Déficit fiscal crítico, atraso cambiario y tarifario, los temas postergados para después de las elecciones

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 8/9/2021 en: http://economiaparatodos.net/deficit-fiscal-critico-atraso-cambiario-y-tarifario-los-temas-postergados-para-despues-de-las-elecciones/

El resultado financiero de las cuentas públicas con el agregado de la deuda creciente del Banco Central se proyecta en más de 10% del PBI hacia fines del corriente año

Por esas volteretas que también inventamos los economistas para mostrar no mostrar los datos como más nos gustan, en su momento se empezó a hablar del déficit primario y del déficit financiero. El primario no incluye los interés de la deuda pública, en tanto que el financiero sí los incluye. Una forma bastante ridícula de llevar una convertibilidad porque los intereses pagados son un gasto. Al menos eso se estudiaba en contabilidad, la contabilidad que inventó el fraile Luca Pacioli que no es otra que la partida doble que desarrolló allá por 1494.

No incluir los intereses dentro del cuadro de resultados es como si el contador nos diera el resultado operativo de la empresa sin incluir los intereses pagados por un préstamo o por el giro en descubierto en el banco. Un disparate conceptual.

Lo concreto es que los intereses de la deuda hay que incluirlos para analizar el tema fiscal, porque si no se los incluye se termina financiando el pago de intereses con más deuda, que fue lo que llevó al colapso de la crisis de 2001 a pesar del blindaje de fines de 2000.

Tomando en cuenta siempre los intereses de la deuda, el déficit fiscal previsto en el presupuesto para el 2021 se estima en 6% del PBI.

Sin embargo, buena parte del déficit fiscal de este año se está financiando con deuda del BCRA en LELIQs y PASES NETOS. Esa deuda, que viene creciendo en forma acelerada que ya se multiplicó por 4 desde que el kirchnerismo llegó al gobierno, ronda los $ 4 billones. Haciendo una estimación optimista esa deuda genera una pérdida para el BCRA, perdida que no podrá pagar, de $ 1,8 billones anuales que equivalen a otros 4,8% del PBI de acuerdo a los datos del presupuesto. De lo anterior se desprende que midiendo bien en déficit fiscal, esto es incluyendo los intereses a pagar, este año terminaría con un déficit fiscal consolidado nación más BCRA de 10,8% del PBI, número que permite presagiar una crisis fiscal, cambiaria y monetaria imposible de corregir con gradualismo.

Agreguemos a esos 10,8% del PBI de déficit fiscal el atraso de las tarifas de los servicios públicos y el atraso cambiario y, se puede afirmar que el horizonte no es muy alentador en términos económicos. En particular con un presidente que ha perdido toda credibilidad y un ministro de Economía que cada paso que quiere dar tiene que consultarlo con La Campora y con el Instituto Patria.

Mientras el gobierno dice que va a acordar con el FMI en marzo, momento crítico por los vencimientos de deuda que se acumulan en ese mes, hay un documento del Bord del FMI de enero de este año que establece claramente que el déficit cuasifiscal que genera el BCRA debe tenerse en cuenta a la hora de establecer las correcciones fiscales.

Dice textualmente el documento del board del FMI: el marco propondrá consolidaciones solo en casos de bancos centrales con grandes posiciones de capital negativas y/o cuando el equipo de país considere que el banco central está involucrado en importantes financiamientos monetario del presupuesto y/o actividades cuasifiscales. En otras palabras, parece escrito a medida para el caso argentino.

No solo el déficit cuasifiscal se acerca al déficit fiscal financiero, sino que además la deuda del BCRA absorbe el 67% de los depósitos del sector privado en el sistema financiero y supera a la base monetaria en un 43%. Un verdadero descalabro cuasifiscal.

Las reservas brutas declaradas por el BCRA suman US$ 46.180 millones. Solo restándole los encajes en dólares que no pertenecen al BCRA y el swap con China, quedan US$ 12.847 millones de reservas. Y faltan restar el préstamo del BIS y otras obligaciones con organismos internacionales y el tesoro. En un cálculo sumamente optimista, las reservas propias del BCRA, forzando los números, llegarían al 22% de las reservas propias del BCRA. Número que vuelve a bajar si este mes el BCRA le paga al FMI la deuda que vence con los DEG que entraron de regalo.

En números más sencillos, la deuda del BCRA en pesos equivale a US$ 40.000 millones, es decir, al 87% de las reservas brutas del BCRA y aún falta contabilizar la base monetaria que ronda los $ 3 billones.

En marzo 2022 Argentina tiene vencimientos de capital por US$ 10.541 millones de los cuales US$ 2.855 millones son con el FMI y US$ 4.126 millones son en bonos. Si el gobierno no pudo pagarle la última cuota al FMI de US$ 2.400 millones y tuvo que refinanciarla, que vencería nuevamente en marzo del año que viene, difícilmente pueda pagarle al FMI los US$ 2.855 millones que vencen en marzo.

Pero el tema a considerar es que si ahora el FMI exige incorporar el déficit cuasifiscal en el programa fiscal, el esfuerzo fiscal que tendría que hacer el gobierno para cumplir con las metas que se pacten con el FMI tendrían que ser tan grandes que implicarían reformas estructurales que el gobierno kirchnerista no está dispuesto a llevar adelante.

En síntesis, hasta ahora el gobierno ha conseguido patear para luego de las elecciones todos los desajustes que tiene. Para después de las elecciones se juntan la corrección del atraso del tipo de cambio real, las artificiales tarifas de los servicios públicos y hacer frente a vencimientos deuda pública que hoy no parece estar en condiciones de cumplir.

El gobierno ha armado la tormenta perfecta.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Cuando son los dioses los que gobiernan, la decadencia es el resultado

Por Aldo Abram: Publicado el 5/3/21 en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/15/cuando-son-los-dioses-los-que-gobiernan-la-decadencia-es-el-resultado/

Hay que convencer al Capitán de este barco que no cometa los mismos errores que las anteriores tripulaciones. Debe encarar las reformas estructurales pendientes o terminará chocando nuevamente contra el mismo iceberg

El presidente Alberto Fernández (EFE/José Méndez/Archivo)

El presidente Alberto Fernández (EFE/José Méndez/Archivo)

Cuando llegan al gobierno, muchos funcionarios parecen volverse dioses. En el primer día determinan los precios; en el segundo, deciden dónde se ahorra; en el tercero, en qué se invierte; en el cuarto, ordenan cómo producirán de los distintos sectores; en el quinto, establecen cómo la gente tiene que trabajar; en el sexto, organizan las relaciones financieras y comerciales de los residentes con los que viven en el exterior; y en el séptimo, descansan, para eso son Dioses.

El gran problema es que no lo son y no saben más que el resto de los que habitan el suelo argentino sobre cómo invertir o ahorrar la propia plata, cómo producir o manejar un negocio, cómo comerciar o negociar con los extranjeros ni cuánto valen las cosas. Por otro lado, muchos políticos y funcionarios creen que, para financiar su perseverante derroche desde el Estado, ellos pueden “multiplicar los panes y los pesos”. Por eso, al final, todo sale mal y vienen las crisis; porque no pueden hacer milagros.

El problema es que a casi todos ellos les enseñaron que “la sociedad produce, ahorra, exporta, importa, trae dólares o se los lleva, invierte, etc.”. Por lo tanto, si un gobierno te nombra como funcionario es para que administres todo lo que hace la sociedad, que los votó para eso. Sin embargo, no conozco ninguna sociedad, excepto las “personas jurídicas” formadas por individuos, que haga todas esas cosas. Lo hace la gente o las mencionadas asociaciones de personas que se unen para hacerlas.

