La compleja encrucijada de Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/11/19 en:  https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/la-compleja-encrucijada-de-edward-snowden-nid2306298

 

Como es sabido, Jefferson ha consignado: “Entre un gobierno sin libertad de expresión y libertad de prensa sin gobierno, prefiero esto último”. A esta altura es de conocimiento público que Edward Snowden trabajaba para los servicios de inteligencia estadounidenses, ámbito en el que se percató de que se estaba incurriendo en el grave delito de contradecir preceptos básicos de la Constitución de ese país al espiar sistemáticamente a ciudadanos inocentes y pacíficos.

En su libro Vigilancia permanente declara que, luego de batallar con su conciencia en el Ejército y en las oficinas de inteligencia en el contexto de una muy cómoda y remunerativa posición a la que había escalado en una notable carrera a lo largo de siete años en destinos como Japón, Suiza, Austria y en territorio estadounidense, que se extendió a Hawai como su último puesto, finalmente decidió romper con el sistema “de mentir, ocultar, encubrir y disimular” y denunciarlo: en palabras del autor, “una crasa violación no solo de la Constitución de Estados Unidos, sino también de los valores básicos de cualquier sociedad libre”.

Los contratos de confidencialidad son valederos siempre y cuando no impliquen lesionar derechos de terceros. Las primeras líneas de la obra mencionada son: “Me llamo Edward Joseph Snowden. Antes trabajaba para el gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo” (escribo “gobierno” con minúscula como fue escrito significativamente en el original en inglés, lo cual mutó por mayúscula en la edición española). Dice el autor: “Recopilé documentos de la IC que demostraban la actividad ilegal del gobierno estadounidense y se los entregué a algunos periodistas”. Snowden explica que no solo se trataba de espionajes, sino que también se seguían procedimientos incompatibles con el debido proceso, se torturaba bajo diversas fachadas y se encaraban matanzas secretas con fines inconfesables.

En las últimas décadas se han agravado los procedimientos ilegítimos por parte de las agencias de inteligencia, pero en este mismo medio publiqué hace tiempo una columna donde destacaba que el expresidente Harry Truman, quince años después del establecimiento de la oficina más conocida en estos delicados asuntos, declaró: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

Ron Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia, señaló en Fox Business: “Snowden es un héroe”, y el juez Andrew Napolitano, en el programa de TV Studio B, también de Fox, afirmó: “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución”, y concluyó: “Los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

La encrucijada en la que se encuentra Snowden es el resultado de la cobardía moral de gobiernos del llamado “mundo libre” a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de EE.UU. por haber denunciado la intromisión en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Como última opción pidió asilo a Ecuador, muy paradójicamente al efecto de evitar el riesgo de ser detenido en otras naciones, pero en plena travesía el gobierno estadounidense le canceló el pasaporte, por lo que quedó anclado en Rusia.

En este contexto es de interés destacar que Snowden trabaja dando conferencias y dictando cursos a través de aulas virtuales y preside la Freedom of the Press Foundation; en su última entrevista televisada por Msnbc en el programa The 11 Hour Exclusive -al efecto de dejar sentada su independencia- dijo que el actual gobierno ruso es de raíz autoritaria.

Glenn Beck, en su programa de TV The Blaze, también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” al que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, “ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales”.

En su libro Constitutional Chaos el juez Napolitano concluye que “es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención del debido proceso”. Es por eso que Osama ben Laden había manifestado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por el politólogo Michael Tanner).

Mike Stein entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa, quien manifestó: “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje”, y “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, entrevistó vía teleconferencia a Snowden, quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad”, por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil’s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un Estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse, se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo”, en cuyo contexto cita al propio Snowden: “Fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine: “Mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro, sino lo que con orgullo hice en el pasado.”

El autor concluye su libro recordando: “En un Estado autoritario, los derechos emanan del Estado y se conceden al pueblo. En un Estado libre, los derechos emanan del pueblo y se conceden al Estado”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Meditaciones sobre el control de armas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/02/meditaciones-sobre-el-control-de-armas/

 

Una vez más surge el debate sobre el control de armas a raíz de las tragedias ocurridas principalmente en Estados Unidos en colegios, debido a que allí se impone la zona donde no se permiten armas (gun-free zones), por lo que los asesinos seriales se sienten seguros para cometer sus horrendos crímenes, en lugar de permitir que los adultos encargados de custodiar los colegios estén debidamente entrenados en el uso de armas, además de la policía regular del área. Como se ha dicho, es absurdo custodiar las joyerías y no los colegios como si lo primero fuera más importante que lo segundo. Proponer insistentemente, como en el primer momento lo hizo Donald Trump, a raíz de la masacre en el colegio Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland, en Florida, que se armen y entrenen los maestros en los colegios me parece otra de sus conocidas irresponsabilidades y exabruptos.

Desde luego que un tiroteo en un colegio resulta un espanto, pero muchísimo peor es la masacre sin posibilidad de defensa a la espera del arribo de la policía cuando ya se ha consumado el crimen serial.

Todo comienza con la idea que se tenga de lo que es un gobierno. La visión original en Estados Unidos plasmada en la Constitución defiende la portación y la tenencia de armas, porque considera sumamente peligroso desarmarse frente a los aparatos estatales, de igual manera que sería riesgoso entregar todas las armas a guardianes contratados para defender viviendas. Incluso, como apunta Leonard Read: “Hay razones para lamentar que nosotros en Norteamérica hayamos adoptado la palabra gobierno. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene ‘el gobernar’, ‘el mandar’ en su sentido amplio. El gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra agencia de defensa común nos debiera gobernar, del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (Government: An Ideal Concept).

No es de extrañar que las primeras medidas de los Stalin, Mao, Hitler, Castro y los Kim Jong-un del planeta sea el desarme de la población civil al efecto de someterlos con mayor facilidad. En esta línea argumental es de interés recordar que Suiza tiene una mayor proporción sobre los habitantes de personas armadas que en Estados Unidos, razón por la cual capitostes del ejército alemán han reconocido que no se atrevieron a invadir aquel país en ninguna de las dos guerras. Como es sabido, Suiza además no cuenta con ejército regular, son los ciudadanos que se constituyen en milicia armada y, dicho sea de paso, conviene destacar que ese país cuenta con el índice más bajo de criminalidad del mundo.

Es de suma importancia recordar también que, según ponen de manifiesto los documentos originales, en Estados Unidos, luego de los sucesos revolucionarios, se enfatizó y reiteró el peligro de mantener ejércitos regulares (standing army), lo cual fue luego modificado. Y es del caso traer a colación que, en el discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower destacó: “El mayor peligro para las libertades del pueblo es el complejo militar-industrial”.

A diferencia del norte, donde los colonos escapaban de la intolerancia y los atropellos a sus derechos, en Sudamérica prevalecieron los conquistadores y las “guerras santas” que, salvo personalidades como Fray Bartolomé de las Casas, eran posiciones generalizadas en el contexto de denominaciones al aparato de la fuerza como “excelentísimos”, “reverendísimos” y dislates serviles de esa naturaleza desconocidos en Estados Unidos. Es por eso que en general la mentalidad latina estima que la portación y la tenencia de armas hará que todos estén a los tiros.

Por supuesto que igual que con el registro automotor o el consumo de alcohol, la entrega de armas se hace con los permisos correspondientes. Pero siempre hay que tener presente que cuando se exhibe un póster con la ingenua idea de prohibir el uso de armas con la cara de un monstruo y se consigna al pie una leyenda que dice: “¿Usted le entregaría un arma a este sujeto?”, debe tenerse siempre presente que precisamente ese sujeto es el que tendrá el arma al efecto de victimizar a personas desarmadas e inocentes.

