

Y la economía demuestra que la demonización de las finanzas y la propuesta de la Tasa Tobin (que no es de Tobin) son insostenibles, aunque “prestan inmensos servicios a los políticos, sobre todo en campaña electoral y en periodos convulsos. Con arrojarlas de carnaza a las masas vengativas, el éxito está asegurado”. Además: “las subidas de impuestos tienen un efecto negativo en el crecimiento”. Desmontan asimismo varias falacias de suma cero, o maltusianas: la llegada de inmigrantes no aumenta el paro ni reduce los salarios, y la reducción de la jornada laboral no crea empleo, como tampoco lo crean las prejubilaciones. Terminan refutando las jeremiadas sobre los peligros de los robots y “el fin del trabajo” pregonadas desde Davos y otros saraos análogamente arrogantes y buenistas.

Para colmo, nadie puede acusarlos de ser agentes del poder económico. Cahuc y Zylberberg dedican un capítulo a desollar a los “empresarios que arruinan Francia” con los camelos de la “política industrial”, cobrando fortunas de consumidores y contribuyentes. Es el típico capitalismo de amiguetes, “fábula” que no sirve para nada “porque son las empresas en declive las que más se movilizan para recibir ayudas públicas. Se juegan su supervivencia. Por desgracia, también vemos que las subvenciones concedidas a esas empresas no les permitieron superar sus dificultades”.

Como era de esperar, muchos han arremetido en Francia contra los autores acusándolos de liberales, y llevándose las manos a la cabeza: ¿cómo es posible que sigamos con el liberalismo del FMI, de los bancos centrales, y de la economía neoclásica? Sin embargo, la teoría neoclásica no es liberal, como sabe cualquiera que haya hojeado un manual, los bancos centrales tampoco, y el FMI menos todavía, porque se ha pasado toda la vida reclamando subidas de impuestos. Y, por asombroso que parezca, tampoco lo son los autores. No critican a los bancos emisores, y no quieren que el gasto público sea menor sino mejor. Afirman que bajar los impuestos es apenas un “remedio milagroso”. Ellos quieren subirlos. Les gusta, como a tantos en la izquierda y en la derecha, el modelo escandinavo, con altos impuestos, con retenciones y sin deducciones, para que nadie se escape, pero con mercados abiertos y flexibles.

Los liberales estarán tentados también de criticarlos por su reduccionismo, o “cientismo”, que diría Hayek, y por su visión de la economía como una disciplina puramente experimental. No estoy de acuerdo. La teoría económica no está tan alejada de los problemas reales de la gente como a veces se afirma, y ha mostrado en las últimas décadas una mayor pluralidad de enfoques, incluido el institucional. Los autores no declaran que la economía es igual que la física; y, por cierto, la economía experimental no es terreno exclusivo de los antiliberales: que se lo cuenten a Vernon Smith.

Las debilidades de este volumen son otras, empezando por su propio énfasis en la contrastación, que los lleva a ser imprudentes, como cuando dan por sentado que los multiplicadores del gasto local están en torno al 1,5: B. Dupor y R. Guerrero calculan, en cambio, que se sitúan entre el cero y el 0,5 (Journal of Monetary Economics, diciembre de 2017). Como muchos otros economistas, no analizan bien el Estado, y creen que es una suerte de condición exógena, que plantea unas demandas, que los economistas responden de manera técnica y asignativa.

La lógica del propio Estado, como decía equivocadamente Hicks, nos es ajena. Se trata de desatino, que a la postre bloquea el análisis robusto de la realidad. Hay otros errores, como cuando hablan de “bancos” en España, y es obvio que se refieren a las cajas; o de “desregulación” cuando quieren decir lo contrario.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Más naturaleza y menos soberbia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://www.laprensa.com.ni/2018/01/24/opinion/2365428-mas-naturaleza-y-menos-soberbia

 

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble

 

Durante su reciente gira por China, además de abogar por las “nuevas rutas de la seda” el colosal proyecto ferroviario y marítimo entre el Pacífico y Europa, Emmanuel Macron enfatizó la “batalla por el clima”, intentando minimizar el boicot a los acuerdos de París de parte de Trump quien es escéptico y que cree que es una invención de Beijing para atrasar a EE.UU. A raíz de la ola de frío, Donald Trump ironizó diciendo que vendría bien “un poco de ese calentamiento”.

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble: este frío sorprendente se debe a que las cosas se están calentando (¿?), al calentarse el Ártico, el aire frío desciende a latitudes medias, aseguran algunos. Y, según la Organización Meteorológica Mundial, 2017 habría sido el año más cálido desde que se tienen registros.

El oficialista Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmaba que el “calentamiento global” es causado por una sobreproducción humana de dióxido de carbono (CO2). En 2008, un miembro del IPCC, Vincent Gray, denunció que todo era una “estafa”, y son muchos quienes aseguran que la explicación a esta farsa está en la ruta del dinero. Los fondos “recaudados” por los gobiernos son cuantiosos.

Por caso, destinar US$100,000 millones anuales al 2020 es lo que acordaron los países del Fondo Verde para el Clima de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, creado en el 2011.

Ahora, hay otras incoherencias —estas insalvables— en esta posición oficial. Es que la violencia siempre destruye, dice la ciencia, por tanto, esta soberbia gubernamental de creerse dueños de la verdad e imponerla coactivamente, perjudicando al sector privado, es inmoral. Por otro lado, algunas de las industrias más contaminantes —como las petroleras— en buena parte están en manos de los gobiernos, ¿por qué no las cierran? Para una reunión en Davos, en la que se trató el “cambio climático”, los dirigentes llegaron en 1,700 jets privados entre otras cosas, y se calcula que produjeron tanto CO2 como una ciudad de 2,000,000 de personas.

¿Se acuerda de la gripe aviaria y las catástrofes que traería? Nadie la recuerda. ¿Y de la gripe A? Tampoco. Desastres apocalípticos al estilo hollywoodense nunca hubo ni los habrá —solo en la mente de los aprovechados políticos— porque la naturaleza es infinitamente más sabia y no permitirá que la sobrepase un ser mínimo, aunque con una soberbia capaz de creer que puede destruir la obra de Dios.

Por el contrario, resulta coherente y creíble que, sin esta violencia, si dejamos que la naturaleza —y el mercado, espontáneamente— se haga cargo, muy probablemente, si el problema realmente existe, se solucionaría de manera mucho más eficaz.

Por caso, dado que el CO2 es un poderoso fertilizante, según un estudio publicado en Nature Climate Change, la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde lo que contribuye a frenar el efecto invernadero, al absorber los gases tóxicos, y a combatir el hambre debido al aumento de las cosechas. Y, por cierto, los verdaderos defensores de la naturaleza siempre fueron las personas, porque son parte de ella.

Cuánto más vale la tierra cuando tiene árboles, agua natural limpia, aire puro y no tiene ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

La economía argentina no crecerá

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/3/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/03/23/la-economia-argentina-no-crecera/

 

Lo primero que hay que decir es que es falso de toda falsedad que la economía haya tenido que caer para poder luego levantarse. Nada en el cosmos, absolutamente nada, se contrae para luego crecer. China empezó a expandirse fuertemente apenas iniciadas las reformas pro mercado y su PIB llegó a aumentar hasta 13.5% anual (y no existe razón teórica para que un país no pueda crecer más). Un ejemplo más cercano, Chile que hoy supera a la Argentina nada menos que en el índice de Desarrollo Humano ocupando el puesto 38 contra el 45 de Argentina, se expandió inmediatamente de lanzadas las reformas llegando a crecer al 7.8% anual.

Si Argentina cayó en 2016 no se debe a ningún “ajuste necesario” sino a la continuidad de pésimas políticas con no se redirigieron hacia reformas pro mercado, más allá del discurso. La prueba de ello es que el único sector al que se le aplicó una reforma real, aunque débil, el campo, aumentó su producción y su inversión hasta 50% de manera inmediata.

No es serio decir que el país ha salido de la recesión porque habría aumentado el PIB del tercer trimestre 0.1% y el del cuarto 0.5%, en relación al anterior. En primer lugar, el PIB que cuenta -el que marca el nivel de las personas- es el per cápita. Si descontamos un crecimiento demográfico de 0.3% trimestral estimado, el crecimiento del tercer trimestre fue negativo y el del cuarto solo aumentó el 0.2%.

Suponiendo que estas cifras tengan valor -ya que Ludwig von Mises y muchos otros dejaron muy claro que la econometría no es una ciencia-, un crecimiento de 0.2% es tremendamente decepcionante si consideramos que se produjeron hechos excepcionales, como los aguinaldos, blanqueo histórico, y fuerte aumento de la deuda estatal.

Si algo deja claro que el gobierno se maneja con discursos que no se condicen con la realidad, es la “lluvia de inversiones” que vendrían apenas iniciado su mandato. Luego de su viaje a Davos -donde Macri prometió US$ 20.000 millones de inversión-, organizar el mini Davos, viajar a España y demás, gastando fortunas, resulta que en el 2016 las inversiones cayeron 5.5% respecto de 2015, y 7.7% comparados los últimos trimestres de 2016 y de 2015 demostrando que la recesión se profundiza. La Inversión Extranjera Directa durante los primeros nueve meses de 2016 alcanza a solo US$ 4.780 millones, 50% menos que lo registrado en igual período del raquítico 2015.

Para colmo de males la política keynesiana de Sturzenegger, no solo ha provocado un aumento de la inflación durante 2016 llegando al 40.9%, sino que mantiene tasas altísimas -24.75%- que hace imposibles las inversiones productivas, al punto que el 80% de los dólares que llegan al país son solo inversiones “bicicleta” que juntan grandes ganancias para luego llevárselas. EL BCRA tiene que comprender que no es cierto que se pueda emitir todo lo que se “necesita para el desarrollo”, total después el BCRA se encarga de “neutralizar” los billetes “excedentes”.

Uno de los problemas más serios de la Argentina, y por el cual no va a crecer ni en 2017 ni en el futuro, es la tremenda maraña de regulaciones que prohíben en gran parte el desarrollo económico. Según el índice Doing Business 2016, Argentina ocupa el puesto 116. Y el otro problema gravísimo es la brutal presión impositiva que conduce a ser uno de los países más evasores de la historia mundial. Según Tax Justice Network, la evasión equivale al 4.4% del PIB, mientras que en EE.UU. es del 1.13%, en China 0.75%, Japón 0.93%, India 2.34%, Alemania 0.42%, Perú 2.34% y Colombia 0.75% del PBI.

Pero el vice ministro de economía dice alegremente que “Hay una situación fiscal deficitaria, con lo cual la reforma -impositiva- no puede perder recursos” o sea que no bajaran los impuestos lo que significa que, si el PIB disminuye, aumenta la presión fiscal relativa y se profundiza la recesión.

Así las cosas, el país sigue decreciendo y en el bimestre enero-febrero de 2017 el monto ingresado por no residentes con destino productivo ronda los US$ 400 millones, debajo del promedio de los últimos nueve años para ese mismo período. El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en febrero un retroceso del 9,5% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que la comparación intermensual con enero arrojó una retracción del 4,5% también con estacionalidad.

La facturación por las ventas en los supermercados creció 21.2% interanual en enero, mientras que en los grandes centros de compra avanzó 22.8%, ambas por debajo de los índices de inflación del 40.9% con lo que la caída real ronda la friolera del 20%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

ARGENTINA: EL DIFÍCIL PROBLEMA DEL CRÓNICO DÉFICIT FISCAL

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/4/16 en :  http://www.cartafinanciera.com/tendencia-actual/argentina-el-dificil-problema-del-cronico-deficit-fiscal

 

A poco más de 100 días de haber asumido la presidencial, Cambiemos ha llevado adelante importantes cambios económicos como la eliminación del cepo cambiario, avanzar en una solución al default de la deuda con los holdouts. También ha llevado adelante importantes cambios en política exterior al priorizar relaciones saludables con el mundo desarrollado como sugieren la vuelta a al foro de Davos y la reciente visita de Obama, el presidente de Estados Unidos.

Estos cambios en la gestión son importantes y necesarios, pero no suficientes, para corregir las repetidas crisis económicas de Argentina. Decir que estas medidas son necesarias, pero no suficientes, de ninguna manera busca quitar mérito a los positivos logros de Cambiemos al principio de su gobierno, pero sí busca diagnosticar cuál es el origen principal de los problemas de la economía argentina y cuáles son problemas derivados del desequilibrio económico central: el déficit fiscal.

El siguiente gráfico muestra un período aproximado de 50 años de déficit fiscal en Argentina. El único período de superávit que se percibe es luego de la crisis del 2001 (nuevos impuestos, como el impuesto al cheque, y la devaluación asimétrica). En términos de resultado fiscal respecto al PBI, se aprecia que la dirigencia política se consumió el superávit de manera inmediata. Estos resultados cuestionan la lectura de que Néstor Kirchner estaba genuinamente preocupado por tener un superávit fiscal.

Deficit Financiero (1961-2014)

Este gráfico, al mostrar prácticamente medio siglo de déficit, sugiere que el problema no se reduce a qué movimiento político está cargo el gobierno, sino que hay un problema estructural que trasciende a los presidentes de turno.

Argentina ha vivido en déficit tanto con gobiernos peronistas, como radicales, como militares. El desafío de Cambiemos, no es meramente de equilibrar las cuentas, sino de revisar la estructura del estado. El 2015 terminó con un déficit fiscal en torno al 9% del PBI (la crisis del 2001 fue con un déficit del 7% del PBI). Una revisión fiscal de esta magnitud implica nada menos que cuestionarse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Este debate, sin embargo, se encuentra fuera del debate en la opinión pública y el gobierno actual no parece tener interés en plantearlo de manera genuina; es decir, más allá de sostener que la gestión debe ser transparente y eficiente.

Hay dos maneras fundamentales de financiar un déficit fiscal. Con emisión monetaria o con deuda. Simplificando, podemos resumir que los ‘80 se financiaron con emisión monetaria, culminando en un serio contexto inflacionario. Los ‘90 se financiaron con deuda, lo cual culminó con el default del 2001. El gobierno kirchnerista se financió nuevamente con emisión monetaria lo cual terminó en un contexto de estanflación.

Hay también dos maneras fundamentales de eliminar el déficit fiscal. Aumentando impuestos o bajando el gasto. Aumentar impuestos cuando la presión impositiva (consolidada) supera al 40% del PBI en un contexto de estanflación no es viable para cerrar un déficit de 9 puntos del PBI. Para bien o para mal, no queda alternativa que revisar el nivel de gasto. Si no se puede aumentar la recaudación, es necesario bajar el gasto.

Hay en principio, una tercera alternativa para cerrar el déficit fiscal. La misma consiste en hacer que los gastos crezcan más despacio que la economía de modo tal que eventualmente la recaudación alcance al gasto y se elimine el déficit fiscal. Parece ser ya muy tarde para esta estrategia. Es como, si al conducir en la autopista, yo es tarde para desacelerar y es necesario pisar el freno.

Cambiemos ha informado su objetivo, prácticamente eliminar el déficit fiscal para el final del gobierno de Macri. Cambiemos no ha sido claro, sin embargo, en explicar cómo se va a cumplir dicho objetivo.

Esto deja abierto a interpretación cuál es la estrategia de Cambiemos para equilibrar el fisco. Una de dichas interpretaciones es que la estrategia consistía (o aún consiste) en la expectativa de que el cambio de gobierno, la salida del cepo, y el arreglo con los holdouts resultaría en una entrada de inversiones y en un aumento de la actividad económica que redundaría en mayor recaudación y en cerrar el déficit fiscal.

Hasta ahora esto no ha ocurrido. ¿Es esta, sin embargo, una estrategia realista? ¿Cuál es el nivel de inversiones y aumento del PBI necesario para que se cierre el déficit fiscal? Si el gasto se mantiene constante, y la recaudación por PBI no cambia, el PBI debe subir nada menos que 9 puntos para cerrar el desequilibrio fiscal. Con una infraestructura deteriorada, un contexto de alta inflación, impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, etc., no parece ser un objetivo realista.

Este desequilibrio madre de la economía argentina trasciende a partidos y movimientos políticos. Ha sido el mismo ya por medio siglo. Solucionar el mismo requiere más que una administración eficiente y austera, requiere replantearse el rol y estructura del estado en Argentina. La debilidad política de los otros partidos, y habiendo ganado no sólo presidencia, sino también Ciudad y Provincia de Buenos Aires, la oportunidad de cambio de Cambiemos sea posiblemente única.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.