Corea del Norte avanza con sus peligrosos programas militares

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/1/20 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/corea-del-norte-avanza-sus-peligrosos-programas-nid2328892

 

Donald Trump sorprendió ciertamente al mundo cuando de pronto se reunió, en medio de un mar de sonrisas y gestos amistosos de circunstancia, con su colega de Corea del Norte: el joven Kim Jong-un, para -juntos- conversar francamente acerca de la desnuclearización de la península coreana.

Pero hoy está claro que esas bienvenidas conversaciones no avanzaron más allá de las sonrisas protocolares y, luego, se estancaron.

Ambos protagonistas volvieron al poco tiempo, a cruzarse desafíos y comentarios antagónicos. Y, peor aún, Corea del Norte comenzó nuevamente a ensayar misiles balísticos de todo tipo. Sin pausa. Con volatilidad. Y con una conducta de corte amenazador, como siempre.

El 7 de diciembre pasado, el “país ermitaño” reiteró sus ensayos. Esta vez, aparentemente, respecto de un nuevo motor, capaz de propulsar misiles intercontinentales.

Lo cierto es que en los últimos seis meses Corea del Norte realizó trece peligrosos ensayos con misiles de distintos tipos. Como si las conversaciones con los EE.UU. hubieran terminado ya en el fracaso y éste fuera absolutamente irreversible. Además, regresó a su conocida y desagradable retórica belicista.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ante esa frustrante evolución, retomó el tema de Corea del Norte el 4 de diciembre pasado, bajo el ítem genérico de su agenda: “Otros asuntos”. Y aprovechó así para condenar, con vigor, la inquietante seguidilla de ensayos norcoreanos, destacando que con ellos se violan impunemente distintas resoluciones específicas emanadas del propio Consejo de Seguridad sobre esta delicada cuestión.

Lo que no ha quedado nada claro es si el Consejo volverá, o no, a la sana práctica de examinar la situación de los derechos humanos en Corea del Norte, como lo hiciera -año tras año- hasta el mismo año pasado, cuando la suspendió presuntamente para no entorpecer las negociaciones sobre el programa nuclear de Corea del Norte que ya estaban en curso. Habrá que esperar sobre este tema, pero la práctica mencionada no debe abandonarse dadas las características, realmente brutales, del régimen dictatorial que encabeza el joven -y siempre burlón e inusual- líder norcoreano, Kim Jong-un.

Si tomamos en cuenta que los EE.UU. están entrando ya, de lleno, en el que previsiblemente será en un complicado año electoral, no sería demasiado raro que el tema de Corea del Norte de pronto resucite y se resuelva de alguna manera, de modo de ayudar a impulsar las posibilidades electorales del presidente Donald Trump, que procura su reelección. Y que esto suceda en algún momento que resulte particularmente propicio para su campaña y para sus posibilidades de ser efectivamente elegido una vez más como presidente de su país.

Confirmando que las conversaciones bilaterales iniciadas con los EE.UU. no avanzan, Corea del Norte acaba de designar un nuevo Canciller. Se trata de un militar retirado, de personalidad dura y lenguaje de acero: Ri Son Gwon.

Hasta ahora era el responsable directo de las relaciones diplomáticas de su país con Corea del Sur, tema particularmente delicado en el que se desempeñó por espacio de quince años. Era, además, un influyente miembro del Comité Central del Partido Comunista de Corea del Norte. Parte de la oligarquía local, en consecuencia.

La designación comentada sugiere que Corea del Norte puede endurecer en más su postura en las hasta el momento infructuosas negociaciones bilaterales con los EE.UU., en las que prácticamente no ha habido progresos de importancia y están, de hecho, suspendidas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

¿La mejor o peor década de la historia? Para La Nación así es, Matt Riddley asegura que es todo lo contrario

Por Martín Krause. Publicado el 2/1/20 en: https://bazar.ufm.edu/la-mejor-peor-decada-la-historia-la-nacion-asi-matt-riddley-asegura-lo-contrario/

 

Se han puesto de moda las distopías, que buscan reflejar mundos dramáticos hacia los cuales estaríamos caminando impulsados por el crecimiento económico a toda costa. El ambiente quedaría en el camino y los recursos se agotarían, las cosas van de mal en peor.

Un buen ejemplo de esto es la reciente publicación en la revista del diario La Nación, ahora muy «políticamente correcta», donde se plantea:

Como nunca antes, somos conscientes de la necesidad imperiosa de proteger nuestro hábitat. Pero como nunca antes, lo estamos dañando. ¿Qué debemos hacer ya para cambiar el destino de la Tierra? «Los dinosaurios también pensaban que les quedaba tiempo», aseguran

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/cinco-temas-urgentes-salvar-planeta-nid2318889

No parece ser así, al menos para Matt Riddley, autor de “El Optimista Racional”, quien en una columna plantea que ésta ha sido la mejor década de la historia:

 

“Que nadie te diga que la segunda década del siglo XXI ha sido un mal momento. Estamos viviendo la mayor mejora en los estándares de vida humana en la historia. La pobreza extrema ha caído por debajo del 10 por ciento de la población mundial por primera vez. Era el 60 por ciento cuando nací. La desigualdad global se ha desplomado a medida que África y Asia experimentan un crecimiento económico más rápido que Europa y América del Norte; la mortalidad infantil ha caído a niveles bajos récord; la hambruna prácticamente se extinguió; la malaria, la polio y las enfermedades del corazón están en declive.

 

Poco de esto fue noticia, porque las buenas noticias no son noticias. Pero lo he estado observando de cerca. Desde que escribí The Rational Optimist en 2010, me he enfrentado a preguntas de «qué pasa con …»: ¿qué pasa con la gran recesión, la crisis del euro, Siria, Ucrania, Donald Trump? ¿Cómo puedo decir que las cosas están mejorando, dado todo eso? La respuesta es: porque las cosas malas suceden mientras el mundo aún mejora. Sin embargo, mejora, y lo ha hecho en el transcurso de esta década a un ritmo que me ha sorprendido incluso a los ojos estrellados.”

