¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/12/19 en:  https://www.ambito.com/economia/cuanto-crecera-argentina-y-el-dolar-2020-n5068787

 

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

 

La actividad cayó 2,1% i.a. en septiembre, según el EMAE del Indec. Así, en 2019 un 3% habrá caído el PBI que bajará 5,2% en la era Macri y, considerando el crecimiento poblacional, el PBI per cápita será menor en casi 10%. Y la caída continúa. Según el IGA-OJF, el nivel general de actividad cayó 3% i.a. en octubre.

La intermediación financiera tuvo el bajón mayor (-14,6%) pero los bancos ganaron 116% más en términos reales. Gracias a la supertasa de las Leliq, soportaron una caída de los créditos de hasta 45% mostrando que no vale producir, sino “bicicletear”.

Lacunza -mostrando que los políticos, al fin, son una unida corporación- dijo que la deuda no es ni de los kirchneristas ni de los macristas, sino del país, es decir, los ciudadanos somos los culpables cuando gran parte fue a la “bicicleta financiera” del Gobierno. Según Federico Sturzenegger, “la crisis no fue por la herencia, sino por las políticas aplicadas” y “recibimos un bajo nivel de endeudamiento de 40% del PBI”, pero Macri logró superar el 127%, según datos del IIF.

Sana actitud, en principio, la de Alberto Fernández de no aceptarle al -estatal y, por ende, estatizante- FMI los u$s11.000 M que restan. “Es como un tipo… borracho. La solución no es seguir tomando (sino) dejar de tomar”, dijo. Habrá que ver cómo los compensa, porque si es a costa de subir impuestos, no pagar deuda contraída o inflación volvemos atrás.

Gracias al cepo, el BCRA es el único comprador de divisas y en noviembre embolsó más de u$s2.000 M que, en su mayoría, provienen de las cerealeras que venden anticipándose la suba de retenciones -fueron 810 M los liquidados en noviembre de 2018, año de sequía- si hasta venden granos aún no cosechados, lo que se descontará del cálculo del PBI de 2020. Así, el BCRA sostiene la “calma cambiaria” y las reservas ya superan los u$s43.736 M.

Como consecuencia de un dólar artificialmente abaratado, cae la producción -la exportación y el consumo interno volcado a dólares -ergo la demanda de pesos, es decir, sube la inflación que, el futuro titular del INDEC, estimó para 2020 en 40%. Insólito, es adivino, como cuando la consultora a la que está ligado, a fines de 2017, anunciaba que en 2018 se superaría la “maldición de los años pares” ya que el PBI crecería 2,5%… y la pegó, fue del 2,5%… pero negativo.

Es imposible conocer la inflación de 2020 y, por tanto, como consecuencia directa, el precio del dólar, hasta ver las políticas del nuevo Gobierno que, por cierto, podría -si quisiera- permitir un crecimiento inmediato de la economía con sólo aceptar medidas razonables.

Lo que sí vemos es la tendencia actual. Para cerrar el financiamiento del año, el Tesoro recibió $20.000 M, como de adelanto transitorio, del BCRA, según surge de la evolución diaria de la base monetaria con datos del jueves 21. Adelanto incluido en los 400.000 autorizados por el DNU 740 de los cuales se estima utilizarán, en lo que resta de 2019, unos $200.000 M. Esto en un contexto de demanda de dinero -como correlato de la caída en la actividad- en mínimos de los últimos 18 años.

La pregunta entre burócratas y políticos es cuál sería la emisión coherente con esta demanda de dinero. Y la respuesta sólo la tiene el mercado en tiempo real, de aquí que la inflación sea un fenómeno inevitable en toda moneda manejada por burócratas que responden a políticos y no al mercado.

Un indicador es la brecha cambiaria -entre al blue y el oficial ronda el 10%- porque son pesos que “sobran” volcados a la divisa. Y, por cierto, inciden directamente en el IPC. Según Elypsis, 45,9% de las Pymes considera que el blue incide en sus costos y, por tanto, el 41,7% lo traslada a precios.

Otro índice, por caso, es lo que ocurre con la emisión de Obligaciones Negociables (ON). El Banco Galicia y el Ciudad las emitieron a tasa variable de Badlar +4% y Badlar + 12,876% respectivamente y fueron sobre suscriptas por fondos comunes, a falta de activos en pesos. Y en los próximos días podrían sumarse más emisiones. A los bancos les conviene porque emitir una ON supone un encaje menor que tomar un plazo fijo.

Es decir, la presión y la tendencia actual tanto inflacionaria como de caída del PBI es clara y, por tanto, la suba de los precios incluido el dólar que, por el contrario, debería debilitarse en el mundo, aunque también todas las monedas “fuertes” dada la creciente incertidumbre global.

El PBI de EE.UU. creció 2,1% entre julio y septiembre, pero, aunque se esperaba 1,9%, en la comparación i.a., la economía se desaceleró ocho décimas. Entretanto, si bien el crecimiento global se mantiene en un razonable 3% anual, se desacelera y hasta el BC Europeo y la Fed empiezan a advertir que las bajas tasas deforman los mercados. Unos u$s19 B de deuda global con grado de inversión, un tercio del total, ya tienen rendimientos negativos.

Por la sobreabundancia de dinero, los índices bursátiles tocan récords y los precios de las acciones son altos con relación a los dividendos. Además, a nivel global, en 2019 ya se vendieron el récord de u$s24,3 B en bonos corporativos: un problema si las ganancias empresariales no resultan tan buenas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

¿Se recuperará la actividad económica en lo que resta de 2019?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 7/3/19 en:  https://puntodevistaeconomico.files.wordpress.com/2019/03/informe-no-001-actividad-econc3b3mica-2019-01-.pdf

 

Responder a la pregunta del título de esta nota nos obliga a repasar la dinámica de la actividad económica argentina, por lo menos desde 2011, cuando la economía empezó a expandirse en años impares y a contraerse en años pares de acuerdo al ciclo político.
Gráfico No. 1: Estancamiento económico


Fuente: Elaboración propia con datos de INDEC y Consultora de Orlando Ferreres.

