La difícil tarea de construir una fuerza liberal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en:

 

En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia

El peronismo adolece de su incorregible tendencia al autoritarismo y sigue firme en su vocación por adoptar políticas redistributivas, desentendiéndose de la generación de riqueza. Creen que la riqueza ya existe y solo hay que redistribuirla o que hay sectores que son egoístas que tienen que ser expoliados para darle a los que menos tienen, como si aquellos que ganan dinero honestamente fueran mala gente a la que hay que castigar.

La opción política que, por ahora, está en pie, es Cambiemos, que ya ha demostrado sus inclinaciones socialdemócratas, con un claro desprecio por las ideas liberales. A lo largo de los cuatro años de gobierno de Cambiemos, ningún liberal formó parte del gabinete. Ningún liberal fue convocado a participar, más bien fuimos denostados con el apodo de liberalotes que hablábamos desde la tribuna y que si entrábamos en la cancha, en el primer corner quedábamos todos desgarrados. Lo cierto es que Cambiemos terminó perdiendo por goleada y con todos sus integrantes desgarrados.

Algunas personas me han dicho que habría que construir una línea interna liberal dentro del PRO. Francamente no veo esa posibilidad porque no está en el espíritu de sus dirigentes darle espacio a una corriente liberal y que, llegado el caso, le cope el partido. Esa posibilidad es una ilusión y no tiene sentido volcar el esfuerzo en un proyecto así.

¿Qué opciones le quedan a la Argentina para salir de esta larga decadencia moral y económica? En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia. El problema es que hoy no existe esa alternativa política.

La opción que algunos creen que fue la alternativa liberal, realmente no lo fue. Sus integrantes no tenían esa ideología e hicieron un flor de papelón saliendo sextos de los seis partidos que compitieron en octubre.

Hago una breve aclaración antes de seguir. Algunos malintencionados me achacan que yo saqué muy pocos votos en 2017 cuando fui tercero en la lista de Pocho Romero Feris. La realidad es que solo le preste la firma. Tanto es así que el sábado mismo en que se cerraban las listas, Pocho Romero Feris recién me ubicó por teléfono a las 19.00 hs. de la noche y me pidió si podía ir tercero. Finalmente accedí pero nunca hice campaña y traté de pasar lo más desapercibido posible, al punto que el día del lanzamiento de la candidatura no fui al acto a pesar que me insistieron que tenía que ir. Dije que yo no tenía problema, que si querían bajaba mi candidatura y le daba el lugar a otro, pero que no iba a hacer campaña. De manera que achacarme el bajo porcentaje de votos que tuvo la lista de Romero Feris a mí que fui tercero y no hice campaña, es solo para molestarme si critico a algún figurón del mundo liberal.

Formulada la aclaración, el gran dilema es ¿cómo construir esa fuerza política para algún día llegar al gobierno? Algunas personas dicen que todos los liberales tienen que juntarse. Francamente no participaría jamás de un amontonamiento de gente que no tiene el mismo estilo, ni los mismos intereses. Por un lado he visto las traiciones más patéticas en estos meses previos a las elecciones. Cuando veo a alguien despreciar a otro y luego actuar como si fueran amigos, me queda claro que esa persona traiciona a quién sea por poder, por lo tanto, si llega al poder seguro va a traicionar a sus votantes. Con esa gente no quiero tener nada que ver. No me interesa trabajar con gente que traiciona por ambición política porque mañana traiciona las ideas que dijo defender. De manera que, para un proyecto de estas características no fracase, se necesita un grupo reducido, con gente confiable, cuyo único objetivo sea construir una fuerza política de centro derecha pero en un proyecto de largo plazo que primero vaya por bancas en el Congreso. Tener una parte importante de legisladores ya da poder por sí. Una vez que se crezca en el Congreso, se puede apostar por una candidatura presidencial, porque para eso primero se necesita poder cubrir el territorio para hacer campaña y una fuerza muy importante de fiscales que permita la fiscalización de las 100.000 mesas que hay que controlar.

Al mismo tiempo, hay que ir formando gente para que, llegado el caso, se disponga de personas preparadas para ocupar los cargos ejecutivos y bancas en el Congreso con personas idóneas, de manera de salir de esta espantosa mediocridad que hoy tiene la mayoría de la dirigencia política que lo único que busca es conchabarse en el Estado para su beneficio personal.

