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Para exportar más hay que abrir la economía

Por Iván Carrino. Publicado el 18/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/para-exportar-mas-hay-que-abrir-la-economia/

 

Los que quieren incrementar las ventas externas olvidan un dato clave.

José tiene un almacén. Ayer por la tarde, se puso a repasar los números del año. Sus ventas crecieron 1,6% en términos reales. En comparación con lo que venía sucediendo, no se ve tan mal. Entre 2011 y 2015 habían caído un suculento 32% real, mientras que en los últimos dos años se recuperaron un 3,5%.

Sin embargo, siempre se puede estar mejor, y a José –como a todos–  sin dudas le gustaría vender mucho más.

Algo similar está sucediendo con las exportaciones argentinas. Durante los años del cepo cambiario, las ventas externas se desplomaron 32% en dólares, recuperándose levemente en 2016 y 2017.

¿Metas de Exportaciones?

Aun cuando las ventas externas estén creciendo más que durante el cepo, es cierto que -en perspectiva- parecen estancadas. Más todavía cuando se las compara con lo que avanzan las importaciones, que terminarán el año con un aumento de 20,1% anual.

A raíz de esto, Eduardo Levy Yeyati sostenía hace poco que exportar era una cuenta pendiente de la economía argentina de estos años.

Más importante aún, sin embargo, es la respuesta que el gobierno le da al mencionado estancamientoDe acuerdo con Infobae, el cerebro detrás del cambio en las metas de inflación, el economista Vladimir Werning, recomendaba tener una desinflación más lenta que permita:

…bajar la tasa de interés, lograr una suba del valor del dólar y así mejorar la competitividad del tipo de cambio para poder aumentar las exportaciones.

El planteo es algo absurdo.

Por un lado,  porque el Banco Central no tiene “metas de exportaciones”, sino “metas de inflación”. Por el otro, porque si de la tasa dependiera la capacidad de exportar de un país, habría que pedir que la pongan en cero, que el dólar vaya a infinito y fin del problema.

Obviamente, así no funciona la cosa.

Exportamos para importar

Otro punto a destacar es que las exportaciones no son un bien en sí mismo, sino la actividad que un país debe realizar para pagar por sus importaciones.

Volviendo al caso del almacén de José, si él pudiera consumir todo gratis, sería feliz, pero no le queda otra que vender provisiones para hacerse de los recursos necesarios paga pagar su consumo.

En los países sucede lo mismo, especialmente cuando no hay financiamiento externo. Para poder consumir bienes importados, se necesitan dólares, y esos dólares se consiguen con la exportación.

Exportar, entonces, no es un “motor de crecimiento económico”, sino una simple necesidad para poder consumir lo que no se produce localmente.  Si el país produjera una cantidad y variedad tales que no fuera necesario consumir productos importados, nadie se preocuparía por el estancamiento exportador.

Apertura comercial para aumentar la exportación

Ahora bien, asumiendo que sí consideramos de importancia aumentar las exportaciones. ¿Qué deberíamos hacer?

Ya sabemos que el gobierno propone bajar la tasa de interés para que suba el dólar… En su artículo, Yeyati es más sofisticado: pide un “menú de productos exportables”, un “nuevo modelo de negocios” y “esfuerzos por reducir costos burocráticos y logísticos”.

Todo muy interesante hasta ahí, pero lo que realmente se necesita para exportar más es una verdadera y agresiva apertura comercial.

¿Cómo es esto? La explicación la dio hace 80 años el economista moldavo Abba Lerner, en el trabajo que tituló “La simetría entre los impuestos a la importación y a la exportación”.

Allí, argumentó que existía una simetría (que luego se conocería como Simetría de Lerner) entre gravar las importaciones y gravar las exportaciones. De acuerdo con Lerner, frenar las compras externas es equivalente a detener las ventas al extranjero. Por el contrario, permitirlas fomenta las exportaciones.

Para Douglas Irwin, profesor de Dartmouth College:

El motivo fundamental de esta verdad es que las exportaciones son la contracara de las importaciones. Son necesarias para generar ingresos que paguen por las importaciones.

(…)

Si los países extranjeros no pueden venderle bienes a nuestro país, por ejemplo, entonces no tendrán el dinero necesario para comprar bienes fabricados por nosotros.

Otra manera de ver esta relación estrecha entre importaciones y exportaciones es el tipo de cambio. Si, para proteger a los fabricantes locales se impone un arancel a la importación, entonces el mercado cambiario tendrá una menor demanda para la moneda extranjera.

Esto generará que el tipo de cambio baje o sea menor al de un contexto de libertad. Ahora un tipo de cambio bajo afecta las exportaciones, ya que restan ingresos a ese sector, presionando su rentabilidad. Siendo Argentina una de las economías más cerradas del mundo, ¿por qué habría de exportar más?

Los datos avalan la simetría. Si miramos un registro histórico de compras y ventas externas en Argentina, observamos que suelen moverse siempre de manera conjunta.

Exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda. Si queremos aumentar las primeras, hay que pedir apertura al mundo y no tenerle miedo a la “avalancha importadora”.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

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Los números fiscales indican que hay que acelerar el gradualismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/23/los-numeros-fiscales-indican-que-hay-que-acelerar-el-gradualismo/

 

La semana pasada el ministro Nicolás Dujovne presentó las cifras de diciembre y de todo 2017

 

Como era de esperar, Hacienda presentó un panorama fiscal alentador donde muestra un sobrecumplimiento de la meta de reducción del déficit fiscal primario, que en vez de ser 4,2% de PBI terminó siendo 3,9% de PBI en vez del 4,2% que se había puesto como meta.

En 2016 el déficit fiscal primario, es decir, sin considerar los intereses de la deuda pública, fue del 4,3% del PBI, con lo cual la reducción del déficit fiscal fue de 0,4% del PBI.

El problema es que el gradualismo requiere de financiamiento del déficit fiscal mientras el Gobierno se toma su tiempo para bajarlo. Es decir, hay un costo financiero por escapar al shock que son los intereses de la deuda pública que hay que pagar mientras se llega al equilibrio fiscal.

En 2016, los intereses de la deuda pública (sin considerar los intereses de la gasto cuasifiscal que genera el Banco Central) fueron 1,6% del PBI y en 2017 subió a 2,2% del PBI. Es decir, el gasto financiero aumentó 0,6 puntos del PBI contra una baja del déficit primario de 0,4 puntos del PBI.

En otras palabras, el rojo fiscal, incluyendo los intereses de la deuda, como corresponde, fue del 5,9% de PBI y del 6,1% del PBI, lo que significa que el modelo gradualista, tal cual está planteado, no converge hacia el equilibrio.

El debate ya deja de ser cuánto tiempo nos financian desde afuera para ir bajando gradualmente el déficit fiscal, sino que, de acuerdo a los datos de 2017, hay que preguntarse si nos van a financiar un desequilibrio fiscal creciente.

Y por favor que no me vengan con la historia de que los intereses se refinancian. Ya tuvimos varias experiencias al respecto para saber que no nos financian cualquier nivel de déficit fiscal.

Insisto, aquí el problema del ritmo de gradualismo que aplica el Gobierno conduce a un aumento del déficit fiscal y no a una baja. Aclaro lo del ritmo de gradualismo porque es obvio que no todos los cambios se pueden hacer de un día para otro, pero tener un rumbo de cambio es fundamental y, lamentablemente, no se observa ese rumbo de cambio en materia fiscal, y si lo hay es muy leve donde el peso del ajuste recae por completo sobre el sector privado lo cual impide tener tasas de crecimiento económico sostenidas.

Veamos un par de números

El gasto en subsidios económicos (tarifas de luz, agua, gas, etc.) se redujo en $65.466 millones en 2017 respecto a 2016. Esto es producto del incremento de las tarifas de los servicios públicos, pero el gasto en subsidios sociales como AUH, Argentina Trabaja, Pensiones no contributivas, etc. aumentó $82.267 millones. Todo lo que se ahorró de gasto y que salió del bolsillo del consumidor fue a parar a más subsidios sociales, incluso un 26% más, cuando en rigor debería haber disminuido la presión impositiva. Es importante aclarar que en ese incremento no se incluyen las mayores erogaciones por jubilaciones y pensiones.