Al respecto, el gráfico No. 1 muestra tanto en el Estimador Mensual de Actividad Económica que mide el INDEC, como en el Indicador General de Actividad que mide la consultora privada de Orlando Ferreres el estancamiento de este período que comprende el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y también al gobierno de Cambiemos.
La actividad de 2018 no pudo romper con esa dinámica, y si lo hace en 2019 será para mostrar dos años consecutivos de actividad negativa.
Por otro lado, la pregunta en cuestión, debe llevarnos a analizar primeramente los fundamentos de la dinámica de cada uno de los cuatro trimestres de 2018, pues podríamos experimentar en 2019, una dinámica exactamente opuesta a aquella.
La recesión de 2018

La actividad económica en 2018 cayó un 2,6 %, pero su composición puede resumirse en cuatro trimestres caracterizados por fundamentos bien diferenciados: arrastre en el trimestre I; sequía en el trimestre II; crisis cambiaria en el trimestre III; contracción monetaria en el trimestre IV.
Profundicemos un poco.
Luego de un 2017 donde la economía se recuperó con una suba del 2,9 %, el primer trimestre de 2018 experimentó un arrastre que se sintetizó en un crecimiento del 3,9 %. Nótese que el PIB de marzo 2018 es el pico de ingresos de una larga serie, si bien numerosos analistas daban cuenta de numerosos desequilibrios a los que había que atender. Mientras los  ortodoxos
señalaban la imperiosa necesidad de atender esos desequilibrios en forma urgente, el gobierno prefirió buscar una solución gradual, la que por supuesto, tenía sus riesgos.
Gráfico No. 2: Cuatro trimestres bien diferenciados en el EMAE 2018

En el segundo trimestre, de hecho, sobrevinieron esos riesgos. La sequía impactó negativamente sobre la actividad y la recaudación fiscal; la suba de tasas de parte de la Reserva Federal encareció el crédito que Argentina necesitó justamente para cubrir sus necesidades financieras agravadas por la sequía; y el gobierno decidió ir a buscar al Fondo Monetario Internacional las divisas que precisamente se vio imposibilitado de obtener por las cosechas, además de encarecidas por las tasas. En este contexto, el nuevo impuesto a la renta financiera hizo el resto.
En el tercer trimestre se sumó al escenario de la política económica este jugador de peso, el Fondo Monetario Internacional. En ese momento Argentina experimentaba un déficit en cuenta corriente récord. El FMI le dijo al gobierno que podía asistirlo, pero que no era una buena idea
prestar divisas a un país que las gastaba en turismo en Miami, Brasil y Uruguay, y que usaba a Chile como un shopping. Es que la cotización del dólar estaba demasiado baja. Sugirió que el gobierno deje de intervenir en el mercado cambiario, y tras un primer salto, en un país con el historial inflacionario que tiene la Argentina, la demanda por activos en pesos se contrajo, las Lebacs dejaron de renovarse, la demanda por el dólar explotó y el tipo de cambio saltó por encima de los $40. El resto es conocido. Devaluación, pass-through, inflación, baja en el salario real, menor consumo, menos actividad, recesión. Las Leliqs son un problema presente y futuro, pero fue el instrumento que la autoridad monetaria encontró para evitar problemas mayores, como una hiperinflación.
La crisis cambiaria llevó a una lógica renuncia al Presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Lo sustituyó Guido Sandleris, una persona que cambió la política monetaria y que permitirá en 2019 mostrar un descenso en la tasa de inflación, pero a costa de profundizar la recesión.
Precisamente el trimestre IV tiene como principal fundamento esta contracción monetaria, sumada a los efectos de la crisis cambiaria que continuarán, al menos, hasta el primer trimestre de 2019. Sandleris se propuso, en acuerdo con las recomendaciones del FMI, mantener
constante la base monetaria desde octubre 2018 hasta junio de 2019.

Gráfico No. 3: Base monetaria


Fuente: Banco Central de la República Argentina

Esta medida logró bajar la inflación mensual del 6,5 % en septiembre al 5,4 % en octubre, 3,2 % en noviembre, 2,8 % en diciembre y 2,9 % en enero. Habrá sobresaltos, porque el pass-through de la devaluación aun no se completó, y porque los tarifazos juegan un rol en la inflación de
algún mes puntual, pero la tendencia será a una baja en la inflación mensual hacia el 2 % mensual en el último trimestre del año. La contrapartida, sin embargo, y como ya se dijo, es una menor actividad, porque discontinuar la política monetaria expansiva también corta una cadena de pagos, que sólo puede contraer el consumo y las ventas minoristas.
La actividad económica en 2019
El 2019 debería mostrar una dinámica exactamente opuesta a la observada en 2018. Un trimestre I de arrastre con mayor recesión producto de la devaluación y la contracción monetaria; un trimestre II de mejores cosechas, donde el motor del campo permite recuperar algo de
actividad; un trimestre III donde ya la economía rebota tras la crisis cambiaria de un año atrás; y un trimestre IV que estará signado por el escenario electoral. Profundicemos.
El primer trimestre 2019 muestra las consecuencias del cambio de política monetaria comentado más arriba. Las tasas de actividad interanual, es decir comparadas con un año atrás, serán negativas en los tres datos mensuales, pues se compararán con el mejor trimestre del período bajo estudio. En este primer trimestre pienso que Argentina tocará fondo, tras lo cual empezaría
una suave recuperación.
El EMAE de enero aun no está disponible, pero el IGA ya fue publicado y muestra tres aspectos a destacar: 1) la caída en la actividad continúa con una baja del 5,9 %; 2) el indicador desestacionalizado ofrece, sin embargo, una suba del 0,2 % frente al mes anterior, lo que podría anticipar que se ha tocado fondo y que inicia una recuperación; 3) que el sector que liderará esa
recuperación es el campo, observándose una expansión en enero del 7,6 % frente a igual mes del año anterior.
Gráfico No. 4: Indice General de Actividad – Enero 2019