En este punto creo que hay que ser muy estricto. No se puede hacer la revolución liberal creando una legión de fanáticos que lo único que saben hacer es repetir frases que escucharon en la televisión y putear al que piensa diferente. Nada más alejado del liberalismo es ser intolerante con el que piensa diferente. Eso es propio de los sistemas dictatoriales, no de los liberales. ¿O creemos que vamos a hacer la revolución puteando en las redes sociales y en los medios de comunicación?

Hoy día hay instrumentos (partidos políticos) para competir electoralmente. Lo que falta es gente y formar un primer núcleo duro de personas que sepan que están construyendo algo para el futuro. Que están dando un primer paso y que no los mueve el vedetismo ni grandes aspiraciones de poder. Es trabajar para construir algo que, cuándo finalmente llegue al poder, tal vez no lo lleguemos a ver por nuestra edad.

Este proyecto no es para figurones, vedetismos, ni soberbios. Solo se puede lograr con gente con trayectoria, conocimientos y, por sobre todas las cosas, dispuesta a trabajar codo a codo, en forma amistosa, en un idea para el largo plazo.

Para el corto plazo, no hay que hacerse ilusiones de cambiar el país. Lo máximo que se puede hacer es poner el primer ladrillo de un proyecto de centro derecha que es el que puede sacar a la Argentina de su larga decadencia moral y económica.

Si no se cuenta con recursos humanos de calidad y solo tenemos a fanáticos insultadores como todo aporte, no llegamos ni a la esquina para construir algo serio. El desafío es lograr que un grupo reducido de gente logre comenzar a trabajar en ese proyecto. Y puedo asegurar que gente preparada y desinteresada hay.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cambios Institucionales: La demanda, la oferta, y la buena (o mala) suerte

Por Nicolás Cachanosky: Publicado el 13/8/18 en https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/08/13/cambios-institucionales-la-demanda-la-oferta-y-la-buena-o-mala-suerte/

 

En mi paso por Buenos Aires, tuve la suerte de poder presentar mis dos libros (aqui y aqui), Reflexiones Sobre la Economia Argentina y Monetary Equilibrium and Nominal Income Targeting. Ambos libros son de naturaleza distinta. El primero es sobre la reciente economía argentina. El segundo es sobre teoría y política monetaria.

No obstante estas diferencias, las preguntas en ambas presentaciones fueron muy similares, y lo fueron en torno a la actual situación argentina. Fue interesante ver que las preguntas bien se podrían haber hecho en los inicios del gobierno de Cambiemos. Parece ser que ya entrando al final del gobierno de Cambiemos no se observa mucho avance en las preocupaciones económicas del votante. Entre estas preguntas no estuvo ausente la discusión de cómo realizar un cambio de fondo en Argentina.

Los cambios institucionales los podemos entender como los que se originan por el lado de la demanda, y los que se originan por el lado de la oferta. Los cambios que surgen del lado de la demanda son aquellos exigidos por la opinión pública. Los cambios que surgen por el lado de la oferta son aquellos que surgen de la política. Para que esto suceda, es necesario que el gobierno esté formado por estadistas y no por seguidores de encuestas, por más títulos universitarios de prestigio que el equipo de gobierno tenga. “Hace falta un Churchill” es el ejemplo que se suele dar.

Cambiemos no se ha caracterizado por ser un gobierno de estadistas. Cambiemos también ha insistido con la restricción política para hacer cambios. Este es uno de los motivos por el cual varios sugeríamos al inicio del gobierno que Cambiemos no sea tibio en explicitar la herencia recibida. Podríamos imaginar funcionarios acompañados de un vocero de prensa (alguien que sepa comunicar) y que cada dos semanas se diese una conferencia de prensa, o una cadena nacional, donde se explicase en detalle lo que se va encontrando y cuál es el plan para solucionar y limpiar los problemas recibidos. Que esto dure todos los meses que haga falta. De este modo, el gobierno contribuye a generar la demanda de cambio que le permita llevar adelante reformas si la oferta impone restricciones. La estrategia del gobierno fue callar los problemas esperando el milagro de la lluvia de inversiones. La pregunta que no parece haber sido respondida de manera satisfactoria es por qué iban a venir las inversiones si esta fue la estrategia elegida. La duda que asoma es si puede Cambiemos a esta altura generar la demanda de cambio, o si ya no posee la credibilidad que se necesita para un proyecto de estas dimensiones.