A muchos que leen estas líneas les debe parecer bien que así sea; pero si logra ahorrar no le debe gustar que le prohíban comprar más de 200 dólares en el mercado oficial y que, por adquirir hasta ese monto, lo castiguen con altos impuestos. Puede ser que le resulte razonable que se fijen los precios y tarifas de lo que consume; pero reclamaría horrorizado si esos mismos funcionarios le redujeran el ingreso o le fijaran un valor menor que el cree que tiene su auto o casa que está por vender. Es lamentable, pero sólo nos damos cuenta que se está violando un derecho cuando a quien se lo están avasallando es a uno mismo. Si es a otro y, eso nos favorece, está todo bien.

Es así como al día de hoy hemos llegado a tener más de 170 impuestos y tasas municipales. Logramos que Argentina esté, entre 190 países, en el puesto 21 de los que más exprimen a sus empresas con gravámenes. Todo esto porque los gobiernos perseveran en gastar cada vez más a costa del sector productivo y, la mala noticia, es que ni así les alcanza; por lo que absorben el crédito que debería ir a producir más. En una palabra, el Estado crece y crece, nunca se ajusta; porque muchos políticos y economistas dicen que así “la economía crezca”. Sin embargo, al quitarle los recursos para producir e invertir al sector privado, lo único que logran es que se achique (ajuste) quien genera lo necesario para pagar los sueldos y gastos propios y, a través de impuestos y tasas, los del Estado. No parece la mejor forma de garantizar un crecimiento sustentable, por el contrario sólo asegura la historia de más de 80 años de decadencia argentina.

Las regulaciones con las que los funcionarios pretenden ordenarnos cómo hacer las cosas superan las 67.000. Es imposible conocerlas y cumplirlas, sobre todo para las Pymes, a las que asfixian. Por otro lado, no es verdad que la legislación laboral protege los derechos de los trabajadores, que son todos. Es decir, los que tienen un empleo formal o están en “negro” o no lo tienen. En realidad, sobreprotege al que tiene la suerte de estar en “blanco” y excluye de esa posibilidad a todos los demás. En los últimos 20 años, hubo gobierno de todos los tipos y períodos de gran crecimiento; pero en cualquiera de ellos más del 40%, y probablemente más del 50% de los argentinos, estaba desocupado, en la informalidad o tenía un seguro de desempleo disfrazado de puesto público o plan asistencial. Lo único que fue permanente en todo ese tiempo, es la normativa laboral que destruye puestos de trabajo productivo formal.

Lamentablemente, en su discurso ante el Congreso, el Presidente no habló de solucionar los problemas de fondo que tiene la economía y que son la causa de la decadencia que nos lleva de crisis en crisis. Sólo propuso parches, como las leyes sectoriales que pretenden incentivar que se invierta en donde ellos consideran relevante o estratégico. Para ello, les moderan el impacto enormemente negativo de las distorsiones y la presión tributaria que se vienen acumulando desde hace décadas y que, en la actualidad, se están agravando. Es como si el Capitán del Titánic les dijera: “Sé que dicen que vamos a chocar contra ese iceberg; pero igual siga viaje con nosotros. Lo pasaremos de tercera clase a primera sin que pague más y le garantizaremos un bote salvavidas, por las dudas”. No creo que haya cola de pasajeros aceptando esta propuesta. Mucho menos en la Argentina, donde cuando fue de conveniencia de la gestión de turno o cambió la idea de qué es estratégico fomentar, nuestros gobernantes han violado dicho tipo de leyes cambiándolas inconstitucionalmente en forma retroactiva. Como sucedió en la anterior gestión K con la Ley de Minería quitándoles beneficios impositivos que ésta les había otorgado.

Por ello, más allá de la actual recuperación, que también el gobierno de Cambiemos la tuvo, hay que convencer al Capitán de este barco que no cometa los mismos errores que las anteriores tripulaciones. Debe encarar las reformas estructurales pendientes o terminará chocando nuevamente contra el mismo iceberg.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Sigue a @AbramAldo

Las enseñanzas que dejan la convertibilidad y los 90

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 17/2/2021 en: http://economiaparatodos.net/las-ensenanzas-que-dejan-la-convertibilidad-y-los-90/

La regla monetaria fracasa si no está acompañada de la disciplina fiscal que exige no gastar más de lo que se recauda con impuestos

Cuando se pronuncia la palabra convertibilidad, el común de la gente identifica la convertibilidad con un plan económico. En rigor, la convertibilidad no fue un plan económico, fue una regla monetaria que se estableció en abril de 1991 para frenar el proceso hiperinflacionario en que estaba sumergida la economía argentina.

La convertibilidad del peso al dólar funcionaba de la misma forma que funcionaba antiguamente la caja de conversión del peso al oro. En vez del peso ser convertible a oro, era convertible al dólar que era la moneda que usaba el argentino como reserva de valor.

Se puede estar de acuerdo o no con un esquema de caja de conversión, sea a dólar o a oro, pero si se está de acuerdo, el punto central es el tipo de cambio al que se entra en la convertibilidad. Si se elige un tipo de cambio con el peso sobrevaluado o, lo que es lo mismo, haciendo que el dólar sea artificialmente barato, se incentivan artificialmente las importaciones y se castigan artificialmente las exportaciones. Argentina se transforma en un país caro en dólares. Si la paridad se fija con un dólar artificialmente caro, se frenan artificialmente las importaciones estableciendo una especie de proteccionismo vía el tipo de cambio.

Tal vez el error fue entrar con un tipo de cambio que no se correspondía con un nivel de gasto público alto que hacía que la economía requiriera de una alta carga tributaria dejando fuera de competencia a los productores locales.

Cabe aclarar que este punto lo resaltó el entonces diputado por la UCEDE, José María Ibarbia cuando se tenía que votar la ley de convertibilidad, quien justamente argumentaba que el tipo de cambio no se correspondía con el nivel de gasto público, lo que hacía que se entrara con un peso sobrevaluado que iba a generar problemas de competencia externa. Lo cual efectivamente ocurrió y por eso muchos industriales recuerdan ese período como la invasión de importaciones y le echan la culpa a la apertura de la economía, cuando en realidad la apertura estaba bien, el problema estaba en un tipo de cambio que, por el nivel de gasto público y presión impositiva, hacían imposible competir.

Y aquí es importante resaltar que el aumento del gasto se produjo más en las provincias que en la Nación. Las provincias llevaron el gasto consolidado de 10,23% del PBI en 1991 a 13,4% del PBI en 2001 cuando estalla la convertibilidad.

En cambio, la Nación baja el gasto de 18% del PBI en 1991 hasta 14,6% y luego vuelve a subir en hacia el final del mandato de Menem y con De la Rúa hasta 16,7% del PBI. Es decir, hacia el final de la convertibilidad, con De la Rúa, el gasto se descontrola tanto en la Nación como en las provincias. Por eso a nivel nacional los intereses de la deuda pública a nivel Nación pasan de 1,8% del PBI en 1991 a 4% del PBI en 2001 y en las provincias trepan de 0,15% del PBI en 1991 hasta 0,83% del PBI en 2001.

Si se entró a la convertibilidad con un tipo de cambio inconsistente con el nivel de gasto público de ese momento, luego se agravó con el aumento del gasto, sobre todo en la gestión de De la Rúa, tanto a nivel nacional y provincial.

Durante un tiempo este problema se disimuló por el ingreso de divisas de las privatizaciones y luego con el endeudamiento, pero la prueba de que no hubo convergencia fueron las altas tasas de interés que se siguieron pagando por los depósitos y préstamos en pesos, comparados con los depósitos y préstamos en dólares.

Las privatizaciones tuvieron una triple función en el plan de estabilización.

