Guzmán se prueba el traje de Rodríguez Saá

Por Iván Carrino. Publicado el 8/12/19 en: https://www.ivancarrino.com/guzman-se-prueba-el-traje-de-rodriguez-saa/

 

El nuevo Ministro de Economía plantea que deben abandonarse las políticas de austeridad y que para ello es necesaria una “reestructuración dolorosa de la deuda”.

Argentina repite su historia una y otra vez.

Hoy, como hace 18 años, estamos en medio de una crisis de deuda pública.

Dicha crisis comenzó allá por el primer trimestre de 2018, cuando luego de la estocada final que implicó el cambio de metas de inflación para la ya menguante confianza de los inversores, los mercados internacionales se cerraron para el gobierno nacional.

Una vez que eso ocurre, el desenlace es inevitable. Es que el gasto deficitario del gobierno impulsaba el gasto agregado de la economía. Pero si este gasto no se puede financiar, entonces necesariamente debe caer. Y nadie está mejor cuando consume menos.

En medio de este escenario, Macri decidió acudir al FMI, organismo internacional con el que se firmaron dos acuerdos, con numerosas variantes cada uno de ellos.

La idea principal, sin embargo, siempre fue la siguiente:

Te presto el dinero que necesitás para cumplir con tus compromisos de deuda, pero ajustá el déficit fiscal más rápido de lo que lo venís haciendo y hacé que el Banco Central se ponga más duro que nunca para ayudar a generar confianza.

Si bien las siglas F.M.I. son mala palabra en una Argentina donde las ideas de izquierda calan hondo en la cultura popular, y si bien entre junio de 2018 y marzo de 2019 subieron tanto el dólar, como la inflación, la pobreza, y cayó la economía… a partir del tercer mes de este año los resultados marginalmente positivos comenzaron a aparecer. La inflación bajaba mes a mes, el dólar estaba estable y la economía estaba buscando su piso.

No obstante, con el resultado de las PASO, y las expectativas generalizadas de que el plan del FMI se iba a terminar, las variables financieras volvieron a colapsar, impactando nuevamente en la economía real.

Macri, quien dijo que había que juzgarlo por el dato de pobreza, se va de la Casa Rosada con una tasa del 40%.

El nuevo enfoque

Las expectativas tras las PASO anticiparon razonablemente bien lo que iba a venir. De hecho, Alberto Fernández anunció hace varios días que no quería recibir más dinero del FMI, lo que implica obviamente abandonar el plan de relativa austeridad coordinado con el organismo*.

Ahora definido su flamante Ministro de Economía, el Doctor en Economía e Investigador de la Universidad de Columbia, Martín Guzmán, el panorama es aún más claro: las “políticas de austeridad” deben abandonarse.

En una reciente nota con el periodista Daniel Tognetti, Guzmán resumía su posición acerca de la situación argentina en tres pilares principales que detallamos aquí abajo:

  1. El gobierno debe cambiar la política económica.
  2. Para eso, el estado debe tener “algo de aire”
  3. Para conseguir ese aire, debe renegociar la deuda.

Lo que afirmó es muy similar a lo que escribía en abril sobre las alternativas que enfrentaría un nuevo gobierno:

El nuevo gobierno enfrentaría dos opciones desagradables: una camisa de fuerza con mayores pagos de deuda, más austeridad y más recesión, o una reestructuración dolorosa de la deuda con un resultado incierto.

Una cosa está clara: para poder evitar otra crisis de deuda, Argentina necesitará un crecimiento económico sostenido. Aunque no hay recetas mágicas para poner a la economía en un camino más estable, cambiar las políticas macroeconómicas actuales al menos le daría una oportunidad al país.

No deja de ser interesante que ambas opciones se planteen como desagradables, siendo que los políticos y funcionarios suelen vender sus propuestas como el paraíso en la tierra.

Hay que reconocer, al menos, la postura honesta del Ministro. Ahora bien: ¿funcionará el plan?

Más de lo mismo

Fiel al enfoque keynesiano y crítico de las recetas que tanto Guzmán como su mentor, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, llaman “neoliberales”, para el nuevo el nuevo Ministro la austeridad fiscal debe abandonarse.

¿Por qué? Porque de acuerdo con Keynes, las recesiones se combaten con aumentos en el déficit fiscal y bajas de tasas de interés. Es decir, ¡todo lo contrario de lo que dice el FMI!

De acuerdo con la visión keynesiana, si el gobierno gasta un dólar en la economía local, quien recibe ese dólar también gastará una parte, y quien reciba esa parte gastará a su vez otra parte, generando un “efecto multiplicador” que hace “mover la economía”.

Ahora bien, ¿cómo conseguir un dólar para que el gobierno gaste y se multiplique en la economía si nadie más quiere financiarlo?

La respuesta es muy fácil: que todo lo que el gobierno pensaba pagar en concepto de intereses y capital de la deuda, se use para la reactivación.

Eso fue exactamente lo que hizo Adolfo Rodríguez Saá el 23 de diciembre de 2001. El entonces presidente dijo que iba a tomar “el toro por las astas” y anunció que “el Estado Argentino suspenderá el pago por la deuda externa”. Con esos fondos se financiarían “planes de creación de un millón de puestos de trabajo y progreso social”.

Tal vez la diferencia entre Guzmán y Rodríguez Saá sea que el académico radicado en Nueva York no está pensando en una decisión unilateral, sino en una negociación. Sin embargo, en esencia el planteo es el mismo: incumplir los compromisos con los acreedores para poder seguir gastando plata pública en subsidios, obras y planes.

Ahora bien, si el exceso de gasto público en subsidios, obras y planes fue lo que nos llevó a donde estamos, ¿por qué más de lo mismo va a ser la solución?

La respuesta, por ahora, se la dejo abierta a los lectores.

*Nota aclaratoria: digo relativa austeridad porque de no haber aparecido el Fondo, la austeridad hubiera sido mucho más grande, dado que al gobierno le faltarían USD 44.000 millones de financiamiento. Y si esa plata no está, o se suben más los impuestos, o se baja más el gasto, o se defaultea la deuda.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Las opciones para enfrentar el problema de las Letras de Liquidez del Banco Central

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 22/10/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2019/10/22/las-opciones-para-enfrentar-el-problema-de-las-letras-de-liquidez-del-banco-central/?fbclid=IwAR0NxpLzVpMXMsJmmnglwN1ytLUhsUb4156GJLpexesFjpycdhApDgr9jHw

 

La prioridad para el próximo gobierno no sería tanto el reperfilamiento de la deuda externa, sino el desarme del principal instrumento de regulación monetaria (Leliq)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

Las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, representan el 80% de la base monetaria (Maximiliano Luna)

La mayoría de los análisis sobre la deuda pública apuntan a analizar si Argentina podrá pagar la deuda externa en 2020. ¿Argentina entra en default o no? ¿Tendrá que “reperfilar” la deuda ante la falta de acceso del mercado financiero voluntario? Responder a estos interrogantes no parece tan difícil. Es evidente que hasta los intereses de la deuda serán problemáticos de pagar y que no luce probable, cualquiera que sea el que gane las elecciones, que vaya a llevar adelante las reformas estructurales que hacen falta para salir de la larga decadencia y ofrecer un plan económico que atraiga capitales, tanto para hacer el roll over de la deuda como para atraer inversiones que se hundan para crear empresas.

Sin embargo, en mi opinión, la prioridad no es la deuda externa, en todo caso sería una restricción adicional al gasto público que el Estado no pueda captar ahorro externo para financiar el gasto, la prioridad es enfrentar el serio problema de las Leliq, primas hermanas de las Lebac y descendientes directas de los depósitos indisponibles de los 80 dentro del árbol genealógico de la deuda pública interna argentina.

Recordemos que las Lebac nacen en marzo de 2002 para absorber la expansión monetaria que generaban los pagos de depósitos por los amparos que aprobaban los jueces por el corralón y la pesificación asimétrica de Duhalde.

En la era K el uso de las Lebac se intensificó porque los exportadores estaban obligados a liquidar sus divisas y el BCRA emitía pesos para comprar esos dólares, como la gente no quería los pesos que emitía el BCRA, en parte los retiraba de circulación colocando esas Letras. O sea compraba reservas contra deuda en pesos que pagaba una tasa de interés.

