Otra vez, viviendo de la emergencia impositiva

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 4/9/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/09/04/otra-vez-viviendo-de-la-emergencia-impositiva/

 

Francamente es preocupante que al Gobierno le haya llevado todo un fin de semana para estudiar cómo enfrentar la crisis cambiaria y terminar anunciando un aumento de impuestos junto con un nuevo organigrama de Ministerios, que dudo genere grandes ahorros

No queda claro en qué se ahorrarán 0,4 puntos del PBI en 2019 entre gastos corrientes, remuneraciones y gastos operativos. Estamos hablando $73.680 millones de acuerdo al PBI que dieron a conocer para 2019.

De todas maneras, de los 2,6 puntos del PBI que van a bajar el déficit fiscal, el 65% se explica por aumentos de impuestos (los nuevos derechos de exportación de monto fijo y por postergar por un año el aumento del mínimo no imponible) y otros 0,5% de ahorros en subsidios económicos que en rigor es trasladarle al sector privado la baja del gasto público vía mayores tarifas. Lo que antes se pagaba con impuestos ahora se pagará en las facturas de los servicios públicos.

Ahora bien, algo que uno no puede entender es que gente que viene del mundo empresarial siga con la costumbre de aplicar impuestos de emergencia, porque se trata de una situación que luego se convierte en permanente en la Argentina.

De emergencia a permanencia

1) Impuesto a las Ganancias comenzó como transitorio en 1932 con el nombre de Impuesto a los Réditos. Se tornó vitalicio: “llevamos 86 años en emergencia”.

2) IVA en  1995, por el Efecto Tequila la alícuota tuvo un aumento de emergencia del 18% al 21% por 8 meses, desde abril a diciembre de ese año. Lleva 23 años de emergencia.

3) Impuesto al cheque se estableció en 2001 como transitorio hasta diciembre de 2002. Acumula 17 años de emergencia.

4) Retenciones a las exportaciones resurgieron en 2002 como una emergencia y ya llevamos 16 años de vigencia.

5) Ahora nos informan un impuesto de monto fijo a las
exportaciones de $3 a $4 por dólar, dependiendo del producto, con lo cual
nuevamente estamos en emergencia.

Explicaciones falaces

Con el argumento que no se puede tocar el gasto público porque estalla el país, o se viene la conflictividad social y otras justificaciones por  el estilo, la realidad es que seguimos teniendo un gasto público que ahoga el crecimiento económico.

Por eso es errado el razonamiento que con el crecimiento económico el gasto público va a terminar licuándose sobre el PBI. La realidad es que el PBI no puede crecer en forma sostenida mientras no haya inversiones y no habrá inversiones con esta carga impositiva confiscatoria, la que a su vez es consecuencia del nivel de gasto público.

Tampoco es cierto que el 2017 veníamos creciendo bien en forma genuina. Buena parte de ese aumento de la actividad agregada estuvo sustentado en obra pública financiada con deuda externa que se terminó cuando se cortó el financiamiento externo.

Se puede entender que a menos de un año de las PASO ya no quede demasiado margen para aplicar un plan económico consistente, aunque habrá que ver si las medidas anunciadas alcanzan para llegar sin desbordes a agosto del año que viene.

Pérdida de oportunidades

Ahora, si bien queda escaso margen para aplicar medidas estructurales de cara a las elecciones, también es cierto que se desperdiciaron dos grandes oportunidades en el pasado: 1) el 10 de diciembre de 2015, y 2) luego de las elecciones de medio término en 2017.

Esto hace dudar de la verdadera vocación de cambios estructurales que puede haber en el Gobierno. Porque si no hay convicción que el problema no es solamente el déficit fiscal, sino fundamentalmente el nivel de gasto público, nunca van a avanzar en el sentido de bajar el gasto para reducir el déficit fiscal.

