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Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 31/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion

 

Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.

En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.

El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.

¿Quiere saber por qué?

La respuesta es la inflación.

Salvo en 1978 y 1986, desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.

La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.

A la Argentina, la inflación la borró del mapa.

Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.

¿Quién querría tener más inflación?

Curiosamente, no son pocos y acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno.

Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.

Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.

Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.

Hay dos problemas con esta propuesta.

El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, y en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales.

Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.

Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.

El segundo punto es el tipo de cambio.

Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.

¿Es esto realmente así?

A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios, de manera que no se revertiría la apreciación real.

Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.

Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.

¿Por qué en Argentina debería ser diferente?

El Banco Central es la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. No se puede imprimir crecimiento.

A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, crisis y pobreza.

Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.

Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

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El verdadero problema de las jubilaciones en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 21/12/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-verdadero-problema-de-las-jubilaciones-en-argentina/

 

Estafar a la gente es prometer lo que no se puede cumplir.

El verdadero problema de las jubilaciones en Argentina es que son un gasto público.

Así de simple.

Si el ingreso de una persona que deja de trabajar dependiera del ahorro que generó durante toda su vida, entonces no habría ningún debate público acerca de la sostenibilidad de ningún sistema previsional.

Tampoco habría políticos demagogos hablando sobre el arrebato a los derechos.

Probablemente sí habría fascistas de izquierda exaltados y violentos por algún motivo. Pero, al menos éste, no sería uno de ellos.

Si la jubilación fuera totalmente privada, todo el tema sería una cuestión de cada individuo y, a lo sumo, debatiríamos si hay que ayudar desde el estado al que no pudo ahorrar por causas de fuerza mayor.

Del sistema de reparto…

Sin embargo, el sistema de reparto y propiedad estatal, que es el único que tenemos en Argentina, no funciona así.

Acá las jubilaciones de hoy se pagan con los impuestos que se les pueden cobrar a los trabajadores de hoy.

No hay ninguna correlación entre lo que una persona aportó al sistema y lo que ella recibe.

Lo que “aportó” fue, en realidad, un impuesto por trabajar. Lo que recibe es, en realidad, un pago estatal que depende de las necesidades de caja de quien paga.

Es decir, del estado.

Ahora el estado es el gobierno, y al gobierno lo manejan los políticos que quieren ganar las elecciones.

Así, prometen el Oro y el Moro, hasta que se acaba la plata y todo queda en la nada.

Eso fue lo que hicieron los gobiernos de Néstor y Cristina.

Abrieron generosas moratorias que incorporaron en el sistema previsional a nada menos que 3,2 millones de jubilados y pensionados, el doble de la cantidad que había en 2003.

2017.12.21a

En el mismo período en que se duplicaba la cantidad de haberes para pagar, quienes son capaces de producir la riqueza en el país para hacerlo (la población ocupada), creció solo 46%.

Estafar a la gente es prometer lo que no se puede cumplir.

… a la crisis previsional

Si vos tenés un carro tirado por un caballo, hay un límite a la cantidad de gente que se puede subir.

O sea, llega un punto en que:

———-> o bajás la carga,

———-> o aumentás los caballos,

———-> o te quedás parado en el medio del camino.

En ese caso, todos pierden.

Pero los políticos demagogos seguramente terminen echándole la culpa al que maneja el carro, o también al caballo, en lugar de a quien invitó a subir a los pasajeros  prometiéndoles que iban a llegar sin problemas a destino.

Lo mismo le pasa al sistema previsional. A las moratorias se suma una fórmula de ajuste de los haberes que hace que cada vez se gaste más en previsión social en términos del PBI.

Hoy en día, Argentina es de los países que más gasta en la OCDE en previsión social. Arriba nuestro están Portugal, Grecia e Italia, los tres con crisis fiscales.

2017.12.21

Nosotros estamos igual de mal. Con una inflación que está entre las 10 más altas del mundo, gracias a que el estado está quebrado y le pidió al Banco Central que emitiera a lo loco por una década y media.

El populismo un día se acaba y se acaba mal. Todas las promesas se esfuman, porque estaban basadas en sacarle plata al vecino, pero resulta que si se sigue por ese camino, el vecino se va del país y no tenés con qué pagar lo que prometiste.

Así es como está hoy el país.

Un estado en quiebra, porque gasta $ 600.000 millones más de lo que le ingresa. Y un sistema previsional igual de quebrado, porque gasta $ 364.000 millones más de lo que recauda por contribuciones patronales y aportes personales.

Mero cambio de fórmula

En medio de todo esto, el gobierno nacional intenta, al mismo tiempo que equilibrar las cuentas fiscales moderando el aumento del gasto público, evitar que los jubilados y pensionados de hoy pierdan poder de compra.

Así es que lo más importante que se discutió y se aprobó finalmente el martes en la cámara de Diputados fue el cambio de la fórmula de actualización de los haberes, lo que igualmente hará que los jubilados en el futuro tengan ingresos que superen a la inflación.

¿Es esta fórmula mejor que la que tenía el kirchnerismo? Depende para quién y en qué período de tiempo.

Si lo miramos a corto plazo, esta fórmula implica que los jubilados ingresarán menos de lo que habrían ingresado. Ahora desde el punto de vista de la sostenibilidad fiscal, la nueva fórmula ayuda a cumplir las metas.

