Fuerte aumento de los depósitos por arbitraje entre tasas de interés y dólar

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 29/1/19 en:  https://www.infobae.com/opinion/2019/01/29/fuerte-aumento-de-los-depositos-por-arbitraje-entre-tasas-de-interes-y-dolar/

 

El Banco Central debió intervenir con la compra de divisas para sostener la paridad

Desde hace un par de meses el Gobierno viene respirando por la tranquilidad en el mercado de cambios, al punto que la paridad ya se ubica por debajo de la banda de flotación y el BCRA salió al mercado a comprar dólares para sostener el precio de la divisa.

Sin embargo, habiendo visto varias veces Casa Blanca, la película siempre termina igual: Humphrey Bogart no se queda con Lisa, que se va con Víctor Laszlo y el avión despega entre la bruma. Con estos modelos monetarios de arbitraje tasa versus dólar pasa lo mismo, y es para inquietarse porque esta calma cambiaria puede terminar en el momento menos pensado y por la causa menos sospechada.

El primer dato a tener en cuenta tiene que ver con la evolución de los depósitos a plazo fijo.

CAHA (1)

El incremento de los depósitos del sector privado a plazo fijo no ajustables por inflación durante 2018 fue del 63%, unos $372.400 millones, a un tipo de cambio de $40, el equivalente a USD 9.300 millones. Mientras que los ajustables por CER subieron 1.120%, por la apuesta de sus titulares a la suba de la inflación, aunque solo suman $23.219 millones en contraste con $960.348 millones de los primeros.

La pregunta que surge es: ¿a qué se debe este formidable aumento en los plazos fijos en pesos? ¿Es que el argentino tuvo un ataque de confianza en el peso porque se anunció emisión cero o la tasa de interés jugó un rol fundamental en este cambio de cartera junto con el apoyo del FMI?

Comparando la expectativa de inflación a nivel nacional que mensualmente informa la Universidad Torcuato Di Tella  con la tasa Badlar, difícilmente uno pueda explicar que el inversor está haciendo depósitos a plazo fijo porque espera ganarle a la tasa de inflación. El momento de mayor diferencia se da en noviembre pasado cuando la tasa promedio de bancos para grandes colocaciones estaba en 51% anual y la expectativa inflacionaria se ubicaba en el 30% a fin de 2019. Había 20 puntos porcentuales que podría haber explicado la búsqueda de una tasa de interés real positiva en pesos.

Sin embargo, la mayoría de los meses muestra tasas de interés reales negativas o 5 puntos por encima de la inflación interanual retrospectiva. Demasiado escasa la compensación de tasa de interés real para explicar semejante crecimiento de los depósitos a plazo fijo no ajustables por CER en una moneda tan desprestigiada como el peso.

El otro dato preocupante es que la tasa de Leliq sigue estando por encima de la tasa de inflación, ayer bajó a 56,31% anual frente a una inflación pasada del 48% y una esperada por el consenso del mercado en un rango de 25% a 30% para 2019. Esto quiere decir que el BCRA no solo no está licuando la deuda que toma con ese instrumento, sino que la está incrementando en términos reales en pesos; y no hay ningún tipo de inversión que esté realizando el BCRA como para ganar semejante tasa de interés real.
De todo lo anterior creo que queda bastante claro que la apuesta es tasa versus dólar como ya lo hemos visto infinidad de veces.

Capacidad de respuesta en un año electoral

La siguiente pregunta a formularse es: ¿está el BCRA en condiciones de dominar la situación si hay incertidumbre sobre el futuro electoral o cualquier otra variable? En otras palabras, si los inversores decidieran realizar la ganancia devengada, ¿con qué responde el BCRA?

Suponiendo que se desarmara solamente el aumento de depósitos a plazo fijo de 2018 que fueron $327.400 millones, sería un desarme equivalente al 24% de la base monetaria. En principio, ese retiro de pesos debería enfrentarse con la baja de encajes. Se mantendría cero aumento de la base monetaria pero cambiaría la composición respecto al total de más circulante que se iría al dólar.

Habría una presión sobre el mercado de cambios de USD 9.300 millones, equivalentes al 18% de las reservas actuales, sin considerar los USD 14.400 millones de encajes en dólares que están en manos del BCRA pero no le pertenecen y siendo condescendiente con los USD 19.000 millones del swap con China y siempre y cuando el FMI autorice a utilizar esas divisas para dominar el mercado de cambios.  En caso que se usaran, hasta ese nivel de cambio de cartera, el BCRA podría dominar la situación pero manteniendo el apretón monetario, con tensiones cambiarias, recesión y el mercado viendo como pierde reservas.

Una pérdida de depósitos de $327.400 millones equivaldría al 40% del stock de colocaciones a plazo fijo. Si la fuga fuese mayor, la situación sería más compleja pero el Central tendría que dominar la situación viendo el mercado cómo le caen las reservas, lo cual podría generar más incertidumbre.

Por eso sigo insistiendo en que la mejor opción es que el Tesoro le cambie al BCRA el billón de pesos que tiene el BCRA en letras intransferibles por un papel a largo plazo para controlar la liquidez del mercado. Se podrá argumentar que ese cambio complicaría la situación de Hacienda. Es cierto, pero hoy le está transfiriendo al BCRA el problema porque los intereses los devenga la autoridad monetaria que no genera ingresos para pagarlos.

Además, si se prolonga en el tiempo este arbitraje se corre el riesgo de afectar al único sector que puede dinamizar la economía de aquí a las elecciones que es el exportador porque en el corto plazo está volviendo a caer el tipo de cambio real.

Como puede verse en el gráfico, luego del pico agosto, el tipo de cambio a pesos constantes tuvo 4 meses consecutivos de baja.

Y atención que esa curva que bajando al final de 2018 no es fruto de la lluvia de inversiones en el sector real de la economía. Es sencillamente arbitraje tasa versus dólar. De manera que, mejor curarse en salud y dejar de jugar con este arbitraje que, como Casa Blanca, siempre termina igual.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE 

Hay que bajar el gasto, no subir los impuestos

Por Iván Carrino. Publicado el 19/7/18 en: http://www.ivancarrino.com/hay-que-bajar-el-gasto-no-subir-los-impuestos/

 

Los ajustes que se basan en la caída del gasto público son más sostenibles y reactivan la economía.

Argentina nuevamente está entre la espada y la pared por sus problemas fiscales.

Con un gran desequilibrio de las cuentas públicas, el gobierno de Macri necesita de cientos de miles de dólares de endeudamiento para poder seguir funcionando, pero a diferencia de lo que pasaba meses atrás, esos dólares hoy ya no están disponibles.

Las condiciones financieras internacionales cambiaron, y hoy el dólar se convirtió en un bien más escaso, lo que hizo que su precio subiera violentamente. Las consecuencias de este “shock” todavía están por verse, pero seguramente implicarán recesión, mayor inflación y, lamentablemente, un mayor nivel de pobreza.

Ahora bien, a la hora de darle una solución al agujero fiscal, algunos proponen bajar el gasto público, otros proponen subir más los impuestos, y hay otros que opinan que deben combinarse ambas fórmulas.

De acuerdo con los “impuestadores”, el esfuerzo debe ser compartido por todos, y algunos sectores deberían aceptar de buena manera que les suban los impuestos (o que no se los bajen, como estaba previsto).

Este grupo olvida que la carga tributaria que tolera el sector privado en Argentina está entre las más altas del mundo y que ese esfuerzo del que hablan lo vienen haciendo hace años, financiando un estado que cada vez se come una mayor porción de la riqueza nacional.

Por último, también ignoran una lección de la historia: que para ajustar las cuentas públicas, es mucho más eficiente reducir el gasto público que subir los impuestos.

Estímulo vs. Ajuste

En el año 2009, un momento en que el gobierno de los Estados Unidos lanzaba el más masivo estímulo fiscal de la historia reciente, los profesores de Harvard Alberto F. Alesina y Silvia Ardagna se propusieron investigar qué impacto tenía la política fiscal en la economía.

Más precisamente, querían entender el efecto de los “estímulos fiscales” y los “ajustes fiscales” (definidos éstos como un año en donde el resultado primario ajustado por el ciclo económico empeora/mejora en un 1,5% del PBI o más) sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y el crecimiento económico.

Lo que estos académicos deseaban encontrar era la respuesta a las siguientes preguntas: ¿qué es mejor para promover el crecimiento, un estímulo fiscal basado en el aumento del gasto o uno basado en el recorte de impuestos? ¿Qué es mejor  para reducir el déficit y la deuda, una baja del gasto público o un aumento de los impuestos? Y, por último: ¿resienten la actividad económica los ajustes fiscales basados en una baja del gasto?

Para responder dichas preguntas, indagaron en los datos de 21 países de la OCDE (entre ellos, Estados Unidos, Holanda, Nueva Zelanda, Alemania, Francia y Finlandia) para un período de 37 años, desde 1970 al año 2007.

Sus conclusiones son más que interesantes y de importancia crucial para nuestra coyuntura local.

Según Alesina y Ardagna:

Nuestros resultados sugieren que los recortes tributarios son más expansivos que los aumentos del gasto en los casos de estímulo fiscal. Para los ajustes fiscales, mostramos que los recortes de gastos son mucho más efectivos que los aumentos de impuestos para estabilizar la deuda y evitar las recesiones económicas. De hecho, descubrimos varios episodios en los que la reducción del gasto público adoptada para bajar el déficit se vio asociada a períodos de crecimiento económico, no recesiones.

En números concretos, el trabajo encontró que en los “estímulos fiscales expansivos” –es decir, aquellos que resultaron en un mayor crecimiento de la actividad económica- el gasto total subió aproximadamente 1 punto del PBI, mientras que la recaudación cayó más de 2,5% del PBI.

Por el contrario, cuando el gasto subía cerca de 3% del PBI pero la recaudación permanecía constante, no había un efecto expansivo.

Crecer con Ajuste

Al analizar procesos de ajuste del déficit, los autores se centraron en dos puntos. Por un lado, si dicho ajuste fue exitoso en términos de reducir de manera sustentable el desequilibrio de las cuentas públicas y el nivel de deuda. Por el otro, si dicho ajuste se vio asociado a episodios de recesión.

En este último tema, los resultados son nuevamente sorprendentes. Los episodios de ajuste considerados expansivos en términos de actividad económica fueron aquellos caracterizados por el recorte del gasto público. Concretamente, en dichos episodios el gasto primario cayó en 2% del PBI, mientras que la recaudación solo subió 0,34%. Por el otro lado, en los ajustes fiscales considerados no expansivos el gasto cayó solo 0,7% del PBI, pero la recaudación subió 1,2%.

A la luz de estos datos, Alesina y Ardagna sostienen:

De aquí que los ajustes que se hacen por el lado del gasto tengan efectos mejores sobre el crecimiento que los que se hacen con base en el aumento de la recaudación

Los autores continúan indagando en qué tipo de ajuste fiscal es más exitoso en términos de reducir el déficit y la deuda. Aquí, nuevamente, concluyen que el recorte del gasto es la forma más segura de resolver un desequilibrio presupuestario.

Tras décadas de crisis fiscales, en Argentina todavía debatimos si tenemos que tener déficit o no. Peor aún, también debatimos si el déficit no debería cerrarse cobrando más impuestos.

Esperemos que los datos de estos 21 países analizados por los profesores de Harvard nos ayuden a pensar mejor las cosas.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Los preocupantes efectos “no queridos” de las sanciones a Venezuela

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/3/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2113371-los-preocupantes-efectos-no-queridos-de-las-sanciones-a-venezuela

 

La economía venezolana está ya, realmente, en muy mal estado. Arrastra tres años seguidos de recesión. Ha reducido fuertemente sus importaciones. Su gente vive en medio de la escasez de todo. Incluyendo alimentos y medicamentos. Y su sector industrial funciona apenas al 30% de su capacidad, por la escasez de insumos de todo tipo. La inflación venezolana de este año podría estar en torno al 750%.

En gran medida esto es consecuencia de la pasmosa incapacidad de gestión de la administración de Nicolás Maduro . También de la caída de los precios internacionales del petróleo crudo y de los productos refinados, que todavía generan más del 90% de los ingresos en divisas del gobierno venezolano.

La referida incapacidad de gestión es inocultable. En el 2001, Venezuela producía unos tres millones de barriles diarios de petróleo crudo. Hoy, esa producción es apenas del orden de unos 1,9 millones de barriles diarios y el número de equipos de explotación del crudo que en este momento trabajan en Venezuela es el más bajo desde junio de 2012. No obstante, las exportaciones de crudo venezolano a los EE.UU. son aún del orden de 740.000 barrilas diarios de crudo. Importantes, en consecuencia

En momentos en los que Venezuela -con visibles problemas de liquidez y con reservas internacionales de apenas unos 10 mil millones de dólares- está tratando de renegociar parte de su deuda externa, hay quienes, equivocadamente, creen que la región está frente a una oportunidad histórica de poder sancionar efectivamente a Venezuela por haber abandonado el “orden democrático”, prohibiendo en todo el hemisferio las importaciones de crudo venezolano.

Suponen que ello obligaría necesariamente a Nicolás Maduro a modificar sus conductas autoritarias. Especialmente la relativa a las elecciones presidenciales que Maduro acaba de convocar tempranamente, de modo de impedir a la oposición unificada organizarse a tiempo e intentar derrotarlo con probabilidades de éxito.

Se equivocan, cabe advertir. Presumiblemente, hoy China y Rusia no dejarían caer fácilmente a Venezuela sin reaccionar. Rusia, por razones geopolíticas, fundamentalmente. Cabe recordar que, a manera de señal, quizás, Rusia ha endosado específicamente el torcido -e intempestivo- llamado a una Asamblea Constituyente por parte de Nicolás Maduro. Un tema claramente “interno” de Venezuela, sin duda. China, en cambio, porque necesita importar petróleo.

Ambos países están ya, en rigor, financiando a Venezuela y manteniéndola a flote mediante compras adelantadas y pre-financiadas de petróleo crudo. Hablamos ya de más de 60.000 millones de dólares de asistencia financiera estructurada de ese modo. Con pagos en especie como reembolso de operaciones previas de crédito. También de garantías reales que ya han sido proporcionadas -mediante compras, aún minoritarias, y garantías con acciones-realizadas desde las filiales norteamericanas de PDVSA, esto es desde Citgo- a la empresa privada rusa Rosfnet.

Por esto un grupo de senadores norteamericanos que representan a los estados del país del norte en los que existen refinerías que procesan el crudo venezolano ha advertido a su gobierno que una prohibición a las compras de crudo venezolano afectaría muy seriamente a sus intereses, obligándolas a tener que buscar proveedores sustitutos. El 38% de las exportaciones de crudo venezolano todavía va a los EE.UU. Con el agregado, no menor, de que ello incrementaría las operaciones de Rusia y China en Venezuela. Todo lo cual podría, además, aumentar el costo de los combustibles en los EE.UU., acelerando la tasa de inflación.

Por ello, precisamente, hasta ahora las sanciones norteamericanas contra Venezuela han sido “individuales” o “personalizadas”; esto es dirigidas sólo contra los principales jerarcas del corrupto gobierno venezolano. Sin afectar -como efecto “no querido”- directamente a todos los venezolanos. Por esto se denomina a este tipo de sanciones como “inteligentes”.

Por el momento al menos, la sanción unánime del Mercosur a Venezuela se ha limitado a “aislarla políticamente” del resto de las naciones de la región. Evidenciando que ya no es una democracia. Mientras tanto, sus otras naciones crecen y Venezuela, de contramano, se contrae. Un fuerte 7% de su PBI, el año pasado.

Sin un cambio drástico de rumbo, que hoy luce improbable, Venezuela sólo agravará su desesperante situación económico-social. Y, desgraciadamente, continuará expulsando a parte de su pueblo; a aquellos que, desde hace rato, escapan penosamente del país donde nacieron, en busca de una vida mejor.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

5 falacias sobre la inflación y la tasa de interés

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/04/12/5-falacias-la-inflacion-la-tasa-interes/

 

Con el objetivo de bajar la inflación, el Banco Central decidió subir la tasa. Esto desencadenó una serie de malas interpretaciones.

Argentina e inflación son sinónimos. Por los últimos diez años fuimos, junto con Venezuela, el país con la mayor destrucción monetaria de la región.

Así, pasamos de la recuperación post-crisis a la estanflación en pocos años. Entre 2011 y 2015, los precios se multiplicaron por 3, mientras que el PBI per cápita cayó 3% en términos reales. El “estímulo monetario” no sirvió para nada.

En la actualidad, el Banco Central tiene como objetivo bajar la inflación y, para eso, implementa un sistema de “metas” que ha dado buenos resultados en todo el mundo. En este marco es que decidió subir la tasa de interés esta semana, luego de conocerse que, en marzo, los precios subieron 2,4%.

La suba de tasas, sin embargo, generó todo tipo de análisis desacertados sobre su efecto en la economía. A continuación, las 5 falacias más difundidas sobre este tema.

Falacia #1: Si la tasa alta no bajó la inflación, subirla más no lo logrará tampoco

Tiempo antes de la decisión de subir las tasas de interés, un periodista en un programa de radio hacía la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que, si esta tasa de interés no logró bajar la inflación, una tasa de interés todavía más alta, logre hacerlo?”. La respuesta que el periodista obtuvo del “experto” consultado fue que esa era una duda razonable.

El razonamiento es realmente absurdo. En primer lugar, porque la política de metas de inflación ya dio resultados positivos. Por ejemplo, durante el segundo semestre de 2016 la inflación fue la más baja en 8 años. ¿Dónde está el fracaso de subir la tasa?

Por otro lado, porque el razonamiento equivale a decir: “si le ofrecí 10 pesos a un amigo para que me venda un caramelo y él no aceptó, ¿por qué va a aceptar si le ofrezco $ 100?”. Claramente, si aceptamos que a mayor precio mayor disposición a vender el caramelo, también tenemos que aceptar que a mayor tasa de interés, mayor será el incentivo para que los tenedores de pesos se los entreguen al Central, éste los absorba y caiga el exceso de dinero que hay en el mercado.

Falacia #2: El impacto de las tarifas en la inflación demuestra que el problema no se arregla solo con política monetaria.

Una de las explicaciones más razonables sobre los malos datos de inflación de marzo y febrero es el impacto que tuvo el sinceramiento de tarifas. En lo que va del año, los precios regulados acumulan una suba de 9,9%, lo que impulsa al alza el promedio de precios que se toma en cuenta para elaborar el IPC. Esto hace que muchos piensen que la inflación que vivimos es una “inflación de costos” (no monetaria) y que, como tal, no se arregla con una política monetaria contractiva, sino que hay que acudir a métodos heterodoxos.

La afirmación es completamente falsa. Es que la suba de tarifas no refuta, sino que refuerza, la teoría monetaria de la inflación. Entre 2002 y 2015, la cantidad de dinero en circulación se multiplicó por 22, mientras que los servicios públicos tuvieron sus precios casi congelados. Esto hizo que la enorme inflación en la cantidad de dinero no pudiera reflejarse en un mayor precio para estos servicios, pero de manera transitoria. Una vez que el gobierno decidió destapar la olla (gradualmente), el efecto de la expansión monetaria apareció en los precios atrasados. La suba de tarifas es una muestra más de la relación directa entre exceso de pesos e inflación.

Falacia #3: Es deseable bajar la inflación, pero no al costo de la recesión

Otra de las ideas falsas que circulan en torno de la nueva política monetaria del Banco Central es que la baja de la inflación se hace a costa de la recesión. Nuevo error.

La inflación es un impuesto que cobra el estado sin pasar por el debate legislativo. Y nadie que crea que tener menos impuestos es bueno para el crecimiento económico puede afirmar, al mismo tiempo, que bajar el impuesto inflacionario es recesivo para la economía. Para crecer de manera sostenida, lo malo no es bajar la inflación, sino tenerla.

Falacia #4: La alta tasa de interés perjudicará la actividad económica

En este caso, el razonamiento es el siguiente: si un banco me paga, digamos, una tasa del 20% anual, me conviene dejar el dinero allí en lugar de realizar una inversión productiva. Así, una tasa “alta” conspira contra la producción.

Hay numerosas fallas en este razonamiento. La primera es que la tasa de interés es resultado de la oferta y demanda de ahorro. Si el ahorro es bajo, la tasa es alta, sin importar lo que diga el Banco Central. No se puede imprimir felicidad, y el proceso productivo exige ahorro, para que luego éste pueda transformarse en crédito productivo.

Por otro lado, es discutible que la tasa sea alta. Si solo nos guiamos por los datos nominales, nos va a parecer que la tasa es alta. 26,25%, en un mundo de inflación cero, sí luce como algo elevado. Sin embargo, una vez que incorporamos la inflación anualizada, o las expectativas de inflación futura (28% y 21% respectivamente), la tasa del BCRA ya no parece tan alta.

El Banco Central busca mantener una tasa positiva (que no es alta) respecto de la inflación. Esa tasa positiva busca premiar el ahorro, y ese ahorro es el que se va a volcar a la actividad productiva para generar un crecimiento económico sostenible.

Si alguna industria determinada sufre porque existen tasas de interés reales positivas (lo que debería ser perfectamente normal), en realidad el problema lo tiene la industria, ya que demuestra que solo puede vivir con el subsidio monetario de la tasa negativa.

La tasa no es alta, sino que busca ser positiva para fomentar el ahorro. Y eso no es perjudicial para la actividad económica, sino su principal aliada en el mediano y largo plazo.

Falacia #5: El problema no es la tasa en pesos, sino en dólares

Muchos pueden estar de acuerdo con lo que planteo en el punto 4, pero van a sostener que lo que hay que mirar es la tasa de interés en dólares. Con un dólar que prácticamente no se ha movido, una tasa de 26,2% puede no ser alta en pesos, pero sí es alta en dólares.

Ok, consideremos que esto es así y que no hay que tener en cuenta devaluaciones esperadas. Lo cierto es que el dólar está cayendo en todo el mundo, incluso en países como México, cuya moneda había sido seriamente castigada luego de la elección de Trump. Las monedas fluctúan, son otro precio del mercado, y el Banco Central no puede ocuparse de todos los negocios financieros que pueden hacerse en ese mercado. Si para bajar la inflación el costo que hay que paga es que algunos hagan un buen negocio financiero, se tratará de un costo muy bajo cuando se mire en retrospectiva.

Conclusión: los bancos centrales no pueden imprimir felicidad ni crecimiento económico. Sin embargo, sí pueden crear inflación y, con ella, destruir la economía. Que el Banco Central hoy tenga como único objetivo la baja de la inflación es un dato para celebrar.

Si tiene éxito, la economía argentina se lo va agradecer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La economía argentina no crecerá

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 23/3/17 en: https://alejandrotagliavini.com/2017/03/23/la-economia-argentina-no-crecera/

 

Lo primero que hay que decir es que es falso de toda falsedad que la economía haya tenido que caer para poder luego levantarse. Nada en el cosmos, absolutamente nada, se contrae para luego crecer. China empezó a expandirse fuertemente apenas iniciadas las reformas pro mercado y su PIB llegó a aumentar hasta 13.5% anual (y no existe razón teórica para que un país no pueda crecer más). Un ejemplo más cercano, Chile que hoy supera a la Argentina nada menos que en el índice de Desarrollo Humano ocupando el puesto 38 contra el 45 de Argentina, se expandió inmediatamente de lanzadas las reformas llegando a crecer al 7.8% anual.

Si Argentina cayó en 2016 no se debe a ningún “ajuste necesario” sino a la continuidad de pésimas políticas con no se redirigieron hacia reformas pro mercado, más allá del discurso. La prueba de ello es que el único sector al que se le aplicó una reforma real, aunque débil, el campo, aumentó su producción y su inversión hasta 50% de manera inmediata.

No es serio decir que el país ha salido de la recesión porque habría aumentado el PIB del tercer trimestre 0.1% y el del cuarto 0.5%, en relación al anterior. En primer lugar, el PIB que cuenta -el que marca el nivel de las personas- es el per cápita. Si descontamos un crecimiento demográfico de 0.3% trimestral estimado, el crecimiento del tercer trimestre fue negativo y el del cuarto solo aumentó el 0.2%.

Suponiendo que estas cifras tengan valor -ya que Ludwig von Mises y muchos otros dejaron muy claro que la econometría no es una ciencia-, un crecimiento de 0.2% es tremendamente decepcionante si consideramos que se produjeron hechos excepcionales, como los aguinaldos, blanqueo histórico, y fuerte aumento de la deuda estatal.

Si algo deja claro que el gobierno se maneja con discursos que no se condicen con la realidad, es la “lluvia de inversiones” que vendrían apenas iniciado su mandato. Luego de su viaje a Davos -donde Macri prometió US$ 20.000 millones de inversión-, organizar el mini Davos, viajar a España y demás, gastando fortunas, resulta que en el 2016 las inversiones cayeron 5.5% respecto de 2015, y 7.7% comparados los últimos trimestres de 2016 y de 2015 demostrando que la recesión se profundiza. La Inversión Extranjera Directa durante los primeros nueve meses de 2016 alcanza a solo US$ 4.780 millones, 50% menos que lo registrado en igual período del raquítico 2015.

Para colmo de males la política keynesiana de Sturzenegger, no solo ha provocado un aumento de la inflación durante 2016 llegando al 40.9%, sino que mantiene tasas altísimas -24.75%- que hace imposibles las inversiones productivas, al punto que el 80% de los dólares que llegan al país son solo inversiones “bicicleta” que juntan grandes ganancias para luego llevárselas. EL BCRA tiene que comprender que no es cierto que se pueda emitir todo lo que se “necesita para el desarrollo”, total después el BCRA se encarga de “neutralizar” los billetes “excedentes”.

Uno de los problemas más serios de la Argentina, y por el cual no va a crecer ni en 2017 ni en el futuro, es la tremenda maraña de regulaciones que prohíben en gran parte el desarrollo económico. Según el índice Doing Business 2016, Argentina ocupa el puesto 116. Y el otro problema gravísimo es la brutal presión impositiva que conduce a ser uno de los países más evasores de la historia mundial. Según Tax Justice Network, la evasión equivale al 4.4% del PIB, mientras que en EE.UU. es del 1.13%, en China 0.75%, Japón 0.93%, India 2.34%, Alemania 0.42%, Perú 2.34% y Colombia 0.75% del PBI.

Pero el vice ministro de economía dice alegremente que “Hay una situación fiscal deficitaria, con lo cual la reforma -impositiva- no puede perder recursos” o sea que no bajaran los impuestos lo que significa que, si el PIB disminuye, aumenta la presión fiscal relativa y se profundiza la recesión.

Así las cosas, el país sigue decreciendo y en el bimestre enero-febrero de 2017 el monto ingresado por no residentes con destino productivo ronda los US$ 400 millones, debajo del promedio de los últimos nueve años para ese mismo período. El Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL registró en febrero un retroceso del 9,5% respecto del mismo mes del año anterior, en tanto que la comparación intermensual con enero arrojó una retracción del 4,5% también con estacionalidad.

La facturación por las ventas en los supermercados creció 21.2% interanual en enero, mientras que en los grandes centros de compra avanzó 22.8%, ambas por debajo de los índices de inflación del 40.9% con lo que la caída real ronda la friolera del 20%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La herencia en números

Por Adrián Ravier. Publicado el 9/5/16 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2016/05/09/la-herencia-en-numeros/

 

Esta nota intenta aclarar la dimensión de la herencia. Notará el lector que ha habido avances parciales en algunos campos, pero que aún resta mucho camino por recorrer en este proceso de normalización de la economía argentina.

1. Sobreempleo público

En la última década se multiplicó excesivamente el empleo público. A nivel nacional el personal aumentó un 61%, desde 241.400 en 2003 hasta 389.830 en 2015; a nivel provincial, el incremento fue del 72%, desde 1,7 a 3 millones de personas en el mismo período; a nivel municipal, la suba fue del 110%, pasando de 379 mil en 2003 a 796.300 en 2015. En total, en el período bajo estudio, el incremento fue del 77%, pasando de 2,3 a 4,2 millones de empleados públicos.

En América Latina, la relación empleo público-población económicamente activa apenas supera el 10 por ciento. En Argentina estamos cerca de alcanzar el 20 por ciento. Duplicar esta relación por supuesto tiene un costo fiscal importante. Debemos interpretarlo como una mochila excesivamente pesada sobre las empresas privadas y una traba fundamental para la creación de empleo.

Este es quizás el elemento central de la herencia, por las dificultades institucionales para revertir el proceso, por los derechos adquiridos y por sumergir al país en un problema que ya era estructural, pero que ahora se agrava fuertemente.

2. Excesivo gasto público

Como consecuencia de lo anterior, no sorprenderemos al lector al señalar que el gasto público primario a nivel nacional se incrementó de menos del 15% en 2003 al 36,7% en 2015. Si analizamos el gasto público consolidado en los tres niveles de Gobierno, entonces el salto se observa desde el 26,2% en 2003 hasta superar el 50% en 2015.

La suba del gasto público no incluye sólo el sobreempleo público. Incluye decenas de planes, algunos más importantes que otros, pero que, más allá de la reflexión que cada uno amerite, en su conjunto llevan al Estado a una situación fiscal imposible de financiar en el largo plazo.

3. Presión tributaria récord

La voracidad fiscal de estos últimos diez años incrementó la presión tributaria desde el 24,33% hasta el 45,5% del PIB. A nivel nacional, se observa un salto desde el 19,21% del PIB en 2003 hasta el 39% en 2015. A nivel provincial, el salto, en el mismo período, fue desde 3,82% hasta 5,60% del PIB. A nivel municipal, de 1,3% a 1,75% del PIB. En síntesis, un argentino medio trabaja prácticamente seis meses del año para solventar el gasto público en los tres niveles.

Resulta paradójico que se argumente que el Estado crea empleo porque el privado no lo hace, pero se le impide al sector privado hacerlo, con esta carga tributaria sin precedentes en nuestro continente, o en la historia económica argentina.

4. Enorme déficit fiscal

Ante este escenario de asfixiante presión tributaria, sorprende que todavía exista déficit fiscal. Pero así es. Si incluimos los intereses, el 2015 cerró con un 5,8% de déficit fiscal sobre el PIB. Si quitamos la deuda interna con la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) o del Programa de Atención Médica Integral (PAMI), entonces el déficit fiscal es del 7,66 por ciento. Son prácticamente trescientos mil millones de pesos. Este nivel de déficit supera aquel con el que explotó la convertibilidad, que dejó al país al borde de la cornisa. Si hoy este nivel de déficit es “manejable”, es porque se accedió a deuda interna y porque la ausencia de convertibilidad permite monetizar el déficit fiscal.

5. Anses descapitalizado

Anses es una institución que, por supuesto, tiene una finalidad muy distante de aquella de financiar los proyectos de gasto público como Procrear o Fútbol para Todos. Luego de estatizar las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), Anses recuperó entre 30 mil y 40 mil millones de dólares, cuyo destino debió estar en inversiones diversificadas que permitieran cubrir de la mejor manera posible las pensiones a pagarse en el futuro, a medida que los trabajadores de la población económicamente activa se pasen al retiro. Lejos de ello, utilizar Anses para financiar el gasto público generó un vaciamiento de la institución, lo que descapitalizó las cajas de retiro y provocó una deuda interna compleja que deberá ser tratada en el futuro. Este problema está lejos de abordarse en estos cuatro años, pero será una temática a tratar en un futuro que hoy parece muy lejano.

6. Alta inflación

La sumatoria de la enorme presión tributaria y la deuda con Anses o PAMI tampoco alcanzan para cubrir el gasto público. El Gobierno necesita además monetizar el resto del déficit fiscal, con su lógico efecto inflacionario. La expansión de la base monetaria durante cada mes de 2015 superó el 30% respecto de igual mes del año anterior, pero en diciembre el alza fue del 42,4 por ciento. La suba se puede interpretar de distintas maneras, a saber, dar un impulso a la actividad económica que no despegaba o financiar un mayor nivel de gasto público como consecuencia de los gastos de campaña por la elección que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia.

La tasa de inflación que había disminuido gracias a la contracción monetaria provocada por Fábregas volvió a aumentar una vez que se revirtió tal política. La elevada tasa de inflación actual se puede comprender como consecuencia del reacomodamiento de precios tras las reformas que el nuevo Gobierno viene aplicando, pero también se alimentó de la expansión monetaria de 2015, cuyo efecto llega con rezago en este 2016.

7. Controles de precios, subsidios y tarifas atrasadas

El Gobierno anterior luchaba contra la inflación de la peor manera que podía hacerlo. Controlando precios, persiguiendo empresarios, multiplicando subsidios y con tarifas atrasadas en los servicios públicos o en el transporte. El costo político de levantar estos controles recayó sobre el nuevo Gobierno, con un reacomodamiento difícil, especialmente en un contexto recesivo, o al menos de estancamiento económico.

8. Cepo cambiario

Entre esos controles de precios, quizás el más dañino fue el cepo cambiario, que provocó una fuga de capitales que redujo las reservas del Banco Central desde poco más de 50 mil a menos de 30 mil millones de dólares, con las conocidas discusiones aún abiertas acerca de su composición, que ponen dudas sobre la solvencia del Banco Central.

Numerosos analistas aseguraban en 2015 que las reservas netas eran cercanas a cero, una vez que se devolvían los dólares a los depositantes, o incluso se quitaban préstamos chinos en yuanes y otras deudas o asistencias de último momento que permitieron sostener la debilitada moneda nacional.

El cepo cambiario además impedía relaciones comerciales normales con el mundo, tanto en la exportación como en la importación, lo que estancaba a las economías regionales y paralizaba al sector industrial.

9. Aislamiento y déficit en infraestructura

El cepo cambiario fue asociado a una política de aislamiento que también golpeó la cuenta capital. La falta de inversión extranjera directa hizo que se perdieran, según un estudio de Libertad y Progreso, unos 32 mil millones de dólares durante el Gobierno de Néstor Kirchner, 60 mil millones de dólares durante el primer Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y 63.500 millones de dólares durante el segundo. Esta pérdida de inversiones tiene como consecuencia lógica una infraestructura débil para acompañar el desarrollo de la economía argentina.

A su vez, las tarifas atrasadas en los servicios públicos impidieron a los concesionarios invertir lo suficiente para garantizar servicios de calidad, lo que comprometió la capacidad productiva de la Argentina, que, antes de volver a crecer, necesitará desarrollar inversiones en todos estos sectores para evitar cuellos de botella.

10. Estancamiento económico o recesión

Todo lo dicho no puede tener otra consecuencia que un profundo estancamiento económico que comenzó en 2011, pero que ya se extendió hasta 2015 y que repercute también en una parálisis del consumo y la inversión. En definitiva, lo dicho ha resultado clave en el triunfo de Macri en la última elección, si consideramos que la gente siempre vota con el bolsillo. Este estancamiento promete extenderse también en este 2016, o incluso profundizar la crisis, una vez que se reconoce la inflación reprimida y se sincera el tipo de cambio. De hecho, la devaluación de los primeros meses de 2016 redujo el ingreso per cápita en dólares desde 14.747 a 8.920 dólares. No sorprende entonces que la presión sindical vaya creciendo con el correr de los meses.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Algo para aprender: Irlanda salió de la crisis del 2008 y es un centro de inversiones tecnológicas

Por Martín Krause. Publicada el 17/3/16 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/03/17/algo-para-aprender-irlanda-salio-de-la-crisis-del-2008-y-es-un-centro-de-inversiones-tecnologicas/#.VuqpUnAcdNY.facebook

 

El Instituto Libertad y Desarrollo, de Chile, publica “Economía Internacional al Instante” que en su Nº 847 presenta un informe sobre Irlanda, el cual resulta de interés para países latinoamericanos que han de realizar reformas para poner sus economías en orden:http://www.lyd.org/lyd/EII/EII847Irlanda04032016.pdf

Al respecto, dice el Informe:

Irlanda no se vio tan afectada como otros países durante la crisis de 2008. Sorprendentemente sólo se mantuvo en recesión durante dos años, para luego dar cabida a una rápida y sostenida recuperación que se mantiene hasta hoy en día. En 2014 el tigre celta sorprendió con un crecimiento de 5,2%, el cual se explica principalmente por un crecimiento de 11% en la inversión ese mismo año. Sin embargo, la desaceleración mundial y la no tan auspiciosa recuperación de la Zona Euro explican la disminución en el crecimiento con respecto a 2014, obteniendo un 3,4% el año 2015. Bajo los factores anteriormente mencionados, se mantiene una proyección en torno al 3,2% para el año 2016, la cual sigue siendo una tasa de crecimiento elevada para la Zona Euro.

En cuanto a consumo privado, no hubo crecimiento por seis años seguidos, en 2014 comienza una leve recuperación, para luego fortalecerse 2015, con una expectativa de 2% y proyecciones en torno al 2% para 2016. La demanda interna junto a la inversión ha contribuido para mejorar el crecimiento del PIB desde 2013. Para la demanda interna se espera una leve desaceleración de las cifras en 2015 y 2016, con un crecimiento en torno al 3% y 2,5%, respectivamente.

La inversión total sufrió una importantísima caída desde la crisis. En 2006 alcanzaba niveles por sobre el 30% del PIB. Cinco años después, en 2011, esta cifra no superaba el 17,7%, habiendo sufrido una de las mayores caídas de inversión privada desde la Gran Depresión. El año 2014 la inversión alcanzó el 20,3% del PIB, y se espera que para los años 2015 y 2016 se encumbre hacia 20,8% y 21,6%, según cifras del FMI, lo cual apoya las expectativas positivas de crecimiento.

Irlanda ha logrado enfrentar las consecuencias de la crisis con perseverancia y buenas políticas públicas. El costo para el gobierno del Primer Ministro, Enda Kenny, fue altísimo, puesto que debió impulsar un importante recorte de sueldos en el sector público y aumentar la deuda pública del país seis veces para rescatar al sistema financiero. En la actualidad la ciudadanía y los inversionistas han recuperado la confianza en la conducción política y económica del país.

Quizás el aspecto más paradigmático en esta materia sea el nuevo impulso que se ha llevado adelante en materia de inversión tecnológica. Lo que partió como un incentivo tributario al ahorro, se ha trasformado ahora en un motor del crecimiento. Empresas como Google, Apple o Microsoft tienen sus oficinas centrales para Europa ubicadas en Irlanda, lo que se ha traducido en un aumento del 65% del volumen de negocios de las empresas irlandesas durante 2014, y lo más destacable de todo, un 70% de las pymes también lo ha hecho. La inversión tecnológica en Irlanda desde EE.UU. es cinco veces mayor al promedio de otros países europeos.

El aumento de la presencia de la industria tecnológica tiene dos motivos. Por una parte, la claridad de las reglas del juego y una institucionalidad confiable, sumado a una tasa efectiva de impuestos del 11,8%. En segundo lugar, la alta calidad del capital humano disponible, con amplias brechas de capacidad debido al desempleo que generó la crisis. De esta forma, Irlanda es hoy el segundo mayor exportador de software del mundo, y aloja nueve de las diez farmacéuticas más grandes. El país está catalogado dentro de los mejores lugares para hacer negocios del mundo.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).