El segundo trimestre tiene como actor principal al campo. Una vez más. Las lluvias garantizan una buena cosecha que servirá de motor para empujar la demanda y mostrar mayor actividad.
En estos tres meses habrá un punto de inflexión donde por primera vez se observe un dato interanual positivo. No será necesariamente en abril, pero sí llegaría en mayo o junio 2019.
Es en el tercer trimestre donde iniciará el rebote de la devaluación de un año atrás, siendo requisito un dólar estable y tasas de inflación mensuales en baja, producto de una política monetaria consistente. El consumo debería empezar a recuperarse, lo mismo que las ventas minoristas, y a partir de allí la confianza del mercado en la economía argentina.
Riesgos que atentan contra este escenario optimista. Claro que la política también juega. El 2019 tiene elementos locales y externos, económicos y
políticos, que son impredecibles y que pueden atentar contra este escenario.
Quizás el mayor riesgo es que algún shock impacte en la cotización del dólar, y una vez que este pegue un primer salto, los argentinos ya no renueven sus plazos fijos, y entonces los bancos ya no podrán renovar las Leliqs, debiendo la autoridad monetaria monetizarlas, con su consecuente
crisis cambiaria e inflación, impactando lógicamente en la actividad y el empleo. Pero este escenario es poco probable, porque la autoridad monetaria parece tener entendimiento y herramientas para controlar la situación.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), de hecho, está proyectando en su informe de enero una baja en la inflación en 2019, 2020 y 2021, además de tasas de crecimiento en la actividad positivas para 2020 y 2021.
Gráfico No. 5: Expectativas de inflación para diciembre de cada año – IPC

Gráfico No. 6: Expectativas de crecimiento anual del PIB

En otros términos, si bien las metas fueron corregidas, el mercado aun confía que el gobierno electo este año, sea oficialismo u oposición “racional”, podrá ganar gradualmente la lucha contra la inflación, y recuperar la actividad.
El término “racional” se ha utilizado en los últimos meses y en forma deliberada para distinguir al justicialismo kirchnerista de otras opciones más pro-mercado. Resulta para el mercado un elemento de riesgo el posible retorno del kirchnerismo que impactaría negativamente en las
expectativas del mercado. Si las encuestas muestran un resultado electoral que deje a Cristina Fernández de Kirchner cerca de un tercer mandato, las dudas sobre su política económica y un posible default o renegociación de la deuda podría golpear al mercado y adelantar una crisis económica e institucional. Este, de hecho, es quizás un elemento de riesgo real que imprime volatilidad a los mercados, considerando que las encuestas parecen mostrar a Cristina Fernández de Kirchner en un ballotage contra el oficialismo con resultado incierto.
En el mismo frente político, que otro candidato mejore en las encuestas, como el ex Ministro Roberto Lavagna en el marco de un liderazgo de lo que hoy se denomina un justicialismo racional, podría ser bien recibido por el mercado, en la medida que su política económica no parece a grandes rasgos muy diferente de la actual.
En el frente local puede haber, por supuesto, otros elementos de riesgo como una mala cosecha, pero hasta el momento no se observan riesgos reales que el mercado deba descontar.
En el frente externo, un elemento de riesgo es una suba de tasas en Estados Unidos que también podría reducir la liquidez global y encarecer el costo de financiamiento que el gobierno argentino está tomando como transición hacia el ordenamiento de sus cuentas públicas. Pero este escenario también parece poco probable en la medida que el gobierno americano ha manifestado ciertos riesgos de recesión y la autoridad monetaria decidió suspender las subas  de tasas de interés en el corto plazo. Algunos analistas incluso se animan a proyectar un cambio de política hacia una corrección hacia abajo de las tasas de interés, que podría mejorar las condiciones macroeconómicas hacia nuestra región.
Por el lado de Brasil, la elección de Jair Bolsonaro como Presidente, y algunas de las reformas que ya propuso, generaron buenas expectativas en el mercado, lo que incrementa un potencial interés de inversores en el Mercosur.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín. Es director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

Fluctuación sucia en Argentina, ¿al garete?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 19/2/19 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2019/02/fluctuaci%C3%B3n-sucia-en-argentina-al-garete.html

 

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A diferencia de un sistema de tipo de cambio fijo ―donde los bancos centrales tienen que proporcionar la cantidad de moneda extranjera que se necesite para financiar los desequilibrios de la balanza de pagos, al tipo de cambio vigente―, un sistema de tipo de cambio flexible requiere que los bancos centrales se abstengan de intervenir, y la relación cambiaria se ajuste para igualar oferta y demanda de divisas.

Sin embargo, en la literatura económica se describe la modalidad de tipo de cambio flexible o fluctuante que opera en la Argentina de hoy: fluctuación intervenida o sucia. En tal sentido, la autoridad monetaria interviene comprando o vendiendo divisas, en un intento de influir en los tipos de cambio, aunque solo bajo determinadas condiciones.

El plan del BCRA consiste en frenar la expansión monetaria hasta el mes de junio de 2019 mediante una zona de no intervención cuyos límites, desde septiembre pasado, fueron fijados entre 34 y 44 pesos, respectivamente, con un ajuste inicial mensual del 3% recalibrado al 2,2%, en el mismo lapso, hacia diciembre pasado. Si el dólar pasa del límite superior, el organismo podrá vender hasta 150 millones de U$S diarios para tratar de contenerlo. De lo contrario, si el dólar se deprecia por debajo de 34, el BCRA podrá comprar reservas internacionales y decidirá cuándo esterilizar dichas compras.

Se trata de un fuerte control de la base monetaria (billetes y monedas en poder del público, billetes y monedas en entidades financieras más los depósitos de los bancos en el BCRA). Pero todo el sistema depende de un indicador crucial, el premio de su contrapartida, la tasa de interés de las Letras de Liquidez (Leliq). Mediante este instrumento, el plan persigue un doble objetivo: reducir la inflación y evitar la volatilidad cambiaria.

Ante la mirada optimista del gobierno, los datos estadísticos de enero encendieron las primeras luces de alarma sobre el primer objetivo, la inflación. El índice de precios comenzó el sendero a la baja desde la implementación del nuevo plan en el mes de septiembre, con 6,5% mensual, pero modificó su tendencia hacia el mes de enero, con un  2,9%, y avivó  la incertidumbre sobre la meta cambiaria.

Frente a la evidencia, y a la zaga de los acontecimientos, el Banco Central limitó la tenencia de Leliq por parte de los bancos, a fin de evitar que fondos llegados desde el exterior en forma de capitales “golondrina” aprovechen las tasas que ofrece el instrumento para luego “fugarse” con rapidez. Con esta modificación se dispuso limitar el máximo de Leliq que un banco puede tener en su poder, al 65% de los depósitos de sus clientes o al 100% del patrimonio del banco. ¿Alcanzará?

¿Cuál será el costo que pagará la plaza local cuando se reviertan los buenos vientos hacia mercados emergentes? Las mesas de dinero de Argentina recomiendan ahora ser muy cautos con el “carry trade” y los vientos favorables son vistos como transitorios.

