Intervención cambiaria: un posible alivio para llegar a las elecciones, pero luego habrá que trabajar en serio

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/30/intervencion-cambiaria-un-posible-alivio-para-llegar-a-las-elecciones-pero-luego-habra-que-trabajar-en-serio/?fbclid=IwAR3ROY9r9L29gBGzyz_sApAyzFz6Jt2aBFKxN78MKQKX62iQXdGSojrkDtE

 

Desde octubre el BCRA viene cumpliendo con la promesa de no aumentar la base monetaria, sin embargo, la inflación no cede. La venta de dólares sin límite puede ayudar a bajar el ritmo de suba de los precios, pero no es la solución de fondo

Bajar la inflación es mucho más complejo que acordar “precios cuidados con productos esenciales”

Bajar la inflación es mucho más complejo que acordar “precios cuidados con productos esenciales”

Hay que distinguir entre IPC e inflación. Por una cuestión de simplificación, los economistas solemos usar el Índice de Precios al Consumidor del Indec como reflejo de la inflación, sin embargo, no es tan así. Técnicamente la inflación se produce cuando se expande moneda más allá de lo que demanda el mercado. Pero para no hacer las cosas más complicadas, aceptemos el IPC como una explicación del fenómeno. La realidad es que bajar el ritmo de suba generalizada de los precios lleva más tiempo del que livianamente dijo Mauricio Macri cuando estaba en campaña para la presidencia. Veamos un caso concreto.

A comienzos de 1991, el presidente Carlos Menem todavía no había logrado encontrar el camino para estabilizar una economía que venía con una inflación anual del 753% en enero de ese año. Ni el plan Bunge & Born, ni Erman González terminaban de encontrarle la vuelta a la economía y en particular a la inflación.

Domingo Cavallo asume como ministro de Economía a principios de 1991 y luego de un intento fallido de establecer una convertibilidad móvil, con una banda superior y otra inferior en el tipo de cambio, en marzo de 1991 enfrentó una fuerte corrida cambiaria que lo llevó a anunciar la convertibilidad, regla monetaria que tuvo fuerza de ley a partir de abril de 1991.

Es importante resaltar que la convertibilidad fue solo una regla monetaria por la cual cada peso que circulaba tenía un dólar de respaldo en el BCRA. Insisto en resaltar que fue una regla monetaria porque sus detractores la identifican como una política económica completa.

El gráfico previo muestra la evolución de la tasa de inflación anual de cada mes, antes de la convertibilidad y luego de la convertibilidad. Y si bien comenzó a bajar rápidamente, recién en agosto de 1993, 2 años y cuatro meses luego de haberla aplicado la tasa anual se ubicó en un dígito anual. Inclusive fue un dígito anual alto, 9%, para una regla monetaria que tenía un tipo de cambio fijo. Además, había un plan económico sólido detrás.

Ahora es comprensible que con la nueva regla monetaria del Gobierno de no aumentar la base monetaria, pero sin un plan económico detrás, continúe la huida del peso. Digo esto porque la gente no comprende qué es la base monetaria, por lo tanto no es tan convincente como la convertibilidad a la hora de generar expectativas positivas en el común de la gente acerca del peso.

Si a la gente le dicen que hay un dólar respaldando cada peso que hay en circulación, la gente no huye del dinero. Si se le dice que no va a aumentar la base monetaria, el tema se complica porque, salvo los economistas, el común de la gente no tiene porqué saber qué es la oferta de dinero

Cómo se determina el poder adquisitivo de la moneda
Relación entre la cantidad de dinero transaccional y la disponibilidad de bienes y servicios en la economía
Chart

Fuente: Elaboración propia

Determinación del nivel general de precios

Para comprender qué es la huida del dinero veamos el cuadro 1. Tomemos el caso 1. Supongamos que el Banco Central emite $10.000 que es todo el dinero que hay en circulación. Supongamos que la gente demanda moneda por las dudas (tiene pesos para gastar la semana que viene o en un tarrito de galletitas por las dudas) por $2.000. El stock de dinero que realmente circula es de $8.000. Si la oferta de bienes es de 800 unidades, el precio promedio máximo que se puede pagar es de 10. No hay posibilidad física de que el promedio aumente.

Ahora bien, si vamos al caso 2 suponemos que, por cualquier razón, las expectativas de la gente son que los precios seguirán subiendo o el contexto político deteriorará más el poder adquisitivo de la moneda, por lo tanto, suponemos que la demanda de moneda baja de $2.000 a $1.000. En ese caso la cantidad de moneda que circula pasa a ser 9.000, es decir, aumenta el total de pesos que se usan para transacciones sin que el Banco Central haya emitido un solo peso. Si la oferta de bienes es de 800, el precio promedio aumenta a 11,3 por ciento.

Finalmente, supongamos que junto con la caída en la demanda de moneda disminuye la oferta de bienes y el Banco Central sigue sin emitir un peso, como es el caso 3 del cuadro en que la oferta de bienes disminuye a 700. Sin que el Banco Central emita, el precio promedio de los bienes en la economía pasó de 10 a 12,9 en nuestro ejemplo porque se juntaron menor oferta de bienes y menor demanda de moneda. Bien, esto es lo que está ocurriendo en la economía argentina y explica en gran medida las dificultades que tiene el gobierno para bajar la tasa de inflación.

Con una regla monetaria que la gente no comprende y sin un plan económico detrás que genere confianza y atraiga inversiones, es muy difícil que la gente no huya del dinero. Encima con nuestra historia de destrucción monetaria generar confianza en el peso es más difícil.

Tal vez ahora, con el renovado apoyo del FMI al Gobierno para controlar el tipo de cambio, disminuya la huida del dinero. Si bien es cierto que el nivel de la tasa de interés por arriba del 73% anual sigue siendo inconsistente con el sector real de la economía y ya genera más desconfianza que confianza, en el corto plazo, y sin decir que está bien, el Gobierno podría llegar a controlar el tembladeral que es el mercado de cambios.

Capacidad de regulación del mercado de cambios

En efecto, el total de depósitos en pesos del sector privado a plazo fijo es de $1,2 billones. Si se divide por $51, que es el techo cambiario, serían el equivalente a USD 22.650 millones. El Tesoro puede vender unos USD 9.600 millones de aquí a fin de año. El campo puede llegar a liquidar USD 10.000 millones para cancelar deudas comerciales por la seca del año pasado y recomponer su capital de trabajo para la nueva siembra. Siendo que no hay crédito bancario, no parece disparatado que los productores liquiden esa cifra en los próximos meses.

Si se agregan USD 5.000 millones que venda el BCRA, aún en el supuesto extremo que no quedara un solo centavo en plazo fijo en los bancos, el mercado de cambios quedaría relativamente equilibrado. Claro que eso implica el supuesto de que no hay más emisión y la demanda de moneda no llega a cero.

Si uno imagina la situación del mercado de cambios como una guerra y de cada lado cada uno tiene 100 balas, cuando se acaban las balas, si no hay más abastecimiento (emisión monetaria) la única manera en que sigan los tiros es que siga cayendo la demanda de moneda. Si el Gobierno logra tranquilizar el mercado de cambios y congela las tarifas de los servicios públicos, tiene chances calmar el IPC y la caída en la demanda de moneda.

Aclaro que no digo que esta sea la salida de Argentina ni por asomo, es solo una estimación de corto plazo de cómo puede llegar Cambiemos a las PASO y luego a octubre, porque luego de las elecciones el ajuste del sector público se tendrá que hacer por las buenas o por las malas, o terminamos en una decadencia al estilo Venezuela con Cristina Fernández o con Mauricio Macri aunque renueve su mandato. Seguir con este cuento del gradualismo para bajar el gasto público y hacer las reformas estructurales no da para más, sean los k o los amarillos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

¿El milagro argentino u otra oportunidad perdida?

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 19/10/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/10/19/el-milagro-argentino-u-otra-oportunidad-perdida/

 

En las próximas elecciones presidenciales no se vota únicamente quién se cree que será un mejor administrador del Estado. En estos 12 años de kirchnerismo Argentina se ha transformado en un país donde la sensación es que es el individuo quien está al servicio del Estado, en lugar de ser este quien esté al servicio del ciudadano. Los problemas económicos de Argentina no son meramente de gestión, sino que tienen raíces en la concepción que la dirigencia política tiene sobre cuál debe ser el rol estatal.

Parecería ser, no obstante, que los candidatos a presidente dudan sobre la dirección y la profundidad de las reformas a realizar a partir del 11 de diciembre. Esta no es, sin embargo, la primera vez que un presidente asume en un contexto donde tiene la oportunidad de producir el gran cambio que vuelva a poner a Argentina en un sendero de crecimiento a largo plazo. En 1983 Raúl Alfonsín dejó pasar la oportunidad, lo que dio como resultado la década perdida. En 1989 Carlos Menem desaprovechó la ocasión y endeudó al país al punto tal de dejarlo a pasos del default y la crisis del 2001. En el 2003 Néstor Kirchner dejó pasar nuevamente la oportunidad de reformas profundas; tras 12 años, el proyecto K entrega el país en estanflación, default y serios desequilibrios fiscales. Es como si Argentina se resistiese a dar por superada su etapa peronista. Existen casos históricos de reformas institucionales exitosas pro mercado que deberían ser inspiración de la dirigencia política. El siguiente gráfico muestra, junto con Argentina, el caso de Alemania (1946), España (1960), Chile (1975) e Irlanda (1995).

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Nótese que en cada país las reformas vienen acompañadas de un acelerado crecimiento sostenido en el tiempo, más allá de las oscilaciones de corto plazo. Por ejemplo, el crecimiento irlandés luego de reducir impuestos y abrirse al comercio internacional es notable. Estos cuatro ejemplos tienen un punto en común: los cuatro países realizaron reformas pro mercado y se abrieron al comercio internacional en lugar de intentar asfixiar la economía con regulaciones y proteger a ineficientes productores locales. Son países que superaron su miedo al libre comercio, que hoy en día poseen al menos el doble de ingresos que Argentina.

Otro caso interesante es el de las reformas pro mercado de Estonia, luego de independizarse de la Unión Soviética. Según el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, este país es el octavo con la economía más libre del mundo (y segunda en Europa), detrás de Chile y delante de Irlanda. Argentina se encuentra en la posición 169 de 178. El PBI per cápita en Estonia es de 28 mil dólares y es considerado un país de altos ingresos por el Banco Mundial. Desempleo y pobreza se encuentran significativamente por debajo de los números argentinos. La distribución del ingreso, según el coeficiente de Gini, muestra también mayor igualdad en Estonia que en Argentina. Estonia posee una tasa fija de impuestos (en lugar de progresiva) del 21%. Prácticamente el total de las empresas públicas han sido privatizadas, sin haber sido luego expropiadas. Las exportaciones per cápita (en términos de fuerza laboral) son mayores en este país que en el nuestro. La deuda pública es del 8% del PBI y posee reservas por 250,93 millones de dólares. También cuenta con un régimen monetario de convertibilidad. La transformación de Estonia podría considerarse otro milagro económico.

Pero estos milagros económicos son, de hecho, posibles. Si, en lugar de dejar pasar oportunidades estancándose en el tiempo, Argentina hubiese hecho reformas similares, hoy la situación económica sería muy distinta. ¿Cuál sería hoy el PBI per cápita en Argentina si Alfonsín (1983), Menem (1989), o Néstor Kirchner (2003) hubiesen hecho reformas similares a las de estos países en lugar de dejar pasar la oportunidad que recibieron al inicio de sus presidencias?

Si Néstor Kirchner hubiese seguido los pasos de estos países y el crecimiento argentino hubiese sido similar al promedio de Alemania, Chile y España cuando realizaron sus reformas, entonces a fines del 2015 el PBI per cápita (PPP, ajustado por costo de vida) sería de 15.700 dólares. La última estimación al 2010 ubica a este valor en alrededor de 10 mil dólares (quizás sobreestimado dada la intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos). Desde el 2010 o el 2011, sin embargo, la economía argentina se encuentra estancada y es difícil asumir que este valor creció un 50% del 2010 a la fecha. Actualmente usted tendría un ingreso real aproximado un 50% superior al actual y sin un contexto de estanflación.

Si las reformas las hubiese hecho Menem en 1989, a fines del 2015 el PBI per cápita sería de 21.900 dólares. Usted no sólo se habrá ahorrado la crisis del 2001, sino que su ingreso sería el doble en términos reales. Las reformas de Menem no sólo fueron incompletas, sino que el descontrolado déficit fiscal llevó al default y la crisis del 2001. Fue la política argentina, no el mundo, la que se le cayó encima a la economía del país.

Si, en cambio, Alfonsín hubiese aprovechado la vuelta a la democracia para realizar reformas pro mercado, el kirchnerismo estaría terminando con un PBI per cápita (PPP) de 30.500 dólares. Su ingreso sería al menos tres veces el actual. Estos resultados asumen, por supuesto, que las reformas se mantienen en el tiempo. Esto quiere decir que usted se hubiese ahorrado no sólo la crisis del 2001, sino también la hiperinflación.

Es cierto que los países no se transforman de la noche a la mañana. Como dice el refrán: «Un viaje de mil millas se inicia con un primer paso». El próximo presidente de Argentina tiene que decidir si quiere que su gestión sea recordada como el creador del milagro argentino o que su nombre pase a abultar el listado de oportunidades perdidas.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

Breve repaso de la crisis argentina:

Por Gabriel Boragina. Publicado el 21/2/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/02/breve-repaso-de-la-crisis-argentina.html

 

Argentina da inicio en el año 2003 al que sería el peor gobierno de su historia desde los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón hasta el día de la fecha. En rigor, hay que hablar de tres gobiernos sucesivos, si tenemos en cuenta la formalidad constitucional, apropiados los tres por el denominado Frente para la Victoria (“FpV”). Hagamos un breve repaso de los hechos.
El “FpV” es el fruto de un disputa interna en el partido peronista entre Eduardo Duhalde y Carlos Menem, en la que el primero trataba de evitar que el segundo accediera a un tercer periodo presidencial. Duhalde detentaba entonces la presidencia de la nación ungido por el congreso como tal, tras la “caída” del brevísimo gobierno de Fernando de la Rúa). Se establece pues un “acuerdo” entre Duhalde y Néstor Kirchner (hasta dicho momento un ignoto gobernador de una provincia argentina -Santa Cruz- en el extremo sur del país) a fin de que este último se presentara como candidato del flamante “FpV”. Pero también se establecen alianzas con otros partidos políticos “no-peronistas” para que confluyeran a conformar dicho “frente”, aun cuando –indudablemente- el ala dominante de este “FpV” era el sector mayoritario del partido peronista (formalmente designado como “partido justicialista”). El objetivo final -como dijimos- era, en última instancia, restar poder y apoyo popular al candidato Menem, pero -por sobre todas las cosas- hacerse del gobierno a cualquier costo.
En lo que sigue, preferiremos referirnos al “FpV” y no a “los Kirchner” porque podría entenderse que lo sucedido a lo largo de los tres desgraciados gobiernos del “FpV”, implicaría eximir de responsabilidad a las otras segmentaciones políticas partidarias que apoyaron el proceso dictatorial que se iniciaba con estos hechos. Y muy lejos está de nuestro ánimo deslindar de responsabilidad alguna a los grupos políticos que contribuyeron -ya sea por acción o por omisión- a la instauración y afianzamiento de la peor tragedia política que ha vivido la Argentina desde los últimos cuatro decenios a esta parte.
En ese año señalado al comienzo, el “FpV” accede al gobierno con un 22 % de los votos, y en medio de un mecanismo electoral bastante polémico y de dudosa constitucionalidad, convocado por Duhalde, (la Constitución de la Nación Argentina exigía entre un 40 % y un 45 % mínimo de los votos para ello).
Sin carisma personal en su candidato, sin liderazgo propio, sin respaldo popular, con un cuestionable resultado electoral y con un apoyo político pobrismo (por no decir nulo) el “FpV”, llega al gobierno y comienza (tenuemente al principio y con mayor firmeza en los años subsiguientes) a instalar un proyecto autoritario de poder basado fundamentalmente en el modelo Castro-comunista que Hugo Chávez, hacia la misma época, estaba consolidando en Venezuela.
Circunstancias ajenas y externas al país, le dieron a este cierta “estabilidad” económica en aquel momento que se fue desdibujando a partir de medidas económicas internas que oscilaban entre la torpeza, la improvisación y el afán de lucro desmedido que -más temprano que tarde- afectan en rigor a todo gobierno, sea del color y de la bandera de que se trate.
Simultáneamente el “FpV” comenzó a “instalar temas” en su agenda política que no estaban ni entre los intereses, ni entre los reclamos del conjunto de la ciudadanía. Por ejemplo, uno de esos temas fue el uso y abuso que hizo el “FpV” en torno a la cuestión de los “derechos humanos”, que terminó convirtiéndose en una “caza de brujas” contra militares que habían combatido al terrorismo marxista desatado en la década del 70. No estaba esta cuestión -como decimos- ni entre las prioridades, ni siquiera entre las preocupaciones del conjunto de la ciudadanía, que ya vivía aprendiendo a cerrar las heridas producidas por aquel aciago periodo de la historia. A través de un prédica constante, el “FpV” se esforzó por abrir esas heridas y volver a un pasado que estaba comenzando a dejarse atrás para el común de los argentinos, empezando a provocar una división entre la ciudadanía.
Principió a notarse desde ese mismo momento la infiltración entre las filas del “FpV” de elementos que habían integrado las bandas de terroristas y guerrilleros que desataron la violencia de los años 70. Personajes reciclados (otrora peligrosos y de armas tomar) que ocuparon puestos claves no sólo dentro del poder ejecutivo sino también en los otros dos poderes (legislativo y judicial).
Dada la idiosincrasia del argentino promedio, muchas veces propenso a creerse lo que se le repite con suficiente insistencia, no pocos “compraron” el “relato” del “FpV”, pero -con todo- hay que reconocer que fueron solamente una minoría ruidosa.
El famoso relato del “FpV” tuvo otras aristas, de las que sobresalen aquellas que, a través de los métodos patrocinados por el marxista Antonio Gramsci, intentaron por todos los medios captar la mente y la voluntad de las personas en su favor. Se produjo en tal sentido todo un proceso (en el sentido más militar de la palabra) por lavar los cerebros de niños, adolescentes, jóvenes y adultos a través de la captación y cooptación de los medios masivos de difusión. Los últimos dos gobiernos del “FpV” fueron particularmente insistentes en estos aspectos, pretendiendo emular nuevamente lo que su admirado comandante Hugo Chávez y su mentor -el comandante Fidel Castro- estaban haciendo, tanto en Venezuela como en Cuba. El canal estatal se transformó en un idóneo instrumento de propaganda para tales efectos. Y los tradicionales centros culturales argentinos fueron copados, poco a poco, por elementos afines al gobierno, en tanto que este hacía prédica de su vocación populista. La propaganda política reemplazó rápidamente la difusión de los actos de gobierno, aunque se pretendió disfrazarlo bajo la máscara de una falsa “transparencia” que -en rigor- ocultaba los que fueron los hechos de corrupción más monstruosos que pueda recordar la historia argentina.
Lo que al principio pareció “torpeza” económica fue quedando al descubierto como lo que realmente era: una fase de estatización gradual pero sostenida de todos los sectores de la economía, a la par que uno a uno iban saliendo a la luz los casos más escandalosos de enriquecimiento ilícito, tanto de quienes detentaron la titularidad del poder ejecutivo durante los tres gobiernos del “FpV” como la de quienes fueron los más estrechos y mas mediatos colaboradores de este régimen de opresión.
Se armaron verdaderos grupos de choque, conformados por “piqueteros”, cuya misión fundamental consistió en intimidar a la población pacífica, contando con la colaboración de otros grupos afines, como el que se autodenominó “La Cámpora” en directa alusión a otro ex-presidente argentino del mismo partido peronista con dicho apellido.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

El relato de la deuda argentina.

Por Adrián Ravier: Publicado el 22/9/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/09/22/el-relato-de-la-deuda-argentina/

 

El relato es un instrumento de la política. Lo ha sido siempre. No es un monopolio del kirchnerismo, sino que se extiende a cada gobierno y a cada político, intentando siempre desligarse de responsabilidades sobre los problemas que nos aquejan

Domingo Cavallo es siempre apuntado como el responsable de la deuda en Argentina. En cualquier discurso sobre deuda o holdouts su nombre resurge. Es por esto que la columna que Infobae publicó ayer con su versión de “la evolución de la deuda argentina” tiene un importante significado.

Como expliqué en otra columna, Cavallo tuvo participación activa en el crecimiento de nuestra deuda en tres momentos históricos. 1) bajo el gobierno militar; 2) bajo el primer gobierno menemista; 3) bajo el gobierno de De la Rúa.

Personalmente, cambiaría el título de la referida columna, porque no trató allí la evolución completa de la deuda, sino la evolución “reciente” de la deuda argentina. Esto lo eximió de responder también por su participación en el crecimiento de la deuda durante el gobierno militar.

Pero su análisis deja igualmente mucha tela que cortar. Señala, por ejemplo, que en su gestión en el primer gobierno menemista la deuda no creció, sino que incluso cayó ligeramente. Llega a esta conclusión luego de mostrar que la deuda pública ascendía a 92.400 millones de dólares en 1989, de los cuales estaban registrados 63.000 millones, y pendientes de registración otros 28.700 millones de dólares. Al final el año 1996, la deuda ascendió a 91.700 millones de dólares.

Debemos aclarar, sin embargo, varias cuestiones.  En primer lugar, que el efecto del mencionado Plan Brady, que implicó una importante quita de la deuda, se eliminó por completo en sólo 3 años de su gestión. En segundo lugar, que Cavallo no menciona el proceso de privatizaciones de aquellos años que llevó a los compradores de las empresas públicas argentinas como Entel o Segba a pagar con bonos del gobierno en default, lo que permitió un importante descenso de aquel capital adeudado.

Con una buena gestión en el primer gobierno menemista, aprovechando la quita de capital y el proceso de privatizaciones, la deuda pública pudo haber bajado realmente a un nivel despreciable, y acompañado del crecimiento económico de aquellos años, su relación con el PIB hubiera mostrado que el problema histórico de la deuda estaba realmente resuelto.

A su favor, su salida del Ministerio de Economía no mejoró las cosas. En el segundo gobierno de Menem, entre 1996 y 1999, la deuda saltó de 91.600 a 111.000 millones de dólares.

En el gobierno de De la Rúa, la deuda volvió a crecer, en este caso de 111.000 a 134.700 millones de dólares, y de nuevo, Cavallo tuvo su responsabilidad. Es cierto que muchos de los vencimientos de la deuda tomada bajo el menemismo se colocaron un día después de abandonar el cargo, con lo cual la Alianza recibió una onerosa herencia, pero la gestión de estos problemas pudo ser mejor. El gobierno de la Alianza nunca pudo gestionar adecuadamente la deuda, ni la economía del país, cediendo terreno a manos del FMI para evitar caer en default y sostener la convertibilidad.

López Murphy tuvo un diagnóstico acertado cuando ocupó el Ministerio de Economía, apuntando al déficit fiscal, pero fue justamente la reaparición de Cavallo lo que minó aquella propuesta apuntando que el problema “no es el défcit, sino la competitividad”. La gestión de Cavallo en el gobierno de De la Rúa fue acompañada de mucha desconfianza del mercado, lo que se reflejó en una fuga de capitales sin precedentes que hicieron imposible sostener la convertibilidad en los años siguientes, con todo lo que ello trae aparejado, desde lo económico y lo social.

Un aporte significativo de este artículo es su mención de la deuda en la “década ganada”. Se suma Cavallo a magnificar el mito del desendeudamiento cuando señala que en estos diez años la deuda sumó otros nuevos 100.000 millones de dólares para pasar en diciembre de 2013 a acumular 231.000 millones de dólares (neta de activos financieros). Señala además que el problema no es sólo cuantitativo, sino cualitativo, especialmente por sentencias incumplidas que implican onerosos intereses, que serán la herencia para el próximo gobierno. Sus cálculos lo conducen a afirmar que la deuda puede llegar a superar los 270.000 millones de dólares y tener un perfil de vencimientos y un costo de intereses bastante peor que el que tenía la deuda al final de 2001.

Concluyendo, Cavallo, como tantos políticos argentinos que se han sucedido en el poder, jamás comprendió la importancia del equilibrio fiscal. El gobierno militar financió su brecha con deuda y emisión (inflación). El gobierno de Alfonsín ya no tuvo acceso a deuda y financió el déficit con la hiperinflación. En el primer gobierno de Menem la brecha se financió con la venta de activos (privatizaciones), y tras el plan Brady con endeudamiento. De la Rúa mantuvo la convertibilidad, y entonces no pudo tampoco monetizar los déficit fiscales, pero también tomó deuda para apagar los incendios. Durante el gobierno de Néstor Kirchner, hubo cierto superávit fiscal, pero éste sólo se justifica por la estatización de las pensiones y el manotazo a los 30.000 millones de dólares que las AFJP tenían ahorrados. Para cuando llegó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, ese dinero ya no alcanzaba, volviendo a monetizar los déficits como en los años 1980 y volviendo a sufrir la inflación creciente. Tras su reelección, la negación al ajuste muestra una peligrosa aceleración de la inflación. El pago al Club de París y a Repsol buscaba volver a abrir las puertas al endeudamiento, pero el intento fue fallido gracias al fallo de Griesa y la cláusula Rufo, la que se destrabaría en enero de 2015. En un año de elecciones, me aventuro a predecir una nueva explosión en el gasto, mayor inflación y un nuevo salto en nuestra deuda.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.