Cuando Cambiemos asumió el Gobierno, seguramente sabía que el nivel de gasto público que heredaba del kirchnerismo se traducía en una feroz carga impositiva que, junto con la inseguridad jurídica y el cepo cambiario, impedían toda posibilidad de crecer. Los desafíos que tenía por delante eran gigantescos y nadie pedía solucionar todo lo heredado en cuatro años de mandato, pero sí cambiar el rumbo.

El cambio de rumbo no consistía solamente en eliminar el cepo cambiario, implicaba comenzar a cambiar los valores que imperan en nuestra sociedad que son los que establecen la calidad de nuestras instituciones, es decir las normas, leyes, códigos y costumbres que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y los particulares con el Estado.

Es decir, terminar con la cultura de la dádiva y reimplantar la cultura del trabajo. Sin embargo, desde que asumieron en 2015, varios funcionarios de Cambiemos viven compitiendo con el kirchnerismo para ver quién otorgó más planes sociales.

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

El presidente Mauricio Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza

Macri dice que quiere que midan su gestión por la reducción de la pobreza. En todo caso sería mejor medir el éxito de su gestión por la menor cantidad de planes sociales que tiene que otorgar el Gobierno porque eso va a significar que las familias pueden mantenerse gracias al fruto de su trabajo y no del trabajo ajeno.

¿Qué tipo de sociedad competitiva puede construirse, considerando los cambios tecnológicos que vemos que llegan como un tsunami, si hay generaciones que viven viendo como sus padres no trabajan y viven del plan social? Ese es el primer gran cambio cultural que tiene que impulsar Cambiemos para poder iniciar una senda de crecimiento basada en las inversiones para poder incrementar la productividad y bajar la pobreza. Todo eso no se logra con más impuestazos.

Es probable que con el aumento del tipo de cambio mejoren las exportaciones y se produzca cierto grado de sustitución de importaciones, pero como en tantas otras oportunidades, las exportaciones no mejorarán por mayor competitividad, sino por esconder, transitoriamente, las ineficiencias estructurales detrás de un tipo de cambio más alto. Esto lo hemos visto en infinidad de oportunidades, hasta que se licua el tipo de cambio real y volvemos a los problemas del sector externo.

Insisto, si las medidas anunciadas son para llegar a las elecciones de 2019 sin estallidos económicos, se entiende aunque habremos perdido 4 años más de nuestras vidas en financiar un Estado ineficiente.

Ahora, si creen que se construye una política económica de largo plazo con este nivel de gasto público, esta carga tributaria y esta cultura de la dádiva, seguimos en el mismo problema que nos hizo entrar en esta larga senda de decadencia populista que ya lleva, por lo menos, 70 años. Mientras tanto, seguimos aumentando nuestra emergencia impositiva.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El plan fue el no plan y fracasó

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/8/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/08/28/el-plan-fue-el-no-plan-y-fracaso/

 

Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)
Nicolás Dujovne, ministro de Hacienda (foto: Adrián Escandar)

Alguien le vendió al presidente Mauricio Macri el argumento que no hacía falta un plan económico. Que el plan económico era él, es decir, que con solo sentarse en el sillón de Rivadavia, con el kirchnerismo fuera del gobierno y removiendo algunos obstáculos como el cepo cambiario, iba a producirse una lluvia de inversiones que generarían un mágico efecto de crecimiento económico a pesar del monumental gasto público, la confiscatoria presión impositiva y la barrera a la contratación de empleados en blanco que es la legislación laboral.

Todos los serios problemas estructurales que viene arrastrando la economía argentina desde hace décadas y llevadas a un extremo insólito por el kirchnerismo, mágicamente iban a ser pulverizados por la presencia de Macri. La economía iba a crecer al 3% anual por alguna razón que nunca se supo cuál era, el gasto público congelado en términos reales iba a pesar cada vez menos sobre el PBI y el crecimiento iba a generar un ingreso tributario que se traduciría en una reducción del déficit fiscal.

Esa era toda la estrategia del Gobierno, sumado al menosprecio que tenía por presentar un plan económico consistente que generara confianza más allá de la que podía producir el cambio de gobierno.