Parece que estamos utilizando menos recursos, no más, pese al notable crecimiento económico de las últimas décadas:

Los teléfonos móviles tienen el poder de cómputo de las computadoras del tamaño de una habitación de la década de 1970. Yo uso el mío en lugar de una cámara, radio, antorcha, brújula, mapa, calendario, reloj, reproductor de CD, periódico y paquete de tarjetas. Las bombillas LED consumen aproximadamente un cuarto de electricidad que las bombillas incandescentes para la misma luz. Los edificios modernos generalmente contienen menos acero y más se recicla. Las oficinas aún no tienen papel, pero usan mucho menos papel.

 

La nota completa: https://www.spectator.co.uk/2019/12/weve-just-had-the-best-decade-in-human-history-seriously/

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Inesperado portazo en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/1/19 en: https://www.lanacion.com.ar/2207520-inesperado-portazo-medio-oriente

 

Contra la opinión de algunos de sus principales asesores y de modo sorpresivo, el impetuoso presidente norteamericano Donald Trump anunció el retiro del contingente militar de los Estados Unidos del territorio sirio, donde estaba desplegado. Esa decisión impacta en favor del cuestionado presidente sirio, Bachar Al-Assad, de Rusia, y de Irán en lo que tiene que ver con la guerra civil siria. En cambio, perjudica a las fuerzas kurdas
que hasta ahora han luchado, codo a codo y exitosamente, junto a los soldados norteamericanos. Para Al-Assad se trata de un nuevo paso en dirección a su supervivencia política que, pese a todo, no puede aún considerarse asegurada.
Seguramente sus fuerzas y las de sus aliados -ocupando el vacío- suplantarán la presencia militar norteamericana en el noreste de Siria, sin demasiada pérdida de tiempo.

El presidente Trump explicó su decisión en lo que considera el triunfo ya alcanzado contra las fuerzas del Estado Islámico que en algún momento controlaron una porción del territorio sirio.
Mientras tanto, las Naciones Unidas parecen haber fracasado en sus esfuerzos por iniciar -y mantener- negociaciones de paz entre todas las partes del conflicto sirio. Lo sucedido debilita notoriamente la influencia norteamericana en Medio Oriente y pareciera evidenciar que las decisiones del presidente norteamericano se basan más en su propia visión de los hechos que en los de sus asesores en materia de política exterior.
Mas prudente que el presidente norteamericano, el presidente Erdogan, de Turquía, no ha aprovechado aún la oportunidad para lanzar un esperado ataque en el Kurdistán, en procura de debilitar a las fuerzas kurdas que presuntamente apoyan la búsqueda de independencia de la población kurda que reside en Turquía. Los kurdos -que están en la mira de Erdogan- han estado perdiendo influencia en los últimos meses, de modo que la decisión norteamericana de retirarse del suelo sirio, seguramente impactará
adversamente en su limitado peso geopolítico, desde que supone la pérdida de su hasta ahora aliado militar más poderoso: los Estados Unidos.
La decisión norteamericana genera desconcierto entre los aliados de los EEUU. Pese a ello, Francia reaccionó rápidamente señalando su decisión de permanecer en suelo sirio.

Pese a la explicación norteamericana, hay quienes sostienen que el Estado Islámico no ha sido aún definitivamente derrotado en Siria, sino que en todo caso ha sido obligado a migrar hacia una estrategia de dispersión de sus fuerzas y no confrontación directa.
Ante lo sucedido, cabe recordar que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado en varias oportunidades el retiro de sus fuerzas militares del territorio sirio, lo que sin embargo no ha ocurrido.
El presidente Trump ha venido sosteniendo la necesidad de terminar con la presencia militar norteamericana en suelo sirio. Por eso lo sucedido es sorpresivo por intempestivo, pero nadie puede sostener que no hubo aviso previo.
La salida militar norteamericana de Siria ya ha comenzado y podría demorar un mes en completarse. En rigor, ha coincidido con la rendición de las fuerzas del Estado Islámico ante las milicias kurdas en la ciudad de Hajin, la última ciudad de mediano porte que estaba en manos de los mencionados fanáticos islámicos, emplazada en la frontera con Irak, en el valle del Río Éufrates.
Hablamos de un contingente militar norteamericano que, numéricamente, es relativamente pequeño. De unos 2.000 hombres de elite, armados hasta los dientes, cuya presencia estuvo apoyada por los misiles norteamericanos lanzados desde el aire o desde buques de guerra en el Mediterráneo.
Para algunos, el retiro norteamericano es precipitado y podría impedir que la derrota del Estado Islámico sea definitiva, lo que es preocupante. Hay también quienes se aventuran a predecir que la salida militar  norteamericana de Siria podría tener efectos parecidos al retiro de las fuerzas militares norteamericanas de Irak, decidido también
precipitadamente por el ex presidente Barak Obama, en el 2011. Quienes así piensan sostienen que la presencia militar norteamericana en Siria cumplía un rol más amplio que el de derrotar al Estado Islámico. Ese rol, de “estabilización” de Siria, no se ha agotado y el vacío dejado por las fuerzas norteamericanas será ocupado por los contingentes militares de algunos otros actores, como Rusia o Irán. Lo que acelerará la pérdida de influencia norteamericana en el conflicto sirio.
Hay hasta quien sostiene que la decisión del presidente Trump es una suerte de “regalo” a la Federación Rusa. El temor es que suceda en Siria lo que ocurrió en Irak en el 2011, esto es una deriva en dirección al caos.
El retiro de las fuerzas norteamericanas no desactivará los esfuerzos de los más de 20.000 combatientes de distintos orígenes que aún se enfrentan en el territorio sirio. Es entonces previsible que tenga algunas consecuencias colaterales preocupantes, como la de facilitar el reclutamiento de combatientes islámicos y la de fortalecer la todavía débil posición de Al-Assad, que de pronto ha dejado de lucir necesariamente como un
desahuciado. El gran peligro es que Irán controle el territorio que ha estado en manos de las fuerzas norteamericanas, incluyendo los ricos yacimientos petroleros en Deir alZour.
Además, el retiro norteamericano, al aumentar la influencia de la presencia militar rusa, permitiría a Moscú tener una influencia regional mayor hasta el 2021, fecha en la que está previsto que Al-Assad procure su reelección. A todo lo que se agrega que la ausencia norteamericana también podría alimentar las tensiones entre Turquía y Rusia, que se hicieron evidentes el pasado mes de septiembre, en las acciones militares en derredor de
la ciudad de Idlib.
Por todo lo antedicho, hay también quienes se aventuran a predecir que, como ocurriera en el conflicto en Irak del que los norteamericanos se retiraron en el 2011 para luego tener que regresar forzadamente en el 2014, el retiro militar norteamericano podría no resultar definitivo también en el caso de Siria. Los EEUU tienen, todavía hoy, más de 5.000 hombres desplegados en Irak, operación que les cuesta unos 14 millones de
dólares diarios y que ciertamente no está exenta de riesgos.
Por último, la decisión de retirarse militarmente de Siria tomada por los EEUU podría asimismo debilitar la influencia relativa de las Naciones Unidas en lo que hasta ahora ha sido una búsqueda infructuosa de paz. Particularmente si Rusia mantiene su fuerte presencia en Siria y lo que luce como un apoyo incondicional a Al-Assad.
Desde el Congreso norteamericano la reacción de algunos legisladores de los dos partidos políticos fue la de manifestar incomodidad y sorpresa por lo abrupto del cambio de posición del presidente norteamericano. Esa decisión luce, en cambio, coherente con la ya adoptada por Donald Trump hace algunas semanas, en el sentido de cortar la ayuda financiera norteamericana destinada a la reconstrucción de las ciudades e infraestructura siria que ahora puede tenerse como un “pre-anuncio” de la decisión de retirarse militarmente.
Para concluir, parecería que un nuevo capítulo se ha abierto en el conflicto armado sirio, respecto del cual la administración del presidente Trump ha decidido alejarse. Lo preocupante es que el cambio de rumbo fue inesperado y que no es fácil predecir cuáles serán sus consecuencias inmediatas, incluyendo respecto de Israel, en el que todavía es el conflicto armado más peligroso de Medio Oriente. A lo que se suma el haber provocado la renuncia del respetado Secretario de Defensa, James Mattis, el hombre sensato que proyectaba una suerte de garantía de prudencia en el andar externo de la administración del presidente Trump. Ella es una pérdida lamentable. También la de Brett McGurk, el enviado especial para el tema del Estado Islámico.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Reunión G-20 en Buenos Aires: burocracia a pleno y los niños siguen desnutridos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 19/9/18 en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article219747495.html