A largo plazo la cuestión es distinta. La nueva fórmula da mayor previsibilidad a los ingresos y podría incluso ser mejor para los jubilados. Por otro lado, si sirve para mejorar la confianza en las metas fiscales del gobierno, podría evitar una  crisis.

Esto es particularmente importante.

Recordemos que en el año 2002, cuando la crisis fiscal del menemismo-delarruismo terminó en la devaluación del duhaldismo, la jubilación mínima cayó un 29% en términos reales y el haber medio se redujo un 33%.

O sea, cuidado. Porque por evitar un cambio a corto plazo (que ni siquiera es un ajuste), podemos comprarnos el pasaje a una nueva crisis terminal.

La ley se aprobó, pero falta demasiado todavía como para resolver el problema fiscal y de competitividad del país.

¿Está la sociedad argentina lista para enfrentar el desafío? La violencia en la plaza, los cacerolazos y la opinión de algunos periodistas frente a estos cambios modestos, me hacen dudarlo seriamente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La política monetaria debe bajar la inflación, no puede imprimir felicidad”

Por Iván Carrino. Publicado el 5/12/17 en: http://noticiasyprotagonistas.com/actualidad/ivan-carrino-la-politica-monetaria-debe-bajar-la-inflacion-no-puede-imprimir-felicidad/

 

El economista Iván Carrino habló en la 99.9 sobre las críticas que recaen sobre el Banco Central y el rol que está cumpliendo: “el nivel de tasa de interés que maneja no puede mandar la economía a recesión”, aclaró. 

La postura del Banco Central es uno de los temas de análisis económico en el que se ha centrado Iván Carrino. Este joven economista se refirió en la 99.9 al rol que está cumpliendo y las dificultades que se ha encontrado, en base a los objetivos planteados: “el Banco Central está siendo demasiado duro, según las críticas de los sectores empresarios. Pero últimamente también se han sumado voces con cierto prestigio como las de Prat Gay. Se dice que la tasa de política monetaria es muy alta e imposibilita invertir en economía real y por otro lado que, como la tasa es alta, se aprecia el tipo de cambio y no se puede competir”. 
Sin embargo, Carrino defutó esos planteos: “todo esto es desacertado, la tasa de interés no es alta en términos reales, apenas busca estar 3 o 4 puntos por encima de la inflación. Los negocios tienen que poder pagar un crédito a un 3%. Además, está creciendo la inversión al paso más rápido desde 2012”, destacó.

También aclaró que el tipo de inversión tampoco se da de la forma en que se la está planteando: “no es verdad que la única inversión que hay es en títulos de deuda y lebacs sino la economía no podría estar creciendo a paso lento. Son datos que te muestran que este nivel de tasa no manda la economía a la recesión”. 
Sin embargo, la idea que debe seguir el Banco Central desde su punto de vista, tiene que pasar por otro lugar: “la política monetaria debe bajar la inflación, no puede imprimir felicidad, no es que porque bajas la tasa de interés, sos competitivo y las empresas producen”. Fue crítico además con el ajuste re precios: “no es inflación per sé, lo único que hace es reconocer que tenías inflación. El Banco Central tendría que ponerse duro y riguroso para compensar el aumento fuerte del precio regulado”. 
De todas maneras, las metas no se están cumpliendo y eso genera una desconfianza: “hay que pensar que el mercado no le cree las metas hoy al Banco Central. Ayer salió el dato y se espera una inflación de 16.6 a finales de 2018 y el Banco dice que el objetivo será de 12 por lo que está más de 4 puntos por debajo”. El respaldo que utiliza entonces es el que le han dado en las últimas elecciones: “uno cree que el gobierno tiene capital político luego de ganar las elecciones, pero le pegan dentro del mismo equipo cuando Prat Gay sale a criticar estas decisiones. Por lo que se dice el presidente está a favor del planteo de Sturzzeneger, aunque no debería ser relevante porque el Banco Central tendría que ser independiente”, aclaró.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“Curar los déficits aumentando impuestos…”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/7/17 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/curar-los-deficits-aumentando-impuestos-DC3141342

 

Si bien la reforma tributaria se considera prioritaria en la agenda del gobierno, se observa una distancia copiosa entre lo que declaman los enunciados y sus consecuencias, los hechos. Desde el Ministerio de Hacienda se afirma que “con el kirchnerismo la presión tributaria subió casi 11 puntos del PBI. Esto no implica que ahora se puedan bajar impuestos indiscriminadamente. Necesitamos mejores impuestos”.

El primer año de la administración del presidente Mauricio Macri arrojó un incremento del déficit de recursos por un punto del PBI, tal como lo indican los datos oficiales. Ahora, en cambio, la idea es bajar la presión 0,5 puntos por año, aunque los distintos funcionarios del gobierno de Cambiemos, más allá de la diversidad de matices, coinciden en que al país le espera un largo camino para reducir la presión tributaria (al menos diez años para que se note la baja en los impuestos, es decir, la participación de la recaudación respecto al tamaño de la economía -PBI-).

Y todavía hay un tema mayor por resolver: el debate político en las cámaras. El juego de entramados y alianzas en los bloques legislativos, que ha mantenido dubitativo al Poder Ejecutivo frente a las elecciones de medio término. Escenario que, visto hacia atrás, aparece como un error de diagnóstico de los asesores del presidente, y que ha llevado a la primera magistratura a desaprovechar los aires de cambio y el mayoritario consenso con que contaba durante la asunción de diciembre del año 2015.

El diputado del PRO y presidente de la Comisión Bicameral para la reforma tributaria, Luciano Laspina, reconoció que “seguramente no tendremos la reforma ideal, vamos a tener la reforma posible”.

Hasta hoy, la ciertamente cándida política de gradualismo castiga con toda virulencia la institución del Banco Central, cuya prioridad absoluta es inducir una baja sistemática y sostenible de la tasa de inflación, llevándola, en un plazo razonable, a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación; pero que, una y otra vez, tropieza con el desequilibrio del frente fiscal.

Entretanto, el gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos que se enmarcan dentro de lo que la teoría económica denomina “efecto desplazamiento”. Dicho efecto ocurre cuando una política fiscal expansiva hace que los tipos de interés aumenten y, como consecuencia de ello, éstos últimos, provoquen una reducción del gasto privado, concretamente de inversión.

El efecto pretendidamente expansivo de la política fiscal, cualquiera sea la vía, tiende a afectar directamente a la demanda agregada, y la producción a aumentar. Pero, en la reconocida versión de John Hicks, de 1937, en la que la demanda de dinero es totalmente insensible del tipo de interés, y se reconoce como la Teoría Cuantitativa del Dinero, la demanda de dinero depende únicamente del nivel de renta, no del tipo de interés.

En este caso, el caso clásico, implica que una curva del mercado de dinero vertical se asocia a la opinión de que el dinero es lo único que importa, porque la política monetaria produce un efecto máximo en el nivel de renta y la política fiscal no produce ninguno.

Por tales razones, el equilibrio fiscal permitiría necesariamente la mutua correspondencia de tipos de interés y niveles de renta que se requiere en la interrelación de los mercados de bienes y activos; de lo contrario, las tensiones persistirán y los tipos de interés se mantendrán desmedidamente altos.

Al final, queda por discernir ¿qué son mejores impuestos? Y la respuesta del Ministerio de Hacienda también es clara: “Si sale la reforma que impulsamos, los que pagan experimentarán una rebaja. Pero otros no, porque eliminaremos exenciones al IVA y bajaremos la evasión”. “La lenta recuperación de la economía es, en parte, por la carga tributaria. Pero no podemos subir el déficit”. “El eje de la reforma será aumentar la base imponible, bajar la evasión e incentivar el crecimiento”.

En síntesis, el título del artículo refiere al fragmento inicial de una cita de Murray N. Rothbard que se completa de la siguiente manera: “Curar los déficits aumentando impuestos equivale a curar la bronquitis de alguien disparándole. La “cura” es peor que la enfermedad”.

(*) Doctor en Economía.

El gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos.
Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Haga Patria: Compre Lebac

Por Iván Carrino. Publicado el 21/9/17 en:

 

Con tasas de Lebac en 27%, muchos piensan que se amenaza a la actividad económica. En este artículo te cuento por qué se equivocan.

El martes por la tarde, el Banco Central volvió a licitar sus ya famosas Lebac. Los vencimientos ascendían a $ 484.200 millones y pudieron renovarse $ 437.400 millones, estirando los plazos y con una tasa de hasta 27,35% anual.

Para los inversores, esto es una buena noticia. Si anualizamos los últimos tres meses de inflación, estamos en un 18,2%, por lo que la tasa de la Lebac más larga está pagando casi 10 puntos por encima del aumento de los precios.

Obviamente, esta tasa “alta” genera preocupación entre algunos analistas y políticos. Es que suele pensarse que una tasa positiva en términos reales puede frenar el crecimiento económico.

El razonamiento es el siguiente: con un instrumento financiero que le brinda al inversor una ganancia prácticamente sin asumir riesgo alguno, ¿quién querría invertir en la compra de una máquina, una fábrica, o cualquier emprendimiento productivo? El que está pensando en tomar una decisión de inversión, seguramente elegirá comprar Lebac y no destinar sus fondos a “la economía real”.

Esta narrativa suena lógica. Sin embargo, existen al menos tres motivos para pensar que la tasa de Lebac no es enemiga de la producción, sino todo lo contrario.

Tasas bajas no estimulan la economía

La tasa que busca mantener el Banco Central es positiva respecto de la inflación. O sea, busca que tenga sentido el ahorro y que el aumento de los precios no se coma su poder de compra.

Ahora si eso fuera nocivo para la economía, lo contrario debería también ser cierto. Es decir, una tasa de interés negativa respecto de la inflación debería dar como resultado una actividad económica vibrante. No obstante, eso no es lo que ocurre.

Si miramos los datos de los últimos 5 años hasta 2015, puede verse con claridad que la tasa de interés que establecía el BCRA (tomamos el promedio anual de la LEBAC de más corto plazo), siempre ofreció rendimientos que estaban por debajo de la inflación del período.

Ahora esto no generó ningún boom de actividad ni mucho menos.

En el mismo lapso, la economía no solo no avanzó casi nada, sino que, en términos per cápita, retrocedió. Es decir, se combinó una tasa real negativa con un descenso en el nivel de vida de la gente. Hoy, con tasas positivas, la economía crece. Algo no cuadra.

Si baja la inflación, la Lebac reactiva la economía

Otro punto a destacar es que las Letras en cuestión son uno de los instrumentos que utiliza el Banco Central para regular la masa monetaria y controlar la inflación. En este sentido, si el nivel de tasa de interés logra hacer que la inflación caiga, entonces eso será expansivo para la economía.

Como suele decirse, la inflación es un impuesto no legislado por el congreso. Y bajar un impuesto equivale a reducir los costos de producción. Una menor inflación facilita la planificación y baja los costos de hacer negocios en el país. Eso de ninguna manera le resta a la actividad económica. De hecho, hace todo lo contrario.

Más ahorro, más crecimiento de largo plazo

Detrás de la idea de que la elevada tasa de interés es mala para la economía está una cierta reticencia al ahorro. Se asume que si se ahorra “mucho”, entonces no habrá incentivos para producir. “¿Para qué producir algo si nadie quiere consumirlo?”, pensarán algunos.

El problema con este enfoque es que no comprende la correcta función del ahorro. Como explicó Böhm-Bawerk hace 116 años, ahorrar no implica dejar de demandar bienes y servicios, sino trasladar esa demanda hacia adelante. Es decir, al comprar un título de deuda que me permite preservar mi capital en el tiempo, lo que hago es dejar de demandar bienes en el presente, para demandar en el futuro.

Esto no solo indica que inter-temporalmente no hay caída de la demanda, sino que también envía la señal a los productores de que los consumidores están dispuestos a esperar más tiempo para consumir. Eso ofrece un margen para que los productores acumulen más bienes de capital y mejoren sus procesos de producción.

El resultado es una mayor y mejor producción de bienes y servicios. Es decir, más crecimiento económico de largo plazo.

Si el Banco Central, gracias a su política de tasas, logra recuperar la “cultura del ahorro”, entonces podría estar sentando las bases de un crecimiento mayor y sostenible en el tiempo.

Conclusión

Los demagogos de turno suelen acusar a la política monetaria contractiva de ser enemiga de la actividad económica. Sin embargo, la acusación no tiene fundamentos.

En primer lugar, porque cuando la política monetaria es “ultra-laxa”, no se verifica que se estimule el crecimiento. En segundo lugar, porque al bajar la inflación, la política monetaria se vuelve amiga del crecimiento. Por último, porque es el ahorro el que permite que la economía se vuelva más capital intensiva, haciendo que podamos vivir mejor.

Lo dicho hasta acá no quita que haya cuestiones a considerar y mirar críticamente respecto de la acción del BCRA. Sin embargo, algunas observaciones son solo mitos urbanos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Dólar barato o caro? Que juzgue el lector

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 1/8/17 en: http://www.infobae.com/opinion/2017/08/01/dolar-barato-o-caro-que-juzgue-el-lector/

 

Tendencia y volatilidad del tipo de cambio de pesos por dólar en un régimen de flotación administrada

Hasta ahora el Banco Central afirmaba que su política monetaria era de objetivo inflacionario. La entidad establecía una meta de inflación para el año y usaba la tasa de interés como instrumento para alcanzar la meta inflacionaria, afirmando que el tipo de cambio tenía libre flotación. En mi opinión no me queda muy en claro que el tipo de cambio flote libremente porque el manejo de la tasa de interés genera un arbitraje entre tasa y dólar que afecta indirectamente el nivel del tipo de cambio. Diría que con el BCRA manejando la tasa de interés, no hay libre flotación.

Además, con el Tesoro cubriendo el déficit fiscal con deuda externa y el arbitraje tasa versus dólar, por definición hay una baja artificial en el tipo de cambio. Dicho de otra manera, si el Tesoro toma deuda externa para financiar el déficit asegura transitoriamente tranquilidad en el mercado de cambios.

Por otro lado, si el BCRA sube la tasa de interés y los agentes económicos estiman que el tipo de cambio no se va a mover demasiado por el endeudamiento externo, venden dólares (el tipo de cambio nominal tiende a bajar), compran pesos y con esos pesos adquieren Lebacs apostando a obtener una rentabilidad en dólares del 25% anual, o más, dependiendo del nivel en que esté la tasa de interés.

En este tipo de apuestas no se compran seguros de cambio, y al final, estos los otorga gratis el Tesoro endeudándose. Son posiciones abiertas que apuestan a que el inversor saldrá de las Lebacs antes de que suba el tipo de cambio.

 Con el BCRA manejando la tasa de interés, no hay libre flotación

De lo anterior se desprende que el tipo de cambio nominal actual no es el de libre flotación. Hay intervenciones indirectas del Estado en el mercado cambiario. Lo que no podemos decir los economistas es cuál es el valor de equilibrio del tipo de cambio. Eso no lo puede afirmar nadie, al menos seriamente. Lo que sí podemos darnos es una idea de si el dólar está muy barato o poco barato.

Qué nos dice la serie histórica de casi 50 años
El gráfico nos muestra la evolución del tipo de cambio a pesos constantes de junio de este año, mes a mes desde enero de 1970. Tenemos una serie histórica mensual de 46 años y medio.

¿Qué es lo que podemos ver a simple vista? Que hay tres períodos donde el tipo de cambio está en los niveles más bajos de toda la serie histórica. El fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, en enero de 1981. La convertibilidad y en junio de 2017.

 Hay tres períodos donde el tipo de cambio está en los niveles más bajos de toda la serie histórica. El fin de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, en enero de 1981. La última etapa de la convertibilidad y en junio de 2017

Si tomamos el tipo de cambio de enero de 1981, último mes de la tablita cambiaria, a valores de junio de 2017 daría un tipo de cambio de $15,46 y el tipo de cambio promedio de junio pasado fue de $15,96. El mismo tipo de cambio en pesos ajustado por la inflación.

Si el tipo de cambio promedio de junio pasado lo comparamos contra el de diciembre de 2001, cuando todavía regía la convertibilidad, agonizando pero todavía no se había devaluado, el tipo de cambio de junio 2017 está un 15% por encima.

Finalmente, a pesos de junio, el tipo de cambio de noviembre 2015, último mes completo de gobierno K, es de $15,13, con lo cual el dólar estaba un 5,5% por arriba. Es como si no hubiese habido devaluación con el nuevo Gobierno.

La pregunta que sigue es: ¿acaso el tipo de cambio actual tan bajo dentro de toda la serie histórica es producto de un masivo ingreso de divisas por inversiones y/o baja de costos internos por profundas reformas estructurales? Si uno observa toda la serie histórica, se va a encontrar con que el actual tipo de cambio se encuentra en uno de los períodos de mayor gasto público y presión impositiva de los últimos 46 años. Una legislación laboral que desincentiva la contratación de personal y una economía lo suficientemente cerrada como para eliminar la competencia. De manera que este tipo de cambio tan bajo dentro de la serie histórica no responde a la enfermedad holandesa, sino que es consecuencia de la deuda externa que toma el Tesoro para financiar su déficit fiscal (al igual que con la tablita cambiaria) y de la alta tasa de interés que genera venta de dólares para comprar pesos y colocarse a tasa de interés.

Aun con la suba del 7% que tuvo el tipo de cambio nominal en julio y restándole un 2% de inflación, me parece que el tipo de cambio real está en niveles muy bajos que no son consistentes con ningún cambio estructural que le den mayor respaldo al peso como para hacerlo tan fuerte.

 Aun con la suba del 7% que tuvo la cotización del dólar en la Argentina en julio y restándole un 2% de inflación, me parece que el tipo de cambio real está en niveles muy bajos que no son consistentes con ningún cambio estructural

El verdadero desafío

El desafío hacia el futuro es desactivar este arbitraje tasa versus dólar sin generar complicaciones en el mercado de cambios.

Al 26 de junio, la base monetaria era de $866.434 millones y las reservas del BCRA, sin incluir los encajes en dólares de los bancos, sumaban USD 32.000 millones. Pero ese nivel de reservas no sólo tiene que respaldar la base monetaria, sino que también tiene que cubrir el stock de Lebacs en circulación que suma $934.000 millones. Esos títulos generan un gasto cuasifical por intereses pagados del orden de los $230.000 millones anuales. Es un gasto del BCRA que no tiene como contrapartida una inversión de dicha entidad.

EL Banco Central paga por intereses de las Lebac más de $230 mil millones por año

EL Banco Central paga por intereses de las Lebac más de $230 mil millones por año

En resumidas cuentas, el BCRA tiene reservas propias por USD 32.000 millones y base monetaria y Lebacs por $1,8 billones. Como se puede ver, el poder de fuego de la autoridad monetaria para enfrentar sus pasivos no es tan potente. En todo caso puede especular con seguir renovando el stock y los intereses de Lebacs a su vencimiento, pero recordemos que no existe el inversor que renueva indefinidamente sus utilidades devengadas. En algún momento realiza la ganancia y ahí se produce el problema.

 El costo para la población será menor con una política económica que genere un shock de confianza que con un gradualismo que parece sumergir a los habitantes en una interminable agonía

Mi enfática sugerencia es que luego de las elecciones el Gobierno debería empezar a desactivar este arbitraje tasa versus dólar con un potente plan económico que genere un shock de confianza y no haga falta estar subiendo todo el tiempo la tasa de interés para evitar la suba del tipo de cambio o de la inflación.

Ese plan económico potente requiere asumir la realidad: es indispensable encarar una profunda reforma del Estado; una reforma impositiva y un cambio en la legislación laboral de manera tal que haya un reacomodamiento del tipo de cambio suave. Sin estampidas.

La experiencia de las últimas cuatro décadas muestra que es preferible tomar el toro fiscal por las astas que seguir apostando a un gradualismo. El costo para la población será menor con una política económica que genere un shock de confianza que con un gradualismo que parece sumergir a los  habitantes en una interminable agonía.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

5 falacias sobre la inflación y la tasa de interés

Por Iván Carrino. Publicado el 12/4/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/04/12/5-falacias-la-inflacion-la-tasa-interes/

 

Con el objetivo de bajar la inflación, el Banco Central decidió subir la tasa. Esto desencadenó una serie de malas interpretaciones.

Argentina e inflación son sinónimos. Por los últimos diez años fuimos, junto con Venezuela, el país con la mayor destrucción monetaria de la región.

Así, pasamos de la recuperación post-crisis a la estanflación en pocos años. Entre 2011 y 2015, los precios se multiplicaron por 3, mientras que el PBI per cápita cayó 3% en términos reales. El “estímulo monetario” no sirvió para nada.

En la actualidad, el Banco Central tiene como objetivo bajar la inflación y, para eso, implementa un sistema de “metas” que ha dado buenos resultados en todo el mundo. En este marco es que decidió subir la tasa de interés esta semana, luego de conocerse que, en marzo, los precios subieron 2,4%.

La suba de tasas, sin embargo, generó todo tipo de análisis desacertados sobre su efecto en la economía. A continuación, las 5 falacias más difundidas sobre este tema.

Falacia #1: Si la tasa alta no bajó la inflación, subirla más no lo logrará tampoco

Tiempo antes de la decisión de subir las tasas de interés, un periodista en un programa de radio hacía la siguiente pregunta: “¿Cómo es posible que, si esta tasa de interés no logró bajar la inflación, una tasa de interés todavía más alta, logre hacerlo?”. La respuesta que el periodista obtuvo del “experto” consultado fue que esa era una duda razonable.

El razonamiento es realmente absurdo. En primer lugar, porque la política de metas de inflación ya dio resultados positivos. Por ejemplo, durante el segundo semestre de 2016 la inflación fue la más baja en 8 años. ¿Dónde está el fracaso de subir la tasa?

Por otro lado, porque el razonamiento equivale a decir: “si le ofrecí 10 pesos a un amigo para que me venda un caramelo y él no aceptó, ¿por qué va a aceptar si le ofrezco $ 100?”. Claramente, si aceptamos que a mayor precio mayor disposición a vender el caramelo, también tenemos que aceptar que a mayor tasa de interés, mayor será el incentivo para que los tenedores de pesos se los entreguen al Central, éste los absorba y caiga el exceso de dinero que hay en el mercado.

Falacia #2: El impacto de las tarifas en la inflación demuestra que el problema no se arregla solo con política monetaria.

Una de las explicaciones más razonables sobre los malos datos de inflación de marzo y febrero es el impacto que tuvo el sinceramiento de tarifas. En lo que va del año, los precios regulados acumulan una suba de 9,9%, lo que impulsa al alza el promedio de precios que se toma en cuenta para elaborar el IPC. Esto hace que muchos piensen que la inflación que vivimos es una “inflación de costos” (no monetaria) y que, como tal, no se arregla con una política monetaria contractiva, sino que hay que acudir a métodos heterodoxos.

La afirmación es completamente falsa. Es que la suba de tarifas no refuta, sino que refuerza, la teoría monetaria de la inflación. Entre 2002 y 2015, la cantidad de dinero en circulación se multiplicó por 22, mientras que los servicios públicos tuvieron sus precios casi congelados. Esto hizo que la enorme inflación en la cantidad de dinero no pudiera reflejarse en un mayor precio para estos servicios, pero de manera transitoria. Una vez que el gobierno decidió destapar la olla (gradualmente), el efecto de la expansión monetaria apareció en los precios atrasados. La suba de tarifas es una muestra más de la relación directa entre exceso de pesos e inflación.

Falacia #3: Es deseable bajar la inflación, pero no al costo de la recesión

Otra de las ideas falsas que circulan en torno de la nueva política monetaria del Banco Central es que la baja de la inflación se hace a costa de la recesión. Nuevo error.

La inflación es un impuesto que cobra el estado sin pasar por el debate legislativo. Y nadie que crea que tener menos impuestos es bueno para el crecimiento económico puede afirmar, al mismo tiempo, que bajar el impuesto inflacionario es recesivo para la economía. Para crecer de manera sostenida, lo malo no es bajar la inflación, sino tenerla.

Falacia #4: La alta tasa de interés perjudicará la actividad económica

En este caso, el razonamiento es el siguiente: si un banco me paga, digamos, una tasa del 20% anual, me conviene dejar el dinero allí en lugar de realizar una inversión productiva. Así, una tasa “alta” conspira contra la producción.

Hay numerosas fallas en este razonamiento. La primera es que la tasa de interés es resultado de la oferta y demanda de ahorro. Si el ahorro es bajo, la tasa es alta, sin importar lo que diga el Banco Central. No se puede imprimir felicidad, y el proceso productivo exige ahorro, para que luego éste pueda transformarse en crédito productivo.

Por otro lado, es discutible que la tasa sea alta. Si solo nos guiamos por los datos nominales, nos va a parecer que la tasa es alta. 26,25%, en un mundo de inflación cero, sí luce como algo elevado. Sin embargo, una vez que incorporamos la inflación anualizada, o las expectativas de inflación futura (28% y 21% respectivamente), la tasa del BCRA ya no parece tan alta.

El Banco Central busca mantener una tasa positiva (que no es alta) respecto de la inflación. Esa tasa positiva busca premiar el ahorro, y ese ahorro es el que se va a volcar a la actividad productiva para generar un crecimiento económico sostenible.

Si alguna industria determinada sufre porque existen tasas de interés reales positivas (lo que debería ser perfectamente normal), en realidad el problema lo tiene la industria, ya que demuestra que solo puede vivir con el subsidio monetario de la tasa negativa.

La tasa no es alta, sino que busca ser positiva para fomentar el ahorro. Y eso no es perjudicial para la actividad económica, sino su principal aliada en el mediano y largo plazo.

Falacia #5: El problema no es la tasa en pesos, sino en dólares

Muchos pueden estar de acuerdo con lo que planteo en el punto 4, pero van a sostener que lo que hay que mirar es la tasa de interés en dólares. Con un dólar que prácticamente no se ha movido, una tasa de 26,2% puede no ser alta en pesos, pero sí es alta en dólares.

Ok, consideremos que esto es así y que no hay que tener en cuenta devaluaciones esperadas. Lo cierto es que el dólar está cayendo en todo el mundo, incluso en países como México, cuya moneda había sido seriamente castigada luego de la elección de Trump. Las monedas fluctúan, son otro precio del mercado, y el Banco Central no puede ocuparse de todos los negocios financieros que pueden hacerse en ese mercado. Si para bajar la inflación el costo que hay que paga es que algunos hagan un buen negocio financiero, se tratará de un costo muy bajo cuando se mire en retrospectiva.

Conclusión: los bancos centrales no pueden imprimir felicidad ni crecimiento económico. Sin embargo, sí pueden crear inflación y, con ella, destruir la economía. Que el Banco Central hoy tenga como único objetivo la baja de la inflación es un dato para celebrar.

Si tiene éxito, la economía argentina se lo va agradecer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El Estado: la principal causa de la pobreza en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 15/3/17 en:  http://www.ivancarrino.com/el-estado-la-principal-causa-de-la-pobreza-en-argentina/

 

No es el liberalismo, sino el estatismo el que nos hunde en la pobreza.

Recientemente se conocieron en el país nuevos datos de pobreza. La Universidad Católica Argentina, que en ausencia de un INDEC creíble tomó el rol de ser la institución referente en este tema por los últimos 10 años, divulgó sus nuevas estimaciones y puso en evidencia una cruda realidad. Tres de cada diez argentinos son pobres.

El dato conocido recientemente representa un aumento de casi 4 puntos en comparación con el año anterior y es el registro más elevado de los últimos 11 años. Una verdadera catástrofe social.

Ahora bien, mirando los números a más largo plazo, nos encontramos con que, desde el regreso de la democracia (el primer dato es de 1985, dos años después), el promedio de la pobreza en el país fue de 29,3 %. Además, también encontramos que la cantidad de pobres no muestra una tendencia a la baja (como sí lo hace en el mundo), sino que oscila en torno al promedio, con saltos bruscos cada  determinado número de años.

¿Cómo es esto posible?

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Para entender por qué en Argentina hay 13 millones de personas en estado de pobreza, es necesario entender a qué se deben esos saltos bruscos que impiden que esta situación mejore con el correr del tiempo.

Si se mira el gráfico de más arriba, observamos que la pobreza superó el 30 % en 1988-1990; en 2001-2005; y también en 2016.

O sea, los aumentos fuertes de la pobreza en Argentina están directamente relacionados con las crisis económicas que el país tiene a menudo. ¿Y cuál fue la característica distintiva de esas crisis económicas? El estallido inflacionario, que hizo que los precios suban increíblemente más que los ingresos de la población.

En 1989 explotó el modelo populista de Raúl Alfonsín. Luego de décadas de inflación crónica, la emisión monetaria crecía a niveles insostenibles y los precios llegaron a subir 20.000 % anual en un mes. La economía colapsó y la pobreza se duplicó de un año a otro.

En 2002, producto de la salida de la convertibilidad, los precios treparon 40 %, mientras que los ingresos prácticamente no se movieron. El resultado fue un brutal salto de 20 puntos en la tasa de pobreza.

En 2016 sucedió lo mismo. La inflación de la ciudad de Buenos Aires marcó un aumento del 41 % anual, mientras que los salarios no treparon más allá del 30 %. La suba de 4 puntos en la tasa de pobreza puede explicarse por este fenómeno.

Como podemos observar, hay una relación directa entre inflación y pobreza, por lo que todo lo que vaya en el sentido de terminar con la inflación, será netamente positivo para mejorar la situación de los más vulnerables.

Ahora para comprender verdaderamente las causas de este fenómeno en el país, tenemos que profundizar todavía un poco más en el argumento. Después de todo, la pregunta más importante a responder es qué y quiénes son los responsables por la inflación. Ahí aparece, entonces el déficit fiscal y los políticos que gastan más de lo que ingresan como origen del problema.

El déficit fiscal genera inflación porque, para financiar el desequilibrio de las cuentas públicas, el Banco Central emite dinero en exceso que pierde poder de compra. Durante el fin de la convertibilidad, la relación no fue tan directa, pero fue el déficit lo que hizo que la convertibilidad fuera insostenible, y fue eso lo que dio origen a la tumultuosa salida que originó el estallido inflacionario.

A diferencia de lo que sucede en el mundo tomado como un todo, la pobreza en nuestro país aumenta y  —como promedio— no baja del 29 % hace 32 años. Ahora contrariamente a los que muchos quieren hacernos creer, esta situación no responde a la implementación de “políticas neoliberales”, sino a algo muy distinto.

Es el gobierno, con sus planes demagógicos, el que genera déficit fiscal. Y es el déficit el que, a la larga, termina generando crisis económicas con estallidos inflacionarios.

El verdadero liberalismo económico exige un menor rol para el gobierno y cero déficit público. Si esa receta se hubiese seguido en nuestro país, nos hubiésemos ahorrado al menos 3 crisis económicas y hoy otros serían los temas de preocupación.

A la luz de estos datos debe quedar claro que el único responsable por la pobreza es el estatismo, y que solo alejándonos de sus recetas podremos dar vuelta esta negra página de la historia argentina.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Macri y el modelo de Frondizi

Por Adrián Ravier. Publicado el 4/2/17 en: http://www.cronista.com/columnistas/Macri-y-el-modelo-de-Frondizi-20170204-0003.html

Macri y el modelo de Frondizi

En varias oportunidades, Mauricio Macri intentó identificar su modelo económico con aquel que Arturo Frondizi aplicó entre 1958 y 1961. A modo de contexto, tanto Macri como Frondizi recibieron una herencia delicada: elevado gasto estatal, sobredimensión de empleo público, déficit fiscal, monetización de estos déficits, inflación y escasez de divisas. Las pocas reservas en divisas del Banco Central (BCRA) complicaban sostener la moneda local, y a su vez, dificultaban la importación de materias primas, insumos intermedios y bienes de capital, fundamentales en la industria protegida. El “estrangulamiento” aparecía como un problema estructural generado por décadas de proteccionismo y un modelo agotado de sustitución de importaciones.

Con Rogelio Frigerio como responsable de la política económica, Frondizi decide avanzar en un modelo de apertura económica capaz de atraer inversiones especialmente en ciertas industrias estratégicas como producción de petróleo y gas, la industria química y petroquímica, siderurgia, depósitos de carbón y hierro, provisión de energía eléctrica, cemento, papel, maquinaria y equipos industriales, lo que a su turno complementaría y potenciaría la industria existente, favoreciendo por ejemplo la exportación de carne.

Las inversiones extranjeras, sin embargo, estaban condicionadas por las condiciones internas, caracterizadas –además de lo dicho- por tarifas congeladas, una legislación represiva y un proteccionismo extendido. Entre otras políticas Frondizi -al igual que Macri-, incrementó las tarifas de servicios públicos, quitó las restricciones al mercado cambiario y unificó el tipo de cambio y decidió abolir el sistema de controles y permisos.

Donde no pudo alcanzar resultados –como tampoco pudo Macri en su primer año- fue en el área fiscal, cerrando 1958 con un déficit que rozó el 9 % anual. Incluso en 1959 la caída del producto respecto del año anterior fue del 6,5 % del PIB, lo que tampoco ayudó en la cuestión fiscal.

Algunas diferencias con Frigerio, condujeron a Frondizi a nombrar a Alvaro Alsogaray al frente del ministerio de Economía y Trabajo, quien decidió priorizar el tema inflacionario poniendo foco en el déficit fiscal. Redujo el déficit con medidas antipopulares, suspendiendo obras públicas y terminando con el Estado empresario; tomó deuda interna y externa como transición para detener la monetización del déficit. Contenida la inflación, pensaba Alsogaray –y quizás también hoy Macri-, volverían las inversiones, lo que contribuiría al crecimiento económico, a mejorar la recaudación y a terminar con el déficit. La deuda entonces era transicional.

Las turbulencias macroeconómicas de mediados de 1959 fueron cediendo. El dólar, que había tenido un pico de 100 pesos moneda nacional en mayo, retrocedió hacia 83 en agosto, gracias a mayor confianza y a crecientes influjos de capital. Temiendo una mayor apreciación, el Banco Central estableció una paridad fija de facto en ese nuevo nivel. La inflación descendió al compás del tipo de cambio: los precios de las importaciones y los productos agrícolas se estabilizaron apenas el dólar alcanzó ese nuevo equilibrio, y los productos industriales se desarrollaron a apenas 1% mensual en el último cuarto de 1959.

En 1960 y 1961 la economía creció a un promedio de más del 8% anual. El factor dinamizador fue la inversión que aumentó en 1961 a un nivel 66% mayor que el de 1959, y 47% mayor que el de 1958, un año menos anormal. En petróleo, por ejemplo, que representaba un cuarto de las importaciones, Frondizi logró el autoabastecimiento, incrementando la producción de 5,6 a 16 millones de metros cúbicos anuales, lo que ayudó a despertar interés en otros inversores para explotar otras ramas industriales. A modo de efecto contagio, el capital internacional respondió a las masivas oportunidades que proveía una economía ahora más ordenada. El Financial Times declaró al peso argentino “moneda estrella” del año en 1960. El crecimiento se manifestó, poco después, en una mejora en el salario real, que aumentó 12% hacia fines de ese año.

Cuentan diversos historiadores, sin embargo, que Frigerio nunca dejó realmente de ofrecer su consejo a Frondizi. Algunas tensiones entre Alsogaray y Frigerio, por la construcción de una central eléctrica en Dock Sud y el costoso proyecto de El Chocón, llevaron al primero a dejar el cargo. Lo reemplazó Roberto Alemann en abril de 1961, quien continuó el modelo austero de Alsogaray.

¿Podemos esperar un mismo desenlace en Argentina con tasas de crecimiento del 8 % para 2017, 2018 y 2019? Es posible. Pero Alsogaray no fue gradual en su ataque contra el déficit fiscal, ni tampoco fijó metas inflacionarias a cuatro años. Además, contuvo la apreciación del tipo de cambio porque entendió que la normalización de la economía, como transición, requería de un tipo de cambio real alto como complemento. Seguramente lejos de los 26 pesos que recomendó el Diputado del PRO Eduardo Conesa, pero seguramente más alto de lo que está fijado hoy.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.