En otras palabras, la gente paga más por la luz, el gas, el transporte, etc. pero la idea debería ser que el menor gasto por la reducción de subsidios económicos se tradujera en menor carga impositiva o por lo menos en una reducción final del déficit fiscal.

(Adrián Escandar)

(Adrián Escandar)

Vale la pena aclarar que si el Gobierno destina cada vez más dinero a planes sociales, lejos estamos de transitar una política económica exitosa, entendiendo por exitosa una política económica que cada vez más gente se mantiene gracias al fruto de su trabajo y no de subsidios sociales.

Suele argumentarse que no se puede ir más rápido porque si se recortaran los planes sociales o se redujera el número de empleados públicos habría un estallido social y se perdería gobernabilidad. Uno nunca sabe si este es un argumento para continuar con cierto grado de populismo que permita seguir ganando elecciones o si realmente hay temor a adoptar esas medidas.

Sí podemos afirmar que no va a haber financiamiento indefinido para esta política fiscal populista. Puesto de otra forma, es cierto que el Gobierno quitó el cepo cambiario, eliminó los controles de precios y se respira un aire de menores regulaciones, pero en lo fiscal no se observan cambios contundentes. Por otro lado, como siempre sostengo, es preferible endeudarse para bajar el gasto público, mejorar rápidamente el flanco fiscal y despejar el horizonte de dudas que hay respecto a ese punto, que continuar endeudándose para cubrir el déficit fiscal.

Considerando que los números fiscales no tienden a cerrar, el argumento que si se hace otra cosa los opositores le prenden fuego al país es ridículo, porque uno podría decir que es cambiar un incendio de la oposición por el incendio que puede producirse si se corta el financiamiento externo para cubrir unas cuentas públicas que no tienden a cerrar sino que tienden a ampliar la brecha fiscal.

Justamente, el presidente Mauricio Macri acaba de iniciar un viaje para, entre otras cosas, tratar de captar inversiones. Pasamos de la lluvia de inversiones a la danza de la lluvia de Les Luthiers. La realidad es que no hace falta hacer ningún viaje. Los inversores en el exterior saben muy bien la situación económica y política del país. Afuera también hay internet y se sabe que las cuentas fiscales no cierran.

El inversor externo y el local saben que ya no existen las locuras de Moreno, las torpezas de Kicillof o las arbitrariedades de Cristina Fernández. Pero esas son condiciones necesarias pero no suficientes para invertir en Argentina. Porque los inversores miran y saben que la presión impositiva es la misma, la legislación laboral es similar y la inconsistencia fiscal sigue estando presente.

En síntesis, nadie pide cambiar 70 años de decadencia en dos años de gobierno de Cambiemos. Lo que se pide es que el Gobierno tome conciencia que este ritmo de gradualismo no lleva a buen puerto.

 Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Los “liberalotes” y el gobierno de Macri

Por Iván Carrino. Publicado el 23/11/17 en: http://www.ivancarrino.com/los-liberalotes-y-el-gobierno-de-macri/

 

Fernando Iglesias cree que lo que funciona en todo el mundo, no tiene sentido en Argentina.

Ayer por la mañana, cuando me senté en el escritorio, un querido colega me pasó el link a la última nota escrita por el diputado electo, Fernando Iglesias.

Iglesias es periodista y escritor, y se ha destacado últimamente por su feroz cruzada intelectual contra el peronismo. Su anteúltimo libro, “Es el Peronismo, Estúpido” fue un éxito de ventas y hace poco publicó una nueva obra: “El año que vivimos en peligro”.

Gracias a la recomendación de mi viejo, leí hace algunos años “Por qué no soy kirchnerista”, del mismo autor. En dicho trabajo explica los motivos por los cuales un “progresista” como él no defendía a un gobierno que también decía ser “progresista”.

La obra es muy buena, con una excelente recopilación e interpretación de datos económicos, entre otras cosas.

En su más reciente columna, publicada en La Nación, Iglesias critica a los economistas liberales (“los liberalotes”), a quienes considera una secta que, básicamente, no tiene ningún contacto con la realidad y desprecia el estado.

La nota de La Nación es muy potente y, fiel al estilo del autor, contiene párrafos que harán reír a más de uno.

Por ejemplo, sostiene que el “médico liberalote”, a un paciente con insuficiencia cardíaca, “le desconecta el goteo, le pone zapatillas y lo saca a correr mientras le explica que es la falta de ejercicio la que lo tiene así.”

Bravo, hay que mantener el humor.

¿Ahora no se está pegando un tiro en el pie cuando se mofa de las advertencias y recomendaciones del liberalismo?

El liberalote de Macri

Para Iglesias, los liberales ofrecen recetas que dan “maravillosos resultados en muchos países”, pero en Argentina no pueden llevarse a cabo.

Esta fórmula es muy escuchada. Claro que Argentina es un país particular, ¿pero tanto como para que lo que funciona en el mundo, solo acá esté condenado al fracaso inevitable?

De ninguna manera. De hecho, el mismo presidente tomó medidas decididamente liberales con excelentes resultados.

¿O qué otra cosa fue sacar el cepo cambiario de un día para el otro?

Eliminar un control de precios como era el cepo al dólar es una medida claramente liberal y fue pedida por muchos economistas que, desde el llano, criticamos a todos los que decían que “eso no se podía hacer”.

Los resultados acompañaron la decisión. Se revirtió la caída de reservas y repuntó la exportación de materias primas. En 2016, las exportaciones totales crecieron luego de 5 años de descenso.

Otra medida de shock que tuvo enorme impacto positivo fue el fin de las retenciones. Sin cepo y con menos impuestos, el sector agrícola es hoy uno de los que más crecen de la economía argentina.

Y recuerdo que bajar impuestos (y, mejor aún, eliminarlos) también es una medida liberal. ¿O será liberalota?

Por último, recientemente se conoció que las estaciones de servicio dejaron de cerrar en el país tras una larga decadencia producto del control de precios K.  Los precios ahora no se controlan por decreto oficial y nuevas estaciones están abriendo.

Otro claro beneficio del liberalotismo económico, que funciona en todo el mundo pero supuestamente fracasa en Argentina.

Hora de reconsiderar.

Reformas tímidas

Desde aproximadamente el año 2001 que los liberales en Argentina piden reformas “estructurales” para incrementar la competitividad.

Si no me creen, pueden leer las columnas de Carlos Rodríguez, del CEMA, las notas de Roberto Cachanosky, o mismo revisar la propuesta económica de Ricardo López Murphy, quien tuvo un fugaz paso por el Ministerio de Economía cuando desgobernaba Fernando De la Rúa.

En ese entonces nadie escuchó a los liberalotes, sino que decidimos seguir el consejo de los keynesianotes, que nos decían que devaluando la moneda, defaulteando la deuda y dándole bomba al gasto público y la emisión monetaria todo iba a salir bien.

Así quedamos: 16 años después tenemos la economía en ruinas y, paradójicamente, estamos discutiendo de nuevo las “reformas estructurales” que deberían emprenderse para que el país pueda crecer de manera sostenida.

Es el gobierno, de hecho, quien propone reformar la matriz impositiva, el mercado laboral y la burocracia estatal. Además, y por si quedan dudas, el propio presidente pide textualmente “bajar el gasto público”.

¿Qué banderas son éstas?

¿Cree Iglesias (o alguien más) que estos temas se estarían siquiera debatiendo de no haber sido por la denuncia permanente, el análisis crítico y el trabajo de divulgación de los ahora denostados “liberalotes”?

Advertencias fundadas

Si las reformas anunciadas por el gobierno le parecen tímidas o tienen gusto a poco para los llamados “liberalotes”, esto no debería ser motivo para desautorizarlos o tratarlos como una secta.

Después de todo, como hemos demostrado, las medidas que tomó Macri en línea con los pedidos de los liberales dieron buenos resultados. Y no en Dinamarca, sino acá, en la Argentina imposible, llena de peronismo y pobreza.

Por si esto fuera  poco, hoy ya no debatimos si la inflación es (o no) un fenómeno monetario o si el gasto público es alto, sino cómo se bajan estas dos claras barreras al crecimiento económico.

Lejos de ser ridiculizadas, las advertencias de los liberales deberían ser tenidas en cuenta.

Y lejos de ser tildadas de imposibles, lo mismo debería suceder con las propuestas concretas de política pública.

Después de todo, seguramente también coincidirá Fernando Iglesias en querer un país más libre y próspero para todos los argentinos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Las tres opciones económicas que se le abren al Gobierno a partir del 23 de octubre

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/10/17 en: https://www.infobae.com/opinion/2017/10/10/las-tres-opciones-que-se-le-abren-al-gobierno-a-partir-del-23-de-octubre/

 

Si el resultado electoral del 22 de octubre es el que se perfila actualmente, Mauricio Macri va a tener un importante capital político que, aunque no le permita tener el control de ambas cámaras legislativas, le otorgará un mayor margen de maniobra que el que tuvo hasta ahora.

Insisto, de confirmarse el resultado electoral que se vislumbra, el Presidente tendrá una segunda gran oportunidad de torcer el rumbo de decadencia económica que lleva siete décadas en Argentina, considerando que una gran primera oportunidad, a mi juicio desperdiciada, fue el 10 de diciembre de 2015 cuando asumió la presidencia. En ese momento, si se hubiese detallado claramente la herencia recibida del kirchnerismo, el margen de acción le hubiese permitido adoptar medidas económicas más contundentes que las que se adoptaron hasta ahora.

Sin duda que hoy el ambiente económico institucional es el día y la noche respecto a los nefastos años del kirchnerismo. No sólo ya no tenemos a la AFIP haciendo de KGB que persigue a los que piensan diferente, las interminables cadenas donde CF vendía un mundo irreal y no existen las medidas delirantes de Moreno y de Kicillof, entre otras cosas. Sin duda ahora somos vistos con respeto en el mundo. Ya no somos los impresentables que fuimos durante la era k.

No obstante, creo que sería un error comparar la actual situación con la era k como punto de referencia para saber si mejoramos o no, porque estaríamos poniendo la vara muy baja. El kirchnerismo nos dejó en el quinto subsuelo y no se necesita gran cosa para superar esa situación para mostrarse algo mejor. En todo caso en el gobierno de Fernando De la Rúa tampoco había controles de precios, ni de cambios, ni cepo cambiario y se llegó a una crisis final por no encarar las reformas de fondo y pensar que sólo con el cambio de expectativas que generaría la presencia de Domingo Cavallo y reestructurando la deuda pública el transcurso del tiempo iba a solucionar los problemas, algo que, como todos sabemos, no sucedió.

Si, como decía antes, el 22 de octubre, luego de contar los votos, Macri logra incrementar sustancialmente su capital político, el interrogante que queda por delante es cuál de los siguientes tres escenarios económicos se dará:

1. Que se duerman en los laureles y piensen que lo que les sirvió para ganar las elecciones también sirve para manejar la economía de aquí hasta el 2019, es decir, seguir endeudándose para financiar el déficit fiscal apostando a que, por algún efecto mágico, la economía va a crecer y del exterior nos van a financiar indefinidamente. En ese caso la economía estará en manos de Dios porque por el motivo menos pensado puede cortarse el financiamiento externo.

2. Ver si el Gobierno está dispuesto a adoptar las medidas mínimas necesarias para domar la pesada herencia k que todavía no fue desarticulada. Salvo los casos del cepo y las cosas más guarangas como los controles de precios, el gasto público sigue siendo un enorme peso para el sector privado, al igual que la carga tributaria, el retraso de las tarifas de los servicios públicos que fueron ajustadas pero todavía tienen que subir más y desarmar ese nefasto negocios de los “programas sociales” por el cual generaciones de jóvenes crecen viendo cómo sus padres viven sin trabajar. La famosa destrucción de la cultura de trabajo.

3. Adoptar un plan económico que no sólo permita dominar la herencia k sino, además, dar otro paso adelante y adoptar aquellas medidas que nos pueden llevar, en un par de décadas, a ser un país desarrollado. No nos olvidemos que Brasil acaba de corrernos el arco y nos exigirá más esfuerzo en las reformas dado que si aquí no se hace una reforma laboral importante, ni las migas de las inversiones que van a Brasil van a caer por estas tierras.

La primera opción luce poco viable. En lo que va de 2017 las reservas del BCRA aumentaron en USD 11.418 millones y todo ese aumento se explica por las compras de divisas que dicha entidad le hace al Tesoro que se endeuda para financiar el déficit fiscal.

La expansión de circulante es del 34,5% anual luego de colocar Letras del Banco Central y pases netos para absorber la liquidez que genera la compra de divisas al tesoro. En tanto que el stock de Lebac y pases netos se multiplicó por 3,4 veces entre diciembre de 2015 y septiembre de este año o, si se prefiere, subió el 240% con el gasto cuasifiscal que ello implica, en la era k ese stock se multiplicó por 30; dicho de otro modo, el endeudamiento del BCRA creció el 2.900 por ciento.

Mi punto es que este ritmo de endeudamiento externo y del BCRA para financiar el déficit fiscal es insostenible en el largo plazo.

Por eso, la pregunta es: ¿qué es lo mínimo que tendría que hacer el Gobierno de Mauricio Macri para salir de esta trampa económica que le dejó el kirchnerismo? ¿Es viable el gradualismo que venimos viendo?

Mi punto de vista es que si apuestan a hacer sólo lo que es necesario para dominar la herencia k, será un paso adelante. Ahora,

¿En qué consiste lo mínimo para dominar la herencia k?

1. Disciplina fiscal: No se limita a bajar el déficit fiscal solamente. Lo que se requiere es una profunda reforma del sector público con reducción del gasto y una reforma impositiva. Es imprescindible que la población tome conciencia de las funciones que quiere que preste el gobierno y esté dispuesta a solventarlas con sus impuestos. Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos. La dimensión del desequilibrio fiscal no se soluciona con retoques en el gasto público, sino que la dimensión del desequilibrio implica tener que replantearse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Eso de que el crecimiento de la economía va a licuar el peso del Estado sobre el PBI lo veo poco probable. Es más probable que el Estado aplaste al sector privado.

 Tener un gasto público del 48% del PBI sin déficit fiscal imposibilita el crecimiento económico porque el estado termina aplastando al sector privado con impuestos

2. Reforma impositiva: El principio básico de la política tributaria debe ser que muchos paguen poco y los impuestos sean sencillos de liquidar. En vez de concentrar una enorme carga tributaria sobre un reducido sector de la población, se debe buscar aplicar alícuotas bajas y que todos paguen.
Suele argumentarse que hasta que no se reduzca la evasión impositiva no se pueden bajar los impuestos. Esto es un error. Para reducir la evasión impositiva primero hay que bajar los impuestos de manera tal que el premio por evadir sea tan bajo que el contribuyente tenga menores estímulos para evadir. El camino de reducir la tasa de evasión pasa por reducir las alícuotas de los impuestos. Hay experiencias en el mundo que demuestran que la curva de Laffer funciona. Tal vez podría pensarse en reemplazar el actual impuesto a las ganancias por un flat tax.

3. Disciplina monetaria: Para alcanzar este objetivo puede establecerse una total libertad en el uso de las monedas, anulando el curso forzoso de la moneda nacional. Los agentes económicos podrán realizar las transacciones comerciales y todo tipo de operación económica en la moneda que las partes acuerden. El peso debe ser una moneda más que podrá utilizar la gente, pero al no existir el curso forzoso el BCRA estará obligado a preservar el valor de la moneda para que la gente la elija como reserva de valor o medio de intercambio. Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales serán finalmente alcanzables.

 Sin curso forzoso, con libertad de monedas, la solidez de los mercados de capital y del sistema financiero locales será finalmente alcanzables

4. Reforma laboral: Es fundamental para que las 650.000 Pymes y microemprendimientos contraten personal. Con 1 persona por año que contraten estas 650.000 empresas, en 5 años tenemos resuelto el problema de la desocupación. Se podrán absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan anualmente al mercado laboral, podrán pasarse empleados del estado al sector privado y no habrá justificativos para que los piqueteros sigan exigiendo ser mantenidos por los contribuyentes.

5. Incorporarse al mundo: Si la Argentina se incorpora al mundo, estará anclando sus instituciones a las de los países desarrollados y el proceso de captación de inversiones será más acelerado. Vean cómo el gobierno de Cataluña empieza a arrugar al ver que queda fuera del mundo si se separa de España.

El desastre populista de los últimos 70 años potenciado por el kirchnerismo es tan grande que el mínimo para superar la herencia k es un mínimo muy alto. Seguir comparándose con los 12 años kirchneristas es poner la vara demasiado baja y correr el riesgo de adoptar medidas que no alcancen para salir del pozo en que nos dejaron.

En síntesis, me parece que el 23 de octubre, si se confirma la consolidación de Cambiemos, debería aparecer un plan económico global con el mínimo de medidas señaladas. Caso contrario habrá que rezar para que el financiamiento externo permita financiar este sobredimensionamiento estatal y carga tributaria que ahogan cualquier posibilidad de entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Planes sociales e industria del juicio laboral

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/7/17 en: http://economiaparatodos.net/planes-sociales-e-industria-del-juicio-laboral/

 

La legislación laboral argentina está hecha para que las empresas tengan pánico de contratar personal

El presidente Macri insiste, a mi juicio correctamente, en luchar contra la industria del juicio laboral. Es cierto lo que dice Macri cuando afirma que un juicio laboral puede llevar a la quiebra a un pequeño empresario. Es que no tiene las espaldas económicas y financieras para aguantar un juicio laboral que, aunque tenga razón, seguro la justicia le va a fallar en contra porque el empleado siempre tiene razón para el fuero laboral. La legislación laboral argentina está hecha para que las empresas tengan pánico de contratar personal.

De acuerdo a un interesante trabajo del Ministerio de Producción, en Argentina hay 605.000 empresas privadas de las cuales el 99% son PYMES, considerando PYMES aquellas empresas que emplean hasta 200 empleados. Ese 99%, que son 602.079 empresas emplean al 64% del empleo formal en Argentina. Las grandes empresas, que representan el 0,6% del total, emplean el 36% del personal formal.

De lo anterior no se desprende que tiene que haber una legislación laboral para las pequeñas empresas y otra para las grandes empresas. En primer lugar porque se rompería el principio de igualdad ante la ley y en segundo lugar porque lo que debe buscar la legislación laboral es crear las condiciones para que las empresas, PYMES y grandes empresas, estén estimuladas a contratar personal. Para eso hace falta que el costo de salida, si el proyecto de inversión no funciona, no sea tan elevado que las empresas tengan pánico de contratar personal. Hoy la legislación laboral es como el cepo cambiario. Nadie quiere contratar gente porque después no puede salir si las ventas se caen, y si sale se funde pagando indemnizaciones. Esta legislación laboral desprotege al trabajador porque desestimula la demanda de trabajo. En nombre de la justicia social millones de personas están condenadas a no tener trabajo o a tener trabajo en negro.

Si a los costos de salida en caso que no funcione la empresa se le suman los impuestos al trabajo, la mano de obra es artificialmente cara en Argentina y hay pocos estímulos para contratar personal.

Pero hay un tercer elemento que influye para disminuir la oferta de trabajo. Hay personas que cobran varios planes sociales y, por lo tanto, no tienen estímulo para trabajar y mucho menos para trabajar en blanco. Cada vez que viajo a dar una charla al interior del país, también ocurre en Buenos Aires y en CABA, pregunto si se consigue mano de obra para trabajar en los campos. La respuesta sistemática es: sí, pero en negro. Nadie quiere trabajar en blanco porque pierde el plan social y como hay personas que cobran más de un plan social, que encima no tienen vencimiento en el tiempo, prefieren hacer algunas changas en negro a tener un trabajo formal.

Sin duda que Argentina necesita un verdadero tsunami de inversiones para poder absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan al mercado laboral por año y además absorber los empleados públicos que sobran en el estado y los que viven de un plan social. Eso requiere de un plan económico completo (reforma tributaria, del estado, eliminar regulaciones absurdas, etc.) que incluye una reforma laboral.

De todas maneras, el primer paso para bajar el gasto público y reestablecer la cultura del trabajo consistiría en ponerle un límite a los llamados subsidios sociales. Primero hay que reempadronar a todos los beneficiarios. Segundo hay que establecer un solo plan social al desempleo y nada más, con un límite de tiempo. En el mientras tanto, para aquellas personas que no tienen habilidades laborales, el gobierno puede reestablecer las viejas escuelas de artes y oficios. Hay infinidad de oficios que tienen salida laboral: gasista, plomeros, carpinteros, electricistas, pintores, repostería, cocina y tantos oficios que se han perdido. Y atención que hay trabajo para esos oficios. Cualquier persona habrá tenido que suplicar para que vaya a su casa un plomero o un electricista para hacer un trabajo de reparación. La idea es que el contribuyente, vía el estado, financie estos cursos de oficios que pueden dictare en escuelas municipales, templos religiosos que pueden ser católicos, evangelistas, etc. El contribuyente paga el costo de los profesores y los materiales para aprender, los municipios e iglesias proporcionan el lugar físico y quien recibe un plan social está obligado a realizar alguno de estos cursos. Si quiere ser ingeniero nuclear que se consiga un trabajo y vaya a la universidad de Buenos Aires. El contribuyente ayuda a financiar solo una salida laboral. Una vez matriculado, quien recibe un plan social sale a buscar clientes como los buscamos cada uno de nosotros todos los días. No se le pide nada extraordinario. Solo que haga lo que hacemos el común de los mortales. Mientras va construyendo su clientela, el estado sigue pagando el subsidio por desempleo pero con una reducción en el monto a medida que va pasando el tiempo. Por ejemplo, un 20% menos cada 2 meses hasta que se extingue el subsidio.

Se sabe que los llamados planes sociales se han convertido en gran medida en el financiamiento de fuerzas de choque de grupos kirchneristas y de izquierda que cortan las calles todo el tiempo perjudicando a las personas que van a trabajar y son los que, encima, pagan los subsidios que reciben los piqueteros. Por eso, otra de las medidas debería ser: piquetero que corta una calle, piquetero que pierde el subsidio. Y, finalmente, cada persona que recibe un plan social, hasta que se termine, va a recibir directamente el dinero en una cuenta personal en una caja de ahorro. No hay puntero que decida sobre el subsidio de esa persona. Lo recibe directamente del estado por el aporte del contribuyente. Quiero ver cuántos piqueteros van a conseguir para cortar calles si la policía detiene a uno y el estado le quita el plan social.

En síntesis, el tema laboral es mucho más complejo que solo los juicios laborales, que por cierto son muy importantes a la hora de desestimular la contratación de personal. Pero hay todo un mundo de subsidios sin límite de tiempo que hace que los beneficiarios no tengan estímulos para ir a trabajar.

La combinación ideal es un plan económico consistente para atraer inversiones y crear puestos de trabajo con un plan que vaya desactivando estos nefastos planes sociales que se han transformado en una fuente de clientelismo político y cultura de la dádiva.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Créase o no: en pleno debate sobre atraso cambiario, el “dólar de convertibilidad” es inferior al de mercado

Por Aldo Abram: Publicado el 31/3/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/03/31/crease-o-no-en-pleno-debate-sobre-atraso-cambiario-el-dolar-de-convertibilidad-es-inferior-al-de-mercado-2/

 

El dólar tiene que bajar o debe subir? Es una de las eternas discusiones en la Argentina, con más opinantes vocacionales que los que aparecen en los debates futbolísticos sobre la Selección Nacional.

Las visiones son profusamente variadas. Están desde aquellos que defienden un tipo de cambio estable -por no decir casi fijo- hasta quienes se muestran preocupados por la pérdida de competitividad (que cuentan con la inesperada ayuda argumental de Cristina Kirchner, que ya hace meses afirmaba que debería valer $20).

Lo extraño de este momento en particular es que un “termómetro” del atraso cambiario -como lo es el llamado “dólar de convertibilidad”- está marcando m

¿Qué significa este concepto? Es la relación entre el total de dinero que circula en la economía (en pesos), respecto del nivel de reservas del Banco Central (en dólares). Si, por ejemplo, esa relación es 10, significa que cada dólar en manos del BCRA “respalda” esa cantidad de moneda nacional.

El dólar de convertibilidad se constituyó en una referencia a la que ya echaban mano muchos que, en épocas de cepo cambiario, querían mostrar que el precio del billete oficial no reflejaba la realidad.

No sólo era utilizado en el plano teórico. En la city porteña, los inversores lo tomaban en cuenta para decidir el destino de su dinero, pese a que ya pasaron varios años desde que la Argentina abandonara el “uno a uno”.

En un país con desconfianza crónica sobre su moneda, este parámetro teórico les permitía anticiparse a los ajustes cambiarios que luego terminaban ocurriendo en la práctica.

Sobre finales del kirchnerismo en el poder, la “cuentita” daba siempre el mismo resultado: el “dólar de convertibilidad” era más alto que el valor oficial. Esto le daba pie a quienes argumentaban que había que devaluar para recuperar el equilibrio.

En estos días, en cambio, está ocurriendo algo que a primera vista luce insólito: esa referencia se ubica por debajo de la cotización del BCRA.

Concretamente, al hacer el cálculo, arroja un resultado de $15,06, bastante menos respecto de los casi $16 que muestran las pizarras de los bancos.

Si el mismo surge de dividir el dinero circulante por las reservas, el hecho de que haya caído a ese nivel significa o bien que bajó el primero o bien que subieron las segundas.

La realidad indica que ocurrió esto último: los casi u$s51.700 millones ahora en manos del Banco Central marcan el nivel más elevado desde mediados de 2011.

A primera vista aparece un interrogante: si en épocas de cepo el “dólar de convertibilidad” era más alto que el oficial y esto alimentaba las teorías sobre una futura devaluación, ¿significaría entonces que en estos días el dólar no está atrasado?

El “lado b” del indicador

Los analistas consultados por iProfesional advierten que deben ser tenidos en cuenta un par de factores al hacer “la cuentita” pesos versus reservas:

  1. Por el lado de los dólares: la mayor cantidad no es producto de una fuerte entrada por exportaciones de materias primas y productos que la Argentina vende al mundo. Más bien, es consecuencia del fuerte endeudamiento externo
  2. Por el lado de los pesos: el circulante excluye la fuerte emisión de Lebac que (al aumentar el numerador), elevaría considerablemente el valor del “dólar de convertibilidad”

En todo caso, todos los otros indicadores de pérdida de competitividad están a la vista, tal como queda en evidencia en los masivos viajes para comprar en Chile, Paraguay y Uruguay.

Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, argumenta que el Banco Central tomó deudas que le evitaron emitir más, pero que esos compromisos deben ser considerados: además de Lebac y Nobac, pases y depósitos del Gobierno, entre otros.

Por lo pronto, los analistas insisten que el atraso cambiario sigue estando presente en la economía, y que a la cuenta base monetaria/reservas se le deben sumar otros “ingredientes”.

Por lo pronto, en varios países la cantidad de reservas frente al circulante y sus pasivos no adquiere gran relevancia, pero el denominador común en todos ellos es que sus monedas “mantienen su credibilidad y confianza”, indica Abram, lo que atenúa la importancia de este indicador sobre el tipo de cambio.

Basta recordar que desde 1970 a la fecha, al peso se le sacaron 13 ceros, lo que marca a las claras por qué no es visto como un signo monetario de resguardo y se le exige al BCRA contar con un alto nivel de reservas.

Los expertos consultados coinciden en señalar que luego del cambio de Gobierno han mejorado los indicadores de la entidad respecto a los que exhibía durante la gestión anterior.

“Federico Sturzenegger logró darle una mayor credibilidad al peso. En términos de deuda, pudo mejorar la situación del Central. A fines de 2015, su solvencia estaba destruida e iba a la quiebra. De todos modos, hay que seguir trabajando para disminuir el pasivo”, sostiene el director de la Fundación Libertad y Progreso.

En su visión, para determinar el “dólar de equilibrio o de convertibilidad”, hoy día no sólo influye la base monetaria. Además, otros instrumentos financieros que si bien permitieron bajar la emisión le han sumado compromisos a la entidad.

Para Aldo Pignanelli, expresidente del BCRA, al no existir hoy una convertibilidad, se debe tomar el precio del dólar del 2001, ajustarlo por la inflación local acumulada y descontarle la internacional. Eso marca una referencia cercana a los $20.

Los dólares del BCRA, ¿existen?

El otro punto a debate es si el actual nivel de tenencias del BCRA es sostenible o debe atribuirse sólo a una coyuntura particular y, por lo tanto, con riesgo de ser apenas una fase pasajera.

“En lo que va del año, las reservas subieron unos u$s10.000 millones. De ese total, poco más de u$s7.500 M fueron por incremento de encajes (de depósitos) y u$s2.500 M por compras de dólares al sector público tras las emisiones de deuda”, afirma Amilcar Collante, de Cesur.

Las arcas del Central comenzaron a escalar progresivamente desde que Sturzenegger está al frente del organismo hasta el nivel actual, que ya se ubica muy cerca del máximo alcanzado el 26 de enero de 2011 (u$s52.654 millones).

Cuando Mauricio Macri asumió, a fines de 2015, el BCRA contaba con apenas u$s25.000 millones. Y no eran pocas las voces que daban cuenta de que los billetes físicos no superaban los u$s5.000 millones (es decir, si se descontaban pases, swaps cambiarios y títulos en moneda extranjera del total que se anunciaba a diario).

En aquel entonces, al dividir el circulante (muy alto) por el total de reservas (mucho más bajo que el actual), daba un tipo de cambio “teórico” muy elevado: $21,80.

Hoy día, esta referencia es 30% inferior, más allá de que también haya descendido el precio del billete verde que, ya sin cepo, venden los bancos.

La “nueva” polémica entre analistas es si la gran cantidad de dólares ahora en manos del BCRA es motivo de festejo, ya que buena parte se asocia con endeudamiento y los intereses que el mismo genera.

Algunos de ellos señalan que lo importante es que estos billetes “existen”, contantes y sonantes, de modo tal que pueden utilizarse para afrontar compromisos contraídos en el exterior. Indican, además, que contribuyen a morigerar turbulencias que pudieran darse en los mercados.

“La economía sin reservas generaba un estrés muy grande. Ahora, hay reservas, acceso al financiamiento externo y esto despeja el panorama en el corto plazo”, expresa Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

“Es decir, ante eventualidades hay dólares para actuar y eso brinda tranquilidad a los inversores”, añade.

En la misma sintonía, Rodrigo Álvarez, director de Analytica, sostiene: “La lógica de aumentar reservas es que se cuenta con un colchón más alto para atravesar problemas y cambios inesperados en contextos de turbulencias”.

En tanto, desde la óptica del mercado, existe otra cuestión clave y es que los dólares que ingresan al Banco Central y no van al público tienen otro efecto positivo: regular la oferta de divisas en la calle.

Es decir, le otorga mayor poder de fuego a Sturzenegger para intervenir en el mercado, ya sea comprando o vendiendo para aliviar tensiones cambiarias, según el momento de la economía que se atraviese.

“El hecho de que cuente con esos dólares permite que no anden ‘sueltos’ en la calle y, de esta manera, no propicien una baja en la cotización, lo que complicaría la competitividad”, apunta el economista Federico Muñoz.

El debate, como siempre, lejos está de llegar a su fin. Más bien parece ubicarse en sus cíclicos reinicios, si bien esta vez presenta una característica que lo diferencia de otros momentos de la historia reciente: la “convertibilidad”, como referencia, se inclina por un dólar todavía más barato.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

No son errores de decisiones, es la falta de un plan

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 1/2/17 en: http://economiaparatodos.net/no-son-errores-de-decisiones-es-la-falta-de-un-plan/

 

El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades

Muchas personas, creo que de buena fe, suelen afirmar que si bien el gobierno no está haciendo reformas estructurales, es porque hay que ir de a poco para que no vuelvan los k. Aclaro que esta afirmación no me la han formulado funcionarios del gobierno. Si bien conozco a varios de ellos desde hace muchos años, no mantengo contacto con ningún funcionario del gobierno. Dejo en claro este punto para que nadie piense que esa frase me la ha dicho algún funcionario del PRO. Esa gente es, en realidad, víctima del pánico que tienen a que vuelvan los k. El argumento sería algo así como una autoextorsión. Se extorsionan a ellos mismos y al resto diciendo que o nos bancamos lo que hace el gobierno lentamente o vuelve la noche k.

Salvando las distancias, recuerdo que producido el golpe de 1976, los militares no querían hacer grandes reformas estructurales en el sector público porque argumentaban que con el terrorismo acechando, hacer cambios estructurales como por ejemplo reformar el sector público podía generar conflictividad social que alimentara las filas terroristas. El resultado es que la política económica de esos años fue horrorosa, los capitostes terroristas se mantuvieron vivos y, con el tiempo, tuvieron el poder.

Hoy se considera que no hacer reformas estructurales es la mejor forma de evitar el regreso k, con lo cual mantenemos la larga decadencia económica argentina. Y, por favor, no me corran con que se avanzó mucho eliminando el cepo cambiario y los controles de precios. En todo caso en la época de De la Rúa tampoco había cepo cambiario, había total libertad para comprar divisas, no había derechos de exportación para los granos y se podían exportar libremente y no por eso vamos a decir que tenía en orden la economía. Por el contrario, el descontrol del gasto público con déficit fiscal llevó a un creciente endeudamiento externo que, cuando se cortó, condujo a la crisis de 2001/2002 y la llegada de los k en 2003. Así que no tener cepo cambiario, ni controles de precios, ni prohibiciones de exportaciones o derechos de exportación no garantiza nada sobre el futuro político argentino.

El gran error de De la Rúa fue poner a un equipo económico progre al frente del ministerio de Economía como eran Machinea, Bein y Gerchunoff que luego de aplicar un impuestazo a la clase media y tomar deuda externa dejaron la economía peor de lo que la habían recibido. Lamentablemente, ante una situación económica más grave como la que heredó Macri, también puso al frente de la economía a un progre como Prat Gay y otros intervencionistas en diferentes áreas del gobierno, algo que no cambió con Dujovne ni el resto de los integrantes del área económica.

El punto a considerar no es solamente si las no reformas estructurales y el gradualismo en el cambio de precios relativos llevarán a buen puerto económico, sino si son la mejor forma de evitar que vuelva el corrupto y autoritario kirchnerismo.

Francamente no estoy tan seguro que el kirchnerismo esté definitivamente muerto. Las constantes malas noticias que significan el gradualismo (hoy suben la luz, mañana los combustibles, pasado el agua potable, etc.) pueden desgastar al gobierno y, dado que no hay gran oposición política, revivir o quitar de la agonía al corrupto kirchnerimo, salvo que la gente opte por Massa. Tal vez me equivoque y el kirchnerismo termine siendo cosa del pasado a pesar el gradualismo de Cambiemos. En ese caso, sin reformas estructurales, pasará otro período más de esta larga historia de decadencia económica argentina. Cambiemos habrá sido una frase más de campaña pero en la realidad tendría que haber sido continuemos.

Combatir el populismo autoritario del kirchnerismo con un “populismo democrático” no va a conducir a buen puerto porque todo populismo requiere de dosis crecientes de autoritarismo para sostenerse.

El gobierno no tiene que ver el proceso de toma de decisiones como el error. El error es la falta de un plan económico de corto y largo plazo que le permita ir tomando decisiones en forma ordenada y estableciendo prioridades. Cuando trabajamos en dos oportunidades con un grupo de economistas para establecer los lineamientos de un plan económico, al analizar dónde bajar el gasto público nos quedaba claro que el único rubro que no podía tocarse era el de los jubilados. Y el gobierno fue y se metió justo con ese tema.

Tanta importancia que le dan a las señales y el marketing político que les ordena Durán Barba, debería haberles dejado en claro que si bien no era un problema económico grosero que cada jubilado en promedio cobrara $ 20 menos, lo importante son las señales, la forma de comunicar las cosas según el marketinero político. Hasta en el marketing político cometen errores por falta de un plan.

En definitiva, me parece que revisar este desorden de tener fragmentado el área económica, el rechazo a tener un plan económico claro y con buena comunicación, la explicitación de la terrible herencia recibida y la decisión de abandonar el largo camino de la decadencia y comunicar un plan de largo plazo para entrar en una senda de crecimiento son los elementos que siguen faltando y los que le dan de comer a peronismo y al peronismo kirchnerista para criticar a Cambiemos. Si esto fuera un partido de tenis, el gobierno comete demasiados errores no forzados y pierde el set por errores propios, no por winners del adversario.

La mejor forma de espantar el fantasma del kirchenerismo no es asustar a la gente con su vuelta, sino pulverizándolo mostrando lo que dejó y encarando una política económica de cambio en serio. Una política económica que le permita a la gente ver una luz al final del túnel que entusiasme. Que se vea que el esfuerzo de hoy será la recuperación y el bienestar de mañana.

Obvio que para lograr cambiar la Argentina va a ser necesario terminar con muchísimos negocios “sociales” como el empleo público y los que viven de planes “sociales”. Justamente de eso se trata cambiar.

La gente está harta de pagar impuestos para financiar planes sociales, ñoquis y un estado que no presta el más mínimo servicio. Que el gobierno capte este mensaje, haga un plan y lo comunique. Tendrá un gran apoyo de la población y Cambiemos será un gobierno de cambio en serio.

El gobierno debe recapacitar y aceptar que ese humo que alguien les vendió diciéndoles que porque Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, fue puro humo. Las inversiones van a llover con Macri sentado en el sillón de Rivadavia pero con otra política económica totalmente diferente y dejar de hacer política como si estuvieran vendiendo un detergente y empezar a comunicar con claridad el nuevo rumbo económico.

De manera que a no confundirse, aquí no hay un error en la toma de decisiones. Aquí hay un error en la concepción misma del plan del gobierno.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Macri en la Cueva de las Manos

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 10/1/17 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/macri-la-cueva-las-manos/

 

La Cueva de las Manos es un sitio arqueológico y de pinturas rupestres que se encuentra en la Patagonia, al sur de mi Argentina natal. Evoco sus imágenes, que resultan tan conmovedoras hoy como cuando fueron pintadas, hace nueve mil años, para bosquejar un balance del primer año del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando llegó a la Casa Rosada dije algo que mantengo ahora: estoy contento de que haya ganado Macri las elecciones, pero también lo estaría si las hubiera ganado el conde Drácula. En efecto, es muy difícil empeorar el desastre del populismo kirchnerista, su demagogia, su sectarismo, su desprecio a las instituciones democráticas y republicanas, sus alianzas internacionales con lo peor del planeta, su corrupción y su calamitosa gestión económica.

Conviene subrayar este último punto, porque el kirchnerismo insiste en sus buenos resultados, contrastándolos con los malos del macrismo. La verdad es doble: suerte y despilfarro. Tuvo suerte el matrimonio Kirchner con el ciclo alcista de las materias primas, en particular la soja. Pero además acometió una delirante carrera para descapitalizar el país y crear en los argentinos una falsa sensación de riqueza, producto de una “fiesta de consumo artificial”, como dice el economista Roberto Cachanosky. El patrón fue similar en todos los casos. Por ejemplo, el gobierno prohibió exportar carne vacuna y la sobreoferta local les abarató a los argentinos su famoso asado durante un tiempo. ¿Milagro? No: espejismo. Eso duró mientras se produjo una abrupta caída de millones de cabezas, sacrificadas por la falta de rentabilidad, y la reducción de la oferta hizo que el precio del asado finalmente se disparara.

Lo mismo sucedió con el control de las tarifas eléctricas, que abarató la luz a los argentinos pero descapitalizó a las empresas con el resultado, recuerda Cachanosky, de que “volvieron los cortes de luz como en la época de Alfonsín, el sistema energético está colapsado y se necesitan miles de millones de dólares para reconstruirlo”. Otro tanto vale para el transporte público, los ferrocarriles, las carreteras, el gas…y hasta el patrimonio del Banco Central y de los pensionistas privados, cuyos ahorros fueron confiscados. Las autoridades populistas se marcharon dejando un déficit público del 7 % del PIB. “Lo cierto es que el kirchernismo literalmente destruyó la economía”.

En ese difícil contexto llega Mauricio Macri. Su propósito, como escribió hace poco en El País era claro: “pasar página”. En el aspecto institucional el contraste con el siniestro kirchnerismo es patente. La Argentina ha reparado su posición política en el mundo: Macri no homenajea a los dictadores cubanos y ha tenido el honor de ser insultado por Nicolás Maduro.

Pero en economía los resultados han sido desalentadores. La Argentina ha recuperado la estanflación: en 2016 se estima que el PIB habrá caído un 2,5 %, con una inflación del 40 %.

El Gobierno argentino pronostica un crecimiento del 3,5 % en 2017, pero el economista José Luis Espert cree que será menor, de en torno al 2 %, a pesar del efecto estadístico de comparar con un año muy malo, y a pesar de la cosecha, que será buena, aunque también lo será en el resto de las potencias agrícolas, con lo que los precios no subirán demasiado. El Ejecutivo de Macri prevé una inflación del 12-17 % y un dólar a 18 pesos, pero tampoco muchos analistas lo acompañan en su optimismo.

Se dirá que la herencia recibida era terrible y que se necesita tiempo. Es verdad. Y también es verdad que en economía se hicieron cosas buenas, empezando por la salida del “cepo cambiario” sin un colapso financiero ni un default. Hablando de eso, también se arregló la situación con los holdouts y la Argentina regresó a los mercados de crédito.

Pero el sempiterno problema del gasto público, que supera el 40 % del PIB no se resuelve. El Gobierno de Macri no lo ha reducido, y en cambio ha subido los impuestos y la deuda, que se coloca en dólares por encima del 7 %. Se vuelve a recurrir al tipo de cambio para contener la inflación, como tantas veces en el pasado. El torrente de inversiones extranjeras que había sido pronosticado no se ha producido, y es una de las razones del despido de Alfonso Prat Gay. Pero, como bien dice el periodista Carlos Mira, el ya ex ministro “no es completamente culpable de que esos objetivos no se hayan alcanzado. Es el propio presidente el que ha boicoteado la tarea”. De momento, cuenta con el colchón de ingresos que ha generado la exitosa amnistía fiscal (que allí llaman “blanqueo”).

Mauricio Macri mantiene una aprobación popular bastante elevada, a pesar de la recesión y la inflación, incluidos los tarifazos, pero no está claro que su estrategia sea sostenible. En vez de atender a las explicaciones convencionales de los grupos de presión que sigue financiando, como los sindicatos y los piqueteros, con la manida y falaz excusa del “estallido social”, igual debería pensar en la historia de su país, con tantas crisis repetidas por el exceso de gasto público, el endeudamiento, y la falta de medidas liberalizadoras.

Es posible, por supuesto, que la situación cambie a mejor. El economista Iván Carrino ha destacado el liberalismo probado del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Y Martín Krause, catedrático de Economía de la Universidad de Buenos Aires, subrayó que Macri acaba de apuntar hace pocos días la necesidad de un cambio de valores, que deje atrás el intervencionismo populista, con brillantes promesas cortoplacistas que se tornan siempre en ruinas a medio plazo. Sería desde luego maravilloso superar la demagogia antiliberal y antirrepublicana de las consignas populistas como “los derechos se defienden en la calle”, y no en la Justicia, barbaridad típica de los piqueteros kirchneristas y de sus amigos españoles de Podemos. Sería magnífico dejar atrás su mensaje totalitario que busca la expansión de la política a expensas de la sociedad, y del Estado a expensas del mercado, en un ejercicio ilimitado del poder orientado sistemáticamente al recorte de derechos y libertades individuales. El problema, advierte el doctor Krause, es que nadie en el Gobierno argentino “se preocupa por las ideas y los valores”.

Si Macri empieza, bien iremos. Podría inspirarse el presidente en los mejores momentos de la historia argentina, cuando el liberalismo la convirtió en pocos años en un país rico y admirado. Por hablar de historia, podría remontarse hasta sus orígenes más remotos. Los primeros argentinos de la Cueva de las Manos parecen saludar, simpáticos. Pero ¿a que también parecen pedir que los dejen en paz?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Una decisión política que abre interrogantes

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/12/16 en: http://www.infobae.com/opinion/2016/12/27/una-decision-politica-que-abre-interrogantes/

 

Si bien las expectativas económicas para el segundo semestre, así como las metas fiscales e inflacionarias prometidas por Alfonso Prat-Gay al inicio de su gestión, no se han cumplido, su salida del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas responde más a cuestiones políticas que económicas. Este no sólo es el mensaje que ha dado a entender el jefe de gabinete, Marcos Peña, sino que Prat-Gay ha seguido una política muy gradualista, acorde con las preferencias del Gobierno. Los mayores desacuerdos que se mencionan son la falta de juego en equipo, con cortocircuitos en la reforma del impuesto a las ganancias como la gota que rebalsó el vaso.

Sin dudas las medidas más importantes de Prat-Gay se encuentran al inicio de su gestión: la salida del cepo cambiario y el arreglo con los holdouts. A estas dos medidas se suma también un inicio de normalización en las relaciones internacionales de Argentina. Sin quitar mérito a estas medidas, es importante contextualizarlas. La dificultad en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts era más una cuestión política que técnica. El desafío que el kirchnerismo no pudo superar fue tomar la decisión más que diseñar un complejo plan económico. En el caso de los holdouts, tampoco había mucho margen de opción dado el fallo en firme del juez Thomas Griesa. Así como es justo contextualizar estas medidas, también es justo no minimizar estos logros de Prat-Gay.

La misma audacia y velocidad que se vio en la salida del cepo y el arreglo con los holdouts, sin embargo, no se vio en la corrección del mayor desequilibrio macro de la economía argentina: el déficit fiscal con una carga tributaria récord. Con una economía regulada, asfixiada con impuestos y un Estado insostenible, no debería ser sorpresa que la esperada lluvia de dólares no se haya materializado. Podría decirse que el mismo Prat-Gay desconfiaba de los resultados de su cartera, dado que ha apelado a un discurso del miedo, en lugar de confianza, para atraer recursos vía el blanqueo de capitales. El argumento de Prat-Gay consistía en avisar que quien no blanquease no iba a tener dónde esconderse, no en seducir con un consistente y sólido plan económico. Lamentablemente no se puede repetir demasiado, el problema que sigue sin solución es el déficit fiscal en un contexto donde ya no es factible seguir subiendo impuestos. El 2016 no va a mostrar una gran mejora en esta larga serie de desenfreno en el gasto público.

Sin embargo, dado que la salida de Prat-Gay sería más por cuestiones políticas que económicas, la decisión de removerlo por parte de Mauricio Macri abre algunos interrogantes. Cambiemos asumió el gobierno con una situación económica crítica, no asumió una economía estable que necesitase quizás ajustes menores. Lo que hace falta es cirugía mayor, no una aspirina para un resfrío pasajero. Es necesaria una reforma tributaria integral, una reforma del Estado integral, una reforma regulatoria integral, etcétera. Sin embargo, las decisiones económicas han quedado dispersas en quizás hasta diez personas distintas (ver nota). Imaginemos que las decisiones de salud o educación públicas estuvieran divididas en hasta diez personas, ¿esperaríamos grandes cambios y eficiencia, o esperaríamos lentitud, ruido entre los secretarios y problemas de gestión? ¿Por qué sería distinto en economía, justamente cuando el país necesita grandes cambios?

El débil desempeño de la economía argentina en el segundo semestre no se debe a la falta de juego en equipo de Prat-Gay, sino a la falta de decisiones económicas más audaces. El gradualismo pasó de ser una promesa de reformas lentas a ser un gradualismo tortuga, a ser finalmente un gradualismo en sentido contrario al necesario. El nivel de empleo público, el déficit fiscal comenzaron a aumentar en lugar de caer de manera gradual. No va a ser suficiente para revertir la situación económica de manera consistente y sostenible que Nicolás Dujovne y Luis Caputo jueguen en equipo más que Prat-Gay; es necesario comenzar a enviar señales claras de reformas de fondo. Cambiemos no debe darse el lujo de que el gradualismo implique que se vayan los cuatro años de gobierno sin reformas serias. En los próximos meses veremos si el nuevo equipo económico mantiene el gradualismo de Prat-Gay (más despacio no se puede ir) o si se aceleran las reformas económicas (una postura más shock, por más que le pese al actual Gobierno el uso de esta palabra).

La división de la cartera económica en dos, a su vez, invita a cuestionarse si en realidad hay un ministro de Economía o si lo que tenemos son secretarios (mini-ministros), donde en los hechos el ministro de Economía es la Casa Rosada. Esta es una audaz y peligrosa jugada política, dado que si la economía no repunta como se espera y no se percibe una clara autoridad económica, el costo político caerá en la Casa Rosada y no en los ministros, que pueden funcionar como fusibles políticos. Pasado ya un año de gobierno de Cambiemos, el nuevo cambio en la cartera de Economía pone otro tiempo de espera en el que el nuevo equipo económico debe asumir y comenzar a tomar sus decisiones. Así, mes a mes el gradualismo se va comiendo tiempo preciado para reformar la economía argentina de una buena vez.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

¿Será Macri el Ronald Reagan argentino?

Por Iván Carrino. Publicado el 9/12/16 en: http://www.elcato.org/sera-macri-el-ronald-reagan-argentino

 

Ronald Reagan nació en 1911 en Illinois, EE.UU. Si bien llegó a la política como un “outsider”, lo cierto es que antes de ocupar el cargo de presidente había sido por 8 años gobernador de uno de los estados más importantes de ese país: California.

Mauricio Macri tampoco es un político de carrera, pero antes de ser presidente también ocupó un cargo clave por 8 años: el de intendente de la Ciudad de Buenos Aires.

Estas coincidencias podrían ser meras casualidades. Sin embargo, hay algo más que une a ambos políticos: la situación económica a la que se enfrentaron cuando asumieron el poder y el programa económico que buscaron llevar a la práctica.

La “revolución de Reagan” y la economía de la oferta

La economía de EE.UU. sufría, en 1980, del fenómeno llamado estanflación, donde se combina un bajo crecimiento económico con una elevada inflación. Precisamente ese año el PBI se había contraído 0,2%, pero la inflación superaba el 12% anual, uno de los niveles más altos jamás vistos.

Además, coherente con la idea de que el estado todo lo puede, la economía estadounidense se encontraba plagada de regulaciones que impedían el desarrollo pleno de la economía de mercado.

Para revertir esta situación, el nuevo gobierno implementó lo que luego se conoció mundialmente como “reaganomics”, basada en 4 objetivos principales:

  1. Bajar la inflación controlando la oferta monetaria.
  2. Reducir la regulación.
  3. Reducir las tasas marginales de impuestos al trabajo y al capital.
  4. Reducir el ritmo de crecimiento del gasto público.

El gobierno fue exitoso en el primer objetivo. De la mano de Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal, las tasas de interés subieron y el ritmo de aumento de la cantidad de dinero cayó.

En consecuencia, la inflación se redujo significativamente. En diciembre de 1980 los precios trepaban al 12,5% anual. Al año siguiente, este guarismo había caído a 8,9%. Para 1986 la inflación no superaba el 2% anual.

Otro tema que encaró Reagan fue la desregulación de la economía. Según William Niskanen, miembro del Consejo de Asesores de la presidencia entre 1981 a 1985:

“Reagan relajó o eliminó los controles de precios en el combustible, el gas natural, la TV por cable, el servicio telefónico de larga distancia, el sistema de transporte terrestre interestatal y los trasportes oceánicos. A los bancos también se les permitió invertir en una mayor cantidad de activos y el rango de alcance de las leyes antimonopolio se redujo”.

Además de la baja de la inflación y la desregulación de la economía, Ronald Reagan redujo considerablemente los impuestos que pagaban los estadounidenses. De acuerdo con Niskanen, las tasas marginales cayeron desde el 70% al 28%, mientras que los impuestos a las empresas también se redujeron de manera contundente, desde el 48% al 34%.

Reagan el keynesiano

El último objetivo de la revolución de Reagan era controlar el incremento del gasto público. Una de sus frases de cabecera era que: “Solo reduciendo el crecimiento del gobierno, podremos aumentar el crecimiento de la economía”.

Sin embargo, este no fue para nada el punto fuerte de su presidencia. Durante su mandato, el gasto total del gobierno pasó de U$S 678.000 millones en 1981, a U$S 1,06 billones en 1988. Esta variación —de 56,9%— superó ampliamente a la inflación del período, que totalizó 17%. La combinación de un mayor gasto público junto a recortes impositivos dio lugar a un incremento del déficit fiscal.

Gráfico 5. Gasto Público y Déficit en % del PBI (1977-1989)

Durante los primeros tres años, el déficit pasó del 2,5% a casi el 6% del PBI. La gradual reducción del desequilibrio posterior a 1984 no fue suficiente para evitar el crecimiento de la deuda pública, que pasó del 31,7% del PBI en 1981 a 51,5% en el año en que Reagan abandonó su cargo.

Ahora bien, a pesar de esta laxitud fiscal, los resultados favorecen a la estrategia que Ronald Reagan eligió para sacar a EE.UU. de la estanflación. El crecimiento anual promedio entre 1976 y 1982 fue de 2,7%. Sin embargo, una vez superada la crisis del ‘82 y, la economía volvió a crecer y a un ritmo promedio de 4,4% anual.

Al mismo tiempo que bajaba la inflación y crecía la economía, también se redujo el desempleo. Luego de alcanzar el pico de 9,7% en 1982, fue por un camino de descenso hasta llegar al 5,3% en el año en que Reagan dejó de ser presidente.

Un último dato a considerar es la riqueza per cápita. Cuando Reagan asumió la presidencia en 1981, la riqueza per cápita de los estadunidenses era de USD 28.400 al año (en dólares constantes de 2009). En 1988 este índice se había elevado a los USD 35.000, un importante incremento del 23,1%.

¿Ronald Macri?

La economía que tomó Macri se enfrenta a problemas similares a la de EE.UU. en los años ’70. Básicamente, padece la enfermedad keynesiana-intervencionista, que le impide crecer y la azota con altos niveles de inflación.

Para combatir la estanflación, el presidente designó a Federico Sturzenegger en el Banco Central y la política monetaria pasó a ser contractiva en lugar de expansiva. La tasa de interés subió, la cantidad de dinero crece menos que antes y la inflación está cayendo. Además, desreguló algunos sectores de la economía, al eliminar de un plumazo el cepo cambiario y quitar o relajar algunos controles de precios.

Otro aspecto comparable fue la reducción y eliminación de impuestos. Principalmente, la eliminación de retenciones a la exportación y la modificación del mínimo no imponible de ganancias les dieron más aire a consumidores y productores.

Sin embargo, y al igual que en EE.UU., el déficit terminará subiendo este año en comparación con el anterior. Para financiarse, el gobierno emitió cerca de USD 50.000 millones de nueva deuda. Macri, como Reagan, no abandonó todavía el gasto deficitario keynesiano.

Dos interrogantes fundamentales

Las similitudes entre la situación y la propuesta económica de Macri y Reagan están a la vista. Sin embargo, también hay dos diferencias que se transforman en los principales interrogantes.

La primera es el grado de desregulación. Es cierto que hoy la economía argentina es más libre que cuando gobernaba CFK, pero ¿será suficiente? No debemos olvidar que seguimos teniendo mercados laborales excesivamente rígidos y un estado empresario que solo este año nos costó a todos los argentinos $90.000 millones.

La segunda diferencia es el tema fiscal. Cuando Reagan acudió a la deuda para financiar su “modelo”, ésta era del 32% del PBI, mientras que el déficit era 2,5%. En nuestro caso, el espacio fiscal está considerablemente más limitado, con un déficit récord en torno al 7% del PBI y una deuda que está en los mismos niveles de 2001.

Los cambios implementados por la administración Macri están bien encaminados e imitan en alguna medida lo que hizo Ronald Reagan para salir de la estanflación. Sin embargo, las dudas en torno al grado de liberalización económica permanecen, y el nivel de déficit fiscal deja poco espacio para seguir derrochando dinero público.

En conclusión, creo que la economía acusará el giro y se recuperará con fuerza en 2017, pero es ilusorio pensar que podemos seguir manteniendo este nivel de gasto público y déficit indefinidamente.

Bien Macri si quiere imitar lo bueno de la “Reaganomics”. Mal si también copia lo malo y sigue aplicando políticas keynesianas que, por incrementar el déficit, nos han llevado de una crisis a la otra en los últimos 40 años.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.