Hay una tercera posibilidad de cambio institucional. Esta es una de las lecturas que hago del trabajo de Acemoglu y Robinson, Why Nations Fail?, que consiste en tener buena (o mala) suerte. Es posible que accidentes históricos tengan efectos profundos y de largo plazo (path dependency) en las economías de diversos países. Si Argentina no genera cambios institucionales desde la demanda o desde la oferta, entonces el país no está condenado al éxito como afirmaba Duhalde, está condenado a tener buena suerte.

Es por este motivo que varios que fuimos críticos del kirchnerismo también lo somos de Cambiemos. Es de una ingenuidad que roza la malicia sugirir que las críticas a Cambiemos están desinadas a complicar al gobierno para que vuelvan “los otros”. El motivo es justamente contribuir, lo poco que se puede, a generar un cambio en la demanda de cambio institucional, dado que el gobierno no muestra interés en tomar parte de este tipo de discusiones. Los problemas como las corridas cambiarias de los ultimos meses se evitan con buena política económica, no con expresiones de buena voluntad.

Estimo que si el gobierno hubiese explicado los problemas, muchos de los actuales críticos estarían defendiendo las soluciones propuestas. Pero si el gobierno niega o oculta la situacion dificultando un cambio institucional, entonces choca con la tarea del economista que consiste en explicar la situacion económica. Maquillar la realidad puede ser tarea del político, no del profesional de la economía.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Inflación: Cambiemos vs Kirchnerismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 20/7/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/07/20/inflacion-cambiemos-vs-kirchnerismo/#more-12046

 

“De ninguna manera vamos a aceptar que hoy hay más inflación que en el kirchnerismo” sostuvo el Jefe de Gabinete Marcos Peña. Mi respuesta en Twitter fue que si miramos las tasas de inflación, la inflación anual promedio de Cambiemos (a Junio 2018) es superior tanto a la inflación bajo el gobierno Kirchnerista, como lo es también respecto a la inflación sólo bajo el mandato de CFK. Más aún, el límite de inflación acordado con el FMI (32) es también superior a la inflación promedio con CFK.

Estos son mis números:

  • Inflación promedio Kirchnerismo: 20.4%
  • Inflación promedio CFK: 28.5%
  • Inflación promedio Cambiemos: 33.7%

Esta es la serie histórica de datos donde también ubico la inflacion promedio (quienes me siguen en las redes estarán familiarizado con este gráfico, dado que lo actualizo regularmente):

Inflacion (mensual)

Mi comentario recibió muchas reacciones. Más de las que de hecho pude leer. Muchas objeciones también repetidas. Aquí algunas aclaraciones y reacciones a las objeciones que pude ver.

DE DÓNDE SALEN LOS DATOS?

La fuente de datos es el IPC Congreso. Es la misma fuente de datos que gente de Pro/Cambiemos usaba e informaba cuando eran oposición. Me resulta un curioso doble estándar que los datos que eran válidos siendo oposición no lo sean cuando son oficialismo. Estos son también los datos que Cambiemos usa para decir que la inflación está bajando. Tiene un poco de actitud que recuerda a La Cámpora: Cuando la realidad no gusta, se cuestionan los datos. Si en cambio los datos no son confiables ni ahora ni antes, entonces no se puede realizar la afirmación de Peña.

IPC Congreso

Es cierto que el IPC Congreso no es perfecto (ningún indicador lo és). Pero no es menos cierto que se ha sido utilizado ampliamente por economistas y políticos como estimación de la inflación durante el gobierno K.

DURANTE EL KIRCHNERISMO HABÍA CONTROL DE PRECIOS

Es correto. El control de precios, en principio, daría menores tasas de inflación. Lamentablemente no es tan sencillo. Como explicaba Federico Sturzenegger (Cambiemos) al asumir en el BCRA, la inflación que no se va a un precio regulado se va a un precio no regulado. Al haber control de precios, lo que cambia son los precios relativos más que la tasa de inflación.

Si fuese cierto que el control de precios produjo una gran inflación reprimida, entonces deberíamos observar una diferencia entre la tasa de expansión monetaria y la tasa de inflacion durante el gobierno K. Sin embargo, ambas tasas son virtualmente iguales. Como se ve en el gráfico, la relación entre agregados monetarios e inflación no se rompe entre el 2003 y el 2015.

Inflacion

Hay un grano de verdad en este cuestinamiento. Según cómo se realize el relevamiento estadístico, el control de precios puede tener un mayor o menor impacto en el cálculo estadístico de la inflación. Lo que no parece ser claro es que ese impacto sea tan grande.

Otro dato relevante es el crecimiento (interanual) de la BM y M2. Como se ve en la serie histórica, más allá de oscilaciones, con Cambiemos el ritmo de expansión monetaria no muestra reducciones significativas respecto al período K.

BM & M2

Y LA INFLACIÓN HEREDADA?

Curiosamente esta es una de las objeciones que menos he visto. Es también una de las mejores. El pico de inflación al inicio del gobierno de Cambiemos se debe a herencia recibida de la política monetaria del kirchnerismo. Ok. Dos puntos:

  1. Cambiemos ha decidido no hablar de la herencia recibida. No se puede apelar a la herencia a conveniencia, suena más a excusa que a explicación.
  2. El punto de mi comentario es que lo primero es reconocer los datos, luego se puede discutir por qué al inicio de Cambiemos la inflacion se disparó (si fue o no responsabilida de ellos).

Lo que no me parece válido tampoco, es argumentar que la inflación representativa de todo el gobierno Kirchnerista es sólo la de los últimos tiempos. Una cosa es preguntarse por la inflación promediode un gobierno, otra cosa es preguntar por la inflación que dejó un gobierno.


El primer paso que Cambiemos debe tomar para bajar la inflación es reconocer el tamaño del problema. No es culpa de los datos que la inflación siga en estos elevados niveles.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Un análisis de las pasadas elecciones y de promisorias expectativas

Por Eduardo Filgueira Lima

 

Las elecciones del 22 de octubre permitieron ubicar a Cambiemos en un lugar preponderante del escenario político argentino, tal no se registraba desde hace muchos años por fuera de las fuerzas tradicionales.

En este particular caso la población es obvio que no votó masivamente por estar mayoritariamente satisfecha con la situación económica, ya que los “brotes verdes” -aunque la economía sigue creciendo desde hace seis meses- no han llegado a florecer.

Parece ser cierto que la ciudadanía no vota siempre por “el bolsillo” y es muy probable que en este caso lo haya hecho -en un exceso de simplificación- para dar por finalizado un ciclo por una parte y con un hálito de esperanza en un muy probable futuro promisorio por otra.

En cuanto al primer argumento es necesario decir que “cerrar un ciclo” significa también dejar atrás el modelo fuertemente estatista y revertir lo que en materia económica representaron las dificultades que finalmente se debieron remontar durante los dos primeros años del gobierno de Macri, y que no fueron suficientemente explicitadas como “herencia recibida”.

Ese mismo modelo no solo nos condujo a una anunciada crisis sino que significó el estancamiento durante los últimos cinco años de la actividad económica (ver. EMAE[1]), crecimiento sostenido del empleo público, enormes distorsiones en la balanza de pagos y sostenimiento de la “fiesta” con abultada emisión monetaria destinada a sostener el descontrolado gasto público (tal que siempre un modelo estatista requiere), con sus consecuencias inflacionarias finales,… mal disimuladas.

El hecho es que en este panorama el gobierno se encontró con una trampa, como hubiera significado tratar de salir del embrollo con fuertes medidas restrictivas sin una contraparte de inversiones y absorción por el desarrollo de una actividad privada que contuviera las necesidades de una gran parte de la población. Optó por el gradualismo.

Ahora luego de los resultados electorales obtenidos “la esperanza” se nos presenta como el objetivo fundamental a atender.

La economía como fue dicho parece sostener un crecimiento módico desde hace seis meses y ahora (Septiembre) con un 3,3% acumulativo mensual[2], lo que muy probablemente se hará sentir recién a mediados de 2018. También la inflación parece ir paulatinamente disminuyendo desde las impresionantes cifras que mantuvo y ocultó[3] el gobierno durante muchos años.

Pero es hora de las reformas. Por lo menos así fue anunciado casi de inmediato al resultado de las elecciones por el mismo Presidente Macri. El gobierno sabe que no puede sostener indefinidamente un gasto público que supera ya el 45% del PBI y menos sostenerlo con endeudamiento de manera indefinida o durante un tiempo prolongado.

