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No, pero sí, a los políticos

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 20/4/17 en: https://www.elcato.org/no-pero-si-los-politicos?utm_content=buffer67d5e&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer

 

Alejandro Tagliavini estima que la moderación de Trump parece ser un Donald Trump convertido en político tradicional, a pesar de que su elección reflejó un rechazo a ese tipo de política.

Casi un año estuvo España sin gobierno —con uno de transición, de poderes limitados—, porque el Parlamento no acordaba uno nuevo. Entretanto, la economía mejoró. Entonces, el chiste entre los españoles —a los que visito a menudo— era que, debido a que no tenían gobierno, el país avanzaba. Crece el hartazgo en todo el globo de los políticos, si hasta Donald Trump se presentó como reacción ante la política tradicional. Por caso, antes de las elecciones del 23 de abril en Francia, la abstención ya amenazaba trepar al récord del 32% cuando la participación ha superado el 80% desde 1974.

Según El Mundo de Madrid, Jerôme Fourquet, del Instituto de Opinión Pública, asegura que la abstención se da “especialmente en jóvenes”. Por caso, Vincent, de 25 años, aseguró que no votará y que no le asusta “la amenaza” de que gane Marine Le Pen en la segunda vuelta, sino que es un truco de los tradicionales para atraer al votante: “te dicen, nosotros o el horror”. El mismo truco que utilizó Mauricio Macri haciendo creer que Argentina iba camino de “ser Venezuela”, si él no le ganaba al oficialismo, cuando este oficialismo estaba alejado de las Fuerzas armadas que son la base del poder que armó el coronel Chávez.

Explicaciones hay muchas, como que el sistema parlamentario está obsoleto y tantas otras. Pero no explican que el rechazo a los políticos sea tan universal, de hecho, EE.UU. no tiene sistema parlamentario sino presidencialista. El problema es más hondo y es que la “autoridad” estatal se basa en el monopolio de la violenciafuerzas armadas y poder de policía— cuando ésta siempre destruye, en tanto que las sociedades se manejan cada vez más en base a liderazgos por influencia, que influyen básicamente por sus conductas ejemplares.

Ya decían los filósofos griegos que la violencia contraría —pretende forzar el desvío— el desarrollo natural del cosmos. Y como contra la naturaleza no se puede, la violencia jamás, pero absolutamente nunca, construye, solo destruye. Así, los políticos no cumplen sus promesas y empeoran las cosas. Por caso, ya en 2007, la FAO informaba que en el mundo se producen 10% más de alimentos que los necesarios para toda la humanidad y, sin embargo, 850 millones de personas pasaban hambre.

Dos son las causas básicas de esta aberración, primero, la fuerte carga impositiva de los gobiernos, que aumentan los precios de los alimentos y crean pobreza porque todos los impuestos son necesariamente derivados hacia abajo vía suba de precios o baja de salarios. Y luego, la maraña de trabas regulatorias estatales que encarecen la logística y a veces hasta hacen imposible el traslado y comercialización.

Pero el hombre evoluciona por maduración, así los “revolucionarios” anti políticos terminan casi adaptándose al sistema, con el beneplácito de “las mayorías”. Dice Pablo Pardo que volvemos al pasado. Las búsquedas en Google de “Tercera Guerra Mundial” están en su mayor nivel, cuando Trump decía que era Hillary Clinton la que iba a provocar una conflagración mundial.

Trump ahora dice que la OTAN “ya no está obsoleta”, ha bombardeado en Siria y elevado la tensión en Corea del Norte. Probablemente renueve a Janet Yellen al frente de la Reserva Federal, pese a que había dicho que ésta debería “avergonzarse” de su trabajo. Ha dejado para 2018 la bajada de impuestos y no declarará a China “manipulador de la divisa”. Es el nuevo Trump, un Trump “moderado”, convertido en político tradicional.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

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La ley sirve para que exista la trampa

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/2/16 en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/926220-469/la-ley-sirve-para-que-exista-la-trampa

 

Si así sale el presidente de la primera potencia mundial, más vale abandonar todo interés en la política mundial”, escribía Pablo Pardo en el diario El Mundo, de España. Sea como sea, lo cierto es que, si el mundo está como está, el primer responsable es el gobierno de EE UU por eso es esperable que las elecciones allí despierten gran interés global.

Los resultados de los “caucus” de Iowa, con los que comenzaron las primarias que se prolongarán hasta junio, han sorprendido a todos, aunque con una importancia puramente psicológica, allí ganó Obama, ya que el candidato más votado obtuvo unos 60,000 votos cuando para ganar la Presidencia en noviembre hacen falta alrededor de 65 millones.

En el Partido Republicano, el gran derrotado fue Donald Trump, el segundo en votos aunque se espera que gane en New Hampshire el 9 de febrero y retome la iniciativa, mientras que el ganador en papeletas fue Ted Cruz gracias a que es evangelista en una zona donde la mayoría de los votantes lo son, siendo Marco Rubio, el tercero, el verdadero vencedor psicológico.

Mientras que Rand Paul hizo un buen papel, por haber acabado entre los “cinco grandes”, dado que es un “rebelde” que en el pasado ha fundado diversas ONG para oponerse al aumento de los impuestos que son, precisamente, el dulce de los políticos. Por el contrario, entre los demócratas, el ganador psicológico es Bernie Sanders, con el discurso más populista entre los precandidatos, que quedó segundo tras Hillary Clinton, pero por poca diferencia.

Ahora, en 2012, el gasto total en las elecciones presidenciales y legislativas alcanzó los $7,300 millones, según la Comisión Federal Electoral. En 2016, la agencia Bloomberg estima que el costo total llegará a los $10,000 millones. Aunque si Michael Bloomberg, con un patrimonio estimado de $38,000 millones, ocho veces más que Donald Trump, el fundador y dueño de Bloomberg, se presenta en marzo como candidato independiente puede hacer que las cifras finales sean más grandes.

Es mucho dinero. ¿Quién y por qué desembolsa tanto? ¿Es creíble que solo sea por idealismo? Sean ciudadanos comunes, que esperan que el candidato favorezca su economía familiar, o grandes fortunas o corporaciones, es obvio que hay muchos intereses en juego ya que el gobierno, utilizando el monopolio de la violencia, puede imponer, por sobre el mercado, por sobre las personas, leyes que favorezcan a unos en detrimento de otros.

Frente a esta realidad, se intentaron transparentar las elecciones limitando con leyes la cantidad de dinero en donaciones y exigiendo transparencia. Entonces, aparecieron las “SuperPAC”, organizaciones que en teoría no tienen relación con las campañas, pero que en la práctica apoyan a un candidato. Gracias a una sentencia de la Corte Suprema pueden gastar lo que quieran, sin ningún límite o restricción, y sin tener, tampoco, que informar acerca de sus donantes, entre los que hay gobiernos extranjeros.

Por ejemplo, entre las “SuperPAC” que apoyan a Ted Cruz, solo Keep the Promise ha obtenido unos $110 millones de donaciones. Los hermanos Charles y David Koch, que tienen una fortuna combinada de $90,000 millones, se habrían comprometido a donar $1,000 millones a republicanos. Corolario: basta que los gobiernos coaccionen leyes para que entre los insatisfechos, por la coacción, surja la trampa

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.