 

Si hay una reunión incoherente es la del G-20. Integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea, representa el 85 por ciento del producto bruto, dos tercios de la población y el 75 por ciento del comercio mundial.

Es el principal foro para “la cooperación económica, financiera y política y busca generar políticas públicas que los resuelvan”, o sea, ver cómo los Estados interfieren al mercado dejándolo con menos libertad, imponiéndole regulaciones coactivas cuando el mercado es solo cooperación pacífica y voluntaria entre las personas.

Dado que este año la presidencia recae en el presidente argentino Mauricio Macri, la próxima Cumbre del G-20 se realizará Buenos Aires —primera vez en Sudamérica— entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre. Angela Merkel, Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, Emmanuel Macron, Theresa May y Shinzo Abe serán algunos de los mandatarios presentes. Pero previamente, se realizarán “solo” unas 50 reuniones —que comenzaron en diciembre de 2017— entre equipos técnicos y ministros en 11 ciudades del país.

Además, fueron invitados Chile y Holanda, y España que es invitada permanente, y otros países representando bloques como Caricom (Jamaica), Asean (Singapur), Nepad (Senegal) y la Unión Africana (Ruanda). También estarán presentes el Banco Mundial, el FMI, la OCDE, el BID, el CAF, la OMC, la ONU, el FSB, la OIT y todas las siglas imaginables hasta agotar el abecedario de burócratas.

Si le parece poco, se desarrollan reuniones del B-20 (empresarios), el C-20 (ONGs), el L-20 (sindicalistas), el S-20 (científicos), el T-20 (think tanks), el W-20 (mujeres), y el Y20 (jóvenes). En total viajarán más de 3,000 personas.

El Gobierno gastará al menos $120 millones a lo que hay que sumarle los siderales viáticos de todos estos viajeros, más el sueldo de todos estos burócratas, en un país donde la pobreza ronda el 30 por ciento de la población y crece. Uno de los gastos más fuertes será en elementos como balas de goma y gases lacrimógenos: para reprimir Macri tiene dinero.

El más irónico de los temas a discutir será el de “Un futuro alimentario sostenible”. Hasta el oficialista Programa Mundial de Alimentos de la ONU reconoce que, “uno de los mitos más comunes… es que no hay suficientes alimentos en el mundo… los hay. El hambre… es una cuestión de acceso”. O sea, si hay hambre y desnutrición es porque la comida no llega a los más pobres debido a regulaciones e impuestos estatales que complican la distribución.

Por caso, los impuestos —como para solventar estas Cumbres— son una de las principales causas de pobreza desde que —aunque las cargas fiscales estén dirigidas a los más ricos— cuanto más alta es la capacidad económica de una persona con más fuerza los deriva hacia abajo: por ejemplo, algunos empresarios los pagan subiendo precios o bajando salarios.

Pero, además, se prohibirá el desarrollo normal de actividades y trabajo. Más allá de innumerables cierres de calles, los aeropuertos de Buenos Aires (Aeroparque, Palomar, San Fernando, Morón y 25 km a la redonda) estarán cerrados durante tres días y sólo recibirán oficiales. Hasta el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se verá afectado.

