Una emergencia social y económica montada en datos y medidas erradas

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 31/12/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/12/31/una-emergencia-social-y-economica-montada-en-datos-y-medidas-erradas/?fbclid=IwAR3bVQzph12BnL8hBBohj_nKm5rqBRDQ2-gePNMZ5FvwjHDD4lx-symcneQ

 

Análisis de las causas y soluciones para erradicar la pobreza

Martín Guzmán, ministro de Economía, busca desalentar el consumo de dólares por parte de los individuos (Reuters /Mariana Greif)

Martín Guzmán, ministro de Economía, busca desalentar el consumo de dólares por parte de los individuos (Reuters /Mariana Greif)

El ministro de Economía, Martín Guzmán, sostuvo que el cepo y el impuesto al turismo, que en realidad inicialmente fue disfrazado de solo impuesto al ahorro y luego se descubrió que abarca a toda transacción de personas humanas que implique una posterior compra de dólares, se establecían porque la economía tiene pocos dólares, afirmó: “Necesitamos desalentar el ahorro en una divisa que no producimos. El país se endeudó brutalmente pero no utilizó esa deuda para generar mayor capacidad productiva que nos permita contar con las divisas para sostener niveles altos de gastos en dólar”.

Pero inicialmente sostuvo que el objetivo es: “que la economía deje de caer mientras se protege a quienes no le podemos pedir más esfuerzo”. Inclusive la ley de emergencia económica se denomina Ley de Emergencia Solidaria y Reactivación.

Por último, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (Universidad en la que cursé la carrera y me recibí de economista) acaba de aclarar que en realidad la pobreza no es del 40% como había anticipado justo a días de las elecciones, sino que es del 32/34% de la población. Lo único que diré respecto a este tema es que sería bueno que la gente del Observatorio diga quién tiene la Deuda y con quién, porque los datos parecen mostrar otra cosa.

En efecto, si se toman los recursos destinados a lo que se denomina gasto social se ve que desde 1983, cuando se empezó a votar nuevamente, hasta 2018, los recursos destinados al llamado gasto social aumentaron 10 puntos porcentuales del PBI y la pobreza no deja de crecer o se mantiene en niveles muy elevados.

Como contrapartida de este aumento del gasto hubo emisión monetaria que terminó en inflación, megainflación, hiperinflación, aumento de la deuda, default, etc.

En realidad lo que se denomina gasto social se dispara a partir de 2007, con lo cual está la primera evidencia del fracaso de la política económica para crear puestos de trabajo que aumenten la productividad, bajen la desocupación y terminen con la pobreza. Puesto de otra manera, evidentemente el camino para terminar con la pobreza no es aumentando lo que se denomina gasto social. A mayor gasto social, más o igual pobres, por lo tanto no queda muy claro por qué ahora sí, a mayor cantidad de recursos al gasto social, menos pobreza o contención social.

En este punto, es importante resaltar que la emergencia social, que se presentó montada en el 40% de pobreza que erróneamente informó el Observatorio de la Deuda Social Argentina, no es tal porque el nivel de pobreza e indigencia se mantiene en los mismos niveles que durante el gobierno del kirchnerismo, y en esos años no se hablaba de emergencia social, ni se llamaba a la mesa de la emergencia alimentaria.

De manera que si se deja de lado el uso político de la pobreza y se trata de entender su origen y cómo solucionarla, se advertirá que no es el camino de la cultura de la dádiva lo que va a conducir a mejorar el nivel de vida de millones de personas.

Escasez de divisas

En lo que hace al tema dólares, se ve un razonamiento muy extraño. En primer lugar si el Gobierno no tiene suficientes divisas para enfrentar sus compromisos externos, lo que debe hacer es:

1. presentar un plan económico sustentable y coherente para poder acceder al roll over de la deuda y, sobre todo, a una baja de la tasa de interés;

2. generar el superávit fiscal necesario para comprar los dólares que tenga que comprar para hacer los pagos de los intereses de la deuda; y

3. crear las condiciones institucionales para atraer inversiones.

Pero el razonamiento extraño va por varios lados. Se habla de primero crecer para luego pagar la deuda, pero se mantiene el cepo cambiario. Se sabe que el crecimiento viene de la mano de las inversiones y, claramente, nadie va a ingresar divisas al país para hundir en inversiones si luego no puede girar al exterior sus utilidades o realizar las importaciones que necesite. Nadie entra en una jaula voluntariamente, para que lo encierren, no lo dejen salir y lo maltraten.

Además, con la carga tributaria ya existente y los anuncios de mayores impuestos hacen dudar que realmente vaya a tener éxito la simple afirmación de crecer. Al igual que Cambiemos que creía que porque Mauricio Macri se sentaba en el sillón de Rivadavia iban a llover las inversiones, el ministro Guzmán promete un crecimiento sin que se perciban las razones para que ocurra tal cosa. En este punto se observa el mismo voluntarismo que esgrimió Cambiemos y lo llevó al fracaso económico.

Cosecha de soja luego de un largo trabajo de siembra, cuidado y desarrollo del cultivo, y enfrentar el riesgo climático

Cosecha de soja luego de un largo trabajo de siembra, cuidado y desarrollo del cultivo, y enfrentar el riesgo climático

El error más notable es decir que el Estado necesita los dólares que compra la gente y de los exportadores.

Tomemos el ejemplo del productor de soja. El productor invierte, arriesga, trabaja y el fruto de su esfuerzo son tantas toneladas de soja, que son de su propiedad, y supongamos que las exporta directamente. A cambio de la soja le entregan dólares. ¿Cuál es la razón para afirmar que los dólares que el productor recibió por la soja son del Estado y no del productor? ¿Por qué el Estado le confisca los dólares que le pagan por el fruto de su trabajo y le entrega unos pesos que no tienen valor y nadie usa como moneda de ahorro?

Es como si el Estado se apropiara de la soja del productor y a cambio de ella le entregara unos papeles impresos llamados pesos sin ningún valor. Si la idea es confiscar el fruto del trabajo del exportador, la realidad es que no van a entrar dólares ni por inversiones, ni por deuda, ni por exportaciones. Por lo tanto los dólares van a ser escasos en el mercado formal y abundante en el mercado informal.

Luce muy poco efectivo creer que por ponerle un impuesto al que compra dólares para ahorrar o la gasta fuera del país, lo van a convencer de que el peso es reserva de valor. No es a fuerza de impuestos que se logra la confianza, sino de políticas sustentables y probadas en el resto del mundo.

Financiamiento del Banco Central

El Gobierno acaba de autorizar al Tesoro a colocarle Letras Intransferibles al BCRA a cambio de las reservas que tiene. Con esa medida no hace más que debilitar la confianza en el peso, arruinar la situación patrimonial de la autoridad monetaria BCRA y, por lo tanto, generar más desconfianza en el peso.

El Gobierno acaba de autorizar al Tesoro a colocarle Letras Intransferibles al BCRA a cambio de las reservas en divisas (Reuters/Enrique Marcarian)

El Gobierno acaba de autorizar al Tesoro a colocarle Letras Intransferibles al BCRA a cambio de las reservas en divisas (Reuters/Enrique Marcarian)

Cuando el Estado castiga impositivamente al que defiende sus ahorros comprando dólares y al que produce bienes para exportar obligándolo a entregarle sus divisas, le transfiere su problema al sector privado, porque es incapaz de generar superávit fiscal para poder acumular activos externos que necesita para pagar la deuda y el segundo problema que le transfiere es el cambiario. Como no logra que la gente confíe en el peso, establece un mercado artificial para el comercio exterior que castiga al exportador.

Con el dólar solidario y el castigo a los exportadores el Gobierno está errando el camino y hará cada vez más escasos los dólares en el mercado formal.

En igual sentido, cuantos más recursos destine el Gobierno a la “emergencia social”, que demostró ser una farsa estadística, más pobreza habrá en Argentina porque seguirá premiándose la cultura de la dádiva y castigándose la cultura del trabajo. Y ningún país logró prosperar castigando a los que producen y premiando a los que viven del trabajo de los que producen. Luego de décadas de populismo redistribucionista, ya se debería saber de memoria esa enseñanza.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Argentina, o cómo desaparece un país

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: https://alejandrotagliavini.com/2018/08/17/argentina-o-como-desaparece-un-pais/

 

Viajando por Europa me sorprendió la ausencia de noticias sobre nuestro país, salvo una perdida nota en un periódico madrileño… y no era buena. Ni mis ocasionales interlocutores hablaban al respecto.

Nos mató la soberbia. Demasiado intrigado, le pregunté a un destacado empresario -amigo de confianza- el por qué, de este fuerte “silencio de radio”. Y con crudeza me dijo que nadie quiere hablar mal de Argentina pero se sienten superados por tantas y tan reiteradas frustraciones, y que solo escuchan a los mismos dirigentes insistiendo en las ya fracasadas recetas: por soberbia no corrigen el fracaso.

Y tienen razón. El REM que todos los meses realiza el BCRA es un verdadero paradigma del yerro y, sin embargo, se sigue realizando y muchos siguen los consejos de los consultados. Basta mirar cualquier programa político en la TV para ver que hemos perdido el sentido común: por caso, ser un ex funcionario debería ser un fuerte descrédito dado que todos los políticos han sido parte de gobiernos desastrosos pero, por el contrario, es un gran currículo que motiva la consulta… para fracasar otra vez como vislumbran los extranjeros.

“Aumentan las tensiones el globo y los inversores se refugian en los activos de EE.UU.”, explica Fiona Nguyen, del IIF, “activos que representan ya el 58% de las carteras de fondos mundiales”. Entre abril y junio, los inversores inyectaron unos US$ 40.000 M a la bolsa americana y otros 8.000 M a los fondos de renta fija. En cambio, entre mayo y junio, de la renta variable europea salieron unos US$ 17.000 M, y de la renta fija US$ 8.000 M.

La economía de EE.UU. avanzó 4,1% en el segundo trimestre y mantiene un ritmo del 4,3%, según la Fed. Los beneficios empresariales disfrutan todavía de la reforma fiscal y “los resultados del segundo trimestre han sido estelares con un incremento del beneficio por acción del 25%”, según David Kostin de Goldman Sachs. Así, la rentabilidad acumulada por el MSCI EE.UU. en lo que va de 2018 es del 6,4%, mientras que el MSCI World (excluyendo EE.UU.) retrocede 6,6% y el MSCI Emerging Markets cae 4,6%.

Pero, “no se espera que la crisis turca se extienda, dado que los problemas son más endémicos que sistémicos”, avisa Sam Stovall, estratega de CFRA. O sea, el que países como Argentina culpen a Turquía es falta de seriedad. La divisa otomana se recuperaba después de conocerse que Qatar invertirá US$ 15.000 M en Turquía, para evitar un rescate del FMI.

Entretanto Dujovne aseguró no hay posibilidad de mega crisis ni default, y se me erizó la piel. Por cierto, con soberbia aseguró que “hay mucha gente a la que le cuesta llegar a fin de mes” pero la culpa es de los otros -el kirchnerismo- nunca nuestra. El único artículo sobre argentina que encontré en El País de Madrid decía que Macri anunció tres medidas para “reducir el déficit fiscal” en $ 65.000 M que afectan al campo, y por supuesto, se trata de mantener el tamaño del Estado a costa de seguir destruyendo al mercado.

Sí hay preocupación entre los analistas de Wall Street. Según el BCRA la dolarización de los ahorristas ya supera a la de la era Kirchner. “Los funcionarios ya erraron en abril y mayo. Intervinieron, perdieron dólares e igual tuvieron que conformarse con un tipo de cambio más alto” dicen y rematan que el Gobierno no tiene margen para seguir sacrificando reservas, ni con ayuda del FMI.

En la fase inicial de la “corrida”, las reservas cayeron en US$ 3.425 M. Llegaron los US$ 15.000 M del FMI, pero no se calmó y en los últimos dos meses salieron otros US$ 6.653 M adicionales. Los bonos registraron caídas estrepitosas, y hoy Argentina luce un “riesgo país” peor que el de varios africanos. El rendimiento de algunos títulos de mediano y largo plazo supera el 11% anual, lo que hace imposible pensar en el mercado de crédito voluntario.

Ronda el fantasma del default. La curva que dibujan los rendimientos de los bonos soberanos argentinos en dólares se invirtió, reflejando el estrés financiero. Cuando las tasas de corto plazo superan a las de largo, significa que el panorama cercano se ve muy difícil en comparación con las posibles renegociaciones de deuda en el futuro. Aunque los analistas solo adjudican 20% de probabilidad de default, los seguros se dispararon alcanzando máximos de tres años, arañando los 700 puntos.