Puesto en otras palabras, Mauricio Macri jugó el mismo juego que jugó Domingo Cavallo en 2001. Sobreestimar su imagen para cambiar las expectativas y el rumbo de la economía sin necesidad de grandes reformas estructurales.

Lo concreto es que el macrismo subestimó la fenomenal crisis que heredaba del kircherismo. Ese fue un grosero error tanto económico como político.

Eternos errores de comunicación, y algo más

1. El mayor error estuvo en nunca contar la herencia recibida. Mil argumentos se han dado desde el gobierno para justificar su falta de comunicación de la herencia recibida:

2. No fue que si contaban todo no conseguían fondos del exterior para financiar la transición; argumento muy infantil porque los economistas de aquí sabíamos la herencia que se recibía y en el exterior tenían la misma información que teníamos acá. La que no tenía idea de lo que se heredaba era el conjunto de la población no especializada en temas económicos. A esa había que informarle la herencia recibida.

3. Decían que se afrontaba el riesgo de tener una corrida cambiaria. Si este fuera el argumento, no previeron que la corrida la iban a tener un tiempo más adelante y les llegó justo este año, cuando es más difícil explicar porque hay que hacer un plan económico de mayor orden fiscal para frenar la corrida.

4. Encima de no querer armar un plan económico, de no querer tener un ministro de Economía fuerte con un plan al estilo tradicional y de no querer comunicar la herencia recibida, desarmaron una bomba, que era el cepo, pero armaron otras que fueron el de las Lebac y el de la deuda parar financiar el déficit fiscal.

5. Si creían que no hacía falta implementar reformas estructurales, el acceso al crédito externo los llevó a hacer la plancha en todo lo que tenía que ver con reformas estructurales. Eso hizo que agrandaran el problema porque ahora, en el medio de una corrida cambiaria hacia el dólar, tienen que desarmar la bomba de tiempo de las Lebac y encima mantener la tasa de interés en niveles insólitos, lo cual hace que sea un sueño imaginar alguna tasa de crecimiento en lo que resta del año.

La esperanza en la nueva cosecha

Si antes Macri desconfiaba de un ministro de Economía con trayectoria, ahora tiene que rezar para que el tiempo se porte bien con Argentina, porque otra cosecha mala en el año electoral puede ser bastante difícil de sobrellevar.

El gráfico previo muestra el peso de los intereses de la deuda sobre los ingresos tributario (sin considerar los aportes y contribuciones patronales) en los primeros 7 meses de los últimos tres años. Como puede verse, prácticamente duplicó su relevancia en muy poco tiempo.

Esto le deja menos margen de maniobra al Gobierno para financiar el gasto corriente. De acuerdo a los datos fiscales que viene ofreciendo el Gobierno, todo indica que la reducción del déficit fiscal primario queda neutralizado por el peso de los intereses de la deuda que hubo que tomar para financiar este gradualismo, que fue hacer la plancha durante dos años y medio esperando la lluvia de inversiones.

Si en el corazón de Cambiemos no había ningún espíritu por implementar reformas estructurales, el financiamiento externo los terminó de adormecer en el tema de la deuda. Durante todo el 2016 y el 2017 se durmieron tomando deuda. Así que ahora tenemos un problema estructural de alto e ineficiente gasto público, feroz carga tributaria, los intereses de la deuda que se comen la recaudación, la tasa de interés por las nubes, la economía en recesión y presiones sobre el mercado de cambios a un año de las PASO.

No me parece intelectualmente honesto por parte del Gobierno decir que la recesión es culpa, aunque sea en parte, del tema de los cuadernos. La realidad es que el tema de los cuadernos empezó el 1 de agosto de 2018 y la corrida cambiaria comenzó en marzo-abril, en tanto que la recesión se ve en la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica del 0,6% en abril, siguió en mayo con 5,2% y en junio 6,7%. Los cuadernos no tienen nada que ver con la actual caída en el nivel de actividad, ni con Turquía o la suba de la tasa de interés en EE.UU.