  • En primer lugar, sirvieron para bajar el gasto público dado que las pérdidas de las empresas estatales las tenía que cubrir el tesoro. Como el tesoro no tenía recursos genuinos para pagar esas pérdidas, se recurría a la emisión monetaria. Por eso, sirvieron para estabilizar la economía
  • Mejoraron la productividad de la economía y atrajeron capitales para modernizar empresas totalmente ineficientes. Los avisos de los departamentos que se vendían aparecían con la frase: con teléfono. Conseguir un teléfono en la época de ENTEL, la empresas telefónica estatal, era una misión imposible. Los que conseguían un teléfono era porque tenían algún contacto dentro de la empresa. Y se pagaban varios miles de dólares por una línea telefónica. Pasaba lo mismo con las rutas, los subtes, la producción de gas, el sistema energético en su conjunto y tantos otros sectores. Hubo muy buenos marcos regulatorios en algunas privatizaciones, como en el caso de la energía, y otros horribles como en el caso de Aerolíneas y otros regulares.
  • La tercera función de las privatizaciones sirvió para ayudar a regularizar la deuda externa, porque quienes compraban las empresas podían pagar parte con bonos de la deuda que compraban a una paridad muy baja en el mercado pero el estado tomaba los bonos a valor facial.

¿Por qué la convertibilidad, que había dado una estabilidad de precios casi absoluta a partir de 1994/97 terminó en una explosión? Si bien cada uno puede dar su punto de vista, se pueden citar las siguientes razones:

  • Se entró en la convertibilidad con un tipo de cambio que era incompatible con el nivel de gasto público existente al momento de establecerla. Este fue el pecado original con que se entró en la convertibilidad.
  • Esto generó la semilla de presiones devaluatorias durante muchos años y, finalmente, un gobierno políticamente débil como el de De la Rúa fue volteado por sectores que propiciaban la devaluación como solución a todos los problemas. Los devaluadores de siempre querían un dólar caro. Tanto es así que Rodríguez Saa, el primero presidente que reemplaza a De la Rúa, se resistía a devaluar y termina siendo eyectado del gobierno por su mismo partido político y renuncia desde su provincia, San Luis. Si la convertibilidad aguantó tantos años fue, entre otras razones, porque la gente no quería oír hablar de devaluación. Es más, Menem gana la reelección de 1995 con la fusta debajo del brazo, en un momento en que el país estaba en recesión por el efecto Tequila y a pesar que el atentado a la AMIA había ocurrido pocos meses antes, en julio de 1994. El famoso voto licuadora, por la deuda que habían tomado en dólares la gente para comprar electrodomésticos e hipotecas hacía que nadie quisiera escuchar la palabra devaluación.
  • No solo se entró con un gasto público inconsistente con el tipo de cambio que se eligió para el 1 a 1, sino que luego el gasto público, particularmente en las provincias, siguió aumentando. Los bancos le prestaban a las provincias montos que estas no podían cancelar sus deudas. Es decir, parte del sistema financiero era inviable por los créditos que le habían otorgado a provincias que luego no podían pagar.

¿Qué nos enseña ese período? Que el problema sigue estando un nivel de gasto público que si en los 90 era inconsistente para tener estabilidad de largo plazo, hoy es mucho más inconsistente porque durante el auge de las commodities el kircherismo aumentó el gasto consolidado en un 50% respecto a las décadas del 80 y del 90.

En síntesis, no hay artilugio monetario, cambiario o financiero que pueda sustituir las reformas estructurales y menos un nivel de gasto público altísimo e ineficiente.

En la década del 80 el gasto público consolidad, que era 30% del PBI, no se puedo financiar y tuvimos inflación, megainflación, hiperinflación, plan Bonex y default. En los 90 la convertibilidad estalló por los aires porque requirió de endeudamiento creciente para financiar ese nivel de gasto público.

¿Por qué ahora, con un gasto público consolidado que aumentó 50% respecto a las dos décadas mencionadas, la historia va a terminar diferente?

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Una economía en terapia no se cura con analgésicos

Por Aldo Abram: Publicado el 16/8/20 en: https://www.cronista.com/columnistas/Una-economia-en-terapia-no-se-cura-con-analgesicos-20200816-0018.html

Algunos remarcan la contradicción de un Presidente que, en un momento, dice no creer en lanzar planes y, luego, anuncia que dará a conocer 60 medidas para relanzar la economía. Lo primero es tener claro que no hay ninguna contradicción entre estos dichos. El mandatario se refirió a que no presentará ningún programa económico como el que reclaman los economistas a los que, usualmente nos identifican como “ortodoxos”. Él y los funcionarios que lo acompañan no creen, como nosotros, que Argentina va de crisis en crisis por negarse a realizar las reformas estructurales que, los países que prosperan, implementaron en las últimas décadas.
Del mismo modo, tampoco piensan en el sector productivo como gestor de recuperación económica. Para ellos, la deuda era el verdadero escollo y no la consecuencia de no solucionar los problemas de fondo. Conseguida la
reestructuración, indican que el Estado generará el crecimiento. Para ello, los funcionarios les dirán a trabajadores y empresarios cómo deben hacer sus respectivas actividades; los premiarán o castigarán según vayan o no en el rumbo señalado; y modificarán las reglas que determina el mercado y el funcionamiento de la economía por otras mejores, fruto de sus ingenios extraordinarios.
Además, según su sabio criterio, invertirán mucho desde el sector público multiplicando el crecimiento, pagados con tributos e impuesto inflacionario que le sacarán a trabajadores y productores.
Puesto así, es entendible el anuncio de 60 medidas que seguramente implicarán: bajas de retenciones; subas de reintegros y otros privilegios, que se asignarán arbitrariamente a sectores que consideran hay que beneficiar para desarrollar la economía.

Algunos serán aliviados de la carga que le impone al conjunto el excesivo “costo argentino” que, dicho sea de paso, nadie quiere resolver y, de hecho, es esperable que esta gestión incremente.
Si esta carga no disminuye, ni siquiera los sectores elegidos para la “salvación”, se lanzarán a realizar grandes inversiones. Sólo podrán beneficiarse más del período de recuperación y el moderado crecimiento que es esperable en lo
inmediato; para, luego, “surfear” mejor la crisis que sobrevendrá en el corto o mediano plazo.

¿Por qué? Sólo imaginémonos que la economía argentina, gravemente convaleciente de la crisis económica que se desató a partir de 2018, está cruzando la calle y lamentablemente la atropella el camión de la “cuarentena”. La llevan al hospital con un montón de huesos rotos y el médico que la atiende recomienda darle un analgésico especial para cada uno de los incontables dolores que tiene en el cuerpo; pero no trata los traumatismos ni las infecciones preexistentes que la tienen en una situación terminal. Es probable que logre aliviar coyunturalmente algunas de sus penurias y hasta sienta alguna mejora temporal; pero terminará falleciendo por falta de un tratamiento adecuado.
Es imposible pensar que la inversión va a fluir si el Estado no deja de gastar mucho más de lo que los argentinos pueden pagar. Estos niveles de expendio son garantía que en el futuro volveremos a reestructurar los bonos que se entregarán a cambio de los que se espera canjear actualmente.
Tampoco es factible que el sector productivo crezca. Argentina está en el puesto 21, de 190 países, entre los que más exprimen con impuestos a sus empresas. Según el mismo informe del Banco Mundial, si las PyMes pagaran todos sus
impuestos, la mayoría quebraría.
Además, recién el 3 de agosto, la mayoría de los argentinos dejará de trabajar para pagar gravámenes y empezará a hacerlo para sí y sus familias. Es imprescindible una reforma del Estado que lo ponga al servicio de los ciudadanos y no de la política; pero que además su gasto se pueda pagar con una presión tributaria aceptable.
Por otro lado, nuestros funcionarios se sorprenden de que haya tanta informalidad. Ya vimos cómo el sistema impositivo la incentiva; además hay más de 67.000 regulaciones que ellos siguen aumentando todos los días. Es imposible que un emprendedor o Pyme puedan cumplirlas. Sólo una gran empresa podría hacerlo, pagando un ejército de asesores y
gestores.