Cesare Beccaria, el pionero en el derecho penal, en su célebre texto On Crimes and Punishments, escribe que prohibir la portación de armas “sería lo mismo que prohibir el uso del fuego porque quema o del agua porque ahoga […] Las leyes que prohíben el uso de armas son de la misma naturaleza: desarman a quienes no están inclinados a cometer crímenes […] Leyes de ese tipo hacen las cosas mas difíciles para los asaltados y más fáciles para los asaltantes, sirven para estimular el homicidio en lugar de prevenirlo, ya que un hombre desarmado puede ser asaltado con más seguridad por el asaltante”.

Es de gran importancia tener presente algunos personajes que a través de la historia fundamentaron extensamente sobre el derecho irrenunciable a la tenencia y la portación de armas de los ciudadanos: Cicerón, Ulpiano, Hugo Grotius, Algernon Sidney, Locke, Montesquieu, Edward Coke, Blakstone, George Washington, George Mason, Adams, Patrik Henry, Thomas Jefferson, Jellinek, Thomas Paine y tantos otros en la actualidad.

Obras como That Every Man be Armed: The Evolution of a Constitutional Right, de S. P. Halbrook y Gun Control, de R. J. Kukla, muestran estadísticas y cuadros donde se pone de manifiesto cómo los asaltos se incrementan en proporción a las prohibiciones en diversos estados y condados, puesto que los blancos resultan más atractivos para los delincuentes allí donde tiene lugar la prohibición.

En El federalista, nº 46, James Madison, el autor principal de la Segunda Enmienda, escribe con orgullo: “Los americanos [norteamericanos] tienen el derecho y la ventaja de estar armados […] a diferencia de los ciudadanos de otros países cuyos gobiernos tienen temor que la gente esté armada”.

Desde luego que, en aquellos lugares donde se permite la tenencia y la portación de armas, quienes amenacen o insinúen la utilización indebida son castigados severamente.

En otro orden de cosas, se han mostrado las abultadas estadísticas sobre la mortandad vinculadas a los automotores, sea por accidentes en la vía pública o en reiterados asaltos, por lo que, salvando las distancias, sería desatinado prohibir los autos, del mismo modo que fue desatinado prohibir el alcohol con los resultados nefastos por todos conocidos.

Por su parte, en The Writings of Thomas Paine, este autor escribe: “Indudablemente sería bueno que nadie usara armas contra su vecino y que todo conflicto se arreglara a través de negociaciones […] pero en nuestro mundo el desarme haría que la gente de bien fuera constantemente sobrepasada por los asaltantes si se les niega la posibilidad de usar los medios para la defensa propia”.

Entonces, en un campo más amplio, la tenencia y la portación de armas cumple con un doble propósito siempre unido a la defensa propia contra asaltantes, ya sean delincuentes comunes o delincuentes legales, contra los cuales en una situación extrema la población debe ejercer el derecho a la resistencia frente a gobiernos que recurren a la fuerza para avasallar derechos en lugar de protegerlos (tal como sucede hoy, por ejemplo, en el caso venezolano, que, dado el golpe de Estado de Nicolás Maduro a las instituciones, se hace imperioso el contragolpe).

El tres veces candidato a la presidencia de Estados Unidos y congresista, Ron Paul, declara, en el The Boston Globe: “Muchos políticos, jueces y burócratas consideran que tienen el poder de desconocer nuestro derecho a poseer armas, a pesar de que la Segunda Enmienda explícitamente garantiza el derecho de la gente. Como los padres fundadores, creo que el derecho a tener armas es consustancial a la sociedad libre”.

El juez Andrew Napolitano, en Constitutional Chaos, sostiene con énfasis: “El cumplimiento de la Segunda Enmienda no solo permite la defensa propia contra asaltantes comunes, sino que evita genocidios que en todas partes y siempre se han llevado a cabo contra poblaciones desarmadas”. Y en otro libro de este mismo juez que lleva el título de una frase de Voltaire, It is Dangerous to be Right when the Government is Wrong, subraya: “Sin el derecho a la defensa propia, los individuos no podrían protegerse de los ladrones vulgares ni de los gobiernos tiránicos, [… esto último] porque como ha dicho Mao el poder político sale del cañón de un arma”.

