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Herencia, dólar, inflación y actividad: ¿hay luz al final del camino?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 30/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Herencia-dolar-inflacion-y-actividad-hay-luz-al-final-del-camino-20180730-0042.html  

 

Por primera vez en mucho tiempo, los funcionarios del Gobierno, sus críticos y opositores y los
economistas en general parecemos haber alcanzado un consenso sobre la realidad que
enfrentamos y enfrentaremos en los próximos meses. El diseño ahora se extiende al último
trimestre de 2018 o quizás a lo que la economía puede mostrar en el año electoral.
Antecedentes
Si bien en términos de actividad la Argentina mostró un buen 2017 (el PBI creció 2,9 %) y un mejor
primer trimestre de 2018 (el PBI creció 3,6 % frente al primer trimestre de 2017), hemos sido
muchos los economistas que cuestionábamos la sostenibilidad del proceso de recuperación.

Es que la herencia recibida por Cambiemos en diciembre de 2015 sólo se atendió parcialmente y
los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario estaban latentes y esperando emerger. El mayor
déficit de cuenta corriente de nuestra historia era resultado de un atraso cambiario profundo que
se alimentaba de deuda, lo que fue cuestionado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para
evitar que sus desembolsos se pierdan en turismo y déficit comercial.
Liberar realmente el tipo de cambio fue una condición necesaria para ajustar uno de los grandes
desequilibrios que tiene la Argentina, consistente en el atraso cambiario, pero de poco servirá la
devaluación si no es acompañado por un ajuste similar en los otros desequilibrios fiscal y
monetario.

¿Qué nos dejará la crisis cambiaria?
Si bien otros países de la región también se vieron golpeados por la mayor fortaleza del dólar, la
Argentina mostró una mayor debilidad relativa.
El impacto de la devaluación se puede visualizar en varios indicadores:
1. El Estimador Mensual de Actividad Económica (desestacionalizado) muestra una baja de
1,4% en mayo 2018 frente a igual mes de 2017.

2. El Estimado Mensual Industrial de mayo 2018 también bajó, en este caso un 1,2% frente a
igual mes del año anterior.
3. La Tasa de desocupación se incrementó en el primer trimestre de 2018 a 9,1% y no se espera
que mejore en el segundo trimestre.
4. La inflación se acelera. El IPC de junio 2018 midió 3,7 %.
El segundo y tercer trimestre se caracterizará por una desaceleración de la actividad y suba en la
inflación lo que impacta negativamente en el consumo y la inversión, y nos dejará con menos
empleos y más pobreza e indigencia.
Pero, ¿hay luz al nal
del camino?
La salida de Federico Sturzenegger abrió paso a una política más contractiva de parte de Luis
Caputo (quien hoy parece monitorear los agregados monetarios como complemento a la
política sobre tasas de interés), lo que permite pensar en una desaceleración de la inflación para
el último trimestre de 2018, que se observará más claramente en 2019.
Mauricio Macri ofreció un calmante a la población augurando una baja en la tasa de inflación de
diez puntos en 2019, pero si bien es factible que ello ocurra, su importancia se reduce si la tasa de
inflación de 2018 termina cerca del 32-35 %. Esa baja de diez puntos, en definitiva, devolvería a la
Argentina al 22-25 % de inflación que es la media que hemos experimentado en los últimos
años (exceptuando la tasa alcanzada tras las devaluaciones de Kicillof en 2014 y aquella tras la
salida del cepo en 2016).

Aun si el mercado se calma de aquí hasta fin de año, y la cotización del dólar permanece estable, la
devaluación del tipo de cambio real habrá sido significativa.
Un escenario plausible y los motivos del pesimismo
Para fortuna de Cambiemos, resulta un escenario plausible que 2019 -el año electoral- sea un
año de reducción de inflación, recuperación en la actividad económica y el consumo, mejora
del salario real y reducción de la pobreza.
Pero no podemos dejar de advertir que la dinámica de 2019 puede ser positiva, sólo como
recuperación de la devaluación de 2018, tal como ocurrió en 2017, tras la devaluación de 2016.
Quedará en los libros de historia que Cambiemos no pudo mostrar en sus primeros cuatro años de
gestión un crecimiento real de la economía, ni tampoco evitar la dinámica cíclica que mostró el
último gobierno kirchnerista.
Si bien podemos ser optimistas sobre la política económica que se anunció tras la crisis
cambiaria con una mejor gestión en el Banco Central y un mayor ajuste en el frente fiscal, el
mundo muestra una dinámica que puede comprometer los planes de Cambiemos.
Los bajos precios de los commodities que Argentina exporta, la guerra comercial que
recurrentemente propone Donald Trump, las subas de tasas y la iliquidez global que está
sugiriendo la Reserva Federal y la crisis de Brasil (tanto económica como política) pueden evitar
que finalmente veamos algo de luz al final del camino.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Cuba hoy: ¿Más de lo mismo o evolución?

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/7/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2154467-cuba-hoy-mas-de-lo-mismo-o-evolucion

 

Cuba, más allá de la presencia de su nuevo presidente, Miguel Díaz-Canel, sigue estando efectivamente en poder de los dinosaurios castristas. El Comité Central de su Partido Comunista y su Politburó, de 17 miembros, siguen incluyendo al veterano Raúl Castro, de 87 años, como su primer Secretario General. Y a su compañero de toda la vida, José Ramón Machado Ventura, también de 87 años de edad, como su segundo Secretario General. Díaz-Canel es tan sólo el tercero en el escalafón del poder. La “guardia vieja” comunista histórica cubana continúa entonces con el timón del poder firmemente en sus manos. Entre ellos, siguen encaramados en la cima del poder cubano tanto el llamado “comandante” Ramiro Valdés, de 85 años. Como Guillermo García Frías, otro “comandante” de la primera hora, que hoy tiene 90 años de edad.

Díaz-Canel es sólo más de lo mismo. Un continuador y no un reformista. Un gestor del momento y no un líder distinto. De aspecto duro, tiene mirada de pocos amigos. Con ojos fríos, duros, que no expresan sentimientos y que son hasta amenazadores. Por esto, por el momento al menos no enciende a una juventud que, como la cubana, busca un futuro que no aparece y vive sumergida en un nivel de vida lamentable, con pocas esperanzas ciertas de mejora. Lo cierto es que esa juventud ha vivido en medio del prologado estancamiento cubano y esa es su “normalidad”, la de la postergación.

Con su pelo plateado, Díaz-Canel no porta el uniforme verde oliva, el de la disconformidad. Y el de la soberbia. Tampoco usa saco, normalmente. De profesión ingeniero eléctrico, se mueve con indisimulada comodidad con su “I-pad” y con su “I-phone”, como cualquier funcionario ejecutivo moderno. Habla poco. Y hasta es algo enigmático, por elección.

Suele actuar con un estilo reservado. Como si de pronto no quisiera necesariamente liderar. Se sospecha que nunca visitó los EE.UU. y que conoce al país del norte apenas por dichos y referencias indirectas. Trabajó, en cambio, algún tiempo en la atribulada Nicaragua, que no está ciertamente entre los países que, por avanzados, deslumbran en el mundo moderno. No es, entonces, un hombre “de mundo”, sino uno de escenarios chicos y angostos.