Si se lograra reformar el Estado y desregular la economía, volverá la inversión productiva de argentinos y extranjeros.Sin embargo, lo harán tratando de contratar la menor cantidad de empleados posibles. Tenemos una
legislación laboral, con bases arcaicas, que desincentiva la creación de puestos de trabajo productivo.
Si se toma cualquiera de los últimos 20 años, en los que hubo algunos de fuerte crecimiento y gobiernos de todos los colores, y se elige cualquiera de ellos, más del 40% (posiblemente más del 50%) de los argentinos estaba desempleado,
en la informalidad o con un seguro de desocupación disfrazado de empleo público inútil o plan asistencial.
La gestión de Cambiemos demostró que se puede lograr alguna recuperación económica impulsada por un incremento de credibilidad coyuntural. Sin embargo, si no se resuelven los problemas de fondo, será sólo un “espejismo” al que seguirá una crisis. Los países que encararon las reformas estructurales de fondo, en los siguientes 20 años, lograron más que duplicar el poder adquisitivo de los salarios de sus trabajadores. Hoy, tienen bajo desempleo y llevaron la pobreza e inflación a un dígito. Mientras tanto, nosotros seguimos apostando a los milagros y esperando la próxima crisis

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) . Síguelo en @AbramAldo

Sin reformas estructurales, es difícil que la economía crezca

 

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/498924/sin-reformas-estructurales-dificil-economia-crezca

 

Todo el mundo suponía que Macri iba a perder, el tema era por cuántos puntos perdía. Cuál era la diferencia. Si era de 4 puntos o menos, los mercados la iban a recibir bien porque eso abría las chances que podría llegar a ganar en octubre o en el balotaje. Pero, de 5 puntos para arriba, cuanto más lejos de 5 puntos de diferencia, los mercados lo van a tomar peor porque implica una alta probabilidad que gane en octubre la fórmula Fernández Fernández .

Las políticas que propone la fórmula Fernández Fernández no son -y se han demostrado en el pasado-, las que los inversores consideran que nos van a sacar adelante como país. Más allá que por ahí esa expectativa era la que tenían en el 2015 y después en 2017 y hoy se sienten desilusionados. Por lo menos Juntos por el Cambio proponía ir en la dirección que se supone tiene que ver con las reformas estructurales y resolver los problemas de fondo de la Argentina y que el país salga adelante.

En cambio la otra fórmula no propone eso. Están en contra de hacer reformas estructurales profundas. Para ellos no es el problema. La salida no se termina de entender por dónde la ven, es casi mágica y esa misma percepción la tienen los inversores. Los mercados y los inversores llegaron con mucho optimismo a estas elecciones.

Pero para entender por qué es mágico eso de resolver los problemas creciendo, que plantea la fórmula Fernández Fernández, sin hacer las reformas estructurales, eso se puede explicar con un ejemplo. Supongamos que soy el carnicero del barrio y todas las mañanas me despierto temprano. Recibo el camión de la carne, controlo que sea buena, abro a tiempo, cumplo los horarios, atiendo muy bien a los clientes. De esa forma, obviamente voy a tener la confianza de mis clientes y voy a vivir bien.

Sin embargo, si decido un día no levantarme tan temprano, dejo que el ayudante que no tiene ni idea del negocio, reciba el camión de la carne, compre carne más o menos, empiezo a vender carne más o menos, a veces sale buena, otras veces dura, abro a cualquier hora porque quiero quedarme a dormir, cierro a cualquier hora porque me quiero ir a tomar un café con mis amigos. Obviamente lo que va a pasar es que voy a empezar a perder la confianza de mis clientes, van a dejar de venir y voy a vivir peor.

En este contexto, si viene un amigo y me dice que tiene la solución para llenarle de plata el bolsillo a mi familia, le voy a decir que no entendió la situación porque no estoy vendiendo nada, no tengo plata y nadie me va a querer prestar si no vendo nada y no tengo plata. Voy a tener que preguntarme entonces por qué estoy como estoy y resolver esa situación que me llevó al lugar y la posición en la que me encuentro. Eso es, justamente, empezar a levantarme más temprano, elegir de vuelta bien la carne, atender bien a mis clientes y posiblemente así vaya recuperando la confianza de mis clientes y vuelva a vivir mejor. Ahí es donde está el problema de fondo con la Argentina de hoy.

Nosotros estamos hoy como estamos, porque es cierto que este Gobierno heredó un país al borde de la crisis por no hacer las reformas estructurales en su momento después de la crisis del 2002 que en realidad no fue otra cosa que licuar los resultados desastrosos de no haber resuelto los problemas de fondo de la Argentina, con reformas estructurales, antes. Pero el gobierno kirchnerista tampoco las hizo, incluso empeoró muchas de las cosas que había que resolver y este Gobierno recibió ese paquete.

No obstante, también es cierto que este Gobierno no hizo nada y eso es lo que hizo que perdiera la confianza de los inversores y los ahorristas extranjeros y argentinos y cayéramos en una crisis el año pasado. Se fueron ahorros y se siguen yendo el ahorro y la inversión de los argentinos.

Entonces ahora ¿qué es lo que hay que hacer para que la economía vuelva a crecer? Recuperar el ahorro y la inversión de los extranjeros y de los argentinos. Para eso hay que hacer las reformas estructurales,-previsional, impositiva, laboral- sino no se va a recuperar el ahorro y la inversión y lo que se va a tener es una crisis como la de 2002 que lo que va a hacer es terminar licuando con pobreza de todos los argentinos, los resultados desastrosos de no haber hecho la reformas estructurales en la Argentina y vamos a empezar de vuelta como en el 2002. Tendremos un rebote después de eso y luego a rezar porque a alguien se le ocurra resolver esos problemas. Por eso, si no se hacen las reformas estructurales es difícil que la economía crezca y con eso se pueda resolver en el tiempo, los problemas de fondo de no haber hecho esas reformas.

 

Aldo Abram es Lic. y Magíster en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) Es Director Ejecutivo de Libertad y Progreso. Profesor e investigador de ESEADE. Publica como @AbramAldo.

 

La Argentina está muriendo sepultada bajo el peso del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/23/la-argentina-esta-muriendo-sepultada-bajo-el-peso-del-populismo/

 

Curiosamente, Cambiemos encara las elecciones de octubre adoptando medidas populistas como son los acuerdos de precios con una nefasta ley de Lealtad Comercial, para que no venga otro populismo

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

En declaraciones de ayer lunes, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”, lo que significa que, una vez más, se verifica que cuando se establece un precio artificialmente bajo, hay que racionar por cantidad porque a ese precio artificialmente bajo no hay suficiente cantidad de oferta para abastecer la demanda que aumenta por ese fenómeno.

Dicho en otras palabras, por más que los gobiernos se empeñen en tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda, ésta sigue con vida y goza de buena salud.

Uno puede entender que sea una simple aspirina para llegar a las elecciones, pero francamente haber desperdiciado cuatro años en un gradualismo que fue inmovilismo, termina en el riesgo de la vuelta de un populismo con tendencias autocráticas como es el kirchnerismo.

Si bien mucha gente puede recordar la fiesta de consumo del kirchnerismo, la realidad es que esa fiesta de consumo no va a poder reeditarse tan fácilmente. Para hacer populismo hay que tener recursos, sean propios o confiscados, y no creo que vaya a quedar un centavo en la Argentina si CFK se perfilara como ganadora en la segunda vuelta.

En varias oportunidades di el siguiente ejemplo sobre la fiesta de consumo del kirchnerismo: esa fiesta fue como si hubiese vendido mi casa, mi auto; hubiera dejado el trabajo y sacado todos mis ahorros del banco; y me hubiese ido a Europa, alojándome en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más caros. A la vuelta de Europa, me encontraría con que no tengo dónde vivir, ni auto, ni ahorros, ni trabajo.

Si me preguntaran cuándo estaba mejor, ¿cuándo estaba en Europa o a la vuelta?, es obvio que diría que cuando estaba en Europa, lo que ocurre es que ese lujo en Europa era insostenible. Solo financiable hasta dónde dieran los recursos consumidos. Eso hizo el kirchnerismo, por un lado dilapidó los ingresos fiscales que recibió de los precios de la soja y por otro lado se consumió el sistema energético, los trenes, las rutas, nuestros ahorros en las AFJP y 12 millones de cabezas de ganado para financiar tarifas de servicios públicos artificialmente bajas y tener asado artificialmente barato.

En términos de recaudación tributaria, en 2002 los ingresos fiscales fueron USD 16.182 millones y en 2015 la recaudación llegó al equivalente a USD 166.150 millones. En otras palabras, el kirchnerismo aumentó sus ingresos fiscales por retenciones y matando con impuestos a la gente, en USD 149.968 millones.

Se dilapidó el equivalente a un Plan Marshall

Para tener idea de lo que significa esta cifra, el plan Marshall, implementado luego de la Segunda Guerra Mundial, fue de USD 14.000 millones de ese momento, unos USD 140.000 millones de hoy, repartido entre 18 países. A Alemania le tocaron unos USD 14.500 millones actuales, con lo cual no es cierto que Alemania se haya recuperado gracias al plan Marshall, sino que se recuperó gracias a la política económica de libre mercado que implementó Ludwig Erhard, a pesar de la oposición de los aliados que en ese momento estaban con las ideas keynesianas y del estado de bienestar.

Volviendo a nuestro caso, el kirchnerismo recaudó el equivalente a un plan Marshall completo y 10 veces el apoyo que recibió Alemania del plan Marshall y sin embargo dejó destruida la economía argentina.

El fenomenal consumo de stock de capital más lo gran caja que tuvo el kirchnerismo lo condujo a regalar planes sociales, jubilaciones y empleo público que llevó el gasto público consolidado a 48% del PBI.

¿Qué hizo Cambiemos frente a esta herencia recibida?

En vez de contar la herencia recibida, el Gobierno se limitó a esperar una lluvia de inversiones que nunca llegó; lluvia que mágicamente iba a producir un crecimiento económico que terminaría licuando el gasto público sobre el PBI a menos del 48%. Así, el peso del Estado sería licuado por el mágico crecimiento sin necesidad de bajar el gasto público, ni tocar el revoleo de planes sociales, empleo público y un sistema previsional quebrado que se heredó de CFK; y la ministra Carolina Stanley sigue entusiastamente regalando la plata de los contribuyentes a todo aquél que corte la Avenida 9 de Julio exigiendo vivir del trabajo ajeno.

El gradualismo significaba tomar deuda pública y financiar el déficit fiscal hasta que llegara la lluvia de inversiones y mágicamente pudiésemos salir de la brutal herencia k sin sacrificios de ningún tipo. El mayor milagroso crecimiento iba a producir más ingresos fiscales y eso iba a cerrar la brecha negativa con los gastos antes del pago de intereses.

El resultado que tenemos es que a la herencia K hay que sumarle la herencia Cambiemos y mi visión es que es un verdadero delirio creer que de este lío salimos estimulando el consumo interno. El discurso populista de: hay que ponerle plata a la gente en el bolsillo para que consuma y así crecemos, es un verdadero delirio.

Con un mercado interno de 44 millones de habitantes, de los cuáles un tercio es pobre, no hay consumo interno que lleve a ninguna inversión. Un poco parece ser la propuesta del kirchnerismo y de Lavagna. En Cambiemos todavía están esperando la lluvia de inversiones.

La cruda realidad es que la única salida de crecimiento de largo plazo que tiene Argentina es volver a ver el mundo como una oportunidad. Es decir, la salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

Para poder incrementar las exportaciones hay que tener inversiones porque se requieren volúmenes de producción muchos mayores y para tener inversiones se requiere: 1) una legislación laboral que incentive a las empresas a contratar personal; 2) una carga tributaria que sea competitiva a nivel mundial; y 3) seguridad jurídica.

Días atrás, Infobae publicaba el trabajo del Banco Mundial en el que Argentina es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas.

En efecto, Argentina le aplica una carga tributaria a las empresas del 106% sobre las utilidades. Esto es posible porque las empresas no pueden ajustar sus balances por inflación y, por lo tanto, se aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital. Es decir, el Estado se está comiendo parte del capital de las empresas con el Impuesto a las Ganancias más el resto de los delirantes impuestos nacionales, provinciales y municipales.

En definitiva, durante décadas hicimos populismo y eso nos llevó a caer en una crisis tras otra. El kirchnerismo llevó ese populismo hasta niveles insospechados, y Cambiemos se limitó a financiar con deuda pública ese populismo a la espera de la milagrosa lluvia de inversiones que todo lo resolviera, pero ninguno parece estar dispuesto a encarar en serio las reformas mencionadas para ser competitivos para exportar y así captar inversiones en cantidades suficientes que permitan bajar la tasa de desocupación y la pobreza.

Todo el arco político argentino sabe que la situación económica es terriblemente complicada, pero ninguno está pensando en proponer las reformas estructurales. Todos están imaginando cómo seguir financiando esta locura populista y esperar que mágicamente tengamos una lluvia de kamikazes dispuestos a invertir en Argentina para ser sometidos por la nueva Ley de Lealtad Comercial, tasas del 68% anual, una legislación laboral que implica adoptar de por vida a cualquier persona que se tome en relación de dependencia, a que lo esquilmen con impuestos y demás barbaridades económicas.

Argentina está muriendo sepultada bajo los escombros del populismo del empleo público y los planes sociales y nadie de la dirigencia política parece estar tomando debida nota de lo dramático de la situación. Siguen delirando con más populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿Por qué estalló todo?

Por Iván Carrino. Publicado el 20/6/18 en: http://www.ivancarrino.com/por-que-estallo-todo/

 

La salida de Sturzenegger y el salto del dólar reflejan la enorme desilusión con el proyecto de Cambiemos.

El martes por la tarde estuve en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora participando de un debate con otros profesores de economía.

La invitación, que acepto hace más de 2 años, tiene por objeto dar un análisis de la era kirchnerista y luego sumarle el tiempo transcurrido del nuevo gobierno, siempre desde una perspectiva económica.

El debate siempre es interesante porque me lleva a conversar con dos economistas de corrientes de pensamientos diametralmente opuestas a la mía. Pero, además, porque me fuerza a revisar qué pensaba de la economía tiempo atrás.

La última vez que fui a la Universidad fue en noviembre de 2017.

En ese entonces, explicaba que el nuevo gobierno efectivamente se estaba enfrentando a una “pesada herencia”, pero que los datos mostraban, por un lado, una baja de la inflación y, por el otro, una recuperación económica post-colapso de populismo K.

Al mismo tiempo, también advertía que faltaban todavía reformas muy importantes, que tenían que ver con:

– La reducción del gasto público

– El fin del déficit fiscal

– La desregulación de mercados como el laboral y el de productos importados.

Si bien en su momento ya existían las inconsistencias macroeconómicas, los datos no mostraban la inminencia de una crisis.

De hecho, los indicadores financieros como el Riesgo País, la bolsa, e incluso el dólar, destellaban optimismo.

¿Qué pasó entonces?

Un boom basado en expectativas

Pocos días después de la victoria de Mauricio Macri en las elecciones de 2015, el extraordinario analista chileno, Axel Kaiser, escribía lo siguiente:

El nuevo gobierno encabezado por Mauricio Macri puso fin no solo a más de una década de degeneración institucional kirchnerista sino a casi cien años de dominio político peronista. Así las cosas, la tarea que enfrenta Macri es nada menos que derrotar la historia. Ya logró un primera victoria en las urnas el pasado domingo. Esa fue la parte “fácil”. Ahora le toca dar inicio a una transformación sostenible en el tiempo que logre terminar, a nivel cultural e ideológico, con el peronismo que ha destruido la libertad y condenado a la decadencia y vergüenza internacional a un pueblo que ha probado tener lo necesario para pertenecer a la élite mundial.

Si Macri logra la titánica hazaña de dejar iniciado ese cambio permanente pasará a ser el más grande líder político que haya conocido la Argentina en más de un siglo y sin duda uno de los más grandes que haya conocido América Latina en toda su vida independiente.

La mirada de Kaiser reflejaba, en mayor o menor medida, la de quienes estaban “mirando el partido desde afuera”. Mauricio Macri podía ser el líder que llevara a Argentina de nuevo a las “grandes ligas” del desarrollo económico.

Ahora bien, para esto el gobierno tenía que encarar reformas drásticas.

Tenía que bajar el déficit fiscal desde 7% del PBI al 0%. Tenía que reducir el gasto público y los impuestos. Tenía que desregular los mercados laborales, liberar los precios de la energía, los combustibles y los supermercados. Tenía que abrir la economía al comercio del mundo, y tenía que terminar con una década y media de inflación, algo que dijo que iba a ser “lo más fácil” de todo.

Los mercados internacionales, al ritmo del “sí se puede”, parecieron comprar la idea de que esto efectivamente iba a pasar. O, al menos, compraron la idea de que incluso sin hacer todas las reformas, con algunas bastaría para que el país volviera a crecer por un período medianamente largo.

Hoy los inversores piensan todo lo contrario.

¿Se puede o no se puede?

El gobierno de Macri asumió en una situación por demás delicada. La situación ameritaba llamar al Fondo Monetario en ese momento y comenzar un programa de ajuste con apoyo del organismo.

Sin embargo, primó la política.

El gobierno no llamó al Fondo, no lanzó un programa de ajuste fiscal contundente, y no explicitó la pesada herencia recibida.

El marketing de Durán Barba le ganó al análisis técnico de algunos de los funcionarios del propio equipo económico.

En un principio, la apuesta parecía salir bien, y el gobierno hizo algunas modificaciones interesantes como salir del cepo, sincerar tarifas y cerrar el juicio con los holdouts.

Además, terminó ganando las elecciones de medio término.

Pero no mucho se había avanzado en términos de déficit fiscal, gasto público, impuestos y mercado laboral.

Una vez pasado el triunfo en las legislativas, era el momento indicado para avanzar con reformas más ambiciosas. El discurso de Macri, de hecho, fue en ese sentido.

Sin embargo, todo quedó en palabras. La reforma tributaria tuvo gusto a poco, y reforma laboral directamente no hubo, gracias a la dura presión de los sindicatos.

El gasto público sigue hoy en alrededor del 40% del PBI.

Golpe de gracia

Con la alta presión tributaria, la nula modificación del mercado laboral, y un déficit fiscal que se convirtió en una aspiradora de dólares del mundo, la gran apuesta del gobierno para ganar las elecciones del 2019 corría peligro.

La economía podía llegar a enfriarse y, como no había voluntad para hacer reformas estructurales, entonces se recurrió al atajo mil veces probado (y mil veces fracasado) de bajar la tasa de interés para estimular la actividad.

Así, llegamos a la conferencia del 28 de diciembre, donde se cambiaron las metas de inflación y se forzó al Banco Central a bajar las tasas. La medida fue festejada por algunos, pero el mercado rápidamente la expuso como un gran error.

A partir del 28D, las expectativas de inflación saltaron, y lo mismo pasó con el dólar y el riesgo país.

Por si esto fuera poco, el contexto internacional empeoró, y ese mercado que compraba cualquier cosa, comenzó a mirar los números con más detalle.

Lo demás es historia conocida.

El dólar avanza 60% en lo que va del año, y la bolsa, medida en moneda dura, cae cerca de 40%. Además, renunció Sturzenegger y echaron a Aranguren, el único ministro del gobierno que redujo con fuerza el gasto público.

La crisis financiera que atraviesa el país no es culpa del Banco Central ni exclusivamente del contexto internacional. Se trata, en realidad, del fracaso de Cambiemos, que generó unas expectativas formidables sobre su capacidad de cambiar la historia del país pero que, en los hechos, no concretó grandes cosas.

Hoy el mercado le está pasando factura, o bien está adaptándose a una nueva realidad: Cambiemos no era en realidad tan Cambiemos, y torcer el rumbo de decadencia Argentina no iba a ser tan fácil como se imaginaba al principio.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

Cuenta corriente del balance de pagos: El otro déficit preocupante en la Argentina

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 27/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/27/cuenta-corriente-del-balance-de-pagos-el-otro-deficit-preocupante-en-la-argentina/

 

La vuelta de los déficits gemelos, déficit fiscal y déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, obliga recordar que el financiamiento externo no es para siempre y, si no se apuran las reformas estructurales, las tendencias a la devaluación del peso continuarán obligando al BCRA a seguir vendiendo reservas para evitar la suba del tipo de cambio.

Desde el Gobierno suelen argumentar que la relación deuda pública/PBI es baja. Que como el kirchnerismo no tenía acceso al crédito externo, la deuda externa que dejó es baja y queda margen para poder seguir tomando deuda sin que se produzcan complicaciones.

Si no se apuran las reformas estructurales, las tendencias a la devaluación del peso continuarán obligando al BCRA a seguir vendiendo reservas

En rigor relacionar deuda pública/PBI es conceptualmente un error. No es indicador de nada.

Veamos. Imaginemos que Ud. tiene una deuda hipotecaria a 20 años por $3.000.000 y que su ingreso mensual es de $40.000, es decir, un ingreso anual de $480.000. Para ver su capacidad de pago, ¿dividiría los $3.000.000 millones que le vencen a lo largo de 20 años por sus ingresos de un año? Claramente es una cuenta disparatada.

Lo que corresponde es dividir el stock de deuda que vence a lo largo de los 20 años por el ingreso de 20 años. En el caso de dividir la deuda pública, que vence a los largo de varios años, por el PBI es como dividir por el ingreso de un año dado que el PBI es el ingreso que genera la economía en un año.

Indice de cobertura de la deuda externa

Para ver si la deuda es sostenible en el tiempo, otros economistas calculan los intereses de la deuda con relación a las exportaciones, algo que no comparto porque los intereses de la deuda son del Estado y las divisas provenientes de las exportaciones son del sector privado, por lo tanto, el Estado tiene que tener los pesos suficientes para comprar los dólares en el mercado para pagar los intereses de la deuda y esos pesos tendrían que salir del superávit fiscal.

Los intereses de la deuda son del Estado y las divisas provenientes de las exportaciones son del sector privado

En rigor, la mejor medida para evaluar si la deuda pública es sustentable en el tiempo es analizar si el superávit primario alcanza para pagar los intereses de la de deuda pública.

El problema es que hoy no tenemos superávit primario y eso lleva a un crecimiento de la deuda y de los intereses a pagar por el mayor stock de deuda.

Como primer dato podemos decir que los intereses de la deuda pública (incluidos los intereses intrasector público) representaron el 20% de la recaudación en 2016 y el 27,6% en 2017. En otras palabras, el gradualismo lleva a tener una mayor carga de intereses a pagar que le quita recursos al estado para afrontar los gastos corrientes impidiendo la baja de impuestos para atraer inversiones.

Competitividad cambiaria

Pero el otro tema es que al tomar deuda externa y subir la tasa de interés para absorber los pesos que emite el BCRA para dárselos al Tesoro, se genera un arbitraje tasa versus dólar que hace bajar el tipo de cambio. Los agentes económicos venden sus dólares en el mercado para hacerse de pesos y colocarse a tasa. Esto deteriora el tipo de cambio real e impacta en la cuenta corriente del balance de pagos.

Recordemos que la cuenta corriente incluye el saldo de balance comercial, el neto de turismo, de utilidades y dividendos, transferencias unilaterales e intereses de la deuda externa.

En la medida que el tipo de cambio cae en términos reales por el arbitraje tasa versus dólar y el estado toma más deuda y, consecuentemente, tiene que pagar más intereses de la deuda externa, el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos tiende a crecer.

Incluso el tipo de cambio real artificialmente bajo induce a déficit en el saldo de turismo y con un balance comercial que tiende a ser negativo.

El gráfico previo muestra la relación entre la cuenta corriente del balance de pagos y el PBI. Actualmente el déficit de la cuenta corriente está en casi 5 puntos del PBI.

Un alto desequilibrio sostenido derivó en crisis sistémicas

Con la crisis de la tablita cambiaria de Alfredo Martínez de Hoz, en febrero de 1982, se produjo con un déficit de 6 puntos del PBI. Entre el 97 y el 99 estuvo levemente por encima de 4% del PBI y la convertibilidad del 1 a 1 en los noventa, se aguantó la crisis del sudeste asiático, la crisis rusa y la devaluación de Brasil en enero de 1999, que además venía de bancarse la crisis del tequila en 1995.

De manera que no me animaría a poner un número de déficit de cuenta corriente a partir del cual se termina el financiamiento externo, pero sí podemos afirmar que el modelo no es sustentable porque en la medida que aumente el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos hay mayor tensiones de devaluación del peso salvo que ingresen más capitales.

¿Por qué el déficit de cuenta corriente del balance de pagos genera tensiones de devaluación del peso? Porque la demanda de divisas es mayor a la oferta.

El saldo de balance comercial tiende a ser negativo por el atraso del tipo de cambio y por los intereses de la deuda externa que crecen en la medida que crece el stock de deuda para financiar el déficit fiscal.

El ingreso de dólares

¿Qué tipo de dólares pueden ingresar para evitar la devaluación del peso?

Capitales de corto plazo que apuestan a la zanahoria de la tasa de interés.

Capitales para ser invertidos en el sector real de la economía o deuda que toma el sector público.

Actualmente nos movemos con ingresos de dólares por la zanahoria de la tasa y por la deuda externa, aunque últimamente las presiones sobre el mercado de cambios obligaron al BCRA a desprenderse de más de USD 1.700 millones para evitar una abrupta suba del tipo de cambio, lo cual indica que ya no estamos en un mercado libre de cambios.

En rigor nunca lo estuvimos porque antes que el BCRA saliera a vender divisas al mercado para frenar la suba, lo frenaba indirectamente subiendo la tasa de interés.

Déficit gemelos

El riesgo que hoy se observa es que la existencia de déficit gemelos genera tensiones en el mercado de cambios. Si uno observa nuevamente el gráfico se puede ver que luego de la devaluación del 2002 y la suerte de embocar altos precios para las materias primas, el superávit de cuenta corriente empieza a bajar hasta ser negativo en 2010 en la medida que el tipo de cambio real va cayendo al punto que Cristina Fernández establece el cepo a los pocos días de lograr la reelección y va mantenerse en todo su segundo mandato con un cepo cambiario cada vez más feroz.

El superávit de cuenta corriente empieza a bajar hasta ser negativo en 2010 en la medida que el tipo de cambio real va cayendo

Si bien se eliminó el cepo cambiario, no se eliminó el problema de fondo que es el déficit fiscal. Antes se financiaba con emisión monetaria y ahora contra deuda externa que también se transforma en pesos y por eso no pueden bajar la tasa de inflación.

Pero lo cierto es que a partir del 2010 el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos va aumentando y hoy todo depende del ingreso de capitales. Dado que no se produjo la lluvia de inversiones, el modelo ya no es hiperdependiente de un feroz cepo cambiario, sino de conseguir financiamiento externo, es decir, que el gobierno logre mantener un flujo de ingresos vía deuda pública.

Ese financiamiento nadie sabe cuánto puede durar. Pueden ser años o meses. Por eso mejor abrir el paraguas antes que se largue con todo y todos sabemos qué significa abrir el paraguas a tiempo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

 

 

Los políticos se equivocan: NO hay que crear empleo

 

Por Iván Carrino. Publicado el 25/10/17 en:  http://www.ivancarrino.com/los-politicos-se-equivocan-no-hay-que-crear-empleo/

 

La clave del progreso no es la creación de puestos de trabajo, sino la creación de valor.

Cuántas veces escuchamos a los políticos decir que todo lo que hacen es para “crear empleo”. Como si ellos tuvieran la varita mágica para conseguirlo… repiten una y otra vez lo mismo.

Es más, en tiempos de “la grieta”, parecería que en el tema de los puestos de trabajo, todos se ponen de acuerdo.

Cristina Fernández, mandamás del país por 8 años entre 2007 y 2015, sostenía que la generación de puestos de trabajo era el “objetivo primordial” de su modelo económico.

Mauricio Macri, supuestamente ubicado a años luz de distancia del populismo radical kirchnerista, sostiene casi lo mismo: “Mi obsesión es generar más trabajo”, afirma. Cada medida que toma, cada reunión que tiene, la cierra calculando cuántos puestos de trabajo podrían crearse.

Datos, no relatos

Es una lástima que cuando uno mira los números, parece haber un divorcio entre lo que se desea y lo que efectivamente ocurre.

Si bien entre 2007 y 2011 se crearon, en el sector privado formal, 650.000 empleos nuevos, después de instaurar el “cepo” la economía se frenó y la creación de puestos de trabajo privado cayó estrepitosamente. El empleo en el sector más productivo de la economía creció al 1,1% promedio anual durante todo el período, lo mismo que crece la población.

Esta tendencia fue contrarrestada por la maquinaria de contratación del estado. Durante el mismo período, el aumento del empleo público mostró un ritmo en torno al 4% anual. Los empleados públicos pasaron de representar el 43,1% del empleo privado formal en 2012, a 49,4% en diciembre de 2015.

Con Macri la cosa no anduvo mejor. Producto de la pesada herencia recibida, en los primeros seis meses de su gestión el sector privado registrado perdió alrededor de 50 mil puestos. Esta pérdida recién terminó de recuperarse en junio de este año.

Mientras tanto, el peso del empleo estatal siguió creciendo (ya supera el 50%), el desempleo general en el país (ahora que tenemos datos confiables) es superior al promedio de América Latina y el sector informal sigue representando un considerable 34% del mercado laboral.

No hay que crear trabajo, hay que crear valor

Como se observa hasta acá, para “crear trabajo” no es suficiente con las buenas intenciones. Ahora yendo a la cuestión fundamental, lo cierto es que todo el enfoque que nos ofrecen los políticos está equivocado.

Es que la clave del progreso no pasa por “crear empleos”, sino por crear valor.

Piénsese una cosa: si el objetivo del país fuera emplear a la mayor cantidad de gente posible, la receta sería muy sencilla. A partir de mañana, se decreta la destrucción de todas las máquinas de la Argentina y el cierre de nuestras fronteras comerciales.

Estas dos medidas serían verdaderamente extraordinarias para la creación de trabajo. A corto plazo, estaríamos todos “empleados” en la destrucción de las máquinas, llevando el desempleo a 0%. Acto seguido, todos conseguimos trabajo produciendo aquellos bienes que antes fabricaban las máquinas.

Por si eso fuera poco, la demanda de mano de obra explotaría porque también habría que producir todo lo que antes llegaba del extranjero pero ahora está bloqueado.

Sensacional, ¿verdad?

No tanto…

Más empleo, mucha más pobreza

Es cierto que los argentinos a partir de ese momento tendríamos muchas cosas para hacer y  caería el desempleo, ¿pero a qué costo?

Al costo del empobrecimiento generalizado de los 40 millones de habitantes. Sería tal la destrucción de riqueza que veríamos una ola de emigración e incluso muchos compatriotas al borde de la muerte por falta de fronteras comerciales.

Es que la medida equivaldría a querer producir todo lo que compramos en el supermercado dentro de casa y “a mano”. El tiempo que pasaríamos “ocupados” sería tan grande que casi no quedaría resto para dormir o consumir.

La calidad de vida se desplomaría.

Es por eso que la clave del progreso no es la creación de empleos, sino la creación de riqueza. Es decir, la generación de bienes y servicios de valor para los clientes, que incrementen las ganancias de las empresas.

Tener cada vez más empresas, de mayor tamaño y con más inversión redunda en una mayor cantidad de bienes y servicios a precios más accesibles. El beneficio para el consumidor es directo. Pero como efecto positivo colateral, tenemos un aumento genuino de la demanda de mano de obra.

Cuanto más crecen las empresas, más gente necesitan para trabajar y mayores salarios pueden pagar.

El gobierno no debe “crear empleo”, sino limitarse a liberar las energías creativas de los empresarios.

Sin reformas no hay crecimiento

Ahora bien, para liberar estas energías es necesario remover toda la parafernalia de impuestos, trabas y controles que hoy están reprimiendo la economía.

Argentina está en el puesto número 156 en el Índice de Libertad Económica y ocupa la posición 116 en el Informe Haciendo Negocios del Banco Mundial. Arriesgar e invertir en el país es un deporte extremo, gracias a las regulaciones, la inflación, y la carga tributaria.

Más que “obsesionarse” por los puestos de puestos de trabajo, el gobierno debería preocuparse por quitarles el pie de encima a los verdaderos creadores de riqueza.

En esto deberían consistir las “reformas estructurales” de las que hoy tanto se habla.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La cultura del saqueo como fuente de nuestra decadencia económica

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/9/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/09/26/la-cultura-del-saqueo-como-fuente-de-nuestra-decadencia-economica-2/

 

Con este esquema el país no puede crecer a largo plazo, en base a inversiones, porque nadie invierte para ser saqueado.

La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.
La corrupción y el clientelismo generaron un sistema de destrucción de la riqueza en la Argentina.

Si se confirman los pronósticos que dan ganador al oficialismo, tanto en la provincia de Buenos Aires como en los distritos electorales con mayor peso electoral, el presidente Mauricio Macri no tendrá la mayoría en ambas cámaras pero habrá acumulado un capital político nada despreciable, que le otorgará un margen de maniobra más amplio, para llevar adelante reformas estructurales que nos permitan entrar en una senda de crecimiento de largo plazo.

Que hoy varios indicadores económicos estén dando bien no quiere decir que sean sostenibles en el tiempo. A modo de ejemplo, y salvando las distancias, Cristina Fernández logró mostrar durante un tiempo un fuerte aumento del consumo, pero basado en artificios económicos que hacían que ese aumento no fuera sustentable en el tiempo. Es la famosa herencia recibida.

Esperemos, entonces, que con ese mayor capital político, Macri comience a cambiar el discurso y, sobre todo, el rumbo económico. Lo que sirve para ganar las elecciones no necesariamente sirve para crecer en el largo plazo.

Mi visión es que la economía argentina tiene por delante dos grandes problemas. Uno, el de solucionar la cuestión estrictamente económica. Déficit fiscal, inflación, distorsión de precios relativos, tipo de cambio real, etcétera. El otro es la política económica de largo plazo. Cambiar por completo la política económica apuntando a crear las condiciones necesarias para atraer inversiones, incrementar la productividad de la economía, generar más demanda de trabajo y así comenzar un ciclo de crecimiento de largo plazo.

Pero claro, esas condiciones necesarias para atraer inversiones requieren de algo que vengo repitiendo hasta el hartazgo: calidad institucional. Me refiero a las reglas de juego, códigos, leyes, normas, costumbres que regulan las relaciones entre los particulares y de estos con el Estado.

Lo que hoy tenemos es un sistema de saqueo generalizado. El Estado es el gran saqueador que luego decide a quien le da parte del botín. Es el que a su antojo reparte el botín del saqueo. Pero ojo, esto no es nuevo en Argentina. Nuestra larga decadencia tiene como germen esta “cultura”por la cual todos pretenden vivir a costa del trabajo ajeno y usan el  monopolio de la fuerza del Estado para que saquee a otros y luego les transfiera a ellos parte del botín. El kirchnerismo ha llevado hasta niveles insospechados esta cultura del saqueo y, a mi entender, el gran desafío de Macri consiste en empezar a desandar ese nefasto camino que se ha traducido en un gigantesco gasto público con la correspondiente presión impositiva, que ya nadie puede negar que está destruyendo la economía argentina.

¿Qué quiero decir con cultura del saqueo? No me refiero solamente a la legión de gente que recibe los llamados planes sociales y se sienten con derecho a ser mantenidos por el resto de la sociedad o a la legión de ñoquis que permanecen en el estado, sino también a que buena parte de la dirigencia empresarial local (de capitales argentinos y extranjeros) pretenden parte del botín pidiendo proteccionismo, créditos subsidiados y otros privilegios que les evite competir. Quieren un mercado cautivo para vender productos de mala calidad y a precios que no podrían cobrar en condiciones de una economía abierta para obtener utilidades extraordinarias.

Además hay sectores profesionales que actúan como corporacionesdirigentes políticos, sindicales, etcétera, que pretenden también vivir de ese saqueo generalizado.

La política económica que impera en nuestro país se basa en esta regla por la cual diferentes sectores recurren al Estado para que este, utilizando el monopolio de la fuerza, le quite a otro para darles a ellos.

Es todos contra todos. Una sociedad que vive en permanente conflicto social porque el que es saqueado por el Estado pide algo a cambio y, entonces, el Estado saquea a un tercero para conformarlo y ese tercero protesta y el Estado saquea a un cuarto sector para conformar al tercero y así sucesivamente. Obviamente que los que menos poder de lobby tienen son los perdedores de este modelo de saqueo generalizado.

Con este esquema el país no puede crecer en base a inversiones porque nadie invierte para ser saqueado. En todo caso hace un simulacro de inversión para luego saquear a otro. Pero inversiones en serio, aquellas que tratan de conseguir el favor del consumidor son mínimas con estas reglas. Es más, casi tienden a cero.

En consecuencia, no tenemos un sistema de cooperación voluntaria y pacífica por el cual un sector solo puede progresar si hace progresar a sus semejantes produciendo algún bien que la gente necesite y vendiéndolo en el mercado a precio y calidad competitivos. Por el contrario, tenemos un sistema de destrucción de riqueza. De destrozo del sistema productivo. Y eso se traduce en menos bienes para ser saqueados y repartidos. Cuanto más saquee el Estado, menos se produce, menor es el botín a repartir y mayor la conflictividad social.

Las recurrentes crisis económicas argentinas son el fruto de esta cultura del saqueo. Cuando se acaba el botín viene la crisis y empezamos de nuevo, pero no cambiamos la cultura de fondo.

El mayor problema que tenemos que enfrentar es cambiar esta cultura del saqueo por la cultura del trabajo, de la competencia, de la innovación. No es cierto que el país no esté en condiciones de cambiar esta cultura decadente. Que sea imposible llevar a cabo un cambio de estas nefastas reglas de juego sin evitar una crisis social. Eso es lo que venden los políticos que prefieren seguir teniendo el poder de saquear porque saqueando pueden retener poder político. Saqueo a unos pocos y reparto entre muchos y así gano votos, es decir, kirchnerismo en estado químicamente puro.

Podremos discutir hasta el hartazgo si gradualismo fiscal o baja del gasto público. Si hacemos una reforma impositiva que atraiga inversiones o continuamos con la cantinela de que primero hay que recaudar más para luego bajar los impuestos y delirios de ese tipo.

Ahora, lo que seriamente tenemos que plantearnos es si vamos a seguir usando al Estado para robarnos unos a otros (el robo legalizado, como lo llamaba Bastiat) o le ponemos un límite en que el monopolio de la fuerza que le delegamos es para defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas y no para que lo use para saquear en nombre de la solidaridad social. Verso también inventado por los políticos para decir que tienen el monopolio de la benevolencia y así seguir saqueando a los sectores productivos para repartir el fruto del saqueo y ganar votos.

En síntesis, terminar con esta competencia populista en que se ha transformado la democracia en Argentina y volver a una democracia republicana.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.