El serio problema económico que tenemos hoy, es un 90% consecuencia directa del gradualismo y un 10% producto de la suba de la tasa de interés en Estados Unidos, salvo que quisieran que la tasa no subiera en EE.UU. para endeudarse eternamente.

A los que proponíamos el shock, es decir, anunciar un plan económico consistente y avanzar a mayor velocidad, nos tildaron de plateistas, libera lotes y demás descalificaciones porque, supuestamente no entendíamos de las limitaciones de estar en la cancha. Las restricciones políticas, sociales y demás argumentos. Si se hacía cualquier avance a mayor velocidad había una crisis social.

Pregunta: ¿qué tenemos ahora?

Fruto de la impericia en el manejo de la economía y de la estrategia política elegida, la gente está de malhumor, no solo el conurbano bonaerense sino también la clase media, la economía está en recesión y tienen que hacer malabarismos para dominar el mercado de cambios a pesar de la tasa de interés disparatada.

¿Cómo enfrentan este problema, ahora, a un año de las PASO?

Yo diría que tan geniales no estuvieron aquellos que creían que podían despreciar la necesidad de un equipo económico con experiencia y horas de vuelo en esta Argentina turbulenta (al menos no se hubiesen llevado por delante la tormenta de las Lebacs que era muy previsible y obvia) y también despreciar la necesidad de presentar un plan económico consistente.

Ahora queda por debatir si a un año de las PASO hay que jugarse a todo o nada anunciando un plan económico consistente con alto contenido de reformas de fondo o jugarse a todo o nada que el clima acompañe y que EE.UU. apoye en los momentos de mayor turbulencia del mercado de cambios. Muchas más opciones no veo por delante.

En nombre del pragamatismo dilapidaron dos grandes oportunidades: la primera el 10 de diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri tenía todo el apoyo de la gente y en 2017 luego de ganar cómodamente las elecciones de medio término. Un lamentable desperdicio de tiempo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

FMI, la última alcancía para evitar la crisis

Por Aldo Abram: Publicado el 10/6/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2142407-fmi-la-ultima-alcancia-para-evitar-la-crisis

 

Es muy positivo escuchar a los funcionarios del gobierno enfatizar que la Argentina no puede ser un país viable si su Estado sigue gastando más de lo que recauda, como hemos hecho en las últimas siete décadas. Si evaluamos cada una de las crisis durante este período, llegaremos a la conclusión de que tuvieron que ver con gestiones que se excedieron en las erogaciones del sector público. La única diferencia es cómo terminaron corrigiéndose dichas cuentas. Y eso dependió de cómo se financiaron.

Cuando no hubo crédito disponible se usaron las reservas y la emisión del Banco Central (BCRA) hasta quebrarlo. Un ejemplo de ello es lo que sucedió en los años 80, que terminó en la hiperinflación de 1989. Para los que son más jóvenes o no tienen memoria de aquello, pueden mirar a Venezuela, donde empezaron con un cepo cambiario ocho años antes que nosotros, quebraron su banco central, y ahora están viviendo una tremenda hiperinflación. De hecho, iríamos en igual camino si no hubiéramos cambiado con nuestro voto el modelo que impuso el gobierno anterior.

Cuando los funcionarios de turno tuvieron acceso al crédito voluntario, se endeudaron para mantener los excesos de erogaciones hasta derivar en un default. Ya llevamos ocho de ellos y el último fue en 2001. Lamentablemente, quizás por exceso de optimismo y prudencia, durante los últimos dos años la actual gestión decidió resolver muy gradualmente el enorme gasto público heredado utilizando el financiamiento internacional que supo recuperar con sus políticas.

Esto tuvo dos costos. El primero obligó al sector privado productivo a hacer todo el ajuste e incluso fue el que sufrió la quita de subsidios a las tarifas, el único ítem en el que bajaron las erogaciones estatales hasta 2017. Así, los empresarios y trabajadores tuvieron que arrastrar una carreta con un monstruo inútil y pesado, el Estado, lo que implicó una tardía y lenta recuperación económica. El otro costo fue que nos alejamos tan despacio del precipicio de la quiebra del sector público y del BCRA que heredaron, que aún estamos demasiado cerca de él; lo que implica que cualquier ventarrón externo (crisis o turbulencia fuerte) puede tirarnos al vacío.

