Más naturaleza y menos soberbia

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/1/18 en: https://www.laprensa.com.ni/2018/01/24/opinion/2365428-mas-naturaleza-y-menos-soberbia

 

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble

 

Durante su reciente gira por China, además de abogar por las “nuevas rutas de la seda” el colosal proyecto ferroviario y marítimo entre el Pacífico y Europa, Emmanuel Macron enfatizó la “batalla por el clima”, intentando minimizar el boicot a los acuerdos de París de parte de Trump quien es escéptico y que cree que es una invención de Beijing para atrasar a EE.UU. A raíz de la ola de frío, Donald Trump ironizó diciendo que vendría bien “un poco de ese calentamiento”.

No siendo experto, no me corresponde emitir una opinión científica al respecto, pero el argumento oficialista suena poco creíble: este frío sorprendente se debe a que las cosas se están calentando (¿?), al calentarse el Ártico, el aire frío desciende a latitudes medias, aseguran algunos. Y, según la Organización Meteorológica Mundial, 2017 habría sido el año más cálido desde que se tienen registros.

El oficialista Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) afirmaba que el “calentamiento global” es causado por una sobreproducción humana de dióxido de carbono (CO2). En 2008, un miembro del IPCC, Vincent Gray, denunció que todo era una “estafa”, y son muchos quienes aseguran que la explicación a esta farsa está en la ruta del dinero. Los fondos “recaudados” por los gobiernos son cuantiosos.

Por caso, destinar US$100,000 millones anuales al 2020 es lo que acordaron los países del Fondo Verde para el Clima de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, creado en el 2011.

Ahora, hay otras incoherencias —estas insalvables— en esta posición oficial. Es que la violencia siempre destruye, dice la ciencia, por tanto, esta soberbia gubernamental de creerse dueños de la verdad e imponerla coactivamente, perjudicando al sector privado, es inmoral. Por otro lado, algunas de las industrias más contaminantes —como las petroleras— en buena parte están en manos de los gobiernos, ¿por qué no las cierran? Para una reunión en Davos, en la que se trató el “cambio climático”, los dirigentes llegaron en 1,700 jets privados entre otras cosas, y se calcula que produjeron tanto CO2 como una ciudad de 2,000,000 de personas.

¿Se acuerda de la gripe aviaria y las catástrofes que traería? Nadie la recuerda. ¿Y de la gripe A? Tampoco. Desastres apocalípticos al estilo hollywoodense nunca hubo ni los habrá —solo en la mente de los aprovechados políticos— porque la naturaleza es infinitamente más sabia y no permitirá que la sobrepase un ser mínimo, aunque con una soberbia capaz de creer que puede destruir la obra de Dios.

Por el contrario, resulta coherente y creíble que, sin esta violencia, si dejamos que la naturaleza —y el mercado, espontáneamente— se haga cargo, muy probablemente, si el problema realmente existe, se solucionaría de manera mucho más eficaz.

Por caso, dado que el CO2 es un poderoso fertilizante, según un estudio publicado en Nature Climate Change, la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde lo que contribuye a frenar el efecto invernadero, al absorber los gases tóxicos, y a combatir el hambre debido al aumento de las cosechas. Y, por cierto, los verdaderos defensores de la naturaleza siempre fueron las personas, porque son parte de ella.

Cuánto más vale la tierra cuando tiene árboles, agua natural limpia, aire puro y no tiene ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Verdes y sin hambre

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 29/4/16 en: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/verdes-sin-hambre_307100

 

Hay versiones para todos los gustos. Los hay incluso -científicos serios, por cierto- que niegan el calentamiento y muestran, entre otras pruebas, que el hielo del Ártico, observable en fotos de la NASA, no ha variado en promedio desde 2002 hasta 2014. Están también los que dicen que sí hay un cambio climático, pero que se debe a causas naturales y no a la mano del hombre ni al efecto invernadero producido por el CO2.
Y ahora tenemos un nuevo estudio que asegura que, más allá de que existe el calentamiento global provocado por el hombre, la cantidad de gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera llegan casi al 0,04% del aire que respiramos, pero insólitamente el mundo es más verde. Es que los vegetales se ven beneficiados por estos gases, según un estudio publicado en Nature Climate Change, y entonces la Tierra ha ganado 36 millones de kilómetros cuadrados de superficie verde, unas tres veces el tamaño de Europa.
Desde 1983 la biomasa terrestre ha aumentado en el 40% de la superficie de la Tierra, mientras que se ha reducido en solo el 4% debido al CO2, un potente fertilizante. Aumento verde que, en un círculo virtuoso, habría contribuido a frenar el efecto invernadero al absorber los gases tóxicos causantes.
Acción universal
Ahora, el pasado 22 de abril -el “día de la Tierra”- se realizó una Cumbre en la ONU y casi 200 países aprobaron un texto que supone la primera acción universal que busca reducir el impacto del cambio climático. El problema es que, suponiendo que los gobiernos efectivamente tengan la voluntad de cumplir y que no sea solo una declaración demagógica, sus postulados serán coactivamente impuestos sobre la sociedad utilizando el monopolio de la violencia, el poder de la policía, y la violencia solo sirve para destruir.
Y esto suponiendo que, entre todas las teorías, la oficial sea la verdadera. ¿Qué si no lo es, si el calentamiento global no existe? Después de todo nadie tiene la verdad absoluta. En cualquier caso, “está claro que los peores ofensores en el proceso de degradación ambiental… son las de orientación mesiánica, agencias de ‘interés público’. Existen alrededor de 22.000 lugares conteniendo residuos peligrosos en EEUU. Muchos son depósitos municipales. Solamente las bases militares tienen más de 4.000 basureros químicos”, aseguraba Jorge E. Amador, veinte años atrás.
Y el Premio Nobel de la Paz, Obama, días después, el 25 de abril en Hannover, Alemania, pidió a la Unión Europea que aumente su gasto militar: “cada miembro de la OTAN debe contribuir con… un 2% (unos US$ 250.000 millones) del PIB”, el doble de lo que hoy gasta el gobierno alemán. Mucho dinero, como para darle de comer a cien millones de personas al año, con lo que podrían erradicarse las muertes por inanición que llegan a casi 10 millones al año en el mundo.
Por el contrario, el verdadero defensor de la naturaleza siempre fue el público, las personas, la actividad privada. Porque son parte de ella. Quién no quiere verde, aire fresco y bajos ruidos en su casa u oficina. Cuánto más cuesta un terreno en tanto tenga árboles, agua natural limpia, aire puro y no tenga ruidos molestos, en fin, cuanto más respetada sea la naturaleza. El mercado incentiva con fuerza, y lo premia con un aumento en el precio, el respeto al medio ambiente. Está claro, pues, que el mercado natural cuidará a la naturaleza del mercado. Y en paz.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.