Por último respecto a citas relevantes, David Boaz, en The Libertarian Mind, consigna: “Los ciudadanos respetuosos de la ley tienen un derecho natural y constitucional a poseer y transportar armas, no solo para caza sino como defensa propia y en último término para defender su libertad frente a gobiernos autoritarios”.

Hay distraídos que mantienen que, a diferencia de Suiza y Estados Unidos, no puede permitirse la tenencia de armas en pueblos latinos, lo cual recuerda lo escrito por Friedrich Hayek respecto a la necesaria libertad para todos que sería inconveniente “antes de aprender a ser libres”, que Hayek ilustra: “Es lo mismo que los tilingos que sostienen que no puede permitirse que alguien ingrese a un natatorio antes que aprenda a nadar”.

En otros términos, como queda dicho, las personas pacíficas rechazan toda manifestación de violencia que estiman perversa, solo admiten el uso de la fuerza en defensa propia. Esas personas aceptan toda conducta que no lesione derechos de terceros, aunque no la compartan, pero frente a ataques y amenazas con armas no les queda otro recurso que defenderse. Es ingenuo, contraproducente y sumamente peligroso sostener que deben prohibirse las armas de fuego en manos privadas porque con ello se facilita la tarea de criminales. Hasta los santos más destacados de la historia justifican la defensa propia frente a hechos de violencia manifiesta.

Es sabido que si se pueden establecer medidas disuasivas, las personas pacíficas y de buena voluntad las emplearán, para eso instalan alarma, botón de pánico, cerradura, llamados preventivos a la policía y demás resguardos. De más está decir que resulta esencial que las normas vigentes defiendan en todas sus instancias a la víctima de los ataques del victimario, sea un criminal común o el desborde intolerable de aparatos estatales desbocados e imposibles de tolerar que arrasan con los derechos. Es por eso que en la Declaración de la Independencia estadounidense se lee: “Cuando cualquier forma de gobierno se torna destructiva de esos fines [la protección de derechos], es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

REFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/reflexiones-sobre-el-famoso-muro-de.html

 

La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.

Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber planteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.

Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía.

Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.

Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.

Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.

Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”.

Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.

Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…

Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas.

 

Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual.  El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El héroe de nuestra época: Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/1/18 en:

 

Como tantas veces he consignado, no me gusta la expresión “héroe” porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía que “la patria es una palabra de guerra, no de libertad” puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres. Fernando Savater también aclara el tema en su libro Contra las patrias.

El manoseo creciente de las palabras héroe y patria ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La mayor parte de la gente relaciona esas expresiones con políticos y militares que en general han manipulado vidas y haciendas ajenas. La corrección a esta última interpretación proviene de una larga tradición que descubrí comienza de manera sistemática con el decimonónico Herbert Spencer en su libro titulado El exceso de legislación.

Los usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o la noción totalitaria del “héroe” en Thomas Carlyle tan bien descripta por Jorge Luis Borges.

Difícil resulta concebir una visión más cavernaria, de más baja estofa, de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar lo ajeno, siempre en el contexto de cánticos sobre patriotas y héroes.

Habiendo dicho lo anterior, en esta nota con que abro el 2018 resalto la figura de un verdadero héroe alejado del sentido habitual para, en cambio, referirse al logro de hazañas extraordinarias en pos de la libertad y el respeto a los derechos del hombre. Se trata de Edward SnowdenRon Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia señaló en Fox Business que “Snowden es un héroe” y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B también de Fox afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange pero hay otros aspectos a considerar en este nuevo episodio de espionaje puesto al descubierto por Snowden que fue realizado sin orden de juez competente y sin sustento en lugar de ajustarse a las advertencias de la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones y, en el caso Snowden, tampoco puede imputársele delito cuando la fechoría fue llevada a cabo por el propio gobierno.

Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trató de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Cuando Snowden se comprometió a guardar secreto al ser contratado no tenía idea de los atropellos brutales a la privacidad de ciudadanos pacíficos que sus jefes perpetrarían en forma sistemática. La Constitución está por encima de toda norma, no puede alegarse derecho contra el derecho. Finalmente privó en la conciencia de Snowden, principios en gran medida influidos por algunas lecturas como autodidacta, por ejemplo, por La rebelión de Atlas de Ayn Rand tal como se pone en evidencia en la producción cinematográfica de Oliver Stone al tiempo que allí se expresa que todo el espionaje se debe al ansia de control gubernamental ya que “el terrorismo es solo la excusa”.

En todo caso, la denuncia de la invasión a la privacidad y la difusión de los documentos expuestos hace más clara aun la sentencia de Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamados “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es el resultado de la cobardía moral de todos los gobiernos a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió antes de su actual paradero fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de asilo, lo cual, como queda dicho, no ocurrió. Paradójicamente y por la ojeriza del gobierno gangsteril de Putin para con Estados Unidos, Rusia finalmente le concedió cobijo.

Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Michael Tanner).

Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush siempre se mostraron indignados con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que finalmente prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista.

Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, lo entrevistó vía teleconferencia a Snowden quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad” por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama le canceló el pasaporte a Snowden. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo” en cuyo contexto lo cita al propio Snowden: “fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine habitualmente reproducido al cierre de la mencionada producción cinematográfica del controvertido Oliver Stone: “mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro sino lo que con orgullo hice en el pasado”…y somos muchos los que adherimos a esta conclusión con la frente alta por haberse denunciado al gobierno más poderoso del planeta por atropellar valores muy caros a la civilización.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Estados Unidos ha tomado un rumbo preocupante

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/5/17 en http://www.lanacion.com.ar/2019476-estados-unidos-ha-tomado-un-rumbo-preocupante

 

Contra los valores que lo hicieron grande, el país que preside Trump parece optar por el nacionalismo y el conflicto

 

Para todos los que admiramos la tradición estadounidense como el baluarte de la libertad, resulta triste y preocupante el rumbo que ha tomado de un tiempo a esta parte ese país, a contracorriente de los valores y principios sustentados por los Padres Fundadores.

Donald Trump ha comenzado su gestión insultando a periodistas con los que no coincide y bloqueando la entrada a conferencias de prensa en la Casa Blanca como si fuera el dueño del lugar. En vez de señalar sus desacuerdos opta por decir que son deshonestos; en lugar de velar por la sacrosanta libertad de expresión que es base de una república, se inclina por la agresión.

En dos oportunidades consecutivas, al ser rechazadas por la justicia sendas resoluciones xenófobas respecto a los inmigrantes, enfrentó esos rechazos con exabruptos completamente opuestos a la necesaria actitud responsable del Poder Ejecutivo para con la división de poderes. Actuó del mismo modo intempestivo con representantes del Poder Legislativo al no ser aprobada su propuesta respecto al sistema de salud vigente que, en definitiva, pretendió sustituir por un proyecto con iguales inconvenientes centrales.

Trump inició entonces su administración con reiterados choques contra instituciones básicas, a lo que agregó reducciones de impuestos que contrastaron con anuncios de incrementos siderales en el gasto público, lo cual es lo mejor para provocar una crisis fiscal mayúscula (aún mayor que la ya latente, si se toma en cuenta el significado del nivel colosal de endeudamiento que hoy supera al ciento por ciento del PBI).

Con este inicio muy poco favorable, con alta imagen negativa en la opinión pública y en la mayor parte de la prensa de prestigio, de modo inconsulto y sin la aprobación del Congreso, dio la orden de bombardear Siria en un todavía no aclarado hecho con gas venenoso y letal del que -como destaca, entre otros, el tres veces candidato a la presidencia norteamericana Ron Paul- aún no se sabe a ciencia cierta si fue producido por los rebeldes contra el tirano Basha al-Assad o por él mismo. Y luego “la madre de todas las bombas” sobre Afganistán, lo que ha intensificado el revuelo en esas zonas y entre sus aliados, y ha ayudado a resucitar el espíritu nacionalista que ya caracterizaba al nuevo gobierno de Estados Unidos, en línea con los desmadres electorales en Europa: en Francia, el Frente Electoral; en Alemania, el Partido Alternativa para Alemania; en Dinamarca, el Partido del Pueblo Danés; en Suecia, los Demócratas Suecos; en España, Podemos; en Austria, el Partido de la Libertad; en Italia, la Liga del Norte; en Hungría, el Partido por una Hungría Mejor, y en Inglaterra, el costado nacionalista del Brexit.

En cualquier caso, el punto consiste en discutir el rol de Estados Unidos como policía del mundo. Para esto nada mejor que tomar en primer lugar el pensamiento del general Washington y también el de John Quincy Adams. El primero escribió: “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”.

Y por su parte -préstese especial atención-, Adams consignó que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir […] Desea la libertad y la independencia de todos. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas […] Podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”.

Recordemos los fenomenales fiascos estadounidenses en el siglo XX en Vietnam, Somalia, Bosnia, Corea, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Haití, Panamá, República Dominicana, la reciente patraña de “las armas de destrucción masiva” en Irak y la consecuente “guerra preventiva” . Ives Eland explica en detalle el caso de Filipinas y concluye que “las fuerzas de Estados Unidos incendiaron pueblos, destrozaron cosechas y ganado, torturaron y ejecutaron prisioneros y liquidaron a civiles inocentes”. Recordemos también que el general Eisenhower, en su discurso presidencial de despedida, advirtió que “el peligro mayor para las libertades del pueblo americano [norteamericano] es el complejo militar-industrial”.

Niall Ferguson, uno de los pioneros de la historia contrafáctica, pone en tela de juicio incluso la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra debido a que, si bien eliminaron al asesino serial de Hitler, le entregaron en Yalta a Hitler II (Stalin) una parte sustancial de Europa. Claro que mirar el tema con el diario del día después, alejados del momento y del contexto, puede no ser lo más conveniente.

El presidente Truman hizo su mea culpa quince años después de haber creado la CIA, en 1945, como sustituto de la Oficina de Asuntos Estratégicos (creada durante la Segunda Guerra Mundial) al manifestar que nunca pensó que aquella novel repartición “serviría para preparar asesinatos, conspiraciones contra gobiernos, torturas, operaciones paramilitares clandestinas reñidas con la ética más elemental, y espionajes”.

Hay sin duda muchos canallas al frente de muy diversos gobiernos, pero el extraordinario esplendor de Estados Unidos -incluidos sus desvíos- fue, entre otras cosas, el resultado de tomar con seriedad los valores que hemos ilustrado con citas de peso en su historia. Por otro lado, no parecen prudentes las acciones bélicas desplegadas por Estados Unidos, especialmente por las consecuencias que estas iniciativas puedan acarrear en el llamado mundo libre. Sobre todo cuando la situación ha cambiado en mucho respecto a las libertades individuales. Con pretextos varios , hoy se interfieren secretos bancarios, se multiplican las escuchas telefónicas, se abandona en repetidos casos el debido proceso, todo en medio de regulaciones asfixiantes, gravámenes crecientes, procedimientos inmorales como los denominados “salvatajes” por los que los que trabajan y no tienen poder de lobby debieron sufragar a empresarios ineptos, irresponsables o las dos cosas al mismo tiempo, y la pretensión de endosar compromisos financieros al futuro en una seguidilla sin término para renovar los techos normativos del endeudamiento.

No debe descartarse que los marcos institucionales de ese país y sus reservas morales finalmente se impongan y puedan poner límites a tanto sobresalto, aunque a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones ambos partidos tradicionales revelan una llamativa decadencia. Está en juego el futuro de todos los que desean vivir en un clima de paz, por más que el planeta deba convivir con sátrapas de diverso color y se abandonen valores clave en pos de otros que apuntan al renacimiento de los nacionalismos que tanto daño han hecho.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

EEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candiados republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablischment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

 

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

 

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

 

Pero también advierte de los peligros que observa en algunas tendencias en el pueblo norteamericano, especialmente referido  al igualitarismo que “conduce a la esclavitud”, al riesgo de olvidarse de los valores de la libertad cuando se “concentran sólo en los bienes materiales”  y las incipientes intervenciones de los aparatos estatales en los negocios privados sin detenerse a considerar que “en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”.

 

Gertrude Hilmmefarb lo cita a Tocqueville con otras de sus preocupaciones y es el asistencialismo estatal que denigra a las personas, las hace dependientes del poder en el contexto electoral y demuele la cultura del trabajo, a diferencia de la ayuda privada que hace el seguimiento de las personas, proceso ajeno a la politización y la busca de votos (en su conferencia de 1835 en la Academia Real de Cherbourg, en Francia). Y en El antiguo régimen y la Revolución Francesa concluye que “el hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”, obra en la que también destaca que generalmente allí donde hay un gran progreso moral y material la gente de por sentado esa situación y no se ocupa de trabajar para sustentar las bases morales de ese progreso (“el costo de la libertad es su eterna  vigilancia” repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos).

 

Este es el pensamiento de Tocqueville sobre el país del Norte puesto en una apretada cápsula pero ¿qué hubiera dicho si observara lo que ocurre hoy en el otrora baluarte del mundo libre? Estimo que se hubiera espantado junto a los Padres Fundadores al constatar la decadencia de ese país por el cercenamiento de libertades debido a regulaciones inauditas, por el endeudamiento público que excede el cien por cien del producto bruto interno. Por la maraña fiscal, por las guerras en  las que se ha involucrado, por los llamados “salvatajes” a empresas irresponsables o incompetentes o las dos cosas al mismo tiempo. Por el centralismo, por la eliminación de la privacidad al espiar a los ciudadanos,  por un sistema de “seguridad” social quebrado, por la intromisión gubernamental en  la educación, por la sangría al financiar a gobiernos extranjeros en base a succiones coactivas de recursos. Y ahora debido a candidatos a la presidencia impresentables por parte de los dos partidos tradicionales debido a razones diferentes, aunque en su programa televisivo “Liberty Report”, el tres veces candidato presidencial Ron Paul señala que, dejando de lado las apariencias, los dos coinciden en muchos temas cruciales, a su juicio muy mal tratados.

 

La manía de la igualdad que preocupaba tanto a Tocqueville no  permite ver que una de las cosas más atractivas de los seres humanos es que somos diferentes, lo cual, entre otras cosas, hace posible la división  del trabajo y la consiguiente cooperación social y, por ende, la mayor satisfacción de las necesidades culturales y materiales. Esto último debido a que asigna los siempre escasos recursos para que estén ubicados en las manos de quienes la gente considera mejor para satisfacer sus demandas, sin ser posiciones irrevocables sino cambiantes en relación a la capacidad de cada cual para ajustarse a las  preferencias de la gente.  Seguramente también Tocqueville hubiera rechazado con vehemencia a los llamados empresarios que se alían con el poder para obtener favores y privilegios a expensas de los ciudadanos.

 

Incluso Paul Johnson en A History of the American People reproduce una cita de las Obras Completas del  escritor francés quien ilustra la trascendencia de la responsabilidad individual. Así escribió Tocqueville “Una de las consecuencias mas felices de la ausencia de gobierno (cuando la gente tiene la suerte de poder operar sin el, lo cual es raro) consiste en el desarrollo de la fuerza individual que inevitablemente se sigue de ello. De este modo, cada hombre aprende a pensar, a actuar por si mismo. El hombre acostumbrado a lograr su bienestar a través de sus propios esfuerzos, se eleva ante la opinión de los demás y de la suya propia, su alma es así mas grande y mas fuerte al mismo tiempo”.

 

¡Que lejos se encuentra este pensamiento de lo que hoy ocurre en Estados Unidos donde el aparato estatal es omnipresente! Y ¡que lejos se encuentra del reiterado pensamiento fundacional de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna” al efecto de concentrarse en la protección de los derechos de todos y no convertir año tras año el balance presidencial de la gestión ante el Congreso en una minuta empresaria como si el Ejecutivo fuera el gerente, en lugar de permitir que cada uno se ocupe de sus pertenencias.

 

¡Que lejos se encuentra Estados Unidos del pensamiento del General Washington en el sentido de que “mi ardiente deseo es, y siempre ha sido cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”! En esta línea argumental es también de interés lo dicho por John Quincy Adams quien escribió que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas […] Alistándose bajo otras banderas podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”

 

En otra oportunidad hemos escrito sobre hechos sobresalientes de la pasada administración estadounidense que abren serios interrogantes respecto del futuro de aquel país como baluarte del mundo libre, como es el caso de la patraña que justificó la invasión “preventiva”  a Irak, conclusión ampliamente difundida con mucha antelación en el libro Against all Enemies, de Richard A. Clarke, asesor en temas de seguridad para cuatro presidentes incluyendo el gabinete del propio George W. Bush.
James Madison escribió: “De todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es lo que más debe ser temido porque compromete y desarrolla el germen para todo lo demás” (“Political Observations”, abril 20, 1795). Recordemos además que EEUU intervino en Somalia para poner orden y dejó caos, en Haití para establecer la democracia y dejó tiranía, en Vietnam para liberar al país que finalmente quedó en manos comunistas.

Recordemos también, por otra parte, que Ben Laden y Saddam Hussein eran lugartenientes preferidos de los Estados Unidos, uno en Afganistán con motivo de la invasión rusa y el otro con motivo de la guerra con Irán. Fueron entrenados y financiados con el fruto del trabajo de estadounidenses. También recordemos que en su discurso de despedida de la presidencia, el General Dwight Eisenhower declaró que “nada es más peligroso para las libertades individuales que el complejo militar-industrial”.

Todavía hay otro asunto más en este complicado tejido de denuncias. Se trata de la cuestión religiosa . En estas trifulcas con el terrorismo hay quienes pretenden endosar la responsabilidad a los musulmanes (por ejemplo, el hoy candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano). En el mundo hay más de 1500 millones de musulmanes. Es muy injusto imputar estas tropelías a quienes adhieren al Corán en el que, entre otras cosas, leemos que “Quien mata, excepto para castigar el asesinato, será tratado como si hubiera matado a la humanidad y quien salva a uno será estimado como si salvara a la humanidad” (5:31). La misma expresión jihad que ha sido tan tergiversada, como explica Houston Smith, significa guerra interior contra el pecado. Ya bastante ha sufrido la humanidad por la intolerancia religiosa. En nombre de Dios, la misericordia y la bondad se ha quemado y mutilado. Identificar el Islam con el terrorismo es tan impropio y desatinado como asimilar el cristianismo a la Inquisición o la “guerra santa” aplicada en América en tiempo de la conquista. Hay, sin duda, quienes pretenden ese tipo de identificaciones y extrapolaciones clandestinas al efecto de enmascarar e inculcar el crimen con fervor religioso fundamentalista, pero caer en esa trampa no haría más que desviar la atención del ojo de la tormenta y agregar complicaciones a un cuadro de situación ya de por sí muy sombrío.

Estados Unidos, en consonancia con las célebres palabra de  Emma Lazarus inscriptas al pie de la Estatua de la Libertad, ha recibido con los brazos abiertos a inmigrantes de todas las latitudes. Hace algún tiempo que se observan síntomas que tienden a revertir aquellos valores y principios esenciales que hoy cuestionan quienes adhieren a la siempre cavernaria xenofobia.

 

En resumen, con estos pocos ejemplos al correr de la pluma pensamos que, después de todo, ha sido mejor que Tocqueville no haya sido contemporáneo puesto que sus ilusiones se hubieran desvanecido, aunque advirtió de algunos peligros en el horizonte que desafortunadamente se cumplieron.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.