Lo más importante según la ortodoxia económica abreva en la visión de Robert Mundell y Marcus Fleming, en lo que se conoce como el Modelo de Mundell-Fleming. En ausencia de intervención cambiaria (los autores hablan de un tipo de cambio plenamente flexible, aunque los efectos pueden verse atenuados y hasta desvirtuados bajo el presente escenario de flotación sucia), un tipo de cambio flexible implica un balance pagos en equilibrio. La primera implicancia establece que cualquier déficit de cuenta corriente debe ser financiado con entradas de capital privado, y cualquier superávit con salida de capital.  Es decir, los ajustes del tipo de cambio aseguran el equilibrio de las cuentas corriente y de capital.  Ahora, la segunda implicancia y la más contundente esencia de inequidad del sistema consiste en que solo hay un tipo de interés con que se equilibra la balanza de pagos: aquel que iguala el tipo de interés interior con el del resto del mundo. De lo contrario, habrá entradas o salidas infinitas de capital únicamente mitigadas por el “trade off” rentabilidad-riesgo.

En síntesis, las bandas buscan soslayar el ancla nominal, en este caso el tipo de cambio, ya que no están dadas las condiciones de hecho económicas para que la divisa norteamericana fluctúe libremente y tienda a converger hacia su verdadero precio. Cotización que no es ni más ni menos que la que se establece bajo las condiciones que subyacen en la economía nacional.

Hasta tanto no exista la convicción de que es imprescindible solucionar la cuestión fiscal, y ello presupone prescindir de las transferencias de recursos, en grado superlativo, hacia los beneficiarios del sistema (políticos, sindicalistas, jueces, etc.), poco  podrá hacerse agregando énfasis en la política monetaria. Tal vez ayude recordar las palabras del expresidente del BCRA, Federico Sturzenegger, quien dijo, “Nuestra capacidad desde el Banco Central para contribuir al bienestar de la sociedad es dotarla de una moneda con poder de compra estable como resultado de un entorno de baja inflación. No podemos lograr casi ningún otro objetivo.” De lo contrario, la experiencia de la flotación sucia flotará, pero lo hará al garete como en tantas otras ocasiones de nuestra empobrecida historia.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Las consecuencias políticas, fiscales y económicas de la devaluación

Por Adrián Ravier.  Publicado el 26/7/18 en: https://www.lagaceta.com.ar/nota/778805/actualidad/consecuencias-politicas-fiscales-economicas-devaluacion.html?utm_source=Whatsapp&utm_medium=Social&utm_campaign=botonmovil

 

 

Argentina acudió al FMI durante la crisis cambiaria para que sostenga su endeble macroeconomía. El desembolso requerido, sin embargo, podía seguir la misma suerte que los U$S 10.000 millones que se perdieron en reservas en unas pocas semanas, si no se corregían previamente algunos fuertes desequilibrios. Para comprender esta situación podemos observar las dos cuentas de la balanza de pagos, que registran todas las operaciones que generan ingreso y egreso de divisas al país. Llevándolo a un plano más familiar para el lector, en la cuenta corriente, estaríamos observando todos los gastos de una familia. En la cuenta capital estaríamos viendo cómo se financian. La balanza comercial de esta familia, está mostrando que compran más bienes de los que venden, al tiempo que salen de vacaciones con cierta periodicidad. Si estos gastos fueran cubiertos con ingresos genuinos, como inversión extranjera directa, entonces estaríamos hablando de una familia que se da una buena vida, pero que se justifica en el trabajo de sus miembros. Pero si esta buena vida se da como consecuencia de un enorme endeudamiento, entonces los economistas debemos alertar de la situación.

Para que el desembolso del FMI no vaya a consumo o turismo, era necesario reconocer un tipo de cambio más alto de tal forma de encarecer la adquisición de dólares que se obtienen para ambos destinos. Para ello bastaba con correrse de esa posición que el Banco Central -en tiempos de Federico Sturzenegger- había asumido tras el levantamiento del cepo cambiario, es decir, de intervenir en el mercado cambiario cada vez que veían que la divisa encarecía su cotización.

Algunos economistas cuestionaron la existencia del atraso cambiario, pero no hay otro modo de explicar el mayor déficit de cuenta corriente de nuestra historia sin ese dólar contenido por el enorme endeudamiento. Manteniendo la atención sobre los desequilibrios macroeconómicos, la devaluación además causó una licuación de los salarios reales de los trabajadores (privados y públicos) que le permitirían al gobierno mostrar una mejor situación fiscal respecto del año anterior. Así, las estimaciones muestran una reducción del déficit fiscal primario que a diciembre estará por debajo del 2%, haciendo creíble quizás un equilibrio primario para fines de 2019. Muchos analistas han advertido, y yo coincido, que el déficit que debemos observar no es el primario sino el financiero, el que incluye los intereses de deuda; pero allí también observamos que 2018 terminaría con un desequilibrio menor, ahora de 5 % del PBI, reduciéndose para 2019 en paralelo con las metas sobre el déficit primario.

Lo que la política económica argentina jamás logró por la vía de ajustes en los ingresos nominales o en la reducción de personal del Estado, siempre lo consiguió por la vía de la inflación, con devaluaciones que pueden corregir parcial y temporalmente algunos desequilibrios macroeconómicos, pero que no resuelven los problemas estructurales.

Lo que comprendió el gobierno es que el número de personas que trabaja en el Estado es excesivo para los ingresos de los argentinos, y que la única forma de sostener la situación es deprimiendo sus ingresos en términos reales. La situación es compleja, y despierta en el sindicalismo argentino una obvia reacción que generará tensiones continuas y dolorosas desde el punto de vista político y social.

Lo importante, sin embargo, es aprovechar esta nueva circunstancia de crisis para corregir los desequilibrios de fondo. Luis Caputo reemplazó a Sturzenegger y ya parece haber iniciado una política de contracción monetaria que se establece sobre agregados monetarios, además de las metas sobre tasas de interés, y con ello garantiza una baja de la inflación. Recordemos que el presidente Mauricio Macri había dicho que 2019 mostrará una baja de 10 puntos en la inflación, pero no olvidemos que al cierre de este año la tasa estaría por encima del 32% anual. Una inflación para el cierre de su gobierno en torno al 22% es bastante poco respecto de lo que se esperaba de su primer mandato.

Por el lado fiscal, alcanzar el equilibrio fiscal primario en el año electoral es un desafío fundamental de este gobierno, lo que resulta creíble si en 2019 la economía se recupera de la devaluación reciente y mejora fuertemente la recaudación.

Los manuales de economía tienen lecciones básicas y fundamentales sobre el impacto de cualquier devaluación. Argentina no escapa a estos conceptos. Pero debemos recordar que toda devaluación puede ajustar desequilibrios parcial y temporalmente trasladando el costo a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos en términos reales.

Para evitar seguir en esta dinámica que ya lleva décadas, Argentina tiene que definir un tamaño del Estado que pueda pagarse con menos impuestos de los hoy existentes, sin necesidad de tomar deuda para sostenerlo y sin monetizar sus excesos. Ese es el desafío que debemos priorizar para la década de 2020.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Inflación: Cambiemos vs Kirchnerismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 20/7/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/07/20/inflacion-cambiemos-vs-kirchnerismo/#more-12046

 

“De ninguna manera vamos a aceptar que hoy hay más inflación que en el kirchnerismo” sostuvo el Jefe de Gabinete Marcos Peña. Mi respuesta en Twitter fue que si miramos las tasas de inflación, la inflación anual promedio de Cambiemos (a Junio 2018) es superior tanto a la inflación bajo el gobierno Kirchnerista, como lo es también respecto a la inflación sólo bajo el mandato de CFK. Más aún, el límite de inflación acordado con el FMI (32) es también superior a la inflación promedio con CFK.

Estos son mis números:

  • Inflación promedio Kirchnerismo: 20.4%
  • Inflación promedio CFK: 28.5%
  • Inflación promedio Cambiemos: 33.7%

Esta es la serie histórica de datos donde también ubico la inflacion promedio (quienes me siguen en las redes estarán familiarizado con este gráfico, dado que lo actualizo regularmente):

Inflacion (mensual)

Mi comentario recibió muchas reacciones. Más de las que de hecho pude leer. Muchas objeciones también repetidas. Aquí algunas aclaraciones y reacciones a las objeciones que pude ver.

DE DÓNDE SALEN LOS DATOS?

La fuente de datos es el IPC Congreso. Es la misma fuente de datos que gente de Pro/Cambiemos usaba e informaba cuando eran oposición. Me resulta un curioso doble estándar que los datos que eran válidos siendo oposición no lo sean cuando son oficialismo. Estos son también los datos que Cambiemos usa para decir que la inflación está bajando. Tiene un poco de actitud que recuerda a La Cámpora: Cuando la realidad no gusta, se cuestionan los datos. Si en cambio los datos no son confiables ni ahora ni antes, entonces no se puede realizar la afirmación de Peña.

IPC Congreso

Es cierto que el IPC Congreso no es perfecto (ningún indicador lo és). Pero no es menos cierto que se ha sido utilizado ampliamente por economistas y políticos como estimación de la inflación durante el gobierno K.

DURANTE EL KIRCHNERISMO HABÍA CONTROL DE PRECIOS

Es correto. El control de precios, en principio, daría menores tasas de inflación. Lamentablemente no es tan sencillo. Como explicaba Federico Sturzenegger (Cambiemos) al asumir en el BCRA, la inflación que no se va a un precio regulado se va a un precio no regulado. Al haber control de precios, lo que cambia son los precios relativos más que la tasa de inflación.

Si fuese cierto que el control de precios produjo una gran inflación reprimida, entonces deberíamos observar una diferencia entre la tasa de expansión monetaria y la tasa de inflacion durante el gobierno K. Sin embargo, ambas tasas son virtualmente iguales. Como se ve en el gráfico, la relación entre agregados monetarios e inflación no se rompe entre el 2003 y el 2015.

Inflacion

Hay un grano de verdad en este cuestinamiento. Según cómo se realize el relevamiento estadístico, el control de precios puede tener un mayor o menor impacto en el cálculo estadístico de la inflación. Lo que no parece ser claro es que ese impacto sea tan grande.

Otro dato relevante es el crecimiento (interanual) de la BM y M2. Como se ve en la serie histórica, más allá de oscilaciones, con Cambiemos el ritmo de expansión monetaria no muestra reducciones significativas respecto al período K.

BM & M2

Y LA INFLACIÓN HEREDADA?

Curiosamente esta es una de las objeciones que menos he visto. Es también una de las mejores. El pico de inflación al inicio del gobierno de Cambiemos se debe a herencia recibida de la política monetaria del kirchnerismo. Ok. Dos puntos:

  1. Cambiemos ha decidido no hablar de la herencia recibida. No se puede apelar a la herencia a conveniencia, suena más a excusa que a explicación.
  2. El punto de mi comentario es que lo primero es reconocer los datos, luego se puede discutir por qué al inicio de Cambiemos la inflacion se disparó (si fue o no responsabilida de ellos).

Lo que no me parece válido tampoco, es argumentar que la inflación representativa de todo el gobierno Kirchnerista es sólo la de los últimos tiempos. Una cosa es preguntarse por la inflación promediode un gobierno, otra cosa es preguntar por la inflación que dejó un gobierno.


El primer paso que Cambiemos debe tomar para bajar la inflación es reconocer el tamaño del problema. No es culpa de los datos que la inflación siga en estos elevados niveles.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Un ingrediente fiscal que aporta consistencia al modelo económico

Por Adrián Ravier.  Publicado el 8/6/18 en https://www.lagaceta.com.ar/nota/773387/actualidad/ingrediente-fiscal-aporta-consistencia-al-modelo-economico.html

 

 

 

ANUNCIO. Federico Sturzenegger y Nicolás Dujovne aseguraron el jueves que el préstamo del FMI ayudará a reducir el déficit fiscal en dos años. TELAM.

La crisis cambiaria de mayo pasado es un nuevo punto de inflexión en la política económica de Cambiemos. La fragilidad del modelo económico quedó clara por una brisa que llegó desde Estados Unidos y se convirtió en un huracán al sur del continente. Pérdida de reservas, un dólar más alto y aceleración de la inflación son consecuencias lógicas de un modelo endeble.

Recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) parecía una medida desesperada, pero tras el acuerdo del jueves último, el mercado parece comprender que el ingrediente fiscal aporta consistencia al modelo económico, al menos hasta las elecciones de 2019.

Sintéticamente, el FMI promete un blindaje cuatro veces mayor que aquel de 2001 que los argentinos recordamos con dolor. A los U$S 50.000 millones que aporta el Fondo, se suman otros U$S 5.560 millones que aportarán otros organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La tasa de interés, apenas un 1,96 %, resulta atractiva, pero puede subir en distintas circunstancias.

Las condiciones del crédito comprometen al gobierno a una corrección más acelerada de los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario.

Comenzando por el lado fiscal, la nueva meta para el déficit fiscal de Nación primario 2018 es la que el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne había lanzado en medio de la crisis cambiaria para calmar al mercado: baja del 3,2% al 2,7% del Producto Bruto Interno (PBI). En 2019 se proyecta acortar este déficit a 1,3% (frente al 2,2% anterior) y el equilibrio fiscal se conseguiría en 2020, es decir, un año antes de lo que se había planteado originalmente. En 2021 obtendríamos un superávit primario del 0,5 %, que ya contribuiría a pagar intereses de deuda.

La buena noticia ha llegado en una circular del Ministerio de Hacienda. No sólo se compromete el gobierno a reducir el déficit primario según comentamos, sino que también se reducirá el déficit financiero. El resultado primario y financiero proyectado sería de 5,1 % en 2018, 3,7 % en 2019, 2,3 % en 2020 y 1,7 % en 2021.

Independencia

Esto no es todo. El compromiso del gobierno incluye también un esfuerzo por devolver independencia al Banco Central, lo que requerirá la presentación de un proyecto al Congreso para modificar la Carta Orgánica. Entre varios puntos, la Argentina se compromete a eliminar la asistencia financiera del BCRA al Tesoro, incluyendo la cancelación de su deuda con la autoridad monetaria. Concretamente, el Tesoro cancelará las Letras intransferibles por U$S 25.000 millones.

Un punto no menos significativo es que a partir de ahora el Banco Central no estará obligado a comprar los dólares que el Tesoro adquiere a través de la deuda externa, lo que permitirá contener la expansión de los agregados monetarios que es la clave para paliar exitosamente la inflación.

En este escenario, el equipo económico coloca nuevas metas de inflación: 17 % para 2019, 13 % para 2020, 9 % para 2021 y 5 % para 2022. El plan claramente depende del cumplimiento del escenario fiscal previo.

Con este anuncio de blindaje y un escenario de ingreso de divisas a las reservas del BCRA, la autoridad monetaria se animó a anunciar la quita del techo al tipo de cambio, para dejarlo dejarlo flotar según la oferta o la demanda del mercado.

Los siete escalones

1.- La historia del FMI en Argentina no ha sido positiva. Los acuerdos han sido siempre atractivos en sus planteos, pero las promesas incumplidas han sido la norma. Basta que el gobierno firme el acuerdo y reciba los desembolsos para que se interrumpan los recortes fiscales. Las condiciones se renegocian una y otra vez hasta que el organismo se retira y en la Argentina queda una crisis económica, política y social. Primer mensaje: la Argentina no resuelve sus desequilibrios por el acuerdo con el FMI, sino con el cumplimiento de las metas anunciadas.

2.- Tenemos entonces la segunda pregunta: ¿es viable el cumplimiento de las nuevas metas? Comenzando por el lado fiscal, 2018 ya presenta un primer inconveniente dada la menor actividad económica que se vislumbra para el segundo semestre. Menor actividad implica menor recaudación fiscal. ¿Podrá Dujovne bajar el gasto público para cumplir esta meta en un contexto de baja de actividad y recaudación tributaria?

3.- Recordemos, además, que si el BCRA a partir del acuerdo deja de comprar los dólares que adquiere el Tesoro, entonces deberá venderlos en el mercado local. Al hacerlo contrae la oferta monetaria, lo que reduce aún más la actividad, en un contexto de contracción monetaria requerido para cumplir las metas inflacionarias.

4.- Asumamos que “esta vez es diferente” y el Ministerio de Hacienda finalmente concreta los esfuerzos comprometidos. En ese caso hay que llamar la atención a los plazos del acuerdo porque se extienden hacia el siguiente gobierno. ¿Será reelecto el gobierno de Cambiemos para poder de esta manera concretar el plan propuesto? ¿Podrá Peña controlar su apetito de gasto pre-elecciones?

5.- Un factor no poco relevante, es que el apoyo del FMI incrementa la probabilidad de que el 20 de junio Argentina abandone su situación de economía de frontera para pasar a integrar las economías emergentes. Esto contribuye a captar inversiones extranjeras directa, que pueda compensar la pérdida de actividad mencionada anteriormente, lo que además podría mejorar la recaudación para hacer cumplibles las metas fiscales. Este escenario implicaría además mayor actividad y empleo que también mejorar las perspectivas electorales de Cambiemos.

6.- Cumplidas las metas fiscales y con mayor independencia del BCRA, el escenario de baja de inflación es creíble. Sin embargo, la meta de recorte de diez puntos puede resultar exagerada para un año electoral. Si 2018 culmina en27 % se requiere una baja de diez puntos para llegar al 17% propuesto para 2019. La buena noticia es que las metas inflacionarias dejarían de ser una herramienta para fijar un techo a las paritarias y en su lugar buscarían generar credibilidad. Aquí el Banco Central tiene que lograr un cambio significativo en las expectativas que dependerán de los elementos señalados.

7.- Con más reservas e ingreso de divisas vía deuda e inversiones, el tipo de cambio no sólo podría mantenerse (aun sin techo del BCRA), sino que incluso podría bajar. Es demasiado pronto para cuantificar estos efectos, pero si el ingreso de divisas es significativo a través de la deuda, esto contribuirá a devolver a la Argentina al atraso cambiario ya conocido. El primer desembolso del FMI será de U$S 15.000 millones, pero si se completan los montos restantes, la apreciación del tipo de cambio contribuirá fehacientemente a mantener un significativo déficit en cuenta corriente.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Los Metrodelegados del Estado Profundo

Por Iván Carrino. Publicado el 23/5/18 en: http://www.ivancarrino.com/los-metrodelegados-del-estado-profundo/

 

Los eventos del martes nos recuerdan que los argentinos somos rehenes de corporaciones violentas.

El martes por la tarde me invitaron al programa de Mauro Viale, que se emite por A24 todos los días a partir de las 16:00 Hs.

La entrevista había sido pactada con unos días de antelación, en momentos en que nadie pensaba que ese día iba a terminar habiendo 16 empleados del subte detenidos por la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.

Al llegar al piso, el caos estaba  en su momento más alto y en el estudio habían invitado a 5 gremialistas. El tema del momento era el conflicto del subte, y no hubo espacio para hablar de economía.

Comprensible…

Por fortuna, hace tiempo que no tengo que tomarme el subte todos los días para ir a trabajar. Sin embargo, sí lo hace mi mujer, y no hay semana que no me cuente de una demora, un paro sorpresivo, y el caos que todo eso genera.

Ahora yo me pregunto, si a mí no me gustan las condiciones laborales en las que me contratan: ¿tengo derecho a romperle la empresa a mi empleador?

Claramente, no.

La esencia de los contratos voluntarios (y el contrato laboral es uno de ellos) es que somos libres de aceptarlos, o no. Y si se da este último caso, entonces agarrás tus cosas y te vas. Punto.

Ahora bien, los “Metrodelegados” (quienes  encima no tienen personería jurídica para reclamar) dicen que sus salarios son demasiado bajos. Que tienen “derecho” a un aumento mayor.

Perfecto, sin duda que lo tienen… Ahora: ¿van a ir a reclamarlo a punta de pistola? ¿Van a ir a reclamarlo impidiendo por la fuerza el funcionamiento normal del subte y perjudicando a millones de usuarios?

Lo que vivimos el martes fue una demostración clara de que el sindicalismo argentino (o al menos gran parte de él) opera como una organización mafiosa en donde, si no se hace lo que él dice, entonces a sufrir las consecuencias.

Los hechos me hicieron recordar una sección de mi  anteúltimo libro, Historia Secreta de Argentina, en donde describo cómo, en lugar de vivir en una democracia donde la “voluntad popular” (si es que existe eso) se manifiesta a través del voto, vivimos en un país cooptado por las corporaciones… Corporaciones que, sin ganar una elección, deciden con diferentes métodos de presión, para dónde va el país.

Si seguimos por esta senda, sin duda seremos inviables.

Aquí abajo encontrarán ese segmento de mi libro.

Los sindicatos que se oponen a la productividad

Los sindicatos pueden cumplir un rol muy importante en el mercado, pero también pueden terminar siendo un impedimento para el desarrollo y el crecimiento de los países.

El rol importante consiste en facilitar las negociaciones salariales entre las empresas y sus empleados. En una empresa pequeña, donde trabajan el dueño y 4 o 5 empleados, esto puede no ser necesario. Sin embargo, en la medida que crece el tamaño del emprendimiento, y la cantidad de empleados empieza a ser mayor, se vuelve necesaria la figura del mediador, representante, o delegado.

Sin embargo, hay una faceta no tan deseable. Veamos lo que sostiene el periodista especializado Ricardo Carpena[1]:

En Argentina han cambiado los partidos, la dirigencia empresarial, las fuerzas armadas, hasta la Iglesia. Pero los sindicatos siguen en manos de los mismos hace 30 años. ¿Cómo lo logran? Porque son funcionales al poder. Hasta los militares pactaron con ellos. Siempre existió la sensación de que sin los sindicalistas no se puede gobernar Argentina. Todos siguen la máxima instalada por Augusto Timoteo Vandor, líder de los metalúrgicos en los 60: ´golpear para negociar´. No para cambiar el mundo ni hacer la revolución. Para negociar.

No creo que haya una definición más exacta del estado profundo que la ofrecida por este periodista sobre los sindicatos. Organizaciones comandadas por las mismas personas hace 30 años, y sin las cuales no se puede gobernar el país.

¿Pero cómo, no vivíamos en democracia?

Los sindicatos son verdaderas organizaciones de dinero y poder en nuestro país. Gracias a la administración de las obras sociales que proveen servicios de salud, administran cajas multimillonarias con el dinero que el gobierno toma de los trabajadores y les asigna directamente.

Además, sus negociaciones salariales pueden convertirse en un verdadero calvario para todos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires. Si los salarios ofrecidos no son de su agrado, convocarán a un paro general, trastornando por completo el tránsito de la ciudad más poblada del país. Si el descontento es mayor, entonces cortarán calles, o bloquearán la salida de los camiones de las empresas con las que estén “negociando”.

En cualquier ciudad grande del país hemos sido testigos del poder de los sindicatos. Es una muestra de que en nuestra democracia, “lo público” no solo lo deciden quienes votamos en los comicios abiertos, sino grupos de presión claramente establecidos, que poco se preocupan por el bienestar general.

Dos ejemplos bastarán para entender hasta qué punto llega el deseo de estas organizaciones por defender sus intereses particulares sin importarles el daño sobre el conjunto.

Recientemente, el Banco Central de la República Argentina quería permitirles a los bancos decidir libremente si enviaban por correo de papel o vía “e-mail” los resúmenes de cuenta. Sin embargo, el sindicato de camioneros frenó la medida. Con el argumento de que la elección del email dejaría a los transportistas sin empleo, los sindicalistas bloquearon los ingresos al Banco Central. Finalmente, Federico Sturzenegger, presidente de la entidad, decidió dar marcha atrás con la medida[2].

Otro caso emblemático se dio también recientemente en la línea C de subtes. En dicha línea la empresa Metrovías había decidido hacer unas reformas en una de las estaciones de cabecera, de manera de ofrecer un mejor servicio a los pasajeros. El tema fue que las reformas se hicieron en la zona de los vestuarios de los empleados, por lo que dichos vestuarios se tuvieron que sustituir momentáneamente por baños químicos, por supuesto, más incómodos.

Ahora frente a esta situación, en lugar de consensuar una salida o tolerar el mal rato transitorio, los “Metrodelegados” decidieron hacer un paro y cortar el servicio del tranvía subterráneo por 24 horas.

Derecho a huelga

Uno de los economistas a nivel global que se dedicó a estudiar a los sindicatos durante la década del ’80 fue Friedrich A. Hayek. El austriaco de nacimiento sostenía que si bien él no se oponía a que hubiera asociaciones que representaran a los trabajadores, sí le molestaba que estos grupos estuvieran, de alguna manera, operando por encima de la ley e imponiendo su voluntad a terceras personas.

En un párrafo que parecería describir la realidad nacional, Hayek sostenía:

Dado que la huelga ha sido aceptada como un arma legítima de los sindicatos, se ha llegado a creer que se les debe permitir hacer lo que sea que les parezca necesario para conseguir una huelga exitosa. En general, la legalización de los sindicatos ha llegado a significar que cualquier método que consideran indispensable para sus propósitos también debe considerarse legal.[3]

En Inglaterra, por ejemplo, una ley de 1906 blindaba a los sindicatos contra la persecución judicial por coerción y violencia. Como uno puede suponer, esto simplemente llevó a mayor violencia y coerción ejercida por los sindicatos. Esto es algo que cambió cuando Margaret Thatcher asumió la presidencia.