El kirchnerismo llevó el stock de Lebacs de $10.000 millones hasta $300.000 millones en diciembre de 2015. Por su parte, Cambiemos las llevó hasta $1,3 billones en su punto máximo en marzo de 2018, producto del endeudamiento externo que tomaba el Tesoro para financiar el déficit fiscal del gradualismo y luego le entregaba los dólares al BCRA contra los que emitía pesos; y que luego mutaron a las Leliq, cuyo stock al momento de redactar esta nota llegan a $1,1 billones, monto que representa el 80% de la base monetaria.

Es de manual que un Banco Central no debe emitir su propia deuda porque no tiene forma de pagarla, porque no genera ingresos propios. No es como una entidad comercial que vende tarjetas de crédito, préstamos personales y demás servicios. El único ingreso que tiene son los intereses que cobra por la colocación de sus reservas, monto que son monedas para enfrentar los intereses que devenga la deuda remunerada que emite.

En otras palabras, el BCRA está imposibilitado de poder cancelar las Leliq con recursos propios porque no los tiene. Las reservas propias en divisas, en el mejor de los casos, estarán en el orden los USD 8.000 millones,las cuales tienen que respaldar la base monetaria que es $ 1,3 billones, si además tienen que respaldar las LELIQs, la capacidad de respaldar los pesos es mínima.

Alternativas deseables y posibles

¿Qué opciones tiene el próximo gobierno frente al problema de las Leliq?:

En primer lugarlos que creen que gradualmente van a ir bajando la tasa de interés porque la tasa de inflación va a ir bajando, deliran. El problema no lo va a resolver el solo paso del tiempo. Habrá que pensar en otras opciones.

La opción más loca es dejar de pagar los intereses y emitir moneda. Recordemos que los bancos, que son los tenedores de las Leliq, compran esos títulos con los depósitos de sus inversores. Si hoy hay pérdida de depósitos a plazo fijo y el sistema financiero pierde renta en general, con una abrupta baja de la tasa, la fuga del sistema sería mucho más acelerada. Pero para poder hacer los pagos en ventanilla las entidades tendrían que pedirle a la autoridad monetaria los pesos a través de las cancelaciones de Leliq; y como no dispone de instrumentos para absorber esa emisión, el resultado sería un salto megainflacionario o cercano a la hiperinflación. Significaría duplicar la base monetaria en muy poco tiempo.

La segunda opción es aplicar un plan Bonex, como a fines de 1989. A los titulares de colocaciones en pesos a plazo fijo en el sistema financiero, en general a plazos de 30 a 60 días, se le cambian una parte por Bonos del Tesoro de largo plazo, 10 años. Una mancha más confiscatoria que profundizaría la tradición del Estado argentino, y que explica la derivación en un sistema financiero mínimo que no puede financiar ni consumo ni inversión. Un plan Bonex sería otra carnicería financiera como tantas otras confiscaciones se han hecho en el pasado.

La opción menos traumática que veo es lograr un acuerdo con el Tesoro americano para que a cambio de un préstamos de USD 20.000 millones capitalice al BCRA para que venda esos dólares en el mercado, contenga el tipo de cambio y bajé brutalmente la tasa de interés. Con esos pesos que obtendría el BCRA por la venta de dólares se rescatarían las Leliq, que hoy son equivalentes a unos USD 18.000 millones. Y con las reservas que quedan de libre diponibilidad rescatar la base monetaria y dolarizar la economía.

Obviamente que el Tesoro americano solo podría estar dispuesto a prestar ese dinero si a cambio se ofrece un plan económico con reformas estructurales muy profundas del sector público, del sistema tributario y de la legislación laboral. Además habría que ofrecer un tratado de libre comercio y alguna alianza en el combate contra el narcotráfico.

Si se lograra ese acuerdo, no solo volveríamos a tener una moneda para poder hacer cálculo económico, sino que además podría haber una recuperación económica bastante rápida por la incorporación de la Argentina al mundo que permitiría aumentar las exportaciones y generar volúmenes de inversión y demanda de mano de obra que permitiría, en poco tiempo, aliviar los problemas de pobreza y desocupación.

Está en manos de la dirigencia política decidir si Argentina termina con su larga decadencia o sumerge a la población en otra ola confiscatoria de ahorros o a una nueva hiperinflación.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Los problemas del sector externo argentino:

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 7/8/19 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__169/8

Urge retornar a una genuina libertad cambiaria, para promover la estabilidad y previsibilidad del sector externo.

 

El problema al que vamos a aludir no es reciente. Y se puede afirmar que ha impactado en las decisiones macroeconómicas argentinas desde hacen décadas. El principal motivo por el que hoy cobra actualidad y se viraliza el debate, radica en que, mal que les pese a muchos, el gobierno actual se mueve mucho más ceñido a las instituciones, respetando en mayor medida que muchos de los anteriores, el estado de derecho, la libertad de comercio y los derechos individuales que ampara nuestra constitución. Entre los que, la libertad de comprar y vender divisas en un mercado abierto, no es una anécdota, sino la base de la estabilidad del sector.

Por estas razones, el equilibrio del sector externo es una condición ineludible para la estabilidad del tipo de cambio. El equilibrio fiscal es otra variable insoslayable si se pretende eliminar la inflación y darle previsibilidad al comercio exterior.

Arrastramos décadas de inestabilidad cambiaria. Un precio de la divisa que se dispara al alza y que periódicamente es planchado por el gobierno, con intervenciones en el mercado, financiadas con deuda externa, no permite proyectar ni hacer rentable importaciones y exportaciones. El programa de financiamiento implementado con el FMI implicaba que el gobierno, al igual que se le exige a todos los países que este organismo financia, debe renunciar a la manipulación del tipo de cambio. Pero esta política ha recibido un “impasse”, frente a lo que el Fondo considera “urgencias electorales”[i]. Por lo cual, hoy tenemos un tipo de cambio atrasado, que seguirá esa tendencia, al menos, hasta asegurar la continuidad de este gobierno, tras las elecciones. Que es lo que esperan los mercados mundiales.

Eso ocasiona una situación de indefinición, potencial volatilidad futura y riesgo cambiario. Que debe eliminarse de raíz, implementando un tipo de cambio libre, sin intervenciones ni eufemismos y dejando operar el mercado de futuros de divisas, sin operaciones bajistas, por parte del BCRA que, en cualquier otro mercado mundial de referencia, se sancionan como “abuso de posición dominante”[ii]. El Banco Central no debe interferir en el proceso de formación de precios del tipo de cambio a futuro. De esa forma, el precio de la divisa permite asignar recursos, planificar el comercio exterior, asignar inversiones, analizar proyectos y calcular tasas de repago y el valor de cada proyecto con criterios profesionales.

Por supuesto, para lograr esta meta, se debe erradicar de raíz la inflación, ya que si esto no es así, las pautas cambiarias operan como una profecía auto cumplida, proyectando la inflación esperada.

Esto nos lleva a la segunda parte de este análisis. El del tipo de cambio de equilibrio a largo plazo. Y aquí es cuando las intenciones de exportar, siempre sobrevaloradas desde la esfera oficial, empiezan a sufrir una discriminación y un ataque sin tregua, cuando se materializan, luego de mucho sacrificio e inversión. Porque un país que incrementa sus exportaciones a paso firme, al originar un ingreso de divisas creciente, da lugar a una caída del tipo de cambio de equilibrio a largo plazo, que saca de la zona de confort a todas las demás industrias y actividades comerciales. Porque, al abaratarse la divisa, se encarecen los precios de los insumos no transables que se contratan en el mercado local. Lo cual quita competitividad, no solo a los demás exportadores, sino, asimismo, a quienes proveen el mercado interno, que se ven, por esa razón, acorralados por la competencia de bienes extranjeros, ahora a precios competitivos, que, en libertad de comercio, van a ejercer una competencia feroz. La solución, por supuesto, no es cerrar las importaciones, no solo porque eso haría caer el salario real, al encarecer los productos, sino que ese tipo de medidas, al disminuir la demanda de divisas para importar, termina generando el resultado inverso al buscado. Porque cuanto más se impide la competencia, más rubros se hacen competitivos.

Es de esperar que, pasadas las contiendas electorales, el gobierno retorne la senda de transparencia que el comercio internacional necesita. Promoviéndose así un ambiente de previsibilidad macroeconómica que permita radicar las inversiones imprescindibles para un crecimiento sostenido.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad. Fue Profesor Titular de Proceso Económico en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, (UFM). Fue secretario de Confederaciones Rurales Argentinas, corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Fue director académico de la Fundación Bases. Es empresario y consultor.  Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

 

[i] https://www.efe.com/efe/usa/economia/fmi-respalda-medidas-tomadas-por-banco-central-argentino-en-mercado-cambiario/50000106-3963997

[ii] https://www.cronista.com/finanzasmercados/El-dolar-salta-40-centavos-pese-a-intervenciones-del-BCRA-en-el-mercado-20190729-0016.html

Cómo lograr la “pobreza cero”

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 4/4/19 en:  https://www.gacetadeguinea.com/noticia/2034/opinion/como-lograr-la-pobreza-cero.html?fbclid=IwAR05PQY-4mf268ETIbhVfOngvXy6V4Z2jqIifeHcq_3A8az7BNqpvFtdBmQ

 

Del Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en la ciudad de Córdoba, Argentina, e inaugurado por el Rey Felipe VI, en particular de la charla sobre inteligencia artificial de José María Álvarez-Pallete, surge que los cambios culturales serán radicales en las próximas décadas. Y, quizás, las personas ya no se interesen por los presidentes de gobiernos, sino por cosas más importantes, para empezar, su propia vida.

Cómo lograr la “pobreza cero”

Pero, si acaso recordaran al presidente argentino Mauricio Macri, que durante su campaña prometió “pobreza cero”, no extrañaría que fuera por lograr la pobreza récord, de niños pobres.

Tomemos el mercado financiero argentino. La Bolsa de Buenos Aires, en 2019 avanza un 11%, en tanto que 14% se desvaloriza -contra el dólar- el peso que lleva una inflación del 13%. Durante marzo, los bonos en dólares emitidos por el gobierno argentino bajaron 3% en promedio. Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street terminaron con mayoría de bajas. Por su parte, la tasa de interés de los plazos fijos en los bancos locales apenas superó el 3%, perdiendo contra la inflación -3,5%- y el dólar.

Así, la mejor inversión es comprar dólares y tenerlos sin producir. O sea, que Argentina se desinvertirá porque la rentabilidad de la economía del peso es negativa por los altísimos impuestos, la inflación descontrolada y la tasa de interés de referencia del Banco Central que casi llega al 70%. En otras palabras, el PBI seguirá cayendo con el modelo que Macri viene implementando desde hace 14 años -desde que era Alcalde de Buenos Aires- de aumento del peso estatal sobre los ciudadanos -el mercado- que producen.

La pobreza crece porque aumenta el modo coactivo en que el Estado retira recursos del mercado: impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas. Y toda coacción perjudica más a los más vulnerables. La inflación -el exceso de emisión para solventar gastos estatales- resulta peor para los más modestos, porque los empresarios suben los precios.

Mientras que las tasas de interés hacen inaccesible el crédito, según la consultora LCG, la pobreza cero se conseguiría con una transferencia extra, de recursos en manos del Estado, por US$ 5.500 millones a los 2,1 M de hogares argentinos pobres, o sea, aumentar el gasto social en 1,7% del PBI cuando el FMI autoriza solo 0,3%.

Ahora, estos recursos son coactivamente retirados del mercado, particularmente de los más pobres -los empresarios, pagan los impuestos subiendo precios, bajando salarios, etc.- luego son filtrados por una burocracia que se queda con buena parte, devolviéndose en asistencialismo bastante menos. Con lo que, por el contrario, aumentar el asistencialismo profundizaría la pobreza.

Según datos oficiales, la cantidad de argentinos pobres en 2018 llegó al 32%, 6 puntos porcentuales (pp) más respecto de 2017 cuando era de 25,7% y la cantidad de niños pobres -de 0 a 14 años- aumentó de 39,7% a 46,5%.

Macri afirmó que seguirá el mismo modelo -de aumento de la exacción coactiva al mercado- pero más rápido, con lo que creará pobreza más rápidamente que los 6pp anuales. Así, cuando acabe su segundo mandato -si gana la reelección en octubre- habrá logrado que más del 50% de los argentinos sea pobre. Cuando debería, por el contrario, desregular la economía y bajar los impuestos, la inflación y las tasas de modo que cada persona pueda trabajar y, con su dinero, poder desarrollarse.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Cristina, Macri y el neoliberalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 25/11/18 en:  http://www.ivancarrino.com/cristina-macri-y-el-neoliberalismo/

 

En su regreso a los estadios, Cristina le lanzó a Macri el peor insulto que un político puede ofrecer.

En Argentina nos caracterizamos por dar buenos insultos. Las “puteadas” argentinas fascinan a los españoles a un punto tal que dos diseñadores crearon una página de Internet llamada “Insultá  Como un Argentino”.

El famoso dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa, en un Congreso de 2004, también hizo un elogio de las malas palabras, y como ejemplo puso al famoso vocablo nacional que empieza con la letra P. Es que no es lo mismo decir que una persona es un tonto a decir que es un p€l0t#&@…

Ahora bien, en ese mundo de las malas palabras autóctonas, destaca uno que, cuando es recibida, el rival queda herido de muerte. Es difícil levantarse después de tamaño cachetazo verbal. Esa “mala palabra” puede escribirse perfectamente sin violar las normas del decoro.

Se trata del adjetivo “neoliberal”.

Uno puede ser muy P… y muy H…, pero si es “neoliberal”, ¡ay dios mío!

Bueno… sin más prolegómenos, así es como Cristina Fernández de Kirchner se refirió al presidente Macri y a su período de gobierno.

El ¿regreso? del neoliberalismo

El lunes por la tarde, mientras la mayoría de los argentinos disfrutaba el sol del feriado en el Día de la Sobernía, Cristina Fernández de Kirchner encabezaba una cumbre de líderes regionales en el estadio de Ferro, ubicado en Caballito.

Allí tuvo la chance de dar un largo discurso donde exaltó sus años de gestión y, por supuesto, no dudó en arremeter contra la administración actual.

En un pasaje que llegó a la tapa de los diarios, CFK afirmó:

Pocas veces se puede juzgar a dos modelos de país tan distintos con tan poco tiempo de distancia. El 9 de diciembre se cumplen tres años exactos de que el neoliberalismo se ha instalado en nuestro país(…) Han vuelto a endeudar el país. Nadie de izquierda, derecha, abajo o arriba puede negar que nuestro gobierno fue el que más desendeudó a la Argentina.

La primera pregunta que surge de este párrafo es qué será el “neoliberalismo”. Salvo por los líderes de la izquierda que acusan de neoliberal a prácticamente todo el mundo,  no hay muchas personas autopercibidas como “neoliberales”. De hecho, ningún trabajo relevante se conoce con ese título, ni ninguna doctrina económica.

La que existe, claro, es el liberalismo (sobre la cual yo escribí un libro), que sostiene que cuanto mayor sea la libertad económica de los países, más prósperos serán sus ciudadanos.

Neoliberalismo, en realidad, es una deformación que algunos sectores quieren imponer para desprestigiar a la idea liberal y, más que nada, desprestigiar una serie de políticas sensatas que limitan el poder de los gobernantes. Es lógico, entonces, que éstos la rechacen.

Ahora si hay algo que los que constantemente aluden al neoliberalismo mencionan es el llamado “Consenso de Washington”, una lista de 10 principios de políticas económicas razonables, recopiladas por un periodista durante la década del ’90.

El neoliberalismo lo rechazan tanto CFK como Macri

Como decíamos, en la década del ’90 se extendió el uso de la frase Consenso de Washington a partir de que el periodista John Williamson resumiera en un documento las principales recomendaciones que el Departamento del Tesoro, el FMI y el Banco Mundial solían hacerle a países con problemas económicos.

Y si bien todos estos organismos son antiliberales, el mundo los asocia al llamado “neoliberalismo”. Así que qué mejor que comparar al Consenso de Washington con Cristina y con Macri y ver si efectivamente, lo dicho tiene algo de verdad.

Entre las recomendaciones recopiladas por Williamson estaban la disciplina fiscal, la apertura comercial, y la privatización de empresas públicas. Las otras recomendaciones se encuentran resumidas en el cuadro de aquí abajo.

En dicho cuadro, además, podemos ver en qué grado las presidencias de Mauricio Macri y Cristina Fernández siguieron ese libreto.

CONSENSO DE WASHINGTON
Política Pública Mauricio Macri Cristina F. de Kirchner
Disciplina Fiscal No No
Gasto enfocado en salud, educación e infraestructura Parcialmente No
Baja de impuestos Parcialmente No
Tasa de interés determinada por el mercado No
Tipo de cambio  competitivo No
Apertura comercial No No
Liberación de barreras a la inversión extranjera No
Privatización de empresas estatales No No
Desregulación Parcialmente No
Seguridad Jurídica No No

 

Como salta a la vista, el gobierno de Cristina fue totalmente anti-neoliberal, si por neoliberal entendemos seguir al pie de la letra el llamado Consenso de Washington.

CFK, especialmente durante su segundo mandato, violó absolutamente todos los puntos de este documento. Las tasas de interés, así como el tipo de cambio, estaban regulados artificialmente, tanto porque había un cepo cambiario, como porque la tasa del Banco Central era un número prácticamente sin trascendencia alguna.

En términos de privatizaciones de empresas públicas, CFK hizo todo lo contrario. Junto con Néstor, su marido y antecesor en el cargo, nacionalizaron Aguas Argentinas, el 50% de YPF, las AFJP, el Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas…

Lo mismo ocurrió con la disciplina fiscal. El gobierno de Cristina recibió al fisco con un superávit de 0,5% en 2007, que transformó en un  déficit de 5,9% al final de su mandato.

Mirando este cuadro, algún kirchnerista podría decir “qué bueno es violar el Consenso de Washington”. Sin embargo, la performance económica durante el segundo gobierno de CFK fue paupérrima. Inflación promedio cercana al 30% anual, cero crecimiento per cápita, aumento de la pobreza y un preocupante avance sobre las libertades individuales.

Ingeniero neoliberal

A diferencia de la exitosa abogada, el ingeniero presidente no se sacó un 1 en su examen frente al llamado Consenso. En este sentido, es lógico que Cristina lo llame neoliberal, ya que al lado suyo parece el mejor alumno de los Estados Unidos.

Sin embargo, cuando uno mira detalladamente las políticas tomadas por el presidente, ve que no se cumplen al menos 4 puntos de la receta neoliberal, mientras que otros tres se cumplen solo parcialmente.

Vamos rápidamente de abajo para arriba. En términos de seguridad jurídica, se ha mejorado, pero el lanzamiento del Bono obligatorio y la marcha atrás con la reforma tributaria anulan cualquier esfuerzo en este sentido. Por otro lado, desregulación solo hubo en el mercado aerocomercial por el tema de las Low-Cost, pero solo parcialmente.

Privatización de empresas estatales no hubo ninguna. Apertura comercial no hay, solo una baja de aranceles a dos productos específicos (tablets y notebooks).

Los impuestos se bajaron, pero luego algunos se volvieron a subir. Y en términos de gasto, hay un redireccionamiento, pero todavía no se ha terminado por completo ese cambio.

Finalmente, en términos fiscales es donde peor le ha ido al gobierno. No solo no redujo el déficit fiscal heredado por CFK, sino que lo aumentó en el primer año, siendo esto causa principal de la crisis que atravesamos.

Para terminar, no queda duda alguna que Cristina rechazó de plano cualquier tipo de liberalismo o neoliberalismo durante su gestión. En ese sentido es lógico que diga que otros, que al menos aceptan algunos puntos del programa de Washington, sean neoliberales.

Sin embargo, en rigor de verdad, no hay mucho de neoliberalismo en la gestión actual, y mucho menos de liberalismo.

Y es por esto, de hecho, que hoy estamos en crisis.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

“Los poderes legislativo y judicial deberían reducir sus planteles”

Por Aldo Abram: Publicado el 8/9/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/09/08/los-poderes-legislativo-y-judicial-deberian-reducir-sus-planteles/

 

Seguidamente agregó que “después de este primer paso dado por el Ejecutivo nacional, también debieran hacer una reducción de planteles los poderes legislativo y judicial, donde hay una superpoblación que es necesario ordenar”.
Según el director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, “si la reforma del Estado anunciada ayer se cumple de manera efectiva se podría estar ahorrando casi un cuarto de todo lo destinado a sueldos de la administración central, que no es poca cosa”.
No obstante, Abram advirtió que “habrá que esperar si los anuncios se implementan de manera correcta o si se trata solamente de un maquillaje de cambios de nombres pero sin disminución del gasto”.
Al mismo tiempo, el economista explicó que el organigrama del Estado nacional está compuesto por tres mil reparticiones, “muchas de ellas sin funciones necesarias y otras con superposición de tareas”.
Y dijo que “es fundamental saber que dentro de cada una de esas tres mil reparticiones hay personas que es necesario atender debidamente y más en este momento de crisis”.

Por eso desde su punto de vista “existen mecanismos como la jubilación anticipada para quien esta cerca de esa edad, los retiros voluntarios y a través de la ley de empleo la posibilidad de seguir pagando el sueldo a ese empleado público por uno o dos años hasta que se lo capacite en una tarea en la cual se pueda insertar en el ámbito privado de su comunidad, generando así empleo productivo”.

A nivel local

El economista explicó que “también las provincias y los municipios debieran mirar hacia adentro de sus estructuras para ver de qué manera pueden hacer más eficiente su tarea eliminando organismos o cargos públicos que son verdaderas lacras para un desarrollo armónico de la sociedad”.
Luego aclaró que “en un país federal como el nuestro cada jurisdicción tiene autonomía sobre su funcionamiento, por eso deben ser los gobernadores y en el caso de las comunas, los intendentes, quienes tomen real conciencia de la crisis que estamos atravesando y se pongan a la altura de las circunstancias”.
Según Abram, “ningún dirigente político se puede hacer el distraído. Todos de alguna manera llegaron a sus cargos para estar al servicio de los ciudadanos, sobre todo los más pobres que siempre son los más afectados por la inflación y la devaluación”.
Con respecto a la dureza del ajuste presupuestario para el año que viene, que buscará alcanzar el déficit cero, Abram dijo que “la realidad indica que no había otra opción para tomar. Nadie quiere financiar nuestro gasto.
Por lo tanto creo que legisladores y gobernadores deberán ayudar a lograr este presupuesto porque en definitiva son las provincias las que primero se quedarán sin crédito si no se logra sacar un presupuesto acorde a las exigencias del momento y al acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”.

Consultado sobre si podría haber un impacto negativo para la continuidad de algunas políticas públicas esenciales en el interior del país a partir de la desaparición de algunos ministerios, el experto en economía explicó que “el éxito de esta reestructuración del Estado radicará en dejar que sigan funcionando las políticas sin sobrecargarlas de burocracias que entorpecen y no suman. Nadie busca que desaparezca la presencia del Estado donde se lo necesite. Lo que se busca es evitar una superpoblación de empleados públicos que no hagan nada”.

Las retenciones 

Sobre el anuncio de Macri de aplicar mayores retenciones a toda la producción nacional que se exporta, Abram señaló que “es evidente que se trata de una medida de extrema necesidad que no hubiese sido tomada si pudiéramos tener otra salida. Pero la verdad es que es un mal necesario al que se apeló para tratar de que el esfuerzo sea compartido por todos”.
Seguidamente, aclaró que aunque los sectores alcanzados por la medida protesten, “es necesario advertir que se trata de firmas que estaban exportando a fines del año pasado a un dólar a 17 y ahora lo están haciendo a un valor de 40 pesos, es decir no se trata de un rubro al borde de la quiebra, sino más bien de un sector con formidable ganancias”.

Finalmente Abram destacó que le hubiese gustado que “la medida de avanzar sobre las retenciones sea anunciada con una determinada fecha de caducidad, para hacer efectivo eso de que es transitorio y no de algo que llegó para quedarse para siempre, como lamentablemente estamos acostumbrados los argentinos cuando nos aplican algún nuevo impuesto temporal y después nadie lo levanta”.

La corrida cambiaria 

Consultado sobre la vertiginosa subida del dólar durante la semana pasada, Abram manifestó que “la corrida cambiaria es como una bola de nieve que si se la deja seguir su rumbo tiende a crecer, por lo tanto el Banco central debiera frenar esa acción con los instrumentos que tiene a disposición para hacerlo”.

Seguidamente, el economista dijo que “en esta terapia intensiva en la que se encuentra la Argentina se necesitan dos cirujanos que operen con la mayor precisión posible, por un lado el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y por el otro lado el titular del Banco Central, Luis Caputo, frenando la corrida cambiaria, porque esa bola de nieve nunca se frena sola”.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .