Abram: las retenciones “impositivas y cambiarias” no generan crecimiento y afectan al sector productivo

Entrevista a Aldo Abram: Publicada el 1/12/19 en https://www.xn--lamaanaonline-lkb.com.ar/noticia/35257/abram-las-retenciones-impositivas-y-cambiarias-no-generan-crecimiento-y-afectan-al-sector-productivo/

 

Medios nacionales aseguraron que el presidente electo, Alberto Fernández, tomó la “decisión política” de subir el nivel de las retenciones que paga el sector agropecuario al momento de exportar. La idea sería aplicar “ajustes” en las cuatro principales producciones agropecuarias: soja, trigo, maíz y girasol. En los próximos días quedaría definido el nuevo cuadro de derechos a la exportación.

También, se conoció que la intención de los técnicos del Frente de Todos es diseñar un esquema “sustentable”, que no sea considerado “confiscatorio” y que no signifique un perjuicio notorio para los productores agropecuarios.

En lo referente a este tema, el economista Aldo Abram, Director Ejecutivo de la Fundación “Libertad y Progreso”, aseguró a La Mañana que el método de aumentar los niveles de retenciones a los productores agropecuarios no resolverá los problemas económicos de la Argentina, y que la idea de obtener mayores recursos del sector privado no dio buenos resultados.

“El sector privado productivo es el que genera la riqueza para pagar los gastos y los sueldos. El que tiene que hacer el ‘ajuste’ es el sector público. En este momento, quienes integrarán el próximo gobierno proponen sacarle plata al sector privado productivo para dársela a personas que no producen pero necesitarían ese dinero. Con eso, se supone que se va a ‘reactivar’ la economía. Esto no genera un aumento de la demanda. Puede cambiar su composición o el lugar en el cual se efectúa el gasto. Pero no modificará cuánto se gasta”, opinó el especialista.

Asimismo, el economista advirtió que además de las retenciones impositivas a las exportaciones, habrá una creciente “retención cambiaria”, porque habrá mayor emisión monetaria.

“Lo que va a suceder es que el peso se va a depreciar más. Con los controles cambiarios se buscará mantener al dólar en un valor artificialmente bajo en el mercado oficial y el verdadero costo de la moneda nacional se reflejará en los mercados ‘paralelos’. La brecha entre la cotización oficial y los demás mercados reflejará la ‘retención cambiaria’, que será creciente en el tiempo. Por ello, el sector agropecuario tendrá dos retenciones”, explicó Abram a este diario.

Crisis

Por otro lado, el profesional consideró que un mayor nivel de retenciones desalentará la realización de inversiones. A su vez, se refirió al rumbo económico que llevó al país a la crisis actual.

“Llegamos al 10 de diciembre del 2015 con un Estado nacional que estaba al borde de la quiebra, porque gastaba más de lo que los argentinos podíamos pagar. El Gobierno logró salir del ‘cepo’ cambiario y resolvió los problemas de deuda de ese momento. Eso generó credibilidad y muchas personas que habían sacado sus ahorros de la Argentina los volvieron a traer al país. Esto originó mayor crédito. Pero lo que hizo la administración nacional con el crédito obtenido fue mantener el exceso de Estado, que en 2018 volvió a poner a la Nación al borde de la quiebra”, relató.

“El ‘ajuste’ cayó sobre el sector privado productivo, que no tenía exceso de gasto. Esto se aplicó a través de la quita de los subsidios a los servicios públicos, que se tradujo en un mayor costo para la producción. Esto estuvo bien, pero los impuestos no fueron reducidos en igual forma. Esto es insostenible. Ahora, el peronismo propone hacer lo mismo”, agregó.

“En la etapa de Cristina Fernández de Kirchner se demostró que obtener mayores recursos del sector privado productivo no genera crecimiento económico. En paralelo, origina una caída del Producto Bruto Interno en el futuro. Si se logra aumentar las exportaciones, como pretende el FdT, será un milagro”, manifestó Aldo Abram.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade). Publica como @AbramAldo .