En nuestro país la violencia y la coacción sindical están a la orden del día. Si no se hace lo que quieren, entonces pueden suspender las actividades comerciales, bloquear ingresos y salidas, o cortar calles y avenidas públicas.

El poder intimidatorio de los sindicatos persigue un objetivo principal: aumentar el salario por encima de aquél que prevalecería en un mercado libre. Pero cuando esto se consigue gracias al poder de coerción, entonces las consecuencias indeseadas aparecen.

El primer efecto de la distorsión en los salarios que pueden generar los sindicatos es el desempleo. Al director de un gremio y a sus miembros no les interesa si, producto de sus exigencias, otros individuos se quedan sin trabajo. Su único interés es recibir más dinero por el esfuerzo que realizan, de la misma forma que los empresarios prebendarios solo quieren incrementar sus ganancias.

El problema es que cuando los sindicatos logran imponer salarios mayores a la productividad, algunas empresas deben cerrar sus puertas, o achicar costos en otro lado, o bien frenar la contratación de nuevos empleados.

Imaginemos la siguiente situación. Una empresa de tazas de cerámica tiene dos empleados. Juan produce 5 tazas por hora, mientras que Pedro solo produce 4 tazas. Si cada taza tiene un valor de mercado de $ 1, entonces la productividad de Juan será de $ 5 por hora, mientras que la de Pedro será de $ 4. En este escenario, el empresario dueño de la fábrica podría pagar a cada uno salarios distintos. Para ganar dinero, asumamos que le paga $ 4,5 a Juan y $ 3,5 a Pedro, de manera que por cada hora de trabajo de sus empleados (e ignorando otros costos), se lleva a su bolsillo $ 0,5.

Ahora supongamos que el sindicato de trabajadores de la cerámica llegó a un acuerdo con los capitostes de la industria y decidieron que el salario mínimo no podrá ser inferior a $ 4,5 por hora de trabajo. En un primer momento, Pedro puede estar contento. Antes le pagaban $ 3,5 y ahora el sindicato sostiene que deberán pagarle $ 4,5 (igual que a Juan). Sin embargo, si la empresa comienza a pagar ese salario, pasará de recibir una ganancia de $ 0,5 por hora de trabajo, a sufrir una pérdida de la misma magnitud.

En este escenario, a más horas de trabajo de Pedro, mayor es la pérdida de la empresa. Es lógico, entonces, esperar que la empresa decida echar a Pedro, para evitar seguir perdiendo.

Finalmente, por intentar que Pedro gane más dinero, se terminó reduciendo su salario a cero.

Flexibilidad laboral, salarios más altos

Siguiendo el libreto sindical, la economía y el mercado de trabajo se encuentran fuertemente regulados. Frente a eso, suelen aparecer propuestas de “flexibilización laboral”.

Obviamente, esto último le genera urticaria a más de uno.

Es que de acuerdo con el libreto políticamente correcto, la flexibilización es lo peor que puede pasarles a los trabajadores, porque los empresarios los comenzarían a “explotar”.

Este argumento es falso. En primer lugar, porque, como decíamos, si las regulaciones son excesivas, aparecerá el mercado negro, donde el estado pierde todo el control sobre lo que allí sucede.

En segundo lugar, porque un mercado laboral más libre no solo es bueno para las empresas, sino para todos los que quieran obtener un empleo.

Una institución que mide la libertad de los mercados laborales en el mundo es la Fundación Heritage de los Estados Unidos. Para evaluar los mercados de trabajo, Heritage toma en consideración la existencia y el monto del salario mínimo, la rigidez en las horas de trabajo, la dificultad para despedir empleados, el monto de las indemnizaciones que se imponen a las empresas, el preaviso y las trabas para contratar.

Si los obstáculos son altos, dirán que el mercado es poco libre, mientras que de haber pocas trabas, estaremos en un mercado flexible.

Los cinco países de más de un millón de habitantes que mejor se ubican en este índice son Estados Unidos, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y Nueva Zelanda. Entre ellos, en Estados Unidos y Dinamarca el despido es libre, por lo que las empresas no deben indemnizar al empleado si deciden no continuar empleándolo.

Uno podría pensar que con tanta libertad, muy mal les está yendo a los trabajadores de esos países. Sin embargo, estamos frente a los salarios más elevados del planeta.

Cuadro 1.3. Libertad laboral, salario y desempleo.

Ránking de Libertad Laboral Heritage.org País Desempleo Salario Promedio en USD de 2015
1 Estados Unidos 6,2% 58.700
2 Singapur 3,0% 38.800
3 Hong Kong 3,2% 23.900
4 Dinamarca 6,6% 63.700
5 Nueva Zelanda 5,6% 43.100

Fuente: Elaboración propia en base a Heritage.org, Banco Mundial, OCDE y Trading Economics

En promedio, un danés tiene un salario anual de USD 63.700; un norteamericano ingresa USD 58.700; un neozelandés USD 43.100, mientras que en Singapur los trabajadores ingresan USD 38.800 y en Hong Kong USD 23.900.

Por si esto fuera poco, las tasas de desempleo también son muy bajas. Y, no casualmente, muy inferiores a las existentes en Argentina.

Claro que no todo pasa por la rigidez o flexibilidad del mercado laboral. El país que sigue en este ránking es Namibia, cuyo desempleo supera el 18% y cuyo PBI per cápita es de USD 4.500.

Obviamente, a la libertad del mercado laboral hay que acompañarla con una democracia republicana, paz y respeto por los derechos de propiedad, entre otras cosas.

Sin embargo, dado que muchas de esas cosas sí tiene nuestro país, no es un mal momento para pensar en tener un mercado laboral más libre. Pero eso implicaría disminuir el poder de los sindicatos, y enfrentarse finalmente al estado profundo, algo que no parece estar en las prioridades de nuestros políticos.

[1] “Los sindicatos, la monarquía paralela argentina”. Diario El País. 22 de agosto de 2016.

[2] El Banco Central volvió a ceder a las presiones de Camioneros y atrasa la modernización. Infobae. 15 de febrero de 2016

[3] Citado en Baird, Charles W.: “Hayek on Labour Unions”.

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.