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“Lamentablemente la prioridad no es cumplir metas de inflación”

Por Aldo Abram: Publicado el 22/3/18 en: https://www.elliberal.com.ar/noticia/405061/lamentablemente-prioridad-no-cumplir-metas-inflacion

 

Afirmó que se emiten pesos “para financiar al Estado: $150.000 millones el año pasado y eso se hace dándole a la maquinita”.

Tras conocerse los datos del IPC de febrero que marcaron una inflación de 2,4%, el economista Aldo Abram dijo que “lamentablemente, lo que está sucediendo es que la prioridad del Banco Central no es justamente cumplir con las metas de inflación”.

“Hoy no sabemos ni cuál va a ser la inflación durante este año”, sentenció Abram y enfatizó que “la prioridad del Banco Central desde que asumió esta gestión es licuar los problemas que genera el exceso de gasto público”.

“Fundamentalmente uno de ellos es el déficit fiscal, y entonces emiten pesos para financiar al Estado: $150.000 millones el año pasado y eso se hace dándole a la maquinita”, reseñó el director ejecutivo de la consultora Libertad y Progreso.

El economista remarcó también que se debe hacer una “distinción”, pues subrayó que “no es que haya inflación porque sube el dólar”.

De acuerdo con los datos oficiales, la variación núcleo fue del 2,1% el mes pasado, la más alta en diez meses; el IPC nacional marcó el 2,4%, por los ajustes en transporte, luz, prepagas, celulares y combustibles.

Diversos analistas sostienen que para lograr la meta de inflación anual que el Gobierno modificó en diciembre (al 15%) es necesario que, desde marzo, la suba de precios mensual sea de 1%.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

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La “dominancia fiscal” y la compra de dólares del BCRA

Por Iván Carrino. Publicado el 7/3/18 en: http://www.ivancarrino.com/la-dominancia-fiscal-y-la-compra-de-dolares-del-bcra/

 

En marzo de 2016, el entonces Ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, asistió al Congreso a debatir el tema del pago a los Fondos Buitre. En el plenario de comisiones fue enfrentado por Axel Kicillof, quien preguntó:

Ustedes dicen que a partir de negociar con los buitres van a conseguir fondos en dólares y que entonces no van a hacer un ajuste [brusco del déficit fiscal].

¿Pero por qué quieren que hacer ese ajuste? Porque si no, teóricamente, hay que emitir pesos.

 Ahora cuando lleguen los dólares: ¿le van a dar los dólares a los gobernadores, o pesos? Van a emitir los mismos pesos si no hacen el ajuste, van a traer dólares, y van a darles pesos. Con lo cual el grado de emisión [monetaria] para sostener el gasto, le pregunto si no es el mismo al final.

En su momento Prat-Gay respondió que no era lo mismo para el balance del Banco Central emitir pesos para comprar dólares que emitirlos para comprar adelantos transitorios y demás artilugios para financiar el déficit.

La discusión quedó ahí, pero me da la impresión que aún no queda claro dónde está la diferencia.

Recientemente, por ejemplo, discutía con un amigo que utilizaba un argumento muy similar al de Kicillof para sostener que la “dominancia fiscal” no se terminó y que, producto del déficit fiscal que sostiene el gobierno de Cambiemos, el Banco Central se ve obligado a emitir pesos.

Claro, la situación hoy es diferente: la emisión monetaria no va a comprar “adelantos transitorios”, sino los dólares que llegan de la deuda que se coloca afuera. Pero, en esencia, se trata de la misma dominancia fiscal de siempre.

Desde mi punto de vista, esto no es correcto.

Qué es dominancia fiscal

Indagando un poco en la definición de dominancia fiscal me topé con un artículo de Enrique Szewach, quien sostiene que:

En castellano básico, se trata de la maquinita del Banco Central (ahora ampliada por Ciccone), financiando el gasto público. En estas circunstancias la cantidad de dinero, la oferta monetaria, es función del déficit fiscal y no de decisiones de política del Banco Central.

Un trabajo del Banco Central de Colombia la define en el mismo sentido:

“En un régimen de dominancia fiscal, la autoridad fiscal fija exógenamente el sendero futuro del balance primario, independiente del nivel de su deuda, por lo que sus políticas de ingresos y gastos no necesariamente se orientan a satisfacer la condición de solvencia de las finanzas públicas. Desde el punto de vista de la determinación del nivel de precios, bajo este régimen la autoridad monetaria pierde capacidad para controlar la inflación, en la medida que los precios terminan siendo afectados por las decisiones fiscales de un gobierno autónomo. Puesto que la política monetaria “se acomoda” a la política fiscal, ésta última acabará dominando la primera.”

En términos más simples, cuando el tesoro muestra un desequilibrio y hay “dominancia”, entonces el Banco Central terminará asistiéndolo, comprometiendo los objetivos inflacionarios. Es decir, déficit fiscal, monetización del déficit e inflación, la historia por todos conocida.

En Argentina, si bien esa monetización sigue existiendo, lo cierto es que es cada vez menor. El dinero que el BCRA emite en concepto de asistencia al tesoro va cayendo en términos reales y pasó de representar 5,3% del PBI a 1,1%.

Sin embargo, sí es cierto que el BCRA compra dólares y que la gran mayoría de esas divisas provienen de la deuda que contrae el Sector Público.

Desde mi punto de vista, esto no es dominancia fiscal.

Es que si definimos como dominancia a la emisión para financiar el desequilibrio del tesoro, éste claramente no es el caso.

Un ejemplo sencillo

Imaginemos que Pedro necesita tomar deuda porque gasta más de lo que gana. Una opción que tiene es pedirle a su amigo, Juan Central, que le preste el dinero… Otra es pedirle a su primo estadounidense, John, que lo haga.

Si le pide prestado a John, producto de que éste vive en los Estados Unidos, Pedro recibirá dólares para cubrir su desequilibrio. Ahora con esos dólares Pedro ya habrá encontrado sus necesidades de financiamiento totalmente satisfechas.

Pedro necesitaba plata, John le prestó dólares, y ahora tendrá que devolvérselos en algún momento futuro. Pedro no necesita más financiamiento.

Lo que sí necesita Pedro son pesos para pagar sus gastos habituales. Y para eso puede perfectamente acudir a su amigo, Juan Central, quien se ofrece a pagarle $ 20 por cada dólar. Pedro vende los pesos, Juan se los compra, y sigue la vida.

Juan no financió a Pedro, solo le compró un bien que él deseaba y que Pedro tenía.

Con el Banco Central y el tesoro sucede lo mismo. El Banco Central no está financiando al tesoro cuando le compra los dólares. El tesoro ya se financió en el mercado y sólo está vendiendo esos dólares a alguien que los quiere para “acumular reservas”.

Ahora bien, esta acción puede perfectamente ser criticada. Se puede decir que genera emisión “en exceso”, se puede decir que esa emisión exige esterilización que sube la tasa de interés, o se puede decir que esta intervención viola la libre flotación de la divisa.

Sin embargo, no debería ser considerada “dominancia fiscal”. El BCRA no está financiando el desequilibrio del fisco, sino solo comprándole un bien que desea por  su política de “acumulación de reservas” en una transacción transparente y a precios de mercado.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

La cláusula gatillo no genera inflación, pero puede destruir empleo

Por Iván Carrino. Publicado el 24/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/la-clausula-gatillo-no-genera-inflacion-pero-puede-destruir-empleo/

 

En la discusión salarial argentina, ni el gobierno ni los sindicatos dan en el clavo.

Arranca un nuevo año en Argentina y el debate que ocupa los principales medios de comunicación es el salarial.

Obviamente, la madre de todas las batallas es la pugna que tiene la Provincia de Buenos Aires con los gremios docentes, lo que deriva siempre, casi sin excepción, en una demora de varios días en el comienzo del dictado de clases.

Ahora bien, el tema que está siendo más intensamente conversado en este último tiempo es el de la llamada “cláusula gatillo”. Es decir, una cláusula en el acuerdo salarial que indexe los salarios a la inflación esperada por el gobierno pero que, en caso que ésta no se cumpla, active un alza aún mayor.

Así, un acuerdo salarial con cláusula gatillo se firmaría con un aumento anual del 15% (la meta de inflación del Banco Central para este año), pero si la inflación terminara siendo del 18%, entonces se pagaría un plus por la diferencia.

De haber cláusula gatillo, los salarios de la economía argentina seguirían perfectamente a la inflación.

Para los líderes sindicales y dirigentes de otras fuerzas políticas, esta es la mejor forma de “defender el poder de compra de los trabajadores”. El gobierno, sin embargo, dejó ver que sin esta cláusula especial, el proceso de desinflación sería “más fácil”.

Gobierno y sindicatos están de acuerdo

Algo curioso de este aparente enfrentamiento entre quienes quieren que haya cláusula gatillo y quienes no, es que, en el fondo, ambos  están de acuerdo.

¿Por qué? Porque lo que desean ambos bandos es que los salarios de la economía argentina se ajusten a la evolución del Índice de Precios al Consumidor.

La diferencia, entonces, estriba en que el gobierno dice que la inflación va a ser 15% y los sindicalistas sostienen que ésta va a ser superior.

En este marco de proyecciones dispares, la cláusula gatillo parece una buena forma de resolver la cuestión. Si la inflación es 15% o menos, la cláusula no se activa; si es más de 15%, los salarios no pierden contra la inflación.

Todo muy lindo, pero…

Los salarios no generan inflación

Una de las formas en que se interpretó lo que dijo el gobierno fue que indexar salarios generaba (o perpetuaba la) inflación.

De acuerdo con un comunicado de los economistas del “Frente Renovador”, como el gobierno ya no sabe qué hacer para controlar la escalada de precios, “la idea es intentar con la vieja receta de retrasar los sueldos”.

El trasfondo de esta teoría sería así: si los sueldos suben menos que la inflación, los trabajadores tienen menos poder de compra y, por tanto, demandan menos. Dado que hay menos demanda, los precios dejan de subir a tasas tan aceleradas. Controlar salarios, entonces, baja la inflación.

Pero el argumento es por lo menos inconsistente: es que si los salarios fueran la causa de la inflación, no habría nunca una ganancia o pérdida en términos reales. Si salarios suben 10%, lo mismo hará la inflación. Si caen 1%, habrá 1% de deflación.

Sin embargo, es perfectamente posible que existan aumentos (o descensos) salariales, sin que esto impulse al alza (o a la baja) el IPC.

Por ejemplo, en una economía con perfecta estabilidad, si el día de mañana todos los salarios aumentan 10%, no hay motivos para que aumente la inflación.

Sin un incremento en la cantidad de dinero, el mayor consumo de los trabajadores habrá sido consecuencia de su mayor productividad (mayor cantidad de bienes), o consecuencia de un menor consumo por parte de los empresarios que decidieron aumentar la compensación de sus empleados.

En cualquiera de los dos casos, no hay mayor inflación.

Es que, como decía Milton Friedman, la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y si bien “los sindicatos producen múltiples daños a la economía… uno de los crímenes por los que son totalmente inocentes es el de provocar inflación”.

… pero destruyen empleo

Ahora bien, aun cuando es cierto que los sindicatos que piden cláusula gatillo no generan inflación, también es cierto que no están exentos de generar otros efectos indeseados.

Es que incluso cuando la inflación terminara siendo del 15% anual y la cláusula gatillo no se activara, la indexación salarial, combinada con un mercado laboral rígido como el argentino, es candidata a generar desempleo.

He aquí el verdadero problema. Es que en nuestro país los sindicatos acuerdan ajustes salariales por “rama de actividad”. Así, si una megaempresa automotriz firma un acuerdo con el sindicato de mecánicos por un aumento salarial igual a lo que varía el IPC, éste mismo acuerdo rige también para un taller PYME que podría perfectamente no estar en condiciones de pagar dicho aumento.

Lo mismo pasa en toda la economía. Si los acuerdos salariales cierran todos con ajuste al IPC, habrá empresas que no estén en condición de hacer frente a dichos aumentos en sus costos. Si éste es el caso, entonces les quedarán tres alternativas:

—> bien despiden personal,

—> o bien cierran el negocio,

—> o bien se vuelcan a la economía informal.

Las primeras dos alternativas son infinitamente peores para los trabajadores que un acuerdo donde pierdan poder de compra frente a la inflación. Es que, en dichos casos, el salario cae un 100%, porque el trabajador se queda sin empleo.

En la tercera alternativa, si bien se pierde poder de compra, al menos se preservan las fuentes de trabajo.

Pasando en limpio, ni la cláusula gatillo ni la indexación salarial tradicional generan o perpetúan la inflación. Los precios suben como reflejo de la caída del poder de compra del dinero, cuyo responsable es únicamente el gobierno a través del Banco Central.

Sin embargo, la indexación sí puede generar desempleo, porque hay empresas que sencillamente no están en condiciones de pagar esos aumentos.

La solución a este tema no es eliminar la cláusula gatillo. Ni siquiera lo es bajar la inflación. La verdadera solución es tener un mercado de trabajo mucho más flexible, donde los salarios se fijen libremente entre empresarios y trabajadores, pero atendiendo a cada situación particular.

En pocas palabras, la mejor solución es liberar el mercado laboral.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Tres motivos por los que no baja la inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 17/1/18 en: http://www.ivancarrino.com/tres-motivos-por-los-que-no-baja-la-inflacion/

 

Tres razones por las que el BCRA no cumplió su meta en 2017

El jueves de la semana pasada, el Instituto oficial de estadísticas de Argentina presentó los números de inflación del mes de diciembre. Los precios, medidos por el índice general, subieron 3,1% mensual, llevando el aumento anual al 24,8%.

Si se compara el dato de 2017 contra el de 2016, la reducción de la inflación fue significativa. Además, se trató del registro anual más bajo desde el año 2011. Sin embargo, comparado con el objetivo buscado por el Banco Central (entre 12 y 17% anual), el dato fue más que pobre.

A raíz de esto, surge la pregunta acerca de qué pasó.

Así que a continuación encontrarás los tres motivos por los cuales la inflación no bajó tanto que se esperaba.

Motivo 1) Con este esquema monetario, bajar la inflación lleva tiempo.

A pesar de que el sistema de “Metas de Inflación” se utiliza con éxito en alrededor de 30 países en el mundo, algunos analistas venían comentando que para reducir la inflación desde niveles tan altos, el método no estaba del todo probado.

No estoy de acuerdo con esa posición. Las metas de inflación son solamente el reflejo de un Banco Central cuyo objetivo es reducir la inflación. Y cuando los bancos centrales quieren bajar la inflación, tarde o temprano lo hacen.

Lo que sí admito es que, con metas de inflación y tasa de interés, la reducción puede no ser tan rápida. En el caso de Chile, por ejemplo, después de 1990, la inflación tardó 7 años en llegar al orden del 5% anual. En Colombia e Israel llevó 11 años. En México, 6.

Uno podría preguntarse por qué lleva tanto tiempo si, por ejemplo, durante los primeros años de la convertibilidad en Argentina, la inflación se redujo tan suculentamente, y pasamos de 84% (diciembre 1991) a 7% (diciembre 1993) en dos años, para luego tener estabilidad  por otros siete.

La respuesta es que parecería que, al menos a corto plazo, el tipo de cambio fijo es más eficaz para controlar los precios que cualquier otro esquema. Eso no es algo propio del sur de América o de Argentina. Lo mismo sucedió en el mismísimo Estados Unidos.

Cuando los norteamericanos abandonaron el Patrón Oro (que era, en términos prácticos, un tipo de cambio fijo con el metal precioso), la inflación se descontroló.

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En los 10 años anteriores a la salida del Patrón Oro, Estados Unidos tuvo una inflación promedio del 3% anual. Después del cierre de “la ventana del oro”, la inflación más que se duplicó, promediando un 8,3% anual para los 10 años siguientes, a pesar de la misión declarada de la Fed de vigilar la estabilidad de los precios.

Motivo 2) El Banco Central jugó para Cambiemos en las elecciones legislativas.

Si bien el Banco Central es independiente, uno no puede desconocer que hasta hace poco tiempo, el presidente de dicha institución en Argentina era un miembro más del partido político que hoy gobierna. Esto podría significar que, de tener que elegir entre bajar la inflación y que su partido gane las elecciones, opte por lo segundo.

Así, para favorecer al gobierno en las elecciones legislativas de octubre, es probable que el Banco Central pospusiera los aumentos de tasas de interés, resultando en una política monetaria demasiado expansiva.

Entre abril y septiembre, la tasa de interés de la política monetaria se mantuvo congelada. En todos esos meses, la inflación núcleo anualizada superó a la meta de inflación.

¿Por qué, teniendo una inflación por encima del objetivo por 6 meses consecutivos, el BCRA no subió la tasa?

Las elecciones legislativas son la explicación más razonable que encuentro. Para asegurar la elección de Cambiemos, el BCRA mantuvo una política monetaria más expansiva de lo requerido, frustrando el cumplimiento del objetivo de inflación.

Motivo 3) El necesario ajuste de las tarifas de servicios públicos

El último factor que complica las metas de inflación es el marcado incremento de los precios regulados. Es que en este marco de buscada “desinflación”, el gobierno debe reconocer precios que están totalmente atrasados. La parcial liberación de precios regulados impulsa al alza (a corto plazo) los índices con los cuales medimos la inflación, llevándola por encima de lo buscado por el Banco Central.

En 2017,  los precios regulados de la economía argentina avanzaron 38,7%, mientras que la inflación núcleo, que excluye a éstos y a los precios estacionales, avanzó solamente 21,1%.

Producto del peso que cada rubro tiene en el índice general, se puede decir que de los 24,8 puntos que acumuló la inflación del año pasado, 9,1 se debieron al ajuste de tarifas.

Llevando este análisis al extremo, si los precios regulados no se hubiesen movido,  la inflación anual habría cerrado en 15,7%.

Obviamente, de ninguna manera este debe ser el camino a seguir. De hecho, cuantos más precios se liberen, mejor será a largo plazo, pero en el corto esto implicará un desafío mayor para bajar la inflación.

En conclusión, el último motivo por el cual la inflación no baja como se desea es que los tarifazos generan una dicotomía: o el Banco Central se pone mucho más agresivo en su política monetaria, o no se cumple la meta establecida. Claramente, en 2017 triunfó la segunda alternativa.

Mirando a 2018, vemos un sistema de metas de inflación que seguirá vigente (aunque con una meta más laxa –ya que pasó del 10% al 15%), nuevos ajustes en los precios regulados, y un escenario sin elecciones de ningún tipo.

En cualquier caso, la lección a aprender es que la política monetaria deberá ser todo lo contractiva que haga falta para cumplir los objetivos de este año. Esperemos que las autoridades estén a la altura.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Es un error que el Gobierno haya cambiado la meta de inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 31/12/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2096679-es-un-error-que-el-gobierno-haya-cambiado-la-meta-de-inflacion

 

Argentina acarrea una historia de larga decadencia económica. De encontrarse entre los primeros países del mundo a comienzos del Siglo XX, pasamos a ocupar el puesto setenta y tantos.

En 1895, nuestro país tenía el 97% del PBI per cápita de Australia. Hoy tenemos solo el 43%.

El proceso de decadencia es largo. Pero la caída se profundiza en el período de 1975 a hoy.

¿Quiere saber por qué?

La respuesta es la inflación.

Salvo en 1978 y 1986, desde 1973 y hasta 1990 la tasa de inflación nunca bajó del 100% anual. Gustavo Lázzari y Pablo Guido explicaron que ése constituyó “el período de inflación alta más prolongado de la historia del mundo”.

La inflación es un cáncer para la economía. Destruye el poder de compra del salario, arruina el ahorro, impide planificar y distorsiona el sistema de precios generando falsos auges y posteriores depresiones.

A la Argentina, la inflación la borró del mapa.

Después de 1990 tuvimos 10 años de estabilidad, pero el gasto y la deuda generaron una nueva crisis sin precedentes. El resultado fue volver a probar con la receta inflacionista, que con los Kirchner terminó en el cepo y un estancamiento económico que se prolongó por 6 años.

¿Quién querría tener más inflación?

Curiosamente, no son pocos y acaban de obtener una victoria dentro del equipo económico del gobierno.

Es que para algunos, incluido el ex Ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, el ritmo planteado de desinflación era excesivamente veloz, lo que obligó a tener tasas “demasiado altas que generan atraso cambiario”.

Para atacar estos problemas, pidió elevar las metas de inflación.

Es decir, tener más inflación para que haya tasas más bajas y un dólar más competitivo. O sea, lo que efectivamente anunciaron Peña, Dujovne, Caputo y Sturzenegger el jueves pasado.

Hay dos problemas con esta propuesta.

El primero es que la tasa de interés de la política monetaria no es “alta”, como se dice. Al 30 de octubre de este año, y en el mejor de los casos, la “espectacular inversión” en los títulos del Banco Central rindió 3,2 puntos en términos reales.

Una tasa de interés de 3,2 puntos no parece ser problemática para la inversión. De hecho, de acuerdo con Orlando Ferreres, la Inversión Bruta Fija creció 13,4% interanual en octubre y promedia un aumento de 11,1% en los últimos 6 meses. Es decir, crece al mayor ritmo de los últimos 4 años, cuando la tasa era negativa contra la inflación.

Lo mismo pasa con el crédito. Está volando en términos reales, poco afectado por la “alta” tasa de interés.

El segundo punto es el tipo de cambio.

Según la mirada más heterodoxa, la apreciación del tipo real de cambio es preocupante y desinflar más lento ofrecería un dólar más competitivo.

¿Es esto realmente así?

A priori, no parece. Si la tasa de interés baja de su nivel actual, el dólar puede subir, pero igual subirían los precios, de manera que no se revertiría la apreciación real.

Yendo a lo más fundamental, el concepto en sí mismo es desacertado. Es que países como Chile, Perú, Colombia e incluso Brasil, han vivido un largo proceso de apreciación real de su moneda desde 2003 a 2013, sin que eso resultara en un obstáculo para su crecimiento.

Para sorpresa de algunos, en paralelo con el “dólar barato”, la economía de estos países creció, con baja inflación, bajo desempleo y aumento del salario real.

¿Por qué en Argentina debería ser diferente?

El Banco Central es la institución pública cuyo único rol en Argentina y cualquier país serio del mundo es tener una inflación baja y estable. No se puede imprimir crecimiento.

A corto plazo, es posible que una mayor laxitud monetaria tenga como contrapartida una mayor actividad, pero a largo plazo sabemos que solo trae inflación, crisis y pobreza.

Argentina debe crecer mirando el largo plazo. Y ahí el camino son las reformas estructurales. Más libertad económica, más inversión, crecimiento y reducción de la pobreza. Bajar la inflación es un componente más en ese combo de cambios profundos.

Ya probamos el atajo inflacionista. Nos fue peor que mal. Es una lástima que hayamos vuelto a caer en el error.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El verdadero problema de las jubilaciones en Argentina

Por Iván Carrino. Publicado el 21/12/17 en: http://www.ivancarrino.com/el-verdadero-problema-de-las-jubilaciones-en-argentina/

 

Estafar a la gente es prometer lo que no se puede cumplir.

El verdadero problema de las jubilaciones en Argentina es que son un gasto público.

Así de simple.

Si el ingreso de una persona que deja de trabajar dependiera del ahorro que generó durante toda su vida, entonces no habría ningún debate público acerca de la sostenibilidad de ningún sistema previsional.

Tampoco habría políticos demagogos hablando sobre el arrebato a los derechos.

Probablemente sí habría fascistas de izquierda exaltados y violentos por algún motivo. Pero, al menos éste, no sería uno de ellos.

Si la jubilación fuera totalmente privada, todo el tema sería una cuestión de cada individuo y, a lo sumo, debatiríamos si hay que ayudar desde el estado al que no pudo ahorrar por causas de fuerza mayor.

Del sistema de reparto…

Sin embargo, el sistema de reparto y propiedad estatal, que es el único que tenemos en Argentina, no funciona así.

Acá las jubilaciones de hoy se pagan con los impuestos que se les pueden cobrar a los trabajadores de hoy.

No hay ninguna correlación entre lo que una persona aportó al sistema y lo que ella recibe.

Lo que “aportó” fue, en realidad, un impuesto por trabajar. Lo que recibe es, en realidad, un pago estatal que depende de las necesidades de caja de quien paga.

Es decir, del estado.

Ahora el estado es el gobierno, y al gobierno lo manejan los políticos que quieren ganar las elecciones.

Así, prometen el Oro y el Moro, hasta que se acaba la plata y todo queda en la nada.

Eso fue lo que hicieron los gobiernos de Néstor y Cristina.

Abrieron generosas moratorias que incorporaron en el sistema previsional a nada menos que 3,2 millones de jubilados y pensionados, el doble de la cantidad que había en 2003.

2017.12.21a

En el mismo período en que se duplicaba la cantidad de haberes para pagar, quienes son capaces de producir la riqueza en el país para hacerlo (la población ocupada), creció solo 46%.

Estafar a la gente es prometer lo que no se puede cumplir.

… a la crisis previsional

Si vos tenés un carro tirado por un caballo, hay un límite a la cantidad de gente que se puede subir.

O sea, llega un punto en que:

———-> o bajás la carga,

———-> o aumentás los caballos,

———-> o te quedás parado en el medio del camino.

En ese caso, todos pierden.

Pero los políticos demagogos seguramente terminen echándole la culpa al que maneja el carro, o también al caballo, en lugar de a quien invitó a subir a los pasajeros  prometiéndoles que iban a llegar sin problemas a destino.

Lo mismo le pasa al sistema previsional. A las moratorias se suma una fórmula de ajuste de los haberes que hace que cada vez se gaste más en previsión social en términos del PBI.

Hoy en día, Argentina es de los países que más gasta en la OCDE en previsión social. Arriba nuestro están Portugal, Grecia e Italia, los tres con crisis fiscales.

2017.12.21

Nosotros estamos igual de mal. Con una inflación que está entre las 10 más altas del mundo, gracias a que el estado está quebrado y le pidió al Banco Central que emitiera a lo loco por una década y media.

El populismo un día se acaba y se acaba mal. Todas las promesas se esfuman, porque estaban basadas en sacarle plata al vecino, pero resulta que si se sigue por ese camino, el vecino se va del país y no tenés con qué pagar lo que prometiste.

Así es como está hoy el país.

Un estado en quiebra, porque gasta $ 600.000 millones más de lo que le ingresa. Y un sistema previsional igual de quebrado, porque gasta $ 364.000 millones más de lo que recauda por contribuciones patronales y aportes personales.

Mero cambio de fórmula

En medio de todo esto, el gobierno nacional intenta, al mismo tiempo que equilibrar las cuentas fiscales moderando el aumento del gasto público, evitar que los jubilados y pensionados de hoy pierdan poder de compra.

Así es que lo más importante que se discutió y se aprobó finalmente el martes en la cámara de Diputados fue el cambio de la fórmula de actualización de los haberes, lo que igualmente hará que los jubilados en el futuro tengan ingresos que superen a la inflación.

¿Es esta fórmula mejor que la que tenía el kirchnerismo? Depende para quién y en qué período de tiempo.

Si lo miramos a corto plazo, esta fórmula implica que los jubilados ingresarán menos de lo que habrían ingresado. Ahora desde el punto de vista de la sostenibilidad fiscal, la nueva fórmula ayuda a cumplir las metas.

A largo plazo la cuestión es distinta. La nueva fórmula da mayor previsibilidad a los ingresos y podría incluso ser mejor para los jubilados. Por otro lado, si sirve para mejorar la confianza en las metas fiscales del gobierno, podría evitar una  crisis.

Esto es particularmente importante.

Recordemos que en el año 2002, cuando la crisis fiscal del menemismo-delarruismo terminó en la devaluación del duhaldismo, la jubilación mínima cayó un 29% en términos reales y el haber medio se redujo un 33%.

O sea, cuidado. Porque por evitar un cambio a corto plazo (que ni siquiera es un ajuste), podemos comprarnos el pasaje a una nueva crisis terminal.

La ley se aprobó, pero falta demasiado todavía como para resolver el problema fiscal y de competitividad del país.

¿Está la sociedad argentina lista para enfrentar el desafío? La violencia en la plaza, los cacerolazos y la opinión de algunos periodistas frente a estos cambios modestos, me hacen dudarlo seriamente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“La política monetaria debe bajar la inflación, no puede imprimir felicidad”

Por Iván Carrino. Publicado el 5/12/17 en: http://noticiasyprotagonistas.com/actualidad/ivan-carrino-la-politica-monetaria-debe-bajar-la-inflacion-no-puede-imprimir-felicidad/

 

El economista Iván Carrino habló en la 99.9 sobre las críticas que recaen sobre el Banco Central y el rol que está cumpliendo: “el nivel de tasa de interés que maneja no puede mandar la economía a recesión”, aclaró. 

La postura del Banco Central es uno de los temas de análisis económico en el que se ha centrado Iván Carrino. Este joven economista se refirió en la 99.9 al rol que está cumpliendo y las dificultades que se ha encontrado, en base a los objetivos planteados: “el Banco Central está siendo demasiado duro, según las críticas de los sectores empresarios. Pero últimamente también se han sumado voces con cierto prestigio como las de Prat Gay. Se dice que la tasa de política monetaria es muy alta e imposibilita invertir en economía real y por otro lado que, como la tasa es alta, se aprecia el tipo de cambio y no se puede competir”. 
Sin embargo, Carrino defutó esos planteos: “todo esto es desacertado, la tasa de interés no es alta en términos reales, apenas busca estar 3 o 4 puntos por encima de la inflación. Los negocios tienen que poder pagar un crédito a un 3%. Además, está creciendo la inversión al paso más rápido desde 2012”, destacó.

También aclaró que el tipo de inversión tampoco se da de la forma en que se la está planteando: “no es verdad que la única inversión que hay es en títulos de deuda y lebacs sino la economía no podría estar creciendo a paso lento. Son datos que te muestran que este nivel de tasa no manda la economía a la recesión”. 
Sin embargo, la idea que debe seguir el Banco Central desde su punto de vista, tiene que pasar por otro lugar: “la política monetaria debe bajar la inflación, no puede imprimir felicidad, no es que porque bajas la tasa de interés, sos competitivo y las empresas producen”. Fue crítico además con el ajuste re precios: “no es inflación per sé, lo único que hace es reconocer que tenías inflación. El Banco Central tendría que ponerse duro y riguroso para compensar el aumento fuerte del precio regulado”. 
De todas maneras, las metas no se están cumpliendo y eso genera una desconfianza: “hay que pensar que el mercado no le cree las metas hoy al Banco Central. Ayer salió el dato y se espera una inflación de 16.6 a finales de 2018 y el Banco dice que el objetivo será de 12 por lo que está más de 4 puntos por debajo”. El respaldo que utiliza entonces es el que le han dado en las últimas elecciones: “uno cree que el gobierno tiene capital político luego de ganar las elecciones, pero le pegan dentro del mismo equipo cuando Prat Gay sale a criticar estas decisiones. Por lo que se dice el presidente está a favor del planteo de Sturzzeneger, aunque no debería ser relevante porque el Banco Central tendría que ser independiente”, aclaró.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Bajar la inflación a pesar del déficit

Por Iván Carrino. Publicado el 11/10/17 en: http://www.ivancarrino.com/bajar-la-inflacion-a-pesar-del-deficit/

 

Milton Friedman decía que la inflación es -en todo momento y en todo lugar- un fenómeno monetario.

Ahora desde la perspectiva argentina, cuando vemos para qué se emitió dinero entre los años 2011 y 2015, tendemos a pensar que la inflación no es un fenómeno monetario sino, más bien, un fenómeno fiscal.

El mecanismo es el siguiente. El Gobierno gasta más de lo que gana y entonces le pide al Banco Central que lo financie. El Banco Central emite más pesos de lo que el mercado necesita y el precio del dinero cae.

El resultado: la inflación.

Dado este mecanismo, es claro que cuando la inflación es alta y sostenida, lo que hay detrás es un déficit fiscal que está siendo “monetizado” por la autoridad monetaria.

La pregunta es: ¿se da este mecanismo a la inversa? Es decir: ¿siempre que haya alto déficit fiscal va a haber alta inflación?

Alto déficit no siempre es alta inflación

La relación entre déficit, emisión e inflación la conocemos bien en el país. El gobierno gasta de más, no le alcanza, y saquea al Banco Central.

Ahora ése no es el cuadro en todas las latitudes.

Bolivia, por ejemplo, cerrará el año con un déficit primario de cerca de 5% del PBI (más de lo proyectado para Argentina). Su inflación, sin embargo es un quinto de la nuestra.

Del otro lado del mundo, Japón también presenta un desajuste de cerca de 4% del PBI (3,8%). Sin embargo, no solo no tiene inflación, sino que busca desesperadamente que ésta suba. Según el FMI cerrará el año en 0,8% anual.

Existen otros ejemplos. En Estados Unidos, en plena crisis, el desequilibrio fiscal casi alcanzó el 10% del producto. En España y Grecia, ese umbral se superó en el 2009. Sin embargo, en ninguno de los casos hubo temores por la inflación.

Es decir, si hay inflación alta y sostenida, muy probablemente detrás haya un gobierno despilfarrador que está atracando al Banco Central. Pero que existan gobiernos despilfarradores no quiere decir que tenga que haber más inflación.

Es que, en definitiva, la inflación se produce cuando la cantidad de dinero excede la que demanda el mercado. Y el único responsable por esa cantidad es su único emisor. Es decir, el BCRA.

Si el Banco Central decide no financiar al Tesoro, entonces evitará colocar una cantidad de dinero excesiva. Finalmente, entonces, no se producirá la inflación.

¿Cumplirá Sturzenegger?

La discusión es particularmente relevante para el contexto nacional actual. El gobierno en 2016 no solo no redujo el déficit fiscal, sino que lo aumentó. Para éste y los años siguientes, si bien propone un sendero decreciente para el mismo, el ritmo es excesivamente gradualista.

En 2018, según el presupuesto, el agujero de Hacienda ascenderá a $ 680.000 millones.

¿Se puede bajar la inflación en este contexto? La respuesta, curiosamente, es afirmativa. Es que, en la medida en que el Banco Central controle y reduzca la monetización del déficit, el ritmo de aumento de los precios continuará descendiendo.

Para 2018, el BCRA transferirá solamente $ 140.000 millones al Tesoro, un 20% de sus necesidades de financiamiento. En 2014 el central aportó el 64% de dichas necesidades. Puede parecer poco, pero es un avance importante, y los datos de inflación así lo reflejan. Estamos con los índices más bajos de los últimos 7 años.

Para concluir, hay una buena y una mala noticia a partir de todo esto. La buena es que la inflación puede bajarse a pesar de tener un abultado déficit fiscal. Los datos presentes y las expectativas muestran que ésta cae y lo seguirá haciendo por los próximos años.

La mala noticia, sin embargo, es que tener semejantes niveles de déficit no es para nada saludable. Ellos se traducen en deuda y la deuda en mayor incertidumbre y menor crecimiento.

Argentina tiene que crecer de manera sostenida por muchos años. Para eso debe ordenar sus números. Bajar la inflación es solo un pequeño paso en un largo camino por recorrer.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

“Curar los déficits aumentando impuestos…”

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 11/7/17 en: http://www.rionegro.com.ar/columnistas/curar-los-deficits-aumentando-impuestos-DC3141342

 

Si bien la reforma tributaria se considera prioritaria en la agenda del gobierno, se observa una distancia copiosa entre lo que declaman los enunciados y sus consecuencias, los hechos. Desde el Ministerio de Hacienda se afirma que “con el kirchnerismo la presión tributaria subió casi 11 puntos del PBI. Esto no implica que ahora se puedan bajar impuestos indiscriminadamente. Necesitamos mejores impuestos”.

El primer año de la administración del presidente Mauricio Macri arrojó un incremento del déficit de recursos por un punto del PBI, tal como lo indican los datos oficiales. Ahora, en cambio, la idea es bajar la presión 0,5 puntos por año, aunque los distintos funcionarios del gobierno de Cambiemos, más allá de la diversidad de matices, coinciden en que al país le espera un largo camino para reducir la presión tributaria (al menos diez años para que se note la baja en los impuestos, es decir, la participación de la recaudación respecto al tamaño de la economía -PBI-).

Y todavía hay un tema mayor por resolver: el debate político en las cámaras. El juego de entramados y alianzas en los bloques legislativos, que ha mantenido dubitativo al Poder Ejecutivo frente a las elecciones de medio término. Escenario que, visto hacia atrás, aparece como un error de diagnóstico de los asesores del presidente, y que ha llevado a la primera magistratura a desaprovechar los aires de cambio y el mayoritario consenso con que contaba durante la asunción de diciembre del año 2015.

El diputado del PRO y presidente de la Comisión Bicameral para la reforma tributaria, Luciano Laspina, reconoció que “seguramente no tendremos la reforma ideal, vamos a tener la reforma posible”.

Hasta hoy, la ciertamente cándida política de gradualismo castiga con toda virulencia la institución del Banco Central, cuya prioridad absoluta es inducir una baja sistemática y sostenible de la tasa de inflación, llevándola, en un plazo razonable, a niveles similares a los que exhiben las economías que manejan su política monetaria bajo esquemas de metas de inflación; pero que, una y otra vez, tropieza con el desequilibrio del frente fiscal.

Entretanto, el gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos que se enmarcan dentro de lo que la teoría económica denomina “efecto desplazamiento”. Dicho efecto ocurre cuando una política fiscal expansiva hace que los tipos de interés aumenten y, como consecuencia de ello, éstos últimos, provoquen una reducción del gasto privado, concretamente de inversión.

El efecto pretendidamente expansivo de la política fiscal, cualquiera sea la vía, tiende a afectar directamente a la demanda agregada, y la producción a aumentar. Pero, en la reconocida versión de John Hicks, de 1937, en la que la demanda de dinero es totalmente insensible del tipo de interés, y se reconoce como la Teoría Cuantitativa del Dinero, la demanda de dinero depende únicamente del nivel de renta, no del tipo de interés.

En este caso, el caso clásico, implica que una curva del mercado de dinero vertical se asocia a la opinión de que el dinero es lo único que importa, porque la política monetaria produce un efecto máximo en el nivel de renta y la política fiscal no produce ninguno.

Por tales razones, el equilibrio fiscal permitiría necesariamente la mutua correspondencia de tipos de interés y niveles de renta que se requiere en la interrelación de los mercados de bienes y activos; de lo contrario, las tensiones persistirán y los tipos de interés se mantendrán desmedidamente altos.

Al final, queda por discernir ¿qué son mejores impuestos? Y la respuesta del Ministerio de Hacienda también es clara: “Si sale la reforma que impulsamos, los que pagan experimentarán una rebaja. Pero otros no, porque eliminaremos exenciones al IVA y bajaremos la evasión”. “La lenta recuperación de la economía es, en parte, por la carga tributaria. Pero no podemos subir el déficit”. “El eje de la reforma será aumentar la base imponible, bajar la evasión e incentivar el crecimiento”.

En síntesis, el título del artículo refiere al fragmento inicial de una cita de Murray N. Rothbard que se completa de la siguiente manera: “Curar los déficits aumentando impuestos equivale a curar la bronquitis de alguien disparándole. La “cura” es peor que la enfermedad”.

(*) Doctor en Economía.

El gobierno tiene déficits presupuestarios y se endeuda para pagar el exceso de gastos sobre los ingresos impositivos.
Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Haga Patria: Compre Lebac

Por Iván Carrino. Publicado el 21/9/17 en:

 

Con tasas de Lebac en 27%, muchos piensan que se amenaza a la actividad económica. En este artículo te cuento por qué se equivocan.

El martes por la tarde, el Banco Central volvió a licitar sus ya famosas Lebac. Los vencimientos ascendían a $ 484.200 millones y pudieron renovarse $ 437.400 millones, estirando los plazos y con una tasa de hasta 27,35% anual.

Para los inversores, esto es una buena noticia. Si anualizamos los últimos tres meses de inflación, estamos en un 18,2%, por lo que la tasa de la Lebac más larga está pagando casi 10 puntos por encima del aumento de los precios.

Obviamente, esta tasa “alta” genera preocupación entre algunos analistas y políticos. Es que suele pensarse que una tasa positiva en términos reales puede frenar el crecimiento económico.

El razonamiento es el siguiente: con un instrumento financiero que le brinda al inversor una ganancia prácticamente sin asumir riesgo alguno, ¿quién querría invertir en la compra de una máquina, una fábrica, o cualquier emprendimiento productivo? El que está pensando en tomar una decisión de inversión, seguramente elegirá comprar Lebac y no destinar sus fondos a “la economía real”.

Esta narrativa suena lógica. Sin embargo, existen al menos tres motivos para pensar que la tasa de Lebac no es enemiga de la producción, sino todo lo contrario.

Tasas bajas no estimulan la economía

La tasa que busca mantener el Banco Central es positiva respecto de la inflación. O sea, busca que tenga sentido el ahorro y que el aumento de los precios no se coma su poder de compra.

Ahora si eso fuera nocivo para la economía, lo contrario debería también ser cierto. Es decir, una tasa de interés negativa respecto de la inflación debería dar como resultado una actividad económica vibrante. No obstante, eso no es lo que ocurre.

Si miramos los datos de los últimos 5 años hasta 2015, puede verse con claridad que la tasa de interés que establecía el BCRA (tomamos el promedio anual de la LEBAC de más corto plazo), siempre ofreció rendimientos que estaban por debajo de la inflación del período.

Ahora esto no generó ningún boom de actividad ni mucho menos.

En el mismo lapso, la economía no solo no avanzó casi nada, sino que, en términos per cápita, retrocedió. Es decir, se combinó una tasa real negativa con un descenso en el nivel de vida de la gente. Hoy, con tasas positivas, la economía crece. Algo no cuadra.

Si baja la inflación, la Lebac reactiva la economía

Otro punto a destacar es que las Letras en cuestión son uno de los instrumentos que utiliza el Banco Central para regular la masa monetaria y controlar la inflación. En este sentido, si el nivel de tasa de interés logra hacer que la inflación caiga, entonces eso será expansivo para la economía.

Como suele decirse, la inflación es un impuesto no legislado por el congreso. Y bajar un impuesto equivale a reducir los costos de producción. Una menor inflación facilita la planificación y baja los costos de hacer negocios en el país. Eso de ninguna manera le resta a la actividad económica. De hecho, hace todo lo contrario.

Más ahorro, más crecimiento de largo plazo

Detrás de la idea de que la elevada tasa de interés es mala para la economía está una cierta reticencia al ahorro. Se asume que si se ahorra “mucho”, entonces no habrá incentivos para producir. “¿Para qué producir algo si nadie quiere consumirlo?”, pensarán algunos.

El problema con este enfoque es que no comprende la correcta función del ahorro. Como explicó Böhm-Bawerk hace 116 años, ahorrar no implica dejar de demandar bienes y servicios, sino trasladar esa demanda hacia adelante. Es decir, al comprar un título de deuda que me permite preservar mi capital en el tiempo, lo que hago es dejar de demandar bienes en el presente, para demandar en el futuro.

Esto no solo indica que inter-temporalmente no hay caída de la demanda, sino que también envía la señal a los productores de que los consumidores están dispuestos a esperar más tiempo para consumir. Eso ofrece un margen para que los productores acumulen más bienes de capital y mejoren sus procesos de producción.

El resultado es una mayor y mejor producción de bienes y servicios. Es decir, más crecimiento económico de largo plazo.

Si el Banco Central, gracias a su política de tasas, logra recuperar la “cultura del ahorro”, entonces podría estar sentando las bases de un crecimiento mayor y sostenible en el tiempo.

Conclusión

Los demagogos de turno suelen acusar a la política monetaria contractiva de ser enemiga de la actividad económica. Sin embargo, la acusación no tiene fundamentos.

En primer lugar, porque cuando la política monetaria es “ultra-laxa”, no se verifica que se estimule el crecimiento. En segundo lugar, porque al bajar la inflación, la política monetaria se vuelve amiga del crecimiento. Por último, porque es el ahorro el que permite que la economía se vuelva más capital intensiva, haciendo que podamos vivir mejor.

Lo dicho hasta acá no quita que haya cuestiones a considerar y mirar críticamente respecto de la acción del BCRA. Sin embargo, algunas observaciones son solo mitos urbanos.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.