Nacido en 1960, después de la revolución comunista, Díaz-Canel lleva en su mochila una curiosa experiencia militar, desde que estuvo tres años a cargo de los misiles defensivos con los que cuenta Cuba. Su padre fue, recordemos, un temprano y prominente miembro del Partido Comunista cubano.

Desde 1987 está actuando en la política. Siempre en el único andarivel posible cubano: el del Partido Comunista. No hay otro.

Originario de Villa Clara -emplazada en el centro mismo del país, a unas tres horas de La Habana- sus primeros pasos en la política fueron en la provincia de Holguín, en el este de su país. Ha sido vicepresidente del país desde el 2013. Y tiene un hijo músico, que curiosamente reside en la República Argentina. Entre sus éxitos políticos tiene el de haber defendido con éxito a un club gay que en su momento fuera objeto de persecución: “El Mejunje”.

En 2003, con mucha precocidad, Díaz-Canel devino el miembro más joven del Politburó del Partido Comunista de Cuba. Una estrella que estaba entonces en curso de comenzar a nacer, desde la opacidad. No es, ni aspira a ser, fulgurante, pretensión que, por lo demás, en el ambiente político de la isla caribeña evidenciaría una actitud peligrosa.

Se lo tiene por sólido, tenaz, y por serio en su accionar. Por un hombre circunspecto. Es confiable, al menos para los dirigentes cubanos comunistas. Para muchos es -por sobre todo- el delfín y, más aún, el protegido -cercano y dilecto- de Raúl Castro, del que fuera uno de sus allegados guarda-espaldas.

Su prioridad en materia de política exterior es la de privilegiar la relación con la Venezuela bolivariana, la de Nicolás Maduro. La que increíblemente le da de comer a Cuba, por encima de a los venezolanos. Ocurre que Cuba, que alguna vez estuviera literalmente “colgada” de la Unión Soviética, hoy está -en cambio- “colgada” de Venezuela. Es su insólita “mantenida”. Como si ello fuera normal o digno. Lo que conlleva que Cuba comparte el riesgo del repentino “colapso” de Venezuela, que no es menor atento la incapacidad e ineficacia de su liderazgo actual.

Habrá que ver qué es lo que finalmente Díaz-Canel hace con las casi 600.000 pequeñas empresas que nacieron (especialmente el en sector de los servicios turísticos) durante la opaca gestión presidencial de su mentor, Raúl Castro. Si las sofoca o si, en cambio, las promueve, alimenta y aumenta. Cuba está económicamente empantanada, sin crecer. Paralizada. Y Díaz-Canel no luce como un reformador audaz sino, más bien, todo lo contrario.

Ocurre que Cuba está repleta de ineficiencia, inundada por la corrupción y que la productividad de su economía es pésima. Hasta la producción tradicional cubana, la del azúcar, parece haber colapsado por los constantes errores de gestión y los malos manejos. La pobreza y las desigualdades son cada vez más evidentes. Dos sectores claves, el de la educación y el de la salud están también en una suerte de caída libre. Y la población -en promedio- ha envejecido mucho.

La masa universitaria, por su parte, está disminuida y las Universidades hoy prácticamente vegetan. Casi sin ideas, ni recursos.

El sector estatal sigue siendo enorme y muy poco se ha hecho por reducirlo, de modo que sigue drenando recursos a una economía obsoleta y sin diversificar, atada a una receta del pasado que poco tiene que ver con el mundo actual, ni con el del futuro.

La inversión extranjera sigue siendo mínima, desde que nadie parece confiar demasiado en el futuro de una Cuba frustrada como experiencia dispar. Se habla de la necesidad de atraer un flujo de capitales externos del orden de los 2.000 millones de dólares anuales, que simplemente no existe. Ese es, apenas, el valor de las cuatro de las canchas de golf que el gobierno cubano está tratando de construir para, con ellas, defender un tímido flujo turístico, hoy en disminución. En lo que va del año, ese flujo cayó casi un 7%.

Díaz-Canel es, entonces, esencialmente parte del pasado, pese a que pertenece presuntamente a una “nueva” generación de políticos cubanos que, en rigor, es sólo “más de lo mismo”. Es un continuista y no un revolucionario. Dice “defender la revolución”, lo que supone, en los hechos, aferrarse al fracaso. Podría, de pronto, permanecer en el poder por dos mandatos seguidos. O sea hasta el 2021. Y frustrar desgraciadamente la necesidad de cambio que tiene Cuba, para poder modernizarse.

La dictadura cubana ha estado en el poder desde 1959. Fidel Castro, que falleciera a los 90 años de edad, es historia. Pero su familia es aún muy poderosa en la isla. Se dice que Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro, es hoy una de las personas más influyentes y poderosas, como parte de una oligarquía política que no ha abandonado, sino retenido, el timón del poder económico en Cuba.

Por el momento, el presidente norteamericano Donald Trump no ha embestido contra Cuba. Pero no la ayudará, obviamente. A lo que cabe agregar que Trump no deja de señalar que seguirá “ocupándose” de ella. Mensaje elíptico que ciertamente no es de simpatía, ni de apoyo.

A estar por lo ya adelantado por el diario “Granma”, Cuba va camino a establecer una nueva Constitución. Ella, que deberá aprobarse por un referendo, instituirá la figura del Presidente de la República, con un mandato máximo de dos períodos consecutivos de cinco años cada uno; esto es una presencia presidencial total máxima de no más de diez años consecutivos. El presidente, no obstante, no será elegido directamente por el pueblo, sino indirectamente por los miembros de la Asamblea Nacional. Todo un cambio, particularmente si no nos olvidamos que Fidel Castro estuvo en el poder durante casi cinco décadas. Desde 1959 hasta el 2008. Una frustrante eternidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El problema de los inmigrantes convulsiona a Europa

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 28/6/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2148190-el-problema-de-los-inmigrantes-convulsiona-a-europa

 

La ola de inmigrantes africanos y de Medio Oriente que desde hace rato apunta a Europa está generando problemas de magnitud. La Unión Europea está considerando un plan que consiste en enviar a los migrantes rescatados en alta mar, a lo que se ha denominado “plataformas de desembarque”, emplazadas fuera del Viejo Continente. Una vez ubicados en dichas plataformas, se determinará cuáles migrantes necesitan protección internacional y cuáles, en cambio, migran por razones económicas, fundamentalmente y carecen de ella.

La preocupación está ahora empujada vigorosamente por el nuevo ministro del interior italiano, Matteo Salvini, un decidido opositor a la política de puertas abiertas, que acaba de impedir que un buque con 600 migrantes a bordo recalara, para desembarcarlos, en puertos italianos. La propuesta genera temores en el sentido de que de pronto esas plataformas se llenen de personas que no están en condiciones de seguir en dirección a Europa, pero que tampoco pueden volver a la que fuera su residencia.

 

Algunos, en cambio, postulan la necesidad de establecer un sistema de cuotas entre todos los miembros de la Unión Europea, así como definir con precisión cuáles serán las obligaciones de los Estados a los que los migrantes ingresan, respecto de ellos.

Aparentemente se está estudiando la posibilidad de establecer esas plataformas tanto en Túnez como en Albania.

Mientras tanto, el mencionado Matteo Salvini, ministro del interior de Italia, avanza con una propuesta de censar a todos quienes residen en Roma, para determinar así quiénes, por su situación de ilegalidad, enfrentan el riesgo real de ser deportados. Salvini fue responsable de haber tomado la decisión que impidió que el buque “Aquarius” desembarcara refugiados en Italia, los que finalmente desembarcaron en España. El 58% de los italianos está de acuerdo con esa decisión, evidentemente cansados de la ola de inmigración norafricana que -creen- amenaza con lastimar su identidad.

Otro de los países “duros” en materia de inmigración es Hungría, cuyo Parlamento acaba de considerar un paquete de normas en virtud de las cuales cualquier ayuda a los refugiados puede transformarse en un acto criminal, penado con prisión de hasta un año. Ello parece claramente excesivo y, más aún, inhumano.

Recordemos que el gobierno húngaro tiene un conflicto abierto con el millonario George Soros, al que acusa de querer “inundar” Europa de inmigrantes. Soros responde que esa acusación es simplemente fantasiosa.

Recordemos que el gobierno populista húngaro ha estado, desde hace meses, siendo observado de cerca por las autoridades comunitarias europeas, que no ocultan su preocupación por el debilitamiento de las instituciones democráticas en Hungría. Ahora la posición irreductible del italiano Matteo Salvini se agrega a la desconfianza que genera en Bruselas el gobierno húngaro.

Transformar conductas como la de suministrar alimentos o ropas a los refugiados u ofrecerles de pronto techo, no deben ser criminalizadas. Pero lo cierto es que la extrema derecha ha hecho de la oposición a la inmigración una de sus banderas centrales que, por lo demás, recibe apoyo más allá de aquellos que militan en ese rincón intemperante de la política europea.

Queda visto que el tema de la inmigración es una de las preocupaciones centrales europeas y uno que, por sus distintos impactos, está todavía muy lejos de haber sido resuelto.

En paralelo, el gobierno de Donald Trump acaba de corregir la decisión deplorable de separar a los niños refugiados de sus padres, concentrándolos en puntos distintos, con frecuencia emplazados en lugares alejados el uno del otro. Esta decisión debe ser aplaudida, pero no permite olvidar el trasfondo inhumano sobre la que previamente se edificó la política de separar a padres e hijos.

La comunidad empresaria norteamericana no vaciló en calificar a la política del presidente Trump, antes de que fuera corregida, de una falta de sentimientos, cruel e inmoral.

La decisión final de Donald Trump coincide con la cuota de generosidad que, por décadas, ha caracterizado a la política exterior norteamericana, pese a que por la larga frontera que separa a los Estados Unidos de México, siguen llegando incesantemente miles de centroamericanos, desde países como El Salvador, Honduras o Nicaragua, huyendo de la violencia doméstica sembrada por las “maras” y otros grupos violentos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El guion del proteccionismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 1/6/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/el-guion-del-proteccionismo/

 

La crisis de la última década ha tenido puntos en común con la de los años 1930, como el auge del antiliberalismo y del populismo de izquierdas y derechas. Entonces, como ahora, arreciaron las mentiras que atribuían al mercado y al capitalismo todos los males, y que prometían el paraíso progresista y la justicia social —y la lucha contra las desigualdades— siempre que subieran el gasto, el déficit y la deuda pública, y los impuestos “sobre los ricos”.

Sin embargo, una diferencia crucial entre nuestro tiempo y la década de 1930 es que entonces el libre comercio fue exterminado. Y ahora no. Quiero decir: ahora no, por ahora. ¿Cambiará la situación si se desata una ola proteccionista y una guerra comercial internacional? No lo sabemos, naturalmente, pero sí sabemos dos cosas. Una es que la situación ni de lejos se parece a la vivida entonces. Y la otra es que se está siguiendo el guion del proteccionismo de manera tan escrupulosa como inquietante.

En los años 1930 Estados Unidos cerró su economía con la siniestra Smoot-Hawley Tariff Act, que aumentó los aranceles sobre más de 20.000 productos importados. Inglaterra, la madre del libre comercio, se reunió con sus antiguas colonias en Ottawa en 1932, y decretó que solo habría libertad de mercado dentro de la Commonwealth, pero no hacia afuera. En suma, lo que estamos viendo con Trump y las autoridades de México, Canadá y la Unión Europea es una broma en comparación con lo que se vivió y padeció en aquellos años.

Esto dicho, la preocupación está más que legitimada, porque los gobiernos están jugando con las mentiras del proteccionismo de toda la vida. Una muy típica la expuso ayer el secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, cuando dijo: “Nosotros no buscamos una guerra comercial”. No la buscan pero adoptan medidas que pueden desatarla, porque las represalias no se hicieron esperar: las anunciaron Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, y altas autoridades mexicanas y canadienses.

Otra característica del guion proteccionista es meter siempre a la política de por medio: así, se toma con naturalidad que la probabilidad de guerra comercial con esos países sea mayor que con la más poderosa China.

Por fin, una inveterada característica del argumentario proteccionista se está cumpliendo a rajatabla: nunca se aclara quién paga todo esto. Vuelan los argumentos nacionalistas llenos de solemnidad y demagogia, pero jamás se explica que son los trabajadores las principales víctimas del proteccionismo. En eso hay una larga tradición, y en todos los partidos de todos los países, como bien sabemos en Europa con nuestro proteccionismo agrícola, púdicamente ignorado hoy por quienes despellejan, con razón, a Donald Trump.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La palabra de los políticos… poco vale

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 2/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/02/la-palabra-de-los-politicos-poco-vale/

 

En un movimiento muy audaz, Donald Trump aseguró que no certificará -el plazo vence el día 12 próximo- el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque todavía no supone la ruptura total del compromiso, conlleva una estrategia más agresiva con Teherán. Y, si recién ahora se decide por este camino, se debe a que sus propias huestes en la Casa Blanca se oponían a rechazar este pacto.

El acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa nuclear a cambio de que la comunidad internacional reduzca las sanciones económicas, aunque EE.UU. no las quitó.

Trump quiere que el Congreso de EE.UU. añada nuevas limitaciones a Irán y que, si no cumple, se reanuden los castigos. En este nuevo umbral punitivo entrarían, en particular, el programa balístico, y la negativa a extender la duración de las restricciones a la producción de combustible nuclear.

Los aliados -Francia, Gran Bretaña y Alemania- piden que no se caiga el tratado, en tanto que Israel lo rechazó desde el principio, aun cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica asegura que Irán lo cumple. Y lo más destacable es que demuestra la eficacia de la vía diplomática por encima de la militar, y le permite a Europa abordar con Teherán un tratado complementario para que no desarrolle su programa balístico. Entretanto, se sigue la dirección opuesta -diálogo y diplomacia- con Corea del Norte, y la modificación unilateral del acuerdo envía una señal negativa.

Benjamín Netanyahu, intentando influenciar a Trump, asegura que Irán miente y mantiene un programa atómico secreto. Irónicamente, Arabia Saudí aplaude la retirada del acuerdo. Pero más irónico es que Irán, para defender al régimen de el Asad en Siria, ha combatido al ISIS en paralelo a la coalición internacional que dirige EE.UU.

Por cierto, Irán -no solo el gobierno sino la hasta la oposición más moderada- rechaza las acusaciones de Netanyahu y asegura que va a cumplir lo que firmó. Pero añadió que al acuerdo “no se le puede añadir nada”. Y, desafiante, anunció que va a doblar los esfuerzos en pos de sus capacidades de defensivas, incluidas las misilísticas.

No sabemos quién tiene razón porque sí sabemos que los políticos, y sus sistemas de inteligencia, engañan cuando les conviene. Ciertamente, resulta menos creíble el régimen iraní dado su subido autoritarismo y su consecuente aptitud para engañar. En cualquier caso, queda claro que estos acuerdos, al fin de cuentas, son poco confiables en el mediano plazo.

En fin, recuerdo que el epistemólogo Paul Feyerabend escribió que “los ciudadanos… occidentales van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos… desarrollemos una nueva clase de conocimiento… que todo el mundo pueda participar en su construcción y resolver… el problema de la supervivencia y el problema de la paz… entre los humanos y todo el conjunto de la Naturaleza”.

Y, agrego, los problemas de la paz y la libertad solo se solucionan con más paz y más libertad, por el contrario, con violencia se aumenta la violencia y con restricciones a la libertad se agrava la falta de libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La península coreana se acerca finalmente a la paz

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 26/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2129157-la-peninsula-coreana-se-acerca-finalmente-a-la-paz

 

Mañana viernes se reunirán los presidentes de Corea del Norte y Corea del Sur en procura de consolidar la paz entre ambas naciones. Una sensación de moderada esperanza se ha apoderado de muchos. Y no sin buenas razones. Ocurre que la guerra entre las dos Coreas que estallara el 25 de junio de 1955 entre el norte -entonces en manos del comunismo- y el sur -apoyado sustancialmente por los EE.UU.- se interrumpió sin vencedores definitivos e insólitamente nunca pudo cerrarse mediante un tratado de paz explícito.

Antes, la península había sido dividida y ocupada por los EEUU y la Unión Soviética, en 1945, tomando como frontera divisoria al paralelo 38º. La guerra fría mantuvo esa división y las dos naciones coreanas crecieron con modelos socio-económicos diametralmente opuestos.

Más de medio siglo después, Corea del Sur, que abrazara el modelo capitalista, es uno de los países más modernos del mundo y, en cambio, Corea del Norte, con el colectivismo, es uno de los más primitivos del globo, con excepción del desproporcionado músculo militar priorizado por sus gobiernos dinásticos.

Pese a que hace apenas cuatro meses Corea del Norte y Corea del Sur parecían estar al borde de un nuevo conflicto armado, la situación ha cambiado. Ambas naciones se aprestan ahora a reunirse para discutir un tratado de paz, que la consolide. De los ladridos de ayer se ha, de pronto, pasado a analizar juntos el mañana común.

El trámite es acelerado, aunque todavía hay quienes sostienen que la reunión podría fracasar. Esto sería grave, porque el éxito del encuentro entre los presidentes de las dos Coreas parecería ser precondición de una segunda reunión “cumbre” que también está preparándose: aquella que pondría en una misma mesa al presidente Donald Trump, de los Estados Unidos, y a el presidente Kim Jong-un, de Corea del Norte, que en los últimos tiempos intercambiaran mensajes retóricos belicistas, que de pronto han desaparecido. La mencionada reunión entre los EEUU y Corea del Norte está prevista para el próximo mes de mayo o, quizás, para comienzos del mes de junio.

El objetivo central de esas dos reuniones tiene que ver con cómo limitar y controlar el armamento nuclear y misilístico de Corea del Norte, al que se procurará poner algunos bretes. El presidente de Corea del Sur acaba de anunciar que, en su opinión, Corea del Norte está lista para acordar controles y límites.

Mientras la marcha continúa, la sensación es de que las dos Coreas han avanzado en dirección a la paz, aunque todavía debe definirse cuál será el camino crítico a transitar. Y es en esto último, precisamente, donde el esfuerzo se está concentrando. El clima político en la península coreana ha mejorado sensiblemente y flota un ambiente favorable a la formalización del acuerdo de paz. Los detractores de ese acuerdo han, de pronto, desaparecido de las pantallas de televisión y de las agencias de noticias.

Pese a todo, aún no está claro si Corea del Norte aceptará un programa de inspecciones que permita comprobar que los eventuales acuerdos se respetan y definir las conductas necesarias para ello.

El gran escollo a resolver tiene que ver con la presencia de los contingentes militares norteamericanos en Corea del Sur. Hablamos de unos 28.500 efectivos militares. No es imposible que un eventual retiro de esa fuerza sea escalonado, de modo de coincidir con las distintas fases que la “desnuclearización” de la península requiera. Tampoco que, de pronto, asuma un papel -diferente- el de una “fuerza de paz”.

Camino a las “Cumbres”, los funcionarios de la administración de Donald Trump señalan que Corea del Norte ha abandonado su exigencia de retiro inmediato de las fuerzas militares norteamericanas estacionadas en Corea del Sur.

Las negociaciones en curso han sido históricamente precedidas por esfuerzos similares que, cabe apuntar, terminaron fracasando. Me refiero a aquellos realizados en 1992, 1994 y 2005. Lo que alimenta alguna desconfianza, pero no ha detenido al proceso en marcha.

Cuando uno se pregunta por las razones que puedan estar impulsando a Corea del Norte en dirección a consolidar la paz, las respuestas son muy diversas. Primero, una posible búsqueda de legitimidad política por parte del joven líder norcoreano. Segundo, una eventual estrategia para seguir así ganando tiempo, mientras los intensos programas militares norcoreanos no se interrumpen. Tercero, escapar de las duras sanciones económicas impuestas a Corea del Norte que, en los últimos meses, China pareciera estar poniendo rigurosamente en efecto. Cuarto, el temor de que, como en Siria, el presidente Trump de pronto disponga llevar a cabo acciones militares quirúrgicas, influenciado ahora por el regreso de John Bolton a la administración federal norteamericana, un hombre considerado desde hace rato como un “halcón” respecto de la necesidad de poner límites lo más precisos posible al belicismo de Corea del Norte. Y, quinto, obtener asistencia externa para el financiamiento del crecimiento económico que Corea del Norte requiere.

El presidente Trump ha anunciado que si las conversaciones no alcanzan los objetivos que persigue, las abandonará. Y, por el momento, mantiene en vigor la panoplia de sanciones económicas impuestas a Corea del Norte.

Los avances deberán enfrentar una realidad adicional: el orgullo nacionalista de muchos norcoreanos respecto de la capacidad militar de un país que, cuidado, es una potencia nuclear. Esta visión incluye previsiblemente a algunos de los jefes militares norcoreanos.

Lo cierto es que la retórica dura de Corea del Norte de pronto ha disminuido sensiblemente. Lo mismo ha ocurrido con los amenazadores desfiles militares norcoreanos, que este año aparentemente no se realizarán. Ambas “señales” coinciden en dirección a la distensión.

En Corea del Norte las habituales menciones públicas, siempre adversas respecto de los Estados Unidos, parecen haber desaparecido, siendo reemplazadas por mensajes que aluden a que existen “fuerzas políticas” que procuran “interferir” en el proceso diplomático en curso, que apunta a la paz. Ya no hay mensajes incendiarios, ni acusaciones exageradas expresadas rutinariamente por los medios oficiales norcoreanos.

Las recientes visitas de la hermana del líder norcoreano, Kim Yo Jong y del jefe de estado norcoreano, Kim Jong Nam, a Corea del Sur continúan siendo aludidas insistentemente, acompañadas por mensajes que suenan como aplausos o ponderaciones para el pariente vecino del sur. Lo mismo ocurre con las visitas de artistas y deportistas surcoreanos a Corea del Norte.

Todo esto luce como componiendo un mismo mensaje dirigido al pueblo de Corea del Norte que confirma que, en materia de política exterior, su país ha comenzado a virar hacia la distensión. No obstante, una cosa es la evolución de la retórica y otra, distinta, el cambio de rumbo en su política exterior que Corea del Norte está preanunciando a su propio pueblo.

En paralelo, las conversaciones entre altos funcionarios de los Estados Unidos y Corea del Norte han seguido adelante. El objetivo es contener el programa nuclear militar de Corea del Norte, una de las preocupaciones centrales norteamericanas en materia de paz y seguridad internacionales, recientemente facilitado por la “suspensión unilateral” de ese programa anunciada desde Pyongyang.

Sería la primera vez en la historia que los primeros mandatarios de ambas naciones se reúnen. Ellas han incluido ya una sorpresiva reunión preliminar entre Mike Pompeo, el director de la CIA, y el presidente norcoreano, que tuvo lugar el pasado fin de semana de Pascua.

En síntesis, el ambiente en el que -poniendo fin a 68 años de conflicto- se procura avanzar en dirección a consolidar la paz en la península coreana pareciera ser el adecuado. Al menos hasta ahora. Pero una cosa es el “clima” de las conversaciones y otra, muy diferente, son sus resultados y la “normalización” concreta de las relaciones de Corea del Norte con el resto del mundo. Esto es, poder dejar atrás la extraña categoría de “país ermitaño” en la que está ubicada la todavía aislada Corea del Norte.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Más sobre el cisne negro

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 18/4/18 en: http://economiaparatodos.net/mas-sobre-el-cisne-negro/

 

En realidad el problema central de las sociedades consiste básicamente en el deseo irrefrenable de gobernantes por manejar vidas y haciendas ajenas.

Por introspección sabemos lo que queremos y, sobre todo, somos también concientes de los cambios que operan en nuestro interior y en el medio que nos rodea. No somos la misma persona hoy que la  que fuimos ayer ni seremos la misma mañana debido a que incorporamos otros conocimientos, otras perspectivas y otras preferencias. Seguimos manteniendo la misma identidad pero nuestros horizontes no son los mismos si hemos aprovechado el proceso de prueba y error en nuestras vidas. Las circunstancias y situaciones son permanentemente cambiantes, lo cual nos hace modificar decisiones previas. Esto es lo que precisamente no toman en cuanta lo burócratas que pretenden administrar lo que concierne a otros.

La interacción libre y voluntaria entre las partes permite un proceso de win-win en el contexto del óptimo Pareto, esto es que cada uno de los participantes en una sociedad abierta mejora su posición respecto a la que tenía antes de la transacción. Esto es lo que no entienden llamados líderes del mundo libre como hoy Donald Trump que ha iniciado una “guerra comercial” en verdad un oxímoron puesto que, como queda dicho, por definición, el comercio apunta a la obtención de ganancias para todas las partes involucradas. Nadie interviene en una actividad comercial si no es con la idea de ganar. La terminología de las así denominadas “guerras comerciales” no figura en los diccionarios fuera de los aparatos estatales que ponen palos en las ruedas.

Y como también se ha apuntado, en el  contexto del mercado el sistema de precios basado en la propiedad privada trasmite información sobre que hacer y que no hacer. En esta situación los empresarios están incentivados para satisfacer al prójimo al efecto de incrementar su patrimonio, de lo  contrario incurre en quebrantos.

Si los aparatos estatales se inmiscuyen en el mercado se distorsionan los precios y, por lo tanto, la contabilidad y la evaluación de proyectos también quedan desdibujados con lo que la asignación de los siempre escasos recursos se dirigen a áreas distintas de las que se hubieran aplicado si no hubiera habido la antedicha intromisión, cosa que se traduce en derroche de capital que, a su vez, implica una contracción en los salarios  e ingresos en términos reales.

En otros términos, la intervención gubernamental en los negocios privados no solo bloquea la referida información sino que concentra ignorancia en los así llamados planificadores estatales, en lugar de abrir cauce al aprovechamiento del conocimiento siempre disperso y fraccionado. Como ha apuntado Michael Polanyi, cada uno en el spot tiene sus habilidades, a veces “conocimiento tácito” cuando no lo puede explicitar pero en todo caso ninguno de los operadores en el mercado tiene la visión de conjunto. Como también se ha subrayado desde la Escuela Escocesa en adelante, este proceso produce un resultado que no ha sido previsto por ninguno de los participantes. Solo en las mentes afiebradas de los megalómanos cabe la posibilidad de improvisar perspectivas omnicomprensivas que intentan manejar con los resultados catastróficos por todos conocidos.

Antes he escrito sobre lo que a continuación expongo, pero estimo que es del caso reiterar aspectos de lo dicho. De tanto en tanto aparecen libros cuyos autores revelan gran creatividad que significan verdaderos desafíos para el pensamiento. Son obras que se apartan de los moldes convencionales, se deslizan por avenidas poco exploradas y, por ende, nada tienen que ver con estereotipos y lugares comunes tanto en el fondo como en la forma en que son presentadas las respuestas a los mas variados enigmas intelectuales.

Este es el caso del libro de Nassim Nicholas Taleb titulado El cisne negro, publicado por Paidós en Barcelona (el cual me fue recomendado en su momento por mi amigo y ex alumno Enrique Pochat). El eje central del trabajo de marras gira en trono al problema de la inducción tratado por autores como Hume y Popper, es decir, la manía de extrapolar los casos conocidos del pasado al futuro como si la vida fuera algo inexorablemente lineal. Lo que se estima como poco probable -ilustrado en este libro con la figura del cisne negro- al fin y al cabo ocurre con frecuencia.

Ilustra la idea con un ejemplo adaptado de Bertrand Russell: los pavos que son generosamente alimentados día tras día. Se acostumbran a esa rutina la que dan por sentada, entran en confianza con la mano que les da de comer hasta que llega el Día de Acción de Gracias en el que los pavos son engullidos y cambia abruptamente la tendencia.

Taleb nos muestra como en cada esquina de las calles del futuro nos deparan las más diversas sorpresas. Nos muestra como en realidad todos los grandes acontecimientos de la historia no fueron previstos por los “expertos” y los “futurólogos” (salvo algunos escritores de ciencia ficción). Nos invita a que nos detengamos a mirar “lo que se ve y lo que no se ve” siguiendo la clásica fórmula del decimonónico Frédéric Bastiat. Por ejemplo, nos aconseja liberarnos de la mala costumbre de encandilarnos con algunas de las cosas que realizan los gobiernos sin considerar lo que se hubiera realizado si no hubiera sido por la intromisión gubernamental que succiona recursos que los titulares les hubieran dado otro destino.

Uno de los apartados del libro se titula “Suguimos ingnorando a Hayek” para aludir a las contribuciones de aquel premio Nobel en Economía y destacar que la coordinación social no surge del decreto del aparato estatal sino, como queda dicho, a través de millones de arreglos contractuales libres y voluntarios que conforman la organización social espontánea y que las ciencias de la acción humana no pueden recurrir a la misma metodología de las ciencias naturales donde no hay propósito deliberado sino que hay reacción mecánica a determinados estímulos.

La obra constituye un canto a la humildad y una embestida contra quienes asumen que saben más de lo que conocen (y de lo que es posible conocer), un alegato contra la soberbia gubernamental que pretende manejar administrar el fruto del trabajo ajeno en lugar de dejar en paz a la gente y abstenerse de proceder como si fueran los dueños de los países que gobiernan. En un campo más amplio, la obra está dirigida a todos los que posan de sabios poseedores de conocimientos preclaros del futuro. Y no se trata de memoria insuficiente para almacenar datos, como ha puntualizado Thomas Sowell el problema medular radica en que la información no está disponible antes de haberse llevado a cabo la acción correspondiente.

Por su parte Teleb pone en evidencia los problemas graves que se suscitan al subestimar la ignorancia y pontificar sobre aquello que no está al alcance de los mortales. Es que como escribe “la historia no gatea: da saltos” y lo improbable -fruto de contrafácticos y escenarios alternativos- no suele tomarse en cuenta, lo cual produce reiterados y extendidos “cementerios” ocultos tras ostentosos y aparatosos modelitos matemáticos y campanas de Gauss que resultan ser fraudes conscientes o inconscientes de diversa magnitud, al tiempo que no permite el desembarazarse del cemento mental que oprime e inflexibiliza la estructura cortical. Precisamente, el autor marca que Henri Poincaré ha dedicado mucho tiempo a refutar predicciones basadas en la lineaidad construidas sobre la base de lo habitual a pesar de que “los sucesos casi siempre son estrafalarios”.

Explica también el rol de la suerte, incluso en los grandes descubrimientos de la medicina como el de Alexander Fleming en el caso de la penicilina, aunque, como ha apuntado Pasteur, la suerte favorece a los que trabajan con ahínco y están alertas. Después de todo, como también nos recuerda el autor, “lo empírico” proviene de Sextus Empiricus que inauguró, en Roma, doscientos años antes de Cristo, una escuela en medicina que no aceptaba teorías y para el tratamiento se basaba únicamente en la experiencia, lo cual, claro está, no abría cauces para lo nuevo.

El positivismo ha hecho mucho daño a la ciencia al sostener que no hay verdad si no es verificable a lo que, por una parte, Morris Cohen responde que esa proposición no es verificable y, por otra, Karl Popper ha demostrado que nada en la ciencia es verificable es solo corroborable provisoriamente que debe estar abierta a posibles refutaciones.

Los intereses creados de los pronosticadores dificultan posiciones modestas y razonables y son a veces como aquel agente fúnebre que decía: “yo no le deseo mal a nadie pero tampoco me quiero quedar sin trabajo”. Este tipo de conclusiones aplicadas a los planificadores de sociedades terminan haciendo que la gente se alimente igual que lo hacen los caballos de ajedrez (salteado). Estos resultados se repiten machaconamente y, sin embargo, debido a la demagogia, aceptar las advertencias se torna tan difícil como venderle hielo a un esquimal.

En definitiva, nos explica Taleb que el aprendizaje y los consiguientes andamiajes teóricos se lleva a cabo a través de la prueba y el error y que deben establecerse sistemas que abran las máximas posibilidades para que este proceso tenga lugar. Podemos coincidir o no con todo lo que nos propone el autor, como que después de un tiempo no es infrecuente que también discrepamos con ciertos párrafos que nosotros mismos hemos escrito, pero, en todo caso, el prestar atención al “impacto de lo altamente improbable” resulta de gran fertilidad…al fin y al cabo, tal como concluye Taleb, cada uno de nosotros somos “cisnes negros” debido a la muy baja probabilidad de que hayamos nacido.

Por último y en tren de no desperdiciar el tiempo, para actualizar nuestras potencialidades en busca del bien y en lo posible evitar sorpresas de nuevos cisnes negros debemos bucear en nuestros propios interiores. En este sentido consignamos al margen que también resulta de interés prestar atención a tantos autores que conjeturan sobre lo que ocurre mientras dormimos en cuanto al significado de los sueños puesto que no es menor el hecho de que durante una tercera parte de nuestra vida no estamos despiertos, por lo que una persona de 75 años ha dormido 25 años. Un tiempo tan prolongado que no justifica desentenderse de lo que allí sucede.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Las próximas elecciones presidenciales mexicanas y sus interrogantes

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 19/4/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2126993-las-proximas-elecciones-presidenciales-mexicanas-y-sus-interrogantes

 

El próximo 1° de julio, los mexicanos concurrirán a las urnas para elegir a su próximo presidente por un período de seis años. Las normas electorales disponen que no hay segunda vuelta. Ese mismo día, en una elección integral, ellos también renovarán la composición de las dos cámaras de su Congreso Federal. En el Senado, con legisladores con mandatos de seis años y en la Cámara Baja, en cambio, con mandatos de tres años de duración. Se elegirán también 9 de los 32 gobernadores de los distintos estados del país.

Hay cuatro candidatos presidenciales que procuran la victoria. Por primera vez aparece una mujer como candidata independiente: Margarita Zavala quien, por el momento al menos, no parecería tener demasiadas posibilidades de éxito.

Los otros tres candidatos son: primero, Andrés Manuel López Obrador, un político veterano, de estilo populista e ideológicamente un líder que es claramente de izquierda, lidera al partido “Movimiento de Regeneración Nacional”, más conocido como “Morena”, políticamente poderoso en Ciudad de México, fundado por el propio López Obrador en 2012, al que curiosamente acompañan esta vez los conservadores evangélicos del Partido Encuentro Social; segundo: Ricardo Anaya, el candidato del centro, que encabeza una coalición de fuerzas moderadas; y, tercero, el oficialista José Antonio Meade, que pertenece al todavía poderoso “Partido Revolucionario Institucional”, más conocido como el “PRI”, que esta vez compite en coalición con los ecologistas del Partido Verde y con el curioso “Partido Nueva Alianza”, que agrupa a los maestros de México, aunque con una agenda política bastante difusa.

A estar a las encuestas de opinión más recientes, el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, lidera claramente las intenciones de voto, desde que obtiene un 42% de las mismas; le siguen Ricardo Anaya, con una respuesta favorable del 31,1% y José Antonio Meade, con una del 21,9%. El 15,6% de los mexicanos encuestados afirma que, de pronto, podría cambiar de opinión.

Para el veterano López Obrador, éste es el tercer intento de llegar a la presidencia de su país; el primero fue, recordemos, el de 2006, cuando el expresidente Felipe Calderón lo derrotara ajustadamente, por apenas un 0,56% de los votos.

Como ocurre en otras latitudes, en México habrá tres debates públicos entre todos los candidatos: el 22 de abril, el 20 de mayo y el 12 de junio.

La elección puede, sin embargo, ser declarada inválida si la diferencia entre el primero y el segundo es de menos del 5% y el ganador sobrepasa el límite fijado para los gastos de campaña por más de un 5%. También si hay irregularidades que afectan al menos al 25% de las estaciones de voto, que no pudieran corregirse el día mismo de las elecciones; o si el 25%, o más, de esas estaciones de voto de pronto no pudieran abrirse y operar el día de las elecciones.

López Obrador tiene propuestas radicales. Postula, por ejemplo, revisar la reforma energética, sobre la que algunas veces afirma estar dispuesto a eliminarla de cuajo y otras a sólo revisar la legalidad de los contratos oportunamente suscriptos. También propone eliminar la reforma de la educación y cancelar el contrato en marcha para la construcción del nuevo aeropuerto internacional de Ciudad de México.

Su principal bandera es, sin embargo, la de la lucha frontal contra la corrupción que es endémica en México desde hace décadas, incluyendo -entre 2000 y 2005- durante su gestión como Jefe de Gobierno en la Ciudad de México (Distrito Federal). A ello agrega una propuesta a la vez ambigua y audaz: la de negociar alguna suerte de acuerdo con los traficantes de drogas y con los pequeños productores de opio y marihuana.

Entre las propuestas concretas de su rival, José Antonio Meade, aparece -cabe destacar- la de expropiar el patrimonio mal habido de quienes desempeñan funciones públicas.

Cuando las elecciones presidenciales se acercan y cuando la gestión del actual presidente, Peña Nieto culmina, éste sólo recoge un escaso 21% de aprobación. Lo que es bastante inusual en México, desde que en sus respectivos momentos, Carlos Salinas recogiera una aprobación del 70%; Ernesto Zedillo una del 62%; Vicente Fox una del 63%; y Felipe Calderón una del 52%, lo que es bien distinto. Esto obviamente genera un clima que favorece a López Obrador.

Ocurre asimismo, entre otras cosas, que la inseguridad personal mexicana está en sus niveles más altos de la última década, a punto tal que se computan unos 97.000 asesinatos vinculados al crimen organizado en apenas los últimos once meses. Y, además, que la corrupción ha crecido muy significativamente; lo que llevó a que, entre 2004 y 2016, México retrocediera en el índice de “Transparency International” que mide la “sensación” de corrupción, del puesto 64 que ocupara, al desairado puesto 123 actual.

La economía, no obstante, no está nada mal. México crece anualmente al 2% de su PBI. La inflación anual del país es ahora del 5,04%. La renegociación en curso del NAFTA podría culminar positivamente durante el próximo mes de mayo, con un 80% de probabilidades de que el resultado de las mismas no perjudique a México.

No obstante, también es cierto que el Peso mexicano se ha depreciado un 7% frente al dólar a lo largo de los últimos doce meses y que el consumo agregado de los aztecas ha caído un 2% todo a lo largo del último año. Por esto seguramente, un 47% de los mexicanos es hoy más bien pesimista respecto de su futuro económico inmediato.

Lo cierto es que si las cosas no cambian dramáticamente de dirección, es posible que Andrés Manuel López Obrador, en pocas semanas más, se haga de la presidencia de México. Hoy es el político con la mejor imagen para los mexicanos desde que un 46% de ellos así lo confirma. Y que tan sólo un 21,3% de los mexicanos, preguntado que es, afirma que “jamás votaría por él”.

Lo más notable es probablemente la nueva espiral de decadencia del PRI, respecto del cual un 49,3% de los mexicanos hoy afirma rotundamente que “es el peor del los partidos políticos”.

Un México pujante se acerca entonces a una nueva encrucijada electoral y, como se ha visto, un cambio fuerte de rumbo parecería ser bastante probable, con todo lo que ello significa para un miembro del NAFTA y uno de los países líderes de nuestra región. Donald Trump, con su propuesta del muro divisorio entre los dos países y con su trato absurdamente despectivo hacia los ciudadanos de su país vecino ha contribuido, torpemente y sin quererlo seguramente, a fortalecer al candidato de la izquierda mexicana, cuyo posible éxito no sería sorpresivo entonces.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Luces y sombras antes de la Cumbre de las Américas de Lima

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/3/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2121416-luces-y-sombras-antes-de-la-cumbre-de-las-americas-de-lima

 

El 13 y 14 de abril próximos se realizará la VIII Cumbre de las Américas,en la ciudad de Lima, en Perú. Será la continuadora de la primera de esas reuniones, convocada por el presidente Bill Clinton, en Miami, en 1994.

En esta oportunidad, dos de los mandatarios de la región están anticipadamente concentrando la atención. El primero es el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Originalmente invitado por los dueños de casa, Maduro fue luego desinvitado, lo que es por lo menos extraño, aunque hayan existido buenas razones para el cambio de actitud peruano. Hoy, es obvio, Nicolás Maduro es un dictador autoritario y Venezuela ha dejado de funcionar como una democracia. Es, como Cuba, un país totalitario.

Maduro contestó que no iba a dejar de asistir a la reunión, evidenciando el estilo patotero de los bolivarianos y trayendo a la memoria un episodio similar que tuviera lugar en la Argentina y fuera protagonizado por la también poco educada Delcy Rodríguez. Si tenemos en cuenta que Nicolás Maduro decidió no concurrir al cambio de mando reciente en Chile, en virtud del cual Sebastián Piñera volviera a la presidencia del país transandino, parece posible que Maduro, pese a sus ladridos, decida finalmente no aparecer en Lima. Sería probablemente lo más sensato, porque una cosa es estar aislado y otra, muy distinta, es hacer un papelón, provocando un incidente.

No es imposible que la reunión “Cumbre” de Lima fracase, como ha sucedido en algunas de las últimas reuniones de ese tipo donde no se alcanzaron los consensos esperados. Tampoco sería sorprendente que Trump llegara a un país perturbado políticamente como consecuencia de la renuncia de su ahora expresidente Pedro Pablo Kuczynski. A un país todavía nervioso, entonces.

A Trump parecería no resultarle fácil el diálogo con los latinoamericanos. Un llamado telefónico reciente entre el presidente Trump y su vecino, el presidente de México,Enrique Peña Nieto, terminó siendo un desastre.

Uno de los países más importantes de la región, Brasil, es uno de los más afectados por las medidas arancelarias de carácter proteccionista recientemente dispuestas por el presidente Trump, y no es imposible que la región toda pida al presidente norteamericano evitar las consecuencias de una “guerra comercial” derivada de las medidas arancelarias recientemente dispuestas por Trump.

En otro andarivel, Donald Trump deberá presumiblemente estrechar la mano de Raúl Castro, el presidente de Cuba, que también podría concurrir a Lima. Ese momento también podría ser complejo, atento a que Donald Trump no mantuvo la política de distensión hacia Cuba puesta en marcha por su predecesor, Barack Obama.

Por todo lo antedicho hay quienes sostienen que para Donald Trump la mejor actitud sería probablemente la de permanecer en un marco de discreción y así evitar eventuales rispideces. Es difícil imaginar a un Donald Trump asumiendo ese papel. Parece demasiado arrogante para elegir y asumir esa conducta. Sin embargo, sería mejor para Trump escuchar, que pontificar. Convocar, que desunir. Acercar, en lugar de alejar o dividir. Ojalá lo entiendan él y su nuevo Secretario de Estado, Mike Pompeo, que hará su debut multilateral en la región en la “Cumbre” de Lima.

La prudencia aconseja a Donald Trump evitar la retórica agresiva y dejar que, en las cuestiones más delicadas, como es la que tiene que ver con Venezuela, sean los países del llamado “Grupo de Lima” los que lleven la voz cantante. Después de todo, son ellos quienes tienen la actitud más clara de condena respecto del régimen autoritario que gobierna Venezuela.

Esto es posible, sin perjuicio de mantener su actitud dura respecto de aquellos regímenes que -por autoritarios- Donald Trump repudia.

No sería entonces sorpresivo que nuestro presidente, Mauricio Macri, vuelva a puntualizar, con razón, que la Venezuela de nuestros días ha dejado de ser una democracia y está muy lejos de poder ser tenida como un país que respeta los derechos humanos y las libertades civiles y políticas de sus ciudadanos. Para Trump sería probablemente un error volver a sugerir que su gobierno no descarta una “intervención militar” en Venezuela. La región no lo acompañaría y la alternativa luce, por lo demás, como una grave equivocación.

La “Cumbre” de Lima -a estar a su convocatoria- analizará el impacto de la corrupción en la gobernabilidad de los países de nuestra región. El efecto nocivo de las cleptocracias, entonces. Sobre esto los Estados Unidos tienen mucho que ofrecer, particularmente en materia de información e investigaciones. Y también alguna experiencia ganada en América Latina, como es el caso de los esfuerzos que realiza con Guatemala para desterrar la impunidad.

Como no es imposible que Donald Trump sufra provocaciones, es importante que, ante ese riesgo, lo tenga en cuenta y elija mantenerse siempre en el plano de la serenidad. Recordando aquello de que escuchar con humildad no es perder el tiempo. Particularmente cuando se trata de temas que quizás no se comprenden en toda su extensión y profundidad.

Queda visto que la “Cumbre” de Lima puede resultar compleja. Si Donald Trump decide instalarse en el centro del escenario, desatando desde allí su conocida retórica podría generar tormentas. Sería mejor que -en cambio- intentara generar confianza, poniéndose a disposición de aquellos gobiernos de la región hoy empeñados en una lucha frontal contra la corrupción que, por décadas, ha sido desgraciadamente endémica en América latina.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Más naturaleza y menos soberbia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://www.laprensa.com.ni/2018/01/24/opinion/2365428-mas-naturaleza-y-menos-soberbia

 

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble

 

Durante su reciente gira por China, además de abogar por las “nuevas rutas de la seda” el colosal proyecto ferroviario y marítimo entre el Pacífico y Europa, Emmanuel Macron enfatizó la “batalla por el clima”, intentando minimizar el boicot a los acuerdos de París de parte de Trump quien es escéptico y que cree que es una invención de Beijing para atrasar a EE.UU. A raíz de la ola de frío, Donald Trump ironizó diciendo que vendría bien “un poco de ese calentamiento”.

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble: este frío sorprendente se debe a que las cosas se están calentando (¿?), al calentarse el Ártico, el aire frío desciende a latitudes medias, aseguran algunos. Y, según la Organización Meteorológica Mundial, 2017 habría sido el año más cálido desde que se tienen registros.

El oficialista Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmaba que el “calentamiento global” es causado por una sobreproducción humana de dióxido de carbono (CO2). En 2008, un miembro del IPCC, Vincent Gray, denunció que todo era una “estafa”, y son muchos quienes aseguran que la explicación a esta farsa está en la ruta del dinero. Los fondos “recaudados” por los gobiernos son cuantiosos.

Por caso, destinar US$100,000 millones anuales al 2020 es lo que acordaron los países del Fondo Verde para el Clima de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, creado en el 2011.

Ahora, hay otras incoherencias —estas insalvables— en esta posición oficial. Es que la violencia siempre destruye, dice la ciencia, por tanto, esta soberbia gubernamental de creerse dueños de la verdad e imponerla coactivamente, perjudicando al sector privado, es inmoral. Por otro lado, algunas de las industrias más contaminantes —como las petroleras— en buena parte están en manos de los gobiernos, ¿por qué no las cierran? Para una reunión en Davos, en la que se trató el “cambio climático”, los dirigentes llegaron en 1,700 jets privados entre otras cosas, y se calcula que produjeron tanto CO2 como una ciudad de 2,000,000 de personas.

¿Se acuerda de la gripe aviaria y las catástrofes que traería? Nadie la recuerda. ¿Y de la gripe A? Tampoco. Desastres apocalípticos al estilo hollywoodense nunca hubo ni los habrá —solo en la mente de los aprovechados políticos— porque la naturaleza es infinitamente más sabia y no permitirá que la sobrepase un ser mínimo, aunque con una soberbia capaz de creer que puede destruir la obra de Dios.

Por el contrario, resulta coherente y creíble que, sin esta violencia, si dejamos que la naturaleza —y el mercado, espontáneamente— se haga cargo, muy probablemente, si el problema realmente existe, se solucionaría de manera mucho más eficaz.

Por caso, dado que el CO2 es un poderoso fertilizante, según un estudio publicado en Nature Climate Change, la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde lo que contribuye a frenar el efecto invernadero, al absorber los gases tóxicos, y a combatir el hambre debido al aumento de las cosechas. Y, por cierto, los verdaderos defensores de la naturaleza siempre fueron las personas, porque son parte de ella.

Cuánto más vale la tierra cuando tiene árboles, agua natural limpia, aire puro y no tiene ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.