La política fiscal debe superar la meta de alcanzar el equilibrio, porque la competitividad del sector privado requiere una disminución significativa de la carga impositiva que hoy se mantiene y resulta un ahogo a las posibilidades de generación de ahorro e inversiones como antesala de nuevos empleos y mejora de la competitividad. La meta debería ser la reducción del gasto público.

Una señal de alarma en este mismo sentido es el rojo de la balanza comercial que alcanza un acumulado en 2017 de u$s 3.428 millones (Ver Figura N°1)[4], Lo que se explica por la ausencia de un incremento sustancial de las exportaciones, frente a un importante incremento de los ingresos de bienes del exterior.

Obviamente una política cambiaria que sostiene altas tasas de interés “plancha” el dólar lo que tiene sus propias consecuencias en este mismo sentido, porque si bien facilita el ingreso de insumos para la producción agropecuaria e industrial a su vez encarece el costo en dólares de la producción nacional que no se hacen competitivos ni dentro (consumo interno), ni fuera (exportación) del país.

Obviamente las políticas fiscal y monetaria son imprescindibles para contener la inflación. Pero no son las únicas. También las tasas de interés deben posibilitar el crédito para acompañar la inversión y la producción requiere de una política cambiaria que permita competitividad a nuestros productos.

La reducción del déficit fiscal no debe ser una promesa, es el núcleo del problema: un programa fuertemente estatista requiere ser sostenido por un creciente gasto público.

Y el gasto público se mantiene (fundamentalmente) con impuestos, emisión monetaria y/o endeudamiento. Todos los cuales tienen finalmente sus nefastas consecuencias.

La hora de las reformas ha llegado y entre otras, merecen destacarse la fiscal, la previsional, la laboral y la tributaria, que por pertenecer al campo de “la política impositiva” quitan competitividad a la producción nacional que es el verdadero motor de la economía.

Cada uno tiene a su cargo importantes desafíos: el gobierno bajar el gasto público y aprender que su intervención en la economía puede ser (y habitualmente lo es) nociva. Y los empresarios saber que no se puede vivir de las prebendas del estado, que estamos insertos en un mundo que requiere practicidad, inversiones, innovación, agilidad, y producción competitiva. Y que hoy no es tiempo de monopolios y protecciones arancelarias porque atentan contra el país en su conjunto, aunque beneficien a unos pocos.

Las reformas serán difíciles porque con seguridad muchos -cómodos en su situación- pretenderán no cambiar y pondrán escollos a las mismas. Y además nuestra sociedad disfruta los bienes que el mercado le permite, pero luego es renuente a defender las ideas que lo promueven.

Por lo que no debemos pedir a Macri que haga lo que puede o no le dejan hacer. Porque el riesgo de una Argentina pendular, aunque parece hoy superado, siempre se encuentra a la puerta.

Finalmente una reflexión política: las mismas reformas necesarias (casi imprescindibles), tienen su contraparte en dos dimensiones. Por un lado no deberían ser por sí mismas un imponderable negativo al proyecto de un país que renace a un esperanzador nuevo ciclo. Y por otro -y por ese mismo motivo- el gobierno debe saber que tiene un tiempo limitado para iniciarlas, antes que se constituyan en un escollo para las próximas (demasiado próximas) elecciones.

[1] EMAE: Estimador mensual de la actividad económica. Publicado por INDEC base 2004 (Serie 2017) En: https://www.indec.gov.ar/nivel4_default.asp?id_tema_1=3&id_tema_2=9&id_tema_3=48

[2] Ver informe O. Ferreres y Asoc.

[3] Ver informe comparativo INDEC vs IPC Congreso http://data.lanacion.com.ar/dataviews/69218/ipc-indec-y-congreso/

[4] Figura N°1 En: http://www.ambito.com/895173-en-2017-la-argentina-acumula-el-peor-deficit-comercial-de-la-historia-economica “En 2017 la Argentina acumula el peor déficit comercial de la historia económica”

 

Eduardo Filgueira Lima es Médico, Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social,  Magister en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, Doctor en Ciencias Políticas y Profesor Universitario.

 

Que todo cambie para que nada cambie

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 3177/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/07/17/que-todo-cambie-para-que-nada-cambie/

 

 

Objetivamente el rumbo de la economía, más allá de discursos y matices, es el mismo que, desde hace décadas, sigue Argentina. Veamos algunos tips.

Hasta hoy, “Cambiemos” tomó créditos por casi US$ 100.000 millones. Un nivel de endeudamiento similar al del gobierno anterior. Dicen en la Rosada que el 70% fue para cancelar compromisos preexistentes. Pero ¿por qué no ahorraron bajando el gasto? Y responden que hubiera significado “un ajuste brutal”: el mismo discurso que el gobierno anterior.

En cuanto al consumo, el oficialismo se defiende argumentando que cambiaron los hábitos, antes se hacía mucho “shopping” y ahora se toman créditos hipotecarios y autos premium. Pero este cambio se debe a créditos, también, apalancados desde el Estado.

En los últimos 15 años, creció casi 80% el empleo público y hoy suman 3,6 millones de personas, según el Ministerio de Trabajo. Si bien entre 2003 y 2015, el empleo del sector público nacional (excluye provincias y municipios) creció más de 60%, a un ritmo anual promedio del 4%, en 2016 creció 1% lo que no es poco dada la crisis.

Entretanto la población aumentó 17,5% en ese período, mostrando que el crecimiento estatal es superior tanto que hoy el costo del empleo público, según FIEL, es de $1.452.000 millones anuales, es decir, 58,5% de la recaudación tributaria neta de Nación y provincias.

Con todo esto, resulta que, según los analistas, el déficit 2017 terminaría siendo el tercero más elevado de la historia, después de Rodrigazo y del “pico” de Alfonsín. Y, la meta anual del presupuesto nacional de déficit primario (4,2%) será incumplida en al menos el 1% del PIB; y el déficit financiero (que incluye intereses por 2,7% del PIB) terminaría superando el 8% del PIB en 2017.

Aunque ya no hay dólar oficial, la política monetaria del BCRA está fijando un cambio artificialmente barato. El viernes la rentabilidad de las Letras del BCRA a más corto plazo, 33 días, cerró a 26,5%, superando el 26,25% actual de la tasa de Política Monetaria, fijada de forma quincenal por la autoridad.

Lo que pasa es que este martes vencen Lebac por casi $ 530.000 millones, equivalente a mas del 60% de la base monetaria. Recordemos que, en la anterior licitación de estos papeles, el 19 de junio, caducó una cifra que marcó el récord histórico de $547.042 millones, y el BCRA pudo renovar solo $ 424.000 millones.

Por esto, no puede bajar las tasas y el mes pasado para el más corto plazo fue de 25,5%, unos 100 puntos básicos menos de lo que se operó el viernes en la plaza secundaria. En otras palabras, está obligado a mantener las tasas altas con lo que logra que la gente se desprenda de dólares, abaratándolo, para invertir en estos papeles. Por lo que en el mercado se barajaba con mucha fuerza que el BCRA convalidará esta semana estas nuevas referencias que rondarán el 27% anual para incentivar a los ahorristas y poder incrementar las colocaciones de Lebac.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Más parches que soluciones de fondo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 1/6/16 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2016/06/01/mas-parches-que-soluciones-de-fondo/

 

El Gobierno anunció un nuevo plan de blanqueo de capitales. Uno de los objetivos de este plan es financiar la reforma y el aumento de las jubilaciones prometidas por Mauricio Macri. Se pueden ver dos motivaciones en este aspecto. En primer lugar, varios de los 47 países que firmaron el acuerdo intercambio de información financiero-fiscal están tomando medidas similares. En segundo lugar, Cambiemos ha decidido reducir el déficit fiscal de manera gradual. Dado el alto nivel de presión tributaria, aumentar los impuestos de manera significativa no es viable. El blanqueo busca proveer fondos al fisco.

El Gobierno descuenta que el blanqueo será exitoso, ya que con el acuerdo de intercambio financiero no será tan fácil esconder fondos en el exterior. En segundo lugar, teniendo en cuenta el contexto internacional de bajas tasas de interés, invertir en bonos del Tesoro argentino será más rentable que dejar dichos fondos en el exterior.

El término ‘blanqueo’ dista de ser el más apropiado. Esta palabra suele hacer referencia a las operaciones que buscan maquillar un origen legítimo a fondos obtenidos de manera ilegítima. Por ejemplo, cuando en un hotel o un casino se reporta que se han tenido más clientes que los reales y estos han pagado en efectivo. Sin embargo, en este caso la propuesta está destinada (en principio) a fondos obtenidos de manera legal, pero que no han sido declarados. Por ello, hablar de “amnistía fiscal” o de “declaración de activos ocultos” es más preciso y neutral.

