Los peligros que se ciernen sobre el caso argentino

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 30/5/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/05/30/los-peligros-que-se-ciernen-sobre-el-caso-argentino/

 

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el palacio presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

 

No soy muy afecto a escribir sobre la coyuntura pues pienso que resulta indispensable debatir temas de fondo al efecto de despegarse de lo cotidiano para no estar como perros que en círculos pretenden morderse el rabo y abrir horizontes para entre otras cosas modificar favorablemente la coyuntura del futuro. Son más bien escasos mis textos sobre coyunturas. Aunque mi inclinación sea la de evitar los detalles del momento y centrar la atención en remover obstáculos de fondo, en esta oportunidad me refiero a sucesos actuales debido a la gravedad de lo que ocurre pero siempre con un ojo en el mensaje de fondo con la intención de correr el eje del debate hacia posiciones más sólidas puesto que, como queda dicho, el desbalance entre lo meramente coyuntural y lo de fondo nos viene hundiendo en el fango a los argentinos desde hace demasiado tiempo.

Los peligros que vislumbro no son de la ya de por sí desgraciada pandemia sino de medidas que se vienen adoptando en dirección a lo que he catalogado antes como el virus del estatismo, más peligroso y de mayor alcance aun que el propio coronavirus.

Estimo que quienes deben opinar sobre la pandemia son los inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio y no caer en el cotorreo de quienes no tienen idea de medicina y mucho menos de epidemiología. En este sentido, cito a título de ejemplo a los especialistas Pablo Bonvehí de CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos con gran prudencia, ponderación y conocimiento de causa han dicho que debe aplicarse el federalismo también en esta materia, es decir, descentralizar las políticas sanitarias puesto que las situaciones son distintas en áreas rurales respecto de las urbanas y dentro de estas contemplar circunstancias muy diversas siempre con la idea de proteger de contagios. Todo no puede ponerse en la misma bolsa.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, la función primordial del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección de derechos y el contagio aun el involuntario constituye una lesión al derecho de terceros del mismo modo que lo es cuando se emite monóxido de carbono o se arroja ácido al jardín del vecino. El caso de las vacunas es otro puesto que cada uno en su propiedad exigirá la respectiva certificación si lo considera necesario. Como es del dominio público, en estos momentos no hay vacuna para protegerse del Covid-19 ni fármaco que cure esta enfermedad.

En la otra punta del espectro el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert luego de fustigar a los detractores del liberalismo y decir que proceden de una lectura más atenta de Robespierre que de Tocqueville, sugiere a esta altura dejar de lado la cuarentena para el caso francés. Por su lado el también doctor en medicina Anthony Fauci -asesor en temas de salud para el gobierno estadounidense- también sugiere la descentralización pero concluye que sin más eliminar el aislamiento provocará un incremento alarmante de muertes, a contracorriente de lo que imprudentemente viene proponiendo el actual morador de la Casa Blanca (que además aumentó sideralmente el gasto y la deuda y en noviembre competirá con otro candidato aun más estatista).

Sin duda que el asunto que tratamos debe ser aplicado con la debida precaución y equilibrio tomando en consideración la relación costo-beneficio. Si todos fenecemos no tiene sentido ocuparse de las cotizaciones de Wall Street y, por otro lado, la paralización de las actividades comerciales y equivalentes puede conducir a muertes por hambre. El equilibrio es sumamente delicado para evitar acumulación de cadáveres, pero como decimos, la palabra autorizada corresponde a los especialistas de peso con el cuidado para que los políticos no usen la pandemia de escudo para aventuras estatistas con tufillo orwelliano, y una vez finiquitado el aspecto crítico del mal eliminar de cuajo todas las restricciones pues siempre debe tenerse presente el dictum de Ronald Reagan: “Nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”.

Pero hay otos asuntos sumamente graves que nos conciernen a todos independientemente de nuestras profesiones y ocupaciones. Resumimos en nueve capítulos las acechanzas que percibimos. En primer lugar, se trata de los absurdos y a todas luces contraproducentes controles de precios. Como es sabido, los fracasos en esta materia vienen repitiéndose desde hace 4000 años. El precio es el único indicador en el mercado para operar; coordina las actividades económicas, pero cuando se imponen precios políticos se incrementa la demanda con lo cual aparecen faltantes que se agudizan debido a la contracción de los productores marginales. Cuanto más difícil la situación, mayor razón para permitir el funcionamiento de los arreglos libres y voluntarios entre las partes.

En segundo lugar, el problema se agudiza notablemente si se encaran embates contra comerciantes que son precisamente quienes pueden resolver los problemas a través de sus respectivas producciones en el contexto de un default que se viene arrastrando y que con razón preocupa a locales que ven peligrar sus canales de financiación debido a las conductas inaceptables de gobiernos que dejan de atender los compromisos contraídos bajo fachadas tragicómicas como “reperfilamiento”, “default selectivo, parcial o suave” y otros disparates similares dignos de una tira cómica.

Tercero, no parece concebible que en momentos de crisis como la que estamos padeciendo los gobernantes deciden aumentar la ya insoportable carga tributaria lo cual naturalmente acelera la retirada de capitales tan necesarios para hacer de apoyo logístico para mejorar la situación.

Cuarto, la manipulación estatal de la moneda es siempre un obstáculo serio al progreso, pero intensificarla en medio de la pandemia generará mayores succiones del fruto del trabajo ajeno, muy especialmente por parte de los más necesitados y no cabe guiarse por engañosos índices estadísticos del costo de la vida cuando los precios se toman en base a anteriores cotizaciones ya que al paralizar la producción merma la actividad.

Quinto, en medio de la pandemia se está engrosando exponencialmente el gasto público ya sumamente adiposo antes de la actual gestión debido al rotundo fracaso de las administraciones anteriores. Y como hemos consignado tantas veces con anterioridad, no se trata de podar el gasto puesto que igual que con la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco es del caso insistir en que el gasto debe ser eficiente ya que si una función resulta incompatible con el sistema republicano debe eliminarse. Convertir en eficiente algo que es innecesario es mucho peor que mantener la ineficiencia.

Sexto, alarman los proyectos de modificación del Poder Judicial junto con la pretensión de dejar sin efecto la querella por parte de la oficina correspondiente de los casos de corrupción y la propuesta de concentrar en la jefatura de gabinete el manejo presupuestario constituye una afrenta a la función primordial del Poder Legislativo.

Séptimo, la insistencia en la manía del igualitarismo hace que la consiguiente guillotina horizontal apunte a eliminar las diferencias de resultados entre las personas diferentes en sus talentos y capacidades que en una sociedad libre son consecuencia de servir a sus semejantes. De este modo el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos, en contaste con los pseudoempresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios y así explotar a su prójimo. Resulta aterrador escuchar algunos dirigentes empresarios formular declaraciones que no hacen más que acentuar el estatismo galopante que enfrentamos.

Octavo, como consecuencia de todo lo anterior se vulnera la institución de la propiedad privada que se agrava debido a las manifestaciones de funcionarios que apuntan a que el aparato estatal participe con acciones en las empresas privadas, lo cual agrava a la ya de por sí situación calamitosa de las mal llamadas empresas estatales, que son más bien entidades políticas ya que no solo no asumen riesgos con recursos propios sino que arrojan abultadas pérdidas.

Y noveno, en lugar de permitir que las entidades privadas de educación ajusten sus actividades no presenciales en un proceso abierto y competitivo de auditorias cruzadas, resulta que las autoridades imponen sus criterios políticos en cuanto a calificaciones, compaginación de trimestres y similares en el contexto de la distribución de cuadernillos obligatorios con un grosero adoctrinamiento para la enseñanza primaria.

Los argentinos estamos navegando en el estatismo desde hace ocho décadas, pero ahora la niebla se ha hecho más espesa y hay un riesgo de desembocar en una tragedia como la venezolana, puesto que a las mismas causas tienen lugar los mismos resultados. Espero equivocarme, pero si no se cambia la dirección los resultados negativos se profundizarán y vamos al despeñadero en medio de revueltas de diversa procedencia y espesor. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, especialmente ahora gracias a instituciones liberales que vienen trabajando en pos de una sociedad abierta en consonancia con los valores alberdianos que hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta.

Por último, vuelvo sobre el tema del partido liberal sin dejar de subrayar enfáticamente y antes que nada las nobles faenas realizadas en esa dirección y destacar las características de abnegación que en general tienen quienes se han dedicado a esas tareas. Reitero, sin embargo, que dado el atraso en la batalla cultural y la consecuente incomprensión de las ideas básicas de ese ideario, no es el momento de insistir en un partido de esas características. Machaco con el ejemplo de quien habla sueco frente a una audiencia de hispanoparlantes, para proceder en consecuencia es requisito fundamental que los receptores entiendan sueco, de lo contrario los mensajes quedarán sin destinatarios. Es indispensable arremangarse y trabajar en el terreno de las ideas con mayor ímpetu y dedicación.

En otros lares como en Estados Unidos la experiencia ha podido llevarse a cabo, por ejemplo, con el extraordinario Ron Paul debido a que, a pesar de los problemas que ahora atraviesan, el plafón de ideas era otro como consecuencia de profundos trabajos en la batalla cultural, lo cual no ocurre por el momento en nuestro país en grado suficiente.

No debe confundirse el plano académico con el político. En este último caso se trata de conciliar y de acordar según sea la comprensión de la opinión pública. Desde la tribuna el político no puede decir lo que le venga en gana, debe considerar lo que por lo menos una parte significativa de la gente pueda masticar y digerir de lo contrario tendrá sus días contados como político. Hace tiempo que venimos insistiendo en la imperiosa necesidad de trabajar en proyectos de fondo que contribuyan a mover las agendas. No es posible saltar etapas. Lo primero viene primero, de lo contrario ponemos las carretas delante de los caballos.

Afortunadamente se ha constituido una oposición numerosa en ambas cámaras del Congreso y está en proceso una renovación de dirigentes al efecto de evitar la concentración en personeros de primera fila del fallido gobierno anterior. Aquellos, en este corto período desde que asumió el actual gobierno han batallado para poner freno a abusos extremos. Quienes los han votado en su inmensa mayoría no fue para respaldar la gestión fracasada sino desesperadamente para salvaguardar principios elementales del republicanismo como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Sin duda que desde la perspectiva del liberalismo lo actuado en diversos planos es de un gran mérito y solvencia pero por ahora resulta muy incompleto y hay muchísimo más que hacer y es imprescindible percatarse de lo que ocurre y administrar con prudencia y cuidado lo que existe y no lo que nos gustaría a los liberales que tenga lugar. El fraccionamiento de la oposición solo servirá para fortalecer el populismo extremo. Es aconsejable que los liberales intenten alimentar esta nueva oposición basados en proyectos y críticas constructivas, con la necesaria conciencia de las severas limitaciones del caso que impone la realidad de nuestra historia y, como decimos, mirar con detenimiento el plano de la batalla cultural donde no debe haber contemplación de ninguna naturaleza.

Lamentablemente se invierten los roles: algunos las juegan de valentones en el plano político y retroceden y se aplastan cuando se esgrimen ideas de fondo como la eliminación de la banca central que siempre succiona el poder adquisitivo, el ministerio de educación que impone pautas curriculares en lugar de abrir la competencia en auditorias cruzadas en busca de la excelencia, las embajadas que estaban bien para la época de las carretas y no de las teleconferencias, la agencia oficial de noticias típica del fascismo, el instituto de estadísticas dependiente del aparato estatal y tantas otras propuestas que hemos expuesto en detalle en diversas ocasiones.

Si cada uno asume su responsabilidad en contribuir diariamente a que se comprendan los pilares del respeto recíproco, se acortará la distancia con otra posible circunstancia futura para poder concretar la consolidación de un partido liberal, pero ahora no es el momento. En ese sentido, recuerdo lo relatado por Ortega: en una oportunidad, un sacerdote celebraba misa y a cada cosa que decía el monaguillo repetía “Ave María Purísima”, pasado un tiempo razonable en que se reiteraba el coro del ayudante circunstancial el cura perdió la paciencia y le dijo: “Mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La compleja encrucijada de Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/11/19 en:  https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/la-compleja-encrucijada-de-edward-snowden-nid2306298

 

Como es sabido, Jefferson ha consignado: “Entre un gobierno sin libertad de expresión y libertad de prensa sin gobierno, prefiero esto último”. A esta altura es de conocimiento público que Edward Snowden trabajaba para los servicios de inteligencia estadounidenses, ámbito en el que se percató de que se estaba incurriendo en el grave delito de contradecir preceptos básicos de la Constitución de ese país al espiar sistemáticamente a ciudadanos inocentes y pacíficos.

En su libro Vigilancia permanente declara que, luego de batallar con su conciencia en el Ejército y en las oficinas de inteligencia en el contexto de una muy cómoda y remunerativa posición a la que había escalado en una notable carrera a lo largo de siete años en destinos como Japón, Suiza, Austria y en territorio estadounidense, que se extendió a Hawai como su último puesto, finalmente decidió romper con el sistema “de mentir, ocultar, encubrir y disimular” y denunciarlo: en palabras del autor, “una crasa violación no solo de la Constitución de Estados Unidos, sino también de los valores básicos de cualquier sociedad libre”.

Los contratos de confidencialidad son valederos siempre y cuando no impliquen lesionar derechos de terceros. Las primeras líneas de la obra mencionada son: “Me llamo Edward Joseph Snowden. Antes trabajaba para el gobierno, pero ahora trabajo para el pueblo” (escribo “gobierno” con minúscula como fue escrito significativamente en el original en inglés, lo cual mutó por mayúscula en la edición española). Dice el autor: “Recopilé documentos de la IC que demostraban la actividad ilegal del gobierno estadounidense y se los entregué a algunos periodistas”. Snowden explica que no solo se trataba de espionajes, sino que también se seguían procedimientos incompatibles con el debido proceso, se torturaba bajo diversas fachadas y se encaraban matanzas secretas con fines inconfesables.

En las últimas décadas se han agravado los procedimientos ilegítimos por parte de las agencias de inteligencia, pero en este mismo medio publiqué hace tiempo una columna donde destacaba que el expresidente Harry Truman, quince años después del establecimiento de la oficina más conocida en estos delicados asuntos, declaró: “Cuando establecí la CIA, nunca pensé que se entrometería en estas actividades de espionaje y operaciones de asesinato”.

Ron Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia, señaló en Fox Business: “Snowden es un héroe”, y el juez Andrew Napolitano, en el programa de TV Studio B, también de Fox, afirmó: “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución”, y concluyó: “Los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

La encrucijada en la que se encuentra Snowden es el resultado de la cobardía moral de gobiernos del llamado “mundo libre” a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de EE.UU. por haber denunciado la intromisión en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Como última opción pidió asilo a Ecuador, muy paradójicamente al efecto de evitar el riesgo de ser detenido en otras naciones, pero en plena travesía el gobierno estadounidense le canceló el pasaporte, por lo que quedó anclado en Rusia.

En este contexto es de interés destacar que Snowden trabaja dando conferencias y dictando cursos a través de aulas virtuales y preside la Freedom of the Press Foundation; en su última entrevista televisada por Msnbc en el programa The 11 Hour Exclusive -al efecto de dejar sentada su independencia- dijo que el actual gobierno ruso es de raíz autoritaria.

Glenn Beck, en su programa de TV The Blaze, también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” al que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, “ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales”.

En su libro Constitutional Chaos el juez Napolitano concluye que “es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención del debido proceso”. Es por eso que Osama ben Laden había manifestado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por el politólogo Michael Tanner).

Mike Stein entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa, quien manifestó: “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje”, y “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, entrevistó vía teleconferencia a Snowden, quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad”, por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil’s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un Estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse, se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo”, en cuyo contexto cita al propio Snowden: “Fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine: “Mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro, sino lo que con orgullo hice en el pasado.”

El autor concluye su libro recordando: “En un Estado autoritario, los derechos emanan del Estado y se conceden al pueblo. En un Estado libre, los derechos emanan del pueblo y se conceden al Estado”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Meditaciones sobre el control de armas

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/3/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/03/02/meditaciones-sobre-el-control-de-armas/

 

Una vez más surge el debate sobre el control de armas a raíz de las tragedias ocurridas principalmente en Estados Unidos en colegios, debido a que allí se impone la zona donde no se permiten armas (gun-free zones), por lo que los asesinos seriales se sienten seguros para cometer sus horrendos crímenes, en lugar de permitir que los adultos encargados de custodiar los colegios estén debidamente entrenados en el uso de armas, además de la policía regular del área. Como se ha dicho, es absurdo custodiar las joyerías y no los colegios como si lo primero fuera más importante que lo segundo. Proponer insistentemente, como en el primer momento lo hizo Donald Trump, a raíz de la masacre en el colegio Marjory Stoneman Douglas High School de Parkland, en Florida, que se armen y entrenen los maestros en los colegios me parece otra de sus conocidas irresponsabilidades y exabruptos.

Desde luego que un tiroteo en un colegio resulta un espanto, pero muchísimo peor es la masacre sin posibilidad de defensa a la espera del arribo de la policía cuando ya se ha consumado el crimen serial.

Todo comienza con la idea que se tenga de lo que es un gobierno. La visión original en Estados Unidos plasmada en la Constitución defiende la portación y la tenencia de armas, porque considera sumamente peligroso desarmarse frente a los aparatos estatales, de igual manera que sería riesgoso entregar todas las armas a guardianes contratados para defender viviendas. Incluso, como apunta Leonard Read: “Hay razones para lamentar que nosotros en Norteamérica hayamos adoptado la palabra gobierno. Hemos recurrido a una palabra antigua con todas las connotaciones que tiene ‘el gobernar’, ‘el mandar’ en su sentido amplio. El gobierno con la intención de dirigir, controlar y guiar no es lo que realmente pretendimos. No pretendimos que nuestra agencia de defensa común nos debiera gobernar, del mismo modo que no se pretende que el guardián de una fábrica actúe como el gerente general de la empresa” (Government: An Ideal Concept).

No es de extrañar que las primeras medidas de los Stalin, Mao, Hitler, Castro y los Kim Jong-un del planeta sea el desarme de la población civil al efecto de someterlos con mayor facilidad. En esta línea argumental es de interés recordar que Suiza tiene una mayor proporción sobre los habitantes de personas armadas que en Estados Unidos, razón por la cual capitostes del ejército alemán han reconocido que no se atrevieron a invadir aquel país en ninguna de las dos guerras. Como es sabido, Suiza además no cuenta con ejército regular, son los ciudadanos que se constituyen en milicia armada y, dicho sea de paso, conviene destacar que ese país cuenta con el índice más bajo de criminalidad del mundo.

Es de suma importancia recordar también que, según ponen de manifiesto los documentos originales, en Estados Unidos, luego de los sucesos revolucionarios, se enfatizó y reiteró el peligro de mantener ejércitos regulares (standing army), lo cual fue luego modificado. Y es del caso traer a colación que, en el discurso de despedida de la presidencia de Estados Unidos, el general Dwight Eisenhower destacó: “El mayor peligro para las libertades del pueblo es el complejo militar-industrial”.

A diferencia del norte, donde los colonos escapaban de la intolerancia y los atropellos a sus derechos, en Sudamérica prevalecieron los conquistadores y las “guerras santas” que, salvo personalidades como Fray Bartolomé de las Casas, eran posiciones generalizadas en el contexto de denominaciones al aparato de la fuerza como “excelentísimos”, “reverendísimos” y dislates serviles de esa naturaleza desconocidos en Estados Unidos. Es por eso que en general la mentalidad latina estima que la portación y la tenencia de armas hará que todos estén a los tiros.

Por supuesto que igual que con el registro automotor o el consumo de alcohol, la entrega de armas se hace con los permisos correspondientes. Pero siempre hay que tener presente que cuando se exhibe un póster con la ingenua idea de prohibir el uso de armas con la cara de un monstruo y se consigna al pie una leyenda que dice: “¿Usted le entregaría un arma a este sujeto?”, debe tenerse siempre presente que precisamente ese sujeto es el que tendrá el arma al efecto de victimizar a personas desarmadas e inocentes.

Cesare Beccaria, el pionero en el derecho penal, en su célebre texto On Crimes and Punishments, escribe que prohibir la portación de armas “sería lo mismo que prohibir el uso del fuego porque quema o del agua porque ahoga […] Las leyes que prohíben el uso de armas son de la misma naturaleza: desarman a quienes no están inclinados a cometer crímenes […] Leyes de ese tipo hacen las cosas mas difíciles para los asaltados y más fáciles para los asaltantes, sirven para estimular el homicidio en lugar de prevenirlo, ya que un hombre desarmado puede ser asaltado con más seguridad por el asaltante”.

Es de gran importancia tener presente algunos personajes que a través de la historia fundamentaron extensamente sobre el derecho irrenunciable a la tenencia y la portación de armas de los ciudadanos: Cicerón, Ulpiano, Hugo Grotius, Algernon Sidney, Locke, Montesquieu, Edward Coke, Blakstone, George Washington, George Mason, Adams, Patrik Henry, Thomas Jefferson, Jellinek, Thomas Paine y tantos otros en la actualidad.

Obras como That Every Man be Armed: The Evolution of a Constitutional Right, de S. P. Halbrook y Gun Control, de R. J. Kukla, muestran estadísticas y cuadros donde se pone de manifiesto cómo los asaltos se incrementan en proporción a las prohibiciones en diversos estados y condados, puesto que los blancos resultan más atractivos para los delincuentes allí donde tiene lugar la prohibición.

En El federalista, nº 46, James Madison, el autor principal de la Segunda Enmienda, escribe con orgullo: “Los americanos [norteamericanos] tienen el derecho y la ventaja de estar armados […] a diferencia de los ciudadanos de otros países cuyos gobiernos tienen temor que la gente esté armada”.

Desde luego que, en aquellos lugares donde se permite la tenencia y la portación de armas, quienes amenacen o insinúen la utilización indebida son castigados severamente.

En otro orden de cosas, se han mostrado las abultadas estadísticas sobre la mortandad vinculadas a los automotores, sea por accidentes en la vía pública o en reiterados asaltos, por lo que, salvando las distancias, sería desatinado prohibir los autos, del mismo modo que fue desatinado prohibir el alcohol con los resultados nefastos por todos conocidos.

Por su parte, en The Writings of Thomas Paine, este autor escribe: “Indudablemente sería bueno que nadie usara armas contra su vecino y que todo conflicto se arreglara a través de negociaciones […] pero en nuestro mundo el desarme haría que la gente de bien fuera constantemente sobrepasada por los asaltantes si se les niega la posibilidad de usar los medios para la defensa propia”.

Entonces, en un campo más amplio, la tenencia y la portación de armas cumple con un doble propósito siempre unido a la defensa propia contra asaltantes, ya sean delincuentes comunes o delincuentes legales, contra los cuales en una situación extrema la población debe ejercer el derecho a la resistencia frente a gobiernos que recurren a la fuerza para avasallar derechos en lugar de protegerlos (tal como sucede hoy, por ejemplo, en el caso venezolano, que, dado el golpe de Estado de Nicolás Maduro a las instituciones, se hace imperioso el contragolpe).

El tres veces candidato a la presidencia de Estados Unidos y congresista, Ron Paul, declara, en el The Boston Globe: “Muchos políticos, jueces y burócratas consideran que tienen el poder de desconocer nuestro derecho a poseer armas, a pesar de que la Segunda Enmienda explícitamente garantiza el derecho de la gente. Como los padres fundadores, creo que el derecho a tener armas es consustancial a la sociedad libre”.

El juez Andrew Napolitano, en Constitutional Chaos, sostiene con énfasis: “El cumplimiento de la Segunda Enmienda no solo permite la defensa propia contra asaltantes comunes, sino que evita genocidios que en todas partes y siempre se han llevado a cabo contra poblaciones desarmadas”. Y en otro libro de este mismo juez que lleva el título de una frase de Voltaire, It is Dangerous to be Right when the Government is Wrong, subraya: “Sin el derecho a la defensa propia, los individuos no podrían protegerse de los ladrones vulgares ni de los gobiernos tiránicos, [… esto último] porque como ha dicho Mao el poder político sale del cañón de un arma”.

Por último respecto a citas relevantes, David Boaz, en The Libertarian Mind, consigna: “Los ciudadanos respetuosos de la ley tienen un derecho natural y constitucional a poseer y transportar armas, no solo para caza sino como defensa propia y en último término para defender su libertad frente a gobiernos autoritarios”.

Hay distraídos que mantienen que, a diferencia de Suiza y Estados Unidos, no puede permitirse la tenencia de armas en pueblos latinos, lo cual recuerda lo escrito por Friedrich Hayek respecto a la necesaria libertad para todos que sería inconveniente “antes de aprender a ser libres”, que Hayek ilustra: “Es lo mismo que los tilingos que sostienen que no puede permitirse que alguien ingrese a un natatorio antes que aprenda a nadar”.

En otros términos, como queda dicho, las personas pacíficas rechazan toda manifestación de violencia que estiman perversa, solo admiten el uso de la fuerza en defensa propia. Esas personas aceptan toda conducta que no lesione derechos de terceros, aunque no la compartan, pero frente a ataques y amenazas con armas no les queda otro recurso que defenderse. Es ingenuo, contraproducente y sumamente peligroso sostener que deben prohibirse las armas de fuego en manos privadas porque con ello se facilita la tarea de criminales. Hasta los santos más destacados de la historia justifican la defensa propia frente a hechos de violencia manifiesta.

Es sabido que si se pueden establecer medidas disuasivas, las personas pacíficas y de buena voluntad las emplearán, para eso instalan alarma, botón de pánico, cerradura, llamados preventivos a la policía y demás resguardos. De más está decir que resulta esencial que las normas vigentes defiendan en todas sus instancias a la víctima de los ataques del victimario, sea un criminal común o el desborde intolerable de aparatos estatales desbocados e imposibles de tolerar que arrasan con los derechos. Es por eso que en la Declaración de la Independencia estadounidense se lee: “Cuando cualquier forma de gobierno se torna destructiva de esos fines [la protección de derechos], es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

REFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 10/1/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/01/reflexiones-sobre-el-famoso-muro-de.html

 

La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.

Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber planteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.

Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía.

Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.

Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.

Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.

Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”.

Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.

Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…

Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas.

 

Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual.  El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

El héroe de nuestra época: Edward Snowden

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 3/1/18 en:

 

Como tantas veces he consignado, no me gusta la expresión “héroe” porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía que “la patria es una palabra de guerra, no de libertad” puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres. Fernando Savater también aclara el tema en su libro Contra las patrias.

El manoseo creciente de las palabras héroe y patria ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La mayor parte de la gente relaciona esas expresiones con políticos y militares que en general han manipulado vidas y haciendas ajenas. La corrección a esta última interpretación proviene de una larga tradición que descubrí comienza de manera sistemática con el decimonónico Herbert Spencer en su libro titulado El exceso de legislación.

Los usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o la noción totalitaria del “héroe” en Thomas Carlyle tan bien descripta por Jorge Luis Borges.

Difícil resulta concebir una visión más cavernaria, de más baja estofa, de mayor renunciamiento a la condición humana y de mayor énfasis y vehemencia para que se aniquile y disuelva la propia personalidad en manos de forajidos, energúmenos y megalómanos que, azuzados por poderes omnímodos, se arrogan la facultad de manejar lo ajeno, siempre en el contexto de cánticos sobre patriotas y héroes.

Habiendo dicho lo anterior, en esta nota con que abro el 2018 resalto la figura de un verdadero héroe alejado del sentido habitual para, en cambio, referirse al logro de hazañas extraordinarias en pos de la libertad y el respeto a los derechos del hombre. Se trata de Edward SnowdenRon Paul, el dirigente político estadounidense más liberal en el sentido clásico del término y tres veces candidato a la presidencia señaló en Fox Business que “Snowden es un héroe” y el Juez Andrew Napolitano en el programa televisivo Studio B también de Fox afirmó enfáticamente que “Edward Snowden es un héroe que pone al descubierto la trama infame de espionajes que vulneran nuestros valores y los principios de la Constitución” y concluyó que “los gobernantes que permiten semejantes políticas no merecen el cargo”.

He escrito antes sobre este tema a raíz del caso Assange pero hay otros aspectos a considerar en este nuevo episodio de espionaje puesto al descubierto por Snowden que fue realizado sin orden de juez competente y sin sustento en lugar de ajustarse a las advertencias de la cuarta enmienda de la Carta Magna estadounidense. En primer lugar, lo público no es privado especialmente en sociedades que se precian de contar con sistemas transparentes y que los actos de gobierno deben estar en conocimiento de los gobernados quienes se dice son los mandantes. Lo dicho no significa que en muy específicas circunstancias y de modo transitorio y provisional los gobiernos pueden mantener reserva sobre ciertos acontecimientos (como, por ejemplo, un plan de defensa que no debería divulgarse antes de su ejecución). En todo caso, la reserva mencionada es responsabilidad de quienes estiman debe mantenerse reservada la información correspondiente. En ningún caso puede imputarse a la función periodística la difusión de datos e informaciones una vez que estas llegan a las redacciones y, en el caso Snowden, tampoco puede imputársele delito cuando la fechoría fue llevada a cabo por el propio gobierno.

Viene a continuación otro asunto directamente vinculado con lo que analizamos y es el contrato de confidencialidad sea en el área privada o pública. Si un empleado de una empresa comercial asume el compromiso de no divulgar cierta información, no lo puede hacer. Lo contrario implica lesionar los derechos de la otra parte en el referido convenio. Idéntico razonamiento es del todo aplicable para el sector gubernamental. Cuando en los años cincuenta funcionarios gubernamentales estadounidenses (dicho sea de paso, pertenecientes al Departamento de Estado) se comprometían a ser leales con su país y, simultáneamente, le pasaban información confidencial a los rusos, incumplían con sus deberes elementales.

Pero, el contrato de confidencialidad ¿tendría vigencia si uno se entera que la están por asesinar a su madre? ¿Son válidos los contratos contrarios al derecho? En el caso de Snowden, se trató de divulgar información sobre el ataque sistemático a la privacidad de ciudadanos pacíficos puesto que el Gran Hermano trasmite inseguridad además de arrancar la libertad y la protección elemental a los derechos individuales.

Cuando Snowden se comprometió a guardar secreto al ser contratado no tenía idea de los atropellos brutales a la privacidad de ciudadanos pacíficos que sus jefes perpetrarían en forma sistemática. La Constitución está por encima de toda norma, no puede alegarse derecho contra el derecho. Finalmente privó en la conciencia de Snowden, principios en gran medida influidos por algunas lecturas como autodidacta, por ejemplo, por La rebelión de Atlas de Ayn Rand tal como se pone en evidencia en la producción cinematográfica de Oliver Stone al tiempo que allí se expresa que todo el espionaje se debe al ansia de control gubernamental ya que “el terrorismo es solo la excusa”.

En todo caso, la denuncia de la invasión a la privacidad y la difusión de los documentos expuestos hace más clara aun la sentencia de Hannah Arendt en el sentido de que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado la veracidad entre las virtudes políticas”. Los llamados “secretos de estado” (y escribo estado con minúscula porque de lo contrario debería escribir individuo con mayúscula que es más apropiado), en la inmensa mayoría de los casos son para ocultar las fechorías de gobernantes inescrupulosos, lo cual viene ocurriendo desde Richelieu, Metternich, Talleyrand y Bismarck, prácticas que revirtió categóricamente Estados Unidos pero que, de un tiempo a esta parte, ha retomado costumbres insalubres de otras latitudes.

La encrucijada en la que se encuentra Edward Snowden es el resultado de la cobardía moral de todos los gobiernos a los que solicitó asilo desde su reducto en Hong Kong, requerimiento que fue denegado una y otra vez por temor a represalias de Estados Unidos o por convencimiento de que es lícito interferir en las comunicaciones telefónicas privadas y en los correos electrónicos también privados sin la expresa orden del juez de la causa. Lo último en lo que insistió antes de su actual paradero fue la posibilidad de exiliarse en Islandia para lo que un empresario privado había puesto a su disposición su avión para el traslado correspondiente en caso de accederse al pedido de asilo, lo cual, como queda dicho, no ocurrió. Paradójicamente y por la ojeriza del gobierno gangsteril de Putin para con Estados Unidos, Rusia finalmente le concedió cobijo.

Glenn Beck en su programa de televisión The Blaze también sostuvo que Edward Snowden “es un héroe” que hay que proteger contra las acciones criminales de energúmenos enquistados en Washington que traicionan los valores expuestos por los Padres Fundadores y que, por este camino, afirma el conductor, ciertos megalómanos con rostros demócratas terminarán con las libertades individuales.

En su libro Constitutional Chaos el antes mencionado Juez Napolitano concluye que es gravísimo lo que viene ocurriendo en Estados Unidos, donde el gobierno puede confiscar y encarcelar sin el debido proceso y espiar la correspondencia privada y escuchar conversaciones de inocentes sin intervención de la Justicia. Es por esto que Osama Bin Laden ha consignado que el triunfo de su ideología “inexorablemente tendrá lugar merced a la guerra antiterrorista por las restricciones a lo que en Occidente se denomina libertad” (citado por Michael Tanner).

Algunos trogloditas del Partido Republicano de la línea G.W. Bush siempre se mostraron indignados con Snowden, del mismo modo que defienden la emboscada inaceptable y repugnante de Guantánamo y suscriben la “preventiva” invasión militar por doquier. Es de esperar que finalmente prime la cordura y la mejor tradición del american way of life que hizo a esa nación el refugio de la libertad y el respeto recíproco y se abandonen procedimientos dignos del atropello terrorista.

Mike Stein lo entrevistó en KWAM 900 al profesor Mark Thornston sobre el tema que nos ocupa quien manifestó que “Snowden es un patriota que hizo lo correcto frente a la inmoralidad del espionaje” y que “esto es un balde de agua fría para la economía ya que la consiguiente inseguridad hará que muchas empresas, especialmente las tecnológicas, se muden a países más seguros”.

Nick Gillespie, de Reason TV, lo entrevistó vía teleconferencia a Snowden quien resaltó su espíritu antiautoritario y subrayó que siempre estará “del lado de la libertad” por lo que criticó a quienes consideran que “le deben lealtad al Estado” y aludió a la nula “dimensión moral” de sus circunstanciales contratantes gubernamentales.

La encrucijada que presento en esta nota es sobre un prófugo que difundió para bien de la humanidad más de doscientos documentos reservados que ponen al descubierto las tropelías de un Leviatán desbocado, una persona convertida en un paria puesto que la administración de Obama le canceló el pasaporte a Snowden. Estamos advertidos, no vaya a ser que lo escrito en 1952 por Taylor Caldwell como ficción en su The Devil´s Advocate se convierta en realidad respecto a que el gobierno estadounidense mute en un estado totalitario.

Tal como escribe Glenn Greenwald en su libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse se trata de “los peligros de los secretos gubernamentales y la vulneración de las libertades civiles en nombre de la guerra contra el terrorismo” en cuyo contexto lo cita al propio Snowden: “fue entonces cuando comencé a ver realmente lo fácil que es separar el poder de la rendición de cuentas, y que cuanto más altos son los niveles de poder, menor es la supervisión y la obligación de asumir responsabilidades”.

Como bien ha declarado Snowden en un célebre reportaje para The New York Magazine habitualmente reproducido al cierre de la mencionada producción cinematográfica del controvertido Oliver Stone: “mi vida cambió para bien puesto que puedo ahora decir no lo que voy a hacer en el futuro sino lo que con orgullo hice en el pasado”…y somos muchos los que adherimos a esta conclusión con la frente alta por haberse denunciado al gobierno más poderoso del planeta por atropellar valores muy caros a la civilización.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres

Estados Unidos ha tomado un rumbo preocupante

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 2/5/17 en http://www.lanacion.com.ar/2019476-estados-unidos-ha-tomado-un-rumbo-preocupante

 

Contra los valores que lo hicieron grande, el país que preside Trump parece optar por el nacionalismo y el conflicto

 

Para todos los que admiramos la tradición estadounidense como el baluarte de la libertad, resulta triste y preocupante el rumbo que ha tomado de un tiempo a esta parte ese país, a contracorriente de los valores y principios sustentados por los Padres Fundadores.

Donald Trump ha comenzado su gestión insultando a periodistas con los que no coincide y bloqueando la entrada a conferencias de prensa en la Casa Blanca como si fuera el dueño del lugar. En vez de señalar sus desacuerdos opta por decir que son deshonestos; en lugar de velar por la sacrosanta libertad de expresión que es base de una república, se inclina por la agresión.

En dos oportunidades consecutivas, al ser rechazadas por la justicia sendas resoluciones xenófobas respecto a los inmigrantes, enfrentó esos rechazos con exabruptos completamente opuestos a la necesaria actitud responsable del Poder Ejecutivo para con la división de poderes. Actuó del mismo modo intempestivo con representantes del Poder Legislativo al no ser aprobada su propuesta respecto al sistema de salud vigente que, en definitiva, pretendió sustituir por un proyecto con iguales inconvenientes centrales.

Trump inició entonces su administración con reiterados choques contra instituciones básicas, a lo que agregó reducciones de impuestos que contrastaron con anuncios de incrementos siderales en el gasto público, lo cual es lo mejor para provocar una crisis fiscal mayúscula (aún mayor que la ya latente, si se toma en cuenta el significado del nivel colosal de endeudamiento que hoy supera al ciento por ciento del PBI).

Con este inicio muy poco favorable, con alta imagen negativa en la opinión pública y en la mayor parte de la prensa de prestigio, de modo inconsulto y sin la aprobación del Congreso, dio la orden de bombardear Siria en un todavía no aclarado hecho con gas venenoso y letal del que -como destaca, entre otros, el tres veces candidato a la presidencia norteamericana Ron Paul- aún no se sabe a ciencia cierta si fue producido por los rebeldes contra el tirano Basha al-Assad o por él mismo. Y luego “la madre de todas las bombas” sobre Afganistán, lo que ha intensificado el revuelo en esas zonas y entre sus aliados, y ha ayudado a resucitar el espíritu nacionalista que ya caracterizaba al nuevo gobierno de Estados Unidos, en línea con los desmadres electorales en Europa: en Francia, el Frente Electoral; en Alemania, el Partido Alternativa para Alemania; en Dinamarca, el Partido del Pueblo Danés; en Suecia, los Demócratas Suecos; en España, Podemos; en Austria, el Partido de la Libertad; en Italia, la Liga del Norte; en Hungría, el Partido por una Hungría Mejor, y en Inglaterra, el costado nacionalista del Brexit.

En cualquier caso, el punto consiste en discutir el rol de Estados Unidos como policía del mundo. Para esto nada mejor que tomar en primer lugar el pensamiento del general Washington y también el de John Quincy Adams. El primero escribió: “Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”.

Y por su parte -préstese especial atención-, Adams consignó que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir […] Desea la libertad y la independencia de todos. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas […] Podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”.

Recordemos los fenomenales fiascos estadounidenses en el siglo XX en Vietnam, Somalia, Bosnia, Corea, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Haití, Panamá, República Dominicana, la reciente patraña de “las armas de destrucción masiva” en Irak y la consecuente “guerra preventiva” . Ives Eland explica en detalle el caso de Filipinas y concluye que “las fuerzas de Estados Unidos incendiaron pueblos, destrozaron cosechas y ganado, torturaron y ejecutaron prisioneros y liquidaron a civiles inocentes”. Recordemos también que el general Eisenhower, en su discurso presidencial de despedida, advirtió que “el peligro mayor para las libertades del pueblo americano [norteamericano] es el complejo militar-industrial”.

Niall Ferguson, uno de los pioneros de la historia contrafáctica, pone en tela de juicio incluso la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra debido a que, si bien eliminaron al asesino serial de Hitler, le entregaron en Yalta a Hitler II (Stalin) una parte sustancial de Europa. Claro que mirar el tema con el diario del día después, alejados del momento y del contexto, puede no ser lo más conveniente.

El presidente Truman hizo su mea culpa quince años después de haber creado la CIA, en 1945, como sustituto de la Oficina de Asuntos Estratégicos (creada durante la Segunda Guerra Mundial) al manifestar que nunca pensó que aquella novel repartición “serviría para preparar asesinatos, conspiraciones contra gobiernos, torturas, operaciones paramilitares clandestinas reñidas con la ética más elemental, y espionajes”.

Hay sin duda muchos canallas al frente de muy diversos gobiernos, pero el extraordinario esplendor de Estados Unidos -incluidos sus desvíos- fue, entre otras cosas, el resultado de tomar con seriedad los valores que hemos ilustrado con citas de peso en su historia. Por otro lado, no parecen prudentes las acciones bélicas desplegadas por Estados Unidos, especialmente por las consecuencias que estas iniciativas puedan acarrear en el llamado mundo libre. Sobre todo cuando la situación ha cambiado en mucho respecto a las libertades individuales. Con pretextos varios , hoy se interfieren secretos bancarios, se multiplican las escuchas telefónicas, se abandona en repetidos casos el debido proceso, todo en medio de regulaciones asfixiantes, gravámenes crecientes, procedimientos inmorales como los denominados “salvatajes” por los que los que trabajan y no tienen poder de lobby debieron sufragar a empresarios ineptos, irresponsables o las dos cosas al mismo tiempo, y la pretensión de endosar compromisos financieros al futuro en una seguidilla sin término para renovar los techos normativos del endeudamiento.

No debe descartarse que los marcos institucionales de ese país y sus reservas morales finalmente se impongan y puedan poner límites a tanto sobresalto, aunque a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones ambos partidos tradicionales revelan una llamativa decadencia. Está en juego el futuro de todos los que desean vivir en un clima de paz, por más que el planeta deba convivir con sátrapas de diverso color y se abandonen valores clave en pos de otros que apuntan al renacimiento de los nacionalismos que tanto daño han hecho.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 16/10/16 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2016/10/reflexiones-sobre-la-actual-politica.html

 

EEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candiados republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablischment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS?

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

 

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

 

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

 

Pero también advierte de los peligros que observa en algunas tendencias en el pueblo norteamericano, especialmente referido  al igualitarismo que “conduce a la esclavitud”, al riesgo de olvidarse de los valores de la libertad cuando se “concentran sólo en los bienes materiales”  y las incipientes intervenciones de los aparatos estatales en los negocios privados sin detenerse a considerar que “en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”.

 

Gertrude Hilmmefarb lo cita a Tocqueville con otras de sus preocupaciones y es el asistencialismo estatal que denigra a las personas, las hace dependientes del poder en el contexto electoral y demuele la cultura del trabajo, a diferencia de la ayuda privada que hace el seguimiento de las personas, proceso ajeno a la politización y la busca de votos (en su conferencia de 1835 en la Academia Real de Cherbourg, en Francia). Y en El antiguo régimen y la Revolución Francesa concluye que “el hombre que le pide a la libertad más que ella misma, ha nacido para ser esclavo”, obra en la que también destaca que generalmente allí donde hay un gran progreso moral y material la gente de por sentado esa situación y no se ocupa de trabajar para sustentar las bases morales de ese progreso (“el costo de la libertad es su eterna  vigilancia” repetían los Padres Fundadores en Estados Unidos).

 

Este es el pensamiento de Tocqueville sobre el país del Norte puesto en una apretada cápsula pero ¿qué hubiera dicho si observara lo que ocurre hoy en el otrora baluarte del mundo libre? Estimo que se hubiera espantado junto a los Padres Fundadores al constatar la decadencia de ese país por el cercenamiento de libertades debido a regulaciones inauditas, por el endeudamiento público que excede el cien por cien del producto bruto interno. Por la maraña fiscal, por las guerras en  las que se ha involucrado, por los llamados “salvatajes” a empresas irresponsables o incompetentes o las dos cosas al mismo tiempo. Por el centralismo, por la eliminación de la privacidad al espiar a los ciudadanos,  por un sistema de “seguridad” social quebrado, por la intromisión gubernamental en  la educación, por la sangría al financiar a gobiernos extranjeros en base a succiones coactivas de recursos. Y ahora debido a candidatos a la presidencia impresentables por parte de los dos partidos tradicionales debido a razones diferentes, aunque en su programa televisivo “Liberty Report”, el tres veces candidato presidencial Ron Paul señala que, dejando de lado las apariencias, los dos coinciden en muchos temas cruciales, a su juicio muy mal tratados.

 

La manía de la igualdad que preocupaba tanto a Tocqueville no  permite ver que una de las cosas más atractivas de los seres humanos es que somos diferentes, lo cual, entre otras cosas, hace posible la división  del trabajo y la consiguiente cooperación social y, por ende, la mayor satisfacción de las necesidades culturales y materiales. Esto último debido a que asigna los siempre escasos recursos para que estén ubicados en las manos de quienes la gente considera mejor para satisfacer sus demandas, sin ser posiciones irrevocables sino cambiantes en relación a la capacidad de cada cual para ajustarse a las  preferencias de la gente.  Seguramente también Tocqueville hubiera rechazado con vehemencia a los llamados empresarios que se alían con el poder para obtener favores y privilegios a expensas de los ciudadanos.

 

Incluso Paul Johnson en A History of the American People reproduce una cita de las Obras Completas del  escritor francés quien ilustra la trascendencia de la responsabilidad individual. Así escribió Tocqueville “Una de las consecuencias mas felices de la ausencia de gobierno (cuando la gente tiene la suerte de poder operar sin el, lo cual es raro) consiste en el desarrollo de la fuerza individual que inevitablemente se sigue de ello. De este modo, cada hombre aprende a pensar, a actuar por si mismo. El hombre acostumbrado a lograr su bienestar a través de sus propios esfuerzos, se eleva ante la opinión de los demás y de la suya propia, su alma es así mas grande y mas fuerte al mismo tiempo”.

 

¡Que lejos se encuentra este pensamiento de lo que hoy ocurre en Estados Unidos donde el aparato estatal es omnipresente! Y ¡que lejos se encuentra del reiterado pensamiento fundacional de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna” al efecto de concentrarse en la protección de los derechos de todos y no convertir año tras año el balance presidencial de la gestión ante el Congreso en una minuta empresaria como si el Ejecutivo fuera el gerente, en lugar de permitir que cada uno se ocupe de sus pertenencias.

 

¡Que lejos se encuentra Estados Unidos del pensamiento del General Washington en el sentido de que “mi ardiente deseo es, y siempre ha sido cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a los Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”! En esta línea argumental es también de interés lo dicho por John Quincy Adams quien escribió que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas […] Alistándose bajo otras banderas podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”

 

En otra oportunidad hemos escrito sobre hechos sobresalientes de la pasada administración estadounidense que abren serios interrogantes respecto del futuro de aquel país como baluarte del mundo libre, como es el caso de la patraña que justificó la invasión “preventiva”  a Irak, conclusión ampliamente difundida con mucha antelación en el libro Against all Enemies, de Richard A. Clarke, asesor en temas de seguridad para cuatro presidentes incluyendo el gabinete del propio George W. Bush.
James Madison escribió: “De todos los enemigos de las libertades públicas, la guerra es lo que más debe ser temido porque compromete y desarrolla el germen para todo lo demás” (“Political Observations”, abril 20, 1795). Recordemos además que EEUU intervino en Somalia para poner orden y dejó caos, en Haití para establecer la democracia y dejó tiranía, en Vietnam para liberar al país que finalmente quedó en manos comunistas.

Recordemos también, por otra parte, que Ben Laden y Saddam Hussein eran lugartenientes preferidos de los Estados Unidos, uno en Afganistán con motivo de la invasión rusa y el otro con motivo de la guerra con Irán. Fueron entrenados y financiados con el fruto del trabajo de estadounidenses. También recordemos que en su discurso de despedida de la presidencia, el General Dwight Eisenhower declaró que “nada es más peligroso para las libertades individuales que el complejo militar-industrial”.

Todavía hay otro asunto más en este complicado tejido de denuncias. Se trata de la cuestión religiosa . En estas trifulcas con el terrorismo hay quienes pretenden endosar la responsabilidad a los musulmanes (por ejemplo, el hoy candidato a la presidencia por parte del Partido Republicano). En el mundo hay más de 1500 millones de musulmanes. Es muy injusto imputar estas tropelías a quienes adhieren al Corán en el que, entre otras cosas, leemos que “Quien mata, excepto para castigar el asesinato, será tratado como si hubiera matado a la humanidad y quien salva a uno será estimado como si salvara a la humanidad” (5:31). La misma expresión jihad que ha sido tan tergiversada, como explica Houston Smith, significa guerra interior contra el pecado. Ya bastante ha sufrido la humanidad por la intolerancia religiosa. En nombre de Dios, la misericordia y la bondad se ha quemado y mutilado. Identificar el Islam con el terrorismo es tan impropio y desatinado como asimilar el cristianismo a la Inquisición o la “guerra santa” aplicada en América en tiempo de la conquista. Hay, sin duda, quienes pretenden ese tipo de identificaciones y extrapolaciones clandestinas al efecto de enmascarar e inculcar el crimen con fervor religioso fundamentalista, pero caer en esa trampa no haría más que desviar la atención del ojo de la tormenta y agregar complicaciones a un cuadro de situación ya de por sí muy sombrío.

Estados Unidos, en consonancia con las célebres palabra de  Emma Lazarus inscriptas al pie de la Estatua de la Libertad, ha recibido con los brazos abiertos a inmigrantes de todas las latitudes. Hace algún tiempo que se observan síntomas que tienden a revertir aquellos valores y principios esenciales que hoy cuestionan quienes adhieren a la siempre cavernaria xenofobia.

 

En resumen, con estos pocos ejemplos al correr de la pluma pensamos que, después de todo, ha sido mejor que Tocqueville no haya sido contemporáneo puesto que sus ilusiones se hubieran desvanecido, aunque advirtió de algunos peligros en el horizonte que desafortunadamente se cumplieron.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

Antoine Leiris para presidente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en: http://www.elheraldo.hn/opinion/columnas/902873-469/antoine-leiris-para-presidente

 

Increíble que personas como Bernard-Henri Lévy aseguren que “sin tropas en su terreno, tendremos más sangre en el nuestro”. Llama al homicidio desde la ignorancia.

Decía Paul Feyerabend que “los ciudadanos… van muy delante de sus políticos en su deseo de frenar la (violencia)… el sentido común suele ser superior a los ‘expertos’”.

Antoine Leiris, cuya esposa murió en el Bataclan, aseguró que no tendrán su odio ni el de su hijo de 17 meses porque “ustedes (los terroristas) lo están pidiendo” y responder “al odio con furia es caer en la misma ignorancia… me quieren asustado, que sacrifique mi libertad por seguridad… perdieron… Somos solo mi hijo y yo, pero más fuertes que todos los ejércitos del mundo”.

Parece idealista Leiris, pero es realista. Irreal es desconocer que la ciencia afirma que la violencia solo agrava las cosas y que la paz se logra con más paz.

Dice Ron Paul, excandidato presidencial en Estados Unidos, que los atentados en París provocaron sobre reacción, después de todo solo en accidentes de tráfico en Francia mueren 2,000 al año, y declaraciones en el sentido de repetir errores.

Para Peter van Buren, la repetición enfermiza de los errores empeorará las cosas.

Estados Unidos inició hace catorce años la “guerra contra el terrorismo” y, sin embargo, “el terrorismo evoluciona y lleva a cabo ataques más ambiciosos”, dice el primer ministro británico.

Así, la idea del presidente francés de que está en guerra contra el Estado Islámico (EI) solo traerá más violencia.

Cuando los terroristas dicen que conquistarán Francia, saben que no será por vía de un triunfo militar frontal sino porque enervarán a Occidente para que se violente y autodestruya… con ayuda de los políticos que con esto ganan poder al coartar las libertades en “aras de la seguridad” y aumentan sus dineros.

El gobierno de François Hollande ha dicho que aumentará el gasto en seguridad.

El terrorismo se excusa en la religión, pero es desmentido por la mayoría de los musulmanes, incluidos Hamas, Yihad Islámica y Hezbollah. Más bien tiene que ver con la marginalidad provocada por regímenes tiránicos que gobiernan en Arabia, como el saudí, que financia las mezquitas occidentales, y dentro de la misma Europa.

Los Estados occidentales, cuando trabajo abunda, millones de viviendas, escuelas, carreteras, etc., por hacer, crean desocupación imponiendo, vía el monopolio de la violencia, leyes laborales, como el salario mínimo que deja fuera del mercado a los que ganarían menos.

Es hora de terminar con la marginalidad llevando más paz, más libertad, menos coacción estatal, a las personas.

Un 40.5% de detenidos en España desde 2013 por relaciones con el yihadismo nacieron en España, según el Real Instituto Elcano. Coincidiendo con EuroPol, que afirma que el terrorismo suele reclutar jóvenes marginados, incluso no musulmanes, David Rieff, especialista en terrorismo, asegura que los “jóvenes (inmigrantes y descendientes de inmigrantes) están enfadados y son susceptibles de caer en las redes del EI… Se sienten impotentes… Su única arma es la brutalidad”.

De los 30,000 soldados del EI, 15,000 provienen del exterior y es la organización terrorista más rica, con ingresos diarios de dos millones de dólares por el petróleo y gas que le compran sus “enemigos”, las extorsiones, el mercado negro de antigüedades y las donaciones que llegan mayormente desde los países opositores

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

ATAQUES TERRORISTAS EN PARÍS

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Como es de público conocimiento se produjeron siete nuevos actos simultáneos de cobardía asesina en territorio francés. Horror, espanto y vergüenza son los adjetivos para el caso. El idioma queda corto para calificar a las bazofias humanas responsables de tamaña maldad. Puede aceptarse la calificación de insania y locura como una metáfora inocente pero no en sentido literal, del mismo modo que no puede hacerse con asesinos seriales como Hitler puesto que, entre otras cosas,  esos calificativos implican la ininputabilidad.

 

Hubo un video de ISIS (respondiendo a las siglas en inglés de estos facinerosos) donde un sujeto rodeado por encapuchados se atribuye los hechos espeluznantes de marras al efecto de poner de manifiesto que fueron perpetrados con cálculo en detalle, anticipación y alevosía. Esta banda es en cierto sentido un desprendimiento de Al-Quaeda ya que su líder -Abu Bakr al Baghadi- fue el jefe de esta última organización en Irak. Aunque según información belga, quien comandó esta catástrofe fue Abdelhaim Abaaoud desde Siria. Los asesinos-suicidas tenían pasaportes egipcios, franceses y sirio, en este último caso había entrado al país como refugiado.

 

Según aparece, se trató de tres comandos que perpetraron estos asaltos en siete lugares distintos que dejaron 129 muertos y 352 heridos, muchos de los cuales de gravedad. Hasta el momento de escribir estas líneas se han llevado a cabo 170 operativos por parte de la policía local.

 

Las primeras condolencias y condenas del extranjero fueron de los gobiernos de España, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Uruguay, Colombia y Chile. En Francia hubieron numerosos homenajes, especialmente en la Plaza de la República y en universidades y centros varios donde las plegarias, las velas y las flores junto con otras manifestaciones de dolor y duelo, país en el que se decretó el “estado de emergencia” lo cual no ocurría desde la guerra con Argelia.

 

Fue muy emotivo el traslado de un piano a las puertas del teatro donde ocurrieron una de las masacres, oportunidad en la que se ejecutó la conocida “Imagine” de John Lennon, canción que más en este contexto arrancó lágrimas hasta al más insensible.

 

En la Universidad de California en Long Beach hubo un muy emotivo homenaje organizado por la presidente de esa casa de estudios -Jane Close Conely- a raíz del asesinato de una de sus estudiantes, Nohemí Gonzalez, que participaba de un programa de intercambio estudiantil en París.

 

Creo que lo peor que puede hacerse es vincular a estos energúmenos con una religión. Como he apuntado en otra oportunidad en este mismo medio, Guy Sorman y Gary Becker han dicho que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto que muestra por los contratos y la propiedad. Allí se señala que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad (5:23) y el jihad es “la guerra interior contra el pecado”.

 

Como también he puesto de manifiesto con anterioridad, los musulmanes en su paso de ocho siglos por España contribuyeron grandemente a la medicina, la economía, el derecho, la geometría, la música, la arquitectura y, sobre todo, demostraron gran tolerancia con los judíos y cristianos. Su traducción de textos aristotélicos ha promovido valores centrales de la civilización y sus sistemas educativos constituyeron un ejemplo de apertura y competencia.

 

Sin duda que las fatales vinculaciones del poder con la religión son una grave amenaza a la libertad y a la tolerancia. Es por ello que los Padres Fundadores en Estados Unidos establecieron la “doctrina de la muralla” para marcar la indispensable separación de las dos esferas mencionadas.

 

De más está decir que lo dicho no desconoce los fanatismos de quienes usan la religión para cometer todo tipo de barrabasadas inaceptables. Eso ocurrió durante la Inquisición del cristianismo por la que Juan Pablo II pidió perdón junto a las Cruzadas, los abusos en la conquista de América y el antisemitismo en el contexto de promover el ecumenismo. Las llamadas “guerras santas” han sido criminales, a través de la historia: en nombre de Dios, la misericordia y el amor se ha masacrado, torturado y amputado y sería muy injusto e inapropiado calificar esto como “terrorismo cristiano”. Del mismo modo es del todo desacertado hablar de “terrorismo islámico”. No le hagamos el favor a los responsables de los espantos como el sucedido ahora en Francia de vincularlos a la religión con lo que la mecha del fanatismo religioso se traduce en incendios imparables y desata conductas inadmisibles para cualquier mente civilizada. Todas las concelebraciones y reuniones oficiales entre judíos, cristianos y musulmanes nos recuerdan con enorme gratitud el sello profundo del ecumenismo de Juan Pablo II.

 

José Levy, corresponsal en Medio Oriente de CNN, al día siguiente del horror, consignó las muchas manifestaciones enfáticas de repudio por parte de numerosos musulmanes indignados porque se usa su religión y el Corán para cometer actos criminales (hay diez millones de musulmanes radicados en Francia). Destacó también con gran solvencia la interpretación espiritual del antes mencionado jihad.

 

Sin duda que hay pasajes confusos, contradictorios y a veces alarmantes en el Corán del mismo modo que los hay en la Biblia,  que las diversas hermenéuticas los pretenden resolver de modo diferente según las correspondientes tradiciones de pensamiento. La religión como el amor son temas privados que no deben ser politizados y, por supuesto, no puede aceptarse bajo ningún concepto lesionar derechos bajo el ropaje de la lucha contra “los no creyentes”, los “herejes” o los “infieles”.

 

Estos ataques terroristas lamentablemente sirven como un camino expedito para que se cercenen las libertades individuales en nombre de la seguridad, es decir, se tiende a establecer un estado orwelliano para protejerse del Gran Hermano terrorista. Es como ha escrito Benjamin Franklin: “aquellos que renuncian a libertades esenciales para obtener seguridad temporaria, no merecen ni la libertad ni la seguridad”.

 

En un plano muy distinto es pertinente recordar tres reflexiones atinadas en relación con este tema de los ataques a mansalva de los terroristas que proceden de modo que, como decimos, es inaceptable desde cualquier punto de vista de una persona decente y razonable.

 

En primer lugar, la declaración del general Washington en cuanto a que “mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países”. En segundo lugar y en  esta misma línea argumental, John Quincy Adams escribió que “América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir. Desea la libertad y la independencia de todos. Es el campeón solamente de las suyas […] Alistándose bajo otras banderas podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu”. Por último, es de interés tener presente lo manifestado por Ron Paul, el tres veces candidato a la presidencia de Estados Unidos, en el sentido de preguntarse como hubiera reaccionado el pueblo y el gobierno estadounidense si desde el mundo árabe se estuviera bombardeando, por ejemplo, California, Texas o New York, lo cual ilustra Paul con la patraña monstruosa tejida junto a sus alidados de la “invasión preventiva” en Irak.

 

Al debatir este tema con colegas economistas en una reunión del fin de semana próximo pasado en que ocurrieron los hechos bochornosos que comentamos, salió a relucir el interrogante de cómo debiera proceder un gobierno cuando en otra jurisdicción nacional se expropian propiedades de sus ciudadanos. Mi respuesta fue que entre privados debe recurrirse a la justicia del país en cuestión y si no puede resolverse por esa vía queda en pie el riesgo que asume el interesado al invertir en otro lugar pero nunca se justifica la intervención militar a menos que se trate de una agresión también militar en territorio ajeno. (Si no son ejércitos regulares es pertinente la operación comando)

 

En resumen, todos los procedimientos adecuados son permisibles para prevenir y castigar a los asesinos terroristas cualquiera sea su signo o denominación, pero debe tenerse en cuenta, por un lado, el peligro y la injusticia de vincularlos con religiones y, por otro, no perder de vista que el eje central de la sociedad civilizada consiste en el respeto recíproco de las autonomías y los consiguientes derechos individuales. Es necesario también tener muy presente que el combate a los terroristas nunca debe llevarse a cabo con los procedimientos de los criminales terroristas, de lo contrario se puede ganar en el terreno militar pero indefectiblemente se pierde en el terreno moral que es el relevante. Ya bastantes ejemplos hemos visto de esto último.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.