De hecho, en abril, apenas se notaron algunos “vientos internacionales” moderados, los inversores vieron con temor cómo la Argentina se bamboleaba más que las demás economías. Un BCRA que había perdido la confianza en que priorizaría la defensa del valor del peso, se las vio complicado para frenar una corrida cambiaria que incluyó la salida de capitales por ponerle impuestos a las rentas de los extranjeros. En definitiva, el crédito para nuestro país se acotó fuertemente y el Banco Central a duras penas logró una coyuntural estabilidad cambiaria con un altísimo costo, en particular para los argentinos que vieron perder alrededor de 30% del valor de sus pesos en lo que va del año.

Un factor para la tranquilidad

La decisión del Gobierno de buscar el financiamiento de organismos internacionales a través de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) fue un factor fundamental para devolver la tranquilidad. El 4 de marzo último, en un reportaje en estas páginas advertíamos sobre el riesgo de que este tipo de turbulencias cortara el crédito para la Argentina y recomendábamos armar una red de créditos contingentes para poder enfrentar dicha situación. Ahora que ya lo hicimos, lo importante es entender para qué debe servir.

Algunos políticos y economistas salieron a hablar del gran ajuste que impondrá el FMI. Al contrario, ajuste violento es el que enfrentaríamos sin esta posibilidad de financiamiento. No entienden algo tan sencillo como que, si uno no tiene quien le preste, no puede gastar de más. O sea, el recorte del gasto público sería inmediato; lo que siempre se terminó haciendo en medio de una crisis, o sea con el mayor costo social posible. Como fue, por ejemplo, en 2002, con 54% de pobreza.

Al contrario, ahora tenemos la posibilidad de contar con crédito para hacer una reforma del Estado para que nos sea útil y pagable a los argentinos, y usarlo para morigerar el costo social que implique (ver propuesta en el sitio de Libertad y Progreso). Lamentablemente, no aprovechamos el crédito voluntario para hacerlo, ahora no desperdiciemos la última “alcancía” que nos queda. Si no lo hacemos, en unos años nos encontraremos con los mismos problemas, un mayor endeudamiento y ningún financiamiento posible; por lo que terminaremos resolviendo los problemas de la peor forma, con una crisis como todas las veces anteriores.

La responsabilidad primaria de este esfuerzo a realizar es del Presidente Mauricio Macri y su equipo; pero también de la oposición, ya que el oficialismo no tiene mayoría legislativa. Todos deben mostrar en esta ocasión la responsabilidad que no se observó en otras épocas, en las que los argentinos fuimos llevados a vivir varias debacles. Sin embargo, no solamente debemos esperar que nuestra dirigencia política esté a la altura de las circunstancias. Debemos exigírselos como ciudadanos; ya que es nuestro futuro el que está en juego.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El dólar pone a Macri entre la espada y la pared

Por Iván Carrino. Publicado el 3/5/18 en: http://www.ivancarrino.com/el-dolar-pone-a-macri-entre-la-espada-y-la-pared/

 

El gobierno debe elegir entre calmar a los mercados o satisfacer a los grupos de presión internos.

La semana pasada asistimos a una verdadera corrida cambiaria como hacía tiempo no se veía en el país. En un lapso de solo 5 días, el Banco Central vendió el 7% de sus reservas internacionales, perdiendo nada menos que USD 4.400 millones.

El objetivo: evitar que suba el dólar y eso continúe realimentando unas expectativas de inflación que parecen cada vez más descontroladas.

Al finalizar la semana, el Banco Central tomó una nueva decisión. Esta vez fue todavía más agresivo. Decidió subir su tasa de política monetaria 300 puntos básicos, a 30,25% anual. Sin embargo, al reanudarse la rueda de los mercados, el miércoles, las cosas todavía no parecían calmarse del todo.