Un Gobierno que terminó siendo Continuemos en vez de Cambiemos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 1/9/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/09/01/un-gobierno-que-termino-siendo-continuemos-en-vez-de-cambiemos/

 

(Prensa Presidencia)

La decisión del Gobierno de restringir la compra de dólares por parte de las personas físicas y el requerimiento de una autorización previa no es otra cosa que un cepo o cepito dependiendo de los límites que finalmente se establezcan para la compra de divisas. En definitiva, el Gobierno vuelve al punto de partida cuando asumió en 2015 y pensaba en cómo desarmar el cepo cambiario.

Cuando se establecen restricciones cuantitativas a la compra de un bien a un precio máximo, es porque se está racionando por cantidad.Esto ocurre cuando se pone un precio máximo a cualquier mercadería. Todo precio máximo siempre se pone por debajo del precio de mercado. Nadie pone un precio máximo al mismo precio que opera el mercado o por encima del precio al que opera el mercado.

Como a ese precio artificialmente bajo no alcanza la oferta del bien en cuestión, en este caso los dólares, la decisión de los gobiernos es racionar por cantidad. Es lo mismo que cuando se pone un precio máximo al papel higiénico y luego se establece que cada persona no puede llevar más de cuatro rollos por compra. Acá se establece un monto máximo de dólares a comprar por mes por cada persona física y el funcionario de turno decidirá cuánto le autoriza a comprar a las empresas.

Es sorprendente la capacidad que ha tenido el Gobierno para negar la realidad: la gente no quiere el peso. Lo desprecia. Cuando un gobierno pone una tasa de LELIQs del 83%, está poniendo una zanahoria tan grande para que la gente no compre dólares que agranda la desconfianza porque esa tasa de interés no es consistente con la tasa de rentabilidad que cualquier empresa puede tener. Porque en definitiva, si el BCRA le paga a los bancos el 83% por las LELIQs, ¿en qué actividad puede colocar el BCRA esos fondos que obtiene de los bancos a, por lo menos, la misma tasa del 83%? Primera señal de inconsistencia. Ahora están diciendo que los dólares no alcanzan, con lo cual racionan la cantidad a la que pueden acceder los ciudadanos en un intento por hacerles tener pesos que la gente no quiere. Nueva señal para espantar a la gente que seguramente comprará en el mercado negro lo que no puede comprar el mercado oficial.

Finalmente, establecen que el dueño de un producto o servicio tiene la obligación de ingresar las divisas obtenidas por sus exportaciones, con lo cual se establece una violación a la propiedad privada, generando más temor en los agentes. Dicho de otra manera, exporto el trigo que yo produzco, ese trigo es mío. Y si cambio el trigo por los dólares de un alemán, los dólares también son míos. Si el Gobierno me obliga a traer los dólares se meten, en última instancia, con mi trigo que es mi propiedad. Nuevo desestimulo a invertir en Argentina para asegurarse que nunca llegue la lluvia de inversiones.

Ahora bien, la obligación de ingresar las divisas de exportaciones de granos en un breve plazo, va a hacer que el productor retenga más granos para ahorrar en granos que son dólares. Con lo cual las exportaciones pueden disminuir y el ingreso de divisas por exportaciones ser menor al esperado agregando más tensiones cambiarias a las ya existentes.

En síntesis, cuando llegó Cambiemos al gobierno, recibieron un cepo cambiario que obligaba a las personas a pedir autorización a la AFIP para comprar dólares. Por ahora, no sabemos hasta cuándo porque viven cambiando las reglas de juego, las personas físicas tienen una racionamiento en la compra de divisas y las empresas un cepo para comprar dólares que antes autorizaba la AFIP y ahora el BCRA.

Triste final para un Gobierno que siempre se negó a tener un plan económico, convocar a economistas de trayectoria creyendo que el gradualismo que le vendieron sus economistas progres, mágicamente iba a generar una lluvia de inversiones. Esos mismos economistas que lo asesoraron al Presidente no solo no generaron la lluvia de inversiones sino que terminaron produciendo una sequía de dólares que lo obliga a terminar estableciendo las mismas restricciones que había dejado el kirchnerismo.
Que los gradualistas se hagan cargo de la vuelta del kircherismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky 

Los 10 aciertos de Cambiemos en materia política y económica

Por Adrián Ravier.  Publicado el 27/5/19 en: https://www.cronista.com/columnistas/Los-10-aciertos-de-Cambiemos-en-materia-politica-y-economica-20190527-0057.html

 

En una nota reciente describí cuáles creo que fueron los 10 principales errores de Cambiemos en materia política y económica. Aquí me propongo señalar cuáles fueron sus 10 principales aciertos. Para hacerlo,
debemos distinguir un antes y un después de la crisis cambiaria de 2018.
Antes de la crisis cambiaria, me parece que fueron aciertos:
1. La quita del cepo cambiario que se desarrolló inmediatamente después de tomarlas riendas del gobierno, mostrando que los motivos que llevaron a su implementación carecían de toda lógica. Con esto el argentino dejó de
hablar de dólar blue, y recuperamos la unicación del tipo de cambio. También se terminó el privilegio de aquellos que podían acceder a un dólar oficial para importaciones, frente al común de la gente que debía adquirir dólares a una cotización 40 % más elevada

2. La quita de subsidios en los servicios públicos, que se concretó gradualmente durante todo el mandato, aun sabiendo del costo político que la medida implicaba. Con esto se resolvieron 12 años de atraso en las tarifas de los servicios públicos, lo que además permitió a las empresas recuperar niveles de inversión en infraestructura que eran indispensables.
3. En materia de relaciones internacionales, Cambiemos logró desvincular a la Argentina del eje socialista del siglo XXI, compuesto por Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia en América Latina, y también porIrán. Fue líder en la
región en oponerse al populismo de Maduro y las nefastas consecuencias sociales que hoy vive el pueblo venezolano. También se acercó a Occidente, puso en duda el bloque proteccionista del Mercosur y se acercó a la
Alianza del Pacífico, integrada por países cuya política económica hoy es modelo en la región.
4. La decisión de recomponer reservas,sabiendo que su saldo neto a diciembre de 2015 era prácticamente nulo. Es cierto que esta medida implicó un fuerte endeudamiento, pero al menos se utilizaron parcialmente para un uso adecuado.
5. El cumplimiento de su promesa de campaña en la quita de retenciones al agro. Con esta medida, Argentina logró una explosión en la producción de granos, además de favorecerla liquidación de una cosecha que permanecía
guardada del año anterior. Las economías regionales pudieron resurgir en 2016, que no fue un año fácil por el costo social de la devaluación generado por la quita del cepo cambiario.
En 2016 Cambiemos logró evitar una crisis mayor y en 2017 logró recuperar e incluso crecer hasta marzo de 2018.
Pero como se dijo en la nota previa, esa recuperación y crecimiento se sostenían en atraso cambiario y endeudamiento. El décit en cuenta corriente y el décit fiscal financiero encendieron luces de alarma que
numerosos analistas señalaron a tiempo, pero el gobierno las ignoró mientras pudo. Las malas noticias
internacionales producto de incrementos en la tasa de interés de Estados Unidos y una mayor iliquidez global relativa complicaron el financiamiento del déficit récord en cuenta corriente, y también del desequilibrio fiscal,
siendo la sequía y la mala cosecha el golpe de gracia. A partir de allí se pueden destacar otras cinco políticas acertadas.
6. Recurrir al FMI a tiempo permitió enfrentarla crisis cambiaria evitando un mal mayor. El plan económico ganó consistencia, una vez que se enfrentó el atraso cambiario con un corte abrupto en la intervención de este mercado.
La cotización del dólar saltó de 17 a 23, 28, 31, 35, 38, 41, para luego retroceder a 38 pesos. Si bien el dejar de
defender el peso tuvo un impacto recesivo e inacionario, la medida fue acertada para recortar el mayor décit de cuenta corriente de nuestra historia. Ya en 2019 la balanza comercial tiene saldo positivo.
7. Con las recomendaciones del FMI Cambiemos abandonó el gradualismo y optó por políticas de shock, las que entendemos debieron aplicarse desde 2016. Pero como dice el viejo lema: ‘más vale tarde que nunca.‘ Se corrigieron las metas fiscales, y Cambiemos optó por proponerse alcanzar el equilibrio fiscal primario ya en 2019. Si bien incrementó retenciones para alcanzar este objetivo, lo que fue señalado como un error, también ajustó gastos y subsidios en un año electoral, lo que debe ser valorado.
8. La crisis cambiaria tuvo muchas consecuencias sociales negativas, entre ellas subir la inflación. Pero un octavo acierto fue la decisión de cambiarla política monetaria hacia los agregados monetarios y establecer ja la cantidad de dinero hasta junio 2019. La política requiere de un tiempo para mostrar resultados, pero hacia fines de mayo de 2019 se observa que la presión inflacionaria empieza a ceder. No se puede desconocerla dificultad que implica luchar contra la inflación en un año electoral.
9. La creación de Leliqs pueden ser planteadas como un error dados ciertos fallos de política económica previa, pero en el momento que se aplicaron cuando se transitaba el desarme de Lebacs, las Leliqs lograron evitar una
hiperinflación. Esto me parece que es un noveno acierto de política económica. Que la tasa de interés sea endógena para que vaya bajando a medida que el mercado y las decrecientes tasas de interés lo vayan permitiendo, es un enfoque adecuado para resolver el problema a mediano plazo.
10. Tras un año de volatilidad cambiaria entre abril de 2018 y marzo de 2019, es quizás el décimo acierto que el gobierno haya convencido al FMI de intervenir en la zona de ‘no intervención‘ para sostener el dólar, ahora que el tipo de cambio es más ‘competitivo‘. No es lo mismo defender el peso en este contexto, que hacerlo con un décit de cuenta corriente récord, que era imposible de sostener con la escasísima generación de divisas que podía tener la Argentina con atraso cambiario.
Sin desmerecer el costo social que han tenido estas medidas, técnicamente se puede señalar que hoy están dadas las condiciones para recuperar el ritmo de actividad y luego volver a crecer, aunque por supuesto, la Argentina post primer gobierno de Cambiemos no está exenta de nuevos desafíos para enfrentar otros problemas estructurales heredados

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Breve historia de un fracaso monetario

Por Iván Carrino. Publicado el 2/5/19 en: https://contraeconomia.com/2019/05/breve-historia-de-un-fracaso-monetario/

 

 

El lunes pasado, antes que abriera el mercado de cambios, el Banco Central emitió un nuevo Comunicado de Política Monetaria. En él, modificó una vez más su regla de intervención cambiaria.

Lo que alguna vez fue una zona de no intervención ajustable por inflación, y luego pasó a ser un techo a partir del cual vender dólares por un monto de USD 150 millones diarios, hoy es un sistema de intervención discrecional, ya que el Banco Central:

… podrá realizar ventas de dólares aún si el tipo de cambio se ubicara por debajo de $ 51,448, cuyo monto y frecuencia dependerán de la dinámica del mercado.

Es decir que el esquema monetario es una combinación de dos cosas. Hasta cierto precio del dólar, un esquema de base monetaria congelada y libre flotación. Luego de cierto precio, que ya no es $ 51,448 sino alguno por debajo que le parezca demasiado alto a Guido Sandleris, un esquema de tipo de cambio fijo.

En ese precio, el BCRA vende dólares y absorbe pesos.

La idea es cortar con la suba del dólar. Que eso, a su vez, aborte los saltos en la inflación y que eso, a la postre, ayude a Macri a ganar las elecciones.

El mercado, por ahora, reaccionó positivamente.

Cinco sistemas en 30 años

Más allá del análisis puntual de esta nueva modificación cambiaria, que algunos ven muy bien porque frenará la suba del dólar, y otros miramos con escepticismo por el efecto en la credibilidad, es interesante mirar la película más larga.

Es que uno tiende a pensar que un requisito para el crecimiento económico es la previsibilidad. Sin embargo, Argentina no es ejemplo de ello. Mucho menos en el campo monetario.

Durante los últimos 29 años, el país cambió cinco veces, y de manera radical, su esquema cambiario.

Durante el período 1991-2002, rigió en Argentina la Ley de Convertibilidad. Este esquema tenía dos características fundamentales. La primera era que fijó el tipo de cambio en un peso por un dólar. La segunda, que ató la emisión monetaria a la cantidad de reservas del Banco Central. Es decir, fijó un respaldo de 100% en dólares a la base monetaria. La emisión para financiar déficit fiscal se terminó.

Los resultados en materia de inflación fueron excepcionales. La convertibilidad terminó con la hiperinflación de Alfonsín y generó aproximadamente 10 años de estabilidad. Ahora enfrentado a una nueva crisis fiscal y de deuda, un nuevo gobierno decidió abandonar el esquema.

Tras la megadevaluación de Duhalde, se instaló en Argentina un sistema de “flotación administrada”. Es decir, un esquema donde el Banco Central intervenía discrecionalmente en el mercado de cambios. Durante un período, entre 2003 y 2011, el Banco Central –que quería mantener un “tipo de cambio competitivo”- compró USD 41.700 millones de reservas.

Sin embargo, a partir de julio de 2011, comenzó a vender aceleradamente para evitar una devaluación.

¿Qué había ocurrido? Que como el Banco Central se había convertido en la “chequera” del kirchnerismo, la emisión monetaria volaba y la inflación acumulada en dicho período fue 240%. El dólar estaba barato, y más con la posibilidad casi cierta de que CFK comenzara un nuevo período en el poder.

La suerte de este nuevo esquema también estaba echada.

Del cepo a las Leliq

Como cualquier gobierno intervencionista, frente a su propio fracaso el kirchnerismo decidió intervenir más. Para frenar la devaluación y la pérdida de reservas, impuso un “cepo cambiario”. Es decir, un precio máximo para el dólar y el racionamiento en las cantidades a comprar.

El cepo fue literalmente un desastre, destruyendo los incentivos a exportar e invertir en el país. Pero además también fue un fracaso desde el punto de vista del objetivo del gobierno de Cristina. Durante la vigencia del cepo, las reservas cayeron USD 26.600 millones, y el tipo de cambio (medido por el dólar paralelo) se multiplicó por 3,3, subiendo 230%.

Tras la salida del cepo, Argentina experimentó un nuevo salto inflacionario. En septiembre de 2016 se decidió implementar un nuevo esquema: Metas de inflación con flotación cambiaria.

Este sistema, que funciona en alrededor de 30 países en el mundo, se puso como objetivo reducir la inflación a un dígito en 5 años. Para ello, el instrumento sería la tasa de interés. No obstante, el frente fiscal no acompañó.

El gobierno gastó mucho más de lo que estaba dentro de sus posibilidades, se endeudó mucho con el mundo y, cuando el mundo se cansó del gradualismo, dejó de prestar. Obviamente, sin esos dólares que llegaban para financiar la deuda, no había mucho para hacer.

El dólar comenzó a descontrolarse luego del 28 de diciembre de 2017, y en junio del año siguiente, con un dólar que había subido 44% desde entonces, y reservas que se habían vendido por USD 7.100 millones, Federico Sturzenegger abandonó la presidencia del Banco Central.

Entre junio y octubre no hubo ninguna regla clara de política monetaria, y recién en octubre se lanzó el “Plan Sandleris”, cuyas modificaciones ya comentamos al inicio.

La última bala

En medio de la alta volatilidad y desconfianza que se manifestó la semana pasada, el Banco Central volvió a “ajustar” su política cambiaria y monetaria. El objetivo es calmar al dólar para llegar a las elecciones.

La verdad es que se trata de “la última bala” a disparar. Podría salir bien, en la medida que logre calmar la incertidumbre y quebrar las expectativas al menos a corto plazo. Pero también podría salir mal, al reducirse la credibilidad del Banco Central y darle a los inversores un dólar “subsidiado” para liquidar todavía más posiciones en pesos argentinos.

Esperemos que ocurra el primer escenario, ya el segundo sería realmente calamitoso para nuestra economía.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El plan fue el no plan y fracasó

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/8/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/08/28/el-plan-fue-el-no-plan-y-fracaso/

 

Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)
Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)

Alguien le vendió al presidente Mauricio Macri el argumento que no hacía falta un plan económico. Que el plan económico era él, es decir, que con solo sentarse en el sillón de Rivadavia, con el kirchnerismo fuera del gobierno y removiendo algunos obstáculos como el cepo cambiario, iba a producirse una lluvia de inversiones que generarían un mágico efecto de crecimiento económico a pesar del monumental gasto público, la confiscatoria presión impositiva y la barrera a la contratación de empleados en blanco que es la legislación laboral.

Todos los serios problemas estructurales que viene arrastrando la economía argentina desde hace décadas y llevadas a un extremo insólito por el kirchnerismo, mágicamente iban a ser pulverizados por la presencia de Macri. La economía iba a crecer al 3% anual por alguna razón que nunca se supo cuál era, el gasto público congelado en términos reales iba a pesar cada vez menos sobre el PBI y el crecimiento iba a generar un ingreso tributario que se traduciría en una reducción del déficit fiscal.

Esa era toda la estrategia del Gobierno, sumado al menosprecio que tenía por presentar un plan económico consistente que generara confianza más allá de la que podía producir el cambio de gobierno.

Puesto en otras palabras, Mauricio Macri jugó el mismo juego que jugó Domingo Cavallo en 2001. Sobreestimar su imagen para cambiar las expectativas y el rumbo de la economía sin necesidad de grandes reformas estructurales.

Lo concreto es que el macrismo subestimó la fenomenal crisis que heredaba del kircherismo. Ese fue un grosero error tanto económico como político.

Eternos errores de comunicación, y algo más

1. El mayor error estuvo en nunca contar la herencia recibida. Mil argumentos se han dado desde el gobierno para justificar su falta de comunicación de la herencia recibida:

2. No fue que si contaban todo no conseguían fondos del exterior para financiar la transición; argumento muy infantil porque los economistas de aquí sabíamos la herencia que se recibía y en el exterior tenían la misma información que teníamos acá. La que no tenía idea de lo que se heredaba era el conjunto de la población no especializada en temas económicos. A esa había que informarle la herencia recibida.

3. Decían que se afrontaba el riesgo de tener una corrida cambiaria. Si este fuera el argumento, no previeron que la corrida la iban a tener un tiempo más adelante y les llegó justo este año, cuando es más difícil explicar porque hay que hacer un plan económico de mayor orden fiscal para frenar la corrida.

4. Encima de no querer armar un plan económico, de no querer tener un ministro de Economía fuerte con un plan al estilo tradicional y de no querer comunicar la herencia recibida, desarmaron una bomba, que era el cepo, pero armaron otras que fueron el de las Lebac y el de la deuda parar financiar el déficit fiscal.

5. Si creían que no hacía falta implementar reformas estructurales, el acceso al crédito externo los llevó a hacer la plancha en todo lo que tenía que ver con reformas estructurales. Eso hizo que agrandaran el problema porque ahora, en el medio de una corrida cambiaria hacia el dólar, tienen que desarmar la bomba de tiempo de las Lebac y encima mantener la tasa de interés en niveles insólitos, lo cual hace que sea un sueño imaginar alguna tasa de crecimiento en lo que resta del año.

La esperanza en la nueva cosecha

Si antes Macri desconfiaba de un ministro de Economía con trayectoria, ahora tiene que rezar para que el tiempo se porte bien con Argentina, porque otra cosecha mala en el año electoral puede ser bastante difícil de sobrellevar.

El gráfico previo muestra el peso de los intereses de la deuda sobre los ingresos tributario (sin considerar los aportes y contribuciones patronales) en los primeros 7 meses de los últimos tres años. Como puede verse, prácticamente duplicó su relevancia en muy poco tiempo.

Esto le deja menos margen de maniobra al Gobierno para financiar el gasto corriente. De acuerdo a los datos fiscales que viene ofreciendo el Gobierno, todo indica que la reducción del déficit fiscal primario queda neutralizado por el peso de los intereses de la deuda que hubo que tomar para financiar este gradualismo, que fue hacer la plancha durante dos años y medio esperando la lluvia de inversiones.

Si en el corazón de Cambiemos no había ningún espíritu por implementar reformas estructurales, el financiamiento externo los terminó de adormecer en el tema de la deuda. Durante todo el 2016 y el 2017 se durmieron tomando deuda. Así que ahora tenemos un problema estructural de alto e ineficiente gasto público, feroz carga tributaria, los intereses de la deuda que se comen la recaudación, la tasa de interés por las nubes, la economía en recesión y presiones sobre el mercado de cambios a un año de las PASO.

No me parece intelectualmente honesto por parte del Gobierno decir que la recesión es culpa, aunque sea en parte, del tema de los cuadernos. La realidad es que el tema de los cuadernos empezó el 1 de agosto de 2018 y la corrida cambiaria comenzó en marzo-abril, en tanto que la recesión se ve en la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica del 0,6% en abril, siguió en mayo con 5,2% y en junio 6,7%. Los cuadernos no tienen nada que ver con la actual caída en el nivel de actividad, ni con Turquía o la suba de la tasa de interés en EE.UU.

El serio problema económico que tenemos hoy, es un 90% consecuencia directa del gradualismo y un 10% producto de la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, salvo que quisieran que la tasa no subiera en EE.UU. para endeudarse eternamente.

A los que proponíamos el shock, es decir, anunciar un plan económico consistente y avanzar a mayor velocidad, nos tildaron de plateistas, libera lotes y demás descalificaciones porque, supuestamente no entendíamos de las limitaciones de estar en la cancha. Las restricciones políticas, sociales y demás argumentos. Si se hacía cualquier avance a mayor velocidad había una crisis social.

Pregunta: ¿qué tenemos ahora?

Fruto de la impericia en el manejo de la economía y de la estrategia política elegida, la gente está de malhumor, no solo el conurbano bonaerense sino también la clase media, la economía está en recesión y tienen que hacer malabarismos para dominar el mercado de cambios a pesar de la tasa de interés disparatada.

¿Cómo enfrentan este problema, ahora, a un año de las PASO?

Yo diría que tan geniales no estuvieron aquellos que creían que podían despreciar la necesidad de un equipo económico con experiencia y horas de vuelo en esta Argentina turbulenta (al menos no se hubiesen llevado por delante la tormenta de las Lebacs que era muy previsible y obvia) y también despreciar la necesidad de presentar un plan económico consistente.

Ahora queda por debatir si a un año de las PASO hay que jugarse a todo o nada anunciando un plan económico consistente con alto contenido de reformas de fondo o jugarse a todo o nada que el clima acompañe y que EE.UU. apoye en los momentos de mayor turbulencia del mercado de cambios. Muchas más opciones no veo por delante.

En nombre del pragamatismo dilapidaron dos grandes oportunidades: la primera el 10 de diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri tenía todo el apoyo de la gente y en 2017 luego de ganar cómodamente las elecciones de medio término. Un lamentable desperdicio de tiempo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .