Cristina, Macri y el neoliberalismo

Por Iván Carrino. Publicado el 25/11/18 en:  http://www.ivancarrino.com/cristina-macri-y-el-neoliberalismo/

 

En su regreso a los estadios, Cristina le lanzó a Macri el peor insulto que un político puede ofrecer.

En Argentina nos caracterizamos por dar buenos insultos. Las “puteadas” argentinas fascinan a los españoles a un punto tal que dos diseñadores crearon una página de Internet llamada “Insultá  Como un Argentino”.

El famoso dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa, en un Congreso de 2004, también hizo un elogio de las malas palabras, y como ejemplo puso al famoso vocablo nacional que empieza con la letra P. Es que no es lo mismo decir que una persona es un tonto a decir que es un p€l0t#&@…

Ahora bien, en ese mundo de las malas palabras autóctonas, destaca uno que, cuando es recibida, el rival queda herido de muerte. Es difícil levantarse después de tamaño cachetazo verbal. Esa “mala palabra” puede escribirse perfectamente sin violar las normas del decoro.

Se trata del adjetivo “neoliberal”.

Uno puede ser muy P… y muy H…, pero si es “neoliberal”, ¡ay dios mío!

Bueno… sin más prolegómenos, así es como Cristina Fernández de Kirchner se refirió al presidente Macri y a su período de gobierno.

El ¿regreso? del neoliberalismo

El lunes por la tarde, mientras la mayoría de los argentinos disfrutaba el sol del feriado en el Día de la Sobernía, Cristina Fernández de Kirchner encabezaba una cumbre de líderes regionales en el estadio de Ferro, ubicado en Caballito.

Allí tuvo la chance de dar un largo discurso donde exaltó sus años de gestión y, por supuesto, no dudó en arremeter contra la administración actual.

En un pasaje que llegó a la tapa de los diarios, CFK afirmó:

Pocas veces se puede juzgar a dos modelos de país tan distintos con tan poco tiempo de distancia. El 9 de diciembre se cumplen tres años exactos de que el neoliberalismo se ha instalado en nuestro país(…) Han vuelto a endeudar el país. Nadie de izquierda, derecha, abajo o arriba puede negar que nuestro gobierno fue el que más desendeudó a la Argentina.

La primera pregunta que surge de este párrafo es qué será el “neoliberalismo”. Salvo por los líderes de la izquierda que acusan de neoliberal a prácticamente todo el mundo,  no hay muchas personas autopercibidas como “neoliberales”. De hecho, ningún trabajo relevante se conoce con ese título, ni ninguna doctrina económica.

La que existe, claro, es el liberalismo (sobre la cual yo escribí un libro), que sostiene que cuanto mayor sea la libertad económica de los países, más prósperos serán sus ciudadanos.

Neoliberalismo, en realidad, es una deformación que algunos sectores quieren imponer para desprestigiar a la idea liberal y, más que nada, desprestigiar una serie de políticas sensatas que limitan el poder de los gobernantes. Es lógico, entonces, que éstos la rechacen.

Ahora si hay algo que los que constantemente aluden al neoliberalismo mencionan es el llamado “Consenso de Washington”, una lista de 10 principios de políticas económicas razonables, recopiladas por un periodista durante la década del ’90.

El neoliberalismo lo rechazan tanto CFK como Macri

Como decíamos, en la década del ’90 se extendió el uso de la frase Consenso de Washington a partir de que el periodista John Williamson resumiera en un documento las principales recomendaciones que el Departamento del Tesoro, el FMI y el Banco Mundial solían hacerle a países con problemas económicos.

Y si bien todos estos organismos son antiliberales, el mundo los asocia al llamado “neoliberalismo”. Así que qué mejor que comparar al Consenso de Washington con Cristina y con Macri y ver si efectivamente, lo dicho tiene algo de verdad.

Entre las recomendaciones recopiladas por Williamson estaban la disciplina fiscal, la apertura comercial, y la privatización de empresas públicas. Las otras recomendaciones se encuentran resumidas en el cuadro de aquí abajo.

En dicho cuadro, además, podemos ver en qué grado las presidencias de Mauricio Macri y Cristina Fernández siguieron ese libreto.

CONSENSO DE WASHINGTON
Política Pública Mauricio Macri Cristina F. de Kirchner
Disciplina Fiscal No No
Gasto enfocado en salud, educación e infraestructura Parcialmente No
Baja de impuestos Parcialmente No
Tasa de interés determinada por el mercado No
Tipo de cambio  competitivo No
Apertura comercial No No
Liberación de barreras a la inversión extranjera No
Privatización de empresas estatales No No
Desregulación Parcialmente No
Seguridad Jurídica No No

 

Como salta a la vista, el gobierno de Cristina fue totalmente anti-neoliberal, si por neoliberal entendemos seguir al pie de la letra el llamado Consenso de Washington.

CFK, especialmente durante su segundo mandato, violó absolutamente todos los puntos de este documento. Las tasas de interés, así como el tipo de cambio, estaban regulados artificialmente, tanto porque había un cepo cambiario, como porque la tasa del Banco Central era un número prácticamente sin trascendencia alguna.

En términos de privatizaciones de empresas públicas, CFK hizo todo lo contrario. Junto con Néstor, su marido y antecesor en el cargo, nacionalizaron Aguas Argentinas, el 50% de YPF, las AFJP, el Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas…

Lo mismo ocurrió con la disciplina fiscal. El gobierno de Cristina recibió al fisco con un superávit de 0,5% en 2007, que transformó en un  déficit de 5,9% al final de su mandato.

Mirando este cuadro, algún kirchnerista podría decir “qué bueno es violar el Consenso de Washington”. Sin embargo, la performance económica durante el segundo gobierno de CFK fue paupérrima. Inflación promedio cercana al 30% anual, cero crecimiento per cápita, aumento de la pobreza y un preocupante avance sobre las libertades individuales.

Ingeniero neoliberal

A diferencia de la exitosa abogada, el ingeniero presidente no se sacó un 1 en su examen frente al llamado Consenso. En este sentido, es lógico que Cristina lo llame neoliberal, ya que al lado suyo parece el mejor alumno de los Estados Unidos.

Sin embargo, cuando uno mira detalladamente las políticas tomadas por el presidente, ve que no se cumplen al menos 4 puntos de la receta neoliberal, mientras que otros tres se cumplen solo parcialmente.

Vamos rápidamente de abajo para arriba. En términos de seguridad jurídica, se ha mejorado, pero el lanzamiento del Bono obligatorio y la marcha atrás con la reforma tributaria anulan cualquier esfuerzo en este sentido. Por otro lado, desregulación solo hubo en el mercado aerocomercial por el tema de las Low-Cost, pero solo parcialmente.

Privatización de empresas estatales no hubo ninguna. Apertura comercial no hay, solo una baja de aranceles a dos productos específicos (tablets y notebooks).

Los impuestos se bajaron, pero luego algunos se volvieron a subir. Y en términos de gasto, hay un redireccionamiento, pero todavía no se ha terminado por completo ese cambio.

Finalmente, en términos fiscales es donde peor le ha ido al gobierno. No solo no redujo el déficit fiscal heredado por CFK, sino que lo aumentó en el primer año, siendo esto causa principal de la crisis que atravesamos.

Para terminar, no queda duda alguna que Cristina rechazó de plano cualquier tipo de liberalismo o neoliberalismo durante su gestión. En ese sentido es lógico que diga que otros, que al menos aceptan algunos puntos del programa de Washington, sean neoliberales.

Sin embargo, en rigor de verdad, no hay mucho de neoliberalismo en la gestión actual, y mucho menos de liberalismo.

Y es por esto, de hecho, que hoy estamos en crisis.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

“Los poderes legislativo y judicial deberían reducir sus planteles”

Por Aldo Abram: Publicado el 8/9/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/09/08/los-poderes-legislativo-y-judicial-deberian-reducir-sus-planteles/

 

Seguidamente agregó que “después de este primer paso dado por el Ejecutivo nacional, también debieran hacer una reducción de planteles los poderes legislativo y judicial, donde hay una superpoblación que es necesario ordenar”.
Según el director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, “si la reforma del Estado anunciada ayer se cumple de manera efectiva se podría estar ahorrando casi un cuarto de todo lo destinado a sueldos de la administración central, que no es poca cosa”.
No obstante, Abram advirtió que “habrá que esperar si los anuncios se implementan de manera correcta o si se trata solamente de un maquillaje de cambios de nombres pero sin disminución del gasto”.
Al mismo tiempo, el economista explicó que el organigrama del Estado nacional está compuesto por tres mil reparticiones, “muchas de ellas sin funciones necesarias y otras con superposición de tareas”.
Y dijo que “es fundamental saber que dentro de cada una de esas tres mil reparticiones hay personas que es necesario atender debidamente y más en este momento de crisis”.

Por eso desde su punto de vista “existen mecanismos como la jubilación anticipada para quien esta cerca de esa edad, los retiros voluntarios y a través de la ley de empleo la posibilidad de seguir pagando el sueldo a ese empleado público por uno o dos años hasta que se lo capacite en una tarea en la cual se pueda insertar en el ámbito privado de su comunidad, generando así empleo productivo”.

A nivel local

El economista explicó que “también las provincias y los municipios debieran mirar hacia adentro de sus estructuras para ver de qué manera pueden hacer más eficiente su tarea eliminando organismos o cargos públicos que son verdaderas lacras para un desarrollo armónico de la sociedad”.
Luego aclaró que “en un país federal como el nuestro cada jurisdicción tiene autonomía sobre su funcionamiento, por eso deben ser los gobernadores y en el caso de las comunas, los intendentes, quienes tomen real conciencia de la crisis que estamos atravesando y se pongan a la altura de las circunstancias”.
Según Abram, “ningún dirigente político se puede hacer el distraído. Todos de alguna manera llegaron a sus cargos para estar al servicio de los ciudadanos, sobre todo los más pobres que siempre son los más afectados por la inflación y la devaluación”.
Con respecto a la dureza del ajuste presupuestario para el año que viene, que buscará alcanzar el déficit cero, Abram dijo que “la realidad indica que no había otra opción para tomar. Nadie quiere financiar nuestro gasto.
Por lo tanto creo que legisladores y gobernadores deberán ayudar a lograr este presupuesto porque en definitiva son las provincias las que primero se quedarán sin crédito si no se logra sacar un presupuesto acorde a las exigencias del momento y al acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI)”.

Consultado sobre si podría haber un impacto negativo para la continuidad de algunas políticas públicas esenciales en el interior del país a partir de la desaparición de algunos ministerios, el experto en economía explicó que “el éxito de esta reestructuración del Estado radicará en dejar que sigan funcionando las políticas sin sobrecargarlas de burocracias que entorpecen y no suman. Nadie busca que desaparezca la presencia del Estado donde se lo necesite. Lo que se busca es evitar una superpoblación de empleados públicos que no hagan nada”.

Las retenciones 

Sobre el anuncio de Macri de aplicar mayores retenciones a toda la producción nacional que se exporta, Abram señaló que “es evidente que se trata de una medida de extrema necesidad que no hubiese sido tomada si pudiéramos tener otra salida. Pero la verdad es que es un mal necesario al que se apeló para tratar de que el esfuerzo sea compartido por todos”.
Seguidamente, aclaró que aunque los sectores alcanzados por la medida protesten, “es necesario advertir que se trata de firmas que estaban exportando a fines del año pasado a un dólar a 17 y ahora lo están haciendo a un valor de 40 pesos, es decir no se trata de un rubro al borde de la quiebra, sino más bien de un sector con formidable ganancias”.

Finalmente Abram destacó que le hubiese gustado que “la medida de avanzar sobre las retenciones sea anunciada con una determinada fecha de caducidad, para hacer efectivo eso de que es transitorio y no de algo que llegó para quedarse para siempre, como lamentablemente estamos acostumbrados los argentinos cuando nos aplican algún nuevo impuesto temporal y después nadie lo levanta”.

La corrida cambiaria 

Consultado sobre la vertiginosa subida del dólar durante la semana pasada, Abram manifestó que “la corrida cambiaria es como una bola de nieve que si se la deja seguir su rumbo tiende a crecer, por lo tanto el Banco central debiera frenar esa acción con los instrumentos que tiene a disposición para hacerlo”.

Seguidamente, el economista dijo que “en esta terapia intensiva en la que se encuentra la Argentina se necesitan dos cirujanos que operen con la mayor precisión posible, por un lado el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y por el otro lado el titular del Banco Central, Luis Caputo, frenando la corrida cambiaria, porque esa bola de nieve nunca se frena sola”.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

El valor del peso, ¿crónica de una muerte anunciada?

Por Aldo Abram: Publicado el 12/8/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2161332-el-valor-del-peso-cronica-de-una-muerte-anunciada

 

Muchos economistas y políticos argentinos no aprenden ni con las crisis. Nuevamente, están reclamando que el Banco Central (BCRA) baje la tasa de interés y deje que el dólar suba. Como el valor de este último lo fija la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que están pidiendo es que el BCRA emita mucho para que de esa forma aumente el crédito local y baje la tasa de interés. Como a esos pesos no los querrá nadie, perderán valor y, por ello, veremos que el tipo de cambio subirá. Porque es en el mencionado mercado donde se refleja inmediatamente la variación de cualquier moneda.

El gran problema es que, luego, con esos pesos que perdieron poder adquisitivo querremos comprar algo en el supermercado o pagarle al gasista, y en ambos casos nos pedirán más billetes, porque cada uno valdrá menos y lo que queremos adquirir mantiene su valor. La inflación es la pérdida de poder de compra de la moneda en que cobramos nuestros sueldos y ahorramos. Por eso, nos hace a todos más pobres y, en particular, afecta más a los más pobres que son los que menos pueden defenderse.

Tenemos que asumir que la Argentina tiene una moneda en la que nadie confía y eso no es casualidad. Desde 1970 a la fecha se le sacaron 13 ceros a la moneda. O sea, un peso de entonces equivale a $10.000.000 de millones de hoy. De hecho, el cepo cambiario es una muestra de esa desconfianza, ya que implicó tratar de obligar a los argentinos a demandar pesos.

Este gobierno tuvo una gran oportunidad de recuperar la credibilidad del Banco Central y de nuestra moneda. Cuando salió del cepo, la gente hizo una gran apuesta a favor, por lo que el tipo de cambio, lejos de subir por arriba del dólar “informal”, como la mayoría esperaba, tendió a bajar. Lamentablemente, desde inicios de 2016 el BCRA volvió a las andadas y priorizó licuar los problemas que genera el exceso de Estado y no la defensa de la moneda y la recuperación de la solvencia de una entidad a la que había recibido casi quebrada. Así es como se dedicó a emitir pesos y destruir su poder adquisitivo para financiar al gobierno y, además, para bajar la tasa de interés y aumentar el crédito. Es que el Estado (municipal, provincial y Nacional) absorbía gran parte del financiamiento local para cubrir su enorme exceso de gasto y lo que quedaba para prestar al sector privado era escaso y caro.

No es extraño que, con semejante bastardeo del peso, en cuatro ocasiones la gente decidiera dejar de demandarlo (corrida cambiaria) generando una fuerte baja de su valor.

La primera, en los primeros meses de 2016, que obligó al BCRA a corregir coyunturalmente el rumbo. Después, a partir de mayo de 2017 hubo una creciente corrida contra el peso y recién se frenó cuando el BCRA, asustado por el efecto del alza cambiaria sobre los votantes, decidió defender el valor del peso vendiendo dólares.

En el siguiente episodio, en diciembre de 2017, la violencia política y las dificultades que enfrentó el Gobierno para sancionar algunas reformas llevaron a una nueva caída de la demanda de pesos, a lo que el BCRA respondió dándole a la maquinita para bajar la tasa de interés generando una nueva caída del valor de nuestra moneda. ¿A alguien le puede extrañar que cuando se produjeron las primeras leves turbulencias internacionales nadie creyera en la capacidad y/o voluntad del Banco Central de defender el valor del peso? Era natural que se dejara de demandarlo, lo que terminó en una crisis cambiaria.

La actual gestión del Central parece haber entendido que la prioridad debe ser estabilizar el valor de la moneda para frenar la escalada de los precios. Además, al no poder emitir lo que la gente no demanda, la tasa de interés alta termina reflejando la realidad de un mercado de crédito que se contrajo por la fuga de capitales y al que siguen exprimiendo los distintos niveles de Estado para cubrir sus enormes excesos de gasto.

Para resolver el problema hay que recuperar la credibilidad. De esa palabra viene “crédito”. Imposible que haya más confianza sin estabilidad monetaria. Lo otro que hay que hacer para ampliar el financiamiento interno es dar muestras contundentes de resolver la madre de todos los problemas, “el exceso de Estado”.

El Gobierno y la oposición deben entender que ya nadie “apostará por ver”, ya lo hicieron y perdieron. No basta con promesas. Todos deberían reclamar señales claras de austeridad a nuestros políticos. El gobierno nacional tiene cubiertas sus necesidades de recursos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por este año, pero no todas las de 2019. En tanto, la mayoría de las provincias y municipios que tienen excesos de gastos no podrán pagarlos si no vuelve el crédito. También el sector privado productivo lo necesita para recuperar la demanda interna y la producción.

El Banco Central no debe escuchar a los milagreros que pretenden “multiplicar los panes y los pesos” dándole a la maquinita y empobreciendo a todos los argentinos. Una próxima corrida contra el peso será muy difícil de frenar, pudiendo llevar a su repudio como moneda, como en 1989, y a su desaparición.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

La suba de la tasa de interés no puede cambiar la caída en la demanda de dinero

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/7/18 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2018/07/27/es-una-locura-tratar-de-frenar-este-aluvion-con-mas-tasas/

 

¿Tenemos hoy una caída en la demanda de moneda, un cambio de cartera de inversiones o ambas cosas?

Cuando uno explica moneda, al abordar el tema del poder adquisitivo de la moneda enseña que depende de tres factores:Tasa de interese, BCRA y empresa argentinas

1) la demanda de moneda, 2) la oferta de moneda (la inversa de la demanda) y 3) la productividad de la economía.

El secreto está en entender bien qué es demanda de moneda.

Así como el común de la gente cree que la tasa de interés es el costo del dinero, grosero error conceptual, muchos confunden demanda de dinero con demanda de activos financieros. Incluso algunos economistas hasta llegan a afirmar que si aumenta la tasa de interés crece la demanda por moneda. Esta fenomenal confusión lleva a crear problemas como el del stock de LEBACs que hoy pagan tasas de interés cercanas al 50% anual en el mercado secundario.

Para que quede claro: la moneda, que es una mercadería como cualquier otra, sirve como medio de intercambio. La gente, además de querer poseer bienes, quiere tener dinero (demanda de moneda) para comprar bienes en un momento dado. Obviamente esa demanda de dinero puede ser constante, aumentar o, incluso, tender a disminuir casi a cero cuando se entra en procesos inflacionarios agudos.

Lo que tiene que quedar en claro es que cuando alguien demanda dinero está demandando saldos monetarios no remunerados. Si con su dinero alguien compra un bono o hace un depósito a plazo fijo, no está demandando dinero, está demandando activos financieros ofreciendo dinero a cambio. Entrego pesos a cambio de una LEBAC. Por eso, cuando se aumenta la tasa de interés para “mantener” estable la demanda de moneda se está cometiendo un disparate conceptual. No aumenta la demanda de saldos monetarios, aumenta la demanda de LEBACs y, en todo caso, la oferta de moneda. Ofrezco pesos (cae la demanda de moneda) por LEBACs que es un instrumento financiero.

¿Soluciona el problema de la demanda de dólares la suba de la tasa de interés? En absoluto.

La posterga y la potencia por la tasa de interés que devenga. El punto es que para que haya demanda de instrumentos financieros emitidos por el estado, en el caso de Argentina, la tasa que ofrecen esos instrumentos financieros tiene que ser mayor al aumento del tipo de cambio esperado. ¿Por qué respecto al tipo de cambio? Porque la Argentina no tiene moneda en el sentido que sirve como reserva de valor y unidad de cuenta. La gente ya eligió el dólar como moneda por más que un falso nacionalismo quiera negar tal realidad. Cometen un grave error aquellos que comparan la tasa de interés contra la inflación pasada o esperada. Nadie que invierte en LEBACs u otros instrumentos hace ese cálculo, lo hacen comparando con el tipo de cambio. Si esperan que el tipo de cambio se mantenga estable o suba levemente, venden dólares y compran LEBACs.

Que las LEBACs estén nominadas en pesos no quiere decir que aumentó la demanda de pesos o de moneda. Eso es una burrada conceptual. Aumenta la demanda de un activo financiero. Por lo tanto, cuánto mayor tasas de interés paga el gobierno mayor es la demanda de ese activo financiero, pero mayor el monto de interés devengado que en algún momento el inversor va a realizar. No existe el inversor que devengue indefinidamente una utilidad. Y menos en el mercado financiero. En algún momento realiza la ganancia y cuando la realiza se produce una presión insostenible en el mercado de cambios, no solo porque se produce el efecto puerta 12, sino porque los que van de LEBACs al dólar demandan dólares por el capital invertido más los intereses ganados. Por eso se dice que los que salen primero son los ganadores y los últimos en salir los perdedores del arbitraje.

La pregunta que un economista se hace cuando ve que el estado arma estos arbitrajes, es la siguiente: ¿es consistente la tasa de interés que paga el BCRA con la tasa de rentabilidad promedio de la economía? ¿Puede una empresa cualquiera pagar esas tasas de interés reales sin fundirse? O, si se prefiere, uno puede formularse esta otra pregunta: ¿si el BCRA le paga una tasa de interés real en dólares al inversor del 25% anual, por decir algún número, a quién le presta a esa tasa para luego poder devolver el capital más los intereses devengados? Si encuentra que nadie puede pagar esa tasa de interés real, entonces, puede apostar a que el estado tampoco podrá rendir sus compromisos financieros y en algún momento habrá un problema.

Desde que en 1971 Estados Unidos, bajo la presidencia de Nixon, abandonó el patrón oro, todo el sistema monetario mundial está basado en confianza que la gente tenga en la moneda que emite el Banco Central de cada país.

Desde que fue creado el BCRA en 1935, la tasa de inflación acumulada fue del 1.239% billones. Si alguien tiene noción qué significa esa cifra es más genio que Einstein. No es casualidad que se hayan destruido 5 signos monetarios y hayamos pasado por períodos de inflación, inflación alta, megainflación e hiperinflación. En otras palabras, el argentino no tiene confianza en la moneda que emite el BCRA. No la demanda. Creer que se puede aumentar la demanda de moneda, en este caso el peso, subiendo la tasa de interés es echar más leña al fuego porque puede postergar la huida hacia el dólar por un tiempo, pero en algún momento, no habrá tasa de interés que compense el riesgo de quedarse en LEBACs. Insisto, un verdadero disparate confundir demanda de instrumentos financieros con demanda de moneda. Si hay confianza la gente demanda una determinada cantidad de moneda para intercambiarla por bienes en un momento determinado y no necesita de tasas de interés siderales para demandar moneda. Son dos cosas totalmente diferentes.

¿Conviene seguir subiendo la tasa de interés en este contexto? No lo veo lógico. Con esta tasa de interés, no solo generan una mayor complicación futura, sino que están matando la actividad económica porque el estado entra como un elefante en un bazar a demandar el escaso crédito que hay en el mercado, oferta que tiene como contrapartida el ahorro, no la demanda de moneda. Como el ahorro volcado al mercado de capitales interno es ínfimo (el grueso del ahorro de los argentinos está en el exterior financiando el crecimiento de los países desarrollados dada la inseguridad jurídica del populismo vernáculo), el estado demandando la escasa oferta de ahorro interno desplaza al sector privado, profundiza la recesión y, posiblemente, complique más las metas fiscales por caída de la recaudación dada la recesión que se avecina.

En síntesis, hoy tenemos caída en la demanda de moneda y cambio de cartera de inversiones pasando de activos financieros en pesos a activos en dólares. Se dan ambas cosas. Tratar de frenar esto con más tasa es una locura, y creer que la demanda de moneda es función de la tasa de interés es una locura completa.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cuando las Teorías Conspirativas le Ganan a la Racionalidad

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 4/7/18 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2018/07/04/cuando-las-teorias-conspirativas-le-ganan-a-la-racionalidad/

 

Los últimos meses han traído a superficie la delicada situación económica del país. Dos corridas cambiarias que terminaron con el desplazamiento de las autoridades del Banco Central, pérdida de reservas que llevaron a un apurado llamado al Fondo Monetario Internacional, aumento de tasas de interés, mayores tasas de inflacion, marchas y contramarchas en política económica, cambio de ministros, etc. Por más que desde Cambiemos hablen de meros sobresaltos, lo cierto es que el cuadro es claramente de crisis. También es cierto que esta situación se venía avisando desde hace tiempo.

Es normal que en un contexto de estas características surjan varias interpretaciones. También es normal que algunas de esas interpretaciones se dejen atraer por explicaciones que apelan más a las emociones que a la racionalidad. Populares e inmortales mitos se transmiten sin mayores fundamentos que el apelar a lo que emocionalmente se cree debe ser correcto. Las explicaciones emocionales son más sencillas que las racionales. Son también un caldo de cultivo de mitos y falsedades. La reciente columna de Jorge Fernández Díaz es un buen ejemplo de este tipo de sesgos.

La columna parte de una tesis errada que se ha vuelto doctrina indiscutible en el gobierno así como en gran parte de la sociedad Argentina. Esta tesis sostiene que al asumir el gobierno había sólo tres alternativas:

  1. Seguir adelante y terminar como Venezuela
  2. Hacer una sangrienta política monetarista de shock y volar por los aires
  3. Ejecutar un programa gradual y rogar que las condiciones climáticas de mercado le permitieran llegar a la otra orilla

En otras palabras, es el gradualismo o no es nada. El error se encuentra en el punto 2. La doctrina consiste en creer que shock implica, necesariamente, un ajuste social. Nada menos que “sangriento” en las palabras de Fernández Díaz. El problema es que este punto es facticamente incorrecto. Existen casos históricos de shock sin costos sociales. Quizás el ejemplo más emblemático sea el de los países de la ex Unión Soviética. Estos países satélite han aplicado reformas de distinta profundad y velocidad. Partiendo de una situación similar, el resultado es claro. Aquellos países que aplicaron políticas de shock tuvieron un mejor desempeño económico sin mayores costos sociales. Parece que a nadie se la ha ocurrido estudiar tamaño caso para aprender qué y cómo implementar en Argentina.

Lo cierto es que una política de shock puede estar bien diseñada e implementada, o hacerse a las apuradas y terminar siendo mal implementada. Es un error creer que shock es siempre lo segundo, mientras que gradualismo es siempre lo primero. También es un error creer que shock es sinónimo de corte brutal de gasto público de la noche a la mañana. A veces parece ser que los críticos del shock no se han detenido a leer en qué consisten de hecho las propuestas de shock, mucho menos en estudiar casos históricos como los mencionados en el párrafo anterior. De la columna de Fernandez Díaz se desprende que el problema no son los errores del gradualismo, sino esos molestos economistas neoliberales ortodoxos (como él los llama), y sus voceros, que alertan sobre los problemas a venir y terminan siendo funcionales al peronismo. El problema no es la politica económica del gobierno, el problema son los economistas. El problema no es el paciente sedentario con una mala dieta. El problema es el médico que alerta los peligros. Sin embargo, es el médico a quien hay que desenmascarar de sus ocultas intenciones. Fernández Díaz hace una curiosa correlación entre shock y dictaduras o golpes militares. No debe haber tenido en mente a Martínez de Hoz y su defensa del gradualismo durante la última dictadura militar.

El problema también es el mercado, que en lugar de ser un orden espontáneo de incontables interaccciones entre individuos, parece ser una persona o un ente con objetivos determinados. Por ejemplo, no es que una política inconsistente eventualmente produce costos, sino que es el mercado quien pone en aprietos al gobierno. No es mi mala dieta la que me produce problemas, es el colesterol que complota en mi contra. Vale recordar también, que Argentina es una de las economías más reguladas (y aisladas) del mundo.

Las criticas al gradualismo se han enfocado en dos puntos. En primer lugar, al no haber un plan económico, la política de gradualismo sólo posterga y agranda los problemas a resolver. En segundo lugar, el gradualismo es demasiado lento, lamentablmente no hay tiempo. Es cierto que el kirchnerismo dejó una bomba de tiempo. El problema es que el gradualismo de Cambiemos es más lento que la cuenta regresiva. No hace falta, por lo tanto, como sugiere Fernández Díaz “rogar que las condiciones climáticas de mercado” nos permitiesen llegar a orilla sanos y salvos. Existe la cuarta opcion dejada de lado: Implementar un plan consistente (el mal llamado shock sangriento) que permita cambiar rumbo de una buena vez. El defensor del gradualismo parece tener la falsa ilusión de sostener que dado que el shock no es viable, entonces el gradualismo ha de ser viable.

Sin embargo, de alguna manera Fernández Días ofrece la lectura inversa. Los críticos del gradualismo son en verdad personas a desenmascarar que sólo buscan agrandar la crisis. Es, lamentablemente, una estrategia demasiado común. En lugar de lidiar con la crítica del oponente, se lo cuestiona moralmente al sostener que en verdad tiene objetivos moralmente cuestionables. Esta estrategia se protege, convenientemente, con un envoltorio de teoría conspirativa. De esta manera, cualquier cosa que el oponente sostenga no hace más sumarse a la evidencia de la conspiración.

No parece ser una tesis a considerar que los críticos del gradualismo interpretan la situacion de otra manera. ¿Será posible, quizás, que los críticos del gradualismo vean que estos planes suelen fallar y entonces se termina aplicando un shock a las apuradas, mal diseñado, y mal implementado? ¿No será posible que la mala prensa que el shock tiene en Argentina se deba a los crónicos fracasos del gradualismo?

Argentina está transcurriendo una seria situación económica. La sociedad, y el gobierno en particular, debería escuchar más, y dejar de lado el voluntarismo y dar más cabida a un análisis más racional y menos emocional.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

ENTREVISTA A ADRIÁN RAVIER Tras el miércoles negro: ¿qué le espera a los argentinos?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 28/6/18 en http://www.visionliberal.com.ar/nota/5309-opina-ravier-tras-el-miercoles-negro-que-nos-espera-a-los-argentinos/

 

Adrián Ravier analiza el miércoles negro: “Salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto”

Ayer, miércoles, mientras se esperaban con ansias los partidos que dejaron de forma sorpresiva a Alemania fuera de la Copa y a Brasil y México en Octavos, por cuarto día consecutivo subió el dólar y provocó una caída de las acciones de la Bolsa porteña en casi un 9%. De esta forma, aumentó el riesgo país y se acerca a los 600 puntos, el nivel más alto desde el 2015.

El “miércoles negro” es consecuencia del fuerte clima de desconfianza en el gobierno y la situación económica.

No basta solamente con ayuda del FMI ni con que nos posicionen como “país emergente”. Es hora de que se tomen las medidas correspondientes para revertir esta cuestión y levantar los indicadores económicos para generar mayor incentivo.

Para profundizar sobre este derrumbe económico, sus causas, consecuencias y cómo seguirá la economía en lo que queda hasta las próximas elecciones, Visión Liberal habló con el doctor en Economía, Adrián Ravier, quien también se desempeña como economista de la Fundación Libertad y Progreso La Pampa.

-¿Por qué dicen que fue un “miércoles negro” y qué significa eso?

Se trata de un “miércoles negro” porque el Merval, la Bolsa en Argentina, cayó un 9%, lo cual representa una caída muy fuerte. Obedece a varios factores: en primer lugar, un factor internacional, en el cual el inversor internacional decidió un sell off, vender acciones de economías emergentes y tratar de invertir en países más seguros o activos financieros más seguros de países más desarrollados.

Hay un factor muy general, la Bolsa de Brasil cayó un 3,55% y en Argentina casi el 9%. Entonces la pregunta es: ¿Por qué Argentina cae más que el resto de las emergentes? Tiene que ver con el rumor de que se iba a poner un impuesto a las acciones en la Bolsa en Argentina, y por otro lado, la debilidad.

Los datos de abril de actividad económica han sido negativos, el Índice de Precios del Consumidor se estima que irán en aumento y la proyección para la inflación anual está en torno del 28 al 30%.

Todo lo que estamos viviendo en Argentina con fundamentos débiles, de alguna manera impacta, y si impacta en las economías emergentes, en Argentina impacta un poco más.

En este sentido hay que tomar nota y señalar que urgen las reformas estructurales para corregir desequilibrios que son realmente muy largos. El miércoles negro tiene que ver con un miércoles donde el riesgo país llegó al máximo, a un nivel mayor de todos los meses anteriores y este dato nos devuelve a un país riesgoso, es decir, un país vulnerable.

-¿Es una respuesta del mercado ante la desconfianza en el gobierno?

– Sí. El mercado desconfía de alguna manera del gradualismo del gobierno, de las metas que se han impuesto.

La llegada del Fondo ayuda, ser una economía emergente ayuda, y si las nuevas metas se cumplen, se harían reformas que a Argentina le hacen falta. Pero hay preguntas que quedan abiertas, por ejemplo, la meta de inflación de este año. Cerraríamos con una inflación arriba del 27% y la meta para el año que viene es 17%. Es muy difícil pensar que, en Argentina, en un año electoral, se puede bajar el nivel de inflación un 10% o más. Hay cierta desconfianza sobre la viabilidad de eso.

Si miramos lo que viene planteando el FMI, lo que firmó Argentina para cumplimentar, es fantástico. Finalmente, el Banco Central sería independiente, dejaría de monetizar el déficit fiscal del Gobierno, dejaría de comprar los dólares que el Tesoro tiene por deuda, y eso le daría, de alguna manera, cierta consistencia al modelo económico para ir corrigiendo los desequilibrios y demás.

Ahora, se han perdido dos años y medio con poca reforma estructural, y el mercado desconfía de que, en el año y medio que queda, se haga todo lo que no se hizo antes. También, el hecho de que la economía esté creciendo, el hecho de que el segundo semestre va a tener una desaceleración económica, con aumento de inflación, con la devaluación y todo el impacto que va a tener en la actividad económica, genera un miedo en el mercado. Las noticias del próximo semestre no van a ser buenas, entonces, salir de la Bolsa en Argentina parece una decisión coherente en este contexto.

-Los inversores están esperando más compromiso de Macri, ¿qué podría hacer el gobierno como para cambiar el clima?

Lo que tiene que hacer es correcciones en los desequilibrios. El planteo es correcto, no hay mucho más para hacer que lo que ya se hizo. Parece que haber quitado a Sturzenegger del Banco Central es una buena señal, porque las metas inflacionarias no se habían cumplido. El mercado de alguna manera desconfía de que Caputo sea la persona adecuada para manejar el BCRA cuando su especialidad está más bien en lo financiero, no tanto en el manejo de la política monetaria, pero creo que el mercado recibió como una buena noticia este desplazamiento.

Las metas inflacionarias están bien, las metas fiscales más agresivas para alcanzar un déficit fiscal cero en 2020 me parecen correctas, la ayuda del FMI puede darle la consistencia que necesitamos, el salto en el dólar puede corregir el desequilibrio o el atraso cambiario. Lo que se debía hacer se hizo, o al menos se planteó, ahora falta ejecutar políticas de austeridad y de contracción monetaria que ayuden a bajar la inflación de manera fuerte. Y ese es el interrogante que de alguna manera quedó planteado. Quizás también estamos justamente ahora en medio de la tormenta, y una vez que pasen las semanas o meses con el dólar quieto, va a transmitir nuevamente confianza en el mercado y la bolsa se recuperará. Pero es difícil pensar este contexto en un segundo semestre donde las noticias de actividad económica, empleo, pobreza, no van a ser buenas.

-¿En qué condiciones se encuentran el gobierno y la sociedad como para afrontar un nuevo ajuste?

La confianza en el gobierno ha bajado, la confianza en la economía ha bajado, la desaceleración económica es un hecho para el próximo semestre. Quizás en el último trimestre se vea una recuperación… Ahora veo un gobierno que, al menos en materia tarifaria, ya cumplió la corrección que podía cumplir, quizás las tarifas aumentan, pero ya no vamos a ver una intoxicación de tarifas o triplicación de tarifas. Vamos a ver correcciones menores, y por eso el cambio de ministro. Quizás le estamos dando un empujón a la economía para que, a partir del último trimestre de este año y el primer trimestre del otro año, la economía se recupere y, a la hora de votar, el electorado esté más dispuesto a confiarle al gobierno un nuevo mandato.

Preocupa de alguna manera, y esto es algo que ha pasado siempre, que los gobiernos traten de mostrar una recuperación económica a partir de un nuevo atraso del tipo de cambio. Si ahora congelamos el tipo de cambio en $27, $28, $29 y acumulamos una inflación arriba del 20% en el año, parte de ese atraso cambiario se va a perder y eso se va a reflejar en una mejora en el ingreso real, una mejora en el consumo, una mejora en la confianza del consumidor y del electorado a la hora de votar. Pero se genera un nuevo desequilibrio para el próximo gobierno que tiene que volver a corregir al otro año, entonces estamos en esa dinámica de que un año la economía crece, porque se recupera del año anterior, y en el otro año se hacen los ajustes o se tiene una fuerte devaluación; al otro año volvemos a crecer a partir de la recuperación del año anterior, y en realidad no salimos de esta dinámica que a Argentina le está haciendo mucho daño y que se refleja en todos los indicadores sociales.

Tenemos un 30% de pobreza y entre jóvenes, la pobreza ya supera el 50%, lo cual no es nada bueno… Tenemos que hacer un cambio, lo que pasa es que no están logrando generarlo y difícilmente lo logren en un año electoral. Insisto, el planteo de las metas fiscales y monetarias parece ser lo que Argentina necesita, falta ahora dar señales claras de que se van a alcanzar.

-¿Hay posibilidades concretas de que repunte la situación para Cambiemos?

Ahí creo que está la buena noticia para Cambiemos. Después de unos meses de fuerte devaluación, viene una recuperación. Algo parecido a lo que pasó luego del cepo. En 2016 tuvimos recesión y en 2017 tuvimos una recuperación que logró que el electorado vuelva a votar por Cambiemos. Acá me parece que hay algo parecido, hay una corrección en el tipo de cambio, muy fuerte, a mitad de año, que empezó por un factor externo internacional pero después fue mucho más allá y demostró la debilidad interna de Argentina.

Lo que viene por delante es una recuperación de la actividad económica, una mejora de los índices fiscales, las metas monetarias, una baja en la inflación, en la pobreza, que además se puede acelerar si el gobierno quiere tomar políticas de gasto de obra pública.

Ahí están las inconsistencias o dudas, como vas a cumplir con esas metas si es un año electoral y necesitas obra pública para ganar electorado. Son preguntas abiertas, pero creo que, en la macro, el gobierno podría tener un contexto favorable producto de la recuperación por todos los ajustes que hemos tenido en 2018.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

“Lamentablemente la prioridad no es cumplir metas de inflación”

Por Aldo Abram: Publicado el 22/3/18 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/405061/lamentablemente-prioridad-no-cumplir-metas-inflacion

 

Afirmó que se emiten pesos “para financiar al Estado: $150.000 millones el año pasado y eso se hace dándole a la maquinita”.

Tras conocerse los datos del IPC de febrero que marcaron una inflación de 2,4%, el economista Aldo Abram dijo que “lamentablemente, lo que está sucediendo es que la prioridad del Banco Central no es justamente cumplir con las metas de inflación”.

“Hoy no sabemos ni cuál va a ser la inflación durante este año”, sentenció Abram y enfatizó que “la prioridad del Banco Central desde que asumió esta gestión es licuar los problemas que genera el exceso de gasto público”.

“Fundamentalmente uno de ellos es el déficit fiscal, y entonces emiten pesos para financiar al Estado: $150.000 millones el año pasado y eso se hace dándole a la maquinita”, reseñó el director ejecutivo de la consultora Libertad y Progreso.

El economista remarcó también que se debe hacer una “distinción”, pues subrayó que “no es que haya inflación porque sube el dólar”.

De acuerdo con los datos oficiales, la variación núcleo fue del 2,1% el mes pasado, la más alta en diez meses; el IPC nacional marcó el 2,4%, por los ajustes en transporte, luz, prepagas, celulares y combustibles.

Diversos analistas sostienen que para lograr la meta de inflación anual que el Gobierno modificó en diciembre (al 15%) es necesario que, desde marzo, la suba de precios mensual sea de 1%.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .