El rol que tiene el 1% de los más ricos en la lucha contra la pobreza

Por Iván Carrino. Publicado en: https://www.visionliberal.com.ar/nota/4849-el-rol-que-tiene-el-1-de-los-mas-ricos-en-la-lucha-contra-la-pobreza/

 

El tema de la desigualdad social no es nuevo. Ya en 1849, el padre del comunismo, Carlos Marx, planteaba que no importaba que una casa fuera grande o pequeña, siempre y cuando las que la rodearan fueran de igual tamaño. A renglón seguido, advertía que “si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza.

A Marx no le importaba cuál fuera el ingreso o la riqueza de una persona, sino solo en comparación con la de los demás. Volviendo al presente, el 16 de enero, la organización internacional OXFAM publicó su informe anual sobre la desigualdad económica en el mundo. De acuerdo con esta organización, “la súper concentración de riqueza sigue imparable” y los 8 hombres más ricos del mundo poseen la misma riqueza total que las 3.600 millones de personas más pobres del planeta.

Dado que Oxfam cree que la desigualdad económica derivará en inestabilidad y caos social, pide “gobiernos que apuesten por una visión de futuro (…) grandes empresas que antepongan los intereses de trabajadores y productores (…) y que el sistema fiscal sea justo y progresivo”.

En otras palabras, pide más impuestos a los ricos y más controles para combatir el capitalismo. Con una metodología altamente cuestionable, Oxfam quiere “Una Economía para el 99%”, que “desconcentre” la riqueza del 1% más rico de la sociedad.

Ahora el problema más fundamental con este planteo es que desconoce el rol que ese 1% ha tenido en la mejora de las condiciones de vida de la humanidad.

Veamos… De los 8 hombres que encabezan la lista de los más millonarios a nivel global, 4 están ligados a las nuevas tecnologías. En la lista de los 500 más ricos del mundo que publica Forbes, Bill Gates, de Microsoft, está seguido por Jeff Bezos, de Amazon, Mark Zuckerberg, de Facebook, y Larry Ellison, de Oracle.

Esto los coloca en el exclusivo grupo de los innovadores tecnológicos, que día a día nos asombran con sus creaciones. Claro que sus innovaciones los han hecho increíblemente ricos, ¿pero quiere decir eso que deberían pagar muchos más impuestos para “devolver lo que tomaron de la sociedad”?

De ninguna manera. En un estudio publicado en 2004, el economista de la Universidad de Yale, William Nordhaus, encontró que “solo una pequeña fracción de los retornos derivados de los avances tecnológicos entre 1948 y 2001 fue capturado por los productores, lo que indica que la mayor parte de esos beneficios fueron transferidos a los consumidores”.

Nordhaus estimó que los empresarios innovadores capturaron solamente el 2,2% del valor total que sus invenciones crean para la sociedad.

Es decir, sin dudas que Bill Gates y Mark Zuckerberg se hicieron multimillonarios con sus creaciones. Pero lo que indica Nordhaus es que el valor que le aportaron a la sociedad con ellas es casi 50 veces mayor que el que se llevaron al bolsillo.

Esto es algo que podemos ver a diario. La tecnología de la información avanza a pasos agigantados, facilitándonos y abaratándonos increíblemente la comunicación. Esta reducción en los costos de la comunicación y del procesamiento de información tiene un notable impacto en la productividad de las empresas.

Piénsese en la cantidad de empresas que pueden crearse cuando una computadora vale USD$10.000. Ahora piénsese cuántas pueden crearse cuando su precio promedio es USD$1.000.

Eso es lo que genera el avance tecnológico. Más empresas, más producción, más empleo y menos pobreza.

Con estos datos en la mano, Edward Conrad, autor de “El lado bueno de la desigualdad” afirma que:

“Dado que los beneficios de la innovación recolectados por el público mucho mayores que la ganancia capturada por los innovadores exitosos, sorprende la ansiedad que tienen los abogados de la redistribución en maximizar los impuestos cobrados a los innovadores en lugar de maximizar el ritmo de esa innovación.”

Lo que necesitan los pobres del mundo no es un mayor castigo fiscal “a los ricos”, sino mayores incentivos para la producción y la innovación creativa y tecnológica. Todo lo contrario a lo que proponen los intervencionistas de Oxfam.

Una mejor economía “para el 99%” no se conseguirá con redistribución gubernamental, sino con una cada vez mayor economía de mercado. La megarriqueza del 1% es el resultado de haber beneficiado al 99%, no de haberse quedado con lo que no le corresponde.

Volviendo al inicio, los emprendedores “superexitosos” no tienen que devolverle nada a la sociedad. En realidad, ya le dieron todo en la forma de mejores bienes y servicios, y fue la sociedad la que les devolvió ese favor poniéndolos en la cima de la pirámide económica.

En lugar de preocuparnos por cómo distribuir la riqueza de la sociedad, deberíamos estar pensando en cómo multiplicarla. Y aumentar los impuestos está lejos de ser el camino más efectivo.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Por qué los países de mayor peso estatal tienen más pobres

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 25/1/19 en: https://www.ambito.com/por-que-los-paises-mayor-peso-estatal-tienen-mas-pobres-n5012454

 

La riqueza de los multimillonarios globales aumentó en u$s 900.000 M durante 2018, mientras que, los ingresos de la mitad más pobre cayó 11 %, según Oxfam, que promueve aumentar los impuestos a los ricos y derivarlos para “achicar desigualdades”. Pero así enriquecerían a los políticos y aumentaría la pobreza.

Los impuestos -y todo peso fiscal-, aunque sean dirigidos a los ricos, éstos los derivan subiendo precios, bajando salarios o cortando inversiones. Así, lo que cobra el Gobierno llega, sobre todo, desde los pobres, y los políticos se enriquecen al quedarse con parte en sueldos siendo lo que vuelve a los de menos recursos inferior a lo que se les quitó. Por esto, los países de mayor peso estatal tienen más pobres. Por cierto, la presión fiscal se ejecuta con el monopolio de la violencia -el poder de Policía- y, como toda violencia, destruye.

El endeudamiento estatal, por su lado, encarece el crédito, y aumenta la inflación -exceso de oferta de moneda en tiempo real- ya que absorbe demanda. Por eso, por las altas tasas del BCRA la inflación en 2018 -47,6%- superó al crecimiento del 35% de la base monetaria: cayó la demanda casi 13%. Y la inflación es otra vía estatal para quitar dinero -emitir para gastos quitando valor a la moneda- perjudicando más a los más pobres; los ricos suben precios

Mientras que la inflación en 2018 fue del 47,6%, los precios para consumos de los indigentes aumentaron 53,5% y 52,9% para los pobres. Así resulta lógico que en noviembre las ventas en supermercados cayeran 12,5% en volumen, 14,7% en autoservicios y en shoppings 16,3%. La peor caída del año, pero el oficialismo, en Davos, pronosticó que con más exportaciones y consumo el PBI crecerá 4% en el cuarto trimestre y 0% en todo 2019: imposible, ya que crece la presión fiscal en relación con el PBI privado.

Por cierto, Davos es el foro del “establishment” que, a pesar del falaz discurso “pro-mercado”, trata de mantener el satu quo y no avanzar hacia la libertad económica. Un clásico allí es cómo recaudar más beneficiando a la marea de políticos y burócratas presentes y a los “empresarios” -favorecidos por leyes estatales- que escoltan al capitalismo de amigos. Shawn Donnan escribió en Bloomberg que “en Davos las elites se apresuran a las barricadas… (con) una prioridad…: defender el orden global”.

“Orden” que mantiene cerrado al Gobierno en EE.UU. Unos 800.000 los empleados afectados, 40% de la Administración federal, el mayor empleador nacional superando en 500.000 a Wal-Mart, la empresa privada que más empleados tiene. Según Paul Light, de la Universidad de Nueva York, la cantidad de trabajadores afectados de empresas privadas contratistas llega a 1,2 M.

Para Bloomberg, el cierre cuesta u$s 200 M diarios a estas empresas y el 0,25% del PBI en el primer trimestre, dejando al crecimiento debajo del 2%, y aumentando la posibilidad de recesión. La curva de tasas en EE.UU. estaría reflejando una desaceleración lo mismo que el VIX, el índice de aversión al riesgo que mide la volatilidad de los futuros que se hacen sobre el SP 500, hoy rondando 20 pero podría llegar a 35.

“Orden” que hoy se pelea rencorosamente en Venezuela aunque, aun así, es creíble la caída del petróleo a mediano plazo, porque cada vez se usa menos, dadas las alternativas y la tecnología que ahorra consumo y porque, gracias al shale oil, EE.UU. es el mayor productor global con 11,8 M de barriles diarios superando hoy a Arabia Saudita que podría producir 12 M a su máxima potencia, pero en 2019 EE.UU. alcanzaría los 12,9 M superando al potencial saudí.

Además, está la guerra comercial que, en rigor, no es el problema de fondo, sino que China creció solo 6,6% en 2018. Pero no es culpa de Trump, desde 2015 el crecimiento del PBI bajó del 7% por primera vez desde 1990. Y las predicciones son que siga cayendo en la primera mitad de 2019 y luego suba para terminar el año entre 6% y 6,3%. Como señalaMichael Schuman, según el BIS, la deuda total china en relación con el PBI llegó al 253% en 2018, desde el 140% de la década anterior. No hay economía emergente desde los 90 que haya provocado semejante expansión sin entrar en crisis financiera.

Para sumar incertidumbre los británicos no consiguen aclarar el “brexit”. Entonces, la economía global se desaceleraría en 2019 zafando España, entre otros. Y así, los mercados globales parecen apáticos. Europa pinta un poco mejor aún con los augurios a la baja del BCE que decidió mantener la tasa de interés en 0%.

A pesar de que IBM, U. Technologies, P&G y otras compañías superaron las previsiones en sus buenos resultados, la flojedad de Wall Street evidenciaría un agotamiento comprador con una ecuación rentabilidad/riesgo, poco atractiva que encuentra un suelo fiable en los mínimos de Navidad, 11% debajo de los niveles actuales, y una resistencia hasta la que sólo hay 3% de subida. Y la Bolsa porteña… sube ciclotímicamente -sin fundamento en el largo- debido a que su pequeño volumen varía fuerte con la entrada de cualquier “mosca” del exterior.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¡A sujetarse, el mundo se da vuelta!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 20/1/17 en: http://www.s21.gt/2017/01/a-sujetarse-mundo-se-da-vuelta/

 

Es que lo que nos han enseñado durante años y que, incluso, produjo guerras y destrucción, se da vuelta completamente. El presidente de la China “comunista”, le da lecciones de libertad a la “república” -la división de poderes-, a la “democracia”, al “capitalismo”, a los EE. UU. de Trump. Xi Jinping comparó el proteccionismo con “encerrarse en un cuarto oscuro” sin luz ni aire. “Cortar el flujo de capitales, bienes y personas… no es posible”, dijo y aseguró que “las puertas de China permanecerán abiertas” en tanto que mostró su preocupación por la desigualdad.

Todo durante el Foro de Davos que, por cierto, esconde un estatismo agazapado desde que sus principales protagonistas son, precisamente, funcionarios estatales. Antes del Foro, la ONG Oxfam, aseguró que la desigualdad entre ricos y pobres aumenta. Cuando en 2010 se necesitaba la riqueza de 43 personas para igualar la del 50% más pobre del planeta, hoy 3,600 millones de personas poseen los mismo que las ocho más ricas del mundo. Son Michael Bloomberg que tiene una fortuna de $40 mil millones; Larry Ellison 43,6 mil millones; Mark Zuckerberg 44,6 mil millones; Jeff Bezos 45,2 mil millones; Carlos Slim 50 mil millones; Warren Buffet 60,8 mil millones, Amancio Ortega 67 mil millones y Bill Gates que posee 75 mil millones.

Ahora, Oxfam propone un aumento de los impuestos a los ricos, pero debería saber que estos terminarán siendo pagados por los pobres porque serán derivados hacia abajo vía aumento de precios o baja de salarios. Por el contrario, lo cierto es que estas grandes fortunas no suelen ser consecuencia del mercado natural sino de su violación, de privilegios forzados desde el Estado como los monopolios que enriquecieron a Slim y los copyrights -verdaderos monopolios intelectuales- otorgados a Mircosoft,y que perjudican al público.

Pero, hablando de enseñanzas, es notable que, de estos ocho ricos, solo la mitad terminó la universidad y alguno ni siquiera la escuela. Parece que nos han venido enseñando con poco acierto. “El objetivo no deben ser las notas de los exámenes, sino la felicidad”, asegura el prestigioso educador Roger Schank. Mientras que en Finlandia -que, según el informe PISA, tiene un excelente nivel de educación- los niños comienzan el colegio a los 7 años, y las jornadas son cortas y apenas hay deberes, el trabajo no se hace fuera de clase. Insólitamente, en Argentina, por caso, el gobierno propone obligar, forzar, a los niños a educarse desde los 3 años.

Schank afirma que “Nos pasamos memorizando cosas que olvidamos” y, más allá de Google que recuerda todo, la escuela (actual) es lo opuesto a la educación… (que)llega a través de la experiencia. Roger no se calla y asegura que “¡La historia es inútil!… lees sobre George Washington y descubres que tenía 100 esclavos, que se casó por dinero… de héroe, nada”.

Para Schank la educación actual -digitada por el Estado- sería un lavado de cerebro, “es la forma que tiene el gobierno de decirte… que… (son) los buenos de la película… La transmisión de la cultura es una de las cosas que el gobierno utiliza como control… (por eso) las 3 mil universidades (de EE. UU.) están enseñando lo mismo”. La educación debería ser “la felicidad… de una vida emocionante… de habilidades laborales… de razonamiento… Tenemos que enseñar lo que importa hoy y no cosas que no sirven en el mundo real”.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La solución a la pobreza

Por Gabriel Boragina: Publicado el 17/9/16 en: http://www.accionhumana.com/2016/09/la-solucion-la-pobreza.html

 

Si bien hemos abordado este tema muchas veces, no estará de más reiterar algunas ideas básicas al respecto, sobre todo porque la confusión sobre el mismo sigue latente en muchos ámbitos, incluso académicos.

“La organización Oxfam ha dado con la solución para acabar con la pobreza en el mundo: ¡quitarle el dinero a los ricos! Nada fascina más al buenismo de todos los partidos y tendencias que las alquimias políticas que comporten la violación de la propiedad privada, sobre todo si es de una minoría indeseable. Los titulares de prensa recogieron con visible entusiasmo el descubrimiento de Oxfam: Los ingresos en 2012 de las 100 personas más ricas del planeta podrían acabar cuatro veces con la pobreza mundial.”[1]

La idea popular de que los ricos son ricos a expensas de los pobres no es nueva. Podría decirse que es tan antigua como el hombre. Ya en la Biblia encontramos referencias a ella, si bien bajo diferentes escenarios y contextos. El fundamento histórico parecía justificado: en los pueblos antiguos la riqueza era obtenida por medio de la fuerza de reyes, emperadores y monarcas, que a través de guerras de conquista se apropiaban absolutamente de todo lo que podían, a costa de sus conquistados. Tras una invasión, los jefes militares y políticos confiscaban tanto bienes como personas, usufructuando a ambos, y reduciendo a sus invadidos a la esclavitud. Así, el poder y el dinero terminaba hallándose -al final del camino- siempre en las mismas manos: la de los poderosos jefes militares y políticos. Este fue el panorama general mundial hasta que, hacia finales del siglo XVIII, comienza a irrumpir en escena un fenómeno que revertirá -casi por completo- esa historia, y este acontecimiento consistió en la aparición del capitalismo.

“El mensaje es diáfano: no sólo se resuelve la pobreza quitándole el dinero a los ricos, sino que ni siquiera hay que quitárselo todo. Incluso cabe dejarles bastante. Vamos, no quitarles el dinero es monstruoso: “la riqueza y los ingresos extremos no sólo no son éticos, sino que además son económicamente ineficientes, políticamente corrosivos, socialmente divisores y medioambientalmente destructivos”. No sé si está claro: es que quitándoles un poco de su grosero patrimonio a los ricos, todo está resuelto. Todo.”[2]

La palabra “extremo” no es más que un juicio de valor, una apreciación por entero subjetiva que varía de significado de persona en persona. Alguien que tenga un sólo par de zapatos podría considerar “extremo” que otra persona tuviera dos o tres; de la misma manera que alguien que tuviera un millón de dólares podría juzgar “extremo” que su vecino tuviera dos o tres millones de la misma moneda. Nunca vamos a poder acertar un criterio único ni un patrón uniforme que catalogue -de una vez por todas y para siempre- que es lo “extremo” o “anti-extremo” para todo el mundo.

“La mendacidad no es un accesorio del pensamiento único: integra su misma esencia, y aquí resplandece como nunca, en un triple sentido. En primer lugar, es falso que la pobreza tenga que ver con la riqueza: los pobres no son pobres porque los ricos sean ricos. Un rico no es necesariamente un ladrón. Sólo si hay apropiación forzada la riqueza equivale a la pobreza. Por cierto, eso sucede en un caso importante que no es analizado por el progresismo: cuando el Estado nos quita el dinero, ahí sí que se enriquece él a expensas de sus súbditos. En condiciones de libertad el rico no empobrece a los demás ni es éticamente reprochable, al revés de lo que asegura Oxfam.”[3]

En condiciones de libertad o de un sistema capitalista pleno, el rico enriquece al pobre y no a la inversa. El capital acumulado hace de apoyo logístico al trabajo, y este efecto provoca que los salarios reales crezcan, lo que es sumamente provechoso para todas las personas de escasos recursos, sea que estén efectivamente empleadas o no lo estén. En el capitalismo, la libre competencia obliga a los empresarios y productores a bajar precios de sus artículos, al tiempo que el mercado libre competitivo los fuerza -les guste o no- a aumentar salarios, y a contratar más mano de obra. De tal suerte que, los desocupados pasan a conseguir empleo, y los ya empleados ven subir sus salarios. En los mercados intervenidos (como los nuestros) el efecto observado es el inverso.

“En segundo lugar, la pobreza no se supera mediante transferencias de recursos existentes, sino mediante creaciones de riqueza a cargo de los propios pobres, que jamás son considerados como protagonistas por el discurso hegemónico, que los ve como petrificados explotados, incapaces de salir adelante si no viene un poderoso a redistribuir a la fuerza la propiedad ajena.”[4]

El gobierno no puede hacer caridad con los pobres, por la sencilla razón de que los recursos que les trasfiere se los está quitando a otras personas (ricos y pobres asimismo) y la caridad sólo adquiere relevancia cuando se realiza con fondos propios. Más los gobiernos nunca obtienen fondos propios. Todo dinero que maneja el gobierno es producto de la expoliación al sector productivo de la economía.

“Y en tercer lugar, el camelo de Oxfam transmite la sensación de que la política es buena si “lucha contra la desigualdad” hostigando exclusivamente a los millonarios. Pero la política no hace eso nunca, sino que se dedica a arrebatar los bienes a las grandes mayorías, a las que cobra impuestos y ahoga con toda suerte de controles, regulaciones, prohibiciones y multas; grandes mayorías, por cierto, que no reciben la atención de Oxfam ni de ninguna voz del buenismo predominante”[5]

La pobreza actual es consecuencia de la política de la mayoría de lo estados nación que se encuentran enrolados en una lucha contra la riqueza o contra el capital, tal como K. Marx quería. Estos gobiernos, rehusarían rotularse como marxistas, sin embargo lo que practican es marxismo, si bien no puro, pero marxismo al fin. El keynesianismo -mas aceptado recientemente- es sólo una forma edulcorada de marxismo menos violento pero no menos letal.

[1]Carlos Rodríguez Braun. “Oxfam Eureka”. Fuente: Centro Diego de Covarrubias/ http://centrocovarrubias.com/node/437

[2] Rodríguez Braun. “Oxfam…. op- cit.

[3] Rodríguez Braun. “Oxfam…” op. Cit.

[4] Rodríguez Braun. “Oxfam… op. Cit.

[5] Rodríguez Braun. “Oxfam… op. Cit.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Ciencia y las falsedades

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 30/3/16 en: http://www.eldiarioexterior.com/ciencia-y-las-falsedades-47480.htm

 

Hoy la mayoría de los postulados que pasan por científicos no resisten el menor análisis. Es muy común, por caso, que “prestigiosas” instituciones lancen estadísticas, con ánimos de probar determinadas hipótesis, y suelen ser creídas por la opinión pública debido a una abrumadora propaganda. Un postulado científico necesita de tres condiciones necesarias mínimas, pero no suficientes. ¿Cuál es la condición suficiente? Al contrario de lo que pregona el racionalismo, no existe condición suficiente, es decir, que en la ciencia humana nada es definitivamente -absolutamente- verdadero jamás. Solo tenemos hipótesis que utilizamos en tanto sean útiles y, de base, cumplan con las tres condiciones necesarias que mencionaba. Estas tres condiciones son las siguientes: primero, no debe contradecir principios básicos, para decirlo de forma muy elemental, no puede decirse que lo malo es bueno. Segundo, debe tener una demostración lógica simple y razonable y, tercero, debe quedar corroborado por datos empíricos independientes y reiterados.

Veamos un caso de falsedad científica. La OCDE y la CEPAL son organismos -multi- estatales y, por tanto, deben justificar los impuestos porque de eso viven los Estados que los financian, sobretodo hoy cuando los enormes déficits, de los gobiernos alrededor del mundo, necesitan justificar un aumento impositivo. Así, acaban de lanzar documentos, que pretenden que son “científicos”, donde insinúan que cobrar más impuestos enriquece a los países y que -viva la demagogia- cobrarles más a los ricos es de justicia. Según el documento “Tributación para un crecimiento inclusivo” de la CEPAL y OXFAM, en algunos países de Latino América, el estrato de mayores ingresos paga entre el 1% y el 3% de su ingreso bruto, cuando en EE.UU. la tasa para el 10% más rico es de 14,2% y en algunos países de la Unión Europea (UE) supera el 20%. Según el informe, en la región el impuesto sobre la renta de las personas físicas logra una reducción de la desigualdad de 2,1% medida por el coeficiente de Gini mientras que en la UE es del 11,6%.

La recaudación de impuestos sería, en general, demasiado baja para las necesidades mínimas en salud y educación públicas. La tasa media de recaudación tributaria en términos porcentuales del PBI se elevó en la región del 21,5 % registrado en 2013 al 21,7 % en 2014 quedando lejos de los países de la OCDE, donde el coeficiente alcanzó en 2014 un promedio del 34,4 %. No hay duda de que estos porcentajes y cifras -en alguna medida- están dibujados o calculados caprichosamente, pero supongamos que son reales. La presión real del Estado sobre el mercado no termina en la recaudación impositiva. Debe sumársele la inflación -y la corrupción- entre otras cosas. Es imposible calcular cuánto significa la inflación en términos de “presión fiscal”, pero si al 32,2% que dicen que tiene Argentina le sumamos lo que se “recauda” por vía del 35% de inflación, sin dudas la presión fiscal total supera a la europea y de aquí, al contrario de lo que dicen estos organismos, procede la pobreza argentina.

Pero volvamos a los tres principios fundamentales. Primero, la recaudación impositiva no puede ser buena porque contradice un principio básico: la violencia siempre destruye. Segundo (y explico el primero), al contrario del mercado, donde las personas pagan por aquello que les conviene -y se produce la eficiencia porque cada parte recibe lo que mejor le viene- el Estado fuerza a pagar, utilizando su monopolio de la violencia, aunque lo que se ofrece no convenga. Y al tercer principio, ya lo vimos. Aun suponiendo que las cifras, los datos empíricos, dados por estos organismos sean ciertos, la presión fiscal total -impositiva, inflacionaria, corrupción, etc.- es muy superior en los países pobres y así, precisamente se produce su pobreza porqueel Estado malgasta los recursos ya que, siendo coactivo, evita la eficiencia que se produce cuando cada persona tiene la posibilidad de utilizar voluntariamente sus recursos en aquello que le conviene. Hablando de inflación, recordemos que no es el aumento “generalizado” de precios. La variación de precios es necesaria para la eficiencia del mercado. La inflación es la oferta de dinero por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real, de modo que nunca puede ser responsabilidad del empresario, ni siquiera secundaria como dice el gobierno. Por tanto, basados en argumentos falaces, no es creíble que logren bajar la inflación en el segundo semestre, como dice Macri.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Diez aclaraciones un tanto impacientes sobre las mediciones de desigualdad

Por José Benegas. Publicado el 19/1/16 en: http://josebenegas.com/2016/01/19/diez-aclaraciones-un-tanto-impacientes-sobre-las-mediciones-de-desigualdad/

 

La excluyente moralina izquierdista está encantada con los resultados del índice de Oxfam (una buenísima respuesta aquí de Ramón Rallo), una ONG “buena”, que acumula causas nobles sobre la pobreza en el mundo. Perdonen que ponga entre comillas esa bondad, se que eso escandaliza a más de uno que se siente culpable de solo considerar que gente que reparte a los pobres pueda ser cuestionada, sobre todo porque no me tomé ni me tomaré el trabajo de contabilizar sus acciones. Ese antecedente es el que se usa para dar valor a sus observaciones, nunca en la historia la demagogia ha dado tanta impunidad. Está mal porque gente que recibe donaciones y las reparte usa el prestigio que eso da para difundir ideas que están incluso contra los que producen el dinero que reciben en donación, contra los intereses de la gente a la que asisten y solo opera en en función de su figuración y poder.

Definamos izquierda: sincretismo doctrinario, moral, esotérico y tribal parasitario, basado en culpabilizar la habilidad y el éxito, exacerbando el sentimiento de fracaso de la población con falsos dilemas.

Dicho esto, lo que de verdad se está confrontando es el modelo de falsa desgracia, parasitario, contra otro productivo. El hambre en el mundo no lo combaten las ONGs ni las iglesias, ni los grupos de voluntarios. Si en cambio lo hacen los millonarios a los que quieren señalar por la sencilla razón de que si ese proyecto productivo es es entendido como bueno, ellos, los culpabilizadores cuyo papel es juzgar, no tienen sentido de existir. Pero no porque sean impotentes para combatir el hambre, mi sospecha es que no les interesa tres pitos a esta altura. Están mucho más enfocados después de repartir y sacar fotos, en esta parte política con la que atraen toda la atención. Para lo que son impotentes es para ser buenos, que es el cartel que les interesa, porque ser buenos como quieren les da poder y sobre todo es gratis. Un poco de reparto de zapatillas por aquí y por allá y ya se sienten con derecho a juzgar lo que tienen los grandes millonarios. Es contra el peligro que representa esta gente que la Biblia sabiamente dice que hay que procurar que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. El cartel de bueno es abuso de poder, no es bondad.

Primera aclaración: Lo que tienen las ONGs es recursos para consumo. Sean esas zapatillas, alimentos, abrigo, lo que sea. Lo que tienen los millonarios si lo obtuvieron limpiamente, en su mayor medida son recursos de capital, que están produciendo entre otras cosas para combatir el hambre. Lo que ellos realizan se multiplica, lo que hacen las ONGs se termina en la primera operación.

Segunda aclaración: En el caso de los millonarios tanto lo que tienen para su propio consumo como lo que tienen invertido en bienes de capital destinados producir cosas útiles para la población, son el reflejo de transacciones en las cuales lo que recibieron a cambio quienes pagaron, fue superior a esa suma. Eso está en la lógica de toda transacción pacífica, ambas partes valora más lo que reciben que lo que dan y por eso intercambian. Esto implica que la comparación entre los más ricos y los más pobres es tramposa, porque la riqueza de los ricos contribuyó seguro a la menor pobreza de los pobres y no al revés como sugiere el estudio.

Tercera aclaración: La capacidad de consumo de una persona más allá de determinado nivel no sube demasiado. Tener cien o cincuenta mil millones de dólares en la cuenta, no hace que el que tenga la segunda suma coma mejor caviar que el de la primera. La diferencia está en que el segundo toma decisiones económicas que benefician a muchas más personas. Tiene mayor poder económico, no político. Digo benefician, algo que el resentimiento impide ver, porque bajo reglas de mercado no tienen capacidad de obligar a nadie a pagar por lo que ofrecen.

Cuarta aclaración: Cualquier poder ilegítimo que los millonarios tuvieran sería ejercido contando con apoyo de gobiernos. Estas organizaciones se desentienden por completo del poder del gobierno, más bien quiere que los gobiernos se ocupen de que los ricos no sean tan ricos. Eso les da poder a ellas y también a los gobiernos. El gobierno no tiene dinero, solo lo extrae, cada peso que acumula va en empobrecimiento de los individuos privados.

Quinta aclaración: Mientras por lo indicado antes la utilidad de los millonarios para el resto de la población se mide justamente por sus millones, que es lo que este estudio trata de convertir en problema, la de las ONGs se mide emocionalmente. Esa emoción está basada en la explotación de la culpa por lo que se tiene y la promoción del resentimiento. Desde el punto de vista de la superación de la pobreza, sus acciones se consumen en un acto, no promueven una solución ni un flujo permanente y sostenible y alteran la capacidad de subsistencia de los asistidos si se prolongan en el tiempo. Como bien lo señalaba Ayn Rand, el reparto de los repartidores no podría existir sin la previa actividad de los productores. Ni siquiera podemos afirmar que el dinero regalado no estaría mejor en una inversión o en sueldos para actividades productivas. Solo podemos considerar subjetivamente útiles los propósitos de los donantes y de los que reciben las donaciones; algo que queda entre ellos, que puede entenderse como producto de la cultura culposa. No se cuántas personas han dejado la pobreza por ser asistidas por ONGs, pero gracias al mundo empresario se puede decir que esta es la época de mayor riqueza general de la historia humana. Como dice Rallo, nada se dice de que las fortunas se concentran en los países que respetan medianamente la producción y la pobreza en los países que siguen las pautas morales o políticas de los igualadores. Pero hasta esos países son menos pobres gracias al valor que crean los que son capaces de producir.

Sexta aclaración: Si un cataclismo natural hiciera desaparecer a las 62 personas más ricas del planeta y a sus empresas, las otras se volverían más pobres, no más ricas.

Séptima aclaración: El asalto a los millonarios puede tener éxito como un solo acto de depredación, a partir de ahí tendría el mismo efecto que el cataclismo natural de la aclaración anterior.

Octava aclaración: Los ricos nos convienen para venderles bienes y servicios. Incluso los ricos ilegítimos como los gobiernos, cuya riqueza nunca se compara con la pobreza de la población, son utilizados como fuentes de recursos a cambio de servicios (en el segundo caso, ilegítimos).Sin ricos no solo no hay capitalismo, tampoco hay socialismo ni ONGs. Esta es la razón también por la que pululan organizaciones, académicos y periodistas que hacen comparaciones que lo único que logran es justificar al estado, del cual obtendrán algún favor, o culpabilizar a los que producen para quitarles dinero sin darles nada util a cambio más que un falso perdón. Hay una manera honesta de obtener dinero de los ricos, pero no es ninguna de las dos mencionadas.

Novena aclaración: En un mercado libre todos tenemos la posibilidad de ser Bill Gates, pero solo hay unos pocos que logran ser Bill Gates ¿Por qué? Porque el descubrimiento de la riqueza es difícil, lleno de riesgos y sin ninguna seguridad. Hacer aparecer a los ricos más ricos como privilegiados, es un trabajo de parásitos. Lo cierto es que no son privilegiados sino elegidos por consumidores que combaten su pobreza y que su triunfo explica en gran medida el avance de la humanidad y nuestro estándar de vida. Lo que estas ONGs pretenden es construir un sistema de elección paralelo al del mercado, donde los bienes no estén distribuidos en base a su productividad, sino a un criterio moral que ellos manejan, despreocupándose por completo del resultado, porque su único interés es el manejo en sí.

Décima aclaración. Si el capitalismo es injusto y genera por generación espontánea millonarios malos que explotan al mundo ¿Por qué razón los buenos no hacen empresas super exitosas y las usan para repartirnos sus frutos? Porque no tienen idea de como hacerlo, pero tampoco aceptan la realidad de que el mercado es un ámbito de libertades y de riesgos donde el mejor lugar para que esté la riqueza es en manos de quién la supo crear. Esto es bueno para ellos y también para todos los demás.

 

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Príncipes y mendigos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 5/2/14 en: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/principes-y-mendigos-alejandro-a-tagliavini-columnista-el-tiempo-_13458624-4

La reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos, y después, fue una buena ocasión para discutir sobre pobreza y desigualdades. Bill Gates pronosticó que para 2035 casi no quedarán países pobres, según el Banco Mundial, lo que resulta creíble definiendo como pobres a quienes viven con menos de US$ 1,25 diarios. A la vez, según Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma cantidad de dinero que la mitad más pobre del planeta, es decir 3.500 millones de personas; y la riqueza del 1 % más adinerado del globo llega a US$ 110 billones, 65 veces más que lo que posee la mitad más pobre mundo.

El fundador de Microsoft asegura haber donado –a través de la Fundación Bill y Melinda Gates– más de 28.000 millones y planea seguir, según cuenta Jorge Ramos Avalos, “el trabajo que hemos hecho ha salvado 8 millones de vidas… ”. Pero muchos aseguran que los Gates tiran su dinero en países donde hay dictadores y sin efectos a largo plazo. Lo que resulta coherente con el hecho de que, como dice la doctrina católica, antes está la justicia que la caridad; es decir, es mejor un orden social que permita a todos vivir dignamente trabajando que tener que estar dando ayudas ocasionales.

Sin dudas, el mundo está mejor hoy. Ahora, está mejor por las “acertadas” políticas gubernamentales, pareciera que es al revés. Según cita Andrés Oppenheimer, tiene razón Marcelo Giugale, director de programas de reducción de pobreza del Banco Mundial, en que gran parte del progreso se debe, precisamente, el que los Estados chino e indio han dejado de hacer cosas que ahora realizan las personas dentro del mercado. Con lo que no se entiende, luego, que el mismo Giugale proponga que los gobiernos utilicen nueva tecnología para identificar a los pobres, suena a Gestapo.

Y en cuanto a desigualdad ocurre lo mismo. Al contrario de lo que muchos creen, asegura Peter G. Klein que “lo típico es que las grandes firmas surjan donde los mercados… sufren la interferencia gubernamental; estas circunstancias proporcionan ventajas” a las grandes corporaciones que, entre otras cosas, tienen gran capacidad de cabildeo con la que logran la promulgación de regulaciones que las benefician o que dificultan o impiden las operaciones de sus rivales pequeños. Así vemos cómo las multinacionales ocupan un lugar dominante en la economía de muchos populismos latinoamericanos.

O sea, que las exageradamente grandes empresas o fortunas no son un producto natural del mercado. Bill Gates, concretamente, ha hecho sus millones gracias a los “copyright” de Microsoft, “copyright” que son verdaderos monopolios “intelectuales” impuestos por el Estado. Si la “propiedad” resulta de una “ley” impuesta vía monopolio de la violencia estatal, significa que no se daría naturalmente.

Esta “propiedad” suelen ser monopolios, garantizados por el Estado a grandes grupos económicos, que realizan millonarios cabildeos esgrimiendo que la libre distribución desincentivaría la creatividad, cuando está muy claro que, por el contrario, la libertad provoca que, sobre trabajos ya realizados, se sumen otros impulsando exponencialmente el desarrollo. Por caso, dicen serios historiadores, Thomas Alva Edison era un astuto “patentador” con el fin de hacer fortunas. La lámpara incandescente, en rigor, sólo fue perfeccionada por él y patentada en 1879.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.