En este país del sinsentido, hasta ONGs “liberales” supuestamente pro mercado, aconsejan las medidas que el BCRA implementó, como elevar los encajes y las tasas de interés y poner límites a los bancos para sus tenencias dolarizadas. todas medidas que implican una mayor exacción de fondos del mercado por parte del Estado. De modo que la cosa va para peor.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Venezuela es el ejemplo de una economía maniatada por los controles

Por Martín Krause. Publicada el 10/4/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/04/10/martin-krause-venezuela-es-el-ejemplo-de-una-economia-maniatada-por-los-controles/

 

El azar, pero también la intensificación de la crisis política y económica de la Venezuela actual, hizo que Martín Krause, profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires, Consejero Académico de Libertad y Progreso y académico asociado del Cato Institute, conversara en un foro acerca de los abusos del gasto público y la economía en el derecho en la sede de la Asamblea Nacional, un día después de que la máxima instancia judicial del país, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), dictara una sentencia que anulaba al Parlamento.

“Es un momento negativamente histórico para este país y espero poder volver en un día positivo”, dijo Krause antes de iniciar su exposición en uno de los salones de la sede administrativa de la Asamblea Nacional, en la que se podía percibía cierto desconcierto por la medida que ejecutó la noche previa el TSJ.

Krause, que vino al país invitado por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice), tanteó el panorama económico nacional no desde un abordaje simplemente teórico, sino que quiso comprobar en la dimensión real, desde la calle, conversando con taxistas, con la gente y mediante la observación, por qué Venezuela tiene el peor desempeño económico en la región.

Por eso ante la pregunta referida en torno a cuál sería la distorsión más llamativa de la economía nacional, Krause no dudó en responder que anomalía económica más preponderante es el control de cambio existente en el país.

“Tres tipos de cambio es algo que no tiene ningún sentido. Es una mentira, además, que se hable de un dólar cuyo valor es de diez bolívares, cuando todo el mundo sabe que el dólar verdadero es el que cuesta tres mil bolívares porque es el que se usa para todo. ¿Quién puede tener un dólar a diez bolívares?, ¿quién puede vender un dólar a 700 bolívares cuando sabe que el valor real es el de 3 mil bolívares?. Esa es la mayor distorsión que pude ver, entre otras”, cuestionó.

El impacto económico de la política

Krause es el creador del Índice de calidad , un estudio que, entre otras cosas, se enfoca en la evaluación de las instituciones que promueven el crecimiento económico.

“La sociedad no puede soportar niveles del gasto público por encima de determinados límites. Hay incentivos que no contribuyen limitar el gasto público y eso genera una tendencia al endeudamiento de los países”, explicó.

Tal y como sucedido en Venezuela en al menos los últimos 15 años, el académico destacó que en la economía se generan ciclos políticos presupuestarios, como en los periodos electorales en los que se incrementan los niveles de gasto público, seguidos de ajustes poselectorales en los inicio de los mandatos gubernamentales.

De acuerdo con Krause, limitar el gasto público en los países de la región pasa por limitar el déficit fiscal, que debería ser 3% del PIB como norma. Limitar el crecimiento del sector público, pues el gasto público no puede crecer más de lo que crecerá la economía.

Cuatro elementos son fundamentales para lograr frenar el crecimiento desmedido del gasto púbico, cuatro aspectos ausentes en el caso venezolano: limitar la capacidad de endeudamiento del Estado; limitar la emisión de moneda y el financiamiento del sector público por parte del BCV; descentralizar los niveles del gasto y mantener una disciplina fiscal descentralizada.

El sistema de gobierno centralizado, como sucede en Venezuela de forma exacerbada, condena a las inversiones, de acuerdo con Krause.

El caso venezolano

El académico argentino comparó la crisis economía de Venezuela con la caída de una bomba neutrónica: “Las máquinas están, las estructuras están, las edificaciones se mantienen, pero lo que hace falta es que todo eso arranque de una vez por todas y comience la producción, pero para eso es necesario liberar las fuerzas productivas, desmontar los controles y generar confianza”.

De acuerdo con Krause, es inminente aplicar una política de shock rápido, el desmantelamiento de los controles de cambio y un proceso de financiamiento mediante ayuda internacional.

“Venezuela es un ejemplo típico de economía maniatada por los controles, que necesita con un urgencia liberarse de las ataduras para poder iniciar un proceso de ajustes que le permitan mejorar las condiciones de todos en el país”.

Los ingredientes que requiere la receta de la recuperación en el caso venezolano, aseguró, son los mismos que aplicaron los países con economías en recesión con gobiernos que acumulaban empresas con altos niveles de improductividad y que se transformaron en un peso excesivo.

La autonomía del Banco Central de Venezuela es clave, puntualizó Krause, así como la importancia de la estabilidad del signo monetario para generar confianza en las inversiones.

“Está clara la necesidad de que se pueda iniciar una política de shock, que permita desmantelar los controles de cambio. En el pasado, los países que padecieron situaciones parecidas y que lograron aplicar los ajustes de forma rápida, pudieron salir de la crisis y del rezago mucho más rápido, no así aquellos países que postergaron y retrasaron los cambios”.

Según Krause, en una eventual transición política, el gobierno deberá llevar a cabo un proceso de evaluación de las empresas en manos del Estado, que fueron expropiadas y que representan una carga.

Dolarización

Ante una situación económica en donde la depreciación de la moneda nacional es una constante, sobre todo en los últimos años, un reciente estudio de la firma Datin Corp señala que 62% de la población venezolana apoyaría una decisión del Ejecutivo que convirtiera el dólar en la moneda.

Krause advirtió que, de entrada, en un proceso de dolarización el Ejecutivo debe estar mucho más atento a los niveles de gasto público. “Tenés que cuidarte de que el gasto público no se eleve demasiado”.

De acuerdo con Krause, en una dolarización de la economía las tasas de interés impactan los precios internos y éstos tienden a subir en dólares.
“Eso hace que la economía se vuelva poco competitiva, adicionalmente llega un punto en que es inminente la devaluación de la moneda, entre otras cosas el default, y todo lo malo. Esos sistemas cierran la canilla de la emisión monetaria, pero no del gasto público”.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La herencia K no se arregla con parches

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 25/9/16 en: http://economiaparatodos.net/la-herencia-k-no-se-arregla-con-parches/

 

La pregunta es: ¿qué quieren los políticos, cobrar más impuestos o crear puestos de trabajo vía inversiones?

El 24 de marzo de 2001 se sancionaba la ley 25.413, conocida como ley de competitividad, que incluía el impuesto a los créditos y débitos bancarios, más conocido como impuesto al cheque.

En su artículo 7 decía textualmente: “Los artículos 1º a 6º de la presente ley entrarán en vigor desde el día siguiente al de su publicación y tendrán efecto para los créditos y débitos efectuados hasta el 31 de diciembre de 2002”. Es decir, el impuesto al cheque iba a durar hasta el 31 de diciembre de 2002. Las sucesivas prórrogas han hecho que la ley ya esté por cumplir 15 años de emergencia. Como sabemos, no hay nada más permanente en Argentina que las leyes impositivas transitorias.

La semana pasada, los legisladores peronistas unieron fuerzas para pedir que, entre otras cosas, el impuesto al cheque sea coparticipable, con lo cual este impuesto es candidato a ser eterno. No lo saca nadie más, porque en Argentina ningún político tiene la más mínima intención de bajar el gasto público. Solo saben aumentar impuestos y por eso están ahogando al sector privado que es el que mantiene al sector público.

El empleo público se disparó en la era k, partiendo ya de un punto muy alto, en los tres niveles de gobierno, pero sin duda las provincias y los municipios son los que llevan la delantera en mantener empleados en los que sobran más de la mitad de lo que se necesita para administrar la provincia o el municipio. El argumento para no reducir la planta de personal en municipios y administraciones provinciales es que al no crearse nuevos puestos de trabajo la gente quedaría desocupada y habría conflictos sociales. Pero, al mismo tiempo, como para mantener esa legión de empleados públicos hay que lograr inversiones y las inversiones no vienen con esta carga impositiva, estamos en un círculo vicioso que no puede resolverse. En todo caso, la situación irá empeorando cada vez más hasta que el peso del estado sea tan grande sobre el sector privado y lo haya reducido a su mínima expresión, que todo termine igual en una crisis social, la misma crisis social que hoy se quiere evitar no reduciendo la planta de empleados públicos. Es que va a llegar un punto en que el sector privado no generará la riqueza suficiente como para bancar al sector público.

Me parece que el gobierno está enredado en este lío, con el agravante que a medida que va pasando el tiempo siguen cayendo los puestos de trabajo en el sector privado. Es decir, el que ajusta es, como siempre, el sector privado porque el sector público es la vaca sagrada que nadie puede tocar, lo que no quiere decir que, finalmente, no terminemos en una crisis social por desocupación en el sector privado. Así nunca van a poder resolver el problema. Si el sector privado se achica y no pueden reducir los impuestos porque hay que bancar a los empleados estatales, entonces estamos en el horno.

Tampoco es solución la obra pública financiada con deuda pública, porque si bien puede ser que en el corto plazo la actividad económica aumente transitoriamente, absorberá gente que quedó desocupada del sector privado, seguirá el mismo plantel insostenible de empleados públicos y cuando se acabe el financiamiento volveremos al punto de partida con el agravante que quedó la deuda más los interés a pagar. Es decir, vamos de cabeza a otro default.

Si no quieren asumir el costo político de llevar a cabo una verdadera reforma del sector público que lo transforme en algo útil para la gente y eliminar su sobredimensionamiento, la opción es la que propuse un par de lunes atrás. Que el BCRA se retire del mercado de LEBACs, baje la tasa de interés, deje flotar libremente el tipo de cambio y buscar la salida por el lado de las exportaciones. Puede ser que, transitoriamente, se escondan las ineficiencias de la economía detrás de un tipo de cambio más alto, pero si aprovechan ese tiempo para realizar reformas del estado y del sistema tributario, pueden lograr algún flujo de inversiones que cambie la situación y permita una mejora en el sector privado.

De todas maneras, me parece que acá va a haber que hacer algo heroico en materia de reformas estructurales. Por un lado hay que bajar la desocupación en el sector privado. Por otro lado hay que absorber a todos los jóvenes que se incorporan al mercado laboral anualmente. En tercer lugar, los que viven de planes sociales tienen que encontrar trabajo y, finalmente, pasar a gran parte de los empleados públicos del sector público al sector privado. Eso requiere de un fenomenal flujo de inversiones para crear miles y miles de puestos de trabajo a lo largo de los años para solucionar la herencia recibida. El sistema no da para más parches.

Por ahora lo único que saben hacer los políticos es cobrar más impuestos. La pregunta es: ¿qué quieren, cobrar más impuestos o crear puestos de trabajo vía inversiones?

Si lo que se quiere es lo segundo, hay que cambiar el eje de lo que se está haciendo, implementar un plan económico consistente y saber comunicarlo para hacerle entender a la población el enorme problema laboral que hoy tenemos y que, de continuar por este camino, seguirá agravándose.

La herencia k es lo suficientemente letal como para no tomarla en serio y querer arreglarla con parches.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Argentina: Porqué el gobierno no debe endeudarse

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 25/4/16 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2016/04/argentina-porqu%C3%A9-el-gobierno-no-debe-endeudarse.html

 

La mayoría de los economistas, que pretenden imponer planes de vida a los demás, afirman que no es bueno ni malo que lo gobiernos se endeuden y,  continúan diciendo, que todo depende cuáles son los motivos que dan origen a la deuda en cuestión. En la Argentina de hoy, el gobierno tuvo que acudir al empréstito externo ante un fallo judicial adverso, consecuencia de  15 años de default, pero en modo alguno una situación extraordinaria debe convertirse en regla de política económica.

Desde el sito oficial del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas, se afirma que el ministro Alfonso Prat-Gay calificó como “tremendamente exitosa” la emisión de bonos de deuda que lanzó la Argentina (con una demanda de más de 60 mil millones de dólares), del pasado martes 19 de abril. Al mismo tiempo, la principal autoridad del ministerio afirmó que ahora “empieza un nuevo camino que nos llevará a la inversión y al trabajo digno”.

Con igual fuente, se destacan otras opiniones del ministro: “Esta es la demanda más grande de la historia para un bono o acción de un Gobierno o empresa de mercados emergentes. Está posiblemente entre las 20 más grandes de la historia para una emisión de un país que todavía hoy está en default”. Prat-Gay también resaltó que el Gobierno no está “en una etapa de ajuste; al contrario, estamos poniendo el foco fiscal en los más débiles y vulnerables”, “la salida del default supone un impulso para la atracción de inversiones que permitirán el desarrollo del ambicioso plan de infraestructura que tiene el Gobierno del Presidente Mauricio Macri”.

En razón de lo expuesto, el ministro estaría dispuesto a volver a colocar deuda en el segundo semestre del año si observa (como estima el equipo de Finanzas) que las tasas posteriores al pago a los holdouts se reducen considerablemente. Todo ello, presuntamente sujeto a una hipotética mejora de los indicadores económicos.

Pues bien, ¡las cartas están echadas! Como indica el antiguo y popular axioma del derecho: a confesión de parte, relevo de pruebas. El gobierno implementará medidas activas de política económica sustentadas en la fundamentación keynesiana, dicho sea de paso, a pesar de los esfuerzos realizados por el Banco Central y a pesar de la generalizada creencia de que el gobierno de Macri es de raíz liberal.

Este tipo de argumentación sugiere que se formule la siguiente pregunta, ¿es necesario confiar al gobierno, una vez más, como en los últimos setenta años, el tipo de políticas que nos llevaron a esta crisis? La opinión de Axel Leijonhufvud deja en claro una interesante visión al respecto: “En nuestros días, muchos economistas prominentes entienden que la obra de Keynes tiene fallas tan profundas, está incluso tan colmada de errores, que no es necesario estudiarla. De hecho, prevalece la opinión de que la revolución keynesiana en lo tocante a la política macroeconómica fue un interludio infortunado que hoy ya ha sido superado”.

Pero no es cierto que “Keynes ha muerto”, el intervencionismo de los gobiernos es una amenaza cierta y creciente para la economía del globo. Y el keynesianismo, en sus múltiples vertientes, representa la más sofisticada estrategia para socavar los derechos de los contribuyentes. En los hechos, su síndrome florece en las oficinas de Hipólito Irigoyen 250 de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas de la República Argentina −antes con Axel Kicillof, ahora con Alfonso Prat-Gay−.

Kicillof, en su infructuoso intento de financiar el déficit con endeudamiento externo, tuvo que ajustarse al único instrumento que le quedaba, la expansión monetaria. Prat-Gay, en cambio, hará realidad el sueño de su antecesor: dar rienda suelta a la deuda pública.

Se debe tener bien presente que la deuda pública a largo plazo es un argumento extraño y perturbador, principalmente, porque en ninguna empresa humana existen valores eternos. La deuda pública a largo plazo presupone la estabilidad del poder adquisitivo del dinero. Y esa idea de estabilizar el poder adquisitivo de la moneda surgió del deseo de crear una esfera inmune al incesante fluir de las cosas humanas, tal la soberbia exposición de Ludwig von Mises.

Manera extraña, si la hay, de ver a la ciencia económica, y que llevó a conjeturar la asunción de una tasa libre de riesgo. Un concepto teórico de la economía que consiste en la existencia de una alternativa de inversión sin riesgos para el inversionista. El planteamiento ofrece un rendimiento seguro en unidades monetarias a plazos prefijados, donde no existen riesgos crediticios ni de reinversión ya que, vencido el período, se dispondrá inexorablemente del efectivo. En la práctica, se suele asociar el concepto con el rendimiento de los bonos a diez años del Tesoro Estados Unidos. Como la inversión es libre de riesgo, se considera que la probabilidad de no pago de un bono emitido por Estados Unidos, al plazo indicado, es cero.

Países como el nuestro, en cambio, y todos los demás del orbe, según su riesgo implícito serán catalogados conforme la metodología del J. P. Morgan Chase. Un estándar de puntos básicos que expresa la prima de riesgo con base al comportamiento de la deuda soberana. La penalidad será más alta cuanto menor sea la certeza de que el país honre sus obligaciones, y viceversa.

Los préstamos públicos rara vez han sido redimidos honrando el reembolso de su capital. Más bien, la corriente ha sido siempre ir acumulando nuevas deudas sobre las antiguas, así lo refleja la historia financiera del último siglo. Y su resultado, además de ahuyentar los capitales privados invertidos en esos países, son la pobreza y el atraso de los supuestos beneficiarios.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

ARGENTINA: EL DIFÍCIL PROBLEMA DEL CRÓNICO DÉFICIT FISCAL

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 3/4/16 en :  http://www.cartafinanciera.com/tendencia-actual/argentina-el-dificil-problema-del-cronico-deficit-fiscal

 

A poco más de 100 días de haber asumido la presidencial, Cambiemos ha llevado adelante importantes cambios económicos como la eliminación del cepo cambiario, avanzar en una solución al default de la deuda con los holdouts. También ha llevado adelante importantes cambios en política exterior al priorizar relaciones saludables con el mundo desarrollado como sugieren la vuelta a al foro de Davos y la reciente visita de Obama, el presidente de Estados Unidos.

Estos cambios en la gestión son importantes y necesarios, pero no suficientes, para corregir las repetidas crisis económicas de Argentina. Decir que estas medidas son necesarias, pero no suficientes, de ninguna manera busca quitar mérito a los positivos logros de Cambiemos al principio de su gobierno, pero sí busca diagnosticar cuál es el origen principal de los problemas de la economía argentina y cuáles son problemas derivados del desequilibrio económico central: el déficit fiscal.

El siguiente gráfico muestra un período aproximado de 50 años de déficit fiscal en Argentina. El único período de superávit que se percibe es luego de la crisis del 2001 (nuevos impuestos, como el impuesto al cheque, y la devaluación asimétrica). En términos de resultado fiscal respecto al PBI, se aprecia que la dirigencia política se consumió el superávit de manera inmediata. Estos resultados cuestionan la lectura de que Néstor Kirchner estaba genuinamente preocupado por tener un superávit fiscal.

Deficit Financiero (1961-2014)

Este gráfico, al mostrar prácticamente medio siglo de déficit, sugiere que el problema no se reduce a qué movimiento político está cargo el gobierno, sino que hay un problema estructural que trasciende a los presidentes de turno.

Argentina ha vivido en déficit tanto con gobiernos peronistas, como radicales, como militares. El desafío de Cambiemos, no es meramente de equilibrar las cuentas, sino de revisar la estructura del estado. El 2015 terminó con un déficit fiscal en torno al 9% del PBI (la crisis del 2001 fue con un déficit del 7% del PBI). Una revisión fiscal de esta magnitud implica nada menos que cuestionarse cuál debe ser el rol del estado en Argentina. Este debate, sin embargo, se encuentra fuera del debate en la opinión pública y el gobierno actual no parece tener interés en plantearlo de manera genuina; es decir, más allá de sostener que la gestión debe ser transparente y eficiente.

Hay dos maneras fundamentales de financiar un déficit fiscal. Con emisión monetaria o con deuda. Simplificando, podemos resumir que los ‘80 se financiaron con emisión monetaria, culminando en un serio contexto inflacionario. Los ‘90 se financiaron con deuda, lo cual culminó con el default del 2001. El gobierno kirchnerista se financió nuevamente con emisión monetaria lo cual terminó en un contexto de estanflación.

Hay también dos maneras fundamentales de eliminar el déficit fiscal. Aumentando impuestos o bajando el gasto. Aumentar impuestos cuando la presión impositiva (consolidada) supera al 40% del PBI en un contexto de estanflación no es viable para cerrar un déficit de 9 puntos del PBI. Para bien o para mal, no queda alternativa que revisar el nivel de gasto. Si no se puede aumentar la recaudación, es necesario bajar el gasto.

Hay en principio, una tercera alternativa para cerrar el déficit fiscal. La misma consiste en hacer que los gastos crezcan más despacio que la economía de modo tal que eventualmente la recaudación alcance al gasto y se elimine el déficit fiscal. Parece ser ya muy tarde para esta estrategia. Es como, si al conducir en la autopista, yo es tarde para desacelerar y es necesario pisar el freno.

Cambiemos ha informado su objetivo, prácticamente eliminar el déficit fiscal para el final del gobierno de Macri. Cambiemos no ha sido claro, sin embargo, en explicar cómo se va a cumplir dicho objetivo.

Esto deja abierto a interpretación cuál es la estrategia de Cambiemos para equilibrar el fisco. Una de dichas interpretaciones es que la estrategia consistía (o aún consiste) en la expectativa de que el cambio de gobierno, la salida del cepo, y el arreglo con los holdouts resultaría en una entrada de inversiones y en un aumento de la actividad económica que redundaría en mayor recaudación y en cerrar el déficit fiscal.

Hasta ahora esto no ha ocurrido. ¿Es esta, sin embargo, una estrategia realista? ¿Cuál es el nivel de inversiones y aumento del PBI necesario para que se cierre el déficit fiscal? Si el gasto se mantiene constante, y la recaudación por PBI no cambia, el PBI debe subir nada menos que 9 puntos para cerrar el desequilibrio fiscal. Con una infraestructura deteriorada, un contexto de alta inflación, impuestos distorsivos como el impuesto al cheque, etc., no parece ser un objetivo realista.

Este desequilibrio madre de la economía argentina trasciende a partidos y movimientos políticos. Ha sido el mismo ya por medio siglo. Solucionar el mismo requiere más que una administración eficiente y austera, requiere replantearse el rol y estructura del estado en Argentina. La debilidad política de los otros partidos, y habiendo ganado no sólo presidencia, sino también Ciudad y Provincia de Buenos Aires, la oportunidad de cambio de Cambiemos sea posiblemente única.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Holdouts: la mirada de un economista de la UNLPam

Por Adrián Ravier. Publicado el 20/3/16 en: http://www.diariotextual.com/politicaa/item/32215-holdouts-la-mirada-de-un-economista-de-la-unlpam.html

 

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Adrián Ravier, economista y docente de la Universidad Nacional de La Pampa, aseguró que el acuerdo con los holdouts le permite varias estrategias al gobierno nacional. Aunque advirtió que si le van a pagar a los “fondos buitres” para volver a endeudarse, como en los ’90, es un error. Valoró que el kirchnerismo no haya generado deuda externa.
El especialista explicó que si el gobierno nacional le paga a los holdouts estaría terminado con un default que se inició luego de la crisis de 2001. Recordó que durante el kirchnerismo se produjeron dos pagos grandes, uno en 2005 y el restante en 2010.

“En el primero hubo un acuerdo por el que se les pagó a los acreedores internacionales el treinta por ciento del capital que se les debía. Todo eso con la condición de la cláusula Rufo, que les planteaba a los acreedores cobrar ese tercio porque el gobierno no iba a hacer ninguna oferta mejor en los próximos años”, dijo Ravier, profesor titular de la facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas. “La mitad de los acreedores internacionales aceptó el acuerdo y en 2005, con los nuevos bonos, empezaron a cobrar”.

En 2010, durante el gobierno de Cristina Kirchner, se planteó una propuesta similar a la de 2005 que también estuvo asociada a la cláusula Rufo con vencimiento en 2014. En esa oportunidad adhirieron casi todos los acreedores, salvo un siete por ciento, entre los que se encontraban los denominados “fondos buitres” que alcanzaban el uno por ciento.

Los fondos buitres son acreedores que no le prestaron originalmente dinero a la Argentina. Se trata de fondos de inversión internacional que básicamente le compraron a gente que no podía esperar que nuestro país decida pagar. Entonces les adelantaron el dinero y se quedaron con esos bonos esperando cobrar el capital total”, declaró Ravier, en una entrevista concedida al Informativo de Canal 3.

“Esa gente (los buitres) no aceptó las propuestas y se entendía durante años que Argentina no podía abonarles porque si lo hacía iba a tener que entregarle mucho más dinero al 97 por ciento restante, que oportunamente había arreglado aceptando una quita importante”.

“Cuando el juez Thomas Griesa de Estados Unidos dictó la sentencia de que se debía pagar, se transformó en un problema internacional para Argentina que igualmente siguió sin pagar aferrada a la cláusula Rufo”.

Esta semana, la Cámara de Diputados de la Nación aprobó el proyecto que dispone el pago a los holdouts, una norma que incluye la derogación de las leyes Cerrojo y Pago Soberano y la emisión de deuda para enfrentar el pago.

-¿Qué implica el endeudamiento internacional?

-Para el presidente Mauricio Macri implica mejorar la calidad institucional, la relación con los organismos internaciones y terminar con el default que lleva 13 años. Ahí se abre un mar de dudas. Si van a pagarle a los holdouts para volver a poder acceder a créditos externos y esos créditos los van utilizar para mantener el déficit fiscal que hoy tiene el país, sin hacer ningún tipo de ajuste, estamos volviendo a los problemas originarios de la década del ’90.

– ¿Qué se puede esperar entonces?

–En el corto plazo la gente tiene que esperar que baje la inflación debido a que no se estará emitiendo moneda a cambio de deuda: ese es el punto positivo. A la vez, lo negativo es que si la idea es esa estamos en un serio problema porque en cuatro u ocho años, además de mantener el déficit fiscal, vas a tener una deuda externa duplicada. Eso, finalmente, explota de alguna manera en el futuro mediato.

-¿Qué se supone que hará el gobierno?

–En principio estamos en una situación difícil y la verdad es que hay varias estrategias. No es sencillo adivinar qué es lo que va a hacer una vez que arregle con los holdouts. La advertencia mía es que si vas a pagar a los holdouts para volver a endeudarte y volver a los ’90, con una deuda que finalmente explota, es un error. Pero si vas a pagar a los holdouts para volver al mundo y mejorar la calidad institucional es un acierto.

-La gestión kirchnerista no se endeudó. ¿Por qué Macri impulsa esa política entonces?

-Eso es un mito. La gestión anterior se endeudó con Anses, entre otros organismos. Y generó una deuda interna.

–No es lo mismo que endeudarse con organismos internacionales.

–Está claro. Si un mérito tuvo el gobierno kirchnerista es no haber acumulado una deuda externa fenomenal y, más bien, haber mantenido una deuda externa baja respecto del PBI en relación a lo que es hoy el mundo. Eso le permite a este gobierno resolver la ‘herencia’, de la que todos hablan, de una manera gradual.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

¿El milagro argentino u otra oportunidad perdida?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 19/10/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/10/19/el-milagro-argentino-u-otra-oportunidad-perdida/

 

En las próximas elecciones presidenciales no se vota únicamente quién se cree que será un mejor administrador del Estado. En estos 12 años de kirchnerismo Argentina se ha transformado en un país donde la sensación es que es el individuo quien está al servicio del Estado, en lugar de ser este quien esté al servicio del ciudadano. Los problemas económicos de Argentina no son meramente de gestión, sino que tienen raíces en la concepción que la dirigencia política tiene sobre cuál debe ser el rol estatal.

Parecería ser, no obstante, que los candidatos a presidente dudan sobre la dirección y la profundidad de las reformas a realizar a partir del 11 de diciembre. Esta no es, sin embargo, la primera vez que un presidente asume en un contexto donde tiene la oportunidad de producir el gran cambio que vuelva a poner a Argentina en un sendero de crecimiento a largo plazo. En 1983 Raúl Alfonsín dejó pasar la oportunidad, lo que dio como resultado la década perdida. En 1989 Carlos Menem desaprovechó la ocasión y endeudó al país al punto tal de dejarlo a pasos del default y la crisis del 2001. En el 2003 Néstor Kirchner dejó pasar nuevamente la oportunidad de reformas profundas; tras 12 años, el proyecto K entrega el país en estanflación, default y serios desequilibrios fiscales. Es como si Argentina se resistiese a dar por superada su etapa peronista. Existen casos históricos de reformas institucionales exitosas pro mercado que deberían ser inspiración de la dirigencia política. El siguiente gráfico muestra, junto con Argentina, el caso de Alemania (1946), España (1960), Chile (1975) e Irlanda (1995).

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Nótese que en cada país las reformas vienen acompañadas de un acelerado crecimiento sostenido en el tiempo, más allá de las oscilaciones de corto plazo. Por ejemplo, el crecimiento irlandés luego de reducir impuestos y abrirse al comercio internacional es notable. Estos cuatro ejemplos tienen un punto en común: los cuatro países realizaron reformas pro mercado y se abrieron al comercio internacional en lugar de intentar asfixiar la economía con regulaciones y proteger a ineficientes productores locales. Son países que superaron su miedo al libre comercio, que hoy en día poseen al menos el doble de ingresos que Argentina.

Otro caso interesante es el de las reformas pro mercado de Estonia, luego de independizarse de la Unión Soviética. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, este país es el octavo con la economía más libre del mundo (y segunda en Europa), detrás de Chile y delante de Irlanda. Argentina se encuentra en la posición 169 de 178. El PBI per cápita en Estonia es de 28 mil dólares y es considerado un país de altos ingresos por el Banco Mundial. Desempleo y pobreza se encuentran significativamente por debajo de los números argentinos. La distribución del ingreso, según el coeficiente de Gini, muestra también mayor igualdad en Estonia que en Argentina. Estonia posee una tasa fija de impuestos (en lugar de progresiva) del 21%. Prácticamente el total de las empresas públicas han sido privatizadas, sin haber sido luego expropiadas. Las exportaciones per cápita (en términos de fuerza laboral) son mayores en este país que en el nuestro. La deuda pública es del 8% del PBI y posee reservas por 250,93 millones de dólares. También cuenta con un régimen monetario de convertibilidad. La transformación de Estonia podría considerarse otro milagro económico.

Pero estos milagros económicos son, de hecho, posibles. Si, en lugar de dejar pasar oportunidades estancándose en el tiempo, Argentina hubiese hecho reformas similares, hoy la situación económica sería muy distinta. ¿Cuál sería hoy el PBI per cápita en Argentina si Alfonsín (1983), Menem (1989), o Néstor Kirchner (2003) hubiesen hecho reformas similares a las de estos países en lugar de dejar pasar la oportunidad que recibieron al inicio de sus presidencias?

Si Néstor Kirchner hubiese seguido los pasos de estos países y el crecimiento argentino hubiese sido similar al promedio de Alemania, Chile y España cuando realizaron sus reformas, entonces a fines del 2015 el PBI per cápita (PPP, ajustado por costo de vida) sería de 15.700 dólares. La última estimación al 2010 ubica a este valor en alrededor de 10 mil dólares (quizás sobreestimado dada la intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos). Desde el 2010 o el 2011, sin embargo, la economía argentina se encuentra estancada y es difícil asumir que este valor creció un 50% del 2010 a la fecha. Actualmente usted tendría un ingreso real aproximado un 50% superior al actual y sin un contexto de estanflación.

Si las reformas las hubiese hecho Menem en 1989, a fines del 2015 el PBI per cápita sería de 21.900 dólares. Usted no sólo se habrá ahorrado la crisis del 2001, sino que su ingreso sería el doble en términos reales. Las reformas de Menem no sólo fueron incompletas, sino que el descontrolado déficit fiscal llevó al default y la crisis del 2001. Fue la política argentina, no el mundo, la que se le cayó encima a la economía del país.

Si, en cambio, Alfonsín hubiese aprovechado la vuelta a la democracia para realizar reformas pro mercado, el kirchnerismo estaría terminando con un PBI per cápita (PPP) de 30.500 dólares. Su ingreso sería al menos tres veces el actual. Estos resultados asumen, por supuesto, que las reformas se mantienen en el tiempo. Esto quiere decir que usted se hubiese ahorrado no sólo la crisis del 2001, sino también la hiperinflación.

Es cierto que los países no se transforman de la noche a la mañana. Como dice el refrán: «Un viaje de mil millas se inicia con un primer paso». El próximo presidente de Argentina tiene que decidir si quiere que su gestión sea recordada como el creador del milagro argentino o que su nombre pase a abultar el listado de oportunidades perdidas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Para entender la crisis griega

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/6/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/06/29/para-entender-la-crisis-griega/

 

Al momento de escribir estas líneas Grecia está por caer en default de su deuda soberana. ¿Qué sucedió y cómo llegó Grecia a esta situación? Para comprender lo que está sucediendo con Grecia estos días es necesario retroceder algunos años.

Pero antes de hablar de Grecia, es imperativa una breve aclaración para entender algunos de los eventos en torno a esta crisis. En economía se suele separar los conceptos de déficit y déficit estructural. El déficit estructural es el resultado fiscal en equilibrio. Es decir, sin el efecto de ciclos y fluctuaciones económicas. El déficit comprende al déficit estructural, más las oscilaciones fiscales que ocurren cada año. Si el presupuesto se encuentra en equilibrio estructural, entonces los superávit y déficit de cada año se cancelan y tienen como resultado un presupuesto balanceado en el mediano y largo plazo. El problema no es el déficit en sí, sino el déficit estructural (crónico).

La crisis del 2008 afectó seriamente las proyecciones de la economía griega, que posee un historial de abultados déficits estructurales y por lo tanto un alto nivel de endeudamiento (mayor al promedio de la Eurozona). La deuda griega perdió el investment grade y por lo tanto Grecia quedó fuera de los mercados financieros para cubrir su crónico déficit fiscal. Al ser parte de la Eurozona, Grecia no puede emitir euros para financiar su déficit, por lo que debe recurrir al mercado de deuda. Con las puertas del mercado financiero cerradas, Grecia hubiese tenido que afrontar una decisión similar a la actual (poner sus finanzas en orden o caer en default). Sin embargo, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional [la Troika] extendieron un préstamo de salvataje a la economía helena. El salvataje debía cubrir las necesidades financieras de Grecia entre mayo del 2010 y junio del 2013. Este préstamo, sin embargo, fue condicional a que Grecia equilibrase su presupuesto (el programa de “austeridad”). Si los gobiernos europeos iban a dar recursos de sus contribuyentes al gobierno griego, entonces el gobierno griego debía poner sus cuentas en orden y dejar de gastar por encima de sus recursos.

A los pocos meses fue claro que el préstamo se había quedado corto en menos de la mitad de los recursos necesarios. En parte por la lentitud de Grecia en cumplir con las condiciones del préstamo y reducir las necesidades de financiamiento. En febrero del 2012 un segundo préstamo fue aprobado con vencimiento en diciembre del 2013. Es en este segundo acuerdo donde los bancos comerciales debieron aceptar una quita del 53,5 % del valor nominal de la deuda griega.

Estos dos préstamos no fueron suficientes. En diciembre del 2012 la Troika extendió a Grecia un tercer préstamo para cubrir necesidades de financiamiento del período que va de enero a marzo del 2015. Pero hacia finales del 2013 Grecia comenzó a mostrar mejores indicadores económicos. Si bien aún el presupuesto es deficitario, el cálculo del déficit estructural (de equilibrio) arroja superávit para el 2013 y el 2014, la economía comienza a crecer nuevamente y el desempleo cae. Gracias a estos resultados Grecia pudo volver a emitir deuda en el mercado financiero y así cubrir el “déficit cíclico” del 2014. El gráfico muestra el déficit y el déficit estructural griego (en % de PBI). Se aprecia el superávit estructural en el 2013 y 2014. Pero también se observa que si bien la crisis del 2008 tuvo un impacto internacional, el resultado fiscal griego comenzó a empeorar antes del 2008. Es decir, a Grecia tampoco se le cayó el mundo encima.

 

Grecia, déficit y déficit estructural

 

Pero eventos políticos empeoraron el escenario económico. En diciembre del 2014 el Parlamento griego llamó prematuramente a elecciones y Syriza, el partido de izquierda, ganó las elecciones con la promesa de rechazar el plan de austeridad. Alexis Tsipras fue electo Primer Ministro. En una reacción que difícilmente resulte sorprendente, la Troika dejó en suspenso la ayuda financiera hasta que el nuevo Gobierno griego acepte las condiciones del acuerdo o se firmen nuevas condiciones. No obstante, la Troika extendió el vencimiento del acuerdo para dar tiempo a las nuevas negociaciones. La decisión de Syriza y la reacción de la Troika dejó a Grecia nuevamente fuera del mercado financiero.

El 26 de junio Grecia se retiró de las negociaciones y al día siguiente Tsipras anunció un referéndum para decidir si Grecia aceptaba o no las condiciones del préstamo financiero. El referéndum tenía fecha 5 de julio, luego del vencimiento del acuerdo financiero. El resto de los países europeos ratificaron la fecha de vencimiento del acuerdo al 30 de junio. Sin un acuerdo financiero y con un default en puertas, una corrida bancaria llevó al gobierno de Tsipras a instaurar un corralito, lo que limitó las extracciones bancarias y los giros bancarios al exterior.

A menos que a último momento la Troika decida extender nuevamente la ayuda financiera a Grecia, el pueblo heleno se va a tener que enfrentar a dos decisiones: aceptar las condiciones del préstamo y poner las finanzas públicas en orden o defaultear la deuda, posiblemente salir del euro y reintroducir una moneda local (por ejemplo, el dracma). Ninguna de estas alternativas es atractiva a corto plazo. Grecia dejó pasar demasiado tiempo para solucionar sus problemas fiscales sin tener que pasar por estos sobresaltos. Como Argentina en el 2001, el ajuste fiscal es inevitable. Grecia debe decidir si este será de manera ordenada o como resultado de un default. Luego de que la clase política dirigente rechazase el plan de López Murphy, el ajuste fiscal que siguió fue mayor en magnitud y desordenado. Esperemos que Grecia se inspire correctamente del caso Argentina y no siga los pasos equivocados que nos llevaron a la delicada situación económica actual.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.