Esta ley de amnistía fiscal o de declaración de activos ocultos no debe hacernos perder de vista el problema de fondos, que es el porqué de la fuga y el ocultamiento de tantos recursos financieros. Los planes de “blanqueo” de capitales en sí no resuelven este problema de fondo. Los fondos no se fugan de Argentina por la malicia del ciudadano, se fugan porque hace años que se debe soportar una carga tributaria asfixiante, con inflación récord y por la falta de proyectos de inversión con una rentabilidad tentadora. Las repetidas confiscaciones de depósitos y la pesificación hacen del mercado financiero argentino un lugar poco seguro para invertir los recursos financieros. El Poder Judicial, por su parte, no se ha visto capaz o interesado en defender la propiedad de los depositantes. ¿Puede el ahorrista confiar en que el Poder Judicial va a proteger sus ahorros del Estado?

En lo que respecta a jubilaciones, el sistema de reparto estatal lejos está de ofrecer una jubilación decente. Los fondos privados en las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP) —que estaban celosamente reguladas— fueron expropiados por el Estado. Es necesario entender que hay pequeños ahorristas que se ven en la necesidad de esconder sus ahorros del voraz Estado argentino en vistas de tener una vejez decente. Si estos ahorros se mantienen en el país, se corre el alto riesgo de que sean expropiados de una manera u otra. No estamos hablando aquí de estafadores o delincuentes, sino de personas que buscan proteger su vejez. ¿Qué garantías les ofrece Cambiemos de que efectivamente sus ahorros no van a ser confiscados o depreciados por la inflación? ¿Y qué responsabilidad le cabe el Estado, entonces, por esta fuga y ocultamiento de recursos financieros? Mientras los escándalos de corrupción de la dirigencia política no cesan de ser noticia, el Estado le pide al contribuyente que declare sus fondos, pague entonces aún más impuestos y corra el riesgo de ver sus ahorros desaparecer como ya ha sucedido en el pasado. Esto hace especialmente cuestionable que este acuerdo se extienda a funcionarios públicos, cuyo comportamiento ético debería estar fuera de toda duda y quienes deberían ser los primeros en dar el ejemplo.

En un contexto internacional de abundancia de dólares, Argentina debería ser receptora de caudales de inversiones, sin necesidad de ningún blanqueo o amnistía fiscal para fondos no declarados si invertir en este país fuese la oportunidad que efectivamente Cambiemos dice que es. El grado de necesidad de un blanqueo puede interpretarse como el grado de fracaso del plan económico. Los blanqueos son, en definitiva, más parches que soluciones de fondo. Cambiemos ha anunciado algunos objetivos fiscales. Pero no ha anunciado planes que detallen cómo se van a cumplir dichos objetivos. Argentina necesita una seria reforma del gasto público e impositiva. Esto genera incertidumbre. Las inversiones de largo plazo, sin embargo, necesitan la certeza de un mercado abierto, libre y flexible, con una protección a la propiedad privada que trascienda al Gobierno de turno. No tengo la impresión de que en el plano internacional, por el momento, Cambiemos y la dirigencia política estén ofreciendo esa seguridad.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

ARGENTINA: EL DIFÍCIL PROBLEMA DEL CRÓNICO DÉFICIT FISCAL

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/4/16 en :  http://www.cartafinanciera.com/tendencia-actual/argentina-el-dificil-problema-del-cronico-deficit-fiscal

 

A poco más de 100 días de haber asumido la presidencial, Cambiemos ha llevado adelante importantes cambios económicos como la eliminación del cepo cambiario, avanzar en una solución al default de la deuda con los holdouts. También ha llevado adelante importantes cambios en política exterior al priorizar relaciones saludables con el mundo desarrollado como sugieren la vuelta a al foro de Davos y la reciente visita de Obama, el presidente de Estados Unidos.

Estos cambios en la gestión son importantes y necesarios, pero no suficientes, para corregir las repetidas crisis económicas de Argentina. Decir que estas medidas son necesarias, pero no suficientes, de ninguna manera busca quitar mérito a los positivos logros de Cambiemos al principio de su gobierno, pero sí busca diagnosticar cuál es el origen principal de los problemas de la economía argentina y cuáles son problemas derivados del desequilibrio económico central: el déficit fiscal.

El siguiente gráfico muestra un período aproximado de 50 años de déficit fiscal en Argentina. El único período de superávit que se percibe es luego de la crisis del 2001 (nuevos impuestos, como el impuesto al cheque, y la devaluación asimétrica). En términos de resultado fiscal respecto al PBI, se aprecia que la dirigencia política se consumió el superávit de manera inmediata. Estos resultados cuestionan la lectura de que Néstor Kirchner estaba genuinamente preocupado por tener un superávit fiscal.

Deficit Financiero (1961-2014)

Este gráfico, al mostrar prácticamente medio siglo de déficit, sugiere que el problema no se reduce a qué movimiento político está cargo el gobierno, sino que hay un problema estructural que trasciende a los presidentes de turno.

Argentina ha vivido en déficit tanto con gobiernos peronistas, como radicales, como militares. El desafío de Cambiemos, no es meramente de equilibrar las cuentas, sino de revisar la estructura del estado. El 2015 terminó con un déficit fiscal en torno al 9% del PBI (la crisis del 2001 fue con un déficit del 7% del PBI). Una revisión fiscal de esta magnitud implica nada menos que cuestionarse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Este debate, sin embargo, se encuentra fuera del debate en la opinión pública y el gobierno actual no parece tener interés en plantearlo de manera genuina; es decir, más allá de sostener que la gestión debe ser transparente y eficiente.

Hay dos maneras fundamentales de financiar un déficit fiscal. Con emisión monetaria o con deuda. Simplificando, podemos resumir que los ‘80 se financiaron con emisión monetaria, culminando en un serio contexto inflacionario. Los ‘90 se financiaron con deuda, lo cual culminó con el default del 2001. El gobierno kirchnerista se financió nuevamente con emisión monetaria lo cual terminó en un contexto de estanflación.

Hay también dos maneras fundamentales de eliminar el déficit fiscal. Aumentando impuestos o bajando el gasto. Aumentar impuestos cuando la presión impositiva (consolidada) supera al 40% del PBI en un contexto de estanflación no es viable para cerrar un déficit de 9 puntos del PBI. Para bien o para mal, no queda alternativa que revisar el nivel de gasto. Si no se puede aumentar la recaudación, es necesario bajar el gasto.

Hay en principio, una tercera alternativa para cerrar el déficit fiscal. La misma consiste en hacer que los gastos crezcan más despacio que la economía de modo tal que eventualmente la recaudación alcance al gasto y se elimine el déficit fiscal. Parece ser ya muy tarde para esta estrategia. Es como, si al conducir en la autopista, yo es tarde para desacelerar y es necesario pisar el freno.

Cambiemos ha informado su objetivo, prácticamente eliminar el déficit fiscal para el final del gobierno de Macri. Cambiemos no ha sido claro, sin embargo, en explicar cómo se va a cumplir dicho objetivo.

Esto deja abierto a interpretación cuál es la estrategia de Cambiemos para equilibrar el fisco. Una de dichas interpretaciones es que la estrategia consistía (o aún consiste) en la expectativa de que el cambio de gobierno, la salida del cepo, y el arreglo con los holdouts resultaría en una entrada de inversiones y en un aumento de la actividad económica que redundaría en mayor recaudación y en cerrar el déficit fiscal.

Hasta ahora esto no ha ocurrido. ¿Es esta, sin embargo, una estrategia realista? ¿Cuál es el nivel de inversiones y aumento del PBI necesario para que se cierre el déficit fiscal? Si el gasto se mantiene constante, y la recaudación por PBI no cambia, el PBI debe subir nada menos que 9 puntos para cerrar el desequilibrio fiscal. Con una infraestructura deteriorada, un contexto de alta inflación, impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, etc., no parece ser un objetivo realista.

Este desequilibrio madre de la economía argentina trasciende a partidos y movimientos políticos. Ha sido el mismo ya por medio siglo. Solucionar el mismo requiere más que una administración eficiente y austera, requiere replantearse el rol y estructura del estado en Argentina. La debilidad política de los otros partidos, y habiendo ganado no sólo presidencia, sino también Ciudad y Provincia de Buenos Aires, la oportunidad de cambio de Cambiemos sea posiblemente única.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.