A continuación, un análisis de lo que pasó y lo que puede suceder de acá adelante.

Las Reservas no se “rifan”

Algunos analistas, al atestiguar la fuerte venta de reservas por parte de la autoridad monetaria, pusieron el grito en el cielo porque los dólares se estaban “rifando”. Curiosamente, muchas de estas protestas venían de quienes, en el pasado, impusieron el cepo cambiario para evitar “la rifa” y, sin embargo, liquidaron nada menos que la mitad del stock total de reservas internacionales.

Es cierto que en un sistema de tipo de cambio flexible, el dólar debe fluctuar libremente sin intervenciones. Ahora bien, si ese fuera el caso, el Banco Central tampoco debería haber comprado USD 40.000 millones en dos años.

Dado que lo ha hecho… digamos que tiene derecho a venderlos cuando quiera. Para eso se compran. No para tenerlos guardados en un cajón, sino para salir a traer calma cuando los mercados se inquietan.

Ahora bien, si analizamos los momentos en que el BCRA comenzó a utilizar esta herramienta, encontramos  que no fue solo la semana pasada. Ya desde marzo que Sturzenegger decidió salir a vender dólares, porque juzgaba que la suba del tipo de cambio comenzaba a ser “disruptiva”.

Coletazos del 28D

Para entender por qué un Banco Central que supuestamente tiene un tipo de cambio libre se obsesiona por controlarlo, tenemos que remontarnos al 28 de Diciembre pasado.

Hasta esa fecha del año 2017, el Banco Central venía implementando un sistema de Metas de Inflación donde el principal instrumento para influir en las expectativas y en el mercado monetario era la tasa de interés.

La tasa, en su momento, estaba en los alrededores del 28%, mientras que la inflación anualizada andaba por el 20%. No obstante, las metas no venían cumpliéndose y a la tasa le llovían críticas.

Desde la heterodoxia, se argumentaba que semejante nivel de tasa frenaba la actividad. Desde la ortodoxia, que la herramienta no servía y que generaría una bomba de Lebacs que estallaría en el futuro con más inflación y devaluación.

Ambos argumentos allanaron el camino para que el 28D, el Poder Ejecutivo no solo impusiera una modificación de las metas de inflación, sino una baja de la tasa de interés.

Así, el principal instrumento que el Banco Central tenía para domar la inflación, fue secuestrado por la Jefatura de Gabinete.

Poco tiempo después, las expectativas de inflación comenzaron a subir y, con ellas, el dólar.

El Banco Central estaba en una encerrona. Se le descontrolaban las variables y no tenía herramientas ni credibilidad para encaminarlas. Lo único que le quedó a la mano fue salir a vender dólares.

Tormenta perfecta

A los factores anteriormente mencionados, que podemos denominar domésticos, se sumó la cuestión internacional: el dólar en el mundo viene fortaleciéndose día tras día, y en las últimas diez jornadas acumuló un avance de 3,8% contra todas las monedas del globo.

Lo que refleja esto es que los fondos internacionales están desarmando posiciones en los países emergentes y “volando hacia la calidad”, para lo cual necesariamente deben comprar dólares.

Ahora bien, si Argentina fuera un país totalmente ordenado en sus números fiscales, dinámico en su mercado de trabajo, y estable en sus reglas de juego, el cimbronazo tal vez no sería tan marcado.

Sin embargo, se da el caso de que somos uno de los países más vulnerables a la turbulencia internacional, lo que nos lleva al último punto.

Entre la espada y la pared

Si la suba de tasas de Sturzenegger no alcanza, y los inversores siguen queriéndose ir, vendiendo moneda y bonos argentinos, entonces el problema acá no estará siendo el 28D o la política fiscal de los Estados Unidos, sino algo más profundo: un reclamo para que el gobierno dé mayores señales de ajuste fiscal.

Es que dado el agujero que tiene el gobierno, el modelo no cierra si no hay financiamiento, y como el mercado local es muy chico, ese financiamiento tiene que venir de afuera… Pero si afuera se complica, la única que queda es ajustar más.

Un mayor ajuste fiscal, que podría pasar por recortar partidas de gasto que excedan a la de los subsidios energéticos, tendría el efecto positivo de generar mayor confianza de los acreedores, generando mayor estabilidad.

No obstante, un mayor ajuste fiscal desataría una ola de protestas de sindicatos, piqueteros y partidos opositores, quienes no dejan pasar la más mínima oportunidad para atacar al gobierno por “neoliberal ajustador”.

Todas las fichas están puestas en Sturzenegger. Si su revitalizada política monetaria logra calmar las expectativas, el hiper-gradualismo de Macri tendrá una vida más en este juego. De lo contrario, estará obligado a elegir entre la espada y la pared.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

No es cierto que la inflación esté bajando

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/4/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/04/17/no-es-cierto-que-la-inflacion-este-bajando/

 

Cuando uno ve que empiezan a justificar la inflación porque subieron las tarifas de los servicios públicos, la carne, comenzaron las clases o los repollitos de bruselas, entonces no están dando una explicación del problema

Cuando uno ve que empiezan a justificar la inflación porque subieron las tarifas de los servicios públicos, la carne, comenzaron las clases o los repollitos de bruselas, entonces no están dando una explicación del problema inflacionario sino que está buscando excusas.

Claramente el BCRA cometió dos errores al errarle en sus metas de inflación. Para 2017 se había establecido una meta de inflación del 12/17 por ciento y terminó siendo del 24,7%. Para el año en curso habían establecido una meta del 10%, luego la corrigieron al 15% y hoy esa meta ya parece inalcanzable. La inflación promedio mensual abril-diciembre debería ser del 0,84% mensual para cumplirse con la meta del 15%.

Un BCRA que carga sobre sus espaldas haber destruido 5 signos monetarios desde 1935 y encima errar la meta de inflación dos meses seguidos, lamentablemente no genera la confianza como para que el peso sea creíble.

El primer dato a considerar es que la inflación núcleo que estima el INDEC no contempla los bienes con estacionalidad, ni los que tienen alto componente impositivo, vivienda, electricidad, transporte público, etc. Justamente en marzo, la inflación núcleo se disparó alcanzando el 2,6% de incremento en marzo respecto a febrero. Es más, el IPC da un aumento del 25,4% marzo 2018 versus marzo 2017 y la inflación núcleo, en el mismo período, tiene un aumento del 22,4%, es decir, seguir insistiendo con que la inflación es causa de las tarifas de los servicios públicos o el bife de chorizo no parece muy razonable desde el punto de vista económico. Puede ser que, puntualmente, los aumentos de tarifas de los servicios públicos o del tipo de cambio impacten en el IPC, pero esos aumentos puntuales no pueden explicar una inflación sostenida.

Gráfico 1

El otro argumento que usan desde el gobierno es que la inflación está bajando. En ese punto también tenemos un problema de interpretación. Depende con qué momento se compare, ¿la inflación está bajando o no? Si comparamos 2017 contra 2016, hay una baja por el ajuste de tarifas y salida del cepo cambiario, pero luego la inflación se mantiene en el orden del 25% anual que es la misma inflación que había en la era k.

Gráfico 2

El gráfico 2 muestra que la inflación del 2017 efectivamente fue menor a la de 2016 pero está en los mismos niveles que en la era k desde el 2007 cuando, salvo en 2009 por la crisis mundial, bajó la tasa de expansión monetaria. Si tomamos marzo 2018 versus marzo 2017 la inflación se mantiene en el 25% anual.

Lo que ocurre es que el gobierno compara contra el 2016 y muestra esa baja en la tasa de inflación que puede verse en el gráfico 2 al comparar 2017 con 2016 que tuvo una inflación del 40,7% contra el 24,7% de 2017. Pero el dato es engañoso.

Y el dato es engañoso porque si uno observa la evolución del IPC de los últimos 11 meses puede ver que, efectivamente baja respecto a 2016 pero claramente la inflación está estancada en un piso del 23% y un techo del 25% anual cuando se van comparando cada uno de los meses con igual mes del año anterior, como puede verse en el gráfico 3

Gráfico 3

Lo que muestra el gobierno es la baja respecto al 2016, pero no muestra el estancamiento que se ve en el círculo a partir de junio de 2017.

El problema que tiene el gobierno para quebrar la inflación es el déficit fiscal. Es falso que la suba de salarios o cualquier otro costo de producción generen inflación. Los precios de los costos de producción los determinan los precios que la gente esté dispuesta a pagar por cada bien. Dicho de otra manera, es falso que una empresa pueda sumar cualquier costo de producción, agregarle una utilidad y así establecer el precio de venta de sus productos. En la realidad el sistema funciona al revés. Es el precio que el mercado está dispuesto a pagar por cada producto y la cantidad que la empresa puede vender de ese producto, el que determina los costos de producción.

Supongamos que contrato 20 secretarias, 30 economistas, alquilo las oficinas más caras de Buenos Aires y me muevo en una limousine con chofer. Sumo todos esos costos, le agrego mi utilidad y por cada conferencia mía sobre la situación económica pido U$S 1 millón. Dudo que alguien vaya a contratarme. Lo que hago es estimar cuántas conferencias puedo dar, estimar qué precio el mercado está dispuesto a pagar por mis conferencias y en base a esos ingresos puedo establecer en que costos de producción puedo entrar para sostener mi estudio. Exactamente lo mismo le pasa a las empresas. Por eso, no es cuestión de controlar precios, costos de producción o márgenes de utilidad. Esa es una burrada típica del pensamiento fascista para controlar los precios.

Gráfico 4

La clave del problema inflacionario está en el gráfico 5. El BCRA está emitiendo a una tasa anual que está en el rango del 27 al 35 por ciento anual. ¿Con esa tasa de emisión monetaria pretenden bajar la  inflación? Y la razón de esa emisión monetaria es el déficit fiscal.

Dardo Gasparré explica en su nota del sábado pasado (http://bit.ly/2HpZMjn) que la economía está subordinada a las necesidades electorales del gobierno. En otras palabras, toda la política económica está al servicio de las necesidades electorales del gobierno. Es cierto que ese mecanismo le está sirviendo para ganar las elecciones…por ahora, pero también es cierto que seguir subordinando la economía a las necesidades políticas del gobierno incrementa el problema heredado del kirchnerismo. Al lío del gasto público, presión impositiva, distorsión del tipo de cambio, sobredimensionamiento del sector público y déficit fiscal, ahora le sumamos un monumental stock de LEBACs, junto con una creciente deuda pública que no es sostenible en el tiempo como forma de financiar el déficit fiscal, además de agregar problemas como la distorsión del tipo de cambio y el déficit de cuenta corriente del balance de pagos.

En definitiva, la inflación no baja porque el gobierno no está dispuesto a pagar el costo político de bajar el gasto público heredado del kirchnerismo. Opta por privilegiar votos antes que solucionar el problema económico, algo que, a mi entender, es un error, porque tal vez el gobierno podría invertir parte de su capital político para bajar el gasto público, equilibrar las cuentas del estado y reducir la inflación con el consiguiente beneficio político. Bajar la inflación mediante la reducción del gasto público, podría generar grandes dividendos políticos a la hora de contar los votos. Salvo, claro está, que la apuesta sea a que, dada la presencia de opositores que espantan votos, es mejor sostener esta inflación que la gente parece bancarse porque la opción política es peor y continuar apostando a que el financiamiento externo se mantenga indefinidamente.

Finalmente, subir la tasa de interés si la inflación no cede, no es a mi juicio una solución. En todo caso aumentará el arbitraje tasa versus dólar y generará una mayor gasto cuasifiscal.

Que se entienda, las medidas financieras o cambiarias no son sustituto de las reformas estructurales.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE