EL TERRIBLE CASO DEL JUEZ KAVANAUGH.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/10/18 en: http://gzanotti.blogspot.com/2018/10/el-terrible-caso-del-juez-kavanaugh.html

 

Los tiempos han cambiado.

Ha pasado la época de Al Gore y el mejor discurso de su vida, cuando perdió las elecciones con G. Bush por una resolución de la Corte Suprema. Avanzó solo y solemne hacia el micrófono y, lacónico, reafirmó el Estado de Derecho: “No estoy de acuerdo, pero este es nuestro sistema”.

Ha pasado la época caballeresca donde la izquierda y la derecha, en los EEUU, eran J. Rawls y R. Nozick. Era el debate de la redistribución de ingresos. Ninguno de los dos ponía en tela de juicio a las bases fundamentales de los EEUU: los derechos individuales, la presunción de inocencia, el debido proceso, el tratarse con respeto dentro de las “comprenhensive doctrines” (Rawls) que pudiera haber.

Ha pasado la época donde la diferencia pasaba por Nixon o por los hermanos Kennedy.

Ha pasado la época donde no ser conservador era apoyar a un santo y liberal clásico como Martin Luther King, que no hablaba de los afroamericanos como un colectivo explotado sino como sujetos de derechos reclamando el pagaré originario de la Declaración de Independencia.

No, todo ha cambiado y no podemos sintetizar ahora el cómo y el por qué, pero todo ha cambiado.

Tal vez, como sugerí alguna vez, en la historia de la humanidad, que es la historia de Caín (https://eseade.wordpress.com/2017/10/27/la-historia-humana-es-casi-la-historia-de-cain/) el liberalismo clásico fue sólo un breve momento en esa historia hobbesiana que es la humanidad, y la libertad nunca va a ser un triunfo, sino una resistencia permanente ante la pulsión de agresión, ante la bestialidad de las mayorías, ante la prepotencia de los dictadores, ante el odio y la mentira, ante el totalitarismo que, vestido de seda democrática, totalitarismo se queda.

Trump –del cual ya he dado mi parecer- (http://institutoacton.org/2016/11/23/sobre-el-triunfo-de-trump-gabriel-zanotti/) nomina a un intachable juez católico y antiabortista para la Suprema Corte y, oh casualidad, una señora se acuerda entonces de un American Pie adolescente, del cual no recuerda ningún detalle, del cual no quedan testigos, que no es confirmado por la séptima investigación del FBI al acusado, y mancha el buen nombre del oh casualidad conservador juez bajo la acusación de intento de violación.

La utilización política de una denuncia falsa es una de las peores faltas morales y legales que se puedan concebir. Los diversos clanes samurai japoneses se enfrentaban en el campo de batalla con mucha violencia, pero con honor. Un shogun no decía del otro que había sido cobarde en batalla. Ni se le pasaba por la cabeza. Hoy, sí. Hoy, que creíamos haber evolucionado hacia un sistema donde el desacuerdo forma parte del sistema, y se dirime y sublima mediante el free speech y el sistema electoral, hoy, donde creíamos que las diversidades convivían en paz bajo la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, hoy, donde suponíamos que habíamos superado la arbitrariedad mediante la presunción de inocencia y el Estado de Derecho, hoy, todo eso concluyó. Como ya dije, se ha quebrado el pacto político en los EEUU (http://gzanotti.blogspot.com/search?updated-max=2018-08-19T03:43:00-07:00&max-results=5&start=5&by-date=false ). Sí, finalmente se votó, se investigó, y al juez Kavanaugh no lo cazaron y quemaron como una bruja, pero sólo porque no es tan fácil tirar abajo más de 200 años de sistema constitucional, como sí lo es en la barbarie latinoamericana. Porque si fuera por la izquierda radical norteamericana, sí. Ellos ya han llamado a agredir físicamente a los partidarios de Trump, y no por un desquiciado cualquiera, sino por la diputada federal demócrata Maxime Walters. Ellos, entonces, no dudaron un instante en inventar una cruel denuncia falsa, con lo peor de lo peor que se pueda decir de alguien. Para ellos no vale la presunción de inocencia. Kavanaugh ya estaba condenado, por ser blanco y varón. A Ford había que creerle, necesariamente, por ser mujer. Introducen la dialéctica de la explotación y de los colectivos explotados y explotadores: varón blanco heterosexual, católico, hetero-patriarcal, contra una mujer, que por ser tal no puede tener pecado original. Además, se burlaron de una de sus hijas públicamente. Además, pintarrajearon su casa. Lograron que se lo expulse de una de sus cátedras. Lograron que ciertas iglesias lo declararan persona no grata. Mancharon su reputación para siempre. No le pegaron un tipo porque no pudieron. Gritaron y amenazaron como desaforados a senadores que lo apoyaban, y ayer invadieron a los gritos las galerías del Senado al mejor estilo kirchnerista. Y la historia, desde luego, no ha concluido. Puede ser que Kavanaugh desde ahora cumpla su función, pero su vida, su esposa y sus hijas van a entrar en un infierno inimaginable. ¿Por qué? Por ser conservador, católico y anti-abortista. He allí el verdadero delito que la izquierda radical norteamericana, nazi y estalinista, no puede soportar.

Con lo cual han desacreditado –y no les importa en absoluto- el verdadero progreso que se había logrado con las mujeres víctimas de agresión sexual. Contrariamente a otras épocas, sus denuncias comenzaron a ser creídas, y los varones que antes gozaban de inmunidad jurídica de facto ahora comenzaron a pagar por sus delitos. Sí, pero ahora, se han desacreditado. Ahora han comenzado a perder su credibilidad. Ahora van a surgir las reacciones de los verdaderos agresores que aún quedan por todo el mundo. Me too, sí, yo también miento, a partir de ahora. Un horror.

Y no me contradigo. Me parece bien que se crea, en principio, a una mujer que aparece golpeada en una comisaría. Eso no contradice la presunción de inocencia. El asunto es que el delito debe ser probado. Nadie puede ser condenado sin juicio justo, sin debido proceso. Quien escribe estas líneas no tiene dobles estándares. Siempre me opuse a la solución final confesada por Videla al final de su vida, siempre me opuse al horror del Patriot Act sancionada en el gobierno de G. Bush, jamás avalé métodos de agresión e intimidación pública contra funcionarios kirchneristas por parte de antiperonistas exaltados; en el 2008 me opuse a que los productores agropecuarios cortaran rutas, y hasta me parece una barbaridad la arbitrariedad de la prisión preventiva. Una cosa es la condena social, otra cosa es la condena jurídica. Sí, estoy convencido de que Cristina Kirchner es una corrupta, pero hay que probarlo. Hasta entonces, bien libre está, porque el mismo debido proceso que garantiza su libertad, garantiza la de todos. Los motivos por los cuales creemos que alguien miente no son motivos jurídicos. Pero socialmente tienen su validez. Así que creo que Cristine Ford ha cometido perjurio, pero hay que probarlo también.

Sí, todo ha cambiado. ¿O nada? Circula a veces la creencia de que el liberalismo económico es el combatido, pero el liberalismo político no. Pero parece que es al revés. Hoy lo que está en juego es el Estado de Derecho, el free speech, la defensa en juicio, las garantías individuales. Cosas que casi nadie nunca creyó, pero vivíamos en la ilusión de que los EEUU, sí.

Creo que los norteamericanos no tienen conciencia de la nueva guerra que se juega. La izquierda radical los está atacando desde dentro. No, ya no es Hitler, ya son los soviéticos, ya no es la flota japonesa del pacífico. No, ya no es como dijo el Almirante Yamamoto: “hemos despertado a un gigante dormido”. No, ahora el gigante, esto es, la Declaración de Independencia, el Estado de Derecho, la Primera Enmienda, no ha sido despertado. Ojalá que sí, y algunos lo dicen, pero lamentablemente creo que está siendo atacado y carcomido desde dentro, y lamentablemente no creo que la mayoría de los norteamericanos se den cuenta de que lo que está en juego es la identidad de su propia nación, la única que nace bajo un pacto constitucional liberal. La izquierda radical se llama a sí misma resistencia contra Trump, pero es en realidad al revés: la verdadera resistencia radica en los liberales clásicos, en los libertarios y en los conservadores que aún creen en todo ello que era (era) elemental, y que tienen que optar, como mal menor, a un líder maleducado y prepotente, pero que entiende al menos lo que EEUU es o fue.

No soy nada optimista. Tal vez haya un renacimiento, pero lo dudo. Los gritos, los ataques, los discursos de los nuevos auto-considerados colectivos explotados, no dejan mucho margen para la esperanza. Kavanaugh ha sido votado, sí, 50 vs 48. Pero es sólo un triunfo legal del resto de una civilización titilante contra una nueva barbarie que no anda con pequeñeces.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

EEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candiados republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablischment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

EDWARD SNOWDEN EN LA ENCRUCIJADA

Por Alberto Benegas Lynch (h)

El dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y dos veces candidato a la presidencia Ron Paul acaba de señalar en Fox Business el 11 de junio del corriente año que “Vivimos malos tiempos en el que los ciudadanos americanos [norteamericanos] no tienen derechos y pueden ser muertos. El caballero [Edward Snowden] está tratando de decir la verdad de lo que sucede” y más adelante subrayó que “No concibo ni por un minuto que sea un traidor [Edward Snowden]. Todos están preocupados sobre como lo condenarán por traidor y como lo matarán. Pero ¿qué decimos sobre los que destruyen nuestra Constitución? ¿que pensamos sobre las personas que asesinan a ciudadanos americanos [norteamericanos] sin juicio y asumen que esa es la ley de la nación? Es allí donde radica nuestro problema”.

 Y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B el mismo día afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”, lo cual es apoyado también por muchos destacados miembros del Partido Demócrata quienes acaban de generar un feroz abucheo a la líder de la minoría en el Congreso Nancy Pelosi en National Netroots Political Conference en San José (California) el 23 de junio cuando pretendió apoyar las trapisondas de Obama en materia de seguridad.

 He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange que es del caso reiterar.  En este nuevo episodio de espionaje sin orden de juez competente y sin un sustento claro puesto de manifiesto tal como indica la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense, hay varios aspectos delicados a considerar. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de  gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones.

 Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trata de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos lo cual es permitido por legislaciones inconstitucionales como la aberrante “Patriot Act” en la que nuevamente se desconoce la célebre sentencia de Benjamin Franklin en cuanto a que “Aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad” puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Supongamos incluso que Snowden sabía de antemano -cuando se comprometió a guardar secreto- que se vulnerarían los derechos de ciudadanos inocentes y luego se arrepintió de haber incurrido en ese traspié, en este supuesto caso tampoco es condenable del hecho si quien juzga comprende que no puede alegarse derecho contra el derecho y, asimismo, adhiere a los valores y principios reiterados por los Padres Fundadores (tema sobre el cual me explayo en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos).

 Aunque no es la misma situación, es de interés recordar el caso de lo que se ha dado en denominar en la jerga periodística como “los Papeles del Pentágono” cuyos documentos del Departamento de Defensa de Estados Unidos fueron fotocopiados por Daniel Ellsberg con la ayuda de Anthony Russo y entregados primero a The New York Times y luego a The Washington Post que los publicaron en 1971, medios que alegando la Primera Enmienda de la libertad de prensa naturalmente no sufrieron ninguna sanción y los dos fotocopiadores clandestinos mencionados fueron sobreseídos por el Juez Federal William M. Bryne en 1973. Dichos documentos probaron gruesas y reiteradas  mentiras, patrañas y falsificaciones pavorosas de la administración de Lyndon Johnson sobre la guerra de Vietnam.

 En todo caso, considero de utilidad la difusión de los documentos expuestos para que resulte más claro aún lo escrito por  Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamado “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

 Ahora bien, no conozco la filosofía de Snowden solo sé que como es de dominio público dice defender los derechos de los norteamericanos que están siendo impune y sistemáticamente violados, pero no estimo relevantes las ideas de esta persona, lo crucial es que expuso públicamente un programa para que el Leviatán atropelle derechos de las personas. Incluso aun suponiendo que fuera comunista, la denuncia es cierta y sumamente peligrosa para el futuro de Estados Unidos y el mundo libre.

 La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es que ha solicitado asilo en diversos países occidentales desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que ha sido denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de marras, lo cual, como queda dicho, no ocurrió.

 Como es del conocimiento público el gobierno ruso facilita su eventual traslado desde ese país a Ecuador (situación no definida al cierre de esta columna). Estuvo considerando la posibilidad de viajar a Cuba como escala intermedia, gran paradoja puesto que se trata del Gulag que espía a todos sus habitantes a quienes se encarcela si se descubre que hay desacuerdos con los sátrapas de la isla-cárcel. El posible desembarco en Quito será otra paradoja ya que en ese país el gobierno persigue de modo implacable la poca libertad de prensa que aún queda (se acaba de promulgar la ley mordaza llamada “ley orgánica de comunicación”), además de conculcar otros derechos de la gente tal como ha explicado con tanta lucidez Gabriela Calderón. Funcionarios norteamericanos de alto rango le han trasmitido a Rafael Correa que si concreta el asilo, entre otras cosas, verá bloqueado al mercado estadounidense el ingreso de productos ecuatorianos como fruta, pescado y flores, todo lo cual agravaría la situación después que el enviado de Estados Unidos (Heather Hodges) fuera expulsado de Ecuador en abril de 2011, después de que Wikileaks puso en evidencia denuncias de ese enviado sobre corrupción de autoridades radicadas en Quito. También el patán venezolano que habla con los pajaritos espetó podría ofrecer asilo.

 Por las informaciones que nos llegan, conjeturamos que el ex funcionario norteamericano que ahora filtró alguna información reservada y se propone expandir su oferta al público ha debido recurrir a asesores legales de dudosa reputación pues otros profesionales tienden a excusarse frente a posibles consecuencias de enemistarse con burócratas estadounidenses. Independientemente de su postura intelectual y sus conductas personales, situación parecida sucede con el referido Assange que se encuentra asilado en Londres en la embajada de Ecuador.

 Si Snowden es comunista, filocomunista o un estatista consumado estará cómodo en su nuevo destino, si no es el caso vislumbrará un futuro incierto e incómodo, pero ¿cual sería la salida si alguno de nosotros tuviera el coraje de denunciar públicamente lo dicho? ¿someternos a la cacería monstruosa de los servicios de inteligencia estadounidenses y sus fuerzas parapoliciales con un final trágico o acceder a un refugio transitorio cuyo jefe lo hace como venganza a todo lo bueno que significa Estados Unidos?

 Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también acaba de sostener que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

 En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Andrew Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin  el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Ivan Eland en The Empire has no Clothes. US Foregin Policy Exposed).

 Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush están furiosos con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista (en “La Nación” de Buenos Aires me detuve en la crítica a métodos incompatibles con una sociedad abierta: “Para que sirven los servicios de inteligencia”, agosto 4 de 2006, donde distingo información de alarmante entrometimiento).

El 19 del corriente mes de junio Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 AM al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Con esta situación nos retrotraemos a las cavernas, en el segundo tomo de Historia de la vida privada compilada por Philippe Ariés y Georges Duby se lee que “los Medicis llegan a vigilar la correspondencia privada” también alegando seguridad del Estado. Muchas veces no se otorga el suficiente peso a este espionaje hasta que se pone en evidencia que personeros del aparato estatal concretamente estuvieron escuchando algunas de nuestras personales e íntimas conversaciones telefónicas o interfiriendo en nuestros correos electrónicos privados, en ese momento dejamos de mirar el tema como algo abstracto y lejano y nos invade el temor por las garras del Gran Hermano.

He aquí entonces la encrucijada que presento en esta nota para un prófugo que posee más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama acaba de cancelarle el pasaporte, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s  Advocate se convierta en realidad: “Siempre había una guerra. Siempre había un enemigo en alguna parte del mundo que había que aplastar […] Denle guerra a un nación y estará contenta de renunciar al sentimiento de libertad […] En los días en que América [del Norte] era una nación libre, sus padres deben haberles enseñado la larga tradición de libertad y orgullo en su país. Sus profesores tienen que haberles enseñado, y sus pastores, sus rabinos y sus sacerdotes. La bandera, en un momento, debe haber significado algo para ellos. La Constitución de los Estados Unidos, la Declaración de la Independencia: seguramente habría entre ellos quienes recordarán. ¿Por qué entonces permitieron que la Constitución se pusiera fuera de la ley? ¿Por qué desviaron sus miradas cuando sus artículos, uno por uno, fueron devorados por las ratas? ¿No hubo una sola hora en la que se sublevaron como hombres en sus corazones y levantaran la voz en protesta? […] Todo empezó tan casualmente, tan fácil y tantas palabras grandilocuentes. Comenzó con el uso odioso de la palabra `seguridad ` […] ¿Por qué han estado tan ansiosos de creer que cualquier gobierno resolvería los problemas por ellos, los cuales habían sido resueltos una y otra vez tan orgullosamente por sus padres?”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.