La internación de Ginés: el discurso del Estado Presente mientras disfrutan de los servicios del capitalismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/5/2020 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/28/la-internacion-de-gines-el-discurso-del-estado-presente-mientras-disfrutan-de-los-servicios-del-capitalismo/

 

En medo de la pandemia, el ministro de Salud de la Nación tuvo un problema de salud y fue atendido en el Sanatorio Otamendi

Ginés González García (Lihueel Althabe)

Ginés González García (Lihueel Althabe)

El ministro de Salud de la Nación, Dr. Ginés González García, tuvo un problema de salud en estos días. Afortunadamente, parece que fue un tema que se puedo controlar y fue dado de alta hoy mismo. Se internó en el Sanatorio Otamendi, institución que pertenece a un grupo empresario privado.

Si bien cada uno es dueño de atenderse dónde mejor le parece, sí queda claro que en el discurso del Estado presente que esgrime permanentemente el kirchnerismo, luce más a un jueguito para la tribuna que algo en lo que realmente crean como una realidad en la que se puede vivir.

La corriente más combativa del Gobierno defiende un Estado fuerte, con estatización de empresas públicas bajo el lema de “Estado presente”, pero lo cierto es que, curiosamente, el ministro de Salud de la Nación, no fue a atenderse al Hospital Posadas o el Fernández, por ejemplo, cuando se sintió mal, sino que recurrió a un prestigioso sanatorio privado.

No es la primera vez que el discurso del “Estado presente” queda sólo como un título para los medios y “a la hora de los bifes” el progresismo opta por los servicios privados de excelencia capitalista. Recordemos que el mismo Néstor Kirchner, en 2003, dijo que en caso de emergencia iba a atenderse en el Hospital Argerich, él y todo su grupo familiar. No obstante, en 2010 el ex presidente fue internado en el Sanatorio Los Arcos.

De la misma manera, Cristina Fernández de Kirchner optó por el Hospital Austral cuando tuvo que atenderse de un problema neurológico, una institución privada construida gracias a las donaciones del empresario Gregorio Pérez Companc.

Una imagen del Hospital Austral cuando Cristina Kirchner fue operada en 2012
Una imagen del Hospital Austral cuando Cristina Kirchner fue operada en 2012

La ex presidente también eligió el Sanatorio Otamendi en 2014 cuando tuvo otro problema de salud. Y, por cierto, en algún momento sostuvo que mira mucho las series de la capitalista Netflix, en particular The Game Of Thrones, una serie que no fue hecha en Cuba, sino por la capitalista HBO.

No intenta esta nota meterse en la vida privada de las personas que tienen todo el derecho del mundo a hacerse atender dónde mejor les parezca y ver lo que quieren para divertirse, solo intenta mostrar cómo una cosa es el discurso “proge” del “Estado presente” para los otros y cómo se recurre al sistema capitalista cuando ellos mismos tienen que uso de los servicios, ya sea para atender su salud o bien para mirar una película.

Es muy fácil mandar a la gente a los hospitales estatales y ponderar la salud pública, mientras se es atendido en los sanatorios privados de excelencia a los cuales no tienen acceso quienes viven en el Barrio 31, por dar un ejemplo.

Nadie dice que tienen que ir a un hospital púbico. Lo que pido es que dejen de vendernos un verso mientras ellos disfrutan del mundo capitalista viendo de reojo como Argentina llega a que el 50% de la población caiga en la pobreza por culpa de este “Estado presente” que despilfarra los recursos de los contribuyentes y que espantan toda inversión que pueda bajar la pobreza, la desocupación y mejorar el nivel de vida de la gente. Se está condenando a la Argentina a la decadencia.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La Economía del Kirchnerismo

Por Iván Carrino. Publicado el 21/7/19 en: https://www.ivancarrino.com/la-economia-del-kirchnerismo/

 

Desde mayo de 2003 a diciembre de 2015 Argentina fue gobernada por Néstor Kirchner, primero, y Cristina Fernández de Kirchner, después. En esta clase de la materia “Problemas de Historia Económica Argentina”, de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, analizo la economía del período kirchnerista.

El PDF completo con los gráficos está en este link.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Los costos del gradualismo están a la vista

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/30/los-costos-del-gradualismo-estan-a-la-vista/

 

Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar

A casi un año de las PASO, se hace mucho más complicado poner en orden el desorden económico heredado del kirchnerismo y agravado por un gradualismo extremo. Desde el punto de vista político y social, porque la gente está mucho más agotada de las idas y venidas sin ver un horizonte de claridad hacia dónde marcha la economía y porqué está haciendo el esfuerzo que está haciendo sin resultados a la vista.

En lo que hace al aspecto estrictamente económico, todo esfuerzo fiscal que haga el gobierno para tratar de ordenar las cuentas públicas se hace cuesta arriba porque hoy se está pagando el costo del gradualismo.

El gráfico 1 muestra la evolución del peso de los intereses sobre la recaudación tributaria del Sector Público Nacional sin incluir los intereses intra sector público, si se incluyen esos intereses trepa cómodamente por encima del 23%. Si bien Cambiemos regularizó la deuda pública que quedaba en default, el grueso del incremento de la deuda se origina en el financiamiento del déficit fiscal. Como puede verse en el gráfico 1, el año pasado, por cada $ 100 recaudados, $ 20 se destinaron a pagar los intereses de la deuda. En el primer semestre de este año el acumulado de dicha relación da 18,4% contra 16,8% que dio el primer semestre de 2017.

Antes de continuar deseo aclarar que, en mi opinión, no es válido relacionar stock de deuda pública/PBI, porque el PBI es el ingreso que genera la economía en un año y la deuda vence en varios años. Es como si uno tomara una deuda hipotecaria a pagar en 20 años y toda esa deuda la dividiera por los ingresos de un solo año. Esa relación no dice nada.

Continuando, es importante resaltar que entre 2001 y 2004 los intereses de la deuda pública sobre la recaudación caen del 27,4% al 6,8%. ¿Fue un genio de la economía Néstor Kirchner? En absoluto, es que a fines de 2001 Rodriguez Saá, en su breve paso por la presidencia, declaró el default o la suspensión del pago de la deuda y los intereses de la deuda pública con casi todos los legisladores aplaudiendo de pie y festejando nuestra muerte como merecedores de crédito como nación. Sin intereses que pagar, con el gasto público licuado por Duhalde en base a la llamarada inflacionaria y cambiaria de 2002, un tipo de cambio cercano a los $ 3, retenciones ya establecidas y mejora en el precio de las commodities, tuvo una holgura fiscal que, en su carrera populista, lo llevó a pasar de un superávit fiscal consolidado del 3,5% del PBI a entregar el gobierno en 2015 con un déficit fiscal consolidado del 7,24% del PBI. Es decir una pérdida de solvencia fiscal con un recorrido de casi 11 puntos del PBI. Una brutalidad única que fue heredada por Macri que, justamente, no toleraba el tratamiento gradualista que se aplicó y hoy complica más la política económica.

A modo de ejemplo, el gobierno pagó el costo político de incrementar las tarifas de servicios públicos, en particular energía. El ahorro en subsidios económicos corrientes del primer semestre 2018 versus el primer semestre de 2017 fue de $ 9.831 millones. Comparando los mismos dos primeros semestres los intereses pagados subieron en $ 34.101 millones. Puesto de otra forma, en el primer semestre, Cambiemos bajó el gasto primario en $ 38.461 millones, sin incluir los intereses de la deuda pública, y aumentó el gasto en intereses para financiar el gradualismo en $  34.101 millones. El escaso esfuerzo que hizo para bajar el gasto primario haciéndolo recaer todo sobre el sector privado incrementando las tarifas de los servicios públicos, se le fue en financiar el gradualismo.

Si comparamos los números fiscales de 2017 versus los números fiscales de 2016 vemos que el resultado primario muestra un aumento del déficit fiscal de $ 60.6156 millones y los intereses pagados crecieron en $ 93.647 millones.

Acá hemos llegado a una situación límite producto del gradualismo. Si tomamos el déficit fiscal consolidado para 2018, ya que las provincias y los municipios también tienen que financiar su déficit, se llevan el 47% del total de los depósitos del sector privado si se financian con deuda interna. Eso implica dejar casi sin crédito al sector privado y generar un proceso recesivo que, posiblemente, impacte sobre la recaudación impositiva, haciendo más difícil cumplir la meta fiscal.

Insisto, queda demostrado que el gradualismo era la medicina no indicada para la pesada herencia recibida. Su costo es mayor a sus beneficios, medidos tanto en la paciencia social como en resultados económicos que están a la vista. La economía en recesión a un año de las elecciones, la inflación en niveles de dos dígitos altos, el sector privado agonizando por la carga impositiva y los números fiscales siguen siendo difíciles de dominar.

El primer día de gobierno en 2015 Macri tenía más poder que nunca, aunque no tuviera mayoría en ambas Cámaras, podía tener todo el apoyo de la población mostrando con crudeza la herencia recibida y  presentando un plan consistente para dominarla. Con esas dos cosas podría haber logrado un amplio apoyo de la gente que iba a hacer imposible que la oposición no lo acompañara en el camino de reformas estructurales.

Me parece que Macri va a tener que pensar seriamente si, aquellos que le sirven para ganar elecciones, le sirven para gobernar, porque le han hecho meter la pata de una forma increíble en el campo económico y hemos perdido otros dos años y medio con el cuento del optimismo y el entusiasmo pero con poca ciencia económica al momento de dominar la economía.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Argentina: el país más anticapitalista de América Latina

Por Iván Carrino. Publicado el 22/4/17 en: http://www.ivancarrino.com/argentina-el-pais-mas-anticapitalista-de-america-latina/

 

“Argentina está de vuelta” es una frase que suelen utilizar los medios para referirse al cambio político en el país luego de las elecciones de 2015. En octubre de ese año el partido comandado por Cristina Fernández de Kirchner comenzaba a abandonar 12 años de poder.

La mayoría de los análisis ubican al nuevo gobierno entre aquellos que toman políticas promercado, dando cierta idea de defensa del capitalismo dentro del país. Sin embargo, el apoyo al sistema de mercado en Argentina dista de ser lo que muchos piensan.

Es difícil dar una definición exhaustiva del capitalismo, especialmente porque no solo se trata de una doctrina económica, sino más bien de una filosofía o forma de entender el mundo. Sin embargo, ajustándolo solamente a la esfera económica, podemos decir que un sistema capitalista es aquel donde se respeta la propiedad privada, el rol del gobierno es limitado y la competencia entre las empresas es la que mejora la calidad de vida de todos.

En retrospectiva histórica, el fin del mercantilismo y su reemplazo por el capitalismo fue el responsable de la mejora exponencial en las condiciones de vida de la población. Obviamente, un sistema tan benéfico para el progreso de la sociedad debería ser positivamente valorado por sus miembros. Sin embargo, esto no está sucediendo.

De acuerdo con un estudio del profesor Carlos Newland, presentado la semana pasada en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) (Argentina), el apoyo por el sistema capitalista viene declinando en el mundo.

En el estudio en cuestión, Newland mide el apoyo al sistema de mercado tomando como referencia la “Encuesta Mundial de Valores” y extrayendo de allí tres afirmaciones clave que los encuestados tienen que valorar.

Las proposiciones son las siguientes:

1) La riqueza genera crecimiento para todos.

2) La competencia empresarial es buena.

3) Debe incrementarse el rol del sector privado a costa del sector público.

Los encuestados deben puntuar las afirmaciones en una escala de 1 a 10 según estén (10) o no de acuerdo (1) con dichas afirmaciones. A mayor acuerdo, mayor se considera que es la mentalidad “procapitalista” del país en cuestión.

Cuando se aplica esta metodología a los encuestados de América Latina, se obtiene un ránking en el que Argentina se ubica al último lugar.

Puesto en el ránking regional País Escala de 1 a 10 para 2012
1 Brasil 6,2
2 Perú 6,0
3 Ecuador 5,9
4 México 5,8
5 Colombia 5,7
6 Uruguay 4,6
7 Chile 3,6
8 Argentina 3,6

Para los países de los que se tienen datos disponibles al año 2012, Brasil aparece como aquel donde más apoyo despierta en su población la economía de mercado. De cerca lo sigue Perú y, paradójicamente, Ecuador se ubica en tercer lugar. Bajando escalones, nos encontramos con México, Colombia, Uruguay, Chile (otra sorpresa) y, finalmente, Argentina.

El rechazo de Argentina por el libre mercado puede ayudarnos a comprender por qué durante la campaña presidencial no hubo ninguna referencia explícita a la liberalización de la economía y los beneficios de la desregulación. Por otro lado, también puede ayudar a explicar por qué los funcionarios del PRO más favorables a una economía de mercado y más exigentes con las cuestiones fiscales han sido dejados de lado. Evidentemente, el capitalismo en Argentina no mide bien en las encuestas.

La mentalidad anticapitalista es un fenómeno que se ha recrudecido con los años. De acuerdo con el propio estudio de Newland, en 1990 el apoyo al sistema capitalista era de 8,1 sobre 10, a la luz del fracaso que había significado el intervencionismo que llevó a la hiperinflación. Tiempo después, en 1995, el romance con el capitalismo había mermado, y la puntuación se ubicó en 6,2 sobre 10. El último año anterior a 2012, cuando se calculó el índice, fue 2006. En ese año el puntaje alcanzó el mínimo de 3,1 sobre 10. El anticapitalismo, luego del estallido de 2002 y con la “recuperación keynesiana” de Néstor Kirchner, era la norma entre la población.

Es interesante destacar que, si bien en 2012 nos ubicamos en el último escalón de la tabla de posiciones, nuestro puntaje mejoró unas décimas con respecto al 2006. Un avanzado modelo populista que ya mostraba sus fracasos puede explicar esta reversión.

Sería deseable que en la próxima medición se consolide una tendencia a favorecer el capitalismo. De no ser así, el país estará condenado.

Son las buenas políticas públicas las que pueden mejorar el desempeño de una nación, pero sin un consenso entre los votantes sobre la necesidad de una mayor apertura económica y un menor rol para el estado, estas políticas nunca llegarán, ni siquiera, a proponerse.

 

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en:Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Archivos de una década siniestra: El inicio: Por José Benegas

Pubicado el 21/12/16 en: https://www.amazon.com/dp/B01N1V0DA5/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1482428199&sr=8-1&keywords=archivos+de+una+decada+siniestra

 

Esta obra es una compilación de artículos que describen los tres primeros años del gobierno de Nestor Kirchner, aquellos en los que construyó un poder omnímodo y que, sobre las ruinas de la crisis del 2001, aprovechó para la formación de una oligarquía que se apoderaría de los principales negocios del poder. Aquellos años se caracterizaron por el silencio, el miedo y la complicidad. Kirchner, como lo describe Benegas, implantó un sistema económico centrado en su poder personal y lo usó para enriquecerse a sí mismo y disciplinar a la sociedad. Extendió su poder sobre la justicia para no ser investigado, doblegó completamente a los medios de comunicación que no ofrecieron resistencia, mientras el autor hacía esfuerzos ingentes para continuar opinando a costa de sus propios recursos y sin apoyo publicitario. La recopilación pretende ser el testimonio que eche por tierra la teoría de que el kirchnerismo pasó por una “época dorada”, para dejarnos ver que en realidad la sociedad Argentina eligió mirar para otro lado y eso explica dónde terminó el kirhcnerismo.

 

benegas

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

El peronismo no es ningún ejemplo a seguir

Por Iván Carrino. Publicado el 22/6/16 en: http://www.ivancarrino.com/el-peronismo-no-es-ningun-ejemplo-a-seguir/

 

A pesar de ser una corriente popular en Argentina y en el mundo, los resultados económicos del peronismo dejan mucho que desear.

Poco tiempo atrás leía que la agrupación populista, Podemos, de España, tenía pensado importar el peronismo a ese país. En palabras de su líder, Pablo Iglesias, “Podemos tiene rasgos peronistas” y mucho de lo que proponen en materia de políticas públicas está en línea con el célebre movimiento argentino. Sin embargo, si Podemos lograra efectivamente su cometido, ésta no sería una buena noticia.

El peronismo es el movimiento político que surgió con Juan Domingo Perón durante la década del ‘40 y que marcó un antes y después en la sociedad argentina. En economía, el de Perón posee el dudoso mérito de haber sido el primer gobierno en llevar la inflación por encima del 50% anual en 1951. Como rasgo característico, además, el peronismo fue siempre crítico del capitalismo, amante del gasto público exacerbado, adicto a los controles de precios y cultor de la tristemente célebre frase “vivir con lo nuestro”, que refiere explícitamente a cerrar las fronteras del comercio internacional.

Ahora  a pesar de tener 70 años de historia, el peronismo hasta hace pocos meses gozó de muy buena salud en Argentina. Como explica Emilio Ocampo, desde el regreso de la democracia, en 1983, 76% del tiempo el país estuvo gobernado por un presidente peronista. Entre 1989 y 1999, fue Menem quien alzó las banderas peronistas. Desde 2002 a 2015, la tarea correspondió a Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

Si bien hubo diferencias entre cada uno de estos presidentes, todos ellos ascendieron al poder por su afiliación y defensa del partido de Perón. El peronismo de Menem privatizó empresas y mantuvo el tipo de cambio fijo con déficit fiscal. El peronismo de Duhalde abandonó el “1 a 1” y devaluó la moneda, pero consiguió superávit de las cuentas públicas. El peronismo de los Kirchner fue más parecido a aquél de la década del 40 y del 50: inflación, control de precios, cierre de la economía y una profunda destrucción del clima institucional y de negocios en el país.

Durante el mismo período, algunos de los países de la región tomaban un rumbo diferente. Tanto Chile, como Perú y Colombia fueron dándose cuenta que el camino del progreso venía de la mano de la apertura al comercio, el mayor equilibrio de las cuentas públicas, una baja inflación y también una menor deuda pública.

En definitiva, una mayor cercanía con el capitalismo y el respeto por las instituciones republicanas.

Los resultados de los diferentes caminos tomados pueden observarse en el cuadro de abajo. Allí se observa la evolución del PBI per cápita de cada uno de estos países desde 1983 hasta el 2016 de acuerdo a las estimaciones y proyecciones del FMI.

2016.06.21_Peronismo

Como puede verse, el país en donde más ha crecido el ingreso promedio de sus habitantes es Chile, que pasó de tener un PBI per cápita de USD 1.754 a uno de USD 12.938. La variación es un espectacular 638%. En segundo lugar está Perú, cuyo ingreso por habitante avanzó nada menos que 445%. Le sigue Colombia, con una suba de 191% yrecién en cuarto lugar se ubica Argentina, el país que era más rico que todos los demás en el año de partida, 1983. En dicho año, Argentina tenía un PBI per cápita de USD 4.244, mientras que según el FMI en 2016 este número será de USD 10.051, 22% inferior al chileno.

Alguno tal vez piensa que esta pobre performance económica tiene como contrapartida un buen desempeño en el plano social, como si existiera un intercambio entre una y otra cosa. Sin embargo, nada de eso sucedió. En promedio, desde 1968 a 1989 la pobreza en Argentina alcanzó al 14,7% de la población. Sin embargo, de 1989 a 2015 la misma se duplicó, promediando el 29,7%.

El peronismo resultó devastador para la economía Argentina. Si nuestra riqueza hubiera crecido al ritmo de Perú, Colombia y Chile, hoy tendríamos un ingreso comparable al de un país europeo. Los rivales políticos del peronismo también tienen su cuota de responsabilidad. Es que por más críticos que hayan sido, ninguno se atrevió a rechazar con firmeza las banderas del mítico movimiento populista de Argentina.

El daño económico que el peronismo originó en nuestro país está a la vista de todos. A la luz de ellos, uno no sabe si reír o llorar cuando alguien quiere tomar a esta expresión política como ejemplo a seguir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

ARGENTINA: EL DIFÍCIL PROBLEMA DEL CRÓNICO DÉFICIT FISCAL

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/4/16 en :  http://www.cartafinanciera.com/tendencia-actual/argentina-el-dificil-problema-del-cronico-deficit-fiscal

 

A poco más de 100 días de haber asumido la presidencial, Cambiemos ha llevado adelante importantes cambios económicos como la eliminación del cepo cambiario, avanzar en una solución al default de la deuda con los holdouts. También ha llevado adelante importantes cambios en política exterior al priorizar relaciones saludables con el mundo desarrollado como sugieren la vuelta a al foro de Davos y la reciente visita de Obama, el presidente de Estados Unidos.

Estos cambios en la gestión son importantes y necesarios, pero no suficientes, para corregir las repetidas crisis económicas de Argentina. Decir que estas medidas son necesarias, pero no suficientes, de ninguna manera busca quitar mérito a los positivos logros de Cambiemos al principio de su gobierno, pero sí busca diagnosticar cuál es el origen principal de los problemas de la economía argentina y cuáles son problemas derivados del desequilibrio económico central: el déficit fiscal.

El siguiente gráfico muestra un período aproximado de 50 años de déficit fiscal en Argentina. El único período de superávit que se percibe es luego de la crisis del 2001 (nuevos impuestos, como el impuesto al cheque, y la devaluación asimétrica). En términos de resultado fiscal respecto al PBI, se aprecia que la dirigencia política se consumió el superávit de manera inmediata. Estos resultados cuestionan la lectura de que Néstor Kirchner estaba genuinamente preocupado por tener un superávit fiscal.

Deficit Financiero (1961-2014)

Este gráfico, al mostrar prácticamente medio siglo de déficit, sugiere que el problema no se reduce a qué movimiento político está cargo el gobierno, sino que hay un problema estructural que trasciende a los presidentes de turno.

Argentina ha vivido en déficit tanto con gobiernos peronistas, como radicales, como militares. El desafío de Cambiemos, no es meramente de equilibrar las cuentas, sino de revisar la estructura del estado. El 2015 terminó con un déficit fiscal en torno al 9% del PBI (la crisis del 2001 fue con un déficit del 7% del PBI). Una revisión fiscal de esta magnitud implica nada menos que cuestionarse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Este debate, sin embargo, se encuentra fuera del debate en la opinión pública y el gobierno actual no parece tener interés en plantearlo de manera genuina; es decir, más allá de sostener que la gestión debe ser transparente y eficiente.

Hay dos maneras fundamentales de financiar un déficit fiscal. Con emisión monetaria o con deuda. Simplificando, podemos resumir que los ‘80 se financiaron con emisión monetaria, culminando en un serio contexto inflacionario. Los ‘90 se financiaron con deuda, lo cual culminó con el default del 2001. El gobierno kirchnerista se financió nuevamente con emisión monetaria lo cual terminó en un contexto de estanflación.

Hay también dos maneras fundamentales de eliminar el déficit fiscal. Aumentando impuestos o bajando el gasto. Aumentar impuestos cuando la presión impositiva (consolidada) supera al 40% del PBI en un contexto de estanflación no es viable para cerrar un déficit de 9 puntos del PBI. Para bien o para mal, no queda alternativa que revisar el nivel de gasto. Si no se puede aumentar la recaudación, es necesario bajar el gasto.

Hay en principio, una tercera alternativa para cerrar el déficit fiscal. La misma consiste en hacer que los gastos crezcan más despacio que la economía de modo tal que eventualmente la recaudación alcance al gasto y se elimine el déficit fiscal. Parece ser ya muy tarde para esta estrategia. Es como, si al conducir en la autopista, yo es tarde para desacelerar y es necesario pisar el freno.

Cambiemos ha informado su objetivo, prácticamente eliminar el déficit fiscal para el final del gobierno de Macri. Cambiemos no ha sido claro, sin embargo, en explicar cómo se va a cumplir dicho objetivo.

Esto deja abierto a interpretación cuál es la estrategia de Cambiemos para equilibrar el fisco. Una de dichas interpretaciones es que la estrategia consistía (o aún consiste) en la expectativa de que el cambio de gobierno, la salida del cepo, y el arreglo con los holdouts resultaría en una entrada de inversiones y en un aumento de la actividad económica que redundaría en mayor recaudación y en cerrar el déficit fiscal.

Hasta ahora esto no ha ocurrido. ¿Es esta, sin embargo, una estrategia realista? ¿Cuál es el nivel de inversiones y aumento del PBI necesario para que se cierre el déficit fiscal? Si el gasto se mantiene constante, y la recaudación por PBI no cambia, el PBI debe subir nada menos que 9 puntos para cerrar el desequilibrio fiscal. Con una infraestructura deteriorada, un contexto de alta inflación, impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, etc., no parece ser un objetivo realista.

Este desequilibrio madre de la economía argentina trasciende a partidos y movimientos políticos. Ha sido el mismo ya por medio siglo. Solucionar el mismo requiere más que una administración eficiente y austera, requiere replantearse el rol y estructura del estado en Argentina. La debilidad política de los otros partidos, y habiendo ganado no sólo presidencia, sino también Ciudad y Provincia de Buenos Aires, la oportunidad de cambio de Cambiemos sea posiblemente única.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

El derrumbe del candidato inevitable.

Por Ricardo Lopez Göttig: Publicado el 28/10/14 en: http://labandaoccidental.blogspot.com.ar/2015/10/el-derrumbe-del-candidato-inevitable.html

 

Tras varios meses en los que se buscó instalar la idea de que Daniel Scioli era el presidente “inevitable“, ya casi consagrado en las urnas, el desempeño que tuvo en la primera vuelta resultó decepcionante para los propios, que se están hundiendo en la desazón.
La retórica de la épica política, carente de sustancia, los llevó a su propio callejón sin salida. A pesar de que Daniel Scioli es el más presentable de los candidatos del Frente Para la Victoria, esto no alcanzó para que lograra salir del estrecho círculo del kirchnerismo.
Convenció a los convencidos, pero no logró salir de ese margen.
Mauricio Macri, en cambio, logró ubicarse como el candidato con más expectativas para ganar la presidencia.
El escenario que veníamos planteando desde hace tiempo, de que el centro de la disputa era la Provincia de Buenos Aires, fue el que prevaleció. Allí, la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal triunfó cómodamente sobre Aníbal Fernández, derrumbando esa idea instalada por muchos analistas políticos de que no había corte de boleta en el distrito más poblado de Argentina. Ya lo adelantamos: esa aseveración era falsa, y se comprobó abundantemente el domingo.
Daniel Scioli, que hizo toda su carrera política bajo el ala de presidentes -Menem, Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner- no puede desarrollar su propia personalidad como candidato a la primera magistratura. Siempre se transformó en una copia del presidente de turno, como un Zelig de la política argentina. En el momento crucial en que estuvo al frente del escenario, sólo, como protagonista, no supo ya quién era él. De allí esa aseveración tan extraña de que habrá “más Scioli que nunca”.
El triunfo de María Eugenia Vidal le ha dado una estocada letal a las ambiciones presidenciales de Daniel Scioli, a lo que se suma el desbande desordenado del Frente Para la Victoria, con acusaciones a su propio candidato. Una persona honorable defiende a su partido y candidato hasta el último momento, en las buenas y en las malas; pero esto no es así en estos días. Acostumbrados a ser una máquina de agravios, una metralla de agresión verbal, se han lanzado histéricamente a lanzar una campaña del miedo sin sustento, mostrando una debilidad pasmosa.
Sergio Massa, de reconocida habilidad, interpretó rápidamente el mapa y probablemente negocie un acuerdo de gobernabilidad con Mauricio Macri. Y así lo harán, en menor grado, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Sáa. Cambiemos, entonces, se convertirá en el eje de una gran coalición de gobierno que puede y debe restaurar la plena vigencia de las instituciones, la independencia del Poder Judicial y el funcionamiento del Congreso como el gran escenario de los debates por venir.
¿Qué debería hacer Mauricio Macri de cara a la segunda vuelta? En principio, no prestar demasiada atención a Daniel Scioli, que está enfrascado en discusiones con Hebe de Bonafini, Carta Abierta y el resto del kirchnerismo duro. Debe ir al debate, tal como lo ha hecho poco tiempo atrás con los otros candidatos de la oposición. Mauricio Macri debe seguir hablando a los ciudadanos, ganar su confianza, ir proyectando sus grandes metas para la presidencia. Mientras Scioli se desvanece y no puede recuperar la iniciativa, Macri está transmitiendo una gran confianza de cara al mañana. En esto lo ayuda María Eugenia Vidal, la nueva estrella de la política argentina, fortalecida por su triunfo tras meses del ninguneo más desembozado por parte de sectores del periodismo y de la política.

 

Ricardo López Göttig es Profesor y Doctor en Historia, egresado de la Universidad de Belgrano y de la Universidad Karlova de Praga (República Checa). Ex investigador Senior part time del Departamento de Investigaciones y Profesor titular de Teoría Social en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

¿El milagro argentino u otra oportunidad perdida?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 19/10/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/10/19/el-milagro-argentino-u-otra-oportunidad-perdida/

 

En las próximas elecciones presidenciales no se vota únicamente quién se cree que será un mejor administrador del Estado. En estos 12 años de kirchnerismo Argentina se ha transformado en un país donde la sensación es que es el individuo quien está al servicio del Estado, en lugar de ser este quien esté al servicio del ciudadano. Los problemas económicos de Argentina no son meramente de gestión, sino que tienen raíces en la concepción que la dirigencia política tiene sobre cuál debe ser el rol estatal.

Parecería ser, no obstante, que los candidatos a presidente dudan sobre la dirección y la profundidad de las reformas a realizar a partir del 11 de diciembre. Esta no es, sin embargo, la primera vez que un presidente asume en un contexto donde tiene la oportunidad de producir el gran cambio que vuelva a poner a Argentina en un sendero de crecimiento a largo plazo. En 1983 Raúl Alfonsín dejó pasar la oportunidad, lo que dio como resultado la década perdida. En 1989 Carlos Menem desaprovechó la ocasión y endeudó al país al punto tal de dejarlo a pasos del default y la crisis del 2001. En el 2003 Néstor Kirchner dejó pasar nuevamente la oportunidad de reformas profundas; tras 12 años, el proyecto K entrega el país en estanflación, default y serios desequilibrios fiscales. Es como si Argentina se resistiese a dar por superada su etapa peronista. Existen casos históricos de reformas institucionales exitosas pro mercado que deberían ser inspiración de la dirigencia política. El siguiente gráfico muestra, junto con Argentina, el caso de Alemania (1946), España (1960), Chile (1975) e Irlanda (1995).

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Nótese que en cada país las reformas vienen acompañadas de un acelerado crecimiento sostenido en el tiempo, más allá de las oscilaciones de corto plazo. Por ejemplo, el crecimiento irlandés luego de reducir impuestos y abrirse al comercio internacional es notable. Estos cuatro ejemplos tienen un punto en común: los cuatro países realizaron reformas pro mercado y se abrieron al comercio internacional en lugar de intentar asfixiar la economía con regulaciones y proteger a ineficientes productores locales. Son países que superaron su miedo al libre comercio, que hoy en día poseen al menos el doble de ingresos que Argentina.

Otro caso interesante es el de las reformas pro mercado de Estonia, luego de independizarse de la Unión Soviética. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, este país es el octavo con la economía más libre del mundo (y segunda en Europa), detrás de Chile y delante de Irlanda. Argentina se encuentra en la posición 169 de 178. El PBI per cápita en Estonia es de 28 mil dólares y es considerado un país de altos ingresos por el Banco Mundial. Desempleo y pobreza se encuentran significativamente por debajo de los números argentinos. La distribución del ingreso, según el coeficiente de Gini, muestra también mayor igualdad en Estonia que en Argentina. Estonia posee una tasa fija de impuestos (en lugar de progresiva) del 21%. Prácticamente el total de las empresas públicas han sido privatizadas, sin haber sido luego expropiadas. Las exportaciones per cápita (en términos de fuerza laboral) son mayores en este país que en el nuestro. La deuda pública es del 8% del PBI y posee reservas por 250,93 millones de dólares. También cuenta con un régimen monetario de convertibilidad. La transformación de Estonia podría considerarse otro milagro económico.

Pero estos milagros económicos son, de hecho, posibles. Si, en lugar de dejar pasar oportunidades estancándose en el tiempo, Argentina hubiese hecho reformas similares, hoy la situación económica sería muy distinta. ¿Cuál sería hoy el PBI per cápita en Argentina si Alfonsín (1983), Menem (1989), o Néstor Kirchner (2003) hubiesen hecho reformas similares a las de estos países en lugar de dejar pasar la oportunidad que recibieron al inicio de sus presidencias?

Si Néstor Kirchner hubiese seguido los pasos de estos países y el crecimiento argentino hubiese sido similar al promedio de Alemania, Chile y España cuando realizaron sus reformas, entonces a fines del 2015 el PBI per cápita (PPP, ajustado por costo de vida) sería de 15.700 dólares. La última estimación al 2010 ubica a este valor en alrededor de 10 mil dólares (quizás sobreestimado dada la intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos). Desde el 2010 o el 2011, sin embargo, la economía argentina se encuentra estancada y es difícil asumir que este valor creció un 50% del 2010 a la fecha. Actualmente usted tendría un ingreso real aproximado un 50% superior al actual y sin un contexto de estanflación.

Si las reformas las hubiese hecho Menem en 1989, a fines del 2015 el PBI per cápita sería de 21.900 dólares. Usted no sólo se habrá ahorrado la crisis del 2001, sino que su ingreso sería el doble en términos reales. Las reformas de Menem no sólo fueron incompletas, sino que el descontrolado déficit fiscal llevó al default y la crisis del 2001. Fue la política argentina, no el mundo, la que se le cayó encima a la economía del país.

Si, en cambio, Alfonsín hubiese aprovechado la vuelta a la democracia para realizar reformas pro mercado, el kirchnerismo estaría terminando con un PBI per cápita (PPP) de 30.500 dólares. Su ingreso sería al menos tres veces el actual. Estos resultados asumen, por supuesto, que las reformas se mantienen en el tiempo. Esto quiere decir que usted se hubiese ahorrado no sólo la crisis del 2001, sino también la hiperinflación.

Es cierto que los países no se transforman de la noche a la mañana. Como dice el refrán: «Un viaje de mil millas se inicia con un primer paso». El próximo presidente de Argentina tiene que decidir si quiere que su gestión sea recordada como el creador del milagro argentino o que su nombre pase a abultar el listado de oportunidades perdidas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Tres razones para desinflar la burbuja del Estado

Por Adrián Ravier: Publicado el 11/8/15 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2015/08/11/tres-razones-para-desinflar-la-burbuja-del-estado/

 

Cuando los historiadores económicos se refieren a las grandes crisis económicas del siglo XX -y lo que va del siglo XXI- identifican cada caso con una burbuja. En la crisis de los años 1930, por ejemplo, los historiadores observaron burbujas bursátiles e inmobiliarias. La crisis dot-com de 2001 en Estados Unidos fue la burbuja bursátil de las acciones relacionadas a internet. La gran recesión de 2008, también en Estados Unidos, fue el desenlace de la burbuja inmobiliaria gestada desde fines de 2001. La crisis europea actual fue la de una burbuja inmobiliaria, seguida de una burbuja del gasto público que se ha pinchado en varios países, pero queda aún una brecha importante por corregir. Vale aclarar que las economías solo lograron recuperarse de las distintas crisis mencionadas cuando las burbujas se terminaron de desinflar y emprendieron un proceso de formación de capital a través del ahorro y la inversión.

En la Argentina de hoy la crisis que viene será asociada a la burbuja del gasto público, que se fue gestando desde 2003 y especialmente a partir de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con sucesivos planes y programas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, aunque presentados cronológicamente, recordamos ya en agosto de 2003 el Plan Manos a la Obra de Néstor Kirchner, seguido por la prolongación del Programa Remediar, la creación del Museo de la Memoria, el Plan Federal de Salud, el Plan Nacer Argentina, el Plan Espacial Nacional, el Programa de Becas del Bicentenario, el Programa de Apoyo de Infraestructura Universitaria, el Programa Argentina Trabaja, Fútbol para Todos, la asignación universal por hijo, el Fondo del Bicentenario para pagar la deuda externa, el Programa Conectar Igualdad, el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, Pakapaka, Tecnópolis, la recuperación de YPF, Procrear, el Programa Sumar (que fue una ampliación del Programa Nacer) o el Plan Raíces, entre otros.

Tres críticas presentamos los economistas a estos programas.

En primer lugar, que varios de estos programas y planes no se presentan como temporarios -mientras duró la crisis de 2002, con más de un 50 % de pobres y más de un 20 % de desempleados-, sino como continuos, garantizando a mucha gente una serie de ingresos que perdurarán en el tiempo. Esto evita que los beneficiarios tengan incentivos para buscar por sí mismos la generación de ingresos que les permitan abandonar esta dependencia del Estado. Más grave aún ha resultado el caso en que muchas personas rechazan posibilidades de trabajo para no perder un plan del Gobierno.

En segundo lugar, preocupa la sustentabilidad del gasto público total, el que no puede mantenerse aun con la mayor presión tributaria de la historia argentina, requiriéndose ahora de emisión monetaria para cubrir la brecha entre ingresos y gastos, y sometiendo a toda la población a niveles elevados de inflación. Axel Kicillof inició un proceso de ajuste por la vía de la inflación, pero el costo político de su sucesor será elevado, lo que puede implicar problemas de gobernabilidad para quien ocupe el sillón de Rivadavia en 2016.

En tercer lugar, desconocer que mucho de lo que estos programas hacen el mercado podría hacerlo por sí solo y de manera mucho más eficiente. Esto se vincula con el primero de los puntos planteados. Basta observar a nuestros países vecinos, con niveles de desempleo y pobreza radicalmente inferiores a los de Argentina, para comprender el daño que estos planes y programas le hacen a la población. Esto se vincula al debate que la Presidente ha querido abrir en distintos discursos -sobre qué Estado queremos-, pero al que nadie de la oposición atendió. Personalmente, pienso que el objetivo final debería ser que los argentinos tengan trabajo, ingresos propios, y a través de ese ingreso y el acceso a crédito puedan adquirir su casa, su auto o incluso pagar por los bienes y los servicios que deseen consumir, sean estos remedios, computadoras o incluso fútbol. En la medida en que esto se vaya logrando, el Estado debería ir reduciendo su tamaño, desmantelándose muchos de los programas y los planes o también los ministerios y las secretarías que este Gobierno ha creado. Que en esta “década ganada” el proceso haya sido contario a este ideal es una muestra de que hemos tomado el camino inverso al deseado. Que Daniel Scioli esté pensando hoy en crear nuevos ministerios y secretarías también es un camino opuesto al deseado.

Los economistas no exigimos un cambio hacia la anarquía y la desaparición inmediata de todos los planes sociales y programas, y menos aún en las condiciones de la Argentina en 2002 o 2003, sino un llamado de atención a los excesos de gasto que el kirchnerismo ha iniciado y el costo político y social que puede implicar revertir este proceso.

Tal como ocurrió en sucesivas crisis económicas, la Argentina no podrá retornar al crecimiento hasta que desinfle la burbuja del gasto público. Si la fase de desarrollo requiere inversión, como definió recientemente Miguel Bein -el asesor principal de Daniel Scioli-, y como sostiene también el equipo económico de Mauricio Macri, debemos tomar conciencia de que nadie querrá invertir en un país que mantiene un nivel de gasto público en torno al 50 % del PIB, con una inflación que supera -al menos- el 20 %, cuya presión tributaria es récord de todo el continente y que aún mantiene un déficit fiscal del 7 %-8 % del PIB.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.