Y el 30 de noviembre será feriado —en la ciudad de Buenos Aires— para “garantizar la logística” de la Cumbre.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Herencia, dólar, inflación y actividad: ¿hay luz al final del camino?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 30/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Herencia-dolar-inflacion-y-actividad-hay-luz-al-final-del-camino-20180730-0042.html  

 

Por primera vez en mucho tiempo, los funcionarios del Gobierno, sus críticos y opositores y los
economistas en general parecemos haber alcanzado un consenso sobre la realidad que
enfrentamos y enfrentaremos en los próximos meses. El diseño ahora se extiende al último
trimestre de 2018 o quizás a lo que la economía puede mostrar en el año electoral.
Antecedentes
Si bien en términos de actividad la Argentina mostró un buen 2017 (el PBI creció 2,9 %) y un mejor
primer trimestre de 2018 (el PBI creció 3,6 % frente al primer trimestre de 2017), hemos sido
muchos los economistas que cuestionábamos la sostenibilidad del proceso de recuperación.

Es que la herencia recibida por Cambiemos en diciembre de 2015 sólo se atendió parcialmente y
los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario estaban latentes y esperando emerger. El mayor
déficit de cuenta corriente de nuestra historia era resultado de un atraso cambiario profundo que
se alimentaba de deuda, lo que fue cuestionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para
evitar que sus desembolsos se pierdan en turismo y déficit comercial.
Liberar realmente el tipo de cambio fue una condición necesaria para ajustar uno de los grandes
desequilibrios que tiene la Argentina, consistente en el atraso cambiario, pero de poco servirá la
devaluación si no es acompañado por un ajuste similar en los otros desequilibrios fiscal y
monetario.

¿Qué nos dejará la crisis cambiaria?
Si bien otros países de la región también se vieron golpeados por la mayor fortaleza del dólar, la
Argentina mostró una mayor debilidad relativa.
El impacto de la devaluación se puede visualizar en varios indicadores:
1. El Estimador Mensual de Actividad Económica (desestacionalizado) muestra una baja de
1,4% en mayo 2018 frente a igual mes de 2017.

2. El Estimado Mensual Industrial de mayo 2018 también bajó, en este caso un 1,2% frente a
igual mes del año anterior.
3. La Tasa de desocupación se incrementó en el primer trimestre de 2018 a 9,1% y no se espera
que mejore en el segundo trimestre.
4. La inflación se acelera. El IPC de junio 2018 midió 3,7 %.
El segundo y tercer trimestre se caracterizará por una desaceleración de la actividad y suba en la
inflación lo que impacta negativamente en el consumo y la inversión, y nos dejará con menos
empleos y más pobreza e indigencia.
Pero, ¿hay luz al nal
del camino?
La salida de Federico Sturzenegger abrió paso a una política más contractiva de parte de Luis
Caputo (quien hoy parece monitorear los agregados monetarios como complemento a la
política sobre tasas de interés), lo que permite pensar en una desaceleración de la inflación para
el último trimestre de 2018, que se observará más claramente en 2019.
Mauricio Macri ofreció un calmante a la población augurando una baja en la tasa de inflación de
diez puntos en 2019, pero si bien es factible que ello ocurra, su importancia se reduce si la tasa de
inflación de 2018 termina cerca del 32-35 %. Esa baja de diez puntos, en definitiva, devolvería a la
Argentina al 22-25 % de inflación que es la media que hemos experimentado en los últimos
años (exceptuando la tasa alcanzada tras las devaluaciones de Kicillof en 2014 y aquella tras la
salida del cepo en 2016).

Aun si el mercado se calma de aquí hasta fin de año, y la cotización del dólar permanece estable, la
devaluación del tipo de cambio real habrá sido significativa.
Un escenario plausible y los motivos del pesimismo
Para fortuna de Cambiemos, resulta un escenario plausible que 2019 -el año electoral- sea un
año de reducción de inflación, recuperación en la actividad económica y el consumo, mejora
del salario real y reducción de la pobreza.
Pero no podemos dejar de advertir que la dinámica de 2019 puede ser positiva, sólo como
recuperación de la devaluación de 2018, tal como ocurrió en 2017, tras la devaluación de 2016.
Quedará en los libros de historia que Cambiemos no pudo mostrar en sus primeros cuatro años de
gestión un crecimiento real de la economía, ni tampoco evitar la dinámica cíclica que mostró el
último gobierno kirchnerista.
Si bien podemos ser optimistas sobre la política económica que se anunció tras la crisis
cambiaria con una mejor gestión en el Banco Central y un mayor ajuste en el frente fiscal, el
mundo muestra una dinámica que puede comprometer los planes de Cambiemos.
Los bajos precios de los commodities que Argentina exporta, la guerra comercial que
recurrentemente propone Donald Trump, las subas de tasas y la iliquidez global que está
sugiriendo la Reserva Federal y la crisis de Brasil (tanto económica como política) pueden evitar
que finalmente veamos algo de luz al final del camino.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Cuba hoy: ¿Más de lo mismo o evolución?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2154467-cuba-hoy-mas-de-lo-mismo-o-evolucion

 

Cuba, más allá de la presencia de su nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, sigue estando efectivamente en poder de los dinosaurios castristas. El Comité Central de su Partido Comunista y su Politburó, de 17 miembros, siguen incluyendo al veterano Raúl Castro, de 87 años, como su primer Secretario General. Y a su compañero de toda la vida, José Ramón Machado Ventura, también de 87 años de edad, como su segundo Secretario General. Díaz-Canel es tan sólo el tercero en el escalafón del poder. La “guardia vieja” comunista histórica cubana continúa entonces con el timón del poder firmemente en sus manos. Entre ellos, siguen encaramados en la cima del poder cubano tanto el llamado “comandante” Ramiro Valdés, de 85 años. Como Guillermo García Frías, otro “comandante” de la primera hora, que hoy tiene 90 años de edad.

Díaz-Canel es sólo más de lo mismo. Un continuador y no un reformista. Un gestor del momento y no un líder distinto. De aspecto duro, tiene mirada de pocos amigos. Con ojos fríos, duros, que no expresan sentimientos y que son hasta amenazadores. Por esto, por el momento al menos no enciende a una juventud que, como la cubana, busca un futuro que no aparece y vive sumergida en un nivel de vida lamentable, con pocas esperanzas ciertas de mejora. Lo cierto es que esa juventud ha vivido en medio del prologado estancamiento cubano y esa es su “normalidad”, la de la postergación.

Con su pelo plateado, Díaz-Canel no porta el uniforme verde oliva, el de la disconformidad. Y el de la soberbia. Tampoco usa saco, normalmente. De profesión ingeniero eléctrico, se mueve con indisimulada comodidad con su “I-pad” y con su “I-phone”, como cualquier funcionario ejecutivo moderno. Habla poco. Y hasta es algo enigmático, por elección.

Suele actuar con un estilo reservado. Como si de pronto no quisiera necesariamente liderar. Se sospecha que nunca visitó los EE.UU. y que conoce al país del norte apenas por dichos y referencias indirectas. Trabajó, en cambio, algún tiempo en la atribulada Nicaragua, que no está ciertamente entre los países que, por avanzados, deslumbran en el mundo moderno. No es, entonces, un hombre “de mundo”, sino uno de escenarios chicos y angostos.

Nacido en 1960, después de la revolución comunista, Díaz-Canel lleva en su mochila una curiosa experiencia militar, desde que estuvo tres años a cargo de los misiles defensivos con los que cuenta Cuba. Su padre fue, recordemos, un temprano y prominente miembro del Partido Comunista cubano.

Desde 1987 está actuando en la política. Siempre en el único andarivel posible cubano: el del Partido Comunista. No hay otro.

Originario de Villa Clara -emplazada en el centro mismo del país, a unas tres horas de La Habana- sus primeros pasos en la política fueron en la provincia de Holguín, en el este de su país. Ha sido vicepresidente del país desde el 2013. Y tiene un hijo músico, que curiosamente reside en la República Argentina. Entre sus éxitos políticos tiene el de haber defendido con éxito a un club gay que en su momento fuera objeto de persecución: “El Mejunje”.

En 2003, con mucha precocidad, Díaz-Canel devino el miembro más joven del Politburó del Partido Comunista de Cuba. Una estrella que estaba entonces en curso de comenzar a nacer, desde la opacidad. No es, ni aspira a ser, fulgurante, pretensión que, por lo demás, en el ambiente político de la isla caribeña evidenciaría una actitud peligrosa.

Se lo tiene por sólido, tenaz, y por serio en su accionar. Por un hombre circunspecto. Es confiable, al menos para los dirigentes cubanos comunistas. Para muchos es -por sobre todo- el delfín y, más aún, el protegido -cercano y dilecto- de Raúl Castro, del que fuera uno de sus allegados guarda-espaldas.

Su prioridad en materia de política exterior es la de privilegiar la relación con la Venezuela bolivariana, la de Nicolás Maduro. La que increíblemente le da de comer a Cuba, por encima de a los venezolanos. Ocurre que Cuba, que alguna vez estuviera literalmente “colgada” de la Unión Soviética, hoy está -en cambio- “colgada” de Venezuela. Es su insólita “mantenida”. Como si ello fuera normal o digno. Lo que conlleva que Cuba comparte el riesgo del repentino “colapso” de Venezuela, que no es menor atento la incapacidad e ineficacia de su liderazgo actual.

Habrá que ver qué es lo que finalmente Díaz-Canel hace con las casi 600.000 pequeñas empresas que nacieron (especialmente el en sector de los servicios turísticos) durante la opaca gestión presidencial de su mentor, Raúl Castro. Si las sofoca o si, en cambio, las promueve, alimenta y aumenta. Cuba está económicamente empantanada, sin crecer. Paralizada. Y Díaz-Canel no luce como un reformador audaz sino, más bien, todo lo contrario.

Ocurre que Cuba está repleta de ineficiencia, inundada por la corrupción y que la productividad de su economía es pésima. Hasta la producción tradicional cubana, la del azúcar, parece haber colapsado por los constantes errores de gestión y los malos manejos. La pobreza y las desigualdades son cada vez más evidentes. Dos sectores claves, el de la educación y el de la salud están también en una suerte de caída libre. Y la población -en promedio- ha envejecido mucho.

La masa universitaria, por su parte, está disminuida y las Universidades hoy prácticamente vegetan. Casi sin ideas, ni recursos.

El sector estatal sigue siendo enorme y muy poco se ha hecho por reducirlo, de modo que sigue drenando recursos a una economía obsoleta y sin diversificar, atada a una receta del pasado que poco tiene que ver con el mundo actual, ni con el del futuro.

La inversión extranjera sigue siendo mínima, desde que nadie parece confiar demasiado en el futuro de una Cuba frustrada como experiencia dispar. Se habla de la necesidad de atraer un flujo de capitales externos del orden de los 2.000 millones de dólares anuales, que simplemente no existe. Ese es, apenas, el valor de las cuatro de las canchas de golf que el gobierno cubano está tratando de construir para, con ellas, defender un tímido flujo turístico, hoy en disminución. En lo que va del año, ese flujo cayó casi un 7%.

Díaz-Canel es, entonces, esencialmente parte del pasado, pese a que pertenece presuntamente a una “nueva” generación de políticos cubanos que, en rigor, es sólo “más de lo mismo”. Es un continuista y no un revolucionario. Dice “defender la revolución”, lo que supone, en los hechos, aferrarse al fracaso. Podría, de pronto, permanecer en el poder por dos mandatos seguidos. O sea hasta el 2021. Y frustrar desgraciadamente la necesidad de cambio que tiene Cuba, para poder modernizarse.

La dictadura cubana ha estado en el poder desde 1959. Fidel Castro, que falleciera a los 90 años de edad, es historia. Pero su familia es aún muy poderosa en la isla. Se dice que Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro, es hoy una de las personas más influyentes y poderosas, como parte de una oligarquía política que no ha abandonado, sino retenido, el timón del poder económico en Cuba.

Por el momento, el presidente norteamericano Donald Trump no ha embestido contra Cuba. Pero no la ayudará, obviamente. A lo que cabe agregar que Trump no deja de señalar que seguirá “ocupándose” de ella. Mensaje elíptico que ciertamente no es de simpatía, ni de apoyo.

A estar por lo ya adelantado por el diario “Granma”, Cuba va camino a establecer una nueva Constitución. Ella, que deberá aprobarse por un referendo, instituirá la figura del Presidente de la República, con un mandato máximo de dos períodos consecutivos de cinco años cada uno; esto es una presencia presidencial total máxima de no más de diez años consecutivos. El presidente, no obstante, no será elegido directamente por el pueblo, sino indirectamente por los miembros de la Asamblea Nacional. Todo un cambio, particularmente si no nos olvidamos que Fidel Castro estuvo en el poder durante casi cinco décadas. Desde 1959 hasta el 2008. Una frustrante eternidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El problema de los inmigrantes convulsiona a Europa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/6/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2148190-el-problema-de-los-inmigrantes-convulsiona-a-europa

 

La ola de inmigrantes africanos y de Medio Oriente que desde hace rato apunta a Europa está generando problemas de magnitud. La Unión Europea está considerando un plan que consiste en enviar a los migrantes rescatados en alta mar, a lo que se ha denominado “plataformas de desembarque”, emplazadas fuera del Viejo Continente. Una vez ubicados en dichas plataformas, se determinará cuáles migrantes necesitan protección internacional y cuáles, en cambio, migran por razones económicas, fundamentalmente y carecen de ella.

La preocupación está ahora empujada vigorosamente por el nuevo ministro del interior italiano, Matteo Salvini, un decidido opositor a la política de puertas abiertas, que acaba de impedir que un buque con 600 migrantes a bordo recalara, para desembarcarlos, en puertos italianos. La propuesta genera temores en el sentido de que de pronto esas plataformas se llenen de personas que no están en condiciones de seguir en dirección a Europa, pero que tampoco pueden volver a la que fuera su residencia.

 

Algunos, en cambio, postulan la necesidad de establecer un sistema de cuotas entre todos los miembros de la Unión Europea, así como definir con precisión cuáles serán las obligaciones de los Estados a los que los migrantes ingresan, respecto de ellos.

Aparentemente se está estudiando la posibilidad de establecer esas plataformas tanto en Túnez como en Albania.

Mientras tanto, el mencionado Matteo Salvini, ministro del interior de Italia, avanza con una propuesta de censar a todos quienes residen en Roma, para determinar así quiénes, por su situación de ilegalidad, enfrentan el riesgo real de ser deportados. Salvini fue responsable de haber tomado la decisión que impidió que el buque “Aquarius” desembarcara refugiados en Italia, los que finalmente desembarcaron en España. El 58% de los italianos está de acuerdo con esa decisión, evidentemente cansados de la ola de inmigración norafricana que -creen- amenaza con lastimar su identidad.

Otro de los países “duros” en materia de inmigración es Hungría, cuyo Parlamento acaba de considerar un paquete de normas en virtud de las cuales cualquier ayuda a los refugiados puede transformarse en un acto criminal, penado con prisión de hasta un año. Ello parece claramente excesivo y, más aún, inhumano.

Recordemos que el gobierno húngaro tiene un conflicto abierto con el millonario George Soros, al que acusa de querer “inundar” Europa de inmigrantes. Soros responde que esa acusación es simplemente fantasiosa.

Recordemos que el gobierno populista húngaro ha estado, desde hace meses, siendo observado de cerca por las autoridades comunitarias europeas, que no ocultan su preocupación por el debilitamiento de las instituciones democráticas en Hungría. Ahora la posición irreductible del italiano Matteo Salvini se agrega a la desconfianza que genera en Bruselas el gobierno húngaro.

Transformar conductas como la de suministrar alimentos o ropas a los refugiados u ofrecerles de pronto techo, no deben ser criminalizadas. Pero lo cierto es que la extrema derecha ha hecho de la oposición a la inmigración una de sus banderas centrales que, por lo demás, recibe apoyo más allá de aquellos que militan en ese rincón intemperante de la política europea.

Queda visto que el tema de la inmigración es una de las preocupaciones centrales europeas y uno que, por sus distintos impactos, está todavía muy lejos de haber sido resuelto.

En paralelo, el gobierno de Donald Trump acaba de corregir la decisión deplorable de separar a los niños refugiados de sus padres, concentrándolos en puntos distintos, con frecuencia emplazados en lugares alejados el uno del otro. Esta decisión debe ser aplaudida, pero no permite olvidar el trasfondo inhumano sobre la que previamente se edificó la política de separar a padres e hijos.

La comunidad empresaria norteamericana no vaciló en calificar a la política del presidente Trump, antes de que fuera corregida, de una falta de sentimientos, cruel e inmoral.

La decisión final de Donald Trump coincide con la cuota de generosidad que, por décadas, ha caracterizado a la política exterior norteamericana, pese a que por la larga frontera que separa a los Estados Unidos de México, siguen llegando incesantemente miles de centroamericanos, desde países como El Salvador, Honduras o Nicaragua, huyendo de la violencia doméstica sembrada por las “maras” y otros grupos violentos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El guion del proteccionismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-guion-del-proteccionismo/

 

La crisis de la última década ha tenido puntos en común con la de los años 1930, como el auge del antiliberalismo y del populismo de izquierdas y derechas. Entonces, como ahora, arreciaron las mentiras que atribuían al mercado y al capitalismo todos los males, y que prometían el paraíso progresista y la justicia social —y la lucha contra las desigualdades— siempre que subieran el gasto, el déficit y la deuda pública, y los impuestos “sobre los ricos”.

Sin embargo, una diferencia crucial entre nuestro tiempo y la década de 1930 es que entonces el libre comercio fue exterminado. Y ahora no. Quiero decir: ahora no, por ahora. ¿Cambiará la situación si se desata una ola proteccionista y una guerra comercial internacional? No lo sabemos, naturalmente, pero sí sabemos dos cosas. Una es que la situación ni de lejos se parece a la vivida entonces. Y la otra es que se está siguiendo el guion del proteccionismo de manera tan escrupulosa como inquietante.

En los años 1930 Estados Unidos cerró su economía con la siniestra Smoot-Hawley Tariff Act, que aumentó los aranceles sobre más de 20.000 productos importados. Inglaterra, la madre del libre comercio, se reunió con sus antiguas colonias en Ottawa en 1932, y decretó que solo habría libertad de mercado dentro de la Commonwealth, pero no hacia afuera. En suma, lo que estamos viendo con Trump y las autoridades de México, Canadá y la Unión Europea es una broma en comparación con lo que se vivió y padeció en aquellos años.

Esto dicho, la preocupación está más que legitimada, porque los gobiernos están jugando con las mentiras del proteccionismo de toda la vida. Una muy típica la expuso ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, cuando dijo: “Nosotros no buscamos una guerra comercial”. No la buscan pero adoptan medidas que pueden desatarla, porque las represalias no se hicieron esperar: las anunciaron Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, y altas autoridades mexicanas y canadienses.

Otra característica del guion proteccionista es meter siempre a la política de por medio: así, se toma con naturalidad que la probabilidad de guerra comercial con esos países sea mayor que con la más poderosa China.

Por fin, una inveterada característica del argumentario proteccionista se está cumpliendo a rajatabla: nunca se aclara quién paga todo esto. Vuelan los argumentos nacionalistas llenos de solemnidad y demagogia, pero jamás se explica que son los trabajadores las principales víctimas del proteccionismo. En eso hay una larga tradición, y en todos los partidos de todos los países, como bien sabemos en Europa con nuestro proteccionismo agrícola, púdicamente ignorado hoy por quienes despellejan, con razón, a Donald Trump.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La palabra de los políticos… poco vale

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 2/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/02/la-palabra-de-los-politicos-poco-vale/

 

En un movimiento muy audaz, Donald Trump aseguró que no certificará -el plazo vence el día 12 próximo- el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque todavía no supone la ruptura total del compromiso, conlleva una estrategia más agresiva con Teherán. Y, si recién ahora se decide por este camino, se debe a que sus propias huestes en la Casa Blanca se oponían a rechazar este pacto.

El acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa nuclear a cambio de que la comunidad internacional reduzca las sanciones económicas, aunque EE.UU. no las quitó.

Trump quiere que el Congreso de EE.UU. añada nuevas limitaciones a Irán y que, si no cumple, se reanuden los castigos. En este nuevo umbral punitivo entrarían, en particular, el programa balístico, y la negativa a extender la duración de las restricciones a la producción de combustible nuclear.

Los aliados -Francia, Gran Bretaña y Alemania- piden que no se caiga el tratado, en tanto que Israel lo rechazó desde el principio, aun cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica asegura que Irán lo cumple. Y lo más destacable es que demuestra la eficacia de la vía diplomática por encima de la militar, y le permite a Europa abordar con Teherán un tratado complementario para que no desarrolle su programa balístico. Entretanto, se sigue la dirección opuesta -diálogo y diplomacia- con Corea del Norte, y la modificación unilateral del acuerdo envía una señal negativa.

Benjamín Netanyahu, intentando influenciar a Trump, asegura que Irán miente y mantiene un programa atómico secreto. Irónicamente, Arabia Saudí aplaude la retirada del acuerdo. Pero más irónico es que Irán, para defender al régimen de el Asad en Siria, ha combatido al ISIS en paralelo a la coalición internacional que dirige EE.UU.

Por cierto, Irán -no solo el gobierno sino la hasta la oposición más moderada- rechaza las acusaciones de Netanyahu y asegura que va a cumplir lo que firmó. Pero añadió que al acuerdo “no se le puede añadir nada”. Y, desafiante, anunció que va a doblar los esfuerzos en pos de sus capacidades de defensivas, incluidas las misilísticas.

No sabemos quién tiene razón porque sí sabemos que los políticos, y sus sistemas de inteligencia, engañan cuando les conviene. Ciertamente, resulta menos creíble el régimen iraní dado su subido autoritarismo y su consecuente aptitud para engañar. En cualquier caso, queda claro que estos acuerdos, al fin de cuentas, son poco confiables en el mediano plazo.

En fin, recuerdo que el epistemólogo Paul Feyerabend escribió que “los ciudadanos… occidentales van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos… desarrollemos una nueva clase de conocimiento… que todo el mundo pueda participar en su construcción y resolver… el problema de la supervivencia y el problema de la paz… entre los humanos y todo el conjunto de la Naturaleza”.

Y, agrego, los problemas de la paz y la libertad solo se solucionan con más paz y más libertad, por el contrario, con violencia se aumenta la violencia y con restricciones a la libertad se agrava la falta de libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La península coreana se acerca finalmente a la paz

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2129157-la-peninsula-coreana-se-acerca-finalmente-a-la-paz

 

Mañana viernes se reunirán los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur en procura de consolidar la paz entre ambas naciones. Una sensación de moderada esperanza se ha apoderado de muchos. Y no sin buenas razones. Ocurre que la guerra entre las dos Coreas que estallara el 25 de junio de 1955 entre el norte -entonces en manos del comunismo- y el sur -apoyado sustancialmente por los EE.UU.- se interrumpió sin vencedores definitivos e insólitamente nunca pudo cerrarse mediante un tratado de paz explícito.

Antes, la península había sido dividida y ocupada por los EEUU y la Unión Soviética, en 1945, tomando como frontera divisoria al paralelo 38º. La guerra fría mantuvo esa división y las dos naciones coreanas crecieron con modelos socio-económicos diametralmente opuestos.

Más de medio siglo después, Corea del Sur, que abrazara el modelo capitalista, es uno de los países más modernos del mundo y, en cambio, Corea del Norte, con el colectivismo, es uno de los más primitivos del globo, con excepción del desproporcionado músculo militar priorizado por sus gobiernos dinásticos.

Pese a que hace apenas cuatro meses Corea del Norte y Corea del Sur parecían estar al borde de un nuevo conflicto armado, la situación ha cambiado. Ambas naciones se aprestan ahora a reunirse para discutir un tratado de paz, que la consolide. De los ladridos de ayer se ha, de pronto, pasado a analizar juntos el mañana común.

El trámite es acelerado, aunque todavía hay quienes sostienen que la reunión podría fracasar. Esto sería grave, porque el éxito del encuentro entre los presidentes de las dos Coreas parecería ser precondición de una segunda reunión “cumbre” que también está preparándose: aquella que pondría en una misma mesa al presidente Donald Trump, de los Estados Unidos, y a el presidente Kim Jong-un, de Corea del Norte, que en los últimos tiempos intercambiaran mensajes retóricos belicistas, que de pronto han desaparecido. La mencionada reunión entre los EEUU y Corea del Norte está prevista para el próximo mes de mayo o, quizás, para comienzos del mes de junio.

El objetivo central de esas dos reuniones tiene que ver con cómo limitar y controlar el armamento nuclear y misilístico de Corea del Norte, al que se procurará poner algunos bretes. El presidente de Corea del Sur acaba de anunciar que, en su opinión, Corea del Norte está lista para acordar controles y límites.

Mientras la marcha continúa, la sensación es de que las dos Coreas han avanzado en dirección a la paz, aunque todavía debe definirse cuál será el camino crítico a transitar. Y es en esto último, precisamente, donde el esfuerzo se está concentrando. El clima político en la península coreana ha mejorado sensiblemente y flota un ambiente favorable a la formalización del acuerdo de paz. Los detractores de ese acuerdo han, de pronto, desaparecido de las pantallas de televisión y de las agencias de noticias.

Pese a todo, aún no está claro si Corea del Norte aceptará un programa de inspecciones que permita comprobar que los eventuales acuerdos se respetan y definir las conductas necesarias para ello.

El gran escollo a resolver tiene que ver con la presencia de los contingentes militares norteamericanos en Corea del Sur. Hablamos de unos 28.500 efectivos militares. No es imposible que un eventual retiro de esa fuerza sea escalonado, de modo de coincidir con las distintas fases que la “desnuclearización” de la península requiera. Tampoco que, de pronto, asuma un papel -diferente- el de una “fuerza de paz”.

Camino a las “Cumbres”, los funcionarios de la administración de Donald Trump señalan que Corea del Norte ha abandonado su exigencia de retiro inmediato de las fuerzas militares norteamericanas estacionadas en Corea del Sur.

Las negociaciones en curso han sido históricamente precedidas por esfuerzos similares que, cabe apuntar, terminaron fracasando. Me refiero a aquellos realizados en 1992, 1994 y 2005. Lo que alimenta alguna desconfianza, pero no ha detenido al proceso en marcha.

Cuando uno se pregunta por las razones que puedan estar impulsando a Corea del Norte en dirección a consolidar la paz, las respuestas son muy diversas. Primero, una posible búsqueda de legitimidad política por parte del joven líder norcoreano. Segundo, una eventual estrategia para seguir así ganando tiempo, mientras los intensos programas militares norcoreanos no se interrumpen. Tercero, escapar de las duras sanciones económicas impuestas a Corea del Norte que, en los últimos meses, China pareciera estar poniendo rigurosamente en efecto. Cuarto, el temor de que, como en Siria, el presidente Trump de pronto disponga llevar a cabo acciones militares quirúrgicas, influenciado ahora por el regreso de John Bolton a la administración federal norteamericana, un hombre considerado desde hace rato como un “halcón” respecto de la necesidad de poner límites lo más precisos posible al belicismo de Corea del Norte. Y, quinto, obtener asistencia externa para el financiamiento del crecimiento económico que Corea del Norte requiere.

El presidente Trump ha anunciado que si las conversaciones no alcanzan los objetivos que persigue, las abandonará. Y, por el momento, mantiene en vigor la panoplia de sanciones económicas impuestas a Corea del Norte.

Los avances deberán enfrentar una realidad adicional: el orgullo nacionalista de muchos norcoreanos respecto de la capacidad militar de un país que, cuidado, es una potencia nuclear. Esta visión incluye previsiblemente a algunos de los jefes militares norcoreanos.

Lo cierto es que la retórica dura de Corea del Norte de pronto ha disminuido sensiblemente. Lo mismo ha ocurrido con los amenazadores desfiles militares norcoreanos, que este año aparentemente no se realizarán. Ambas “señales” coinciden en dirección a la distensión.

En Corea del Norte las habituales menciones públicas, siempre adversas respecto de los Estados Unidos, parecen haber desaparecido, siendo reemplazadas por mensajes que aluden a que existen “fuerzas políticas” que procuran “interferir” en el proceso diplomático en curso, que apunta a la paz. Ya no hay mensajes incendiarios, ni acusaciones exageradas expresadas rutinariamente por los medios oficiales norcoreanos.

Las recientes visitas de la hermana del líder norcoreano, Kim Yo Jong y del jefe de estado norcoreano, Kim Jong Nam, a Corea del Sur continúan siendo aludidas insistentemente, acompañadas por mensajes que suenan como aplausos o ponderaciones para el pariente vecino del sur. Lo mismo ocurre con las visitas de artistas y deportistas surcoreanos a Corea del Norte.

Todo esto luce como componiendo un mismo mensaje dirigido al pueblo de Corea del Norte que confirma que, en materia de política exterior, su país ha comenzado a virar hacia la distensión. No obstante, una cosa es la evolución de la retórica y otra, distinta, el cambio de rumbo en su política exterior que Corea del Norte está preanunciando a su propio pueblo.

En paralelo, las conversaciones entre altos funcionarios de los Estados Unidos y Corea del Norte han seguido adelante. El objetivo es contener el programa nuclear militar de Corea del Norte, una de las preocupaciones centrales norteamericanas en materia de paz y seguridad internacionales, recientemente facilitado por la “suspensión unilateral” de ese programa anunciada desde Pyongyang.

Sería la primera vez en la historia que los primeros mandatarios de ambas naciones se reúnen. Ellas han incluido ya una sorpresiva reunión preliminar entre Mike Pompeo, el director de la CIA, y el presidente norcoreano, que tuvo lugar el pasado fin de semana de Pascua.

En síntesis, el ambiente en el que -poniendo fin a 68 años de conflicto- se procura avanzar en dirección a consolidar la paz en la península coreana pareciera ser el adecuado. Al menos hasta ahora. Pero una cosa es el “clima” de las conversaciones y otra, muy diferente, son sus resultados y la “normalización” concreta de las relaciones de Corea del Norte con el resto del mundo. Esto es, poder dejar atrás la extraña categoría de “país ermitaño” en la que está ubicada la todavía aislada Corea del Norte.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.